Capítulo 2. La primera nevada (1)
Capítulo 2. La primera nevada (1)
“Una caja de Esse, por
favor.”
El empleado del
mostrador le tendió la cajetilla. Tras confirmar el tabaco e insertar la
tarjeta en el lector, el teléfono vibró de inmediato con un zumbido. Pensando
que era el mensaje del pago, bajó la mirada con indiferencia, pero en la
pantalla apareció una dirección.
'Gawon-ro 27-gil 52,
piso 4.'
¿Qué era esto?
Era un número
desconocido. ¿Se habrían equivocado? Justo cuando iba a guardar el celular,
vibró una vez más.
'A las 8 p.m., llega
puntual.'
Ante el siguiente
mensaje, el rostro de Seung-hyeok cruzó por su mente. Pensándolo bien, le había
parecido extraño que no hubiera contacto alguno desde el día en que fue a
pedirle el dinero.
Lee-hyun, en lugar de
responder preguntando quién era, salió de la tienda y se puso un cigarrillo en
los labios al llegar al callejón. Sus ojos, que observaban el mensaje
fijamente, estaban hundidos en su calma habitual.
“…….”
¿Estaría planeando
empezar formalmente con aquel trabajo que mencionó? Probablemente lo llamaba
para discutir los detalles. No tenía idea de qué diría, pero tenía el vago
presentimiento de que no sería algo legal.
¿Qué significaría eso
de tener que extraer información? ¿Podría hacer lo que Gu Seung-hyeok le
ordenara? No, aunque fuera algo que no pudiera hacer, tendría que lograrlo de
todos modos.
Aunque sabía que de
nada servía preocuparse a estas alturas, su mente se sentía pesada con tantos
pensamientos. Lee-hyun soltó una larga bocanada de humo, como si fuera un
suspiro, e ingresó la dirección en su teléfono.
El destino marcado con
un punto rojo estaba bastante lejos de su ubicación actual. En lugar de salir
con el tiempo justo y arriesgarse a llegar tarde, pensó que sería mejor irse
temprano, aunque terminara esperando un poco.
Lee-hyun arrojó la
colilla al suelo, la aplastó con el pie y encaminó sus pasos pesados hacia la
parada del autobús.
* * *
Al bajar del autobús,
apareció ante Lee-hyun una calle repleta de locales de ocio nocturno y bares.
Siguiendo el mapa, dobló una manzana y se encontró con un callejón oscuro, cuya
atmósfera distaba mucho de la ruidosa avenida principal.
Al final de la calle,
invadida por coches estacionados ilegalmente, se divisaba un edificio comercial
de cinco plantas sin un solo letrero. Era el destino de la dirección que
Seung-hyeok le había dado.
Un aire lúgubre
envolvía el lugar, quizás por la ausencia de gente o por el aspecto abandonado
de los edificios circundantes. Lee-hyun levantó la vista hacia la planta
superior, donde había luz, y comenzó a subir las escaleras lentamente.
¿Había dicho que la
oficina estaba en el cuarto piso?
Era un edificio viejo,
sin ascensor. El segundo y tercer piso parecían llevar vacíos mucho tiempo.
Sobre el suelo de cemento desnudo, sin acabados, rodaban descuidadamente
papeles arrugados con anuncios de alquiler.
Al llegar al cuarto
piso, su pecho subía y bajaba con fuerza. Lee-hyun recuperó el aliento y llamó
a la puerta de hierro firmemente cerrada. Aunque golpeó con suavidad, un
estruendo metálico resonó por toda la escalera. El agudo ruido le hizo fruncir
el entrecejo.
“¿Hay alguien?”
Ante la falta de
respuesta, dudó si volver a llamar, pero en ese momento la puerta se abrió
bruscamente. Tras la hoja pintada de gris y cubierta de pegatinas
publicitarias, se encontraban varios hombres sentados que lo observaron con recelo.
“¿Qué quieres?”
El hombre que abrió la
puerta frunció el ceño al ver a Lee-hyun. De inmediato, escudriñó el resto de
la escalera para comprobar si venía alguien más.
Al confirmar que
estaba solo, volvió a fijar su mirada en él. Esta vez, la desconfianza se
transformó en desconcierto. Se rascó la frente y arqueó una ceja.
“Oye, ¿no te habrás
equivocado de dirección?”
Por el hueco junto al
hombre, Lee-hyun pudo vislumbrar el interior. En un enorme sofá de cuero
situado en el centro, había varios hombres sentados; sobre la mesa central, las
cartas de un juego de azar estaban desparramadas. Algunos, con las cartas aún
en la mano, lo miraban con curiosidad.
Todos tenían un
aspecto intimidante, pero Lee-hyun ya estaba más que acostumbrado a tratar con
gente así por su trabajo en el club. Al igual que ocurrió en la sede central de
Taeseong, estaba claro que Seung-hyeok no les había avisado de su llegada.
Pensó que sería más rápido buscar a Seung-hyeok directamente en lugar de
intentar dar explicaciones a aquellos hombres.
Lee-hyun dio un paso
hacia el interior pasando junto al hombre de la puerta. Al verlo, los tipos
corpulentos del sofá soltaron las cartas y fruncieron el ceño.
“Muchacho, te he
preguntado a qué vienes. Este no es un sitio por el que cualquiera pueda andar
entrando y saliendo.”
Sus movimientos al
bloquearle el paso resultaban bastante amenazantes. Lee-hyun soltó un suspiro
y, justo cuando iba a decir que buscaba a Gu Seung-hyeok, una voz intervino
desde un costado.
“Es mi invitado. No se
metan y sigan con lo suyo.”
Al girar la cabeza,
vio a Gu Seung-hyeok apoyado en la puerta de una oficina privada. Los hombres
miraron a ambos alternadamente y, con tono bromista, comentaron que no sabían
que era invitado del jefe.
“No te quedes ahí
parado como un idiota y entra.”
Ante las palabras de
Seung-hyeok, Lee-hyun apretó la mandíbula un instante antes de avanzar. Sentía
las miradas clavadas en su espalda. Al llegar frente a él, Seung-hyeok abrió un
poco más la puerta. Lee-hyun tragó saliva y cruzó el umbral hacia la oficina
privada.
El espacio, decorado
como una gran sala de juntas, tenía al fondo una pequeña zona que parecía un
estudio. Tras de él, se escuchó el clic de la puerta al cerrarse.
“Sígueme.”
Al estar juntos en aquel
espacio reducido, Lee-hyun fue más consciente de la complexión física de
Seung-hyeok. Se preguntó inconscientemente si habría crecido más, pero de
inmediato se mordió los labios para apartar el pensamiento. Sacudió levemente
la cabeza para despejar su mente y caminó un paso por detrás de él hacia el
interior.
“Siéntate.”
Seung-hyeok señaló el
sofá con un gesto de la barbilla y se sentó enfrente. Cruzó las piernas, se
reclinó en el respaldo y fijó sus ojos oscuros en Lee-hyun con insistencia.
“Pensé que te
acobardarías y no vendrías. Sin saber siquiera qué te iba a pedir.”
“No creo que me
hubieras dejado escapar de todos modos.”
Ante la respuesta
indiferente, Seung-hyeok dejó escapar una breve risa burlona.
“Ja, ja, exacto. No
estamos aquí para regalar el dinero.”
A diferencia de
Seung-hyeok, que estaba relajado, Lee-hyun permanecía sentado con la espalda
recta y las piernas juntas. Al notar que Lee-hyun evitaba el contacto visual y
miraba hacia la mesa, Seung-hyeok frunció el ceño. Torció el gesto con sarcasmo
y soltó un comentario mordaz.
“¿Hasta dónde estás
dispuesto a llegar?”
“…….”
“Dijiste que no
vendías tu cuerpo. ¿Vendes alguna otra cosa?”
“…….”
“Supongo que al menos
sabrás usar la boca o las manos.”
La voz cargada de
burla hizo que Lee-hyun levantara la cabeza. Aunque sabía que lo decía solo
para provocarlo, no pudo evitar apretar los puños.
“Si dijera que sé
usarlas.”
“…….”
“¿Acaso piensas
ponerme a prueba aquí mismo?”
Al soltar aquellas
palabras mirando fijamente a los ojos de Seung-hyeok, este arqueó una ceja.
Sostuvo la mirada sin retroceder, pero finalmente giró la cabeza con una risa
incrédula.
“Claro. Así es como
debe ser Kwon Lee-hyun.”
Seung-hyeok se levantó
de golpe y se dirigió al escritorio. Regresó con una carpeta amarilla y la
soltó con un golpe seco frente a Lee-hyun.
“…….”
La portada no tenía
ninguna inscripción. Entendiendo que el silencio era una invitación a mirar,
Lee-hyun abrió la carpeta. En la parte superior de la primera página, vio la
fotografía de un hombre que le resultaba familiar.
“Su nombre es Gu
Jin-hyeok, treinta y dos años. Es el director ejecutivo del Grupo Taeseong.”
“…….”
“Por si no lo sabías,
es mi... hyung.”
Al pronunciar la
palabra hyung, Seung-hyeok hizo una breve pausa. La mano de Lee-hyun se detuvo
por un instante.
¿hyung? ¿Seung-hyeok tenía un hermano mayor?
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De repente, viejos recuerdos parecieron
agolparse en su mente, haciendo que su rostro, antes inexpresivo, se contrajera
ligeramente. Lee-hyun sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos y volvió
a concentrarse en los documentos.
El hombre, que mostraba
una mirada fría tras unas gafas de montura plateada, era alguien a quien ya
había visto un par de veces. Era la persona que había ido a buscar a Gu
Seung-hyeok a la oficina del mánager y quien lo había ayudado en la sede
central la última vez.
Siempre había pensado
que tenía rasgos afilados y atractivos, pero tras saber que era el hyung de Gu
Seung-hyeok, su mirada le pareció extrañamente gélida.
Lee-hyun se humedeció
los labios con la lengua y pasó la página lentamente. En varias hojas de papel
se detallaban minuciosamente desde sus gustos y aversiones hasta sus
restaurantes habituales y sus rutinas diarias. Parecía un documento redactado
durante mucho tiempo por alguien que lo había observado de cerca.
“Busco un objeto. En
dos semanas habrá una fiesta de inauguración para clientes VIP y necesito la
contraseña que estará en manos de Gu Jin-hyeok.”
“…….”
“Tu trabajo es estar a
su lado como su acompañante el día de la fiesta y conseguir ese código de seis
dígitos.”
Lee-hyun, que revisaba
las últimas páginas, levantó la cabeza despacio y miró a Seung-hyeok. Su rostro
no revelaba ninguna emoción. Seung-hyeok, por su parte, observaba a Lee-hyun
mientras apretaba y abría los puños.
Le resultaba increíble
y a la vez irritante que Lee-hyun hubiera ido a pedirle dinero prestado con
tanta calma, y aquella propuesta había sido un impulso nacido de su rabia.
Verlo allí sentado,
con ese rostro impasible sin saber en qué clase de asunto se estaba metiendo,
hacía que a Seung-hyeok se le revolviera el estómago. Torció el gesto y se hizo
crujir los nudillos.
El objeto que buscaba
era una nueva droga que debía haber entrado el mes pasado desde Sudamérica,
camuflada en muñecas para niños. Una cantidad que apenas pesaba lo que un niño
pequeño, pero que en el mercado superaba los treinta mil millones de wones, y
que se había esfumado misteriosamente durante el trayecto por Hawái.
El presidente Gu creía
que era obra de los tipos de la banda Seungri, pero Seung-hyeok pensaba
diferente. Una jugada tan sucia y precisa solo podía ser obra de Gu Jin-hyeok.
Como para confirmar
sus sospechas, la oferta de esa droga en el mercado estaba disminuyendo.
Parecía que Gu Jin-hyeok planeaba retenerla hasta el momento en que heredara el
control de la empresa, para luego soltarla al precio más alto justo cuando la
demanda fuera desesperada.
Solo había un lugar
donde se sospechaba que podía estar escondida: el edificio del salón de
recepciones cuya construcción estaba terminando.
A través de los
arquitectos, llegó la información de que se había construido un almacén
adicional que no figuraba en los planos. Al parecer, estaba diseñado para
abrirse únicamente con un código OTP que cambiaba a diario.
Incluso si enviaba a
alguien a conseguir la clave, no serviría de nada si no podían acceder al salón
ese día. Por eso, la fiesta VIP era la única oportunidad.
Aún no estaba seguro
de si era correcto involucrar a Kwon Lee-hyun en algo tan crucial, pero la
suerte ya estaba echada.
“……."
Lee-hyun se mordió el
labio inferior. La petición de Seung-hyeok le parecía absurda. Si era una
contraseña tan importante, no la mostraría fácilmente. ¿Cómo se suponía que iba
a conseguirla él?
Y más allá de eso, él
y Gu Jin-hyeok apenas se habían cruzado por casualidad; no tenían ningún
vínculo en absoluto.
“...No creo que
alguien como yo pueda acercarse a una persona así.”
“No tienes que
preocuparte por eso. Él será quien se acerque primero, aunque tú no hagas
nada.”
“¿A qué te refieres?”
“Es el tipo de hombre
que siente la necesidad de arrebatarme todo lo que tengo, ya sean objetos o
personas.”
Seung-hyeok ladeó la
cabeza y dejó escapar una risa corta.
“A Gu Jin-hyeok no le
importa si son mujeres o hombres. Pero parece que los tipos con tu apariencia
son su tipo. Pálidos, delgados, pero con una mirada decidida.”
“…….”
“Su pasatiempo es
jugar con ellos y desecharlos cuando se aburre. No hay forma de que te deje en
paz si estás a mi lado.”
Seung-hyeok sacó un
cigarrillo y lo encendió con un clic del encendedor. Con el cigarrillo en los
labios y la mirada baja, continuó hablando con voz algo borrosa.
“Sedúcelo con tu
cuerpo o con tu cara, usa lo que mejor se te dé y envuélvelo.”
“…….”
“Si consigues esa
contraseña, consideraré tu deuda pagada.”
Dudó un momento pensando
que la tarea superaba sus capacidades, pero la promesa de cancelar la deuda le
hizo levantar la vista. Seung-hyeok lo observaba con los brazos cruzados, como
si lo estuviera analizando. Lee-hyun sostuvo la mirada sin pestañear.
El Gu Jin-hyeok que
había visto en la oficina del mánager y en la sede central parecía un
empresario impecable, alguien en quien no cabía ni un solo error. No se parecía
en nada a Seung-hyeok, con su vestimenta llamativa y sus modales de matón.
No sabía por qué
necesitaba robarle esa contraseña, pero era evidente que se trataba de una gran
oportunidad para él. Lee-hyun miró fijamente la carpeta que tenía delante y la
sujetó con fuerza.
“...¿Qué es lo que
tengo que hacer?”
“He conseguido un
puesto de pasante temporal en la oficina de secretaría de Gu Jin-hyeok. Les
daré los detalles a los muchachos para que te los pasen, así que empieza a
trabajar allí la próxima semana.”
La noticia hizo que
Lee-hyun frunciera el ceño. Había usado hasta sus ahorros para reunir dinero,
por lo que su situación económica actual era preocupante, y ahora tendría que
dejar incluso su trabajo en el restaurante de sopa de morcilla.
'Tendré que buscar
algún trabajo nocturno. Quizás pueda preguntar si queda algún puesto en el bar
donde trabajaba antes.'
Lee-hyun tragó un
suspiro y asintió. Por alguna razón, parecía que iba a estar más ocupado que
nunca. Al notar el silencio, Lee-hyun levantó la vista y se encontró con la
mirada fija de Seung-hyeok. Este estaba apoyado en el sofá con el rostro
inexpresivo, moviendo el pie calzado con un zapato de cuero.
¿Tenía algo más que
decir o había algún otro significado?
No entendía por qué lo
miraba tan fijamente. Mientras sostenía la mirada, un golpe en la puerta rompió
el silencio. Aunque Seung-hyeok no respondió, alguien asomó la cabeza por la
puerta abierta.
“Jefe, ha llegado la
comida.”
El hombre echó un
vistazo rápido a Lee-hyun, cerró la puerta y se marchó, dejando que el silencio
regresara a la sala. Seung-hyeok bajó las piernas y se levantó primero.
“No hace falta que te
diga que te quedes a comer.”
“…….”
“No somos de los que
se sientan a la mesa frente a frente.”
Una sonrisa
autocrítica cruzó su atractivo rostro. Lee-hyun lo observó con frialdad y se
levantó también.
“Mejor así. Yo tampoco
tenía intención de hacerlo.”
“…….”
“No olvides que la
deuda quedará saldada si tengo éxito.”
Alguien que ocupa el
puesto de director ejecutivo en una empresa como Taeseong no sería un rival
fácil. Le inquietaba un poco que no se hubiera mencionado qué pasaría si
fallaba, pero en cualquier caso, para Lee-hyun era un trato ventajoso.
Lee-hyun miró
fijamente a Seung-hyeok y, con expresión impasible, le tendió la mano. El gesto
burlón de los labios de Seung-hyeok desapareció lentamente y, poco después, su
gran mano estrechó la de Lee-hyun.
Sintió un calor
extraño emanando de su palma firme. Pero más extraño aún era el brillo en los
ojos de Seung-hyeok. Lee-hyun retiró su mano rápidamente. Al darse la vuelta
para marcharse, sintió como si una mirada punzante se clavara en su espalda.
* * *
Haber regresado a este
lugar por voluntad propia era algo que Lee-hyun nunca imaginó.
Frente al rascacielos
de relucientes cristales, apretó los puños con fuerza. El monumento con el
nombre de Taeseong grabado en la entrada parecía imponerse mucho más que la
última vez. Aunque sabía que todo era una farsa orquestada, era la primera vez
que acudía a una empresa tan prestigiosa como un empleado más. Bajo su rostro
sereno, ocultaba una mezcla de nerviosismo y preocupación por tener que engañar
a los demás.
Al notar que Lee-hyun
se había quedado petrificado frente al edificio, varias personas vestidas con
impecables trajes lo miraron de reojo al pasar. Al percatarse de esas miradas,
Lee-hyun reaccionó y apresuró el paso.
Al entrar en el
vestíbulo y presentar su identificación en el mostrador, el empleado le dedicó
una leve sonrisa. Esta vez, parecía que ya habían recibido instrucciones
previas, pues la puerta de seguridad se abrió de inmediato, a diferencia de su
visita anterior.
Mientras subía en el
ascensor junto a otros empleados y llegaba frente a la oficina de secretaría,
los nervios finalmente empezaron a pasarle factura. Solo entonces fue
plenamente consciente de que debía permanecer cerca de Gu Jin-hyeok durante
menos de dos semanas para ganarse su confianza. Tras soltar un profundo
suspiro, llamó suavemente a la puerta.
Al abrirse la puerta
con un clic, cuatro empleados sentados en sus escritorios asomaron la cabeza
con curiosidad. Lee-hyun hizo una reverencia para evitar sus miradas
inquisitivas y, en ese momento, una mujer se levantó de un escritorio situado a
la derecha.
“¿Es usted el señor
Kwon Lee-hyun?”
“Sí.”
“Es un placer. Soy
Yoon Ji-yeon, la jefa de secretaría. Saluden todos, por favor. Él es el señor
Kwon Lee-hyun, quien trabajará con nosotros como pasante durante un mes.”
“Hola. Mucho gusto.”
Lee-hyun volvió a
inclinarse y se escucharon unos leves aplausos. Ji-yeon lo guio hacia un
escritorio ubicado en una esquina.l
“Puede ocupar este
lugar. Como solo estará un mes, espero que entienda si le resulta algo
incómodo. No es un sitio donde solamos poner un escritorio.”
Tal como ella decía,
la mesa estaba bastante desordenada; era evidente que solía ser un espacio para
trastos y suministros de oficina. Lee-hyun se sentó frente a una computadora
portátil que parecía haber sido colocada allí a toda prisa. En la pantalla
oscura, el reflejo de su rostro se veía más fatigado y miserable de lo
habitual.
“Ah, y otra cosa….”
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Lee-hyun levantó la vista al notar que ella
dejaba la frase en el aire. La jefa de secretaría lo miraba con expresión
apurada. Se frotó la zona de las cejas antes de hablar.
“Tenemos un código de
vestimenta.”
“¿Perdón?”
“Las normas de la
empresa son bastante estrictas y, sobre todo en secretaría, la imagen es
fundamental.”
Ante sus palabras,
Lee-hyun bajó la mirada hacia su ropa. Llevaba un traje casual que solía usar
ocasionalmente cuando trabajaba en el club. Al observar discretamente a un
empleado sentado cerca, notó que vestía un traje formal completo, incluso con
corbata y chaleco. Recordó que la mayoría de las personas con las que se cruzó
al entrar vestían de forma similar.
“Ah….”
Era lógico que hubiera
llamado la atención entre gente vestida de forma tan conservadora. Sintió que
el rostro le ardía por la vergüenza y, al mostrar una expresión desconcertada,
la jefa de secretaría le sonrió con amabilidad.
“Hoy es su primer día,
así que es comprensible. Por favor, asegúrese de tenerlo en cuenta a partir de
mañana.”
“Sí, entendido.”
Aunque respondió con
determinación, Lee-hyun no poseía ningún traje tan formal como los que veía
allí. Tendría que ir a una tienda departamental en cuanto terminara su jornada.
Su mente empezó a calcular costos frenéticamente y no pudo evitar soltar un suspiro
interno.
“Y tome esto.”
Mientras Lee-hyun se
mordía el labio, la mujer le entregó un libro grueso y encuadernado. Él la miró
y ella, tras consultar su reloj, señaló el libro con la mirada.
“Es un manual con las
normas básicas que debe conocer. Léalo hasta que llegue el momento de ir a
presentarse con el director ejecutivo.”
“Sí, muchas gracias.”
Al abrir la primera
página del pesado manual, apareció un índice con más de diez capítulos.
Explicaba detalladamente desde la actitud y presencia de un secretario hasta la
forma de reservar restaurantes o el protocolo de conversación. Al leerlo,
Lee-hyun se dio cuenta una vez más de lo poco que encajaba en ese lugar.
La jefa de secretaría
regresó a su sitio y comenzó a trabajar con diligencia. Sus compañeros también
estaban ocupados haciendo llamadas o escribiendo en sus computadoras. Sentado
en medio de personas capaces de manejar un manual tan denso y realizar sus
tareas con destreza, Lee-hyun se sintió ridículo por estar allí con un
propósito tan turbio. Reprimió una risa amarga y bajó la vista hacia el libro.
Pasado un tiempo,
alguien dio unos golpecitos en su escritorio.
“Señor Lee-hyun,
entraremos un momento para que se presente ante el director ejecutivo.
Levántese, por favor.”
“Ah… sí.”
Al llegar frente a la
puerta del despacho principal, sintió que se le secaba la boca. Se preguntaba
si el hombre lo recordaría de aquel encuentro fortuito y, de ser así, si no le
parecería extraño que estuviera allí.
Toc, toc. Con un suave golpe, la puerta se abrió
revelando un interior decorado en tonos oscuros. El ambiente era radicalmente
opuesto al despacho desolado de Gu Seung-hyeok. Mientras su mirada se perdía
por un momento en unos palos de golf colocados en una esquina, la secretaria
habló primero.
“Director, este es el
señor Kwon Lee-hyun, quien comienza hoy como pasante. Señor Lee-hyun,
preséntese.”
Lee-hyun reaccionó y
giró la cabeza. Vio cómo el hombre sentado tras el escritorio levantaba la
vista. Mordiéndose el labio inferior, Lee-hyun inclinó la cabeza rápidamente.
“Hola, soy Kwon
Lee-hyun. Me esforzaré… al máximo.”
Al erguirse, sus ojos
se encontraron con los del hombre. Su rostro mostraba una expresión
ambivalente, a medio camino entre una sonrisa y la indiferencia.
“Kwon Lee-hyun, Kwon
Lee-hyun….”
Pronunció su nombre
como si lo saboreara y luego curvó los labios con diversión. Dejó los
documentos sobre la mesa y se reclinó en su silla.
“Señor Lee-hyun.”
“Sí.”
“La oficina del
director Gu está en el piso de abajo. ¿Está seguro de que ha venido al lugar
correcto?”
“...Sí. Así es.”
'Me recuerda', pensó
Lee-hyun.
La mirada escrutadora
de Jin-hyeok recorrió su rostro con insistencia. Cuando sus ojos bajaron
lentamente hacia el traje que Lee-hyun solía usar en el club, dejó escapar una
risa corta.
“Qué interesante.”
“…….”
Jin-hyeok volvió a
centrar su atención en los papeles. A Lee-hyun le inquietó que alguien que
evidentemente sabía de su conexión con Gu Seung-hyeok se limitara a decir que
aquello era interesante.
Lee-hyun lo miró con
inquietud, pero Jin-hyeok no volvió a dirigirle la mirada.
“Bien, puede
retirarse. Secretaria Yoon, entre con los expedientes de aprobación que quedan
pendientes.”
“Sí, director.”
Siguiendo a la jefa de
secretaría, hizo una reverencia y solo al darse la vuelta pudo soltar el aire
que contenía. Tal como sintió la primera vez, era un hombre que no parecía
dejar ni una sola grieta. Se preguntó si realmente podría acercarse a él, y
mucho menos robarle una contraseña. Un suspiro de preocupación lo invadió.
Al regresar a su
escritorio, no tenía nada que hacer. Sus compañeros estaban sumergidos en sus
labores, así que Lee-hyun se limitó a observar el pesado manual.
Pasó el día entero
sintiéndose fuera de lugar, moviéndose con cautela entre la gente ocupada,
hasta que finalmente llegó la hora de salida. Justo cuando el ambiente en la
oficina se relajaba, la puerta del despacho se abrió y apareció Gu Jin-hyeok.
“Terminen de recoger y
váyanse a casa. Yo me marcho primero.”
Pareció mirar a
Lee-hyun por un instante antes de salir rápidamente de la sala entre las
despedidas de sus secretarios. En cuanto la puerta se cerró, todos soltaron un
suspiro de alivio.
“Señora Yeong-eun,
¿qué le parece si vamos a tomar algo los que podamos al terminar hoy?”
“¡Por supuesto! ¿Qué
tal aquel izakaya de la última vez? La comida estaba bastante bien.”
Mientras escuchaba sus
planes, Lee-hyun empezó a recoger sus cosas. Aunque no había hecho nada en todo
el día, se sentía exhausto. Aprovechando la distracción, tomó su bolso y se
levantó.
“Yo también me
retiro….”
Fue entonces cuando
los que hablaban animadamente giraron la cabeza. Como si acabaran de
recordarlo, uno de ellos frunció el ceño.
“Ah, señor Lee-hyun.
Lo siento, pero antes de irse, ¿podría llevar esto al equipo de soporte?”
“...¿Al equipo de
soporte?”
“Es en el piso 17. Se
lo encargo.”
“Sí, de acuerdo.”
Le entregaron una caja
de cartón bastante grande, llena de carpetas y montones de papeles. Pesaba más
de lo esperado y era tan alta que le dificultaba la visión frontal. Mientras
Lee-hyun acomodaba la caja, los demás secretarios recogieron sus pertenencias y
se marcharon primero. Solo en la oficina, Lee-hyun soltó un pequeño suspiro y
levantó la carga.
El edificio estaba
repleto de gente que salía de sus oficinas al terminar la jornada. Cada vez que
se abría un ascensor, estaba tan lleno que era imposible entrar. Sin más
remedio, Lee-hyun empujó con el cuerpo la puerta que daba a las escaleras.
“Uff….”
Sujetando la caja con
ambas manos, logró bajar hasta el piso del equipo de soporte, con el sudor
perlado en su frente a pesar del aire fresco. Justo cuando salía al pasillo
tras abrir la puerta de las escaleras, alguien chocó bruscamente contra su
hombro.
“¡Ah, ah…!”
El hombre con el que
chocó frunció el ceño y lo miró, pero Lee-hyun solo tenía ojos para la caja que
se le escapaba de las manos. Con un estruendo, los papeles blancos se
desparramaron por el suelo.
“¡Maldita sea! ¡Fíjese
por dónde camina!”
Entre las hojas
blancas de papel A4, Lee-hyun vio varios pares de zapatos de cuero negro. Se
arrodilló y, agachado, no dejó de inclinarse ante las personas que lo rodeaban.
“...Lo siento mucho.”
“Jefe, lo sentimos.
Vámonos.”
Trató de recoger
rápidamente los papeles esparcidos entre los zapatos negros, pero los nervios
se lo impedían. Si no hubiera habido nadie, se habría sentido menos humillado,
pero por alguna razón, esas personas no se movían. Lee-hyun se mordió el labio
inferior y trató de alcanzar un papel que estaba bajo el pie de alguien.
“Por favor, su pie….”
No esperaba una
disculpa, pero lo que recibió fue un largo suspiro. Justo cuando iba a levantar
la cabeza para ver de quién se trataba, alguien lo agarró de un brazo y lo
obligó a ponerse de pie.
“Ah….”
Al ver de quién se
trataba, solo pudo soltar una exclamación de asombro.
Frente a él estaba Gu
Seung-hyeok.
Entre todos aquellos
hombres con trajes negros, él era el único que vestía una llamativa camisa con
un patrón de cadenas doradas.l
Al encontrarse con su
mirada, Seung-hyeok frunció el ceño. Soltó el brazo de Lee-hyun con un gesto
brusco y metió las manos en los bolsillos de su pantalón.
“Te dije que atrajeras
la atención de Gu Jin-hyeok, no que te pusieras a trabajar de verdad.”
“…….”
“¿Qué demonios estás
haciendo?”
Inclinado ligeramente,
recorrió a Lee-hyun de arriba abajo con la mirada. Al haberse agachado, los
bajos de sus pantalones se habían subido y su chaqueta estaba toda arrugada.
Ante su crítica
directa, Lee-hyun no supo qué responder. Ignorándolo, intentó agacharse de
nuevo para recoger los papeles, pero Seung-hyeok volvió a sujetarlo por el
brazo y lo enderezó.
“¿Qué hacen ahí
parados mirando? ¿Por qué no los recogen?”
Ante la orden de
Seung-hyeok, aquellos hombres corpulentos se agacharon al unísono. Ver a esos
tipos tan grandes recogiendo los papeles del suelo resultó ser una imagen
extraña y abrumadora. Sin embargo, Seung-hyeok los miró con indiferencia antes
de dirigirse a Lee-hyun.
“¿A dónde hay que
llevar esto?”
“...Al equipo de
soporte.”
“Tae-sik, ya
escuchaste. Terminen de recoger esto, lleven a los muchachos a cenar y
regresen. Yo tengo que salir un momento.”
“Sí, jefe.”
“Tú y tú, síganme.”
Tras indicar con un gesto
de la barbilla a los dos subordinados que esperaban en la esquina, la situación
se resolvió rápidamente. Justo cuando Lee-hyun dudaba si debía darle las
gracias, Seung-hyeok le hizo una señal.
“Kwon Lee-hyun, tú
también ven.”
Se preguntó qué pasaría ahora, pero no estaba
en posición de cuestionar las órdenes de Seung-hyeok. Tragándose un suspiro, lo
siguió dócilmente.
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Llegaron al estacionamiento subterráneo. Los
subordinados se acercaron a un sedán negro y abrieron la puerta trasera,
esperando a que ambos subieran. Ante la vacilación de Lee-hyun, Seung-hyeok
habló con indiferencia.
“Sube.”
“¿A dónde vamos?”
“Lo sabrás cuando
lleguemos.”
El coche se detuvo
frente a una tienda departamental. Los árboles y los edificios estaban
decorados con luces que desprendían un intenso aire de fin de año. Sin prestar
la menor atención a los adornos, Seung-hyeok caminaba a paso rápido mientras
Lee-hyun intentaba seguirle el ritmo.
“¿Por qué vinimos
aquí?”
Al oír la pregunta, Seung-hyeok
arqueó una ceja con arrogancia. Recorrió a Lee-hyun de arriba abajo con la
mirada y respondió con fastidio.
“Solo mantente cerca y
sígueme.”
Su tono frío hizo que
Lee-hyun frunciera el entrecejo, pero no podía replicar. Siguió a Seung-hyeok
en silencio.
Seung-hyeok iba a la
cabeza con su llamativa camisa de matón, seguido por dos hombres corpulentos.
Con sus rostros rudos y sus ropas negras, daban una imagen que gritaba a los
cuatro vientos que eran delincuentes, y Lee-hyun podía sentir cómo las miradas
de la gente se clavaban en ellos.
Seung-hyeok, ajeno a
esas miradas, entró con naturalidad en una tienda de ropa masculina. Mientras
él revisaba distraídamente los percheros de la pared, Lee-hyun se quedó parado
torpemente en la entrada junto a los otros hombres. No entendía por qué lo había
arrastrado hasta allí. 'Bueno, ya que estoy aquí, al menos miraré algo de ropa
para mí', pensó Lee-hyun soltando un suspiro mientras observaba el entorno.
Tras dar una vuelta
por la tienda, Seung-hyeok no pareció encontrar nada de su agrado. Al regresar
hacia la entrada, ladeó la cabeza hacia Lee-hyun.
“A la vuelta de la
esquina hay un tipo que plantó Gu Jin-hyeok.”
“¿Qué?”
“Te lo dije, si estás
a mi lado, él será el primero en interesarse.”
Lee-hyun giró
rápidamente la cabeza hacia donde Seung-hyeok señalaba y alcanzó a ver a
alguien doblando la esquina a toda prisa. Seung-hyeok, al ver los ojos redondos
de sorpresa de Lee-hyun, hizo crujir su cuello.
“Así que, al menos
finge que colaboras.”
Lee-hyun se mordió los
labios y siguió a Seung-hyeok a la tienda de al lado, un lugar lleno de
maniquíes con elegantes trajes clásicos de tres piezas. Al entrar, un joven
dependiente de aspecto algo ingenuo se acercó a saludarlos.
Tras escuchar que un
subordinado de Gu Jin-hyeok los vigilaba, Lee-hyun no podía quedarse allí
parado como un pasmarote. Fingió mirar la ropa siguiendo a Seung-hyeok, pasando
las perchas, aunque todas las chaquetas le parecían iguales.
Mientras manoseaba el
borde de una prenda, Lee-hyun alcanzó a ver la etiqueta del precio. Un cero,
dos, tres, cuatro... Sus ojos se abrieron de par en par ante una cifra que lo
dejó sin aliento.
“A Gu Jin-hyeok no le
gusta ese estilo. Entra y pruébate este.”
Fue entonces cuando
escuchó la voz de Seung-hyeok. Con las manos en los bolsillos y una postura
ladeada, señalaba un maniquí con la barbilla. Lee-hyun miró alternadamente el
traje gris de cuadros y a Seung-hyeok antes de hablar.
“¿Quién, yo?”
“¿Quién más hay aquí
además de ti?”
Solo entonces Lee-hyun
comprendió que Seung-hyeok había venido por él. Al darse cuenta, frunció el
ceño. Era cierto que necesitaba trajes para el trabajo, pero no tenía intención
de comprarlos en un lugar así.
“Vámonos a otro lado.
En los outlets hay mucha ropa buena.”
“Traiga una talla que
le quede bien. Ah, y ese también.”
Seung-hyeok ignoró por
completo las palabras de Lee-hyun y señaló el maniquí de al lado. El
dependiente, que había traído la ropa con torpeza, miraba alternadamente a ambos,
tratando de adivinar la situación.
“¿Por qué me lo voy a
probar? No tengo tanto dinero.”
“No te he pedido que
pagues.”
“¿Y por qué vas a
comprármelo tú? No quiero.”
Si tan solo
obedeciera, todo sería más fácil. Seung-hyeok frunció el entrecejo con irritación.
“Lee-hyun. ¿Crees que
te traje para jugar a las compras tranquilamente?”
“…….”
“Si te digo que te lo
pongas, póntelo y ya.”
Al ver la repentina
ferocidad de Seung-hyeok, el dependiente se puso nervioso. Lee-hyun, viendo al
pobre empleado atrapado en medio de la tensión, soltó un suspiro. Era imposible
razonar con Seung-hyeok.
“...Indíqueme dónde
está el probador, por favor.”
Parecía que el
dependiente no llevaba mucho tiempo trabajando; sus emociones se reflejaban
claramente en su rostro. Al principio parecía asustado por la actitud de
Seung-hyeok, pero su cara se iluminó al escuchar la respuesta de Lee-hyun y lo
guio rápidamente hacia los probadores.
“Creo que la camisa
será de su talla... pero el chaleco puede que le quede un poco grande, eh...
¡Ah, sí! Pruébese esto primero y yo buscaré la talla correcta. Un momento.”
Lee-hyun asintió
mientras observaba el ajetreo del empleado. Quiso decirle que no se preocupara
y que fuera con calma, pero pensó que no serviría de nada y guardó silencio.
Poco después, al
entrar al probador y ponerse la camisa, sintió que la textura sobre su piel era
excesivamente suave. Como era de esperar, la etiqueta marcaba una cifra
astronómica. No tenía motivos para aceptar ropa así de Gu Seung-hyeok, ni
tampoco quería hacerlo.
Lee-hyun se quitó la
prenda rápidamente y se puso su propia ropa. Si una sola camisa costaba eso, no
valía la pena probarse lo demás.
Al abrir con cuidado
la puerta del probador, se encontró con la mirada de Seung-hyeok, que lo
observaba con gesto torcido. Justo cuando iba a decirle que era demasiado caro,
el dependiente se acercó corriendo con una pila de chaquetas, zapatos y cinturones.
“Caballero, también
traje unos zapatos que creo que le irán bien y otras cosas...”
“¡Ah, ah...!”
El problema ocurrió
cuando el dependiente, al intentar esquivar un perchero lleno de ropa, golpeó
fuertemente un maniquí con el codo. Dos maniquíes de tamaño real comenzaron a
inclinarse lentamente hasta que cayeron sobre el empleado con un estruendo
metálico.
¡Clang!
Incluso la gente que
pasaba por allí volvió la cabeza, mientras el dependiente se quejaba de dolor
sujetándose la mano. Lee-hyun, alarmado, se acercó a él rápidamente.
“¿Se encuentra bien?”
“Lo, lo siento mucho,
caballero. Es que acabo de empezar a trabajar... Lo siento.”
“Déjeme ver su mano.”
Al tomar la mano del
joven, vio que tenía un rasguño largo y profundo. Al ver cómo empezaba a brotar
la sangre, Lee-hyun frunció levemente el ceño.
“¿No tienen un
botiquín de primeros auxilios en la tienda?”
“Hay uno en el
mostrador, pero...”
“Espere aquí.”
Lee-hyun buscó el
botiquín donde el empleado le indicó y regresó con desinfectante y vendas.
Aplicó el antiséptico sobre la herida y extendió la pomada con cuidado.
“¡Cielos! ¡Pero qué ha
pasado aquí!”
Mientras estaba
arrodillado curando la mano del joven, escuchó la voz alarmada de una mujer a
sus espaldas. Al girarse, vio a una mujer con una placa de mánager inclinándose
repetidamente.
“Caballero, ¿se
encuentra bien? Lo lamento mucho. Parece que un empleado en prácticas cometió
un error. Mil disculpas.”
Frente a la mujer
estaba Gu Seung-hyeok, con las manos en los bolsillos y apoyado sobre una sola
pierna. No le dedicó ni una mirada a la mánager; solo observaba la escena de
Lee-hyun.
A Lee-hyun le molestó
que se quedara allí mirando con esa cara fría mientras alguien estaba herido.
Apartó la vista de él y se puso de pie.
“Nosotros estamos
bien. Creo que es él quien se ha lastimado, deberían llevarlo a que lo curen
adecuadamente.”
El dependiente, ya de
pie junto a la mánager, no paraba de inclinarse. Se tocaba el brazo vendado y
negaba con la cabeza.
“No, no es nada, no
era una herida grave... Gracias por ayudarme, caballero. De verdad, gracias.”
“Qué patético.”
La burla gélida
provino de un lado. Gu Seung-hyeok miró a Lee-hyun y al dependiente con
desprecio antes de empezar a caminar. Lee-hyun hizo una breve inclinación hacia
la mánager y el joven, y luego siguió los pasos de Seung-hyeok.
Frente al ascensor, el
rostro de Seung-hyeok mientras miraba hacia arriba estaba inusualmente gélido.
Lee-hyun sabía que no había hecho nada malo, pero no quería provocarlo más. Se
quedó a su lado en silencio.
Escuchó su voz gélida
cuando el ascensor aún estaba en los pisos superiores.
“Sigues siendo igual
de entrometido.”
“…….”
“Haces que me sienta
estúpido por haberme conmovido en el pasado con tu barata amabilidad hacia
cualquiera.”
No sabía por qué estaba tan irritado de
repente, pero ya estaba harto de reaccionar a sus sarcasmos. Lee-hyun también
endureció su expresión y se limitó a mirar los números del ascensor.
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“¡Espere, espere un momento...!”
Un grito desesperado
se escuchó justo cuando el ascensor estaba por llegar. Al darse la vuelta, vio
al dependiente de la tienda corriendo hacia ellos. Se detuvo frente a Lee-hyun,
jadeando, y le tendió algo.
“Uff, uff... Esto no
es mucho... pero es por haberme ayudado... gracias... uff...”
Era una caja con una
corbata de diseño discreto. Lee-hyun, desconcertado, intentó rechazarlo
diciendo que no era necesario, pero el joven le puso la caja en las manos a la
fuerza.
“La próxima vez que
venga a la tienda, lo atenderé como es debido. Lo siento de nuevo. Y gracias,
de verdad.”
Tras una rápida
reverencia ante el estupefacto Lee-hyun, el joven regresó corriendo por donde
vino. Fue como si un torbellino acabara de pasar. Al reaccionar, Lee-hyun solo
tenía la pequeña caja de regalo en sus manos.
Inconscientemente,
dejó escapar una leve sonrisa. Aquella torpeza y esos errores le recordaron a
sí mismo cuando tenía veinte años.
“Ah... qué asco de
humor.”
Seung-hyeok, que lo
observaba, murmuró por lo bajo mientras giraba la cabeza. Antes de que Lee-hyun
pudiera preguntar qué decía, las puertas del ascensor se abrieron y Seung-hyeok
entró.
“Sube.”
Su tono autoritario le
provocó rechazo, pero Lee-hyun se mordió los labios y se puso a su lado. Justo
cuando las puertas estaban por cerrarse, de repente, la mano de Seung-hyeok se
lanzó hacia él.
“¡...!”
Seung-hyeok le
arrebató la pequeña caja de las manos y la arrojó por el hueco de las puertas
del ascensor que se cerraban, como si fuera basura.
Lee-hyun lo miró con
una mezcla de sorpresa e indignación, pero él mantenía la mirada fija al
frente, con el rostro inexpresivo. Ante su actitud tan cínica, Lee-hyun
contrajo el rostro.
“¿Qué demonios crees
que haces?”
“Te enviaré la ropa,
así que póntela para ir a trabajar. Si sales con que es cara o que te da cargo
de conciencia usarla, la tiraré a la basura frente a tus ojos como acabo de
hacer, así que ni se te ocurra decir tonterías.”
En cuanto se abrieron
las puertas del ascensor, Seung-hyeok salió primero. Lee-hyun se mordió el
labio inferior mientras fulminaba con la mirada la nuca de aquel hombre.
Tal como él dijo, unos
hombres de aspecto rudo llamaron violentamente a su puerta al amanecer. Con los
brazos tatuados y en silencio, revisaron la pequeña habitación de Lee-hyun,
acomodaron las prendas y se marcharon sin decir palabra. Lee-hyun se quedó
mirando el armario lleno de trajes de lujo que nunca en su vida había vestido y
soltó un largo suspiro.
Encendió su teléfono y
abrió el chat con el nombre de Gu Seung-hyeok. Escribió 'Recibí la ropa.
Graci...', pero luego sacudió la cabeza y presionó el botón de inicio. Sabía
que, aunque enviara el mensaje, no recibiría ninguna respuesta amable.
'...Mejor me voy a
trabajar.'
Debido a la tensión
por la visita inesperada, se le había quitado el sueño por completo. Tras
consultar el reloj de la mesilla, Lee-hyun acarició con la yema de los dedos el
traje que colgaba al fondo del armario. La textura era tan suave que, sin darse
cuenta, apretó el puño con fuerza.
* * *
Llegó a la empresa
incluso más temprano de lo habitual con la idea de que quizás podría cruzarse
con Gu Jin-hyeok, pero las luces de la oficina de secretaría ya estaban
encendidas.
“Buenos días.”
La jefa de secretaría,
que ya tecleaba en su computadora, respondió apenas con un breve gesto de ojos.
Lee-hyun, sintiendo su mirada, caminó hacia su rincón en la esquina.
A medida que se
acercaba la hora oficial de entrada, los empleados empezaron a llegar uno tras
otro. Pasaban de largo frente a Lee-hyun, que permanecía sentado mirando el
manual, y ocupaban sus puestos ignorando su presencia.
“Voy a comprar el café
del director ejecutivo, ¿alguien quiere algo?”
“Su-jin, pídeme un
americano para mí también, por favor.”
“¡Oh, yo también! ¡Con
hielo!”
Estar allí sentado sin
hacer nada mientras todos trabajaban con energía le hacía sentirse fuera de
lugar. Fue por eso que Lee-hyun levantó la cabeza de repente y soltó las
palabras casi sin pensar.
“Yo iré.”
Su-jin, que era la
encargada de traer el café de Jin-hyeok cada mañana, mostró un rostro radiante
al ver que se libraba de una tarea molesta. Le entregó la tarjeta corporativa a
Lee-hyun y este se dirigió a la cafetería del edificio en el piso de abajo.
Cuando regresó a la
oficina con las manos llenas de café, todos estaban sumergidos en sus
preparativos laborales. Lee-hyun dejó un café en cada escritorio y, justo
cuando Su-jin se disponía a levantarse, habló de nuevo.
“¿Podría llevárselo yo
al director ejecutivo?”
Dos semanas era un
tiempo absurdamente corto para acercarse a alguien. Y más aún en una situación
como esta, donde debía obtener algo de esa persona. Si no forzaba estos puntos
de contacto, era probable que el plazo terminara sin haber visto a Jin-hyeok
más que un par de veces.
“Sí, bueno, está
bien.”
Como si hubiera estado
esperando la respuesta, Lee-hyun tomó el vaso de americano y se plantó frente
al despacho principal. No era la gran cosa, pero se sentía extrañamente
nervioso; se humedeció los labios con la lengua y abrió la puerta con un clic.
“…….”
Aunque ya había estado
allí una vez, era un espacio al que no logaba acostumbrarse. El interior,
decorado de forma imponente en tonos negros y madera, desprendía una sensación
de autoridad que lo abrumaba.
Al fondo del despacho,
vio a Jin-hyeok concentrado en su trabajo. Lee-hyun dudó un instante antes de
acercarse al escritorio.
“Director, aquí tiene
su café….”
La cabeza de
Jin-hyeok, que ni siquiera se había inmutado al abrirse la puerta, se levantó
ante la voz de Lee-hyun. Observó fijamente el rostro del chico y, tras soltar
una risita, habló.
“La corbata. Está
torcida.”
“Ah.”
Lee-hyun bajó la
cabeza apresuradamente y vio que la corbata estaba ladeada. Mientras se
arreglaba la ropa con torpeza, sintió vívidamente la mirada de Jin-hyeok
recorriéndolo de arriba abajo.
“El traje es bonito.”
“...Gracias.”
“Es de la nueva
temporada, el precio debió ser algo elevado para un principiante. ¿Acaso la
familia de Lee-hyun tiene dinero?”
“...¿Perdón?”
“O tal vez alguien se
lo compró.”
Esas palabras dieron
justo en el blanco y le secaron la boca. Seguramente sabía que ayer había
estado recorriendo la tienda departamental con Gu Seung-hyeok. Lee-hyun tragó
saliva y apretó los puños por la tensión, pero Jin-hyeok bajó la mirada hacia
el vaso de café como si no esperara una respuesta.
“Gracias por el café.
Lo disfrutaré.”
Lee-hyun se mordió los
labios y asintió levemente con la cabeza.
“Entonces, me retiro.
Si necesita algo, por favor dígamelo.”
“¿Harás todo lo que te
pida?”
La voz monótona detuvo
a Lee-hyun justo cuando iba a salir del despacho. Jin-hyeok lo observaba con
intensidad, con los ojos entornados.
“¿Qué?”
No sabía qué quería
decir exactamente, pero ¿era cosa suya o aquello había sonado bastante
peligroso?
“Pregunto si harás
todo lo que yo te ordene.”
Lee-hyun guardó
silencio y lo miró fijamente; entonces Jin-hyeok soltó una risita y relajó el
rostro.
“No lo dije para que
te pongas tenso.”
“…….”
“Cenemos juntos hoy
para celebrar tu ingreso. Reserva tiempo para ello.”
“Ah….”
“Al salir, dile a la
secretaria Yoon que entre.”
Tras esas palabras,
Jin-hyeok apartó la mirada. Fue una forma unilateral de indicar que la
conversación había terminado. Lee-hyun quiso decir algo, pero finalmente cerró
la boca e hizo una reverencia.
Tanto aquí como allá,
su opinión nunca parecía importar.
* * *
“Señor Lee-hyun, ¿se
va ya? Parece que tiene prisa.”
Alguien le habló a
Lee-hyun mientras este comenzaba a recoger sus pertenencias poco antes de la
hora de salida. Lee-hyun, preguntándose si había sido demasiado ruidoso al
prepararse para irse, respondió con cautela.
“El director me pidió
que cenáramos juntos.”
“¡Cielos! ¿El
director?”
La mujer abrió mucho
los ojos ante la respuesta de Lee-hyun, visiblemente sorprendida.
“Él no es de los que
retiene a la gente para asuntos personales después del trabajo.”
Aunque Lee-hyun no
conocía la razón de esa cena repentina, para él era una oportunidad de oro para
acercarse a Jin-hyeok. Sus dedos, mientras se ajustaba la ropa, delataban una
mezcla de nerviosismo y preocupación.
Poco después,
Jin-hyeok salió de su despacho y le hizo una señal. Lee-hyun se despidió del
personal de secretaría con un 'Hasta mañana' y siguió los pasos de Jin-hyeok.
El lugar al que lo
llevó era un restaurante de comida tradicional coreana en una casa antigua y
lujosa, con salas privadas. Parecía ser un cliente habitual, pues los empleados
lo reconocieron desde la entrada y los guiaron de inmediato a un pabellón
separado en el interior.
Sentado frente a Gu
Jin-hyeok con una mesa de por medio, Lee-hyun sintió que se le secaba la boca.
A diferencia de él, que bebía agua constantemente para ocultar su tensión,
Jin-hyeok lucía imperturbable.
Incluso después de que
las puertas correderas se abrieran y los platos comenzaran a servirse uno tras
otro, no hubo conversación entre ellos. Mientras pensaba en qué tema sacar para
romper el hielo, Lee-hyun notó una cicatriz en el dorso de la mano de Jin-hyeok.
“Tiene una... cicatriz
en la mano.”
La marca, justo en el
centro del dorso de su mano izquierda, era de un color oscuro y parecía
antigua. Al mencionar lo que parecía ser el rastro de una herida importante,
Jin-hyeok bajó la vista hacia su propia mano con indiferencia.
“Ah. Me mordió un
perro cuando era niño. Recibí un perro de pelea de linaje puro como regalo de
cumpleaños y me mordió mientras lo entrenaba. La marca sigue ahí.”
¿Un perro de pelea
como regalo de cumpleaños? Al imaginar la imagen de un perro atacando
ferozmente a una persona, Lee-hyun frunció el ceño involuntariamente.
“He oído que... esos
perros, una vez que prueban la sangre, podrían seguir haciéndolo. Dicen que hay
que tener cuidado.”
“Es cierto. Lo normal
es sacrificarlos. No hay garantía de que un perro que ya ha mordido a su dueño
no vuelva a hacerlo.”
“…….”
“Pero era un ejemplar
demasiado valioso para hacer eso. Lo conservé conmigo y, cuando murió tiempo
después, le di una buena sepultura.”
Lee-hyun había sacado
el tema pensando que era un simple accidente, pero la historia lo dejó sin
palabras. Al ver que guardaba silencio con incomodidad, Jin-hyeok dejó escapar
una risa corta.
“Parece que el señor
Lee-hyun también tiene una herida en la mano.”
Al parecer, se las
había arreglado para notar la cicatriz en la palma de la mano derecha de
Lee-hyun. Este cerró el puño por instinto antes de hablar.
“Me lastimé trabajando
cuando era joven. La herida fue bastante profunda.”
“Vaya.”
“...Parece que ambos tenemos cicatrices en las
manos.”
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Al mencionar la única coincidencia que pudo
encontrar, el hombre soltó una risita. Eran personas que no tenían nada más de
qué hablar; una prueba de que vivían en mundos completamente distintos.
El hombre comía con
movimientos impecables. Justo cuando Lee-hyun empezaba a manejar los palillos
con torpeza en medio de aquel silencio sepulcral, Jin-hyeok habló de repente.
“Sobre Seung-hyeok.”
“…….”
“Fueron al mismo
instituto, ¿verdad?”
La mano que sostenía
los palillos tembló ligeramente. Aunque el hecho de que asistió a la misma
escuela que Gu Seung-hyeok figuraba en su currículum, sintió un escalofrío
recorrerle la espalda, como si lo hubieran atrapado en una falta.
“Si fue antes de que
él abandonara, el señor Lee-hyun debía de estar en tercer año.”
“...¿Abandonar?”
“¿No lo sabía? Entró
en un reformatorio en segundo año, salió un año después y dejó los estudios de
inmediato. Ese tipo solo tiene el título de secundaria básica. Es ridículo que
alguien que no es nada más que un desertor escolar ande presumiendo con una
tarjeta de visita frente a empleados competentes.”
El pulso de Lee-hyun
se aceleró ante la noticia del pasado de Gu Seung-hyeok que desconocía.
Especialmente porque, tras transferirse a una escuela lejana en su tercer año
de bachillerato, había evitado conscientemente cualquier información sobre él.
Al ver la expresión
seria de Lee-hyun, Jin-hyeok dejó sus palillos y se cruzó de brazos. Con una
sonrisa cínica que solo elevaba una comisura de sus labios, lo observó como si
lo estuviera analizando.
“Esto es solo
curiosidad personal. ¿Qué trato hiciste con Gu Seung-hyeok?”
“...¿Perdón?”
“No parecen ser
amigos, y tampoco parecen ser amantes, ya que Gu Seung-hyeok es demasiado
puritano en ese aspecto.”
“…….”
“¿No queda nada más
que un trato comercial?”
Lee-hyun no pudo
controlar su expresión por un momento. Sintió que el corazón se le desplomaba,
como cuando caes desde la cima de una montaña rusa. Balbuceó intentando
responder, hasta que finalmente logró fingir calma.
“...No sé de qué me
está hablando.”
“¿Qué pasa? ¿Te pidió
que robaras información confidencial de algún proyecto en curso?”
Jin-hyeok solo se rió
ante la reacción de Lee-hyun.
“Si aparece de la nada
un puesto de pasante innecesario y alguien entra en él como si estuviera
esperando, hay que ser idiota para no darse cuenta.”
La certeza de que Gu
Jin-hyeok ya había investigado sus antecedentes cruzó la mente de Lee-hyun.
Había pensado que podría sospechar algo tras enterarse de que lo estaban
vigilando, pero no esperaba que lo dijera de forma tan directa. Lee-hyun se
esforzó por mantener la compostura para no revelar su desconcierto.
“Es una lástima, pero
los documentos importantes se envían directamente sin pasar por secretaría, así
que no habrá información que puedas llevarte. ¿Aun así te parece bien?”
Lo afortunado era que
Jin-hyeok pensaba que el objetivo de Seung-hyeok y el suyo era la información
del proyecto.
'Mientras no sepa que
el objetivo eres tú, Gu Jin-hyeok, todo está bien'. Lee-hyun bajó la mirada y
respondió en voz baja.l
“No se trata de eso.
Solo quiero aprender con esfuerzo hasta que termine mi contrato.”
“Es usted diligente en
cosas innecesarias.”
Jin-hyeok asintió y
retomó su comida, pero Lee-hyun permaneció inmóvil. No tenía ganas de probar
bocado, así que jugueteaba con los palillos hasta que se escuchó un golpe en la
puerta corredera y esta se abrió de par en par.
“Vaya, qué sorpresa
encontrarlos aquí.”
Quien apareció de
repente fue Gu Seung-hyeok, vestido con un traje de color azul apagado. A su
lado, un empleado del restaurante vestido con hanbok estaba de pie,
visiblemente nervioso. Lee-hyun abrió mucho los ojos por la sorpresa, mientras
que Jin-hyeok tomó una servilleta con total naturalidad.
“¿En dónde aprendiste
que es de buena educación irrumpir así en la cena de otra persona?”
“No es cualquier
persona, es mi hermano quien está aquí. Como hermano menor, lo mínimo es venir
a dar la cara.”
Ante las gélidas
palabras de Jin-hyeok, Seung-hyeok respondió con una actitud socarrona.
“Además, no va conmigo
eso de enviar a un amigo al matadero y fingir que no pasa nada.”
Fue un comentario que
dejaba claro que sabía que Gu Jin-hyeok ya había descubierto la relación entre
ellos.
“¿Así que eres
consciente de que el lugar donde lo enviaste es un matadero?”
“No seas así. Lo elegí
cuidadosamente según tus gustos. No seas demasiado rudo con él.”
A pesar del sarcasmo,
la expresión de Jin-hyeok no cambió. Miró de reojo a Lee-hyun con indiferencia
y soltó una risa pausada.
“Es cierto, no está
mal.”
“…….”
“Es bonito.”
Al escuchar cómo
hablaban de él como si fuera un objeto estando presente, Lee-hyun dejó escapar
una risa amarga. Se sentía como el premio en medio de una mesa de póquer donde
ambos conocían las cartas del otro.
Seung-hyeok, al ver a
Lee-hyun sentado en silencio sin siquiera mirarlo, recorrió el interior de su
mejilla con la lengua. Verlo allí, con el rostro pálido y sereno, hizo que su
calma empezara a agitarse con resentimiento. Con las cejas arqueadas por la
irritación, Seung-hyeok soltó una carcajada burlona.
“¿No te da asco
decirle 'bonito' a un tipo que tiene lo mismo que tú entre las piernas?”
“No lo sé. Más que eso,
me empieza a irritar tu actitud de no saber distinguir cuándo debes
entrometerte y cuándo no.”
Lee-hyun pudo sentir
cómo la gente que pasaba por la puerta abierta miraba con curiosidad. Los
empleados también empezaron a intentar disuadir a Seung-hyeok con voz suave.
Tras observar a su alrededor, Seung-hyeok murmuró un leve 'maldita sea'.
“Gu Seung-hyeok, ¿vas
a quedarte ahí? ¿O nos levantamos nosotros?”
Jin-hyeok, ajustándose
las gafas y levantando la mirada, observó a Seung-hyeok con frialdad.
Seung-hyeok les dedicó una última mirada a ambos y dio media vuelta para salir
hacia la salida.
Fue como si hubiera
pasado un huracán. Su espalda se desvaneció tras la puerta corredera al
cerrarse.
“Ahora que lo veo, más
que un trato, parece que te tiene chantajeado con algo.”
“…….”
“Si necesitas ayuda,
dímelo.”
No era un chantaje,
sino el pago de una deuda, pero si Gu Jin-hyeok lo veía así, las cosas podrían
ser más fáciles. Sería más sencillo acercarse a él provocando su compasión que
intentando seducirlo. Lee-hyun se humedeció los labios secos y asintió levemente.
Bzzz.
En ese momento, sintió
una breve vibración en su bolsillo. Tras mirar discretamente a Jin-hyeok,
revisó su teléfono bajo la mesa.
[Lee-hyun, ¿ya
cenaste? No es nada importante, solo quería saber si habías pensado en lo que
hablamos la última vez.]
Era un mensaje de su
madre. Sintió que la sangre se le retiraba del rostro y su expresión se
endureció. Al mirar de reojo, se encontró con la mirada de Jin-hyeok.
“¿Es Gu Seung-hyeok?”
“Ah, no. Es mi
madre... mi padre está en el hospital ahora.... Preguntaba cuándo iré....”
Incluso después de
recibir el dinero de Gu Seung-hyeok, no se lo había enviado a su madre porque
no tenía seguridad. No confiaba en que todo fuera a estar bien al enfrentarse a
su padre. Al verse obligado a confrontar de nuevo aquello de lo que había
estado huyendo por falta de valor, su mente se quedó en blanco. Por los
nervios, empezó a tartamudear sin distinguir lo que debía o no decir, mientras
Jin-hyeok levantaba su copa con calma.
“Mañana es viernes,
tómate el día libre y ve. Yo avisaré en secretaría.”
“Ah….”
“De todas formas, no
viniste aquí a trabajar de verdad, así que no importa.”
Lee-hyun sintió
emociones encontradas ante la amabilidad del hombre. Había gratitud y
resentimiento a la vez por obligarlo a enfrentar lo que quería evitar. Sin
embargo, como al fin y al cabo era un gesto de consideración por su parte, se
mordió el labio y asintió.
¿Acaso tratarlo como
un espía pero a la vez cuidarlo era una prueba de su superioridad, o era algún
tipo de interés hacia él?
“Si ya terminaste,
vámonos.”
Lee-hyun hizo una
reverencia a Jin-hyeok tras el pago y lo siguió. Al dirigirse hacia el coche y
ver al hombre abrir la puerta del conductor, Lee-hyun habló.
“Director, muchas
gracias por la cena de hoy. Mañana, ah. Nos vemos la próxima semana en la
empresa.”
“Sube. Te llevaré.”
“Ah, no. Está bien,
puedo irme en taxi.”
“Hay un coche saliendo
detrás.”
Tal como dijo
Jin-hyeok, otro vehículo estaba saliendo del estacionamiento. Como no podía
seguir bloqueando el paso, no tuvo más remedio que sentarse en el asiento del
copiloto. Jin-hyeok señaló a un lado con la barbilla.
“Pon la dirección en
el GPS.”
Tras ingresar la
dirección dócilmente, el silencio regresó. En el interior del coche, sin radio
ni música, el sonido del intermitente se escuchaba inusualmente fuerte.
Al cruzar el centro de Seúl y entrar en su
barrio familiar, finalmente empezó a sentir alivio. Pidió que lo dejara en la
entrada del callejón, pero Jin-hyeok insistió en detener el coche frente a su
casa. Miró hacia la vieja villa multifamiliar y habló.
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“¿Vives con tus padres?”
“No. Hace mucho que
vivo solo.”
“El edificio parece
viejo. Sería un problema si ocurriera un accidente.”
Para alguien podría
parecer una villa miserable, pero para Lee-hyun, que había estado viviendo en
habitaciones de azotea desde su graduación, era su primer hogar de verdad.
Lee-hyun hizo una reverencia hacia el hombre, que observaba con atención los
alrededores del edificio.
“Gracias por traerme.”
Jin-hyeok observó en
silencio el espacio entre los edificios donde se acumulaban trastos, antes de
desviar la mirada y dirigirse a Lee-hyun con una leve sonrisa.
“Si llega a pasar
cualquier cosa, dímelo. Lo de ayudarte no era una frase vacía.”
Se preguntaba si ser
tan amable con alguien a quien apenas conocía de hace unos días era parte de su
seguridad como alguien poderoso o simplemente su personalidad. En cualquier
caso, para alguien que debía engañarlo, era un detalle que no podía ignorar.
'No, no pienses en
eso. Él no es más que el objetivo del que debo obtener información'.
Lee-hyun fingió calma,
asintió, abrió la puerta del coche y salió. Se quedó de pie en la entrada
observando cómo el coche se alejaba antes de subir las escaleras.
Bzzz, bzzz.
Justo cuando se daba
la vuelta para entrar a casa tras desaparecer las luces del coche, sonó una
notificación de mensaje en su teléfono. Al encender la pantalla, vio el nombre
de Su-bin.
[Lee-hyun. Estoy en el
AK de Wooseong-dong, estoy en una sala privada con unos amigos del hermano
después de mucho tiempo. Tengo algo que decirte, así que ven un momento.]
Ante el mensaje de
alguien inesperado, sus pasos se detuvieron.
Pensaba que el vínculo
se había cortado tras aquel último contacto, por lo que la repentina invitación
al club lo dejó desconcertado. Intentó llamar por si acaso, pero la otra
persona no respondió. Lee-hyun se humedeció los labios mientras miraba su
teléfono.
¿Qué debería hacer?
Lo más racional habría
sido no ir, pero era cierto que, tal como él decía, aún quedaban cosas de qué
hablar. Lee-hyun se sentía culpable por haberse marchado de Nexus sin siquiera
disculparse por lo ocurrido aquel día. Tras dudarlo un momento, en lugar de
subir a su casa, abrió la aplicación de taxis.
Bajó de nuevo por el
callejón donde Jin-hyeok se había tomado la molestia de dejarlo y se subió al
taxi apoyando la frente contra la ventanilla. Ya que mañana no tenía que
trabajar, pensó en pasar un momento, hablar y marcharse. Solo de pensar en
explicarle a Su-bin lo que pasó aquel día, ya sentía el pecho pesado.
El taxi avanzó sin
contratiempos y lo dejó en una calle saturada de bares y locales de ocio
nocturno. A pesar de ser una noche de semana, había fila frente al club. Esta
vez, entre toda esa gente que lucía sus mejores galas, él era el único que
destacaba por su rígido traje formal. Lee-hyun llamó a Su-bin cerca de la
entrada.
Tuuu, tuuu, tuuu….
Había tono, pero nadie
respondía. No tuvo más remedio que entrar en la aplicación de mensajería.
[hyung, estoy en la
entrada. Llámame.]
Lee-hyun se cruzó de
brazos y se encogió todo lo posible mientras esperaba respuesta. Solo llevaba
el abrigo del traje y el frío parecía calarle más hondo. Decidió esperar cinco
minutos más y, si no recibía noticias, se marcharía. Estaba mirando al suelo
cuando escuchó una voz.
“¿Eres Kwon Lee-hyun?”
Al levantar la vista,
vio a un hombre con el pelo engominado hacia atrás y un aspecto algo rebelde
que lo observaba. Al confirmar que era él, el desconocido sonrió como si se
hubiera encontrado con un viejo amigo.
“Vaya, eres idéntico a
la foto. Estás esperando a Su-bin hyung, ¿verdad? Él está un poco borracho
ahora mismo, así que salí yo en su lugar.”
Lee-hyun frunció el
ceño. Había venido a hablar con Su-bin, pero si estaba tan borracho que ni
siquiera podía salir, la situación cambiaba.
“Entra rápido, hace
frío fuera.”
Aunque tuvo un mal
presentimiento, el frío se estaba volviendo insoportable. Lee-hyun apretó los
labios y, sin más remedio, siguió al hombre.
Tras pasar de largo a
la gente que hacía fila y a los que bailaban, llegaron a un pasillo donde el
estruendo de la música se amortiguaba un poco. El hombre abrió una pesada
puerta insonorizada y gritó con una sonrisa.
“¡hyung, Su-bin hyung!
¡Aquí está el Lee-hyun que tanto buscabas!”
En cuanto entró en la
sala privada, Lee-hyun arrugó la nariz. El lugar no tenía buena ventilación y
el humo del tabaco era tan denso que parecía una cueva. Los que estaban
sentados allí ya se veían bastante ebrios. Entre ellos, localizó a Su-bin,
recostado en un sofá.
“Oh, ¿ya llegó? ¡Oye,
Yoon Su-bin! El Lee-hyun que decías está aquí. Despierta, imbécil.”
Uno de los hombres,
que parecía ser su amigo, sacudió el hombro de Su-bin y le dio unas palmaditas
burlonas en la mejilla. Su-bin sacudió la cabeza para despejarse y, al ver a
Lee-hyun, soltó una risita.
“Ah, de verdad
viniste.”
“Je, je, maldita sea.
'De verdad viniste', dice el muy idiota. Lee-hyun, siéntate aquí.”
El hombre que lo había
guiado desde la entrada lo hizo sentar al lado de Su-bin y él ocupó el otro
lado. Los demás, ya animados por el alcohol, se entusiasmaron con la llegada de
Lee-hyun y empezaron a llenar las copas.
Pusieron un vaso nuevo
frente a Lee-hyun con hielo y licor. Él observó la escena en silencio y soltó
un suspiro. De haber sabido que Su-bin estaría en ese estado de inconsciencia,
no habría venido. Lee-hyun quería disculparse por lo que Gu Seung-hyeok había
hecho, pero parecía que Su-bin solo lo había llamado para irse de fiesta.
Decidió seguirles la
corriente un poco y luego fingir que iba al baño para marcharse. Se bebió el
vaso de un trago, provocando una reacción exagerada de risas y vitoreos de los
presentes.
“Lee-hyun... nuestro
lindo Lee-hyun vino porque lo llamé. ¡No, imbécil...! Si lo llamo, tiene que
venir, ¿verdad? ¿Tienes idea de cuánto he hecho yo por ti, maldita sea?”
En el momento en que
dejó el vaso sobre la mesa, un brazo pesado rodeó sus hombros. Era Su-bin, que
se había incorporado tambaleándose. Apestaba a alcohol. Lee-hyun lo miró con el
ceño fruncido. Las pupilas de Su-bin estaban extrañamente dilatadas y oscuras.
“...hyung, ¿por qué
has bebido tanto?”
“¿Crees que no tengo
motivos para beber? ¡Maldita sea...! Después de aquello, corrió el rumor por
todo el club de que yo era un 'homo', joder...”
Acompañaba cada frase
arrastrada con un insulto. Por lo que pudo entender, los rumores habían hecho
que dejara el trabajo por la presión de los demás. Lee-hyun sintió que la culpa
brotaba de nuevo y bajó la mirada mordiéndose el labio. Su-bin lo miró con ojos
perdidos y le acarició bruscamente la nuca.
“Pero, joder, Lee-hyun
se terminó liando con ese gánster, ¿eh...?”
Parecía que Su-bin
recordaba la aterradora situación de aquel día como un simple drama pasional.
Lee-hyun se sentía mal por él, pero eso no significaba que tuviera que aguantar
sus impertinencias de borracho.
Cuando Lee-hyun
intentó apartar el brazo de Su-bin con un suspiro, este frunció el ceño con
fuerza. “Quédate quieto”, le dijo, mientras lo agarraba por la nuca e inclinaba
la cara hacia él bruscamente.
“¡No hagas eso...!”
Intentó zafarse
girando la cabeza, pero la fuerza con la que lo sujetaba era mucha. Mientras
forcejeaba, el hombre sentado al otro lado intervino con tono burlón.
“Eje, hyung. ¿Por qué
fuerzas a alguien que no quiere? Mejor tómate otra copa.”
Llenó con naturalidad
el vaso vacío y se hizo un hueco entre Su-bin y Lee-hyun. Lee-hyun cerró las
piernas al sentir el contacto de sus muslos, lo que hizo que el hombre
sonriera.
La fiesta continuó
así. Cada vez que Su-bin intentaba decirle algo a Lee-hyun, el hombre de mirada
afilada intervenía para mediar. Y cada vez que Lee-hyun intentaba levantarse
para irse, era ese mismo hombre quien lo sujetaba de la muñeca.
Al final, no pudo
hablar con Su-bin ni irse a casa; solo estaba perdiendo el tiempo. Para
entonces, la mayoría ya se habían quedado dormidos por el alcohol.
“...Yo me retiro
primero.”
Pensando que ya era
suficiente, fue a recoger su teléfono de la mesa, pero alguien se adelantó y lo
arrebató. Era el hombre que había estado sentado a su lado todo el tiempo.
“¿Qué cree que hace?”
“Ah, por fin están
todos callados. ¿Era mucho ruido, verdad? Estos 'hyungs' se ponen así en cuanto
beben.”
A Lee-hyun no le
interesaba saber cómo eran los amigos de Su-bin. Solo quería llevar su cuerpo pesado
de vuelta a casa, pero el hombre no parecía tener intención de devolverle el
teléfono. 'Ah... qué molesto'.
“Deme el teléfono.”
“Vaya, qué pestañas
tan largas tienes. Su-bin hyung me enseñó algunas fotos, pero te ves mejor en
persona. Por cierto, ¿cuántos años tienes?”
El hombre hablaba sin
escuchar nada de lo que decía Lee-hyun. Cuando este se llevó la mano a la
cabeza dolorida y frunció el ceño, el otro volvió a reírse como si estuviera
viendo un espectáculo divertido.
“Vaya, cuando pones
esa cara te ves aún más excitante.”
'¿Pero qué le pasa?'.
De repente, el hombre
se pegó a él, haciendo que sus piernas se tocaran. El contacto firme le resultó
desagradable e intentó apartarse, pero el hombre lo agarró del hombro opuesto y
lo atrajo hacia sí con fuerza.
“Lee-hyun, dicen que
solo te acuestas con hombres.”
“…….”
“Dicen que una vez que
le coges el gusto a que te den por atrás, es el fin. ¿Es verdad?”
“...Uf.”
A veces se encontraba
con gente así. Tipos que no eran homosexuales pero sentían curiosidad por el
sexo entre hombres. Parecía que este era uno de ellos, pero Lee-hyun no tenía
el más mínimo deseo de ser su juguete.
“Suéltame.”
Lee-hyun intentó apartar el brazo, pero el
hombre tiró con tanta fuerza que su cuerpo se tambaleó. Aprovechando que la
mano de Lee-hyun se apoyaba sobre su propio muslo, el hombre la guio hacia su
entrepierna.
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“hyung. Ah, ¿eres hyung, no? Yo tengo
veinticuatro, así que debes serlo. Como sea, hyung. ¿Quieres probar conmigo? Lo
haré mejor que Su-bin hyung.”
Sintió el bulto bajo
su mano de forma nítida. Se soltó bruscamente, agarró el vaso de agua que había
frente a él y se lo bebió de un trago desesperado para despejar la mente y
salir de allí.
“¿Eh? hyung, ¡no
deberías haberte bebido eso tan rápido!”
Lee-hyun lo fulminó
con la mirada, sin entender. El hombre parecía estarse divirtiendo mucho.
“Eso lo preparamos antes
para jugar un poco más tarde. Bueno, lo puse ahí para que te lo bebieras tú,
pero ni siquiera sé tu edad todavía, vaya...”
Al oírlo, el rostro de
Lee-hyun se contrajo de rabia. No podía creer que, aun habiendo notado un sabor
extraño, hubiera sido tan ingenuo de terminarse el vaso. Agarró al hombre por
las solapas.
“...¿Qué es? ¿Qué
pusiste en el agua?”
“No es nada peligroso,
no te preocupes. El efecto subirá pronto, ¿no tienes calor?”
En cuanto el hombre
terminó de hablar, una sed profunda y un calor que reptaba por sus venas
empezaron a extenderse desde el fondo de su garganta.
“...Ja, ¿qué me
hiciste?”
Su respiración se
aceleró y sintió que las fuerzas lo abandonaban, dejándolo lánguido. Su cuerpo,
que antes estaba rígido sujetando al hombre, se desmoronó. El hombre le apartó
las manos y le rodeó la cintura.
Sentía el contacto en
sus mejillas, orejas y nuca como si fueran insectos recorriéndolo, pero el
calor seguía subiendo. Cuando empezó a jadear, el hombre soltó una risita.
Desabrochó un par de botones de la camisa blanca de Lee-hyun y enterró los
labios en su cuello expuesto.
“S-suéltame...”
Intentó empujarlo,
pero incluso levantar los brazos le costaba un mundo. Odiaba profundamente el
contacto de esas manos recorriendo su cuerpo. Se mordió el labio inferior con
fuerza para recuperar la consciencia y empujó el pecho del hombre con ambas
manos.
“¡He dicho... que me
dejes!”
¡Clang!
El hombre, que no
esperaba que Lee-hyun pudiera resistirse con tanta fuerza en ese estado, perdió
el equilibrio y cayó sobre la mesa. Lee-hyun no perdió la oportunidad y salió
de la sala a trompicones.
El retumbar de la
música contra las paredes y el suelo parecía atravesar su cuerpo. La vista le
daba vueltas; se apoyó en la pared para avanzar mientras las miradas de la
gente se posaban en él con indiferencia. Justo cuando intentaba llegar a la
salida...
“Vaya, vaya. Intenté
ser amable, pero...”
Una voz sombría lo
interceptó y una mano le atenazó el hombro, dándole la vuelta. Al levantar la
vista, se encontró con el hombre de antes, cuyo rostro estaba deformado por una
expresión de furia y alcohol. Tiró del brazo de Lee-hyun con violencia,
intentando arrastrarlo a alguna parte.
“hyung, ¿por qué te
haces tanto el difícil? Su-bin hyung me dijo que no eres de ese tipo. ¿Eh?”
“Suéltame, hijo de
perra...”
La música
ensordecedora, las luces estroboscópicas y la multitud lo mareaban y le daban
náuseas. Por eso, cuando volvió a soltarse de la mano del hombre, tardó un
segundo en darse cuenta de que su cuerpo se desequilibraba. Intentó apoyarse en
una mesa cercana para no caer, pero al hacerlo tiró los vasos y objetos que
había sobre ella, provocando un ruido estrepitoso. La gente empezó a murmurar y
todas las miradas se clavaron en él.
“¡Ah, lo siento, lo
siento! Mi amigo está un poco borracho.”
“¡He dicho que me
sueltes!”
El hombre sonrió con
torpeza mientras sujetaba a Lee-hyun, pero alguien que estaba en la mesa se interpuso
con el ceño fruncido. Lee-hyun no podía levantar la cabeza para ver quién era,
pero se notaba que estaba furioso por el alboroto.
La tensión aumentó
rápidamente mientras el hombre y el desconocido intercambiaban palabras airadas
y Lee-hyun forcejeaba por soltarse. Sin embargo, la situación se calmó en
cuanto aparecieron unos hombres vestidos con trajes negros.
“Ah, no es eso, fue un
error. Mi amigo bebió demasiado.”
“Me importa un bledo
si fue un error, no estorben en mi local. Váyanse a la comisaría a resolverlo.”
Con voz fría, los
sacaron a rastras del local por una puerta lateral. Frente a ellos había un
coche patrulla, como si los hubieran llamado con antelación. Ver al policía
acercarse impasible y apartar al hombre de él le produjo a Lee-hyun una
sensación de alivio. Se dejó subir al coche patrulla dócilmente.
“Oiga, despierte un
poco.”
“...Sí.”
“Está completamente
ido.”
La voz del oficial que
hablaba a su lado sonaba como un zumbido lejano. Mientras tanto, el amigo de
Su-bin seguía gritando, indignado, preguntando por qué se lo llevaban a él.
Tras observar de reojo cómo el tipo armaba un escándalo para evitar subir al
coche, Lee-hyun reunió las pocas fuerzas que le quedaban para no perder el
conocimiento y aferró la muñeca del policía que tenía al lado. Entonces, apenas
separó los labios para susurrar:
“Revisen sus
pertenencias, por favor... Ese mal nacido puso algo en mi agua...”
“¿Qué dice?”
“Él... me dio... una
droga...”
Fue un esfuerzo
inmenso pronunciar esas palabras, pero no hubo respuesta. Al levantar la vista
hacia el oficial, confundido, se encontró con una cara de absoluto desdén. El
policía, sin molestarse en ocultar que le parecía una ridiculez, soltó una
risita burlona.
“Sí, sí. Ya lo
entendí, así que duerma un poco hasta que lleguemos y se le pase la
borrachera.”
Sintió una punzada de
traición al ver que incluso la policía, en quien confiaba, ignoraba por
completo sus palabras; pero pronto esa sensación se transformó en una risa vana
y desolada. Después de todo, que un hombre intentara drogar a otro hombre para
propasarse... debía de sonar a chiste para ellos. Lee-hyun borró de su rostro
hasta la más mínima mueca de amargura y cerró los ojos. Solo deseaba que, así
sin más, todo desapareciera.
Cuando abrió los ojos
de golpe, sentía el cuerpo tan dolorido y magullado como si le hubieran dado
una paliza. Se incorporó lentamente y miró a su alrededor; vio a varias
personas con uniformes en los que se leía "Policía" moviéndose de un
lado a otro. Lee-hyun se levantó con pesadez del banco corrido de la comisaría
donde había estado recostado.
No tenía ningún
recuerdo posterior al momento en que salió del club, como si se hubiera cortado
la cinta de una película. Todo era borroso. Mientras permanecía sentado,
tratando de calmar las náuseas, un policía que pasaba por allí le dirigió la
palabra.
“¿Ya se le pasó el
alcohol? Si ya despertó, vaya allá a firmar, recoja su teléfono y váyase a
casa.”
Solo tras escuchar
esas palabras, la última escena grabada en su mente pasó ante sus ojos. El
hombre que manoseaba su cuerpo drogado e intentaba arrastrarlo a alguna parte.
Y el oficial que se burlaba sin creerle.
Una oleada tardía de
humillación y vergüenza le nubló la vista. El corazón le latía tan rápido que
sentía el pulso martilleando con fuerza detrás de la nuca. Quizás por los
restos de la droga, Lee-hyun sintió que todo su cuerpo temblaba, pero
finalmente logró ponerse en pie.
“Tenga, su teléfono.
Se quedó sin batería, así que no pudimos contactar a nadie... En fin, la
próxima vez beba con moderación, ¿entiende?”
Lee-hyun hizo una
breve reverencia al oficial que lo miraba con juicio mientras le entregaba el
aparato y salió a paso rápido del edificio. Aún no había amanecido, por lo que
la calle estaba oscura y casi desierta. En cuanto se alejó de la vista de la
comisaría, dobló una esquina y se metió en el hueco entre unos edificios
comerciales con las luces apagadas. Allí, sacó un cigarrillo y lo encendió.
La brasa roja se
consumió rápido bajo el viento helado. Sin embargo, fumar con el estómago vacío
y restos de droga en el sistema resultó ser una mala idea; una náusea violenta
lo golpeó de repente. Arrojó el cigarrillo al suelo y, agachando la cabeza,
tuvo una arcada.
Pero lo único que
salió fue saliva y jugos gástricos transparentes. Era lógico, no había comido
nada. Aun así, sentía la nariz congestionada y la garganta irritada, lo que
hizo que sus ojos ardieran. Lee-hyun se apoyó contra la pared y cerró los ojos
con la cabeza baja.
No entendía por qué le
pasaban estas cosas. A estas alturas, empezaba a pensar que quizás el problema
era él mismo. Al considerar que su racha interminable de mala suerte era su
culpa, una risa vana escapó de sus labios húmedos.
Permaneció apoyado
contra el muro hasta que las yemas de sus dedos se enfriaron por el viento. El
entorno empezaba a aclararse con la llegada del alba. Lee-hyun se limpió los
labios con el dorso de la mano y recostó la espalda contra la pared fría.
Tener que ir a ver a
su padre precisamente hoy, y en este estado... La sensación de derrota le
oprimía el pecho. Quería verse, al menos, digno ante sus padres, pero así no
podría.
'No quiero ir'.
Mientras repetía ese
pensamiento inútil, el frío subía por su espalda. Lee-hyun se cubrió el rostro
con sus manos heladas y apretó los párpados para contener las lágrimas que
amenazaban con brotar.
* * *
El sonido de sus pasos
resonaba de forma prolongada a lo largo del pasillo. A medida que los números
de las habitaciones aumentaban, el intervalo entre cada paso se hacía más
lento.
Desde que abrió los
ojos por la mañana y tomó el taxi hasta llegar aquí, lo había dudado decenas de
veces. '¿No bastaría con enviar el dinero? ¿Realmente tengo que venir?'.
Sin embargo, sus pies
terminaron deteniéndose frente al nombre escrito: 'Kwon Seok-myeong'. Ante la
puerta corredera con el cristal opaco a la altura de los ojos, Lee-hyun se
quedó inmóvil.
Tras dudarlo un
momento, sujetó el picaporte con fuerza. Sintió el frío del metal en la palma
de la mano, pero no fue capaz de empujar. Se quedó mirando al suelo,
mordiéndose los labios.
Los pacientes con
cáncer de hígado que había buscado en internet tenían un aspecto que solo podía
describirse como trágico, pero Lee-hyun no lograba proyectar esa imagen en su
padre. Era un hombre tan fuerte que nunca imaginó que su reencuentro, después
de ocho años, ocurriría en un hospital.
Su padre estaba tras
esa delgada puerta. Solo pensarlo le dificultaba la respiración. No sabía si al
abrirla encontraría un rostro gélido o algún objeto lanzado contra él en un
arranque de furia.
'¿Y si doy media
vuelta ahora mismo? Ya estoy cumpliendo como hijo con solo enviar el dinero'.
“¿Por si acaso... eres
Lee-hyun...?”
De pronto, una voz
cautelosa llegó desde sus espaldas. Al reconocer ese tono familiar, sintió un
nudo en el estómago. Tragó saliva y se dio la vuelta lentamente.
“Cielos, eres mi Lee-hyun.
Dios mío, pero qué alegría, hijo.”
La mujer que estaba
allí, con los ojos muy abiertos y cubriéndose la boca con una mano, era su
madre. Excepto por algunas arrugas más en el rostro, no había cambiado mucho
desde la última vez que la vio. Sin embargo, para Lee-hyun, ella se sentía más
extraña que un desconocido.
“¿Cómo has podido pasar tanto tiempo sin dar
señales de vida? ¿Acaso pensabas venir solo cuando te llegara la noticia de que
tus padres habían muerto? ¿Eh? ¿Cómo es que vienes recién ahora?”
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Al confirmar que era él, la madre de Lee-hyun
se acercó rápidamente y le abrió los brazos. Lo estrechó contra ella y le dio
unas palmaditas de reproche en la espalda; Lee-hyun, incómodo, se quedó
paralizado con la espalda ligeramente encorvada, como una estatua de hielo.
“No. Has hecho bien en
venir, Lee-hyun. Gracias por el esfuerzo del viaje. Sé que debes estar ocupado,
gracias por venir...”
Ella, de carácter
débil y apacible, se secó con el dorso de la mano los párpados que amenazaban
con desbordar lágrimas. Cuando se separó de él para examinarlo de arriba abajo,
sus ojos estaban enrojecidos. Lee-hyun, incapaz de sostenerle la mirada,
asintió con torpeza mirando al suelo.
Tras hacerle varias
preguntas sobre si estaba bien o si había comido, ella finalmente se calmó un
poco y le acarició el hombro. Entonces, como si recordara algo de repente,
habló.
“Vaya, qué cabeza la
mía. No nos quedemos aquí, entremos a hablar. ¿Cuándo llegaste? ¿Ya viste a tu
padre?”
“...No. Acabo de
llegar.”
“El pasillo está frío.
Entremos de una vez.”
Lee-hyun no respondió;
se humedeció el interior de la boca con la lengua y levantó la mano lentamente.
Apretó el puño con fuerza frente a la puerta y llamó suavemente.
Toc, toc... toc.
“No pasa nada, no hace
falta eso. Entra, simplemente.”
Drrrr.
Antes de que pudiera
prepararse mentalmente, la puerta se abrió revelando el interior de una
habitación de hospital bastante amplia. Vio a alguien sentado, apoyado en la
cama frente a la ventana desde la que se veía bien el exterior. Tenía la cabeza
baja, como si estuviera leyendo un libro, y no se movía lo más mínimo.
Ante esa escena,
Lee-hyun se detuvo, pero su madre entró primero y se acercó a la cama. Tocó
suavemente el hombro del paciente y manipuló los paneles de la pared con
naturalidad.
“Cariño, Lee-hyun está
aquí. Lee-hyun, no te quedes ahí parado, ven a sentarte.”
El padre de Lee-hyun
no se movió. Lee-hyun se mordió los labios secos y dio unos pasos lentos. Se
detuvo a unos tres pasos de la cama e inclinó la cabeza hacia el perfil de su padre,
que seguía con la vista fija en el libro.
“...Hola.”
Sabía que era un
saludo demasiado formal para un padre, pero no se le ocurrió otra cosa. Tras
terminar la breve frase, se quedó mirando la barandilla de la cama, pero no
hubo respuesta.
“…….”
Fue la madre, y no el
padre, quien rompió el pesado silencio. Le dedicó a Lee-hyun una sonrisa
forzada y se dirigió a su marido en tono de súplica.
“Cariño, deja la
Biblia un momento. Les diré a los diáconos y a los demás que vengan a visitarte
un poco más tarde, ¿sí? Lee-hyun está aquí, hablen un poco.”
Su voz sonaba casi
desesperada, pero el padre de Lee-hyun seguía sin responder. La madre se mordió
el labio, mirando a su esposo con reproche, y luego se volvió hacia Lee-hyun.
“Lee-hyun, no te
quedes ahí parado, ven a sentarte.”
“No hace falta que se
siente.”
“¡Cariño...!”
La voz autoritaria del
padre cortó el tono suplicante de la madre. La mirada de Lee-hyun, que había
estado rondando la cama para evitar el contacto directo, subió lentamente. Sus
ojos se encontraron.
“Dije que no hace
falta que se siente.”
Sus párpados estaban
hundidos por la enfermedad, pero su mirada era tan intensa como en sus
recuerdos. No, quizás era incluso más afilada que entonces.
En ese breve instante
en que cruzaron miradas, la sensación de derrota y el arrepentimiento de haber
venido inundaron la mente de Lee-hyun. Solo después de ver esa mirada gélida
comprendió dolorosamente que, aunque estuviera herido de muerte, su padre no
iba a darle la bienvenida.
“Cariño, no seas así.
Lee-hyun no ha venido en mucho tiempo. Mira a tu hijo a la cara.”
“Yo no tengo un hijo
así. No lo necesito, dile que se largue de una vez.”
“Lee-hyun, no le hagas
caso y siéntate. Tu padre lo dice por decir, ¿eh?”
Su madre intentaba
mediar con una sonrisa forzada, pero no servía de nada para aliviar el
ambiente. Lee-hyun, de pie como si estuviera clavado al suelo, bajó la vista
hacia sus pies y apenas logró pronunciar una frase.
“¿Se encuentra... un
poco mejor?”
Fue una pregunta que
terminó con un tono incierto, pero lo único que siguió fue el silencio. El
padre de Lee-hyun pasó una página de la Biblia como si no hubiera escuchado
nada. El tubo del suero, que asomaba bajo la bata del hospital, ondeó al ritmo
del movimiento de la hoja.
No esperaba ser bien
recibido, pero ser tratado como si no existiera le dejó un sabor amargo en la
boca. Si le preguntaran qué reacción esperaba, no sabría qué decir, pero al
menos no era esta situación por la que había recurrido a Gu Seung-hyeok.
'¿En qué estaba
pensando al pedir dinero prestado para venir aquí? ¿Acaso intentaba jugar a ser
el buen hijo a estas alturas?'.
Lee-hyun bajó la
cabeza y jugueteó con sus dedos. Al continuar el silencio incómodo, su madre
habló para intentar arreglar la situación.
“Ha mejorado mucho
después de la quimioterapia. El médico dijo que, si seguimos así, podría recuperarse
por completo.”
“…….”
“Es una suerte que
Dios te haya traído de vuelta al seno de la familia, Lee-hyun. Qué alegría
verte después de tanto tiempo, ¿verdad?”
Ella volvió a
acariciar la muñeca y la palma de Lee-hyun. Sin embargo, a él esa mano arrugada
y suave le resultaba extraña; cerró el puño y retiró el brazo sutilmente. Ella
le lanzó una mirada herida por un segundo, pero rápidamente volvió a tocarle el
hombro.
“Lee-hyun, sentémonos.
¿Quieres algo de beber? ¿Te pelo un poco de fruta?”
“¿A qué has venido?
¿Acaso te dio curiosidad saber cómo está tu padre ahora que has oído que tiene
una enfermedad terminal?”
“¡Cariño!”
Fric, el sonido de la fina hoja de papel al pasar
precedió a las palabras del padre. Su vista seguía fija en la Biblia sobre sus
rodillas. Lee-hyun levantó la cabeza y observó el perfil de su padre en
silencio.
“Te he preguntado a
qué has venido si vas a quedarte ahí parado con la boca cerrada.”
“Lee-hyun, ve a
sentarte al lado de tu padre, ¿sí?”
Ella empujó suavemente
la espalda delgada de Lee-hyun mientras hablaba, pero él no se movió. No era
por otra intención; simplemente su cuerpo rechazaba acercarse a su padre.
Ante la actitud de
Lee-hyun de mantenerse alejado, la mirada del padre se volvió aún más afilada.
Lee-hyun bajó la cabeza para evitar esos ojos que lo fulminaban y contuvo un
suspiro.
'Definitivamente, no
debí venir'.
“Vine un momento
porque mi madre me pidió un favor. Solo por eso.”
“…….”
“Ya que lo he visto,
me retiro.”
Si hubiera podido
sentir al menos un ápice de culpa por no haberlo visitado hasta que se puso
así, ¿se sentiría menos incómodo? Le resultaba extraño sentirse tan indiferente
incluso viendo a su padre consumido por la enfermedad.
Lee-hyun parpadeó
lentamente y, tras mantener la vista en las ruedas de la cama, hizo una
reverencia hacia ella.
“Espero que el
tratamiento vaya bien y que recupere su salu...”
“Tú. ¿Sigues viéndote
con hombres?”
La cabeza, que estaba
a medio inclinar, se detuvo y volvió lentamente a su posición original. Su
madre también pareció sorprendida por la pregunta repentina. En medio de esa
atmósfera tan tensa como una fina capa de hielo, Lee-hyun levantó la mirada
poco a poco.
Su padre, que por fin
había apartado la vista de la Biblia, observaba fijamente la zona del cuello de
Lee-hyun con frialdad. Fue entonces cuando Lee-hyun recordó la marca que aquel
hombre desconocido le había dejado la noche anterior.
Subió apresuradamente
el cuello del suéter, pero el rostro de su padre ya se había contraído en una
mueca de asco. Aunque intentaba convencerse de que no estaba haciendo nada
malo, su corazón empezó a latir con fuerza, como si alguien lo hubiera asustado
con un grito.
“Si Dios me tuviera
aprecio, no me habría dado un hijo como tú.”
“…….”
“Lárgate. No quiero ni
verte la cara.”
Sintió un hormigueo
que subía desde las yemas de sus dedos hasta la nuca. Lee-hyun apretó los puños
y dio un paso hacia atrás.
Su madre se acercó
preocupada para examinar su rostro, pero su cara blanca y despejada permanecía
inexpresiva como la de un muñeco. Solo sus labios, fuertemente apretados,
estaban pálidos.
“Espero que el
tratamiento... vaya bien... y recupere su salu...”
Trató de articular de
nuevo la frase que no había podido terminar, pero el nudo en su garganta le
impedía que las palabras fluyeran. No es que fuera un hombre tan frágil como
para desmoronarse por esto, pero el impacto emocional lo había dejado sin
aliento. Lee-hyun apretó los dientes e inclinó la cabeza, dejando que ese gesto
sustituyera el final de su despedida.
Sin dudarlo, dio media
vuelta hacia la salida, pero las voces que resonaban en el pasillo se acercaban
cada vez más. Justo cuando su mano rozó el picaporte de la puerta, se escuchó
un ligero toc, toc y la puerta se abrió con un drrrr.
“Pastor, ya llegamos,
¡ay...!”
Una mujer de mediana
edad, que entraba con una sonrisa, retrocedió sorprendida al encontrarse con
Lee-hyun de frente. Él inclinó la cabeza pidiendo disculpas e intentó salir de
inmediato, pero el grupo que bloqueaba la entrada no parecía tener intención de
moverse.
“Ah... ¿ha venido la
diaconisa Kim...?”
“Vaya, no sabía que
tenían visitas. ¿Quizás sea mejor que volvamos más tarde?”
Su tono era algo
exagerado, pero ante el silencio de los padres de Lee-hyun, el ambiente se
volvió extraño. Solo cuando la incomodidad se hizo evidente en el rostro de la
mujer, la madre de Lee-hyun respondió tardíamente.
“Ah, no, no es eso. Es
Lee-hyun, nuestro hijo menor. Lee-hyun, saluda. Son miembros de la iglesia de
tu padre.”
Lee-hyun solo quería
huir de allí, pero de repente se vio obligado a enfrentar a los fieles de la
iglesia y a tener que saludarlos. Estaba tan desconcertado e incómodo que ni
siquiera podía controlar su expresión.
“Ah, yo...”
Sin embargo, al
levantar la vista, notó que los rostros frente a él estaban aún más rígidos y
extrañados que el suyo. Vio cómo intercambiaban miradas cómplices entre ellos.
'Ah, todos lo saben'.
Pensándolo bien, el
hecho de que el hijo del pastor de la iglesia fuera gay no era un secreto que
tardara mucho en circular como chisme.
Miradas cargadas de curiosidad, lástima y
desprecio lo atravesaron como cuchillas. No había hecho nada malo, pero su
cabeza caía una y otra vez hacia el suelo.
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Pareció escucharse un murmullo al fondo del
grupo hasta que alguien, intentando romper el hielo con naturalidad, habló. La
persona que lideraba el grupo le dio una palmadita ligera en el hombro a
Lee-hyun con los ojos entrecerrados en una sonrisa.
“Vaya, como era de
esperar del hijo del pastor Kwon, es muy gallardo. Tiene mejor porte que mi
propia hija.”
“Es verdad. ¿Cómo
puede un hombre tener las pestañas tan largas? La señora debe estar encantada.”
Mientras hablaban
entre ellos riendo frente a él, Lee-hyun se mordía el labio inferior con
fuerza. Sentía que un cansancio tan pesado que apenas podía mantenerse en pie
lo aplastaba. Solo al soltar un suspiro contenido sentía que podía volver a
inhalar aire.
“...Me retiro primero,
madre. Ya envié lo que me pediste, compruébalo, por favor.”
Finalmente, con los
puños apretados, Lee-hyun se abrió paso entre la gente y aceleró el paso como
quien huye de algo. Su único objetivo era alejarse lo máximo posible de la
habitación de su padre.
“¡Lee-hyun, espera...!
¡Espera un momento...!”
Cuando apenas salía
del ala de hospitalización, alguien lo agarró del brazo. Se dio la vuelta
sobresaltado y vio a su madre jadeando por el esfuerzo.
“Juf... uf... ¿Será
que tienes las piernas largas...? ¿Por qué caminas tan rápido? Uf...”
No pudo deshacerse del
agarre de las manos de su madre, que sujetaban con suavidad sus dos muñecas.
Lee-hyun se debatió entre el deseo de huir de allí y los sentimientos complejos
hacia ella; finalmente relajó el cuerpo y dio un paso atrás. Sentía que el estómago
y la boca del estómago le quemaban, así que cerró los ojos para recuperar el
aliento.
“Lee-hyun, sé que es
difícil para ti, pero gracias por venir hasta aquí y por ayudar con los gastos
del hospital... No ha sido demasiado esfuerzo, ¿verdad? ¿Estás bien?”
Sentía que estar allí
era más agotador que haber ido a buscar a Gu Seung-hyeok. No había gritos ni
bofetadas, pero sentía como si su cuerpo hubiera sido despedazado por mil
cuchillos. ¿Acaso no estaría brotando sangre invisible de sus brazos, piernas y
torso hasta encharcar el suelo? ¿Realmente podía decir que estaba
"bien"?
“Me retiro primero.
Solo confirma que el dinero haya llegado bien a la cuenta.”
“Lee-hyun, ya que
estás aquí, vamos a comer juntos. ¿Sí? Tu hermana también está cerca y dice que
llegará pronto.”
“Lo siento. Tengo
otros compromisos más tarde...”
No tenía planes hasta
la noche. De hecho, le sobraba tiempo para el autobús y tendría que quedarse
sentado en algún lugar. Pero ver a su madre le recordaba a su padre, y a lo que
pasó hace ocho años; sentía que el calor subía por su garganta. No quería que
ella viera cómo ese calor se transformaba en llanto.
Incapaz de mantener la
compostura, Lee-hyun bajó la cabeza y saludó con torpeza. Al intentar
esquivarla para irse, su madre lo sujetó del brazo con ambas manos rápidamente.
“Lee-hyun, espera un
momento. Mamá quiere hacer una oración por ti.”
No lo sujetaba con
fuerza, pero sintió como si le hubieran puesto grilletes en todo el cuerpo.
Sintió una presión en la boca del estómago tan asfixiante que no pudo pedirle
que lo soltara; solo movió los labios sin emitir sonido.
La madre de Lee-hyun
bajó los brazos y tomó las manos de su hijo entre las suyas. Cerró sus ojos de
párpados profundos y una voz pequeña pero firme escapó de sus labios entreabiertos.
“Padre celestial...
Gracias por traer de vuelta a nuestro precioso hijo Lee-hyun al seno de su
familia.”
El padre real que lo
había engendrado acababa de negar su existencia. No sabía qué tan grande sería
ese "Padre celestial", pero no creía que fuera capaz de acoger al
hijo que otro había desechado.
“Te ruego que no
permitas que tu hijo caiga más en las tentaciones de Satanás; guíalo por el
camino correcto para que pueda disfrutar de la paz en tus brazos. Protege a
nuestro Lee-hyun para que no caiga en las astutas trampas de los demonios.”
'Hasta el final...'.
Ante la letanía de la
oración, Lee-hyun dejó escapar una risa vana y resignada. Al final, ni su padre
ni su madre aceptaban quién era él. Un "Satanás" hijo de un pastor y
de una devota cristiana. Qué ironía.
Escuchando el
"Amén" susurrado, levantó la vista hacia el cielo azul gélido.
Tras lograr separarse
de su madre, quien parecía dispuesta a seguir orando indefinidamente, Lee-hyun
buscó la zona de fumadores en un rincón del hospital. Pensó que sería más fácil
respirar allí que dentro del edificio, así que se sentó en un banco rígido y
encendió un cigarrillo.
Al apoyar la espalda y
echar la cabeza hacia atrás, el sol lo deslumbró. En su visión teñida de
blanco, no dejaban de aparecer el patrón de la bata de hospital de su padre o
las arrugas de las manos de su madre. Lee-hyun cerró los ojos y se concentró
solo en exhalar el humo para no pensar en nada más. Pensaba que ya había
superado la etapa de herirse por estas cosas, pero sentía puntadas en el pecho.
Si esa presión en la boca del estómago desaparecía, sentía que algo se
desbordaría, así que se esforzó por vaciar su mente.
“Sí, sí. Madre de
Yeong-ji. ¿Ya llegaste?”
Cuando las colillas ya
se amontonaban a sus pies y sus zapatillas se sentían rígidas por el frío,
alguien se sentó a su lado hablando por teléfono. Una voz de mujer de mediana
edad se detuvo junto a él y se escuchó el clic del encendedor.
“¿De verdad? ¿Pasó
eso? Vaya, ¿cómo terminó así...? El cielo es indiferente.”
La voz murmurada con
el cigarrillo en la boca se filtraba en sus oídos. Pensó que ya era hora de
levantarse e ir a cualquier otra parte. Al abrir los párpados mirando al cielo,
el vacío azul se extendió ante él.
“Cielos... El pastor
Kwon siempre hablaba de su hija, así que ni sabía que tenía un hijo. Pero
bueno, oyendo lo que dicen, es comprensible. Que a un hombre le gusten los
hombres es algo tan escandaloso, ¿cómo iba a contarlo? ¿Dicen que intentaron
mandarlo a un hospital psiquiátrico? Dicen que hoy en día hay hospitales que
curan eso.”
La mujer de al lado no
le dedicó ni una mirada a Lee-hyun, absorta en su conversación.
“Es Satanás, que se
instala en el corazón de las personas para contradecir la Biblia. El pastor
debe de haber sufrido mucho, qué barbaridad... ¿Ocho años? Dios mío, Padre
celestial...”
Lee-hyun parpadeó
lentamente mirando las nubes pasar. Por casualidad o por destino, la forma de
una nube que se acercaba se parecía a una cruz.
“La homosexualidad es
el pecado que Dios más odia de todos. Tienen que caer en las llamas del
infierno para entrar en razón. Solo de pensar que esa estirpe maldita por
Satanás se mezcla con la gente normal...”
La mujer seguía
soltando ponzoña sin saber que el "Satanás" del que hablaba estaba
sentado justo a su lado. Lee-hyun soltó una risa seca y se levantó lentamente.
Miró al cielo por última vez y exhaló una larga bocanada de humo.
Pensando en su cuenta
bancaria, que se quedaría vacía sin ingresos inmediatos, debería buscar algún
trabajo de fin de semana, pero no tenía voluntad para nada. Si ya se dedicaba a
seducir hombres a plena luz del día, ¿qué importaba que fuera de noche?
Quizás por haber
estado tanto tiempo bajo el viento frío, empezó a temblar. Si tenía ganas de
beber, seguramente era porque hacía demasiado frío para estar sobrio.
Lee-hyun tiró la
colilla corta al suelo y la aplastó con el pie. Si tanto les molestaba que se
mezclara con la "gente normal", lo mejor sería desaparecer, tal como
decían.
Por casualidad o
destino, recordaba un bar al que solía ir mucho cuando tenía poco más de veinte
años y que no estaba lejos de allí. No había ido en mucho tiempo, pero que se
le viniera a la mente de repente quizás era, como decía la gente, porque
Satanás lo estaba tentando. Lee-hyun soltó una risita amarga y empezó a caminar
con paso vacilante.
* * *
La entrada al bar,
situada en el sótano, no había cambiado mucho. Las puertas de cristal se
abrieron con suavidad, disipando el temor de que, por ser tan temprano, el
lugar estuviera cerrado.
Sin mirar a su
alrededor, Lee-hyun se dirigió directamente a la barra y ocupó un asiento en el
rincón. Mientras atravesaba el salón en penumbra, sintió varias miradas
curiosas clavadas en él. Se quedó inmóvil, observando las vetas de madera de la
mesa, hasta que el barman le tendió un posavasos y el menú. Sin siquiera
abrirlo, Lee-hyun pronunció el nombre de un whisky.
“¿Se lo sirvo con
hielo?”
“Solo, por favor.”
No había comido nada
en todo el día por las náuseas, pero ahora mismo le resultaba imposible aguantar
sobrio. Con la intención de olvidarlo todo y emborracharse, apuró el pequeño
vaso de un trago; sintió como si una llama le recorriera la garganta.
“Otra de lo mismo, por
favor.”
Lee-hyun levantó de
nuevo el pequeño vaso con el líquido dorado. Cerró los ojos con fuerza y tragó
el whisky sin siquiera saborearlo; solo entonces, el escozor que sentía en los
ojos pareció descender hacia su pecho. Dejó el vaso en la mesa, apoyó ambos brazos
y escondió la cabeza entre ellos.
“…….”
Mientras permanecía
así, bebiendo a sorbos, el alcohol no tardó en subirle a la cabeza. Ojalá fuera
solo el calor en el estómago, pero la punta de la nariz empezó a escocerle de
nuevo.
El barman, que lo
observaba de reojo con preocupación, le ofreció un pequeño plato con queso y
fruta. Lee-hyun asintió levemente y terminó hundiendo la frente contra la
madera de la mesa. Se quedó así, parpadeando con pesadez.
Al ver de cerca las
vetas de la madera mezclándose de forma mareante, sus ojos volvieron a
humedecerse. ¿Qué había hecho tan mal para recibir ese trato? Una vez que
empezó a darle vueltas, la tristeza lo desbordó. Sus hombros temblaron en un
intento por contener el llanto. Fue entonces cuando sintió que alguien se
sentaba en el taburete de al lado.
Lee-hyun cerró los
ojos con fuerza, recuperó el aliento y giró la cabeza hacia un lado. Como era
un experto en fingir que no pasaba nada, su rostro bajo la luz amarillenta
apenas mostraba los ojos algo enrojecidos.
“Vaya, mira a quién
tenemos aquí. A estas alturas, ¿no crees que es el destino?”
“…….”
“Te dejé mi tarjeta en
el bolsillo para que me llamaras. ¿No la viste?”
El hombre que acercaba
su silla para instalarse a su lado era el mismo que ayer le había dado agua con
droga y lo había acosado. Al encontrarse con esa persona despreciable en medio
de una situación tan asquerosa, más que rabia, sintió estupefacción. Parecía
que la vida, hasta el final, no estaba de su parte.
Ignorando al hombre,
Lee-hyun llamó al barman y pidió otra ronda.
“Caballero, ya ha
bebido bastante, ¿está seguro?”
“...Estoy bien. Solo tráigame otro.”
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Al escuchar su pronunciación clara y sin
trabas, el barman pareció tranquilizarse. Lee-hyun sabía lo molesto que era
lidiar con borrachos impertinentes, así que no planeaba llegar a ese extremo;
solo quería beber lo suficiente para olvidar la angustia que le oprimía el
pecho. Apuró el vaso de un trago.
“Vaya, aguantas bien
el alcohol. Bebe un poco de agua y ve más despacio. Parece que ni te has dado
cuenta de que te estaba observando desde hace rato.”
“No bebo nada que
venga de ti.”
“Ay, no seas así. Lo
de ayer fue un error, yo también estaba un poco bebido. ¿Llegaste bien a casa?
No esperaba que llamaras a la policía de repente.”
Como si se estuviera
disculpando, el hombre empezó a acariciar lentamente el dorso de la mano de
Lee-hyun. A él le resultaba repugnante, pero no lo apartó; se quedó inmóvil.
Pensó que, al fin y al cabo, siendo un 'homo' asqueroso, no se iba a desgastar
por un roce.
“¿No te resulta
extraño querer liarte con hombres sin ser gay?”
“Para nada. Al final,
para follar, solo cambia el agujero donde la metes. ¿Qué importa si eres gay o
no?”
“…….”
“Entonces di que soy
gay. O bueno, ¿en estos casos se dice que uno es bisexual o algo así?”
El hombre se pegó a él
y le susurró con voz sugerente:
“Siento lo de ayer,
fui un desconsiderado, hyung. Para compensarlo, vámonos juntos hoy.”
Lee-hyun sentía
fascinación y envidia por ese hombre que aceptaba con tanta naturalidad algo
que sus propios padres, tras veinte años de convivencia, no podían asimilar. Al
girar la cabeza, se encontró con la mirada cargada de deseo del tipo. Sobre esa
imagen, se superpuso la mirada gélida de su padre.
De repente, sintió
como si insectos le recorrieran la piel y, sin darse cuenta, empezó a rascarse
sobre la ropa con las uñas.
Mientras ignoraba al
hombre que seguía susurrándole al oído, vio salir apresuradamente del fondo del
bar a un mánager vestido de traje. En el lugar hacia donde se dirigía el
mánager, alguien recibía un saludo de noventa grados. Lee-hyun, con la vista
nublada por el alcohol, observó fijamente al hombre que acababa de llegar.
“…….”
Como si hubiera notado
su presencia, el hombre giró la cabeza hacia Lee-hyun. Reconoció de inmediato
esa expresión impasible y esos ojos fríos.
En cuanto cruzaron
miradas, la sensación de derrota lo invadió. Lee-hyun se mordió el labio
inferior inconscientemente; vio cómo las cejas bien formadas del otro se
contraían antes de que sus labios se curvaran en una mueca torcida.
“Cada vez que te veo,
cambias de pareja.”
“…….”
“¿Es una
característica de los 'homos', o es que tú simplemente eres un ligero?”
Gu Seung-hyeok,
vestido con un blazer negro, parecía alguien que solo pasaba por allí para
divertirse. Tras la tensión inicial por el encuentro repentino, Lee-hyun soltó
una risita ante la reacción tan predecible y constante de Seung-hyeok. Al
menos, él no fingía frente a él, ni sacaba a relucir esos discursos trillados
sobre la homosexualidad y el pecado.
Pero, aparte de eso...
“...¿No es algo que no
te incumbe?”
“……."
“¿Qué haces aquí? ¿Me
estás vigilando?”
Debido al alcohol, las
palabras salieron de sus labios con lentitud, sin pasar por el filtro de la
razón. Ante sus palabras, Seung-hyeok soltó una carcajada incrédula.
“Vaya forma de
emborracharte.”
Tras observar con
desdén a Lee-hyun y al hombre sentado a su lado, Seung-hyeok se volvió hacia el
empleado del bar.
“¿Qué pasó con lo que
te di la última vez?”
“Sí, ya lo
distribuimos todo, señor.”
Se oyó al empleado
susurrarle a Seung-hyeok, visiblemente tenso. Seung-hyeok sacó del bolsillo
interior de su chaqueta un papel que parecía una pequeña pegatina y se lo
tendió.
“Cuando envíes el
correo, asegúrate de verificar bien al destinatario. No compliques las cosas
innecesariamente como la última vez.”
“Sí, entendido.”
Lee-hyun había visto
escenas similares cuando trabajaba en Nexus. Aunque nunca se lo explicaron
detalladamente, pudo adivinar que ese papel fino era algún tipo de sustancia.
Ah... había venido por negocios.
Tras terminar sus
asuntos, Seung-hyeok volvió a cruzar la mirada con Lee-hyun, quien seguía
observándolo, y habló con una sonrisa lánguida.
“Lee-hyun, uno solo
vigila a alguien cuando ese alguien merece la pena.”
“…….”
“Sé de sobra que
mueves el culo con cualquiera, ¿para qué me iba a molestar en vigilarte?”
Era el mismo desprecio
de siempre, pero hoy sentía que esas palabras le desgarraban el pecho. Cuando
Lee-hyun bajó la mirada con una sonrisa vacía, Seung-hyeok arqueó una ceja al notar
algo extraño.
Los insectos que
sentía sobre la piel empezaron a moverse con más fuerza. Tras beberse el vaso
que tenía delante en silencio, Lee-hyun se rascó violentamente la muñeca
izquierda. El hombre de al lado, incapaz de seguir mirando, le agarró la mano.
“¿Por qué te rascas
tant...?”
El hombre no pudo
terminar la frase. La muñeca izquierda, ahora expuesta, estaba hecha un
desastre. Bajo la piel enrojecida por el rascado reciente, se veían cicatrices
lineales blanquecinas y antiguas.
Tac.
En un instante, el
brazo de Lee-hyun fue arrebatado hacia el otro lado. Antes de que el hombre
pudiera reaccionar, Seung-hyeok lo sujetó por la muñeca y observó la zona con
el ceño fruncido. Eran cicatrices que no estaban allí la última vez que lo vio.
Seung-hyeok clavó una mirada feroz en Lee-hyun.
“¿Tú te hiciste esto?”
Le resultaba cómico
que un tipo que seguramente había visto cosas peores se pusiera así por unas
simples cicatrices. Y además, ¿a él qué le importaba?
Lee-hyun soltó una
sonrisa amarga y recuperó su brazo con un tirón.
“Si has venido por
negocios, termina lo que tengas que hacer y vete.”
“…….”
“No pierdas el tiempo
preocupándote por las muñecas de un 'homo'.”
Repitiendo las mismas
palabras que Seung-hyeok solía usar, Lee-hyun se bajó la manga del suéter y le
dio la espalda. Levantó el vaso y se lo bebió de un trago, haciendo que su nuez
de Adán se moviera de forma pronunciada.
Seung-hyeok lo observó
fijamente, apretando la mandíbula con tanta fuerza que se le marcaron los
músculos, antes de darse la vuelta hacia la salida.
El mánager le dio una
palmada en el hombro al barman, que había estado observando la escena con
cautela, y regresó al interior. Todo volvió a ser como diez minutos antes.
Lee-hyun hundió de nuevo la frente en la mesa, tratando de soportar el mareo
que hacía que todo diera vueltas.
...Qué asco de vida.
Desde que aceptó que
era diferente a los demás, nunca hubo un día en que vivir le resultara fácil,
pero jamás se había sentido tan especialmente miserable como ahora. Pensaba que
ya se había acostumbrado al desprecio que recibía de todas partes, pero hoy le
costaba más de lo habitual pasarlo por alto con indiferencia.
¿Sería por sus padres,
que negaban la existencia de su hijo incluso cuando la muerte acechaba al
padre? ¿O por el malnacido de al lado, que tras intentar violarlo usando
drogas, se atrevía a presentarse ante él con total descaro? ¿O tal vez era por
Gu Seung-hyeok, quien no ocultaba su asco cada vez que se encontraban?
No, tal vez
simplemente estaba recibiendo el castigo por haber observado como un espectador
ajeno todas aquellas críticas y burlas despiadadas que le llovían.
'Ah... no puedo más'.
Lee-hyun se levantó de
golpe. Al perder el equilibrio y tambalearse, el hombre de al lado estiró el
brazo para sujetarlo. Él lo apartó y, con paso errante, se dirigió al baño.
Se apoyó en el lavabo
y dejó correr el agua, salpicándose la cara varias veces. La angustia que tenía
acumulada en el vientre subió por su pecho, pasó por su garganta y brotó en
forma de lágrimas.
“Juf…”
Intentó ocultar su
rostro tras el agua fría, pero no pudo contener el torrente de emociones que se
desbordaba. Mientras permanecía allí, con las manos apoyadas en el lavabo y las
lágrimas cayendo gota a gota, escuchó a alguien entrar al baño.
Se apresuró a
limpiarse la cara para dejar el lugar, pero antes de que pudiera hacerlo,
alguien lo agarró de ambos brazos y del cuello de la camisa, estampando su
espalda contra la pared.
“…Ah.”
El rostro que lo
miraba no le era desconocido. Era el hombre que había estado sentado a su lado
hasta hace un momento.
“Ah, maldita sea…
¿Pasa algo hoy? No pensaba llegar tan lejos, pero verte llorar así me pone
jodidamente caliente.”
El hombre, sujetando
los brazos de Lee-hyun con fuerza dolorosa, bajó la cabeza y enterró el rostro
en su nuca. La sensación de la lengua húmeda recorriendo su piel se sentía
distante, como si ocurriera a través de una capa de entumecimiento.
Incluso entonces,
Lee-hyun alzó la cabeza intentando contener el llanto y forcejeó con sus brazos
sin fuerza, pero el hombre presionó con más ímpetu sus extremidades contra la
pared.
Los labios pasaron de
la nuca hacia abajo. Como si el suéter holgado le estorbara, le subió la prenda
y empezó a succionar el pecho expuesto.
“Tanto que decías que
no, y hoy estás muy dócil.”
“…Basta.”
“¿Qué basta? Ja,
joder… ya siento que me va a estallar el pene.”
Estar en esa situación
en un baño lo hacía sentir como si fuera basura, pero balbucear un
"no" sin fuerzas mientras retorcía el cuerpo era todo lo que podía
hacer para resistirse. Al fin y al cabo, su vida ya era una basura. Daba igual
si se revolcaba aquí o en una cama.
A pesar de ello,
Lee-hyun seguía moviéndose y apartando la cabeza. El hombre, como si viera un
juego de niños, soltó una risita y continuó acariciando su cuerpo por todas
partes.
Click, click.
El picaporte del baño, que estaba cerrado, se
movió justo cuando el hombre pegaba su entrepierna contra la de Lee-hyun,
frotándose. Lee-hyun, que ya casi se había rendido, abrió los ojos lentamente.
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A pesar de los intentos constantes por abrir
la puerta cerrada, el hombre seguía ultrajándolo sin inmutarse.
'Al final, esto va a
terminar pasando'.
Nunca imaginó que
acabaría mezclando su cuerpo en el baño de un bar con un hombre al que solo
había visto dos veces. Justo cuando una sonrisa autocrítica asomaba por sus
finos labios, la puerta del baño se abrió con un estruendo y alguien entró. Era
la persona menos esperada.
“Maldita sea, ¿quién
es?”
Una mirada gélida
recorrió la parte superior del cuerpo de Lee-hyun, casi desnuda, las marcas de
dientes rojizas y la mano que intentaba empujar, hasta detenerse en sus pezones
de color claro. 'Este "homo" tiene hasta los pezones rosados'. Al
encontrarse con sus ojos enrojecidos, Seung-hyeok mostró una sonrisa cínica y
gélida.
“Joder, no dejas de
darme motivos para que me fije en ti.”
A Lee-hyun le dieron
ganas de suspirar al ver que, de todas las personas, tenía que ser Gu
Seung-hyeok quien lo viera así. Solo pensar en que volvería a empezar con sus
insultos de "gay" y "homo" ya le hacía doler la cabeza.
Cuando Lee-hyun bajó la vista con resignación, Seung-hyeok se acercó a grandes
zancadas, agarró al hombre por el hombro y le dio la vuelta.
¡Pum!
Antes de que el hombre
pudiera recuperar el equilibrio, un puño impactó en su mejilla. Cayó al suelo
de un golpe y, sujetándose la cara, miró a Seung-hyeok con expresión
aterrorizada.
“¡¿Q-qué pasa?!”
“No me importa que los
'homos' se acuesten entre ustedes…”
¡Pum!
“Pero que lo hagan en
mi local es un problema.”
¡Pum!
Cada vez que
Seung-hyeok lanzaba un puño, el terror en los ojos del hombre se hacía más
profundo. El primer golpe le reventó el labio; el siguiente le hizo sangrar por
la nariz. Ante la violencia repentina, el hombre quedó tendido en el suelo,
pataleando desesperado.
Seung-hyeok lo agarró
violentamente de las solapas para levantarlo. No podía controlar la furia
inexplicable que hervía en su interior. Justo cuando levantó el puño de nuevo
para estamparlo contra la cara del tipo, sintió una fuerza débil tirando de él.
Al girar la cabeza,
vio a un Lee-hyun pálido que, sin atreverse a tocar el brazo de Seung-hyeok,
tiraba débilmente del borde de su camisa. Su reacción parecía excesiva para
alguien que solo presenciaba una pelea.
“…Basta.”
Ante esa pequeña voz
trémula, el movimiento de Seung-hyeok se detuvo en seco. La tensión abandonó su
puño cerrado. Aprovechando el momento, el hombre se zafó del agarre de
Seung-hyeok y gateó por el suelo.
Seung-hyeok ignoró al
tipo y bajó la mirada hacia la mano que sujetaba su ropa. Esa mano pequeña
estaba blanca por la tensión.
“…No lo hagas.”
El hombre, viendo su
oportunidad, salió huyendo del baño. Sin prestarle atención al que escapaba,
Seung-hyeok observó a Lee-hyun.
Con la ropa
desordenada, los ojos enrojecidos y un leve rubor en la nuca causado por el
alcohol, Lee-hyun provocó una sensación punzante en las entrañas de
Seung-hyeok.
“¿También le hablabas
así a ese imbécil?”
“…….”
“¿No te das cuenta de
que hablando así solo pides que te follen?”
No sabía exactamente
por qué estaba tan furioso, pero ver a Lee-hyun tan decaído y asustado le hacía
hervir la sangre. Mientras Seung-hyeok lo fulminaba con la mirada apretando los
dientes, Lee-hyun dejó escapar un suspiro débil.
Cuando aquel hombre,
el culpable de su mañana de pesadilla, se sentó a su lado con descaro, tal vez
Lee-hyun ya presentía este final. Quizás dejó que el tipo le hablara con esa
naturalidad porque quería demostrarse que, aunque no fuera digno de amor, al
menos servía como alguien con quien pasar la noche.
“Para eso lo hice.”
“…¿Qué?”
Porque si alguien
sentía deseo por él, significaba que, aunque no pudiera ser amado por quién
era, al menos servía para una noche.
“Gu Seung-hyeok, ¿tú
también quieres acostarte conmigo?”
Al oír esas palabras
pronunciadas con la vista baja y sin fuerzas, el rostro de Seung-hyeok se
desencajó al instante. Lee-hyun murmuró para dar el golpe final:
“Dicen que a todos les
gusta.”
El rostro impasible
que antes mostraba desconcierto se volvió feroz. Seung-hyeok lo miró con ojos
asesinos y dijo entre dientes:
“¿Te has vuelto loco?”
Ante la reacción
esperada, Lee-hyun soltó una risita amarga. Soltó la camisa que sujetaba, se
arregló la ropa tambaleándose e inclinó la cabeza, mirando a algún punto en el
suelo.
“¿A ti también te
parece eso?”
A Seung-hyeok no le
gustaba esa actitud extrañamente dócil, tan diferente a su habitual forma de
responderle. Apretando la mandíbula, habló con voz baja:
“Si estás borracho,
vete a casa a dormir.”
Lee-hyun volvió a
mostrar esa sonrisa que tanto irritaba a los demás y se limpió los ojos secos
con la mano. Luego, pasó al lado de Seung-hyeok y salió del baño con paso
vacilante.
Observando su figura
inestable a través del espejo, Seung-hyeok apretó los puños con fuerza.
Sintió la extraña
corazonada de que, si lo tocaba, Lee-hyun podría desaparecer en cualquier
momento. En ese instante, lo único que Seung-hyeok pudo hacer fue quedarse allí
quieto, viendo cómo la puerta se cerraba tras él.
Continuará en el Volumen 2.
