Extra 1. Veo
Extra
1. Veo
“Veo
algo de color azul”.
Ante
las palabras de Chase, Jung-in giró la cabeza para mirar a su alrededor.
“¿Es
el buzón?
“No.
“¿La
bandera de Estados Unidos?”.
“No”.
“¡Ah,
ya sé! ¿El letrero de la cafetería con el dibujo del delfín?”.
La
comisura de los labios de Chase se elevó ligeramente.
“Correcto.
El Café Delfino; deberíamos ir algún día, se ve bien”.
Chase
y Jung-in caminaban lentamente por la calle jugando al ‘I Spy’ (Veo).
Es
un juego de observación sencillo que suelen jugar los niños. Una persona elige
un objeto del entorno y da una pista, y la otra tiene que encontrar el objeto
que encaja con esa pista.
Podría
parecer infantil, pero era sorprendentemente divertido. Además, servía de
excusa para observar mejor los alrededores. Detalles como señales, letreros de
tiendas y pequeñas particularidades de la calle, que normalmente pasarían
desapercibidos, cobraban vida ante sus ojos.
Ya
había pasado una semana desde que llegaron aquí, a Cambridge, Boston, pero aún
no habían tenido oportunidad de explorar bien. Era la primera vez que salían a
caminar con tanta tranquilidad.
“Hay
bastante gente trabajando con portátiles dentro. Parece que tienen Wi-Fi”.
Dijo
Jung-in, echando un vistazo a través de un escaparate.
Sorprendentemente,
había muchas cafeterías que no daban la contraseña del Wi-Fi por separado, así
que pensó que sería buena idea pasarse por allí para cambiar de aires cuando
tuviera que hacer tareas sencillas.
“Ahora
es mi turno, ¿verdad? Veo algo... redondo”.
Ambos
continuaron el juego mientras caminaban uno al lado del otro.
La
calle presentaba una armoniosa combinación de aceras bien cuidadas y árboles
alineados. Las farolas instaladas por doquier tenían un diseño clásico de
hierro negro con dos bombillas que se extendían como ramas. A medida que el sol
empezaba a ponerse, las bombillas se encendían una a una.
A
pesar de ser tarde, la calle estaba animada. Una hilera de pequeñas tiendas
estaban ocupadas recibiendo clientes, y en las mesas exteriores de los cafés se
veía a gente conversando.
Este
lugar, también conocido como ‘Harvard Square’, siempre está lleno de
estudiantes y visitantes. Quizás por su proximidad al río Charles, a menudo se
veía a gente haciendo footing con ropa deportiva o montando en bicicleta. Una
brisa suave traía consigo un agradable aroma que mezclaba el olor del agua y de
las hojas.
Chase
tomó suavemente la mano de Jung-in y dijo.
“Siento
como si fuéramos un matrimonio que solo se ve los fines de semana”.
“Si
nos vemos todos los días, ¿de qué hablas?”.
“Pero
no podemos dormir juntos todos los días”.
Ir
a la universidad no significaba que pudieran estar siempre juntos.
En
principio, los estudiantes de primer año no podían vivir fuera del campus.
Harvard valoraba la vida comunitaria, y residir en los dormitorios era parte de
esa tradición. Era un sistema diseñado para que los estudiantes interactuaran
de forma natural con sus compañeros y desarrollaran un sentido de pertenencia a
la institución.
Aunque
Chase y Jung-in se habían marcado mutuamente como compañeros de cuarto
preferidos en su solicitud antes de ingresar, pedirlo no garantizaba que se les
asignara juntos.
La
asignación de dormitorios para los novatos se hacía de forma aleatoria,
considerando meticulosamente la diversidad para evitar que estudiantes con
inclinaciones o antecedentes similares se concentraran en un solo lugar.
Como
era de esperar, fueron asignados a dormitorios diferentes. Jung-in estaba en
Canaday Hall y Chase en Weld Hall.
Lo
único bueno era que ambos edificios estaban a menos de 5 minutos a pie.
Teniendo en cuenta lo extenso que es el campus de Harvard, estaban bastante
cerca, pero eso no quitaba que sintieran cierta decepción.
“Sabiendo
que estás justo al lado y no poder estar juntos, siento que me vuelvo loco por
las noches. No hay árboles ni tejados por los que pueda trepar”.
“No
digas tonterías. Mi habitación está en el cuarto piso, ¿sabes?”.
Jung-in
se preguntaba por qué, a pesar de haber solicitado ser compañeros, no los
habían puesto en la misma habitación. Empezó a intuir el motivo cuando fue al
dormitorio de Chase después de terminar su propia mudanza.
Weld
Hall, donde asignaron a Chase, era la residencia más popular de Harvard. Estaba
ubicada en el corazón de Harvard Yard, lo que ofrecía una ubicación inmejorable
con fácil acceso a los edificios de clases, bibliotecas y comedores. El
edificio tradicional de ladrillo rojo emanaba una presencia imponente incluso
desde fuera.
Además,
a Chase le dieron una habitación individual en Weld Hall. Incluso tenía baño
privado. Era un mundo de diferencia con el dormitorio de Jung-in, donde tres
personas compartían habitación y nueve usaban un baño común. Seguramente el
nombre ‘Prescott’ había tenido algo que ver.
Aunque
pensó que seguirían viviendo en dormitorios separados, los Prescott eran, en
efecto, diferentes.
Chase
compró un condominio en el centro de Harvard Square.
En
realidad, esto no era raro entre los estudiantes adinerados. Aunque la vida en
el dormitorio fuera obligatoria, los estudiantes con medios solían adquirir casas
privadas o apartamentos cerca para alternar su estancia. Especialmente los
condominios de lujo cerca de Harvard Square y el río Charles eran, en sí
mismos, un símbolo de estatus.
“Vivamos
juntos el año que viene sin falta”.
Dicho
esto, Chase levantó la mano entrelazada con la de Jung-in y depositó un beso en
el dorso de su blanca mano. Algunas personas que pasaban por su lado los
miraron de reojo, pero a él no pareció importarle lo más mínimo.
“Mmm...
no lo sé. ¿Tendré que pagar alquiler?”.
“No
me digas que vas a decir otra vez que me lo enviarás por Cash App”.
Ante
las palabras de Chase, Jung-in recordó naturalmente la primera vez que fueron
al Sally's Diner. Todavía recordaba vívidamente cómo Chase lo miró con enfado
cuando intentó enviarle por Cash App incluso el precio de un té helado, y una
pequeña sonrisa asomó al rostro de Jung-in.
Jung-in
también estaba ansioso por el día en que vivieran juntos. La razón por la que
le entusiasmaba el tiempo que aún no había llegado era porque sabía que Chase
siempre estaría en él.
“Ah,
Jung-in. ¿Ya te asignaron un PAF?”.
Harvard
asignaba cada año un PAF (Peer Advising Fellow) a los estudiantes de primer año
para ayudarles a adaptarse rápidamente a la vida universitaria. Su función es
asesorar y escuchar a los novatos en temas académicos, sociales e incluso
preocupaciones personales; suelen ser estudiantes de cursos superiores con
excelentes calificaciones y liderazgo.
Hacía
poco que le habían asignado el suyo a Chase, y ahora era el turno de Jung-in.
“Sí.
Creo que han intentado ser considerados y me han emparejado con un estudiante
de origen asiático. Su apellido parece coreano o chino”.
“¿Qué
tipo de persona es?”.
“No
lo sé. Solo hemos intercambiado un par de mensajes. Sé que se llama ‘Aiden Han’
y que es un junior (estudiante de tercer año)”.
“Espero
que sea alguien agradable”.
Durante
la primera semana de clases, conocieron a mucha gente. En las aulas, en los
dormitorios y en Annenberg Hall (el comedor), caras nuevas de todo el campus se
saludaban e intercambiaban conversaciones y risas llenas de nerviosismo y
emoción.
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“Definitivamente,
Harvard es diferente. Mi compañero de cuarto, Mikey, estudia Inteligencia
Artificial y su sueño es convertirse en abogado para crear leyes relacionadas
con eso. ¿No es increíble?”.
Dijo
Jung-in con voz emocionada.
Muchos
estudiantes universitarios de primer año ingresan sin tener metas claras, ya
que la mayoría de las universidades permiten elegir la especialidad en el
segundo año.
Sin
embargo, los estudiantes de aquí tenían sueños definidos. Personas que querían
ser abogados, activistas ambientales o fundar una startup en Silicon Valley.
Todos tenían una dirección clara.
Y
lo mismo ocurría con Jung-in y Chase.
En
Harvard, donde no se permite la doble especialidad, se puede elegir una
especialidad secundaria (minor). Jung-in decidió centrarse en la Biología sin
ninguna secundaria. Por otro lado, Chase dijo que elegiría Administración de
Empresas como secundaria.
Cuando
Jung-in le preguntó el motivo, Chase sonrió con cierta timidez y respondió.
“Jung-in,
soy ambicioso”.
Chase
dijo que no tenía intención de dejar pasar ninguna de las cosas que heredaría y
añadió con una sonrisa significativa.
“Soy
muy codicioso. Supongo que no puedo evitar ser un Prescott”.
Aunque
soñaba con ser médico, también hablaba en serio sobre mantener y aumentar su
riqueza. Como él decía, le pesara a quien le pesara, era un Prescott.
Los
dos se dirigieron al supermercado más cercano mientras conversaban de diversos temas.
Era un lugar especializado en productos orgánicos y de primera calidad, situado
a una milla de Harvard Square.
Era
una distancia y un clima perfectos para ir caminando a modo de paseo. Las hojas
teñidas de rojo se mecían suavemente con la brisa fresca de principios de
otoño.
“Ah,
sobre ese PAF tuyo... ¿por qué no lo invitas hoy? Tengo curiosidad por saber
qué tipo de persona es”.
Ante
la sugerencia de Chase, Jung-in asintió con naturalidad y dijo: ‘Debería hacerlo’.
Hoy
era el día en que celebrarían una fiesta de inauguración en el condominio de
Chase. Como tenían que prepararlo todo ellos dos solos, sin la ayuda del
personal de servicio que tenían antes, había mucho que hacer. Tenían que
comprar comida y bebidas.
Jung-in
estaba emocionado por volver a ver a Justin.
Justin
había ingresado en el MIT y vivía en el dormitorio. Aunque solo se tardaba 20
minutos caminando rápido desde el campus de Harvard hasta el del MIT, y estaban
a solo dos paradas de metro, no se habían visto desde que ingresaron porque
cada uno estaba ocupado adaptándose.
“Quiero
comer algo de arroz. Del que es pegajoso”.
Nada
más entrar al supermercado, Jung-in buscó el arroz. No había comido arroz en
más de una semana. Dicen que los coreanos sacan su fuerza del arroz, y quizás
por eso sentía que le faltaba algo de energía.
Por
supuesto, en Annenberg Hall también servían platos con arroz, pero no era ese
arroz tierno y pegajoso. Era el arroz largo y seco, sin humedad, que se usa en
el pilaf o las ensaladas.
Chase
señaló la sección de sushi y preguntó.
“¿Compramos
algo de eso, como unos rollos?”.
Jung-in
echó un vistazo al escaparate de cristal. Había California rolls, spicy tuna
rolls, rolls de salmón y aguacate, todos ordenados pulcramente.
“Sí.
Comprémoslos para comerlos con fideos instantáneos (cup ramen)”.
“Hecho”.
Jung-in
tarareó alegremente ante la idea de recrear la sensación de comer kimbap con
fideos. Chase acarició suavemente la mejilla de Jung-in, encontrándolo
adorable, y puso varios tipos de rollos en el carrito. Parecían muy frescos,
como si acabaran de hacerse.
A
continuación, Chase puso varios tipos de jamón de buena calidad en el carrito y
se dirigió a la sección de lácteos diciendo que compraría queso. Jung-in ladeó
la cabeza y preguntó.
“¿Para
qué compras queso?”.
“Voy
a preparar una tabla de charcutería (charcuterie platter)”.
Era
una elección muy propia de Chase.
“¿Una
tabla de charcutería? ¿Eso te dijo Siri? ¿Que se ve elegante?”
“¿Cómo
lo supiste?”.
Jung-in
soltó una risita y siguió a Chase, quien observaba seriamente la sección de
quesos. Como no le gustaba especialmente el queso, Jung-in se dedicó a mirar
otras secciones del supermercado hasta que sonó su teléfono. Era Madison.
—¿Qué
haces? Estoy en Boston y me acordé de ti.
“¿Por
qué estás en Boston?”.
—Hay
un Hyperwave Festival en el Fenway Park.
“¿Hyperwave?
¿Te refieres a la teoría de superposición de ondas de la física?”.
—...Vaya,
realmente no cambias, ¿verdad?
Madison
rió con voz alegre. Al saber que estaba cerca, le entraron ganas de verla.
Madison se había ido a Nueva York nada más terminar la graduación, así que no
se habían visto en todo el verano.
Cuando
Jung-in le dijo que harían una fiesta en el condominio de Chase y le preguntó
si quería venir, Madison gritó tan fuerte que casi le rompe el tímpano.
—¡Jay!
¿De verdad puedo ir?
“Sí.
Justin también dijo que vendría”.
—¿Quién
es ese?
Su
reacción fue como si no tuviera ni idea de quién era. Jung-in sintió un poco de
pena por Justin.
“...Mi
amigo nerd”.
—¡Ah!
¿Ese nerd gordito que siempre andaba contigo? No importa. Pero oye, Jay...
Madison
hizo una pausa, como antes de hacer una pregunta difícil, y dijo con voz
cautelosa.
—Oye...
¿puedo llevar a una amiga conmigo?
Se
notaba una pizca de vacilación en su voz. Jung-in adivinó al instante quién era
esa amiga.
“¿Por
casualidad el nombre de esa amiga empieza por V?”.
—¿Tal
vez...?
“Si
no trae la cámara”.
—¡Pásame
la dirección! ¡Salgo para allá ahora mismo!
Al
colgar y levantar la vista, vio que Chase se había adelantado un buen trecho.
Jung-in apresuró el paso para ponerse a su lado. Se sentía como si fueran una
pareja de recién casados haciendo las compras.
“Madison
también vendrá. Con Vivian”.
“...”.
El
rostro de Chase se tensó al instante. Sus labios se apretaron en una línea
recta y su mirada se volvió sutilmente afilada. Encontrando divertida su
reacción, Jung-in preguntó para provocarlo.
“¿Te
preocupa Madison?”.
“No
hay secretos en este mundo, Jung-in. Sé que también te pueden gustar las chicas”.
“¿Eh?”.
Jung-in
parpadeó sorprendido.
“Escuché
la historia de tu primer amor en tercer grado. Por cierto, deberías tener
cuidado con la gente que te rodea”.
“Fue
Justin, ¿verdad?”.
Jung-in
se limitó a reír, sin darle importancia.
“Parece
que eras todo un rompecorazones desde pequeño. ¿Besabas a las niñas así como
así?”.
Dijo
Chase, haciendo un puchero exagerado. Su expresión era tan cómica y adorable
que Jung-in soltó una carcajada.
¿Cuándo
fue? Su-ji le había enseñado a Chase el álbum de fotos de Jung-in cuando este
fue a visitarlos a casa. Eran fotos de la infancia de Jung-in traídas de Corea.
La
foto a la que se refería Chase era una de cuando Jung-in celebró su fiesta de
cumpleaños en el jardín de infancia.
No
sabía si era algo exclusivo de ese jardín de infancia, pero en las fiestas las
profesoras sentaban al cumpleañero frente al pastel y hacían que sus compañeros
de clase pasaran uno a uno a darle un beso. Había un par de fotos que captaban
el momento en que una niña le daba un beso en la mejilla a Jung-in.
Chase
era sorprendentemente celoso. Antes de conocerlo, Jung-in pensaba que los
extranjeros serían muy despreocupados (cool). Los protagonistas masculinos que
veía en las películas parecían generosos y relajados en todas sus relaciones.
Pero
al conocer a Chase, se dio cuenta de que eso también era un prejuicio suyo. Aun
así, ser el objeto de esos celos no le resultaba nada desagradable.
***
Cuando
terminaron de comprar y emprendieron el regreso, ya estaba completamente
oscuro.
Harvard
Square seguía animada a pesar de la hora. En las calles se veía a gente reunida
en grupos de tres o cinco para disfrutar de una cena tardía, y el sonido de la
música que salía por las ventanas de los cafés y bares se mezclaba con el aire
nocturno.
Tras
desandar el camino que recorrieron por la tarde, los dos llegaron frente al
condominio de Chase, situado en el corazón de Harvard Square.
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La
fachada del edificio, acabada en ladrillo rojo, recordaba a los antiguos
brownstones de estilo europeo. Sin embargo, las ventanas rectangulares
dispuestas uniformemente y la estructura simétrica añadían un toque de
sofisticación moderna a esa apariencia antigua. Era un edificio donde coexistían
el pasado y el presente.
“Bienvenido,
Señor Prescott”.
Al
entrar en el vestíbulo, Henry Prior, que estaba en el mostrador de conserjería,
lo saludó cortésmente. Ataviado con un uniforme impecablemente planchado como
el de un empleado de hotel, peinaba su cabello canoso con esmero, dándole un
aire que recordaba al mayordomo de una antigua familia noble.
Chase
preguntó con naturalidad.
“Hola,
Henry. ¿Ha llegado algo para mí?”.
“He
recibido un paquete para el Señor Jay Lim. ¿Quiere que se lo suba a su casa?”.
“Por
favor”.
A
decir verdad, Jung-in aún no se acostumbraba del todo. Le resultaba extraño que
un adulto canoso y con experiencia como Henry saludara primero a Chase con
tanta cortesía y se ofreciera a subir los paquetes a casa. Sentía que era como
dar órdenes a un anciano con un dedo, por lo que siempre se sentía cohibido.
Hacía
unos días, incluso habían tenido una pequeña discusión porque Jung-in le
reprochó a Chase que le diera propina con tanta naturalidad. Quizás se trataba
de una diferencia cultural.
Acababan
de entrar en su casa del sexto piso y estaban ordenando las compras cuando
llegó Justin, muy temprano.
“¡Justin!”.
“¡Jay!”.
Los
dos se dieron un fuerte abrazo, llenos de alegría. En realidad no había pasado
tanto tiempo, pero sentían como si hubieran estado separados años.
Jung-in
le avisó a Chase de que Justin había llegado y lo hizo pasar.
“Guau...”.
A
Justin se le salieron los ojos de las órbitas nada más entrar.
El
condominio que Chase había adquirido tenía tres dormitorios y tres baños.
Aunque era una casa con solera, no hacía mucho que había sido renovada, por lo
que lucía sofisticada y lujosa por donde se mirara.
El
punto fuerte de la casa era la terraza que nacía del salón. Al ser el piso más
alto, desde la terraza se podía contemplar el río Charles fluyendo
tranquilamente.
“Sería
increíble asar malvaviscos en un lugar así...”.
Exclamó
Justin con admiración constante. Alrededor del brasero (fire pit) situado en el
centro de la terraza, había sillas de exterior de diseño dispuestas en círculo.
Tras
inspeccionar la terraza, Justin empezó a curiosear el interior de la casa. Una
de las tres habitaciones estaba decorada como estudio, y las otras dos se
usaban como dormitorio principal y habitación de invitados, respectivamente.
Justin
miró la habitación de invitados con ojos llenos de anhelo y murmuró como
hablando solo, pero lo suficientemente alto para que Chase, que estaba en la
cocina, lo oyera.
“Vaya,
sobra una habitación...”.
Chase
hizo como que no oía nada mientras lavaba la fruta para su ‘arma secreta’, la
tabla de charcutería.
Justin
volvió a murmurar para que se le oyera.
“Jeje...
A mí me ha tocado un compañero de cuarto que es un acumulador patológico y
guarda hasta las cajas de pizza vacías...”.
Chase
se limitó a dedicarle una sonrisa radiante.
“He
oído que en el MIT los de primer año también pueden vivir fuera del campus y
desplazarse...”.
Ante
la insistencia de Justin, Chase finalmente respondió.
“Vaya.
Pero si te desplazas desde Bellacove, tardarás 16 horas entre ida y vuelta. ¿No
te queda un poco lejos?”.
“...Maldito
mariscal de campo tajante”.
Chase
soltó una risita divertida. Justin ya había cobrado el valor suficiente para
refunfuñar delante de Chase.
Como
si quisiera vengarse, Justin tomo rápidamente una loncha de jamón que Chase
estaba colocando con esmero en un plato y se la metió en la boca.
“Oye”.
Chase
sacó otra loncha de jamón y la colocó ordenadamente mientras negaba con la
cabeza, aunque en su mirada brillaba una sonrisa extrañamente cálida.
Poco
después llegó Madison. A su lado estaba Vivian Sinclair.
Madison
traía en ambas manos dos paquetes de seis cervezas cada uno, y Vivian sostenía
una bolsa de papel marrón con el logo de una licorería. Por el sonido de
botellas chocando entre sí que venía del interior de la bolsa, estaba claro que
también era alcohol.
“¡Jay!”.
Nada
más recibir Jung-in los paquetes de cerveza, Madison lo abrazó efusivamente.
Desde
la cocina, Chase observaba a los dos abrazándose con una mirada ardiente. El
jamón que intentaba colocar con esmero junto al queso terminó hecho jirones.
Justin sujetó suavemente el dorso de la mano de Chase, donde se marcaban las
venas, para consolarlo.
“Tranquilo,
tranquilo. Cálmate, amigo”.
Madison
entró y saludó a Chase agitando la mano.
“¡Hola,
Chase!”.
“...Madison”.
A
simple vista, parecía una sonrisa amable. Sin embargo, Jung-in lo notó de
inmediato: esa sonrisa no tenía nada de sincera.
Jung-in
ya sabía distinguir entre la risa verdadera y la falsa de Chase. Cuando Chase
reía de verdad, se le formaban profundos hoyuelos en las mejillas, pero una
sonrisa que solo llegaba a los ojos, como esa, era pura cortesía.
Vivian
echó un vistazo a la casa y dijo con su característico tono afilado.
“Qué
casa tan humilde. Un ático con conserjería las 24 horas y vistas al río. Espantoso”.
Sabiendo
que ese era el estilo de Vivian para elogiar, Chase respondió de inmediato.
“¿Cómo
lo supiste? El anterior inquilino era Oscar el Gruñón”.
Oscar
el Gruñón era el personaje de ‘Plaza Sésamo’ que vivía en un cubo de basura y
siempre estaba de mal humor.
Vivian
soltó una risita y miró a Chase. Como si no quedara ni rastro de rencor, ambos
se miraban con rostros mucho más relajados.
“...Cuánto
tiempo, Chase”.
“Bienvenida,
Vivian”.
Al
verlos a los dos, como si hubieran vuelto a los tiempos en que eran amigos,
Jung-in sintió una satisfacción difícil de explicar.
“¡Enséñame
la casa!”.
Exclamó
Madison tras llenar la nevera con las cervezas. Cuando Jung-in iba a
acompañarla, Chase lo detuvo. Luego, le dio un empujoncito a Justin, que estaba
a su lado comiéndose los jirones de jamón.
“¡Justin!
Tú acabas de hacer el tour. Sería mejor que se la enseñaras tú”.
“¿Te
parece?”.
Justin
se aclaró la garganta con un ‘ejem’ y dijo cortésmente.
"¿Nos
vamos, Miladyship?".
El
término ‘Miladyship’ (mi señora) era algo que solo se usaría en el inglés
medieval. Madison lo siguió, dejando que sus pensamientos se reflejaran
claramente en su rostro:
Por
eso lo llaman nerd en todas partes.
Naturalmente,
Chase se quedó en la cocina, mientras que Jung-in y Vivian permanecieron en la
sala.
Jung-in
miró de reojo a Vivian, que estaba sentada en el sofá jugueteando con su
teléfono. Ella mantenía su actitud elegante de siempre, la mirada bajada con
indiferencia y una expresión de aburrimiento, como si nada en el mundo pudiera
interesarle.
A
esa Vivian, Jung-in le lanzó una pregunta casual.
“¿Cómo
es que ustedes dos todavía andan juntos?".
Normalmente,
al terminar el verano, lo natural era que cada uno se dispersara hacia sus
respectivas universidades. Dado que Madison ya había comenzado su vida
universitaria, Jung-in pensó que, lógicamente, ya no estarían siempre juntos
como antes.
Vivian
guardó silencio un momento, manteniendo la vista en su celular. Luego, murmuró
algo para sí misma, casi como un susurro.
“...Porque
no tengo”.
“¿Eh?
No te escuché bien. ¿Qué dijiste?".
“¡Que
no tengo amigos! ¿Ya estás satisfecho, nerd?".
La
voz de Vivian se elevó con agudeza. Sin embargo, Jung-in ya conocía bien su
estilo de ponerse a la defensiva y atacar en cuanto se sentía insegura, por lo
que no se sintió afectado.
Más
bien, Jung-in sacudió la cabeza con lástima, o quizás un poco de cansancio.
Vivian desvió la mirada hacia la ventana y dijo en voz baja.
"...Es
demasiado diferente. Comparado con la secundaria".
Nadie
la idolatraba como en la preparatoria. En el instituto, Vivian siempre había
sido el centro de su grupo. Cuando caminaba, los pasillos se abrían solos y
todos la veneraban.
Pero
ahora era distinto. En el nuevo mundo al que pertenecía Vivian, el número de
seguidores significaba estatus. En un terreno donde pululaban ‘influencers’ con
10 o 20 millones de seguidores, los números de Vivian eran simplemente
mediocres. Ella parecía aceptar esa realidad, pero eso no significaba que no
fuera amargo.
Jung-in,
sintiendo algo de pena por ella, se apresuró a cambiar de tema señalando la
bolsa de papel que ella había traído.
"¿Qué
es eso?".
"Whisky.
Es uno de 20 años espectacular. El whisky suele salir en intervalos de 3 años,
así que uno de 20 es raro de ver. Nerd, ¿acaso entiendes si te hablo de
esto?".
"Hmm...
Bueno, si hay algo que conozco bien, es lo que es un 'espectacular y poco común
espécimen de 20 años'."
Jung-in
señaló con la barbilla hacia Chase, que seguía en la cocina. Chase todavía
estaba allí, preparando algo con entusiasmo. Vivian dirigió su mirada hacia él
y de inmediato soltó una carcajada. Esa risa pareció derribar un poco el muro
entre las dos.
Jung-in
sacó la botella de la bolsa de papel y, mientras contemplaba la lujosa
etiqueta, continuó la conversación con naturalidad.
"Además,
tú tienes a un amigo de hace bastante tiempo, aunque no sea tan viejo como este
whisky".
"¿...Yo?".
"Ahí
lo tienes. El espectacular espécimen de 20 años".
Vivian
miró a Chase con una expresión algo conmovida y luego volvió a mirar a Jung-in.
"Y-ya
basta. Pero, nerd, ¿qué es ese brazalete?".
Sus
ojos señalaban el brazalete que Jung-in siempre llevaba puesto, el regalo de
Chase. Un colgante de infinito que simbolizaba la eternidad, combinado con ónix
negro, la piedra que Chase eligió porque combinaba bien con los ojos de
Jung-in.
"Chase
me lo dio por mi cumpleaños. ¿Por qué?".
"Porque
es lindo. Te queda bien".
"Gracias".
Jung-in
acarició el brazalete con cariño con la otra mano y sonrió radiante. Parecía
ser la primera vez que recibía un cumplido sincero de Vivian, y también la
primera vez que le sonreía así de corazón. Vivian pareció quedarse sin palabras
por un momento, movió los labios y luego se retiró con la excusa de ir al baño.
Jung-in
soltó una risita mientras observaba su espalda alejarse con ese andar altivo.
Vivian, que acababa de gritar que no tenía más amigos que Madison,
probablemente no se daba cuenta de que ya estaba entrando en el territorio de ‘amigos’
de Jung-in.
Poco
después, llegaron los compañeros de cuarto de Jung-in.
Asignado
a una habitación triple, Jung-in tenía dos compañeros. Silas Beckett, de
Denver, era un chico alto, con mucho acné y muy introvertido. No parecía tener
intención de hacer amigos desde el principio; siempre estaba en la habitación
con los auriculares puestos sin decir palabra, y cuando Jung-in le hablaba, se
limitaba a asentir vagamente.
El
que aceptó la invitación de Jung-in fue Mike Barnes, un chico negro, bajo y
delgado, originario de Nueva Jersey. Pidió que lo llamaran ‘Mikey’, pero como
era de esperar, su apodo era ’Jersey Mike’, como la franquicia de sándwiches.
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Futuro
estudiante de Ciencias de la Computación, Mikey era excepcionalmente alegre y
activo; a pesar de haber empezado hace poco, ya tenía bastantes amigos.
"¡Jay!
¿Qué es este palacio?".
Como
era de esperar, llegó con un paquete de cervezas en cada mano y miró a su
alrededor con los ojos muy abiertos. Jung-in tomó las cervezas y caminó hacia
la isla de la cocina. Mikey y Chase, que ya se conocían, intercambiaron saludos
breves. Mikey se había cruzado con Chase el día de la mudanza, cuando este
ayudaba a Jung-in con sus maletas.
Justo
entonces llegó la pizza que habían pedido, y esa fue la señal para que todos se
reunieran en la sala. Sobre la mesa ya había botellas de cerveza y la de
whisky. Cada uno tomó una rebanada de pizza y brindaron con las botellas de
cerveza mientras conversaban. El ambiente se volvió mucho más relajado.
Mikey
miró a Chase de reojo y preguntó con curiosidad.
"Por
cierto, Chase, ¿qué eres de Jay? Antes vi que lo llamabas por un nombre
diferente. ¿Es molesta esta pregunta?".
Chase
le dio un mordisco a su pizza y, tras reflexionar un momento, respondió.
"Soy
alguien que apoya a Jay en lo que sea que haga."
En
ese momento, Justin intervino.
"¿Un
fan intenso?".
"No,
solo alguien que lo ayuda para que pueda hacer lo que él quiera".
Esta
vez, Madison bromeó.
"¿Un
esclavo?".
"No,
me refiero a ser alguien que está a su lado sin importar a dónde vaya".
Incluso
Vivian se unió.
"Un
acosador".
Todos
estallaron en risas, y Chase soltó un profundo suspiro mientras se encogía de
hombros.
"...Está
bien. Eso soy. El fan intenso, esclavo y acosador de Jay Lim".
Chase
se rindió con resignación, y apenas terminó de hablar, las risas estallaron de
nuevo. El ambiente era muy cálido. Justin y Mikey parecían tener especialidades
similares y personalidades compatibles, por lo que parecía que serían buenos
amigos.
Por
otro lado, Chase y Vivian tuvieron una conversación bastante amistosa después
de mucho tiempo, y Jung-in y Madison estaban ocupados intercambiando historias
sobre sus universidades.
En
ese momento, sonó el timbre. Chase miró hacia la puerta con curiosidad.
"¿Faltaba
alguien por venir?".
"¡Ah!
Aiden dijo que vendría si tenía tiempo".
"¿Aiden?".
"Mi
PAF (Asesor de Pares) del que te hablé antes".
Chase
le hizo un gesto a Jung-in para que se quedara sentado y él mismo fue a la
entrada. Al abrir la puerta, se encontró de frente con un apuesto joven de
rasgos asiáticos.
"¿Se
encuentra Jay Lim?"
"¿...Aiden
Han?".
Las
cejas del hombre se elevaron, preguntándose cómo es que el otro sabía su
nombre. Al mismo tiempo, un ligero ceño se formó en el entrecejo de Chase.
Él
era alguien con una apariencia muy distinta a los típicos nerds asiáticos que
Chase había visto de cerca. Para empezar, era alto, superando fácilmente los 6
pies (unos 183 cm), y por la forma natural en que se marcaban los músculos de
sus hombros y brazos, era evidente que tenía un cuerpo trabajado por el
ejercicio. Además, su rostro, con rasgos delicados y equilibrados, era
suficiente para llamar la atención por sí solo.
Chase
dejó pasar a Aiden y dijo dirigiéndose a Jung-in.
"Jung-in,
llegó Aiden".
Jung-in
se acercó con la botella de cerveza en la mano. Antes de que pudiera saludar,
Aiden habló primero.
<¿No
te acaban de llamar Jung-in? ¿Por casualidad eres coreano?>
Jung-in
se quedó aturdido por un momento al escuchar coreano natural después de tanto
tiempo. Sin embargo, recobró el sentido pronto y respondió también en coreano.
<No,
soy estadounidense>
<Ah,
perdón. Quise decir si ese era tu nombre coreano>
Aiden
extendió su mano hacia Jung-in con naturalidad.
<Al
escuchar el nombre Jay Lim pensé que eras de Singapur. Lim es uno de los
apellidos más comunes allá>
<Es
cierto>
Jung-in
estrechó su mano y la sacudió ligeramente. Aiden continuó con expresión alegre.
<Yo
emigré a los seis años. A Chicago. ¿Y tú?>
<California.
Llevo aquí poco más de 8 años>
Aiden
hablaba con naturalidad, sin rastro de incomodidad o tensión. Mencionó cosas
comunes que experimentan los asiáticos que emigran a EE. UU., abriendo el
camino para la conversación.
<Vi
que en los papeles figuras como Jay Lim. ¿Usas tu nombre coreano tal cual?
Apuesto a que la gente aquí nunca puede pronunciarlo bien>
<No.
Todos me dicen Jay. Al principio intenté usar mi nombre coreano, pero me
rendí>
<Hiciste
bien. Mi nombre coreano es Young-hyun, pero me decían Ing-hin, Ing-hyen,
Yung-hyon... no tenía fin>
Como
Jung-in también había pasado por situaciones similares, no pudo evitar reírse
con empatía.
<Por
cierto, dijiste que viniste a los seis años. ¿Por qué hablas tan bien
coreano?>
<Mis
padres fueron muy estrictos con que habláramos coreano en casa. Mi padre es un
poco conservador>
Mientras
la conversación en coreano florecía entre los dos, Chase intervino.
"¿Qué
está pasando aquí?".
Tenía
una sonrisa suave en los labios, pero en sus ojos había una extraña chispa de
cautela mientras miraba a Aiden. Aiden se giró hacia Chase y respondió.
"Ah,
lo siento. Es que yo también emigré de Corea".
"¿...Ah,
sí?".
"Me
alegra encontrar a alguien con quien hablar coreano que no sean mis
padres".
Chase,
con una sonrisa, pero con una vena marcada en la frente, le dijo a Jung-in.
"Debes
de estar contento, Jung-in".
Él
no podía decir que no. Jung-in sonrió con timidez en lugar de responder.
Sinceramente, era cómodo hablar en coreano. Aunque había pasado más de 8 años
en EE. UU., el idioma más cómodo para Jung-in seguía siendo su lengua materna.
"Ah,
¿y quién es él?".
Preguntó
Aiden señalando ligeramente a Chase.
Justo
cuando Jung-in iba a responder, el brazo de Chase rodeó su cintura y lo atrajo
hacia él.
"Soy
Chase Prescott. Estudiante de primer año. Pre-Med".
Tras
la breve presentación, Aiden respondió con el mismo formato.
"Aiden
Han. Junior (tercer año). Neurociencia. ¿Pre-medicina? Qué inesperado. ¿Y cómo
conoces a Jung-in?".
"Como
puedes ver".
Chase
señaló con la mirada su brazo rodeando la cintura de Jung-in. Aiden, que no
parecía tener prejuicios al respecto, se mostró un poco sorprendido pero
asintió aceptándolo de inmediato.
Aiden
fue guiado hacia el centro de la sala y presentado a los demás, y la fiesta
continuó. Diciendo que cuantos más, mejor, Aiden contactó a algunos estudiantes
más. También llegaron algunos compañeros de primer año invitados por Mikey.
Resultó que algunos de ellos eran seguidores de Vivian, por lo que ella se veía
de buen humor rodeada de halagos y admiración.
El
ambiente de la fiesta se volvió cada vez más animado. Cada uno elegía su música
favorita y algunos incluso bailaban ligeramente. Pidieron más pizza, y la tabla
de charcutería, la obra maestra de Chase, fue un éxito.
Jung-in
también se mezcló aquí y allá conversando con gente nueva. Obtuvo mucha
información, desde temas de especialidades hasta consejos sobre la vida en
Harvard. Por supuesto, con quien más habló fue con su PAF, Aiden.
"¡Wow!
¡Esto es increíble!".
En
ese momento se escuchó la exclamación de Mikey. Mikey y algunos amigos que
trajo estaban mirando la versión beta de una aplicación de estudio basada en IA
que Justin había creado. Jung-in y Aiden se unieron a ellos.
"¿Qué
pasa?".
"¡Jay!
¡La aplicación que hizo tu amigo es genial!".
"Este
sistema de retroalimentación automática, ¿cómo lo implementaste?".
Mikey
miraba la pantalla con atención mientras preguntaba, y Justin explicaba pasando
las pantallas.
"Si
la tasa de aciertos es constante, refuerza la inferencia; si la tasa de errores
es alta, hace que el algoritmo de aprendizaje se reinicie".
"Vaya...
¿podrías comercializarlo ahora mismo, no?".
Justin
y Mikey continuaron rápidamente la conversación hablando de lenguajes de
programación y algoritmos. Aunque Jung-in sabía bastante de matemáticas y
programación, la conversación de esos ‘nerds’ de computación parecía un idioma
de otro nivel.
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Jung-in
quedó naturalmente fuera de la conversación, pero aun así, no se sentía mal.
Aquí, él no era un ‘nerd’, sino una persona común y corriente. En la
preparatoria pensaba que esa pequeña escuela era el mundo entero y el universo,
pero después de que pasara solo una estación, las cosas habían cambiado tanto.
Esa agradable sensación de vacío lo hizo sonreír.
<Ah,
conozco un restaurante coreano muy bueno. ¿Quieres que te diga dónde está?>
Ante
las palabras de Aiden, Jung-in reaccionó de inmediato.
<¿Restaurante
coreano? ¿Dónde?>
<Hay
algunos de comida fusión por aquí, pero al ser fusión, no te van a satisfacer.
Hay un lugar llamado 'Sooni'; parece un restaurante mediterráneo, pero es un
restaurante coreano auténtico. La dueña se llama Soon, así que le puso Sooni.
El calamar salteado es delicioso, y 'Hyundong Soon-tofu' también está bien>
<¿Podrías
enviarme la ubicación por mensaje?>
<Por
supuesto>
Jung-in,
que desde el supermercado decía que quería comer arroz pegajoso y buscaba
comida coreana, se vio con el rostro iluminado por esta información tan
anhelada.
Mientras
tanto, Chase, al ver a los dos conversar amistosamente en un coreano que él no
podía entender, comenzó a mover una pierna con nerviosismo, como si estuviera
ansioso. Vivian se acercó sigilosamente a su lado.
"Es
muy guapo, ¿verdad? Ese tal Aiden".
"No
lo sé. No me parece para tanto".
"Tiene
esa belleza delicada típica de los asiáticos. No sabía que habría alguien así
en Harvard. Además de guapo, tiene buen sentido de la moda y ni hablemos de su
percha. ¿Viste qué hombros tan anchos tiene? Hablé con él un momento y dijo que
jugaba lacrosse en la preparatoria".
"...No
intentes causar problemas donde no los hay, Vivian".
Chase
decía eso, pero estaba claramente afectado. Vivian, que solía ser cínica y
desinteresada, sentía que estaba vengando a todos los que alguna vez estuvieron
enamorados de Chase Prescott en el pasado. Sintiéndose cómoda con Chase como
antes, se dejó caer a su lado.
"Dime,
¿qué se siente vivir en un campo de nerds?".
Chase
no respondió a su pregunta. Sinceramente, no era fácil. Jung-in parecía estar
en su salsa, cómodo y natural, pero para Chase todo era extraño e incómodo. Sin
embargo, al ver a Jung-in tan lleno de vida como un pez en el agua, no podía
expresar esa incomodidad. Decirle que se sentía inseguro mientras él brillaba
le parecía, de alguna manera, patético.
"Sabes
que tu novio es del tipo que les gusta a las chicas, ¿verdad? A Maddy le
gustaba de verdad".
"...".
"Y
ahora que se quitó los lentes y se puso más lindo... Si para ti es hermoso, no
hay forma de que no lo sea para los demás, ¿no?".
Ella
chasqueó la lengua con desaprobación.
"El
'modo fácil' se terminó. Así que no te descuides, Chase Prescott. Esfuérzate
por aferrarte a él y no soltarlo".
Parecía
que Jung-in le había caído muy bien. Vivian, tras hablar con tono de
advertencia, continuó en tono de lamento.
"Vaya
giro de los acontecimientos".
"¿Giro
de qué?".
"No
sé cómo era antes, pero aquí, tú podrías ser el 'minoritario'".
"...".
"Significa
que ahora es tu turno de estar ansioso".
Ante
las palabras de Vivian que dieron en el clavo, Chase una vez más no pudo decir
nada.
***
En
la sala quedaban los restos de la fiesta. Cojines del sofá desordenados,
botellas vacías rodando por el suelo, vasos y platos sucios. Chase y Jung-in
limpiaban con música suave de fondo. Chase ordenaba los platos y las cajas de
pizza de la mesa, mientras Jung-in recogía las botellas de cerveza del suelo.
"Ah,
es cierto. Chay, mira esto".
Chase,
que estaba enjuagando platos y metiéndolos en el lavavajillas, giró la cabeza.
Jung-in sostenía dos boletos que parecían entradas.
"Vivian
me dio dos boletos para Hyperwave. ¿Vamos?".
"¿Quieres
ir?".
Jung-in
asintió. Resultó que el Hyperwave del que hablaba Madison no era un fenómeno
físico, sino un festival donde tocaban DJs y cantantes famosos. Para Jung-in,
que siempre había querido ir a eventos como Coachella o Lollapalooza, esta era
una oportunidad bienvenida. Además, Fenway Park estaba a solo 15 minutos en
auto de allí.
"Si
tú quieres ir, iremos".
Chase
sonrió con dulzura. Él solía actuar como si fuera a darle cualquier cosa que él
quisiera o llevarlo a cualquier lugar al que deseara ir. Sentir que era amado
era una sensación tan cálida y segura. A veces todavía le costaba creerlo.
Jung-in
juntó las botellas vacías una a una. Mientras tanto, Chase terminó de limpiar
la mesa y volvió a poner los cojines en su lugar.
"Chay,
¿vas a terminar de limpiar todo eso hoy?".
Chase
dejó de acomodar los cojines y miró a Jung-in con extrañeza, como preguntando
'¿por qué dices eso?'. Jung-in dijo con naturalidad.
"Es
que me voy a duchar. Iba a preguntarte si querías venir conmigo".
Chase
soltó el cojín que sostenía como si se le hubiera caído. Su mirada cambió en un
instante.
"Si
llego a decir que no a esa pregunta, patéame en la entrepierna y huye. Porque
significará que soy un clon o un doppelgänger con mi cara".
Jung-in
mostró una sonrisa traviesa y se dio la vuelta rápidamente. Corrió hacia el
baño riendo, y Chase lo persiguió con un ímpetu aterrador.
***
La
luz de la mañana inundaba la habitación. Al abrir los ojos, Jung-in miró el
reloj en la pared. Eran las 9:00 a. m. Era más tarde de lo que pensaba. Al
levantarse de la cama, se sintió aliviado al notar que estaba bastante bien.
Fue una suerte que anoche Chase se detuviera tras una sola vez en el baño; de
lo contrario, quizás ahora le costaría incluso sentarse.
Chase
seguía sumido en un sueño profundo, probablemente porque se durmieron tarde. Su
cabello rubio desordenado sobre la frente brillaba con la luz del sol. Jung-in
cerró las cortinas para él y se sentó en el escritorio frente a la cama.
Recordó que el profesor dijo que enviaría el tema del trabajo por correo.
En
cuanto abrió la computadora de Chase, Jung-in soltó una risita.
"...No
servirías para espía".
En
medio de la ventana del navegador, estaba abierta la cuenta de Instagram de
Aiden Han. Estaba claro que Chase lo había buscado anoche. Para que él no
pasara vergüenza, Jung-in cerró la ventana rápidamente. Se sorprendió un poco
de sí mismo al darse cuenta de que podía tener esas atenciones y de cuánto
pensaba en él.
Al
lado, quedaba una pestaña de YouTube abierta. El video se había reproducido
hasta la mitad, y junto al nombre del creador aparecía claramente la marca de ‘Suscrito’.
Jung-in soltó una risa contenida mientras leía lentamente el título del video.
[Aprende
Hangul en una semana aunque seas tonto - (1) Sistema de consonantes y vocales]
