10. Un millón de veces, sí
En
el extremo de Willow Street, se encontraba una casa de madera pequeña pero
encantadora. La habitación de Jung-in, en el segundo piso, parecía detenido en
el tiempo, tal como estaba en sus años de preparatoria. Con la presencia de
Justin, que solía visitarlo a menudo en aquella época, la sensación de
nostalgia era aún mayor.
Frente
a Jung-in y Justin había tres cajas grandes alineadas. En los laterales de cada
una, habían escrito con marcador grueso: KEEP (Guardar), TOSS (Tirar) y DONATE
(Donar). Decidieron seguir la ‘regla de las 3 cajas’, un método muy popular
entre los expertos en organización.
Aunque
pensaba que su habitación era austera, al empezar a vaciarla empezaron a salir
muchísimos objetos. Hubo momentos en los que no fue fácil decidir qué conservar
y qué dejar ir. Un buen ejemplo fue una taza con el logo de Harvard.
Tenía
muchos recuerdos, así que al principio pensó en llevársela. Sin embargo, tras
dudar un rato, acabó poniéndola en la caja de donaciones. Había encontrado esa
taza en una tienda de segunda mano con Su-ji poco después de emigrar a Estados
Unidos. No era nueva, pero sintió una especie de conexión mística. Pagó cinco
dólares, que en aquel entonces era mucho dinero para él. Desde aquel día, la
taza siempre ocupó un lugar en su escritorio.
Ese
objeto, que había sido su sueño durante tanto tiempo, quizás podría convertirse
en el nuevo sueño de alguien más. Pensar eso le dio un nudo en la garganta,
pero también una extraña sensación de alivio.
Por
otro lado, había objetos cuyo destino se decidía al instante.
“¿Y
este peluche?”.
Preguntó
Justin, estirando el brazo desde la cama para agarrar un muñeco blanco. Era el
armiño que siempre estaba junto a la almohada de Jung-in, una figura familiar
para él. Justin lo giró de un lado a otro y dijo. ‘He oído que en Goodwill ni
siquiera aceptan peluches o ropa de cama por miedo a las chinches. ¿Lo tiramos?’
Jung-in
abrió mucho los ojos, sorprendido, y extendió la mano.
“Dámelo.
Él es nuestro hijo”.
“¿Hijo?”.
Justin
ladeó la cabeza y observó el peluche con detenimiento. Tenía un cuerpo pequeño,
ágil y flexible, cubierto de un pelaje blanco como la nieve, excepto por la
punta de la cola, que era negra. Sus orejas eran pequeñas, redondas y rosadas
por dentro. Sus ojos brillaban como cristales negros y su expresión era entre tímida
y dócil.
“Vaya
genética. Solo se parece a ti. Chase se va a poner celoso”.
Jung-in
rió, tomó el peluche y lo puso con cuidado en la caja de KEEP. Justin, sin
entender por qué era tan importante, preguntó.
“Si
es un hijo tan preciado, ¿por qué lo dejaste aquí?”.
“Simplemente...
sentía que este era su lugar”.
Había
conocido a ese peluche en el Spring Fling de su tercer año en Wincrest High
School, que tuvo una temática de carnaval. Si cerraba los ojos, aún podía
visualizar el patio de la escuela lleno de carpas de colores. El olor a
caramelo en el aire y el murmullo de las chicas todavía se sentían vivos en su
memoria.
Fue
ese día cuando Chase se lo regaló.
‘Es
tuyo, Jay Lynn’.
Desde
entonces, en las noches en las que no podía dormir, Jung-in solía pensar en
Chase. Ese sentimiento, que le daba vergüenza admitir que era un amor no
correspondido, brotaba de repente y le golpeaba el pecho, en esos momentos,
abrazaba con fuerza al armiño.
Hubo
una vez en la que, de pura rabia, echó al peluche (al que llamaba Snowball) de
la habitación junto con Chase. Pero, como si la cama fuera su verdadero hogar,
Snowball siempre acababa regresando a su lugar. Por eso, cuando se fue a la
costa este para la universidad, no pudo llevárselo. Pero ahora sentía que era
el momento de que Snowball estuviera con sus padres.
La
clasificación continuó. Jung-in vaciaba los cajones del escritorio y el
armario, y Justin actuaba como juez.
“¿Una
pluma de ave? Shakespeare quiere que se la devuelvas. Tírala”.
“¿La
medalla del concurso de inventos? Por supuesto que se queda”.
“¿Un
despertador de Star Wars? Si no lo usas, ¿me lo das?”.
“Me
acaban de llamar del Ejército de Salvación. Dicen que ni los necesitados
querrían esa ropa”.
Después
de llenar las cajas, trajeron herramientas para desmontar los muebles. La
estantería, el escritorio, la cama y la mesilla de noche. Todo era viejo,
crujía y no valía la pena repararlo. Decidieron deshacerse de todo. Incluso
quitaron las viejas cortinas de la ventana.
Subieron
y bajaron las escaleras varias veces cargando los muebles hasta el patio
trasero, donde el camión de la basura recogía los desechos grandes. Cuando
terminaron de bajar los colchones y las bolsas con la ropa de cama, el sol ya
se estaba poniendo. La luz del atardecer se filtraba por la ventana ahora
desnuda.
La
habitación vacía se sentía como un lugar extraño.
“Parece
como cuando nos mudamos aquí por primera vez”.
Murmuró
Jung-in, nostálgico.
Estando
en medio del cuarto vacío, finalmente lo procesó, era hora de dejar atrás el
pasado y avanzar hacia un nuevo capítulo de su vida. En ese momento, Justin
rompió el silencio melancólico.
“Ya
que terminamos, ¿vamos a Block Heaven? Dicen que les llegó la serie de Iron Man
y creo que tienen stock del reactor Arc de edición limitada. Algo impensable en
una ciudad de cerebritos como Boston”.
Block
Heaven era el lugar donde Jung-in había hecho esperar a Justin durante mucho
tiempo el día que terminó encerrado en el casillero con Chase y tuvieron su
primer beso. Ahora que lo pensaba, no había vuelto allí con Justin desde aquel
incidente.
Sintió
ganas de hacer lo que no pudo hacer en aquel entonces. No era nada del otro
mundo, pero sentía que era una forma tardía de compensar a su amigo y cerrar un
ciclo. Estaba a punto de decir que sí cuando recordó algo.
“Ah,
es cierto...”.
Casi
se olvida de nuevo de un compromiso previo.
“Chase
dijo que nos veríamos por la noche para escribir los votos matrimoniales...”.
Justin,
que sabía lo mucho que a Jung-in le agobiaba escribir los votos, intentó
tentarlo,
“Copia
algún versículo de Corintios y ya está”.
“¿Corintios?
¿Qué es eso?”.
“Ya
sabes, lo que dicen en todas las bodas, ‘El amor es sufrido, es benigno, no
tiene envidia, no es jactancioso...’. El cliché típico de las bodas”.
“Ah...”.
Jung-in
sonrió y dudó un poco más. Mañana era la cena de ensayo y tendría que preparar
mil cosas antes de la ceremonia. Si no era esta tarde, difícilmente tendría
tiempo para sentarse tranquilo con Chase. Al verla dudar tanto, Justin dijo
impaciente.
NO
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“¿Por
qué es tan difícil? Eres un adulto. No eres un niño que necesita permiso de su
papá. Dile a tu marido con orgullo, ‘Quiero ir a ver una tienda de bloques con
mi amigo’”.
“...
Está bien”.
Jung-in
asintió y llamó a Chase. Chase estaba pasando tiempo con su familia. Su madre y
su hermana habían bajado para la boda, y estaban visitando una galería
propiedad de los Prescott para ver unos cuadros. Cuando Jung-in le preguntó qué
hacían allí, Chase respondió que Lillian quería elegir un cuadro como regalo de
bodas.
Si
ella lo elegía, seguramente sería una obra increíble. Lillian Prescott era
famosa en el mundo del arte por su buen ojo, de hecho, los artistas a los que
apoyaba solían exponer en Art Basel o en la Bienal de Whitney. Jung-in no sabía
mucho de arte y no estaba seguro de si sabría apreciar el valor de la obra,
pero podía sentir la sinceridad de Lillian al querer compartir algo bueno con
ellos.
“¿Terminaste
de ordenar la habitación? Si no, ¿quieres que vaya a ayudarte?”.
Preguntó
Chase cariñosamente.
Jung-in
rechazó su oferta y le dijo que quería ir a la tienda de bloques y luego a una
de juegos retro con Justin. Al decirle que no tendrían tiempo para escribir los
votos, Chase soltó una pequeña risa al otro lado del teléfono, una risa llena de
afecto, como si Jung-in le resultara adorable.
Tras
un breve silencio, Chase dijo.
“Jung-in,
¿y si mejor no escribimos los votos?”.
“¿Eh?”.
“Lo
que escribe todo el mundo es muy predecible. ¿Qué tal si ese día, en ese
momento, decimos lo que nos salga del corazón? No es una presentación de clase,
leer algo escrito de antemano me parece demasiado anticuado. Y si lo corregimos
mucho, acabará sonando falso”.
Chase
añadió que se imaginara la escena, mirándose a los ojos y disfrutando del
momento, para de repente sacar un papel del bolsillo y empezar a leer. Jung-in
lo pensó y, con cara de haber tomado una gran decisión, respondió.
“...
Me parece bien”.
Jung-in
decidió delegar la responsabilidad de los votos a su ‘yo’ del futuro, el que
estaría en el altar dos días después. Al decidirlo, sintió alivio pero también
un poco de ansiedad. Sin embargo, extrañamente, sentía que era lo correcto.
Justin,
al oír lo que dijo Chase, asintió de acuerdo. Le dio un toquecito en el brazo a
Jung-in y lo apuró,
“Ahora
sí pareces un adulto maduro. ¡Vámonos! A comprar bloques y cómics”.
Jung-in
se puso en marcha con Justin para cumplir la promesa que no pudo mantener hace
diez años.
***
La
noche anterior a la boda se celebra la cena de ensayo. Es una ocasión más
informal para compartir una cena con las personas más allegadas antes del gran
día.
Lo
que originalmente era un ensayo formal para coordinar los tiempos del día de la
boda, se había convertido en la actualidad en una especie de ‘víspera’ con
amigos cercanos. Era el momento para que la familia y los amigos íntimos se
relajaran y compartieran felicitaciones anticipadas, ya que el día de la
ceremonia suele ser tan caótico que a veces es imposible expresar los
sentimientos con calma.
La
cena de ensayo de Chase y Jung-in se celebró en el Sally’s Diner, en Palm Grove
Drive. Este lugar, que conservaba intacta su decoración de los años 50, era un
dintel clásico con asientos de cuero rojo, luces de neón y relucientes adornos
de cromo. También era el sitio al que ambos solían ir durante sus años en
Wincrest para calmar el hambre nocturna. Gracias a que alquilaron todo el
local, este restaurante lleno de recuerdos se transformó por hoy en su salón de
fiestas privado.
No
estaba invitada la lista completa de la boda, se reunieron principalmente
amigos y colegas de su misma edad, lo que dio lugar a una fiesta informal llena
de risas y conversaciones naturales.
“Que
los futuros esposos digan unas palabras”.
Dijo
Alex Martínez, quien también sería el maestro de ceremonias en la recepción,
liderando el ambiente con soltura.
Jung-in,
sintiéndose un poco tímido para hablar primero, le dio un toquecito en el brazo
a Chase. Él se puso de pie, miró a los presentes y comenzó su discurso.
“Primero,
gracias a todos por venir. Si alguien se pregunta por qué el lugar de la cena
de ensayo es precisamente este, el Sally’s Diner, es porque aquí tuvimos
nuestra primera cita”.
Chase
hizo una pausa y miró a Jung-in, sentado a su lado. El rostro de él aún
conservaba rastros de la juventud de aquella época.
Aquella
noche del baile Spring Fling, Chase había abandonado la fiesta solo, envuelto
en una urgencia inexplicable. Caminó hacia el estacionamiento más rápido de lo
habitual, ignorando a los amigos que intentaban retenerlo. En cuanto subió al
auto y encendió el motor, lo llamó. El sonido de la voz temblorosa y nerviosa
de Jung-in le provocó un cosquilleo en el pecho. En aquel entonces, él pensó
que solo era curiosidad por alguien diferente.
“Yo
pedí un montón de comida, como siempre, y Jung-in... bueno, en ese entonces lo
llamábamos Jay, pidió solo un té helado. Luego, dijo que me enviaría el dinero
por Cash App, hiriendo mi orgullo de una manera muy sofisticada desde nuestra
primera cita”.
Una
risa suave recorrió a los invitados.
“Pero
mi orgullo no terminó de romperse ahí. Los que fueron a Wincrest recordarán
bien la historia de cómo Jung-in me dio una lección en la clase de composición
de inglés”.
“¡Sí!
¡Prescott, la cáscara vacía!”.
Gritó
Max, provocando otra carcajada general.
“Quizás,
desde el principio, lo sospeché vagamente, que estaba destinado a perder
siempre ante esta persona. Pero me di cuenta de que ganar o perder no importa
frente a quien realmente amas. El amor no es un juego ni un deporte”.
Chase
levantó su copa y miró a Jung-in.
“A
mi conquistador, que siempre me hace arrodillar de la manera más dulce. Quiero
proponer el primer brindis de la noche por mi futuro esposo, Jung-in
Lim-Prescott”.
Los
invitados levantaron sus copas uno a uno, y el sonido del cristal chocando se
extendió por las mesas como una cálida ola de emoción.
El
segundo en proponer un brindis fue Justin. Se puso de pie y golpeó suavemente
su copa con un cuchillo para llamar la atención.
“Nikola
Tesla y Thomas Edison, Leibniz y Newton, y Chase Prescott y yo, Justin Wong.
¿Saben qué tienen en común estos tres pares? Sí, que todos son rivales
históricos”.
Los
invitados vitorearon ante la broma autocrítica.
“Es
tradición en las cenas de ensayo que los amigos cuenten historias vergonzosas o
secretos del que se casa para avergonzarlo. Y yo tengo una fuente inagotable de
esas historias”.
La
expectación en los rostros se mezcló con un poco de preocupación. El error más
común en estas cenas es que un padrino no sepa medir sus palabras y arruine el
ambiente. Por eso, mientras Vivian y algunos otros observaban con cautela,
Justin continuó.
“Pero
antes, recordé que no le había dado un regalo de bodas al novio, Chase
Prescott. Así que traje esto”.
En
la mano de Justin había un cuaderno delgado de tapas rojas. Las esquinas
estaban gastadas y la superficie de cuero sintético tenía manchas de uso.
Jung-in contuvo el aliento al ver que Justin aún lo conservaba, mientras que
Chase, al identificarlo, brilló sus ojos como un lobo que encuentra a su presa.
“¡Bien!
¡Es el mejor regalo de bodas!”.
Exclamó
Chase entusiasmado.
Los
invitados, sin saber qué era ese regalo que tanto emocionaba al novio,
murmuraban con curiosidad. Justin se puso serio, miró a la audiencia y declaró
sosteniendo el libro contra su pecho.
“Antes
de entregarle la propiedad al novio, leeré unas líneas. Que levanten la mano
los que fueron a Wincrest”.
Varias
manos subieron, los jugadores de fútbol, las porristas y Rajesh, de la Sociedad
de Matemáticas,
“Jay
Lim y yo tuvimos una vida escolar un poco solitaria. Nuestro consuelo era
escribir chismes sobre los chicos populares en este libro”.
El
viejo secreto de los dos nerds, se revelaba por primera vez.
“Jay
y yo dirigíamos una organización secreta llamada: ‘El Club de Odio a Chase
Prescott’".
“¿Todavía
aceptan miembros? ¿Dónde me anoto?”.
Bromeó
alguien, desatando risas.
Justin
continuó con voz solemne.
“Para
el futuro, hay que liquidar el pasado. Y el primer paso es la confesión. Pido
disculpas de antemano a los que aparecen en este libro”.
La
atmósfera cambió ante la disculpa sincera. La gente dejó de reír y se acomodó
en sus asientos.
“Pero,
si les sirve de consuelo, solo escribíamos sobre los chicos más populares y
exitosos. Así que, si su nombre está aquí... felicidades, fueron elegidos”.
El
lugar se quedó en silencio, como si esperaran el nombramiento de un ganador.
Había tensión y curiosidad.
“Max
Schneider”.
“¡Sí!”.
Grtó
Max levantándose de un salto. La gente a su alrededor aplaudió como si
estuviera en los Oscar.
“’Hasta
la secundaria, escribía DNA como D&A y lo leía como 'D y A'. Me preguntó
qué significaba cada letra’”.
Leyó
Justin.
Las
carcajadas estallaron. Max se inclinó elegantemente como un príncipe, lo que
provocó más risas. Justin siguió leyendo anécdotas de personas que sabía que no
se ofenderían, haciendo que la nostalgia de la adolescencia calentara el
ambiente.
“También
dice esto: ‘¿Qué es más tóxico? ¿El gas fosgeno o los gases de Darius Thompson?’”.
Darius
se cubrió la boca fingiendo vergüenza mientras sus amigos actuaban tapándose la
nariz.
“Para
su información, el fosgeno es un gas tóxico usado en la Primera Guerra Mundial”.
Añadió
Justin con ironía, aumentando las risas.
“Y
finalmente... el gran Chase Prescott”.
Dijo
Justin pasando la página. El silencio volvió.
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“Leeré
lo que Jay escribió personalmente. Esto fue escrito el día de un evento
benéfico en la casa Prescott. Chase se cruzó con Jay y ni siquiera sabía quién
era, a pesar de estar en la misma clase y compartir varias materias”.
Los
amigos cercanos de Chase ya conocían su personalidad distraída, por lo que
estallaron abucheos juguetones. Chase juntó las manos como si rezara, pidiendo
perdón al público.
“Jay
escribió: ‘No necesito una razón especial para que me caiga mal Chase Prescott.
Simplemente lo odio a muerte. Odio locamente a Chase Prescott. Lo detesto’”.
Por
un momento, el salón se quedó tan callado que se habría oído caer un alfiler.
Chase tomó la mano de Jung-in. Él tenía una expresión llena de recuerdos.
Justin miró a la pareja y dijo.
“Pero,
¿por qué mis ojos lo leen así?: ‘No necesito una razón especial para amar a
Chase Prescott. Simplemente lo amo a muerte. Amo locamente a Chase Prescott. Lo
amo’”.
Chase
levantó lentamente la mano de Jung-in y besó su dorso blanco con cuidado. Sin
quitarle la vista de encima, escuchó las últimas palabras de Justin.
“En
la adolescencia, cuando no sabíamos cómo expresar los sentimientos... amar a
alguien era también soportar la impotencia y el miedo frente a esa persona.
Quizás por eso Jay necesitaba odiar a Chase constantemente, era la única forma
de no derrumbarse ante él”.
Varios
asintieron en silencio, identificándose con ese sentimiento. Los ojos de
Jung-in se humedecieron. Los años recorridos junto a Chase pasaron por su mente
como una película.
“Pero
ahora, al ver a Jay expresar su afecto sin reservas ante todos, me doy cuenta
de cómo el amor hace a una persona más sólida, valiente y la hace crecer.
Gracias a ustedes dos por mostrarme lo maravilloso que puede ser el cambio que
produce el amor. Estoy orgulloso de ambos. ¡Felicidades por su boda, mis
queridos amigos!”.
Estalló
un aplauso atronador. Justin se acercó a Chase y le entregó el cuaderno rojo,
el icono de su adolescencia. Chase se puso de pie y recibió el libro
inclinándose con una cortesía exagerada, como si fuera un tesoro nacional, lo
que provocó una última ronda de risas.
Luego
fue el turno de Sean McCarthy, compañero de medicina de Chase. Al tomar el
micrófono, se rascó la nuca.
“¿Tengo
que hablar justo después de él? Menuda presión...”.
Entre
la multitud estallaron risas de comprensión y empatía, acompañadas de aplausos
de apoyo. Al parecer, Justin había dejado la vara demasiado alta.
“He
visto a Prescott desde que usaba pañales. Es decir, desde sus días en la
Facultad de Medicina de Harvard”.
Entre
carcajadas, el brindis continuó.
En
medio de aquel ambiente cálido, la cena de ensayo se transformó naturalmente en
una fiesta. Se sirvieron platos que podrían llamarse la ‘comida del alma’ de
los estadounidenses, pan de maíz con abundante mantequilla, pollo frito, mac
& cheese, filetes, cacerolas y sándwiches de queso a la parrilla.
La
gente se desplazaba de mesa en mesa con sus platos en la mano, entablando
conversaciones. Algunos se apoyaban en los asientos de cuero rojo del acogedor
Sally's Diner para tomarse fotos.
Mientras
los invitados que habían terminado de comer bailaban al ritmo de la música,
Chase tomó la mano de Jeong-in y lo llevó hacia la rocola que estaba en un
rincón del local. Jeong-in soltó una pequeña risa al ver a Chase sacar una
moneda de 25 centavos que tenía preparada en el bolsillo.
“¿Así
que por eso hacías ese tintineo cada vez que caminabas?”.
Chase
le devolvió una sonrisa pícara, insertó la moneda en la gramola y pulsó el
teclado. La canción elegida fue ‘Sugar-Coated Melody’.
En
un lado del salón, donde sonaba música pop EDM ideal para bailar, ambos se
abrazaron suavemente y se mecieron al ritmo de la lenta melodía de blues que
emanaba de la gramola. La mano de Chase acarició lentamente la espalda de
Jeong-in, mientras la mejilla de este descansaba sobre su hombro.
Jeong-in
apretó ligeramente la camisa de Chase y susurró con una voz que parecía un
suspiro.
“Chase...”.
“Dime”.
“Me
siento un poco extraño. ¿Puedes creer que a esta misma hora, mañana, ya seremos
una pareja casada?”.
Chase
se separó un poco y abrió mucho los ojos, fingiendo sorpresa.
“¡Woah!
¿Te casas? Yo pensaba ir a ver una película con mi novio mañana. ¿A qué hora es
la boda? Si tengo tiempo, iré a felicitarte”.
Jeong-in
le dio un golpecito juguetón en el pecho, como diciéndole que no bromeara.
Luego, miró a Chase con una mezcla de seriedad y travesura, preguntándole en
tono de advertencia.
“¿Estás
listo para ser un prisionero?”.
“¿Eh?”.
“Dicen
que el matrimonio es una cadena perpetua sin libertad condicional”.
Tras
un breve silencio, Chase respondió con una sonrisa lenta.
“No
veo la hora”.
Y,
envolviendo la mano de Jeong-in con la suya, añadió.
“Es
que el oficial de prisiones a cargo me gusta mucho”.
***
En
la Pavilion House, dos habitaciones se prepararon como salas de espera para los
novios. La de Jung-in estaba al final del pasillo. Era una estancia llena de
luz suave, con un sofá de lino color marfil y una mesa de caoba con champaña y
aperitivos.
Jung-in
llevaba un traje de doble botonadura en azul cielo pálido. En la solapa
izquierda lucía un boutonnière de lisianthus rosa y bayas plateadas. Sus
pantalones impecables realzaban sus piernas largas. Se ajustaba nerviosamente
la corbata de seda azul frente al espejo cuando alguien llamó a la puerta.
Eran
su tía mayor, Choi Su-jung, y su prima Seo-yeon. Su-jung era la hermana más
cercana a su madre, la persona en quien Jung-in más confiaba. Recordó los
veranos que pasó en Seúl en casa de su tía, aunque su madre enviaba dinero, su
tía siempre se negaba diciendo que ‘entre familia no se cobran esas cosas’. Sin
embargo, otros parientes solo se acercaban para intentar enviar a sus hijos a
estudiar a EE. UU. a costa de ellos.
Incluso
cuando se anunció esta boda, los primeros en confirmar su asistencia sin
condiciones fueron los familiares de Su-jeong. Por supuesto, su esposo no pudo
venir debido a compromisos laborales.
<¡Oh, Dios mío, Jung-in!>
Su-jung
exclamó con admiración al ver a Jung-in, uniendo sus manos.
<¡Cómo
puedes ser tan guapo y apuesto! Pareces una celebridad, nuestro Jung-in>
Seo-yeon
respondió riendo.
<Mamá,
¿dices que Jung-in parece una celebridad? Su esposo sí que parece una. Rubio,
de ojos azules... Sentí que me iba a hipnotizar por completo>
<Es
muy bonito, sí. Pero para mis ojos, todos los rostros de los blancos son iguales>
Al
oír las palabras de Su-jung, Jung-in olvidó sus nervios y soltó una carcajada.
Le resultaba muy cómico escuchar, a la inversa, los comentarios racistas que
los blancos suelen hacer sobre los asiáticos. Se sintió aliviado de ser el
único allí que entendía el coreano.
Seo-yeon
se apresuró a detener a su madre.
<¡Mamá!
No digas eso en ningún lado. Eso es racismo>
<¿Eso?>
Su-jung
abrió mucho los ojos, como si no entendiera la razón. Luego sacudió la cabeza
ligeramente, como si Seo-yeon estuviera exagerando sin motivo. Entre el idioma
familiar y las personas conocidas, Jung-in sintió una relajación y comodidad
que no había experimentado en mucho tiempo.
De
repente, como si recordara algo, Su-jung preguntó con voz llena de pesar.
<Ah,
¿dijeron que se van de luna de miel a Corea? ¡Haberlo dicho antes! Si lo
hubiera sabido, habríamos viajado juntos>
<Ay,
mamá. El sobrino político se esforzó mucho en preparar esto, ¿cómo íbamos a
meternos en su viaje?>
<Bueno,
eso es verdad, pero...>
Chase
había preparado un regalo pequeño pero sincero para las dos que volaron desde
Corea.
Pensando
en que ya habían recorrido un largo camino, quiso que viajaran con
tranquilidad, por lo que él mismo diseñó un itinerario de una semana por la
costa oeste de Estados Unidos y Las Vegas. Se encargó meticulosamente de todo,
desde las reservas de alojamiento hasta los lugares para comer y las pequeñas
rutas turísticas, y sobra decir que Chase cubrió todos los gastos de la
estancia.
Mientras
ellas disfrutaban de su viaje por Estados Unidos, Jung-in y Chase tenían
planeado partir hacia Corea.
<¿Por
qué eligieron Corea, de todos los lugares? Hay sitios más espectaculares como
Maldivas o Tahití>
Dijo
Seo-yeon.
Una
sonrisa se extendió lentamente por el rostro de Jung-in. Corea fue el destino
de luna de miel en el que Chase insistió. Él había estado estudiando coreano en
su tiempo libre durante mucho tiempo y decía que quería sentir las raíces de Jung-in
un poco más de cerca.
<Chase
insistió mucho en ir. Ha estado estudiando coreano con muchas ganas. Dice que
quiere poner a prueba si su coreano funciona allí>
<Con
razón, cuando saludó en coreano inclinándose, se veía muy tierno>
Jung-in
soltó una risita al imaginarlo inclinándose torpemente mientras saludaba en
coreano.
En
ese momento, la puerta se abrió y entró Su-ji. Ella había ido hasta el barrio
coreano, que estaba a varias horas en coche, para alquilar un hanbok. Vestía
una chaqueta de color coral suave, que suelen usar las madres de los novios,
con una falda de color carbón, la reacción de los demás invitados ante su
atuendo exótico fue entusiasta.
“Seo-yeon.
Los invitados ya deben tomar sus asientos”.
Su-jung
y Seo-yeon salieron apresuradamente de la sala de espera. Jung-in, sintiendo
una ligera opresión en el pecho debido a los nervios, se acercó a la ventana y
la abrió.
A
través del viento se escuchaba una suave melodía de cuerdas. Acababa de
comenzar la pre-ceremonia, donde los invitados toman sus asientos y esperan al
novio antes de que empiece el acto principal.
Su-ji
se acercó silenciosamente al lado de Jung-in, que había vuelto frente al
espejo. La imagen de madre e hijo, uno al lado del otro, se reflejó en el
cristal.
Eran
dos personas que habían superado juntas muchísimas dificultades. Desde la
muerte de familiares en su infancia hasta la inmigración a un lugar
completamente nuevo, y hasta llegar a este preciso instante.
Su-ji
miró a Jung-in con una expresión cargada de emociones.
“Ahora
de verdad te conviertes en un hombre casado, hijo mío”.
Su-ji
tomó suavemente el brazo de Jung-in y apoyó con cuidado su cabeza en el hombro
de él. Siempre habían sido el apoyo y el pilar el uno del otro.
Parecía
que fue ayer cuando él regresaba de su primer día de escuela llorando porque no
podía adaptarse, pero ahora Jung-in ya no era un niño pequeño e inseguro. Había
crecido hasta convertirse en un hombre maravilloso y estaba en el punto de
partida para formar su propio hogar como pareja y compañero de vida de alguien.
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Al
lado de una satisfecha Su-ji, Jung-in no dejaba de mirar su reflejo en el
espejo, ladeando la cabeza.
“Mamá,
¿no crees que la corbata está un poco torcida?”.
“Se
ve bien”.
“No.
Creo que está rara”.
Jung-in
suspiró con frustración, se desató la corbata y comenzó a anudarla de nuevo.
Sus dedos, rígidos por los nervios, no se movían como quería y empezó a
irritarse.
“Ah,
¿por qué no sale...?”.
“Jung-in.
Shhh”.
Su-ji
envolvió cuidadosamente las manos de Jung-in con las suyas. Y acarició con
calma el dorso de su mano.
“Está
bien”.
Tirando
suavemente de sus manos, Su-ji abrazó a su hijo. Los hombros tensos de Jung-in
se relajaron poco a poco.
“Estoy
muy orgullosa de ti”.
Su
mano, llena de un calor afectuoso, palmeó lentamente la espalda de Jung-in. El
tierno abrazo de ambos duró mucho tiempo, hasta que alguien llamó a la puerta.
La
persona que entró fue Lillian Prescott. Como ella ya había invitado a Su-ji
junto con Jung-in a una cena de la familia Prescott, ambas ya se conocían.
Después
de intercambiar saludos educados, Lillian le preguntó a Su-ji con cautela.
“¿Podría
hablar un momento con Jay antes de que entre?”.
Su-ji
miró a Jung-in por un momento, asintió y salió silenciosamente de la
habitación.
La
puerta se cerró suavemente, y en la habitación quedaron solo Jung-in y Lillian.
Lillian se colocó exactamente en el lugar donde Su-ji estaba de pie hace un
momento.
“Estás
muy bien”.
Dijo
eso con voz baja mientras le quitaba suavemente la corbata que Jung-in sostenía
en la mano. Con un toque elegante, alisó la tela, levantó con cuidado el cuello
de la camisa de Jung-in, colocó la corbata y ajustó la longitud. Sus dedos
expertos formaron el nudo con calma.
“No
fuimos muy buenos padres para Chase. Supongo que ya lo sabes”.
Mientras
hablaba, la mirada de Lillian estaba fija en la corbata de Jung-in. Ajustó el
espacio para que la corbata no le apretara el cuello y dio forma al nudo.
“Pero
él es un chico que merece tener cosas buenas”.
Jung-in
asintió, dándole la razón.
Lillian
fijó el nudo terminado en el centro.
“Por
eso parece que te conoció a ti”.
Finalmente,
presionó ligeramente con la punta del dedo debajo del nudo para crear un
hoyuelo. Luego, entrelazó su brazo con el de Jung-in de forma natural, lo
orientó hacia el espejo y ambos se miraron reflejados. La corbata estaba
anudada de forma impecable y perfecta.
“Puede
que no lo parezca porque somos personas poco expresivas, pero tanto él como yo
los felicitamos de corazón”.
“...
Sí. Gracias”.
Por
supuesto, la familia Prescott no había recibido la presencia de Jung-in con los
brazos abiertos desde el principio. Los abuelos de Chase todavía no aceptaban
la relación de ambos y no aparecieron en la boda.
Sin
embargo, incluso Dominic, quien estuvo a la defensiva durante un tiempo por el
hecho de que no firmaran un acuerdo prenupcial, terminó asistiendo.
Lillian
Prescott manifestó de forma silenciosa pero clara ante su círculo social que
aceptaba este matrimonio, entregando como regalo de bodas una obra de su
artista emergente favorito.
Sophia
Prescott, la hija mayor, también voló en su avión privado para asistir y tenía
previsto dar un discurso en la recepción.
“El
destino es algo increíble. Pensar que aquel niño pequeño que se comportó como
un caballero se ha convertido en un miembro de los Prescott”.
Como
recordando su primer encuentro, los ojos de Lillian parecieron buscar algo en
el aire. Aquel niño que sostuvo silenciosamente su mano cuando ella se
tambaleaba ebria, un encuentro que pensó que sería pasajero, ahora era parte de
su familia.
“Te
lo encargo. Hijo”.
Lillian
besó suavemente la mejilla de Jung-in. Tras mostrar por un momento su faceta
más vulnerable y suave, regresó de inmediato a su habitual postura
aristocrática. Se arregló los pliegues del vestido y salió de la sala de espera
con su característico caminar elegante.
***
Este
salón de eventos al aire libre, que volvía a ver la luz después de décadas,
renació con el nuevo nombre de ‘Prescott Pavilion House’.
Lo
que una vez fue un edificio clásico abandonado entre maleza y polvo, finalmente
recuperó su esplendor tras un proceso de restauración que involucró dedicación,
tiempo y un capital inmenso.
Tal
como su nombre indicaba, en este lugar se llevarían a cabo los eventos
sociales, grandes y pequeños, organizados por la familia Prescott en el futuro.
Y el primer evento que anunciaba este glorioso renacimiento era precisamente la
boda de Chase y Jung-in.
El
Pavilion House por la tarde era tan hermoso que parecía una escena sacada de
una película.
La
suave luz del sol caía sobre la colina, tiñendo el césped de un tono dorado. En
medio de un jardín inmenso que recordaba a un jardín botánico, se erguía el
pabellón perfectamente restaurado. Se presentaba con una presencia imponente y
majestuosa, como declarando que la época dorada de los Prescott había
regresado.
Sobre
una pequeña colina con vistas a los verdes viñedos y al mar brillante, se
alzaba el arco de boda. Sobre el marco hecho de sarmientos de vid antiguos, se
habían colocado en abundancia hortensias blancas, rosas rosadas, delphiniums y
ramas de olivo. Las telas y los pétalos que se mecían suavemente con el viento
se sentían como seres vivos que respiraban.
El
pasillo que conducía al arco estaba cubierto por una larga alfombra de color
marfil, adornada con pétalos de flores rosas esparcidos.
Los
asientos de los invitados estaban divididos en dos secciones. A la izquierda se
sentaban los familiares y conocidos de la familia Prescott; a la derecha, la
familia y personas cercanas a Jung-in.
En
la primera fila, la más cercana al arco, estaba sentada Su-ji, y a su lado su
pareja Frank Dawson, junto con su hija Zoe.
Zoe
estudiaba actualmente en Wincrest. Aunque Chase se había graduado hacía años,
seguía siendo una leyenda en Wincrest, por lo que el solo hecho de asistir a su
boda le valió a Zoe una enorme atención dentro y fuera de la escuela.
“Invitados,
por favor, tomen sus asientos. Vamos a comenzar la ceremonia”.
Un
oficiante profesional enviado por el ayuntamiento de Bellacove se situó
silenciosamente en el centro, frente al arco. Max Schneider, quien asumió el
papel de maestro de ceremonias tras prometer repetidamente que no diría
tonterías innecesarias, saludó brevemente a los invitados.
“Gracias
por acompañarnos en este hermoso día para la boda de Chase Alexander Prescott y
Jay Lim”.
Max
continuó con la ceremonia siguiendo el orden escrito en sus tarjetas con voz
pausada. Siguiendo sus indicaciones, los padrinos y damas de honor entraron uno
a uno.
Al
igual que en cualquier boda, ellos vestían trajes coordinados. Se dice que
Vivian y Madison eligieron colores que hicieran resaltar a los novios.
Los
primeros en aparecer fueron los padrinos (best men).
Justin,
impecablemente vestido con un traje gris claro, caminó del brazo de Vivian,
quien lucía un vestido de noche color lavanda suave. Tras ellos entraron Alex
Martínez y Madison Wilkes, y finalmente Sean McCarthy y Mike Barnes, un amigo
de la universidad de Jung-in.
Los
acompañantes entraron en orden y se colocaron en sus posiciones asignadas a
ambos lados del arco de boda.
Y
entonces llegó el turno de la entrada de los novios.
“Al
ser la boda de dos novios, dudamos sobre quién debía entrar primero. Al final,
decidimos llamarlos simplemente por orden alfabético”.
Tras
unas leves risas entre los invitados, Max tomó aire y anunció en voz alta.
“Entrada
del novio. El joven Chase Alexander Prescott”.
Cuando
la música de cuerdas comenzó a sonar de nuevo suavemente, las miradas de los
invitados se dirigieron naturalmente hacia el pasillo.
Poco
después, Chase entró en el pasillo.
Con
su cabello dorado peinado hacia atrás de forma natural, vestía un esmoquin azul
marino. Bajo la chaqueta de un solo pecho llevaba un chaleco a juego y, en
lugar de la corbata estrecha que llevaba Jung-in, él usaba una clásica pajarita.
Ante
la apostura de Chase, se escucharon exclamaciones de admiración entre los
invitados.
Él
no ocultó ni un poco su alegría. Caminó por el pasillo casi trotando, apretando
el puño y agitándolo como si gritara ‘¡Lo logré!’. Su rostro, que parecía
poseer el mundo entero, no dejaba de mostrar una radiante sonrisa.
Dominic
sacudió levemente la cabeza con incredulidad al ver a su hijo tan eufórico,
como si fuera un perro saliendo a pasear. Su expresión decía: ‘¿Tanto le gusta?’.
“A
continuación, entrará el novio, el joven Jay Jung-in Lim”.
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Las
cabezas de la gente volvieron a girar, y Jung-in entró caminando sobre la
alfombra blanca de color marfil.
Debido
a que estuvieron estrictamente aislados desde la mañana hasta antes de la
ceremonia, Chase no había visto a Jung-in vestido de esmoquin ni una sola vez
hasta este momento.
En
el instante en que Jung-in entró en su campo de visión, Chase se quedó paralizado,
como si hubiera olvidado incluso respirar. Solo podía mirar a Jung-in, que
caminaba hacia él, con el rostro atónito y la boca entreabierta.
Cuando
finalmente Jung-in se detuvo frente a él, Chase le susurró como hechizado.
“Jung-in...
Hoy estás realmente hermoso”.
“...
Tú también”.
La
melodía de las cuerdas fue disminuyendo gradualmente y comenzó el discurso de
bienvenida del oficiante.
“Estamos
hoy aquí reunidos para celebrar, bajo el nombre del amor, la unión de estas dos
personas: Chase Alexander Prescott y Jay Jung-in Lim”.
En
ese momento, las cintas blancas colgadas en el arco se mecieron levemente con
el viento, y las flores y hojas produjeron un suave susurro.
Chase
y Jung-in se miraban el uno al otro como si solo existieran ellos dos en el
mundo. En ese intercambio de miradas había una fe inquebrantable y un vínculo
profundo que solo los amantes que han atravesado juntos muchas estaciones
pueden poseer.
“Este
momento trasciende el significado de una unión legal. Es una promesa de que
ambos han decidido caminar juntos por la vida, un voto de compartir las
alegrías y las tristezas, los éxitos y los fracasos, incluso los detalles más
pequeños del día a día. Y todos nosotros, aquí presentes, seremos a partir de
ahora testigos de su compromiso”.
Durante
el discurso del oficiante, varios de los invitados, incluida Su-ji, sacaron sus
pañuelos para secarse las lágrimas prematuras.
“Ahora,
los novios compartirán los votos matrimoniales que ellos mismos prepararon.
Primero, el joven Chase Prescott”.
Chase
dio un paso adelante. Sin embargo, en sus manos no había ningún guion escrito
de antemano.
“Jung-in.
Creo que debimos haber escrito los votos para leerlos. Ahora que estoy frente a
ti, eres tan apuesto que mi mente se ha quedado en blanco”.
Jung-in
sonrió en silencio mientras miraba a Chase. Su mirada cálida parecía darle un
apoyo mudo, como si le dijera que cualquier cosa que dijera estaría bien.
Chase
cerró los ojos un momento, exhaló profundamente como si suspirara, y luego
volvió a mirar a Jung-in para hablar con voz solemne.
“Aún
no sé cuál es la providencia del universo que nos hizo encontrarnos. Pero de lo
que estoy seguro... es de que te habría amado sin importar en qué época o en
qué mundo hubiera nacido”.
Cada
una de sus palabras estaba cargada de una convicción inquebrantable.
“Si
hubiera sido hace mil años, habría nacido como tu mascota para lamer tus pies;
si hubiera sido hace cien años, habríamos tenido un amor triste escondiéndonos
de los ojos del mundo. Por suerte, nacimos en esta época y podemos casarnos
bajo la bendición de todos”.
Mientras
los invitados escuchaban atentamente y el salón quedaba en un silencio
sepulcral, se oyeron sollozos aquí y allá.
“Caminaba
por un sendero que parecía decidido incluso antes de que yo naciera, pero tras
conocerte, me dirijo por primera vez hacia donde yo realmente quiero ir”.
Chase
recordó los días en que salía con el joven Jung-in.
“Cuando
te pregunté cuál era tu número favorito, respondiste que era la raíz cuadrada
de -1, un número imaginario. Dijiste que era un número que creaba una nueva
dimensión”.
Algunos
invitados soltaron carcajadas. Aquella anécdota era tan propia de Jung-in.
“Tú
eres como ese número imaginario para mí. Porque abriste una nueva dimensión en
mi vida”.
Jung-in
se frotó la punta de la nariz con el dorso de la mano. Sus ojos ya estaban
húmedos y comenzaban a brillar por las lágrimas.
“Estoy
ansioso por ver cómo será el resto de mi vida a tu lado. El tiempo de toda una
vida para crecer compartiendo errores contigo, nuestra nueva dimensión, me
emociona tanto que me hace temblar el corazón”.
Finalmente,
una lágrima rodó por la mejilla de Jung-in. Chase la secó suavemente con su
pulgar antes de continuar.
“Te
amaré por siempre, mi adorable nerd. Creo que era una frase de Star Wars: ‘Al
infinito y más allá’”.
Jung-in
soltó una carcajada con los ojos aún húmedos y lo corrigió.
“Es
de Toy Story”.
“¿Eh?”.
“Dije
que no es de Star Wars, es una frase de Toy Story”.
Una
risa suave recorrió las filas de los invitados.
Y
entonces llegó el turno de Jung-in.
“A
decir verdad, yo no creía en el sentimiento del amor. Pensaba que el amor era
solo una serie de reacciones bioquímicas que ocurrían en el cerebro. Dopamina,
oxitocina, flujo sanguíneo, cambios en las sinapsis... Creía que era
simplemente un fenómeno fisiológico provocado bajo ciertas condiciones”.
Jung-in
levantó lentamente la cabeza y miró a Chase. En el centro de las pupilas azules
de Chase, vio reflejada su propia imagen. Era como mirar un espejo pequeño pero
que reflejaba lo más profundo de su ser.
“Pero
el amor no era simple ciencia. Era algo misterioso que superaba el reino
humano. Supongo que gracias al amor nacen las canciones y la poesía, y los
programas de citas de Netflix son tan populares”.
Chase
sonrió con dulzura al recordar a Jung-in sentado con un cubo de palomitas,
viendo todos esos programas de citas mientras hacía videollamadas con Su-ji los
fines de semana.
“Yo,
que solo disfrutaba resolviendo problemas matemáticos porque me gustaban las
respuestas claras... desde que te conocí, mi interior está lleno de canciones y
poemas. Y todos tratan sobre el amor”.
Jung-in
juró mientras miraba a Chase.
“Te
lo prometo a ti, quien me enseñó lo que es el amor. Soy científico, pero juro que
ante ti, pondré la emoción por encima de la lógica y el amor por encima de los
números”.
Fue
la mayor declaración de amor, expresada al estilo de Jung-in, sin necesidad de
elocuencia ni artificios.
El
oficiante miró alternativamente a los dos que habían terminado sus votos y
continuó.
“Chase
Alexander Prescott, ¿aceptas a Jay Jung-in Lim como tu legítimo cónyuge, y
prometes amarlo, respetarlo y estar con él en la alegría y en la tristeza, en
la salud y en la enfermedad, para toda la vida?”.
Chase
respondió sin apartar la vista de Jung-in.
“Sí,
lo prometo”.
El
oficiante se giró entonces hacia Jung-in.
“Jay
Jung-in Lim, ¿aceptas a Chase Alexander Prescott como tu legítimo cónyuge, y
prometes amarlo, respetarlo y estar con él en la alegría y en la tristeza, en
la salud y en la enfermedad, para toda la vida?”.
“Sí,
lo prometo. Un millón de veces”.
Jung-in
también respondió sin la menor duda.
Ambos
se colocaron los anillos. En ese pequeño círculo que contenía tantos símbolos,
se amontonaban innumerables momentos. Desde su inmadura infancia hasta llegar
finalmente a este lugar, el largo viaje que habían recorrido juntos.
Y
finalmente, la voz del oficiante resonó.
“Por
la autoridad que me confiere el estado de California, los declaro ahora
cónyuges legales. Pueden besarse”.
Mirándose
con rostros llenos de emoción, los dos se acercaron sin vacilar y se besaron.
En
ese instante, estallaron los vítores y aplausos de los invitados. Algunos
gritaban mientras aplaudían, otros se secaban las lágrimas.
Ahora,
como esposos, caminaron juntos de regreso por el pasillo. Mientras avanzaban,
los invitados lanzaban arroz por encima de sus cabezas.
Los
pequeños granos blancos cruzaban suavemente el aire y caían sobre ellos. El
arroz simbolizaba abundancia y prosperidad, una antigua costumbre que reflejaba
el deseo de que la bendición acompañara la nueva vida de la pareja.
Max,
que parecía estarse conteniendo bien mientras oficiaba de maestro de
ceremonias, no pudo aguantar más y trajo una enorme botella de champán de algún
lugar. Agitó la botella con fuerza y la hizo estallar. Con un fuerte estallido,
la espuma blanca brotó con ímpetu.
Entre
el líquido dorado y la espuma esparcida, Jung-in miró a Chase. Chase sonreía
con una risa radiante, como en aquellas fotos de su cuenta de redes sociales
que Jung-in miraba a escondidas cuando era joven.
Jung-in
finalmente se dio cuenta de que los milagros no están tan lejos.
***
Cuando
el sol se puso, el cielo más allá del salón de banquetes se tiñó gradualmente
de una mezcla de rosa y azul cobalto oscuro. Y como si hubieran estado
esperando ese momento, las pequeñas bombillas instaladas en el enorme jardín se
encendieron una a una. Las lucecitas colgadas de cables delgados oscilaban
suavemente como luciérnagas, iluminando el ambiente.
Los
invitados entraron uno a uno en la carpa blanca siguiendo las indicaciones.
Cerca de la entrada, las tarjetas de acompañamiento con los nombres y números
de mesa estaban dispuestas con elegancia. Los invitados buscaban sus nombres y
se dirigían naturalmente a sus respectivas mesas.
Sobre
las mesas circulares cubiertas con lino suave, había abundantes centros de mesa
con flores naturales. En los platos con bordes plateados, había pequeñas
tarjetas con los nombres de cada invitado, facilitando que encontraran sus
asientos sin dificultad.
El
lugar de la recepción también estaba a la altura de la reputación de la familia
Prescott. En un rincón, se había preparado una pequeña cabina de fotos, cerca
de la zona de fotos, estaban colocados con esmero carteles de bienvenida
escritos a mano con decoraciones florales, marcos antiguos con fotos de la
pareja y un libro de visitas. Mientras esperaban a los recién casados, los
invitados pasaron un tiempo agradable escribiendo en el libro y tomándose
fotos.
Tres
barman uniformados atendían los pedidos de los invitados, sirviendo cócteles y
vinos con destreza, mientras una banda de bodas continuaba con música en vivo
desde un escenario instalado en un lado de la carpa.
Cuando
finalmente llegaron los recién casados, Alex Martínez, el presentador de la
recepción, tomó el micrófono y gritó.
“¡Démosles
una gran ovación! ¡Los señores Lim-Prescott!2.
En
medio de los aplausos y vítores que estallaron al unísono, los dos aparecieron
desde la parte trasera de la carpa.
Jung-in
y Chase, que se habían cambiado a trajes un poco más casuales y cómodos,
salieron al centro de la pista tomados de la mano. Sus sonrisas mostraban una
relajación natural, como si la tensión se hubiera disipado al terminar la
ceremonia principal.
La
banda de cinco músicos en el escenario comenzó a tocar la canción que Chase
había pedido de antemano: ‘24/7, 365’. Los cálidos teclados y la suave melodía
de la guitarra llenaron el espacio, y la voz clara del vocalista resonó en el
aire nocturno. La letra melodiosa parecía transmitir exactamente lo que Chase
quería decirle a Jung-in.
Chase
rodeó suavemente la cintura de Jung-in, y este apoyó su mano con delicadeza en
el hombro de Chase. Luego, se balancearon lentamente al ritmo de la música.
El
primer baile de la pareja, un paso obligatorio en el programa, era algo más que
un simple baile. Era una declaración de que los dos, que ahora compartían
nombre y promesas, caminarían al mismo ritmo a partir de ahora, y representaba
el primer acto oficial como matrimonio legal.
“¡Aquellos
que quieran unirse, pueden salir ahora!”.
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Las
parejas empezaron a salir a la pista una tras otra. Algunos extendían la mano
con cautela, otros se empujaban bromeando, así, esposos, parejas y amigos
llenaron naturalmente la pista de baile.
A
pesar de estar mezclados entre la gente, Jung-in y Chase aún permanecían en su
propio mundo.
Chase
miraba fijamente a Jung-in con una expresión de alegría algo incrédula, como si
todavía no pudiera asimilarlo. De repente, lo saludó como si se conocieran por
primera vez.
“Hola.
¿Usted es el señor Lim-Prescott?2.
Jung-in
soltó una carcajada como si fuera absurdo. Pero pronto se dio cuenta de que
debía acostumbrarse a ese nombre, ‘Lim-Prescott’. Porque así es como lo
llamarían por el resto de su vida.
Como
devolviéndole el gesto, Jung-in respondió al saludo.
“Sí,
un placer conocerlo. Señor Lim-Prescott”.
Chase
se estremeció ligeramente con un escalofrío de emoción.
Después
de algunas canciones animadas, volvió a sonar música clásica suave de fondo.
Era el comienzo del banquete.
Decenas
de empleados uniformados se movían con disciplina. Los camareros recorrían las
mesas con una coreografía precisa, colocando los platos frente a los invitados.
El
menú de esta recepción fue supervisado por el chef exclusivo de la familia
Prescott, desde la etapa de preparación, se configuró para reflejar las
preferencias dietéticas y la información sobre alergias indicada en las
tarjetas de confirmación (RSVP) de los invitados.
Cerca
del final de la comida, mientras los invitados terminaban sus postres y
brindaban, se prepararon el micrófono y las copas de champán en el escenario.
Era el momento tradicional para escuchar los brindis del best man (padrino) y
la maid of honor (dama de honor), quienes habían observado a la pareja de
cerca.
Vivian,
que estaba sentada junto a Sean McCarthy tal como se planeó en la distribución
de los asientos, se levantó al ser llamada. Caminó con calma hacia el escenario
bajo la luz de los focos.
“Hola.
Soy Vivian Sinclair, amiga de ambos novios y best man de Chase Lim-Prescott.
Como no es divertido hablar mucho, diré unas breves palabras y me bajaré”.
Como
alguien que ha estado frente a cientos de cámaras en eventos como la Gala del
Met, Vivian no mostró ni rastro de nervios. Miró a Chase y a Jung-in con una
expresión que parecía sumergida en viejos recuerdos.
“Conozco
a Chase desde la infancia, conocemos nuestros mejores y peores momentos. Pero,
pensándolo bien, creo que desde que conoció a Jay, Chase siempre ha estado en
su mejor momento”.
En
su infancia, ambos fingieron ser novios durante años. No era algo de lo que
estuvieran orgullosos. Vivian necesitaba un trofeo que presumir y alguien a
quien ocultar, y Chase quería escapar del interés molesto de la gente.
“Yo,
que solo sabía sentir envidia por cosas como aviones privados, yates o entradas
a desfiles de moda, ahora envidio la relación de ustedes dos”.
Tras
mirar a los presentes, volvió a fijar su vista en Chase y Jung-in.
“Ustedes
no saben la suerte que tienen. Casarse con tu mejor amigo... tal vez esa sea la
forma más fuerte de amor. Porque ahí están la comprensión, la ternura, la
paciencia y un profundo respeto”.
Mientras
algunos amigos asentían con la cabeza, ella continuó.
“Ustedes
son la pareja que demuestra que las almas gemelas existen. Me siento
sinceramente conmovida por poder dar este discurso en su boda. Creo que no lo
olvidaré por mucho tiempo”.
Levantó
la copa que tenía en la mano. Las burbujas doradas brillaron bajo la luz
reflejada en el cristal.
“Bien,
entonces, todos levanten sus copas. Celebremos a este nuevo matrimonio. ¡Chase,
Jay, felicidades por su boda!”.
En
un instante, el sonido de las copas chocando resonó por todo el salón. Fue el
momento del primer brindis por este nuevo capítulo que acababan de comenzar.
Luego
llegó el momento de cortar el pastel. Este acto también simbolizaba ‘la primera
tarea conjunta compartida en la vida’.
El
pastel de bodas era una estructura de tres niveles, sobre la crema de color
marfil, había decoraciones de flores naturales y las iniciales de ambos
grabadas en pan de oro.
Los
dos juntaron sus manos sobre el cuchillo y cortaron el pastel. Chase puso un
poco de crema en la mejilla de Jung-in como broma, y en ese momento, el flash
de la cámara se disparó. Las risas estallaron a su alrededor.
Con
eso, terminaron todos los puntos establecidos del programa. Ahora comenzaba la
verdadera fiesta.
Los
dos novios, que no habían podido comer adecuadamente en todo el día, se
metieron trozos de pastel en la boca con avidez. Cuando se atragantaban, bebían
champán en lugar de agua.
Sin
embargo, la comida no duró mucho. Los invitados se acercaban uno tras otro para
felicitarlos continuamente, y antes de que terminara una conversación, el
siguiente grupo se unía con naturalidad.
Alguien
con una copa donde el alcohol se balanceaba peligrosamente apareció entre la
multitud. Era Marty Graham, el tío materno de Chase.
Con
las mejillas enrojecidas, era evidente que estaba bastante ebrio. Era el típico
borracho que se encuentra en casi cualquier boda, alguien que se deja llevar
por el ambiente festivo y termina descontrolándose.
Tras
tambalearse, agarró el hombro de Chase y lo abrazó de repente.
“Mi
querido sobrino ya es todo un hombre y se está casando...”.
“Tío”.
Chase
no tenía una relación muy estrecha con él, el hermano de Lillian. Sin embargo,
era una persona conocida por guardar rencor durante mucho tiempo si no se le
invitaba a tales eventos familiares. Era mejor invitarlo que lidiar con su
resentimiento.
Miró
alternativamente a Chase y a Jung-in y dijo como si les hiciera un favor.
“Les
contaré a los recién casados el secreto para una vida matrimonial feliz”.
Chase
se inclinó hacia Jung-in y le susurró al oído:
“No
le hagas mucho caso. Está en medio de su quinto proceso de divorcio”.
Jung-in
soltó una risita, pero el ebrio Marty comenzó su consejo sin inmutarse.
“¡Primero!
¡Nunca pelees con alguien que sepa tu número de seguridad social!”.
Era
un consejo empapado en alcohol, pero de alguna manera olía a lección extraída
de la práctica real.
“Gracias
a que tu anterior tía política consultó todos mis documentos fiscales con mi
número de seguridad social, mis cuentas secretas y los detalles de inversión de
mi villa oculta salieron a la luz. Al final, tuve que divorciarme también de mi
saldo bancario”.
Jung-in
mostró una expresión de sincera lástima y le siguió la corriente diciendo, ‘Vaya’.
Aunque solo era cortesía hacia un mayor, su reacción hizo que Marty alzara más
la voz, animado.
“¡Segundo!
¡Cuando la otra persona esté enojada y te esté gritando, no la interrumpas y al
menos finge escuchar! Como yo no sabía eso, tu penúltima tía política destrozó
las ventanas de mi Rolls-Royce”.
Parece
que no quedaba paciencia para escuchar el tercer consejo, pues Chase hizo una
señal discreta hacia atrás.
Entonces,
Justin, que estaba cerca, se acercó con agilidad, tomó a Marty del brazo y se
lo llevó diciendo que quería tomarse una copa con él. Gestionar a los invitados
ebrios también era una de las tareas importantes del best man.
En
cuanto se quedaron solos, Jung-in dijo en voz baja, como un susurro.
“¿Por
qué hiciste eso? Quería escuchar el tercero”.
“¿Lo
dices en serio?”.
“No
es que esté equivocado, ¿no crees que tiene cierta perspicacia?”.
Ante
las palabras de Jung-in, dichas a propósito en tono de broma, Chase soltó una
breve risa por la nariz y sacudió la cabeza.
“Todos
son consejos sobre divorcios. A nosotros no nos pasará eso”.
“Ah,
¿dijiste que estuviéramos terriblemente entrelazados de por vida?”.
“Sí,
exactamente eso”.
Chase
tocó suavemente la punta de la nariz de Jung-in con su dedo índice.
En
ese momento, la organizadora de la boda se acercó y les susurró algo al oído. Debían
salir ahora si querían tomar el vuelo reservado hacia Corea.
Alex
anunció la salida de la pareja. Siguiendo sus indicaciones, los invitados
sostuvieron luces de bengala en ambas manos, creando un arco de luces
brillantes para despedirlos.
Jung-in
y Chase se miraron con una amplia sonrisa. Y sin dudarlo, caminaron juntos por
ese camino deslumbrante.
Afuera
esperaba un Porsche plateado con una pancarta que decía ‘Just Married’ (Recién
casados). En la parte trasera del coche, decorado con cintas y flores blancas,
había latas vacías atadas con hilos que tintineaban al moverse.
Chase,
sentado en el asiento del conductor, giró la cabeza hacia el asiento del
acompañante. Jung-in lo miraba con una mirada inquebrantable.
Poco
después, el coche que llevaba a los dos arrancó. Hacia un futuro que, aunque
desconocido y temible, no les daba miedo porque estaban juntos.
Hacia
su propio cielo, un lugar que aún no habían visitado, pero que sin duda
existía.
<FIN>
Notas:
1. NFL (National Football League): Liga
profesional de fútbol americano de los Estados Unidos, la liga deportiva más
popular y comercialmente exitosa del país. Famosa por su gran final, el Super
Bowl.
2. Hijo legal (son-in-law): Equivale a ‘yerno’
en español. En los países de habla inglesa, no hay términos distintos para ‘yerno’
y ‘nuera’ basados en la relación con el suegro/a, sino que se dividen solo por
género como son-in-law (hijo legal) y daughter-in-law (hija legal). También se
usa igual en matrimonios entre personas del mismo sexo legalmente reconocidos.
3. Gran Hermano (Big Brother): Concepto
originado en la novela 1984 de George Orwell, que simboliza el poder absoluto
que vigila y controla a los ciudadanos. Hoy se usa como metáfora de situaciones
donde gobiernos o grandes corporaciones vigilan la vida privada de los
individuos.
4. FYP (For You Page): Término usado en
plataformas de videos cortos (como TikTok) para referirse al muro principal
donde se muestra contenido recomendado basado en los intereses del usuario y
algoritmos.
5. RSVP: Abreviatura de la frase francesa
Répondez s’il vous plaît, que significa ‘Por favor, responda’. Se incluye en
invitaciones para pedir que se confirme la asistencia con antelación.
6. Zoológico de contacto (Petting Zoo):
Pequeño zoológico interactivo donde se puede tocar y alimentar directamente a
los animales. Suele haber animales dóciles como cabras, conejos, ovejas y
alpacas; son comunes en festivales locales o eventos escolares en EE. UU.
7. Goodwill: Institución sin fines de
lucro y organización de donación y venta de artículos de segunda mano con sedes
en todo EE. UU. Vende artículos donados (ropa, muebles, libros, etc.) a bajo
precio y utiliza las ganancias para programas de capacitación laboral y apoyo
al empleo para personas con discapacidades, ancianos y personas de bajos
ingresos.
8. Votos matrimoniales (Wedding Vows): Uno
de los procedimientos centrales de las bodas en Occidente (como en EE. UU.).
Bajo la guía del oficiante, los dos se miran de frente y leen votos escritos
por ellos mismos o recitan votos tradicionales.
