Historia extra 2

 

Historia Extra 2

 “Vaya, qué azul está hoy.”

El murmullo bajo se dispersó en el aire impulsado por la brisa fresca de abril. Su cabello castaño, bien peinado, se mecía suavemente contra su nuca mientras sus grandes ojos captaban la inmensidad de un cielo sin nubes.

So Jeong-seo, 29 años.

Actualmente se desempeña como profesor de Educación Física en la Secundaria Dan-gang.

Tras graduarse de la universidad y aprobar los exámenes de oposición, Jeong-seo se vio envuelto en el ajetreo de la vida adulta hasta que, casi sin darse cuenta, terminó estableciéndose de nuevo en su ciudad natal. Este era ya su segundo año como docente en su antigua zona.

Al sonar el timbre, Jeong-seo entró al gimnasio con paso pesado. En el interior, el ruido de unos veinte chicos charlando resonaba por todas partes. Un alumno pelirrojo que estaba al frente lo vio y se inclinó con energía.

“¡Hola, profe!”

“Sí, hola. ¿Ya hicieron el calentamiento, chicos?”

Jeong-seo saludó con la mano y observó a su alrededor; todos los estudiantes evitaron su mirada de inmediato. “Lo imaginaba”, pensó con una sonrisa resignada mientras les hacía una seña.

“Les dije que lo hicieran antes de que yo llegara. ¡Rápido, formen cuatro filas!”

Los alumnos empezaron a reunirse, pero dos chicas en un rincón del gimnasio no parecían haberse dado cuenta de su presencia.

“¡Ye-bin! ¡Jung-ah! ¡Vengan rápido!”

Solo tras ese grito potente las dos corrieron a formarse. El delegado de la clase pasó al frente de forma natural, pero justo cuando Jeong-seo iba a dar un paso atrás, su mirada captó algo: un pantalón de uniforme.

Aunque ya casi tenía treinta años, los ojos redondos de Jeong-seo se entrecerraron con severidad. Al ver que el profesor lo fulminaba con la mirada, el alumno juntó las manos y empezó a suplicar desesperadamente.

“¡Ah, profe! Es que puse la leche en mi casillero y explotó. Empapó mis libros y mi ropa de gimnasia, no podía ponérmela.”

Aún no hacía tanto calor, por lo que la excusa de la leche resultaba muy sospechosa.

“Es mentira, ¿verdad? Sé honesto.”

“...En realidad, me fui a casa con la ropa de gimnasia después de jugar fútbol y la olvidé allá. ¡Lo siento! ¡La próxima vez de verdad, de verdad, de verdad me la pondré!”

“Tráela sin falta la próxima vez. Pero tienes un punto de castigo por mentir. Mentir es lo peeeor que se puede hacer, Min-chan.”

“¡Ah, profe!”

“¿Eh? ¿Me estás contestando?”

Jeong-seo lo miró fijamente con los ojos bien abiertos y el chico, sin poder decir nada más, murmuró un “Lo siento...” y regresó a su sitio. Poco después, Jeong-seo hizo sonar su silbato para comenzar el calentamiento.

Al verlos ejercitarse, Jeong-seo sintió una calidez en el pecho. Observar a los niños le hacía recordar inevitablemente su propia época escolar. En aquel entonces, nunca imaginó que terminaría siendo profesor, y mucho menos en una secundaria que ni siquiera era la suya. Mientras recordaba rostros borrosos de antiguos compañeros, la persona que más extrañaba apareció en sus pensamientos.

“Te extraño...”

Tenía ganas de sacar el teléfono y llamarlo en ese mismo instante, pero como profesor no podía permitirse tal cosa. Sin embargo, hoy era viernes; si aguantaba unas horas más, pronto lo vería. Sacudió la melancolía y sopló el silbato.

“¡Si terminaron el calentamiento, empezamos con veinte saltos de tijera sin contar el último grito!”

“¡Si se equivocan, empezamos de cero!”, exclamó alegremente, haciendo que todos los chicos se pusieran tensos. Jeong-seo tenía fama en la escuela de ser un profesor amable pero extrañamente aterrador.

* * *

Tras supervisar al club de voleibol después de clases, Jeong-seo regresó a la sala de profesores sintiéndose sin energía. Sentía que su resistencia física decaía drásticamente con cada año que pasaba, a pesar de que antes solía tener mucha confianza en su estamina. Mientras se estiraba en su asiento, el profesor de Estudios Sociales se puso su chaqueta y le preguntó:

“¿Todavía no se va, profesor So?”

“Tengo algunas cosas que...”

En ese momento, el teléfono sobre el escritorio vibró y la pantalla se iluminó. El nombre que aparecía en letras grandes era “♥Gatito Negro♥”. Al ver ese apodo tan tierno, el rostro cansado de Jeong-seo se iluminó por completo. Agarró el teléfono y se puso en pie de un salto.

“Yo también me voy ya. ¡Que tenga un buen viaje a casa!”

El otro profesor, viendo el cambio radical de Jeong-seo, murmuró: “Ah, la juventud...”, y le hizo un gesto con la mano para que se fuera rápido. Jeong-seo empacó sus cosas y salió de la escuela a paso ligero. En cuanto cruzó la puerta principal, divisó un conocido sedán negro. Con una sonrisa de oreja a oreja, miró el teléfono que vibraba de nuevo y lo guardó en su bolsillo.

Se agachó un poco y caminó sigilosamente hacia el coche. Al llegar a la puerta del conductor, se levantó de golpe y golpeó suavemente la ventanilla.

Aunque los cristales tintados impedían ver el interior, Jeong-seo podía predecir con total exactitud la expresión de Pyo Yoon-tae. De hecho, ya podía escuchar el ronroneo bajo y potente que emanaba desde dentro del vehículo.

Cuando la ventanilla bajó, la imagen que apareció fue... incluso más encantadora de lo que Jeong-seo esperaba.

“Jeong-seo.”

Yoon-tae tenía el cabello prolijamente peinado hacia atrás y sus cejas pobladas enmarcaban unos ojos que se cerraban en medias lunas, como los de un niño inocente. Aunque otros decían que su impresión se había vuelto más feroz debido a que su cuerpo era más grande y su mandíbula más afilada que hace unos años, para Jeong-seo seguía siendo simplemente adorable.

“¿Por qué no contestabas? Me preocupé.”

Ante ese tono de queja mimoso, Jeong-seo soltó una risita, rodeó el coche y subió al asiento del copiloto. La mirada de Yoon-tae ya estaba fija en él, con una devoción absoluta, como si no pensara apartar los ojos ni un segundo. Jeong-seo estiró la mano y acarició suavemente su mejilla con el pulgar.

“¿Por qué viniste tan temprano hoy? No habrás esperado mucho, ¿verdad?”

Yoon-tae apoyó su mejilla contra la palma de Jeong-seo con fuerza, frotándose levemente contra su mano.

“Terminé el trabajo rápido porque quería verte.”

“¿Se puede hacer eso?”

“Si yo digo que me voy temprano, ¿quién se atrevería a decirme algo?”

Jeong-seo soltó una risita ante su descaro. Tal como decía Yoon-tae, nadie en su sano juicio le reclamaría al hijo del presidente del grupo por salir antes de tiempo. Aun así, Jeong-seo le dio un pequeño pellizco en la mejilla como si fuera un niño.

“Aun así, debe hacer su trabajo correctamente, Director Pyo.”

Jeong-seo mostró una sonrisa algo pícara y traviesa, mientras un aroma dulce que recordaba al chocolate empezaba a inundar el coche. Las pupilas de los ojos amarillos de Yoon-tae se dilataron y contrajeron rápidamente. Desde que Jeong-seo se estableció en Dan-gang, el tiempo que podían pasar juntos se limitaba a apenas un día a la semana.

La distancia con Seúl era considerable y, aunque era inevitable, siempre les sabía a poco. Además, últimamente habían estado tan ocupados los fines de semana que sentían que había pasado una eternidad desde la última vez que habían podido disfrutar del aroma del otro.

Por eso, querían aprovechar al máximo este breve tiempo. Yoon-tae, captando rápidamente las intenciones de Jeong-seo, sujetó suavemente la muñeca de la mano que acariciaba su mejilla y presionó sus labios contra ella.

“Pensaba que saldríamos a cenar fuera, pero... ¿comemos en casa, Jeong-seo?”

Su aliento sobre la piel era ardiente. Jeong-seo asintió levemente, como si la pregunta fuera innecesaria. El coche arrancó de inmediato, alejándose de la escuela.

Actualmente, Jeong-seo vivía en una casa unifamiliar de tamaño moderado en una zona residencial de Dan-gang. Aunque tenía un pequeño jardín, no era lo suficientemente grande para meter el coche, así que debían aparcar en un estacionamiento público cercano. Por suerte, quedaban dos lugares libres.

En cuanto bajaron del coche, Yoon-tae entrelazó su mano con la de Jeong-seo. Caminaba con un paso más rápido de lo habitual, obligando a Jeong-seo a seguirlo casi a rastras.

“Parece que a Yoon-tae le encanta que lo llame ‘Director’.”

“... ”

No hubo respuesta verbal, pero la nuca de Yoon-tae se tiñó de un rojo aún más intenso. El significado de ese gesto era tan evidente que Jeong-seo no pudo evitar soltar una carcajada.

Al abrir la verja de la casa, Sobok-i, que estaba en el jardín, ladró con fuerza: “¡Guau!”.

“Ah, hola Sobok-i. Luego te saludo bien.”

Yoon-tae saludó distraídamente al perro, que movía la cola con frenesí, e ignoró el camino de piedra que él mismo había diseñado en el jardín para dirigirse en línea recta hacia la puerta principal.

“Ah, mmm...”

Antes siquiera de que la puerta se cerrara por completo, Jeong-seo fue empujado contra el mueble de los zapatos y sus labios fueron devorados con ferocidad. Una lengua cargada de un calor abrasador invadió las profundidades de su boca sin previo aviso. El sonido húmedo y viscoso del beso resonó claramente en sus oídos.

Yoon-tae succionaba la lengua de Jeong-seo como una fiera que llevara días sin comer, buscándolo todo, devorándolo todo. Cada vez que Jeong-seo intentaba girar la cabeza para recuperar el aliento, Yoon-tae lo seguía, manteniendo sus labios sellados. Justo cuando Jeong-seo sintió que podría morir por falta de aire, Yoon-tae separó sus labios apenas unos milímetros. En ese instante, Jeong-seo intentó inhalar desesperadamente.

“ugh...”

El aroma gélido y dulce se filtró con tanta intensidad que la vista de Jeong-seo se volvió borrosa por un instante. Aunque habían pasado años, cada vez que las densas feromonas de un alfa dominante lo envolvían, su cuerpo perdía toda fuerza y el interior de su vientre comenzaba a doler con un cosquilleo insoportable.

Bajo sus párpados relajados, sus ojos se llenaron de humedad. Al mirar a Yoon-tae con esa visión nublada, este trazó una curva suave con sus ojos y lamió con lentitud el borde húmedo de los párpados de Jeong-seo. El roce de la lengua áspera le provocó un escalofrío placentero.

Yoon-tae, como si hubiera olvidado que Jeong-seo era un omega recesivo, continuó liberando feromonas cargadas de una lujuria casi feroz mientras le susurraba al oído:

“¿Vamos a la cama, profesor?”

Jeong-seo frunció el ceño ante el apelativo, que contrastaba de forma pecaminosa con el tono de voz sugerente. Sabía que debía decirle que no lo llamara así, pero un calor extraño recorrió todo su cuerpo. Sus labios, brillantes por la saliva, se apretaron con timidez, pero al final terminó asintiendo con la cabeza.

Yoon-tae soltó una risita baja y cargó a Jeong-seo sosteniéndolo por el trasero. A pesar de que Jeong-seo pesaba más que antes, Yoon-tae no vaciló ni un segundo. El mayor rodeó el cuello de Yoon-tae con sus brazos y hundió el rostro en su hombro, sintiendo que todo su ser se empapaba de la fragancia que lo rodeaba.

Sentía claramente cómo su parte inferior se humedecía por la excitación creciente. Al frotar sus piernas con inquietud, notó la humedad deslizándose por su entrepierna. Yoon-tae miró de reojo a Jeong-seo, quien frotaba su frente contra su hombro soltando pequeños quejidos; de su nuca emanaban feromonas dulces, incapaz de contener su deseo.

Yoon-tae hundió la nariz en ese punto y comenzó a mordisquear la piel con suavidad. El contacto de su lengua con la piel le resultaba tan dulce que le nublaba el juicio. Subió desde el cuello, dejando pequeñas marcas, hasta que finalmente mordió el lóbulo de la oreja de Jeong-seo, que ya estaba de un rojo intenso.

“¡Ah!”

Ante el pinchazo de dolor, los hombros de Jeong-seo temblaron. Yoon-tae, después de haberle causado dolor, lamió la zona con su lengua áspera para consolarlo. Al llegar al dormitorio, recostó a Jeong-seo con cuidado sobre la cama. Este se apoyó a medias contra el cabecero y levantó la mirada.

“Profesor, deje salir sus otras orejas también.”

“Pyo Yoon-tae... deja de llamarme así...”

“Pero si a nuestro profe le encanta que se las laman, hasta se vuelve loco.”

Jeong-seo lo fulminó con la mirada ante el comentario lascivo.

“¿Cuándo... me he vuelto loco yo...?”

Aunque murmuró su protesta, al final Jeong-seo siempre terminaba cediendo. Entre su cabello castaño, dos orejas redondeadas brotaron lentamente. Los ojos amarillos de Yoon-tae, que brillaban con una intención oscura, captaron la escena sin perderse un solo detalle. Ahora que Jeong-seo sabía ocultar bien sus orejas y su cola, era difícil verlas a menos que estuviera muy excitado.

Sus ojos enrojecidos y su pecho subiendo y bajando con rapidez delataban su expectación ante lo que estaba por venir. Ver cómo Jeong-seo ansiaba lo que él le haría resultó ser un estímulo tan fuerte que Yoon-tae tuvo que recuperar el aliento.

Frotó con la yema de los dedos las orejas castañas que vibraban por el contacto. El roce con el suave vello interno produjo un sonido sutil que hizo eco en los oídos de Jeong-seo. Tras juguetear un poco, Yoon-tae subió las piernas a la cama y atrajo hacia sí la nuca del mayor.

Al meter en su boca la punta triangular de la oreja, un gemido agudo escapó del pecho de Jeong-seo. Yoon-tae succionó hasta que el color del pelaje se oscureció y pasó su lengua por la piel sensible del interior. Jeong-seo tembló violentamente y se aferró con fuerza a la cintura de Yoon-tae. Tras atormentar las orejas de la comadreja por un largo rato, Yoon-tae lo separó un poco y le levantó la barbilla.

Al ver el rostro de Jeong-seo, Yoon-tae dijo con malicia:

“Parece que estás a punto de correrte solo con esto, Jeong-seo.”

Ante el comentario tan directo, Jeong-seo se sintió avergonzado por un momento, pero pronto sus miradas cargadas de deseo se entrelazaron. Enseguida, la habitación se llenó de feromonas tan potentes que hacían doler la nariz.

Yoon-tae también respiraba con dificultad. Agarró el dobladillo de su camiseta y se la quitó de un tirón. Jeong-seo tragó saliva al ver el torso ancho y los músculos firmes que se habían vuelto más definidos con los años. Cuando estiró la mano sin darse cuenta, Yoon-tae sonrió como un zorro, atrapó esa mano y la colocó sobre su propio pecho.

Jeong-seo comenzó a amasar los pectorales de Yoon-tae como si estuviera hechizado.

“¿Cómo es que... tienes mejor cuerpo que yo, que soy profesor de gimnasia...?”

Era una duda genuina más que sexual. Se preguntaba si sería por ser un alfa dominante; después de todo, Yoon-tae siempre estaba trabajando en la oficina y no hacía ejercicio por separado, lo cual le parecía un poco injusto. Jeong-seo, en cambio, perdía masa muscular con facilidad cada año y tenía que esforzarse el doble.

Yoon-tae soltó una risita y se encogió de hombros con un gesto algo arrogante.

“¿Entonces quiere hacer algo de ejercicio de fuerza hoy, profe?”

“¿O preferiría cardio?” Con parsimonia, Yoon-tae sujetó la pantorrilla de Jeong-seo y la subió de golpe sobre su propio hombro.

“¡Ah!”

Debido a eso, el cuerpo de Jeong-seo se inclinó hacia atrás en un instante. Antes de que pudiera recuperarse de la sorpresa, sus pantalones y ropa interior fueron bajados de un tirón. Yoon-tae lamió dos de sus dedos con su lengua roja y los llevó hacia la entrepierna del mayor. Al frotar la entrada, sus yemas se deslizaron de inmediato por el fluido.

“Ya estás empapado.”

Con los dedos brillantes por la saliva y el fluido, recorrió desde el perineo hasta el orificio, y luego los introdujo de golpe en la entrada que palpitaba.

“¡Mmm, ah...!”

El estrecho interior se contrajo mientras intentaba tragar los dos dedos con dificultad. Ante el aroma dulce y caliente que emanaba de allí, Yoon-tae se lamió los labios y comenzó a explorar el interior. El sonido húmedo y viscoso resonó de forma pecaminosa en la habitación. Al separar los dedos como si fueran tijeras, la carne sonrosada quedó expuesta de forma impúdica.

Al sentir el aire frío filtrándose, Jeong-seo sollozó con un temblor en su trasero. A medida que Yoon-tae hurgaba en su interior, el aroma a cacao se volvía más intenso. Yoon-tae inhaló profundamente, como si quisiera consumir cada una de las feromonas que Jeong-seo liberaba.

“Ah, ugh...”

Cuando los dedos que exploraban suavemente el interior salieron de golpe, un hilo de fluido transparente escurrió del orificio. Jeong-seo, con el rostro encendido, miró a Yoon-tae con ojos ausentes. El deseo en sus pupilas castañas era innegable.

Yoon-tae abrió el cajón de la mesita de noche con familiaridad. Al revisar la pequeña caja que encontró, vio que solo quedaba un condón.

Dudó un momento, sintiendo que sería difícil terminar con solo una vez, cuando algo golpeó suavemente su muslo. Al mirar hacia abajo, vio que era la cola de punta negra. Jeong-seo ya la había dejado salir y estaba acariciando el muslo de Yoon-tae con ella.

Con movimientos urgentes, Yoon-tae sacó su miembro, que ya estaba erecto hasta el punto de doler, rasgó el último paquete de condones y se lo colocó. Al ver a Jeong-seo mirándolo con ojos húmedos, Yoon-tae tragó un gemido bajo.

“Comadreja astuta.”

Empujó su cadera con fuerza, y Jeong-seo dejó escapar un suspiro profundo. Entre el calor sofocante, comenzó a fluir un tiempo de intimidad absoluta.

* * *

Después de ducharse y salir, Jeong-seo encontró la mesa de la sala repleta: dos pizzas tamaño familiar, un pollo frito, espaguetis al horno y varios acompañamientos, junto a grandes botellas de refresco alineadas. Como no habían cenado tras haber estado rodando en la cama, su rostro se iluminó de alegría y se sentó de inmediato al lado de Yoon-tae.

“¡Vaya, el pedido llegó rápido hoy!”

“Llegó poco después de que entraras a bañarte.”

Yoon-tae señaló con el dedo las bebidas y las bolitas de queso.

“Dicen que esto es de cortesía.”

“¡Oh, genial!”

Dado que en el condado de Dan-gang las opciones de entrega eran limitadas, esta pizzería y pollería se había convertido en su lugar habitual desde el año pasado. Jeong-seo, sentado con las piernas cruzadas, agitó las rodillas con entusiasmo y se metió a la boca una bolita de queso espolvoreada con polvo salado. El calor del alimento recién frito inundó su boca, y el sabor intenso, entre dulce y salado, le hizo la boca agua.

Mientras masticaba, Sobok-i se sentó justo a su lado y lo miró fijamente. Ante la presión de esos ojos brillantes, Jeong-seo desvió la mirada rápidamente.

“Aunque me mires así, no te daré nada, Sobok-i.”

Sobok-i, que ya rondaba los 15 años, seguía teniendo un oído agudo y mucha energía. Tanto así que el empleado que lo paseaba durante el día le había preguntado varias veces si de verdad tenía esa edad. Siendo un perro inteligente que entendía bien las palabras, Sobok-i se rindió pronto; estiró las patas delanteras y apoyó la cabeza en el muslo de Jeong-seo, echándose de lado. Era su táctica para estar listo por si caía algún trozo de comida. Parecía que, con los años... sus trucos se habían vuelto más astutos.

Conociendo bien las intenciones de Sobok-i, Jeong-seo usó un plato pequeño como apoyo y comenzó a comer pollo. Yoon-tae iba a tomar una pieza también, pero se detuvo de repente.

“Ah, es cierto, Jeong-seo.”

Jeong-seo, que tenía un muslo de pollo en la boca, giró la cabeza. Al ver su mejilla abultada y moviéndose, Yoon-tae soltó una risita.

“Hoy llegaron las fotos del estudio. Dijeron que eligiéramos las que queremos para la próxima semana.”

Al oír “fotos”, los ojos de Jeong-seo se agrandaron. Tragó rápidamente el bocado que tenía.

“¿Ya salieron las fotos? Qué rápido.”

“Sí, las enviaron a la nube. ¿Quieres verlas ahora?”

“Sí, sí, ¡vamos!”

Yoon-tae trajo la computadora portátil que estaba en un rincón de la mesa y la abrió. En poco tiempo, cientos de miniaturas aparecieron en la pantalla. Jeong-seo, con una expresión de ligero agobio, murmuró:

“... Son muchísimas.”

Por supuesto, habían tardado horas en la sesión, así que esperaba que fueran muchas, pero la idea de tener que elegir entre tantas le daba vértigo. Miró de reojo a Yoon-tae y notó que sus pupilas también temblaban; parecía estar pensando lo mismo.

“¿Empezamos?”

Al hacer clic en la primera imagen, aparecieron Jeong-seo con un traje de gala blanco y Yoon-tae con uno negro, sentados en el marco de una ventana mientras se miraban y sonreían. Así es: esos cientos de fotos eran todas fotos de boda.

La razón por la que Jeong-seo había estado tan ajetreado últimamente era precisamente por los preparativos del matrimonio. Tras la reunión formal de las familias el año pasado, el tiempo pasó volando y la ceremonia ya estaba a solo cuatro meses de distancia. Al ver la foto que irradiaba un ambiente cálido gracias a la luz del sol que entraba por la ventana, Jeong-seo sintió lo rápido que pasaba el tiempo.

“Vaya... de verdad nos vamos a casar...”

Aunque desde pequeño dio por sentado que siempre estaría con Yoon-tae, ahora que se volvía realidad, se sentía extraño. Al verlo mirar la foto perdido en sus pensamientos, Yoon-tae inclinó el rostro hacia él.

“¿Qué pasa? ¿Te arrepientes de casarte conmigo?”

Era gracioso ver cómo se ponía de morros por un solo comentario. Jeong-seo agitó las manos para que no hubiera malentendidos.

“No, no es eso. Es solo que es... increíble. Yo también siempre pensé que terminaría casándome contigo, pero...”

“¿Pero?”

Jeong-seo cubrió suavemente el dorso de la mano de Yoon-tae con la suya y lo miró con ojos brillantes.

“El hecho de que tú y yo seamos el primer y el último amor del otro... me parece algo grandioso. Es como si hubiéramos nacido específicamente para encontrarnos.”

Hubo un tiempo en el que estuvieron separados. En aquel entonces, Jeong-seo se preparaba para los exámenes de oposición docente y Yoon-tae, tras graduarse, ya ocupaba un puesto en la empresa de su padre. Tras haber fallado una vez el examen, Jeong-seo se sentía miserable y le dolía ver a Yoon-tae descuidando su propia vida por cuidarlo a él.

En esa etapa donde todo lo hería, Jeong-seo tomó una decisión drástica. Tras pensarlo a solas, decidió romper con Yoon-tae. No quería arrastrarlo consigo a su incertidumbre y fracaso. Con el corazón roto pero voz firme, le dijo:

〈Yoon-tae, lo siento. Dejemos de vernos.〉

Jeong-seo nunca había visto a Yoon-tae con una expresión de tanto shock. Se quedó petrificado, incapaz de hablar, hasta que finalmente logró abrir la boca.

〈... ¿Por qué? ¿De qué estás hablando de repente? Jeong-seo, ¿qué es lo que quieres dejar?〉

No quiero que me cuides mientras los demás están disfrutando de su éxito. Me odio cuando pienso que podrías estar pasándola mejor si no fuera por mí. Romper ahora es, en realidad, una elección egoísta para protegerme a mí mismo.

Había muchas razones, pero Jeong-seo solo dijo una frase. Explicar todo lo demás le parecía patético. Fue el periodo más pesimista de su vida.

〈Creo que mis sentimientos ya no son los mismos. Lo siento.〉

Jeong-seo se alejó diciendo palabras hirientes a pesar de que Yoon-tae intentaba retenerlo. Curiosamente, los recuerdos de ese momento eran borrosos; solo sabía, por instinto, que le había hecho mucho daño. Yoon-tae lo llamó y lo buscó en casa todos los días, hasta que Jeong-seo le dijo que si seguía así, acabaría odiándolo. Entonces, las llamadas y las visitas cesaron de golpe.

A partir de ahí, Jeong-seo lloró a mares por haber roto con él, pero no lo llamó. Se aguantó. Creía que estar separados era lo mejor para ambos. Dos semanas después, cuando se cumplía justo un mes de la ruptura, la madre de Yoon-tae lo llamó.

Yoon-tae había tenido un accidente de tráfico. Caminaba de noche y no vio un coche que venía por un lateral.

Al oír eso, todos los propósitos de Jeong-seo se desvanecieron y corrió al hospital. El estado de Yoon-tae, al que volvía a ver tras un mes, era desastroso. Tenía ojeras profundas y sus ojos, que antes brillaban como estrellas, estaban apagados.

Al verlo, Yoon-tae intentó contener las lágrimas, pero terminó rompiendo en un llanto amargo mientras le pedía perdón. Solo entonces Jeong-seo se dio cuenta de lo que había hecho y se hundió en un arrepentimiento aún mayor. No había roto con él para verlo así; el culpable era él, ¿por qué Yoon-tae lloraba con tanta desesperación pidiendo perdón?

En ese instante, Jeong-seo se odió más que nunca por haber elegido la ruptura como autoprotección. Incapaces de expresar todo con palabras, ambos lloraron desconsoladamente en la habitación del hospital. Aquella breve separación de un mes terminó en una reconciliación definitiva.

Desde entonces, Jeong-seo no volvió a cargar con todo solo; aprendió a apoyarse en Yoon-tae y a contarle lo que sentía. Al mirar atrás, le parecía una necedad haber dejado que su orgullo lastimara tanto a Yoon-tae.

A pesar de los altibajos, todo el tiempo que pasó como pareja de Yoon-tae fue valioso y feliz. A veces sentía miedo de pensar qué habría sido de él si Yoon-tae no hubiera ido a buscarlo aquel entonces. Sentía que su vida sin Yoon-tae simplemente no podría ser tan feliz. Tenía a su familia y a Sobok-i, claro, pero había logrado mucho más por estar con Yoon-tae.

Si él no hubiera aparecido, quizás Jeong-seo habría estado solo durante toda la preparatoria y ni siquiera habría pensado en ir a la universidad. Y sobre todo, si no fuera Yoon-tae, ¿podría haber amado a alguien con tanta profundidad y entrega?

Jeong-seo estaba seguro de que nunca sentiría algo tan intenso por nadie más. Ante su largo silencio, Yoon-tae, que lo observaba atentamente, movió ligeramente los dedos. Finalmente, los labios de Jeong-seo se abrieron.

“Gracias por venir a buscarme, Yoon-tae. Te amo muchísimo. De ahora en adelante... por favor, sigue cuidando de mí.”

Ante la confesión repentina, Yoon-tae se sorprendió, pero pronto un rubor se extendió por su rostro. Entrelazó sus dedos con los de la mano de Jeong-seo que lo cubría y se frotó la mejilla contra ella. El sonido de su ronroneo resonó sin reservas.

“Yo también te amo mucho, Jeong-seo. Cuidemos el uno del otro de ahora en adelante.”

* * *

“¿Uf, descansamos un poco? Siento que se me van a salir los ojos, de veeeerdad.”

Jeong-seo, que llevaba un buen rato eligiendo fotos de la boda, fue el primero en dejarse caer contra el sofá. Yoon-tae también se estiró con ganas.

“Hagámoslo. Veamos el resto mañana con calma.”

Yoon-tae empezó a recoger las cosas de la mesa mientras Jeong-seo intentaba incorporarse.

“Tú descansa, Jeong-seo. Yo lo haré rápido.”

“Mmm, pero tú también debes de estar cansado...”

“Está bien. Ve yendo a calentar la cama por mí, entonces.”

Yoon-tae empujó suavemente a Jeong-seo, que finalmente se había puesto en pie, hacia el dormitorio. Él entró sin olvidar decir un “Gracias”. Jeong-seo, que sentía el cuerpo entumecido por haber estado sentado tanto tiempo, se lanzó de cabeza sobre la cama.

Las sábanas y el edredón recién puestos estaban cálidos y acogedores.

“¡Yoon-taeeeee! ¡Ven rápi-doooo!”

Hundido entre las cobijas, Jeong-seo llamó a pleno pulmón, recibiendo como respuesta una risa y un “ya voy” desde fuera. Al tumbarse boca arriba, sacó el teléfono del bolsillo y, nada más encender la pantalla, su expresión se tensó.

[Padre de Yoon-tae]: Quedo a la espera de tu respuesta. (08:12 PM)

Ya pasaban de las diez de la noche. El padre de Yoon-tae era una de las personas de la familia de él con quien Jeong-seo se sentía más incómodo y fuera de lugar. No lo veía a menudo, y su actitud autoritaria —muy distinta a la de la abuela— siempre lograba intimidarlo un poco.

“... ¿Qué querrá de repente...?”

Debatiéndose entre la curiosidad y las ganas de no haber visto nada, Jeong-seo no tuvo más remedio que abrir el mensaje. No era un desconocido, era el padre de su futuro esposo; no podía simplemente ignorarlo.

[Padre de Yoon-tae]: He oído que están muy ocupados con los preparativos de la boda, pero ¿no deberíamos al menos compartir una comida este mes? (08:08 PM)

[Padre de Yoon-tae]: Pronto seremos familia y me resulta difícil incluso verles la cara. Sube a Seúl con Yoon-tae. Elige un día y avísame, yo me encargaré de reservar el restaurante. (08:10 PM)

[Padre de Yoon-tae]: Quedo a la espera de tu respuesta. (08:12 PM)

Este mes... Solo quedaban dos semanas para que terminara. Eso significaba que tendrían que ir a verlo la próxima semana o, como mucho, la siguiente. Aunque el señor le resultaba incómodo, tenía razón: iban a ser familia. No debía evitarlo. Mientras Jeong-seo miraba fijamente el mensaje, Yoon-tae entró en la habitación y se coló a su lado.

“¿Qué miras con tanta seriedad, Jeong-seo?”

Yoon-tae se pegó a él abrazándolo por la cintura, pero al ver la pantalla del teléfono, su rostro se endureció al instante.

“¿Qué es esto?”

Con un tono cortante, le arrebató el teléfono a Jeong-seo.

“Lo siento, Jeong-seo. Te habrás quedado helado. Yo hablaré con mi padre, no te preocupes por esto.”

Yoon-tae hizo amago de borrar el mensaje, pero Jeong-seo sacudió la cabeza rápidamente.

“No, está bien. Además, casi no lo hemos visto desde la reunión de las familias. A mí también me sabe mal, y es tu padre; si tenemos tiempo, vayamos a verlo.”

“No es necesario... Tú no tienes por qué verlo si no quieres...”

Yoon-tae parecía genuinamente incapaz de comprender por qué Jeong-seo querría encontrarse con su padre. Jeong-seo sabía que la relación de Yoon-tae con su familia no era la mejor y entendía sus sentimientos, pero ignorar una invitación directa después de tanto tiempo le parecía una falta de respeto.

Y, sobre todo...

“Yoon-tae, tú llamas a menudo a mi mamá y a mi papá, les envías regalos y hasta comimos juntos el mes pasado.”

Yoon-tae cuidaba de los padres de Jeong-seo incluso más que él mismo. Jeong-seo siempre estaba agradecido por ese detalle, por lo que no quería rechazar la propuesta del padre de Yoon-tae.

“Eso es porque... son tus padres...”

“Y él es tu padre, por eso no quiero vivir como si fuera un extraño al que no conozco. No es que nos pida vernos a diario, ha pasado mucho tiempo. Vayamos a verlo, Yoon-tae.”

“¿Sí?” Al ser mirado por esos ojos redondos y suplicantes, Yoon-tae no tuvo ninguna oportunidad de ganar. Sospechaba que su padre podría decir alguna tontería a Jeong-seo, pero... irían juntos, así que podría detenerlo. Además, su madre seguramente también estaría allí, lo cual era un alivio; ella adoraba a Jeong-seo como si fuera su hijo menor.

“... Está bien, si a ti te parece bien.”

Aceptó, aunque era evidente que la situación no le hacía ninguna gracia. Para consolarlo, Jeong-seo estiró el brazo y le acarició suavemente el flequillo, dejando pequeños besos en sus labios y mejillas.

“Gracias.”

Yoon-tae apretó los labios mientras miraba a Jeong-seo y luego desvió la mirada. Entonces, asomó un poco los labios en un puchero y murmuró:

“... ¿Solo un beso?”

Parecía que con el tiempo se volvía cada vez más mimoso. Jeong-seo soltó una carcajada, tomó el rostro de Yoon-tae entre sus manos y lo besó con fuerza. Tras varios besos rápidos, una mano grande rodeó la nuca de Jeong-seo y empezó a acariciarla lentamente. Una lengua suave y juguetona se coló entre los labios de Jeong-seo, y lo que empezó como un juego de niños se volvió denso en un instante.

Sus respiraciones calientes se entrelazaron y las feromonas empezaron a filtrarse, incapaces de contener el calor abrasador. Aunque el ritmo era más pausado que antes, la excitación que calentaba su bajo vientre seguía siendo la misma.

“ugh... Yoon-tae...”

Jeong-seo, que ya se había subido sobre el cuerpo de Yoon-tae, movía la cintura con inquietud. La mirada cargada de deseo de Yoon-tae era obsesiva, como si quisiera devorarlo por completo. Con la mandíbula tensa, Yoon-tae apretó con fuerza una de las nalgas de Jeong-seo.

“¡Ah...!”

Cada vez que su mano apretaba y soltaba como si amasara, la carne suave se separaba, ensanchando el orificio entre ellas. El interior de Jeong-seo empezó a arder y un fluido lubricante comenzó a brotar de su entrada. Con los ojos húmedos, miró a Yoon-tae con desesperación.

“Yoon-tae, haa, ugh, rápido... Yoon-tae...”

Normalmente, para este punto, Yoon-tae ya le habría quitado la ropa y lo habría penetrado. Sin embargo, por alguna razón, ahora parecía estar conteniéndose, lo que solo aumentaba la ansiedad de Jeong-seo. Su propio miembro ya estaba erecto y firme, humedeciendo la ropa que acababa de cambiarse.

Finalmente, justo cuando Jeong-seo intentó llevar su mano hacia atrás para rodear la erección de Yoon-tae a través de la tela, la mano que solo amasaba su trasero se coló de golpe bajo su ropa interior. Las yemas de sus dedos acariciaron los pliegues del orificio lubricado. La entrada, que seguía blanda por el sexo de hacía un rato, se aferró a los dedos gruesos como si quisiera succionarlos.

“ugh, ah... tú también estás... ¡haa!”

Lo que antes tanteaba la entrada, ahora penetró en el orificio. Ante la inesperada intrusión de dos dedos, las manos de Jeong-seo sobre el pecho de Yoon-tae se encogieron, arrugando su camiseta. Cuando su cuerpo se tambaleó por la estimulación de la delicada membrana, Yoon-tae lo sostuvo de la cintura con la otra mano y lo atrajo hacia su rostro.

“¿Por qué... por qué...?”

“Gastamos todos los condones antes. Te la chuparé, Jeong-seo.”

Yoon-tae se recostó más hacia atrás, dejando el centro erecto de Jeong-seo justo frente a su boca.

“Solo, ¡haaa!”

Jeong-seo sintió cómo le bajaban los pantalones y la ropa interior, dejando libre su miembro que saltó, brillante por el fluido preseminal. Yoon-tae lo tomó de inmediato en su boca, rodeó el glande con su lengua y luego succionó el tronco con fuerza, como si fuera un caramelo. Al mismo tiempo, los dedos que hurgaban en su interior no se detuvieron, moviéndose como si lo estuvieran penetrando.

Al ser estimulado por delante y por detrás simultáneamente, Jeong-seo no podía cerrar la boca ni recuperar el aliento ante el placer incontrolable. La carne roja de la entrada se hinchó y, cada vez que los dedos entraban con fuerza, el fluido salpicaba. Incapaz de aguantar más, Jeong-seo desplomó el torso hacia adelante.

“Haa, ah, me... ¡me voy a correr, ugh...!”

Un fluido caliente y diluido se derramó dentro de la boca de Yoon-tae. El aroma dulce del cacao mezclado con el olor metálico llenó sus fosas nasales. La cintura de Jeong-seo sufrió espasmos intermitentes. Jadeos húmedos y pesados resonaron en el dormitorio. Yoon-tae retiró el miembro que aún tenía en la boca y tragó con fuerza.

Jeong-seo, cuya mirada estaba nublada, recuperó el sentido tarde y se sobresaltó.

“¡Te dije que no comieras eso! ¡Yoon-tae, escúpelo rápido!”

“Está sucio, es caca.” Jeong-seo intentó abrir la boca de Yoon-tae a la fuerza, pero ya no quedaba nada, excepto el rastro blanquecino sobre su lengua. Al contrario, él chupó el dedo que Jeong-seo había metido en su boca y lo abrazó con ambos brazos, actuando de forma mimosa.

“No está para nada sucio. Estaba jodidamente rico.”

“Qué va a estar rico...”

Jeong-seo sabía qué gusto tenía, pues él también lo había probado alguna vez. Pero eso solo había pasado cuando Yoon-tae se había corrido entre su pecho y algo había salpicado cerca de su boca. No era algo que se debiera comer con tanto gusto, y Jeong-seo no entendía por qué él siempre intentaba ingerir su semen. Por el contrario, Yoon-tae nunca se había corrido dentro de la boca de Jeong-seo.

Respondiendo con brusquedad, Jeong-seo limpió los labios de Yoon-tae con el dorso de su mano. Ante eso, Yoon-tae se acurrucó contra él ronroneando, visiblemente feliz.

* * *

La comida con los padres de Pyo Yoon-tae se fijó para el fin de semana siguiente. La residencia principal de la familia Pyo era una casa unifamiliar situada cerca del río. En cuanto el coche en el que viajaban se detuvo en el garaje, varios hombres vestidos con trajes negros se acercaron y les abrieron las puertas.

“Buenas tardes.”

Ante el trato tan cortés de los hombres, Jeong-seo sonrió con timidez y asintió repetidamente con la cabeza.

“Hola, buenas tardes.”

“El Presidente y la Señora los están esperando dentro.”

Yoon-tae bajó del coche y se colocó al lado de Jeong-seo. El hombre los guio hacia el interior de la casa mientras decía algo por un walkie-talkie. Aunque Jeong-seo ya había estado allí un par de veces, no pudo evitar maravillarse internamente.

“Los verdaderos millonarios son de otro mundo”, pensó.

Yoon-tae masajeó suavemente los hombros tensos de Jeong-seo.

“Si sientes que quieres irte, pellízcame el muslo de inmediato, Jeong-seo.”

“... ”

“Entonces te tomaré de la mano y nos iremos. Hoy, piensa solo en ti, ¿entendido?”

A pesar del tono bromista, las palabras de Yoon-tae lograron disipar un poco la tensión que recorría el cuerpo de Jeong-seo. Solo entonces, él soltó una pequeña risa, como un suspiro de alivio.

Nada más entrar en la casa, Han Jae-hee estaba de pie en el vestíbulo. En cuanto vio a Jeong-seo, sonrió de par en par y abrió los brazos ligeramente.

“Jeong-seo, bienvenido.”

“¡Madre, hola!”

Jeong-seo también sonrió y le dio un suave abrazo. Como se conocían desde que él era pequeño, la relación entre ambos era bastante cercana y sin formalidades excesivas.

“Debes de estar agotado por venir hasta aquí sin poder descansar el fin de semana.”

“¡Para nada! Tenía muchas ganas de verla después de tanto tiempo. ¿Ha estado bien?”

“Puuues claro, he estado de maravilla porque nuestro Jeong-seo me llama constantemente.”

Yoon-tae observó a los dos en silencio por un momento y dejó escapar una sonrisa discreta. Cualquiera diría que Jeong-seo era el hijo pequeño de esta casa.

“Mamá, ¿y yo qué? ¿No se alegra de verme? Siento que yo también hace mucho que no venía a casa.”

Solo entonces, Han Jae-hee soltó una risita apenada y saludó también a Yoon-tae. Para él, el hecho de que su madre estuviera más feliz de ver a Jeong-seo que a él mismo era algo positivo, así que simplemente sonrió y les hizo un gesto para que siguieran charlando.

Al llegar al comedor, el padre de Yoon-tae, Pyo Hyun-seok, que ya estaba sentado a la mesa, giró el rostro.

Sus ojos, de un amarillo idéntico a los de Yoon-tae, desprendían una presión mucho más intensa. La expresión relajada que Jeong-seo tenía mientras hablaba con Han Jae-hee se tensó al instante. Notando esto, la mujer se acercó a su esposo y lo reprendió suavemente.

“Cariño, no pongas esa cara tan dura. Vas a asustar a Jeong-seo.”

“¿Yo qué hice?”

Yoon-tae se sentó primero en el lado opuesto y, poco después, Jeong-seo hizo una reverencia antes de enderezarse.

“¡Hola, padre!”

“Sí.”

Jeong-seo desvió la mirada por un momento y, cuando Yoon-tae le retiró la silla de al lado, se apresuró a sentarse. En cuanto entró al comedor, la atmósfera se volvió tan tensa que se sentía asfixiante, algo difícil de soportar incluso para él.

Especialmente por quién tenía delante. Pyo Hyun-seok observó a su hijo con rostro inexpresivo antes de dirigir su mirada hacia Jeong-seo.

“¿Has estado bien?”

“¡Sí, he estado muy bien! ¿Usted también ha estado bien durante este tiempo?”

“He estado... pasable.”

“... ”

Jeong-seo parpadeó, sin saber muy bien qué decir a continuación, hasta que Yoon-tae abrió la boca.

“La comida se va a enfriar.”

“Ah, es cierto. Los chicos deben de tener hambre, así que empecemos a comer. Jeong-seo, el estofado de costillas salió muy bueno hoy. Pruébalo.”

Han Jae-hee deslizó el plato de costillas hacia Jeong-seo. Pyo Hyun-seok frunció levemente el ceño con desaprobación y movió los labios como si quisiera decir algo, pero no pudo articular palabra. Esto se debió a que Yoon-tae se le adelantó, sirviendo una porción de costillas en el plato de Jeong-seo y hablando con un tono extremadamente cariñoso:

“A ti te encantan las costillas.”

“... Sí.”

“Mastica bien para que no te caiga pesado.”

Finalmente, Pyo Hyun-seok solo pudo soltar un carraspeo, “Cof, cof”, y la comida comenzó sin que él pudiera decir nada más.

* * *

La tensa comida terminó con un ambiente mucho más relajado de lo esperado. Esto se debió a que, cada vez que Pyo Hyun-seok intentaba decirle algo punzante a Jeong-seo, Yoon-tae y Han Jae-hee captaban la intención de inmediato y desviaban el tema con agilidad.

Poco antes, Hyun-seok le había preguntado a Jeong-seo si pensaba seguir trabajando después de casarse. Antes de que Jeong-seo pudiera abrir la boca, Yoon-tae respondió tajante: “Está preguntando algo obvio”. Aunque Hyun-seok no ocultó su descontento, Jae-hee intervino rápidamente y cambió el curso de la conversación.

“¡Madre, la comida estuvo deliciosa!”

Han Jae-hee sonrió con orgullo mientras Jeong-seo se acariciaba discretamente el vientre bajo la mesa. Al ver el ambiente distendido, Yoon-tae observaba a Jeong-seo con dulzura. Fue entonces cuando Hyun-seok, que se había sentido silenciado durante toda la cena, lanzó un ataque directo.

“Me gustaría que vivieran en Seúl después de casarse.”

“Padre, eso es algo que nosotros decidiremos...”

“¿Qué van a decidir? Otros se casan más jóvenes y ya tienen hijos. Ustedes deberían darse prisa.”

Esta vez, no parecía que fuera a ceder simplemente cambiando de tema. Yoon-tae miró de reojo a Jeong-seo, pensando que finalmente había llegado el momento incómodo. Jeong-seo, sin embargo, observaba a Hyun-seok con un rostro inexpresivo, sin parecer ni sorprendido ni ofendido.

Aunque a Yoon-tae le aliviaba que las palabras de su padre no parecieran herir a Jeong-seo, no veía razón para seguir escuchando aquello. Justo cuando iba a decir que se marchaban, Jeong-seo presionó firmemente su muslo.

Era una señal para que se quedara tranquilo.

“Ya que se casan tarde, al menos deberían tener hijos pronto. Por muy dominante que seas, si tu pareja es recesiva, el embarazo es difícil. Mientras sean un año más jóvenes...!”

“Cariño, basta ya.”

“¡Pero bueno! ¿Por qué me pides que pare? ¡No estoy diciendo nada malo!”

“Es la vida privada de ellos.”

“¡Ah! ¿Acaso les estoy prohibiendo casarse? ¡Si son pareja, deben pensar en formar una familia pronto! ¿Es que nos falta dinero? ¡¿Por qué quieren trabajar los dos?! ¡Si el profesor So quiere seguir trabajando, baja tú a Dan-gang, Yoon-tae, y encárgate de las tareas del hogar!”

“... ¿Qué?”

Ante aquel giro inesperado, tanto Yoon-tae como Han Jae-hee se quedaron petrificados mirando a un Hyun-seok que alzaba la voz.

“Si están tan separados, ni aunque quieran tendrán hijos. ¿Acaso planean mostrarme a mi nieto cuando ya esté en mi ataúd?”

Así era. El mayor temor actual de Pyo Hyun-seok era morir sin conocer a un nieto. Pyo Seol-ah no tenía ninguna intención de casarse y, tras investigar en secreto, descubrió que su pareja actual era una mujer beta. Naturalmente, todas sus esperanzas recayeron en su hijo.

Aunque un omega recesivo masculino tuviera una constitución difícil para concebir, no era imposible. Además, viendo lo bien que se llevaban, pensaba que si pasaban más tiempo juntos, los hijos no tardarían en llegar.

Jeong-seo lo comprendió entonces: al padre de Yoon-tae no le molestaba que él fuera recesivo, sino que le preocupaba no llegar a ver a sus nietos. Jeong-seo apretó los puños y se puso en pie de un salto.

“¡Padre, le prometo que le pondré un nieto en los brazos antes de que entre en su ataúd!”

Ante aquella declaración tan llena de determinación, Hyun-seok se quedó sorprendido un momento y luego soltó una carcajada estrepitosa. Yoon-tae, que aún no terminaba de procesar cómo la situación había tomado ese rumbo, terminó soltando una risa resignada.

A partir de ahí, Hyun-seok quedó tan encantado con la promesa de Jeong-seo que incluso sacó una botella de su colección privada de whisky. Jeong-seo, al darse cuenta de que el señor no lo odiaba, se relajó y bebió con él hasta que cayó la noche.

“Cariño, tenemos que irnos ya. ¿Sí?”

Jeong-seo estaba desparramado en el sofá, con sus orejas de comadreja asomando entre el cabello, y no respondía. Yoon-tae suspiró ante el fuerte olor a alcohol y lo sacudió por los hombros.

“Reaccione, profesor de Educación Física.”

Ante la palabra “profesor”, los ojos entrecerrados de Jeong-seo se abrieron de golpe.

“¡Oye! ¿Qué haces aquí? ¡Tú... tú eres Yoon Ji-sung! ¡¿Qué te dije que pasaría si te volvía a pillar fumando?! A una edad tan joven, hip, te vas a quedar con un agujero en la garganta, hip... Ah, me duele el estómago...”

Completamente ebrio, Jeong-seo empezó a reprender a Yoon Ji-sung y a otros alumnos problemáticos cuyos nombres Yoon-tae ya había escuchado antes.

“Vaya, Jeong-seo está muy ebrio. ¿No sería mejor que se fueran en el coche con el chófer?”

“No se preocupe, madre. Mañana mismo tengo que llevar a Jeong-seo de vuelta.”

Yoon-tae terminó cargando a Jeong-seo, quien se aferró a él como un perezoso. Tras su cuerpo lánguido, una cola castaña se mecía alegremente en el aire.

“Está bien, entonces. Vayan con cuidado.”

“Sí, descanse usted también, madre.”

Al salir de la casa hacia el garaje, la brisa fría de la noche les rozó la nuca. Jeong-seo, sintiendo el frío, se acurrucó más en el pecho de Yoon-tae.

“¿Por qué bebiste tanto? ¿Qué vas a hacer mañana, pequeño?”

A Yoon-tae le resultaba adorable sentir aquel cuerpo cálido contra el suyo, pero no le hacía gracia pensar en la resaca que tendría al día siguiente. Mientras le daba palmaditas en la espalda camino al coche, Jeong-seo murmuró entre dientes:

“Bebé... tenemos que tener nuestro bebé... Lo siento, por ser recesivo...”

Yoon-tae se detuvo en seco. Sus párpados temblaron y giró el rostro para mirar a Jeong-seo, pero este parecía haberse quedado medio dormido; su espalda subía y bajaba con una respiración acompasada.

Como Jeong-seo había actuado de forma tan natural antes... Yoon-tae pensó que no le habían herido las palabras de su padre. Pero, como dicen que la verdad sale con el alcohol, aquella disculpa debía de ser un sentimiento real alojado en algún rincón de su subconsciente.

“... No tienes por qué pedir perdón, Jeong-seo...”

Debió haberlo sacado de allí antes de que su padre dijera más tonterías. El arrepentimiento llegó tarde para Yoon-tae.

“No me importa si eres recesivo o dominante. Te habría amado de cualquier forma, porque eres tú. Así que no pienses en esas cosas...”

“... ”

No hubo respuesta. Quizás Jeong-seo no recordaría este momento mañana. De hecho, era mejor así. Yoon-tae deseaba que olvidara todo lo ocurrido hoy.

Tras recostar a Jeong-seo en el asiento del copiloto y ajustarle el cinturón, Yoon-tae subió al lugar del conductor. En lugar de arrancar de inmediato, soltó un largo suspiro que se hundió pesadamente en el interior del coche.

“Haa...”

Sabía que algún día, tras casarse, tendrían hijos. Habían hablado del tema durante su largo noviazgo y ambos tenían una actitud positiva al respecto. Jeong-seo deseaba formar su propia familia y él también, así que pensaba sugerirle tener hijos después de que pasara un tiempo desde la boda.

Sinceramente, Yoon-tae también quería tener hijos pronto, pero... había descartado ese deseo por ahora. Sabía cuánto amaba Jeong-seo su trabajo como profesor y el orgullo que sentía por él. Solo hacía dos años que había vuelto a Dan-gang para cumplir su sueño. Aún recordaba vívidamente el rostro brillante de Jeong-seo cuando le contó que le habían asignado plaza allí.

Tener hijos era importante, pero para Yoon-tae, la prioridad absoluta era Jeong-seo, su vida y su felicidad. Y sin embargo...

“Soy un estúpido...”

Se sentía fatal por haber permitido que Jeong-seo dijera algo así. Se prometió a sí mismo que nunca más dejaría que Jeong-seo pensara que ser recesivo era un problema para tener un bebé.

Con esa resolución, Yoon-tae acarició con ternura el cabello y la frente de un Jeong-seo que dormía profundamente.

* * *

El tiempo corría, y lo hacía demasiado rápido. Casi sin darse cuenta, habían pasado cuatro meses y Jeong-seo se encontraba...

“Vaya, So Jeong-seo de verdad se está casando.”

“Hola, Jeong-seo.”

Estaba sentado en la sala de espera del novio. Su rostro, que mostraba señales de nerviosismo, se iluminó por completo al ver las caras de sus amigos de la preparatoria después de tanto tiempo.

“¡Chicos!”

Eran Ha I-an, Ha Su-min, Hyeon Jun-hyeon y otros compañeros con los que compartió el aula en la clase 3-4 de la Preparatoria Dan-gang. Aunque con algunos apenas mantenía contacto y la situación podía ser algo incómoda, Jeong-seo se levantó ligeramente, sinceramente agradecido de que se hubieran tomado el tiempo de venir.

“Muchas gracias a todos por venir.”

Ha I-an, que estaba más cerca, lo obligó a sentarse de nuevo.

“Vas a tener que estar de pie mucho tiempo luego, así que quédate sentado ahora.”

“Ah, gracias.”

Jeong-seo miró a I-an y luego desvió la vista hacia el hombre alto que estaba de pie a su lado. Al cruzar miradas, el hombre, que llevaba el cabello de un tono cercano al naranja recogido en una coleta prolija, sonrió con los ojos e hizo una reverencia.

“Cuánto tiempo, Sr. Jeong-seo.”

“¡Es verdad! ¿Cómo ha estado, Yeo Yu-han?”

Era el novio de Ha I-an desde hacía mucho tiempo. Recordaba haberlo visto un par de veces y haber oído que era un híbrido de gato Maine Coon. Quizás por su trabajo como modelo, era muy alto y apuesto; Jeong-seo notó que algunos de los presentes lo miraban de reojo. “Aunque Yoon-tae es más guapo”, pensó de forma instintiva.

Yu-han, con su característica sonrisa algo ladeada, apoyó el brazo sobre el hombro de I-an, colgándose de él.

“Felicidades por la boda, Jeong-seo.”

“Gracias. ¿Y ustedes dos cuándo lo harán?”

Ante la pregunta juguetona de Jeong-seo, I-an apartó a Yu-han con brusquedad mientras respondía con tono seco:

“¿Cuándo de qué? Lo haremos cuando sea el momento.”

Aun así, el hecho de que no dijera que no lo harían dejaba claro que I-an también quería mucho a Yu-han. Este último, sabiendo eso, sonrió con suficiencia mientras miraba a I-an.

“Jeong-seo, felicidades por tu matrimonio.”

Jeong-seo respondió con sonrisas a los saludos de Su-min y los demás.

“Sí, gracias. Gracias por el esfuerzo de venir hasta aquí, chicos.”

“No es nada, el lugar tiene mucho estacionamiento y es muy lindo.”

“Me alegra oír eso.”

Mientras charlaban brevemente, uno de ellos comentó: “Yo siempre supe que ustedes se casarían”, y los demás asintieron de acuerdo.

“Desde la preparatoria, toda la escuela sabía que Pyo Yoon-tae estaba loquito por Jeong-seo.”

“En serio. Fue increíble cómo, a diferencia de la primera impresión que daba, se pasó dos años enteros siguiendo a Jeong-seo por todas partes.”

Ante las anécdotas de su juventud, Jeong-seo sonrió con las mejillas sonrojadas por la vergüenza, aunque una sutil sombra cruzó su rostro por un instante. I-an lo observó en silencio.

La conversación no duró mucho y los chicos salieron de la sala, pero I-an se quedó hasta el final.

“¿Qué pasa, I-an?”

“¿Tienes algún problema con Pyo Yoon-tae?”

“¿Eh?”

Era una pregunta muy repentina para hacérsela a alguien el día de su boda, pero Jeong-seo no pudo negarlo por completo. Al ver su vacilación, I-an entrecerró los ojos e inclinó el torso hacia él.

“¿Yoon-tae hizo algo malo?”

“¡No, no, para nada! ¡Yoon-tae siempre piensa en mí primero!”

Ante la posibilidad de que I-an fuera a buscar al novio para pelear, Jeong-seo agitó las manos frenéticamente. Yoon-tae no había hecho nada malo. I-an notó que no era una simple defensa por compromiso y retrocedió con un “Humm”.

“Me alegra oírlo. Pero es tu boda, así que si hay algo que arreglar, hazlo pronto. Si necesitas ayuda con algo, dímelo, ¿entendido?”

“Sí, gracias, I-an.”

“Me voy. Felicidades por la boda.”

I-an se despidió con la mano y salió. Solo de nuevo, Jeong-seo se sumió en sus pensamientos. No es que hubiera un problema grave con Yoon-tae. A pesar de lo ocupados que estuvieron antes de la boda, él siempre sacaba tiempo para citas y, en los días de semana que no podían verse, nunca faltaba su llamada diaria.

Para Jeong-seo, Yoon-tae era el amante más dulce del mundo. Estaba seguro de que su actitud no cambiaría nunca, pero últimamente había surgido un tema en el que simplemente no lograban ponerse de acuerdo.

Los hijos.

Jeong-seo, en realidad, estaba listo para intentar tener un bebé nada más casarse. En parte porque sabía que, al ser recesivo, le costaría más, pero sobre todo porque deseaba ver pronto a un niño que se pareciera a Yoon-tae.

Sin embargo, cada vez que sacaba el tema, Yoon-tae lo abrazaba con fuerza y decía:

〈No te sientas presionado, Jeong-seo. Quiero que disfrutemos de nuestra vida de recién casados por un tiempo. Borra de tu cabeza todo lo que mi padre dijo aquel día, ¿está bien?〉

Seguramente... aquel día en la casa de sus suegros, bajo los efectos del alcohol, Jeong-seo debió decir algo muy sensible. Sus recuerdos eran borrosos, pero le quedaba la vaga imagen de Yoon-tae murmurando un “Lo siento” con tono melancólico. Por más que le preguntaba qué había dicho exactamente, Yoon-tae siempre respondía que nada importante.

“Seguro... seguro que dije algo...”

Mientras estaba allí sentado, la puerta se abrió y entró un empleado.

“Sr. Jeong-seo, por favor, prepárese para la entrada.”

“¡Ah, sí!”

La boda comenzaba.

* * *

Caminando del brazo por el pasillo nupcial, los gritos de “¡Vivan felices!” y los aplausos atronadores llenaban el salón. Jeong-seo, con los ojos algo enrojecidos, saludaba con la mano. Al llegar casi al final del pasillo, ambos se detuvieron y se miraron.

Visto de cerca, Yoon-tae también tenía los ojos ligeramente vidriosos. Su mirada desbordaba un afecto infinitamente profundo.

“Te amo, Jeong-seo.”

“Yo también te amo, Yoon-tae.”

Sus rostros se acercaron y sus labios se unieron. Los aplausos se volvieron un zumbido lejano y, en ese instante, sintieron que solo existían ellos dos. El largo noviazgo llegaba a su fin para dar paso a una nueva vida.

La luna de miel estaba programada para la semana siguiente a la boda. Generalmente, los cambiaformas planeaban estos viajes para que coincidieran con sus periodos de celo. Esta luna de miel no era la excepción: estaba diseñada para encajar perfectamente con el celo de ambos.

Por lo tanto, Jeong-seo pensó que era el momento ideal para concebir, pero Yoon-tae parecía tener otros planes.

“Si tomamos los supresores, creo que podremos disfrutar y descansar tranquilos unos tres días. Quizás sería mejor cambiar de alojamiento para entonces, ¿busco algo ahora, Jeong-seo?”

“No, está bien. Pero... ¿vas a tomar la medicación?”

Hasta ahora, siempre habían pasado sus celos tomando supresores para evitar errores no deseados. Era la elección lógica, pero Jeong-seo, ahora que eran esposos legítimos, no pudo ocultar su decepción.

“Sí, claro.”

Jeong-seo miró fijamente a Yoon-tae, que estaba sentado en el sofá. Ante la extraña atmósfera, Sobok-i, que dormía apoyado en Jeong-seo, movió las orejas y abrió un ojo para vigilar el entorno.

“Yoon-tae... ¿acaso no quieres tener un hijo conmigo?”

Yoon-tae se sobresaltó visiblemente y negó con la cabeza con vehemencia.

“¡No es eso! Pero... no tiene por qué ser ahora mismo. No creo que debamos apresurarnos. Estabas tan feliz de haber vuelto a Dan-gang como profesor... Cuando tengamos un hijo, él será la prioridad absoluta, así que pensé que sería mejor disfrutar un poco más de nuestra vida actual.”

El argumento de Yoon-tae tenía sentido. Con un hijo, sería difícil mantener el enfoque actual en sus carreras y en ellos mismos. Jeong-seo bajó la cabeza y acarició suavemente a Sobok-i.

“... Es cierto. Pero yo creo que también sería feliz con la vida que traería un hijo.”

El tono de Jeong-seo, que sonaba casi lúgubre, puso a Yoon-tae en una situación difícil. Desde aquella cena con sus padres, Jeong-seo sacaba el tema de los hijos con frecuencia, y Yoon-tae estaba convencido de que era por las palabras de su padre. Por eso evitaba profundizar, pero a estas alturas, empezaba a sospechar que Jeong-seo lo deseaba de verdad. Yoon-tae se inclinó hacia adelante.

“Yo también, Jeong-seo. Hablemos de esto seriamente después de la luna de miel.”

“... ¿Qué pensarías si de repente me quedara embarazado ahora?”

Jeong-seo lo miró con una expresión muy seria. Yoon-tae se quedó sin palabras y bajó la mirada, visiblemente afectado. Ante el silencio, Jeong-seo empezó a sentirse ansioso. Tras observarlo un rato con una mirada indescifrable, Yoon-tae finalmente habló.

“Jeong-seo... ¿acaso ya estás embarazado?”

“... ¿Eh?”

Qué pregunta tan repentina. A diferencia del desconcierto de Jeong-seo, las comisuras de los labios de Yoon-tae temblaron como si estuvieran a punto de curvarse en una sonrisa. Parecía alguien que intentaba contener la alegría a duras penas.

“No, no es eso. Solo decía ‘y si’.”

“Ah...”

“¿Cómo voy a estarlo si siempre hemos usado protección?”

“Bueno... el condón no es 100% efectivo...”

Yoon-tae, que hablaba como si no quisiera hijos todavía, no pudo ocultar su decepción al saber que no era un embarazo real. No hacía falta preguntar más: era evidente que Yoon-tae sentía lo mismo que él. Al notar la mirada de Jeong-seo, Yoon-tae se frotó la nuca, avergonzado.

“En fin, hablemos después del viaje.”

Aunque no hubo respuesta, Yoon-tae se levantó del sofá, sintiéndose un poco ridículo por haber sido tan obvio con su reacción.

“¿Tienes sed? ¿Te traigo algo de beber?”

Jeong-seo tardó un poco en responder.

“Tráeme algo.”

Su mirada, clavada en Yoon-tae, era más intensa que de costumbre.

* * *

Al abrir la ventana de par en par, entró una brisa salada. El mar de color esmeralda, que se extendía hasta el infinito, brillaba bajo el sol. Mientras Jeong-seo cerraba los ojos disfrutando del viento, Yoon-tae, que acababa de dejar las maletas, se acercó por detrás.

“El paisaje es precioso.”

“Totalmente. Se siente genial volver al mar después de tanto tiempo.”

Yoon-tae se apoyó en el marco de la ventana junto a él y cerró los ojos. El sonido tranquilo de las olas parecía disipar el cansancio del largo viaje. Al haber alquilado una pequeña isla entera, solo estaban ellos dos y el personal de servicio.

“¿Descansamos un poco y luego vamos a comer? Puedes dormir un poco más si quieres.”

Tenían una semana entera por delante, y era probable que el celo de ambos llegara esa misma noche o, a más tardar, a la mañana siguiente. No había necesidad de forzar las cosas antes de que empezara. Cuando Yoon-tae empezó a juguetear con el cabello de Jeong-seo, este se apoyó contra él y asintió.

“Descansemos un poco y luego vamos. Tengo hambre.”

Al estar pegados, un aroma dulce empezó a emanar sutilmente de Jeong-seo. Los párpados de Yoon-tae temblaron ligeramente y tragó saliva, acariciándose la mejilla distraídamente. Aunque Jeong-seo era un omega recesivo, sus feromonas excitaban a Yoon-tae más que cualquier otra cosa.

Viendo que el aroma ya empezaba a filtrarse, era probable que el celo comenzara esa misma tarde. Miró de reojo a Jeong-seo, quien seguía disfrutando de la brisa con una expresión pura e inocente. Yoon-tae sintió un impulso casi incontenible de morder esas mejillas blancas y suaves, pero logró controlarse.

Como el impulso ya empezaba a ser difícil de manejar, pensó que sería mejor tomarse un supresor después de comer. Porque cuando su celo de alfa dominante comenzara de verdad, una sola pastilla no bastaría para controlarlo.

“Espera un momento, Jeong-seo.”

Yoon-tae se separó suavemente y retrocedió. Jeong-seo lo miró con curiosidad.

“¿A dónde vas?”

“Voy a tomarme un supresor por adelantado. ¿Tú vas a tomar el tuyo?”

Jeong-seo soltó un “Ah” en voz baja y se giró por completo, quedando de espaldas a la ventana. Se quedó mirando fijamente a Yoon-tae. Al verlo tan pensativo, Yoon-tae sacó los supresores que tenía en el bolso y preguntó:

“¿Quieres decir algo?”

“Nada, solo pensaba en dónde estaban los supresores.”

“Ah. Yo los traje todos. Tengo los tuyos aquí también, puedes tomártelos luego.”

Yoon-tae sacó una pastilla y se la tomó. Bebió un poco de agua y guardó tanto su frasco como el de Jeong-seo en el cajón de la mesita de noche. La mirada de Jeong-seo siguió obsesivamente los movimientos de Yoon-tae y, cuando sus ojos se encontraron, él le dedicó una leve sonrisa.

“Sí, está bien.”

Hubo una vibración extraña en el aire, pero Yoon-tae no le dio importancia.

* * *

Los dos disfrutaron de una cena tranquila en el restaurante y luego pasearon por la orilla del mar, aprovechando el tiempo libre. Al caer el sol, la temperatura bajó un poco, creando el clima perfecto para una caminata.

“Entonces el profesor de matemáticas... ¿Yoon-tae, me estás escuchando?”

Jeong-seo, que no paraba de parlotear a su lado, giró la cabeza. Desde que terminaron de comer, Yoon-tae parecía estar en otro mundo. Jeong-seo se inclinó un poco y agitó la mano frente a su rostro; solo entonces las pupilas amarillas recuperaron el enfoque.

“Ah, sí... lo siento, Jeong-seo.”

“No pasa nada. Mmm, ¿volvemos ya?”

Yoon-tae asintió mientras tiraba ligeramente del cuello de su camiseta azul marino para abanicarse. Cada vez que la tela se movía, un denso aroma a feromonas inundaba el aire. Jeong-seo se tensó ante la intensidad del olor; la paciencia de Yoon-tae parecía haber llegado a su límite y la sonrisa desapareció de su rostro.

Sujetando la mano de Jeong-seo con fuerza, Yoon-tae aceleró el paso hacia el alojamiento. Fue una suerte haber tomado una pastilla antes; de lo contrario, habría perdido el juicio en plena playa por el celo.

Al llegar rápidamente al dormitorio, cerró la puerta con un golpe seco y abrazó a Jeong-seo con desesperación.

“Ugh...”

Enterró el rostro en la nuca de Jeong-seo y aspiró profundamente; el aroma dulce se filtró hasta lo más profundo de sus pulmones. El aliento caliente rozando su piel le dio escalofríos a Jeong-seo, quien dejó escapar una pequeña risa.

“Yoon-tae, me da cosquillas.”

Yoon-tae clavó los dientes con cuidado en la piel delicada, como si quisiera saborear la dulzura con toda la lengua. Por un instante, el deseo de no soltarlo luchó contra la razón que le dictaba tomar los supresores, hasta que soltó un suspiro entrecortado.

“Jeong-seo, tú también tienes que tomar la medicina.”

Yoon-tae caminó hacia la mesita de noche donde había dejado los frascos, pero pronto frunció el ceño.

¿Eh?

Los frascos habían desaparecido como por arte de magia. Desconcertado, abrió el cajón y revolvió todo el interior, pero no encontró ni rastro de ellos. Sus ojos amarillos temblaron violentamente y, justo cuando iba a darse la vuelta...

“Ah.”

El cuerpo de Yoon-tae fue empujado lateralmente, haciéndolo caer sentado sobre la cama. Miró hacia arriba con los ojos muy abiertos y vio a Jeong-seo, con el rostro encendido, mientras se desabrochaba los botones de su camisa.

“Yo los escondí.”

Yoon-tae no pudo procesar las palabras; su voz sonó hueca al preguntar:

“¿Eeh...? ¿Qué has dicho?”

“Que he quitado los supresores.”

Ante la confirmación directa, Yoon-tae entrecerró los ojos y miró a Jeong-seo con una extrañeza total. Para entonces, Jeong-seo emanaba unas feromonas tan densas que resultaban escalofriantes, y a través de la camisa abierta se vislumbraba su piel blanca. Yoon-tae tragó saliva.

“¿Por qué los quitaste? Jeong-seo, si no tomo la medicina ahora, de verdad voy a perder la cabeza. Deja las bromas, primero tenemos que...”

Yoon-tae intentó levantarse, pero Jeong-seo lo detuvo presionando sus hombros con firmeza. Aunque Yoon-tae era el desconcertado, fue Jeong-seo quien apretó los labios con un gesto de injusticia.

“Deja tú las bromas, Pyo Yoon-tae. ¡Dijiste que en cuanto encontraras a tu primer amor, tendrías crías de inmediato!”

Al recordar sus propias palabras del pasado, dichas sin pensar en las consecuencias, Yoon-tae sintió que el calor le subía hasta la coronilla.

“Ya han pasado once años. No sé qué dije cuando estaba borracho la otra vez, pero tener un hijo es mi deseo real. No es por lo que dijo tu padre, ni por prisas innecesarias; es porque lo quiero de verdad, de corazón.”

Jeong-seo subió a la cama de rodillas, situándose entre las piernas abiertas de Yoon-tae. Entre su cabello castaño alborotado, sus orejas triangulares brotaron y quedaron gachas. Sus ojos vidriosos miraron con ansia a Yoon-tae mientras posaba las manos sobre su pecho firme.

“Así que sé sincero conmigo. Si no estás listo, te devolveré los supresores. Pero si no es eso...!”

En un parpadeo, la posición se invirtió y Jeong-seo quedó debajo. Tras la sorpresa inicial, escuchó una risa ronca sobre él.

“He estado dando vueltas para nada y solo he logrado preocuparte.”

Las pupilas de Yoon-tae brillaban con un destello extraño. Sus pupilas negras estaban tan dilatadas que parecían un abismo hirviente. Tras tragar saliva, mostró sus dientes blancos y susurró con voz grave:

“Es imposible que no esté listo. Yo lo estoy... en cualquier momento.”

“Ah.”

Yoon-tae deslizó su mano hacia abajo, abriendo la camisa y acariciando con insistencia el vientre plano de Jeong-seo.

“Puedo llenarte tanto hasta que esto se hinche por completo. Eso es lo que quieres ahora, ¿verdad?”

Jeong-seo sintió que el calor de esa palma lo consumía.

“Yo también lo quiero, Yoon-tae.”

Ante aquella voz cargada de erotismo, las venas del cuello de Yoon-tae se marcaron. Masculló un insulto en voz baja y, de un tirón, le quitó los pantalones a Jeong-seo. Al sujetar sus piernas y girarlo un poco, notó que su ropa interior ya estaba empapada.

Sabiendo lo caliente y lubricado que se ponía ese interior durante el celo, Yoon-tae perdió la paciencia. Desabrochó su propio pantalón con urgencia. Presionó su erección contra la tela de la ropa interior de Jeong-seo y empujó su cadera con golpes cortos y rítmicos.

“Ugh... ah...”

“Ya estás empapado. Jeong-seo, ¿cómo aguantaste si tenías tantas ganas?”

“Es que tú... ah... seguías actuando como si no quisieras... ugh...”

Cada vez que el miembro de Yoon-tae golpeaba su trasero, Jeong-seo sentía una vibración que llegaba hasta su vientre. Con lágrimas asomando en las comisuras de sus ojos, miró hacia arriba; Yoon-tae sonrió y se inclinó hacia él.

“Sí, fui un maldito despistado. Lo siento.”

Yoon-tae metió los dedos por el borde de la ropa interior de Jeong-seo y tiró de ella hacia un lado. Al ver la piel expuesta del perineo, se humedeció los labios.

“Solo... quítatelo ya...”

Jeong-seo lo miró con impaciencia, deseando que entrara de una vez. Justo cuando iba a estirar la mano para terminar de desvestirse, Yoon-tae hundió su miembro ferozmente erecto a través de la abertura de la prenda. La tela elástica rodeó tanto el pene como el muslo de Jeong-seo, creando una imagen obscena.

“Haa...”

Yoon-tae frotó el glande contra su muslo antes de girar más el cuerpo de Jeong-seo y golpear justo debajo de sus nalgas.

“¿Por qué haces eso? Ah... ugh...”

El contacto de las venas marcadas del miembro contra su piel desnuda se sentía extraño. Tras unos cuantos movimientos de calentamiento, Yoon-tae bajó la ropa interior por completo. Sujetó con fuerza una nalga y tiró de ella, dejando ver la entrada enrojecida de la que brotaba fluido. Apoyó la punta de su miembro contra el orificio y presionó sutilmente, amagando con entrar.

“¡ugh, ah, mmm...!”

El jugueteo terminó cuando, en un movimiento brusco, el miembro se abrió paso por las paredes internas. Como no habían tenido relaciones completas en un tiempo debido a los preparativos, el interior estaba apretado. Jeong-seo soltó un jadeo ante la invasión de esa carne gruesa y todo su cuerpo tembló.

“Ah... qué bien se siente.”

Yoon-tae dejó escapar un gemido ronco al sentir cómo la mucosa caliente lo envolvía. Entre el aroma dulce de su omega en celo y las paredes internas que palpitaban dándole la bienvenida, sintió que su cerebro se derretía.

Cuando la punta alcanzó lo más profundo de su vientre, Jeong-seo se retorció frenéticamente. Había tanto fluido que cada vez que Yoon-tae se retiraba y volvía a empujar con fuerza, el líquido salpicaba. En poco tiempo, las sábanas quedaron empapadas.

“¡Ah, ugh, sí...!”

“Parece que de verdad estás en celo. Has soltado muchísimo fluido, Jeong-seo.”

Yoon-tae sujetó las piernas de Jeong-seo y las abrió por completo, permitiendo una penetración aún más profunda. Jeong-seo echó la cabeza hacia atrás, jadeando, y se aferró a los hombros de Yoon-tae.

“¡Ah, ugh, Yoon-tae...!”

La entrada, roja e hinchada por la fricción, se contraía alrededor del miembro. Yoon-tae aumentó la velocidad de sus embestidas con respiración agitada. Cada vez que la punta roma golpeaba con precisión el punto sensible, el cuerpo de Jeong-seo se sacudía violentamente.

El fluido blanquecino brotó del miembro erecto de Jeong-seo. El placer era tan cegador que no disminuía; su interior sufría espasmos, envolviendo el miembro caliente.

“Haa, Jeong-seo... ah, qué bien. ¿A ti también te gusta? ugh...”

Yoon-tae se retiraba casi por completo para luego volver a entrar de forma salvaje. El instinto del alfa dominante en pleno celo había nublado su razón hace tiempo. Obligó a Jeong-seo a rodearle el cuello con las manos mientras sujetaba su pelvis con fuerza.

Presionaba su cadera contra el trasero de Jeong-seo hasta aplastarlo antes de volver a salir. El interior, suave y derretido, se apretaba rítmicamente estimulando su miembro. Yoon-tae soltó una risa excitada; sus ojos amarillos estaban nublados, como si estuviera drogado.

Excepto en contadas ocasiones por descuido bajo los efectos del alcohol, nunca lo habían hecho sin protección. Ahora que esa delgada barrera de látex había desaparecido, ambos experimentaban una estimulación tan intensa que su visión se volvía blanca.

Ante el aroma dulce que paralizaba sus sentidos, a Yoon-tae finalmente le brotaron las orejas negras y la cola.

“Jeong-seo escondió la medicina porque quería comerse mi polla al natural... ha... joder... ¿está rica? ¿Eh?”

“ugh, ah... sí, me gusta, Yoon-tae, me gusta...”

No solo Yoon-tae estaba drogado por las feromonas. Un omega recesivo no podía resistir el aura de un alfa dominante desbordante de lujuria. Con el rostro encendido, Jeong-seo movía las nalgas al ritmo de las embestidas de Yoon-tae.

En pleno celo, ambos se entregaron al acto sin descanso. Jeong-seo había eyaculado varias veces, pero el miembro de Yoon-tae, monstruosamente hinchado, aún no lo había hecho ni una sola vez. Buscaba instintivamente un lugar más profundo donde depositar su semilla.

Justo cuando la punta pasó la próstata y merodeaba cerca del cuello del útero, sintió una cavidad prominente.

Aquí es.

El alfa, movido únicamente por el instinto reproductivo, empujó su cadera con fuerza, atravesando ese lugar de un solo golpe. Ante la sensación de algo abriéndose paso en un lugar desconocido, los ojos de Jeong-seo se agrandaron y su espalda se arqueó.

“¡Ah, ahhh...! ¡Yoon-tae, ahí se siente raro, haa, es extraño, ahhh!”

Nunca antes nada había penetrado allí; la entrada de algo tan grueso le provocó una mezcla de placer y dolor punzante que recorrió todo su cuerpo. Jeong-seo, llorando a mares, intentó empujar el pecho de Yoon-tae para alejarlo, pero fue inútil.

“Está bien, está bien, Jeong-seo.”

Yoon-tae susurraba mientras lo envolvía con sus brazos, besando y lamiendo cada rincón de su rostro. Finalmente, la punta entró por completo en el útero. Gracias a que no habían tomado medicina y el celo era total, la entrada se había abierto con relativa facilidad. Cuando el dolor de Jeong-seo empezaba a mitigarse...

“¡Ah, Yoon-tae!”

De repente, el miembro dentro de su vientre empezó a hincharse aún más. Era el nudo (knotting). Como Yoon-tae siempre había tomado supresores fuertes durante su celo, era la primera vez para ambos.

Cuando Jeong-seo intentó zafarse por el pánico, Yoon-tae le mordió la nuca con fuerza.

“No, Jeong-seo. ¿A dónde vas? Haa... dijiste que querías tener crías pronto.”

“¡ugh, pero es que es demasiado... ah...! ¡Siento que me va a estallar el vientre...!”

“Mmm, no. No estallará. Mira qué suave y elástico es este lugar.”

Jeong-seo miró su propio vientre con terror; ya se notaba un bulto. Al sentir el miedo en las feromonas de Jeong-seo, Yoon-tae sintió lástima, pero también una lujuria retorcida. Ver a Jeong-seo llorando y temblando mientras lo contenía dentro era demasiado adorable y erótico a la vez. Quería que siguiera llorando y aferrándose a él. Yoon-tae lamió las lágrimas de sus mejillas y presionó su cadera con más fuerza.

Una vez que el miembro hinchado llenó por completo el interior, el semen caliente empezó a brotar a borbotones en lo más profundo de su vientre. Jeong-seo tembló ante la extraña sensación del fluido viscoso llenándolo.

“Esto... ugh... ¿hasta cuándo...?”

Llenándolo sin detenerse, Jeong-seo lo miró con ojos vacilantes. Yoon-tae sonrió con suficiencia y susurró:

“Hasta que te quedes preñado de nuestro hijo.”

* * *

“¡Hic!”

Los ojos de Jeong-seo se abrieron de par en par. El cielo que se veía por la ventana era de un azul brillante y despejado; parecía ser pleno mediodía. Sin embargo, era incapaz de calcular qué día de la semana era, o cuántos días habían pasado desde que llegaron.

A sus espaldas, escuchó un suave ronroneo. Al mirar de reojo, vio a Yoon-tae abrazándolo, con los ojos cerrados y un semblante pacífico.

A diferencia de su imagen actual, el Yoon-tae que no tomó supresores había sido, literalmente, una bestia. Jeong-seo llegó a pensar que ni siquiera un animal salvaje en celo sería tan voraz.

“Haa...”

Su garganta estaba completamente destrozada de tanto llorar y soltar gemidos que eran casi gritos. Sentía el cuello tan áspero como si lo hubieran raspado con lija. Jeong-seo frunció el ceño mientras se tocaba la nuez de Adán y luego procedió a revisar sus brazos.

En su cuerpo desnudo, no quedaba ni un solo centímetro de piel intacta. El excitado Yoon-tae había desarrollado colmillos tan afilados como los de un depredador, y lo había mordido con tal fuerza que le había dejado marcas sangrientas por todas partes.

Como el celo de Jeong-seo ya había terminado, el calor sofocante que antes consumía su cuerpo había desaparecido, dejando en su lugar solo dolor muscular, una sed abrasadora y un hambre voraz. Parecía que Yoon-tae también se había calmado finalmente, así que Jeong-seo intentó moverse para ir a beber algo de agua.

“¡Ah...!”

Sintió una extraña presencia extraña en su interior que lo hizo sobresaltarse y mirar hacia atrás. El miembro de Yoon-tae seguía dentro de él.

“...”

Había subestimado demasiado el celo de un alfa dominante. De haber sabido que sería tan persistente, le habría insistido en que tomara al menos un poco de supresor. Aunque Jeong-seo sentía cierto arrepentimiento por lo que él mismo había provocado, también debía admitir que había sido el mejor sexo de su vida.

Más que sentirse bien, se había entregado con tal desenfreno que su mente se había quedado en blanco. Soltando un suspiro bajo, Jeong-seo movió la cintura hacia adelante con cuidado para empezar a retirar el miembro.

“¡Hic!”

“Mmm, Jeong-seo...”

Cuando estaba a medio camino de salir, un brazo rodeó la cintura de Jeong-seo y lo tiró de vuelta hacia atrás. El miembro que casi había salido volvió a hundirse profundamente en su interior. No solo eso; Yoon-tae empezó a mover la cadera con golpes cortos, presionando cada rincón de sus paredes internas inflamadas.

“¡Ah...! Yoon-tae, ugh, ya... basta.”

“No quiero. Todavía más... aquí.”

Yoon-tae presionó con la palma de la mano el vientre abultado de Jeong-seo. Al hacerlo, el semen acumulado dentro de él se filtró a través del orificio que palpitaba. El miembro, que estaba a medio endurecer, se volvió rígido rápidamente ante la presión.

“Voy a correrme dentro, ¿sí? ¿Entendido, esposo?”

“Yo... haa... lo siento...”

Tengo sed, Yoon-tae. Jeong-seo volvió a sollozar, llorando de nuevo a pesar de que apenas acababa de recuperar la consciencia. En medio de todo, cada vez que la sensible mucosa interna era rozada por el glande, sentía un escalofrío placentero.

Al oír los gimoteos de Jeong-seo, Yoon-tae le tomó el rostro y lo giró para devorar sus labios. Su lengua se coló entre los dientes, recorriendo las encías y humedeciendo la boca seca de Jeong-seo con su propia saliva.

Aunque no del todo, Yoon-tae había recuperado algo de razón; no tenía intención de dejar que Jeong-seo muriera por deshidratación.

“Mi amor tiene sed, por lo que veo. Es normal, después de haber soltado tanto fluido por ahí abajo.”

“Mmm, sí.”

Jeong-seo asintió con desesperación, con el rostro completamente hinchado. Entonces, en lugar de soltarlo, Yoon-tae lo giró para que quedaran frente a frente. Al girar el cuerpo con el miembro aún insertado, Jeong-seo sintió cómo sus entrañas se retorcían y su rostro se contrajo de dolor.

“¿Por qué... por qué...?”

“Vamos a beber agua.”

Yoon-tae se levantó cargando a Jeong-seo, lo que provocó que la penetración fuera aún más profunda. Al quedar suspendido en el aire, Jeong-seo contuvo el aliento y no tuvo más remedio que abrazar a Yoon-tae con fuerza.

Con cada paso que Yoon-tae daba, su vientre vibraba con una intensidad dolorosa; Jeong-seo arqueaba la espalda y clavaba las uñas en la amplia espalda de Yoon-tae, que ya estaba llena de marcas rojas y arañazos.

Llegaron hasta una cómoda en una esquina de la habitación. Yoon-tae sacó una botella de agua del minibar. Jeong-seo, al sentir que sus nalgas tocaban la superficie de la cómoda, se dejó caer exhausto, apoyando el cuerpo contra la pared.

Estiró la mano para tomar la botella, pero Yoon-tae, ignorándolo deliberadamente, la destapó y empezó a beber él mismo.

“¡Oye! Yo... yo también tengo sed...!”

Yoon-tae, con la boca llena de agua, unió sus labios a los de él. En cuanto el agua fresca fluyó hacia su boca, Jeong-seo la bebió con avidez. Al probar el líquido, se dio cuenta de que su sed era mucho más extrema de lo que pensaba.

Jeong-seo rodeó el rostro de Yoon-tae con sus manos y succionó su lengua, acercándose como si quisiera beber hasta la última gota de humedad.

Yoon-tae volvió a tomar agua y lo besó de nuevo. A Jeong-seo se le ocurrió que quizás sería mejor simplemente beber el agua y luego besarse bien, pero al ver la cola negra agitándose bajo sus muslos, decidió no decir nada.

“¡Ah, ugh...!”

Yoon-tae volvió a mover la cadera con erotismo. El cuerpo de Jeong-seo se sacudió y sus dedos de los pies se encogieron con fuerza. Su miembro, que colgaba sin fuerzas, empezó a recuperar la rigidez.

Del punto de unión brotaba una mezcla de semen y fluido preseminal que formaba espuma cada vez que sus pieles chocaban. El sonido húmedo y viscoso resonaba con fuerza en el lugar, y Jeong-seo volvió a desfallecer ante el denso aroma del alfa dominante, soltando jadeos cortos.

En medio de las embestidas salvajes, el miembro volvió a abrirse paso en lo más profundo: el cuello del útero. Como ese lugar había sido penetrado innumerables veces en los últimos días, el músculo cedió con suavidad, tragándose el glande mientras palpitaba.

“Ah... ugh... me duele... me duele el vientre...”

La base del miembro empezó a hincharse: el nudo estaba comenzando. Jeong-seo, con la espalda arqueada, jadeaba intentando relajar la parte inferior de su cuerpo, pues ya sabía que así era menos doloroso.

Sosteniendo la cintura vacilante de Jeong-seo, Yoon-tae movió la cadera en círculos lentos y pesados. El miembro hinchado removía las paredes internas, aplastando la próstata hasta el punto de sentir que se deshacía. Ante el placer cegador, Jeong-seo envolvió la cintura de Yoon-tae con sus piernas, aferrándose a él mientras sus muslos temblaban.

Yoon-tae acarició el flequillo sudado y pegajoso de Jeong-seo mientras frotaba su mejilla contra la suya. Era un contacto afectuoso y mimoso que contrastaba con la brutalidad del miembro que tenía enterrado en él.

Ronroneando, Yoon-tae movió sus orejas negras y lamió desde el rostro de Jeong-seo hasta sus pezones hinchados y enrojecidos antes de preguntar:

“¿Qué nombre le pondremos a nuestro hijo, Jeong-seo?”

Ante esa pregunta, Jeong-seo no pudo evitar soltar una risa seca.

Ah... claro. Después de todo lo que estaban haciendo, y teniendo en cuenta que aún no habían terminado, sería casi injusto si no se quedara embarazado.

Sin embargo, sin energías ni claridad mental para pensar en nombres en ese momento, Jeong-seo simplemente hundió el rostro en el hombro de Yoon-tae, frotando su frente contra él en silencio.

* * *

La luna de miel de los dos terminó así, tras una semana entera sin poner un pie fuera del alojamiento. Solo cuando llegó el día de partida, Yoon-tae logró recuperar el juicio ante los desesperados ruegos de Jeong-seo.

“... He vuelto a la vida.”

La voz que escapaba entre sus labios resecos seguía completamente quebrada. Al llegar finalmente a Corea, al aeropuerto de Incheon, Jeong-seo observaba a la multitud con el rostro demacrado y mucho más delgado que una semana atrás. A su lado, Yoon-tae cargaba el equipaje, inquieto, sin dejar de mirarlo de reojo con ojos culpables.

“Jeong-seo...”

Yoon-tae todavía emanaba una leve fragancia de feromonas. En realidad, su celo aún no había terminado por completo. Por irónico que pareciera, la razón por la que su celo de alfa dominante se había prolongado de forma tan persistente era debido a los supresores que había tomado con constancia durante años.

Existen casos muy raros en los que los alfas dominantes con una alta concentración de feromonas sufren efectos secundarios por el uso prolongado de inhibidores. Normalmente, el cuerpo libera las feromonas acumuladas de forma natural, pero en los dominantes, estas pueden quedar estancadas.

Ese era el caso de Yoon-tae. Al dejar de tomar la medicación esta vez, todo lo acumulado en sus glándulas estalló, provocando un celo imparable. Esa había sido la explicación que el médico le dio por teléfono poco antes.

“De ahora en adelante, en cada celo, tomaré los supresores sin fal...”

“Yoon-tae.”

Jeong-seo se giró hacia él y sacudió la cabeza con firmeza.

“El médico lo dijo hace un momento. Por ahora, debes tomar solo una dosis mínima comparada con lo que solías ingerir.”

“... Pero si lo hago y vuelvo a actuar como esta vez, ¿qué haré?”

Con la razón recuperada, Yoon-tae sufría al recordar vagamente cómo le había dicho todo tipo de obscenidades a Jeong-seo y cómo lo había retenido para poseerlo sin descanso a pesar de sus quejas. Al ser solo fragmentos de memoria, el temor a lo que realmente pudo haber hecho lo atormentaba.

Jeong-seo observó al decaído Yoon-tae y soltó un suspiro. Le hizo una señal con la mano y Yoon-tae se inclinó, acercando el oído.

“Fue agotador, pero me gustó de una forma increíble.”

El susurro sonó sugerente y erótico. Al cruzar miradas, el rostro de Yoon-tae se tiñó de rojo. Tras soltar un carraspeo innecesario, tiró del cuello de su ropa para abanicar el calor.

“... A mí también me gustó.”

“¿Verdad? Además, Yoon-tae... aquí.”

Jeong-seo puso una mano sobre su vientre bajo. Seguramente, allí donde estaría el útero.

“Dijiste que me llenarías por completo.”

A diferencia de las palabras pícaras de Jeong-seo, Yoon-tae sintió que el calor le estallaba hasta la coronilla. Que alguien con un aspecto tan adorable dijera algo así de su propia boca le provocaba un torbellino de culpa y deseo. Al ver a Yoon-tae con la piel roja de la vergüenza, Jeong-seo entornó los ojos y susurró con una sonrisa:

“Así que, de ahora en adelante, no tomemos supresores, ¿sí, Yoon-tae?”

Yoon-tae se frotó las mejillas con ambas manos, miró a Jeong-seo de reojo y asintió frenéticamente. Mientras empezaban a caminar, Jeong-seo preguntó:

“Por cierto, ¿qué fue lo que dije exactamente la otra vez?”

“¿La otra vez?”

“El día que fuimos a ver a tus padres y me emborraché muchísimo.”

Yoon-tae vaciló un momento. Dudaba si decírselo, pero ahora que conocía los verdaderos sentimientos de Jeong-seo y sabía que su silencio solo había causado más preocupación, debía confesarlo.

“Dijiste... que teníamos que tener un bebé... y que lo sentías por ser recesivo...”

“... ¿Yo?”

Jeong-seo se quedó atónito ante aquellas palabras tan fáciles de malinterpretar. Sabía que no debía de haber dicho nada bueno, pero aquello...

Si estando borracho había soltado algo así, entendía perfectamente por qué Yoon-tae había evitado hablar de hijos. Si la situación hubiera sido al revés, Jeong-seo probablemente habría hecho lo mismo.

“Mmm. No sé por qué lo dije así, pero la verdad es que no me siento triste ni culpable por ser recesivo. Es solo una pequeña lástima, nada más. Y no creo que mi casta afecte tanto a nuestra relación.”

“Me alegra oír eso. Me dolió tanto que dijeras eso... Pensé que era por las palabras de mi padre y me sentí enojado y culpable. Por eso decidí que era mejor no pensar en hijos por un tiempo. Lo siento.”

“No, no. Si yo hubiera escuchado algo así, habría actuado igual que tú. Además, eso demuestra cuánto me valoras, así que soy yo la que te da las gracias, Yoon-tae.”

Jeong-seo se aferró al brazo de Yoon-tae y frotó su rostro contra él con cariño. Con los malentendidos finalmente resueltos, ambos subieron al coche que los llevaría a casa con el corazón mucho más ligero.

Aun así, en la mente de Yoon-tae quedaba la duda de por qué Jeong-seo había dicho aquello exactamente, pero el misterio se resolvió pronto de la forma más absurda.

Dentro del coche de regreso, tanto Jeong-seo como Yoon-tae dormían profundamente. Yoon-tae había pedido unos días más de vacaciones para quedarse con Jeong-seo en Dan-gang por un tiempo.

En el silencio del vehículo, se escuchó un murmullo bajo.

“... Ya no lo siento, Yoon-tae...”

Yoon-tae, al oír aquel comentario repentino, abrió los ojos y miró a su lado. Jeong-seo hablaba entre sueños con el ceño fruncido. En lugar de despertarlo, Yoon-tae se limitó a observarlo en silencio.

“Como soy recesivo...”

El rostro de Yoon-tae se tensó ligeramente.

“Tenía que hacerlo... hasta que se te desgastara el pene... pero el tuyo no se desgasta... por eso ya no lo siento...”

“Vaya.”

“Solo mi parte de abajo... terminó hecha un desastre... Ah, ah, basta ya...”

El rostro de Jeong-seo se contrajo aún más en su sueño, y Yoon-tae, liberando toda la tensión acumulada, no pudo evitar soltar una carcajada. Por fin comprendía a qué se refería aquella "disculpa" de borracho.

* * *

Habían pasado unas dos semanas desde que regresaron de la luna de miel. Jeong-seo estaba en el baño, mordiéndose el labio mientras miraba lo que tenía en la mano.

“Humm...”

Por más que esperaba, solo aparecía una línea roja. Sabía por lo que había investigado que concebir no era fácil, pero después de haber pasado por tantos nudos... Al ser recesivo, no esperaba que ocurriera a la primera, pero aun así no podía evitar sentirse decepcionado.

Tras mirar el test de embarazo un rato más sin notar cambios, terminó arrojándolo a la papelera.

Al salir del baño, Yoon-tae estaba sentado en el borde de la cama esperándolo. Jeong-seo soltó un largo suspiro y negó con la cabeza.

La decepción cruzó el rostro de Yoon-tae por un instante, pero se recompuso rápidamente. Se levantó, se acercó a Jeong-seo y lo abrazó con cuidado, dándole palmaditas en la espalda.

“No nos apresuremos. Todavía tenemos mucho tiempo.”

Jeong-seo hundió el rostro en el pecho de Yoon-tae y asintió sin fuerzas.

“Sí... pero es una lástima.”

“Dijiste que teníamos que hacerlo hasta que se me desgastara. Es porque todavía está intacto.”

“... Oye.”

Ante la broma, Jeong-seo hizo un pucherito, pero recuperó el ánimo y, tomando a Yoon-tae de la muñeca, lo guio hacia la sala sugiriendo comer algo rico. Sobok-i, que dormitaba en un rincón del dormitorio, se levantó de un salto y los siguió.

* * *

Jeong-seo abrió los ojos ante la ruidosa vibración de su teléfono. ¿Ya era hora de que sonara la alarma? Estiró la mano hacia la cabecera, tanteando a su alrededor hasta que finalmente logró sujetar el dispositivo. Con los ojos entrecerrados por el sueño, miró la pantalla; no era la alarma, era una llamada.

[Mamá ❤]

“¿Qué hora es...?”

Eran las 5 de la mañana. Justo cuando se preguntaba por qué llamaría a esa hora, un pensamiento le cruzó la mente como un rayo: ¿le habría pasado algo a su madre?

Jeong-seo se incorporó de golpe mientras contestaba.

“Mamá, ¿qué pasa? ¿Ocurrió algo...?”

— Jeong-seo, hijo, ¿no estarás embarazado?

“... ¿Eh?”

¿A qué venía eso tan de repente?

Jeong-seo frunció el ceño, pensando que tal vez seguía soñando. Apartó el teléfono de su oreja para confirmar que, efectivamente, estaba hablando con su madre.

“Mamá, ¿de qué estás hablando...? ¿Por qué iba a estar embarazado de la nada...?”

Últimamente, ambos habían estado tan ocupados que Yoon-tae a veces no podía viajar a Dan-gang. Aunque Jeong-seo quería ir a verlo, él también estaba desbordado tras el inicio del semestre preparando el festival deportivo.

— No, escucha, hijo. Es que acabo de tener un sueño.

“¿Un sueño?”

— Sí, un sueño. Estaba caminando por un bosque con árboles altísimos y muy densos. De pronto, escuché un ruido de agua muy fuerte, seguí el sonido y me encontré con una cascada enorme.

“Oh...”

Aunque estaba agotado por haberse acostado tarde, Jeong-seo escuchó obedientemente. Pensó en lo mucho que su madre debía haber querido contarle esto para llamarlo a semejante hora.

— Estaba embobada mirando lo grande que era la cascada y lo clara que estaba el agua, cuando de repente, ¡el lago debajo de la cascada se partió a la mitad y desde el fondo salió algo!

“Sí.”

— ¡Salió algo enorme y negrísimo! Al principio pensé que era un tigre, pero voló directo hacia mí. ¡Cuando lo vi de cerca, resultó ser una comadreja! Era una comadreja negra gigante. Se sentó justo frente a mí y me entregó algo que traía en la boca.

“Vaya... una comadreja negra... ¿Existen las comadrejas negras?”

— Qué voy a saber yo. El caso es que, cuando lo recibí, ¡ay, por Dios!, ¿a que no sabes qué era? ¡Un gatito minúsculo! Tenía el pelo negro con manchas blancas por todas partes, parecía un gato cebra. Me miró y maulló tan lindo que me puse a darle mimos, y la comadreja negra no se iba, se quedó allí tumbada boca abajo para que yo también la acariciara.

La charla de su madre terminó solo después de narrar cómo jugó con la comadreja gigante y el gatito cebra junto al lago, y de insistir en que aquello debía ser un sueño de concepción (taemong).

Tras colgar, Jeong-seo se miró el vientre. Estaba tan plano como siempre, sin el menor cambio. Sería maravilloso que fuera un sueño de concepción, pero...

Decidió no decirle nada a Yoon-tae por el momento. Él también deseaba un hijo y no quería darle esperanzas en vano.

* * *

“Profesor So, ¿se siente mal?”

La profesora de arte, al ver a Jeong-seo sentado en un rincón de la cafetería escolar, se acercó con su bandeja y se sentó frente a él. Jeong-seo asintió con el rostro pálido.

“Últimamente no he dormido bien y tengo un poco de dolor de cabeza desde la mañana.”

“Vaya, vaya. Debería ir a la enfermería a tomar algo.”

“Eso haré. Me retiro primero, la comida no me pasa hoy. ¡Que disfruten su almuerzo!”

Jeong-seo se levantó con su bandeja casi intacta. Hoy, el olor de la comida y las feromonas de los pocos cambiaformas del lugar le resultaban nauseabundos. Conteniendo las arcadas, vació los restos en el contenedor mientras unos alumnos que estaban detrás comentaban entre risas:

“¡Hala! El profe de gimnasia no terminó su comida. ¡Y a nosotros siempre nos dice que hay que masticar bien y terminarlo todo!”

Cuando Jeong-seo se giró con una sonrisa forzada, los chicos, al ver su mala cara, soltaron un jadeo de sorpresa.

“Profe, ¿está enfermo?”

“Sí, hoy no me siento muy bien. Da-yeon, Hae-su, ustedes duerman bien y coman mucho para no enfermarse.”

“¡Huy...! Profe, ¿no debería irse a casa?”

“Iré a la enfermería primero. Nos vemos.”

Bebió un poco de té de cebada tibio y salió de la cafetería. Mientras arrastraba su cuerpo pesado y mareado hacia la enfermería, se detuvo en seco.

〈¡Jeong-seo, te digo que esto es un sueño de concepción de verdad! Hazte un test de embarazo aunque sea.〉

Después de aquello, se había hecho un test, pero resultó negativo. Así que lo más probable era que su malestar se debiera simplemente al cansancio. Aun así, de repente, sintió un rechazo instintivo a tomar cualquier medicamento. Finalmente, dio media vuelta y no entró en la enfermería.

Soportando el malestar como pudo hasta la hora de salida, pasó por la farmacia y compró otro test.

Y el resultado fue...

“... Supongo que solo estoy enfermo.”

Negativo. Aunque no esperaba nada en concreto, la decepción que sintió le confirmó que, inconscientemente, lo deseaba mucho. Soltó un suspiro pesado, salió a la sala y se puso a acariciar a Sobok-i, que dormía plácidamente.

“Sobok-i... tu hermano está enfermito hoy...”

Como si entendiera sus palabras, Sobok-i gimoteó y movió la cola antes de acurrucarse en su regazo. Poco después, el teléfono sonó. Jeong-seo dudó un instante, pero terminó contestando.

“Dime, Yoon-tae.”

— ... Jeong-seo, ¿estás enfermo?

A veces daba miedo lo sensible que era Yoon-tae para notar su estado. ¿Cómo podía darse cuenta tan rápido con solo escuchar un segundo de su voz? No quería preocuparlo, pero sabía que si no contestaba sería mucho peor.

“Ah, hoy el cuerpo se siente un poco raro. Debe ser por el cansancio. ¿Ya cenaste, Yoon-tae?”

— ¿Qué te duele exactamente? ¿Tomaste alguna medicina? ¿No deberías ir al hospital? ¿Quieres que vaya ahora mismo?

“No, no es para tanto.”

Le agradeció que estuviera dispuesto a viajar sin dudarlo a pesar de estar agotado. Hablar con él parecía hacerlo sentir un poco mejor. Jeong-seo decidió restarle importancia, pensando que mañana amanecería bien. De hecho, al día siguiente se sintió mejor.

Estaba un poco cansado y sentía punzadas ocasionales en el pecho, pero nada grave. Además, sus nervios estaban centrados en otra cosa.

Por alguna razón, Yoon-tae no parecía estar bien desde hacía unos días. Él decía que estaba bien y que solo era exceso de trabajo, pero era natural preocuparse. Por eso, cuando Yoon-tae le dijo que tampoco podría viajar este fin de semana, Jeong-seo decidió ir él. Por supuesto, Yoon-tae no lo sabía.

Si se lo decía, Yoon-tae insistiría en viajar él a pesar de todo.

Su plan era entregarle el estofado de costillas que había preparado temprano y luego visitar a su propia familia si Yoon-tae estaba demasiado ocupado. No quería ser una molestia. Pero que Yoon-tae, que siempre hacía lo imposible por verlo, llevara dos semanas sin aparecer, indicaba que debía tener muchísimo trabajo.

“Vas a ver a mamá y al hermano después de mucho tiempo, Sobok-i.”

Sobok-i, tumbado cómodamente en el asiento trasero, soltó un ladrido vigoroso. Jeong-seo sonrió mirando por el espejo retrovisor. Ya conducía con bastante destreza mientras salía de la autopista.

Primero dejó a Sobok-i en la casa de sus padres. El perro se volvió loco de alegría al ver a su madre y a su hermano después de meses. Tras ver la escena con ternura, Jeong-seo le envió un mensaje a Yoon-tae avisándole que estaba cerca.

Extrañamente, el mensaje no aparecía como "leído" después de diez minutos, algo inusual en él. Intrigado, se dirigió al apartamento de Yoon-tae.

Al llegar a la puerta, marcó el código de seguridad y entró. Como Yoon-tae vivía en el último piso, el apartamento era amplio y de techos altos. Al no notar presencia alguna, pensó que tal vez estaba en la oficina. Como ya lo había previsto, fue a la cocina y guardó el estofado en el refrigerador.

Justo cuando le tomaba una foto para enviársela y decirle que comiera al volver...

¡Ping! El sonido de una notificación conocida sonó débilmente. Jeong-seo abrió los ojos de par en par y miró hacia donde provenía el ruido: el dormitorio. Con curiosidad, caminó hacia allí y abrió la puerta con cuidado.

Y allí estaba.

“¿Yoon-tae?”

Yoon-tae estaba acurrucado en la cama. Que estuviera durmiendo tan profundamente como para no oír el mensaje lo preocupó de inmediato. Al acercarse, su expresión se volvió aún más seria.

“... ¿Por qué tienes la cara tan delgada?”

Hacía casi dos semanas que no lo veía, y su rostro estaba mucho más demacrado que la última vez. Jeong-seo estiró la mano para acariciar su mejilla cuando, de pronto, los ojos de Yoon-tae se abrieron de golpe.

“¿Je... Jeong-seo?”

“Sí, Yoon-tae. ¿Te pasa algo? Te ves muy mal.”

“Ah...”

Yoon-tae no pudo ocultar su desconcierto mientras se incorporaba. Sus ojos amarillos se veían hundidos bajo su cabello negro desordenado. Jeong-seo se subió a la cama para estar más cerca de él.

“¿Fuiste al médico? Si te sientes así de mal, deberías habérmelo dic...”

“¡Ugh!”

De repente, Yoon-tae tuvo una arcada, saltó de la cama con una rapidez asombrosa y corrió hacia el baño.

Jeong-seo se quedó paralizado mirando hacia la puerta del baño. Poco después, se oyó el sonido del agua y Yoon-tae salió arrastrando los pies con el rostro desencajado. Tenía los labios mojados tras haberse enjuagado.

“... Yoon-tae.”

La situación parecía más grave de lo esperado. Jeong-seo se levantó apresuradamente para acercarse a él.

“Espera, espera. Jeong-seo, por favor.”

Yoon-tae se tapó la nariz y la boca con una mano y retrocedió varios pasos.

“¿Qué... qué pasa?”

“No, es que... ja... lo siento, pero ¿acaso has comido costillas o algo así antes de venir?”

Ante aquella pregunta que no encajaba en absoluto con la situación, Jeong-seo lo miró perplejo y negó lentamente con la cabeza. Yoon-tae no había visto sus mensajes, así que no sabía que traía estofado.

“No he comido, pero preparé estofado desde la mañana para traértelo. Ahora mismo está en la nevera. ¿Tanto huelo a comida...?”

Se había bañado y cambiado de ropa antes de salir. Solo había abierto el recipiente un momento para revisarlo antes de guardarlo en la nevera. ¿Acaso el olor se le había quedado tan impregnado como para que él lo notara al instante? Jeong-seo se olió el brazo, pero solo percibía el suave aroma del suavizante de telas. ¿Desde cuándo el olfato de Yoon-tae era tan sensible?

Jeong-seo se quedó quieto sin acercarse más y preguntó:

“¿Fuiste al hospital?”

“... Solo tomé algo de la farmacia. Pensaba ir la semana que viene... de verdad.”

Mientras Jeong-seo lo miraba con severidad, Yoon-tae no podía dejar de mover los ojos con inquietud. Ese era su problema: se alarmaba por la salud de Jeong-seo más que nadie, pero ignoraba sus propios dolores. ¿Es que no pensaba que Jeong-seo se preocuparía por él tanto como él lo hacía por Jeong-seo?

“Voy a bañarme de nuevo y a cambiarme de ropa. Tú prepárate para ir al hospital.”

Ante la mirada afilada de Jeong-seo, Yoon-tae finalmente asintió con rapidez. Jeong-seo salió del dormitorio hacia el baño de visitas. Mientras tanto, sacó su teléfono y llamó al "Doctor Jang Ha-seon, del Hospital Serin", un centro operado por la fundación corporativa de la familia de Yoon-tae.

* * *

“¿Lo ven aquí?”

Jeong-seo estaba completamente absorto, con la mirada fija en una mancha gris que se retorcía en la pantalla negra. Y no era solo una.

“Es el feto. Son gemelos. Tienen unas nueve semanas.”

Dos bebés. Pyo Yoon-tae, sentado justo detrás, estaba igual de atónito que Jeong-seo, con la boca abierta de par en par. Se suponía que habían venido al hospital por él, pero de repente le decían a Jeong-seo que estaba embarazado. Y resultó que las náuseas y la inapetencia de Yoon-tae no eran por enfermedad, sino por un embarazo por simpatía (couvade).

Aprovechando la visita, Yoon-tae le había sugerido a Jeong-seo que se hiciera un chequeo porque últimamente se sentía mal, y el resultado fue este. Gemelos. Jeong-seo no podía creerlo incluso viendo con sus propios ojos a esos dos seres moviéndose a través del ultrasonido.

Además, esos brotes ya llevaban nueve semanas creciendo en su interior. Calculando el tiempo... debió de ser durante la luna de miel.

“... Me hice varios tests de embarazo... y todos dieron negativo.”

“¿Cuándo se los hizo?”

“Eh... uno unas dos semanas después de volver de la luna de miel, y otro la semana pasada. Ambos dieron negativo.”

Podría entenderse que el primero fuera negativo por una implantación tardía, pero no comprendía cómo el de la semana pasada también lo fue. Al mirar al doctor con confusión, este asintió con comprensión.

“Hay un fenómeno que ocurre entre las semanas 8 y 12. Cuando los niveles de la hormona del embarazo son demasiado altos, el dispositivo no puede detectarlos; se llama 'efecto gancho'. En el caso de ustedes, al ser gemelos y de un alfa dominante, los niveles eran tan altos que el test dio un falso negativo.”

“Ah.”

Le sonaba haber leído algo así, pero al ser un caso raro, nunca pensó que le pasaría a él. Yoon-tae apretó suavemente la mano de Jeong-seo, que descansaba sobre su muslo. El doctor alternó la mirada entre ambos y continuó.

“Ya han pasado la etapa inicial de mayor riesgo de aborto. El desarrollo y los latidos de los fetos son normales y estables. Pueden estar tranquilos en ese aspecto. Sin embargo, al ser un embarazo múltiple y usted un omega recesivo, el riesgo de complicaciones es más alto que en un embarazo normal. De ahora en adelante, deben ser extremadamente cuidadosos con el descanso y la nutrición.”

“Sí, tendremos cuidado”, respondió Yoon-tae con firmeza.

“Eviten a toda costa el exceso de trabajo y el estrés. Mantengan una rutina estable y vengan a sus chequeos periódicos.”

El doctor explicó detalladamente todo lo que debían vigilar. Yoon-tae no solo tomó notas, sino que grabó la sesión con su teléfono. Al terminar, salieron del hospital tomados de la mano. Yoon-tae bajó un escalón primero y se giró para ayudar a Jeong-seo con una cautela extrema.

“Vamos a tener bebés.”

Jeong-seo posó su mano sobre su vientre. Ahora que lo sabía, sentía que estaba un poco más abultado que antes. Según el doctor, pronto empezaría a notarse de verdad.

“Y son gemelos.”

“Soy tan feliz, Jeong-seo.”

La voz de Yoon-tae temblaba, cargada de un afecto y una emoción desbordantes, como si fuera a romper a llorar en cualquier momento. Jeong-seo sintió un nudo en la garganta y abrió los brazos de par en par. Yoon-tae, entendiendo el gesto, lo rodeó con cuidado, como si sostuviera un tesoro frágil.

“Yo también, yo también soy muy feliz, Yoon-tae.”

“Sí... te amo, Jeong-seo. Gracias por todo, y perdón... te amo mucho.”

Se quedaron abrazados un largo rato, dejando escapar pequeños sollozos de felicidad.

* * *

La noticia del embarazo fue recibida como una bendición en ambas familias. Pyo Hyun-seok, al enterarse de que eran gemelos, sacudió las manos de Jeong-seo con alegría, diciendo que la buena fortuna había entrado en su casa.

Tras la euforia inicial, Jeong-seo decidió que era momento de ejecutar su plan: renunciar a su puesto de profesor. Aunque amaba trabajar en su ciudad natal, su prioridad absoluta eran sus hijos. Le daba algo de pena dejar la escuela, pero no se perdonaría no centrarse al cien por ciento en su embarazo.

Tras despedirse de los alumnos y colegas de la secundaria Dan-gang, Jeong-seo se preparó para dejar la ciudad de nuevo. Para los chequeos constantes y cualquier emergencia, era mejor estar en Seúl, cerca de los grandes hospitales. Además, no quería seguir viendo a Yoon-tae solo los fines de semana ahora que esperaba a sus hijos.

Una semana antes de mudarse, Jeong-seo se sentó en el sofá mirando por la ventana hacia el pequeño jardín que había cuidado con tanto esmero desde el año pasado. Sentía nostalgia al pensar en marcharse.

Pero... siempre podemos volver, se consoló.

“¿Quieres que salgamos a caminar, Jeong-seo?”

“Mmm, caminar suena bien... ¡Ah!”

Jeong-seo se giró de repente con los ojos llenos de vida.

“¿Y si vamos a donde vivíamos antes? La última vez que fui, estaban construyendo una casa enorme al lado de la casa de mi abuela. Era preciosa. Vamos a ver nuestra vieja casa por última vez y a curiosear esa mansión.”

Desde que regresó a Dan-gang, Jeong-seo se encargaba de mantener la casa donde creció. Este verano, entre la boda y el ajetreo, no había podido ir. Yoon-tae aceptó de inmediato y tomó las llaves del coche. Sobok-i también se unió a la expedición.

“Fuaa.”

Al bajar del coche, Jeong-seo se estiró. El aire de esa zona se sentía mucho más fresco y especial.

“Me recuerda a cuando estábamos en el instituto”, dijo Yoon-tae mientras le abría la puerta a Sobok-i, quien corrió hacia la vieja casa reconociéndola de inmediato.

Caminaron recordando anécdotas de su adolescencia hasta llegar a la puerta principal. Al abrir el viejo portón de hierro con un chirrido, Jeong-seo miró hacia la izquierda y se quedó petrificado.

“... ¿Esto es una broma?”

En el muro de su propiedad había una puerta nueva que conectaba directamente con la lujosa mansión de al lado. Jeong-seo se quedó sin palabras ante tal atrevimiento.

“¿Pero qué clase de loco hace esto? ¡Cómo se atreven a poner una puerta en el muro de otra persona!”

Indignado, se dirigió hacia la pequeña puerta para ir a reclamar, pero entonces escuchó una carcajada detrás de él.

“¡No te rías, Yoon-tae! Ese vecino tiene que estar mal de la cabeza. ¿Cómo puede irrumpir así...?”

“No es la casa de otro, es nuestra casa”, susurró Yoon-tae acercándose.

“¿Eh...? ¿Qué quieres decir?”

Yoon-tae puso una mano sobre el hombro de Jeong-seo y señaló la gran mansión.

“Esa casa es nuestra.”

Las pupilas marrones de Jeong-seo temblaron. Miró la enorme vivienda con jardín espacioso y luego a Yoon-tae, esperando una explicación.

“No vayamos a Seúl, quedémonos aquí. Sabía que tarde o temprano querríamos establecernos en Dan-gang, así que la preparé con antelación. Creo que este es el momento. ¿Qué te parece?”

Parecía un sueño. Jeong-seo siempre había deseado vivir allí con Yoon-tae, pero pensaba que sería en un futuro muy lejano. ¿Cómo era posible que, después de tantos años, Yoon-tae siguiera sorprendiéndolo y emocionándolo de esta manera?

“¿Y-Yoon-tae, tú también te quedarás aquí? ¿No vendrás solo los fines de semana?”

“Claro que no. Viviré aquí contigo, siempre.”

El corazón de Jeong-seo latía con fuerza, pero una duda lo asaltó.

“¿Y tu trabajo...? No estarás haciendo esto solo por mí, ¿verdad? Si es un sacrificio, yo puedo vivir en Seúl...”

“Recuerda lo que dijo mi padre: '¿Acaso no hay dinero en esta casa? ¿Por qué ambos se empeñan en trabajar?'”.

Jeong-seo recordó aquellas palabras del padre de Yoon-tae y asintió. Yoon-tae sonrió con suficiencia.

“No pasa nada si ninguno de los dos trabaja, Jeong-seo. Incluso sin el apoyo de mi padre, tengo suficiente para que nosotros, nuestros hijos e incluso nuestros nietos vivan cómodamente de por vida.”

Ante tal declaración de confianza, Jeong-seo no pudo evitar estallar en una carcajada.

“Creo que me casé demasiado bien.”

“Por supuesto. Y te aseguro que no cambiarás de opinión en el resto de tu vida.”

Jeong-seo se dejó abrazar por Yoon-tae, sintiendo su calidez y su aroma, con la certeza de que su verdadera vida juntos no había hecho más que empezar.

* * *

El tiempo pasó volando y el año nuevo ya estaba aquí. La vida de Jeong-seo tras establecerse en Dan-gang era verdaderamente pacífica. Pyo Hyun-seok enviaba regularmente abundantes alimentos de temporada, y un ginecólogo venía cada dos semanas para realizar los chequeos rutinarios, así que no había de qué preocuparse.

Además, el hecho de que So Kang-hyun hubiera abierto una gran clínica privada en el condado de Dan-gang el mes pasado le daba una tranquilidad absoluta.

Debido al invierno, Jeong-seo, cuyo cabello se había vuelto blanco, estaba sentado en el porche con las piernas estiradas, envuelto en un gorro de lana, una bufanda, una chaqueta acolchada y botas forradas.

“Jeong-seo, ¿no tienes frío?”

“Mmm, no tengo frío.”

Jeong-seo negó con la cabeza un par de veces mientras aceptaba una batata asada que Yoon-tae le estaba pelando. Ya tenía dos estufas a sus costados y una más cerca de los pies; de hecho, sentía casi calor. El dulce aroma y el sabor de la batata se deshacían en su lengua, y él masticaba feliz, con las comisuras de los labios elevadas.

Yoon-tae no podía apartar la mirada de él, encontrándolo adorable. Deslizó su mano con suavidad sobre el vientre de Jeong-seo, que ya estaba inflado como un globo. Al ser gemelos, el vientre había crecido muy rápido, obligando a Jeong-seo a balancearse como un patito al caminar.

Mientras Yoon-tae acariciaba la curva prominente, la cola blanca con la punta negra de Jeong-seo asomó por un lado, agitándose alegremente. Estaban sumergidos en su propio mundo cuando, de repente, So Kang-hyun asomó la cabeza desde el almacén delantero.

“Jeong-seo, ¿sabías que esto estaba aquí?”

“¿Eh? ¿Qué cosa?”

Jeong-seo intentó incorporarse, y Yoon-tae, con destreza, sostuvo su espalda para ayudarlo. Entonces, Kang-hyun sacó algo haciendo un gran esfuerzo. Lo que apareció ante sus ojos fue...

“¿Licor de ginseng...?”

Era una botella de licor de ginseng. Jeong-seo abrió los ojos de par en par ante aquel hallazgo.

“¿Había algo así en el almacén? ¿Dónde estaba?”

“En un estante al fondo de todo. A ver, creo que tiene una fecha escrita.”

Kang-hyun se quitó los guantes de trabajo y limpió la tapa. Sus ojos casi se salen de las órbitas al gritar:

“¡Dios mío, es un licor de ginseng de hace treinta años!”

“¿Qué? ¿Treinta años?”

So Tae-baek, el padre de Jeong-seo, entró por la puerta lateral desde la casa principal. Tras él venían Kim Seo-hyun y Sobok-i trotando.

Hoy toda la familia de Jeong-seo se había reunido en Dan-gang; acababan de terminar una parrillada. Jeong-seo sonrió al ver a su padre tan entusiasmado con el licor, mientras su madre dejaba un plato de fresas lavadas en el porche.

“Las fresas están muy dulces.”

“Gracias, suegra. Jeong-seo, ¿quieres una?”

Yoon-tae pinchó una fresa sin tallo con el tenedor y se la acercó a la boca. Jeong-seo, como un pajarito, solo abrió la boca para recibirla y masticó con gusto.

“Vaya, ha vuelto a ser un bebé.”

“Yo era el bebé de esta casa, pero supongo que eso se acaba pronto”, bromeó Jeong-seo mientras se acariciaba el vientre.

Yoon-tae le dio otra fresa y le dio un toquecito juguetón en la mejilla.

“¿Por qué se iba a acabar? Tú siempre serás el bebé de nuestra casa.”

Yoon-tae comenzó a darle besitos en la frente uno tras otro, provocando un gesto de desaprobación cómica en Kim Seo-hyun. Los mimos constantes frente a su suegra ya se habían vuelto parte de la rutina diaria. Mientras tanto, los hombres de la familia So abrieron el licor y soltaron exclamaciones de asombro.

“¡Kiah! ¡Mujer, ven a probar esto! ¡Sabe increíble!”

“Yoon-tae, ¿quieres una copa?”

“No, gracias. Me quedaré aquí con Jeong-seo.”

Al ver que Yoon-tae no tenía intención de beber, su suegra se retiró. Jeong-seo miró con envidia cómo los tres hombres disfrutaban del licor en el patio.

“Yo también quiero probar...”

“Luego te compraré algo mucho mejor, Jeong-seo.”

“Entonces quiero un licor de ginseng de cien años.”

“¿Qué dices de cien? Te conseguiré uno de mil años.”

Rieron juntos un momento, pero Jeong-seo se detuvo al sentir una pequeña vibración en su vientre.

“Por cierto, ¿qué nombres les pondremos a nuestros brotes?”

Aunque todavía faltaba para la fecha del parto, era un buen momento para empezar a pensarlo. Sabían que el gemelo más grande era una niña y el más pequeño un niño.

Al enterarse de esto, Jeong-seo pensó en lo acertado que había sido el sueño de su madre. La gran comadreja negra debía ser la mayor, y el pequeño gatito cebra el menor.

“Mmm, es verdad. ¿Tienes algún nombre en mente?”

Ante la pregunta de Yoon-tae, Jeong-seo empezó a pensar intensamente. Yoon-tae sugirió con cuidado:

“Sobre el apellido... si quieres que lleven el tuyo, pueden ser So. O uno puede ser Pyo y el otro So.”

Aunque lo habitual era seguir el apellido del alfa, sabía que hoy en día muchos optaban por el del omega. Tras pensarlo, Jeong-seo negó con la cabeza.

“No, me gusta que sean Pyo. Y siendo hermanos, creo que sería incómodo para ellos tener apellidos distintos.”

Se imaginó a los niños teniendo que explicar mil veces por qué se apellidaban diferente. Jeong-seo tomó su teléfono, abrió el bloc de notas y escribió dos nombres antes de mostraselos a Yoon-tae.

[Pyo Yoon-jeong / Pyo Tae-seo]

Yoon-tae leyó los nombres en voz baja.

“Tienen partes de nuestros nombres.”

“Sí, ¿qué te parecen?”

Yoon-tae apartó la vista del teléfono y miró a Jeong-seo con una sonrisa radiante.

“Son hermosos. Me encantan.”

* * *

Yoon-tae no podía quedarse quieto; no dejaba de mirar la puerta de la sala de partos. Sentía que había pasado una eternidad y el sudor frío empapaba su cuerpo por el temor a que algo saliera mal.

Tras lo que pareció una vigilia interminable, la puerta se abrió y salió una enfermera. Como Yoon-tae era el único allí, ella le sonrió.

“Los gemelos han nacido sin problemas. Tanto el padre como los bebés están sanos, puede pasar a verlos.”

“Gracias, muchas gracias, de verdad...”

Yoon-tae finalmente pudo soltar el aire que tenía contenido y entró. Jeong-seo, pálido y empapado de sudor, le dedicó una sonrisa débil al verlo. Yoon-tae sintió que se le partía el corazón al imaginar el dolor por el que había pasado, pero todo pensamiento se evaporó al ver a los dos pequeños seres en sus brazos.

Eran dos bebés con los rostros arrugaditos que se movían levemente.

Yoon-tae rompió a llorar de emoción y se acercó a su familia.

En un cálido día de mayo, el momento en que una familia de dos se convirtió en una de cuatro quedó sellado para siempre.

Historia extra 2: FIN