6. Análisis de negocio (1)

 


6. Análisis de negocio (1)

Había cosas que ni el paso de una cantidad infinita de tiempo lograba deteriorar. Recordar a aquel hombre era una de esas cosas.

Su primer recuerdo fue en un hospital. Una noche en la que acababa de cesar una lluvia de otoño inusualmente inclemente. Un hombre, con el brazalete de luto puesto y cargando un pastel, apareció ante Seol Gong-woo.

“La empresa funeraria decidirá el lugar, pero me dijeron que si llamaba podría conseguir un sitio mejor.”

Un pastel en un funeral. Aquel hombre, que rompía cualquier paradigma de duelo, dejó el pastel y la bolsa de compras en un banco y comenzó a hablar por teléfono tranquilamente.

El espacio de estacionamiento junto al jardín del anexo del hospital era exclusivo para personas VIP; era la primera vez que Seol Gong-woo veía a alguien común allí. El error fue haber dejado la ventanilla del conductor ligeramente abierta para fumar. Sin querer, terminó enterándose del nombre del hombre y del hecho de que quería cambiar la ubicación del columbario de su padre.

“Perdone, pero... ¿no habría un lugar en el centro del interior? Me temo que a él no le gustaría estar en la zona del jardín exterior.”

Estaba acostumbrado a ver a personas rebajándose para obtener lo que querían, pero que fuera habitual no significaba que aceptara tales situaciones con agrado. Especialmente porque el hombre tenía un rostro juvenil, de una edad en la que probablemente lo único parecido a un traje que había usado era la chaqueta de luto que llevaba puesta.

Verlo exigir algo con humildad y una voz inocente le resultaba desagradable, como si estuviera observando a un vagabundo creado por la indiferencia y la privación de alguien.

Se debatió entre tocar la bocina para asustarlo o, para evitarse molestias mutuas, entregarle algo de dinero para el funeral y acabar antes; esa sería la solución más limpia. Quería deshacerse de esa incomodidad lo más rápido posible.

Últimamente, Seol Gong-woo no tenía paciencia ni energía para dedicarle a los demás.

Esto se debía a que su vida, que solía funcionar con una precisión minuciosa, volvía a desmoronarse coincidiendo con su ciclo de rut, repitiendo el proceso de ser destruida por una descarga incontrolada de feromonas para luego ser restaurada.

Había pensado que solo eran secuelas leves de una manifestación tardía y que, en un par de años, podría controlar sus feromonas a la perfección aprovechando las características de su casta especial; pero aquello resultó ser un optimismo irresponsable y una negligencia perezosa. El mayor problema era que, con el tiempo, la inestabilidad de sus feromonas estaba afectando directamente la salud física y mental de su casta.

Su hermano mayor, Ruben, aprovechando la situación, mencionó la historia de otro hermano cuyo corazón dejó de latir hacía años y empezó a tratarlo como a un enfermo. Incluso los mayores de la familia, que antes no le daban importancia, empezaron a estar alerta debido a los precedentes.

Aquellos síntomas inusuales, imposibles de conquistar, permitieron que incluso personas que jamás habrían osado entrometerse en su vida empezaran a interferir.

Aquellos que se presentaban bajo el título de ‘expertos’ diagnosticaban la causa del problema como resultado de una capacidad física altamente desarrollada, o culpaban a su vida privada promiscua, señalando el sexo frecuente mientras usaba supresores.

Como era de esperar, ninguna de esas afirmaciones se basaba en teorías de investigación sólidas, y no eran más que tonterías anticientíficas carentes de validez empírica. Debido a esto, las soluciones también eran ambiguas. Algunos le aconsejaban abstenerse de cualquier actividad estimulante y tener relaciones solo tras un periodo de descanso, mientras que otros, por el contrario, le exigían copular como un semental siguiendo un horario estricto, encontrándose solo con Omegas que tuvieran características de feromonas similares durante toda la semana.

Sin embargo, nada servía. En cada intento, las feromonas se descontrolaban y estuvo a punto de herir a su pareja en innumerables ocasiones.

Incluso hoy había sido así. A pesar de haber visitado el Centro de Biología Molecular de Castas con paciencia para someterse a estudios y análisis ante aquellos que agachaban la cabeza tras cada fracaso, la solución que presentaron los diversos expertos tras competir entre ellos fue un simple supresor.

Por si fuera poco, le dieron a Seol Gong-woo un consejo tan inútil e insignificante como el clamor de las palomas en una plaza: que debía encontrar a alguien que fuera su verdadero objeto de deseo y controlar sus feromonas mediante un ‘vínculo’.

En el momento en que escuchó esa solución anticuada del vínculo, Seol Gong-woo salió del hospital sin dudarlo. Si las cosas se solucionaran tan limpiamente con un simple vínculo, como ellos decían, no había razón para seguir viendo a gente que se había vuelto una sola pieza con sus escritorios bajo el nombre de expertos.

En lugar de perder el tiempo, lo más razonable para tratar esta enfermedad sería buscar a un Beta que cumpliera las condiciones, vincularlo, entregarle el dinero y redactar un contrato.

“Si no queda más remedio, iré al lugar que me asignaron primero. Fue un accidente tan repentino... que no se puede evitar.”

Seol Gong-woo buscó su encendedor mientras escuchaba a escondidas la llamada que estaba terminando. Al mismo tiempo, su mirada estaba fija en el hombre. A diferencia de los expertos incompetentes que solo decían cosas inútiles, el hombre que tenía delante hablaba con un tono bastante calmado a pesar del pesar que expresaba.

Él se detuvo un momento, como alguien que solo después de hablar se daba cuenta de la realidad de la muerte, y se frotó el rostro con un suspiro.

“Sí, gracias por la consulta. Siento mucho haber llamado a estas horas.”

El hombre, tras terminar la difícil llamada, se sentó en el banco. Se quedó mirando al suelo fijamente durante un rato y luego levantó la cabeza con cuidado, sacó el pastel que traía y miró a su alrededor. Sus movimientos, con ese cuello largo moviéndose con torpeza, no eran diferentes a los de un herbívoro en estado de alerta.

‘¿Acaso piensa celebrar algo aquí?’. Un hijo celebrando la muerte de su padre en un estacionamiento alejado del tanatorio. No dejaba de ser una comedia bastante original. Justo cuando inclinaba la cabeza para observar mejor al protagonista de esa comedia, sus ojos se cruzaron con los del hombre.

Unos ojos vacíos, adornados con pestañas espesas, miraron a Seol Gong-woo. Fue el momento en que el viento húmedo de otoño que soplaba entre las ventanillas se transformó, contradictoriamente, en un calor abrasador.

Era imposible que aquel hombre pudiera ver el interior del vehículo, que tenía los cristales tintados de oscuro. Aun así, el hombre, como si realmente hubiera cruzado la mirada con él, se levantó lentamente y caminó hacia Seol Gong-woo.

¿Tendría diecinueve, o quizás veinte años? Su rostro, que parecía estar en la frontera ambigua entre la adolescencia y la madurez, tenía el poder de captar la atención de una forma que una persona común no lograba.

Unos párpados dobles muy finos, un puente nasal recto y una línea de labios difuminada. Su impresión limpia, carente de cualquier opulencia, hacía que el hombre pareciera alguien ajeno a ese mundo, incluso en el momento en que estaba allí, cargando con el peso del luto.

Seol Gong-woo observó a hurtadillas al hombre que se acercaba cada vez más y se bajó la gorra que llevaba puesta. Fingiendo naturalidad para no ser descubierto en su escrutinio, movió el cigarrillo entre sus labios. Finalmente, el hombre, tras comprobar el hueco abierto del grosor de un dedo, golpeó la ventanilla del conductor. Su voz, escuchada de cerca, tenía un matiz de ansiedad y soledad, como la de un perro callejero.

“Perdone... ¿podría prestarme fuego?”

“…….”

“Es que hoy es mi cumpleaños y quería encender las velas antes de que pasen las doce... pero no tengo nada.”

Seol Gong-woo se quitó el cigarrillo de la boca e inclinó ligeramente la cabeza hacia el hombre. Debido a la gorra calada, lo que más destacaba no era su rostro, sino el brazalete de luto de tres franjas que llevaba en su brazo izquierdo.

‘Que tu cumpleaños sea el día del funeral de tu padre. Vaya. Qué hombre con tan mala suerte’. Aunque era algo inédito, ese hecho no despertó en él ni consuelo ni compasión. Lamentablemente, Seol Gong-woo no era alguien generoso a la hora de sentir lástima o piedad por los demás.

Por el simple hecho de haber nacido con mucho, siempre tenía que ocupar el centro de atención de personas que mendigaban compasión. Naturalmente, este tipo de historias patéticas solo le resultaban agotadoras. Por lo tanto, debería haber tratado al hombre con indiferencia y frialdad... pero cuando sus yemas de los dedos frías rozaron el encendedor, el hombre se estremeció.

“Gracias. Se lo devolveré cuando termine.”

“Quédatelo. No lo necesito.”

Sintió un deseo creciente de seguir observando al hombre desde aquel lugar. Tras recibir el encendedor, el hombre lo miró fijamente un momento y regresó al banco sin decir palabra. La luz de la farola estaba aislada sobre el banco al que había vuelto, como si fuera el foco de un escenario. Gracias al cristal tintado, Seol Gong-woo comenzó a espiar de forma grosera y descarada aquel monólogo mediocre del hombre.

El hombre sacó el pastel, clavó unas cuantas velas y les prendió fuego con el encendedor que había obtenido tras anunciar su desgraciada situación de cumpleañero en un funeral. Acto seguido, buscó en la bolsa de compras y sacó algo: era un gorrito de fiesta brillante, algo que podría permitirse en una celebración pero no en un funeral.

A Seol Gong-woo se le escapó una risita al ver que había tenido la presencia de ánimo para traer eso, pero no para comprobar si tenía fuego o cerillas. Verlo juguetear con el gorrito, como si no tuviera el valor de ponérselo, también le pareció patético. Finalmente, el joven cobarde optó por una forma tímida de celebración, dejando el gorro sobre sus rodillas en lugar de sobre su cabeza. Como si él mismo supiera que su aspecto era ridículo, frunció un poco el rostro y forzó una sonrisa, lo que hizo que se le marcara un profundo hoyuelo en una sola mejilla.

“…….”

Era una sonrisa que, a diferencia de la realidad en la que se encontraba, transmitía incluso una sensación de paz. El hecho de que en esa sonrisa no se pudiera descubrir ni rastro de la tristeza acumulada hizo que Seol Gong-woo detuviera su mirada de nuevo.

‘Si tuviera que vincularme con alguien para estabilizar mis feromonas, un Beta así no estaría mal...’.

Seol Gong-woo, sin apartar la vista, observó cómo aquella escena terminaba rápidamente.

El hombre miró las velas consumirse y juntó los labios para apagar la luz de las llamas. Fue una celebración descuidada, donde se omitieron incluso la canción típica o el deseo. Aquel evento mediocre, para el cual había llegado incluso a anunciar su cumpleaños a un extraño para conseguir fuego, terminó de forma insulsa.

Después, tal como se había preparado para el breve ritual, el hombre recogió todo rápidamente. Retiró las velas, metió el pastel intacto en su caja y guardó el gorrito brillante en la bolsa de compras; sus movimientos no mostraron la menor vacilación. Seol Gong-woo pensó que si tuviera que expresar en una sola escena un momento sobrio y sin apegos, sería ese.

Fue entonces cuando el hombre sacó una botella de agua de la bolsa y se acercó de nuevo a Seol Gong-woo. Luego, con un gesto más audaz que antes, golpeó la ventanilla.

“Oye.”

“…….”

“Hyung.”

Ante aquel apelativo desconocido que no solía escuchar, la zona bajo sus ojos, oculta por la gorra, se contrajo. Al tener solo hermanos mayores, aquel llamado de ‘Hyung’ era algo que él mismo había dicho pero que jamás había escuchado dirigido a él. Al mismo tiempo que desconcierto, sintió una extraña risa interna al pensar que no era un mal papel el que había ganado por el precio de prestar un encendedor.

De repente, algo fue extendido a través de la ventanilla.

“Esto. Es lo único que tengo para darle. Tómelo.”

“…….”

“Gracias por prestármelo.”

Una botella de agua y un encendedor. Y una mano blanca y delgada invadieron el mundo de Seol Gong-woo. Mirando al intruso que había derribado la línea fronteriza, no logró encontrar una impresión adecuada. Era solo un encendedor, pero sintió que en el momento en que aceptara aquello, terminaría entregando algo más que un encendedor como pago.

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Tras mirar fijamente los objetos, Seol Gong-woo soltó una frase por impulso dirigida al hombre:

“Feliz cumpleaños.”

En ese instante, como si se hubieran vuelto uno solo, ambos guardaron silencio.

Era una respuesta que resultaba ser la opción incorrecta para ambos. El hombre recibió una felicitación que no habría esperado, y él mismo expresó una felicitación cuando no sentía ni la más mínima pizca de tal sentimiento. Una vez que se rompió la regla de la indiferencia mutua, siguió un momento en el que ninguno de los dos pudo continuar la conversación con facilidad.

Tras un largo silencio en el que el vacío compartido mantuvo un equilibrio tenso, el hombre tomó aire y lo soltó suavemente, como si estuviera incómodo. Aunque el sonido de su respiración superficial cada vez que su pecho se inflaba y desinflaba no tenía nada que evocara el acto sexual, en ese momento Seol Gong-woo sintió el deseo de tocar al hombre.

Ese síntoma inusual de feromonas descontroladas que estaba experimentando era, para ser más exactos, un hambre voraz que le subía por el cuerpo. Era también el deseo de querer llenarse de nuevo con las feromonas de su pareja en la misma medida en que él las expulsaba de forma explosiva.

‘¿Qué se sentiría al tener sexo con un hombre tan común? ¿Tendría ese rostro, embriagado por el clímax sexual, el aspecto de un lienzo en blanco como ahora? ¿Cómo se sentiría hurgar en él y forzar un knotting?’.

Y el vínculo para estabilizar las feromonas. Con un hombre así, realmente podría ser posible.

Ante aquel hombre al que acababa de conocer, Seol Gong-woo sintió, de forma absurda, un hambre desordenada y fuera de lugar. Sintiendo una punzada en su parte inferior, dejó el encendedor y solo tomó el agua.

Al roce de sus manos, el hombre encogió los dedos rápidamente, como si hubiera notado algo. Luego, tras juguetear con el encendedor que le quedaba en la mano, terminó dándose la vuelta sin preguntar nada y sin siquiera despedirse.

Mirando la espalda que se alejaba, Seol Gong-woo se quitó la gorra y soltó un gran suspiro. Le resultó inaudito que se le hubiera despertado tal hambre solo por sumergirse en una comedia parecida a un programa de televisión. Al no poder creer que había sentido deseo embriagado por las emociones de otro, lanzó la gorra a un lado y se revolvió el pelo sin cuidado.

Para cuando volvió a mirar al hombre, este ya había regresado al banco y, a diferencia de la confusión de Seol Gong-woo, recogió todo en la bolsa de compras y se movió de inmediato. Acto seguido, tiró en la papelera instalada al inicio del jardín la humilde celebración que acababa de realizar. Fue el momento en que también se tiró el recuerdo de haber intercambiado el encendedor hoy.

El hombre solo lanzó una breve mirada hacia el coche estacionado y, sin dudarlo, se dirigió hacia el tanatorio, en el lado opuesto del anexo. Ni siquiera en su sombra se podía encontrar alguna impresión excepcional sobre aquel breve encuentro.

Tras su partida, Seol Gong-woo se quedó pensando en el hombre durante mucho tiempo mientras mordisqueaba un cigarrillo apagado. Pensó en el resto de la vida de aquel hombre que tendría el aniversario de la muerte de su padre como cumpleaños, y en aquel rostro que brillaba blanco como una estela de luz que no se hundía bajo el horizonte a pesar de que su realidad se derrumbaba.

Finalmente, Seol Gong-woo extendió la mano hacia la botella de agua que el hombre le había dado. Abrió la tapa lentamente e inclinó la botella sobre sus labios en lugar del cigarrillo. En el momento en que el frío del agua tocó la punta de su lengua, todo su cuerpo entró en ebullición, y la sensación del agua bajando por su garganta fue escalofriantemente dulce.

Seol Gong-woo bebió el agua que el hombre le dio hasta la última gota, como si hubiera descubierto en ella unas feromonas amorfas que no deberían existir. Aquel hombre común, que se había quedado grabado en su memoria con un solo encuentro, hacía que tuviera sed constantemente.

Así, desde aquella noche en que el hombre se marchó, pasaron varios años hasta que un día, en tierras lejanas, y luego tras pasar más tiempo, en el lugar más familiar... cada vez que se reencontraba con él, que aparecía y desaparecía repetidamente, Seol Gong-woo sentía un hambre y una sed que se volvían más voraces, más desvergonzadas y más violentas.

En el momento en que ya no pudo posponerlo más, terminó abriendo la boca de forma paradójica.

“¿Estás interesado en mí?”

“…….”

“No está mal, pero lamentablemente no me satisface tener sexo con alguien común.”

Era el tercer encuentro con aquel hombre.

* * *

Seol Gong-woo estaba de pie en el callejón, donde la luz de las farolas comenzaba a desvanecerse, atendiendo una llamada. Hae-seo, observándolo, giró la cabeza para mirar hacia el asiento trasero.

El aire de octubre era nítido y frío. Sin embargo, sobre sus rodillas descansaban flores que parecían bañadas por un sol cálido, ajenas por completo a la gélida estación.

Aun sabiendo que se trataba de una primavera comprada con dinero, el corazón de Hae-seo latía con fuerza, como si aquel hombre hubiera realizado un truco de magia para cambiar las estaciones solo por él. Se sentía extraño, con el ánimo inquieto por una fragancia tan dulce que le resultaba ajena. ‘Qué vergüenza, ¿por qué hace esto...?’, pensó.

Soltó un suspiro, intentando recuperar la sensación del aire frío del exterior. Buscando dónde poner la mirada para disimular su timidez, descubrió un pastel y una bolsa de compras en el asiento de atrás.

¿También había preparado eso? Se preguntaba cómo sabía lo de su cumpleaños o cómo había encontrado su casa. Pero, sobre todo, le intrigaba desde cuándo lo habría planeado para dar ese tipo de sorpresa. No sabía con qué palabras expresar lo que sentía y terminó divagando en su mente.

Esa timidez era tan inusual que, al recibir las flores, solo pudo soltar un torpe “Guau...” como única exclamación. Las acciones impredecibles de Seol Gong-woo siempre empujaban a Hae-seo hacia compartimentos emocionales desconocidos. Sería mentira decir que no estaba confundido, pero hoy pensaba disfrutar de esa confusión dejándose llevar.

Hoy, quería caminar libremente, despojándose tanto de sus propias reservas como de la dulzura de él, que era tan intensa que llegaba a parecer un espejismo.

Echó un vistazo al retrovisor; él seguía al teléfono.

No recordaba la expresión del hombre al entregarle las flores. Lo único nítido era su voz deseándole un feliz cumpleaños. Lo dijo con tanta naturalidad que casi le hizo creer que ya lo habían celebrado juntos antes. Hae-seo se rascó la mejilla sonrojada con gesto ambiguo. ‘No estaría bien dejar el regalo en el suelo, ¿verdad?’, pensó mientras bajaba la cabeza, cuando de repente la puerta del conductor se abrió y entró el viento de la madrugada.

“Lo siento. Tenía una llamada que atender.”

“¿No tenía trabajo hasta hoy?”

“Por eso terminé todo ayer por la mañana antes de venir. No te preocupes.”

Hae-seo estaba seguro de haber escuchado palabras relacionadas con obras o presupuestos antes de que él bajara del coche. Obviamente, ese ‘no te preocupes’ era más un gesto de cortesía que una verdad absoluta. Sin embargo, Hae-seo decidió aceptar esa atención y fingir que no había oído nada. De todos modos, las cinco horas de diferencia horaria que él había cruzado ya eran tiempo que no se podía devolver.

“¿Tanto vas a atesorar esas flores porque te las di yo?”

“Bueno... no me parece bien dejarlas en el suelo.”

Él arqueó las cejas mirando el ramo colocado cuidadosamente sobre las rodillas de Hae-seo.

“Dámelas. Las pondré atrás.”

“No, yo las pongo.”

Hae-seo intentó moverse apresuradamente, pero él fue más rápido y envolvió con su mano la mano que sostenía las flores. No era un contacto para quitarle el ramo, sino para sujetar su mano.

“……”

“……”

En su relación, si la piel expuesta se tocaba, el deseo de tocar las partes ocultas surgía de inmediato. Hae-seo entrelazó sus dedos primero y miró hacia la lejanía. Tenía justo delante el muro de la casa donde dormían su madre y Jin-seo, pero hoy, tal como él había dicho, quería ser una ‘mala persona’.

“Yo solo quería mover las flores, pero veo que estás muy entusiasta.”

“...Entonces debería haber agarrado las flores, no mi mano.”

“Es que tu cara decía claramente que querías que tocara algo más que eso, y no podía ignorarlo.”

Dicho esto, él soltó las manos entrelazadas y, fingiendo sujetar su muñeca, deslizó los dedos bajo la manga de la camisa. Tras acariciar el hueso prominente de la muñeca y la piel suave cerca de la arteria, inclinó el torso. Al igual que Hae-seo, Seol Gong-woo no buscaba un contacto físico de niños inexpertos; su mirada ansiaba la intimidad de la piel más profunda.

Se inclinó cada vez más hasta quedar a escasos centímetros. Debido al respaldo del asiento, Hae-seo no tenía espacio para retroceder. Se quedó allí, esperando la invasión de Seol Gong-woo.

“Ah.”

De pronto, el centro de su cuerpo se fue hacia atrás y soltó un breve gemido. Él había pulsado el botón de ajuste del asiento, reclinando el respaldo por completo. Habiéndolo tumbado con un solo dedo, él presionó el cuerpo de Hae-seo junto con el ramo de flores.

“Va a estropear las flores así.”

“Te compraré otro.”

Cada vez que susurraba, Hae-seo sentía su aliento sobre los labios. Avergonzado, Hae-seo giró la cabeza y soltó un suspiro superficial, como si regañara al ramo por el ruido que hacía al crujir.

“¿Son más importantes las flores que yo?”

“Es una lástima. Ni siquiera les saqué una foto, si se estropean ahora...”

“En lugar de eso, ten un poco de lástima por mí.”

“……”

“Para llegar a tiempo aquí, no he dormido más de tres horas en todo el viaje.”

Él no dudó en expresar su cansancio a su manera. Ante aquel tono de queja, Hae-seo guardó silencio, sin saber qué responder. Sabía que, por mucho poder que tuviera como su superior, no podía ajustar a su antojo la agenda de un viaje con una empresa externa. Podría haber terminado rápido sus tareas individuales, pero cumplir con las visitas grupales a las obras debió de requerir un esfuerzo enorme. El problema era que Hae-seo sabía demasiado bien qué tipo de trabajo hacía y cuántos proyectos lideraba. Hae-seo lo miró con el rostro completamente enternecido.

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Por el hombre que había convertido un día de naufragio bajo la lluvia en un día especial otra vez, podía sacrificar sin problemas aquel ramo de flores. Hae-seo extendió la mano y acarició con cuidado los labios del hombre que había aparecido ante él como un regalo. Eran unos labios suaves para alguien que decía haber tenido un viaje tan difícil.

“Muchas gracias por lo de hoy... Siento que he recibido un regalo inesperado.”

Al abrir ligeramente la boca, Seol Gong-woo succionó suavemente el dedo que acariciaba sus labios.

“No tenía intención de hacer esto hoy.”

“...Mentira.”

Dijo Hae-seo mientras presionaba con el dedo para abrir más la boca de Seol Gong-woo. Al frotar suavemente su lengua, él soltó un aliento que no podía ocultar la impaciencia. La mirada cargada de deseo, la superficie de la lengua deslizante y a la vez rugosa... todo era un estímulo que hacía temblar el cuerpo de Hae-seo.

“¡Ah!”

Él, que se había dejado acariciar como un perro bien entrenado, cambió de repente y marcó los dientes. El dolor del mordisco en el dedo se parecía extrañamente al placer. En el momento en que Hae-seo soltó un gemido que parecía un suspiro, él soltó el dedo y acunó las mejillas de Hae-seo. Tras rozar primero la punta de la nariz, sus labios suaves se solaparon profundamente. Cada vez que abría la boca para succionar sus labios, el sonido del contacto húmedo continuaba como una conversación.

“Mmm...”

“Ah...”

Ambos prefirieron mirarse con avidez en lugar de cerrar los ojos para saborear el tacto. El placer aumentaba cada vez que aquellas dos masas calientes se entrelazaban suavemente dentro de la boca. Hae-seo rodeó los hombros de Seol Gong-woo con los brazos y giró la barbilla para profundizar aún más en su interior. La lengua flexible recorría el paladar y entraba y salía de la garganta como en un acto de penetración superficial. Cuando él succionó la lengua con fuerza, la saliva se acumuló espesa en la boca.

“Hah...”

Ante la sensación de adormecimiento que llegaba hasta la raíz de la lengua, un gemido excitado escapó de Hae-seo. En ese instante, Seol Gong-woo separó sus labios por un momento. Tras succionar los labios de Hae-seo por completo como si fueran una fruta, lo tentó con voz baja:

“¿Quieres ir a mi casa?”

* * *

“¡Ah...!”

En el momento en que la delicada piel que envolvía su escroto fue succionada por aquella boca caliente, dejó escapar una exclamación como si fuera un adolescente en su primera experiencia. Hyun Hae-seo soltó un gemido mientras frotaba su rostro contra el miembro firmemente erecto del otro.

Para cuando llegaron a casa tras conducir unas dos horas, la paciencia de ambos estaba agotada. Sin que importara quién empezó primero, se despojaron de la ropa con urgencia y, siguiendo la guía de Seol Gong-woo, se recostaron cruzados en el sofá para comenzar a explorar la entrepierna del otro.

“Mmm... ¡Ah!”

A diferencia de Hae-seo, que no lograba tragar por completo el gran miembro rodeado de gruesas venas como cadenas, Seol Gong-woo movía la boca con destreza. Comenzó lamiendo suavemente el tronco y luego usó la punta de la lengua para lamer intensamente el escroto.

El placer de sentir cómo su miembro desaparecía en una boca estrecha y cálida ya le era familiar, pero era la primera vez que experimentaba la delicia de sentir incluso su escroto insertado en un lugar tan suave y caliente.

Seol Gong-woo, debido a su vasta experiencia, sabía mejor que nadie cómo hacer que el órgano de un hombre alcanzara su punto de máxima estimulación rápidamente. Aunque Hae-seo no pudo evitar sentir celos por ese hecho, su cuerpo reaccionaba honestamente a cada acción que él realizaba.

“Hah...”

La mano que acariciaba lentamente el muslo de Hae-seo subió por sus nalgas y las sujetó, abriéndolas de par en par. Debido a eso, su entrada, que se contraía con leves temblores, se expuso crudamente como si deseara ser penetrada en ese mismo instante.

Mientras él seguía succionando su escroto como si estuviera cubierto de miel, el cabello sedoso de Seol Gong-woo se frotaba contra su perineo y alrededor de su entrada, provocando que Hae-seo soltara exclamaciones involuntarias. La sensación de ser tocado en esa carne tierna que nunca había mostrado a nadie lo hacía sentir como si su cuerpo estuviera envuelto en nubes, sumido en un estado de embriaguez y ensueño.

“Mmm...”

El líquido preseminal que se acumulaba en la punta del glande se estiró y resbaló por el cuello de Seol Gong-woo. Claramente habían elegido esa postura para disfrutar juntos, pero debido a la habilidad de él, Hae-seo parecía estar simplemente frotando su rostro contra la entrepierna del otro.

Sentirse torpe comparado con él hería su orgullo. Levantó su pecho, alineó su rostro con la punta del glande de Seol Gong-woo y comenzó a frotar sus labios, barbilla y la punta de su nariz.

“Hah...”

Un olor a piel ácido y excitante lo envolvió. Lejos de ser desagradable, su corazón latía con fuerza como un tambor ante la expectativa de lo que estaba por venir.

Abrió los labios para morder el miembro de él y usó sus manos para sujetar los muslos firmes y definidos de Seol Gong-woo, sosteniendo así su torso. El vello púbico de él se frotó contra su barbilla.

“Mmm. Ah...”

Al sentirlo con la piel, observarlo con los ojos y saborearlo con la boca, Hae-seo se dio cuenta de nuevo de que la persona con la que estaba cometiendo tales actos obscenos era Seol Gong-woo. Naturalmente, recordó aquel rostro ascético que solía ver en las salas de reuniones y en su oficina. En ese momento, el caos en su mente se ordenó perfectamente bajo el placer de la depravación.

Hae-seo tragó la excitación que subía como una marea y abrió mucho la boca. Usó solo la lengua y los labios para formar un círculo estrecho. En ese estado, aplicó una ligera presión con los labios y succionó desde el glande hacia abajo; pudo sentir la respiración agitada de él justo debajo de su perineo.

“Hah...”

Inspirado por esa reacción, bajó la cabeza aún más. Era un esfuerzo por abrir bien la garganta y tragar hasta la raíz. Sin embargo, debido a que el miembro de él era demasiado largo y grande, no logró introducir ni la mitad.

Como si tragara su insatisfacción, acarició el paladar y la lengua contra el glande; en ese instante, los músculos de los muslos de Seol Gong-woo se tensaron como piedras.

Él, que lamía alrededor del escroto, dejó escapar una risa lánguida desde su garganta y comenzó a frotar su nariz y boca contra el perineo de Hae-seo. No solo la carne tierna, sino incluso su entrada vibró y tembló siguiendo la risa de él. De la boca de Hae-seo, que aún sostenía el miembro del otro, escapó un gemido junto con un hilo de saliva.

“¡Ah...!”

“¿Acaso has ido a practicar a algún lado?”

Qué tontería. Era una forma muy extraña de interrogarlo sobre si había tenido sexo con otros. Cuando Hae-seo golpeó el muslo de él ante ese reproche sin sentido, Seol Gong-woo rió de nuevo y le dio un azote sonoro en la nalga con la palma de la mano. Debido al dolor repentino y punzante, su entrada se contrajo con fuerza.

“Me excita más que seas torpe. No es que esté obsesionado con ser el primero, pero hay algo de lo que me arrepiento.”

“¡Ah!”

La pregunta sobre a qué se refería con arrepentirse tuvo que ser tragada por un gemido. Seol Gong-woo hundió su rostro entre las nalgas abiertas de par en par y comenzó a frotar su frente, el puente de su nariz y sus labios. El aliento caliente de él caía incesantemente sobre su entrada palpitante, haciendo que todo su cuerpo ardiera de calor.

Él siempre era el hombre que vestía trajes de lujo y representaba a la élite privilegiada. Ver a una persona así lamiendo su entrada con avidez con todo su rostro era más que bajo; era incluso vulgar. Como si la vergüenza se transformara en excitación, Hae-seo sintió un placer aún más intenso.

“Hah... ¡Ah! ¡Mmm!”

Los gemidos que estallaban no podían salir correctamente debido al miembro que llenaba su boca, y la saliva resbalaba sobre el vello púbico de él. Hae-seo, sin darse cuenta, contrajo su entrada y volvió a succionar desde el glande. Sin embargo, inmediatamente después, tuvo que soltar el miembro del otro debido a un estímulo mucho mayor que lo asaltó de repente.

“¡Ah!”

Seol Gong-woo abrió mucho la boca, introdujo la lengua dentro de la entrada y comenzó a mordisquear el perineo con los dientes inferiores. Al mismo tiempo, extendió la mano para acariciar desde la raíz hasta el glande, frotando el meato urinario con la punta de los dedos como si lo estuviera pinchando.

“¡Ah! Espera, eso...”

El placer excesivo era como un dolor. Ni siquiera podía articular palabra para pedirle que parara. Él succionaba la carne tierna de la entrada contra sus labios mientras movía en círculos la raíz de su lengua, que apenas cabía dentro.

“¡Ahhh...!”

Sentía como si un tentáculo resbaladizo entrara y saliera repetidamente de su interior. Era enloquecedor. Con su cuerpo desgarrado por el placer, sus muslos temblorosos no aguantaron más y terminaron colapsando sobre el rostro de él.

“¡Ah!”

La frente, el cabello, el puente de la nariz y su punta, la piel suave de los labios y la mandíbula firme. Todo lo que componía la elegante apariencia de Seol Gong-woo rozaba el área de su entrada, y cada vez, esta sufría espasmos como si deseara un volumen que llenara un lugar más profundo.

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No era siquiera un miembro, era solo una lengua blanda. dejarse llevar por el movimiento de esa masa que físicamente no debería tener mucha fuerza, soltando gemidos sin cesar y perdiendo la fuerza en todo el cuerpo. Era aterrador por lo desconocido, y el hecho de estar prácticamente sentado sobre el rostro de él era increíblemente vergonzoso.

Y sin embargo, su deseo reaccionaba pidiendo un estímulo más fuerte. El anhelo de que aquel gran miembro que tenía ante sus ojos penetrara profundamente en su interior y le hiciera sentir un placer feroz como antes.

Como si hubiera notado ese sentimiento, él abrió más las nalgas con una mano y con la otra sujetó el miembro de Hae-seo con firmeza.

“¡Ah!”

Como alguien que cuidaba su cuerpo con ejercicio constante, había callos en los espacios entre sus dedos y su palma. Al ritmo del roce entre la palma suave y los callos duros contra el glande, el miembro de Hae-seo se hinchó aún más.

A diferencia de su boca, que lamía la entrada ajena con voracidad, los movimientos de las manos del hombre eran suaves. Era tan amable y atento como un adulto consolando a un niño con dolor de estómago.

“...Va a salir... ¡Ah!”

“Todavía no.”

Dijo él con tono de mando tras retirar la lengua de la entrada. Ante esa voz ronca que estimulaba la lujuria, Hae-seo tembló hasta la punta de los pies.

Seol Gong-woo ahora sostenía la cintura de Hae-seo y había tragado su miembro. El sonido del roce entre las partes suaves y húmedas era increíblemente excitante. Ante la sensación de la mucosa caliente de la boca pegándose a su miembro, fue como si incluso su voz hubiera sido devorada; no salía sonido alguno.

El interior de la boca caliente y viscosa de Seol Gong-woo presionaba el miembro de Hae-seo como una ventosa. Con las mejillas hundidas, usó solo sus labios para bombear el miembro de arriba abajo, y Hae-seo apretó con fuerza los muslos de él ante el placer que se concentaba profundamente.

“Ah... ¡Ah!”

El glande entraba hasta el fondo de la garganta y salía hasta el borde de los labios, mientras los dientes rozaban ligeramente el tronco. Debido a esa sensación que picaba y ardía a la vez, soltó varias bocanadas de aire. Sin poder evitar que la saliva fluyera entre sus dientes, Hae-seo hundió su rostro contra el vello púbico áspero de él.

Para, no, más... más... El deseo de detenerse y el deseo de correr hacia el final del placer chocaban de forma contradictoria.

Finalmente, incapaz de vencer el placer, empujó su cintura hacia arriba; él, como si hubiera estado esperando, inhaló profundamente y presionó el miembro que tenía en la boca. Luego, volvió a abrir las nalgas de par en par, insertó de golpe sus dedos en la entrada y comenzó a agitarlos con fuerza.

“¡Ah...! Duele... ¡Ah!”

Añadió dedos uno a uno hasta meter cuatro, como si buscara encontrar el punto de estimulación en un lugar más profundo. Todos sus dedos, excepto el pulgar, ensancharon la entrada de Hae-seo abriendo espacios entre ellos. No se detuvo ahí; los encogió como ganchos y presionó las paredes internas, profundizando aún más en busca de ese punto.

Finalmente, en el momento en que sus dedos dieron con el punto de estimulación, Hae-seo sintió cómo la entrada, el perineo y todo su miembro sufrían espasmos, y soltó un fuerte gemido. La masa de placer acumulada capa tras capa en su pecho explotó como una bomba.

“Hah... Hah...”

Recuperó el aliento con el pecho agitado, como alguien que acaba de terminar una carrera de larga distancia en primer lugar. Hae-seo levantó su torso con dificultad y retiró su miembro de las manos de él, donde había estado prisionero.

Justo cuando intentaba gatear hacia el lado opuesto para escapar, él lo sujetó por las nalgas y lo arrastró de nuevo hacia sí.

Seol Gong-woo, tras rozar ligeramente sus labios contra las nalgas con un sonido húmedo, acercó a Hae-seo más hacia él entre sus piernas abiertas y dijo:

“Parece que definitivamente prefieres ser penetrado antes que lamer.”

“¿Qué? Qué quiere decir...”

En el momento en que giró la cabeza con el ceño fruncido, Hae-seo se quedó sin palabras. Él, que lamió con calma el semen que resbalaba por sus labios, dijo con voz aristática:

“Es que tu entrada no paraba de palpitar pidiéndome que la llenara.”

A pesar del comentario que hería su dignidad, Hae-seo no pudo articular ni un reproche. El rostro de él, lamiendo el semen que acababa de derramar como si nada, era demasiado sugerente. Ciertamente, cuando tenían sexo, él no era diferente a un actor porno promiscuo que solo existiría en una fantasía sexual.

“¿Por qué... se come eso?”

“Digamos que es una muestra de confianza hacia mi pareja.”

Decir cosas pervertidas con tanta convicción era también un talento. Mientras Hae-seo lo miraba con rostro atribulado, Seol Gong-woo extendió la mano hacia la mesa de noche que estaba junto al sofá sin decir nada más.

Abrió el primer cajón y sacó algo de inmediato, sin siquiera mirar el contenido. Era un recipiente de plástico circular del tamaño de una palma.

¿Cuántas veces tendría que haberlo hecho para tener algo así preparado en la mesa del sofá y no en el dormitorio? Hae-seo frunció el ceño rumiando los chismes promiscuos que surgían naturalmente sobre él.

“Parece que lo hace a menudo en casa.”

“Nunca lo he hecho en casa.”

Dijo Seol Gong-woo mientras quitaba el envoltorio de plástico con los dientes. No sabía si era cortesía hacia su compañero de sexo o sinceridad, pero era la respuesta perfecta para relajar el ceño de Hae-seo.

“Si no lo hace en casa, ¿por qué tiene eso ahí?”

“Para hacerlo contigo. Yo no traigo hombres a mi casa como otros.”

Dicho esto, sujetó la cintura de Hae-seo y levantó sus nalgas. Justo cuando iba a girarse para mirar su expresión al sentir un tono de voz algo cortante por alguna razón...

“¡Ah!”

Él presionó su espalda como en un ataque sorpresa e insertó la boquilla del gel entre sus nalgas elevadas, inclinándola.

“¿Por qué haces eso!”

Insertar la boquilla del pequeño recipiente de plástico en la entrada estrecha fue más fácil de lo esperado. Él vertió el lubricante de golpe, como si quisiera vaciarlo todo dentro de la entrada.

“Ah... ¡Ah! ¡Para...!”

La sensación de algo viscoso siendo insertado era más que extraña; le puso los pelos de punta. No estaba frío ni caliente, pero la sensación del líquido tibio acumulándose y desbordándose dentro de su entrada hizo que todo su cuerpo temblara y que incluso sus dedos se encogieran.

Intentó detenerlo, pero eso no fue todo. Seol Gong-woo tomó el líquido que seguía saliendo por no haber podido entrar todo y lo untó densamente en el perineo, el escroto, el miembro y hasta la entrepierna, como si aplicara aceite.

En un momento, no solo la entrepierna de Hae-seo, sino incluso el sofá estaba empapado del líquido viscoso que él había vertido. Ante la escena que parecía como si hubiera vaciado todo lo que había dentro de su cuerpo, el rostro de Hae-seo se tiñó de rojo por la vergüenza.

“¡Por qué! No... ¡Podría haberlo untado simplemente, por qué lo mete dentro!”

“Porque creo que la sensibilidad será mejor si lo derramo dentro en lugar de solo untarlo.”

“¡Increíble, otra vez diciendo tonterías!”

“No me gusta mucho que entre otra cosa en tu entrada, pero supongo que lo sabremos cuando lo probemos.”

Tras decir eso, Seol Gong-woo vertió el resto del líquido sobre la espalda de Hae-seo y volvió a levantar su cintura. El miembro pesadamente erecto situado entre sus nalgas acarició lentamente el perineo y luego penetró profundamente en el interior de la entrada que ya no podía más que temblar.

“Para lo mucho que te desagradaba, ciertamente... huf... la inserción es fácil.”

“Hah...”

Era un comentario vergonzoso que ni siquiera había pedido. Sin embargo, a diferencia de su evaluación, las paredes internas aún estrechas no tenían margen para aceptar el miembro de un tamaño anormalmente grande que se abría paso.

Tras la entrada del glande, el grueso tronco entró raspando las paredes; se sintió como ser atravesado por una tubería de gran diámetro en lugar de un miembro. El dolor y el placer se mezclaron, dejándolo sin palabras y solo permitiendo que escaparan gemidos.

Seol Gong-woo movió la cintura lentamente mientras acariciaba el costado, el pecho y los abdominales palpitantes. Debido a que había vaciado todo el bote de gel, sus palmas también estaban cubiertas de lubricante como si fuera aceite corporal. De forma absurda, Hae-seo se relajó un poco más ante ese tacto.

Él, que raspaba ligeramente las paredes internas con el glande, introdujo ambas manos bajo sus axilas como para inmovilizarlo.

“¡Ah!”

Seol Gong-woo se levantó aún conectado y se acercó al gran ventanal situado frente a la sala. En el momento en que Hae-seo fue arrastrado, sus nalgas fueron empujadas hacia atrás y el glande romo penetró un poco más profundo.

‘¡Ah!’

El miembro, que cabeceaba al ritmo de los pasos, hurgaba aquí y allá en las paredes internas. Debido al gel untado densamente, la sensibilidad de la entrada aumentó, y esta reaccionó temblando y apretando el tronco.

Ante la presión repentina, Seol Gong-woo soltó un gemido bajo. Mientras tanto, sin poder siquiera caminar correctamente y sosteniéndose apenas de puntillas, comenzó a besar repetidamente las sienes, el arco de las cejas, los pómulos y varias partes del perfil de Hae-seo.

El tacto blando que caía sobre su rostro era puramente inocente, pero su parte inferior, unida sin dejar espacio alguno, era todo lo contrario. El tacto áspero del vello púbico rozando sus nalgas y la sensación del miembro entrando y saliendo eran más obscenos que cualquier otro estímulo.

“¿Sabe que si nos quedamos aquí se ve todo desde fuera?”

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A través de su visión borrosa, pudo ver el río Han al otro lado de la ventana. Decenas de luces de faros iluminaban la carretera, atravesando la madrugada con el movimiento de sus ruedas. Aquella casa, con las vistas del río Han enmarcadas como un cuadro, era un lugar al que Hae-seo solía mirar de vez en cuando cuando pasaba por la zona en autobús.

¿Qué tipo de persona viviría en una casa así? Era la cúspide de la riqueza que él miraba con una vista humilde, más que con envidia, como si observara un mundo de otra dimensión.

“Si enciendo la luz se verá de verdad, ¿quieres que la encienda?”

“No... no quiero. ¡Ah...!”

Si encendía la luz, incluso si no eran los coches estacionados, todos los vehículos que pasaran podrían fijar su atención aquí atraídos por la claridad. Obviamente eso no pasaría, pero si él realmente hiciera algo así...

“¡Ah!”

En ese instante, una mano grande tiró de su pelvis hacia sí y golpeó con fuerza las paredes internas.

“Aprietas la entrada cuando digo que voy a encender la luz. De todas formas, quería anunciar en algún lado que somos pareja sexual. ¿Me das permiso? ¿Eh?”

“¡No, ah!”

El miembro semicerecto y el pecho desnudo se pegaron a la ventana, mientras que a su espalda sentía los músculos definidos del pecho de él. Se le puso la piel de gallina ante la sensación del miembro frotándose contra el cristal frío. El cuerpo de Hae-seo, atrapado entre la ventana y Seol Gong-woo, comenzó a sacudirse al ritmo de la penetración incesante.

Debido a la tensión, sus pezones rozaron el cristal como si se deslizaran. Al ver eso, él sujetó su pecho y movió la cintura en círculos. Él era un hombre tan familiarizado con los gestos de sacudir el pecho de alguien como lo estaba con la sensibilidad masculina.

Él, que apretaba y amasaba la carne firme del pecho con su mano grande, volvió a empujar su cintura con rapidez. Siguiendo el movimiento de entrada y salida, la mucosa se pegaba y se separaba de su miembro como si lo apretara.

Sus nalgas, muslos y, debido a que estaba de puntillas, incluso sus pantorrillas y rodillas temblaban en espasmos mientras todo su cuerpo golpeaba contra el ventanal resbaladizo. Debido a eso, la superficie fría del cristal se calentó con la temperatura corporal de Hae-seo.

“Hyun Hae-seo... Hae-seo...”

“Ah... ¡Ah!”

Los gemidos que estallaban creaban un vaho empañado sobre la ventana. Como si se hubiera colocado una capa borrosa, la visión de Hae-seo también se nubló.

La voz de él llamando su nombre repetidamente se convirtió en una onda que grababa el placer en cada rincón de su cuerpo, dejando una marca clara. Era un acto que le hacía ser consciente de que la persona con la que se estaba mezclando no era otra que Seol Gong-woo.

Seol Gong-woo extendió la mano, sujetó la barbilla de Hae-seo y mordió sus labios.

‘Mmm... Ah.’

La punta de su lengua, tan ruda como el miembro que invadía y golpeaba las paredes internas, hurgaba en cada rincón de su boca. Así como el gel goteaba de su entrada cada vez que él golpeaba con fuerza el interior, la saliva goteaba de sus labios cada vez que su lengua se movía.

Él succionaba los labios de Hae-seo y devoraba su aliento como alguien hambriento. Bajo su cintura, el gran miembro entraba y salía de las paredes internas con un sonido húmedo, y el sonido ocasional de la piel deslizándose sobre el cristal era otra conversación que fluía entre ambos.

Hae-seo extendió la mano y se sujetó a la cintura de Seol Gong-woo, que se movía trazando lentamente la entrada. Ante la sensación de impaciencia que le provocaba ese roce, no tuvo más remedio que sujetarlo. Sintiendo cómo las paredes internas se contraían, Seol Gong-woo insertó solo la mitad de su miembro y recuperó el aliento por un momento.

“¿No tienes curiosidad por saber qué se siente al estar dentro de ti?”

“¡Por qué tendría...! ¡Ah!”

Él respondió de inmediato empujando su cintura con fuerza mientras continuaba hablando.

“La entrada es estrecha pero el interior es suave y cálido, se siente como si me estuvieras mordiendo y derritiendo con la boca.”

“...”

“Siento que se me va a derretir el miembro.”

Con esas palabras, la pelvis de Seol Gong-woo golpeó las nalgas de Hae-seo con un sonido seco. No contento con hurgar hasta que la mucosa estuviera desgarrada, abrió sus nalgas y presionó su escroto contra la entrada para penetrar aún más profundo.

“¡Ah! ¡Ugh!”

Las paredes internas ardientes se pegaron firmemente a su miembro, permitiéndole sentir incluso sus venas. El gel de alta viscosidad se diluyó con el líquido preseminal que él emitía y el calor de las paredes internas, goteando a través de la entrada entreabierta.

La sensación de algo corriendo por su perineo y su escroto hacia la entrepierna era tan irritante como si algo caminara sobre su cuerpo. Todo su cuerpo temblaba y la vibración llegaba hasta su cerebro.

‘¡Ah! ¡Mmm!’ La cintura de Hae-seo, que soltaba gemidos bruscos, se elevó en el aire y sus pies de puntillas terminaron apoyándose sobre los pies de él. Mientras se sostenía apoyando las palmas en la ventana, sintiendo cómo su entrada se ensanchaba y estrechaba siguiendo los movimientos de él, Hae-seo gimió como si sollozara.

La sensación de deslizarse irremediablemente hacia el placer limitaba con el miedo. Era ese tipo de sentimiento en el que cerraba los ojos con fuerza por el temor, pero al mismo tiempo quería abrirlos para confirmar que la persona frente a él era él.

Su glande hinchado hurgaba en la estrecha pared interna, rozando poco a poco el punto de estimulación situado en lo profundo. Ante esa sensación tan desesperante que borraba cualquier pensamiento, Hae-seo extendió la mano hacia él como si suplicara.

‘Rá...pido.’ Sus dedos temblorosos acariciaron sin maña sus nalgas, muslos y costados, lo que hizo que él soltara un gemido bajo desde el fondo de su garganta. Su escroto, que colgaba tan largo como su miembro, se aplastó una vez más entre las nalgas abiertas.

En el momento en que la punta de su glande hinchado golpeó con fuerza el punto de estimulación dentro de la pared interna que sufría espasmos, el semen brotó sobre la ventana.

“Hah... Hah...”

Hae-seo dejó escapar gemidos bajos y roncos, temblando como si tuviera escalofríos. Seol Gong-woo, con el cuerpo erguido sobre la ventana, comenzó a mover la cintura suavemente hacia adelante y hacia atrás, manteniendo aún su miembro profundamente enterrado.

Entre la entrada totalmente abierta, el gel acumulado allí volvió a gotear por el perineo y el escroto, resbalando por las espinillas de ambos.

Él comenzó a hurgar de nuevo en el interior de la entrada que se había relajado tras la eyaculación. Seol Gong-woo giró la cintura lentamente y mordió los labios de Hae-seo. El único que había eyaculado hasta ahora era Hae-seo.

* * *

Hyun Hae-seo levantaba sus párpados, que se cerraban pesadamente por el sueño, mientras sus dedos creaban texto con pequeños toques rítmicos.

“Lo siento, Jin-seo. Nos vemos cuando vayas a Seúl para la consulta. Avísame si pasa algo.”

04:03 am

Debido a que había subido a toda prisa a casa de aquel hombre, la promesa de jugar al baloncesto se había convertido en un cheque en blanco. Al mirar la hora en la parte superior del teléfono, el número 4 de la madrugada estaba marcado con nitidez. Hae-seo pulsó el botón de enviar con la esperanza de que Jin-seo viera el mensaje al despertar por la mañana en lugar de recibirlo entre sueños.

Tras varios encuentros que se repitieron una y otra vez, Hae-seo yacía ahora en un dormitorio desconocido. Aquella habitación, decorada con el mínimo mobiliario, era un espacio que no contaba con más iluminación que una pequeña lámpara de mesa.

Hae-seo incorporó ligeramente el torso y observó a través de la rendija de la puerta entreabierta hacia el otro espacio. Como se habían mezclado con tanta urgencia, no pudo inspeccionarla bien, pero la casa dejaba una impresión bastante peculiar gracias a un patio interior de techos altos situado a un lado de la sala.

Poder instalar un patio interior en una vivienda que no era una casa unifamiliar... Las sombras de la vegetación que se proyectaban más allá del patio, rodeado de ventanales por los cuatro costados, dibujaban patrones únicos en las paredes de piedra y en el suelo, estimulando un sentido estético que Hae-seo ni siquiera sabía que tenía. Solo con eso, no era difícil adivinar la riqueza que poseía aquel hombre.

Al recostarse de nuevo, Hae-seo sintió que la ropa de cama, cómoda como una nube, lo arrastraría directamente al túnel del sueño sin dejarlo esperar a su compañero. En el momento en que se movió para buscar una postura más cómoda, el dolor sordo, rastro de la unión, subió por su cuerpo y le hizo fruncir el ceño involuntariamente.

Después del lujoso sexo que tuvieron mientras contemplaban el río Han, él se trasladó a la mesa desde donde se divisaba el patio interior y penetró a Hae-seo en repetidas ocasiones. Luego, bajo el pretexto de lavarse juntos, exploró su cuerpo en la cabina de ducha, en la bañera y hasta sobre el lavabo con una intensidad cercana a la tortura, antes de finalmente dejarlo libre. Debido a eso, su parte inferior todavía se sentía entumecida.

Hae-seo acarició su entrada, roja e hinchada, mientras recordaba el rostro del hombre. Se le secó la boca al rememorar aquella mirada que parecía dispuesta a abalanzarse sobre él de nuevo si no hubiera usado sus pies para empujarlo por los hombros y apartarlo.

“No, cómo puedo estar pensando en eso otra vez después de terminar...”

Hundió la cara en la almohada ante el deseo que brotaba súbitamente. Sintió incluso vergüenza por su propia lujuria, tan repentina como un chaparrón en un día despejado.

“¿Contactaste con tu hermano?”

Él, que acababa de salir del baño, entrelazó sus piernas aún húmedas con las de Hae-seo, uniendo sus pieles. Su temperatura corporal, que siempre había sido ardiente, se sentía ahora tan fría como una hoja mojada en la calle.

“¿Le enviaste que tuviste sexo con el colega de la empresa que viste aquella vez?”

“No. Le puse que me había atrapado un pervertido y que me salvara.”

Seol Gong-woo, que estaba por hundir el rostro en el pecho de Hae-seo, levantó la cabeza para mirarlo ante esas palabras. Extendió la mano y presionó el labio inferior de Hae-seo de forma juguetona, como si lo reprochara.

“Eso de ‘pervertido’ suena un poco injusto.”

“Viendo que no lo reconoce, confirmo que es un pervertido.”

“Digamos que soy alguien bastante activo a la hora de expresar mi deseo sexual, más que los demás.”

Quizás por deformación profesional, era alguien con una capacidad de presentación tan convincente que hacía que incluso sus gustos pervertidos sonaran tentadores. Hae-seo, que escuchaba la explicación sintiendo que, aunque su truco era obvio, resultaba extrañamente convincente, terminó apartando los dedos de Seol Gong-woo con un gesto travieso.

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No olvidó retirar ligeramente la cadera para evitar el muslo firme que, en un descuido, ya se había colado entre sus piernas.

“Por hoy es suficiente...”

Fue en el momento en que intentaba rechazarlo entre risas, mientras él volvía a pegar su cuerpo y sujetaba el brazo izquierdo de Hae-seo. De repente, un objeto metálico y pesado se cerró sobre la muñeca izquierda de Hae-seo.

“¿Esto... qué es?”

“Un regalo de cumpleaños. Pensaba en qué darte y, como pareció gustarte mi reloj, preparé este. Es el mismo.”

Tras abrocharle el reloj con naturalidad, dejó escapar una leve sonrisa. Pero Hae-seo no era alguien capaz de soportar el peso de lo que Seol Gong-woo le acababa de poner. Se incorporó de inmediato y observó el bloque de oro en su muñeca.

El reloj, con un cuerpo dorado brillante y un bisel rodeado de diamantes, era un objeto que recordaba con total precisión. Aquella compensación por el insulto que él le había ofrecido en su primer encuentro, queriendo sustituir una disculpa por algo material.

“¿Cómo... cómo voy a aceptar esto?”

“Es un regalo, ¿por qué no puedes aceptarlo?”

“Lo habría aceptado si no supiera el precio. Pero esto es demasiado caro.”

El reloj brillaba con esplendor incluso en el dormitorio de baja iluminación. Sin necesidad de mirar la etiqueta, Hae-seo conocía el valor del oro fundido en él y el de los diamantes. Era, sin duda, algo que no podría comprar ni quemando todo su salario anual.

“Es un regalo, acéptalo sin pensar en el precio. Te lo doy porque pensé que te quedaba muy bien cuando te lo pusiste aquella vez.”

“¿Qué me va a quedar bien? Esto pesa tanto que no podría ni subirme al metro con él puesto.”

“Si te cuesta ir en metro, prepararé un coche para ti.”

“...Vaya, de verdad. ¿Vas a comprar todo lo que diga?”

“Si hay algo que quieras...”

“¿Por qué?”

Hae-seo no pudo evitar hacer la pregunta. Por mucho que viviera en una casa tan buena, él también era alguien que recibía un salario como un empleado más.

Por supuesto, Hae-seo sabía que los números en el contrato de Seol Gong-woo tenían la coma en una posición muy distinta a la suya. Aun así, un regalo de este calibre no tenía lógica.

Para el estándar de Hae-seo, un objeto de ese tamaño era una dádiva tan generosa que solo podría recibirla alguien que sirviera de amuleto personal para el presidente de una corporación, no un compañero de sexo.

“A ver... ¿es usted un rico que hace obras de caridad?”

“No es que haga caridad de forma independiente, pero hago donaciones con regularidad.”

“……”

“Ah, y sí soy rico.”

Frente a Hae-seo, un joven que vivía como cualquier persona común y corriente en Corea, Seol Gong-woo declaró con orgullo su riqueza.

En realidad, el reproche anterior de Hae-seo buscaba una respuesta humilde, como si ser rico fuera solo un detalle secundario. Sin embargo, Seol Gong-woo no tenía reparos en admitir su fortuna. La sensación de disparidad le caló hasta los huesos, y hasta la muñeca que llevaba el reloj empezó a dolerle.

“Casi preferiría que fuera caridad, me sentiría más tranquilo.”

Con rostro serio, Hae-seo se quitó el reloj y lo dejó entre ambos.

Hae-seo quería encontrar una justificación razonable para la benevolencia de aquel hombre. Y, como suele ocurrir, la fuente de los pensamientos de una persona tiende a brotar según los temas que le son más familiares.

La gente que ves a diario, las conversaciones que tienes cada día y el lugar de trabajo que engloba todo eso. Hae-seo no era la excepción.

“¿Tiene... algo que pedirme? ¿Malversación? ¿O filtrar la estrategia de licitación para el nuevo complejo?”

Si se tratara de una propuesta de una empresa estatal china, el regalo tendría la escala adecuada. Conocía a varios veteranos de la industria que se habían pasado a ese lado, y los rumores sobre la vida de lujo que llevaban eran incontables.

Aun así, pasar tecnología a China no estaba bien. No era solo patriotismo, sino una cuestión de ética profesional. Seol Gong-woo, que de pronto se vio tratado como un espía industrial, se quedó perplejo un instante y luego dejó escapar una risa ligera.

“¿Estás fingiendo no darte cuenta, o es una táctica para hacerte el tonto y escapar?”

“……”

“Está bien. Digamos que es un favor.”

Se encogió de hombros con un leve suspiro. Ante esa actitud que negó su suposición de inmediato, Hae-seo fue el único que se sintió avergonzado.

En el momento en que giró la cabeza para evitar su mirada, él extendió la mano con naturalidad y apartó el flequillo que caía sobre la frente de Hae-seo.

“¿Cuántas veces nos quedan para eliminar las marcas?”

“...Si contamos la de hoy, ¿unas cuatro o cinco...?”

Hae-seo balbuceó al final de la frase ante la mención repentina de las sesiones restantes mientras recibía sus caricias. Ahora, Hae-seo no estaba en posición de ser tan firme con esa pregunta. Porque, en algún momento, había empezado a mezclarse con él olvidando el propósito original de eliminar las marcas.

Su cuerpo, que reaccionaba hacia él, era un deseo profundo y reflexivo alejado de la intención inicial. En cada gesto, en cada mirada e incluso en las conversaciones ligeras, Hae-seo sentía los latidos de su corazón.

“Total, no vamos a ser novios, así que mientras no me descubran, ¿no estarán bien estos sentimientos?” Había sido cierto que lo miraba cada día con ese pensamiento indolente.

¿Acaso lo habría descubierto? ¿Será que le daba el reloj porque se sentía presionado y quería dejarlo ya? Mientras planteaba varias hipótesis para intentar ver a través de sus sentimientos, que eran como una niebla espesa, Seol Gong-woo acarició el rostro de Hae-seo siguiendo sus contornos.

La voz del hombre, que contenía sus emociones al máximo, sonó calmada.

“Entonces, sin pensar en eliminar marcas... ¿qué debo hacer cuando quiera hacerlo?”

Al instante, sus ojos se encontraron y ambos guardaron silencio.

Para él, era un silencio que esperaba una respuesta; para Hae-seo, era una evasiva provocada por sentir la garganta bloqueada por una membrana opaca que le impedía soltar palabra alguna.

La pregunta que él lanzó no era un favor, sino una reestructuración de su relación. Y al mismo tiempo, era el comportamiento contradictorio con la imagen de Seol Gong-woo que Hae-seo había estado construyendo y analizando a solas.

Finalmente, fue Seol Gong-woo quien rompió el silencio. Sujetó la barbilla de Hae-seo y lo obligó a sostenerle la mirada.

“Igual que yo vengo cuando quiero verte.”

“……”

“Quiero que tengamos sexo libremente cuando ambos queramos. Sin importar el propósito.”

Seol Gong-woo usó su otra mano para volver a poner el reloj en la muñeca de Hae-seo. Luego, pronunció palabras que eran aún más difíciles de asimilar que el propio reloj.

“Quiero salir con usted, Hae-seo.”

“……”

“Esto no es un favor, es un cortejo.”

 

Tras pasar el fin de semana, los días laborables volvieron a fluir. Sentado con Jin Soo-ah en la cafetería del primer piso de la oficina, Hae-seo observó la sala de reuniones y luego desvió la mirada hacia la ventana.

Frente a la inmensa carretera de diez carriles, alguien parado sobre el otoño amarillo y rojo sostenía la primavera blanca. Parecía tener una cita importante, pues miraba a su alrededor de vez en cuando y arreglaba los pétalos de las flores en sus manos con aire preocupado.

“¿Cómo se llama esa flor?”

“¿Cuál? ¿Ah, la de la chica de la falda morada? Eso es probablemente...”

“Peonía.”

La respuesta no vino de Jin Soo-ah, sino de otra persona. Han Jin-seong, que últimamente decía estar más ocupado que dispuesto a fumar, se sentó silenciosamente al lado de Hae-seo con un café en la mano. Jin Soo-ah lo saludó con un leve gesto.

“¿Cómo es que Jin-seong sabe el nombre de una flor? Parece otra persona.”

“Solo conozco esa. Sin saber que era una flor de primavera, fui a una floristería en pleno invierno con una foto de esa flor y exigí que me hicieran un ramo. Para mi ex. Oye, ¿no te acuerdas? Cuando se la di a Yumi, le dije que había dudado mucho al escuchar el precio y luego me llovieron golpes con el ramo.”

“Creo que me suena.”

Hae-seo asintió vagamente mientras mordía la pajita. En este momento, no tenía energía para recordar anécdotas amorosas pasadas de Han Jin-seong.

Era porque su cabeza estaba llena de peonías idénticas a esas, las que él mismo había recibido. Al traerse las flores que habían quedado medio estropeadas por los besos, pensó que se vería un poco patético, pero resulta que eran flores caras.

No era una carga tan grande como la del reloj, pero no pudo evitar sentir un sabor amargo en la boca ante la diferencia en el nivel de consumo con aquel hombre, que se manifestaba hasta en los detalles más pequeños.

“Por cierto, Hae-seo, ¿no tienes que asistir a la reunión?”

Jin Soo-ah, que había estado siguiendo el juego a Han Jin-seong, preguntó señalando la sala de reuniones con la cabeza. Tenía cara de querer cambiar de tema porque le aburrían las historias del pasado. Hae-seo miró la sala un momento y asintió.

“No. Es una reunión del comité asesor de construcción, así que no tiene que ver conmigo.”

“Ah... Con razón hay un camión lleno de gente de obras.”

Como ella decía, en la sala de reuniones de la cafetería estaban los miembros del equipo de construcción encabezados por Seol Gong-woo. Hae-seo desvió la cabeza de forma consciente, no quería cruzar miradas con él sin estar preparado. Pensó que así podría fingir que no lo veía aunque sus ojos se encontraran.

“Por cierto, me parece que últimamente nuestro Jefe está cada vez más guapo.”

“...Bueno. Está igual. Siempre ha tenido esa cara.”

Hae-seo volvió a responder sin interés, girando la cabeza de nuevo. Entonces, Han Jin-seong, que miraba hacia la sala de reuniones, soltó una risa incrédula.

“Pues hoy se ve diferente. Se ha vestido de una forma increíblemente ‘obscena’.”

No era una expresión precisamente común para escuchar en el trabajo. Ante esas palabras, tanto Hae-seo como Jin Soo-ah no pudieron evitar observar con atención qué parte de Seol Gong-woo resultaba obscena.

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Hoy, en lugar del traje de tres piezas que solía llevar, Seol Gong-woo vestía solo una camisa azul marino oscuro, sin la chaqueta.

Incluso había desabrochado un botón de la camisa que siempre llevaba cerrada de forma ascética, lo que recordaba más a alguien de publicidad o tecnología con un aire libre que a un jefe de construcción; pero calificarlo de obsceno parecía una interpretación exagerada.

Efectivamente, Jin Soo-ah negó con la cabeza con firmeza, como si fuera a dar una respuesta contundente a la opinión de Han Jin-seong.

“Eso no es ser obsceno. Ese es un adjetivo para productos baratos; para algo de alta gama como él, hay que decir ‘sexy’. Ahora que lo pienso, hoy... Normalmente no se desabrocha el botón de arriba, así que se lo agradezco mucho.”

“¿Agradecer qué? Sabiendo perfectamente que hoy había reunión, ¿por qué crees que ha venido vestido así? Para seducir a alguien más. Si lo piensas, es del tipo que va provocando por ahí. ¿Verdad?”

“¿Eh? No, yo cómo voy a saber eso...”

Al ver cómo se giraba bruscamente hacia él con una expresión llena de determinación, Hae-seo no pudo evitar recordar cuando hace poco sospechaba de él llamándolo “basura de lujo”. Temiendo que siguiera sospechando, Hae-seo evitó la mirada y se rascó la ceja.

“Jin-seong, ¿te ha llamado la atención el Jefe por algo? Hoy estás un poco sensible.”

“...Bueno, no es nada seguro, pero ni siquiera quiero hablar de ello. Más que eso...”

Han Jin-seong, como si no tuviera intención de ir vendiendo sus quejas por todas partes como un vendedor ambulante, cambió de tema y empezó a hablar de otra cosa.

Intercambiaron comentarios ligeros con Jin Soo-ah, como si fuera un partido de tenis, sobre haber visto un R1 cerca de la empresa hace poco o cuál era el contenido más divertido de las plataformas de streaming últimamente.

Hae-seo era el único incapaz de concentrarse en el juego de la conversación. En realidad, desde el cortejo de aquel hombre obsceno el pasado fin de semana, su sistema de procesamiento de acciones iba con un paso de retraso, como si su cerebro estuviera averiado. Incluso ahora, en lugar de agarrar la pajita, había cogido una servilleta cualquiera y la estaba estrujando.

Hyun Hae-seo bajó la mirada, perdida, hacia la mesa. Como si se hubiera quedado ciego, el frente se volvió un vacío y, una vez más, el rostro de Seol Gong-woo aquel día apareció ante sus ojos.

“Quiero salir con usted, Hae-seo.”

“……”

“Esto no es un favor, es un cortejo.”

Hae-seo alternó la mirada entre el reloj que pesaba en su muñeca y el hombre, limitándose a mover los labios sin emitir sonido. Quería ocultar su confusión, pero elegir una expresión facial adecuada al instante era una de las cosas que peor se le daban.

¿Sería real?

A pesar de ser un cortejo de la persona que le gustaba, el primer sentimiento que brotó fue la duda. Hae-seo, con el rostro aún lleno de complejidad, forzó una sonrisa en las comisuras de sus labios.

“Sus bromas son un poco pesadas.”

“Yo no soy el tipo de hombre que vuela una distancia de diez horas solo para hacer una broma así. ¿Tan poco serio le parezco?”

“...No es eso.”

“Bueno, ahora mismo en su cara está escrito que desearía con todas sus fuerzas que fuera una broma. Porque lo único que quiere es escapar de aquí.”

Seol Gong-woo soltó una risa leve y, con esas palabras, le dio un pequeño pellizco en la mejilla a Hae-seo. Era una actitud que ni siquiera consideraba el esfuerzo de Hae-seo por zanjar la situación tratándola como un chiste. Hae-seo rechazó el contacto girando la cabeza, evitando la mano del hombre que bloqueaba con soltura su rechazo conciliador.

Su rutina diaria solía fluir siempre igual, pero bastó una sola frase de él para que se levantara un nuevo telón. Ante esa escena que se iniciaba y cambiaba naturalmente sin importar su voluntad, Hae-seo se sentía atrapado en un fotograma de una película que, por mucho que intentara rebobinar, no podía ser editado.

Desde la propuesta de eliminar las marcas hasta este cortejo. Era como si se hubiera convertido en el protagonista de una película dirigida por él, viendo su vida cambiar siguiendo un guion desconocido. Hae-seo negó con la cabeza, como si se negara a ser el protagonista de una historia que ya no podía predecir.

“Yo... no salgo con nadie.”

“Si me rechaza así de golpe, me duele un poco. ¿Tan malo soy como para ni siquiera considerarlo?”

Aquel rostro sin un solo rasguño hablaba de heridas. Él no parecía haber recibido un daño externo, y ni siquiera se molestaba en fingir una herida interna. Hae-seo, mirando al hombre que mantenía la superioridad incluso en el momento de ser rechazado, habló como si se estuviera excusando.

“Me parece que no está bien dejarse llevar por las emociones solo porque nos hemos acostado unas cuantas veces. Creo que esta relación actual es más estable.”

“Estable... Contar las veces que nos quedan esperando el final es, ciertamente, una relación muy estable.”

“……”

“¿No es que nos gustamos? No creo que yo sea el único que se ha confundido tras unos cuantos encuentros sexuales, y la razón por la que usted me rechaza ahora... es algo que no logro entender en absoluto.”

Escuchar que se gustaban mutuamente era algo que, más que dulce, resultaba doloroso. Hae-seo, incapaz de encontrar una excusa ante el hombre que señalaba la contradicción estructural de sus sentimientos, vaciló y finalmente optó por guardar silencio.

Para Hae-seo, el sentimiento de querer a alguien y el de querer tener una relación eran vías distintas. Él era alguien que había pasado por muchos senderos de arrepentimiento en sus relaciones y, por ello, no quería salirse de la órbita de nuevo para terminar perdido en algún lugar. Ahora solo quería caminar por senderos familiares.

El final de un planeta que se sale de su órbita es, inevitablemente, la extinción. Antes que extinguirse, prefería mantener la relación bajo el sucio título de "compañeros de sexo" como hasta ahora, y terminarlo limpiamente cuando alguno se cansara. Eso le parecía que dejaría menos remordimientos.

“Si lo que quiere es acostarse conmigo cuando quiera, hágalo. Como dije antes, yo decido el final de la relación, así que sin importar la eliminación de marcas...”

“Es verdad que quiero acostarme contigo a todas horas, pero ese no es el propósito de nuestra relación.”

“……”

Seol Gong-woo, con rostro de no poder comprenderlo, ignoró una vez más la propuesta de Hae-seo.

“Ya se lo dije. Desearía que no hubiera ningún tipo de propósito en lo nuestro.”

“Sé muy bien que ese propósito es el sexo...”

“¿Mi propósito es el sexo? Me tenía en un concepto de basura peor de lo que pensaba.”

“¡No digo que el Jefe sea una basura, es que yo también soy igual...!”

“Mmm... pero lo siento, ¿qué puedo hacer? Es que ahora tengo curiosidad por otras cosas tuyas, además de tus gustos sexuales.”

Él soltó una risa algo desolada y fijó la mirada en el vacío. Por primera vez pareció solo, como si demostrara que él también era una persona con sentimientos. Sin embargo, Hae-seo no podía consolarlo.

Para Hae-seo, una relación amorosa era el camino más corto para arruinar un vínculo. La confesión del otro siempre era el agua que preparaba la bomba para destruir la relación; y cuanto más bombeaba él con el deseo de hacerlo mejor usando esa agua como motor, más se desbordaba hasta causar una inundación que, al final, lo dejaba ahogándose.

A diferencia de querer a alguien en solitario, una relación consistía en equilibrar el corazón con el otro. Había que poner los pesos del afecto uno a uno y en armonía sobre la balanza, pero Hae-seo siempre había sido torpe en eso y nunca había tenido éxito. Esta vez no era diferente. Hae-seo no tenía confianza en bombear correctamente ni en mantener el equilibrio de la balanza.

Justo cuando dudaba si debía arrugar aquel cortejo repentino y tirarlo como si fuera un folleto publicitario sin valor, la mirada de Seol Gong-woo, que vagaba por el aire, se posó en Hae-seo. En lugar de intentar explicar o convencerlo de sus sentimientos, extendió la mano con una mirada tranquila y acercó el rostro de Hae-seo hacia sí.

Sus manos grandes acariciaron el rostro con cuidado. Se sentía la ternura y la impaciencia, como si estuviera consolando a un niño caprichoso.

“Qué difícil es hacer que Hae-seo sea una mala persona.”

“Es que intento ser una mala persona. Por eso lo rechazo.”

“Dijo que quería verme. ¿Me quería ver de verdad solo porque quería sexo? Es usted más promiscuo de lo que pensaba. ¿Acaso el corazón de Hae-seo está en su miembro?”

Ante tal comparación en esta situación, Hae-seo soltó una risa incrédula y vacía. Pensó que sería mejor dejarlo con ese malentendido y respondió vagamente.

“Piense lo que quiera. En fin, yo... no voy a tener una relación.”

“Entonces hagamos esto. Sé que no debería darle tiempo para pensar a alguien que tiene el hábito de huir como usted...”

“……”

“Pero parece que debo hacer al menos esto para poder salir contigo, así que esperaré.”

Que esperaría. Era una expresión que no encajaba con un hombre que parecía poder entablar una relación profunda con cualquiera con solo estirar la mano.

“Le he dicho que no. Sinceramente, esto es demasiado repentino y desconcertante.”

“¿No es un poco contradictorio decir que es repentino? No es usted alguien tan falto de tacto como para no darse cuenta de que lo trato de forma especial.”

Por supuesto que no había dejado de notarlo. Cualquiera que hubiera recibido una confesión y tenido una relación antes no podría ignorarlo. Como Hae-seo era humano, aunque se decía que no podía ser, en el fondo guardaba una pequeña esperanza.

Sin embargo, pensaba que desear una relación con él apoyándose en esa remota posibilidad era algo que no le correspondía por su posición. Después del miedo derivado de sus experiencias amorosas fallidas, lo que frenaba a Hae-seo eran los problemas realistas.

Y no era solo porque Hae-seo tuviera una familia de la que hacerse cargo. Aunque ese trasfondo ayudaba decisivamente a reconocer su lugar y contenerse, sobre todo radicaba en que él sabía muy bien que una ropa hermosa y elegante no le queda bien a todo el mundo.

Uno debe comer, vestir y disfrutar según su posición para vivir sano y por mucho tiempo. Sin ir más lejos, el paisaje que veía al abrir los ojos por la mañana era de un mundo diferente. Él era alguien que miraba el río Han desde su cama, y Hae-seo era alguien que miraba los techos de un barrio de estudios humildes.

La cantidad que podía gastar en un regalo de cumpleaños para la persona que le gustaba era, como mucho y haciendo un esfuerzo, el equivalente al alquiler de un mes; Hae-seo ni siquiera podía imaginar una cifra cercana al depósito de una vivienda, como hacía él.

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Incluso el paisaje matutino era diferente. Alguien capaz de regalar un reloj de lujo a un compañero de cama con el que ni siquiera salía. Sería mentira decir que no tenía la ambición de experimentar una relación con alguien así al menos una vez, pero no tenía la confianza para soportar el vacío cuando esa vida fuera arrancada de raíz.

Hae-seo optó por fingir falta de tacto y habló.

“Pensé que era... no sé, un compañero de sexo especial.”

“¿Por qué insistes en hablarme como si no fueras nada para mí?”

Seol Gong-woo extendió la mano una vez más hacia el Hae-seo que no paraba de retroceder. Su voz, ruda y tensa, denotaba más pesar que reproche. Seol Gong-woo inclinó la frente en silencio y observó a Hae-seo.

“¿Por qué será nuestro Hae-seo tan miedoso?”

“Es porque no tengo miedo que rechazo la propuesta del Jefe.”

Ante la respuesta en tono de broma ligera, Seol Gong-woo dejó escapar una risita.

“Le daré tiempo para pensar.”

“……”

“No le doy tiempo para que dude, sino para que se acerque despacio, porque sé que es usted de los que huyen si todo va demasiado rápido.”

Seol Gong-woo neutralizó una vez más el rechazo de Hae-seo. Luego, sonrió profundamente, como si propusiera un partido sin tiempo límite.

“Me esforzaré mucho en cortejarlo.”

“……”

“Así que simplemente déjese llevar como si no se diera cuenta.”

Dicho esto, se acercó más al rostro de Hae-seo. Inclinó la cabeza, unió sus labios con cuidado y acarició suavemente el cabello lateral y la oreja. Fue un beso cercano al consuelo, en el que no se sentía ningún tipo de deseo.

Extrañamente, ese consuelo le inquietó más que el propio cortejo, y Hae-seo no pudo apartar sus labios. Debido a la estela que dejó aquel beso tan profundo, Hae-seo desarrolló después el extraño hábito de acariciarse los labios.

 

“Oye, ¿me has oído?”

“...¿Eh?”

Hae-seo, que se acariciaba el labio inferior con el dedo, levantó su mirada perdida. Han Jin-seong apoyó la mano en el hombro de Hae-seo con rostro preocupado.

“Ah... lo siento. Estaba pensando en algo. Tengo cosas que procesar...”

“No me parece que sea eso. ¿Pasa algo? ¿Por qué te tocas tanto los labios? Se te están agrietando.”

Han Jin-seong, observando aquel rostro distraído, tiró del labio de Hae-seo sin miramientos. Lo hacía de forma juguetona a propósito para relajar el ambiente. Justo cuando Hae-seo iba a decirle que parara porque le dolía que le manipulara la cara como si fuera masa de harina, una voz inesperada sonó en lugar de su reproche.

“¿Acaso nuestro Hae-seo le ha hecho algo malo al Senior Han Jin-seong?”

“...¿Eh?”

El hombre, que apareció con el pequeño revuelo de quien acaba de terminar una reunión, apartó la mano de Han Jin-seong y sonrió. Debido a la repentina intervención de Seol Gong-woo, no solo Hae-seo y Han Jin-seong, sino también Jin Soo-ah, que los observaba en silencio, se quedaron desconcertados. Al ver a los tres levantarse por instinto para saludar, Seol Gong-woo finalmente soltó la mano de Han Jin-seong.

Su mirada seguía fija en Hae-seo.

“Es que parecía que lo estaba molestando demasiado. Debe de dolerle.”

“¡No, no me duele!”

Hae-seo se sonrojó y agitó las manos. Soltar algo así aquí tenía un matiz que cualquiera podría malinterpretar. Aunque por su naturaleza nadie sospecharía de ellos fácilmente, si las cosas se acumulaban y ganaban volumen, en algún momento saltarían a la vista. Hae-seo forzó rápidamente una sonrisa para intentar suavizar la actitud de Seol Gong-woo.

“Todo está bien por mi parte. Jaja...”

“Si es así, me alegro. Es que me preocupo mucho.”

“¡No... no se preocupe! Solo estábamos bromeando. ¡Dejaré las bromas y trabajaré duro!”

Al ver a Hae-seo asintiendo con rostro de subordinado que respeta estrictamente a su superior, Seol Gong-woo alzó levemente las cejas. Hae-seo tembló de piernas involuntariamente por el miedo a que dijera algo más, pero afortunadamente Seol Gong-woo no añadió nada; simplemente le dio un ligero apretón en el hombro y se dio la vuelta.

Hae-seo se sacudió la inquietud que le provocaron los celos de Seol Gong-woo y sonrió a los otros dos como si nada. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, fue Han Jin-seong quien volvió a tensar el ambiente.

“...Ah, de verdad, qué molesto. Ni siquiera puedo preguntarle directamente.”

Su rostro, que siempre mostraba expresiones simples, se mezcló con emociones complejas mostrando su disgusto. Han Jin-seong no estaba de mal humor solo por el hecho de que le hubieran apartado la mano. Hae-seo lo miró parpadeando, viendo en su cara que parecía tener algo guardado desde el principio.

“Sí. Bueno, si han dicho que es una orden de arriba, tendré que creerlo por muy asqueroso que sea.”

“¿A qué te refieres?”

Hae-seo no pudo evitar preguntarle ante esas palabras incomprensibles. Al sujetarlo por el brazo y mirarlo a la cara, Han Jin-seong finalmente soltó el lamento que había estado conteniendo.

“Las fotos de la entrevista para la revista. Han dado la orden de destruirlas todas.”

* * *

Faltaba aproximadamente una hora para terminar la jornada laboral. En la sala de reuniones de la octava planta, el equipo de ventas internacionales estaba en plena sesión semanal.

Excepto por las quejas de Cho Yong-shin sobre las dificultades en la revisión de la viabilidad de la construcción, la reunión transcurría sin grandes novedades. Mientras cada sección compartía sus avances, los planes programados se desplegaban y se reorganizaban sobre la mesa una y otra vez.

En medio de ese proceso familiar, Hae-seo no apartó la vista de Seol Gong-woo ni un solo segundo. Mientras anotaba lo necesario o dibujaba cubos en la esquina de su agenda cuando surgían temas irrelevantes, la voz de Han Jin-seong subía de volumen en su cabeza.

‘La Jefa Técnica Ha Ju-yeon recibió órdenes de arriba diciendo que el concepto parecía un poco ligero, así que sugirieron publicar solo la entrevista para darle profesionalismo. Pero, sinceramente, ¿quién va a leer una entrevista sin fotos? Si es un contenido que se planeó específicamente para la revista desde el principio...’

‘...¿Y dices que el Jefe Seol dio esa orden?’

‘No es seguro, pero... escuché que la última vez que el Jefe Seol revisó el borrador de edición, su respuesta no fue buena. Dicen que comentó que la capacidad del fotógrafo era deficiente y que habían hecho que la revista interna pareciera Esquire. No, pues si no quería eso, ¡que no hubiera nacido con esa cara!’

El ochenta por ciento de la culpa de que la revista interna pareciera una publicación para hombres era el rostro privilegiado del mismo que se quejaba, pero culpar a la capacidad del fotógrafo era una razón absurda para cualquiera.

Además, Hae-seo, sabiendo que él sentía hostilidad hacia Jeong Min-seok, no podía añadir ni una sola palabra de defensa como ‘seguro es un malentendido’.

Las venas azules resaltaron en el dorso de su mano que sostenía el bolígrafo. Ante una decisión tan diferente a la promesa de no destruir los datos, Hae-seo se sentía asfixiado e indignado, incapaz de concentrarse en nada. No entendía por qué llegaba a tales extremos.

Si era simplemente porque Jeong Min-seok no le agradaba, ¿no era suficiente con el insulto monetario que ya le había propinado? Dar la orden de destruir los datos era traicionar el esfuerzo de todos los que estuvieron allí ese día, independientemente de Min-seok.

Sintiendo una sed insoportable, Hae-seo levantó una botella de agua y la inclinó sobre sus labios. Cuanto más intentaba albergar la esperanza de que fuera un malentendido, más se le fruncía el ceño, como si hubiera bebido agua amarga.

Últimamente, Hae-seo vivía una rutina muy cómoda bajo la sombra amable que Seol Gong-woo le había proporcionado. Por eso, deseaba que esa sombra no fuera para ocultar su naturaleza arrogante y ruda; aunque sospechara de él, el deseo de que todo fuera un malentendido brotaba inevitablemente en su interior.

Sin embargo, así como el crecimiento requiere viento y luz solar, para disipar las sospechas se necesitaba una evidencia más clara. Lamentablemente, ahora no podía visualizar ni luz, ni viento, ni siquiera una tierra fértil donde hacer germinar esa confianza.

Con el rostro rígido, volvió a limpiarse la comisura de los labios humedecida con el dorso de la mano por hábito. En ese instante, sus ojos se cruzaron con los de Seol Gong-woo. A diferencia de Hae-seo, que se sobresaltó por la mirada inesperada, él observó fijamente los labios mojados de Hae-seo antes de girar la cabeza hacia Lee Yeo-sang.

“Hay muchos elementos vacíos en la lista de software elaborada por el equipo de IT, ¿a qué se debe?”

“Ah, eso es... porque todavía hay lugares que no han entregado el presupuesto del software. Solicitaré al responsable de la lista que introduzca los datos pertinentes esta misma semana.”

Seol Gong-woo revisó una vez más la lista en la pantalla de su portátil y dijo con indiferencia:

“Ya veo. Es un trabajo duro.”

“Ah... sí, claro. Como usted tiene un horario para revisarlo, íbamos con un poco de prisa. La próxima vez se lo entregaré todo de una vez.”

La voz de Lee Yeo-sang se arrastraba cada vez más por el suelo de la sala. Nadie allí ignoraba que Seol Gong-woo estaba recriminando elegantemente el hecho de no haber recopilado los datos a tiempo.

Como suele ocurrir en las reuniones de informe, si alguien recibe aunque sea un pequeño reproche, el aire de la sala se congela instantáneamente. Por supuesto, Seol Gong-woo era un hombre que controlaba los tiempos de congelación y descongelación mejor que nadie.

Cerró el portátil indicando el final de la reunión y volvió a mirar a Lee Yeo-sang.

“Sé que se esfuerzan, pero ahora mismo es más necesaria la precisión que la velocidad. En caso de incertidumbre, procedan según el calendario del equipo en lugar de ajustarse a mi agenda.”

“Sí, así lo haremos.”

“Bien, si no hay más asuntos que informar, daremos por terminada la reunión aquí... Colaborador Hyun Hae-seo.”

Fue en el momento en que los diversos dispositivos electrónicos sobre la mesa se apagaban uno tras otro siguiendo su voz. Los ojos de todos giraron hacia Hae-seo al ser llamado repentinamente por su nombre.

Ser llamado al final de una reunión solía significar una entrevista privada o la asignación de una misión especial. Hae-seo tragó saliva con nerviosismo. Sin embargo, lo que siguió de boca de Seol Gong-woo no fue una instrucción, sino una pregunta que nadie esperaba.

“¿Tengo algo en la cara?”

Seol Gong-woo se acarició el rostro inclinando ligeramente la cabeza hacia Hae-seo, como si se mirara en un espejo. Hae-seo, desconcertado, se estremeció de hombros.

“...No. Es que quería preguntarle algo y estaba buscando el momento... Lo siento. He sido grosero.”

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Ante esa respuesta, los labios de Seol Gong-woo dibujaron una sonrisa relajada.

“Me da curiosidad saber qué pregunta será, dado que me miraba con tanto fervor. Dígame.”

“Eso... se lo diré por separado al terminar. Es una pregunta que no tiene relación con la reunión.”

En el momento en que lanzó la carta de ‘pregunta sin relación’, sus miradas chocaron en el aire. Seol Gong-woo solo entrecerró ligeramente los ojos, como intentando deducir el significado de la pregunta, pero no mostró ninguna reacción especial.

“Pues viene de maravilla. Yo también tenía algo que preguntarle al Colaborador Hyun.”

“……”

“Entonces, terminemos la reunión por ahora.”

Finalizó la sesión dando un aire de casualidad a la entrevista individual que seguiría. Tras el intercambio de despedidas habituales según el número de personas en la sala, todos abandonaron el espacio rápidamente.

Hae-seo, sentado inmóvil observando sus espaldas, cruzó la mirada con Kim Jeong-ho, quien fue el último en salir después de él. Parecía sentir curiosidad por la entrevista de ambos. Hae-seo asintió para indicar que no era nada especial y se giró hacia Seol Gong-woo.

En cuanto se cerró la puerta, Seol Gong-woo giró ligeramente su silla para recibir a Hae-seo mientras este se acercaba. Con sus largas piernas cruzadas, el codo apoyado cerca del reposabrazos y esa mirada que observaba a Hae-seo desde abajo.

La rigurosidad que había mostrado durante toda la reunión se desvaneció al instante, siendo reemplazada por un puro interés hacia el otro. Al acercarse y mirarlo desde arriba, Hae-seo vio entre el cuello de la camisa una marca de mordisco de un rojo difuso.

No sabía por qué se ponía esa ropa arriesgándose a que alguien lo viera, pero era un rastro del fin de semana que solo Hae-seo podía reconocer con certeza. Hae-seo desvió la cabeza fingiendo no estar afectado. A estas alturas, empezaba a sospechar si se había vestido así a propósito para burlarse de él.

Ambos mantuvieron el silencio, conscientes el uno del otro, mientras prestaban atención a los pasos que se oían fuera de la sala. Solo cuando estos dejaron de escucharse, Hae-seo habló primero.

“Tengo algo que preguntarle, Jefe.”

“Adelante.”

“Sobre la sesión de fotos para la revista que hicimos antes. Me enteré de que se dio la orden al equipo de relaciones públicas de destruir los datos, ¿tiene esto algo que ver con usted?”

Hae-seo eligió el atajo en lugar de rodear el asunto. Sin importar cómo lo preguntara, lo que quería saber era si él había dado la orden. La respuesta salió lentamente, como si él estuviera regulando la velocidad de su interlocutor que había llegado sin rodeos.

“Es una pregunta que no esperaba.”

“……”

“Pero, ¿realmente pregunta porque tiene curiosidad? Porque su rostro parece el de alguien que solo quiere confirmar una conclusión que ya ha tomado.”

Seol Gong-woo miró fijamente la pared opuesta antes de volver a clavar sus ojos en los de Hae-seo. No había rastro de decepción o indignación en su mirada, a pesar de estar recriminando la sospecha.

“Solo responda si es verdad o no.”

“La respuesta que usted desea ahora es: ‘Sí, yo di la orden’. Pero...”

“……”

“Lamento decirle que no sé nada al respecto.”

Fue una respuesta limpia y directa, sin una sola excusa sucia. Se frotó la barbilla con un dedo y se encogió de hombros como lamentando no poder darle la respuesta que esperaba.

“¿Tiene... pruebas?”

Ah. Hae-seo se dio cuenta justo después de hablar de que eso había sido precipitado. Pedirle pruebas a él sin presentar ninguna evidencia de su sospecha era un error táctico.

Al mirar a Seol Gong-woo con ojos inquietos, este soltó una sonrisa extraña. Parecía estar pensando qué hacer con un subordinado tan insolente que mostraba el colmo de la insubordinación.

“Lo que quiero decir es...”

“Parece que, como me pongo en celo como un perro cuando estoy contigo, me ves como al perro que crías.”

“No es eso, entonces, ¿por qué el rumbo de la revista cambió de repente tal como usted quería? Sobre el feedback de las fotos...”

“Di mi feedback, sí. Valorarlas es mi libertad.”

“¡Esa libertad es su poder!”

Hae-seo replicó con un tono brusco sin darse cuenta. Aunque era consciente de que podía contaminar la esencia de la conversación, estaba tan enfadado que no podía contenerse.

Valorar era, por supuesto, libre. Pero su voz, por sí misma, era el poder de la estructura organizacional. Su posición, que permitía cambiar todo un concepto solo con mostrar una reacción negativa sin dar una orden directa, era un privilegio que poseía.

“¿Entonces está diciendo que he manipulado la opinión pública interna como si fuera prensa sensacionalista?”

“No es manipulación, pero al final las cosas han ido en la dirección que usted deseaba.”

Hae-seo lo miró con los ojos entrecerrados, reflejando su descontento. Si realmente él había hecho eso, no era solo una decepción, sino un problema de engaño. ¿Por qué? ¿Qué era una simple sesión de fotos para que intentara engañarlo de esa manera?

“No lo sé. ¿Será realmente la dirección que yo deseaba?”

Seol Gong-woo, notando el reproche y la decepción de Hae-seo, abandonó su actitud pasiva y tomó la iniciativa frente a la sospecha. Comenzó a enumerar hechos, no para librarse de la culpa, sino para cortar de raíz las sospechas incesantes.

“Agradezco que me trates como a alguien muy importante, pero todavía no soy un directivo, así que me resulta difícil ocultar uno o dos asuntos del equipo de relaciones públicas por mi cuenta.”

“……”

“Y para ser precisos, le pedí a la Jefa Ha Ju-yeon que cambiara las fotos que parecían no encajar con el rumbo de la revista, pero nunca di la orden de destruir los datos.”

Tras terminar de hablar, Seol Gong-woo dejó escapar un pequeño suspiro y apoyó la cabeza en el respaldo de la silla. Independientemente de su inocencia, una disputa repentina no podía ser cómoda para él. Tras un breve y tenso silencio, esbozó una ligera sonrisa hacia Hae-seo como para cambiar el ambiente.

“Lo que yo sé... es que en la reunión de directivos hubo algunas quejas sobre el rumbo de este número de la revista. Después, la Jefa Ha Ju-yeon me pidió feedback y hablamos un poco, eso es todo. Yo tampoco sabía que habían destruido el material por completo.”

“……”

“Es una lástima. Nuestro Hae-seo salió guapísimo ese día.”

Diciendo eso, Seol Gong-woo movió su zapato que colgaba en el aire y levantó lentamente el bajo del pantalón de Hae-seo. Había un toque de travesura en su rostro mientras inclinaba la cabeza alternando la mirada entre el tobillo y la cara de Hae-seo.

“¿Qué está haciendo?”

A pesar de la broma ligera, la reacción de Hae-seo fue gélida. Ignoró el pie que levantaba su pantalón, se apartó y soltó un suspiro suave.

En resumen, lo que él decía era que era inocente. ¿Sería verdad que solo pidió el cambio de fotos? Dado que mencionó el nombre de la Jefa Ha Ju-yeon varias veces, la sospecha de Hae-seo no tuvo más remedio que flaquear un poco.

“Si no fue usted... entonces, ¿por qué dijo antes que podía destruirlos si se lo proponía, a pesar de no tener autoridad?”

“Fueron palabras bruscas porque estaba enfadado. Y como ese día era el de la sesión, pensé que bajo acuerdo se podrían eliminar.”

“……”

“Si se trata del feedback o la posición de los directivos, será más preciso confirmarlo con la Jefa de relaciones públicas, Ha Ju-yeon, y no con Han Jin-seong, en quien confías tanto ahora. ¿Quieres que la llame ahora mismo?”

Seol Gong-woo tomó el teléfono que estaba sobre la mesa y, con unos pocos movimientos del pulgar, encontró el número de la Jefa Ha Ju-yeon.

Hae-seo, que observaba la escena atónito, se asustó al ver que iba a pulsar el botón de llamada y extendió la mano para detenerlo. Le arrebató el teléfono de inmediato con el rostro desencajado. Independientemente de la verdad, que un simple colaborador intentara confirmar una conversación entre directivos era una falta de respeto enorme.

“¡Le pedí que me dijera la verdad, no que lo confirmara a través de un tercero!”

“¿Y por qué no, si no crees en mis palabras? Si llamo, todo quedará claro.”

“Eso es...”

Se quedó sin palabras. A estas alturas, ya no sabía qué más podía decir ni qué debía decir. Hae-seo se pasó la mano por la cara, confuso, como alguien perdido en una encrucijada.

Seol Gong-woo se levantó de su asiento como queriendo tapar ese pozo de conflicto que se hacía cada vez más profundo. Se puso frente a Hae-seo e inclinó ligeramente la cabeza para encontrarse con sus ojos.

“Entiendo cómo te sientes y por qué sospechas.”

“……”

“Pero te lo prometí ese día. Que no haría cosas como destruir el material.”

El intervalo entre sus palabras fue, una vez más, un medio para cambiar la atmósfera. Seol Gong-woo extendió la mano y pellizcó ligeramente los labios de Hae-seo, imitando a alguien.

“Me duele que no me creas, y encima vas ofreciéndole tus labios a otros hombres.”

Debido a que estaba analizando la situación con sensibilidad, Hae-seo no pudo evitar reaccionar ante el pequeño contacto. Retrocedió instintivamente. Cuando frunció el ceño e incluso echó el torso hacia atrás, él extendió los brazos, sujetó el rostro de Hae-seo y le mordió el labio inferior.

‘Ah.’ Hae-seo, sobresaltado, se cubrió la boca con el dorso de la mano. Justo cuando iba a enfadarse por el dolor, sin saber si aquello era un beso o una agresión, él habló primero.

“Esto es en lugar de una disculpa.”

“……”

Fue una disculpa entregada de forma sobria, sin excesos. Hae-seo no pudo rebatirlo como antes y simplemente desvió la cabeza. Seguía siendo cierto que estaba confundido, pero el contexto que él había explicado para justificar el malentendido existía de forma tan perfecta que seguir sospechando parecería terquedad o cerrazón.

Además, el hecho de que intentara llamar a la Jefa Ha Ju-yeon en ese mismo instante fue lo que más neutralizó la duda de Hae-seo. Al parecer, por la situación, se había visto envuelto en un simple malentendido causado por una confusión de Han Jin-seong...

Hae-seo repasó los eventos pasados para terminar de despejar sus dudas.

Desde aquel día en que discutieron por Jeong Min-seok, se reconciliaron y sellaron nuevas promesas, Seol Gong-woo no solo no había mostrado intenciones de aplastar a nadie con dinero, sino que ni siquiera había hecho comentarios similares. Incluso, en alguna ocasión, se había disculpado por haber sido grosero anteriormente.

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Las personas suelen ver a los demás no por los hechos que presencian con sus ojos y oídos, sino dentro del rango de lo que eligen comprender. Por lo tanto, ante los ojos de Hae-seo, todas las circunstancias relacionadas finalmente aseguraron su legitimidad bajo la palabra ‘malentendido’.

Sí. Debe ser un malentendido. Seguramente lo sea. Se repitió a sí mismo que él no era una persona que rompía sus promesas.

Hae-seo dejó el teléfono sobre la mesa y miró hacia Seol Gong-woo. Con el corazón pesado, hizo una reverencia profunda.

“...Parece que me he equivocado. Lo siento.”

“Lo entiendo. Perfectamente.”

La generosidad era el arma que hacía sentir más miserable a quien cometía un error. Seol Gong-woo asintió como reconfortando a Hae-seo y metió las manos en los bolsillos del pantalón. Debido a eso, la camisa se tensó, resaltando los músculos de su pecho. Hae-seo desvió la mirada fingiendo no haber visto nada.

Seol Gong-woo, que observaba la escena en silencio, se pasó la lengua por los labios lentamente. Luego, añadió un comentario como si no tuviera importancia:

“Es normal que haya un malentendido. Es cierto que critiqué la capacidad de ese fotógrafo.”

“…….”

“No considero ‘artista’ a un tipo que está desesperado por acostarse con su modelo.”

“Pero qué…. ¿Cómo puede hacer esa sobreinterpretación?”

“Parece que hay muchos más tipos despreciables a tu alrededor de lo que pensaba.”

Ignorando cómo el rostro de Hae-seo se descomponía, Seol Gong-woo volvió a extender la mano para levantarle la barbilla.

“Por eso no aceptas mi cortejo, ¿verdad? Porque tienes miedo de que yo sea un desgraciado igual que ellos.”

“…….”

Aunque era Seol Gong-woo quien había sido rechazado, era él mismo quien mencionaba la palabra ‘cortejo’ con total naturalidad. Su actitud carecía de resentimiento, vacío o vacilación, hasta el punto de hacer que el rechazo pareciera irrelevante.

Parecía medir la ansiedad de Hae-seo, pero en el punto decisivo, no terminaba de comprenderla. Era natural: un hombre que nunca había fracasado difícilmente entendería a alguien que temía volver a hacerlo tras fracasos repetidos. Aun así, en lugar de frustrarse con el inmovilismo de Hae-seo, se esforzaba por romper esa inseguridad poco a poco.

Esta vez también, con expresión indiferente, recorrió el rostro de Hae-seo con la mirada. Entornaba los ojos como si intentara ponerle un precio, y luego subía las comisuras de los labios en una sonrisa. Sus ojos brillaban con un matiz inusual mientras lo observaba.

“¿Qué tengo que hacer para que caigas fácilmente?”

“…Si deja de hacer estas cosas y me transfiere toda su fortuna.”

“Dártela no me dolería, pero pienso seguir haciendo ‘estas cosas’.”

“…….”

“Incluso ahora, estás temblando porque crees que voy a besarte de repente.”

Al decir eso, dejó escapar una risa grave que hizo vibrar su nuez de Adán. Acto seguido, cuando inclinó la cabeza lentamente para unir sus labios, fue la mano de Hae-seo la que frenó el movimiento.

Ambos se quedaron mirando fijamente el rostro del otro. No tenía sentido aceptar el contacto físico tan a la ligera si no iba a aceptar su cortejo.

Una relación extraña que no era la de amantes, ni compañeros de sexo, ni amigos, ni colegas.

Precisamente en una relación así, había que cuidar los contactos innecesarios. Hae-seo, reprimiendo con dificultad el impulso de tocarlo, volvió a preguntar como para cambiar de aire, pero también para confirmar una vez más la inseguridad que aún persistía en su interior:

“¿De verdad no fue usted?”

“…….”

“Jefe, ¿no me está ocultando nada, verdad?”

El entrecejo de Hae-seo se frunció ligeramente al notar su propia voz volviéndose cada vez más pequeña. Le dolía el pecho al ser consciente de lo patético que resultaba intentar confirmar algo así otra vez.

Seol Gong-woo parpadeó despacio antes de separar los labios. Su respuesta fluyó con una lentitud que daba miedo:

“No. Nada de eso.”

 

Al llegar temprano a casa tras el trabajo, Hae-seo recogió la caja de cartón que estaba a los pies de su puerta.

“¿Es esto?”

Al revisar la etiqueta, el remitente era, como esperaba, Hyun Jin-seo.

Dicen que el paquete ya llegó.

05:18 pm

Mientras se ponía la caja, del tamaño de media caja de manzanas, bajo el brazo, recordó el mensaje que le había llegado justo antes de salir de la oficina. El mensaje, que omitía el emoticono del osito que solía usar siempre al final, era tan frío como el hielo sólido.

Debido a que el fin de semana pasado Hae-seo se había marchado a Seúl sin despedirse adecuadamente, Jin-seo estaba muy enfadado. Hae-seo había intentado una reconciliación mediante el ‘trueque’ enviándole varios cupones de regalo para bebidas, pero la única respuesta que recibió fue una fría notificación diciendo que le había enviado sus pertenencias por mensajería para que las pusiera en orden.

Con rostro de arrepentimiento, Hae-seo entró en casa y dejó la caja sobre la isla de la cocina. Inmediatamente sacó el móvil del bolsillo, tomó una foto de la caja y se la envió.

“Jin-seo hyung. Recibí bien el paquete ^^”

06:51 pm

Cuando hería los sentimientos de Jin-seo sin querer, el método que mejor funcionaba era cambiar la dinámica de la relación. Hae-seo usó la palabra ‘hyung’ como una tirita para calmarlo.

Como si el tiempo fuera perfecto, el número 1 junto al globo de texto desapareció al instante. Justo cuando esperaba a ver qué mensaje llegaría:

“¿Qué es esa flor de ahí?”

06:55 pm

“…….”

El rostro de Hae-seo se tiñó de desconcierto al captar el significado del mensaje al instante. Al ampliar la foto que acababa de enviar, vio que en una esquina salía el jarrón improvisado con una botella de plástico.

Eran las peonías que Seol Gong-woo le había dado por su cumpleaños. En su afán por enviar la foto rápido para congraciarse, no revisó el entorno y cometió ese error.

Por mucha diferencia de edad que hubiera y por mucho que el tiempo que llevaban viviendo separados fuera tan largo como la distancia física, Jin-seo sabía perfectamente que Hae-seo no era alguien que compraría flores con su propio dinero.

Era difícil inventar una excusa para que un regalo tan detallista pareciera algo sin importancia. Mientras tamborileaba con el pulgar en el aire, llegó otro mensaje.

“¿Cómo está ese colega de la empresa?”

07:01 pm

“…Maldito tipo intuitivo.”

A pesar de que Jin-seo solo había visto a Seol Gong-woo una vez, estaba convencido de que tenía una relación especial con Hae-seo. Reírse de sus sospechas o intentar desviar el tema diciendo que a su hermano le gustaban las mujeres ya estaba llegando a su límite.

Hae-seo frunció el ceño y empujó su mejilla con la lengua por dentro. Se sentía tentado a responder con desgana: ‘Me las encontré por ahí, así que no digas tonterías y ponte a estudiar’. Era un golpe bajo, pero la frase ‘ponte a estudiar’ era la técnica más sencilla de los mandones de todo el mundo para someter a un estudiante.

Por suerte, una vibración repentina lo obligó a posponer su actitud autoritaria. Al ver quién llamaba, Hae-seo pulsó el botón de aceptar de inmediato.

“Sí. ¿Qué pasa?”

— ¿Qué onda? ¿Ya estás en casa?

“Sí. No había nada especial, así que salí temprano.”

El que llamaba era Han Jin-seong. Hae-seo sujetó el móvil entre el hombro y la oreja mientras tiraba de su corbata para aflojarla.

— Qué lástima. Yo acabo de salir, iba a decirte de ir a tomar algo si aún estabas por aquí.

“Lo siento. Me fugué primero sin lealtad.”

— Agh, nada me sale bien. Abandonado hasta por el tipo que más tiempo libre tiene.

“Ja…. Oye, este mes no me ha llegado el pago por ser tu amigo. Los negocios deben ser precisos.”

Respondiendo con eso, Hae-seo se quitó la camisa y sacó su ropa de deporte mientras soltaba una risita. Estas bromas inútiles ocupaban más de la mitad de sus conversaciones.

— ¿No aceptas fiado?

Parecía que a Jin-seong le daba mucha pereza irse directo a casa.

Hae-seo calculó el tiempo en silencio y lanzó una mirada hacia su escritorio. Allí, la caja del reloj y el gorro de fiesta estaban colocados como una deuda moral.

El objeto que había rechazado la semana pasada terminó viniendo dentro de la bolsa que le entregó justo antes de despedirse diciendo que era el pastel; así que ahí estaba, como un invitado incómodo que no podía devolver pero tampoco aceptar de buen grado.

“Mmm…. Tendría que cortar antes de las 11. ¿Te parece bien?”

Las 11 era la hora a la que Seol Gong-woo lo llamaba cada noche. Esos encuentros por voz, que empezaron durante su viaje de negocios, se habían convertido en una rutina natural para cerrar el día sin necesidad de acordarlo.

Como se comportaban igual que una pareja, a veces pensaba que no debería seguir así, pero Hae-seo nunca había faltado a la cita de las 11, dándose la excusa barata de que ‘podría llamarlo por algo urgente de trabajo’.

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— Oye, ¿qué toque de queda tiene un tipo que vive solo?

“No, bueno, tengo cosas que hacer…. Además, últimamente has hecho muchas horas extra y estarás cansado, vete a casa a descansar hoy. Si te pasas cuando estás así, solo te harás polvo el cuerpo.”

Ante el consuelo lanzado para calmar el ambiente, Jin-seong soltó un suspiro bajo. ‘Ja… esto se acaba esta semana’, dijo con voz quejumbrosa. Al oírlo, Hae-seo recordó naturalmente lo que Seol Gong-woo le había confirmado sobre la revista.

Claramente, Seol Gong-woo tenía una coartada precisa sobre la destrucción de los datos. Como también le había asegurado que no le ocultaba nada más, a Hae-seo le preocupaba que Jin-seong siguiera culpándolo. Efectivamente, a través del teléfono salió una voz tan afilada como una espina.

— Es que no entiendo por qué lo canceló. ¡Si lo iba a cancelar, para qué lo grabó! Después de decir que él mismo lo haría….

“Pero….”

Hae-seo movió los labios y soltó el inicio de una frase sin pensarlo. ‘Pero’ era una conjunción que se usaba para cambiar la dirección de lo dicho anteriormente. Jin-seong, por supuesto, lo sabía.

A través del móvil se escuchó una respiración que fluctuaba según sus emociones. Parecía extrañado de ver a Hae-seo en el bando opuesto, pero a la vez tenía curiosidad por lo que iba a decir.

“Sobre la revista. No es seguro que fuera el Jefe Seol, ¿no? Parece que fue una decisión de la reunión de directivos y bajó la orden así….”

— ¿Qué? ¿Por qué de repente te pones de su parte?

“No es ponerme de su parte, es que no es algo confirmado y no quiero que culpes a alguien que a lo mejor no tiene nada que ver.”

— ¿Alguien que no tiene nada que ver?

“…Siento que decir estas cosas sin tener nada comprobado es un poco como hablar por la espalda.”

Ante las repetidas presiones, Hae-seo respondió sin querer como si estuviera culpando a Jin-seong. Se mordió el labio al darse cuenta de que había metido la pata, pero el otro ya se había quedado en silencio, como si hubiera sido golpeado por una piedra lanzada al azar.

Hubo un pequeño vacío y Jin-seong soltó una risa seca para romper el hielo. Era una voz que sonaba enfadada pero también herida.

¿Habría sido mejor decir con sinceridad que se lo había oído decir al propio Seol Gong-woo? Por miedo a que lo interrogaran sobre su relación si mencionaba eso, no dijo nada sobre la realidad de los hechos, y ahora el malentendido se acumulaba como el polvo en un desván.

Finalmente, tras dudar un momento, Hae-seo optó por disculparse primero.

“Lo siento….”

Su voz cautelosa cortó el silencio. Se disculpó dejando de lado la veracidad de los hechos porque no quería que quedara ni una pequeña herida en el corazón de Jin-seong.

Jin-seong era, ante todo, alguien que daba mucha importancia a compartir sentimientos con personas cercanas. Era emocional y se dejaba llevar por el ambiente, pero a cambio tenía la virtud de comprender bien a los que lo rodeaban.

Para mantener una relación con alguien así, lo más importante era la empatía. Si insistía en defender a Seol Gong-woo sin empatizar con él, en cualquier momento su amistad con Jin-seong podría derrumbarse.

Hae-seo se presionó la nuca en señal de autocrítica y esperó a que el otro hablara. Por suerte, Jin-seong también pareció calmarse tras la disculpa. Se aclaró la garganta y habló:

— Está bien…. No hace falta que te disculpes por esto.

“No, entiendo perfectamente que estés molesto. Me equivoqué un poco.”

— Agh, este tipo siempre me deja sin palabras. Yo también lo siento. ¿Ya?

“Sí. ¿Sabes lo inquietante que es que un tipo tan hablador como tú se ponga serio de repente? En fin…. dejemos este tema. ¿Quieres que salga ahora?”

— No salgas nada, quédate en casa. Ah, debería haber aceptado cuando el Colaborador Kwak me dijo de ir a beber.

“…Pobre, ¿por qué lo rechazaste si no tienes más amigos que yo?”

Gracias a las disculpas compartidas amigablemente, el ambiente volvió pronto a su frecuencia habitual.

‘Vete ya a casa, idiota. Tanto presumir de que habías comprado casa…. los que tienen son los peores.’ ‘Oye, por eso te dije que viniéramos a vivir juntos. Podríamos estar bebiendo en casa ahora mismo, ¿no ves qué bien?’

Siguieron hablando con naturalidad después de eso. Hae-seo respondía con calma mientras relajaba sus hombros, que habían estado tensos. Fue el momento en que sintió alivio al ver que el aire incómodo se había disipado por completo.

* * *

El viento que rozaba sus mejillas se volvía cada vez más frío con el cambio de estación. Hae-seo estaba a punto de encender un cigarrillo, con el sol poniente recortándose entre los densos rascacielos, cuando escuchó una voz.

“¡Ah, aquí estaba! El Jefe Seol lo estaba buscando.”

“Ah. Hola.”

Hae-seo giró la cabeza para saludar con la mirada a Lee Yeo-sang y al empleado de otro departamento que estaba a su lado.

“Por cierto, ¿dice que me llama otra vez…?”

“¿Ya lo llamó antes? Es la primera vez que lo oigo. Parece que está muy ocupado con lo del complejo de uso mixto.”

“No es por el complejo, es solo para decir estupideces.” Esa frase estuvo a punto de escapársele, pero Hae-seo la tragó y se limitó a forzar una sonrisa. Asintió vagamente hacia Yeo-sang y volvió a apoyarse en la barandilla.

Su rostro, mientras contemplaba la ciudad teñida por el atardecer de otoño, reflejaba una profunda turbación.

Desde que se aclaró el malentendido de la revista, Seol Gong-woo se mostraba más activo que nunca en su cortejo.

Solo esta mañana lo había llamado con la excusa del trabajo para tenerlo de pie un buen rato, solo para preguntarle: “¿Y bien, cuál es la respuesta de Hyun Hae-seo?”, como si fuera una contestación que le debiera desde hace tiempo. Hace unos días, al cruzarse con él cuando salía del archivo, Gong-woo se acercó y, sin importarle las miradas ajenas, le quitó los documentos de las manos para cargarlos él.

“Estas cosas tengo que hacerlas yo”, le había susurrado con una voz tan baja que solo Hae-seo pudo oírlo, dejándolo completamente desconcertado.

Últimamente, él se filtraba en cada rincón de la vida de Hae-seo, imponiendo su cortejo casi como si fuera una orden de trabajo. Y Hae-seo, estando en una posición donde debía acudir si lo llamaban y responder si le preguntaban, se veía forzado a lidiar con ello una y otra vez.

Esta vez no era diferente. Tenía que responder a ese llamado. Aplastó el cigarrillo que apenas acababa de encender y salió de la azotea. Al subir al ascensor, su rostro era una mezcla de emociones tan confusa que parecía una paleta donde solo quedaba el color negro.

“A saber qué tontería va a decir ahora….”

Era lamentable, pero si era sincero consigo mismo, ¿acaso se estaba acostumbrando a ese cortejo indiscriminado a pesar de sus quejas? Con el paso del tiempo, su corazón se volvía un poco más tolerante.

Era inevitable. Rechazar el cortejo de alguien que te gusta era tan difícil como ignorar el hambre o resistirse al sueño; era ir en contra de los instintos más básicos.

Sin embargo, esperar algo siempre generaba apego, y el apego terminaba por enfermar a las personas. Esa extraña esperanza de que él pudiera ser diferente. El apego que esa esperanza creaba. Todas esas emociones estúpidas se acumulaban como una masa pesada, confundiendo aún más a Hae-seo.

“Quizás debería tomarme unos días de vacaciones….”

El mayor obstáculo para rechazarlo era, sin duda, tener que verse las caras todos los días en la oficina. Hae-seo movió los labios como si hablara solo, calculando mentalmente sus días de vacaciones pendientes.

[Piso 42]

Justo cuando estaba considerando no solo sus vacaciones anuales, sino incluso una baja por enfermedad, las puertas del ascensor se abrieron con un aviso sonoro.

“…….”

Hae-seo levantó la vista instintivamente para ver quién subía y se quedó petrificado.

Un hombre vestido con un traje de tres piezas color beige, un pañuelo rojo en el bolsillo y el cabello castaño claro perfectamente peinado con pomada, esperaba frente al ascensor luciendo unas gafas de sol. El hombre observó fijamente a Hae-seo, quien hizo una reverencia torpe y aturdida, y entró en la cabina.

‘¿Quién es?’

Que él recordara, el piso 42 albergaba el despacho del Vicepresidente. El Vicepresidente que Hae-seo había visto en el organigrama no tenía ese aspecto, así que debía ser un invitado. Sin embargo, tenía un aire de pertenencia demasiado fuerte para ser un simple oficinista o alguien del sector.

Las puertas se cerraron y las paredes de acero inoxidable reflejaron las figuras de ambos. El hombre, de una complexión similar a la de Hae-seo, metió las manos en los bolsillos del pantalón y mantuvo la vista al frente.

Gafas de sol en interiores. Aquello ya era inusual, pero su traje entallado exhalaba un lujo que solo el trabajo artesanal de un sastre podía lograr, algo imposible de encontrar en la ropa de confección masiva.

Hae-seo, que había aprendido a través de Seol Gong-woo que existe un tipo de persona que desprende opulencia con solo estar de pie, no pudo evitar sentirse consciente de aquel hombre.

‘¿Será alguien de la sede central…?’ Como nunca le habían interesado los chismes internos, no sabía nada sobre las facciones entre directivos o el árbol genealógico de la empresa. Su capacidad de información en ese aspecto era más delgada que un papel de calco.

Hae-seo desvió la mirada al suelo y luego volvió a mirar al frente. Quizás era solo su imaginación, pero el silencio en el ascensor se sentía tan pesado que parecía que bajaban más lento de lo normal.

Justo cuando contaba mentalmente los pisos para ver cuánto faltaba para salir de esa incomodidad, el hombre giró la cabeza hacia él de repente.

El interior de un ascensor es un espacio que refleja hasta el más mínimo movimiento. Hae-seo, al notar la acción inesperada, lo miró con rostro tenso. El desconocido lo observó desde detrás de sus gafas de sol, inclinó ligeramente la cabeza y habló.

Era una voz grave pero clara, que le resultaba extrañamente familiar.

“¿Qué perfume usas?”

“…¿Perdón?”

“Es que el aroma me resulta muy conocido.”

El hombre subió las comisuras de los labios ligeramente mientras esperaba la respuesta. No mostraba ni un ápice de la incomodidad propia de un encuentro entre extraños; al contrario, parecía animado por una extraña expectativa, como si hubiera estado esperando este momento. Tras un instante de desconcierto, Hae-seo respondió:

“No uso ningún perfume en particular. Debo de haber pasado cerca de algún aroma agradable y se me quedó pegado.”

“Ah…. Es que se parece demasiado a uno que conozco.”

“…….”

“Tenía curiosidad por saber si era ese. Si no lo es, pues nada.”

El hombre asintió y pasó de inmediato a otra pregunta. Su mirada, oculta tras los cristales oscuros, se posó esta vez en la tarjeta de identificación de Hae-seo.

“¿Ventas Internacionales?”

“…Sí, así es.”

“Un placer.”

De pronto, extendió la mano para expresar su agrado. Hae-seo, incapaz de rechazar el gesto repentino, terminó estrechándola. Tras un breve apretón, el hombre hizo un gesto con la cabeza hacia Hae-seo, como instándolo a que se presentara formalmente.

“…….”

Aquel hombre parecía estar acostumbrado a tomar la posición de superioridad en cualquier relación, fuera cual fuera la situación. En ese sentido, su rostro se solapaba de forma inquietante con el de otra persona. Hae-seo reprimió las ganas de soltar una risa irónica y compuso una expresión lo más serena posible.

El hombre había subido en el piso del Vicepresidente y era un visitante especial que no llevaba tarjeta de invitado. La información recolectada en esos pocos segundos de observación ayudó a Hae-seo a mantener la calma.

“Soy Hyun Hae-seo, encargado del equipo de Ventas Internacionales.”

“Yo soy amigo del Vicepresidente Jo y ex empleado de aquí. Así que soy tu superior, Hae-seo.”

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“Ya veo…. Es un placer.”

Tras una leve inclinación de cabeza, el hombre soltó su mano de forma limpia. Fue una presentación extraña en la que no mencionó su nombre ni su cargo actual. Pero lo más extraño era eso de ser "amigo" del Vicepresidente Jo Hyun-sik.

¿Qué edad tenía el Vicepresidente Jo? Hae-seo no sabía la cifra exacta, pero sí que era lo suficientemente mayor como para que fuera difícil que fuera amigo de este hombre de piel firme y sin una sola arruga que tenía delante.

A Hae-seo le incomodaba este hombre fuera de lo común que llamaba "amigo" a alguien que podría ser su padre. Sin embargo, no podía mostrar su desagrado, así que optó por una sonrisa forzada.

Su experiencia laboral —acumulada a través de tantos días comiendo en la cafetería de la empresa— le decía que era mejor no involucrarse con personas que se presentaban de esa manera. Justo cuando volvía a mirar al frente deseando que el tiempo pasara rápido, el hombre volvió a abrir la boca.

“¿Por casualidad tienes hermanos?”

“¿Eh? Ah, sí, tengo un hermano menor.”

“Vaya, igual que yo. Entonces tengo algo que preguntarte… mmm.”

El entrecejo del hombre se frunció ligeramente tras las gafas de sol. Soltó un suspiro como si estuviera a punto de confesar un grave drama familiar, usando el silencio para captar toda la atención. Hae-seo, instintivamente, inclinó el torso hacia él.

“¿Cómo podría joderlo bien?”

En ese instante, el cuerpo de Hae-seo se tensó. El tono burlón y el susurro le resultaron tan desconocidos como familiares a la vez. Hae-seo parpadeó, dudando de si había oído bien.

“Es broma.”

“…….”

“Ya no puedo hacer esas cosas. Ya no me queda nada más que me puedan quitar.”

Hae-seo puso una expresión extraña: no llegaba a ser una sonrisa, pero tampoco mostraba ofensa. Estaba a punto de enfadarse por la tomadura de pelo, pero el nombre del Vicepresidente Jo Hyun-sik lo mantuvo a raya.

El sonido del ascensor llegando a su destino interrumpió la tensa situación entre ambos.

“Nos vemos.”

Cuando se abrieron las puertas, el hombre se despidió moviendo la mano con parsimonia. Su actitud, tratándolo como si Hae-seo fuera el visitante y no él, le provocó esta vez una auténtica risa seca.

Justo antes de salir, Hae-seo mantuvo pulsado el botón de apertura y se giró hacia el hombre. Sus miradas se cruzaron a través de la barrera invisible que las gafas negras intentaban imponer. Al parecer, el desconocido no esperaba que se diera la vuelta, pues la sonrisa relajada se había borrado de su rostro.

Hae-seo dudó un segundo antes de hablar.

“No sé si le servirá de ayuda.”

Su voz fluyó calmada y con el tono justo. Hae-seo era del tipo que solía entrometerse innecesariamente cuando percibía que la otra parte parecía débil. El comentario de que ya no podía hacer nada y que no le quedaba nada le había sonado a la resignación de un derrotado, y eso fue lo que lo detuvo.

“Si fuera yo, primero mostraría una actitud de derrota total, como si no tuviera fuerzas.”

“……."

“Y luego, cuando llegue la oportunidad, hay que dar un golpe contundente.”

Tras decir eso, dio un paso fuera del ascensor. Hae-seo se giró una última vez para mirar al hombre y añadió un comentario final como si no fuera gran cosa:

“Porque, después de todo, perder por una remontada de último minuto es lo que más jode.”

* * *

“¿Cómo pueden ser amigos un Omega y un Alfa? ¿Qué diferencia hay entre eso y decir que querías alquilar una habitación por horas pero como no había, te quedaste a dormir? ¿Me vas a decir que cuando llega el celo se limitan a dormir tomados de la mano?”

“Es que son amigos desde la infancia, por eso le creí. Porque quería creerle…”.

Kim Jeong-ho, tras escuchar el reproche de Jo Yong-shin, murmuró mientras se cubría la frente con la palma de la mano. No pudo terminar la frase y acabó bloqueando sus labios con la copa, con un rostro que rebosaba amargura.

El origen de su agonía era la ruptura con su novia, con quien incluso ya hablaba de matrimonio. Para colmo, el motivo era el peor de todos: una traición. Por eso, Jeong-ho pasaba sus días entre suspiros, alcohol, tabaco y lágrimas.

La cena del equipo de Ventas Internacionales se organizó de forma repentina para consolarlo. Por supuesto, Seol Gong-woo fue excluido, y como el lugar se reservó a toda prisa, terminaron en un restaurante de atún de consumo ilimitado cerca de la empresa.

Hae-seo se frotó suavemente los párpados cargados de cansancio y miró a Lee Yeo-sang, que sostenía una botella de licor. Siendo el único hombre casado del equipo, Yeo-sang, con rostro compungido, le servía a Jeong-ho un nuevo consejo junto con el alcohol.

“Lo cierto es que, si alguien se propone engañarte, no hay forma de no ser engañado; y si decides creer, puedes creértelo todo.”

“…….”

“A mi mujer y a mí nos pasa lo mismo. Nos engañamos mutuamente fingiendo que nos amamos como el primer día, y vivimos creyéndolo. La fecha de caducidad de una relación depende de cuánto tiempo se pueda sostener eso.”

Parecía que iba a soltar un aforismo elegante, pero resultó ser un comentario inoportuno y poco acorde a la situación. Aunque nadie en la mesa estaba sobrio, alguien que ponía su propio matrimonio como ejemplo de desamor no podía ser bien visto.

Como era de esperar, Jin Soo-ah, que llevaba puesta la chaqueta de Hae-seo, torció el gesto con ironía.

“Por eso yo no me caso. Los casados siempre terminan usando el hecho de vivir sin amor como si fuera un chiste.”

“¿Qué?”

Jin Soo-ah, convertida en predicadora de la soltería gracias a una serie de exnovios con defectos fatales, y Lee Yeo-sang, un devoto del matrimonio que sostenía que uno debía casarse para no estar solo en la vejez, chocaban fácilmente siempre que surgía este tema.

Hoy también estaban ocupados fulminándose con la mirada. A medida que aumentaba el número de botellas vacías, el tono de sus palabras subía de intensidad. Alguien tenía que levantar un muro para detener las chispas, y finalmente fue el propio afectado, Kim Jeong-ho, quien intervino para calmar el ambiente.

“Vamos, no se pongan así. El error fue mío por romper. Soo-ah, estoy bien. Yeo-sang, entiendo lo que quieres decir. ¿Qué tal si nos tomamos esta última copa y terminamos?”

Jeong-ho los obligó a levantar sus copas y las chocó con fuerza al grito de “¡Salud!”. Luego, viendo cómo ambos apuraban el licor sin dejar de mirarse con odio, sacudió la cabeza con hartazgo.

Parecía que intentar mediar más no tenía sentido, así que le hizo un gesto a Hae-seo.

“Salgamos a fumar.”

“Me parece bien.”

Hae-seo se levantó siguiendo a Jeong-ho, quien ya se palpaba el pecho de la camisa buscando el paquete de tabaco. Al mirar atrás y ver a Jo Yong-shin desplomado sobre la mesa, y a Yeo-sang y Soo-ah todavía en pie de guerra, dudó si era correcto irse, pero pensó que ya eran adultos y no pasaría nada.

Al empujar la puerta y salir, un viento afilado revolvió con brusquedad el cabello de Hae-seo. Sin darse cuenta, el tiempo había volado; la ciudad ya estaba sumergida en la oscuridad bajo el brillo de los neones, enviando señales de que la estación del aliento blanco ya estaba aquí.

Hae-seo se arregló el pelo mientras buscaba a Jeong-ho en el callejón de la zona comercial. El suelo estaba resbaladizo por los folletos publicitarios tirados, así que los apartó con el pie en un rincón cuando, de repente, una cara asomó y le hizo un gesto leve con la mano.

“Por aquí.”

Al localizarlo, Hae-seo sacó un cigarrillo y se lo puso en los labios. En cuanto se acercó, Jeong-ho le encendió el tabaco.

“Ah. Gracias.”

“No es nada.”

Tras responder brevemente, Jeong-ho apartó el cigarrillo de sus labios y exhaló el humo hacia el otro lado. Luego, volvió a girarse para mirar fijamente la comisura de los labios de Hae-seo.

Su mirada sobre los labios que sostenían el cigarrillo blanco parecía distinta a la de antes. Con una voz igualmente inusual, preguntó dubitativo:

“Hae-seo, ¿de verdad no estás saliendo con nadie últimamente?”

“No. Con nadie.”

En las borracheras, el tema de conversación más recurrente solía ser la vida amorosa de los solteros. Hae-seo se preguntó cuándo saldría el tema y resultó ser justo ahora, en el momento del cigarrillo. Se limitó a sonreír para restarle importancia.

“¿Qué tipo de persona… te gusta?”

Era una pregunta que no encajaba con alguien que acababa de mostrarse destrozado por una ruptura. Hae-seo vaciló un instante, ignorando el repentino brillo en los ojos de Jeong-ho.

“No lo sé. Alguien… que sea guapo, supongo.”

“…Ah, te fijas en el físico.”

“¿No lo hace todo el mundo?”

Con una sonrisa insulsa, Hae-seo se encogió de hombros buscando su aprobación. Acto seguido, cambió de tema rápidamente mientras en su mente aparecía brevemente la imagen de un hombre al que le sentaba mejor el adjetivo "atractivo" que "guapo".

Su corazón ya estaba demasiado apretado por culpa de alguien como para lidiar también con la mirada de Jeong-ho; sentía que sus sentimientos se desbordaban por las grietas.

“Por cierto, ¿hay alguien muy joven entre los amigos del Vicepresidente Jo Hyun-sik?”

“¿Eh?”

“Me dijeron que era un ex empleado…”.

Hae-seo sacudió la ceniza en el cenicero mientras describía al extraño hombre con el que se cruzó en el ascensor hace unos días. Había querido preguntarle a Seol Gong-woo, pero aquel día él tuvo una salida de campo repentina y no pudo hacerlo.

“No lo sé. ¿Quién será?”

“Llevaba gafas de sol.”

Tras dar una calada, Hae-seo dejó escapar una risa junto con el humo. Cuanto más lo recordaba, más extraño le parecía aquel hombre.

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“¿Gafas de sol en interiores? ¿Será algún busca-fama de YouTube?”

“No parecía que ganara dinero con esas cosas…”.

“¡Ah! Tal vez…”.

Justo cuando Jeong-ho fruncía el ceño como si recordara algo, una larga vibración sonó en el bolsillo de Hae-seo.

Hae-seo le hizo un gesto a Jeong-ho para que lo disculpara y revisó el móvil. Era una llamada que llegaba exactamente a las 11:00 PM. Caminó instintivamente unos pasos y contestó.

“Jefe, yo luego…”.

“Cuando termines, ven frente a Heritz Securities. Estaré allí.”

El organizador de la cita de las 11 de cada noche simplemente soltó su mensaje y colgó. Hae-seo parpadeó confundido y levantó la vista hacia el imponente edificio que se alzaba justo enfrente.

No sabía cómo se había enterado de que estaba allí, pero él lo esperaba a solo unos pasos de distancia.

 

Hae-seo no se dio cuenta de que no había recuperado la chaqueta que le prestó a Soo-ah hasta que salió del local con su mochila. Maldijo su descuido, pero habiendo llegado hasta allí, no podía volver atrás.

Bajó el ritmo, se arregló un poco el pelo y recuperó el aliento. Abrió la puerta del coche fingiendo que había caminado con toda la calma del mundo.

“Has llegado.”

“Sí. La reunión terminó pronto, así que vine enseguida.”

En realidad, se había inventado una urgencia para salir corriendo. Miró de reojo a Seol Gong-woo; él no pareció notar que venía sofocado y puso el coche en marcha sin decir nada.

“¿Y tu chaqueta? No me digas que has ido a trabajar así.”

“Ah, eso…. Se la presté a Soo-ah-ssi y olvidé recuperarla.”

“…….”

Hae-seo respondió con voz apocada mientras se abrochaba el cinturón. No había hecho nada malo, pero se sentía extrañamente cohibido.

Como era de esperar, Gong-woo dejó escapar una sonrisa burlona. No era un reproche por el descuido, sino una crítica a la amabilidad intrínseca de Hae-seo. Giró el volante con ligereza mientras hablaba con tono de insatisfacción.

“Es que no puedo dejarte suelto en ningún lado…. Coquetear es un hábito para ti.”

“Yo no coqueteo. Si una compañera tiene frío, es normal prestarle el abrigo por un momento…”.

Hae-seo bajó la voz por la vergüenza y miró por la ventana contraria. Si ese nivel de cortesía era coquetear, entonces no podría hacer nada. Pensó que sería un problema si él se enteraba de que también le había prestado su hombro a Jeong-ho porque se veía cansado, así que se tapó la boca apoyando el codo en el cristal.

Tras un silencio, Seol Gong-woo soltó un breve suspiro y cambió de tema junto con la dirección del coche.

“¿Cómo te sientes? Parece que has bebido mucho.”

“Estoy bien, solo un poco cansado.”

¿Cuántas botellas habrían caído? Perdió la cuenta cuando pasaron de las cinco sobre la mesa. Siendo gente de una constructora, todos sus compañeros tenían una resistencia al alcohol similar y nadie frenaba a nadie. Quizás por haber bebido después de tanto tiempo, se sentía un poco somnoliento. Hae-seo se pasó la mano por la cara y se frotó los ojos con fuerza.

En ese instante, una mano grande se extendió hacia él.

“No te frotes así, te vas a lastimar.”

La mano que le frotaba los párpados fue apartada al tiempo que una palma caliente rozaba el dorso de su mano. Acto seguido, sus dedos se entrelazaron profundamente y él sujetó su mano con naturalidad. Fue un contacto tan cálido que le espantó el sueño por completo.

“…….”

Hae-seo sabía que debía rechazarlo, pero esa sensación familiar —firme, suave y a la vez algo rugosa en ciertas partes— lo hizo dudar.

“Tu cuerpo está caliente. Creo que estaba exactamente así de caliente cuando entrelazábamos las manos al penetrarte…”.

Seol Gong-woo arqueó una ceja mientras soltaba ese comentario deliberadamente vulgar.

‘El que coquetea es él, de verdad…’. Si el corazón fuera una diana, este hombre podría hacer un pleno con cualquiera. El corazón de Hae-seo, alcanzado justo en el centro, latía con violencia.

Se sentía decepcionado de sí mismo: había dicho que no saldría con él, que no pensaba en tener una relación, pero ahí estaba, dejándose llevar por un solo contacto físico y una frase.

¿Siempre había sido una persona tan contradictoria? Incapaz de decir nada, Hae-seo se limitó a fruncir el ceño y mirar por la ventana.

Quizás fuera su imaginación, pero las luces de la ciudad parecían convertirse en ojos vigilantes que se burlaban de él. Sentía vergüenza de que descubrieran su deseo: no quería una relación formal, pero quería mantener este vínculo a toda costa.

Aun así, cerró los ojos y, fingiendo no tener conciencia, dejó su mano allí. ‘Porque estoy borracho’, se justificó. Planeó incluso la excusa por si le preguntaba el motivo de permitir el contacto: diría que era un hábito del alcohol.

El hombre, que no tenía forma de entender ese conflicto interno, volvió a apretar la mano capturada. Luego, acarició lentamente el dorso de la mano de Hae-seo con el pulgar.

“¿Quieres que descansemos un poco antes de seguir?”

“No hace falta…. Ya es tarde, vayamos directo a casa.”

“No caes, ¿eh?”

La risa juguetona de Seol Gong-woo era un estímulo demasiado fuerte para un Hae-seo ebrio. Aunque estaban tomados de la mano, no quería que el ambiente fluyera en esa dirección. Soltó las palabras rápido para cambiar de tema.

“Si iba a venir hasta aquí, ¿por qué no entró al restaurante?”

“No es divertido que alguien que no bebe se meta en una borrachera.”

En cuanto escuchó la respuesta, Hae-seo se dio cuenta de su error. Para ocultar que estaba diciendo tonterías por los nervios de estar tomados de la mano, continuó hablando.

“…Pero bueno, por el ambiente se puede tomar una copa. Si usted hubiera venido, a todos les habría encantado, jaja…”.

“Entonces no habríamos podido escaparnos los dos a solas así.”

“…….”

“Además, si quiero llevarte a casa, no puedo beber.”

Fue una muestra de ternura lanzada como si fuera una frase hecha. El tono era tan natural que el rostro de Hae-seo se encendió.

Un cerebro empapado en alcohol suele absorber hasta la emoción más pequeña como si fuera algodón mojado. Quizás por eso, se sintió asfixiado por esa amabilidad y no pudo responder con facilidad. Debería mantener el equilibrio aunque lo sacudieran.

Pero Hae-seo comprobaba cada día que eso no era tan fácil como parecía. A este paso, sentía que si él le preguntaba si había comido, terminaría confesándole que le gustaba.

Si llegaba a hacer eso, poner la excusa de la borrachera sería más que cobarde, sería despreciable; por eso debía tener más cuidado que nunca.

Hae-seo intentó calmarse y pensó en qué otro tema sacar para desviar la conversación. En ese momento, alguien apareció en su mente como un salvador.

“Jefe, por casualidad… ¿tiene un hermano mayor?”

El dedo que tamborileaba ligeramente sobre el volante se detuvo de forma antinatural.

“…No.”

“Ah…. Entiendo.”

La respuesta de Seol Gong-woo llegó solo después de que el coche se detuviera suavemente ante la línea de parada. Fue una respuesta algo tardía, pero Hae-seo se limitó a asentar.

Esa actitud de dominar la situación sin siquiera ser consciente de que ejercía poder, la mirada pausada y la voz de registro grave. El hombre que encontró en el ascensor le recordó a Seol Gong-woo de muchas maneras cuanto más lo pensaba. Pero si no tenía hermano, ¿habría sido solo una imaginación suya?

Hae-seo miró de reojo a Gong-woo. Quizás porque acababa de oír que no tenía hermano, pero sus apariencias eran ciertamente distintas.

Aunque la mandíbula desarrollada —símbolo de masculinidad— era similar, en aquel hombre parecía un conjunto de huesos unidos de forma más tosca, mientras que en este era una estructura ósea esculpida con precisión milimétrica. Se parecían vagamente, pero no lo suficiente como para ser comparados.

Además, no tenía sentido encontrarse con un familiar suyo en un lugar así. Hae-seo guardó silencio y desechó su suposición errónea. Ahora que lo pensaba, incluso se sentía mal por haberle dado aquel consejo al hombre para que se vengara.

“Pero, ¿a qué viene preguntar de repente por mi familia? Me emociona que me hagas una investigación personal.”

“¿Eh?”

“Dijiste que no tendrías una relación, ¿acaso me estás proponiendo matrimonio?”

Ante esas palabras, Hae-seo abrió la boca con desconcierto.

Matrimonio. A veces Seol Gong-woo soltaba comentarios tan alejados de la realidad que Hae-seo se preguntaba si era consciente de que él era un Beta. Hae-seo soltó una risa seca, como si acabara de oír algo absurdo.

“Soy un hombre Beta físicamente sano con el que es imposible que usted se case.”

“¿Se refiere a ese tipo de Beta que se masturba por detrás cuando está excitado?”

“…Me bajo aquí.”

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El momento no podía ser más oportuno: estaban detenidos frente a un semáforo y la estación de metro se encontraba a apenas unos pasos. Hae-seo, con una expresión de absoluto hastío ante aquella burla vulgar, puso la mano en la manija de la puerta.

“Muchas gracias por traerme. De aquí en adelante yo solo... ¡Ugh!”

La despedida que estaba formulando fue succionada de inmediato por la boca de Seol Gong-woo. Sin previo aviso, él lo había sujetado de la corbata para atraerlo hacia sí y besarlo.

Fue un beso invasivo; una masa húmeda recorrió su boca con rudeza, las lenguas se entrelazaron profundamente y su labio inferior fue succionado hasta el dolor. Al final, lejos de bajar del coche, los labios de Gong-woo solo se apartaron cuando el semáforo cambió a verde.

“¡¿Qué habría pasado si tenemos un accidente?!”

“Parece que hubo dos, pero ahora no queda ninguno.”

“…….”

“Uno murió, y por el otro no tengo interés en saber cómo vive tras el divorcio de mis padres.”

El aliento agitado por la rabia se detuvo en seco, calmándose al instante. Hae-seo se dio cuenta de que la piedra que había lanzado con ligereza tenía, para la otra persona, el peso de una roca. Tuvo que tragarse los insultos que ya rodaban por su lengua junto con el rastro de saliva.

Esto era jugar sucio.

Al observar al hombre que volvía a tomar el volante con total naturalidad, se sintió confundido. El que tenía las heridas expuestas era el otro, ¿por qué entonces era Hae-seo quien ponía cara de dolor?

No hay forma más rápida de consuelo que compadecerse de uno mismo: mimar la propia debilidad a través de la autocompasión. La lástima puede hacer que alguien avance, pero también que retroceda.

Ante esa piedad, la serenidad del hombre le resultaba extraña. Además, para alguien que ya ha sido herido antes, la lástima es una trampa en la que cualquiera cae inevitablemente.

Por eso debió ser. En ese preciso momento, Hae-seo cayó en la trampa en lugar del propio interesado. Quizás fuera la culpa por haber intentado hurgar en sus cicatrices tan a la ligera. Lo que era seguro es que...

“He perdido.”

“¿Qué?”

“Digo que he perdido. Yo solo perdí a mi padre, pero para usted, su padre es el único rastro de familia que le queda.”

Hae-seo estiró la mano con cautela y sujetó la suya. Esta vez, a diferencia de antes cuando fingía indiferencia, lo hizo por voluntad propia.

Por muy racional que fuera alguien y por mucho que no se permitiera la autocompasión, ver cómo las ramas de un mismo tronco se secan y caen una a una era algo que conllevaba dolor. No existía una forma de superar el sufrimiento sin sentirlo.

“Lo siento. Para mí tener un hermano es algo tan natural que pregunté sin pensar.”

“…….”

“Como disculpa, seré su hermano mayor. Aunque no lo parezca, tengo mucha experiencia en el cargo. Dígame cuando necesite algo.”

Aunque lanzó las últimas palabras como una broma, era un consuelo que guardaba una sinceridad profunda.

Por supuesto, a un hombre ya adulto no le hacía falta la figura de un hermano, pero Hae-seo confiaba en su capacidad para compartir risas y preocupaciones triviales, o para hacer esos favores molestos que a uno le da vergüenza pedir a otros, tal como hacía con Jin-seo.

Seol Gong-woo esbozó una sonrisa enigmática ante ese consuelo tan propio de Hae-seo.

“No tenía afición por el incesto, pero pensándolo bien, no parece una mala idea.”

“¿In-qué? No, ¿por qué interpreta mi consuelo de esa manera?”

“Usted dijo que sería mi hermano. Ya me puse así solo de pensar en tener sexo con un hermano como tú.”

“…Jefe, yo no quiero morir así todavía. Así que concéntrese en conducir. No tengo el más mínimo interés en hacer esas cosas con un hermano menor.”

El hombre, que transformó el consuelo en lujuria, bajó la mirada hacia su entrepierna y rió con cierta resignación. La expresión con la que alternaba la vista entre su erección y Hae-seo estaba a años luz de la inocencia de un hermano menor.

Era increíble que una simple pregunta sobre si tenía hermanos pudiera derivar en esto. Hae-seo, entre la sorpresa y el hartazgo, soltó su mano.

‘Fue culpa mía por sacar el tema’. Se pegó a la ventanilla tanto como pudo, tratando de ganar la máxima distancia posible en ese espacio confinado. Si seguía la conversación, este hombre sería capaz de detenerse en cualquier parte para proponerle alguna locura. O realmente tendrían un accidente.

Pero, por supuesto, ese esfuerzo no funcionó. Seol Gong-woo negó ligeramente con la cabeza y habló con fingida extrañeza.

“Me cuesta creer que no tengas ningún interés.”

“De verdad, no estoy pensando en nada y no tengo… bueno, esos cambios físicos que tiene usted.”

Aunque sentía cierta incomodidad en la parte baja, no llegaba al punto de tener una erección. Ante la afirmación tajante de Hae-seo, Gong-woo volvió a estirar la mano sin dudar.

Hae-seo, convencido de que el destino de esos dedos largos era su entrepierna, cubrió rápidamente su regazo con la mochila. Sin embargo, el objetivo no era ese, sino el pabellón de su oreja.

“Hae-seo, siempre que quieres tener sexo conmigo, se te pone roja esta parte primero… ¿No lo sabías?”

Su gran pulgar frotó suavemente el cartílago blando. Ante el contacto que delineaba lentamente el contorno de su oreja, Hae-seo sintió que no solo esa zona, sino todo su rostro se encendía al instante. Era un estímulo más intenso que si lo hubiera tocado abajo.

“Cuando te quitaste la camisa en mi coche y cuando tuviste tu primera erección conmigo. Aquí, justo aquí, estaba rojo.”

De inmediato, recuerdos vergonzosos se mezclaron en su mente. Las pruebas que él presentaba eran argumentos editados, eliminando el contexto y seleccionando solo los momentos provocadores. Hae-seo respondió con un tono algo alterado por el nerviosismo.

“¡A-ah, no…! ¡Eso es pura manipulación! Me quité la camisa para cambiarme de ropa, y lo de la erección fue una reacción ante un estímulo físico, es decir….”

“¿Es decir?”

“Es como cuando te ruge el estómago porque tienes hambre o estornudas porque te pica la nariz. Que esto esté rojo ahora es solo una coincidencia. No es que quiera hacerlo con alguien como usted.”

Ah. Lo último fue un error. Fue un exabrupto nacido del fastidio que le producía que Gong-woo se tomara todo como un flirteo ligero. Como era de esperar, él se tensó un momento y giró la cabeza para observar fijamente a Hae-seo.

Hae-seo evitó su mirada. Tragó saliva con fuerza, tratando de hundir la disculpa que se le había quedado atorada en la garganta. Fue Seol Gong-woo quien rompió el silencio.

“…Entonces, ¿me está diciendo que todo el sexo que hemos tenido no fue por su propia voluntad?”

“Bueno… no es que no fuera mi voluntad. Pero la mayoría de las veces fueron estímulos que usted provocó intencionadamente, y eso hizo que….”

“…Entiendo. Dejémoslo aquí.”

No parecía enfadado, pero tampoco había rastro de risa. Fue un punto final cargado de una leve decepción. Hae-seo movió los labios un par de veces como queriendo decir algo, pero optó por callar. No tuvo el valor de escupir la disculpa que se había tragado.

A partir de ahí, solo hubo silencio. Debido a la atmósfera sutil y distinta a la habitual, no resultaba fácil cambiar de tema. Hae-seo decidió mirar por la ventana, dándole la espalda a Seol Gong-woo.

Incluso cerca de la medianoche, el tráfico era similar al del mediodía. Cada vez que cruzaban las zonas en desarrollo del casco antiguo y quedaban atrapados en el tráfico, sus ojos se cruzaban por un instante. Gong-woo se limitaba a mirarlo apoyando el brazo en la ventana, manteniendo el silencio.

Hae-seo pensó en encender la radio; quería romper el silencio con cualquier ruido artificial. La muralla de mutismo que se había levantado entre los dos le resultaba insoportable.

O mejor dicho, más que el silencio en sí, Hae-seo temía que, tras dejarlo en casa sin mediar palabra, él nunca más volviera a mencionar las palabras "cortejo" o "amor" ante él. Tenía miedo de que, por culpa de sus errores consecutivos, los sentimientos de aquel hombre desaparecieran como si nunca hubieran existido.

Querer a alguien era eso: no poder ignorar una simple frase, enfadarse por tonterías, arrepentirse de lo dicho y censurar cada palabra en la mente, culpándose sin motivo.

Justo cuando ese sentimiento contradictorio —el de haberlo alejado pero temer que realmente se fuera— alcanzó un tamaño inabarcable, el coche se detuvo en el lugar familiar. Frente a la casa de Hae-seo.

Incluso después de apagar el motor, el silencio persistía. Al ver que no decía nada, Hae-seo pensó que realmente él ya no lo intentaría más.

Dado que esto era lo que supuestamente quería, debería haberse alegrado. Pero lejos de sentir alivio, una emoción parecida al remordimiento le impidió incluso articular un saludo de despedida.

Tras un largo rato, cuando su mano dudosa estaba a punto de abrir la puerta, Seol Gong-woo fue quien habló primero.

“Hae-seo.”

Lo llamó mientras lo miraba a los ojos y señalaba levemente la mano que, hasta hace un momento, sostenía el volante.

“Cuando quiero tener sexo contigo, esta mano es la primera en moverse.”

“…….”

“Por eso te sujeté de la corbata para besarte y por eso toqué tu oreja.”

Al decir esto, Seol Gong-woo sonrió levemente. Hae-seo no entendía por qué decía eso de repente, pero su voz sonaba como si estuviera pronunciando palabras cuidadosamente elegidas, así que no pudo hacer más que escuchar.

Como si lo que viniera ahora fuera lo que realmente quería decir, continuó con cautela:

“Y cada vez que te miro fijamente, o cuando te sujeto del hombro, o todos esos momentos en los que nos cruzamos y tú crees que es casualidad….”

“…….”

“Son mi forma de confesarte que me gustas mucho.”

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Gong-woo estiró la mano y sujetó el hombro de Hae-seo. Según lo que acababa de decir, ese simple gesto era también una confesión.

“Tú dices que lo que sientes por mí es solo una reacción física… pero para mí no es así.”

“…….”

“Independientemente de lo que tú sientas.”

Gong-woo subió la comisura de sus labios y acarició lentamente el hombro de Hae-seo, pasando por su cuello y el lóbulo de la oreja hasta llegar a su mejilla.

“Así que no digas cosas que no sientes.”

“…….”

“Dime solo lo que de verdad quieres decir, Hae-seo.”

Hae-seo bajó la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada, abrumado por una mezcla de vergüenza, humillación y arrepentimiento.

Esa confesión se clavó como una boya en el pecho de Hae-seo, quien se sentía perdido en alta mar. Seol Gong-woo era un océano profundo y oscuro, cubierto por una niebla de la que nadie podía escapar. Y sin embargo, era un mar extrañamente cálido y tranquilo, uno en el que daban ganas de dejarse hundir.

Cuanto más intentaba alejarlo, más fuerte regresaba el cortejo, como la ley de acción y reacción, hundiéndolo cada vez más en las profundidades de aquel hombre.

“Levanta la cabeza. Quiero ver tu cara antes de que entres.”

“…….”

“Ah, casi olvido darte esto.”

Gong-woo buscó algo en la consola central. Con un tono un tanto severo, se dirigió a un Hae-seo que seguía con la mirada baja.

“No te pongas enfermo. Sea por lo que sea.”

Una botella de agua de 500 ml y un remedio para la resaca. Lo que su mano cálida le entregaba era un detalle económico, algo que cualquiera podría dar. Pero Hae-seo sintió que ese gesto lo abrumaba más que el costoso reloj que le había regalado por su cumpleaños.

Finalmente, Hae-seo levantó la vista y, mirando a Seol Gong-woo, preguntó:

“…¿Por qué le gusto?”

Era una pregunta lamentable que denotaba una baja autoestima. En su rostro, entibiado por el alcohol y la vergüenza de su error anterior, se dibujó una expresión igual de confusa.

“Me gustaría decirte algo impresionante para que cayeras rendido de inmediato….”

“…….”

“Pero sinceramente, no lo sé.”

Gong-woo lo dijo con un rostro desprovisto de cualquier duda o confusión. Era una expresión totalmente opuesta a la de Hae-seo, quien no podía decidir nada y solo daba vueltas en el mismo sitio sin avanzar ni retroceder.

Él era alguien que, aunque no viera el camino, no se detenía, sino que buscaba una nueva ruta para seguir adelante.

“Lo único que sé es que soy alguien que siempre se mueve evaluando beneficios y considerando la situación, pero contigo eso no funciona. Tu género, tu casta, incluso el hecho de que me alejes por falta de valor….”

“…….”

“Me gustas tanto que no necesito considerar nada de eso.”

Las yemas de los dedos de Hae-seo, que jugueteaban con la botella de agua, temblaban. Seol Gong-woo tomó esa mano y la atrajo sin vacilar hacia su propio corazón.

“Así que tú tampoco consideres nada conmigo.”

* * *

Hae-seo se quedó mirando fijamente el lavabo mientras se observaba en el espejo. En ese limbo entre la tarde y el anochecer, los párpados de aquel oficinista común no estaban hinchados por el exceso de trabajo, sino por el peso de sus cavilaciones.

Últimamente, Hae-seo no conciliaba el sueño. Como el descanso no llegaba, aumentaba deliberadamente su carga laboral, haciendo horas extra cada día y apoyando proyectos de compañeros que nadie le había pedido. Dedicaba cada segundo que pasaba con los ojos abiertos a trabajar con fervor.

Gracias a eso, su desempeño era impecable, pero de vez en cuando la confusión lo asaltaba con tal fuerza que terminaba deambulando por aquí y por allá, como un refugiado que no lograba establecerse en ningún sitio, usando la excusa de ir al archivo.

Apartó la vista del espejo, se frotó el rostro con las manos y tomó el teléfono que había dejado sobre el lavabo.

[Ventas Internacionales - Jefe Seol Gong-woo]

Sobre la pantalla encendida cayeron un par de gotas de agua que no había alcanzado a secar de sus manos. Sacó una toalla de papel del dispensador bajo el espejo y limpió las gotas que emborronaban aquel nombre.

Desde la noche de la cena de equipo, Hae-seo pasaba cada vez más tiempo mirando absorto el contacto de Seol Gong-woo.

Aquellas palabras sinceras —'dime solo lo que de verdad quieres decir'— actuaban sobre él como un hechizo. La revelación de que cada momento, cada hora y cada encuentro fortuito habían sido en realidad una confesión de amor, fue un bombardeo que ningún escudo pudo frenar.

Hoy también, en el pasillo, en la oficina y en la sala de reuniones, Hae-seo había tenido que "escuchar" esas confesiones silenciosas. No servía de nada evitar la mirada o intentar marcharse.

Lo sabía. Incluso antes de tomar esta determinación, ya estaba completamente inmerso en él.

Su corazón, que creía haber metido apenas la punta del pie, ya estaba empapado hasta las rodillas y la cintura sin que se diera cuenta. ¿Qué pasaría si el agua llegaba hasta el pecho? Contrario a sus temores, ¿no cabía la posibilidad de que sus cicatrices manchadas terminaran por lavarse?

Intentó aferrarse a los obstáculos que antes blandía como escudos —el dinero, la familia, sus fracasos amorosos— para aplastar esa esperanza vaga que brotaba en su interior, pero no era fácil volver a tragar un sentimiento que ya había subido por su garganta. Lejos de poder reprimirlo, ahora su corazón palpitaba con el deseo de escupir su verdad cada hora de cada día.

Finalmente, Hae-seo movió sus dedos dubitativos.

“Por favor, reserve un tiempo esta noche.”

“Tengo algo que decirle.”

02:53 pm

Tras enviar el mensaje rápidamente, guardó el móvil en el bolsillo como si huyera. Todavía no confiaba plenamente en el acto de seguir los dictados de su corazón, por lo que se apoyó en el lavabo y dejó caer la cabeza.

¿Sería lo correcto? Tenía que serlo. Era una estupidez quedarse paralizado por miedo a cosas que aún no habían sucedido, como las heridas o la ruptura.

Hae-seo asintió levemente mientras se miraba al espejo. Para que una herida sane, al menos una vez hay que tratarla como es debido. Seguir ocultándola tras excusas que servían de tiritas baratas —diciendo que dolía o que ya estaba podrida— era simplemente un acto de terquedad.

Ahora quería curarse de verdad. Quería arrancar esa tirita mal puesta y enfrentarse dignamente a su herida.

Si la piel estaba marcada o necrótica, qué más daba, se extirparía con un bisturí y listo. Si con eso podía brotar carne nueva, sentía que podría soportarlo. Con la fe de que esta elección sería distinta a las del pasado, Hae-seo deseaba finalmente avanzar sin considerar nada más, tal como él se lo había pedido.

Cenar en un lugar agradable y, en lugar de las palabras vacías de la última vez, decir lo que realmente sentía... aunque hubiera dado un rodeo, sería un comienzo bastante decente. Justo cuando movía los dedos sobre el lavabo intentando calmar su agitado corazón...

El móvil vibró en su bolsillo. ¿Ya lo había leído? Se incorporó rápido, tomó el teléfono y miró la pantalla, pero el autor del mensaje era alguien inesperado.

“Hae-seo. Lo llaman del piso 42, ¿pasa algo?”

02:57 pm

* * *

“¿Es tu primera vez aquí?”

“…Sí.”

Hae-seo respondió escuetamente mientras clavaba la vista en la taza de té frente a él. Aquel tuteo tan repentino le resultaba bastante molesto, por lo que, sin darse cuenta, terminó limitándose a respuestas cortas.

“Hace poco grabaste para la revista interna. Yo lo vi.”

“Ah, ¿en serio?”

La última vez estaba seguro de que se habían tratado de usted, pero parecía que por el hecho de haberse visto antes, el hombre ya se sentía con derechos. Según la cortesía que Hae-seo conocía, el tuteo incluso entre personas cercanas debía ser de mutuo acuerdo. Sin embargo, para el hombre frente a él, que llevaba gafas de sol en interiores, ese tipo de modales no parecían tener la menor importancia.

La persona que había citado a Hae-seo en el piso 42 era el mismo hombre con el que se cruzó en el ascensor. Presentándose como un conocido del Vicepresidente Jo Hyun-sik y un antiguo empleado, ahora estaba sentado frente a Hae-seo en el asiento de honor de la pequeña sala de reuniones anexa al despacho del vicepresidente.

“¿No tienes curiosidad por saber cómo lo vi?”

“No lo sé. No sabría ni qué imaginar.”

La respuesta volvió a ser breve. El otro lanzaba temas de conversación como quien suelta el hilo de un ovillo, pero Hae-seo no tenía ninguna intención de tirar de él.

Le picaba la curiosidad saber cómo alguien que ni siquiera era personal interno había visto las fotos descartadas, pero pensándolo bien, era un forastero tan especial que el Vicepresidente Jo le había cedido un despacho propio. Estaba en una posición desde la cual podía acceder a lo que quisiera.

“Es la primera vez en mi vida que veo a nuestro Gong-woo, no, al Jefe Seol, con esa cara de imbécil sonriente. ¡Llegué a pensar que había algo entre ustedes!”

“…….”

“Él suele ser un auténtico hijo de puta en el trabajo…. ¿Verdad?”

En cuanto el tema cambió a Seol Gong-woo, el hombre empezó a soltar palabras vulgares sin filtro. El cambio repentino en la atmósfera puso a Hae-seo en guardia.

‘¿Quién cojones será este tipo?’

Hae-seo se humedeció los labios, tragándose las maldiciones. ¿Qué relación tenía con Seol Gong-woo para expresarse así? No había mucha gente en la empresa capaz de llamarlo por su nombre de pila.

“Yo estaba muy nervioso durante la sesión. Él fue muy considerado para que todo saliera bien.”

“¿Considerado? Esa es una forma muy fresca de decirlo.”

“…….”

“Aun cuando ese tipo es de los que no tiene ni una pizca de consideración ni siquiera al momento de 'hacerlo'.”

La respuesta burlona llegó desde una dirección inesperada. Hae-seo tensó el rostro. Sabía perfectamente a qué se refería. No bastaba con tutearlo sin permiso; ahora llegaba al acoso sexual. Hae-seo sacó el teléfono de su chaqueta y pulsó el botón de grabar.

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“Me parece que voy a necesitar grabar nuestra conversación de ahora en adelante. Le pido su comprensión.”

“Hmm…. Vale, me gusta. Me encanta dejar evidencias así. Hagámoslo con comodidad. La charla grabada será más divertida.”

“…….”

“Ah, se me olvidó darte esto.”

El hombre metió la mano en su chaqueta, sacó un tarjetero y deslizó una tarjeta sobre la mesa de cristal hasta que llegó frente a Hae-seo.

NIX Foundation

Reuben Dybeck / CVP

El rostro de Hae-seo se congeló. NIX era la fundación creada por Neil Dybeck, el fundador de Viktor (la empresa matriz). El apellido Dybeck indicaba que era el hijo del representante de Viktor y exvicepresidente de Scanbic.

“Reuben.”

El hombre se quitó las gafas de sol. Su risa le resultó extrañamente familiar.

“También tengo un nombre coreano, pero casi no lo uso. Solo llámame Reuben con confianza.”

Sus ojos negros con matices azules eran impresionantes. Al verlo de cerca, tenía rasgos occidentales muy marcados. Ante un miembro de la familia propietaria, Hae-seo apagó la grabación de inmediato.

“……Le ruego me disculpe.”

No tenía el valor para grabar a los dueños de la empresa. Su cuenta bancaria estaba bajo mínimos y su orgullo estaba atado por préstamos. Reuben, satisfecho, tomó un sorbo de té con una elegancia que no encajaba con su lenguaje vulgar.

“Hagámoslo con confianza. Te llamé porque quería una consulta personal, Hae-seo. Me impresionó mucho tu consejo de la otra vez.”

“Le agradezco que lo viera así. Dígame.”

“Te dije que tenía un hermano, ¿te acuerdas?”

“Sí, lo recuerdo.”

“Lo cierto es que tengo dos hermanos. Uno estiró la pata y con el otro vivo como si fuéramos extraños. ¿Sabías eso?”

“…No. Es la primera vez que lo oigo.”

Era la primera vez, pero las palabras le provocaron un fuerte déjà vu. Recordó las palabras de Gong-woo en el coche: 'Uno murió, y por el otro no tengo interés'.

“Hae-seo. Es que no tengo a ningún Beta cerca. ¡Tengo muchísima curiosidad por algo! Solo déjame preguntarte una cosa, ¿sí?”

Golpeó la mesa varias veces como si estuviera haciendo un berrinche. Aunque debía de tener al menos diez años más que él, su comportamiento no era muy diferente al de su hermano menor, Hyun Jin-seo. No, incluso Jin-seo no era tan caprichoso.

Enfrentarse a un loco era como patear un panal de abejas. Hyun Hae-seo no tuvo más remedio que volver a sentarse, doblando sus piernas que apenas se mantenían firmes. Dejar a un tipo tan arbitrario y salir corriendo de la sala también era un problema. En cuanto se sentara en su puesto, seguramente le llegaría un correo con la notificación de despido.

'Ah... Pensé que por fin tendría un romance en la oficina, pero ¿voy a terminar despedido?'

Incluso si Seol Gong-woo tenía mucha influencia interna, no era nada frente a la familia propietaria. Curiosamente, ante la crisis de perder su empleo, le vinieron a la mente un montón de fantasías románticas que había cultivado en secreto. El despacho del Jefe, la sala de reuniones, las escaleras de emergencia... Si de todos modos iba a salir con él, debería haber aceptado antes. El arrepentimiento lo invadió. Hae-seo se reclinó en la silla con resignación.

Ya que las cosas estaban así, lo único que podía hacer era responder de forma que al menos evitara el despido. Miró a Reuben como pidiéndole que terminara rápido lo que fuera que iba a hacer.

"Gracias. Es que realmente no tengo a quién más preguntar."

Reuben, expresando su alegría, se levantó y se acercó por detrás de Hae-seo. Se aproximó de forma agobiante y apretó con fuerza la parte superior del brazo de Hae-seo. Él se estremeció ante el contacto repentino, pero tuvo que dejarse sujetar. La voz entusiasmada de Reuben le susurró:

"¿Qué se siente cuando un Beta es marcado?"

"……."

"Y si encima es un Alfa Real quien lo hizo en secreto, a la fuerza, y a otro hombre."

Hae-seo se quedó paralizado y giró el torso para mirar a Reuben. No entendía lo que acababa de oír, o mejor dicho, no comprendía el significado de lo que él preguntaba. Beta, marcaje, Alfa Real. Palabras familiares que oprimieron su pecho y le cerraron la garganta. Hae-seo se limitó a fulminar con la mirada a Reuben, esperando lo que vendría después. Tenía que escuchar bien para saber qué clase de locura estaba diciendo.

Él sacó pecho, inhaló profundamente y sonrió con satisfacción.

"¿Te parece que estoy diciendo tonterías? Yo también me reí todo el día cuando me enteré. ¡Que mi hermano hiciera algo así! Sabiendo que es una casa vacía sin nada que robar, entrar rompiendo la puerta sin el permiso del dueño... lógicamente, no tiene sentido."

"……."

"Pero pensándolo bien... como es un tipo inteligente, hasta lo de 'ponerla y correr' lo hizo de forma estratégica. La verdad es que tiene una enfermedad. Cuando entra en celo, no puede controlarse bien. Por eso ha vivido estrictamente como un drogadicto hasta ahora. Ja... qué lástima, ¿verdad?"

Reuben soltó un gran suspiro, fingiendo lástima. Sin embargo, la mirada con la que observaba a Hae-seo rebosaba expectación.

"O sea que ahora, agarró a un pobre Beta con el que no quedarán pruebas haga lo que haga, para poder dejar las drogas de forma segura... ¿Qué te parece? ¿No suena bastante bien? Si lo disfraza como un juego al amor, nadie lo descubrirá, y como no es una relación donde haya dinero de por medio, no se pondrá pesado con demandas o revelaciones cuando lo deseche."

No entendía por qué tenía que estar escuchando esto. Debería haberle dicho que no tenía nada que ver con él y salir de allí indignado. Pero las palabras de Reuben eran como cuerdas que ataban todo su cuerpo, impidiéndole moverse. No quería escuchar lo que decía ni lo que añadiría, y al mismo tiempo, quería saberlo.

'No puede ser'. Se regañaba a sí mismo pensando que era absurdo sospechar por solo un par de coincidencias, pero... la voz grave, la complicada historia familiar, el ser un Alfa Real, esa actitud de superioridad natural frente a cualquiera. Todo se extendía como una carretera que creaba una intersección de dudas y terminaba lanzando una señal hacia una sola persona.

"¿Por qué no respondes? ¿Eh?"

"……."

"Te pregunto qué siente Hyun Hae-seo en este momento."

Preguntó Reuben moviendo los labios. Observando la desesperación ajena, su rostro era el más feliz del mundo. Hae-seo intentó abrir la boca, pero solo salió un suspiro ahogado, como si tuviera la garganta bloqueada. Se le acumuló la saliva en la boca y su pulso se disparó de forma caótica.

Seguramente era una coincidencia. Sería una estupidez creer en semejante calumnia y alterarse sin haberlo visto con sus propios ojos. Si todo esto no fuera casualidad, significaría que Seol Gong-woo era el hermano de Reuben, y su apellido también tendría que ser Dybeck, así que desde ahí ya no tenía sentido.

Por un momento, solo hubo silencio entre los dos. La mirada de Hae-seo hacia Reuben estaba vacía, como si no tuviera sentidos. Sus párpados parpadearon varias veces y las comisuras de sus labios temblaron. Hae-seo forzó una sonrisa.

"…Es un tema sobre el cual me resulta difícil aconsejar. Ni siquiera entiendo bien de qué habla…"

"¿Ah, sí? ¿Todavía no lo entiendes?"

"……."

"Entonces espera un poco."

Un dedo frío acarició ligeramente su cuello, apretó su hombro y luego se apartó. Reuben se inclinó y susurró al oído de Hae-seo:

"Ya viene. El tipo que te marcó. Mi hermano Levi, Seol Gong-woo."

"No, yo, yo…"

"Escucha bien. No sería justo que solo tú siguieras sin saberlo."

Click.

Ante el repentino sonido de la puerta, ambos miraron más allá de la sala de reuniones. Reuben inhaló profundamente y sonrió sin hacer ruido. Era el momento en que la imagen que había estado ensayando en su cabeza durante días corría el telón de la realidad y se despleaba ante sus ojos.

* * *

"Por favor, tómate un momento esta noche.

Tengo algo que decirte.

02:53 pm"

Al bajar en el piso 42, Seol Gong-woo contempló el mensaje que contenía los rastros de esa determinación con una expresión de satisfacción. Comparado con el Hyun Hae-seo que durante un tiempo se había escondido como un gran herbívoro huyendo de su depredador, el ambiente era definitivamente distinto.

El Hyun Hae-seo que Seol Gong-woo conocía era una persona a la vez dinámica y estática. Parecía dar pasos audaces, pero en el instante en que algo rozaba la punta de su pie, sospechaba y se quedaba observándolo por largo rato. La sospecha era un sentimiento que nacía cuando una silueta borrosa aparecía tras un cristal opaco.

La duda de si ese camino era realmente el correcto. La sospecha de que, al avanzar, podrían aparecer zarzas, acantilados o pantanos. El tiempo estancado en sus heridas siempre hacía dudar a Hyun Hae-seo, y cada vez, Seol Gong-woo tenía que devolverle la fe separando a la perfección lo que debía ocultar de lo que debía mostrar.

"De acuerdo. Nos vemos en el estacionamiento alrededor de las 7.

03:41 pm"

Tras pulsar el botón de enviar, sus ojos recuperaron su frialdad habitual y miró hacia la puerta cerrada del despacho del vicepresidente. Quien lo había llamado era Reuben, su pariente con quien compartía la mitad de sus genes, su único hermano vivo.

Neil Dybeck, abuelo de ambos y fundador de Viktor —una de las constructoras líderes en el mercado mundial—, era un hombre implacable con los lazos de sangre. Hacía competir a sus hijos con gestores profesionales para que se ganaran su puesto; en el mundo que él construyó, la debilidad era un símbolo de vicio y el sello de los perdedores. Y el hermano que estaba tras esa puerta era el ser más débil de ese imperio.

Reuben había sido degradado hace años tras una auditoría por malos resultados y sobornos, perdiendo su lugar en Scanbic. Intentó refugiarse en la fundación de su abuelo en Luxemburgo, pero ni eso fue fácil. Aunque la fundación se presentaba como una entidad de ayuda social, su verdadero fin era la evasión fiscal. Por ello, los proyectos de investigación para lavar dinero debían ser discretos y pequeños, pero Reuben, con su ambición desmedida y su visión nublada, siempre terminaba arruinando las cosas influenciado por brókers de inversión.

Como era de esperar, pronto fue descubierto intentando evadir impuestos mediante una sociedad en Singapur. Esto sacó a la luz que la fundación estaba en un paraíso fiscal y que sus fondos se destinaban a proyectos de investigación oscuros en lugar de a la caridad, provocando un ataque mediático masivo. Actualmente, Reuben solo había logrado manchar la imagen "íntegra" de su abuelo y estaba a punto de perder incluso su herencia.

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Sin girar la cabeza, Seol Gong-woo señaló la puerta con la barbilla. Jung Seok-hyun, el secretario de Reuben, hizo una reverencia y abrió la puerta de inmediato. Al entrar en el espacio silencioso, Reuben apareció desde la pequeña sala de reuniones y caminó hacia la sala de recepción. Se sentó en el asiento principal del sofá y saludó a Gong-woo.

"Cuánto tiempo. ¿Cómo has estado?"

En lugar de saludarlo, Gong-woo lo miró de reojo, sacó un cigarrillo y se lo llevó a los labios.

"¿Para qué me llamaste?"

"¿Cómo que para qué? Solo quería ver a mi hermano. Me preguntaba cuándo me quitarás el respirador, ya que gracias a ti vivo pegado a uno día tras día."

Respirador. Era una expresión precisa. Tanto empujarlo al borde de la muerte como mantenerlo vivo apenas con asistencia respiratoria había sido obra de Seol Gong-woo. No hay nada más fácil que ser un guía falso para alguien que está acorralado.

Los sobornos y el bróker de Singapur... todo fue parte de la competencia habitual. Gong-woo necesitaba lo que Reuben poseía en aquel entonces y, por suerte, su hermano era un hombre lamentable: materialmente rico, pero mentalmente miserable.

"Para ser alguien que viene buscando una muerte digna, estás sentado en un lugar demasiado importante."

"Ah... es la costumbre de sentarme aquí siempre que vengo. He sido un poco maleducado."

Reuben se levantó exageradamente señalando su lugar. Pero Gong-woo, sin moverse, soltó el humo del cigarrillo y dijo mientras lo miraba desde arriba:

"Si lo sabes, corrígelo. Pretender que no sabes algo cuando sí lo sabes es un problema."

"Si eso es un problema... ¿entonces tú no eres el mayor problema de todos?"

"……."

"¡Ah! No... tú estás engañando y jugando con un Beta a propósito, así que para ti no es un problema, es solo un pasatiempo ligero, ¿verdad?"

No era una pregunta, era una provocación y el tema principal. Gong-woo miró fijamente a Reuben. Sus ojos, que observaban al otro mientras inhalaba profundamente el filtro, no mostraron ni un ápice de perturbación. Sabía que había varias personas vigilándolo, desde gente enviada por su abuelo o su padre, hasta el propio Reuben.

Aun así, no había ocultado su relación con Hyun Hae-seo porque, incluso si salía a la luz, a él no le resultaba incómodo. Sería un poco molesto si Hae-seo se enteraba, pero era algo por lo que tendría que pasar tarde o temprano.

"¿Qué tal se siente jugar con un chico común? Ya era hora de que te cansaras de lo mismo de siempre. A veces hace falta un plato especial así."

"No sé de qué hablas."

"Levi. Soy tu hermano, ¿no vas a presentarme a ese juguete tan divertido? Sería muy desconsiderado de tu parte no hacerme ese favor cuando ya tengo los días contados."

"¿No te pusiste ya en contacto con él?"

"……."

"No sé qué tramas, pero no te metas en líos peligrosos por tu cuenta. Te lo advierto."

La voz de advertencia, a diferencia de su rostro impasible, tenía fuerza. Entre las preguntas recientes de Hae-seo y los informes de que Reuben merodeaba bajo la excusa de ver al Vicepresidente Jo, Gong-woo ya intuía que estaba planeando algo molesto.

El dulzor de una fruta se reparte entre los frutos de la misma rama. Por eso, para obtener una fruta perfecta, era necesario cortar los frutos podridos e innecesarios. La poda era esencial para una buena cosecha. Gong-woo presionó sus párpados con cansancio mientras miraba al sujeto que debía ser "podado".

"Te lo repito: no lo toques."

"Levi. Tengo una duda. ¿Qué se siente tener sexo con un Beta que tiene lo mismo que tú? Allí no se lubrica, debe de ser áspero... No, mejor aún, ahora que no usas los supresores que tomaste toda tu vida para correrte dentro, ¿se siente bien? La sensación debe ser distinta, ¿no?"

"Reuben."

Llamó su nombre para darle una última señal de alerta. Reuben abrió mucho los ojos y soltó una carcajada incrédula.

"Jajaja. Verte así es realmente divertido."

Mientras miraba a Reuben temblando de risa contenida, Gong-woo sacó el teléfono de su chaqueta. Se lo llevó al oído y le ordenó a la persona al otro lado sin esperar siquiera el tono de llamada:

"Encárguense del intruso que está en el piso 42."

Tras hablar con firmeza, pulsó el botón de apagado. Aspiró profundamente el cigarrillo que sostenía entre sus dedos índice y medio, lo lanzó al suelo y apagó la brasa con la punta del zapato. Reuben, viendo el cigarrillo aplastado, sacudió los hombros exageradamente.

"¿Intruso? Qué hiriente... Levi. No, Jefe Seol Gong-woo. ¿Cómo puedes marcar a un Beta inocente sin decirle nada? ¿Cómo piensas lidiar con las consecuencias después? Tsk."

Reuben se acercó un poco más y puso su mano provocadoramente sobre el hombro de Gong-woo. La mirada de este último bajó hacia su hombro.

"¿Te digo que hago esto porque me preocupo por ti? Ahora ese perro te moverá la cola para complacerte, pero espera a que se entere de que lo marcaste en secreto para follártelo como sustituto de tus medicinas. ¿Crees que seguirá exponiendo la panza feliz pidiéndote que sigan?"

"……."

"Ve pensando en darle suficiente dinero para callarlo. Esos tipos comunes son los más rencorosos. A la mínima graban videos o audios... no conocen su lugar."

Viendo la mano que aún reposaba sobre su hombro, Gong-woo soltó un pequeño suspiro. No era de su agrado ensuciarse las manos o la boca cayendo en tales provocaciones. Sin embargo, el hecho de que cada palabra de Reuben se refiriera a Hyun Hae-seo hizo que perdiera la paciencia. Una pequeña malicia asesinó a su razón.

Callarlo, ¿eh? Gong-woo empujó el interior de su mejilla con la lengua, miró su muñeca y se desabrochó el reloj. Esa noche tenía una cita con Hae-seo. Seguramente, a partir de hoy, ambos entrarían en una nueva etapa como pareja y su relación se consolidaría satisfactoriamente. Por lo tanto, para transformar la sospecha en fe total, la mentira aún debía sobrevivir. El que necesitaba ser callado no era Hae-seo, sino este hombre.

"Tendrás que volver pronto a la sede central, y si el riesgo del propietario estalla justo cuando empiezas, ¡AAH!"

¡PUM!

Su puño, envolviendo el reloj con fuerza, impactó sin dudarlo en el rostro de Reuben. Su mejilla se hundió al instante y la sangre brotó de su labio partido. Mientras Reuben se arrastraba por el suelo con respiración agitada, coágulos de sangre salían de la misma boca que acababa de hablar de Hae-seo. Gong-woo observó la escena en silencio y arrojó el reloj sobre la cara de Reuben. Fue un encuentro tan aburrido que casi se sentía mal por el otro, que esperaba verlo temblar de miedo.

"Esto es el pago por tu silencio."

"Ja... realmente estás loco."

"Si no quieres morir, pelea arriesgando la vida o cierra la boca. Te trato así hoy solo porque estoy de buen humor."

Gong-woo miró a su necio hermano como quien mira una colilla tirada en la calle. Incluso entre los ignorantes, había una diferencia abismal entre quien sabe que lo es y quien no. El ignorante que no conoce su propia ignorancia es un necio; quien la conoce y la acepta con humildad es sabio. El problema de Reuben siempre nacía de la necedad de no saber que era ignorante.

La voz rasposa de Reuben resonó desde el suelo.

"Ser demasiado brillante y no tener miedo también es un problema, ¿verdad? Mis acciones aún no han pasado a tus manos, así que te lo digo: el día que te las entregue, prepárate para perder algo que desees. ¿Estás listo? Ah, esta escena es perfecta."

Gong-woo se arremangó la camisa, donde el botón del puño se había desprendido, y giró la cabeza para observar los alrededores. ¿Micrófonos? Era evidente que la verborrea de Reuben buscaba obtener una respuesta deseada. Su mirada se dirigió hacia la sala de reuniones. Incluso si hubiera grabado, no se mencionaron sujetos directos, así que no habría problema, pero le molestaba que Reuben hubiera salido precisamente de esa pequeña sala.

¿Por qué se quedaría en un espacio separado si estaba solo? Tac, tac. Esta vez fueron los pasos de Gong-woo los que resonaron en el suelo. El espacio que se vislumbraba por la rendija de la puerta estaba en calma. Un olor a ansiedad vaga y amorfa emanaba de allí.

Justo cuando extendió la mano para agarrar el pomo, la puerta del despacho se abrió y entró un grupo de personas. El jefe de secretaría, Seo Jin-ha, y varios guardias de seguridad que descubrieron a Reuben tirado, hicieron una reverencia y se encargaron de él.

"……."

Gong-woo contempló el pomo de la sala de reuniones por un instante y luego se dio la vuelta. Estaba seguro de que, incluso si todo fluía en la peor dirección, no habría nada que no pudiera controlar. Como siempre lo había hecho. Tomó su teléfono y revisó una vez más el mensaje que Hae-seo le había enviado.

"Tengo algo que decirte.

02:53 pm"

Con un rostro más complacido que nunca, abandonó aquel espacio caótico sin siquiera mirar atrás.

 

Hyun Hae-seo se sentó en el umbral de la entrada sin siquiera quitarse los zapatos. Al soltar un suspiro, su cuerpo se movió levemente y la luz anaranjada cayó sobre su rostro inexpresivo. No recordaba cómo había vuelto a casa.

Creía haber vuelto por la misma ruta de siempre, viendo el paisaje de todos los días, pero no estaba seguro. Cuando parpadeó, ya estaba aquí sentado. No tenía fuerzas ni para mirar a su alrededor. Sus ojos, que aún temblaban desorientados, miraron la puerta de hierro cerrada. Entonces, la puerta gris pintada por la luz amarilla se transformó en la puerta color marrón de la sala de reuniones, y por la rendija escuchó la voz de Seol Gong-woo de hacía unas horas.

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'Esto es el pago por tu silencio.'

Aquella voz familiar pero gélida revelaba una verdad extraña. Era el sentimiento oculto del hombre que decía que cada momento que pasaban juntos era una confesión de amor. ¿Debería decir que es un alivio haberse enterado ahora? Una risa amarga escapó de él ante el hecho de haber sido engañado por completo.

Sentado en la sala de reuniones, cuando escuchó su voz por primera vez, no quiso aceptarlo. Pensó que tal vez era un malentendido, que el nombre "Levi" le resultaba ajeno, que podía ser una calumnia de Reuben, quien tenía muchos resentimientos laborales contra él. Tenía esa esperanza.

Sin embargo, Seol Gong-woo no negó ni una sola vez las palabras de Reuben durante toda la conversación. No hubo rastro de enfado ante las conjeturas ni una actitud de asombro. En otras palabras, fue una afirmación. El silencio era el lenguaje de la aceptación.

"Fuuu..."

Hae-seo extendió los brazos hacia atrás, apoyándose en el suelo y echando la cabeza hacia atrás. Cada vez que parpadeaba, el techo oscuro y apagado oscilaba en su visión y su rostro se calentaba. Estaba acostumbrado a fracasar en el amor. Ser utilizado como un tonto y luego traicionado era algo que ya había vivido varias veces, así que no debería sorprenderle que pasara una vez más. Podía suceder. Después de todo, uno crea resistencia conforme acumula experiencias. Pero...

Extrañamente, esta vez parecía doler mucho más. Incluso el acto de respirar era doloroso, como si tragara cuchillas, y sentía todo el cuerpo como si estuviera lleno de cortes. ¿Por qué, a pesar de haber sido herido tantas veces, seguían apareciendo situaciones aún más difíciles y el dolor parecía no tener fin? Y más aún, cuando esto era algo que ocurrió apenas en la etapa de la confesión, sin haber empezado siquiera el noviazgo. Se sentía patético por ser tan débil ante algo así.

Hae-seo buscó en su bolsillo y sacó el teléfono. Al haberse marchado de repente tras pedir el permiso de salida sin decir palabra, tenía acumulados mensajes de sus compañeros de equipo. Los ignoró y puso en pantalla el mensaje enviado a Seol Gong-woo hacía unas horas.

"Por favor, tómate un momento esta noche.

Tengo algo que decirte.

02:53 pm"

¿Por qué habría dicho eso? Al verlo, ¿cuánto... cuánto se habría reído de él, pensando que era alguien fácil? ¿Qué habría pensado al verlo sufrir por el hecho de haber sido marcado? ¿Y qué pensó cuando aceptó, fingiendo dudar, su oferta de ayudarlo a quitar el marcaje? ¿Qué tan fácil le resultó ver cómo se sonrojaba ante sus confesiones de amor mientras intentaba rechazarlo?

Otra risa vacía escapó de él. Repasó sus recuerdos como quien organiza cartas, pero en ninguna situación encontró algo que le hiciera sentir que lo estaba engañando. Aquellas palabras dulces que se acumulaban, la mirada que confesaba su amor constantemente, las manos grandes que en algún momento desearon estar entrelazadas... Le gustaba tanto eso que... llegó a pensar que él sería diferente.

Creyó firmemente que alguien a quien quería tanto sería distinto. Confió plenamente en que la persona que le decía que lo quería sin considerar nada más, y que le pedía que él hiciera lo mismo, no le haría daño. Pero toda la fe que él le mostró era falsa. Eran solo momentos sin significado alguno.

Hae-seo marcó un número familiar. Mientras se frotaba descuidadamente los párpados ardientes y picantes, esperaba la voz tras el tono de llamada con el rostro totalmente descompuesto. Por suerte, no tardó en escuchar la voz conocida llamándolo.

— ¡Oye! ¡¿Qué pasa contigo?! Me preocupé porque me dijeron que te habías ido de repente pidiendo la tarde. ¿Te sientes mal?

"Jin-seong. ¿Sabías eso?"

— ¿Eh? ¿Qué cosa?

Han Jin-seong se desconcertó ante la frase lanzada sin contexto, saltándose el saludo. Hae-seo lo ignoró y continuó con un tono extrañamente calmado.

"El Jefe Seol Gong-woo. Resulta que... ¿es hermano del Vicepresidente Reuben, el que se fue?"

— Ah, sí. ¿No te lo dije? ¿No lo sabías?

Ah... lo sabía. Entonces, ¿acaso todos en la empresa lo sabían menos yo? Con ese pensamiento, Hae-seo respondió balbuceando.

"Yo no lo sabía..."

— ¿Mmm? ¿No lo saben todos en tu equipo? ¿No te dijeron nada?

"……."

Saber que todos estaban al tanto era desolador. Sintió que las fuerzas abandonaban su cuerpo, como si su corazón hubiera caído al suelo. El hecho de que todos supieran algo que él ignoraba lo hacía sentir avergonzado, furioso y frustrado.

"Si todos lo sabían, ¿por qué nadie me dijo nada?"

— Bueno... pues...

"Todos los días andan cotilleando sobre quién sale con quién, quién cortó, a quién van a echar... Hablan de todo eso y, ¿por qué no me dijeron algo tan importante?"

— No, bueno... como tú y el Jefe Seol son cercanos, ¿no pensaron que obviamente ya lo sabías y por eso no dijeron nada? Además, como el vicepresidente no se fue en buenos términos...

Han Jin-seong añadió algo apresuradamente ante el tono cada vez más distorsionado y dolido de Hae-seo. Pero este soltó una risita incrédula.

"¿Cercanos de qué?"

— ¿Eh?

Lo sabía. Sabía que lo que estaba haciendo era simplemente desquitarse con él. Sabía que debía detenerse aquí, pero no podía. Ahora sentía que incluso las personas a su alrededor eran cómplices de Seol Gong-woo por haberlo dejado como un idiota. Las palabras hirientes empezaron a brotar.

"No lo sabía. ¡No me dijeron nada! ¡Nadie dice nada, así que cómo voy a saberlo! Tú, los de mi equipo, ese imbécil... ¡Nadie me dijo nada! Yo, maldita sea, sin saber nada... Bueno, es obvio que no supiera, pero... ¡¿por qué demonios...?!"

Su voz se quebró y soltó un jadeo brusco sin querer. Su error fue creerle ciegamente porque le gustaba y querer ver solo lo que quería ver.

Cuando Kim Jung-ho le dijo que el marcaje no desaparecía, sospechó de él por un momento, pero borró esa sospecha al creer en la preocupación que él mostró para tapar sus ojos y en las palabras de Seon Jae-woo de que nunca había expuesto sus feromonas.

Cuando Seol Gong-woo se fue de viaje de negocios y el marcaje no se debilitó, se sintió aliviado y feliz, confiando plenamente en él. Así, Hyun Hae-seo creyó en Seol Gong-woo con todas sus fuerzas. Su único pecado fue cegarse demasiado rápido ante la imagen que él le mostró para que confiara. Sin importar cómo lo analizara, Hae-seo era claramente la víctima, pero el hecho de haber sido burlado lo hacía sentir tan asustado y avergonzado que quería esconderse en cualquier parte.

— Oye... ¿Pasa algo? ¿Dónde estás ahora?

"No, no es nada... No pasa nada."

Hae-seo movió los labios y luego agachó la cabeza. Al otro lado de la línea, llovían palabras de preocupación y suspiros. Han Jin-seong era quien debería estar desconcertado y enojado por su comportamiento, pero en cambio, se preocupaba por él. Como parecía que iba a venir de inmediato, Hae-seo cambió de tema rápidamente.

"Lo siento. No quería enojarme contigo... Es que ahora mismo no estoy muy bien de la cabeza."

— No... yo debí decirte, no lo pensé. ¿Seguro que estás bien? Voy para allá ahora mismo.

"No estoy en casa. Solo tengo un asunto... estoy en algún lugar por aquí abajo. Lo siento, te llamaré luego."

Hae-seo pulsó el botón de finalizar rápidamente y se revolvió el cabello con fuerza. Se le encendió la cara de vergüenza ante la actitud de Han Jin-seong, quien se disculpaba como si él fuera el culpable. Era lo peor.

Tal como dijo Han Jin-seong algún día, Seol Gong-woo era una basura. Que le doliera tanto haber sido traicionado por una basura así y que se desquitara con un amigo que no tenía nada que ver... No podía explicarse ni con la palabra "locura" por qué culpaba a otros de su propia falta de juicio.

Se levantó de inmediato, se quitó los zapatos y entró al baño. Abrió el grifo y se frotó la cara con agua fría sin pensarlo. Necesitaba recuperar el sentido. A pesar de saber que su chaqueta y el carné de empleado que llevaba al cuello se estaban empapando, se frotó el rostro con fuerza como si quisiera borrar algo.

¿Qué debería hacer ahora? Mañana también tenía que ir a trabajar, ¿cómo lo miraría a la cara? ¿Debería preguntarle por qué lo hizo? No, ya sabía la razón. Escuchar más solo le daría la oportunidad de inventar otra excusa.

¿Debería renunciar? Para hacerlo, primero tenía que cambiar el préstamo de la empresa por uno bancario. Al llegar a ese pensamiento, se preguntó si era justo que él renunciara cuando no había hecho nada malo. Pero solo por ese préstamo, no tenía el valor de verlo todos los días y tratarlo como si nada. Pensó que el dinero lo solucionaría todo, pero no tenía el coraje para vivir cargando cada hora con la sensación de una herida que se abre.

Agarró la toalla con brusquedad, se secó la cara y salió del baño. Solo entonces encendió las luces de la casa y se cambió de ropa. Y en el momento en que metía los brazos en una camiseta de manga corta y se acercaba a la mesa, se encontró con la "primavera" que él le había entregado.

'Feliz cumpleaños, Hae-seo'.

¿Por qué esa frase no se le iba de la cabeza ni en este momento? La mirada de Hyun Hae-seo tembló conmovida. Ese día, él había viajado cinco horas de diferencia horaria para volver como un regalo. El momento en que se acercó, el aliento que se entrelazaba ardientemente y el abrazo grande, frío pero tranquilo. Aunque había muchísimas más razones para olvidar, el tacto de aquel día estaba incrustado en su piel como un fragmento de origen desconocido que no se despegaba.

En aquel entonces pensó que había llegado la primavera, pero su estación seguía siendo el invierno. Hae-seo inhaló profundamente. Ahora era el momento de arrancarlo, aunque tuviera que pelarse la piel si no se soltaba solo. Agarró las flores y las tiró directamente a la basura. Sus ojos vacíos recorrieron la casa. ¿Habría algo más que tirar?

¿Debería tirar también la cama? ¿Y la silla, la estantería...? Había demasiadas cosas en la casa que le recordaban a Seol Gong-woo, mucho más de lo que imaginaba.

Le resultaba patético que, sin haber tenido siquiera un noviazgo formal, hubiera tantos hilos pegajosos atándolo. Buscando algo fácil de desechar, su mirada se posó de repente en la camisa de él. Se acercó rápidamente al armario y tiró de la prenda que colgaba impecable. Con el sentimiento de estar desechando cada parte de ese malhadado destino que empezó aquel día, embutió la camisa en el cubo de basura donde ya yacía el ramo de flores.

Se enderezó y comenzó a limpiar la mesa. El paquete que había recibido de Hyun Jin-seo hace unos días seguía allí. Había estado tan absorto debatiendo si salir o no con ese maldito sujeto que había descuidado por completo las tareas del hogar; la casa era un desastre.

Hae-seo apiló las facturas en un solo lugar y tiró el florero que ya no servía para nada. ¿Cómo debería devolverle el reloj? Mientras pensaba en eso y se disponía a abrir la caja del paquete, el teléfono sobre la mesa soltó una larga vibración.

"……."

En la pantalla aparecía el nombre de la persona que Hae-seo menos quería ver en ese momento. Sin dudarlo, mantuvo presionado el botón de encendido y apagó el dispositivo. No necesitaba escuchar su voz. Con lo que había oído a través de la puerta de la sala de reuniones, ya tenía la cabeza saturada.

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Justo cuando iba a retomar el paquete, el timbre de la entrada resonó junto con golpes en la puerta. Su rostro, donde la ira empezaba a teñirse como el papel tornasol al mojarse, se dirigió hacia la entrada. No necesitaba comprobar quién era el que llamaba y golpeaba a estas horas.

Debería ignorarlo también. Pero.

¡Pum! ¡Pum!

Con el paso del tiempo, los golpes eran cada vez más fuertes.

'Maldita sea... Como nunca ha vivido en un lugar así, no tiene idea de lo molesto que es esto para los vecinos'. O quizás lo hacía sabiendo que Hae-seo saldría precisamente para no causar molestias ajenas; fuera cual fuera la razón, cada uno de sus actos enfurecía más a Hae-seo.

Sin poder aguantar más, se acercó y abrió la puerta con violencia. Lo que irrumpió junto con una ráfaga de aire frío fue, como esperaba, Seol Gong-woo.

"……."

"……."

Gong-woo observó a Hae-seo, quien lo fulminaba con la mirada en silencio, y luego metió la mano por la rendija de la puerta. Como era de suponer, el reloj ya no estaba en su muñeca. Abriendo la puerta con firmeza, terminó por poner un pie en el espacio de Hae-seo.

De pronto, Hae-seo recordó la primera vez que él entró aquí. Un hombre que se parecía a la brisa de otoño: fresca pero nunca gélida. Pero ahora, todo en él era tan frío y punzante que parecía capaz de congelarlo todo.

El hombre, de espaldas a la puerta, lanzó una mirada al vacío por un momento y luego se fijó en Hae-seo.

"He intentado pensar en una excusa."

"……."

"Pero no encontré ninguna que sonara creíble."

Excepto por el hecho de que no llevaba corbata, su aspecto estaba tan impecable como siempre. Con esa misma cara de perfección, soltó palabras que no mostraban rastro alguno de agonía.

"Lo siento."

"……."

"No sabía que estabas en ese lugar."

Quien había descubierto a Hae-seo en la pequeña sala de reuniones fue el jefe de secretaría, Seo Jin-ha. Hae-seo sabía que él era el encargado de los asuntos de la familia propietaria además del protocolo de los directivos. Él no interrogó a Hae-seo por estar en un lugar extraño, ni se mostró sorprendido o preocupado. Solo se limitó a limpiar el lugar tras un breve saludo con una expresión que indicaba que lo comprendía todo.

La relación entre Reuben y Seol Gong-woo, la relación entre Seol Gong-woo y Hyun Hae-seo... Al final, el único que no sabía nada era él. Dicen que la ignorancia no es un pecado, pero si dolía tanto por no saber, empezaba a parecer un castigo. Sentía que le faltaba el aire, su cuerpo se enfriaba y la sangre se le subía a la cabeza. Era como estar colgado boca abajo en alguna parte. Hae-seo soltó una risa autocrítica hacia el hombre que aún pretendía mantenerlo suspendido.

"Quizás sea porque no suele pedir disculpas a menudo."

"……."

"Pero debería decirme exactamente qué hizo mal. No busco una aceptación rápida de los hechos. Lo que acaba de decir es solo una notificación porque se dio cuenta de que 'se ha jodido' después de que la situación terminó."

Si no podía dar una excusa creíble, al menos debería ofrecer una disculpa decente. No bastaba con expresar lástima por no saber que él estaba allí; debía explicar qué parte de lo que dijo Reuben era verdad y qué parte era mentira.

Sin embargo, Seol Gong-woo pretendía liberarse solo de este engaño usando la honestidad como escudo. Como si al levantar las manos y admitirlo todo en señal de rendición, pudiera cerrar el capítulo rápidamente.

Gong-woo miró a Hae-seo por un momento y luego bajó la vista hacia la camisa y el ramo de flores tirados en la basura. En su rostro, que contemplaba los recuerdos desechados de ambos, no hubo ni una pequeña perturbación.

Solo el sonido de una moto de reparto en el exterior y la respiración de ambos llenaban la habitación silenciosa como si fuera una conversación. Tras mantener el silencio por un instante, se acercó a Hae-seo sin vacilar y continuó hablando.

"Si mi disculpa no te ha gustado, también me disculpo por eso."

"……."

"Pero, ¿olvidaste que habíamos quedado a las siete?"

"¿De qué está hablando ahora...?"

"Dijiste que tenías algo que decirme."

Gong-woo ladeó ligeramente la cabeza y se acercó susurrando, como si fuera a pegar su frente a la de él. Hae-seo, al notar su intención de rozar sus narices, lo empujó del hombro con todas sus fuerzas.

"Es usted realmente increíble. ¡¿Cree que si finge que no pasa nada y simplemente evade el tema, lo que ha ocurrido se convertirá en nada?!"

"……."

"¿Por qué me ve como alguien tan fácil? ¿Acaso parezco una persona ligera a la que se puede convencer con un solo beso?"

Hae-seo habló reprimiendo la ira que hervía desde lo más profundo. Un contacto físico fuera de lugar solo le resultaba desagradable. Pero Gong-woo, tras dar un paso atrás, seguía pareciendo no comprender ese sentimiento y abrió la boca con arrogancia, sin rastro de culpa.

"Pensé que, puesto que la situación se reveló por boca de un tercero, el mejor método era disculparme limpiamente solo por la parte en la que me equivoqué. Porque todo lo demás es mentira. Confiaba en que no te dejarías llevar por sofismas tan absurdos."

"¿Sofismas absurdos?"

Ante la pregunta incrédula, Gong-woo asintió levemente.

"Sí. No tiene sentido decir que me acerqué a ti en secreto porque eres un Beta. Si mi único objetivo fuera controlar las feromonas, habría sido más sencillo contratar a alguien con un contrato formal."

"Pero si usted me compró. ¿No me compró con mi salario anual?"

"…Hyun Hae-seo."

Pronunció su nombre con una voz profunda, como intentando frenar su comportamiento. Hae-seo, sin inmutarse, le devolvió las palabras con otra risa vacía.

"¿Y qué es lo que tengo que creer? Tendría que haber hecho algo digno de confianza para que yo creyera. Su disculpa es tan egoísta como cuando me marcó sin decir nada."

"……."

"Váyase. No tengo nada más que decir."

Tras terminar de hablar, Hae-seo soltó un suspiro de frustración y le dio la espalda. Estaba cansado de este tira y afloja. Al apoyarse en la mesa y suspirar, sus omóplatos sobresalían bajo la fina camiseta, moviéndose de arriba abajo como reflejo de su agitación interna.

Hae-seo, en lugar de seguir con la charla, agarró la mochila que estaba sobre la mesa. Si él no pensaba irse, se iría él primero. Ya había tirado la camisa y las flores; bastaba con mudarse de casa para que no pudiera volver a buscarlo de esta manera. De todos modos, al contrato solo le quedaban unos meses, así que no importaba dejar el piso ahora.

Abrió la mochila y metió el portátil a la fuerza. Luego, mientras guardaba unos bolígrafos, sus ojos se toparon con el reloj sobre la mesa. Hae-seo lo agarró y se lo extendió a Seol Gong-woo.

"Qué oportuno. Me preguntaba cuándo devolverle esto. Tenga."

Sin siquiera mirarlo, se lo entregó con total desgana. Ante la falta de respuesta del otro, Hae-seo lanzó el reloj sobre la cama con fastidio.

"Lléveselo cuando se vaya."

Los ojos que vieron caer el estuche del reloj se hundieron con frialdad. Gong-woo levantó lentamente la cabeza para mirar a Hae-seo. Los músculos de su mandíbula estaban más tensos que nunca.

En ninguno de sus planes existía un Hyun Hae-seo que se enfadara hasta este punto.

Desde la disculpa que nunca en su vida había ofrecido, hasta el tono dulce y el rostro que usó para infiltrarse en su corazón desolado, pasando por el cortejo que midió según el ritmo del otro, llegando incluso a besar la punta de sus pies cuando estos dudaban en dar un paso.

Cada día, cada hora, Seol Gong-woo había construido con esmero un castillo llamado 'confianza' y no había descuidado la tarea de encerrar a Hyun Hae-seo en él. Por lo tanto, estaba convencido de que, aunque el inicio hubiera sido irregular, el resultado final no tendría problemas.

Pero eso era un engaño y una arrogancia puramente suyos. El castillo que había levantado no era más que un simple castillo de arena que se desmoronaba ante la verdad con la más mínima vibración. Por mucho que disfrazara su intención con sinceridad y encerrara a Hae-seo en ella, la única condición para que la fe y el afecto perduraran no era el resultado, sino el comienzo.

Seol Gong-woo se dio cuenta, por primera vez, de que su estrategia había fallado. Inhaló profundamente mientras veía a Hae-seo empacar sus cosas. Preguntó, conteniendo la rabia, hacia el Hae-seo que parecía querer huir de él de inmediato:

"¿A dónde piensas ir?"

"Como parece que no tiene intención de irse, me voy yo."

"No hagamos esto. Nosotros."

"Si se va ahora mismo, podré dejar de hacer esto."

"No actúes por impulso. No intentes huir de esta manera, cálmate y escúchame."

"…¿Qué? ¿Me acaba de decir que soy impulsivo?"

Hae-seo se giró de inmediato para fulminar con la mirada a Seol Gong-woo. Su cuerpo, que se había enfriado, se calentó de repente por la fiebre de la indignación. Algo que estaba conteniendo se rompió finalmente; su mente quedó en blanco y sus dedos temblaron.

¿Cómo podía él, el agresor, ser tan descarado? En una situación donde ni siquiera pedir perdón de rodillas bastaría, él juzgaba la situación llamándolo impulsivo e intentaba controlar incluso sus sentimientos. Hae-seo sentía que su pecho ardía, como si fuera a consumirse por completo. Miró al hombre más egoísta del mundo y soltó las palabras lentamente.

"Sí, soy... una persona impulsiva, así que estoy tan enfadado por esto que no puedo contenerme. Es una pena que no sea tan racional y calculador como usted, Jefe."

"……."

"Marcarme en secreto tan calculadamente, proponer ser follamigos para quitármelo, y luego pedirme salir cuando puse un plazo de tiempo... Realmente su capacidad de planificación es increíble. Y cada vez que notaba algo raro en mí, me embaucaba con mentiras sin cambiar ni un gesto... He aprendido mucho de usted antes de irme. Gracias."

Sus miradas chocaron afiladamente. Gong-woo agarró bruscamente el brazo de Hae-seo, como queriendo acorralarlo, y preguntó:

"¿Antes de irte?"

"¡Suélteme!"

"¿Acaso te sientes mejor dudando y despreciando incluso la sinceridad que te mostré, llamándola mentira?"

"……."

"Admito que el principio estuvo mal. Sé que estás enfadado. ¡Pero eso no cambia los sentimientos que hemos construido hasta ahora! No pienses en dejar esta relación tan fácilmente por algo como esto."

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Habló el hombre enfurecido, casi como dando una orden. Sus ojos brillantes estaban oscurecidos por la obsesión y el deseo hacia el otro. Incluso en ese estado, él insistía en reclamar solo el amor y le exigía a Hae-seo que soportara la herida que le había infligido.

¿Acaso su amor siempre fue así? Sin considerar la intención inicial o el proceso, solo hablaba y evaluaba basándose en el resultado. Incluso ahora, mientras miraba solo el resultado de estar juntos, actuaba como si el dolor que Hae-seo recibió durante el proceso fuera un sacrificio justificado. Esa falta de empatía hizo que el corazón de Hae-seo se marchitara aún más.

Hae-seo apartó bruscamente su hombro de aquel agarre.

"Hago esto precisamente porque no es 'algo como esto'. ¡Un 'te quiero' no perdona el engaño! Y además..."

"……."

"No use esa palabra así. Usted nunca me ha querido. ¡Si quieres a alguien, cómo puedes engañarlo de esta manera!"

Sus ojos se volvieron borrosos y sus párpados ardieron. Las cejas impecables de Hae-seo estaban ahora dolorosamente fruncidas. ¿Por qué, a pesar de los avances de la ciencia, mover el eje del tiempo no era dominio humano? Si pudiera volver atrás, sospecharía de él más rigurosamente y no llegaría a quererlo.

¿Había dicho que lo quería sin considerar nada? Para nada; era un hombre que se había acercado considerando absolutamente todo. Hae-seo volvió a forzar su voz, como si estuviera volcando todo lo que tenía en el corazón.

"Yo le pregunté claramente... en aquel entonces, si me ocultaba algo."

"……."

"Dijo que no... pero, ¿qué es esto? ¡Aquí está, a la vista de todos! ¡Me engañó!"

Algo caliente nubló su visión ante la rabia acumulada. Hae-seo giró la cara con todas sus fuerzas para intentar detenerlo. Antes de conocer la verdad, había llegado a pensar: dicen que Dios da heridas pero también las cura, ¿no será este hombre que se me acercó mi cura y mi bendición?

Mirando hacia atrás, fue un error tan estúpido y vergonzoso. Seol Gong-woo no fue una cura para Hae-seo, sino un nuevo dolor. La bendición, que no fue más que un truco visual, ya había sido desterrada hace mucho por el engaño.

Hae-seo se frotó la cara con la palma de la mano e inhaló profundamente. Consumir las emociones de forma soluble era algo de perdedores. No quería perder más.

"Está bien. Hablemos de nuevo. ¿Qué es lo que usted quería? ¿Que fuéramos novios? ¿Se soluciona todo si salimos juntos?"

"¿Qué cambia si lo llevas a ese extremo? ¡Sabes que no es así!"

Gong-woo volvió a sujetar el cuerpo de Hae-seo. Sus manos apretaban sus hombros con una fuerza dolorosa. 'Hyun Hae-seo...', ante el hombre que pronunciaba su nombre como si temiera algo, Hae-seo asintió con determinación. Tras mirar el reloj de la pared, habló con calma.

"Está bien. Salgamos."

"…¿Qué?"

"Digo que salgamos."

Tienes razón, una disculpa. Al intentar seguir el estilo del fragmento coreano, los párrafos quedaron demasiado densos y difíciles de leer.

 

Por un instante, las acciones de Seol Gong-woo se detuvieron como si estuviera perplejo. Sus ojos, fríamente endurecidos, lo observaron con una emoción desconocida. Era una expresión incómoda, totalmente incompatible con una declaración de amor.

Hyun Hae-seo miró una vez más el reloj de la pared. Las manecillas acababan de pasar las siete. Qué alivio. Tal como él había pedido al preguntar qué era lo que quería decirle, Hae-seo entregó su confesión y sintió que su corazón se aligeraba un poco.

Hyun Hae-seo tomó la mano de Seol Gong-woo entre las suyas. Tras sacudirla levemente, forzó una sonrisa en sus labios.

“Mucho gusto.”

“…….”

“Bueno, como ahora somos pareja, voy a hablarte con más confianza. ¿Puedo?”

Para aliviar aunque fuera un poco esta herida, Hae-seo quería crear una situación que equilibrara las cosas. Por supuesto, aun así, él no sufriría tanto como Hae-seo. Pero si podía incomodarlo aunque fuera un mínimo, con eso bastaría.

Hyun Hae-seo respiró hondo, miró a Seol Gong-woo una vez más y cerró el puño de inmediato. Al momento siguiente, golpeó el rostro del hombre con todas sus fuerzas.

‘¡Pum!’

Con el estruendo del impacto, la cabeza de Seol Gong-woo, quien estaba totalmente desprevenido, giró violentamente. Al ver que el flequillo de su cabello perfectamente peinado se desordenaba un poco, Hae-seo levantó la barbilla con orgullo.

“Ahora, terminemos.”

Fue una ruptura sin un ápice de arrepentimiento.

Las estaciones fluyen sin importar las esperas o las vacilaciones. El viento, que hasta la semana pasada apenas rozaba las mejillas, se había vuelto tan gélido que ya congelaba y enrojecía la nariz. Era el borde donde el otoño y el invierno se cruzaban.

Hyun Hae-seo estaba allí parado, observando distraídamente una silueta vestida con una ropa ambigua. Han Jin-seong, que llevaba pantalones cortos y chanclas bajo una fina chaqueta acolchada, caminaba por el pasillo con la cabeza hundida en su teléfono.

Fue entonces cuando las chanclas emitieron un sonido seco de frenazo. Sus ojos se cruzaron con la figura oscura que estaba a un lado de la entrada.

“¡Ah, joder! ¡Qué susto!”

“Soy yo. Hyun Hae-seo.”

Hae-seo agitó la mano alegremente mientras sujetaba el torso de Han Jin-seong, que se iba hacia atrás por el susto. Quiso regañarlo por mirar el móvil mientras caminaba, pero guardó el comentario y habló con naturalidad.

“Vine porque quería ver a mi hermano mayor.”

“Ja... Me diste un susto de muerte. Podrías haber avisado antes.”

“Ah, es que... me quedé sin batería.”

Hyun Hae-seo se encogió de hombros mientras esperaba a que el otro marcara la contraseña. Avisar era fácil, pero tras golpear al intruso y huir, aún no tenía el valor de encender el teléfono.

Con un pitido alegre, la puerta se abrió. Hyun Hae-seo entró siguiendo a Han Jin-seong, quien le tendió la bolsa que traía.

“Oye, toma esto.”

“Sí.”

Incluso sin revisar el contenido, el olor a aceite frito y el sonido del béisbol le permitieron adivinar el menú. Hae-seo dejó su mochila, se lavó las manos y sacó las cervezas que trajo como pago por el alojamiento. Se sentó directamente en el suelo.

Su mente, tensa por los nervios, comenzó a relajarse poco a poco. Al estar así encogido, pensó que se parecía a una bola de papel arrugado. Una bola de papel que incluso un niño podría estrujar y tirar fácilmente.

Tras entregarle su casa al "invasor" Seol Gong-woo, el destino final de Hae-seo fue la casa de Han Jin-seong. Sabía que si se quedaba en un motel, aquel hombre volvería a golpear la puerta escandalosamente. Para dificultar ese camino, Hae-seo eligió a Jin-seong como obstáculo; Seol Gong-woo conocía bien el peligro que representaba el "altavoz" de la oficina y no se acercaría fácilmente.

“¡No, joder! ¿Acaso apostaron en contra?”

Han Jin-seong salió del baño lanzando insultos por el partido de béisbol justo cuando Hae-seo abría una cerveza.

“¿Eres tan despistado que solo traes cerveza? ¿Qué habrías hecho si yo no compraba pollo, imbécil?”

“Oye, pensaba pedirlo al llegar. Y tú, si yo no traía cerveza, ¿ibas a comerte el pollo solo?”

“¡Tengo cerveza en casa! En fin, mañana después del trabajo vayamos a hacer la compra.”

Hyun Hae-seo, que escuchaba sin darle mayor importancia, arqueó una ceja ante las últimas palabras. Al notar su expresión de duda, Han Jin-seong señaló con la mirada la mochila que parecía un estorbo en medio de la sala.

“Te fuiste de casa, ¿no? No pienses en buscar otro sitio, quédate aquí.”

“¿Cómo que me fui de casa? Solo vine a verte hoy. ¿Por qué me quedaría en casa ajena teniendo la mía propia?”

“Para ser equipaje de una sola noche, parece demasiado pesado.”

“Es por si... acaso. Por prevención.”

Hae-seo bebió un sorbo de cerveza sin necesidad y apoyó la cabeza en el sofá. ‘Mira, al menos consiguieron un out’. Intentó cambiar de tema sutilmente con ese comentario, pero Han Jin-seong chasqueó la lengua.

“Oye. Si vas a hacer algo, hazlo bien. No seas tan blando y no dejes que pase así como así.”

¿Hacer qué exactamente? Con un rostro que irradiaba pura frustración, Jin-seong bebió su cerveza de un trago. Hae-seo, midiendo sus palabras, soltó una frase en voz baja.

“…Ya le di un golpe.”

“¡¿Qué?!”

Hacía un momento le pedía que hiciera las cosas bien, pero ante esa confesión, Jin-seong palideció de asombro como si él mismo hubiera recibido el impacto. En realidad, que Hae-seo golpeara a alguien no era algo tan inaudito. En sus años de estudio, solía perder la paciencia y levantar los puños contra los superiores que acosaban a sus compañeros, y también había atrapado a varios delincuentes en la calle.

Sin embargo, al ver una reacción tan exagerada, quedó claro que Jin-seong sabía perfectamente de quién estaba hablando.

“¿Tú... a él? ¿De verdad lo golpeaste?”

“No sé si ‘él’ es el mismo en el que estás pensando, pero sí, lo golpeé.”

“…Este tipo es un hombre de verdad.”

Una mezcla de asombro, temor, respeto y emoción se reflejó en su rostro mientras soltaba un cumplido. Al final, Jin-seong empezó a mover la pierna con nerviosismo y fijó la vista en la televisión.

Efectivamente, lo sabía. Si no supiera de quién se trataba, Jin-seong habría dicho que debería haberle dado otro golpe más. Pero después de haber sospechado tanto y de la llamada relacionada con el vicepresidente Reuben hoy, era lógico que lo supiera.

“¿Pero de verdad estaban saliendo?”

“Bueno... no sé si se le puede llamar salir.”

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“Los rumores decían que ese tipo no salía ni con Omegas... Pero ahora veo que el infeliz simplemente era muy exigente con las caras.”

Era un comentario extraño, a medio camino entre el elogio y el insulto. Hae-seo pensó en corregirlo diciendo que no salían, pero como acababa de decirle que salieran para inmediatamente después terminar con él, decidió quedarse callado. Además, para ser una relación de pareja, era un vínculo extraño sin un solo recuerdo que valiera la pena. Sin saber cómo explicarlo, prefirió beber más cerveza.

Tras un ruidoso ritual de ruptura, Hae-seo volvía a la realidad: ahora no era más que un sospechoso que había golpeado a su superior y huido. Y no se trataba de un jefe cualquiera, sino de alguien con el poder suficiente para cerrar con llave las arcas de la empresa si quisiera.

‘¿Hice mal en golpearlo?’. Por un momento lo pensó, pero luego rectificó: ‘No, maldita sea, se merecía eso y más’. Su mente oscilaba entre ambos caminos, agitada por la incertidumbre.

“…Oye, ¿crees que puedas seguir yendo a la empresa?”

“Eso parece...”

Puesto que había usado la violencia, era obvio que seguir trabajando allí sería imposible. Quizás era por el humor o por la cerveza nacional, pero el gas quemaba su garganta de una forma inusualmente punzante hoy.

Jin-seong tampoco tenía mucho más que añadir al respecto, así que ambos se quedaron bebiendo en silencio por un buen rato. En lugar de conversación, los vítores del estadio y la voz emocionada del locutor llenaban el ambiente incómodo de la casa. Tras varias decisiones arbitrales, en la pantalla se veía al lanzador abridor rugiendo mientras bajaba del montículo tras cerrar la quinta entrada sin permitir carreras. Al ver eso, Jin-seong se emocionó y, tras aplaudir, tomó de repente la mano de Hae-seo.

“¡Oye, dicen que después de la crisis viene la oportunidad! ¡Ahora anotaremos puntos y a ti también te irá bien!”

“…Ah, sí.”

‘El béisbol es un microcosmos de la vida, anímate’. Hae-seo escuchó los consejos que Jin-seong soltaba con entusiasmo y apartó su mano con suavidad. Parecía que si su equipo ganaba, Jin-seong sería capaz de regalarle dinero. Aun así, agradeció que, a diferencia de otras veces donde solo insultaría al "basura" de turno, esta vez Jin-seong parecía comprender la gravedad de la situación y le daba ánimos.

Por supuesto, Jin-seong no se equivocaba. El béisbol era un juego de rachas. Moverse un segundo antes resultaba en una gran defensa, y un segundo tarde, en un error. Si lograbas contener la crisis, la oportunidad siempre llegaba.

¿Realmente llegaría una oportunidad para él tras superar este desastre?

Hae-seo no estaba seguro. Había lanzado cada bola con esfuerzo hacia la zona de strike de la vida para evitar lo peor en cada entrada, pero terminar pasando por situaciones que nunca deseó lo dejaba confundido. ¿Qué tan fuerte debía seguir lanzando? ¿Qué tan duro debía seguir viviendo? Tragó un suspiro junto con un trago amargo de cerveza.

“Anímate, idiota. No es la primera vez que haces de barrendero emocional. Teniendo en cuenta que tu tasa de reincidencia encontrando basura es tan alta, tienes suerte de seguir vivo y cuerdo.”

“…¿Eso es un consuelo?”

“Claro que lo es. Al menos esta vez no te robó dinero. Deberías haberle sacado algo tú a él.”

Si supiera que recibió el reloj, quién sabe qué diría. Probablemente le daría una patada si se enteraba de que lo devolvió. Aun así, ese consuelo brusco al estilo de Jin-seong lograba relajar extrañamente su corazón. Hae-seo asintió con una pequeña sonrisa.

“Bueno, supongo que de alguna forma saldré adelante esta vez también...”

“Oye, aprovecha para irte de viaje. Si el extranjero te parece mucho, ve a ver a tu familia al campo. Te daré mi tarjeta, úsala para los pasajes.”

Cuando alguien que suele dar solo la mitad te ofrece el todo, la emoción es doble. Que le ofreciera hasta su tarjeta, aunque tuviera un límite, significaba mucho. La mirada de Hae-seo, llena de gratitud y arrepentimiento, se fijó en Jin-seong antes de bajar la cabeza. Entre su incapacidad para que le gustaran las mujeres y cómo se desmoronaba cada vez que intentaba una relación, parecía que toda su suerte en el amor se había desviado hacia la amistad.

Lo único que Hae-seo le agradecía al "basura número uno", Lee Si-heon, era haberle recomendado esa carrera, lo que permitió que su vínculo con Jin-seong comenzara.

Hae-seo enderezó su cuerpo lánguido. Aquella "bola de papel arrugada" que sentía ser se había alisado un poco. Estirar el papel es tan fácil como arrugarlo. Quedarían marcas, pero ¿quién tiene una vida sin una sola arruga? Pensó seriamente en qué debía hacer ahora.

Por el momento, su mayor deseo era no volver a ver a aquel hombre. Tras sumirse en sus pensamientos, miró a Jin-seong y habló.

“Dijiste que hace poco hablaste con el Capataz Kim, ¿verdad?”

“¿Eh? Ah, sí. Se quejaba de que los jóvenes de hoy huyen de la obra apenas en el primer día. Decía que ya no hay tipos trabajadores como nosotros... Bueno, en ese entonces lo hacíamos porque necesitábamos el dinero, pero el trabajo manual no es nada fácil, joder...”

Hae-seo asintió recordando al Capataz Kim Hyeon-cheol, un hombre de aspecto bondadoso y robusto.

“¿Dónde queda esa obra?”

* * *

La imponente biblioteca de dos pisos de altura estaba sumida en una oscuridad tan áspera y solitaria como el interior del pecho del hombre. El único rastro de claridad era un haz de luz que se filtraba desde el jardín de la terraza, tras el ventanal de arco.

Esa luz tenue, con un matiz desolado que recordaba al óxido, iluminaba primero el cuadro Bad Boy de Eric Fischl colgado en la pared, luego los documentos apilados sobre la mesa, la pluma, el cigarrillo y el encendedor, para finalmente posarse en el hombre que sostenía el teléfono junto a la ventana.

“Tal como ordenó, ya hemos filtrado a la oficina de prensa la información que vincula el nombre de Reuben con las acciones de Turbine. La programación de la noticia se fijará en la fecha que usted decida.”

Al escuchar la voz de Seo Jin-ha, Seol Gong-woo no respondió; en su lugar, se retiró hacia atrás el cabello que le caía sobre la frente. Un traje arrugado, la sombra de una barba azulada y un labio hinchado.

Su expresión, tras haber decidido hoy finalmente desconectar el respirador de su hermano, era gélida e impasible, en contraste con su aspecto desaliñado. Sus intereses, sin embargo, estaban en otro lugar.

“¿Y Hyun Hae-seo?”

“He confirmado que ha entrado en la casa de Han Jin-seong.”

Era de esperar que Hae-seo buscara refugio con Han Jin-seong. Aunque Hae-seo parecía dejarse llevar fácilmente por sus emociones, sabía actuar de forma calculadora cuando se sentía acorralado. Esa brecha fascinante en su personalidad era lo que atraía y, al mismo tiempo, desesperaba a quien lo observaba.

Gong-woo se apoyó en el borde de la mesa y alargó la mano para abrir la pitillera.

“Dijiste que Han Jin-seong nunca ha salido con hombres, ¿verdad?”

“Así es. Hasta donde sé, no tiene esa inclinación.”

“…….”

“No habrá nada de qué preocuparse.”

Antes de que terminara la frase, la mirada de Gong-woo se desplazó hacia el vacío. Sus ojos, fijos en un punto como si estuviera midiendo algo, no permitían adivinar ninguna emoción. Ese silencio extraño se transmitió a través del teléfono, haciendo que Seo Jin-ha se sintiera abrumado por la frustración.

En la relación entre ambos, que Seo Jin-ha ofreciera un consejo solo era posible cuando Gong-woo lo deseaba, es decir, bajo la condición de estar cumpliendo una orden.

“Lo siento. He sido atrevido.”

“Ciertamente, parece que últimamente cualquiera puede notar lo ansioso que estoy.”

Gong-woo soltó una risa autocrítica seguida de un leve suspiro. Al ponerse un cigarrillo en la boca, el labio partido le ardió; ese dolor fue la señal que trajo a su mente la mirada con la que Hae-seo le había dicho adiós.

Haber sido golpeado en el rostro fue un impacto, pero lo que realmente hirió a Seol Gong-woo fue el hecho de que Hyun Hae-seo mencionara la ruptura.

Hasta ayer mismo, cuando sus ojos se cruzaban, Hae-seo solía desviar la mirada con la nuca enrojecida por la timidez. Y cuando él acercaba su rostro, Hae-seo fruncía el ceño con apuro, pero terminaba siendo el primero en besarlo.

Era cierto que se había confiado al ver a ese Hae-seo. Se engañó pensando que, en cualquier momento y con facilidad, si él lo deseaba, un beso redimiría sus errores.

Pero ante la mentira del encubrimiento, el esfuerzo de tapar el engaño usando el afecto como fachada fue inútil. Había sido un error estratégico de su arrogancia, tratando el cariño de Hae-seo —del cual se percató hace tiempo— como un trofeo de guerra. Sin entender que incluso ese afecto se detendría y se clausuraría ante la verdad.

El aviso de ruptura de Hyun Hae-seo era el castigo por haber elegido aislarse en la habitación solitaria de su propia soberbia.

Gong-woo apoyó ambas manos sobre la mesa e inhaló profundamente. La camisa que envolvía su amplia caja torácica se tensó, y ante la sensación de asfixia, se desabrochó un par de botones más. Un momento después, sus ojos sombríos dejaron escapar una voz baja.

“Solo porque el comienzo estuvo mal, ¿acaso el resultado debe ser igual?”

“…….”

“No logro entenderlo.”

Tras esa pregunta que sonó más como un suspiro, bajó la cabeza para observar el suelo. Su mirada, fija en el patrón del parqué devorado por la oscuridad, estaba teñida de confusión. Un mal comienzo hacía que el proceso fuera inestable y el resultado se destruyera con facilidad. Seol Gong-woo aún no quería aceptar esa realidad.

El marking era un privilegio de los "Alpha" para poseer al otro de la forma más rápida y sencilla. Por eso, aunque pudieran señalarlo como egoísta, para Gong-woo la marca fue solo un catalizador para acercarse pronto a Hae-seo.

Si no informó de este hecho, fue porque lo consideró un paso innecesario para el avance de la relación, no porque lo ocultara con intenciones maliciosas o de engaño.

Hae-seo era alguien acostumbrado a ofrecer sonrisas y afecto a todos sin condiciones. El hecho de que fuera amable con cualquiera hacía que Gong-woo se sintiera impaciente a cada instante. Incluso si volviera atrás, no se sentía capaz de salvar su conciencia de ese deseo carnal obsesivo hacia Hyun Hae-seo.

Como si quisiera incinerar la confusión que desordenaba su cabeza, Gong-woo encendió el cigarrillo que sostenía entre los labios. Cualquier cambio brusco era una mala señal. Tras dar una calada profunda al filtro, volvió a hablar.

“Parece que el señor Hyun Hae-seo va a renunciar.”

“Entonces, ¿qué piensa hacer ahora…?”

“Debo impedirlo.”

* * *

La mirada que observaba el gran sedán a través de la ventana de la salida de emergencia tenía un brillo más indiferente que nunca.

“¿Debería llamar a la grúa…?”

Hyun Hae-seo soltó un monólogo sin esperanza mientras revisaba la hora en su teléfono. Debido a que los días se habían acortado, todavía eran las seis y media de la mañana, una hora en la que la luz aún permanecía en silencio. Lo había previsto, pero realmente no podía comprender la obsesión de aquel hombre que se presentaba desde tan temprano.

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Como si hubieran sido una pareja tan entrañable. Ignorando deliberadamente los buenos recuerdos que aún permanecían en su memoria, Hae-seo salió de inmediato por la salida de emergencia.

Tomó el ascensor y, sin dudarlo, pulsó el botón del primer piso. Luego, examinó sus ojos hinchados en el espejo de la cabina. ¿Habría mantenido los párpados cerrados siquiera una hora entre ayer y hoy? Sótano 4, un Genesis blanco, Cheonan… Repasó una vez más las cosas en las que había pensado durante su noche de desvelo.

Al salir del ascensor y acercarse a la entrada del apartamento, la puerta del sedán británico estacionado se abrió y unas piernas largas pisaron el suelo.

Era la madrugada, y las farolas aún no se habían apagado. Bajo la luz del alba, donde se mezclaban la energía azulada y el resplandor amarillo de las farolas, un hombre alto vestido con un abrigo Balmacaan de buena calidad se acercó lentamente hacia Hyun Hae-seo.

“¿Has dormido bien?”

¿Acaso había sido él el único que pasó la noche en vela? El hombre preguntó por su bienestar con su habitual rostro relajado. Por supuesto, si había algo que desentonaba un poco con esa calma, era la pequeña herida en sus labios. Quizás la zona golpeada se había reventado, pues estaba ligeramente inflamada y con rastros de sangre.

Si hubiera que elegir el sentido más intuitivo de los cinco que posee el ser humano, probablemente sería la vista. La vista se interpreta a la velocidad de la luz y se traduce en una impresión periférica que llega al cerebro. Una sensación analizada de forma tan rápida y estimulante volvía a las personas más impulsivas y precipitadas que nunca.

“Si no te pones ungüento en eso, se va a infectar.”

Claramente iba a decir: “¿Acaso crees que alguien dormiría bien en mi lugar?”, pero el problema era que él se presentaba con esa marca en su rostro perfecto. Hae-seo se había prometido no mostrar ninguna reacción emocional, pero el rostro de Seol Gong-woo siempre desgastaba poco a poco sus firmes resoluciones, como las olas a la costa.

Seol Gong-woo no pudo interpretar de inmediato las palabras impulsivas de Hae-seo; arqueó ligeramente las cejas y luego dejó escapar un suspiro: “Ah…”. Inmediatamente después, sus labios heridos dibujaron una curva de satisfacción.

“¿Estás preocupado por mí ahora?”

“… Digamos que es solo el último resto de conciencia del agresor. De todos modos, ¿qué hace usted aquí? Nunca le dije que estaba en este lugar.”

“Vine para que vayamos juntos al trabajo. Como me duele un poco donde me golpeaste, creo que necesitaré tratamiento.”

Él se frotó lentamente el labio con el dedo, inclinando la cabeza ligeramente. Era un gesto íntimo, pero para Hyun Hae-seo, era una acción cuyo significado había sido borrado desde ayer. Hae-seo frunció el ceño y habló con indiferencia.

“No creo que estemos en una situación como para intercambiar bromas. Si realmente me considera un agresor, puede denunciarme, no hay problema. O mejor, ¿me está diciendo que suba a ese coche para ir ahora mismo a la comisaría? ¿Vamos?”

“¿Por qué denunciaría a mi pareja? Es solo una pelea de enamorados pasajera.”

Los términos ‘pareja’ y ‘pelea de enamorados’, expresiones que no encajaban con ellos dos, hicieron que el rostro de Hae-seo, limpio hasta hace un momento, se contrajera de una forma extraña. Justo cuando iba a preguntar qué clase de tontería era esa, un peso ligero descendió sobre sus hombros.

“¿Por qué andas vestido con algo tan fino?”

Él se quitó el abrigo que llevaba y lo colocó con delicadeza sobre los hombros de Hae-seo. El calor repentino y el aroma impregnado en la tela eran desconcertantemente acogedores.

“He pensado que ser dejado en solo cinco minutos no es lo correcto. Así que planeo suplicar que salgas conmigo un poco más.”

“…….”

“Sinceramente.”

El hombre, que acomodaba el abrigo con pulcritud, bajó la mirada y observó fijamente a Hae-seo. Al ver cómo los ojos marrones bajo sus párpados temblaban con confusión, añadió una frase en voz baja.

“No volverá a ocurrir algo así.”

“…….”

Su rostro serio, donde la risa relajada de siempre había desaparecido sin dejar rastro, examinó una vez más el humor de Hae-seo.

Si se hubiera comportado así ayer, ¿habría podido aceptar esas palabras que imitaban el arrepentimiento con un sentimiento distinto? Lamentablemente, sus palabras no golpearon su corazón, sino su boca del estómago. En lugar de sentirse emocionado o agradecido, su pulso se aceleró de otra manera y sintió opresión en el pecho.

Él siempre era así de arbitrario. Marcándolo arbitrariamente, pegando los pedazos de una ruptura arbitrariamente, y viniendo arbitrariamente a suplicar fingiendo sinceridad. Era una espada de doble filo que hacía que el corazón de Hae-seo se inflara, pero que al mismo tiempo lo volviera imperdonable.

Sus ojos temblorosos recuperaron pronto la calma y soltó una frase con desgano.

“Haz lo que quieras.”

“… ¿Qué?”

“He decidido que ya no me importa. Además, no pareces estar suplicando de verdad.”

Hae-seo apartó con ligereza la mano que intentaba acomodarle el cuello de la prenda y le devolvió el estorboso abrigo.

“Alguien que dice estar suplicando vuelve a intentar actuar como mi pareja sin pensar ni un poco en los sentimientos de la otra persona.”

“… Actuar, dices. Me duele un poco que lo pongas así.”

Quizás no esperaba tal desprecio, pues en lugar de recibir el abrigo, desvió la cabeza con una sonrisa amarga. Hae-seo ignoró esa reacción y volvió a colocarle el abrigo sobre los hombros a él.

“Bueno, supongamos que es verdad. Pero ayer nos golpeamos… bueno, fui yo quien te golpeó unilateralmente, pero en fin, que digas con tanta naturalidad en medio de esta situación que no volverá a pasar suena a que, más que estar arrepentido, solo quieres quitar de en medio estos sentimientos molestos para volver rápido a los besos y al sexo.”

“…….”

“Por eso digo que eres un egoísta.”

Tras decir eso, le acomodó el cuello del abrigo con la misma parsimonia con la que él lo había hecho antes. Al levantar la barbilla para encontrar su mirada, Seol Gong-woo pareció insatisfecho al ver su sinceridad expuesta y retrajo la mandíbula. Él tomó y envolvió con sus manos la mano de Hae-seo que sujetaba el cuello de su ropa.

“Sabes que no lo digo con esa intención. ¿Es que ya no puedes creerme ni un poco?”

Preguntaba algo tan obvio como si no lo fuera. ¿Es que no pensaba que no creerle era lo natural? Debería haber partido de ese punto, pero él seguía siendo alguien que estaba en un lugar completamente distinto al de Hae-seo desde la línea de salida.

Por supuesto, Hae-seo no negaba toda la sinceridad de Seol Gong-woo.

Si apartaba el engaño por un momento y miraba directamente su corazón, Seol Gong-woo quería a Hae-seo. Incluso recordando su pasado amoroso o reflexionando sobre escenas de dramas o películas, nadie besaba a alguien de esa manera tan desesperada si no lo quería.

Pero precisamente por eso, no debía forzar la sinceridad con tanta impaciencia. La esencia de una disculpa es sentir profundamente el dolor de la herida causada. Lamentablemente, Seol Gong-woo aún no sentía tanto dolor como amor sentía por Hae-seo. Y si lo quería, para empezar, no debería haber hecho algo así.

Hae-seo volvió a soltar su mano y se rascó la ceja con incomodidad. Ahora que todo estaba arreglado, ¿de qué servía esta conversación? Con un leve suspiro, cambió de tema.

“Han Jin-seong bajará pronto. Tengo que ir a trabajar con él, no contigo. Sería mejor que te fueras primero.”

“No. Usted vendrá en mi coche, Hae-seo.”

Ante la firme negativa, Hae-seo respondió con rostro fatigado.

“¿Me estás diciendo que, aunque vamos en la misma dirección, nosotros dos nos vayamos cómodamente en el coche?”

“Entonces, que venga Han Jin-seong también.”

Esa fue otra respuesta inesperada. Los párpados de Hae-seo temblaron. Estaba convencido de que diría algo egoísta, como que solo se lo llevaría a él o que le diera dinero para el taxi a Jin-seong…

Notando el sutil cambio en el otro, Seol Gong-woo volvió a colocar su abrigo sobre los hombros de Hae-seo. Tras asegurar el abrigo, que le quedaba grande incluso a Hae-seo que tenía buena complexión, bajó la cabeza para encontrar su mirada.

En la mente de Seol Gong-woo, la imagen de Hae-seo dándose la vuelta tras romper con él anoche permanecía como un resto carbonizado.

“En el futuro, si vas a ir a alguna parte, no desaparezcas sin decir nada. Ve conmigo.”

“… Estás diciendo tonterías.”

“Si por casualidad tienes planeado renunciar…”

“¿Por qué iba a renunciar yo?”

La respuesta salió de inmediato. Ante la réplica inesperada, Seol Gong-woo entrecerró los ojos. Hae-seo continuó hablando mientras lo miraba directamente con ojos cargados de sospecha.

“La verdad es que hasta ayer pensaba dejarlo, pero todavía hay un proyecto en marcha y, pensándolo bien, tengo ese préstamo pendiente. Qué se le va a hacer. Por ahora, tengo que seguir yendo.”

“…….”

“Por cierto, ¿lo hizo a propósito? ¿Preparándose para una situación como esta?”

La pregunta lanzada con tono afilado pareció pinchar a Seol Gong-woo en alguna parte, pues frunció el ceño. Habiendo deducido sin dificultad a qué se refería ese ‘lo’, habló con un suspiro bajo.

“No fue a propósito. Lo de ser aval del préstamo lo habría hecho por cualquier otro empleado.”

“… Ya veo. Entonces es una coincidencia muy curiosa.”

A pesar de la excusa, Hae-seo ya lo miraba habiendo captado el contorno de la mentira. ¿Realmente no fue a propósito? Para creer eso, después de marcarlo, Seol Gong-woo examinó con bastante actividad la pobreza de Hae-seo.

Seguro que fue a propósito. Era alguien que siempre pensaba que todo se podía comprar con dinero. En momentos como este, Hae-seo encontraba molesta su propia pobreza.

De repente, la conversación desapareció y solo el aire frío y pesado flotaba entre los dos.

Hae-seo miró los árboles detrás de él, que parecían más ligeros que ayer, y se dio cuenta de nuevo de que el otoño se estaba acabando. Siguiendo el ritmo de esta estación que se volvía más ligera y terminaba más rápido, su corazón también debía terminar cuanto antes.

Detrás de él, se escuchó la voz de Han Jin-seong llamando a Seol Gong-woo. Con un rostro sin expresión, como una calle vacía y desierta, Hae-seo pasó de largo junto a él y, abriendo la puerta del asiento trasero en lugar del copiloto, dijo:

“Esta será la última vez que suba a este coche.”

* * *

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El breve encuentro matutino con Hyun Hae-seo no había sido más que la confirmación de una realidad devastadora: no se le concedería ni siquiera la oportunidad de arrepentirse. Sin haber resuelto absolutamente nada, Seol Gong-woo tuvo que asistir de inmediato a la reunión organizada por el equipo de Planificación de Nuevos Negocios.

Observó la propuesta proyectada en su computadora con ojos más gélidos que nunca.

“Entonces, si miran primero el material distribuido previamente, verán la tendencia en los montos de pedidos de plantas químicas, que es el área principal de contratos para las empresas nacionales…”

La reunión de hoy, con unos diez ejecutivos presentes, era un espacio para predecir el crecimiento del mercado de plantas basándose en los datos preparados por el equipo de Planificación. Sobre esta base se debían establecer los indicadores clave de desempeño (KPI) para el futuro del negocio, por lo que la precisión era más crucial que nunca.

Seol Gong-woo apretó la mandíbula al ver los gráficos en la pantalla de la presentación, realizados por el responsable Kim Jong-seon. Los gráficos mostraban una tendencia ascendente unánime; era una propuesta unilateral basada únicamente en datos prospectivos de consultoras extranjeras.

Pasó un momento antes de que sus labios, tensos por la falta de rigor del informe que ni siquiera verificaba el número de proyectos locales, se movieran.

“Responsable Kim Jong-seon.”

“¿Sí?”

“¿Por qué todos los datos muestran una tendencia ascendente constante?”

Ante la pregunta repentina, Kim Jong-seon, que se disponía a explicar las tablas, parpadeó desconcertado. Cualquiera que supiera que Gong-woo no era un simple jefe de equipo de ventas, no podía evitar tensarse solo por el hecho de estar intercambiando palabras directamente con él. Era un hombre en una posición tal que, si mañana mismo apareciera en la lista del consejo de administración o como representante, nadie se sorprendería.

Kim Jong-seon hojeó apresuradamente sus notas antes de hablar.

“Bueno… como sabe, la población sigue aumentando y el PIB, a largo plazo, también continúa creciendo, aunque el ritmo varíe… Por lo tanto, dado que la oferta aumenta junto con la demanda, juzgué que no sería descabellado predecir que el crecimiento de las plantas seguirá una tendencia al alza.”

“A mí me parece muy descabellado.”

“¿Perdón?”

Gong-woo señaló con su pluma los datos adjuntos al final de la presentación, acariciándose la barbilla con gesto aburrido.

“Esta última página, la sección de montos de pedidos, ¿no la investigó y redactó usted mismo?”

“Ah… sí, así es.”

Kim Jong-seon mostró la última página en la pantalla con manos temblorosas. Se veía patético, balbuceando sin poder responder nada coherente. El hecho de que no hubiera previsto que le harían esa pregunta era tan lamentable que Gong-woo golpeó suavemente la mesa con su pluma.

El equipo de Planificación de Nuevos Negocios, un residuo de la era de Reuben, era para él un nido de desprecios. El yerno de algún ministro, el hijo de un candidato presidencial, la hija del dueño de una empresa colaboradora… Todos ellos se acomodaban en posiciones obtenidas con facilidad, esforzándose diligentemente en no hacer nada.

Gong-woo no exigió más respuestas y desvió la mirada. Finalmente, el silencio asfixiante fue roto por el jefe Heo Sang-hyun, de la división de Consultoría.

“Vaya, ahora que lo veo, es cierto. Dejemos esto para corregirlo y distribuirlo en la próxima reunión, ¿qué tal si pasamos a la siguiente página?”

“Ah, sí…”

Kim Jong-seon, con el rostro encendido, se secó el sudor frío y pasó la diapositiva. Al ver que, aún nervioso, se saltaba dos o tres páginas en lugar de pasar a la siguiente, Gong-woo borró con un movimiento impasible el archivo de la presentación en su computadora.

En su lugar, abrió de inmediato el informe de análisis de indicadores clave del trimestre pasado redactado por Hyun Hae-seo. Ver un informe inútil le había recordado el informe más excelente y útil que había recibido.

Aquella tarea había sido asignada a través de otro miembro del equipo al inicio de la contratación de Hae-seo, con el pretexto de que comprendiera el trabajo midiendo y analizando la productividad de construcción de proyectos pasados.

Hae-seo era un empleado cuya fortaleza residía en su experiencia en el campo de la construcción. Por ello, Gong-woo no esperaba que fuera capaz de realizar un análisis de escritorio tan preciso. Sin embargo, el informe, entregado varios días antes de la fecha límite, fue suficiente para destruir sus prejuicios.

La mayoría de los informes de este tipo se limitan a medir y analizar la productividad. Sin embargo, Hae-seo no se detuvo ahí; evaluó el nivel de desempeño comparándolo con los KPI de la competencia y propuso el desarrollo de un modelo para gestionar los resultados de los proyectos.

Era un documento con una calidad que encajaba mejor bajo el título de ‘propuesta’ que de ‘informe’.

No había superior que no se sintiera satisfecho al ver algo así. Un empleado con un fuerte deseo de superación es el ideal de cualquier directivo. Hae-seo no era de los que se conformaban con su posición actual, sino de los que cimentaban sus logros a través del esfuerzo.

Más que su apariencia apuesta, esa actitud diligente y responsable era su fuerza más poderosa, aquello que atraía a los demás.

Gong-woo pasó las páginas mientras recordaba el rostro de ese empleado ejemplar, desmoronándose en medio de un placer intenso.

Independientemente de la satisfacción del ‘jefe’ Seol Gong-woo, para el Seol Gong-woo ‘individuo’ que ansiaba el afecto de Hae-seo, esa misma virtud era un factor de ansiedad: le recordaba que Hae-seo podía escapar de sus manos en cualquier momento.

Al mismo tiempo que hacía todo a la perfección, Hae-seo le sonreía a cualquiera y era amable con cualquiera. Ante un hombre así, era imposible no involucrar sentimientos. Gong-woo volvió a justificar su marcaje al recordar a todas las personas que se arremolinaban alrededor de Hae-seo como agua estancada.

Fijó su mirada en el nombre del autor en la pantalla, Hyun Hae-seo, y revisó la hora en su muñeca.

8:20 AM. En diez minutos llegaría el mensaje con la ubicación actual de Hae-seo. Desde anoche, Gong-woo había puesto vigilancia sobre él, recibiendo informes de su paradero cada treinta minutos. Era una medida preventiva para evitar que volviera a desaparecer sin decir palabra.

‘Alguien que dice estar suplicando vuelve a intentar actuar como mi pareja sin pensar ni un poco en los sentimientos de la otra persona.’

“Que no parezco estar suplicando…”, murmuró. Más que amargura por ver su sinceridad malinterpretada, dejó escapar una risa autocrítica.

¿Cómo podía no estar suplicando alguien que, incapaz de olvidar a quien lo dejó en cinco minutos, lo vigilaba cada media hora y solo se sentía tranquilo al recibir el informe de sus movimientos?

¿Cómo no iba a estar suplicando alguien que, incluso trabajando, comparaba informes mediocres con los suyos y recordaba la sensación de su piel pegajosa por los fluidos en aquella noche en la que lo penetraba sin descanso?

Desde anoche, la mayor confusión de Seol Gong-woo era el impredecible Hyun Hae-seo.

Incluso esta madrugada, Hae-seo no se mostró sorprendido ni enfadado al verlo aparecer de repente. Casi hubiera preferido que se enfadara o que le tuviera miedo por rondar cerca de él. Pero Hae-seo solo había intentado borrarlo con un rostro más oscuro y frío que nunca.

Recordó el rostro de Hae-seo al abrir la puerta del asiento trasero. Un rostro que parecía estar a punto de romperse y desaparecer, tan fugaz como el vaho que se deshacía entre sus labios, destruyendo el tiempo que habían pasado juntos.

‘Esta será la última vez que suba a este coche.’

Esa era la forma en que Hae-seo organizaba sus sentimientos: una etapa de limpieza donde, impulsado por la traición, dañaba incluso los buenos recuerdos para intentar blanquearlo todo hasta un estado de indiferencia total. Para Gong-woo, ese era el rostro que menos quería volver a ver, el primero que deseaba borrar de su memoria.

Tragando el aire que se le había quedado atrapado, Gong-woo cerró y abrió los ojos con fuerza. Aún no había pasado nada. Necesitaba recuperar la compostura. Pero mantener esa calma forzada era más difícil que evitar que una hoja de papel volara con el viento.

Fue entonces cuando vibró el teléfono.

[Abandono del piso 15]

[Confirmado que ha desaparecido tras subir a un vehículo estacionado en el Sótano 4]

[Genesis blanco 42-1449]

[08:23 AM]

La máscara de impasibilidad que tanto le costó mantener se hizo añicos. Sintió una punzada en el corazón que le cortó la respiración. Gong-woo parpadeó varias veces con los ojos inyectados en sangre para tragarse la ansiedad y se levantó de golpe.

Sin embargo, al momento siguiente, una notificación que apareció en la pantalla de su computadora lo arrastró directamente al infierno.

[Documento No. 212411003] Carta de renuncia (Ventas Internacionales / Hyun Hae-seo)

Continuará en el próximo volumen.