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Después de aquello, Seung-hyung continuó teniendo citas —o algo parecido— con Nam Do-geon fuera de la mansión. En medio de sus salidas, el suin a menudo mostraba ráfagas repentinas de deseo, pero cada vez más optaba por buscar formas de calmarse por su cuenta. Al ver sus esfuerzos, Seung-hyung sentía que su determinación por no repetir los errores del pasado era genuina, lo que le producía una mezcla de gratitud y una punzada de culpa.

En medio de esos días pacíficos, el padre de Do-geon mandó llamar a Seung-hyung. En el lugar, se encontró también con la madre del chico, a quien nunca antes había visto.

"Siéntese".

"Ah, sí".

Aunque Do-geon había insistido en acompañarlo, ante la rotunda negativa de su padre, Seung-hyung tuvo que acudir solo. El espacio era amplio y elegante, pero él se sentía tan fuera de lugar que le costaba respirar. Dado que nunca lo habían llamado hasta ahora, tenía una idea aproximada de por qué querían verlo de repente; sospechaba que no sería nada que Do-geon aprobara.

Se sentó con timidez en el sofá frente a ellos. De inmediato, un hombre se acercó para dejar una taza sobre la mesa frente a él. Ellos ya tenían sus propias tazas. Incapaz de concentrarse en el té, Seung-hyung alternó su mirada entre los dos anfitriones.

Sus ojos se cruzaron con los de la madre de Do-geon. Parecía bastante joven, quizás de unos cuarenta y pocos años. Llevaba el cabello negro recogido de forma impecable y vestía un traje formal pero moderno, con un aire sofisticado, como si acabara de regresar de una conferencia. Sus facciones, que recordaban sutilmente a las de un felino, resultaban magnéticas; era evidente que se trataba de una mujer de gran belleza. Si no le hubiera dedicado una sonrisa al cruzar sus miradas, Seung-hyung la habría juzgado como una persona fría.

"Había querido organizar una comida con usted, pero me temo que ha sido demasiado tarde", dijo ella con un tono amable en cuanto sus ojos se encontraron.

"Ah, no, no se preocupe".

"He recibido informes muy positivos sobre cómo Do-geon se está adaptando al mundo humano últimamente".

Seung-hyung se preguntó brevemente de quién vendrían tales evaluaciones, pero enseguida recordó al grupo de vigilantes que los seguía a todas partes cada vez que salían. No solo los vigilaban; al parecer, también juzgaban su comportamiento y enviaban informes detallados.

"Ha pasado el celo sin incidentes y se está adaptando a la humanización sin problemas. Todo es gracias a usted, Seung-hyung".

A diferencia del padre de Do-geon, que permanecía en silencio observándolo con rostro inexpresivo, ella era cálida. Su rostro, iluminado por una sonrisa constante, irradiaba amabilidad. Seung-hyung miró alternativamente a ambos, sintiéndose como si estuviera atrapado entre el cielo y el infierno, y soltó una risa nerviosa.

"En realidad, yo no he hecho nada especial. Además, voy a recibir una compensación por ello".

Si lo hubiera hecho por altruismo, aceptaría los agradecimientos, pero al haber un pago de por medio, recibir tales elogios le hacía sentir una punzada de incomodidad.

"Aun así, el corazón de una madre no puede evitar sentirse agradecida. Do-geon siempre ha sido un chico muy... de espíritu libre".

"Sí, me he dado cuenta de que es bastante independiente".

"Sé que debe de haber sido difícil para usted. Como padres, estamos muy agradecidos y pensamos recompensárselo adecuadamente".

"No, de verdad. Solo necesito recibir lo acordado en el contrato".

Asustado ante la posibilidad de que intentaran darle algo difícil de aceptar, Seung-hyung agitó las manos con rapidez.

"Tenía curiosidad por saber qué tipo de persona era el humano que Do-geon trajo confundiéndolo con un suin. Por lo que he oído de Shin-woo, parece usted una buena persona".

"De verdad, no soy tan bueno como para merecer tales elogios".

Seung-hyung no estaba acostumbrado a los cumplidos y le resultaba difícil mantener la compostura. Sintiendo que le sudaban las manos, negó con la cabeza con insistencia. La sonrisa de la mujer se ensanchó y puso suavemente una mano sobre el muslo de su marido. Seung-hyung no pudo evitar fijarse en sus dedos largos y sus uñas perfectamente cuidadas, pintadas de un tono café rojizo.

"Si no fuera una buena persona, Do-geon no habría cambiado. Es un chico caprichoso que arma un escándalo a la menor señal de disgusto", añadió el padre de Do-geon.

Seung-hyung se limitó a sonreír en silencio.

"Usted también habrá sentido la pureza de Do-geon. Para un suin, esa es una debilidad", continuó el hombre.

"¿E-es así?".

"Así es. Por eso mismo, creo que este es el momento adecuado para que usted abandone la mansión".

Al escuchar aquellas palabras, la tensión que le oprimía el pecho desapareció de golpe, pero no sintió alivio, sino un vacío desolador. Tras los elogios y el ambiente positivo, se sentía como si lo hubieran despedido de un trabajo sin previo aviso. Al no estar preparado psicológicamente, tragó saliva con dificultad.

"... ¿Me están pidiendo que me vaya ahora mismo?".

"Sí. Podemos considerar que su contrato con nosotros ha finalizado".

Aunque Seung-hyung sabía que el día de marchar llegaría tarde o temprano, enfrentarse a la realidad de golpe resultó desconcertante. Había asumido que, al menos, esa decisión la tomaría el propio Do-geon.

"¿Sabe... Do-geon algo de esto?".

Seung-hyung pensaba que tendría tiempo suficiente para prepararse mentalmente y organizar sus cosas antes de irse. Por eso, la respuesta afirmativa no salía de su boca. Pero, sobre todo, se dio cuenta de que lo que sentía no era la liberación que esperaba, sino una profunda preocupación. Sabía que Do-geon no querría dejarlo ir; le inquietaba pensar en cómo reaccionaría ante la decisión unilateral de sus padres.

"Él se opondrá, por supuesto. Por eso, sería bueno que usted lo convenciera y fijara una fecha para su partida", dijo el presidente.

Parecía que ya daban por hecho su salida inminente. Seung-hyung se quedó pensativo durante un largo rato bajo un silencio pesado y desolado, escuchando únicamente el latido acelerado de su corazón. Había deseado irse, pero ahora que se lo ordenaban, su mente solo estaba llena de pensamientos sobre Do-geon. ¿Qué hará él si yo no estoy?

"Con el carácter de Do-geon, si él no quiere que me vaya, no creo que pueda convencerlo solo con palabras".

A pesar de que los padres no eran personas con las que fuera fácil discutir, Seung-hyung expresó su preocupación porque la situación le parecía imposible. Al presidente pareció divertirle su reacción y soltó una pequeña carcajada.

"Qué inesperado. Pensé que en cuanto dijéramos que el trato había terminado, saldría corriendo por la puerta".

Aquellas palabras hicieron que Seung-hyung se diera cuenta de cuánto había cambiado. A diferencia del principio, ahora Do-geon le importaba de verdad. Su relación ya no era solo sexual, sino que había una conexión emocional de por medio. Sabía que debía irse algún día, pero sentía que aún no era el momento. Ya no se trataba solo del dinero; ahora pensaba más en el bienestar de Do-geon, especialmente porque el chico lo había tratado con sinceridad.

"... ¿Podrían darme un poco de tiempo? Hablaré con él personalmente".

"La razón por la que terminamos el contrato ahora es porque Do-geon siente afecto por usted, que es un humano", intervino la madre, que había estado escuchando en silencio.

"Lo imaginaba, pero...".

"¿Usted también quiere a nuestro Do-geon?".

La pregunta lo dejó sin palabras. Nunca esperó que le preguntaran algo así. Era una cuestión tan abrumadora que no supo qué responder. Al ver su desconcierto, la mujer arqueó una ceja y su sonrisa se volvió más fría.

"Por lo general, los suines somos seres que seguimos nuestros instintos. Eso es lo que nos diferencia de los humanos y lo que marca el límite de nuestra convivencia con ustedes".

"No entiendo con qué intención me dice eso".

"Lo que quiero decir es que el hecho de que Do-geon lo confundiera con una hembra suin durante el celo es muy diferente a que sea consciente de que usted es humano y aun así quiera tenerlo a su lado".

"..."

"Usted, siendo humano, no podrá soportar a nuestro Do-geon a largo plazo. Por eso, es mejor terminar esto aquí".

Sus palabras eran gélidas y definitivas, a pesar de la suavidad de su voz. Seung-hyung sabía que los humanos y los suines eran distintos, y entendía lo que implicaba mantener una relación con alguien como Do-geon. También comprendía cuál era el problema que les preocupaba, pero para evitar que lo echaran de inmediato, necesitaba un motivo sólido para quedarse. Sin embargo, ni siquiera pudo articular sus propios sentimientos. Ante la afirmación de que su falta de respuesta era la prueba de que la relación debía terminar, Seung-hyung no pudo rebatir nada.

Así concluyó la conversación. Aunque técnicamente el contrato había terminado y debería sentirse ligero como si le hubieran quitado un peso de encima, no se sentía feliz. Era extraño; había logrado lo que quería, pero no sentía ninguna alegría. No es que no supiera la razón; simplemente se sentía confundido al darse cuenta de que realmente podría haber desarrollado sentimientos especiales por Do-geon.

"Seung-hyung".

Mientras caminaba aturdido por el pasillo hacia su habitación, volvió a la realidad al oír una voz. Era Yoon Shin-woo.

"¿Ha ido bien la conversación con el presidente y la señora?".

"Sí, bueno...".

Había terminado, pero ¿podía decirse que había ido "bien"? Emocionalmente, no podía usar esa palabra, así que respondió de forma vaga. Shin-woo ladeó la cabeza, extrañado.

"¿Qué ocurre?".

Seung-hyung abrió la boca para responder, pero al no saber qué decir, dejó escapar un suspiro y volvió a cerrarla con fuerza. Retomó el paso y se dirigió hacia las escaleras.

“¿Ha pasado algo?”

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“El presidente dice que el contrato ha terminado y que debo irme”.

“¿Así, de repente?”.

Yoon Shin-woo lo siguió mientras preguntaba, mostrando una sorpresa genuina; era evidente que él tampoco sabía nada.

“¿Y qué le dijo? ¿Aceptó marcharse?”.

“No pude darle una respuesta definitiva”.

“¿A qué se refiere con que no pudo responder?”.

“Les pedí tiempo, pero no sé si me lo concederán”.

“¿Acaso pretenden echarlo sin darle ni un momento de margen?”.

Shin-woo, confundido y alarmado, no dejaba de interrogarlo. Sin embargo, Seung-hyung no tenía respuestas que ofrecer. Lo único que salía de su pecho eran suspiros, así que se dio la vuelta para subir los peldaños. Shin-woo lo siguió de cerca.

“Por mucho que el joven amo Do-geon esté manteniendo bien su forma humana, si lo echan así de pronto, él no va a querer...”.

La voz preocupada de Shin-woo se apagó de golpe. Seung-hyung lo miró de reojo y notó que el secretario observaba hacia la parte superior de la escalera. Él también giró la cabeza. Allí estaba Nam Do-geon, de pie en el descanso del piso de arriba. Tenía un brazo apoyado en la barandilla y sus ojos estaban clavados en los suyos.

¿Desde cuándo estaba escuchando?

Mientras Seung-hyung se quedaba paralizado por la sorpresa, Do-geon comenzó a bajar. Se detuvo unos escalones por encima y lo miró desde lo alto.

“Así que esa era la razón por la que no me dejaron entrar con ellos”.

Dijo Do-geon en voz baja. Intentaba sonar indiferente para ocultar lo que sentía, pero era inútil. Las emociones contenidas en su voz grave se palpaban en el aire. No hacía falta preguntar para saber que estaba furioso.

“Do-geon, no es lo que piensas...”.

Intentó explicarle, pero el suin se dio la vuelta. Al verlo subir las escaleras sin decir palabra, Seung-hyung se apresuró a seguirlo. No parecía que el chico caminara rápido, pero la distancia entre ambos no se acortaba. Manteniendo ese espacio constante, llegaron enseguida a la habitación de Seung-hyung.

“Do-geon, ¿estás enfadado?”.

Llegó jadeando por el esfuerzo de haber corrido tras él. Mientras intentaba recuperar el aliento, Do-geon se giró para encararlo.

“No te vas a ir, ¿verdad?”.

“¿Eh?”.

“Solo hace falta que digas que no te vas”.

Seung-hyung se quedó mudo. ¿Realmente se solucionaría algo con una terquedad así? No era simplemente una cuestión de quedarse o irse. Era el peso de las palabras de sus padres sobre la diferencia entre humanos y suines, y el hecho de que no había podido rebatirles nada cuando dijeron que esa relación no tenía futuro.

* * *

Unos le decían que se fuera y el otro que se quedara; era para volverse loco. Si de por sí la situación ya era insoportable, Do-geon empezó a actuar dejando clara su postura: se negó a volver a salir con Seung-hyung y se encerró de nuevo en su refugio. Parecía estar haciendo una huelga, encaramado en su roca sin intención de bajar.

"Nam Do-geon".

Seung-hyung lo dejó solo un día para que procesara su malestar, pero al segundo día ya no pudo ignorarlo más. Verlo allí, sin responder por mucho que lo llamara, le oprimía el corazón. ¿Cómo iba a marcharme así? Aunque se fuera, se pasaría el día preocupado y con la conciencia intranquila. Decidido a calmarlo, finalmente se armó de valor y subió hasta donde estaba el suin.

"Nam Do-geon, ¿ni siquiera me respondes cuando te llamo?".

Do-geon estaba transformado en leopardo de las nieves, acurrucado entre las rocas como aquella vez. Tenía el mentón apoyado sobre sus gruesas zarpas delanteras y, tras lanzarle una mirada fugaz, volvió la cara hacia el otro lado. Era evidente que no quería saber nada de él.

"No es culpa mía, ¿por qué no me miras?".

"……."

"¿De verdad vas a seguir así? Diciendo que no vas a salir y quedándote aquí encerrado".

"……."

"Oye, Nam Do-geon".

Al ver que lo ignoraba deliberadamente, Seung-hyung se irritó y terminó de subir hasta su posición. Le sujetó la cabeza con las manos para obligarlo a mirarlo. Sus ojos redondos, sorprendidos por la audacia de Seung-hyung, se encontraron con los suyos.

"Entiendo que estés protestando porque algo no te gusta, pero no te saltes las comidas. Duerme en tu habitación, anda".

Do-geon lo miró fijamente, notando su preocupación sincera. Entonces, recuperó su forma humana en un instante, quedando completamente desnudo ante él.

"¿Dices que te vas a ir y aun así te preocupa que no coma?".

Preguntó mientras apresaba las muñecas de Seung-hyung con fuerza, las mismas con las que él sostenía su rostro. Seung-hyung sintió la potencia de su agarre mientras sostenía su mirada.

"Yo no he dicho que me vaya".

"Entonces, ¿no te irás?".

"……."

"Ni siquiera puedes responder a eso".

"Haa, ¡no lo sé! No tengo intención de irme ahora mismo, pero si te pones a protestar así, ¿qué quieres que haga?".

"Pues que no te vayas, eso es lo que quiero".

Esta vez, Do-geon tiró de él con brusquedad. Su fuerza era tal que Seung-hyung no pudo ni intentar resistirse; terminó hundido en el pecho del suin. Se tensó por instinto, pero al sentir cómo Do-geon lo rodeaba con ternura, terminó por abrazarlo con fuerza por la cintura.

"No te vayas, Hyung".

Ese ruego susurrado le dolió en el alma a Seung-hyung. Le conmovió que lo llamara "Hyung" en un momento así. Se quedó en silencio, aferrándose al chico.

 

Tras mucho insistir, Seung-hyung logró que Do-geon cambiara de parecer. Le trajo su ropa y, tras vestirse dócilmente, regresaron juntos a la mansión. Sin embargo, cuando parecía que iría directo a su habitación, Do-geon decidió que no podía quedarse de brazos cruzados y fue a buscar a sus padres. Le pidió a Seung-hyung que subiera él primero, así que no le quedó otra que dirigirse a las escaleras.

"¿Ya hizo las maletas?".

Seung-hyung giró la cabeza hacia donde venía la voz y allí estaba Nam Woo-geon. Por su traje informal y su aspecto impecable, parecía que acababa de llegar de la calle. Tenía que encontrárselo justo cuando Do-geon no estaba; no le hacía ninguna gracia.

"Hola".

Seung-hyung no quería revelar sus intenciones respondiendo si estaba empacando o no, así que se limitó a un saludo de cortesía. Woo-geon lo escrutó en silencio. Sus ojos no mostraban emoción alguna, pero la presión de esa mirada fija era considerable. No había más suines alrededor. En aquel espacio amplio y de techos altos, estar a solas con él resultaba intimidante.

"Mi padre dijo que el contrato terminó. Ha pasado un tiempo desde que se lo notificaron, ¿por qué sigue aquí?".

"Eso es algo que yo decidiré. Con su permiso".

Hizo una leve inclinación y se dio la vuelta.

"Parece que se le ha subido a la cabeza el hecho de que a Do-geon le guste usted".

Seung-hyung soltó un suspiro al ver que, por mucho que intentara ignorarlo, Woo-geon seguía buscando pelea. ¿Acaso me seguirá si me voy ahora que Do-geon no está?, pensó. Ante el riesgo de que la situación se volviera más peligrosa, decidió encararlo.

"Sé que me considera un estorbo porque soy humano y no confía en mí. Pero no tengo malas intenciones ni ambiciones con Do-geon. Me iré cuando llegue el momento".

Tras defender su postura, Woo-geon soltó una carcajada y se acercó. Seung-hyung sintió que su corazón se aceleraba mientras el otro ganaba terreno, pero se obligó a mantenerse firme. Woo-geon se detuvo a centímetros de él, examinando cada rasgo de su rostro.

"Lo que yo deseo es una ruptura total de la relación, no una despedida amable y bonita".

Dijo Woo-geon con una sonrisa llena de desprecio. Seung-hyung frunció el ceño. El otro soltó una risa amarga antes de continuar.

"Usted también lo sabe: Do-geon no lo ve como un simple compañero. ¿Dice que se irá cuando llegue el momento? No sea arrogante. Sabe perfectamente que Do-geon se volverá más dependiente de usted cada día que pase".

"¿Entonces qué quiere que haga? ¿Que lastime a Do-geon?".

"Si eso es lo que hace falta para que recobre el juicio, por supuesto".

"¿Cómo puede decir eso alguien que afirma preocuparse por su hermano?".

"Porque me preocupa".

Respondió cortante mientras invadía su espacio personal. Seung-hyung, abrumado, retrocedió hasta chocar con la barandilla de la escalera.

"Lo hago porque me importa. Me da asco ver cómo seduces a un chico ingenuo, así que lárgate ahora. Si no... te arrepentirás".

Tras lanzar la advertencia directa, lo dejó allí, mudo de la impresión, y subió las escaleras como si nada hubiera pasado. Seung-hyung soltó el aire que contenía. ¿Qué pensaba hacerle si no se iba de inmediato? La maldad palpable en las palabras de Woo-geon lo dejó inquieto.

Se quedó allí incluso después de que el otro desapareciera, temiendo que lo estuviera esperando en algún rincón oscuro. Solo cuando vio aparecer a Yoon Shin-woo con una bandeja de té, se sintió lo suficientemente seguro para subir a su habitación.

"¿Eso fue lo que le dijo el joven amo Woo-geon?".

"Sí".

"Hmm... Supongo que los patrones están preocupados de que el joven Do-geon salga herido por un humano, ¿no será que Woo-geon siente lo mismo?".

"Seguro es eso. Sumado a su desprecio por los humanos".

Shin-woo sonrió con torpeza, sin saber si darle la razón o no.

"Pero, más allá de eso, ¿está bien que me quede aquí? Siento que ese hombre va a hacerme algo".

La premonición era mala. Basándose en sus miradas y su agresividad, Seung-hyung temía que Woo-geon fuera capaz de cualquier cosa.

"Haa, a mí también me preocupa el joven Woo-geon. Mire... por si acaso, pasaré por su habitación periódicamente. Como también estará con Do-geon, no creo que pase nada grave, ¿verdad?".

"¿Y si te lastima a ti también, Shin-woo?".

"¡Ay, por favor! No llegaría a tanto. Además, si le hiciera algo a usted, Do-geon no se quedaría quieto. ¿Por qué se arriesgaría a salir perdiendo?".

Seung-hyung se quedó pensando que, si Woo-geon lograba separarlo de Do-geon, quizás consideraría que ya había ganado lo suficiente. Ese "no llegaría a tanto" no le daba ninguna tranquilidad, pero no había mucho más que pudiera hacer salvo mantenerse alerta.

* * *

Do-geon, que había ido a buscar a sus padres, no le reveló a Seung-hyung qué respuesta le habían dado. Seung-hyung dedujo que las peticiones del suin debieron de surtir algún efecto, ya que durante los días siguientes no hubo señales de que fueran a echarlo. Todo transcurría con normalidad y Do-geon pasaba gran parte del tiempo pegado a él, como de costumbre.

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Por alguna razón, Do-geon se negaba a salir de la mansión. Seung-hyung no sabía si seguía resentido o si simplemente había perdido las ganas de divertirse, pero como no podía obligarlo, volvieron a la rutina de quedarse en la habitación. Sin embargo, al no salir, el tiempo se estancaba y a Do-geon le sobraba energía, por lo que no dejaba de buscar contacto físico.

"Haa, mmm, Do-geon...".

Do-geon, posicionado sobre él, lo abrazaba con ambos brazos mientras hundía el rostro en su cuello. Lamía y succionaba su piel, pero no parecía tener intención de llegar al sexo; se limitaba a frotar sus entrepiernas, ambas endurecidas por el deseo. En realidad, Do-geon ardía en ganas, pero consciente de que Seung-hyung aún no lograba relajarse del todo, evitaba la penetración a favor de caricias constantes e intensas.

"Hah, es desesperante".

Seung-hyung también se había excitado por el asedio sensorial de Do-geon. Estaba erecto, pero el hecho de estar atrapado bajo el peso del otro sin poder hacer nada le resultaba frustrante. Al oír su queja, Do-geon levantó la cabeza.

"Lo siento".

"Ah, no. No lo decía por ti, es solo que... me siento apretado ahí abajo".

Seung-hyung se apresuró a aclarar sus palabras al ver que Do-geon amagaba con retirarse. El suin pareció comprender su estado; tras vacilar un momento, se incorporó sobre sus rodillas y bajó la mirada hacia la parte inferior del cuerpo de Seung-hyung. Cuando sus dedos empezaron a palparlo con torpeza, Seung-hyung sintió un escalofrío. Ahogó un gemido mientras su cadera se sacudía involuntariamente.

"¿Quieres que te los quite?".

"Haa, sí...".

Seung-hyung respondió con la voz quebrada por el calor del momento. Esta vez, Do-geon fue decidido y le bajó los pantalones y la ropa interior. Su pene, que había crecido considerablemente bajo las caricias previas, estaba húmedo y brillante por el líquido preseminal. Do-geon tragó saliva al verlo, se inclinó y depositó un beso rápido en la punta. Seung-hyung sintió una oleada de calor en el bajo vientre.

Instintivamente, Seung-hyung intentó cerrar las piernas, pero Do-geon lo detuvo sujetándolo por las rodillas y obligándolo a abrirlas. Como si no permitiera que se ocultara, el suin se posicionó entre sus muslos y comenzó a lamerlo. Pasó su lengua desde los testículos hasta el glande con pasadas firmes, mientras mantenía el contacto visual con un Seung-hyung que lo observaba desde arriba con el corazón en un puño.

Mientras lo lamía, los ojos de Do-geon mutaron a los de un leopardo de las nieves. Sus pupilas, claras y enfocadas, no se apartaron de él. Tras lamerlo un par de veces más, envolvió el glande con su boca y comenzó a succionar. Seung-hyung sintió la textura áspera de la lengua animal rozando la zona más sensible. Su cadera se elevó y sus músculos abdominales se tensaron ante el estímulo.

"Haa, ah, mmm...".

Intentó contenerse, pero los gemidos escapaban de sus labios. Do-geon, consciente de su reacción, succionó con más fuerza hasta introducir el pene por completo en su boca. La succión poderosa y el calor de la cavidad bucal resultaban abrumadores. Seung-hyung jadeaba, sintiendo cómo la temperatura de su cuerpo subía peligrosamente. Do-geon se movía con lentitud, como si saboreara cada una de sus reacciones.

"Ah, hah, haa...".

Sintiendo la insistencia de Do-geon, Seung-hyung apretó con fuerza la almohada que tenía bajo la cabeza. Su cadera empezó a moverse por sí sola. Intentó controlarse, pero el placer era demasiado intenso y terminó moviendo la pelvis rítmicamente. Do-geon aceptó el vaivén, dejando que Seung-hyung marcara el paso en su boca mientras continuaba estimulándolo.

De pronto, Seung-hyung se sobresaltó al sentir la punta de unos dedos rozando su entrada. Tenía los ojos cerrados disfrutando del momento, pero se detuvo en seco al sentir ese contacto. Do-geon, detectando la reacción inmediata, retiró la mano. Seung-hyung solo se había asustado por lo repentino del gesto. Al ver que el suin se encogía, le dijo:

"Hah... puedes tocar ahí".

Do-geon dudó a pesar del permiso, y solo después de que Seung-hyung se lo repitiera, comenzó a acariciar el orificio con cuidado. Al principio tanteó la entrada, pero en cuanto un dedo empezó a presionar hacia el interior, Seung-hyung sintió una punzada de dolor.

La sensación de tener algo extraño allí le produjo escalofríos. Era un sentimiento desagradable, muy distinto al placer que sentía mientras Do-geon lo succionaba. Parecía haber olvidado por completo la sensación de cuando tenían sexo puramente instintivo; ahora, cuanto más profundizaba el dedo, más rechazo sentía. Seung-hyung trató de regular su respiración ante esa sensación tan dispar a la excitación previa.

Do-geon no se rindió y continuó alternando la succión con la estimulación digital. A pesar de su esfuerzo, Seung-hyung solo sentía que su tensión aumentaba a medida que el dedo penetraba más. Al notar que Seung-hyung no estaba disfrutando esa parte, Do-geon finalmente desistió y retiró el dedo, concentrándose exclusivamente en usar su boca. Aunque el rastro de la incomodidad persistía en su mente, Seung-hyung logró alcanzar el clímax gracias a la dedicación del suin.

"Haa, haa...".

Tras la eyaculación, se dejó caer sobre la cama, agotado. Mientras miraba al techo recuperando el aliento, Do-geon terminó de limpiarlo con la lengua con delicadeza. Seung-hyung se sintió algo culpable; por culpa de sus nervios, había dejado de lado el deseo de Do-geon para satisfacer solo el suyo.

"Hah, Do-geon".

"¿Qué ocurre?".

Su voz sonó grave y profunda. Seung-hyung tomó aire y se incorporó. Do-geon, que estaba arrodillado entre sus piernas, retrocedió un poco para mirarlo. Sus orejas aparecieron de pronto y se agitaron.

"Quítate el pantalón".

La expresión de Do-geon se endureció. Seung-hyung vio claramente que no quería hacerlo, así que insistió.

"Está bien, quítatelo. Yo también te ayudaré".

"Luego".

"¿Por qué? Puedo hacerlo con la mano...".

Do-geon se acercó y le dio un beso casto para callarlo. Luego, lo abrazó con fuerza. El peso del suin fue demasiado para Seung-hyung, que terminó de espaldas contra el colchón con Do-geon encima. Mientras lo presionaba con su cuerpo robusto, Do-geon empezó a ronronear y hundió la cabeza de nuevo en su cuello.

"Lo siento".

Parecía que al chico le bastaba con abrazarlo; sus ronroneos eran constantes y su cola se mantenía erguida. Seung-hyung sintió que se le encogía el corazón al verlo así. Le resultaba difícil contener sus emociones. Acarició la nuca de Do-geon mientras hablaba, y el chico respondió:

"Está bien".

Do-geon se acurrucó más contra él, transmitiéndole su calor. Al sentirlo así, tan apegado y ronroneando como si no quisiera separarse nunca, Seung-hyung se sintió invadido por una ternura profunda. Aquel chico que antes solo conocía su propio deseo parecía haber madurado de golpe, mostrando una actitud casi protectora.

 

Se quedaron así un largo rato antes de bajar a cenar. Do-geon terminó por calmar su propia excitación de alguna manera. Seung-hyung estaba preocupado; le parecía que aguantarse de esa forma no era saludable y que el chico se estaba sobreesforzando. No sabía cuánto tiempo más podría quedarse en la mansión, pero quería hacer por Do-geon todo lo que estuviera en su mano mientras estuviera allí.

Si llegaba el día de marcharse, quizás tendría que despedirse de él para siempre. Esa era la implicación de la advertencia sobre la distancia entre humanos y suines. Una relación nacida de estas circunstancias difícilmente podría derivar en una vida cotidiana normal —ir al cine o comer juntos—, ya que la familia de Do-geon nunca aceptaría a un humano. Y él mismo...

"Do-geon".

"¿Qué?".

Caminaban de regreso a la habitación tras la cena. Seung-hyung se había armado de valor para hablarle. Al cruzar sus miradas, los nervios volvieron a traicionarlo. ¿Por qué me siento así?, se preguntó. Sintiendo una presión en el pecho como si fuera a tomar una decisión trascendental, finalmente habló.

"Cuando lleguemos al cuarto...".

Iba a proponerle que se ducharan juntos y tuvieran sexo. Pensó que, con el agua caliente y un preámbulo pausado, quizás sus nervios se disiparían. Sin embargo, no pudo terminar la frase porque Nam Woo-geon apareció de la nada.

"Nam Do-geon".

"¿Vuelven de cenar?", preguntó Woo-geon.

Do-geon se adelantó de inmediato, como si quisiera ocultar a Seung-hyung de la vista de su hermano.

"¿Quieren tomar una taza de té?".

Woo-geon preguntó con total naturalidad, ignorando la evidente hostilidad de Do-geon.

"No".

"No seas tan cortante. Estoy a punto de volver a mi casa, me gustaría tomar un té con mi hermano antes de irme".

"¿Te vas?".

"Sí. He descuidado un poco el negocio y mis ventas se han resentido, además mis amigos no dejan de insistir para vernos. Creo que ya he descansado suficiente. Antes de irme... quería un momento a solas con mi hermano. ¿Tan malo es?".

Seung-hyung se sorprendió. Había pensado que Woo-geon se quedaría en la mansión solo para vigilarlo. Do-geon pareció tener la misma duda, pues lanzó una mirada fugaz hacia Seung-hyung antes de volver a mirar a su hermano. No sabían si Woo-geon decía la verdad, pero no parecía el tipo de persona que inventara excusas así. Al ver que Do-geon seguía dudando, Seung-hyung lo sujetó suavemente de la ropa. Do-geon se giró hacia él.

"Ve con él. Yo te esperaré en la habitación".

"¿... Estarás bien?".

"Sí".

No había razón para no estar bien. La única persona en la mansión que podría haberle hecho daño era Nam Woo-geon, y mientras él estuviera tomando el té con Do-geon, Seung-hyung estaría solo. Convencido de que no habría peligro, Seung-hyung respondió con una sonrisa, aunque Do-geon lo observó con fijeza, como si intentara leer sus pensamientos.

"Te digo que estoy bien. Ve y toma ese té".

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Seung-hyung se despidió y se alejó primero. En el camino, sus ojos se cruzaron con los de Woo-geon; incapaz de simplemente ignorarlo, hizo una pequeña inclinación de cabeza a modo de saludo. Woo-geon le devolvió el gesto. Entre los hermanos se palpaba una tensión invisible pero cortante.

Una vez a solas en su habitación, Seung-hyung soltó el aire que contenía. Sentía que, si Woo-geon realmente se marchaba al día siguiente, su estancia allí sería mucho más tranquila. Por favor, que no sea mentira, pensó mientras se sentaba en la cama. Sin embargo, el tiempo parecía avanzar a paso de tortuga. Se puso de pie y se acercó a la ventana para contemplar el jardín teñido por los colores del atardecer.

Toc, toc.

"Adelante".

Yoon Shin-woo entró tras el permiso, portando la habitual taza de té.

"¿Todavía es necesario que me traiga ese té?".

El celo de Do-geon había terminado y últimamente no habían tenido sexo, por lo que beber un tónico para la vitalidad le parecía innecesario y hasta un poco vergonzoso.

"¿Por qué no? Siempre es bueno tomar algo saludable mientras se pueda".

"Aun así...".

"Por cierto, ¿dónde está el joven amo Do-geon? ¿No ha venido?".

"Ah, se fue a tomar el té con Nam Woo-geon".

"¿Té? A mí no me dijo nada".

Shin-woo frunció el ceño con extrañeza. Seung-hyung también tuvo una ligera duda, pero no le dio importancia; supuso que Woo-geon simplemente quería presionarlo para que se fuera o intentar persuadirlo. Después de todo, por mucho que no estuvieran de acuerdo, no creía que fuera a lastimar a su propio hermano.

"Nam Woo-geon dijo que regresaría a su casa mañana".

"¿En serio? Tampoco sabía nada de eso. ¿Quién se lo dijo?".

"Él mismo. Dijo que sus ventas habían bajado y que quería ver a sus amigos, así que le pidió a Do-geon tomar una última taza de té antes de irse".

"Ah, ¿ya veo?".

La expresión de Shin-woo se volvió inusualmente seria.

"¿Pasa algo?".

"¿Eh? No, nada. Es solo que, después de lo que me contó que escuchó hace unos días, me quedé un poco preocupado".

"Si ese hombre planea algo, será contra mí. No es alguien que le haría daño a Do-geon, ¿verdad?".

"Eso es indudable".

Shin-woo parecía estar de acuerdo en ese punto. Seung-hyung pensó que quizás ambos estaban siendo demasiado paranoicos por culpa de la tensión constante.

Tras charlar un rato mientras terminaba su té, Shin-woo se retiró con la taza vacía. Al quedarse solo de nuevo, Seung-hyung sintió un vacío y volvió a apoyarse en la ventana. Como no sabía cuánto tardaría Do-geon, decidió que lo mejor sería adelantarse: se daría una ducha, prepararía su cuerpo y trataría de relajarse para que el encuentro no fuera tan difícil para el suin.

Se quitó la ropa y entró en el baño. Dejó que el agua caliente empapara su cuerpo y se enjabonó con calma.

"Fuu...".

Inhaló profundamente y llevó su mano hacia abajo. Separó sus nalgas y comenzó a masajear la entrada de su orificio con la punta de los dedos antes de intentar introducir uno. Incluso un solo dedo le hizo sudar; el pene de Do-geon era incomparablemente más grueso y largo.

Sabía perfectamente que, para recibirlo por completo, esa preparación era necesaria. Aunque se sentía avergonzado de hacerlo solo, continuó con diligencia hasta que pudo introducir un segundo dedo.

"Mmm, ah...".

Concentrado en relajarse, se volvió más audaz y empujó con profundidad, estremeciéndose al rozar su punto sensible. Una oleada de calor invadió su bajo vientre. Verse a sí mismo disfrutando de aquello de forma tan evidente lo excitó aún más. Su propio pene, que ya estaba a medio erguir, se hinchó por completo en un instante.

Siguió trabajando en su interior, con las orejas ardiendo de calor. Debido a la postura encorvada, le resultaba difícil alcanzar el punto exacto, lo que solo aumentaba su deseo sin llegar a satisfacerlo. Cuando consideró que estaba lo suficientemente preparado, retiró los dedos.

"Haa, haa...".

Su pene estaba tenso y palpitante. Ante la intensa necesidad de liberación, lo sujetó y empezó a masturbarse. ¿Debería terminar antes de que llegue Do-geon?, pensó.

En ese momento, oyó un ruido fuera del baño. Alguien había entrado. No podía ser Shin-woo, así que debía de ser Do-geon. Pensando que podrían empezar de inmediato, se secó el cuerpo rápidamente con una toalla y abrió la puerta. Cubriéndose un poco la entrepierna por pudor, se topó de frente con el suin.

"Ah, me asustaste...".

Se detuvo en seco. Los ojos de Do-geon, ahora con la pupila de leopardo de las nieves, parecían nublados, casi idos. Sus orejas habían brotado y su cola se agitaba de un lado a otro con una energía extraña. Su respiración era pesada y su rostro estaba congestionado; lo observaba con una fijeza obsesiva que Seung-hyung reconoció de inmediato.

"Do-geon... ¿Qué te pasa?".

¿Había entrado en celo de nuevo? ¿Era eso posible? Si así fuera, Shin-woo le habría advertido. Confundido y asustado, Seung-hyung intentó retroceder, pero Do-geon se quedó clavado en el sitio, bloqueando su camino.

La mirada del suin descendió hacia las piernas de Seung-hyung, como si juzgara el intento de huida como una falta imperdonable. Seung-hyung sintió un escalofrío que le erizó la piel. Su corazón latía con violencia. Sabía que no podía escapar de él; la última vez que lo intentó, terminó mordido y sometido brutalmente.

El recuerdo de verse impotente, aceptando el dolor solo para sobrevivir, hizo que su cuerpo empezara a temblar. El sudor frío comenzó a brotar mientras el mundo a su alrededor parecía desvanecerse. Sabía que no debía provocar a un suin excitado: nada de huir, nada de rechazarlo. Sin embargo, sus piernas no respondían a su voluntad.

Do-geon relamió sus labios con una lengua delgada y larga; era la primera vez que Seung-hyung la veía con tanta claridad. Sin parpadear, el suin dio un paso hacia él.

"Hah... Do-geon".

Seung-hyung apretó los puños, intentando mantenerse firme. Llamó al chico con voz temblorosa, y vio cómo Do-geon extendía una mano para atraparlo, deteniéndose apenas un instante antes de tocarlo.

"¿Estás excitado?".

Preguntó Do-geon en un susurro grave. A pesar de la toalla, el suin había notado su estado. Sin poder contenerse más, Do-geon lo cargó en vilo y lo sacó del baño a grandes zancadas.

"¡Do-geon! ¡Do-geon, cálmate! Por favor, ah...".

En cuanto lo dejó sobre la cama, Do-geon se posicionó sobre él y lo besó con ferocidad. Seung-hyung quería preguntar qué había pasado, pero no tuvo oportunidad. Solo pudo aceptar la lengua que invadía su boca y los besos hambrientos.

Mientras lo besaba, Do-geon empezó a recorrer su cuerpo con manos rudas hasta llegar a su cadera. Sujetó el pene de Seung-hyung y comenzó a sacudirlo con una fuerza que rozaba el dolor.

"¡Mmm! ¡Ah, duele! ¡Ah...!".

Solo cuando Seung-hyung gimió de dolor, Do-geon aflojó un poco el agarre, pero continuó moviendo su mano con una urgencia violenta que seguía lastimándolo.

"¡Ah! ¡Ah, basta... duele...!".

Seung-hyung se sacudía por un dolor que no podía contener, girando la cabeza para liberar un grito ahogado. Sin embargo, Do-geon lo sujetó de la mandíbula una vez más, obligándolo a unir sus labios. El suin emitía ronroneos graves y vibrantes mientras mordisqueaba su boca con una ansiedad animal. Sus colmillos, ahora más prominentes, le desgarraban la piel; Seung-hyung sintió que las lágrimas brotaban de sus ojos ante cada dentellada. Incapaz de soportarlo, intentó empujarlo con ambos brazos, lo que provocó que el ceño de Do-geon se frunciera en una mueca de disgusto. Asustado por su reacción, Seung-hyung cambió de táctica y rodeó el cuello del chico con sus brazos, rindiéndose a él.

Do-geon parecía querer devorar incluso el aliento entrecortado de Seung-hyung. Lo manoseaba y lo estrechaba con una urgencia febril, como si buscara algo desesperadamente dentro de su piel. El calor que emanaba el suin era contagioso; Seung-hyung sentía que su propia temperatura subía hasta volverse asfixiante. Su corazón latía con una violencia tal que temía que fuera a estallar.

"¡Mmm, ah!".

Esta vez, Do-geon separó las piernas de Seung-hyung y se dirigió directamente a su entrada. Seung-hyung se encogió ante la sensación de ser invadido, pero por suerte, la preparación previa en la ducha permitió que los dedos del suin se deslizaran con suavidad.

Do-geon soltó un pequeño gemido al penetrarlo con sus dedos. Parecía que el simple contacto lo deleitaba, pues sus ronroneos se intensificaron mientras empujaba más y más profundo. Seung-hyung sintió un escalofrío al notar que el chico alcanzaba zonas que él mismo no había podido tocar.

"Haa, haa...".

Tras jugar con él un momento entre jadeos lascivos, Do-geon se incorporó y tiró de Seung-hyung por las piernas. Con una facilidad asombrosa, lo arrastró hasta que sus piernas quedaron apoyadas sobre los hombros del suin, dejando a Seung-hyung casi en posición invertida.

"Hah, ah, mmm. Do... Do-geon. Haa...".

Aprovechando que el peso del cuerpo de Seung-hyung se desplazaba hacia abajo, Do-geon elevó su propia pelvis y pegó sus labios al orificio del otro. Aunque Seung-hyung se había lavado a conciencia, sentir el aliento y la lengua del suin en ese lugar le resultaba abrumador. No era la primera vez, pero después de tanto tiempo, la intensidad lo sobrepasaba.

"Hah, ah... ah...".

Do-geon continuaba ronroneando mientras succionaba y lamía con devoción. Seung-hyung estaba paralizado, lidiando con una mezcla de incomodidad, vergüenza y excitación, mientras la lengua áspera del suin se adentraba sin piedad en su interior.

El estímulo en esa zona tan delicada hizo que Seung-hyung tensara la cintura. Ante su resistencia, Do-geon apretó con más fuerza sus manos sobre la cadera de Seung-hyung, pegándolo más a su rostro. Su agarre era tan potente que no dejaba el más mínimo margen para escapar.

"¡Ah! ¡Hah... duele! ¡Me duele, ah!".

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Seung-hyung temió que sus huesos no aguantaran la presión. Empezó a forcejear, pero Do-geon solo respondió hundiendo más el rostro y succionando con fuerza. La sensación de vacío y la succión lo dejaron mareado. Su cuerpo ardía mientras la lengua de Do-geon se movía libremente, cubriendo todo de saliva.

"Haa... ah...".

Finalmente, Do-geon lo soltó y lo dejó reposar sobre la cama. Seung-hyung se sintió desfallecer al relajarse tras tanta tensión. El suin, por su parte, se despojó rápidamente de sus pantalones y ropa interior. Su pene, robusto y venoso, se irguió de inmediato con pesadez.

Seung-hyung tragó saliva al ver el tamaño de aquello. Su entrada ya palpitaba por el trato anterior, y ver a Do-geon acercarse para abrir sus rodillas de nuevo lo dejó petrificado. El miedo a la embestida violenta luchaba con su deseo, pero sabía que no tenía escapatoria.

La mirada de Do-geon estaba fija en su objetivo; no había rastro de otra cosa que no fuera deseo sexual en sus ojos. Seung-hyung apretó las sábanas con ambas manos. El suin presionó su cuerpo contra el suyo. La punta caliente y húmeda golpeó la entrada, tanteando antes de empujar con fuerza hacia adentro.

"¡Ah! ¡Hah... ah!".

Aunque la entrada estaba lubricada, fue imposible aceptar aquel grosor sin dolor. El pene abría camino a la fuerza, estirando las paredes internas de Seung-hyung hasta el límite. La sensación de ser desgarrado se mezclaba con una presión insoportable.

"Haa... hah... Do... Do-geon. Ah... espera. ¡Espera! ¡Ahhh!".

Seung-hyung negó con la cabeza y llamó al chico, sintiendo que no podía recibirlo todo de una vez. Pero Do-geon no se detuvo; se dejó caer sobre él y hundió su pelvis hasta el fondo, completando la penetración. Seung-hyung soltó un grito desgarrador al sentir su interior completamente invadido.

"Hah... quédate... quieto. Mmm... Quédate quieto. Si no te meto esto ahora... siento que voy a morderte, Hyung".

Do-geon le habló desde arriba, lamiendo las lágrimas que caían por sus mejillas. Luego, volvió a empujar con fuerza. Seung-hyung sentía su vientre tan lleno que creía que se rompería en cualquier momento.

El dolor se volvió tan agudo que terminó por entumecerlo; ya no sabía cuánto de aquel pene tenía dentro. Empezó a sollozar con los ojos cerrados, y Do-geon, tras lamer sus lágrimas, capturó sus labios en un beso profundo. Las lenguas, ardientes por diferentes razones, se entrelazaron. Seung-hyung intentó apartar la cara, pero el suin lo sujetó de la mandíbula para seguir reclamando su boca.

Perdió la noción de todo. Entre la lengua que exploraba cada rincón de su boca y el pene que devastaba su interior, su conciencia comenzó a nublarse. Do-geon, incapaz de controlarse, gemía y jadeaba mientras movía sus caderas con un ritmo frenético. Seung-hyung, aplastado por aquel cuerpo imponente, solo podía intentar sobrevivir al vendaval de deseo del chico.

"Mmm... haa... ¡Ah!".

Do-geon se separó de sus labios tras succionar su lengua con fuerza. Seung-hyung intentó recuperar el aliento, pero el suin no le dio tregua. Se incorporó y volvió a colocar las piernas de Seung-hyung sobre sus brazos, comenzando a embestir con toda su potencia.

Instalado entre sus piernas abiertas de par en par, Do-geon movía la pelvis a una velocidad asombrosa. Cada vez que su pubis chocaba contra Seung-hyung, el golpe retumbaba en su interior, haciendo que su vientre ardiera. A pesar del calor, Seung-hyung sintió un escalofrío y empezó a sudar frío.

El placer y el dolor coexistían en una lucha constante. Parecía que su cuerpo aún no estaba listo para la intensidad de Do-geon, pero al suin no parecía importarle. Al ver cómo Seung-hyung se sacudía y gemía bajo él, empezó a arremeter con más saña.

"¡Ah! ¡Ahhh! ¡Hah...!".

Do-geon, descontento con la forma en que Seung-hyung se movía intentando escapar del dolor, tiró de sus piernas con más fuerza. La parte inferior de Seung-hyung quedó pegada contra el vello púbico de Do-geon, permitiendo estocadas más profundas y violentas. El dolor empezó a transformarse en una excitación forzada que calentó sus paredes internas.

"Haa... ah... esto es tan excitante".

Murmuró Do-geon con la mirada perdida antes de dar unos últimos golpes tan fuertes que el sonido de la carne chocando llenó la habitación. Finalmente, llegó al clímax y eyaculó profundamente.

"¡Ahhh!".

Seung-hyung se tensó al sentir la descarga hasta el fondo de su ser. Do-geon se estremeció varias veces mientras terminaba de vaciarse dentro de él.

"Haa, haa...".

Tras unos espasmos finales, el suin abrazó a Seung-hyung y lo sentó sobre él sin retirar su pene. Seung-hyung, agotado, se apoyó en su pecho. Sus cuerpos estaban empapados de sudor. Do-geon empezó a recorrer la espalda de Seung-hyung con sus manos, bajando por su columna hasta apretar sus nalgas.

Sin previo aviso, Do-geon volvió a mover las caderas. Su pene, que ya se estaba endureciendo de nuevo, volvió a frotar el punto más sensible de Seung-hyung. Gracias al semen, el roce era ahora más fluido y viscoso, lo que provocó que Seung-hyung se sintiera mareado por el placer repentino.

"Hah... haa... Do... Do-geon".

"Haa... quédate quieto".

Do-geon lo sujetó con más firmeza cuando notó que Seung-hyung empezaba a estremecerse por el exceso de estímulo. Empezó a tirar de sus caderas rítmicamente, haciendo que el sonido de los fluidos al chocar se volviera constante. Seung-hyung lo abrazó con fuerza, temblando mientras el suin se entregaba de nuevo a su lujuria.

"¡Ah! ¡Mmm... ah!".

Daba la impresión de que el celo de Do-geon había regresado. Esa fue la única explicación que Seung-hyung pudo encontrar mientras el suin lo usaba una y otra vez, alternando posiciones sin dejarlo descansar ni un segundo.

"Hah... ah... por favor... basta... ¡Ah!".

Seung-hyung no pudo soportar más la embestida incesante de Do-geon. Su cuerpo colapsó hacia un lado, pero terminó siendo aplastado contra el colchón mientras el suin lo atravesaba sin piedad. El interior, ya empapado por las múltiples eyaculaciones previas, se había vuelto peligrosamente receptivo, permitiendo que el grueso pene de Do-geon entrara y saliera con una facilidad aterradora.

Ante sus forcejeos, Do-geon respondió presionándolo con más violencia. El resultado fue el opuesto al que Seung-hyung deseaba: su punto sensible era golpeado con tal saña que sus músculos se contrajeron por puro instinto, atrapando el pene del suin. Aquella presión adicional solo sirvió para excitar aún más a Do-geon.

En medio de ese ciclo frenético, Do-geon empujó su pene hasta la raíz y, rodeando la cintura de Seung-hyung, giró sus cuerpos. En un parpadeo, Seung-hyung quedó encima, atrapado por la inserción. Con la espalda pegada al pecho de Do-geon, soltó un grito cuando el suin flexionó las rodillas y comenzó a embestir hacia arriba con una fuerza bruta.

Mirando al techo mientras era devastado, Seung-hyung no tenía a dónde ir. Do-geon lo inmovilizó rodeando su torso con ambos brazos y continuó sacudiendo las caderas. El sonido de la carne chocando era húmedo y constante; el pene abría su entrada y hurgaba en sus entrañas sin ninguna consideración. Seung-hyung sollozó, incapaz de detener el vaivén salvaje que parecía querer perforarlo.

"Hah... ah... mmm...".

Desesperado, Seung-hyung apretó el dorso de las manos de Do-geon, que seguían entrelazadas con fuerza sobre su vientre. El suin reaccionó a ese contacto con un ronroneo profundo; levantó la cabeza y, volviendo a girar, dejó a Seung-hyung de espaldas contra la cama una vez más. Seung-hyung, totalmente agotado, se dejó aplastar. Do-geon separó sus piernas a su antojo y, tras acomodarse para tener un ángulo perfecto, se hundió profundamente en él.

"¡Ah! ¡Hah... ah! ¡Espera! ¡Espera un poco!".

En el momento en que el pene alcanzó una profundidad excesiva, Seung-hyung sintió algo aterrador: la carne dentro de él empezó a latir y a hincharse. Al intentar contraerse por el susto, la sensación se volvió aún más explícita.

Era un sentimiento escalofriante que ya conocía. Cuando esto ocurría, el pene de Do-geon quedaba anclado dentro de él, haciendo imposible cualquier intento de separación. Parecía que la base del pene se dilataba, adhiriéndose a sus paredes internas con una firmeza tal que cualquier mínimo movimiento le provocaba un dolor extraño, casi como si miles de pequeñas espinas lo estuvieran punzando desde dentro.

"¡No! ¡No, ah! ¡Do-geon! ¡Do-geon, detente! ¡Ahhh!".

Seung-hyung intentó gatear hacia adelante en un intento desesperado por escapar, pero Do-geon no solo lo retuvo con su peso, sino que terminó clavándole los dientes en la nuca. Los colmillos perforaron su piel, provocándole un dolor agudo que se sumó al tormento que sentía en su interior. El dolor se duplicó, arrebatándole cualquier voluntad de lucha. Do-geon parecía estar sumido en una furia mucho más salvaje que la de su celo anterior; Seung-hyung se sintió completamente indefenso bajo su dominio.

El cuerpo de Seung-hyung, que apenas había logrado avanzar unos centímetros, fue arrastrado de nuevo hacia atrás. Do-geon elevó la pelvis y presionó con su pene hasta el fondo, eyaculando mientras hurgaba en el orificio. Seung-hyung lloraba amargamente ante cada sacudida.

"Hah... haa... lo siento. ¡Perdóname! No me moveré más. Do-geon... ah...".

Do-geon, como si no quisiera escuchar sus súplicas, aplicó más fuerza en su cadera para sellar la entrada por completo con su pene dilatado y volvió a morderle el cuello con saña. Totalmente sometido y abrumado por el dolor, Seung-hyung jadeó mientras escuchaba el gruñido gutural de Do-geon, antes de que su conciencia finalmente lo abandonara y todo se volviera negro.

* * *

Seung-hyung, tras haber perdido el conocimiento por el dolor físico y mental, se vio obligado a continuar con el sexo incluso después de recuperar la conciencia brevemente durante la madrugada. Nam Do-geon lo atacaba cada vez que lo veía, como si su mera existencia fuera un combustible que incitara sus instintos más primarios.

Llegó un punto en el que Seung-hyung, al ver cómo el otro lo aplastaba mientras intentaba dormir, se quedó tendido con el corazón vacío y resignado. Sin embargo, volvió a aterrarse al sentir cómo el pene de Do-geon se hinchaba nuevamente en su interior y trató de escapar. Por supuesto, no llegó lejos; fue capturado frente a la puerta y sometido con violencia. Do-geon lo alzó en vilo para penetrarlo de pie y, cuando su nudo volvió a dilatarse dentro de él, Seung-hyung tuvo que soportar ese suplicio espantoso mientras era arrastrado de vuelta a la cama.

Cuando finalmente despertó de aquel infierno, se encontraba bajo los cuidados de Yoon Shin-woo. Él, que le aplicaba ungüento en la nuca, dio un respingo al ver que Seung-hyung abría los ojos.

"¿Seung-hyung? Seung-hyung, ¿se encuentra bien?".

"Haa, sí… ugh".

Respondió por el simple hecho de estar vivo, pero en cuanto intentó levantar la cabeza, los sentidos que habían estado adormecidos despertaron de golpe, trayendo consigo una oleada de dolor que lo obligó a tumbarme de nuevo. La cintura, el trasero, las piernas, la nuca y los hombros… No había un solo rincón de su cuerpo, desde los huesos hasta los músculos, que no le escociera o le doliera de forma insoportable.

Mientras permanecía encogido por el impacto del dolor, Shin-woo terminó de aplicar una capa generosa de pomada en su cuello. Era un gel transparente que aceleraba la cicatrización. Al notar dónde lo ponía, Seung-hyung supo que Do-geon le había vuelto a herir la nuca con sus colmillos.

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"Por favor, quédese acostado".

Dijo Shin-woo con voz cargada de preocupación. Seung-hyung tragó saliva con dificultad y, tras un momento de silencio, preguntó por él.

"¿Y Do-geon?".

"El joven amo Do-geon… está en el jardín".

El tono melancólico de Shin-woo hizo que Seung-hyung soltara un suspiro. Probablemente estaría escondido en su refugio, sumido en el arrepentimiento o la depresión tras lo que le había hecho.

"Ayer… Do-geon estaba muy extraño. ¿Sabe por qué?".

"……".

Shin-woo guardó silencio. Su mudez fue la confirmación de que sabía perfectamente lo que había ocurrido.

"Lo sabe, ¿verdad?".

Ante su pregunta, formulada con una voz aún más lúbrega, Shin-woo se acomodó y soltó la verdad.

"Parece que fue por culpa del joven amo Woo-geon".

"¿Él lo hizo?".

"Sí. Cuando fui a llamarlos para desayunar, el joven amo Do-geon lo tenía a usted fuertemente abrazado. Al principio pensé que simplemente habían copulado, pero Do-geon me pidió que cuidara de usted y salió corriendo".

"¿Fue a buscar a ese hombre, a Nam Woo-geon?".

Seung-hyung escuchó a Shin-woo sin moverme; su cuerpo no le permitía nada más.

"Sí, fue un caos desde temprano. Yo no lo vi por estar cuidando de usted, pero otros suines dijeron que fue aterrador. Por suerte, el joven amo Woo-geon no se defendió y todo terminó en una paliza unilateral".

"¿Do-geon golpeó a Woo-geon?".

"Al parecer, el joven amo Woo-geon le dio algo de beber la noche anterior. Eso hizo que Do-geon perdiera el juicio y actuara así con usted… Llamamos a un médico para que revisara su estado antes de irse. Si siente algún dolor inusual, dígamelo de inmediato".

Entonces Seung-hyung recordó que Woo-geon había insistido en tomar té antes de irse. Le había parecido extrañísimo que Do-geon actuara como si hubiera entrado en celo de nuevo, pero jamás imaginó que hubiera una trampa tan rastrera detrás.

"Ese loco…".

"¿Perdón?".

"Woo-geon. ¿Cómo puede existir alguien así? Es un psicópata retorcido y sombrío".

"Hah, estoy de acuerdo. Ni siquiera yo puedo entenderlo esta vez. Supongo que, al no poder hacerle nada directamente a usted por ser humano, ideó este plan, pero no fue la forma correcta, en absoluto".

"Por supuesto que no. Hubiera preferido que me golpeara a mí".

Seung-hyung se incorporó en la cama apretando los dientes.

"¡Ugh!".

"¡No, no se levante!".

Shin-woo intentó detenerlo mientras Seung-hyung se apoyaba en el colchón con gran esfuerzo. Parecía alarmado al ver al humano forzar su cuerpo herido.

"Haa, me gustaría quedarme aquí, pero… Do-geon debe de estar sufriendo mucho. ¿Cómo voy a quedarme descansando cómodamente?".

"¿Cómo supo que él está sufriendo?".

"Es obvio. …Desde su celo, ni siquiera se atrevía a tocarme así".

"¿Eh? ¿Quiere decir que no habían copulado desde entonces?".

"Bueno, no entraré en detalles, pero no habíamos tenido sexo real. …Él se contenía mucho porque yo todavía me ponía muy tenso".

"Ah, por eso estaba tan furioso el joven amo Do-geon".

Incluso con esa breve explicación, era fácil imaginar el cuadro. Si el chico que tanto quería a su hermano mayor había estallado de esa forma, sus razones eran más que comprensibles. Y para Do-geon, que siempre se disculpaba y cuidaba de Seung-hyung, darse cuenta de que lo había poseído perdiendo la razón debió de ser un golpe devastador.

"¿Y dónde está ese hombre ahora?".

"¿Se refiere a Woo-geon? Se fue de la mansión inmediatamente después. La señora salió ayer y no ha regresado, y el señor ya se había ido a trabajar, lo cual es una suerte, aunque seguramente ya estará informado".

"¿No dirán ahora que debo irme porque los hermanos se pelearon por mi culpa?".

"Mmm, no lo sé. Quizás la señora no, pero el señor se enfadará. Detesta profundamente cualquier tipo de escándalo o desorden".

Soportando el dolor, Seung-hyung se quitó las mantas y se puso de pie. Llevaba solo una bata. Al notar que su cuerpo estaba limpio, supuso que lo habían aseado mientras dormía. Caminó hacia la salida.

"Seung-hyung, por favor, quédese. Necesita descansar".

Shin-woo lo seguía, preocupado al verlo cojear. El orificio le seguía ardiendo y sentía como si sus huesos de la pelvis se hubieran desencajado tras tantas horas de embestidas.

"Estoy bien. Descansaré con Do-geon cuando lo traiga, así que no se preocupe".

"Pero…".

"Ah, Shin-woo, traiga una bata para Do-geon. Probablemente regrese desnudo".

Tras darle esa instrucción, salió de la habitación. Bajar las escaleras fue una tortura; tuvo que aferrarse a la barandilla y bajar peldaño a peldaño, tragándose los quejidos. Se dirigió al jardín, pero se detuvo al ver que Nam Do-geon venía hacia él, completamente vestido. Do-geon también se detuvo al verlo y, con el rostro endurecido, se acercó.

"Do-geon, qué sorpresa que estés—".

"Hyung Shin-woo, prepara las maletas de Hyung Seung-hyung".

"¿Qué?".

Do-geon le habló a Shin-woo, que venía detrás con la bata. Seung-hyung se quedó mudo de la indignación al ver que el suin ni siquiera lo miraba y pedía que empacaran sus cosas.

"Que prepares las maletas de Seung-hyung para que pueda irse".

Ante la confusión de Shin-woo, Do-geon repitió la orden con una voz sumamente tajante.

"¿A... ahora?".

"Sí".

"Ah, mmm... de acuerdo".

Shin-woo dudó, pero terminó asintiendo y regresó por donde vino. Seung-hyung observó a Do-geon mientras los pasos del otro se alejaban. El suin, frente a él, le lanzó una mirada fugaz antes de desviar la vista.

"¿Lo dices en serio?".

"Sí".

Do-geon respondió con brevedad, como si no quisiera ni dirigirle la palabra. Esa respuesta seca se sintió profundamente cruel.

"¿Me vas a echar así?".

"……".

"Do-geon, mírame".

Al ver que no podía sostenerle la mirada, Seung-hyung dio un paso hacia él. Intentó sujetarlo del brazo por la frustración, pero Do-geon lo esquivó con rapidez. Seung-hyung miró su mano vacía en el aire y luego al suin. El chico frunció el ceño con dolor y soltó un pesado suspiro.

"Ya no puedo seguir viviendo con Hyung. Me preocupa lo que piense mi familia, y lo que hizo Hyung Woo-geon es irritante. Además, supongo que para Hyung, copular conmigo ahora debe ser algo horrible, así que no veo por qué deberíamos seguir juntos".

Nam Do-geon hablaba sin parar, como si estuviera enumerando una a una las razones por las que debía echar a Seung-hyung de su lado. Utilizaba ese tono ligero de siempre, pero sus palabras no sonaban sinceras en lo absoluto. Era evidente que intentaba ocultar sus verdaderos sentimientos fingiendo indiferencia. A Seung-hyung le dolía el corazón al recordar aquellos ojos claros que antes lo miraban con el deseo desesperado de no dejarlo ir nunca.

"Nam Do-geon".

"No, basta. No quiero hablar más de esto contigo. Para ser honesto, cada vez que te veo solo quiero copular, pero tú tiemblas de miedo con solo ver mi pene. Eso, francamente, me resulta desagradable, ¿sabes?".

"Oye, Nam Do-geon".

"Haa, ¿de verdad eres tan lento? Ya te dije que no pienso vivir con una hembra con la que no puedo copular. Te lo estoy diciendo de buena manera, así que ¿por qué no te retiras sin armar escándalo en lugar de seguir llamándome?".

Al escuchar esas palabras vacías que soltaba sin siquiera dignarse a mirarlo, Seung-hyung sintió que el dolor aumentaba y se acercó a él. Sin embargo, el suin retrocedió la misma distancia que él avanzó, manteniendo la brecha entre ambos.

"¿Es que no me oyes? Te estoy diciendo que te vayas. Ahora mismo".

"Solo dime que lo sientes".

"……".

"Con eso basta. Estoy bien, Do-geon. Lo que pasó no fue tu culpa. Lo entiendo todo".

Aunque estaba desconcertado por la forma tan inesperada en que Do-geon expresaba sus emociones, Seung-hyung logró calmarse para hablarle con suavidad. Al oírlo, la expresión de fastidio de Do-geon se desmoronó de inmediato, revelando su agitación interna. El chico apretó los labios y tragó saliva, pero seguía siendo incapaz de sostenerle la mirada. Con los puños cerrados y la vista perdida en algún punto del vacío, finalmente bajó la cabeza y habló.

"No tienes idea de cuánto gritaste ayer".

"……".

"No sabes lo aterrorizado que estabas ni cuánto temblabas al verme. Lo sentí todo, lo vi todo, y aun así no pude reprimir mis instintos... Te destrocé. ¿Y dices que estás bien?".

Do-geon soltó una risa amarga. Esa risa rota dejaba al descubierto un profundo autodesprecio que Seung-hyung no pudo ignorar. Se quedó mirándolo, sin saber qué hacer por aquel chico que parecía más herido por el hecho de haber causado daño que por cualquier otra cosa.

"Para ti, no soy más que un monstruo. Así que vete ahora que te estoy dejando marchar".

Do-geon pronunció aquellas palabras con un rostro cargado de desesperación y pasó de largo junto a él. Seung-hyung permaneció en silencio, viendo cómo el chico se alejaba con frialdad sin haberlo mirado a la cara ni una sola vez. Deseaba retenerlo, pero temía que insistir fuera causarle una herida aún más profunda, por lo que no se atrevió a dar un paso al frente.

El día anterior, Seung-hyung había estado tan absurdo y sobrepasado tratando de soportar a un Do-geon que había perdido el juicio por la excitación, que no recordaba qué expresión tenía o en qué estado se encontraba. Sin embargo, Do-geon parecía recordar con total nitidez a un Seung-hyung retorciéndose de dolor. Solo de pensarlo, una angustia insoportable se apoderó de él. Al final, parecía que el deseo mutuo de protegerse solo terminaba lastimándolos a ambos. Y aquello era una agonía insoportable.

* * *

Seung-hyung abandonó la mansión tras la decisión unilateral de Nam Do-geon.

Al principio, intentó por todos los medios hacerlo cambiar de opinión. Sin embargo, el primer día Do-geon salió temprano y no regresó hasta la noche, y a partir del segundo, dejó de volver a casa por completo. Era evidente que no tenía la menor intención de cruzar miradas con él. Tras una espera sin promesas de retorno, Seung-hyung no tuvo más remedio que empacar sus pertenencias y marcharse.

Antes de irse, firmó un acta notarial en la que juraba no revelar jamás la verdadera identidad de los suines, bajo advertencia de pagar las consecuencias si faltaba a su palabra. Aunque dudaba de su validez legal, la presión psicológica era real; ellos sabían demasiado sobre él, incluso conocían el hospital donde estaba Ahn Seung-yu.

Con esa última señal de alerta grabada en la mente, dio por finalizado el contrato y regresó a su casa en el coche que el presidente le había asignado. Yoon Shin-woo, quien lo acompañó hasta el final, ayudó a subir sus maletas, despidiéndose de lo que, con el tiempo, se había convertido en una especie de amistad. Seung-hyung lo vio bajar las escaleras, volviéndose varias veces con una mirada cargada de nostalgia, y él le devolvió el saludo con una sonrisa agridulce.

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La sensación de pérdida y soledad que sintió tras la muerte de sus padres volvió a invadirlo. Pensaba que, tras haber vivido tan ocupado pagando las facturas médicas de Seung-yu, ya se había acostumbrado a la soledad, pero parece que la vida en la mansión se le había metido bajo la piel. El vacío que sentía ahora se transformó en una melancolía sofocante. En sus momentos más bajos, se aferraba al oso de peluche que Do-geon le había regalado, dejando que los días pasaran uno tras otro.

Pasó una semana entera sumido en ese letargo hasta que, finalmente, reaccionó. Fue al ver la enorme suma de dinero depositada en la cuenta que había registrado al firmar el contrato. Su teléfono, que había estado apagado por falta de carga, emitió un pitido de notificación en cuanto lo conectó.

Le habían prometido un salario, pero al no tener el móvil consigo en la mansión, no había tenido oportunidad de comprobarlo; y tras salir, simplemente no tenía ánimos de hacerlo. Sin embargo, el sonido lo sacó de su ensimismamiento y entró en la aplicación del banco. Durante los meses que pasó con Do-geon, los ingresos se habían realizado puntualmente cada mes.

No había llevado la cuenta exacta del tiempo, pero al ver el saldo, se quedó petrificado: tenía 200 millones de wones. Recordaba que antes de entrar apenas le quedaban diez mil. Pero la sorpresa fue mayor al revisar la bandeja de mensajes acumulados y encontrar varios con el texto: "Reembolso completado". Eran confirmaciones de que todas sus deudas anteriores habían sido liquidadas. Por eso nadie lo había llamado al encender el móvil. Parecía que el presidente se había encargado de limpiar su pasado financiero por completo.

Bzzzt.

Mientras miraba la pantalla atónito, llegó un mensaje de un número desconocido.

[Si desea algo más, hágamelo saber a través de este número.]

El contrato estipulaba que, al finalizar, cumplirían cualquier deseo que él tuviera. Mientras estaba con Do-geon, no sentía que el trato hubiera terminado, pero al ver estos cierres definitivos, la realidad lo golpeó de lleno. Realmente había regresado a su mundo.

Decidido a retomar las riendas de su vida, Seung-hyung pagó las facturas de servicios y el teléfono que tenía atrasados. Contactó con el casero, que ya planeaba descontar la renta del depósito, y solucionó el asunto. Limpió su casa, comió y fue al hospital a ver a Seung-yu. Allí encontró al cuidador que ya conocía.

"¿Hasta cuándo trabajará aquí?".

Seung-hyung, que había estado observando el rostro de su hermano en silencio, se dirigió al hombre que trabajaba a su lado.

"Bueno, no he recibido nuevas instrucciones, así que supongo que continuaré por ahora".

Se preguntó hasta cuándo mantendrían ese apoyo. Decidió que sería prudente preguntarlo cuando decidiera qué pedir a través del número que le enviaron.

"Cuidar de un paciente inconsciente no es tarea fácil. Gracias".

"Es mi trabajo, también tengo que ganarme la vida".

La actitud estoica y directa del hombre ayudó a Seung-hyung a no sentirse tan culpable. Mientras lo observaba trabajar sin muestras de cansancio, el cuidador habló de nuevo.

"Parece que ya no está con el joven amo Do-geon".

"Ah, sí... ¿Cómo lo supo?".

Sentía que hacía una eternidad que no escuchaba el nombre de Do-geon. En la mansión, el tiempo volaba; aquí, parecía arrastrarse. Cada día se sentía como si tuviera treinta y seis horas, y ese silencio constante era casi una tortura.

Por eso, cuando estaba en casa, solo dormía o miraba vídeos en el móvil. A diferencia de antes, cuando vivía asfixiado por las deudas y el cansancio, ahora tenía una vida llena de comodidades, pero no era feliz. Sentía un vacío que nada lograba llenar.

Escuchar el nombre de Do-geon en ese momento hizo que su corazón diera un vuelco, como si recibiera una buena noticia. Fue un estímulo inesperado en medio de su monótona existencia.

"Porque casi no huelo al joven amo en usted".

"Ah... ya veo".

Que dijera "casi" significaba que todavía quedaba algo de rastro. Y eso que se había duchado innumerables veces desde que regresó a casa. Aunque solo fuera un olor, lo sintió como el último vestigio de la presencia de Do-geon. Se había sentido desolado pensando que aquellos meses serían borrados como si nada, así que aquello le sirvió de pequeño consuelo.

Con esa excusa para volver a pensar en él, Seung-hyung sonrió con amargura. Nunca imaginó que se encariñaría tanto con el suin, pero ahora que no podía verlo, la nostalgia le pesaba. …A medida que pasaba el tiempo, el vacío crecía y lo extrañaba más.

"He vuelto a casa. Vendré al hospital más seguido a partir de ahora".

"Entiendo. ¿No va a trabajar?".

"¿Trabajar?".

Con las deudas pagadas y dinero de sobra para los gastos de Seung-yu y los suyos, la presión económica había desaparecido. No había pensado en buscar empleo aún; después de una vida arrastrado por las deudas, quería disfrutar de su libertad.

Claro que, contrariamente a ese deseo, la soledad en su casa lo hundía cada vez más. Quizás por eso pensaba tanto en Do-geon. Además, le preocupaba si el chico habría logrado superar el trauma de lo ocurrido.

"Tendré que... buscar algo".

Murmuró tras quedarse pensativo. No sabía cuándo despertaría Seung-yu, así que sería bueno seguir ahorrando.

"Anteayer...".

Seung-hyung estaba pensando que prefería mantenerse ocupado antes que dejarse consumir por la melancolía, cuando el cuidador retomó la palabra.

"El joven amo Do-geon estuvo aquí".

"¿Do-geon vino aquí? ¿Por qué?".

Seung-hyung se sobresaltó. Era lo último que esperaba escuchar.

"Dijo que quería ver a Seung-yu. Le dio ánimos y le deseó que despertara pronto".

"¿A Seung-yu? …¿Y no preguntó por mí?".

"Me preguntó cuándo fue la última vez que lo vi a usted. Preguntó si parecía estar bien o si se veía enfermo".

Seung-hyung sintió una punzada en el pecho. Me echa de casa y luego se preocupa así, pensó conmovido. Se dio cuenta de que Do-geon era sincero tanto con él como con su hermano. Había ido al hospital porque lo extrañaba, y preguntaba por él porque le importaba.

A pesar de saber que no deberían volver a verse, que tras esa despedida debían vivir como extraños, Seung-hyung deseaba volver a encontrarse con él. Cuanto más intentaba convencerse de que no era buena idea, más crecía su deseo.

"Y me pidió que, cada vez que usted viniera a ver a Seung-yu, tratara de hacerle compañía y hablar con usted".

"¿Do-geon dijo eso?".

"Sí. No soy alguien muy sociable con los humanos, pero si a usted le parece bien, puedo ser su compañero de charla".

Seung-hyung pensó que ya no debían formar parte de la vida del otro, pero parecía que Do-geon quería dejarle un vínculo, por pequeño que fuera. Se había preocupado incluso por su soledad y se había asegurado de que tuviera con quién hablar en el hospital. En ese momento, el final de su historia le pareció más trágico que nunca.

"Gracias".

Respondió Seung-hyung, conteniendo con esfuerzo el nudo que amenazaba con cerrarle la garganta al concentrarse en sus propios sentimientos.

* * *

Dos semanas después, Seung-hyung comenzó a trabajar a tiempo parcial en un restaurante de carnes no muy lejos de su casa. Como su certificado de salud aún estaba vigente, pudo empezar de inmediato. Su horario era de nueve de la mañana a cuatro de la tarde; el turno de la noche ya estaba cubierto, así que se quedó con el matutino. A diferencia de sus días pasados, cuando trabajaba sin descanso ni horario, esta rutina le permitía disfrutar de sus tardes y adaptarse con rapidez.

Su vida se volvió una repetición tranquila: despertar temprano, desayunar, trabajar, pasar por el hospital para cuidar de Seung-yu y cenar con el señor Kang Jong-mun, el cuidador. Al volver a casa, se bañaba y dormía para empezar de nuevo. Aunque a veces el trabajo era agotador cuando llegaban grupos grandes, el tiempo se le pasaba volando entre servir mesas, limpiar parrillas y recoger platos.

Estar ocupado le devolvió las ganas de vivir. Sin deudas, sin soledad extrema y con una estabilidad emocional que nunca había experimentado, Seung-hyung empezó a sonreír más a menudo. Estaba, en apariencia, muy bien.

Sin embargo, el recuerdo de Nam Do-geon lo asaltaba en los momentos más inesperados. Incluso cuando reía con sus compañeros de trabajo, el rostro sombrío de la última vez que vio al suin aparecía en su mente, haciéndolo sentir culpable por su propia felicidad.

¿Está bien que viva así? ¿Estará él bien? Él se alejó con frialdad para protegerme, ¿y yo soy el único que está disfrutando de la vida?, se preguntaba, y su ánimo se hundía hasta el fondo.

Cuando estaba mal, pensaba en Do-geon; ahora que estaba bien, también pensaba en él. Empezaba a creer que lo suyo era una enfermedad y trataba de borrarlo de su cabeza, pero la curiosidad por saber cómo estaba siempre regresaba. A veces deseaba que el chico lo hubiera olvidado ya, para poder liberarse de esa persistente culpa y nostalgia.

"¿Ya terminaste de trabajar?".

Seung-hyung salía del local intentando sacudirse esos pensamientos cuando se topó con un hombre frente a la puerta. Era Yoo Mun-ju, el hijo del dueño, un estudiante universitario de veintitrés años. Tras cruzarse varias veces cuando él venía a ver a sus padres, Mun-ju había empezado a hablarle con frecuencia, sintiéndose más cercano al saber que tenían la misma edad.

"Ah, sí... Bueno, hasta luego".

Seung-hyung hizo una reverencia e intentó pasar de largo, pero Mun-ju lo sujetó del brazo. Sorprendido por la fuerza del agarre, Seung-hyung lo miró, y el joven soltó el brazo de inmediato, visiblemente apenado.

"Lo siento".

"No se preocupe. ¿Quería decirme algo?".

"Ah, esto...".

Mun-ju vaciló. Seung-hyung esperó pensando que se trataría de algún favor difícil, hasta que el joven finalmente habló.

"¿Quieres ir a comer conmigo?".

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La pregunta, hecha tras tanto titubeo, sonó cargada de intención. Aunque en Corea invitar a comer puede ser un simple saludo, la rigidez de Mun-ju y lo repentino de la propuesta recordaban a una invitación a una cita. Seung-hyung se sintió incómodo; antes de conocer a Do-geon, jamás habría pensado que un hombre pudiera verlo como un interés romántico, pero ahora no podía evitar interpretarlo así.

"Lo siento, tengo un compromiso".

Seung-hyung declinó con una sonrisa educada, fingiendo no notar sus intenciones. El rostro de Mun-ju se puso rojo como un tomate. Avergonzado, se disculpó y entró apresuradamente al restaurante tras desearle un buen viaje.

¿Será que tengo un rostro que atrae a los hombres?, se preguntó Seung-hyung con extrañeza. Recordó que sus amigos y superiores masculinos siempre habían sido muy amables con él, pero siempre lo había atribuido a la amistad. Ahora, cada momento del pasado le resultaba sospechoso. Aunque, por supuesto, aquello no cambiaba nada en su situación actual.

Al final, Do-geon se había sentido atraído por él debido a su naturaleza de suin y al "olor a hembra" que desprendía.

Soltó un suspiro al darse cuenta de que volvía a pensar en el chico. Se preguntó si Do-geon ya habría buscado a otro compañero, después de lo mucho que él mismo le había advertido que tuviera cuidado con otras personas.

Cada palabra y gesto de Do-geon en el pasado habían sido genuinos. Darse cuenta de que ahora todo eso se había convertido en nada, como si fuera una mentira, le dejaba un sabor amargo.

Ese día, sintiéndose particularmente decaído, caminó hacia su casa, pero terminó desviándose hacia el mercado. Sin un rumbo fijo, recorrió los puestos recordando los momentos que pasó allí con Do-geon, comprando cosas por pura nostalgia antes de regresar finalmente a su edificio.

"¡Seung-hyung!".

Una voz familiar lo hizo saltar de sorpresa. Por un momento pensó que era una alucinación, pero realmente era Yoon Shin-woo. Seung-hyung se quedó paralizado hasta que el otro se acercó.

"Shin-woo, ¿qué hace aquí?".

"Tenía un tiempo libre y, estando fuera, me acordé de usted y decidí venir. Me preocupaba no encontrarlo, pero qué suerte que nos cruzamos".

Shin-woo no había cambiado nada, y Seung-hyung se alegró sinceramente de verlo.

"¿Cómo está?".

"Bien, ya sabe. Pero parece que usted ha perdido peso, Seung-hyung".

"¿Yo? Ah, es que en la mansión comía muy bien y me movía poco, así que había subido un poco".

A diferencia de la mansión, ahora tenía que cocinarse o comprar su comida, y a veces se saltaba comidas, volviendo a su peso habitual. Sin embargo, Shin-woo lo miraba con lástima.

"Estoy bien, de verdad".

"El joven amo Do-geon también ha adelgazado mucho... Ver que usted está igual me duele el corazón".

"¿Do-geon también?".

Seung-hyung había ido al hospital casi a diario esperando encontrarlo, pero el cuidador le dijo que el suin no había vuelto desde aquel día. Aunque deseaba que estuviera bien, saber que había desmejorado le preocupó profundamente.

"El joven amo empezó a sentirse mal hace unos tres días y no sale de su habitación".

"¿Qué tiene?".

"No lo sabemos. Se desmayó de repente y lo llevamos al hospital, pero las pruebas no muestran nada claro. El médico dice que podría ser algo psicológico. Sus padres están muy preocupados".

"¿De verdad? Pero si está mal, ¿por qué no está en el hospital? Debería hacerse más estudios en un lugar más grande".

"Él se negó. En realidad, desde que usted se fue de la mansión, solo salió una vez y desde entonces se la pasa en el jardín. Casi no come, no habla con nadie... El médico que vino a la mansión dijo que, sobre todo, debe cuidar su nivel de estrés".

Seung-hyung se sintió fatal. Habría preferido escuchar que Do-geon estaba siendo feliz.

"¿Él... pregunta por mí?".

"No lo dice directamente, pero... es evidente que lo extraña".

"¿Usted cree?".

"Sí. Se pasaba el día en el jardín y, cuando entraba, se quedaba en la habitación que era de usted. Pero como su olor se fue desvaneciendo, volvió a su propia habitación. Pensé que el tiempo lo curaría, pero solo ha empeorado, por eso vine a buscarlo".

"¿Y por qué me busca a mí...?".

"Esto... ¿podría darme alguna prenda de ropa que usted haya usado?".

"Dársela no es problema, pero ¿será bueno eso para Do-geon?".

Seung-hyung quería verlo en ese mismo instante, pero el temor a empeorar las cosas lo hacía dudar. Shin-woo suspiró.

"Yo también lo pensé mucho, por eso vine a escondidas. El joven amo no tiene fuerzas y enferma sin razón aparente; me da miedo que termine con algo grave. Pensé que cualquier método es mejor que no hacer nada".

Shin-woo lo miraba con ojos suplicantes. Tras mucho dudar, Seung-hyung entró a su casa y regresó con una camiseta que usaba para dormir, bien envuelta en una bolsa. Al entregársela, también le dio su número de teléfono. Le pidió que se lo diera a Do-geon en caso de que quisiera hablar con él. Shin-woo le agradeció profundamente con una reverencia antes de marcharse.

* * *

Pasaron varios días desde la visita de Yoon Shin-woo. Ni él ni Nam Do-geon se habían puesto en contacto todavía. Seung-hyung vivía pegado al teléfono, torturado por las dudas: ¿acaso Do-geon se negaba a hablar con él hasta el final? ¿O su estado de salud había empeorado? Sin nada más que pudiera hacer, se limitaba a esperar una señal, cualquier notificación que rompiera aquel silencio sepulcral.

"Coma un poco de pastel antes de irse".

Justo cuando Seung-hyung se quitaba el delantal, desanimado por otro día sin noticias, el dueño del restaurante lo llamó. Por la mañana el trabajo era frenético, pero pasada la hora del almuerzo, el ambiente se volvía apacible. Al ver al jefe acomodar platos y cubiertos sobre una mesa, las empleadas más veteranas se acercaron de inmediato. Aunque no tenía mucho apetito, Seung-hyung se unió al grupo para no desentonar.

"Jefe, ¿a qué se debe el pastel?".

"Ah, ayer fue el cumpleaños de mi hijo", respondió el dueño con una sonrisa de orgullo. "Compré uno para celebrar, pero como el muchacho es tan popular, ya le habían regalado otros. Así que decidí traer este para que lo compartamos aquí".

Las empleadas rieron, comentando lo apuesto que era el hijo del jefe. Seung-hyung asintió en silencio mientras recibía un plato con una generosa porción de pastel de crema y frutas.

"Gracias a esto como pastel después de tanto tiempo", comentó una de las mujeres. "En mi casa a nadie le gusta, así que si compramos uno, termina pudriéndose en la nevera".

"¡En la mía igual! Mi marido dice que la crema le revuelve el estómago, así que ni lo olemos".

Seung-hyung escuchaba la charla trivial mientras saboreaba la suavidad dulce del pastel. En medio de ese ambiente cálido y familiar, la campana de la entrada sonó. La conversación se detuvo de forma natural al ver entrar a Yoo Mun-ju. Desde que Seung-hyung rechazó su invitación a comer, el joven no se había pasado por el local. Sintiéndose extrañamente culpable, Seung-hyung lo saludó rápidamente entre el bullicio de las demás y terminó su porción de un bocado. Miró el reloj: era su hora de salida.

"¿Dijiste que ayer fue tu cumpleaños? ¡Felicidades!".

"Ah, gracias. Veo que están comiendo pastel".

Seung-hyung se escabulló hacia la cocina con su plato vacío. Limpió los restos de crema, dejó el plato en el fregadero y se quitó el delantal.

"Jefe, ¿puedo retirarme ya?".

"¿Eh? ¿Ya terminaste? Come un poco más", le dijo el dueño, distrayéndose de su charla con Mun-ju. El hombre siempre había sido especialmente amable con Seung-hyung, diciendo que, al tener la misma edad que su hijo, le recordaba a él.

"Estoy bien, gracias. Estaba muy rico".

Seung-hyung hizo una reverencia.

"Me dijiste que dejaste la universidad, ¿verdad? Mun-ju tiene tu misma edad, seguro que tienen mucho en común. Deberían ser amigos".

La propuesta del dueño fue inesperada y puso a Seung-hyung bajo el foco de atención de todos. Las empleadas apoyaron la idea de inmediato, diciendo que sería estupendo que dos jóvenes tan apuestos se llevaran bien.

"Por mí está bien", intervino Mun-ju, sacando a Seung-hyung de su incómodo silencio. "Me gustaría ser su amigo, pero parece que aún somos un poco distantes".

"¡Qué distantes ni qué nada! Son hombres, no sean tímidos", insistió el jefe. "Seung-hyung, hazte amigo de mi hijo. Es un buen chico, muy atento. Salgan a beber, vayan por ahí...".

"Ah, sí... es que soy un poco introvertido...".

"La timidez se cura conviviendo. ¡Venga, intercambien números!".

El entusiasmo del jefe dejó a Seung-hyung sin escapatoria. Mun-ju se acercó con su teléfono ya desbloqueado.

"Cambiemos números".

Dudando ante la mirada expectante de todos, Seung-hyung tomó el móvil con una sonrisa forzada y marcó su número. Mun-ju le devolvió la llamada al instante para que el contacto quedara registrado.

"Soy Yoo Mun-ju".

"Sí, yo soy... Ahn Seung-hyung".

Aunque ya conocía de sobra su nombre por las constantes alabanzas de su padre, Mun-ju apenas terminaba de registrar el suyo. Tras despedirse de todos, Seung-hyung salió del local, pero Mun-ju lo siguió de inmediato.

"¿No llevas mochila ni nada?".

Al sentir la presencia a sus espaldas, Seung-hyung soltó un suspiro contenido y se dio la vuelta.

"Vivo cerca, así que solo cargo con el móvil y la tarjeta".

Notó que Mun-ju lo observaba con excesiva curiosidad. Consciente de que el jefe los miraba a través del cristal del restaurante, Seung-hyung decidió enfrentar la situación.

"¿Quieres caminar un poco?".

Los ojos de Mun-ju se agrandaron, sorprendido por la iniciativa. Seung-hyung empezó a caminar y el joven lo siguió de cerca.

"Esto va a sonar grosero, pero... ¿te gustan los hombres?".

Seung-hyung preguntó directamente, dispuesto a disculparse si el otro se ofendía. Para su sorpresa, Mun-ju soltó una carcajada. No hubo indignación ni negación, lo cual desconcertó a Seung-hyung.

"¿No es eso?".

"¿Por eso me rechazaste de forma tan tajante el otro día?".

"Bueno, sí".

"A ver, para ser sincero, soy bisexual", confesó Mun-ju. "Me atraen ambos. Pero hasta ahora solo he salido con chicas. Hace poco que descubrí que también puedo sentir algo por un hombre, así que me sale un poco torpe lo de coquetear".

"Ah... ya veo".

Seung-hyung se quedó sin palabras. Aquello explicaba la actitud agobiante y repentina del chico.

"Si te soy honesto, no es que quiera forzar nada ahora mismo. Simplemente eres guapo y tenemos la misma edad, así que quería que fuéramos cercanos. No tengo malas intenciones, ¿ni siquiera podemos ser amigos?".

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Mun-ju sonreía con amargura, pero sus ojos buscaban ansiosamente la aprobación de Seung-hyung. Este no sabía si confiar del todo en sus palabras; después de todo, no lo conocía. Sin embargo, no quería arruinar el buen ambiente de trabajo ni ofender al hijo de su jefe.

"¿De verdad no tienes malas intenciones?".

"Por ahora son puras", bromeó Mun-ju. "Quiero hablar contigo, conocernos, comer algo, beber... ir al cine si te parece bien".

"¿Dices 'por ahora' porque si nos hacemos cercanos esas intenciones podrían volverse malas?".

"¿No podrías llamarlo 'instinto' o 'deseo' en lugar de 'malas intenciones'? Por mucho que me gustara alguien, jamás usaría la fuerza".

Mun-ju era más alto y robusto que Seung-hyung. Al verlo hablar con tanta franqueza sobre su fuerza física, no le pareció una mala persona. Si hubiera querido fingir, no habría sido tan honesto sobre su orientación o sus impulsos.

"Me alegra oír eso... Si intentas algo raro, no me voy a quedar de brazos cruzados".

Ante la advertencia, Mun-ju volvió a reír con ganas.

"Hablo en serio. ¿Quieres que echemos un pulso para ver quién es más fuerte? Parezco flojo, pero tengo fuerza".

"Hah, de verdad... Eres divertido. Está bien, lo tendré en cuenta".

Yoo Mun-ju, que respondía con una sonrisa, parecía haber encontrado bastante gracia en las palabras de Seung-hyung. Aunque este no pretendía ser gracioso, no le pareció mal la forma tan dócil en que el otro reaccionaba, así que terminó sonriendo también.

"¿Ya te vas a casa?".

"Ah, sí. Voy por este camino".

"Dijiste que vivías cerca, ¿verdad? ¿Puedo acompañarte?".

"¿Por qué? ¿Para averiguar dónde vivo?".

"Eh... no había pensado tan lejos. Es solo que, como el ambiente era agradable, me daba pena despedirnos así".

Ante la pregunta teñida de broma, Mun-ju respondió con una turbación evidente en el rostro. Aquello de que le daba "pena despedirse" sonó más sincero de lo que Seung-hyung esperaba, por lo que sintió la necesidad de trazar una línea clara.

"Honestamente, Mun-ju, solo puedo ser tu amigo. Entre hombres de la misma edad, ser cercanos está bien... pero nada más allá de eso".

Era la primera vez que rechazaba a alguien de forma tan directa. De hecho, fue algo que no pudo hacer ni con Nam Do-geon, pero con Yoo Mun-ju sentía que era imperativo. No quería andar pendiente de sus sentimientos y dejar que crecieran, para terminar metido en un problema más adelante.

"¿Tienes pareja? ¿O es porque soy un hombre? ...Ah, debí preguntar eso primero. Lo siento, las ganas me ganaron y no pensé en el orden de las cosas".

"No es eso. Mun-ju, eres guapo, pareces tener buen carácter y todo está bien, pero simplemente...".

Seung-hyung se detuvo. Al intentar explicar para no herir los sentimientos de Mun-ju, el rostro de Do-geon apareció en su mente. Aunque nunca habían formalizado la palabra "novios", habían hecho todo lo que una pareja haría. Además, sabía que Do-geon lo amaba. Decir que no tenía a nadie se sentía, de alguna manera, como si estuviera borrando la existencia de Do-geon de su vida, y las palabras se le atascaron en la garganta. No es que estuvieran saliendo, y ahora menos que nunca tenían una relación, pero aun así, se sentía atribulado.

"¿Simplemente, qué?".

"Simplemente no estoy en situación de salir con nadie. Así que, por favor, seamos solo amigos".

Mun-ju abrió los labios como si quisiera rebatir, pero terminó apretándolos con fuerza. Miró a Seung-hyung con unos ojos que destilaban anhelo. Incapaz de sostenerle la mirada por la culpa, Seung-hyung se despidió apresuradamente y se dio la vuelta.

"Lo siento, no es un problema tuyo, sino mío. Me voy".

Aceleró el paso, temiendo que Mun-ju intentara detenerlo.

 

Afortunadamente, Mun-ju no lo siguió y Seung-hyung llegó a salvo a su hogar. Solo cuando cerró la puerta de entrada pudo soltar un suspiro de alivio.

Bzzzt.

En ese momento, el teléfono que llevaba en la mano vibró. Al revisarlo con sorpresa, vio un mensaje de Yoon Shin-woo.

[¿Por casualidad se encontró con el joven amo?] — Yoon Shin-woo

"¿De qué habla?".

Tras soltar la pregunta al aire, Seung-hyung respondió de inmediato.

[No, ¿pasó algo?]

La respuesta llegó casi al instante.

[Me dijeron que el joven amo Do-geon salió de repente. No tiene muchos lugares a los que ir, así que pensé que tal vez había ido a verlo a usted.] — Yoon Shin-woo

Sobresaltado por aquellas palabras inesperadas, Seung-hyung corrió hacia la ventana. Descorrió de golpe la cortina que estaba a medio cerrar y miró hacia la calle. En ese preciso instante, divisó a alguien agachándose para esconderse detrás de un coche. Fue un avistamiento fugaz, pero la imagen se le quedó grabada.

¿Sería Do-geon?

Ante el presentimiento de que podía ser él, su cuerpo se movió por instinto. Abrió la puerta y salió corriendo del edificio. Sin embargo, en ese breve lapso de tiempo, el "alguien" que se ocultaba tras el vehículo había desaparecido sin dejar rastro. Miró a izquierda y derecha, pero al no ver ni una sombra, empezó a preguntarse si habría sido una alucinación.

Pensó que con el tiempo podría olvidar. Pero, lejos de eso, ¿por qué cada vez estaba más pendiente? Seung-hyung sintió que él era tanto o más problema que el propio Do-geon. Salir disparado de esa forma cuando ni siquiera sabía qué le diría si lo encontraba...

Regresó a casa desanimado, y entonces llegó otro mensaje de Shin-woo.

[El joven amo dice que no volverá a verlo, pero duerme abrazado a la ropa que usted me dio. Se me parte el corazón al verlo así, ¿no habrá alguna forma de arreglarlo?] — Yoon Shin-woo

Si me lo pregunta a mí, ¿qué se supone que haga?, pensó Seung-hyung. Él tampoco tenía la solución. En términos estrictos, la familia de Do-geon se oponía a que estuviera con un humano, y él mismo había comprendido que había límites claros para relacionarse con un suin como Do-geon sin fricciones.

En esa situación, debía considerar si era correcto dejarse llevar por las emociones y deshacer el hecho de que cada uno hubiera regresado a su propia vida. Esa era la parte racional, pero al ver su propia reacción de salir corriendo ante la sola sospecha de su presencia, o al pensar en un Do-geon que lo extrañaba tanto, sentía que tarde o temprano terminarían encontrándose de nuevo.

[Si Do-geon regresa a casa, pregúntele si vino a verme.]

En lugar de otra respuesta, envió su duda. Poco después, Shin-woo contestó.

[¿¡El joven amo Do-geon fue a su casa!?] — Yoon Shin-woo

[No vi su cara, pero creo que estuvo por aquí.]

[¡Entendido!] — Yoon Shin-woo

Fue una respuesta corta, pero Seung-hyung pudo imaginar la alegría de Shin-woo. Él era el único que los apoyaba. Seung-hyung sintió pena por él, imaginándolo velando por Do-geon con el corazón en un puño.

Tragándose un suspiro ante aquella situación tan ambigua y asfixiante, Seung-hyung se quedó mirando el teléfono en silencio.

* * *

Yoon Shin-woo le informó a Seung-hyung que Nam Do-geon no había estado frente a su casa aquel día. Al escuchar eso, él pensó que se había equivocado, pero ahora estaba convencido de que Do-geon había mentido. No sabía si Shin-woo le había proporcionado su dirección o si el suin había recordado por su cuenta el camino tras aquella única visita previa, pero lo cierto era que lo vigilaba en secreto. Aunque, siendo más precisos, parecía estar más pendiente de Yoo Mun-ju que de él mismo.

Aprovechando quizá su agudeza visual de leopardo de las nieves, lo observaba oculto desde la distancia. Al principio era difícil notarlo por lo lejos que se encontraba, pero en cuanto Mun-ju aparecía, Do-geon se acercaba en un abrir y cerrar de ojos; asomaba apenas medio rostro desde detrás del cristal de un edificio o de un coche estacionado para mirarlo de reojo. Verlo acechar de esa forma tan furtiva le resultaba casi absurdo a Seung-hyung.

¿Tanto le preocupa? Por culpa de Do-geon, él también se volvió más consciente de todo. Aunque le había dejado claro a Mun-ju que solo podían ser amigos, este seguía acercándose con una amabilidad activa que rozaba el cortejo. Y aunque intentaba marcar distancias, cada vez que descubría a Do-geon escondido como un fantasma, Seung-hyung no podía evitar suavizar su rechazo hacia Mun-ju. Era ridículo, pero en el fondo temía que, si alejaba a Mun-ju por completo, Do-geon dejaría de aparecer.

"¿Quieres ir a beber conmigo hoy?".

Llevaban casi dos semanas en este extraño triángulo: Do-geon vigilándolo en las sombras y Seung-hyung, consciente de su presencia, fingiendo ignorarlo. Ante la pregunta de Mun-ju, él se dio cuenta de que, por usarlo para atraer la atención de Do-geon, se había vuelto más cercano al chico de lo planeado.

Hablaban a diario y Seung-hyung respondía a sus atenciones; poco a poco, sus gestos naturales de tocarle el hombro o la espalda habían dejado de molestarle. Gran parte de esa aceptación venía de estar demasiado distraído buscando a Do-geon con la mirada como para concentrarse realmente en Mun-ju.

"¿Beber?".

"Sí, dijiste que te parecía bien la semana pasada".

"¿Yo... yo dije eso?".

"Sí".

Al hablar con tanta frecuencia, ya se tuteaban y se trataban con total confianza. Seung-hyung no recordaba haber aceptado ninguna invitación a beber, pero como últimamente siempre tenía la cabeza en otra parte, no se atrevió a negarlo.

"¿No puedes?".

"Bueno... si es solo un poco, hasta el punto de no emborracharme, puedo pensarlo".

"Hah, te dije que no voy a hacer nada malo", murmuró Mun-ju con una risita.

"Solo lo decía por decir. Si pensara que eres un mal tipo, te habría rechazado de plano".

Al ver su rostro algo dolido, Seung-hyung intentó excusarse, pero Mun-ju lo tomó del brazo y tiró de él. Parecía ser un hábito suyo el sujetarle la muñeca; cada vez que quería que Seung-hyung se concentrara en él, tiraba para obligarlo a mirarlo a la cara. Al principio Seung-hyung lo apartaba sutilmente, pero después de tantas veces, terminó cediendo.

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"Bebamos solo una botella, compartida entre los dos. ¿Trato?".

"Está bien".

Mun-ju hablaba como si intentara tranquilizarlo, a pesar de que ya le había dicho que no pasaría de la amistad. Seung-hyung pensó que debería ser más firme al notar que Mun-ju ignoraba sus límites, pero por otro lado, el chico tampoco hacía nada excesivamente grave. Eso lo hacía sentir culpable, pues se dio cuenta de que estaba utilizando a Mun-ju para provocar a Do-geon.

"Terminamos pronto, así que vamos. Tomaremos algo mientras cenamos", dijo Mun-ju tras consultar la hora.

"¿Dónde vamos a comer?".

"¿Qué se te antoja? Comeremos lo que tú quieras".

En realidad, Seung-hyung no tenía hambre. Además, sentía que Do-geon lo seguía hasta que entraba en casa, así que pensó que sería mejor no alejarse demasiado. Sabía que Do-geon tenía a sus propios hombres vigilándolo y no pasaría nada grave, pero no podía evitar estar pendiente.

"Hay un pequeño pub cerca del camino a mi casa. ¿Qué tal allí?".

"¿Un pub? ¿Está bien para cenar?".

"Bueno, me gusta el pollo frito. ¿A ti no?".

"No, a mí también me gusta".

Gracias a la consideración de Mun-ju, fijaron la cita en el lugar más cercano a la casa de Seung-hyung. Tras una última oleada de clientes que los obligó a moverse con prisa para preparar las mesas, finalmente llegó la hora de salir. Ese día, a pesar de haber pasado la hora del almuerzo, los clientes no habían dejado de llegar de forma intermitente, por lo que Seung-hyung trabajó sin descanso.

"Ustedes dos se han vuelto inseparables".

Mientras Seung-hyung limpiaba la última mesa antes de irse, el dueño del restaurante habló en voz alta. Él levantó la vista sorprendido y vio a Mun-ju mirándolo con nerviosismo. El dueño rio al ver la reacción de su hijo.

"Seung-hyung, este chico me ha estado insistiendo para que te deje salir temprano porque tiene que ir a jugar contigo".

"¿Perdón?".

Seung-hyung frunció el ceño. El trabajo era el trabajo, y él siempre se esforzaba por terminar todo antes de marcharse. Que Mun-ju presionara a su padre de esa forma lo ponía en una situación comprometida. Miró a Mun-ju con severidad y el chico sonrió con torpeza.

"Es que Seung-hyung trabaja demasiado. Por un día, no pasa nada si sale unos minutos antes".

"Vaya, ¿tan amigos son ya? Por nosotras no hay problema. Si el jefe da permiso, puedes irte ya mismo", dijo una de las empleadas mientras organizaba las salsas.

Aunque ya casi había terminado de limpiar, Seung-hyung fingió no oír nada y se quedó hasta completar su horario. Finalmente, se quitó el delantal, se despidió del dueño y salió del local con Mun-ju.

"¿Estás enojado?".

Mun-ju lo miró de reojo al notar que Seung-hyung no decía nada.

"No estoy enojado, pero hay que separar el trabajo de lo personal. Las señoras son amables y por eso te dicen que te vayas, pero en otro lugar eso sería motivo de queja".

"Entiendo, no lo pensé bien. Lo siento", dijo Mun-ju acercándose y poniéndole una mano en el hombro.

"Está bien, mientras lo entiendas".

Seung-hyung intentó apartar la mano de Mun-ju de su hombro sutilmente, pero el chico aplicó más fuerza y volvió a sujetarlo. Seung-hyung no pudo resistirse; la diferencia de fuerza era evidente.

"¿Por qué sigues sujetándome el hombro?".

"¿No puedo?".

"No".

"Hah, ¿por qué?".

"Se desgasta".

"Eres realmente gracioso".

Mun-ju finalmente lo soltó. Normalmente, Seung-hyung no le daría importancia a que le tocaran el hombro o el brazo, pero saber que Do-geon lo estaba mirando lo ponía tenso. Do-geon era muy ágil y se escondía en cuanto Seung-hyung intentaba acercarse, así que él solo podía dejarse ver desde lejos. Sospechaba que Do-geon lo seguía por celos, inseguridad o curiosidad al verlo con Mun-ju, pero no sabía cuánto tiempo más podría seguir con esta farsa.

Mientras caminaban, Seung-hyung no dejaba de mirar a su alrededor.

"¿Te sigue alguien?".

"¿Eh? No, ¿por qué?".

Como aún no había localizado a Do-geon, Seung-hyung había estado oteando el entorno, pero la pregunta de Mun-ju lo obligó a mirar al frente de inmediato.

"Es que desde hace un rato no dejas de mirar hacia atrás, como si buscaras a alguien".

"Ah, no es nada. Solo miraba".

Mun-ju lo observó en silencio, con una mirada inquisitiva que resultó incómoda. Seung-hyung apresuró el paso para llegar rápido al pub.

Entraron en el local. Como aún era temprano para las cenas, solo había una mesa ocupada, así que se sentaron junto a la ventana. Pidieron pollo frito, patatas, cerveza y soju.

"Oye, aquí dicen que pueden saltear arroz con la carne del pollo asado y hacerlo picante", dijo Mun-ju apoyando la barbilla en una mano mientras leía el menú.

Seung-hyung, que había estado mirando de reojo por la ventana tras hacer el pedido, asintió distraído.

"Ah, ¿sí?".

"Mmm".

Mun-ju lo observó fijamente. Al notar que su respuesta no había sido muy entusiasta, Seung-hyung le sostuvo la mirada justo cuando el camarero traía los cubiertos y las salsas.

"¿Por qué me miras así?".

El ambiente se volvió notablemente más silencioso tras la partida del camarero. Aunque el pub tenía música suave de fondo, la quietud en nuestra mesa era tan densa que Seung-hyung no pudo evitar mirar a Yoo Mun-ju con cautela.

"Cuando estoy contigo, solo tengo ojos para ti, pero parece que para ti no es igual".

"¿Te pones así solo porque miré hacia otro lado un momento?".

"No es eso. Es que... es como si tu mente estuviera siempre en otra parte, ¿sabes?".

Mun-ju habló cruzado de brazos y apoyado en el respaldo de la silla. Como era la pura verdad, Seung-hyung no pudo negarlo. El silencio se volvió incómodo hasta que, afortunadamente, llegó el pollo y la cerveza, aliviando un poco la tensión.

Mientras comían el pollo crujiente, Seung-hyung bebió la cerveza mezclada con un poco de soju que Mun-ju le sirvió. No es que fuera malo bebiendo, pero como hacía tiempo que no lo hacía, sintió que el alcohol le subía a la cabeza con solo un vaso. Con una sensación de ligera embriaguez, miró su vaso vacío.

"Ah, mejor dejo de beber".

"¿Por qué? Solo ha sido un vaso. Todavía queda mucho".

Mun-ju señaló la jarra de 1.5 litros. Seung-hyung pensó que pedir tanto para los dos había sido un error; su resistencia había disminuido drásticamente.

"Creo que me voy a emborrachar".

"¿Con esto? Vaya, sí que eres débil con el alcohol".

"Antes no era así. Supongo que por no beber me he vuelto flojo".

"Qué lástima, esperaba que fueras mi compañero de copas".

Al escucharlo, Seung-hyung se sintió un poco comprometido y le tendió el vaso.

"Dame solo cerveza, sin mezclar con soju. Beberé despacio para seguirte el ritmo".

"Está bien, gracias".

Mun-ju sonrió finalmente mientras le servía.

"Dime la verdad", dijo Mun-ju juguetoneando con su propio vaso.

"¿Sobre qué?".

"Tienes a alguien que te gusta, ¿verdad?".

"¿Qué te hace pensar eso?".

"No lo sé, ¿intuición? Siento que no me pones límites solo porque sea un hombre o porque te desagrade. Si fuera eso, te verías molesto o asqueado, pero no es el caso".

Mun-ju hablaba con un tono muy serio. Parecía haber llegado a esa conclusión tras observar a Seung-hyung cuidadosamente durante esas dos semanas. Y no se equivocaba. Seung-hyung había marcado distancias por Nam Do-geon, no porque Mun-ju le cayera mal.

De hecho, antes de conocer al suin, la idea de que un hombre lo cortejara le habría resultado extraña. Nunca había visto a un hombre como una posible pareja. Pero tras haber tenido relaciones con Do-geon y haber compartido sentimientos con él, Seung-hyung había descubierto que su corazón podía latir por un hombre.

"No sé si es que me gusta, pero... hay alguien que me tiene muy preocupado".

Seung-hyung decidió ser sincero, sintiendo que ya no podía ocultárselo a alguien con quien se había encariñado un poco. Mun-ju lo escuchó en silencio mientras Seung-hyung bajaba la mirada, sintiéndose culpable.

"De hecho... sin darme cuenta, te he estado utilizando un poco".

"¿Utilizándome?".

"Sí. Hay alguien que me quiere y que a veces viene a buscarme en silencio. Sé que me extraña y quiero hablar con él, pero siempre me evita. Sin embargo, desde que me ve contigo, parece estar más pendiente...".

"Hah, entonces no es que me estuvieras dando una oportunidad, sino que querías atraer su atención".

"Sí".

"Con razón. Me tenías confundido, ahora todo tiene sentido".

Seung-hyung no lo rechazaba del todo, pero cuando Mun-ju intentaba tocarlo, él lo apartaba. Aquello lo había desconcertado, pero como realmente lo había usado sin querer, aprovechó la seriedad del momento para confesarlo todo.

Mun-ju sonrió con amargura mientras acariciaba el borde de su copa.

"Lo siento".

"Eso es un poco ruin de tu parte".

"¿Estás enojado?".

"Más bien... ah, olvídalo. Es un poco vergonzoso".

Mun-ju soltó un suspiro, cubriéndose la boca con una mano. Verlo tan desanimado hizo que Seung-hyung se sintiera aún peor.

"Puede que tú ya no quieras, pero... me gustaría que fuéramos amigos. Eres un buen chico".

"¿Y bien?".

"¿Eh?".

"¿Qué piensas hacer con ese tipo que tiene toda tu atención?".

"¿Cómo sabes que es un 'tipo'?".

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"Si fuera una chica, habrías dicho 'ella'. Además, viendo que no me rechazas por ser hombre, supuse que también te atraen".

"Ah...".

"Entonces, ¿qué vas a hacer?".

"¿Qué se supone que haga?".

Mun-ju, impaciente, se bebió el resto de su cerveza de un trago, golpeó la mesa con el vaso y preguntó:

"Por lo que veo, ambos se gustan. Pero por alguna razón, no pueden mirarse a la cara, ¿no?".

Seung-hyung apretó los labios, sin saber qué decir. Mun-ju soltó una risita incrédula.

"¿Quieres que te ayude?".

"¿Cómo?".

"Dices que ese tipo está pendiente de mí. Pues hagamos que no tenga más remedio que aparecer ahora mismo".

"¿Qué... qué piensas hacer? No, no hace falta llegar a tanto".

"Es que me desesperas. Ya que me usaste, déjame ayudarte de verdad... Además, si lo de ustedes no funciona, ¿no tendré yo una oportunidad? Para eso, tienen que verse y aclarar las cosas, sea como sea".

No era un asunto tan sencillo, pero Mun-ju parecía decidido.

"Si yo hago el papel de villano, ese tipo aparecerá. Si de verdad le importas, lo hará".

"¿Papel de villano? ¿En qué estás pensando?".

Seung-hyung sintió un escalofrío. No parecía una buena idea. Mun-ju no respondió y, de repente, se levantó para pagar la cuenta.

"¡Oye, esta vez me tocaba a mí! ¡Mun-ju!".

En cuanto el empleado le devolvió la tarjeta, Mun-ju tomó a Seung-hyung del brazo y lo arrastró fuera del pub. Miró a ambos lados y empezó a caminar con paso firme hacia la dirección de la casa de Seung-hyung.

"Mun-ju, oye. Esto no está bien. ¿Qué haces?".

Parecía que Mun-ju planeaba fingir una situación forzada para provocar a Do-geon. Seung-hyung no quería llegar a esos extremos.

"Mun-ju, espera, oye...".

"No digas nada y sígueme".

Mun-ju tiraba de él con una fuerza abrumadora. Por mucho que Seung-hyung intentaba resistirse, la fuerza del otro lo obligó a llegar hasta la entrada de su edificio.

"¿Qué vas a hacer? ¿Vas a subir a mi casa?".

Mun-ju se detuvo y lo miró con determinación.

"Ya que estamos aquí, ¿por qué no?".

"¡Eh, ugh! ¡Mun-ju!".

Mun-ju soltó una risita incrédula y, de un tirón, cargó a Seung-hyung sobre su hombro antes de entrar al edificio. Seung-hyung, paralizado por la sorpresa, no tuvo tiempo de reaccionar hasta que, al cruzar el umbral de la entrada comunitaria, sintió cómo unas manos poderosas lo arrebataban del agarre de Mun-ju.

Su cuerpo no era precisamente liviano, pero fue arrastrado con una facilidad pasmosa por aquella fuerza abrumadora. Al levantar la vista, Seung-hyung se encontró con Nam Do-geon, quien respiraba de forma errática mientras lo estrechaba contra su pecho. Sus brazos rodeaban su cintura, apretándolo con una desesperación que casi le impedía respirar. Mun-ju, que casi pierde el equilibrio y termina chocando contra la barandilla de la escalera, lo fulminó con la mirada.

"¿Ah, eres tú?"

Mun-ju soltó una risa seca y burlona al preguntar.

"Tú, ¿qué clase de imbécil eres?"

Nam Do-geon soltó un gruñido profundo, casi animal, mientras preguntaba. Al mismo tiempo, la fuerza en sus brazos aumentó de manera excesiva, apretando la cintura de Seung-hyung. Sintiendo que sus costillas crujirían bajo aquella presión, Seung-hyung soltó un jadeo y se aferró con fuerza a la solapa de la chaqueta de Do-geon.

"Do, Do-geon".

"¿Por qué te llevas a mi hyung como si lo estuvieras secuestrando? ¡Y a su propia casa!"

Su voz, ahora más alta, temblaba por una emoción incontenible. Sus respiraciones se volvieron aún más pesadas, como si no pudiera controlar lo que sentía. No parecía una simple rabieta de celos; Do-geon estaba al borde de un colapso. Seung-hyung tiró de su ropa con fuerza, intentando llamar su atención, pero el suin no le devolvía la mirada. Temía que, de seguir así, Mun-ju terminara herido o la naturaleza de Do-geon quedara expuesta.

"¡Mun, Mun-ju! Gracias por traerme. Ya puedes irte".

Habló deprisa, temiendo que Do-geon pensara que Mun-ju lo estaba forzando de verdad. Sin embargo, Mun-ju seguía encarando al suin, sin captar en absoluto la urgencia o la intención detrás de las palabras de Seung-hyung.

"¿Qué? ¿Quieres que me vaya así sin más?"

"¿Eh? Sí. Solo querías acompañarme, ¿verdad? Lo que dejamos pendiente te lo explicaré después".

Era evidente que Mun-ju no sentía ningún peligro al desconocer la verdadera identidad de Do-geon, pero Seung-hyung estaba aterrado por lo que podría pasar si el suin perdía el control.

"¡Sí, rápido! ¡Te lo explicaré después!"

Ante aquel grito desesperado, Mun-ju vaciló. Seung-hyung lo miró con súplica. El chico pareció no entender nada de lo que estaba pasando, parpadeando confundido mientras miraba a ambos, pero finalmente decidió dar media vuelta. No obstante, Do-geon se mantuvo firme, bloqueando el camino hacia la salida del edificio. Seung-hyung tuvo que forcejear para intentar soltarse del brazo que rodeaba su cintura antes de que el suin finalmente lo mirara.

"Nam Do-geon, déjalo pasar".

"Hyung".

"Déjalo pasar, ya se va. No es una mala persona".

"¿Cómo que no es malo? ¡Te estaba arrastrando a la fuerza!"

Las pupilas de Do-geon cambiaron, delatando su agitación interna. Al ver que no podía controlar sus impulsos, Seung-hyung estiró la mano y acarició suavemente una de sus mejillas. Ante ese contacto, Do-geon se estremeció y pareció retroceder un poco.

"¿No escuchaste lo que dije antes? Mun-ju solo me estaba acompañando. No hubo peligro alguno, y hay otra razón por la que se vio así. Tienes muchas preguntas para mí, ¿no es cierto?"

Si no se había atrevido a acercarse y solo lo había estado vigilando, era porque debía de tener mucha curiosidad y preocupación. Do-geon no pudo rebatir sus palabras y se limitó a respirar agitadamente. Seung-hyung lo atrajo hacia sí mientras lo miraba a los ojos. Aunque al principio se resistió con terquedad, finalmente cedió ante su toque.

Mun-ju se quedó allí un momento, como si le costara dar el primer paso, pero terminó marchándose. En cuanto su presencia se alejó, Do-geon soltó un bufido de indignación, aún visiblemente afectado.

"Nam Do-geon".

"¿Quién es ese tipo? ¿Por qué lo defiendes? ¿Acaso te parece bien que te pase de nuevo lo que yo te hice?"

"¿Qué fue lo que me hiciste?"

"¿Cómo que qué te hice? Te presioné de forma aterradora, te hice daño..."

Do-geon estaba profundamente alterado. Ver su rostro, más atormentado que el de la propia víctima, le partió el corazón a Seung-hyung. Al final, recordando aquel incidente, sus ojos claros se llenaron de lágrimas mientras jadeaba. Parecía estar a punto de derrumbarse por la angustia, así que Seung-hyung estiró los brazos y rodeó su cuello con fuerza.

Sintió cómo el cuerpo de Do-geon se ponía rígido. Al percibir de nuevo su aroma y su calor después de tanto tiempo, el corazón de Seung-hyung también empezó a latir con fuerza. Estaba tenso y paralizado; aquel momento de dolor que quería olvidar, pero no podía, volvió a invadir su mente, pero cerró los ojos con fuerza e intentó desecharlo.

Sabía perfectamente que ambos se habían herido mutuamente con aquel suceso. Por esa razón se había marchado de la mansión y pensó que era mejor no volver a verse, pero si Do-geon había regresado a pesar de tanto sufrimiento, significaba que él tampoco había podido olvidarlo.

"Hyung..."

Do-geon también notó la tensión de Seung-hyung y no se atrevió a abrazarlo de inmediato. Ante su duda, Seung-hyung se aferró a él con más fuerza y habló.

"En aquel entonces dolió mucho y fue difícil, pero estoy bien".

"Mentira".

"Yo no digo cosas que no siento. Estoy bien porque te entiendo, por eso me preocupaba. Si no fuera así, habría sido el primero en decir que quería irme".

Do-geon vaciló, confundido por si Seung-hyung le estaba mintiendo. Soltando suspiros pesados, dudó varias veces antes de finalmente llamarlo y rodear su cintura con ambos brazos. Lo abrazó con una pasión que desbordaba todas sus emociones.

Se hundió en su cuello, abrazándolo tan fuerte que casi le quitaba el aliento, y no se separó durante mucho tiempo. Parecía tener miedo de que alguien pudiera arrebatárselo, aprisionándolo en un refugio sólido hecho de sus propios brazos.

Tras lograr que se calmara un poco, Seung-hyung llevó al vacilante Do-geon dentro de su casa. El suin, inusualmente encogido, observaba sus expresiones con cautela.

"Me has estado siguiendo todo este tiempo, ¿verdad?"

Como sabía que si lo dejaba solo no diría nada, Seung-hyung tomó la iniciativa. Do-geon abrió mucho los ojos, sorprendido.

"¿Cómo lo supiste?"

"Gracias a Mun-ju".

"¿Mun-ju? ¿Hablas de ese tipo de antes?"

Do-geon preguntó con semblante serio. Seung-hyung, ignorando la hostilidad y desconfianza que el suin mostraba hacia Mun-ju, lo llevó hasta la cama, lo hizo sentarse y se colocó frente a él. Do-geon lo miraba con descontento; en su mirada clavada en él se mezclaba un rastro muy evidente de celos.

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"No te metas con Mun-ju".

"¿Por qué? Ese imbécil te..."

"No, él es solo un amigo. Es el hijo del dueño del restaurante donde trabajo. Nos hicimos cercanos rápido porque tenemos la misma edad, y lo de traerme así a casa... fue una actuación. Se lo pedí para obligarte a aparecer porque le hablé de ti".

"¿Le hablaste de mí? ¿Qué le dijiste?"

"Bueno, solo dije que me tenías preocupado, pero él..."

"¿Él, qué?"

"Él pensó que yo te quería".

Do-geon, que preguntaba con brusquedad, se quedó mirándolo con ojos perdidos, como si hubiera recibido un golpe seco. No se movió durante varios segundos antes de cerrar y abrir los ojos lentamente. Al ver que Seung-hyung mantenía el contacto visual en silencio, tragó saliva y preguntó.

"¿Y tú qué dijiste?"

"No respondí nada en especial. Pero me di cuenta de que, definitivamente, siento algo diferente por ti".

"¿Qué significa eso? ¿Significa que me quieres?"

Como nunca se había enamorado de nadie con seriedad, Seung-hyung no sabía si este interés constante y esos pensamientos que surgían aun cuando no se sentía solo eran realmente el amor que comparten los amantes. Sin embargo, no podía decir que no fuera nada; no había forma de explicar esa sensación de anhelo, vacío y melancolía de los últimos días. Había postergado ese sentimiento una y otra vez porque el otro era un suin y un hombre, pero si incluso alguien que acababa de conocerlo lo notaba, quizá no estaba tan equivocado.

"¿No es así?"

Do-geon, incapaz de esperar la respuesta, insistió con urgencia.

"Si te digo que te quiero, ¿qué vas a hacer?"

"¿Qué? ¿Qué clase de respuesta es esa?"

"Es que no hay de otra. Tú me quieres y yo a ti, pero si las cosas siguen así, volverás a marcharte y a vigilarme solo desde lejos".

Nam Do-geon soltó un suspiro incrédulo. Abrió la boca como si fuera a replicar algo, pero ante la mirada de Seung-hyung, se desinfló y bajó la vista con aire abatido. Seung-hyung siempre había pensado que el descaro y la insolencia eran la marca personal de Do-geon. Como incluso había presenciado su lado más crudo y desconsiderado hacia los demás, no terminaba de acostumbrarse a esta faceta.

“¿Sabes que no debemos vernos, verdad?”

“……Sí.”

“Pero aun así, quieres verme.”

“Sí.”

“Yo siento lo mismo.”

Ante su respuesta, Do-geon levantó la vista para mirarlo.

“Aun sabiendo que no debemos, al final nos encontramos así porque queremos vernos. Así que debemos decidir. O seguimos viéndonos, o……”

“¿O qué?”

“O nos separamos para siempre.”

“No quiero.”

Do-geon respondió antes de que Seung-hyung terminara de hablar. Pareció sorprenderse de sus propias palabras, retrocediendo un poco tras soltarlas por instinto.

“Si no quieres, dilo con sinceridad. Reconciliémonos y pensemos juntos qué haremos de ahora en adelante.”

“¿Qué reconciliación? ¿Cuándo nos peleamos? Fui yo quien se equivocó.”

“Aun cuando dije que estaba bien, te enojaste, te ofendiste, te sentiste herido y te marchaste. Entonces, ¿qué quieres hacer?”

Al llegar a este punto, Seung-hyung comprendió que, arrastrado por sus emociones, ya no podía cortar el lazo con Nam Do-geon. Cuando estaba en la mansión, pensó que podría marcharse sin más si era necesario, pero al retomar su vida real, se dio cuenta de que no le sería fácil olvidarlo.

Además, Mun-ju había dicho que ambos parecían quererse. Negarlo a estas alturas resultaba extraño. Do-geon tampoco parecía tener la más mínima intención de separarse de él, así que en lugar de estar alejados a la fuerza y consumidos por el anhelo, lo más sensato era buscar una solución juntos. Para ello, lo primero era aliviar la culpa del suin.

“No puedo evitar sentirme culpable.”

“¿Incluso si te perdono, no quieres?”

“Es que tú perdonas con tanta naturalidad que yo mismo no puedo perdonarme.”

“Entonces, ¿cómo debo perdonarte para que tu corazón descanse?”

“Eso... no lo sé.”

Visto así, realmente parecía un niño. Do-geon, que se comportaba como si estuviera haciendo un berrinche, no le resultaba molesto. Antes, a menudo sentía ganas de darle un coscorrón, pero ahora, aunque seguía igual que siempre, no le producía ningún rechazo. Realmente Seung-hyung estaba en problemas.

Tras soltar un leve suspiro, se acercó a Nam Do-geon y presionó sus labios contra los suyos. Do-geon lo miró con los ojos perdidos. Seung-hyung volvió a buscar su mirada, se acercó para besarlo de nuevo y luego se retiró un poco. Sujetando con ambas manos los hombros del chico, que seguía paralizado, volvió a besarlo y le mordisqueó suavemente el labio inferior, provocando que Do-geon se estremeciera. La presión de las manos de Do-geon en su cintura lo empujó un poco hacia atrás. De repente, sobre su cabeza, sus dos orejas se asomaron tiesas.

“¿Te sientes bien, o estás enojado?”

“¿Por qué me enojaría?”

Do-geon preguntó mientras sus orejas daban pequeños espasmos. Su rostro, visiblemente alterado, se tiñó de un tono rojizo. Después de haber tenido tanto sexo, era curioso que se avergonzara tanto solo por un roce de labios. Seung-hyung sintió algo diferente al ver su reacción.

“Te perdonaré porque eres tierno.”

“……¿Qué?”

“Digo que te perdono porque eres tierno. No es fácil que alguien me parezca tierno, pero tú lo lograste.”

Seung-hyung habló mientras jugaba con las orejas de Do-geon. El chico pareció darse cuenta apenas entonces de que sus orejas habían salido y miró hacia arriba, consciente de ellas. Sus orejas volvieron a agitarse.

“Pero, ¿y si te vuelvo a hacer lo mismo?”

“Entonces, ¿prefieres que me separe de ti por haberme lastimado y que me vea con Yoo Mun-ju?”

“No quiero eso. Solo lo digo porque me siento culpable, pero odio la idea de que te separes de mí o que veas a otro tipo.”

Temiendo que Seung-hyung lo malinterpretara, Do-geon habló con más firmeza esta vez. Al verlo marcar territorio de esa forma, Seung-hyung soltó una risita. Quizá el chico lo había pasado incluso peor que él. Ahora que lo veía bajo la luz, su rostro parecía más demacrado que antes.

“Si odias que vea a otro, debes atraparme antes de que me vaya, ¿qué otra opción hay?”

Do-geon parpadeó repetidamente. Seung-hyung retiró la mano que acariciaba sus orejas al verlo dudar.

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“¿No vas a atraparme?”

Ante la pregunta directa, Do-geon vaciló un instante antes de alzar los brazos para abrazarlo. Lo atrajo hacia sus muslos para sentarlo allí y hundió el rostro en su cuello. Frotó su cara contra la piel de Seung-hyung una y otra vez mientras inhalaba profundamente varias veces seguidas.

Sintiendo cómo el suin olfateaba su aroma, Seung-hyung intentó regular su respiración. Al percibir el olor y el abrazo de Do-geon, los músculos de sus hombros, espalda y brazos se tensaron por instinto. Parecía que aún no se había recuperado del todo de aquel incidente, pero no quería que se notara. Para no herir de nuevo a Do-geon, le devolvió el abrazo fingiendo que no pasaba nada.