2
Tras consolar a Yoo-jun, Ju-ha regresó al
despacho del director. Mirando a Yoo-geon con una intensidad gélida, manifestó
su consentimiento para el contrato de exclusividad con Yoo-jun.
“Está bien. Firmaré de inmediato.”
Los trámites posteriores avanzaron sin
contratiempos, pero surgió un problema. Como era el primer caso de una relación
de exclusividad entre tres personas, hubo complicaciones con el alojamiento. En
el centro solo existían habitaciones para dos personas.
‘No es opción que vivan separados...’
Tras reflexionar un momento, el director
recordó el anexo donde residía su predecesor. Se decía que aquel hombre fue
destinado al Centro Central tras casarse y, al no poder vivir lejos de su
familia, el gobierno le concedió el privilegio de construir una casa
independiente dentro del recinto para que vivieran todos juntos. Aunque ahora
estaba deshabitada, el mantenimiento había sido constante, por lo que no había
problema en mudarse de inmediato.
“Tengo un lugar pensado, así que vayan allí.”
“Entendido.”
“Sí.”
Bajo las órdenes del director, los tres se
dirigieron al anexo. Una vez frente a la edificación, entraron sin cruzar
palabra alguna. Al ser un espacio diseñado para un director, era
incomparablemente más acogedor que los alojamientos estándar; contaba con sala
de estar y cocina, como un hogar común.
Yoo-geon entró sin vacilar, observando a
Yoo-jun con una expresión cargada de desagrado. No pasó mucho tiempo antes de
que el sudor frío comenzara a brotar de la frente de Yoo-jun. Este se abrazó a
sí mismo con fuerza mientras su cuerpo temblaba violentamente. Intentó resistir
por todos los medios, pero le resultaba imposible. Finalmente, un gemido que
intentaba reprimir escapó entre sus labios.
Al ver a Yoo-jun sufriendo a su lado, Ju-ha se
alarmó y trató de sostenerlo. Sin embargo, Yoo-jun lo apartó y cayó de rodillas
al suelo, colapsando.
“¡H-hyung! ¿Qué te pasa? ¿Te duele algo? ¡Dime
qué tienes!”
“¡Ah...! Ugh... Ah...”
Ju-ha observaba a Yoo-jun, quien agonizaba sin
poder articular palabra. De repente, recordó a un colega que sufrió debido a
las feromonas de un Alfa. Intuyendo que Yoo-jun reaccionaba de forma similar,
levantó la vista hacia Yoo-geon. Como sospechaba, Yoo-geon lo observaba con
arrogancia, pareciendo disfrutar del tormento de Yoo-jun.
“Tú, ¿qué demonios estás haciendo? Es por tus
feromonas, ¿verdad? ¡Guarda esas malditas feromonas ahora mismo!”
Yoo-geon soltó una pequeña risa, como si el
furioso reclamo de Ju-ha le resultara insignificante. Se aflojó la corbata con
parsimonia y desabrochó los botones superiores de su camisa, tal como solía
hacer al regresar a su habitación.
“¿Por qué me buscas pelea recién ahora?”
“¿Qué?”
Ju-ha preguntó, desconcertado por sus
palabras.
“Siempre libero mis feromonas cuando llego al
alojamiento. No entiendo por qué carajos te pones a gritar ahora para que las
controle.”
Ju-ha no supo qué rebatir de inmediato. Al ser
un Beta, no podía percibir las feromonas de Yoo-geon, por lo que no tenía forma
de juzgar si decía la verdad o mentía.
“Oye, ¿acaso no tienes consideración por la
gente con la que vives? Yo soy Beta, así que no siento nada aunque las liberes,
¡pero Hyung no!”
El entrecejo de Yoo-geon se frunció al
escuchar a Ju-ha. Un término específico le resultaba especialmente irritante.
“¿Ya te volviste tan cercano al Guía Seo
Yoo-jun? Aun así, no me parece educado llamarlo 'Hyung' apenas se conocen.”
Al oírlo, Ju-ha comprendió que Yoo-geon
tampoco parecía conocer la relación que los unía. Aunque le inquietaba revelar
su vínculo sin consultar a Yoo-jun, pensó que lo correcto era explicarlo si esa
palabra era lo que tanto le molestaba.
“Yoo-jun hyung y yo... éramos hermanos.”
“¿Eran hermanos?”
Yoo-geon repitió la pregunta con una risa
incrédula y seca.
“La madre de Yoo-jun hyung y mi padre se
casaron, así que fuimos hermanos. Pero se divorciaron.”
Era una historia familiar que Yoo-geon conocía
bien. Su rostro se llenó de sarcasmo y soltó una carcajada breve. Se imaginó
qué clase de privilegios habría disfrutado Ju-ha en su posición de hermano de
Yoo-jun. Seguramente Ju-ha había recibido hasta ese momento todo aquello que
Yoo-geon solo pudo saborear brevemente en su infancia.
Ese pensamiento enfureció a Yoo-geon. No
ocultó su rabia; torció su sonrisa mostrando una abierta hostilidad.
“¡Ya retira tus feromonas! ¡Ves que Hyung está
sufriendo!”
A Yoo-geon no le gustaba que Ju-ha, ignorando
que su mera existencia ya era ofensiva, le diera órdenes con altivez. Nunca le
había caído bien, pero ahora quería borrarlo de su vista. Sin embargo, no podía
deshacerse de él a su antojo debido al contrato. Necesitaba pisotearlo para
calmar su irritación.
“Seo Ju-ha.”
Ju-ha lo miró en silencio mientras el otro
seguía pronunciando su nombre sin retirar las feromonas. Era obvio que Yoo-geon
estaba furioso; se notaba en su rostro. Y el motivo era claramente él. Pensó
que si estuviera en su lugar, queriendo monopolizar a Yoo-jun y viendo a
alguien interponerse, también se sentiría disgustado.
“Si vas a pedir un favor, tienes que
arrastrarte.”
Ju-ha abrió los ojos de par en par. Esperaba
palabras hirientes, pero no eso.
“¿Qué...?”
“Arrástrate. Ven hacia mí y golpea tu cabeza contra
el suelo. Ruega. Pídeme que por favor retire las feromonas. Si lo haces,
consideraré tu petición al menos una vez.”
Ju-ha sabía que el ego de Yoo-geon, siendo un
Alfa y un Esper de élite, era inconmensurable. También conocía su arrogancia
sin límites. Pero no imaginó que fuera el tipo de persona que consideraba
natural pisotear la dignidad ajena. Era algo humanamente inaceptable. Sin
embargo, Yoo-geon estaba intentando aplastar su orgullo con total naturalidad.
“Oye, Cha Yoo-geon. Entiendo que estés de mal
humor y que esta situación te parezca una mierda, pero hay límites...”
“¡Ah...! ¡Hic...! ¡Ugh! Ah...”
Ju-ha iba a gritarle que se detuviera, pero al
ver a Yoo-jun temblando y sufriendo aún más que antes, cerró la boca. El
sufrimiento de Yoo-jun tenía una sola causa.
“Seo Ju-ha. ¿Tienes algo más que decir?”
Ju-ha guardó silencio. Sabía que cualquier
palabra adicional solo prolongaría el tormento de Yoo-jun.
“Si no tienes nada más, arrástrate. Seo
Ju-ha.”
“Si hago lo que dices, no vuelvas a lastimar a
Hyung.”
“Depende de cómo te comportes.”
A pesar de que Ju-ha ya estaba cediendo,
Yoo-geon no parecía satisfecho. La mente de Ju-ha era un caos. No sabía si
"arrastrarse" implicaba literalmente avanzar a gatas o simplemente
humillarse profundamente.
‘¿Qué debo hacer...?’
No quería que Yoo-jun sufriera más por un
error de interpretación. Ju-ha eligió la opción más degradante para terminar
con esto de golpe.
“Grrr...”
Ju-ha apoyó las manos en el suelo y avanzó a
gatas hacia él, como si fuera un perro. Yoo-geon estalló en una carcajada al
verlo. En ese instante, Ju-ha se dio cuenta de que su elección había sido un
error. Su rostro ardió de vergüenza y su cuerpo tembló por la humillación.
Tap.
Yoo-geon caminó hasta quedar frente a él. Se
agachó frente a Ju-ha, le tomó la barbilla y la levantó.
“……”
Al encontrarse con la mirada de Ju-ha,
Yoo-geon soltó una risa burlona y acarició su mentón suavemente. Tal como un
dueño que elogia a un perro que ha obedecido fielmente sus órdenes.
Ju-ha apretó los dientes con tanta fuerza que
crujieron, pero no podía permitir que su orgullo arruinara todo lo que había
hecho hasta ahora.
“Ya que Seo Ju-ha ha llegado a este extremo,
no tengo más remedio que ceder.”
Yoo-geon retrajo sus feromonas, cuyo denso
aroma a menta inundaba el aire. En ese instante, los gemidos de agonía de
Yoo-jun cesaron; la presión que lo asfixiaba se había esfumado.
Plop.
Cuando Yoo-jun se desplomó agotado, Yoo-geon
se levantó y lo tomó en brazos con la misma mano con la que, segundos antes,
acariciaba la barbilla de Ju-ha.
Chu.
Manteniendo la mirada fija en Ju-ha, Yoo-geon
presionó sus labios contra los de Yoo-jun, que yacía indefenso en su regazo.
“¡Oye! ¡¿Qué demonios crees que haces?!”
Yoo-geon, que se limitaba a lamer los labios
de Yoo-jun sin profundizar todavía, curvó la comisura de su boca en una mueca
de burla.
“Dijiste que no lo torturara. Estoy tratando
de que se sienta cómodo, ¿por qué vuelves a ladrar?”
“¡Solo tenías que retirar las feromonas! ¡¿De
qué mierda estás hablando?!”
Ju-ha estalló en furia. No podía soportar que,
después de humillarse de esa forma, Yoo-geon siguiera profanando a Yoo-jun. Con
las venas del cuello marcadas por la tensión, le gritó, pero Yoo-geon solo se
rió. Con un movimiento audaz, desabrochó el cinturón de Yoo-jun, exponiendo su
hombría erecta que ya filtraba líquido preseminal.
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Ju-ha contuvo el aliento, con el rostro
encendido. Jamás había visto la parte más íntima de su hermano. Yoo-geon
envolvió con su mano el miembro rígido de Yoo-jun y comenzó a masturbarlo
lentamente.
“...Ah, ugh...”
Yoo-jun abrió ligeramente los ojos ante el
estímulo. Buscando desesperadamente las feromonas del Alfa que hacían arder su
cuerpo, enterró el rostro en el cuello de Yoo-geon, succionando y dejando
pequeñas marcas con un sonido húmedo.
Ju-ha, al ver aquello, se hundió en la
desesperación.
“...Hyung.”
Yoo-jun le había dicho que tenía miedo de
Yoo-geon. Le había suplicado ayuda. Y sin embargo, ahí estaba, entregándose
voluntariamente y buscando el cuerpo de Yoo-geon solo por el efecto de las
feromonas. Ju-ha sintió que ambos se estaban burlando de él, que el haberse
arrastrado por el suelo no había servido de nada.
Satisfecho con la reacción, Yoo-geon deslizó
sus dedos más abajo, introduciéndolos en el ano de Yoo-jun, que ya estaba
lubricado y receptivo por el flujo del Omega. A pesar de su naturaleza, la
primera vez siempre conllevaba dolor. Cuando esa entrada virgen fue forzada por
dedos extraños, la conciencia de Yoo-jun regresó de golpe, rompiendo la niebla
del placer y el dolor.
“¿Q-qué es esto...?”
El terror y el desconcierto inundaron su
rostro. Yoo-jun buscó desesperadamente a Ju-ha con la mirada y lo encontró
justo frente a él, con la misma expresión de horror. Intentó zafarse de los
brazos de Yoo-geon mientras llamaba a Ju-ha con voz quebrada.
“Hic... Ju-ha... ayúdame, ayú... ¡ah!”
Al ver a Yoo-jun suplicar, el rostro de Ju-ha
se contrajo en una mueca feroz e intentó tomar su mano para tirar de él. En ese
momento, Yoo-geon rompió su promesa: liberó sus feromonas de golpe y comenzó a
embestir sus dedos con saña en el interior de Yoo-jun.
Entre el clímax provocado por las feromonas y
la estimulación anal, Yoo-jun arqueó la espalda soltando un grito agudo de
placer. Yoo-geon, mirando fijamente a Ju-ha, le preguntó a su hermano:
“Hyung, ¿quieres que siga? ¿O prefieres que
pare?”
Ebrio por la intensidad del aroma, Yoo-jun
perdió de nuevo la razón. Soltó la mano de Ju-ha, rodeó el cuello de Yoo-geon
con fuerza y lo besó con desesperación, casi como un ruego.
“Ah... más, dame más... me gusta que me
llenes... ¡más! ¡Mmm!”
“Ya lo oíste. Esto es porque él lo desea.”
Yoo-geon habló con cinismo, como si fuera
inocente, mientras preparaba el camino para su propia entrada. Yoo-jun lloraba;
su instinto de Omega y su razón colisionaban, y cada vez que recuperaba la
lucidez, se enfrentaba a su propia miseria. Lloraba pidiendo ayuda a Ju-ha,
pero al segundo siguiente, devoraba el cuerpo de Yoo-geon poseído por el celo.
Ju-ha, que al principio sintió resentimiento,
ahora solo sentía compasión por lo roto que se veía su hermano.
“¡Basta! ¡Tú también eres su hermano! ¡¿Tanto
te divierte torturarlo?!”
“Es la ley natural: un Omega entregándose a su
Alfa. No entiendo por qué lo llamas tortura. Bueno, supongo que un Beta como tú
jamás lo entendería.”
A Yoo-geon le irritaba la superioridad moral
de Ju-ha. Sabía que cada vez que tocara a Yoo-jun, tendría que escuchar sus
sermones. Entonces, se le ocurrió una idea perversa: convertirlo en cómplice.
Giró a Yoo-jun para que quedara frente a
Ju-ha. Apoyó su enorme miembro de Alfa contra la entrada ya preparada y, de un solo
empuje, se hundió profundamente en él.
“¡¡AHHH!! ¡¡Ugh!! ¡Ahhh!”
Yoo-jun gritó de dolor; el interior que apenas
aceptaba dedos estaba siendo desgarrado por algo mucho más grande. Yoo-geon se
retiró a medias y volvió a embestir, susurrando al oído de Yoo-jun:
“Hyung, si no quieres que te duela tanto,
pídele a Seo Ju-ha que te la chupe. Si sientes placer ahí delante, te dolerá
mucho menos atrás.”
Yoo-geon abrió las piernas de Yoo-jun de par
en par, exponiendo su sexo directamente ante los ojos de Ju-ha. Yoo-jun,
aterrorizado por la sensación de ser invadido, solo pudo pensar en las palabras
de Yoo-geon. Agarró su propio miembro y llamó a Ju-ha con voz agonizante.
“Ju... ha... chúpala... por favor, Ju-ha,
hazlo.”
Ju-ha no podía creer lo que oía. Se levantó de
golpe, negándose a participar en aquel acto depravado. Él no era un animal como
Cha Yoo-geon.
“Hic... Ju-ha... ayúdame... por favor.”
Ju-ha se detuvo en seco al borde de la
habitación. Ese "ayúdame" lo ancló al suelo. Finalmente, regresó y se
arrodilló entre las piernas de su hermano. Inclinó la cabeza y comenzó a lamer
la punta humedecida de Yoo-jun.
“¡Ah! Dios... Ju-ha... métela en tu boca...
por favor...”
“Ju-ha, Hyung te lo está suplicando. Hazlo.”
Yoo-geon presionó la cabeza de Ju-ha,
obligándolo a tragar el miembro de Yoo-jun de un golpe, mientras él seguía
embistiendo con brutalidad por detrás. Entre el ritmo desenfrenado de Yoo-geon
y la boca de Ju-ha, Yoo-jun alcanzó el orgasmo con un grito desgarrador.
Ju-ha intentó apartarse de inmediato, pero
Yoo-geon se lo impidió, obligándolo a tragar hasta la última gota de la
eyaculación de su hermano. Ju-ha esperaba sentirse solo asqueado, pero en el
momento del contacto, una oleada de guía fluyó desde Yoo-jun hacia él, haciendo
que su propio cuerpo de Esper comenzara a arder de deseo.
Un Esper, al recibir guía de un Guía de mayor
rango, experimenta sensaciones similares al placer sexual. Si el simple
contacto físico ya era capaz de provocar tal deleite, estar en contacto directo
con las mucosas —donde la piel es más delgada y sensible— le hacía sentir una
euforia idéntica al clímax de una relación sexual.
Incapaz de contenerse más, Ju-ha desabrochó su
cinturón, liberó su miembro y lo aferró con fuerza. Se sentía miserable y
sucio, masturbándose con el sexo de su hermano aún en su boca, pero la marea de
placer que lo invadía era tan devastadora que le resultaba imposible mantener
la cordura.
Yoo-geon, mientras seguía embistiendo dentro
de Yoo-jun, bajó la mirada hacia Ju-ha, quien se autosatisfacía en esa posición
degradante. Una sonrisa burlona curvó sus labios antes de hablar.
“Seo Ju-ha, tú no tienes idea de lo dulce que
huele el aroma de Hyung, ¿verdad? Qué lástima me das...”
Yoo-geon comenzó a marcar con mordiscos y
succiones el cuello y los hombros de Yoo-jun, dejando hematomas rojizos
mientras este soltaba gemidos pastosos. Cada palabra de Yoo-geon era como un
cuchillo en el orgullo de Ju-ha.
“Yo puedo hacer que Hyung se embriague con mis
feromonas, incluso puedo dejarlo embarazado. Pero tú, ¿qué es lo que puedes
hacer tú, eh?”
Le resultaba divertido ver a Ju-ha incapaz de
articular una sola palabra, con su boca ocupada por el sexo de Yoo-jun y su
dignidad por los suelos.
“¡Ah! ¡Haa! ¡Ahhh!”
Tras una serie de estocadas finales, Yoo-jun
soltó un grito agudo, eyaculando una vez más dentro de la boca de Ju-ha antes
de desplomarse, exhausto, en los brazos de Yoo-geon.
Ju-ha tragó hasta la última gota del semen de
su hermano. Luego, apartó con brusquedad la mano de Yoo-geon que aún sujetaba
su cabeza y se limpió los labios con la manga. Sin perder un segundo, tiró del
brazo de Yoo-jun para arrebatárselo a Yoo-geon y estrecharlo contra su propio
pecho.
Mirando con desprecio a aquel que había
manipulado a Yoo-jun con feromonas y que creía tener la superioridad solo por
ser un Alfa, Ju-ha sentenció:
“Contigo firmó por obligación, pero conmigo
firmó porque él me eligió. Para Hyung, el único que sobra aquí eres tú, Cha
Yoo-geon.”
“Seo Ju-ha, yo no soy de los que esperan a ser
elegidos. Soy yo quien elige. Conoce tu lugar antes de hablar.”
Yoo-geon se puso de pie con parsimonia,
arreglando su uniforme desordenado. Se plantó frente a Ju-ha, quien aún
abrazaba a Yoo-jun, le sujetó la barbilla y le plantó un beso rápido y cínico
en los labios.
Ju-ha se quedó petrificado por el horror, pero
a Yoo-geon no pareció importarle. Le dio unos golpecitos suaves en la mejilla
con los dedos mientras decía:
“Tú también, si yo lo deseo, tendrás que ser
mío en cualquier momento. Aunque dudo mucho que alguna vez quiera algo como
tú.”
Ju-ha giró la cabeza con violencia para
soltarse de su toque. La mirada de Yoo-geon era tan intensa que parecía capaz
de someterlo contra el suelo en ese mismo instante. Incapaz de sostenerle el
duelo, Ju-ha huyó a toda prisa hacia el baño para encerrarse.
* * *
Ju-ha acostó a Yoo-jun en la bañera blanca con
suma delicadeza y comenzó a llenarla con agua tibia. El sonido del agua
resonaba en el baño mientras Ju-ha observaba, casi en trance, cómo el cuerpo de
su hermano se sumergía. Acarició con suavidad los hematomas que Yoo-geon había
dejado y se mordió el labio con fuerza.
“Prometí protegerte y no pude hacer nada. Lo
siento mucho, Hyung.”
Tras bañarlo con cuidado para no despertar al
exhausto Yoo-jun, lo llevó a la cama, le puso un pijama que ya tenía preparado
y lo arropó hasta la barbilla. Acomodó su cabello revuelto y acarició su
mejilla.
“Hyung... hasta ahora, pensaba que era una
suerte ser un Beta. Porque siendo un Beta creía que podría quedarme a tu lado
para siempre...”
Confesarle sus sentimientos mientras Yoo-jun
dormía se había convertido en un hábito. Ju-ha dejó salir las emociones que
guardaba en su pecho.
“Pero, ¿sabes? Como no puedo sentir ni la
feromona más fuerte, ni siquiera me di cuenta de que estabas en peligro... Y
cuando te vi entregándote a ese bastardo, ebrio de feromonas... la verdad, por
un momento te odié. Lo siento.”
Al recordar los actos de Yoo-geon y su propio
comportamiento rastrero, Ju-ha apretó las sábanas con fuerza, abrumado por la
vergüenza.
“No volveré a hacerlo, así que por favor, no
me odies, Hyung.”
Yoo-jun abrió los ojos aturdido, creyendo
escuchar la voz de Ju-ha, pero no había nadie a su lado. Con la mente aún
nublada, buscó su teléfono en la mesilla de noche, pero no encontró nada. Fue
entonces cuando los recuerdos de ayer lo golpearon: el anexo, las feromonas de
Yoo-geon y el dolor.
Aunque sus recuerdos eran fragmentarios, la
sensación de haber entregado su cuerpo a Yoo-geon era nítida. El malestar
físico que sentía lo obligaba a recordar lo que prefería olvidar. Miró el
reloj: eran las 7 de la mañana. Se levantó con el cuerpo pesado y vio su
uniforme blanco colgado en la pared.
Había sido forzado, sí, pero al final la
elección fue suya. Y en el proceso, había arrastrado a Ju-ha, quien no tenía
ninguna culpa. Se sentía egoísta por quererlo a su lado, pero la presencia de
Ju-ha era lo único que le daba fuerzas. Se cambió de ropa, compuso su expresión
y salió al salón, donde Yoo-geon lo esperaba sentado.
“Hyung, ¿cómo te sientes...?”
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Yoo-jun no respondió. Se acercó y, sin previo
aviso, le cruzó la cara a Yoo-geon con una bofetada fulminante.
La cabeza de Yoo-geon giró por el impacto y su
mejilla se tornó roja al instante. Nadie, excepto su padre, le había puesto una
mano encima. Yoo-geon parpadeó sorprendido antes de soltar una risa cínica. A
Yoo-jun le ardía la palma de la mano; era la primera vez que golpeaba a
alguien. Sacudió la mano para aliviar el dolor y clavó una mirada feroz en
Yoo-geon.
Yoo-geon le devolvió la mirada con una
expresión gélida. Yoo-jun sintió un escalofrío al recordar lo de anoche, pero
no retrocedió. No permitiría que se burlara más de él.
“Cha Yoo-geon. Mi cuerpo y el tuyo solo se
tocarán para el guiamiento. Si vuelves a jugar con tus feromonas, te juro que
no me quedaré de brazos cruzados.”
Yoo-geon no parecía tomarse en serio la
advertencia. Al contrario, miraba a Yoo-jun con desdén, como si le molestara
que intentara darle lecciones. Bajo esa mirada, Yoo-jun vio de nuevo al Alfa
que lo había sometido horas antes. Apretó los puños para ocultar su temblor.
Al ver a Yoo-jun desafiante a pesar de estar
temblando de miedo, Yoo-geon sintió que su deseo de volver a someterlo crecía.
“¿No te quedarás de brazos cruzados? ¿Y qué
puede hacer un Omega contra un Alfa?”
La resistencia de Yoo-jun estimulaba su deseo
sexual, pero también alimentaba su rabia. No perdonaba que el hermano que
siempre lo consolaba de niño ahora solo tuviera ojos para Ju-ha y, peor aún, se
atreviera a golpearlo.
Ju-ha, que observaba la escena tensamente,
notó el cambio en la mirada de Yoo-geon. Sabía que podía detener un ataque
físico, pero no tenía forma de combatir las feromonas. Aprovechando un segundo
de distracción, tomó la mano de Yoo-jun y tiró de él.
“Hyung, vámonos.”
Antes de que Yoo-geon pudiera reaccionar,
salieron del anexo y Ju-ha empezó a correr con todas sus fuerzas.
“¡Hah... hah...! ¡Ju-ha! ¡Seo Ju-ha!”
Yoo-jun no podía seguirle el ritmo y se sentía
arrastrado. Ju-ha se detuvo al oír su grito. Cuando Yoo-jun intentó sentarse en
el suelo para recuperar el aliento, Ju-ha lo levantó en brazos de repente.
“¡Ah! ¡¿Qué haces, Ju-ha?!”
“Se va a ensuciar tu uniforme, Hyung.”
Ju-ha lo abrazó con más fuerza mientras
Yoo-jun pataleaba para que lo bajara.
“Da igual, se puede limpiar...”
“Lo siento.”
Al cargar el cuerpo ligero de Yoo-jun, Ju-ha
recordó su imagen inconsciente y sufriente de anoche. Necesitaba pedirle
perdón.
“……”
Ante el silencio de Yoo-jun, Ju-ha cerró los
ojos con desesperación. Nunca lo había visto tan enfadado como con Yoo-geon, y
pensó que ahora le tocaría a él recibir el castigo. Bajó a Yoo-jun al suelo con
cuidado y puso su propio rostro frente al de él.
“¿Qué... qué haces?”
“Pégame.”
“¿Qué?”
Yoo-jun, que por un momento pensó en
acariciarle la cabeza, se quedó atónito. Envolvió el rostro de Ju-ha con sus
manos.
“¿Por qué dices eso? ¿Por qué iba a pegarte yo
a ti?”
“Porque... lo de ayer...” Ju-ha no pudo
terminar la frase. ‘Porque te hice algo terrible’, pensó, temiendo el rechazo.
Al mencionar "lo de ayer", el rostro
de Yoo-jun se ensombreció.
“¿Por qué pides perdón tú? El que debería
pedir perdón por mostrarte algo tan patético soy yo...”
Yoo-jun no recordaba todo lo que pasó debido a
las feromonas, pero tenía grabada la imagen de sí mismo forzando a Ju-ha a
participar en ese acto sexual degradante. Ju-ha era su refugio, el único lugar
donde podía olvidar que era un Omega. Haberle hecho eso lo hacía sentir como
basura.
‘Soy yo quien debe disculparse... ¿por qué te
disculpas tú?’, pensó Yoo-jun con una culpa asfixiante.
“¡¿Qué dices de patético?! ¡Todo fue culpa de
ese bastardo de Cha Yoo-geon!”
Ju-ha apretó los dientes al recordar a Yoo-jun
gimiendo en brazos de Yoo-geon. Lo abrazó con fuerza, acariciando su espalda.
“Te protegeré... No dejaré que Cha Yoo-geon
vuelva a ponerte una mano encima. Te lo juro.”
Yoo-jun apoyó la cabeza en el hombro de Ju-ha.
Sus palabras lo reconfortaban, pero la culpa de haberlo arrastrado a este lío
egoístamente le pesaba.
“Gracias, Ju-ha. Y lo siento...”
“No digas que lo sientes. Lo hago porque
quiero. Porque yo...”
Ju-ha se detuvo. Se dio cuenta de que Yoo-jun
no recordaba su confesión de anoche. Estuvo a punto de decirle "porque te
amo", pero el miedo a que Yoo-jun se alejara si lo descubría lo frenó en
seco.
‘No puedo volver a cometer el mismo error’, se
juró a sí mismo.
* * *
Yoo-geon, frotándose la mejilla donde Yoo-jun
lo había golpeado, se ajustó el uniforme desordenado. Sin embargo, terminó por
soltarse la corbata con un gesto de irritación y se desplomó en el sofá,
dejando caer todo el peso de su cuerpo.
“Mierda...”
Tras soltar un leve insulto, Yoo-geon se
cubrió la frente con la muñeca y dejó escapar un largo suspiro cargado de
frustración.
“Si iba a comportarse de esta manera, mejor no
hubiera sido tan amable conmigo cuando éramos niños.”
Recordó los días en que Yoo-jun era su único
consuelo, la única persona que le sonreía con sinceridad en una infancia rígida
y fría. Ver que ahora esa misma calidez estaba dirigida exclusivamente a Seo
Ju-ha, mientras para él solo quedaban bofetadas y miradas de odio, le provocaba
una punzada de amargura que no lograba silenciar.
* * *
‘Qué aburrimiento’.
Yoo-geon, que había sido arrastrado hasta allí
sin recibir explicación alguna, recorría el lujoso interior de la cafetería con
una expresión de total desagrado.
“Cha Yoo-geon. Ella es tu nueva madre.
Salúdala.”
Sin ocultar su malestar, Yoo-geon levantó la
vista hacia la mujer que tenía enfrente tras las palabras de su padre. Tenía
una apariencia tan joven que, de no ser por el niño de su misma edad que estaba
sentado a su lado, habría jurado que era soltera. Con su largo cabello ondulado
cayendo suavemente y un broche sencillo pero elegante, la nueva madre era
hermosa incluso a los ojos de un niño.
“Cha Yoo-geon.”
Ante el silencio de su hijo, el padre de
Yoo-geon lo miró con severidad y repitió su nombre en tono de advertencia.
“Mucho gusto. Soy Cha Yoo-geon.”
Había intentado rebelarse confiando en que, al
estar en público, su padre no se atrevería a ponerle la mano encima, pero su
bravuconería no duró mucho ante aquella voz autoritaria. La madre de Yoo-jun
sonrió con incomodidad al ver el saludo tan rígido del niño y le dio un
toquecito en el brazo a su propio hijo para que hiciera lo mismo.
“Hola. Te ves muy inteligente. Yoo-jun, tú
también deberías saludar.”
Yoo-jun se estremeció levemente ante el gesto
de su madre, pero pronto esbozó una sonrisa y saludó al padrastro sentado
frente a él.
“Hola. Soy Seo Yoo-jun. Por favor, cuide de
mí.”
El padre de Yoo-geon observó sin expresión al
niño que le sonreía y luego desvió la mirada hacia la madre de Yoo-jun.
“Sus rasgos son muy finos para ser un chico.
¿Hay posibilidad de que manifieste como Omega?”
Ante la pregunta, la madre de Yoo-jun negó
apresuradamente con las manos.
“No, eso es imposible. Absolutamente. Tanto su
padre biológico como yo somos Betas.”
Yoo-geon soltó una risa seca al ver cómo su
madrastra solo buscaba complacer a su padre, sin importarle el insulto
implícito hacia su propio hijo.
“Mamá, ¿puedo salir a jugar con Yoo-geon?”
Incómodo por ser el centro de atención,
Yoo-jun preguntó mirando el rostro de su madre. Ella, antes de darle permiso,
buscó la aprobación del hombre que pronto sería su esposo. Solo cuando el padre
de Yoo-geon asintió levemente, ella dio su consentimiento. Yoo-jun sonrió
aliviado por poder escapar de aquel ambiente opresivo y tomó la mano de
Yoo-geon.
“Yoo-geon, vamos fuera.”
A Yoo-geon no le gustaba ser utilizado como
excusa para huir, pero como él también deseaba largarse, se levantó sin decir
nada.
“¡Vaya! Parece que Yoo-geon sigue bien a su
hermano mayor. Yoo-jun, cuídalo bien para que no se lastime.”
“Sí, mamá.”
‘Ja... ¿Acaso cree que tengo tres años?’.
Yoo-geon lanzó una mirada llena de desprecio hacia la mujer que lo usaba para
aparentar instinto maternal, antes de ser arrastrado por Yoo-jun hacia el
exterior.
Una vez en el pequeño jardín trasero de la
cafetería, lejos de la vista de su padre, Yoo-geon soltó bruscamente su mano.
“Lo siento. ¿Te dolió?”
“No.”
‘¿Cómo me va a doler el agarre de alguien que
se ve tan debilucho como tú?’. Yoo-geon resumió sus pensamientos en una sola
palabra y apartó la vista.
“¿Estás enfadado porque te saqué sin
preguntar?”
Yoo-jun, notando que el rostro de Yoo-geon se
contraía de una forma peculiar, preguntó con timidez.
“No.”
‘Yo también quería salir corriendo, así que en
realidad te lo agradezco. Aunque me jode que me hayas usado’. De nuevo, Yoo-geon
se guardó sus pensamientos y respondió con brevedad.
No confiaba en Yoo-jun. Sabía que, una vez que
sus padres se casaran, vivirían bajo el mismo techo. Al ver el comportamiento
de la madre, había concluido que el hijo no sería diferente. Si bajaba la guardia
ante esa sonrisa amable y decía algo fuera de lugar, acabaría en los oídos de
su padre, y el castigo físico resultante sería incomparable a cualquier dolor
previo. Por eso, Yoo-geon no tenía intención de entablar una conversación
innecesaria.
“Mi nombre es Seo Yoo-jun. Tengo 12 años.
¿Cuántos tienes tú?”
“9.”
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A Yoo-jun le pareció tierno que, pese a su
expresión de enfado, respondiera con sinceridad, así que acarició suavemente el
cabello de Yoo-geon.
“Yoo-jun, Yoo-geon. Nuestros nombres se
parecen, parecemos hermanos de verdad. Aunque tengamos apellidos distintos,
llevémonos bien como si fuéramos de la misma sangre. Me esforzaré mucho.”
Yoo-jun sonrió con dulzura, pero Yoo-geon no
tenía el más mínimo interés en ser su amigo. Mientras Yoo-geon apartaba la
cabeza para evitar el contacto, Yoo-jun se sentó en un banco cercano y miró el
cielo azul con una sonrisa amarga, impropia de su edad.
“Seré un buen hermano. Llevémonos bien. Deseo
de verdad que mi madre sea feliz esta vez.”
“¿Y tú?”
Ante la pregunta de Yoo-geon, Yoo-jun lo miró
sin entender a qué se refería.
“Te pregunto si tú no quieres ser feliz. Das
lástima ahora mismo.”
Verlo intentar complacer a todos —a su madre,
a su padre e incluso a él mismo— le resultaba patético.
“Yo... estoy agradecido con que mamá no me
abandonara y me trajera con ella. Por eso no quiero ser una carga.”
“No digas tonterías.”
Yoo-jun abrió los ojos de par en par, incapaz
de responder tras ser maldecido por un niño mucho más pequeño que él.
“……”
El matrimonio de sus padres avanzó más rápido
de lo esperado. Sin embargo, no hubo boda ni registro civil. Cuando la madre de
Yoo-jun preguntaba la razón, el padre de Yoo-geon solo le decía que esperara.
Por miedo a ser abandonada, ella empezó a obsesionarse con su marido y a
ignorar por completo a Yoo-jun, volcando toda su atención en Yoo-geon, el hijo
de su esposo.
“Yoo-geon, ¿quieres ir a pasear con mamá? Hace
un día precioso.”
“¿Por qué iría a pasear con usted? Ocúpese de
su propio hijo.”
“¿Qué...?”
La mujer quedó atónita. No eran palabras que
esperaras de un niño de nueve años.
“¡Cha Yoo-geon! ¡¿Cómo te atreves a hablarle
así a tu madre?!”
Yoo-geon, que encontraba divertida la cara de
desconcierto de la mujer, se estremeció al oír la voz de su padre detrás de él.
“C-Cariño...”
“Cha Yoo-geon. Pídele disculpas a tu madre
ahora mismo.”
Mientras la madrastra miraba a su marido con
una mezcla de sorpresa real o fingida, el padre de Yoo-geon solo veía a un hijo
que lo avergonzaba. Normalmente Yoo-geon obedecía por miedo a los golpes, pero
esta vez sintió una punzada de rebeldía.
“¿Por qué esa señora es mi madre? Legalmente
somos desconocidos. No entiendo por qué me obliga a llamarla así. Usted también
solo está probando. El contenido no le gusta, pero le da pena tirar el envase
por... ¡¡Ugh!!”
Antes de que pudiera terminar, su padre lo
levantó por el cuello de la camisa y lo arrastró hacia el despacho.
“Ugh... ah...”
A Yoo-geon le costaba respirar bajo el agarre
brutal de su padre. Intentó soltarse de su muñeca, pero sus manos pequeñas no
eran rival para la fuerza de un Alfa dominante, un hombre cuya arrogancia no
conocía límites y que no tenía piedad con quien lo desafiara, aunque fuera su
propio hijo.
“¡¡Ah!!”
Tras entrar al despacho y cerrar la puerta con
llave, el padre de Yoo-geon lo arrojó al suelo como si fuera basura. Luego,
comenzó a quitarse lentamente el reloj y los anillos de la mano.
“Cha Yoo-geon. Repite lo que dijiste hace un
momento.”
“N-no dije ninguna mentira... ¡¡Ugh!!”
“¿No entiendes a tu padre? Te he dicho que lo
repitas. Hijo.”
“¡¡Ah!! ¡Duele! ¡Lo siento! ¡Ugh!”
“¡¡HE DICHO QUE LO REPITAS!!”
“Hic... ugh... ah...”
* * *
Toc-toc.
“Yoo-geon... soy Hyung... Voy a entrar un
momento...”
“No entres.”
Sin siquiera dirigirle la mirada a Yoo-jun,
que intentaba abrir la puerta tras llamar, Yoo-geon respondió con una voz
cargada de una furia gélida.
“Solo voy a... ponerte la medicina e irme rápido...
¿sí?”
Yoo-jun entró y se sentó frente a él con
ungüento y vendas en las manos. Al ver el rostro del niño, contuvo el aliento
con horror. Siempre había pensado que la violencia doméstica era algo que solo
ocurría en hogares pobres.
Como lo que él y su madre habían sufrido en el
pasado...
Pero descubrir que Yoo-geon, nacido en una
familia tan rica, estaba en la misma situación que él —e incluso recibiendo
palizas mucho más atroces— era algo que jamás habría imaginado.
“...Déjame curarte, Yoo-geon.”
¿Cómo podía quedarse de brazos cruzados
sabiendo que su propia madre estaba involucrada en el motivo de aquel castigo?
Yoo-jun había subido corriendo a la habitación, cargando con el peso de la
medicina y de una culpa abrumadora.
“Lo siento... Yoo-geon. Mamá también está muy
mal. Sabe que te regañaron por su culpa... No imaginó que tu padre se enfadaría
tanto.”
“No mientas, se nota que no lo sientes.”
Yoo-geon no lo entendía. Yoo-jun no había
hecho nada malo, ¿por qué se disculpaba en lugar de su madre? ¿Por qué
intentaba defenderla? Para él, era incomprensible.
“Y como ya habrás visto, soy un estorbo inútil
en esta casa.”
“¿Por qué... dices eso...?”
Yoo-jun sintió una punzada de dolor al ver a
Yoo-geon hablar con esa expresión de rendición absoluta, impropia de su edad.
“Tratar de quedar bien conmigo es una pérdida
de tiempo y de emociones. Aunque no te guste tu madre, no tengo poder para
echarla, así que mejor ve a moverle la cola a mi padre.”
Yoo-jun frunció el ceño y se mordió el labio.
Sin poder contenerse, extendió la mano y sujetó el brazo de Yoo-geon con
fuerza.
“¡¿Qué...?!”
Antes de que pudiera reaccionar, Yoo-jun lo
atrajo hacia sí y lo estrechó en un abrazo.
“Lo siento...”
“¿Qué? ...¡Ah!”
Yoo-geon, desconcertado, intentó zafarse, pero
como Yoo-jun era más grande, solo logró quedar con el rostro hundido contra su
pecho en una postura patética.
“No sabía que te sentías así. O quizás, actué
de forma que te hizo malinterpretarme. Perdón por lastimarte. Pero...”
Yoo-jun frotó su mejilla contra el cabello de
Yoo-geon y continuó con suavidad:
“Eres mi primer hermano pequeño y eres muy
valioso para mí... Quería cuidarte bien. Quiero que nos llevemos bien,
Yoo-geon.”
Cada palabra que entraba por sus oídos era
algo que Yoo-geon jamás había escuchado. Se sentía extraño, ajeno. Sin embargo,
el calor que envolvía su cuerpo, la voz dulce y esas palabras desconocidas pero
acogedoras no le resultaron desagradables.
“Haz lo que quieras. Pero suéltame ya, no
puedo respirar.”
“P-perdón. Primero pongamos la medicina.”
Para Yoo-geon, que alguien se preocupara por
sus heridas y lo curara era una experiencia nueva. Incluso la mujer que ayudaba
en las tareas de la casa siempre lo había tratado con total indiferencia.
‘Seguro mi padre le dio instrucciones de no
meterse’.
Aunque lo supiera, eso no curaba su rostro por
arte de magia. Nadie le prestaba atención, así que solía recoger el botiquín
que dejaban frente a su puerta y curarse solo.
A partir de ese día, Yoo-jun empezó a acortar
la distancia entre ambos, y Yoo-geon dejó de rechazar su cercanía.
El tiempo pasó rápido y Yoo-jun entró en la
secundaria. Se movía de un lado a otro frente a Yoo-geon luciendo su uniforme
nuevo.
“Yoo-geon, Yoo-geon. ¿Qué tal? ¿Me queda
bien?”
“Te queda... bastante bien.”
Sabiendo que ahora pasarían menos tiempo
juntos, Yoo-geon respondió con desgana y una expresión hosca.
“No seas así, dime al menos 'felicidades',
¿eh?”
Cuando Yoo-jun se sentó frente a él, apoyó la
barbilla en sus manos y le sonrió con dulzura, Yoo-geon desvió la cabeza
rápidamente para ocultar que sus mejillas empezaban a arder.
“Creo que me emocioné demasiado. Ir a la
secundaria no es para tanto, ¿verdad?”
Al ver que Yoo-jun se levantaba con una
sonrisa algo incómoda por su falta de reacción, Yoo-geon le tomó la mano con
urgencia.
“Felicidades...”
“Sí, gra...”
“Hyung.”
Yoo-jun sintió que se le llenaban los ojos de
lágrimas por esa última palabra.
“¿Q-qué dijiste? No te oí bien.”
El corazón de Yoo-geon dio un vuelco al ver
los labios de Yoo-jun temblar de pura emoción.
“Dije 'Hyung'. Yoo-jun-hyung. Felicidades por
entrar a la secundaria.”
“Sí. Gracias, Yoo-geon.”
Yoo-jun abrazó con fuerza al niño que lo
miraba. Había costado mucho tiempo sanar las heridas de Yoo-geon y derribar su
desconfianza hacia los demás. Pero ahora, por fin, le había abierto su corazón.
Yoo-jun lloró de alegría.
Yoo-geon también sonrió levemente, conmovido
por la reacción de su hermano. Sin embargo, la felicidad fue breve; la
desgracia llegó sin avisar cuando menos lo esperaban.
“Hah... ah... ugh... ¡Hah...!”
Antes incluso de recibir los resultados de su
prueba de casta, la manifestación de Yoo-jun estalló de repente.
“¡H-Hyung! ¿Estás bien? ¡Abre la puerta!”
“Cha Yoo-geon. Vete a tu habitación.”
Yoo-geon intentó entrar al oír los gemidos de
dolor, pero la puerta estaba cerrada por dentro. Golpeó desesperado, pero no
obtuvo respuesta. De repente, una mano lo sujetó por el hombro y lo apartó. Era
su padre.
“Padre, Hyung no abre. ¡Dígale a la empleada
que traiga la llave...!”
“¡¡QUE TE VAYAS A TU CUARTO!!”
Su padre le gritó con una furia salvaje,
clavando la mirada en la puerta de Yoo-jun mientras rechinaba los dientes.
Yoo-geon, que nunca lo había visto con una expresión tan letal, retrocedió por
instinto y corrió a su habitación.
“Maldición...”
El padre de Yoo-geon se mordió la lengua con
fuerza para contenerse antes de abandonar el lugar. No regresó a casa en una
semana, alegando un viaje de negocios. Cuando el dolor de la manifestación de
Yoo-jun cesó, el hombre volvió y le dio un ultimátum a la madre de Yoo-jun.
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“¿Qué? ¿C-Cariño... me pides que me vaya así
de repente? ¿Por qué?”
“¿Acaso me lo preguntas? Tú me aseguraste que
no sería un Omega.”
“¡Pero podría ser un Alfa!”
Al ser Beta, la madre de Yoo-jun no podía
distinguir por el aroma si su hijo era Alfa u Omega. Ante su ignorancia, el
hombre soltó una carcajada seca.
“¿Olvidaste que soy un Alfa? El dulce y
asqueroso aroma de un Omega todavía flota por toda la casa y apenas puedo
soportar las náuseas. ¿Y dices que es un Alfa?”
La mujer no pudo rebatir nada. El hombre puso
frente a ella un papel con la compensación por su tiempo de matrimonio.
“No tendría por qué darte nada, pero como no
tienes más que ese cuerpo desgastado... tómalo y lárgate antes de que termines
vendiéndote con un hijo a cuestas.”
“¡Cariño! ¡Cómo puedes decir...!”
“Por cada palabra que digas, restaré una cifra
de ese papel. Sigue hablando si tienes dinero escondido por ahí.”
La mujer guardó silencio, temblando de rabia y
humillación. El hombre se retiró a su despacho con una sonrisa de desprecio. En
cuanto la puerta se cerró, ella estalló:
“Todo por culpa de este mal nacido... hah...”
Se cubrió la cara con las manos, volcando todo
su resentimiento contra Yoo-jun. Desde la esquina del pasillo, Yoo-jun lo
escuchó todo en silencio, mordiéndose los labios hasta casi sangrar.
Ajeno a esto, Yoo-geon llegó de la escuela y
corrió directo al cuarto de Yoo-jun. Al ver la puerta entreabierta, entró sin
siquiera soltar su mochila.
“¡Hyung! ¿Ya no te du...?”
Se detuvo al ver la habitación vacía y
desolada. Sobre el escritorio, solo quedaba un sobre.
* * *
“Hah... tú lo dijiste primero, Hyung. Que nos
viéramos de nuevo cuando creciéramos. Soporté todo este tiempo aferrado solo a
esa frase... ¿y ahora te atreves a tratarme así?”
Yoo-geon murmuraba para sí mismo con una
mirada gélida perdida en el vacío.
“Has cometido un gran error conmigo, Hyung.”
Se levantó, arregló su uniforme con precisión
impecable y salió del anexo. Atravesó el largo pasillo que conducía al lobby
del Centro y llegó al despacho del líder del equipo de Guías, donde, como
esperaba, estaba Yoo-jun.
“Guía, ¿estaba aquí?”
Yoo-jun, que escuchaba las normas del Centro
de labios del líder de equipo, contuvo el aliento al oír esa voz baja y
peligrosamente familiar.
“Yoo-geo... ¡Mmm!”
Antes de que Yoo-jun pudiera pronunciar su
nombre, Yoo-geon cubrió su boca con su mano grande y le susurró al oído:
“Si me llamas de forma tan dulce, la gente va
a malinterpretar nuestra relación. Aunque a mí no me importaría en absoluto.”
Yoo-jun cerró la boca con fuerza. El líder del
equipo, notando la atmósfera inusual, los miró alternadamente con envidia.
Todos los Guías soñaban con ser la pareja exclusiva de un clase S como
Yoo-geon, y ver que un novato ya tenía esa cercanía —estando además vinculado
con Seo Ju-ha— lo hacía quedar como un manipulador ante los ojos del líder.
“Líder, ¿tiene algo más que decirle a mi
Guía?”
‘¿Su Guía?’. El líder soltó una risa interna
incrédula, pero se limitó a negar con la mano.
“No, ya le he comunicado todo lo necesario.”
“Entonces, me lo llevaré conmigo.”
“Claro, adelante...”
Yoo-jun miraba al líder con una expresión de
auxilio, pero este se marchó rápidamente tras lanzar una última mirada de
desprecio.
“Hyung, necesito guiamiento. Lo harás,
¿verdad?”
En cuanto quedaron solos, Yoo-geon empezó a
acariciar la palma de la mano de Yoo-jun con sus dedos, para luego entrelazarlos
con fuerza.
“¿P-por qué ahora...? Ayer tú ya...”
‘Ya recibiste todo el guiamiento que
necesitabas’. Yoo-jun se tragó las palabras que evocaban el acto sexual de la
noche anterior.
“¿Acaso un Guía exclusivo tiene derecho de
veto? ¿Quieres ir a la sala de guiamiento o prefieres hacerlo aquí mismo? A mí
me da igual.”
Ante la amenaza, Yoo-jun miró a su alrededor.
Estaban en un pasillo abierto por donde pasaba gente constantemente. Yoo-geon
lo miraba con una sonrisa relajada, sin rastro de culpa. Yoo-jun apretó la
manga del uniforme de Yoo-geon y se mordió el labio.
“Aquí... no quiero.”
Satisfecho con la respuesta, Yoo-geon soltó
una pequeña risa y lo cargó en brazos de repente.
“¡¿Qué haces?! ¡Bájame, puedo caminar solo!”
Yoo-geon suspiró ante la resistencia y
presionó con fuerza con sus dedos la zona del ano de Yoo-jun por encima del
pantalón.
“¡Ah...!”
El cuerpo de Yoo-jun se tensó ante la presión
en el lugar que anoche fue invadido por primera vez.
“Sigue resistiéndote si quieres que te la meta
aquí mismo.”
Tras esa amenaza, Yoo-jun dejó de luchar.
Sabía que bajo el pretexto del guiamiento, Yoo-geon tenía poder absoluto sobre
él.
“Buen chico. Así me gusta.”
Yoo-geon le dio un palmadita en el trasero
como si arrullara a un niño pequeño, haciendo que Yoo-jun ardiera de
humillación.
Al entrar en la sala de guiamiento, la vista
de la cama de diseño simple hizo que Yoo-jun desviara la mirada con pánico.
“……”
Zafándose de sus pensamientos, Yoo-jun
esperaba que Yoo-geon lo llevara directo a la cama, pero para su sorpresa, este
lo bajó y se sentó en el borde de una mesa cercana.
Yoo-geon golpeó el suelo un par de veces con
la punta de su bota y le hizo una señal con el dedo para que se acercara, como
si llamara a un animal.
“¿Qué...?”
La expresión de Yoo-jun se endureció ante ese
gesto.
“¿Quieres recibirlo por detrás? Todavía estás
inflamado, ¿podrás tragarte mi pene así?”
Yoo-jun frunció el ceño. No quería mostrarse
débil, pero tampoco tenía fuerzas para volver a soportar esa invasión física.
“Sigues siendo terco. De niño venías moviendo
la cola en cuanto te llamaba, ¿por qué ahora no?”
“Cha Yoo-geon... ¿vas a seguir hablándome así
de mal?”
Yoo-geon torció la boca en una mueca cínica.
“Mierda... Hyung, yo siempre hablé así. ¿Ya lo
olvidaste? De niño, aunque fuera un maleducado, decías que era lindo. ¿Por qué
ahora te quejas de cada palabra que digo, eh?”
“Cha Yoo...”
“¡Ah! ¿Será que ya no necesitas quedar bien
conmigo? ¿Cómo era? 'Quiero cuidar a mi primer hermano pequeño', ¿no decías
eso?”
Yoo-jun sintió una punzada de culpa. Empezó a
creer que la crueldad de Yoo-geon nacía del rencor por haberlo abandonado.
“Yoo-geon... eso fue...”
“Debió ser divertido. Ver cómo jugabas conmigo
y yo me lo creía todo. Qué patético debí parecerte.”
“Escúchame, por favor...”
“¿Cómo está tu madre? ¿Sigue tan hermosa y
ambiciosa como siempre?”
Yoo-jun quería aclarar el malentendido, pero
Yoo-geon no le daba espacio.
“¿Y bien? ¿Cómo está ella?”
Yoo-jun guardó silencio. No podía decirle que
su propia madre también lo había desechado cuando dejó de serle útil. No quería
admitir que estaba solo.
“Tu madre no parece tener defectos, excepto
por su mala suerte con los hombres. Ya no tiene nada que ver con ese tal Seo
Ju-ha, ¿verdad?”
“Basta... Como dijiste, ya no somos nada. No
vuelvas a hablar del pasado.”
Pero no tenía forma de callarlo con la fuerza,
así que lo único que podía hacer era levantarle la voz.
“Si quieres que cierre la boca, ven y deténme
tú mismo.”
Yoo-geon, como si se burlara de él, se dio
unos golpecitos en los labios con el dedo mientras curvaba las comisuras en una
sonrisa cínica.
“¿Crees que no me atrevo?”
Yoo-jun clavó su mirada en Yoo-geon, quien lo
trataba como a un tonto, se acercó a él, tiró de su corbata con fuerza y
estampó sus labios contra los del Alfa.
“Hyung... ¿estás bromeando? ¿Crees que así vas
a callarme?”
Yoo-geon lamió con su lengua los labios que
apenas rozaban los suyos, provocándolo con palabras maliciosas.
“Cállate y abre la boca.”
“Que me calle y la abra... mierda... qué
jodidamente sexy suena eso.”
Yoo-geon soltó una pequeña risa y, siguiendo
sus palabras, abrió los labios y sacó la lengua. Yoo-jun lamió la lengua
extendida y, con un movimiento torpe pero decidido, la envolvió y la succionó
dentro de su boca.
“Hah... ugh...”
Yoo-geon entornó los ojos y, mientras
acariciaba el cabello de Yoo-jun, empujó su lengua profundamente en la cavidad
bucal del otro. Al sentir que la mano que antes aferraba su corbata con
valentía empezaba a temblar, Yoo-geon soltó una risita contenida, cerró los
ojos y comenzó a hurgar y desordenar el interior de su boca con voracidad.
“Hah...”
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Yoo-geon soltó un gemido bajo ante el placer
del guiamiento que fluía por su cuerpo, algo que anoche no pudo sentir
plenamente bajo el efecto de las feromonas. Entonces, estiró su mano libre hacia
abajo, soltó su hebilla y comenzó a masajear su miembro, que ya empezaba a
endurecerse.
“Hah... Hyung. Ahora, a trabajar.”
En cuanto Yoo-geon se separó de sus labios y
presionó sus hombros hacia abajo, las rodillas de Yoo-jun se doblaron sin que
él pudiera evitarlo. Al bajar la mirada, frente a sus ojos apareció aquello que
anoche había causado estragos en su interior.
“Te dije que me callaras, ¿por qué eres tú
quien cierra la boca? Para tragarte mi pene tienes que abrirla.”
Yoo-geon soltó una carcajada al ver cómo
Yoo-jun se estremecía de espanto ante su miembro, y comenzó a frotarlo contra
el rostro del Guía.
“Guía Seo Yoo-jun. ¿No piensa trabajar?”
“N-no me llames as... ¡¡Mgh!!”
Cayendo de nuevo en su provocación, la boca
abierta de Yoo-jun fue invadida instantáneamente por el sexo de Yoo-geon.
“Hah... Hyung... abre más. ¿Crees que así
podrás tragártela toda?”
Cuando Yoo-jun intentó sacudir la cabeza y
retroceder, Yoo-geon no perdió la oportunidad; lo sujetó con firmeza y empujó
su miembro aún más adentro.
“Ugh... hic... ¡Ghg!... hic...”
Yoo-jun puso sus manos sobre los muslos de
Yoo-geon y empujó con todas sus fuerzas, sin querer tragar más. Pero sus
esfuerzos eran solo movimientos insignificantes ante el Alfa.
Cuando el glande golpeó el fondo de su
garganta y pasó más allá, su cuerpo comenzó a temblar violentamente por la
falta de aire. Cada vez que el miembro entraba y salía, una mezcla de saliva
que no podía tragar y fluido preseminal resbalaba por su barbilla.
“¡Hic... ugh... mgh...!”
Yoo-geon disfrutaba observando la imagen
desastrosa y encantadora de Yoo-jun aceptando su sexo con tanta dificultad,
hasta que un grito estruendoso desde fuera de la puerta rompió el ambiente.
“¡Hyung! ¡Sé que estás ahí! ¡Cha Yoo-geon,
maldito bastardo! ¡Abre la maldita puerta!”
Yoo-jun se sobresaltó al oír la voz de Ju-ha,
mientras que el rostro de Yoo-geon se contrajo en un gesto de fastidio.
“Hah... mierda... ese tipo es realmente
molesto.”
Ju-ha, al ver que la puerta no se abría a
pesar de sus golpes, usó su habilidad para destrozar la cerradura.
“Oye. ¿No ves que estamos en medio de un
guiamiento?”
Ju-ha entró con violencia, pero su expresión
se deformó en una mueca de horror y furia al ver la escena frente a él.
“El guiamiento... no es necesario.”
“¿Y quién diablos eres tú para decidir si es
necesario o no? Yo digo que lo necesito.”
Yoo-geon habló con una mirada gélida, pero
Ju-ha permanecía en silencio, con la mandíbula tensa. Era cierto que si un
Esper solicitaba guiamiento, el Guía debía cumplir según el contrato. Sin
embargo, no podía irse y dejar a Yoo-jun llorando con ese sexo tosco en su
boca.
“..., el líder del equipo...”
A Ju-ha no le salían las palabras con
naturalidad al intentar mentir.
‘Tengo que hacerlo’. Apretó sus puños
sudorosos y forzó la voz.
“La líder del equipo de Guías busca a Hyung.
Dice que olvidó decirle algo muy importante.”
Yoo-geon soltó una risa incrédula al ver a
Ju-ha decir una mentira tan obvia, pero finalmente sacó su miembro de la boca
de Yoo-jun.
“Así que la líder lo busca.”
Murmuró Yoo-geon, repitiendo las palabras de
Ju-ha con una mirada sombría. Ju-ha evitó el contacto visual, levantó a Yoo-jun
del suelo y comenzó a limpiar su rostro desordenado con su propio uniforme.
“Hyung. Ve rápido. ¿Sí?”
“Ju, Ju-ha...”
“Dijo que era urgente.”
Yoo-jun sabía que Ju-ha mentía, pero aquel
lugar se sentía como un infierno, así que salió apresuradamente de la sala de
guiamiento. Al salir, su rostro estaba cargado de arrepentimiento.
“Seo Ju-ha.”
Cuando Yoo-geon pronunció su nombre con una voz
cargada de instinto asesino, Ju-ha se estremeció involuntariamente.
“Tengo que agradecerte por dejarme engañar con
tu mentira.”
“¿D-de qué hablas? Yo solo dije la ver...
¡¡Agh!!”
Yoo-geon lo agarró violentamente del cuello y
estrelló su cabeza contra la mesa.
El impacto produjo un sonido seco y la mesa
terminó volcada en el suelo. Ju-ha, aturdido por el golpe, cayó al piso con la
conciencia borrosa. Sin importarle su estado, Yoo-geon lo subió de cualquier
manera a la cama, se montó sobre sus hombros y comenzó a frotar su miembro
contra el rostro de Ju-ha.
“Si vas a tocarme las narices, deberías haber
estado preparado para esto. ¿No crees, Seo Ju-ha?”
Yoo-geon metió los dedos en la boca
entreabierta de Ju-ha, presionando su lengua para abrir espacio suficiente para
su miembro. Luego, lo empujó con brutalidad dentro de su boca mientras el otro
aún no recuperaba el sentido.
“¡Ygh... ugh! ¡Uhg...!”
Ju-ha, que estaba mareado, recuperó la
conciencia de golpe al sentir cómo el sexo de Yoo-geon llenaba su boca, y agarró
instintivamente los muslos del Alfa por la falta de aire.
“Hah... ahora que estás despierto, cierra bien
esos labios.”
“¡Ugh! ¡Mgh!”
Desesperado, Ju-ha golpeó el muslo de Yoo-geon
con todas sus fuerzas, pero entre el impacto en la cabeza y la dificultad para
respirar, sus golpes no eran ninguna amenaza.
Con el ceño fruncido por el dolor punzante en
su cabeza, Ju-ha miró a Yoo-geon como si quisiera matarlo. En el momento en que
intentó clavar sus dientes para morderlo, Yoo-geon metió sus dedos de nuevo en
su boca y forzó su mandíbula para mantenerla abierta.
“Seo Ju-ha. En el momento en que intentes
algo, Hyung terminará debajo de mí. Supongo que no te importa, ¿verdad?”
Ante la amenaza de Yoo-geon, quien lo miraba
sin rastro de emoción mientras empujaba su miembro aún más profundo, Ju-ha ya
no pudo seguir resistiéndose.
Este tipo demente era de los que cumplen lo
que dicen, sin importar qué.
Aunque no lo conocía de hace mucho tiempo,
haber vivido juntos y recorrido el frente de batalla le permitió descifrar su
personalidad rápidamente. Ante la amenaza que involucraba a Yoo-jun, Ju-ha no
tuvo más remedio que rendirse. Yoo-geon esbozó una sonrisa arrogante al ver
cómo Ju-ha abandonaba esa mirada asesina para envolver su miembro con la
lengua.
“Hah… qué buen chico, Seo Ju-ha. ¿Por eso
Hyung te mima tanto? ¿Porque eres tan jodidamente amable como para chuparme el
pene en su lugar?”
Yoo-geon lo agarró del cabello para levantarle
la cabeza y, tras echar la cadera hacia atrás, se la incrustó en la boca sin
piedad.
“¡¡Ugh!! ¡Hic…!!”
“Hah… Seo Ju-ha. Mierda… tienes talento para
esto.”
Yoo-geon echó la cabeza hacia atrás y soltó un
jadeo húmedo al aire. Luego, sujetó la cabeza de Ju-ha con ambas manos y
comenzó a embestir brutalmente, metiéndosela hasta la raíz.
“¡¡Ugh!! ¡¡Ugh!! ¡¡Ugh, hic!!”
Los Alfas, con condiciones físicas superiores
a las de los Omegas o Betas, tenían genitales igualmente feroces. Ju-ha tenía
que abrir la boca hasta casi dislocarse la mandíbula solo para poder
albergarlo, y cuando sentía que le golpeaba el fondo de la garganta, las
náuseas lo invadían; sin embargo, tenía que tragárselas cada vez que Yoo-geon
volvía a empujar. Con cada embestida, sentía que su cabeza retumbaba y que
moriría por la falta de aire.
Sin poder aguantar más, Ju-ha empezó a
retorcerse lastimosamente, tratando de empujar el cuerpo de Yoo-geon mientras
las lágrimas caían por sus mejillas.
“¿Nuestro Ju-ha está llorando? Te ves un poco
lindo llorando con un pene en la boca. Hyung te la va a meter más profundo, así
que intenta tragártela con gusto, ¿vale?”
“Hic… ugh, ¡¡Ugh… ugh!!”
A Yoo-geon no parecía importarle en absoluto
el sufrimiento de Ju-ha. Siguió moviendo la cadera con saña hasta que descargó
un espeso semen en el fondo de su garganta.
“¡¡Ugh!! ¡¡Ugh…!!”
Sumergido en el clímax, Yoo-geon agitó la
cadera suavemente antes de retirarse. En cuanto salió, Ju-ha cayó al suelo con
arcadas, intentando escupir el semen que había bajado por su garganta. Pero por
más que lo intentaba, lo que ya había tragado no regresaba. Yoo-geon sujetó con
brusquedad la nuca de Ju-ha, quien sufría por el roce en su boca y garganta
lastimadas, y estampó su cabeza contra la cama.
“¡Ugh, suéltame! ¡Hice lo que pediste!”
Gritó con voz ronca debido al esfuerzo, pero
Yoo-geon ni siquiera parpadeó. Normalmente se habría sentido ofendido por su
rebeldía, pero sorprendentemente, se sentía mejor que nunca.
‘Es la primera vez que me siento así. ¿Alguna
vez había hecho lo que quería a este nivel?’.
Cualquiera en el Centro sabía que tenía un
carácter de perros. Pero hoy era la primera vez que mostraba toda su verdadera
personalidad al desahogar su deseo sexual. Incluso con Yoo-jun, aunque mostraba
su temperamento, nunca llegaba al punto de embestirlo hasta saciarse; no quería
romper su cuerpo. Pero Ju-ha era un "objeto" excelente del que no
tenía que preocuparse si se rompía. Y por alguna razón, cada una de sus
reacciones estimulaba su deseo.
“Ju-ha. ¿Quieres hacer un trato conmigo?”
“Qué estupideces… ¡¡Ugh!!”
Yoo-geon soltó una risa burlona al ver que
Ju-ha seguía siendo terco a pesar de estar sometido, y le mordió el lóbulo de
la oreja con fuerza.
“No es una mala oferta para ti. Es por el bien
de Hyung.”
“Suéltame primero y habla…”
Ju-ha tenía toda su atención centrada en la
dureza que sentía a sus espaldas. Aunque sabía que Yoo-geon no sentiría deseo
por su cuerpo, ese miembro feroz presionando entre sus nalgas lo ponía ansioso.
Además, ahora mismo estaba inmovilizado y no podía defenderse adecuadamente.
Pensó en usar su habilidad para estrangularlo o lanzarlo lejos, pero era obvio
que su propio cuerpo terminaría calcinado antes de que Yoo-geon saliera
volando.
“Dime rápido, ¿vas a aceptar el trato o no?”
NO
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“¡Tendrás que decirme qué tipo de contrato es
para que pueda responder!”
Al límite de su paciencia, Ju-ha levantó la
voz. Yoo-geon sonrió, metió la mano bajo la camisa de Ju-ha y presionó con
fuerza uno de sus pezones.
“¡Ah! Mierda, ¿qué estás…?”
“Entregarme tu cuerpo cuando yo lo desee.”
“……¿Qué?”
Ju-ha no podía creer lo que oía. Él no era un
Guía, ni tampoco un Omega.
“Oye, Cha Yoo-geon. ¿Te golpeaste la cabeza?
Soy un Esper igual que tú. Además, soy Beta, ¿qué piensas hacer conmigo? ¿Estás
loco?”
Ju-ha soltó una risa absurda, pero Yoo-geon se
limitó a sonreír levemente mientras jugueteaba con la punta de sus dedos sobre
el pezón que antes presionaba.
“Por eso es perfecto, Seo Ju-ha. Como eres un
Esper eres resistente, y como eres Beta no tengo que preocuparme por embarazos.
¿No es ideal?”
“¡Ah! ¡¿Por qué de repente dices estas
mierdas?! ¡Maldita sea, quita la mano! ¡¡Ah!!”
Yoo-geon retorció ligeramente el pezón y le
susurró al oído:
“Euibinu.”
“¿Eui… binu? ¿Qué es eso?”
“Cuando un toro está excitado y puede lastimar
a la vaca, se usa a otro buey para que reciba el semen y desahogue su
excitación; a ese animal se le llama Euibinu. ¿Qué te parece? Te queda
como anillo al dedo, ¿no?”
El rostro de Ju-ha se contrajo de forma
violenta ante el comentario tan degradante. Sentía un asco profundo hacia
Yoo-geon, quien ayer jugó con Yoo-jun usando sus feromonas y hoy pretendía
tratarlo a él como a una bestia de carga.
“Quítate.”
Ju-ha ni siquiera respondió a su propuesta; le
advirtió que lo soltara con una voz baja y sombría.
“Seo Ju-ha, piénsalo bi… ¡¡Cgh!!”
En el momento en que Yoo-geon se confió
creyendo que tenía la ventaja absoluta, Ju-ha aprovechó el descuido y usó su
habilidad para presionar el cuello de Yoo-geon.
“Escucha. Incluso para un bastardo como tú,
hay cosas que se pueden decir y otras que no.”
Yoo-geon se llevó las manos al cuello,
sufriendo por la presión. Ju-ha, liberándose de su agarre, lo miró desde arriba
con ojos gélidos y le advirtió:
“Vuelve a decir esa mierda del buey frente a
mí y te romperé el cuello de verdad.”
Ju-ha retiró su habilidad y salió
apresuradamente de la sala de guiamiento, sin querer pasar un segundo más en el
mismo espacio que Yoo-geon.
“Hah… mierda… verlo tan asqueado lo hace más
divertido. Veamos cuánto aguanta. Voy a jugar con él a mi antojo hasta romperlo
por completo y quitarlo del lado de Hyung.”
Yoo-geon se frotó las marcas rojas de su
cuello mientras murmuraba con una expresión sombría, observando la puerta por
donde Ju-ha se había ido.
“Hah, hah, hah… maldito perro. Loco de mierda,
demente.”
Ju-ha corrió con todas sus fuerzas para
alejarse, hasta que un mareo repentino lo obligó a sentarse en el suelo
apoyando la espalda contra la pared.
“Ahg, mierda. Me retumba la cabeza…”
Mientras recuperaba el aliento, las palabras
de Yoo-geon daban vueltas en su mente. Su cuerpo empezó a temblar. Ni siquiera
ante los monstruos más grandes y agresivos había sentido este tipo de miedo. Le
enfurecía que Yoo-geon tratara a las personas como herramientas sin
remordimiento, y le aterraba la certeza de que ese hombre era capaz de cumplir
sus amenazas. Pero lo que más le dolía era pensar que, al rechazar la oferta,
Yoo-jun podría sufrir un destino peor.
Cerró los ojos con fuerza y recordó a Yoo-jun
dominado por las feromonas ayer, aceptando actos que no podía rechazar como
Guía exclusivo. Se sentía a punto de volverse loco.
“No… no pienses demasiado. Yo lo protegeré.
Yo…”
Ju-ha, mientras murmuraba para sí mismo e
intentaba recomponer su voluntad, no podía evitar recordar cómo hace apenas
unos instantes había sido sometido sin poder siquiera oponer resistencia.
Hasta ahora, pensaba que entre un Alfa y un
Beta solo existía una diferencia de género, y no le daba mayor importancia a
los rangos asignados. Pero tras haber podido usar su habilidad solo en un
descuido de Yoo-geon, Ju-ha sintió por primera vez su propia debilidad ante esa
fuerza abrumadora.
“¿Qué haré si no puedo proteger a Hyung? Si él
se decepciona de mí... si piensa que no soy útil, ¿qué haré?”
El día que sus padres se divorciaron, Ju-ha se
aferró a Yoo-jun con terquedad cuando este intentó romper vínculos con él
también. Le rogó que lo dejara quedarse a su lado, argumentando que la vida de
un Omega solitario no sería fácil y que él lo protegería.
Había logrado fundirse en la rutina de Yoo-jun
manteniendo la distancia justa: lo suficientemente cerca para no ser olvidado,
pero lo suficientemente lejos para no ser una carga. Ju-ha estaba convencido de
que Yoo-jun había aceptado el contrato exclusivo con él esperando que lo
protegiera de Yoo-geon. Apretando los dientes con rabia, se puso en pie.
Desandó el camino por el que había huido de
Yoo-geon y volvió a pararse frente a la sala de guiamiento. A pesar de la
determinación que había forjado con cada paso, su mano dudó frente al
picaporte.
Ju-ha siempre había sido lento en temas
sexuales; Yoo-jun era la única persona a la que había amado. Incluso en el
guiamiento, solo aceptaba el contacto mínimo a menos que sus ondas estuvieran
extremadamente descontroladas. Jamás, ni siquiera en el guiamiento de mucosas,
había estado bajo el cuerpo de nadie.
Y ahora, estaba allí para arrastrarse
voluntariamente entre las piernas de ese hombre. Su mano no se movía como
dictaba su mente. ¿Quién no dudaría en una situación así?
Ju-ha evocó una vez más el rostro de Yoo-jun
y, con un movimiento brusco, giró el picaporte que él mismo había destrozado
antes.
“¿Seo Ju-ha?”
Caminó con paso firme hacia Yoo-geon, quien
aún estaba en la sala arreglándose el uniforme. Sin decir palabra, lo agarró de
las solapas y lo empujó sobre la cama.
Yoo-geon, que al principio lo miró con
desconcierto, observó la expresión en el rostro de Ju-ha y curvó los labios en
una sonrisa triunfal.
“Promételo. Si yo... entrego mi cuerpo en su
lugar... no tocarás a Hyung más allá del guiamiento estrictamente necesario.”
Ju-ha forzó la voz, con las manos temblando
mientras sujetaba la ropa del Alfa. Su rostro estaba tan pálido que parecía que
iba a desmayarse en cualquier momento, y aunque su exigencia era patética para
Yoo-geon, este se sintió extrañamente atraído.
Yoo-geon metió el pulgar en la boca de Ju-ha,
hurgando en su interior mientras respondía con voz pausada:
“Seo Ju-ha. Primero tendrás que demostrar si
vales lo suficiente como para exigir algo.”
“...¿Qué? Pero hace un momento tú...”
Ju-ha mostró su desconcierto ante el cambio de
actitud. Yoo-geon, disfrutando de su expresión, lamió con su propia lengua el
dedo que acababa de sacar de la boca de Ju-ha, mojado con su saliva.
“Ah... cumpliré mi promesa. Pero... después de
que me dejaras el cuello así, me están dando ganas de cambiar de opinión.”
Yoo-geon se aflojó la corbata y bajó el cuello
de la camisa, mostrando los hematomas azulados que empezaban a formarse.
Saber que Yoo-geon usaba eso como excusa para
acorralarlo lo hacía querer matarlo, pero mostrar furia ahora sería estúpido.
Ju-ha hundió sus labios en el cuello del Alfa y dejó un beso ligero. Tenía una
expresión miserable y parecía que iba a estallar en llanto en cualquier
segundo.
“Lo... siento.”
“Ju-ha. No te dije eso para que gastaras
saliva hablando.”
Entendiendo la intención, Ju-ha se separó de
su cuello, bajó de la cama y se arrodilló a sus pies. Besó suavemente su muslo
y comenzó a subir los labios hacia el centro.
En cuanto Ju-ha bajó, Yoo-geon se incorporó y
se sentó en el borde de la cama. Ver al arrogante Ju-ha arrodillado a sus pies,
esforzándose por complacerlo, era una visión exquisita. Ju-ha hundió el rostro
en su entrepierna y comenzó a morder suavemente el bulto a través de la tela
del pantalón.
“¿Dónde habrás aprendido a ser tan cariñoso?
¿Eh?”
Yoo-geon acarició el cabello castaño de Ju-ha.
Si Ju-ha fuera su amante, se habría sonrojado, pero sabiendo que eran palabras
para humillarlo, solo pudo fruncir el ceño.
Divertido por cómo Ju-ha reaccionaba a cada
una de sus palabras, Yoo-geon se desabrochó el pantalón y frotó su miembro ya
erecto y palpitante contra el cabello de Ju-ha.
“Veamos con cuánta sinceridad te disculpas.”
Ju-ha deseaba levantarse y retorcerle el cuello
por pisotear su orgullo de esa manera, pero si eso hubiera sido la solución, no
estaría arrodillado allí. Sujetó el miembro de Yoo-geon con una mano. Lamió
desde los testículos y subió con la lengua meticulosamente desde la punta del
glande, bajando de nuevo con los labios.
Ante el tacto de esa lengua torpe recorriendo
su base, Yoo-geon soltó un jadeo. No podía evitar excitarse al ver a Ju-ha
retorcerse por dentro solo para ganarse su favor en nombre de Yoo-jun.
“¿Hasta cuándo vas a seguir solo lamiendo?”
Yoo-geon frotó su sexo contra su rostro,
manchándolo con el fluido preseminal. Ju-ha intentó limpiarse con la manga,
pero la voz baja de Yoo-geon lo detuvo, obligándolo a abrir la boca y
albergarlo en ese estado lamentable.
“¡Ugh, ugh!”
“Mierda, Ju-ha. Hace un momento dejaste que te
la metiera hasta el fondo, ¿por qué ahora solo estás jugueteando en la
entrada?”
Al sentir que Ju-ha bloqueaba el paso con la
lengua para que no avanzara más, Yoo-geon frunció el ceño. Lo agarró del
cabello y sacó su pene de golpe. Se puso de pie, empujó a Ju-ha contra la cama
para que no pudiera retirar la cabeza y le incrustó el sexo en la boca sin
piedad.
“¡¡Ugh!!”
Sujetando la cabeza de Ju-ha con ambas manos,
Yoo-geon embistió una y otra vez, hundiéndose hasta el fondo de su garganta.
Ju-ha, incapaz de gritar por el dolor, solo podía patalear y aferrarse a la
ropa de Yoo-geon.
“¡Hic! ¡Ugh! ¡Mgh...!”
“Ju-ha. Estás rozando con los dientes. ¿No vas
a cerrar bien los labios?”
NO
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Cada vez que el pene salía y volvía a entrar,
una mezcla de saliva y fluidos que no lograba tragar corría por su cuello,
empapando su camisa. Yoo-geon soltó gemidos bajos ante el orgasmo inminente
mientras admiraba la expresión de Ju-ha, quien lo aceptaba con los ojos
entreabiertos y perdidos.
“Ju-ha. ¿Sabes que te ves jodidamente hermoso
ahora?”
“¡Ugh... hic...!”
Ju-ha no tenía energía para procesar los
insultos. Solo deseaba que esa cosa feroz que apuñalaba su garganta saliera
pronto.
“Voy a correrme dentro, así que trágalo bien,
Seo Ju-ha.”
“¡¡Mgh!! ¡¡Ghg!!”
Yoo-geon lo sujetó con fuerza y descargó su
semen espeso hasta la raíz.
“Mierda, Ju-ha. Tienes que terminar el trabajo
correctamente.”
Yoo-geon miró a Ju-ha, quien respiraba con
dificultad con el rostro desordenado, y frotó su miembro mojado contra sus
labios. Ju-ha, cerrando los ojos con fuerza para ignorar el último gramo de
orgullo que le quedaba, sacó la lengua y lamió el sexo húmedo del Alfa.
“Hah... ya está. Quita eso.”
Ju-ha giró la cabeza al sentir que el pene de
Yoo-geon volvía a endurecerse.
“Qué frío. Después de chuparla con tanta
ansiedad, ahora que terminas me das la espalda. Me duele.”
“¡¿Cuándo hice yo eso?!”
Levantó la voz, fulminando con la mirada a ese
hombre que jugaba con él desde su posición de superioridad.
“……”
Sin embargo, en cuanto Yoo-geon se arregló la
ropa y bajó la mirada para encontrarse con la suya, Ju-ha se quedó sin
palabras.
“Seo Ju-ha.”
Yoo-geon pasó un dedo por la comisura de la
boca de Ju-ha para recoger el semen que goteaba, lo empujó dentro de su boca y
pronunció su nombre.
“Trágatelo.”
Cuando Ju-ha intentó empujar el dedo de
Yoo-geon con la lengua, este le ordenó con una voz cargada de una autoridad
aplastante. No podía echarlo todo a perder por una última gota después de haber
aceptado voluntariamente todo ese fluido.
Ju-ha, fulminándolo con una mirada asesina,
terminó de lamer el dedo de Yoo-geon y tragó el semen.
“Trato hecho.”
Yoo-geon sacó el teléfono del bolsillo
interior de su chaqueta y se lo tendió a Ju-ha.
“Graba tu número. Cuando te llame, vendrás
corriendo sin rechistar. Yo decido qué hacer contigo. No aceptaré que me
cuestiones ni que te resistas. ¿Entendido?”
Sus palabras no eran una petición; eran una
exigencia de obediencia absoluta. Aunque Ju-ha sabía que terminaría así desde
que decidió volver a entrar en la sala, necesitaba marcar una línea clara para
evitar abusos aún mayores en el futuro.
“Al menos deberías decirme qué piensas
hacerme... ¡Ah!”
Como si no tuviera interés en escucharlo,
Yoo-geon acarició suavemente el sexo de Ju-ha por encima de la tela, para luego
bajar la mano y presionar con fuerza la zona del ano. Ju-ha, que jamás había
sentido placer por esa vía, solo experimentó una profunda repulsión ante el
contacto.
“¿No dije que no acepto cuestionamientos?
Sigue así si quieres que te la meta aquí mismo ahora mismo.”
Yoo-geon actuaba como si ese contrato lo
convirtiera en su dueño. Su actitud era despreciable, pero Ju-ha sentía que él
mismo no era muy diferente.
‘Al menos protegí a Hyung’.
Aunque ahora fuera tratado como un simple
animal de reemplazo por Yoo-geon, agradecía poder proteger a Yoo-jun de esta
manera.
“Tú también cumple tu promesa. No presiones a
Hyung con tus feromonas. No tienes idea de la vida que ha llevado como Omega.
No lo hagas sufrir. Y además...”
A Yoo-geon le molestaba que Ju-ha hablara con
esa superioridad, como si supiera más de Yoo-jun que él mismo, pero guardó
silencio y escuchó, casi como quien guarda luto por la vida de alguien que está
a punto de caer al abismo.
“Controla tu guiamiento lo más que puedas.
Eres un clase S, tus ondas no se descontrolan tan fácilmente.”
La imagen de Ju-ha siendo "lindo"
mientras le chupaba el pene se había esfumado; ahora volvía a ser ese tipo
parlanchín que creía saberlo todo.
“Pides demasiado para alguien que solo ofrece
un cuerpo, Ju-ha.”
Esas palabras hicieron que Ju-ha estallara.
Como Esper Beta, nunca había planeado en su vida entregarse a otro hombre.
Haber firmado ese contrato era equivalente a entregar todo su ser, y que
Yoo-geon lo minimizara de esa forma le enfurecía.
“¡¡He dicho que yo lo haré en su lugar!!”
NO
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La rabia que contenía finalmente explotó.
Ju-ha agarró a Yoo-geon por las solapas y le gritó con el rostro desencajado.
Yoo-geon se limitó a burlarse de su furia.
“Sí, 'en su lugar'. Tendrás que esforzarte
para que me sientas tan satisfecho como dices. Pero sabes que el guiamiento no
siempre es algo que yo pueda controlar. Olvida eso de interferir ahí. Sabes que
si algo me pasa, es una pérdida nacional, ¿verdad?”
Yoo-geon, tan arrogante como siempre, guardó
el teléfono con el número de Ju-ha en su chaqueta. Apartó bruscamente las manos
de Ju-ha de su ropa y se puso de pie. Sin más que hacer allí, salió de la sala
de guiamiento sin mirar atrás.
Click.
En cuanto desapareció de su vista, el cuerpo
de Ju-ha comenzó a temblar violentamente. La tensión acumulada para no mostrar
debilidad ante el Alfa se transformó en espasmos musculares. Se le habían
acabado las fuerzas.
Ju-ha se cubrió el rostro con sus manos
temblorosas. El miedo a haber sido manipulado de nuevo o a haber tomado una
decisión precipitada por sus emociones lo invadía.
“Hah... hice lo correcto. Hiciste lo correcto,
Seo Ju-ha. Solo con evitar que Hyung sufra por las feromonas de un Alfa... habrá
valido la pena. Lo hiciste bien, Seo Ju... hip... ugh.”
Lloró en silencio durante un largo rato,
temiendo que alguien lo escuchara. Luego, se limpió el rostro con la manga del
uniforme y se levantó.
“¡Ju-ha!”
Mientras caminaba débilmente por el pasillo,
la voz de Yoo-jun lo alcanzó. Al reconocerlo, Ju-ha recordó instantáneamente su
boca lastimada por haber albergado el miembro de Yoo-geon y, en un acto
reflejo, levantó las manos para cubrir los ojos de Yoo-jun.
“Ju, Ju-ha, ¿qué pasa?”
Yoo-jun intentó quitarle las manos de la cara,
pero Ju-ha sujetó las suyas y las bajó suavemente, manteniéndose cerca pero sin
dejar que le viera el rostro. Era evidente que no quería ser visto. Yoo-jun
pensó de inmediato que Ju-ha debía haber sido golpeado por ayudarlo a escapar
de Yoo-geon.
“No, no es nada. Hyung, por favor, dame un
poco de guiamiento. Solo abrázame fuerte, ¿sí?”
El tono debilitado y tembloroso de su voz le
partió el corazón a Yoo-jun. La culpa lo consumía; se sentía un egoísta por no
poder separarse de Yoo-geon pero, al mismo tiempo, sentir que no podía
sobrevivir sin Ju-ha a su lado.
Yoo-jun lo abrazó con fuerza y dejó que su
guiamiento fluyera cálidamente hacia el cuerpo de Ju-ha. Ante esa calidez que
inundaba sus canales, Ju-ha apoyó la cabeza en su hombro.
“Ju-ha, ¿estás mejor ahora?”
Ju-ha asintió. El dolor punzante en su cabeza
y las pequeñas heridas en sus labios se curaron gracias al guiamiento de
Yoo-jun.
“Sí. Ya estoy bien. Gracias, Hyung. Si alguna
vez tienes un problema, apóyate en mí. Siempre estaré a tu lado, ¿entendido?”
Ju-ha forzó una sonrisa para ocultar la
angustia que devoraba su interior. Se juró a sí mismo que protegería a Yoo-jun
de cualquier daño que Yoo-geon intentara causarle.
Yoo-jun sospechaba que Ju-ha le ocultaba algo,
pero no se atrevió a preguntar. Conocía su personalidad; si intentaba indagar
demasiado, Ju-ha se cerraría aún más para no ser descubierto.
“Sí, Ju-ha, gracias. Me alegra tanto que estés
aquí. Siento que mientras estés a mi lado, no tendré miedo de nada.”
Yoo-jun dijo esto para tranquilizarlo,
temiendo que su propia ansiedad preocupara más a Ju-ha. Si hubiera sabido lo
que Ju-ha sentía en realidad, jamás habría dicho esas palabras. No quería que
él cargara con tal peso.
Sin embargo, a pesar de los deseos de Yoo-jun,
Ju-ha se convenció de que aceptar la propuesta de Yoo-geon había sido lo
correcto. Si con eso lograba que Yoo-jun no sintiera miedo, para él era
suficiente.
