13. Amado

 


13. Amado

 

Cuando el coche de Chase se detuvo en el estacionamiento de la escuela, un murmullo comenzó a extenderse entre los presentes al ver quién bajaba del asiento del copiloto.

Hasta ahora, a Chase nunca le había importado la mirada de los demás. Pero hoy era diferente. Los susurros por encima de los hombros y las miradas furtivas le resultaban, por primera vez, molestos.

Frunció el ceño y le preguntó a Jung-in”.

“¿Cuándo dicen que estarán listos tus lentes?”.

“Voy a recogerlos hoy”.

“¿A recogerlos? ¿A dónde? ¿Al centro comercial Cove?”.

“Sí”.

“¿Quieres que vayamos juntos a la hora del almuerzo?”.

De pronto, Chase sintió que esta conversación tan natural era algo que tendrían amantes o un matrimonio. Jung-in lo miró con una expresión de desconcierto.

Chase añadió con naturalidad:

“¿Por qué esa cara de sorpresa? No te pedí que fuéramos a la cama. Dije al centro comercial”.

Ante ese comentario, el rostro de Jung-in se puso rojo al instante. Sin tiempo para replicar, giró la cabeza bruscamente y comenzó a caminar rápido, casi huyendo.

Chase soltó una carcajada. Le parecía adorable cómo Jung-in se sonrojaba por tan poco.

Incluso cuando era más joven e inmaduro, Chase nunca había sido de los que molestaban a otros. Solía despreciar a los chicos de su edad que intentaban llamar la atención intimidando a los demás. Sin embargo, parece que Chase no era tan maduro como creía. Cada vez que lograba desconcertar a Jung-in, sentía un cosquilleo de emoción en el estómago. Quería ver más de esa cara agitada. Fue entonces cuando se dio cuenta, nunca antes había tenido a alguien a quien quisiera llamar la atención de esa manera.

Con sus largas zancadas, Chase acortó la distancia rápidamente y puso una mano sobre el hombro de Jung-in. Pudo sentir la estructura redonda del hueso del hombro bajo su palma. Jung-in intentó encogerse para zafarse, pero no fue fácil. Al final, tuvo que entrar al pasillo con la mano de Chase sobre su hombro.

Las miradas de la gente se concentraron en ellos una vez más. Jung-in, sintiéndose incómodo y fuera de lugar, bajó la cabeza a medias. Al llegar frente a su casillero, se detuvo antes de abrirlo.

“¿Eh...?”.

“¿Qué pasa?”.

“No, es que... parece que alguien quitó lo que estaba pegado aquí”.

Una de las postales que decoraba su casillero había desaparecido.

“Vaya. Se habrá caído con el viento. Seguro el personal de limpieza la tiró”.

Jung-in aceptó la explicación y comenzó a sacar sus folletos del casillero. A su lado, Chase se apoyó con un brazo en el casillero contiguo, observándolo fijamente.

“... ¿Por qué me miras así?”.

Chase respondió con voz juguetona.

“Solo te estoy mirando por adelantado. No podré verte durante las próximas cuatro clases”.

Como si no pudiera creer que alguien dijera eso en voz alta, el rostro de Jung-in pasó del asombro a un rojo intenso que comenzaba desde su barbilla. ¿Sería porque su cara era muy blanca o porque su piel era muy fina? Era un rostro que delataba demasiado sus emociones.

Chase pensó que era un problema que se sorprendiera tanto por cada pequeña cosa. Imaginó el día en que Jung-in aceptara el afecto que él le volcaba como algo natural, como algo que le correspondía por derecho. Sintió que ese día experimentaría una satisfacción y un logro sin precedentes.

En ese momento, una voz afilada rompió el sueño de Chase.

“Chase”.

Vivian Sinclair, vestida con su uniforme de animadora, se acercaba hacia ellos. En cuanto estuvo frente a él, le espetó con dureza.

“Te envié un mensaje. ¿Por qué no respondes?”.

“No lo vi”.

“¿Qué vamos a hacer con el baile (Prom)? ¿Qué piensas ponerte?”.

En medio de la conversación entre ambos, Jung-in se dio cuenta demasiado tarde, había estado tan embelesado por la ofensiva de afecto de Chase que se había olvidado por completo de la existencia de Vivian.

Apresuró sus manos para recoger sus cosas. No quería parecer un estorbo en el sólido vínculo que esos dos habían construido durante años. Cerró el casillero con cuidado, pero el chirrido de las bisagras viejas atrajo la mirada de Chase. Cuando Jung-in intentó retirarse en silencio, la mano de Chase lo sujetó suavemente del antebrazo.

“Jay, tenemos que irnos juntos”.

“Parece que tienen algo de qué hablar, háganlo tranquilos”.

“No, no tenemos nada de qué hablar”.

Ante las palabras tajantes de Chase, Vivian soltó una risa incrédula. Sujetando con firmeza a Jung-in para que no se fuera, Chase le dijo a Vivian.

“Ya te lo dije. No voy al baile”.

Todo el pasillo quedó en silencio, como si les hubieran echado un balde de agua fría. Algunos contuvieron el aliento por la sorpresa. Vivian preguntó con voz cortante.

“¿Ibas en serio?”.

“¿Pensaste que era broma?”.

El hermoso rostro de Vivian comenzó a desmoronarse poco a poco. En cambio, Chase seguía mirando solo a Jung-in, con una expresión suave y sin rastro de agitación. Vivian, que había abierto la boca para decir algo más, se percató de las miradas ajenas y recompuso su expresión rápidamente. Luego, apretando los dientes, habló como una ventrílocua.

“¿Estás bromeando? ¿No deberías ir al menos al baile?”.

“Ya terminamos de hablar de eso la otra vez”.

Era evidente que habían tenido una conversación previa. Jung-in se sintió incómodo; sentía que estaba escuchando una charla privada ajena. Intentó zafar su brazo con cuidado, pero Chase, como si no tuviera más asuntos pendientes con Vivian, miró a Jung-in con ternura.

“Jay, ¿dónde es tu primera clase? Te acompaño”.

El rostro de Vivian se tensó por la humillación. Dejándola atrás, Chase rodeó los hombros de Jung-in con su brazo y caminó por el pasillo. Todos los que se quedaron atrás tenían expresiones de total desconcierto.

“Espera un segundo”.

En cuanto salieron de la multitud y llegaron a un lugar tranquilo, Jung-in apartó la mano de Chase y se salió de su abrazo.

“¿No vas al baile? ¿Es de verdad?”.

Ante la pregunta en voz baja de Jung-in, Chase respondió con naturalidad.

“Sí, no voy”.

Si Jung-in no iba, él no tenía razón para ir solo. Obviamente, planeaba ir a animar a Jung-in a su competencia de matemáticas, que era a la misma hora. Pensó que Jung-in se alegraría, pero este frunció el ceño como si hubiera escuchado algo inapropiado.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Pero... tu pareja es Vivian Sinclair... y tú eres un Prescott”.

Ese murmullo, casi para sí mismo, trajo una sutil sombra de desagrado al rostro de Chase.

“¿Y eso qué tiene que ver?”.

“Ustedes son... S&P”.

“¿Qué?”.

“La gente los llama así a veces”.

Sinclair y Prescott. Sus apellidos coincidían con las siglas de Salt & Pepper (Sal y Pimienta). Significaba que eran una pareja inseparable.

“Es como en las películas. Son los High School Sweethearts (novios de la secundaria)... que aunque se separen por un tiempo, se reencuentran años después en un lugar como Nueva York y vuelven a amarse...”.

“Woah, woah, espera un momento”.

Chase levantó las manos rápidamente para interrumpir a Jung-in.

“¿De qué hablas? Te dije claramente antes que nunca he salido con Vivian”.

Sin darse cuenta, Jung-in soltó un bufido por la nariz. Para Chase, eso sonó a burla.

“... No me crees”.

“No hace falta que lo hagas. De todos modos, ya todos saben...”.

“¿Saben qué?”.

Jung-in vaciló un momento. ¿Sería mejor quedarse callado como siempre? Pero quería ahorrarle a Chase el esfuerzo de seguir mintiendo.

“Te dije que los vi besándose en el evento de caridad. En la terraza”.

“Y yo te dije que no creyeras en todo lo que ves”.

Chase se pasó los dedos por el cabello, luciendo frustrado. Tras meditar un momento con el rostro lleno de pensamientos complejos, le preguntó a Jung-in:

“¿Estás seguro?.

“¿Eh?”.

“Esa vez, ¿viste mi cara?”.

“Eso es obvio...”.

Jung-in se detuvo a hurgar en su memoria. Repasó la escena que había visto: un hombre alto, rubio, con esmoquin negro, entrando a la terraza con Vivian y besándola apasionadamente. Sin embargo, por más que buscaba en su recuerdo, la cara del hombre no aparecía. La razón era simple: no la había visto. Chase no dejó pasar el silencio de Jung-in y atacó primero.

“¿Por qué pensaste que era yo? ¿Solo porque era un hombre alto y rubio?”.

Había un rastro de cansancio en su voz. Jung-in se quedó sin palabras. Si Chase se mostraba tan seguro, debía haber una razón. Fue entonces cuando se dio cuenta de que había asumido que el hombre de esa noche era Chase sin tener ninguna certeza real.

“¿No... eras tú?”.

La voz de Jung-in se hizo pequeña al perder su convicción. Él, que siempre saltaba a criticar cuando se mencionaba cualquier prejuicio racial, resultó no estar libre de sus propios prejuicios. El rostro de Jung-in se calentó por la vergüenza tardía. Sintiéndose acorralado, soltó su última ‘prueba’ de golpe.

“¡P-pero...! ¿Y hace unos días? Te vi abrazado con Vivian Sinclair en Fitzroy Street. ¿También vas a decir que no eras tú?”.

“¿Hace unos días? Ah...”.

Chase también parecía recordar ese día. Miró a Jung-in, sacudió la cabeza y dejó escapar un suspiro.

“Estaba consolando a Vivian porque acababa de romper de mala manera con ese tipo rubio”.

“... ¿Qué?”.

“El tipo era un tipo realmente malo. Yo también lo conozco”.

El rostro de Jung-in se puso rojo de la vergüenza. Recordándolo bien, aquel abrazo de hace unos días no se había visto particularmente romántico.

“Es tu elección creerme o no. Pero al menos contigo, nunca he dicho una sola mentira”.

Ese ‘al menos contigo’ punzó la conciencia de Jung-in. Él exclamó, casi a la defensiva.

“¿P-por qué no lo explicaste antes? ¡Sabías que estaba malinterpretando las cosas!”.

La voz de Jung-in temblaba. En cambio, la respuesta de Chase fue calmada.

“Yo también lo dudé. Pero pensé que explicarlo sería como sacarla del clóset de alguna manera”.

Un golpe de comprensión le dio de lleno y Jung-in se mordió el labio automáticamente. Chase miró fijamente los ojos ligeramente temblorosos de Jung-in. Si esto fuera una discusión, Chase habría ganado. Pero no se sentía victorioso; al ver a Jung-in tan abrumado, más bien quería consolarlo.

“Pero creo que me equivoqué. No debí pedirte que simplemente confiaras en mí sin más. Debí darte las razones adecuadas. Lo siento, Jay”.

Jung-in miró a Chase. Claramente, él no era quien debía recibir una disculpa en esta situación. Aun así, Chase se disculpó primero. Chase reveló la verdad con amargura.

“Sí, estábamos engañando a la gente. Yo porque no quería molestias, y Vivian para proteger su relación secreta”.

Las piezas del rompecabezas encajaron. Ese debía ser el secreto del que hablaba Madison. Vivian estaba viendo a alguien que no podía presentar públicamente, y su relación con Chase era una fachada para ocultarlo. Jung-in bajó la cabeza, sintiéndose culpable por haberlo etiquetado como un mentiroso. Se sentía muy pequeño.

Chase lo observó. Considerando la personalidad fuerte de Jung-in, sabía que no pasaría, pero por un momento pareció que iba a llorar. Quería animarlo de alguna forma.

“Haa... Elizabeth”.

Chase llamó a Jung-in por el nombre de otra mujer, después de haber usado ‘Jay Lim’. Jung-in lo miró con sus ojos negros preguntándose qué significaba eso. Pronto, su rostro mostró que había encontrado la respuesta por sí mismo. Ambos estaban terminando un reporte analizando una obra literaria, y ‘Elizabeth’ era la protagonista de Orgullo y Prejuicio, el tema de su tarea. Una mujer brillante e independiente, pero atrapada por sus prejuicios.

“¿Qué voy a hacer contigo, Elizabeth?”.

Exhaló Chase como un lamento mezclado con un suspiro.

Jung-in se dio cuenta de que Chase estaba bromeando a propósito para cubrir su vergüenza. Eso lo hizo sentir aún más apenado. De repente, Chase pareció recordar algo y dijo.

“Espera. Ahora que lo pienso, ese día hubo un coche que chocó contra un bote de basura y huyó...”.

“¡N-no sé! No me interesa. ¡Tengo que ir a clase!”.

Jung-in giró rápidamente y huyó a toda prisa.

“¡¿A dónde vas, Elizabeth?!”.

Jung-in escuchó la voz de Chase a sus espaldas, pero no miró atrás y caminó rápido como si estuviera en una competencia de marcha.

“¡Nos vemos en el almuerzo, Elizabeth!”.

Incapaz de aguantar más, Jung-in levantó su dedo medio una vez más y desapareció al final del pasillo.

***

Cuando Jung-in salió de su cuarta clase, Chase lo estaba esperando en la puerta del aula. Como ambas clases eran en el mismo edificio de Ciencias Sociales, no estaban lejos. Los estudiantes que salían lo miraban de reojo mientras pasaban junto a él, que estaba apoyado contra la pared opuesta.

Chase se acercó lentamente a Jung-in.

“¿Qué tal la clase, Elizabeth?”.

“¡Te dije que no me llamaras así!”.

“Está bien, no te enojes”.

Jung-in le respondió cortante y Chase cambió de actitud rápidamente, pegándose a su lado. El pasillo estaba lleno de estudiantes que iban a la cafetería, pero ellos dos caminaron contra la corriente y salieron del edificio escolar.

“... Lo siento”.

Jung-in abrió la boca con cuidado cuando el Porsche plateado de Chase ya había salido del estacionamiento de la escuela y se incorporaba a la carretera. Chase ya sabía que no era común que Jung-in se disculpara. Jung-in no era del tipo que decía palabras vacías solo para salir del paso. Como ya conocía bastante bien su personalidad, sabía que esa era una conclusión a la que había llegado tras pensarlo mucho. Jung-in no admitía sus errores fácilmente, pero tampoco era de los que se encaprichaban con una mentira. Seguramente se había pasado horas dándole vueltas al asunto. Como era de esperar de alguien tan meticuloso.

Ese rasgo de Jung-in le parecía extremadamente adorable como ser humano. Incluso pensó que era genial.

“Si todavía tienes algún malentendido sobre Vivian, dímelo, Jay. Te lo explicaré todo”.

“... No hace falta”.

“¿Por qué?”.

“Porque me di cuenta de que realmente actué como Elizabeth... y porque ahora confío en ti”.

Las palabras de Jung-in dejaron a Chase atónito por un momento. Una frase tan simple sacudió un rincón de su corazón. Al llegar al centro comercial, fueron directamente a la óptica. Jung-in se quitó los lentes de contacto desechables sin dudarlo y se puso sus anteojos, dejando escapar un profundo suspiro como alguien que acaba de superar una gran crisis. Ya no tendría que luchar contra los lentes cada mañana y noche.

“Uff... Por fin siento que vivo”.

Nada más salir de la óptica, Chase asomó la cabeza para mirar a Jung-in. Luego, entrecerró los ojos como si algo no le gustara.

“Estamos en problemas”.

“¿Por qué?”.

“Porque ahora, incluso con los anteojos puestos, puedo verlo. Tu cara es hermosa”.

El rostro de Jung-in se encendió al instante. Sin pensarlo, levantó el puño y golpeó el hombro de Chase.

“¡No lo es!”.

Como si hubiera escuchado un insulto, comenzó a caminar delante con pasos largos.

Jung-in solía ser sincero al elogiar a otros, pero no parecía acostumbrado a recibir elogios él mismo. Aceptaba gustoso los elogios por sus logros, pero no soportaba los que eran sobre su apariencia. ¿Por qué sería? ¿Diferencia cultural o era su personalidad única? Chase no podía dejar de pensar en Jung-in ni un segundo. Sentía que si le pidieran escribir una tesis sobre él, lo haría encantado. Jung-in era una persona fascinante de observar y estudiar.

Chase dejó colgar un brazo de forma exagerada y se quejó.

“¡Ay! Jay, mírame. ¿No crees que se me dislocó el hombro?”.

“¡Deja de bromear y camina rápido!”.

Incluso verlo enojarse le parecía tierno. Chase lo siguió de cerca.

Almorzaron sándwiches rápidamente y regresaron a la escuela. Nada más estacionar, vieron al grupo de Chase sentado en las mesas de afuera. Habían pedido comida de Chipotle y la mesa estaba hecha un desastre. Al ver a los dos bajando del coche y caminando juntos de forma cercana, Max soltó un comentario burlón.

“Hay un ambiente extraño aquí, ¿no? Cualquiera diría que vienen de una cita”.

Entre las risas divertidas de los demás, solo Alex, que conocía los sentimientos de Chase, mantenía una expresión seria. Jung-in se quedó congelado, sin saber qué hacer, y soltó una excusa apresurada.

“Y-yo tengo clase en el edificio de Matemáticas... me voy yendo”.

Se despidió torpemente con la mano y se alejó caminando rápido. Chase siguió la espalda de Jung-in con ojos vacíos, como un depredador que pierde a su presa. Luego, giró la cabeza lentamente hacia sus amigos. Con una expresión inusualmente seria, habló.

“¿Podrían cuidar sus palabras?”.

Ante su tono calmado, Max preguntó confundido.

“¿Eh? ¿Qué palabras?”.

Chase volvió a mirar hacia donde había desaparecido Jung-in, suspiró y regresó su mirada a Max.

“A mí no me importa. Pero Jay no es un bloque de músculos torpe como nosotros. Es sensible”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Sus palabras crearon un ambiente extraño. Brian Cole preguntó como si hubiera escuchado algo absurdo.

“¿De qué hablas? ¿Por qué lo proteges de repente así?”.

Chase respondió con naturalidad.

“Porque me gusta. Me gusta Jay”.

Por un momento, el silencio envolvió al grupo. Todos se miraron entre sí, procesando las palabras de Chase con caras de asombro. Max fue el primero en hablar.

“¿Q-que te gusta? ¿Te gusta en ese ‘sentido’?”.

“¿A qué te refieres, Schneider?”.

“¡Sabes a qué me refiero! ¿Te gusta en el sentido de querer tocarlo y besarlo?”.

Chase mantuvo el silencio por un momento. Sintió la mirada de todos sobre él, pero no se inmutó.

“Ya pasé esa etapa hace mucho”.

Su respuesta, como echar gasolina al fuego, confundió aún más a los presentes. Las preguntas llovieron.

“¿Él siente lo mismo?”.

“¿Y Vivian?”.

Chase levantó las palmas de las manos para detener a sus amigos y pedir calma.

“Yo soy el que lo está persiguiendo unilateralmente. Y con Vivian... bueno, no hay nada que decir”.

“¿Entonces también te van los chicos? ¿Eres bi?”.

Ante la pregunta de Brian sobre si era bisexual, Chase se quedó pensativo un momento y luego arrugó la nariz como si hubiera mordido arena.

“No sé. Creo que es pronto para decir que soy bi. Porque cuando pienso en otros tipos, no siento fuerza en la entrepierna, sino en los puños”.

Esta vez, Alex preguntó.

“¿Qué es lo que tanto te gusta de él?”.

“Todo. Es puro y honesto. A veces es tierno cuando hace cosas raras. Y sobre todo, su cerebro es realmente sexy. Nunca había visto a alguien tan inteligente”.

Max intervino como si fuera increíble.

“¿No me digas que es por eso? ¿Belleza interior? ¿Tus preferencias sexuales cambiaron por algo así?”.

“Bueno, por casualidad, la cara que está frente a ese cerebro sexy también es muy linda”.

Brian murmuró, todavía atónito.

“No puede ser... Ahora que lo pienso, es la primera vez que escucho a Press decir que le gusta alguien”.

Él conocía a Chase desde el preescolar. Había visto pasar a innumerables personas por el lado de Chase, pero era la primera vez que lo oía decir que le gustaba alguien. Las palabras de Brian hicieron que Chase también repasara su pasado. Siempre habían sido relaciones ligeras. Se llevaba bien con cualquiera, pero no pasaba de una diversión momentánea. Nunca tuvo interés en conocer profundamente a la otra persona ni deseos de compartir sus sentimientos sinceros.

Pero ahora se preguntaba qué habría desayunado Jung-in y tenía curiosidad por saber desde cuándo tenía el hábito de morderse el labio cuando estaba en aprietos. Los pequeños cambios en la expresión de Jung-in y sus palabras casuales se quedaban en su cabeza, dando vueltas una y otra vez. Chase no tuvo más remedio que admitir la única verdad que todo eso indicaba.

“Bueno, es lógico. Es mi primer amor”.

Se escucharon algunas respiraciones entrecortadas. El grupo volvió a quedar sumido en el silencio.

***

Jung-in dejó de resolver el cuaderno de ejercicios que tenía sobre el escritorio y tomó su celular. Tenía un mensaje de Chase.

 

Chase Prescott:

[¿Qué haces?]

 

Jung-in escribió por instinto ‘Estoy estudiando para el SAT’, pero lo borró todo pensando que sonaba demasiado como un ratón de biblioteca y nada cool. ¿Cómo se enviarán mensajes entre ellos los chicos populares? Tras quedarse mirando el cursor parpadeante, tecleó:

 

Jung-in:

[nm]

 

Eran las siglas de ‘nothing much’ (nada especial). ¿Sería esto lo suficientemente cool? Incluso después de darle a enviar, se mordió el labio por la duda.

 

Chase Prescott:

[¿Y qué vas a hacer ahora? Si no tienes nada que hacer, ¿quieres pasar el rato?]

 

Jung-in miró el reloj. Eran pasadas las 10 de la noche.

 

Jung-in:

[¿Ahora? Ya pasó mi hora de llegada, no puedo salir.]

 

¡Rayos! Se arrepintió en cuanto le dio a enviar. Hablar de la hora de llegada... no podía sonar más como un nerd.

 

Chase Prescott:

[Sí, ahora].

 

Justo cuando Jung-in terminaba de leer la respuesta, escuchó un ‘toc toc’ en la ventana. Caminó hacia ella y descorrió la cortina. El rostro de Chase estaba afuera.

“¡Aah!”.

Jung-in gritó por reflejo, pero recordó que su madre estaba en casa y se tapó la boca rápidamente con ambas manos.2

“¿Jung-in? ¿Pasa algo?”.

Preguntó su madre desde abajo, ya que había dejado la puerta de su cuarto abierta.

“¡M-me golpeé el dedo del pie con un mueble!”.

“¡Qué horror! ¿Te llevo medicina?”.

“¡No, no es para tanto!”.

Jung-in cerró rápido la puerta de su cuarto y volvió a la ventana. Chase, con una sonrisa relajada, le hacía señas para que abriera. Jung-in quitó el seguro y abrió la ventana. Chase metió sus largas piernas primero y saltó ágilmente dentro de la habitación. Sus movimientos para entrar por la ventana de una casa ajena eran tan naturales que a Jung-in la situación le pareció irreal.

“’nm’... es la primera vez que recibo un mensaje tan corto”.

El rostro desconcertado de Jung-in se calentó. ¿Acaso eso no era ser cool? ¿Debería haber puesto algún emoticón al final? Parece que tenía una idea equivocada sobre lo que significaba ser cool.

“Hola”.

Chase saludó de nuevo, ya de pie en medio de la habitación. Los dos se quedaron frente a frente en el estrecho cuarto, sintiendo la extraña atmósfera que fluía entre ellos. La mirada de Chase recorrió la habitación lentamente hasta detenerse en el escritorio.

“¿Estabas estudiando?”.

“... Sí. El SAT”.

“Ah, yo también debería hacerlo”.

“¿Tú también te inscribiste para el examen de junio?”.

Los exámenes SAT se realizan varias veces al año, pero la mayoría de los juniors lo toman en mayo o junio. Sin embargo, los estudiantes que toman muchas clases de nivel avanzado suelen tomarlo en junio porque las fechas coinciden con los exámenes AP.

“Por ahora sí. Pero la Señora Méndez dice que sería mejor que yo presente los resultados del ACT”.

Chase respondió con indiferencia mientras caminaba hacia la cama. Gloria Méndez era la orientadora vocacional de Wincrest High. Jung-in también se había asesorado con ella varias veces. Ella decía que para alguien fuerte en matemáticas y cálculo como Jung-in, el SAT era ventajoso. En cambio, el ACT requería más habilidades en ciencias, pensamiento analítico y rapidez para resolver problemas.

Jung-in, pensando qué harían para entretenerse en esa habitación tan pequeña, preguntó tímidamente.

“¿Quieres que lo hagamos... juntos?”.

Chase, que caminaba hacia la cama, se giró bruscamente.

“¿Qué? ¿Hacer qué?”.

“Tengo otro cuaderno de ejercicios de práctica igual. Me lo dio un profesor”.

“Ah...”.

Chase soltó una risa de decepción y se llevó la mano a la frente. Luego se frotó la cara.

“Estudiar... Está bien, estudiemos juntos”.

Chase se sentó a lo largo de la cama apoyando la espalda contra la pared, y Jung-in le entregó el cuaderno de ejercicios y un lápiz. Cuando Jung-in iba hacia su escritorio, Chase lo detuvo.

“¿A dónde vas? ¿Te vas a sentar allá?”.

“Sí”.

“Eso no sirve. Ven aquí. Dijiste que lo haríamos juntos”.

Chase palmeó el espacio a su lado. Jung-in vaciló un momento antes de sentarse junto a él. Al estar sentados lado a lado, sus brazos y piernas se rozaban de forma natural. Jung-in sentía el calor de la otra persona a través de la piel, pero intentó concentrarse en el cuaderno para no darle importancia.

“Jay, ¿por dónde vas?”.

“Por la 7”.

“Espera. Yo ni siquiera terminé la 5. ¿Tanta diferencia hay?”.

Jung-in dejó de escribir y miró de reojo el cuaderno de Chase.

“No hace falta resolver todo ese problema hasta el final”.

“¿Ah, no?”.

“Solo necesitas saber el margen de error aquí”.

“Ajá”.

“Pero el procedimiento está perfecto. Muy bien”.

A Chase el elogio de Jung-in le resultó extraño, pero extrañamente placentero. En la pequeña habitación solo se escuchaba el sonido del lápiz sobre el papel. Era un ambiente pacífico y cálido. Chase miró a Jung-in pasar otra página y soltó un suspiro.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Realmente solo estás estudiando...”.

“¿Eh?”.

“Nada”.

Se sentía un poco absurdo en esa situación de estar estudiando sin quererlo, pero no estaba mal pasar el tiempo así de tranquilo con Jung-in. Como dice el dicho, no importa el dónde, sino el con quién. No necesitaba alcohol, ni música ruidosa, ni fiestas. Chase se dio cuenta por primera vez de que podía ser feliz sin hacer nada extraordinario si estaba con la persona adecuada.

Sin embargo, tras unos 30 minutos, Chase acabó deslizándose hasta quedar acostado en la cama. Se giró, abrazó una de las piernas de Jung-in y lo miró con ojos lastimeros.

“No puedo más”.

“¿Ya?”.

“Es aburrido. Y tengo hambre...”.

Chase quería convencerlo de escapar por la ventana e ir al diner de la otra vez. Pero Jung-in, como siempre, se salió de sus planes.

“Espera. Te traeré algo de comer”.

“¿Eh? No, mejor vamos...”.

“No te preocupes. Vuelvo enseguida”.

Antes de que Chase pudiera empezar a convencerlo, Jung-in ya había salido de la habitación. Fue directo a la cocina, tomó un tazón grande y comenzó a llenarlo de bocadillos. Sus manos se movían rápido abriendo cajones y armarios. Unos cuantos Choco Pies comprados en el mercado coreano, botanas de camarón, papas fritas y una lata de refresco del refrigerador. El montón de comida pesaba bastante.

Cuando volvió a abrir el refrigerador para ver si faltaba algo, Su-ji apareció frente a él.

“¿Qué es todo eso? ¿Vas de picnic?”.

“¡Mamá!”.

Exclamó Jung-in sobresaltado.

“Sí, soy tu madre”.

Respondió Su-ji con una mascarilla puesta en la cara y su calma habitual.

“¿Por qué llevas tantos bocadillos?”.

“E-es que me dio hambre de repente...”.

“Bueno, el cerebro necesita energía”.

Asintió Su-ji abriendo el refrigerador. Sacó un paquete de leche de soya y lo puso en el tazón que sostenía Jung-in.

Toma leche de soya en vez de refresco.

Su-ji desapareció dándose palmaditas en la cara y Jung-in subió a su cuarto abrazando el tazón. Chase devoró la comida rápidamente. Se bebió la leche de soya de un trago y se terminó los tres Choco Pies en un instante. A Jung-in hasta le pareció que le daba un subidón de azúcar de solo verlo. Gracias a eso, las quejas de hambre cesaron, pero la paz no duró mucho. Diez minutos después, Chase volvió a tirarse en la cama.

“No puedo...”.

“¿Ahora qué pasa?”.

“Es que mi capacidad de concentración aumenta cuando abrazo algo”.

La intención de Chase era obvia. Su tono y actitud rebosaban travesura. Jung-in suspiró suavemente y se separó de la pared. Por un momento, Chase sintió su corazón latir con esperanza cuando Jung-in se incorporó y extendió los brazos. Justo cuando iba a abrir los suyos para corresponder al abrazo, Jung-in le puso un peluche mullido entre los brazos: era Snowball.

La cara de Chase se llenó de decepción. Jung-in apretó los labios para contener la risa.

“Toma. ¿Ya? Ahora deja de quejarte, Prescott”.

“Chay”.

Otra vez con lo del nombre. Chase era persistente y no parecía tener intención de rendirse con lo de ser llamado ‘Chay’. Jung-in rectificó con cansancio.

“Está bien. Deja de quejarte, Chay”.

Satisfecho, Chase sonrió por fin. Se inclinó perezosamente para mirar a Jung-in y dijo.

“Tu nombre coreano... ¿cómo dijiste que se pronunciaba?”.

“Jeong, In”.

“Jung-in”.

Al escuchar su nombre coreano en esa voz profunda, Jung-in sintió una emoción extraña. Aunque era su nombre de siempre, en boca de Chase sonaba totalmente nuevo.

“Jung-in”.

“... Sí. Lo haces bien”.

“Jung-in”.

“Ya lo dijiste bien, deja de llamarme”.

“Tu madre lo pronunciaba un poco diferente”.

Su madre solía hablar en inglés en casa, pero cuando lo llamaba, siempre usaba el coreano: ‘Jung-in-ah’.

“En coreano, a veces se añade ‘ah’ al llamar a alguien. Jung-in-ah. Así”.

“Jung-in-ah”.

Pronunció Chase con voz suave.

Ese sonido bajo tocó algo en el corazón de Jung-in. Sintió un cosquilleo profundo en el pecho, en un lugar que no podía alcanzar. Jung-in recompuso su expresión fingiendo que no pasaba nada y bajó un poco la cabeza, pero sus orejas estaban rojas. Chase volvió a preguntar.

“¿Y cómo se dice ‘te amo’ en coreano?”.

“...”.

Jung-in lo miró fijamente con cara inexpresiva. Parecía que le estaba diciendo ‘no intentes nada raro’, así que Chase se excusó rápido.

“Solo tengo curiosidad por el nuevo idioma. Tengo mucha curiosidad intelectual”.

Ante esa declaración tan descarada, Jung-in suspiró brevemente y dijo.

“Saranghae (사랑해)”.

¿Habría sentido algo en esas palabras que nunca antes había escuchado? ¿O sería por el peso extraño de la frase? La travesura desapareció del rostro de Chase en un instante. Repitió las palabras torpemente.

“Saranghae... Saranghae”.

Y las repitió un par de veces más, como saboreándolas.

“Esto es curioso. Suena como un susurro...”.

Para Jung-in era su lengua materna y no sentía nada especial, pero para Chase parecía ser diferente.

“Es triste... y tierno a la vez...”.

Debido a la suave pronunciación, Chase sintió varias emociones difíciles de describir al mismo tiempo. El eco de las palabras permaneció mucho tiempo después de que el sonido se desvaneciera. Mirando fijamente a Jung-in, Chase habló como para confirmar lo que sentía.

“Jung-in-ah. Saranghae”.

Jung-in miró a Chase con una cara como si se le hubiera escapado el alma.

“¿Lo dije bien?”.

Preguntó Chase, pero Jung-in no respondió.

Al ver su expresión tan seria, Chase sintió que algo iba mal. Aunque nunca le había dicho ‘te amo’ a nadie, sabía que no eran palabras para decir a la ligera. Podría parecer una persona voluble o asustar a la otra persona. Consciente de eso, Chase añadió rápido.

“Solo estaba practicando cómo usarlo”.

Se encogió de hombros como si no tuviera ninguna intención especial. Sin embargo, Jung-in seguía aturdido.

Aquella confesión en la voz profunda y suave de Chase, en el idioma que mejor comprendía, le resultó demasiado dulce a Jung-in. Se sentía como si hubiera caído en un pantano de chocolate del que no podía escapar. Chase, sin conocer los sentimientos de Jung-in, continuó.

“Quiero llamarte por un apodo que solo sepamos tú y yo. ¿No hay algo como ‘sweety’ o ‘honey’ en coreano?”.

“...”.

Jung-in guardó silencio un momento imaginando a Chase llamándolo ‘Jagi-ya’ (Cariño). Si lo llamara así, su corazón no sobreviviría. Al final, le dio información falsa a propósito.

“Hyung-nim”.

“Hyung... nim. ¿Está bien?”.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Chase lo repitió torpemente y Jung-in asintió conteniendo la risa.

“... Sí”.

“¡Hyung-nim!”.

Pero al experimentarlo, ser llamado ‘Hyung-nim’ por un mariscal de campo de gran complexión no estaba nada mal. Pensó en enseñarle también ‘¿Has comido?’, pero decidió que sería demasiado complicado.

Como ya no tenía ganas de estudiar, Chase se levantó y comenzó a mirar la estantería de Jung-in. Había libros de texto, pero también muchos libros especializados en biología y farmacia. Solo con leer los títulos se podía adivinar qué tipo de persona era Jung-in.

“¿Qué miras tanto?”.

Chase giró un poco la cabeza y sonrió travieso.

“¿Qué? ¿Acaso tienes algún libro erótico que no deba descubrir?”.

“... Mira lo que quieras”.

Tras reírse de la respuesta incrédula de Jung-in, Chase dirigió su mirada al escritorio. En el tablero de notas había una postal con una foto del campus de Harvard pegada con un imán. También vio una taza con el logo de Harvard que usaba como lapicero.

“¿Desde cuándo eres un fan tan apasionado de Harvard?”.

“Desde que llegué a Estados Unidos”.

Cuando recién llegó a este país, Jung-in tuvo que pasar por momentos difíciles. En Corea, al menos nunca lo habían ignorado por su sola existencia. Pero aquí era una minoría. Para demostrar su existencia y no ser ignorado, tenía que lograr más que los demás. Y el objetivo simbólico y definitivo de ese logro era Harvard.

“¿Y tú? ¿Qué vas a hacer con la universidad?”.

Le preguntó esta vez Jung-in.

“... ¿Eh?”.

“¿Qué escuela de medicina es famosa? ¿Vas a pedir el ingreso anticipado?”.

Ante la ráfaga de preguntas, Chase se quedó sin palabras. Todavía no había decidido su futuro con claridad. Entrar en Harvard, estudiar administración de empresas y hacer un MBA era el único camino trazado frente a él, como un destino inevitable. Pero siempre había tenido dudas. Al darse cuenta de que seguía estancado en dudas vagas, vio claramente que Jung-in iba mucho más adelantado. Mientras él dudaba como un perro atado a un poste, Jung-in no se detendría ni un segundo y seguiría avanzando en su propia órbita.

Si seguía así, perdería tanto a Jung-in como su futuro. ¿Cumpliría las expectativas de los demás o seguiría su sueño junto a Jung-in? La respuesta era obvia. Chase volvió a la cama y abrió el cuaderno de ejercicios. Su expresión era mucho más seria que antes.

***

Solo después de resolver toda la primera práctica del examen, Chase se levantó. Salió por la ventana con la misma naturalidad con la que había entrado. Una brisa fresca entró por la ventana abierta junto con el aroma característico de Chase.

“Me voy”.

Quizás por lo tarde que era, su voz sonó profunda y Jung-in asintió. De pronto, el hecho de que Chase hubiera estado allí y hubieran pasado tiempo juntos en secreto le pareció irreal, como un sueño. Sintió también un poco de nostalgia.

Justo cuando cerraba la ventana y corría las cortinas, escuchó que volvían a tocar el cristal. ¿Se habría olvidado algo? Jung-in volvió a la ventana extrañado. Al abrirla, el brazo de Chase entró rápidamente. Su mano grande rozó la mejilla de Jung-in y sujetó suavemente su nuca, atrayéndolo hacia la ventana. Chase se inclinó y depositó un beso sonoro en su mejilla.

“Buenas noches”.

Como si eso fuera todo, Chase retiró la mano. Jung-in miró atónito la espalda de Chase mientras se alejaba. Verlo saltar ágilmente desde el tejado del primer piso apoyándose en un árbol y caminar hacia su coche parecía una escena de película.

Tras prepararse para dormir, Jung-in se acostó y se tocó la mejilla donde sus labios lo habían rozado. Hacer eso después de decirle buenas noches... Le pareció indignante. Era obvio que ahora no podría dormirse fácilmente.

***

“Señor Prescott, ¿qué le trae por aquí tan de repente?”.

Al día siguiente de pasar tiempo en el cuarto de Jung-in, nada más llegar a la escuela, Chase buscó a Gloria Méndez, la orientadora vocacional. Aunque su familia tenía consultores privados, sabía que cualquier charla con ellos llegaría a oídos de su padre.

A estas alturas, muchos juniors entregaban su lista de universidades deseadas para tener una orientación inicial, revisar sus actividades de voluntariado y discutir qué mejorar en sus solicitudes. Méndez supuso que Chase venía por lo mismo, pero sus palabras la sorprendieron por completo.

“Quiero cambiar mi carrera”.

Los ojos de Méndez se abrieron de par en par. Ella daba por hecho que Chase Prescott iría a Harvard para estudiar negocios.

“¿Acaso estás pensando en otra universidad?”.

“No”.

Chase tenía una expresión seria y sin dudas.

“Quiero ir a la escuela de medicina. A Harvard, si es posible”.

Méndez se quedó sin palabras. Ser médico era una profesión honorable, pero no era la que se esperaba del heredero de las empresas Prescott. Ellos contratan médicos, no se convierten en ellos. Aunque estaba desconcertada, explicó con calma lo que sabía.

“Como sabes, en Harvard no pides el ingreso para una carrera específica. Eliges tu especialidad en el segundo año. El proceso para entrar a medicina es similar en todas las escuelas: eliges una especialidad como biología o química, completas el programa de pre-med y luego tomas el examen MCAT, normalmente al final del tercer año o después de graduarte”.

Chase recordó de pronto la conversación con Jung-in. El día de la fiesta en la playa, Jung-in había mencionado que su sueño era estudiar biología y biotecnología en Harvard para trabajar como investigador en una farmacéutica.

“¿Biología?”.

“Sí. Es una especialidad que lleva a campos como la farmacéutica, medicina, ecología o agricultura”.

La palabra ‘farmacéutica’ resonó en sus oídos. Eso significaba que podría pasar la mayor parte de su etapa universitaria junto a Jung-in.

“Pero Señor Prescott, así de repente... ¿Saben tus padres que cambiaste de opinión?”.

Méndez expresó su preocupación recordando el trasfondo de Chase. ¿No sería una decisión precipitada? Sin embargo, desde el momento en que recordó las charlas con Jung-in en la arena, el camino de Chase ya estaba decidido. Nadie podría detenerlo.

“Señora Méndez, creo que ya decidí mi futuro”.

La voz de Chase era firme y su mirada no vacilaba. Finalmente, Méndez asintió y corrigió la información en el expediente personal de Chase.

***

La escuela estaba agitada por el baile (Prom), que sería en pocos días. Pero había un grupo tan ocupado como los que preparaban el baile: los miembros de la Mathlete Society. Las semifinales y la final se llevarían a cabo en la Universidad de California, y la competencia estaba organizada como un gran show de televisión. Aunque, como siempre en estos eventos, habría muchos asientos vacíos y el público serían mayormente familiares de los participantes.

“¡Hagámoslo! ¡Consigamos nosotros también las chaquetas varsity!”.

Gritó Rajesh, el presidente, levantando el puño.

Las chaquetas varsity, con los colores y las iniciales de la escuela, normalmente eran exclusivas de los atletas. Pero recientemente se habían cambiado las reglas para otorgarlas también a otros clubes que lograran resultados importantes en competencias nacionales. El profesor Williams, que estuvo en la reunión del personal, se lo había confirmado directamente.

Aquello entusiasmó a todos. La chaqueta varsity no era solo ropa; era una prueba de reconocimiento escolar, una medalla por haber luchado representando a la escuela. Casi todos los chicos populares las usaban. Los miembros de la Mathlete Society querían sentir eso al menos una vez.

Justin, contagiado por la emoción, se inclinó hacia Jung-in al recordar algo.

“Ah, ¿sabes qué? Parece que nuestro amigo Chase tiene el cerebro bastante bien amueblado”.

“¿Eh?”.

“Rajesh estaba en orientación con la Señora Méndez y parece que echó un vistazo a su escritorio cuando ella salió un momento. Vio las notas de Chase Prescott y resulta que sacó un 32 en el ACT”.

“¿Qué?”.

Exclamó Jung-in tan fuerte que todos en el aula se giraron a mirarlo.

La puntuación máxima del ACT es 36, y el promedio nacional ronda los 20 puntos. Un 29 ya permite entrar en buenas universidades, y un 32 es una nota bastante segura para entrar en la Ivy League. Con razón había dicho que sus notas eran suficientes. Podía enviar solo su mejor puntuación. Jung-in se preguntó por qué demonios había ido a su casa anoche a estudiar para el SAT. Además, era el capitán del equipo de fútbol americano y miembro de los Prescott, una familia asquerosamente rica. Era el tipo de perfil por el que cualquier oficina de admisiones perdería la cabeza.

En ese momento, llegó un mensaje del aludido.

 

Chase Prescott:

[¿Qué haces? ¿Hoy también ‘nm’?]

 

Jung-in:

[Estudio en el club.]

 

Justin miró de reojo a Jung-in mientras manejaba el celular y preguntó con mirada sugerente.

“¿Quién es? ¿Press?”.

“¿Press?”.

“Entre amigos podemos llamarnos así”.

A Jung-in le hizo gracia Justin, que se encogía de hombros aunque sabía que no se atrevería a llamarlo así a la cara. El celular volvió a sonar.

 

Chase Prescott:

[Gracias a ti, ahora todo está claro. Iré a Harvard y seré médico.]

 

De pronto, Jung-in recordó que Chase solía disfrazarse de médico cada Halloween. Era algo que debía celebrar y felicitar.

 

Jung-in:

[¿En serio? Qué bien.]

 

Sin embargo, al mismo tiempo, Jung-in pensó en otra cosa. La familia Prescott llevaba cinco generaciones graduándose en Harvard. Y Harvard tenía el sistema de legacy, que otorga puntos extra en la admisión si los padres o hermanos del solicitante se graduaron allí. Chase gozaría de ese beneficio. Wincrest es una escuela en un barrio rico, pero es pública. ¿Aceptaría Harvard a dos personas de la misma escuela pública?

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Una emoción sutil agitó el corazón de Jung-in: el espíritu competitivo. No quería perder, aunque el oponente fuera Chase Prescott. Es más, precisamente porque era Chase Prescott, no quería mostrarle su derrota bajo ninguna circunstancia. Tenía que elevar al máximo su valor para Harvard.

“Estudiemos. Tenemos que ganar... tenemos que ganar sí o sí”.

Los ojos de Jung-in ardían de determinación. Justin lo miró con admiración.

“Jay, amigo... realmente quieres esa chaqueta varsity, ¿verdad?”.