#106
Chrissy fulminó a Nathaniel con una mirada de
desagrado.
“No me digas que a estas alturas pretendes
obligarme a asumir la responsabilidad por eso. Te lo advierto, fue tu propia
culpa. Sería un problema si no recordaras cómo terminaste con la pierna herida”.
Cerró la boca, pensando que si él decía una
sola palabra más, le relataría cada detalle de lo ocurrido en aquel entonces.
Estaba en guardia, pero para su sorpresa, Nathaniel se limitó a curvar un lado
de la boca en una risa corta. Mientras un desconcertado Chrissy parpadeaba, él
se llevó con lentitud la copa de vino a los labios.
“No te preocupes, tengo buena memoria”.
Tras decir aquello y beber el vino, Nathaniel
comenzó a comer primero. Chrissy se sintió un poco desinflado por el final tan
anticlimático de la situación, pero no podía permitirse perder el tiempo. Se
acercaba su hora de entrada al trabajo. Mientras Chrissy empezaba a vaciar su
plato en silencio, por un rato no se escuchó más que el sonido ocasional de los
cubiertos chocando entre sí.
Casi prefiero que sea así.
Chrissy pensó eso mientras se obligaba a
tragar la comida. En su mente repasaba las tareas del día, el nuevo juicio que
debía llevar adelante y cómo encontrar a esos desgraciados para que pagaran por
sus crímenes.
Fue cuando casi terminaba de comer que sintió
una sensación extraña. Al girar la cabeza por instinto, sus ojos se encontraron
de inmediato con los de Nathaniel.
... ¿Qué pasa?
Sintiendo que el ceño se le fruncía
involuntariamente, lo miró fijamente a los ojos. ¿Desde cuándo la estaba
observando aquel hombre de esa manera?
Sentirse observado de forma constante por él lo
hizo sentir incómodo. Además, a pesar de que sus miradas se habían cruzado,
Nathaniel no la apartó, al contrario, la sostuvo con descaro. Chrissy también
lo miró con terquedad, pero al final, fue él quien se cansó primero.
“¿Qué? Si tienes algo que decir, dilo”.
Soltó con voz cargada de irritación.
Solo entonces Nathaniel apartó la mirada y
respondió brevemente.
“Nada en especial”.
Ja.
Chrissy se quedó estupefacto, pero a Nathaniel
no pareció importarle. Terminó el resto de su vino y se levantó de la silla con
naturalidad. Mientras lo observaba con incredulidad caminar hacia el
lavavajillas con los platos sucios en ambas manos, Chrissy desvió la mirada
hacia sus piernas. Parecía caminar con normalidad, pero si se observaba con
atención, se notaba, cojeaba imperceptiblemente de una pierna.
***
Fue su propia culpa.
Sentado en su oficina revisando documentos,
Chrissy volvió a tener el mismo pensamiento. Incluso si le quedaba una
discapacidad permanente, no era culpa suya. Había sido en defensa propia. Sobre
eso, Chrissy tenía la conciencia tranquila.
...Sin embargo.
Había algo que le inquietaba. Esa mirada que
sintió en la mesa no había sido una alucinación. Incluso en el auto camino al
trabajo, Nathaniel lo había observado con una mirada críptica. Chrissy le
exigió de nuevo que hablara si tenía algo que decir, pero su respuesta fue la
misma:
‘Nada en especial’.
Al recordar ese rostro indiferente, la ira se
apoderó de Chrissy.
“¿Qué demonios es ‘nada en especial’, maldito
imbécil?”.
Arrugó los inocentes documentos mientras
soltaba un insulto, pero eso no alivió su frustración. Finalmente, sacó un
cigarrillo del cajón y se lo llevó a la boca. Solo después de inhalar el humo
varias veces logró deshacerse de los pensamientos intrusos.
¿Cómo irá progresando ese asunto?
La espera siempre era angustiante, pero no
quedaba más remedio que aguantar. Jurando que, si pasaba una semana,
estrangularía a Nathaniel Miller para llegar a una resolución, continuó con su
día.
***
“...”.
Nathaniel permanecía de pie, mirando en
silencio el interior del armario. Para ser exactos, observaba al fiscal que
estaba allí encogido.
“... ¿Otra vez?”.
Murmuró en voz baja y luego guardó silencio.
El fiscal tenía el rostro empapado en lágrimas
y temblaba violentamente. Nathaniel observó fijamente a Chrissy, quien lo
miraba hacia arriba con terror, y luego se inclinó sin decir palabra para
cargarlo en brazos. Al sentir el cuerpo rígido contra el suyo y empezar a
caminar, Chrissy comenzó a sollozar de nuevo.
“Lo siento, me equivoqué... No lo haga, por
favor, no lo haga...”.
“No lo haré”.
Dijo Nathaniel con brusquedad.
“No te haré nada, así que deja de llorar”.
Dicho esto, caminó con paso firme. Su destino ya
estaba decidido. Fue a su propio dormitorio, dejó a Chrissy sobre la cama y lo
cubrió con las sábanas. Incluso entonces, Chrissy seguía temblando, con todo el
cuerpo en tensión.
“Todo está bien, así que duérmete ya”.
Nathaniel dijo esto mientras le acariciaba la
frente. Solo entonces Chrissy parpadeó aturdido y comenzó a relajar el cuerpo
poco a poco. Y en poco tiempo, se quedó dormido profundamente soltando un largo
suspiro.
Ya era el tercer día consecutivo que ocurría
lo mismo. Al caer la noche, Chrissy sufría un ataque, lloraba y se escondía en
el armario. Nathaniel lo sacaba, lo llevaba a su habitación, lo acostaba en la
cama y le decía que todo estaba bien. Solo entonces Chrissy cerraba los ojos y
dormía plácidamente.
Este suceso se repetía por tercera vez, pero
no lograba encontrar la causa. La investigación sobre el pasado de Chrissy
había terminado hacía mucho tiempo. Ordenó que investigaran de nuevo, pero el
resultado fue el mismo.
Padre biológico Alfa, madre biológica Omega.
El Alfa, que ya tenía otra familia, mató a tiros a la madre de Chrissy por
miedo a que se descubriera su infidelidad. Chrissy quedó huérfano y fue adoptado
por una familia que no tenía hijos, creció con ellos y, tras entrar en la
universidad, se independizó y mantiene contacto ocasional hasta la fecha.
Era un perfil sin nada de especial. Casos
donde uno de los padres biológicos mata al otro y el niño termina en adopción
ocurren con frecuencia. Según la investigación, los padres adoptivos también
eran personas normales y buenas. Una pareja de clase media ejemplar, muy
religiosos, que hacían mucho voluntariado y gozaban de una excelente
reputación.
Pero tal vez eso solo era la apariencia
externa. A menudo se escuchaban historias de personas que parecían las mejores
del mundo, pero que en realidad eran maltratadores o asesinos en serie. Nunca
se sabe qué ocurre detrás de puertas cerradas.
¿Es un trauma por los padres biológicos, o
abuso por parte de los adoptivos?
Nathaniel entrecerró los ojos mientras
observaba al profundamente dormido Chrissy.
Tal vez, ambos.
***
“¿Podrías dejar de mirarme de esa forma?”.
En la mañana del cuarto día, Chrissy
finalmente estalló. ¿Podía haber algo más desagradable que ser observado
intensamente como si lo estuvieran examinando? Nathaniel llevaba haciendo eso
cuatro días. Para quien lo sufría, era, literalmente, ‘asqueroso’.
Por otro lado, Nathaniel observó la reacción
furiosa de Chrissy sin cambiar la expresión. Sin apartar la mirada, Chrissy
esperó mientras le devolvía el desafío visual. Pensó que si él volvía a soltar
ese ‘nada en especial’, realmente no lo soportaría más.
“...Tú”.
Dijo Nathaniel lentamente mientras Chrissy se
preparaba para atacar.
“¿Qué?”.
Ante la pregunta inesperada, Chrissy respondió
sin darse cuenta. ¿A qué venía eso de repente? Mientras Chrissy parpadeaba
confundido, Nathaniel continuó con su habitual tono pausado.
“Me preguntaba si sueles tener muchos sueños”.
“¿De qué... qué tiene eso que ver ahora?”.
Después de estar observándolo como si fuera
una atracción de feria, ¿lo mejor que podía decir era eso? Chrissy sintió cómo
la irritación le subía por la garganta.
“¿Te va mal como abogado? ¿Has decidido
cambiar de carrera a consejero?”.
Lanzó el sarcasmo con toda su intención, pero
la expresión de Nathaniel no cambió en absoluto.
“Dime, ¿qué tipo de sueños tienes?”.
Ante la pregunta repetida que ignoraba sus
burlas, Chrissy soltó con brusquedad.
“No sueño nada. Si vas a intentar hacerme un análisis
freudiano cliché, búscate otro trabajo. No pareces tener talento para esto”.
Ante el sarcasmo continuo, Nathaniel, para su
sorpresa, soltó una risita y volvió a comer.
¿Qué demonios le pasa a este tipo?
Justo cuando Chrissy lo insultaba mentalmente,
él murmuró algo. Al principio no lo entendió bien porque fue un comentario en
voz muy baja, incluso para él. Fue justo al llegar a su oficina cuando de
repente comprendió aquellas palabras.
‘¿Es que realmente no lo recuerdas?’.
Chrissy, que acababa de dejar su maletín sobre
el escritorio, se quedó petrificado. ¿Qué había dicho ese imbécil? Frunció el
ceño intentando recordar, pero no encontraba ninguna pista.
“Ja, de verdad...”.
Tras soltar un suspiro de incredulidad y
pasarse la mano por el cabello, Chrissy solo pudo despejar sus dudas después de
fumarse dos cigarrillos seguidos.
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