09
Después de aquello, Seung-hyung continuó
teniendo citas —o algo parecido— con Nam Do-geon fuera de la mansión. En medio
de sus salidas, el suin a menudo mostraba ráfagas repentinas de deseo, pero
cada vez más optaba por buscar formas de calmarse por su cuenta. Al ver sus
esfuerzos, Seung-hyung sentía que su determinación por no repetir los errores
del pasado era genuina, lo que le producía una mezcla de gratitud y una punzada
de culpa.
En medio de esos días pacíficos, el padre de
Do-geon mandó llamar a Seung-hyung. En el lugar, se encontró también con la
madre del chico, a quien nunca antes había visto.
"Siéntese".
"Ah, sí".
Aunque Do-geon había insistido en acompañarlo,
ante la rotunda negativa de su padre, Seung-hyung tuvo que acudir solo. El
espacio era amplio y elegante, pero él se sentía tan fuera de lugar que le
costaba respirar. Dado que nunca lo habían llamado hasta ahora, tenía una idea
aproximada de por qué querían verlo de repente; sospechaba que no sería nada
que Do-geon aprobara.
Se sentó con timidez en el sofá frente a
ellos. De inmediato, un hombre se acercó para dejar una taza sobre la mesa
frente a él. Ellos ya tenían sus propias tazas. Incapaz de concentrarse en el
té, Seung-hyung alternó su mirada entre los dos anfitriones.
Sus ojos se cruzaron con los de la madre de
Do-geon. Parecía bastante joven, quizás de unos cuarenta y pocos años. Llevaba
el cabello negro recogido de forma impecable y vestía un traje formal pero
moderno, con un aire sofisticado, como si acabara de regresar de una conferencia.
Sus facciones, que recordaban sutilmente a las de un felino, resultaban
magnéticas; era evidente que se trataba de una mujer de gran belleza. Si no le
hubiera dedicado una sonrisa al cruzar sus miradas, Seung-hyung la habría
juzgado como una persona fría.
"Había querido organizar una comida con
usted, pero me temo que ha sido demasiado tarde", dijo ella con un tono
amable en cuanto sus ojos se encontraron.
"Ah, no, no se preocupe".
"He recibido informes muy positivos sobre
cómo Do-geon se está adaptando al mundo humano últimamente".
Seung-hyung se preguntó brevemente de quién
vendrían tales evaluaciones, pero enseguida recordó al grupo de vigilantes que
los seguía a todas partes cada vez que salían. No solo los vigilaban; al
parecer, también juzgaban su comportamiento y enviaban informes detallados.
"Ha pasado el celo sin incidentes y se
está adaptando a la humanización sin problemas. Todo es gracias a usted,
Seung-hyung".
A diferencia del padre de Do-geon, que
permanecía en silencio observándolo con rostro inexpresivo, ella era cálida. Su
rostro, iluminado por una sonrisa constante, irradiaba amabilidad. Seung-hyung
miró alternativamente a ambos, sintiéndose como si estuviera atrapado entre el
cielo y el infierno, y soltó una risa nerviosa.
"En realidad, yo no he hecho nada
especial. Además, voy a recibir una compensación por ello".
Si lo hubiera hecho por altruismo, aceptaría
los agradecimientos, pero al haber un pago de por medio, recibir tales elogios
le hacía sentir una punzada de incomodidad.
"Aun así, el corazón de una madre no
puede evitar sentirse agradecida. Do-geon siempre ha sido un chico muy... de
espíritu libre".
"Sí, me he dado cuenta de que es bastante
independiente".
"Sé que debe de haber sido difícil para
usted. Como padres, estamos muy agradecidos y pensamos recompensárselo
adecuadamente".
"No, de verdad. Solo necesito recibir lo
acordado en el contrato".
Asustado ante la posibilidad de que intentaran
darle algo difícil de aceptar, Seung-hyung agitó las manos con rapidez.
"Tenía curiosidad por saber qué tipo de
persona era el humano que Do-geon trajo confundiéndolo con un suin. Por lo que
he oído de Shin-woo, parece usted una buena persona".
"De verdad, no soy tan bueno como para
merecer tales elogios".
Seung-hyung no estaba acostumbrado a los
cumplidos y le resultaba difícil mantener la compostura. Sintiendo que le
sudaban las manos, negó con la cabeza con insistencia. La sonrisa de la mujer
se ensanchó y puso suavemente una mano sobre el muslo de su marido. Seung-hyung
no pudo evitar fijarse en sus dedos largos y sus uñas perfectamente cuidadas,
pintadas de un tono café rojizo.
"Si no fuera una buena persona, Do-geon
no habría cambiado. Es un chico caprichoso que arma un escándalo a la menor
señal de disgusto", añadió el padre de Do-geon.
Seung-hyung se limitó a sonreír en silencio.
"Usted también habrá sentido la pureza de
Do-geon. Para un suin, esa es una debilidad", continuó el hombre.
"¿E-es así?".
"Así es. Por eso mismo, creo que este es
el momento adecuado para que usted abandone la mansión".
Al escuchar aquellas palabras, la tensión que
le oprimía el pecho desapareció de golpe, pero no sintió alivio, sino un vacío
desolador. Tras los elogios y el ambiente positivo, se sentía como si lo
hubieran despedido de un trabajo sin previo aviso. Al no estar preparado
psicológicamente, tragó saliva con dificultad.
"... ¿Me están pidiendo que me vaya ahora
mismo?".
"Sí. Podemos considerar que su contrato
con nosotros ha finalizado".
Aunque Seung-hyung sabía que el día de marchar
llegaría tarde o temprano, enfrentarse a la realidad de golpe resultó
desconcertante. Había asumido que, al menos, esa decisión la tomaría el propio
Do-geon.
"¿Sabe... Do-geon algo de esto?".
Seung-hyung pensaba que tendría tiempo
suficiente para prepararse mentalmente y organizar sus cosas antes de irse. Por
eso, la respuesta afirmativa no salía de su boca. Pero, sobre todo, se dio
cuenta de que lo que sentía no era la liberación que esperaba, sino una
profunda preocupación. Sabía que Do-geon no querría dejarlo ir; le inquietaba
pensar en cómo reaccionaría ante la decisión unilateral de sus padres.
"Él se opondrá, por supuesto. Por eso,
sería bueno que usted lo convenciera y fijara una fecha para su partida",
dijo el presidente.
Parecía que ya daban por hecho su salida
inminente. Seung-hyung se quedó pensativo durante un largo rato bajo un
silencio pesado y desolado, escuchando únicamente el latido acelerado de su
corazón. Había deseado irse, pero ahora que se lo ordenaban, su mente solo
estaba llena de pensamientos sobre Do-geon. ¿Qué hará él si yo no estoy?
"Con el carácter de Do-geon, si él no
quiere que me vaya, no creo que pueda convencerlo solo con palabras".
A pesar de que los padres no eran personas con
las que fuera fácil discutir, Seung-hyung expresó su preocupación porque la
situación le parecía imposible. Al presidente pareció divertirle su reacción y
soltó una pequeña carcajada.
"Qué inesperado. Pensé que en cuanto
dijéramos que el trato había terminado, saldría corriendo por la puerta".
Aquellas palabras hicieron que Seung-hyung se
diera cuenta de cuánto había cambiado. A diferencia del principio, ahora
Do-geon le importaba de verdad. Su relación ya no era solo sexual, sino que
había una conexión emocional de por medio. Sabía que debía irse algún día, pero
sentía que aún no era el momento. Ya no se trataba solo del dinero; ahora
pensaba más en el bienestar de Do-geon, especialmente porque el chico lo había
tratado con sinceridad.
"... ¿Podrían darme un poco de tiempo?
Hablaré con él personalmente".
"La razón por la que terminamos el
contrato ahora es porque Do-geon siente afecto por usted, que es un
humano", intervino la madre, que había estado escuchando en silencio.
"Lo imaginaba, pero...".
"¿Usted también quiere a nuestro
Do-geon?".
La pregunta lo dejó sin palabras. Nunca esperó
que le preguntaran algo así. Era una cuestión tan abrumadora que no supo qué
responder. Al ver su desconcierto, la mujer arqueó una ceja y su sonrisa se
volvió más fría.
"Por lo general, los suines somos seres
que seguimos nuestros instintos. Eso es lo que nos diferencia de los humanos y
lo que marca el límite de nuestra convivencia con ustedes".
"No entiendo con qué intención me dice
eso".
"Lo que quiero decir es que el hecho de
que Do-geon lo confundiera con una hembra suin durante el celo es muy diferente
a que sea consciente de que usted es humano y aun así quiera tenerlo a su
lado".
"..."
"Usted, siendo humano, no podrá soportar
a nuestro Do-geon a largo plazo. Por eso, es mejor terminar esto aquí".
Sus palabras eran gélidas y definitivas, a
pesar de la suavidad de su voz. Seung-hyung sabía que los humanos y los suines
eran distintos, y entendía lo que implicaba mantener una relación con alguien
como Do-geon. También comprendía cuál era el problema que les preocupaba, pero
para evitar que lo echaran de inmediato, necesitaba un motivo sólido para
quedarse. Sin embargo, ni siquiera pudo articular sus propios sentimientos.
Ante la afirmación de que su falta de respuesta era la prueba de que la
relación debía terminar, Seung-hyung no pudo rebatir nada.
Así concluyó la conversación. Aunque
técnicamente el contrato había terminado y debería sentirse ligero como si le
hubieran quitado un peso de encima, no se sentía feliz. Era extraño; había
logrado lo que quería, pero no sentía ninguna alegría. No es que no supiera la
razón; simplemente se sentía confundido al darse cuenta de que realmente podría
haber desarrollado sentimientos especiales por Do-geon.
"Seung-hyung".
Mientras caminaba aturdido por el pasillo
hacia su habitación, volvió a la realidad al oír una voz. Era Yoon Shin-woo.
"¿Ha ido bien la conversación con el
presidente y la señora?".
"Sí, bueno...".
Había terminado, pero ¿podía decirse que había
ido "bien"? Emocionalmente, no podía usar esa palabra, así que
respondió de forma vaga. Shin-woo ladeó la cabeza, extrañado.
"¿Qué ocurre?".
Seung-hyung abrió la boca para responder, pero
al no saber qué decir, dejó escapar un suspiro y volvió a cerrarla con fuerza.
Retomó el paso y se dirigió hacia las escaleras.
“¿Ha pasado algo?”
NO
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“El presidente dice que el contrato ha
terminado y que debo irme”.
“¿Así, de repente?”.
Yoon Shin-woo lo siguió mientras preguntaba,
mostrando una sorpresa genuina; era evidente que él tampoco sabía nada.
“¿Y qué le dijo? ¿Aceptó marcharse?”.
“No pude darle una respuesta definitiva”.
“¿A qué se refiere con que no pudo responder?”.
“Les pedí tiempo, pero no sé si me lo
concederán”.
“¿Acaso pretenden echarlo sin darle ni un
momento de margen?”.
Shin-woo, confundido y alarmado, no dejaba de
interrogarlo. Sin embargo, Seung-hyung no tenía respuestas que ofrecer. Lo
único que salía de su pecho eran suspiros, así que se dio la vuelta para subir
los peldaños. Shin-woo lo siguió de cerca.
“Por mucho que el joven amo Do-geon esté
manteniendo bien su forma humana, si lo echan así de pronto, él no va a
querer...”.
La voz preocupada de Shin-woo se apagó de
golpe. Seung-hyung lo miró de reojo y notó que el secretario observaba hacia la
parte superior de la escalera. Él también giró la cabeza. Allí estaba Nam
Do-geon, de pie en el descanso del piso de arriba. Tenía un brazo apoyado en la
barandilla y sus ojos estaban clavados en los suyos.
¿Desde cuándo estaba escuchando?
Mientras Seung-hyung se quedaba paralizado por
la sorpresa, Do-geon comenzó a bajar. Se detuvo unos escalones por encima y lo
miró desde lo alto.
“Así que esa era la razón por la que no me
dejaron entrar con ellos”.
Dijo Do-geon en voz baja. Intentaba sonar
indiferente para ocultar lo que sentía, pero era inútil. Las emociones
contenidas en su voz grave se palpaban en el aire. No hacía falta preguntar
para saber que estaba furioso.
“Do-geon, no es lo que piensas...”.
Intentó explicarle, pero el suin se dio la
vuelta. Al verlo subir las escaleras sin decir palabra, Seung-hyung se apresuró
a seguirlo. No parecía que el chico caminara rápido, pero la distancia entre
ambos no se acortaba. Manteniendo ese espacio constante, llegaron enseguida a
la habitación de Seung-hyung.
“Do-geon, ¿estás enfadado?”.
Llegó jadeando por el esfuerzo de haber
corrido tras él. Mientras intentaba recuperar el aliento, Do-geon se giró para
encararlo.
“No te vas a ir, ¿verdad?”.
“¿Eh?”.
“Solo hace falta que digas que no te vas”.
Seung-hyung se quedó mudo. ¿Realmente se
solucionaría algo con una terquedad así? No era simplemente una cuestión de
quedarse o irse. Era el peso de las palabras de sus padres sobre la diferencia
entre humanos y suines, y el hecho de que no había podido rebatirles nada
cuando dijeron que esa relación no tenía futuro.
* * *
Unos le decían que se fuera y el otro que se
quedara; era para volverse loco. Si de por sí la situación ya era insoportable,
Do-geon empezó a actuar dejando clara su postura: se negó a volver a salir con
Seung-hyung y se encerró de nuevo en su refugio. Parecía estar haciendo una
huelga, encaramado en su roca sin intención de bajar.
"Nam Do-geon".
Seung-hyung lo dejó solo un día para que
procesara su malestar, pero al segundo día ya no pudo ignorarlo más. Verlo
allí, sin responder por mucho que lo llamara, le oprimía el corazón. ¿Cómo iba
a marcharme así? Aunque se fuera, se pasaría el día preocupado y con la
conciencia intranquila. Decidido a calmarlo, finalmente se armó de valor y
subió hasta donde estaba el suin.
"Nam Do-geon, ¿ni siquiera me respondes
cuando te llamo?".
Do-geon estaba transformado en leopardo de las
nieves, acurrucado entre las rocas como aquella vez. Tenía el mentón apoyado
sobre sus gruesas zarpas delanteras y, tras lanzarle una mirada fugaz, volvió
la cara hacia el otro lado. Era evidente que no quería saber nada de él.
"No es culpa mía, ¿por qué no me
miras?".
"……."
"¿De verdad vas a seguir así? Diciendo
que no vas a salir y quedándote aquí encerrado".
"……."
"Oye, Nam Do-geon".
Al ver que lo ignoraba deliberadamente,
Seung-hyung se irritó y terminó de subir hasta su posición. Le sujetó la cabeza
con las manos para obligarlo a mirarlo. Sus ojos redondos, sorprendidos por la
audacia de Seung-hyung, se encontraron con los suyos.
"Entiendo que estés protestando porque
algo no te gusta, pero no te saltes las comidas. Duerme en tu habitación,
anda".
Do-geon lo miró fijamente, notando su
preocupación sincera. Entonces, recuperó su forma humana en un instante,
quedando completamente desnudo ante él.
"¿Dices que te vas a ir y aun así te
preocupa que no coma?".
Preguntó mientras apresaba las muñecas de
Seung-hyung con fuerza, las mismas con las que él sostenía su rostro.
Seung-hyung sintió la potencia de su agarre mientras sostenía su mirada.
"Yo no he dicho que me vaya".
"Entonces, ¿no te irás?".
"……."
"Ni siquiera puedes responder a
eso".
"Haa, ¡no lo sé! No tengo intención de
irme ahora mismo, pero si te pones a protestar así, ¿qué quieres que
haga?".
"Pues que no te vayas, eso es lo que
quiero".
Esta vez, Do-geon tiró de él con brusquedad.
Su fuerza era tal que Seung-hyung no pudo ni intentar resistirse; terminó
hundido en el pecho del suin. Se tensó por instinto, pero al sentir cómo
Do-geon lo rodeaba con ternura, terminó por abrazarlo con fuerza por la
cintura.
"No te vayas, Hyung".
Ese ruego susurrado le dolió en el alma a
Seung-hyung. Le conmovió que lo llamara "Hyung" en un momento así. Se
quedó en silencio, aferrándose al chico.
Tras mucho insistir, Seung-hyung logró que
Do-geon cambiara de parecer. Le trajo su ropa y, tras vestirse dócilmente,
regresaron juntos a la mansión. Sin embargo, cuando parecía que iría directo a
su habitación, Do-geon decidió que no podía quedarse de brazos cruzados y fue a
buscar a sus padres. Le pidió a Seung-hyung que subiera él primero, así que no le
quedó otra que dirigirse a las escaleras.
"¿Ya hizo las maletas?".
Seung-hyung giró la cabeza hacia donde venía
la voz y allí estaba Nam Woo-geon. Por su traje informal y su aspecto
impecable, parecía que acababa de llegar de la calle. Tenía que encontrárselo
justo cuando Do-geon no estaba; no le hacía ninguna gracia.
"Hola".
Seung-hyung no quería revelar sus intenciones
respondiendo si estaba empacando o no, así que se limitó a un saludo de
cortesía. Woo-geon lo escrutó en silencio. Sus ojos no mostraban emoción
alguna, pero la presión de esa mirada fija era considerable. No había más
suines alrededor. En aquel espacio amplio y de techos altos, estar a solas con
él resultaba intimidante.
"Mi padre dijo que el contrato terminó.
Ha pasado un tiempo desde que se lo notificaron, ¿por qué sigue aquí?".
"Eso es algo que yo decidiré. Con su
permiso".
Hizo una leve inclinación y se dio la vuelta.
"Parece que se le ha subido a la cabeza
el hecho de que a Do-geon le guste usted".
Seung-hyung soltó un suspiro al ver que, por
mucho que intentara ignorarlo, Woo-geon seguía buscando pelea. ¿Acaso me
seguirá si me voy ahora que Do-geon no está?, pensó. Ante el riesgo de que
la situación se volviera más peligrosa, decidió encararlo.
"Sé que me considera un estorbo porque soy
humano y no confía en mí. Pero no tengo malas intenciones ni ambiciones con
Do-geon. Me iré cuando llegue el momento".
Tras defender su postura, Woo-geon soltó una
carcajada y se acercó. Seung-hyung sintió que su corazón se aceleraba mientras
el otro ganaba terreno, pero se obligó a mantenerse firme. Woo-geon se detuvo a
centímetros de él, examinando cada rasgo de su rostro.
"Lo que yo deseo es una ruptura total de
la relación, no una despedida amable y bonita".
Dijo Woo-geon con una sonrisa llena de desprecio.
Seung-hyung frunció el ceño. El otro soltó una risa amarga antes de continuar.
"Usted también lo sabe: Do-geon no lo ve
como un simple compañero. ¿Dice que se irá cuando llegue el momento? No sea
arrogante. Sabe perfectamente que Do-geon se volverá más dependiente de usted
cada día que pase".
"¿Entonces qué quiere que haga? ¿Que
lastime a Do-geon?".
"Si eso es lo que hace falta para que
recobre el juicio, por supuesto".
"¿Cómo puede decir eso alguien que afirma
preocuparse por su hermano?".
"Porque me preocupa".
Respondió cortante mientras invadía su espacio
personal. Seung-hyung, abrumado, retrocedió hasta chocar con la barandilla de
la escalera.
"Lo hago porque me importa. Me da asco
ver cómo seduces a un chico ingenuo, así que lárgate ahora. Si no... te
arrepentirás".
Tras lanzar la advertencia directa, lo dejó
allí, mudo de la impresión, y subió las escaleras como si nada hubiera pasado.
Seung-hyung soltó el aire que contenía. ¿Qué pensaba hacerle si no se iba de
inmediato? La maldad palpable en las palabras de Woo-geon lo dejó inquieto.
Se quedó allí incluso después de que el otro
desapareciera, temiendo que lo estuviera esperando en algún rincón oscuro. Solo
cuando vio aparecer a Yoon Shin-woo con una bandeja de té, se sintió lo
suficientemente seguro para subir a su habitación.
"¿Eso fue lo que le dijo el joven amo
Woo-geon?".
"Sí".
"Hmm... Supongo que los patrones están
preocupados de que el joven Do-geon salga herido por un humano, ¿no será que
Woo-geon siente lo mismo?".
"Seguro es eso. Sumado a su desprecio por
los humanos".
Shin-woo sonrió con torpeza, sin saber si
darle la razón o no.
"Pero, más allá de eso, ¿está bien que me
quede aquí? Siento que ese hombre va a hacerme algo".
La premonición era mala. Basándose en sus
miradas y su agresividad, Seung-hyung temía que Woo-geon fuera capaz de
cualquier cosa.
"Haa, a mí también me preocupa el joven
Woo-geon. Mire... por si acaso, pasaré por su habitación periódicamente. Como
también estará con Do-geon, no creo que pase nada grave, ¿verdad?".
"¿Y si te lastima a ti también,
Shin-woo?".
"¡Ay, por favor! No llegaría a tanto.
Además, si le hiciera algo a usted, Do-geon no se quedaría quieto. ¿Por qué se
arriesgaría a salir perdiendo?".
Seung-hyung se quedó pensando que, si Woo-geon
lograba separarlo de Do-geon, quizás consideraría que ya había ganado lo
suficiente. Ese "no llegaría a tanto" no le daba ninguna
tranquilidad, pero no había mucho más que pudiera hacer salvo mantenerse
alerta.
* * *
Do-geon, que había ido a buscar a sus padres,
no le reveló a Seung-hyung qué respuesta le habían dado. Seung-hyung dedujo que
las peticiones del suin debieron de surtir algún efecto, ya que durante los
días siguientes no hubo señales de que fueran a echarlo. Todo transcurría con
normalidad y Do-geon pasaba gran parte del tiempo pegado a él, como de
costumbre.
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Por alguna razón, Do-geon se negaba a salir de
la mansión. Seung-hyung no sabía si seguía resentido o si simplemente había
perdido las ganas de divertirse, pero como no podía obligarlo, volvieron a la
rutina de quedarse en la habitación. Sin embargo, al no salir, el tiempo se
estancaba y a Do-geon le sobraba energía, por lo que no dejaba de buscar
contacto físico.
"Haa, mmm, Do-geon...".
Do-geon, posicionado sobre él, lo abrazaba con
ambos brazos mientras hundía el rostro en su cuello. Lamía y succionaba su
piel, pero no parecía tener intención de llegar al sexo; se limitaba a frotar
sus entrepiernas, ambas endurecidas por el deseo. En realidad, Do-geon ardía en
ganas, pero consciente de que Seung-hyung aún no lograba relajarse del todo,
evitaba la penetración a favor de caricias constantes e intensas.
"Hah, es desesperante".
Seung-hyung también se había excitado por el
asedio sensorial de Do-geon. Estaba erecto, pero el hecho de estar atrapado
bajo el peso del otro sin poder hacer nada le resultaba frustrante. Al oír su
queja, Do-geon levantó la cabeza.
"Lo siento".
"Ah, no. No lo decía por ti, es solo
que... me siento apretado ahí abajo".
Seung-hyung se apresuró a aclarar sus palabras
al ver que Do-geon amagaba con retirarse. El suin pareció comprender su estado;
tras vacilar un momento, se incorporó sobre sus rodillas y bajó la mirada hacia
la parte inferior del cuerpo de Seung-hyung. Cuando sus dedos empezaron a
palparlo con torpeza, Seung-hyung sintió un escalofrío. Ahogó un gemido
mientras su cadera se sacudía involuntariamente.
"¿Quieres que te los quite?".
"Haa, sí...".
Seung-hyung respondió con la voz quebrada por
el calor del momento. Esta vez, Do-geon fue decidido y le bajó los pantalones y
la ropa interior. Su pene, que había crecido considerablemente bajo las
caricias previas, estaba húmedo y brillante por el líquido preseminal. Do-geon
tragó saliva al verlo, se inclinó y depositó un beso rápido en la punta.
Seung-hyung sintió una oleada de calor en el bajo vientre.
Instintivamente, Seung-hyung intentó cerrar
las piernas, pero Do-geon lo detuvo sujetándolo por las rodillas y obligándolo
a abrirlas. Como si no permitiera que se ocultara, el suin se posicionó entre
sus muslos y comenzó a lamerlo. Pasó su lengua desde los testículos hasta el
glande con pasadas firmes, mientras mantenía el contacto visual con un
Seung-hyung que lo observaba desde arriba con el corazón en un puño.
Mientras lo lamía, los ojos de Do-geon mutaron
a los de un leopardo de las nieves. Sus pupilas, claras y enfocadas, no se
apartaron de él. Tras lamerlo un par de veces más, envolvió el glande con su
boca y comenzó a succionar. Seung-hyung sintió la textura áspera de la lengua
animal rozando la zona más sensible. Su cadera se elevó y sus músculos
abdominales se tensaron ante el estímulo.
"Haa, ah, mmm...".
Intentó contenerse, pero los gemidos escapaban
de sus labios. Do-geon, consciente de su reacción, succionó con más fuerza
hasta introducir el pene por completo en su boca. La succión poderosa y el
calor de la cavidad bucal resultaban abrumadores. Seung-hyung jadeaba,
sintiendo cómo la temperatura de su cuerpo subía peligrosamente. Do-geon se
movía con lentitud, como si saboreara cada una de sus reacciones.
"Ah, hah, haa...".
Sintiendo la insistencia de Do-geon,
Seung-hyung apretó con fuerza la almohada que tenía bajo la cabeza. Su cadera
empezó a moverse por sí sola. Intentó controlarse, pero el placer era demasiado
intenso y terminó moviendo la pelvis rítmicamente. Do-geon aceptó el vaivén,
dejando que Seung-hyung marcara el paso en su boca mientras continuaba
estimulándolo.
De pronto, Seung-hyung se sobresaltó al sentir
la punta de unos dedos rozando su entrada. Tenía los ojos cerrados disfrutando
del momento, pero se detuvo en seco al sentir ese contacto. Do-geon, detectando
la reacción inmediata, retiró la mano. Seung-hyung solo se había asustado por
lo repentino del gesto. Al ver que el suin se encogía, le dijo:
"Hah... puedes tocar ahí".
Do-geon dudó a pesar del permiso, y solo
después de que Seung-hyung se lo repitiera, comenzó a acariciar el orificio con
cuidado. Al principio tanteó la entrada, pero en cuanto un dedo empezó a
presionar hacia el interior, Seung-hyung sintió una punzada de dolor.
La sensación de tener algo extraño allí le
produjo escalofríos. Era un sentimiento desagradable, muy distinto al placer
que sentía mientras Do-geon lo succionaba. Parecía haber olvidado por completo
la sensación de cuando tenían sexo puramente instintivo; ahora, cuanto más
profundizaba el dedo, más rechazo sentía. Seung-hyung trató de regular su
respiración ante esa sensación tan dispar a la excitación previa.
Do-geon no se rindió y continuó alternando la
succión con la estimulación digital. A pesar de su esfuerzo, Seung-hyung solo
sentía que su tensión aumentaba a medida que el dedo penetraba más. Al notar
que Seung-hyung no estaba disfrutando esa parte, Do-geon finalmente desistió y
retiró el dedo, concentrándose exclusivamente en usar su boca. Aunque el rastro
de la incomodidad persistía en su mente, Seung-hyung logró alcanzar el clímax
gracias a la dedicación del suin.
"Haa, haa...".
Tras la eyaculación, se dejó caer sobre la
cama, agotado. Mientras miraba al techo recuperando el aliento, Do-geon terminó
de limpiarlo con la lengua con delicadeza. Seung-hyung se sintió algo culpable;
por culpa de sus nervios, había dejado de lado el deseo de Do-geon para
satisfacer solo el suyo.
"Hah, Do-geon".
"¿Qué ocurre?".
Su voz sonó grave y profunda. Seung-hyung tomó
aire y se incorporó. Do-geon, que estaba arrodillado entre sus piernas,
retrocedió un poco para mirarlo. Sus orejas aparecieron de pronto y se
agitaron.
"Quítate el pantalón".
La expresión de Do-geon se endureció.
Seung-hyung vio claramente que no quería hacerlo, así que insistió.
"Está bien, quítatelo. Yo también te
ayudaré".
"Luego".
"¿Por qué? Puedo hacerlo con la
mano...".
Do-geon se acercó y le dio un beso casto para
callarlo. Luego, lo abrazó con fuerza. El peso del suin fue demasiado para
Seung-hyung, que terminó de espaldas contra el colchón con Do-geon encima.
Mientras lo presionaba con su cuerpo robusto, Do-geon empezó a ronronear y
hundió la cabeza de nuevo en su cuello.
"Lo siento".
Parecía que al chico le bastaba con abrazarlo;
sus ronroneos eran constantes y su cola se mantenía erguida. Seung-hyung sintió
que se le encogía el corazón al verlo así. Le resultaba difícil contener sus
emociones. Acarició la nuca de Do-geon mientras hablaba, y el chico respondió:
"Está bien".
Do-geon se acurrucó más contra él,
transmitiéndole su calor. Al sentirlo así, tan apegado y ronroneando como si no
quisiera separarse nunca, Seung-hyung se sintió invadido por una ternura
profunda. Aquel chico que antes solo conocía su propio deseo parecía haber
madurado de golpe, mostrando una actitud casi protectora.
Se quedaron así un largo rato antes de bajar a
cenar. Do-geon terminó por calmar su propia excitación de alguna manera.
Seung-hyung estaba preocupado; le parecía que aguantarse de esa forma no era
saludable y que el chico se estaba sobreesforzando. No sabía cuánto tiempo más
podría quedarse en la mansión, pero quería hacer por Do-geon todo lo que
estuviera en su mano mientras estuviera allí.
Si llegaba el día de marcharse, quizás tendría
que despedirse de él para siempre. Esa era la implicación de la advertencia
sobre la distancia entre humanos y suines. Una relación nacida de estas
circunstancias difícilmente podría derivar en una vida cotidiana normal —ir al
cine o comer juntos—, ya que la familia de Do-geon nunca aceptaría a un humano.
Y él mismo...
"Do-geon".
"¿Qué?".
Caminaban de regreso a la habitación tras la
cena. Seung-hyung se había armado de valor para hablarle. Al cruzar sus
miradas, los nervios volvieron a traicionarlo. ¿Por qué me siento así?,
se preguntó. Sintiendo una presión en el pecho como si fuera a tomar una
decisión trascendental, finalmente habló.
"Cuando lleguemos al cuarto...".
Iba a proponerle que se ducharan juntos y
tuvieran sexo. Pensó que, con el agua caliente y un preámbulo pausado, quizás
sus nervios se disiparían. Sin embargo, no pudo terminar la frase porque Nam
Woo-geon apareció de la nada.
"Nam Do-geon".
"¿Vuelven de cenar?", preguntó
Woo-geon.
Do-geon se adelantó de inmediato, como si
quisiera ocultar a Seung-hyung de la vista de su hermano.
"¿Quieren tomar una taza de té?".
Woo-geon preguntó con total naturalidad,
ignorando la evidente hostilidad de Do-geon.
"No".
"No seas tan cortante. Estoy a punto de
volver a mi casa, me gustaría tomar un té con mi hermano antes de irme".
"¿Te vas?".
"Sí. He descuidado un poco el negocio y
mis ventas se han resentido, además mis amigos no dejan de insistir para
vernos. Creo que ya he descansado suficiente. Antes de irme... quería un
momento a solas con mi hermano. ¿Tan malo es?".
Seung-hyung se sorprendió. Había pensado que
Woo-geon se quedaría en la mansión solo para vigilarlo. Do-geon pareció tener
la misma duda, pues lanzó una mirada fugaz hacia Seung-hyung antes de volver a
mirar a su hermano. No sabían si Woo-geon decía la verdad, pero no parecía el
tipo de persona que inventara excusas así. Al ver que Do-geon seguía dudando,
Seung-hyung lo sujetó suavemente de la ropa. Do-geon se giró hacia él.
"Ve con él. Yo te esperaré en la
habitación".
"¿... Estarás bien?".
"Sí".
No había razón para no estar bien. La única
persona en la mansión que podría haberle hecho daño era Nam Woo-geon, y
mientras él estuviera tomando el té con Do-geon, Seung-hyung estaría solo.
Convencido de que no habría peligro, Seung-hyung respondió con una sonrisa,
aunque Do-geon lo observó con fijeza, como si intentara leer sus pensamientos.
"Te digo que estoy bien. Ve y toma ese
té".
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Seung-hyung se despidió y se alejó primero. En
el camino, sus ojos se cruzaron con los de Woo-geon; incapaz de simplemente
ignorarlo, hizo una pequeña inclinación de cabeza a modo de saludo. Woo-geon le
devolvió el gesto. Entre los hermanos se palpaba una tensión invisible pero
cortante.
Una vez a solas en su habitación, Seung-hyung
soltó el aire que contenía. Sentía que, si Woo-geon realmente se marchaba al
día siguiente, su estancia allí sería mucho más tranquila. Por favor, que no
sea mentira, pensó mientras se sentaba en la cama. Sin embargo, el tiempo
parecía avanzar a paso de tortuga. Se puso de pie y se acercó a la ventana para
contemplar el jardín teñido por los colores del atardecer.
Toc, toc.
"Adelante".
Yoon Shin-woo entró tras el permiso, portando
la habitual taza de té.
"¿Todavía es necesario que me traiga ese
té?".
El celo de Do-geon había terminado y
últimamente no habían tenido sexo, por lo que beber un tónico para la vitalidad
le parecía innecesario y hasta un poco vergonzoso.
"¿Por qué no? Siempre es bueno tomar algo
saludable mientras se pueda".
"Aun así...".
"Por cierto, ¿dónde está el joven amo
Do-geon? ¿No ha venido?".
"Ah, se fue a tomar el té con Nam
Woo-geon".
"¿Té? A mí no me dijo nada".
Shin-woo frunció el ceño con extrañeza.
Seung-hyung también tuvo una ligera duda, pero no le dio importancia; supuso que
Woo-geon simplemente quería presionarlo para que se fuera o intentar
persuadirlo. Después de todo, por mucho que no estuvieran de acuerdo, no creía
que fuera a lastimar a su propio hermano.
"Nam Woo-geon dijo que regresaría a su
casa mañana".
"¿En serio? Tampoco sabía nada de eso.
¿Quién se lo dijo?".
"Él mismo. Dijo que sus ventas habían
bajado y que quería ver a sus amigos, así que le pidió a Do-geon tomar una
última taza de té antes de irse".
"Ah, ¿ya veo?".
La expresión de Shin-woo se volvió
inusualmente seria.
"¿Pasa algo?".
"¿Eh? No, nada. Es solo que, después de
lo que me contó que escuchó hace unos días, me quedé un poco preocupado".
"Si ese hombre planea algo, será contra
mí. No es alguien que le haría daño a Do-geon, ¿verdad?".
"Eso es indudable".
Shin-woo parecía estar de acuerdo en ese
punto. Seung-hyung pensó que quizás ambos estaban siendo demasiado paranoicos
por culpa de la tensión constante.
Tras charlar un rato mientras terminaba su té,
Shin-woo se retiró con la taza vacía. Al quedarse solo de nuevo, Seung-hyung
sintió un vacío y volvió a apoyarse en la ventana. Como no sabía cuánto
tardaría Do-geon, decidió que lo mejor sería adelantarse: se daría una ducha,
prepararía su cuerpo y trataría de relajarse para que el encuentro no fuera tan
difícil para el suin.
Se quitó la ropa y entró en el baño. Dejó que
el agua caliente empapara su cuerpo y se enjabonó con calma.
"Fuu...".
Inhaló profundamente y llevó su mano hacia
abajo. Separó sus nalgas y comenzó a masajear la entrada de su orificio con la
punta de los dedos antes de intentar introducir uno. Incluso un solo dedo le
hizo sudar; el pene de Do-geon era incomparablemente más grueso y largo.
Sabía perfectamente que, para recibirlo por
completo, esa preparación era necesaria. Aunque se sentía avergonzado de
hacerlo solo, continuó con diligencia hasta que pudo introducir un segundo
dedo.
"Mmm, ah...".
Concentrado en relajarse, se volvió más audaz
y empujó con profundidad, estremeciéndose al rozar su punto sensible. Una
oleada de calor invadió su bajo vientre. Verse a sí mismo disfrutando de
aquello de forma tan evidente lo excitó aún más. Su propio pene, que ya estaba
a medio erguir, se hinchó por completo en un instante.
Siguió trabajando en su interior, con las
orejas ardiendo de calor. Debido a la postura encorvada, le resultaba difícil
alcanzar el punto exacto, lo que solo aumentaba su deseo sin llegar a
satisfacerlo. Cuando consideró que estaba lo suficientemente preparado, retiró
los dedos.
"Haa, haa...".
Su pene estaba tenso y palpitante. Ante la
intensa necesidad de liberación, lo sujetó y empezó a masturbarse. ¿Debería
terminar antes de que llegue Do-geon?, pensó.
En ese momento, oyó un ruido fuera del baño.
Alguien había entrado. No podía ser Shin-woo, así que debía de ser Do-geon.
Pensando que podrían empezar de inmediato, se secó el cuerpo rápidamente con
una toalla y abrió la puerta. Cubriéndose un poco la entrepierna por pudor, se
topó de frente con el suin.
"Ah, me asustaste...".
Se detuvo en seco. Los ojos de Do-geon, ahora
con la pupila de leopardo de las nieves, parecían nublados, casi idos. Sus
orejas habían brotado y su cola se agitaba de un lado a otro con una energía
extraña. Su respiración era pesada y su rostro estaba congestionado; lo
observaba con una fijeza obsesiva que Seung-hyung reconoció de inmediato.
"Do-geon... ¿Qué te pasa?".
¿Había entrado en celo de nuevo? ¿Era eso
posible? Si así fuera, Shin-woo le habría advertido. Confundido y asustado,
Seung-hyung intentó retroceder, pero Do-geon se quedó clavado en el sitio,
bloqueando su camino.
La mirada del suin descendió hacia las piernas
de Seung-hyung, como si juzgara el intento de huida como una falta
imperdonable. Seung-hyung sintió un escalofrío que le erizó la piel. Su corazón
latía con violencia. Sabía que no podía escapar de él; la última vez que lo
intentó, terminó mordido y sometido brutalmente.
El recuerdo de verse impotente, aceptando el
dolor solo para sobrevivir, hizo que su cuerpo empezara a temblar. El sudor
frío comenzó a brotar mientras el mundo a su alrededor parecía desvanecerse.
Sabía que no debía provocar a un suin excitado: nada de huir, nada de
rechazarlo. Sin embargo, sus piernas no respondían a su voluntad.
Do-geon relamió sus labios con una lengua
delgada y larga; era la primera vez que Seung-hyung la veía con tanta claridad.
Sin parpadear, el suin dio un paso hacia él.
"Hah... Do-geon".
Seung-hyung apretó los puños, intentando
mantenerse firme. Llamó al chico con voz temblorosa, y vio cómo Do-geon
extendía una mano para atraparlo, deteniéndose apenas un instante antes de
tocarlo.
"¿Estás excitado?".
Preguntó Do-geon en un susurro grave. A pesar
de la toalla, el suin había notado su estado. Sin poder contenerse más, Do-geon
lo cargó en vilo y lo sacó del baño a grandes zancadas.
"¡Do-geon! ¡Do-geon, cálmate! Por favor,
ah...".
En cuanto lo dejó sobre la cama, Do-geon se
posicionó sobre él y lo besó con ferocidad. Seung-hyung quería preguntar qué
había pasado, pero no tuvo oportunidad. Solo pudo aceptar la lengua que invadía
su boca y los besos hambrientos.
Mientras lo besaba, Do-geon empezó a recorrer
su cuerpo con manos rudas hasta llegar a su cadera. Sujetó el pene de
Seung-hyung y comenzó a sacudirlo con una fuerza que rozaba el dolor.
"¡Mmm! ¡Ah, duele! ¡Ah...!".
Solo cuando Seung-hyung gimió de dolor,
Do-geon aflojó un poco el agarre, pero continuó moviendo su mano con una
urgencia violenta que seguía lastimándolo.
"¡Ah! ¡Ah, basta... duele...!".
Seung-hyung se sacudía por un dolor que no
podía contener, girando la cabeza para liberar un grito ahogado. Sin embargo,
Do-geon lo sujetó de la mandíbula una vez más, obligándolo a unir sus labios.
El suin emitía ronroneos graves y vibrantes mientras mordisqueaba su boca con
una ansiedad animal. Sus colmillos, ahora más prominentes, le desgarraban la
piel; Seung-hyung sintió que las lágrimas brotaban de sus ojos ante cada
dentellada. Incapaz de soportarlo, intentó empujarlo con ambos brazos, lo que
provocó que el ceño de Do-geon se frunciera en una mueca de disgusto. Asustado
por su reacción, Seung-hyung cambió de táctica y rodeó el cuello del chico con
sus brazos, rindiéndose a él.
Do-geon parecía querer devorar incluso el
aliento entrecortado de Seung-hyung. Lo manoseaba y lo estrechaba con una
urgencia febril, como si buscara algo desesperadamente dentro de su piel. El
calor que emanaba el suin era contagioso; Seung-hyung sentía que su propia
temperatura subía hasta volverse asfixiante. Su corazón latía con una violencia
tal que temía que fuera a estallar.
"¡Mmm, ah!".
Esta vez, Do-geon separó las piernas de
Seung-hyung y se dirigió directamente a su entrada. Seung-hyung se encogió ante
la sensación de ser invadido, pero por suerte, la preparación previa en la
ducha permitió que los dedos del suin se deslizaran con suavidad.
Do-geon soltó un pequeño gemido al penetrarlo
con sus dedos. Parecía que el simple contacto lo deleitaba, pues sus ronroneos
se intensificaron mientras empujaba más y más profundo. Seung-hyung sintió un
escalofrío al notar que el chico alcanzaba zonas que él mismo no había podido
tocar.
"Haa, haa...".
Tras jugar con él un momento entre jadeos
lascivos, Do-geon se incorporó y tiró de Seung-hyung por las piernas. Con una
facilidad asombrosa, lo arrastró hasta que sus piernas quedaron apoyadas sobre
los hombros del suin, dejando a Seung-hyung casi en posición invertida.
"Hah, ah, mmm. Do... Do-geon.
Haa...".
Aprovechando que el peso del cuerpo de
Seung-hyung se desplazaba hacia abajo, Do-geon elevó su propia pelvis y pegó
sus labios al orificio del otro. Aunque Seung-hyung se había lavado a
conciencia, sentir el aliento y la lengua del suin en ese lugar le resultaba
abrumador. No era la primera vez, pero después de tanto tiempo, la intensidad
lo sobrepasaba.
"Hah, ah... ah...".
Do-geon continuaba ronroneando mientras
succionaba y lamía con devoción. Seung-hyung estaba paralizado, lidiando con
una mezcla de incomodidad, vergüenza y excitación, mientras la lengua áspera
del suin se adentraba sin piedad en su interior.
El estímulo en esa zona tan delicada hizo que
Seung-hyung tensara la cintura. Ante su resistencia, Do-geon apretó con más
fuerza sus manos sobre la cadera de Seung-hyung, pegándolo más a su rostro. Su
agarre era tan potente que no dejaba el más mínimo margen para escapar.
"¡Ah! ¡Hah... duele! ¡Me duele,
ah!".
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Seung-hyung temió que sus huesos no aguantaran
la presión. Empezó a forcejear, pero Do-geon solo respondió hundiendo más el
rostro y succionando con fuerza. La sensación de vacío y la succión lo dejaron
mareado. Su cuerpo ardía mientras la lengua de Do-geon se movía libremente,
cubriendo todo de saliva.
"Haa... ah...".
Finalmente, Do-geon lo soltó y lo dejó reposar
sobre la cama. Seung-hyung se sintió desfallecer al relajarse tras tanta
tensión. El suin, por su parte, se despojó rápidamente de sus pantalones y ropa
interior. Su pene, robusto y venoso, se irguió de inmediato con pesadez.
Seung-hyung tragó saliva al ver el tamaño de
aquello. Su entrada ya palpitaba por el trato anterior, y ver a Do-geon
acercarse para abrir sus rodillas de nuevo lo dejó petrificado. El miedo a la
embestida violenta luchaba con su deseo, pero sabía que no tenía escapatoria.
La mirada de Do-geon estaba fija en su
objetivo; no había rastro de otra cosa que no fuera deseo sexual en sus ojos.
Seung-hyung apretó las sábanas con ambas manos. El suin presionó su cuerpo
contra el suyo. La punta caliente y húmeda golpeó la entrada, tanteando antes
de empujar con fuerza hacia adentro.
"¡Ah! ¡Hah... ah!".
Aunque la entrada estaba lubricada, fue
imposible aceptar aquel grosor sin dolor. El pene abría camino a la fuerza,
estirando las paredes internas de Seung-hyung hasta el límite. La sensación de
ser desgarrado se mezclaba con una presión insoportable.
"Haa... hah... Do... Do-geon. Ah...
espera. ¡Espera! ¡Ahhh!".
Seung-hyung negó con la cabeza y llamó al
chico, sintiendo que no podía recibirlo todo de una vez. Pero Do-geon no se
detuvo; se dejó caer sobre él y hundió su pelvis hasta el fondo, completando la
penetración. Seung-hyung soltó un grito desgarrador al sentir su interior
completamente invadido.
"Hah... quédate... quieto. Mmm... Quédate
quieto. Si no te meto esto ahora... siento que voy a morderte, Hyung".
Do-geon le habló desde arriba, lamiendo las
lágrimas que caían por sus mejillas. Luego, volvió a empujar con fuerza.
Seung-hyung sentía su vientre tan lleno que creía que se rompería en cualquier
momento.
El dolor se volvió tan agudo que terminó por
entumecerlo; ya no sabía cuánto de aquel pene tenía dentro. Empezó a sollozar
con los ojos cerrados, y Do-geon, tras lamer sus lágrimas, capturó sus labios
en un beso profundo. Las lenguas, ardientes por diferentes razones, se
entrelazaron. Seung-hyung intentó apartar la cara, pero el suin lo sujetó de la
mandíbula para seguir reclamando su boca.
Perdió la noción de todo. Entre la lengua que
exploraba cada rincón de su boca y el pene que devastaba su interior, su
conciencia comenzó a nublarse. Do-geon, incapaz de controlarse, gemía y jadeaba
mientras movía sus caderas con un ritmo frenético. Seung-hyung, aplastado por
aquel cuerpo imponente, solo podía intentar sobrevivir al vendaval de deseo del
chico.
"Mmm... haa... ¡Ah!".
Do-geon se separó de sus labios tras succionar
su lengua con fuerza. Seung-hyung intentó recuperar el aliento, pero el suin no
le dio tregua. Se incorporó y volvió a colocar las piernas de Seung-hyung sobre
sus brazos, comenzando a embestir con toda su potencia.
Instalado entre sus piernas abiertas de par en
par, Do-geon movía la pelvis a una velocidad asombrosa. Cada vez que su pubis
chocaba contra Seung-hyung, el golpe retumbaba en su interior, haciendo que su
vientre ardiera. A pesar del calor, Seung-hyung sintió un escalofrío y empezó a
sudar frío.
El placer y el dolor coexistían en una lucha
constante. Parecía que su cuerpo aún no estaba listo para la intensidad de
Do-geon, pero al suin no parecía importarle. Al ver cómo Seung-hyung se sacudía
y gemía bajo él, empezó a arremeter con más saña.
"¡Ah! ¡Ahhh! ¡Hah...!".
Do-geon, descontento con la forma en que
Seung-hyung se movía intentando escapar del dolor, tiró de sus piernas con más
fuerza. La parte inferior de Seung-hyung quedó pegada contra el vello púbico de
Do-geon, permitiendo estocadas más profundas y violentas. El dolor empezó a transformarse
en una excitación forzada que calentó sus paredes internas.
"Haa... ah... esto es tan
excitante".
Murmuró Do-geon con la mirada perdida antes de
dar unos últimos golpes tan fuertes que el sonido de la carne chocando llenó la
habitación. Finalmente, llegó al clímax y eyaculó profundamente.
"¡Ahhh!".
Seung-hyung se tensó al sentir la descarga
hasta el fondo de su ser. Do-geon se estremeció varias veces mientras terminaba
de vaciarse dentro de él.
"Haa, haa...".
Tras unos espasmos finales, el suin abrazó a
Seung-hyung y lo sentó sobre él sin retirar su pene. Seung-hyung, agotado, se
apoyó en su pecho. Sus cuerpos estaban empapados de sudor. Do-geon empezó a
recorrer la espalda de Seung-hyung con sus manos, bajando por su columna hasta
apretar sus nalgas.
Sin previo aviso, Do-geon volvió a mover las
caderas. Su pene, que ya se estaba endureciendo de nuevo, volvió a frotar el
punto más sensible de Seung-hyung. Gracias al semen, el roce era ahora más
fluido y viscoso, lo que provocó que Seung-hyung se sintiera mareado por el
placer repentino.
"Hah... haa... Do... Do-geon".
"Haa... quédate quieto".
Do-geon lo sujetó con más firmeza cuando notó
que Seung-hyung empezaba a estremecerse por el exceso de estímulo. Empezó a tirar
de sus caderas rítmicamente, haciendo que el sonido de los fluidos al chocar se
volviera constante. Seung-hyung lo abrazó con fuerza, temblando mientras el
suin se entregaba de nuevo a su lujuria.
"¡Ah! ¡Mmm... ah!".
Daba la impresión de que el celo de Do-geon
había regresado. Esa fue la única explicación que Seung-hyung pudo encontrar
mientras el suin lo usaba una y otra vez, alternando posiciones sin dejarlo
descansar ni un segundo.
"Hah... ah... por favor... basta...
¡Ah!".
Seung-hyung no pudo soportar más la embestida
incesante de Do-geon. Su cuerpo colapsó hacia un lado, pero terminó siendo
aplastado contra el colchón mientras el suin lo atravesaba sin piedad. El
interior, ya empapado por las múltiples eyaculaciones previas, se había vuelto
peligrosamente receptivo, permitiendo que el grueso pene de Do-geon entrara y
saliera con una facilidad aterradora.
Ante sus forcejeos, Do-geon respondió
presionándolo con más violencia. El resultado fue el opuesto al que Seung-hyung
deseaba: su punto sensible era golpeado con tal saña que sus músculos se
contrajeron por puro instinto, atrapando el pene del suin. Aquella presión
adicional solo sirvió para excitar aún más a Do-geon.
En medio de ese ciclo frenético, Do-geon
empujó su pene hasta la raíz y, rodeando la cintura de Seung-hyung, giró sus
cuerpos. En un parpadeo, Seung-hyung quedó encima, atrapado por la inserción.
Con la espalda pegada al pecho de Do-geon, soltó un grito cuando el suin
flexionó las rodillas y comenzó a embestir hacia arriba con una fuerza bruta.
Mirando al techo mientras era devastado,
Seung-hyung no tenía a dónde ir. Do-geon lo inmovilizó rodeando su torso con
ambos brazos y continuó sacudiendo las caderas. El sonido de la carne chocando
era húmedo y constante; el pene abría su entrada y hurgaba en sus entrañas sin
ninguna consideración. Seung-hyung sollozó, incapaz de detener el vaivén
salvaje que parecía querer perforarlo.
"Hah... ah... mmm...".
Desesperado, Seung-hyung apretó el dorso de
las manos de Do-geon, que seguían entrelazadas con fuerza sobre su vientre. El
suin reaccionó a ese contacto con un ronroneo profundo; levantó la cabeza y,
volviendo a girar, dejó a Seung-hyung de espaldas contra la cama una vez más.
Seung-hyung, totalmente agotado, se dejó aplastar. Do-geon separó sus piernas a
su antojo y, tras acomodarse para tener un ángulo perfecto, se hundió
profundamente en él.
"¡Ah! ¡Hah... ah! ¡Espera! ¡Espera un
poco!".
En el momento en que el pene alcanzó una
profundidad excesiva, Seung-hyung sintió algo aterrador: la carne dentro de él
empezó a latir y a hincharse. Al intentar contraerse por el susto, la sensación
se volvió aún más explícita.
Era un sentimiento escalofriante que ya
conocía. Cuando esto ocurría, el pene de Do-geon quedaba anclado dentro de él,
haciendo imposible cualquier intento de separación. Parecía que la base del
pene se dilataba, adhiriéndose a sus paredes internas con una firmeza tal que
cualquier mínimo movimiento le provocaba un dolor extraño, casi como si miles
de pequeñas espinas lo estuvieran punzando desde dentro.
"¡No! ¡No, ah! ¡Do-geon! ¡Do-geon,
detente! ¡Ahhh!".
Seung-hyung intentó gatear hacia adelante en
un intento desesperado por escapar, pero Do-geon no solo lo retuvo con su peso,
sino que terminó clavándole los dientes en la nuca. Los colmillos perforaron su
piel, provocándole un dolor agudo que se sumó al tormento que sentía en su
interior. El dolor se duplicó, arrebatándole cualquier voluntad de lucha.
Do-geon parecía estar sumido en una furia mucho más salvaje que la de su celo
anterior; Seung-hyung se sintió completamente indefenso bajo su dominio.
El cuerpo de Seung-hyung, que apenas había
logrado avanzar unos centímetros, fue arrastrado de nuevo hacia atrás. Do-geon
elevó la pelvis y presionó con su pene hasta el fondo, eyaculando mientras
hurgaba en el orificio. Seung-hyung lloraba amargamente ante cada sacudida.
"Hah... haa... lo siento. ¡Perdóname! No
me moveré más. Do-geon... ah...".
Do-geon, como si no quisiera escuchar sus
súplicas, aplicó más fuerza en su cadera para sellar la entrada por completo
con su pene dilatado y volvió a morderle el cuello con saña. Totalmente
sometido y abrumado por el dolor, Seung-hyung jadeó mientras escuchaba el
gruñido gutural de Do-geon, antes de que su conciencia finalmente lo abandonara
y todo se volviera negro.
* * *
Seung-hyung, tras haber perdido el
conocimiento por el dolor físico y mental, se vio obligado a continuar con el
sexo incluso después de recuperar la conciencia brevemente durante la
madrugada. Nam Do-geon lo atacaba cada vez que lo veía, como si su mera
existencia fuera un combustible que incitara sus instintos más primarios.
Llegó un punto en el que Seung-hyung, al ver
cómo el otro lo aplastaba mientras intentaba dormir, se quedó tendido con el
corazón vacío y resignado. Sin embargo, volvió a aterrarse al sentir cómo el
pene de Do-geon se hinchaba nuevamente en su interior y trató de escapar. Por
supuesto, no llegó lejos; fue capturado frente a la puerta y sometido con
violencia. Do-geon lo alzó en vilo para penetrarlo de pie y, cuando su nudo
volvió a dilatarse dentro de él, Seung-hyung tuvo que soportar ese suplicio
espantoso mientras era arrastrado de vuelta a la cama.
Cuando finalmente despertó de aquel infierno,
se encontraba bajo los cuidados de Yoon Shin-woo. Él, que le aplicaba ungüento
en la nuca, dio un respingo al ver que Seung-hyung abría los ojos.
"¿Seung-hyung? Seung-hyung, ¿se encuentra
bien?".
"Haa, sí… ugh".
Respondió por el simple hecho de estar vivo,
pero en cuanto intentó levantar la cabeza, los sentidos que habían estado
adormecidos despertaron de golpe, trayendo consigo una oleada de dolor que lo
obligó a tumbarme de nuevo. La cintura, el trasero, las piernas, la nuca y los
hombros… No había un solo rincón de su cuerpo, desde los huesos hasta los
músculos, que no le escociera o le doliera de forma insoportable.
Mientras permanecía encogido por el impacto
del dolor, Shin-woo terminó de aplicar una capa generosa de pomada en su
cuello. Era un gel transparente que aceleraba la cicatrización. Al notar dónde
lo ponía, Seung-hyung supo que Do-geon le había vuelto a herir la nuca con sus
colmillos.
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"Por favor, quédese acostado".
Dijo Shin-woo con voz cargada de preocupación.
Seung-hyung tragó saliva con dificultad y, tras un momento de silencio,
preguntó por él.
"¿Y Do-geon?".
"El joven amo Do-geon… está en el
jardín".
El tono melancólico de Shin-woo hizo que
Seung-hyung soltara un suspiro. Probablemente estaría escondido en su refugio,
sumido en el arrepentimiento o la depresión tras lo que le había hecho.
"Ayer… Do-geon estaba muy extraño. ¿Sabe
por qué?".
"……".
Shin-woo guardó silencio. Su mudez fue la
confirmación de que sabía perfectamente lo que había ocurrido.
"Lo sabe, ¿verdad?".
Ante su pregunta, formulada con una voz aún
más lúbrega, Shin-woo se acomodó y soltó la verdad.
"Parece que fue por culpa del joven amo
Woo-geon".
"¿Él lo hizo?".
"Sí. Cuando fui a llamarlos para
desayunar, el joven amo Do-geon lo tenía a usted fuertemente abrazado. Al
principio pensé que simplemente habían copulado, pero Do-geon me pidió que
cuidara de usted y salió corriendo".
"¿Fue a buscar a ese hombre, a Nam Woo-geon?".
Seung-hyung escuchó a Shin-woo sin moverme; su
cuerpo no le permitía nada más.
"Sí, fue un caos desde temprano. Yo no lo
vi por estar cuidando de usted, pero otros suines dijeron que fue aterrador.
Por suerte, el joven amo Woo-geon no se defendió y todo terminó en una paliza
unilateral".
"¿Do-geon golpeó a Woo-geon?".
"Al parecer, el joven amo Woo-geon le dio
algo de beber la noche anterior. Eso hizo que Do-geon perdiera el juicio y
actuara así con usted… Llamamos a un médico para que revisara su estado antes
de irse. Si siente algún dolor inusual, dígamelo de inmediato".
Entonces Seung-hyung recordó que Woo-geon
había insistido en tomar té antes de irse. Le había parecido extrañísimo que
Do-geon actuara como si hubiera entrado en celo de nuevo, pero jamás imaginó
que hubiera una trampa tan rastrera detrás.
"Ese loco…".
"¿Perdón?".
"Woo-geon. ¿Cómo puede existir alguien
así? Es un psicópata retorcido y sombrío".
"Hah, estoy de acuerdo. Ni siquiera yo
puedo entenderlo esta vez. Supongo que, al no poder hacerle nada directamente a
usted por ser humano, ideó este plan, pero no fue la forma correcta, en
absoluto".
"Por supuesto que no. Hubiera preferido
que me golpeara a mí".
Seung-hyung se incorporó en la cama apretando
los dientes.
"¡Ugh!".
"¡No, no se levante!".
Shin-woo intentó detenerlo mientras
Seung-hyung se apoyaba en el colchón con gran esfuerzo. Parecía alarmado al ver
al humano forzar su cuerpo herido.
"Haa, me gustaría quedarme aquí, pero…
Do-geon debe de estar sufriendo mucho. ¿Cómo voy a quedarme descansando
cómodamente?".
"¿Cómo supo que él está sufriendo?".
"Es obvio. …Desde su celo, ni siquiera se
atrevía a tocarme así".
"¿Eh? ¿Quiere decir que no habían
copulado desde entonces?".
"Bueno, no entraré en detalles, pero no
habíamos tenido sexo real. …Él se contenía mucho porque yo todavía me ponía muy
tenso".
"Ah, por eso estaba tan furioso el joven
amo Do-geon".
Incluso con esa breve explicación, era fácil
imaginar el cuadro. Si el chico que tanto quería a su hermano mayor había
estallado de esa forma, sus razones eran más que comprensibles. Y para Do-geon,
que siempre se disculpaba y cuidaba de Seung-hyung, darse cuenta de que lo
había poseído perdiendo la razón debió de ser un golpe devastador.
"¿Y dónde está ese hombre ahora?".
"¿Se refiere a Woo-geon? Se fue de la
mansión inmediatamente después. La señora salió ayer y no ha regresado, y el
señor ya se había ido a trabajar, lo cual es una suerte, aunque seguramente ya
estará informado".
"¿No dirán ahora que debo irme porque los
hermanos se pelearon por mi culpa?".
"Mmm, no lo sé. Quizás la señora no, pero
el señor se enfadará. Detesta profundamente cualquier tipo de escándalo o
desorden".
Soportando el dolor, Seung-hyung se quitó las
mantas y se puso de pie. Llevaba solo una bata. Al notar que su cuerpo estaba
limpio, supuso que lo habían aseado mientras dormía. Caminó hacia la salida.
"Seung-hyung, por favor, quédese.
Necesita descansar".
Shin-woo lo seguía, preocupado al verlo
cojear. El orificio le seguía ardiendo y sentía como si sus huesos de la pelvis
se hubieran desencajado tras tantas horas de embestidas.
"Estoy bien. Descansaré con Do-geon
cuando lo traiga, así que no se preocupe".
"Pero…".
"Ah, Shin-woo, traiga una bata para
Do-geon. Probablemente regrese desnudo".
Tras darle esa instrucción, salió de la
habitación. Bajar las escaleras fue una tortura; tuvo que aferrarse a la
barandilla y bajar peldaño a peldaño, tragándose los quejidos. Se dirigió al
jardín, pero se detuvo al ver que Nam Do-geon venía hacia él, completamente
vestido. Do-geon también se detuvo al verlo y, con el rostro endurecido, se
acercó.
"Do-geon, qué sorpresa que estés—".
"Hyung Shin-woo, prepara las maletas de Hyung
Seung-hyung".
"¿Qué?".
Do-geon le habló a Shin-woo, que venía detrás
con la bata. Seung-hyung se quedó mudo de la indignación al ver que el suin ni
siquiera lo miraba y pedía que empacaran sus cosas.
"Que prepares las maletas de Seung-hyung
para que pueda irse".
Ante la confusión de Shin-woo, Do-geon repitió
la orden con una voz sumamente tajante.
"¿A... ahora?".
"Sí".
"Ah, mmm... de acuerdo".
Shin-woo dudó, pero terminó asintiendo y
regresó por donde vino. Seung-hyung observó a Do-geon mientras los pasos del
otro se alejaban. El suin, frente a él, le lanzó una mirada fugaz antes de
desviar la vista.
"¿Lo dices en serio?".
"Sí".
Do-geon respondió con brevedad, como si no
quisiera ni dirigirle la palabra. Esa respuesta seca se sintió profundamente
cruel.
"¿Me vas a echar así?".
"……".
"Do-geon, mírame".
Al ver que no podía sostenerle la mirada,
Seung-hyung dio un paso hacia él. Intentó sujetarlo del brazo por la
frustración, pero Do-geon lo esquivó con rapidez. Seung-hyung miró su mano
vacía en el aire y luego al suin. El chico frunció el ceño con dolor y soltó un
pesado suspiro.
"Ya no puedo seguir viviendo con Hyung.
Me preocupa lo que piense mi familia, y lo que hizo Hyung Woo-geon es
irritante. Además, supongo que para Hyung, copular conmigo ahora debe ser algo
horrible, así que no veo por qué deberíamos seguir juntos".
Nam Do-geon hablaba sin parar, como si
estuviera enumerando una a una las razones por las que debía echar a
Seung-hyung de su lado. Utilizaba ese tono ligero de siempre, pero sus palabras
no sonaban sinceras en lo absoluto. Era evidente que intentaba ocultar sus
verdaderos sentimientos fingiendo indiferencia. A Seung-hyung le dolía el
corazón al recordar aquellos ojos claros que antes lo miraban con el deseo
desesperado de no dejarlo ir nunca.
"Nam Do-geon".
"No, basta. No quiero hablar más de esto
contigo. Para ser honesto, cada vez que te veo solo quiero copular, pero tú
tiemblas de miedo con solo ver mi pene. Eso, francamente, me resulta
desagradable, ¿sabes?".
"Oye, Nam Do-geon".
"Haa, ¿de verdad eres tan lento? Ya te
dije que no pienso vivir con una hembra con la que no puedo copular. Te lo
estoy diciendo de buena manera, así que ¿por qué no te retiras sin armar
escándalo en lugar de seguir llamándome?".
Al escuchar esas palabras vacías que soltaba
sin siquiera dignarse a mirarlo, Seung-hyung sintió que el dolor aumentaba y se
acercó a él. Sin embargo, el suin retrocedió la misma distancia que él avanzó,
manteniendo la brecha entre ambos.
"¿Es que no me oyes? Te estoy diciendo
que te vayas. Ahora mismo".
"Solo dime que lo sientes".
"……".
"Con eso basta. Estoy bien, Do-geon. Lo
que pasó no fue tu culpa. Lo entiendo todo".
Aunque estaba desconcertado por la forma tan
inesperada en que Do-geon expresaba sus emociones, Seung-hyung logró calmarse
para hablarle con suavidad. Al oírlo, la expresión de fastidio de Do-geon se
desmoronó de inmediato, revelando su agitación interna. El chico apretó los
labios y tragó saliva, pero seguía siendo incapaz de sostenerle la mirada. Con
los puños cerrados y la vista perdida en algún punto del vacío, finalmente bajó
la cabeza y habló.
"No tienes idea de cuánto gritaste
ayer".
"……".
"No sabes lo aterrorizado que estabas ni
cuánto temblabas al verme. Lo sentí todo, lo vi todo, y aun así no pude
reprimir mis instintos... Te destrocé. ¿Y dices que estás bien?".
Do-geon soltó una risa amarga. Esa risa rota
dejaba al descubierto un profundo autodesprecio que Seung-hyung no pudo
ignorar. Se quedó mirándolo, sin saber qué hacer por aquel chico que parecía
más herido por el hecho de haber causado daño que por cualquier otra cosa.
"Para ti, no soy más que un monstruo. Así
que vete ahora que te estoy dejando marchar".
Do-geon pronunció aquellas palabras con un
rostro cargado de desesperación y pasó de largo junto a él. Seung-hyung
permaneció en silencio, viendo cómo el chico se alejaba con frialdad sin
haberlo mirado a la cara ni una sola vez. Deseaba retenerlo, pero temía que
insistir fuera causarle una herida aún más profunda, por lo que no se atrevió a
dar un paso al frente.
El día anterior, Seung-hyung había estado tan
absurdo y sobrepasado tratando de soportar a un Do-geon que había perdido el
juicio por la excitación, que no recordaba qué expresión tenía o en qué estado
se encontraba. Sin embargo, Do-geon parecía recordar con total nitidez a un
Seung-hyung retorciéndose de dolor. Solo de pensarlo, una angustia insoportable
se apoderó de él. Al final, parecía que el deseo mutuo de protegerse solo
terminaba lastimándolos a ambos. Y aquello era una agonía insoportable.
* * *
Seung-hyung abandonó la mansión tras la
decisión unilateral de Nam Do-geon.
Al principio, intentó por todos los medios
hacerlo cambiar de opinión. Sin embargo, el primer día Do-geon salió temprano y
no regresó hasta la noche, y a partir del segundo, dejó de volver a casa por
completo. Era evidente que no tenía la menor intención de cruzar miradas con
él. Tras una espera sin promesas de retorno, Seung-hyung no tuvo más remedio
que empacar sus pertenencias y marcharse.
Antes de irse, firmó un acta notarial en la
que juraba no revelar jamás la verdadera identidad de los suines, bajo
advertencia de pagar las consecuencias si faltaba a su palabra. Aunque dudaba
de su validez legal, la presión psicológica era real; ellos sabían demasiado
sobre él, incluso conocían el hospital donde estaba Ahn Seung-yu.
Con esa última señal de alerta grabada en la
mente, dio por finalizado el contrato y regresó a su casa en el coche que el
presidente le había asignado. Yoon Shin-woo, quien lo acompañó hasta el final,
ayudó a subir sus maletas, despidiéndose de lo que, con el tiempo, se había
convertido en una especie de amistad. Seung-hyung lo vio bajar las escaleras,
volviéndose varias veces con una mirada cargada de nostalgia, y él le devolvió
el saludo con una sonrisa agridulce.
NO
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La sensación de pérdida y soledad que sintió
tras la muerte de sus padres volvió a invadirlo. Pensaba que, tras haber vivido
tan ocupado pagando las facturas médicas de Seung-yu, ya se había acostumbrado
a la soledad, pero parece que la vida en la mansión se le había metido bajo la
piel. El vacío que sentía ahora se transformó en una melancolía sofocante. En
sus momentos más bajos, se aferraba al oso de peluche que Do-geon le había
regalado, dejando que los días pasaran uno tras otro.
Pasó una semana entera sumido en ese letargo
hasta que, finalmente, reaccionó. Fue al ver la enorme suma de dinero
depositada en la cuenta que había registrado al firmar el contrato. Su
teléfono, que había estado apagado por falta de carga, emitió un pitido de
notificación en cuanto lo conectó.
Le habían prometido un salario, pero al no
tener el móvil consigo en la mansión, no había tenido oportunidad de
comprobarlo; y tras salir, simplemente no tenía ánimos de hacerlo. Sin embargo,
el sonido lo sacó de su ensimismamiento y entró en la aplicación del banco.
Durante los meses que pasó con Do-geon, los ingresos se habían realizado puntualmente
cada mes.
No había llevado la cuenta exacta del tiempo,
pero al ver el saldo, se quedó petrificado: tenía 200 millones de wones.
Recordaba que antes de entrar apenas le quedaban diez mil. Pero la sorpresa fue
mayor al revisar la bandeja de mensajes acumulados y encontrar varios con el
texto: "Reembolso completado". Eran confirmaciones de que todas sus
deudas anteriores habían sido liquidadas. Por eso nadie lo había llamado al
encender el móvil. Parecía que el presidente se había encargado de limpiar su
pasado financiero por completo.
Bzzzt.
Mientras miraba la pantalla atónito, llegó un
mensaje de un número desconocido.
[Si desea algo más, hágamelo saber a través de
este número.]
El contrato estipulaba que, al finalizar,
cumplirían cualquier deseo que él tuviera. Mientras estaba con Do-geon, no
sentía que el trato hubiera terminado, pero al ver estos cierres definitivos,
la realidad lo golpeó de lleno. Realmente había regresado a su mundo.
Decidido a retomar las riendas de su vida,
Seung-hyung pagó las facturas de servicios y el teléfono que tenía atrasados.
Contactó con el casero, que ya planeaba descontar la renta del depósito, y
solucionó el asunto. Limpió su casa, comió y fue al hospital a ver a Seung-yu.
Allí encontró al cuidador que ya conocía.
"¿Hasta cuándo trabajará aquí?".
Seung-hyung, que había estado observando el
rostro de su hermano en silencio, se dirigió al hombre que trabajaba a su lado.
"Bueno, no he recibido nuevas
instrucciones, así que supongo que continuaré por ahora".
Se preguntó hasta cuándo mantendrían ese
apoyo. Decidió que sería prudente preguntarlo cuando decidiera qué pedir a
través del número que le enviaron.
"Cuidar de un paciente inconsciente no es
tarea fácil. Gracias".
"Es mi trabajo, también tengo que ganarme
la vida".
La actitud estoica y directa del hombre ayudó
a Seung-hyung a no sentirse tan culpable. Mientras lo observaba trabajar sin
muestras de cansancio, el cuidador habló de nuevo.
"Parece que ya no está con el joven amo
Do-geon".
"Ah, sí... ¿Cómo lo supo?".
Sentía que hacía una eternidad que no
escuchaba el nombre de Do-geon. En la mansión, el tiempo volaba; aquí, parecía
arrastrarse. Cada día se sentía como si tuviera treinta y seis horas, y ese
silencio constante era casi una tortura.
Por eso, cuando estaba en casa, solo dormía o
miraba vídeos en el móvil. A diferencia de antes, cuando vivía asfixiado por
las deudas y el cansancio, ahora tenía una vida llena de comodidades, pero no
era feliz. Sentía un vacío que nada lograba llenar.
Escuchar el nombre de Do-geon en ese momento
hizo que su corazón diera un vuelco, como si recibiera una buena noticia. Fue
un estímulo inesperado en medio de su monótona existencia.
"Porque casi no huelo al joven amo en
usted".
"Ah... ya veo".
Que dijera "casi" significaba que
todavía quedaba algo de rastro. Y eso que se había duchado innumerables veces
desde que regresó a casa. Aunque solo fuera un olor, lo sintió como el último
vestigio de la presencia de Do-geon. Se había sentido desolado pensando que aquellos
meses serían borrados como si nada, así que aquello le sirvió de pequeño
consuelo.
Con esa excusa para volver a pensar en él,
Seung-hyung sonrió con amargura. Nunca imaginó que se encariñaría tanto con el
suin, pero ahora que no podía verlo, la nostalgia le pesaba. …A medida que
pasaba el tiempo, el vacío crecía y lo extrañaba más.
"He vuelto a casa. Vendré al hospital más
seguido a partir de ahora".
"Entiendo. ¿No va a trabajar?".
"¿Trabajar?".
Con las deudas pagadas y dinero de sobra para
los gastos de Seung-yu y los suyos, la presión económica había desaparecido. No
había pensado en buscar empleo aún; después de una vida arrastrado por las
deudas, quería disfrutar de su libertad.
Claro que, contrariamente a ese deseo, la
soledad en su casa lo hundía cada vez más. Quizás por eso pensaba tanto en
Do-geon. Además, le preocupaba si el chico habría logrado superar el trauma de
lo ocurrido.
"Tendré que... buscar algo".
Murmuró tras quedarse pensativo. No sabía
cuándo despertaría Seung-yu, así que sería bueno seguir ahorrando.
"Anteayer...".
Seung-hyung estaba pensando que prefería
mantenerse ocupado antes que dejarse consumir por la melancolía, cuando el
cuidador retomó la palabra.
"El joven amo Do-geon estuvo aquí".
"¿Do-geon vino aquí? ¿Por qué?".
Seung-hyung se sobresaltó. Era lo último que
esperaba escuchar.
"Dijo que quería ver a Seung-yu. Le dio
ánimos y le deseó que despertara pronto".
"¿A Seung-yu? …¿Y no preguntó por
mí?".
"Me preguntó cuándo fue la última vez que
lo vi a usted. Preguntó si parecía estar bien o si se veía enfermo".
Seung-hyung sintió una punzada en el pecho. Me
echa de casa y luego se preocupa así, pensó conmovido. Se dio cuenta de que
Do-geon era sincero tanto con él como con su hermano. Había ido al hospital
porque lo extrañaba, y preguntaba por él porque le importaba.
A pesar de saber que no deberían volver a
verse, que tras esa despedida debían vivir como extraños, Seung-hyung deseaba
volver a encontrarse con él. Cuanto más intentaba convencerse de que no era
buena idea, más crecía su deseo.
"Y me pidió que, cada vez que usted
viniera a ver a Seung-yu, tratara de hacerle compañía y hablar con usted".
"¿Do-geon dijo eso?".
"Sí. No soy alguien muy sociable con los
humanos, pero si a usted le parece bien, puedo ser su compañero de
charla".
Seung-hyung pensó que ya no debían formar
parte de la vida del otro, pero parecía que Do-geon quería dejarle un vínculo,
por pequeño que fuera. Se había preocupado incluso por su soledad y se había
asegurado de que tuviera con quién hablar en el hospital. En ese momento, el
final de su historia le pareció más trágico que nunca.
"Gracias".
Respondió Seung-hyung, conteniendo con
esfuerzo el nudo que amenazaba con cerrarle la garganta al concentrarse en sus
propios sentimientos.
* * *
Dos semanas después, Seung-hyung comenzó a
trabajar a tiempo parcial en un restaurante de carnes no muy lejos de su casa.
Como su certificado de salud aún estaba vigente, pudo empezar de inmediato. Su
horario era de nueve de la mañana a cuatro de la tarde; el turno de la noche ya
estaba cubierto, así que se quedó con el matutino. A diferencia de sus días
pasados, cuando trabajaba sin descanso ni horario, esta rutina le permitía
disfrutar de sus tardes y adaptarse con rapidez.
Su vida se volvió una repetición tranquila:
despertar temprano, desayunar, trabajar, pasar por el hospital para cuidar de
Seung-yu y cenar con el señor Kang Jong-mun, el cuidador. Al volver a casa, se
bañaba y dormía para empezar de nuevo. Aunque a veces el trabajo era agotador
cuando llegaban grupos grandes, el tiempo se le pasaba volando entre servir
mesas, limpiar parrillas y recoger platos.
Estar ocupado le devolvió las ganas de vivir.
Sin deudas, sin soledad extrema y con una estabilidad emocional que nunca había
experimentado, Seung-hyung empezó a sonreír más a menudo. Estaba, en
apariencia, muy bien.
Sin embargo, el recuerdo de Nam Do-geon lo
asaltaba en los momentos más inesperados. Incluso cuando reía con sus
compañeros de trabajo, el rostro sombrío de la última vez que vio al suin
aparecía en su mente, haciéndolo sentir culpable por su propia felicidad.
¿Está bien que viva así? ¿Estará él bien? Él
se alejó con frialdad para protegerme, ¿y yo soy el único que está disfrutando
de la vida?, se preguntaba, y su
ánimo se hundía hasta el fondo.
Cuando estaba mal, pensaba en Do-geon; ahora
que estaba bien, también pensaba en él. Empezaba a creer que lo suyo era una
enfermedad y trataba de borrarlo de su cabeza, pero la curiosidad por saber
cómo estaba siempre regresaba. A veces deseaba que el chico lo hubiera olvidado
ya, para poder liberarse de esa persistente culpa y nostalgia.
"¿Ya terminaste de trabajar?".
Seung-hyung salía del local intentando
sacudirse esos pensamientos cuando se topó con un hombre frente a la puerta.
Era Yoo Mun-ju, el hijo del dueño, un estudiante universitario de veintitrés
años. Tras cruzarse varias veces cuando él venía a ver a sus padres, Mun-ju
había empezado a hablarle con frecuencia, sintiéndose más cercano al saber que
tenían la misma edad.
"Ah, sí... Bueno, hasta luego".
Seung-hyung hizo una reverencia e intentó
pasar de largo, pero Mun-ju lo sujetó del brazo. Sorprendido por la fuerza del
agarre, Seung-hyung lo miró, y el joven soltó el brazo de inmediato,
visiblemente apenado.
"Lo siento".
"No se preocupe. ¿Quería decirme
algo?".
"Ah, esto...".
Mun-ju vaciló. Seung-hyung esperó pensando que
se trataría de algún favor difícil, hasta que el joven finalmente habló.
"¿Quieres ir a comer conmigo?".
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La pregunta, hecha tras tanto titubeo, sonó
cargada de intención. Aunque en Corea invitar a comer puede ser un simple
saludo, la rigidez de Mun-ju y lo repentino de la propuesta recordaban a una
invitación a una cita. Seung-hyung se sintió incómodo; antes de conocer a
Do-geon, jamás habría pensado que un hombre pudiera verlo como un interés
romántico, pero ahora no podía evitar interpretarlo así.
"Lo siento, tengo un compromiso".
Seung-hyung declinó con una sonrisa educada,
fingiendo no notar sus intenciones. El rostro de Mun-ju se puso rojo como un
tomate. Avergonzado, se disculpó y entró apresuradamente al restaurante tras
desearle un buen viaje.
¿Será que tengo un rostro que atrae a los
hombres?, se preguntó
Seung-hyung con extrañeza. Recordó que sus amigos y superiores masculinos
siempre habían sido muy amables con él, pero siempre lo había atribuido a la
amistad. Ahora, cada momento del pasado le resultaba sospechoso. Aunque, por
supuesto, aquello no cambiaba nada en su situación actual.
Al final, Do-geon se había sentido atraído por
él debido a su naturaleza de suin y al "olor a hembra" que
desprendía.
Soltó un suspiro al darse cuenta de que volvía
a pensar en el chico. Se preguntó si Do-geon ya habría buscado a otro
compañero, después de lo mucho que él mismo le había advertido que tuviera
cuidado con otras personas.
Cada palabra y gesto de Do-geon en el pasado
habían sido genuinos. Darse cuenta de que ahora todo eso se había convertido en
nada, como si fuera una mentira, le dejaba un sabor amargo.
Ese día, sintiéndose particularmente decaído,
caminó hacia su casa, pero terminó desviándose hacia el mercado. Sin un rumbo
fijo, recorrió los puestos recordando los momentos que pasó allí con Do-geon,
comprando cosas por pura nostalgia antes de regresar finalmente a su edificio.
"¡Seung-hyung!".
Una voz familiar lo hizo saltar de sorpresa.
Por un momento pensó que era una alucinación, pero realmente era Yoon Shin-woo.
Seung-hyung se quedó paralizado hasta que el otro se acercó.
"Shin-woo, ¿qué hace aquí?".
"Tenía un tiempo libre y, estando fuera,
me acordé de usted y decidí venir. Me preocupaba no encontrarlo, pero qué
suerte que nos cruzamos".
Shin-woo no había cambiado nada, y Seung-hyung
se alegró sinceramente de verlo.
"¿Cómo está?".
"Bien, ya sabe. Pero parece que usted ha
perdido peso, Seung-hyung".
"¿Yo? Ah, es que en la mansión comía muy
bien y me movía poco, así que había subido un poco".
A diferencia de la mansión, ahora tenía que
cocinarse o comprar su comida, y a veces se saltaba comidas, volviendo a su
peso habitual. Sin embargo, Shin-woo lo miraba con lástima.
"Estoy bien, de verdad".
"El joven amo Do-geon también ha
adelgazado mucho... Ver que usted está igual me duele el corazón".
"¿Do-geon también?".
Seung-hyung había ido al hospital casi a
diario esperando encontrarlo, pero el cuidador le dijo que el suin no había
vuelto desde aquel día. Aunque deseaba que estuviera bien, saber que había
desmejorado le preocupó profundamente.
"El joven amo empezó a sentirse mal hace
unos tres días y no sale de su habitación".
"¿Qué tiene?".
"No lo sabemos. Se desmayó de repente y
lo llevamos al hospital, pero las pruebas no muestran nada claro. El médico
dice que podría ser algo psicológico. Sus padres están muy preocupados".
"¿De verdad? Pero si está mal, ¿por qué
no está en el hospital? Debería hacerse más estudios en un lugar más
grande".
"Él se negó. En realidad, desde que usted
se fue de la mansión, solo salió una vez y desde entonces se la pasa en el
jardín. Casi no come, no habla con nadie... El médico que vino a la mansión
dijo que, sobre todo, debe cuidar su nivel de estrés".
Seung-hyung se sintió fatal. Habría preferido
escuchar que Do-geon estaba siendo feliz.
"¿Él... pregunta por mí?".
"No lo dice directamente, pero... es
evidente que lo extraña".
"¿Usted cree?".
"Sí. Se pasaba el día en el jardín y,
cuando entraba, se quedaba en la habitación que era de usted. Pero como su olor
se fue desvaneciendo, volvió a su propia habitación. Pensé que el tiempo lo
curaría, pero solo ha empeorado, por eso vine a buscarlo".
"¿Y por qué me busca a mí...?".
"Esto... ¿podría darme alguna prenda de
ropa que usted haya usado?".
"Dársela no es problema, pero ¿será bueno
eso para Do-geon?".
Seung-hyung quería verlo en ese mismo
instante, pero el temor a empeorar las cosas lo hacía dudar. Shin-woo suspiró.
"Yo también lo pensé mucho, por eso vine
a escondidas. El joven amo no tiene fuerzas y enferma sin razón aparente; me da
miedo que termine con algo grave. Pensé que cualquier método es mejor que no
hacer nada".
Shin-woo lo miraba con ojos suplicantes. Tras
mucho dudar, Seung-hyung entró a su casa y regresó con una camiseta que usaba
para dormir, bien envuelta en una bolsa. Al entregársela, también le dio su
número de teléfono. Le pidió que se lo diera a Do-geon en caso de que quisiera
hablar con él. Shin-woo le agradeció profundamente con una reverencia antes de
marcharse.
* * *
Pasaron varios días desde la visita de Yoon
Shin-woo. Ni él ni Nam Do-geon se habían puesto en contacto todavía.
Seung-hyung vivía pegado al teléfono, torturado por las dudas: ¿acaso Do-geon
se negaba a hablar con él hasta el final? ¿O su estado de salud había
empeorado? Sin nada más que pudiera hacer, se limitaba a esperar una señal,
cualquier notificación que rompiera aquel silencio sepulcral.
"Coma un poco de pastel antes de
irse".
Justo cuando Seung-hyung se quitaba el
delantal, desanimado por otro día sin noticias, el dueño del restaurante lo
llamó. Por la mañana el trabajo era frenético, pero pasada la hora del
almuerzo, el ambiente se volvía apacible. Al ver al jefe acomodar platos y
cubiertos sobre una mesa, las empleadas más veteranas se acercaron de
inmediato. Aunque no tenía mucho apetito, Seung-hyung se unió al grupo para no
desentonar.
"Jefe, ¿a qué se debe el pastel?".
"Ah, ayer fue el cumpleaños de mi
hijo", respondió el dueño con una sonrisa de orgullo. "Compré uno
para celebrar, pero como el muchacho es tan popular, ya le habían regalado
otros. Así que decidí traer este para que lo compartamos aquí".
Las empleadas rieron, comentando lo apuesto
que era el hijo del jefe. Seung-hyung asintió en silencio mientras recibía un
plato con una generosa porción de pastel de crema y frutas.
"Gracias a esto como pastel después de
tanto tiempo", comentó una de las mujeres. "En mi casa a nadie le
gusta, así que si compramos uno, termina pudriéndose en la nevera".
"¡En la mía igual! Mi marido dice que la
crema le revuelve el estómago, así que ni lo olemos".
Seung-hyung escuchaba la charla trivial
mientras saboreaba la suavidad dulce del pastel. En medio de ese ambiente
cálido y familiar, la campana de la entrada sonó. La conversación se detuvo de
forma natural al ver entrar a Yoo Mun-ju. Desde que Seung-hyung rechazó su invitación
a comer, el joven no se había pasado por el local. Sintiéndose extrañamente
culpable, Seung-hyung lo saludó rápidamente entre el bullicio de las demás y
terminó su porción de un bocado. Miró el reloj: era su hora de salida.
"¿Dijiste que ayer fue tu cumpleaños?
¡Felicidades!".
"Ah, gracias. Veo que están comiendo
pastel".
Seung-hyung se escabulló hacia la cocina con
su plato vacío. Limpió los restos de crema, dejó el plato en el fregadero y se
quitó el delantal.
"Jefe, ¿puedo retirarme ya?".
"¿Eh? ¿Ya terminaste? Come un poco
más", le dijo el dueño, distrayéndose de su charla con Mun-ju. El hombre
siempre había sido especialmente amable con Seung-hyung, diciendo que, al tener
la misma edad que su hijo, le recordaba a él.
"Estoy bien, gracias. Estaba muy
rico".
Seung-hyung hizo una reverencia.
"Me dijiste que dejaste la universidad,
¿verdad? Mun-ju tiene tu misma edad, seguro que tienen mucho en común. Deberían
ser amigos".
La propuesta del dueño fue inesperada y puso a
Seung-hyung bajo el foco de atención de todos. Las empleadas apoyaron la idea
de inmediato, diciendo que sería estupendo que dos jóvenes tan apuestos se
llevaran bien.
"Por mí está bien", intervino
Mun-ju, sacando a Seung-hyung de su incómodo silencio. "Me gustaría ser su
amigo, pero parece que aún somos un poco distantes".
"¡Qué distantes ni qué nada! Son hombres,
no sean tímidos", insistió el jefe. "Seung-hyung, hazte amigo de mi
hijo. Es un buen chico, muy atento. Salgan a beber, vayan por ahí...".
"Ah, sí... es que soy un poco introvertido...".
"La timidez se cura conviviendo. ¡Venga,
intercambien números!".
El entusiasmo del jefe dejó a Seung-hyung sin
escapatoria. Mun-ju se acercó con su teléfono ya desbloqueado.
"Cambiemos números".
Dudando ante la mirada expectante de todos,
Seung-hyung tomó el móvil con una sonrisa forzada y marcó su número. Mun-ju le
devolvió la llamada al instante para que el contacto quedara registrado.
"Soy Yoo Mun-ju".
"Sí, yo soy... Ahn Seung-hyung".
Aunque ya conocía de sobra su nombre por las
constantes alabanzas de su padre, Mun-ju apenas terminaba de registrar el suyo.
Tras despedirse de todos, Seung-hyung salió del local, pero Mun-ju lo siguió de
inmediato.
"¿No llevas mochila ni nada?".
Al sentir la presencia a sus espaldas,
Seung-hyung soltó un suspiro contenido y se dio la vuelta.
"Vivo cerca, así que solo cargo con el
móvil y la tarjeta".
Notó que Mun-ju lo observaba con excesiva
curiosidad. Consciente de que el jefe los miraba a través del cristal del restaurante,
Seung-hyung decidió enfrentar la situación.
"¿Quieres caminar un poco?".
Los ojos de Mun-ju se agrandaron, sorprendido
por la iniciativa. Seung-hyung empezó a caminar y el joven lo siguió de cerca.
"Esto va a sonar grosero, pero... ¿te
gustan los hombres?".
Seung-hyung preguntó directamente, dispuesto a
disculparse si el otro se ofendía. Para su sorpresa, Mun-ju soltó una
carcajada. No hubo indignación ni negación, lo cual desconcertó a Seung-hyung.
"¿No es eso?".
"¿Por eso me rechazaste de forma tan
tajante el otro día?".
"Bueno, sí".
"A ver, para ser sincero, soy
bisexual", confesó Mun-ju. "Me atraen ambos. Pero hasta ahora solo he
salido con chicas. Hace poco que descubrí que también puedo sentir algo por un
hombre, así que me sale un poco torpe lo de coquetear".
"Ah... ya veo".
Seung-hyung se quedó sin palabras. Aquello
explicaba la actitud agobiante y repentina del chico.
"Si te soy honesto, no es que quiera
forzar nada ahora mismo. Simplemente eres guapo y tenemos la misma edad, así
que quería que fuéramos cercanos. No tengo malas intenciones, ¿ni siquiera
podemos ser amigos?".
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Mun-ju sonreía con amargura, pero sus ojos
buscaban ansiosamente la aprobación de Seung-hyung. Este no sabía si confiar del
todo en sus palabras; después de todo, no lo conocía. Sin embargo, no quería
arruinar el buen ambiente de trabajo ni ofender al hijo de su jefe.
"¿De verdad no tienes malas
intenciones?".
"Por ahora son puras", bromeó
Mun-ju. "Quiero hablar contigo, conocernos, comer algo, beber... ir al
cine si te parece bien".
"¿Dices 'por ahora' porque si nos hacemos
cercanos esas intenciones podrían volverse malas?".
"¿No podrías llamarlo 'instinto' o
'deseo' en lugar de 'malas intenciones'? Por mucho que me gustara alguien,
jamás usaría la fuerza".
Mun-ju era más alto y robusto que Seung-hyung.
Al verlo hablar con tanta franqueza sobre su fuerza física, no le pareció una
mala persona. Si hubiera querido fingir, no habría sido tan honesto sobre su
orientación o sus impulsos.
"Me alegra oír eso... Si intentas algo
raro, no me voy a quedar de brazos cruzados".
Ante la advertencia, Mun-ju volvió a reír con
ganas.
"Hablo en serio. ¿Quieres que echemos un
pulso para ver quién es más fuerte? Parezco flojo, pero tengo fuerza".
"Hah, de verdad... Eres divertido. Está
bien, lo tendré en cuenta".
Yoo Mun-ju, que respondía con una sonrisa,
parecía haber encontrado bastante gracia en las palabras de Seung-hyung. Aunque
este no pretendía ser gracioso, no le pareció mal la forma tan dócil en que el
otro reaccionaba, así que terminó sonriendo también.
"¿Ya te vas a casa?".
"Ah, sí. Voy por este camino".
"Dijiste que vivías cerca, ¿verdad?
¿Puedo acompañarte?".
"¿Por qué? ¿Para averiguar dónde
vivo?".
"Eh... no había pensado tan lejos. Es
solo que, como el ambiente era agradable, me daba pena despedirnos así".
Ante la pregunta teñida de broma, Mun-ju respondió
con una turbación evidente en el rostro. Aquello de que le daba "pena
despedirse" sonó más sincero de lo que Seung-hyung esperaba, por lo que
sintió la necesidad de trazar una línea clara.
"Honestamente, Mun-ju, solo puedo ser tu
amigo. Entre hombres de la misma edad, ser cercanos está bien... pero nada más
allá de eso".
Era la primera vez que rechazaba a alguien de
forma tan directa. De hecho, fue algo que no pudo hacer ni con Nam Do-geon,
pero con Yoo Mun-ju sentía que era imperativo. No quería andar pendiente de sus
sentimientos y dejar que crecieran, para terminar metido en un problema más
adelante.
"¿Tienes pareja? ¿O es porque soy un
hombre? ...Ah, debí preguntar eso primero. Lo siento, las ganas me ganaron y no
pensé en el orden de las cosas".
"No es eso. Mun-ju, eres guapo, pareces
tener buen carácter y todo está bien, pero simplemente...".
Seung-hyung se detuvo. Al intentar explicar
para no herir los sentimientos de Mun-ju, el rostro de Do-geon apareció en su
mente. Aunque nunca habían formalizado la palabra "novios", habían
hecho todo lo que una pareja haría. Además, sabía que Do-geon lo amaba. Decir
que no tenía a nadie se sentía, de alguna manera, como si estuviera borrando la
existencia de Do-geon de su vida, y las palabras se le atascaron en la
garganta. No es que estuvieran saliendo, y ahora menos que nunca tenían una
relación, pero aun así, se sentía atribulado.
"¿Simplemente, qué?".
"Simplemente no estoy en situación de
salir con nadie. Así que, por favor, seamos solo amigos".
Mun-ju abrió los labios como si quisiera
rebatir, pero terminó apretándolos con fuerza. Miró a Seung-hyung con unos ojos
que destilaban anhelo. Incapaz de sostenerle la mirada por la culpa,
Seung-hyung se despidió apresuradamente y se dio la vuelta.
"Lo siento, no es un problema tuyo, sino
mío. Me voy".
Aceleró el paso, temiendo que Mun-ju intentara
detenerlo.
Afortunadamente, Mun-ju no lo siguió y
Seung-hyung llegó a salvo a su hogar. Solo cuando cerró la puerta de entrada
pudo soltar un suspiro de alivio.
Bzzzt.
En ese momento, el teléfono que llevaba en la
mano vibró. Al revisarlo con sorpresa, vio un mensaje de Yoon Shin-woo.
[¿Por casualidad se encontró con el joven
amo?] — Yoon Shin-woo
"¿De qué habla?".
Tras soltar la pregunta al aire, Seung-hyung
respondió de inmediato.
[No, ¿pasó algo?]
La respuesta llegó casi al instante.
[Me dijeron que el joven amo Do-geon salió de
repente. No tiene muchos lugares a los que ir, así que pensé que tal vez había
ido a verlo a usted.] — Yoon Shin-woo
Sobresaltado por aquellas palabras
inesperadas, Seung-hyung corrió hacia la ventana. Descorrió de golpe la cortina
que estaba a medio cerrar y miró hacia la calle. En ese preciso instante,
divisó a alguien agachándose para esconderse detrás de un coche. Fue un
avistamiento fugaz, pero la imagen se le quedó grabada.
¿Sería Do-geon?
Ante el presentimiento de que podía ser él, su
cuerpo se movió por instinto. Abrió la puerta y salió corriendo del edificio.
Sin embargo, en ese breve lapso de tiempo, el "alguien" que se
ocultaba tras el vehículo había desaparecido sin dejar rastro. Miró a izquierda
y derecha, pero al no ver ni una sombra, empezó a preguntarse si habría sido
una alucinación.
Pensó que con el tiempo podría olvidar. Pero,
lejos de eso, ¿por qué cada vez estaba más pendiente? Seung-hyung sintió que él
era tanto o más problema que el propio Do-geon. Salir disparado de esa forma
cuando ni siquiera sabía qué le diría si lo encontraba...
Regresó a casa desanimado, y entonces llegó
otro mensaje de Shin-woo.
[El joven amo dice que no volverá a verlo,
pero duerme abrazado a la ropa que usted me dio. Se me parte el corazón al
verlo así, ¿no habrá alguna forma de arreglarlo?] — Yoon Shin-woo
Si me lo pregunta a mí, ¿qué se supone que
haga?, pensó Seung-hyung.
Él tampoco tenía la solución. En términos estrictos, la familia de Do-geon se
oponía a que estuviera con un humano, y él mismo había comprendido que había
límites claros para relacionarse con un suin como Do-geon sin fricciones.
En esa situación, debía considerar si era
correcto dejarse llevar por las emociones y deshacer el hecho de que cada uno
hubiera regresado a su propia vida. Esa era la parte racional, pero al ver su
propia reacción de salir corriendo ante la sola sospecha de su presencia, o al
pensar en un Do-geon que lo extrañaba tanto, sentía que tarde o temprano
terminarían encontrándose de nuevo.
[Si Do-geon regresa a casa, pregúntele si vino
a verme.]
En lugar de otra respuesta, envió su duda.
Poco después, Shin-woo contestó.
[¿¡El joven amo Do-geon fue a su casa!?] —
Yoon Shin-woo
[No vi su cara, pero creo que estuvo por
aquí.]
[¡Entendido!] — Yoon Shin-woo
Fue una respuesta corta, pero Seung-hyung pudo
imaginar la alegría de Shin-woo. Él era el único que los apoyaba. Seung-hyung
sintió pena por él, imaginándolo velando por Do-geon con el corazón en un puño.
Tragándose un suspiro ante aquella situación
tan ambigua y asfixiante, Seung-hyung se quedó mirando el teléfono en silencio.
* * *
Yoon Shin-woo le informó a Seung-hyung que Nam
Do-geon no había estado frente a su casa aquel día. Al escuchar eso, él pensó
que se había equivocado, pero ahora estaba convencido de que Do-geon había
mentido. No sabía si Shin-woo le había proporcionado su dirección o si el suin
había recordado por su cuenta el camino tras aquella única visita previa, pero
lo cierto era que lo vigilaba en secreto. Aunque, siendo más precisos, parecía
estar más pendiente de Yoo Mun-ju que de él mismo.
Aprovechando quizá su agudeza visual de
leopardo de las nieves, lo observaba oculto desde la distancia. Al principio
era difícil notarlo por lo lejos que se encontraba, pero en cuanto Mun-ju
aparecía, Do-geon se acercaba en un abrir y cerrar de ojos; asomaba apenas
medio rostro desde detrás del cristal de un edificio o de un coche estacionado
para mirarlo de reojo. Verlo acechar de esa forma tan furtiva le resultaba casi
absurdo a Seung-hyung.
¿Tanto le preocupa? Por culpa de Do-geon, él también se volvió
más consciente de todo. Aunque le había dejado claro a Mun-ju que solo podían
ser amigos, este seguía acercándose con una amabilidad activa que rozaba el
cortejo. Y aunque intentaba marcar distancias, cada vez que descubría a Do-geon
escondido como un fantasma, Seung-hyung no podía evitar suavizar su rechazo
hacia Mun-ju. Era ridículo, pero en el fondo temía que, si alejaba a Mun-ju por
completo, Do-geon dejaría de aparecer.
"¿Quieres ir a beber conmigo hoy?".
Llevaban casi dos semanas en este extraño
triángulo: Do-geon vigilándolo en las sombras y Seung-hyung, consciente de su
presencia, fingiendo ignorarlo. Ante la pregunta de Mun-ju, él se dio cuenta de
que, por usarlo para atraer la atención de Do-geon, se había vuelto más cercano
al chico de lo planeado.
Hablaban a diario y Seung-hyung respondía a
sus atenciones; poco a poco, sus gestos naturales de tocarle el hombro o la
espalda habían dejado de molestarle. Gran parte de esa aceptación venía de
estar demasiado distraído buscando a Do-geon con la mirada como para
concentrarse realmente en Mun-ju.
"¿Beber?".
"Sí, dijiste que te parecía bien la
semana pasada".
"¿Yo... yo dije eso?".
"Sí".
Al hablar con tanta frecuencia, ya se tuteaban
y se trataban con total confianza. Seung-hyung no recordaba haber aceptado
ninguna invitación a beber, pero como últimamente siempre tenía la cabeza en
otra parte, no se atrevió a negarlo.
"¿No puedes?".
"Bueno... si es solo un poco, hasta el
punto de no emborracharme, puedo pensarlo".
"Hah, te dije que no voy a hacer nada
malo", murmuró Mun-ju con una risita.
"Solo lo decía por decir. Si pensara que
eres un mal tipo, te habría rechazado de plano".
Al ver su rostro algo dolido, Seung-hyung
intentó excusarse, pero Mun-ju lo tomó del brazo y tiró de él. Parecía ser un
hábito suyo el sujetarle la muñeca; cada vez que quería que Seung-hyung se
concentrara en él, tiraba para obligarlo a mirarlo a la cara. Al principio
Seung-hyung lo apartaba sutilmente, pero después de tantas veces, terminó
cediendo.
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"Bebamos solo una botella, compartida
entre los dos. ¿Trato?".
"Está bien".
Mun-ju hablaba como si intentara
tranquilizarlo, a pesar de que ya le había dicho que no pasaría de la amistad.
Seung-hyung pensó que debería ser más firme al notar que Mun-ju ignoraba sus
límites, pero por otro lado, el chico tampoco hacía nada excesivamente grave.
Eso lo hacía sentir culpable, pues se dio cuenta de que estaba utilizando a
Mun-ju para provocar a Do-geon.
"Terminamos pronto, así que vamos.
Tomaremos algo mientras cenamos", dijo Mun-ju tras consultar la hora.
"¿Dónde vamos a comer?".
"¿Qué se te antoja? Comeremos lo que tú
quieras".
En realidad, Seung-hyung no tenía hambre.
Además, sentía que Do-geon lo seguía hasta que entraba en casa, así que pensó
que sería mejor no alejarse demasiado. Sabía que Do-geon tenía a sus propios
hombres vigilándolo y no pasaría nada grave, pero no podía evitar estar
pendiente.
"Hay un pequeño pub cerca del camino a mi
casa. ¿Qué tal allí?".
"¿Un pub? ¿Está bien para cenar?".
"Bueno, me gusta el pollo frito. ¿A ti
no?".
"No, a mí también me gusta".
Gracias a la consideración de Mun-ju, fijaron
la cita en el lugar más cercano a la casa de Seung-hyung. Tras una última
oleada de clientes que los obligó a moverse con prisa para preparar las mesas,
finalmente llegó la hora de salir. Ese día, a pesar de haber pasado la hora del
almuerzo, los clientes no habían dejado de llegar de forma intermitente, por lo
que Seung-hyung trabajó sin descanso.
"Ustedes dos se han vuelto
inseparables".
Mientras Seung-hyung limpiaba la última mesa
antes de irse, el dueño del restaurante habló en voz alta. Él levantó la vista
sorprendido y vio a Mun-ju mirándolo con nerviosismo. El dueño rio al ver la
reacción de su hijo.
"Seung-hyung, este chico me ha estado
insistiendo para que te deje salir temprano porque tiene que ir a jugar
contigo".
"¿Perdón?".
Seung-hyung frunció el ceño. El trabajo era el
trabajo, y él siempre se esforzaba por terminar todo antes de marcharse. Que
Mun-ju presionara a su padre de esa forma lo ponía en una situación
comprometida. Miró a Mun-ju con severidad y el chico sonrió con torpeza.
"Es que Seung-hyung trabaja demasiado.
Por un día, no pasa nada si sale unos minutos antes".
"Vaya, ¿tan amigos son ya? Por nosotras
no hay problema. Si el jefe da permiso, puedes irte ya mismo", dijo una de
las empleadas mientras organizaba las salsas.
Aunque ya casi había terminado de limpiar,
Seung-hyung fingió no oír nada y se quedó hasta completar su horario.
Finalmente, se quitó el delantal, se despidió del dueño y salió del local con
Mun-ju.
"¿Estás enojado?".
Mun-ju lo miró de reojo al notar que
Seung-hyung no decía nada.
"No estoy enojado, pero hay que separar
el trabajo de lo personal. Las señoras son amables y por eso te dicen que te
vayas, pero en otro lugar eso sería motivo de queja".
"Entiendo, no lo pensé bien. Lo
siento", dijo Mun-ju acercándose y poniéndole una mano en el hombro.
"Está bien, mientras lo entiendas".
Seung-hyung intentó apartar la mano de Mun-ju
de su hombro sutilmente, pero el chico aplicó más fuerza y volvió a sujetarlo.
Seung-hyung no pudo resistirse; la diferencia de fuerza era evidente.
"¿Por qué sigues sujetándome el
hombro?".
"¿No puedo?".
"No".
"Hah, ¿por qué?".
"Se desgasta".
"Eres realmente gracioso".
Mun-ju finalmente lo soltó. Normalmente,
Seung-hyung no le daría importancia a que le tocaran el hombro o el brazo, pero
saber que Do-geon lo estaba mirando lo ponía tenso. Do-geon era muy ágil y se
escondía en cuanto Seung-hyung intentaba acercarse, así que él solo podía
dejarse ver desde lejos. Sospechaba que Do-geon lo seguía por celos,
inseguridad o curiosidad al verlo con Mun-ju, pero no sabía cuánto tiempo más
podría seguir con esta farsa.
Mientras caminaban, Seung-hyung no dejaba de
mirar a su alrededor.
"¿Te sigue alguien?".
"¿Eh? No, ¿por qué?".
Como aún no había localizado a Do-geon,
Seung-hyung había estado oteando el entorno, pero la pregunta de Mun-ju lo
obligó a mirar al frente de inmediato.
"Es que desde hace un rato no dejas de
mirar hacia atrás, como si buscaras a alguien".
"Ah, no es nada. Solo miraba".
Mun-ju lo observó en silencio, con una mirada
inquisitiva que resultó incómoda. Seung-hyung apresuró el paso para llegar
rápido al pub.
Entraron en el local. Como aún era temprano
para las cenas, solo había una mesa ocupada, así que se sentaron junto a la
ventana. Pidieron pollo frito, patatas, cerveza y soju.
"Oye, aquí dicen que pueden saltear arroz
con la carne del pollo asado y hacerlo picante", dijo Mun-ju apoyando la
barbilla en una mano mientras leía el menú.
Seung-hyung, que había estado mirando de reojo
por la ventana tras hacer el pedido, asintió distraído.
"Ah, ¿sí?".
"Mmm".
Mun-ju lo observó fijamente. Al notar que su
respuesta no había sido muy entusiasta, Seung-hyung le sostuvo la mirada justo
cuando el camarero traía los cubiertos y las salsas.
"¿Por qué me miras así?".
El ambiente se volvió notablemente más
silencioso tras la partida del camarero. Aunque el pub tenía música suave de
fondo, la quietud en nuestra mesa era tan densa que Seung-hyung no pudo evitar
mirar a Yoo Mun-ju con cautela.
"Cuando estoy contigo, solo tengo ojos
para ti, pero parece que para ti no es igual".
"¿Te pones así solo porque miré hacia
otro lado un momento?".
"No es eso. Es que... es como si tu mente
estuviera siempre en otra parte, ¿sabes?".
Mun-ju habló cruzado de brazos y apoyado en el
respaldo de la silla. Como era la pura verdad, Seung-hyung no pudo negarlo. El
silencio se volvió incómodo hasta que, afortunadamente, llegó el pollo y la
cerveza, aliviando un poco la tensión.
Mientras comían el pollo crujiente,
Seung-hyung bebió la cerveza mezclada con un poco de soju que Mun-ju le sirvió.
No es que fuera malo bebiendo, pero como hacía tiempo que no lo hacía, sintió
que el alcohol le subía a la cabeza con solo un vaso. Con una sensación de ligera
embriaguez, miró su vaso vacío.
"Ah, mejor dejo de beber".
"¿Por qué? Solo ha sido un vaso. Todavía
queda mucho".
Mun-ju señaló la jarra de 1.5 litros.
Seung-hyung pensó que pedir tanto para los dos había sido un error; su
resistencia había disminuido drásticamente.
"Creo que me voy a emborrachar".
"¿Con esto? Vaya, sí que eres débil con
el alcohol".
"Antes no era así. Supongo que por no
beber me he vuelto flojo".
"Qué lástima, esperaba que fueras mi
compañero de copas".
Al escucharlo, Seung-hyung se sintió un poco
comprometido y le tendió el vaso.
"Dame solo cerveza, sin mezclar con soju.
Beberé despacio para seguirte el ritmo".
"Está bien, gracias".
Mun-ju sonrió finalmente mientras le servía.
"Dime la verdad", dijo Mun-ju
juguetoneando con su propio vaso.
"¿Sobre qué?".
"Tienes a alguien que te gusta,
¿verdad?".
"¿Qué te hace pensar eso?".
"No lo sé, ¿intuición? Siento que no me
pones límites solo porque sea un hombre o porque te desagrade. Si fuera eso, te
verías molesto o asqueado, pero no es el caso".
Mun-ju hablaba con un tono muy serio. Parecía
haber llegado a esa conclusión tras observar a Seung-hyung cuidadosamente
durante esas dos semanas. Y no se equivocaba. Seung-hyung había marcado
distancias por Nam Do-geon, no porque Mun-ju le cayera mal.
De hecho, antes de conocer al suin, la idea de
que un hombre lo cortejara le habría resultado extraña. Nunca había visto a un
hombre como una posible pareja. Pero tras haber tenido relaciones con Do-geon y
haber compartido sentimientos con él, Seung-hyung había descubierto que su
corazón podía latir por un hombre.
"No sé si es que me gusta, pero... hay
alguien que me tiene muy preocupado".
Seung-hyung decidió ser sincero, sintiendo que
ya no podía ocultárselo a alguien con quien se había encariñado un poco. Mun-ju
lo escuchó en silencio mientras Seung-hyung bajaba la mirada, sintiéndose
culpable.
"De hecho... sin darme cuenta, te he
estado utilizando un poco".
"¿Utilizándome?".
"Sí. Hay alguien que me quiere y que a
veces viene a buscarme en silencio. Sé que me extraña y quiero hablar con él,
pero siempre me evita. Sin embargo, desde que me ve contigo, parece estar más
pendiente...".
"Hah, entonces no es que me estuvieras
dando una oportunidad, sino que querías atraer su atención".
"Sí".
"Con razón. Me tenías confundido, ahora
todo tiene sentido".
Seung-hyung no lo rechazaba del todo, pero
cuando Mun-ju intentaba tocarlo, él lo apartaba. Aquello lo había
desconcertado, pero como realmente lo había usado sin querer, aprovechó la
seriedad del momento para confesarlo todo.
Mun-ju sonrió con amargura mientras acariciaba
el borde de su copa.
"Lo siento".
"Eso es un poco ruin de tu parte".
"¿Estás enojado?".
"Más bien... ah, olvídalo. Es un poco
vergonzoso".
Mun-ju soltó un suspiro, cubriéndose la boca
con una mano. Verlo tan desanimado hizo que Seung-hyung se sintiera aún peor.
"Puede que tú ya no quieras, pero... me
gustaría que fuéramos amigos. Eres un buen chico".
"¿Y bien?".
"¿Eh?".
"¿Qué piensas hacer con ese tipo que
tiene toda tu atención?".
"¿Cómo sabes que es un 'tipo'?".
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"Si fuera una chica, habrías dicho
'ella'. Además, viendo que no me rechazas por ser hombre, supuse que también te
atraen".
"Ah...".
"Entonces, ¿qué vas a hacer?".
"¿Qué se supone que haga?".
Mun-ju, impaciente, se bebió el resto de su
cerveza de un trago, golpeó la mesa con el vaso y preguntó:
"Por lo que veo, ambos se gustan. Pero
por alguna razón, no pueden mirarse a la cara, ¿no?".
Seung-hyung apretó los labios, sin saber qué
decir. Mun-ju soltó una risita incrédula.
"¿Quieres que te ayude?".
"¿Cómo?".
"Dices que ese tipo está pendiente de mí.
Pues hagamos que no tenga más remedio que aparecer ahora mismo".
"¿Qué... qué piensas hacer? No, no hace
falta llegar a tanto".
"Es que me desesperas. Ya que me usaste,
déjame ayudarte de verdad... Además, si lo de ustedes no funciona, ¿no tendré
yo una oportunidad? Para eso, tienen que verse y aclarar las cosas, sea como
sea".
No era un asunto tan sencillo, pero Mun-ju
parecía decidido.
"Si yo hago el papel de villano, ese tipo
aparecerá. Si de verdad le importas, lo hará".
"¿Papel de villano? ¿En qué estás
pensando?".
Seung-hyung sintió un escalofrío. No parecía
una buena idea. Mun-ju no respondió y, de repente, se levantó para pagar la
cuenta.
"¡Oye, esta vez me tocaba a mí!
¡Mun-ju!".
En cuanto el empleado le devolvió la tarjeta,
Mun-ju tomó a Seung-hyung del brazo y lo arrastró fuera del pub. Miró a ambos
lados y empezó a caminar con paso firme hacia la dirección de la casa de
Seung-hyung.
"Mun-ju, oye. Esto no está bien. ¿Qué
haces?".
Parecía que Mun-ju planeaba fingir una
situación forzada para provocar a Do-geon. Seung-hyung no quería llegar a esos
extremos.
"Mun-ju, espera, oye...".
"No digas nada y sígueme".
Mun-ju tiraba de él con una fuerza abrumadora.
Por mucho que Seung-hyung intentaba resistirse, la fuerza del otro lo obligó a
llegar hasta la entrada de su edificio.
"¿Qué vas a hacer? ¿Vas a subir a mi
casa?".
Mun-ju se detuvo y lo miró con determinación.
"Ya que estamos aquí, ¿por qué no?".
"¡Eh, ugh! ¡Mun-ju!".
Mun-ju soltó una risita incrédula y, de un
tirón, cargó a Seung-hyung sobre su hombro antes de entrar al edificio.
Seung-hyung, paralizado por la sorpresa, no tuvo tiempo de reaccionar hasta
que, al cruzar el umbral de la entrada comunitaria, sintió cómo unas manos
poderosas lo arrebataban del agarre de Mun-ju.
Su cuerpo no era precisamente liviano, pero
fue arrastrado con una facilidad pasmosa por aquella fuerza abrumadora. Al
levantar la vista, Seung-hyung se encontró con Nam Do-geon, quien respiraba de
forma errática mientras lo estrechaba contra su pecho. Sus brazos rodeaban su
cintura, apretándolo con una desesperación que casi le impedía respirar.
Mun-ju, que casi pierde el equilibrio y termina chocando contra la barandilla
de la escalera, lo fulminó con la mirada.
"¿Ah, eres tú?"
Mun-ju soltó una risa seca y burlona al
preguntar.
"Tú, ¿qué clase de imbécil eres?"
Nam Do-geon soltó un gruñido profundo, casi
animal, mientras preguntaba. Al mismo tiempo, la fuerza en sus brazos aumentó
de manera excesiva, apretando la cintura de Seung-hyung. Sintiendo que sus costillas
crujirían bajo aquella presión, Seung-hyung soltó un jadeo y se aferró con
fuerza a la solapa de la chaqueta de Do-geon.
"Do, Do-geon".
"¿Por qué te llevas a mi hyung como si lo
estuvieras secuestrando? ¡Y a su propia casa!"
Su voz, ahora más alta, temblaba por una
emoción incontenible. Sus respiraciones se volvieron aún más pesadas, como si
no pudiera controlar lo que sentía. No parecía una simple rabieta de celos;
Do-geon estaba al borde de un colapso. Seung-hyung tiró de su ropa con fuerza,
intentando llamar su atención, pero el suin no le devolvía la mirada. Temía
que, de seguir así, Mun-ju terminara herido o la naturaleza de Do-geon quedara
expuesta.
"¡Mun, Mun-ju! Gracias por traerme. Ya
puedes irte".
Habló deprisa, temiendo que Do-geon pensara
que Mun-ju lo estaba forzando de verdad. Sin embargo, Mun-ju seguía encarando
al suin, sin captar en absoluto la urgencia o la intención detrás de las
palabras de Seung-hyung.
"¿Qué? ¿Quieres que me vaya así sin
más?"
"¿Eh? Sí. Solo querías acompañarme, ¿verdad?
Lo que dejamos pendiente te lo explicaré después".
Era evidente que Mun-ju no sentía ningún
peligro al desconocer la verdadera identidad de Do-geon, pero Seung-hyung
estaba aterrado por lo que podría pasar si el suin perdía el control.
"¡Sí, rápido! ¡Te lo explicaré
después!"
Ante aquel grito desesperado, Mun-ju vaciló.
Seung-hyung lo miró con súplica. El chico pareció no entender nada de lo que
estaba pasando, parpadeando confundido mientras miraba a ambos, pero finalmente
decidió dar media vuelta. No obstante, Do-geon se mantuvo firme, bloqueando el
camino hacia la salida del edificio. Seung-hyung tuvo que forcejear para
intentar soltarse del brazo que rodeaba su cintura antes de que el suin
finalmente lo mirara.
"Nam Do-geon, déjalo pasar".
"Hyung".
"Déjalo pasar, ya se va. No es una mala
persona".
"¿Cómo que no es malo? ¡Te estaba
arrastrando a la fuerza!"
Las pupilas de Do-geon cambiaron, delatando su
agitación interna. Al ver que no podía controlar sus impulsos, Seung-hyung
estiró la mano y acarició suavemente una de sus mejillas. Ante ese contacto,
Do-geon se estremeció y pareció retroceder un poco.
"¿No escuchaste lo que dije antes? Mun-ju
solo me estaba acompañando. No hubo peligro alguno, y hay otra razón por la que
se vio así. Tienes muchas preguntas para mí, ¿no es cierto?"
Si no se había atrevido a acercarse y solo lo
había estado vigilando, era porque debía de tener mucha curiosidad y
preocupación. Do-geon no pudo rebatir sus palabras y se limitó a respirar
agitadamente. Seung-hyung lo atrajo hacia sí mientras lo miraba a los ojos.
Aunque al principio se resistió con terquedad, finalmente cedió ante su toque.
Mun-ju se quedó allí un momento, como si le
costara dar el primer paso, pero terminó marchándose. En cuanto su presencia se
alejó, Do-geon soltó un bufido de indignación, aún visiblemente afectado.
"Nam Do-geon".
"¿Quién es ese tipo? ¿Por qué lo
defiendes? ¿Acaso te parece bien que te pase de nuevo lo que yo te hice?"
"¿Qué fue lo que me hiciste?"
"¿Cómo que qué te hice? Te presioné de
forma aterradora, te hice daño..."
Do-geon estaba profundamente alterado. Ver su
rostro, más atormentado que el de la propia víctima, le partió el corazón a
Seung-hyung. Al final, recordando aquel incidente, sus ojos claros se llenaron
de lágrimas mientras jadeaba. Parecía estar a punto de derrumbarse por la
angustia, así que Seung-hyung estiró los brazos y rodeó su cuello con fuerza.
Sintió cómo el cuerpo de Do-geon se ponía
rígido. Al percibir de nuevo su aroma y su calor después de tanto tiempo, el
corazón de Seung-hyung también empezó a latir con fuerza. Estaba tenso y
paralizado; aquel momento de dolor que quería olvidar, pero no podía, volvió a
invadir su mente, pero cerró los ojos con fuerza e intentó desecharlo.
Sabía perfectamente que ambos se habían herido
mutuamente con aquel suceso. Por esa razón se había marchado de la mansión y
pensó que era mejor no volver a verse, pero si Do-geon había regresado a pesar
de tanto sufrimiento, significaba que él tampoco había podido olvidarlo.
"Hyung..."
Do-geon también notó la tensión de Seung-hyung
y no se atrevió a abrazarlo de inmediato. Ante su duda, Seung-hyung se aferró a
él con más fuerza y habló.
"En aquel entonces dolió mucho y fue
difícil, pero estoy bien".
"Mentira".
"Yo no digo cosas que no siento. Estoy
bien porque te entiendo, por eso me preocupaba. Si no fuera así, habría sido el
primero en decir que quería irme".
Do-geon vaciló, confundido por si Seung-hyung
le estaba mintiendo. Soltando suspiros pesados, dudó varias veces antes de
finalmente llamarlo y rodear su cintura con ambos brazos. Lo abrazó con una
pasión que desbordaba todas sus emociones.
Se hundió en su cuello, abrazándolo tan fuerte
que casi le quitaba el aliento, y no se separó durante mucho tiempo. Parecía
tener miedo de que alguien pudiera arrebatárselo, aprisionándolo en un refugio
sólido hecho de sus propios brazos.
Tras lograr que se calmara un poco,
Seung-hyung llevó al vacilante Do-geon dentro de su casa. El suin, inusualmente
encogido, observaba sus expresiones con cautela.
"Me has estado siguiendo todo este
tiempo, ¿verdad?"
Como sabía que si lo dejaba solo no diría
nada, Seung-hyung tomó la iniciativa. Do-geon abrió mucho los ojos,
sorprendido.
"¿Cómo lo supiste?"
"Gracias a Mun-ju".
"¿Mun-ju? ¿Hablas de ese tipo de
antes?"
Do-geon preguntó con semblante serio.
Seung-hyung, ignorando la hostilidad y desconfianza que el suin mostraba hacia
Mun-ju, lo llevó hasta la cama, lo hizo sentarse y se colocó frente a él.
Do-geon lo miraba con descontento; en su mirada clavada en él se mezclaba un
rastro muy evidente de celos.
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"No te metas con Mun-ju".
"¿Por qué? Ese imbécil te..."
"No, él es solo un amigo. Es el hijo del
dueño del restaurante donde trabajo. Nos hicimos cercanos rápido porque tenemos
la misma edad, y lo de traerme así a casa... fue una actuación. Se lo pedí para
obligarte a aparecer porque le hablé de ti".
"¿Le hablaste de mí? ¿Qué le
dijiste?"
"Bueno, solo dije que me tenías
preocupado, pero él..."
"¿Él, qué?"
"Él pensó que yo te quería".
Do-geon, que preguntaba con brusquedad, se
quedó mirándolo con ojos perdidos, como si hubiera recibido un golpe seco. No
se movió durante varios segundos antes de cerrar y abrir los ojos lentamente.
Al ver que Seung-hyung mantenía el contacto visual en silencio, tragó saliva y
preguntó.
"¿Y tú qué dijiste?"
"No respondí nada en especial. Pero me di
cuenta de que, definitivamente, siento algo diferente por ti".
"¿Qué significa eso? ¿Significa que me
quieres?"
Como nunca se había enamorado de nadie con
seriedad, Seung-hyung no sabía si este interés constante y esos pensamientos
que surgían aun cuando no se sentía solo eran realmente el amor que comparten
los amantes. Sin embargo, no podía decir que no fuera nada; no había forma de
explicar esa sensación de anhelo, vacío y melancolía de los últimos días. Había
postergado ese sentimiento una y otra vez porque el otro era un suin y un
hombre, pero si incluso alguien que acababa de conocerlo lo notaba, quizá no
estaba tan equivocado.
"¿No es así?"
Do-geon, incapaz de esperar la respuesta,
insistió con urgencia.
"Si te digo que te quiero, ¿qué vas a
hacer?"
"¿Qué? ¿Qué clase de respuesta es
esa?"
"Es que no hay de otra. Tú me quieres y
yo a ti, pero si las cosas siguen así, volverás a marcharte y a vigilarme solo
desde lejos".
Nam Do-geon soltó un suspiro incrédulo. Abrió
la boca como si fuera a replicar algo, pero ante la mirada de Seung-hyung, se
desinfló y bajó la vista con aire abatido. Seung-hyung siempre había pensado
que el descaro y la insolencia eran la marca personal de Do-geon. Como incluso
había presenciado su lado más crudo y desconsiderado hacia los demás, no
terminaba de acostumbrarse a esta faceta.
“¿Sabes que no debemos vernos, verdad?”
“……Sí.”
“Pero aun así, quieres verme.”
“Sí.”
“Yo siento lo mismo.”
Ante su respuesta, Do-geon levantó la vista
para mirarlo.
“Aun sabiendo que no debemos, al final nos
encontramos así porque queremos vernos. Así que debemos decidir. O seguimos
viéndonos, o……”
“¿O qué?”
“O nos separamos para siempre.”
“No quiero.”
Do-geon respondió antes de que Seung-hyung
terminara de hablar. Pareció sorprenderse de sus propias palabras,
retrocediendo un poco tras soltarlas por instinto.
“Si no quieres, dilo con sinceridad.
Reconciliémonos y pensemos juntos qué haremos de ahora en adelante.”
“¿Qué reconciliación? ¿Cuándo nos peleamos?
Fui yo quien se equivocó.”
“Aun cuando dije que estaba bien, te enojaste,
te ofendiste, te sentiste herido y te marchaste. Entonces, ¿qué quieres hacer?”
Al llegar a este punto, Seung-hyung comprendió
que, arrastrado por sus emociones, ya no podía cortar el lazo con Nam Do-geon.
Cuando estaba en la mansión, pensó que podría marcharse sin más si era
necesario, pero al retomar su vida real, se dio cuenta de que no le sería fácil
olvidarlo.
Además, Mun-ju había dicho que ambos parecían
quererse. Negarlo a estas alturas resultaba extraño. Do-geon tampoco parecía
tener la más mínima intención de separarse de él, así que en lugar de estar
alejados a la fuerza y consumidos por el anhelo, lo más sensato era buscar una
solución juntos. Para ello, lo primero era aliviar la culpa del suin.
“No puedo evitar sentirme culpable.”
“¿Incluso si te perdono, no quieres?”
“Es que tú perdonas con tanta naturalidad que
yo mismo no puedo perdonarme.”
“Entonces, ¿cómo debo perdonarte para que tu
corazón descanse?”
“Eso... no lo sé.”
Visto así, realmente parecía un niño. Do-geon,
que se comportaba como si estuviera haciendo un berrinche, no le resultaba
molesto. Antes, a menudo sentía ganas de darle un coscorrón, pero ahora, aunque
seguía igual que siempre, no le producía ningún rechazo. Realmente Seung-hyung
estaba en problemas.
Tras soltar un leve suspiro, se acercó a Nam
Do-geon y presionó sus labios contra los suyos. Do-geon lo miró con los ojos
perdidos. Seung-hyung volvió a buscar su mirada, se acercó para besarlo de
nuevo y luego se retiró un poco. Sujetando con ambas manos los hombros del
chico, que seguía paralizado, volvió a besarlo y le mordisqueó suavemente el
labio inferior, provocando que Do-geon se estremeciera. La presión de las manos
de Do-geon en su cintura lo empujó un poco hacia atrás. De repente, sobre su
cabeza, sus dos orejas se asomaron tiesas.
“¿Te sientes bien, o estás enojado?”
“¿Por qué me enojaría?”
Do-geon preguntó mientras sus orejas daban
pequeños espasmos. Su rostro, visiblemente alterado, se tiñó de un tono rojizo.
Después de haber tenido tanto sexo, era curioso que se avergonzara tanto solo
por un roce de labios. Seung-hyung sintió algo diferente al ver su reacción.
“Te perdonaré porque eres tierno.”
“……¿Qué?”
“Digo que te perdono porque eres tierno. No es
fácil que alguien me parezca tierno, pero tú lo lograste.”
Seung-hyung habló mientras jugaba con las
orejas de Do-geon. El chico pareció darse cuenta apenas entonces de que sus
orejas habían salido y miró hacia arriba, consciente de ellas. Sus orejas
volvieron a agitarse.
“Pero, ¿y si te vuelvo a hacer lo mismo?”
“Entonces, ¿prefieres que me separe de ti por
haberme lastimado y que me vea con Yoo Mun-ju?”
“No quiero eso. Solo lo digo porque me siento
culpable, pero odio la idea de que te separes de mí o que veas a otro tipo.”
Temiendo que Seung-hyung lo malinterpretara,
Do-geon habló con más firmeza esta vez. Al verlo marcar territorio de esa
forma, Seung-hyung soltó una risita. Quizá el chico lo había pasado incluso
peor que él. Ahora que lo veía bajo la luz, su rostro parecía más demacrado que
antes.
“Si odias que vea a otro, debes atraparme
antes de que me vaya, ¿qué otra opción hay?”
Do-geon parpadeó repetidamente. Seung-hyung
retiró la mano que acariciaba sus orejas al verlo dudar.
NO
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“¿No vas a atraparme?”
Ante la pregunta directa, Do-geon vaciló un
instante antes de alzar los brazos para abrazarlo. Lo atrajo hacia sus muslos
para sentarlo allí y hundió el rostro en su cuello. Frotó su cara contra la
piel de Seung-hyung una y otra vez mientras inhalaba profundamente varias veces
seguidas.
Sintiendo cómo el suin olfateaba su aroma,
Seung-hyung intentó regular su respiración. Al percibir el olor y el abrazo de
Do-geon, los músculos de sus hombros, espalda y brazos se tensaron por
instinto. Parecía que aún no se había recuperado del todo de aquel incidente,
pero no quería que se notara. Para no herir de nuevo a Do-geon, le devolvió el
abrazo fingiendo que no pasaba nada.
