Capítulo 4. Solsticio de invierno, la noche más larga (1)
Capítulo 4. Solsticio de invierno, la noche
más larga (1)
A
lo lejos se veía la cruz roja sobre la aguja del campanario. La marca de neón,
suspendida en medio del cielo que comenzaba a oscurecerse, brillaba con un
carmesí tan intenso que parecía estar en llamas. El camino a la iglesia, que
recorría cada domingo por la tarde, se sentía inusualmente largo. Hacía poco
que había empezado a evitar aquel lugar que, por haber asistido desde la
infancia, le resultaba más que familiar; le resultaba natural.
Tras
pasar de largo a las personas que intentaban saludarlo desde la entrada, entró
en la capilla y recibió varios saludos visuales. Lee-hyun asintió levemente y
se dirigió hacia el rincón más apartado detrás de una columna. Lo más lejos
posible de la parte delantera, donde su padre, vestido con su túnica de pastor,
estaba sentado.
Desde
aquel invierno, cuando confesó ante su familia que creía que le gustaban los
hombres, Lee-hyun sentía que cada día caminaba sobre una capa de hielo
extremadamente delgada. No es que esperara ser comprendido, pero la mirada de
su padre era mucho más gélida de lo que había imaginado. Él vigilaba cada uno
de sus movimientos frente a los demás como si lo estuviera escoltando, y esa
actitud se intensificaba en la iglesia. Era como si estuviera en guardia,
temiendo que los fieles descubrieran el defecto de su hijo.
“Bien,
daremos comienzo al servicio de la cuarta semana de febrero con una oración
silenciosa entre todos.”
En
cuanto el moderador habló, el preludio del himno comenzó a sonar acompañado por
el suave eco del órgano. Mientras las voces solemnes se extendían y Lee-hyun
hojeaba tarde el libro de himnos, sintió que alguien se acercaba a su lado.
“Joder...
como siempre, hay demasiada gente.”
Incluso
sin levantar la cabeza, pudo reconocer de quién era esa voz que susurraba en su
oído. De entre tantos asientos, se había metido precisamente en ese rincón para
sentarse tan cerca que sus hombros se tocaban. A Lee-hyun se le secó la
garganta. Intentó ignorarlo y se movió un paso hacia el costado.
“A
continuación, tendremos la confesión de fe. Hermanos Kim Woo-hyeon y Park
Hyeon-a, por favor, pasen al frente.”
Ante
la voz calmada del moderador, alguien sentado un par de lugares más allá se
puso en pie. En el momento en que Lee-hyun se levantó un poco para dejarle paso
y volvió a sentarse, la mano de la persona al otro lado se posó sobre su muslo.
Al instante, su espalda se puso rígida y las comisuras de sus labios se
tensaron de forma extraña. Giró la cabeza lentamente para mirar a su lado, pero
el responsable simplemente observaba hacia el frente con un rostro
imperturbable.
Un
escalofrío recorrió su columna ante el contacto de esa mano que acariciaba su
pierna, y su corazón empezó a galopar. El hombre, como si le divitiera la
rigidez de Lee-hyun, ladeó un poco la cabeza, dejando que unos mechones de cabello
rojo cayeran sobre su frente.
“Mira
hacia el frente, Lee-hyun.”
Intentó
detener la mano que se movía con lentitud, pero, por el contrario, su propia
mano terminó atrapada. Lee-hyun se mordió el labio inferior y bajó la mirada.
Sentía que, a lo lejos, la mirada de su padre estaba fija en él. El hombre, que
lucía un cabello teñido de rojo nada apropiado para una capilla, era Chan-yang,
un año mayor que Lee-hyun. Fiel a su nombre, Chan-yang, había nacido en una
familia de fe devota, pero llevaba una vida tan errática que resultaba un
milagro verlo en la iglesia cada semana.
Debido
a sus faltas de asistencia, había sido expulsado y, aunque ya tenía veinte
años, no había logrado dejar atrás su estatus de estudiante de último año de
preparatoria. A pesar de que el año había cambiado, continuaba con su vida de
libertino. Aunque se dedicaba a causar problemas dentro y fuera de la escuela,
mostrando nulo interés por los estudios, algunos ancianos de la iglesia decían
que Chan-yang solo estaba pasando por una fase rebelde. Esto se debía a que, a
pesar de sus desmanes, nunca faltaba al servicio dominical. Sin embargo,
Lee-hyun sabía muy bien que la razón por la que él venía cada semana no era
precisamente para orar.
“Debido
a los muchos males y demonios del mundo, mi fe se debilita y yo myself...”
Las
palabras del fiel que hablaba por el micrófono entraban por un oído y salían
por el otro. Todos sus sentidos estaban concentrados en la mano de Chan-yang
sobre su pierna. Pero no había nada que Lee-hyun pudiera hacer. Solo apretaba
los puños, angustiado ante la posibilidad de que alguien al frente se girara y
viera la escena.
“Hyung,
para con esto...”
Intentó
apartar la pierna poco a poco, pero fue inútil. Al final, Lee-hyun susurró al
oído de Chan-yang con una voz casi inaudible, pero este solo soltó una risita
burlona.
“Si
te gusta, ¿por qué te pones así? Quédate quieto.”
Su
mano, que intentaba zafarse, terminó con los dedos entrelazados y apretada con
fuerza. La sensación de esas yemas ásperas y duras frotando la piel sensible
entre sus dedos le resultaba extraña e incómoda. El lugar no era el adecuado y,
sobre todo, le preocupaba que su padre pudiera descubrirlos.
“Lee-hyun,
me enteré de que te transfieres a mi escuela, ¿verdad?”
“…….”
“Es
una pena que los edificios de las clases de adelante y atrás sean distintos,
pero será divertido. ¿No crees?”
Como
si no tuviera el menor interés en la confesión de fe que se realizaba al
frente, inclinó la cabeza hacia la oreja de Lee-hyun. Cuando la gente empezó a
mirar de reojo por los susurros, Lee-hyun retiró la cabeza rápidamente e
intentó soltarse de nuevo.
“Shhh.”
Sin
embargo, su mano fue apretada con más fuerza y atraída hacia el cuerpo de
Chan-yang. Él le susurró al oído:
“No
querrás que la gente se entere de que eres gay.”
“…….”
“Pórtate
bien, Lee-hyun.”
Esa
frase le arrebató cualquier rastro de voluntad; la fuerza abandonó su mano.
Ante ese tono ligero y bromista, ya ni siquiera sentía rabia o miedo.
Simplemente se sentía impotente, como una mariposa cuyas alas han sido
atrapadas por un humano. Lee-hyun abandonó todo esfuerzo por escapar de
Chan-yang y bajó la cabeza dócilmente. Chan-yang sonrió satisfecho al verlo
así.
Sentía
como si hubiera crecido moho en cada rastro que la palma ancha dejaba al
acariciar su muslo. ¿Cómo terminó todo así? Aun sabiendo que era un pensamiento
inútil, su mente repasaba el pasado de forma caótica.
Mordiéndose
el labio inferior repetidamente mientras esperaba que el tiempo pasara,
Lee-hyun se puso de pie de un salto en cuanto anunciaron el fin del servicio.
Sin embargo, Chan-yang permaneció sentado relajadamente con las piernas
cruzadas. Si él no le cedía el paso, no podía salir. Justo cuando apretaba y
relajaba los puños sin atreverse a decir palabra, Chan-yang se levantó
lentamente.
Miró
a Lee-hyun desde arriba y, con una sonrisa burlona, acercó su rostro a su
oreja. En el momento en que Lee-hyun intentó girar el cuello para apartarse,
una voz baja penetró en sus oídos.
“Kwon
Lee-hyun.”
“…….”
“Nos
vemos la próxima semana en la escuela.”
Lee-hyun
se mordió el labio inferior con fuerza. Chan-yang le dio un par de palmadas en
el hombro y se dio la vuelta para salir primero. El aire que Lee-hyun había
estado conteniendo escapó finalmente de entre sus labios. Tras cubrirse el
rostro con una mano y soltar un suspiro profundo, caminó rápidamente en la
dirección opuesta a la que se había ido Chan-yang.
* * *
Salió
de la iglesia casi huyendo y se encontró con un entorno sumido en la oscuridad.
Solo las farolas, dispersas aquí y allá, proyectaban círculos de luz
amarillenta sobre el suelo. Con cada paso que daba, su sombra se alargaba y se
acortaba rítmicamente.
El
hecho de que solo hubiera una sombra, y de que Chan-yang no lo hubiera seguido
hasta su casa, era un alivio, si es que se podía llamar así. Aunque el invierno
ya había pasado, los meteorólogos no paraban de anunciar que el frío de
principios de primavera estaba por llegar, y quizás por eso no había ni un alma
en la calle.
El
viento gélido le rozaba la punta de la nariz, obligándolo a encogerse de
hombros, pero Lee-hyun no podía entrar en casa todavía. Cada miércoles, su
padre regresaba temprano tras terminar el servicio del grupo de jóvenes, y
haber salido de la iglesia con tanta prisa era precisamente para evitar
encontrarse con él y tener que volver juntos.
En
el punto donde el camino se bifurcaba entre el callejón que subía a su casa y
la avenida que llevaba al centro, Lee-hyun se detuvo. Miró hacia el callejón,
donde los altos muros se alzaban de forma imponente y opresiva, y decidió girar
en la dirección opuesta.
A
unos cinco minutos del cruce había un pequeño parque. Era un lugar con apenas
unos árboles decorativos mal cuidados, un par de bancos viejos y un tobogán que
nadie usaba, por lo que casi siempre estaba desierto. Lee-hyun solía pasar el
tiempo allí los miércoles por la noche; solo tenía que esperar a que su padre
terminara de cenar y subiera a su estudio, así que no era mucho tiempo.
Como
de costumbre, se dirigió al banco del rincón y hundió las manos en los
bolsillos de su abrigo, juntando los pies. Un suspiro escapó de sus labios al
sentir el frío que traspasaba el fino pantalón del uniforme. De pronto, levantó
la cabeza. A un metro de distancia, una luz roja flotaba en el aire. Su cuerpo,
antes encogido, se tensó. Una mirada alerta subió hacia la figura.
“Ah.”
Tardó
un segundo en distinguir la silueta humana. Por el uniforme, parecía de su
misma edad. El chico, que le sacaba casi una cabeza de altura, estaba apoyado
con naturalidad contra la pared, fumando. La brasa del cigarrillo, que ardía en
el aire como un fuego fatuo, teñía de rojo las facciones del desconocido. Antes
que su atractivo rostro —que bien podría haber sido el de un actor—, lo que
captó la atención de Lee-hyun fueron las heridas esparcidas por su cara.
Parecían las marcas recientes de una pelea.
“…….”
Sus
miradas se cruzaron, pero el chico no desvió la vista. Al contrario, lo observó
con curiosidad. Lee-hyun fue el primero en mirar hacia otro lado. No se sentía
incómodo, pero sí inquieto.
Ver
a otro fumar le dio ganas de hacer lo mismo. Buscó la cajetilla en el bolsillo
delantero de su mochila, pero el pequeño objeto se sentía demasiado ligero
entre sus dedos. Al comprobarlo, vio que estaba vacía. Recordó entonces que, tras
fumarse el último cigarrillo después de clase, había pensado en pasar por el
supermercado, pero se le había olvidado por completo.
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Frunció
levemente el ceño y levantó la vista. El chico seguía observándolo mientras
fumaba. De repente, Lee-hyun sintió una pizca de irritación.
'¿Qué
mira tanto?'
Como
si se burlara de su falta de tabaco, el desconocido soltó una larga bocanada de
humo. Sus miradas volvieron a encontrarse a través de la neblina blanca.
Mientras Lee-hyun debatía si pedirle uno, el chico ladeó la cabeza y habló
primero.
“¿Quieres
uno?”
El
uso natural del tuteo hizo que Lee-hyun frunciera el ceño, pero la oferta era
tentadora. Con una expresión ligeramente huraña, asintió con la cabeza. El
chico soltó una carcajada corta al verlo, rebuscó en su bolsillo y sacó el
paquete de tabaco para ofrecerle un cigarrillo.
Cuando
sus manos se rozaron brevemente al entregárselo, Lee-hyun pensó, sin querer,
que la mano del chico estaba muy caliente para el frío que hacía. Se puso el
cigarrillo en los labios sin decir nada y el otro acercó el encendedor al
extremo.
Lee-hyun
soltó el humo como si soltara un suspiro contenido, viendo cómo la estela
blanca se mezclaba con la oscuridad del fondo. Aspiró de nuevo con aire
ausente. Al ver lo familiarizado que estaba con el hábito, el chico soltó una
risita con una expresión indescifrable.
“¿Segundo?
¿Tercero de secundaria?”
La
pregunta tomó a Lee-hyun por sorpresa. Al principio quiso ignorarlo, pensando
que era una tontería, pero teniendo en cuenta que le había prestado un
cigarrillo, no podía ser grosero. Sin mirarlo, respondió con indiferencia.
“Soy
de preparatoria.”
Antes
de que terminara la frase, el chico soltó una risa sorda, como si diera por
hecho que estaba mintiendo. Era cierto que Lee-hyun era bajo para su edad, pero
no creía parecer un niño de secundaria. Aun así, no sintió la necesidad de
corregirlo y se limitó a observar cómo se consumía su cigarrillo.
Bzzz— Bzzz—
El
sonido de la vibración de un teléfono rompió el silencio. Al ver quién llamaba,
el rostro del chico cambió; la mandíbula se le tensó de una manera que alteró
las sombras de su cara.
“Diga.
No, sí. …Jaja, si el presidente me ve con malos ojos esta vez, me romperá las
costillas. Sí. Entendido. Iré pronto. ¡Que sí, ya lo sé!”
Su
voz, impregnada de una risa lánguida, sonaba gélida. Escuchó lo que le decían
al otro lado con los ojos cerrados y chasqueó la lengua. Tac, tac, tac…
Tras
escuchar un poco más, bajó el teléfono y tiró el cigarrillo al suelo. Lo
aplastó con el pie de forma insistente, como si volcara alguna emoción en ese
gesto. Lee-hyun lo observó en silencio. Sus miradas volvieron a encontrarse
cuando él bajó el móvil.
“…….”
Esta
vez fue el chico quien desvió la vista primero. Miró la hora en su reloj de
pulsera, se dio la vuelta y habló mientras se alejaba.
“Hyung
se va primero. Entra pronto a casa, que hace frío.”
Esa
espalda, que solo llevaba la chaqueta arrugada del uniforme sin abrigo ni
gabardina a pesar del clima, se alejó sin mirar atrás. Lee-hyun reconoció el
uniforme azul; era idéntico al de la nueva escuela a la que empezaría a asistir
en unos días.
Lo
que más le llamó la atención de esa figura que se alejaba fueron las marcas
blancas en la espalda, como si fueran huellas de zapatos. Lee-hyun, con el
cigarrillo aún entre los dedos, lo observó alejarse y, de repente, recordó
algo: el ungüento para heridas que llevaba en su mochila.
'Debí
habérselo dado.'
El
pensamiento llegó tarde; el chico ya había salido del parque. Pensando que el
lugar donde él había estado parecía ahora más oscuro, Lee-hyun soltó una última
bocanada de humo.
Lee-hyun
imaginó que las miradas sobre un alumno nuevo el primer día serían iguales en
todas partes: una mezcla de curiosidad y cautela, ojos que escudriñaban al
extraño para decidir si valía la pena acercarse.
Sin
embargo, el hecho de que esta fuera una escuela solo para hombres marcaba una
diferencia: en los ojos de los estudiantes no había curiosidad, sino una insistente
fijeza que intentaba medir su posición en la jerarquía.
“A
ver, atención. Este es el nuevo alumno. Se llama Kwon Lee-hyun y es el hijo del
pastor de la iglesia Daemyung, así que llévense bien con él. Están construyendo
un edificio enorme allí arriba, ya saben por qué lo menciono, ¿verdad? No le
busquen problemas al hijo de una familia rica para no darme trabajo a mí, y
llévense bien.”
Las
palabras innecesarias del tutor ayudaron a relajar la cautela de los demás,
pero para Lee-hyun no fueron nada gratas. No es que se avergonzara de su padre,
pero prefería ocultar su identidad tanto como fuera posible. Tal como su padre
hacía siempre con él.
Cuando
Lee-hyun se sentó y el profesor se marchó, las miradas empezaron a llover sobre
él. Aunque se analizaban unos a otros, nadie se acercó a buscar pelea
directamente. Se decía que esta escuela dividía las clases por rendimiento
académico y, por suerte, en esta sección no parecía haber grupos de los
llamados delincuentes. Fue un alivio.
Entre
miradas furtivas que intentaban descifrarlo, sonó el timbre que marcaba el fin
de las clases de la mañana. Los estudiantes, que llevaban minutos con las
piernas fuera del pupitre, salieron disparados al pasillo como conejos con la
cola en llamas.
'El
paisaje de la hora del almuerzo es igual en todas partes', pensó Lee-hyun
mientras recogía su mesa, cuando de pronto una sombra se proyectó sobre él.
Levantó la vista con extrañeza y vio a tres chicos frente a su pupitre.
Llevaban
el uniforme impecable y peinados que intentaban ser modernos pero resultaban
algo forzados. Se miraron entre ellos y, al ver que Lee-hyun solo los observaba
sin preguntar qué querían, uno habló con cautela.
“¿Kwon
Lee-hyun, verdad?”
“…….”
“¿Sabes
dónde está el comedor? Vamos juntos, te enseñamos.”
Varios
pensamientos cruzaron su mente. No le apetecía sentarse a comer con
desconocidos, pero como alumno nuevo, debía estar agradecido de que alguien le
hablara primero.
Cuando
Lee-hyun asintió sin decir palabra y se levantó, los rostros de los chicos se
iluminaron. Le dijeron sus nombres, le preguntaron qué videojuegos le gustaban,
si jugaba a los mismos que ellos y por qué se había cambiado de escuela,
mientras bajaban las escaleras hacia la planta inferior.
El
comedor estaba en un edificio separado al que se llegaba tras cruzar el patio.
Al salir después de comer, el cielo, que había estado nublado desde la mañana,
empezó a soltar inesperados copos de nieve. Uno de sus acompañantes se quejó.
“¿Qué
pasa? ¿Nieve de repente?”
“Vaya,
¿nieve en marzo? Venga, entremos rápido.”
Ellos
apresuraron el paso frunciendo el ceño, pero Lee-hyun se quedó mirando el cielo
con el rostro ausente. Los copos caían dispersos por toda la extensión de su
campo visual. Lee-hyun extendió la palma de la mano. Hacía mucho que había
pasado la edad de emocionarse por la nieve, pero ver los cristales derretirse
al instante sobre su piel le producía, extrañamente, una sensación agradable.
Mientras
observaba los granos de nieve acumularse uno a uno sobre el suelo de ladrillo
rojo, uno de los chicos que iba delante redujo la marcha bruscamente. Su rostro
reflejaba incomodidad mientras miraba hacia la entrada del edificio principal.
Lee-hyun
pensó que quizás se trataba de algún profesor que no les caía bien, pero al mirar,
no vio nada especial, salvo a un grupo de estudiantes saliendo del edificio.
Justo
cuando iba a preguntar qué pasaba, otro estudiante pasó por su lado diciendo
con voz nerviosa:
“Oye,
oye. Es Gu Seung-hyeok. Vamos rápido.”
'¿Gu
Seung-hyeok?'
Resultó
que a quien intentaban evitar no era a un profesor, sino a uno de los
estudiantes que acababa de salir. No sabía por qué, pero debían tener sus
razones para actuar así.
Para
evitar problemas innecesarios, Lee-hyun se disponía a seguirlos hacia otra
entrada lateral, cuando una voz baja cruzó el aire y se clavó en sus oídos.
“¿Qué
pasa?”
Lee-hyun
se detuvo sin darse cuenta. Giró la cabeza hacia donde provenía la voz.
Y
sus miradas se cruzaron.
“…….”
La
comisura de sus labios, donde ya se había formado una costra en apenas un día,
se elevó sutilmente. El chico detuvo la mano con la que se masajeaba la nuca.
Lee-hyun no se perdió el momento exacto en que el interés sustituyó al
cansancio en esos ojos. Sus miradas se fundieron.
“¿De
verdad eras de preparatoria?”
Mientras
observaba cómo esos labios bien formados se curvaban con suavidad, Lee-hyun
bajó la vista lentamente. Sus ojos se dirigieron a un lugar que no había mirado
la noche anterior en el rincón oscuro del parque.
En
la placa roja bordada en su pecho, se leía el nombre: 'Gu Seung-hyeok'. Era el
color asignado a los estudiantes de un curso inferior al suyo.
* * *
Solo
pudo decirles a sus amigos, que le preguntaban con insistencia cómo conocía a
Gu Seung-hyeok, que se habían cruzado una vez por casualidad y eso era todo.
Los chicos, que al principio lo observaban con recelo, se calmaron gradualmente
al confirmar con el paso de los días que no existía ningún otro punto de
contacto entre ambos.
A
excepción de ese inesperado episodio del primer día, su vida escolar era
tranquila. No difería mucho de su anterior escuela, salvo porque las voces que
flotaban en el aire eran más graves y había más alumnos que salían disparados
al patio en cada descanso. Hizo un examen de simulacro y consiguió un par de
amigos con los que intercambiaba saludos al cruzarse.
Debido
a que los edificios de las clases de adelante y atrás para los de tercer año
eran distintos, no volvió a encontrarse con Chan-yang ni de paso. Por alguna
razón, él tampoco se dejaba ver en el servicio de jóvenes de los domingos. Más
que preocupación, Lee-hyun sentía alivio. Si era posible, deseaba no volver a
verlo nunca más.
Un
día, tras revisar el menú del comedor y decidirse por algo rápido de la tienda
escolar, Lee-hyun caminaba por el campus cuando se detuvo frente al anexo donde
estaba la biblioteca. No es que buscara un libro en particular, pero necesitaba
un lugar sin gente. Quizás por haber estudiado hasta tarde la noche anterior
durmiendo apenas unas horas, se sentía agotado y sensible ante cualquier ruido
o estímulo externo.
'Es
la hora del almuerzo, así que no habrá nadie...'
En
ese anexo no solo estaba la biblioteca, sino también el salón de clases de
Chan-yang. Temía encontrarse con él si daba un paso en falso, pero tras una
breve duda, empujó la puerta de cristal. Por suerte, los salones de los grupos
de atrás de tercer año estaban vacíos y en silencio.
Subió
las escaleras, donde el aire fresco se asentaba con calma, hasta llegar a la
biblioteca en el tercer piso. Nada más abrir la puerta, vio un cartel de
'Ausente' sobre el mostrador del bibliotecario. Lee-hyun cerró la puerta con
suavidad.
Al
echar un vistazo, notó que la biblioteca era considerablemente grande para el
tamaño de la escuela, pero no se percibía rastro de nadie entre las largas
estanterías. Tras pensarlo un momento, empezó a caminar hacia el fondo. En una
biblioteca poco frecuentada, conocía el lugar más solitario de todos.
Pasó
por la sección de revistas y periódicos, la estantería de los 000 y la de los
100 etiquetada como filosofía, hasta que apareció el cartel de los 200. Junto
al número, se leían dos letras grandes: Religión. Lee-hyun se internó entre los
estantes.
En
las estanterías de madera reluciente se amontonaban libros que parecían haber
estado allí desde la fundación de la biblioteca. Con cada paso lento que daba,
palabras familiares que había escuchado desde niño captaban su atención. Tomó
uno y abrió una página al azar. En el papel blanco y perfectamente laminado,
vio una ilustración de Jesús arrodillado lavando los pies a uno de sus
discípulos.
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Con
el libro en mano, avanzó hacia el rincón más profundo. En la pared del fondo
había una ventana larga y estrecha con un alféizar lo suficientemente ancho
como para que se sentaran dos personas. Atraído como por un imán, Lee-hyun se
acomodó allí con cuidado.
La
suave luz primaveral del exterior se proyectaba sobre el suelo. Innumerables
motas de polvo flotaban como estrellas en el aire, moviéndose en trayectorias
irregulares. Un silencio sepulcral, capaz de devorar incluso el tiempo, se
instaló a su alrededor. Parecía que cada parpadeo emitiría un sonido.
Era
el lugar que más le gustaba de la escuela. Era tranquilo y acogedor. El calor
del sol sobre su piel le resultaba agradable. Apoyado contra el marco de la
ventana, Lee-hyun miró hacia afuera con la mente en blanco. Sus ojos, que se
tornaban de un marrón claro bajo la luz, parpadeaban lentamente mientras sus
pestañas tupidas proyectaban largas sombras sobre el puente de su nariz.
Acarició
suavemente el papel laminado, cerró los ojos y apoyó la frente contra el
cristal. Sentía el frío de la superficie plana mientras intentaba ordenar su
ruidosa mente, cuando de pronto, un sonido extraño empezó a escucharse. Era el
sonido de una respiración acompasada.
'Bueno,
era imposible que nadie conociera un lugar como este'.
Le
pareció extraño que no hubiera ni una sola persona.
Lee-hyun
abrió los ojos lentamente y se enderezó. No tuvo que esforzarse mucho para
encontrar el origen del sonido, ya que un crujido provenía de detrás de la
estantería. Giró la cabeza y miró a través de los huecos dejados por los libros
faltantes. Al otro lado, alguien estaba tumbado en un sofá grande, cubriéndose
los ojos con un brazo.
Solo
se veía la mitad de su rostro, pero supo quién era. Podía ser por la costra
oscura en la comisura derecha de su boca, o por la placa roja en la solapa de
su chaqueta entreabierta.
Gu
Seung-hyeok.
Lee-hyun
dejó escapar un suspiro corto casi sin darse cuenta.
“Ah….”
No
tenía motivos para evitarlo ni había hecho nada malo, pero por alguna razón, su
presencia lo inquietaba. Quizás era por lo que había oído: que era hijo del
presidente de un conglomerado mafioso y que probablemente ya estaba trabajando
para la organización. Lee-hyun intentó desviar la mirada hacia el libro abierto
sobre su regazo.
«Él debe morir o, de lo contrario, la justicia morirá. A menos
que algún otro, con la capacidad y la voluntad, pague el precio con una muerte
de expiación solemne, una muerte redentora.» 1)
A
lo lejos, tras la ventana, se oían risas bulliciosas; el humidificador de
escritorio del bibliotecario emitía vapor con un sonido constante; el zumbido
del calentador y el sutil roce del papel al pasar las páginas resonaban en el
aire.
En
cierto momento, Lee-hyun se dio cuenta de que, en lugar de procesar las frases
de la página, estaba concentrado en los sonidos que venían de detrás de la
estantería. No podía negar que la causa era la persona que dormía a dos metros
de distancia con el rostro cubierto de heridas.
«Hablad, potestades del cielo, decid dónde existe tal amor.
¿Quién de entre vosotros elegiría la muerte para redimir el pecado mortal del
hombre, y elegiría la justicia para salvar al injusto? ¿Dónde queda en este
cielo un amor tan preciado como este?» 2)
Tras
leer de nuevo las frases del libro, Lee-hyun soltó un suspiro corto y cerró la
portada. Miró los rayos de luz sobre las ramas secas fuera de la ventana y
luego giró la cabeza para observar a Seung-hyeok. La luz del sol caía
equitativamente sobre el rostro de este.
“…….”
Quizás
era por su cuerpo robusto y de huesos anchos, como el de un atleta. Aunque
vestían el mismo uniforme y estaban en el mismo lugar, se sentía una sensación
de extrañeza. Era como si hubieran arrancado un fragmento de una pintura al
óleo con pinceladas marcadas y lo hubieran pegado descuidadamente sobre una
acuarela.
La
mirada de Lee-hyun recorrió sus largas piernas dobladas y su chaqueta
desordenada hasta llegar a su rostro. La luz del sol parecía filtrarse entre el
brazo que cubría sus ojos, pues vio cómo se formaban arrugas en su frente
despejada. Su rostro inexpresivo se contrajo y una gota de sangre roja empezó a
brotar de la herida en su boca.
Aunque
sentía que mirarlo así, como a través de una grieta, era extraño, no podía apartar
la vista. Sabía que no era educado observar así a alguien que duerme, pero sus
ojos volvían a él una y otra vez. 'Es un extraño del que solo sé el nombre y la
cara, ¿por qué?'.
Quizás
irritado por la luz que le daba en los ojos incluso en sueños, Seung-hyeok
soltó un suspiro molesto. Lee-hyun miró su reloj y suspiró profundamente. Aún
quedaba tiempo antes de que terminara el almuerzo, pero sabía que ya no podría
concentrarse en el libro ni descansar tranquilo. Cerró el volumen que tenía
sobre las piernas y se levantó.
Tras
colocar el libro en su lugar, se disponía a ir hacia la puerta, pero se detuvo
y miró hacia atrás. Por suerte, Seung-hyeok seguía en la misma posición. Tras
dudar un momento, Lee-hyun caminó hacia la ventana en lugar de hacia la salida.
Se acercó a las largas cortinas blancas y tomó con cuidado el extremo de una.
Clic, fush, clac.
Tiró
de ellas poco a poco para no hacer ruido, y la tela blanca que cubría la
ventana se iluminó intensamente al bloquear el sol. Lee-hyun giró la cabeza
para confirmar si se proyectaba alguna sombra en el suelo y, de inmediato,
caminó hacia la puerta de la biblioteca.
Su
mirada no se posó ni una sola vez en la silueta del sofá. Si fue por voluntad
propia o por pura casualidad, ni él mismo lo sabía.
* * *
Al
salir de la iglesia y dirigirse hacia su salón, un grupo de estudiantes venía
caminando de frente. Lee-hyun intentó hacerse a un lado sin pensar mucho, pero
fue en ese instante cuando escuchó su nombre.
“¡Kwon
Lee-hyun!”
Lo
primero que vio al girar la cabeza fue un cabello teñido de un color brillante.
La última vez que lo vio en la iglesia era rojo, pero ahora estaba decolorado
hasta alcanzar un rubio amarillento y descuidado.
“Vaya,
mira a quién tenemos aquí. Realmente es Kwon Lee-hyun.”
“…….”
“¿Te
la pasas encerrado en el salón desde que te transferiste? ¿Por qué es tan
difícil verte la cara, eh?”
Chan-yang
le pasó el brazo por los hombros con una familiaridad que hizo que los otros
estudiantes de tercer año a su alrededor pusieran cara de extrañeza.
“¿Qué
pasa, Chan-yang-hyung? ¿Lo conoces?”
“Sí.
Es un 'dongsaeng' al que quiero mucho. Estaba en otra escuela y se transfirió
hace poco.”
“¿Ah,
sí?”
Sus
amigos tampoco parecían chicos normales. Estaban parados con actitud arrogante
y los uniformes desaliñados, provocando que otros alumnos pasaran de largo
lanzándoles miradas de reojo antes de alejarse apresuradamente.
“Lee-hyun,
si vienes a la escuela, deberías venir a ver a tu hyung primero, ¿no crees? No
queda muy bien que sea yo quien tenga que buscarte.”
Chan-yang
ejerció fuerza en el brazo con el que lo sujetaba, obligando al cuerpo de
Lee-hyun a inclinarse bruscamente hacia él. Al ver cómo Lee-hyun giraba el
cuello para evitar el contacto cercano, Chan-yang soltó una carcajada burlona.
“Ah,
se está haciendo el difícil otra vez. Oigan, necesito hablar a solas con
Lee-hyun, así que no dejen que nadie entre, ¿vale?”
Lo
arrastró aplicándole una llave al cuello hasta el baño más cercano. Los amigos
de Chan-yang solo se rieron entre dientes diciendo que 'ese hyung ya empezó de
nuevo', y nadie intentó detenerlo.
“Tengo...
que irme.”
“Ya
lo sé, ya lo sé. Solo un momento.”
Lee-hyun
intentó empujar el torso de Chan-yang para zafarse, pero la fuerza de sus
brazos no cedía. Solo cuando estuvieron solos en el baño desierto, Chan-yang lo
soltó. Lee-hyun retrocedió instintivamente mientras el otro se le acercaba paso
a paso.
“Lee-hyun,
¿has estado bien este tiempo?”
“…….”
“Oye,
dejas de ir a la iglesia, no das señales de vida y ni una sola llamada, ¿eh?
¿Tan feliz eres sin ver la cara de tu hyung?”
Chan-yang
sonreía de lado con insatisfacción. Al intentar evitarlo, Lee-hyun sintió el
frío de los azulejos en su espalda. Se mordió los labios con frustración y
Chan-yang soltó un bufido. Lo miraba como un león que juega con su presa,
disfrutando de la situación.
Lee-hyun
siempre se sentía observado por esos ojos viles; ojos que buscaban someterlo
mediante la violencia para confirmar su superioridad.
“Es
bueno estar en la misma escuela. Puedo verte la cara en lugares como este.”
Tan
pronto como terminó de hablar, acercó su rostro de golpe. Lee-hyun giró la
cabeza con rapidez, pero Chan-yang le sujetó la mandíbula y le obligó a darle
la cara. Tras mirarlo con fastidio, Chan-yang presionó sus labios contra los de
Lee-hyun.
“¡Mmpf,
mmpf...!”
Lee-hyun
empujó con fuerza los brazos de Chan-yang con sus puños, pero él ni se inmutó.
Solo cuando empezó a golpearle el pecho y los hombros con desesperación,
Chan-yang apartó su rostro fruncido.
“¡¿Qué...
qué estás haciendo, hyung?! ¡Esto es la escuela...!”
“Por
eso mismo. Hice bien en repetir un año, maldita sea.”
Con
un brillo extraño en los ojos, volvió a lanzarse hacia los labios de Lee-hyun,
pero este reaccionó rápido girando la cara y empujándolo.
“¡No
lo hagas...! ¡¿Qué te pasa?!”
“¿Cómo
que no lo haga? Tú también debías tener fantasías con esto. Además, eres un
maldito gay, ¿no te viene de maravilla? En una escuela de hombres, con el hyung
que te gusta. Oye, ya tengo título para el video.”
Lee-hyun
sintió que el rostro se le encendía de pura humillación. Sacudió el cuerpo para
soltar sus hombros, pero terminó siendo golpeado contra la pared. Clavó su
mirada en Chan-yang mientras se mordía el labio inferior.
“No
quiero hacer esto contigo aquí, hyung. Detente...”
A
pesar de su tono suplicante, su actitud era firme. Chan-yang soltó una risa
incrédula y, frunciendo el ceño, se acercó para darle golpecitos en el pecho
con el dedo.
“Oye,
Kwon Lee-hyun. Despierta. Yo soy el único que te sigue el juego en estas cosas.
Si no fuera por mí, ¿crees que escucharías algo que no fuera lo sucio que
eres?”
“…….”
“Cállate
y dame tus labios. Como tú dijiste, no tenemos tiempo.”
Cuando
Chan-yang intentó besarlo de nuevo, Lee-hyun cerró el puño con fuerza y lo
empujó con tal violencia que Chan-yang, irritado, le propinó una bofetada,
aunque no con toda su fuerza.
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“Ah,
joder... siempre haces que se me suba la mano.”
Lee-hyun
se quedó con la cabeza ladeada por el impacto, mordiéndose el labio. Le ardía
la mejilla derecha. Cuando volvió a mirar a Chan-yang, este lo observaba con
las cejas arqueadas.
“¿Qué
miras?”
“…….”
“No
debiste dejar que te descubriera desde el principio. Fuiste tú el que se puso
caliente y empezó a jadear primero, idiota.”
Hubo
un tiempo, cuando eran más jóvenes, en el que la actitud libre y rebelde de
Chan-yang le parecía a Lee-hyun la de un adulto. Criado bajo el mando de un
padre pastor extremadamente estricto, quizás sintió admiración por alguien que
vivía de forma opuesta a él.
Mientras
seguía a Chan-yang a todas partes llamándolo 'hyung', el mundo de Lee-hyun se
expandió gradualmente en la dirección contraria. Chan-yang, que al principio
parecía molesto, empezó a cuidar de él en cierto punto. Le enseñó a fumar y lo
llamaba cada vez que bebía alcohol en casas vacías.
Cuando
estaban mareados por la bebida, alguien solía conectar el televisor para ver
videos de hombres y mujeres desnudos. Fue viendo aquello cuando Lee-hyun se dio
cuenta por primera vez de que era diferente a los demás. Y cuando sus ojos se
encontraron con los de Chan-yang, quien lo miraba con una expresión
indescifrable, Chan-yang se convirtió en la segunda persona en notarlo.
A
partir de ahí, todo cambió. Chan-yang empezó a manipularlo usando su
orientación sexual —algo que ni el mismo Lee-hyun comprendía del todo— como
rehén. Lo que empezó como simples mandados para comprar tabaco fue escalando
hasta llegar a esta situación. La excusa siempre era la misma:
'Yo
no soy así, pero como a ti te gusta, te haré el favor. ¿No quieres? Entonces,
¿te parece bien que todos sepan que eres gay?'
“Maldita
sea. ¡Baja la mirada, imbécil!”
“…….”
“Ya
está. De ahora en adelante, cuando te mande un mensaje, ven corriendo al anexo.
¿Entendido?”
“…….”
“Otra
vez sin responder.”
Chan-yang
le dio un toque descuidado en la mandíbula con el dedo índice. Lee-hyun lo miró
con fuerza antes de empujarlo por el hombro y salir caminando rápidamente.
Detrás de él, escuchó una risa seca.
Se
miró de reojo en el espejo para ver si tenía alguna marca en la mejilla
ardiente; no tenía marca, pero sus ojos estaban inyectados en sangre. Al abrir
la puerta del baño que parecía trabada, los amigos de Chan-yang lo miraron con
curiosidad.
“¡Ja,
ja! Hyung, ¿qué le hiciste ahí dentro para que saliera así?”
“Le
habrán dado un golpe. Mira qué rojos tiene los ojos y la mejilla. Va a llorar.”
Lee-hyun
intentó pasar entre ellos, pero los amigos de Chan-yang le bloqueaban el paso
como si fuera un juego. Otros estudiantes pasaban lanzando miradas de
incomodidad ante lo que parecía un acoso grupal, pero nadie intervino. No les
guardaba rencor; él mismo habría hecho lo mismo en su lugar.
Quien
lo sacó de allí fue una profesora que pasaba por el pasillo. Frunciendo el
ceño, usó el libro que llevaba para dispersar a los amigos de Chan-yang y tomó
a Lee-hyun del brazo para alejarlo. Su mirada era fría.
“¿No
eres tú el transferido de la clase 3? ¿Qué haces en el anexo? ¿Eres amigo de
ellos?”
“…No.
Solo nos conocemos de vista.”
“No
te juntes con ellos. Son mala influencia.”
Lee-hyun
era el primero que no quería estar cerca de ellos. El problema era que la llave
de esa relación la tenía Chan-yang, no él.
'No
debí ir a casa de Chan-yang-hyung ese día. No debí dejar que me descubriera. O
mejor aún, no debí cruzarme con él desde el principio.'
El
arrepentimiento tardío cruzó su mente, pero sabía que era inútil. Se acarició
la mejilla ardiente y caminó rápido hacia su salón.
“Kwon
Lee-hyun. El tutor dice que vayas un momento.”
Lee-hyun,
que estaba concentrado resolviendo un libro de ejercicios, se quitó los
auriculares al oír que lo llamaban. El jefe de grupo estaba en la puerta del
salón. Asintió y se levantó lentamente.
Era
su segunda visita a la sala de profesores desde el primer día. Al acercarse al
escritorio del tutor, este levantó la vista.
“Tus
notas y tu expediente de la escuela anterior no están mal, pero te faltan horas
de servicio comunitario. Sé que estás ocupado por ser de tercer año, pero en
las vacaciones de verano estarás peor, así que es mejor que lo prepares ahora.”
“…Sí.”
“Justo
hay un programa de mentoría para alumnos de primer año que estamos organizando
en la escuela. ¿Te interesa? Son dos veces por semana, empezando la próxima,
hasta el final del semestre. No es tanto tiempo.”
“…….”
“¿Qué
dices? ¿Lo intentas? Justo se canceló una plaza y queda un lugar para un
mentor.”
Lee-hyun,
que había estado escuchando la charla con una expresión tan apática como la voz
del profesor, levantó la cabeza por primera vez. El tutor, que tecleaba con
desgana, imprimió un folleto y se lo entregó.
[Solicitud
para el Programa de Mentoría Escolar]
Lee-hyun
leyó la explicación general. Le preocupaba que coincidiera con el periodo de
preparación para los exámenes parciales, pero las horas de servicio que
otorgaban eran bastantes. Tal como decía el tutor, en vacaciones estaría más
ocupado con el examen de ingreso a la universidad.
“…¿Tengo
que traer yo al mentorado? Es que no conozco a ningún menor.”
“La
escuela hace el emparejamiento, pero ya debe estar todo listo porque el
programa empieza este lunes. Como te dije, vas a ocupar una vacante de último
momento, así que el mentorado ya debe estar asignado. El profesor a cargo no
vendrá por unos días, así que no puedo confirmarlo ahora mismo. ¿Es
indispensable que sepas quién es ya?”
El
profesor hablaba con un tono de evidente fastidio. Ante su desgana, Lee-hyun
negó con la cabeza. Como no conocía a nadie, de nada serviría saber el nombre
de antemano. Escribió su nombre en el papel y se lo entregó. El tutor revisó el
nombre por encima y sacó otro papel de la estantería.
“Y
esto es la confirmación para la clase especial de después de hora que
mencionamos. Trae la firma de tus padres abajo. La asignación de asientos en la
sala de estudio está pegada en la puerta. ¿Sabes dónde queda, verdad?”
Lee-hyun
recordó haber aceptado unirse a un sistema de salas de estudio privadas para
alumnos con altas calificaciones. En la parte inferior del papel que le dio el
tutor, había un espacio en blanco para la firma.
“…¿Es
obligatoria la firma?”
“Es
un programa que dura hasta la noche después de la cena, así que necesitamos la
confirmación de tus padres. ¿Alguna otra duda?”
Lee-hyun
negó con la cabeza mientras se humedecía los labios secos. Le resultaba ridículo
sentirse tan tenso ante la simple mención de sus padres por algo tan trivial.
“Solo
trae el formulario mañana. ¿No hay nada que te resulte incómodo en la escuela?”
“…No.”
“Bien.
Puedes irte.”
Lee-hyun
asintió ante el perfil del tutor y salió de la sala de profesores. Aunque solo
llevaba una hoja de papel en la mano, sentía como si sus hombros y su cuello
estuvieran bajo un peso abrumador.
No
fue hasta la hora de la cena cuando el formulario, guardado en el fondo de su
mochila, volvió a ver la luz. Durante la comida, entre el tintineo de los
palillos y conversaciones esporádicas sobre los nuevos proyectos de la iglesia,
Lee-hyun mantuvo la respiración contenida, como siempre. Comió en silencio,
como si fuera invisible, y en cuanto su padre terminó y subió al segundo piso,
sacó el papel y se lo entregó a su madre.
“Mamá.
Es la solicitud para el estudio especial de después de hora. ¿Podrías firmarla?”
“¿Estudio
de después de hora?”
“Es
una sala de estudio compartida donde podemos quedarnos hasta la medianoche. A
veces hay clases especiales. Dijeron que no tiene costo adicional, solo
necesito la firma.”
Su
madre dejó los palillos con cuidado y tomó el papel. Al contrario de lo que
Lee-hyun esperaba, a medida que leía, unas pequeñas arrugas se formaron en su
frente. Él añadió con cautela para convencerla:
“Normalmente
solo aceptan a los treinta mejores y siempre está lleno, pero me invitaron por
mis resultados en el simulacro.”
Sin
embargo, la expresión de su madre no cambió. Al contrario, parecía incluso
angustiada. Lee-hyun no entendía por qué reaccionaba así ante algo tan común
como quedarse a estudiar hasta tarde.
“¿El
horario es estrictamente hasta las doce? ¿La sala es compartida, no
individual?”
“…….”
“¿Hay
algún profesor supervisando en todo momento?”
Ante
esas preguntas de significado incierto, Lee-hyun solo pudo observarla. Su madre
le devolvió el papel con una sonrisa forzada.
“Lee-hyun,
creo que es mejor que le muestres esto a tu padre primero.”
“…….”
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“Si
haces esto, estarás con otros chicos hasta muy tarde en la noche.”
Un
pequeño suspiro escapó de sus labios. Lee-hyun bajó la mirada, clavándola en un
punto de la mesa; no podía sostenerle la vista a su madre. Su corazón, antes
tranquilo, empezó a galopar con fuerza. Era humillación.
Finalmente
comprendió el sentido de las preguntas. Ella temía que su hijo pasara tiempo
hasta tarde con otros hombres. Ese era el verdadero trasfondo de su angustia.
La
respuesta lo golpeó como un impacto físico en la nuca. Abrió la boca para decir
algo, pero la cerró de inmediato sin emitir sonido. Su madre lo miró con
lástima, pero no se retractó ni dijo que se había equivocado.
Lee-hyun
tomó el formulario con los dedos tensos. Sentía que le ardían los ojos. Tras
abrir y cerrar la boca varias veces, finalmente susurró:
“…Está
bien, le preguntaré a mi padre.”
“Sí,
si se lo explicas bien, dirá que sí. No te preocupes tanto.”
La
mano que palmeó su hombro para consolarlo solo aumentó su sentimiento de
miseria. Se sentía más humillado ahora que cuando le confesó a sus padres su orientación
y su padre lo golpeó con un palo de golf. Incapaz de fingir normalidad, bajó la
cabeza y salió de la cocina casi huyendo.
Mientras
subía las escaleras, su corazón latía con ansiedad. Sus manos y pies se
enfriaron, y sintió una opresión en la boca del estómago. A medida que se
acercaba al estudio del segundo piso, los síntomas empeoraban.
'¿Realmente
necesito esto? Creo que ya sé qué dirá, ¿es necesario preguntar? Puedo estudiar
en casa...'
Mientras
sus pensamientos se enfrentaban, sus pies lo llevaron hasta la puerta de caoba
del estudio. Al estar frente a esa puerta cerrada, sintió que le faltaba el
aire. Se quedó allí parado varios minutos, mordiéndose los labios, hasta que
finalmente levantó la mano. Cerró el puño con fuerza y llamó a la puerta con
golpes secos pero suaves.
“Adelante.”
Al
entrar, vio a su padre sentado tras el escritorio. Él le lanzó una mirada fugaz
antes de volver a la pantalla del monitor. Lee-hyun entró y la puerta se cerró
tras él. El único sonido que llenaba el silencio entre ambos era el tecleo del
computador.
“…….”
Intentó
hablar, pero no encontraba el inicio adecuado. Se arrepintió de no haberlo
planeado mejor antes de entrar. Se humedeció los labios resecos.
“¿Qué
pasa? Habla rápido y vete.”
Fue
su padre quien rompió el silencio con frialdad, sin apartar la vista del
monitor. Lee-hyun miró su perfil severo y dejó el papel sobre la esquina del
escritorio.
“Es
un programa para estudiantes con buenas notas en el simulacro. El tutor me lo
recomendó.”
“…….”
“Dicen
que el ambiente de estudio es bueno y hay clases especiales, así que quiero
entrar... pero necesito la firma de mis padres.”
La
mirada de su padre, ahora fija en él, carecía de calidez. Tomó el papel y
empezó a leerlo lentamente. Lee-hyun sentía que la boca se le secaba ante la
incertidumbre de lo que saldría de esa boca apretada. Siguió el movimiento de
los ojos de su padre mientras se mordía el labio inferior.
“…….”
Tras
terminar de leer, su padre se quitó las gafas y las dejó sobre la mesa. Se masajeó
el puente de la nariz sin decir palabra. Al arrugar el entrecejo, su rostro,
que ante los fieles de la iglesia parecía el de un hombre bondadoso, se
transformó en uno de una severidad absoluta.
“Kwon
Lee-hyun.”
“…Sí.”
“¿Cómo
va la escuela?”
Ante
el tono cortante, Lee-hyun solo pudo titubear. No creía que mencionar sus
buenas notas fuera a mejorar el humor de su padre.
“Si
metes a treinta mocosos en un mismo lugar, es inevitable que ocurra algo. No
será el ambiente ideal que imaginas. Te prepararé una habitación en el segundo
piso para que estudies aquí.”
“…Padre.”
“Si
tenías pensado andar jugando a las amistades inútiles, olvídalo. Concéntrate en
prepararte para el ingreso. Te envié a esa escuela porque pensé que sería más
fácil obtener un buen promedio, así que mejor no hagas estupideces.”
El
tono gélido, como un viento del norte, hizo que Lee-hyun cerrara la boca de
nuevo. No esperaba un elogio, pero la respuesta fue más cruel de lo imaginado.
Tenía más cosas que decir, pero su mente se quedó en blanco. Sentía que todo el
rostro le ardía. Bajó la cabeza y se mordió el labio con tanta fuerza que
sintió un sabor metálico a sangre.
Lo
primero que pensó al escuchar la propuesta del profesor fue en sus padres.
Creyó que, al decirles que era por sus méritos académicos, recibiría al menos
una palabra de aliento, si no un cumplido.
“Si
tanto quieres hacerlo, ve y pídeselo a tu madre. Yo no lo firmaré.”
Su
padre dejó caer el papel sobre el escritorio con un golpe seco. Se puso las
gafas de nuevo y volvió a teclear. Lee-hyun se quedó allí, mirando el papel
opaco frente a él. Cerró los ojos con fuerza para contener el ardor.
“¿Qué
haces? Vete ya.”
Tras
forzar un saludo con los dientes apretados, tomó el formulario y salió del
estudio. Solo pudo respirar cuando la puerta se cerró tras él. Apretó los puños
con fuerza para no llorar, y el papel inocente terminó arrugándose
violentamente en su mano.
'Debí
decirle al profesor que no me interesaba. Ni siquiera quería hacerlo tanto. Si
no hubiera dicho nada, no habría pasado por esto.'
Sabía
que volver con su madre sería inútil; ella nunca contradecía la voluntad de su
padre. En lugar de bajar, se dirigió a su habitación. Dentro de su puño
cerrado, la solicitud de estudio especial quedó completamente destrozada.
Mientras
apretaba la mano aún más, pensó que no importaba, pues era un papel que nunca
sería entregado. Lo usó como ancla para contener las lágrimas.
* * *
Hay
momentos en los que el sonido del lápiz sobre el papel o el murmullo de alguien
hablando bajito resuenan con una fuerza inusual.
En
un salón donde todos, salvo unos pocos que parecían conocerse, mantenían la
boca cerrada y jugueteaban con sus teléfonos, Lee-hyun no apartaba la vista de
los nombres escritos en la pizarra.
[Kwon
Lee-hyun – Gu Seung-hyeok]
Que
les dijeran que se sentaran según el orden de los nombres significaba que ese
sería su equipo. No era extraño que los estudiantes que conocían la reputación
de Gu Seung-hyeok lanzaran miradas furtivas hacia su sitio. Algunos mostraban
rostros de desconcierto, preguntándose si se trataba de "ese" Gu
Seung-hyeok, mientras que otros miraban a Lee-hyun con verdadera lástima. Él,
con una expresión imperturbable, seguía observando la pizarra.
'Dijeron
que la plaza de mentor quedó libre de repente...' Quienquiera que fuera el
mentor original, seguramente sabía quién era su mentorado y por eso huyó.
Ya
era la hora y los únicos que faltaban por llegar eran el dueño del asiento a su
lado y el profesor encargado. Justo cuando Lee-hyun iba a revisar su reloj de
nuevo, la puerta delantera se abrió con un chasquido y entró el prefecto de
tercer año, vestido con una camiseta de golf algo desaliñada. Vio cómo los
chicos de las primeras filas se ponían rígidos.
“¿Es
este el salón de los del programa de mentoría?”
El
prefecto habló con un marcado acento regional y golpeó ligeramente el
escritorio con una pesada carpeta. Recorrió con la mirada a los chicos tensos y
se detuvo en el asiento vacío al lado de Lee-hyun, frunciendo el ceño.
“¿Se
sentaron como dice la pizarra? ¿Quién falta ahí?”
Se
dirigió a Lee-hyun mientras golpeaba la pizarra con una vara alargada.
“Lee
Ji-hyeok... Park Kwang-hee, ¿Gu... Seung-hyeok?”
La
vara se detuvo junto al nombre de Seung-hyeok. El prefecto giró la cabeza
bruscamente hacia Lee-hyun con el rostro contraído.
“¿Gu
Seung-hyeok? ¿El de segundo año? ¿Qué hace su nombre aquí?”
Por
más que el profesor lo mirara con incredulidad, Lee-hyun no tenía nada que
decir. No sabía si había otro Gu Seung-hyeok en segundo año y, aunque lo
hubiera, no tenía forma de saber si era el mismo que él conocía. Al ver que
Lee-hyun solo lo miraba sin responder, el prefecto frunció aún más el ceño. Se
dio unos golpecitos en la nuca con la vara, pensativo, y volvió a mirar el
nombre escrito junto al de Seung-hyeok.
“¿Kwon
Lee-hyun? Tú eres Kwon Lee-hyun, ¿verdad? Ve y trae a Gu Seung-hyeok.”
“Ah….”
“Seguro
está en el incinerador detrás del anexo. No sé en qué estaba pensando ese
imbécil para meterse en esto, pero no hay otro Gu Seung-hyeok más que él.
Primero, tráelo.”
No
era una petición agradable. Ya le molestaba que todo el salón estuviera
pendiente de él, pero tener que ir hasta el anexo a buscarlo le hizo tensar el
entrecejo. Además, si así empezaba el primer día, sospechaba que las semanas
siguientes serían iguales o peores. Pensó que habría sido mejor hacer servicio
comunitario por su cuenta en vacaciones que pasar por estas molestias.
“…Sí.”
Pero
como no podía renunciar al programa frente a todos, Lee-hyun soltó un suspiro
apenas audible y se levantó. Empujó la silla y salió al pasillo, donde el aire
fresco de la inminente primavera le rozó el rostro. Otro suspiro escapó de sus
labios.
Si
hubiera sabido que su mentorado era Gu Seung-hyeok, jamás habría aceptado la
propuesta del tutor. Cada vez que lo veía, sentía una extraña sed y se ponía
tenso. En los rumores, Gu Seung-hyeok era alguien aterrador con quien no debías
involucrarte. Alguien decía haberlo visto bajar del asiento trasero de un coche
mientras hombres corpulentos le hacían reverencias de noventa grados; otro
decía que Seung-hyeok les golpeaba la nuca y les daba patadas.
Al
no haberlo visto él mismo, no sabía qué parte era verdad, pero no le parecían
simples habladurías. Cada vez que lo veía en la biblioteca, su rostro estaba
lleno de heridas, como si acabara de pelear.
'Ahora
que lo pienso, la primera vez que lo vi también estaba hecho un desastre. Dicen
que esos chicos hasta llevan navajas encima.'
Lee-hyun
imaginó a Seung-hyeok en una pelea de bandas como las de las películas
antiguas, destacando entre hombres vestidos de negro con actitud desafiante.
Curiosamente, incluso en esa imagen, sentía que él parecería alguien ajeno,
alguien que no encajaba del todo.
Sumido
en pensamientos inútiles y arrepentimientos vanos, llegó al incinerador detrás
del anexo y se detuvo. Al contrario de lo que dijo el profesor, no había nadie a
la vista. Solo estaba la pequeña caseta del conserje.
'Si
tuviera un poco de sentido común, no estaría perdiendo el tiempo frente a la
caseta. ¿Dónde se supone que lo encuentre ahora?'. Justo cuando pensaba que si
se iba a casa el programa de mentoría simplemente se cancelaría, un estruendo
escandaloso provino del interior de la caseta. Lee-hyun abrió mucho los ojos y
miró hacia el lugar.
Aguzó
el oído, pero todo volvió a quedar en silencio, como si el ruido hubiera sido
una alucinación. Empezó a preocuparse por si el conserje, que era un hombre
bastante mayor, se había caído dentro. Tras morderse el labio, Lee-hyun se
acercó a la caseta.
El
pomo plateado estaba helado. Tiró con fuerza, pero la puerta estaba cerrada por
dentro. El sonido del cerrojo trabándose lo puso más ansioso y empezó a golpear
la puerta metálica rápidamente.
Toc, toc, toc.
“¿Hay
alguien ahí? ¡Oigan! ¿Se encuentran bien?”
Gritó
mientras golpeaba, debatiéndose entre llamar a emergencias o buscar a un
profesor, cuando de repente la puerta de hierro se abrió con un clic.
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“Joder.
Pensé que era otra vez ese imbécil que no sabe cuándo retirarse.”
“¿Por
qué? ¿Quién es? ¿El prefecto?”
En
cuanto se abrió la puerta, lo recibieron rostros irritados y maldiciones
nerviosas. El que sujetaba la puerta con el ceño fruncido era un estudiante de
segundo año con placa roja. Sorprendido por la reacción inesperada, Lee-hyun se
quedó paralizado. Los chicos lo miraron con extrañeza y uno arqueó una ceja.
“¿Y
tú quién eres?”
Cof, cof…
Un
sonido de tos agónica llegó desde algún lugar. Siguió el origen del sonido
hasta el suelo. Bajo los estudiantes que estaban de pie con las mangas de las
camisas arremangadas por el calor, alguien estaba tirado boca abajo tosiendo.
La espalda de su chaqueta azul oscuro tenía una marca de zapato claramente
definida.
“Oye,
vino alguien. Cállate la boca, idiota.”
¡Pum! Uno de los chicos le propinó una patada al que estaba en el
suelo. El chico pateado en el estómago volvió a toser y se encogió como un
camarón. Su rostro estaba cubierto de sangre y el suelo frente a él ya tenía
manchas rojas.
Ante
la impactante escena, el cuerpo de Lee-hyun se congeló. '...¿Qué está pasando aquí?'.
Retrocedió
un paso sin darse cuenta. Su corazón empezó a latir con violencia. Sus palmas
sudaban y sus piernas se tensaron. Un escalofrío, como si insectos recorrieran
su piel, se extendió por todo su cuerpo. Era, a todas luces, una escena de
violencia escolar. Para considerarlo una simple pelea entre amigos, la sangre
en el suelo era demasiado roja. Lee-hyun apretó los dientes mientras observaba
a los cuatro estudiantes que rodeaban al chico.
“Oigan...
¡¿qué creen que están haciendo?!”
“¿Y
tú qué quieres, imbécil? Si tienes algo que decir, dilo, y si no, lárgate. A
menos que quieras recibir los golpes en su lugar.”
El
estudiante más cercano a la entrada levantó el brazo como si fuera a golpearlo
para intimidarlo, pero Lee-hyun le sostuvo la mirada sin pestañear. La tos del
suelo seguía perforando sus oídos. Mordiéndose el labio, Lee-hyun puso un pie
dentro de la caseta.
Se
agachó de inmediato para socorrer al estudiante caído, lo que provocó risas
burlonas a su alrededor. Pero a Lee-hyun no le importó y trató de sostener el
cuerpo del chico que no paraba de resbalarse. Parecía haber perdido el
conocimiento; su cuerpo, más grande que el de Lee-hyun, pesaba como un fardo
inerte.
“Ja,
ja, mira a este tío. ¿Qué está haciendo?”
Con
una voz burlona, algo se interpuso en su camino. Lee-hyun, que intentaba
levantarse, tropezó y cayó al suelo. Su camisa blanca ya estaba manchada con la
sangre del otro chico. Se apoyó en una rodilla para levantarse y fulminó con la
mirada al que le había puesto la zancadilla.
“¡¿Pero
qué se creen que...?!”
“Ah,
¿por qué tanto ruido?”
Justo
cuando iba a gritar, una voz baja resonó desde un costado. Solo entonces
Lee-hyun fue consciente de unos alegres efectos de sonido que habían estado
sonando de fondo como música de ambiente.
Levantó
la cabeza y miró lentamente hacia la izquierda, un lugar al que no había
prestado atención por estar mirando el suelo. El interior de la caseta era más
amplio de lo que parecía desde fuera. En un espacio algo más holgado al fondo,
había un sofá grande y una mesa pequeña. El origen del sonido era el teléfono
de alguien que estaba tumbado con las piernas apoyadas en el reposabrazos del
sofá.
Sujetando
el teléfono en posición horizontal con ambas manos, esa persona estaba jugando
como si el alboroto a su lado no tuviera nada que ver con él.
Piu, piu, piu.
Eran
sonidos alegres que no encajaban con la atmósfera. Sus pies, cruzados a medias,
golpeaban el aire rítmicamente. Lee-hyun miró a la persona, a quien ya era
capaz de reconocer solo por su perfil, y habló.
“…Gu
Seung-hyeok.”
“Hola.
Nos vemos de nuevo.”
Seung-hyeok
levantó un poco la vista para encontrarse con la de Lee-hyun, soltó una risita
y volvió a mirar su pantalla. Lee-hyun se quedó clavado en su sitio,
simplemente observándolo.
Le
resultaba indignante que estuviera ahí tumbado jugando mientras ocurría algo
así a su lado. Pero lo más absurdo era que, a pesar de la situación, sintió un
alivio repentino al ver un rostro familiar.
Al
ver que Lee-hyun y Seung-hyeok se saludaban, el resto de los estudiantes
empezaron a intercambiar miradas rápidas. Uno de ellos se dirigió a
Seung-hyeok.
“Seung-hyeok,
¿lo conoces?”
Seung-hyeok
no abrió la boca. Solo movía los dedos sobre el teléfono. Mientras los
delincuentes intentaban procesar la situación, el sonido alegre del juego se
detuvo de golpe y fue reemplazado por una melodía triste de derrota.
“Ah...
me mataron porque me hablaron.”
Seung-hyeok,
que había estado golpeando la pantalla con ambos pulgares, dejó caer el
teléfono sobre su abdomen y echó la cabeza hacia atrás. Su voz, un susurro
bajo, hizo que los chicos a su lado se estremecieran.
“¿Qué
haces aquí?”
Esta
vez estaba claro que se dirigía a él. Lee-hyun observó cómo Seung-hyeok se
incorporaba en el sofá y respondió sin pensar.
“…Vine
por lo de la mentoría.”
“Ah.
La mentoría.”
Repitió
las palabras de Lee-hyun lentamente, como si recordara algo que había olvidado.
Mientras Lee-hyun lo miraba como hechizado, un gemido de dolor provino del
suelo.
“Ugh….”
La
mirada de Seung-hyeok se clavó con indiferencia en el chico que estaba boca
abajo. Ni siquiera frunció el ceño; con un tono tan apático como si viera un
paisaje cotidiano, habló.
“Oigan.
Hagan que se calle.”
Ante
sus palabras, los chicos a su alrededor se rieron y empezaron a darle toques
con el pie al herido.
“Oye,
Seung-hyeok está hablando.”
Lee-hyun
miraba ausente cómo los gemidos escapaban de los labios del chico, cuando
volvió a oír la voz de Seung-hyeok. Esta vez no levantó la cabeza, siguió
mirando al chico en el suelo.
“Acepté
eso de la mentoría solo porque el tutor estaba siendo un pesado.”
“…….”
“Creo
que tendrás que hacerlo solo.”
Lee-hyun
sintió una profunda náusea al ver cómo Seung-hyeok podía estar tan tranquilo
mientras sus amigos daban esa paliza a alguien. No importaba si él lo había
ordenado o si solo estaba mirando. Toda la curiosidad que había sentido al
observarlo en la biblioteca se evaporó al instante.
Los
rumores eran ciertos. Era mejor no involucrarse con él.
“…Qué
bien.”
“…….”
“Yo
tampoco quiero enseñarle nada a una basura como tú.”
Lee-hyun
levantó la cabeza y miró fijamente a Seung-hyeok mientras soltaba esas palabras.
No fue un grito, pero todos lo oyeron y el ambiente se volvió gélido. Solo
Seung-hyeok, el aludido, arqueó una ceja y curvó la comisura de sus labios con
diversión.
Lee-hyun
apartó la mirada de él sin rastro de duda y ayudó al chico del suelo a levantarse.
A diferencia de antes, nadie lo detuvo. Se echó el brazo del chico sobre el
hombro y, antes de salir de la caseta, miró hacia atrás una última vez.
Seung-hyeok, con el rostro inexpresivo, observaba las manchas de sangre en el
suelo mientras chasqueaba la lengua.
“Aguanta
un poco. Te llevaré a la enfermería.”
Lee-hyun
susurró esto al chico de segundo año que se apoyaba en él gimiendo, y empezó a
caminar.
Mientras
tanto, en la caseta del conserje, quedó un aire de tensión contenida.
“¿Quién
se cree que es ese imbécil?”, empezó a decir alguien, mientras otro añadía con
valentía: “¡Oye! Traigan de vuelta a ese desgraciado maleducado.”
La
respuesta vino de Seung-hyeok, que seguía sentado con actitud arrogante en el
sofá.
“Déjenlo.”
“¿Qué
dijiste?”
“Ya
me oíste, idiota. No me hagas repetirlo dos veces.”
Nadie
se atrevió a replicar a Seung-hyeok mientras se ponía en pie con ese aire de
suficiencia. Él recorrió la caseta con la mirada, sacó un paquete de
cigarrillos del bolsillo trasero e hizo una señal con la cabeza a uno de los
presentes.
"¿Oye,
tú cómo te llamabas?"
"…Kim
Jin-hwan."
Aunque
su mirada delataba la indignación de que ni siquiera supiera su nombre,
Jin-hwan optó por responder con docilidad. Seung-hyeok soltó una risita seca, le
pasó el brazo por los hombros y se llevó un cigarrillo a la boca.
"Claro,
Jin-hwan. Asegúrate de que los demás limpien bien antes de irse. Detesto el
olor a sangre."
"¿Te
vas ya?" preguntó otro, mientras Seung-hyeok giraba el cuello para
desentumecerse. Le dolía todo el cuerpo tras la paliza que había recibido la
noche anterior; sentía cada músculo como si estuviera molido. En medio de ese
malestar, la mirada firme y directa que Lee-hyun le había lanzado cruzó su
mente, haciéndole soltar una carcajada involuntaria.
"Sí.
Parece que va a llover."
Al
abrir la puerta de la caseta, se encontró con un cielo cubierto de nubarrones
espesos. Buscó con la vista a Lee-hyun y al chico desconocido, pero ya no
estaban por ninguna parte. En lugar de seguirlos, Seung-hyeok caminó hacia la
parte trasera del edificio. El sonido de un encendedor rompió el silencio y una
pequeña llama bailó protegida entre sus palmas.
Toc, todoc, toc.
Apenas
iban a ser las cinco de la tarde, pero el cielo estaba tan oscuro que parecía
noche cerrada. Lee-hyun giró la cabeza al oír un golpeteo rítmico contra la
ventana y vio las gotas de lluvia resbalando con fuerza por el cristal.
Normalmente guardaba un paraguas en su casillero, pero hoy la suerte no estaba
de su lado; lo había llevado a casa la última vez y olvidó regresarlo. Con una
pequeña esperanza, revisó el paragüero al fondo del salón, pero estaba vacío.
La
ilusión de que la lluvia parara al terminar las clases se hizo añicos cuando el
tutor dio el aviso de salida. Al contrario, el aguacero se había vuelto tan
intenso como una tormenta de pleno verano. Parado en la entrada del edificio,
Lee-hyun observó el exterior mientras el aire húmedo y frío le rozaba la punta
de la nariz. El estruendo del agua parecía devorar cualquier otro sonido y en
los charcos del suelo se formaban ondas infinitas.
Sacó
el teléfono sin un propósito real; sabía bien que no tenía a nadie a quien
pedirle que fuera a buscarlo. Deslizó el dedo por la lista de contactos un
momento y luego volvió a guardarlo en el bolsillo. Para llegar a la tienda de
conveniencia debía caminar una cuadra, pero se empaparía antes de dar diez
pasos. No parecía una lluvia que fuera a ceder pronto.
Lee-hyun
se cubrió la frente con la palma de la mano y se lanzó bajo la lluvia. Sintió
al instante el agua empapando su ropa, su nuca y su cabello. Los charcos
salpicaban el dobladillo de sus pantalones. Sus pasos apresurados empezaron a
volverse lentos por la pura resignación, cuando escuchó un grito a sus
espaldas.
"¡Oye,
tabaco!"
Pensó
que algún profesor habría pillado a alguien fumando y no le dio importancia.
"¡Oye,
oye! ¡Tú, el de tercero!"
Lee-hyun
frunció el ceño. Al haberse quedado esperando, era el único que quedaba en el
camino. Con dudas, giró la cabeza. Bajo un enorme olmo, vio a un chico con el
teléfono en la oreja. Al confirmar que se dirigía a él, el chico se acercó a
grandes zancadas. Solo cuando estuvo cerca, Lee-hyun reconoció su rostro. Era
Gu Seung-hyeok.
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"¿Qué
es este espectáculo bajo este clima? ¿Eres un indigente? ¿No tienes tabaco ni
paraguas?"
A
pesar del comentario mordaz, él mismo sostenía un paraguas con estampado de
flores algo torcido. Sobre la tela, se escuchaba el golpeteo del agua. Al
desaparecer el impacto de las gotas sobre su cuerpo, Lee-hyun sintió un frío
repentino y lo miró con severidad.
"No
me hables."
"Vaya.
Qué carácter."
Seung-hyeok
soltó una risa seca, pero Lee-hyun no respondió y salió de inmediato del
refugio del paraguas. Aceleró el paso hacia la puerta de la escuela. No quería
hablar con él. Sin embargo, volvió a sentir una presencia detrás y un paraguas
cubrió su cabeza de nuevo.
"Para
ser un enano, caminas jodidamente rápido."
"……."
"Ah,
buen, bueno. No te hablo. ¿Contento?"
Seung-hyeok
interpretó su silencio como una advertencia. Levantó una mano en señal de
tregua y le hizo un gesto para que avanzaran.
"Vas
hacia el parque, ¿no? Quédate ahí. Vamos."
Lee-hyun
se mordió el labio inferior y empezó a caminar junto a él. Mantuvo una
distancia prudente para evitar que su ropa empapada lo tocara. Le resultaba
incómodo caminar así; le preocupaba que el sonido de su respiración se
escuchara por encima de la lluvia. De reojo, observó el rostro de Seung-hyeok,
quien caminaba mascando chicle con indiferencia. De cerca, su nariz se veía más
alta y su mandíbula estaba perfectamente definida.
"Gracias."
Era
un favor incomprensible, pero debía ser agradecido. El simple hecho de no
sentir el agua en la cara lo hacía sentir mejor. El teléfono de Seung-hyeok
vibró justo cuando estaban cerca de la casa de Lee-hyun.
"Diga."
Lee-hyun
bajó la vista esperando a que terminara. Su camisa blanca se le pegaba al pecho
por la humedad.
"Sí.
No. Sí... No, iré."
A
medida que avanzaba la llamada, la expresión de Seung-hyeok se volvía más
sombría. Colgó con el ceño fruncido y le extendió el paraguas.
"Oye.
Ten esto."
"¿Qué?"
Sin
esperar, Seung-hyeok tomó la mano de Lee-hyun y lo obligó a sujetar el mango.
Luego, salió a la lluvia. Lee-hyun, desconcertado, lo agarró del brazo.
"…Oye,
¡¿a dónde vas?!"
En
ese breve segundo, el cabello de Seung-hyeok ya se había humedecido sobre su
frente. Se lo echó hacia atrás con una mano y arqueó una ceja.
"Tengo
que ir a un sitio. Quédatelo tú."
"…¿Por
qué me lo voy a quedar yo? Es tuyo, úsalo tú."
"Iba
a tirarlo de todas formas. Estas flores son una mierda."
Lee-hyun
se quedó sin palabras, apretando el mango del paraguas. Seung-hyeok le echó un
último vistazo y echó a correr bajo el aguacero. Lee-hyun se quedó allí,
observando cómo su figura se alejaba hasta desaparecer. El espacio bajo el
paraguas se sentía extrañamente vacío. Sentía algo pesado en el pecho, algo que
pesaba exactamente lo mismo que ese paraguas de flores.
* * *
Lee-hyun
cargó con ese paraguas de flores a medio romper durante varios días, bajo la
persistente lluvia primaveral. Solía deambular por el campus con la esperanza
de cruzarse con Seung-hyeok para devolvérselo, pero esa coincidencia
simplemente no ocurría.
Era
un día en que la llovizna matutina se transformaba de repente en un aguacero
torrencial, como un monzón tropical. Tras haber caído con fuerza durante toda
la tarde, la lluvia se había dado un respiro, dejando el aire más limpio y
frío. Apenas eran las ocho, pero las calles, oscuras como si fuera medianoche,
estaban iluminadas por los carteles de las tiendas y las farolas. Sobre el asfalto
mojado y negro, las finas gotas de lluvia se reflejaban desordenadamente.
Aunque
era miércoles, el día en que su padre llegaba temprano, Lee-hyun no pudo ir al
parque por la lluvia que seguía cayendo. Tras pensarlo un momento, se dirigió a
una tienda de conveniencia grande en la avenida principal. Compró un ramen
instantáneo y un triángulo de arroz, y se sentó en la mesa pegada al ventanal.
Las gotas acumuladas en el cristal resbalaban perezosamente hacia abajo.
Desde
su posición, podía ver perfectamente la intersección frente a la tienda. Las
luces de los autos se difuminaban a través de la humedad de la ventana,
estallando en destellos naranjas y blancos. Lee-hyun observaba la escena en
silencio mientras esperaba que el ramen se cocinara.
Ping.
El
sonido del microondas avisó que su comida estaba lista. Lee-hyun iba a
levantarse, pero de pronto se detuvo al notar algo afuera. En el extremo del
paso de cebra, un anciano empujaba precariamente un carrito cargado con papel
reciclado. Las cajas mal atadas se tambaleaban y, al girar la esquina, se
desplomaron ruidosamente sobre el asfalto.
Nadie
se movía para ayudar. Justo cuando Lee-hyun apartó su ramen para salir, un
chico alto apareció de repente detrás del carrito y empezó a cargar las cajas.
A pesar de la lluvia, el chico solo llevaba puesta la capucha de su sudadera.
Incluso bajo el agua, parecía estar fumando con total tranquilidad; un punto
rojo de fuego oscilaba en el aire. Cuando un auto pitó con fuerza, el chico,
sin siquiera mirar atrás, hizo un gesto desganado con la mano.
Debido
a su altura y agilidad, las cajas volvieron a estar en su sitio en un abrir y
cerrar de ojos. Lee-hyun volvió a acomodarse en su asiento. El chico cruzó la
calle y se dirigió hacia la tienda. Cuando la luz de los locales iluminó su
rostro ligeramente mojado bajo la capucha, Lee-hyun abrió mucho los ojos. Era
Gu Seung-hyeok.
Campanilla.
"Dos
cajetillas de Marlboro Red."
Se
bajó la capucha y se sacudió el cabello con un gesto brusco. Tras recorrer la
tienda con mirada apática, sus ojos se encontraron con los de Lee-hyun. Una de
sus cejas se arqueó con arrogancia antes de desviar la vista. Lee-hyun estaba
sorprendido de que fuera Seung-hyeok quien acababa de ayudar al anciano.
Campanilla.
El
anciano del carrito entró apresurado a la tienda.
"¡Muchacho!
Te estuve llamando desde atrás, ¿por qué no respondías?"
"……."
"No
tengo mucho que darte... Pero toma esto, ¿sí?"
El
anciano le extendió a Seung-hyeok dos pequeñas botellas de yogur. Él negó con
la cabeza, pero el hombre le obligó a tomarlas antes de volver a salir a la
lluvia. Seung-hyeok, con los yogures que no pensaba consumir, frunció el ceño
con fastidio y giró la cabeza hacia Lee-hyun, que seguía mirándolo fijamente.
Ante
esa mirada directa, Seung-hyeok se sintió extrañamente expuesto. Dejó los
yogures sobre la mesa de Lee-hyun.
"Tómatelos
tú."
Lee-hyun
no respondió. Seung-hyeok soltó un "qué miras" con indiferencia y
salió de la tienda. Al ver cómo sus hombros empezaban a empaparse de nuevo,
Lee-hyun compró un paraguas de vinilo transparente y salió corriendo tras él.
Lo alcanzó y colocó el paraguas sobre su cabeza.
"……."
Seung-hyeok
se detuvo y lo miró con el rostro inexpresivo. Lee-hyun habló casi sin pensar.
"Este
no tiene flores."
"……."
"Úsalo."
Ante
las palabras de Lee-hyun, una de las comisuras de los labios de Seung-hyeok se
elevó lentamente. Soltó una pequeña risita mientras observaba el paraguas
transparente y al chico de diecinueve años que estaba de pie frente a él.
* * *
El
programa de mentoría se llevaba a cabo dos veces por semana, los martes y
jueves por la noche. Después de la orientación del primer día, tenían libertad
para reunirse en cualquier lugar. Como era lo habitual, Lee-hyun se quedaba
solo en el salón después de clases, cuando todos los demás ya se habían
marchado.
Unos
días antes, Lee-hyun había acudido al prefecto de tercer año para pedir su baja
del programa, pero la respuesta fue que sería un problema retirarse tan pronto.
Aunque el profesor le sugirió que intentara persuadir a Gu Seung-hyeok, parecía
convencido de que sería imposible, así que le aconsejó que simplemente
aprovechara el tiempo para estudiar por su cuenta.
Gracias
a eso, Lee-hyun resolvía sus libros de ejercicios sintiendo que, después de
todo, no era un mal plan. Con los auriculares puestos, su mano se movía con
fluidez trazando fórmulas sin detenerse. Justo cuando se quedó atascado en un
problema complejo, una gran sombra cubrió su libro. Pensando que alguien había
olvidado algo, levantó la vista.
Sin
darle tiempo a reaccionar, una mano grande le arrebató con suavidad un
auricular.
"Kwon
Lee-hyun."
La
voz, más grave que la de cualquier otro estudiante de su edad, le provocó un
breve escalofrío que recorrió sus brazos. Ante la inesperada aparición,
Lee-hyun se quedó sin palabras, limitándose a mirar fijamente a Seung-hyeok.
Este soltó una risita seca antes de continuar.
"Es
la primera vez que te llamo por tu nombre."
Seung-hyeok
mostró una sonrisa que no parecía encajar con su reputación y, arrastrando una
silla del pupitre delantero, se sentó frente a él. Luego, lanzó una palabra al
aire al ver que Lee-hyun seguía mudo.
"¿Qué?"
La
mente de Lee-hyun estaba en blanco. Había dado por hecho que Seung-hyeok no
vendría nunca. Cuestiones como por qué estaba allí o cómo lo había encontrado
flotaban en su cabeza, hasta que finalmente dejó escapar una de ellas.
"¿Cómo
supiste que estaba aquí?"
"Dijeron
que casi todos lo hacían en los salones, así que fui revisando desde el aula
uno, ¿no?"
"¿Por
qué?"
"Bueno..."
Seung-hyeok se encogió de hombros, curvando una comisura de sus labios.
"Para intentar dejar de ser una basura."
Lee-hyun
le había dicho aquello no por la mentoría, sino por su indiferencia ante la
paliza que sus amigos le daban a otro chico. Sin embargo, sintió que no era el
momento adecuado para recalcarlo, así que optó por guardar silencio.
"Entonces,
¿qué tengo que hacer?"
Ante
la pregunta directa de Seung-hyeok, Lee-hyun recordó por un instante el paisaje
de la carretera mojada por la lluvia la noche anterior. Dudó entre hablarle con
frialdad, como en la caseta del conserje, o quedarse callado como en la tienda
de conveniencia. Finalmente, optó por la respuesta más neutral.
"…¿Trajiste
tus libros?"
Seung-hyeok
soltó una carcajada y, en lugar de un cuaderno de ejercicios o materiales de
clase, sacó un libro de texto. Estaba impecable, sin una sola marca de haber
sido abierto, como si fuera nuevo.
"¿Esto
es todo?"
"¿Necesitas
algo más?"
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La
actitud de Seung-hyeok era desconcertante. Dejó su mochila, que parecía estar
casi vacía, en el suelo y se recostó en la silla. Su mirada sobre Lee-hyun era
insistente, pesada. Lee-hyun pasó la punta de la lengua por sus labios secos
mientras alternaba la vista entre el libro y el chico.
"Entonces,
saca un bolígrafo."
"No
tengo."
"¿Qué?"
"Préstame
uno."
Seung-hyeok,
de forma inesperada, entrecerró los ojos con una sonrisa ligera y tomó un
portaminas del estuche de Lee-hyun. Era la primera vez que lo veía sonreír así.
Lee-hyun tragó saliva y bajó la vista hacia la mano de Seung-hyeok que
jugueteaba con el portaminas antes de abrir el libro de texto.
"…La
próxima vez, no llegues tarde."
Su
corazón, que hasta hace un momento estaba en calma, empezó a agitarse como si
alguien hubiera lanzado una piedra en un estanque. Ignorando el pulso que latía
de forma extraña, sus palabras susurradas resonaron en el salón vacío.
Contrario
a la predicción de que solo vendría una vez por curiosidad, Gu Seung-hyeok
asistió fielmente al programa de mentoría a partir de entonces. Cuando Lee-hyun
empezó a pensar que quizás no era el delincuente sin remedio que decían los
rumores, comenzó a saludarlo con una breve inclinación de cabeza cada vez que
se cruzaban.
Si
Lee-hyun lo veía y bajaba la vista un segundo al saludar, Seung-hyeok respondía
con esa risita suya tan característica. A pesar de eso, aún no habían
intercambiado números de teléfono. Sus conversaciones se limitaban a
explicaciones de problemas matemáticos mientras la luz del atardecer se
filtraba por las ventanas. Era la distancia perfecta para no sentirse abrumado.
Sin
embargo, hoy Seung-hyeok no aparecía y la hora acordada ya había pasado hacía
mucho. Tras quedarse mirando un problema difícil durante un buen rato, Lee-hyun
dejó el portaminas y miró el reloj sobre la pizarra.
7:45
PM.
Ya
había pasado más de media hora de las siete, la hora habitual de inicio. El
golpeteo de la lluvia captó su atención. Al girar la cabeza, vio que la lluvia
primaveral, que no había cesado en días, golpeaba los cristales. El vidrio
oscuro reflejaba el salón vacío como un espejo.
Sentado
allí solo, se sentía extrañamente solitario. Le pareció un poco ridículo seguir
esperando cuando era obvio que Seung-hyeok no vendría. Lee-hyun suspiró, cerró
el libro y guardó sus cosas. Al parecer, sin darse cuenta, había empezado a
ansiar ese rato semanal. Como no tenía su número, era lógico no recibir aviso,
pero no podía evitar mirar su teléfono constantemente.
Tras
observar una vez más la lluvia a través de la ventana, Lee-hyun se levantó. En
ese preciso instante, el sonido de la puerta delantera abriéndose resonó en el
aula.
"Ah…."
Un
sonido corto y sin sentido escapó de sus labios al ver el rostro destrozado de
Gu Seung-hyeok. Seung-hyeok, que jadeaba como si hubiera corrido una maratón,
se acercó rápidamente al ver que Lee-hyun seguía allí y se apoyó en sus
rodillas para recuperar el aliento. Su espalda, que subía y bajaba con
brusquedad, estaba empapada por la lluvia.
"Fiu...
Menos mal que no te habías ido."
Seung-hyeok
levantó la cabeza con una sonrisa forzada.
"……."
Tenía
el cabello pegado a la frente por el agua y gotas de lluvia resbalaban por su
rostro. Había rastros de sangre seca en una herida larga y la comisura de su
labio, aún roja, delataba un corte reciente. Lee-hyun lo observó con
incredulidad y habló sin pensar.
"…Tu
cara siempre es un desastre."
Debería
haber preguntado con quién se había peleado esta vez o por qué llegaba tarde,
pero las palabras no salían. Solo podía mirar ese rostro arruinado. Seung-hyeok
se enderezó, recuperando el aliento, y se desordenó el cabello mojado. Desde su
posición más alta, miró a Lee-hyun.
"Kwon
Lee-hyun. No puedo ir a mi casa ahora mismo. Deja que me cambie de ropa en la
tuya."
La
petición fue tan directa como descarada. Sin embargo, incapaz de negarse al
verlo en ese estado, Lee-hyun soltó un corto suspiro y colgó su mochila al
hombro.
* * *
No
era la hora a la que su padre solía estar, pero nunca se sabía. Por un momento,
Lee-hyun se arrepintió de haber traído a Gu Seung-hyeok; mil pensamientos
cruzaron su mente en el corto trayecto por el jardín hacia la entrada.
Para
su desgracia, en cuanto abrió la puerta, divisó unos zapatos negros en el
recibidor. Su padre estaba en casa. Los latidos de su corazón se aceleraron por
el nerviosismo. "Debe estar en el piso de arriba, así que no pasará
nada", se dijo a sí mismo. Sus dedos temblaron ligeramente al hacerle una
seña a Seung-hyeok para que se apresurara.
Seung-hyeok,
ajeno o simplemente indiferente a la tensión de Lee-hyun, mantenía una actitud
relajada. Lo seguía a un par de pasos de distancia con su mochila casi vacía al
hombro. Se pasó el brazo por la cara para limpiarse las heridas de forma tosca,
como si le escocieran. Aunque el herido era Seung-hyeok, era Lee-hyun quien
parecía tener más prisa.
"Es
esa habitación del rincón. Entra rápido."
"¿Te
está persiguiendo alguien?"
A
su madre podría haberle explicado que un amigo se había lastimado y pasaba un momento,
pero con su padre era distinto. Tenía la certeza infundada de que él no vería
con buenos ojos que metiera a un chico en su habitación.
Tal
como cuando era niño y escondía pollitos en su cuarto a escondidas, empujó a
Seung-hyeok hacia adentro y cerró la puerta. Solo entonces respiró aliviado.
Dejó su mochila y colgó su abrigo. Seung-hyeok, que parecía no tener frío a
pesar de llevar solo una chaqueta fina, comenzó a inspeccionar la habitación.
"…Primero,
aséate."
"Linda
casa."
Ignorando
la mano que le extendía una toalla, Seung-hyeok empezó a curiosear cada rincón.
Recorrió los muebles con su dedo índice y caminó pausadamente hasta detenerse
frente a una foto familiar en la estantería. Lee-hyun tiró de su ropa y le
ofreció la toalla de nuevo.
"Lávate
rápido."
Seung-hyeok
lo miró, soltó una risita seca y finalmente tomó la toalla para entrar al baño.
Con
la desaparición de aquel cuerpo tan grande de su vista, Lee-hyun sintió que su
habitación volvía a ser suya. Pronto, el sonido del agua comenzó a salir del
baño. Era una sensación extraña saber que alguien más estaba usando su espacio
personal.
Momentos
después, Seung-hyeok salió del baño vistiendo solo los pantalones. Lee-hyun,
que intentaba concentrarse en su libro de ejercicios, giró la cabeza sin pensar
y abrió los ojos de par en par, sorprendido.
Sobre
los músculos firmes y definidos de Seung-hyeok, había una constelación de
moretones y cicatrices. Algunas parecían antiguas marcas de cortes profundos y
otras eran costras recientes de golpes. A pesar de la mirada atónita de
Lee-hyun, él se mostraba imperturbable.
"Oye,
¿no tienes alguna camiseta grande que no uses? No creo que las tuyas me
queden."
Se
secaba el cabello con naturalidad. Lee-hyun se levantó de un salto, buscó en su
armario la prenda más grande que tenía y se la entregó. Al ver que Lee-hyun
evitaba el contacto visual, Seung-hyeok soltó una carcajada.
"No
te pongas tímido ahora, carajo."
Incluso
con una camiseta que le quedaba algo ajustada, Seung-hyeok no se veía ridículo.
Se sentó en el suelo, junto a la cama, y sacó su teléfono para empezar a jugar
a algo que emitía ruiditos electrónicos.
"Me
quedaré aquí hasta que pare de llover."
Para
ser alguien que estaba pidiendo un favor, su tono era bastante autoritario.
Lee-hyun regresó a su escritorio y garabateó números sin sentido en su
cuaderno. Los sonidos del juego y los quejidos ocasionales de Seung-hyeok
cuando le molestaba la herida del labio hacían que concentrarse fuera
imposible.
El
botiquín debía estar en el cuarto de servicio del segundo piso, pero si subía y
se encontraba con su padre, sería un problema. En su lugar, abrió los cajones
de su escritorio. No había ungüentos, pero entre sus artículos de papelería
ordenados, encontró una curita rosa con un dibujo animado.
"……."
Dudó.
Lo más probable es que Seung-hyeok se burlara de él. Pero tras pensarlo,
decidió que cualquier ayuda era mejor que nada. Se acercó y le extendió la
curita. Seung-hyeok miró el objeto rosa y luego levantó la vista hacia Lee-hyun
con una expresión de incredulidad.
"¿Qué
es esto?"
"Tu
labio. Está roto", dijo Lee-hyun con calma.
"¿Y
quieres que ande con esto puesto?"
"Si
no quieres, olvídalo."
Cuando
Lee-hyun intentó retirar la mano, Seung-hyeok le sujetó la muñeca suavemente.
"No
quites lo que ya diste."
Tomó
la curita y, usando la pantalla del celular como espejo, se la pegó con torpeza
en la comisura del labio. El rosa resaltaba de forma cómica sobre su piel.
"¿Tus
padres no están en esta casa tan grande?"
"Mi
madre habrá salido y mi padre está... en el segundo piso", respondió
Lee-hyun en voz baja. No hubo más preguntas.
Intentó
estudiar inglés, pero antes de ponerse los auriculares, escuchó la voz de
Seung-hyeok tras su hombro.
"Oye."
"……."
"Dame
la clase de hoy. Todavía queda tiempo."
Faltaban
unos treinta minutos para el horario habitual de finalización. Lee-hyun se
frotó la nuca, sorprendido de que esas palabras salieran de boca de
Seung-hyeok. Sacó una mesa plegable para el suelo, ya que en el escritorio no
cabían los dos. Las rodillas de Seung-hyeok rozaban la mesa, pero a él no
parecía importarle.
"Si
combinamos las condiciones A y B, el resultado es este. La suma de ambos es 3,
así que... ¿Gu Seung-hyeok?"
Apenas
había empezado a explicar cuando notó que el otro estaba con los brazos
cruzados y los ojos cerrados. Ante su llamado, Seung-hyeok respondió con su voz
habitual, sin rastro de sueño.
"Sí.
¿Qué pasa?"
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Lee-hyun
se indignó. Él mismo había pedido estudiar y ahora estaba allí, con los ojos
cerrados de forma descarada. En lugar de regañarlo, Lee-hyun suspiró y volvió a
sus propios ejercicios. No tenía sentido obligar a alguien que claramente
estaba exhausto y herido.
El
roce del portaminas contra el papel era el único sonido en la habitación. De
repente, Seung-hyeok habló de nuevo.
"¿Qué
haces? ¿No vas a seguir?"
"No
tiene sentido que explique solo si no vas a escuchar. Supuse que hoy sería
difícil estudiar. Solo descansa, te avisaré cuando termine."
Seung-hyeok
chasqueó la lengua ante el tono neutral de Lee-hyun. Este lo observó en
silencio: sus párpados profundos y su nariz recta eran dignos de un actor. Era
una belleza que, a pesar de la situación, lograba cautivarlo. Cuando
Seung-hyeok volvió a mover los labios, Lee-hyun desvió la mirada rápidamente
hacia su libro.
"Solo
hazlo como si hubiera alguien escuchando."
"……."
"Ayer
no dormí nada. Creo que si escucho la resolución de los problemas, podré
quedarme dormido. Ayúdame con eso."
Seung-hyeok
soltó una risita suave y murmuró: "Maldita sea, me duele tanto todo que no
encuentro postura para dormir".
Lee-hyun
recordó las heridas que vio en su cuerpo y sintió una punzada de compasión.
Miró el reloj; quedaban treinta minutos.
"…Entonces
duerme un poco."
"Jaja,
¿qué?"
"Te
prestaré la cama. Acuéstate y cierra los ojos."
Seung-hyeok
abrió los ojos sorprendido. Lee-hyun mantenía su rostro inexpresivo de siempre.
El mayor soltó una carcajada, se acercó a Lee-hyun y le dio un capirote en la
frente.
"Qué
cosas dices. Ni que fuera la cama de una chica, ¿por qué me acostaría en la
cama de otro tipo?"
Lee-hyun
lo miró con resentimiento, pero Seung-hyeok solo se burló. De repente, sintió
una vibración en su teléfono y cerró el libro de texto.
"Me
tengo que ir."
Parecía
que solo había mencionado lo de estudiar para matar el tiempo. Lee-hyun asintió
y recogió sus cosas. Antes de salir, Seung-hyeok cruzó la habitación y le puso
el teléfono frente a la cara.
"Oye,
Kwon Lee-hyun."
"……."
"Anota
tu número."
El
teléfono de Seung-hyeok, aunque era el último modelo, estaba lleno de rasguños.
"No
sé cuándo me llamarán y me retrasaré como hoy. Si no puedo ir a la mentoría, te
avisaré. No te quedes esperando en el salón como un tonto, vete a casa."
Mientras
anotaba su contacto, Lee-hyun quiso preguntar quién lo llamaba y por qué, pero
no se atrevió. En su lugar, dijo:
"…Envíame
un mensaje."
"……."
"Yo
también te avisaré si surge algo."
Lee-hyun
salió de la habitación primero. En su bolsillo, el teléfono vibró. Al ver el
mensaje que decía 'Gu Seung-hyeok', apretó el aparato con fuerza. Sentía un
cosquilleo en las yemas de los dedos mientras caminaba hacia la entrada.
Al
día siguiente, Lee-hyun llegó tarde a clase por haberse quedado dormido. En
cuanto entró, notó que el ambiente estaba extrañamente agitado. Todas las
miradas se clavaron en él.
Confundido,
caminó hacia su asiento. El delegado de la clase se acercó con rostro serio.
"Kwon
Lee-hyun. ¿Ayer te quedaste en el salón después de clases para la
mentoría?"
"Sí."
"¿No
pasó nada allí?"
"¿Cómo
qué?"
Era
sabido que se quedaba con Gu Seung-hyeok los martes y jueves, pero no entendía
el interrogatorio ni los murmullos de sus compañeros.
"¿Pasó
algo?" insistió Lee-hyun.
"No,
está bien."
El
delegado se alejó hacia un grupo donde un chico gritaba furioso: "¡Solo
estaba él! ¿Por qué no le preguntas directamente? ¡Maldita sea, mi billetera
era de marca, me costó meses de trabajo ahorrado!".
¿Una
billetera? Justo cuando Lee-hyun empezaba a procesar la situación, entró el
profesor tutor.
"No
hay avisos hoy. Kwon Lee-hyun, ven a la sala de profesores."
El
ambiente era sombrío. Lee-hyun siguió al profesor hasta una pequeña sala de
consultas. El sonido de la puerta cerrándose tras él sonó como una sentencia.
"Seré
directo", dijo el profesor apoyando los codos en las rodillas con
cansancio. "Woo-young dejó su billetera en el casillero ayer y desapareció
durante la noche."
"……."
"Tú
te quedaste en el salón para la mentoría después de clases, ¿verdad?"
Solo
estábamos nosotros dos después de clases, y en ese intervalo desapareció la
billetera del casillero. Con esa sola frase, Lee-hyun supo exactamente lo que
el tutor intentaba insinuar.
Apretó
el labio inferior con fuerza antes de hablar.
"No
fuimos nosotros."
"Tienes
que ser sincero. Es mejor que esto se quede conmigo; si el reporte llega al
jefe de estudios o al director, las cosas se van a complicar."
"…No
fuimos nosotros."
Ante
la respuesta idéntica de Lee-hyun, el tutor soltó un suspiro largo y profundo.
Su actitud parecía decir que sabía perfectamente que Lee-hyun estaba mintiendo.
El pecho de Lee-hyun comenzó a sentirse oprimido. Quería proclamar su
inocencia, pero sentía que, por más que hablara, nadie le creería.
En
ese momento, la puerta de la sala de consultas se abrió con un clic. Quien
entró fue Gu Seung-hyeok, con una expresión más gélida de lo habitual. Al ver a
Lee-hyun sentado frente al profesor con el rostro pálido, Seung-hyeok arqueó
una ceja con desaprobación.
"Ya
estás aquí. Siéntate."
Seung-hyeok
caminó con paso perezoso y se dejó caer pesadamente en el asiento al lado de
Lee-hyun. Parecía que ya le habían dado un resumen de la situación, pues se
limitó a sentarse de forma ladeada con las manos en los bolsillos, sin decir
una palabra.
"Ya
que están los dos, lo diré de nuevo. Ayer por la tarde desapareció la billetera
que un compañero de clase olvidó. Los únicos que estaban en el salón después de
clases eran ustedes dos."
"……."
"Dadas
las circunstancias, es inevitable sospechar."
La
voz del tutor era grave y su expresión seria, carente de cualquier rastro de
humor. Sin embargo, Seung-hyeok, con los brazos cruzados, inclinó la cabeza
hacia un lado y finalmente habló.
"El
que deja la billetera en la escuela es un idiota. ¿Por qué intenta cargarnos el
muerto a nosotros?"
"¿Qué?"
"¿Para
qué íbamos a robar ese menudo nosotros?"
Seung-hyeok
soltó una risita incrédula mientras hablaba.
"Usted
sabe que la familia de este chico tiene dinero desde que se transfirió. Y de la
mía, ni hablemos."
"……."
"Esto
es... haber elegido mal al objetivo, ¿no cree?"
El
rostro del tutor comenzó a enrojecerse ante el sarcasmo descarado. Miró a
Seung-hyeok con una intensidad letal y golpeó la mesa con dos hojas de papel y
un bolígrafo.
"Escriban
un informe de los hechos. Escriban todo lo que hicieron después de clases, sin
saltarse nada. No hace falta que entren a la siguiente clase."
Tan
pronto como terminó de hablar, el tutor se levantó bruscamente, lanzó una
mirada afilada a ambos y salió de la sala cerrando la puerta tras de sí. En
cuanto se escuchó el clic de la cerradura, Seung-hyeok se estiró y se hundió
cómodamente en la silla.
"……."
A
diferencia de Seung-hyeok, que sacó su teléfono y comenzó a jugar con total
tranquilidad, Lee-hyun se quedó mirando el papel en blanco. Su cabeza era un
caos. Le frustraba que la billetera hubiera desaparecido precisamente ayer,
cuando tuvieron la mentoría.
'¿Y
si terminan llamando a mis padres por esto?'
Al
imaginar a su padre siendo citado en la escuela, sintió que el aire le faltaba.
Lee-hyun apretó el lápiz con fuerza y se mordió el labio. Intentó escribir lo
que pasó después de clases como ordenó el profesor, pero solo había una línea
que poner: que esperó a Gu Seung-hyeok, tuvieron la clase de mentoría y se
fueron juntos.
Se
sentía miserable tratando de demostrar su inocencia ante algo que ni siquiera
sabía si había ocurrido. Lee-hyun soltó el lápiz y giró la cabeza hacia la
ventana.
"…Parece
que va a llover."
Fue
un susurro involuntario al ver el cielo plomizo. La mirada de Seung-hyeok, que
había estado fija en el teléfono, pasó por el rostro de Lee-hyun y la ventana
antes de volver a la pantalla.
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"¿Trajiste
paraguas?" preguntó Seung-hyeok sin dejar de teclear.
Lee-hyun
lo observó, asombrado de que pudiera concentrarse en el juego en un momento
así.
"…Sí.
¿Y tú?"
"Ni
idea. Usaré cualquiera que esté tirado por el salón como la otra vez."
Al
escuchar la voz serena de Gu Seung-hyeok, sintió que la situación perdía
gravedad. Su actitud imperturbable y su falta de preocupación hicieron que el
corazón de Lee-hyun, que latía con ansiedad, recuperara poco a poco su ritmo
normal.
"…Tengo
dos paraguas. Te prestaré uno, ven a mi salón luego."
Seung-hyeok
levantó la vista y lo miró fijamente. Luego se encogió de hombros con un
"está bien, entonces" y volvió a bajar la mirada.
El
silencio volvió a la sala. Lee-hyun seguía mirando el papel blanco,
preguntándose cuánto tiempo más tendrían que estar allí, cuando de repente la
puerta se abrió de par en par. Apareció el director, echando chispas de rabia,
seguido por el subdirector que intentaba calmarlo.
"¡Tú,
Gu Seung-hyeok, pedazo de gánster...! Deberías estar agradecido de que la
escuela te aceptara y portarte bien. ¿De todas las cosas que podías hacer, vas
y le robas la billetera a otro alumno?"
Entró
gritando y señalando a Seung-hyeok, quien seguía sentado. Lee-hyun se levantó
sobresaltado, pero Seung-hyeok solo torció el gesto con indiferencia. Aquello
enfureció más al director, quien apartó al subdirector y agarró a Seung-hyeok
por el cuello de la camisa para obligarlo a levantarse.
"¡Tú,
desgraciado! Esta vez me voy a asegurar de que te expulsen, tenlo por seguro.
¿Me oyes?"
El
director pareció un poco intimidado al quedar frente al rostro de Seung-hyeok,
que era considerablemente más alto que él, pero siguió bufando de rabia.
Seung-hyeok, echando más leña al fuego, arqueó una comisura y sonrió de forma
inquietante.
"Haga
lo que quiera."
"¡Este
maleducado...!"
El
director, con el rostro rojo, levantó la mano en el aire. El subdirector y los
demás profesores miraban con preocupación, pero nadie se atrevía a intervenir.
En el instante en que la mano estaba por impactar en la mejilla de Seung-hyeok,
Lee-hyun, sin darse cuenta, sujetó el brazo del director y se interpuso entre
ambos.
"No
le pegue."
"¿Qué?"
La
voz de Lee-hyun, aunque no era fuerte, fue tan firme que el silencio se apoderó
de la sala.
"Dígalo
con palabras."
Ante
la acción de Lee-hyun protegiéndolo, Seung-hyeok tuvo que tragarse una risita.
Le resultaba cómico que alguien que parecía no poder ni cuidar de sí mismo se
interpusiera para defenderlo. Sin embargo, ver la nuca redondeada del chico
frente a él y al director mirándolo con furia era un espectáculo digno de ver,
así que se quedó quieto con las manos en los bolsillos.
"¡Estos
mocosos insolentes...! ¡Señor Kim! No deje que se muevan de aquí hasta que
pidan perdón-"
"¡Señor,
señor Kim!"
Mientras
los gritos del director resonaban en toda la oficina, otro profesor se acercó
corriendo al tutor de Lee-hyun. Miró de reojo a los chicos y se acercó al
director.
"Es
que... unos alumnos estaban limpiando y encontraron la billetera en un rincón
del salón 3."
"¿Qué?"
"Parece
que al estudiante se le cayó y rodó por accidente debajo de los
casilleros..."
Al
oír aquello, Lee-hyun finalmente sintió que el alma le volvía al cuerpo. La
tensión desapareció de sus manos. El director, a quien la noticia no pareció
sentarle bien, frunció el ceño y lanzó una última mirada de odio a ambos.
Detrás de Lee-hyun, se escuchó el sonido de una risa burlona.
"Entonces,
ya podemos irnos, ¿verdad?"
"……."
"Kwon
Lee-hyun. Vamos."
Seung-hyeok
sujetó a Lee-hyun por la muñeca y lo guió fuera, pasando entre los profesores.
Parecía que una leve sonrisa asomaba en su perfil, satisfecho de haber sido
probado inocente. El campus estaba en silencio porque las clases ya habían
comenzado. El sonido de sus pasos resonaba en el pasillo vacío. Lee-hyun
intentó soltarse suavemente mientras seguía el paso rápido de Seung-hyeok. Este
lo miró de reojo.
"…Puedes
soltarme y caminar."
Seung-hyeok
lo observó un instante y soltó su mano sin decir nada. El camino hacia el
edificio principal, donde estaban sus salones, se sintió extrañamente largo.
Lee-hyun caminaba a un paso de distancia de él.
"Oye,
Kwon Lee-hyun."
Fue
un instante: su nombre fue pronunciado y su muñeca nuevamente capturada. Al
girarse, vio que Seung-hyeok tenía una expresión ambivalente.
"Deberías
haber dejado que me pegara. ¿Por qué hiciste eso?"
El
director, que había sido profesor de educación física, era un hombre corpulento
para su edad. No es que Lee-hyun no hubiera sentido miedo, pero simplemente no
quería ver a Seung-hyeok siendo golpeado frente a todos. Deseaba que no
aparecieran nuevas heridas en su rostro.
"Nadie
en este mundo merece ser golpeado sin más."
"……."
"Tú
tampoco."
Su
mirada firme se encontró con la de Seung-hyeok sin flaquear. Seung-hyeok abrió
mucho los ojos ante esas palabras, las primeras de ese tipo que escuchaba en su
vida, y luego soltó una carcajada suave.
Cada
vez que veía esa sonrisa inusual, Lee-hyun sentía una extraña opresión en el
estómago. Apresuró el paso y adelantó a Seung-hyeok.
"Oye,
Kwon Lee-hyun."
La
voz melodiosa le llegó desde unos pasos atrás.
"¿Quieres
que seamos amigos?"
Pum, pum, pum. El latido constante de su corazón comenzó a acelerarse sin
control. Lee-hyun decidió ignorar la razón de esa agitación y respondió en voz
baja:
"…Entonces
llámame hyung."
Una
risa profunda resonó en el pasillo y Lee-hyun volvió a sentir ese nudo en el
estómago.
* * *
“¿Ah,
no puede darme una pieza más de tonkatsu?”
“No
se puede. No habrá suficiente para los que vienen detrás.”
“¡Solo
una...! ¿Sí? ¡Solo una más!”
“Dije
que no.”
Dong-woo,
con la bandeja en las manos, se retorcía insistente, pero ante la firmeza de la
nutricionista, no tuvo más remedio que hacer un puchero. Mientras él se alejaba
a regañadientes, Lee-hyun hizo una pequeña reverencia al ver cómo colocaban una
generosa pieza de cerdo frito en su propia bandeja.
Tras
recibir el tazón de sopa, giró la cabeza y divisó a Dong-woo y a los demás
instalados en una mesa vacía más adelante. Antes de que terminaran de sentarse,
ya estaban estirando los palillos hacia las bandejas ajenas; era la escena
familiar que Lee-hyun había presenciado desde que se transfirió.
Esbozó
una sonrisa casi imperceptible y empezó a caminar hacia ellos.
“Eh,
oye, oye, Lee-hyun.”
Fue
entonces cuando una voz arrogante le llegó desde un costado. Por instinto,
Lee-hyun giró la cabeza y vio a Chan-yang y a su grupo. En cuanto sus ojos se
cruzaron con los de Chan-yang, sentado en el centro, la expresión de Lee-hyun
se tensó.
“Ven
aquí. Hay un sitio libre.”
Chan-yang
ladeó la cabeza, señalando con un gesto el asiento a su lado, donde un chico de
cabello alborotado permanecía rígido, moviendo los ojos con nerviosismo.
Chan-yang, como si hubiera encontrado algo divertido, rodeó los hombros del
muchacho con el brazo.
“Woo-seong,
¿ya terminaste?”
“Ah,
sí, sí...”
“Entonces
sube al salón. Y no te desvíes por el camino.”
Aunque
en su bandeja había guarniciones que parecían intactas, el chico se levantó a
toda prisa. Tras lanzar una mirada de empatía a Lee-hyun, se alejó rápidamente
de la mesa.
“¿Qué
haces ahí parado? ¿Vas a dar un discurso?”
Varios
estudiantes observaban la escena con curiosidad. Lee-hyun comprendió que no
podría escapar con un simple saludo. Tras tragar un suspiro, hizo una seña a
sus amigos y dejó su bandeja al lado de Chan-yang.
Con
el sonido del metal chocando, el chico sentado enfrente levantó la vista. Era
un amigo de Chan-yang que apenas tocaba la comida por estar pegado al teléfono.
Miró a Lee-hyun con indiferencia y se dirigió a Chan-yang.
“Hyung,
hyung, Chan-yang hyung. Hye-yeon nuna pregunta si puede traer a una conocida al
escondite esta noche.”
“¿Qué
conocida?”
“Ya
sabes, la chica que estaba en su casa cuando fuimos a beber.”
Chan-yang
frunció el ceño tratando de recordar, y el chico le dio un codazo al que estaba
a su lado.
“Oye,
¿te acuerdas del nombre? La que salió contigo.”
“¿So-young?”
“¡Eso!
Lee So-young. Hyung, tú dijiste que era linda.”
“Ah,
ya.”
Chan-yang
asintió como si finalmente lo recordara y tomó los palillos. El otro chico
cambió de objetivo rápidamente.
“Oye,
tú también vendrás, ¿no?”
“Hoy
no puedo.”
“¿Qué
milagro es ese?”
“Es
el cumpleaños de mi novia.”
El
chico se encogió de hombros con desgano. Su amigo chasqueó la lengua.
“Qué
asco das, mujeriego. Encima celebras esas cursilerías, ¿no te da vergüenza?
Deberías cortártela ya.”
“Qué
patético eres, Ho-young. La envidia te mata.”
“Cállate.”
“Cuando
vayas al escondite, pasa por la tienda y compra condones. Los que había allí
los gasté todos la última vez.”
“Ajá.”
El
chico que tecleaba en su móvil con la cuchara en la boca lanzó una mirada
furtiva a Chan-yang.
“Hyung,
¿qué vas a hacer? ¿Vienes o no?”
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Ante
la pregunta, Chan-yang se reclinó en la silla y estiró el cuello. Su mirada se
posó en Lee-hyun, que mantenía la cabeza baja y movía los palillos como si no
quisiera escuchar nada.
Chan-yang
sonrió de par en par, se inclinó hacia Lee-hyun y lo rodeó por los hombros con
una falsa familiaridad.
“Lee-hyun,
ya oíste. ¿Qué deberíamos hacer?”
“…….”
“¿Vamos
o no vamos?”
La
mano blanca de Lee-hyun, que hurgaba en la comida con el rostro rígido, se
detuvo. Su entrecejo estaba marcado por la molestia de tener que escuchar una
conversación tan desagradable.
Lee-hyun
giró su hombro izquierdo para zafarse de la mano de Chan-yang y susurró:
“Haz
lo que quieras, hyung. ¿Por qué me lo preguntas a mí?”
Chan-yang
miró su brazo ahora vacío y soltó una risita seca. Entonces, sujetó con fuerza
la nuca de Lee-hyun y acercó su rostro a su oreja.
“Lee-hyun.
No me hables con esa falta de respeto.”
“…….”
“Hagamos
las cosas por las buenas, ¿sí?”
El
susurro bajo en su oído le produjo una sensación asquerosa, como si un insecto
caminara por su piel. Lee-hyun se mordió el interior de la mejilla y bajó la
vista; Chan-yang, satisfecho, le acarició la nuca.
Una
mano grande y gruesa recorrió el cuello de Lee-hyun, que se había quedado tieso
sin querer. Chan-yang lo atrajo hacia sí dándole unas palmaditas de 'ánimo'.
Los
granos de arroz se sentían ásperos en su lengua. Intentó comer por puro
instinto de supervivencia, pero era imposible. No sentía el sabor y sabía que,
si seguía forzándose, le sentaría mal. Justo cuando iba a dejar los palillos
para levantarse, sintió una mirada.
Al
girar la cabeza por instinto, sus ojos se encontraron con los de alguien que
parecía llevar tiempo observándolo. En medio del bullicio del comedor, Gu
Seung-hyeok estaba sentado con la barbilla apoyada en la mano, inexpresivo.
Su
mirada indiferente bajó hasta detenerse en el hombro de Lee-hyun, justo donde
estaba la mano de Chan-yang. Tras observar ese punto en silencio, Seung-hyeok
se levantó lentamente.
Seung-hyeok
vestía solo la camisa, sin corbata y de forma descuidada. Tras decirle algo a
los que estaban con él, caminó sin dudar hacia la mesa de Lee-hyun y Chan-yang.
Los amigos de Chan-yang fueron los primeros en notar su presencia.
“Oh,
Seung-hyeok. ¿Comes ahora? Hace tiempo que no te veíamos.”
A
pesar del saludo amistoso, él solo asintió con desgana. Chan-yang levantó la
vista, pero la mirada seca de Seung-hyeok apenas lo rozó un segundo antes de
apartarse.
Seung-hyeok,
como si no tuviera interés en nadie más que en Lee-hyun, se giró hacia él y
soltó:
“Kwon
Lee-hyun. Si ya terminaste de comer, ven conmigo a un sitio.”
La
actitud de ignorar abiertamente a los de un grado superior hizo que los amigos
de Chan-yang intercambaran miradas. Uno de ellos rió con incomodidad.
“Seung-hyeok,
Chan-yang hyung está aquí, ¿ni siquiera vas a saludar?”
Pero
Seung-hyeok no respondió, dejando que un breve silencio cayera sobre la mesa.
Fue Chan-yang quien rompió la tensión.
“Déjalo.
Ya sabemos que este tipo es así.”
Con
una sonrisa de suficiencia y arqueando una comisura, Chan-yang dejó sus
palillos. Miró el rostro de Seung-hyeok y luego se giró hacia Lee-hyun.
“Por
cierto, ¿ustedes dos se conocen?”
“…….”
“Vaya,
nuestro Lee-hyun sí que tiene contactos.”
La
expresión de Lee-hyun se volvió de piedra cuando Chan-yang volvió a tirar de su
hombro para acercarlo. Quería apartar el brazo, pero lo único que pudo hacer
fue evitar la mirada. Seung-hyeok observó la escena y se frotó una ceja con la
yema del dedo.
“Hyung,
con la edad que tienes, ¿todavía sigues con eso?”
“¿Qué?”
“Aunque
hayas repetido curso, ya deberías haberte graduado de eso de andar acosando a
la gente.”
La
atmósfera se volvió gélida ante la burla explícita, pero Chan-yang solo torció
el gesto como si le hiciera gracia. Soltó una carcajada y le dio unas
palmaditas al hombro de Lee-hyun.l
“¿Acosar?
Oye, Lee-hyun. Dilo tú. ¿Te estoy acosando, hyung?”
“…No
es eso.”
“¿Ves?
Dice que no.”
Ante
la respuesta cínica de Chan-yang, la mirada de Seung-hyeok se movió. Su
escrutinio era tan persistente que Lee-hyun felt que le quemaba la garganta.
Evitó la mirada por instinto y añadió como una excusa:
“Es
solo... un hyung que conozco.”
“¿Solo
un hyung que conoces?”
Fue
la voz de Chan-yang. El tono con el que repitió la frase era sugerente. Soltó
un bufido burlón y, fingiendo afecto, entrecerró los ojos.
“Lee-hyun,
me duele que digas eso.”
“…….”
“Nuestra
relación no es la de un hyung y un dongsaeng cualquiera.”
La
mano que rodeaba su hombro se deslizó lentamente hacia arriba hasta alcanzar la
oreja de Lee-hyun, expuesta entre su cabello. Al sentir la punta de los dedos
rozando el vello fino, un escalofrío desagradable recorrió su espalda. Lee-hyun
apartó la cabeza por reflejo y Chan-yang se rio.
“Somos
un poco más cercanos que eso, ¿verdad?”
Bajo
la mesa, Lee-hyun apretó los puños. Intentaba mantener la compostura, pero
dudaba que los demás no notaran su agitación. En el momento en que evitaba
mirar a Seung-hyeok, escuchó una risita seca y una voz baja.
“Hablar
de cercanía con esa actitud... hay que tener la conciencia podrida.”
“¿Qué?”
Tac.
Antes
de que Chan-yang pudiera decir algo más, la mano que tocaba la oreja de
Lee-hyun fue apartada bruscamente. Seung-hyeok golpeó la muñeca de Chan-yang
con fuerza y tiró del brazo de Lee-hyun para levantarlo.
Tras
situar a Lee-hyun a su lado, Seung-hyeok se dispuso a caminar, pero se detuvo
un momento para mirar atrás con la cabeza ladeada.
“Hyung,
entonces tira eso por Kwon Lee-hyun.”
Con
un gesto de cejas, Seung-hyeok señaló la bandeja de Lee-hyun que seguía en la
mesa.
“Si
son tan cercanos, podrás hacer al menos eso por él.”
Tras
dedicarle una sonrisa desafante a Chan-yang, Seung-hyeok empezó a caminar sin
dudar, sujetando la muñeca de Lee-hyun con firmeza pero sin lastimarlo.
“¿Eh?
¡Oye!”
“¡Ese
infeliz...!”
Los
insultos quedaron atrás. Seung-hyeok mantenía una actitud relajada, avanzando
con un paso constante. Lee-hyun, reprimiendo el deseo de mirar atrás para ver
la cara de Chan-yang, lo siguió intentando recuperar el aliento.
“¿Y
si me pregunta más sobre Chan-yang?”
Para
explicar por qué estaba a merced de Lee Chan-yang, tendría que contar desde la
razón por la que lo chantajeaba hasta el hecho de que era gay. Pero no podía
predecir cómo reaccionaría Seung-hyeok. Si le lanzaba una mirada de asco o le
decía que era un monstruo, como habían hecho sus padres...
Su
mirada subió fugazmente al perfil de Seung-hyeok y volvió a bajar. Lee-hyun se
mordió el labio inferior. Probablemente, esta vez le dolería mucho más que
antes.
“…….”
Su
mente era un hervidero tratando de decidir qué ocultar y qué contar. Intentaba
mantener el rostro inexpresivo para esconder su ansiedad, pero el corazón le
latía con fuerza. Le aterraba que ese pulso se transmitiera a través de la
muñeca que Seung-hyeok sujetaba. Intentó soltarse suavemente, pero no funcionó.
Seung-hyeok, que miraba al frente en silencio, lo miró de reojo y ajustó el
agarre.
No
soltó su mano hasta que el calor del contacto empezó a resultarle extraño a
Lee-hyun. Se detuvieron frente a los bancos cerca de la cafetería.
“Siéntate
un momento ahí.”
Seung-hyeok
lo presionó por los hombros para que se sentara y entró en la cafetería, que
empezaba a llenarse. Poco después, salió con varias bolsas de pan y un cartón
de leche en una mano. Se acercó a Lee-hyun.
“La
mano.”
Como
Lee-hyun solo lo miraba en silencio con las manos sobre las rodillas,
Seung-hyeok frunció el ceño. Se apartó el flequillo y, tras mirarlo un
instante, dejó caer las cosas sobre las manos blancas de Lee-hyun de forma
unilateral, sonriendo satisfecho al ver que las sostenía.
“…¿El
sitio al que querías venir era la cafetería?”
No
era un lugar extraño, pero después de semejante altercado en el comedor, el
destino le pareció demasiado cotidiano. Sus ojos finalmente se encontraron.
Seung-hyeok, apoyado sobre una pierna con pose despreocupada, se encogió de
hombros con una risita.
“Es
que mi sueño era tener un amigo para venir a la cafetería abrazados por los
hombros durante el almuerzo.”
Lee-hyun
sintió una gota de condensación resbalar por el cartón de leche hacia su palma.
Sus manos, antes secas, se humedecieron de repente.
Sintiendo
un cosquilleo en los dedos, presionó el cartón con el pulgar y dijo en voz
baja:
“…Tú
tienes muchos amigos.”
“Esos
son solo tipos con los que ando.”
Seung-hyeok
respondió con desgana mientras movía el cuello con los ojos cerrados. Tocó la
sandalia de Lee-hyun con la punta del pie y consultó la hora en su móvil.
“Cómelo
aquí o llévatelo al salón.”
Lee-hyun
bajó la vista lentamente. En sus manos tenía un pan de chocolate, uno de melón,
uno de pizza y un cartón de leche de 500ml, mientras que las manos de
Seung-hyeok estaban vacías.
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“¿No
hay nada para ti?”
“Yo
ya comí todo antes.”
Esa
frase sonó como si hubiera estado observándolo en el comedor todo el tiempo.
Lee-hyun lo miró de reojo, pero él no mostraba ninguna expresión especial. Se
humedeció los labios con la lengua.
“Me
voy primero.”
Seung-hyeok
chasqueó los dedos frente a los ojos de Lee-hyun y se dio la vuelta para
regresar a clase. Pero tras dar tres pasos, se detuvo como si recordara algo,
sacó algo del bolsillo y habló.
“Ah,
y sé que suena gracioso que yo diga esto, pero...”
Se
giró y le lanzó algo como si fuera un pase: un chupetín de limón. Lee-hyun miró
el caramelo sobre las bolsas de pan y luego a Seung-hyeok.
“Tú
deberías elegir mejor con quién te juntas.”
“…….”
“¿Cómo
es que todos tus 'amigos' son así?”
Seung-hyeok
soltó una risita amarga, mirando no a Lee-hyun, sino al espacio vacío a su
lado. Una sombra de autodesprecio cruzó su rostro risueño. Justo cuando
Lee-hyun iba a decir algo, Seung-hyeok añadió con ligereza:
“Oye,
no le des eso a nadie, cómetelo tú solo.”
Hizo
un chasquido con la lengua y se alejó sin mirar atrás.
Lee-hyun
quiso ir tras él para verle la cara una vez más, pero tuvo miedo de que el tema
de Chan-yang resurgiera. Se mordió la punta de la lengua para no llamarlo y
apretó los dedos. Las bolsas de pan crujieron bajo su presión.
* * *
Fue
un día de esos que pasan sin pena ni gloria, por suerte o por desgracia.
La
condición de estudiante de último año, que suele apretar el cuello como la soga
de un condenado a muerte, solo resultaba útil los días de eventos en la
iglesia. La excusa de tener que ir a la biblioteca a estudiar fue suficiente
para librarse del programa matutino de bienvenida a los nuevos fieles.
Era
un pretexto para no tener que estar en el mismo espacio que su padre rodeado de
gente de la congregación, pero tampoco tenía ganas de encerrarse en una sala de
estudio un domingo por la mañana. Sin embargo, salir de casa no significaba
tener un lugar a donde ir.
Al
final, tras caminar sin rumbo, sus pasos no lo llevaron a la biblioteca, sino
al pequeño parque del cruce.
Como
de costumbre, aquel parque de ubicación y servicios mediocres estaba vacío.
Lee-hyun se dirigía al banco de siempre cuando recordó que fue allí donde
conoció a Seung-hyeok por primera vez, y sin darse cuenta, miró a su alrededor.
Gu Seung-hyeok también parecía vivir por esta zona.
“Ah….”
Por
mucho que vivieran en el mismo barrio, encontrarse por casualidad no era tarea
fácil; se sintió un poco tonto por haber buscado con la mirada. De repente,
recordó que tenía el número de Seung-hyeok guardado en el móvil, pero jamás lo
había contactado sin un motivo específico. Lee-hyun apretó el teléfono, se
apoyó en el respaldo del banco y encogió las piernas abrazando sus rodillas.
Todavía
hacía demasiado frío para pasar tiempo a la intemperie. Sabía que era más
sensato ir a la biblioteca a memorizar aunque fuera una palabra más de inglés
en lugar de perder el tiempo así, pero hoy, especialmente, no quería hacer
nada. Cerró los ojos y apoyó la frente en las rodillas; al acurrucarse, los
sonidos del entorno se filtraron en sus oídos con más nitidez.
Quería
sacar buena nota en el examen de ingreso para ir a la universidad y vivir en un
dormitorio o alquilar algo solo. Si sus padres se oponían, pensaba usar sus
calificaciones como excusa. Quería escapar de ese lugar asfixiante como fuera.
Incluso pensaba que, si cambiaba de número y se mudaba a un lugar donde nadie
lo conociera, Chan-yang dejaría de buscarlo.
'Para
eso, tengo que irme ya a estudiar…'
Justo
cuando reprimía un suspiro y se mordía el labio inferior, escuchó unos pasos
que se acercaban. Notó una presencia justo frente a él un segundo antes de que
una voz familiar cayera sobre su cabeza.
“¿Kwon
Lee-hyun?”
Lee-hyun
levantó la vista como hechizado. Gu Seung-hyeok lo miraba con un cigarrillo en
los labios. Vestía de forma ligera, con pantalones de chándal y una chaqueta,
como si hubiera salido un momento de casa. Seung-hyeok echó un vistazo a la
mochila que estaba al lado de Lee-hyun y, mientras acercaba el encendedor al
cigarrillo, murmuró:
“Teniendo
una casa tan buena, ¿por qué estás aquí haciendo esto?”
Escucharlo
de boca de otro hizo que su situación se sintiera aún más ridícula. Lee-hyun
respondió en un susurro avergonzado.
“Sin
más. Porque no tengo a dónde ir.”
La
respuesta que recibió fue el sonido del humo del tabaco siendo exhalado.
Seung-hyeok, con una mano en el bolsillo del pantalón, giraba la cabeza hacia
un lado y apartaba el humo con un gesto de la mano. Lee-hyun lo observó
fijamente antes de hablar.
“…¿Y
tú?”
“Yo,
bueno. Parecido.”
Seung-hyeok
se dejó caer al lado de Lee-hyun y bostezó mientras se masajeaba la nuca. El
tedio que aparecía y desaparecía de su rostro tenía una madurez impropia de su
edad. Lee-hyun, que lo miraba fijamente, fue el primero en apartar la vista.
“Oye.
¿Entonces no tienes nada que hacer hoy?”
Seung-hyeok
rompió el cómodo silencio. Mientras tecleaba en su móvil, como si buscara algo,
lanzó el cigarrillo al aire y giró la cabeza.
“¿Quieres
ir a ver el mar?”
“¿Ahora?”
“Sí.”
“¿Así
de repente?”
Los
ojos de Lee-hyun se agrandaron ante la inesperada propuesta. Le resultaba
desconcertante e incluso absurdo que dijera de ir al mar como quien invita a ir
a un cibercafé. Al ver la expresión de sorpresa de Lee-hyun, Seung-hyeok sonrió
de lado e hizo un gesto con la barbilla.
“El
mar no está en otro país como para tener que ir en avión. Se va un momento y ya
está, ¿qué más da?”
“No,
pero aun así….”
“Si
salimos ahora, llegamos justo a tiempo para el autobús. Levántate. Vamos.”
Con
la muñeca capturada, Lee-hyun recogió su mochila a toda prisa. Seung-hyeok
salió a la calle principal, detuvo un taxi de inmediato y empujó a Lee-hyun al
asiento trasero. Luego ocupó el lugar a su lado, riendo por lo bajo como si le
hiciera gracia ver que Lee-hyun no podía ocultar su desconcierto.
El
taxi se movió rápido y los dejó frente a la terminal de autobuses. Lee-hyun
observó atónito la espalda de Seung-hyeok mientras este compraba dos billetes
para Sokcho. Era su primer viaje impulsivo. No, para empezar, ¿acaso se le
podía llamar viaje a esto?
“Oye,
ya llegó el autobús.”
Solo
cuando el autobús de larga distancia entró en la dársena, Lee-hyun se dio
cuenta de que realmente se marchaban. Entonces, su corazón empezó a latir con
fuerza. La playa era un lugar al que solo había ido un par de veces en
vacaciones de verano cuando era pequeño.
Al
subir, Lee-hyun buscó su asiento primero. Estaba mirando por la ventana con las
manos sobre su mochila cuando, de repente, sintió sus rodillas ligeras. Al
girar la cabeza, vio su mochila colgando de la mano de Seung-hyeok. Este arqueó
una ceja al notar que pesaba más de lo que parecía y la subió al estante
superior.
“Por
cargar con cosas así es por lo que no creces.”
Lee-hyun
entornó los ojos y miró mal a Seung-hyeok, pero al verlo inclinar la cabeza
porque chocaba con el techo, se quedó sin palabras. Giró la cara e hizo un
pequeño puchero; Seung-hyeok soltó un bufido y le dio un toquecito en los
labios con el dedo.
El
autobús avanzó sin contratiempos por la autopista. Tras pasar varios túneles y
montañas, el anuncio por megafonía avisó de que la siguiente parada era la
terminal.
Lee-hyun
estiró su cuerpo entumecido y bajó del autobús siguiendo a la gente. Al pisar
tierra firme, le pareció que ya podía oler el aroma del mar. Siguió dócilmente
a Seung-hyeok, quien llamó a un taxi sin vacilar.
Shuaaa, shua.
En
cuanto llegaron a la playa, el refrescante sonido de las olas los recibió. Como
todavía era temprano para ir al mar, no había mucha gente en la vasta arena.
Al
ver la inmensidad del océano, sintió que la opresión que llevaba en el pecho
desaparecía. Lee-hyun sonrió y, sin darse cuenta, soltó un “guau”.
“Acerquémonos
más.”
Ante
las palabras de Lee-hyun, Seung-hyeok, que estaba parado con las manos en los
bolsillos, dio el primer paso. Al intentar seguirlo sobre la arena que parecía
firme, los pies de Lee-hyun se hundieron de golpe. Tras tambalearse y recuperar
el equilibrio, soltó una pequeña carcajada. Seung-hyeok se dio la vuelta, lo
miró y dejó escapar una sonrisa burlona.
“¿Eres
un crío?”
Las
olas llegaban una tras otra, infinitas. La playa brillaba con el reflejo del
agua. Lee-hyun dejó sus huellas en la orilla donde rompía la espuma y
retrocedió rápido mientras respondía:
“Inténtalo
tú también.”
Al
verlo responder con una sonrisa tan limpia, la mente de Seung-hyeok se quedó en
blanco por un instante. Estaba acostumbrado al Lee-hyun que apenas sonreía sin
hacer ruido, por lo que esa imagen le resultó extrañamente nueva.
Tras
tragar saliva inconscientemente, Seung-hyeok miró la ola que ya casi alcanzaba
la suela de sus zapatillas, se inclinó y metió la mano en el agua. Acto
seguido, le salpicó a Lee-hyun.
“¡Oye…!”
Sorprendido
por el agua repentina, Lee-hyun se encogió y se giró bruscamente. Al procesar
la situación, miró a Seung-hyeok con ojos entrecerrados. Seung-hyeok estalló en
carcajadas y volvió a salpicarle; Lee-hyun no se quedó atrás y contraatacó.
A
pesar de las miradas de los transeúntes por aquel juego de agua fuera de
temporada, Lee-hyun y Seung-hyeok no prestaron atención, ocupados en salpicarse
mutuamente. Cada vez que las gotas de agua brillaban bajo el sol, sus risas se
mezclaban en el aire.
Al
hundir las palmas en el agua fría, al sacudir la cabeza para apartar el cabello
mojado, al quitarse los zapatos empapados y correr a toda velocidad... sus
miradas se cruzaban constantemente.
Y
en el momento en que grabó en su memoria el rostro radiante de Seung-hyeok
dirigido hacia él, Lee-hyun supo instintivamente que jamás olvidaría ese
instante. Sintió un cosquilleo en el pecho, como si mariposas revolotearan
dentro. Cerró los ojos con fuerza y salpicó agua con más ímpetu.
Tras
correr, escapar y salpicar repetidamente, Lee-hyun fue el primero en rendirse.
“Fu…,
fuee, oye, Gu Seung-hyeok, para. Para ya.”
Al
ver a Lee-hyun jadeando y empapado, la sonrisa de Seung-hyeok se ensanchó. Le
tendió la mano y dijo:
“Tregua.”
Arqueó
las cejas y se encogió de hombros con tanta desfachatez que Lee-hyun entornó
los ojos con desconfianza.
Como
era de esperar, en el momento en que Lee-hyun extendió la mano con cautela,
Seung-hyeok se agachó y le salpicó una vez más. Esta vez, el agua le dio de
lleno en la cara. Lee-hyun se mordió el labio, se limpió el agua y se lanzó
contra él.
Tras
un rato de forcejeo, finalmente firmaron la tregua de verdad y se sentaron en
un banco, ambos completamente empapados.
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Sintió
un poco de vergüenza por haber jugado así a su edad y con este clima, pero ya
era tarde para lamentarse. Lee-hyun se sacudió el pelo mojado con la mano y
murmuró frunciendo el ceño:
“Estamos
empapados.”
“Cuando
uno viene al mar, se moja. Es lo normal.”
Lee-hyun
soltó una risita incrédula ante semejante argumento absurdo. Seung-hyeok
también rió por lo bajo, consciente de lo ridículo de su respuesta.
Cuando
sus respiraciones se calmaron, el viento, que aún conservaba el frío del
invierno, recorrió sus cuerpos. La ropa mojada y pegada hacía que sintiera
escalofríos con el más mínimo movimiento.
“…Tengo
frío.”
Lee-hyun
murmuró sin darse cuenta mientras se encogía de hombros. Al oír el susurro,
Seung-hyeok hizo un ruido con su ropa y se quitó la chaqueta para entregársela.
“Déjalo,
estoy bien.”
“Mi
ropa no está mojada por dentro. Póntela y cállate.”
Cuando
Lee-hyun volvió a negar con la cabeza, Seung-hyeok chasqueó la lengua, se
levantó y se puso frente a él. Estiró los brazos con naturalidad, le colocó la
chaqueta sobre los hombros y ató las mangas por delante.
Seung-hyeok
le dio un toquecito en el puente de la nariz con el dedo a un Lee-hyun que lo
miraba estupefacto. Luego, se colgó la pesada mochila de Lee-hyun al hombro y
empezó a caminar.
“Vamos
a comer algo.”
Tras
almorzar algo rápido en un viejo restaurante frente a la playa, no tenían mucho
que hacer hasta la hora del autobús. Lee-hyun caminaba a unos tres pasos por
detrás de Seung-hyeok cuando este se detuvo en seco, casi haciendo que Lee-hyun
chocara contra su espalda.
Se
habían detenido frente a la puerta de unos grandes recreativos en el centro de
la ciudad. Varias máquinas de juegos emitían luces brillantes y ruidos
estruendosos. Seung-hyeok señaló el local con la barbilla.
“¿Entramos
un rato?”
Lee-hyun
dudó al ver a tanta gente, desde niños que no parecían ni de secundaria hasta
adultos, deambulando entre las máquinas.
“Nunca
he estado en uno.”
Seung-hyeok
arqueó una ceja ante sus palabras.
“¿Qué
has estado haciendo toda tu vida para no haber venido nunca a un sitio así?”
“…No
me gustan los sitios ruidosos y con mucha gente.”
Seung-hyeok
pareció ignorar su excusa y lo tomó de la muñeca para guiarlo al interior. A
diferencia de Seung-hyeok, que se dirigió con familiaridad a la máquina de
cambio de monedas, Lee-hyun miraba a su alrededor con curiosidad. Seung-hyeok
soltó una risita al ver a Lee-hyun morderse el labio y mover los ojos de un
lado a otro.
“La
mano.”
Lee-hyun
extendió la mano dócilmente a pesar de su expresión de alerta, y Seung-hyeok
sonrió. Varias monedas de 500 wones cayeron sobre su palma blanca. Lee-hyun
arqueó una ceja mirando las monedas, como preguntando qué eran. Seung-hyeok
tiró de su brazo y lo llevó ante una máquina con pistolas.
“Yo
me encargo de la izquierda, tú de la derecha.”
Al
insertar las monedas y empezar el juego, apareció una retícula de apuntado en
el centro. Se reprodujo un vídeo corto de la historia y empezaron a aparecer
zombis con aspecto repugnante.
“Oye,
esto solo hay que disparar…. ¡Ah!”
Lee-hyun
se asustó ante los zombis que aparecían sin explicación ni tutorial previo y
miró a su lado, pero Seung-hyeok solo sonreía mientras acribillaba la pantalla.
Al apretar el gatillo con prisas, el retroceso que sintió en su mano fue más
fuerte de lo esperado. Lee-hyun se mordió el labio inferior mientras alternaba
la mirada entre Seung-hyeok y la pantalla, fijando finalmente la vista en los
monstruos que se abalanzaban sobre ellos.
Intentaba
disparar a todo lo que veía, pero no era capaz de eliminar rápido a los
monstruos que saltaban desde arriba o aparecían de repente por abajo. Cada vez
que Lee-hyun se sobresaltaba, la comisura de Seung-hyeok subía un poco más.
Como
era de esperar, la pantalla se volvió gris y apareció el mensaje para insertar
más monedas. Seung-hyeok le hizo un gesto para que continuara, pero Lee-hyun
negó con la cabeza y soltó la pistola.
A
diferencia de él, que apenas podía sostenerse por el temblor del retroceso,
Seung-hyeok se veía estable. Lee-hyun dio un paso atrás mientras lo observaba
eliminar zombis con destreza, como alguien que lo había hecho muchas veces.
“Eres
bueno.”
“¿No
es divertido?”
“No
es eso. Es que es un poco difícil.”
“Entonces
prueba otra cosa.”
Lee-hyun
eligió una máquina que estaba detrás. En una esquina de la gran pantalla, un
dinosaurio lanzaba burbujas. Recordaba haber jugado a algo así en el ordenador
de pequeño; creía que esto sí podría hacerlo.
Tras
echar las monedas y acomodarse, un dinosaurio verde bajó flotando desde la
parte superior. Lee-hyun movió el joystick y lanzó burbujas a los monstruos que
se movían rápido.
Lo
estaba haciendo bastante bien, pero la dificultad aumentó cuando apareció un
jefe que llenaba toda la pantalla. Aplicó fuerza en sus dedos para lanzar burbujas
mientras esquivaba rayos y chorros de agua. Estaba concentradísimo moviendo el
joystick cuando escuchó un golpe sordo. El dinosaurio de Lee-hyun se equivocó,
cayó al suelo y el último corazón que le quedaba desapareció.
“…….”
Lee-hyun
frunció el ceño y miró fijamente a su personaje que volvía a caer del cielo.
Era su última oportunidad. Justo cuando respiró hondo y volvió a agarrar el
joystick...
“¿Eres
un crío? Ni siquiera puedes pasarte esto.”
Antes
de que su cerebro pudiera identificar al dueño de la voz que le llegaba al
oído, sintió calor sobre sus dedos. Una mano que venía desde detrás de su
hombro se superpuso a la suya. Mientras Lee-hyun contenía el aliento por la
sorpresa, la mano capturada empezó a moverse. Observó atónito cómo el adorable dinosaurio
verde se movía ajeno a su voluntad.
“Te
matan porque solo intentas esquivar. Tienes que atacar aquí.”
Sintió
el cuerpo sólido bloqueando su espalda y la voz, que parecía un reproche, rozó
su oreja. Fue como si el corazón se le cayera al suelo. Movió la lengua con
rigidez para humedecer su boca seca.
Si
su pulso se aceleraba era seguramente por la sorpresa del contacto repentino.
Lee-hyun intentó ocultar su agitación, aunque sus pestañas temblaron levemente.
Seung-hyeok
soltó su mano y se incorporó justo cuando el jefe, al que le quedaba poca vida,
lanzó un ataque sorpresa. Sobre el dinosaurio que cayó con cruces en los ojos,
apareció en letras grandes: 'GAME OVER'.
Seung-hyeok
frunció el ceño mirando la pantalla y arqueó una ceja. Luego, se humedeció los
labios con la lengua y se enderezó.
“Este
juego es una mierda.”
“…….”
“Oye,
vamos a jugar a otra cosa.”
Seung-hyeok
le dio un toquecito con el pie a la máquina y se separó de Lee-hyun. Solo
cuando el aroma que rodeaba su nariz se alejó, Lee-hyun pudo volver a respirar.
Miró su mano, que aún seguía sobre los botones, y tragó saliva. Apretó el puño
con fuerza, como intentando sacudirse el calor que todavía parecía permanecer
allí.
Seung-hyeok
llevó a Lee-hyun por todos los rincones de los recreativos. Sin embargo, tras
darse cuenta de que Lee-hyun no tenía aptitud para los juegos de lucha,
terminaron deteniéndose frente a una máquina de buscar diferencias. Seung-hyeok
soltó una risita al ver a Lee-hyun mirando la pantalla con una concentración
absoluta, aunque fingiera indiferencia.
“Gracias
a ti, estoy haciendo cosas rarísimas.”
La
sonrisa de Seung-hyeok, que nunca era carcajada sino siempre ese bufido burlón,
ya empezaba a resultarle familiar. Al mirar el móvil, vio que había pasado
mucho más tiempo del que pensaba. Justo cuando iba a sugerir que se marcharan,
vio a un grupo ruidoso que se alejaba de la máquina de boxeo cerca de la
entrada.
Lee-hyun
miró de reojo a Seung-hyeok y comentó como quien no quiere la cosa:
“¿Tú
no juegas a eso?”
Había
visto en series y películas a protagonistas estresados descargar toda su rabia
contra esa máquina. Decían que servía para liberar la opresión del pecho. Pensó
que, tratándose de fuerza, a Seung-hyeok le interesaría, pero este solo miró la
máquina sin emoción alguna. Se encogió de hombros y le devolvió la pregunta a
Lee-hyun:
“¿Quieres
probar?”
“No
es eso.”
Sin
embargo, a pesar de su respuesta, Seung-hyeok se acercó y empezó a echar
monedas. Parecía que movía la muñeca sin ganas una o dos veces, pero en un
abrir y cerrar de ojos, se escuchó un ruido estruendoso. Los números subieron
rápidamente tras el saco de boxeo que quedó medio doblado.
Lee-hyun
lo miró con los ojos muy abiertos. No era mentira eso de que sabía usar los puños;
el número que apareció en el panel era considerablemente alto. Seung-hyeok miró
el saco que volvía a su posición y se masajeó la muñeca una vez más.
En
ese instante, Lee-hyun apretó los labios al ver la mirada de Seung-hyeok.
Sintió que la forma en que observaba el saco no era simplemente la de alguien
mirando una máquina de juegos.
Esa
mirada afilada parecía dirigirse a algo más allá de ese cojín de cuero
sintético y esponja. Mientras Lee-hyun lo observaba, el saco volvió a salir
despedido con otro estruendo.
Apareció
un número aún más alto. Seung-hyeok ladeó el cuello y señaló a Lee-hyun con la
barbilla.
“Pruébalo
tú también.”
“…Nunca
he hecho algo así.”
No
solo nunca había usado una máquina de estas, sino que jamás le había pegado a
nadie con sentimiento. Ante la duda de Lee-hyun, Seung-hyeok se acercó y sujetó
su muñeca con firmeza.
“Agárralo
así. Y pégale con todas tus fuerzas.”
“…….”
“Pensando
en alguien a quien odies tanto que quieras matarlo, o en las cosas que
detestas.”
Ante
esas palabras, Lee-hyun se humedeció los labios. Lo primero que le vino a la
mente fue el rostro de Chan-yang y el de su padre. Deseando escapar de ellos,
golpeó la máquina con toda la fuerza que pudo reunir, tal como le dijo
Seung-hyeok.
Se
escuchó un golpe seco y, justo cuando empezó a sentir el dolor en su puño
cerrado un segundo después, su corazón empezó a latir con una rapidez
demencial. Lee-hyun apretó su puño dolorido y buscó por reflejo la expresión de
Seung-hyeok.
Sus
ojos se encontraron con los de él, que sonreía de forma ladeada. Detrás de
ellos, la máquina emitía ruidos mientras subía la puntuación, pero apenas podía
escucharlos. Lee-hyun miró sus pupilas negras y recordó la pregunta que no se
había atrevido a hacer hace un momento.
'¿En
quién estás pensando tú ahora?'
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Mientras
sostenían esa mirada carente de alegría, lo que Lee-hyun sintió fue afinidad.
Fue el reconocimiento instintivo de que esa persona era del mismo tipo que él.
Mientras el estruendo de la máquina de boxeo se detenía, Seung-hyeok y Lee-hyun
permanecieron allí, mirándose a los ojos. Seung-hyeok fue el primero en hablar.
“¿Qué
tal? ¿Te sientes más aliviado?”
“…No.”
“Qué
pena.”
“¿Y
tú?”
Ante
la pregunta de Lee-hyun, la comisura de Seung-hyeok trazó una línea sutil.
Apartó la vista de Lee-hyun, miró la máquina y respondió:
“Yo
tampoco.”
“…….”
“El
único que sale herido soy yo, no eso.”
Apretó
los dientes, haciendo que los músculos de su mandíbula se tensaran y relajaran.
Como intentando cambiar de aires, hizo un chasquido con la lengua, recuperó su
habitual rostro inexpresivo y le hizo un gesto a Lee-hyun.
“Vamos.”
Con
las manos en los bolsillos, empezó a caminar primero. Lee-hyun se quedó
observando su espalda un momento y luego se apresuró a seguirlo.
* * *
El
viaje de regreso fue un vaivén de cabezadas hasta que, casi sin darse cuenta,
Seúl los recibió con los últimos rayos de un sol que se hundía tras los
edificios. Al bajar del autobús en la terminal, Seung-hyeok se estiró con
ganas, soltando la tensión del viaje.
“Hoy
fue divertido, gracias a ti.”
Desde
los juegos en el agua hasta los recreativos; eran experiencias que Lee-hyun no
habría vivido solo. Fue un escape de apenas medio día, pero sentía que se
quedaría grabado en su memoria por mucho tiempo. Ante la idea de despedirse,
Lee-hyun se demoró un poco, remoloneando, hasta que Seung-hyeok le empujó
suavemente por la espalda.
“Cena
antes de irte a casa.”
Lo
guio hasta un local de comida rápida frente a la terminal. Lee-hyun, que
compartía el sentimiento de no querer enfrentar la mesa familiar todavía, entró
dócilmente.
Frente
al quiosco, Seung-hyeok marcó un menú de hamburguesa y otra individual, y luego
señaló a Lee-hyun con la barbilla para que eligiera. Lee-hyun seleccionó su
menú y se apresuró a decir:
“Esto
lo pago yo.”
Le
pesaba que Seung-hyeok se hubiera hecho cargo de todo, desde los billetes de
autobús hasta el almuerzo. Pero mientras buscaba su cartera en la mochila, la
tarjeta de Seung-hyeok ya estaba dentro de la ranura. Seung-hyeok, parado con
aire despreocupado y una mano en la nuca, soltó un bufido burlón.
“Cómprate
unos caramelos luego con eso.”
Lee-hyun
soltó una risita incrédula al ver a Seung-hyeok dirigirse a una mesa vacía
junto a la ventana con el ticket en la mano. Se sentó frente a él, fingiendo
molestia.
“Oye,
tengo diecinueve años.”
Había
dejado pasar lo de que le hablara de tú desde el principio, pero ahora estaba
claro que no solo no lo trataba como a un 'hyung', sino que lo veía como a un
niño pequeño. Ante su mirada intensa, Seung-hyeok soltó una carcajada.
“¿Y
qué?”
“…….”
“¿Es
que ahora quieres que te trate de hyung?”
Verlo
aguantarse la risa hizo que Lee-hyun perdiera todas las ganas de discutir.
Sacudió la cabeza y apartó la vista.
“Olvídalo.”
“¿Por
qué? Sigue hablando.”
Pensándolo
bien, sería rarísimo ver a Gu Seung-hyeok llamándole 'hyung' con cariño.
Lee-hyun apretó los labios y empezó a doblar el ticket sobre la mesa.
“¿Con
esa edad no tenías ningún amigo para ir a los recreativos?”
Tanto
en su escuela anterior como en la actual, Lee-hyun se llevaba bien con todos,
pero nunca había tenido un amigo lo suficientemente cercano como para quedar un
fin de semana. Sus palabras le hicieron reflexionar en silencio.
“…Parecía
que tú habías ido muchas veces.”
“En
la secundaria vivía prácticamente en los recreativos. No quería volver a casa.”
“…….”
“La
próxima vez, cuando termine con unos asuntos que tengo pendientes, vayamos a
unos cerca de la escuela. Van muchos niños, así que habrá juegos más fáciles
para ti.”
'¿Qué
asuntos pendientes?'
La
expresión de Seung-hyeok se endureció por un instante al decir eso. Pero antes
de que Lee-hyun pudiera preguntar, el timbre del mostrador anunció que el
pedido estaba listo. Él se levantó tras comprobar el número.
“Quédate
ahí.”
Presionó
ligeramente el hombro de Lee-hyun cuando este intentó levantarse y caminó hacia
el mostrador.
De
lejos, Lee-hyun notó lo alto que era realmente. Con su cabeza pequeña,
extremidades largas y complexión sólida, no parecía un estudiante en pleno
crecimiento; incluso su rostro era tan atractivo que atraía las miradas de unas
chicas en la mesa de al lado.
Mientras
esperaba con los brazos cruzados, su rostro inexpresivo irradiaba un aura fría.
Sin embargo, Lee-hyun había sido testigo de cómo esa dureza se suavizaba y sus
ojos se curvaban con dulzura. Conocía la amabilidad oculta tras su actitud
indiferente.
Saber
que conocía una faceta de él que los demás ignoraban le dio una extraña
sensación de satisfacción, como si fuera un privilegio exclusivo. Ese
pensamiento le hizo sentir un vuelco en el estómago y le humedecieron las manos,
así que bajó la vista cuando Seung-hyeok regresó con la bandeja.
Comieron
en silencio. Lee-hyun estaba acostumbrado a no hablar durante las comidas en
casa, así que no se sentía incómodo. Cuando iba por la mitad de su hamburguesa
y Seung-hyeok se disponía a empezar la segunda, alguien golpeó el cristal de la
ventana: toc, toc.
Al
girar la cabeza, Lee-hyun se encontró con la mirada de un hombre de aspecto
feroz, con una cicatriz larga junto al ojo. Parecía estar en sus treinta y
vestía una cazadora negra, acompañado por otros dos hombres con un estilo
similar.
El
hombre miró a Seung-hyeok y luego a Lee-hyun, esbozando una gran sonrisa que no
llegaba a sus ojos afilados. Era la primera vez que Lee-hyun veía a alguien
cuya expresión se volvía más aterradora al sonreír, y se puso en guardia de
inmediato.
Seung-hyeok,
a su lado, había perdido toda la relajación de hace un momento. Su rostro se
había vuelto tan gélido que parecía capaz de congelar el entorno. El hombre de
afuera, manteniendo su sonrisa ante la mirada feroz de Seung-hyeok, entró en el
local.
Tac, tac, tac.
El
sonido de los tacones contra el suelo se acercaba. Seung-hyeok apretó los
puños. Los hombres se detuvieron frente a su mesa y el líder habló con esa
sonrisa helada:
“Vaya,
nuestro segundo joven señor estaba aquí comiéndose una hamburguesa tan
tranquilo.”
“…….”
“Y
pensar que otros hemos estado dando vueltas todo el día por su culpa.”
La
mandíbula de Seung-hyeok se tensó. El hombre tronó su cuello como si se
preparara para algo.
“Se
acabó el escape.”
“…….”
“Sal
fuera.”
Su
voz, antes burlona, ahora sonaba letal. La atmósfera era tan pesada que
Lee-hyun apenas se atrevía a mover los ojos. El hombre lanzó una última mirada
a Lee-hyun y salió con sus acompañantes para encender un cigarrillo junto a la
puerta.
“…¿Los
conoces?” susurró Lee-hyun.
Seung-hyeok
no respondió; seguía fulminando con la mirada el borde de la mesa. Estaba más
frío que nunca. Tras cerrar los ojos un momento como si contuviera algo, miró
su reloj, dejó su hamburguesa sin abrir frente a Lee-hyun y se limpió las manos
con una servilleta.
“Cómetela
tú.”
“…….”
“No
voy a poder acompañarte a casa.”
Lee-hyun
quiso preguntar qué pasaba, pero sabía que no obtendría respuesta. Solo pudo
sostenerle la mirada con la mayor entereza posible.
Al
levantarse, Seung-hyeok suavizó un poco su expresión. Rozó el flequillo de
Lee-hyun con la punta de los dedos.
“Nos
vemos en la escuela.”
Lee-hyun
siguió con la mirada la espalda de Seung-hyeok mientras caminaba hacia la
salida. Un sentimiento de ansiedad lo invadió. La cicatriz del hombre y su
mirada sugerían que no eran personas comunes. No podía quitarse de la cabeza la
imagen de Seung-hyeok siguiéndolos obedientemente.
Hacía
apenas unos minutos reían de tonterías, y ahora eso parecía un pasado remoto.
Sintió una opresión en el pecho. Tras quedarse un rato mirando el asiento
vacío, Lee-hyun envolvió su hamburguesa a medio comer; había perdido el
apetito.
Al
recoger sus cosas para marcharse, algo cayó sobre la mesa con un golpe seco.
Era la cartera de cuero marrón que Seung-hyeok había llevado todo el día.
Lee-hyun
apretó los labios y tomó la cartera. Mañana era lunes; podría devolvérsela en
la escuela. Sintió un ligero alivio, aunque no sabía si era por poder devolver
el objeto o simplemente por tener la excusa asegurada para volver a ver su
rostro. Intentó no darle vueltas al motivo mientras apretaba la cartera con
fuerza.
* * *
El
almuerzo apenas comenzaba, pero Lee-hyun, evitando el comedor, se dirigió a la
cafetería para comprar una hamburguesa instantánea antes de ir hacia el
edificio principal. En su otra mano, apretaba la cartera que Seung-hyeok había
olvidado el día anterior.
Al
llegar al piso de los de segundo año, el bullicio era ensordecedor. Aunque el
tiempo de almuerzo había empezado, parecía que a su curso aún no le tocaba el
turno de bajar. Lee-hyun avanzó con paso decidido, aliviado por el momento
oportuno, hasta que se dio cuenta de un detalle: no sabía en qué clase estaba
Seung-hyeok. Era la primera vez que él lo buscaba. Justo cuando consideraba la
idea de recorrer salón por salón, vio a un chico pasar.
“Perdona,
quería preguntarte algo.”
Lee-hyun
detuvo a un muchacho que bromeaba con sus amigos. El chico miró la placa de
identificación de Lee-hyun, extrañado de ver a un estudiante de tercer año en
ese piso.
“¿Sabes
en qué clase está Gu Seung-hyeok?”
“…¿Gu
Seung-hyeok?”
La
curiosidad del chico se transformó en una mueca de alerta al oír el nombre. Dio
un paso atrás, escaneó a Lee-hyun de arriba abajo y respondió con voz
entrecortada:
“Creo
que en la clase 6.”
“Ah.
Gracias.”
La
clase 6 estaba un piso más arriba. El pasillo allí estaba silencioso, indicando
que a las clases del fondo ya les habían servido la comida. Lee-hyun apresuró
el paso y, al llegar, abrió la puerta trasera del aula con lentitud.
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Al
divisar una espalda ancha desplomada sobre el último pupitre de la primera
fila, sintió una oleada de alivio. Le pareció una reacción exagerada por el
simple hecho de no haber fallado en el encuentro, lo que le provocó una punzada
de incomodidad. Se mordió el labio.
Tras
quedarse parado un momento, Lee-hyun caminó hacia él. La extraña sensación de
estar en un salón ajeno aceleraba su pulso, pero fingió indiferencia y se
acercó al pupitre. La luz que entraba por la ventana bañaba la camisa blanca de
Seung-hyeok. Al ver cómo su espalda subía y bajaba con cada respiración y
observar su nuca despejada, pensó que sería mejor no despertarlo. Ignorando una
repentina punzada de arrepentimiento, estiró la mano.
Tac.
En
un instante, alguien le sujetó el brazo. Lee-hyun dio un respingo; justo iba a
dejar la cartera y la bolsa de la hamburguesa sobre el pupitre.
“¿Qué
pasa?”
La
voz, baja y ronca por el sueño, le heló la sangre. La presión en su muñeca
aumentó hasta causarle dolor. Lee-hyun frunció el ceño con un quejido.
“Oye,
duele.”
“…¿Kwon
Lee-hyun?”
Al
reconocer la voz, Seung-hyeok soltó el agarre de inmediato. Se incorporó con
pesadez. Mientras giraba el cuello con la cabeza baja, descubrió la cartera y
la hamburguesa sobre su mesa y soltó una risita seca. Entonces, levantó la
mirada hacia Lee-hyun.
“…¿Qué
le pasó a tu cara?”
La
expresión de Lee-hyun se congeló al ver el rostro de Seung-hyeok. Estaba lleno
de marcas, como si le hubieran dado una paliza. Tenía un párpado hinchado y
amoratado, y las mejillas surcadas por heridas. La comisura de sus labios,
rota, aún mostraba restos de sangre fresca.
Aunque
ya lo había visto en situaciones similares, este desastre no tenía comparación.
Seung-hyeok, con una mirada inusualmente incómoda, evitó el contacto visual y
frunció el ceño.
Lee-hyun
recordó de inmediato a los hombres de ayer. De pronto, cruzó por su mente la
idea de que las heridas anteriores de Seung-hyeok quizás no fueran por simples
peleas callejeras.
Sin
embargo, en lugar de preguntar, Lee-hyun se mordió el labio y lo tomó del brazo
para levantarlo. El rostro de Seung-hyeok se contrajo de dolor al ponerse de
pie.
“Ah,
¿por qué?”
“Levántate.
Vamos a la enfermería.”
“Déjalo.
No hace falta.”
“He
dicho que te levantes.”
Seung-hyeok
iba a protestar, pero al ver la cara de Lee-hyun, arqueó una ceja. El rostro
contraído de Lee-hyun, como si él mismo sintiera el dolor, le resultó
extrañamente grato. En lugar de apartarlo, se dejó llevar dócilmente.
Lee-hyun
guiaba a Seung-hyeok, que era una cabeza más alto que él, como si lo estuviera
sosteniendo. Aunque a Lee-hyun le costaba esfuerzo y cada movimiento parecía
dolerle a Seung-hyeok, este no pudo evitar soltar un bufido divertido al ver el
empeño del mayor.
La
enfermería estaba en el edificio anexo, así que el camino era largo. Para
alivio de Lee-hyun, Seung-hyeok lo seguía sin rechistar. Aunque la diferencia
de estatura hacía que el apoyo fuera casi simbólico, Lee-hyun no soltó su mano
de la cintura de Seung-hyeok. Sentía su cuerpo duro como el tronco de un árbol
antiguo.
Cada
vez que escuchaba un gemido ahogado a su lado, Lee-hyun aceleraba el paso. Pero
al salir del edificio principal, el pasillo del anexo estaba atestado de
estudiantes que regresaban del almuerzo. Además, más adelante, un tumulto de
alumnos bloqueaba el paso a las escaleras; parecía que había una pelea.
Las
peleas entre chicos llenos de energía eran comunes en una escuela preparatoria
masculina, y normalmente Lee-hyun pasaría de largo, pero hoy estaba irritado.
Frunciendo el ceño, se acercó al grupo mientras sostenía a Seung-hyeok.
“¡Ah,
maldita sea! ¿A dónde crees que me estás tocando, pedazo de loco?”
“¡Que
yo no te he tocado! ¡Ha sido un roce sin querer!”
“¿Crees
que no me doy cuenta de cómo me miras cada vez que me cambio de ropa? ¿Sabes
cuántos te han visto andar con tipos mayores después de clase? Maldito maricón,
das asco.”
Una
palabra se clavó en los oídos de Lee-hyun. Aunque no iba dirigida a él, sintió
que el corazón se le caía a los pies. Se detuvo en seco. Seung-hyeok, que no
tenía interés en la pelea, dirigió su mirada hacia allí y arrugó el rostro.
“…Hay
maricones en todas partes.”
“…….”
“Deberían
morirse todos en lugar de andar molestando a los demás.”
Lee-hyun
se quedó petrificado, dudando de lo que acababa de oír. Pero Seung-hyeok
simplemente giró la cabeza con disgusto, como si ni siquiera quisiera verlos.
El odio repentino lo dejó sin respiración. Sintió que el calor le subía por
todo el cuerpo.
Su
corazón latía desbocado y su rostro ardía. Intentó tragar saliva para calmarse,
pero fue inútil. Apretó el puño de la mano que no sostenía a Seung-hyeok y
apenas pudo articular palabra.
“…Vámonos
rápido.”
En
medio del círculo, se escuchaban los sonidos de los golpes. Todos los alumnos
vitoreaban a uno de ellos. Lee-hyun apretó los dientes, sintiendo que el chico
que estaba en el suelo recibiendo los golpes era él mismo.
Al
llegar a la enfermería, su pecho seguía sin calmarse. Quería dejar a
Seung-hyeok con la enfermera y salir corriendo al baño, pero el lugar estaba
vacío. Lee-hyun sentó a Seung-hyeok en una camilla y se acercó rápido al
escritorio de la enfermera.
“No
es la primera vez que me ves herido, pero si te pones así, hoy debe de ser
serio de verdad.”
La
voz relajada y burlona de Seung-hyeok llegó desde atrás, pero las yemas de los
dedos de Lee-hyun, que rebuscaban en los cajones, estaban heladas. Apretó el
puño una vez más antes de darse la vuelta con una pomada y vendas.
Se
acercó a él sin ser capaz de mirarlo a los ojos, observando solo sus propios
dedos. Justo cuando iba a aplicar la pomada, se detuvo. ¿Es correcto que yo
haga esto? ¿Está bien que lo toque?
De
repente, la imagen de Seung-hyeok llamándolo “maricón” con mirada letal cruzó
su mente, seguida de una expresión de absoluto desprecio. Apretando los
dientes, le tendió la pomada. Seung-hyeok, sentado de lado en la camilla, lo
miró y arqueó una comisura.
“Ya
que me has traído hasta aquí, ¿por qué no terminas tu servicio social?”
Con
tono bromista, señaló su rostro con un gesto. Lee-hyun tragó saliva y dio un
paso más hacia él. Sus dedos, vacilantes, se movieron con lentitud.
Seung-hyeok
ni siquiera se inmutó mientras Lee-hyun extendía la pomada sobre sus heridas.
Se limitaba a observarlo fijamente con una expresión extrañamente divertida.
Ante el rostro rígido de Lee-hyun, que no levantaba la vista, Seung-hyeok soltó
una risita.
“Oye.
Relaja esa cara.”
“…….”
“¿Tan
mal me veo?”
Lee-hyun
no respondió a la broma que buscaba aligerar la tensión. Sus labios rojos
permanecieron sellados hasta que Seung-hyeok mostró una pizca de duda.
“Aquellos
de antes... ¿los conoces?”
“¿Aquellos?”
Seung-hyeok
arqueó una ceja, recordó la escena de abajo y respondió con desgana:
“Dicen
que ese anda con viejos por dinero. Supongo que no pudo aguantarse y lo
pillaron manoseando a un compañero de clase.”
Su
tono era de una indiferencia gélida. Fruncía el ceño como si incluso hablar del
tema le resultara repulsivo. Aunque Lee-hyun sabía que no hablaban de él, una
profunda humillación lo invadió. Susurró:
“…No
es algo seguro.”
“¿Acaso
hace falta ver a esos enfermos haciendo sus guarradas para saberlo?”
Las
palabras de Seung-hyeok le golpearon el pecho. Se quedó sin aliento a pesar de
no haber hecho nada malo. Retiró los dedos del rostro de Seung-hyeok de
inmediato y dio un paso atrás.
“¿Acaso
te han hecho algo a ti? ¿Por qué hablas así?”
“¿Cómo
que si me han hecho algo? Esos tipos son una molestia solo por existir.”
“…Él
no eligió ser así, simplemente nació de esa manera.”
“Por
eso. Si naciste mal, lo suyo es morirse solo en lugar de andar fastidiando a
los demás.”
Al
ver que Lee-hyun no respondía, Seung-hyeok levantó la vista para mirarlo. Pero
su rostro seguía tan inexpresivo como siempre. Pensando que el tema
desagradable había arruinado el ambiente, Seung-hyeok intentó sonar ligero.
“¿Por
qué? ¿Acaso tú también estás interesado en esas cosas?”
El
puño de Lee-hyun, oculto tras su espalda, temblaba levemente. Sentía que el
corazón le iba a estallar. Pero, luchando por mantener su máscara, habló:
“No….
Si pienso en que hay gays a mi alrededor.”
“…….”
“…creo
que también me parecería asqueroso.”
Seung-hyeok
soltó una risita, apartó la vista y caminó hacia un espejo en la esquina.
Detrás de él, Lee-hyun cerró los ojos intentando aplacar sus latidos. Pero su
respiración se volvía cada vez más errática. Sintiendo náuseas, Lee-hyun dijo
con el rostro pálido:
“Tengo
gimnasia la próxima hora. Olvidé pedir prestado el uniforme, así que tengo que
irme ya.”
“¿Ahora?
Pero si aún queda ti—”
“Cuando
llegue la enfermera, que te cure bien.”
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Sin
esperar respuesta, salió de la enfermería a paso rápido y bajó las escaleras.
Corrió hacia el edificio principal y se encerró en el primer baño que encontró.
¡Uaj, uaaaj!
En
cuanto levantó la tapa del inodoro, llegaron las arcadas. Sus ojos y nariz
ardían, pero solo salía saliva transparente y jugos gástricos. Apretando el
inodoro, sus ojos se enrojecieron por el esfuerzo de las náuseas secas.l
Ah, fui a buscar a Gu Seung-hyeok sin haberme acordado siquiera
de almorzar.
Lee-hyun
cerró los ojos con fuerza, cabizbajo.
[Oye,
Kwon Lee-hyun, vas a tomar el autobús para ir a casa, ¿no? Espérame en clase
cuando termines.]
[Tengo
una reunión de grupo por un trabajo. Vete tú.]
[¿A
qué hora terminas?]
[No
lo sé. No me esperes.]
[¿Por
qué no coges el teléfono?]
[Estaba
en silencio, no me di cuenta.]
[¿Tardas
dos días en contestar?]
[¿Pasa
algo? Contesta cuando veas esto.]
[Kwon
Lee-hyun.]
[Oye.]
La
pantalla del móvil brillaba. Las burbujas amarillas se amontonaban a la
izquierda. Lee-hyun observó el último mensaje que llegó ayer por la tarde,
consciente de que Seung-hyeok ya se había dado cuenta de que lo estaba evitando
desde que huyó de la enfermería la semana pasada.
“Oye,
¿quién es el encargado esta semana? Que vaya a tirar el reciclaje antes de que
empiece la última reunión.”
“La
anterior fui yo, así que esta es… sí, Kwon Lee-hyun.”
Tenía
que decirle pronto que quería posponer la tutoría de hoy también, pero sus
dedos no se movían. Vagaban sin rumbo sobre el teclado.
“¡Oye,
Kwon Lee-hyun! ¿Me oyes?”
“…….”
“¡Kwon
Lee-hyun!”
Lee-hyun
levantó la cabeza de golpe al oír su nombre. El delegado lo miraba frente a la
clase, que era un caos tras la última lección. Solo al ver la bolsa de basura
junto a la puerta y su nombre en la esquina de la pizarra, recordó que era su
turno. Soltó un pequeño “ah”.
“Ve
rápido a tirar eso antes de que llegue el tutor.”
“Ah,
sí.”
“¿Qué
te pasa desde la semana pasada? Estás en las nubes. Despierta.”
El
delegado frunció el ceño con desaprobación antes de irse a dar órdenes a otros.
Lee-hyun volvió a mirar el móvil. Su rostro inexpresivo se reflejaba en la
pantalla negra; sus ojos se veían vacíos. Al pensarlo, sentía que había estado
así todo el tiempo.
Suspiró
de forma casi inaudible y se levantó apretando el teléfono.
Cuando
llegó a la zona de incineración detrás del edificio anexo cargando la basura,
un grupo salía de la garita del conserje. Recordando la vez que vio allí a
Seung-hyeok y sus amigos, se detuvo por instinto y se ocultó tras el edificio.
“Dicen
que hace poco apareció un cadáver en la obra abandonada que hay de camino a la
gasolinera. Tenía todos los dedos cortados y lo habían metido en un bidón.”
“Oye,
mi primo es policía y me contó que… la víctima no era un ciudadano común. Por
eso no están investigando mucho ni sale en las noticias.”
“¿Si
no es un ciudadano común, qué es? ¿Un gángster o algo así?”
“Sí,
eso.”
“Joder,
qué miedo. ¿Será por eso que Gu Seung-hyeok no ha venido a clase?”
“Je,
je, oye, ni de broma. Si hoy ha venido.”
“Dicen
que tenía una cita.”
“¿Cita?
¿En la escuela?”
“No
sé.”
Los
chicos que pasaban junto a Lee-hyun riendo entre dientes eran los mismos que
siempre estaban pegados a Seung-hyeok. Aunque fue un alivio no haberse topado
con él directamente, la conversación lo dejó inquieto. Especialmente porque la
última vez que lo vio, su rostro era un mapa de heridas.
Sin
embargo, todavía no se sentía con fuerzas para fingir normalidad frente a él.
Solo pensar en ver su cara traía de vuelta la charla en la enfermería, haciendo
que su corazón latiera con una ansiedad difícil de controlar.
“…Ha.”
Soltó
un suspiro corto y se frotó el rostro cuando el móvil en su bolsillo vibró. Era
un mensaje de Seung-hyeok.
[Voy
a hacer una llamada al terminar las clases, así que espérame en el aula.]
Lee-hyun
se mordió el labio inferior mientras miraba la pantalla y movió los dedos con
rapidez.
[Lo
siento, pospongamos la tutoría para la semana que viene.]
Tan
pronto como el número junto al mensaje desapareció, la pantalla se oscureció y
fue reemplazada por el icono de una llamada entrante.
La
vibración recorrió la palma de su mano. Como acababa de responder al mensaje,
ignorar la llamada resultaría demasiado obvio. Lee-hyun apretó la bolsa de
basura que aún sostenía y se llevó el teléfono al oído.
—
La semana pasada, el trabajo en grupo. El martes, la orientación vocacional.
“…….”
—
¿Y hoy qué? A ver, cuéntame.
La
voz al otro lado del teléfono sonaba más baja de lo habitual. Podía imaginarlo
con el ceño fruncido, molesto. Lee-hyun dejó la bolsa a un lado y se puso en
cuclillas lentamente antes de responder en voz baja.
“…No
me encuentro bien.”
Escuchó
un suspiro breve y, tras un momento, la voz de Seung-hyeok se suavizó un poco.
—
¿Qué te duele?
“Nada
en especial. No es grave. Iré a casa a tomar algo y descansaré.”
—
Espérame en clase cuando termines.
“No,
no vengas. Los chicos se sienten incómodos.”
Un
silencio sepulcral siguió a sus palabras, lanzadas casi por reflejo. Lee-hyun
se cubrió los ojos con una mano y añadió a modo de excusa:
“…Es
que todos están sensibles porque acaban de salir los resultados del simulacro
de examen.”
Era
cierto que habían entregado las notas y que el ambiente en clase estaba tenso,
pero era una excusa flagrante. Como si se hubiera dado cuenta, Seung-hyeok
preguntó en voz baja:
—
Oye, Kwon Lee-hyun. ¿Te pasa algo?
A
pesar de su cambio repentino de actitud, Seung-hyeok no se enfadó; parecía
haber optado por persuadirlo en lugar de confrontarlo. El problema era que
Lee-hyun no tenía una respuesta que pudiera darle.
En
el momento en que vio la mirada de Seung-hyeok cargada de odio mientras hablaba
de 'maricones', la opción de decirle la verdad se había esfumado como si nunca
hubiera existido. Lee-hyun no tenía el valor para enfrentar esa mirada. Solo
quedaba un camino.
“No
me pasa nada. No es nada de eso.”
Respondió
intentando sonar natural, aunque no estaba seguro de haberlo logrado. Sin
esperar respuesta, volvió a agarrar la bolsa de basura para dar por terminada
la charla.
“He
salido un momento a tirar la basura y tengo que volver ya.”
—
Kwon Lee-hyun.
“Siento
haber cancelado la clase. Te llamo luego.”
Solo
sintió alivio tras colgar de forma unilateral. Sabía que no podría seguir así
para siempre, pero por ahora, evitarlo a toda costa era su única salida. Con el
pecho oprimido, Lee-hyun apoyó la frente en sus rodillas.
Pensaba
que ya estaba más que acostumbrado a ocultar quién era, pero esta vez, la carga
se sentía inusualmente pesada.
Pasó
de la medianoche cuando finalmente se levantó de su asiento en la biblioteca,
tras horas de nula concentración. En cuanto puso un pie fuera del edificio,
algo cayó sobre su rostro. Era aguanieve fuera de temporada.
Grandes
copos de nieve, del tamaño de una uña, caían perezosamente desde un cielo
grisáceo. Mezclados con la lluvia, se deshacían y se derretían en cuanto
tocaban el asfalto. El suelo estaba empapado; debía de llevar rato cayendo.
No
quería mojarse con esa mezcla extraña, pero no llevaba paraguas. Había una
tienda de conveniencia a poca distancia, pero no tenía ánimos ni para correr.
Pasándose la mano por el pelo, Lee-hyun empezó a caminar hacia su casa.
Debido
al clima, sentía el cuerpo y el alma pesados como si estuvieran empapados de
agua. Sus pasos eran lentos, con la mirada fija en el suelo. Sobre el asfalto
negro, su sombra se alargaba y se acortaba rítmicamente. En la tranquila calle
residencial, solo se escuchaba el sonido de sus pasos y el caer del aguanieve.
Cuando
estaba a punto de llegar a su casa, divisó una silueta negra bajo el muro,
junto a la puerta principal. El punto rojo de un cigarrillo flotaba en el aire,
dejando un rastro al moverse.
A
medida que se acercaba, el olor familiar a tabaco se hacía más intenso. La
silueta, antes solo un contorno oscuro, se reveló como la de un hombre
acurrucado sin paraguas.
El
sonido de sus zapatillas contra el suelo se hizo más lento hasta detenerse por
completo. Se hizo el silencio.
“…….”
Al
cesar los pasos, la persona se incorporó. La luz de una farola lejana creaba
sombras profundas en su rostro. Seung-hyeok fue el primero en hablar mientras
miraba a un Lee-hyun que lo observaba en silencio.
“Vaya,
Kwon Lee-hyun. Qué difícil es verte la cara.”
Su
voz, con un ligero rastro de risa al final, cortó el aire. Seung-hyeok giró la
cabeza para exhalar el humo y luego se levantó apoyándose en sus rodillas. La
mirada de Lee-hyun se clavó en el espacio entre los pies del hombre, donde
había un montón de colillas acumuladas, tantas que no podía contarlas.
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“¿Cómo
es que un chico que dice estar enfermo anda por ahí a estas horas?”
Sujetando
el cigarrillo entre los dientes, Seung-hyeok se quitó la chaqueta y la colocó
sobre los hombros de Lee-hyun. Entre el penetrante olor a tabaco, se filtró un
ligero aroma a sangre y alcohol. Lee-hyun levantó la vista lentamente para
encontrarse con los ojos de Seung-hyeok.
“Gu
Seung-hyeok. ¿Has bebido?”
Ante
la pregunta en voz baja, Seung-hyeok arqueó una comisura y se frotó la ceja
evitando el contacto visual.
“¿Se
nota?”
“…….”
“Es
que hoy… era un día difícil de aguantar estando sobrio.”
Murmuró
como para sí mismo. Lanzó la colilla al suelo y se frotó la cara con una mano.
Apoyado contra el muro, con la cabeza ligeramente ladeada, sus pupilas se veían
más oscuras que de costumbre.
Lee-hyun
sintió que, si mantenía la mirada, Seung-hyeok acabaría descubriendo hasta su
secreto más profundo. Justo cuando iba a apartar la vista, los labios bien
formados de Seung-hyeok se abrieron y una voz ronca fluyó de ellos.
“Kwon
Lee-hyun. Te pregunto a ti porque eres la única persona que conozco que va a la
iglesia y esas cosas.”
“…….”
—
¿Si alguien que ha pecado se arrepiente y se confiesa, realmente puede ir al
cielo?
“…….”
—
Ya sabes, esa gente que es basura humana. Tipos que fueron abandonados por sus
padres nada más nacer. Tipos que pegan a otros o incluso matan. Sería un poco
injusto que esa gentuza pudiera ir al cielo solo por rezar, ¿no crees?
Sorprendido
por la pregunta, Lee-hyun levantó la cabeza y vio a Seung-hyeok tocándose la
oreja mientras miraba hacia un lado. Su mirada fija en el vacío bajo la nieve
parecía tan seca como una rama marchita y, a la vez, tan desesperada como la de
alguien que contempla una ruina.
Mientras
Lee-hyun lo observaba en silencio, él continuó:
—
No sé, creo que si yo fuera una persona buena, me sentiría estafado.
“…….”
—
Alguien que se ha esforzado toda su vida por ser bueno y no pecar… sería
injusto que al morir acabara en el mismo sitio que esa basura, ¿no?
En
ese momento, un copo de nieve cayó sobre la mejilla de Seung-hyeok. Al
derretirse instantáneamente, recorrió su rostro como si fuera una lágrima.
Lee-hyun
movió los dedos por instinto, pero Seung-hyeok se limpió la humedad con el
dorso de la mano con indiferencia.
—
Pensándolo así, supongo que para mí ya es tarde.
El
rostro de Gu Seung-hyeok, mientras miraba sus manos vacías, parecía estar al
borde del abismo, como si estuviera conteniendo algo con todas sus fuerzas.
Pero antes de que Lee-hyun pudiera decir nada, Seung-hyeok borró su expresión y
soltó una risa autocrítica.
“Olvídalo.
No sé qué hago diciéndole estas cosas a alguien que está enfermo.”
Separándose
del muro como si fuera a irse, recogió algo que estaba en el suelo y se lo
tendió a Lee-hyun.
“Toma,
entra con esto.”
Chasqueó
la lengua comentando que probablemente ya estaría frío. En su mano sostenía una
bolsa de papel que parecía pesada, con el logo de una conocida cadena de
gachas. Lee-hyun preguntó a pesar de verlo:
“…¿Qué
es esto?”
“Gachas
y medicinas. Dijiste que estabas mal.”
La
burda excusa que había inventado para evitar la tutoría se afiló de repente y
se clavó en su conciencia. No quería creer que Seung-hyeok lo había esperado
hasta esa hora solo para darle eso.
Incapaz
de extender la mano, Lee-hyun bajó la cabeza y notó el bajo del pantalón
izquierdo de Seung-hyeok, que estaba empapado y oscuro. Por debajo de la
rodilla, había una mancha de un rojo negruzco. Era demasiado oscura para ser
solo agua. Mientras observaba ese punto, Seung-hyeok, que estaba apoyado sobre
una pierna, recuperó la postura.
El
aroma metálico de la sangre, que había estado latente, lo golpeó de lleno.
Lee-hyun abrió mucho los ojos.
“Gu
Seung-hyeok…. ¿Estás herido?”
“Ah,
no es nada. No le des importancia.”
Ante
el rostro alarmado de Lee-hyun, Seung-hyeok giró el cuello de un lado a otro
como si nada. Luego, tomó la mano de Lee-hyun y le entregó la bolsa. Su cara se
veía demasiado calmada. Frunció el ceño mirando los hombros de Lee-hyun.
“Oye,
tienes el hombro empapado.”
“¿Qué?”
“Entra
rápido.”
Como
si su tarea hubiera terminado, Seung-hyeok empujó suavemente a Lee-hyun por el
hombro y la espalda hacia la puerta. Lee-hyun se giró hacia él, pero
Seung-hyeok ya se había dado la vuelta sin mirar atrás. Ver su espalda
recibiendo todo el aguanieve le provocó un nudo en la garganta.
Esa
actitud de no preocuparse por sus propias heridas pero sí por el hombro mojado
de otro le causó una mezcla de sentimientos complejos. Que hubiera venido hasta
aquí con una pierna ensangrentada solo por una palabra suya... Era tan
reconfortante como doloroso.
Para
alguien que solo pensaba en huir por miedo a que descubrieran su secreto, esto
era demasiado. Se preguntó en qué habría estado pensando Seung-hyeok mientras
se mojaba en silencio bajo ese muro oscuro.
“Me
voy.”
Lee-hyun
observó cómo se alejaba y apretó los puños. Cerró los ojos y susurró hacia la
silueta que se perdía en la distancia:
“Gu
Seung-hyeok.”
El
hecho de que Seung-hyeok fuera homófobo y él fuera gay no iba a cambiar. Pero
en este mundo, hay secretos que es mejor que permanezcan ocultos. Aunque fuera
imposible inventar una mentira para siempre, ¿no podría al menos ocultar una
parte de la verdad? Si lograba hacerlo, quizás podrían seguir así.
Sabía
que no podía evitar a Gu Seung-hyeok eternamente. Pero en lugar de alejarse, su
corazón se inclinaba cada vez más por borrarse a sí mismo y esconderse. Era la
primera vez que sentía el deseo de permanecer al lado de alguien a toda costa.
Ante su primer acto de egoísmo, solo le quedaba una opción.
'Está
bien, lo ocultaré hasta el final.'
Lee-hyun
abrió los ojos lentamente y habló en voz alta:
“Mi
padre siempre me dice una cosa.”
“…….”
“Dice
que alguien como yo nunca podrá ni acercarse al cielo.”
Seung-hyeok,
que iba a dar un paso, se detuvo y se giró. Debido al contraluz, su rostro
estaba completamente a oscuras. Mirando fijamente la luz amarilla de la farola
que brillaba detrás de Seung-hyeok, Lee-hyun susurró hacia la oscuridad:
“Así
que no te preocupes.”
Incluso
si ocultar su secreto para siempre era la única forma de permanecer a su lado.
“Iré
contigo a donde quiera que vayas.”
* * *
Un
objeto pesado cayó a sus pies a la mañana siguiente mientras Lee-hyun se
preparaba para ir a clase. Al intentar meter la chaqueta de Seung-hyeok en una
bolsa, un teléfono móvil sin funda rodó por el suelo. Era el mismo modelo que
le había visto usar a Seung-hyeok varias veces.
Apretó
los botones, pero la pantalla permaneció oscura; debía de haberse quedado sin
batería. Se preguntó si Gu Seung-hyeok sabría que su teléfono estaba allí.
Decidió que pasaría por su aula antes de las clases para entregárselo junto con
la ropa. Con el móvil a buen recaudo, Lee-hyun se apresuró.
Llegó
a la escuela antes de lo habitual. En una mano llevaba la bolsa con la chaqueta
y en la otra un frasco de agua con miel caliente que había comprado en la
tienda frente a la puerta. En lugar de dirigirse a su salón, giró hacia el
pasillo de los de segundo año.
Al
acercarse al aula de Seung-hyeok, vio a un estudiante abrir la puerta trasera
como si acabara de llegar. Lee-hyun se acercó rápido, le tocó el hombro y echó
un vistazo al interior.
“¿Sí?”
El
chico se giró, pero la mirada de Lee-hyun estaba fija en el pupitre vacío de
Seung-hyeok. Parecía que aún no había llegado. Al notar la mirada extrañada del
estudiante, Lee-hyun se frotó la ceja y habló.
“Ah….
Quería pedirte que llamaras a Gu Seung-hyeok, pero parece que no ha venido.”
El
chico echó un vistazo al fondo del aula y se rascó la cabeza.
“Gu
Seung-hyeok no está viniendo mucho últimamente. Ayer llegó tarde, después del
almuerzo, pero hoy quién sabe.”
“Ah….”
“¿Quieres
que deje eso sobre su mesa?”
El
estudiante señaló la bolsa, pero Lee-hyun dio un paso atrás y negó con la
cabeza.
“No.
Volveré más tarde.”
El
chico lo escaneó de arriba abajo con desgana, asintió y entró al aula. Solo en
el pasillo, Lee-hyun miró la bolsa. Pensó que lo intentaría de nuevo al
mediodía y se dio la vuelta.
Sin
embargo, ni después de comer rápido ni en los descansos posteriores logró
encontrarlo; su pupitre seguía vacío. La preocupación empezó a crecer, pero sin
el teléfono de Seung-hyeok, no tenía forma de contactarlo. Además, se dio
cuenta de que ni siquiera sabía dónde vivía.
¿Debería quedármelo yo? Estará incómodo sin su móvil.
Justo
cuando estaba sumido en sus pensamientos mientras sus compañeros salían
disparados del aula tras la última clase, alguien se le acercó.
“…Kwon
Lee-hyun, Gu Seung-hyeok dice que vayas al almacén que hay detrás de la
cafetería.”
Levantó
la vista sorprendido, pero era un rostro desconocido. El chico evitaba su
mirada con una postura forzada. Ante el escrutinio de Lee-hyun, soltó un
rápido: “Yo solo cumplo con avisar”, y salió del salón a toda prisa.
Así que ha venido. ¿Por qué enviaría a otro en lugar de venir él
mismo? Pensó Lee-hyun, hasta
que recordó que él mismo le había pedido que no lo buscara en clase. Se mordió
el labio.
Sentir
que respetaba sus palabras, aunque fueran una excusa, le provocó una sensación
extraña, un cosquilleo interno casi molesto. Se levantó y recogió sus cosas
rápido. Tenía mil preguntas: ¿se había curado la pierna?, ¿estaba bien?, ¿por
qué llegó tarde? Curiosamente, se sentía más aliviado ahora que cuando
intentaba evitarlo a toda costa.
Lamentó
que el agua con miel se hubiera enfriado. Al acercarse al almacén abandonado
detrás de la cafetería, tuvo que reprimir una sonrisa que amenazaba con
aparecer y empujó la puerta.
“Vaya,
¿ya estás aquí, Lee-hyun?”
Pero
en cuanto la puerta se abrió, el rostro de Lee-hyun se tensó y se volvió de
piedra.
Sentados
sobre pupitres rotos y muebles viejos, no estaba Seung-hyeok, sino Chan-yang y
sus amigos. Sentado en medio de un sofá de cuero agrietado, Chan-yang le dedicó
una sonrisa radiante al ver cómo se le desencajaba la cara.
“Vaya,
Kwon Lee-hyun. ¿También sabías poner esa expresión? Conmigo siempre tienes esa
cara de asco.”
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Fue
incapaz de ocultar su desagrado. No entendía qué hacía él allí. Apretó los
dientes y susurró hacia Chan-yang:
“…¿Qué
quieres?”
“¿Qué
quiero? Lee-hyun, ¿acaso necesito una razón para llamar a mi hermanito?”
“…….”
“No
te quedes ahí, ven y siéntate.”
Solo
tenía una opción. Se acercó a regañadientes y se sentó a un palmo de distancia
de donde él palmeaba el sofá. De inmediato, Chan-yang le rodeó la cintura con
el brazo y lo pegó a él. Su mano sobre su uniforme le dio escalofríos.
“¿Esto
es para mí?”
Lee-hyun
se puso rígido y apretó el frasco de agua con miel. Chan-yang sonrió de nuevo
al verlo.
“Ah,
no. Es para Gu Seung-hyeok, ¿verdad?”
Tragué
saliva al oír el nombre de Seung-hyeok. Él le tomó de la mano, le quitó el
frasco y leyó la etiqueta con una risita burlona.
“Parece
que se ven mucho después de clase, ¿eh? Anoche se les veía muy cómodos.”
Nunca
intentó ocultar que estaba con Seung-hyeok, pero saber que Chan-yang los había
visto le produjo un escalofrío. Su actitud extrañamente animada lo inquietaba
aún más.
“…Eso
no tiene nada que ver contigo”.
“Jaja,
qué frío. Solo me sorprende que mi hermanito tenga un nuevo amigo.”
Chan-yang
soltó una carcajada seca que sonaba a mal augurio. Mientras jugueteaba con las
puntas del cabello de Lee-hyun, de repente le tiró de la cabeza hacia él y le
susurró al oído con una voz cargada de malicia:
“Pero,
¿él lo sabe?”
“…….”
“Que
eres gay.”
Esas
palabras le golpearon como un mazo. El corazón se le detuvo y sintió sus
extremidades rígidas. Chan-yang se apartó soltando una risita floja, como si la
situación le divirtiera demasiado.
“Ay,
Lee-hyun. Eres tan transparente. Solo ha sido un tanteo y con esa reacción ya
ni puedo fingir que no lo sé.”
Sentía
que el corazón se le caía al suelo cada vez que Chan-yang le palmeaba el hombro
entre risas. La desesperación lo invadió. Pensar que podía ocultarlo para
siempre si solo él tenía cuidado había sido una arrogancia ingenua.
Fue
entonces cuando el móvil en el bolsillo de Lee-hyun empezó a vibrar con una
llamada larga. Mientras dudaba incluso en sacarlo, Chan-yang ladeó la cabeza.
“¿Qué
haces? Te están llamando.”
No
tuvo más remedio que sacar el teléfono. En la pantalla aparecían once dígitos
sin guardar. Menos mal que no era el nombre de alguien conocido. Cuando iba a
colgar, Chan-yang le detuvo la mano.
“Contesta.”
“…….”
“¡Que
contestes!”
Deseó
que fuera una equivocación o spam. Cualquier información que Chan-yang
obtuviera se convertiría en una debilidad. Pero, por desgracia, la voz que
salió por el altavoz era la de la última persona que quería escuchar en ese
momento.
—Oye,
Kwon Lee-hyun. Estoy frente a tu clase pero no estás. ¿Ya te has ido?
La
sonrisa de Chan-yang se ensanchó al reconocer la voz.
—Me
preguntaba si habías traído la chaqueta de ayer. Puedes dármela otro día, pero
saca el móvil del bolsillo. Si no, iré a buscarlo.
Lee-hyun
sintió la boca seca por la ansiedad. Bajó la mirada e intentó sonar natural.
“Lo
tengo yo. Pero ahora no puedo, mañana yo—”
“¿Por
qué no vienes a recogerlo tú mismo? Es un fastidio estar sin móvil.”
Chan-yang
intervino con una risita antes de que Lee-hyun pudiera terminar. Se inclinó a
propósito hacia el micrófono para que su voz llegara al otro lado. Tras un
breve silencio, Seung-hyeok preguntó con voz seca:
—…¿Lee
Chan-yang?
“Seung-hyeok,
no me llames así. Llámame 'hyung' Chan-yang.”
Su
tono era ligero, casi juguetón, pero sus ojos brillaban con la satisfacción de
haber atrapado una presa. Al lado de un Lee-hyun que se mordía el labio por la
tensión, Chan-yang añadió con descaro:
“Estamos
en el almacén detrás de la cafetería, ¿sabes dónde es? No estaremos mucho
tiempo, así que ven rápido a recogerlo.”
Chan-yang
colgó sin esperar respuesta y se reclinó en el sofá cruzando las piernas, con
una sonrisa de suficiencia. Lee-hyun intentó balbucear alguna excusa, pero su
mente estaba nublada. Solo podía apretar las asas de la bolsa rezando para que
Seung-hyeok no viniera. Una náusea amarga le subió por la garganta ante su
propia impotencia.
“¿Qué
pasa? ¿Viene Gu Seung-hyeok? Ese maleducado. Cuando lo llamamos nosotros ni nos
mira, pero si es por el móvil viene volando.”
Uno
de los amigos de Chan-yang se quejó mientras dejaba de jugar con su teléfono.
Se levantó estirando el cuello y vio la bolsa en el regazo de Lee-hyun.
“Oye,
¿y eso qué es para que lo sujetes con tanto cariño?”
Se
acercó y le arrebató la bolsa de un tirón. Sacó la chaqueta perfectamente
doblada en un segundo. Lee-hyun, alarmado, intentó levantarse pero Chan-yang lo
presionó con fuerza contra el asiento. Tras zafarse bruscamente de su agarre,
Lee-hyun fulminó al otro chico con la mirada.
El
chico sonrió con malicia y gesticuló como si calmara a un animal. Luego
extendió la chaqueta frente a él.
“¡Joder!
¿Esto no es de marca? Me suena haber visto en internet que cuesta varios
millones.”
Ante
los gritos de asombro, los demás se acercaron con curiosidad. El chico metió
los brazos en las mangas y miró a Lee-hyun.
“Kwon
Lee-hyun, esto no parece tuyo. ¿De quién es?”
Él
guardó silencio, apretando los dientes. El otro simplemente se encogió de
hombros y siguió ajustándose la prenda, satisfecho. Al meter la mano en el
bolsillo, arqueó una ceja y sacó algo.
“¿Y
esto? ¿Un móvil?”
“Debía
de ser la chaqueta de Gu Seung-hyeok.”
Lee-hyun
apretó los dientes al oír la voz de Chan-yang a su lado. Chan-yang se incorporó
y extendió la mano. El otro chico miró el teléfono con desinterés y se lo
lanzó.
“Vaya
ropa cara que lleva ese tío. Oye, ¿qué tal me queda?”
“Mira
cómo te cuelgan los hombros. ¿Eres un payaso? Deberías maquillarte también.”
“No
digas tonterías y sácame una foto donde se vea bien el logo.”
Mientras
los demás bromeaban y sacaban fotos, Lee-hyun solo miraba las manos de
Chan-yang. No quería ni imaginar qué pasaría cuando llegara Seung-hyeok. Todo
se veía oscuro.
Poco
después, la puerta del almacén se abrió. Todos miraron hacia allí al oír el
chasquido. Lee-hyun levantó la vista lentamente. Seung-hyeok estaba allí,
vestido de civil, con las manos en los bolsillos y una postura desafiante.
Sus
miradas se cruzaron. El rostro de Seung-hyeok estaba inexpresivo, con la mirada
fija en Lee-hyun como si el caos a su alrededor no existiera. Lee-hyun desvió
la vista apretando los puños, sintiéndose expuesto. Fue Chan-yang quien rompió
el silencio.
“Has
llegado rápido.”
Chan-yang
dejó de juguetear con el móvil y sonrió. Miró su reloj y añadió:
“Parece
que tenías mucha prisa por recuperar el teléfono para llegar tan pronto.”
A
pesar del tono de burla, Seung-hyeok soltó una risita seca, como si hubiera
oído algo gracioso. Se pasó la lengua por el interior de la mejilla y
respondió:
“Ni
mucho menos.”
“…….”
“Mi
asunto era con él. El teléfono solo era la excusa.”
Respondió
con calma mientras soltaba un bostezo cansado. Tras crujir el cuello,
Seung-hyeok señaló hacia la salida del almacén con la cabeza.
“Kwon
Lee-hyun, ven aquí. Vámonos a casa.”
Pero
no obtuvo respuesta. Lee-hyun se mordía el labio evitando su mirada. Al verlo
allí sentado sin moverse, Chan-yang sonrió con malicia y le rodeó la cintura
con el brazo.
“Qué
pena. Parece que Lee-hyun quiere quedarse aquí.”
Chan-yang
agitó el móvil de Seung-hyeok suavemente entre sus dedos.
“Mejor
llévate solo esto.”
La
mirada de Seung-hyeok no estaba en el móvil, sino en la mano de Chan-yang sobre
la cintura de Lee-hyun. Frunció el ceño ante ese contacto que parecía el de una
pareja. Notando esa mirada, Chan-yang entrelazó sus dedos con los de Lee-hyun
sobre su mano.
“Lee-hyun,
tu amigo se va, ¿por qué no te despides?”
Chan-yang
obligó a la mano de Lee-hyun a agitarse de un lado a otro. El contacto era
repulsivo, pero Lee-hyun temía que si se resistía, Chan-yang revelaría su
secreto allí mismo. El rostro le ardía de vergüenza.
Seung-hyeok
arqueó una ceja al ver que Lee-hyun no lo miraba. Sus labios se curvaron en una
mueca amarga.
“Si
quieres un peluche, vete al súper a pedírselo a tu madre. No saques de sus
tareas a alguien que está ocupado con sus estudios para traerlo a un sitio como
este.”
Añadió
con un frío desprecio:
“No
me importa que no te comportes como alguien de tu edad, pero juega a las
muñecas tú solo.”
A
pesar de la mirada furiosa de Chan-yang, Seung-hyeok soltó una risita burlona.
Se acercó a Lee-hyun y lo tomó firmemente de la muñeca para levantarlo.
“De
verdad, Kwon Lee-hyun. No lo parece, pero das mucho trabajo.”
Lee-hyun
tragó saliva ante el murmullo. Se había librado del abrazo de Chan-yang, pero
no estaba seguro de si esto acabaría bien. Sin dudarlo, Seung-hyeok lo guio
hacia la puerta.
“¡Eh,
oye, Seung-hyeok! Llévate tu chaqueta. Me la puse un momento porque era
bonita.”
Los
amigos de Chan-yang detuvieron el paso de Seung-hyeok. El chico que tenía la
chaqueta se la tendió a Chan-yang con aire despistado.
“hyung,
¿no quieres probártela? Creo que te quedaría bien.”
Chan-yang,
que no apartaba la vista de Seung-hyeok y Lee-hyun, fulminó al chico con la
mirada. Seung-hyeok soltó una carcajada y dijo con sarcasmo:
“Quédatela
tú. Alguien que va a terminar viviendo en la calle el resto de su vida no
tendrá otra oportunidad de ponerse algo así.”
La
tensión era insoportable. Ignorando el rostro descompuesto de Chan-yang,
Seung-hyeok volvió a tirar de la muñeca de Lee-hyun. Justo cuando iba a abrir
la puerta, una frase llegó desde atrás.
“Lee-hyun,
si te vas con él, te arrepentirás.”
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Esa
amenaza hizo que Lee-hyun se detuviera en seco. Chan-yang añadió a sus
espaldas:
“¿Crees
que podrás soportar las consecuencias?”
‘Pero, ¿él lo sabe? Que eres gay.’
Las
palabras que Chan-yang le había susurrado volvieron a su mente. Su corazón se
aceleró y sus manos empezaron a sudar. Seung-hyeok miró de reojo a un Lee-hyun
visiblemente alterado y ladeó la cabeza. Tras chasquear la lengua, soltó una
risita y levantó la mirada.
“Eso
de soportar consecuencias es para los muertos de hambre como tú.”
“…….”
“Él
no tiene por qué pasar por eso.”
Soltó
la muñeca de Lee-hyun solo para entrelazar sus dedos con los de él, dándole
calor. Seung-hyeok abrió la puerta mientras miraba hacia atrás con arrogancia.
“Porque
no importa dónde esté ni qué le pase, yo estaré a su lado.”
Los
latidos que empezaron en la punta de sus dedos se extendieron por todo su
cuerpo a través de sus venas. Lee-hyun sintió una náusea por la opresión en su
pecho. Intentó ignorar su propia respiración agitada y, al girar la cabeza, se
encontró con la mirada de odio puro de Chan-yang. Lee-hyun apretó los dientes y
lo ignoró.
La
luz del sol que entraba por la puerta se derramó sobre su ansiedad. Fue una
mezcla de consuelo y desesperación. En medio del caos de no saber si apretar la
mano de Seung-hyeok o soltarla, Lee-hyun dio un paso adelante junto a él, aun
presintiendo la oscuridad que estaba por venir.
* * *
Entendió
lo que significaban las palabras de Chan-yang sobre 'arrepentirme' durante la
comida posterior al servicio dominical.
A
diferencia de lo habitual, Chan-yang no reaccionó al ver a Lee-hyun en la
iglesia. Simplemente siguió en silencio a Lee-hyun, quien caminaba detrás de su
padre y su madre hacia el restaurante.
“Pastor
Kwon, gracias por acompañarnos hoy. Sé que debe estar ocupado con el servicio
de la tarde...”
“No,
para nada. Soy yo quien debe agradecer a la diaconisa por organizar este
encuentro” respondió el Pastor Kwon, sentado dos lugares después de Lee-hyun,
con una sonrisa bondadosa.
En
medio de aquel ambiente jovial, las únicas personas sentadas con el rostro
inexpresivo eran Lee-hyun y Chan-yang. Aunque era común comer juntos tras el
servicio, era la primera vez que Chan-yang asistía. Recordando lo sucedido en
el almacén, cada pequeño cambio se sentía como una amenaza latente.
Lee-hyun
jugueteaba con los palillos, observando de reojo. Chan-yang comía con total
naturalidad. Lee-hyun bebió agua para humedecer su boca, que se secaba por la
ansiedad. La conversación fluía sin pausas sobre diversos temas de la iglesia.
Entonces, la diaconisa se dirigió a Lee-hyun, que solo contaba granos de arroz.
“Por
cierto, Lee-hyun, ¿qué tal la escuela? He oído que vas a la misma que
Chan-yang.”
No
le gustaba ser el centro de atención, menos aún con la mirada de su padre
clavada en él desde la derecha. Lee-hyun dejó los palillos y respondió
mecánicamente:
“…Todos
me tratan bien, así que no tengo problemas.”
Habría
sido el fin de una charla trivial, de no ser porque Chan-yang intervino.
“Parece
que a Lee-hyun le va bien. A mí me preocupan los rumores inquietantes que
corren últimamente por la escuela.”
“¿Rumores
inquietantes?”
La
gente de la iglesia levantó la vista con curiosidad. Lee-hyun, sin entender a
qué se refería, apretó su vaso con fuerza y miró a Chan-yang.
“¿De
qué se trata?” preguntó alguien.
Chan-yang
curvó la comisura de los labios en una sonrisa. Al cruzar miradas, un
presentimiento nefasto recorrió el cuerpo de Lee-hyun. Con los ojos fijos en el
rostro rígido del chico, Chan-yang habló:
“Dicen
que hay homosexuales en la escuela. Por lo que he oído, parece que son de
nuestro curso.”
Tan
pronto terminó la frase, los rostros de Lee-hyun y del Pastor Kwon se
endurecieron. Lee-hyun apretó los dientes con fuerza. Aunque Chan-yang solía
amenazarlo con contarlo, era la primera vez que sacaba el tema así. El pánico
empezó a nublar su vista.
“¡Cielos!
¿De verdad? Qué horror.”
“No
deberían dejar que esos chicos asistan con los demás. ¿En qué piensan los
profesores?”
Mientras
la gente lanzaba comentarios despectivos, Lee-hyun solo podía pensar en su
padre. El Pastor Kwon, sin mirar a su hijo ni una vez, dejó la cuchara con el rostro
sombrío.l
“Es
lamentable que ocurran tales cosas en la escuela.”
“…….”
“Si
llegas a saber quiénes son, tráelos a la iglesia alguna vez.”
“No
sé yo si eso serviría de algo” murmuró Chan-yang en tono provocador.
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El
Pastor Kwon frunció el ceño. Lee-hyun, sintiendo que su corazón iba a estallar,
no pudo soportar más la conversación. Se levantó de golpe y soltó con torpeza:
“Lo
siento, olvidé que tenía un compromiso. Me retiro primero.”
Inclinó
la cabeza ante los sorprendidos feligreses y salió del restaurante a paso
rápido. Escuchó pasos siguiéndolo de inmediato. Antes de poder girarse, alguien
lo agarró del brazo y lo arrastró a una sala de oración vacía.
“¿Y
bien, Lee-hyun? ¿Ya empiezas a asimilarlo?”
Chan-yang,
empujándolo contra la pared, soltaba risitas burlonas. Lee-hyun se zafó
bruscamente y le gritó:
“¿Hyung,
estás loco?”
“El
loco no soy yo, Lee-hyun. Te dije que te arrepentirías. Como siempre te lo
decía de palabra, pensaste que no me atrevería.”
“…….”
“No
me cuesta nada contarle a todos en la iglesia que eres un maricón. Pero la
posición del Pastor Kwon se volvería muy interesante si eso pasa, ¿no?”
A
diferencia de Lee-hyun, consumido por la humillación y el miedo, Chan-yang estaba
relajado. Se acercó un paso más y se inclinó hacia él.
“Ahora
solo lo saben tu padre y tu madre, ¿pero qué pasaría si se corre la voz? ¿Qué
diría la gente de la iglesia? ¿Y cuando se enteren los del colegio, los
profesores y tus amigos?”
Chan-yang
torció el gesto manteniendo el contacto visual.
“¿Qué
crees que pasaría contigo entonces?”
Lee-hyun
sintió algo hirviendo en su interior. Recordó la máquina de boxeo de los
recreativos. Sin darse cuenta, cerró el puño y lanzó un golpe hacia la cara de
Chan-yang, pero este lo esquivó con un movimiento ligero. Soltó una carcajada y
se encogió de hombros.
“Vaya,
Kwon Lee-hyun. Te has vuelto todo un matón juntándote con ese delincuente.”
Los
hombros de Lee-hyun subían y bajaban por la respiración agitada. Sus ojos
ardían de rabia. Chan-yang, lejos de inmutarse, siguió burlándose.
“Lee-hyun,
deberías estar de rodillas suplicando.”
“…….”
“Hoy
solo ha sido una advertencia. No quiero ser así, así que pórtate bien, ¿eh?”
Chan-yang
giró una silla de la sala y se sentó cruzando las piernas, mirando a Lee-hyun
con sorna.
“No
quieres que te descubran. Especialmente Gu Seung-hyeok.”
El
corazón de Lee-hyun dio un vuelco. Recordó la mirada de asco de Seung-hyeok al
ver a aquellos chicos pelear en el pasillo.
'No
hagas daño a los demás y simplemente deja todo atrás.'
Esa
voz gélida resonó en su mente. Lee-hyun retrocedió un paso inconscientemente,
mordiéndose el labio.
“Me
pregunto si él sabe que su amigo es un maricón al que le gusta restregarse con
hombres.”
Chan-yang
pasaba las páginas de una Biblia sobre la mesa con indiferencia. El sonido del
papel fino rompiendo el silencio era agobiante. Inclinó la cabeza y, tras
observar los textos apretados, habló con lentitud:
“Lee-hyun,
una cosa...”
“…….”
“¿Estás
seguro de que eso es solo amistad?”
Lee-hyun
se quedó helado, más pálido que nunca, cuando el significado de la pregunta
llegó a su cerebro. Dejó de respirar.
“…¿De
qué estás hablando?” soltó finalmente entre dientes.
Chan-yang
capturó la agitación en sus pupilas. Una sonrisa vil apareció en su rostro.
“Lee-hyun,
te conozco demasiado bien como para dejarlo pasar.”
“…….”
“Qué
lástima. Me parece que te he pillado.”
Pum.
Sintió
que caía al vacío. Su corazón no solo dio un vuelco, sino que se precipitó por
un acantilado. Sus manos cerradas en puños temblaban.
'Oye.
¿Quieres comerte a nuestro amigo?'
La
voz de Seung-hyeok en el pasillo vacío sonaba nítida en su memoria. No sabía
cómo ni por qué Chan-yang había llegado a esa conclusión, pero solo quería
huir. Cerró los ojos y, con la voz quebrada como si algo estuviera atascado en
su garganta, susurró:
“…¿Qué
es lo que quieres?”
“Te
lo digo siempre. Déjame hacerlo una vez.”
Lee-hyun
lo había ignorado hasta ahora porque no confiaba en él. Sabía que una vez se
convertiría en dos, y luego en tres. Sin embargo, por primera vez, sintió ganas
de rendirse ante Chan-yang. Estaba tan cansado que prefería creer en esa
mentira evidente.
“Piénsalo
bien.”
“…….”
“Por
ahora, abre la boca.”
Chan-yang
se levantó y se acercó al silencioso Lee-hyun. Le levantó la barbilla y, de
inmediato, se inclinó para morderle los labios.
La
humillación y la vergüenza le abrasaban el rostro. La cruz en la pared de la
sala de oración parecía señalarlo como a un pecador. Incapaz de apartarlo,
Lee-hyun solo apretó los puños y soportó la invasión.
Tras
jugar con sus labios a su antojo, Chan-yang se apartó lo justo para mirarlo de
frente. Lee-hyun bajó la vista al ver su propio reflejo miserable en los ojos
oscuros del otro. Chan-yang habló con voz ronca:
“Kwon
Lee-hyun, sigue jugando así con Gu Seung-hyeok.”
“…….”
“Me
muero de curiosidad por ver qué cara pondrá cuando se enteren de todo. ¿Tú no?”
Chan-yang
sonrió y limpió los labios de Lee-hyun con un dedo. Luego, le dio unos
golpecitos en la mejilla y se alejó.
Lee-hyun
cerró los ojos mientras observaba la espalda de Chan-yang salir de la sala con
un fuerte portazo.
-Continuará en el Volumen 4-
