6. 1%
“¿Qué día es hoy?”
“21 de mayo. También
en Cantonsy, jefe.”
“¿Cuándo fue el último
celo de Sarang?”
“El 23 de octubre del
año pasado.”
“Fue justo después de
que terminara el mío. ¿Esa es su fecha habitual?”
“No, jefe. Según los
registros, se adelantó un mes.”
“Probablemente por mi
influencia. ¿Existen precedentes de algo así?”
“Las investigaciones
sobre el celo y el vínculo en personas con casta continúan. Es posible que
existan casos; lo investigaré y le presentaré un informe.”
Florian, sentado en su
silla y sumido en sus pensamientos, tamborileó con las yemas de los dedos sobre
el escritorio. Toc, toc.
Tras despertar de un
celo del que no guardaba recuerdo y pasar cuatro días durmiendo profundamente,
Florian solo pudo recuperar la lucidez suficiente para pensar en Sarang.
Incluso cuando se trasladó a la mansión donde Sarang vivía solo, no esperaba
que el chico también hubiera entrado en celo.
A pesar de haber
pasado sus periodos de celo únicamente con supresores desde que llegó a la edad
adulta, el ciclo de Sarang había sido estrictamente regular. Lo confirmó con
Bailey, aunque era un hecho que Florian ya conocía.
“Entonces, su celo
podría ser el 23 de este mes, o el 23 del próximo.”
“Sí, jefe. Si
calculamos en base al ciclo adelantado de octubre pasado, es este mes; si es
por su ciclo original, sería el próximo.”
“Cada persona es
distinta, así que no queda más que observar.”
Tras murmurar aquello
en voz baja, Florian firmó el último documento y se puso en pie.
“Vámonos.”
Florian había
despejado su agenda tanto para las fechas de este mes como para las del
próximo, previendo cualquier eventualidad. Su visita a Nueva York había sido
breve, solo para coordinar asuntos de trabajo. Bailey, aunque conocía el
itinerario, no había sido informado del motivo exacto y no pudo evitar mostrar
un ligero rastro de desaprobación.
Había sacrificado un
tiempo valioso dos veces solo por el celo de Kim Sarang. Aunque Florian solo
estuviera siendo fiel al contrato, a Bailey le resultaba molesto que su jefe se
viera tan involucrado con el chico. Aun así, como secretario leal, Bailey se
adelantó para guiar a Florian.
“¿Otro vuelo? Siento
que paso más tiempo en el aire que en el suelo”, se quejó Miller desde atrás,
pero su voz solo encontró un pequeño eco en las paredes de piedra de la
terminal.
Sarang, que estaba
descansando, contestó el teléfono. Antes de que pudiera decir palabra, una voz
enérgica sonó al otro lado.
—¡Tengo una idea
excelente! ¿Quiere escucharla, jugador Sarang?
“Dígame,
representante.”
—Nos ha llegado una
oferta para un anuncio de cosméticos.
“¿Perdón?”
—No es para hombres,
sino para mujeres.
“Ah.”
—¡No es maquillaje, es
cuidado básico de la piel! Se han puesto en contacto con nosotros y las
condiciones son mejores de lo que esperaba.
“Ya veo.”
—Es una marca nueva,
pero su público objetivo son jóvenes de entre 10 y 20 años, y su influencia
está creciendo como la espuma.
“Vaya.”
—¿Qué pasa? ¿Te
sorprende?
“Sí, un poco.”
—Vi tu anuncio de
pasta de dientes y fue genial. ¡Esta vez también tenemos que arrasar!
“Pero,
representante... aunque la temporada haya terminado, no estoy en condiciones de
viajar a Corea ahora mismo.”
—¡No, no, no! ¡Eso no
es problema! ¿No te dije que era una buena idea? El equipo de producción vendrá
directamente a Cantonsy. ¡Se adaptarán totalmente a tus horarios! Alquilarán un
estudio aquí y todo el equipo será coreano. ¡Incluso traerán intérpretes! Así
que no te decidas tan rápido...
“¿Podría enviarme la
propuesta por correo?”
—¡Claro que sí! De
hecho, ¡ya te la envié! Podrás revisarla en tu bandeja de entrada, Sarang.
“Está bien. La miraré
y le diré algo pronto, ¿le parece?”
—Por supuesto. Tómate
tu tiempo, consúltalo con Florian, habla con tu abogado... no hay prisa, pero
si te decides rápido, me harías un gran favor.
“Jajaja, de acuerdo.
Lo revisaré y le daré una respuesta en una semana.”
—¡Perfecto! ¡Una
semana! Por cierto, ¿estás descansando bien? Vaya, me cegué con el anuncio y me
olvidé de preguntar cómo estás.
“Ya lo ve. Solo llama
cuando me necesita.”
Sarang bromeó con un
tono ligeramente ofendido, imaginando la cara de sorpresa que pondría Jae-hyuk
al otro lado.
—¡No, no! ¡Ayer
también te llamé!
Sarang miró su reloj
con una sonrisa, calculando la diferencia horaria.
“Me llamó hace apenas
19 horas... parece que le gusta más el anuncio que yo, representante.”
—Eeeh... vale, me
pillaste. Tienes razón, ¿por qué habré hecho eso?
Sarang soltó una
risita suave.
“Allí ya es más de
medianoche, ¿verdad? Debe estar cansado, vaya a dormir. Consultaré la propuesta
con Rian.”
—Sí, claro. Tú también
deberías descansar. Cuida tu salud, ¡prometo llamar más a menudo a partir de
ahora!
“¿De verdad tengo que
esperar su llamada?”
—¡Jajaja! ¡Claro que
sí! ¡Espérala! ¡No sabes cuánto me he contenido para no molestarte con tantas
llamadas!
“No tiene por qué
contenerse. Le agradezco mucho el comunicado que escribió cuando tuve la
sanción.”
—Bueno, eso es lo que
debe hacer una agencia. Puede que no lo parezca, ¡pero valgo lo que me pagas!
Soy más competente de lo que crees.
“Sí, lo sé.”
—Además, la opinión
pública en Corea te apoyó porque siempre te has portado bien. Si fueras un
desastre, se habrían burlado. Y yo no creo que hicieras mal. Si se meten con mi
familia, yo también mandaría todo a la mierda. Mucha gente empatizó contigo, así
que no te martirices.
“Representante...
acaba de decir una palabrota.”
—¡¿Yo?! Qué va...
¡jajaja!
Las mejillas de Sarang
se elevaron mientras reía ante las ocurrencias de Jae-hyuk.
“Sé que hice mal. Sé
que no debí reaccionar así. Aun así, gracias por ponerse de mi parte.”
Florian observaba la
espalda de Sarang, quien seguía hablando sin notar su presencia. Una pequeña
sonrisa se dibujó en sus labios.
‘¿Qué habrá pasado de
bueno para que sonría así?’
El cabello negro de
Sarang, recién lavado, aún conservaba gotas de agua. Era una imagen fresca,
como el rocío en los sarmientos de una parra joven. Florian, sin darse cuenta
de que él mismo estaba sonriendo, se acercó. El sonido de sus zapatillas sobre
el suelo era casi imperceptible.
“Sí, representante. Ya
le conta... ¡Ah! ¡Uy!”
—¡¿Sarang?! ¡Sarang!
¡¿Qué pasa?!
Sarang pegó un grito
ahogado al encontrarse de pronto con el rostro de Florian asomándose a su lado.
Al otro lado de la línea, Jae-hyuk parecía estar teniendo un ataque de pánico.
Sarang intentó calmar su corazón acelerado mientras miraba a un Florian con
expresión traviesa. El teléfono resbaló suavemente de su mano. Florian tomó el
aparato y, con una ternura inconsciente, le dio un toquecito en la mejilla al
sorprendido Sarang.
“Soy Florian,
representante.”
—¿Eh? Ju-justo ahora
Sarang gritó...
“Sí, es que estaba tan
concentrado hablando que no me oyó entrar. Me puse celoso y le di un pequeño
susto.”
—Ha... jajaja...
celos... ya veo. Claro, es normal tener celos, aunque a mí casi se me para el
corazón, no es que a usted le importe...
“Debe de ser tarde
allí, descanse.”
Cortando a Jae-hyuk,
Florian colgó primero. Sarang, ya más calmado, lo miró con extrañeza.
“¿Rian?”
“Dime, Sarang.”
“¿No deberías estar en
Nueva York?”
“Ahora mismo debo
estar aquí, al lado de Sarang.”
“Eh... ¿por qué?”
“Porque tu celo está a
punto de empezar.”
“Ah.”
“¿Acaso pensaste que
lo había olvidado?”
Sarang, que en
realidad sí lo había olvidado, no pudo confesarlo y solo mostró una cara de
apuro.
“Me ofende. He
trabajado día y noche para despejar mi agenda y coincidir con tu celo.”
“No... no te ofendas.”
Las mejillas de Sarang
se tiñeron de rojo mientras se rascaba la nariz. Luego, extendió tímidamente
una mano hacia Florian. Con su mirada negra pidiendo permiso, Sarang tomó la
mano de Florian —quien respondió con una sonrisa— entre las suyas, grandes y
bronceadas. Finalmente, colocó la palma de Florian sobre su pecho izquierdo y
dijo suavemente:
NO
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“Mi corazón está
latiendo muy rápido ahora mismo.”
“Ya veo. Parece que va
a saltar fuera del pecho. Quizás te asusté demasiado.”
“No es eso, Rian.”
Con una expresión algo
avergonzada, Sarang susurró:
“Late así porque estoy
muy feliz.”
“Parece que el corazón
de Sarang es inesperadamente sensible.”
“Rian, las únicas
cosas que hacen que mi corazón lata así son el fútbol, el rugido de los fans...
y tú.”
Ante aquel susurro que
sonaba a confesión, Florian lo miró fijamente con una sonrisa y le apartó un
mechón de pelo que le Kaia sobre la cara.
“Sarang tiene
sentimientos ricos y ni siquiera intenta ocultarlos. Por eso te ríes con tanta
facilidad.”
Sus dedos, tras
apartar el cabello, acariciaron con suavidad la oreja bien formada del chico.
La parte posterior de la oreja, bronceada por el sol, también era suave.
“Me gusta eso de ti.”
“...¿El qué?”
“Que rías y llores con
facilidad, tu honestidad y tu gran capacidad de empatía.”
Sus dedos cálidos se
retiraron de la oreja de Sarang, que ahora estaba fría. Sarang tuvo que hacer
un esfuerzo sobrehumano para no atrapar los dedos que se alejaban de él.
“Eso no es algo que se
pueda enseñar o aprender; se nace con ello.”
“Dicen que un Alfa
llorón no es popular, Rian.”
“¿Quién dijo eso?”
“Sherin, mi vecina.
Ah, en el apartamento donde vivía antes.”
“Sí, ya sé quién es,
Sarang.”
Florian rió al ver la
mirada confusa y pura de Sarang ante su respuesta. Recordó que hace tres años
tenía que mirar hacia abajo para verlo, y ahora le sorprendía tener que echar
la cabeza atrás para encontrar sus ojos. No se trataba solo del crecimiento físico.
La atmósfera de Sarang había cambiado y madurado de forma tan natural que
Florian no sentía extrañeza ante la nueva perspectiva.
Hace tres años parecía
solo un niño. Ahora, con los hombros anchos, los huesos fuertes y esa estatura,
Sarang era un joven de 21 años. Su crecimiento era constante y sincero, como él
mismo. Florian sintió una punzada de emoción en el pecho.
Si Colin lo viera,
estaría muy orgulloso.
“Lo supe cuando
investigué tus antecedentes antes de convertirme en tu tutor.”
“Parece que Rian no
tiene intención de ocultarme nada.”
“¿Te hace feliz?”
“Sí.”
“…….”
“Cuando Rian me habla
con sinceridad, siento que... soy un poco especial.”
“Sarang, seguro que no
lo ignoras.”
Florian lo miró como
si le doliera que de verdad no lo supiera, y se sentó en el borde de la mesa
junto a la ventana. Debido a eso, la diferencia de altura aumentó: Sarang tuvo
que agachar más la cabeza y Florian tuvo que inclinarla más hacia atrás.
“Eres especial para
mí, Sarang.”
“…….”
“Siempre y cuando tú
no lo niegues.”
Era una frase difícil
de entender, pero Sarang creyó comprenderla. El afecto especial de Florian
hacia él nacía de la compasión. No había ni un rastro de deseo sexual.
Significaba que mientras Sarang no negara ese hecho, siempre sería alguien especial
para él.
En el fondo, era una
petición educada para que no lo amara.
“Sí, Rian. Nunca lo
negaré.”
“Me alegra oírlo.”
La cara sonriente de
Sarang quedó en sombras, una sombra proyectada al estar de pie frente a la luz.
Como si quisiera disipar esa oscuridad, Florian tiró de la mano de Sarang para
que se sentara a su lado y habló:
“Sherin se equivocaba,
Sarang. Mostrar los propios sentimientos con honestidad requiere de una gran
valentía. Eres un Alfa excepcional y una persona maravillosa.”
En la mejilla blanca
de un Florian que le devolvía la sonrisa, se reflejaba el vaivén de las hojas
de los árboles tras la ventana. Sarang miró a Florian mientras reprimía
profundamente en su interior los sentimientos que amenazaban con desbordarse.
Como alguien que sabe que un momento así jamás volverá a repetirse.
De un golpe, la puerta
se abrió de par en par. El aroma de las feromonas, que ya se filtraba por el
pasillo, le golpeó la nariz con violencia.
Eran las feromonas de
un Alfa en pleno celo. Florian frunció el ceño instintivamente y cerró la
puerta tras de sí, empujando casi a Bailey para que se quedara fuera. En la
penumbra del dormitorio, se escuchaba un lamento de agonía.
“…….”
El edredón había sido
arrojado lejos y la cama, con las sábanas arrugadas y a medio salir, estaba
vacía. Con paso firme, Florian caminó hasta encontrar a Kim Sarang en el
espacio entre la cama y la ventana. Estaba completamente encogido sobre sí
mismo, empapado en sudor. Bajo la camiseta de manga corta pegada al cuerpo, sus
músculos se contraían espasmódicamente, y sobre el fino pantalón corto, su sexo
erecto y los tensos músculos de sus muslos resaltaban con fuerza.
Un calor volcánico y
unas feromonas mareantes, de una dulzura casi insoportable, asaltaron a
Florian. De repente, con un gesto de desagrado, Florian se tambaleó y se aferró
a la barandilla de la cama. Su cuerpo, que ya había empezado a reaccionar a las
feromonas del Alfa desde que puso un pie en el pasillo, terminó por ser
doblegado. El fluido lúbrico brotó entre sus nalgas, empapando su ropa interior
y dejando una mancha húmeda en sus pantalones. El líquido resbaló por la cara
interna de sus muslos hasta mojar sus tobillos y manchar sus calcetines.
“…….”
Con el rostro pálido y
mordiéndose el labio, Florian avanzó. A cada paso, el flujo que empapaba sus
pantalones goteaba sobre el suelo. Florian sentía náuseas de sí mismo. ¿Por qué
no podía abandonar cruelmente a este joven Alfa? ¿Por qué no podía simplemente
dejar que se volviera loco o que muriera solo, maldita sea?
Haciendo un esfuerzo
sobrehumano para mover sus piernas temblorosas, Florian se paró frente a Sarang
y extendió la mano. Agarró a Sarang por el cuello de la camiseta con la
intención de levantarlo, pero el peso del cuerpo lo arrastró y ambos cayeron al
suelo en un solo bloque. ¡Pum!
“Kgh...”
“Kim Sarang.”
“…….”
“Señor Kim Sarang.”
Florian, incorporando
el torso mientras quedaba encima de Sarang, apretó los dientes. Al entrar en
contacto con el cuerpo del Alfa en celo, su organismo de Omega reaccionó por
puro instinto. Sintió un éxtasis similar a una explosión de fuegos artificiales
en su interior. Florian era el eslabón débil en esta situación; su cuerpo se
volvía dócil y necesitado solo con tocar al Alfa, solo con dejar que las
feromonas penetraran en su piel.
“Sarang.”
Florian volvió a
aplicar fuerza en su agarre, levantando el cuello de Sarang y obligando a que
su cabeza se inclinara ligeramente hacia atrás.
“Kim Sarang.”
Sarang, sumido en una
fiebre altísima y fuera de toda razón, solo colgaba de su mano sin fuerzas.
“Sarang-ah.”
“…….”
No hubo respuesta.
Solo un calor inmenso y unas feromonas tan potentes que nublaban la vista
sacudían los sentidos de Florian. Su cuerpo le recordaba a gritos que estaba
diseñado para la reproducción. Florian, perdiendo la fuerza para seguir
sosteniéndolo, relajó los dedos. Un rubor intenso apareció de pronto en sus
mejillas pálidas. Al estar entrelazados tras la caída, sus muslos se apretaron
contra los de Sarang y el sexo erecto del Alfa se restregó contra él. Florian
apenas pudo controlar el impulso de su propia pelvis de moverse hacia adelante.
“Haa...”
Exhalando un suspiro
ardiente, Florian apoyó su frente, ya perlada de sudor, contra el pecho de
Sarang. El calor que consumía al Alfa amenazaba con devorarlo a él también.
Florian luchaba por mantener la lucidez. En su mente nublada, las palabras de
desaprobación de Bailey resonaron vagamente.
‘Parece que está
sufriendo problemas de feromonas.’
Cuarto año de
matrimonio. Excepto por el primero, habían vivido como una pareja formal, es
decir, un matrimonio de escaparate. Sus encuentros fuera de los actos oficiales
se podían contar con los dedos de una mano: los dos periodos de celo anuales de
cada uno, o cuando chocaban hasta herirse mutuamente al no poder soportar más
la tensión. O mejor dicho, cuando Florian hería unilateralmente a Sarang.
‘¿A qué te refieres?’
‘Parece que su esposo
ha estado sufriendo problemas de feromonas desde hace bastante tiempo, jefe.’
‘Sé preciso.’
‘Su esposo padece
ahora el mismo problema de feromonas que usted sufrió antes de la boda.’
‘¿Desde cuándo?’
‘Según lo que he
podido confirmar, hace un año.’
‘¿Y desde cuándo lo
sabes tú?’
‘...A principios de la
temporada pasada, cuando se perdió cinco partidos, empecé a investigar. Lo
confirmé en septiembre del mismo año.’
¡Zas! Bailey no esquivó el puñetazo de Florian.
NO
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‘¿Me ocultaste durante
nueve meses que no estaba de baja por una lesión? ¡¿Por qué?!’
Limpiándose la
comisura de los labios y recuperando la postura, Bailey respondió con cortesía:
‘No quería que usted
flaqueara.’
‘¿Que yo flaqueara?
¿En qué estado crees que estoy?’
Ante el interrogatorio
gélido y afilado de Florian, Bailey tragó saliva intentando controlar la
tensión y habló:
‘¿No está usted
intentando deshacerse de cualquier sentimiento que le quede por él?’
Florian no volvió a
golpear a Bailey; en su lugar, salió disparado de la oficina. Estaba furioso.
Pero su rabia no era contra Bailey, sino contra Sarang, y no podía simplemente
ignorarlo como si nada pasara.
Esta temporada, las
ausencias de Sarang habían sido frecuentes; fue excluido de convocatorias y, en
la segunda mitad, bajado directamente al equipo reserva. Las razones eran
variadas: lesiones, incidentes con el alcohol, escándalos con Omegas... La
supuesta falta de profesionalidad y la vida licenciosa de Kim Sarang habían
hecho que Florian terminara por detestarlo. Tras el conflicto por la renovación
del contrato, la relación se volvió aún más gélida, y Florian no tenía interés
ni voluntad de arreglarla.
Sarang tampoco se quedaba
atrás. A principios de año, apareció únicamente durante el celo de Florian y,
antes de que este recuperara la conciencia, desapareció sin dejar rastro.
Florian se enfureció también entonces. O más bien, sintió humillación. Se
sintió profundamente insultado por la actitud de Sarang, que lo trataba como si
fuera un problema molesto que debía resolver por obligación.
Y ahora resulta que
está sufriendo problemas de feromonas.
Florian, que conocía
ese dolor mejor que nadie, tuvo que morderse el labio para controlar el
temblor. A pesar de todo, Sarang había acudido a él, cumpliendo con su deber
durante el celo de Florian para luego marcharse sin decir una palabra.
‘¡Jefe...!’
Sin mirar atrás,
Florian salió de la oficina y subió al coche. Bailey, siguiéndolo a toda prisa,
ocupó el asiento del copiloto. Miller, que estaba holgazaneando, puso en marcha
el motor sin preguntar nada al notar la atmósfera. Durante todo el trayecto,
Florian no le dirigió la palabra a Bailey. Tenía que verlo con sus propios
ojos. Y en el momento en que se encontró con Sarang, retorciéndose de dolor por
la fiebre del celo, sintió como si alguien le estrujara el corazón con fuerza.
“Estúpido Kim Sarang.”
“Hgh...”
Florian dejó de
contenerse y empezó a liberar sus feromonas. Solo entonces, como si
reaccionara, un gemido escapó de los labios resecos de Sarang.
“Tonto...”
“……Ri...an.”
Sarang abrió los
párpados sin fuerzas, pero sus ojos estaban vacíos. No reflejaban el rostro de
Florian que tenía a escasos centímetros, ni reconocían su entorno; en ellos
solo ardía una fiebre de celo similar a un volcán activo.
“Normalmente, habrías
llamado a Colin en lugar de a mí.”
“Ngh...”
“¿He logrado llenar,
aunque sea un poco, el vacío que dejó Colin al morir?”
“…….”
Incapaz de oír o ver
nada, Sarang estaba siendo devorado por un dolor insoportable. Florian observó
con mirada fría a aquel Alfa —que una vez fue suyo, que seguía siéndolo, pero
que en el pasado perteneció a otro— y volvió a apretar el agarre en su cuello.
“¡Ah!”
De pronto, sus labios
ardientes chocaron. Los labios húmedos de Florian se movieron con violencia,
aplastando los labios resecos de Sarang. Su lengua suave se abrió paso entre
ellos para recorrer su dentadura. Acto seguido, enredó su lengua con la de él y
succionó con fuerza. Al mismo tiempo, liberó sus feromonas por completo.
Sarang reaccionó como
un rayo. En un parpadeo, las posiciones se invirtieron y Florian quedó atrapado
bajo el cuerpo de Sarang, sin ofrecer resistencia. Los ojos negros de Sarang,
trastornados por el celo, brillaban como una hoguera que consume la noche.
Sarang iba a lastimarlo.
Solo había un final
posible cuando un Alfa dominante, torturado por el celo, quedaba expuesto sin
defensas a las feromonas de un Omega dominante que penetraban en su cerebro
como una droga. Sarang, sin duda, golpearía los órganos internos de Florian,
desgarraría su entrada y dejaría cicatrices en su cuerpo.
Y eso era precisamente
lo que Florian quería. Quería que Sarang lo lastimara. Quería que Sarang lo
hiriera de esa manera. Porque cuando Sarang recuperara el sentido y viera a
Florian hecho jirones, se vendría abajo. Lloraría sin remedio. Florian quería herir
a Sarang de esa forma.
Por eso, se limitó a
observar en silencio a Sarang, que se lanzaba sobre él como una bestia
hambrienta.
Colin.
El Florian del sueño
no sospechaba lo más mínimo de la relación impura entre Colin y Sarang. Al
abrir los ojos en la mullida cama, la mirada de Florian se volvió profunda.
¿Qué era lo que intentaba advertirle esta vez? Quién, desde dónde, algo como
esto.
Frunciendo el ceño,
Florian no permitió que sus pensamientos continuaran.
Florian ya había
catalogado lo que experimentaba como un “fenómeno inexplicable”. Un fenómeno
inexplicable podía definirse como un mundo desconocido que el conocimiento y la
ciencia actuales no podían descifrar. Tal como la correlación entre Alfas y
Omegas.
La mayoría de los
seres con casta no reflexionaban profundamente sobre el significado de su
existencia. Del mismo modo que un humano no duda del hecho de ser humano.
Florian no sentía curiosidad académica por fenómenos inexplicables como la
“realización de los sueños”. Para él, que vivía en el presente y no en los
sueños ni en el pasado, lo mejor era evitar la desgracia.
‘Si fuera lo normal,
habrías llamado a Colin en lugar de a mí.’
Aquello era una
emoción más cercana a la desesperación que a los celos. Una desesperación
cargada de ira al sentir que, hiciera lo que hiciese, no podría ser nada más
que un sustituto de Colin para Sarang. El amor retorcido del Florian del sueño
se percibía con total claridad.
¿Acaso quería
advertirle que Sarang también podía sufrir problemas de feromonas?
“……”
Al bajar de la cama,
Florian llamó de inmediato a Bailey.
“Sí, jefe.”
“¿Están listos los
datos sobre Colin?”
“Sí, jefe. ¿Desea un
informe presencial ahora mismo?”
Tras dudar un
instante, Florian abrió la puerta y salió. La sala de estar del primer piso de
la mansión estaba en silencio. Habían pasado cuatro días desde su regreso de
Nueva York a Cantonsy; hoy era 25 de mayo. El celo de Sarang no había
comenzado. Eso significaba que no vendría este mes. El celo adelantado del mes
pasado había sido un fenómeno temporal influenciado por las feromonas de
Florian.
Que su ciclo no se
viera afectado permanentemente indicaba que Sarang era un Alfa dominante
saludable. 21 años, Alfa dominante, gran liga, titular en los Rinocerontes FC,
uno de los seis grandes, seleccionado nacional. El mundo escudriñaba el reverso
de ese perfil impecable, y seguiría haciéndolo en el futuro.
Eran las siete de la
mañana. La penumbra del amanecer se asentaba en la sala apagada. Fuera, el
cielo estaba plomizo. Sarang, que se había recluido tras la frustración de no
clasificar para la Liga de Campeones, había retomado su rutina de correr al
aire libre. Seguramente los programas de interior no eran suficientes para él.
Mantener una rutina diaria estricta era signo de una mentalidad poderosa, cuyo
fruto era la fuerza física y mental necesaria para correr al máximo durante
cien minutos.
Sarang no se
derrumbaría fácilmente. Mientras tuviera a una sola persona a su lado, no se
vendría abajo y podría mantenerse firme. Florian no creía que él pudiera ser
esa persona. Porque eso no sería más que repetir la tragedia del sueño.
‘¡Si esas sospechas
son ciertas, Brad, la muerte de Sarang Kim es todo un éxito! ¡Jajaja!’
En el sueño, la muerte
de Sarang no terminaba solo con su fallecimiento. Tras las críticas mordaces y
las burlas, estaba Florian. Estaba el orgullo de ellos hacia Florian. Un Alfa a
medias que se atrevió a seducir a su Duque, un futbolista asiático insignificante
y despreciable. En la base de esa crítica feroz yacía un sentimiento de
superioridad arrogante y desprecio. Además, marcaron a Sarang como una mancha
en la reputación de Florian y una deshonra para la Casa Ducal. Incluso antes de
que Sarang cometiera cualquier error o accidente.
La realidad no sería
diferente.
Malditos Dietrich.
“……”
‘Pareces estar bien.
Claro, así debe ser mi linaje.’
Esa fue la actitud
ante el cuerpo de un pequeño heredero de siete años, cubierto de dispositivos
médicos que ni siquiera parecieron estar a la vista. Albert Dietrich. El quinto
patriarca de la Casa Ducal, abuelo de Florian. El padre que, tras perder a su
hijo Richard Dietrich, cargó la culpa de su muerte sobre la madre de Florian.
El accidente de
helicóptero que segó la vida de Richard no fue culpa de Grace Wellington. No
fue una conspiración ni un atentado, sino un desafortunado accidente. Sin
embargo, el solo hecho de que el destino del helicóptero fuera la casa materna
de Grace la convirtió en la culpable de la muerte de su marido.
Fue Richard quien
envió a Grace, debilitada tras el parto, con los Wellington en Estados Unidos.
Quería que recuperara su salud rodeada de su familia y un clima agradable,
lejos del tiempo caprichoso y las formalidades vacías de la aristocracia.
Richard la visitaba una vez por semana para pasar la noche con ella, a pesar de
su excesiva carga de trabajo. Esa era la forma de amar de Richard Dietrich.
Grace, vestida de luto
riguroso, asistió al funeral de Richard. Frente al Duque Dietrich, que la
fulminaba con la mirada como si fuera su enemiga, mantuvo la espalda erguida y
no mostró su tristeza.
Para Grace, que había
dejado su país por amor para unirse a la Casa Ducal, cada regla estricta y
protocolo era una fuente de estrés. Para alguien que creció con una fuerza
vital libre y fresca, el papel de Duquesa no era su talla. Pero creyó que el
amor lo vencería todo. Sí, intentó vencerlo con amor.
Al verla marchitarse,
Richard la besaba y le prometía amor eterno. Grace también tenía la intención
de regresar al lado de Richard. Por eso pudo dejar al pequeño Florian, que
apenas superaba los cien días y se parecía tanto al cabello rubio de Richard y
los ojos azules de ella, en la Casa Ducal antes de partir.
Tras la muerte de
Richard, los Dietrich y los Wellington se enzarzaron en una batalla por la
custodia antes de que la tierra del cementerio se secase. Aquella disputa legal
terminó seis años después. No hubo ganadores. El mediador de aquella guerra sin
victoria fue un niño de seis años. El pequeño Florian se sintió responsable del
enfrentamiento entre su amada madre y su abuelo. Y sintió más lástima por el
abuelo, que se quedaba solo en un castillo inmenso, que por la madre que tenía
a su familia cerca. El litigio terminó por elección de Florian.
‘Madre, me quedaré con
el abuelo.’
No solo los adultos
estaban agotados por la larga contienda. Grace, al mirar a su hijo que se había
vuelto mucho más maduro de lo que correspondía a su edad, no pudo contener las
lágrimas. Y le confesó su amor a su hijo.
‘Rian, no te abandoné.
Me fui porque quería recuperar las fuerzas para volver a ti. Siento si mi
elección te hirió, pero de verdad quería regresar.’
‘Lo sé, mamá. Así que
no estés triste.’
Florian, secando las
lágrimas de Grace con sus pequeñas manos, mostró un corazón angelical en un
rostro de ángel.
‘Me da pena el abuelo,
que está solo.’
NO
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Durante el proceso
legal, Florian pasaba meses alternos entre el Castillo Dietrich y la casa de
los Wellington. Una noche, en medio de la inmensidad del castillo, se despertó
de repente. Salió del dormitorio buscando a su madre entre sueños y vio una luz
tenue filtrándose por el pasillo.
A través de la rendija
de la puerta, vio el interior. En el estudio con una luz tenue, su abuelo bebía
solo. No había llanto ni sollozos, pero Florian leyó una profunda tristeza en
la espalda encorvada y delgada del anciano. Fue la compasión insignificante de
un niño.
Lo único que Albert
Dietrich amaba era su título y el honor de la familia. Educó a su hijo y al
hijo de su hijo como herramientas para perpetuar la estirpe, no como seres
humanos. Lo que Richard encontró en Grace fue la libertad. Lo que lo hizo caer
perdidamente por ella fue su vitalidad libre.
Florian pensó que él
nunca podría amar como su padre. Y ese pensamiento seguía siendo el mismo. A
diferencia de su progenitor, Florian no sentía el ansia de libertad ni el peso
del deber; no conocía la carencia.
‘A ustedes, que no
conocen ni las bases de una negociación, no pienso darles ni una sola libra.’
El juicio frío de
Albert Dietrich destruyó pronto la compasión del joven heredero. Aquello fue de
gran ayuda para que Florian sobreviviera. Por otro lado, su madre, fuerte y
hermosa, le enseñó lo que era la libertad y lo colmó de un amor cálido. Bajo
las grandes alas de Grace, Florian recuperó la estabilidad perdida y aprendió a
mantener el equilibrio en medio de sus constantes caídas al abismo.
Ahora, para Florian,
Albert Dietrich no era más que un paciente con muerte cerebral al que no le
quedaba mucho tiempo de vida. La ira volcánica y la sensación de traición que
le habían corroído el alma se evaporaron el día que Albert colapsó. Florian no
perdonaba ni guardaba rencor a su abuelo. Porque no era alguien que mereciera
tal esfuerzo.
“……”
Florian, que apretaba
el respaldo del sofá con tal fuerza que parecía querer romperlo, levantó la
cabeza. No era el rostro que esperaba. Al ver entrar a Bailey con su aspecto
habitual, los ojos de Florian se tornaron gélidos.
¿Cómo que el rostro
que esperaba?
Claramente, había
imaginado el rostro de Sarang sonriéndole radiante.
“……”
Era a Sarang a quien
deseaba ver entrar por esa puerta. Lo que Florian había evocado de forma
natural era la sonrisa brillante del chico.
¿Acaso se había
encariñado demasiado?
Sintiendo que las
cosas no estaban saliendo según su plan, Florian recibió a Bailey con un gesto
de evidente descontento.
Enero, receso de
invierno.
Mayo, fin de la
temporada.
Julio, pretemporada.
Agosto, inicio de la
temporada.
El celo de Sarang
llegaba dos veces al año: a principios de enero y a finales de junio. Para un
jugador de la Premier League, era un ciclo excelente. La coincidencia exacta de
su periodo de celo con el calendario de la liga era una de las dos grandes
virtudes de Sarang. La otra era su talento innato. A eso, Florian deseaba
añadirle el esfuerzo. Dado que el hecho de tener padres beta o las diferencias
de raza y clase no se traducían en desventajas, para Florian, Sarang era un jugador
perfecto, sin carencias.
Si alguien como Sarang
llegara a sufrir un problema de feromonas como el de Florian, su carrera
estaría prácticamente acabada. No se habían reportado en el mundo académico
investigaciones o tesis que sostuvieran que las anomalías de feromonas fueran
contagiosas. La enfermedad se manifestaba principalmente en personas de casta
recesiva, mientras que la tasa de incidencia en las dominantes no llegaba ni al
10% en comparación con aquellas.
Por supuesto, existía
la trampa de las estadísticas. En el pasado, cuando la admiración y el odio
hacia las castas dominantes se daban por sentados, las anomalías de feromonas
en los dominantes eran una cuestión de supervivencia. Esto se debía a que
existían grupos que se dedicaban a cazar a los de casta dominante. A medida que
la humanidad se civilizaba, actos bárbaros como la caza fueron desapareciendo
gradualmente, pero persistieron bajo los nombres de ‘secuestro’ e ‘trata de
personas’.
Ni en el pasado ni en
el presente habría alguien tan estúpido como para filtrar por cuenta propia una
información que solo serviría como una debilidad fatal si llegara a conocerse.
Al contrario, habrían quemado hasta los registros existentes. Esa era la razón
principal por la que, hasta la fecha, no se había descubierto la causa de las
anomalías de feromonas. La pérdida deliberada de registros.
“……”
La anomalía de
feromonas de Sarang era algo que todavía no había ocurrido en la realidad. Si
era así, lo que debía averiguar era ‘por qué’ se producían dichas anomalías.
Solo conociendo la causa podría estar preparado.
“Eso es todo, jefe.”
En el informe, que
apenas ocuparía cinco páginas si se imprimiera, la vida de Colin estaba escrita
con todo lujo de detalles. Lo que captó la atención de Florian fue un nombre
nuevo en la plana vida de Colin.
Yael Kaia.
Uno de los muchos
hijos ilegítimos de Matthew Kaia, quien alguna vez dirigió la Farmacéutica Kaia.
Dicha farmacéutica era la empresa matriz de los laboratorios del grupo Kaia.
Yael Kaia, Colin
Debussy.
Laboratorio farmacéutico,
ensayos clínicos.
Deuda de 5.600
millones.
Sin ocupación clara.
Sin confirmar su
participación en la industria del sexo.
“¿Yael Kaia,
fallecido?”
“Murió en un accidente
con arma de fuego en el otoño del año siguiente al fallecimiento de Colin
Debussy.”
“¿Fue realmente un
accidente?”
“Según los registros
policiales, figura como un accidente, pero… investigaré un poco más, jefe.”
“El acreedor original
que renunció a la herencia fue el Banco A, ¿verdad?”
“Aún no hemos
confirmado el vínculo con Kaia.”
“Investiga a fondo la
relación entre Colin Debussy y Yael Kaia. Infórmame en cuanto confirmes
cualquier cosa.”
“Sí, entendido. Jefe.”
Florian, mientras imaginaba
un par de situaciones que surgían en su cabeza, se levantó de su asiento.
“Termina por hoy.”
“¿No va a salir del
país?”
“Pásale el informe a
Neil y dile que lo edite eliminando solo las partes que tengan implicaciones
legales.”
Tras entregar la tableta
a Bailey, Florian hizo una breve pausa y levantó la vista. Fue en el momento en
que Florian se disponía a abrir la boca para decir algo mientras cruzaba la
mirada con Bailey, quien esperaba instrucciones.
“¿Rian?”
Sarang, que acababa de
abrir la puerta principal y entrar, se quitó apresuradamente las zapatillas y
entró corriendo. Quizás por haber terminado de trotar, tenía ambas mejillas
encendidas. El sudor frío perlaba su frente, que lucía un bronceado atractivo
bajo el fuerte sol. Por la cantidad de ejercicio, gotas de sudor Kaian incluso
de su cabello, que se había echado hacia atrás descuidadamente. Sarang, que se
limpió el sudor con el antebrazo, intentó dirigirse directamente hacia Florian,
pero se detuvo. Se dio cuenta de su estado algo tarde.
“Rian, ¿te vas ahora?”
A pesar de haberlo
visto la noche anterior, Sarang no podía ocultar su alegría, mientras su
camiseta empapada revelaba nítidamente el contorno de su torso. Sarang tenía un
cuerpo especialmente hermoso, incluso entre los futbolistas. Florian, dejando
atrás a Bailey, caminó hacia él.
“¿Te gustaría que me
fuera?”
“Si sé que no te
irás.”
Sarang, que ya se
había acostumbrado bastante a la forma de hablar y a las bromas de Florian,
respondió con una sonrisa tímida. Luego, sorprendido por Florian que se le
acercaba, retrocedió un par de pasos.
“Ah, es que ahora
mismo estoy sudando mucho.”
“Sí, lo sé.”
“El olor…”
Antes de que terminara
de hablar, ante el leve aliento de Florian, que acercó la punta de su nariz al
antebrazo de Sarang, este encogió los hombros sin darse cuenta. Sus pieles no
llegaron a tocarse, pero estuvieron tan cerca que casi lo hicieron.
“Huele…”
Florian, que percibió
el rastro de feromonas que se filtraba levemente tras el sudor, enderezó su
postura y sonrió.
“Sí, se percibe un
poco el aroma de tus feromonas.”
Ante el sonido de la
voz de Florian, que parecía disuadir a un sorprendido Sarang que intentaba
olfatearse a sí mismo, este continuó:
“Solo yo podré olerlo.
En este lugar, al menos.”
“¿Perdón?”
“Significa que es una
cantidad muy pequeña, así que no te preocupes. Sarang, eres alguien que
controla muy bien sus feromonas.”
“Ah.”
“Lávate y sal. Desayunemos
juntos.”
“¿Hoy no vas a
trabajar?”
“¿No fuiste tú,
Sarang, quien adivinó que no iría?”
“No, yo me refería a
que no irías a Nueva York… lo dije con ese sentido.”
“Iré a trabajar. No
puedo interferir en las vacaciones de Sarang, que son después de mucho tiempo.”
A menudo se referían
al mes de descanso tras el fin de la temporada como vacaciones. Florian, que ya
empezaba a familiarizarse uno a uno con los términos futbolísticos, avanzó.
“No interfieres en
absoluto, Rian.”
“No pensarás que no
conozco la rutina diaria de Sarang, ¿verdad?”
“Aun así, Rian no es
una molestia.”
“Entonces, ¿debería
seguirte a todas partes y observar tu jornada diaria?”
“Incluso si lo hiciéramos
juntos… sería bueno.”
“Jajaja, no es que me
disguste el ejercicio, pero no hasta el punto de ofrendar un día entero,
Sarang.”
A pesar de ser alguien
a quien no le disgustaba el ejercicio y que había dominado bastantes deportes,
para Florian no era un pasatiempo, sino una elección por necesidad.
NO
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“Yo tampoco hago
ejercicio todo el día.”
Florian, que miraba
fijamente la nuca redonda de Sarang, a quien se le habían incrementado los
mimos sin que él mismo lo supiera, se quedó apoyado contra el marco de la
puerta del baño.
“Dicen que descansar
es más importante que entrenar y practicar.”
“¿Colin?”
“Sí. También el
director técnico, los entrenadores y el profesor.”
Sarang, que por hábito
se quitó la camiseta por encima de la cabeza al entrar al baño, se sobresaltó
justo cuando iba a quitarse los pantalones de entrenamiento. Fue porque se
percató de la mirada de Florian, que estaba de pie detrás de él.
“Eh… Rian.”
“Sí, Sarang.”
Sarang, que dudó un
momento mientras se rascaba el puente de la nariz, habló con cautela.
“¿Quieres verme
duchar?”
Florian contuvo a
duras penas la risa que estuvo a punto de escapársele en ese instante.
Qué idea tan adorable.
Y encima va y lo pregunta.
“No, Sarang. El
voyerismo no es de mi gusto.”
“¿Vo, voyerismo?”
“Aunque, tratándose
del cuerpo de Sarang, su valor como obra de arte es excepcional…”
“Rian, salga rápido
por favor.”
El rostro de Sarang se
puso rojo intenso mientras intentaba echar con palabras a un Florian que se
burlaba de él.
“¿No se suponía que
podía admirarlo?”
“Seguro que nadie sabe
que Rian es así de bromista.”
Florian, que esbozó
una sonrisa mientras miraba a Sarang que había dado con la respuesta correcta,
enderezó el cuerpo que tenía apoyado.
“La gente tampoco
sabrá que Sarang es así de tímido. ¿Verdad?”
El Sarang que se
mostraba en los medios respondía a las entrevistas con un rostro maduro aunque
algo apenado, y trataba a los demás con modales dulces y amables. Incluso con
los periodistas maleducados o insistentes. Esa imagen se veía especialmente
cuando jugaba para la selección nacional.
Su pronunciación o frases
extrañas ya habían sido corregidas lo suficiente ahora que tenía 21 años, por
lo que no presentaba deficiencias. Por supuesto, a veces cometía pequeños
errores, pero el esfuerzo constante durante cuatro años no había traicionado a
Sarang.
“¿Has decidido lo del
anuncio?”
“Todavía… lo estoy
pensando.”
“Yo recomiendo que
Sarang acepte.”
“Y eso que me dijiste
que me lo pensara.”
“No es como si mi
opinión fuera a tener una influencia absoluta en la decisión de Sarang, así que
qué más da. Una opinión tan trivial como esta.”
Sarang, que miraba los
labios rojos de Florian mientras este decía palabras crueles con total
naturalidad de vez en cuando, arrugó la punta de su nariz.
“Rian, ¿por casualidad
ha pasado algo malo?”
Florian, que
retrocedía ante el volumen corporal de Sarang mientras este agarraba el pomo de
la puerta como si fuera a cerrarla, arqueó levemente una ceja.
“¿Eso te parece?”
Florian, que preguntó
de vuelta con rostro decepcionado, respondió reiteradamente.
“Parece que para
Sarang soy alguien que se desquita con los demás cuando está de mal humor.”
“No es desquitarse, es
una broma.”
Florian, que no
comprendió de inmediato el significado, levantó sus ojos azul profundo. Parecía
que la luz del sol del exterior aún permanecía en las pupilas negras que se
cruzaron con las suyas.
“Rian bromea cuando
está de mal humor.”
“……”
“También cuando está
en un aprieto, y a veces, cuando le parezco lindo.”
Florian, que se quedó
momentáneamente sin palabras ante la voz juvenil que penetraba con claridad en
sus oídos, no pudo decir nada antes de que la puerta del baño se cerrara
silenciosamente.
Pero qué…
Florian, que no
encontró palabras incluso después de que la puerta se cerrara, presionó la
comisura de sus labios con el dorso de la mano. Las bien formadas orejas de
Florian, cuyo color no solía cambiar a menudo, estaban teñidas de un rojo
tenue.
Incluso durante el
receso de la temporada, los medios de comunicación deportivos vertían nuevas
noticias sin descanso.
La noticia que causó
un gran revuelo en el norte de Cantonsy, sede del Rinocerontes FC, fue la
destitución del director técnico. El equipo, que terminó la temporada en el
sexto lugar de la liga, quedó eliminado de la Liga de Campeones en la fase de
grupos y ni siquiera logró asegurar un boleto para la próxima edición. La
directiva decidió cargar esa responsabilidad sobre el entrenador.
En realidad, no se
podía decir que fuera una acusación sin fundamento. Existían preocupaciones
sobre él debido a sus tácticas limitadas, el uso incomprensible de ciertos
jugadores y un programa de entrenamiento rígido que no se ajustaba al deporte
moderno. Sin embargo, las críticas hacia él se habían disipado cuando llevó al
equipo al tercer puesto en la primera mitad de la temporada.
Los problemas que
habían sido ignorados comenzaron a destacar tras el receso de invierno. Hubo
varias razones para la racha de ocho derrotas consecutivas desde febrero: la
mentalidad anticuada del entrenador al forzar a los jugadores a adaptarse a su
táctica y las lesiones provocadas por entrenamientos severos que afectaron
tanto a titulares como a suplentes. Además, lo que decepcionó a los fanáticos
fue un rendimiento inferior al de un equipo de segunda división.
Lo peor de todo era la
actitud del director técnico. En lugar de intentar revertir la mala racha o
asumir su responsabilidad, culpaba a los jugadores. Cada vez que aparecía en
una conferencia de prensa, mencionaba al jugador que había rendido mal ese día
para usarlo como escudo o lideraba la búsqueda de culpables, lo cual fracturó
el espíritu de equipo y el vínculo con la afición.
Sarang era el blanco
más fácil para el entrenador. Lo criticaba por su falta de gol a pesar de no
utilizarlo en su posición natural, y no escatimaba en insultos llamándolo
idiota sin profesionalismo después de que se ausentara de cuatro partidos tras
regresar de los compromisos internacionales de marzo y fuera suspendido otros
tres por una tarjeta roja.
El entrenador Van den
Dooren, de origen francés, era conocido como un estratega ilustre que había
levantado varias copas en la liga italiana y alemana, aunque tenía fama de
poseer un carácter volcánico y ser inexperto en el manejo de los medios. Esos
defectos se acentuaron al trabajar en ligas extranjeras y afloraron por
completo cuando su carrera tocó fondo.
Armado con una
trayectoria impecable y un ego colosal, Van den Dooren no dudaba en llegar a
los golpes con los entrenadores rivales si algo no le gustaba. Para alguien
como él, un noble de la Mancomunidad o su cónyuge no valían más que una piedra
en el camino. Al contrario, poseía prejuicios firmes que ni siquiera intentaba
ocultar.
Un Alfa a medias de
origen asiático. Para él, solo había una razón por la que Sarang Kim sobrevivía
en una liga que era como una jungla: su estatus como cónyuge del heredero de un
ducado. Un joven imprudente que usaba esa posición para faltar a los partidos y
ensuciar el sagrado campo de juego con sus puños.
A veces, Van den
Dooren mostraba abiertamente su desprecio hacia Sarang en eventos oficiales.
Recalcaba una y otra vez que su odio no nacía de la discriminación, sino de la
pésima habilidad de Sarang y de su desfachatez al mantener su carrera
profesional respaldado por el ducado.
En el fondo, tenía una
certeza. Sabía que una figura de poder tan grande como un ducado tiene muchos
ojos vigilando y muchas facciones que los controlan, por lo que no pueden usar
su fuerza arbitrariamente. El Florian que había observado hasta ahora no era
diferente; no había tomado ninguna medida o acción especial por su pareja.
Todo lo que Florian
había hecho, tras adquirir el 40% de las acciones del club a través de la
subsidiaria de entretenimiento de Wellington, fue renovar al cuerpo técnico y a
la junta directiva que eran problemáticos en ese momento. Esa fue la primera y
última vez que ejerció su derecho de participación o voto. Para Van den Dooren,
eso confirmaba su teoría.
Un poder inmenso como
el del ducado o los Wellington necesitaba una justificación para moverse. Una
razón de peso que cualquiera pudiera aceptar. En medio de ese descuido por
parte de su pareja, que no llegaba a ser abandono, Sarang se esforzó por
mantener su propio equilibrio y, hasta ahora, había tenido éxito. Tenía buenas
relaciones con sus compañeros y era especialmente cercano a los empleados del
club que conocía desde niño.
Sarang, quien ascendió
rápidamente hasta el primer equipo juvenil y anotó en su debut profesional,
frecuentaba el club como si fuera su casa desde pequeño. Era el lugar donde
pasaba más tiempo cuando Colin no estaba por trabajo. El viejo estadio era su
segundo hogar. Quizás por el tiempo compartido, el personal del comedor, los
guardias de seguridad y los encargados del césped no se dejaban influir por los
medios.
Los vecinos del
apartamento donde vivía antes siempre lo recibían con afecto y lo consolaban
con bromas. Shannon, la madre de Mark, también le agradecía diciendo que
gracias a él su hijo había sentado cabeza. Ante la confusión de Sarang, Shannon
le transmitió la consideración de Florian.
Fue Florian quien
llevó a Mark a la comisaría, quien le asignó un abogado costoso y quien lo
envió a una escuela de oficios en otra ciudad para que pudiera romper
naturalmente sus vínculos con las pandillas. Florian cuidaba del entorno de
Sarang y lo protegía de esa manera, sin que él lo viera.
‘¿Cómo podría no amar
a Rian?’
Sarang parpadeó
lentamente mientras miraba el formulario de propuesta que ni siquiera podía
leer con atención. La amabilidad de la gente era su consuelo, y el cuidado de
Florian se había convertido en el suelo firme que pisaba. No quería perder nada
de eso. Era codicioso.
“……”
NO
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La reputación de un
jugador en el extranjero solía seguir el tono de la prensa local. Cada vez que
los medios de la Mancomunidad lanzaban noticias y evaluaciones negativas, su
reputación en Corea también Kaia. Incluso los anuncios que le ofrecían tenían
la clara intención de aprovecharse de la imagen de Florian. Por eso, Sarang no
firmaba contratos excepto con la empresa de pasta dental y la de ropa que lo habían
patrocinado desde niño. Pensaba hacer lo mismo esta vez.
‘Yo recomiendo que
Sarang acepte.’
Sin embargo, la
reacción favorable de Florian conmovió su corazón. Por alguna razón, se sintió
como un permiso para hacerlo. La propuesta estaba escrita de manera meticulosa
y atractiva. El video de treinta segundos narraba la historia del crecimiento,
la perseverancia y la audacia de un joven. Era inusual para un anuncio de
cosméticos.
Crecimiento,
perseverancia, audacia.
Sarang pensó si esas
tres palabras encajaban con él. Crecer era algo que todos hacían, y la
perseverancia y la audacia eran virtudes que cualquier jugador debía tener.
Un idiota sin
profesionalismo. Un gran riesgo para el Rinocerontes. El jugador que dio la
espalda al equipo en el momento más necesario.
Actualmente, la imagen
de Sarang estaba representada por la pereza, la irresponsabilidad y el
capricho. O como una Cenicienta. El dolor de cabeza del ducado. Sarang,
consciente de la imagen que los medios querían crear de él, no podía sino ser
cauteloso con la publicidad.
‘Es una campaña que
encaja muy bien con Sarang.’
¿Mentiría Rian
también? Probablemente sí. La mayoría serían mentiras piadosas. Como esta vez.
‘¿No tienes planes
para las vacaciones, Sarang?’
‘No, todavía no.’
En realidad, para
Sarang, el lado de Florian era su lugar de vacaciones. Alzó la vista con las
mejillas sonrojadas. Allen estaba allí de pie con una expresión de descontento,
tras haber cocinado una gran cantidad de filetes.
“¿Qué pasa, Allen?”
“Estaba pensando en
qué debería opinar al ver a un tipo tan grande sentado solo y sonrojándose.”
“Por qué piensa en
eso. Los filetes se van a enfriar.”
“¿Me estás diciendo
que coma carne en lugar de pensar en tonterías?”
“Allen, yo no he dicho
eso.”
Sarang expresó su
posición claramente y sonrió con los ojos. Esa mirada dulce derretiría a
cualquier Omega.
Rayos. Había una
persona justo en frente a la que eso no le afectaba.
Allen se sentó frente
a Sarang mientras murmuraba pensando en Florian. Eran las tres de la tarde. El
interior estaba iluminado con luces artificiales debido al clima sombrío, a
pesar de ser pleno día.
“A este paso te va a
salir panza.”
“Pero Allen tiene ocho
abdominales. Parecen de piedra.”
“¿Acaso tú no trabajas
el torso a propósito?”
“Ya lo he trabajado
mucho.”
“No es nada comparado
con tus muslos.”
Allen, que masticaba
el filete, estiró la mano de repente.
“¿Cómo es que este
músculo blandito se convierte en el de un caballo cuando juegas?”
Sarang, que llevaba el
pantalón corto del club, dejó que las manos de Allen masajearan sus muslos sin
darle importancia. En la vida de un atleta, ese nivel de contacto no se
consideraba nada especial.
“¿Eres el hombre de
hierro de la liga, no? He oído que nunca has tenido una lesión de
isquiotibiales. ¿Es calidad muscular innata o es que te cuidas bien? Supongo
que ambas. Mis piernas son como rocas. Eso significa que pierdo flexibilidad y
por eso tengo muchas lesiones pequeñas.”
Allen dejó el plato y
comenzó una discusión seria mientras amasaba los músculos de los muslos y las
pantorrillas de Sarang.
“¿Sabes que el grosor
de tu muslo es mayor que el de tu cara? Mira estas pantorrillas. Hasta los
tobillos son de nacimiento. ¿Por eso aguantaste bien sin feromonas?”
“Sí. En realidad, los
médicos del club también se sorprenden.”
Sarang se echó hacia
atrás mientras reía como un niño. Sintió una sombra sobre su cabeza y, sobre
todo, notó una presencia detrás de su espalda. Y el aroma de las feromonas
rozando la punta de su nariz.
“Jefe, ¿qué está
haciendo?”
Allen, que exploraba
los músculos de Sarang por pura curiosidad académica, se inclinó hacia atrás y
frunció el ceño con fuerza.
“Qué es esto, estas
feromonas tan agresivas.”
“Expulsando al
pervertido que acosa a mi Sarang.”
“Bah. Solo le toqué un
poco los músculos.”
Florian, ignorando las
palabras de Allen, miró a Sarang desde arriba con las manos apoyadas en el
respaldo del sofá. Sus ojos claros rebosaban alegría, y Sarang se sonrojó al
oírlo decir "mi Sarang". Gracias al chico, que reaccionaba en el
momento a cada una de sus pequeñas acciones y lo recibía así cada vez que
volvía a casa, su vida diaria y el camino de regreso del trabajo se habían
vuelto un poco más divertidos.
Divertido. A este paso
se convertiría en una costumbre.
Florian soltó una
risita, retiró las feromonas que había liberado suavemente y se sentó al lado
de Sarang ocupando su lugar.
Florian, apoyado en el
marco de la puerta, se cruzó de brazos e inclinó ligeramente la cabeza. Sarang
estaba allí sentado, encogido a pesar de su gran tamaño, con su cabecita redonda
y adorable, ordenando algo con mucho esmero.
Tras contar uno, dos,
tres, cuatro y cinco, Florian centró su atención en la espalda de Sarang en
lugar de en los objetos esparcidos por el suelo. Parecía que acababa de salir
de la ducha; de su cabello fino y suave emanaba un refrescante aroma a champú.
Su nuca, bronceada por el sol del verano, era larga, aunque en realidad se veía
más gruesa de lo que parecía.
Como era de esperar en
un jugador cuya mayor virtud era la velocidad, su torso solo conservaba el
músculo necesario, oculto bajo una camiseta blanca de manga corta. Sus muslos y
pantorrillas, que resaltaban aún más al estar en cuclillas, no necesitaban
descripción alguna. Sus piernas, perfectamente depiladas bajo el pantalón
corto, también lucían un atractivo tono bronceado.
Al recordar a Allen
manoseando el cuerpo de su chico sin permiso, una chispa de desagrado cruzó las
pupilas de Florian. ¿Acaso ser futbolista era una profesión que requería tanto
contacto físico? Pensándolo bien, al ser un trabajo corporal, era algo natural.
También era lógico que Sarang, habiendo vivido casi toda su vida como
futbolista, fuera indiferente al tacto ajeno.
A pesar de que
reaccionaba con tanta sensibilidad ante su propio tacto.
“…… Hmm.”
Antes de que sus
pensamientos se alargaran más, Florian caminó hacia él. Era increíblemente ágil
en el campo, pero en la vida cotidiana podía ser sumamente despistado. En otras
palabras, poseía una concentración excepcional. Incluso estando así de absorto,
siempre terminaba detectando la presencia del otro en el momento decisivo.
Justo como ahora.
“¿Rian?”
Sarang echó la cabeza
hacia atrás una vez más para encontrarse con la mirada de Florian, y una
sonrisa afloró en su rostro de forma natural. De repente, su imagen se
superpuso con el Kim Sarang del sueño. Aquel Kim Sarang nunca le había mostrado
una sonrisa así.
‘¿De verdad vamos a
divorciarnos?’
Esa vez, sonriendo
levemente junto a la ventana del palacio de verano, fue la primera y la última.
Incluso esa sonrisa no parecía tan feliz como esta. Por supuesto, no podría
haberlo sido. Estaba en una situación en la que acababa de recibir la
notificación de divorcio de la persona que amaba. ¿Habría estado Kim Sarang
pensando en el suicidio desde aquel entonces?
La imagen del coche
volcado y destrozado acudió a su mente de forma natural. El emblema de
Wellington empapado en la sangre roja que brotaba entre los cristales rotos.
Era una escena cruel. Como el destino infausto de aquel Kim Sarang.
Surgió la alucinación
de que el rostro de Sarang, que lo miraba con una sonrisa radiante, estaba
sumergido en un charco de sangre. Florian, espantado internamente, sacudió el
recuerdo y estiró la mano para tocar suavemente la mejilla de Sarang.
Exactamente donde se formaba su hoyuelo.
“¿Parece que estás de
buen humor?”
“Me hace muy feliz que
Rian haya llegado temprano.”
“No parece que sea
solo por eso.”
Florian se movió para
sentarse al lado de Sarang y miró hacia el suelo; con exactitud, hacia las
cosas alineadas ordenadamente. El hombre arqueó las comisuras de sus labios.
“¿No son demasiadas
cosas para ser de un nuevo amante?”
“No soy tan popular,
Rian.”
“A veces, no, a menudo
pienso que Sarang se infravalora seriamente.”
“Gracias, Rian.”
“No es un cumplido
vacío.”
Florian terminó por
sentarse a su lado mientras contemplaba el rostro despejado de Sarang, quien
reía como si eso no le importara. De repente, a través de la ventana abierta,
entró un viento cálido junto al sonido de las hojas agitándose. Era, sin duda,
verano.
Cuando Florian se
sentó en el suelo, Sarang también se acomodó rápidamente, quedando con las
rodillas tan cerca que casi se rozaban. Sin darse cuenta de ello, Sarang
continuó alineando los pocos objetos que le quedaban.
“¿Te los enviaron los
fans?”
“Sí, Rian. Son quince
cartas, un cartel hecho a mano, un dibujo de mi cara, y dicen que este muñeco
también lo hicieron ellos mismos. ¿No es increíble?”
A Florian le agradó
ver a Sarang presumiendo con el rostro encendido y voz emocionada, así que
mantuvo una sonrisa mientras escuchaba su pronunciación clara. Sarang, que era
adorable en acciones, personalidad y apariencia, también tenía una voz
encantadora.
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Sería muy difícil
odiar a un chico así.
Florian, sin darse
cuenta de su pensamiento sumamente parcial, examinó los regalos de los fans.
Las quince cartas adornadas con corazones y el boceto de su rostro sonriente
celebrando un gol estaban llenos de esmero; el muñeco de border collie del
tamaño de un antebrazo estaba muy bien hecho. Una frase pegada letra por letra
en un marco del tamaño de una palma parecía ser un mensaje de apoyo.
“Sarang, ¿qué dice
ahí?”
“Ah.”
Ante la pregunta de
Florian, Sarang no pudo responder de inmediato. Era la reacción que mostraba
cuando sentía vergüenza. Florian lo miró de reojo. Como era de esperar, los
lóbulos de las orejas de Sarang estaban ligeramente rojos.
“Al ver que no puedes
hablar, parece que de verdad es un amante.”
“No, no es eso, Rian.”
“Presume un poco.
Vamos.”
Ante la cariñosa
insistencia de Florian, Sarang cubrió brevemente su rostro ardiente con sus
grandes palmas antes de retirarlas y hablar a regañadientes.
“¡Ánimo al American
Sweetheart Lovely King!”
Sarang, aunque era
algo tímido, era de los que volaban si se le preparaba el escenario.
“¡Nuestro orgullo,
nuestro tesoro! ¡Larga vida al King Sarang!”
Eran frases de apoyo
convencionales, pero aunque fuera vergonzoso leerlas en voz alta, Sarang estaba
totalmente inmerso. Parecía ser porque eran regalos de sus fans. Sarang era un
chico capaz de leer el corazón incluso en las pequeñas acciones, regalos o
expresiones de los demás.
“¡El delantero más
fuerte del universo! ¡Solo ten un fútbol feliz y saludable!”
Seguramente habría
sonreído como el sol, con el rostro de quien posee el mundo entero tras recibir
los regalos de sus fans.
“Atentamente, el
guardián de la cárcel de elogios para Kim Sarang. Atentamente, el grupo de
ojalá yo hubiera parido a Kim Sarang.”
“……”
Sarang, que se había
concentrado tanto que terminó recitando sus propios elogios con descaro, se
sonrojó por la vergüenza tardía y miró de reojo a Florian. Esperaba una sonrisa
en aquel rostro apuesto, pero la cara de Florian no tenía expresión. Estaba
sentado en silencio como un muñeco sin emociones, mirando hacia abajo los
mensajes de apoyo. A simple vista, parecía que incluso los estaba fulminando
con la mirada. Sarang, incapaz de ocultar su extrañeza, estaba a punto de
hablar con rostro preocupado cuando Florian intervino.
“Así que no eran
amantes, sino aspirantes a guardias de prisión o a padres de familia.”
“¿Rian?”
“Dime, Sarang.”
Solo entonces Florian
se volvió hacia él con una sonrisa, pareciendo una escultura de hielo que se
derretía lentamente. La preocupación goteaba de las pupilas negras de Sarang,
quien lo observaba con atención sin apartar la vista ni un segundo.
“¿Pasó algo malo?”
Sarang se giró por
completo hacia Florian y se encontró con sus ojos azules, frescos y llenos de
una pizca de risa. Si existiera un Dios, probablemente sería la criatura en la
que más esmero habría puesto al moldearla. Al mirar el cabello rubio elegante,
la piel transparente y los misteriosos ojos azules de Florian —que ni siquiera
la palabra "hermoso" alcanzaba a describir—, a menudo perdía el
sentido de la realidad.
Especialmente cuando
sentía que Florian podría desaparecer en cualquier momento, como si fuera un
extraño. Sin darse cuenta, Sarang estiró la mano para intentar sujetarlo, pero
se detuvo. Fue porque Florian, detectando el movimiento, retiró ligeramente el
torso hacia atrás.
“……”
Miles de emociones
pasaron en un instante por el rostro de Sarang, que se puso pálido. Florian,
dándose cuenta del error, volvió a estirar la mano que había retirado y sujetó
con delicadeza la punta de los dedos de Sarang. Incluso en pleno verano, las
yemas de Sarang estaban frías.
“Sarang.”
“… Solo quería sujetar
tu ropa.”
Incapaz de seguir
hablando, Sarang cerró los ojos con fuerza y los abrió como si intentara
recomponer sus emociones. Luego, miró dócilmente a los ojos azules de Florian.
“Si quieres, puedes
tomar mi mano, mi brazo o mi rostro, Sarang.”
“……”
“Esto es….”
¿Cómo podría
explicarle la razón de su sobresalto? Si le dijera que se asustó porque los
mensajes de apoyo eran idénticos, palabra por palabra, a los del sueño, Sarang
asentiría con rostro preocupado. Aunque supiera que es algo imposible, lo
creería todo simplemente porque lo decía Florian. Si lo escuchara su médico de
cabecera, a quien conocía hace tiempo, probablemente reprogramaría sus citas.
“No es por ti,
Sarang.”
Sarang asintió
dócilmente, pero su rostro mostraba que no le creía. Florian, observando aquel
rostro donde se leían todos sus pensamientos, entrelazó sus dedos con los dedos
fríos de Sarang a los que apenas estaba tocando. Apretó con fuerza la mano
entrelazada. Lo hizo para que el calor que sobraba en su propio cuerpo pudiera
filtrarse en Sarang.
“Es una especie de
trauma.”
Las pupilas claras
como cuentas se agrandaron.
“¿Qué…?”
Sarang, que preguntó
aturdido, intentó tocar a Florian con la mano que no estaba entrelazada, pero
se detuvo y solo examinó a su cónyuge con la mirada. Era una imagen en la que
se podía sentir cómo el corazón de Sarang se hundía.
Esto es un problema,
Sarang. ¿Por qué has llegado a amarme tanto?
Florian estiró la otra
mano para acunar la mejilla de Sarang, calmando con serenidad las pupilas
negras que temblaban con ansiedad.
“No es una herida de
ahora, Sarang.”
“¿Entonces…?”
“Fue hace mucho
tiempo.”
“… ¿Hace cuánto?”
Sarang, tras dudar un
momento, no se guardó la pregunta. Sentía que Florian le daría una respuesta.
“Cuando mi abuelo
todavía gozaba de buena salud.”
Florian, mirando a
Sarang que estaba sentado frente a él, se tumbó de repente. Sintió la mirada
que lo seguía de cerca. Un border collie; quienquiera que fuera, le había
puesto un apodo perfecto.
Haciendo honor a su
apodo, Sarang se tumbó sigilosamente a su lado, apoyando la mejilla sobre su
brazo izquierdo como almohada. Florian no dejó pasar mucho tiempo la mirada de
Sarang que lo observaba de lado. Sus ojos se encontraron con los de Sarang al
girarse en la misma posición. La distancia era de apenas un palmo. Un intervalo
donde se podían sentir el aliento y el aroma corporal.
“Cuando tenía siete
años.”
Nunca antes había
sacado este tema por voluntad propia. No era algo agradable de lo que hablar.
El despiadado Duque Dietrich, por temor a que el secreto se filtrara, ni
siquiera le puso un terapeuta a Florian. Que Florian pudiera crecer de forma
tan ejemplar fue mérito exclusivo del esfuerzo de su madre.
“Fui secuestrado,
Sarang.”
Pero, ¿por qué le
contaba esto precisamente a este chico, a quien no pensaba amar? ¿Porque no
quería hablar del sueño? Era una excusa. Florian tenía capacidad y razones de
sobra para desviar el tema. O simplemente podría haber inventado una mentira.
Como el excelente
hombre de negocios que era, para Florian resultaba tan natural y fácil como respirar
soltar palabras sin sentimiento o confundir al otro con una oratoria brillante
pero vacía. Sin embargo, Florian quería decirle solo la verdad a Sarang. O
prefería no decir nada en absoluto.
Sí, porque no era
necesario que Sarang lo supiera todo. Si fuera necesario, Florian podía decir
mentiras como si fueran verdades.
“Los cómplices fueron
la niñera, un traficante de drogas y un adicto. Era una combinación difícil de
tener éxito desde el principio. Gracias a su estupidez, pude sobrevivir ileso.”
Sarang no ocultó su
asombro. Fue una reacción distinta a la que suelen mostrar las personas cuando
escuchan algo incómodo o difícil de procesar. No fingió no estar sorprendido
ocultando la lástima y la compasión, ni contuvo apenas la curiosidad para
expresar un consuelo apropiado, ni muy ligero ni muy pesado, como un adulto
socializado.
Sarang no ocultó su
asombro, preocupación, lástima, compasión ni tristeza. Sus pupilas brillantes
parecían tan húmedas que daban la impresión de estar a punto de romperse en llanto.
“Mi reacción sensible
ante tu tacto probablemente se deba al trauma de aquel entonces.”
No, esta vez no era
por el trauma. Eran esos mensajes de apoyo idénticos a los del sueño. Se sintió
como una advertencia de que, esta vez también, llevaría a Sarang a la muerte.
La ansiedad cruzó el corazón de Florian como un rayo.
“Sarang.”
“……”
“¿Sientes lástima por
mí?”
Sarang, que miraba
fijamente a Florian, abrió sus labios rojos.
“Sí.”
Florian no ocultó una
sonrisa amarga.
“Aun así, escucharlo
de boca de Sarang no me hace sentir mal.”
“……”
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“Mi madre. Mi madre,
Grace, no tardó ni dos años en enterarse de la verdad. Fue porque yo no pude
soportarlo más.”
“¿Qué… es lo que no
pudiste soportar?”
“Quién sabe.”
Habría sido la
sensación de traición y la ira hacia su abuelo, el Duque Dietrich.
“Sarang.”
Florian llamó el
nombre de Sarang en voz baja y estiró la mano con calma.
“Parece que me tienes
mucha lástima.”
Una lágrima clara tocó
la yema de sus dedos blancos.
“¿Quieres consolarme?”
La yema húmeda
acarició con cuidado el párpado de Sarang. Los labios de Sarang temblaron,
entregándose a ese toque sin miedo.
“Esos dos años… ¿por
qué… los soportaste?”
“……”
“¿Nadie consoló a
Rian?”
Ante la pregunta
inesperada, Florian no pudo decir nada.
“¿Nadie durante dos
años…?”
Normalmente habría
salido del paso con soltura y una broma ligera, pero Florian no pudo.
Simplemente no podía apartar la vista de Sarang, quien lloraba por él, se
preocupaba por él y se enfadaba por él. Florian sintió una punzada en algún
lugar del pecho, en alguna parte del vientre. Le resultaba asombroso que Sarang
sintiera una lástima tan genuina por el Florian de siete años….
“Sarang.”
Florian levantó el
torso lentamente, apoyando una mano en el suelo para sostener su peso. Luego,
bajó la cabeza poco a poco. Sus labios suaves y tiernos presionaron con firmeza
el párpado de Sarang. Florian besó sucesivamente la mejilla que se redondeaba
al sonreír y el puente de la nariz recta, mientras miraba a Sarang desde
arriba.
Pensó que él estaría
confundido. Sin embargo, en las pupilas claras de Sarang solo había
sentimientos hacia Florian. El sentimiento puro de Sarang dirigido solo hacia
él tocó de repente el profundo abismo de Florian. ¿Cómo no amar a Sarang? Al
mismo tiempo, el sedán destrozado y la sangre roja que empapaba el emblema de
Wellington enfriaron la cabeza de Florian.
No quiero llevar a
Sarang a la muerte esta vez también. No quiero ver a Sarang dejando el mundo
solo y triste como en el sueño. Seguramente este sentimiento es afecto. Deseo
que solo sea afecto, Sarang.
Florian sonrió y
susurró.
“Si sientes lástima
por mí y quieres consolarme, solo tienes que abrazarme fuerte sin decir nada.”
“……”
“Sarang, con eso
basta.”
De las lágrimas de
Sarang emanaba un tenue aroma dulce. Como los ojos de un niño inocente, como
los de una mascota que solo ama a una persona durante toda su vida. Florian
observaba esos ojos claros en silencio y, justo cuando iba a enderezar el torso
para tomar distancia:
“……”
De repente, dos manos
se extendieron y rodearon con fuerza la cintura y los omóplatos de Florian.
Florian terminó bajando aún más el torso, y su pecho quedó pegado al de Sarang.
Bum-bum, los latidos de Sarang se adhirieron por completo al corazón de Florian.
Sarang no pudo ocultar su amor, que se agitaba peligrosamente hasta terminar
desbordándose. Ni un poco.
“Solo esta vez….”
Una lágrima clara rodó
por el rabillo del ojo de Sarang mientras suplicaba en voz baja.
“Solo esta vez.”
Florian podría haber
rechazado a Sarang con flexibilidad, entornando los ojos y arqueando las
comisuras de los labios. Podría haber marcado el límite con una sonrisa y herir
a Sarang una vez más. Florian tenía muchas otras formas de rechazarlo.
Sin embargo, Florian
entregó dócilmente su cuerpo al tacto de Sarang. De Sarang, que lo abrazaba con
fuerza sin soltarlo mientras temblaba como si sostuviera una flor de hielo que
se rompería en cualquier momento, emanaba una valentía débil como un brote nuevo,
pero que por ello no tenía más remedio que fortalecerse.
Ah.
En el momento en que
sus labios tocaron los de Sarang, en el momento en que una lengua cálida se
filtró como agua dulce abriendo sus labios, Florian terminó cerrando los ojos.
De nuevo, sintió un peso bajo los párpados y una opresión en el pecho. Fue
conmovedor. Le resultaba asombroso y conmovedor que Sarang sintiera una lástima
y una tristeza tan genuinas por un Florian de siete años al que nunca había
visto.
El aliento de ambos
mezclándose con el aire cálido, la piel pegajosa, el calor superpuesto, el
aroma corporal tenue cubriéndose mutuamente. Un beso que se sentía
infinitamente valioso. Un beso inexperto. Los sonidos del verano que soplaba
desde la ventana abierta.
Por alguna razón, Florian
sentía que no podría olvidar este verano durante mucho tiempo.
Todo sucedió con una
rapidez vertiginosa. Por mucho que uno se preparara y tomara previsiones, las
cosas no siempre salían según lo planeado. A pesar de saberlo, a Florian le
costaba reprimir una ira que se negaba a extinguirse; sin embargo, no tenía
tiempo que perder en emociones. Al abrir los ojos, que había mantenido cerrados
un instante, ya había organizado sus pensamientos. Tras apartar de su mente los
momentos compartidos con Sarang, que ahora sentía tan lejanos como un sueño,
Florian habló con el rostro gélido.
“Contacta con Corea.
Diles que deben emitirlo hoy mismo sin falta.”
“Sí, jefe.”
Mientras Bailey sacaba
el teléfono para responder, Florian se aferró con fuerza a las esquinas de su
escritorio. En la tableta, el escándalo que se lanzaría al mundo antes del
amanecer estaba plagado de fotos y frases incendiarias.
“Han decidido emitirlo
en lugar del documental que estaba programado.”
“¿Y Sarang?”
“Es su semana de celo,
así que debe de estar descansando en casa.”
“Corta la electricidad
de la mansión. Quítale el teléfono... no, dile a Allen que no se aparte de su
lado ni un segundo.”
“Pero, jefe, al ser su
semana de celo, no será fácil para Allen estar cerca de Kim.”
“Si quiere valer lo
que cuesta, tendrá que aguantar al menos eso.”
Tras dedicarle una
mirada fría, Florian se puso el abrigo.
“Prepara el coche.”
“Sí, jefe.”
Bailey se retiró
obedientemente.
“¿Y el castillo?”
“Desde el momento en
que usted lo ordenó, se prohibieron las grabaciones y las visitas externas.
Solo está el personal necesario, jefe.”
Aquello significaba
que, desde hacía tres meses, el Palacio de Verano estaba completamente
desconectado del mundo exterior.
Miller, que esperaba
frente al vehículo, vio el rostro de Florian y le entregó las llaves sin que
mediara palabra. Tras recibir una mirada apremiante de Bailey, Miller se limitó
a encogerse de hombros y subir al asiento del copiloto. Sin duda, llegarían a
la mansión mucho más rápido que si condujera Miller. La habilidad de Florian al
volante no tenía parangón; de hecho, en situaciones tan críticas como esta,
Bailey solía agradecer internamente seguir con vida al bajar del coche.
Sarang, que jugaba al
ajedrez sentado en el sofá, levantó la cabeza. Florian entró tras bajar del
coche casi al vuelo, pero a pesar de eso lucía impecable y su respiración era
pausada. Había purificado su mente y cuerpo durante el trayecto.
“¿Rian?”
Había dicho que hoy
llegaría tarde. Al ver a Florian de regreso antes de que anocheciera, Sarang
dejó la pieza de ajedrez y cruzó rápidamente el salón. Allen, que se quedó solo
e ignorado en un instante, movió una pieza por su cuenta y murmuró por lo bajo.
“Jaque mate.”
Sarang corrió hasta la
entrada y recibió a Florian sin ocultar su alegría.
“Habías dicho que hoy
llegarías tarde.”
“Sí, así fue.”
Respondiendo como de
costumbre, Florian estiró la mano y cubrió la frente de Sarang. Faltaban dos
días para la fecha prevista. Percibió en Sarang esa febrícula que era el
síntoma precursor del celo.
“¿Cómo te encuentras,
Sarang?”
“Bien. Allen me ha
estado enseñando ajedrez. Ha sido divertido, como aprender tácticas de fútbol.
Pero...”
Sarang se rascó la
barbilla antes de añadir:
“Me gusta más que Rian
haya vuelto pronto.”
“……”
En uno o dos días, el
calor del celo envolvería a Sarang. La mayoría de los Alfas se excitaban
incluso antes de que comenzara el periodo. Al mirar a Sarang, que se mantenía
tan sereno a pesar de ser un Alfa dominante, Florian respondió con un suspiro.
“¿Tanto te alegra
verme?”
Ante ese rostro que
parecía preguntar por qué cuestionaba algo tan obvio, Florian sintió el deseo
repentino de besar esas mejillas redondeadas y esbozó una leve sonrisa.
“Parece que yo
también... tenía ganas de verte, Sarang.”
“¿Rian?”
Ante aquellas palabras
totalmente inesperadas, Sarang abrió mucho los ojos y pronto mostró una
expresión de preocupación.
“¿Ha pasado algo?”
Por ese gesto, Florian
comprendió que Sarang aún no sabía nada. Era un alivio. Fingiendo no notar su
propio e excesivo alivio, Florian miró de reojo a Allen, que estaba detrás de
ellos.
Allen no ocultaba su
curiosidad. Le parecía divertido el desasosiego de Florian, quien solía actuar
como un joven amo perfecto pero que, en realidad, carecía de calidez humana.
Sin embargo, a ojos de Florian, Allen también sentía por Sarang algo más que
simple curiosidad. Después de todo, debía de ser muy difícil no sentir simpatía
por Sarang.
Tras apartar la vista
de Allen, quien le guiñó un ojo con descaro como si hubiera leído sus pensamientos,
Florian recuperó por completo su aplomo habitual.
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“Sarang.”
“Dime, Rian.”
“Confías en mí,
¿verdad?”
Incluso ante una
pregunta que parecía sacada del siglo pasado, Sarang sonrió dulcemente.
“Sí, Rian.”
Pese a ser la
respuesta esperada, Florian guardó silencio un momento. Luego, antes de que
Sarang pudiera extrañarse, le tendió la mano.
“Ven conmigo.”
Sarang no preguntó a
dónde. Simplemente dijo que sí y tomó la mano de Florian.
El sol se ponía
mientras la ciudad nueva, que pasaba veloz tras la ventana, se transformaba en
el casco antiguo. En el coche que corría con el atardecer como telón de fondo,
solo estaban ellos dos.
“Sarang, ahora vamos
al Palacio de Verano.”
Sarang no se
sorprendió. Había tenido ese presentimiento desde el momento en que tomó la
mano de Florian. Incluso si el destino hubiera sido el infierno y no el Palacio
de Verano, Sarang lo habría seguido dócilmente.
“Pasarás tu celo en el
Palacio de Verano.”
“Sí, Rian.”
Esto también debía de
ser una de las muchas amabilidades de Florian. Afecto, no pasión. Cariño, no
deseo sexual.
El Palacio de Verano,
construido por el primer Duque de Dietrich para su amada esposa, había sido
utilizado por las consortes del ducado generación tras generación. Florian
nunca había llevado a Sarang allí después de la boda. La única vez que Sarang
puso un pie en el palacio fue cuando se encontró con aquel hombre rubio de ojos
azules más allá de los pétalos de rosa que flotaban en el aire.
Los medios de
comunicación habían tratado este tema con discreción. El comunicado del ducado
fue sobrio: alegaron como motivo la distancia entre el club y el palacio. Para
un atleta profesional cuya gestión de la condición física es vital, los largos
trayectos diarios de ida y vuelta eran una carga. Por ello, se limitaron a
informar que la pareja viviría junta en la mansión propiedad del ducado.
Era una razón
plausible. Hubo gente que se dejó convencer por la postura del ducado y otros
que no. De todos modos, cada uno se habría convencido según sus propios
intereses. Lo importante era lo que sentían los protagonistas, Florian y
Sarang.
Sarang nunca había
soñado con vivir en el Palacio de Verano. La posición de Florian era firme, y
Sarang la aceptaba como si fuera una acuarela. Para Sarang, Florian era toda la
luz brillante que existía, era el color mismo. Un mundo sin Florian se
empañaría como una mancha de tinta. Así habían llegado a ser las cosas.
Por eso, Sarang se
recordaba a sí mismo una y otra vez que su unión matrimonial con Florian se
debía a las feromonas. Él podía ayudar a Florian, y eso era suficiente. No
debía ser codicioso. Por supuesto, el Sarang de hace unos años era distinto.
Aquel Sarang de dieciocho o diecinueve años, que amaba a Florian y lo deseaba,
soñaba con compartir con él no solo el cuerpo sino también el corazón, y
anhelaba una convivencia feliz.
Sin embargo, incluso
entonces, no se atrevía a desear el matrimonio. No era porque tuviera un
complejo, ni porque Florian fuera el heredero del ducado o el niño mimado de
los Wellington. El hecho de que sus padres fueran betas era algo que hacía que
Florian cargara con la mitad de la responsabilidad.
Aunque no fuera
probable que Florian llegara a amarlo de forma romántica, incluso si por un azar
ocurriera, Sarang no soñaba con tener descendencia con él. Él daría un amor
incondicional a cualquier hijo, y Florian también, pero el mundo era distinto.
Florian sufriría al ver a un hijo ser herido por el mundo.
Naturalmente, la
premisa de tener hijos con Florian era algo imposible. Sarang intentaba no
olvidar ese hecho ni por un solo instante.
Las puertas
señoriales, que rezumaban la majestuosidad e historia del ducado, se abrieron
silenciosamente. A pesar del paso de un siglo, en cada rincón del Palacio de
Verano, que desprendía una solemnidad firme más que el desgaste del tiempo, se
podía descubrir el sentimiento del primer Duque hacia su cónyuge. Esos rastros
hacían que el palacio, que de otro modo sería solo estricto, se sintiera como
un hogar hermoso y cálido.
El coche, que recorría
el camino flanqueado por jardines espléndidos, rodeó el edificio principal
impregnado de la frescura del verano y entró en el garaje. El SUV negro que los
había seguido durante todo el trayecto desapareció de la vista en algún momento.
En él viajaban Miller, Allen y Bailey. Seguramente protegerían a Florian en
algún lugar del castillo mientras Sarang pasaba su celo.
“Sarang.”
La voz baja de
Florian, tras apagar el motor, acarició el oído de Sarang. En el interior del
coche, con el motor ya en silencio, solo se oía la respiración de ambos.
“Cuando termine el
celo...”
En el silencio de
Florian se leía una duda. En la mayoría de estos casos, lo más seguro es que el
problema no fuera de Florian, sino de Sarang.
¿Qué habría hecho mal
esta vez? ¿Qué defecto habría encontrado el mundo en él?
Ante la reacción
calmada de Sarang, Florian, que apenas logró controlar sus propias emociones
agitadas, se giró hacia él. Sus ojos se encontraron con los de Sarang, que ya
estaban fijos en él, brillantes como cuentas de cristal.
Tan bonito, tan
bonito, tan extremadamente bonito.
“Los medios se
llenarán de contenidos que ni siquiera conoces y que no necesitas saber.”
Sarang no lograba
imaginar de qué se trataba. Ya se habían generado muchas controversias a su
alrededor. Especialmente la gente de la Mancomunidad, que no aceptaba a Sarang
por ser un Alfa con carencias. Personas que fingen ser refinadas, pero que se
dejan llevar por los medios sensacionalistas y que ya están preparadas para no
dejarse convencer.
“Aun así, quiero que
confíes en mí.”
“……”
“Deseo que Sarang
confíe en mí.”
Sarang leyó la
ansiedad que cruzó de repente las pupilas de Florian, pero no dejó que se
notara. Se limitó a sonreír suavemente, como la luz del sol que se posa en la
ventana.
“Sí, Rian.”
Sonrió esperando que
Florian se sintiera aliviado. Porque conocía el corazón de Florian que lo
apreciaba. Porque no quería perderlo, fuera cual fuera la forma que tomara ese
sentimiento.
Esta vez también,
Sarang tomó la mano de Florian y lo siguió dócilmente. El sol de verano
permanecía largo tiempo en el cielo. Con el atardecer a sus espaldas, mientras
sujetaba con cuidado la mano de Florian, frente a los ojos de Sarang ondeaba un
cabello rubio más hermoso que la propia puesta de sol.
‘Rian, dicen que
nuestro índice de compatibilidad es del 92%.’
‘Pero, ¿acaso Rian no
me ama ni un 1%?’
‘Cuidándome y amándome
así.’
‘¿Por qué no me ama ni
un 1%?’
