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Sus ojos se sentían pesados y secos. Chrissy
soltó un gemido, frunciendo el entrecejo. Por alguna razón, sus párpados no se
abrían, así que se frotó los ojos con brusquedad. De repente, una voz
inesperada lo interrumpió.
“Déjalo, si te frotas así, te lastimarás más
los ojos”.
Era una voz baja y gélida, una que
definitivamente le resultaba familiar. Chrissy, que se había quedado paralizado
por un instante, apartó las manos de su rostro y abrió lentamente los ojos.
Tras varios intentos por enfocar su visión borrosa, finalmente pudo identificar
al dueño de la voz. Nathaniel Miller, sentado en una silla junto a la cama, lo
observaba desde arriba.
Durante un momento, Chrissy lo contempló en
silencio. Su mente trabajaba a toda marcha tratando de asimilar la situación.
Esta no era la habitación donde se había quedado dormido, por el sutil aroma a
feromonas que impregnaba el aire, su instinto le dictó que se encontraba en el
dormitorio de Nathaniel. El problema era por qué estaba él allí, acostado en la
cama de Nathaniel. Además, el aspecto de Miller era totalmente distinto al del
día anterior: sus mejillas estaban hundidas y las sombras bajo sus ojos
delataban un cansancio profundo. Parecía no haber dormido en toda la noche.
No me digas que se quedó ahí sentado mirándome
todo este tiempo.
Nada de lo que estaba ocurriendo tenía
sentido. Tras permanecer acostado un rato más, desistió de intentar
comprenderlo y se incorporó con cautela.
“... ¿Qué es esto? ¿Qué ha pasado?”.
Preguntó con un tono que mezclaba la duda y la
desconfianza.
Nathaniel no respondió de inmediato. Lo miro
de cerca, estudiando su rostro, y luego habló con lentitud.
“¿No te acuerdas?”.
“¿De qué?”.
Ante la pregunta, Nathaniel se acarició la
barbilla con una mano, como si estuviera sumido en sus pensamientos, en lugar
de responder. Chrissy, sintiéndose extrañamente ansioso, empezó a apretar y
soltar las sábanas compulsivamente.
“Dime de una vez. No me gusta que pierdas el
tiempo así”.
Le instó con la mayor frialdad posible.
Nathaniel dejó escapar un breve suspiro, se
apartó el cabello de la frente y finalmente habló.
“Parece que tuviste una pesadilla anoche”.
“... ¿Yo?”.
“Sí”.
Esta vez la respuesta fue inmediata. Ante el
desconcierto de Chrissy, él continuó.
“Si no lo recuerdas, no se puede hacer nada.
Ve a ducharte, yo prepararé el desayuno”.
“¿Qué?”.
Nathaniel seguía diciendo cosas
desconcertantes. Chrissy reaccionó por instinto, pero el hombre no añadió nada
más y se dispuso a salir de la habitación. Incapaz de dejarlo ir así, Chrissy
volvió a llamarlo.
“¡Miller!”.
Ante el tono de urgencia, Nathaniel se detuvo
con la mano en la puerta y se volvió. Chrissy, aún sentado en la cama,
prosiguió.
“¿Qué hice anoche? Dime qué pasó exactamente”.
Nathaniel abrió la boca, pero las palabras
tardaron un poco en salir.
“Si no lo recuerdas, es mejor así”.
“¿Qué quieres decir con que es mejor...?”.
Chrissy iba a replicar que se trataba de un
asunto suyo, pero Nathaniel se le adelantó.
“A veces es preferible no saber. Si no lo
recuerdas, debe ser porque es algo que no necesitas saber”.
De pronto, sus palabras adquirieron un matiz
peculiar. Chrissy entrecerró los ojos y preguntó con suspicacia.
“¿El que no necesita saberlo eres tú o soy
yo?”.
Para su sorpresa, una tenue sonrisa asomó en
los labios de Nathaniel. Mientras Chrissy se quedaba perplejo, él respondió con
sencillez.
“Ambos”.
Tras decir esto, Nathaniel salió de la
habitación. Chrissy se quedó solo, parpadeando atónito, hasta que de repente
reaccionó. Al final, no había obtenido ni una sola respuesta clara de Nathaniel.
¿Qué demonios había pasado?
Sus recuerdos estaban fragmentados. Creía
haber soñado con algo de su infancia, pero no estaba seguro. ¿Habría sido sobre
‘aquello’? ¿Hasta dónde le habría contado a ese hombre? No podía ser que se lo
hubiera confesado todo...
La inquietud se apoderó de él en medio de su
confusión. ¿Cuánto sabía ese hombre sobre él? Para Nathaniel Miller, investigar
el pasado de alguien sería más fácil que quitarle un dulce a un niño, siempre
que tuviera la voluntad de hacerlo.
Mientras se duchaba, Chrissy sacudió la cabeza
con fuerza. Era una pérdida de tiempo darle vueltas a pensamientos inútiles. Si
aquel hombre no hablaba, él tampoco tenía por qué esforzarse en indagar. Lo
importante ahora era encontrar al detective Simmons y castigar a esos malditos
desgraciados.
Tras llegar a esa conclusión, terminó de
ducharse rápidamente y salió. Una vez cambiado y listo para ir a trabajar,
sintió que su mente se despejaba y volvía a ser el de siempre. Su tobillo
estaba mucho mejor, aunque quedaba una ligera molestia, no parecía ser un gran
problema.
Bien, vamos.
Asintiendo a su reflejo en el espejo, salió de
la habitación y bajó las escaleras. El aroma a mantequilla que impregnaba la
sala le abrió el apetito de golpe. Como si ya se hubiera acostumbrado a estar
en esa casa, sus pies lo llevaron mecánicamente hacia el desayunador.
La mesa ya estaba puesta. Tras echar un
vistazo a la espalda del hombre alto que cocinaba tocino, Chrissy arrastró la
silla haciendo ruido deliberadamente. Una vez sentado para indicar que ya
estaba allí, Nathaniel sacó el tocino de la sartén y lo trajo en un plato.
Al ver el plato con huevos revueltos, tocino y
varios panqueques pequeños, Chrissy levantó la vista instintivamente. Nathaniel
colocó entonces una cesta con varios tipos de pan, una pequeña jarrita de
cristal con jarabe de arce y mantequilla antes de sentarse finalmente. La
pequeña mesa del desayunador estaba completamente llena.
“Si es mucho, deja lo que sobre”.
Dijo Nathaniel con naturalidad al ver a
Chrissy observando el plato en silencio.
Chrissy lo miró mientras él vertía el jarabe
sobre los panqueques y ladeó la cabeza, frunciendo el ceño.
¿Qué es esto? Siento algo extraño.
Ya lo había visto cocinar personalmente un par
de veces, así que no era algo que le sorprendiera o incomodara a estas alturas.
Pero no era ese tipo de sentimiento. Mientras cortaba un trozo de panqueque con
el tenedor, todavía con esa sensación de extrañeza, Nathaniel se puso de pie.
Justo cuando pensaba: ‘bebiendo vino desde la mañana’, al verlo regresar con
una botella y copas como si fuera lo más normal del mundo, Chrissy se dio
cuenta de repente del origen de esa sensación de desconcierto y abrió los ojos
de par en par.
“Tú... tu pierna”.
Ante su grito repentino, Nathaniel, que estaba
a punto de sentarse, se detuvo. Chrissy no se quedó ahí y continuó señalándolo.
“¿Dónde está el bastón? No lo has usado en
todo este tiempo, ¿verdad? No me digas que ya estabas curado y seguías
fingiendo estar herido. ¿Por qué?”.
“Ah...”.
Fue entonces cuando una leve sonrisa se dibujó
en el rostro de Nathaniel. Se sentó pausadamente en la silla frente a Chrissy y
habló con desdén.
“No sé si eres lento o si simplemente no
tenías ningún interés en mí para darte cuenta recién ahora”.
Chrissy se quedó sin palabras ante semejante
descaro. ¿Cómo podía decir eso después de haber estado cojeando con un bastón
todo este tiempo?
“Cualquiera se habría engañado igual que yo sí
caminas cojeando con un bastón frente a sus ojos”.
Aunque lo dijo con sarcasmo (queriendo decir ‘tú
montaste ese teatro frente a mí’), Nathaniel siguió sirviendo el vino con una
sonrisa en el rostro.
“Me advirtieron que fuera cuidadoso en la
medida de lo posible. Digamos que es por precaución”.
Luego, añadió mientras miraba fijamente a
Chrissy.
“Pronto tendré más pruebas. Ahí sabré con
certeza si quedará una secuela permanente o no...”.
Nathaniel dejó la frase en el aire de forma
sugerente y entornó los ojos.
“¿No tienes curiosidad?”.
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