1. El hijo de Colin (2)

 


1. El hijo de Colin (2)

Un susurro nítido de alguien manteniendo una conversación. El roce suave de las sábanas —sreuk— y el rítmico pasar de las páginas de un libro —sarak—. A pesar de estar entre el sueño y la vigilia, Sarang no dejó escapar ninguno de esos sonidos que le acariciaban el oído y soltó un largo suspiro. El ruido de la lluvia se escuchaba lejano.

Todavía no ha parado de llover.

Sarang, que dormía boca abajo, había cambiado de postura en algún momento y ahora yacía de espaldas a la ventana. Su cuerpo, sin una sola prenda de ropa, estaba envuelto en el edredón de verano como si fueran enredaderas. La mayor parte de la tela estaba acurrucada entre sus brazos.

“Duerma más.”

Esta vez, lo que acarició el oído de Sarang fue una voz de barítono. Una voz erótica. La voz del Joven Duque, transmitida brevemente durante la misa de Navidad, fue en su momento un meme que arrasó en internet. Sarang, con quince años entonces, compartía esa opinión. El murmullo de las cámaras desplegadas por doquier, la catedral abarrotada y el bullicio que se sentía incluso a través de la pantalla se silenciaron en el instante en que resonó la voz del Joven Duque ataviado con su traje de gala.

En cuanto la cámara, que enfocaba a la familia real por orden de sucesión, captó el perfil del Joven Duque, hizo un zoom inmediato. La línea de su rostro, captada tan de cerca que se apreciaba hasta el vello facial, era tan elegante como un dibujo. Con la majestuosa catedral de fondo y ante los ojos de miles de personas, el Joven Duque, sereno como un lago tranquilo, leyó un breve pasaje litúrgico.

Ocho años después, aquel Joven Duque de veinticinco años que aparecía de nuevo ante los medios se había convertido en un adulto. En la catedral envuelta en todo tipo de esplendores, el Joven Duque, con sus pestañas doradas bajas y sus labios rojos moviéndose apenas, conservaba una frescura que aún no lo abandonaba, brillando como el reflejo del sol en el agua.

Sentado en la sala de su viejo apartamento, compartiendo el pastel que Colin había comprado, Sarang había pensado en eso.

“¿No puede abrir los ojos?”

Un tacto suave apartó el cabello que cubría su frente. La punta de los dedos estaba tibia y el gesto era cuidadoso. Como si Sarang fuera alguien preciado.

“Aún no amanece. Puede cerrar los ojos un poco más, Sarang.”

Si se pudiera añadir el paso del tiempo a la voz que leyó aquel pasaje litúrgico, ¿sonaría así? Creyendo que era un sueño, Sarang frotó su frente contra la punta de los dedos que amagaban con retirarse. Por suerte, el dueño de esa mano no lo rechazó, sino que le ofreció la palma. Sarang, hundiendo la punta de la nariz en esa palma grande y blanda, sonrió levemente. Olor a tierra mojada e higos colgando como flores en ramas florecidas. La feromona de Florian le resultaba grata y reconfortante. Quería seguir así un poco más. No quería despertar del sueño.

“¿Se siente bien?”

Sarang, sin dar la más mínima respuesta, hundió el rostro en la palma de la mano y encogió su gran cuerpo para pegarse al dueño de la voz. Una risa baja se filtró por su pabellón auditivo.

“Hubo un tiempo en que pensé que no era mimado.”

En la voz de Florian, que abrazaba el hombro de Sarang mientras este se acurrucaba contra su costado en sueños, se percibía un rastro de risa.

“No hará esto con cualquiera, ¿verdad, Sarang?”

Florian, que dejó el libro que leía apoyado en el cabecero de la cama y se quitó las gafas, se concentró de lleno en Sarang. En realidad, Florian no se había concentrado en nada más que en él, tras haber leído la misma página varias veces sin avanzar.

“Mmm, Sarang tiene un lunar debajo de la oreja izquierda. También vi uno al lado del pezón izquierdo.”

Florian, entregando su cuerpo dócilmente al brazo de Sarang que rodeaba su cintura, observó con atención el omóplato izquierdo. No eran las marcas de manos o hematomas que Florian había dejado durante el celo. La vieja cicatriz que cruzaba la escápula tenía el largo de un dedo; no era una incisión, sino una laceración.

La cicatriz se había quedado marcada por no haber recibido tratamiento de feromonas inmediatamente después del accidente. No es que no lo hubiera hecho, es que no habría podido. En su espalda ancha y en su grueso torso también se apreciaban algunas cicatrices similares. Al ser una piel blanca y lisa, resaltaban aún más.

“Uno, dos, tres, cuatro, cinco.”

Florian, que buscó minuciosamente desde la nuca hasta la zona lumbar hasta encontrar cinco cicatrices, bajó la cabeza con suavidad. Muack, muack, muack, muack, muack. Cinco besos se mezclaron con el leve sonido de la lluvia.

“¿Acaso no venía de la PL, sino de las MMA?”

Las laceraciones solían ser heridas provocadas en forcejeos físicos. En el campo de juego, abalanzándose como fieras, chocando cuerpos, cayendo, con la piel desgarrándose y los huesos fracturándose. Antes de interesarse por el fútbol, no sabía que era un deporte tan violento. La naturaleza de una liga permisiva con el contacto físico y los errores arbitrales hacían los partidos aún más crudos. Cuanto más brusco y tenso era el encuentro, más se duplicaba la diversión del público y estallaba la dopamina. Era, en esencia, una droga legal.

“Habría sido bueno conocernos antes.”

A los diez años, a los cinco o, mejor aún, desde el momento del nacimiento.

Florian soltó una risa seca mientras tiraba del edredón para cubrir la espalda descubierta. Si fuera justo después del nacimiento de Sarang, Florian apenas tendría diez años. En esa época estaba demasiado ocupado cuidando de sí mismo, ¿qué habría podido hacer por él?

“No, debí haberlo admitido antes.”

Si hubiera corrido hacia Sarang en cuanto despertó del sueño. Si no hubiera pecado de arrogante al juzgar que no amaría a alguien diez años menor que él. Si el tiempo en que no creyó del todo que fuera un sueño hubiera sido más corto. Le habría ahorrado, al menos un poco, ese sufrimiento emocional.

“Parece que, al final, quien perdió el tiempo fui yo, Sarang.”

Sarang era el único ser capaz de hacer que Florian —especialista en reflexionar sobre el pasado y prepararse para el futuro mientras se concentraba en el presente— imaginara cosas que no sucederían.

“Al final, me he convertido en un desvergonzado.”

Si de todos modos iba a terminar así.

“Debí arrastrarlo a la cama en cuanto cumplió la mayoría de edad.”

Como respondiendo a la broma cargada de arrepentimiento, la respiración de Sarang, que se agitó un momento, volvió a ralentizarse. Habían pasado dos días desde que terminó el celo. Ya era el tercer día. Sarang, que había saciado su lujuria durante diez días y noches sin descanso, cayó rendido en un sueño profundo en cuanto se enfrió la fiebre del celo.

Pensó que tal vez despertaría ahora. Sarang, que había pasado su primer celo con un Omega, parecía priorizar el sueño antes que el hambre. Eso también le resultaba muy propio de él.

Kim Sarang, el hombre que se iba a la cama puntualmente a las nueve de la noche.

Una de las raras situaciones en las que Sarang no podía cumplir eso era Florian. Por culpa de Florian, Sarang rompía sus rutinas estrictas, no dudaba en abandonar al equipo en plena temporada y no utilizaba a Florian como escudo ante las críticas por sus ausencias.

Habría bastado con decir que su cónyuge tenía problemas de feromonas para solucionar el asunto de forma sencilla. Sarang no habría cargado con la deshonra de un abandono injustificado y su ausencia habría sido comprendida. Pero Kim Sarang no lo hizo. Cumplió fielmente la promesa previa al matrimonio y el contrato de confidencialidad.

“…….”

Si no hubiera querido a Sarang, no le habría importado nada de eso. Florian, que se conocía mejor que nadie, sabía que habría dado por sentado el esfuerzo de Sarang por cumplir el contrato a costa de su propia carrera. Reconoció que no es que no se hubiera dado cuenta de sus sentimientos hacia él, sino que decidió no hacerlo.

Poner todo tipo de excusas para ignorar y negar a Sarang fue por desear un final diferente al del sueño. Un final distinto. Pero ¿de qué servía todo eso si ya lo amaba aunque no quisiera admitirlo?

Florian no era tan estúpido. No reconocer a Sarang no era solo por el sueño. Pero eso también era una mera excusa. Desde el momento en que se vinculó con Florian, Sarang entró en el radio de peligro que este corría. Quisiera o no.

“No tenía intención de involucrarlo hasta este punto, Sarang.”

Su plan era sacarlo de las garras de Kaia y vigilarlo desde atrás, actuando como un patrocinador adecuado.

“De verdad.”

Sarang, que ahora tenía una mejilla hundida no en su palma sino en su bajo vientre, sintió el roce de un dedo que acarició el lunar bajo su lóbulo, pasó por su sien saludablemente bronceada y tocó el hueso de la ceja. La zona de sus ojos seguía roja. Florian creía intuir el corazón de Sarang, quien a veces mostraba lágrimas incluso durante un celo consensuado, pero al mismo tiempo sentía que no podía calibrar su profundidad.

“Dicen que quienes tienen un lunar bajo el ojo son llorones.”

Muack. Esta vez, las feromonas de Florian se filtraron hacia Sarang mientras este besaba sus párpados rojos e hinchados.

“Parece que eso tampoco es una verdad absoluta.”

Besando también el rabillo del ojo, limpio y sin un solo lunar, Florian deslizó su cuerpo para acostarse. Le ofreció su brazo como almohada a Sarang, que dormía aferrado a su cintura, y le entregó su propio pecho en lugar del edredón, subiendo la manta hasta debajo del cuello de este. La respiración, que antes era rítmica y pausada, se convirtió en un ronquido leve y suave. Parecía que el Alfa de Florian pensaba dormir un poco más.

Sintiéndose culpable por creer que Sarang había sufrido por su culpa, fuera cual fuera la razón real, Florian volvió a apartar el cabello de su frente. Luego, presionó sus labios contra esa frente limpia y sin imperfecciones. Ya casi no se sentía la fiebre ligera que había anidado en el cuerpo de Sarang los últimos dos días.

Cuando pasara el día de hoy, Sarang despertaría del sueño como quien se despereza.

 

 

Era una mañana de sol radiante. La luz deslumbrante se filtraba a raudales por el enorme ventanal que ocupaba casi toda la pared exterior. El piar de pájaros desconocidos, que revoloteaban entre las ramas que daban sombra al cristal, despertó a Sarang. Apenas abrió los ojos, no pasó ni un segundo antes de que se incorporara de un salto para observar a su alrededor.

“…….”

Incluso en un castillo antiguo como aquel, uno esperaría encontrar al menos un reloj, pero en el dormitorio no se veía ningún objeto que indicara la hora o la fecha. A juzgar por el hecho de que su celo había terminado, era seguro que habían pasado diez días. Tras recorrer con la mirada la habitación, mucho más amplia que la de la mansión, Sarang bajó la vista hacia el lugar a su lado.

A medida que el sueño se disipaba, los recuerdos borrosos empezaron a cobrar vida lentamente. Creía haber recobrado la conciencia una vez justo después de que terminara el celo. En aquel momento, el sitio a su lado también estaba vacío. Como ahora. Sarang apartó la vista del lugar impecable, donde no quedaba ni un solo cabello, y sonrió para sus adentros con resignación.

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¿Por qué te sientes decepcionado? No es nada nuevo.

El amable Florian le había dedicado tiempo que no tenía obligación de darle y le había entregado una calidez que no estaba en el contrato. Florian ya le estaba dando un trato que superaba con creces lo estipulado. Controlar y ordenar los sentimientos que intentaban brotar sin permiso era tarea exclusiva de Sarang.

“…….”

Sarang apoyó la mejilla en sus rodillas dobladas y, sin darse cuenta, volvió a mirar el espacio vacío. Solía compartir cama con Colin. Y al cumplir los diez años, dividieron sus lugares para dormir: Sarang en el único dormitorio y Colin en el sofá de la sala. Colin era tan terco que jamás cedió el sofá. Pero Sarang no se quedaba atrás en terquedad. Al final, incapaz de ver a Sarang durmiendo en el suelo junto al sofá, Colin bajó sigilosamente y se acostó a su lado.

‘¿Qué voy a hacer con este testarudo?’

‘Es mejor compartir la cama.’

‘¿Eres un niño?’

‘A los diez años, sí soy un niño. Maurine y Linda también lo hacían.’

‘Cuando crezcas, la cama será pequeña.’

‘…¿Te burlas de mí, Colin? Los otros niños ya se burlan porque dicen que no voy a crecer.’

‘Jajaja, ellos solo tienen envidia porque Sarang es demasiado bueno al fútbol. No te preocupes por eso. El padre de Sarang era muy, muy alto. Y su madre también.’

‘¿Tanto querías a mis padres, Colin?’

‘Sí.’

‘¿Tanto como para criar a un niño con el que no compartes ni una gota de sangre?’

‘Sí. Tanto que llegué a amarte a ti, Sarang.’

Finalmente, poco después, una cama nueva llegó al dormitorio. En lugar de la cama estrecha y vieja que vendieron por casi nada, compraron una que, aunque seguía siendo vieja, era lo bastante grande para que dos hombres adultos durmieran cómodamente. Debido a eso, el dormitorio quedó tan lleno que solo servía para dormir. Gracias a ello, tanto Colin como Sarang regresaron a la habitación.

Sarang estaba satisfecho. Y aliviado. Para él, encontrarse cara a cara con Colin, quien casi no pasaba tiempo en casa para poder ganar el sustento, era algo preciado.

La comida que Colin dejaba lista, la ropa que remendaba con cuidado diciendo que, aunque fuera vieja, debía lucir impecable, la casa limpia donde el polvo no tenía tiempo de asentarse. Al confirmar el rastro de Colin en cada rincón de su vida, Sarang calmaba su soledad; era como recibir un sello de garantía de que no estaba solo.

Al crecer, la mayoría de las tareas domésticas pasaron a ser responsabilidad de Sarang y Colin se volvió más ocupado, pero seguían existiendo rastros que lo consolaban y le daban seguridad. El lugar donde Colin se había acostado y levantado debido a sus horarios de sueño irregulares por el trabajo. Al ver ese espacio vacío que confirmaba que Colin había estado allí, Sarang sentía un profundo alivio.

Colin está bien. Colin, quien decía que yo debía practicar para vivir bien solo, todavía está lo suficientemente bien como para quedarse a mi lado. Un solo cabello negro que Colin dejaba atrás, la sábana arrugada o la almohada torcida eran para Sarang como un susurro que decía que todo estaba bien.

Y hoy, Sarang descubrió algo que detestaba. El vacío. Un espacio vacío donde no quedaba ni el más mínimo rastro de la persona con la que había pasado la noche. Sarang odiaba eso.

‘Soy feliz.’

No creía haber dicho nada más que eso. No dijo que le gustaba, ni que lo amaba. Florian había desaparecido tras borrar sus huellas de forma pulcra, como alguien que ha terminado un trámite. Como si nunca hubiera habido nadie al lado de Sarang.

‘Se siente bien.’

Ah, fue por eso.

“…….”

Quizás se sintió incómodo. Pero aquello no era una confesión de amor.

Mientras miraba fijamente el sitio vacío, los labios de Sarang empezaron a entreabrirse lentamente. Como burbujas de jabón que estallan, los recuerdos que se habían hundido bajo la superficie empezaron a emerger uno a uno.

‘Iremos ahora mismo al Palacio de Verano.’

El Palacio de Verano era un lugar que los sucesivos duques solo abrían y permitían a las personas que amaban. ¿Por qué demonios pasaron su celo allí? ¿Porque quería engañar a los medios de comunicación de forma más efectiva? Las decisiones de Florian no se veían influenciadas por él, así que ¿por qué...? Para calmar su corazón inquieto, Sarang se concentró más en los recuerdos que afloraban.

Sí, el sonido de la lluvia. Las nubes, que habían estado yendo y viniendo desde antes de empezar el celo, finalmente descargaron su lluvia y continuaron haciéndolo incluso después de que este terminara.

‘Duerma más.’

Esa voz de barítono que le acariciaba el oído. La misa de Navidad. El Joven Duque, sereno como un lago. El Florian de veinticinco años que leía un breve pasaje litúrgico en una catedral tan majestuosa que resultaba abrumadora. Los recuerdos surgieron como una reacción en cadena.

‘Aún no amanece.’

El calor que sentía en la palma de aquella mano grande y blanda, el olor a tierra mojada, el aroma a higo.

‘¿Se siente bien?’

Creyó que era un sueño porque pensó que, por muy amable que fuera Florian, no aceptaría tales mimos. Por eso, Sarang se acurrucó en el pecho de Florian como quien recibe un regalo.

‘Uno, dos, tres, cuatro, cinco.’

Ese fue exactamente el número de veces que el calor tocó la piel de Sarang y se retiró. Muack, muack, muack, muack, muack. Probablemente besos.

‘Dicen que quienes tienen un lunar bajo el ojo son llorones.’

Muack. El contacto de los labios sobre sus párpados fue aún más vívido. Y en el rabillo del ojo, todavía más.

Parecía que la feromona de Florian, que había inhalado en sueños, recorría todo su cuerpo hasta asentarse firmemente en su vientre. El pecho que lo abrazaba con fuerza, el sonido de los latidos del corazón que sentía aún más cerca gracias al brazo que le servía de almohada. El roce de la sábana cubriendo sus hombros fríos, el gesto de apartar su cabello. Y los labios presionando su frente.

“…….”

Al recordar esos momentos que creía soñados, el rostro de Sarang se encendió de golpe y levantó la cabeza.

“¿Durmió bien?”

Florian, vestido con ropa cómoda, estaba de pie junto a la cama. Mientras lanzaba la pregunta con una sonrisa leve, sostenía un café en una mano y llevaba un periódico de papel bajo el brazo opuesto.

“Hoy es miércoles y han pasado... mmm, cuatro días desde que terminó su celo, Sarang.”

Florian dejó la taza de café, de la que subía un vapor caliente, sobre la mesilla de noche y se sentó en el borde de la cama, dejando también el periódico a su lado. Sin embargo, la fecha impresa en el diario no coincidía con la que Florian acababa de mencionar. La fecha del periódico era de hacía quince días, el día antes de que empezara el celo de Sarang.

“Este lugar es prácticamente una casa abandonada donde no vive nadie.”

Florian, captando la mirada de Sarang, habló con naturalidad mientras servía agua en el vaso que ya estaba allí.

“Me esforcé bastante para que pareciera un lugar habitado, pero veo que no es perfecto.”

Sarang, que había relajado las rodillas, se quedó sentado mirando a Florian. Tal como él decía, el Palacio de Verano —al menos este dormitorio— no se sentía como una casa vacía. En cada rincón se percibía el cuidado de alguien y una leve sensación de hogar. Sarang intentó imaginar a Florian leyendo repetidamente periódicos atrasados por no haber podido ocuparse del reparto, pero la imagen no terminaba de formarse con claridad.

“¿Cómo se siente su cuerpo?”

Sarang aceptó el vaso, bebió el agua y se lo devolvió a Florian. Antes de que pudiera responder, una mano blanca se extendió hacia él. Florian palpó con suavidad la frente y las mejillas de Sarang, que estaban algo calientes.

“Hace diez minutos estaba normal, pero ahora tiene una ligera fiebre.”

“…….”

“Sarang, ¿todavía no se le quita el sueño?”

Florian ladeó la cabeza ante la mirada perdida de Sarang y puso cara de estar reflexionando.

“O quizás... ¿es que no fui de gran ayuda? Nunca he visto un caso donde la compatibilidad de celo sea mala a pesar de tener una alta tasa de coincidencia, pero como nada es al cien por ciento, tal vez seamos el primer caso.”

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Nosotros.

“¿Sarang?”

Florian decía con total naturalidad la palabra que Sarang tanto se esforzaba por no pronunciar. Sabía que el ‘nosotros’ de Florian no tenía ningún significado especial, y aunque a veces eso le resultaba doloroso, esta vez fue diferente.

“¿De verdad se siente mal en alguna parte?”

Le resultaba extraño y ajeno ver a Florian preocupado por él de esa manera.

“…Rian.”

“Sí, Sarang.”

“¿Estaba a mi lado hasta hace diez minutos?”

“Por supuesto. Quería estar aquí cuando despertara, pero parece que debí haber renunciado al café. Me arrepiento mucho de no haberlo hecho ahora mismo.”

“¿Por qué?”

Sarang, sin darse cuenta, apretó el edredón con ambas manos.

“Usted está ocupado. Se suponía que regresaría al trabajo en cuanto terminara mi celo….”

Así era. Pero ante la pregunta de por qué seguía a su lado cuatro días después de terminar el proceso, Florian sonrió levemente.

“No lo sé. ¿Por qué será, Sarang?”

En sus ojos de un azul casi místico, se vislumbraba una chispa de travesura que solo Sarang podía reconocer.

Mientras sostenía esa mirada azul con nerviosismo, las pupilas de Sarang se dilataron sutilmente. Intentó decir algo, pero cerró la boca con fuerza. Fue porque, tardíamente, se fijó en el cuello de Florian. Su piel estaba cubierta de marcas de dientes y hematomas que ocultaban su color natural. Era lo que Sarang había hecho durante todo el celo. No podía apartar la vista de esas marcas que ocupaban el cuello, originalmente blanco y elegante. Se sintió impactado por las heridas que él mismo había causado.

Sarang conocía bien, por lo que había aprendido y escuchado, la tiranía de un Alfa en celo. La excitación que calentaba la cabeza como una droga y llenaba cada vaso sanguíneo llegaba justo hasta el límite antes de que se perdiera la razón. Constantemente. Como una ola furiosa que golpea el acantilado una y otra vez sin quedar satisfecha.

¿Habría sido mejor no recordar las acciones atroces que cometió? No, eso sería cobarde. Sarang no quería evadir ni traspasar la culpa de lo que había hecho. Debía asumir la responsabilidad y el deber por igual. De lo contrario, le sería aún más difícil vivir la vida que deseaba.

Probablemente, por eso Florian se había esforzado tanto en solucionar su pérdida de memoria durante el celo hasta llegar a él. Si no fuera por la anomalía de las feromonas, la probabilidad de que Florian entablara una relación así con él tendía a cero. ¿Qué habría sentido Florian al tener que tomar una decisión que no sabía si era la mejor o la segunda mejor opción? Él, una persona que no quería compartir ni un ápice de sentimiento erótico con Sarang y que ni siquiera lo había considerado.

“Sarang.”

Sarang levantó la vista tras observar los hematomas que se veían claramente incluso bajo el cuello de la camisa desabrochada. La mirada de Florian, aunque ya no tenía esa chispa de travesura, seguía siendo suave. Una persona amable y buena. Alguien que, incluso en un momento así, se preocupaba por él.

“Rian, lo siento.”

“Mmm.”

¿Por qué lo sentiría? Florian observó a Sarang con detenimiento y expresó su pensamiento tal cual.

“¿Por qué lo siente tanto?”

Sarang, que hasta hace un momento lo miraba fijamente, ahora era incapaz de sostenerle la vista. Sus dedos jugueteaban nerviosos con la sábana antes de que, finalmente, volviera a levantar la cabeza. No quería huir de Florian, de ninguna manera.

“Por haberme portado de forma grosera y por haberle hecho daño.”

Florian, que recibió esa mirada honesta sin distorsiones, no afirmó ni negó nada.

“Por haber interrumpido la vida diaria de Rian, incluso cuando no estoy en celo.”

Ah.

Al mismo tiempo que se preguntaba por qué el chico decía aquello, Florian lo comprendió y esperó a que Sarang continuara.

“No quiero usar el celo como excusa, Rian. De verdad, lo siento mucho.”

Florian, que escuchó hasta el final sin interrumpir, retiró ligeramente el torso. Ante ese pequeño movimiento, los ojos de Sarang, que permanecía sin expresión apretando la sábana, reflejaron una herida profunda. Le resultaba lamentable y, a la vez, adorable que Sarang interpretara incluso ese gesto trivial como un rechazo, fingiendo ser fuerte o, mejor dicho, sin evitar el dolor.

“…….”

Sí, era adorable.

Era una ternura que le daban ganas de derribarlo a besos.

Florian, tras confirmar sus sentimientos una vez más, sonrió como quien se rinde. Luego, fijó su mirada en los ojos negros de Sarang, donde su propia imagen se reflejaba con nitidez.

“Sarang, usted nunca se ha portado de forma grosera conmigo.”

La voz, que fluyó sin previo aviso, provocó una onda de agitación en las pupilas de Sarang, quien se sobresaltó. Florian comenzó a desabrochar los botones de su camisa con la punta de sus dedos blancos. A medida que cada botón se soltaba, quedaba expuesta una piel en un estado aún más catastrófico que su cuello. No quedaba un solo espacio libre en esa carne que había sido mordida sobre mordidas, succionada hasta el punto de pasar del rojo al azul violáceo.

Especialmente sus pezones, gruesos y grandes, estaban tan hinchados que parecían frutos maduros a punto de estallar. Esa parte del cuerpo que normalmente pasaba desapercibida pendía ahora peligrosamente como si fuera a caer en cualquier momento, y las areolas habían perdido su color original para tornarse de un rojo inflamado. Tanto en los pezones protuberantes como en las areolas, que solían ser de un rosa suave, las marcas de los dientes de Sarang eran nítidas. El rastro de la obsesión y el sentido de posesión de un Alfa dominante en celo era innegable.

Sarang no había olvidado su comportamiento obsesivo. Al contrario, con el paso de las horas, los recuerdos sumergidos volvían con más fuerza. No había sido simplemente una relación sexual con Florian. Literalmente, Sarang se había abalanzado sobre él como un perro rabioso en celo.

El aliento de Florian, que sujetó la mandíbula de Sarang para sacarlo de sus pensamientos, se dispersó frente a su nariz. Sus feromonas se filtraron. En lugar de aturdirlo, aclararon su mente. Las feromonas de Florian lo tranquilizaron. En ese instante, para Sarang, solo existía Florian.

“Ni tampoco me ha hecho daño,”

La palma que sostenía su mandíbula pareció envolverlo con suavidad antes de frotar con ternura la mejilla izquierda de Sarang. A Sarang le gustaba tanto ese contacto que quiso apoyarse en él, pero se contuvo a duras penas. Aún no había recibido el perdón de Florian.

“Ni ha interrumpido mi vida diaria.”

“…….”

Florian era alguien que sabía sonreír con calidez incluso mientras marcaba límites con una actitud y un rostro amables. Por eso, Sarang no se sintió aliviado fácilmente; sabía que no todo lo que salía de su boca era igual de bondadoso.

“Entonces, ¿por qué se disculpa? Sarang.”

Sarang contuvo el aliento mientras escuchaba la voz de Florian, sintiendo cómo le ardían las orejas. Una fiebre ligera se extendía por su cuerpo. Ya ni siquiera podía distinguir si era fiebre real. Florian, que ya estaba posicionado sobre Sarang, extendió la mano. Ante el leve empujón, Sarang se dejó llevar dócilmente hasta que su espalda tocó el cabecero de la cama.

De repente, un recuerdo surgió con fuerza. Florian, aferrado al cabecero con ambas manos, se sacudía mientras soltaba gemidos desgarradores. Su deslumbrante cabello rubio se agitaba empapado, dejando caer gotas de sudor. Sarang era quien estaba pegado a la espalda de un Florian postrado.

Incapaz de satisfacerse incluso empujando hasta la raíz. Sintiéndose tan incompleto que, además de embestir desde abajo, abrazó a Florian con fuerza. Al obligarlo a enderezar la cintura, Florian perdió el agarre del cabecero. Las manos que sujetaban la pelvis enrojecida por las marcas se deslizaron para asir el sexo de Florian, que goteaba sin cesar.

Al cambiar la postura y penetrar aún más profundo, Florian echó la cabeza hacia atrás temblando violentamente. Sarang mordió la nuca de Florian. Lo mordió y lamió como alguien hambriento. Incluso tras saborear el rastro de sangre que corría, no se sintió saciado. Abrazándolo sin dejar ni un milímetro de espacio, Sarang golpeaba sus caderas con embestidas cortas y potentes. El sonido del impacto —plash, plash— que acompañaba el movimiento acelerado no lograba seguir el ritmo de la velocidad.

Florian no era diferente. Con signos evidentes de agotamiento y fatiga tras varios días, Florian se sentía abrumado por Sarang. Más exactamente, por el deseo de un Alfa en celo. Todo el cuerpo de Florian olía a semen. Florian, cubierto de semen y del fluido que había expulsado en chorros, emanaba intensamente las feromonas de Sarang mientras sus propias feromonas también se filtraban sin control.

Sarang, que embestía con la intención de hundir hasta sus testículos en el vientre ya reblandecido de Florian, lamió el cuello lleno de sus propias marcas de dientes. Unió sus labios a los de él y succionó la lengua de Florian. Como si alguien fuera a arrebatársela, Sarang succionaba y exploraba cada rincón de su boca con una sed insaciable. Se sentía incompleto. Por eso, se obsesionaba y lo buscaba con más ahínco, entregándolo todo.

‘¡Aaah—!’

La mano que presionaba con firmeza el vientre de Florian, donde sobresalía la punta de su miembro, subió por los músculos pectorales tersos y apretó un pezón. Metió entre sus dedos el pezón hinchado de tanto ser succionado y mordido, y lo frotó con rapidez. Florian intentó sacudirse, pero con la parte inferior del cuerpo firmemente sujeta, no podía alejarse ni un poco. Al contrario, ante el toque de Sarang que recorría su sexo velozmente, vomitó semen mientras sus extremidades temblaban.

El semen expulsado innumerables veces ya ni siquiera parecía tal. Era claro y ralo, casi idéntico al fluido que expulsaba intermitentemente. Mientras Florian se corría, Sarang seguía recorriendo su miembro y embistiendo con el suyo, sin soltar siquiera su lengua.

‘¡Ah, ah! ¡Hh, aaah…! Basta, basta… ¡Aaah—!’

Ante la voz de Florian que, con gemidos similares a gritos, le instaba a detenerse, Sarang sintió de pronto una tristeza profunda. Quería ser una enredadera sólida que envuelve a un árbol erguido. Quería quedarse al lado de Florian siendo esa enredadera que, aunque nunca pueda ser un solo cuerpo con el árbol, tampoco se separa fácilmente.

Cuanto más intenso era ese deseo, más desesperados se volvían sus movimientos. Envolvió y mordió la lengua de un Florian que no solo temblaba sino que convulsionaba, y apretó con fuerza sus manos sobre el pecho y el sexo de él.

‘¡Aaah, ah, ah—!’

Sarang no soltó el cuerpo que abrazaba desesperadamente mientras frotaba, recorría y embestía con rapidez. Jamás soltó a un Florian que perdía la conciencia intermitentemente por el placer atroz. Sarang no escuchó ninguna de sus peticiones de ir despacio, de calmarse porque no iba a huir, o de descansar un poco porque le dolía y estaba exhausto. Solo sació su propio deseo.

Frotando su cuerpo sin dejar huecos, derramando feromonas y realizando el anudamiento durante largo tiempo sin quedar satisfecho, Sarang mostró sin reservas la faceta de un Alfa codicioso en celo. Realmente, se comportó como un perro rabioso.

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“…….”

Aun así, Sarang deseaba al Florian que estaba ahora sobre él. Quería abrazar con fuerza y no soltar a este Florian que lo miraba con los rastros que él mismo había dejado y empapado en sus feromonas. Quería derramar semen en su vientre hasta desbordarlo y hacer que engendrara a su cría.

Por otro lado, también sentía el deseo de no rozar ni con la punta de los dedos a Florian. Como si leyera ese sentimiento, Florian, que lo miraba en silencio, ladeó ligeramente la cabeza.

“¿Le disgusta tocarme?”

Sarang, que miraba a Florian con los ojos inyectados en sangre, no respondió nada.

“¿Por qué? ¿Acaso se cansó de mí después de probarme durante diez días?”

“…….”

Florian, que miraba a un Sarang que se mordía los labios conteniendo el llanto, chasqueó la lengua.

“Lo siento. Retiro lo que acabo de decir.”

Florian apoyó sus nalgas sobre el bajo vientre de Sarang y tocó suavemente el labio que este se mordía.

Solo con eso bastó para que Sarang detuviera el acto de lastimarse a sí mismo. Ante la imagen de un Sarang que estaba indefenso —que era vulnerable en todo frente a él—, Florian sintió que algo se anudaba con fuerza en su interior.

Una mano blanca y tibia buscó la mano de Sarang que estaba hundida en la sábana. La tomó por el dorso y la levantó. Sarang se dejó llevar dócilmente. A pesar de haber dejado ver que no quería tocarlo y de no haberlo negado, Sarang no pudo apartar la mano de Florian. No era porque lo odiara. No era, en absoluto, porque le desagradara o le guardara rencor.

“No lo dije con la intención de herirlo, Sarang.”

La mano arrastrada tocó el vientre de Florian. Era el lugar que sobresalía una y otra vez cada vez que el sexo de Sarang entraba y salía, y que se abultaba y convulsionaba durante el anudamiento. Ante ese fragmento de recuerdo, Sarang se estremeció de nuevo. Florian apretó y soltó la mano que sujetaba, como para consolarlo.

“Lo dije porque me sentí molesto al ver que Sarang no quería tocarme, así que no se angustie.”

“…….”

“Pero aun así, necesito una explicación.”

La mano sujeta por Florian recorrió su vientre blanco y firme hacia arriba.

“¿Por qué de repente ya no quiere tocarme?”

La mano que subía se detuvo sobre el esternón.

“Cuando hace solo diez minutos se sentía decepcionado por haberme ausentado solo ese tiempo.”

Tocó el hueco del plexo solar.

“Cuando durante todo el celo estuvo tan ansioso por poseerme, ¿por qué ha cambiado de parecer?”

“Rian.”

“Sí, Sarang.”

“¿Los otros Alfas…?”

Sarang, incapaz de continuar, movió la mano esta vez por voluntad propia.

“¿También le dejaron tantas cicatrices?”

Preguntó Sarang, sin atreverse a tocar el pezón que parecía que iba a soltar una gota de sangre en cualquier momento.

“¿Se portaron de forma egoísta y lo trataron con rudeza, Rian?”

Florian comprendió de inmediato a qué se refería. Por eso, se quedó sin palabras por un momento.

¿Cómo puede ser un chico tan… ingenuo y noble?

Le resultaba insólito que Sarang, quien lo había presionado hasta dejarlo sin aliento durante diez días, ahora se preocupara por los demás y lo tratara como si fuera cristal a punto de romperse. Por un lado, le preocupaba.

“No, Sarang.”

“…….”

“No hay ningún Alfa que me haya dejado tantas marcas y que se haya comportado de forma tan egoísta durante todo el celo. Por supuesto, eso era cuando mis feromonas eran normales.”

Florian, soltando la mano de Sarang, terminó de desabrocharse los botones.

“Solo Sarang, bajo mi permiso, se ha comportado como un Alfa en celo. Sarang es el único que se ha ofrecido como pareja de un Alfa excitado. Esto significa que todo sucedió bajo mi voluntad y consentimiento.”

La camisa, que se deslizó rodeando sus antebrazos, cayó sobre la sábana. La luz brillante del sol se posó sobre su torso descubierto. Ante las marcas de obsesión que se veían ahora con más claridad, Sarang no pudo decir nada. Finalmente, la mano que merodeaba en el aire sin atreverse a tocar a Florian, cayó inerte.

Sarang odiaba a los Alfas que habían aprovechado la anomalía de las feromonas para insultar y maltratar a Florian. Castigarlos y deshacerse de ellos era tarea de Florian, y así había sido, pero Sarang deseaba pisotearlos hasta la médula. Sentía miedo y tristeza al pensar que la naturaleza salvaje en su interior, esa que iba dirigida a ellos, también había terminado mordiendo a Florian.

“¿No es celos, sino autorreproche?”

A medida que Florian interrogaba a Sarang, su parte inferior comenzó a quedar totalmente expuesta. Al deslizarse los pantalones finos y la ropa interior, su miembro lánguido y sus muslos esbeltos quedaron a la vista. Esas zonas, recién reveladas, también estaban saturadas de las huellas de la obsesión y la lujuria de Sarang.

Especialmente la entrepierna estaba tan oscurecida que daba miedo pensar si alguna vez recuperaría su color natural. Su sexo, apoyado contra el muslo, lucía un rojo tan intenso como la sangre. Había eyectado innumerables veces bajo las manos de Sarang, había expulsado fluidos como una fuente y había sido succionado con tal ferocidad que sus tejidos seguían hinchados.

Florian, al notar que Sarang no podía apartar la vista de su entrepierna, le dio un toque juguetón en la mejilla y rió.

“¿Quiere succionarlo de nuevo?”

Mirar a Florian, quien brillaba aún más bajo la luz del sol, le provocó a Sarang un vértigo tal que cerró y abrió los ojos con fuerza. En ese breve silencio, la voz de Florian llenó el espacio.

“Pensé que Sarang estaba celoso.”

Florian, ahora completamente desnudo tras quitarse la prenda inferior, presionó con firmeza el pecho de Sarang. Cuando Sarang lo mantenía cautivo y actuaba con ferocidad, sus músculos pectorales estaban tensos y palpitantes; ahora, en comparación, se sentían algo más blandos. El cuerpo de Sarang, tendido bajo Florian, estaba limpio. Aunque se veían algunas marcas de manos donde Florian se había aferrado, no había rastro de suciedad; su piel había sido aseada meticulosamente tras haber quedado cubierta de fluidos.

Sin saberlo, Florian observó a Sarang, que seguía concentrado solo en él, y sintió una sed repentina. Era una sed psicológica y física por conquistarlo por completo. Aun sabiendo que Sarang ya estaba tan perdido por él que no sabía —ni quería— escapar, Florian sintió un deseo de dominación y posesión todavía más profundo. Esa sed se reflejó de inmediato en su propio cuerpo.

“Pero que sea autorreproche… es muy decepcionante, Sarang.”

A pesar de la inflamación rojiza, el miembro de Florian comenzó a endurecerse gradualmente en respuesta al deseo.

“¿Cree que me ha hecho daño?”

Florian frotó su miembro, que ya recobraba su forma, contra el vientre de Sarang y soltó un —mmm—, un gemido de satisfacción.

“¿Siente que me trató con rudeza y que se ha convertido en un estorbo en mi vida?”

El líquido preseminal comenzó a filtrarse lentamente por el meato urinario, cuyo color se había oscurecido de tanto ser succionado. La punta del glande, ahora resbaladiza, empezó a dar toques rítmicos —puk, puk— contra el ombligo de Sarang. Sarang se sobresaltó ante el estímulo, o más bien, se asustó de la respuesta inmediata de su propio cuerpo. Su miembro, que colgaba sin fuerza, comenzó a erguirse con vigor.

Realmente… ni siquiera era un perro. Sarang se sentía como una bestia al ver que su cuerpo reaccionaba así después de haber dejado el cuerpo de la persona que amaba en ese estado.

Sarang cerró los ojos con fuerza sintiendo que las lágrimas estaban por brotar, y al abrirlos, sus pestañas temblaron levemente. Florian, leyendo perfectamente sus pensamientos en esa reacción, frunció ligeramente el entrecejo ante un cosquilleo en su vientre.

Definitivamente era tierno. Hermoso. Y su parte inferior era sumamente saludable.

“Si yo hubiera dicho que sí, ¿qué pensaba hacer?”

“…….”

Kulcheok, kulcheok. Las nalgas de Florian, que se movían como si estuviera embistiendo contra el ombligo de Sarang, ya estaban húmedas.

“Piense bien antes de hablar, Sarang Debussy Kim Dietrich Wellington.”

Sarang se sobresaltó al escuchar su nombre completo y miró a Florian con desconcierto. No alcanzaba a comprender por qué mencionaba ese nombre que aún no le resultaba familiar ni natural, pero sí entendió la advertencia de pensar bien su respuesta.

“¿Iba a pedirme que rompiéramos el contrato para que yo buscara a otro Alfa?”

“No…. No es eso.”

“¿De verdad?”

“Sí, de verdad que no. Yo, es decir, yo…. Hngh.”

Florian amplió su rango de movimiento y comenzó a mover las caderas de adelante hacia atrás con fuerza. Mientras el glande presionaba el ombligo —tan bonito como un fruto recién cortado—, sus nalgas frotaban sutilmente el miembro erecto de Sarang. Un sonido viscoso —chikeok, chikeok— escapó de la entrepierna de Florian. Era el preseminal de Florian mezclándose con el fluido que ya brotaba del miembro de Sarang.

Hh…. Rian, Ri…. ¡Ahk!”

El vientre de Sarang se tensó por la excitación ante cada roce. Sus músculos, que se habían relajado como los de un león somnoliento, volvieron a ponerse alerta. Cada vez que Florian frotaba su entrepierna contra el abdomen marcado de Sarang, sus testículos se aplastaban y su perineo se humedecía más.

Kulcheok, kulcheok. Cuando Florian giraba levemente la cadera, el líquido acumulado se filtraba con un sonido húmedo; cuando se mecía, el roce continuo producía un chapoteo pegajoso como el de la mucosidad.

Haah….”

Florian soltó un suspiro lánguido mientras saciaba su deseo frotándose donde quería. Al cargar su peso sobre el abdomen duro y desigual de Sarang, sintió un placer inesperado. Era la primera vez que Florian se movía de forma tan activa y consciente para frotar su cuerpo estando en sus cabales.

Ciertamente, se sentía bien.

Haeu.”

Debajo de él, Sarang, con todos sus músculos en tensión, soltaba gemidos sin saber qué hacer ante ese placer nuevo. Aun así, Florian no detuvo su interrogatorio.

“¿Qué es lo que ‘no es’, Sarang?”

Hh, ah…. La, la… próxima vez, ¡hngh! Puede… puede dejarme atado.”

Florian, que se había estado frotando lenta y prolongadamente hasta que los fluidos se volvieron espesos, se detuvo en seco.

“No quiero… a otro Alfa. No lo haga con otros Alfas, Rian.”

Con el rostro encendido de rojo, Sarang suplicó entre tartamudeos, como si fuera a romper a llorar en cualquier momento.

“La próxima vez… puede dejarme atado para que no pueda tocarle ni con la punta de los dedos.”

“…….”

Florian observó a Sarang en silencio ante esa respuesta inesperada, y una chispa de diversión iluminó sus ojos.

“¿Dice que no lo haga con otros Alfas?”

“Sí, sí….”

Florian se inclinó, envolviendo el cabello de Sarang con su mano como si fuera a sujetarlo con fuerza, y sonrió levemente.

“¿Aceptaría estar atado como un prisionero?”

Sarang intentó asentir, pero no pudo debido a que Florian ya sujetaba su cabello.

“Sin saber siquiera qué podría llegar a hacerle.”

Ha…. Rian, Rian….”

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Las venas del cuello de Sarang se marcaron mientras llamaba a Florian con desesperación. Un deseo súbito de clavar los dientes en esas venas azuladas y morderlas con fuerza brotó en el vientre de Florian. Reprimiendo la tentación, Florian acarició la cabeza ardiente de Sarang y rozó sus labios, que mostraban un rastro de sangre. En cuanto su mano se retiró, los ojos negros de Sarang la siguieron por instinto.

Florian se incorporó y sus nalgas quedaron ahora sobre el tórax de Sarang. El abdomen de Sarang brillaba por la mucosidad que había sido arrastrada desde su bajo vientre hasta su pecho. Florian colocó su miembro, empapado, justo entre los pectorales de Sarang, que palpitaban de excitación.

La punta de su sexo, que llenaba el estrecho surco del pecho, rozó la nuez de Adán de Sarang. Presionando la parte superior de su miembro para que la inferior quedara pegada a la piel suave, Florian elevó ligeramente la cadera. El glande resbaladizo tocó la mandíbula de Sarang, quien permanecía de espaldas sobre el colchón.

Haah.”

Tras balancear la cadera un par de veces, Florian se apartó el cabello que se le pegaba a la cara. Parecía insatisfecho con algo. Sarang, ajeno a lo que Florian pretendía, mantenía toda su atención en él, dejando su garganta expuesta a los toques del glande. Florian soltó un breve suspiro y, finalmente, sostuvo la mirada de Sarang.

“Sarang, ¿podría presionar mi miembro?”

Ante esas palabras, la mano de Sarang que aferraba la sábana se soltó de inmediato.

“La parte de arriba, con la palma. Sí, así.”

Sarang obedeció. Presionó con su palma la parte superior del miembro erecto y caliente de Florian.

“Más fuerte.”

Aunque temía lastimarlo, Sarang aplicó fuerza con su palma.

“Más.”

Al presionar el miembro casi hasta aplastarlo, la fina piel del prepucio se adhirió a su palma como si hubiera estado esperando ese contacto.

Mmm.”

Satisfecho con la presión, Florian volvió a soltar gemidos de placer. Los sonidos de su respiración se volvieron más pesados mientras movía la cadera rítmicamente, usando el surco del pecho de Sarang y su palma como si fueran un orificio.

“Toque también mis testículos.”

El escroto, que había quedado vacío tras diez días de actividad, se sentía bastante cargado tras cuatro días de descanso. Lo mismo le ocurría a Sarang. A pesar de estar simplemente mirando a Florian y haciendo lo que él ordenaba, Sarang estaba tan excitado que todo su cuerpo se había tornado rojo. El calor se encendió de nuevo en sus pupilas negras. Sin embargo, el Sarang de ahora no era el Alfa en celo; podía evitar abalanzarse como un animal rabioso a pesar de la excitación. Debía hacerlo.

Ah…. hngh.”

Chikeok, chikeok. A medida que el movimiento de cadera de Florian se aceleraba, el sonido del roce se volvía más fuerte y el alcance del glande se extendía. Tras presionar la nuez de Adán y la mandíbula, comenzó a rozar sus labios. El pecho de Florian subía y bajaba con agitación mientras soltaba gemidos agudos ante la creciente euforia, y los músculos de su abdomen se contraían rítmicamente. Gotas de sudor comenzaron a resbalar por su piel suave.

Haah, ha.”

El hecho de que Florian estuviera sentado sobre él, frotando su sexo contra su cuerpo y embistiendo su pecho con rapidez, elevaba la sensibilidad de Sarang al máximo. Su lengua roja se asomaba entre sus labios entreabiertos. El cabello dorado de Florian brillaba y se dispersaba bajo el sol, y sus hermosos músculos se marcaban a medida que se acercaba al clímax.

Todo el cuerpo de Sarang hervía de placer. Finalmente, incapaz de contenerse, aplicó más fuerza con la mano que presionaba el miembro. La mano que masajeaba el escroto también se tensó por instinto.

Euut.”

Aunque la presión sobre su sexo y escroto aumentó, Florian no detuvo el movimiento de su cadera; al contrario, soltó un gemido profundo y siguió incitando a Sarang.

“Más. Haah…. Apriete más.”

Las mejillas de Florian comenzaron a teñirse de un tono rosado intenso. Sarang, que miraba fascinado el rostro que reflejaba el placer con tanta nitidez, abrió más la mano que presionaba el miembro. Luego, usó sus pectorales para estrechar aún más el túnel por donde pasaba el sexo de Florian. Fue un acto instintivo. En un instante, el espacio se volvió angosto.

Hngh.”

Florian soltó una respiración entrecortada y movió la cadera con sacudidas cortas. La piel de su miembro se adhería al pecho de Sarang, disfrutando de la suavidad. A pesar de los espasmos, Florian embestía con fuerza en ese espacio estrecho. El líquido preseminal fluía sin cesar desde la punta de su miembro hinchado, lubricando el camino, mientras que por detrás también desbordaba fluido.

Su esfínter, que se contraía al entrar, se relajaba al salir, dejando escapar un chorro de líquido. Aquel fluido viscoso, que no era de celo sino el que un Omega segrega al tener sexo con un Alfa fuera de su periodo, ayudaba a la lubricación.

Cheobeok, cheobeok, cheobeok. El fluido, ahora espeso, añadía fuerza a la velocidad con la que las carnes se frotaban. Con el rostro encendido, Florian terminó por inclinar su torso hacia adelante mientras seguía moviendo la cadera.

Haak, hak, hh, haah….”

Gruesas gotas de sudor caían y la respiración agitada de Florian llenaba los oídos de Sarang. El miembro erecto de Sarang palpitaba, dejando escapar gotas de preseminal. Sarang apenas podía mantener la cordura. Sin embargo, no perdió ni un movimiento ni una palabra de Florian, concentrándose exclusivamente en él.

Hah…. Succiónelo.”

Florian sujetó la nuca de Sarang y le susurró mientras acercaba la punta del glande directamente a sus labios.

“Sarang….”

Sarang abrió los labios sin la menor vacilación. El glande atravesó sus dientes y fue succionado hacia el interior de su boca.

Keut.”

Tak— Florian sujetó el cabecero de la cama para mantener el equilibrio y tiró de la nuca de Sarang hacia arriba. O más bien, antes de que pudiera hacerlo, Sarang ya había levantado la cabeza por su cuenta para tomar el miembro de Florian en su boca. Envolviendo la lengua con destreza, succionando el glande y rozando el paladar para estimularlo, Sarang demostró que aquella no era su primera vez realizando un felatio.

Durante todo el celo, lo que Sarang había ansiado no eran solo el cuello, la piel, la entrepierna o el orificio de Florian. Había buscado su aroma intenso, las feromonas que fluían como una cascada, hundiendo el rostro en su ingle. Florian, cuya sensibilidad estaba a flor de piel, había sido succionado tantas veces por Sarang que llegaba a eyacular solo con el roce de su aliento. Sarang, mientras succionaba el miembro enrojecido, tragaba cada gota que brotaba del meato urinario con una devoción que rayaba en la obsesión.

“Haah, hngh, aaah.”

Debido a esto, Florian derramó su simen mucho más rápido de lo habitual. Cada vez que Sarang tragaba el fluido que llenaba su boca, su nuez de Adán se movía con fuerza. Muack, muack. Tras succionar el miembro de Florian hasta la raíz y dejarlo limpio, Sarang comenzó a morder y lamer su escroto.

No solo eso; cuando Sarang empezó a lamer el perineo, ahora reblandecido, Florian, que sujetaba la nuca del chico, se estremeció violentamente y volvió a eyacular de forma consecutiva. Mientras convulsionaba ligeramente, Florian, que no permitió que Sarang detuviera sus caricias, susurró:

“Meta tres.”

Sarang, que lamía el perineo teñido de rosa mientras sus dedos jugueteaban con los pliegues húmedos, sacó la lengua. Su lengua, empapada en el aroma de las feromonas y el semen de Florian, se hundió profundamente en el orificio palpitante.

“¡Aaah...!”

La sensación de ser lamido directamente en las paredes internas le proporcionó un placer distinto. A pesar de haber sido poseído de esa forma durante diez días, Florian reaccionaba cada vez, soltando gemidos y fluidos con generosidad. Y Sarang, a su vez, se encargaba de lamer y devorar todo aquello con esmero.

“Sarang, la mano... meta los dedos.”

Florian abrió los labios, mirando hacia abajo el rostro de Sarang, que estaba encendido de rojo por tanto succionar su sexo y su perineo.

“Como ha estado... tan abierto durante diez días, tres dedos entrarán con facilidad.”

Florian jadeó ante el movimiento de la lengua de Sarang, que separaba suavemente los pliegues para frotar las irregularidades internas con insistencia, y añadió con urgencia mientras se lamía sus propios labios:

“El miembro de Sarang... lo ha dejado así de holgado.”

Chuup, chuup. El rostro de Sarang, que lamía el orificio humedeciéndolo con abundante saliva, estaba hecho un desastre por los fluidos corporales.

“Así que, hh, hágase cargo.”

Chop. Sarang apartó los labios de las paredes internas que succionaban su lengua y hundió tres dedos de golpe. Tal como Florian había dicho, el orificio dilatado tragó los tres dedos sin dificultad. Incluso las paredes internas, que deberían estar agitadas, se envolvieron suavemente alrededor de sus dedos, apretándolos con fuerza. Era un orificio que había sido domado por Sarang durante diez días y noches.

Kujeok, kujeok. Cada vez que los dedos largos y gruesos entraban y salían de los pliegues, arrastraban fluidos con un sonido húmedo. Ese sonido se volvió más rápido y viscoso cuando Florian comenzó a mover las nalgas por su cuenta.

“Haah, ha, hngh.”

Incluso tragando cuatro dedos en lugar de tres, las paredes internas se adherían a ellos como si los besaran, dejando escapar fluidos con un ruido escandaloso. Florian, que ahora sujetaba el cabecero con la mano que antes apoyaba en la nuca de Sarang, soltaba gemidos húmedos mientras mecía sus nalgas de arriba abajo.

Chack, chack, chack. Ante ese sonido que incitaba a eyacular con solo escucharlo, el miembro de Sarang no solo palpitaba, sino que tensaba sus venas al máximo. Como si lo hubiera previsto, Florian elevó las nalgas para dejar salir todos los dedos y retiró la cintura de golpe.

“Hah.”

“¡Keuut!”

Al mismo tiempo, el miembro de Sarang, con una erección descomunal, separó los pliegues del ano y fue succionado hasta lo más profundo del orificio. Florian, que tragó de golpe el miembro grueso y enorme hasta la raíz, miró a Sarang mientras convulsionaba. Ante el fuerte impacto, una descarga de orina clara salió proyectada, golpeando el rostro de Sarang que ya brillaba por todo tipo de fluidos.

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“¡Keuk, Rian, Rian...!”

A pesar de estar dilatado, las paredes internas aún no se acostumbraban al enorme tamaño y se contrajeron con tal fuerza que Sarang terminó eyaculando nada más entrar. Sin embargo, Florian continuó moviendo las nalgas y agitando la cintura.

Incluso mientras eyaculaba, Sarang fue envuelto por las paredes cálidas y succionado hacia afuera varias veces, hasta que no pudo resistir más y sujetó los muslos de Florian. Pero no pudo sostenerlos por mucho tiempo, ya que Florian entrelazó sus manos con las de él y las presionó con fuerza contra la cama, junto a su cabeza.

“Haah, hak, haak.”

“Hueu, Rian... Keuk.”

Tcheok, tcheok. En sus nalgas, que tenían más carne que músculo y producían un sonido seco al chocar, empezaron a aparecer de nuevo marcas rojas por la fricción. Florian, mirando los ojos claros de Sarang que soltaban gotas de lágrimas, emitió un gemido áspero y profundamente erótico. Luego, le susurró:

“¿Le parece, hngh, que durante los últimos diez días... he sufrido, hueut, abuso sexual por parte de Sarang?”

Esta vez, Sarang, que podía mover la cabeza a su antojo, la sacudió en señal de negación. Con ese movimiento, las lágrimas salieron volando y humedecieron el dorso de la mano de Florian. Ah, incluso eso era tan adorable. A Florian le encantaba ver a Sarang llorando, riendo y reaccionando con sinceridad bajo su cuerpo.

“Rian….”

Sarang sintió que su corazón daba un vuelco al percibir que ese sentimiento que caía sobre él parecía real. Al mismo tiempo, la conciencia de que aquello era imposible lo devolvió a la realidad; pensar así de Florian, quien había dicho que jamás lo amaría, era una falta de respeto.

Aun así, Sarang no volvió a sentir culpa. El descubrimiento de que el sexo con él no había sido un abuso para Florian, sino que le había dado placer, alivió la pesadez de su corazón.

Aun así, no debí decirle que no lo hiciera con otros Alfas.

“Rian….”

“Sí, Sarang….”

“Lo siento.”

Florian no preguntó por qué lo sentía. El contrato matrimonial seguía vigente para Sarang. Seguramente era una disculpa fruto de pensamientos complicados derivados de ello.

“Mmm….”

El miembro, hundido en lo profundo de su vientre, palpitaba empujando sus entrañas y elevando su abdomen. Florian, soltando un gemido bajo, besó los ojos de Sarang, quien ahora lo miraba no como a un cristal roto, sino como a un compañero con el que compartía un placer exquisito en cada rincón de su cuerpo. En ese instante, Sarang elevó la cintura y volvió a eyacular dentro de Florian. Kulleok, kulleok. El semen espeso refluyó hacia afuera del cuerpo que no podía contener tanta cantidad. Florian, convulsionando ante esa sensación estremecedora, también derramó su simen sobre el abdomen de Sarang.

El aroma al semen y a las feromonas de ambos impregnaba todo el lugar. Florian, profundamente satisfecho, abrazó con fuerza a un Sarang que se acurrucaba temblando. No era solo una unión física; sentía como si algo más se hubiera acoplado perfectamente, completándose el uno al otro. Era una sensación que jamás querría olvidar.

Chamebeok, el leve sonido del agua resonó en el amplio cuarto de baño. Florian, que estaba recostado perezosamente, abrió los ojos. Era un techo familiar. El interior del Palacio de Verano, revestido con una mezcla de piedra natural azul y berilo brillante, mantenía una atmósfera similar en casi todas sus estancias.

“¿Has despertado?”

Florian no se sorprendió al escuchar la voz junto a su oído. Sarang, sentado justo detrás de él, debía de haber estado sosteniendo su espalda incluso antes de que abriera los ojos. Ni la bañera, lo suficientemente espaciosa para dos hombres adultos, ni el agua a una temperatura agradable, ni la brisa que soplaba desde la ventana entreabierta le resultaban molestos.

“Rian.”

“Sarang, para ser un atleta profesional, tienes una capacidad de amortiguación excelente.”

“…….”

Sarang, que intentaba salir de la bañera al confirmar que Florian había despertado, se detuvo en seco.

“Estaba disfrutando del momento, ¿vas a quitarme mi cojín ahora?”

“…¿No te resulta incómodo?”

“No, no lo es. Los músculos de Sarang son muy suaves y blandos.”

Florian, relajando el cuerpo por completo y apoyando la cabeza en el hombro de Sarang, añadió con voz todavía algo somnolienta:

“Aunque no lo son cuando estás excitado.”

“…Es que, entre sueños, Rian dijo que quería lavarse.”

“Sí.”

La mandíbula de Florian se elevó ligeramente mientras volvía a cerrar los ojos. Su cabello rubio y mojado acarició la nuez de Adán de Sarang.

“Te senté en la bañera, pero no dejabas de resbalarte.”

La expresión de Sarang, tratando de excusarse por estar abrazando a Florian sin permiso, era fácil de imaginar incluso sin verla. Seguramente tendría un rostro tierno, dulce o adorable.

“Entonces, ¿lograste lavarme?”

Sarang guardó silencio un momento y luego asintió levemente. El movimiento, sentido justo detrás de él, le resultó más vívido que de costumbre.

“Es asombroso. Aunque Sarang mide 192 y pesa 87 kilos, y es un gigante capaz de ganar disputas físicas a cualquier jugador, ¿cómo habrá lavado solo a un hombre adulto inconsciente? Es curioso.”

“Mido 192 y peso 87 kilos.”

Ante la corrección de los datos, Florian rió sin oponer resistencia.

“Y en el club soy el más fuerte y también el más rápido.”

Al escuchar ese tono que sonaba extrañamente resentido, Florian volvió a ser consciente de la juventud de Sarang. Un chico normal de veintiún años estaría en plena época universitaria. Mmm. Él, a esa edad, estaba atravesando su propia tormenta personal.

“Rian no pesa nada.”

“¿Nada?”

“…Bueno, un poco.”

“Jajaja, gracias a eso he despertado sintiéndome renovado.”

“¿No te duele nada?”

Ante la pregunta cargada de preocupación, Florian bajó la vista hacia su propio cuerpo y luego echó la cabeza más hacia atrás. Al hacerlo, sus ojos se encontraron con los de Sarang, que lo observaba desde arriba.

“Las marcas que dejó Sarang casi han desaparecido.”

Como era de esperar, Sarang tenía el rostro sonrosado y una expresión hermosa. Objetivamente hablando, era una mezcla de gallardía con una pizca de belleza delicada, pero para Florian, tanto su aspecto como sus acciones eran simplemente encantadores.

“Podría jurar que me dormí sintiéndome como si me hubieran dado una paliza y sin sensibilidad de la cintura para abajo. ¿Podrías contarme qué me hiciste exactamente?”

Florian enderezó la cabeza y volvió a apoyarla en el hombro de Sarang, observando sus muslos que se veían claramente bajo el agua. La entrepierna tenía marcas de mordiscos preocupantes, por no hablar de las pantorrillas. Incluso recordaba que le habían mordido hasta los dedos de los pies. Sin embargo, esos rastros de obsesión se habían borrado o atenuado considerablemente.

“…….”

Florian no presionó a Sarang para que respondiera. Simplemente se apoyó de lleno en él, sintiendo su cuerpo aún más lánguido ahora que había recobrado la conciencia. A medida que Sarang sentía el peso de Florian sobre él, su corazón no dejaba de palpitar. Deseaba rodearlo con fuerza con sus brazos apoyados en el borde y hundir sus labios en su nuca. Si no fuera un matrimonio por contrato, si fueran una pareja que se amara de verdad, no tendría que torturarse con tales dilemas.

Un tenue aroma a higo emanaba de Florian, que esperaba pacientemente sin prisas. Parecía que sus feromonas se filtraban porque aún no se había recuperado del cansancio de estos quince días. Ciertamente, se había abalanzado sobre él como una bestia. Sarang observó el cabello de Florian, que bajo el agua parecía casi plateado, y su clavícula pronunciada, reprimiendo el deseo de tocarlo y besarlo. Se sentía avergonzado, como si todavía no hubiera escapado del calor del celo. A pesar de su expresión melancólica, Sarang no hizo esperar más a Florian.

“Yo… te besé.”

Era lo que sospechaba. Pero aun así.

“¿Dónde me besaste?”

La vacilación se sentía claramente desde su espalda. En momentos así, pensó Florian, era mejor conversar manteniendo el contacto físico. Sarang no era bueno mintiendo, y su cuerpo era todavía más honesto.

“En todos los lugares donde dejé marcas.”

“¿Sin haberme lavado antes?”

“Después de eso, te lavé….”

“¿No te resultó asqueroso? Debía de parecer que me habían sumergido en semen.”

“Casi muero por aguantarme las ganas.”

“¿De las náuseas?”

“De querer abrazar a Rian todavía más.”

Florian rió suavemente y cerró los ojos, animándolo a seguir.

“Quería aliviar tu dolor, aunque fuera un poco, tal como Rian hizo conmigo.”

“Ciertamente ha surtido efecto.”

“¿De verdad no te duele nada?”

“No, Sarang. Yo también tengo una resistencia y una salud envidiables, pero no puedo contigo. Ya sea con el Sarang en celo o con el Sarang normal.”

“…….”

“Pero no me duele nada. Es gracias a que Sarang me cuidó con esmero.”

“…Rian.”

“Sí, Sarang.”

Sarang vaciló antes de hablar tras escuchar la respuesta habitual.

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“Yo… no pude detenerme incluso después de que Rian se durmiera.”

“…….”

“Sabía que debía parar, pero no pude.”

“Jajaja.”

Florian, que rió a carcajadas ante la confesión inocente, miró directamente a Sarang. Sus ojos se encontraron de forma natural con los del chico, que no le quitaba la vista de encima. Se escuchó un chapoteo y una mano mojada envolvió la nuca de Sarang, atrayéndolo suavemente. Sarang se dejó llevar sin necesidad de aplicar fuerza. Florian, encontrando aquel gesto adorable, le dio un beso en la mejilla y luego otro en los labios.

“Te doy permiso.”

“¿Eh?”

Los ojos de Sarang se agrandaron, incapaz de ocultar su sorpresa tras la risa de Florian.

“Te doy permiso para hacer lo que quieras, aunque me quede dormido o me desmaye durante el sexo.”

“…Habías dicho que podía hacerlo durante el celo, pero estos dos últimos días ni tú ni yo estábamos en celo.”

“Sí, y aun así tuvimos sexo.”

“…….”

Florian volvió a besar los labios de Sarang, que parpadeaba con rostro de no entender nada, y luego se dejó caer relajado. Estuvo a punto de volver a reírse. Solo le había dado un beso, pero la reacción de Sarang, cuyo miembro ya empezaba a presionar su espalda, era tan transparente que tuvo que fingir para no soltar la carcajada.

“¿No es un peso insuficiente 87 kilos para alguien de 192?”

Ante el repentino cambio de tema, Sarang respondió dócilmente mientras ladeaba la cabeza.

“No llega a ser infrapeso. Cuanto más ligero soy, más rápido me vuelvo. Mi ventaja es la velocidad explosiva. He moldeado mi cuerpo de acuerdo a mis puntos fuertes y débiles. Mis músculos, mi fuerza y mi peso.”

“Que tus muslos sean más gruesos que mi cara debe ser por la estatura, entonces.”

Florian bajó la vista hacia los muslos y pantorrillas de Sarang que rodeaban su cuerpo y añadió:

“Aunque también será por genética.”

“Supongo que… el centro de gravedad debe estar abajo.”

Fingiendo no notar cómo el miembro de Sarang se endurecía contra él a medida que se apoyaba, Florian soltó un suspiro lánguido. El cuerpo que lo envolvía era acogedor y el agua que cubría su pecho estaba tibia. Quizás por ser su primer baño de inmersión en quince días, se sentía especialmente bien.

“Está bien, señor Kim Sarang, el hombre fuerte. Cuéntame con más detalle cómo me lavaste.”

“Eh….”

Tras mostrar un rostro lleno de interrogantes, Sarang recordó el momento y volvió a sonrojarse.

“Te lavé con mucho cuidado sentado en la bañera. Porque no quería despertarte.”

“Suelo tener el sueño ligero. Parece que esta vez quedé exhausto. Pensar que dormí profundamente mientras hacías todo eso.”

Por otro lado, pudo confirmar que Sarang realmente lo había lavado con extrema delicadeza.

“¿Sarang tiene el sueño ligero?”

“…No.”

Sarang respondió fielmente, aunque no comprendía hacia dónde se dirigía la conversación.

“Eso me pareció.”

“…….”

“No moviste ni un pelo mientras te limpiaba cada rincón del cuerpo cuando terminó tu celo.”

“¿Qué?”

Florian, que quería ver a Sarang con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa, echó la cabeza hacia atrás y rió. Tal como esperaba, Sarang lo miraba con sus ojos grandes y claros totalmente redondos.

“No soy lo suficientemente fuerte como para levantar en vilo a un gigante como Sarang, pero acostarte en la cama y limpiarte el cuerpo no fue una tarea tan difícil.”

“……."

“El Sarang post-celo estaba, de verdad, cubierto de fluidos. Tal como debo de haber estado yo hoy.”

Sarang intentó decir algo pero cerró los labios. Florian, aun notándolo, habló con naturalidad como si no fuera gran cosa.

“Aparte de lo mucho que sufrí porque me abrazabas la cintura y no me soltabas cada vez que iba a cambiar el agua.”

“…….”

“Sarang resultó tener un hábito de sueño bastante terrible.”

Sarang no podía quitarle la vista de encima a un Florian que le sonreía con picardía.

Florian, que observaba a Sarang mientras este lo miraba fijamente sin moverse, volvió a atraer su nuca con la mano mojada. Muack. Sus labios se tocaron. Esta vez no terminó solo con eso. Sarang, aunque se sobresaltó por la lengua de Florian que se adentró entre sus labios, no mostró rechazo. Se quedó quieto dejando que Florian hiciera lo que quisiera, y en cuanto sus lenguas se entrelazaron, respondió de forma todavía más activa.

“Haah…. Ha.”

Las respiraciones agitadas llenaron el cuarto de baño y el aliento caliente humedeció la mejilla de Florian.

“¿Rian…?”

Aunque había respondido al beso por instinto, los ojos de Sarang vacilaron al recobrar el sentido común.

“¿Es-esto está bien?”

“¿A qué te refieres?”

“Besarnos así y darnos besos continuamente. Ahora no estamos en celo.”

“Sí, no estamos en celo y aun así estamos sentados juntos en la bañera con los cuerpos desnudos.”

“…Yo no hice… no hice nada más. De verdad, solo el cuerpo de Rian….”

“Sí, te creo, Sarang.”

“…….”

“Y también creo en tu cuerpo, que es tan honesto como tus labios.”

“Ah.”

Florian, que frotó ligeramente con su espalda el miembro de Sarang —ahora completamente erecto—, volvió a apoyar la cabeza en él. El cabello dorado, con el agua evaporándose a medias, acarició la nuca y el oído de Sarang. Esta vez, el cosquilleo fue más intenso. Lo suficiente como para que su erección creciera aún más.

“Jajaja, realmente tienes mucha salud, Sarang.”

Sarang, que finalmente hundió su rostro encendido de rojo en el hombro de Florian, soltó una queja con voz ahogada.

“Esto es….”

No, en ninguna circunstancia Sarang quería usar a Florian como excusa.

“Mi cuerpo… hace lo que quiere.”

“Ajá.”

“Es verdad. No me hace caso, Rian.”

“¿Quieres que me retire para darte espacio?”

“…….”

Ante la propuesta de Florian, Sarang bajó la cabeza profundamente. Era una broma. Estaba seguro de que era una broma. Tras quedarse así un largo rato en silencio, giró lentamente la cabeza para mirar a Florian. Su mejilla, húmeda por el vapor, se presionó como gelatina contra el hombro firme de Florian.

Él, apoyado totalmente en Sarang, parecía por un momento estar disfrutando de una siesta. A diferencia de su imagen habitual, llena de dignidad y porte como un aristócrata pálido de un retrato del siglo XVIII, su rostro con un ligero toque de color se veía relajado y sencillo.

“Rian.”

“…Sí, Sarang.”

Como si realmente estuviera disfrutando de un momento de paz, la respuesta de Florian fluyó lentamente. Su voz ronca era tan seductora que daban ganas de no dejar que nadie más la escuchara.

“¿Acaso me ves lindo ahora?”

Florian, que tenía buena memoria y rara vez olvidaba algo relacionado con Sarang, comprendió de inmediato la intención de la pregunta. Sin embargo, esperó, respirando pausadamente, para que Sarang hablara más.

“Al principio… pensé que Rian estaba enfadado.”

Porque parecía de mal humor. Por eso pidió disculpas. Porque no quería ser odiado por Florian.

“Después, pensé que te sentías en un aprieto.”

Sarang reaccionaba sin resistencia a dondequiera que Florian lo guiara.

“Pero, Rian.”

Sarang apretó con fuerza sus brazos apoyados en el borde de la bañera, conteniendo a duras penas el deseo de abrazar a Florian.

“En realidad, ¿te parecí lindo?”

El calor emanaba de la mejilla de Sarang, pegada al hombro de Florian. Florian podía imaginar la cara de Sarang, roja como un fruto maduro, incluso sin abrir los ojos.

“Por eso….”

“Yo,”

Florian, humedeciendo sus labios, levantó las pestañas que brillaban bajo la luz del sol. A través de la ventana se extendía el vasto jardín del Palacio de Verano.

“Suelo bromear cuando estoy de mal humor o cuando me siento en un aprieto.”

Sarang ni siquiera se inmutó, como si ya lo supiera.

“Pero no sabía que también bromeabas cuando alguien te parece lindo.”

Los labios, que recordaban a las rosas de junio, se abrieron.

“Eso fue antes de conocer a Sarang.”

El tenue aroma a higo se adhería constantemente a la piel de Sarang, absorbiéndose poco a poco.

“Hasta ahora, no había visto a nadie que me pareciera lindo.”

“…….”

“Por eso, solo lo supe después de que Sarang me lo dijera.”

Su mirada, que se dirigía al jardín, se movió. Se encontró con las pupilas negras que lo observaban fijamente con una mejilla hundida en su hombro. El rostro encendido de Sarang era tal como lo imaginó, y sus ojos profundos eran tan claros como el rocío del amanecer.

“Que Sarang es una persona linda para mí.”

El leve aliento de Sarang acarició la nuca de Florian. Un aroma a vainilla comenzaba a filtrarse poco a poco. Como un Alfa novato incapaz de controlar sus feromonas.

Dum-dum. Florian podía sentir perfectamente los latidos del corazón de Sarang contra su espalda. A pesar de estar tan agitado que todo su cuerpo se había tornado rojo y temblaba, Sarang no desvió la mirada. Miraba a Florian como si cada segundo a su lado fuera un tesoro que no quería perder.

“La primera vez que abrí los ojos tras el celo, estaba solo.”

En la cama no quedaba ni el rastro de que alguien se hubiera acostado y levantado.

“Pensé que me habías dejado. Porque Rian ya había cumplido con su deber.”

En su voz húmeda y tranquila se mezclaba la ansiedad y el valor de quien acaba de entrar en la juventud.

“La segunda vez que desperté y vi el lugar vacío a mi lado, me di cuenta de una cosa.”

Florian, escuchando atentamente, apoyó su cuerpo y su cabeza contra el pecho y el hombro de Sarang. Cuando el miembro que presionaba su espalda quedó apretado entre su torso y el del chico, un aliento caliente se dispersó en el hombro de Florian. Sarang, que soltaba pequeños quejidos, hundió los ojos en el hombro de él en lugar de la mejilla para recuperar el aliento. Tras soltar una intensa ráfaga de aroma a vainilla, movió los labios como si estuviera a punto de llorar.

“Odio despertar sin Rian. Quiero que estés a mi lado siempre después de pasar la noche juntos.”

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“Ya veo. Entiendo, Sarang.”

El aliento de Sarang se detuvo por un momento ante la respuesta de Florian, quien pensó que guardaría silencio. Esto… no debería ser así. ¿Está bien que sea así…? A pesar de dudar y cuestionarse, Sarang no detuvo su actitud mimosa.

“Cuando Rian me preguntó si había dormido bien. Desde que me dijiste que hoy es miércoles y que han pasado cuatro días desde que terminó mi celo, has estado bromeando continuamente.”

Sorprendentemente, la última pregunta salió con facilidad.

“¿Desde ese momento te parecí lindo?”

Florian, pensando que la audacia que mostraba en el campo de fútbol no era casualidad, curvó la comisura de sus labios.

“O tal vez….”

“Desde el principio, Sarang.”

“…….”

“Sí, Sarang me pareció lindo desde el principio.”

Ante la confesión sincera, Sarang no pudo evitar contener el aliento. Solo su respiración caliente y sus feromonas intensas se extendieron por todo el cuerpo de Florian a través de su piel.

“Sarang.”

“…….”

Incluso ante esa declaración que parecía una confesión de amor, Sarang no levantó el rostro. Por miedo. Porque no podía estar seguro. Por temor a que esto también fuera solo una broma pausada.

“Yo tampoco sé si este sentimiento es amor.”

Florian, que ya había abierto los ojos, miró hacia el jardín de verano.

“Me gustas, Sarang.”

“…….”

“Me gustas, no de forma amistosa, sino en un sentido romántico y sexual.”

Desde la ventana, el aire cálido entraba como olas lentas. Una y otra vez. Tras un largo rato emitiendo solo calor y aroma a vainilla, Sarang soltó una queja. Sin embargo, su voz, cargada de un sentimiento de reproche, estaba llena de temblor.

“Tenía que ser… justo ahora….”

Florian, sintiendo el miembro que aún se movía con vigor bajo su espalda, comprendió el motivo de la queja y rió a carcajadas. Por supuesto, no pasó por alto el temblor que contenía su voz.

“Consideremos que la respuesta de Sarang ya ha sido confirmada por su cuerpo.”

“…….”

Sarang, que jugueteaba con el borde de la bañera, abrazó a Florian con muchísima cautela. Sus brazos, que lo rodeaban flojamente como pidiendo permiso, se detuvieron un instante. Muack. Los labios de Florian tocaron la nuca de Sarang. Sarang no pudo resistir más y lo abrazó con fuerza.

“¿Ahora… ya puedo decir que me gustas?”

“Por supuesto.”

“Me gustas.”

“…….”

“De verdad me gustas, Rian.”

Florian, sin necesidad de decir que ya sabía lo que sentía desde hacía tiempo, giró la cabeza hacia atrás. Con su mano mojada, atrajo la nuca de Sarang y unió sus labios. Cada vez que la carne roja se entrelazaba profundamente, un sonido húmedo se filtraba en el aire.

 

[Charla] Documental sobre Colin Debussy

Traigo el link.

12 comentarios

Anónimo 1: ¿Es ese? El documental de Kim Sarang.

Sip, lo vi y me puse a llorar ㅠㅠ

Soy fan de otro equipo, pero después de verlo, Sarang se volvió mi niño.

Anónimo 2: ¿De qué trata el documental?

Trata de que los rumores que corrían últimamente son pura basura.

¿Qué rumores?

Si no lo sabes, sigue de largo.

El rumor de que Colin Debussy vendió su cuerpo para criar a Kim Sarang.

Tú también cállate.

La humanidad es un asco.

Ay, cuánta gente enferma.

Como lo soltaron allá mismo, pensé que era verdad ㅠ Me arrodillo y escribo mi carta de disculpa.

 

[Charla] Hay una razón por la que Sarang creció tan bien

Qué lástima me da Colin…

6 comentarios

Anónimo 1: Pensé que Kim Sarang había crecido entre algodones.

Bueno, Colin lo crió con mucho esmero, así que sí creció bien…

Anónimo 2: ¿No fue cuando a Sarang le llovían críticas por lo del tutor y todo eso?

Si es verdad, fue poco después de que muriera su padre.

Es verdad.

ㅠㅠㅠㅠㅠㅠ

 

[Charla] ¿Cómo se llama el documental?

El link que pasó el otro fan no abre.

1 comentario

Anónimo 1: El hijo de Colin.