Epílogo

 


Epílogo

El aliento se le estaba escapando.

Bajo sus pestañas húmedas, la nieve caía sobre sus pupilas claras.

Recibiendo la nieve fría que descendía suavemente sobre su cuerpo ya gélido, comenzó a orar.

Que alguien, a ese niño...

Llegue a amarlo.

Que lo cuide.

Que permanezca por mucho tiempo al lado de ese niño que guarda tanta soledad.

Hasta que su respiración se detuvo, Colin recitó sus oraciones como si fueran una canción de cuna.