1. Sweet pea
La primera vez que Hyun Hae-seo conversó con
aquel hombre fue un día de hacía una semana, cuando visitó una tienda de
artículos religiosos cerca del Sena.
El joven, de una impresionante cabellera
rizada color bronce, era una persona sumamente sociable que hablaba un inglés
mezclado con acento italiano. Su sociabilidad era tal que, si veía a alguien en
la tienda mirando a su alrededor como si buscara algo, se acercaba
sigilosamente para ofrecerle guía. Incluso cuando Hae-seo buscaba un rosario,
apareció de repente a sus espaldas.
‘¿Busca un rosario rojo? Si es así, debería ir
a la tienda de artículos religiosos que está en la isla de San Luis.’
Qué entrometido. Esa fue la breve impresión de
cinco minutos que Hae-seo tuvo del muchacho. Al salir de la tienda cinco
minutos después, borró de su memoria al joven —convencido de que no volverían a
verse— y solo registró en su mente la información sobre la isla de San Luis.
Sin embargo, la casualidad es algo que le ocurre a los seres humanos de vez en
cuando, como tener un sueño ruidoso por la noche. Hae-seo volvió a encontrarse
con esos cinco minutos de recuerdo olvidados cuando visitó una cafetería en el
barrio de Le Marais, famosa por sus lattes y sus scones.
El joven salió a las mesas exteriores con un
latte en la mano y saludó a Hae-seo con gran entusiasmo.
“Qué alegría volver a verlo por casualidad.”
“París es más pequeño de lo que pensaba.”
A decir verdad, si Hae-seo hubiera seguido su
personalidad original, habría respondido con amabilidad. Tal vez incluso habría
soltado una broma dulce que el otro pudiera malinterpretar, como ‘Me pregunto
dónde nos encontraremos la próxima vez’, acompañada de una sonrisa primaveral.
Pero Hae-seo era ahora alguien que no debía ser una primavera para nadie,
excepto para una sola persona. Especialmente cuando el hombre que lo hacía
esperar allí mismo se encontraba cerca, tras haber pasado por la oficina
incluso siendo fin de semana.
Hae-seo no añadió más palabras; bajó la cabeza
como una azalea marchita y se limitó a untar crema de leche espesa sobre su
scone. El joven, sintiéndose algo decepcionado, señaló el dulce con rostro
amable.
“La próxima vez pruébelo con mantequilla
francesa. También es muy rica.”
“Así está bien. Como de todo y no soy
exigente.”
“No es que le esté pidiendo que comamos
juntos, ¿por qué se pone así?”
¿Que por qué se ponía así? Esto era París. Una
ciudad donde personas de cualquier género, casta o generación marcaban como
pareja potencial a cualquiera con quien cruzaran la mirada aunque fuera una
sola vez. Un lugar donde la moral romántica, el orden del amor y las normas del
afecto —pilares básicos de una relación— eran abandonados en nombre de derechos
tan atractivos como el romance y la libertad, sin que nadie se esforzara por
protegerlos.
Como extranjero, y teniendo una pareja con la
que ya había realizado el marcado, Hae-seo no tenía la menor intención de
ejercer ese derecho. Siguiendo una lógica de extraterritorialidad, se aferraba
a las anticuadas pero responsables leyes amorosas de su patria, rechazando
tajantemente el estilo de vida irresponsable de los locales. Ante un Hae-seo
que aplicaba una política de aislamiento romántico, el joven volvió a lanzarle una
muestra de interés.
“¿Consiguió el rosario que buscaba? No me
pareció verlo por la tienda de San Luis.”
“He estado ocupado. Además, mi amigo dijo que
ya no lo necesitaba.”
Hae-seo respondió con indiferencia mientras
movía los ojos de un lado a otro. Ahora entendía que este tipo trabajaba allí.
Por eso sabía exactamente qué y dónde exhibían los dueños de otras tiendas.
“En realidad, donde yo trabajo tampoco solemos
tener ese modelo, pero hace poco vi a alguien que lo deseaba mucho. Las
palabras ‘lo tenemos en nuestra tienda’ salieron de mi boca sin darme cuenta.
Aunque me dolió un poco que no volviera.”
“Lamento haberlo herido sin intención.”
Hae-seo escuchaba al joven a medias mientras
vigilaba la esquina del callejón que conectaba con la plaza. Ya debería estar
por llegar…. Se preguntó si el chico se sentiría doblemente herido si le pedía
que se marchara porque estaba esperando a alguien.
“Verá, es que espero a….”
“No parece un turista. ¿Es estudiante?”
“…No. Soy un oficinista mayor cuya única
lectura de estudio consiste en los manuales de electrodomésticos.”
“Para nada. Pensé que era un estudiante de
intercambio. Si es oficinista, acaba de pasar el periodo de vacaciones, ¿fue a
algún sitio?”
Hae-seo tomó un sorbo de latte y miró
fijamente al joven que hablaba con fingida sorpresa. Desde que supo que era
empleado de una tienda de artículos religiosos, una extraña sensación lo había
rondado como una mancha difusa; solo ahora comprendía qué era. En el joven,
desde su forma de hablar hasta su actitud, no había ni rastro del ascetismo
típico de alguien que trabaja en una tienda sacra. De hecho, parecía que su
siguiente frase sería declarar el cierre de la tienda para arrastrar a Hae-seo
a disfrutar de los placeres de Ibiza.
Hae-seo tragó saliva y respondió con gesto de
incomodidad.
“En las vacaciones estuve un tiempo en España,
pero eso no es lo importante, es que mi acompañante…. ¡Ah!”
Fue en el momento en que iba a pedirle al
joven que se retirara. Un aroma familiar lo envolvió de golpe y unos labios se
posaron suavemente sobre su sien. El hombre, que apareció de la nada, frotó sus
labios contra su piel con ternura una vez más antes de preguntar en su lengua
materna, con un tono bajo y vulgar:
“¿Y mi sitio? ¿Me siento en tu regazo?”
“Ah….”
“¿Qué es esto?”
“Solo alguien que pasaba por aquí. ¡Ni
siquiera sé su nombre!”
Exclamó Hae-seo agitando las manos
frenéticamente. Al ver a Hae-seo tan alborotado, Seol Gong-woo mostró una
expresión de lástima fingida y, esta vez, rozó lentamente los labios de
Hae-seo.
“…¿No te lo había dicho? Cuando uno está
marcado, si habla demasiado tiempo con un extraño, el otro podría morir.”
“Jajaja…. ¿entonces cómo es que puedo ir a la
oficina con total normalidad?”
Hae-seo apartó la mano de él, recogió su latte
y su plato, y se levantó rápidamente. Con Seol Gong-woo presente, ya no había
ambiente para seguir masticando scones tranquilamente.
“Así que… tenía compañía.”
“Sí. Bueno, hasta la, no…. adiós. Que disfrute
su café.”
Fue una despedida torpe y apresurada.
Afortunadamente, el joven era perspicaz. Al ver a Gong-woo, quien lo miraba
como si fuera un vendedor ambulante de baratijas frente a la Torre Eiffel, comprendió
que aquel hombre jamás permitiría que su pareja tuviera siquiera la posibilidad
de una amistad con otro.
Tras un cruce de miradas, el encuentro
fortuito llegó a su fin. Al salir de la cafetería, Hae-seo sujetó la mano de
Gong-woo con más fuerza que nunca.
“Es alguien que conocí por casualidad cuando
fui a comprar el rosario que me encargó Jin-seong. Es un tipo con una
personalidad muy ligera y…. además, ¡le olía el aliento!”
“Pues parece que era soportable. Estaban
teniendo una charla muy larga.”
“Vaya tela con Jin-seong. Mira que hacerme un
encargo así para ponerme en este compromiso.”
Hae-seo ignoró el comentario de Gong-woo y se
puso a refunfuñar contra Han Jin-seong. Ahora que habían pasado casi dos meses
desde que Gong-woo se mudó definitivamente a París, Jin-seong solía
preguntarles de vez en cuando si su vida como trabajadores extranjeros y su
convivencia marchaban bien. Cada vez que preguntaba, Hae-seo le respondía que
en todas partes se vive igual, con días buenos y malos, mezclando consejos con
pullas amistosas.
En una ocasión, Jin-seong le pidió consejo
para conquistar a una mujer católica. El dichoso rosario era el regalo con el
que quería impresionarla. A Hae-seo le extrañó que tuviera que comprarlo allí,
pero Jin-seong insistió.
‘Oye. Los productos agrícolas son más frescos
si vienen directos del origen, ¿no? Pues los rosarios de Europa seguro que son
distintos. No protestes y mándalo.’
Bajo esa lógica, los del Vaticano serían los
mejores. Hae-seo puso una expresión de duda, pero como sabía que los enamorados
tienen la vista corta y los oídos sordos, optó por callarse. Desde aquel día,
recorrió varios sitios buscando el rosario. Sin embargo, el interés de
Jin-seong cambió hacia otra persona que conoció en una estancia en un templo
budista; de pronto ya no necesitaba un rosario, sino un japa mala, por lo que
la ayuda de Hae-seo dejó de ser necesaria.
Qué tipo tan ligero para el amor…. Si fuera
por la velocidad con la que cambiaba de pareja, Hae-seo casi quería
recomendarle que echara raíces allí, en París. Aun así, pensando en que a un
amigo se le perdona todo, y viendo que el budismo estaba ganando terreno en
Europa, Hae-seo meditaba si debía buscarle algo cuando Gong-woo le dio un
toquecito en la mejilla.
“¡Ah!”
“Ese tipo parecía muy interesado en tus
vacaciones…. ¿Le contaste también lo que hicimos en España?”
Hae-seo se frotó la mejilla y frunció el ceño.
Pensó que con el beso frente al joven se habría calmado, pero Gong-woo aún
mantenía una expresión de incomodidad. Exigir algo a través de la inspección es
una característica de todos los poderosos. El hombre que había vivido toda su
vida en el poder intentaba inspeccionarlo todo de forma natural, y el amor no
era una excepción.
A Hae-seo no le disgustaba eso. Aunque
sintiera celos por cosas triviales, aunque buscara confirmaciones constantes, e
incluso si a veces intentaba controlarlo. Si se trataba de la inspección de
alguien que le daba un amor infinito y constante, no le importaba. Hae-seo miró
fijamente a Gong-woo y luego desvió la vista hacia la calle.
“Mmm…. no lo sé. ¿De qué habré presumido?”
La mayor parte del fin de año en Europa era
periodo de vacaciones, y ellos las habían pasado disfrutando del golf en una
ciudad cerca de Barcelona. De aquellas vacaciones, lo único que recordaba eran
dos cosas: la vez que Hae-seo, tras lograr un eagle, se lanzó sobre él para
llenarlo de besos y terminaron teniendo sexo en el carrito de golf; y el
encuentro inesperado con alguien a falta de dos días para terminar el viaje.
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Hae-seo rumió aquel encuentro accidentado
mientras paseaba la mirada sin rumbo. ¿Cómo digo esto para que parezca una
broma?….
“Esa vez…. en el campo de golf, cuando su
padre me miró así de mal, ¿se refiere a eso?”
“¿Qué?”
“Ah, es un recuerdo un tanto triste, tal vez
debí habérselo reprochado.”
Al ver a Hae-seo mirándolo de reojo con
fingido reproche, Gong-woo se quedó sin palabras. Parecía desconcertado por
aquel golpe inesperado. Justo cuando Hae-seo iba a decir que era broma, se le
adelantó una voz llena de autocrítica y un ligero suspiro.
“…Lo siento.”
“No, si era broma….”
Hae-seo agitó ambas manos con un rostro tan
desconcertado como el de Seol Gong-woo, rechazando su disculpa.
En realidad, ya se había disculpado en aquel entonces
y, aunque el encuentro inesperado fue algo incómodo, no resultó desagradable.
Simplemente había chasqueado la lengua pensando que aquel momento que tarde o
temprano sucedería, había llegado un poco antes de lo previsto.
Para ser más honestos, quien quería pedir
perdón en ese lugar era el propio Hae-seo. Desde la perspectiva de su padre,
¿qué tan absurdo debía ser que su hijo, un sucesor tan valioso, se hubiera
enredado con un Beta sin ninguna posibilidad de embarazo, cerrando así la línea
sucesoria para siempre?
Se dio por satisfecho con el hecho de que no
le arrojaran agua a la cara, no lo obligaran a renunciar a la empresa o no lo
arrastraran a un buque de carga frente a un tambor metálico para amenazarlo con
terminar la relación. Por lo tanto, la broma que acababa de soltar fue solo
eso, un toque ligero, como quien patea una piedrita en el camino.
“Si se disculpa de esa forma por una broma,
dejará de serlo.”
“Me equivoqué, así que debo disculparme. Debí
haber revisado su agenda; lamento mucho haber creado una situación tan
incómoda.”
La disculpa de Seol Gong-woo no era por la
descortesía de su padre, sino por su propia falta de previsión al no poder
controlar una situación inevitable.
Y aquellas palabras contenían también su
voluntad de proteger a Hae-seo, asegurándose de que, desde que volvió a
utilizar el apellido Dubecq, nadie que portara ese nombre pudiera acercarse a
él con facilidad.
Hae-seo desvió la mirada para evadir la
disculpa. Se sentía bien que se preocupara por él, pero en ese momento su
rostro se parecía tanto al de aquel día que no sabía qué expresión poner.
Ese día, Seol Gong-woo había mostrado
abiertamente un odio y desprecio profundos hacia su padre. Su mirada, cargada
con el impulso persistente de aplastar el cuello del otro, era una emoción
desconocida que Hae-seo nunca antes había descubierto en él.
De pronto, Hae-seo recordó las palabras de
Eden, su compañero de trabajo que había trabajado con Seol Gong-woo en la época
de Victor.
‘Frigid.’
‘¿Qué?’
‘Me refiero a Levi Dubecq. Es un hombre
extremadamente frío, ¿no?’
Eden utilizó el término frigid
(gélido), y no simplemente cold (frío), para describir esa faceta de su
jefe común, buscando empatía.
Sin embargo, para Hae-seo, que vivía de forma
cálida y dulce con ese hombre supuestamente gélido, aquella expresión le
resultaba sumamente ajena. No obstante, analizando los matices de Seol Gong-woo
aquel día...
“Por aquí.”
De repente, su largo brazo se extendió y rodeó
sus hombros. En el momento en que estaba a punto de chocar con un indigente que
vestía ropas andrajosas, él tiró de su cuerpo para protegerlo.
Hae-seo lo miró conteniendo el aliento por la
sorpresa, pero Seol Gong-woo, como si no fuera nada, le acarició el brazo y
apoyó la barbilla cariñosamente sobre su cabeza.
En ese instante, Hae-seo sintió que la palabra
que hasta hace un momento congelaba su mente se derretía por completo.
‘Sí. Por mucho que digan, no es gélido’. Al
fin y al cabo, ¿no es así el ser humano? Un ser que no puede ser siempre bueno
ni siempre malo.
Por supuesto, no es que no entendiera por qué
lo explicaban con la palabra frigid. Si el primer encuentro de Hae-seo
con este hombre hubiera sido estrictamente profesional, como jefe y equipo o
como empleado de una consultora, quizás él también lo habría descrito así.
Pero habiéndose enredado ya de esta manera,
Hae-seo no podía aceptar un término tan frío para definirlo.
Él había sido el hombre desbordante de calidez
que lo felicitó por su cumpleaños desde su primer encuentro; y el hombre lleno
de devoción que, en su siguiente reunión, derramó café sobre su camisa deseando
ser recordado para un reencuentro impactante.
Gracias a eso, aunque él mostrara a veces un
rostro tan afilado y frío como una cuchilla, para Hae-seo siempre prevalecería
la imagen dulce de aquel que cada mañana juntaba su frente a la suya para
compartir un beso matinal.
“Me duele que te distraigas tanto.”
Hae-seo giró la cabeza hacia él como
preguntándole a qué se refería. Entonces, una mano grande se posó naturalmente
sobre su oreja.
El París de enero era una época en la que el
frío se adhería a uno con solo caminar un poco, obligando a cuidar bien de la
pareja. Él le frotó la oreja helada para calentarla y bajó la cabeza para
encontrar su mirada.
“Mírame solo a mí. ¿No ves que si miras a otro
lado solo terminas lastimándote?”
“¡Si lo miro todo el tiempo!”
“Si es así, me alegro.”
Ante su actitud un tanto indignada, Seol
Gong-woo besó los labios de Hae-seo de forma natural. Sus labios estaban
impregnados de risa, lo que obligó a Hae-seo a sonreír también.
Tras el breve beso, miró discretamente a su
alrededor y, como era de esperar, sus ojos se cruzaron con los de unos turistas
asiáticos que se acercaban de frente.
Esta era una ciudad donde los viajeros
desbordaban cada rincón sin importar la estación, la hora o el lugar. Aunque
hubiera matices, un beso callejero entre dos personas del mismo sexo
inevitablemente atraía las miradas.
Sintiéndose algo apenado, Hae-seo se distanció
un poco de Seol Gong-woo, aunque sin soltar su mano.
“Jefe, vamos por allá.”
“Ir por allá está bien, pero ¿no va siendo
hora de cambiar eso?”
“¿Qué cosa?”
“No puedo ser tu jefe para siempre.”
Ah…. Ante la observación hecha con tono firme,
Hae-seo se quedó sin palabras. En realidad, desde que Hae-seo dejó Scanbic y
Seol Gong-woo asumió el cargo de vicepresidente en la sede de Victor en París,
el tratamiento era un tema que debía irse resolviendo.
Mientras Hae-seo se rascaba la nuca
dubitativo, él tiró de su mano como exigiéndole una respuesta y lo miró a los
ojos.
“¿Tan difícil es decir mi nombre?”
“Es que me resulta un poco incómodo.”
“Entonces, ¿qué tal si buscamos un apodo?”
Un apodo significaría usar cosas como Honey,
Sweetheart, Boo… pero ¿acaso no sabía que eso sería aún más
difícil para él? Para Hae-seo, a quien incluso le costaba decir hyung,
era cien veces mejor llamarlo por su nombre.
Hae-seo asintió, prometiéndose practicar su
nombre de vez en cuando antes de verse obligado a usar un apelativo empalagoso.
“Me esforzaré.”
“¿Y el apodo?”
“…También lo pensaré. Por cierto, hace
demasiado frío. ¡Mira, tengo el dorso de la mano como un hielo! Te la
calentaré.”
Cambiando de tema sin mucha sutileza, Hae-seo
presionó sus labios varias veces sobre el dorso de la mano entrelazada de Seol
Gong-woo. Era su intención evadir la situación incómoda mediante el contacto
físico.
Al notar su intención, Seol Gong-woo no
insistió más en el cambio de tratamiento. Simplemente abrazó a Hae-seo con un
poco más de fuerza y siguió caminando, ajustando su paso al de él.
*
La vida laboral de un asalariado común no
cambiaba demasiado por el hecho de estar en otro país. Tanto en Scanbic como en
SGE, los empleados se quejaban por igual del sueldo y las vacaciones, y la
imagen de charlar tras el café matutino sobre nuevos pasatiempos o relaciones
amorosas era muy similar.
Por supuesto, dado que este lugar tenía el día
y la noche totalmente invertidos respecto a donde había vivido siempre, no es
que no hubiera diferencias.
Ellos solían debatir incluso sobre temas
pequeños y, para garantizar el descanso pleno del empleado, no permitían
almorzar en la oficina.
Y la mayor diferencia era que, debido a la
naturaleza abierta y sincera de los franceses respecto al amor, consumían
públicamente los romances de oficina o sus propias historias amorosas como si
fueran el contenido de una plataforma de streaming visto ayer.
Ese día no fue diferente. Fue cuando Hae-seo
abrió la puerta del centro de investigación en el piso 14 del edificio y se
dirigió a su escritorio.
En el momento en que iba a gritarle un
‘¡Bonjour!’ a Eden, sentado a su lado, Hae-seo cerró la boca al descubrir algo
sobre su mesa.
“……”
“¿Hoy es algún aniversario?”
Eden saludó a Hae-seo haciendo girar su silla
de forma caótica. Sus ojos brillaban con interés mientras alternaban entre
Hae-seo y el enorme ramo de flores sobre el escritorio. Parecía curioso por
saber por qué alguien enviaría flores al trabajo, asumiendo que era un evento
especial de su pareja.
“¿Estás seguro de que son para mí? ¿Quién las
envió?”
“El repartidor te buscaba y le dije que las
dejara aquí. Bueno, si no es un aniversario especial, ¿quizás te las envió solo
porque quiso? No me lo imaginaba así, pero es más romántico de lo que pensaba.”
‘Hay una tarjeta ahí, léela.’ Eden sonreía
incluso más que el propio Hae-seo, como si él fuera el destinatario.
Hae-seo dejó caer su bolso sobre el escritorio
y metió la mano entre las flores. Entonces, tal como dijo Eden, un papel rígido
quedó atrapado entre sus dedos. Al sacarlo de un tirón, apareció una tarjeta de
color rosa.
“No me dijo nada hoy….”
Murmuró para sí mismo, tratando de recordar si
él se había comportado de forma distinta cuando lo dejó en el trabajo por la
mañana.
Pero él lo había escuchado con el rostro dulce
de siempre, como si quisiera mandar el trabajo al diablo, y el beso intenso
antes de bajar del coche —que servía de pago por el viaje compartido— no había
sido diferente de lo habitual.
Si tuviera que buscar algo distinto, sería que
frunció el ceño cuando el coche saltó al pisar un badén, algo poco común en él,
pero nada más.
Hae-seo miró el reverso de la tarjeta con ojos
suspicaces. Y en el momento en que vio el mensaje grabado en una sola línea, no
pudo evitar fruncir el rostro por el absurdo.
Dear my sweet pea
“Creo que se equivocaron de persona.”
“¿No es tu nombre?”
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“Bueno, pues….”
Sweet pea (guisante de olor). Era un apodo que jamás había escuchado y
una designación que no pegaba con alguien tan grande como él.
Hae-seo no se atrevía a pronunciar aquella
palabra tan vergonzosa con sus propios labios. Sin darle más explicaciones a
Eden, apartó las flores a un rincón y se sentó.
“¿En serio no eres tú? Podría ser una sorpresa
de tu pareja.”
“Él no es de los que hacen estas cosas.”
“Vaya….”
Eden levantó ambas manos sobre su cabeza, como
si hubiera cometido un error imperdonable, y luego empezó a teclear
frenéticamente en su ordenador.
En ese instante, en la mente de Eden quedó
grabada una idea fija: ‘El amante de Hae-seo es un tipo tan apático que ni
siquiera le ha regalado una flor; es un desgraciado tacaño’. Hae-seo, aunque
adivinaba qué clase de calumnias estaba sufriendo Seol Gong-woo en la cabeza de
su colega, no se molestó en corregirlo.
No sentía la necesidad de presumir su amor
como esos influencers que hacen vídeos de "unboxing" para
alardear de sus lujos. No le hacía falta contar qué otras cosas le regalaba su
pareja en lugar de flores, ni cuán feliz lo hacía cada día con sus palabras y
gestos dulces.
Sin embargo, también era cierto que Gong-woo
no era el tipo de persona que enviaría flores de repente o tarjetas con
mensajes cursis. Hae-seo nunca había recibido una tarjeta con apodos cariñosos
de su parte. En su cumpleaños le había dado flores, sí, pero venían acompañadas
de un regalo carísimo; y si alguna vez le escribía algo que no fuera un mensaje
de texto, era en forma de pequeñas notas con recados prácticos. Hae-seo
guardaba todas esas notas porque le encantaba su caligrafía, pero nunca le
había exigido que le escribiera cosas más románticas.
“…Entonces, ¿no sospechas de nadie? Ya sabes,
ese instinto de cuando alguien te mira de forma diferente.”
“Para nada. El mensaje es un texto impreso,
así que ni siquiera puedo reconocer la letra.”
“¿Quién ha estado merodeando por tu sitio
últimamente? Louis, Maxim, Pablo… ¡No me digas que…!”
Eden, señalando con el dedo como si contara el
número de gallos en un corral, giró la cabeza hacia Hae-seo.
“¿Rence? Te pidió una cita el mes pasado.”
“Eso no fue una cita, fue una petición para
que le dedicara tiempo para preguntarme algo técnico. Y además….”
Hae-seo hizo una pausa y se estremeció, como
si tuviera que pronunciar una palabra que su cuerpo rechazaba físicamente.
“Aquí pone Sweet pea. Eso significa
que, definitivamente, esto no es para mí.”
Al oír eso, Eden puso una expresión tan
extraña como la de Hae-seo. Aunque Sweet pea solía usarse para niñas
pequeñas o niños, ¿no era un apodo que cualquier pareja podría usar en la
intimidad? No entendía la reacción de su amigo.
De nuevo, sintió una oleada de indignación.
¿Con qué clase de hombre estaba saliendo Hae-seo para no haber escuchado un
apodo así ni una sola vez? Eden añadió otra etiqueta a su descripción mental de
la pareja de Hae-seo: además de ser un tacaño que no compra flores, era un
maldito infeliz que ni siquiera le ponía apodos a su novio.
“Bajo esa lógica, ¿por qué la gente se llama Prince
o Princess sin ser de la realeza? Los apodos se usan según el gusto y el
ambiente del momento.”
“Pero nosotros no hacemos esas cosas…. Es
vergonzoso.”
“Mmm….” Hae-seo sacudió la cabeza con
indiferencia, insistiendo en que no podía ser su pareja.
Eden apretó el puño sobre la mesa. Miró al
vacío como si fuera a fulminar con la mirada a quienquiera que apareciera
frente a él.
“…¿Cuándo demonios me vas a presentar a tu
novio? ¿Eh? Me voy a volver loco de la curiosidad. Quiero saber qué clase de
ti… quiero decir, qué clase de individuo es ese que tiene un romance tan
‘interesante’ contigo.”
“Te llevarías una sorpresa si te lo presento.”
Pensándolo bien, tendría que presentárselo
algún día…. ¿Cuándo era la próxima reunión este año? Al imaginar a Seol
Gong-woo frente a Eden, a Hae-seo se le escapó una risita. ¿Debería aparecer
con una máscara? No, mejor invitarlo a casa sin que sepa nada.
Hae-seo soltó varias carcajadas imaginando el
sorprendente encuentro. Eden, que no entendía nada, solo pudo malinterpretar el
gesto pensando que su amigo se derretía solo de pensar en su novio. El colega
suspiró con cansancio, compadeciéndose de Hae-seo por querer tanto a aquel
"desgraciado" como para no poder dejarlo, y volvió al tema anterior.
“De todos modos, Rence ha estado muy
interesado en ti desde hace tiempo. Y él solo sale con Betas.”
“¿Interesado en mí? ¿Y por qué yo no lo
sabía?”
Ante la cadena de preguntas, Eden puso una
cara que decía claramente: ‘Eres un tonto…’.
“…Eso es porque no te enteras de nada. Ni
siquiera sabías que Henry estaba interesado en ti hasta que te pidió una cita
directamente. Todo por estar pensando solo en tu maldi… en tu novio.”
“Es que yo tengo pareja y Henry también la
tenía. No pensé que me diría algo así tan abiertamente estando interesado en
otra persona.”
Hae-seo soltó una risa llena de incredulidad.
No lograba entender la forma de amar de la gente de aquí. Amigos o colegas que
pedían citas a personas con pareja, y otros que lo aceptaban como si nada. Por
mucho que fuera una diferencia cultural, esto sobrepasaba su sentido común.
Cambiaban de pareja con la misma facilidad con la que se cambia de ropa cuando
cambia la dirección del viento o la estación.
Hae-seo no quiso alargar más la conversación
sobre quién estaba interesado en él. Señaló las flores para cambiar de tema.
“¿Y si las dejo ahí fuera? Seguro que es un
error de entrega y el repartidor vendrá a buscarlas.”
“¡Dijo claramente Hyun Hae-seo! No hay nadie
más con ese nombre en la empresa.”
“Decir que soy el único con ese nombre suena
un poco a… discriminación racial.”
Como trabajadores en un país extranjero, la
discriminación era un tema sensible que todos trataban con cuidado. Hae-seo,
por suerte, no había tenido colegas supremacistas, así que a veces lanzaba
bromas de ese tipo como quien lanza una red; y Eden siempre era el pez que caía
en ella.
“¿Qué? Solo digo que en la empresa hay Kims y
Lees, pero no hay ningún otro Hyun. Solo por eso.”
“Ah…. bueno, es cierto que son los apellidos
coreanos más comunes. Como si fuéramos una nación con apellidos
estandarizados….”
“Perdón. Me equivoqué. Fue un error mío. De
todos modos, son para ti.”
“Si te sientes mal, quédatelas tú.”
En realidad, Hae-seo lo había acorralado con
bromas solo para poder decir eso. Pero Eden abrió la boca con una expresión de
horror aún mayor que cuando lo llamaron racista. Parecía preguntarse si Hae-seo
era tan desconsiderado como para deshacerse de un regalo frente a los demás.
“Si no quieres, da igual….”
“…Los coreanos son raros.”
“Oye, eso sí que es discriminación. Solo soy
yo, solo yo soy así.”
Hae-seo tosió levemente y desvió la cabeza.
Parecía frío, pero sabía que si llevaba eso a casa, Gong-woo empezaría con sus
inspecciones y se pondría tenso, y él mismo no quería recibir flores de origen
dudoso. ‘Qué molestia…’.
“No eres solo tú. Otro coreano que conocí era
exactamente igual. Ahora mismo tienes la misma expresión que él.”
“¿Quién?”
Hae-seo volvió a empujar las flores molestas
hacia un rincón mientras preguntaba. Ante su actitud desinteresada, como si las
flores fueran carga de trabajo extra, Eden se masajeó la nuca rígida y
respondió.
“Dubecq. Levi Dubecq.”
“¿Eh?”
“Bueno, él no es coreano del todo, pero cada
vez que le enviaban flores, reaccionaba igual que tú.”
El movimiento de Hae-seo para abrir su
portátil se detuvo en seco. No pudo evitar reaccionar al escuchar el nombre de
su amante en boca de Eden.
“¿Que yo… me parezco a Levi?”
“Sí. Cada vez que recibía flores, llamaba
inmediatamente al equipo de seguridad para que se las llevaran.”
“Pensaría en la posibilidad de un atentado.
Qué meticuloso….”
Hae-seo lo elogió sin pensar. Al notar la
mirada de Eden, temió que sospechara algo, pero su colega estaba demasiado
ocupado burlándose de la excusa de Hae-seo.
“¿Atentado con flores? Esto no es una
película. Simplemente era así. Tú ya lo sabes. Un hombre extremadamente frío
que, incluso al ver flores, las miraba como si fueran explosivos enviados por
un terrorista. Alguien sin emociones.”
“Ah…. ¿en serio?”
Las anécdotas sobre Seol Gong-woo que salían
de la boca de Eden siempre eran nuevas para él. Por eso, cada vez que hablaban
del tema, Hae-seo escuchaba como un paleoantropólogo que descubre el fragmento
de un hueso de hace millones de años, observando con curiosidad al Seol
Gong-woo de aquella época.
Levi Dubecq, la personalidad anterior de
Gong-woo, poseía una sensibilidad tan afilada como una daga de Microtech;
bastaba un roce para cortarse. Carecía tanto de altruismo hacia sus
subordinados que Hae-seo a menudo preguntaba sorprendido: ‘¿De verdad los
trataba así?’.
Debido a esto, a veces sentía que el hombre
actual era una especie humana distinta, y otras veces se divertía comparando
cuán diferente era de aquel que tenía frente a él ahora.
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Incluso en este momento, Hae-seo no podía
asociar al hombre que describía Eden con aquel que anoche estaba acostado en la
cama acariciándole el cabello.
¿De qué habían hablado? Ah. Hablaron sobre la
fecha de los resultados de admisión universitaria de Hyun Jin-seo. Cuando
Hae-seo expresó su preocupación, él lo tranquilizó con una caricia cálida,
asegurándole que todo saldría bien.
Ese era un consuelo con una temperatura que
jamás podría provenir de alguien sin emociones. Con cada palabra suya, el
cuerpo de Hae-seo se caldeaba y un afecto infinito se extendía por todo su ser.
Ese cariño era tan intenso que muchas veces era Hae-seo quien se lanzaba sobre
él para quitarle la ropa.
Hae-seo se cubrió la boca para ocultar una
sonrisa. Gong-woo era como una navaja plegable: frente a él, se doblaba por
completo para esconder su filo, pero frente a los demás, siempre estaba listo
para mostrar su hoja. Con este pensamiento ocioso, le hizo una pregunta más a
Eden.
“¿Esa persona…. solía recibir muchas flores?”
“¿No sería más raro que no las recibiera?
Excepto por su carácter, no le falta nada. De todos modos, cuando le pregunté
por qué tiraba unas flores tan bonitas, solo dijo una cosa: que odiaba las
flores.”
“……”
“Es la primera vez que veo a un humano al que
no le gusten las flores. Con lo espectacular que es físicamente….”
La mirada de Hae-seo se ancló en el ramo que
había dejado a un lado. Recordó a aquel hombre, al que supuestamente no le
gustaban las flores, apareciendo frente a su casa para felicitarlo por su
cumpleaños.
‘Feliz cumpleaños, Hae-seo.’
El hombre que había movido el tiempo para
estar con él en su cumpleaños. Aquel que le entregó un ramo enorme era, en
realidad, alguien que ni siquiera se dignaba a mirar tal belleza.
Hae-seo tocó una de las flores con el dedo y
susurró para sí mismo.
“Me quiere muchísimo….”
Saber que él era la única flor que crecía en
el páramo desolado de aquel hombre lo hizo inmensamente feliz. Sin poder
evitarlo, una sonrisa volvió a escaparse de sus labios.
*
Hacía un año que los dos se habían mudado de
la isla de la Cité a las cercanías de Les Invalides, en el distrito 7. El
apartamento de la Cité, típico de la arquitectura haussmanniana con su escalera
central de caracol, resultaba sumamente incómodo para la vida diaria. Por ello,
eligieron un nuevo espacio con una distribución más moderna que permitiera una
renovación funcional, y ambos vivían allí con gran satisfacción.
Si alguien le preguntara a Hyun Hae-seo qué
era lo que más le gustaba de la casa, podría decir con total confianza que era
el balcón de fachada ornamentada en estilo Art Nouveau, que contrastaba con el
interior moderno; pero, en realidad, Hae-seo tenía otra razón especial. Fue
allí, en ese balcón, donde conoció por primera vez al gato negro Jerry el
invierno pasado.
“¡Jerry! ¿Dónde estás?”
Hae-seo salió al balcón para cepillarle los
dientes al pequeño antes de dormir, pero al notar que no estaba, empezó a
recorrer cada rincón de la casa buscando sus diminutas huellas. Jerry, incluso
después de convertirse en un gato de hogar, solía entrar y salir del balcón,
dejando rastros de sus pasos que servían de guía para localizarlo.
“Hay que cepillarse los dientes todos los
días. ¡Esconderse no va a solucionar nada!”
Comparado con sus días como gato callejero, el
estado dental de Jerry era bastante bueno. Sin embargo, siguiendo el consejo
del veterinario de que debía eliminar más sarro para poder seguir disfrutando
de comidas deliciosas, Hae-seo lo atrapaba cada noche para un cepillado
forzoso.
En realidad, no hacía mucho que Jerry vivía
con ellos. Hae-seo nunca había criado a nadie más que a su hermano menor y
pensaba que no se podía acoger a un ser vivo solo por compasión. Pero Jerry,
que antes solo comía en el balcón y desaparecía, empezó a golpear la puerta con
más frecuencia a medida que el frío arreciaba, hasta que Hae-seo terminó por
abrirle también las puertas de su corazón.
Aunque, por supuesto, su compañero y amante
todavía mantenía la puerta de su propio corazón solo a medio abrir para Jerry.
“…….”
Parado cerca de la chimenea de la sala,
Hae-seo revisó detrás de una escultura de un rebaño de ovejas, uno de los
lugares favoritos del gato. Quizás por haber crecido en la ciudad del arte,
Jerry tenía un gusto refinado: solía dormir acurrucado como un amonites cerca
de la costosa colección de arte del hombre que los coleccionaba por afición.
Tras comprobar que Jerry no estaba allí y
asegurarse de que no hubiera arañado la valiosa pieza, Hae-seo miró hacia el
pasillo que conducía al estudio. Si no estaba en el salón, el único lugar donde
ese gato imprudente podría estar era en el estudio de Seol Gong-woo.
Hae-seo se rascó la barbilla con preocupación
y se acercó. Al asomarse por la puerta entornada para verificar si Gong-woo
estaba en una llamada, vio que, por suerte, este solo estaba concentrado en la
pantalla de su portátil.
“Jefe, ¿por casualidad no ha visto a Jerry…?
¿Ah?”
Antes de terminar la pregunta, Hae-seo soltó
una risita al ver al animal y entró en la habitación. Jerry estaba desparramado
como una prenda de ropa negra sobre el taburete que estaba junto al escritorio
de Gong-woo, sumido en un sueño profundo.
Hae-seo se puso en cuclillas para estar a la
altura del gato y acarició suavemente su frente. Desde que entró en la casa,
Jerry pasaba mucho tiempo durmiendo, como si estuviera cobrando el cansancio de
tantas estaciones difíciles en la calle.
El hombre, que hasta entonces no parecía
inmutarse por el pequeño intruso en su estudio, desvió finalmente la mirada de
su ordenador hacia el nuevo visitante. Seol Gong-woo observó fijamente a
Hae-seo mientras este acariciaba al gato. Al sentir la mirada, Hae-seo habló en
voz baja.
“Parece que le cae bien, jefe.”
“Le gustará el taburete. Es tu sitio, después
de todo.”
“Leí que a los gatos les encantan los humanos
indiferentes. Por eso debe de quererlo tanto.”
“Me alegra serle útil por mi desapego.”
Era una conversación que podía parecer un
cumplido o un reproche por la frialdad de Gong-woo. Sin embargo, en realidad,
este hombre no era tan indiferente con Jerry. Al fin y al cabo, fue él quien le
puso el nombre.
Para Seol Gong-woo, Jerry era como un
calendario de escritorio: algo que miras de vez en cuando, pero cuya ausencia
no supondría un problema grave. Aun así, al ver a Hae-seo observar con tanta
seriedad al gato que venía por agua y comida al balcón, fue él quien sugirió
primero la adopción.
Claro que su propuesta original no era
adoptarlo ellos, sino entregárselo a un conocido que ya tenía un gato. Incluso
hizo una broma infantil que molestó a Hae-seo, diciendo que, como el gato de
esa familia se llamaba Tom, este debería llamarse Jerry.
En aquel entonces, Hae-seo se armó de valor y
propuso que se lo quedaran ellos. Naturalmente, Seol Gong-woo se negó de
inmediato y enumeró las razones por las que no debían tener animales en casa.
‘Ninguno de los dos ha criado un animal
antes.’
‘Eso se aprende con la experiencia.’
‘Está bien. Seamos más sinceros. La razón
principal es que, en el caso de mascotas con una esperanza de vida más corta
que la humana, no es bueno para la salud emocional de una persona excesivamente
sentimental encargarse de la crianza. En su caso, señor Hae-seo….’
‘¡¿Qué está queriendo decir…?! ¡¿Me está
diciendo que soy una persona irracional y emocional que no debería tener
mascotas?!’
Esa noche, por primera vez, durmieron en
habitaciones separadas. Hae-seo, ofendido por ser tachado de
"excesivamente sentimental", adoptó una actitud muy emocional y no le
dirigió la palabra durante varios días.
La pelea por la adopción de Jerry se prolongó
agotadoramente hasta que un comentario fortuito de un vecino trajo la paz.
Preocupado por el frío intenso, Hae-seo tenía que decidir si enviaba a Jerry a
casa de Tom o si se lo quedaba aunque tuviera que dormir en cuartos separados
para siempre.
Resultó que Joseph, el vecino que vivía en el
piso de abajo, era veterinario. Hae-seo le comentó sobre Jerry mientras
coincidían en el ascensor, y Joseph le recomendó llevarlo a su clínica para un
chequeo.
Allí, Joseph le dijo que Jerry era un gato muy
fuerte para haber vivido en la calle y que, teniendo unos 7 u 8 años, ya era
hora de que pasara la otra mitad de su vida en un hogar cálido. Hae-seo
preguntó con voz decaída si sería mejor que lo adoptara alguien con
experiencia, a lo que Joseph respondió tras pensarlo un poco:
‘Es cierto que la experiencia ayuda. Pero… si
entra en una casa donde ya hay otro gato con su territorio marcado, la
adaptación puede ser difícil para un animal tan independiente. Teniendo eso en
cuenta, lo mejor para él sería recibir el amor de sus dos papás a solas.’
El sonido se percibe con los oídos, pero las
palabras se procesan en el cerebro. En ese instante, tanto Hae-seo como Seol
Gong-woo olvidaron el consejo médico y se quedaron atrapados en la palabra
"papás". Hae-seo fue el primero en hablar para confirmar si había
oído bien.
‘¿Dos… papás?’
‘Sí. ¿No son pareja? Siempre que los veo se
llevan tan bien… Di por hecho que eran un matrimonio de hace tiempo.’
‘Ah, no, nosotros….’
‘Somos esposos. De hace bastante.’
Seol Gong-woo dijo aquello mientras rodeaba
los hombros de Hae-seo para atraerlo hacia su pecho. Luego, incluso acarició la
cabeza de Jerry con una expresión de gran satisfacción, dejando a Hae-seo
atónito.
Es decir, su amante había aceptado a Jerry
solo por el placer de ser llamado "esposo". Hae-seo soltó una risita
ligera al recordar el rostro de Seol Gong-woo ese día, actuando como un padre a
pesar de no pegarle nada el papel.
“¿De qué te ríes?”
“De que estoy feliz porque puedo cepillarle
los dientes a Jerry mientras duerme. Ayúdeme a sujetarlo.”
Hae-seo le entregó a Jerry, que estaba lacio
como ropa mojada por el sueño. Seol Gong-woo lo acomodó en su regazo con
naturalidad y le levantó los belfos para exponer las encías. El gato hizo un
amago de resistencia moviéndose débilmente.
“Oye, acabaremos pronto. Quédate quieto.”
“¿De verdad sirve de algo hacer esto? El sarro
parece igual que hace un mes.”
“Dicen que si se hace seguido, el sarro se
debilita y un día se cae solo con tocarlo. El problema es que pocos gatos son
tan considerados….”
Mientras observaba a Hae-seo cepillar,
Gong-woo esbozó una sonrisa ladeada de desaprobación.
“¿Hijo considerado? No hay cromosomas felinos
en mi esperma.”
“…Es que lo tuve yo fuera de casa.”
“¿Con quién?”
¿Qué se supone que debía responder a eso? Le
resultaba un poco molesto que el hombre se pusiera tan infantil por tonterías,
pero al mismo tiempo le parecía adorable.
Tras terminar el cepillado, Hae-seo volvió a
dejar a Jerry estirado sobre el taburete. Luego, se sentó en el borde del
escritorio de Gong-woo y lo miró fijamente. Él seguía pareciendo curioso por
saber con quién lo había "engañado" para tener a Jerry. '¿Será que
duda de verdad? Esto ya es una enfermedad… Pero curiosamente no me disgusta'.
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“Esa persona es….”
“…….”
“El señor Levi Dubecq.”
El otro nombre de Seol Gong-woo era el único
que Hae-seo podía mencionar con total libertad como un "amante"
frente a él.
Como era de esperar, la reacción de Gong-woo
fue buena. Hae-seo aprovechó que él sonreía para cambiar de tema.
“Por cierto, ¿está muy ocupado? Hoy parece que
lleva mucho tiempo aquí encerrado.”
“Tenemos que gestionar el primer proyecto como
consorcio, así que hay mucho de lo que ocuparse.”
“Supongo que la primera vez siempre genera
presión. Venga aquí.”
Hae-seo dio la orden pero, incapaz de esperar,
se levantó él mismo para acercarse más. Al extender la mano para acariciarle el
rostro, Gong-woo le mordisqueó suavemente un dedo antes de soltarlo, tal como
solía hacer Jerry.
“Me parece que sabe a pollo….”
“Es que la pasta de dientes es sabor a pollo.”
“…¿Cómo va el trabajo? Es principio de año,
así que allí también empezarán a estar ocupados.”
Seol Gong-woo cambió de tema de inmediato,
como si no quisiera admitir que acababa de descubrir el sabor de la pasta de
dientes para gatos. Hae-seo respondió conteniendo la risa.
“Nosotros, bueno….”
Iba a decir que estaban empezando a organizar
los nuevos proyectos tras las vacaciones de invierno. Pero la mano de Hae-seo,
que seguía acariciando el rostro de Gong-woo, se detuvo un instante.
‘Mejor no menciono lo de las flores,
¿verdad?’. De todos modos, no las había enviado él, y preguntar solo
estropearía este buen ambiente. Dicen que quien quiere llegar lejos cuida sus
palabras. Para mantener su buena relación, era mejor gestionar ese pequeño
asunto por su cuenta.
Hae-seo se encogió de hombros de forma
exagerada y eligió una respuesta trivial.
“Sin novedad. ¡Trabajando duro cuando hay
tarea! Por cierto, si su empresa entra en el consorcio, ¿se refiere al proyecto
principal de descarbonización?”
“Dado que esta filial se centra en negocios
ecológicos, ese será el núcleo.”
“¿Y con qué empresa han formado el consorcio?”
Como SGE, la empresa donde trabajaba Hae-seo,
también se centraba en energías limpias como plantas de hidrógeno, amoníaco o
desalinización, sus áreas de interés coincidían en más de la mitad. Por eso, no
podía evitar sentir curiosidad por saber con quién se aliaría su ahora
competencia para llevarse el contrato.
El hombre, que no era ajeno a este escrutinio,
se acarició la barbilla con parsimonia y una expresión de pereza fingida.
“Aún estamos en fase de negociación. Además,
si te cuento eso, sería una filtración de información confidencial.”
“Venga ya. ¿Qué poder tengo yo? Me lo guardaré
para mí. ¿Con quién y qué van a hacer? Es solo curiosidad profesional, como
alguien del sector….”
Seol Gong-woo soltó una risa leve y tiró de la
cintura de Hae-seo. El torso de Hae-seo, vestido con una prenda cómoda y
ligera, quedó superpuesto al rostro de Gong-woo, casi fundiéndose.
La mano que habitualmente le acariciaba la
espalda se deslizó lentamente hacia la parte inferior de su pantalón.
“…….”
“…….”
El ambiente entre los amantes es capaz de
transformarse en un suspiro por un solo gesto o una palabra trivial. En el
instante en que sus miradas se cruzaron como si fuera un diálogo, ambos
supieron exactamente lo que el otro deseaba.
Cuando Hae-seo inclinó el torso, sus rostros
quedaron tan cerca que sus alientos se mezclaron. Los párpados de Seol
Gong-woo, que habían estado bajos como si espiara sus labios, se elevaron
lentamente para encontrarse con los de Hae-seo.
“A estas horas…. Si te sientas en mi escritorio
con esa vestimenta para preguntarme tales cosas, ¿crees de verdad que te lo
diré?”
“…Sí.”
Hae-seo exhaló deliberadamente un suspiro
cálido y unió sus labios con los de él. Fue un contacto impaciente, un roce
seco sobre los labios de Gong-woo que aún estaban cerrados. A diferencia de
Hae-seo, que abrió más la boca lanzándose como si quisiera devorarlo, el beso
de Seol Gong-woo era pasivo. Debido a ello, el sonido de la fricción entre sus
pieles se repitió varias veces en el silencio del estudio.
“Por qué….”
Hae-seo frunció el ceño, recriminándole su
falta de entusiasmo. Pero Seol Gong-woo no parecía dispuesto a ceder tan
fácilmente; separó sus labios a voluntad y mordisqueó suavemente el lóbulo de
la oreja de Hae-seo.
“¡Ah…!”
“¿Qué tan dispuesto estás a extraer los
secretos de la competencia?”
¿Acaso estaban jugando a los espías
industriales? Hae-seo comprendió de inmediato la intención de Gong-woo y
decidió actuar con más audacia.
“¿Quieres que te la chupe?”
“Parece que en SGE obligan a los investigadores
a hacer cabildeo con el cuerpo.”
“No…. Es que yo quiero hacerlo.”
Más que la oferta de hacerlo, la confesión de
que él quería hacerlo encendió la excitación antes de empezar cualquier
maniobra formal. Los largos dedos de Gong-woo, que merodeaban dentro del
pantalón, acariciaron el surco de sus glúteos antes de deslizarse hacia el
interior del orificio que se estremecía. Ambos sabían perfectamente qué hacer
para que ese lugar, todavía seco, se humedeciera y empezara a latir.
“A la cama….”
“Hablemos de trabajo aquí.”
Seol Gong-woo dijo aquello mientras le quitaba
los pantalones a Hae-seo. Al no llevar ropa interior, su miembro quedó expuesto
de golpe, saltando con fuerza.
“Vaya, parece que viniste sin ropa interior
con este propósito desde el principio.”
Una gota de líquido preseminal brillaba como
rocío en la punta del glande. El hombre la observó fijamente antes de empujar la
silla hacia atrás y arrodillarse en el suelo. Gong-woo frotó su rostro contra
el miembro erecto mientras miraba a Hae-seo desde abajo.
“Huele a algo pecaminoso aquí…. ¿También te
entrenaron para esto?”
“¡Ah…!”
“Tu entrada ya está húmeda. Un Beta que se humedece
por detrás…. ¿Será que te remodelaron para el cabildeo corporal?”
Los dedos de Gong-woo penetraron de nuevo en
Hae-seo. Contrario a lo que él afirmaba, la entrada seguía sin estar del todo
húmeda, pero las paredes internas, como si reconocieran algo familiar, se
contrajeron involuntariamente alrededor de sus dedos.
“Nuestro investigador es bastante impaciente.”
“Hng….”
“No me presiones. Para poder meterte algo,
primero tengo que relajarte aquí, ¿no crees?”
Tras decir eso, Seol Gong-woo introdujo de
golpe el miembro de Hae-seo en su boca. Aunque Hae-seo había sido quien ofreció
hacerlo, parecía que el que realmente lo deseaba era Gong-woo; lo tragó hasta
la raíz y lamió el tronco con avidez.
“¡Mmm! Ah…. más despacio… ¡ah!”
La sensación del miembro apretado dentro de
esa boca suave, sumada a los dedos gruesos hurgando en su interior, cayó sobre
Hae-seo como un alud. Lo único que podía hacer era sujetar la cabeza de
Gong-woo y soltar jadeos entrecortados. Con ambos frentes expuestos al
estímulo, sus piernas se abrieron y sus muslos temblaron tanto que apenas podía
mantenerse en pie.
Hae-seo acarició las sienes de Gong-woo y, sin
darse cuenta, presionó el rostro del hombre contra su entrepierna. La sensación
de su cabello fino entre sus dedos y el vello púbico rozando su piel suave era
una estimulación casi extática.
Gong-woo había dicho que revelaría secretos si
se la chupaba, pero Hae-seo pensó que, en esta situación, el que terminaría
revelándolo todo sería él. En ese instante, estaba seguro de que no se
arrepentiría de entregarle su cuerpo y su alma a esa boca para siempre.
‘Me voy a volver loco…’.
Su miembro, con las venas marcadas, se pegaba
y despegaba de esos labios rojos. Todo su cuerpo vibraba como si la sangre se
hubiera detenido y de repente volviera a circular con fuerza.
“Ha…. qué bien. Es demasiado….”
Hae-seo sentía que todo su cuerpo estaba
siendo succionado por esa boca. Se preguntó si era lícito llevar una vida tan
lasciva, pues el resultado de estar a solas en cualquier lugar siempre
terminaba en sexo. Mientras su pecho subía y bajaba con fuerza por los labios
que lo apretaban delante y los dedos que lo hurgaban detrás, su mirada perdida
por el placer se cruzó con unos ojos de color ámbar que lo observaban
fijamente.
“Ah…. esp, ¡ah!”
¿Había sido por la sorpresa? ¿O fue la
excitación de saber que alguien los miraba? En el momento en que sus ojos se
cruzaron con los de Jerry, Hae-seo se estremeció violentamente y terminó
eyaculando dentro de la boca de Seol Gong-woo.
“Ha… ha….”
“…….”
“Lo siento. Me asusté….”
Con el rostro encendido, Hae-seo observó a
Gong-woo, quien tragó el semen antes de dejar salir el miembro lentamente.
Incluso después de la eyaculación, Gong-woo pareció disfrutar del momento
rozando ligeramente el tronco con los dientes al retirarse. Debido a ello, el
miembro de Hae-seo tuvo un último espasmo sobre su rostro, esparciendo unas
gotas más.
“¡Ah!”
“Si vuelves a eyacular por estar pendiente de
él, lo enviaré con Tom.”
“Ja…. no es eso…. Es que usted lo hace muy
bien.”
Era imposible que el hombre no supiera que la
razón había sido Jerry. Aunque Hae-seo intentó excusarse, la expresión de Seol
Gong-woo seguía siendo sombría. No era la primera vez. Aunque Jerry fuera un
animal que no entendía nada, el sexo implica movimientos rítmicos que
despiertan la curiosidad de cualquier gato. Y cada vez que pasaba, Hae-seo se
distraía o terminaba antes de tiempo. Para alguien como Gong-woo, que prefería
disfrutar del sexo con calma y lentitud, era natural que la situación no le
agradara.
Hae-seo iba a decir algo, pero se detuvo al
mirarlo fijamente. Los ojos del hombre, mientras se limpiaba el semen con su
mano grande, estaban enrojecidos. Quizás por la presión del esfuerzo al
realizar el sexo oral, parecía alguien que acababa de contener el llanto.
‘¿Por qué tiene que verse tan excitante…?’.
Resultaba absurdo, pero el simple hecho de ver
sus ojos enrojecidos hizo que el miembro de Hae-seo recuperara vigor. Estiró la
mano y limpió un rastro de semen de la mejilla del hombre.
“No es eso…. Es que aún es un niño, que vea
esto es un poco….”
“Joseph dijo que tiene unos ocho años. En edad
gatuna, eso son unos cincuenta. Ya es mayor para saberlo todo. Y él seguro que
hizo de las suyas mil veces cuando vivía en la calle.”
“¡Qué dice! ¡En este barrio no hay ni un solo
gato negro que se parezca a nuestro Jerry!”
“Ha….”
“Además, si lo dice así, me dan menos ganas de
seguir. Qué falta de respeto frente a un mayor…. ¡Eek!”
Antes de terminar la frase, el miembro de
Hae-seo fue apresado con fuerza por la palma de Seol Gong-woo. Él aplicó
presión como si lo masajeara y usó un dedo para frotar el orificio de la
uretra. De inmediato, el líquido preseminal brotó de nuevo, empapando su palma.
“¡Ah! ¡Tan de repente!”
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“Me parece más irrespetuoso un hombre que
suelta fluidos con solo tocarlo. Para ser un Beta, secretas demasiado.”
“¡Cualquier hombre reaccionaría si lo manosean
así!”
Hae-seo empujó a Gong-woo y lo miró con
reproche. No podía permitir que siguiera burlándose de su cuerpo. Se dio cuenta
de que, mientras él estaba desnudo, el hombre seguía vestido a pesar de estar
arrodillado. ‘De verdad, como un pervertido, siempre soy yo el único sin
ropa…’. Indignado, decidió cerrar el trato.
“¿Y bien? ¿Con qué empresa es el consorcio?
Dígamelo. Ya me la chupó….”
“Fui yo quien lo hizo, ¿por qué debería hablar
yo?”
“¡Pero si fue usted quien empezó!”
“Mi miembro no ha recibido su parte del trato,
así que la negociación queda cancelada, investigador Hyun Hae-seo de SGE.”
Seol Gong-woo ignoró el miembro erecto de
Hae-seo, le dio un par de palmaditas en el trasero, se levantó y salió del
estudio.
“¿En, en serio va a terminar así?”
Gritó Hae-seo, pero solo recibió el sonido de
los pasos alejándose. Jerry, habiendo perdido el interés, también salió
trotando de la habitación. Hae-seo se quedó solo en el estudio, mirando
estupefacto los rastros que su amante —ahora convertido de nuevo en un frío rival
corporativo— había dejado atrás.
*
Otra vez.
Al regresar a su sitio tras la reunión de la
tarde, Hae-seo miró con fijeza las flores que llevaban apareciendo cuatro días
seguidos. El primer día llegaron a la hora de entrada; a partir del segundo,
llegaban en cualquier momento de la jornada, a capricho del remitente. Hae-seo
suspiró y apartó el ramo hacia un rincón del escritorio.
“¡Vaya, hoy también han llegado!”
Eden, que llegaba justo detrás de él, dejó
sobre la mesa el paquete de tabaco que acababan de compartir y sonrió con
malicia. Hae-seo, temiendo que su colega empezara a imaginar guiones de cine
con él y algún empleado de la empresa como protagonistas, sacó el tema laboral.
“Entonces, según Blondel, ¿mañana tenemos que
asistir a la reunión del proyecto de desalinización?”
“Sí. Es un proyecto de gran escala, así que
parece que lo harán en consorcio con otra empresa. Quieren que participemos
para revisar la estrategia antes de la propuesta.”
“¿Y quién es el socio del consorcio…?”
“¡Oh, son hiancintos!”
Antes de que Hae-seo terminara la pregunta, la
voz de Lian, del equipo de seguridad, interrumpió la charla. Parecía tan
emocionado con las flores como si las hubiera recibido él mismo.
“Ah, Lian. ¿Qué le trae por aquí?”
“Dijo que las flores de hoy son hiancintos.
¿Puedo llevármelas? A mi hijo le encantan estas flores.”
Lian preguntó con una cara llena de
expectación. Desde que corrió el rumor de que Hyun Hae-seo recibía flores de un
remitente desconocido todos los días y que las entregaba de inmediato a
cualquiera, los empleados ahora hacían turnos para pedirle las flores con total
naturalidad.
“Sí, por supuesto. Lléveselas.”
“Gracias. La próxima vez, yo también le
regalaré flores bonitas a Hae-seo.”
Hae-seo pensó que 'unas flores no eran para
tanto' y le devolvió a Lian una sonrisa amable. Lian, con el rostro más
encendido que nunca, le dio un atento beso en la mejilla a modo de despedida y
salió del laboratorio con un paso que denotaba cierta renuencia a marcharse.
Eden, observando la escena con fijeza, se cruzó de brazos con gesto suspicaz.
“Lian… no puede ser él. Tiene un hijo… y
bueno, su marido.”
“¿A qué te refieres?”
“¿A que mi colega podría estar teniendo un
flirteo con alguien recién divorciado? No, aunque me dijeron que Rence no es.”
“Si no es él, qué alivio. Porque si fuera él,
hoy mismo pensaba darle un buen golpe con el ramo.”
Al principio no le dio importancia, pero el
hecho de recibir flores a diario de un tipo desconocido empezaba a generarle un
estrés latente. Hae-seo se frotó los párpados con cansancio.
A estas alturas, pensó que era una suerte no
haberle dicho nada a Seol Gong-woo. Un amante que recibe flores y tarjetas con
apodos extraños de una persona anónima cada día; poniéndose en su lugar, se
sentía lo suficientemente desagradable como para que la sangre le hirviera.
La mirada de Hae-seo se dirigió a un rincón
del escritorio. Allí estaban las tarjetas con el mismo mensaje desde el primer
día, apiladas sin cuidado como si fueran simples trozos de papel para
garabatos.
Mientras las miraba fijamente, un recuerdo
cruzó su mente. Ahora que lo pensaba... el mes pasado, durante una cena con el
personal del proyecto de la planta de acero de hidrógeno verde, Gabriel le
había preguntado qué flores le gustaban.
Hae-seo se inclinó hacia Eden y le habló en
voz muy baja.
“¿Y si es Gabriel? Antes me preguntó qué
flores prefería.”
“No es Gabriel.”
“Pareces muy seguro, cosa rara en ti.”
Hae-seo ladeó la cabeza ante la firmeza con la
que descartaba a alguien. Normalmente, Eden colocaba a todo el mundo en la
empresa sobre un tablero de sospechosos y deducía al culpable como si
escribiera un guion de cine.
Los labios de Eden se apretaron como si
dudara, y solo después de que el ventilador del portátil zumbara un par de
veces, finalmente habló.
“Porque tuve una cita con Gabriel el fin de
semana.”
“¿Qué?”
Quizás gritó demasiado fuerte, porque
Beauvain, sentado tras la partición, asomó la cabeza para ver qué pasaba. Sus
hombros rígidos y encogidos indicaban que, como de costumbre, se había quedado
trabajando hasta tarde ayer.
Hae-seo forzó una gran sonrisa y agitó la mano
restándole importancia. Luego, se giró bruscamente hacia Eden. Él, para haber
soltado semejante bomba, estaba muy tranquilo manipulando el trackpad y
organizando el acta de la reunión.
¿Cómo debía reaccionar ante esto? Hae-seo
movió los labios sin saber qué palabras usar para preguntar por la causalidad
de los hechos.
Una cita con Gabriel. Sabía que Gabriel solía
disfrutar de citas y flirteos con los Omegas y Betas de la empresa, pero que el
objetivo fuera Eden, quien tenía una pareja de años, era motivo de asombro. ¿No
era eso una infidelidad?
Al final, dejó de darle vueltas y soltó lo
primero que le vino a la mente.
“¿Rompiste con Cobb?”
“No. Pero últimamente las cosas… no van bien.
Pensé que, si la cosa funciona, no sería mala idea cambiarme a este lado.”
“…Ya veo.”
“¿Por qué? ¿Es algo que el sentido común de un
oriental no puede entender?”
Se preguntó si era un problema de Oriente y
Occidente. Más bien parecía un tema de los franceses, o quizás de los europeos
en general. Mientras no hubiera un vínculo familiar formal, les resultaba
natural involucrarse sentimentalmente con otra persona incluso teniendo pareja.
Era como si, cuando tenían a alguien cerca
bajo el nombre de "amigo", fuera solo para marcarlo como el amigo con
el que saldrían mañana o el amigo con el que podrían salir el mes que viene.
Definitivamente, este lugar era un reino del romance
saturado donde cualquier relación podía estallar en un flirteo en cualquier
momento. Hae-seo reprimió su asombro y forzó una sonrisa.
“No, lo entiendo. Puede pasar. No es que estén
casados…. Ah, aunque el PACS es algo distinto….”
“Fue bastante divertido. Así que pienso verlo
unas cuantas veces más. Salir con alguien de la empresa definitivamente parece
más cómodo.”
Eden se veía bastante satisfecho, tal como
decían sus palabras. A diferencia de Corea, donde los romances de oficina
suelen mantenerse en secreto por las miradas ajenas o lo incómodo de una
posible ruptura, aquí se disfrutaba abiertamente de la libertad de estar con la
pareja incluso en el trabajo.
Si solo se tratara de esas ventajas, Hae-seo,
con su propia experiencia en romances de oficina, también lo recomendaría con
entusiasmo.
Una relación donde, si sientes ganas de ver al
otro, puedes escaparte un momento a pesar del trabajo para ver su rostro. ¿Qué
relación podría ser más perfecta para llenar el corazón de afecto a cada
instante? A pesar de todo lo ocurrido, Hae-seo sabía que, si volviera al
pasado, habría adelantado su romance con él unos días, no, un mes entero.
Recordó los besos fugaces que compartía con
Seol Gong-woo en la oficina del jefe o en las escaleras de emergencia, ocultándose
de la gente mientras ambos trabajaban horas extra en la época de Scanbic.
A diferencia de sus labios calientes, sus
manos frías acariciaban su cuello firme, provocándole escalofríos desde la
punta de los dedos.
Esa sensación seguía grabada en su corazón y
solía recordarla a menudo, como si la sacara para acariciarla. Por eso, Hae-seo
no tuvo más remedio que asentir ante la aventura de Eden.
“Bueno, sí…. tiene sus cosas buenas. Si sale
bien, termina lo tuyo con Cobb y sal con él. Parece que a Gabriel también le
gustas.”
“Primero tengo que acostarme con él. Luego te
contaré qué es lo que guarda dentro de sus pantalones.”
“No, gracias. No tengo ninguna curiosidad por
lo que haya en los pantalones de nadie.”
Aunque lo dijo con un tono ligero, había más
seriedad que broma, lo que hizo que Eden estallara en carcajadas. A Eden le
gustaba esa faceta de Hae-seo. Más que encontrarlo aburrido, solía elogiarlo
diciendo que el encanto estoico de los orientales provenía de esa actitud.
Eden vaciló un momento y señaló el lugar del
escritorio de Hae-seo donde antes estaban los hiancintos.
“Por cierto, si esa persona que te envía
flores es alguien decente, ¿por qué no le das una oportunidad?”
“Yo ya vendí todas mis oportunidades y no me
queda ninguna.”
“No me malinterpretes. Siento que a tu novio
le falta pasión.”
¿Falta de pasión? Para que dijera eso, solo
esta mañana Hae-seo se había despertado sorprendido por la sensación de seguir
abierto tras la noche anterior, y al comprobarlo, el miembro de él seguía
alojado en su interior.
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Incluso, debido a que la erección matutina era
más potente, al intentar retirarse a escondidas, soltó un gemido involuntario
que despertó a Gong-woo, quien lo retuvo para repetir la faena un par de veces
más.
Hae-seo se frotó el lóbulo de la oreja, que se
había puesto rojo, y habló.
“No, bueno…. le sobra tanta pasión que es un
problema, así que no te preocupes. Aunque supongo que no llegará al nivel del
novio de Chloe.”
“¿Chloe? Ah….”
En la reunión de fin de año, justo antes de
las vacaciones de noviembre, el tema más candente fue el acompañante de Chloe.
Chloe no tuvo que molestarse en presentar a
nadie como su pareja, y la razón no era otra que el nombre "Chloe"
tatuado en letras grandes y negritas en el cuello del hombre que estaba a su
lado.
“Cierto…. nadie puede superar eso. Pero por si
acaso, pregúntale una cosa.”
“¿El qué?”
“Pregúntale si, con tanta pasión que dices que
tiene, sería capaz de tatuarse tu nombre.”
“…….”
En ese instante, Hae-seo se quedó sin palabras
al imaginar a Seol Gong-woo con su nombre tatuado.
¿En qué parte…? Un hombre impecable que
parecía no haberse hecho ni una marca de bolígrafo por error en la palma de la
mano, con una marca de tinta semipermanente. Era difícil incluso de imaginar.
Justo en ese momento, como si el tiempo
estuviera sincronizado, el nombre de Seol Gong-woo, guardado como ‘Profesor’,
apareció en la pantalla de su móvil.
“Ah, un segundo.”
Hae-seo salió corriendo del laboratorio con el
teléfono en la mano, sin esperar la respuesta de Eden. El sonido de sus
zapatillas golpeando el suelo denotaba una urgencia mayor de la habitual.
Abrió la puerta de la salida de emergencia y
se llevó el móvil al oído de inmediato. Antes de que él pudiera preguntar cómo
estaba, Hae-seo soltó la pregunta casi gritando.
“Jefe, ¿por casualidad podría tatuarse mi
nombre?”
— …….
Se produjo un breve silencio. Pasaron unos
diez segundos, pero extrañamente sintió como si hubieran pasado diez minutos.
'Sí, claro, era de esperar'. Hae-seo apretó los labios, reprimiendo un
sentimiento de decepción que no podía explicar racionalmente. Sin embargo, la
respuesta de Seol Gong-woo llegó antes que su propia voz.
— ¿En qué parte lo hago?
La voz, que parecía haber ganado valor en ese
breve lapso, no contenía ni rastro de broma ni de desconcierto. Hae-seo,
animado por esa reacción, hizo su petición con fuerza.
“¡En el cuello!”
— Está bien.
“Vaya…. qué galán.”
— …Pero, ¿tiene que ser el cuello? Como sabes,
mi trabajo implica reunirme con gente, así que me gustaría negociar una
ubicación un poco más discreta.
“Entendido. Le perdono el cuello.”
Parecía que, a diferencia de su valiente
aceptación, le resultaba abrumador un lugar demasiado visible para el tatuaje.
Hae-seo soltó una risita ante su cautelosa petición de negociación.
“Definitivamente…. me gustan más los hombres
que se tatúan que los que regalan flores.”
— Yo también te regalo flores. ¿Entonces no
soy perfecto?
‘Solo me las regalas en aniversarios’. Hae-seo
pensó que si decía eso, él se sentiría mal o presionado, así que simplemente se
limitó a reír, dándole la razón en su perfección.
A partir de ahí, siguieron amenazas de hacerse
tatuajes de pareja, con él diciendo que si él se lo hacía en el cuello, Hae-seo
tendría que hacérselo en la frente. Siguieron haciéndose peticiones absurdas
hasta que finalmente terminaron la llamada con un hermoso "te amo".
Tras colgar, Hae-seo sintió que el pecho se le
ensanchaba y miró por la ventana. Al ver la suave luz filtrándose, se dio
cuenta de que, desde que conoció a Seol Gong-woo, nunca había vuelto a sentir
frío en invierno.
*
Dicen que los embotellamientos son inevitables
en cualquier ciudad del mundo a la hora de entrada al trabajo, pero para Hyun
Hae-seo, quien se sentaba tras el volante en París por primera vez como
conductor propietario, la capital francesa le resultaba a veces más agotadora
que Seúl.
Especialmente al cruzar la rotonda del Arco
del Triunfo, ese agotamiento se multiplicaba. A diferencia de Corea, donde los
vehículos que ya están en la rotonda tienen prioridad, en París los conductores
simplemente deben salir de allí "por su cuenta", basándose en la
intuición. Hae-seo pensaba que esa cultura de "manéjate como puedas"
era difícil para cualquiera, hasta que vio a este hombre conducir.
Seol Gong-woo, al volante, se incorporaba al
flujo de vehículos que giraban sin dudar ni un segundo, saliendo de la rotonda
del Arco del Triunfo con una fluidez envidiable.
‘Conducir con una mano y mantener esa calma
incluso en tramos como este es casi jugar sucio’, pensó Hae-seo. Cuando él
conducía solo, se quedaba atrapado maldiciendo más de una vez. Hae-seo apretó
los labios con una expresión sombría, como si tuviera todas las quejas
guardadas en un cajón y se negara a sacar ni una.
Gong-woo, notando el rostro incómodo de
Hae-seo al pasar por allí, esbozó una sonrisa relajada.
“¿Acaso estás examinando dónde me voy a hacer
el tatuaje?”
“Sí. Este lugar me parece el más adecuado.”
Hae-seo, sintiéndose un poco travieso, picó la
mejilla de Gong-woo con el dedo. Este giró ligeramente la cabeza intentando
morderle el dedo, y Hae-seo comenzó un juego infantil, fingiendo huir para
volver a picarlo.
Siempre era así. Cuando estaban solos, se
volvían infinitamente infantiles, pero en cuanto sus miradas se encontraban,
recuperaban una madurez absoluta.
Todo lo que existe tiene una inercia, y el afecto
no era la excepción. El deseo de que este amor perdurara se instaló en ambos
como una inercia constante. Desde un ligero juego de manos hasta un beso
profundo, no había nada que se intercambiaran que no fuera puro afecto.
Tras dejar el juego de manos, la conversación
derivó hacia los modales de conducción en Seúl y París. Coincidieron en que,
aunque los conductores aquí eran más relajados, la tasa de accidentes no
difería mucho de la de Seúl. Fue entonces cuando Hae-seo relató un pequeño
incidente que tuvo su colega Beauvain hace poco.
“Parece que cerca del Louvre es más peligroso
por el tráfico constante. En Corea, casi no hay coche que no tenga caja negra,
así que los problemas de culpabilidad se resuelven fácil. Beauvain estaba muy
indignado…. ¿Por qué aquí no usan algo tan práctico como la caja negra?”
“Supongo que prefieren un enfoque conservador
respecto a la privacidad. Sin embargo, si el país no las prohíbe estrictamente,
algunos coches las traen como opción dependiendo de la gama.”
“¿Entonces usted no la puso por la privacidad?
Este coche no tiene, ¿verdad? No veo ninguna cámara….”
“Ah, mi coche….”
Él hizo una pausa, como si dudara. Hae-seo
enarcó las cejas instándolo a continuar. Pero antes de que los labios de
Gong-woo articularan palabra, el móvil de Hae-seo emitió un sonido.
[Foto]
Con una vibración corta, una burbuja de
mensaje saltó en la pantalla. El remitente era Lian, quien ayer se había
llevado las flores. Al ver que enviaba una foto, Hae-seo supuso que sería una
prueba de las flores para agradecerle el detalle.
Hae-seo guardó el móvil en el bolsillo de
inmediato sin abrir la foto. Sabía que, de hacerlo, su conciencia se pincharía
con las espinas de esos hiancintos que no eran suyos.
“¿Quién te escribe?”
“Lian, que dice que llegará un poco tarde hoy.
Ja, ja…. Teníamos planeada una pequeña reunión por la mañana.”
“¿Lian? ¿Quién es?”
“El manager de seguridad. ¡Tiene un hijo
precioso y una familia muy armoniosa! Aunque…. se divorció. Por cierto, ¿usted
llegará tarde hoy?”
Hae-seo cambió de tema con naturalidad,
pasándose la mano por el cabello.
“Mmm…. puede que un poco. ¿Quieres hacer
algo?”
“No, solo por saber qué cenamos. ¿Tiene algún
compromiso?”
“He quedado en cenar con los del consorcio.”
“Entonces disfrute de la cena. Yo comeré con
Jerry y le esperaré.”
“Está bien. Pero…. ¿aún no has pensado en un
apodo? Creo que te di una pista.”
Seol Gong-woo se encogió de hombros
ligeramente. Aunque hablaba con un tono risueño, al final de la frase colgaba
una pequeña queja, un deje de decepción.
‘Ah…. lo había olvidado’. Hae-seo desvió la
mirada. Se preguntó cuándo le había dado una pista y repasó mentalmente el
comportamiento reciente de Gong-woo. ¿Se refería a cuando lo llamó
"investigador" en el estudio? No, eso no era un apodo…. Al no
ocurrírsele nada, optó por retroceder.
“Poco a poco…. de forma natural….”
“¿Cómo me vas a llamar?”
“Vicepresidente….”
“…….”
Al oír eso dicho con voz queda, Seol Gong-woo
giró la cabeza bruscamente hacia Hae-seo.
“¡Cuidado, que chocamos! Mire al frente.”
“Creo que el choque lo has provocado tú.”
“…….”
No había forma de rebatirlo. Al ver su labio
ligeramente torcido, Hae-seo supo que, de no estar al volante, Gong-woo ya le
habría mordido el cuello a modo de castigo. Hae-seo se acarició su cuello,
todavía intacto, y evitó el contacto visual.
“Pero usted también me llama ‘tú’.”
“Entonces llámame ‘tú’ también.”
“Oye….”
“¿Oye?”
¿Acaso la pareja de ‘tú’ no era ‘oye’? Pero
eso era algo que debía tragarse. Hae-seo, para terminar con esa conversación
carente de romance o humor, forzó una sonrisa y dijo:
“Gong-woo…. oye….”
“…Veo que sabes decir mi nombre
perfectamente.”
La puntuación para el nombre de su amante,
pronunciado con valentía, fue un suspenso rotundo. El tono de Gong-woo era puro
sarcasmo. Como Hae-seo no se tomaba sus quejas en serio, la magnitud de la
insatisfacción de Gong-woo solo podía aumentar. Hae-seo decidió entonces
insistir en su propia convicción para superar la crisis.
“Jefe.”
“Qué.”
“No, es que ese es el apodo que he pensado.”
“¿Qué?”
Su voz fue tan baja y agresiva como la
brevedad de su pregunta. Por suerte, el coche ya estaba llegando a las
inmediaciones del edificio de SGE. Gong-woo detuvo el coche un momento cerca de
un parque y, como si no le gustara esa idea, se apoyó con ambos brazos sobre el
volante mirando fijamente a Hae-seo.
“No es que no tenga ganas de pensar uno.
Escuche. Ya no hay nadie en el mundo que le llame ‘Jefe’ o ‘Suseok-nim’,
¿verdad?”
“¿Y?”
“Pues por eso, quiero ser el único que lo
llame así. Así se cumple la condición de un apodo.”
“……."
“¿No se trata de eso? Algo que solo dos
personas usen. Para ser sincero…. odio los apodos trillados como ‘cariño’ o
‘tesoro’. ¡Tanto como lo considero especial, le llamaré de forma especial como
mi propio Jefe! ¡Tengo confianza!”
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De tanto repetir la palabra, incluso se le
trabó la lengua una vez. Sin rendirse, Hae-seo movió los labios varias veces
como si practicara cómo decir "Jefe" de la forma más romántica
posible.
“Tú de verdad….”
Seol Gong-woo lo miró sin poder enfadarse del
todo. Sabía que era una artimaña para escapar de una situación embarazosa, pero
el problema era que, de alguna manera, tenía sentido.
Tal como decía Hae-seo, ya nadie lo llamaba
así. Lo llamaban Dubecq, o Levi, o por su cargo rígido de Vicepresidente. Se
había acostumbrado a esas denominaciones más que a su propio nombre.
Fue entonces cuando escuchó una voz diferente,
no como la de hace un momento cuando insistía en cosas absurdas, sino una voz
que llamaba a algo íntimo y reservado.
“Gong-woo….”
“…….”
“También le llamaré así.”
Hae-seo habló con la nuca encendida. Con los
ojos entrecerrados y una expresión tímida. Aprovechar un resquicio en cuanto lo
detectaba era algo que a Hae-seo se le daba de maravilla.
Por eso, cada vez que Gong-woo escuchaba a
Hae-seo quejarse de no saber cómo entrar o salir de una rotonda, le daban ganas
de aconsejarle que simplemente hiciera lo mismo que le hacía a él.
Una vez más, Hae-seo había buscado el punto
débil de Gong-woo. Como el apodo de "Jefe" no parecía suficiente,
pronunció su nombre por primera vez, como un joven tímido que dice el nombre de
su primer amor.
“Ha….”
Finalmente, Seol Gong-woo soltó una risa leve,
dándose por vencido. Nunca había querido perder ante nadie, pero con Hae-seo
siempre sentía que acababa cediendo.
Y no le molestaba. Al contrario, como Hae-seo
sabía perfectamente que él cedía, Gong-woo solo esperaba con ansias el momento
en que su amante le diera algo a cambio, como una recompensa.
“Me esforzaré más.”
Como era de esperar, Hae-seo apoyó el rostro
en el hombro de Gong-woo a modo de premio. También abrazó el brazo que él tenía
sobre el volante.
Gong-woo lo miró y le dio un golpecito en el
tabique nasal con el dedo. Al verlo fingir dolor y frotar su cara contra su
brazo, le entraron ganas de bajarle los pantalones allí mismo. Quería ponerle
un espejo delante para que viera que esa era su verdadera cara de dolor
mezclado con excitación.
“Entonces, llámame así de verdad.”
“Jefe….”
La mano de Hyun Hae-seo acarició lentamente su
brazo. Cuando esa voz, entrecortada por la excitación y la expectativa de lo
que vendría después, pronunció su antiguo cargo —ahora convertido en algo
íntimo—, él también dejó escapar un suspiro ardiente mientras su pecho subía y
bajaba con fuerza.
“No está mal.”
Seol Gong-woo sujetó a Hae-seo, quien
intentaba desviar el rostro por la vergüenza, y unió sus labios. Sus narices
chocaron por la premura del contacto, pero a ninguno le importó; simplemente se
dedicaron a devorar el aliento del otro con mayor profundidad.
A medida que el beso se prolongaba, el sonido
húmedo empezó a asemejarse peligrosamente al de una penetración. Sensibles a
ese ruido, ambos empujaron sus lenguas con la misma urgencia con la que
buscarían sus genitales.
“Hng…”
“Hoy…. regresaré temprano.”
Gong-woo acarició con el dedo los labios de
Hae-seo, que brillaban por la saliva compartida. Sus dedos, cargados de una
lujuria tan ardiente como su lengua momentos antes, y su voz baja y rasposa, no
diferían en nada de la de un hombre profundamente sumergido en la dulzura de
una luna de miel.
En realidad, Hae-seo nunca se lo había dicho,
pero cada vez que intercambiaban saludos como ‘Que te vaya bien’, ‘Hoy volveré
pronto’ o ‘Ya estoy en casa’ —palabras que solo quienes comparten cama pueden
decirse—, sentía una opresión en el corazón, como si realmente estuvieran
casados.
“Sí. No tarde demasiado. Por cierto, esa
corbata….”
“¿Qué? ¿No te gusta?”
“No, es que está un poco torcida… Espere un
segundo.”
Hae-seo, con una timidez impropia de él,
mordisqueó su labio inferior antes de arreglarle la corbata a Seol Gong-woo. Le
daba vergüenza admitir que se había excitado tanto con un solo beso que, al
acariciarle el pecho, terminó desordenando hasta su ropa.
“Ya está. Bueno, me voy. Nos vemos a la
noche.”
“Ve con cuidado.”
“¡Sí!”
Hae-seo respondió con más energía que de
costumbre y abrió la puerta del coche de inmediato. Sabía que si el ambiente
seguía volviéndose más denso, acabaría quitándole la corbata a ese hombre allí
mismo para hacer quién sabe qué.
Con un rastro de melancolía, se giró antes de
cerrar la puerta para decirle adiós con la mano, pero entonces ocurrió.
“¡Hae-seo! ¡Qué coincidencia encontrarte
aquí!”
“Ah…. Lian.”
Ante el repentino llamado, Hae-seo se quedó
congelado, sin cerrar ni abrir la puerta del todo, intercambiando un saludo
forzado con Lian.
“Te envié un mensaje hace un rato, ¿no lo
viste?”
“Ja, ja…. todavía no.”
Hae-seo giró la cabeza hacia Gong-woo
instintivamente. Como era de esperar, él observaba a Lian con fijeza, con una
expresión que parecía anticipar cada palabra que saldría de su boca. Si Lian
llegaba a mencionar el contenido del mensaje, Hae-seo no tenía ni idea de cómo
iba a minimizar o encubrir la situación.
Intentó despedir a Gong-woo rápido para evitar
el momento incómodo, pero Lian estaba más animado que nunca y, por ende, más
parlanchín.
“Oye, de verdad, muchas gracias por las flores
de ayer.”
“¿Qué?”
‘Si hay un límite para suplicar a los dioses,
debo de haberlo agotado en este segundo’, pensó Hae-seo. Rezaba a cualquier
deidad para que Lian no mencionara el tema de las flores, pero sus plegarias
fueron en vano.
“En realidad pensaba dárselas a mi hija…. pero
como me las diste tú, no pude dárselas a la niña.”
“¡Ah, no! ¡¿Yo cuándo…?!”
Claramente, el destino no estaba del lado de
Hae-seo, quien a veces creía en Buda y otras en Jesús según le convenía. Se
frotó la cara con las manos varias veces y agitó los brazos, rogando
internamente que Lian guardara silencio.
Sin embargo, a Lian no pareció extrañarle la
rigidez de Hae-seo —que actuaba como un hombre pillado en plena infidelidad—;
se acercó más y, mientras Hae-seo seguía aferrado a la puerta del coche sin
saber qué hacer, le plantó un beso en la mejilla en señal de agradecimiento.
“Eran tan hermosas que me quedé mirándolas
toda la noche. De verdad, gracias. Por eso, me gustaría que cenáramos juntos
hoy…. ¿tienes tiempo?”
“¡No, no puede decir eso aquí…!”
Para alguien que no conociera el contexto, la
situación era perfecta para un malentendido monumental. Además, ¿no había
mantenido Hae-seo todo el asunto de las flores en secreto absoluto frente a
Seol Gong-woo? Pero en el amor, los secretos siempre terminan filtrándose.
Finalmente, una voz gélida se filtró desde el
interior del coche.
“Así que diste flores.”
“…….”
“Y a una mujer que tiene un hijo precioso,
además.”
Las yemas de los dedos de Hae-seo, que aún
sujetaban la puerta, se pusieron blancas. Giró la cabeza lentamente hacia el
asiento del conductor. El hombre, que tamborileaba el volante como si estuviera
procesando algo, ni siquiera lo miró al hablar de nuevo.
“Nos vemos luego.”
El saludo que hacía apenas diez minutos le
había parecido el sueño de un recién casado, se transformó en las palabras que
menos quería escuchar en el mundo.
*
Hae-seo, que había llegado a la sala de
reuniones con Eden, se quedó petrificado mirando su teléfono. El sonido de una
notificación de mensaje lo había puesto en alerta. Con el corazón en un puño,
revisó la pantalla:
Creo que esta vez va en serio, me voy a
casar... El banquete será comida de templo jajaja.
02:46 pm
“…….”
El mensaje que tanto esperaba no llegaba, y lo
único que recibía eran las tonterías de su impulsivo amigo Jin-seong, que ya
planeaba su boda con una mujer con la que ni siquiera salía oficialmente.
Hae-seo suspiró y dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa de reuniones.
Para deshacer el malentendido sobre las flores
que le dio a Lian, le había enviado a Seol Gong-woo un mensaje larguísimo,
detallando con cada palabra cuánto lo amaba, pero seguía sin recibir respuesta.
“De verdad, esto es...”
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De pronto, recordó una frase que había leído
en alguna parte: El viento que sopla contra el aroma de las flores
representa la codicia, el pecado y el sufrimiento.
Él solo había entregado ese aroma a otra
persona para evitar precisamente que pareciera una infidelidad, ¿pero acaso eso
también se consideraba un pecado? Hae-seo reconocía su error al no haber
hablado antes, permitiendo que el malentendido creciera, pero el silencio
unilateral de Gong-woo empezaba a parecerle algo cruel.
“¿Pasa algo?” preguntó Eden.
“Nada.”
“Claro que pasa algo.”
“No lo creo.”
“¿Te preocupa que hoy no hayan llegado
flores?”
Las flores. Las malditas flores. Hae-seo clavó
la mirada en el vacío. Ahora que lo pensaba, ya era tarde y hoy no se había
entregado ningún ramo. Durante días, habían aparecido en su escritorio en los
momentos más inoportunos y con tamaños exagerados, pero desde que Seol Gong-woo
se enteró, no había caído ni un solo pétalo.
¿Se estaba burlando de él? En lugar de
alegrarse, Hae-seo sentía que el mundo entero estaba conspirando en su contra.
“Es una pena. Me divertía adivinar quién sería
el afortunado que recibiría tus flores hoy.”
“No sabía que me había convertido en el
romántico oficial de la empresa.”
“A todo el mundo le gusta que un hombre guapo
le regale flores.”
Hae-seo se dio cuenta en ese instante de que
lo que para él era simplemente deshacerse de un compromiso, para los demás
tenía un significado distinto. '¿Este es el resultado de repartir flores sin
pensar?', se preguntó mientras se frotaba el rostro con fatiga.
¿Debería haber confesado desde el principio?
Pero Seol Gong-woo era el tipo de amante que sentía celos incluso si un perro
callejero se le acercaba demasiado. No quería darle preocupaciones
innecesarias. Sabía que, si volviera atrás, probablemente tomaría la misma
decisión. Su único arrepentimiento real era no haber incinerado las flores en
lugar de dárselas a alguien.
'¿Cómo se supone que voy a consolarlo cuando
mi propio arrepentimiento es a medias...?', pensó. Mientras encendía su
portátil para la reunión, su mente seguía ocupada enteramente por Gong-woo.
En ese momento, Eden, que parecía estar de un
humor diametralmente opuesto, le puso el móvil delante con una sonrisa de oreja
a oreja.
“Mira esto.”
“¿Qué es?”
“Es tan infantil que hasta me parece tierno.”
En la pantalla se veía una foto de un parque
nevado. En el suelo, alguien había escrito su nombre seguido de un mensaje de
amor. De fondo, aparecía la mitad del rostro de Cobb, posando con esa confesión
romántica. Lo que más llamaba la atención no era el mensaje en la nieve, sino
la frondosa barba de Cobb, que distaba mucho de parecer "infantil".
“¿No ibas a intentar algo con Gabriel? ¿Ya te
reconciliaste con Cobb? ¿Solo por un mensaje así?”
“No, nos reconciliamos antes.”
“¿Cómo? Pensé que estabas tan harto de él que
buscabas a otro. ¿Cómo se arreglaron?”
Hae-seo lo acribilló a preguntas, ansioso por
conocer el proceso de reconciliación. Eden, notando la urgencia sospechosa de
su colega, echó su silla hacia atrás con una sonrisa maliciosa.
“¿Por qué? ¿Acaso tuviste una pelea muy apasionada
con tu novio?”
“No es por mí, es por... mi amigo Jin-seong.
Me llamó por teléfono internacional diciendo que se peleó con su novia y me
dejó muy intranquilo. Ja, ja...”
“¿Ah, sí? ¿Pero ese amigo no te había pedido
que le presentaras a alguien porque estaba soltero?”
“No, no, ya tiene a alguien. Se van a casar.
En un templo... Como las bodas de iglesia, pero en un templo budista. Una
boda-templo o algo así...”
'Lo siento, Jin-seong. Cuando te cases, te
daré un sobre bien generoso como si fuera una ofrenda', pensó Hae-seo pidiendo
perdón mentalmente a su amigo en Corea, mientras se encogía de hombros
fingiendo que la historia no iba con él.
No quería decirle la verdad a Eden porque
sabía que la imagen de Seol Gong-woo en la cabeza de su colega era peor que una
colilla tirada en la calle. Si añadía que se habían peleado, Eden le diría que
lo dejara sin siquiera escuchar los detalles.
“¿Y por qué pelearon?” insistió Eden.
“Bueno... hubo un malentendido. Mi amigo
recibió algo de un desconocido, y como le pareció un compromiso y no quería que
su pareja malinterpretara las cosas, se lo dio a otra persona. Pero, por
desgracia, su pareja se enteró de que le había dado eso a alguien más...”
“¿Qué fue lo que dio? Todo depende de qué
fuera.”
Hae-seo buscó desesperadamente un objeto. Si
decía flores, sería obvio que hablaba de sí mismo. Algo que fuera comprometedor
para alguien con pareja... ¿Un anillo? ¿Un reloj? ¿Ropa? Nada encajaba.
Finalmente, soltó lo primero que le vino a la boca:
“¡Bombones! ¡En forma de corazón!”
“...¿Y se enfadó por unos bombones?”
“¡Tenían forma de corazón! Eso cambia el
significado.”
'Estoy perdido', pensó Hae-seo. Hasta a él
mismo le pareció una explicación absurda. Cerrar la brecha cultural entre
Hae-seo, que había comido arroz toda su vida, y Eden, que había masticado
baguettes, era una tarea titánica. Obviamente, el consejo de Eden no fue de
mucha ayuda.
“Si se enfada porque intercambias bombones de
corazón con alguien que no es tu pareja, ¿no debería ir al médico? Eso es
celotipia. Está loco. Debería dejarlo, ¿para qué reconciliarse?”
La imagen de Gong-woo acababa de descender de
"colilla" a "escupitajo". Eden empezó un monólogo sobre por
qué no debía salir con tipos así, recordando a un ex suyo que se peleaba con cualquiera
que lo mirara en la calle.
Hae-seo, agotado de escuchar historias sobre
novios posesivos, miró su muñeca con gesto exagerado. Era hora de la reunión.
Hoy era un día importante donde el PM del proyecto de desalinización y una
empresa externa discutirían la estrategia, así que debía concentrarse.
“¡Vaya, mira la hora!”
“Aún no han entrado. Te lo digo en serio, la
obsesión no es amor. Es una enfermedad incurable.”
“Ya te entendí, preparemos la reunión.
¿Dijiste que llegó un correo con los requisitos del departamento comercial?
Enséñamelo.”
“Dile a tu amigo que la solución es romper.
¿Dijiste que era Beta? El otro seguro es un Alfa por cómo se comporta. Si se
descuida, lo marcarán y estará atado a él toda la vida. Espera, deja que
encienda el portátil.”
Hae-seo se llevó la mano a la frente. Todo era
culpa de estar atado a un hombre con esa "enfermedad incurable"
llamada obsesión.
“¿No te quedaste sin batería?” preguntó Eden
mirando el monitor de Hae-seo.
“¿Eh? Ah, se habrá descargado. Juraría que
estaba bien.”
“Llevabas días usándolo enchufado. Usa este
adaptador, lo traje por si acaso.”
“Gracias, me has salvado.” Hae-seo hizo un
amago de beso al aire hacia Eden, imitando el gesto de agradecimiento común en
París. Eden se rió, pero de repente recuperó la seriedad.
“Por cierto, tenía algo que decirte.”
“¿Qué?”
“¿Sabes quién viene como socio del consorcio
para esta reunión?”
“¿Cómo voy a saberlo? Era alto secreto. Hubo
mucha competencia.”
Como el proyecto de desalinización era enorme,
SGE trabajaba con socios externos. Eden se acercó al oído de Hae-seo.
“No te asustes.”
“¿Por qué me iba a asustar? Oye, ¿por qué esto
no encaja?” Hae-seo intentaba conectar el adaptador de Eden a su portátil, pero
no entraba. Lo levantó para inspeccionar el puerto. “Es el mismo modelo, ¿por
qué no funciona?”
“Solo empuja un poco... Por cierto, si
supieras quién viene hoy, podrías soltar el portátil del susto.”
“¿Qué pasa? ¿Viene mi antiguo jefe o algo
así?” bromeó Hae-seo.
“Vaya. Así que ya lo sabías.”
“¿Qué?”
En ese instante, se oyó el sonido de sillas
arrastrándose y pasos en la sala contigua. El equipo del proyecto y el
consorcio parecían haber terminado su reunión previa. Hae-seo bajó el portátil
y miró a Eden con sospecha.
Eden, ahora con una voz profesional y los
hombros erguidos, sentenció:
“Victor.”
“…….”
“Ya sabes que han abierto una filial en
Francia. Y su vicepresidente es...”
“Veo que ya estaban aquí.”
La puerta se abrió, cortando las palabras de
Eden. Entraron Simon y Lucas, los responsables del proyecto, junto con los
representantes del consorcio.
“Siento el retraso, estábamos en una reunión
previa.”
“Lo sabemos, se oía desde aquí”, respondió
Eden con una sonrisa tensa.
“¿Hacíamos mucho ruido? Ah... por cierto, creo
que ustedes dos trabajaron con el señor Dubecq en el pasado, ¿verdad?” dijo
Simon, el PM.
Eden sonrió con torpeza. Hae-seo, con el
adaptador todavía en la mano, se quedó mirando al hombre que acababa de entrar.
Era un hombre alto, con un traje gris oscuro impecable
y el cabello peinado hacia atrás con pomada. Su presencia emanaba una fuerza
imponente, y en su cuello descansaba una corbata con el mismo patrón de cuadros
que Hae-seo había arreglado con tanto esmero esa misma mañana.
“Levi, cuánto tiempo. ¿Cómo ha estado?”, dijo
Simon.
“Gracias a usted, muy bien. ¿Tú también has
estado bien, Eden?”
La voz profunda de Seol Gong-woo llenó la
sala. Su mirada recorrió a Eden con cortesía antes de detenerse, lenta y
pesadamente, en Hyun Hae-seo.
La mano de Seol Gong-woo rozó apenas la de
Eden antes de retirarse. Al mismo tiempo, su mirada se posó en el rostro de
Hyun Hae-seo, quien seguía observándolo con una expresión de absoluto
aturdimiento.
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Gong-woo amagó con extenderle la mano a
Hae-seo, tal como hizo con Eden, pero se detuvo al fijarse en el adaptador que
este sostenía.
“¿Tienes algún problema con el portátil?”
Al segundo siguiente, inclinó el torso hacia
Hae-seo, quien permanecía allí parado con una expresión de desconsuelo, como si
estuviera en el lugar equivocado. A una distancia tan corta que era imposible
ocultar el acelerado latido del corazón, Gong-woo tomó el adaptador de las
manos de Hae-seo y lo conectó personalmente al puerto de corriente.
“Parece que no tiene ningún problema.”
El zumbido del ventilador al encenderse
resultaba tan incómodo como la situación misma. Hae-seo frunció el ceño,
confundido por si su malestar se debía al portátil que por fin funcionaba o a
la aparición repentina del hombre que tenía delante.
“Jefe, ¿qué hace usted aquí…?”
“No soy el Jefe, soy Levi.”
“…….”
“Hoy, llámame Levi.”
Cuando uno tiene un mal día, los malentendidos
más absurdos se acumulan y ni siquiera un adaptador de corriente encaja a la
primera. El mismo amante al que le había arreglado la corbata esa mañana
aparecía por la tarde con el aura de un superior del pasado, dejando a Hae-seo
sumido en la confusión.
“He oído que entre los tipos de plantas de
desalinización existe un método que utiliza energía solar. ¿Es demasiado pronto
para nuestro proyecto? Por las características climáticas de Oriente Medio, no
debería haber problemas para aprovechar la energía solar.”
“Tiene razón. En otras regiones es difícil por
el clima, pero en Oriente Medio no hay que preocuparse por eso al considerar
instalaciones solares. Creo que proponer ese método resultaría muy interesante
para el cliente…. ¿Es factible? ¿Qué opina el laboratorio al respecto?”
Simon, respondiendo a la pregunta de Gong-woo,
asintió y miró a Eden y a Hae-seo. Este último cerró el puño suavemente sobre
el portátil y se aclaró la garganta. Luego, mirando a Simon y no a Gong-woo,
comenzó a hablar.
“Como bien dice, las instalaciones que usan
energía solar como fuente están especializadas para proyectos en Oriente Medio,
pero ese método implica instalar lechos de evaporación para el agua de mar y
luego condensar el vapor en las paredes internas. Debido al diseño, hay
limitaciones para escalar a instalaciones de mediano o gran tamaño, por lo que
no lo recomiendo para este caso.”
“¿Entonces sugiere que es útil para proyectos
pequeños fuera de Oriente Medio?”
“Sí. En esta ocasión, creo que lo más adecuado
en todos los sentidos es optar por el método de destilación flash multietapa
(MSF). Estoy seguro de que el señor Dubecq… perdón, Levi, pensará lo mismo.”
El método flash multietapa consistía en
desalinizar el agua aprovechando el fenómeno de evaporación instantánea que
ocurre al reducir la presión del agua caliente por debajo de su presión de
saturación. Aunque su desventaja era el alto consumo energético, era el método
más apto para proyectos de gran escala como los de Oriente Medio, ya que
producía el agua de mayor pureza.
“De acuerdo. Entonces, sigamos el consejo del
investigador Hyun Hae-seo y vayamos con el método flash multietapa.”
Seol Gong-woo esbozó una ligera sonrisa de
satisfacción, como si acabara de escuchar una estrategia brillante.
‘Si ya pensaba hacerlo así desde el
principio…’.
Hae-seo cruzó su mirada con la de Gong-woo por
primera vez desde que empezó la reunión. El desconcierto y la agitación de
haberse encontrado en un lugar inesperado vibraban de forma irregular entre los
dos.
En realidad, la persona que le había enseñado
a Hae-seo las ventajas y desventajas de las plantas de desalinización no era
otro que Seol Gong-woo. Al entrar en SGE, tuvo que estudiar mucho sobre este
negocio que le resultaba ajeno, y en cada ocasión, Gong-woo se comportaba como
un profesor particular, pegado al teléfono cada noche para analizar y
explicarle las partes más difíciles.
Por eso, Hae-seo había desarrollado el hábito
de buscarlo cada vez que no sabía algo. O mejor dicho, era Gong-woo quien lo
buscaba a él primero.
A diferencia de Hae-seo, que a veces se
quedaba parado mirando el timón sin saber qué rumbo tomar ante un nuevo reto,
Seol Gong-woo siempre abría caminos nuevos sin vacilar. Y así como las personas
con objetivos claros nunca titubean, él siempre iba un paso por delante para
que Hae-seo no se detuviera ni dudara. El camino por el que él avanzaba era
siempre la senda del éxito, y allí Hae-seo nunca había tenido que soportar ni
una ráfaga de polvo.
Pero hoy…. no ha habido daños, así que ¿acaso
esto es un "viento de flores"?
Hae-seo retiró la mirada del hombre y soltó un
leve suspiro. La aparición sin aviso del hombre en su faceta de antiguo jefe le
resultaba sumamente incómoda. ‘En cuanto termine la reunión vas a ver, de
verdad yo…’.
“Bien, dejemos que nosotros hablemos más sobre
este punto con la autoridad de desalinización de Arabia Saudita y terminemos
por ahora.”
La reunión concluyó unos diez minutos antes de
lo previsto tras revisar algunos puntos estratégicos. Hae-seo tomó su móvil con
la intención de enviarle un mensaje recriminatorio a Gong-woo de inmediato,
pero Simon habló con entusiasmo mientras Eden guardaba su portátil.
“Hemos quedado en tomar una copa de vino esta
noche. ¿Quieren unirse Eden y Hae-seo?”
“Sí, por supuesto…. me parece bien.”
“…Sí.”
Hae-seo cerró el mensaje que no llegó a enviar
y guardó el teléfono en el bolsillo interior de su chaqueta. No pudo rechazar
la propuesta de Simon; las reuniones organizadas por superiores para celebrar
el inicio de un proyecto son difíciles de eludir en cualquier parte del mundo.
Tras las respuestas de ambos, los asistentes
comenzaron a recoger sus cosas mientras mantenían charlas ligeras sobre la
reunión. Eden también intercambió saludos cordiales con Gong-woo. El único que
no lograba integrarse en la charla era Hae-seo.
Hae-seo desconectó el adaptador que Gong-woo
había puesto por él y lo miró de reojo con fastidio.
‘¿Por qué demonios…. no me dijo nada? Si iba a
venir, no debería haberse enfadado tanto esta mañana’. El descontento se
acumulaba en capas, haciendo que el entrecejo de Hae-seo se frunciera cada vez
más.
Lanzó una mirada cargada de reproche hacia
Seol Gong-woo a propósito. Sabía que él era la única persona que podía
permitirse estar enfadado con ese hombre, y lo sentía como un privilegio del
amor.
Gong-woo, tras presentar a Greg —el
responsable del proyecto por parte de Victor— a Eden, cruzó miradas con
Hae-seo, quien permanecía detrás de Eden con rostro distante. Quizás consciente
de su "culpa", en lugar de hablarle directamente a Hae-seo, le
comentó algo a Eden:
“¿Qué tal es trabajar con Hyun Hae-seo? Me
parece que, como él es tan meticuloso, deben de llevarse muy bien.”
“¿Eso significa que yo no soy meticuloso? Ah….
me duele un poco, pero no puedo negarlo. Es cierto. Hae-seo es mucho más
detallista que yo y se encarga de cosas que a mí se me pasan, así que somos muy
buenos socios. Probablemente él llegue a ser manager antes que yo, para mi
envidia.”
“Hae-seo habría ascendido rápidamente incluso
si se hubiera quedado en Scanbic. Siempre fue un empleado muy capaz. ¿Qué te
parece? Creo que mi actitud como antiguo jefe es bastante buena al darte este
reconocimiento tras tanto tiempo. ¿Estás satisfecho?”
“Bueno….”
De pronto, Seol Gong-woo acortó la distancia
con Hae-seo. Observaba su semblante como quien hace una broma, exagerando un
poco como si pidiera que se le agradeciera su esfuerzo. Hae-seo, sin ganas de
decir nada amable, se limitó a asentir con desgana.
“Gracias por el cumplido, señor Dubecq.”
“Levi.”
“¿Perdón?”
“Cuando me llamas Dubecq, parece que estás
llamando a mi padre.”
Él corrigió su apelativo con suavidad pero con
firmeza, pidiendo ser llamado por su nombre y no por su apellido. Hae-seo,
desconcertado un momento, respondió con un hilo de voz: “Sí…. Levi….”. Solo
entonces Seol Gong-woo dejó escapar una risa baja, satisfecho.
Eden y Greg, que presenciaron la escena sin
querer, casi dejan caer sus portátiles.
‘¿Ese hombre podía reírse así…?’. Para quienes
conocían a un Levi Dubecq que siempre mantenía una distancia prudente con sus
empleados, aquello era impactante.
“Entonces, ¿nos movemos? Tengo otra reunión
con el equipo de diseño pronto.”
“Sí, vamos.”
Simon se llevó rápidamente a los demás
asistentes, dejando a Hae-seo y a Eden en la sala. Hae-seo tuvo que despedirlo
con una expresión compleja.
Tener otra reunión en su propia empresa…
estaba tan atónito que no le salían las palabras. No tenía tiempo ni para
llamarlo y pedirle explicaciones. El hecho de tener que enfrentarse a este
"Levi Dubecq" incluso en la cena le resultaba asfixiante.
“Vaya, sabía que nos cruzaríamos algún día,
pero no esperaba volver a verlo aquí.”
“…Ya, yo tampoco esperaba verlo aquí.”
“Pero parece que Levi ha cambiado un poco….”
Eden habló mientras caminaban hacia el
ascensor, asegurándose de que no hubiera nadie cerca. Por suerte, los demás ya
se habían marchado. Hae-seo respondió con desinterés a la observación de Eden.
“Está igual. Sigue teniendo ese talento para
aparecer sin decir nada y asustar a la gente.”
“¿A qué te refieres?”
“A nada, solo que sigue siendo tan gallardo
como siempre.”
Hae-seo entró en el ascensor y se masajeó la
nuca. La tensión de la reunión lo había dejado rígido. Eden, fascinado por el
reencuentro, volvió a sacar el tema de Gong-woo.
“Pensé que no tendría ambición por la
sucesión, pero volver como vicepresidente indica lo contrario. ¿Se casará
pronto? Me pregunto con quién estará saliendo ahora….”
“…¿Cómo que ‘otra vez’?”
“Bueno, siempre ha tenido a alguien. Su vida
amorosa siempre fue bastante llamativa.”
“¿Dices que siempre ha tenido candidatas para
casarse?”
“Sí. Siempre que iba a fiestas o reuniones,
llevaba pareja. Aunque cambiaba de acompañante tan a menudo como de chaqueta.”
Hae-seo no es que no esperara que hubiera
salido con mucha gente, pero no es lo mismo sospecharlo que escuchar una
confirmación tan rotunda.
‘Así que no tuvo a nadie serio, pero salió con
un montón de candidatas a esposa, ¿eh?’. Sin darse cuenta, apretó con fuerza
los dedos sobre su portátil.
Hae-seo frunció el ceño imaginando cuántas
personas habrían pasado por su vida, intentando clasificarlas por periodos. Si
salía con una al mes, ¿significaba que también tenía sexo con esa frecuencia?
Al fin y al cabo, la primera vez que
estuvieron juntos, Gong-woo había apretado y sacudido el pecho de Hae-seo como
si fuera el de una mujer. Cuando Hae-seo, dolorido, le pidió que parara porque
él no era una mujer, ¿qué fue lo que le respondió?
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‘Es la costumbre’.
Mierda…. No solo se le nubló la vista, sino
que todo su rostro se endureció por completo. Hae-seo bajó la cabeza y se llevó
la mano a la frente, tragándose una risa amarga de pura incredulidad.
Obviamente, su compañero de equipo no era lo suficientemente detallista como
para notar ese cambio de expresión.
“Me pregunto con qué clase de persona se
casará un heredero multimillonario así. ¿Sería una falta de respeto
preguntárselo?”
“Ya tiene a alguien.”
“¿Eh? ¿Quién? ¿Se casan?”
“No sé quién será…. pero supongo que se casará
si quiere.”
Aunque respondió con audacia, Hae-seo no pudo
continuar. Sabía que si seguía hablando, Eden sacaría algún cotilleo sobre
Gong-woo de esos que consumía y digería tan rápido como un macarrón.
Cuando un hombre joven, guapo y con una
fortuna que sale cada año en las revistas financieras está en el ojo público,
todo, desde su lista de compras hasta sus secretos familiares, acaba convertido
en cotilleo. Seol Gong-woo sabía llevar esa carga como si fuera una corona,
pero para Hae-seo, acostumbrarse a esos chismes resultaba más difícil de lo que
pensaba.
Justo antes de entrar en el laboratorio, al
abrirse las puertas del ascensor, Eden se fijó por fin en la cara de Hae-seo y
preguntó:
“¿Pasó algo entre ustedes dos… por
casualidad?”
“…¿El qué?”
Eden entrecerró los ojos en lugar de
responder. Definitivamente, a lo largo de toda la reunión, tanto Levi como Hyun
Hae-seo se habían comportado de una manera que, a sus ojos, no podía ser más
que "especial".
Incluso mientras hablaba, la mirada de Levi
parecía desviarse de forma extraña para posarse en el asiento contiguo al suyo.
Y cada vez que Hae-seo aportaba alguna opinión, Levi lo observaba con tal
fijeza que Eden se vio obligado a mirar de reojo a su compañero varias veces
para comprobar si tenía algo manchado en la cara.
Cuanto más se prolongaba el silencio de Eden,
más ansioso se volvía el tono de Hae-seo.
“Seguro que solo me miró así porque hace mucho
que no nos vemos.”
“…….”
“Por la novedad.”
“Si tú lo dices….”
Claro. No podía ser. Nunca había oído que a
Levi le gustaran los hombres, y mucho menos que Levi Dubecq —antiguo jefe y
figura prominente de la industria— fuera el ex de su colega. La posibilidad
era, sin duda, ínfima.
“Pásame luego el acta de la reunión de hoy.”
“Pero…. ¿tu novio no es exactamente de ese
tipo?”
“¿Eh?”
“Lo dijiste una vez. Tu tipo ideal. Un Alfa
más alto que tú, de piel blanca, cabello negro, ojos profundos y rasgos
marcados. Es exacto….”
“Solo dije eso para presumir de que mi novio
es guapo, no le busques significados. ¿Cuántas personas así crees que hay? Ja,
ja….”
‘Vaya memoria tiene este’, pensó Hae-seo. Pero
tras haber tenido a Seol Gong-woo frente a él en la mesa de reuniones, la
realidad le gritaba otra cosa: ‘Sí, ese hombre es mi novio y hoy estamos
fingiendo no conocernos para mantener una relación profesional. Ja, ja. El Jefe
es de los que disfruta con este tipo de sorpresas de mierda’.
Obviamente, no podía decir eso. Hae-seo se
encogió de hombros con desdén y se sentó rápidamente en su lugar. O mejor
dicho, intentó sentarse. Hasta que vio las flores sobre su escritorio.
“¿Eh? ¿Hoy también han llegado?”
El que se iluminó al ver las flores no fue
Hae-seo, sino Eden, quien soltó una carcajada de sorpresa. Hae-seo extrajo una
tarjeta rosa oculta entre los pétalos.
Dear my sweet pea
Love always,
Raewi
“Ha….”
A diferencia de los otros días, ver ese apodo
vergonzoso escrito con la caligrafía familiar de Gong-woo y su firma le provocó
una risa de pura incredulidad.
“Así que era un viento de flores de verdad….”
Eden miró con extrañeza a Hae-seo, que
murmuraba en coreano mientras su rostro se volvía cada vez más rojo, y luego
dirigió su atención al ramo. Hoy eran peonías blancas.
“Vaya, qué flores tan bonitas. Son peonías,
¿verdad? Dámelas a mí hoy. Me las quiero llevar.”
La petición de Eden no era distinta a pedirle
prestado un bolígrafo, algo que había pasado toda la semana. Por eso, Eden no
dudó ni un segundo de que se las daría. Sin embargo, Hae-seo, rompiendo la
racha, negó con la cabeza de inmediato.
“No puedo. Son mías.”
*
“¿No es Victor quien menos debe preocuparse
por eso? Ya sabe que en plantas marinas no podemos competir con ustedes;
incluso cerramos un departamento comercial por eso.”
“Como bien sabe, no podemos quedarnos haciendo
lo mismo siempre. Si vamos a eso, los nuevos proyectos de plantas ecológicas
que SGE abre constantemente nos están golpeando bastante.”
El sonido de cubiertos chocando contra la
vajilla se mezclaba con las voces de los presentes. Aunque era una cena para
disfrutar de una copa de vino, al tratarse de profesionales del sector tras una
reunión, las quejas y los halagos mutuos sobre sus respectivas empresas fluían
con naturalidad.
Hae-seo lanzaba miradas furtivas a Seol
Gong-woo, quien respondía con soltura, mientras masticaba un trozo de carne.
El lugar elegido era un famoso bistró de hotel
con vistas a la Torre Eiffel. La carne de calidad, el vino y la ensalada fresca
eran deliciosos, y por la ventana se veía la "Torre Eiffel Blanca"
brillando más que cualquier árbol de Navidad.
Recordó que, al poco de llegar a París, pasó
por allí por casualidad justo cuando la torre cambiaba a blanco y llamó
emocionado a Seol Gong-woo. Mientras intentaba recordar exactamente cuándo fue,
sus ojos se encontraron con los de él en el momento justo.
“…….”
“…….”
Gong-woo enarcó ligeramente una ceja por
hábito. Era su forma de preguntar si necesitaba algo. Hae-seo negó levemente
con la cabeza y Gong-woo volvió de inmediato a la conversación con los demás.
Fue un intercambio silencioso, natural y sin
que ninguno de los dos pareciera consciente de estar siendo observado. Y
precisamente por ser tan natural, fue un problema.
Eden, sentado justo al lado de Hae-seo, captó
ese cruce de miradas sospechoso y entreabrió los labios. Aquello era
demasiado…. parecía que había algo entre ellos.
¿Y si realmente habían salido y ahora eran ex?
Además, por parte de él, todavía se veía esa mirada de adoración. A menos que
uno fuera ciego, era imposible no sospechar.
“Entonces Hae-seo, si tu hermano hizo el
examen de ingreso el año pasado, ¿vendrá para acá este año?”
“Le dije que viniera de viaje en verano. Nunca
ha viajado al extranjero.”
Hae-seo respondió a la pregunta de Simon. Sin
darse cuenta, la conversación sobre los platos principales se había
transformado en charlas densas sobre la familia. Lucas, sentado junto a Simon,
mostró interés.
“¿Tu hermano se parece a ti?”
“No, somos bastante diferentes. Quizás por la
casta, pero mi hermano es pequeño y tierno. Yo, en cambio, soy alto y bastante
gallardo.”
La descarada autocomplacencia provocó risas
ligeras en la mesa. Eden gritó en broma que no estaba de acuerdo, mientras
Lucas y Greg no escatimaban en elogios hacia la apariencia de Hae-seo.
Y entre todo ese alboroto, una voz familiar y
melodiosa se filtró en sus oídos. Afortunadamente, esa voz hablaba en su lengua
materna, la que solo Hae-seo podía entender.
“Tú eres más tierno.”
“¿Qu-qué….? ¡¿Cómo puede decir eso aquí?!”
Gong-woo lo observaba con una mirada que
parecía recorrer su cuerpo como si, a pesar de estar vestido, lo estuviera desnudando
con la vista. Hae-seo, preso del pánico, respondió en el mismo idioma como si
protestara y se acarició la nuca encendida.
Por suerte, el repentino intercambio en
coreano se ahogó entre el ruido de las copas brindando, pero era imposible que
Eden no lo hubiera escuchado. Además, incluso sin entender el idioma, el tono y
la mirada daban pistas suficientes. Para un Eden que ya sospechaba, este matiz
era un resquicio que no podía dejar pasar.
“¿Qué acaba de decir?”
“Ah, nada, solo dice que mis bromas han
mejorado. Le dije que no es cierto. ¿Verdad?”
“Bueno, dije algo parecido.”
El tono de Gong-woo indicaba que solo pensaba
cooperar a medias. Hae-seo, indignado, le dio un puntapié por debajo de la mesa
al zapato de Gong-woo.
“…….”
“…….”
Volvieron a cruzar miradas. Hae-seo entornó
los ojos y movió las pupilas de arriba abajo como advirtiéndole que no volviera
a decir nada parecido; Gong-woo entrecerró la mirada y ladeó la cabeza
lentamente.
Tenía las comisuras de los labios ligeramente
elevadas; estaba fingiendo no entender a propósito. Hae-seo estaba a punto de
tomar el móvil para enviarle una reprimenda por escrito cuando Eden, mientras
cortaba la carne, se dirigió a ambos.
“¿No tienen alguna anécdota divertida de
cuando trabajaban juntos? Ahora que los veo, parecen muy cercanos.”
“¿Nosotros? Qué va. En el trabajo no hay
tiempo para eso…. Además, en Corea somos más conservadores, así que en realidad
no éramos tan cercanos. El Jefe me imponía mucho respeto.”
“¿Ah, sí? Pues como le diste un toque con el
pie a Levi hace un momento, pensé que había algo. ¿Fue un error?”
“…….”
La mano de Hae-seo, que rodeaba la copa de
vino, se quedó petrificada. Un silencio repentino cayó sobre la mesa. Por
suerte, este silencio solo era compartido por Gong-woo, Hae-seo y Eden.
En la otra mitad de la mesa, el resto del
grupo estaba entusiasmado escuchando la historia de la propuesta de matrimonio
de Lucas, silbando y aplaudiendo sin prestar atención a este lado.
“¿Hice eso? Ja, ja…. Es que al estar sentado
tanto tiempo se me durmió la pierna. Noté que golpeé a alguien, así que debió
de ser al Jefe. ¡Lo siento mucho! ¡Tendré más cuidado!”
“Sí, tenga cuidado, por favor. Sentir que
alguien me golpeaba de forma tan íntima me dio un vuelco al corazón.”
“¡Ja! ¡Qué buen sentido del humor tiene! Vaya,
ahora que es vicepresidente hasta sus bromas han ascendido de nivel, ja, ja,
ja….”
La risa de Hae-seo era tan forzada que le
habría quedado mejor un llanto. Le resultaba odioso que, en lugar de ayudarlo
en esta situación donde Eden sospechaba, Gong-woo siguiera alimentando el
malentendido con ese tipo de bromas.
‘¿Qué pretende? ¿Va a confesarlo aquí mismo o
qué?’. Por mucho que en este país el romance de oficina no fuera un escándalo y
se considerara algo digno de celebración, esta no era la forma.
Hae-seo no era de los que buscaban ser el
centro de atención con un anuncio dramático tipo: ‘¡Atención todos! ¡En
realidad estamos locamente enamorados!’.
Mientras Hae-seo devanaba los sesos buscando
cómo convencer a un Eden cada vez más suspicaz de que todo era un error, Eden
dejó el tenedor y apoyó ambas manos sobre la mesa con naturalidad.
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“Levi. Yo todavía sigo con Cobb.”
“Ah…. ¿el desarrollador? Creo que lo vi en la
fiesta de fin de año, lo recuerdo.”
“Sí, exacto. Es tan buen chico que no he
tenido ocasión de dejarlo. ¿Y usted, Levi? ¿Ha conocido a alguien especial?”
“Sí. Estoy con alguien excepcional.”
La respuesta salió de sus labios sin un
segundo de duda. Fue una declaración tan rotunda que hizo que Eden, quien
intentaba liderar la conversación con seguridad, se quedara momentáneamente
mudo.
‘¿Entonces, a pesar de tener pareja ahora, no
ha podido olvidar a Hae-seo?’, pensó Eden, tragando un sorbo de vino con
urgencia, como si acabara de descubrir el secreto mejor guardado de Levi
Dubecq.
Cada acción de Seol Gong-woo hoy había sido
una excepción a su regla de conducta habitual. Y donde hay excepciones, hay una
regla lo suficientemente flexible —o con suficientes grietas— como para
permitirlas. Pero, ¿podía alguien encontrar realmente una grieta en un hombre
como él?
Fue el propio Gong-woo quien le ahorró a Eden
el trabajo de pensar en la siguiente pregunta.
“¿No me vas a preguntar cómo es esa persona?”
“Ah…. no quería ser impertinente. ¿Cómo es?”,
preguntó Eden, incapaz de ocultar su curiosidad.
Gong-woo, tras haber provocado la pregunta,
miró a Eden un momento como si meditara una respuesta difícil y luego lanzó la
mirada al vacío. No era un gesto de distracción, sino una pausa calculada para
atraer la atención absoluta de su interlocutor.
Click. El sonido del dedo de Eden jugueteando con el cuchillo
delataba su impaciencia. En ese instante, la mirada de Gong-woo aterrizó
suavemente sobre Hyun Hae-seo. Era una mirada relajada, pero cargada de una
intensidad abrumadora.
“Tiene la piel clara, mide unos seis pies…. y
cuando se ríe, se le marcan unos hoyuelos….”
“¡Vaya, le gustan los hombres altos! A mí
también me encantan. Mi novio es muy alto, ¿sabe? ¡Parece que tenemos los
mismos gustos!”, exclamó Hae-seo con un entusiasmo fingido, levantando su copa
hacia Gong-woo como si brindara con él.
Hae-seo sentía que si lo dejaba seguir con lo
de los hoyuelos, Eden acabaría por atar cabos definitivamente. ‘¡¿Se está
vengando porque le di flores a otra mujer?!’, pensó Hae-seo, lanzándole una
mirada de reproche oculta tras el borde de su copa. Sin embargo, una voz
cargada de sospecha rompió el momento.
“¿Un hombre? Pensé que usted solo…. salía con
mujeres.”
“…….”
Hae-seo se quedó helado, sin saber dónde poner
los ojos. ¿Qué debía decir? ¿Que solo era un conocido? Sus pupilas bailaban de
un lado a otro. Afortunadamente, esta vez fue Gong-woo quien acudió al rescate
para controlar la situación.
“Resulta que la persona con la que estoy ahora
es un hombre. Alguien a quien Hae-seo también conoce muy bien.”
“Ah…. entiendo. Pero Hae-seo, ¿no dijiste
antes que no sabías con quién estaba?”
Eden ladeó la cabeza hacia Hae-seo. Este
esbozó una sonrisa forzada mientras rellenaba la copa de su colega.
“Bueno…. es su vida privada, después de todo.”
“Supongo que tienes razón.”
Hae-seo exhaló un suspiro de alivio en cuanto
Eden volvió a centrarse en su copa. Era un problema saber demasiado y tener que
fingir ignorancia total; se sentía como si el estrés se le hubiera estancado en
el estómago, impidiéndole disfrutar de la cena.
Temiendo que Eden volviera a la carga, Hae-seo
se aclaró la garganta y cambió de posición, dándole casi la espalda a su
compañero para integrarse en la conversación de Simon, Lucas y Greg.
“Vaya, no me diga….”
Lanzando comentarios genéricos para disimular,
Hae-seo empezó a prestar atención a la charla del otro grupo. Al no tener mucha
confianza con ellos, asentía repetidamente con una sonrisa algo tensa, como
alguien que asiste a una fiesta tras recibir la invitación por error.
Por suerte, Eden comenzó a charlar con
Gong-woo sobre sus tiempos en Victor, permitiendo que Hae-seo se sumergiera en
la consultoría amorosa improvisada que lideraba Simon. Lucas acababa de relatar
cómo le propuso matrimonio a su pareja tras años de convivencia, lo que derivó
en anécdotas sobre citas y relaciones.
Greg, tras haber bebido más de la cuenta,
empezó a desahogarse sobre su situación actual. Confesó que estaba tan prendado
de su pareja que intentaba complacerla en todo, llegando incluso a prestarle
dinero, pero que ahora se sentía apurado porque le pedían ayuda para la renta
de un estudio.
“Sé que su situación como estudiante es
difícil…. pero me pregunto hasta dónde debo llegar. No quiero ser tacaño con
alguien a quien quiero.”
“¿Pero la renta no es demasiado? ¿No han
pensado en vivir juntos? Llevan más de un mes y ya hay dinero de por medio, me
sorprende que no convivan”, opinó Simon.
“Se lo propuse, pero como estudia música, dice
que podría molestarme con los ensayos y prefiere un lugar propio. Supongo que
debería ayudarla, ¿no?”
Hae-seo escuchaba en silencio mientras se
tragaba un suspiro de frustración. ‘A este lo están timando’, pensó.
Hae-seo hablaba por experiencia propia. En el
pasado, salió con un chico que hacía teatro y empezó pagando las cenas para
acabar pagando su alquiler. Para cuando terminó esa relación, Hae-seo se había
graduado con honores en "detectar estafadores sentimentales".
Sin embargo, ¿quién ha salido bien parado
alguna vez por meterse en la vida amorosa de otro? Hae-seo dudó, pero al final,
el deseo de evitar que otro pasara por lo mismo pudo más que su prudencia.
“Creo que sería mejor que no le diera ese
dinero.”
“¿Ah…. sí?” preguntó Greg, sorprendido.
“Esa persona es adulta y, si está estudiando
aquí, debe de venir de una familia que pueda apoyarla. ¿Por qué dice que le
falta para la renta? ¿Quizás le dijo que la estafaron antes de firmar el
contrato?”
“¿Cómo lo sabe? ¿Acaso hay muchas estafas de
contratos de estudios últimamente?”
‘No, es que ese es el manual clásico de los
que viven de estafar a gente buena como nosotros’, quiso decir Hae-seo, pero se
limitó a soltar una risa incómoda.
“Bueno…. no siempre es así, pero si ya le ha
prestado dinero antes, esa persona siente que puede volver a pedirlo. Quien no
tiene reparos en pedir dinero a su pareja acaba pidiendo sumas cada vez
mayores. Así que mejor no lo haga…. si me permite el consejo.”
“No creo que sea esa clase de persona….”
“¡Ah, por supuesto que no todos son iguales!
Solo digo que no pierde nada por ser precavido. ¿Por qué no le pide un
documento notariado? Es mejor dejar las cosas claras. Lo digo porque yo tuve
una experiencia similar….”
Hae-seo se detuvo en seco al darse cuenta de
su error. Si pudiera, se habría tragado sus propias palabras. ‘Con quién estoy
sentado aquí y me pongo a decir estas cosas…’.
“Así que tuviste una experiencia similar.”
La voz de Seol Gong-woo, descendiendo a una
temperatura gélida, cortó el aire como un cuchillo. Hae-seo giró la cabeza con
pesadumbre y vio que el rostro de Gong-woo estaba rígido, con el entrecejo
marcado por una tensión severa.
Era una expresión que Hae-seo nunca había
visto en él en un entorno público. Significaba que Gong-woo había fallado
estrepitosamente en su intento de reprimir sus emociones.
Gong-woo sabía vagamente cómo habían sido las
relaciones pasadas de Hae-seo, pero al ser cosas del pasado, había decidido no
darles importancia. Sin embargo, enterarse de que su pareja había sido el tipo
de persona que se dejaba pisotear hasta el punto de pagarle la vida a un tipo
que le pedía dinero, era algo que no podía ignorar.
“No, es que…. solo le presté un poco de dinero
y…. ¡me lo devolvió! ¡Todo!”
“Si no te lo hubiera devuelto, no sería un
novio, sería un criminal. Debió de gustarle mucho para aceptar peticiones de
ese calibre”, sentenció Gong-woo con dureza.
“Eso es porque….”
Hae-seo no sabía qué decir. ¿Cómo explicarle
que, a veces, prestaba dinero precisamente porque no quería entregar su corazón
por completo y así se sentía más tranquilo?
En realidad, todas las relaciones pasadas de
Hae-seo habían sido así: adaptarse, ceder, dar todo lo que le pedían. Aplicaba
la lógica de que el esfuerzo y el trabajo traen recompensas al afecto; si no
podía dar el mismo nivel de amor, compensaba con una entrega absoluta a los
deseos del otro.
“…En las relaciones pasan muchas cosas.
Entonces era muy joven y no sabía cómo corresponder a los sentimientos de los
demás.”
“¿Acaso alguien busca una recompensa en el
amor? ¿O es que esa persona se la exigía?”, preguntó Gong-woo con un tono
cargado de juicio.
Nada era más fácil que criticar una situación
que uno no comprende. Gong-woo no escatimó en desprecio hacia ese ex
inexistente en la sala, pero al no estar el objetivo presente, sus palabras
acabaron hiriendo a Hae-seo.
“No, no es eso….”
Hae-seo habló con un rostro más atribulado que
nunca. Sabía que Gong-woo estaba enfadado por lo que él había sufrido en el
pasado, pero el crecimiento personal a veces duele. Para el Hae-seo que ahora
era un adulto funcional, aquello era solo una lección aprendida.
Hae-seo no tenía intención de volver a abrir
el diario de su pasado para culpar a nadie. Si había sacado el tema frente a
Greg era únicamente por preocupación genuina, no porque deseara que Seol
Gong-woo revolviera aquellas páginas que él ya había dado por cerradas para
enfurecerse.
“Simplemente, por intentar hacerlo mejor y
adaptarme a todo, cometí ese tipo de errores. Así que…. dejemos este tema aquí,
Levi.”
Hae-seo habló desviando la mirada hacia su
plato de ensalada en lugar de mirar a Gong-woo. Fue una frase lanzada con la
esperanza de que él también comprendiera que debían detenerse en ese punto.
Gong-woo, con movimientos tan impacientes como
su irritación interna, rebuscó en su chaqueta y sacó una pitillera. Si no
estuviera prohibido fumar allí, parecía que habría encendido un cigarrillo en
ese mismo instante.
“Sí. No es algo que se vaya a resolver
hablando aquí, así que he dicho cosas innecesarias.”
“…….”
“Siento haberme entrometido.”
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Su voz, fría y gélida, cayó sobre la mesa como
fragmentos de vidrio roto. A diferencia de la intención de Hae-seo de dar por
terminada la charla, Gong-woo optó por una tregua armada. Debido a esto, todos
los presentes en la mesa observaron a Gong-woo con rostros de absoluta sorpresa
ante aquel repentino altercado.
El problema era que aquel hombre, que solía
ser tan imperturbable que resultaba imposible saber qué pasaba por su mente,
ahora dejaba traslucir sus pensamientos con demasiada claridad.
En su conversación no había aparecido ni una
sola palabra que revelara las raíces de un romance. Sin embargo, el tono, las
miradas, los titubeos y las recriminaciones dispararon la imaginación de los
presentes sobre la existencia de una historia íntima y secreta entre ambos.
¿Qué tan buena —o qué tan mala— debía ser su
relación para que un antiguo jefe se enfureciera de tal manera porque un
exsubordinado hubiera tenido una relación abusiva en el pasado? Todos se
preguntaban si el tiempo verbal entre Hae-seo y Gong-woo era pasado o presente
continuo, pero nadie se atrevía a preguntar. El ambiente era de un silencio
sepulcral, aunque las miradas de los demás eran de lo más inquietas.
“Vaya, parece que al haber sido su jefe
directo, se preocupa mucho por él, ja, ja….”
Fue Simon quien, limpiándose los labios con la
servilleta, intentó salvar la situación haciendo señas a Eden mientras el vino
parecía haberse convertido en un jarabe espeso en la boca de todos.
“¡Qué buena relación tienen! Con Eden también
es así…. ¿verdad?”
“Sí, bueno…. cuando estábamos en Victor, él
siempre cuidaba muy bien de todos los empleados. Tiene una personalidad
excelente…. Greg, ¿usted también lo siente así últimamente?”
La bomba para normalizar el ambiente pasó a
manos de Greg. Sin embargo, Greg no era capaz de recibirla con la misma
naturalidad que Eden. Hacía menos de dos meses que trabajaba con Levi Dubecq y,
siendo su propia vida amorosa la que había provocado la explosión del polvorín,
su mayor preocupación ahora era si había ofendido a su superior.
“P-por supuesto. El señor Dubecq también me
ayuda mucho. Pero…. como fui yo quien sacó el tema…. este ambiente es…. lo
siento mucho.”
“¡No! Fui yo quien habló de más. Siento haber
sido tan entrometido, Greg.”
Hae-seo se disculpó con voz cargada de
autorreproche. Que Gong-woo estuviera tan enfadado y que todos estuvieran
pendientes de sus reacciones era, en última instancia, culpa suya. El error fue
mencionar a la ligera algo que para él ya no tenía significado, sin considerar
que para el hombre que lo amaba, su pasado siempre sería un tema de peso.
“No es nada, Hae-seo. Me gustó que me
aconsejaras. ¡Intentaré resolverlo bien! Me esforzaré por…. romper. En
realidad, ya lo estaba considerando, así que esto me ha servido para pensarlo
en serio.”
“Me alegra que te haya servido.”
“Aun así, Hae-seo, debiste pasarlo mal….”
“Ah….”
Greg se dio cuenta de su error nada más
pronunciar las palabras y se tapó la boca con la mano instintivamente. Intentar
consolar a Hae-seo por su antigua relación era como echar agua fría en lugar de
usar un extintor: solo servía para avivar el fuego.
La expresión de Hae-seo se volvió atribulada.
Gong-woo, por su parte, jugueteaba con la pitillera entre sus manos mientras se
recostaba en la silla con una postura desafiante, como si esperara ver qué otra
revelación asombrosa saldría de la boca de Hae-seo.
Las nubes grises sobre el rostro de Greg se
hicieron más densas. Se sentía como si hubiera borrado por accidente el
documento de un proyecto vital sin haberlo guardado. Se frotó la cara, sin
saber qué hacer.
Finalmente, fue Hae-seo quien rescató al
avergonzado Greg. Con un rostro mucho más sereno que antes, habló con firmeza.
“Fue difícil en su momento…. pero da igual,
porque es algo que ya pasó.”
“…….”
Su expresión y su tono eran tan relajados que
parecía hablar de un incidente sin importancia. Ese era su sentimiento real, y
Hae-seo miró a Gong-woo esperando que él también pudiera percibirlo.
La mirada de Gong-woo estaba fija en algún
punto de la mesa. Al parecer, aquello no era suficiente; su mandíbula seguía
rígida, como quien reprime el deseo de estallar y soltar todo lo que siente.
El silencio volvió a reinar. Todos vigilaban a
Gong-woo, temiendo que soltara otra réplica cortante contra Hae-seo. Eden,
intentando mantener una postura neutral, tomó la botella de vino para rellenar
las copas, pero antes de que el tinto borrara la incomodidad, Hae-seo rompió el
silencio una vez más.
“Me he dado cuenta de algo: cuando el presente
es tan feliz, uno llega a olvidar incluso lo que pasó en el pasado.”
Hae-seo hizo una pausa y volvió a mirar a
Gong-woo. Sintió cómo la mirada fija de él empezaba a moverse lentamente.
“Por eso…. creo que ahora puedo dar consejos a
otros y hablar de ello con facilidad.”
“…….”
“Porque ahora, en lugar de esa persona de la
que ni siquiera recuerdo la cara, tengo a alguien a quien amo de verdad.”
Hae-seo enderezó la espalda y continuó, como
si recuperara el aliento.
“Bueno…. solo decía eso. Señor Gong-woo….”
El nombre de su antiguo jefe, añadido al
final, sonó casi con anhelo. Era un tono completamente distinto al de la
disputa anterior. En esa sinceridad que Hae-seo entregaba con un toque de
distancia profesional, iba incluida su verdad hacia él, como una carta de amor
escondida entre líneas. Abrió la boca con valor, sabiendo que sus palabras
podían sonar como una confesión pública, solo porque quería darle esa
seguridad.
Hae-seo levantó la mirada lentamente. Sus
ojos, que antes se evitaban, finalmente se unieron. Se miraron en silencio, y
en sus pupilas solo cabía la imagen del otro.
Al presenciar ese intercambio, ya nadie se
preguntaba por el tiempo verbal de su relación. Hae-seo y Seol Gong-woo
compartían un presente tan vibrante que era imposible pensar en ellos como algo
perteneciente a un pasado roto o quemado.
“¡Ah…!”
Crash. Mientras aquel silencio cargado de emoción flotaba en el aire,
una botella de vino rodó bajo la mesa. Eden, que de pronto lo había comprendido
todo, dejó caer la botella de la impresión.
“Quítatelo.”
“De verdad que estoy bien….”
Hae-seo miró al hombre sentado en el asiento
del conductor y desabrochó su cinturón con vacilación. Al final, la cena terminó
con Eden derramando vino a chorros sobre los pantalones de Hae-seo.
Aunque solo se había mojado el muslo y podría
haberlo limpiado con agua, al ser una bebida fermentada sentía un ligero picor
en la piel, por lo que no tuvo más remedio que subir al asiento trasero del
coche para quitarse los pantalones.
Click. Al oírse el sonido de la hebilla del cinturón, sintió la
mirada de él a través del espejo retrovisor. Al estar desnudándose así, no pudo
evitar recordar…
Recordó la primera vez que se quitó la ropa
frente a él. En aquel entonces, la mirada de Seol Gong-woo también se deslizaba
sobre su piel como si la lamiera, provocándole una punzada de tensión en el
vientre.
Zipp. Al bajar la cremallera, el relieve de sus calzoncillos se hizo
evidente. Aunque eran una pareja que conocía perfectamente el cuerpo del otro,
desnudarse solo frente a él después de lo ocurrido se sentía extrañamente
incómodo y tenso.
Hae-seo contuvo el aliento, levantó
ligeramente la cadera y bajó los pantalones hasta los muslos. El sonido de la
tela rozando la piel y cayendo al suelo del coche fue seguido por el contacto
de sus muslos desnudos contra el tapizado del asiento.
“Ya está. Me los he quitado.”
“Déjame ver.”
El hombre que hasta hace un momento lo
observaba como un voyerista a través del espejo, se giró de inmediato y le
sujetó la rodilla.
“Ah….”
Su mano grande subió lentamente por el muslo.
A pesar de haberlo limpiado con agua, la piel seguía algo enrojecida y él la
acarició con suavidad. Gong-woo estiró el brazo para abrir la caja de pomada
que había dejado en el asiento del copiloto.
“Te pondré pomada.”
“No hace falta para algo así…. Dámela, me la
pongo yo.”
“Quédate quieto y pon bien el muslo.”
“Entonces, ven aquí atrás. Es incómodo así.”
La postura del hombre, girado desde el asiento
del conductor con solo el torso rotado, no parecía nada cómoda. Sin embargo,
Gong-woo ignoró las protestas de Hae-seo. Simplemente lo sujetó de la rodilla
con su mano firme para atraerlo más hacia él.
“Abre las piernas.”
“¿Por qué…?”
“Tengo que ponerla también por la parte
interna. No te preocupes. Lo que tú quieres te lo daré cuando lleguemos a
casa.”
“Yo no quiero nada.”
Hae-seo respondió así mientras abría las
piernas con desgana, como en una pequeña protesta silenciosa, pero lo hacía con
la cara de un gato que acaba de comer golosinas, observando la reacción de él.
Gong-woo no quiso gastar energías en esa
pequeña riña. Comenzó a aplicar la pomada meticulosamente sobre el muslo de
Hae-seo.
“Dime si te duele. Al ser vino fermentado,
puede escocer un poco.”
“…Tenemos otras cosas de las que hablar aparte
de esto.”
“¿De qué? ¿De que no busque a tu exnovio para
amenazarlo o quitarle su dinero?”
‘Eso no se me había ocurrido…’, pensó Hae-seo,
arqueando una ceja al ver que él seguía con ese tema. De lo que Hae-seo quería
hablar era de su encuentro fortuito de hoy y de las flores que él le había
estado enviando estos días.
“Usted que tiene tanto, ¿para qué quiere
quitarle el dinero a nadie?”
“Porque el pasado no puedo tenerlo. Así que al
menos tendré que arrebatárselo a él.”
Gong-woo habló con un rostro sombrío. Estaba
atrapado en un pasado que no podía poseer, y su voz resonó en el corazón de
Hae-seo como un eco.
Al ver cómo aquel corazón de Gong-woo, que
parecía tan sólido que nada podría pulirlo, se ablandaba y se moldeaba solo por
él, Hae-seo sintió un amor indescriptible. Por un momento, quiso sujetarle el
rostro y besarlo, asegurándole que ni siquiera recordaba el nombre de aquel
tipo. Sin embargo, en lugar de estirar la mano, eligió apartarse con fingida
calma el cabello que le caía sobre la frente.
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Primero debía aclarar lo del encuentro de hoy
y las flores. Se aclaró la garganta y volvió a hablar con voz seria.
“Aparte de eso, tiene muchas explicaciones que
darme.”
“…La selección de la empresa del consorcio era
alto secreto; incluso dentro de SGE solo unos pocos debían saberlo. Por eso no
pude decirte que vendría hoy. Fingir que no te conocía en la reunión era…. lo
normal, ¿no?”
Hae-seo no es que no entendiera la situación
logística, pero podría habérselo dicho esa misma mañana. Sabía que él le había
gastado esa broma para disfrutar de su desconcierto. Ya en sus tiempos en
Scanbic habían ido a viajes de negocios juntos sin que él lo supiera de
antemano, o cuando asistía a seminarios en lugar de Ji Seung-min, el hombre con
el que había tenido sexo hasta el amanecer se sentaba tranquilamente a su lado.
Pero lo de las flores era harina de otro
costal.
“Y algo más. Falta algo.”
“Si te refieres a las flores, soy yo quien
tiene preguntas.”
Seol Gong-woo, cuya mano se había quedado
petrificada mientras acariciaba el muslo, levantó la vista para fijarla en Hyun
Hae-seo. Una sombra de decepción cruzó sus pupilas. Hae-seo, desconcertado por
esa reacción, empezó a dar explicaciones casi por instinto.
“No, es que…. como no ponía el nombre
correctamente, no tuve más remedio que malinterpretarlo.”
“Incluso sin nombre, solo tu pareja usaría un
apodo así contigo.”
“¡Ese apodo es precisamente el problema!
¿Quién se iba a imaginar que alguien me llamaría Sweet…. o algo
parecido?”
“¿Y por eso decidiste repartir todas las
flores que te envié entre los demás? Ni que fueras un niño de las arras en una
boda.”
Su tono denotaba una mezcla de absurdo y una
risa contenida ante la situación. Hae-seo, animado por ese atisbo de humor, se
atrevió a replicar.
“¡Lo hice para proteger mi amor! No sabía
quién las enviaba y el apodo era extraño….”
“Dices que es extraño, pero me parece que no
te conoces lo suficiente.”
“¿Perdón?”
“No hay palabra que te encaje mejor que Sweet
pea. Si eres así de pequeño y tierno.”
Gong-woo explicó con total seriedad por qué
ese debía ser su apodo. Parecía pensar que la sensación que le producía Hae-seo
no era muy distinta a la que siente la mayoría de la gente al ver a un
animalito adorable, como un gato o un cachorro. Estaba genuinamente intrigado
por el hecho de que su amante no se viera a sí mismo como alguien pequeño y
lindo.
Llegados a este punto, Hae-seo no pudo evitar
pensar: ‘¿Será que…. realmente soy tierno?’. Bueno, quizás comparado con un
Beta o un Omega no, pero ¿era algo inevitable para los Alfas verlo así?
Hae-seo parpadeó y, sin darse cuenta, inclinó
el torso para intentar verse en el espejo retrovisor. Al ver su propio rostro
todos los días, le resultaba imposible juzgar si era "tierno" o no.
“Eres tierno aunque no lo compruebes.”
“No es eso, solo que….”
“Ahora, es mi turno de preguntar.”
Hae-seo se acariciaba la cara con gesto
avergonzado cuando Gong-woo aplicó una nueva dosis de pomada. Sus dedos se
deslizaron hacia la parte interna del muslo con un movimiento más lento que
antes. Su voz sonaba contenida, como si reprimiera algo.
“¿Alguna vez sufriste daños económicos,
agresiones…. o amenazas por parte de esa persona con la que saliste antes?”
“No, nada de eso. De verdad….”
“¿Y lo de darle dinero? ¿Estás seguro de que
te lo devolvió?”
“Sí. Se lo presté y me lo devolvió enseguida.
Es la verdad. Después de eso sentí que aquello no estaba bien y rompí con él.”
“Han Young-woo.”
“…¿Eh?”
Al oír ese nombre desconocido salir de la nada,
Hae-seo soltó un sonido de estupefacción. Tardó unos segundos en recordar que
ese era el nombre de su anterior novio, y entonces abrió los ojos de par en
par. No podía creer que Gong-woo mencionara a alguien a quien él mismo ya había
olvidado.
“¿Cómo sabe su nombre?”
“Es actor. Un tipo que vive de haber tenido
suerte con una sola película.”
Gong-woo cerró los ojos con fuerza y frunció
el ceño, como si intentara borrar un recuerdo desagradable. Hae-seo, ignorando
su reacción, apartó la mano de Gong-woo de su muslo y se echó hacia atrás.
“Un momento…. ¿me ha estado investigando?”
“Me enteré por casualidad.”
“Ja….”
Aquella respuesta, que ni siquiera se
molestaba en sonar como una excusa creíble, lo dejó atónito. ¿Qué
probabilidades había de que su actual pareja se enterara "por
casualidad" del nombre de un ex con el que había roto hacía años? Era
menos probable que encontrarse de nuevo "por casualidad" con el joven
de la tienda de artículos religiosos del Marais en cualquier otro rincón de
París. Además, Hae-seo nunca le había mencionado detalles de sus ex ni siquiera
a Han Jin-sung.
Iba a enfadarse y preguntarle por qué perdía
el tiempo en algo tan inútil cuando, de pronto, otro nombre olvidado cruzó su
mente. Lee Si-heon…. ¿Acaso también sabía de él?
“…¿Conoce a alguien más?”
“¿A quién más? ¿Saliste con otro artista? ¿Es
que tu tipo son esos tipos sin talento que solo viven de su cara?”
“No, no es eso. Olvídelo. ¡Pero bueno! ¿Por
qué anda investigando mi pasado amoroso? ¡No vuelva a hacer algo así!”
Hae-seo bajó el tono de voz y habló con
firmeza para que él no siguiera indagando. En realidad, que lo investigara no
le molestaba tanto porque no tenía nada que ocultar y ya habían pasado por mil
cosas antes de ser pareja; su sentimiento era más bien un resignado: ‘Ya está
este hombre otra vez…’.
Sin embargo, aunque Gong-woo supiera de todos
sus novios, no podía enterarse de Lee Si-heon. No solo por la vergüenza de
haber salido con alguien así, sino porque Gong-woo, siendo como era, le daría
una importancia excesiva a su primer amor, aunque solo hubiera sido un comienzo
torpe.
Hae-seo fingió seguir enfadado y se pasó la
mano por el pelo, observando de reojo a Gong-woo. Pensó que lo mejor era zanjar
el tema, pero la expresión de él seguía siendo sombría. Gong-woo volvió a
hablar, con una voz que delataba su agitación emocional.
“No me importa con qué clase de idiotas
salieras antes. Eso ya es pasado.”
“…….”
“Pero si en aquel entonces saliste herido….
entonces siempre me va a importar. No importa si han pasado diez o veinte años,
lo que cuenta es que tú sufriste.”
La honestidad de Seol Gong-woo a menudo dejaba
a Hae-seo desarmado y con un sentimiento de culpa. Si uno miraba su rostro,
juraría que el herido era Gong-woo y no él. Aunque el pasado no se puede
borrar, no era para tanto….
Para Hae-seo, aquello había ocurrido hacía
demasiado tiempo. Para ser sinceros, apenas lo recordaba. Su relación con
Gong-woo no solo había llenado sus vacíos, sino que los había sellado con
felicidad pura.
Pero este hombre no soportaba ni el más mínimo
rasguño en el cuerpo de Hae-seo. Aunque ya no quedara ni rastro de las
cicatrices, él seguía intentando aplicar pomada sobre esas marcas invisibles.
Pero ya no necesitaba pomada. Hae-seo no solo
estaba curado, sino que se sentía más fuerte que nunca. Lo suficientemente
fuerte como para amar a alguien con toda su alma.
Hae-seo acortó la distancia que los separaba y
acarició el rostro de Gong-woo. Quería mostrarle lo sano que estaba.
“El Jefe es el primero.”
“…….”
“La primera persona a la que amo tanto.”
La mirada de Gong-woo, que hasta entonces
vagaba solitaria por el suelo del coche, se dirigió lentamente hacia Hae-seo.
Lo miró con una fijación cargada de un anhelo casi doloroso. Por la ventanilla
se filtraba la luz ámbar de las farolas, iluminando el interior del vehículo.
Esa luz densa fluía como un amor desbordante y acabó cubriendo solo sus
rostros, como si un foco iluminara el escenario donde solo estaban ellos dos.
Quizás por eso, Hae-seo se sintió más seguro
que nunca de que él era el otro gran protagonista de su vida. Quería dedicarle
una confesión a la altura.
“Para ser sincero, me siento un poco mal por
ellos.”
“…….”
“Porque a la única persona a la que he querido
y amado de verdad es a usted. Es la primera vez que me pasa esto…. que todo el
tiempo que pasamos juntos sea tan bueno que quiera guardarlo todo como sea. Me
sorprende que se pueda querer tanto a alguien….”
Decir "te amo" le salía de forma tan
natural como comer juntos cada día o tomar su mano, pero confesar que él era
"el primero" le resultaba extrañamente vergonzoso. Porque al ser la
primera vez, se sentía torpe, pero también porque eso lo hacía mucho más especial.
Incapaz de sostenerle la mirada, Hae-seo bajó
los ojos hacia la nuez de Adán de Gong-woo. En ese momento, al verla moverse
como una marea suave, pensó: ‘¿Cómo puede ser tan atractiva una nuez de Adán?’.
Era una admiración absurda.
Se dio cuenta de que se estaba enamorando de
él otra vez de forma repentina e irremediable. El rostro de Hae-seo se encendió
de un rojo visible incluso en la penumbra del coche. Seol Gong-woo era el tipo
de hombre que podía hacer que Hae-seo ardiera con solo mover el cuello.
Un aire cargado de un temblor nuevo y de una
tensión sexual familiar flotaba entre ambos. Al separar ligeramente su mano del
asiento de cuero, el sudor acumulado provocó un leve sonido de succión.
Hae-seo levantó la mirada hacia Gong-woo con
el rostro encendido. La nuez de Adán de él volvió a moverse y, en ese instante,
sin saber quién empezó, sus labios se encontraron.
Sus dientes chocaron levemente y un pequeño
gemido escapó de sus bocas. Aun así, no se separaron.
Para profundizar el beso, la mano de Gong-woo
sujetó la nuca de Hae-seo y presionó. Como alguien que desea introducir algo en
lo más profundo, Gong-woo abrió la boca y empujó su lengua y su saliva en el
interior de Hae-seo.
“Ah….”
“Haa….”
Los gemidos quedaban atrapados en sus bocas,
incapaces de escapar. Sus respiraciones agitadas caían sobre ellos como un
aguacero, ansiosos por pasar al siguiente nivel.
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Cuando Hae-seo empezó a frotar la camisa sobre
el pecho de Gong-woo, este introdujo su mano con más profundidad en la parte
interna del muslo de Hae-seo.
“Ah…. es-espera.”
“…¿Qué pasa?”
Con la mirada nublada por el deseo, el hombre
acarició lentamente el escroto y el perineo de Hae-seo, atrapados en su ropa
interior, mientras soltaba un suspiro pesado.
Aunque preguntó el motivo, parecía que su
botón de "stop" se había estropeado; volvió a pegar sus labios a su
rostro, recorriéndolo con urgencia. Gong-woo deseaba que Hae-seo pulsara el
botón de inicio de inmediato.
Pero, lamentablemente, los cristales de los
coches en esta ciudad eran menos oscuros que en Corea, y se encontraban en una
de las rutas obligadas para quienes querían ver la Torre Eiffel.
“Vamos a casa.”
“…….”
“Rápido….”
*
Con un sonido húmedo, las piernas de Hae-seo
se abrieron aún más. El asiento del coche chirrió, amortiguando el eco de la
fricción viscosa que provocaban los dedos del hombre al entrar y salir
rítmicamente.
“¡Ah, hht…!”
“No te guardes el sonido.”
Aunque la intención original era esperar a
entrar en la casa, en el momento en que sus ojos se encontraron tras aparcar en
el garaje, Gong-woo desplazó el asiento del conductor hacia atrás para ganar
espacio. Hae-seo, como si fuera atraído por un imán, acabó sentado a horcajadas
sobre sus muslos.
Gracias a la pomada que le había aplicado
antes, quitarse los pantalones fue un proceso rápido; deshacerse de los finos
calzoncillos fue igual de sencillo. A medida que la ropa caía, Hae-seo sentía
que el aire se impregnaba de un aroma a vino que lo hacía reír con una
embriaguez que no venía del alcohol. Sin embargo, incapaz de procesar cómo
habían terminado en esa posición, Hae-seo se esforzaba por tragarse los gemidos
que escapaban de sus labios.
“¿Ha entrado…. hasta aquí?”
“Ugh….”
Los dedos medio y anular, gruesos y firmes, se
internaron superficialmente en la entrada que palpitaba, acariciando las
paredes internas. Los dedos de Seol Gong-woo estaban más resbaladizos que nunca
debido a la pomada acuosa de tipo gel que aún impregnaba sus yemas.
Hae-seo, como si estuviera cumpliendo un
castigo, mantenía las rodillas y los brazos tensos, apoyando las palmas contra
el techo del coche mientras elevaba la cadera para recibir la intrusión. Todo
había comenzado con una confesión impulsiva en medio del calor de los besos.
‘La verdad es que…. es la primera vez que dejo
que alguien entre tan profundo.’
‘…¿Es tu primera vez en el sexo?’
‘¡No, eso no! Es la primera vez que la
penetración es tan profunda. Casi nunca practicaba el coito con inserción….’
Se había dejado llevar por el ambiente y
terminó soltando aquello, preocupado por la irritación de Gong-woo hacia esos
exnovios de los que Hae-seo ya ni recordaba el rostro. Todos sus amantes
anteriores habían sido Alfas, y lo que ellos buscaban era la humedad natural de
un Omega, no la entrada estrecha y seca de un Beta. La penetración solía fallar
tras un par de intentos cuando estaban ebrios o demasiado ansiosos, terminando
siempre en masturbación mutua. Por eso, este hombre que exploraba y saboreaba
cada rincón de su interior le resultaba tan especial.
Sin embargo, sus palabras, destinadas a
hacerle saber lo único que era, derivaron en una verificación implacable.
“¿Y aquí? Si empujo hasta este punto, se abre
así…. ¿Esto es por experiencia?”
“¡Uuht…!”
“Dices que soy el primero, pero se expande
demasiado bien.”
Gong-woo separó el dedo anular del medio
dentro de él, estirando la entrada de forma horizontal y haciendo que los
pliegues exteriores vibraran con un ligero temblor. El placer, tan familiar
como extraño, hizo que su boca se abriera imitando la forma de su entrada,
dejando escapar gemidos agudos. Sabía perfectamente con qué terminaría Gong-woo
taponando ese espacio una vez que los dedos se retiraran.
La expectativa se infló como una bola de
nieve, aplastando sus sentidos con la forma del placer puro. Cada vez que esa
sensación estallaba, Hae-seo sentía que era succionado hacia otro mundo.
Bajó las manos y las apoyó sobre los brazos de
Gong-woo, usándolos como soporte para mover la cintura lentamente. Los dedos
que merodeaban y rascaban cerca de la entrada lo impacientaban. Deseaba que
tocara algo más profundo; mejor dicho, deseaba que una carne más gruesa y
grande raspara sus paredes internas.
“¡Ah!”
Esta vez, todos los dedos excepto el meñique
se hundieron en su interior. La entrada, antes estirada horizontalmente, cambió
su forma a un círculo perfecto. Los dedos entrelazados imitaban la forma de un
miembro viril mientras el meñique, que quedaba fuera, empezaba a rozar el
perineo.
“¡Ha…! ¡Uuht!”
“Mueves la cintura con tanta naturalidad
cuando te penetro…. ¿seguro que soy el primero?”
“¡E-heup…!”
“Ah…. ¿acaso no usaste hombres, sino solo
dedos? ¿O quizás bolígrafos? Con razón te veías tan experto lamiendo y
succionando la pluma desde el principio.”
Gong-woo soltó una risa oscura y hundió los
dedos aún más, como si quisiera meter el dorso de la mano. Al sacudir la muñeca
con movimientos cortos, la entrada se tensó tanto que los pliegues
desaparecieron, provocando una mezcla de dolor y placer absoluto.
“Huuu…. ¡uhm!”
La excitación llenó sus pulmones y salió
expulsada en forma de jadeos entrecortados. Cada vez que él giraba la muñeca,
Hae-seo sentía que se iba a desgarrar. Pero más que el dolor del desgarro, eran
los cuatro dedos raspando su interior lo que lo desesperaba. El dolor se
transmutaba en placer y su cuerpo temblaba; su propio miembro ya estaba a media
asta. La sangre se agolpaba delante y detrás, restándole fuerza incluso a los
dedos con los que sujetaba los brazos del hombre.
Hae-seo se sintió vulnerable, aplastado por un
deseo animal. Su torso se desplomó sobre el volante y los dedos de Gong-woo
salieron de golpe.
“Haa…. ha….”
“Levanta más el trasero.”
Gong-woo sujetó la cintura de Hae-seo y empujó
su torso hacia el parabrisas. Así, su rostro quedó a la altura de las nalgas de
Hae-seo. Como si hubiera estado esperando ese momento, ladeó la cabeza y hundió
la lengua con fuerza en la entrada que aún palpitaba abierta.
“¡Huat!”
Al sentir la lengua caliente y blanda
empujando suavemente, la cintura de Hae-seo dio un respingo de sorpresa.
Gong-woo acarició su espalda con la palma de la mano para calmarlo mientras
profundizaba la lamedura. Su lengua era el órgano que mejor sabía maniobrar en
la entrada de su amante Beta.
“¡Ah, hht!”
Era una sensibilidad de una dimensión distinta
a la de los dedos. La cintura de Hae-seo subía y bajaba, lo que provocó que
terminara ofreciendo su entrada con más ahínco contra el rostro de Gong-woo.
Este, a propósito, hacía ruidos húmedos y obscenos mientras succionaba.
El hombre que jamás hacía ruido al comer, se
comportaba como alguien que nunca hubiera aprendido modales cada vez que lamía
el miembro o la entrada de Hae-seo. Abría la boca más que nunca y devoraba todo
con sonidos impúdicos. Para él, lamer ese lugar era como degustar el manjar más
exquisito del mundo.
“Uuuuu…. ¡hht! ¡Ah!”
Con un sonido de succión potente, utilizó la
presión de su boca para aspirar la entrada. La mucosa interna se contrajo
dolorosamente, como si quisiera salir hacia afuera. La lengua deslizándose por
ese camino estrecho le hacía sentir cosquillas en todo el cuerpo, como si le
lamiera las entrañas. El calor le pinchaba la piel como agujas y veía destellos
de luz frente a sus ojos.
Lo que más ardía, por supuesto, era su
miembro. La punta del glande empezó a contraerse y el meato urinario a
dilatarse. En ese estado, era evidente que en pocos segundos derramaría su
semen sobre el volante. Desde la marca, eyaculaba cantidades inusualmente
grandes, lo que duplicaba su vergüenza.
“¡Pa-para…!”
Hae-seo estiró la mano hacia atrás para
empujar la frente de Gong-woo. Fue un gesto desesperado, pero el hombre
respondió separando más sus nalgas y rascando con los dientes el borde
exterior.
“¡Hhht!”
En ese instante, las emociones atadas por la
razón se desmoronaron por completo, dejando que solo los instintos brotaran de
su boca.
“Me gusta. Joder, mucho…. ¡uht! ¡Ahí, más…!”
Cada vez que él amasaba sus nalgas, la carne
se separaba y se unía rítmicamente. El aire frío que chocaba contra su entrada
le provocaba escalofríos. Le gustaba tanto la sensación de cada célula interna
siendo acariciada que, temiendo que el sentimiento se escapara, Hae-seo empujó
su cintura hacia atrás instintivamente.
Las venas de su miembro vibraron y su sexo,
aplastado contra el volante, dio una sacudida. El glande se dilató y,
finalmente, el semen brotó a borbotones. Una vez más, la cantidad fue tal que
empapó el volante y creó un pequeño charco en la alfombrilla del suelo.
“Haa…. haa….”
“¿No ha sido una eyaculación demasiado
rápida?”
El hombre levantó la cara lentamente y, como
si no fuera suficiente, lamió la línea que dividía el escroto y succionó el
punto sensible del perineo. El miembro de Hae-seo, que había quedado flácido
tras eyacular, volvió a tensarse y a erguirse.
Parecía que todas las teorías médicas sobre
que el placer físico es solo un punto fugaz de felicidad eran mentira. Si no,
no había forma de explicar este placer, a menos que este hombre tuviera algún
tipo de afrodisíaco en la lengua.
Hae-seo bajó la cabeza sumido en una extraña
autoconmiseración. Nunca se había considerado una persona promiscua, pero desde
que estaba con Seol Gong-woo, sentía que no podría rebatir a nadie que lo
llamara hedonista. Incluso ahora, estaba permitiendo que el hombre siguiera
presionando sus labios contra su perineo.
En un débil intento de resistencia, habló
hacia Gong-woo.
“Ya…. deje de lamer.”
“Aquí huele a mí.”
Aquella frase inesperada hizo que todo su
cuerpo se tiñera de carmesí. ¿Cuánto tiempo debía haber estado lamiendo para
que dijera eso? A pesar de lo inapropiado de la situación, un deseo absurdo
cruzó su mente: ‘¿Entonces en otras partes no se siente mi feromona? Me
gustaría que se sintiera….’
Casi suelta un: ‘entonces lama otras partes
también….’, pero recobró el sentido común y empezó a deslizar su cintura
hacia adelante para alejarse. Si seguía aceptándolo todo, acabaría siendo un
esclavo del deseo. Al menos uno de los dos debía mantener la cordura para
equilibrar la relación.
Justo cuando intentaba escapar hacia el
parabrisas para establecer una relación de pareja "saludable", una
mano nada saludable lo rodeó por la cintura y lo atrajo con fuerza.
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“¡Uat!”
Sus nalgas aterrizaron de nuevo sobre los
muslos de él. El hombre soltó un leve quejido y empezó a frotar su miembro
entre la división de las nalgas de Hae-seo.
“My Sweet pea….”
“Ah….”
El tono excesivamente dulce de su voz hizo que
los ojos de Hae-seo se humedecieran. Entre el roce suave de su miembro contra
la entrada, el perineo y el escrotó, no había rincón en el cuerpo de Hae-seo
que no estuviera encendido.
De pronto, pensó: ‘¿Qué debo responder cuando
me llama así?’. Llamarlo igual parecía injusto, considerando que este hombre
era "demasiado grande" como para ser un guisante dulce.
Mientras Hae-seo dudaba intentando mantener la
objetividad, el miembro de Seol Gong-woo se abrió camino en la estrecha
entrada, dilatándola con un empuje apretado.
“¡Ah! De re…. ¡auht!”
“Eres tan adorable en todo lo que haces que no
hay otro nombre que te quede mejor.”
“Es-espera…. ¡uuht! ¡Vayamos…. adentro!”
“Ya estoy entrando.”
Gong-woo fingió malinterpretar sus palabras a
propósito y empujó su cintura hacia arriba con suavidad. A diferencia de su
rechazo verbal, la entrada de Hae-seo se contrajo con fuerza alrededor de su
miembro, como si diera la bienvenida a un invasor familiar.
Las paredes internas se adhirieron al tronco
de su sexo, impidiéndole cualquier movimiento libre. “Mierda”, masculló
el hombre entre dientes antes de empezar a girar la cintura lentamente. El
interior era como un bosque de enredaderas estrecho y húmedo. A medida que el
gran miembro exploraba ese bosque con movimientos circulares y delicados, la
boca de Hae-seo se abrió de par en par, dejando salir un gemido ronco.
“¡Ah… ha! ¡Hhht!”
Por mucho que la influencia de las feromonas
tras la marca facilitara la apertura de la entrada de un Beta, si el miembro de
la pareja tenía un tamaño tan anormal, esa ayuda resultaba insuficiente.
Hyun Hae-seo, en un acto reflejo por escapar
de la intensidad, levantó la cintura y estiró las manos hacia el parabrisas. Tack.
Sus palmas chocaron contra el cristal empañado por el aliento de ambos,
limpiando apenas un rastro circular que revelaba el exterior.
“¿A dónde vas?”
“¡Auht!”
Su cintura fue apresada de nuevo y aterrizó de
golpe sobre los muslos del hombre. El dolor subió por su columna, tiñendo sus
ojos de un rojo acuoso. A través del pequeño hueco limpio en el vidrio, vio con
nitidez el garaje con la persiana bajada.
Aunque fuera un garaje privado, tener sexo
allí fuera era extremadamente arriesgado. Los haces de luz de otros coches que
se filtraban ocasionalmente por las rendijas de la puerta hacían que Hae-seo se
sintiera aún más ansioso.
Sin embargo, para su amante, la ansiedad era
una emoción que parecía haber sido borrada de su código genético al nacer.
Gong-woo observaba el garaje, perfectamente visible a través de la marca de la
palma en el cristal, mientras retiraba su miembro para volver a hundirlo con
fuerza en la entrada.
“Dijiste que yo era el primero en follarte así
de profundo.”
“Hhht…. ¡Ah! ¡Haa…!”
“Te voy a penetrar así de hondo todos los
días, tanto como quieras.”
¡Puck! El cuerpo de Hae-seo se sacudía débilmente con cada embestida.
Con gemidos roncos, Gong-woo comenzó a mover la cintura en serio. Se movía sin
descanso, como si su respiración fuera a detenerse si dejaba de arremeter
contra Hae-seo.
Cada vez que su sexo entraba y salía, se
escuchaba un chapoteo viscoso, y cada vez que golpeaba sin piedad hacia arriba,
sus muslos chocaban con un sonido húmedo. El placer, alimentado por el oído y
el tacto, era un éxtasis creado solo por ellos dos. En ese estado, el dolor se
volvía una sensación inútil. Empezaron a explorarse con una mezcla de calma y
obscenidad. Un deseo negro y denso, como el alquitrán, los mantenía pegados el
uno al otro.
“Haa…. uht.”
“Ha….”
El interior de su entrada ardía con un calor
abrasador. Cada vez que él golpeaba su próstata, el miembro de Hae-seo, pegado
a sus abdominales, vibraba en la punta como si fuera a explotar. Sentía el
deseo urgente de eyacular, pero al mismo tiempo, quería seguir siendo aplastado
por él. Hae-seo abrió más las piernas para intentar retrasar el clímax.
“¡Es-espera…! La postura…. ¡aeuk!”
Pero, contrariamente a su intención, sus
piernas fueron abiertas de par en par y sus muslos elevados. Gong-woo había
enganchado sus brazos tras las corvas de Hae-seo para exponerlo completamente.
Y no se detuvo ahí. Gong-woo estiró la mano de
repente y ajustó el ángulo del espejo retrovisor. Como si la lente de una
cámara empezara a grabar, el espejo comenzó a reflejar el espacio entre las
piernas abiertas de Hae-seo.
“¿Por qué….? ¡Hhht!”
“Dijiste que querías guardar todos los
momentos conmigo.”
“Es-eso es…. ¡Ah!”
“Mira bien qué tan profundo se clava lo mío
aquí dentro.”
“No quiero…. ¡umph!”
Hae-seo intentó girar la cara por la
vergüenza, pero él le sujetó la mandíbula, obligándolo a mirar el espejo. En el
reflejo, vio de forma obscena su propia entrada aceptando con dificultad el
miembro de Gong-woo, hinchado y de un color rojizo. Los músculos circulares se
dilataban y contraían rítmicamente con cada estocada. Splash, splash.
Cada vez que él entraba, Hae-seo sentía flores de placer brotando en su cuerpo
como madera absorbiendo agua.
Quería apartar la vista, pero Hae-seo terminó
observando hipnotizado el punto de unión. Su propio sexo, erecto contra su
abdomen, palpitaba a punto de estallar. Y justo debajo, cada vez que el miembro
de Gong-woo se movía, el punto sensible del perineo por el que este hombre
estaba obsesionado aparecía y desaparecía tentadoramente.
“Ah…. haaa….”
¿Había dicho él en Maldivas que quería grabar
esto? Para su propia sorpresa, Hae-seo se quedó prendado de su propio punto
sensible a través del espejo. Ver esa parte de su cuerpo que solo reaccionaba
así con él encendió una chispa de excitación brutal.
Sin darse cuenta, soltó un jadeo ansioso y
movió la cintura para ver mejor, justo en ese instante…
Screech. El sonido de neumáticos rozando el suelo y una luz filtrándose
lo interrumpieron.
“Parece que Joseph ha llegado.”
“Haa…. ha….”
El dueño del garaje de al lado era Joseph, el
veterinario de Jerry que vivía en el piso de abajo. Hae-seo lo conocía bien;
incluso Luke, el Golden Retriever de Joseph, era tan sociable que siempre
corría a saludar a Hae-seo con entusiasmo.
[Vamos, Luke.]
Se escuchó el beeeep del cierre
centralizado y el jadeo animado de Luke. Por la ubicación del garaje, Joseph y
Luke tenían que pasar justo por delante para ir al ascensor. Hae-seo tuvo que
contener el aliento.
Pero entonces…
“¡Auht!”
Gong-woo empujó de repente hacia arriba,
golpeando la próstata de lleno. El ataque, pillándolo desprevenido, hizo que un
gemido escapara sin control. Hae-seo se tapó la boca con urgencia y forcejeó
para detenerlo, pero Gong-woo, como si quisiera que los descubrieran, empezó a
masajear la próstata con la punta de su glande de forma obsesiva.
“Haa…. ¡umph!”
“Shhh…. ¿Acaso quieres tener audiencia?”
“¡Ah…! ¡Para… hht!”
¡Woof! Naturalmente, un animal con el olfato y el oído tan
desarrollados no iba a ignorar aquel movimiento. Detectando algo extraño, Luke
trotó con sus patas pesadas hasta la puerta del garaje de ellos y empezó a
olfatear frenéticamente la rendija.
La voz de Joseph llamando a Luke se mezcló con
el ruego desesperado de Hae-seo.
[¡Luke!]
“¡Por…. favor!”
Pero en estos asuntos, Gong-woo no era un
hombre que aceptara ruegos. En lugar de frenar, empezó a penetrarlo
describiendo círculos muy lentos. El problema era que la entrada de Hae-seo, ya
dilatada por las embestidas rápidas, no podía sino reaccionar intensamente ante
esa lentitud.
Sentía cada pliegue de su pared interna
abriéndose paso ante el grosor. Era agonizante. Deseaba que él llenara todo el
fondo rápidamente y estimulara su punto más profundo.
Hae-seo jadeó y, sin querer, su entrada empezó
a succionar rítmicamente el miembro. “Ha…”. Gong-woo soltó un gemido que
sonó casi como una risa ahogada al sentir cómo las paredes internas lo
atrapaban con fuerza.
Pero eso fue todo. Gong-woo tenía una
paciencia infinita cuando se trataba de Hae-seo. Disfrutando de la presión
interna, sacudió la cintura levemente y mordisqueó la nuca de su amante.
“Dices que pare, pero estás así de ansioso.”
“…Hht…. solo, rápido….”
Sentía el miembro de él latiendo de excitación
dentro de sí. Ese pulso se transmitió a todo su cuerpo, haciendo que Hae-seo
palpitara como si fuera un corazón gigante. Con los sentidos tan agudos que le
dolía hasta la punta de la lengua, cerró los ojos, solo para sentir cómo él
lamía su lóbulo.
El olfateo de Luke, sus pasos. Y la lengua
lamiendo su oreja como un perro. Parecía que el hombre se había convertido en
un canino que lo estaba devorando. Fue entonces cuando escuchó su voz baja.
“¿Cómo quieres que lo haga ahora?”
“Haa…. solo, normal…. muévase normal.”
“Entiendo. Haré lo que quieras. Pero antes.”
“…¿Antes?”
“Permíteme cumplirte otro deseo.”
¿Otro deseo? Hae-seo no entendía. Además, la
forma en que lo dijo —permitirle cumplirlo— era muy extraña. Se giró con
cara de desconcierto buscando una explicación, pero Gong-woo le sujetó la
mandíbula y fijó su vista de nuevo en el espejo retrovisor. El espejo seguía
mostrando con claridad la unión de sus cuerpos.
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“Esta mañana me preguntaste por qué mi coche
no tenía cámara de salpicadero.”
“…¿Perdón?”
Era una pregunta que no encajaba para nada con
la situación. Iba a replicar, pero entonces recordó la conversación de camino
al trabajo.
‘¿Este coche no tiene cámara? No veo ninguna…’
‘Ah, mi coche es…’
En ese momento, Gong-woo no respondió
directamente. ¿Qué tenía que ver eso con un deseo ahora? Hae-seo miró la
superficie del espejo retrovisor, que brillaba más que nunca.
“…….”
El sexto sentido es el que detecta la ansiedad
en áreas que los otros cinco no alcanzan. Las pupilas de Hae-seo empezaron a
temblar.
“No me diga que eso….”
“¿Ves la lente en la parte inferior del
espejo?”
“¡¿Qué?!”
“Como mi coche tiene buenos extras, creo que
puedo cumplir tu deseo inocente de guardar cada momento que pasamos juntos.”
Hae-seo estuvo a punto de saltar del susto,
gritando sin querer. Era absurdo que la cámara estuviera oculta en el marco del
espejo, pero que además de grabar el exterior, grabara el interior… ¿quién
podría haberlo imaginado?
¿Y cumplir su deseo? Aquello era una locura.
Sí, ese había sido su deseo, pero el "cumplimiento" de Gong-woo no
era blanco y puro; era una fantasía sexual oscura y obscena.
Hae-seo intentó empujarlo para protestar. Sin
embargo, cada vez que se movía, Luke gemía y daba vueltas intentando
encontrarlo, incluso metiendo el hocico por la rendija como si fuera a levantar
la persiana.
“Solo dime una frase: que puedo seguir
guardando el tiempo que pasamos hoy.”
“De verdad, se ha vuelto loco. ¡Lo ha hecho a
propósito!”
“Parece que estás tan excitado que no
recuerdas que fuiste tú, Hae-seo, quien se subió a mis muslos hoy.”
Mierda. El insulto casi sale de su boca. Como él decía, en cuanto sus
ojos se cruzaron, Hae-seo se había subido a él voluntariamente por la
excitación. Incluso Gong-woo había sugerido entrar a casa, y fue Hae-seo quien
lo asaltó metiéndole la lengua.
Haa…. ¡Pero tendría que haber dicho que había una cámara! Aunque
pensándolo bien, ¿qué coche particular tiene una cámara interna? Esto no era un
taxi.
“¿Qué vas a hacer? Aquí abajo parece que
tienes prisa…. Yo puedo echar a ese perro y llenar este lugar hasta que quedes
satisfecho.”
Su voz era tan tentadora como la serpiente
ofreciendo la manzana prohibida. Sin detenerse, Gong-woo acarició lentamente el
borde de su entrada dilatada y el punto del perineo.
[Luke. Si sigues metiendo la cabeza así, vas a
desbloquear el cierre. Un momento, ¿esto se ha quedado abierto?]
Sintió que Joseph, que estaba un poco alejado,
daba un paso más hacia la puerta mientras Hae-seo debatía internamente. Se le
secó la boca y sintió los oídos taponados por la tensión. Joseph, ajeno a lo
que ocurría dentro, sacudió la puerta del garaje.
En ese estado, era muy probable que Joseph
abriera la persiana pensando que estaba mal cerrada para pulsar el botón de
bloqueo interno.
Parecía que en este mundo nada se obtenía sin
sacrificio. Hae-seo cerró los ojos con fuerza. Lo mejor que podía hacer ahora
era aceptar aquel deseo corrompido.
“¿Cómo va a hacer que se vaya?”
Al sentir cómo incluso las paredes internas de
Hae-seo temblaban por la tensión, Gong-woo frunció el ceño y soltó un suspiro
pausado.
Con el permiso concedido, tomó su teléfono de
la consola central y movió los dedos rápidamente. Al instante, se escuchó la
voz sorprendida de Joseph.
[Ah, Luke…. vamos. ¡Basta! ¡Ven aquí!]
Los pasos que se escuchaban eran rápidos,
delatando una urgencia inusual. Joseph, prácticamente arrastrando a Luke,
corrió hacia el ascensor. Al escuchar que los sonidos se alejaban, Hae-seo
volvió el rostro hacia Gong-woo con una expresión aturdida.
“¿Cómo…?”
“No creo que eso sea lo importante ahora.”
En el momento en que la voz grave del hombre
se filtró en su oído, Gong-woo comenzó a mover la cintura con una velocidad
aterradora, como un pistón implacable.
Su miembro, que entró de golpe, machacó su
próstata de inmediato, provocando que Hae-seo sintiera un placer tan violento
que su visión se nubló. Parecía que él también había contenido demasiado sus
impulsos, pues sus movimientos eran más feroces que nunca. Como si estuviera
recibiendo un castigo por una falta cometida, sus nalgas se sentían ardientes y
las corvas de sus piernas, apresadas por las manos de Gong-woo, parecían a
punto de quebrarse.
“¡Ha-uht! ¡Uuuh!”
“Haa….”
“Des… ¡despacio…!”
“Mira a la cámara y di mi nombre.”
“Uuugh…. Gong…. ¡hhht!”
“Hazlo bien. ¡Huuu…!”
“¡Uuugh…! Gong-woo…. señor…. Gong-woo….
¡uuuuuht!”
Las voces de ambos se entrelazaron de forma
caótica entre gemidos. El hombre, habiendo obtenido lo que deseaba, empezó a
devorar cada centímetro del rostro de Hae-seo. Mientras su parte inferior era
sacudida sin piedad, sus labios eran sellados por besos voraces que no dejaban
espacio para el aire.
‘Me voy a volver loco…’. Su corazón latía con
una rapidez demencial, como si se hubiera dilatado demasiado. Hae-seo, con un
esfuerzo supremo, giró la vista hacia el espejo retrovisor. La pantalla, que
mostraba un primer plano de su unión, parecía una auténtica película
pornográfica.
Su entrada, totalmente abierta, tragaba el
miembro hasta la raíz y lo expulsaba repetidamente. Con cada embestida, el
escroto se balanceaba y el punto sensible del perineo, convertido en un punto
carmesí, se hinchaba de forma prominente.
¿Para qué querría grabar esto? ¿Acaso planeaba
masturbarse viéndolo? Al llegar a ese pensamiento, una visión se proyectó ante
sus ojos como si fuera un cortometraje con técnicas de flash-forward.
‘Hae-seo…. Hyun Hae-seo….’
Vio el ceño fruncido de Gong-woo, su mandíbula
rígida, las venas de su cuello marcadas y sus manos grandes moviéndose con
rapidez sobre su propio sexo. Imaginar el rostro del hombre alcanzando el
clímax a solas mientras lo miraba a él en el video, lejos de avergonzarlo, le
provocó una excitación que lo hizo temblar.
Sí. No estaba mal tener algo así. No le
molestaba que él estuviera tan obsesionado con su cuerpo; incluso sentía
ternura por aquel hombre que intentaba saciar su hambre de esa manera.
Con ese pensamiento, su mano, que antes
colgaba lánguida, bajó con timidez. Hae-seo, queriendo lucir como un
protagonista digno en el video de él, subió su propio escroto y empezó a
acariciarse con suavidad, como si se masturbara. Sus yemas se tiñeron de rojo
mientras su cuerpo se sacudía por un placer basado en la pura vergüenza. Jamás
habría imaginado que terminaría haciendo algo así frente a un espejo.
No se limitó a tocarse; acarició deliberadamente
su punto sensible y rozó el borde exterior de su entrada totalmente dilatada,
mientras echaba la cabeza hacia atrás para pegar su rostro al de Gong-woo.
“Más profundo…. hágalo más profundo. ¡Hhht!”
La respiración de Gong-woo se aceleró aún más.
Hae-seo estiró la otra mano para acariciar su mejilla. Como si ese gesto fuera
la señal definitiva, Gong-woo tensó los músculos de su mandíbula y soltó un
gemido gutural, alcanzando el clímax del video.
“¡Uht…!”
Su entrada se expandió hasta el límite del
desgarro mientras el semen caliente empezaba a inundarlo. Su vientre bajo
tembló como si estuviera engullendo la eyaculación de él. Gong-woo, para evitar
que el líquido se escapara, dejó que su raíz se hinchara al máximo, taponando
la entrada mientras seguía moviendo la cintura levemente.
El semen que no pudo quedar atrapado goteó
entre la unión de sus cuerpos. Aun así, Hae-seo sentía que sus paredes internas
se derretían empapadas en él. Con el cuerpo flácido y una sensación punzante,
el miembro de Hae-seo también expulsó su carga. Su sexo, que vibraba
débilmente, estaba rojo hasta la base.
Sintiéndose expuesto, intentó cerrar las
piernas, pero Gong-woo acarició su miembro enrojecido varias veces para relajar
el temblor. Su toque no era puramente sexual, sino que recordaba al cuidado de
un adulto que intenta aliviar el dolor de un niño pequeño con mal de estómago.
Sin embargo, lo que escapó de los labios de Hae-seo fue un gemido que aún
conservaba el calor de la excitación.
“Huum…. ah….”
“Haa….”
Como si compartieran el dulce sopor tras el
orgasmo, ambos buscaron los labios del otro para respirar el mismo aire. Sus
lenguas se rozaron suavemente, intercambiando alientos agitados. Gong-woo,
recuperando el aliento poco a poco, acarició el rostro de Hae-seo.
“¿Qué se siente al ver cumplidos dos deseos a
la vez?”
“…Solo por esta vez.”
“Está bien. Guardaremos solo este video de
nosotros en el coche.”
Haa…. Justo cuando Hae-seo iba a girar la cabeza para reclamar si eso
significaba que pensaba grabar en otros lugares, el miembro de él salió un poco
para volver a entrar con facilidad, ayudado por la lubricación del semen.
Hae-seo cerró y abrió los ojos al sentir cómo
su interior volvía a ser llenado por esa carne húmeda. Con cada pequeño
movimiento de él, el semen acumulado dentro producía un sonido chapoteante y
creaba burbujas. La sensación del líquido deslizándose por su perineo le
provocó escalofríos. El miembro de Gong-woo se hundió tanto que Hae-seo pudo
ver desde fuera cómo su vientre se abultaba siguiendo la forma de la intrusión.
Apretando los dientes por la mezcla de placer
y agotamiento, Hae-seo suplicó:
“¡Ya, hagámoslo en casa…!”
“Ya grabamos lo de abajo, ahora tiene que
salir tu cara también, ¿no crees?”
“¡Qué…!”
La luz de los faros de otro coche que pasaba
por la rendija del garaje iluminó la blancura del cuerpo desnudo de Hae-seo.
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Gong-woo ajustó una vez más el ángulo del
espejo retrovisor. Ahora, el espejo capturaba el rostro encendido de Hae-seo y
al hombre que, con los ojos igualmente enrojecidos, soltaba jadeos pesados.
Seol Gong-woo no se detuvo hasta que la luz azulada del amanecer iluminó con total
claridad cada rincón de su entrega.
<Sweet pea> fin.
