1. Sweet pea

 


1. Sweet pea

La primera vez que Hyun Hae-seo conversó con aquel hombre fue un día de hacía una semana, cuando visitó una tienda de artículos religiosos cerca del Sena.

El joven, de una impresionante cabellera rizada color bronce, era una persona sumamente sociable que hablaba un inglés mezclado con acento italiano. Su sociabilidad era tal que, si veía a alguien en la tienda mirando a su alrededor como si buscara algo, se acercaba sigilosamente para ofrecerle guía. Incluso cuando Hae-seo buscaba un rosario, apareció de repente a sus espaldas.

‘¿Busca un rosario rojo? Si es así, debería ir a la tienda de artículos religiosos que está en la isla de San Luis.’

Qué entrometido. Esa fue la breve impresión de cinco minutos que Hae-seo tuvo del muchacho. Al salir de la tienda cinco minutos después, borró de su memoria al joven —convencido de que no volverían a verse— y solo registró en su mente la información sobre la isla de San Luis. Sin embargo, la casualidad es algo que le ocurre a los seres humanos de vez en cuando, como tener un sueño ruidoso por la noche. Hae-seo volvió a encontrarse con esos cinco minutos de recuerdo olvidados cuando visitó una cafetería en el barrio de Le Marais, famosa por sus lattes y sus scones.

El joven salió a las mesas exteriores con un latte en la mano y saludó a Hae-seo con gran entusiasmo.

“Qué alegría volver a verlo por casualidad.”

“París es más pequeño de lo que pensaba.”

A decir verdad, si Hae-seo hubiera seguido su personalidad original, habría respondido con amabilidad. Tal vez incluso habría soltado una broma dulce que el otro pudiera malinterpretar, como ‘Me pregunto dónde nos encontraremos la próxima vez’, acompañada de una sonrisa primaveral. Pero Hae-seo era ahora alguien que no debía ser una primavera para nadie, excepto para una sola persona. Especialmente cuando el hombre que lo hacía esperar allí mismo se encontraba cerca, tras haber pasado por la oficina incluso siendo fin de semana.

Hae-seo no añadió más palabras; bajó la cabeza como una azalea marchita y se limitó a untar crema de leche espesa sobre su scone. El joven, sintiéndose algo decepcionado, señaló el dulce con rostro amable.

“La próxima vez pruébelo con mantequilla francesa. También es muy rica.”

“Así está bien. Como de todo y no soy exigente.”

“No es que le esté pidiendo que comamos juntos, ¿por qué se pone así?”

¿Que por qué se ponía así? Esto era París. Una ciudad donde personas de cualquier género, casta o generación marcaban como pareja potencial a cualquiera con quien cruzaran la mirada aunque fuera una sola vez. Un lugar donde la moral romántica, el orden del amor y las normas del afecto —pilares básicos de una relación— eran abandonados en nombre de derechos tan atractivos como el romance y la libertad, sin que nadie se esforzara por protegerlos.

Como extranjero, y teniendo una pareja con la que ya había realizado el marcado, Hae-seo no tenía la menor intención de ejercer ese derecho. Siguiendo una lógica de extraterritorialidad, se aferraba a las anticuadas pero responsables leyes amorosas de su patria, rechazando tajantemente el estilo de vida irresponsable de los locales. Ante un Hae-seo que aplicaba una política de aislamiento romántico, el joven volvió a lanzarle una muestra de interés.

“¿Consiguió el rosario que buscaba? No me pareció verlo por la tienda de San Luis.”

“He estado ocupado. Además, mi amigo dijo que ya no lo necesitaba.”

Hae-seo respondió con indiferencia mientras movía los ojos de un lado a otro. Ahora entendía que este tipo trabajaba allí. Por eso sabía exactamente qué y dónde exhibían los dueños de otras tiendas.

“En realidad, donde yo trabajo tampoco solemos tener ese modelo, pero hace poco vi a alguien que lo deseaba mucho. Las palabras ‘lo tenemos en nuestra tienda’ salieron de mi boca sin darme cuenta. Aunque me dolió un poco que no volviera.”

“Lamento haberlo herido sin intención.”

Hae-seo escuchaba al joven a medias mientras vigilaba la esquina del callejón que conectaba con la plaza. Ya debería estar por llegar…. Se preguntó si el chico se sentiría doblemente herido si le pedía que se marchara porque estaba esperando a alguien.

“Verá, es que espero a….”

“No parece un turista. ¿Es estudiante?”

“…No. Soy un oficinista mayor cuya única lectura de estudio consiste en los manuales de electrodomésticos.”

“Para nada. Pensé que era un estudiante de intercambio. Si es oficinista, acaba de pasar el periodo de vacaciones, ¿fue a algún sitio?”

Hae-seo tomó un sorbo de latte y miró fijamente al joven que hablaba con fingida sorpresa. Desde que supo que era empleado de una tienda de artículos religiosos, una extraña sensación lo había rondado como una mancha difusa; solo ahora comprendía qué era. En el joven, desde su forma de hablar hasta su actitud, no había ni rastro del ascetismo típico de alguien que trabaja en una tienda sacra. De hecho, parecía que su siguiente frase sería declarar el cierre de la tienda para arrastrar a Hae-seo a disfrutar de los placeres de Ibiza.

Hae-seo tragó saliva y respondió con gesto de incomodidad.

“En las vacaciones estuve un tiempo en España, pero eso no es lo importante, es que mi acompañante…. ¡Ah!”

Fue en el momento en que iba a pedirle al joven que se retirara. Un aroma familiar lo envolvió de golpe y unos labios se posaron suavemente sobre su sien. El hombre, que apareció de la nada, frotó sus labios contra su piel con ternura una vez más antes de preguntar en su lengua materna, con un tono bajo y vulgar:

“¿Y mi sitio? ¿Me siento en tu regazo?”

“Ah….”

“¿Qué es esto?”

“Solo alguien que pasaba por aquí. ¡Ni siquiera sé su nombre!”

Exclamó Hae-seo agitando las manos frenéticamente. Al ver a Hae-seo tan alborotado, Seol Gong-woo mostró una expresión de lástima fingida y, esta vez, rozó lentamente los labios de Hae-seo.

“…¿No te lo había dicho? Cuando uno está marcado, si habla demasiado tiempo con un extraño, el otro podría morir.”

“Jajaja…. ¿entonces cómo es que puedo ir a la oficina con total normalidad?”

Hae-seo apartó la mano de él, recogió su latte y su plato, y se levantó rápidamente. Con Seol Gong-woo presente, ya no había ambiente para seguir masticando scones tranquilamente.

“Así que… tenía compañía.”

“Sí. Bueno, hasta la, no…. adiós. Que disfrute su café.”

Fue una despedida torpe y apresurada. Afortunadamente, el joven era perspicaz. Al ver a Gong-woo, quien lo miraba como si fuera un vendedor ambulante de baratijas frente a la Torre Eiffel, comprendió que aquel hombre jamás permitiría que su pareja tuviera siquiera la posibilidad de una amistad con otro.

Tras un cruce de miradas, el encuentro fortuito llegó a su fin. Al salir de la cafetería, Hae-seo sujetó la mano de Gong-woo con más fuerza que nunca.

“Es alguien que conocí por casualidad cuando fui a comprar el rosario que me encargó Jin-seong. Es un tipo con una personalidad muy ligera y…. además, ¡le olía el aliento!”

“Pues parece que era soportable. Estaban teniendo una charla muy larga.”

“Vaya tela con Jin-seong. Mira que hacerme un encargo así para ponerme en este compromiso.”

Hae-seo ignoró el comentario de Gong-woo y se puso a refunfuñar contra Han Jin-seong. Ahora que habían pasado casi dos meses desde que Gong-woo se mudó definitivamente a París, Jin-seong solía preguntarles de vez en cuando si su vida como trabajadores extranjeros y su convivencia marchaban bien. Cada vez que preguntaba, Hae-seo le respondía que en todas partes se vive igual, con días buenos y malos, mezclando consejos con pullas amistosas.

En una ocasión, Jin-seong le pidió consejo para conquistar a una mujer católica. El dichoso rosario era el regalo con el que quería impresionarla. A Hae-seo le extrañó que tuviera que comprarlo allí, pero Jin-seong insistió.

‘Oye. Los productos agrícolas son más frescos si vienen directos del origen, ¿no? Pues los rosarios de Europa seguro que son distintos. No protestes y mándalo.’

Bajo esa lógica, los del Vaticano serían los mejores. Hae-seo puso una expresión de duda, pero como sabía que los enamorados tienen la vista corta y los oídos sordos, optó por callarse. Desde aquel día, recorrió varios sitios buscando el rosario. Sin embargo, el interés de Jin-seong cambió hacia otra persona que conoció en una estancia en un templo budista; de pronto ya no necesitaba un rosario, sino un japa mala, por lo que la ayuda de Hae-seo dejó de ser necesaria.

Qué tipo tan ligero para el amor…. Si fuera por la velocidad con la que cambiaba de pareja, Hae-seo casi quería recomendarle que echara raíces allí, en París. Aun así, pensando en que a un amigo se le perdona todo, y viendo que el budismo estaba ganando terreno en Europa, Hae-seo meditaba si debía buscarle algo cuando Gong-woo le dio un toquecito en la mejilla.

“¡Ah!”

“Ese tipo parecía muy interesado en tus vacaciones…. ¿Le contaste también lo que hicimos en España?”

Hae-seo se frotó la mejilla y frunció el ceño. Pensó que con el beso frente al joven se habría calmado, pero Gong-woo aún mantenía una expresión de incomodidad. Exigir algo a través de la inspección es una característica de todos los poderosos. El hombre que había vivido toda su vida en el poder intentaba inspeccionarlo todo de forma natural, y el amor no era una excepción.

A Hae-seo no le disgustaba eso. Aunque sintiera celos por cosas triviales, aunque buscara confirmaciones constantes, e incluso si a veces intentaba controlarlo. Si se trataba de la inspección de alguien que le daba un amor infinito y constante, no le importaba. Hae-seo miró fijamente a Gong-woo y luego desvió la vista hacia la calle.

“Mmm…. no lo sé. ¿De qué habré presumido?”

La mayor parte del fin de año en Europa era periodo de vacaciones, y ellos las habían pasado disfrutando del golf en una ciudad cerca de Barcelona. De aquellas vacaciones, lo único que recordaba eran dos cosas: la vez que Hae-seo, tras lograr un eagle, se lanzó sobre él para llenarlo de besos y terminaron teniendo sexo en el carrito de golf; y el encuentro inesperado con alguien a falta de dos días para terminar el viaje.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Hae-seo rumió aquel encuentro accidentado mientras paseaba la mirada sin rumbo. ¿Cómo digo esto para que parezca una broma?….

“Esa vez…. en el campo de golf, cuando su padre me miró así de mal, ¿se refiere a eso?”

“¿Qué?”

“Ah, es un recuerdo un tanto triste, tal vez debí habérselo reprochado.”

Al ver a Hae-seo mirándolo de reojo con fingido reproche, Gong-woo se quedó sin palabras. Parecía desconcertado por aquel golpe inesperado. Justo cuando Hae-seo iba a decir que era broma, se le adelantó una voz llena de autocrítica y un ligero suspiro.

“…Lo siento.”

“No, si era broma….”

Hae-seo agitó ambas manos con un rostro tan desconcertado como el de Seol Gong-woo, rechazando su disculpa.

En realidad, ya se había disculpado en aquel entonces y, aunque el encuentro inesperado fue algo incómodo, no resultó desagradable. Simplemente había chasqueado la lengua pensando que aquel momento que tarde o temprano sucedería, había llegado un poco antes de lo previsto.

Para ser más honestos, quien quería pedir perdón en ese lugar era el propio Hae-seo. Desde la perspectiva de su padre, ¿qué tan absurdo debía ser que su hijo, un sucesor tan valioso, se hubiera enredado con un Beta sin ninguna posibilidad de embarazo, cerrando así la línea sucesoria para siempre?

Se dio por satisfecho con el hecho de que no le arrojaran agua a la cara, no lo obligaran a renunciar a la empresa o no lo arrastraran a un buque de carga frente a un tambor metálico para amenazarlo con terminar la relación. Por lo tanto, la broma que acababa de soltar fue solo eso, un toque ligero, como quien patea una piedrita en el camino.

“Si se disculpa de esa forma por una broma, dejará de serlo.”

“Me equivoqué, así que debo disculparme. Debí haber revisado su agenda; lamento mucho haber creado una situación tan incómoda.”

La disculpa de Seol Gong-woo no era por la descortesía de su padre, sino por su propia falta de previsión al no poder controlar una situación inevitable.

Y aquellas palabras contenían también su voluntad de proteger a Hae-seo, asegurándose de que, desde que volvió a utilizar el apellido Dubecq, nadie que portara ese nombre pudiera acercarse a él con facilidad.

Hae-seo desvió la mirada para evadir la disculpa. Se sentía bien que se preocupara por él, pero en ese momento su rostro se parecía tanto al de aquel día que no sabía qué expresión poner.

Ese día, Seol Gong-woo había mostrado abiertamente un odio y desprecio profundos hacia su padre. Su mirada, cargada con el impulso persistente de aplastar el cuello del otro, era una emoción desconocida que Hae-seo nunca antes había descubierto en él.

De pronto, Hae-seo recordó las palabras de Eden, su compañero de trabajo que había trabajado con Seol Gong-woo en la época de Victor.

‘Frigid.’

‘¿Qué?’

‘Me refiero a Levi Dubecq. Es un hombre extremadamente frío, ¿no?’

Eden utilizó el término frigid (gélido), y no simplemente cold (frío), para describir esa faceta de su jefe común, buscando empatía.

Sin embargo, para Hae-seo, que vivía de forma cálida y dulce con ese hombre supuestamente gélido, aquella expresión le resultaba sumamente ajena. No obstante, analizando los matices de Seol Gong-woo aquel día...

“Por aquí.”

De repente, su largo brazo se extendió y rodeó sus hombros. En el momento en que estaba a punto de chocar con un indigente que vestía ropas andrajosas, él tiró de su cuerpo para protegerlo.

Hae-seo lo miró conteniendo el aliento por la sorpresa, pero Seol Gong-woo, como si no fuera nada, le acarició el brazo y apoyó la barbilla cariñosamente sobre su cabeza.

En ese instante, Hae-seo sintió que la palabra que hasta hace un momento congelaba su mente se derretía por completo.

‘Sí. Por mucho que digan, no es gélido’. Al fin y al cabo, ¿no es así el ser humano? Un ser que no puede ser siempre bueno ni siempre malo.

Por supuesto, no es que no entendiera por qué lo explicaban con la palabra frigid. Si el primer encuentro de Hae-seo con este hombre hubiera sido estrictamente profesional, como jefe y equipo o como empleado de una consultora, quizás él también lo habría descrito así.

Pero habiéndose enredado ya de esta manera, Hae-seo no podía aceptar un término tan frío para definirlo.

Él había sido el hombre desbordante de calidez que lo felicitó por su cumpleaños desde su primer encuentro; y el hombre lleno de devoción que, en su siguiente reunión, derramó café sobre su camisa deseando ser recordado para un reencuentro impactante.

Gracias a eso, aunque él mostrara a veces un rostro tan afilado y frío como una cuchilla, para Hae-seo siempre prevalecería la imagen dulce de aquel que cada mañana juntaba su frente a la suya para compartir un beso matinal.

“Me duele que te distraigas tanto.”

Hae-seo giró la cabeza hacia él como preguntándole a qué se refería. Entonces, una mano grande se posó naturalmente sobre su oreja.

El París de enero era una época en la que el frío se adhería a uno con solo caminar un poco, obligando a cuidar bien de la pareja. Él le frotó la oreja helada para calentarla y bajó la cabeza para encontrar su mirada.

“Mírame solo a mí. ¿No ves que si miras a otro lado solo terminas lastimándote?”

“¡Si lo miro todo el tiempo!”

“Si es así, me alegro.”

Ante su actitud un tanto indignada, Seol Gong-woo besó los labios de Hae-seo de forma natural. Sus labios estaban impregnados de risa, lo que obligó a Hae-seo a sonreír también.

Tras el breve beso, miró discretamente a su alrededor y, como era de esperar, sus ojos se cruzaron con los de unos turistas asiáticos que se acercaban de frente.

Esta era una ciudad donde los viajeros desbordaban cada rincón sin importar la estación, la hora o el lugar. Aunque hubiera matices, un beso callejero entre dos personas del mismo sexo inevitablemente atraía las miradas.

Sintiéndose algo apenado, Hae-seo se distanció un poco de Seol Gong-woo, aunque sin soltar su mano.

“Jefe, vamos por allá.”

“Ir por allá está bien, pero ¿no va siendo hora de cambiar eso?”

“¿Qué cosa?”

“No puedo ser tu jefe para siempre.”

Ah…. Ante la observación hecha con tono firme, Hae-seo se quedó sin palabras. En realidad, desde que Hae-seo dejó Scanbic y Seol Gong-woo asumió el cargo de vicepresidente en la sede de Victor en París, el tratamiento era un tema que debía irse resolviendo.

Mientras Hae-seo se rascaba la nuca dubitativo, él tiró de su mano como exigiéndole una respuesta y lo miró a los ojos.

“¿Tan difícil es decir mi nombre?”

“Es que me resulta un poco incómodo.”

“Entonces, ¿qué tal si buscamos un apodo?”

Un apodo significaría usar cosas como Honey, Sweetheart, Boo… pero ¿acaso no sabía que eso sería aún más difícil para él? Para Hae-seo, a quien incluso le costaba decir hyung, era cien veces mejor llamarlo por su nombre.

Hae-seo asintió, prometiéndose practicar su nombre de vez en cuando antes de verse obligado a usar un apelativo empalagoso.

“Me esforzaré.”

“¿Y el apodo?”

“…También lo pensaré. Por cierto, hace demasiado frío. ¡Mira, tengo el dorso de la mano como un hielo! Te la calentaré.”

Cambiando de tema sin mucha sutileza, Hae-seo presionó sus labios varias veces sobre el dorso de la mano entrelazada de Seol Gong-woo. Era su intención evadir la situación incómoda mediante el contacto físico.

Al notar su intención, Seol Gong-woo no insistió más en el cambio de tratamiento. Simplemente abrazó a Hae-seo con un poco más de fuerza y siguió caminando, ajustando su paso al de él.

*

La vida laboral de un asalariado común no cambiaba demasiado por el hecho de estar en otro país. Tanto en Scanbic como en SGE, los empleados se quejaban por igual del sueldo y las vacaciones, y la imagen de charlar tras el café matutino sobre nuevos pasatiempos o relaciones amorosas era muy similar.

Por supuesto, dado que este lugar tenía el día y la noche totalmente invertidos respecto a donde había vivido siempre, no es que no hubiera diferencias.

Ellos solían debatir incluso sobre temas pequeños y, para garantizar el descanso pleno del empleado, no permitían almorzar en la oficina.

Y la mayor diferencia era que, debido a la naturaleza abierta y sincera de los franceses respecto al amor, consumían públicamente los romances de oficina o sus propias historias amorosas como si fueran el contenido de una plataforma de streaming visto ayer.

Ese día no fue diferente. Fue cuando Hae-seo abrió la puerta del centro de investigación en el piso 14 del edificio y se dirigió a su escritorio.

En el momento en que iba a gritarle un ‘¡Bonjour!’ a Eden, sentado a su lado, Hae-seo cerró la boca al descubrir algo sobre su mesa.

“……”

“¿Hoy es algún aniversario?”

Eden saludó a Hae-seo haciendo girar su silla de forma caótica. Sus ojos brillaban con interés mientras alternaban entre Hae-seo y el enorme ramo de flores sobre el escritorio. Parecía curioso por saber por qué alguien enviaría flores al trabajo, asumiendo que era un evento especial de su pareja.

“¿Estás seguro de que son para mí? ¿Quién las envió?”

“El repartidor te buscaba y le dije que las dejara aquí. Bueno, si no es un aniversario especial, ¿quizás te las envió solo porque quiso? No me lo imaginaba así, pero es más romántico de lo que pensaba.”

‘Hay una tarjeta ahí, léela.’ Eden sonreía incluso más que el propio Hae-seo, como si él fuera el destinatario.

Hae-seo dejó caer su bolso sobre el escritorio y metió la mano entre las flores. Entonces, tal como dijo Eden, un papel rígido quedó atrapado entre sus dedos. Al sacarlo de un tirón, apareció una tarjeta de color rosa.

“No me dijo nada hoy….”

Murmuró para sí mismo, tratando de recordar si él se había comportado de forma distinta cuando lo dejó en el trabajo por la mañana.

Pero él lo había escuchado con el rostro dulce de siempre, como si quisiera mandar el trabajo al diablo, y el beso intenso antes de bajar del coche —que servía de pago por el viaje compartido— no había sido diferente de lo habitual.

Si tuviera que buscar algo distinto, sería que frunció el ceño cuando el coche saltó al pisar un badén, algo poco común en él, pero nada más.

Hae-seo miró el reverso de la tarjeta con ojos suspicaces. Y en el momento en que vio el mensaje grabado en una sola línea, no pudo evitar fruncir el rostro por el absurdo.

Dear my sweet pea

“Creo que se equivocaron de persona.”

“¿No es tu nombre?”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Bueno, pues….”

Sweet pea (guisante de olor). Era un apodo que jamás había escuchado y una designación que no pegaba con alguien tan grande como él.

Hae-seo no se atrevía a pronunciar aquella palabra tan vergonzosa con sus propios labios. Sin darle más explicaciones a Eden, apartó las flores a un rincón y se sentó.

“¿En serio no eres tú? Podría ser una sorpresa de tu pareja.”

“Él no es de los que hacen estas cosas.”

“Vaya….”

Eden levantó ambas manos sobre su cabeza, como si hubiera cometido un error imperdonable, y luego empezó a teclear frenéticamente en su ordenador.

En ese instante, en la mente de Eden quedó grabada una idea fija: ‘El amante de Hae-seo es un tipo tan apático que ni siquiera le ha regalado una flor; es un desgraciado tacaño’. Hae-seo, aunque adivinaba qué clase de calumnias estaba sufriendo Seol Gong-woo en la cabeza de su colega, no se molestó en corregirlo.

No sentía la necesidad de presumir su amor como esos influencers que hacen vídeos de "unboxing" para alardear de sus lujos. No le hacía falta contar qué otras cosas le regalaba su pareja en lugar de flores, ni cuán feliz lo hacía cada día con sus palabras y gestos dulces.

Sin embargo, también era cierto que Gong-woo no era el tipo de persona que enviaría flores de repente o tarjetas con mensajes cursis. Hae-seo nunca había recibido una tarjeta con apodos cariñosos de su parte. En su cumpleaños le había dado flores, sí, pero venían acompañadas de un regalo carísimo; y si alguna vez le escribía algo que no fuera un mensaje de texto, era en forma de pequeñas notas con recados prácticos. Hae-seo guardaba todas esas notas porque le encantaba su caligrafía, pero nunca le había exigido que le escribiera cosas más románticas.

“…Entonces, ¿no sospechas de nadie? Ya sabes, ese instinto de cuando alguien te mira de forma diferente.”

“Para nada. El mensaje es un texto impreso, así que ni siquiera puedo reconocer la letra.”

“¿Quién ha estado merodeando por tu sitio últimamente? Louis, Maxim, Pablo… ¡No me digas que…!”

Eden, señalando con el dedo como si contara el número de gallos en un corral, giró la cabeza hacia Hae-seo.

“¿Rence? Te pidió una cita el mes pasado.”

“Eso no fue una cita, fue una petición para que le dedicara tiempo para preguntarme algo técnico. Y además….”

Hae-seo hizo una pausa y se estremeció, como si tuviera que pronunciar una palabra que su cuerpo rechazaba físicamente.

“Aquí pone Sweet pea. Eso significa que, definitivamente, esto no es para mí.”

Al oír eso, Eden puso una expresión tan extraña como la de Hae-seo. Aunque Sweet pea solía usarse para niñas pequeñas o niños, ¿no era un apodo que cualquier pareja podría usar en la intimidad? No entendía la reacción de su amigo.

De nuevo, sintió una oleada de indignación. ¿Con qué clase de hombre estaba saliendo Hae-seo para no haber escuchado un apodo así ni una sola vez? Eden añadió otra etiqueta a su descripción mental de la pareja de Hae-seo: además de ser un tacaño que no compra flores, era un maldito infeliz que ni siquiera le ponía apodos a su novio.

“Bajo esa lógica, ¿por qué la gente se llama Prince o Princess sin ser de la realeza? Los apodos se usan según el gusto y el ambiente del momento.”

“Pero nosotros no hacemos esas cosas…. Es vergonzoso.”

“Mmm….” Hae-seo sacudió la cabeza con indiferencia, insistiendo en que no podía ser su pareja.

Eden apretó el puño sobre la mesa. Miró al vacío como si fuera a fulminar con la mirada a quienquiera que apareciera frente a él.

“…¿Cuándo demonios me vas a presentar a tu novio? ¿Eh? Me voy a volver loco de la curiosidad. Quiero saber qué clase de ti… quiero decir, qué clase de individuo es ese que tiene un romance tan ‘interesante’ contigo.”

“Te llevarías una sorpresa si te lo presento.”

Pensándolo bien, tendría que presentárselo algún día…. ¿Cuándo era la próxima reunión este año? Al imaginar a Seol Gong-woo frente a Eden, a Hae-seo se le escapó una risita. ¿Debería aparecer con una máscara? No, mejor invitarlo a casa sin que sepa nada.

Hae-seo soltó varias carcajadas imaginando el sorprendente encuentro. Eden, que no entendía nada, solo pudo malinterpretar el gesto pensando que su amigo se derretía solo de pensar en su novio. El colega suspiró con cansancio, compadeciéndose de Hae-seo por querer tanto a aquel "desgraciado" como para no poder dejarlo, y volvió al tema anterior.

“De todos modos, Rence ha estado muy interesado en ti desde hace tiempo. Y él solo sale con Betas.”

“¿Interesado en mí? ¿Y por qué yo no lo sabía?”

Ante la cadena de preguntas, Eden puso una cara que decía claramente: ‘Eres un tonto…’.

“…Eso es porque no te enteras de nada. Ni siquiera sabías que Henry estaba interesado en ti hasta que te pidió una cita directamente. Todo por estar pensando solo en tu maldi… en tu novio.”

“Es que yo tengo pareja y Henry también la tenía. No pensé que me diría algo así tan abiertamente estando interesado en otra persona.”

Hae-seo soltó una risa llena de incredulidad. No lograba entender la forma de amar de la gente de aquí. Amigos o colegas que pedían citas a personas con pareja, y otros que lo aceptaban como si nada. Por mucho que fuera una diferencia cultural, esto sobrepasaba su sentido común. Cambiaban de pareja con la misma facilidad con la que se cambia de ropa cuando cambia la dirección del viento o la estación.

Hae-seo no quiso alargar más la conversación sobre quién estaba interesado en él. Señaló las flores para cambiar de tema.

“¿Y si las dejo ahí fuera? Seguro que es un error de entrega y el repartidor vendrá a buscarlas.”

“¡Dijo claramente Hyun Hae-seo! No hay nadie más con ese nombre en la empresa.”

“Decir que soy el único con ese nombre suena un poco a… discriminación racial.”

Como trabajadores en un país extranjero, la discriminación era un tema sensible que todos trataban con cuidado. Hae-seo, por suerte, no había tenido colegas supremacistas, así que a veces lanzaba bromas de ese tipo como quien lanza una red; y Eden siempre era el pez que caía en ella.

“¿Qué? Solo digo que en la empresa hay Kims y Lees, pero no hay ningún otro Hyun. Solo por eso.”

“Ah…. bueno, es cierto que son los apellidos coreanos más comunes. Como si fuéramos una nación con apellidos estandarizados….”

“Perdón. Me equivoqué. Fue un error mío. De todos modos, son para ti.”

“Si te sientes mal, quédatelas tú.”

En realidad, Hae-seo lo había acorralado con bromas solo para poder decir eso. Pero Eden abrió la boca con una expresión de horror aún mayor que cuando lo llamaron racista. Parecía preguntarse si Hae-seo era tan desconsiderado como para deshacerse de un regalo frente a los demás.

“Si no quieres, da igual….”

“…Los coreanos son raros.”

“Oye, eso sí que es discriminación. Solo soy yo, solo yo soy así.”

Hae-seo tosió levemente y desvió la cabeza. Parecía frío, pero sabía que si llevaba eso a casa, Gong-woo empezaría con sus inspecciones y se pondría tenso, y él mismo no quería recibir flores de origen dudoso. ‘Qué molestia…’.

“No eres solo tú. Otro coreano que conocí era exactamente igual. Ahora mismo tienes la misma expresión que él.”

“¿Quién?”

Hae-seo volvió a empujar las flores molestas hacia un rincón mientras preguntaba. Ante su actitud desinteresada, como si las flores fueran carga de trabajo extra, Eden se masajeó la nuca rígida y respondió.

“Dubecq. Levi Dubecq.”

“¿Eh?”

“Bueno, él no es coreano del todo, pero cada vez que le enviaban flores, reaccionaba igual que tú.”

El movimiento de Hae-seo para abrir su portátil se detuvo en seco. No pudo evitar reaccionar al escuchar el nombre de su amante en boca de Eden.

“¿Que yo… me parezco a Levi?”

“Sí. Cada vez que recibía flores, llamaba inmediatamente al equipo de seguridad para que se las llevaran.”

“Pensaría en la posibilidad de un atentado. Qué meticuloso….”

Hae-seo lo elogió sin pensar. Al notar la mirada de Eden, temió que sospechara algo, pero su colega estaba demasiado ocupado burlándose de la excusa de Hae-seo.

“¿Atentado con flores? Esto no es una película. Simplemente era así. Tú ya lo sabes. Un hombre extremadamente frío que, incluso al ver flores, las miraba como si fueran explosivos enviados por un terrorista. Alguien sin emociones.”

“Ah…. ¿en serio?”

Las anécdotas sobre Seol Gong-woo que salían de la boca de Eden siempre eran nuevas para él. Por eso, cada vez que hablaban del tema, Hae-seo escuchaba como un paleoantropólogo que descubre el fragmento de un hueso de hace millones de años, observando con curiosidad al Seol Gong-woo de aquella época.

Levi Dubecq, la personalidad anterior de Gong-woo, poseía una sensibilidad tan afilada como una daga de Microtech; bastaba un roce para cortarse. Carecía tanto de altruismo hacia sus subordinados que Hae-seo a menudo preguntaba sorprendido: ‘¿De verdad los trataba así?’.

Debido a esto, a veces sentía que el hombre actual era una especie humana distinta, y otras veces se divertía comparando cuán diferente era de aquel que tenía frente a él ahora.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Incluso en este momento, Hae-seo no podía asociar al hombre que describía Eden con aquel que anoche estaba acostado en la cama acariciándole el cabello.

¿De qué habían hablado? Ah. Hablaron sobre la fecha de los resultados de admisión universitaria de Hyun Jin-seo. Cuando Hae-seo expresó su preocupación, él lo tranquilizó con una caricia cálida, asegurándole que todo saldría bien.

Ese era un consuelo con una temperatura que jamás podría provenir de alguien sin emociones. Con cada palabra suya, el cuerpo de Hae-seo se caldeaba y un afecto infinito se extendía por todo su ser. Ese cariño era tan intenso que muchas veces era Hae-seo quien se lanzaba sobre él para quitarle la ropa.

Hae-seo se cubrió la boca para ocultar una sonrisa. Gong-woo era como una navaja plegable: frente a él, se doblaba por completo para esconder su filo, pero frente a los demás, siempre estaba listo para mostrar su hoja. Con este pensamiento ocioso, le hizo una pregunta más a Eden.

“¿Esa persona…. solía recibir muchas flores?”

“¿No sería más raro que no las recibiera? Excepto por su carácter, no le falta nada. De todos modos, cuando le pregunté por qué tiraba unas flores tan bonitas, solo dijo una cosa: que odiaba las flores.”

“……”

“Es la primera vez que veo a un humano al que no le gusten las flores. Con lo espectacular que es físicamente….”

La mirada de Hae-seo se ancló en el ramo que había dejado a un lado. Recordó a aquel hombre, al que supuestamente no le gustaban las flores, apareciendo frente a su casa para felicitarlo por su cumpleaños.

‘Feliz cumpleaños, Hae-seo.’

El hombre que había movido el tiempo para estar con él en su cumpleaños. Aquel que le entregó un ramo enorme era, en realidad, alguien que ni siquiera se dignaba a mirar tal belleza.

Hae-seo tocó una de las flores con el dedo y susurró para sí mismo.

“Me quiere muchísimo….”

Saber que él era la única flor que crecía en el páramo desolado de aquel hombre lo hizo inmensamente feliz. Sin poder evitarlo, una sonrisa volvió a escaparse de sus labios.

*

Hacía un año que los dos se habían mudado de la isla de la Cité a las cercanías de Les Invalides, en el distrito 7. El apartamento de la Cité, típico de la arquitectura haussmanniana con su escalera central de caracol, resultaba sumamente incómodo para la vida diaria. Por ello, eligieron un nuevo espacio con una distribución más moderna que permitiera una renovación funcional, y ambos vivían allí con gran satisfacción.

Si alguien le preguntara a Hyun Hae-seo qué era lo que más le gustaba de la casa, podría decir con total confianza que era el balcón de fachada ornamentada en estilo Art Nouveau, que contrastaba con el interior moderno; pero, en realidad, Hae-seo tenía otra razón especial. Fue allí, en ese balcón, donde conoció por primera vez al gato negro Jerry el invierno pasado.

“¡Jerry! ¿Dónde estás?”

Hae-seo salió al balcón para cepillarle los dientes al pequeño antes de dormir, pero al notar que no estaba, empezó a recorrer cada rincón de la casa buscando sus diminutas huellas. Jerry, incluso después de convertirse en un gato de hogar, solía entrar y salir del balcón, dejando rastros de sus pasos que servían de guía para localizarlo.

“Hay que cepillarse los dientes todos los días. ¡Esconderse no va a solucionar nada!”

Comparado con sus días como gato callejero, el estado dental de Jerry era bastante bueno. Sin embargo, siguiendo el consejo del veterinario de que debía eliminar más sarro para poder seguir disfrutando de comidas deliciosas, Hae-seo lo atrapaba cada noche para un cepillado forzoso.

En realidad, no hacía mucho que Jerry vivía con ellos. Hae-seo nunca había criado a nadie más que a su hermano menor y pensaba que no se podía acoger a un ser vivo solo por compasión. Pero Jerry, que antes solo comía en el balcón y desaparecía, empezó a golpear la puerta con más frecuencia a medida que el frío arreciaba, hasta que Hae-seo terminó por abrirle también las puertas de su corazón.

Aunque, por supuesto, su compañero y amante todavía mantenía la puerta de su propio corazón solo a medio abrir para Jerry.

“…….”

Parado cerca de la chimenea de la sala, Hae-seo revisó detrás de una escultura de un rebaño de ovejas, uno de los lugares favoritos del gato. Quizás por haber crecido en la ciudad del arte, Jerry tenía un gusto refinado: solía dormir acurrucado como un amonites cerca de la costosa colección de arte del hombre que los coleccionaba por afición.

Tras comprobar que Jerry no estaba allí y asegurarse de que no hubiera arañado la valiosa pieza, Hae-seo miró hacia el pasillo que conducía al estudio. Si no estaba en el salón, el único lugar donde ese gato imprudente podría estar era en el estudio de Seol Gong-woo.

Hae-seo se rascó la barbilla con preocupación y se acercó. Al asomarse por la puerta entornada para verificar si Gong-woo estaba en una llamada, vio que, por suerte, este solo estaba concentrado en la pantalla de su portátil.

“Jefe, ¿por casualidad no ha visto a Jerry…? ¿Ah?”

Antes de terminar la pregunta, Hae-seo soltó una risita al ver al animal y entró en la habitación. Jerry estaba desparramado como una prenda de ropa negra sobre el taburete que estaba junto al escritorio de Gong-woo, sumido en un sueño profundo.

Hae-seo se puso en cuclillas para estar a la altura del gato y acarició suavemente su frente. Desde que entró en la casa, Jerry pasaba mucho tiempo durmiendo, como si estuviera cobrando el cansancio de tantas estaciones difíciles en la calle.

El hombre, que hasta entonces no parecía inmutarse por el pequeño intruso en su estudio, desvió finalmente la mirada de su ordenador hacia el nuevo visitante. Seol Gong-woo observó fijamente a Hae-seo mientras este acariciaba al gato. Al sentir la mirada, Hae-seo habló en voz baja.

“Parece que le cae bien, jefe.”

“Le gustará el taburete. Es tu sitio, después de todo.”

“Leí que a los gatos les encantan los humanos indiferentes. Por eso debe de quererlo tanto.”

“Me alegra serle útil por mi desapego.”

Era una conversación que podía parecer un cumplido o un reproche por la frialdad de Gong-woo. Sin embargo, en realidad, este hombre no era tan indiferente con Jerry. Al fin y al cabo, fue él quien le puso el nombre.

Para Seol Gong-woo, Jerry era como un calendario de escritorio: algo que miras de vez en cuando, pero cuya ausencia no supondría un problema grave. Aun así, al ver a Hae-seo observar con tanta seriedad al gato que venía por agua y comida al balcón, fue él quien sugirió primero la adopción.

Claro que su propuesta original no era adoptarlo ellos, sino entregárselo a un conocido que ya tenía un gato. Incluso hizo una broma infantil que molestó a Hae-seo, diciendo que, como el gato de esa familia se llamaba Tom, este debería llamarse Jerry.

En aquel entonces, Hae-seo se armó de valor y propuso que se lo quedaran ellos. Naturalmente, Seol Gong-woo se negó de inmediato y enumeró las razones por las que no debían tener animales en casa.

‘Ninguno de los dos ha criado un animal antes.’

‘Eso se aprende con la experiencia.’

‘Está bien. Seamos más sinceros. La razón principal es que, en el caso de mascotas con una esperanza de vida más corta que la humana, no es bueno para la salud emocional de una persona excesivamente sentimental encargarse de la crianza. En su caso, señor Hae-seo….’

‘¡¿Qué está queriendo decir…?! ¡¿Me está diciendo que soy una persona irracional y emocional que no debería tener mascotas?!’

Esa noche, por primera vez, durmieron en habitaciones separadas. Hae-seo, ofendido por ser tachado de "excesivamente sentimental", adoptó una actitud muy emocional y no le dirigió la palabra durante varios días.

La pelea por la adopción de Jerry se prolongó agotadoramente hasta que un comentario fortuito de un vecino trajo la paz. Preocupado por el frío intenso, Hae-seo tenía que decidir si enviaba a Jerry a casa de Tom o si se lo quedaba aunque tuviera que dormir en cuartos separados para siempre.

Resultó que Joseph, el vecino que vivía en el piso de abajo, era veterinario. Hae-seo le comentó sobre Jerry mientras coincidían en el ascensor, y Joseph le recomendó llevarlo a su clínica para un chequeo.

Allí, Joseph le dijo que Jerry era un gato muy fuerte para haber vivido en la calle y que, teniendo unos 7 u 8 años, ya era hora de que pasara la otra mitad de su vida en un hogar cálido. Hae-seo preguntó con voz decaída si sería mejor que lo adoptara alguien con experiencia, a lo que Joseph respondió tras pensarlo un poco:

‘Es cierto que la experiencia ayuda. Pero… si entra en una casa donde ya hay otro gato con su territorio marcado, la adaptación puede ser difícil para un animal tan independiente. Teniendo eso en cuenta, lo mejor para él sería recibir el amor de sus dos papás a solas.’

El sonido se percibe con los oídos, pero las palabras se procesan en el cerebro. En ese instante, tanto Hae-seo como Seol Gong-woo olvidaron el consejo médico y se quedaron atrapados en la palabra "papás". Hae-seo fue el primero en hablar para confirmar si había oído bien.

‘¿Dos… papás?’

‘Sí. ¿No son pareja? Siempre que los veo se llevan tan bien… Di por hecho que eran un matrimonio de hace tiempo.’

‘Ah, no, nosotros….’

‘Somos esposos. De hace bastante.’

Seol Gong-woo dijo aquello mientras rodeaba los hombros de Hae-seo para atraerlo hacia su pecho. Luego, incluso acarició la cabeza de Jerry con una expresión de gran satisfacción, dejando a Hae-seo atónito.

Es decir, su amante había aceptado a Jerry solo por el placer de ser llamado "esposo". Hae-seo soltó una risita ligera al recordar el rostro de Seol Gong-woo ese día, actuando como un padre a pesar de no pegarle nada el papel.

“¿De qué te ríes?”

“De que estoy feliz porque puedo cepillarle los dientes a Jerry mientras duerme. Ayúdeme a sujetarlo.”

Hae-seo le entregó a Jerry, que estaba lacio como ropa mojada por el sueño. Seol Gong-woo lo acomodó en su regazo con naturalidad y le levantó los belfos para exponer las encías. El gato hizo un amago de resistencia moviéndose débilmente.

“Oye, acabaremos pronto. Quédate quieto.”

“¿De verdad sirve de algo hacer esto? El sarro parece igual que hace un mes.”

“Dicen que si se hace seguido, el sarro se debilita y un día se cae solo con tocarlo. El problema es que pocos gatos son tan considerados….”

Mientras observaba a Hae-seo cepillar, Gong-woo esbozó una sonrisa ladeada de desaprobación.

“¿Hijo considerado? No hay cromosomas felinos en mi esperma.”

“…Es que lo tuve yo fuera de casa.”

“¿Con quién?”

¿Qué se supone que debía responder a eso? Le resultaba un poco molesto que el hombre se pusiera tan infantil por tonterías, pero al mismo tiempo le parecía adorable.

Tras terminar el cepillado, Hae-seo volvió a dejar a Jerry estirado sobre el taburete. Luego, se sentó en el borde del escritorio de Gong-woo y lo miró fijamente. Él seguía pareciendo curioso por saber con quién lo había "engañado" para tener a Jerry. '¿Será que duda de verdad? Esto ya es una enfermedad… Pero curiosamente no me disgusta'.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Esa persona es….”

“…….”

“El señor Levi Dubecq.”

El otro nombre de Seol Gong-woo era el único que Hae-seo podía mencionar con total libertad como un "amante" frente a él.

Como era de esperar, la reacción de Gong-woo fue buena. Hae-seo aprovechó que él sonreía para cambiar de tema.

“Por cierto, ¿está muy ocupado? Hoy parece que lleva mucho tiempo aquí encerrado.”

“Tenemos que gestionar el primer proyecto como consorcio, así que hay mucho de lo que ocuparse.”

“Supongo que la primera vez siempre genera presión. Venga aquí.”

Hae-seo dio la orden pero, incapaz de esperar, se levantó él mismo para acercarse más. Al extender la mano para acariciarle el rostro, Gong-woo le mordisqueó suavemente un dedo antes de soltarlo, tal como solía hacer Jerry.

“Me parece que sabe a pollo….”

“Es que la pasta de dientes es sabor a pollo.”

“…¿Cómo va el trabajo? Es principio de año, así que allí también empezarán a estar ocupados.”

Seol Gong-woo cambió de tema de inmediato, como si no quisiera admitir que acababa de descubrir el sabor de la pasta de dientes para gatos. Hae-seo respondió conteniendo la risa.

“Nosotros, bueno….”

Iba a decir que estaban empezando a organizar los nuevos proyectos tras las vacaciones de invierno. Pero la mano de Hae-seo, que seguía acariciando el rostro de Gong-woo, se detuvo un instante.

‘Mejor no menciono lo de las flores, ¿verdad?’. De todos modos, no las había enviado él, y preguntar solo estropearía este buen ambiente. Dicen que quien quiere llegar lejos cuida sus palabras. Para mantener su buena relación, era mejor gestionar ese pequeño asunto por su cuenta.

Hae-seo se encogió de hombros de forma exagerada y eligió una respuesta trivial.

“Sin novedad. ¡Trabajando duro cuando hay tarea! Por cierto, si su empresa entra en el consorcio, ¿se refiere al proyecto principal de descarbonización?”

“Dado que esta filial se centra en negocios ecológicos, ese será el núcleo.”

“¿Y con qué empresa han formado el consorcio?”

Como SGE, la empresa donde trabajaba Hae-seo, también se centraba en energías limpias como plantas de hidrógeno, amoníaco o desalinización, sus áreas de interés coincidían en más de la mitad. Por eso, no podía evitar sentir curiosidad por saber con quién se aliaría su ahora competencia para llevarse el contrato.

El hombre, que no era ajeno a este escrutinio, se acarició la barbilla con parsimonia y una expresión de pereza fingida.

“Aún estamos en fase de negociación. Además, si te cuento eso, sería una filtración de información confidencial.”

“Venga ya. ¿Qué poder tengo yo? Me lo guardaré para mí. ¿Con quién y qué van a hacer? Es solo curiosidad profesional, como alguien del sector….”

Seol Gong-woo soltó una risa leve y tiró de la cintura de Hae-seo. El torso de Hae-seo, vestido con una prenda cómoda y ligera, quedó superpuesto al rostro de Gong-woo, casi fundiéndose.

La mano que habitualmente le acariciaba la espalda se deslizó lentamente hacia la parte inferior de su pantalón.

“…….”

“…….”

El ambiente entre los amantes es capaz de transformarse en un suspiro por un solo gesto o una palabra trivial. En el instante en que sus miradas se cruzaron como si fuera un diálogo, ambos supieron exactamente lo que el otro deseaba.

Cuando Hae-seo inclinó el torso, sus rostros quedaron tan cerca que sus alientos se mezclaron. Los párpados de Seol Gong-woo, que habían estado bajos como si espiara sus labios, se elevaron lentamente para encontrarse con los de Hae-seo.

“A estas horas…. Si te sientas en mi escritorio con esa vestimenta para preguntarme tales cosas, ¿crees de verdad que te lo diré?”

“…Sí.”

Hae-seo exhaló deliberadamente un suspiro cálido y unió sus labios con los de él. Fue un contacto impaciente, un roce seco sobre los labios de Gong-woo que aún estaban cerrados. A diferencia de Hae-seo, que abrió más la boca lanzándose como si quisiera devorarlo, el beso de Seol Gong-woo era pasivo. Debido a ello, el sonido de la fricción entre sus pieles se repitió varias veces en el silencio del estudio.

“Por qué….”

Hae-seo frunció el ceño, recriminándole su falta de entusiasmo. Pero Seol Gong-woo no parecía dispuesto a ceder tan fácilmente; separó sus labios a voluntad y mordisqueó suavemente el lóbulo de la oreja de Hae-seo.

“¡Ah…!”

“¿Qué tan dispuesto estás a extraer los secretos de la competencia?”

¿Acaso estaban jugando a los espías industriales? Hae-seo comprendió de inmediato la intención de Gong-woo y decidió actuar con más audacia.

“¿Quieres que te la chupe?”

“Parece que en SGE obligan a los investigadores a hacer cabildeo con el cuerpo.”

“No…. Es que yo quiero hacerlo.”

Más que la oferta de hacerlo, la confesión de que él quería hacerlo encendió la excitación antes de empezar cualquier maniobra formal. Los largos dedos de Gong-woo, que merodeaban dentro del pantalón, acariciaron el surco de sus glúteos antes de deslizarse hacia el interior del orificio que se estremecía. Ambos sabían perfectamente qué hacer para que ese lugar, todavía seco, se humedeciera y empezara a latir.

“A la cama….”

“Hablemos de trabajo aquí.”

Seol Gong-woo dijo aquello mientras le quitaba los pantalones a Hae-seo. Al no llevar ropa interior, su miembro quedó expuesto de golpe, saltando con fuerza.

“Vaya, parece que viniste sin ropa interior con este propósito desde el principio.”

Una gota de líquido preseminal brillaba como rocío en la punta del glande. El hombre la observó fijamente antes de empujar la silla hacia atrás y arrodillarse en el suelo. Gong-woo frotó su rostro contra el miembro erecto mientras miraba a Hae-seo desde abajo.

“Huele a algo pecaminoso aquí…. ¿También te entrenaron para esto?”

“¡Ah…!”

“Tu entrada ya está húmeda. Un Beta que se humedece por detrás…. ¿Será que te remodelaron para el cabildeo corporal?”

Los dedos de Gong-woo penetraron de nuevo en Hae-seo. Contrario a lo que él afirmaba, la entrada seguía sin estar del todo húmeda, pero las paredes internas, como si reconocieran algo familiar, se contrajeron involuntariamente alrededor de sus dedos.

“Nuestro investigador es bastante impaciente.”

“Hng….”

“No me presiones. Para poder meterte algo, primero tengo que relajarte aquí, ¿no crees?”

Tras decir eso, Seol Gong-woo introdujo de golpe el miembro de Hae-seo en su boca. Aunque Hae-seo había sido quien ofreció hacerlo, parecía que el que realmente lo deseaba era Gong-woo; lo tragó hasta la raíz y lamió el tronco con avidez.

“¡Mmm! Ah…. más despacio… ¡ah!”

La sensación del miembro apretado dentro de esa boca suave, sumada a los dedos gruesos hurgando en su interior, cayó sobre Hae-seo como un alud. Lo único que podía hacer era sujetar la cabeza de Gong-woo y soltar jadeos entrecortados. Con ambos frentes expuestos al estímulo, sus piernas se abrieron y sus muslos temblaron tanto que apenas podía mantenerse en pie.

Hae-seo acarició las sienes de Gong-woo y, sin darse cuenta, presionó el rostro del hombre contra su entrepierna. La sensación de su cabello fino entre sus dedos y el vello púbico rozando su piel suave era una estimulación casi extática.

Gong-woo había dicho que revelaría secretos si se la chupaba, pero Hae-seo pensó que, en esta situación, el que terminaría revelándolo todo sería él. En ese instante, estaba seguro de que no se arrepentiría de entregarle su cuerpo y su alma a esa boca para siempre.

‘Me voy a volver loco…’.

Su miembro, con las venas marcadas, se pegaba y despegaba de esos labios rojos. Todo su cuerpo vibraba como si la sangre se hubiera detenido y de repente volviera a circular con fuerza.

“Ha…. qué bien. Es demasiado….”

Hae-seo sentía que todo su cuerpo estaba siendo succionado por esa boca. Se preguntó si era lícito llevar una vida tan lasciva, pues el resultado de estar a solas en cualquier lugar siempre terminaba en sexo. Mientras su pecho subía y bajaba con fuerza por los labios que lo apretaban delante y los dedos que lo hurgaban detrás, su mirada perdida por el placer se cruzó con unos ojos de color ámbar que lo observaban fijamente.

“Ah…. esp, ¡ah!”

¿Había sido por la sorpresa? ¿O fue la excitación de saber que alguien los miraba? En el momento en que sus ojos se cruzaron con los de Jerry, Hae-seo se estremeció violentamente y terminó eyaculando dentro de la boca de Seol Gong-woo.

“Ha… ha….”

“…….”

“Lo siento. Me asusté….”

Con el rostro encendido, Hae-seo observó a Gong-woo, quien tragó el semen antes de dejar salir el miembro lentamente. Incluso después de la eyaculación, Gong-woo pareció disfrutar del momento rozando ligeramente el tronco con los dientes al retirarse. Debido a ello, el miembro de Hae-seo tuvo un último espasmo sobre su rostro, esparciendo unas gotas más.

“¡Ah!”

“Si vuelves a eyacular por estar pendiente de él, lo enviaré con Tom.”

“Ja…. no es eso…. Es que usted lo hace muy bien.”

Era imposible que el hombre no supiera que la razón había sido Jerry. Aunque Hae-seo intentó excusarse, la expresión de Seol Gong-woo seguía siendo sombría. No era la primera vez. Aunque Jerry fuera un animal que no entendía nada, el sexo implica movimientos rítmicos que despiertan la curiosidad de cualquier gato. Y cada vez que pasaba, Hae-seo se distraía o terminaba antes de tiempo. Para alguien como Gong-woo, que prefería disfrutar del sexo con calma y lentitud, era natural que la situación no le agradara.

Hae-seo iba a decir algo, pero se detuvo al mirarlo fijamente. Los ojos del hombre, mientras se limpiaba el semen con su mano grande, estaban enrojecidos. Quizás por la presión del esfuerzo al realizar el sexo oral, parecía alguien que acababa de contener el llanto.

‘¿Por qué tiene que verse tan excitante…?’.

Resultaba absurdo, pero el simple hecho de ver sus ojos enrojecidos hizo que el miembro de Hae-seo recuperara vigor. Estiró la mano y limpió un rastro de semen de la mejilla del hombre.

“No es eso…. Es que aún es un niño, que vea esto es un poco….”

“Joseph dijo que tiene unos ocho años. En edad gatuna, eso son unos cincuenta. Ya es mayor para saberlo todo. Y él seguro que hizo de las suyas mil veces cuando vivía en la calle.”

“¡Qué dice! ¡En este barrio no hay ni un solo gato negro que se parezca a nuestro Jerry!”

“Ha….”

“Además, si lo dice así, me dan menos ganas de seguir. Qué falta de respeto frente a un mayor…. ¡Eek!”

Antes de terminar la frase, el miembro de Hae-seo fue apresado con fuerza por la palma de Seol Gong-woo. Él aplicó presión como si lo masajeara y usó un dedo para frotar el orificio de la uretra. De inmediato, el líquido preseminal brotó de nuevo, empapando su palma.

“¡Ah! ¡Tan de repente!”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Me parece más irrespetuoso un hombre que suelta fluidos con solo tocarlo. Para ser un Beta, secretas demasiado.”

“¡Cualquier hombre reaccionaría si lo manosean así!”

Hae-seo empujó a Gong-woo y lo miró con reproche. No podía permitir que siguiera burlándose de su cuerpo. Se dio cuenta de que, mientras él estaba desnudo, el hombre seguía vestido a pesar de estar arrodillado. ‘De verdad, como un pervertido, siempre soy yo el único sin ropa…’. Indignado, decidió cerrar el trato.

“¿Y bien? ¿Con qué empresa es el consorcio? Dígamelo. Ya me la chupó….”

“Fui yo quien lo hizo, ¿por qué debería hablar yo?”

“¡Pero si fue usted quien empezó!”

“Mi miembro no ha recibido su parte del trato, así que la negociación queda cancelada, investigador Hyun Hae-seo de SGE.”

Seol Gong-woo ignoró el miembro erecto de Hae-seo, le dio un par de palmaditas en el trasero, se levantó y salió del estudio.

“¿En, en serio va a terminar así?”

Gritó Hae-seo, pero solo recibió el sonido de los pasos alejándose. Jerry, habiendo perdido el interés, también salió trotando de la habitación. Hae-seo se quedó solo en el estudio, mirando estupefacto los rastros que su amante —ahora convertido de nuevo en un frío rival corporativo— había dejado atrás.

*

Otra vez.

Al regresar a su sitio tras la reunión de la tarde, Hae-seo miró con fijeza las flores que llevaban apareciendo cuatro días seguidos. El primer día llegaron a la hora de entrada; a partir del segundo, llegaban en cualquier momento de la jornada, a capricho del remitente. Hae-seo suspiró y apartó el ramo hacia un rincón del escritorio.

“¡Vaya, hoy también han llegado!”

Eden, que llegaba justo detrás de él, dejó sobre la mesa el paquete de tabaco que acababan de compartir y sonrió con malicia. Hae-seo, temiendo que su colega empezara a imaginar guiones de cine con él y algún empleado de la empresa como protagonistas, sacó el tema laboral.

“Entonces, según Blondel, ¿mañana tenemos que asistir a la reunión del proyecto de desalinización?”

“Sí. Es un proyecto de gran escala, así que parece que lo harán en consorcio con otra empresa. Quieren que participemos para revisar la estrategia antes de la propuesta.”

“¿Y quién es el socio del consorcio…?”

“¡Oh, son hiancintos!”

Antes de que Hae-seo terminara la pregunta, la voz de Lian, del equipo de seguridad, interrumpió la charla. Parecía tan emocionado con las flores como si las hubiera recibido él mismo.

“Ah, Lian. ¿Qué le trae por aquí?”

“Dijo que las flores de hoy son hiancintos. ¿Puedo llevármelas? A mi hijo le encantan estas flores.”

Lian preguntó con una cara llena de expectación. Desde que corrió el rumor de que Hyun Hae-seo recibía flores de un remitente desconocido todos los días y que las entregaba de inmediato a cualquiera, los empleados ahora hacían turnos para pedirle las flores con total naturalidad.

“Sí, por supuesto. Lléveselas.”

“Gracias. La próxima vez, yo también le regalaré flores bonitas a Hae-seo.”

Hae-seo pensó que 'unas flores no eran para tanto' y le devolvió a Lian una sonrisa amable. Lian, con el rostro más encendido que nunca, le dio un atento beso en la mejilla a modo de despedida y salió del laboratorio con un paso que denotaba cierta renuencia a marcharse. Eden, observando la escena con fijeza, se cruzó de brazos con gesto suspicaz.

“Lian… no puede ser él. Tiene un hijo… y bueno, su marido.”

“¿A qué te refieres?”

“¿A que mi colega podría estar teniendo un flirteo con alguien recién divorciado? No, aunque me dijeron que Rence no es.”

“Si no es él, qué alivio. Porque si fuera él, hoy mismo pensaba darle un buen golpe con el ramo.”

Al principio no le dio importancia, pero el hecho de recibir flores a diario de un tipo desconocido empezaba a generarle un estrés latente. Hae-seo se frotó los párpados con cansancio.

A estas alturas, pensó que era una suerte no haberle dicho nada a Seol Gong-woo. Un amante que recibe flores y tarjetas con apodos extraños de una persona anónima cada día; poniéndose en su lugar, se sentía lo suficientemente desagradable como para que la sangre le hirviera.

La mirada de Hae-seo se dirigió a un rincón del escritorio. Allí estaban las tarjetas con el mismo mensaje desde el primer día, apiladas sin cuidado como si fueran simples trozos de papel para garabatos.

Mientras las miraba fijamente, un recuerdo cruzó su mente. Ahora que lo pensaba... el mes pasado, durante una cena con el personal del proyecto de la planta de acero de hidrógeno verde, Gabriel le había preguntado qué flores le gustaban.

Hae-seo se inclinó hacia Eden y le habló en voz muy baja.

“¿Y si es Gabriel? Antes me preguntó qué flores prefería.”

“No es Gabriel.”

“Pareces muy seguro, cosa rara en ti.”

Hae-seo ladeó la cabeza ante la firmeza con la que descartaba a alguien. Normalmente, Eden colocaba a todo el mundo en la empresa sobre un tablero de sospechosos y deducía al culpable como si escribiera un guion de cine.

Los labios de Eden se apretaron como si dudara, y solo después de que el ventilador del portátil zumbara un par de veces, finalmente habló.

“Porque tuve una cita con Gabriel el fin de semana.”

“¿Qué?”

Quizás gritó demasiado fuerte, porque Beauvain, sentado tras la partición, asomó la cabeza para ver qué pasaba. Sus hombros rígidos y encogidos indicaban que, como de costumbre, se había quedado trabajando hasta tarde ayer.

Hae-seo forzó una gran sonrisa y agitó la mano restándole importancia. Luego, se giró bruscamente hacia Eden. Él, para haber soltado semejante bomba, estaba muy tranquilo manipulando el trackpad y organizando el acta de la reunión.

¿Cómo debía reaccionar ante esto? Hae-seo movió los labios sin saber qué palabras usar para preguntar por la causalidad de los hechos.

Una cita con Gabriel. Sabía que Gabriel solía disfrutar de citas y flirteos con los Omegas y Betas de la empresa, pero que el objetivo fuera Eden, quien tenía una pareja de años, era motivo de asombro. ¿No era eso una infidelidad?

Al final, dejó de darle vueltas y soltó lo primero que le vino a la mente.

“¿Rompiste con Cobb?”

“No. Pero últimamente las cosas… no van bien. Pensé que, si la cosa funciona, no sería mala idea cambiarme a este lado.”

“…Ya veo.”

“¿Por qué? ¿Es algo que el sentido común de un oriental no puede entender?”

Se preguntó si era un problema de Oriente y Occidente. Más bien parecía un tema de los franceses, o quizás de los europeos en general. Mientras no hubiera un vínculo familiar formal, les resultaba natural involucrarse sentimentalmente con otra persona incluso teniendo pareja.

Era como si, cuando tenían a alguien cerca bajo el nombre de "amigo", fuera solo para marcarlo como el amigo con el que saldrían mañana o el amigo con el que podrían salir el mes que viene.

Definitivamente, este lugar era un reino del romance saturado donde cualquier relación podía estallar en un flirteo en cualquier momento. Hae-seo reprimió su asombro y forzó una sonrisa.

“No, lo entiendo. Puede pasar. No es que estén casados…. Ah, aunque el PACS es algo distinto….”

“Fue bastante divertido. Así que pienso verlo unas cuantas veces más. Salir con alguien de la empresa definitivamente parece más cómodo.”

Eden se veía bastante satisfecho, tal como decían sus palabras. A diferencia de Corea, donde los romances de oficina suelen mantenerse en secreto por las miradas ajenas o lo incómodo de una posible ruptura, aquí se disfrutaba abiertamente de la libertad de estar con la pareja incluso en el trabajo.

Si solo se tratara de esas ventajas, Hae-seo, con su propia experiencia en romances de oficina, también lo recomendaría con entusiasmo.

Una relación donde, si sientes ganas de ver al otro, puedes escaparte un momento a pesar del trabajo para ver su rostro. ¿Qué relación podría ser más perfecta para llenar el corazón de afecto a cada instante? A pesar de todo lo ocurrido, Hae-seo sabía que, si volviera al pasado, habría adelantado su romance con él unos días, no, un mes entero.

Recordó los besos fugaces que compartía con Seol Gong-woo en la oficina del jefe o en las escaleras de emergencia, ocultándose de la gente mientras ambos trabajaban horas extra en la época de Scanbic.

A diferencia de sus labios calientes, sus manos frías acariciaban su cuello firme, provocándole escalofríos desde la punta de los dedos.

Esa sensación seguía grabada en su corazón y solía recordarla a menudo, como si la sacara para acariciarla. Por eso, Hae-seo no tuvo más remedio que asentir ante la aventura de Eden.

“Bueno, sí…. tiene sus cosas buenas. Si sale bien, termina lo tuyo con Cobb y sal con él. Parece que a Gabriel también le gustas.”

“Primero tengo que acostarme con él. Luego te contaré qué es lo que guarda dentro de sus pantalones.”

“No, gracias. No tengo ninguna curiosidad por lo que haya en los pantalones de nadie.”

Aunque lo dijo con un tono ligero, había más seriedad que broma, lo que hizo que Eden estallara en carcajadas. A Eden le gustaba esa faceta de Hae-seo. Más que encontrarlo aburrido, solía elogiarlo diciendo que el encanto estoico de los orientales provenía de esa actitud.

Eden vaciló un momento y señaló el lugar del escritorio de Hae-seo donde antes estaban los hiancintos.

“Por cierto, si esa persona que te envía flores es alguien decente, ¿por qué no le das una oportunidad?”

“Yo ya vendí todas mis oportunidades y no me queda ninguna.”

“No me malinterpretes. Siento que a tu novio le falta pasión.”

¿Falta de pasión? Para que dijera eso, solo esta mañana Hae-seo se había despertado sorprendido por la sensación de seguir abierto tras la noche anterior, y al comprobarlo, el miembro de él seguía alojado en su interior.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Incluso, debido a que la erección matutina era más potente, al intentar retirarse a escondidas, soltó un gemido involuntario que despertó a Gong-woo, quien lo retuvo para repetir la faena un par de veces más.

Hae-seo se frotó el lóbulo de la oreja, que se había puesto rojo, y habló.

“No, bueno…. le sobra tanta pasión que es un problema, así que no te preocupes. Aunque supongo que no llegará al nivel del novio de Chloe.”

“¿Chloe? Ah….”

En la reunión de fin de año, justo antes de las vacaciones de noviembre, el tema más candente fue el acompañante de Chloe.

Chloe no tuvo que molestarse en presentar a nadie como su pareja, y la razón no era otra que el nombre "Chloe" tatuado en letras grandes y negritas en el cuello del hombre que estaba a su lado.

“Cierto…. nadie puede superar eso. Pero por si acaso, pregúntale una cosa.”

“¿El qué?”

“Pregúntale si, con tanta pasión que dices que tiene, sería capaz de tatuarse tu nombre.”

“…….”

En ese instante, Hae-seo se quedó sin palabras al imaginar a Seol Gong-woo con su nombre tatuado.

¿En qué parte…? Un hombre impecable que parecía no haberse hecho ni una marca de bolígrafo por error en la palma de la mano, con una marca de tinta semipermanente. Era difícil incluso de imaginar.

Justo en ese momento, como si el tiempo estuviera sincronizado, el nombre de Seol Gong-woo, guardado como ‘Profesor’, apareció en la pantalla de su móvil.

“Ah, un segundo.”

Hae-seo salió corriendo del laboratorio con el teléfono en la mano, sin esperar la respuesta de Eden. El sonido de sus zapatillas golpeando el suelo denotaba una urgencia mayor de la habitual.

Abrió la puerta de la salida de emergencia y se llevó el móvil al oído de inmediato. Antes de que él pudiera preguntar cómo estaba, Hae-seo soltó la pregunta casi gritando.

“Jefe, ¿por casualidad podría tatuarse mi nombre?”

— …….

Se produjo un breve silencio. Pasaron unos diez segundos, pero extrañamente sintió como si hubieran pasado diez minutos. 'Sí, claro, era de esperar'. Hae-seo apretó los labios, reprimiendo un sentimiento de decepción que no podía explicar racionalmente. Sin embargo, la respuesta de Seol Gong-woo llegó antes que su propia voz.

— ¿En qué parte lo hago?

La voz, que parecía haber ganado valor en ese breve lapso, no contenía ni rastro de broma ni de desconcierto. Hae-seo, animado por esa reacción, hizo su petición con fuerza.

“¡En el cuello!”

— Está bien.

“Vaya…. qué galán.”

— …Pero, ¿tiene que ser el cuello? Como sabes, mi trabajo implica reunirme con gente, así que me gustaría negociar una ubicación un poco más discreta.

“Entendido. Le perdono el cuello.”

Parecía que, a diferencia de su valiente aceptación, le resultaba abrumador un lugar demasiado visible para el tatuaje. Hae-seo soltó una risita ante su cautelosa petición de negociación.

“Definitivamente…. me gustan más los hombres que se tatúan que los que regalan flores.”

— Yo también te regalo flores. ¿Entonces no soy perfecto?

‘Solo me las regalas en aniversarios’. Hae-seo pensó que si decía eso, él se sentiría mal o presionado, así que simplemente se limitó a reír, dándole la razón en su perfección.

A partir de ahí, siguieron amenazas de hacerse tatuajes de pareja, con él diciendo que si él se lo hacía en el cuello, Hae-seo tendría que hacérselo en la frente. Siguieron haciéndose peticiones absurdas hasta que finalmente terminaron la llamada con un hermoso "te amo".

Tras colgar, Hae-seo sintió que el pecho se le ensanchaba y miró por la ventana. Al ver la suave luz filtrándose, se dio cuenta de que, desde que conoció a Seol Gong-woo, nunca había vuelto a sentir frío en invierno.

*

Dicen que los embotellamientos son inevitables en cualquier ciudad del mundo a la hora de entrada al trabajo, pero para Hyun Hae-seo, quien se sentaba tras el volante en París por primera vez como conductor propietario, la capital francesa le resultaba a veces más agotadora que Seúl.

Especialmente al cruzar la rotonda del Arco del Triunfo, ese agotamiento se multiplicaba. A diferencia de Corea, donde los vehículos que ya están en la rotonda tienen prioridad, en París los conductores simplemente deben salir de allí "por su cuenta", basándose en la intuición. Hae-seo pensaba que esa cultura de "manéjate como puedas" era difícil para cualquiera, hasta que vio a este hombre conducir.

Seol Gong-woo, al volante, se incorporaba al flujo de vehículos que giraban sin dudar ni un segundo, saliendo de la rotonda del Arco del Triunfo con una fluidez envidiable.

‘Conducir con una mano y mantener esa calma incluso en tramos como este es casi jugar sucio’, pensó Hae-seo. Cuando él conducía solo, se quedaba atrapado maldiciendo más de una vez. Hae-seo apretó los labios con una expresión sombría, como si tuviera todas las quejas guardadas en un cajón y se negara a sacar ni una.

Gong-woo, notando el rostro incómodo de Hae-seo al pasar por allí, esbozó una sonrisa relajada.

“¿Acaso estás examinando dónde me voy a hacer el tatuaje?”

“Sí. Este lugar me parece el más adecuado.”

Hae-seo, sintiéndose un poco travieso, picó la mejilla de Gong-woo con el dedo. Este giró ligeramente la cabeza intentando morderle el dedo, y Hae-seo comenzó un juego infantil, fingiendo huir para volver a picarlo.

Siempre era así. Cuando estaban solos, se volvían infinitamente infantiles, pero en cuanto sus miradas se encontraban, recuperaban una madurez absoluta.

Todo lo que existe tiene una inercia, y el afecto no era la excepción. El deseo de que este amor perdurara se instaló en ambos como una inercia constante. Desde un ligero juego de manos hasta un beso profundo, no había nada que se intercambiaran que no fuera puro afecto.

Tras dejar el juego de manos, la conversación derivó hacia los modales de conducción en Seúl y París. Coincidieron en que, aunque los conductores aquí eran más relajados, la tasa de accidentes no difería mucho de la de Seúl. Fue entonces cuando Hae-seo relató un pequeño incidente que tuvo su colega Beauvain hace poco.

“Parece que cerca del Louvre es más peligroso por el tráfico constante. En Corea, casi no hay coche que no tenga caja negra, así que los problemas de culpabilidad se resuelven fácil. Beauvain estaba muy indignado…. ¿Por qué aquí no usan algo tan práctico como la caja negra?”

“Supongo que prefieren un enfoque conservador respecto a la privacidad. Sin embargo, si el país no las prohíbe estrictamente, algunos coches las traen como opción dependiendo de la gama.”

“¿Entonces usted no la puso por la privacidad? Este coche no tiene, ¿verdad? No veo ninguna cámara….”

“Ah, mi coche….”

Él hizo una pausa, como si dudara. Hae-seo enarcó las cejas instándolo a continuar. Pero antes de que los labios de Gong-woo articularan palabra, el móvil de Hae-seo emitió un sonido.

[Foto]

Con una vibración corta, una burbuja de mensaje saltó en la pantalla. El remitente era Lian, quien ayer se había llevado las flores. Al ver que enviaba una foto, Hae-seo supuso que sería una prueba de las flores para agradecerle el detalle.

Hae-seo guardó el móvil en el bolsillo de inmediato sin abrir la foto. Sabía que, de hacerlo, su conciencia se pincharía con las espinas de esos hiancintos que no eran suyos.

“¿Quién te escribe?”

“Lian, que dice que llegará un poco tarde hoy. Ja, ja…. Teníamos planeada una pequeña reunión por la mañana.”

“¿Lian? ¿Quién es?”

“El manager de seguridad. ¡Tiene un hijo precioso y una familia muy armoniosa! Aunque…. se divorció. Por cierto, ¿usted llegará tarde hoy?”

Hae-seo cambió de tema con naturalidad, pasándose la mano por el cabello.

“Mmm…. puede que un poco. ¿Quieres hacer algo?”

“No, solo por saber qué cenamos. ¿Tiene algún compromiso?”

“He quedado en cenar con los del consorcio.”

“Entonces disfrute de la cena. Yo comeré con Jerry y le esperaré.”

“Está bien. Pero…. ¿aún no has pensado en un apodo? Creo que te di una pista.”

Seol Gong-woo se encogió de hombros ligeramente. Aunque hablaba con un tono risueño, al final de la frase colgaba una pequeña queja, un deje de decepción.

‘Ah…. lo había olvidado’. Hae-seo desvió la mirada. Se preguntó cuándo le había dado una pista y repasó mentalmente el comportamiento reciente de Gong-woo. ¿Se refería a cuando lo llamó "investigador" en el estudio? No, eso no era un apodo…. Al no ocurrírsele nada, optó por retroceder.

“Poco a poco…. de forma natural….”

“¿Cómo me vas a llamar?”

“Vicepresidente….”

“…….”

Al oír eso dicho con voz queda, Seol Gong-woo giró la cabeza bruscamente hacia Hae-seo.

“¡Cuidado, que chocamos! Mire al frente.”

“Creo que el choque lo has provocado tú.”

“…….”

No había forma de rebatirlo. Al ver su labio ligeramente torcido, Hae-seo supo que, de no estar al volante, Gong-woo ya le habría mordido el cuello a modo de castigo. Hae-seo se acarició su cuello, todavía intacto, y evitó el contacto visual.

“Pero usted también me llama ‘tú’.”

“Entonces llámame ‘tú’ también.”

“Oye….”

“¿Oye?”

¿Acaso la pareja de ‘tú’ no era ‘oye’? Pero eso era algo que debía tragarse. Hae-seo, para terminar con esa conversación carente de romance o humor, forzó una sonrisa y dijo:

“Gong-woo…. oye….”

“…Veo que sabes decir mi nombre perfectamente.”

La puntuación para el nombre de su amante, pronunciado con valentía, fue un suspenso rotundo. El tono de Gong-woo era puro sarcasmo. Como Hae-seo no se tomaba sus quejas en serio, la magnitud de la insatisfacción de Gong-woo solo podía aumentar. Hae-seo decidió entonces insistir en su propia convicción para superar la crisis.

“Jefe.”

“Qué.”

“No, es que ese es el apodo que he pensado.”

“¿Qué?”

Su voz fue tan baja y agresiva como la brevedad de su pregunta. Por suerte, el coche ya estaba llegando a las inmediaciones del edificio de SGE. Gong-woo detuvo el coche un momento cerca de un parque y, como si no le gustara esa idea, se apoyó con ambos brazos sobre el volante mirando fijamente a Hae-seo.

“No es que no tenga ganas de pensar uno. Escuche. Ya no hay nadie en el mundo que le llame ‘Jefe’ o ‘Suseok-nim’, ¿verdad?”

“¿Y?”

“Pues por eso, quiero ser el único que lo llame así. Así se cumple la condición de un apodo.”

“……."

“¿No se trata de eso? Algo que solo dos personas usen. Para ser sincero…. odio los apodos trillados como ‘cariño’ o ‘tesoro’. ¡Tanto como lo considero especial, le llamaré de forma especial como mi propio Jefe! ¡Tengo confianza!”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

De tanto repetir la palabra, incluso se le trabó la lengua una vez. Sin rendirse, Hae-seo movió los labios varias veces como si practicara cómo decir "Jefe" de la forma más romántica posible.

“Tú de verdad….”

Seol Gong-woo lo miró sin poder enfadarse del todo. Sabía que era una artimaña para escapar de una situación embarazosa, pero el problema era que, de alguna manera, tenía sentido.

Tal como decía Hae-seo, ya nadie lo llamaba así. Lo llamaban Dubecq, o Levi, o por su cargo rígido de Vicepresidente. Se había acostumbrado a esas denominaciones más que a su propio nombre.

Fue entonces cuando escuchó una voz diferente, no como la de hace un momento cuando insistía en cosas absurdas, sino una voz que llamaba a algo íntimo y reservado.

“Gong-woo….”

“…….”

“También le llamaré así.”

Hae-seo habló con la nuca encendida. Con los ojos entrecerrados y una expresión tímida. Aprovechar un resquicio en cuanto lo detectaba era algo que a Hae-seo se le daba de maravilla.

Por eso, cada vez que Gong-woo escuchaba a Hae-seo quejarse de no saber cómo entrar o salir de una rotonda, le daban ganas de aconsejarle que simplemente hiciera lo mismo que le hacía a él.

Una vez más, Hae-seo había buscado el punto débil de Gong-woo. Como el apodo de "Jefe" no parecía suficiente, pronunció su nombre por primera vez, como un joven tímido que dice el nombre de su primer amor.

“Ha….”

Finalmente, Seol Gong-woo soltó una risa leve, dándose por vencido. Nunca había querido perder ante nadie, pero con Hae-seo siempre sentía que acababa cediendo.

Y no le molestaba. Al contrario, como Hae-seo sabía perfectamente que él cedía, Gong-woo solo esperaba con ansias el momento en que su amante le diera algo a cambio, como una recompensa.

“Me esforzaré más.”

Como era de esperar, Hae-seo apoyó el rostro en el hombro de Gong-woo a modo de premio. También abrazó el brazo que él tenía sobre el volante.

Gong-woo lo miró y le dio un golpecito en el tabique nasal con el dedo. Al verlo fingir dolor y frotar su cara contra su brazo, le entraron ganas de bajarle los pantalones allí mismo. Quería ponerle un espejo delante para que viera que esa era su verdadera cara de dolor mezclado con excitación.

“Entonces, llámame así de verdad.”

“Jefe….”

La mano de Hyun Hae-seo acarició lentamente su brazo. Cuando esa voz, entrecortada por la excitación y la expectativa de lo que vendría después, pronunció su antiguo cargo —ahora convertido en algo íntimo—, él también dejó escapar un suspiro ardiente mientras su pecho subía y bajaba con fuerza.

“No está mal.”

Seol Gong-woo sujetó a Hae-seo, quien intentaba desviar el rostro por la vergüenza, y unió sus labios. Sus narices chocaron por la premura del contacto, pero a ninguno le importó; simplemente se dedicaron a devorar el aliento del otro con mayor profundidad.

A medida que el beso se prolongaba, el sonido húmedo empezó a asemejarse peligrosamente al de una penetración. Sensibles a ese ruido, ambos empujaron sus lenguas con la misma urgencia con la que buscarían sus genitales.

“Hng…”

“Hoy…. regresaré temprano.”

Gong-woo acarició con el dedo los labios de Hae-seo, que brillaban por la saliva compartida. Sus dedos, cargados de una lujuria tan ardiente como su lengua momentos antes, y su voz baja y rasposa, no diferían en nada de la de un hombre profundamente sumergido en la dulzura de una luna de miel.

En realidad, Hae-seo nunca se lo había dicho, pero cada vez que intercambiaban saludos como ‘Que te vaya bien’, ‘Hoy volveré pronto’ o ‘Ya estoy en casa’ —palabras que solo quienes comparten cama pueden decirse—, sentía una opresión en el corazón, como si realmente estuvieran casados.

“Sí. No tarde demasiado. Por cierto, esa corbata….”

“¿Qué? ¿No te gusta?”

“No, es que está un poco torcida… Espere un segundo.”

Hae-seo, con una timidez impropia de él, mordisqueó su labio inferior antes de arreglarle la corbata a Seol Gong-woo. Le daba vergüenza admitir que se había excitado tanto con un solo beso que, al acariciarle el pecho, terminó desordenando hasta su ropa.

“Ya está. Bueno, me voy. Nos vemos a la noche.”

“Ve con cuidado.”

“¡Sí!”

Hae-seo respondió con más energía que de costumbre y abrió la puerta del coche de inmediato. Sabía que si el ambiente seguía volviéndose más denso, acabaría quitándole la corbata a ese hombre allí mismo para hacer quién sabe qué.

Con un rastro de melancolía, se giró antes de cerrar la puerta para decirle adiós con la mano, pero entonces ocurrió.

“¡Hae-seo! ¡Qué coincidencia encontrarte aquí!”

“Ah…. Lian.”

Ante el repentino llamado, Hae-seo se quedó congelado, sin cerrar ni abrir la puerta del todo, intercambiando un saludo forzado con Lian.

“Te envié un mensaje hace un rato, ¿no lo viste?”

“Ja, ja…. todavía no.”

Hae-seo giró la cabeza hacia Gong-woo instintivamente. Como era de esperar, él observaba a Lian con fijeza, con una expresión que parecía anticipar cada palabra que saldría de su boca. Si Lian llegaba a mencionar el contenido del mensaje, Hae-seo no tenía ni idea de cómo iba a minimizar o encubrir la situación.

Intentó despedir a Gong-woo rápido para evitar el momento incómodo, pero Lian estaba más animado que nunca y, por ende, más parlanchín.

“Oye, de verdad, muchas gracias por las flores de ayer.”

“¿Qué?”

‘Si hay un límite para suplicar a los dioses, debo de haberlo agotado en este segundo’, pensó Hae-seo. Rezaba a cualquier deidad para que Lian no mencionara el tema de las flores, pero sus plegarias fueron en vano.

“En realidad pensaba dárselas a mi hija…. pero como me las diste tú, no pude dárselas a la niña.”

“¡Ah, no! ¡¿Yo cuándo…?!”

Claramente, el destino no estaba del lado de Hae-seo, quien a veces creía en Buda y otras en Jesús según le convenía. Se frotó la cara con las manos varias veces y agitó los brazos, rogando internamente que Lian guardara silencio.

Sin embargo, a Lian no pareció extrañarle la rigidez de Hae-seo —que actuaba como un hombre pillado en plena infidelidad—; se acercó más y, mientras Hae-seo seguía aferrado a la puerta del coche sin saber qué hacer, le plantó un beso en la mejilla en señal de agradecimiento.

“Eran tan hermosas que me quedé mirándolas toda la noche. De verdad, gracias. Por eso, me gustaría que cenáramos juntos hoy…. ¿tienes tiempo?”

“¡No, no puede decir eso aquí…!”

Para alguien que no conociera el contexto, la situación era perfecta para un malentendido monumental. Además, ¿no había mantenido Hae-seo todo el asunto de las flores en secreto absoluto frente a Seol Gong-woo? Pero en el amor, los secretos siempre terminan filtrándose.

Finalmente, una voz gélida se filtró desde el interior del coche.

“Así que diste flores.”

“…….”

“Y a una mujer que tiene un hijo precioso, además.”

Las yemas de los dedos de Hae-seo, que aún sujetaban la puerta, se pusieron blancas. Giró la cabeza lentamente hacia el asiento del conductor. El hombre, que tamborileaba el volante como si estuviera procesando algo, ni siquiera lo miró al hablar de nuevo.

“Nos vemos luego.”

El saludo que hacía apenas diez minutos le había parecido el sueño de un recién casado, se transformó en las palabras que menos quería escuchar en el mundo.

*

Hae-seo, que había llegado a la sala de reuniones con Eden, se quedó petrificado mirando su teléfono. El sonido de una notificación de mensaje lo había puesto en alerta. Con el corazón en un puño, revisó la pantalla:

Creo que esta vez va en serio, me voy a casar... El banquete será comida de templo jajaja.

02:46 pm

“…….”

El mensaje que tanto esperaba no llegaba, y lo único que recibía eran las tonterías de su impulsivo amigo Jin-seong, que ya planeaba su boda con una mujer con la que ni siquiera salía oficialmente. Hae-seo suspiró y dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa de reuniones.

Para deshacer el malentendido sobre las flores que le dio a Lian, le había enviado a Seol Gong-woo un mensaje larguísimo, detallando con cada palabra cuánto lo amaba, pero seguía sin recibir respuesta.

“De verdad, esto es...”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

De pronto, recordó una frase que había leído en alguna parte: El viento que sopla contra el aroma de las flores representa la codicia, el pecado y el sufrimiento.

Él solo había entregado ese aroma a otra persona para evitar precisamente que pareciera una infidelidad, ¿pero acaso eso también se consideraba un pecado? Hae-seo reconocía su error al no haber hablado antes, permitiendo que el malentendido creciera, pero el silencio unilateral de Gong-woo empezaba a parecerle algo cruel.

“¿Pasa algo?” preguntó Eden.

“Nada.”

“Claro que pasa algo.”

“No lo creo.”

“¿Te preocupa que hoy no hayan llegado flores?”

Las flores. Las malditas flores. Hae-seo clavó la mirada en el vacío. Ahora que lo pensaba, ya era tarde y hoy no se había entregado ningún ramo. Durante días, habían aparecido en su escritorio en los momentos más inoportunos y con tamaños exagerados, pero desde que Seol Gong-woo se enteró, no había caído ni un solo pétalo.

¿Se estaba burlando de él? En lugar de alegrarse, Hae-seo sentía que el mundo entero estaba conspirando en su contra.

“Es una pena. Me divertía adivinar quién sería el afortunado que recibiría tus flores hoy.”

“No sabía que me había convertido en el romántico oficial de la empresa.”

“A todo el mundo le gusta que un hombre guapo le regale flores.”

Hae-seo se dio cuenta en ese instante de que lo que para él era simplemente deshacerse de un compromiso, para los demás tenía un significado distinto. '¿Este es el resultado de repartir flores sin pensar?', se preguntó mientras se frotaba el rostro con fatiga.

¿Debería haber confesado desde el principio? Pero Seol Gong-woo era el tipo de amante que sentía celos incluso si un perro callejero se le acercaba demasiado. No quería darle preocupaciones innecesarias. Sabía que, si volviera atrás, probablemente tomaría la misma decisión. Su único arrepentimiento real era no haber incinerado las flores en lugar de dárselas a alguien.

'¿Cómo se supone que voy a consolarlo cuando mi propio arrepentimiento es a medias...?', pensó. Mientras encendía su portátil para la reunión, su mente seguía ocupada enteramente por Gong-woo.

En ese momento, Eden, que parecía estar de un humor diametralmente opuesto, le puso el móvil delante con una sonrisa de oreja a oreja.

“Mira esto.”

“¿Qué es?”

“Es tan infantil que hasta me parece tierno.”

En la pantalla se veía una foto de un parque nevado. En el suelo, alguien había escrito su nombre seguido de un mensaje de amor. De fondo, aparecía la mitad del rostro de Cobb, posando con esa confesión romántica. Lo que más llamaba la atención no era el mensaje en la nieve, sino la frondosa barba de Cobb, que distaba mucho de parecer "infantil".

“¿No ibas a intentar algo con Gabriel? ¿Ya te reconciliaste con Cobb? ¿Solo por un mensaje así?”

“No, nos reconciliamos antes.”

“¿Cómo? Pensé que estabas tan harto de él que buscabas a otro. ¿Cómo se arreglaron?”

Hae-seo lo acribilló a preguntas, ansioso por conocer el proceso de reconciliación. Eden, notando la urgencia sospechosa de su colega, echó su silla hacia atrás con una sonrisa maliciosa.

“¿Por qué? ¿Acaso tuviste una pelea muy apasionada con tu novio?”

“No es por mí, es por... mi amigo Jin-seong. Me llamó por teléfono internacional diciendo que se peleó con su novia y me dejó muy intranquilo. Ja, ja...”

“¿Ah, sí? ¿Pero ese amigo no te había pedido que le presentaras a alguien porque estaba soltero?”

“No, no, ya tiene a alguien. Se van a casar. En un templo... Como las bodas de iglesia, pero en un templo budista. Una boda-templo o algo así...”

'Lo siento, Jin-seong. Cuando te cases, te daré un sobre bien generoso como si fuera una ofrenda', pensó Hae-seo pidiendo perdón mentalmente a su amigo en Corea, mientras se encogía de hombros fingiendo que la historia no iba con él.

No quería decirle la verdad a Eden porque sabía que la imagen de Seol Gong-woo en la cabeza de su colega era peor que una colilla tirada en la calle. Si añadía que se habían peleado, Eden le diría que lo dejara sin siquiera escuchar los detalles.

“¿Y por qué pelearon?” insistió Eden.

“Bueno... hubo un malentendido. Mi amigo recibió algo de un desconocido, y como le pareció un compromiso y no quería que su pareja malinterpretara las cosas, se lo dio a otra persona. Pero, por desgracia, su pareja se enteró de que le había dado eso a alguien más...”

“¿Qué fue lo que dio? Todo depende de qué fuera.”

Hae-seo buscó desesperadamente un objeto. Si decía flores, sería obvio que hablaba de sí mismo. Algo que fuera comprometedor para alguien con pareja... ¿Un anillo? ¿Un reloj? ¿Ropa? Nada encajaba. Finalmente, soltó lo primero que le vino a la boca:

“¡Bombones! ¡En forma de corazón!”

“...¿Y se enfadó por unos bombones?”

“¡Tenían forma de corazón! Eso cambia el significado.”

'Estoy perdido', pensó Hae-seo. Hasta a él mismo le pareció una explicación absurda. Cerrar la brecha cultural entre Hae-seo, que había comido arroz toda su vida, y Eden, que había masticado baguettes, era una tarea titánica. Obviamente, el consejo de Eden no fue de mucha ayuda.

“Si se enfada porque intercambias bombones de corazón con alguien que no es tu pareja, ¿no debería ir al médico? Eso es celotipia. Está loco. Debería dejarlo, ¿para qué reconciliarse?”

La imagen de Gong-woo acababa de descender de "colilla" a "escupitajo". Eden empezó un monólogo sobre por qué no debía salir con tipos así, recordando a un ex suyo que se peleaba con cualquiera que lo mirara en la calle.

Hae-seo, agotado de escuchar historias sobre novios posesivos, miró su muñeca con gesto exagerado. Era hora de la reunión. Hoy era un día importante donde el PM del proyecto de desalinización y una empresa externa discutirían la estrategia, así que debía concentrarse.

“¡Vaya, mira la hora!”

“Aún no han entrado. Te lo digo en serio, la obsesión no es amor. Es una enfermedad incurable.”

“Ya te entendí, preparemos la reunión. ¿Dijiste que llegó un correo con los requisitos del departamento comercial? Enséñamelo.”

“Dile a tu amigo que la solución es romper. ¿Dijiste que era Beta? El otro seguro es un Alfa por cómo se comporta. Si se descuida, lo marcarán y estará atado a él toda la vida. Espera, deja que encienda el portátil.”

Hae-seo se llevó la mano a la frente. Todo era culpa de estar atado a un hombre con esa "enfermedad incurable" llamada obsesión.

“¿No te quedaste sin batería?” preguntó Eden mirando el monitor de Hae-seo.

“¿Eh? Ah, se habrá descargado. Juraría que estaba bien.”

“Llevabas días usándolo enchufado. Usa este adaptador, lo traje por si acaso.”

“Gracias, me has salvado.” Hae-seo hizo un amago de beso al aire hacia Eden, imitando el gesto de agradecimiento común en París. Eden se rió, pero de repente recuperó la seriedad.

“Por cierto, tenía algo que decirte.”

“¿Qué?”

“¿Sabes quién viene como socio del consorcio para esta reunión?”

“¿Cómo voy a saberlo? Era alto secreto. Hubo mucha competencia.”

Como el proyecto de desalinización era enorme, SGE trabajaba con socios externos. Eden se acercó al oído de Hae-seo.

“No te asustes.”

“¿Por qué me iba a asustar? Oye, ¿por qué esto no encaja?” Hae-seo intentaba conectar el adaptador de Eden a su portátil, pero no entraba. Lo levantó para inspeccionar el puerto. “Es el mismo modelo, ¿por qué no funciona?”

“Solo empuja un poco... Por cierto, si supieras quién viene hoy, podrías soltar el portátil del susto.”

“¿Qué pasa? ¿Viene mi antiguo jefe o algo así?” bromeó Hae-seo.

“Vaya. Así que ya lo sabías.”

“¿Qué?”

En ese instante, se oyó el sonido de sillas arrastrándose y pasos en la sala contigua. El equipo del proyecto y el consorcio parecían haber terminado su reunión previa. Hae-seo bajó el portátil y miró a Eden con sospecha.

Eden, ahora con una voz profesional y los hombros erguidos, sentenció:

“Victor.”

“…….”

“Ya sabes que han abierto una filial en Francia. Y su vicepresidente es...”

“Veo que ya estaban aquí.”

La puerta se abrió, cortando las palabras de Eden. Entraron Simon y Lucas, los responsables del proyecto, junto con los representantes del consorcio.

“Siento el retraso, estábamos en una reunión previa.”

“Lo sabemos, se oía desde aquí”, respondió Eden con una sonrisa tensa.

“¿Hacíamos mucho ruido? Ah... por cierto, creo que ustedes dos trabajaron con el señor Dubecq en el pasado, ¿verdad?” dijo Simon, el PM.

Eden sonrió con torpeza. Hae-seo, con el adaptador todavía en la mano, se quedó mirando al hombre que acababa de entrar.

Era un hombre alto, con un traje gris oscuro impecable y el cabello peinado hacia atrás con pomada. Su presencia emanaba una fuerza imponente, y en su cuello descansaba una corbata con el mismo patrón de cuadros que Hae-seo había arreglado con tanto esmero esa misma mañana.

“Levi, cuánto tiempo. ¿Cómo ha estado?”, dijo Simon.

“Gracias a usted, muy bien. ¿Tú también has estado bien, Eden?”

La voz profunda de Seol Gong-woo llenó la sala. Su mirada recorrió a Eden con cortesía antes de detenerse, lenta y pesadamente, en Hyun Hae-seo.

La mano de Seol Gong-woo rozó apenas la de Eden antes de retirarse. Al mismo tiempo, su mirada se posó en el rostro de Hyun Hae-seo, quien seguía observándolo con una expresión de absoluto aturdimiento.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Gong-woo amagó con extenderle la mano a Hae-seo, tal como hizo con Eden, pero se detuvo al fijarse en el adaptador que este sostenía.

“¿Tienes algún problema con el portátil?”

Al segundo siguiente, inclinó el torso hacia Hae-seo, quien permanecía allí parado con una expresión de desconsuelo, como si estuviera en el lugar equivocado. A una distancia tan corta que era imposible ocultar el acelerado latido del corazón, Gong-woo tomó el adaptador de las manos de Hae-seo y lo conectó personalmente al puerto de corriente.

“Parece que no tiene ningún problema.”

El zumbido del ventilador al encenderse resultaba tan incómodo como la situación misma. Hae-seo frunció el ceño, confundido por si su malestar se debía al portátil que por fin funcionaba o a la aparición repentina del hombre que tenía delante.

“Jefe, ¿qué hace usted aquí…?”

“No soy el Jefe, soy Levi.”

“…….”

“Hoy, llámame Levi.”

Cuando uno tiene un mal día, los malentendidos más absurdos se acumulan y ni siquiera un adaptador de corriente encaja a la primera. El mismo amante al que le había arreglado la corbata esa mañana aparecía por la tarde con el aura de un superior del pasado, dejando a Hae-seo sumido en la confusión.

“He oído que entre los tipos de plantas de desalinización existe un método que utiliza energía solar. ¿Es demasiado pronto para nuestro proyecto? Por las características climáticas de Oriente Medio, no debería haber problemas para aprovechar la energía solar.”

“Tiene razón. En otras regiones es difícil por el clima, pero en Oriente Medio no hay que preocuparse por eso al considerar instalaciones solares. Creo que proponer ese método resultaría muy interesante para el cliente…. ¿Es factible? ¿Qué opina el laboratorio al respecto?”

Simon, respondiendo a la pregunta de Gong-woo, asintió y miró a Eden y a Hae-seo. Este último cerró el puño suavemente sobre el portátil y se aclaró la garganta. Luego, mirando a Simon y no a Gong-woo, comenzó a hablar.

“Como bien dice, las instalaciones que usan energía solar como fuente están especializadas para proyectos en Oriente Medio, pero ese método implica instalar lechos de evaporación para el agua de mar y luego condensar el vapor en las paredes internas. Debido al diseño, hay limitaciones para escalar a instalaciones de mediano o gran tamaño, por lo que no lo recomiendo para este caso.”

“¿Entonces sugiere que es útil para proyectos pequeños fuera de Oriente Medio?”

“Sí. En esta ocasión, creo que lo más adecuado en todos los sentidos es optar por el método de destilación flash multietapa (MSF). Estoy seguro de que el señor Dubecq… perdón, Levi, pensará lo mismo.”

El método flash multietapa consistía en desalinizar el agua aprovechando el fenómeno de evaporación instantánea que ocurre al reducir la presión del agua caliente por debajo de su presión de saturación. Aunque su desventaja era el alto consumo energético, era el método más apto para proyectos de gran escala como los de Oriente Medio, ya que producía el agua de mayor pureza.

“De acuerdo. Entonces, sigamos el consejo del investigador Hyun Hae-seo y vayamos con el método flash multietapa.”

Seol Gong-woo esbozó una ligera sonrisa de satisfacción, como si acabara de escuchar una estrategia brillante.

‘Si ya pensaba hacerlo así desde el principio…’.

Hae-seo cruzó su mirada con la de Gong-woo por primera vez desde que empezó la reunión. El desconcierto y la agitación de haberse encontrado en un lugar inesperado vibraban de forma irregular entre los dos.

En realidad, la persona que le había enseñado a Hae-seo las ventajas y desventajas de las plantas de desalinización no era otro que Seol Gong-woo. Al entrar en SGE, tuvo que estudiar mucho sobre este negocio que le resultaba ajeno, y en cada ocasión, Gong-woo se comportaba como un profesor particular, pegado al teléfono cada noche para analizar y explicarle las partes más difíciles.

Por eso, Hae-seo había desarrollado el hábito de buscarlo cada vez que no sabía algo. O mejor dicho, era Gong-woo quien lo buscaba a él primero.

A diferencia de Hae-seo, que a veces se quedaba parado mirando el timón sin saber qué rumbo tomar ante un nuevo reto, Seol Gong-woo siempre abría caminos nuevos sin vacilar. Y así como las personas con objetivos claros nunca titubean, él siempre iba un paso por delante para que Hae-seo no se detuviera ni dudara. El camino por el que él avanzaba era siempre la senda del éxito, y allí Hae-seo nunca había tenido que soportar ni una ráfaga de polvo.

Pero hoy…. no ha habido daños, así que ¿acaso esto es un "viento de flores"?

Hae-seo retiró la mirada del hombre y soltó un leve suspiro. La aparición sin aviso del hombre en su faceta de antiguo jefe le resultaba sumamente incómoda. ‘En cuanto termine la reunión vas a ver, de verdad yo…’.

“Bien, dejemos que nosotros hablemos más sobre este punto con la autoridad de desalinización de Arabia Saudita y terminemos por ahora.”

La reunión concluyó unos diez minutos antes de lo previsto tras revisar algunos puntos estratégicos. Hae-seo tomó su móvil con la intención de enviarle un mensaje recriminatorio a Gong-woo de inmediato, pero Simon habló con entusiasmo mientras Eden guardaba su portátil.

“Hemos quedado en tomar una copa de vino esta noche. ¿Quieren unirse Eden y Hae-seo?”

“Sí, por supuesto…. me parece bien.”

“…Sí.”

Hae-seo cerró el mensaje que no llegó a enviar y guardó el teléfono en el bolsillo interior de su chaqueta. No pudo rechazar la propuesta de Simon; las reuniones organizadas por superiores para celebrar el inicio de un proyecto son difíciles de eludir en cualquier parte del mundo.

Tras las respuestas de ambos, los asistentes comenzaron a recoger sus cosas mientras mantenían charlas ligeras sobre la reunión. Eden también intercambió saludos cordiales con Gong-woo. El único que no lograba integrarse en la charla era Hae-seo.

Hae-seo desconectó el adaptador que Gong-woo había puesto por él y lo miró de reojo con fastidio.

‘¿Por qué demonios…. no me dijo nada? Si iba a venir, no debería haberse enfadado tanto esta mañana’. El descontento se acumulaba en capas, haciendo que el entrecejo de Hae-seo se frunciera cada vez más.

Lanzó una mirada cargada de reproche hacia Seol Gong-woo a propósito. Sabía que él era la única persona que podía permitirse estar enfadado con ese hombre, y lo sentía como un privilegio del amor.

Gong-woo, tras presentar a Greg —el responsable del proyecto por parte de Victor— a Eden, cruzó miradas con Hae-seo, quien permanecía detrás de Eden con rostro distante. Quizás consciente de su "culpa", en lugar de hablarle directamente a Hae-seo, le comentó algo a Eden:

“¿Qué tal es trabajar con Hyun Hae-seo? Me parece que, como él es tan meticuloso, deben de llevarse muy bien.”

“¿Eso significa que yo no soy meticuloso? Ah…. me duele un poco, pero no puedo negarlo. Es cierto. Hae-seo es mucho más detallista que yo y se encarga de cosas que a mí se me pasan, así que somos muy buenos socios. Probablemente él llegue a ser manager antes que yo, para mi envidia.”

“Hae-seo habría ascendido rápidamente incluso si se hubiera quedado en Scanbic. Siempre fue un empleado muy capaz. ¿Qué te parece? Creo que mi actitud como antiguo jefe es bastante buena al darte este reconocimiento tras tanto tiempo. ¿Estás satisfecho?”

“Bueno….”

De pronto, Seol Gong-woo acortó la distancia con Hae-seo. Observaba su semblante como quien hace una broma, exagerando un poco como si pidiera que se le agradeciera su esfuerzo. Hae-seo, sin ganas de decir nada amable, se limitó a asentir con desgana.

“Gracias por el cumplido, señor Dubecq.”

“Levi.”

“¿Perdón?”

“Cuando me llamas Dubecq, parece que estás llamando a mi padre.”

Él corrigió su apelativo con suavidad pero con firmeza, pidiendo ser llamado por su nombre y no por su apellido. Hae-seo, desconcertado un momento, respondió con un hilo de voz: “Sí…. Levi….”. Solo entonces Seol Gong-woo dejó escapar una risa baja, satisfecho.

Eden y Greg, que presenciaron la escena sin querer, casi dejan caer sus portátiles.

‘¿Ese hombre podía reírse así…?’. Para quienes conocían a un Levi Dubecq que siempre mantenía una distancia prudente con sus empleados, aquello era impactante.

“Entonces, ¿nos movemos? Tengo otra reunión con el equipo de diseño pronto.”

“Sí, vamos.”

Simon se llevó rápidamente a los demás asistentes, dejando a Hae-seo y a Eden en la sala. Hae-seo tuvo que despedirlo con una expresión compleja.

Tener otra reunión en su propia empresa… estaba tan atónito que no le salían las palabras. No tenía tiempo ni para llamarlo y pedirle explicaciones. El hecho de tener que enfrentarse a este "Levi Dubecq" incluso en la cena le resultaba asfixiante.

“Vaya, sabía que nos cruzaríamos algún día, pero no esperaba volver a verlo aquí.”

“…Ya, yo tampoco esperaba verlo aquí.”

“Pero parece que Levi ha cambiado un poco….”

Eden habló mientras caminaban hacia el ascensor, asegurándose de que no hubiera nadie cerca. Por suerte, los demás ya se habían marchado. Hae-seo respondió con desinterés a la observación de Eden.

“Está igual. Sigue teniendo ese talento para aparecer sin decir nada y asustar a la gente.”

“¿A qué te refieres?”

“A nada, solo que sigue siendo tan gallardo como siempre.”

Hae-seo entró en el ascensor y se masajeó la nuca. La tensión de la reunión lo había dejado rígido. Eden, fascinado por el reencuentro, volvió a sacar el tema de Gong-woo.

“Pensé que no tendría ambición por la sucesión, pero volver como vicepresidente indica lo contrario. ¿Se casará pronto? Me pregunto con quién estará saliendo ahora….”

“…¿Cómo que ‘otra vez’?”

“Bueno, siempre ha tenido a alguien. Su vida amorosa siempre fue bastante llamativa.”

“¿Dices que siempre ha tenido candidatas para casarse?”

“Sí. Siempre que iba a fiestas o reuniones, llevaba pareja. Aunque cambiaba de acompañante tan a menudo como de chaqueta.”

Hae-seo no es que no esperara que hubiera salido con mucha gente, pero no es lo mismo sospecharlo que escuchar una confirmación tan rotunda.

‘Así que no tuvo a nadie serio, pero salió con un montón de candidatas a esposa, ¿eh?’. Sin darse cuenta, apretó con fuerza los dedos sobre su portátil.

Hae-seo frunció el ceño imaginando cuántas personas habrían pasado por su vida, intentando clasificarlas por periodos. Si salía con una al mes, ¿significaba que también tenía sexo con esa frecuencia?

Al fin y al cabo, la primera vez que estuvieron juntos, Gong-woo había apretado y sacudido el pecho de Hae-seo como si fuera el de una mujer. Cuando Hae-seo, dolorido, le pidió que parara porque él no era una mujer, ¿qué fue lo que le respondió?

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

‘Es la costumbre’.

Mierda…. No solo se le nubló la vista, sino que todo su rostro se endureció por completo. Hae-seo bajó la cabeza y se llevó la mano a la frente, tragándose una risa amarga de pura incredulidad. Obviamente, su compañero de equipo no era lo suficientemente detallista como para notar ese cambio de expresión.

“Me pregunto con qué clase de persona se casará un heredero multimillonario así. ¿Sería una falta de respeto preguntárselo?”

“Ya tiene a alguien.”

“¿Eh? ¿Quién? ¿Se casan?”

“No sé quién será…. pero supongo que se casará si quiere.”

Aunque respondió con audacia, Hae-seo no pudo continuar. Sabía que si seguía hablando, Eden sacaría algún cotilleo sobre Gong-woo de esos que consumía y digería tan rápido como un macarrón.

Cuando un hombre joven, guapo y con una fortuna que sale cada año en las revistas financieras está en el ojo público, todo, desde su lista de compras hasta sus secretos familiares, acaba convertido en cotilleo. Seol Gong-woo sabía llevar esa carga como si fuera una corona, pero para Hae-seo, acostumbrarse a esos chismes resultaba más difícil de lo que pensaba.

Justo antes de entrar en el laboratorio, al abrirse las puertas del ascensor, Eden se fijó por fin en la cara de Hae-seo y preguntó:

“¿Pasó algo entre ustedes dos… por casualidad?”

“…¿El qué?”

Eden entrecerró los ojos en lugar de responder. Definitivamente, a lo largo de toda la reunión, tanto Levi como Hyun Hae-seo se habían comportado de una manera que, a sus ojos, no podía ser más que "especial".

Incluso mientras hablaba, la mirada de Levi parecía desviarse de forma extraña para posarse en el asiento contiguo al suyo. Y cada vez que Hae-seo aportaba alguna opinión, Levi lo observaba con tal fijeza que Eden se vio obligado a mirar de reojo a su compañero varias veces para comprobar si tenía algo manchado en la cara.

Cuanto más se prolongaba el silencio de Eden, más ansioso se volvía el tono de Hae-seo.

“Seguro que solo me miró así porque hace mucho que no nos vemos.”

“…….”

“Por la novedad.”

“Si tú lo dices….”

Claro. No podía ser. Nunca había oído que a Levi le gustaran los hombres, y mucho menos que Levi Dubecq —antiguo jefe y figura prominente de la industria— fuera el ex de su colega. La posibilidad era, sin duda, ínfima.

“Pásame luego el acta de la reunión de hoy.”

“Pero…. ¿tu novio no es exactamente de ese tipo?”

“¿Eh?”

“Lo dijiste una vez. Tu tipo ideal. Un Alfa más alto que tú, de piel blanca, cabello negro, ojos profundos y rasgos marcados. Es exacto….”

“Solo dije eso para presumir de que mi novio es guapo, no le busques significados. ¿Cuántas personas así crees que hay? Ja, ja….”

‘Vaya memoria tiene este’, pensó Hae-seo. Pero tras haber tenido a Seol Gong-woo frente a él en la mesa de reuniones, la realidad le gritaba otra cosa: ‘Sí, ese hombre es mi novio y hoy estamos fingiendo no conocernos para mantener una relación profesional. Ja, ja. El Jefe es de los que disfruta con este tipo de sorpresas de mierda’.

Obviamente, no podía decir eso. Hae-seo se encogió de hombros con desdén y se sentó rápidamente en su lugar. O mejor dicho, intentó sentarse. Hasta que vio las flores sobre su escritorio.

“¿Eh? ¿Hoy también han llegado?”

El que se iluminó al ver las flores no fue Hae-seo, sino Eden, quien soltó una carcajada de sorpresa. Hae-seo extrajo una tarjeta rosa oculta entre los pétalos.

Dear my sweet pea

Love always,

Raewi

“Ha….”

A diferencia de los otros días, ver ese apodo vergonzoso escrito con la caligrafía familiar de Gong-woo y su firma le provocó una risa de pura incredulidad.

“Así que era un viento de flores de verdad….”

Eden miró con extrañeza a Hae-seo, que murmuraba en coreano mientras su rostro se volvía cada vez más rojo, y luego dirigió su atención al ramo. Hoy eran peonías blancas.

“Vaya, qué flores tan bonitas. Son peonías, ¿verdad? Dámelas a mí hoy. Me las quiero llevar.”

La petición de Eden no era distinta a pedirle prestado un bolígrafo, algo que había pasado toda la semana. Por eso, Eden no dudó ni un segundo de que se las daría. Sin embargo, Hae-seo, rompiendo la racha, negó con la cabeza de inmediato.

“No puedo. Son mías.”

*

“¿No es Victor quien menos debe preocuparse por eso? Ya sabe que en plantas marinas no podemos competir con ustedes; incluso cerramos un departamento comercial por eso.”

“Como bien sabe, no podemos quedarnos haciendo lo mismo siempre. Si vamos a eso, los nuevos proyectos de plantas ecológicas que SGE abre constantemente nos están golpeando bastante.”

El sonido de cubiertos chocando contra la vajilla se mezclaba con las voces de los presentes. Aunque era una cena para disfrutar de una copa de vino, al tratarse de profesionales del sector tras una reunión, las quejas y los halagos mutuos sobre sus respectivas empresas fluían con naturalidad.

Hae-seo lanzaba miradas furtivas a Seol Gong-woo, quien respondía con soltura, mientras masticaba un trozo de carne.

El lugar elegido era un famoso bistró de hotel con vistas a la Torre Eiffel. La carne de calidad, el vino y la ensalada fresca eran deliciosos, y por la ventana se veía la "Torre Eiffel Blanca" brillando más que cualquier árbol de Navidad.

Recordó que, al poco de llegar a París, pasó por allí por casualidad justo cuando la torre cambiaba a blanco y llamó emocionado a Seol Gong-woo. Mientras intentaba recordar exactamente cuándo fue, sus ojos se encontraron con los de él en el momento justo.

“…….”

“…….”

Gong-woo enarcó ligeramente una ceja por hábito. Era su forma de preguntar si necesitaba algo. Hae-seo negó levemente con la cabeza y Gong-woo volvió de inmediato a la conversación con los demás.

Fue un intercambio silencioso, natural y sin que ninguno de los dos pareciera consciente de estar siendo observado. Y precisamente por ser tan natural, fue un problema.

Eden, sentado justo al lado de Hae-seo, captó ese cruce de miradas sospechoso y entreabrió los labios. Aquello era demasiado…. parecía que había algo entre ellos.

¿Y si realmente habían salido y ahora eran ex? Además, por parte de él, todavía se veía esa mirada de adoración. A menos que uno fuera ciego, era imposible no sospechar.

“Entonces Hae-seo, si tu hermano hizo el examen de ingreso el año pasado, ¿vendrá para acá este año?”

“Le dije que viniera de viaje en verano. Nunca ha viajado al extranjero.”

Hae-seo respondió a la pregunta de Simon. Sin darse cuenta, la conversación sobre los platos principales se había transformado en charlas densas sobre la familia. Lucas, sentado junto a Simon, mostró interés.

“¿Tu hermano se parece a ti?”

“No, somos bastante diferentes. Quizás por la casta, pero mi hermano es pequeño y tierno. Yo, en cambio, soy alto y bastante gallardo.”

La descarada autocomplacencia provocó risas ligeras en la mesa. Eden gritó en broma que no estaba de acuerdo, mientras Lucas y Greg no escatimaban en elogios hacia la apariencia de Hae-seo.

Y entre todo ese alboroto, una voz familiar y melodiosa se filtró en sus oídos. Afortunadamente, esa voz hablaba en su lengua materna, la que solo Hae-seo podía entender.

“Tú eres más tierno.”

“¿Qu-qué….? ¡¿Cómo puede decir eso aquí?!”

Gong-woo lo observaba con una mirada que parecía recorrer su cuerpo como si, a pesar de estar vestido, lo estuviera desnudando con la vista. Hae-seo, preso del pánico, respondió en el mismo idioma como si protestara y se acarició la nuca encendida.

Por suerte, el repentino intercambio en coreano se ahogó entre el ruido de las copas brindando, pero era imposible que Eden no lo hubiera escuchado. Además, incluso sin entender el idioma, el tono y la mirada daban pistas suficientes. Para un Eden que ya sospechaba, este matiz era un resquicio que no podía dejar pasar.

“¿Qué acaba de decir?”

“Ah, nada, solo dice que mis bromas han mejorado. Le dije que no es cierto. ¿Verdad?”

“Bueno, dije algo parecido.”

El tono de Gong-woo indicaba que solo pensaba cooperar a medias. Hae-seo, indignado, le dio un puntapié por debajo de la mesa al zapato de Gong-woo.

“…….”

“…….”

Volvieron a cruzar miradas. Hae-seo entornó los ojos y movió las pupilas de arriba abajo como advirtiéndole que no volviera a decir nada parecido; Gong-woo entrecerró la mirada y ladeó la cabeza lentamente.

Tenía las comisuras de los labios ligeramente elevadas; estaba fingiendo no entender a propósito. Hae-seo estaba a punto de tomar el móvil para enviarle una reprimenda por escrito cuando Eden, mientras cortaba la carne, se dirigió a ambos.

“¿No tienen alguna anécdota divertida de cuando trabajaban juntos? Ahora que los veo, parecen muy cercanos.”

“¿Nosotros? Qué va. En el trabajo no hay tiempo para eso…. Además, en Corea somos más conservadores, así que en realidad no éramos tan cercanos. El Jefe me imponía mucho respeto.”

“¿Ah, sí? Pues como le diste un toque con el pie a Levi hace un momento, pensé que había algo. ¿Fue un error?”

“…….”

La mano de Hae-seo, que rodeaba la copa de vino, se quedó petrificada. Un silencio repentino cayó sobre la mesa. Por suerte, este silencio solo era compartido por Gong-woo, Hae-seo y Eden.

En la otra mitad de la mesa, el resto del grupo estaba entusiasmado escuchando la historia de la propuesta de matrimonio de Lucas, silbando y aplaudiendo sin prestar atención a este lado.

“¿Hice eso? Ja, ja…. Es que al estar sentado tanto tiempo se me durmió la pierna. Noté que golpeé a alguien, así que debió de ser al Jefe. ¡Lo siento mucho! ¡Tendré más cuidado!”

“Sí, tenga cuidado, por favor. Sentir que alguien me golpeaba de forma tan íntima me dio un vuelco al corazón.”

“¡Ja! ¡Qué buen sentido del humor tiene! Vaya, ahora que es vicepresidente hasta sus bromas han ascendido de nivel, ja, ja, ja….”

La risa de Hae-seo era tan forzada que le habría quedado mejor un llanto. Le resultaba odioso que, en lugar de ayudarlo en esta situación donde Eden sospechaba, Gong-woo siguiera alimentando el malentendido con ese tipo de bromas.

‘¿Qué pretende? ¿Va a confesarlo aquí mismo o qué?’. Por mucho que en este país el romance de oficina no fuera un escándalo y se considerara algo digno de celebración, esta no era la forma.

Hae-seo no era de los que buscaban ser el centro de atención con un anuncio dramático tipo: ‘¡Atención todos! ¡En realidad estamos locamente enamorados!’.

Mientras Hae-seo devanaba los sesos buscando cómo convencer a un Eden cada vez más suspicaz de que todo era un error, Eden dejó el tenedor y apoyó ambas manos sobre la mesa con naturalidad.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Levi. Yo todavía sigo con Cobb.”

“Ah…. ¿el desarrollador? Creo que lo vi en la fiesta de fin de año, lo recuerdo.”

“Sí, exacto. Es tan buen chico que no he tenido ocasión de dejarlo. ¿Y usted, Levi? ¿Ha conocido a alguien especial?”

“Sí. Estoy con alguien excepcional.”

La respuesta salió de sus labios sin un segundo de duda. Fue una declaración tan rotunda que hizo que Eden, quien intentaba liderar la conversación con seguridad, se quedara momentáneamente mudo.

‘¿Entonces, a pesar de tener pareja ahora, no ha podido olvidar a Hae-seo?’, pensó Eden, tragando un sorbo de vino con urgencia, como si acabara de descubrir el secreto mejor guardado de Levi Dubecq.

Cada acción de Seol Gong-woo hoy había sido una excepción a su regla de conducta habitual. Y donde hay excepciones, hay una regla lo suficientemente flexible —o con suficientes grietas— como para permitirlas. Pero, ¿podía alguien encontrar realmente una grieta en un hombre como él?

Fue el propio Gong-woo quien le ahorró a Eden el trabajo de pensar en la siguiente pregunta.

“¿No me vas a preguntar cómo es esa persona?”

“Ah…. no quería ser impertinente. ¿Cómo es?”, preguntó Eden, incapaz de ocultar su curiosidad.

Gong-woo, tras haber provocado la pregunta, miró a Eden un momento como si meditara una respuesta difícil y luego lanzó la mirada al vacío. No era un gesto de distracción, sino una pausa calculada para atraer la atención absoluta de su interlocutor.

Click. El sonido del dedo de Eden jugueteando con el cuchillo delataba su impaciencia. En ese instante, la mirada de Gong-woo aterrizó suavemente sobre Hyun Hae-seo. Era una mirada relajada, pero cargada de una intensidad abrumadora.

“Tiene la piel clara, mide unos seis pies…. y cuando se ríe, se le marcan unos hoyuelos….”

“¡Vaya, le gustan los hombres altos! A mí también me encantan. Mi novio es muy alto, ¿sabe? ¡Parece que tenemos los mismos gustos!”, exclamó Hae-seo con un entusiasmo fingido, levantando su copa hacia Gong-woo como si brindara con él.

Hae-seo sentía que si lo dejaba seguir con lo de los hoyuelos, Eden acabaría por atar cabos definitivamente. ‘¡¿Se está vengando porque le di flores a otra mujer?!’, pensó Hae-seo, lanzándole una mirada de reproche oculta tras el borde de su copa. Sin embargo, una voz cargada de sospecha rompió el momento.

“¿Un hombre? Pensé que usted solo…. salía con mujeres.”

“…….”

Hae-seo se quedó helado, sin saber dónde poner los ojos. ¿Qué debía decir? ¿Que solo era un conocido? Sus pupilas bailaban de un lado a otro. Afortunadamente, esta vez fue Gong-woo quien acudió al rescate para controlar la situación.

“Resulta que la persona con la que estoy ahora es un hombre. Alguien a quien Hae-seo también conoce muy bien.”

“Ah…. entiendo. Pero Hae-seo, ¿no dijiste antes que no sabías con quién estaba?”

Eden ladeó la cabeza hacia Hae-seo. Este esbozó una sonrisa forzada mientras rellenaba la copa de su colega.

“Bueno…. es su vida privada, después de todo.”

“Supongo que tienes razón.”

Hae-seo exhaló un suspiro de alivio en cuanto Eden volvió a centrarse en su copa. Era un problema saber demasiado y tener que fingir ignorancia total; se sentía como si el estrés se le hubiera estancado en el estómago, impidiéndole disfrutar de la cena.

Temiendo que Eden volviera a la carga, Hae-seo se aclaró la garganta y cambió de posición, dándole casi la espalda a su compañero para integrarse en la conversación de Simon, Lucas y Greg.

“Vaya, no me diga….”

Lanzando comentarios genéricos para disimular, Hae-seo empezó a prestar atención a la charla del otro grupo. Al no tener mucha confianza con ellos, asentía repetidamente con una sonrisa algo tensa, como alguien que asiste a una fiesta tras recibir la invitación por error.

Por suerte, Eden comenzó a charlar con Gong-woo sobre sus tiempos en Victor, permitiendo que Hae-seo se sumergiera en la consultoría amorosa improvisada que lideraba Simon. Lucas acababa de relatar cómo le propuso matrimonio a su pareja tras años de convivencia, lo que derivó en anécdotas sobre citas y relaciones.

Greg, tras haber bebido más de la cuenta, empezó a desahogarse sobre su situación actual. Confesó que estaba tan prendado de su pareja que intentaba complacerla en todo, llegando incluso a prestarle dinero, pero que ahora se sentía apurado porque le pedían ayuda para la renta de un estudio.

“Sé que su situación como estudiante es difícil…. pero me pregunto hasta dónde debo llegar. No quiero ser tacaño con alguien a quien quiero.”

“¿Pero la renta no es demasiado? ¿No han pensado en vivir juntos? Llevan más de un mes y ya hay dinero de por medio, me sorprende que no convivan”, opinó Simon.

“Se lo propuse, pero como estudia música, dice que podría molestarme con los ensayos y prefiere un lugar propio. Supongo que debería ayudarla, ¿no?”

Hae-seo escuchaba en silencio mientras se tragaba un suspiro de frustración. ‘A este lo están timando’, pensó.

Hae-seo hablaba por experiencia propia. En el pasado, salió con un chico que hacía teatro y empezó pagando las cenas para acabar pagando su alquiler. Para cuando terminó esa relación, Hae-seo se había graduado con honores en "detectar estafadores sentimentales".

Sin embargo, ¿quién ha salido bien parado alguna vez por meterse en la vida amorosa de otro? Hae-seo dudó, pero al final, el deseo de evitar que otro pasara por lo mismo pudo más que su prudencia.

“Creo que sería mejor que no le diera ese dinero.”

“¿Ah…. sí?” preguntó Greg, sorprendido.

“Esa persona es adulta y, si está estudiando aquí, debe de venir de una familia que pueda apoyarla. ¿Por qué dice que le falta para la renta? ¿Quizás le dijo que la estafaron antes de firmar el contrato?”

“¿Cómo lo sabe? ¿Acaso hay muchas estafas de contratos de estudios últimamente?”

‘No, es que ese es el manual clásico de los que viven de estafar a gente buena como nosotros’, quiso decir Hae-seo, pero se limitó a soltar una risa incómoda.

“Bueno…. no siempre es así, pero si ya le ha prestado dinero antes, esa persona siente que puede volver a pedirlo. Quien no tiene reparos en pedir dinero a su pareja acaba pidiendo sumas cada vez mayores. Así que mejor no lo haga…. si me permite el consejo.”

“No creo que sea esa clase de persona….”

“¡Ah, por supuesto que no todos son iguales! Solo digo que no pierde nada por ser precavido. ¿Por qué no le pide un documento notariado? Es mejor dejar las cosas claras. Lo digo porque yo tuve una experiencia similar….”

Hae-seo se detuvo en seco al darse cuenta de su error. Si pudiera, se habría tragado sus propias palabras. ‘Con quién estoy sentado aquí y me pongo a decir estas cosas…’.

“Así que tuviste una experiencia similar.”

La voz de Seol Gong-woo, descendiendo a una temperatura gélida, cortó el aire como un cuchillo. Hae-seo giró la cabeza con pesadumbre y vio que el rostro de Gong-woo estaba rígido, con el entrecejo marcado por una tensión severa.

Era una expresión que Hae-seo nunca había visto en él en un entorno público. Significaba que Gong-woo había fallado estrepitosamente en su intento de reprimir sus emociones.

Gong-woo sabía vagamente cómo habían sido las relaciones pasadas de Hae-seo, pero al ser cosas del pasado, había decidido no darles importancia. Sin embargo, enterarse de que su pareja había sido el tipo de persona que se dejaba pisotear hasta el punto de pagarle la vida a un tipo que le pedía dinero, era algo que no podía ignorar.

“No, es que…. solo le presté un poco de dinero y…. ¡me lo devolvió! ¡Todo!”

“Si no te lo hubiera devuelto, no sería un novio, sería un criminal. Debió de gustarle mucho para aceptar peticiones de ese calibre”, sentenció Gong-woo con dureza.

“Eso es porque….”

Hae-seo no sabía qué decir. ¿Cómo explicarle que, a veces, prestaba dinero precisamente porque no quería entregar su corazón por completo y así se sentía más tranquilo?

En realidad, todas las relaciones pasadas de Hae-seo habían sido así: adaptarse, ceder, dar todo lo que le pedían. Aplicaba la lógica de que el esfuerzo y el trabajo traen recompensas al afecto; si no podía dar el mismo nivel de amor, compensaba con una entrega absoluta a los deseos del otro.

“…En las relaciones pasan muchas cosas. Entonces era muy joven y no sabía cómo corresponder a los sentimientos de los demás.”

“¿Acaso alguien busca una recompensa en el amor? ¿O es que esa persona se la exigía?”, preguntó Gong-woo con un tono cargado de juicio.

Nada era más fácil que criticar una situación que uno no comprende. Gong-woo no escatimó en desprecio hacia ese ex inexistente en la sala, pero al no estar el objetivo presente, sus palabras acabaron hiriendo a Hae-seo.

“No, no es eso….”

Hae-seo habló con un rostro más atribulado que nunca. Sabía que Gong-woo estaba enfadado por lo que él había sufrido en el pasado, pero el crecimiento personal a veces duele. Para el Hae-seo que ahora era un adulto funcional, aquello era solo una lección aprendida.

Hae-seo no tenía intención de volver a abrir el diario de su pasado para culpar a nadie. Si había sacado el tema frente a Greg era únicamente por preocupación genuina, no porque deseara que Seol Gong-woo revolviera aquellas páginas que él ya había dado por cerradas para enfurecerse.

“Simplemente, por intentar hacerlo mejor y adaptarme a todo, cometí ese tipo de errores. Así que…. dejemos este tema aquí, Levi.”

Hae-seo habló desviando la mirada hacia su plato de ensalada en lugar de mirar a Gong-woo. Fue una frase lanzada con la esperanza de que él también comprendiera que debían detenerse en ese punto.

Gong-woo, con movimientos tan impacientes como su irritación interna, rebuscó en su chaqueta y sacó una pitillera. Si no estuviera prohibido fumar allí, parecía que habría encendido un cigarrillo en ese mismo instante.

“Sí. No es algo que se vaya a resolver hablando aquí, así que he dicho cosas innecesarias.”

“…….”

“Siento haberme entrometido.”

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Su voz, fría y gélida, cayó sobre la mesa como fragmentos de vidrio roto. A diferencia de la intención de Hae-seo de dar por terminada la charla, Gong-woo optó por una tregua armada. Debido a esto, todos los presentes en la mesa observaron a Gong-woo con rostros de absoluta sorpresa ante aquel repentino altercado.

El problema era que aquel hombre, que solía ser tan imperturbable que resultaba imposible saber qué pasaba por su mente, ahora dejaba traslucir sus pensamientos con demasiada claridad.

En su conversación no había aparecido ni una sola palabra que revelara las raíces de un romance. Sin embargo, el tono, las miradas, los titubeos y las recriminaciones dispararon la imaginación de los presentes sobre la existencia de una historia íntima y secreta entre ambos.

¿Qué tan buena —o qué tan mala— debía ser su relación para que un antiguo jefe se enfureciera de tal manera porque un exsubordinado hubiera tenido una relación abusiva en el pasado? Todos se preguntaban si el tiempo verbal entre Hae-seo y Gong-woo era pasado o presente continuo, pero nadie se atrevía a preguntar. El ambiente era de un silencio sepulcral, aunque las miradas de los demás eran de lo más inquietas.

“Vaya, parece que al haber sido su jefe directo, se preocupa mucho por él, ja, ja….”

Fue Simon quien, limpiándose los labios con la servilleta, intentó salvar la situación haciendo señas a Eden mientras el vino parecía haberse convertido en un jarabe espeso en la boca de todos.

“¡Qué buena relación tienen! Con Eden también es así…. ¿verdad?”

“Sí, bueno…. cuando estábamos en Victor, él siempre cuidaba muy bien de todos los empleados. Tiene una personalidad excelente…. Greg, ¿usted también lo siente así últimamente?”

La bomba para normalizar el ambiente pasó a manos de Greg. Sin embargo, Greg no era capaz de recibirla con la misma naturalidad que Eden. Hacía menos de dos meses que trabajaba con Levi Dubecq y, siendo su propia vida amorosa la que había provocado la explosión del polvorín, su mayor preocupación ahora era si había ofendido a su superior.

“P-por supuesto. El señor Dubecq también me ayuda mucho. Pero…. como fui yo quien sacó el tema…. este ambiente es…. lo siento mucho.”

“¡No! Fui yo quien habló de más. Siento haber sido tan entrometido, Greg.”

Hae-seo se disculpó con voz cargada de autorreproche. Que Gong-woo estuviera tan enfadado y que todos estuvieran pendientes de sus reacciones era, en última instancia, culpa suya. El error fue mencionar a la ligera algo que para él ya no tenía significado, sin considerar que para el hombre que lo amaba, su pasado siempre sería un tema de peso.

“No es nada, Hae-seo. Me gustó que me aconsejaras. ¡Intentaré resolverlo bien! Me esforzaré por…. romper. En realidad, ya lo estaba considerando, así que esto me ha servido para pensarlo en serio.”

“Me alegra que te haya servido.”

“Aun así, Hae-seo, debiste pasarlo mal….”

“Ah….”

Greg se dio cuenta de su error nada más pronunciar las palabras y se tapó la boca con la mano instintivamente. Intentar consolar a Hae-seo por su antigua relación era como echar agua fría en lugar de usar un extintor: solo servía para avivar el fuego.

La expresión de Hae-seo se volvió atribulada. Gong-woo, por su parte, jugueteaba con la pitillera entre sus manos mientras se recostaba en la silla con una postura desafiante, como si esperara ver qué otra revelación asombrosa saldría de la boca de Hae-seo.

Las nubes grises sobre el rostro de Greg se hicieron más densas. Se sentía como si hubiera borrado por accidente el documento de un proyecto vital sin haberlo guardado. Se frotó la cara, sin saber qué hacer.

Finalmente, fue Hae-seo quien rescató al avergonzado Greg. Con un rostro mucho más sereno que antes, habló con firmeza.

“Fue difícil en su momento…. pero da igual, porque es algo que ya pasó.”

“…….”

Su expresión y su tono eran tan relajados que parecía hablar de un incidente sin importancia. Ese era su sentimiento real, y Hae-seo miró a Gong-woo esperando que él también pudiera percibirlo.

La mirada de Gong-woo estaba fija en algún punto de la mesa. Al parecer, aquello no era suficiente; su mandíbula seguía rígida, como quien reprime el deseo de estallar y soltar todo lo que siente.

El silencio volvió a reinar. Todos vigilaban a Gong-woo, temiendo que soltara otra réplica cortante contra Hae-seo. Eden, intentando mantener una postura neutral, tomó la botella de vino para rellenar las copas, pero antes de que el tinto borrara la incomodidad, Hae-seo rompió el silencio una vez más.

“Me he dado cuenta de algo: cuando el presente es tan feliz, uno llega a olvidar incluso lo que pasó en el pasado.”

Hae-seo hizo una pausa y volvió a mirar a Gong-woo. Sintió cómo la mirada fija de él empezaba a moverse lentamente.

“Por eso…. creo que ahora puedo dar consejos a otros y hablar de ello con facilidad.”

“…….”

“Porque ahora, en lugar de esa persona de la que ni siquiera recuerdo la cara, tengo a alguien a quien amo de verdad.”

Hae-seo enderezó la espalda y continuó, como si recuperara el aliento.

“Bueno…. solo decía eso. Señor Gong-woo….”

El nombre de su antiguo jefe, añadido al final, sonó casi con anhelo. Era un tono completamente distinto al de la disputa anterior. En esa sinceridad que Hae-seo entregaba con un toque de distancia profesional, iba incluida su verdad hacia él, como una carta de amor escondida entre líneas. Abrió la boca con valor, sabiendo que sus palabras podían sonar como una confesión pública, solo porque quería darle esa seguridad.

Hae-seo levantó la mirada lentamente. Sus ojos, que antes se evitaban, finalmente se unieron. Se miraron en silencio, y en sus pupilas solo cabía la imagen del otro.

Al presenciar ese intercambio, ya nadie se preguntaba por el tiempo verbal de su relación. Hae-seo y Seol Gong-woo compartían un presente tan vibrante que era imposible pensar en ellos como algo perteneciente a un pasado roto o quemado.

“¡Ah…!”

Crash. Mientras aquel silencio cargado de emoción flotaba en el aire, una botella de vino rodó bajo la mesa. Eden, que de pronto lo había comprendido todo, dejó caer la botella de la impresión.

 

“Quítatelo.”

“De verdad que estoy bien….”

Hae-seo miró al hombre sentado en el asiento del conductor y desabrochó su cinturón con vacilación. Al final, la cena terminó con Eden derramando vino a chorros sobre los pantalones de Hae-seo.

Aunque solo se había mojado el muslo y podría haberlo limpiado con agua, al ser una bebida fermentada sentía un ligero picor en la piel, por lo que no tuvo más remedio que subir al asiento trasero del coche para quitarse los pantalones.

Click. Al oírse el sonido de la hebilla del cinturón, sintió la mirada de él a través del espejo retrovisor. Al estar desnudándose así, no pudo evitar recordar…

Recordó la primera vez que se quitó la ropa frente a él. En aquel entonces, la mirada de Seol Gong-woo también se deslizaba sobre su piel como si la lamiera, provocándole una punzada de tensión en el vientre.

Zipp. Al bajar la cremallera, el relieve de sus calzoncillos se hizo evidente. Aunque eran una pareja que conocía perfectamente el cuerpo del otro, desnudarse solo frente a él después de lo ocurrido se sentía extrañamente incómodo y tenso.

Hae-seo contuvo el aliento, levantó ligeramente la cadera y bajó los pantalones hasta los muslos. El sonido de la tela rozando la piel y cayendo al suelo del coche fue seguido por el contacto de sus muslos desnudos contra el tapizado del asiento.

“Ya está. Me los he quitado.”

“Déjame ver.”

El hombre que hasta hace un momento lo observaba como un voyerista a través del espejo, se giró de inmediato y le sujetó la rodilla.

“Ah….”

Su mano grande subió lentamente por el muslo. A pesar de haberlo limpiado con agua, la piel seguía algo enrojecida y él la acarició con suavidad. Gong-woo estiró el brazo para abrir la caja de pomada que había dejado en el asiento del copiloto.

“Te pondré pomada.”

“No hace falta para algo así…. Dámela, me la pongo yo.”

“Quédate quieto y pon bien el muslo.”

“Entonces, ven aquí atrás. Es incómodo así.”

La postura del hombre, girado desde el asiento del conductor con solo el torso rotado, no parecía nada cómoda. Sin embargo, Gong-woo ignoró las protestas de Hae-seo. Simplemente lo sujetó de la rodilla con su mano firme para atraerlo más hacia él.

“Abre las piernas.”

“¿Por qué…?”

“Tengo que ponerla también por la parte interna. No te preocupes. Lo que tú quieres te lo daré cuando lleguemos a casa.”

“Yo no quiero nada.”

Hae-seo respondió así mientras abría las piernas con desgana, como en una pequeña protesta silenciosa, pero lo hacía con la cara de un gato que acaba de comer golosinas, observando la reacción de él.

Gong-woo no quiso gastar energías en esa pequeña riña. Comenzó a aplicar la pomada meticulosamente sobre el muslo de Hae-seo.

“Dime si te duele. Al ser vino fermentado, puede escocer un poco.”

“…Tenemos otras cosas de las que hablar aparte de esto.”

“¿De qué? ¿De que no busque a tu exnovio para amenazarlo o quitarle su dinero?”

‘Eso no se me había ocurrido…’, pensó Hae-seo, arqueando una ceja al ver que él seguía con ese tema. De lo que Hae-seo quería hablar era de su encuentro fortuito de hoy y de las flores que él le había estado enviando estos días.

“Usted que tiene tanto, ¿para qué quiere quitarle el dinero a nadie?”

“Porque el pasado no puedo tenerlo. Así que al menos tendré que arrebatárselo a él.”

Gong-woo habló con un rostro sombrío. Estaba atrapado en un pasado que no podía poseer, y su voz resonó en el corazón de Hae-seo como un eco.

Al ver cómo aquel corazón de Gong-woo, que parecía tan sólido que nada podría pulirlo, se ablandaba y se moldeaba solo por él, Hae-seo sintió un amor indescriptible. Por un momento, quiso sujetarle el rostro y besarlo, asegurándole que ni siquiera recordaba el nombre de aquel tipo. Sin embargo, en lugar de estirar la mano, eligió apartarse con fingida calma el cabello que le caía sobre la frente.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Primero debía aclarar lo del encuentro de hoy y las flores. Se aclaró la garganta y volvió a hablar con voz seria.

“Aparte de eso, tiene muchas explicaciones que darme.”

“…La selección de la empresa del consorcio era alto secreto; incluso dentro de SGE solo unos pocos debían saberlo. Por eso no pude decirte que vendría hoy. Fingir que no te conocía en la reunión era…. lo normal, ¿no?”

Hae-seo no es que no entendiera la situación logística, pero podría habérselo dicho esa misma mañana. Sabía que él le había gastado esa broma para disfrutar de su desconcierto. Ya en sus tiempos en Scanbic habían ido a viajes de negocios juntos sin que él lo supiera de antemano, o cuando asistía a seminarios en lugar de Ji Seung-min, el hombre con el que había tenido sexo hasta el amanecer se sentaba tranquilamente a su lado.

Pero lo de las flores era harina de otro costal.

“Y algo más. Falta algo.”

“Si te refieres a las flores, soy yo quien tiene preguntas.”

Seol Gong-woo, cuya mano se había quedado petrificada mientras acariciaba el muslo, levantó la vista para fijarla en Hyun Hae-seo. Una sombra de decepción cruzó sus pupilas. Hae-seo, desconcertado por esa reacción, empezó a dar explicaciones casi por instinto.

“No, es que…. como no ponía el nombre correctamente, no tuve más remedio que malinterpretarlo.”

“Incluso sin nombre, solo tu pareja usaría un apodo así contigo.”

“¡Ese apodo es precisamente el problema! ¿Quién se iba a imaginar que alguien me llamaría Sweet…. o algo parecido?”

“¿Y por eso decidiste repartir todas las flores que te envié entre los demás? Ni que fueras un niño de las arras en una boda.”

Su tono denotaba una mezcla de absurdo y una risa contenida ante la situación. Hae-seo, animado por ese atisbo de humor, se atrevió a replicar.

“¡Lo hice para proteger mi amor! No sabía quién las enviaba y el apodo era extraño….”

“Dices que es extraño, pero me parece que no te conoces lo suficiente.”

“¿Perdón?”

“No hay palabra que te encaje mejor que Sweet pea. Si eres así de pequeño y tierno.”

Gong-woo explicó con total seriedad por qué ese debía ser su apodo. Parecía pensar que la sensación que le producía Hae-seo no era muy distinta a la que siente la mayoría de la gente al ver a un animalito adorable, como un gato o un cachorro. Estaba genuinamente intrigado por el hecho de que su amante no se viera a sí mismo como alguien pequeño y lindo.

Llegados a este punto, Hae-seo no pudo evitar pensar: ‘¿Será que…. realmente soy tierno?’. Bueno, quizás comparado con un Beta o un Omega no, pero ¿era algo inevitable para los Alfas verlo así?

Hae-seo parpadeó y, sin darse cuenta, inclinó el torso para intentar verse en el espejo retrovisor. Al ver su propio rostro todos los días, le resultaba imposible juzgar si era "tierno" o no.

“Eres tierno aunque no lo compruebes.”

“No es eso, solo que….”

“Ahora, es mi turno de preguntar.”

Hae-seo se acariciaba la cara con gesto avergonzado cuando Gong-woo aplicó una nueva dosis de pomada. Sus dedos se deslizaron hacia la parte interna del muslo con un movimiento más lento que antes. Su voz sonaba contenida, como si reprimiera algo.

“¿Alguna vez sufriste daños económicos, agresiones…. o amenazas por parte de esa persona con la que saliste antes?”

“No, nada de eso. De verdad….”

“¿Y lo de darle dinero? ¿Estás seguro de que te lo devolvió?”

“Sí. Se lo presté y me lo devolvió enseguida. Es la verdad. Después de eso sentí que aquello no estaba bien y rompí con él.”

“Han Young-woo.”

“…¿Eh?”

Al oír ese nombre desconocido salir de la nada, Hae-seo soltó un sonido de estupefacción. Tardó unos segundos en recordar que ese era el nombre de su anterior novio, y entonces abrió los ojos de par en par. No podía creer que Gong-woo mencionara a alguien a quien él mismo ya había olvidado.

“¿Cómo sabe su nombre?”

“Es actor. Un tipo que vive de haber tenido suerte con una sola película.”

Gong-woo cerró los ojos con fuerza y frunció el ceño, como si intentara borrar un recuerdo desagradable. Hae-seo, ignorando su reacción, apartó la mano de Gong-woo de su muslo y se echó hacia atrás.

“Un momento…. ¿me ha estado investigando?”

“Me enteré por casualidad.”

“Ja….”

Aquella respuesta, que ni siquiera se molestaba en sonar como una excusa creíble, lo dejó atónito. ¿Qué probabilidades había de que su actual pareja se enterara "por casualidad" del nombre de un ex con el que había roto hacía años? Era menos probable que encontrarse de nuevo "por casualidad" con el joven de la tienda de artículos religiosos del Marais en cualquier otro rincón de París. Además, Hae-seo nunca le había mencionado detalles de sus ex ni siquiera a Han Jin-sung.

Iba a enfadarse y preguntarle por qué perdía el tiempo en algo tan inútil cuando, de pronto, otro nombre olvidado cruzó su mente. Lee Si-heon…. ¿Acaso también sabía de él?

“…¿Conoce a alguien más?”

“¿A quién más? ¿Saliste con otro artista? ¿Es que tu tipo son esos tipos sin talento que solo viven de su cara?”

“No, no es eso. Olvídelo. ¡Pero bueno! ¿Por qué anda investigando mi pasado amoroso? ¡No vuelva a hacer algo así!”

Hae-seo bajó el tono de voz y habló con firmeza para que él no siguiera indagando. En realidad, que lo investigara no le molestaba tanto porque no tenía nada que ocultar y ya habían pasado por mil cosas antes de ser pareja; su sentimiento era más bien un resignado: ‘Ya está este hombre otra vez…’.

Sin embargo, aunque Gong-woo supiera de todos sus novios, no podía enterarse de Lee Si-heon. No solo por la vergüenza de haber salido con alguien así, sino porque Gong-woo, siendo como era, le daría una importancia excesiva a su primer amor, aunque solo hubiera sido un comienzo torpe.

Hae-seo fingió seguir enfadado y se pasó la mano por el pelo, observando de reojo a Gong-woo. Pensó que lo mejor era zanjar el tema, pero la expresión de él seguía siendo sombría. Gong-woo volvió a hablar, con una voz que delataba su agitación emocional.

“No me importa con qué clase de idiotas salieras antes. Eso ya es pasado.”

“…….”

“Pero si en aquel entonces saliste herido…. entonces siempre me va a importar. No importa si han pasado diez o veinte años, lo que cuenta es que tú sufriste.”

La honestidad de Seol Gong-woo a menudo dejaba a Hae-seo desarmado y con un sentimiento de culpa. Si uno miraba su rostro, juraría que el herido era Gong-woo y no él. Aunque el pasado no se puede borrar, no era para tanto….

Para Hae-seo, aquello había ocurrido hacía demasiado tiempo. Para ser sinceros, apenas lo recordaba. Su relación con Gong-woo no solo había llenado sus vacíos, sino que los había sellado con felicidad pura.

Pero este hombre no soportaba ni el más mínimo rasguño en el cuerpo de Hae-seo. Aunque ya no quedara ni rastro de las cicatrices, él seguía intentando aplicar pomada sobre esas marcas invisibles.

Pero ya no necesitaba pomada. Hae-seo no solo estaba curado, sino que se sentía más fuerte que nunca. Lo suficientemente fuerte como para amar a alguien con toda su alma.

Hae-seo acortó la distancia que los separaba y acarició el rostro de Gong-woo. Quería mostrarle lo sano que estaba.

“El Jefe es el primero.”

“…….”

“La primera persona a la que amo tanto.”

La mirada de Gong-woo, que hasta entonces vagaba solitaria por el suelo del coche, se dirigió lentamente hacia Hae-seo. Lo miró con una fijación cargada de un anhelo casi doloroso. Por la ventanilla se filtraba la luz ámbar de las farolas, iluminando el interior del vehículo. Esa luz densa fluía como un amor desbordante y acabó cubriendo solo sus rostros, como si un foco iluminara el escenario donde solo estaban ellos dos.

Quizás por eso, Hae-seo se sintió más seguro que nunca de que él era el otro gran protagonista de su vida. Quería dedicarle una confesión a la altura.

“Para ser sincero, me siento un poco mal por ellos.”

“…….”

“Porque a la única persona a la que he querido y amado de verdad es a usted. Es la primera vez que me pasa esto…. que todo el tiempo que pasamos juntos sea tan bueno que quiera guardarlo todo como sea. Me sorprende que se pueda querer tanto a alguien….”

Decir "te amo" le salía de forma tan natural como comer juntos cada día o tomar su mano, pero confesar que él era "el primero" le resultaba extrañamente vergonzoso. Porque al ser la primera vez, se sentía torpe, pero también porque eso lo hacía mucho más especial.

Incapaz de sostenerle la mirada, Hae-seo bajó los ojos hacia la nuez de Adán de Gong-woo. En ese momento, al verla moverse como una marea suave, pensó: ‘¿Cómo puede ser tan atractiva una nuez de Adán?’. Era una admiración absurda.

Se dio cuenta de que se estaba enamorando de él otra vez de forma repentina e irremediable. El rostro de Hae-seo se encendió de un rojo visible incluso en la penumbra del coche. Seol Gong-woo era el tipo de hombre que podía hacer que Hae-seo ardiera con solo mover el cuello.

Un aire cargado de un temblor nuevo y de una tensión sexual familiar flotaba entre ambos. Al separar ligeramente su mano del asiento de cuero, el sudor acumulado provocó un leve sonido de succión.

Hae-seo levantó la mirada hacia Gong-woo con el rostro encendido. La nuez de Adán de él volvió a moverse y, en ese instante, sin saber quién empezó, sus labios se encontraron.

Sus dientes chocaron levemente y un pequeño gemido escapó de sus bocas. Aun así, no se separaron.

Para profundizar el beso, la mano de Gong-woo sujetó la nuca de Hae-seo y presionó. Como alguien que desea introducir algo en lo más profundo, Gong-woo abrió la boca y empujó su lengua y su saliva en el interior de Hae-seo.

“Ah….”

“Haa….”

Los gemidos quedaban atrapados en sus bocas, incapaces de escapar. Sus respiraciones agitadas caían sobre ellos como un aguacero, ansiosos por pasar al siguiente nivel.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Cuando Hae-seo empezó a frotar la camisa sobre el pecho de Gong-woo, este introdujo su mano con más profundidad en la parte interna del muslo de Hae-seo.

“Ah…. es-espera.”

“…¿Qué pasa?”

Con la mirada nublada por el deseo, el hombre acarició lentamente el escroto y el perineo de Hae-seo, atrapados en su ropa interior, mientras soltaba un suspiro pesado.

Aunque preguntó el motivo, parecía que su botón de "stop" se había estropeado; volvió a pegar sus labios a su rostro, recorriéndolo con urgencia. Gong-woo deseaba que Hae-seo pulsara el botón de inicio de inmediato.

Pero, lamentablemente, los cristales de los coches en esta ciudad eran menos oscuros que en Corea, y se encontraban en una de las rutas obligadas para quienes querían ver la Torre Eiffel.

“Vamos a casa.”

“…….”

“Rápido….”

*

Con un sonido húmedo, las piernas de Hae-seo se abrieron aún más. El asiento del coche chirrió, amortiguando el eco de la fricción viscosa que provocaban los dedos del hombre al entrar y salir rítmicamente.

“¡Ah, hht…!”

“No te guardes el sonido.”

Aunque la intención original era esperar a entrar en la casa, en el momento en que sus ojos se encontraron tras aparcar en el garaje, Gong-woo desplazó el asiento del conductor hacia atrás para ganar espacio. Hae-seo, como si fuera atraído por un imán, acabó sentado a horcajadas sobre sus muslos.

Gracias a la pomada que le había aplicado antes, quitarse los pantalones fue un proceso rápido; deshacerse de los finos calzoncillos fue igual de sencillo. A medida que la ropa caía, Hae-seo sentía que el aire se impregnaba de un aroma a vino que lo hacía reír con una embriaguez que no venía del alcohol. Sin embargo, incapaz de procesar cómo habían terminado en esa posición, Hae-seo se esforzaba por tragarse los gemidos que escapaban de sus labios.

“¿Ha entrado…. hasta aquí?”

“Ugh….”

Los dedos medio y anular, gruesos y firmes, se internaron superficialmente en la entrada que palpitaba, acariciando las paredes internas. Los dedos de Seol Gong-woo estaban más resbaladizos que nunca debido a la pomada acuosa de tipo gel que aún impregnaba sus yemas.

Hae-seo, como si estuviera cumpliendo un castigo, mantenía las rodillas y los brazos tensos, apoyando las palmas contra el techo del coche mientras elevaba la cadera para recibir la intrusión. Todo había comenzado con una confesión impulsiva en medio del calor de los besos.

‘La verdad es que…. es la primera vez que dejo que alguien entre tan profundo.’

‘…¿Es tu primera vez en el sexo?’

‘¡No, eso no! Es la primera vez que la penetración es tan profunda. Casi nunca practicaba el coito con inserción….’

Se había dejado llevar por el ambiente y terminó soltando aquello, preocupado por la irritación de Gong-woo hacia esos exnovios de los que Hae-seo ya ni recordaba el rostro. Todos sus amantes anteriores habían sido Alfas, y lo que ellos buscaban era la humedad natural de un Omega, no la entrada estrecha y seca de un Beta. La penetración solía fallar tras un par de intentos cuando estaban ebrios o demasiado ansiosos, terminando siempre en masturbación mutua. Por eso, este hombre que exploraba y saboreaba cada rincón de su interior le resultaba tan especial.

Sin embargo, sus palabras, destinadas a hacerle saber lo único que era, derivaron en una verificación implacable.

“¿Y aquí? Si empujo hasta este punto, se abre así…. ¿Esto es por experiencia?”

“¡Uuht…!”

“Dices que soy el primero, pero se expande demasiado bien.”

Gong-woo separó el dedo anular del medio dentro de él, estirando la entrada de forma horizontal y haciendo que los pliegues exteriores vibraran con un ligero temblor. El placer, tan familiar como extraño, hizo que su boca se abriera imitando la forma de su entrada, dejando escapar gemidos agudos. Sabía perfectamente con qué terminaría Gong-woo taponando ese espacio una vez que los dedos se retiraran.

La expectativa se infló como una bola de nieve, aplastando sus sentidos con la forma del placer puro. Cada vez que esa sensación estallaba, Hae-seo sentía que era succionado hacia otro mundo.

Bajó las manos y las apoyó sobre los brazos de Gong-woo, usándolos como soporte para mover la cintura lentamente. Los dedos que merodeaban y rascaban cerca de la entrada lo impacientaban. Deseaba que tocara algo más profundo; mejor dicho, deseaba que una carne más gruesa y grande raspara sus paredes internas.

“¡Ah!”

Esta vez, todos los dedos excepto el meñique se hundieron en su interior. La entrada, antes estirada horizontalmente, cambió su forma a un círculo perfecto. Los dedos entrelazados imitaban la forma de un miembro viril mientras el meñique, que quedaba fuera, empezaba a rozar el perineo.

“¡Ha…! ¡Uuht!”

“Mueves la cintura con tanta naturalidad cuando te penetro…. ¿seguro que soy el primero?”

“¡E-heup…!”

“Ah…. ¿acaso no usaste hombres, sino solo dedos? ¿O quizás bolígrafos? Con razón te veías tan experto lamiendo y succionando la pluma desde el principio.”

Gong-woo soltó una risa oscura y hundió los dedos aún más, como si quisiera meter el dorso de la mano. Al sacudir la muñeca con movimientos cortos, la entrada se tensó tanto que los pliegues desaparecieron, provocando una mezcla de dolor y placer absoluto.

“Huuu…. ¡uhm!”

La excitación llenó sus pulmones y salió expulsada en forma de jadeos entrecortados. Cada vez que él giraba la muñeca, Hae-seo sentía que se iba a desgarrar. Pero más que el dolor del desgarro, eran los cuatro dedos raspando su interior lo que lo desesperaba. El dolor se transmutaba en placer y su cuerpo temblaba; su propio miembro ya estaba a media asta. La sangre se agolpaba delante y detrás, restándole fuerza incluso a los dedos con los que sujetaba los brazos del hombre.

Hae-seo se sintió vulnerable, aplastado por un deseo animal. Su torso se desplomó sobre el volante y los dedos de Gong-woo salieron de golpe.

“Haa…. ha….”

“Levanta más el trasero.”

Gong-woo sujetó la cintura de Hae-seo y empujó su torso hacia el parabrisas. Así, su rostro quedó a la altura de las nalgas de Hae-seo. Como si hubiera estado esperando ese momento, ladeó la cabeza y hundió la lengua con fuerza en la entrada que aún palpitaba abierta.

“¡Huat!”

Al sentir la lengua caliente y blanda empujando suavemente, la cintura de Hae-seo dio un respingo de sorpresa. Gong-woo acarició su espalda con la palma de la mano para calmarlo mientras profundizaba la lamedura. Su lengua era el órgano que mejor sabía maniobrar en la entrada de su amante Beta.

“¡Ah, hht!”

Era una sensibilidad de una dimensión distinta a la de los dedos. La cintura de Hae-seo subía y bajaba, lo que provocó que terminara ofreciendo su entrada con más ahínco contra el rostro de Gong-woo. Este, a propósito, hacía ruidos húmedos y obscenos mientras succionaba.

El hombre que jamás hacía ruido al comer, se comportaba como alguien que nunca hubiera aprendido modales cada vez que lamía el miembro o la entrada de Hae-seo. Abría la boca más que nunca y devoraba todo con sonidos impúdicos. Para él, lamer ese lugar era como degustar el manjar más exquisito del mundo.

“Uuuuu…. ¡hht! ¡Ah!”

Con un sonido de succión potente, utilizó la presión de su boca para aspirar la entrada. La mucosa interna se contrajo dolorosamente, como si quisiera salir hacia afuera. La lengua deslizándose por ese camino estrecho le hacía sentir cosquillas en todo el cuerpo, como si le lamiera las entrañas. El calor le pinchaba la piel como agujas y veía destellos de luz frente a sus ojos.

Lo que más ardía, por supuesto, era su miembro. La punta del glande empezó a contraerse y el meato urinario a dilatarse. En ese estado, era evidente que en pocos segundos derramaría su semen sobre el volante. Desde la marca, eyaculaba cantidades inusualmente grandes, lo que duplicaba su vergüenza.

“¡Pa-para…!”

Hae-seo estiró la mano hacia atrás para empujar la frente de Gong-woo. Fue un gesto desesperado, pero el hombre respondió separando más sus nalgas y rascando con los dientes el borde exterior.

“¡Hhht!”

En ese instante, las emociones atadas por la razón se desmoronaron por completo, dejando que solo los instintos brotaran de su boca.

“Me gusta. Joder, mucho…. ¡uht! ¡Ahí, más…!”

Cada vez que él amasaba sus nalgas, la carne se separaba y se unía rítmicamente. El aire frío que chocaba contra su entrada le provocaba escalofríos. Le gustaba tanto la sensación de cada célula interna siendo acariciada que, temiendo que el sentimiento se escapara, Hae-seo empujó su cintura hacia atrás instintivamente.

Las venas de su miembro vibraron y su sexo, aplastado contra el volante, dio una sacudida. El glande se dilató y, finalmente, el semen brotó a borbotones. Una vez más, la cantidad fue tal que empapó el volante y creó un pequeño charco en la alfombrilla del suelo.

“Haa…. haa….”

“¿No ha sido una eyaculación demasiado rápida?”

El hombre levantó la cara lentamente y, como si no fuera suficiente, lamió la línea que dividía el escroto y succionó el punto sensible del perineo. El miembro de Hae-seo, que había quedado flácido tras eyacular, volvió a tensarse y a erguirse.

Parecía que todas las teorías médicas sobre que el placer físico es solo un punto fugaz de felicidad eran mentira. Si no, no había forma de explicar este placer, a menos que este hombre tuviera algún tipo de afrodisíaco en la lengua.

Hae-seo bajó la cabeza sumido en una extraña autoconmiseración. Nunca se había considerado una persona promiscua, pero desde que estaba con Seol Gong-woo, sentía que no podría rebatir a nadie que lo llamara hedonista. Incluso ahora, estaba permitiendo que el hombre siguiera presionando sus labios contra su perineo.

En un débil intento de resistencia, habló hacia Gong-woo.

“Ya…. deje de lamer.”

“Aquí huele a mí.”

Aquella frase inesperada hizo que todo su cuerpo se tiñera de carmesí. ¿Cuánto tiempo debía haber estado lamiendo para que dijera eso? A pesar de lo inapropiado de la situación, un deseo absurdo cruzó su mente: ‘¿Entonces en otras partes no se siente mi feromona? Me gustaría que se sintiera….’

Casi suelta un: ‘entonces lama otras partes también….’, pero recobró el sentido común y empezó a deslizar su cintura hacia adelante para alejarse. Si seguía aceptándolo todo, acabaría siendo un esclavo del deseo. Al menos uno de los dos debía mantener la cordura para equilibrar la relación.

Justo cuando intentaba escapar hacia el parabrisas para establecer una relación de pareja "saludable", una mano nada saludable lo rodeó por la cintura y lo atrajo con fuerza.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“¡Uat!”

Sus nalgas aterrizaron de nuevo sobre los muslos de él. El hombre soltó un leve quejido y empezó a frotar su miembro entre la división de las nalgas de Hae-seo.

“My Sweet pea….”

“Ah….”

El tono excesivamente dulce de su voz hizo que los ojos de Hae-seo se humedecieran. Entre el roce suave de su miembro contra la entrada, el perineo y el escrotó, no había rincón en el cuerpo de Hae-seo que no estuviera encendido.

De pronto, pensó: ‘¿Qué debo responder cuando me llama así?’. Llamarlo igual parecía injusto, considerando que este hombre era "demasiado grande" como para ser un guisante dulce.

Mientras Hae-seo dudaba intentando mantener la objetividad, el miembro de Seol Gong-woo se abrió camino en la estrecha entrada, dilatándola con un empuje apretado.

“¡Ah! De re…. ¡auht!”

“Eres tan adorable en todo lo que haces que no hay otro nombre que te quede mejor.”

“Es-espera…. ¡uuht! ¡Vayamos…. adentro!”

“Ya estoy entrando.”

Gong-woo fingió malinterpretar sus palabras a propósito y empujó su cintura hacia arriba con suavidad. A diferencia de su rechazo verbal, la entrada de Hae-seo se contrajo con fuerza alrededor de su miembro, como si diera la bienvenida a un invasor familiar.

Las paredes internas se adhirieron al tronco de su sexo, impidiéndole cualquier movimiento libre. “Mierda”, masculló el hombre entre dientes antes de empezar a girar la cintura lentamente. El interior era como un bosque de enredaderas estrecho y húmedo. A medida que el gran miembro exploraba ese bosque con movimientos circulares y delicados, la boca de Hae-seo se abrió de par en par, dejando salir un gemido ronco.

“¡Ah… ha! ¡Hhht!”

Por mucho que la influencia de las feromonas tras la marca facilitara la apertura de la entrada de un Beta, si el miembro de la pareja tenía un tamaño tan anormal, esa ayuda resultaba insuficiente.

Hyun Hae-seo, en un acto reflejo por escapar de la intensidad, levantó la cintura y estiró las manos hacia el parabrisas. Tack. Sus palmas chocaron contra el cristal empañado por el aliento de ambos, limpiando apenas un rastro circular que revelaba el exterior.

“¿A dónde vas?”

“¡Auht!”

Su cintura fue apresada de nuevo y aterrizó de golpe sobre los muslos del hombre. El dolor subió por su columna, tiñendo sus ojos de un rojo acuoso. A través del pequeño hueco limpio en el vidrio, vio con nitidez el garaje con la persiana bajada.

Aunque fuera un garaje privado, tener sexo allí fuera era extremadamente arriesgado. Los haces de luz de otros coches que se filtraban ocasionalmente por las rendijas de la puerta hacían que Hae-seo se sintiera aún más ansioso.

Sin embargo, para su amante, la ansiedad era una emoción que parecía haber sido borrada de su código genético al nacer. Gong-woo observaba el garaje, perfectamente visible a través de la marca de la palma en el cristal, mientras retiraba su miembro para volver a hundirlo con fuerza en la entrada.

“Dijiste que yo era el primero en follarte así de profundo.”

“Hhht…. ¡Ah! ¡Haa…!”

“Te voy a penetrar así de hondo todos los días, tanto como quieras.”

¡Puck! El cuerpo de Hae-seo se sacudía débilmente con cada embestida. Con gemidos roncos, Gong-woo comenzó a mover la cintura en serio. Se movía sin descanso, como si su respiración fuera a detenerse si dejaba de arremeter contra Hae-seo.

Cada vez que su sexo entraba y salía, se escuchaba un chapoteo viscoso, y cada vez que golpeaba sin piedad hacia arriba, sus muslos chocaban con un sonido húmedo. El placer, alimentado por el oído y el tacto, era un éxtasis creado solo por ellos dos. En ese estado, el dolor se volvía una sensación inútil. Empezaron a explorarse con una mezcla de calma y obscenidad. Un deseo negro y denso, como el alquitrán, los mantenía pegados el uno al otro.

“Haa…. uht.”

“Ha….”

El interior de su entrada ardía con un calor abrasador. Cada vez que él golpeaba su próstata, el miembro de Hae-seo, pegado a sus abdominales, vibraba en la punta como si fuera a explotar. Sentía el deseo urgente de eyacular, pero al mismo tiempo, quería seguir siendo aplastado por él. Hae-seo abrió más las piernas para intentar retrasar el clímax.

“¡Es-espera…! La postura…. ¡aeuk!”

Pero, contrariamente a su intención, sus piernas fueron abiertas de par en par y sus muslos elevados. Gong-woo había enganchado sus brazos tras las corvas de Hae-seo para exponerlo completamente.

Y no se detuvo ahí. Gong-woo estiró la mano de repente y ajustó el ángulo del espejo retrovisor. Como si la lente de una cámara empezara a grabar, el espejo comenzó a reflejar el espacio entre las piernas abiertas de Hae-seo.

“¿Por qué….? ¡Hhht!”

“Dijiste que querías guardar todos los momentos conmigo.”

“Es-eso es…. ¡Ah!”

“Mira bien qué tan profundo se clava lo mío aquí dentro.”

“No quiero…. ¡umph!”

Hae-seo intentó girar la cara por la vergüenza, pero él le sujetó la mandíbula, obligándolo a mirar el espejo. En el reflejo, vio de forma obscena su propia entrada aceptando con dificultad el miembro de Gong-woo, hinchado y de un color rojizo. Los músculos circulares se dilataban y contraían rítmicamente con cada estocada. Splash, splash. Cada vez que él entraba, Hae-seo sentía flores de placer brotando en su cuerpo como madera absorbiendo agua.

Quería apartar la vista, pero Hae-seo terminó observando hipnotizado el punto de unión. Su propio sexo, erecto contra su abdomen, palpitaba a punto de estallar. Y justo debajo, cada vez que el miembro de Gong-woo se movía, el punto sensible del perineo por el que este hombre estaba obsesionado aparecía y desaparecía tentadoramente.

“Ah…. haaa….”

¿Había dicho él en Maldivas que quería grabar esto? Para su propia sorpresa, Hae-seo se quedó prendado de su propio punto sensible a través del espejo. Ver esa parte de su cuerpo que solo reaccionaba así con él encendió una chispa de excitación brutal.

Sin darse cuenta, soltó un jadeo ansioso y movió la cintura para ver mejor, justo en ese instante…

Screech. El sonido de neumáticos rozando el suelo y una luz filtrándose lo interrumpieron.

“Parece que Joseph ha llegado.”

“Haa…. ha….”

El dueño del garaje de al lado era Joseph, el veterinario de Jerry que vivía en el piso de abajo. Hae-seo lo conocía bien; incluso Luke, el Golden Retriever de Joseph, era tan sociable que siempre corría a saludar a Hae-seo con entusiasmo.

[Vamos, Luke.]

Se escuchó el beeeep del cierre centralizado y el jadeo animado de Luke. Por la ubicación del garaje, Joseph y Luke tenían que pasar justo por delante para ir al ascensor. Hae-seo tuvo que contener el aliento.

Pero entonces…

“¡Auht!”

Gong-woo empujó de repente hacia arriba, golpeando la próstata de lleno. El ataque, pillándolo desprevenido, hizo que un gemido escapara sin control. Hae-seo se tapó la boca con urgencia y forcejeó para detenerlo, pero Gong-woo, como si quisiera que los descubrieran, empezó a masajear la próstata con la punta de su glande de forma obsesiva.

“Haa…. ¡umph!”

“Shhh…. ¿Acaso quieres tener audiencia?”

“¡Ah…! ¡Para… hht!”

¡Woof! Naturalmente, un animal con el olfato y el oído tan desarrollados no iba a ignorar aquel movimiento. Detectando algo extraño, Luke trotó con sus patas pesadas hasta la puerta del garaje de ellos y empezó a olfatear frenéticamente la rendija.

La voz de Joseph llamando a Luke se mezcló con el ruego desesperado de Hae-seo.

[¡Luke!]

“¡Por…. favor!”

Pero en estos asuntos, Gong-woo no era un hombre que aceptara ruegos. En lugar de frenar, empezó a penetrarlo describiendo círculos muy lentos. El problema era que la entrada de Hae-seo, ya dilatada por las embestidas rápidas, no podía sino reaccionar intensamente ante esa lentitud.

Sentía cada pliegue de su pared interna abriéndose paso ante el grosor. Era agonizante. Deseaba que él llenara todo el fondo rápidamente y estimulara su punto más profundo.

Hae-seo jadeó y, sin querer, su entrada empezó a succionar rítmicamente el miembro. “Ha…”. Gong-woo soltó un gemido que sonó casi como una risa ahogada al sentir cómo las paredes internas lo atrapaban con fuerza.

Pero eso fue todo. Gong-woo tenía una paciencia infinita cuando se trataba de Hae-seo. Disfrutando de la presión interna, sacudió la cintura levemente y mordisqueó la nuca de su amante.

“Dices que pare, pero estás así de ansioso.”

“…Hht…. solo, rápido….”

Sentía el miembro de él latiendo de excitación dentro de sí. Ese pulso se transmitió a todo su cuerpo, haciendo que Hae-seo palpitara como si fuera un corazón gigante. Con los sentidos tan agudos que le dolía hasta la punta de la lengua, cerró los ojos, solo para sentir cómo él lamía su lóbulo.

El olfateo de Luke, sus pasos. Y la lengua lamiendo su oreja como un perro. Parecía que el hombre se había convertido en un canino que lo estaba devorando. Fue entonces cuando escuchó su voz baja.

“¿Cómo quieres que lo haga ahora?”

“Haa…. solo, normal…. muévase normal.”

“Entiendo. Haré lo que quieras. Pero antes.”

“…¿Antes?”

“Permíteme cumplirte otro deseo.”

¿Otro deseo? Hae-seo no entendía. Además, la forma en que lo dijo —permitirle cumplirlo— era muy extraña. Se giró con cara de desconcierto buscando una explicación, pero Gong-woo le sujetó la mandíbula y fijó su vista de nuevo en el espejo retrovisor. El espejo seguía mostrando con claridad la unión de sus cuerpos.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

“Esta mañana me preguntaste por qué mi coche no tenía cámara de salpicadero.”

“…¿Perdón?”

Era una pregunta que no encajaba para nada con la situación. Iba a replicar, pero entonces recordó la conversación de camino al trabajo.

‘¿Este coche no tiene cámara? No veo ninguna…’

‘Ah, mi coche es…’

En ese momento, Gong-woo no respondió directamente. ¿Qué tenía que ver eso con un deseo ahora? Hae-seo miró la superficie del espejo retrovisor, que brillaba más que nunca.

“…….”

El sexto sentido es el que detecta la ansiedad en áreas que los otros cinco no alcanzan. Las pupilas de Hae-seo empezaron a temblar.

“No me diga que eso….”

“¿Ves la lente en la parte inferior del espejo?”

“¡¿Qué?!”

“Como mi coche tiene buenos extras, creo que puedo cumplir tu deseo inocente de guardar cada momento que pasamos juntos.”

Hae-seo estuvo a punto de saltar del susto, gritando sin querer. Era absurdo que la cámara estuviera oculta en el marco del espejo, pero que además de grabar el exterior, grabara el interior… ¿quién podría haberlo imaginado?

¿Y cumplir su deseo? Aquello era una locura. Sí, ese había sido su deseo, pero el "cumplimiento" de Gong-woo no era blanco y puro; era una fantasía sexual oscura y obscena.

Hae-seo intentó empujarlo para protestar. Sin embargo, cada vez que se movía, Luke gemía y daba vueltas intentando encontrarlo, incluso metiendo el hocico por la rendija como si fuera a levantar la persiana.

“Solo dime una frase: que puedo seguir guardando el tiempo que pasamos hoy.”

“De verdad, se ha vuelto loco. ¡Lo ha hecho a propósito!”

“Parece que estás tan excitado que no recuerdas que fuiste tú, Hae-seo, quien se subió a mis muslos hoy.”

Mierda. El insulto casi sale de su boca. Como él decía, en cuanto sus ojos se cruzaron, Hae-seo se había subido a él voluntariamente por la excitación. Incluso Gong-woo había sugerido entrar a casa, y fue Hae-seo quien lo asaltó metiéndole la lengua.

Haa…. ¡Pero tendría que haber dicho que había una cámara! Aunque pensándolo bien, ¿qué coche particular tiene una cámara interna? Esto no era un taxi.

“¿Qué vas a hacer? Aquí abajo parece que tienes prisa…. Yo puedo echar a ese perro y llenar este lugar hasta que quedes satisfecho.”

Su voz era tan tentadora como la serpiente ofreciendo la manzana prohibida. Sin detenerse, Gong-woo acarició lentamente el borde de su entrada dilatada y el punto del perineo.

[Luke. Si sigues metiendo la cabeza así, vas a desbloquear el cierre. Un momento, ¿esto se ha quedado abierto?]

Sintió que Joseph, que estaba un poco alejado, daba un paso más hacia la puerta mientras Hae-seo debatía internamente. Se le secó la boca y sintió los oídos taponados por la tensión. Joseph, ajeno a lo que ocurría dentro, sacudió la puerta del garaje.

En ese estado, era muy probable que Joseph abriera la persiana pensando que estaba mal cerrada para pulsar el botón de bloqueo interno.

Parecía que en este mundo nada se obtenía sin sacrificio. Hae-seo cerró los ojos con fuerza. Lo mejor que podía hacer ahora era aceptar aquel deseo corrompido.

“¿Cómo va a hacer que se vaya?”

Al sentir cómo incluso las paredes internas de Hae-seo temblaban por la tensión, Gong-woo frunció el ceño y soltó un suspiro pausado.

Con el permiso concedido, tomó su teléfono de la consola central y movió los dedos rápidamente. Al instante, se escuchó la voz sorprendida de Joseph.

[Ah, Luke…. vamos. ¡Basta! ¡Ven aquí!]

 

Los pasos que se escuchaban eran rápidos, delatando una urgencia inusual. Joseph, prácticamente arrastrando a Luke, corrió hacia el ascensor. Al escuchar que los sonidos se alejaban, Hae-seo volvió el rostro hacia Gong-woo con una expresión aturdida.

“¿Cómo…?”

“No creo que eso sea lo importante ahora.”

En el momento en que la voz grave del hombre se filtró en su oído, Gong-woo comenzó a mover la cintura con una velocidad aterradora, como un pistón implacable.

Su miembro, que entró de golpe, machacó su próstata de inmediato, provocando que Hae-seo sintiera un placer tan violento que su visión se nubló. Parecía que él también había contenido demasiado sus impulsos, pues sus movimientos eran más feroces que nunca. Como si estuviera recibiendo un castigo por una falta cometida, sus nalgas se sentían ardientes y las corvas de sus piernas, apresadas por las manos de Gong-woo, parecían a punto de quebrarse.

“¡Ha-uht! ¡Uuuh!”

“Haa….”

“Des… ¡despacio…!”

“Mira a la cámara y di mi nombre.”

“Uuugh…. Gong…. ¡hhht!”

“Hazlo bien. ¡Huuu…!”

“¡Uuugh…! Gong-woo…. señor…. Gong-woo…. ¡uuuuuht!”

Las voces de ambos se entrelazaron de forma caótica entre gemidos. El hombre, habiendo obtenido lo que deseaba, empezó a devorar cada centímetro del rostro de Hae-seo. Mientras su parte inferior era sacudida sin piedad, sus labios eran sellados por besos voraces que no dejaban espacio para el aire.

‘Me voy a volver loco…’. Su corazón latía con una rapidez demencial, como si se hubiera dilatado demasiado. Hae-seo, con un esfuerzo supremo, giró la vista hacia el espejo retrovisor. La pantalla, que mostraba un primer plano de su unión, parecía una auténtica película pornográfica.

Su entrada, totalmente abierta, tragaba el miembro hasta la raíz y lo expulsaba repetidamente. Con cada embestida, el escroto se balanceaba y el punto sensible del perineo, convertido en un punto carmesí, se hinchaba de forma prominente.

¿Para qué querría grabar esto? ¿Acaso planeaba masturbarse viéndolo? Al llegar a ese pensamiento, una visión se proyectó ante sus ojos como si fuera un cortometraje con técnicas de flash-forward.

‘Hae-seo…. Hyun Hae-seo….’

Vio el ceño fruncido de Gong-woo, su mandíbula rígida, las venas de su cuello marcadas y sus manos grandes moviéndose con rapidez sobre su propio sexo. Imaginar el rostro del hombre alcanzando el clímax a solas mientras lo miraba a él en el video, lejos de avergonzarlo, le provocó una excitación que lo hizo temblar.

Sí. No estaba mal tener algo así. No le molestaba que él estuviera tan obsesionado con su cuerpo; incluso sentía ternura por aquel hombre que intentaba saciar su hambre de esa manera.

Con ese pensamiento, su mano, que antes colgaba lánguida, bajó con timidez. Hae-seo, queriendo lucir como un protagonista digno en el video de él, subió su propio escroto y empezó a acariciarse con suavidad, como si se masturbara. Sus yemas se tiñeron de rojo mientras su cuerpo se sacudía por un placer basado en la pura vergüenza. Jamás habría imaginado que terminaría haciendo algo así frente a un espejo.

No se limitó a tocarse; acarició deliberadamente su punto sensible y rozó el borde exterior de su entrada totalmente dilatada, mientras echaba la cabeza hacia atrás para pegar su rostro al de Gong-woo.

“Más profundo…. hágalo más profundo. ¡Hhht!”

La respiración de Gong-woo se aceleró aún más. Hae-seo estiró la otra mano para acariciar su mejilla. Como si ese gesto fuera la señal definitiva, Gong-woo tensó los músculos de su mandíbula y soltó un gemido gutural, alcanzando el clímax del video.

“¡Uht…!”

Su entrada se expandió hasta el límite del desgarro mientras el semen caliente empezaba a inundarlo. Su vientre bajo tembló como si estuviera engullendo la eyaculación de él. Gong-woo, para evitar que el líquido se escapara, dejó que su raíz se hinchara al máximo, taponando la entrada mientras seguía moviendo la cintura levemente.

El semen que no pudo quedar atrapado goteó entre la unión de sus cuerpos. Aun así, Hae-seo sentía que sus paredes internas se derretían empapadas en él. Con el cuerpo flácido y una sensación punzante, el miembro de Hae-seo también expulsó su carga. Su sexo, que vibraba débilmente, estaba rojo hasta la base.

Sintiéndose expuesto, intentó cerrar las piernas, pero Gong-woo acarició su miembro enrojecido varias veces para relajar el temblor. Su toque no era puramente sexual, sino que recordaba al cuidado de un adulto que intenta aliviar el dolor de un niño pequeño con mal de estómago. Sin embargo, lo que escapó de los labios de Hae-seo fue un gemido que aún conservaba el calor de la excitación.

“Huum…. ah….”

“Haa….”

Como si compartieran el dulce sopor tras el orgasmo, ambos buscaron los labios del otro para respirar el mismo aire. Sus lenguas se rozaron suavemente, intercambiando alientos agitados. Gong-woo, recuperando el aliento poco a poco, acarició el rostro de Hae-seo.

“¿Qué se siente al ver cumplidos dos deseos a la vez?”

“…Solo por esta vez.”

“Está bien. Guardaremos solo este video de nosotros en el coche.”

Haa…. Justo cuando Hae-seo iba a girar la cabeza para reclamar si eso significaba que pensaba grabar en otros lugares, el miembro de él salió un poco para volver a entrar con facilidad, ayudado por la lubricación del semen.

Hae-seo cerró y abrió los ojos al sentir cómo su interior volvía a ser llenado por esa carne húmeda. Con cada pequeño movimiento de él, el semen acumulado dentro producía un sonido chapoteante y creaba burbujas. La sensación del líquido deslizándose por su perineo le provocó escalofríos. El miembro de Gong-woo se hundió tanto que Hae-seo pudo ver desde fuera cómo su vientre se abultaba siguiendo la forma de la intrusión.

Apretando los dientes por la mezcla de placer y agotamiento, Hae-seo suplicó:

“¡Ya, hagámoslo en casa…!”

“Ya grabamos lo de abajo, ahora tiene que salir tu cara también, ¿no crees?”

“¡Qué…!”

La luz de los faros de otro coche que pasaba por la rendija del garaje iluminó la blancura del cuerpo desnudo de Hae-seo.

NO HACER PDF

SIGUENOS EN INSTAGRAM AOMINE5BL

Gong-woo ajustó una vez más el ángulo del espejo retrovisor. Ahora, el espejo capturaba el rostro encendido de Hae-seo y al hombre que, con los ojos igualmente enrojecidos, soltaba jadeos pesados. Seol Gong-woo no se detuvo hasta que la luz azulada del amanecer iluminó con total claridad cada rincón de su entrega.

<Sweet pea> fin.