18. Oda al Amado
18. Oda al Amado
La
clase de Composición de Inglés de Honores se convirtió en la favorita de
Jung-in.
Mientras
jugaba con la pluma entre sus dedos, Jung-in la dejó caer deliberadamente.
Luego, se agachó fingiendo recogerla y miró hacia atrás, en diagonal, hacia el
asiento de Chase. Chase, como si leyera sus intenciones, tenía una leve sonrisa
en los labios.
En
el momento en que sus miradas se cruzaron, sintió como si una corriente
eléctrica recorriera todo su cuerpo. Mientras otros estudiantes golpeaban el
pupitre con aburrimiento o bostezaban, para ellos dos en ese salón no había ni
un segundo de aburrimiento.
Cuando
la clase iba por la mitad, la profesora Davis aplaudió suavemente para llamar
la atención.
“Esta
tarea requerirá que usen un poco su creatividad”.
Dicho
esto, Davis escribió en el pizarrón: ‘Tarea de composición de sonetos’
“Hemos
aprendido sobre los tipos y formas de sonetos, ¿verdad? Ahora van a retroceder
a algún momento de la Edad Media. No importa si es un palacio real, una orden
de caballeros o el pequeño desván de un poeta. Se convertirán en una persona de
esa época y escribirán un soneto con la sensibilidad de entonces”.
Un
murmullo de quejas se extendió entre los estudiantes. Sin inmutarse, Davis
continuó.
“Y
en la próxima clase, elegiré a algunas personas para que lo presenten”.
Hubo
lamentos y quejas por todas partes. En ese momento, se escuchó a Josh Turner,
sentado en la última fila, burlarse entre dientes.
“¿Entonces
Jay Lim no debería escribir un poema chino?”.
A
esto le siguió una imitación de chino falso con un acento ridículo. Jung-in
apretó los puños sobre el escritorio. La rabia le hervía por dentro. Pero al
instante siguiente, un estruendo llenó el salón.
Ante
el sonido de un escritorio y una silla chocando contra el suelo, Jung-in giró
la cabeza por reflejo y ahogó un grito de sorpresa. Josh Turner estaba
despatarrado en el suelo. Un lado de su cara estaba hinchado y rojo, como si ya
hubiera recibido un golpe, y de su nariz goteaba sangre roja intensa. Chase
estaba sentado sobre Josh, con el puño en alto listo para golpearlo de nuevo.
“¡¿Pero
qué están haciendo?!”.
“¡Chase!”.
Junto
con el grito agudo de Davis, Jung-in corrió hacia Chase y sujetó su brazo
levantado como si lo abrazara. Chase estaba tan furioso que sus ojos parecían
nublados.
“¡¿Qué
es este comportamiento en clase?! ¡Apártense ahora mismo!”.
Jung-in
tiró de su brazo con todas sus fuerzas, pero Chase no se movió. Con el puño
cerrado, seguía mirando a Josh Turner como si quisiera matarlo. Solo entonces
los estudiantes que murmuraban alrededor se acercaron rápidamente. Solo después
de que cuatro o cinco personas sujetaran a Chase a la vez, lograron separarlo.
Josh
Turner se limpió bruscamente la sangre de la cara con el dorso de la mano.
Luego, con el rostro encendido, miró a Chase jadeando de rabia. Sin embargo,
Chase lo miraba fijamente, con una respiración calmada pero con una mirada
llena de intenciones asesinas.
“¡Señor
Prescott! ¡¿Qué significa esto?!”.
Ante
la pregunta de Davis, Chase guardó silencio. Para explicar el motivo, tendría
que repetir él mismo las palabras que Josh Turner le había dicho a Jung-in, esa
burla llena de malicia.
“No
me gusta su cara”.
Respondió
secamente.
Jung-in
dio un paso al frente sin dudarlo.
“Josh
Turner hizo un comentario racista hacia mí. Preguntó si yo no debería escribir
un poema chino y luego hizo una imitación absurda del idioma”.
Terminó
de hablar con la voz temblando ligeramente, sin saber cómo reaccionaría Davis.
Había sentido en varias ocasiones que ella no era justa con él por ser
asiático. Davis dijo con voz firme.
“Vaya
de inmediato a la oficina del director”.
De
repente, el salón se quedó en un silencio sepulcral. Josh Turner, sentado en el
suelo, se limpió la nariz ensangrentada y sonrió con malicia, lanzando una
mirada de triunfo hacia Chase Prescott. Sin embargo, el dedo de Davis apuntaba
hacia Josh.
“Señor
Josh Turner”.
“¿…
Eh?”.
Una
exclamación tonta salió de su boca. Josh miró a Davis sin poder creerlo.
“Wincrest
High School tiene una política de tolerancia cero ante cualquier tipo de
discriminación. Tu comentario fue un acto de racismo explícito, y este tipo de
problemas pueden ser motivo de suspensión. Ve a la oficina del director ahora”.
Jung-in
parpadeó sorprendido mirando a Davis. Era un giro inesperado. No pensó que ella
actuaría con tanta firmeza. ¿Habría sido complejo de inferioridad lo que sintió
hasta ahora? ¿Era ella realmente justa o recién ahora estaba actuando correctamente?
Estaba confundido, pero aun así, sintió que una parte de su rencor se disolvía
y su corazón se aligeraba.
Davis
suspiró profundamente, como si estuviera cansada, y le dijo a Chase.
“Señor
Prescott, recoja lo que desordenó y siéntese. Y usted también vaya a la oficina
del director después de clase. La violencia no es aceptable bajo ninguna
circunstancia”.
“…
Lo siento”.
Él
levantó el escritorio y las sillas caídas y volvió a su lugar en silencio.
Jung-in miró a Chase con preocupación, pero Chase solo le dedicó una sonrisa
pícara, como si no fuera para tanto.
Josh
Turner recibió una suspensión de una semana por su comentario racista. Fue una
medida bastante fuerte que quedó en su expediente estudiantil. Esto causó un
gran revuelo entre los alumnos. Algunos decían que era el resultado lógico,
otros cuestionaban si el golpe de Chase no era un problema mayor. Pero los más
ruidosos fueron los padres de Josh.
Al
ser llamados por el director, corrieron a la escuela y, al ver el rostro
ensangrentado de su hijo, gritaron preguntando quién le había hecho eso. Al
principio amenazaron con demandar y exigieron saber quién era el agresor, pero
al escuchar el nombre de Chase Prescott, se calmaron y salieron de la oficina
del director sin más protestas.
Por
supuesto, Chase no se libró del castigo. Recibió cinco días de detención por
usar la violencia en la escuela. La detención es una medida disciplinaria en la
que los estudiantes deben quedarse después de clase en un salón específico bajo
supervisión, y a veces se les hace escribir una carta de reflexión.
Afortunadamente, este incidente no quedó en su expediente oficial, pero era
inevitable que su tiempo libre después de la escuela se viera limitado por
cinco días. Tampoco pudo participar en los entrenamientos de pretemporada del
equipo de varsity.
Jung-in
empujó suavemente la puerta y asomó la cabeza en el salón de detención. El
profesor encargado se había quedado dormido con una revista sobre la cara. A
juzgar por el movimiento rítmico de la revista, parecía estar en un sueño
profundo.
Chase,
que estaba sentado relajadamente apoyado en su escritorio, sonrió en cuanto vio
a Jung-in. Jung-in se puso el índice en los labios, indicándole que guardara
silencio, y entró de puntitas.
En
el salón de detención había otros tres chicos además de Chase. Uno dormía boca
abajo, otro estaba absorto en un juego de celular riéndose solo, y un chico con
estilo gótico, cabeza rapada y piercings, dibujaba algo oscuro con audífonos
puestos.
Jung-in
pasó junto a ellos y se sentó al lado de Chase. Sacó sus libros de la mochila
como si fuera a pasar el tiempo allí también. Jung-in arrancó un pedacito de
papel de su cuaderno y escribió en letra pequeña.
[Lo
siento]
Dobló
el papel y se lo pasó a Chase, quien lo abrió al instante. Chase reflexionó un
momento, tomó una pluma roja y corrigió algo. El papel doblado volvió a las
manos de Jung-in. Vio que sus palabras ‘Lo siento’ estaban tachadas con una
línea firme. Debajo, con la caligrafía de Chase, decía.
[Lo
correcto es ‘Gracias’]
Jung-in
sonrió levemente y escribió debajo.
[Gracias]
Y
se lo pasó de nuevo a Chase. Él abrió el papel y otra vez tomó la pluma roja.
Esta vez, tachó ligeramente ‘Gracias’ y añadió una nueva frase.
[Pensándolo
bien, creo que lo correcto es ‘Te amo’]
A
Jung-in se le cortó la respiración por un momento y se cubrió la boca
rápidamente. Giró la cabeza hacia la ventana para ocultar la sonrisa que se
extendía por su rostro. El cielo azul se veía radiante. Jung-in dobló bien el
papel y, en lugar de responder, lo guardó en lo profundo de su estuche por si
alguien lo veía.
Mientras
tanto, otra nota voló hacia él desde el lado de Chase. Una nota doblada en
forma de avión aterrizó suavemente sobre el escritorio de Jung-in.
[¿Quieres
ir al cine cuando esto termine?]
Debajo
había dos cuadritos dibujados con un ‘Sí’ y un ‘No’ al lado. Jung-in marcó el ‘No’
y escribió debajo.
[Es
época de exámenes finales, recobra el juicio]
La
siguiente nota que recibió Jung-in tenía una carita llorando dibujada con unas
pocas líneas. Al ver la cara con las cejas caídas y lágrimas rodando de unos
ojos grandes, Jung-in soltó una risita.
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Terminado
el intercambio de notas, Jung-in bajó la vista hacia el libro abierto. Chase
estiró un brazo sobre el escritorio, apoyó la cabeza en él y se quedó mirando a
Jung-in. No parecía cansarse de mirar el perfil de Jung-in mientras leía el
libro de texto con expresión calmada.
El
sonido del lápiz rozando el papel, los ronquidos intermitentes del profesor… El
salón de detención, bañado por la cálida luz del sol, era tan pacífico que
resultaba somnoliento. Una brisa suave entraba por la rendija de la ventana
abierta y las cortinas se mecían levemente. La tarde avanzaba en una atmósfera
acogedora y confortable.
***
“Ahora,
vamos a presentar los poemas”.
Cuando
las palabras de Davis resonaron en el salón, los estudiantes evitaron su mirada
al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo. Nadie quería ser el primero.
Leer un ensayo era una cosa, pero recitar un poema escrito por uno mismo era
mucho más vergonzoso y estresante.
Sin
embargo, a Davis no le importaba lo que sintieran. A ella le gustaba que
alguien presentara y luego pasar por el proceso de peer review, es decir, que
los estudiantes criticaran las obras de los demás. En medio del silencio tenso,
Davis miró a su alrededor y dijo.
“La
primera persona en presentar será… el señor Prescott”.
Chase
fue el elegido. Salió al frente con su cuaderno, sin mostrar señales de
desagrado.
“Escribí
un soneto shakesperiano con rima ABAB CDCD EFEF GG. El último verso es un
homenaje a un verso de Pablo Neruda que me gusta mucho. El título es ‘Oda al
Amado’ (Ode to the Beloved)”.
Ante
el título excesivamente empalagoso, estallaron burlas juguetonas en el salón.
Algunos estudiantes lanzaron miradas significativas a Jung-in. Pero Jung-in
estaba rígido, mirando a Chase con sorpresa.
El
título era ‘Ode to the Beloved’, y ‘Beloved’ era la traducción al inglés del
significado del nombre de Jung-in (Jeong-in). Por lo tanto, el título también
podía interpretarse como ‘Oda a Jung-in’. Por supuesto, el verdadero
significado solo lo conocían ellos dos.
Él
elogió la primavera y el amor. Era un poema que expresaba el amor de la
primavera por los árboles en flor, pero Jung-in no tardó en darse cuenta de que
estaba hablando de él. La primavera pasada fue cuando Jung-in y Chase
comenzaron a involucrarse. Todo empezó alrededor del Spring Fling.
Quiero
ser tu viento, y el anhelo que te estremece.
Quiero
regar tus raíces, y derramar luz sobre tus ramas.
Quiero
hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos
Nadie
esperaba que Chase escribiera un poema de este tipo. Era un poema lleno de
amor, lírico y quizás demasiado sentimental. Además, aunque no sabía si era
solo sensación suya, a Jung-in le pareció extrañamente sensual.
Tras
un breve silencio, Davis se aclaró la garganta y dijo mirando al salón.
“Pensé
que escribirías algo más sobre la rebeldía adolescente, pero el amor
adolescente también es algo grande. ¿Alguien quiere criticar este poema?”.
¿Quién
se atrevería a criticar a Prescott? En medio del silencio, una persona levantó
la mano con firmeza.
“Señor
Jay Lim”.
“Creo
que la parte donde interpretó March (Marzo) como ‘marcha’ fue ingeniosa. En
general, fue un buen poema”.
Chase,
al ser elogiado, sonrió suavemente. Pero las palabras de Jung-in no terminaron
ahí.
“Sin
embargo, ¿acaso una ‘Oda’ no suele referirse a un tipo de poema libre, largo y
de rima irregular? Nosotros estamos escribiendo sonetos con reglas fijas. Fue
un buen poema, pero creo que el título no encaja del todo”.
Jung-in
habló con claridad, y a Chase se le abrió un poco la boca ante la corrección.
Davis asintió, aceptando la opinión de Jung-in.
“Es
una buena observación. Quizás cambiar ‘Oda’ por ‘Sonnet’ en el título sería más
apropiado”.
¿Cómo
podría ganarte?, pensó Chase. Miró a Jung-in, quien acababa de criticar su
poema, con una expresión de asombro y, a la vez, de adoración. De inmediato, se
puso a la defensiva:
“Quería
darle más énfasis al significado de alabanza. Sé que las odas suelen ser versos
libres, pero la palabra ‘Soneto’ no captura bien el sentimiento que quería
transmitir”.
Davis
aplaudió levemente para cerrar el debate.
“El
dueño de cada poema es el hablante, así que cómo titularlo también depende de
él. Lo importante es qué quería transmitir a través del poema”.
Chase
se cubrió la boca con su mano grande mientras miraba a Jung-in, quien mantenía
su habitual expresión seria y calmada. No podía evitar que se le escapara la
risa.
***
La
cafetería estaba más concurrida de lo habitual. Hoy era el día de la pizza, uno
de los menús favoritos de los estudiantes. Algunos decían que la pizza sabía a
cartón, pero igual venían a comerla porque era mejor que otras opciones. Los
chicos sentados en grupos en las mesas estaban inusualmente animados.
Muchos
sacaron sus yearbooks (anuarios) de las mochilas y los intercambiaban para
dejarse mensajes y firmas. En las mesas de los chicos populares incluso había
gente esperando para recibir una firma.
Era
la escena típica de esta época. En las preparatorias de EE. UU., los anuarios
se distribuyen anualmente alrededor de los exámenes finales. El anuario es como
una crónica del año, que incluye fotos de carnet por clase, así como fotos de
equipos deportivos, clubes y eventos escolares. A diferencia de los álbumes de
graduación coreanos, se incluyen las fotos de todos los grados. Por lo tanto,
los estudiantes que no se gradúan también pueden solicitarlo libremente. Aunque
las páginas de los ‘seniors’ (graduados) ocupan más espacio, los de grados
inferiores también pueden recordar el año a través de este libro.
Las
últimas páginas del anuario se dejaban en blanco a propósito para que los
amigos se firmaran y dejaran mensajes. A veces incluso los profesores
participaban, y entre los estudiantes había quienes disfrutaban compitiendo por
ver quién conseguía más firmas.
Jung-in
solía pedir su anuario cada año. Por supuesto, en los últimos dos años, su
anuario solo tenía mensajes de los miembros de la Mathlete Society y de sus
profesores.
Hoy,
Jung-in se sentó en la misma mesa con Justin y Rajesh, el presidente de la
Mathlete Society. Era un día en que Chase terminaba tarde por su clase de
educación física avanzada, y Jung-in también quería al menos dos veces por
semana almorzar con sus amigos de siempre.
En
la mesa, la conversación giraba en torno a las actividades extracurriculares
para la admisión a la universidad.
“Uf,
no sé qué más hacer”.
Suspiró
Justin profundamente, apoyando la barbilla en su mano. Su primera opción era
Ingeniería Informática en el MIT, y estaba pensando en crear una aplicación
para causar una fuerte impresión en los oficiales de admisión. Técnicamente
podía hacerla, pero el problema era que no tenía una idea brillante. Lo
importante no era un proyecto cualquiera, sino mostrar algo significativo sobre
sí mismo.
“¡Cuidado!
Vivian Sinclair y otras tres porristas se acercan por las 11 en punto. ¡Modo
sigilo activado!”.
Advirtió
Rajesh, y Justin cerró la boca de golpe.
Vivian
Sinclair, Madison Wilkes y Ava Winslow, quien se decía que había terminado con
Brian Cole justo después del baile, caminaban hacia ellos. Madison, al ver a
Jung-in antes de sentarse, le susurró algo a Vivian. Vivian miró hacia aquí un
momento y luego giró la cabeza con desdén.
Madison
dejó su bandeja y se acercó. Parecía haberle dicho a Vivian que volvía en un
momento. Cuando ella se acercó, los nerds se quedaron callados como si hubieran
presionado el botón de silencio. Rajesh, muy nervioso, no paraba de comer
pepinillos.
Madison
se sentó sin reparos en un lugar vacío, sacó su anuario y un marcador
permanente de su bolso y se los extendió a Jung-in.
“Jay,
¿firmas mi anuario?”.
Jung-in
miró por un momento el rostro sonriente de Madison antes de bajar la vista. Al
mirar su mano ofreciéndole el marcador, se sumió en sus pensamientos. El
Jung-in del pasado era una persona llena de prejuicios nacidos de su complejo
de inferioridad. Había considerado a las porristas como Madison y Vivian como
chicas superficiales y tontas, sin seriedad ni preocupaciones. Si no se hubiera
involucrado con Chase, quizás se habría graduado con esa idea.
Sintió
que era una suerte que ya no fuera así. Jung-in asintió y abrió el anuario de
ella. Buscó un espacio vacío en las páginas que ya estaban repletas de firmas.
Justo cuando iba a abrir la tapa del marcador, Madison le advirtió.
“Ni
se te ocurra escribir algo tan típico como H.A.G.S”.
H.A.G.S.
(Have a Great Summer) es el acrónimo de ‘Que tengas un buen verano’, algo que
se suele escribir de forma genérica a personas con las que no se tiene mucha
confianza.
“Y
Jay, ¿dónde está tu anuario? ¿Puedo firmar el tuyo también?”.
Ante
las palabras de Madison, Jung-in sacó su anuario y se lo entregó en silencio.
Al pasar las páginas, Madison arqueó las cejas.
“¿Qué?
¡Está totalmente nuevo!”.
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Como
aún no le había pedido firmas a nadie, el anuario de Jung-in estaba
prácticamente impecable. Madison, con cara de alegría, tomó la pluma y dejó su
firma decorada con flores con mucho esmero. Jung-in también tomó su marcador y
escribió con cuidado en un espacio vacío del anuario de Madison.
[Que
en cada lift y backflip, la física esté siempre de tu lado. — Jay Lim]
Al
ver lo que Jung-in había escrito, Madison soltó una carcajada.
“¿Por
qué? ¿No te gusta?”.
“No,
al contrario, me encanta. Es muy propio de ti”.
Jung-in
recuperó su anuario y Madison se alejó saltando ligeramente, moviendo su coleta
con alegría. Madison presumió su firma ante Vivian y Ava en su mesa. Ava miró
hacia aquí con interés antes de girar la cabeza. Vivian también lanzó una
mirada intensa, pero Jung-in ya tenía la seguridad necesaria para responderle
con una sonrisa.
Jung-in
bajó la vista y abrió su anuario. Vio una margarita dibujada, la firma de
Madison y, debajo, un mensaje con letra redonda.
[Me
alegra haberte conocido. Mantén tu nivel nerd. Eres genial así. — Madison W.]
Jung-in
contempló la página por un rato. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Los
nerds que lo miraban de reojo exclamaron.
“Jay
boy, eres increíble…”.
“Hombre,
eres nuestro héroe…”.
Jung-in
seguía mirando el anuario con una sensación extraña de emoción. Recordó su
primer encuentro con Madison: en el baño de la casa de Chase, detrás del ruido
de una fiesta lujosa, ella estaba llorando. No parecía haber pasado tanto tiempo,
pero se sentía como un pasado muy lejano. Con ella, con quien no parecía tener
nada en común, ahora eran amigos e intercambiaban mensajes en el anuario.
Mientras
sentía esa extraña emoción, de repente una mano apareció por detrás y le
arrebató el anuario. Una voz grave cayó sobre la cabeza de Jung-in.
“¿Madison
W…?”.
Chase
estaba justo detrás de él, acompañado por su grupo habitual del equipo de
varsity. Ante la incursión de los ‘depredadores’, el silencio volvió a la mesa
de los nerds. En otra situación, Justin habría presumido de conocer a Chase,
pero eso solo era posible cuando Chase estaba solo.
“¿La
primera firma en tu anuario… es de Madison Wilkes?”.
Jung-in
parpadeó con inocencia, como preguntando cuál era el problema. Chase sonreía
como de costumbre, pero los músculos de su mandíbula se tensaron.
“Hey,
dumpling”.
Max
saludó a Justin sin pensar, como siempre. Justin sonrió torpemente y asintió.
Entonces, Chase le dijo a Max con una voz más afilada de lo normal.
“Para
ya con eso, Schneider. Pareces un racista”.
Fue
dicho con un tono irritado, como si estuviera descargando su frustración.
“¿Qué?
¿Yo qué racismo…?”.
“Su
nombre es Justin. Justin Wong”.
Max
se rascó la nuca con torpeza, sin esa intención. De pronto, recordó algo y le
dijo a Justin:
“Oye,
Dum… no, Wong. El restaurante de tus padres… honestamente, siendo yo un cliente
tan frecuente, ¿no podrían ponerme un dumpling extra? Voy varias veces a la
semana. Son muy tacaños. Ni siquiera tienen tarjetas de fidelidad o de sellos”.
Justin
se defendió con voz débil.
“Teníamos
tarjetas. Pero la gente traía tarjetas con un solo sello y pedía que las
juntáramos…”.
“¿Y
eso qué?”.
“Gente
que ni siquiera era cliente las sacaba de la basura… entonces ya no serían
tarjetas de fidelidad…”.
Max
hizo un gesto con la mano restándole importancia.
“No
sé. Vuelve a ponerlas. Eres un nerd, eres inteligente. Busca una solución”.
Mientras
los dos discutían, Chase apretó suavemente el hombro de Jung-in. Con esa
presión, parecía transmitirle un mensaje sin palabras.
“Que
tengas un buen almuerzo, Jung-in. Sobre el anuario… hablaremos luego”.
Jung-in
asintió en silencio con una sonrisa ambigua. Por dentro pensó que,
definitivamente, Chase estaba celoso. Al conocerlo, se dio cuenta de que Chase
era sorprendentemente celoso y a veces hacía berrinches infantiles. Pero para
Jung-in, incluso ese lado de Chase era adorable.
Cuando
el grupo del equipo de varsity se mudó a otra mesa, la atmósfera habitual
volvió. Justin mordió el borde de su pizza y murmuró con una risa incrédula.
“Quién
diría que Max Schneider me ayudaría en la vida…”.
“¿Eh?”.
Jung-in
lo miró extrañado.
“Se
me ocurrió una idea. Una aplicación de cupones de fidelidad hecha por un hijo
devoto para el negocio de sus padres, ¿qué te parece?”.
“Mmm…
¿no es un poco común una aplicación de cupones?”.
“La
haré para que solo los verdaderos clientes puedan usarla. Además, permitiré que
grupos de amigos registrados puedan intercambiar sellos entre ellos”.
Rajesh,
que también aspiraba a estudiar Informática, señaló.
“Ese
sistema ya existe en Starbucks. ¿Vas a usar un sistema P2P? Podría haber abusos”.
“Tendré
que pensar en un nuevo algoritmo de autenticación”.
Como
sea, lo importante era que Justin había ideado su propio proyecto. Y con un
proyecto de ese nivel, no solo podría demostrar su capacidad técnica, sino
también integrar su narrativa personal. Jung-in abrazó a Justin con alegría.
“¡Felicidades,
Justin!”.
“¿Ya
me felicitas?”.
“Porque
sé que lo lograrás”.
Al
soltar el abrazo tras darle un par de palmadas en la espalda, sintió una mirada
intensa desde algún lugar. A lo lejos, Chase lo observaba con una expresión de
total descontento.
“¡Ay!
¡Jay! Tu ‘novio’ parece que está celoso”.
Susurró
Rajesh inclinándose hacia adelante con preocupación.
Jung-in
parpadeó desconcertado y luego dijo con firmeza.
“¿Novio?
¿De qué hablas? No estoy saliendo con nadie”.
Como
si quisiera seguirle el juego pero sabiendo la verdad, Rajesh repitió lo mismo
cambiando una sola palabra.
“Tu
‘amigo’ parece que está celoso”.
Al
decir ‘amigo’, hizo el gesto de las comillas con los dedos índice y medio de
ambas manos. El gesto indicaba que la palabra no debía tomarse en su sentido
literal.
“Que
no es eso… ¡Ah! ¿Ya decidieron qué harán en las vacaciones de verano?”.
Jung-in
cambió de tema rápidamente, sintiéndose incómodo. Pensaba que nadie excepto
Justin sabía de su relación con Chase. Sin embargo, la mayoría de los
estudiantes de Wincrest High, e incluso algunos profesores, ya estaban al tanto
de su noviazgo.
Caminar
juntos por los pasillos, las miradas en clase, sentarse con naturalidad en la
misma mesa en el almuerzo, la forma en que Chase buscaba a Jung-in tras los
partidos… cabía preguntarse si alguna vez tuvieron la intención de ocultarlo.
Alguien incluso comentó: que a pesar de haber tenido novias oficiales, el
quarterback que solía saltar de un rumor a otro finalmente parecía haber
anotado un touchdown con el amor verdadero.
***
Jung-in
seguía luchando contra su ensayo. Mientras miraba fijamente el cursor
parpadeante, la aplicación de mensajería se activó y apareció un mensaje de
Chase.
Chase
Prescott
[¿No
se te antoja algo de comer? Hay un lugar de espaguetis realmente bueno. Puedo
pasar a dejarte una porción para comer juntos, estilo Lady and the Tramp.]
¿Estilo Lady and the Tramp?
Era
la primera vez que escuchaba eso. Seguramente se trataba de alguna moda
reciente que él desconocía, como los espaguetis keto hechos con otros
ingredientes o los espaguetis de salsa rosa que fueron tendencia hace un
tiempo. Como no quería parecer alguien fuera de onda, Jung-in respondió
rápidamente.
Chase
Prescott
[Claro,
me parece bien. Ese estilo es delicioso.]
Tras
enviar la respuesta, abrió una pestaña de búsqueda y tecleó: ‘espaguetis estilo
Lady and the Tramp’.
Espero
que no sea nada con mariscos, pensó. Sin embargo, su expresión se fue
transformando en una de total desconcierto.
Lady
and the Tramp (La Dama y el Vagabundo) no era el nombre de un platillo, sino el
título de una película animada de Disney. En los resultados de búsqueda no
aparecían recetas, sino un sinfín de imágenes de dos perritos comiendo el mismo
hilo de espagueti desde extremos opuestos hasta que sus hocicos se encontraban
en un beso.
Chase
Prescott
[Me
apuesto lo que sea a que lo estás buscando en Google ahora mismo, ¿verdad?]
Avergonzado,
Jung-in cerró la laptop de golpe.
Unos
treinta minutos después, se escuchó un golpe en la ventana. Chase entró
trepando con la naturalidad de quien entra en su propia casa. En la mano traía
una bolsa de papel marrón con el logotipo de un restaurante italiano impreso
claramente; un lugar famoso por sus espaguetis clásicos con albóndigas. El
aroma ácido de la salsa de tomate y las hierbas frescas le hicieron cosquillas
en la nariz.
Cuando
Chase abrió la bolsa y sacó el contenido, el rostro de Jung-in se iluminó.
“¿Albóndigas?
¡Qué bien! Me preocupaba que trajeras mariscos”.
“Jay,
podrías habérmelo dicho antes”.
“No
quería ser quisquilloso cuando te estabas ofreciendo a traer comida. No quería
parecer alguien con mal carácter”.
“No
hay nada de qué preocuparse entre nosotros. ¿No acordamos ser honestos el uno
con el otro?”.
Jung-in
asintió, dándole la razón. Aprovechando el momento, Chase añadió.
“Entonces,
supongo que puedo ser honesto y decirte que me molesta que Madison haya firmado
tu anuario antes que yo, ¿verdad?”.
Jung-in
soltó un suspiro de resignación, dándose por vencido.
“No
es para tanto”.
“Jay,
tu ‘Retriever’ es muy celoso; podría morder ese anuario hasta destrozarlo. O
tal vez enterrarlo en el patio trasero”.
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Jung-in
estalló en risas ante lo tierno que le resultaba Chase. Aunque Chase parecía
ser alguien a quien siempre le sobraba seguridad, en realidad no era así. Solo
ver a Jung-in abrazando a Justin era suficiente para que sus ojos azules se
encendieran.
Sin
embargo, a Jung-in le gustaba descubrir esas facetas inesperadas. Le hacía
sentir que Chase no era una estrella inalcanzable en el cielo, sino alguien
real que estaba a su lado.
Mientras
Jung-in terminaba de ordenar sus cosas, Chase despejó un espacio en el
escritorio y preparó la comida. La porción de espaguetis en el recipiente era
tan generosa que parecía suficiente para tres personas.
“Vaya,
huele increíble. Gracias por la comida”.
Dijo
Jung-in con entusiasmo.
Chase
levantó un hilo de espagueti con el tenedor y dijo con picardía.
“Bueno,
¿entonces lo comemos al estilo Lady and the Tramp?”.
Chase
se acercó con una sonrisa juguetona, pero Jung-in le empujó la frente con la
palma de la mano sin dudarlo.
“Ni
hablar. No juegues con la comida”.
Chase
hizo un puchero de insatisfacción, y Jung-in recordó de pronto que aquel chico,
que solía actuar de forma tan madura, tenía en realidad su misma edad.
Compartieron
los espaguetis hasta quedar satisfechos y luego se ayudaron mutuamente con el
estudio. Por supuesto, hubo besos entre medias, y hoy también ‘Snowball’ (la
bola de nieve decorativa) tuvo que pasar todo el rato mirando hacia la pared.
“Ah,
Jay. ¿Planeamos las vacaciones de verano juntos? Estuve investigando algunas
cosas”.
“¿Ah,
sí?”.
Aunque
Chase no necesitaba más actividades extracurriculares, las había buscado por
Jung-in. Para pasar tiempo juntos, la única forma era entrar en el mundo de
Jung-in.
“Primero,
escuché que están buscando voluntarios en la recién restaurada unidad infantil
de Hope Harbor”.
“¿El
lugar donde hubo un incendio la otra vez?”.
“Sí”.
Chase
tomó un bloc de notas del escritorio de Jung-in para anotar las opciones.
Escribió:
[Voluntariado
en la unidad infantil de Hope Harbor.]
Entonces,
Jung-in compartió lo que él tenía en mente.
“También
están buscando voluntarios para un programa de tutorías en el centro
comunitario. Justin dijo que iría a enseñar programación a los niños”.
“Esa
también suena bien”.
Chase
anotó la idea debajo de la anterior. De pronto, sus ojos se entrecerraron. Las
letras escritas en el reverso de la hoja se traslucían ligeramente. Claramente
se leía el nombre ‘Prescott’. Sin pensarlo, Chase pasó la página. Al segundo
siguiente, soltó una carcajada incrédula.
“Ja…”.
Jung-in,
sin sospechar que su otra ‘lista secreta’ acababa de ser descubierta, seguía
mirando al vacío intentando recordar más lugares para hacer voluntariado. En
ese momento, escuchó el roce de una tela a su lado.
Chase
se quitó la sudadera de un tirón. Su torso esculpido y bronceado quedó expuesto
ante los ojos de Jung-in. Un cuerpo robusto que claramente no solo era fruto
del deporte, sino de una genética privilegiada, llenó su campo de visión. Los
ojos de Jung-in se abrieron de par en par.
“¡¿Q-qué
haces de repente?!”.
“Estoy
garantizando que tus ojos se deleiten con mi ‘cuerpo hot’ y mi ‘cara hot’”.
Al
escuchar eso, el rostro de Jung-in se quedó sin una gota de sangre. Era esa
frase tan inquietantemente familiar. Solo entonces se percató del cuaderno que
Chase tenía a su lado. Jung-in se cubrió la cara con ambas manos, derrotado.
“Oh,
Dios mío…”.
Había
estallado la segunda ‘crisis del libro de las vergüenzas’. Chase acababa de
leer la lista completa de sus pros y contras.
Chase
se acercó lentamente al escritorio. Con cada movimiento, Jung-in no podía
evitar mirar cómo sus músculos se contraían y relajaban creando sombras
profundas. Chase tomó la mano de Jung-in y la colocó sobre su hombro desnudo.
Sintió la piel suave y elástica, y la firmeza del músculo debajo. Sujetando la
muñeca de Jung-in, Chase hizo que su mano recorriera lentamente su propio
cuerpo.
“¿Qué…
qué haces?”.
“Estoy
demostrando personalmente el punto de la lista de ‘pros’ que dice que parezco
ser alguien experto en el contacto físico”.
“¡E-eso
lo escribió Justin!”.
“Vaya…
qué cobarde, Jay. Vendiendo a tu amigo así como así”.
Su
voz era baja y profunda. Tenía un tono travieso, pero extrañamente suave que
resultaba inquietantemente sensual. La mano de Jung-in, guiada por Chase,
pasaba ahora por sus marcados abdominales. La mano amenazaba con detenerse,
pero seguía bajando poco a poco.
Cuando
la parte inferior de su palma rozó la zona de la hebilla del cinturón, la
sensación del metal frío hizo que Jung-in reaccionara. Empujó el abdomen firme
de Chase con todas sus fuerzas. Tomado por sorpresa, Chase cayó hacia atrás,
aterrizando ruidosamente de nalgas.
El
estruendo fue tan fuerte que enseguida se oyó la voz de Su-ji desde la planta
baja.
“¿Jung-in?
¿Estás bien?”.
Presa
del pánico, Jung-in abrió la puerta de golpe y gritó hacia abajo.
“¡S-sí,
estoy bien! Es que me golpeé el pie con la esquina de la cama”.
“¿Otra
vez? ¡Hijo, ten más cuidado!”.
Tras
solucionar la situación rápidamente, regresó para encontrar a Chase sentado en
el suelo, apoyado contra la cama, riendo entre dientes como si toda la
situación le resultara divertidísima.
“¡No
te rías!”.
Chase
tiró de Jung-in para sentarlo entre sus piernas y le dio un fuerte abrazo antes
de soltarlo y apoyar la barbilla en su hombro. Luego, empezó a juguetear y
acariciar zonas ‘seguras’ donde Jung-in no le daría un manotazo, como los
antebrazos, las muñecas y el dorso de las manos.
De
repente, la mirada de Chase se dirigió hacia sus pies. Vio la esquina del
anuario asomando por la mochila de Jung-in, que se había volcado. Sintió un
impulso irrefrenable. Realmente quería morderlo como un perro.
“Siempre
he querido preguntarte, ¿cómo es que te hiciste amigo de Madison?”.
Jung-in
le contó sobre su primer encuentro con ella en el baño de su casa cuando estaba
llorando. Al hacerlo, recordó inevitablemente cómo era él en aquel entonces; lo
fragmentada y prejuiciosa que era su visión de las personas.
“Oye,
Chase. ¿Sabías que la Antártida es un desierto?”.
“¿Eh?”.
Chase
parpadeó ante la pregunta inesperada.
“La
definición técnica de desierto es un lugar con una precipitación anual inferior
a 250 mm. En la Antártida es de menos de 50 mm, así que es más bajo que en un
desierto convencional. Por eso, técnicamente, se clasifica como tal”.
“Qué
curioso”.
“Hay
muchas cosas en el mundo que no son lo que parecen, ¿no crees? Como Madison, o
como tú”.
Chase
miró a Jung-in en silencio con una suave sonrisa.
“Tú
también eres así”.
El
mundo estaba lleno de cosas que no podían juzgarse solo por lo que se veía a
simple vista. Y en ese momento, ellos mismos eran parte de ese flujo
impredecible. ¿Quién se habría imaginado que terminarían así?
“¿Hay
algún otro dato que no sepa?”.
“Mmm…
Los plátanos en realidad no son frutos, son bayas”.
“¿En
serio?”.
“Sí,
botánicamente se clasifican como bayas porque crecen de una hierba y no de un
árbol. En cambio, las fresas no son bayas. ¿Sorprendente, verdad?”.
“Sí.
Realmente sorprendente”.
En
realidad, lo que a Chase le sorprendía era Jung-in. ¿Cómo cabían tantas cosas
en esa cabecita? Para Chase, Jung-in seguía siendo como una fórmula sin
resolver: alguien a quien, cuanto más conocía, más deseaba descubrir.
“Ya
vete. Tengo sueño”.
Dijo
Jung-in desperezándose. Ya había pasado la medianoche.
“Me
iré cuando vea que te has dormido”.
“Ser
tan obsesivo te quita el atractivo”.
Chase
soltó una risita dándose por vencido y se volvió a poner la sudadera que había
dejado en el suelo.
“Buenas
noches”.
Tras
despedirse, Chase salió por la ventana y subió al tejado con movimientos
expertos. Moverse por el tejado y bajar por el árbol era ya parte de su rutina
diaria. Saltó ágilmente del tejado hacia el árbol, como de costumbre.
Justo
en ese momento, Su-ji salió por la puerta principal para recoger algo que había
olvidado en el auto. Al oír el sonido repentino de la puerta abriéndose, Chase
se sobresaltó por reflejo. El tiempo de reacción falló. Su pie, que debía
apoyarse en la rama, resbaló raspando la corteza del árbol. Intentó recuperar
el equilibrio, pero la rama, incapaz de soportar su peso, se quebró con un
crujido seco. Su cuerpo cayó pesadamente sobre los arbustos con un golpe sordo.
“¡¿Quién
anda ahí?!”.
grit Su-ji, desgarrando el aire nocturno.
Chase
se encogió en su lugar, conteniendo el aliento.
“¡Sal
de ahí ahora mismo!”.
Su-ji
miró a su alrededor y tomó el pico que usaba para el jardín como si fuera un
arma. Lo blandió en el aire amenazadoramente, cortando el viento con un
silbido. Tras un breve silencio, una cabeza rubia asomó entre los arbustos. Los
ojos de Su-ji se entrecerraron lentamente.
“¿Chase?”.
“…
Hola”.
Saludó
Chase con una sonrisa incómoda, medio enterrado en la maleza y con hojas secas
pegadas al cabello.
Su-ji
levantó la vista hacia la ventana del segundo piso. Allí estaba Jung-in,
mirándolos con las manos cubriéndose la boca. La mirada de Su-ji volvió a
Chase. De la simple duda pasó a la sospecha, y de ahí al asombro. Su expresión
fue transformándose lentamente.
