22. Mordisco de amor

 


22. Mordisco de amor

 

Tras las fotos y devolver el equipo, se dirigieron al estacionamiento, que era un hervidero de gente despidiéndose entre risas. Chase se sentó al volante y miró a Jung-in, que llevaba su mochila negra sobre el regazo. Aunque solía llevar algún libro o cuaderno, hoy la mochila se veía especialmente pesada.

“¿Y esa mochila?”.

“Cosas mías”.

Respondió Jung-in abrazando el bolso y mirando por la ventana con un ligero temblor en la voz que delataba un secreto.

“¿Tan valioso es? ¿Llevas ahí el libro de las vergüenzas?”.

Jung-in se sobresaltó, lo miró de reojo y luego se echó a reír, recordando aquel día en que descubrió que Chase tenía el cuaderno. Poco después, se dio cuenta de que no iban hacia Palm Grove Drive, sino hacia Bradshaw Street.

“¿A dónde vamos?”.

“A mi casa”.

Jung-in apenas había estado allí. A Chase no le gustaba mucho su propia casa y Jung-in se sentía incómodo en ese lugar tan lujoso y frío, que parecía más un catálogo de muebles que un hogar. Además, estaba lleno de personal: mayordomos, chefs, jardineros... Preferían el pequeño cuarto de Jung-in, donde Chase se acurrucaba en su cama individual diciendo que le gustaba porque olía a él. Por eso, que Chase sugiriera ir a su casa era inusual.

El descapotable plateado giró hacia Crestview Drive. El paisaje se teñía de naranja con el atardecer. El mar brillaba a lo lejos bajo los últimos rayos del sol. Al llegar a la mansión, las puertas de hierro se abrieron automáticamente. Pasaron por la casa principal y se dirigieron hacia el anexo, la zona más privada de Chase. En la sala del anexo, Jung-in iba a sentarse cuando Chase lo llamó.

“Deja la mochila ahí y ven conmigo”.

Jung-in dejó la mochila con cuidado y se acercó. Chase se puso detrás de él y, sin previo aviso, le tapó los ojos con una mano.

“No los abras”.

Lo guio con cuidado, recordándole la noche en que fueron a ver las luces tras la competencia. La textura bajo sus pies cambió del mármol frío a algo blando.

“Está bien, ábrelos”.

Jung-in se quedó sin aliento. En medio del césped, se había montado un cine privado. Una gran tela blanca colgaba entre dos árboles, y frente a ella, una manta de picnic con cojines y mantas gruesas. Más allá de la pantalla se veía el mar abierto bajo el cielo carmesí.

“¿Te gusta?”.

Preguntó Chase en voz baja. Jung-in asintió, emocionado.

“Espera aquí, vamos a cenar primero”.

"¿Cena?".

Jung-in se acomodó en los cojines. El viento era fresco y se oía el suave murmullo del agua de la piscina cercana. Al rato, Chase apareció con dos copas y una cubitera.

“Primero, el aperitivo”.

Sacó una botella verde brillante, un champán que parecía muy caro. Llenó las copas y brindaron.

“Feliz cumpleaños”.

El líquido dorado burbujeó. Jung-in bebió un sorbo; le gustó el toque efervescente y el aroma a frutas.

Luego, Chase trajo una bandeja con mac & cheese humeante, con el queso perfectamente fundido.

“¿Lo hiciste tú?”.

“Bueno... yo lo calenté”.

Admitió Chase con una sonrisa.

“Y puse el perejil. ¿Ves que tiene forma de corazón? Calidad Michelin, ¿eh?”.

“No puedo contigo”.

“El próximo año te cocinaré algo de verdad”.

Prometió Chase con seriedad. Para Jung-in, aquello sonó como una promesa de pasar también el próximo cumpleaños juntos.

Cenaron compartiendo el mismo tenedor. Después, Chase trajo palomitas con aroma a mantequilla y encendió el proyector. Una imagen en blanco y negro apareció en la tela.

“¿Cómo se llama la película?”.

<Noche en la ciudad>.

“No la he visto nunca”.

“Le pregunté a Siri por una película clásica en blanco y negro que me hiciera parecer sofisticado frente a mi pareja”.

Jung-in soltó una carcajada. La película empezó mostrando las calles húmedas y oscuras de Londres. De repente, Jung-in reconoció un rostro en la pantalla.

“¡Ah! Es Gene Tierney”.

“¿La conoces?”.

“Se parece a tu madre, ¿no? De hecho... ya la he conocido. A tu madre”.

Jung-in comenzó a relatarle a Chase el día en que conoció a su madre durante un evento benéfico, cuando ella estaba ebria y él la ayudó a llegar a su despacho.

La expresión de Chase se ensombreció gradualmente mientras escuchaba la historia.

“...Mi madre tiene sus problemas”

Lillian había sufrido una grave adicción al alcohol. Ahora estaba un poco mejor, pero en el pasado había sido tan serio que su vida diaria era imposible, y tuvo que ingresar en un centro de rehabilitación en Arizona. Por supuesto, de cara al exterior, se dijo que estaba de viaje por Europa.

“Aun así, mi madre es mejor que mi padre. Al menos ella no me ve como una herramienta”.

Jung-in miró a Chase en silencio. Tal como decía el contrato escrito en la servilleta de Sally’s Diner, Chase no guardaba secretos para Jung-in. Jung-in sabía lo que había pasado entre él y su padre, y sospechaba vagamente que el padre de Chase sabía de su existencia y que algún día tendría que enfrentarse a él.

Chase, a pesar de tenerlo todo, a veces lo miraba con los ojos más pobres del mundo. Jung-in quería abrazar a ese Chase, proteger las heridas que él nunca mencionaba en voz alta. Y si algún día llegaba el momento de luchar por su felicidad, Jung-in no pensaba perder, ya fuera contra su padre, el presidente o el mismísimo Papa.

 

“Vaya, fue más pesado de lo que esperaba”.

La película trataba sobre un estafador que, persiguiendo una ilusión, perdía el amor y era empujado al abismo. La historia terminó con su cuerpo siendo arrojado al río tras ser asesinado. Durante toda la película, Chase había estado jugueteando distraídamente con la mano y la muñeca de Jung-in.

“Aun así, fue interesante”.

The End. Las grandes letras aparecieron en la pantalla y el proyector se apagó. Al desaparecer la luz, el entorno se sumió instantáneamente en la oscuridad. El atardecer se había ido y el cielo estaba teñido de un azul marino profundo.

Jung-in se estiró ligeramente, pero en ese momento sintió una sensación extraña en la muñeca. Ante el frío característico del metal, bajó la mirada involuntariamente. En su muñeca brillaba una pulsera delicadamente labrada. En el centro colgaba un dije con el símbolo del infinito, y la cadena estaba formada por pequeñas cuentas de ónix negro meticulosamente unidas.

“¿Eh? Esto es...”.

“Feliz cumpleaños, Jung-in”.

Susurró Chase de nuevo.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Lo atrajo hacia sus brazos y lo besó profundamente. Mordisqueó ligeramente los labios de Jung-in antes de succionarlos con suavidad, rozando con sus dientes la delicada mucosa interna. Sus alientos cálidos se mezclaron. Los labios de Jung-in se entreabrieron y Chase deslizó su lengua con fluidez en su interior.

Las dos lenguas se encontraron en ese espacio estrecho, entrelazándose y soltándose repetidamente. Solo después de un largo rato, sus labios se separaron con un sonido húmedo. Chase intentó acercarse de nuevo ladeando la cabeza, pero Jung-in lo detuvo.

“Oye, Chay”.

“Dime”.

Chase respondió en voz baja, intentando acercar su rostro otra vez, pero Jung-in retrocedió un poco esquivando sus labios.

“¿Puedes traerme mi mochila?”.

Ante el pedido de Jung-in, Chase le dio un último beso corto y, con desgana, se levantó. Poco después regresó con la mochila en la mano. Jung-in la tomó con cuidado, como si contuviera explosivos, y se la extendió a Chase.

“Ábrela”.

“¿Eh?”.

Chase ladeó la cabeza, confundido.

“¿Por qué? El del cumpleaños eres tú. ¿Hay un regalo para mí aquí dentro?”.

Jung-in no respondió. Chase lo miró de reojo y luego bajó la vista hacia la mochila. Se encogió de hombros con indiferencia y abrió la cremallera. Tras echar un vistazo rápido al interior, cerró la cremallera de golpe y miró a su alrededor con rapidez.

Su rostro parecía haber perdido el alma; era un poema. Tenía la expresión de alguien que duda de sus propios ojos, preguntándose: ‘¿Qué acabo de ver?’. Incapaz de creerlo, volvió a abrir la mochila y miró dentro.

La mochila de Jung-in estaba atestada de lubricantes, cremas y condones con eslóganes publicitarios vergonzosos. Parecía que había comprado todos los tamaños y tipos posibles, como si fuera a grabar un vídeo de reseñas. Chase estiró la mano aturdido y sacó un envase de plástico con un líquido transparente. El paquete tenía una frase audaz en letras grandes.

“¿La mejor elección para una noche de éxtasis...?”

“No sabía qué se necesitaba, así que compré uno de cada tipo. Gasté mis ahorros de varias semanas”.

“Jung-in... esto es... tan repentino que...”.

Chase miró a Jung-in con cara de asombro, sosteniendo la caja del lubricante en una mano. Jung-in bajó la mirada ligeramente, como si fuera a decir algo erótico y lascivo.

“¿Sabes qué? Ahora ya puedo votar en las elecciones presidenciales”.

Clac. El lubricante que Chase sostenía cayó al suelo. Chase dijo como hechizado.

“...Dios mío, es lo más sexy que he oído en mi vida”.

Jung-in se acercó a Chase a gatas, como un gato, apoyando manos y rodillas. Luego empujó los hombros de Chase. Perdiendo el equilibrio, Chase se inclinó hacia atrás, apoyando un codo en el suelo. Jung-in continuó con una expresión que parecía anunciar otra frase escandalosa.

“Ahora puedo ser procesado como adulto bajo la ley penal”.

“¿Vas a volverme loco? Para ya, Jung-in”.

Jung-in, volviéndose más audaz, se sentó a horcajadas sobre los muslos de Chase.

“Legalmente, puedo casarme sin el consentimiento de mis padres”.

Chase se quedó petrificado mirándolo. En ese instante, los hombros de Jung-in se sobresaltaron levemente. Chase estaba quieto, pero algo se retorcía bajo el trasero de Jung-in. Sintió una masa sólida y clara. Fue como sentarse sobre el legendario Kraken de las películas de ciencia ficción.

Ya lo había sentido un par de veces mientras se besaban en la cama, aquello de lo que sospechaba... lo mismo que le había hecho confundirlo con un contrabandista de baguettes. Aunque se había estado preparando mentalmente pensando que no sería algo ordinario, no pudo evitar sentirse ansioso. Pero aún le quedaban frases por decir.

“Puedo firmar contratos de alquiler por mi cuenta y declarar impuest...”.

“Ah... basta, Jung-in. No aguanto más”.

Chase se levantó de golpe cargando a Jung-in sobre él. Al verse elevado en el aire, Jung-in rodeó su cuello casi por reflejo. Chase caminó sin dudar hacia su dormitorio, donde aguardaba una cama enorme.

La mano de Chase sostuvo con cuidado la nuca de Jung-in, envolviéndola desde el cuello hasta la parte posterior de la cabeza, como si meciera a un bebé. Pronto, el colchón blando tocó la espalda de Jung-in, junto con el tacto fresco de las sábanas de lino.

Con el cuerpo de Jung-in en medio, Chase se apoyó sobre sus brazos y rodillas, metiendo una rodilla entre los muslos de Jung-in para abrir espacio. Sus muslos se separaron y el interior de estos rozó los muslos de Chase. Comparados con los imponentes muslos de Chase, los de Jung-in parecían antebrazos.

Cuando Chase se acercó más, sus partes bajas se tocaron. Chase vestía una camisa y jeans negros. Incluso a través de la tela gruesa y rígida del pantalón, Jung-in sintió vívidamente algo pesado presionando su entrepierna. La mirada de Chase se detuvo en el vello incipiente de la frente de Jung-in, donde algunos mechones se pegaban por el sudor.

“¿Tienes calor?”.

“No... es que estoy nervioso”.

Chase acarició el cabello de Jung-in con una sonrisa tierna.

“Todo estará bien”.

Intentó tranquilizarlo, pero no surtió mucho efecto. Jung-in aún no conocía los gustos sexuales de este hombre con el que salía hace más de un año. ¿Sería suave o rudo? Había oído que algunas personas apretaban el cuello, insultaban o golpeaban... esperaba que no tuviera fetiches extraños.

“Jung-in, concéntrate”.

Como si le resultara increíble que Jung-in estuviera pensando en otra cosa en ese momento, Chase le dio un toquecito en la frente con el índice. Luego acarició su mejilla suavemente y dejó una dulce advertencia.

“Pronto no podrás pensar en nada más”.

Encerrando el cuerpo de Jung-in entre sus brazos como si lo atara, Chase volvió a bajar la cabeza. Mordisqueó suavemente los labios de Jung-in y los succionó como si comiera un helado. Sus besos siempre eran extasiantes. En las series y películas extranjeras, los besos siempre parecían más sexys; no era solo juntar los labios, sino saborear a la otra persona como si fuera una comida deliciosa. Jung-in estaba experimentando ese tipo de beso mientras avanzaba al siguiente paso.

“Mmm...”.

Se escapó un gemido nasal. Jung-in parecía no darse cuenta de que emitía esos sonidos cada vez que se besaban. A Chase le pareció tierno y sonrió de medio lado. Luego mordió suavemente el labio inferior de Jung-in y deslizó su lengua por la abertura.

La lengua de Chase movió la de Jung-in como si intentara derretir un hielo en su boca.

‘Mmm’, otro gemido cosquilleante resonó. Su lengua, cariñosa y curiosa, exploró cada rincón de la boca de Jung-in. Aunque se besaban a diario, cada vez se sentía nuevo; recorría el límite entre los dientes y las encías, la mucosa interna y la zona del frenillo bajo la lengua.

Luego estimuló la lengua de Jung-in incitándola a moverse. Cuando Jung-in rozaba tímidamente su lengua contra la de él, Chase se excitaba y la succionaba con fuerza como si quisiera extraer toda su humedad. Sonidos húmedos resonaban cada vez que Chase ladeaba la cabeza. La sensación de su lengua siendo apretada y aplastada hizo que la entrepierna de Jung-in se estremeciera.

Los labios se separaron dejando un rastro húmedo. Con las puntas de las narices rozándose, ambos se miraron jadeando con fuerza. Sus alientos húmedos se entrelazaron entre sus rostros.

“Ah... qué calor”.

Como si su temperatura corporal subiera, Chase se sentó y comenzó a quitarse la camisa. Jung-in sintió la boca seca. La imagen de Chase sentado entre sus piernas abiertas, mirándolo como a una presa mientras se desvestía, era demasiado erótica. En junio, en California, no debería tener frío, pero sintió un escalofrío en la columna.

A medida que sus largos dedos desabrochaban los botones uno a uno, su pecho y abdomen bien formados quedaron a la vista. Una vez desabrochada, lanzó la camisa al suelo. El cuerpo de Chase era perfecto. Sus hombros anchos y rectos resaltaban incluso con camisetas finas. Los músculos serratos en sus costados, que seguían la línea de las costillas desde su pecho, parecían branquias de tiburón perfectamente definidas. Cada vez que se movía, esos músculos ondulaban.

Debajo, sus abdominales marcados creaban sombras profundas, y la línea en ‘V’ que iba del abdomen a la pelvis era perfecta como una escultura. Venas finas como nervaduras de hojas eran visibles allí, dirigiéndose hacia zonas íntimas y creando una atmósfera sensual. Sin duda, el Creador se había esmerado especialmente al moldearlo. Ante la fuerza y energía natural que emanaba de su cuerpo, el corazón de Jung-in latía como si fuera a explotar.

Chase soltó un suspiro de alivio y extendió la mano hacia Jung-in. Durante el último año, su mano había sido golpeada varias veces al intentar deslizarse bajo la camiseta de Jung-in, así que ahora era extremadamente cauteloso. Como quien acaricia a un gato que puede sacar las garras en cualquier momento, extendió la mano lentamente. Con dedos que temblaban por la excitación extrema, agarró el suéter fino de Jung-in y la camiseta interior, quitándoselos de un tirón.

Al quedar su piel expuesta al aire, Jung-in se encogió de hombros por el frío. Eso hizo que sus clavículas resaltaran aún más; era un lugar que Chase siempre había querido probar. Chase solo había visto el cuerpo desnudo de Jung-in en su imaginación, durante sus largas duchas o cuando se tocaba solo en la cama antes de dormir. En sus fantasías, Jung-in se retorcía de placer y se aferraba a él con gemidos desgarradores. Jung-in no podía ni imaginar cuán impuros eran esos pensamientos.

Los ojos de Chase recorrieron el cuerpo de Jung-in con una mirada que se sentía como una textura viscosa.

“¡Ah, no mires!”.

Jung-in intentó cubrirse el pecho y el vientre con los brazos. Se veía plano y delgado por donde se mirara; nunca había tenido confianza en su físico, especialmente en un lugar donde se valoraba la piel bronceada y los músculos desarrollados. Chase acarició suavemente los hombros encogidos de Jung-in. La piel bajo su mano se sentía tan suave como si estuviera espolvoreada con azúcar glas.

“Quita las manos, ¿sí? He esperado más de un año”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Chase acarició la parte exterior de sus hombros y brazos, logrando convencerlo de bajar las manos. Apareció un cuerpo blanco como la leche, moldeado por la luz de la luna. Parecía que el sol nunca lo hubiera tocado; era inmaculado, blanco y puro. El color y el brillo de su piel recordaban a la porcelana; se veía tan delicado que parecía que no debía tocarse descuidadamente.

Sus pezones, en la cima de un pecho donde las venas azuladas se traslucían vagamente, parecían gotas de tinta rosa pálido. Y en medio de esas areolas como pétalos, se alzaban tímidamente.

“Eres tan hermoso”.

Susurró Chase con éxtasis.

Era el cuerpo que había tenido ante sus ojos pero que no se atrevía a tocar. Los momentos difíciles en los que reprimió su deseo pasaron por su mente.

Realmente todo esfuerzo vale la pena, pensó Chase al ver el cuerpo de Jung-in atrapado entre sus brazos. Ahora Jung-in estaba bajo él, ya no solo en su imaginación.

Alientos pesados salían de los labios secos de Chase por el calor. Su corazón latía rápido y la sangre corría caliente por sus venas. No tenía dudas de que esta sería la mejor noche de su vida. Esa expectación florecía bajo su piel y envolvía todo su cuerpo.

“Eres realmente bello”.

Las pupilas de Jung-in temblaron. Su rostro se puso rojo al instante y giró la cabeza hacia un lado, evitando la mirada de Chase.

“¡No... no mientas! ¡Sé que soy un flacucho!”.

Aunque su pensamiento se había vuelto más flexible al estar con Chase, todavía le costaba aceptar cumplidos sobre su apariencia. Chase ladeó la cabeza lentamente para buscar sus ojos. No había ni rastro de duda en su mirada.

“Ah... ¿cuándo aprenderás a aceptar los halagos de tu novio?”.

Los índices de Chase acariciaron suavemente los pezones de Jung-in. Los rozaba de arriba abajo y trazaba círculos alrededor de las puntas. Las protuberancias, donde se acumulaba toda la sensibilidad, se doblaban y aplastaban.

“Ah...”.

Solo con que tocaran su pecho, se escapó un sonido erótico. Jung-in se sorprendió a sí mismo. Más allá de la vergüenza, le resultaba increíble. Cuando él se tocaba, no sentía nada especial. ¿Sería por la exaltación mental?

Chase envolvió el tórax de Jung-in con ambas manos como midiendo su tamaño. Su estructura ósea encajaba perfectamente en sus palmas. Un cuerpo tan delgado podría verse esquelético o feo, pero el de Jung-in no era así. Aunque su estructura era fina, era equilibrada, y sus líneas suaves y continuas lo hacían ver esbelto y delicado. Las manos de Chase se deslizaron lentamente por sus costados. Con sus pulgares, trazó el contorno de sus caderas, que resaltaban como alas.

“Tu cuerpo es realmente precioso”.

Una sutil turbación cruzó el rostro de Chase. Miró ese cuerpo que parecía más frágil de lo que pensaba; sentía que si lo apretaba demasiado, podría romperse. Pero esa vulnerabilidad precaria estimulaba aún más su deseo.

“Ah... ¿qué hago? Estoy demasiado excitado”.

Cálmate. Cálmate, se repetía Chase para sus adentros. Pero su cuerpo no obedecía. Sus músculos se tensaron como los de una fiera ante su presa. El calor que hervía bajo su piel lo apremiaba, pero luchaba desesperadamente por contener a la bestia en su interior. No podía dejarse llevar por el deseo.

Jung-in era sensible y cauteloso. Era obvio que con una personalidad así, sería difícil derribar sus muros y ser honesto con sus instintos. Si se acercaba con brusquedad, Jung-in se encogería y cerraría su corazón.

Si tenía vergüenza, debía elogiarlo. Debía hacerlo sentir al máximo para que se relajara. Debía ser suave y cariñoso para que no tuviera miedo. Debía ser meticuloso para no lastimarlo. No podía ser egoísta y entregarse solo a su propio placer. Si Jung-in se sentía incómodo, debía frenar o detenerse en cualquier momento.

Chase, como si fuera un adolescente experimentando el sexo por primera vez, repasaba mentalmente los puntos de ‘respeto a la pareja’ que había aprendido en educación sexual. Esta era su primera vez juntos. También era la primera vez de Jung-in en su vida. No podía ser una experiencia cualquiera. En realidad, para Chase también era una especie de primera vez: el acto de compartir amor, no solo de descargar deseo.

“Ah... Jung-in”.

Sus labios se unieron de nuevo. Tras recorrer profundamente la boca de Jung-in, los labios de Chase bajaron por la línea de su mandíbula. Su nariz firme y afilada rozó la carne tierna de Jung-in. El pulso de Jung-in latía rápido bajo los labios de Chase.

Chase frotó su rostro contra el cuello de Jung-in e inhaló profundamente. El suave y dulce aroma a jabón penetró hasta el fondo de sus pulmones. Ese aroma, que solo florecía débilmente al hundir la nariz muy cerca, siempre hacía que se le hiciera la boca agua.

“Siempre quise comerte. Cada vez que olía tu aroma”.

Jung-in apretó las sábanas con una mano. En francés, en español e incluso en japonés... ¿por qué tantos idiomas comparaban el deseo sexual con el hambre? ¿Sería porque es un instinto tan primario? El pensamiento cruzó su mente, pero no tenía energía para seguirlo.

¿Había zonas erógenas también en el cuello? Una sensación mucho más intensa de lo esperado brotó en él. Parecía que el fuego bajaba siguiendo el rastro de los labios de Chase. El cuello es la parte más frágil y vulnerable del cuerpo humano; un conducto estrecho por donde pasan el aire, la comida y la sangre. La sensación de entregar ese lugar que instintivamente debía proteger era extraña. Se sentía como si le permitiera todo su ser a Chase.

“Ah... ¿puedo dejarte una marca?”.

Las pupilas azules de Chase, teñidas por el placer, estaban tan dilatadas que se veían casi negras. El azul que solía ser claro y transparente ahora era profundo y oscuro como un abismo. Su mirada sin filtros, su voz baja, su aliento pesado... sintiendo que las manos que apretaban su cintura quemaban, Jung-in se dio cuenta.

Está así de excitado por mí.

Al ser consciente de ello, sintió que su mente también se nublaba.

Jung-in asintió como hechizado, pero recuperó un hilo de razón justo a tiempo.

“Ah... donde se vea, no...”.

“Fuu... está bien”.

Ojos negros como pozos lo miraron. Chase se lamió los labios. Tragó saliva ruidosamente y bajó la cabeza. El calor y el aliento ardiente se derramaron sobre su cuello. Chase jugueteó con sus labios sobre el largo cuello de Jung-in y luego dio un gran mordisco en la zona donde el cuello se une al hombro. Los hombros delgados se estremecieron.

“¡Ah...!”.

Chase succionó, mordió y rozó con sus dientes la zona del hombro y la clavícula. Parecía decidido a dejar la marca de sus labios en cada lugar que quedara cubierto por una camiseta. Jung-in sintió un escalofrío ante la sensación de ser devorado por una gran fiera. Chase levantó la mirada para ver su reacción y bajó un poco más. Pronto, uno de sus pezones, erguido por la tensión, fue succionado por sus labios.

“Ah...”.

La mucosa caliente envolvió la piel sensible. La punta áspera de su lengua golpeó y rodeó el pezón. Mordisqueó con sus dientes incluso la carne alrededor de la areola. Luego succionó como un bebé. El sonido de la succión era explícito.

“Ah... mmm... ah...”.

Sentía como si todos los nervios de su cuerpo se concentraran en el pezón que Chase tenía en su boca. Chase jugueteó con él. Al retirarse, la piel que se había estirado regresó a su lugar con un chasquido húmedo.

“Ah... no... ah... para...”.

Jung-in había tenido miedo de que Chase no encontrara interés en él, ya que no tenía pechos voluminosos ni mucha carne. Pero ahora, Chase estaba entregado al pecho de Jung-in de una manera que casi podría llamarse obsesiva. Mientras succionaba un lado, miraba de reojo el otro, y al no aguantar más, apretó el otro pezón entre sus dedos y empezó a frotarlo con avidez.

“¡Ah... Chay...!”.

Intentó zafarse retorciendo su cuerpo, pero Chase lo siguió tenazmente. Finalmente, sujetó el torso de Jung-in con ambas manos para inmovilizarlo y succionó frenéticamente. Jung-in jadeaba mientras empujaba, golpeaba y luego abrazaba esos hombros anchos y firmes. Su abdomen se contraía y soltaba sollozos.

“Ah... mmm... es... es extraño...”.

“Ah... que se vuelva más extraño aún”.

Aunque lo que succionaba era su pecho, sentía un hormigueo desde la entrepierna hasta el bajo vientre. Sentía el estómago revuelto, como cuando miras hacia abajo desde un lugar muy alto. El cuerpo de Jung-in, sin inmunidad ante estas cosas, era muy sensible. Pronto, una sensación eléctrica se concentró en la punta de su miembro. Una sensación similar a una necesidad extrema de orinar. Sentía que si hubiera el más mínimo roce en esa zona, cometería un error de inmediato.

“¡Ah... no, no! ¡Chay, ya... siento que va a salir! ¡Para...!”.

Chase apartó los labios rápidamente y bajó la mirada. La entrepierna de Jung-in, bajo sus pantalones, estaba visiblemente abultada.

“Ah...”.

Normalmente, Jung-in parecía no tener interés en nada sexual más allá de los besos. Una vez Chase le preguntó qué tan seguido se masturbaba solo o si pensaba en él mientras lo hacía, y recibió una mirada de horror que lo hizo sentir como un pervertido total. Ante la reacción honesta que Jung-in mostraba ahora, Chase sintió un placer cercano a la euforia. Como un perro que desentierra una presa escondida, comenzó a desabrochar el pantalón de Jung-in. Tenía una excusa perfecta.

“Te los quitaré. No queremos que se ensucie la ropa, ¿verdad?”.

Jung-in asintió apresuradamente. Sus ojos se empañaron por la inevitable sensación placentera. Pero extrañamente, en el fondo de su corazón se extendió una sensación de alivio. Era la certeza de que Chase no lo forzaría bajo ninguna circunstancia.

“¿Pararás si te pido que pares...?”.

“Por supuesto. Pero...”.

Respondió Chase con voz profunda. Besó la mejilla y la sien de Jung-in antes de continuar.

“Intentaré que no tengas motivos para pedirlo”.

Chase enganchó sus manos en la cintura del pantalón de Jung-in y lo bajó. La tela áspera rozó la parte exterior de sus muslos al caer. El frío le devolvió repentinamente la realidad. El miedo lo invadió al pensar que Chase estaba a punto de ver su intimidad, algo que nunca le había mostrado a nadie. Jung-in bajó sus manos para cubrirse sobre sus calzoncillos.

“Hgh, Chase, e-espera un momento…”.

“Está bien”.

Chase sujetó con cuidado ambas muñecas de Jung-in y las bajó lentamente. Los calzoncillos de Jung-in, ahora a la vista, revelaban claramente el contorno de sus genitales. Bajo la banda elástica, se notaba una mancha circular de un tono más oscuro. Jung-in cerró los ojos con fuerza por la vergüenza.

“Está mojado aquí”.

Chase acarició suavemente esa mancha con el pulgar. Acarició con dulzura el muslo de Jung-in, quien aplicaba fuerza intentando cerrar las piernas.

“Me hace muy feliz”.

Como si estuviera sinceramente gozoso, una leve sonrisa se extendió por el rostro de Chase y sus ojos azules se entrecerraron.

Una mano grande se deslizó entre la cintura de Jung-in y el colchón. Las puntas de los dedos de Chase descendieron un poco más, colándose dentro de la banda de la ropa interior.

Su mano callosa amasó suavemente la carne blanda. Tras apretar las pequeñas y redondas nalgas de Jung-in como si fuera masa de pan, Chase bajó la mano lentamente. Finalmente, el último trozo de tela delgada que cubría su cuerpo se enrolló y fue retirado.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Sus genitales, de un rosa intenso pero claro, entraron en su campo de visión. Chase cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir. Sintió una punzada de tensión en la nuca y el vello se le erizó.

Intentó no mirar de forma tan cruda y directa, pero no podía apartar la vista.

Sintió que su respiración se volvía pesada gradualmente. No sabía que podía excitarse tanto viendo los genitales de alguien de su mismo sexo. Chase puso una expresión como si no pudiera creerlo ni él mismo. Era una mirada algo vacía, como si todo el mundo que conocía hasta ahora fuera falso.

Jung-in, interpretando esa mirada a su manera, se apresuró a dar una excusa.

“¡E-es estrictamente el p-promedio! Los asiáticos originalmente…”.

“Y eso que me dijiste que no fuera racista conmigo”.

“Ugh…”.

Derrotado por la lógica, Jung-in se mordió el labio.

Solo con haberle succionado un poco el pecho, Jung-in estaba tan excitado que se encontraba casi al borde de la eyaculación. La punta enrojecida brillaba mojada por un líquido transparente. Aunque lo sospechaba desde el principio, el cuerpo de Jung-in era mucho más sensible y sorprendentemente delicado de lo que pensaba. Parecía reaccionar incluso a un soplo de aire rozando su piel; era un cuerpo con una gran sensibilidad. Jung-in, que normalmente estaba armado con la razón sin un solo desajuste, no podía ocultar el temblor de sus dedos sobre la cama. Ese asombroso contraste volvía aún más loco a Chase.

Sus genitales tenían un color similar al de la lengua que se asomaba ligeramente cuando abría los labios. Chase recorrió con cuidado el extremo de ese pilar recto con la mano. Una mucosidad viscosa se estiraba entre sus dedos como pegamento líquido.

“Aquí también eres hermoso”.

Una voz llena de admiración escapó de Chase.

El rostro de Jung-in, que siempre se sonrojaba con facilidad dificultando ocultar sus emociones, se calentó intensamente. El rubor que comenzó en sus mejillas se extendió hasta su cuello y orejas.

Las puntas de los dedos de Chase acariciaron el vello púbico ordenado que crecía ligeramente cerca de los genitales.

“Es suave”.

Exhaló como un suspiro mientras movía su mano como hechizado. El escroto, pegado justo debajo de la base, también era de un rosa intenso.

“Qué lin…”.

Chase cerró la boca rápidamente. Casi usa un adjetivo que usaría para un niño o un cachorro por descuido. No creía que a ningún hombre en el mundo le gustara escuchar que su escroto es ‘lindo’. Sin embargo, el pequeño y redondo escroto era tan tierno que daban ganas de metérselo en la boca y rodarlo con la lengua.

“¿Puedo mirar un poco más?”.

¿Acaso no había visto ya todo lo que había que ver? Jung-in parpadeó confundido. Antes de recibir una respuesta, Chase metió las manos bajo ambas rodillas de Jung-in y le encogió las piernas hacia arriba. Jung-in se dio cuenta un segundo tarde de qué lugar quería mirar.

El escroto quedó atrapado entre los dos muslos que subieron pegados. Chase dejó escapar una risa incrédula al ver el escroto rosado encajado en forma de corazón entre los muslos blancos.

Bajo el perineo, suave como un melocotón verde, se veía un orificio fuertemente cerrado. No, se veía tan estrecho que sería más exacto llamarlo un punto.

Siguió un momento de silencio.

Al notar algo extraño, Jung-in bajó la mirada hacia Chase. La mirada inexpresiva de Chase estaba clavada entre sus nalgas.

“…Espera un momento”.

La voz de Chase fluyó baja. El cuerpo de Jung-in se tensó ante la expresión de Chase, que parecía algo rígida.

Chase inhaló brevemente y, con cuidado, volvió a colocar las piernas de Jung-in en su sitio. En cuanto su mano se apartó del cuerpo, Jung-in cubrió sus partes íntimas con ambas manos.

De repente, Chase se levantó de la cama de un salto y salió de la habitación sin decir nada.

Jung-in observó su espalda con rostro atónito.

¿Qué situación era esta de repente?

Los ojos de Jung-in, que miraban al vacío, parpadearon repetidamente.

De pronto, se quedó solo en la cama. Al desaparecer el gran hombre que cubría su cuerpo y sentir el aire frío en su piel, tomó plena conciencia de que su cuerpo desnudo estaba expuesto. Jung-in se encogió instintivamente.

Se le pasó la excitación. Definitivamente se le pasó.

Esa era la hipótesis más plausible que se le ocurrió.

Al ver ese lugar de cerca, debió de golpearle la realidad de que estaba haciendo esto con otro hombre. Debió de recobrar el juicio como si le hubieran echado un cubo de agua fría en la cabeza.

Su expresión rígida y la forma en que salió apresuradamente del dormitorio; cuanto más lo pensaba, más creía que su suposición era correcta. Sintió como si el calor abandonara su cuerpo ardiente en un instante.

Jung-in se incorporó. La idea de que debía huir llenó su mente. Estiró la mano hacia el suelo para recoger la camiseta que se había caído. Mientras forcejeaba para meter el brazo, escuchó la voz de Chase.

“¿Qué haces ahora?”.

Jung-in se sobresaltó y levantó la cabeza. Chase estaba de pie en la entrada de la habitación.

De repente, una oleada de emoción brotó de su interior.

“¿Y tú…?”.

Chase levantó la mano. La mochila de Jung-in colgaba de la punta de sus dedos.

“Traje tu mochila”.

Una comprensión tardía cruzó los ojos de Jung-in, que parpadeaban confundidos.

“Tenemos que usar los materiales que tanto te esforzaste en comprar”.

Chase metió la mano en la mochila abierta y sacó el recipiente de plástico que ya había visto antes.

“Dice que es la mejor opción para una noche electrizante. ¿Y tú? ¿Por qué te estabas poniendo la ropa de repente?”.

“Yo… pensé que ya no querías hacerlo…”.

La voz de Jung-in se desvaneció débilmente. Se encogió aún más de hombros, sintiendo que incluso su baja autoestima había quedado al descubierto.

Chase miró fijamente a Jung-in y soltó un profundo suspiro. La mirada de Jung-in seguía fija en el suelo y su cuerpo tenía la camiseta a medio poner.

“Ah… Jung-in”.

Chase fue a la cama, dejó la mochila y volvió a quitarle la camiseta a Jung-in. Luego tomó su mano y la puso entre sus propias piernas. Su miembro erecto se extendía hacia un lado de su muslo al no tener a dónde ir.

Los ojos de Jung-in se agrandaron al sentir algo duro bajo su mano.

“¿Alguien que no quiere hacerlo se pone así?”.

“No puede ser… ¿Todo esto… todo esto es eso…?”.

El rostro de Jung-in quedó atónito. Tenía una expresión como si se preguntara a sí mismo si aquello era posible.

“Esto… cómo…”.

“Ugh…”.

Cuando Jung-in acarició el contorno con su mano, Chase dejó escapar un gemido bajo y frunció el ceño.

Se sentía tan excitado que solo con que lo tocara a través de la tela, le dolía la columna. Sentía un dolor tenso desde la nuca hasta la parte posterior de la cabeza, como una tortícolis. Era un dolor que solo se aliviaría tras meter lo suyo dentro de Jung-in.

Chase apartó suavemente la mano de Jung-in que sostenía su entrepierna y se puso de rodillas. Bajó la mano y desabrochó la hebilla del cinturón. Jung-in ahora lo observaba desnudarse casi por curiosidad.

Se soltaron el cinturón y el botón, y bajó la cremallera. Cuando abrió la parte delantera y se bajó la ropa interior y los pantalones a la vez, algo largo fue arrastrado hacia abajo y luego rebotó con un golpe sordo hasta su ombligo.

En ese momento, Jung-in dudó de sus propios ojos.

Bajo un abdomen que parecía tan duro como una placa de hierro y entre dos muslos llenos de músculo, había algo pegado que parecía otro antebrazo humano.

No tenía ni un solo vello púbico, el cual él había supuesto que sería del mismo color que su cabello. La base del pilar, que parecía más grueso que su propia muñeca, tenía un tono color trigo y se volvía rojizo a medida que subía. El glande, del tamaño del puño de un niño, era de un rosa suave.

Jung-in se frotó los ojos al verlo agitarse y balancearse en el aire.

“D-Dios mío…”.

¿Cómo podía andar con algo así escondido en los pantalones? Teniendo en cuenta su gran complexión, por supuesto que esperaba que fuera grande. Después de todo, el protector atlético que vio en su casillero en el vestuario decía XL. Sin embargo, la realidad de lo que veía superaba con creces las expectativas de Jung-in.

No tenía explicación física que un pilar del tamaño de un termo grande de los que llevan los niños se mantuviera firme desafiando la gravedad.

“No tiene sentido…”.

Jung-in estaba literalmente horrorizado. El shock y el miedo aparecieron en su rostro sucesivamente. Cuando Justin habló sobre el ‘contrabando de baguettes’, él simplemente se rió, pero no debió hacerlo. Esa era la oportunidad de oro para escapar.

Esa masa de carne que se balanceaba ante los ojos aterrorizados de Jung-in no parecía un órgano para excretar ni para tener sexo, sino simplemente un objeto para el ataque. Parecía que si lo blandía como un mazo, podría herir a alguien.

“E-eso… eso es…”.

La sangre desapareció por completo del rostro de Jung-in. Justo antes de que dijera algo negativo, Chase se acercó astutamente con una expresión de anhelo.

“Me duele mucho porque está en este estado desde hace un rato. Haz algo, por favor”.

Chase miró a Jung-in con ojos color océano llenos de angustia. Las pestañas de Jung-in temblaron.

“N-no intentes engañarme. Estar erecto no duele. Si fuera así, se habrían desarrollado analgésicos para la erección”.

“…”.

Definitivamente, tener un novio inteligente tiene sus inconvenientes a veces. De hecho, solo sentía una presión y tensión en el bajo vientre donde se concentraba la sangre, pero Chase volvió a poner cara de tristeza.

Sabía que Jung-in no podía ignorar a alguien que sufría. ¿Acaso no lo había consolado antes presionando sus manos cuando él se quejaba de dolor para no ir a un partido?

“Tócame como la última vez. Acarícialo y presiónalo fuerte”.

“Ugh…”.

Jung-in miró de reojo el pene de Chase.

Antes de que llegara este día, había estudiado escondido bajo las sábanas con su computadora portátil. Decían que el cuerpo humano tiene una capacidad de recuperación milagrosa y que los músculos humanos tienen una gran capacidad de contracción.

Sin embargo, al pensar que algo así entraría en su cuerpo, su cerebro aturdido se despejó como si le hubieran echado agua helada.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Esto no es broma. Realmente podría morir.

Mientras Jung-in pensaba eso, Chase, como antes, lo acostó y se posicionó entre sus piernas abiertas.

“N-no creo que pueda”.

“¿…Eh?”.

“¡Voy a morir! ¡Si metes eso… voy a morir! Lo siento. No puedo hacerlo…”.

Tras mirar fijamente a Jung-in por un momento, Chase se desplomó sobre él. Luego abrazó el cuerpo de Jung-in con fuerza con ambos brazos.

“Está bien. No tienes que hacerlo”.

Su voz baja resonó en el oído de Jung-in.

“Me conformo con que hoy hayas abierto tu corazón. Tenemos mucho tiempo. Podemos hacerlo en otra ocasión, así que no tienes por qué sentirte culpable”.

Sintiendo algo tan duro y caliente que no parecía carne humana presionando firmemente su abdomen, Jung-in soltó una excusa.

“Vi videos y… no eran tan grandes. Todo esto es culpa tuya”.

Chase rió, haciendo vibrar su cuerpo, con el rostro hundido en el cuello de Jung-in.

“Qué propio de ti. ¿Hiciste los deberes? ¿Por eso trajiste tantos materiales?”.

Jung-in asintió. Luego, recordando lo que vio hace un momento, preguntó con cautela.

“Pero… ¿puedo preguntarte algo?”.

“¿Eh? ¿Qué?”.

“¿Tú normalmente… no tienes vello?”.

“Lo recorté. Los atletas lo hacen mucho”.

“Ah…”.

“¿Por qué lo preguntas con tanto cuidado?”.

Chase volvió a reír. Cada vez que lo hacía, su miembro golpeaba rítmicamente a Jung-in. Se sentía como si alguien le estuviera apuntando con un cañón.

“… ¿Estás bien? Dijiste que te dolía ahí”.

Aunque el sentido común de Jung-in decía que una erección persistente no causaba dolor, quizás Chase era diferente. Para empezar, el tamaño de su pene ya estaba fuera del sentido común.

“Estoy bien”.

“…”.

“De verdad, estoy bien. Lo haremos cuando estés listo”.

Esas palabras de Chase tranquilizaron a Jung-in. Su cuerpo tenso se relajó.

Chase no lo lastimaría. Nunca lo había presionado en estos asuntos hasta ahora. Jamás lo había forzado ni le había hecho sentir incómodo. Nadie creería que el famoso Chase Prescott solo se había besado y tomado de las manos con su pareja durante más de un año.

Incluso cuando deslizaba la mano bajo su camiseta de forma juguetona, si Jung-in se sentía incómodo, él se detenía allí mismo. Ni siquiera mostraba signos de desagrado. Todo para que Jung-in no se sintiera mal.

No había razón para no confiar en un Chase así.

Las manos de Jung-in, que estaban encogidas, se extendieron con cuidado y se rodearon el cuello de Chase.

“Quiero hacerlo”.

Los ojos negros de Jung-in, llenos de determinación, miraron hacia arriba a Chase. Al principio tampoco entendía por qué la gente se besaba, pero después de hacerlo, él mismo se enganchó. El sexo y otras cosas serían iguales.

“Sea lo que sea, no hay forma de que hacerlo contigo sea malo”.

Las pupilas de Chase temblaron sutilmente como si hubiera olas en ellas. Dejó escapar una risa algo incrédula.

“Tú realmente… sabes cómo volverme loco”.

Chase devoró los labios de Jung-in. Tras un beso mucho más denso que los anteriores, descendió rápidamente. Sus labios, que bajaron sin vacilar, pasaron el ombligo liso y se dirigieron un poco más abajo.

“¡Aaaah!”.

Jung-in, muy sorprendido, agarró con fuerza el cabello de Chase. El cabello dorado se escapaba entre los dedos de Jung-in.

“¡Chay! ¿Qué, qué vas a hacer?”.

“Te lo haré con la boca”.

Jung-in se horrorizó. ¿Acaso eso no era algo que solo se hacía en el porno?

Como Jung-in no soltaba el agarre, Chase bajó las cejas y le pidió con aire de súplica.

“Suéltame, Jung-in. Quiero lamer lo tuyo”.

Los ojos de Chase estaban enrojecidos. Su mirada nublada y su expresión aturdida, como si hubiera perdido la razón, eran extremadamente eróticas. Jung-in, tras dudar, terminó soltando las manos.

Como si hubiera estado esperando, Chase agachó el cuerpo y bajó el rostro entre las piernas de Jung-in. Sintió un aliento ardiente y, poco después, algo húmedo tocó el glande. Él lamió lo de Jung-in con la lengua sin dudarlo.

“¡Ah!”.

La sensación de la lengua húmeda y blanda era extraña. La lengua caliente rozó el glande. Cuando Jung-in inhaló aire de forma aguda, su abdomen se hundió.

Chase sujetó los muslos de Jung-in con ambas manos, abriéndolos para adoptar una posición fácil para succionar. Como tenían el mismo órgano, sabía perfectamente dónde rozar con la lengua y dónde empujar con la punta.

Jung-in se desmoronó pronto. Su miembro, erecto hasta el límite, se agitaba lastimeramente dentro de la boca de Chase.

Chup, chuuup. Un sonido obsceno resonó en sus oídos. Su cintura se elevaba sola y sus pantorrillas se tensaban. No podía creer que estuviera haciendo esto por primera vez.

“Egh… hgh…”.

Jung-in hizo un sonido como el de un cachorro gimiendo mientras se llevaba el dorso de una mano a los labios.

“Puedes hacer todo el ruido que quieras. No vendrá nadie”.

“Hgh, Chase… hgh, ahgh… ¡Chase!”.

Jung-in llamó el nombre de Chase como si estuviera suplicando. Chase, sin inmutarse, metió el miembro de Jung-in completamente en su boca y comenzó a mover la cabeza arriba y abajo lentamente aplicando presión.

“¡Haahgh!”.

Jung-in volvió a agarrar el cabello de Chase soltando un gemido que parecía un grito. Sentía como si su alma fuera succionada hacia algún lugar, como el agua que se va por un desagüe.

Chase, que sujetaba ligeramente al forcejeante Jung-in mientras le provocaba placer, soltó el pene y lo rodeó con la mano. Luego movió la mano ligeramente para crear fricción mientras bajaba un poco más el rostro. Su lengua, que lamió varias veces el escroto como si lo levantara, tocó el perineo.

“¡Chase! ¿A-a dónde vas?”.

“Voy a lamerte el agujero”.

Los ojos de Jung-in se abrieron de par en par. Ese era un acto que no aparecía ni siquiera en los videos que había visto para estudiar. Solo pensar que él lamería ese lugar hizo que su entrepierna se calentara.

“¡No, hgh… no se puede! ¡Ahgh, va a salir…!”.

Sus manos, que sujetaban las sábanas de la cama, se cerraron solas y sus dedos de los pies se encogieron mientras todo su cuerpo se tensaba. Chase levantó la cabeza de golpe y observó fijamente el rostro de Jung-in mientras eyaculaba, como si lo estuviera estudiando.

Un rostro fruncido como si le doliera, labios exhalando bocanadas de aire caliente, ojos llorosos y un cuerpo enrojecido hasta el cuello y los hombros. No podía apartar la vista.

Chase movió la mano que sostenía lo de Jung-in como si lo instigara. Poco después, todo el cuerpo de Jung-in tembló y un semen blanquecino brotó del pequeño y rojo glande.

La mano de Chase quedó hecha un desastre, como si le hubieran echado leche condensada. Miró fijamente su mano ante sus ojos como hechizado. Luego la bajó y se untó lo que tenía en la mano sobre su propio miembro. No pudo explicar por qué hizo tal cosa.

Frotó lentamente lo suyo sobre el miembro húmedo de Jung-in. Al hacer que las partes de abajo encajaran, lo de Chase llegaba hasta encima del ombligo de Jung-in.

El vientre de Jung-in era plano y su cintura era tan delgada que parecía del mismo grosor que su propio muslo. ¿Realmente entraría todo en este pequeño cuerpo? Por supuesto, podría hacerlo posible. Bastaría con meterlo a la fuerza. Sin embargo, ¿podría evitar lastimar a Jung-in? Esa era la cuestión importante.

Sin saberlo, se necesitaría una preparación muy larga.

Chase tomó el lubricante que prometía una noche electrizante y abrió la tapa. Luego lo vertió abundantemente apuntando entre las nalgas de Jung-in.

“Ah, está frío…”.

Los hombros de Jung-in se estremecieron ante la sensación del líquido frío filtrándose entre su piel. Chase, tras mojar excesivamente la entrepierna de Jung-in, llevó su mano hacia la hendidura. Luego, introdujo el dedo corazón con cuidado.

El orificio, que apretaba y rechazaba firmemente cerca de la entrada, lo envolvió suavemente como si lo succionara una vez que el dedo entró unos dos nudillos.

“Hgh…”.

“¿Te duele?”.

Jung-in negó con la cabeza.

“Solo… es extraño…”.

Chase observó minuciosamente el rostro de Jung-in mientras lo introducía un poco más profundo. Aunque decía que no le dolía, sus rodillas se cerraron como si la sensación que se colaba por detrás fuera desconocida.

El interior de Jung-in era caliente, húmedo y suave. Se sentía como si tuviera la mano sumergida en algo como crema espesa o pudín.

Chase, que resistía con determinación de ser considerado y paciencia, sacudió la cabeza como un perro mojado. Sentía como si su visión se tiñera de rojo una y otra vez, como si estuviera cubierto de sangre. Quería meter lo suyo en lugar de la mano ahora mismo y mover su cintura a su antojo.

“Voy a meter otro”.

“Hgh, no puedo mirar”.

Jung-in se cubrió el rostro con ambos brazos como si realmente no pudiera soportar verlo. Chase introdujo también el índice. Luego giró la muñeca suavemente como si estuviera untando el lubricante en el interior.

Debido a la excesiva concentración, gotas de sudor aparecieron en la frente de Chase. Mientras tanto, los dedos que entraban y salían del trasero de Jung-in ya eran tres.

“Ahgh…”.

La pared interna se apretaba y se relajaba instantáneamente siguiendo el movimiento de los dedos.

Cuando entraron los cuatro dedos de Chase, ya había gastado casi la mitad del primer bote de lubricante. Cada vez que metía y sacaba la mano del agujero, se oía un sonido húmedo y pegajoso, y Jung-in ya parecía agotado con los ojos entrecerrados.

El agujero, que antes era de un rosa suave, ahora estaba rojo ardiente recibiendo la mano de Chase. Cada vez que el nudillo grueso se trababa en la entrada, los muslos de Jung-in temblaban.

Chase, que solo se había concentrado en aumentar el número de dedos, giró la mano hacia el otro lado. Jung-in no era el único estudiante modelo aquí. Chase no había podido estudiar de antemano como Jung-in, pero pensaba explorar adecuadamente a partir de ahora cada rincón del cuerpo de su pareja.

Su mano, que recorría las paredes internas, presionó con fuerza un lugar abultado dentro del perineo.

“¡Ah!”.

Jung-in, que dejaba escapar gemidos apenas audibles, se sobresaltó y soltó un sonido cercano a un grito. Al mismo tiempo, su cintura rebotó contra el colchón.

Chase, como para confirmar, volvió a presionar y frotar firmemente esa parte con las yemas de sus dedos índice y medio.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“¡Haahgh!”.

La cabeza de Jung-in cayó hacia atrás. Su delgado cuello y su cintura dibujaron una curva vertiginosa y sus muslos se sacudieron un par de veces con espasmos.

Chase puso una expresión de astrónomo que acaba de descubrir un nuevo planeta. Su visión volvió a teñirse de rojo y sintió un mareo. Fue en ese preciso momento cuando la paciencia que estaba al límite se derrumbó.

“Haah… Ya no aguanto más”.

La mano de Chase salió sin dudarlo. Agarró la parte inferior de la mochila de Jung-in y la volcó. Cayeron un montón de lubricantes, botes de crema y varias cajas de condones.

Tras rebuscar entre las cajas, Chase tomó una caja negra que decía ‘Magnum’.

“Incluso hay de mi talla”.

“No toques los otros. Guardé el recibo para devolverlos”.

Ante las palabras de Jung-in, Chase soltó una carcajada encontrándolo adorable. Tras abrir la caja y sacar una tira de condones, arrancó el primero y se lo entregó a Jung-in.

“¿Me lo pones tú?”.

“¿…Eh?”.

Jung-in parpadeó repetidamente, desconcertado.

“Pónmelo tú. ¿Sí?”.

Chase suplicó como un niño. Jung-in miró con ojos perplejos el pene que se agitaba pegado al abdomen de Chase.

“Y-yo solo lo he hecho con bananas…”.

California era un estado donde la educación sexual integral era obligatoria. Y las escuelas que la impartían permitían practicar directamente el uso del condón.

La mayoría de las escuelas realizaban prácticas poniendo condones en bananas, y Wincrest era una de ellas. No solo había demostraciones del profesor, sino que los alumnos debían practicar poniéndolos ellos mismos.

Acercándose un poco más, Chase recorrió su propio miembro con la mano un par de veces como para alardear. El glande enrojecido y abultado estaba tenso como si fuera a estallar. Las bananas no eran tan grandes ni daban tanto miedo.

“Nunca lo he hecho en algo tan grande”.

“Solo piensa que es una pobre banana que sufrió una mutación genética por efecto de la radiación”.

Chase, cuyo miembro gigante más que dar lástima parecía un símbolo de orgullo, se subió ágilmente sobre la cintura de Jung-in.

Glup. Jung-in tragó saliva. Poco después, una mano blanca y delicada se acercó temblando levemente. Ver esa mano elegante, que solía sostener libros con etiquetas de la biblioteca escolar, sosteniendo un condón, le provocó a Chase un escalofrío de excitante perversión en la nuca.

Jung-in hizo exactamente lo que aprendió. Sostuvo la goma, colocó la parte abultada de la punta en el extremo presionando para sacar el aire y desenrolló la parte de abajo.

Chase se estremeció y vibró por todo su cuerpo.

“Hu… Has aprendido bien. Como se esperaba de nuestro representante de graduación”.

Él volvió a posicionarse entre las piernas de Jung-in. Se inclinó, quedando tan cerca que sus narices casi se rozaban, y lo miró fijamente.

“¿Tienes miedo?”.

Jung-in negó con la cabeza. Lo había tenido hasta hace un momento, pero ya no. Al ver a Jung-in con esa expresión de férrea determinación, fue Chase quien, por el contrario, mostró una faceta vulnerable.

“Yo sí tengo miedo. De que esto sea un sueño… ¿Y si abro los ojos, me levanto de golpe y resulta que solo fue una polución nocturna?”.

Jung-in soltó una pequeña risa y estiró la mano hacia abajo. Luego, rodeó con sus dedos el miembro de Chase.

“Ugh…”.

En cuanto sintió el contacto de Jung-in, Chase pareció derrumbarse y apoyó la frente en el hombro de su pareja.

Quizás fue por verlo así de vulnerable, o tal vez porque despertó su espíritu competitivo, pero Jung-in sintió deseos de ser él quien iniciara el acto.

Sujetando lo de Chase, Jung-in lo guio hacia el espacio entre sus nalgas.

“¿Estarás bien?”.

Jung-in asintió. Chase, sujetando su propio tronco, frotó el extremo romo a lo largo de la línea de sus nalgas. Pudo sentir cómo el agujero, rojo ardiente, se abría ligeramente.

Alineó el glande con la entrada. Al tomar posición para la inserción, se marcó un profundo surco en la espalda de Chase, y sus glúteos y muslos se tensaron al máximo.

“Hu…”.

Tras soltar un largo suspiro, como quien toma aire antes de sumergirse, Chase empujó la cintura lentamente. El glande, que presionaba la piel blanca, atravesó la entrada.

“Hgh…”.

Jung-in inhaló con nitidez y se quedó congelado. No pudo ni siquiera soltar un grito propiamente dicho. Todo su cuerpo se puso rígido como una tabla mientras clavaba las uñas en los hombros de Chase. Sentía como si le estuvieran embutiendo un bate de béisbol en el cuerpo. Y para colmo, por la parte más gruesa.

Ante la presión asfixiante del interior, Chase también miró a Jung-in con una expresión de agonía. Jung-in ni siquiera podía respirar; solo mantenía la boca abierta, jadeando en silencio.

“Respira. ¿Eh?”.

Chase puso la palma de su mano sobre el pecho de Jung-in y le dio un momento.

“¿Estás bien? ¿La saco?”.

Jung-in negó con la cabeza apresuradamente. Sentía que si retrocedía ahora, nunca más tendría el valor de volver a intentarlo.

“Solo… hazlo…”.

Chase acarició la cintura y la cadera de Jung-in para calmarlo. Y luego, empujó la cintura un poco más.

“¡Haahgh!”.

Incapaz de aguantar más, Jung-in finalmente soltó un grito.

Chase abrazó con fuerza el cuerpo tembloroso de Jung-in y le mordisqueó la punta de la oreja para distraerlo del dolor. Continuó hablándole, como si vertiera las palabras directamente en su oído.

“Lo siento… Solo un poco más…”.

Sin embargo, por debajo, el grueso glande seguía ensanchando el orificio a la fuerza, abriéndose paso. Jung-in sentía como si los huesos de su pelvis se estuvieran separando y sus órganos fueran empujados hasta la boca del estómago.

“Hgh…”.

Jung-in no pudo evitar romper a llorar.

“Lo siento… Haah… De verdad lo siento”.

Cada vez que Jung-in sollozaba, los pequeños pliegues de las paredes internas que rodeaban el miembro de Chase daban espasmos. Lamentablemente, aquello solo servía para despertar una lujuria aún más intensa en Chase.

“¿Te duele mucho? ¿Paramos?”.

Chase detuvo el movimiento y cubrió el rostro de Jung-in con una lluvia de besos. Sus manos no dejaban de acariciar sus antebrazos, cintura y muslos.

Jung-in negó con la cabeza lentamente. Al hacerlo, las lágrimas acumuladas en sus ojos se deslizaron por sus sienes. Era un rostro de una tristeza infinita, capaz de despertar el instinto de protección más profundo.

“Hgh… Prefiero que… la metas de una vez”.

Pensó que sería mejor recibir todo el dolor de golpe. Creía que una vez que el camino estuviera abierto, lo que siguiera sería más llevadero.

“Huu…”.

Chase se apartó el cabello empapado de sudor. Él también tenía la espalda tensa de tanto contener el deseo de moverse con violencia.

“No hables como si te estuvieras quitando una curita. Para mí esto es algo sagrado”.

Chase intentaba ganar tiempo otra vez con sus bromas habituales. Jung-in puso una mano en su mejilla y le pidió con fervor.

“Rápido… ¿sí? Chay…”.

Cuando Jung-in lo llamaba así, Chase sentía que perdía todas sus fuerzas. No podía negarle nada. Como había dicho antes, sería capaz incluso de matar por él.

“Hu…”.

Ya no podía aguantar más. Chase, que solo tenía el glande y parte del tronco dentro, empujó la cintura lentamente. El tronco duro y venoso se deslizó hacia adentro, expandiendo las paredes internas.

“Haahgh…”.

Ante el dolor de sentir su cuerpo partirse en dos, Jung-in comenzó a respirar con dificultad, en pequeñas fracciones. Su caja torácica, elevada, subía y bajaba lastimosamente.

“Maldición…”.

Jung-in levantó la vista al escuchar la voz ronca sobre él. Chase tenía el ceño fruncido, como si estuviera enfadado.

“Lo siento. Haah, es que se siente demasiado bien. ¿Te asusté?”.

Chase sintió un estremecimiento electrizante. No sabía que podía llegar a excitarse tanto solo con la inserción.

Normalmente, la realidad rara vez supera a la imaginación.

Él había visualizado en sus fantasías el cuerpo desnudo de Jung-in, viéndolo abrir las piernas y suplicarle que entrara, gimiendo con su miembro atrapado entre sus nalgas. Pero la realidad que tenía enfrente superaba con creces cualquier fantasía.

Todo su cuerpo estaba dominado por el placer. Sentía que el cerebro se le derretía. No sabía que solo con la inserción podría sentirse así. Y eso que ni siquiera había entrado por completo. Todavía quedaba fuera un tercio del tronco. Parecía que meter más sería imposible por ahora.

“¿Estás bien?”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Ante la expresión preocupada de Chase, Jung-in forzó una sonrisa para tranquilizarlo, sin saber que eso lo hacía ver aún más digno de compasión.

“Hgh… siento que si tosiera, hgh… tu pene saldría por mi boca…”.

Chase soltó una risa que hizo vibrar su cuerpo, y Jung-in se estremeció. Sintió como si el enorme pene se agitara dentro de él.

“¡Haahgh!”.

“Lo siento…”.

Chase acercó sus labios a la mejilla de Jung-in. Este puso sus manos sobre la espalda de Chase. Pudo sentir el movimiento de los músculos retorciéndose bajo sus palmas.

Jung-in percibía claramente el esfuerzo que hacía Chase por ser tierno y reprimir el instinto básico de embestir y sacudir su cuerpo salvajemente.

“Chase…”.

“Hgh… me voy a volver loco. Está demasiado estrecho”.

Chase apoyó los codos a ambos lados de la cabeza de Jung-in y retiró la cintura. La frontera entre el glande y el tronco de su miembro era nítida. La corona del glande raspó con fuerza las paredes internas y la próstata al salir.

“¡Ah!”.

Jung-in tembló como si hubiera recibido una pequeña descarga eléctrica. Esta vez, no solo hubo dolor. Su propio miembro, firmemente erecto, era la prueba.

El pene de Chase, que solo tenía el glande dentro, parecía clamar por volver a entrar en el cálido interior de Jung-in. Siguiendo su instinto, Chase comenzó a mover el cuerpo lentamente.

“Huu… de verdad se siente bien”.

Sus gruesos muslos se tensaron aún más, marcando profundamente el contorno de sus músculos.

Cada vez que se movía hacia adelante y hacia atrás, el interior de Jung-in lo envolvía con una sensación elástica. Chase estaba al borde del desmayo por el éxtasis, pero apenas lograba mantener la razón para no penetrar demasiado profundo.

“Ah… uung… Chase…”.

Cada vez que Chase embestía, el miembro erecto de Jung-in se sacudía. Chase tomó el pene de Jung-in con la mano y comenzó a acariciarlo mientras aceleraba gradualmente el ritmo de su cintura.

“Haah… Qué bien. Tu interior es tan cálido y suave”.

Los densos pliegues internos mordían el miembro con tenacidad y no lo soltaban. Al salir, apretaban como si quisieran arrastrarlo hacia afuera, y al entrar, sentía que su pene partía algo en dos.

Los ojos azules de Chase miraban a Jung-in con un calor que este nunca antes había visto.

El cuerpo de Jung-in estaba completamente entregado, moviéndose como algas bajo el agua. Su rostro era un desastre de lágrimas y sus labios soltaban bocanadas de aire caliente.

Ah, así es como te ves cuando tenemos sexo.

Sentía que su cerebro era puro fango. Ver al siempre pulcro y noble Jung-in así, desordenado y con su miembro clavado en él. Lo que solo había visto en sus sueños eróticos se desplegaba ahora como una realidad.

En un instante, Chase perdió la razón y embistió profundamente.

Su pene, que había estado rozando superficialmente la próstata, se hundió de golpe hasta lo más profundo.

“¡Uung!”.

A Jung-in se le marcaron las venas del cuello mientras echaba la cabeza hacia atrás.

En ese momento, Chase no pudo creer lo que veía. En el vientre delgado de Jung-in se veía un bulto, un contorno que sobresalía como si algo lo estuviera llenando por dentro.

“Ha”.

Al retirar la cintura, vio cómo ese contorno se movía hacia abajo como si tuviera vida propia. Era ridículamente erótico.

“E-esto… es extraño…”.

“¿Cómo de extraño?”.

“Hgh… siento que me caigo… demasiado… peligroso…”.

Jung-in soltaba palabras entrecortadas y sin sentido. Él estaba tan ebrio de placer como Chase.

Chase sujetó la cintura de Jung-in como si fuera a levantarla y comenzó a sacudir su cuerpo en serio.

Embestía apuntando a la próstata con movimientos cortos y, en momentos inesperados, clavaba una embestida profunda. Sentía a través de la punta de su miembro cómo se iba abriendo camino poco a poco en el interior.

Apretó los dientes y movió la cintura con rapidez.

“Haah, Ch-Chase, ah, ugh, ugh, ugh…”.

Jung-in soltaba gemidos fragmentados. Chase miraba con ojos ardientes a Jung-in, quien abría las piernas todo lo que podía para aceptarlo con esfuerzo.

El rostro empapado en lágrimas, el vientre que se abultaba con cada embestida profunda, la imagen del miembro monstruosamente grueso despedazando el frágil orificio. Lo poco que quedaba de su razón se evaporó por completo.

Chase se movía guiado únicamente por el instinto. Con cada estocada, el lubricante derretido salía del agujero produciendo un sonido húmedo y chapoteante.

“Chase… yo… yo, para…”.

Jung-in sentía como si un globo se inflara poco a poco dentro de su vientre. Sentía que en cualquier momento estallaría dentro de él.

Su respiración se volvió errática y su orificio y el interior se contrajeron de forma irregular.

Sintiendo que el clímax de Jung-in estaba cerca, Chase bajó el cuerpo. Metió las manos bajo las axilas de Jung-in y rodeó sus hombros como si fueran grilletes. Manteniéndolo inmovilizado y firme a pesar de las sacudidas, comenzó a embestir la parte inferior con fuerza. La penetración se volvió aterradoramente rápida y profunda.

“¡Ah! Haah, ugh, uugh…”.

Jung-in clavó las uñas en la espalda de Chase. Sentía chispas saltando dentro de su cuerpo como si chocaran piedras de pedernal, y su miembro, atrapado bajo el cuerpo de Chase, era frotado sin piedad contra unos abdominales duros como piedras.

“¡Haahgh…!”.

Era como estar en una montaña rusa. Una que no subía, sino que solo caía, caía y caía continuamente.

Su visión empezó a dar vueltas hasta teñirse de negro, y el cuerpo de Jung-in se contrajo al máximo. Se formaron hoyuelos en sus pequeñas nalgas y sus muslos temblaron violentamente. Con sus cuerpos unidos como uno solo, Jung-in alcanzó el clímax una vez más.

Chase hundió la lengua entre los labios abiertos de Jung-in y corrió hacia la cima. Los músculos de todo su cuerpo se tensaron y se hincharon. Aplicó fuerza en glúteos y muslos, y un sonido gutural escapó de su garganta.

“Khgh… ugh…”.

Al mismo tiempo, el pene clavado dentro del cuerpo de Jung-in pulsó lentamente tres, no, cuatro veces. Fue la eyaculación.

Por un momento, la habitación se llenó solo de respiraciones agitadas. Sus pechos, pegados, latían con locura al unísono.

Chase levantó la cabeza y miró a Jung-in. Su rostro, encendido en rojo, estaba empapado en lágrimas. Chase le apartó unos mechones de cabello pegados a la sien y preguntó con voz preocupada:

“¿Estás bien?”.

“Hgh… haahuu…”.

El miembro de Chase, aún bajo los efectos de la eyaculación, pulsó un par de veces más dentro del cuerpo de Jung-in. Se sentía como si un corazón latiera dentro de su agujero.

Ante el placer residual, el cuerpo de Jung-in temblaba intermitentemente como si tuviera corriente eléctrica. Chase acarició con parsimonia sus muslos espasmódicos.

“Fue muy duro, ¿verdad?”.

Chase besó con ternura la frente, las sienes, las mejillas y la punta de la nariz de Jung-in, esperando a que los temblores cesaran antes de retirarse con cuidado.

El miembro se deslizó hacia afuera. Cuando el grueso glande se trabó en la entrada y luego salió de golpe, Jung-in volvió a temblar.

Chase se sentó en el borde de la cama y se quitó el condón. La cantidad de semen eyaculado era tanta que el condón, lleno de un líquido blanco espeso, colgaba pesadamente. Ató el látex con destreza y lo lanzó al basurero junto a la cama. Se oyó un sonido sordo y pesado al caer.

Jung-in parpadeó lentamente con ojos agotados. Se sentía como un vegetal que solo podía abrir los ojos.

Movió las pupilas para mirar a Chase y vio algo extraño. A pesar de haber eyaculado hace un momento, su miembro seguía erecto, casi igual a como estaba al principio.

Vio la mano de Chase recoger el paquete de condones que estaba tirado en el suelo. Arrancó uno nuevo de la parte superior.

“… ¿Chase?”.

Una voz llena de ansiedad y horror llamó a Chase.

Chase se acercó con una sonrisa radiante. Jung-in observó con rostro atónito cómo esos ojos color mediterráneo se aproximaban a grandes zancadas.

***

Al despertar, los sentidos comenzaron a abrirse poco a poco.

Se oía el canto de los pájaros. Al principio pensó que era un ruido de su sueño.

Jung-in levantó los párpados lentamente. Vio cómo las cortinas delgadas se mecían suavemente con la brisa que entraba por la ventana.

Afuera se mecían las palmeras. Cada vez que soplaba el viento, las hojas se rozaban entre sí produciendo un susurro.

Bajo las palmeras había plantas de hojas gruesas, como áloe. Gotas de agua colgaban de las puntas afiladas de las hojas, y el sol de la mañana brillaba sobre ellas.

Jung-in estaba solo en la cama. No hacía falta mirar alrededor para saber que no había nadie más presente.

Jung-in se palpó el pecho. Afortunadamente, llevaba algo puesto. Al bajar la vista, vio el número ‘7’ escrito en letras rojas. Chase le había puesto su propia camiseta de jugador.

En su cuerpo, que había sido un desastre de saliva de ambos, no quedaba rastro de suciedad. Al girar la cabeza y oler su hombro y antebrazo, sintió un aroma fresco. Parecía que Chase había lavado su cuerpo mientras él estaba inconsciente.

Realmente había sido una noche terrible.

Parecía que, como no había jugado en meses tras el final de los playoffs, le sobraba energía. Y descargó toda esa energía sobrante en el sexo.

Para Jung-in era asombroso. Ayer, el hombre que lo movía a su antojo había llegado a sostener su propio peso con una sola mano en ciertos momentos.

“Uugh…”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Jung-in intentó hacer fuerza con el abdomen para levantarse, pero volvió a desplomarse. El dolor le permitía identificar cada músculo de su cuerpo. De la cintura para abajo, sentía que no tenía sensibilidad alguna.

Si hubiera sido puramente doloroso, le habría pedido que parara. Aunque ayer Chase parecía haber perdido el juicio, si él lo hubiera rechazado, Chase se habría detenido de inmediato.

El problema era que no solo había sido doloroso. Por eso no pudo negarse cuando él le pidió hacerlo una vez más, y mientras él balbuceaba una respuesta ambigua, Chase ya lo estaba cubriendo de nuevo.

Así, el ‘solo una vez más’ y el ‘una última vez’ se repitieron continuamente, y al final terminó quedándose dormido, casi desmayado, tras ver amanecer mientras se ahogaba en el placer durante toda la noche.

Jung-in miró el ventilador de techo girando y volvió a pensar: tiene a una persona increíble como pareja. ¿Cómo es posible que tenga ese tamaño?

En ese momento, escuchó que alguien se acercaba. Temiendo que fuera alguien que no fuera Chase, Jung-in gimió y tiró de la manta hasta cubrirse la cabeza.

“Soy yo, Jung-in”.

Ante la voz baja y teñida de risa, Jung-in asomó los ojos por encima de la manta.

Él traía una bandeja con patas en ambas manos. Sobre la bandeja de madera, diseñada para ponerse sobre la cama, había jugo, algo de fruta y panqueques.

“¿Estás bien?”.

Incluso esa frase ahora le sonaba extraña. La había escuchado docenas de veces anoche. Mientras le ponía una pierna al hombro, mientras lo giraba para ponerlo boca abajo, mientras sujetaba su cadera con ambas manos para inmovilizarlo, él lo había preguntado repetidas veces.

“Bien… hgh…”.

Intentó responder, pero su voz salió rota y terriblemente ronca. Esto también era consecuencia de la noche anterior.

Jung-in forcejeó para incorporarse apoyando los codos en el colchón. Chase dejó la bandeja en la mesita de noche y se acercó rápidamente para ayudar a Jung-in a sentarse. Incluso le puso una almohada en la espalda. Era un cuidado muy atento.

“Pensé que se te antojarían unos panqueques. Por cierto, yo ya me comí cinco”.

Jung-in miró a Chase de reojo con reproche. No sabía por qué, pero decían que la gente aquí comía panqueques como locos después de las relaciones sexuales. Como si quisieran reponer el semen eyaculado.

“Quiero comer afuera”.

No quería comer en la cama porque se sentía como un paciente. Jung-in, que no quería ser tratado como un enfermo por haber tenido sexo, apartó la manta y bajó ambas piernas de la cama. Al intentar levantarse apoyando los pies en el suelo, sus rodillas temblaron.

“Pareces Bambi”.

Tal como dijo Chase, Jung-in parecía un ciervo recién nacido. Los músculos internos de la entrepierna, que normalmente no usaba, le daban tirones y le dolían de forma insoportable. Antes de que pudiera dar unos pasos y tropezara, Chase lo abrazó rápidamente.

La camiseta de Chase le llegaba a Jung-in hasta la mitad del muslo. Una sonrisa se dibujó en los labios de Chase mientras observaba las piernas que asomaban por debajo.

Sentando a Jung-in sobre su regazo, Chase tomó una uva y la acercó a sus labios. La uva brillante se deslizó dentro de los labios rojos.

Mientras Chase acariciaba las mejillas que se movían al masticar, la punta de sus dedos rozó sus ojos enrojecidos.

“Están hinchados. ¿Te hice llorar demasiado?”.

Jung-in lo miró de reojo ligeramente. Se preguntaba cómo una persona tan dulce podía hacerlo llorar de esa manera.

Chase rodeó la cintura de Jung-in con un brazo, atrayéndolo hacia sí. Luego, besó suavemente su cuello.

“Cuando abrí los ojos esta mañana y estabas a mi lado… fui tan feliz que sentí que podría morir en ese instante”.

La voz de Chase era baja y profunda. Por alguna razón, sus palabras hicieron que el corazón de Jung-in diera un vuelco.

Jung-in se giró para mirar a Chase. Parecía que pequeñas olas ondulaban en sus pupilas azules. El sol de la mañana se posaba en las puntas de sus pestañas, brillando tenuemente.

“Te amo, Jung-in”.

Jung-in se mordió un poco el labio y luego asintió con la cabeza con cuidado.

“Yo también… te amo”.

Su voz salió pequeña pero clara.

Tras el intercambio de confesiones, Chase cambió de tema con naturalidad para romper el ambiente incómodo.

“Ah, ¿sabes qué? Estos panqueques los hice yo. Prueba un bocado”.

Chase mostró una sonrisa de confianza y cortó un trozo de panqueque con el tenedor. El panqueque, con la mantequilla ligeramente derretida y brillante, se veía apetitoso.

Jung-in abrió la boca y comió obedientemente el trozo que él le ofreció. En cuanto tocó la punta de su lengua, el sabor salado de la mantequilla y el dulzor del sirope se extendieron por toda su boca. Una textura esponjosa y suave llenó su paladar.

“Está rico”.

Jung-in relajó el cuerpo cómodamente y se apoyó en Chase. Sentía como si el dulce calor de los panqueques se filtrara por todo su cuerpo.

“Quiero otro bocado”.

Jung-in dio otro mordisco al panqueque y sonrió satisfecho. La sonrisa también se contagió al rostro de Chase.

Ambos deseaban lo mismo: que en el futuro siguieran momentos tan dulces como este.

La brillante luz del sol caía sobre sus cabezas como una bendición.