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Cuando Yoo-geon tomó la mano de Ju-ha y tiró de él, Yoo-jun se dejó caer sobre la cama. No le quedaba fuerza ni para mover un dedo. Aunque fuera un guía de Clase S, su resistencia física tenía un límite.

Al regresar al anexo con Ju-ha en brazos, Yoo-geon había dicho que existía una forma de guiarlos a ambos al mismo tiempo. Yoo-jun, cuya mente solo estaba ocupada en salvar a sus hermanos y amantes, aceptó sin dudar. El método era directo: Yoo-geon lo penetraría a él, mientras él penetraba a Ju-ha.

En el rostro de Yoo-jun se mezclaban la expectativa y la preocupación. Compartir un acto sexual con ambos era algo que deseaba, pero pensó que solo ocurriría cuando Ju-ha abriera más su corazón. Sin embargo, dada la emergencia, no podía permitirse el lujo de dudar. Aun así, temía que su capacidad no fuera suficiente para estabilizarlos a ambos. Yoo-geon era Clase S como él, y Ju-ha era Clase A; si fallaba, ambos podrían entrar en un estallido irreversible.

Yoo-geon, notando su miedo, lo tranquilizó con un beso suave tras recostar a Ju-ha en la cama.

“No tengas miedo, piensa que todo saldrá bien. Yo confío en ti, y Ju-ha también”.

Yoo-jun decidió creer. Si había logrado salvar a Yoo-geon cuando los médicos se rindieron, era porque su deseo de salvarlos era más fuerte que cualquier técnica. Miró a Ju-ha, cubierto de heridas, y las lágrimas brotaron. Ju-ha se había sacrificado para ganar el tiempo que Yoo-jun necesitó para salvar a Yoo-geon. Ahora era su turno de ayudarlo. Aunque le pesaba hacerlo sin su consentimiento consciente, esto era, ante todo, un acto médico.

Se inclinó y besó los labios de Ju-ha, ásperos y heridos de tanto morderse por el dolor. Deslizó su lengua con delicadeza, encontrando un quejido ahogado. Poco a poco, el efecto comenzó a notarse: el color regresó al rostro pálido de Ju-ha. Animado, Yoo-jun se deshizo de su uniforme manchado de sangre y comenzó a preparar el cuerpo de su hermano menor.

“¡Ah...!”

Incluso inconsciente, Ju-ha frunció el ceño ante la invasión. Yoo-jun vaciló al ver las heridas que cubrían su piel, pero Yoo-geon puso una mano sobre la suya.

“Hermano, yo te ayudo. No tengas miedo. Estamos intentando salvarlo, no lastimarlo”.

Juntos, prepararon a Ju-ha. Cuando los gemidos de dolor de este se transformaron en algo parecido al placer, Yoo-jun deslizó su pene con extrema lentitud para no lastimarlo. Comenzó a moverse con suavidad, priorizando siempre la comodidad de Ju-ha. Con el paso del tiempo, las heridas de Ju-ha sanaron a una velocidad asombrosa y las venas negro-rojizas de sus muñecas empezaron a desvanecerse.

Viendo que Ju-ha estaba fuera de peligro, Yoo-geon habló desde atrás:

“Hermano, yo también quiero mi parte del guiamiento”.

Yoo-jun asintió, estremeciéndose cuando Yoo-geon entró en él. Sintió cómo las ondas de ambos se sincronizaban y se estabilizaban bajo su cuidado. El esfuerzo fue total, pero valió la pena: Ju-ha abrió los ojos, libre de los síntomas del estallido, y Yoo-geon recuperó toda su vitalidad. Yoo-jun, agotado pero feliz por haber sido útil para las personas que amaba, se dejó caer exhausto cuando ambos terminaron el acto.

“¿Q-qué está pasando...? ¡Oye! ¡ugh!”

Ju-ha, apenas recobrando el sentido, no entendía por qué Yoo-geon estaba allí ni la extraña sensación en su parte inferior. Antes de que pudiera procesarlo, Yoo-geon lo atrajo hacia sí y lo besó con ferocidad. Ju-ha intentó empujarlo, golpeando su pecho, pero Yoo-geon no podía soltarlo. Necesitaba sentir su calor para convencerse de que no era un sueño, que Ju-ha no había muerto.

Yoo-jun observaba la escena con una sonrisa, esperando que Ju-ha pronto aceptara también estar con él. Por su parte, Ju-ha dejó de golpear con fuerza. No era solo por el placer del guiamiento residual, sino por el recuerdo de las palabras de Yoo-geon cuando creía que iba a morir. Ya no podía creer que el amor de Yoo-geon fuera mentira.

Sin embargo, Ju-ha todavía se resistía internamente. Él no era como Yoo-jun; no creía poder amar a dos personas a la vez. Su corazón pertenecía a Yoo-jun, y si aceptaba a Yoo-geon, era solo para poder estar cerca del primero. O eso intentaba decirse a sí mismo: que era solo por lástima, por culpa de haber causado sus heridas.

“Hace un momento me dijiste que me largara, ¿por qué ahora te quedas quieto? Solo finges golpearme sin fuerza”.

Ju-ha se sobresaltó, sintiéndose descubierto. Yoo-geon lo miraba con suspicacia, notando cómo sus ojos temblaban. Yoo-geon, dándose cuenta de que Ju-ha no era bueno fingiendo, cambió su expresión a una más rígida y metió dos dedos en la boca de Ju-ha, forzándola a abrirse.

“Por cierto, ¿qué fue lo que dijiste antes? ¿Algo sobre que lo harías con ese tal Ha Min-woo?”

Ju-ha puso cara de confusión, sin entender a qué se refería.

“¿D-de qué...?”

“Yo arriesgué mi vida para salvarte, ¿y en cuanto crees que no tendrás un miembro disponible, inmediatamente buscas a otro?”

Solo al oír eso, Ju-ha comprendió finalmente de qué estaba hablando Yoo-geon.

Parece que Yoo-geon escuchó hasta la última palabra de aquella tontería que Ju-ha soltó solo para intentar despertarlo en medio del caos.

‘Sé que no lo haría, pero ¿por qué le afecta tanto?’.

Ju-ha no entendía por qué Yoo-geon se tomaba tan en serio sus palabras. Aunque había aceptado a Yoo-geon en varias ocasiones, a Min-woo jamás le había permitido ni un solo acercamiento de ese tipo.

Al levantar la vista y ver su expresión, Ju-ha notó que Yoo-geon estaba a punto de perder los estribos. No sabía qué locura sería capaz de cometer un Cha Yoo-geon enfurecido. Tenía que corregir sus palabras antes de que él perdiera el control por completo.

Ju-ha tomó la muñeca de Yoo-geon y retiró los dedos que este había metido a la fuerza en su boca. Yoo-geon no opuso resistencia y dejó que Ju-ha hiciera lo que quisiera.

“Oye, lo que quise decir no fue eso... ¡ugh!”.

Yoo-geon selló sus labios con un beso antes de que pudiera excusarse. No lo hizo para callarlo, sino porque la expresión desesperada de Ju-ha intentando justificarse le resultó adorable. Con solo pensarlo un poco, era obvio por qué Ju-ha había dicho algo así. Sin embargo, el simple hecho de que el nombre de Ha Min-woo hubiera salido de su boca en ese contexto le resultaba intolerable.

Si Ju-ha iba a mencionar la idea de tener sexo con alguien, ese alguien solo podía ser él o Yoo-jun. No permitiría que el nombre de otro tipo rondara sus labios. Por eso, Ju-ha debía ser castigado hoy. Debía darle una lección tan severa que nunca más, ni en broma, se le ocurriera mencionar a otro hombre.

“Ju-ha, ¿acaso Yoo-geon y yo ya no somos suficientes para ti?”.

Yoo-jun, que había estado escuchando la conversación, se incorporó y se acercó. Mientras Ju-ha recibía el beso profundo de Yoo-geon, Yoo-jun apretó ambos pechos de Ju-ha con sus manos. Sus manos envolvieron la suavidad de su torso, y con las yemas de sus dedos comenzó a rodar y tirar levemente de sus pezones.

“¡Ah!”.

Ante el juego de manos de Yoo-jun, la cintura de Ju-ha dio un pequeño respingo y, sin querer, mordió la lengua de Yoo-geon.

“Mierda... eso dolió. Hyung, guiamiento”.

Yoo-geon frunció el ceño tras el mordisco y le sacó la lengua a Yoo-jun. Este, que estaba lamiendo el cuello de Ju-ha, desvió la mirada hacia Yoo-geon y pasó su lengua sobre la de él. Yoo-geon mordisqueó la lengua de Yoo-jun y la mantuvo dentro de su boca. Mientras guiaba a Yoo-geon a través del beso, Yoo-jun no dejaba de atormentar los pezones de Ju-ha.

“¡Ah! ¡Ugh! ¡Hy-hyung... ah!”.

Originalmente, Ju-ha no era alguien que sintiera mucho a través de sus pezones; al principio solo le causaba cosquillas o dolor. Pero tras la insistencia de ambos, ahora Ju-ha sentía un hormigueo que bajaba hasta su cintura con solo un roce.

“Yoo-jun hyung... ¡ah! Pa-para...”.

Yoo-jun ni siquiera lo miraba; estaba absorto besando a Yoo-geon mientras seguía estimulándolo con una fijación casi obsesiva. Ju-ha apoyó la cabeza en el hombro de Yoo-geon, temblando mientras llamaba el nombre de Yoo-jun.

“No puedo aguantar más”.

La voz húmeda de Ju-ha rompió la paciencia de Yoo-geon. Quería entrar en él ahora mismo. También deseaba ver a Yoo-jun, que succionaba su lengua con frenesí, entregándose al peso de ambos. Yoo-geon apretó las nalgas de Ju-ha con ambas manos.

“¡Ah!”.

Entre Yoo-jun apretando su pecho y Yoo-geon sujetando su trasero, Ju-ha estaba atrapado, soltando gemidos entrecortados. Yoo-geon se separó de los labios de Yoo-jun tras un breve beso final. Yoo-jun, comprendiendo la intención, besó el hombro de Ju-ha y se apartó un poco.

Yoo-geon tomó el mentón de Ju-ha para obligarlo a mirarlo. Su rostro estaba encendido por la excitación y sus ojos estaban nublados y húmedos. Le encantaba ver cómo el noble Ju-ha se desmoronaba solo entre sus brazos y los de Yoo-jun. Era adorable.

Ju-ha giró levemente la cabeza cuando Yoo-geon intentó besar sus ojos, pero luego volvió a mirarlo con una expresión de injusticia.

“De verdad... no era que quisiera hacerlo con Ha Min-woo. Es que no despertabas... estaba desesperado... pensé que si escuchabas eso, te enojarías tanto que despertarías... por eso...”.

Ju-ha sabía que su explicación sonaba absurda. Intentar justificar su lógica de aquel momento frente a un Yoo-geon despierto era difícil. Yoo-geon, sin embargo, lo escuchaba con una sonrisa divertida en los labios, esperando que continuara.

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Ju-ha sintió que, al menos, debía agradecerle por salvarlo. No podía simplemente ignorar que él había arriesgado su vida.

“No pude darte las gracias por salvarme... quería decirte eso, pero no despertabas. No importaba cuánto esperara o cuánto guiamiento te diera hyung, no abrías los ojos. Realmente pensé que... que algo malo te pasaría...”.

Su voz tembló. Al recordar a Yoo-geon inerte a pesar del esfuerzo de Yoo-jun, el miedo que había enterrado volvió a surgir.

“¿Estabas preocupado por mí?”.

Yoo-geon, que hace un momento quería castigarlo severamente por mencionar a otro, sintió que su corazón se ablandaba al escuchar los sentimientos reales de Ju-ha.

“¡¿Quién dijo que estaba preocupado?! Maldita sea... me daría asco que murieras haciendo el idiota para salvarme... ¡ugh!”.

Ju-ha intentó recuperar su orgullo gritando, pero Yoo-geon lo calló con otro beso. No quería escuchar más palabras ásperas saliendo de esa boca que finalmente había confesado su verdad. Tras un largo beso, se separó y volvió a preguntar suavemente.

“¿Te preocupé?”.

Besó la frente de Ju-ha mientras esperaba la respuesta. Ju-ha no pudo mentir esta vez; sintió que los labios de Yoo-geon temblaban contra su piel.

“Era... imposible no preocuparse. Aunque te odie, no quiero que mueras. Y además...”.

Ju-ha se calló. Se dio cuenta de que estaba revelando demasiada emoción al recordar la imagen de Yoo-geon cayendo. Necesitaba recuperar la cordura.

“¿Y además qué?”.

Yoo-geon besó su mejilla, pero Ju-ha mantuvo la boca cerrada. Entonces, Yoo-geon apretó de nuevo su trasero y deslizó un dedo dentro de su entrada, que aún estaba sensible por el guiamiento anterior.

“¡Ah!”.

“¿Y además qué? ¿Por qué no terminas la frase? No me dejes así”.

Metió un segundo dedo, presionando más. Ju-ha jadeó. Al haber estado recibiendo el pene de Yoo-jun poco antes, su interior estaba suave y lubricado, pero extremadamente sensible. Un simple roce contra sus paredes internas lo hacía arquear la espalda.

“Yo también tengo curiosidad, Ju-ha. ¿Qué ibas a decir?”.

Mientras Ju-ha temblaba por la estimulación trasera de Yoo-geon, Yoo-jun bajó su mano y envolvió el pene de Ju-ha.

“¡Hy-hyung! ¡Ah!”.

Yoo-jun comenzó a frotarse contra la espalda de Ju-ha mientras mordía su hombro con fuerza. Una ráfaga intensa de feromonas emanó de Yoo-jun debido a su excitación.

“Ah... mierda”.

Yoo-geon soltó un insulto bajo al oler el aroma de Yoo-jun, que era tan fuerte que mareaba. Hasta ahora, Yoo-geon había intentado contener sus propias feromonas por consideración a Ju-ha, pero ante la intensidad de Yoo-jun, ya no pudo contenerse más.

La habitación se llenó de una mezcla densa de feromonas de ambos Alfas, algo que Ju-ha no podía percibir del todo pero que afectaba su instinto. Ambos empezaron a entrar en un estado de celo provocado por el otro.

“¡Ah! ¡Ugh!”.

Yoo-jun, ardiendo de deseo, empezó a gemir mientras se frotaba contra la cadera de Ju-ha. Yoo-geon, con la respiración agitada, empezó a remover el interior de Ju-ha con sus dedos sin piedad.

“¡Ah! ¡Aah!”.

Los dedos de Yoo-geon dieron con el punto exacto y comenzó a masajearlo con insistencia.

“¡Oye! ¡Ah! ¡Para, para ya! ¡Ahhh!”.

Ante la brusquedad de sus movimientos, Ju-ha echó la cabeza hacia atrás, soltando gemidos húmedos al aire, mientras agitaba las caderas intentando estimularse por sí mismo contra la mano de Yoo-jun que envolvía su pene.

“Ju-ha, ¿te gusta?”.

Yoo-jun, que había dejado el cuello y los hombros de Ju-ha repletos de marcas rojas, le preguntó al oído con una voz sugerente. Tras la estimulación constante de Yoo-geon y Yoo-jun, Ju-ha ya no podía mantener la cordura. Como si hubiera olvidado cómo rechazar sus caricias, puso su mano sobre la de Yoo-jun, apretando y moviendo con más fuerza. Asintió y, entre jadeos entrecortados, respondió: “Me gusta”.

“Dices que no, que no te gusta, pero luego haces estas cosas tan lindas. Así, ¿cómo no voy a volverme loco? ¿Eh?”.

Yoo-geon frunció levemente el ceño y mordió la mejilla de Ju-ha mientras este gemía.

“¡Ah! Duele… ahí no. Aquí”.

Ju-ha usó la mano que tenía libre para empujar el pecho de Yoo-geon, alejándolo un poco, y le mostró la lengua.

“Mierda… voy a perder la cabeza”.

Con las feromonas aturdiéndole el juicio y Ju-ha seduciéndolo con esa expresión perdida, Yoo-geon sentía que estaba a punto de soltar las riendas de su razón.

“Yoo-jun hyung. Tumbate y abre las piernas”.

Ante las palabras de Yoo-geon, Yoo-jun sonrió sutilmente y besó la espalda de Ju-ha antes de recostarse en la cama. Abrió las piernas por voluntad propia, pasando las manos por detrás de las rodillas para acercarlas a su pecho. Al hacerlo, su entrada, que aún palpitaba tras haber albergado el pene de Yoo-geon, quedó expuesta de forma explícita.

Como si no pudiera desperdiciar ni el breve instante en que Yoo-jun se preparaba para recibir a Ju-ha, Yoo-geon lamió la lengua que Ju-ha le ofrecía, succionándola y mordisqueándola dentro de su boca.

“Vamos, Ju-ha. Tienes que penetrar a hyung”.

Yoo-geon giró el cuerpo de Ju-ha, rodeando su pene con la mano y frotándolo suavemente mientras hablaba. Debido a cómo ambos lo habían provocado, la mente de Ju-ha solo estaba ocupada por el deseo de liberar su propia urgencia.

Ju-ha apoyó ambas manos sobre los muslos de Yoo-jun, presionando hacia abajo, y frotó su pene contra la entrada de este. Aunque aún no tenía intención de entrar del todo, el orificio estaba tan abierto que su pene fue succionado hacia el interior por sí solo.

“¡Ah…! E-entra. Lo de Ju-ha está entrando… ¡Ah!”.

Yoo-jun, que había deseado que él lo penetrara mientras lo acariciaba, exhaló profundamente y relajó su cuerpo para que Ju-ha pudiera llegar hasta el fondo con facilidad. Gracias a que Yoo-jun se relajó, Ju-ha pudo hundirse en él de un solo golpe, soltando un suspiro de satisfacción.

“Hyung, se siente bien. ¡Ah! El interior está tan cálido que… ¡Ah!”.

Al entrar en Yoo-jun, el cuerpo de Ju-ha tembló por el guiamiento que empezó a fluir hacia él. Yoo-geon, observando cómo Ju-ha se movía dentro de Yoo-jun, empujó su propio pene de golpe en la entrada de Ju-ha, que aún palpitaba abierta tras la estimulación de los dedos. Al cargar su peso sobre Ju-ha, el pene de este se hundió aún más en el vientre de Yoo-jun.

“¡Ahhh!”.

Al sentir el pene de Ju-ha clavándose en lo más profundo, Yoo-jun derramó su simiente. El líquido blanquecino salpicó el abdomen de Yoo-jun, donde se marcaba el relieve del pene de Ju-ha.

Cuando Yoo-jun, alcanzando el clímax, apretó sus paredes internas, Ju-ha, que estaba recibiendo a Yoo-geon por detrás, no supo qué hacer ante tanto placer. Sus brazos, que sostenían los muslos de Yoo-jun, perdieron la fuerza. Ju-ha tembló y se desplomó sobre el pecho de Yoo-jun. Este, encontrando adorable la reacción de Ju-ha, le apartó el cabello húmedo del rostro con una sonrisa dulce.

Yoo-geon tiró de los brazos de Ju-ha para estrecharlo contra su pecho, tomó su mentón y lo obligó a girarse para besarlo de nuevo.

“¡Ugh .. !”.

Yoo-geon soltó un gemido bajo debido a la presión de las paredes internas de Ju-ha. Retrocedió y volvió a embestir con fuerza. Excitado por las feromonas de Yoo-jun, Yoo-geon no se dio cuenta de que Ju-ha apenas podía respirar. Al recibir a Yoo-geon, que era más grande que Yoo-jun, Ju-ha tembló ante la sensación de que sus entrañas estaban siendo forzadas a abrirse.

Era la primera vez que aceptaba a Yoo-geon desde aquel encuentro en el Centro Regional, y aún no lograba acostumbrarse a su tamaño; inhalaba aire pero no podía exhalarlo correctamente.

“¡Ah! ¡Ugh!”.

Incapaz de adaptarse a la penetración, Ju-ha clavó sus uñas en los brazos de Yoo-geon cuando este empezó a mover las caderas. Cada vez que Yoo-geon se hundía más profundamente, Ju-ha arañaba sus brazos intentando soportar la apertura forzada de su vientre. Aunque las heridas eran profundas, Yoo-geon parecía recibir ese dolor como puro placer.

Ju-ha emitió gemidos desgarradores pidiéndole que fuera más despacio mientras arañaba su piel, pero esos sonidos eran devorados por los besos de Yoo-geon. La habitación se llenó del sonido de la piel chocando, el eco húmedo de la penetración y los gemidos profundos de Yoo-jun, que reemplazaban a los que Ju-ha no podía soltar por tener la boca ocupada.

“¡Ah! ¡Pa-para… ah!”.

Sintiéndose asfixiado, Ju-ha empujó a Yoo-geon. Al mismo tiempo, perdió el equilibrio y cayó sobre Yoo-jun. Al caer, se hundió aún más en él, y la sensación de ser atravesado tan profundamente hizo que la espalda de Yoo-jun se arqueara violentamente, volviendo a eyacular.

“¡Ah! ¡Ah! ¡Yoo-geon! E-espera… ¡Ah! Acabo de correrme… ¡ah!”.

“¡Ah…! Hyung, se siente tan bien cómo aprietas… ¡ah!”.

Las paredes de Yoo-jun apretaban su pene, mientras Yoo-geon lo embestía sin piedad por detrás. En otro momento, Ju-ha se habría sentido miserable y habría gritado que se detuvieran, pero tras haberles abierto su corazón, no encontraba motivos para resistirse. Simplemente deseaba que ese placer que derretía su cuerpo continuara un poco más.

Ju-ha comenzó a lamer los pezones de Yoo-jun, quien gemía mientras los recibía a ambos.

‘…Ju-ha’.

En todas las veces que habían estado los tres, Ju-ha nunca había tomado la iniciativa de acariciar a nadie. Al verlo lamer su pecho, Yoo-jun sintió una emoción tan intensa que estuvo a punto de llorar. Por su egoísmo al empezar mal las cosas, habían tenido malentendidos y heridas; Ju-ha había sido quien más sufrió. Yoo-jun siempre tuvo el miedo de que no pudieran estar juntos los tres nunca más. Pero ahora, se amaban así, y Ju-ha los aceptaba sin rechazo.

Aunque Ju-ha no lo dijera en voz alta, era evidente que sus sentimientos hacia Yoo-geon se habían suavizado. Yoo-jun, agradecido, rodeó el cuello de Ju-ha con sus brazos.

“¡Ah! ¡Hy-hyung… ah! Me… me voy a correr… ¡ah!”.

“Sí, hyung lo recibirá todo, suéltalo dentro”.

Yoo-jun atrajo el cuello de Ju-ha y deslizó su lengua entre sus labios entreabiertos. Al entrar la lengua de Yoo-jun, también fluyó el guiamiento. Ju-ha sintió la energía recorrer su cuerpo hasta la punta de los pies, temblando por el placer.

Observando cómo Ju-ha aceptaba a Yoo-jun sin reservas, Yoo-geon empezó a desear más. No podía marcar a Ju-ha como lo había hecho con Yoo-jun por su condición de guía, así que quería dejar otra prueba de que Ju-ha le pertenecía. Aunque la marca física desapareciera al terminar, quería que quedara grabada a fuego en su mente. Que supiera a quién pertenecía.

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“Ah… Hyung, sujeta fuerte a Ju-ha. Yo… quiero hacer el knotting”.

“¡Hy-hyung! Espe… ¡ugh!”.

Ju-ha, que disfrutaba del beso de Yoo-jun, se sobresaltó al oír la palabra “nudo”. Intentó reclamar, pero Yoo-jun lo atrajo de nuevo para callarlo con otro beso.

“¡Ah! ¡Hyung! ¡No, no quiero! El nudo no… ¡ugh!”.

“¿Acaso odias a Yoo-geon?”.

Yoo-jun, tras besar de nuevo a un Ju-ha que intentaba escapar, lo miró a los ojos y preguntó. Ju-ha negó con la cabeza ante la pregunta, y Yoo-geon, que esperaba tenso por detrás, soltó un suspiro de alivio. Ju-ha no podía decir tajantemente que no como antes. Sin embargo, como beta, no creía poder soportar el nudo de un alfa.

‘Si el nudo es lo que yo recuerdo… no, no puede ser’.

Recordó lo que había aprendido en la escuela sobre el proceso. Si lo hacía, estaba seguro de que su entrada se desgarraría por completo. Aunque Yoo-jun pudiera curarlo con guiamiento, no quería sentir ese dolor.

“¡Hic! Tengo… tengo miedo. Se va a romper… se va a desgarrar por detrás… va a doler como si fuera a morir”.

Ju-ha sollozaba, y Yoo-geon besó su espalda, hablando con dulzura para calmarlo.

“No haré nada de eso. Dolerá un poco, pero no haré nada que destruya tu cuerpo. Te lo prometo, Ju-ha. ¿Sí?”.

“¡Hic! No mientas, no puedo creerte. Siempre me has mentido y me has forzado aunque decía que no… ¡Ah!”.

Yoo-geon besó y lamió el cuello de un Ju-ha que temblaba de miedo mientras sollozaba.

“Ju-ha, quiero dejar en tu cuerpo la marca de que eres mío. ¿Sí?”.

Cuando Yoo-geon, que siempre hacía lo que quería, le pidió permiso con una voz tan suplicante, Ju-ha no pudo evitar que su corazón flaqueara.

“Maldito… hijo de perra. Malnacido, pedazo de mierda… ¡Hic! Si me desgarro… te voy a matar…”.

Yoo-geon, ignorando los insultos, lamió el cuello de Ju-ha mientras este permanecía abrazado a Yoo-jun. Esa piel pálida le resultaba insoportablemente provocativa. Sin previo aviso, Yoo-geon empujó su pene hasta la raíz.

“¡Ah!”.

Al sentir que lo atravesaba hasta lo más profundo, Ju-ha cerró los ojos con fuerza. Nunca había experimentado un nudo, pero ya el simple hecho de recibirlo sin que este se expandiera era una carga dolorosa. Su cuerpo no era como el de un omega; no lubricaba de esa forma ni estaba diseñado para abrirse ante un alfa. Cada vez que aceptaba a Yoo-geon, sentía como si su cuerpo fuera partido en dos. Aunque luego venía un placer que le hacía perder el sentido, el recuerdo del dolor no se borraba fácilmente. Por eso, ahora estaba aterrado.

“Seo Ju-ha, relájate”, dijo Yoo-geon con voz trémula por la anticipación.

“¡Ah! ¡Me estoy… relajando! ¡Maldita sea! ¡En lugar de culparme, piensa en que tu pene es jodidamente grande!”.

“Sí, sí. Perdón por tenerlo tan grande. Pero se va a poner un poco más grande todavía, así que aguanta”.

Yoo-jun abrazó con más fuerza el cuello de Ju-ha y besó su frente con ternura. “No tengas miedo, Ju-ha. Yo te sostendré fuerte”.

“Hic… maldita sea… yo solo te necesito a ti, hyung… ¿Por qué este imbécil también…? Hic…”.

Yoo-jun acarició el cabello de Ju-ha mientras este lloraba en su pecho. “Perdón por amarlos a ambos. Pero eres tan adorable siendo amado por nosotros dos a la vez… Amémonos los tres para siempre, Ju-ha”.

Ju-ha se quejó, pero en el fondo ya no tenía fuerzas para rechazar a Yoo-geon. Empezaba a pensar que este bastardo, que ponía su orgullo y su vida en juego por él, era casi... tierno. Decidió que podía aceptar un poco de su egoísmo. Si Yoo-geon le decía que lo amaba, sentía que finalmente podría responder con un "sí".

Incluso estaba dispuesto a soportar el nudo. Tal vez, al estar con Yoo-jun y Yoo-geon, él también se había vuelto loco. Ju-ha buscó los labios de Yoo-jun, lo besó y, siguiendo la orden de Yoo-geon, relajó su cuerpo.

Cuando la presión interna disminuyó ligeramente, Yoo-geon retrocedió y luego embistió con todas sus fuerzas.

“¡Ah! Duele, duele…”.

A pesar de sus quejidos, Yoo-geon no se detuvo y continuó clavándose en él sin piedad. Con cada embestida de Yoo-geon, Yoo-jun también gemía; el impacto empujaba a Ju-ha más profundamente dentro de Yoo-jun, provocando que este último soltara una cantidad ingente de lubricación.

Finalmente, justo antes de que Ju-ha suplicara que parara, Yoo-geon lo sujetó de la cintura y se hundió hasta el fondo. En pocos segundos, la base de su pene comenzó a hincharse. Ju-ha soltó un grito de agonía y hundió el rostro en el hombro de Yoo-jun.

“¡Aaah! ¡Duele! ¡Duele mucho! ¡Maldita sea, duele! ¡Ahhh!”.

“Gh… Quédate quieto. No te muevas si no quieres salir herido…”.

El pene de Yoo-geon llenó tanto el vientre de Ju-ha que su silueta se marcaba bajo la piel delgada del abdomen del beta. Ju-ha sentía que no podía ni respirar. Empezó a forcejear, intentando alejarse de Yoo-geon mientras se aferraba a Yoo-jun.

“¡Duele! ¡Hijo de… perra! ¡Ah! ¡Sálvame… hyung… Yoo-jun hyung, sálvame!”.

Yoo-geon presionó la espalda de Ju-ha contra la cama para inmovilizarlo y comenzó a besar su piel, murmurando disculpas. “Solo un poco más… aguanta, ya casi termina…”.

“¡Vete al… carajo! Siento que… me voy a morir…”.

“Ju-ha, un poco más. Te daré guiamiento, ¿sí?”. Yoo-jun levantó el rostro de Ju-ha, encontrándose con sus facciones distorsionadas por el dolor. Le pareció increíblemente amado verlo esforzándose por contener el amor de ambos. Selló los labios de Ju-ha con los suyos y le transmitió un guiamiento profundo a través del beso.

Ju-ha pareció calmarse un poco al recibir el consuelo de Yoo-jun. Mientras tanto, Yoo-geon, con el nudo completamente formado, lamió el cuello de Ju-ha y eyaculó en su interior mientras mordía con fuerza su nuca.

“¡ugh!”.

Aunque sabía que no podía marcarlo oficialmente como a un omega, el instinto de Yoo-geon era demasiado fuerte. El nudo actuaba como un tapón, impidiendo que el semen escapara y llenando por completo el interior de Ju-ha.

“Ah… se siente… pesado… voy a vomitar…”.

Yoo-geon no pareció escucharlo. Dejó varias marcas de dientes más en su cuello mientras esperaba que la hinchazón bajara. Cuando finalmente el nudo cedió, una catarata de fluido cálido escapó de Ju-ha, empapando sus muslos y la cama. La cantidad era abrumadora, mucho más de lo normal debido al proceso del nudo.

“Hijo de perra… no habrá… una próxima vez…”.

Ju-ha, exhausto y abrumado por la sensación de vacío tras el nudo, cerró los ojos y se sumergió en la inconsciencia. Yoo-geon besó su mejilla y luego los labios de Yoo-jun.

 

Desde que Ju-ha lo aceptó, Yoo-geon se volvió implacable. Lo buscaba en cualquier momento: antes de dormir, en la ducha, antes de comer sobre la mesa. Ju-ha llegó a preocuparse de que su cuerpo nunca volviera a cerrarse por completo de tanto recibirlo. Y lo peor era que Yoo-jun solía unirse, dejándolo atrapado entre el placer y la extenuación.

“¡Maldita sea! ¡Ya basta, pedazo de animal! ¿Quieres que te mate?”.

Ju-ha finalmente estalló. Pero sus gritos no parecían afectar a Yoo-geon.

“Oye, ¿no te dije que te ves jodidamente lindo cuando te pones así?”.

“Ja, no me vengas con esas. ¿No te da vergüenza pasar de amenazarme con que fuera tu 'vaca' a volverte un pegajoso de repente?”.

Ju-ha intentó usar el sarcasmo para alejarlo, esperando una respuesta cínica. Pero, para su sorpresa, la expresión de Yoo-geon se ensombreció de inmediato.

“Tú… ¿todavía tienes grabadas esas palabras en el corazón?”.

Ju-ha esperaba una pelea, que Yoo-geon le gritara o le echara la culpa de algo, como siempre hacía. Pero en su lugar, se encontró con un Yoo-geon que lo miraba con una culpabilidad profunda, como un perro regañado que agacha la cola. Ju-ha se sintió descolocado.

“¿Qué más te hizo enojar? Cuéntamelo todo. No te lo guardes. Siempre te guardas las cosas y luego, cuando no puedes más, simplemente desapareces”.

Ju-ha se sorprendió de que Yoo-geon entendiera tan bien su personalidad. Dudó por un momento: ¿debía confesarlo todo o seguir ocultando sus heridas? En teoría, haberle salvado la vida debería ser suficiente para perdonarlo todo, pero los nudos en el corazón no se deshacen tan fácilmente.

“……”

Sus labios no soltaron las palabras de inmediato. Tartamudeó mentalmente. ¿Qué es exactamente lo que me hizo enojar tanto?.

Al intentar ordenar sus recuerdos, las imágenes se proyectaron en su mente como si alguien hubiera encendido un viejo proyector. Al mismo tiempo, las emociones de aquel entonces afloraron, provocándole un nudo en la garganta difícil de contener.

“Venías a buscarme a cualquier hora para obligarme a darte placer. Y durante el celo de Yoo-jun hyung, me forzaste. Aunque te decía que no, que me dolía... usaste tus feromonas para manipular a hyung y dejarme completamente acorralado.”

Ju-ha cerró la boca antes de seguir. Reclamar ahora se sentía absurdo, y sabía que si continuaba, terminaría llorando de una forma patética. Al verbalizar el pasado, esa sensación de miseria que había intentado olvidar volvió a quemarle el pecho.

“Ja... escuchándolo así, realmente soy una basura sin remedio...”

Yoo-geon, que escuchaba en silencio, sintió una punzada de ansiedad. Tenía miedo de que, al recordar todo aquello, el corazón de Ju-ha se cerrara de nuevo. Ju-ha pudo leer esa inseguridad en su rostro tan claramente como si estuviera escrita.

“¿Al menos te sientes arrepentido?” preguntó Ju-ha con tono hosco.

Yoo-geon asintió en silencio.

Si el tipo hubiera gritado o preguntado qué había hecho mal, Ju-ha le habría soltado una sarta de insultos para desahogarse. Pero verlo allí, con esa expresión de derrota total, hacía que fuera difícil seguir atacándolo. Sin embargo, haber sacado lo que tenía dentro fue un alivio, y ver que Yoo-geon realmente reflexionaba sobre sus actos le dio una extraña paz.

“Si estás arrepentido, acércate. Te lo perdonaré con un solo golpe.”

Ante sus palabras, Yoo-geon adelantó la cara y apretó los dientes. No tendría derecho a quejarse aunque Ju-ha le estrellara el puño o usara sus poderes para retorcerle los huesos. Si con eso lograba el perdón, lo aceptaría las veces que fuera necesario, con tal de que Ju-ha no volviera a marcharse.

Ju-ha observó el rostro de Yoo-geon, que mantenía los ojos apretados con fuerza, y dudó. En el pasado, no habría vacilado en golpearlo, pero ahora las cosas eran distintas; incluso encontraba algo de ternura en lo molesto y pegajoso que se había vuelto. Ju-ha siempre había sido blando con aquellos a los que finalmente dejaba entrar en su corazón.

¡Tack!

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Ju-ha levantó la mano y le dio un capirote en la frente. Yoo-geon, que esperaba un impacto devastador, soltó un pequeño quejido por la sorpresa.

“¡Ah!”

Se frotó la frente con una mano, mirando a Ju-ha con los ojos muy abiertos.

“Que no se te ocurra volver a comportarte así. La próxima vez, de verdad no te lo dejaré pasar.”

“¿Con eso basta? ¿Después de toda la mierda que hice, realmente terminamos con esto?”

Ju-ha empujó con el dedo la cara de Yoo-geon, que no dejaba de repetir la misma pregunta.

“Sigues siendo un pedazo de mierda ahora mismo, así que no te confíes. Hoy tenemos misión en la vanguardia, tú y yo. Ve a cambiarte de uniforme rápido.”

Al ver a Ju-ha regañándolo mientras lo apartaba, Yoo-geon curvó los labios en una sonrisa ladeada.

“Sí... la misión de hoy va a ser jodidamente divertida.”

“Oye, ¿qué es esto? ¿No íbamos solo nosotros dos a la vanguardia?”

Ju-ha, que había esperado a que Yoo-geon se cambiara, preguntó desconcertado al llegar frente a la barrera y ver a otros espers esperando.

‘¿Qué demonios está pasando?’.

Ju-ha escaneó los rostros. Le resultaban familiares.

‘¿Incluso esa persona está aquí?’.

Entre todos, el rostro más reconocible era el del Líder del Equipo 1, alguien que normalmente no debería estar en la vanguardia. Los mandos de su nivel no suelen participar en misiones de campo directas a menos que sea una emergencia nacional.

‘Algo anda mal’.

No había escuchado informes de una situación tan grave como para que él se presentara voluntario. Y estaba seguro de que no era voluntario, porque el Líder tenía una expresión de alguien que preferiría estar muerto. Los demás a su alrededor también tenían rostros sombríos.

“Dijo que se sentía muy culpable por lo que nos hizo la última vez y que insistió en entrar con nosotros a la vanguardia. ¿Cómo voy a negarme a lo que pide un Líder? ¿No es cierto, Líder?” dijo Yoo-geon con una sonrisa cínica.

El Líder se estremeció visiblemente y asintió a regañadientes. Aunque aceptaba las palabras de Yoo-geon, le lanzó una mirada llena de resentimiento antes de desviar la vista.

El origen de por qué el Equipo 1 terminó en esta misión se remontaba a tres días atrás.

Yoo-geon, sintiéndose en la cima del mundo tras recibir el guiamiento de Yoo-jun y ganarse el corazón de Ju-ha, sintió que había olvidado algo importante. Mientras ayudaba a recostar a un Ju-ha exhausto en la cama, recordó la razón por la que Ju-ha había tenido que forzar sus límites.

‘Cierto, ese tipo’.

Besó suavemente la frente de Ju-ha, que seguía frunciendo el ceño incluso dormido por el cansancio.

“Descansa.”

Subió las mantas hasta su cuello y salió de la habitación. Tras cambiarse el uniforme destrozado, se encontró con Yoo-jun, que estaba a punto de entrar al cuarto de Ju-ha.

“Yoo-geon, ¿a dónde vas?” preguntó Yoo-jun con el cansancio marcado en su rostro.

Yoo-geon besó también su frente con ternura.

“Tengo que pedir un uniforme nuevo y hacer un par de recados. ¿Tú vas a dormir con Ju-ha?”

Yoo-jun sonrió y hundió la cara en el pecho de Yoo-geon.

“Sí, Ju-ha sufrió mucho hace un rato. Quiero darle guiamiento y simplemente estar a su lado.”

Al ver a Yoo-jun comportarse de forma tan afectuosa, Yoo-geon sintió una oleada de arrepentimiento. Si hubiera cambiado su forma de pensar antes, habría podido disfrutar de esto mucho antes. Le dolió pensar en todo el tiempo que pasó lastimándolos.

Tras ver a Yoo-jun entrar al cuarto, Yoo-geon salió del apartamento y caminó hasta detenerse frente a la oficina del Director del Centro.

Toc, toc.

“Adelante.”

El Director respondió de inmediato. Solo supo que era Yoo-geon cuando lo vio entrar. Aunque mostró sorpresa por un segundo, recuperó la compostura y le ofreció asiento. Yoo-geon se sentó frente a él con una mirada cargada de desprecio.

“Recibí el informe de lo ocurrido en la vanguardia. Cometiste un error impropio de ti, pero me alegra ver que te has recuperado.”

Yoo-geon no se sorprendió por la reacción. Sabía qué clase de hombre era el Director: directo y ambicioso. Seguramente dio la orden de eliminación para que no quedara una mancha en la reputación de su centro.

“Fue gracias a que el esper Seo Ju-ha y el guía Seo Yoo-jun desobedieron las órdenes del Líder del Equipo 1. Si no fuera por ellos, ahora sería solo un montón de carne desgarrada dentro de un búnker” dijo Yoo-geon con una risa seca.

El Director, tomándolo quizás como una broma, soltó una pequeña carcajada también.

“Casi perdemos a un talento valioso. El Líder del Equipo 1 tiene una habilidad impecable, pero su falta de flexibilidad es un problema. Aunque reciba órdenes, el mando en el campo es suyo.”

El Director se encogió de hombros, echándole toda la responsabilidad al Líder. Yoo-geon sintió náuseas ante su actitud.

“Eso parece. Pero sabe, soy uno de los pocos espers Clase S con el gen Alfa en este país. ¿No cree que ordenar mi ejecución antes de intentar cualquier otra cosa pone en duda su capacidad como Director del Centro?”

La expresión del Director se congeló, pero forzó una sonrisa rápidamente. No pensaba enemistarse con un activo tan valioso mientras estuviera vivo.

“Parece que estás muy molesto. Dime qué puedo hacer para que el esper Cha Yoo-geon se sienta mejor. Haré lo que esté en mi mano.”

Yoo-geon estaba incrédulo ante la actitud del Director, quien se negaba a admitir su culpa hasta el final. No, el hecho de que incluso le dijera que pidiera lo que quisiera como si le estuviera haciendo un favor, le provocó una carcajada amarga.

“Pensé que podría acorralarlo, pero se escabulle como una anguila”.

Dada su personalidad, Yoo-geon solo se sentiría satisfecho si lograba irritar al Director hasta ver una expresión de incomodidad absoluta en su rostro. Sin embargo, era cierto que no ganaba nada rompiendo relaciones definitivamente con él. Por mucho que Yoo-geon tuviera un rango de Esper más alto y poseyera el gen Alfa, el hombre seguía siendo su superior.

A pesar de que sus entrañas hervían de rabia, Yoo-geon esbozó una sonrisa arrogante. Cruzó una pierna sobre la otra en una postura imponente. La comisura de los labios del Director tembló levemente mientras seguía los movimientos de Yoo-geon; era evidente que le molestaba su actitud altiva, pero le resultaba frustrante no poder decirle ni una sola palabra hiriente.

Yoo-geon saboreó esa expresión de impotencia antes de hablar.

“El Equipo 1 y su líder... ¿Podría tomarlos prestados para jugar un poco?”

“¿Jugar con ellos?”

El Director preguntó como si no entendiera. Pero pronto recordó los rumores que circulaban por el Centro. Se decía que cualquier Esper que hiciera algo que le desagradara a Yoo-geon terminaba siendo arrastrado por él a la vanguardia, regresando después con un aspecto que apenas parecía humano. La sonrisa de Yoo-geon se sintió como una hoja fría contra su cuello.

“Esta vez es un equipo entero. Incluso con su líder presente”.

Sin embargo, el Director sabía que nada de eso era posible sin su autorización. Entendió que esto era también una advertencia para él: una muestra de lo que Yoo-geon era capaz de hacer si volvía a traicionarlo.

“Hazlo. Haz lo que quieras, si con eso te sientes mejor”.

Una vez que comprendió la intención, el Director no lo dudó más. Si Yoo-geon decía que quería hacerlo, simplemente debía dejar que lo hiciera.

“¿Incluso si se rompen mientras juego con ellos?”

Yoo-geon preguntó con un destello de malicia, a lo que el Director asintió sin dudar, soltando una pequeña risa.

“Después de todo, se pueden arreglar fácilmente. Igual que tú”.

Esta vez, fue el rostro de Yoo-geon el que se tensó. Quería responder con indiferencia, pero la imagen de Ju-ha, destrozado por intentar ganar tiempo para que él recibiera guiamiento, cruzó su mente. Apretó los dientes y lo fulminó con la mirada.

“¿Le gustaría probar si usted también se arregla tan fácil? Tengo mucha curiosidad”.

Cuando Yoo-geon hizo brotar llamas sobre su mano, el Director soltó una carcajada sonora, aunque pronto borró la risa de su rostro.

“Si me tocas, podrías no volver a ver nunca al guía Seo Yoo-jun. ¿Estás seguro?”.

Yoo-geon no tuvo más remedio que cerrar la boca. Ante su silencio, el Director mostró una expresión de satisfacción.

“Consideraré que has aceptado mis disculpas. Diviértete y, por favor, cálmate. Esper Cha Yoo-geon”.

“Ah, mierda...”

Yoo-geon soltó un insulto bajo al recordar la conversación.

“De verdad, es una mierda. Oye, ¿te parece divertido esto?”.

Yoo-geon, que había estado sumido en sus pensamientos, miró a Ju-ha cuando este le habló con un tono de absoluta incredulidad.

“¿No es divertido? Los tipos que te atacaron están recibiendo lo mismo ahora. Deberías sentirte reivindicado”.

Nada más entrar en la vanguardia, Yoo-geon había provocado el caos con sus llamas por todas partes. Los monstruos, enfurecidos por el ataque, empezaron a surgir de todos los rincones, atacando ferozmente al Equipo 1 y a su líder. Mientras tanto, Yoo-geon observaba la escena desde lejos, manteniendo a Ju-ha sujeto contra él.

Al principio, el Equipo 1 intentó combatir, pero debido a su rango inferior y a la cantidad masiva de monstruos, empezaron a verse superados. Algunos, aterrorizados por la situación inédita, gritaban intentando huir hacia la barrera. Sin embargo, como los monstruos se habían agolpado cerca de los muros, la puerta de la barrera no se abría por mucho que acercaran sus chips de identificación.

“¿Te divierte acosar a la gente? A mí esto no me hace ninguna gracia”.

Ju-ha bajó la voz, visiblemente molesto. Su rostro estaba rígido y su mirada era gélida. Sin ocultar su desagrado hacia Yoo-geon, Ju-ha extendió ambas manos hacia el frente y luego las cerró con fuerza.

En el momento en que Ju-ha cerró el puño, el cuerpo de un monstruo que estaba a punto de alcanzar a un Esper del Equipo 1 estalló, incapaz de soportar la presión del vacío. El Esper, que ya se veía muerto, quedó cubierto de sangre enemiga con una expresión de total estupor.

A partir de ahí, Ju-ha liberó sus ondas de energía y usó su telequinesis para eliminar en poco tiempo a todos los monstruos que asediaban a los Espers. Yoo-geon no lo detuvo, pero lo miraba con una expresión de profundo descontento.

“Haa, finalmente terminó”.

Gracias a que Ju-ha acabó con los monstruos, el Equipo 1 pudo cruzar la barrera hacia la seguridad. Una vez que confirmó que no quedaba nadie en el campo, Ju-ha salió de la zona sin siquiera mirar a Yoo-geon. Aunque no le pidió que lo siguiera, Yoo-geon fue tras él.

Al salir, los Espers del Equipo 1 los miraban con timidez, aterrados ante la posibilidad de que los obligaran a entrar de nuevo.

“La misión terminó. ¿Piensan quedarse aquí para siempre?”.

Ante la pregunta de Ju-ha, todos negaron con la cabeza y se apresuraron a regresar al Centro. Una vez que desaparecieron de su vista, Ju-ha miró a Yoo-geon con una expresión cargada de reproche.

“Oye, dijiste que habías cambiado. Que no ibas a ser un acosador”.

Yoo-geon, sintiéndose injustamente acusado, replicó de inmediato.

“¡Oye! ¿Acaso lo olvidaste? ¡¿Olvidaste lo que esos bastardos te hicieron?! Solo quería que esos tipos que te atormentaron sufrieran un poco, ¿tan malo es eso? ¡Solo quería advertirles que nunca volvieran a ponerte una mano encima ni a ti ni a Yoo-jun hyung! ¡¿Tanto me vas a mirar como si fuera una basura por eso?!”.

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Ju-ha escuchó los reclamos de Yoo-geon en silencio y dejó escapar un largo suspiro. Luego, habló con un tono un poco más suave.

“Fueron órdenes. Si quieres reclamar, ve con el Director. Esa gente solo seguía instrucciones, ¿por qué los tratas así?”.

Aunque Ju-ha intentó razonar con calma, Yoo-geon seguía lleno de resentimiento.

“Ja, ¿así que ellos no tienen la culpa y yo sí? Solo pensaba en ti... Olvídalo. Si hubiera sabido que me tratarías así, no me habría preocupado por ti. Solo recibo insultos. Mierda...”

“No estoy intentando decidir quién tiene más culpa”.

Ju-ha se sentía frustrado porque Yoo-geon tergiversaba sus palabras por mucho que intentara calmarlo. Sabía que gritar solo empeoraría las cosas.

‘Haa, Yoo-geon...’

Ju-ha quería resolver este conflicto de buena manera. Honestamente, deseaba que Yoo-geon entendiera su punto.

“¡No les reclamaste a ellos, pero a mí sí! ¡Me estás diciendo que solo yo estoy mal!”.

“¡Oye! Por mucho que alguien se equivoque, hay límites. Esa gente casi muere allí dentro. ¿Cómo puedes decir que es divertido ver eso solo porque ellos fallaron primero? ¡No es normal sentir satisfacción viendo vidas en peligro! ¡Dijiste que ibas a cambiar! ¡¿Exactamente qué es lo que ha cambiado?!”.

Ju-ha, que había estado conteniendo sus sentimientos, finalmente estalló ante la falta de arrepentimiento de Yoo-geon. Ante las duras palabras de Ju-ha y su mirada acusadora, Yoo-geon no respondió. Tenía una expresión de frustración y dolor, pero mantuvo los labios sellados.

Se había esforzado por no volver a lastimar a Ju-ha ni a Yoo-jun. Había intentado reprimir su temperamento y cuidar sus palabras. Por eso creía que había cambiado. Pero ahora Ju-ha le decía que no había cambiado en absoluto.

‘¿Acaso todo fue en vano...?’

Sintió que todos sus esfuerzos habían sido inútiles. Una mezcla de inseguridad y debilidad lo abrumó. A Yoo-geon se le humedecieron los ojos. Le dolía que Ju-ha no reconociera ni un poco su esfuerzo, y se sentía avergonzado y patético por haber gritado tanto sin haber cambiado realmente.

“Oye... ¿No puedes valorar al menos la intención de mi esfuerzo? ¿Tenías que decirlo así?”.

“No, es que...”

“Es mi culpa de todos modos... Haa, vete tú primero. Tengo un lugar al que ir”.

Su voz tembló al llamarlo injusto. Yoo-geon se detuvo un momento y se mordió el labio; sentía que si decía una palabra más, terminaría llorando de forma patética. Siendo tan orgulloso como era, no quería que Ju-ha lo viera herido. Por eso, inventando una excusa barata, le dio la espalda y abandonó el lugar de inmediato.

Apenas terminó de hablar, Ju-ha, que esperaba que Yoo-geon estallara en una rabieta de insultos, se quedó desconcertado por su inesperada reacción. Al reconstruir la escena en su cabeza, juraría que la voz del otro había temblado ligeramente.

Por un momento se preocupó de haberlo herido, pero se convenció de que Yoo-geon no era de los que se lastimaban por algo así. Frente a él fingía haber domado su carácter, pero lo ocurrido hoy demostraba que su naturaleza seguía intacta. Debía recordar que, aunque lo hubiera dejado entrar en su corazón, Yoo-geon seguía siendo alguien capaz de herirlo de nuevo.

‘Pero dijo que era un esfuerzo...’

Saliendo de su modo defensivo, Ju-ha recordó sus palabras. Aunque el método fuera atroz, ¿no debería reconocer que lo había hecho pensando en él y en Yoo-jun? Ju-ha sacudió la cabeza. No podía justificar algo mal hecho solo por la intención. Querer a alguien no significaba encubrir sus faltas; eso solo sería empujarlo por el camino equivocado.

“Ya volverá cuando se canse de hacerse la víctima.”

Ju-ha miró hacia donde él se había ido, pero pronto apartó la vista y arrastró su cuerpo cansado hacia la casa anexa.

“¿Ya llegaste, Ju-ha? ¿Y Yoo-geon?”

Yoo-jun, que los esperaba para darles guiamiento tras la misión, preguntó extrañado al verlo solo.

“Dijo que tenía cosas que hacer.”

“¿Qué cosas?”

Ju-ha intentó evadir el tema para no preocuparlo con la pelea, pero Yoo-jun no era tonto. Leyó en sus gestos que algo iba mal.

“Solo... cosas.”

“¿Pasó algo entre ustedes?”

Cuando Ju-ha intentó escabullirse a su cuarto, Yoo-jun lo sujetó del brazo. Ju-ha no pudo soltarse y evitó su mirada como si fuera él quien hubiera cometido un crimen.

“¿Pelearon?”

Ju-ha asintió al final, incapaz de mentir ante la perspicacia de Yoo-jun. Siempre había querido mostrarse maduro y fuerte ante él, ser alguien en quien Yoo-jun pudiera apoyarse después de haber cargado con tanto solo. Pero al estar con Yoo-geon, sentía que solo mostraba su faceta más infantil y vergonzosa.

Sin embargo, a diferencia de Ju-ha, a Yoo-jun le gustaba verlo así. Siempre le dolió que Ju-ha se esforzara tanto por parecer un adulto siendo el menor; sentía que esa madurez forzada nacía de la culpa. Verlo discutir con Yoo-geon de forma inmadura le hacía sentir que Ju-ha finalmente mostraba su verdadera personalidad, hasta el punto de sentir envidia de la libertad que Ju-ha tenía con el otro.

“Cuéntame por qué pelearon.”

Yoo-jun acarició el dorso de su mano con el pulgar y sonrió con dulzura. A Ju-ha le daba una vergüenza mortal admitir que dos adultos se habían gritado frente a la barrera. Quería huir a su habitación, pero no podía ser cruel con quien esperaba pacientemente su respuesta.

“Haa... Ese imbécil se llevó al Equipo 1 y a su líder a la vanguardia para darles una lección, casi los deja como comida para monstruos. Así que le solté un par de verdades y le dije que estaba loco.”

Yoo-jun asintió, animándolo a seguir.

“...Y entonces él se enojó, dijo que se estaba esforzando y se fue. Seguro está por ahí rompiendo cosas para desahogarse.”

Al escucharlo, Yoo-jun entendió perfectamente el choque de posturas. Eran diferentes en carácter y en crianza. Ju-ha, a pesar de su padre autoritario, había crecido con el recuerdo del amor cálido de su madre; por eso sabía ser considerado. Para él, la forma en que Yoo-geon expresaba afecto era pura violencia.

“Ju-ha, ¿puedes hablar conmigo un momento?”

Yoo-jun lo guio y comenzó a contarle algo que Ju-ha no sabía del todo: la infancia de Yoo-geon.

‘Así que fue eso...’

Ju-ha siempre pensó que, al ser un Alfa y Clase S, Yoo-geon lo había tenido todo y por eso era tan arrogante. Pero tras escuchar a Yoo-jun, su perspectiva cambió. Esa arrogancia era su único escudo. Hirió antes de ser herido; se protegió del mundo siendo agresivo, un comportamiento aprendido de su propio padre.

‘...Maldición.’

No se había dado cuenta del esfuerzo titánico que Yoo-geon hacía para estar con ellos. Para alguien con esa crianza, elegir cada palabra para no resultar ofensivo debía ser como caminar sobre brasas. Para Ju-ha ser amable era natural, por eso no valoró que para Yoo-geon era una lucha constante. Recordó cómo, tras cada frase, Yoo-geon siempre escaneaba su rostro buscando aprobación.

Ju-ha se levantó del sofá de golpe.

“Voy a traer a Cha Yoo-geon.”

“Sí. Y Ju-ha...”

Yoo-jun lo detuvo antes de que saliera. “A mí también trátame con confianza. Como a él.”

Ju-ha lo miró sin entender. Con Yoo-geon solo se quejaba, lo insultaba y perdía los estribos. ¿Por qué Yoo-jun querría eso?

“Todavía te sientes culpable por lo de mi padre, ¿verdad? Por eso no te apoyas en mí.”

Ju-ha guardó silencio, incapaz de rebatirlo.

“Con Yoo-geon dices todo lo que te molesta sin filtros, pero conmigo te cuidas. Haces todo lo que te pido. No quiero eso. Quiero que también te quejes conmigo, que llores si hace falta. No me busques solo cuando estamos en la cama, Ju-ha. Apóyate en mí siempre.”

Al oír lo de "buscarlo solo en la cama", Ju-ha recordó sus llantos desesperados pidiendo piedad durante el nudo de Yoo-geon y se puso rojo.

“Lo intentaré. Y no es solo culpa... es que te quiero tanto que quiero que me veas como alguien genial.”

“Gracias, Ju-ha. Por querer a este hyung que no vale mucho.”

Ju-ha frunció el ceño. No podía dejar que Yoo-jun se menospreciara.

“¿Cómo que no vales mucho? Eres hermoso, amable y el mejor guía Clase S del país. No digas tonterías de mi novio.”

Yoo-jun sonrió, sintiendo cómo sus palabras le devolvían la confianza. “Está bien. No diré más que tu novio no vale nada.”

Ju-ha quiso besarlo ahí mismo y olvidar todo, pero sabía que tenía que recuperar al "niño" que estaba haciendo un berrinche en algún rincón del centro.

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Ju-ha reprimió sus propios deseos por un momento y, tras asegurarle a Yoo-jun que traería a Yoo-geon de vuelta, abrió la puerta principal y salió.

Había salido con determinación, pero pronto se sintió perdido. A diferencia de Yoo-jun, él no sabía casi nada sobre Yoo-geon.

“¿Dónde demonios busco a este tipo?”

Seguramente estaría metido en algún rincón del centro, así que pensó que lo encontraría tarde o temprano si caminaba un poco. Sin embargo, le inquietaba pensar que, en ese tiempo, Yoo-geon estaría a solas, rumiando sus palabras y lastimándose a sí mismo una vez más.

‘Primero caminaré y pensaré en el camino’.

Aún no tenía claro qué decirle cuando lo encontrara, pero sentía que solo estaría tranquilo cuando lo tuviera frente a sus ojos. Con ese pensamiento, Ju-ha reanudó el paso. Decidió empezar buscando cerca de la barrera, donde se habían separado hace poco.

‘Yo también soy increíble...’

Ju-ha pensó para sí mismo que su situación era casi cómica. Antes de que Yoo-jun llegara al Centro Central, él y Yoo-geon apenas se hablaban a pesar de compartir habitación; después de que llegara Yoo-jun, se habían convertido en enemigos que se gruñían constantemente.

Incluso ahora, no es que tuviera la certeza absoluta de que lo amaba, sino que simplemente había decidido aceptarlo porque el otro no dejaba de insistir. ¿Por qué, entonces, se esforzaba tanto en buscarlo? Ni él mismo se entendía.

Buscó cerca de la barrera y recorrió casi todo el edificio, pero no había rastro de Yoo-geon. Al principio caminaba con calma, confiando en que se cruzarían en algún punto, pero al no ver ni su sombra, empezó a correr a toda velocidad por el centro.

“¡Cha Yoo-geon! ¡Oye! ¡Cha Yoo-geon!”

Gritó su nombre incluso en la parte trasera del edificio, pero Yoo-geon no aparecía por ninguna parte.

“Ah, mierda... ¿Dónde se habrá metido este imbécil?”

Por muy buena que fuera su resistencia física, correr a máxima potencia por todo el complejo lo había agotado. Ju-ha se echó el pelo sudado hacia atrás y se despeinó con frustración. No solo estaba cansado, sino que tenía la ropa empapada de sudor.

Sintió que ya había hecho lo suficiente tras dar tres vueltas completas al centro. Justo cuando estaba a punto de rendirse y volver a casa, se sentó en el suelo, echó la cabeza hacia atrás y suspiró. Al mirar hacia arriba, sus ojos se toparon con la barandilla de la azotea. Se dio cuenta de que era el único lugar que no había revisado.

Estaba exhausto. Honestamente, no quería dar ni un paso más. Quería volver a su habitación, ducharse y tirarse en la cama. Pero la expresión que puso Yoo-geon antes de darle la espalda no dejaba de darle vueltas en la cabeza. No podía irse sabiendo que el otro probablemente seguía allí, sumido en su propia miseria.

“Haa... eres un tipo que da demasiado trabajo”.

Ju-ha se puso de pie, se sacudió los pantalones y comenzó a caminar. Al principio lo hizo despacio, pero la imagen de Yoo-geon sufriendo a solas se hizo tan vívida en su mente que pronto volvió a correr.

Entró de nuevo al edificio y subió las escaleras que llevaban a la azotea. El pasillo se llenó con el sonido de su respiración agitada y el eco de sus botas golpeando los escalones. Subió tres pisos de un tirón y abrió la puerta de la azotea de par en par.

“Fuu...”

Recuperó el aliento y miró a su alrededor, pero, contra sus expectativas, Yoo-geon no estaba a la vista.

“Maldición, este tipo realmente me está haciendo sufrir”.

Estuvo a punto de cerrar la puerta e irse, pero algo le dijo que debía mirar un poco más. Soltó la puerta, que se cerró con un ruido sordo, y el sonido de sus pasos comenzó a resonar sobre el suelo de la azotea.