2. Accidente

 


2. Accidente

Esta es la historia de un niño de ascendencia coreana.

Colin Debussy, Omega recesivo, de nacionalidad británica.

Su padre, un Alfa recesivo, murió apuñalado en prisión; su madre, una Omega recesiva, falleció sola en la calle debido a los efectos secundarios de supresores baratos. Colin, quien desde los cuatro años deambuló por instituciones de acogida y hogares temporales, terminó asentándose en casa de su primo desde los diez hasta los dieciocho años. Aquella "amable" pariente que se ofreció a criarlo resultó ser una tía cuya existencia, nombre y rostro él desconocía por completo.

No cabía duda de que la razón por la cual la bondadosa tía, que ya criaba a cinco hijos propios, se hizo cargo de Colin a pesar de su precaria situación económica, no fue por los insignificantes subsidios gubernamentales. Aunque durante los ocho años bajo su protección se registraron dieciocho ingresos a urgencias, se consideraban accidentes comunes en una casa donde convivían seis niños revoltosos.

A los dieciocho años, tras alcanzar la mayoría de edad, Colin se independizó e ingresó en una universidad pública con una beca. Durante su carrera, su solicitud de intercambio fue aceptada, permitiéndole pisar la tierra natal de su madre por primera vez en veintidós años. Fue durante su estancia en Corea cuando una mano amiga se extendió hacia él: Kim Hyun-woo y Seo Je-yoon, una joven pareja de veintiocho años que lo encontró desvanecido en una hamburguesería debido a los efectos secundarios de los supresores.

Habiendo crecido en entornos similares, Colin entabló una amistad estrecha y veloz con el matrimonio, quienes también provenían de orfanatos. Durante casi dos años fueron vecinos, amigos y algo más cercano que una familia, hasta que llegó un regalo para ellos. El bebé, que llegó tras cuatro años de matrimonio, adquirió un significado especial también para Colin.

Le pusieron por nombre Kim Sarang, con el deseo de que fuera un niño capaz de dar amor en la misma medida en que lo recibía, y que creciera rodeado únicamente de afecto. El parto de un Beta era relativamente más sencillo que el de un Omega; aun así, dar a luz seguía siendo un proceso peligroso y extenuante para cualquier gestante.

Seo Je-yoon soportó el largo trabajo de parto aferrándose al cabello de Kim Hyun-woo y sujetándolo por el cuello hasta que, finalmente, el bebé nació. Era un niño sano. A pesar de haber sentido que su vida pendía de un hilo, el comentario despreocupado del médico sobre lo "fluido" que había sido el parto enfureció a Je-yoon.

Una enfermera perspicaz le entregó rápidamente el bebé a la madre, evitando que el médico recibiera los insultos que se avecinaban. Cuando llegó el momento de cortar el cordón umbilical, Kim Hyun-woo, que había estado presente todo el tiempo, no aparecía. La enfermera lo buscó con la mirada hasta que lo encontró en un rincón, de espaldas, aguantando el llanto a duras penas.

“Padre, deje de llorar ya y venga rápido a cortar el cordón.”

Tras la tormenta del parto, la risa inundó la sala sustituyendo a la tensión. Colin, que esperaba inquieto en la sala de espera como único protector de la pareja, derramó unas lágrimas al escuchar que todo había salido bien y, en el instante en que vio al bebé envuelto en mantas en brazos de Kim Hyun-woo, se enamoró de él a primera vista.

Sin embargo, su felicidad no duró ni diecisiete días. Un conductor ebrio arrebató la vida del matrimonio en un mismo instante. Era su primera salida exactamente diecisiete días después del nacimiento de Sarang. Mientras disfrutaban de una breve cita aprovechando que iban a hacer las compras a un supermercado cercano, encontraron la muerte entre la carrocería aplastada como papel y el muro de un edificio. En ese mismo momento, en la pequeña villa de quince pyeong que era su hogar, Colin sonreía de oreja a oreja embelesado por los gestos del pequeño Sarang.

El testamento que dejó la joven pareja no era largo. Para ellos, que estaban solos en el mundo, el documento escrito para proteger al niño en caso de un accidente inesperado desbordaba amor. Probablemente jamás pensaron que ese momento llegaría tan pronto, pero la tragedia ocurrió como una broma pesada del destino.

La modesta herencia pasó a manos de Sarang, y Colin fue designado como su tutor legal. Colin podría haber rechazado tal responsabilidad. Sin embargo, solo y en una Corea que le resultaba ajena, organizó el funeral de sus mejores amigos, puso en orden sus asuntos y abordó rápidamente un avión de regreso a su país natal.

En sus brazos, estrechaba al pequeño Sarang, que no tenía ni cincuenta días de vida.

 

[Charla] ¿Entonces no fue un secuestro?

¿En el documental lo dicen?

5 comentarios

Anónimo 1: Sep, dicen que siguió todos los procedimientos legales antes de irse.

Anónimo 2: En el documental mostraron hasta el testamento y los documentos legales.

Vaya... y pensar que lo tachaban de secuestrador.

Anónimo 3: ¿Este documental ya se difundió por allá también?

Sip, se está volviendo viral ahora mismo.

 

[Charla] "Padre, deje de llorar ya y venga a cortar el cordón"

En la escena del testimonio de la enfermera lloré a mares ༼;´༎ຶ ۝༎ຶ`༽

20 comentarios

Anónimo 1: ¡Kim Sarang, vive recibiendo solo amor! ㅠㅠㅠㅠ

Anónimo 2: Kim Sarang, vive devolviendo todo el amor que recibiste ₍ᐢ´•̥ᴥ•̥`ᐢ₎

Anónimo 3: Tutor certificado por los padres = Colin. Todos los que dijeron porquerías sobre secuestro o incesto deberían ir a la cárcel.

Anónimo 4: Secuestro... incesto... en fin.

Anónimo 5: Se les puede demandar por difamación fácilmente.

Anónimo 6: ¿Qué hace el agente coreano de Sarang? No hace nada de su trabajo.

Ya salió el aviso de que tomarán medidas legales.

¿Ah, están trabajando? Pensé que cobraban el sueldo por no hacer nada.

Anónimo 7: ¿Lo de que era prostituto también era un rumor basura, no?

Por allá daban por hecho que era prostituto porque vendió su cuerpo para conseguir los supresores de Kim Sarang.

¿Por allá dónde? Si hasta los medios de primer nivel están borrando las noticias de última hora.

Anónimo 8: ¿Que Kim Sarang es prostituto?

Cómete una demanda, idiota.

¿De qué tonterías hablas?

Anónimo 9: Usar iniciales lo hace sonar peor. El día que se emitió el documental, allá corría el rumor de que Colin vendió su cuerpo para conseguir los supresores de Kim Sarang.

Casi todos los medios importantes lo sacaron, incluso The Moon y SS lo publicaron, decir que es solo un rumor es...

¿Se puede comparar a los que hablan sin pruebas con los que ponen las pruebas en video?

The Moon hasta puso una foto.

Casi no se veía la cara...

Cierto, armaron un escándalo con una foto en la que ni siquiera se sabe si es Colin.

 

[Charla] Sobre la calle 97

Fui para verlo en persona y de verdad es un barrio bajo, el ambiente daba miedo.

12 comentarios

Anónimo 1: Cierto, los señores del barrio nos escoltaron hasta el estadio diciendo que era peligroso.

Nos trataron súper bien cuando dijimos que veníamos del país de Sarang.

Anónimo 2: En el documental el apartamento se veía muy viejo y la calle peligrosa, pero resulta que en la realidad también es así.

Anónimo 3: ¿Me estás diciendo que nuestro Sarang vivió allí hasta los diecisiete años? ㅠㅠㅠ

Anónimo 4: Solo él y Colin... Para un Omega recesivo debe haber sido difícil criar a un Alfa dominante solo.

Solo de escucharlo... uff.

Una sola pastilla de supresor para Alfa dominante cuesta 7 millones.

Qué caro.

Si eres pobre, ser dominante es muy difícil.

Haciendo un cálculo rápido, salen como 140 millones al año.

No puede ser...

Anónimo 5: Incluso en el norte de Canton, la calle 97 es famosa por ser la más pobre.

 

[Charla] Siendo realistas, ¿cómo se ganan 140 millones al año?

No digo que el documental mienta, pero ¿de dónde saca un Omega recesivo como Colin tanto dinero? A menos que haya usado métodos poco éticos, ¿no es imposible? Incluso conseguir sus propios supresores debe haber sido difícil. Por mucho que digan que los supresores para recesivos son baratos, eso es comparado con los de los dominantes. En fin, es un misterio.

19 comentarios

Anónimo 1: La herencia de los padres.

Anónimo 2: Por eso dicen que trabajó día y noche.

Anónimo 3: Participó en ensayos clínicos por más de tres años.

Anónimo 4: Dicen que la deuda era de 5.600 millones.

¿Esa deuda la pagó el marido Florian, no?

Sí ㅠㅠㅠ

¡Que Sarang reciba solo amor de Florian! ㅠㅠ

Anónimo 5: Si pagó una deuda de 5.600 millones, ¿no es amor real?

Para Florian eso es calderilla.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Dicen que los ingresos anuales solo de su casa ducal se cuentan por billones.

Anónimo 6: A los siete años hasta grabó un comercial de pasta de dientes.

Anónimo 7: ¿Seguro recibió pequeñas donaciones? Por ser una joven promesa.

Anónimo 8: Hablando de comerciales... ¿quieren ver el de la pasta de dientes? Dato: sale Kim Sarang a los siete años, es súper tierno.

Ohhh, así que este es el famoso comercial.

Yo fui de los que lo criticaron por usar a un niño para hacer dinero... me doy un golpe en la cabeza y me arrepiento.

Recibió tantas críticas que no volvió a grabar comerciales hasta hace poco ㅠㅠ Aunque siendo honestos, Sarang tiene parte del mérito de que sea la pasta de dientes nacional.

¿Por qué lo criticaron?

Porque decían que el niño solo buscaba dinero.

No puede ser…

 

[Charla] ¿Cómo está la reacción allá?

Tengo curiosidad.

12 comentarios

Anónimo 1: Los señores del barrio están furiosos.

Anónimo 2: De por sí son muy protectores con Sarang porque es canterano puro, y ahora que se metieron con él, están que estallan.

Anónimo 3: Incluso los que estaban resentidos porque no eligió la nacionalidad británica ahora dicen que hizo bien en elegir Corea y están insultando a la prensa inglesa.

Anónimo 4: Esos señores andan pidiendo disculpas en lugar de la prensa amarilla. Tienen cara de rinocerontes pero corazón de oro ㅠㅠ

Anónimo 5: ¿Y la prensa?

Desde que salió el documental, andan con cuidado.

Están sacando artículos de corrección a lo loco.

Anónimo 6: Florian es el único duque + Omega dominante valioso + buena imagen + heredero de Wellington, el combo de cuatro impactos que ni la prensa basura se atreve a tocar. Como no podían con él, intentaron hundir a su esposo Kim Sarang, pero justo se publicó el documental. Las editoriales que no se atrevían por el tema del racismo intentaron usar este rumor como excusa, pero ahora están todas calladitas.

 

 

“¿Sabía usted que Colin Debussy se prostituyó para criar a Sarang?”

“No hable a la ligera, Rian.”

Sarang, quien siempre se mostraba firme y defensivo cuando se trataba de Colin, incluso parecía estar enfadado. Florian no podía creerlo. Arrojó los documentos que sostenía; estos golpearon el pecho de Sarang y cayeron en cascada. Una de las hojas, sin intención, le hizo un pequeño corte en la mandíbula, pero Florian no mostró ningún remordimiento. Sarang se limitó a limpiar la sangre que brotaba sin siquiera hacer el amago de agacharse a mirar los papeles.

“Participó en ensayos clínicos ilegales durante al menos tres años, y desde el año en que regresó al país hasta su muerte, durante diecisiete años, vendió su cuerpo a Alfas dominantes.”

“…….”

“¿Dice que no lo sabe? ¿Qué no tenía idea? Que no puede ser verdad.”

Florian, con el rostro gélido, sentenció sin siquiera elevar el tono de voz.

“Sarang siempre es así. Niega todo: la adicción a las drogas, el positivo en dopaje, los rumores inapropiados con Colin, incluso las peleas a puñetazos en el campo; siempre culpa a los demás o me echa la culpa a mí.”

“…….”

“Ya ni siquiera me decepciona. Quédese recluido en la villa del oeste hasta que el escándalo se calme.”

“¿Es una orden?”

“Sí, Sarang. Esto no es un favor ni una sugerencia, es una orden.”

 

La realidad estrepitosa fue lo que recibió a Sarang tras pasar un mes de ensueño en el Palacio de Verano.

El escándalo de Colin.

El secuestro de un Alfa dominante por parte de un Omega recesivo.

Incesto.

Prostituto.

Ensayos clínicos.

Ilegal, ilegal, ilegal.

El llamado "Escándalo Colin", del que se hablaba ruidosamente tanto en los nuevos medios como en los medios tradicionales, pareció entrar en una fase de calma tras mediodía, y luego comenzó a desaparecer rastro por rastro.

「El hijo de Colin」

Fue después de que se emitiera el documental en Corea, la patria de Sarang. El contenido del documental, traducido en tiempo real y arrasando en las redes, refutaba por completo el "Escándalo Colin". Los lentos medios tradicionales, de forma inusual, borraron rápidamente las noticias relacionadas o publicaron rectificaciones. Todo esto había sucedido durante el último mes.

‘Contenidos que Sarang no conoce y no necesita saber dominarán los medios.’

El camino desde el Palacio de Verano hasta la carretera de circunvalación se sintió como un largo túnel. Mientras salían de ese túnel donde la luz del sol, el viento fresco y el aroma salado del mar caían como una bendición, Sarang no soltó la mano de Florian. Las pequeñas conversaciones y bromas continuaron sin cesar. Sarang sentía que aún estaba dentro de un sueño.

‘Aun así, espero que confíes en mí.’

Florian, tras dejar a Sarang en la mansión, partió de inmediato hacia el aeropuerto para cumplir con su agenda acumulada. Sarang observó el sedán que transportaba a Florian hasta que se perdió de vista y luego entró en la mansión. El vehículo militar que los había seguido todo el tiempo ya ocupaba un lugar en el estacionamiento.

Allen, bajando del pesado vehículo, le revolvió el cabello a Sarang expresando su alegría por verlo después de un mes. Sarang, sin ocultar su agrado, respondió a las bromas pesadas mientras entraba. Lo que finalmente lo arrastró de vuelta a la realidad, cuando aún sentía que tenía un pie en el sueño, fueron las incesantes notificaciones que sonaron apenas encendió su teléfono.

Desde mensajes hasta miles, decenas de miles de notificaciones de cuentas creadas para publicidad; la batería del teléfono no soportó la carga y se agotó en apenas un minuto. Sarang, mirando atónito el aparato que se sentía caliente como si fuera a explotar, observó a Allen, quien salía de la cocina. Allen, tras beber agua con avidez, se encogió de hombros y le dijo que lo comprobara por sí mismo.

Sarang, de pie en la sala, puso primero a cargar el teléfono. Se sentó en el sofá, encendió la televisión y abrió su computadora portátil. Enterarse de las noticias del último mes fue así de sencillo.

‘Espero que Sarang confíe en mí.’

El pasado de Colin, que Sarang ni siquiera conocía, se derramó como una catarata descontrolada.

Y 「El hijo de Colin」.

Ese no era otro que Sarang.

 

Faltaban unas cinco horas para llegar a Nueva York.

Sentado en su asiento, Florian apoyaba el brazo mientras miraba por la ventana. El cielo nocturno era una negrura absoluta, como si hubiera corrido un velón. Al ver el reflejo de Bailey en el cristal, Florian abrió sus labios firmemente cerrados.

“¿Y Allen?”

“No ha habido más contacto, jefe.”

Había terminado una ronda de videoconferencias. Incluso después de pasar por Nueva York para resolver el trabajo acumulado, Florian no podría regresar de inmediato a Canton. Se debía a la enfermedad de Grace, quien yacía postrada en la residencia de Cali.

“…….”

No poder regresar.

Sin darse cuenta, Canton ya no era para Florian la ciudad de la que quería borrar su existencia, sino el lugar al que debía volver. Incluso empezaba a sentir cierta utilidad en el título de Duque, que antes le resultaba un estorbo. Sin el título y la relación con la familia real, habría sido difícil incluso trazar el boceto del negocio que planeaba.

‘¿Ahora… ya puedo decir que me gustas?’

Aquella cara limpia que preguntaba con cautela estaba grabada en su mente.

‘Me gustas.’

‘De verdad me gustas, Rian.’

Se preguntó si debería haberlo subido al avión sin importar la pretemporada. Sarang se habría sorprendido con las noticias del exterior tras un mes de aislamiento. Mencionarlo brevemente antes de salir del Palacio de Verano no era suficiente. El impacto es algo que, por mucho que uno se prepare mentalmente, no se puede dimensionar ni sentir hasta que se vive directamente.

‘Muchos extraños mencionarán a Colin, Sarang.’

Sarang, que sonreía dulcemente ante un beso ligero, miró a Florian con sus ojos negros. No había intención alguna en esa mirada, pero Florian sintió una punzada interna, como si su lado oscuro —aquel que no se detenía ante nada para lograr sus objetivos— hubiera sido descubierto. La imagen de Florian conocida por el mundo, y la que le mostraba a Sarang, era solo una mínima parte de la realidad.

‘Su primer objetivo será herir a Sarang para sacudir nuestra relación.’

‘…¿Hay otra razón?’

‘Intentarán convertir a Sarang en objeto de odio, y tras las burlas, degradarlo a un hazmerreír.’

‘…….’

‘Movilizarán todos los métodos posibles para manchar tu legitimidad como esposo del Duque.’

‘¿Quieren divorciarnos, Rian?’

‘Sí. Si dañan tu honor hasta un punto irrecuperable, la familia real intervendrá ante el ataque de la prensa y el pueblo lo apoyará.’

‘…¿Porque mis padres eran Betas?’

Sarang no permitió que Florian respondiera directamente.

‘O tal vez porque el color de mis ojos es diferente.’

Sarang, más que nadie, sentiría con precisión las máscaras de amabilidad que usan los discriminadores de castas y razas. Tras quedarse pensativo un momento, Sarang lo miró a los ojos. Al hablar, Sarang siempre miraba fijamente a su interlocutor.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Florian se sintió profundamente conmovido por esa actitud. Fue como ver una brújula espiritual que le impedía perderse incluso en las situaciones más difíciles. Era diferente al Sarang que, como en sus sueños, terminaba hecho jirones por las heridas, como si lo clavetearan sin cesar. Así era el Sarang que no había sido herido por el mundo exterior, y especialmente por Florian.

‘¿Sabes quién es el instigador?’

‘Sí. Y también sé lo que buscan.’

‘Rian… ¿estás intentando protegerme?’

‘Sí, Sarang.’

‘De todos modos nos separaremos.’

‘…….’

‘Rian está haciendo esto para que, aunque cumpla veinticinco años, no nos separemos…, para no divorciarnos, ¿verdad?’

‘…Sí.’

‘Ya te lo dije, Rian.’

‘…….’

‘Que confío en ti.’

Ante la sonrisa de Sarang diciéndole que podía hacer lo que quisiera, Florian no se atrevió a besar su mejilla.

“Hemos obtenido el testimonio de que fueron instigados por Kaia, jefe.”

El rastro fue largo, pero la identidad estaba confirmada. La investigación, que comenzó desde que surgieron dudas sobre el pasado de Colin, fue minuciosa y obsesiva. En el documental 「El hijo de Colin」, la verdad era solo una minoría. La triste historia familiar, el intercambio en Corea y el encuentro con Kim Hyun-woo y Seo Je-yoon eran ciertos.

Sin embargo, el accidente por conducción ebria de la joven pareja no fue una casualidad. Colin, al darse cuenta de que no era un simple accidente, no se permitió entrar en pánico por mucho tiempo. Ni siquiera hubo funeral. Tras incinerar rápidamente a la pareja, Colin tomó al recién nacido en brazos, falsificó documentos y huyó del país hacia la Commonwealth como si lo persiguieran.

El contenido del testamento de Kim Hyun-woo y Seo Je-yoon era real, pero de él solo se ejecutó una cosa: que Colin fuera el tutor del niño. Al existir un testamento, falsificar los documentos fue fácil. ¿De qué huía Colin al abordar ese avión en apenas dos días recurriendo a métodos ilegales y atajos? ¿Quién y bajo qué garantía le otorgó el préstamo de 5.600 millones?

Una vez definidas las preguntas, encontrar las respuestas no fue difícil. Colin, que originalmente huyó de la Commonwealth, tuvo que regresar a ella apenas dos años después, de nuevo como si lo persiguieran. Con el niño en brazos, que solo compartía con él el cabello negro, se instaló en el apartamento donde vivió hace tiempo con su madre. Y desde el año de su regreso, vendió su cuerpo. El cliente era siempre el mismo: Yael Kaia.

Colin había elegido Corea de forma repentina para escapar de Yael Kaia, quien fue su compañero de universidad. No fue por problemas de drogas ni por deudas. Era una relación nefasta de violencia unilateral. Solo había un registro de Colin siendo tratado en la sala de emergencias del Hospital Real: agresión física y violación por parte de un Alfa dominante, y un estado de shock por "lluvia de feromonas". Seis meses después de ese registro, Colin dejó la Commonwealth y se dirigió a Corea.

Fue una huida. La solicitud de intercambio no fue un plan, sino una elección impulsiva de Colin para sobrevivir. El contenido del documental era casi todo así. Una verdad mezclada con nueve mentiras para crear una falsedad perfecta. Sin embargo, era una implementación impecable de la vida desdichada de "Colin Debussy" que nadie podía desmentir.

Para Florian, Colin era un extraño. Aunque fuera el padre adoptivo de Sarang, no era más que una herramienta a utilizar por el bien del chico. Si su vida iba a ser expuesta al mundo de todos modos, era mejor una ficción al 90% que una verdad al 100%. Tanto por Sarang como por el propio Colin.

Especialmente para el Sarang que debía vivir el resto de su vida, la verdad al 100% no era necesaria.

 

 

Sarang pasó una noche en la mansión de Canton y, al día siguiente, se unió a la pretemporada. Este periodo, que abarca desde julio hasta principios de agosto —tras el fin de la temporada en mayo y los partidos internacionales de junio—, es el tiempo crucial para preparar la nueva campaña. La mayoría de los clubes realizan entrenamientos intensivos o giras de amistosos para recuperar el tono físico y el ritmo competitivo.

El Rinoceronte FC no fue la excepción y programó cuatro partidos amistosos en Norteamérica. Acordaron disputar cuatro encuentros en dos estados diferentes de la MLS. Aunque estas giras son un negocio redondo que genera ingresos al club y mantiene activos a los jugadores, no faltaron las críticas de quienes consideraban el calendario como una explotación excesiva de los futbolistas.

Sarang, que no pudo ser convocado para los partidos internacionales de junio debido a su celo, seguramente no se habría librado de las críticas en su país de origen. De no haber sido por el documental de Colin, o por el hecho de ser "el hijo de Colin", habría tenido que soportar el calvario de la controversia por su ausencia, algo que ya se había vuelto casi un ritual anual.

Sin embargo, el documental de Colin, que se convirtió en un fenómeno de masas en Corea, generó una ola de simpatía pública. Historias sobre su buen carácter y sus hazañas en la liga —que antes solo conocían los aficionados más fieles al fútbol europeo— se difundieron a gran escala. Incluso para el público general, que solo mostraba un interés pasajero durante los partidos de la selección, el futbolista Kim Sarang quedó grabado con una imagen sumamente positiva. Hubo muchos que, sorprendidos, descubrieron recién entonces que el jugador casado con el Duque Dietrich de la Commonwealth era, de hecho, Kim Sarang.

Cuando los medios tradicionales empezaron a cubrir el asunto seriamente, el impacto fue masivo y los nuevos medios digitales siguieron la corriente. Gracias a esto, el reconocimiento de Sarang subió de forma natural. Ya no era solo el "jugador de la selección Kim Sarang", sino "Kim Sarang, el futbolista que triunfa en las grandes ligas pero ama a Corea", ganándose el afecto de la mayoría de los ciudadanos.

Con tantos ojos vigilando, la prensa que antes le era hostil cambió discretamente su tono, y la Asociación de Fútbol —que solía manipular la opinión pública filtrando información sensible a su antojo— empezó a andarse con cuidado. Detrás de las feroces críticas que cuestionaban su aptitud como representante nacional e incluso como futbolista cada vez que faltaba por su celo, se escondía el intento de la Asociación por "domar" al jugador.

Florian tenía la intención de aprovechar esta oportunidad para elevar el estatus de Sarang a tal nivel que ni la Asociación ni nadie pudiera manejarlo a su gusto. Para dar a conocer a un jugador cuyo talento y esfuerzo no eran suficientemente valorados, bastaba con un buen foco de atención. Sin embargo, demostrar el carisma necesario para responder a ese interés y expectativa era responsabilidad exclusiva del jugador. Y Sarang, incluso sin el apoyo de Florian, ya estaba demostrando con creces su valía. Lo único que Florian tenía que hacer era despejar los obstáculos extra-futbolísticos que se interpusieran en su camino.

“Haah.”

El suspiro de Florian se dispersó en el aire nocturno. Sentado en el balcón del segundo piso de una lujosa mansión en Cali, bebía a solas. A diferencia de Canton, cuya firma es el clima caprichoso, la brisa nocturna de Cali —donde brilla el sol las cuatro estaciones— era bastante refrescante. Una ciudad nublada, húmeda y sombría... No, cualquier lugar era así. Para Florian, la Commonwealth siempre fue un sitio así.

“¿Hay alguna reacción?”

“Lo tratan como a un hijo repudiado, jefe.”

Miller informaba sobre Yael Kaia, quien había fallecido en un accidente con armas de fuego el otoño siguiente a la muerte de Colin.

“Ese accidente tampoco habrá sido casualidad.”

“Quienquiera que fuera, ni siquiera intentó ocultar que no fue un accidente ni un suicidio.”

Florian, que notó la entrada de Miller sin necesidad de que este hiciera ruido, le ofreció asiento. Miller rechazó el trago con un gesto y se sentó informalmente frente a él.

“¿Y Grace?”

“Enfermedad crónica.”

“Tú tampoco eres una persona muy normal que digamos, jefe.”

Para la saludable Grace, una "enfermedad crónica" no era más que una artimaña para atraer a su hijo. Miller, que conocía bien la situación, se reclinó con un rostro de desagrado. Debido a su enorme constitución, la silla de hierro gimió como si fuera a romperse en cualquier momento.

“Parece que por fin te estás acostumbrando a la vida de civil, ¿está bien seguir así?”

“¿Civil?”

Florian soltó una risa seca y baja.

“Deja el trabajo sucio para los que están en activo, y que el retirado descanse tranquilo.”

“Seguro que esta vez me enviarán a saludar a tu madre con las manos y los pies cortados.”

No era un secreto que Florian no confiaba mucho en los mercenarios que contrataba como guardaespaldas.

“O si no...”

No solo no confiaba en ellos, sino que despreciaba y detestaba al colectivo de mercenarios que no dudaban en matar por dinero. Precisamente por eso, era muy natural que Florian utilizara a los mercenarios como instrumento de su venganza.

“¿No ibas a terminar con Kim Sarang?”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Miller, captando al instante el dilema de Florian, preguntó con intención. Bajo la luz del atardecer que llegaba desde la playa, el cabello rubio de Florian se mecía suavemente. Entre los mechones dispersos se vislumbraba una vieja cicatriz. Era la marca de un corte de navaja que casi le arranca un trozo de piel. Una marca similar quedaba, de forma tenue, en la última falange del dedo anular de su mano izquierda.

“Esa era mi intención. Debía ser así.”

“Y eso que actuabas como si fueras a vivir y morir solo para siempre.”

“Es curioso, ¿verdad?”

Florian miró de reojo a Miller y curvó sus labios con elegancia.

“Estaba a punto de aburrirme creyendo que ya había cumplido con todo mi cometido, y de pronto aparece Kaia. Al conocer al verdadero responsable, más que desolación, sentí alegría. Kaia es un pez gordo, ¿no? Hundirlo será muy divertido y llevará mucho tiempo. No terminará tan fácil como ese grupo terrorista de pacotilla. Grace estará protegida por el inexpugnable Wellington. Yo no tenía nada que proteger.”

Clac. Florian dejó la copa sobre la mesa de hierro y, de repente, miró hacia la playa más allá de la barandilla grabada.

“Pero un niño de diecisiete años saltó de repente a mi vida.”

“…….”

“Miller, ¿crees en los fenómenos no científicos?”

Miller, sin saber hacia dónde se dirigía la charla, respondió con naturalidad.

“Creo en la intuición. Esa que te dice: 'este es el lugar donde esos tipos van a morir'. Si el sexto sentido en el campo de batalla entra en lo que llamas fenómenos no científicos, entonces creo.”

Miller no le devolvió la pregunta. El simple hecho de plantearla era una prueba de que Florian estaba flaqueando. Sea lo que sea lo que estaba sacudiendo a un Florian que solía estar harto de la vida... No, Kim Sarang. Ese niño de diecisiete años que saltó a su vida un día cualquiera había agrietado su sólida razón.

“Solo iba a ser alguien a quien tener cerca para conversar.”

Florian frunció el ceño, como si no le agradara que sus sentimientos no siguieran sus órdenes, y terminó su bebida lentamente.

“Pero ahora ya no puedo hacer eso.”

Si realmente hubiera creído en ese "fenómeno" desde el principio, no debería haber cometido tal estupidez. Incluso cuando entró de una patada en la villa de Kaia para comprobar si el fenómeno era real, Florian rebosaba confianza. Por eso, su mente no se complicó demasiado al confirmar que el Kim Sarang de sus sueños existía en la realidad.

Existe de verdad. Y va a morir por mi culpa. Salvar una vida no es nada difícil. Por otro lado, mientras calculaba cómo utilizar a este pequeño para atraer a Kaia, Florian eligió el camino más sencillo. Mantuvo al niño a su lado de la forma más escandalosa posible para humillar a Kaia, y lo exhibió deliberadamente para provocarlo. En el fondo de esa actitud residían la vanidad de creer que proteger a un niño no era nada y la arrogancia de pensar que jamás llegaría a amarlo.

Al mismo tiempo, Florian admitió que había subestimado el fenómeno de los sueños. A pesar de saber que el corazón no siempre obedece a la voluntad, bajó demasiado la guardia.

Ahora, tenía a alguien a quien proteger.

Ese hecho le producía alegría, pero también una repentina oleada de temor. A veces recordaba, como una advertencia, la carrocería aplastada y la sangre roja empapando el emblema de Wellington. Sin embargo, ese miedo no duraba mucho. Salvar una vida no era nada para él.

Sobre todo porque ya no era aquel pequeño aristócrata de siete años, débil e indefenso. Florian protegería a Sarang. Y viviría con él. Si Sarang lo deseaba. Hasta que dejara de necesitarlo.

Tras dejar la copa vacía, Florian sacó su teléfono. En la pantalla iluminada apareció un ♡. Era el nombre de contacto que Florian había guardado por pura travesura, imaginando cómo Sarang se sentiría avergonzado pero feliz al descubrirlo algún día.

“Ha.”

Florian terminó soltando una pequeña risa. Sin darse cuenta de que, desde el momento en que quiso jugarle esa broma, ya le había entregado el corazón. Tsk, chasqueó la lengua para sus adentros y contestó la llamada.

¿Rian?

“Sí, Sarang.”

La voz dulce de Florian, mientras se levantaba sonriendo, permaneció un momento en la terraza antes de dispersarse. Miller, observando fijamente la espalda de Florian mientras este entraba en la casa, hizo un gesto de resignación. Por lo visto, lo de su jubilación anticipada estaba totalmente descartado.

 

 

“¿Rian?”

“Sí, Sarang.”

“…….”

Sarang, observando a Florian con el rostro de alguien que acaba de despertar, se hizo a un lado mecánicamente —pese a su complexión robusta que llenaba el marco de la puerta— para dejar pasar a su esposo.

“¿Cómo… cómo llegó hasta aquí?”

“Vine en helicóptero.”

Incluso ante la broma ligera, la voz de Sarang estaba cargada de sueño, parpadeando lentamente en lugar de mostrar su sonrisa habitual. Florian entró mientras se quitaba la chaqueta, pensando que quizá era una hora demasiado temprana.

“Ayer… cuando hablamos, dijo que estaba ocupado.”

“Sí, así era.”

Florian, que ya se había calzado las zapatillas de interior, caminó sobre el impecable suelo de baldosas. Sarang tomó la chaqueta de Florian con naturalidad, la colgó en la pared y lo siguió un paso por detrás.

“Hmm.”

Era un hotel de cuatro estrellas, por lo que no terminaba de convencerle, pero estaba limpio y el entorno era lo suficientemente silencioso como para pasar cuatro noches. Aun así, mientras Florian recorría la habitación con una mirada crítica, sus ojos se posaron en la cama doble. Va a ser estrecha. Aunque era una cama amplia para una persona sola, Florian la escaneó y añadió un breve comentario mental: definitivamente tendría que agilizar el papeleo.

“Si está tan ocupado, ¿por qué vino hasta aquí…?”

“¿Acaso Sarang está desocupado? El que más extraña al otro es quien debe moverse.”

“¿Eh?”

A través del gran ventanal que ocupaba toda una pared, la vista nocturna era bastante decente.

“Te extrañé, Sarang.”

Solo entonces Florian se dio la vuelta y sonrió al ver a Sarang, que aún parecía medio dormido. Sarang, mirando atónito a su esposo —a quien muchos describían como la encarnación del arcángel Miguel—, movió los labios con torpeza.

“Yo también… lo extrañé mucho, pero….”

Las mejillas de Sarang se tiñeron levemente y su voz salió entrecortada, con un tinte de injusticia. Con esa expresión de no saber si esto era un sueño o la realidad, parecía querer reclamar que él lo había extrañado más. El chico, a pesar de su gran tamaño, se veía adorable con su cabello azabache revuelto como un nido de pájaros.

“Cuando ambos están ocupados y se echan de menos, el que tiene un poco más de libertad de movimiento es quien viene a ver al otro.”

Florian habló con ligereza y extendió ambos brazos. Envolvió la cintura de Sarang y hundió su mejilla en el pecho firme del joven. Dum-dum. El ritmo cardíaco, que hasta hace un momento era regular, comenzó a acelerarse y a volverse nítido. Abrazar a Sarang, quien siempre era honesto de cuerpo y alma, hacía que la mente de Florian —que siempre trabajaba bajo presión— se sintiera ligera y su fatiga se disipara.

“Casualmente tenía asuntos en Cali.”

“…….”

Sarang, que parecía no terminar de creerse aquello, simplemente extendió sus manos con cautela. Luego, rodeó la espalda de Florian y lo abrazó con suavidad. El cálido calor de Florian fue derritiendo poco a poco la frialdad que sentía Sarang.

“…Aun así, le habría tomado al menos dos horas llegar hasta aquí.”

“Nada le gana al helicóptero para ahorrar tiempo.”

Sarang, mirando en silencio el cabello dorado que le hacía cosquillas en la barbilla, aplicó un poco más de fuerza en sus brazos. La camisa que cubría la espalda esbelta de Florian se arrugó levemente bajo la presión de los brazos de Sarang. Florian, entregado al abrazo sin ninguna molestia, también apretó su agarre. Los dos cuerpos se pegaron estrechamente. Fue entonces cuando los ojos de Sarang brillaron, como si finalmente hubiera despertado del todo.

“Vaya…. Realmente es Rian.”

Florian se preguntaba por qué estaba actuando de forma tan lenta y distante; resultó que de verdad seguía medio dormido.

“Así es. Extrañaba tanto a Sarang que terminé movilizando hasta un helicóptero para venir.”

“Pensé que era un sueño.”

“¿Y eso? Pensé que Sarang casi no soñaba.”

“Por eso… no estaba seguro.”

Sarang abrazó a Florian con tanta fuerza que casi le apretaba la cintura, y hundió con cuidado la punta de su nariz en ese cabello dorado que olía a trigales fértiles.

“Claramente ayer me dijo que sería difícil vernos por un tiempo.”

“Sí, así fue.”

“Pero….”

“Vine en la madrugada porque quería verte.”

Florian, apoyado en ese pecho tan amplio y acogedor, arqueó una ceja.

“¿Acaso estás presumiendo de tu fuerza antes del partido?”

Sarang, manteniéndolo en el abrazo, levantó a Florian con facilidad, sosteniendo sus glúteos con una mano mientras negaba con la cabeza.

“Soy fuerte.”

“Lo sé muy bien por experiencia propia.”

“Tengo buena resistencia, soy sano y robusto.”

“Probablemente yo sea quien mejor sepa eso, Sarang.”

“Por eso, esto no es nada.”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Sí, incluso en medio de una excitación aterradora, me levantabas por los aires una y otra vez.”

Sarang arrugó la nariz con un gesto de apuro ante la respuesta que le recordaba el celo, y sentó a Florian sobre el amplio tocador. Florian abrió los muslos por voluntad propia, atrapando a Sarang entre sus piernas, y echó la cabeza hacia atrás. Al mirar a Sarang desde esa posición, volvió a ser consciente de su envergadura. ¿Cuándo fue que aquel chico declaró con firmeza que ya no era un niño en crecimiento?

“Rian.”

“Sí, Sarang.”

“¿De verdad… me extrañó?”

“Sí.”

La mano que rodeaba la cintura de Sarang subió para acariciar suavemente el cabello revuelto.

“Definitivamente, verte en persona es mucho mejor.”

Luego, atrajo la cabeza del joven y le dio un beso corto. Algo enorme rozó la parte interna de los muslos de Florian.

“Antes pensaba que todo esto era solo porque tenías una erección.”

“Ah.”

El miembro, que ya había aumentado de tamaño, se marcaba notablemente bajo el pantalón deportivo holgado. Sarang, apoyando ambas manos en el tocador para sostenerse, soltó un aliento caliente y bajó la cabeza. Fue porque Florian había rozado, apenas con un toque, el miembro que sobresalía tras la tela. Cuando las yemas de sus dedos se apartaron, Sarang encogió los hombros y levantó la mirada. Sus ojos, bañados en excitación, se fijaron en Florian. Sus alientos se cruzaban en la cercanía.

“Sarang, ¿podrías liberar tus feromonas?”

“…….”

Sarang, que observaba a Florian con ojos húmedos, no pudo responder de inmediato.

“Quiero tener sexo, ¿no quieres?”

Sarang negó con la cabeza.

“Quiero. Quiero, pero….”

“Sí, tu verga también dice que quiere.”

El miembro, ahora más endurecido, parecía querer atravesar la delgada tela. Pero lo que tiñó las mejillas de Sarang de rojo fue la elección de palabras de Florian. Cada vez que una persona que era el epítome de la nobleza soltaba palabras obscenas y frases sugerentes, el corazón de Sarang latía con fuerza por una extraña sensación de profanación. Su vientre se calentaba y su miembro, con las venas marcadas ferozmente, palpitaba buscando un agujero estrecho y profundo.

Ah.

En un instante, Sarang se excitó aún más. Recordó la presión que apretaba su miembro cada vez que forzaba la entrada en ese orificio estrecho y la sensación de la carne adhiriéndose a él. Aunque el cuerpo de Florian podía generar flujo para lubricar, había un límite para la humedad de un Omega que no estaba en celo.

De repente, recordó el ano de Florian, rojo e hinchado. El orificio, tan inflamado que las arrugas se desvanecían, quedaba entreabierto en forma de una larga línea vertical. Con cada respiración, el agujero palpitaba y vomitaba oleadas de semen espeso y turbio. A Sarang le desagradaba esa imagen. Detestaba ver cómo el orificio goteaba el semen que él había vertido como si lo rechazara, por lo que volvía a empujar su enorme glande hacia adentro una y otra vez.

Cuando Florian, agotado y dormido, sufría un espasmo, las paredes internas que temblaban junto a él se aferraban a su miembro como si lo picotearan. No era la misma presión que cuando estaba consciente, pero el conducto era demasiado estrecho y su miembro demasiado grande para alcanzar el fondo que deseaba.

Aun así, Sarang empujaba su verga con terquedad. Cuando su miembro furioso giraba al pasar el recodo, el cuerpo inconsciente convulsionaba como si hubiera sido alcanzado por un rayo. Tras golpear repetidamente con el glande el lugar que parecía infranqueable, Sarang cargaba todo su peso y aplastaba a Florian.

Finalmente, al sentir que se encajaba a presión en un lugar que no debía abrirse, Sarang se excitaba hasta la médula, y Florian recuperaba el sentido entre gritos. Pero eso era todo. Ante el embate de Sarang, que subía la cadera con todas sus fuerzas, Florian volvía a desmayarse.

El glande alcanzaba el órgano reproductivo oculto en lo profundo, tras haber presionado y desplazado los órganos internos con su miembro. Sarang no perdía ese momento. Inflaba el glande y pegaba su escroto firmemente contra las arrugas anales estiradas. Luego, hinchaba la base de su verga para sellar el orificio por completo.

Para que no escapara ni una gota. Para que su semilla, vertida como una cascada, no se filtrara en absoluto. Observaba cómo el vientre de Florian se hinchaba notablemente mientras eyaculaba de forma prolongada. Incluso viendo cómo se abultaba por encima del ombligo, no detenía la eyaculación. Podía sentir vívidamente cómo las paredes del útero y la carne que temblaba quedaban empapadas en su simiente.

Fue un nudo brutal. Y ni siquiera estaba en celo. Sarang, en pleno uso de sus facultades, realizaba el nudo en el vientre de un Florian que tampoco estaba en celo, llenándolo con su semilla como si fuera un río.

Tras haber sido acosado por un Alfa en celo durante diez días en el Palacio de Verano y haber intentado recuperarse solo durante apenas cuatro días de descanso, Florian fue frotado ininterrumpidamente durante otros quince días. Es decir, durante casi un mes entero, fue penetrado y anudado hasta que cada centímetro de su piel quedó en carne viva y su vientre se sintió a punto de estallar.

Sarang, aun sin estar en celo, apenas podía recuperar la cordura ante el deseo y la lujuria que lo enloquecían. Florian también aceptaba activamente el calor de Sarang, abriéndose y apretándose debajo de él. Florian, que alternaba entre la conciencia y el desmayo, permanecía empapado en el semen y las feromonas de Sarang.

Esa satisfacción era tan grande que Sarang volvía a empujar su miembro anudado hacia el fondo. Florian, recuperando el sentido una vez más, se aferraba a él llorando. No eran grandes alaridos. Soltaba gemidos bajos, como sollozos, mientras gruesas lágrimas caían sin cesar. Aun viendo a Florian así, Sarang no podía detenerse. No quería hacerlo.

“…Rian no está en celo.”

Sus pupilas negras ya estaban rebosantes de excitación. Florian lo miró fijamente, con calma.

“¿Acaso eso importa ahora? ¿A estas alturas?”

“No estás… lubricado.”

Florian no se sintió ofendido por aquel comentario que negaba de frente la supuesta "excelencia" de su fisiología. Sabía perfectamente que, incluso fuera del celo, su interior era capaz de humedecerse lo suficiente.

“¿Qué parte, exactamente?”

Sarang abrió con dificultad sus labios apretados, como si respondiera tras haber contenido un sollozo. Las marcas de sus propios dientes en la carne roja de sus labios resultaban increíblemente sexys. Florian sintió un deseo irrefrenable de lamer, succionar y frotar esas marcas con su lengua hasta que desaparecieran por el roce con la suya.

Aunque sentía una sed de posesión tan intensa como la de Sarang, el rostro de Florian no cambió ni un ápice. Escuchó la voz del joven con su calma y parsimonia habituales.

“El agujero de Rian.”

“…….”

“No se moja bien. Por mucho que Rian suelte flujo y yo lo cubra con mi semen, tu interior no se humedece lo suficiente si no estás en celo. Por eso, tu entrada se vuelve aún más estrecha, y solo cede un poco cuando entro a la fuerza.”

“¿No es eso lo natural, Sarang?”

“…….”

“Tu verga es tan grande que cualquier Omega huiría despavorido, y mi interior, que no ha sido usado más que en mis celos, no tiene otra opción que ser estrecho. Además, me hiciste el nudo sin que yo estuviera en celo.”

Sarang no apartó la mirada de esos ojos azul profundo que lo observaban fijamente, ni cerró sus oídos a sus palabras.

“A ti te debió doler como si se te fuera a romper el miembro, y para mí tampoco fue fácil, es lógico. Por suerte, ninguno de los dos puede concebir cuando no estamos en celo.”

Florian hizo una pausa y sonrió con dulzura.

“Pero, sobre todo, fui yo quien permitió el nudo, Sarang.”

“…….”

“Si yo me sentí bien y tú lo disfrutaste, ¿no es suficiente? No hay ningún problema.”

Era una respuesta que esquivaba el punto central. Sarang no estaba cuestionando si el acto le había gustado o no. Florian seguramente sabía a qué se refería, pero Sarang sintió que su pecho se agitaba con fuerza al verlo intentar restarle importancia con una broma ligera. El calor que había empezado a subir no hacía más que intensificarse. De la complexión robusta que cubría por completo a Florian, empezaron a filtrarse unas feromonas tenues.

“¿No será agotador?”

El aliento de Sarang también olía a vainilla. A Florian le pareció mucho más dulce de lo que recordaba.

“Rian… lloraste mucho.”

Ciertamente, había llorado. Había sido hostigado hasta el punto de que sentir demasiado, y desmayarse por ello, se volvió algo familiar. Pero no solo había sido una víctima pasiva. Florian tampoco había podido controlar su propia excitación y había movido las caderas con entusiasmo bajo él, al menos hasta que el cansancio lo venció, incapaz de seguir el ritmo de la resistencia sobrehumana de un atleta profesional.

Aun así, dado que las feromonas de un Alfa y un Omega se complementan, los desmayos y el agotamiento no duraban mucho. Gracias a eso, pudieron pasar aquel mes en el Palacio de Verano de forma plenamente satisfactoria. Para Florian, tener esa experiencia de lanzarse el uno sobre el otro y devorarse cada vez que cruzaban miradas, durante tanto tiempo y fuera del celo, era algo nuevo. No, el simple hecho de unirse a un Alfa estando ambos en su sano juicio era una primicia para él.

Pensándolo bien, era sorprendente. Había muchas cosas que eran una "primera vez" para ambos durante su convivencia. Florian nunca le había dado su lugar a nadie, y Sarang había crecido esforzándose al máximo bajo el cuidado de Colin. De pronto, la diferencia de edad se hizo notar. Diez años. Aún tenía grabada en la mente la cara limpia del chico a los diecisiete.

‘…Yo también soy un adulto.’

Así es, Sarang. Ahora eres todo un adulto. Supongo que a veces lo olvido.

“¿Acaso lloro mucho normalmente?”

"Normalmente" era una expresión que no encajaba del todo. Después de todo, solo habían pasado juntos tres celos. Así que Florian reformuló la pregunta.

“¿Soy de los que lloran mucho durante el sexo?”

Su tono era tan neutro como si preguntara por el clima.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Si dices que mi agujero de abajo es tacaño con el agua pero el de arriba es generoso con las lágrimas, supongo que es cuestión de gustos.”

Los ojos de Florian, que observaban fijamente la mirada febril de Sarang como si lo provocara, brillaban con un toque de diversión.

“Rian… deje de burlarse de mí.”

“Jajaja.”

Florian soltó una carcajada cuando Sarang bajó la cabeza y frotó su rostro con desesperación contra su nuca.

“Entonces, ¿cuál es la respuesta?”

Era una pregunta persistente. Sarang, dándose cuenta de que Florian no pensaba dejarlo pasar tan fácilmente, se hundió en su nuca con un gemido. El calor abrasador y las feromonas se volvían cada vez más densos. Florian estuvo a punto de perder la razón ante la vulnerabilidad de Sarang, quien derramaba todas las pruebas de su excitación sobre él. Deseaba agarrar con fuerza las nalgas firmes de Sarang y pegar su parte inferior para frotar sus sexos.

Sin embargo, Florian logró reprimir sus deseos y su expresión se mantuvo imperturbable. En cambio, Sarang, a pesar de ser un Alfa dominante, no podía soportar ni siquiera ese nivel de contacto y sus feromonas emanaban de todo su cuerpo.

En el pasado, Florian lo habría considerado patético. Pero ahora era distinto. Porque sabía perfectamente que Sarang actuaba como un Alfa novato por su culpa; porque sabía que se excitaba fácilmente y fallaba al controlar sus feromonas precisamente porque estaba frente a él. Florian, por el contrario, apretó su vientre ante la excitación sexual que subía desde sus entrañas. Si no lo hacía, sentía que su flujo terminaría mojando su ropa.

Sin saber lo que pasaba por la mente de Florian, Sarang, tras juguetear un buen rato en su nuca, finalmente habló.

“No lo sé, Rian. Yo… solo he tenido sexo con usted.”

Vaya.

Florian no pudo evitar chasquear la lengua ante la sensación de palpitación en su intimidad. Podía sentir cómo las arrugas de su ano se humedecían. Le resultaba un tanto vergonzoso estar goteando incluso antes de empezar a hacer nada, así que apretó aún más su vientre y su esfínter.

“No sé si Rian llora mucho comparado con otros cuando tiene sexo. Pero, si llorara así en la vida diaria, se consideraría que llora mucho.”

Ha.

Florian no tuvo más remedio que suspirar ante el susurro de Sarang contra su piel. La entrepierna de su pantalón ya estaba tensa. Sarang estaba en la misma situación, lo cual le producía cierta satisfacción.

“Mmgh.”

Sarang gimió cuando Florian presionó el bulto del pantalón con la palma de su mano. Florian también sintió un hormigueo en su propio sexo. Cada vez le resultaba más difícil mantener la calma. En ese instante, el tenue aroma a higo se extendió como una niebla.

“Te lo dije, Sarang.”

“Ah, ngh.”

“Recibir tu verga no sería fácil ni para el Omega más experto. Si no hubiera querido, ni siquiera habrías podido tocar mi cuerpo.”

Solo con presionar y frotar el bulto un par de veces, la entrepierna de Sarang se humedeció. Realmente era un cuerpo que valía la pena tocar.

“Ri…an, se va a mojar la mano.”

“Qué tarde te das cuenta.”

Florian sujetó el cabello de Sarang con la mano que le quedaba libre y tiró de él con suavidad. Sarang cedió fácilmente, levantando la cabeza para mirar a Florian.

“Después de pasar un mes entero vertiendo tu semen dentro de mi cuerpo hasta llenarme, y de empaparme hasta que no quedó un solo rincón que no estuviera pegajoso.”

“Ah.”

“¿No es un poco tarde para preocuparte por eso ahora?”

Florian tiró más del cabello de Sarang y unió sus labios a los del joven, que se habían abierto con un suspiro.

“¿Mmm?”

Antes de sellar el beso por completo, la lengua de Florian preguntó una vez más, abriéndose paso entre los dientes firmes como una ola. Inmediatamente, la lengua de Sarang se entrelazó con la suya. Esa lengua larga, gruesa y caliente —tal como su miembro— succionaba ahora la de Florian con destreza, rascando y estimulando el paladar rugoso, obligándolo a tragar saliva repetidamente.

“Hah.”

“Haah.”

Tras devorarse mutuamente durante un rato, sus labios se separaron, brillantes por la saliva. Florian lamió los labios de Sarang como si limpiara el rastro con la punta de su lengua. Luego, succionó suavemente el labio superior e inferior antes de soltarlo.

“Tengo ganas de chupar tu verga.”

Al tirar ligeramente del elástico del pantalón con la punta de sus dedos, el miembro erecto asomó por el hueco. El glande de Sarang, que soltaba tanto líquido como el propio Florian, ya estaba empapado. Las gotas de líquido preseminal que fluían por el conducto habían dejado manchas en el elástico que presionaba el tronco del miembro. Esas manchas se expandían por segundos.

“¿Sarang no quiere chupar lo mío?”

“…Quiero.”

“Tienes que decirlo claramente, Sarang.”

“Quiero… chupar.”

Sarang, cuyo gran cuerpo temblaba por la excitación, levantó las pestañas con esfuerzo. Sus ojos negros estaban anegados de calor y humedad. A diferencia de su sexo empapado, su interior parecía arder de sed; Sarang lamió sus labios resecos con su lengua roja y gruesa.

“Quiero chupar el miembro de Rian, y también su agujero.”

Y no solo eso.

“Esas arrugas que palpitan cuando las beso, y las paredes internas que se retuercen y se pegan cuando meto la lengua. También aquí, el conducto uretral que suelta una fuente cuando lo golpeo por encima del ombligo. Todo. Quiero chupar… todo.”

“Mmh.”

La voz de Sarang, cargada de erotismo, entraba por el pabellón auditivo de Florian como si le vertiera semen directamente en el oído, dejándolo aturdido.

“Rian.”

“Hah… Sí, Sarang.”

“No pude detenerme aunque el cuerpo de Rian se estaba quedando en carne viva. Aunque Rian lloraba y gemía. Froté mi verga por todas partes, en tus axilas, en tu garganta, detrás de tus rodillas, y eyaculé sobre ti. Soy… un verdadero animal.”

Qué dice este niño, que parece un cachorro que ni siquiera ha abierto los ojos.

Florian, dándose cuenta de cómo su propio cuerpo ardía mientras abrazaba a ese "cachorro", se mordió el labio.

Fuck.”

Tras soltar un insulto en voz baja, Florian volvió a apretar la mano que sujetaba el cabello azabache.

“Te he dicho que puedes hacerme todo eso, Sarang.”

A medida que los dedos blancos de Florian se hundían en el espeso cabello, la cabeza de Sarang se echaba hacia atrás. Su garganta gruesa quedó totalmente expuesta.

“Te he dicho que puedes hacerme lo que quieras.”

Sentenció Florian como un gruñido, antes de hincar los dientes con fuerza en la nuez de Sarang.

 

 

— ¡Goles de Kim Sarang! ¡Con un remate de volea espectacular pone el marcador 2-1! ¡Kim Sarang, que anotó el gol de la remontada en el tiempo añadido de la primera parte, celebra con sus compañeros! ¡Una asistencia y un gol! ¡Viendo su condición, hoy parece capaz de un hat-trick o incluso un póker! ¡Ah! ¡La cámara enfoca a Sir Florian en las gradas! ¡Al estar en el palco no se ve con total nitidez, pero por ese cabello rubio radiante es seguro que se trata de él! Kim Sarang saluda con ambas manos hacia el palco y sonríe ampliamente. ¡Viendo su racha en esta pretemporada, parece que nuestro Kim Sarang va a tener una temporada magnífica! —

“Parece un caballo salvaje suelto en el campo.”

La princesa Erika, de pie junto a Florian mientras bebía champán, observaba el campo a través del gran ventanal con rostro interesado.

“Cielos, ¿sabes lo mucho que me sorprendí al ver al chico de las fotos? Pensé que finalmente nuestro pequeño Duque había decidido tomar el camino del libertinaje.”

Añadió que, más allá de ese cuerpo que se movía como un tirano inteligente en el césped, su rostro en las fotos era tan limpio y puro que no parecía el de un adulto. Florian respondió con una sonrisa leve.

“Si fuera ese tipo de malentendido, Princesa Erika, no sería libertinaje, sino un crimen.”

“Vaya, mi pequeño jardín, Florian.”

Erika apartó la mirada brillante de curiosidad del campo para mirar a Florian, sin ocultar su decepción.

“¿Ya ni siquiera me llamas por mi apodo?”

“¿Cómo podría ser así, El?”

“¿Entonces es que ya eres tan mayor que debes guardar las formalidades?”

“¿Usted cree, El?”

Con un rostro imperturbable, Florian seguía la corriente a su madrina y princesa; sus ojos, sin embargo, eran cálidos.

“¿Cómo no iba a conmocionarse la familia real cuando alguien que parecía que viviría solo toda su vida, de repente se presenta para ser el tutor de un jovencito?”

“Me da curiosidad saber qué parte exactamente fue la que más les sorprendió, El.”

Menor de edad, asiático, de una clase social distinta, un Alfa de padres Betas.

De los elementos que habían causado revuelo en la corona, el que menos problemas representaba en realidad era el hecho de que el protegido de Florian fuera menor en su momento. Florian señaló ese punto con naturalidad y bajó la vista al estadio ante un repentino aumento en los vítores.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Dorsal 17. En cuanto Sarang, vestido con el uniforme negro, tocó el balón, el clamor estalló cargado de la expectativa y la certeza de que anotaría. Mientras Sarang corría regateando defensas y esquivando entradas, los gritos crecían en un crescendo imparable.

Justo antes de recibir una entrada, Sarang cambió de dirección, pareció detenerse un instante y disparó desde fuera del área penal. Con un impacto seco que se escuchó con fuerza, el balón salió disparado directamente hacia la escuadra superior del poste largo. El portero rival no tuvo tiempo ni de reaccionar. El viejo estadio retumbó con el delirio de los espectadores ante el gol de la remontada.

“Es vigoroso, supongo que tiene su encanto criarlo.”

Erika era una persona amable, generosa y de buen corazón, pero era de sangre real hasta la médula. Por ello, percibía a Sarang no como el esposo de Florian, sino más bien como una mascota de compañía. Florian no se molestó en corregir el malentendido de Erika, quien ni siquiera lo veía como un compañero de celo.

Tanto en la familia real como la mayoría de los que se enteraron del matrimonio, compartirían el punto de vista de Erika. De hecho, esa percepción era ventajosa para la seguridad de Sarang. El significado de "el esposo al que el joven Duque ama de verdad" y "el esposo que el joven Duque trajo como pareja de celo" era abismalmente distinto.

Que lo vieran como lo segundo reducía el nivel de riesgo, especialmente cuando el conflicto con Kaia aún no se había resuelto. Florian no iba a renunciar a esa ventaja por mano propia.

“¿Ha recibido el proyecto?”

“Sí, es espléndido. Tan brillante que me dan ganas de invertir personalmente.”

“¿Pero?”

“Hmm.”

Erika hizo una pausa antes de sonreír.

“Llevará al menos veinte años, ¿crees que vale la pena?”

Revivir una zona degradada no es algo que ocurra solo por planearlo. Se necesita capital, gente y, sobre todo, el apoyo de los ciudadanos y un consenso regional. Además, la ciudad que Florian quería obtener bajo el pretexto del desarrollo regional incluía la Calle 97. El medio para lograr ese pretexto era el club al que pertenecía su esposo, Kim Sarang. Eso podría dar pie a muchos malentendidos.

“Floy, como tu madrina y pariente, no quiero que nadie malinterprete tus buenas intenciones.”

“¿Y como Princesa Real y presidenta de la Fundación Erika?”

“Como tal, creo que el proyecto tiene el valor suficiente para soportar la sospecha de que has utilizado activamente a un chico por puro pragmatismo.”

Erika dejó su copa y le guiñó un ojo.

“Además, no es del todo un malentendido, ¿cierto?”

“Vaya. Me duele profundamente que incluso la Princesa distorsione mi sinceridad.”

“Incluso si lo haces porque realmente amas a ese chico, podría decirte que es un proyecto lo suficientemente bueno como para hacer la vista gorda.”

“Supongo que el dilema es si ser el villano que estafó a un niño ingenuo o el tonto que, cegado por el amor, no sabe separar lo público de lo privado.”

“Te invitaré al evento de beneficencia del próximo mes, así que ven. Te enviaré la invitación.”

“Es un honor, mi El.”

Florian besó con gusto el dorso de la mano que Erika le tendió y sonrió guiñando un ojo. Erika, sintiendo una repentina nostalgia por ese gesto juguetón propio de un niño, abrazó con fuerza a su ahijado.

“Sea cual sea tu verdad, quiero que seas feliz. Mi pequeño jardín, mi hermosa flor. Florian.”

El susurro de Erika, quien fuera amiga íntima de la difunta Duquesa, era sincero.


“¿Acaso el Palacio de Verano volverá a ser el juguete de los medios, jefe?”

“El treinta por ciento de los ingresos del Ducado proviene del turismo, Allen. Cuida tus palabras.”

“Ni que el palacio secundario de un Duque fuera la gran cosa, comparado con el palacio real.”

Ante la reprimenda de Bailey, Allen chasqueó la lengua con rostro insatisfecho y se enderezó tras estar apoyado en el coche. Sarang, recién duchado, salía escoltado por la seguridad del club. Tras haber patrullado el interior y los alrededores, Allen soltó un breve silbido desde el estacionamiento.

“Hey, chico.”

Antes de que Allen pudiera saludarlo, el rostro de Sarang se iluminó al verlo. Parecía haber perdido al menos tres kilos, pero su sonrisa era tan fresca como la vegetación llena de vida. Qué clase de Alfa es este… Allen volvió a chascar la lengua y abrió la puerta trasera del vehículo, que tenía la ventanilla bajada.

“¿Esperaron mucho?”

“¿Cada vez sales más tarde?”

“Eso parece.”

Sarang se disculpó con una sonrisa y entró en el coche. En el asiento izquierdo estaba sentado Florian.

“¿Hola, Sarang?”

“Rian.”

A pesar de haber pasado horas entregados el uno al otro desde la madrugada hasta la mañana del día anterior al partido, Sarang se sonrojó levemente y se sentó en el lado derecho. La distancia entre él y Florian era exactamente el espacio de un asiento vacío. Florian soltó una risita ante la timidez de Sarang, que le resultaba refrescante y tierna, y se tocó la mejilla derecha con la punta de los dedos.

“Me gustaría recibir el resto del saludo, si no es mucha molestia.”

Ante las palabras de Florian, Sarang soltó una carcajada, deshaciéndose al instante de una tensión y alerta que ni él mismo había notado. Se inclinó y dejó un beso corto en la mejilla derecha de Florian.

“Ya estoy de vuelta.”

“Bien. Yo también me alegro de verte, Sarang.”

Mientras se saludaban, Bailey, en el asiento delantero, permanecía impasible mirando sus documentos, y Allen, al volante, frunció el ceño con un pequeño insulto: “Maldita sea”, antes de pisar el acelerador. Desde que comenzó su accidentada relación profesional, Allen nunca había envidiado a Miller, pero hoy, envidiaba a su compañero que iría solo en el coche de atrás.

 

“No creo que pueda asistir al próximo partido, Sarang.”

“Está bien, Rian. Con que haya estado conmigo estos dos días enteros ya soy feliz.”

“¿Has absorbido suficientes feromonas?”

“Sí, muchísimas.”

Sarang, sentado entre las piernas de un Florian cómodamente recostado, dejaba pequeños besos en las arrugas de su ano, todavía muy hinchadas y enrojecidas, antes de levantar la cabeza con una sonrisa radiante. Florian atrapó a su esposo, que parecía querer seguir haciendo algo incluso después de haberlo limpiado hasta los muslos, y lo acostó a su lado.

“Ya basta de eso, ven a jugar conmigo.”

“Pero dijo que le dolía el vientre.”

“Bueno.”

Florian pareció reflexionar un momento antes de responder con una risa ligera.

“¿No crees que mis órganos internos tengan al menos algún moretón?”

“¿Qué?”

“Tu verga no tiene un tamaño normal, después de todo.”

Florian frotó sus labios contra la mejilla del sorprendido Sarang, le dio un brazo como almohada y se puso de costado.

“Mañana me iré sin poder despedirme.”

Ya pasaban de las nueve de la noche.

“Sí, sé que está ocupado.”

“Dijiste que no te gustaba despertar solo.”

“Te lo aviso con antelación para que no te sientas mal.”

“Ah.”

Florian observó a Sarang, quien de algún modo parecía emocionado, y no pudo evitar reír.

“¿Tanto te gusta que sea cariñoso?”

Sarang asintió con las mejillas encendidas. El miembro de Sarang, en contacto con la parte inferior de Florian, ya había levantado la cabeza y golpeaba suavemente el esbelto muslo de su esposo.

Sarang terminó de ducharse y entró en el vestuario. El lugar, antes de que pasara el equipo de limpieza, estaba sumamente desordenado, reflejando el caos actual del club. Mientras él atendía la entrevista oficial y grababa algunos contenidos, el resto de los jugadores ya se habían marchado, pero en el aire aún flotaba esa energía residual del alboroto previo. Era una sensación similar al cansancio post-partido.

Terminaba de subirse los pantalones cuando escuchó un ruido a sus espaldas.

“Oh, Keyring.”

Un empleado del club que entraba empujando un carrito de limpieza exclamó aquello al ver a Sarang, e hizo un gesto de disculpa.

“Pensé que ya no quedaba nadie. Iré a limpiar otra sala primero, tú termina lo tuyo.”

“Está bien, Dima. Gracias.”

Dima, mientras retrocedía con el carrito, asomó la cabeza por la puerta y levantó el pulgar.

“Hoy estuviste increíble, Kim.”

Sarang, que se estaba poniendo la camiseta, respondió al cumplido con una sonrisa radiante. Tras terminar la gira por Norteamérica, el equipo regresó directamente a Canton para enfrentarse al Pink Bunny FC. Aunque era un amistoso, la rivalidad histórica entre ambos clubes hizo que el ambiente fuera eléctrico.

El largo tiempo de vuelo y la seguidilla de partidos en intervalos cortos habían sido agotadores, pero la fatiga de la mayoría de los jugadores —quienes habían viajado acompañados de sus parejas— era manejable.

Sarang también recibió una ayuda inestimable gracias a que Florian no dudó en volar para estar con él. Florian, que llamó a la puerta de su habitación de hotel a las dos de la mañana antes del primer partido, lo inundó de feromonas hasta que comenzaron los entrenamientos. Incluso el día de la primera victoria, se encerraron en la habitación intercambiando sus aromas hasta que el sol asomó al día siguiente.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

‘Dijo que no le gustaba despertar solo.’

Sarang no esperaba que Florian recordara un detalle tan pequeño. Incluso si lo recordaba, no creía que tuviera tiempo para preocuparse por algo así.

‘Te quiero, Sarang.’

La confesión de Florian, que parecía un sueño, empezaba a sentirse un poco real. Se había vinculado con Florian —quien vivía en un mundo completamente distinto—, habían pasado celos, se habían casado y, aun fuera del celo, se entregaban el uno al otro consumiendo apenas lo mínimo para sobrevivir. Como amantes que temen que una separación sea definitiva, se buscaban y se poseían con voracidad.

Aunque no fue definitivo, Florian dejó la habitación del hotel muy temprano en la madrugada. En lugar de despertar a Sarang, le dejó una breve nota:

「Que la suerte te acompañe en el próximo partido. Mi amor. F.」

En el pequeño trozo de papel todavía quedaba el rastro de las feromonas de Florian. Sarang, sentado en la cama con el cabello revuelto, observó la nota durante largo rato antes de besarla con cuidado. En ese instante, todo le seguía pareciendo un sueño. Si no fuera por la textura áspera del papel contra sus labios o por el hecho de que Florian realmente había dejado el mensaje, podría haberlo creído así.

Con la mochila al hombro, Sarang sacó su teléfono y miró la pantalla hasta que se apagó antes de salir del vestuario. Parecía que el aire de incertidumbre se respiraba en cada rincón del club.

Tras terminar la temporada bajo un mando interino después del despido del anterior técnico, el club se fijó como prioridad nombrar a un entrenador oficial. Conseguir a alguien antes de que empezara seriamente la pretemporada era urgente, y el club se movió más rápido que nunca.

Sin embargo, en una liga donde los entrenadores escaseaban tanto como los delanteros o defensas de élite, la oferta era limitada. Hubo rumores sobre tres o cuatro nombres conocidos, entrenadores campeones en otras ligas o aquellos que habían obrado milagros salvando a equipos del descenso. Pero las negociaciones se caían o se rompían una tras otra. Eso había sido antes de que empezara la pretemporada.

Durante el mes de junio, mientras Sarang pasaba su celo, hubo muchos cambios. El entrenador interino fue reemplazado por uno que había llevado a un equipo humilde a los puestos altos de la tabla, y varios jugadores fueron vendidos o comprados. Faltaba una semana para que cerrara el mercado de fichajes; un tiempo que, en el fútbol, donde todo cambia en dos horas, resulta eterno.

Incluso hoy, los pasillos del club bullían con la noticia de que habían intentado “secuestrar” el fichaje de un jugador de otro equipo que ya tenía un acuerdo verbal. Negociaciones cerradas o rotas. Intentos de robo de fichajes. En medio de este vaivén diario, el tema principal era la adquisición total del club.

Se rumoreaba que la empresa AAC, que ya poseía el 40%, iba a comprar el Rhinoceros FC por completo. En otras palabras, Florian estaba comprando el club donde jugaba su esposo.

“A este paso, tendrían que subirte los incentivos, ¿no crees?”

Allen, quien como de costumbre esperaba a Sarang en el pasillo, siendo él casi siempre el último en salir, refunfuñó aquello.

“Allen, tengo hambre.”

“¿Te hacen trabajar tanto que ni te dan de comer?”

Allen exageró su reacción y revolvió el cabello de Sarang. El joven, acostumbrado ya a ese gesto, sonrió con dulzura y aceptó la botella de agua que Allen le tendía.

“¿Ya hiciste el baño de agua fría?”

“Sí, antes de salir.”

Allen ayudó a Sarang a subir al asiento trasero y luego se sentó al volante, consultando su reloj de pulsera.

“Si sumamos el masaje y la cena, el tiempo va a estar muy ajustado.”

Desde que se encargaba de su seguridad personal, Allen se había aprendido la rutina de Sarang de memoria. Siete de la mañana despertar, desayuno, trabajo, entrenamiento o partido, almuerzo y salida, baño de agua fría, masaje, cena, monitoreo de partidos, descanso y dormir. Hoy, al haber un hueco entre el baño y el masaje, todo el horario se retrasó. En días así, Sarang solía acortar el monitoreo para descansar más.

“¿Seguro que esto no es una superstición?”

“Se lo he dicho, Allen, no lo es.”

“¿Eres un robot? ¿Cómo puedes seguir la rutina tan estrictamente?”

“A veces la cambio según el horario del partido.”

“Eso es solo una variante de la rutina, te lo he dicho mil veces. ¿O es un trastorno obsesivo-compulsivo? ¿Tienes algo de eso?”

“No es una superstición, ni soy un robot, ni tengo un TOC.”

En realidad, Allen era quien más rasgos obsesivos tenía; una especie de deformación profesional que lo hacía extremadamente sensible ante terrenos o personas desconocidas.

“En toda mi vida, nunca había visto a alguien tan disciplinado como tú.”

“¿Nunca?”

“Así es, chico. Entiendo tu fascinación por ese marido tuyo que finge ser tan recatado, pero lo que ves no es todo lo que hay.”

Allen miró por el retrovisor y soltó una risita al ver que Sarang miraba por la ventana, evitando el tema como si le incomodara hablar de Florian en su ausencia.

“O es extremadamente perezoso o es un adicto al trabajo demente. O es tan amable que te marea, o es tan insoportable que te hace rechinar los dientes. Con tu marido no hay puntos medios. Es algo que cualquiera en su círculo cercano sabe.”

Sarang escuchaba en silencio, pero su rostro no mostraba ni un ápice de acuerdo. Ya se le caerá la venda de los ojos. ¡Ja!

Allen soltó una risa seca y cambió de canal en la radio hasta que finalmente la apagó. En las noticias mencionaban el nombre de Florian. Un debate sobre si la adquisición del club por parte de AAC era por beneficio público o privado. El nombre de Sarang y el del club también salían a relucir. El impecable joven Duque estaba en la encrucijada de ser un villano o un tonto cegado por el amor.

Por supuesto, Sarang solo podía intuir esos intereses, no los conocía con exactitud. Sabía que, aunque lo supiera, no podría hacer nada, así que dejaba que la información fluyera. Poco a poco, estaba aprendiendo su propia forma de llevar la vida matrimonial con Florian.

 

“¿Una fiesta?”

Lisa, la encargada de la gestión de la mansión, respondió con una sonrisa.

“Sí, Kim. Ha sido invitado a una fiesta benéfica el próximo día 28.”

Eran las ocho de la tarde. Sarang, que estaba sentado en el sofá descansando tras terminar todas sus tareas, preguntó extrañado al recibir a Lisa.

“¿Es una petición de la agencia?”

“No, Kim. Es una instrucción del Jefe.”

“Ah.”

Podría habérselo dicho él mismo. En lugar de sentirse dolido, Sarang se preocupó pensando que debía estar tan ocupado que ni siquiera podía hacer una llamada, y le ofreció asiento a Lisa. Aunque ella supervisaba todo lo que ocurría en la mansión, rara vez interrumpía el descanso de Sarang a esas horas. Eso significaba que era importante.

“Es una fiesta organizada personalmente por la Princesa Erika y se llevará a cabo en el Palacio de Beth.”

La Princesa Erika era una figura célebre a la que Sarang conocía bien. Incluso después de casarse con Florian, la Princesa seguía pareciéndole alguien tan lejano como el sol.

“¿No será un error? ¿De verdad es una asistencia conjunta?”

Normalmente, Florian asistía solo a estos eventos y no exponía a Sarang públicamente. No había ninguna cláusula en su contrato matrimonial que lo obligara a ello.

“Sí, la invitación es para que asistan como pareja, Kim.”

Sarang no ocultó su desconcierto, pero pronto ordenó sus pensamientos.

“Hablaré con Rian sobre esto.”

“Muy bien, confírmelo después de hablar con él.”

Lisa le entregó una agenda. El 28 de septiembre. Había una larga lista de preparativos necesarios antes de asistir a la fiesta.

“Es la primera vez que saludará formalmente a la Princesa, ¿verdad?”

Solo la había visto de pasada en los medios. Su boda con Florian se había celebrado a solas, sin invitados.

“Entonces, cuento con usted a partir de mañana, Kim.”

Sarang miró a Lisa, quien parecía dar por hecho que asistiría incluso antes de hablar con Florian, y sonró con resignación.

“Está bien, Lisa. Yo también cuento contigo.”

Siendo una invitación de una figura de la realeza y con el nombre de Sarang impreso en ella, no asistir sería una falta de respeto considerable.

 

 

“Jefe, no tiene buen semblante. ¿Llamo al doctor?”

Florian, que estaba concentrado en unos documentos, levantó la vista. Al encontrarse con la mirada preocupada de Bailey, sentado frente a él, dejó los papeles y apoyó la espalda en el sofá. El deterioro de su condición física había sido constante desde que pasó aquellas dos noches con Sarang en Cali.

Los primeros tres o cuatro días estuvo bien; incluso se sentía ligero de cuerpo y mente. Sin embargo, a medida que el tiempo lejos de Sarang superaba los cuatro días y seguía avanzando, su estado comenzó a decaer visiblemente.

La causa era evidente y no requería un análisis profundo: Kim Sarang. Alfa dominante, compañero de celo y esposo de Florian. La caída en su bienestar era tan drástica que resultaba difícil imaginar cómo había vivido antes de él, especialmente considerando que ni siquiera se habían marcado.

“Octubre, marzo.”

“Sí, Jefe. Pasó su primer celo con su esposo en octubre del año pasado, y el segundo en marzo de este año.”

Aquel celo que solía aparecer sin previo aviso se había presentado cinco meses después de haberlo pasado una sola vez con Sarang. Por supuesto, no se podía decir que sus feromonas se hubieran estabilizado por completo, dado que los recuerdos de esos dos periodos compartidos se habían evaporado.

Aun así, era un resultado alentador. Tres años después de que apareciera el trastorno de sus feromonas, Florian podía llevar una vida cercana a la normalidad. Si no se hubiera acostado con Sarang, o si hacerlo no hubiera surtido efecto, Florian se encontraría ahora en un estado similar al de un incapacitado legal.

Pero no todo había mejorado. El siguiente celo seguía siendo impredecible y, si el ciclo continuaba siendo irregular, la probabilidad de perder la memoria seguía siendo alta. No obstante, Florian tenía una certeza; una convicción sin base científica pero firme en su interior de que, si seguía pasando sus celos con Sarang, sus feromonas volverían a la normalidad.

“¿Son los síntomas similares a los de ‘aquel’ periodo?”

Con ‘aquel’ periodo se refería al tiempo en que más sufrió por la anomalía de sus feromonas tras la aparición de la enfermedad.

“No lo sé.”

Florian pospuso la respuesta, sumido en sus pensamientos, aunque ya sospechaba la verdad. Dolor en el bajo vientre, fatiga, siestas frecuentes, un persistente olor a pescado y náuseas.

Bailey, quien había hecho la pregunta, pensaba lo mismo. Sin embargo, al ser un asunto que requería extrema prudencia, no se atrevió a verbalizar sus sospechas.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Ese dolor leve e intermitente que sentía cerca del ombligo era una sensación nueva para Florian. Faltaba una semana para el inicio de la temporada. Ya habían pasado tres semanas desde que estuvo con Sarang en Cali. Durante ese tiempo, en el que solo se comunicaron por videollamadas o mensajes, no había mostrado otros síntomas.

“Es un síntoma diferente a la anomalía de las feromonas.”

Ante ese tono despreocupado, Bailey guardó silencio mientras analizaba la situación, para luego insistir.

“¿Llamo… al doctor? Jefe.”

En realidad, Florian ya se había realizado una prueba rápida por su cuenta. El significado de las dos líneas nítidas en el dispositivo era claro. Mientras observaba el test en su estudio, miles de pensamientos cruzaron su mente y varias emociones lo sacudieron: duda, desconcierto, sospecha y pesadumbre. Entre todas ellas, no había alegría. Jamás había deseado ni imaginado tener descendencia.

Lo primero que vino a su mente tras confirmar el resultado fue el rostro de Sarang. La concepción del compañero; el embarazo del esposo. No creía que el rostro de Sarang fuera a desfigurarse por la noticia. Al contrario, estaba seguro de que se sentiría más conmovido y feliz que el propio Florian. Dado que Sarang había sido su única pareja sexual en el último año, él era el único que podía haber sembrado esa semilla en su interior.

‘¿Cuándo y cómo?’

La pregunta era natural. Sus celos nunca habían coincidido. Por muy dominante que fuera el Alfa, la probabilidad de embarazo sin un celo compartido era extremadamente baja. Además, Sarang tomaba anticonceptivos cada vez que pasaba un celo con Florian. No se sentía seguro solo con el preservativo y, a pesar de los efectos secundarios, no dejó de medicarse. Lo hacía aun sabiendo que los anticonceptivos para Omegas tenían muchos menos efectos adversos que los de los Alfas.

‘Cuando me doy cuenta, el preservativo se ha salido o se ha roto.’

‘Me han recetado el mejor medicamento y me hago chequeos constantes tras tomarlo.’

‘Si mis niveles cambian aunque sea un poco o si detectan algún problema, dejaré de tomarlo.’

‘Rian, tú podrías exponerte a los efectos secundarios.’

No se sabía cómo afectarían los anticonceptivos a Florian, quien ya tenía problemas con sus feromonas. Sarang había dicho que no quería correr ese riesgo. Para los de su clase, escasos en número, el deseo reproductivo era un instinto de supervivencia. Para un Alfa, en quien ese instinto es mucho más fuerte que en un Omega, la anticoncepción no era algo demandado ni necesario. Por ello, la investigación era limitada y los medicamentos estaban en una etapa temprana de desarrollo.

En cambio, para un Omega, para quien la concepción y el parto representan una carga física, los anticonceptivos eran esenciales. Los registros demostraban que la esperanza de vida disminuía con cada parto. Naturalmente, la oferta y la demanda encajaron, elevando la calidad de la investigación hasta el punto de que los anticonceptivos para Omegas casi no tenían efectos secundarios. Por supuesto, para aquellos a quienes no les importaba si la vida de un Omega se acortaba, estos medicamentos eran inventos molestos.

Era evidente que Sarang no pertenecía a esa clase de personas. En lugar de exigirle a su Omega que tomara anticonceptivos para evitar la concepción, los tomaba él mismo, sin priorizar la reproducción por encima de la vida de su pareja. Realmente, un Alfa como Sarang era una rareza.

Ninguno de los Alfas con los que Florian había pasado sus celos desde que llegó a la mayoría de edad se había preocupado por la anticoncepción. En parte porque sus celos no coincidían, y en parte por el cálculo simple y oscuro de que, si por un golpe de suerte lograban dejar su semilla en Florian, sería una fortuna.

Por aquel entonces, Florian se aseguraba de tomar anticonceptivos para evitar complicaciones futuras. El problema fueron los tres años transcurridos desde que enfermó hasta que empezó a acostarse con Sarang. Aunque los Alfas aceptaban de buena gana usar protección, era seguro que ninguno la utilizaba realmente. Incluso verlos tragar una pastilla no era garantía de nada; si un Alfa no quería protegerse, siempre encontraba la manera.

Sin embargo, Florian tampoco podía usar anticonceptivos en su situación actual. Tal como Sarang temía, con una anomalía de feromonas de origen desconocido, no podía arriesgarse a tomar medicamentos cuyos efectos eran inciertos.

No hubo otra opción que confiar en las estadísticas. Los registros probaban que la concepción entre un Alfa y un Omega cuyos celos no coinciden es casi imposible. E incluso si ocurriera, se decía que ese niño nunca vería la luz.

Por eso, Florian y Bailey seleccionaban cuidadosamente a Alfas con una tasa de compatibilidad superior al cuarenta por ciento, que estuvieran dentro de su rango de control y que tuvieran mucho que perder. Florian, que debía pasar por celos casi todo el año, nunca repetía con el mismo Alfa por su propia seguridad. Pero a medida que la lista de Alfas se reducía, sus opciones se limitaban. Fue así como ocurrieron los dos incidentes de agresión.

Probablemente Bailey, al comprender la gravedad de la situación de Florian, fue el primero en pensar en el rostro de Sarang. Tenía la esperanza infundada de que un Alfa con un noventa y dos por ciento de compatibilidad no solo sería un compañero de celo, sino que podría aliviar sus síntomas. Tenía la extraña creencia de que ese chico nunca traicionaría a Florian. Esa esperanza y creencia fueron las que impulsaron a Bailey, a quien Sarang no solía agradarle, a tomar esa decisión.

“Llámalo. Con discreción.”

Si la prueba era positiva, había un noventa y nueve por ciento de probabilidad de que hubiera un niño. Durante las seis semanas lejos de Sarang, Florian empezó a sentir aquel dolor sobre el ombligo justo después de tener sexo con él. En la segunda semana aumentó la fatiga, en la tercera las siestas se volvieron frecuentes, y en la cuarta y quinta empezó a sentir ese olor a pescado. Las náuseas aparecieron en la sexta semana.

Florian empezó a sospechar en la quinta semana. En cuanto tuvo dudas, se hizo la prueba rápida y confirmó el positivo. Con una probabilidad tan alta de concepción, no había razón para retrasar más un examen médico oficial.

 

Cinco de la tarde del día anterior al inicio de la temporada. El mercado de fichajes de la Premier League había cerrado. Un nuevo presidente, un nuevo entrenador, un nuevo cuerpo técnico e incluso nuevos jugadores. Había habido muchos cambios en el Rhinoceros FC y habría más en el futuro.

El club, ante el partido inaugural, estaba sumido en una tensión que rayaba en el silencio. Era como un rinoceronte agazapado, como un tanque antes de la batalla, cargando con las expectativas y ansiedades de innumerables aficionados.

“¿No estás nervioso?”

Florian, recostado usando el brazo de Sarang como almohada, recuperaba el aliento mientras miraba al techo. Estaban en la mansión propiedad del Ducado, la más cercana al club. Aunque decir "cercana" significaba media hora de viaje en coche. Sin embargo, cerca del estadio, donde abundaban zonas con poca seguridad como la Calle 97, no había alojamientos adecuados para los Duques.

“Estoy emocionado.”

Sarang se giró hacia Florian, y su cabello negro se pegó a su frente sudada. Florian también se giró hacia él y, con su mano blanca, le apartó el cabello y acarició suavemente su frente, bronceada por el sol del verano. Para Florian, los cambios en la piel de Sarang, que mostraban su esfuerzo, siempre eran algo nuevo. Como futbolista, Sarang era el modelo ideal de alguien que tiene por profesión lo que realmente ama.

“Parece que has disfrutado mucho de la pretemporada.”

“¿Se nota tanto?”

“Sí, mucho. Eres muy honesto con tus emociones, Sarang.”

Ante esas palabras que sugerían que no era bueno ocultando lo que sentía, Sarang no se molestó; en cambio, soltó una risa desprotegida.

“Debo de parecerme mucho a Colin.”

Florian observó a Sarang, quien mencionaba el nombre de Colin con naturalidad frente a él, y recorrió con la mirada la cicatriz en la parte posterior de su hombro derecho. Sarang, reaccionando con sensibilidad, encogió un poco el hombro. En el lugar donde los tacos de un botín le habían desgarrado la piel, quedaba una marca tenue de los puntos.

Sarang decía que era una herida de la que no recordaba ni cuándo se la hizo ni que todavía estaba allí. La mayoría de las cicatrices en su cuerpo eran así. Para él, que había vivido prácticamente en un campo de batalla desde niño, eran como un rincón más de su vida diaria. Como las marcas de altura que cambian cada año en el marco de la puerta de una casa vieja; eran signos de crecimiento y, al mismo tiempo, medallas de honor.

“¿Realmente no me guardas rencor?”

“No, Rian.”

Mientras preparaba el documental de Colin, e incluso antes de su emisión, Florian no había mencionado ni una palabra. Fue una acción que mezclaba el deseo de que el documental no tuviera que usarse y la esperanza de que Sarang se enterara lo más tarde posible. Había una gran diferencia entre descubrir una verdad dolorosa en medio de una tormenta o hacerlo cuando la tempestad ya había pasado.

Sobre todo, Florian no quería que Sarang lo supiera todo sobre Colin. Prefería que lo recordara como el Colin del documental, en lugar de saber que su amado padre adoptivo se había vendido y se había sometido a constantes juicios por su bien.

 

 

Tras salir del Palacio de Verano, Sarang leyó tanto el contenido del documental que se había hecho público como los rumores sensacionalistas que circulaban. Como si intuyera los deseos de Florian, le preguntó:

‘¿Es cierto lo que dice el documental?’

‘Sí, Sarang. Es cierto.’

Florian mintió sin vacilar un segundo. Ocultó la verdad mientras sostenía la mirada límpida y transparente de Sarang.

‘Te creo, Rian.’

Esa fue la respuesta a la pregunta que Florian le había hecho antes de entrar al palacio.

‘Yo confío en Rian.’

No era una confianza ciega en sus palabras; era más como creer que una piedra del camino es una joya solo porque Florian lo decía. Era una fe volcada hacia la persona, no hacia el discurso. Era la actitud de alguien que comprende que, incluso si él mentía u ocultaba la verdad, al final lo hacía por su bien.

Florian pudo vislumbrar la profundidad de los sentimientos de Sarang en ese gesto. Era asombroso. ¿Cómo podía alguien ser tan ciego en su entrega? Por otro lado, le resultaba algo precioso. Sabía bien que un afecto así no se consigue fácilmente, pero se pierde con rapidez, y que muchos pasan toda una vida sin experimentarlo.

“Tal vez hoy podría ver a Rian... lo esperaba un poquito.”

Si hubiera sido el Sarang de antes, aunque lo hubiera esperado, no lo habría dicho en voz alta, o ni siquiera se habría permitido ilusionarse.

“Pero me dio mucho gusto y alegría que Rian realmente abriera esa puerta y entrara.”

“Si hubiera sabido que te alegrarías tanto, habría venido ayer, no, incluso unos días antes.”

“Rian ya lo sabía.”

“¿Qué se supone que sabía yo, Sarang?”

“Sabía que me pondría inmensamente feliz.”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Mientras Florian lo observaba intentando leer las implicaciones en esa voz suave y cálida como la lana, unos labios rojos se posaron sobre sus párpados. Florian entrecerró los ojos ante el contacto de la carne tibia, y una voz pausada fluyó de nuevo cerca de su oído.

“Por eso cumplió con su apretada agenda de forma sobrehumana, solo para liberar este día y venir a verme.”

“……”

Florian se quedó sin palabras por un instante, y los cálidos labios descendieron esta vez sobre el puente de su nariz.

“Te quiero, Rian.”

Había un rastro de risa en esos ojos negros que brillaban más que cualquier joya del mundo.

“De verdad, de verdad te quiero.”

De pronto, una comprensión cruzó la mente de Florian.

‘Sarang no puede pronunciar la palabra amor en voz alta, ni en la realidad ni en los sueños.’

“Gracias, Sarang.”

“¿Eh?”

“Gracias por abrirme tu corazón y mostrármelo.”

“……”

“Sé muy bien lo difícil que es dejar entrar a alguien en tu vida sabiendo que podrías no ser correspondido.”

Esta vez fue Florian quien besó la mejilla de Sarang.

“Te quiero, Sarang. Yo también te quiero mucho.”

Al ver la brillante sonrisa extenderse por el rostro de Sarang y sus mejillas encenderse, Florian experimentó una emoción maravillosa e indescriptible. No podía apartar la vista de él.

 

“No voy a tener al niño.”

“……”

“Confío en que Sarang también estará de acuerdo.”

A tres meses de su divorcio, estaban sentados uno frente al otro en la terraza en penumbra, con una mesa de metal de por medio. Aunque faltaba mucho para el atardecer, el cielo nublado estaba lleno de oscuros nubarrones.

 

“Nos vemos en el estadio, Sarang.”

Sarang, calzado con unas zapatillas ligeras de running que llevaban el logo del patrocinador en el uniforme del club, se colgó la mochila al hombro. Con el cabello peinado hacia atrás con firmeza, algo inusual en él, sus facciones resaltaban con claridad; lucía gallardo.

Frente a él, Florian vestía de forma más formal. Llevaba su traje habitual, que solo cambiaba de color y diseño como si fuera un uniforme, pero esta vez con un pañuelo de bolsillo del color representativo del Rhinoceros FC. Ese azul persa, más profundo que sus propios ojos, le sentaba de maravilla.

“No te lesiones.”

“Sí.”

“Espero que sea un partido del que no te arrepientas.”

Con esa última bendición, Florian levantó ligeramente la barbilla y Sarang, bajando la cabeza por instinto, lo besó. Fue un beso ligero pero cálido, cargado de un apoyo y aliento que superaba cualquier palabra.

“Me hace muy feliz empezar la temporada con Rian.”

En lugar de darle las gracias, Sarang lo abrazó con fuerza antes de retroceder con una sonrisa. Sus pómulos elevados dibujaron unos hoyuelos adorables.

“Se te va a hacer tarde. No pensarás llegar tarde el primer día.”

“No, Rian. Nos vemos luego.”

Caminando hacia atrás mientras saludaba levemente con la mano, Sarang abrió la puerta principal y salió.

No es que hubiera estado con él toda la pretemporada; solo habían pasado juntos la víspera del inicio, algo que cualquier pareja de un deportista haría, pero Sarang sonreía como si tuviera el mundo a sus pies. Al ver ese rostro impecable y radiante, parecía que la avidez y el deseo que mostraba sin reservas durante el celo y en la cama hubieran desaparecido sin dejar rastro.

‘Parece estar entre la sexta y séptima semana, Jefe.’

La pequeña vida que se asentaba en el vientre de Florian era el rastro dejado por esa avidez y deseo.

‘¿Ha tomado… una decisión?’

La actitud cautelosa del doctor tenía una razón de ser. Era una cuestión de linaje y castas. No era arriesgado suponer que casi ningún pariente vería con buenos ojos a un descendiente de un Alfa dominante cuyos padres eran Betas. Ellos no creían que Florian se hubiera casado con Sarang por amor sincero.

Una compatibilidad del noventa y dos por ciento. Lo habrían aceptado y comprendido como una estrategia para asegurar esa ventaja. Por supuesto, no era obligatorio tener descendencia solo con el esposo. Los métodos para obtener un heredero sin tacha eran muy tradicionales, pragmáticos y efectivos. Florian, que se convertiría en el futuro Duque Dietrich, solo tenía que mantener a su esposo imperfecto y tomar una amante perfecta para engendrar a su heredero.

A Florian no le molestaban esos malentendidos y conjeturas. En aquel entonces, no tenía motivos para que así fuera. Es más, él mismo fue quien indujo esas miradas y las fomentó sutilmente para crear la situación actual. Todo para poder divorciarse de la manera más natural posible.

“……”

La noche anterior, mientras se entregaba a Sarang, Florian sintió un dolor punzante en su vientre. A diferencia de los Betas, era beneficioso para los de su casta mantener relaciones frecuentes tras la concepción. Era el efecto positivo de las feromonas. El doctor, comentando que esos dolores leves eran comunes en primerizos de su casta, recomendó encuentros más frecuentes con su Alfa, aunque se mostró precavido.

El embarazo de Florian no era algo que pudiera recibir bendiciones sin más. Lo que incluso el doctor, sin compartir una gota de sangre, celebraba en su fuero interno, era seguro que los verdaderos parientes de Florian no lo harían.

Sin embargo, lo más importante y lo que ponía nervioso al doctor era la decisión de Florian. Aborto o parto. La elección era de Florian. El doctor probablemente no era consciente, pero en su subconsciente, Sarang era alguien que no tenía ni el uno por ciento de derecho sobre la decisión de Florian. Y no era solo por una cuestión legal; el médico tampoco consideraba a Sarang como un verdadero esposo.

‘Hay más cosas que corregir de lo que pensaba.’

Florian, que sin darse cuenta le hablaba a esa vida que apenas era más pequeña que un punto, soltó una risa seca. Estaba haciendo tonterías. No, el resultado mismo de la concepción era territorio desconocido para él. En su vida, palabras como embarazo o matrimonio no eran más que vocablos que jamás serían escritos. Pero Sarang lo había cambiado todo. Sarang había transformado a ese Florian que era amable pero carente de expectativas con los demás, y que vivía una vida diligente pero sumida en el tedio.

Apartando la vista de su vientre, todavía plano y sin rastro de la nueva vida, Florian volvió a imaginar la reacción de Sarang. No podía visualizar otra cosa que su rostro sonriendo de felicidad. Tal vez lloraría de la emoción. Desde el momento en que sospechó de su embarazo, solo había una respuesta en las opciones de Florian.

‘El hijo de Sarang.’

Un niño que nacería de la mezcla de la carne y la sangre de Sarang con las suyas propias.

De pronto, Florian sintió que la sangre le hervía ante un deseo de posesión que brotaba con fuerza.

 

 

 

La primera jornada, disputada en el estadio del Rhinoceros FC, terminó con una contundente victoria por 3:0. Sarang, que participó en los tres goles con una jugada clave, una asistencia y un tanto propio, fue elegido como el Jugador del Partido.

Tras celebrar con sus compañeros bajo el fervoroso clamor de la afición local, lo que le esperaba a Sarang era el control antidopaje. Aunque se trataba de un sorteo aleatorio, parecía cualquier cosa menos eso; Sarang tuvo que abandonar el campo en cuanto sonó el silbato final.

“Siento como si me hubiera quedado sin una gota de agua.”

“Corrió durante 112 minutos, es normal que se sienta así. Pero aun así, debe cumplir con su deber.”

“Yo también quiero terminar rápido.”

“¿De verdad cree que no puede?”

“No, oficial.”

“Entonces, siéntese aquí un momento.”

El oficial, que no pudo evitar reír ante la actitud natural de Sarang mientras este expresaba su dificultad con rostro compungido, le permitió un breve descanso. Aunque, por supuesto, no era un descanso total.

“Beba un poco más de agua.”

“Ya me ha hecho beber un litro entero.”

“¿Qué quiere que haga? Yo tengo tiempo de sobra, pero usted no, ¿verdad, Kim?”

La imagen de Lord Florian Dietrich, esposo del delantero estrella del Rhinoceros FC, Kim Sarang, observando el primer partido de la temporada desde el palco VIP, fue transmitida en vivo a todo el mundo. Charlie, el oficial de control presente, también pudo verlo a través de las pantallas gigantes. Había muchos rumores malintencionados sobre si eran una pareja de escaparate o si se trataba de un matrimonio por contrato, pero a juzgar por cómo asistía no solo a los partidos importantes, sino a todos los encuentros posibles de Sarang, no parecían otra cosa que una pareja de tórtolos.

“Ya han pasado más de tres horas desde que terminó el partido. Y ya llevamos más de una hora lidiando con esto usted y yo. ¿Podría considerarse un buen esposo si lo hace esperar tanto tiempo?”

Sarang, que había captado las intenciones de Charlie desde el principio pero fingía no darse cuenta, finalmente habló con un gesto de aprieto. Su tono era cercano pero educado.

“No es necesario que se preocupe por Rian, Charlie.”

“¿Me está diciendo que ni siquiera quiere confiarle la preocupación por su esposo a un extraño?”

“Bueno, también es eso, pero es que quedamos en vernos directamente en casa.”

“Oh.”

Como si esa respuesta no fuera la que esperaba, Charlie se mostró algo sorprendido mientras le ofrecía otra botella de agua de 500 ml. Sarang, que no tuvo más remedio que vaciarla también, estaba en un estado de deshidratación tal que ni siquiera sudaba. A pesar de estar en pleno verano, sentía frío, por lo que llevaba puesto el abrigo del club encima de su chaqueta de entrenamiento mientras terminaba el último sorbo.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Es usted un oficial despiadado.”

“Demasiados halagos, Kim.”

Sarang tiró la botella vacía a la papelera y se quitó el abrigo y la chaqueta, revelando su uniforme de manga corta. Una vez más, de pie frente al inodoro, bajó completamente sus pantalones y levantó su camiseta para orinar. Ni Charlie, que observaba atentamente a su lado para la recolección de la muestra, ni Sarang se sentían cohibidos o incómodos. Ambos tenían demasiada experiencia para eso.

“Vaya, por fin.”

“Buen trabajo, jugador.”

Charlie, aplaudiendo con una actitud que mezclaba la exageración y la broma para felicitarlo sinceramente, realizó la prueba rápida con la muestra recolectada y guardó minuciosamente el equipo restante en su maletín. Era el procedimiento estándar en caso de que fuera necesario un segundo análisis.

“Hoy también está limpio, Kim.”

“Usted también ha trabajado duro hoy, oficial.”

Tras completar la serie de procedimientos con bastante naturalidad, ambos se felicitaron mutuamente por el esfuerzo.

“Jugador, sé que está cansado, pero ¿podríamos tomarnos una foto?”

“Claro que sí, Charlie. Las que quiera.”

Sarang, ataviado de nuevo con su chaqueta y su abrigo mientras temblaba de frío, sonrió ampliamente. Para entrar en el mismo encuadre que Charlie, que era mucho más bajo que él, Sarang dobló las rodillas casi a la mitad y, tras recibir el permiso, tomó el teléfono del oficial.

“Uno, dos, tres.”

“Uno, dos, tres.”

“Uno, dos, tres.”

“Uno, dos, tres, ¡Cornudos!*”

Tras tomar varias fotos de esa manera, Sarang le devolvió el teléfono con cuidado.

“¿Va a levantar el trofeo de campeón esta temporada?”

Ante la pregunta de Charlie, quien levantó el pulgar hacia Sarang tras su increíble actuación en la primera jornada, la respuesta de este, mientras guiñaba un ojo, fue puramente profesional.

“Sí, mi objetivo siempre es el campeonato.”

“Ah, qué aburrido.”

Aun diciendo eso, Charlie no ocultó su sonrisa mientras caminaba delante de él.

“Entonces, nos vemos la próxima, Kim.”

“En este lugar no, por favor.”

Ante ese ruego ferviente, las risas de Charlie se escucharon hasta fuera del baño.

Tras despedirse de Sarang y terminar con los preparativos finales, Charlie se detuvo en seco mientras se dirigía al aparcamiento.

‘Había dicho que se verían en casa.’

Eran pasadas las siete de la tarde. El aparcamiento estaba tranquilo, con la mayoría de los coches ya fuera, por lo que Sarang destacaba especialmente de pie frente a un sedán. Ya se había duchado y llevaba puesto el uniforme del club con su abrigo bien cerrado y la mochila a la espalda. Bajo el perezoso atardecer que empezaba a caer, la imagen de Sarang sonriendo radiantemente era refrescante. Frente a él, por supuesto, estaba Lord Florian Dietrich.

Al ver a Lord Florian Dietrich esperando a su esposo durante casi cuatro horas después del partido, y a Sarang sonriendo con tanta felicidad frente a él, no se podía decir otra cosa sino que eran un matrimonio unido por un hilo de seda.

 

Nueve horas antes.

El interior del estadio local, ante el primer partido de la temporada, era un hervidero de empleados moviéndose apresuradamente. Caminando por el viejo pasillo donde la historia del club estaba plasmada en fotografías, Allen se detuvo frente al vestuario y, en lugar del cigarrillo que por hábito estuvo a punto de sacar, se metió un caramelo en la boca.

La puerta del vestuario, por donde entraba y salía constantemente el personal encargado de organizar el equipo, limpiar y preparar todo, estaba abierta de par en par. Ningún empleado echó ni miró con sospecha a Allen, que mataba el tiempo allí de pie; no era extraño ver al guardaespaldas personal de Sarang rondando las instalaciones del club.

Como suele hacer quien pasa tiempo a solas, Allen no miraba su teléfono ni manipulaba su tableta con rapidez; simplemente esperaba apoyado con pereza, con un aire algo indiferente. Del viejo techo, que a pesar de las constantes reparaciones siempre tenía goteras, caían gruesas gotas de agua sin tregua.

“¡Steve! ¡Primero aquí!”

Alguien gritó que limpiaran el agua acumulada en el suelo del pasillo. Siguió un regaño advirtiendo que sería un desastre si algún jugador pasaba, resbalaba y se lesionaba. En un lado, un obrero subido a una escalera estaba en plena reparación del techo. Con la cámara de seguridad instalada en esa esquina —la que apuntaba directamente a la puerta del vestuario— como punta de lanza, se habían colocado cámaras por todo el club, eliminando los puntos ciegos.

Habían instalado aquellas cámaras de última tecnología, que no encajaban con el viejo techo ni el pasillo, hacía dos meses, en junio, justo antes de que empezara el calor intenso. Era un hecho que nadie excepto Florian conocía, pero coincidía exactamente con el periodo en que él había tenido cierto sueño. También coincidía con el momento en que Allen empezó a merodear por el vestuario antes y después de la llegada de Sarang al trabajo.

“¡Ay, este estadio! ¡No hay un rincón que esté bien!”

“Dicen que la antigüedad de un estadio es proporcional a la historia de su club. Je, je.”

“Ahora que tenemos un dueño con dinero, ¡mi único deseo sería que cambiaran este edificio odioso por completo!”

Allen, que escuchaba de pasada la conversación entre los obreros y empleados, de pronto agudizó la mirada.

Un hombre con gorra de béisbol negra, piel oscurecida por el sol y una complexión extremadamente delgada entró al vestuario con la cabeza baja. O mejor dicho, antes de entrar, fue interceptado por la mano de Allen.

“¿Qué... qué pasa?”

El hombre, asustado de antemano, alzó la voz mientras se giraba para mirar a Allen, quien le apretaba la muñeca, y buscaba a alguien a su alrededor. En aquel pasillo ruidoso y caótico, lleno de gente, nadie les prestaba atención. Sin importarle la reacción del sujeto, Allen tiró con fuerza de la credencial que colgaba del cuello del hombre y verificó el rostro bajo la gorra. El departamento indicado en la burda credencial falsa era el de mantenimiento de equipo. Sin embargo, el rostro que Allen vio no pertenecía al equipo de mantenimiento, ni a ningún otro departamento que él hubiera visto antes.

‘Especialmente durante el descanso. No, vigila si hay movimientos sospechosos antes y después del partido.’

La intuición de Florian, el jefe de Allen, no falló, como de costumbre.

‘Gorra de béisbol, piel oscurecida por el sol, complexión delgada, credencial burda.’

Era un misterio cómo había obtenido pistas tan detalladas, pero gracias a ellas, Allen pudo capturar sin dificultad a la rata que se había colado en el estadio.

 

 

—Es un indigente. Dijo que le dieron diez libras por hacer lo que le ordenaron.

“¿Y las cámaras de seguridad cercanas?”

—Hay una en la entrada de la tienda de enfrente, pero la calidad es pésima. El sujeto estaba en lo profundo del callejón, así que no se ve ni su silueta, solo se confirma la presencia del indigente. Está tan drogado que ni siquiera recuerda bien la cara del tipo que le dio el termo.

Florian, que estaba sentado en la terraza mirando el cielo nublado, se dio la vuelta. Sarang, tras haberse duchado, cruzaba la sala con dos tazas de té en las manos.

—Los componentes encontrados en la bebida son, efectivamente, sustancias prohibidas, y el objetivo era el Chico. Con lo de la descripción física y todo... Jefe, ¿acaso te salieron superpoderes sin que yo lo supiera?

“Algo parecido.”

—Bueno, es cierto que la seguridad del estadio es de nivel de primaria. El personal de seguridad está lleno de puros aficionados.

Allen seguía soltando quejas sin esperar la respuesta de Florian, hasta que cambió de tema.

—Yo me encargo de esto.

“Consigue algo de información.”

—Entendido.

Tras la voz de Allen respondiendo con desgana, Florian miró hacia la puerta que se abría.

“Es té negro.”

“Huele muy bien. ¿Será porque lo preparó Sarang?”

“……”

Debido a que Florian soltaba frases audaces con total naturalidad, Sarang tardó un instante en reaccionar y se quedó inmóvil. Mientras permanecía allí, sin saber cómo responder, unos brazos largos lo rodearon por la cintura.

“Tienes el cuerpo frío.”

Florian tomó las tazas de las manos de Sarang una a una, las dejó sobre la mesa y echó la cabeza hacia atrás con una sonrisa. Su destreza para sentar a Sarang, que vestía solo una camiseta de manga larga y pantalones cortos, sobre sus muslos fue sumamente natural. Sin importar cuán experto fuera Florian, Sarang acomodó su postura y rodeó sus hombros con un brazo por miedo a incomodarlo.

“Las piernas no me dan tanto frío.”

Aunque estaban en la segunda semana de agosto, debido al clima inestable, los días despejados eran escasos en el norte del cantón. Aun así, no era una temperatura para sentir frío, pero los muslos de Sarang estaban helados.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“¿Sarang siente el frío por partes?”

“Mmm... eso parece.”

Sarang asintió ante una pregunta en la que nunca había pensado, y Florian cubrió sus muslos con un cárdigan color trigo. Tras cederle la prenda que estaba colgada en una silla vacía, Florian acarició ligeramente la camiseta de manga larga de Sarang, que era bastante gruesa para ser ropa de verano.

Incluso al dormir, Sarang se aferraba con fuerza a la manta. Si no era la manta, era la almohada, y otros días era el propio Florian. Ahora que pasaban más noches en la habitación central que en sus propios cuartos, había días en los que simplemente dormían abrazados sin tener contacto sexual profundo.

Sarang, que se había dejado llevar dócilmente por Florian y compartido unas palabras, bajó de sus muslos. Florian soltó su cintura con renuencia mientras él se sentaba a su lado, pero su mirada seguía fija en su esposo.

“¿Cuándo piensas preguntarme por la invitación?”

“Ah.”

La invitación que le había entregado Lisa.

La fiesta benéfica organizada por la Princesa Erika requería la asistencia en pareja. Como Florian no había dicho nada después de la visita de Lisa, Sarang lo había olvidado. El día que entregó la invitación, Lisa tomó todas las medidas de Sarang de pies a cabeza. Confiada en su sentido estético, se marchó cortésmente sin decir nada más que esperara el resultado.

Después de eso, volvía de vez en cuando para tomar medidas adicionales, pero no era algo inusual. Como a menudo tenía que usar trajes a medida para eventos del club o entregas de premios, no lo relacionó directamente con la fiesta benéfica.

‘Así que la asistencia a la fiesta seguía en pie.’

“¿Vamos juntos?”

“¿Acaso pensabas enviarme solo?”

“Como Rian no dijo nada, pensé que no asistiríamos.”

“Ya veo, fui descuidado. Lo siento.”

“No lo dije con esa intención.”

Florian le dedicó una mirada cálida mientras Sarang le pedía que no se disculpara. Atrajo la mano de Sarang, que jugueteaba con la taza, y besó el dorso con una sonrisa traviesa, como la de un niño.

“Gracias, Sarang.”

“Oh.”

Sarang entrelazó sus dedos con los de Florian, quien lo miraba con curiosidad ante su pequeña exclamación, y susurró:

“Solo tienes que abrazarme.”

“Ah.”

‘Cuando estés realmente agradecido, basta con que me sonrías sin decir nada, Sarang.’

‘Solo tienes que abrazarme fuerte y decirme que lo sientes.’

Recordando aquella conversación que tuvieron hace tiempo, Florian sonrió con comodidad y abrazó a Sarang con fuerza.

“Siento hacer siempre las cosas a mi manera, Sarang.”

Sarang hundió la punta de su nariz en el hombro de Florian como aceptando las disculpas, acurrucándose más contra él.

“Y gracias por confiar siempre en mí.”

“Para mí, eso no es nada, Rian.”

“La fe y la confianza que me das no son algo ligero. Es un sentimiento que no se tiene ni se entrega fácilmente.”

“Rian solo hace cosas buenas por mí.”

Florian se quedó paralizado ante la voz baja que fluía cerca de su oreja.

“Sé que hay muchas cosas que Rian tiene que soportar por mi culpa. Aun así, no te olvidas de mí y siempre me proteges.”

Los labios de Sarang rozaban casi el cuello de Florian mientras decía que esos sentimientos eran naturales para él. Florian sintió que su corazón se volvía pesado de repente. En lugar de suspirar, giró la cabeza y besó la mejilla de Sarang.

“Sarang también vino a mí sacrificando su carrera.”

“Rian...”

“Te perdiste cuatro partidos por mi celo y no diste ninguna excusa.”

Los labios de Florian se deslizaron mientras sostenía la mejilla de Sarang, que se había enfriado.

“Sé muy bien lo que eso significa para un jugador profesional, especialmente para alguien que ama tanto su trabajo como tú.”

“……”

Sarang estaba bien. Aunque nadie lo supiera ni lo entendiera, fue una decisión que tomó porque él quiso. Por eso estaba bien. O eso creía. Pero al ver que Florian lo entendía y lo reconocía, sus ojos se humedecieron de repente. Parecía que aún no había crecido del todo.

“Rian.”

“Dime, Sarang.”

“Te quiero.”

“……”

“De verdad, de verdad te quiero.”

La sinceridad de Sarang fluyó entre sus labios unidos. Florian dudó. Al final, respondió con una sonrisa:

“Sí, Sarang. Yo también te quiero mucho.”

Para pronunciar la palabra amor, todavía todo era demasiado incierto.

 

[Charla] Dicen que van a construir un estadio nuevo

Rhinoceros

13 comentarios

Anónimo 1: ¿Eh? ¿En serio?

Anónimo 2: Acabo de ver las noticias. Salió en BMC.

Anónimo 3: Dicen que aún no está confirmado.

Anónimo 4: El norte de Cantón es un caos.

Anónimo 5: Valieron la pena mis rezos para que dejara de estar tan viejo. T_T

Anónimo 6: Un estadio nuevo no es fácil. Se necesita permiso de la ciudad y aprobación de los vecinos. ¿De dónde sacan el dinero?

↳ Está el Marido Florian.

↳ El Marido Florian.

↳ El esposo de Sarang.

↳ Aunque use su dinero privado, no podrá gastarlo así como así. Hay una regla o algo.

↳ ¿Qué regla?

↳ Ni idea.

↳ No sé, pero dicen que existe.


[Charla] Pero la verdad es que los Rinocerontes sí necesitan uno nuevo...

Cuando llueve hay goteras en el techo... el césped no drena y parece waterpolo... y sobre todo, la capacidad es muy poca...

Nuestra Cereza2) necesita una transformación total.

14 comentarios

Anónimo 1: ¿De qué año es?

↳ Es más viejo que mi abuela.

↳ 127 años.

Anónimo 2: ¿Dónde lo van a construir? ¿Derrumban el Cherry y levantan otro?

Anónimo 3: Aunque esté viejo, le tengo cariño...

Anónimo 4: ¿Harán evento de despedida para el Rhinoceros...?

Anónimo 5: Ojalá cambien la ubicación.

↳ ¿Por qué?

↳ Los alrededores del Cherry son barrios bajos, da miedo.

↳ Ya que lo hacen, que sea en un lugar más seguro.

↳ De acuerdo, la verdad el estadio está podrido pero el barrio también. Si no fuera por el club, uff...

↳ Si lo derrumban y construyen, ¿dónde entrenan los jugadores? ¿Y los partidos?

↳ Exacto.

↳ ¿Van a cambiar rendimiento por estadio nuevo?

 

“Buenos días, Key-ring.”

“Buenos días, Sandra.”

Sarang, que acababa de entrar al vestíbulo, vio a Sandra cargando una cámara pesada y la saludó con la mano.

“¿Me dejas ver tu fondo de pantalla?”

“¿Mi teléfono?”

“Sí, el fondo de tu teléfono.”

“¿Qué estás grabando?”

“Regalos para los fans. Lo voy a subir a redes sociales.”

“Estás trabajando.”

“¿Por favor?”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Sarang entrecerró los ojos y giró el teléfono hacia atrás como si no fuera a enseñárselo, pero luego le mostró rápidamente la pantalla.

“¡Wow! Qué chico tan dulce.”

“Jaja.”

Sarang pasó de largo riendo; en el fondo de pantalla de su teléfono estaba Florian.

 

 

 

“¿A qué se debe esto? Tú, que eres un ermitaño”.

“Vi algo que me gustó, pero no se puede comprar en línea”.

Era inusual que Sarang saliera por motivos ajenos a su agenda oficial o a los entrenamientos del club, ya que casi nunca abandonaba su hogar.

“Vaya, Chico. ¿Finalmente has descubierto el placer de gastar dinero?”

“Sí, voy a cometer un pequeño exceso en la Calle 17”.

Ubicada en el centro de la ciudad de Cantón, la Calle 17 era la meca de las compras, repleta de marcas de lujo y boutiques de diseño independiente. Ante la declaración sorpresa de Sarang, quien normalmente preferiría patear un balón una vez más antes que ir de compras, Allen reaccionó de forma exagerada.

Sarang, ya muy acostumbrado a las burlas de Allen, respondió con la misma naturalidad y subió al asiento trasero. Gracias a que Allen no permitía que nadie se acercara al asiento del copiloto alegando que le estorbaba al conducir, la parte trasera siempre era territorio de Sarang. Aunque en realidad se debía a protocolos de seguridad, la excusa de que le estorbaba probablemente no era del todo mentira.

“¿Quién es?”

“¿Perdón?”

“Por más que lo piense, no hay nadie en tu círculo que cumpla años, que haya ascendido, que se retire o que necesite una felicitación”.

“¿No se le ocurre que podría ser para mí?”

“¿Un mocoso que solo usa lo que le regala su jefe o lo que le llega por patrocinio? No me hagas reír”.

Allen reconocía el asombroso progreso de Sarang, quien al principio parecía un pingüino mal desarrollado y ahora, incluso sin la ayuda de Lisa o Moore, sabía cómo arreglarse bastante bien. Sin embargo, Allen seguía sin poder estar de acuerdo con el sentido de la moda de Sarang y a menudo fruncía el ceño al descubrir los artículos que le enviaban por patrocinio.

“¿Por qué deja fuera el uniforme del club?”

“Tienes razón, el uniforme es lo que mejor te queda”.

Sarang, que al igual que Allen no compartía el sentido de la moda del otro, asintió y respondió:

“Es verdad, a Allen también lo que mejor le queda es la ropa de trabajo”.

“¿Ah, sí?”

Mientras Allen se sentía interiormente orgulloso de ver cómo Sarang se adaptaba poco a poco a su entorno y situación, bromeando incluso con él, de repente frunció el entrecejo. En el espejo retrovisor, Sarang le lanzó un guiño travieso.


“El alcalde ha confirmado su intención de asistir, Jefe”.

“¿Algo más?”

“Puso como excusa al ayuntamiento. Dijo que no puede presionar por su cuenta sin una aprobación previa”.

“Ya veo. Al menos tiene que fingir que cuida las formas”.

Florian, que no reaccionó con sorpresa por ser algo previsto, entró en la oficina mientras se quitaba la chaqueta. El cielo de mediados de septiembre solía estar nublado y el aire era fresco. Era la temporada en la que las transmisiones mostraban constantemente a los jugadores corriendo bajo la lluvia sobre el césped.

“El equipo legal ha confirmado que no es necesario enmendar las leyes municipales. La sociedad civil también parece acoger la idea. Parece que la creación de la escuela adjunta y la vinculación con la fundación fueron de gran ayuda para convencerlos, Jefe”.

A pesar de que Florian proponía ideas de negocios desde cero y lograba convencer a sus oponentes mediante medios legales con éxito rotundo, no se percibía en él ni pasión ni entusiasmo. Por supuesto, esa actitud no era nueva; Florian no solía tener altibajos emocionales y era, por lo general, una persona racional.

“El doctor vendrá en diez minutos”.

“Quédate en la reunión. Tú también debes saberlo”.

La visita del doctor y el hecho de que el propio Bailey debiera estar presente. Esa combinación, por más que se analizara, no podía traer nada positivo. El rostro de Bailey se tensó mientras intentaba ocultar su creciente preocupación. Florian, terminando de quitarse la chaqueta de su traje, entró tras el escritorio y se quedó mirando la mesa. Al final de su mirada, había una pequeña caja de regalo.

“……”

“Llamaré al equipo de seguridad, Jefe”.

Fue Florian quien detuvo a Bailey, que se movía pálido por la impresión. Una caja de origen desconocido que podría contener cualquier cosa. Era una faceta de la amenaza que siempre acompañaba la vida de Florian.

Hace cinco años, un atentado que dejó a Florian en coma durante unos cinco días comenzó con un objeto igual de insignificante. Las etapas de los incidentes solían ser similares: un objeto trivial, un error menor, un cambio sutil, una persona de confianza, una rutina cotidiana.

“Jefe”.

La caja de regalo, demasiado pequeña para ser un explosivo —apenas del tamaño de tres dedos juntos—, estaba elegantemente envuelta. Florian, sin prestar atención a Bailey que le urgía a refugiarse, miró la caja y dijo:

“Contacta con Allen”.

Su voz dirigida a Miller, y no a Bailey, era tan serena como de costumbre. No contenía ni un ápice de tensión o ansiedad, y Miller, que en lugar de responder sacó su teléfono y se lo puso en la oreja, también se mantenía relajado. De los tres —Florian, Bailey y Miller—, Bailey era el único que sudaba frío por los nervios. Miller, siendo un mercenario profesional, tenía motivos para estar así, y así debía ser. La reacción de Florian, para quien ser blanco de ataques y atentados se había vuelto parte de su rutina, tampoco era inusual.

Sin embargo, Bailey, que había sido contratado tras terminar su maestría, aún no se acostumbraba. En realidad, eso era lo normal. La actitud de Florian, que respondía con calma y entereza en lugar de mostrar o profundizar un trauma cada vez que recibía una amenaza, no era común.

Cada vez que se enfrentaba a una situación así, Bailey sentía una gran disonancia. Sobre todo, era el momento en que se hacía plenamente consciente de que Florian Dietrich Wellington era el dueño de una empresa militar privada y que en el pasado había trabajado sobre el terreno. Esa combinación inverosímil cobraba un realismo absoluto.

Mientras Miller hablaba por teléfono, Florian pulsó el intercomunicador.

—Sí, Jefe.

“¿Hubo alguna visita mientras no estuve?”

—Voy a verificarlo, Jefe.

Un breve silencio siguió cuando Miller terminó su llamada.

—Jefe, no hubo otros visitantes, pero hay un registro de que su esposo pasó por aquí a las 11:20 de la mañana. Justo iba a informarle tras verificarlo, lamento la demora, Jefe.

Cuando la secretaria se disculpó tras notar el ambiente inusual a través del auricular, Bailey se sintió visiblemente aliviado, pero de inmediato frunció el ceño. Le resultó desagradable la conducta de Sarang, quien entró a hurtadillas como un gato callejero sin avisar, aunque no cometió el error de demostrarlo externamente.

Miller, que ya había colgado antes de que la secretaria terminara su reporte, agitó la mano con el teléfono.

“Dice que fue de compras a la Calle 17 por la mañana y pasó directamente por aquí”.

“¿Por qué no se informó de esto?”

La función de Allen no era solo la protección; compartir los movimientos de Sarang en tiempo real era una de las misiones que debía cumplir. Miller miró con indiferencia a Bailey, que lanzaba la pregunta con agudeza, y respondió con desgana:

“Aunque parezca un tipo cualquiera, Allen es un profesional, Bailey Jones”.

“Por cómo maneja las cosas, no me lo parece”.

“Qué lástima. Pero confiar o no en Allen es competencia del Jefe, ¿no cree, Sr. Jones, que usted no tiene derecho a interferir?”

Fue Florian quien rompió el ambiente gélido.

“Cálmate, Bay. Si esto fuera un explosivo, ahora mismo seríamos carne picada”.

“¡Jefe! ¡Cómo puede decir eso...!”

“¿Y el video?”

“Ya debería haber llegado”.

Miller respondió a la pregunta de Florian, quien ya no dedicaba más tiempo a un Bailey que levantaba la voz. La actitud de Florian al abrir de inmediato su teléfono para revisar el video subido era de total indiferencia. No parecía alguien que hasta hace un momento hubiera estado ante una posible amenaza de atentado. Lo que desconcertó aún más a Bailey fue la sonrisa que se dibujó en los labios de Florian al ver el video.

“Mira qué cosas se le ocurren”.

Qué lindo.

Esa última frase fue una alucinación que solo Bailey escuchó. Fue porque la expresión de Florian lo decía todo.

“¿Qué día es hoy?”

“No entiendo la pregunta, Jefe”.

Incluso en una situación confusa en muchos sentidos, Bailey respondió con cortesía, activando por hábito su ética profesional.

“No es su cumpleaños, ni nuestro aniversario de bodas, ni el día en que pasamos el primer celo”.

“¡Jefe!”

Bailey casi gritó, horrorizado al ver a Florian tomar la caja de golpe sin haber hecho ninguna comprobación previa, a pesar de que ya se conocía el origen del regalo. Pero hubo una mano que presionó su hombro con firmeza. Era la mano de Miller, grande como una tapadera de olla.

“¿Por qué no te calmas, Jones?”

Solo entonces Bailey, al darse cuenta de que se mostraba menos sereno que su jefe, apretó los labios e intentó calmarse. Kim Sarang. Aunque recordaba la deuda que tenía con él, Bailey no lograba sacudirse esa sensación de recelo. Especialmente cuando veía a su jefe actuar de esa manera...

“De repente, un regalo así”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Al imaginar a Sarang planeando y preparando la sorpresa en secreto, Florian no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro mientras deshacía el envoltorio. El objeto dentro de la caja de terciopelo era algo común. No era una baratija, pero tampoco era particularmente ostentoso ni, desde la perspectiva de Florian, algo costoso.

Sin embargo, Florian, que solía devolver cualquier regalo sin siquiera mirarlo, esta vez reaccionó distinto. Con las comisuras de los labios elevadas en un gesto de agrado, tomó el objeto de la caja. Un pasador de corbata, que pronto ocupó su lugar entre el segundo y tercer botón de su camisa, brilló suavemente bajo la luz.

De pronto, Bailey tragó saliva para contener un arrebato de insatisfacción. Al ver a su jefe lucir tan feliz, más que molestia por el comportamiento despreocupado de Kim Sarang, sintió que la ansiedad se disparaba.

Ver a un Florian Dietrich Wellington tan dichoso era una imagen que Bailey encontraba casi antinatural. Su rostro se endureció al comprender que la frase misma le resultaba extraña.

El sonido de la puerta abriéndose interrumpió la conversación entre Florian y Bailey. El doctor, que saludó con gesto algo cohibido ante las miradas que recayeron sobre él, traía consigo su maletín médico. Miller, que desconocía el embarazo de Florian, lo observó con duda. El médico ignoró deliberadamente esa mirada y, ante la invitación de Florian, se sentó rápidamente en el sofá.

“Aparte de lo que mencionamos, ¿ha tenido algún otro síntoma?”

A la lista de dolor abdominal, fatiga, siestas frecuentes, sensibilidad a los olores y náuseas, se había sumado uno nuevo.

“Me siento apático”.

Imposible.

En el momento en que escucharon la respuesta de Florian, Bailey, Miller y el doctor compartieron un mismo pensamiento. Era difícil imaginar un momento en que Florian hubiera estado más motivado; últimamente desbordaba una vitalidad casi excesiva. Aunque por fuera pareciera el mismo, sus allegados lo notaban.

Era lógico. Estaba transformando una ciudad entera, y su pasión se reflejaba en su volumen de trabajo. No había un solo detalle de la planificación que no hubiera pasado por sus manos, y se encargaba personalmente de casi todas las actividades externas para atraer inversiones y publicidad.

“Jefe. Con todo respeto, su carga de trabajo actual es preocupantemente pesada. No entiendo cómo puede decir que se siente apático”.

“Es gracias a esa carga de trabajo que me siento un poco mejor”.

“Todavía está en las primeras semanas, no debe sobreesforzarse. Para una persona gestante, lo primero es la estabilidad, lo segundo es la estabilidad y lo tercero es la estabilidad, Jefe”.

“Por eso me quedo en Cantón”.

Florian no había puesto un pie en el Reino Unido ni le había dedicado una mirada en años. Incluso cuando el actual Duque Dietrich cayó enfermo, su visita se produjo tras cuatro años de ausencia, y no fue por preocupación, sino para finalizar los trámites de la sucesión familiar. El motivo por el cual Florian, quien apenas participaba en eventos familiares o de la realeza, terminó quedándose un tiempo considerable en el Reino Unido fue su conflicto con Kaia.

Después de eso, el hecho de que se estableciera allí durante casi cinco años fue por voluntad propia. Y el origen de esa voluntad era, por supuesto, Kim Sarang. A medida que sus encuentros con Sarang se hacían más frecuentes, su estancia se prolongó, hasta que tras la boda su residencia principal fue, a todos los efectos, la mansión de Cantón. Especialmente en los últimos tiempos.

“¿Hasta cuándo piensa ocultar... mejor dicho, cuándo tiene pensado decírselo a su esposo?”

A pesar de estar sepultado en trabajo hasta pasada la medianoche, Florian regresaba puntualmente a la mansión cada madrugada. Habría sido mucho más eficiente quedarse en un hotel cercano, pero no lo hacía. A esas horas, la mansión sumida en la oscuridad estaba en absoluto silencio. Rompiendo esa quietud, cruzaba la sala tras despojarse del aire del exterior y abría la puerta del dormitorio.

No era el dormitorio central donde pasaban sus celos, ni tampoco el suyo propio. Florian abría sigilosamente la puerta de la habitación donde Sarang dormía profundamente y se detenía junto a la cama. Tras observarlo con ojos habituados a la penumbra, se acostaba a su lado.

Sarang, que tenía el sueño pesado, rara vez se despertaba. Simplemente se giraba hacia Florian y lo abrazaba por instinto. Florian, sin oponer resistencia, se entregaba a ese abrazo. Sintiendo cómo las dulces feromonas de Sarang aplacaban gradualmente los síntomas que lo atormentaban desde el embarazo, se quedaba dormido.

No se quedaba en Cantón solo porque necesitara las feromonas de Sarang. Florian quería a Sarang de verdad. Tanto como para que el hecho de estar embarazado no le resultara molesto ni desconcertante. Al contrario, lo quería hasta el punto de sentir emociones intensas que hacían hervir su sangre.

“¿Su esposo todavía no lo sabe?”

Fue la pregunta de Bailey, sentado a un lado del sofá. Miller, que se había mostrado indiferente tras enterarse de la noticia, también mostró interés ante esa duda.

“Bay”.

“Sí, Jefe”.

“¿Qué es mejor? ¿Recibir regalos poco a poco o recibir un gran regalo de una sola vez?”

El regalo. Se refería al regalo que Florian estaba preparando para Sarang. La implicación en la pregunta de Florian, quien estaba movilizando todos sus contactos y recursos para prepararlo, era simple. En realidad, no era una pregunta que buscara respuesta; su decisión ya estaba tomada.

“Por ahora, finjan que no saben nada”.

En ese momento se impuso la ley del silencio para los tres que conocían la concepción de Florian. Él tenía dos motivos. Aunque la ciencia de las castas había avanzado, el parto en un Omega masculino seguía sin ser sencillo. Además, era su primer embarazo. La tasa de aborto espontáneo en el primer embarazo de un Omega masculino era de un 30% en promedio, y ni siquiera un Omega dominante estaba exento de ese riesgo.

Era evidente que Florian era un portador sano, pero el infortunio no elige a quién visitar. Además, el problema de las feromonas aún no se había resuelto por completo. Había demasiadas variables. Se lo diría a Sarang una vez que el embrión implantado se asentara de forma segura. Para que, en caso de que la mala suerte provocara una pérdida, Sarang no tuviera que sufrir. Era mejor que no supiera del embarazo hasta que estuviera estabilizado.

Además, quería darle la noticia en el momento en que Sarang fuera más feliz. Cuando el regalo que estaba preparando tomara forma y se confirmara, si se lo contaba en ese instante, Sarang le dedicaría la sonrisa más dichosa del mundo.

Florian se dio cuenta, una vez más, de que estaba ansioso por ese momento. Si Sarang sonreía, Florian era feliz. Para alguien que nunca se había esforzado tanto por hacer reír a otra persona, este sentimiento era totalmente nuevo. Y era un sentimiento que aceptaba con gusto.

“¿De cuántas semanas dijiste que estaba?”

“De seis o siete semanas”.

Miller, que observaba a Florian conversar con el doctor, volvió a mover los labios.

“¿No se te ocurrió que al menos a mí deberías habérmelo dicho?”

“¿Me está sugiriendo que ignore las órdenes del Jefe?”

“Bueno, sea como sea, lo tuyo es negligencia laboral”.

La mirada de Miller, ocultando su descontento, se dirigió hacia Florian. Específicamente hacia su abdomen. Tras observar la zona del ombligo, que seguía tan esbelta que nadie sospecharía un embarazo, apartó la vista.

Nunca imaginó que llegaría a escuchar la noticia de un embarazo de Florian. Tampoco esperó verlo tan feliz. Miller también estaba bastante impactado por la noticia de la concepción de alguien que siempre se había mostrado indiferente a continuar con su linaje.

‘¿De verdad va a tener un hijo de ese mocoso?’

Conocía bien su determinación implacable y su capacidad de ejecución casi agresiva en el trabajo. Basándose en esas características, Florian se había apoderado de la empresa militar privada y había tomado el control de mercenarios que no eran muy distintos de un grupo criminal. Pero no era solo rudo y agresivo; Florian también era un experto en la negociación y la persuasión. Estaba expuesto a peligros proporcionales a lo que poseía.

Su falta de interés por el matrimonio y los hijos no se debía a que fuera cínico o escéptico. Era simplemente porque era un cobarde. Como no tenía confianza en poder proteger algo valioso, ni en poder mantenerse íntegro tras perderlo, simplemente lo había borrado de su vida.

Pero ese hombre había cambiado, y seguía cambiando. Solo por ese mocoso.

“……”

“Pero, ¿realmente se alegrará?”

Fue una voz tan baja que apenas resultó audible.

“Kim, el esposo del Jefe, digo”.

Bailey, sintiendo la mirada de Miller, insistió.

“¿Cree que el esposo recibirá el regalo con alegría, tal como el Jefe espera?”

Bailey no era un novato que dejara traslucir su hostilidad. Simplemente, la intuición y el instinto de quienes protegían a Florian eran tan agudos que la desconfianza de Bailey hacia Sarang resultó evidente.

“No creo que eso deba decirlo el tipo que salió disparado a buscar a ese niño para salvar al Jefe en pleno celo”.

Ante ese comentario bastante mordaz, Bailey finalmente miró a Miller. Miller, con su aspecto típico de mercenario, tenía una expresión difícil de leer. Era un rasgo que compartía con Allen y con Florian. Y a Bailey no le gustaba ese rasgo común. Sabía por qué proceso había pasado Florian, el hijo legítimo de una casa ducal y joven amo de la familia Wellington, para acabar compartiendo características con esos mercenarios maleducados.

“Dicen que uno es uno antes de entrar al baño y otro después de salir. El Jefe se decepcionaría si lo supiera”.

“No me importa. Lo importante para mí no es ser el favorito del Jefe, sino su seguridad”.

Bailey era un hombre rígido y obstinado. Por lo tanto, como secretario o asesor, no era un mal elemento. Pero eran precisamente tipos así los que acababan causando problemas. Porque cualquier cosa en exceso se vuelve veneno.

Miller dirigió una mirada desaprobadora también hacia Florian. Él tampoco quedaba exento de su juicio. El Florian que se alegraba por el embarazo, el Florian que por primera vez disfrutaba del trabajo —no, de la vida— para darle un regalo perfecto al mocoso.

Aunque quizá no fuera consciente de ello, Florian finalmente tenía a alguien a quien proteger. Quedaba por ver si eso era una buena noticia o no.

[La Cenicienta del siglo XXI]

[El "Sweetheart" de América (Cantón)]

[El Rey Encantador]

Para el público, Kim Sarang era representado por dos imágenes distintas.

[El Príncipe del Césped]

[El Rey del Contraataque]

[El Director de Juego]

El joven esposo de Florian Dietrich Wellington, la Cenicienta oriental.

El príncipe del césped que estaba renaciendo de promesa a estrella absoluta del club.

Las valoraciones hacia Sarang se dividían estrictamente en dos: el aura de Florian y su carrera como futbolista. Algunos lo despreciaban diciendo que estaba sobrevalorado gracias a la sombra de Florian, mientras que otros se quejaban de que su verdadero talento quedaba eclipsado por la fama de su marido.

Sarang aceptaba la fama que había obtenido gracias a Florian, pero no creía que su talento fuera tan escaso como para quedar oculto tras ella. Por eso, no se dejaba afectar por los chismes sensacionalistas que brotaban varias veces al día; de hecho, desde hacía tiempo, ni siquiera los miraba.

Entre el club y la mansión, con una rutina limitada, la mente de Sarang estaba llena solo de fútbol y de Florian. Si no pensaba en el fútbol, recordaba a Florian; si no recordaba a Florian, pensaba en el fútbol. Para Sarang, ambos eran presencias inseparables de su vida. Y si a eso se le sumaba Colin, a quien llevaba enterrado eternamente en su corazón, Sarang sentía que su vida ya era un éxito por sí misma.

El motor que lo impulsaba a vivir, la persona que lo amó y la persona a la que él amaba. Sarang era feliz con su vida. Y sabía muy bien que esa felicidad no llegaba por azar ni se mantenía sin esfuerzo. Tampoco ignoraba que, en cualquier momento impredecible, uno podía volverse desdichado sin haber cometido ningún error.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Por eso, para Sarang, cada instante era fundamental. Cada minuto y segundo que pasaba pateando el balón en un partido, y cada momento en que compartía el calor y las feromonas con Florian, abrazándolo y uniendo sus labios, eran tesoros preciosos.

“……”

Sarang entró en silencio por la puerta principal y recorrió la sala con la mirada. Como esperaba, allí estaba Florian. Tras dejar su mochila, caminó hacia él y se detuvo frente al sofá. Florian, recostado en el largo sofá de ocho plazas, tenía los ojos cerrados. Sus pestañas doradas brillaban con especial intensidad bajo la luz del sol. Al dar un paso lateral, la sombra de Sarang se proyectó sobre el rostro de Florian, bloqueando el resplandor.

Solo entonces Florian relajó el entrecejo y su pecho comenzó a subir y bajar rítmicamente. Su rostro se veía pálido y fatigado. Aunque últimamente estaba más ocupado que nunca, Florian regresaba cada noche a la mansión sin falta, y ya sumaban cuatro semanas durmiendo al lado de Sarang. Al menos, era un alivio que estuviera gestionando sus asuntos solo en Cantón, sin tener que viajar constantemente en avión.

“Y aun así está tan ocupado”.

Sarang se sentía agradecido y conmovido por el hecho de que Florian volviera a su lado cada noche. Sabía que no se quedaba en Cantón solo por él, pero atesoraba el tiempo que podían pasar juntos. Aunque le gustaba ver el rostro de Florian y escuchar su voz en otros países o continentes, sinceramente prefería mil veces esto: poder compartir el calor corporal y las feromonas a su lado, aunque fuera por poco tiempo.

“Quiero vivir siempre contigo”.

Susurrando bajo, Sarang se dio la vuelta y corrió las cortinas de la sala. Ahora la sombra de la tela reemplazaba la suya para proteger el sueño de Florian. Tras cerrar también el otro extremo para bloquear toda la intensa luz de la tarde, regresó a donde estaba. Se quedó mirando a Florian en silencio y, aunque se sentó apoyando la cadera en la mesa frente al sofá, no apartó la vista de él.

“¿Por qué siento que está cada vez más delgado?”. Su mirada preocupada examinó la mandíbula que destacaba entre el cabello rubio. Al estar más flaco, se veía más afilado que antes.

“¿Estará tan ocupado que se salta las comidas?”.

Sarang sabía que Florian llevaba una vida tan estructurada y metódica como la de un deportista, así que no era probable que dejara de comer por el trabajo, pero era una duda natural para él. Si no fuera por eso, no habría razón para que Florian perdiera peso de forma tan evidente.

“¿Le duele algo?”

El susurro, casi inaudible, no llegó a rozar el oído del profundamente dormido Florian.

“Rian... No está enfermo, ¿verdad?”

Sarang quería acercarse para que Florian absorbiera sus feromonas directamente, pero temía despertarlo. Sin tocarlo, solo mirándolo, liberó lentamente sus feromonas. El aroma dulce flotó en el aire como una suave brisa primaveral hasta envolver a Florian. Sarang sabía que esto no era una gran ayuda, pero aun así dejó que sus feromonas fluyeran con cuidado, sin excederse. Le pareció que el semblante pálido mejoraba un poco.

“Ojalá mis feromonas fueran milagrosas. Aunque dudo que exista alguien con tal capacidad”.

Incluso sin buscarlas, las historias sobre ellos le llegaban por todas partes.

‘¡Duque! No, ¿tu marido es así de generoso? ¡No solo compró el club, sino que compró la ciudad entera!’

Eran historias infladas que circulaban desde la adquisición total del club hasta las noticias sobre el plan del nuevo estadio. La compra completa, el proyecto del estadio y todos los negocios vinculados... ¿Realmente todo eso era solo por él? Sarang no era tan egocéntrico ni carecía tanto de sentido de la realidad.

Florian era el esposo de Sarang, su protector y su compañero de celo, pero también era el heredero de un título nobiliario y un hombre de negocios excepcional. Un hombre como Florian no basaría un plan de negocios enteramente en motivos personales. Por supuesto, el hecho de que el objetivo del nuevo proyecto fuera el Rhinoceros FC tendría un pequeño porcentaje de influencia de Sarang, pero si no hubiera visto potencial de crecimiento, Florian no habría movido un dedo.

Cualquiera podía soñar, imaginar y planear el futuro. Pero Sarang solo planeaba el mañana sin dar nada por sentado. El mañana era un futuro donde podía lesionarse en cualquier entrenamiento, ser expulsado por mala suerte en un partido o quedar fuera de la temporada por un golpe.

Por eso, para Sarang, el presente era lo más valioso. Que Florian estuviera en Cantón y no en Cali o Nueva York, que se deslizara a su lado cada noche o madrugada para compartir el calor y las feromonas, y que si tenía suerte pudiera encontrárselo así de casualidad; todo eso era lo importante para él.

Sarang sonrió mientras observaba a Florian dormir plácidamente, sin fruncir el ceño ni suspirar. Al imaginar que Florian siempre volvería a su lado mientras estuviera en Cantón, aunque no fuera una convivencia formal, la risa brotaba sola. Esos breves instantes se acumulaban en el pecho de Sarang, permitiéndole sentir felicidad en lugar de ansiedad.

Sabía que algún día Florian podría tener un compromiso repentino y marcharse en avión o helicóptero, pero Sarang estaba satisfecho con los momentos actuales y los disfrutaba plenamente.

“En lugar de solo sonreír tan bonito, podrías venir a abrazarme o recostarte aquí”.

La voz elegante de Florian fluyó justo cuando Sarang pensó que podría haberse despertado. Abriendo primero un ojo como si guiñara, Florian parpadeó al descubrir a Sarang todavía sentado en la mesa. Sarang negó con la cabeza, anticipando que Florian le preguntaría por qué rechazaba su propuesta.

“El sofá es demasiado estrecho, Rian”.

Las pupilas de azul intenso capturaron la imagen de Sarang por un momento.

“Es verdad”.

Convencido, Florian asintió y se incorporó. Se estiró con ambos brazos en un gesto que incluso así resultaba gallardo, y masajeó sus hombros girando el cuello hacia ambos lados, visiblemente fatigado.

“Parece cansado”.

“No es cansancio exactamente”.

Sarang se levantó de la mesa y se sentó a su lado. Florian giró a medias y le ofreció la espalda. Como si hubiera estado esperando, la mano de Sarang descendió sobre el hombro de Florian. Sus grandes palmas comenzaron a masajear ambos hombros.

“Últimamente toma muchas siestas”.

Aunque Sarang pensaba que eso era precisamente síntoma de cansancio, no discutió y movió sus manos con destreza, tal como había aprendido. Sarang había asimilado lo básico de los masajes simplemente observando a los especialistas del club.

“Cambiaron el calendario de los partidos”.

“Sí, Rian”.

El partido originalmente programado para el día 19 se trasladó al 29 debido al calendario de otra copa, y luego se movió nuevamente al 26. El 29 era el día de la fiesta benéfica de la Princesa Erika. Sarang, que inicialmente iba a faltar debido al retraso del partido, afortunadamente podría asistir gracias al nuevo cambio.

“Dicen que la comida en las fiestas organizadas por la realeza es famosa por ser insípida”.

Para Sarang, que era estricto con su dieta tanto en temporada como fuera de ella, aquellas palabras eran un alivio. Si la comida fuera deliciosa, le habría resultado difícil resistir el apetito.

“Ese día tengo un compromiso ineludible, así que será difícil que entremos juntos, Sarang”.

“Está bien, me quedaré jugando con los demás”.

“Ah, cierto. Ese día también invitaron a bastantes futbolistas”.

La voz de Florian empezó a arrastrarse con languidez y su cuerpo comenzó a perder fuerza. El masaje de Sarang también se volvió más suave, apenas un roce.

“Si no está muy ocupado, debería ir a dormir cómodamente a la cama”.

“……”

“Rian”.

“……”

“¿Rian?”

Al notar que Florian dejaba caer su peso sobre él y se quedaba en silencio, Sarang bajó la mirada con extrañeza por debajo de su propia barbilla. Florian se estaba quedando dormido por momentos. Sorprendido, Sarang contuvo el aliento por un instante y volvió a observar a Florian. Enseguida escuchó su respiración rítmica; ya había caído en un sueño profundo.

Cuando estaba con Florian —o mejor dicho, con solo pensarlo—, el latido de su propio corazón le parecía excesivamente ruidoso. Tras confirmar que Florian dormía, Sarang se movió con cautela para cambiar de postura. Con total ligereza, cargó a Florian, que era más alto y esbelto que el promedio de los hombres adultos, y comenzó a caminar.

El dormitorio central, a la izquierda el de Sarang, y a la derecha el de Florian. Tras detenerse un momento ante la encrucijada de los tres caminos, Sarang avanzó. Se dirigió hacia el dormitorio de Florian.

 

 

 

“Buen día, Kim”.

“¡Buen día, Lev!”.

Sarang saludó con energía a pesar de la respuesta moribunda de su compañero al entrar al vestuario.

“¿Qué te pasa en la cara? ¿Te quedaste despierto toda la noche jugando videojuegos otra vez?”.

“¡Qué videojuegos ni qué nada!”.

Lev, que se ataba los cordones de sus zapatillas de entrenamiento, levantó la cabeza indignado.

“Sabes que ‘mi baby’ tiene 21 semanas de embarazo, ¿verdad?”.

“Sí. La semana que te enteraste organizaste una fiesta y regalaste bolsos a todos. Imposible olvidarlo”.

Sarang dejó su mochila y se sentó junto a Lev para cambiarse el calzado.

“¡Pero si tú faltaste esa vez!”.

“Te dije que no iba a ir a una fiesta de alcohol”.

Aun así, Sarang le había enviado un regalo y un mensaje por separado a la pareja de Lev. Lev, que llevaba dos años tras su traspaso al Rhinoceros, era sociable y amante de la diversión, pero su talento en el fútbol era indiscutible. Además, era el único en la plantilla que llamaba a Sarang “Kim” en lugar de “Kim”.

“¿Y por qué no usas el bolso?”.

“¿Por qué? ¿Le pasó algo a Molin?”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Los bolsos que Lev había repartido a todo el club eran de una marca de lujo. Tenían el tamaño perfecto para el kit de aseo, así que casi todos los jugadores los llevaban como si fueran parte del uniforme. Sarang agradecía el gesto, pero como no eran de su estilo, no lo usaba.

“¡Ah, Molin! ¡Mi baby! ¡Cielos! ¡No sabía que el embarazo fuera algo tan difícil!”.

“Qué bueno que te des cuenta ahora”.

Sarang logró desviar el tema y escuchó las quejas de Lev con una sonrisa.

“Al principio del embarazo, cabeceaba y se quedaba dormida en cualquier momento y lugar. ¡Pensé que algo andaba mal y corrí al hospital con ella a cuestas! Pero resulta que es normal. Le daba tanta pereza levantarse que pasó días viviendo en la cama, ¡y a veces se tambaleaba por la anemia! ¡Dios mío! Pero ¿sabes qué es más terrible que todo eso?”.

Excitado, Lev no esperó la respuesta de Sarang y gritó casi como un lamento:

“¡Las náuseas! ¡El malestar! Lleva dos semanas sin poder beber ni agua, está internada sobreviviendo solo con suero. Mi baby... Me da tanta pena verla así que yo... Esto es off the record, pero no puedo concentrarme ni en los entrenamientos ni en los partidos”.

Lev, que venía gritando a pleno pulmón, bajó la voz a un susurro al mencionar lo último. Que un atleta no pudiera concentrarse podía poner en duda su profesionalismo e incluso costarle su lugar en la convocatoria.

Ahora que lo pensaba, Sarang no había recibido notificaciones de actualización en el Outstar de Molin, quien solía ser muy activa en redes, desde hacía tiempo.

“Es preocupante que no pueda ni beber agua”.

“Llora cada vez que me ve y se me parte el corazón, te lo juro. Si fuera por mí, mandaría a la porra el entrenamiento y me quedaría a su lado”.

“Entonces Molin sería la primera en enojarse”.

“¡Exacto! ¡Mi baby es un ángel demasiado fuerte!”.

“No hagas que Molin se sienta mal por que te saquen del equipo. Concéntrate, amigo”.

“Es que, si pudiera estar con ella y compartirle mis feromonas, sería mucho menos difícil, pero ella insiste en que debo venir a trabajar”.

Sarang le puso una botella de agua en la mano a Lev, que ya tenía los ojos rojos, y bromeó un poco para animarlo.

“Sobre ese bolso...”.

“¿Eh?”.

“Agradezco mucho el regalo, pero no puedo estar de acuerdo con tu sentido de la estética”.

Los ojos de Lev, que estaba lamentándose como si el mundo se acabara, se abrieron de par en par.

“¡Tú! ¡Por eso...!”.

“Lo lamento, amigo. Pero lo tengo bien guardado en mi vestidor”.

Sarang, que terminó de prepararse antes que Lev, salió del vestuario con una sonrisa. El pasillo rebosaba vitalidad con empleados y jugadores. Mientras devolvía los saludos de quienes se cruzaba de camino al campo de entrenamiento cubierto, Sarang se sumergió en sus propios pensamientos.

“Al principio del embarazo, cabeceaba y se quedaba dormida en cualquier momento y lugar... pero resulta que es normal”.

De pronto, recordó a Florian cabeceando en el sofá hasta quedarse profundamente dormido. Recordó su semblante pálido y su mandíbula afilada por la pérdida de peso, pero sacudió la cabeza con fuerza. No podía ser. Sarang nunca descuidaba los anticonceptivos.

Tanto en el celo de Florian como en el suyo, se aseguraba de que tomara la dosis recomendada de pastillas. Hubo veces en las que tuvieron sexo sin protección, pero fue cuando ninguno de los dos estaba en periodo de celo. Al profundizar en el pensamiento, Sarang soltó una risita ante lo absurdo de su propia sospecha y aceleró el paso hacia el campo de entrenamiento.

 

“Allen, parece modelo de revista”.

“En mis tiempos solía hacer llorar a unos cuantos Omegas”.

Allen, que por azares del destino terminó establecido como el guardaespaldas de 24 horas de Sarang, también se vistió para la ocasión. El traje negro con matices grisáceos lograba suavizar un poco su ruda apariencia de mercenario.

‘Definitivamente, Lisa’.

Sarang, elogiando internamente el gusto de Lisa, se puso una chaqueta con una sutil mezcla de azul marino y blanco.

“Si fueras un Omega, ya te habría devorado”.

“¿Soy el tipo de Allen?”.

“Si no fueras un Alfa dominante y doce años menor que yo”.

“Jaja, qué pena que sea hijo único”.

“Aunque no lo fueras, uno no se junta con mercenarios”.

Allen, que despreciaba a los de su propia clase sin filtros, mantenía su habitual rostro de indiferencia.

“Mi esposo es el dueño de una compañía de mercenarios”.

“Ah, cierto. Kim Sarang, no es que te hayas casado precisamente bien”.

Sarang se rio a carcajadas ante la respuesta, sin saber si era broma o verdad, y siguió a Allen hacia la salida.

 

El lugar de la fiesta no era un castillo antiguo, ni una mansión ostentosa, ni un jardín clásico. Era un espacio de techos altos y amplios que ofrecía una estructura privada pero abierta a la vez. Los invitados iban entrando al lounge bar del hotel propiedad de Erika, con música animada de fondo. La lista era deslumbrante: políticos, empresarios, estrellas y celebridades.

“La realeza todavía tiene pulso”.

Allen, que ya había pescado una copa de champán, humedeció sus labios mientras escaneaba a las personas que conocía de vista. Sarang ya sabía que aquello no era solo curiosidad, sino la forma en que Allen trabajaba.

“Las donaciones van a sobrar”.

Donaciones.

Sarang no ignoraba el propósito de aquella reunión. Era un evento para potenciales inversores en la construcción del nuevo estadio. No era una certeza, sino una deducción propia.

“El jefe debe haber caminado bastante para armar esto”.

Allen, tras identificar a los presentes, dejó la copa que ya había vaciado.

“¿Qué se siente que tu marido, no conforme con comprar el club, te regale un estadio nuevo?”.

“¿Usted también con eso, Allen?”.

“Bueno, ya empieza a sonar trillado, ¿no?”.

Hacía un par de meses que se sabía que Florian, el nuevo dueño del Rhinoceros FC, planeaba construir un nuevo estadio. Ya debería haber pasado la novedad, pero las redes sociales, los foros de fans y la prensa del corazón seguían tratando el tema con frecuencia.

“Creo que la gente no conoce realmente a Rian”.

“¿Qué, vas a presumir que tú sí porque es tu marido?”.

“Ojalá pudiera... pero yo tampoco lo conozco del todo”.

Ante la mirada de Allen, que parecía preguntar si acaso existía alguien capaz de comprender a ese hombre de mente compleja, Sarang sonrió entrecerrando los ojos.

“Pero sé esto: Rian jamás mezcla lo profesional con lo personal”.

Allen soltó una carcajada interna mientras miraba los ojos brillantes y llenos de convicción de Sarang.

‘Jamás, claro que sí’.

Conocía bien a Florian y sabía que, cuando se le metía algo entre ceja y ceja, podía volverse más emocional que nadie, pero Allen no dijo nada. Florian tendría sus razones para fingir modestia frente a este mocoso.

 

“Es doloroso ver cómo el esfuerzo de diez años se desvanece en un instante”.

“Supongo que no has venido a hurgar en la herida. ¿Qué propone nuestro joven Duque?”.

“¿Acaso la persuasión no ha terminado ya, señor Alcalde?”.

Florian, de pie junto a la ventana al lado del alcalde, bajó sus largas pestañas. El norte de Cantón se dividía exactamente desde el ayuntamiento en una zona rica y una zona pobre. Florian habló mientras observaba los barrios bajos y los suburbios que se extendían tras el cristal.

“La campaña electoral comenzará pronto, ¿no es así?”.

“Has dejado a los residentes locales hipnotizados”.

“Hay que aprovechar las ventajas al máximo”.

El alcalde miró de reojo al apuesto hombre de cabello rubio y ojos azules que respondía con parsimonia, y de pronto mostró un aire juguetón.

“Típico de la casa Dietrich. Primero expresas tu amor con un fastuoso palacio de verano, ¿y ahora vas a regalarle una ciudad entera?”.

“Bueno”.

Florian, sin siquiera mirar al barrigón alcalde, no lo negó.

“Digamos que es así”.

Solo entonces se giró hacia el alcalde y le dedicó una sonrisa tan deslumbrante que lo dejó sin palabras.

 

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Había pasado más de una hora desde su llegada. Tal como Florian había mencionado, muchos futbolistas también estaban invitados, por lo que Sarang se encontró con varias caras conocidas. Al jugar en la misma liga, aprovechó para charlar brevemente con colegas de otros equipos, lo que hizo que el tiempo volara por momentos. Por otro lado, también sentía que aquella era la hora más larga y lenta de su vida.

Sarang, que había estado recibiendo la atención y la curiosidad de los presentes mientras sorbía agua en lugar de champán, se escabulló discretamente hacia una terraza apartada. Los flashes estallando por doquier y la multitud que se abalanzaba constantemente sobre él lo estaban agotando. Aunque Sarang no era de los que se sentían abrumados por conocer gente, se sentía más fatigado que después de correr cien minutos en el campo.

“Hay muchísima gente”.

Tratándose de una fiesta organizada por la realeza, específicamente por la princesa Erika —quien era el símbolo de la beneficencia—, el bar de la planta superior, de unos trescientos metros cuadrados, estaba alfombrado de celebridades como si fueran joyas. De hecho, los invitados, vestidos con estricta etiqueta, resplandecían bajo la suave iluminación, y no solo por su presencia, sino por las costosas alhajas que rodeaban sus cuerpos.

En la muñeca de Sarang también descansaba algo similar: un reloj que le había regalado Florian. No se lo había entregado personalmente, sino que había llegado a su muñeca a través de las manos de Lisa. En la mansión donde convivían actualmente, había dos vestidores, y uno de ellos pertenecía enteramente a Sarang. Florian se había encargado de llenar aquel enorme espacio.

Normalmente, Sarang usaba la ropa del club o los artículos proporcionados por sus patrocinadores, pero para eventos públicos como este, elegía un traje del vestidor que Florian le había provisto, se ponía la corbata, los gemelos y, al final, se ajustaba el reloj.

En todo ese proceso, la ayuda de Lisa era fundamental. Mejor dicho, arreglar y acicalar a Sarang era tarea exclusiva de ella. Al ver el nivel de satisfacción de Lisa cuando observaba el resultado final de pies a cabeza, parecía que disfrutaba mucho de su trabajo.

Sin embargo, para Sarang, esos costosos artículos que ella sacaba con tanto cuidado no se sentían como regalos de Florian, sino más bien como un apoyo logístico. O mejor dicho, encajaban más bajo el concepto de "gastos de representación". El esposo de Florian no podía permitirse lucir desarreglado o descuidado en ningún lugar; excepto, claro, en el campo de juego.

Sarang recorrió con la mirada el bar donde sonaba música pop de diversos géneros y humedeció sus labios secos. Cada vez distinguía más rostros familiares: presentadores famosos, cantantes que habían dominado el año, actores, y miembros de la Cámara de los Lores y los Comunes. Personas seleccionadas no por su linaje, sino por su riqueza y posición social. Capitalistas capaces de donar millones sin pestañear y legisladores que podían aprobar cualquier proyecto de ley.

La noticia de la reurbanización del norte de Cantón, centrada en el estadio del Rhinoceros, era el tema de conversación en todas partes. Aunque Sarang no creía en los rumores de que Florian lo hacía solo por él, al ver el calibre de los asistentes a la gala benéfica, finalmente empezó a asimilar la magnitud del negocio que su esposo estaba impulsando.

“Una hora y diez minutos”.

A pesar de haber organizado semejante evento, el protagonista aún no aparecía. La anfitriona oficial era la princesa Erika, pero su papel consistía en crear el lugar y el pretexto adecuados, tarea que estaba cumpliendo a la perfección.

En ese momento, Sarang divisó a Erika rodeada de gente, conversando animadamente. Ella, cuya edad era difícil de calcular, no se parecía en nada a Florian excepto por el hecho de tener sangre real. Florian probablemente se parecía más a su familia materna; era algo que Sarang pensaba cada vez que veía fotos en revistas o noticias. Con su cabello rubio y sus ojos de un azul intenso, Florian era el vivo retrato de la mirada misteriosa de Grace Wellington.

Al pasar el tiempo sin Florian, el cansancio fue reemplazado por el aburrimiento. Pensaba que en ese tiempo podría haber visto algún partido de fútbol. El fervor de la liga, que ya se acercaba a su etapa media, era inversamente proporcional a la temperatura exterior. Los fans estaban extasiados, lo que también significaba que sus ánimos y críticas se volvían más extremos.

Los aficionados podían permitirse oscilar entre la alegría y la tristeza según el resultado. Un jugador podía ser el héroe un día y el descarte al siguiente. Vivir entre el cielo y el infierno dos o tres veces por semana era difícil incluso para los atletas con la mentalidad más fuerte. Por eso era tan necesaria una pareja Omega que brindara estabilidad emocional solo con compartir sus feromonas.

‘Últimamente toma muchas siestas’.

De pronto recordó la conversación de hacía unos días, junto con la imagen del rostro de Florian, más delgado y fatigado. Esperaba que no estuviera enfermo.

‘Ese día tengo un compromiso ineludible, así que será difícil que entremos juntos, Sarang’.

La voz de Florian en su memoria desplazó la preocupación, pero trajo una duda. ¿No sería esta fiesta el compromiso ineludible? ¿O acaso habría algo más importante que esto...?

“……”

Seguramente lo habría, pero Sarang no lograba imaginar qué. En momentos como este, se daba cuenta de lo poco que sabía sobre Florian. Y no es que tuvieran una relación donde eso fuera motivo de incomodidad o resentimiento.

Sarang dejó su copa vacía y se giró hacia el exterior. El viento frío de finales de septiembre lo azotó al salir a la terraza. Al estar en un piso alto, el silbido del viento se sentía más agresivo. Mientras contemplaba la espectacular vista nocturna más allá de la barandilla, miró hacia un lado. Un hombre extraño lo observaba con una sonrisa burlona mientras agitaba su copa de champán.

Sarang revisó instintivamente los alrededores antes de volver a mirar al hombre. Parecía que el desconocido lo buscaba a él. Le habían advertido que tuviera cuidado con los extraños: Florian, Allen, Miller, Lisa... todos se lo habían dicho. Aunque recordaba los consejos, Sarang no huyó ni retrocedió. Sabía que Allen debía estar vigilando desde algún lugar y, además, el hombre no parecía una amenaza real. Al contrario, se veía algo descuidado.

“¿Kim Sarang?”

“Sí”.

Sarang respondió a la pregunta seca solo con un gesto de cabeza. El hombre lo observó con curiosidad antes de presentarse tardíamente.

“Vaya, soy Harrison Summers. Soy el tercer hijo, así que no tengo título”.

Harrison saludó con gestos exagerados y Sarang, esta vez, le devolvió el saludo con la cortesía adecuada.

“Como no encontraba a Dietrich, me puse a buscar y terminé llegando hasta Kim”.

Harrison se acercó a Sarang acortando la distancia y bebió el champán como si fuera agua. Se notaba un ligero rastro de embriaguez en sus ojos y en sus mejillas. Aunque le resultaba algo desagradable, Sarang supuso que era amigo de Florian y le permitió quedarse a su lado.

“……”

Pero la paciencia no duró mucho. Sarang, incapaz de tolerar la mirada pegajosa que el hombre mantenía sobre su mejilla, se giró hacia él. Ante su mirada inquisitiva, Harrison levantó ambas manos en señal de que no tenía malas intenciones y sonrió con malicia.

“Es que tenía curiosidad”.

Sarang no se apresuró a hablar. Aquel hombre podía ser amigo de Florian o no. En una situación tan incierta, lo mejor para no perjudicar a su esposo era no responder, fuera quien fuera. Era la misma táctica que usaba con la prensa.

Harrison, que esperaba el típico “¿curiosidad por qué?” o “¿de quién?”, chasqueó la lengua internamente al ver que Sarang no cedía. ‘Ese infeliz de Florian no se equivocó con este’. Sarang parecía alguien ingenuo a quien sería fácil manipular y desechar fuera del campo, pero dentro de él era como una fiera salvaje; Harrison sintió que esa impresión no era infundada.

“Tenía curiosidad por saber qué tipo de Alfa habría cautivado a un salvaje como Dietrich, Kim”.

A diferencia de otras personas, el “Kim” de este hombre cargaba una intención clara. Sarang pensó que alguien tan maleducado y vulgar no podía ser amigo de Florian.

“Rian llegará pronto, así que con su permiso”.

Sarang eligió retirarse en lugar de seguir conversando, pero se detuvo en seco.

“¿Rian? Cielos, ¿entonces el gran Florian Dietrich le dio un apodo diferente a su Alfa?”.

Sarang se giró hacia Harrison sin pensarlo y supo que había cometido un error, aunque no lo demostró. Afortunadamente, Harrison no pareció leer sus pensamientos. Solo rió sin maldad aparente y retrocedió un paso como para indicar que no planeaba nada malo.

“Ah, fuimos compañeros desde la universidad”.

Sarang lo observó fijamente y dio un paso adelante como si relajara la guardia. Harrison sonrió ampliamente y se apoyó en la barandilla con expresión burlona. Parecía divertirse solo, aunque Sarang sabía por experiencia que no era una diversión amistosa.

Era de esa clase de personas que tienen la discriminación grabada en el cuerpo y la mente, y que ni siquiera son conscientes de lo que hacen. Lamentablemente, abundaban, y Sarang se había cruzado con ellos muchas veces. Había dejado de reaccionar sensiblemente ante ellos desde que era niño. Ellos provocaban solo por aburrimiento, sin un motivo real, así que no valía la pena responder.

‘¿Le dio un apodo diferente a su Alfa?’

Esa duda fue la que retuvo a Sarang.

“¿Su nombre era...?”

Sarang preguntó con una sonrisa, luciendo aún más apuesto gracias al esmero de Lisa.

‘Vaya cara...’

Harrison se quedó momentáneamente embobado por la sonrisa de Sarang antes de recobrar la compostura. Carraspeó un par de veces intentando actuar con naturalidad, pero el perspicaz Sarang no lo pasó por alto. Después de todo, llevaba seis años en el fútbol profesional. La experiencia de tratar con todo tipo de personas y superar dificultades desde joven para ingresar a esa liga tan competitiva le servía de mucho.

Especialmente en su trato con la gente. No era del todo blando ni del todo rígido; tenía convicciones y valores claros. Ese carácter lo hacía resistente tanto a la malicia como a la excesiva amabilidad de otros. Estaba muy acostumbrado a quienes usaban una sonrisa amable y modales educados como escudo para ser groseros. Tipos como Harrison eran de los que metían la cola entre las patas si uno los enfrentaba con firmeza.

“Harrison Summers”.

Harrison respondió con un tono de evidente desagrado, dándose cuenta tarde de que se había quedado hipnotizado por la sonrisa de otro Alfa.

“Dijo que era el tercer hijo de la casa del Conde Summers, ¿verdad?”.

Sarang respondió como si acabara de recordarlo y le tendió la mano para saludarlo.

“Soy Kim Sarang”.

Al estar de pie con una postura impecable, Harrison se vio obligado a mirar hacia arriba. A pesar de sentirse extrañamente intimidado, forzó una sonrisa.

“Lo sé. La Cenicienta de Oriente”.

“Parece que tiene una amistad muy profunda con Rian”.

Sarang ignoró el sarcasmo y cambió de tema con naturalidad. Harrison, sin darse cuenta del manejo de la conversación, levantó la barbilla con arrogancia.

“¿Quizás?”.

Si Florian hubiera estado allí, lo habría insultado al instante, pero Harrison seguía actuando con descaro.

“Lo suficiente como para saber cuántos Alfas han pasado por la vida de Dietrich”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Sarang lo miró fijamente y sonrió con dulzura.

“No lo creo”.

Harrison, que buscaba provocarlo abiertamente, se sintió decepcionado por la respuesta tan insípida de Sarang. Esperaba que le exigiera saber cuántos y quiénes eran, o que se indignara como cualquier Alfa posesivo preguntando por qué le interesaban tanto los asuntos del celo de un Omega ajeno. Pero el joven era innecesariamente calmado.

Harrison no ocultó su descontento. Como ignoraba que la inteligencia futbolística es un talento tan importante como la capacidad física, y que Sarang la poseía, se dejó llevar por el prejuicio de que todos los deportistas son huecos y lo subestimó.

‘Unicunlar’.

Sarang, que ya percibía a Harrison no como a un ser humano sino como a una simple célula, se dispuso a retirarse cordialmente.

“¿De verdad tienes la intención de ensuciar el linaje de los Dietrich?”

Los ojos negros de Sarang se clavaron en Harrison.

“Ah, si es por eso, yo estoy a favor, ¡así que no te enfades tanto!”.

Harrison retrocedió un par de pasos fingiendo ser un pacifista mientras se reía entre dientes. Sarang lo observó y se giró por completo hacia él. Satisfecho por haber obtenido finalmente la atención y reacción de Sarang, Harrison sonrió triunfante.

“Betas, razas... Hoy en día se consideran reliquias del pasado, pero los viejos no piensan igual. Un extranjero de cabello negro y un Alfa a medias de padres Beta. Realmente están muy preocupados”.

Harrison lo pinchaba buscando una reacción mientras observaba de reojo la expresión de Sarang.

“¿En qué piensas?”

Sarang, que se había mantenido en silencio sin importar las burlas de Harrison, respondió con sinceridad esta vez:

“Estaba pensando en qué posición del protocolo ocupa Rian”.

De pronto, el rostro de Harrison se tensó.

“¿Usted lo sabe, señor Summers?”

“¿Qué? ¿Señor Summers?”

“No estoy muy seguro, pero por muy bajo que sea su rango, estoy convencido de que es superior al suyo, señor Summers”.

Harrison apretó los puños y su rostro pasó del rojo al morado de la furia.

“Si asisto a un evento de Estado, estaré a su lado como su esposo. Seguramente no estaré en el mismo espacio que usted, señor Summers, quien ni siquiera entra en el orden del protocolo. Es probable que en el futuro apenas nos crucemos una o dos veces en eventos como este, así que me preguntaba si realmente vale la pena reaccionar a cada una de sus palabras”.

Sarang sonrió con bondad, marcando un profundo hoyuelo en su mejilla.

“Estaba reflexionando sobre eso, señor Summers”.

“¡¿Qué?! ¡Maldito Alfa a medias y atrevido!”

Sarang ocultó el hoyuelo que tanto le gustaba a Florian y dio un paso atrás. Fue un movimiento sutil, pero suficiente para esquivar el puñetazo de Harrison. Sin embargo, el puño de Harrison no golpeó el aire, sino que rozó levemente el labio de Sarang.

“¡Ah!”.

Harrison, que perdió el equilibrio por lanzar un golpe tan torpe, se tambaleó de forma ridícula antes de recuperar el centro. A diferencia de él, Sarang se veía totalmente relajado. A pesar de tener una gota de sangre en el labio, no parecía para nada la víctima de una pelea. Con actitud pausada, miró deliberadamente por encima del hombro de Harrison antes de volver a clavarle la mirada.

“La princesa Erika tiene muchos amigos en la industria de los medios”.

Su voz seguía siendo calmada y educada.

“He visto que hay cientos de cámaras. ¿Lo intentamos?”

“¿Qué?”.

“Si solo corro la cortina, podré darles una pequeña noticia. ‘El tercer hijo del Conde Summers, sin título, golpeó al esposo del futuro Duque’. A mí no me importa. Al fin y al cabo, el agresor es usted, señor Summers”.

“¡Grrr!”.

Harrison, al darse cuenta de que Sarang se había dejado golpear a propósito, quiso abalanzarse sobre él, pero terminó tropezando solo y su rostro se llenó de ansiedad. Sarang ya estaba frente a la cortina, sujetando levemente el costoso terciopelo. Si la abría, estarían de inmediato en el salón interior.

Tal como Sarang aseguraba, protagonizaría un espectáculo bochornoso frente a los periodistas hambrientos. Harrison, temblando de rabia al imaginar el regaño del Conde Summers, finalmente relajó los puños. Sarang no tenía intención de seguir escuchando las sandeces de un Harrison que aún no se rendía y tenía el rostro desencajado, así que abrió la cortina de par en par.

“Ah”.

Los ojos de Sarang se abrieron de par en par por la sorpresa. Florian estaba justo allí. Ahora que se fijaba, el ambiente del bar había cambiado; seguramente era el efecto de la llegada de Florian. Como había estado detrás de la cortina, Sarang no notó el revuelo ni la presencia de su esposo. Apretó los labios y desvió la mirada ligeramente, pareciendo un Border Collie que acaba de hacer una travesura sin que su dueño lo vea.

¡Flash! ¡Flash!

En el momento en que se encontraron frente a frente, los flashes estallaron desde todas las direcciones. Florian miró a Sarang, que evitaba su mirada nada más verlo, y extendió la mano. Sujetó la mano de Sarang, que estaba agradablemente fresca, y empezó a caminar. Florian ajustó su paso al de Sarang, que lo seguía sin resistencia, mientras innumerables miradas y flashes los perseguían por detrás.

Florian salió del bar sin soltar a Sarang, caminando con determinación. Como era un hotel que visitaba con frecuencia, no tardó en encontrar una sala de descanso. Sarang también lo notó por la seguridad con la que Florian se movía por la estructura interna.

‘Rian solo pasa sus celos en la mansión, pero parece que ha tenido muchas reuniones o eventos aquí’.

Sarang resolvió su duda al mismo tiempo que obedecía al gesto de Florian, que lo hizo entrar primero a la sala. ‘Click’. Escuchó el sonido de la puerta cerrándose a sus espaldas. Sin que hubiera pasado nada todavía, el solo hecho de estar a solas con Florian hacía que su corazón latiera con fuerza, así que lo presionó suavemente con la palma de la mano.

Sintió la presencia de Florian, quien soltó su mano, cerca por un momento antes de alejarse gradualmente. Sarang pudo imaginar a Florian sentándose en el sofá, pero evitó mirarlo a los ojos deliberadamente. Se limitó a observar el suelo alfombrado mientras chocaba suavemente la punta de sus zapatos. Sintió la mirada de Florian sobre él. Sarang, que permanecía de pie con las manos entrelazadas a la espalda fingiendo ignorancia, abrió sus labios apretados.

“... ¿Desde dónde me escuchó?”

“Mmm. Desde: ‘¿De verdad tienes la intención de ensuciar el linaje de los Dietrich?’”.

Sarang levantó la cabeza sorprendido y solo entonces miró fijamente a Florian.

Tenía que ser justo eso.

Florian no pasó por alto la expresión de desconsuelo que cruzó el rostro de Sarang. En realidad, había estado escuchando desde que Harrison —ese tipo con cara de patata machacada— empezó con lo de la "Cenicienta de Oriente", pero no se lo dijo. No sentía culpa por ello. En un mundo donde Sarang tenía que escuchar cosas que nadie debería oír, no solo de boca de Harrison sino de los medios y de su entorno como si fuera el aire que respira, Florian no tenía intención de hacérselas oír de nuevo por su propia boca.

“Rian”.

“Dime, Sarang”.

Sarang, que había bajado las pestañas vacilante, finalmente alzó la vista para encontrarse con la de Florian.

“No se preocupe demasiado”.

“……”

Era una frase repentina, pero Florian pudo intuir por dónde venía.

“No tengo intención de tener hijos con usted, Rian”.

La intuición de Florian no falló.

“Para mí, con estar a su lado es suficiente”.

Lo absurdo era que aquellas palabras, que sonaban a pura lisonja, eran la más absoluta verdad para Sarang.

“Así que...”.

“Los Wellington estamos bien, Sarang”.

Sarang parpadeó ante aquellas palabras de significado incierto.

“Pero la casa ducal es diferente”.

“……”

“Como único hijo legítimo, tengo la obligación de continuar el linaje”.

La actitud de Florian era suave, cómoda y educada.

“Que mi esposo diga que no tendrá descendencia es lo mismo que pedirme que abandone mis obligaciones”.

Y eso que originalmente no tenía intención de seguir con el linaje ducal. Antes de conocer a Sarang, vivía como si su capacidad reproductiva no existiera.

“Sarang, ¿quieres que abandone mis obligaciones?”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Florian acorraló a Sarang con su habitual consistencia. Lo hacía actuando como la persona más íntima y única para él.

“……”

Sarang estaba acostumbrado a ver a Florian así: imperturbable incluso tras escuchar algo desagradable. Sabía que esa actitud amable y correcta rodeaba su interior como una muralla sólida. Sabía muy bien que era un hombre capaz de sonreír con rostro sereno mientras dictaminaba con firmeza lo que estaba bien y lo que estaba mal.

Eso significaba que podía ser cruel o severo con cualquiera. Y ese ‘cualquiera’ no admitía excepciones. Por eso, Sarang no elegía sus respuestas como si escogiera una opción en un examen. Simplemente se esforzaba por ser siempre honesto y no ocultar nada.

“No. Yo quiero que usted cumpla con su deber. Lo que menos deseo es convertirme en una mancha para usted. Lo que quiero decir es que usted...”.

Florian, que preveía lo que vendría después, no frunció el ceño ni alteró su expresión.

“Usted puede tener hijos con otra persona”.

“... ¿Me está sugiriendo que tenga un hijo ilegítimo?”.

“Rian, ¿usted quiere tener un hijo conmigo?”.

Ante el juicio apresurado de Sarang, las pupilas azules se oscurecieron un poco más.

“Yo... no quiero eso”.

“... ¿Y por qué no quieres?”.

Florian mantenía su expresión tan invariable como su tono de voz monocorde. Sin embargo, Sarang pudo percibir un cambio minúsculo en ambos. Aun así, Sarang no evitó la mirada de un Florian claramente molesto ni retrocedió. Pensaba que tener un hijo con él no sería algo bueno para Florian. Sin entender por qué se enfadaba, confesó lo que sentía.

“Si nuestro hijo naciera Beta, no tengo confianza para asumir las consecuencias”.

“¿Así que te estás acobardando y echándote atrás de antemano? ¿Porque no confías en mí?”.

‘Ah, se ha enfadado porque cree que no confío en él’.

Al comprender el motivo, Sarang asintió internamente. Él también se enfadaría en su lugar. Si después de volcar todo su afecto, delicadeza y apoyo material como Florian hacía, no lograra obtener la confianza de la otra persona, se sentiría muy decepcionado y furioso. Por eso, Sarang no quería dejar lugar a malentendidos.

“Es cierto que tengo miedo, pero confío en usted, Rian”.

“Ese juego de palabras no es la respuesta a mi pregunta, Sarang”.

“Le quiero, Rian. Y le agradezco que me quiera. Pero no quiero tener hijos”.

“Dime, entonces, por qué”.

Florian hizo una breve pausa y soltó el pensamiento que le vino de inmediato a la cabeza.

“¿Acaso el sentimiento de quererme no es suficiente?”.

“……”

No hay mejor afirmación que el silencio. Los ojos que miraban a Florian, aunque eran suaves, no vacilaron ni se perdieron en el vacío. Era la prueba de que era una decisión tomada hacía mucho tiempo. Justo ese punto irritó el ánimo de Florian. De repente, sintió un extraño vuelco en el pecho. Florian cerró la garganta con esfuerzo para reprimir las náuseas que subían. Debido a eso, terminó esperando involuntariamente a que Sarang hablara. Sarang, tras elegir sus palabras, abrió sus labios rojos.

“No quiero que un hijo que nazca Beta tenga que cargar con las consecuencias”.

“……”

Era algo que no había considerado. Florian, tomado por sorpresa, no pudo ocultar su expresión por un instante. Sarang, que estaba totalmente concentrado en él, no se perdió ese momento y sonrió con dulzura.

“No es fácil ser un Alfa cuyos padres son Betas. No quiero heredarle ese tipo de vida a mi hijo”.

Hizo un hoyuelo como pidiendo comprensión.

“Usted ya se esfuerza mucho por protegerme ahora; si naciera un niño, sería aún más difícil. Ni siquiera usted podría protegerlo perfectamente del mundo. Yo...”.

Sarang se tragó rápidamente la palabra "amor" que estuvo a punto de escapársele y continuó.

“No quiero que la persona que me gusta sufra constantemente por mi culpa”.

“¿Entonces me estás diciendo que me busque a otro Alfa, que pase mis celos con él y que me preñe hasta que la barriga me estalle con la semilla de otro? ¿Quieres que cometa adulterio a tus espaldas?”.

Sarang, que había apretado los puños sin darse cuenta, relajó lentamente sus manos tensas.

“Cuando nos divorciemos”.

“……”

“Dijo que le gusto. Así que, solo hasta que cumpla 25 años. Solo hasta que nos separemos. No tengamos hijos”.

Florian, sintiendo un mareo repentino como si le hubieran dado un golpe en la cabeza, frunció el ceño y hundió su cuerpo —que sentía extrañamente pesado— en lo profundo del sofá.

“Solo por los próximos cuatro años. Espéreme solo cuatro años más, Rian”.

Florian, incapaz de soportar el punzante dolor de cabeza, se llevó la mano a la frente. No tenía idea de por dónde empezar a organizar, explicar y desenredar todo esto. Sarang lo observaba con mirada preocupada, pero no se acercó. Como un perro fiel esperando el permiso de su dueño.

Al verlo así, Florian sintió que la ira que le había enfriado la cabeza desaparecía de golpe. No pudo evitar soltar una risa seca.

Cierto, se había confiado demasiado. Estaba demasiado seguro de sí mismo.

“……”

Ni siquiera había pensado que Sarang lo rechazaría. Estaba convencido de que se alegraría incondicionalmente al saber que llevaba a su hijo. Todo era arrogancia e ilusión de Florian. En el lugar que dejó la ira, llegaron como una ola la comprensión de la realidad y, acto seguido, una profunda ansiedad y vergüenza. Le avergonzaba haber dado por sentada la alegría de Sarang.

Por mucho que se presionara las sienes, el dolor de cabeza no remitía. Al contrario, sentía náuseas. El pecho le daba vuelcos y la garganta le picaba como si fuera a tener arcadas. Por otro lado, el cuerpo se le hundía con pesadez y sentía que el sueño lo vencía. Florian abrió los ojos, que había mantenido apretados, y logró recuperar el aliento a duras penas.

“¿Y si no tengo intención de divorciarme?”.

La expresión de Sarang, que se mantenía de pie reprimiendo el impulso de correr hacia Florian, era digna de ver. Si por él fuera, ya habría volado a socorrerlo. Querría pegar su piel a la suya, mezclar sus alientos y volcar sus feromonas sobre él. Sarang estaba conteniendo ese deseo. Porque no sabía si le estaba permitido. Porque sabía que sin permiso no podía hacer nada.

“Kim Sarang”.

Sarang se estremeció ante el llamado en voz baja. Florian, apoyando su cuerpo agotado, miró hacia arriba a un Sarang que estaba a punto de romper a llorar. En su rostro, que ni remotamente sospechaba que él era la causa del repentino malestar de Florian, solo había una preocupación desbordante por él. Sin saber siquiera lo que él mismo había provocado.

Ja.

Florian, riendo internamente por lo irónico de la situación, parpadeó con sus pestañas doradas. En ese momento sintió que el tiempo corría más despacio, lo que le permitió recuperar el aliento por un instante. Sarang se sintió profundamente aliviado al verlo más estable. ‘Incluso así es hermoso’, pensó Sarang antes de que Florian hablara.

“Si no me divorcio de ti y tengo intención de tener a tu hijo”.

Vio cómo las pupilas negras de Sarang temblaban.

“¿Aun así no quieres?”.

“Pero eso es solo un ‘si acaso’”.

“……”

“No quiero confiar mi futuro a suposiciones inciertas como ‘si acaso’, ‘si se hiciera’ o ‘si se pudiera’”.

Sarang, que antes no podía ocultar lo mucho que le emocionaba solo cruzar la mirada, ahora exponía su opinión con claridad, sin nervios ni temblores.

“Para eso... usted me gusta demasiado, Rian”.

Esta vez también se tragó el "te amo" y sonrió frente a esos ojos azules profundos como el abismo. Como si supiera que Florian seguiría sin amarlo en el futuro. Como si eso estuviera bien. Frente a él, Florian no pudo abrir la boca fácilmente. Porque él tampoco se había detenido a mirar dentro de su propio corazón.

Kim Sarang, que había crecido recto, encantador y sin dobleces a pesar de un entorno desdichado, era como una flor nacida en el fango. A Florian le gustaba y lo quería como ser humano. En lo erótico... sí, también le gustaba en lo erótico. Pero si le preguntaran si realmente lo amaba, no podría decir que sí de inmediato.

Sarang le estaba preguntando a Florian: ¿De verdad me amas? ¿Me amas con un corazón puro y no por responsabilidad, deber o necesidad? ¿Me amas lo suficiente como para dar a luz al hijo de Sarang y aceptar una vida junto a ellos para siempre?

De pronto, el corazón de Sarang pesó sobre el pecho de Florian como si fuera una roca real. Vivir toda la vida con los seres amados no debería expresarse con la palabra ‘aceptar’ o ‘soportar’.

Solo entonces Florian se dio cuenta. No estaba preparado. Se dio cuenta de que, a diferencia de Sarang, que seguramente había reflexionado, dudado y se había obsesionado con el tema durante mucho tiempo, él no tenía ninguna preparación. El que mejor percibía la realidad era Sarang. ¿Un regalo? ¿Un gran regalo de una sola vez?

Había descartado por completo la posibilidad de que la colaboración con la ciudad de Cantón o el hijo en su vientre no fueran un regalo para Sarang. Florian simplemente lo había pensado a la ligera, como quien regala un gran jardín a un cachorro adorable o dedica tiempo con gusto a un niño lindo que lo sigue.

Porque Sarang lo amaba.

Porque, de todos modos, Sarang lo amaba.

Probablemente Sarang conocía esa arrogancia de Florian. La conocía, pero seguramente pensaba que era algo natural, sin ser consciente de que era arrogancia. Para Sarang, Florian era toda la bondad, la afirmación y la rectitud del mundo. Solo para Sarang, él era ese tipo de ser.

Al enfrentarse a su propia necedad, Florian sintió que el cuello se le calentaba. Era un calor confuso, entre vergüenza, ternura y satisfacción. Tan poco claro como el sentimiento de Florian hacia Sarang.

Los pies de Sarang se movían con inquietud mientras se contenía para no lanzarse sobre un Florian cuya palidez empeoraba. Florian sintió de repente como algo extraño el amor ciego de Sarang, ese que creía conocer tan bien. ¿Realmente conocía con precisión el amor que Sarang albergaba?

“... Ven aquí”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Florian, incapaz de seguir viendo los ojos negros de Sarang cargados de ansiedad, le tendió la mano. Sarang no perdió un segundo y caminó hacia él. Acortó la distancia de un golpe y tomó la mano de Florian. No se resistió a la fuerza que lo atrajo hacia él.

“Así”.

“……”

“Quedémonos así un momento”.

El aliento de Florian, que lo rodeó por la cintura con fuerza, se derramó sobre el hombro de Sarang. Sarang, dejándose llevar por la fuerza que lo atraía, dejó caer su torso torpemente. Al mismo tiempo, las venas saltaron en el dorso de su mano mientras se apoyaba en la pared y apretaba el respaldo del sofá.

Por poco termina sentado sobre los muslos de Florian. Sarang, que logró subir al sofá abriendo las rodillas, quedó inevitablemente mirando hacia abajo a Florian, que estaba sentado entre sus piernas. Florian tenía el rostro hundido en su hombro. El cabello rubio, sedoso y perfectamente peinado. El cuello pálido que se extendía recto por debajo. El cuello rígido de la camisa. Y el olor de Florian.

“……”

Su gran cuerpo se estremeció ante el aliento caliente que se extendía desde su hombro por su piel. Las feromonas de Florian se filtraron como una bruma. Sintiendo que esas feromonas llamaban a las suyas propias, Sarang contuvo el aliento un momento. El cuero del sofá, arrugado como si fuera a romperse, recuperó lentamente su forma. Acto seguido, el cuerpo de Sarang, tenso desde la nuca hasta la cintura, se relajó.

El cuerpo de Florian estaba ardiendo. Ya de por sí era un cuerpo cálido, pero ahora albergaba un calor distinto.

“Rian”.

“……”

Florian no dijo nada. Solo exhalaba suspiros lentos y profundos. Sarang, detectando la anomalía, se movió con rapidez pero con cuidado. Se deslizó fuera del sofá y recibió entre sus brazos la cabeza y el cuerpo de Florian, que se inclinaban hacia él. La alfombra tupida y suave se hundió bajo las rodillas de Sarang.

“¿Rian?”

Sarang liberó sus feromonas poco a poco mientras llamaba el nombre de la persona que amaba. Sostuvo con suavidad la mejilla pálida que contrastaba con el cuerpo ardiente y acunó contra su pecho aquel cuerpo que pendía sin fuerzas. Sintió como si el corazón se le cayera al suelo.

“Rian”.

Susurrando bajo, Sarang se movió con calma. Se sentó en el sofá cargando a Florian con ligereza. Abrazó contra sí el cuerpo apoyado en sus muslos y unió sus frentes. Un sudor frío empapaba la frente de Florian, que estaba tan caliente como una piedra calentada al fuego.

También se sentía el calor en los labios de Florian, entreabiertos y enrojecidos. Las feromonas que emanaban de su respiración lenta se volvían cada vez más densas. Florian, medio inconsciente, no podía controlar sus feromonas.

“Rian”.

Las feromonas de Sarang, que ya habían salido con fuerza, envolvieron desde el exterior las feromonas de Florian que se dispersaban sin rumbo. En lugar de las frentes, se tocaron las puntas de las narices. Poco después, las narices se cruzaron y los labios se solaparon. Una lengua gruesa y blanda separó los dientes y llenó la boca de Florian. Frotó el paladar y la cara interna de las mejillas, calientes como arena bajo el sol. Envolvió la lengua lánguida de Florian y la succionó durante largo tiempo. La lengua, que tanteaba el paladar profundamente, rozó la campanilla de Florian.

“Mmh”.

Abrazó a Florian con fuerza para consolarlo ante su reacción inmediata y retiró la lengua, pero no separó sus labios unidos profundamente. Como si aplicara un ungüento, frotó sus feromonas contra la carne sensible. Empapó la campanilla que temblaba levemente y vertió sus feromonas hasta llenar la garganta de Florian.

“Uuuhm...”.

Sarang, que tragó incluso el pequeño gemido que se escapó, se concentró únicamente en calmar las feromonas de Florian, enfriar su calor y sanarlo. De pronto, sintió ganas de llorar. Sentía que los problemas de feromonas de Florian eran culpa suya.

Aunque una vez intentó negarlo, con el tiempo Sarang sintió que así era. El trastorno de feromonas que apareció justo después de que él dejara el lado de Florian se calmó notablemente cuando regresó a su lado.

Si no hubiera conocido a Rian desde el principio, él no tendría problemas con sus feromonas ni habría sido humillado por sus compañeros de celo. Si Rian lo hubiera ignorado entonces. Si no lo hubiera rescatado de la villa de Kaia. Su vida no se habría desmoronado tanto.

El Florian original. El heredero del ducado, el joven amo de los Wellington, el hombre que era motivo de orgullo solo con existir y objeto de reverencia para todos: Florian Dietrich Wellington. El Alfa más perfecto. No, simplemente una persona.

‘¿Hola? Sarang’.

Recordaba vívidamente a aquel Florian que brillaba más que el sol dorado. Sarang contuvo el llanto y volcó sus feromonas con todas sus fuerzas, como si le entregara su propia vida a Florian. Lo abrazó durante largo tiempo, compartiendo su calor.

 

 

“... ¿Desde dónde me escuchó?”.

“‘Lo sé. La Cenicienta de Oriente’”.

“Rian”.

“Dime, Sarang”.

“No se preocupe demasiado”.

“……”.

“No tengo intención de tener hijos con usted, Rian”.

“Como único heredero legítimo de la casa ducal, tengo la obligación de continuar el linaje”.

“……”.

“¿Acaso Sarang quiere que falte a mi deber?”.

“No. Deseo que cumpla con su obligación. Lo que menos quiero es convertirme en una mancha para usted”.

“Vaya, parece que no considera que ya es una mancha en mi vida”.

“……”.

Era una voz gélida, desprovista de cualquier emoción. Sarang, acostumbrado a que le clavaran clavos en el corazón, no dejó traslucir su herida. Sin saber que esa terquedad altruista solo avivaba la ira de Florian. Cuanto más se comportaba así, más ganas tenía Florian de herirlo, de clavarle clavos no solo en el corazón, sino en cada rincón de su ser para dejarle cicatrices imborrables.

“Podría tener hijos con otra persona”.

“... ¿Me está sugiriendo que tenga un hijo ilegítimo? ¿A ‘mí’?”.

“Rian, ¿usted quiere tener un hijo conmigo?”.

“No, preferiría tener varias amantes y elegir con cuál procrear”.

“Fue usted quien me pidió el divorcio, Rian”.

Fue una frase dicha por el arrebato del momento. O quizás, era la verdad que soltó al no poder soportar más a Sarang. Kim Sarang, quien siempre envió una fe y un afecto ciego y constante a Florian por haberlo rescatado de una vida infernal. Para Florian, esa confianza y ese amor eran algo natural. Al fin y al cabo, él era el salvador que lo sacó de un callejón mugriento. Era lógico que Sarang le obedeciera, confiara y se aferrara a él.

A veces, ese Sarang le parecía tierno y adorable. Florian no era mezquino con sus sentimientos; no tenía por qué serlo. Al lado de Florian siempre estaba Sarang, esperando y deseando con gratitud incluso los sentimientos más efímeros que pasaban según su estado de ánimo. Florian no necesitaba controlar su voluble emocionalidad.

Desde el principio, Sarang era un Alfa traído con ese propósito. Alguien para calmar sus feromonas inestables, un compañero de celo ocasional a quien mimar si le apetecía y a quien ignorar si se aburría. Darle su corazón o arrebatárselo dependía enteramente de Florian. Sarang debía dolerse si lo herían y alegrarse si lo acariciaban. Ocultar el dolor y reprimir la alegría no era lo que Florian esperaba de él.

“Usted fue quien dijo que no quería tener hijos. Y fue usted quien decidió que no compartiría las obligaciones del ducado conmigo”.

“……”.

“Rian”.

Unos ojos negros que brillaban sutilmente como cera barnizada observaron a Florian por un largo rato.

“A usted simplemente le molesta que sea yo quien rechace la descendencia primero y mencione el divorcio”.

“……”.

“No puede tolerar que yo sea quien lo afirme o lo niegue, ¿verdad?”.

“¿Lo sabe y aun así se comporta de esta manera?”.

“……”.

“Diciendo que me ama, y aun así lo hizo a sabiendas”.

Era una lógica forzada. Desde hacía un tiempo, perder la compostura y ponerse a la defensiva se había vuelto habitual frente a Sarang. A Florian le desagradaba ese cambio en sí mismo. Le resultaba molesto, incómodo y abrumador que la existencia de Sarang no lo dejara ser él mismo. Sí, era abrumador.

Le molestaba ver a Sarang siendo insultado y tratado injustamente solo por ser el protegido o el esposo de Florian Dietrich Wellington. Y, sin embargo, no entendía por qué Sarang no le pedía ayuda; ese orgullo insignificante le resultaba ridículo.

Odiaba y amaba a la vez que a Sarang le doliera más una palabra o un gesto suyo que el desprecio del mundo entero. En realidad, para cuando se dio cuenta de que Sarang tenía el corazón lleno de clavos por las heridas del mundo tanto como por las suyas, la relación ya estaba dañada sin remedio.

Sarang, por el simple hecho de amar a Florian, no daba excusas ante los malentendidos del mundo ni esperaba comprensión siquiera de él. Si Florian lo apartaba, se dejaba apartar; si lo empujaba, se dejaba empujar.

Ese amor silencioso. Cuando Florian enfrentó ese amor que parecía tambalearse sin rumbo pero que solo echaba raíces profundas hacia él, sintió un dolor que le partía el pecho y se quedó sin aliento. A Florian le abrumaba ese amor tan callado y profundo. Hasta el punto de que prefería odiar primero antes de ser odiado.

“Rian”.

“……”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Sí, Sarang”. Aunque le dolía que la voz que siempre lo seguía no estuviera allí, Sarang no mostró su tristeza.

“¿De verdad... es la elección de Rian?”.

“……”.

“Lo de no tener hijos. ¿Es realmente lo que Rian deseaba?”.

“……”.

“Es que... a veces me parece que no”.

“……”.

“Siento que no es así”.

“Sarang. El derecho a decidir sobre mi cuerpo me pertenece a mí”.

“……”.

“Así es. Yo quise la cirugía de interrupción”.

Sarang mantenía la vista en el cuello pálido de Florian más que en sus ojos azules brillantes.

“¿Está satisfecho ahora?”.

 

 

“Rian”.

“……”.

Sarang fue quien hizo vibrar los oídos de Florian, quien llenó su campo visual y empapó sus sentidos al abrir los párpados.

“Rian”.

Sarang, arrodillado frente al sofá, sujetaba con fuerza la mano izquierda de Florian entre las suyas. Parecía que Florian había perdido el conocimiento por un momento. Florian observó en silencio aquellos ojos negros llenos de preocupación y ansiedad.

Así que... aquel idiota del sueño también amaba. Amaba a Kim Sarang. Solo que se dio cuenta de sus sentimientos demasiado tarde. No, simplemente se pasó la vida negándolo y lo admitió cuando ya era tarde.

“Lo amo”.

“……”.

“Lo amo, My lovey”.

Al sentir que la mano de Sarang se ponía rígida e intentaba apartarse, Florian la sujetó con más fuerza.

“Sarang”.

Sarang tenía el rostro de quien está en un sueño. Había deseado y anhelado tanto a Florian que sus ojos, que se cerraron y abrieron con fuerza pensando que era una alucinación, temblaron levemente. Florian, que yacía como un cadáver en el sofá, se incorporó y se sentó.

Sarang había volcado sus feromonas sobre él mientras lo abrazaba tras encontrarlo gimiendo de dolor hasta perder el sentido. Hasta que el rosado volvió a su rostro pálido. Hasta que el calor regresó a sus dedos que se enfriaban. Hasta que las feromonas de Florian, que amenazaban con desbocarse, se calmaron.

Sarang mantuvo sus feromonas abiertas por mucho tiempo con Florian en brazos. No le importaba si las suyas se agotaban.

“‘Si acaso. Si se hiciera. Si se pudiera’”.

“……”.

“Me dolió el corazón cuando esa incertidumbre brotó de los labios de Sarang”.

Una mano cálida acarició la mejilla izquierda de Sarang, quien lo miraba embobado.

“Lamento no haberle dado certezas hasta ahora, Sarang”.

Acarició la parte superior de su oreja, descubierta bajo el cabello negro peinado hacia atrás, y rozó el pómulo donde se formaba un hoyuelo encantador al sonreír.

“Decir que me gustas mucho eróticamente es, en otras palabras, decir que te amo”.

“……”.

“Sí, lo amo. Sarang”.

Sarang necesitó mucho tiempo para procesar la confesión de Florian.

“... ¿Por qué?”.

Ante esa pregunta tan propia de él, Florian no borró la sonrisa que surgía naturalmente.

“No lo sé. ¿Acaso hay una razón para que Sarang me ame a mí?”.

“... No, no la hay”.

“A mí me pasa lo mismo”.

“……”.

“Me gusta Sarang. Me gusta y me duele el pecho cuando llora por mi culpa, y cuando sonríe por mí, me alegro pero también me vuelvo codicioso”.

Una mirada cálida como el sol de otoño acarició a Sarang.

“Quiero encerrar a Sarang en una habitación para que solo yo pueda verlo, tocarlo y poseerlo”.

“……”.

“El Kim Sarang que brilla en el campo. El Kim Sarang que ama el fútbol. El que ama a sus fans y a su país. El que ama a Colin. El Kim Sarang que brilla más cuanto más amor da y recibe”.

Unas yemas blancas presionaron suavemente los labios que intentaban articular algo.

“El Kim Sarang que ama a Florian, no al Dietrich ni al Wellington”.

El dedo que presionaba sus labios separó con cuidado la carne blanda. Chut. La piel suave y cálida mordió la punta del dedo de Florian.

“El Kim Sarang que jamás será feliz si no es conmigo”.

El Kim Sarang que no sobreviviría al resto de su vida.

Mi... increíblemente fuerte y a la vez infinitamente débil...

“Sarang”.

Aquellos ojos negros, redondos y dóciles como los de un niño, reflejaban únicamente a Florian.

“Sin darme cuenta, Sarang se ha convertido en ese tipo de existencia para mí”.

“……”.

“¿Todavía me ama?”.

“……”.

“¿O ahora solo le gusto?”.

Mua.

Sarang, que parecía que nunca iba a moverse, giró levemente la cabeza y besó la palma de la mano de Florian que acariciaba su boca.

“Dígame que no es un sueño”.

“No es un sueño, Sarang”.

Sarang apoyó la mejilla izquierda en la palma de Florian hasta sentir la realidad del momento, y luego abrió los ojos despacio.

“Dígame que no se divorciará de mí”.

“Sarang, no me divorciaré de usted”.

Los labios rojos y húmedos de Sarang temblaron ligeramente.

“Y daré a luz a su hijo”.

“……”.

“Tendré un hijo que se parezca exactamente a usted”.

Si el niño tiene padres que se confían y se aman, seguramente podrá superar cualquier dificultad. Aunque a veces sea herido o caiga en la frustración, si tiene a Sarang y a Florian como una valla protectora, podrá encontrar su propia felicidad. Tal como hizo Sarang. Tal como Kim Sarang, que brilla con fuerza por sí mismo, lo logró. Nuestro hijo crecerá sano de cuerpo y alma.

‘Debe guardar reposo al menos hasta la semana 20 para que el bebé esté a salvo. El parto en un Omega masculino es peligroso incluso para un dominante. El jefe tiene náuseas severas, por lo que necesitará especialmente las feromonas del Alfa. No sé hasta cuándo podrá ocultárselo a su esposo...’.

Apenas 16 semanas.

‘La tasa de aborto espontáneo en Omegas masculinos es del 30%, y en la etapa inicial roza el 50%. Además, siendo el primer embarazo del jefe...’.

Significaba que había un 30% de probabilidades de que el bebé no llegara a nacer. Florian echó una mirada fugaz a su vientre, que aún no mostraba ninguna curva, y luego miró a Sarang, que ahora descansaba la cabeza sobre sus muslos. Sarang, agotado tras procesar la confesión de Florian, respiraba pausadamente.

“Dijo que no nos divorciáramos, pero no respondió nada cuando dije de tener un hijo”.

Al acariciar aquel cabello increíblemente negro, Sarang abrió los ojos.

Incluso para amantes que se adoran es difícil criar a un hijo; el argumento de Sarang de que una pareja con pesos emocionales distintos solo haría infeliz a todos tenía su lógica. ¿Podría Sarang confiar plenamente en su corazón con esta sola confesión? ¿Podría el bebé sobrevivir hasta la semana 20?

No se le ocurría ni una sola razón por la que fuera bueno dar ahora la noticia del embarazo, que bien podría ser un regalo o una pesadilla. Cuando pasen las 20 semanas. Sí, cuando pase el periodo de riesgo. Se lo diría entonces. Si el bebé se marchaba antes de las 20 semanas, no había necesidad de que Sarang lo supiera.

Sin embargo, ocultarlo ahora tampoco se sentía correcto. No era moralmente adecuado ocultar el embarazo a Sarang, quien había dicho claramente que no quería hijos. Aunque Florian seguiría adelante con el embarazo de todos modos, Sarang no debía ser ignorante; no se le debía ocultar deliberadamente. Precisamente porque era una noticia que podía ser una pesadilla y no un regalo, Sarang tenía derecho a saberlo.

Pero Florian no se atrevía a hablar. No podía soltar la noticia del embarazo a un Sarang que acababa de agotar toda su energía mental aceptando su confesión.

Mañana por la mañana, al despertar. O mejor, después de que juegue el partido importante de esta semana.

Mua. Florian besó los párpados de Sarang y decidió que entonces revelaría el secreto que guardaba.

“Yo...”.

“……”.

“Yo lo haré por usted”.

Florian, recordando primero que estaban en medio de un evento, se arregló la ropa desordenada. Para aliviar a Florian, que había estado sudando frío y sufriendo de dolor abdominal, Sarang le había soltado la corbata y desabrochado la chaqueta y la camisa. Sarang detuvo a Florian cuando este intentó arreglarse solo y extendió sus manos lentamente. Sus movimientos eran cuidadosos.

Florian se giró por completo hacia Sarang y se entregó a sus manos, indicando que no era necesario que se esforzara. Sarang, cuyos dedos temblaron de repente antes de cerrarlos con fuerza, comenzó arreglando la camisa.

“Pensé que era el celo”.

“Es una lástima. Si hubiéramos rodado juntos por aquí, habría sido un recuerdo divertido”.

Ante la broma de un Florian que recuperaba su soltura habitual mientras se arreglaba, Sarang sonrió. Los ojos azules miraron fijamente los párpados de Sarang, algo hinchados aunque no había llorado.

“Hablemos de nuevo en casa, Sarang”.

“……”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Se detuvo. La punta de sus dedos, que abrochaba el último botón de la camisa, pareció congelarse un instante antes de empezar a anudar la corbata.

“Nos vemos en casa luego”.

“……”.

“¿Acaso tiene planeado pasar la noche fuera?”.

Florian, de pie con la barbilla levantada para facilitar el trabajo de Sarang, preguntó bromeando. Sarang, concentrado en el nudo, respondió tarde.

“Iré a casa”.

Sarang, mientras alisaba la corbata bien anudada, vaciló por alguna razón antes de terminar. Pronto, el pasador de corbata que sostenía quedó colocado entre el segundo y tercer botón de la camisa.

“Se puso... esto”.

“Sí, Sarang”.

Sarang no había preguntado si lo había recibido ni esperaba nada tras regalárselo, pero verlo puesto personalmente le hizo sentir una alegría que aceleró su corazón. Era un día que no parecía real.

“Me gustó mucho; quienquiera que lo haya regalado tiene buen gusto”.

Como el Florian que le sonreía con frescura no parecía real, Sarang simplemente tocó el pasador de corbata frío. El pasador, que brillaba sutilmente bajo la luz, estaba frío. Solo eso se sentía real.

Florian brillaba con una intensidad especial entre la multitud. Su traje realzaba su figura impecable y su cabello rubio estaba perfectamente peinado. En su mano, pálida pero de apariencia firme, destacaba un anillo en el dedo anular. Era la alianza que había intercambiado con Sarang en su boda aquel diciembre, hace dos años.

Como verdadero protagonista de la gala benéfica, Florian se movía por el salón con total soltura, liderando el evento sin detenerse demasiado con nadie, pero sin ignorar a nadie. La mayoría eran figuras influyentes dispuestas a invertir grandes sumas o a facilitar gestiones administrativas. Entre todos ellos, Florian, a pesar de su juventud, era quien se veía más relajado y seguro.

Mientras conversaba con alguien que reía a carcajadas, Florian divisó a Sarang y le guiñó un ojo. Sarang, que al principio solía sonrojarse o turbarse ante las travesuras y risas de Florian, ahora le devolvía el guiño con una sonrisa. Aun así, de vez en cuando golpeaba suavemente sus talones contra el suelo. Necesitaba comprobar que sus pies seguían en la tierra, pues todo aquello le parecía un sueño.

Sarang contempló el pasador de corbata que destacaba bajo la elegante iluminación, luego miró el anillo en la mano izquierda de Florian mientras este sostenía una copa de champán, y finalmente bajó la vista hacia su propia alianza. En ese momento, alguien se acercó por su lado.

“Mister Lovely King”.

Allen, con su habitual rostro de indiferencia, le susurró al oído y se encogió de hombros. A pesar de que Sarang era mucho más ágil que una persona promedio, casi siempre perdía de vista los movimientos de Miller o Allen. En esos momentos recordaba que ellos pertenecían a una empresa militar privada.

“Se retira en diez minutos”.

“Ah”.

Fue Florian quien contrató a los hombres que habían reducido fácilmente a los guardias de la villa de Kaia. Por las quejas de Allen, parecía que habían venido por unas vacaciones durante su periodo de celo y terminaron atrapados en un trabajo de oficina. Su misión era proteger a Florian y a Sarang.

¿Cómo habría conocido Rian a este tipo de personas? No hacía falta observarlos mucho tiempo para notar que no era una relación de un par de días. Representante de una empresa militar privada. Era un título que no parecía encajar con Florian y, sin embargo, le sentaba extrañamente bien. La sede de la empresa estaba ubicada estratégicamente en el corazón de Virginia, Estados Unidos.

‘Es una especie de trauma’.

‘No es una herida reciente, Sarang’.

‘Fue hace mucho tiempo’.

‘Fui secuestrado’.

Sarang recordó aquella conversación de una tarde de verano mientras se dejaba guiar dócilmente por la mano que lo arrastraba. La espalda de Allen aparecía y desaparecía mientras esquivaban hábilmente a la multitud.

“¿Eh?”.

Al salir del laberinto del salón y entrar en el vestíbulo del hotel, el rostro de Sarang se iluminó. Florian, que hace un momento hablaba con la representante de un medio deportivo —una mujer conocida para Sarang—, ya estaba afuera, en el área del valet.

‘Nos vemos en casa luego’.

Sarang se quedó allí parado, parpadeando como si todavía estuviera soñando, hasta que una mano áspera le tiró de la oreja.

“¡Ay!”.

“¿Qué demonios hiciste con el jefe en la sala de descanso para estar tan ido desde entonces?”.

“Vaya, eso dolió de verdad”.

“Y eso que no usé fuerza. ¿Quieres que tire de verdad?”.

“Se lo voy a decir al jefe”.

“¡Ja! Mira qué mocoso tan insolente resultó ser este”.

Como era habitual, Sarang aceleró el paso mientras bromeaba con Allen cruzando el vestíbulo.

“Oye, chico. El jefe no se va a ningún lado. Ve despacio. Si te caes...”.

 

 

¡KABOOM!

Antes de que Allen terminara la frase, un estruendo ensordecedor estalló fuera del vestíbulo. Allen no fue el único que salió disparado ante el ruido.

“¡Chico! ¡Sarang! ¡Kim Sarang! ¡Kim! ¡Fuck!”.

Ambos salieron corriendo al mismo tiempo, pero ni siquiera Allen podía igualar la velocidad instantánea de Sarang. Un Jeep de lujo se había estrellado contra el área del valet donde estaba Florian y terminó empotrado contra la puerta giratoria. Los cristales estallaron y la entrada quedó medio derrumbada. Sarang salió buscando con la mirada a Florian, oculto tras una cortina de polvo gris y ceniza.

Rian.

Florian no estaba en el área del valet, cuyo techo se había desplomado parcialmente.

“Rian”.

La voz de Sarang quedó sepultada por los gritos de la gente que corría aterrorizada y el ulular incesante de las alarmas de emergencia.

“¡Rian!”.

En el preciso instante en que gritaba desesperado en medio de aquel escenario que se había transformado en una ruina urbana, ¡BOOM! El Jeep, que hasta entonces solo soltaba humo negro, estalló en llamas. Sarang se lanzó fuera del área sin dudarlo.

Allen, que perdió a Sarang por apenas un segundo, soltó una maldición y saltó. En ese momento, ¡KABOOM! Un estruendo mucho mayor que los anteriores sacudió la plaza central del hotel. El lugar se convirtió en un caos absoluto debido al atentado con coche bomba y explosivos.