14. Interceptado
14.
Interceptado
“Si
viene un problema de sucesiones, creo que esta vez no será una progresión
geométrica, sino que usarán alguna anomalía”.
Justin
habló mientras daba un mordisco a su sándwich de pavo seco. El menú de la
cafetería hoy también era pésimo. A su lado, Jung-in, que arrancaba con cuidado
los bordes de su pan de molde, respondió.
“¿De
qué tipo? ¿Algo como una sucesión convertida a logaritmos?”.
“Sí.
Algo que parezca una progresión geométrica pero no lo sea. Un truco para
hacernos perder el tiempo”.
“Habría
que expresar el término general como una función compuesta para entrarle
directo, ¿no?”.
En
el momento en que su discusión estaba en el punto más álgido, una bandeja
aterrizó con un golpe seco sobre su mesa en un rincón de la cafetería. Sobre la
bandeja solo había una botella de agua y un plátano.
“Hola”.
Ambos
se quedaron petrificados como gacelas expuestas ante un leopardo ágil. Quien se
había sentado frente a ellos era Vivian Sinclair.
Vivian
era dueña de rumores formidables. Se decía que había obligado a una animadora
que no le agradaba a hacer un movimiento imposible hasta que se dislocó un
hombro, y que le había dejado una cicatriz permanente a una estudiante de
último año que intentó acercarse a Chase. También se decía que había hecho
llorar a varios profesores con sus palabras.
Ciertamente,
de cerca, emanaba un aura imponente. A Justin le temblaban tanto las manos que
trozos de pavo de su sándwich cayeron sobre su bandeja.
“¿Almorzamos
juntos? Tú eres Jay, ¿verdad? Jay Lim”.
Ella
miró fijamente a Jung-in y sonrió con dulzura. Se escuchó el sonido de Jung-in
tragando saliva.
“H-hablen
tranquilos. Y-yo... iré a comer allá”.
Justin
tomó su bandeja y huyó de inmediato. Nunca lo habían visto moverse con tanta
agilidad.
“Tus
anteojos feos me distraen. ¿Te los puedes quitar?”.
Claramente
era la primera vez que hablaban, pero Vivian no parecía tener intención de ser
educada. Jung-in sintió un arrebato de irritación, pero decidió quitarse los
anteojos. Pensó que, si no veía bien, quizás no sentiría tanto miedo.
“Hum...”.
Vivian
escudriñó cada rincón del rostro de Jung-in. Su mirada era meticulosa y
afilada, como un inspector buscando algún defecto.
“Bueno,
sí. Te pareces un poco a Anais Rosenfeldt”.
“...
¿Quién es esa?”.
“Una
modelo. ¿No la conoces?”.
Vivian
arqueó las cejas exageradamente, como si fuera increíble que no supiera quién
era. Anais Rosenfeldt era una famosa modelo de alta costura, conocida por ser
de la aristocracia sueca.
Jung-in
negó con la cabeza, y Vivian suspiró como si no valiera la pena seguir
hablando.
“Sigue
comiendo”.
A
Jung-in le quedaba un borde de pan por quitar, pero por orgullo no lo hizo y
empezó a comer su sándwich. Quería terminar rápido y largarse. Mientras
masticaba con dificultad el pan seco, Vivian lo observaba fijamente mientras
devoraba su plátano poco a poco.
Jung-in
terminó de comer más rápido de lo habitual.
“Ya
terminé. ¿Puedo retirarme?”.
Vivian
sonrió como si hubiera estado esperando esas palabras. Su sonrisa tenía algo
significativo que hizo que a Jung-in se le pusiera la piel de gallina.
“Comimos
juntos, así que ya somos amigos, ¿no?”.
Ante
tan absurda afirmación, Jung-in se quedó sin palabras. Vivian continuó de
inmediato.
“¿Sabes
que existe una regla de no tocar al exnovio de una amiga?”.
En
cuanto terminó de hablar, Jung-in miró instintivamente a su alrededor. La
cafetería seguía bulliciosa y, por suerte, nadie parecía haber escuchado.
“Chase
me dijo que hay alguien a quien quiere ver seriamente. No me dijo quién es, por
miedo a que yo haga algo, supongo. No me imaginé que fuera un chico, así que me
tomó tiempo encontrarte”.
La
expresión de Jung-in se tensó ligeramente. Mientras buscaba qué responder,
Vivian prosiguió con impaciencia.
“Sabes
que pegarse al exnovio de una amiga es algo que solo haría la basura, ¿verdad?”.
El
exnovio de una amiga... no había ni un ápice de verdad en sus palabras. Jung-in
frunció el ceño, llegando a su límite.
“Sé
que no salían”.
Ante
la voz pequeña pero firme de Jung-in, la seguridad de Vivian desapareció,
reemplazada por el desconcierto.
“...
Maldición. ¿Chase te contó incluso eso?”.
Fue
el momento en que su elegante máscara se agrietó. Sin embargo, Vivian recompuso
su expresión rápidamente.
“No
importa cuál sea la realidad, la gente no lo creerá. Y yo no pienso darles mi
permiso, jamás”.
El
rostro de Jung-in se enrojeció gradualmente desde la barbilla. No era por no
tener los anteojos; estaba tan furioso que sentía que se le nublaba la vista.
“No
necesito el permiso de nadie. ¿Quién eres tú? ¿La madre de Chay?”.
“¿Qué?
¿Chay?”.
Vivian
soltó una risa incrédula.
“Ja,
si Chase sale contigo después de dejarme a mí, ¿qué dirá la gente? ¡Parecerá
que se cansó tanto de las mujeres por mi culpa que se pasó a los hombres!”.
Al
notar su razonamiento tan egocéntrico, Jung-in sintió ganas de reír. Un
comentario sarcástico escapó de sus labios.
“Realmente...
eres infinitamente superficial”.
“No
me importa lo que digas. Tengo que ir al baile con Chase sí o sí”.
Jung-in
la miró con lástima.
“¿Solo
piensas en ti misma, verdad?”.
“Bien,
de acuerdo. Pensemos de forma altruista entonces. ¿Te parece bien que la
reputación de Chase se hunda por tu culpa? ¿Te sentirás satisfecho viendo al
perfecto heredero de los Prescott y mariscal de campo del equipo varsity
cargando con el estigma de ser homosexual y recibiendo miradas llenas de
prejuicios?”.
Esas
palabras, que contenían una verdad incómoda, hicieron que Jung-in se
estremeciera por dentro. Pero no lo demostró. Al contrario, se esforzó por
mantenerse erguido, tensando el cuello. Era su último gramo de orgullo. Sin
saber si Jung-in la escuchaba, Vivian añadió.
“Te
lo ruego. No arruines a Chase”.
“¿Y
si me niego?”.
Los
ojos grises de Vivian brillaron con una luz gélida.
“Entonces
no tendré más remedio que convertirte en mi enemigo”.
“¿Planeas
jugar a la guerra?”.
“¿Eso
significa que te niegas?”.
Jung-in
tomó lentamente sus anteojos de la mesa y se los puso. Luego, recogió su
bandeja y dejó una última frase antes de irse.
“Cualquier
elección que haga de ahora en adelante, la decidiré yo”.
Jung-in
se dio la vuelta con firmeza. Sintió una mirada gélida y afilada clavándose en
su espalda. Nada más salir de la cafetería, llegó un mensaje de Chase. Había
dicho que comería comida a domicilio con sus compañeros en el campo.
Chase
Prescott:
[¿Estuvo
rico el almuerzo?]
Técnicamente
él no tenía la culpa, pero Jung-in se sintió molesto con él, como si fuera su
culpa haber pasado por ese mal trago. Guardó el celular en el bolsillo sin
responder.
***
Jung-in
no pudo pegar ojo. Intentó no darle importancia, pero las palabras de Vivian se
clavaban en su pecho de forma persistente y dolorosa.
‘¿Te
parece bien que la reputación de Chase se hunda por tu culpa? ¿Te sentirás
satisfecho viendo al perfecto heredero de los Prescott y mariscal de campo
cargando con el estigma de ser homosexual?’.
Amar
a alguien del mismo sexo. Aunque el mundo había cambiado y el matrimonio
igualitario era legal, para algunos seguía siendo un estigma. En Wincrest High
había algunos estudiantes que habían salido del clóset y tenían un club de
derechos humanos, pero no todos los miraban con buenos ojos. Había oído que en
el baile pasado, algunos padres se opusieron a que los estudiantes llevaran
parejas del mismo sexo, aunque la mayoría los ignoró.
Además,
él era un Prescott. Un apellido que cargaba con un peso inmenso. Y el negocio
financiero que probablemente heredaría dependía de la confianza de la gente más
que de cualquier otra cosa.
Al
llegar a ese punto, Jung-in cerró los ojos con fuerza. Ni siquiera habían
empezado a salir, no había razón para llevar sus pensamientos tan lejos. Aun
así, su corazón se sentía pesado. Tras una noche de vueltas en la cama, bajó al
primer piso sintiendo una ligera fiebre.
Su-ji,
que preparaba el desayuno, notó de inmediato que Jung-in no estaba bien. Dejó
el cucharón y se acercó para ponerle la mano en la frente.
“¿Estás
bien? Creo que tienes fiebre”.
Trajo
el termómetro: 37.5 grados. No era una fiebre alta, pero su falta de energía le
preocupaba.
“¿Te
estarás resfriando? ¿Por qué no descansas hoy?”.
“No.
Es que... no dormí bien anoche”.
“Estudiaste
hasta tarde otra vez”.
Su-ji
miró a su hijo con preocupación. Jung-in se sintió un poco mareado y se sentó
rápido en una silla.
Su-ji
había cocinado sopa de mandu (empanadillas coreanas) con los que trajo de la
tienda de los padres de Justin anoche. Jung-in dijo que no tenía apetito, pero
ella le sirvió un poco de caldo de hueso de res frente a él.
“Dicen
que Justin también está vuelto loco preparando la competencia. ¿Y Chase? ¿Cómo
está? ¿No vendrá a visitarnos de nuevo?”.
“...
Quizás sea mejor tomar algo de distancia”.
Jung-in
soltó sus pensamientos sin querer.
“¿Con
Chase? ¿Por qué?”.
Su-ji
lo miró extrañada.
“Simplemente...
creo que somos demasiado diferentes”.
Su-ji
recordó la imagen de Chase que había visto anteriormente.
“Es,
por así decirlo, como el chico símbolo que a uno se le viene a la mente al
pensar en Estados Unidos”.
NO HACER
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Jung-in
sonrió con amargura ante las palabras de su madre. La imagen de Chase era
exactamente esa: cabello rubio, ojos azules, dientes blancos y alineados, piel
bronceada saludable y una sonrisa llena de confianza. Parecía el protagonista
de una película juvenil estadounidense.
“Pero
siempre decimos que las apariencias no lo son todo. Así como no nos gusta que
otros nos juzguen, lo correcto es que nosotros también tengamos cuidado de no
tener prejuicios”.
Las
palabras de Su-ji no eran ligeras. Era el consejo de una mujer que había vivido
como inmigrante y minoría racial. Jung-in asintió meditando sus palabras.
Aunque su corazón seguía pesado, sus palabras fueron un pequeño consuelo.
Jung-in
aceptó que su madre lo llevara a la escuela. Cuando el auto se detuvo en un
semáforo, vio el enorme edificio del Banco Prescott. En el panel publicitario
que cubría los ventanales se leía.
[Prescott
Bank & Trust: Su compañero de confianza para diseñar su futuro juntos]
Jung-in
apartó la mirada. Al llegar a la escuela, entró al edificio tras despedirse de
su madre, quien le pidió que la llamara si se sentía peor. En el pasillo vio un
cartel.
[2
días para el Prom. ¿Ya elegiste a tu pareja?]
Se
quedó mirando el cartel antes de ir a su casillero. En ese momento, se escuchó
un murmullo y Vivian Sinclair entró al pasillo con Madison Wilkes. Jung-in
cruzó la mirada con Madison por un instante e intentó saludarla, pero ella
desvió la vista rápidamente. Su actitud era antinatural y su rostro mostraba
incomodidad, como si tuviera miedo de algo.
Pronto,
un grupo de animadoras de primero y segundo año rodeó a Vivian, elogiando su
peinado, su ropa y cada pequeño accesorio. Jung-in sintió cansancio ante esa
conversación que escuchaba sin querer.
“Chicas,
miren esto. Me hice un pedicure nuevo, ¿qué les parece?”.
“¡Qué
color tan lindo! ¿Dónde te lo hiciste?”.
“No
lo sabía, pero hay un lugar muy bueno en Cove Mall. Se llama ‘Su-ji’s Nail’”.
A
Jung-in se le resbaló el libro de texto que estaba sacando y casi se le cae. ‘Su-ji’s
Nail’ era el nombre de la tienda de su madre. En ese momento, Jung-in volvió a
darse cuenta, la preparatoria es una jungla. Si te descuidas, te devoran en un
instante.
***
—¡De
verdad no lo sabía!
Nada
más terminar las clases, Madison llamó a Jung-in con voz angustiada. Él guardó
silencio recordando su cara incómoda. Ahora tenía que dudar incluso de si podía
confiar en Madison.
—Te
lo digo para que no te preocupes, pero Vivian no se hizo el pedicure en la
tienda de tu mamá. Ayer, cuando estaba conmigo, se lo pintó ella misma.
“...
¿Y cómo supo que esa era la tienda de mi mamá?”.
—Josh
Turner se lo dijo a Vivian. Vivian ni siquiera sabe dónde queda. Obviamente
nunca ha ido.
Josh
Turner, el tonto oficial de la escuela, era un famoso seguidor de Vivian
Sinclair. Jung-in tenía una mala relación con él desde la secundaria. Alguien
cuyo mayor logro era haber nacido blanco en EE. UU., Josh lo acosaba cada vez
que se cruzaban, como si Jung-in le estuviera robando algo por ser inmigrante.
Verter leche cortada en su mochila era lo de menos; una vez incluso lo encerró
en un casillero. Sabía lo de la tienda de Su-ji porque su madre trabajaba en un
restaurante del centro comercial y se habían cruzado.
No
era difícil imaginar la situación. En cuanto Vivian mencionó a ‘Jay Lim’, Josh
Turner debió de confesar todo lo que sabía.
“¿Y
qué cambia eso? Usó a mi familia para provocarme”.
Vivian
tocó el punto más vulnerable de una persona. Pensó que así él se acobardaría y
perdería su orgullo. Pero se equivocó. Su madre decía que, aunque no era el
trabajo de sus sueños, estaba agradecida porque ese negocio les permitía vivir
a los dos. Decía que no había nada más importante que eso. Tras trabajar para
otros, había abierto su propia tienda y ahora incluso contrataba personal;
sentía orgullo por sus logros.
—Por
muy desesperada que esté, no pensé que jugaría tan sucio...
Dijo
Madison con un tono de asombro.
“¿Desesperada?
¿Quién?”.
—Eh...
Jay, esto no debería decírtelo... es un secreto, no se lo digas a nadie, ¿Está
bien?
Tras
asegurarse de que Jung-in no diría nada, Madison habló.
—¿Ves
el restaurante de la familia de Vivian? ‘Goldenfield Grill’.
“Sí,
lo conozco”.
—Parece
que se expandieron demasiado queriendo superar a Olive Garden y ahora están al
borde de la quiebra.
“¿Qué?”.
Los
ojos de Jung-in se agrandaron. Había un Goldenfield Grill en su camino a la
escuela.
—Para
evitar la bancarrota pusieron en venta su casa y su villa, y la madre de Vivian
vendió sus joyas. Ahora esa señora está en un centro de sanación emocional en
Santa Bárbara.
“Pero...
parece que el Goldenfield Grill sigue abierto”.
—Por
ahora sí. Sobreviven día a día. Últimamente Vivian solo usa su uniforme de
animadora porque no ha comprado ropa nueva. Por muy arruinados que estén, no
puede usar ropa de la temporada pasada, no con su reputación.
Eso
era cierto. Había incluso una cuenta de Instagram dedicada exclusivamente a
publicar lo que Vivian vestía cada día. Madison continuó.
—Teen
Vogue le propuso a Vivian hacer una sesión de fotos del baile como si fuera un
reportaje de moda. Ella aceptó de inmediato, claro. Pero seamos sinceros, ¿le
habrían propuesto eso a ella sola? Lo hicieron porque su pareja es Chase
Prescott.
“¿Teen
Vogue? ¿Donde dijiste que no pudiste ir a la gala?”.
—Uf...
no me recuerdes mis traumas. En fin, Vivian quiere usar esta sesión para ganar
fama y volverse influencer. Ya sabes, una gurú de moda y maquillaje. Necesita
ser independiente ya. Sus notas son mediocres, así que para ir a la universidad
con beca completa tendría que ir a una universidad virtual de pacotilla.
Jung-in
soltó una risa amarga.
—Pero
entonces Chase declara que no va a ir al baile. Y los editores vuelan desde
Nueva York pasado mañana.
“...
Ya veo”.
Por
muy grave que fuera su situación, no quería entender lo que hizo Vivian. Pero
comprendía un poco por qué se había arriesgado tanto.
“Haa...
Madison. ¿Por qué andas con Vivian?”.
—Ya
sé que es egoísta y malvada. Pero a veces es buena. Cuando tuve una pelea
injusta en Coachella, ella saltó por mí y le arrancó los pelos a la otra tipa.
Madison
andaba con Vivian desde el primer día de la secundaria. La admiraba y envidiaba,
pero también le tenía un cariño y una lástima profundos acumulados por los
años. Madison vaciló antes de seguir.
—Y
no es que quiera defenderla... cometió un gran error por estar desesperada...
pero de verdad ella no es del tipo que iría a la tienda de tu madre a hacer
algo malo. Puedes creerme en eso.
No
había razón para no creer en las palabras firmes de Madison.
“...
Está bien. Entiendo”.
Madison
no colgaba y siguió hablando. Parece que se sentía mal por lo ocurrido hoy.
Para cuando colgaron, tras escuchar incluso la película que Madison vio hace
días y la presentación de sus dos perros, el celular estaba tan caliente que a Jung-in
le ardían la mejilla y la oreja.
“¿Con
quién hablabas tanto tiempo?”.
Al
entrar a su cuarto, vio a Justin acostado en su cama. Justin, que resolvía
problemas boca abajo, se sentó con curiosidad.
“¿Chase
Prescott?”.
“No”.
Jung-in
se quedó pensativo y soltó una risita. Se sentía ridículo compadeciendo a
Vivian, quien seguramente, aun estando arruinada, viviría mejor que él. La detestaba
y le tenía lástima al mismo tiempo. Es difícil valorar lo que nunca se ha
tenido, pero el vacío de perder lo que siempre se tuvo por sentado debe ser
increíblemente profundo.
Podía
entenderla, aunque no perdonarla. Pero el problema era que este lío podía
sacudir su vida diaria. Jung-in murmuró.
“¿Será
solo esta vez?”0
“¿Eh?”.
“Lo
de ayer, que mi hora de almuerzo se vea arruinada por culpa de Chase Prescott”.
Justin
asintió comprendiendo y luego imitó a un tigre con las manos como si arañara.
Era su forma de describir a Vivian Sinclair.
“Daba
mucho miedo. Si yo fuera tú, me habría hecho pis encima”.
“Por
suerte me quité los anteojos y no veía nada”.
“Es
el pecado original de Chase Prescott. Si sales con él, esas cosas pasarán a
diario”.
Jung-in
se sentó en el suelo y se apoyó en la cama.
“Quiero
vivir tranquilo. Además, ya soy senior”.
Dijo
que no saldría con él, pero parece que internamente dejaba una puerta abierta,
dado lo mucho que le daba vueltas al asunto.
“A
ver, este servidor va a poner orden”.
Justin
abrió una página nueva en su cuaderno y trazó una línea en medio. Escribió ‘Pros’
en un lado y ‘Contras’ en el otro. Quería pesar las ventajas y desventajas de
salir con Chase.
“Primero,
la ventaja que todos conocen”.
Justin
escribió bajo ‘Pros’:
[Regalo
para la vista con su cuerpo y cara hot.]
Como
no había forma de negarlo, Jung-in asintió. Animado, Justin añadió:
[Asquerosamente
rico.]
“¿Qué
más? ¿Personalidad?”.
“Hum...
no creo que seamos tan cercanos como para conocer su personalidad a fondo
todavía”.
Las
ventajas anotadas por Justin eran estas:
Pros
1.
Cuerpo hot + Cara hot →
Deleite visual garantizado.
2.
Asquerosamente rico → Citas de
lujo (paseos en Porsche de base).
3.
Máxima influencia en la escuela →
Cero acoso, popularidad automática.
4.
Sorprendentemente caballeroso →
Nunca lo he oído decir groserías.
5.
Debe ser bueno en el contacto físico →
Por su experiencia (qué envidia).
6.
Contactos Prescott → ¿Ventaja
para pedir préstamos?
“¿Crees
que necesite pedir un préstamo?”.
“Uno
nunca sabe. Pasemos a los contras”.
Justin
escribió en la columna de ‘Contras’:
“Primero,
es demasiado guapo. Todas las chicas, y a veces los chicos, pueden ser rivales”.
Escribió
eso en voz alta. Otra verdad innegable. Luego anotó:
[Dificulta
concentrarse en los exámenes de ingreso.]
Aunque
ninguno había tenido pareja, sabían que una relación consume tiempo y energía.
NO HACER
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Contras
1.
Demasiado guapo → Las chicas
(y chicos) de alrededor no lo dejarán en paz.
2.
Difícil concentrarse en los estudios →
¡Pérdida de tiempo y energía al máximo!
3.
Ha estado con muchas chicas →
No hay garantía de que no sea infiel.
4.
Amigo de Vivian → Un
problema en sí mismo.
5.
Vive en otro mundo → Dinero,
estatus y contactos inalcanzables que causan complejo de inferioridad.
6.
Los nerds hablarán mal a tus espaldas →
Posibilidad de ser tratado como traidor (excepto por Justin Wong).
7.
Podrías ser visto solo como ‘el novio de Chase Prescott’ →
Identidad propia diluida.
8.
Presión para ir a festivales y fiestas →
Es el rey del baile; podrías sentirte fuera de lugar.
9.
Podrías ser solo una parada pasajera →
Es el famoso tren Prescott. ¡Chu-chu!
Jung-in
sugirió añadir un décimo punto:
[Mirada
social y prejuicios sobre las relaciones homosexuales.]
Justin
asintió con una expresión triste y lo anotó. Para animar el ambiente, Justin
dio una palmada.
“Ah,
hay que anotar esto: Paquete excesivamente grande”.
“¿Qué?
¡Dijiste que era un órgano vestigial!”.
Protestó
Jung-in frunciendo el ceño.
Pero
Justin se encogió de hombros y siguió con naturalidad.
“¿Lo
viste cuando vino con pantalones de chándal hace unos días? ¿Acaso vino de
Francia? Pensé que estaba contrabandeando una baguette en los pantalones”.
Jung-in
le lanzó el lápiz que tenía. Justin lo esquivó con agilidad y se quedó
pensando.
“Pero,
¿esto es un pro o un contra? Hum...”.
Al
final, ese punto se anotó en ambas columnas.
“¡Listo!
Había
siete pros y once contras. La mirada de Jung-in se dirigía naturalmente hacia
los contras”.
***
Hoy
los estudiantes no se reunieron en el auditorio, sino en el campo de deportes. Jung-in
también salió vestido con su ropa de gimnasia. El entrenador Anderson esperaba
en medio del campo con gafas de sol y un cronómetro en la mano. Su voz retumbó
en el aire:
“¡Hoy
correremos una milla!”.
Se
escuchó un gemido colectivo. Algunos se quejaron, pero Anderson sacudió la
cabeza como de costumbre.
“Quéjense
después de correr. Ahora, calentamiento. ¡Estiramientos, todos juntos!”.
Jung-in
no estaba en buenas condiciones por la falta de sueño debido a sus
preocupaciones y la competencia. Y para colmo, tenía que correr una milla.
Correr una milla significa recorrer 1.6 km. Como en la mayoría de las
preparatorias, la pista de Wincrest mide 400 metros por vuelta, así que debían
dar cuatro vueltas.
En
las secundarias de EE. UU., esta carrera suele hacerse dos veces al año (al
principio y al final del semestre) como prueba de aptitud física. El tiempo es
importante, pero también se evalúa cuánto ha mejorado la resistencia respecto
al inicio del semestre. Por eso, Jung-in tenía que sacar un mejor resultado que
la vez anterior.
“¡Mira!
¡Son los del equipo de fútbol!”.
Las
chicas de su clase empezaron a murmurar. Jung-in giró la cabeza y vio al equipo
entrenando en el otro extremo del campo. Parecía que su entrenamiento coincidía
con la clase de gimnasia.
Entre
ellos estaba Chase. Casualmente, Chase miró hacia allí, vio a Jung-in y lo
saludó alegremente con la mano. Jung-in, con sentimientos encontrados, le
devolvió el saludo brevemente.
“¡Si
no estiran bien, se lesionarán! ¡Háganlo bien!”.
Ante
la orden del entrenador, Jung-in volvió a concentrarse en los estiramientos.
Luego, el entrenador llamó a todos a la línea de salida.
“Son
cuatro vueltas. No gasten toda su energía en la primera. Mantengan el ritmo y
aceleren al máximo en la última vuelta. ¿Entendido?”.
Varios
asintieron. Anderson levantó el cronómetro.
“¡A
la línea de salida!”.
Jung-in
y los demás estudiantes se alinearon. Algunos se ataban los cordones, otros
respiraban profundo. Jung-in sintió sus latidos acelerarse mientras esperaba el
silbato.
“¿Listos?
Tres, dos, uno... ¡YA!”.
Con
el potente sonido del silbato, los estudiantes arrancaron. Algunos salieron
disparados desde el principio, mientras que otros ya empezaban a caminar.
Jung-in
apretó los dientes y corrió mirando solo hacia el frente. Esto también era un
registro que quedaría en su expediente; no podía descuidar nada.
“¡Jay
Lim, vas muy rápido! ¡No gastes fuerzas al inicio! ¡Joseph! ¡Esto es correr una
milla, no caminar una milla! ¡Al menos haz el intento de trotar!”.
Aguantó
a duras penas la primera vuelta. Sin embargo, parece que no calculó bien el
ritmo, porque a partir de la segunda vuelta sintió la boca seca como el desierto
y un dolor punzante entre las costillas. Al entrar en la tercera vuelta, su
visión se oscurecía por momentos para luego volver a enfocarse de forma
borrosa.
Justo
cuando empezaba la cuarta vuelta, su rodilla flaqueó. Sus pies se enredaron,
perdió el equilibrio y su cuerpo se desplomó contra el suelo.
“¿Eh?
¡¿Quién es?! ¿Estás bien?”.
La
voz del entrenador se oía lejana, pero Jung-in no podía responder. Logró girar
su cuerpo tendido para mirar hacia arriba. El cielo, que debería ser azul, se
veía completamente amarillo. En sus oídos solo retumbaba su respiración
errática y el latido acelerado de su corazón.
Justo
cuando estaba a punto de cerrar los ojos, sintió la sensación de que su cuerpo
flotaba. Al abrirlos con dificultad, lo primero que vio fueron unos ojos azules
llenos de preocupación y angustia.
“¿Estás
bien?”.
“...
Chay”.
“Sí,
aquí estoy. Soy tu Chay”.
Qué
humillante ser cargado en esta posición,
pensó. Con ese último pensamiento, los ojos de Jung-in se cerraron suavemente.
Mientras todo se sumergía en la oscuridad, solo la mirada azul de Chase
permaneció nítida en su mente. Sintió que tendría un sueño donde sumergía los
pies en el mar Mediterráneo.
***
Jung-in
abrió los ojos lentamente. Un techo desconocido entró en su campo de visión.
Siguiendo las manchas tenues del techo, de repente recordó algo de hace mucho
tiempo.
Ya
se había desmayado así una vez, poco después de haber inmigrado. Como su inglés
era precario, no entendió bien las instrucciones del profesor y confundió ‘correr
una milla’ con ‘correr hasta el cansancio’.
Jung-in
era competitivo y solo quería ganar. Corrió y corrió por la pista sin
detenerse, intentando correr más y por más tiempo que nadie. Algunos notaron
que estaba corriendo más de lo necesario, pero nadie se acercó a decirle que ya
podía parar. Solo se detuvo cuando su cuerpo colapsó.
Esa
emoción de aquel día volvió a él: soledad, cansancio y confusión. Como
inmigrante de una minoría racial, no le eran ajenos los prejuicios y el desdén
en las miradas ajenas. Los estándares afilados escondidos tras la máscara de la
cortesía herían sutilmente su autoestima; era como ser golpeado en lugares que
no dejan marca.
Viviendo
como un extraño en tierra ajena, Jung-in se volvió cada vez más defensivo.
Trazaba líneas excesivas y no abría su corazón fácilmente. Creía que mantener
la distancia era lo más seguro.
¿Estaba
bien arrastrar a ese hombre radiante a una vida que ya de por sí era
complicada? ¿Valía la pena? Jung-in siempre era alguien que calculaba las
contrapartidas. Evaluar probabilidades y pensar en resultados a largo plazo era
su especialidad.
La
probabilidad de que un romance adolescente dure toda la vida es mínima. Por lo
tanto, debía enfocarse en proteger las cosas que sí son permanentes. El corazón
de Jung-in se inclinaba lenta pero firmemente hacia un lado.
“¿Despertaste?”.
Jung-in
giró la cabeza hacia la voz familiar. Chase estaba sentado en una silla de
plástico junto a la cama, mirándolo con preocupación.
“Si
no te sentías bien, ¿por qué forzaste las cosas? Debiste decir que lo harías
después”.
“...
Pensé que estaría bien”.
“El
profesor Anderson dijo que reajustará el horario. Que puedes hacerlo en otro
momento”.
Jung-in
se incorporó con cuidado y se apoyó contra la pared. La enfermería estaba en
silencio; no se veía a la enfermera escolar. Tras dudar un momento y humedecer
sus labios secos, habló.
“Tengo
algo que decirte”.
“Sí,
abuelo. Escucharé sus últimas voluntades”.
Bromeó
Chase con picardía, tomando la mano de Jung-in.
“Escúchame
en serio”.
“Está
bien, dime”.
Chase
dejó de bromear y lo miró fijamente. Sus ojos tenían una suave sonrisa;
claramente no sospechaba lo que estaba por escuchar. Jung-in apretó los labios
y finalmente dijo en voz baja.
“Quiero
volver a como estábamos antes de hacernos cercanos”.
La
mirada de Chase se congeló al instante. Los ojos azules que hace un momento
parecían un mar cálido bajo el sol, se transformaron en un glaciar frío.
“...
¿Qué?”.
Jung-in
retiró lentamente su mano de la de él, incapaz de sostenerle la mirada.
“¿Ese
es tu deseo?”.
NO HACER
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Chase
lo taladró con la mirada. La voz de Jung-in se hizo aún más pequeña.
“Quiero
que vuelvas a tu lugar. Que seamos de esos que solo se saludan con la mirada si
se cruzan por casualidad”.
Era
cierto que Vivian dio el impulso, pero tarde o temprano era un problema que
tendría que enfrentar mientras estuviera con él. No podía simplemente posponerlo;
eso sería como torturar a Chase con falsas esperanzas.
Lo
que Jung-in deseaba era una rutina tranquila. Además, quería que Chase siguiera
siendo ese ‘príncipe del baile’ al que todos admiraban, sin ningún estigma o
marca negativa.
“Tú
y yo no encajamos. Tú también lo sabes”.
Los
ojos azules que antes brillaban con vitalidad se apagaron, y el rostro de Chase
se transformó en el de un niño abandonado. La culpa punzó el pecho de Jung-in,
pero él se esforzó por sonreír.
“Dicen
que en el baile de este año también elegirán un rey entre los de tercer año.
Espero que seas el Junior rey del baile”.
Los
labios de Chase se movieron levemente como si fuera a decir algo, pero no salió
ninguna palabra. En su lugar, respiró hondo y apartó la mirada con el rostro
tenso, como si estuviera reprimiendo algo.
Creeck.
Se
levantó y la silla chirrió contra el suelo. Jung-in no pasó por alto que la
mano de Chase temblaba ligeramente.
“Está
bien”.
Dijo
Chase finalmente con voz pesada y calmada, aunque no podía ocultar el dolor y
la rabia.
“Si
eso es lo que quieres, hagámoslo así”.
Jung-in
bajó la cabeza. Ya no había vuelta atrás.
“Qué
estúpido soy”.
la
voz desolada de Chase resonó en el silencio.
“Pensé
que tú y yo estábamos construyendo algo de verdad. Supongo que fue todo una
ilusión mía”.
Jung-in
no respondió. No pudo. Su mente estaba en blanco. Tal vez, una parte de él
quería que Chase viera a través de su mentira y lo detuviera con fuerza, pero
sabía que eso era un deseo egoísta.
“Tienes
razón. Somos demasiado diferentes”.
Jung-in
vio la mano de Chase cerrada en un puño, con las venas marcadas con fuerza.
“Siento
haberte molestado todo este tiempo”.
Chase
se dio la vuelta. Solo entonces Jung-in levantó la vista para ver su espalda
mientras se alejaba. Era la persona que había anhelado pero que no tuvo el
valor de conservar. Se sintió como el mayor cobarde del mundo.
Con
un golpe seco, la puerta se cerró. Jung-in se cubrió la cara con las manos, dándose
cuenta de que acababa de cortar la última pizca de posibilidad con sus propias
manos. Con la conciencia de que los momentos brillantes propios de la juventud
habían terminado, las lágrimas que había contenido brotaron sin control.
Esto
es lo mejor, se decía a sí mismo mientras
respiraba hondo repetidamente. Pero aun así, sentía un nudo doloroso en el
pecho.
***
Llegó
la mañana del baile. En Wincrest, era un día de ¿asistencia solo para el pasar
lista¿ para que los estudiantes tuvieran tiempo de prepararse.
Jung-in
llegó en el auto de su madre. En la zona de descenso, vio a Justin bajando de
su auto, muy arreglado con el cabello brillante por el gel, esperando
impresionar a alguna chica en la competencia de matemáticas que se celebraba el
mismo día.
Jung-in
evitó encontrarse con Chase durante la mañana y se dirigió directamente al
salón del club. Finalmente, el autobús escolar con los miembros de la Mathlete
Society partió hacia el campus de la UC Irvine.
A
diferencia de sus compañeros entusiasmados, Jung-in miraba por la ventana con
apatía. Al llegar a la universidad, se dirigieron al Rowland Hall.
“¡Jay!
¿Estás bien?”.
Justin
le tocó el hombro con suavidad al notar que Jung-in se quedaba mirando a un
chico rubio alto en el pasillo, confundiéndolo por un segundo con Chase.
Jung-in
asintió y miró su reloj. Eran casi las 7:00 p.m. La hora en que empezaba el
baile. Imaginó a Sinclair y Prescott como el príncipe y la princesa de una
película de Disney. El sentimiento de pérdida era inevitable, y sabía que él
mismo lo había provocado.
“Soy
un patético”.
Murmuró
Jung-in.
“Preferiría
volver a cuando no lo conocía y pensaba que solo era un montón de músculos
tontos”.
Justin
intentó consolarlo a su manera científica sobre el multiverso y los viajes en
el tiempo. Justo entonces, el personal anunció.
"Wincrest
High School, entran en 10 minutos".
***
Chase
estaba en su vestidor. Sacó un traje gris de brillo sutil. Mientras se vestía,
pensó que el tacto frío y limpio de su camisa blanca se parecía a Jung-in. Era
un caso perdido.
Tras
arreglarse el cabello rubio, se encontró con Clive, el mayordomo de la familia.
“Se
ve magnífico, joven amo”.
“Basta”.
Chase
pasó de largo, pero se detuvo y regresó frente a Clive.
“Siento
haber estado de mal humor. La verdad es que ayer me rechazaron”.
Clive,
que siempre mantenía la compostura incluso cuando Chase rompía jarrones caros
de niño, se quedó estupefacto por un momento. Chase salió de la casa, subió a
su auto y condujo hacia la escuela.
Al
pasar frente al Banco Prescott y ver el eslogan sobre ‘diseñar el futuro juntos’,
sintió amargura. Él quería eso con Jung-in: un compañero de vida, no un fuego
fugaz.
Recordó
los ojos negros de Jung-in y su forma única de ver el mundo. Jung-in era especial,
alguien con una profundidad en la que Chase quería sumergirse.
De
repente, Chase frenó bruscamente cerca de la entrada de la escuela. Estaba en
una encrucijada. En la familia Prescott, las decisiones instintivas eran ley.
Sabía que si dudaba, la oportunidad desaparecería para siempre. No tenía tiempo
para vacilar. Tomó una decisión para no arrepentirse.
Poco
después, su auto aceleró con un rugido, dejando atrás la escuela y dirigiéndose
en una dirección completamente opuesta.
***
En
el escenario de la competencia de matemáticas en la UC Irvine, Jung-in sentía
que los nervios lo traicionaban. Frente a ellos estaba el equipo de Pacific
Heights, una escuela privada de élite que desbordaba confianza en sus uniformes
impecables.
“¡Siguiente
participante, pase al frente!”.
Jung-in
pasó al frente para enfrentarse al líder de Pacific Heights. Sus manos estaban
frías y su confianza por los suelos. Sentía que le faltaba el aire y que el
corazón le latía en los oídos.
Justo
cuando el pánico empezaba a apoderarse de él, se escuchó un murmullo en la
audiencia. Jung-in giró la cabeza por instinto. En ese instante, se le cortó la
respiración.
Los
asientos, que antes estaban vacíos, ahora estaban llenos. Y en la primera fila,
sentado justo en el centro, había un hombre que capturó su mirada.
Su
cabello rubio brillaba intensamente bajo los focos. Y debajo, unos ojos azules
muy familiares, como un mar cristalino, estaban fijos únicamente en Jung-in.
Notas:
1.
Trust (Fideicomiso/Fiduciario): Sistema en el que se confían activos a una
institución o persona para que los administre en favor de un tercero bajo
ciertas condiciones.
<Continúa
en el siguiente volumen>
