2. El Traspaso
2. El Traspaso
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*Ver todos los avisos
Con Matthew Kaia.
Comentarios: 23
Anónimo1
?
Anónimo2
???
└ ¿Cómo que romper
compromiso si ni siquiera es mayor de edad?
└ ¿Cuándo se casó Kim
Sarang a nuestras espaldas?
Anónimo3
Sí, se casó conmigo.
└ ₍ᐢ˶•᷅ᗝ•᷄˶ᐢ₎ و
└ █۞███████]▄▄▄▄▄▄▄▄▃ 💥●●
▂▄▅█████████▅▄▃▂…
[██████████████████
Anónimo4
No compro rumores.
└ No es un rumor, The
Moon sacó la noticia.
└ ¿The Moon?
¿No son esos unos carroñeros?
└ No, también salió en
SS.
└ SS se volvió
un sitio de chismes hace tiempo.
Anónimo5
Traigan el enlace
antes de hablar. ¿No es demasiado para un chico que ni siquiera es adulto?
└ https://www.kubuzip.com/durnd
└ El enlace está en
inglés, ¿alguien puede traducir?
└ Dice que se casó con
un tal Matthew Kaia.
└ ¿Kaia? ¿El dueño de
los Pink Bunnies?
└ No puede ser...
Anónimo6
¡Dicen que es un viejo
de setenta años!
Anónimo7
Pero... ¿qué está
pasando...? Qué miedo.
Anónimo8
¿No jugó el Europeo
este año? ¿Un seleccionado nacional puede hacer esto?
└ ¿A qué viene lo de
la selección ahora?
Anónimo9
Dicen que un viejo de
setenta y un menor se casaron... ¿Esto es legal? ¿No es un delito?
Anónimo10
Anónimo11
¿Es real?
Anónimo12
https://www.kubuzip.com/durnd1 Siguen saliendo noticias. Es increíble,
jajaja.
Anónimo13
Decían que el club le
tenía manía, ahora entiendo por qué...
Anónimo14
Esta vez el club hizo
bien su trabajo. Con razón lo dejaron fuera de la convocatoria sin explicación.
Para eso, mejor que se vaya a Medio Oriente por dinero. ¿Casarse con un viejo?
¿Y encima el dueño del equipo rival? Qué vergüenza nacional, jajajaja.
Anónimo15
No puede ser...
Anónimo16
......
Anónimo17
Vaya...
Anónimo18
¿Ya no tienen nada más
que criticar y ahora inventan rumores?
└ También salió en BMC.
https://www.kubuzip.com/durnd2
└ Si salió en BMC
es que es oficial, maldita sea, jajaja.
Anónimo19
¿No hay leyes contra
la pederastia en la Commonwealth? Sería muy gracioso que Matthew Kaia terminara
en la cárcel por eso.
Anónimo20
¡Eh! Que no es Matthew
Kaia, dicen que es Florian. https://www.kubuzip.com/durnd2 Florian Dietrich Wellington.
└ ¿Ese también es un
viejo?
Anónimo21
¿Kim Sarang es un
cazador de ancianos?
Anónimo22
Dicen que no es
matrimonio, sino que es su tutor legal.
└ ¿Quién? ¿Matthew
Kaia?
└ No, Florian.
Anónimo23
Florian no llega ni a
los treinta años.
└ ¿Y quién es ese
Florian? ¿Dueño de otro equipo?
└ No puede ser... ¿no
conoces a Florian? Es más famoso que el príncipe de la Commonwealth.
└ ¿Príncipe? ¿Charles?
Conozco al príncipe calvo.
└ El Duque Dietrich,
dueño del Palacio de Verano, el hombre más guapo del mundo.
└ Simplemente no
quieren saberlo por pura envidia, qué patético.
[Charla] Cronología de
la polémica de Kim Sarang
Rumores de ruptura de
compromiso con Matthew Kaia.
Matthew Kaia tiene 70
años. Kim Sarang tiene 17. El matrimonio en sí es ilegal.
Matthew Kaia = Dueño
de los Pink Bunnies. Kim Sarang = Canterano estrella de los Rhinoceros.
Los Rhinoceros y los Pink Bunnies son archienemigos a muerte.
Hace 10 años, los hooligans causaron disturbios e incendiaron el norte de
Canton porque los Bunnies perdieron 3-0 en el derbi local.
Medios prestigiosos
además de The Moon están publicando la noticia.
No hay respuesta
oficial por parte de Kim Sarang.
La Corporación Kaia
tampoco hace comentarios.
Junto al rumor de
ruptura, surge el rumor de boda con Florian Dietrich Wellington.
Florian tiene 27 años.
Kim Sarang tiene 17. El matrimonio entre ellos también es ilegal (Sarang es
menor).
Inmediatamente después
del rumor de boda con Florian, surge el de la tutoría legal (esto no es
ilegal).
No hay postura oficial
sobre ninguno de los rumores.
Todo esto ha pasado en
un solo día. La escala de los escándalos de los jugadores de la Premier es
impresionante.
Comentarios: 40
Anónimo1
Llamar "jugador
de la Premier" a un chico que ni siquiera está en el primer equipo...
└ ¿Te dolió el
comentario?
Anónimo2
Gracias por el
resumen.
Anónimo3
Matthew Kaia es
horrible. Si tengo que elegir, prefiero a Florian.
Anónimo4
NO HACER
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Dicen que Matthew Kaia
es un beta. ¿Por qué un beta se casaría con un alfa?
Anónimo5
La escala de esto es
de locos.
Anónimo6
Casarse con un viejo
beta es cien por cien por dinero.
└ ¿Cuánto es el
salario semanal de Kim Sarang?
└ Hace poco que lo
subieron, probablemente ni siquiera tenga un contrato formal.
└ Qué fuerte... lo
vuelvo a leer y sigo en shock.
Anónimo7
¿Quién es Matthew
Kaia?
└ Presidente del Grupo
Kaia.
└ Dueño de los Pink
Bunnies.
└ ¿Un canterano de los
Rhinoceros se casa con el dueño de los Bunnies?
└ Dios mío...
└ Por favor, que esto
sea un rumor... por el bien de los Rhinoceros, por mi bien y por el
norte de Canton...
└ Mis condolencias a
los Rhinoceros...
Anónimo8
¿Cómo están
reaccionando los Kojossis?
└ ¿Ahora mismo? Es un
caos total.
└ Están furiosos.
└ He visto a algunos
insultando al Calvito.
└ ¿Quiénes son los
Kojossis y quién es el Calvito?
└ Kojossis = Fans
locales de los Rhinoceros, les llaman así porque solo hay hombres
maduros y sombríos. Calvito = Brad, el dueño del equipo, que es calvo.
└ Vaya... qué apodo...
└ Tú eres peor por
preguntar.
└ Jajajajajajajaja.
Anónimo9
¡Maldita sea! ¡Tenía
que ser justo con los Pink Bunnies!
Anónimo10
¿Va a explotar la ciudad
de Canton por esto?
└ Antes explotará mi
paciencia.
Anónimo11
¿No hay esperanza con
Florian?
└ No, él es de la
familia ducal. No tiene nada que ver con Kim Sarang.
Anónimo12
Anónimo13
Anónimo14
Qué rabia, el equipo
ya está mal con lo del descenso y ahora esto.
Anónimo15
Todavía no es oficial.
¿Y si es una noticia falsa? No sería la primera vez.
Anónimo16
¿Qué hizo mal el
Calvito? ¿Por qué los Kojossis lo insultan?
└ Los Kojossis
insultan al Calvito incluso cuando sale el sol.
└ Jajajajajaja.
El aliento de Florian
se dispersaba en una neblina blanca frente a él mientras se apoyaba en la
carrocería del coche.
Tras el tormentoso
verano, el inicio del otoño en la ciudad de Canton había traído un invierno
prematuro. Florian sacó un caramelo del bolsillo de su abrigo y miró a su
alrededor.
Calle 97 de la ciudad
de Canton.
Esta zona, situada en
el norte de la ciudad, estaba deteriorada y sumida en la decadencia de un
suburbio. Un grupo de personas con gorras y ropas holgadas merodeaban,
observándolo con cautela. Justo cuando la distancia empezaba a acortarse, como
si pretendieran rodearlo al notar que su vestimenta y porte no encajaban con el
lugar, apareció alguien.
"¿Señor
Wellington?"
Florian, que lo había
estado observando desde que dobló la esquina con su bolso de entrenamiento al
hombro y el uniforme del club, se enderezó con una sonrisa.
"Cuánto tiempo
sin vernos, señor Sarang."
Sarang, que venía
caminando con la vista fija en el suelo, se detuvo en seco. Sus ojos se
agrandaron por la sorpresa y se acercó con expresión preocupada.
"Es peligroso que
venga por aquí de esta forma."
"¿Solo para
mí?"
"Eh…"
Sarang se quedó sin
palabras ante la pregunta de por qué solo sería peligroso para él, y miró a su
alrededor nerviosamente. Mark, que estaba sentado en las escaleras del viejo
edificio de apartamentos, cruzó la mirada con él y saludó con un gesto de
barbilla.
"¿Todo bien,
Kim?"
"Sí, Mark. Todo
bien."
"¿Quién es?"
"Es… alguien del
club."
A pesar de que era
imposible no reconocer a Florian, Mark fingió ignorancia mientras sus ojos
brillaban bajo la luz tenue de la farola.
"¿Marcaste otra
vez, no? ¿Juegan contra los Pink Bunnies la próxima semana?"
"Sí."
"¡Aplastadles el
orgullo a esos bastardos!"
"Sí, me
esforzaré."
"Avísame si pasa
algo."
"Bueno,
Mark."
Sarang dio un paso
lateral, bloqueando la mirada de Mark hacia Florian, y solo después de un largo
rato logró relajar la tensión.
"Parece que este
barrio es bastante peligroso, ¿no?"
El grupo que se había
reunido al ver a Florian se había dispersado gradualmente tras la intervención
de Mark. Aun así, se sentían miradas punzantes desde todas las direcciones. Era
un vecindario con demasiados ojos.
"Parecen amigos
suyos, ¿no me los va a presentar?"
"Ellos no son
exactamente mis amigos."
"¿Entonces?"
Sarang miró a Florian,
quien preguntaba sabiendo la respuesta, y retrocedió un paso instintivamente.
Al intentar ocultar a Florian de las miradas, la distancia entre ambos se había
acortado demasiado. Al encontrarse cara a cara a menos de un palmo, las
mejillas de Sarang se tiñeron de rojo por el susto. Estuvieron a punto de
rozarse los labios. Temiendo que Florian escuchara los latidos desbocados de su
corazón, Sarang retrocedió un paso más. Su cabello estaba ligeramente húmedo.
"¿Viene de
ducharse?"
"¿Eh? Sí…
sí."
"Ahora que lo
noto."
"……."
Florian acortó la
distancia que Sarang se había esforzado en crear y midió con su mano blanca la
diferencia de altura entre ambos. Sarang había crecido un poco desde el verano
pasado.
"Parece que está
más alto que la última vez, Sarang."
"…Ah."
"Bueno, está en
plena edad de crecimiento. Pero, Sarang."
"¿Sí,
dígame?"
"¿Hasta cuándo
piensa dejar a su invitado esperando afuera?"
Sarang se dio cuenta
de que llevaban cinco minutos hablando ahí. Seguramente el señor Wellington
habría llegado mucho antes a esperar.
"Entremos a
hablar."
Florian, sin olvidar
el propósito de su visita, caminó primero. Bajo su bufanda delgada, se
vislumbraba la curva de su cuello, que lucía inusualmente pálido y frío. Sarang
se apresuró a alcanzarlo.
Abriendo la puerta del
vestíbulo un segundo antes, Sarang miró a Florian. Este sonrió ante la
amabilidad inesperada y entró. La puerta chirrió al cerrarse tras el joven
deportista y el hombre esbelto.
"La casa está un
poco fría."
"Sí, ya lo
veo."
Sarang dejó su bolso
junto a la puerta y empezó a moverse con rapidez. Aunque el lugar estaba
impecable por su naturaleza ordenada, comenzó a recoger cosas inexistentes y
encendió el radiador antes de volverse hacia Florian con el rostro lleno de
desconcierto. Parecía más apurado que alegre por la visita repentina.
Su piel, que en verano
lucía bronceada, se había vuelto pálida y mostraba una pelusa suave. Florian,
de pie en la entrada, recorrió con la mirada el viejo y estrecho apartamento
mientras seguía los movimientos nerviosos de Sarang. Al encontrarse con ese
rostro juvenil, sonrió con dulzura.
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"¿Puedo
pasar?"
"Ah, sí. Pase,
señor Wellington."
En el interior de
aquel apartamento de unos veintiséis metros cuadrados, el salón compartía
espacio con la cocina, mientras que una pequeña habitación y el baño se
distribuían a los lados. Sarang sacó una silla de la mesa pegada a la pared de
la cocina para ofrecérsela a su invitado. Luego, puso agua a hervir y rebuscó
en la alacena, para terminar volviéndose hacia Florian con expresión apurada.
“Solo tengo té en
bolsitas, ¿está bien?”
“Sí, Sarang. No he
venido por el té.”
“…….”
“Ah, es cierto. El
señor Wellington es un hombre ocupado.”
Al ver cómo los
pensamientos de Sarang se reflejaban con total transparencia en su rostro,
Florian le indicó que se sentara.
“Siéntate.”
“… Sí.”
Parecía que los roles
de anfitrión e invitado se habían intercambiado, pero Sarang, sin siquiera
notarlo, apagó el fuego y tomó asiento.
“Hace mucho frío
aquí.”
“Es que… el radiador
es viejo.”
Florian recorrió la
estancia con la mirada una vez más, dándole la razón en silencio.
“Sarang, tú eres muy
sensible al frío y esta casa no tiene una calefacción adecuada.”
“…….”
“¿Por qué te empeñas
en ser tan terco?”
El tono era afectuoso,
pero el contenido de sus palabras no tanto.
“¿Cómo sabe… que soy
sensible al frío?”
A Sarang le pareció
que Florian era extremadamente observador, pero había algo más que le
inquietaba.
“¿Cuánto tiempo
piensas quedarte aquí?”
“…….”
“¿Sarang?”
“…….”
“¿Has decidido
ignorarme por completo?”
“…….”
“Sarang, responde.”
“Es que….”
“Sí, Sarang.”
“… El nombre.”
A Sarang le costó
abrir la boca y su rostro estaba encendido, de un rojo intenso. Aunque
intentaba ocultarlo tras sus grandes palmas, sus orejas, igualmente
enrojecidas, quedaban a la vista. Florian frunció el ceño y preguntó con
incredulidad.
“¿Te refieres a tu
nombre?”
“… Sí.”
“¿Mi pronunciación es
incorrecta? He estado practicando, Sarang. ¿Te resulta molesto escucharlo?”
“No, no es eso….”
Asomando apenas la
cara tras sus manos, Sarang negó con la cabeza con vehemencia.
“Es que… es demasiado
perfecto, ese es el problema.”
Pensando que no era
educado taparse la cara frente a alguien, bajó las manos. Sus ojos negros
brillaban con claridad y sus mejillas todavía irradiaban un calor palpable.
“No me refiero al
coreano, señor Wellington. No me llame por mi nombre de pila, use mi apellido,
por favor.”
“Mmm.”
En coreano, ‘Sarang’
significaba ‘Amor’.
Florian, comprendiendo
perfectamente la petición, lo meditó un instante y luego negó con la cabeza.
“Eso no va a poder
ser, Sarang.”
“¿Por qué?”
“Nadie llama a su
protegido por el apellido, Sarang.”
“…….”
“Al menos, no que yo
sepa.”
Al ver la decepción
grabada en el rostro del joven, Florian añadió algo más.
“Ya que estamos, tú
también deberías cambiar la forma en que me llamas.”
“¿Perdón?”
“Nada de ‘Señor
Wellington’. Llámame Florian.”
“…….”
“Llámame Florian,
Sarang.”
“No… no se burle de
mí.”
El rostro del
muchacho, aún cubierto por un fino vello juvenil, era ahora del color de las
rosas. Florian soltó una risa baja, sin molestarse en negar que estaba
disfrutando de la situación.
“Si necesitas una
excusa, te daré una.”
“…….”
“Si sigues llamándome
‘Señor Wellington’, la gente sospechará de nuestra relación.”
“¿Sospechar?”
“Muchos ya piensan que
lo de la tutoría es solo una cortina de humo. Supongo que habrás visto las
noticias, Sarang.”
“… Sí.”
Aunque no quisiera, a
Sarang le llegaban los ecos de los medios. Los vecinos, el personal del club,
los entrenadores y sus propios compañeros; todos decían cosas distintas, pero
el trasfondo era el mismo.
“Rumorean que te estoy
criando para ‘devorarte’ después, así que no hay necesidad de darles motivos
para que hablen más de la cuenta.”
“Señor Wellington.”
“Sí, Sarang.”
“¿Usted… no hará eso?”
Sarang fijó sus ojos
oscuros en las pupilas azules de Florian y preguntó con seriedad.
“¿No es verdad lo que
dicen? ¿Que me está criando para devorarme?”
Florian contempló
aquellos ojos límpidos que lo hacían parecer incluso más joven de lo que era y
sonrió con calma.
“No, Sarang. No tengo
ninguna intención de hacer eso.”
“Entonces, ¿por qué?”
Sarang no se atrevió a
preguntar por qué era tan bueno con él. De alguna manera, le daba miedo la
respuesta. Florian siempre era amable, pero sus palabras no siempre eran
dulces.
“Te esperaré hasta
este fin de semana, Sarang.”
Florian se levantó,
recogiendo su chaqueta y su bufanda. Antes de salir, echó un vistazo al interior.
El único adorno en la pared del salón era un pequeño marco con una foto de un
Sarang mucho más joven junto a un hombre que, sin duda, era Colin.
Parecían más hermanos
que padre e hijo.
“Sarang. ¿Es por Colin
que te cuesta tanto dejar esta casa?”
Fue solo un instante,
pero Sarang captó la mirada de Florian y asintió tras observar sus ojos azules.
“Sí. Esa es una de las
razones.”
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“He puesto esta casa a
tu nombre. Eso significa que podrás volver siempre que quieras.”
Mientras se ponía el
abrigo, Florian pareció reflexionar un momento antes de mirar hacia abajo al
joven. La diferencia de altura, que en verano era de un palmo, se había
reducido a la mitad.
“¿Hay alguna otra
razón, Sarang?”
“…….”
Su rostro decía
claramente que no quería hablar de ello, pero Florian no era de los que dejaban
pasar las cosas fácilmente.
“Sarang.”
Al ser llamado de
nuevo, Sarang asintió, aunque la respuesta tardó en salir. Las viejas ventanas
vibraron por el viento y el aire frío se coló en la habitación. La tenue luz
sobre la cabeza de Sarang pareció oscilar. El ruidoso radiador seguía
funcionando, pero no ayudaba en absoluto a caldear el ambiente.
“¿Qué pasaría si un
día, de repente, usted cambia de opinión?”
Aunque hablaba de un
supuesto, el rostro juvenil de Sarang no mostraba ansiedad. Sin embargo, si se
miraba de cerca, sus pupilas negras temblaban levemente.
“¿Qué sería de mí
entonces?”
“…….”
Era una duda
razonable. Florian se preguntó por qué no había previsto que esa pregunta
saldría de la boca de aquel joven alfa.
“Ya veo”, pensó
Florian. “He dado por sentado que, por ser un chico, sería ingenuo.”
“Entiendo.”
Florian asintió con
naturalidad.
“Es normal que te
sientas inseguro.”
Luego, lo miró a los
ojos y sonrió.
“Bien hecho, Sarang.
Los contratos verbales no tienen validez legal.”
Terminó de abotonarse
el abrigo, listo para marcharse.
“La próxima vez traeré
el contrato por escrito.”
Sarang lo acompañó
hasta la entrada y Florian se despidió con un gesto.
“No hace falta que
salgas más allá de aquí.”
“Señor Wellington.”
Florian respondió con
paciencia al ver que el joven no tenía intención de cambiar el trato.
“Dime, Sarang.”
“Fuera es peligroso.”
Florian lo miró
fijamente y soltó una carcajada.
“No creo que me estés
pidiendo que me quede a dormir.”
Sus ojos azules,
llenos de diversión, reflejaron la mirada infantil de Sarang.
“¿Estás preocupado por
mí, Sarang?”
“Sí. Estoy preocupado
por usted.”
Sarang hablaba con
total seriedad.
“Así que, por favor,
no vuelva a venir más.”
“Mmm… ¿Cómo llegas a
esa conclusión?”
“Yo iré.”
“…….”
Era una propuesta
inesperada.
“Claro, si usted me lo
permite.”
Añadió Sarang después,
desviando la mirada mientras intentaba adivinar la reacción de Florian.
“¿Será así también
cuando juega al fútbol?”, se preguntó Florian. Él nunca se había interesado por
el deporte, ni siquiera por el Mundial.
“Por supuesto que te lo
permito, Sarang. Puedes venir cuando quieras.”
Sarang se acercó y
extendió la mano hacia el pomo de la puerta. Florian sonrió para sus adentros
al darse cuenta de lo que hacía: intentaba ser educado y abrirle la puerta. Sus
gestos eran encantadores; si no era algo innato, Colin debía de haberle dado
una educación excelente.
“Pero tendrás que
concertar una cita previa, Sarang.”
Sarang, encogiendo su
cuerpo aún en crecimiento para hacerse a un lado, asintió y abrió la puerta.
Florian, acostumbrado tanto a dar como a recibir cortesía, salió al pasillo.
Sarang lo siguió en silencio, decidido a acompañarlo hasta el coche.
“Y la próxima vez,
espero una respuesta positiva.”
Al salir del portal y
llegar a la acera, Sarang vigiló los alrededores antes de volver a mirarlo.
Parecía realmente preocupado por el hecho de que Florian hubiera venido solo a
una zona tan conflictiva. Con su coche de lujo y su traje impecable, la
presencia de Florian desentonaba totalmente en aquella calle ruinosa, generando
una tensión extraña. Para alguien que había crecido en el suburbio, Florian
resultaba imprudente.
Florian notó que
algunos grupos merodeaban y luego desaparecían en las sombras, pero fingió no
darse cuenta y se despidió.
“Te he dejado mi
número directo en un mensaje.”
“…….”
“¿Piensas quedarte ahí
parado hasta que mi coche desaparezca de tu vista, Sarang?”
Tras un momento de
duda, Sarang asintió con firmeza.
“Sí, señor
Wellington.”
“Vaya. La próxima vez
intentaremos corregir también esa forma de llamarme.”
Con una sonrisa,
Florian aceptó que Sarang le abriera la puerta del coche. Mientras el sedán se
alejaba hasta perderse de vista, Sarang sintió que alguien se acercaba. Era
Mark.
“¿Ese es el famoso
‘Sugar Daddy’?”
“Mark.”
“¿Qué pasa, idiota?”
“Todavía soy menor de
edad.”
“A menos que te hayas
hecho viejo en secreto, supongo que sí, ¿no?”
“Guárdate esas bromas
de mal gusto para tus amigos.”
“¿Acaso no soy tu
amigo? Me ofendes.”
“Eres mi acreedor.
¿Qué clase de amigo engaña a alguien para estafarlo y luego cobra intereses del
cinco por ciento religiosamente?”
“Aun así, si no
hubiera sido por mí, Colin ya estaría muerto. O tendrías las piernas
destrozadas.”
“Y ese señor es mi
tutor.”
Sin prestar atención
al sarcasmo de Mark, Sarang lo miró desde arriba con sus ojos oscuros como la
tinta.
“Maldita sea, otra vez
esa mirada.”
A Mark le desagradaba
esa forma de mirar que lo hacía sentir incómodo y cohibido, así que frunció el
ceño.
“¡Te he dicho que no
me mires así!”
“No le faltes al
respeto, Mark.”
“¡Joder! ¿Ya estás
lamiendo botas porque has conseguido a un viejo rico? ¿Crees que te lo va a
agradecer?”
Sarang lo observó en
silencio y soltó una risita burlona.
“Realmente tienes la
boca sucia.”
“¡Encima te ríes de
mí!”
“Si vuelves a ser un
maleducado, se lo diré a Shannon.”
NO
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Shannon era la madre
de Mark y profesora en una escuela pública. Era una mujer apasionada y una
ferviente seguidora de los Rhinoceros. Estaba orgullosa de Sarang por
haber entrado en las categorías inferiores y, como el chico había destacado
desde pequeño, lo trataba con especial cariño. Estaba tan orgullosa de su
inminente debut en el primer equipo como lo estuvo Colin.
“Esta semana hay un
tour por el estadio.”
“¿Qué? ¿En serio?”
“Sí. Ven con Shannon a
verlo.”
“¿No tienes entradas
para el palco VIP?”
“¿Se lo pides a
alguien que todavía no ha salido de las categorías inferiores?”
“¡Maldita sea! ¡Montan
tanto escándalo como si fueras a ser una superestrella en cuanto debutes y ni
siquiera puedes conseguir un sitio de honor!”
“No, todavía no tengo
ese nivel. Y le voy a decir a Shannon que acabas de decir una palabrota.”
“¡Oye! ¡Kim Sarang!
¡Cabeza hueca! No es que no puedas, ¡es que no quieres conseguirlas, ¿verdad?!”
Sarang entró en el
edificio sin dignarse a escucharlo.
