08
Tras completar con éxito su primera salida,
Ahn Seung-hyung y Nam Do-geon pudieron empezar a salir de la mansión cada vez
que querían. Seung-hyung no sabía si el hombre que los había seguido aquel día
le había dado un buen informe al presidente o si Do-geon lo había convencido
por su cuenta, pero el caso es que, decidido a entrar en acción con el
entrenamiento de "práctica real", Seung-hyung armó una agenda y
empezaron a moverse en serio.
El primer día fueron a los bolos y comieron en
un restaurante cercano; el segundo día pasearon por un parque tranquilo
observando a la gente y cenaron fuera. Al principio, Seung-hyung había elegido
lugares y horarios donde solía congregarse la gente para divertirse, pensando
puramente en el entrenamiento, pero al organizar el itinerario de esa forma, se
dio cuenta de que realmente parecía que estaban teniendo citas.
"¿Dice que hoy irán a un parque de
diversiones?"
Preguntó Yoon Shin-woo con una sonrisa
mientras traía el té, mientras Seung-hyung se preparaba y se vestía. Era una
pregunta simple, pero Seung-hyung se sintió extrañamente culpable. Después de
todo, le había dicho a Shin-woo —quien fue el primero en revelarle los
sentimientos de Do-geon— que él no sentía nada especial por el chico, así que
le resultaba embarazoso estar en una situación que parecía una cita tras otra.
"Sí. Hay mucha gente allí, ¿no?"
Respondió Seung-hyung tratando de parecer
indiferente para ocultar su agitación interna. Sin embargo, en cuanto lo dijo,
sintió que sonaba como una excusa, lo que lo hizo sentir aún más cohibido.
"Nam Do-geon ha estado manteniendo su
forma humana mejor de lo esperado".
Como Shin-woo no decía nada, Seung-hyung se
puso más nervioso y añadió ese comentario.
"Es una buena noticia. ¿No será que ha
encontrado una motivación?"
"Bueno, puede ser. Si sigue manteniéndolo
así de bien..."
Seung-hyung se detuvo a mitad de la frase. Si
Do-geon seguía así, el contrato llegaría a su fin. Eso significaba que
finalmente podría volver a su vida cotidiana, al lado de Ahn Seung-yu, tal como
deseaba. Era la señal de esperanza que tanto había esperado. Sin embargo, no se
sentía del todo feliz. Para ser sincero, sentía una punzada de nostalgia, una
duda sobre si realmente debía marcharme. Era como si algo lo sujetara por los
tobillos.
"¿Si sigue manteniéndolo bien?"
Shin-woo parecía esperar a que terminara la
frase. Quizás buscaba una respuesta que indicara que Seung-hyung veía su
relación con Do-geon de forma positiva. Pero las palabras no salían.
Seung-hyung evitó su mirada, que se sentía demasiado inquisidora, y apuró la
taza que le había dejado al lado. El líquido amargo, que aún conservaba algo de
calor, dejó un rastro fuerte en su lengua antes de bajar por su garganta.
"¡Uaj! ¿Por qué sabe aún más
amargo?"
Se quejó frunciendo el ceño por el aroma
intenso que le subió hasta la nariz.
"Cuanto más amargo, más ingredientes
medicinales tiene, así que es mejor. Pensé que ya se estaría acostumbrando,
pero parece que tiene un sentido del gusto muy sensible".
"Cielos, me lo podrías haber
advertido".
"Ah, se lo diré la próxima vez".
Dijo Shin-woo al notar las muecas de
Seung-hyung ante el amargor persistente.
"¿Tanto amarga? No puse tanta
cantidad".
"Me sabe diez veces más amargo que el té
de ayer. Es un amargor que dan ganas de vomitar, ¿sabe a qué me refiero?"
"¿Tanto así? Como yo no lo bebo, no lo
sabía".
"¿Por qué? ¿Porque es algo muy
valioso?"
"Sí. Además, yo ya estoy sano sin
necesidad de beberlo".
¿Acaso él era un paciente moribundo? El
pensamiento cruzó la mente de Seung-hyung, pero recordó los momentos en que su
energía se agotaba por completo lidiando con Do-geon y no pudo replicar. Quizás
la "salud" a la que se refería Shin-woo no era simplemente la
ausencia de enfermedades.
"¿Ya estás listo?"
En ese momento, la puerta se abrió de golpe y
Do-geon entró preguntando directamente.
"Sí, vamos. Nos vemos luego".
"Sí, que les vaya bien".
Salieron de la habitación tras la despedida de
Shin-woo. Ahora el coche los esperaba puntualmente a la hora de salida y los
vigilantes siempre estaban pegados a ellos. Como elegían lugares concurridos,
el número de escoltas había aumentado. Ayer eran cuatro, hoy eran cinco. Por
eso, se movían en dos coches.
"¿No seguirá aumentando el número de
vigilantes, verdad?"
Preguntó Seung-hyung con preocupación al ver a
los hombres subir al otro coche mientras ellos subían al suyo.
"Podría ser".
"¿Hasta cuántos pueden llegar?"
"No creo que haya un número fijo".
Seung-hyung pensó que, si seguían aumentando,
parecerían un grupo de guardaespaldas en lugar de simples vigilantes. Además,
todos vestían traje en lugar de ropa casual, lo que los hacía destacar aún más.
Con esa preocupación, desvió la mirada hacia la ventana. Entonces sintió que
Do-geon tomaba su mano y lo miró. Desde que empezaron a salir, aprovechaba
cualquier oportunidad para cogerme de la mano. Se sentía como un gesto de
afecto y le producía una sensación extraña. Era como si estuviera mostrando su
propia forma de coquetería. Su corazón, transmitido a través del tacto y el
calor en lugar de palabras, no dejaba de inquietar a Seung-hyung.
Mientras estaba sumido en sus pensamientos,
Do-geon entrelazó sus dedos con los de él. A Seung-hyung le resultaba extraño
entrelazar los dedos con un hombre, algo que ni siquiera había hecho con una
mujer. Sin embargo, no le desagradaba. Siendo consciente de esa sensación
clara, Seung-hyung dobló sus dedos para apretar la mano de Do-geon con fuerza.
El parque de diversiones al que nos dirigían
estaba a poco más de una hora de la mansión. A pesar de ser una tarde de día
laborable, había bastante gente. Todos andaban en grupos de amigos, familias o
parejas. Seung-hyung había sugerido venir, pero no había pisado un parque así
desde la secundaria, por lo que todo le resultaba ajeno.
"¿En qué nos subimos primero?"
Preguntó Do-geon mientras Seung-hyung se
quedaba allí parado torpemente observando a la gente tras entrar al parque.
"Eh, bueno. Supongo que será mejor subir
a algo de inmediato, ¿no?"
Apenas terminó de responderle, unos gritos
fuertes de la gente llegaron desde algún lugar. Seung-hyung se sobresaltó y
miró en esa dirección: había una montaña rusa. Los raíles, conectados como una
larga vía de tren, se elevaban hasta casi tocar el cielo antes de descender con
fuerza. Solo verla le dio escalofríos.
"¿Subimos a esa?"
Do-geon señaló con el dedo mientras
Seung-hyung miraba embobado.
"¿Tú no tienes fobia a las alturas o algo
así?"
"No. ¿Tú sí, hyung?"
"Yo tampoco, pero... no sé si esto será
buena idea".
Seung-hyung sintió miedo ante los gritos de la
gente que aumentaban cada vez que el carro daba una curva o bajaba por una
pendiente pronunciada.
"Vamos".
Pero Do-geon, sin inmutarse, agarró la mano de
Seung-hyung y lo arrastró. Sin que el suin hiciera un esfuerzo consciente,
Seung-hyung no pudo resistir su fuerza y se dejó llevar sin remedio.
Confundido, siguió a Do-geon y pronto estaban
en la fila de la montaña rusa. Parecía haber mucha gente, pero un grupo
numeroso de personas —supuestamente los que acababan de bajar— salió por otro
camino y de repente fue el turno de ellos. Al ser un día de semana, la espera
fue corta, lo cual no era precisamente bueno para los nervios de Seung-hyung.
Entraron de forma natural antes de que pudiera prepararse mentalmente.
Siguiendo las normas de seguridad, Seung-hyung
se sentó y se acomodó; su corazón latía con fuerza. De pronto le surgió una
duda fundamental: si el objetivo de las salidas era que Do-geon mantuviera su
forma humana, ¿era realmente necesario llegar a este extremo? Pero antes de que
pudiera decir nada, el carro empezó a moverse tras el alegre saludo de
despedida del empleado.
Lento pero constante, como una bola rodando
por un raíl. Ante el sonido algo tosco de las ruedas, Seung-hyung soltó una de
las manos que sujetaba la barra de seguridad y agarró con fuerza la mano de
Do-geon. El chico lo miró mientras observaba cómo subían cada vez más alto. Una
sonrisa se dibujó en sus labios.
"¿Tienes miedo?"
"Sí... ah, creo que no voy a poder. Tengo
miedo".
La voz de Seung-hyung temblaba. En la
secundaria juraría que estaba bien, pero ahora sentía que el corazón se le
encogía y el estómago se me revolvía, así que apretó aún más la mano de
Do-geon. El suin le devolvió el apretón. A diferencia de cuando estaban en el
coche, ahora Seung-hyung sentía ese contacto como algo vital. No es que sujetar
su mano fuera a sacarlo de aquella situación, pero a medida que el carro subía,
su pulso se aceleraba y su dependencia hacia Do-geon crecía por momentos.
"Tranquilo, no te vas a morir".
"¡Ugh! ¿Eso te parece un consuelo?".
"Es la verdad".
"¡No es que crea que voy a morir!".
"¿Entonces?"
La conversación se interrumpió abruptamente
cuando la montaña rusa alcanzó la cima. Seung-hyung bajó la vista apenas un
instante y, al darse cuenta de que estaban mucho más alto de lo que imaginaba,
desvió la cabeza horrorizado. Al mirar hacia Do-geon, notó que las orejas del
suin habían brotado y estaban erguidas.
"¡Eh, oye! Do-geon, tus orejas...
¡¡Aaaaaah!!".
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Antes de que pudiera reclamarle, el carro se
precipitó por la pendiente. Más que bajar, sintió como si el suelo
desapareciera bajo sus pies. Aunque la barra de seguridad lo mantenía sujeto,
la sensación de que sus nalgas se elevaban del asiento le erizó la piel. No
pudo evitar soltar un grito desgarrador, y eso fue solo el comienzo.
Ahora entendía por qué la gente gritaba tanto
al pasar por ciertas zonas. La atracción parecía empeñada en robarle el alma;
entre caídas libres y curvas cerradas, apenas tenía tiempo de recuperar el
aliento antes de que llegara el siguiente sacudón. Para cuando quiso
reaccionar, todo había terminado.
"Haa... haa...".
En cuanto regresaron a la plataforma, las
barras de seguridad se levantaron al unísono. Seung-hyung se quedó allí,
aturdido y con la mirada perdida, hasta que un empleado les indicó que debían salir
por turnos.
"¿Estás bien?".
"Haa... sí. Pero tú... ten más
cuidado".
Solo entonces recordó lo ocurrido y miró la
cabeza de Do-geon. Por suerte, las orejas ya no estaban, pero el susto no se le
pasaba. Soltó un largo suspiro.
"Ya lo sé, así que levántate. ¿Tanto
miedo te dio?".
"U-un poco".
Do-geon le tendió la mano al ver que
Seung-hyung no se atrevía a ponerse de pie. Al sujetarla, el suin lo ayudó a
incorporarse. Seung-hyung aprovechó para mirar a su alrededor; mientras él
estaba en shock, la mayoría de los que iban detrás ya se habían adelantado, así
que era imposible saber si alguien más había visto las orejas. El hecho de que
nadie los mirara de forma extraña le dio cierta tranquilidad.
"Gritaste con muchas ganas".
Dijo Do-geon mientras Seung-hyung seguía
distraído vigilando el entorno. Su voz destilaba una clara intención de burla,
lo que le valió una mirada fulminante del humano.
"No te rías. Todavía siento el corazón en
la boca".
"Pues a mí me gustó que me apretaras la
mano con tanta fuerza por culpa de eso".
Do-geon levantó su mano unida a la de
Seung-hyung para enfatizar sus palabras. Eso solo hizo que Seung-hyung fuera
más consciente de sus latidos. Sabía que su corazón galopaba por la adrenalina
de la montaña rusa, pero al notar el contacto con Do-geon, sintió como si fuera
por culpa de él.
"S-suéltame, hay mucha gente".
Intentó zafarse para mantener las distancias,
pero Do-geon lo sujetó con firmeza.
"Es gente que veremos hoy y nunca más,
¿qué importa? Además, nadie nos está prestando atención".
Seung-hyung miró a su alrededor. Era cierto;
todos estaban demasiado ocupados hablando entre ellos o buscando la siguiente
atracción como para fijarse en ellos. Se quedó sin excusas para rechazar la
mano del suin.
"Vamos".
Do-geon, notando su victoria, sonrió y tiró de
él.
"De verdad, ten cuidado, ¿vale? Si vuelvo
a ver algo raro, nos vamos a casa directo".
"Entendido".
Aunque Do-geon respondió con docilidad, Seung-hyung
no terminaba de fiarse. Sabía que los vigilantes estaban repartidos por el
parque observándolos, pero eso no lo tranquilizaba. Si ellos mantenían su
distancia para no arruinar el ambiente, significaba que él era la primera línea
de defensa para evitar un escándalo.
Después de ese inicio de infarto, subieron a
varias atracciones más. Do-geon estaba inusualmente activo; lo arrastró a los
troncos de agua que salpicaban por todas partes y a una especie de barco
pirata. Seung-hyung apenas tenía tiempo de recuperarse entre un juego y otro.
Para él, la montaña rusa había sido el golpe
más duro, pero lo bueno fue que, después de eso, cualquier otra cosa le parecía
aceptable. Además, ver a Do-geon tan animado y sonriente le hizo querer
seguirle el ritmo.
"Hyung, ¿quieres intentar eso?".
Do-geon señaló hacia un puesto decorado con
todo tipo de peluches adorables. Seung-hyung pensó que sería una máquina de
garras, pero al acercarse vio una pared llena de globos de colores.
"¿Qué es eso?".
"Parece que es tiro al blanco con
globos".
"¿También quieres hacer eso?".
"Sí, ¿por qué no?".
Seung-hyung pensó que Do-geon encontraría esas
cosas aburridas, pero se equivocaba. Parecía estar disfrutando de cada detalle
del parque como si fuera un niño.
"Está bien, vamos".
Como Shin-woo se había negado a devolverle la
billetera por órdenes del "Presidente" hasta que terminara el
contrato, Seung-hyung no tenía ni un centavo. Dependía totalmente de Do-geon
para pagar, algo que el suin parecía aceptar como lo más natural del mundo.
Do-geon pagó al empleado y recibió unos dardos
con puntas afiladas. Sostuvo la pequeña cesta y explicó:
"Dicen que el premio cambia según cuántos
globos explotes".
"¿Ah, sí? ¿Eres bueno lanzando?".
"Sí".
Al responder, los ojos de Do-geon cambiaron
por un instante. Mientras Seung-hyung miraba alarmado a los lados, el suin
lanzó el primer dardo. Parecía hacerlo sin esfuerzo, pero los dardos volaban
con una precisión asombrosa, explotando los globos con un sonido seco y
satisfactorio. Incluso aquellos que estaban medio desinflados y eran más
difíciles de pinchar caían ante su puntería.
Con el corazón en un puño por si alguien
notaba sus ojos, Seung-hyung vio cómo Do-geon lanzaba los diez dardos de forma
rápida y certera. Terminó explotando incluso el globo más pequeño situado en la
parte más alta.
"V-vaya, lanzas muy bien".
"¿A que sí?".
Seung-hyung esperaba que fallara al menos uno
por error, pero fue una ejecución perfecta. Al oír su murmullo de asombro,
Do-geon lo miró y sonrió. Sus ojos ya habían vuelto a la normalidad humana,
como si nada hubiera pasado.
"Te dije que no te transformaras".
Le recriminó Seung-hyung en voz baja, incapaz
de no preocuparse a pesar del éxito. El suin simplemente se encogió de hombros
con despreocupación.
Como premio, recibieron un oso de peluche
bastante grande. Era un oso de color marrón con un pelaje muy suave, envuelto
en plástico, que terminó en los brazos de Seung-hyung.
"Es un regalo".
Dijo Do-geon observándolo mientras sostenía el
enorme peluche. Seung-hyung se sintió algo avergonzado de cargar con algo tan
grande a su edad y miró a su alrededor. Sus ojos se cruzaron con los de un niño
que comía un helado junto a su familia; el pequeño lo miraba fijamente,
cautivado por el oso. Seung-hyung evitó la mirada y volvió a centrarse en
Do-geon.
"G-gracias".
"De nada".
Do-geon parecía realmente satisfecho de
haberle dado un regalo. Su rostro reflejaba una sonrisa impregnada de una
felicidad genuina que capturó la atención de Seung-hyung.
"¿Yo también... debería intentar
lanzar?".
Al principio no tenía intención, pero al
verlo, pensó que si se concentraba podría hacerlo bien. Si lograba explotar
suficientes, quizá podría regalarle algo a Do-geon también.
"¿Tú también, hyung?".
"Sí".
Aunque no era su dinero, Do-geon pareció
encantado con la idea. Pagó de nuevo y le entregó los dardos. Seung-hyung le
pasó el oso gigante para tener las manos libres. Realmente quería poder
devolverle el gesto con otro peluche.
"Suerte".
Dijo Do-geon, apoyando el oso sobre su hombro.
Ese breve ánimo solo aumentó los nervios de Seung-hyung; nunca había hecho algo
así y temía fallar. Respiró hondo y lanzó el primero. ¡Pum!, el primer
globo estalló. La sensación de logro fue mejor de lo esperado, así que lanzó el
siguiente de inmediato. Sin embargo, a diferencia de su expectativa, el dardo
rozó el globo sin pincharlo y cayó al suelo. Seung-hyung se sorprendió; después
de ver a Do-geon hacerlo ver tan fácil, fallar le resultó frustrante.
"Solo tienes que concentrarte en los que
quedan".
Dijo Do-geon para animarlo al verlo quedarse
rígido por el fallo. Seung-hyung recuperó la compostura y se preparó para el
siguiente lanzamiento.
Seung-hyung se concentró al máximo y, tras
lanzar los quince dardos, logró explotar nueve de ellos. Como no había
conseguido el pleno, el premio fue un peluche proporcionalmente más pequeño que
el de Do-geon: un conejo apenas un poco más grande que la palma de su mano. Era
de un color rosa pálido, con la barriga y las patas blancas. Seung-hyung lo
manoseó con duda, pensando que no encajaba para nada con la imagen de Nam
Do-geon, pero el suin se acercó y se lo arrebató de inmediato.
"¿Este es para mí?".
"¿Lo quieres?".
Seung-hyung preguntó con incertidumbre. Aunque
no conocía sus gustos al detalle, dudaba que un peluche tan cursi fuera del
agrado de alguien como él. De hecho, estaba preparado para que Do-geon se
sintiera decepcionado y no lo quisiera.
"Si me lo das, claro que sí".
Do-geon giró al conejo para que quedara frente
a él y lo miró fijamente.
"Perdona, quería darte uno más grande,
pero mi puntería no dio para más".
"¿Por qué? Este me gusta. Además, es un
regalo tuyo. Lo guardaré bien".
Do-geon movió al conejo de lado a lado como si
estuviera haciendo una función de títeres. Seung-hyung lo observó en silencio.
Cuando lo conoció, le había parecido un loco inmaduro, pero ahora lo veía de
una forma completamente distinta. No sabía si Do-geon había cambiado o si era
su propia percepción la que se había transformado; probablemente fueran ambas
cosas. Al comparar aquel primer encuentro con el presente, la brecha entre
ambos momentos solo demostraba lo mucho que se habían acercado. Sentir eso le
produjo una mezcla de calidez y vergüenza.
"Vámonos ya, tenemos que seguir
jugando".
Do-geon lo tomó de la mano y tiró de él.
Después de eso, dejaron los peluches al
cuidado de los hombres que los seguían y se dedicaron a disfrutar del parque.
Subieron a atracciones cuyos nombres ni recordaban y terminaron entrando a la
"Casa del Terror". Seung-hyung nunca había estado en una y pensó que,
por muchos fantasmas que salieran, no sería para tanto. Sin embargo, los
empleados hacían un trabajo tan realista que su corazón estuvo a punto de
salirse por la boca varias veces. Estaba tan aterrado que, mientras caminaban
por los pasajes oscuros que parecían cuevas infinitas, se mantuvo aferrado a la
cintura de Do-geon sin soltarlo ni un segundo.
"Uf... todavía me tiembla el
corazón".
"Si el corazón no te late, es que estás
muerto".
"¡Ah! ¡Qué susto!".
Seung-hyung dio un respingo al oír la voz de
Do-geon. Se había quedado sentado en un banco de un jardín solitario intentando
recuperar el aliento. Do-geon le había dicho que estaba pálido como un muerto y
que lo esperara allí un momento; al regresar, traía un helado de cono en cada
mano. Era un helado de tres bolas: vainilla, chocolate y fresa.
"¿Helado?".
"Sí, vi que todo el mundo comía uno de
estos mientras caminaba".
Do-geon le entregó uno y comenzó a lamer el
suyo.
"Qué inesperado. No pensé que te
interesaran estas cosas".
"Me interesan. No es que no me guste el
dulce, pero si tengo que elegir, prefiero las cosas ácidas o
refrescantes".
"Por eso comes fruta tan a menudo".
"Exacto".
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Do-geon respondió con una media sonrisa.
Seung-hyung lo imitó y empezó a comer su helado. Empezó por la parte superior,
pero pronto quiso probar el sabor a fresa que estaba abajo, así que sacó la
lengua para lamerlo. El sabor dulce y ligeramente ácido de la fresa se mezcló
con los restos de vainilla, creando una armonía perfecta.
"¿Está rico?".
"¿Eh? Sí. Está ri...".
Antes de que pudiera terminar la frase,
Do-geon, que lo observaba atentamente, se inclinó hacia él. Seung-hyung se
quedó rígido por la sorpresa y sintió cómo la lengua de Do-geon lamía suavemente
la punta de su nariz.
"¿Qué... qué haces?".
"Tenías un poco de helado en la
nariz".
"Podrías habérmelo dicho con palabras, no
aquí...".
Aunque no había nadie cerca, estaban en un
espacio abierto y Seung-hyung se sintió morir de vergüenza. Más allá de que
Do-geon fuera un suin, a ojos de cualquiera eran simplemente dos hombres. Se
encogió sobre sí mismo, preocupado por las miradas ajenas, pero a Do-geon no
parecía importarle en absoluto. El suin clavó su mirada en los labios de
Seung-hyung y volvió a acercarse. Esta vez, Seung-hyung intentó retroceder,
pero Do-geon fue más rápido: le sujetó la mandíbula y lo atrajo hacia sí. En
cuanto sus labios se tocaron, Do-geon succionó y mordisqueó su labio inferior
con insistencia.
Seung-hyung estiró las manos para apartarlo,
pero Do-geon se retiró por su cuenta antes de que pudiera hacerlo. A escasa
distancia, sus ojos se encontraron y Do-geon le dedicó una sonrisa sutil.
Siempre le había parecido alguien inmaduro, a veces irritante y tan joven que
su apariencia física no parecía encajar con su personalidad, pero en este
instante...
Sintió que su corazón golpeaba con tanta
fuerza que el eco retumbaba en todo su pecho. No podía apartar la vista de esa
sonrisa, que parecía fundirse con la atmósfera cargada de tensión. Se dio
cuenta de que, a pesar de haber tenido sexo incontables veces, de las caricias
y de los besos anteriores, nunca antes su corazón había latido con tanta
intensidad emocional. Se quedó mirándolo, completamente aturdido, hasta que
Do-geon finalmente lo soltó.
"Tus labios son más dulces que el
helado".
"Eso... eso es imposible".
Logró articular Seung-hyung cuando finalmente
recuperó el juicio. Do-geon no respondió; simplemente siguió comiendo su helado
con una expresión llena de satisfacción y alegría.
* * *
Poder salir de la mansión para entrenar trajo
consigo cambios significativos. Cuando Seung-hyung estaba encerrado, todo
parecía girar exclusivamente en torno al sexo con Nam Do-geon; los días se le
escapaban entre los dedos y, al recuperar la lucidez por breves momentos,
sentía una vacuidad desoladora. Era como si su tiempo se desvaneciera sin haber
hecho nada.
Ahora, sin embargo, la sensación era distinta.
Aunque el tiempo seguía volando, ya no dejaba ese sabor a derrota. Pasear con
Do-geon, descubrir lugares y disfrutar juntos hacía que las horas pasaran
rápido, pero de una forma gratificante. Aunque a veces Seung-hyung se tensaba
temiendo que el suin se transformara, Do-geon mantenía su forma humana con
tanto éxito que, poco a poco, Seung-hyung lograba concentrarse solo en
divertirse.
Un nuevo día amaneció. Seung-hyung,
sintiéndose perezoso, permaneció acostado de lado en lugar de levantarse de
inmediato. A su lado, sintió que Do-geon se movía; por la amplitud del
movimiento, era evidente que ya estaba despierto. Pensando que quizás iría al
baño, Seung-hyung se quedó quieto, pero el suin se pegó a su espalda. Do-geon
hundió el rostro en su nuca y aspiró profundamente su aroma. Seung-hyung se
encogió involuntariamente ante la calidez de ese aliento.
"Haa...".
Seung-hyung estuvo a punto de girarse para
preguntar por qué olfateaba su cuello tan temprano, pero el chico soltó un
suspiro entrecortado. No era un suspiro de cansancio. Do-geon se movió inquieto
detrás de él, pegándose aún más, y de repente se escuchó un sonido rítmico: tak,
tak. El movimiento era tan vigoroso que la cama y el propio cuerpo de
Seung-hyung se sacudían levemente.
"Haa, haa".
¿Qué estaba pasando nada más despertar?
Desconcertado y sin saber cómo reaccionar,
Seung-hyung decidió quedarse inmóvil. Mientras tanto, los gemidos de Do-geon,
mezclados con su respiración pesada, se volvían más explícitos. Parecía
intentar contenerse para no despertarlo, tragándose los sonidos más fuertes,
pero soltaba jadeos intermitentes y pequeños quejidos de placer. Seung-hyung
sentía cómo el calor subía por sus lóbulos ante el sonido constante de Do-geon
masturbándose.
Se sentía como si estuviera espiando un acto
íntimo. No podía volver a dormirse, pero tampoco se atrevía a darse la vuelta y
reclamarle. Sabía que fingir demencia era lo mejor para ambos, pero había un
problema: los gemidos directos de Do-geon también habían encendido su propio
cuerpo.
Aunque antes de conocer a Do-geon no sabía lo
que era el placer carnal, su cuerpo ya había experimentado decenas de clímax a
través de su entrada trasera, y ahora, tanto su pene como su interior
reclamaban atención. Se sintió horrorizado por su propia reacción, pero tener a
Do-geon justo detrás, jadeando y sacudiéndose con deseo, hacía que sus
instintos fueran imposibles de ignorar.
Ya hemos tenido sexo hasta el cansancio, ¿por
qué se contiene ahora?,
pensó Seung-hyung.
Le pareció un poco tonto que Do-geon reprimiera
su deseo cuando sabía que él aceptaría si se lo pidiera. Por otro lado,
entendía que era la forma que tenía el suin de demostrarle arrepentimiento y
respeto, dándole espacio... pero aun así...
"Ha, ah...".
Mientras Seung-hyung se debatía en sus pensamientos,
Do-geon soltó un último jadeo pesado, liberando la tensión contenida. Derramó
su aliento ardiente sobre la nuca de Seung-hyung mientras su cadera se sacudía
por última vez, le dio un beso suave en la piel y se alejó. Tras el crujir de
las sábanas y el sonido de alguien vistiéndose, el suin abandonó la habitación
en silencio.
"Uf".
Seung-hyung soltó el aire que contenía y se
cubrió la nuca con la palma de la mano. La piel, que hasta hace un momento
había sido calentada por el aliento febril del otro, estaba ardiendo.
Consciente de que su cuerpo estaba tan excitado como el de Do-geon, permaneció
inmóvil durante un largo rato.
Se quedó acostado hasta que el calor de su
cuerpo disminuyó, y sin darse cuenta, se volvió a dormir. Cuando despertó de nuevo,
el sol ya estaba en lo más alto. Le extrañó que nadie lo hubiera despertado. Se
quedó mirando el techo, sintiendo que todo lo ocurrido temprano había sido un
sueño.
¿Por qué Do-geon hizo eso en cuanto se
despertó? Podría habérmelo dicho si tanto quería.
Sentía lástima por él y pensó que podría haber
creado el ambiente para que ocurriera, pero él también dudaba. Aunque podía
hacerlo y no era algo nuevo, todavía se ponía rígido cada vez que Do-geon lo
sujetaba o lo abrazaba de improviso. Era como un hábito grabado en su cuerpo;
no es que le tuviera asco a Do-geon, sino que el miedo instintivo afloraba
antes de calmarse lentamente. Por eso no se atrevía a dar el primer paso hacia
alguien que se estaba reprimiendo tanto. Tenía miedo de no poder manejarlo.
"Cielos, me voy a volver loco".
Suspiró profundamente y se levantó. Decidió
que, como Do-geon era del tipo que pide lo que quiere, era mejor esperar a que
él diera la señal. Con ese pensamiento, apartó sus dilemas y se fue a duchar.
Mientras se lavaba, empezó a planear el día: ¿A dónde querrá ir hoy?.
Salió del baño tras una ducha pausada, pero
Do-geon seguía sin aparecer. Seung-hyung quería un plan tranquilo para hoy,
algo que no requiriera demasiada actividad física. Quizás ir al mercado,
comprar ingredientes y cocinar algo juntos. Era lo que él solía hacer para
relajarse cuando el trabajo lo agobiaba.
¿Y si le sugiero ir a mi casa?
La idea le pareció excelente. Cerca de su casa
había un mercado que siempre estaba lleno de gente, con mucha comida y cosas que
ver. Comprar comida con Do-geon y cocinar en su propio apartamento sonaba
perfecto. Además, le serviría de excusa para visitar su casa, que debía estar
llena de polvo tras tanto tiempo vacía. Do-geon se estaba adaptando a su forma
humana y pronto llegaría el momento de dejar la mansión, así que era buena idea
ir preparando el terreno. Aunque sentía una punzada de preocupación por
Do-geon, se obligó a recordar que no podía quedarse allí para siempre.
Toc, toc.
Yoon Shin-woo entró tras llamar a la puerta,
trayendo el té de siempre.
"Oh, ya se ha despertado. Vine antes pero
parecía estar en un sueño muy profundo, así que me retiré".
"Ah, ¿sí? Por cierto, ¿dónde está
Do-geon?".
"El joven amo está... en su habitación
ahora mismo".
Shin-woo cerró la puerta con la espalda.
Seung-hyung notó que movía los ojos de forma sospechosa, como si ocultara algo.
"¿Le pasa algo a Do-geon?".
"No, nada importante".
"¿Entonces?".
"Bueno, es que está en su habitación
comiendo fruta con el joven amo Woo-geon".
A Seung-hyung le extrañó que Shin-woo
pareciera tan reacio a mencionar que Do-geon estaba con su hermano. ¿Había algo
que no sabía? Shin-woo evitó su mirada inquisidora y le tendió la taza.
"¿Ese hombre no se va a su propia
casa?", preguntó Seung-hyung al recibir el té.
"No tenemos una relación tan cercana como
para hablar de temas privados, así que no lo sé. He oído a otros suines que
últimamente el joven amo Woo-geon apenas sale de su habitación".
"¿Quién?".
"Woo-geon. Se queda en su cuarto, a veces
se salta las comidas y, si sale, regresa enseguida".
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Últimamente, Seung-hyung no se cruzaba con Nam
Woo-geon porque o estaba fuera o regresaba muy tarde, así que su presencia se
había vuelto borrosa. Al parecer, era porque sus rutas realmente no coincidían.
"¿No saldrán hoy?", preguntó
Shin-woo al ver a Seung-hyung soplando el té caliente.
"Ah, sí, vamos a salir".
"¿A dónde hoy?".
"Quiero ir a mi casa. Hay un mercado
cerca, así que pensaba que podríamos comprar cosas, ver a la gente y preparar
la cena juntos allí".
"Es una idea maravillosa. Creo que estas
sesiones de entrenamiento que parecen citas son un método excelente".
Shin-woo se alegró de forma genuina. A
Seung-hyung le dio vergüenza que usara la palabra "cita". No eran
novios, aunque fuera difícil negar la naturaleza de su relación después de lo
que habían pasado y del evidente interés de Do-geon.
"Es más un entrenamiento que otra
cosa", matizó Seung-hyung.
"¿Por qué lo dice? El joven amo Do-geon
ha estado muy animado últimamente. Nunca lo había visto así".
"Jaj, bueno, es porque estamos saliendo a
divertirnos... supongo que le parece entretenido".
Ante la evasiva de Seung-hyung, Shin-woo
frunció los labios con decepción.
"Le gusta tanto que incluso está en medio
de una 'guerra fría' con el joven amo Woo-geon".
"¿Él y Nam Do-geon?".
"Sí. La verdad es que no quería decírselo
para no preocuparlo, pero últimamente no se llevan nada bien".
"Bueno, ya se notaba algo...".
"Es en serio. Woo-geon ha intentado
invitarlo a tomar el té varias veces, pero Do-geon lo ha rechazado todas. Nunca
antes se había comportado así con su hermano".
Recordó el día en que conoció a Nam Woo-geon y
la imagen armoniosa de los dos hermanos. Era natural que, así como Do-geon lo
hacía, Woo-geon también apreciara y quisiera a su hermano menor.
“¿Se habrá roto la relación entre ellos por mi
culpa?”.
“B-bueno...”.
Yoon Shin-woo vaciló. No hacía falta una
respuesta directa para saber que las probabilidades eran altas. Después de
todo, Woo-geon, que desconfiaba y despreciaba a los humanos, seguramente
deseaba que Do-geon fuera igual a él. Sin embargo, en contra de sus deseos,
Do-geon se llevaba bien conmigo; definitivamente, no era una situación que le
agradara al hermano mayor.
“No piense que es su culpa, Seung-hyung”.
Dijo Shin-woo al ver que la sonrisa
desaparecía de su rostro por la incomodidad de la situación.
“Sería más fácil para mi conciencia si lo
viera así, pero...”.
Seung-hyung sabía que Shin-woo lo decía solo
para consolarlo. Aunque no sentía que todo fuera su error, no podía negar que
su presencia estaba afectando el vínculo entre ellos.
“Entrar sin permiso en el territorio de un
macho en celo es peligroso, y dejar el propio rastro sobre la pareja del otro
es algo que podría haber terminado en una tragedia. El joven amo Woo-geon lo
hizo sabiendo perfectamente las consecuencias”.
Shin-woo habló con firmeza, casi indignado.
Ante su determinación, Seung-hyung asintió con una sonrisa amarga.
“Do-geon tiene razones para estar enfadado.
Woo-geon pudo haber causado que usted saliera herido. Crear esa situación a
propósito sugiere que, en el fondo, quizá quería que Do-geon le hiciera daño”.
“Está bien, lo entiendo. Pensaré que él es el
malo de la película”.
Para calmar los ánimos de Shin-woo,
Seung-hyung asintió. El secretario suspiró profundamente, visiblemente
afectado. Pero, ¿qué se podía hacer? No había ocurrido ningún accidente grave y
no había forma de castigarlo por algo así.
Seung-hyung tomó un sorbo de té mientras
observaba a Shin-woo. Estaba tan amargo que volvió a fruncir el ceño.
“Se lo digo por precaución: no se cruce a
solas con el joven amo Woo-geon”.
“Ugh. Yo también quiero evitarlo”.
Seung-hyung estuvo de acuerdo de inmediato
mientras tragaba el amargor. Hasta ahora, sus encuentros con Woo-geon siempre
habían parecido accidentales, aunque sospechaba que el suin lo buscaba a
propósito.
“No me refiero solo a cruzarlo; no hable con
él ni se quede en el mismo espacio si están solos”.
“Pero, ¿qué hago si nos encontramos en el
pasillo o si él entra en mi habitación cuando no hay nadie?”.
“Hay una forma de evitarlo: convivir en la
habitación del joven amo Do-geon”.
Seung-hyung se quedó mudo. Lo ocurrido esa
mañana le vino a la mente, haciéndole difícil dar una respuesta afirmativa. Si
Do-geon ya se estaba conteniendo tanto, tenerlo a su lado las veinticuatro
horas solo aumentaría su deseo sexual. ¿Podría soportar estar pegados todo el
día?
“¿No quiere compartir habitación? No lo digo
con otra intención, es solo por su seguridad”.
“Siendo sinceros, prefiero tener mi propio
espacio. Además, por mucho que me odie, ¿realmente llegaría a hacerme daño
físico?”.
“Nunca se sabe. Incluso de joven, el amo
Woo-geon atacaba a otros suines sin dudarlo. Se rumorea que se relaciona con
grupos de suines que rechazan radicalmente a los humanos”.
“¿Grupos que rechazan a los humanos?”.
“Sí. Son seres que incluso nosotros, los demás
suines, preferimos evitar”.
Seung-hyung no terminaba de entender la
gravedad.
“¿Es como una especie de... mafia?”.
“Podría decirse que sí. No respetan a nadie,
sea humano o suin. Viven en zonas de suines, pero se agrupan para cometer
delitos contra humanos. He oído que incluso llegan a matarlos y comérselos.
Como muchos de ellos son hijos de familias de depredadores poderosos, nadie se
atreve a castigarlos con rigor”.
Parecía un grupo que vivía al margen de la ley
consensuada por los suines. Una verdadera organización criminal compuesta por
"hijos de papá", o más bien, de linajes de diamante.
“¿Pero no deberían intervenir esas familias en
lugar de esperar a que alguien los castigue? Si se descubre la existencia de
los suines por su culpa, ¿qué pasaría?”.
“A menudo, los mayores de esas familias
también odian a los humanos. Pero como los tiempos han cambiado y no pueden
negarlos abiertamente, se limitan a vigilar y proteger a sus hijos mientras
hacen lo que quieren. Nuestros jefes son, en realidad, un caso muy
excepcional”.
El mundo de los suines tampoco era un camino
de rosas. Escuchar eso hizo que Nam Woo-geon le pareciera aún más aterrador.
Relacionarse con suines capaces de comer humanos... el dicho "Dios los
cría y ellos se juntan" cobraba un sentido siniestro.
“¿Y dice que Do-geon está comiendo fruta con
ese hombre ahora mismo?”.
“Do-geon dijo que no quería, pero Woo-geon se
presentó allí por su cuenta. Parece que tienen algo de qué hablar porque aún no
ha salido”.
“¿Cuánto tiempo llevan?”.
“Más de una hora. Me pidieron fruta y té, se
los llevé y ahí siguen”.
Estar sentados frente a frente durante más de
una hora en ese ambiente tenso... Seung-hyung se preguntó si estarían bien.
“No estarán peleándose a golpes, ¿verdad?”.
“Oh, no lo creo. Woo-geon adora a su hermano.
Probablemente por eso lo odia a usted tanto; no soporta que su querido hermano
menor se junte con lo que él más detesta: un humano”.
“Hum, ¿me tendrá celos?”.
“¿Quién sabe?”.
Shin-woo se encogió de hombros.
“Soy una espina en su ojo, definitivamente”.
Seung-hyung murmuró con un escalofrío. Sin
pretenderlo, sentía que cada vez se ganaba más el odio de Woo-geon. Estaba
preocupado, pero como no podía hacer nada al respecto, solo le quedaba una
sensación de inquietud.
Mucho después de su charla con Shin-woo, Nam
Do-geon apareció. Aunque le sonreía, su expresión no era del todo buena, lo que
preocupó a Seung-hyung. Sin embargo, decidió no preguntar. Fingiendo que no
notaba nada, se llevó a Do-geon fuera de la mansión.
“¿Habías estado alguna vez en un lugar así?”.
“No. ¿Tú comprabas tus cosas aquí?”.
Do-geon preguntó con curiosidad, mirando las
tiendas que se alineaban a ambos lados. La gente en el mercado era
mayoritariamente mayor; caminaban mirando productos y comida. Seung-hyung
también se sentía un poco extraño, ya que hacía tiempo que no veía ese paisaje
cotidiano.
“¿A veces? Está más cerca que el supermercado
grande, así que solía venir aquí”.
“¿Y qué vamos a hacer? ¿Solo mirar?”.
Durante los últimos días, Do-geon lo había
seguido dócilmente en todo lo que proponía. Al principio se sentía desubicado
por la falta de experiencia, pero se adaptaba rápido y terminaba disfrutando.
El problema era que, cuando se emocionaba, le salían las orejas, la cola, sus
ojos cambiaban o se le asomaban los colmillos. Esos eran los momentos más
peligrosos, por lo que Seung-hyung mantenía todos sus sentidos alerta
vigilándolo.
“Veremos cómo es el mercado y compraremos
ingredientes para hacernos la cena”.
“¿Cocinar la cena? ¿Dónde?”.
“En mi casa”.
“¿En tu casa?”.
“Sí... mi hogar, por así decirlo”.
“¿Tienes una casa por aquí cerca?”.
Como Seung-hyung le había pedido al chófer que
los dejara directamente en la entrada del mercado sin mencionar el destino final,
Do-geon no lo sabía. Pareció sorprendido, pero enseguida sus ojos se llenaron
de interés.
“¿Tenías ganas de ver mi casa?”.
“No lo había pensado, pero ahora tengo
curiosidad”.
“Vivo en un estudio pequeño, es más chico que
tu habitación”.
“¿Ah, sí?”.
Seung-hyung se sintió algo cohibido; no es que
viviera en un lugar lujoso del que pudiera presumir, ni tenía una decoración
increíble. Preparó el terreno por si Do-geon se sentía decepcionado, pero al
suin no pareció importarle.
NO
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“¿Y siempre viviste en un estudio, incluso con
tu familia?”.
“No. En ese entonces vivía solo porque estaba
en la universidad, y mi familia vivía en un apartamento. Ahora... bueno, vendí
todo y no queda nada. Ese estudio es todo lo que tengo”.
Lo dijo con una sonrisa amarga y cierta
melancolía. Do-geon lo miró fijamente antes de preguntar:
“¿Has invitado a alguien más a esa casa?”.
“Bueno, hace tiempo llevaba a mis compañeros
de clase. Aunque ahora ya ni hablamos”.
No sabía si habían sido ellos quienes cortaron
el contacto o si había sido él. Su vida se había vuelto tan árida, tan ocupada
y desgastante que, cuando sus amigos lo llamaban para invitarlo a una copa,
Seung-hyung simplemente no podía ir y terminaba rechazándolos. Aquellos chicos,
que al principio decían entender su situación y prometían esperar a que tuviera
un respiro, terminaron desapareciendo en algún momento sin dejar rastro.
Ni ellos ni él volvieron a llamarse. Al perder
el ritmo de la relación, aunque a veces recordaba los viejos tiempos y sentía
ganas de preguntar cómo estaban, la duda lo frenaba. Había pasado demasiado
tiempo; el abismo entre ellos se sentía demasiado profundo y resultaba
incómodo. Pensando que ellos sentirían la misma incomodidad, Seung-hyung
concluyó que era mejor dejar las cosas así. Y así, poco a poco, se fue quedando
solo.
"¿Dormías con ellos cuando venían?".
Al recordar el pasado, Seung-hyung sintió que
aquellos días estaban tan lejanos como si hubieran ocurrido hace diez años.
Sumido en esa melancolía, soltó una carcajada al escuchar la pregunta cautelosa
de Do-geon.
"¿En qué sentido me preguntas si 'dormía'
con ellos?".
"Bueno, hay varios sentidos".
"¿Acaso me estás preguntando si hacía con
ellos lo mismo que hago contigo?".
Solo imaginarlo le dio escalofríos. Incapaz de
contener una risa incrédula ante lo absurdo de la sospecha, Seung-hyung lo miró
con asombro, mientras Do-geon fruncía el ceño y lo sujetaba del brazo. El
apretón era fuerte, cargado de una emoción contenida.
"¿De qué te ríes?".
"Es que es gracioso. Eres el primer
hombre con el que estoy, Do-geon. No hago esas cosas con mis amigos".
"¿De verdad?".
Las arrugas en el entrecejo de Do-geon se
borraron al instante y sus ojos recuperaron el brillo. Sus pupilas, ahora claras,
reflejaban un alivio absoluto. A Seung-hyung le pareció una reacción
fascinante. ¿Acaso él sí se acostaba con sus amigos?, pensó. Al ver que
Do-geon proyectaba sus propias costumbres en él, a Seung-hyung le entraron
ganas de bromear.
"Te lo digo en serio. ¿Crees que me
acuesto con cualquiera como haces tú?".
"¡Eso es...!".
Do-geon saltó de inmediato ante el reproche
fingido. Sus labios temblaron como si buscara una excusa desesperadamente, pero
al final solo emitió un pequeño quejido de frustración. Su rostro se tornó
serio, sumido en una profunda reflexión. Verlo tan transparente y puro en su
reacción le dio a Seung-hyung ganas de seguir pinchándolo, pero al notar que el
chico se lo estaba tomando demasiado a pecho, decidió parar.
"Olvídalo, no le doy importancia, así que
no te preocupes".
Seung-hyung se dio la vuelta para seguir
caminando, tratando de quitarle hierro al asunto. Sin embargo, Do-geon lo
sujetó con más fuerza.
"¿Por qué no le das importancia?".
Obligado a detenerse, Seung-hyung lo miró de
nuevo. La expresión de desagrado de Do-geon era ahora más intensa que antes.
"¿A Hyung no le importa con quién esté yo
o lo que haga? ... A mí me importa todo lo que hagas con otros, y también me
molesta lo que yo hice antes".
Do-geon era directo; no tenía la menor
intención de ocultar lo que sentía. Para ser honestos, a Seung-hyung no le
hacía ninguna gracia pensar en Do-geon teniendo sexo con otros suines. Le
importaba, claro, pero consideraba que eran cosas del pasado y que obsesionarse
o tener celos de los instintos básicos de un suin con sus amigos era algo
mezquino. No quería desgastarse emocionalmente por algo que no podía cambiar.
Ahora estaban el uno para el otro, y eso era
lo que contaba. Pero Do-geon, incapaz de leer sus pensamientos, parecía
interpretar ese desapego como una falta de interés. Quizás estaba intentando
medir los sentimientos de Seung-hyung a través de su reacción. Seung-hyung
pensó que aquel era el momento ideal para ser tajante y hacer que el chico
desistiera de cualquier esperanza romántica.
"¿Qué pasa? ¿De verdad no te
importa?".
Seung-hyung se quedó paralizado. Sabía que
debía decir que no, pero las palabras se le atascaron en la garganta. Al ver a
Do-geon, que más que decepcionado parecía ansioso y vulnerable, sintió que
estaba siendo cruel. Solo se trataba de no mostrar celos, de fingir que no
sentía nada... pero después de todo el tiempo que habían pasado juntos, el
cariño pesaba demasiado. Su cabeza le ordenaba ser frío, pero su corazón se
negaba. Soltó un suspiro corto.
"Es algo que ya pasó. En ese entonces no
me conocías ni yo a ti. Recriminarte algo de aquel tiempo sería muy rastrero
por mi parte. Solo serviría para ponerte en una situación difícil".
"... ¿Esa es la razón? ¿Intentas
entenderme porque te preocupas por mí?".
"Así es".
Aun así, Do-geon no pareció convencerse del
todo. No lo soltó y continuó escrutando su rostro con una mirada fija y
persistente, como si buscara una verdad oculta tras sus palabras. Seung-hyung
sintió que debía darle una garantía más sólida para calmarlo.
"Además, sé que no volverás a hacerlo,
¿verdad?".
"No".
La respuesta fue inmediata. Como si hubiera
estado esperando ese pie, el rostro de Do-geon se iluminó al instante.
"Solo lo haré contigo, Hyung".
Seung-hyung se quedó mudo un segundo. Lo había
dicho para evitar que el chico se sintiera mal, pero parecía que Do-geon lo
había interpretado como una promesa de exclusividad mutua. Al ver esa cara de
felicidad absoluta, Seung-hyung no encontró valor para corregirlo.
¿Qué se supone que le diga ahora si dice que
solo quiere estar conmigo?
"Está bien", respondió finalmente.
La expresión de Do-geon se volvió radiante.
Seung-hyung sintió una mezcla de inquietud y ternura al ver cómo el chico se
emocionaba.
"Tienes que controlarte", advirtió
Seung-hyung, adelantándose a cualquier impulso.
"Ya lo estoy haciendo. Acabo de pasar por
un momento crítico y me he contenido. ¿He sido bueno?".
Do-geon lo miró como un niño que busca
aprobación. No quedaba ni rastro del suin arrogante que lo despreciaba al
principio. Ver esos ojos honestos que solo pedían afecto le produjo a
Seung-hyung una sensación extraña. Un vuelco en el estómago. Su corazón volvió
a latir con fuerza y, al ser consciente de ello, sintió que el calor recorría
todo su cuerpo. Era una situación complicada; sentirse así por la mirada limpia
de un tipo tan grande era desconcertante.
"Lo he hecho bien, ¿verdad?",
insistió Do-geon con descaro, exigiendo su elogio. Seung-hyung no pudo evitar
reír ante su atrevimiento.
"Sí, lo has hecho bien. Sigue así en
adelante".
Antes, Do-geon le resultaba tan irritante que
a menudo quería darle un golpe en la cabeza, pero ahora... solo quería
acariciarlo. Seung-hyung extendió la mano mientras mantenía el contacto visual.
Do-geon, como si lo hubiera estado esperando, inclinó la cabeza para facilitar
el gesto.
"Ja, ¿eres un perro?".
"Es que quiero que me acaricies cuando me
portas bien".
Nada más terminar de hablar, un suave ronroneo
escapó de su garganta. Seung-hyung sonrió al ver que el chico no podía evitar
emitir ese sonido de satisfacción.
"Tienes que seguir esforzándote".
"Sí".
Do-geon respondió dócilmente y, en cuanto
Seung-hyung retiró la mano, lo tomó del brazo para seguir guiándolo.
Seung-hyung lo siguió en silencio, viendo cómo incluso la espalda del chico
delataba su entusiasmo.
Recorrieron el mercado de punta a punta.
Comieron hoddeok caliente, curiosearon en puestos de accesorios baratos
—donde Seung-hyung tuvo que quitarle a Do-geon una pinza con un lazo rosa que
intentaba ponerle en el pelo— y terminaron en un puesto de comida callejera
disfrutando de tteokbokki y sundae, acompañados de vasos de shikhye
bien frío.
Después de divertirse y comer hasta saciarse,
compraron los ingredientes para la cena: calamares, panceta, verduras y lo
necesario para la salsa. De camino a casa, pasaron por una tienda de
conveniencia para comprar arroz instantáneo y algunos aperitivos para Do-geon.
Los hombres que los seguían discretamente no
entraron en el edificio. Seung-hyung se alivió; su apartamento era tan pequeño
que no habrían cabido todos.
"Pasa".
Seung-hyung le abrió la puerta a Do-geon,
quien, a pesar de ser ambos hombres, había insistido en cargar con todas las
bolsas de la compra para presumir de fuerza. Al entrar, Do-geon se quedó
observando el lugar. El estudio, que llevaba tiempo deshabitado, tenía un aire
viciado y estaba cubierto por una fina capa de polvo blanco.
Seung-hyung se sentía algo cohibido al mostrar
su humilde mobiliario, pero como sabía que Do-geon ya estaba al tanto de su
falta de dinero, intentó moverse con naturalidad. Abrió la única ventana grande
del pequeño estudio para ventilar y recogió la ropa esparcida por el lugar para
echarla al cesto de la ropa sucia.
"¿Es muy estrecho, verdad?".
Preguntó Seung-hyung, consciente de que
Do-geon seguía de pie, inmóvil. Al no recibir respuesta, se giró para mirarlo.
En algún momento, las orejas y la cola del suin habían brotado. Aunque pensó
que quizás se estaba poniendo cómodo al estar a solas, la expresión del chico
no era buena; con el rostro ligeramente enrojecido, mantenía la vista fija en
el suelo. Parecía ansioso, o tal vez confundido. Extrañado por su repentina
reacción, Seung-hyung se acercó.
"¿Nam Do-geon?".
En cuanto extendió la mano para comprobar qué
le pasaba, el suin retrocedió de inmediato, dejando caer las bolsas que traía.
Do-geon se cubrió la entrepierna con ambas manos, lo que, irónicamente, hizo
que la mirada de Seung-hyung se dirigiera hacia allí. Era imposible de ocultar.
Seung-hyung tragué saliva al ver cómo el chico intentaba desesperadamente
esconder su notable erección.
Aquella mañana habían logrado superarlo, ¿por
qué volvía a pasarle ahora?
"¿Qué pasa? ¿Te has excitado?".
"Es que la habitación está impregnada de
tu olor, Hyung".
Respondió Do-geon en un susurro, como si
hubiera cometido una falta grave. Cruzó la mirada con él un instante y luego la
desvió. Verlo tan decaído, hasta el punto de hacer que Seung-hyung se sintiera
culpable, lo conmovió. A pesar de su duda inicial, se armó de valor.
"Espera un momento".
Le indicó antes de entrar apresuradamente al
baño para lavarse bien las manos con jabón. Al salir, Do-geon seguía allí con
una expresión de total desconcierto sobre lo que estaba a punto de ocurrir.
Seung-hyung apartó las manos con las que el suin se cubría, pero Do-geon volvió
a sujetar sus muñecas de inmediato.
"No lo hagas".
Su voz era baja pero cargada de una
determinación inusual.
"No vamos a tener sexo, solo te ayudaré
con la mano".
"Está bien, no lo hagas".
Insistió Do-geon, bajando la vista para evitar
el contacto visual.
"¿Entonces piensas quedarte ahí parado?
¿Crees que podrás calmarte solo?".
Ante la pregunta de Seung-hyung, Do-geon no
supo qué responder y vaciló. Pensando que se quedaría dudando eternamente si no
intervenía, Seung-hyung procedió a bajarle los pantalones. Do-geon lo miraba
desde arriba, debatiéndose internamente; apretaba sus muñecas, pero no lo
apartaba ni retrocedía. Finalmente, al retirar la prenda, el contorno de su
pene se hizo evidente a través de la ropa interior negra, que ya mostraba
manchas de humedad.
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"Voy a quitártelos".
Dijo Seung-hyung tras tragar saliva por los
nervios de tener aquello frente a sus ojos. Do-geon, que lo sujetaba con
fuerza, soltó un suspiro entrecortado y liberó sus muñecas. Incapaz de mirar lo
que ocurría, se cubrió el rostro con ambas manos para taparse los ojos. El
mismo Do-geon que siempre aceptaba y expresaba su deseo sexual como algo
instintivo y natural, ahora actuaba como si quisiera ignorar su propia
transgresión.
"Está bien".
Lo tranquilizó Seung-hyung antes de bajarle la
ropa interior. El pene, largo y grueso, quedó al descubierto con las venas
marcadas de forma explícita. Lo sujetó y comenzó a frotar suavemente el glande
con el pulgar. De inmediato, el líquido preseminal comenzó a brotar del meato
urinario. Mientras el fluido se derramaba, Seung-hyung notó cómo Do-geon
tensaba el abdomen; su respiración se volvió pesada y los gemidos que intentaba
reprimir resultaban sumamente provocadores.
Seung-hyung se dio cuenta de lo mucho que se
había acostumbrado a él. Aunque nunca antes había deseado a un hombre, al tocar
aquel pene erecto y ver la reacción de su cuerpo, no pudo evitar sentirse
perturbado. Su corazón se aceleró y el calor subió por su cuerpo; lo que veía
le resultaba increíblemente erótico.
Yo también tengo uno, ¿qué tiene de diferente
el de Do-geon?, pensó. Aunque el
hecho de ser un suin lo hacía más grande que el de un hombre promedio, no
dejaba de ser lo mismo. Sin embargo, sentir esa reacción física que normalmente
solo tendría ante una mujer le produjo una extraña sensación de desajuste.
"Haa...".
En medio de su confusión interna,
preguntándose si sus gustos habrían cambiado por culpa de Do-geon, sintió que
el suin sacudía la cadera. Aunque su mente divagaba, sus dedos seguían
trabajando, y Do-geon parecía sentir cada roce. Incapaz de soportarlo más, el
suin apartó las manos de su rostro y lo miró.
Seung-hyung se tensó al ver que sus ojos ya
eran los de un leopardo de las nieves y, por instinto, desvió la mirada. Se
sintió abrumado por una tensión desagradable; definitivamente, desde
"aquel día", cualquier acto sexual con Do-geon le resultaba una carga
emocional.
"Todo está bien".
Esta vez fue Do-geon quien habló. En el
momento en que el suin puso su mano sobre la de Seung-hyung, que seguía
sujetando su pene, este se dio cuenta de que no solo estaba rígido, sino que
estaba temblando. El golpeteo violento de su corazón se volvió insoportable, y
mientras jadeaba, los ojos de Do-geon volvieron a la normalidad. Con sus ojos
humanos y claros, el suin se acercó lentamente y lo rodeó con sus brazos.
Seung-hyung se dejó abrazar, buscando consuelo
en su pecho. Tras quedarse un momento aturdido, cerró los ojos con fuerza y
rodeó la cintura de Do-geon con sus brazos. Al estrecharse, el contacto se
volvió íntimo y pudo sentir el pene del suin presionando contra su vientre.
Manteniéndose así, respiró hondo hasta que su pulso, que latía con ansiedad,
comenzó a estabilizarse.
"Te ayudaré con la mano".
Dijo Seung-hyung, sintiéndose más recuperado,
pero Do-geon no respondió.
"¿Do-geon?".
"El hermano Woo-geon... dice que debo
dejarte ir".
"¿Q-qué? ¿Por qué de repente?".
"Dice que no es conveniente que me
obsesione con un humano".
Era la primera vez que Do-geon lo reconocía
explícitamente como humano. A pesar de que Seung-hyung se lo había repetido
hasta el cansancio, el suin siempre se había empeñado en llamarlo
"hembra", como si realmente lo considerara uno de su especie.
Sorprendido por esto, Seung-hyung parpadeó un par de veces antes de recuperar
el aliento y preguntar:
"¿Y entonces? ¿Piensas dejarme ir?".
Durante los últimos días, a pesar de haber
estado en lugares concurridos, no habían tenido incidentes graves que revelaran
su identidad. Seung-hyung veía aquello como un cambio positivo y pensaba que
pronto podría marcharse según lo pactado en el contrato. Pero no esperaba
escucharlo directamente de boca de Do-geon.
"¿Qué es lo que quieres tú, Hyung?".
"¿Eh? Yo... bueno, he visto que puedes
mantener tu forma humana de manera estable estos días, así que pensaba que ya
no me necesitabas...".
Antes de que pudiera terminar, Do-geon lo
sujetó por los hombros, lo apartó un poco y lo miró directamente a los ojos. El
suin permaneció en silencio, pero la intensidad de su mirada, mientras apretaba
sus hombros con fuerza, lo dejó sin palabras.
"¿Tú también quieres que te deje
ir?".
Seung-hyung sintió que le faltaba el aire.
Sabía perfectamente cuál era la respuesta lógica, pero no podía ser tan cruel.
Sin embargo, aquel no era un lugar donde pudiera quedarse por puro sentimiento.
Si Do-geon le mencionaba las palabras de Woo-geon, era probablemente porque a
él también le preocupaba ese asunto.
Pensó que, si le daba la opción a Do-geon, el
suin quizás nunca sería capaz de elegir. Tal vez le preguntaba porque se sentía
perdido y sin saber qué hacer. Al final, la decisión recaía sobre él.
"Hicimos un contrato, así que una vez
cumplido mi trabajo, no tengo razón para quedarme allí".
Logró decir Seung-hyung tras mucho meditarlo.
Do-geon lo miró con el rostro endurecido.
"¿Y tú?".
"Yo... no quiero dejarte ir".
Murmuró Do-geon en voz baja. Su mirada era
persistente, casi obsesiva. Aunque no esperaba una respuesta, Seung-hyung
sintió la necesidad de decir algo al tenerlo frente a él.
"¿Entonces me quedo un poco más? Decidir
ahora mismo es muy precipitado".
"¿Por qué quieres dejarme, Hyung? Tú eres
mi hembra y yo soy tu macho".
"No es que quiera dejarte, es que tu
hermano está presionando. No quiero que tengas problemas con él por mi
culpa".
"El hermano Woo-geon solo está siendo
terco. Yo quiero seguir así contigo. Si puedo tener eso... entonces no hace
falta que tengamos sexo".
¿Hasta ese punto?
Seung-hyung no podía creer lo que oía. Él
mejor que nadie sabía lo insaciable que era el deseo de Do-geon. Sorprendido
por tal declaración, se limitó a mirarlo. El suin, tras observarlo un momento,
se acercó y lo besó. Seung-hyung, sintiendo que un beso estaba bien, se dejó
querer.
Nam Do-geon envolvió sus brazos alrededor de
Seung-hyung, rodeándolo con una lentitud que se sentía como una trampa
ineludible. Lo atrajo hacia su pecho y unió sus labios, deslizando la lengua
con naturalidad en el interior de su boca. Seung-hyung abrió los labios y
aceptó esa invasión cálida; ahora, entrelazar sus lenguas con las de Do-geon ya
no se sentía como algo extraño.
A medida que se concentraba en las sensaciones
que compartían sus labios y lenguas, su cuerpo comenzó a arder. Seung-hyung
soltó un suspiro excitado y rodeó el cuello de Do-geon con ambos brazos. En un
movimiento fluido, el suin lo levantó en vilo y caminó hacia la cama situada en
el rincón del estudio. Aunque el lugar llevaba tiempo vacío y las sábanas debían
de tener una fina capa de polvo, el deseo que hervía en su interior era tan
fuerte que ni siquiera sintió rechazo.
Do-geon lo recostó en la cama y se posicionó
de inmediato sobre él, devorando su boca con un beso voraz antes de separarse
apenas unos milímetros. Jadeando con fuerza, bajó la vista para observar a
Seung-hyung; luego volvió a acercarse para besar sus labios repetidamente,
bajando por su mandíbula hasta enterrar el rostro en su cuello. De pronto, sus
colmillos, que habían brotado sin previo aviso, se clavaron en la piel.
"¡Ah...!".
Seung-hyung dejó escapar un gemido ante el
pinchazo de dolor. Al instante, Do-geon se apartó. A diferencia de antes,
cuando se dejaba llevar por la excitación sin importar cuánto sufriera
Seung-hyung, esta vez su reacción fue rápida. Con la respiración agitada por el
celo, levantó la cabeza y buscó sus ojos. Parecía tan desconcertado como el
propio Seung-hyung.
"Me... me dolió un poco".
"Lo siento".
Balbuceó Do-geon tras una breve vacilación. Al
verlo amagando con alejarse, Seung-hyung extendió la mano y lo sujetó del
brazo. Tiró de él con suavidad y el suin se dejó atraer sin resistencia.
Seung-hyung bajó la mirada hacia la entrepierna de Do-geon, comprobando que su
pene seguía erecto y firme, y luego, manteniendo el contacto visual, lo sujetó
con la mano. Do-geon intentó retroceder por un segundo, pero Seung-hyung usó su
otra mano para agarrarlo de la nuca y obligarlo a bajar.
"¿Qué vas a hacer?".
Preguntó Do-geon con una expresión de evidente
desconcierto.
"Solo ven".
Tras esas breves palabras, volvió a besarlo.
Mientras sus lenguas se enredaban, notó que Do-geon mantenía la parte inferior
de su cuerpo elevada, como si tuviera miedo de lastimarlo con su erección.
Seung-hyung usó la mano que tenía en el pene del suin para bajarse sus propios
pantalones. Al oír el roce de la tela, Do-geon bajó la mirada, intentando ver
qué hacía, pero Seung-hyung lo mantuvo anclado a sus labios sujetándolo con
fuerza de la nuca.
Liberó sus piernas hasta quedar solo en ropa
interior, separó sus labios de los de Do-geon y susurró:
"Haa... No es buena idea que me la metas
ahora mismo. ¿Lo hacemos juntos?".
Do-geon lo miró y luego bajó la vista. El pene
de Seung-hyung, tan erecto como el suyo, estaba expuesto de forma explícita.
Tras observarlo con fijeza obsesiva, el suin se dejó caer sobre él, abrazándolo
con una fuerza abrumadora. Do-geon lo aplastó bajo su peso y, pegando su carne
contra la de Seung-hyung, comenzó a mover la cadera con frenesí.
NO
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"¡Ah, hah... ah, mmm!".
Do-geon movía la cintura con tanta rudeza que
sus penes terminaron aplastados y frotándose con violencia. Ambos estaban
extremadamente duros, y el tamaño del pene del suin hacía que Seung-hyung
soltara jadeos de dolor mezclados con placer. Do-geon devoró sus labios de
nuevo; su lengua, febril y hambrienta, se agitaba dentro de su boca.
Seung-hyung se dejó arrastrar por la corriente, devolviendo el beso mientras se
aferraba al cuello de su pareja.
Los quejidos de excitación, los gemidos y el
sonido de las respiraciones pesadas llenaron el estudio mientras la cama crujía
sin descanso. Aunque no había penetración, el movimiento impetuoso de la pelvis
de Do-geon hacía que el deseo se desbordara.
"Mmm, ah... ah".
Do-geon se movía con la misma intensidad con
la que embestiría si estuviera dentro de él. Cuando notó que Seung-hyung se
estremecía, abrió más las rodillas para pegar sus pelvis por completo,
realizando movimientos más cortos y rápidos. La fricción tosca de hace un
momento se volvió más refinada, enviando descargas eléctricas a través de su
piel. No hacía falta que usaran las manos; la pura tosquedad de los cuerpos
chocando y el ritmo de Do-geon hacían que todo se sintiera pecaminosamente
erótico.
Seung-hyung cerró los ojos, concentrándose en
el roce de esa carne cálida y marcada por las venas. Aunque solo estaban
desnudos de cintura para abajo, podía sentir el calor abrasador del cuerpo del
suin contra el suyo. Sumergido en el aroma de Do-geon, en su calidez y en esa
mezcla extraña de sentimientos que acompañaban al deseo, Seung-hyung alcanzó el
clímax rápidamente.
Al sentir las sacudidas de la eyaculación de
Seung-hyung, Do-geon aumentó la violencia de sus movimientos. Seung-hyung,
atrapado bajo él, solo podía jadear buscando aire. El suin, también en el
límite, lo besó con desesperación antes de enterrar el rostro en su cuello,
aspirando su olor con una inhalación profunda. Tras un par de fricciones
finales, Do-geon también se corrió sobre él.
"Ha... haa".
"Haa, haa".
La sensación de euforia, que había ascendido
hasta lo más alto, pareció estallar y dejarlos flotando en el vacío.
Seung-hyung se quedó tendido, sintiendo el eco del orgasmo recorrer sus
extremidades sin fuerzas. Do-geon, mientras recuperaba el aliento, empezó a
restregar su rostro contra su cuello, buscando refugio. Parecía un niño grande
necesitado de afecto, y Seung-hyung, conmovido por ese gesto, empezó a
acariciarle la nuca.
"Haa... Hyung, eres mi hembra.
¿Verdad?".
Preguntó Do-geon con la cara aún oculta en su
cuello. Buscaba una confirmación, pero parecía que no tenía el valor suficiente
para mirarlo a los ojos mientras lo hacía. Seung-hyung, consciente de que su
corazón latía con la misma fuerza que cuando paseaban juntos por el mercado,
abrió la boca para responder.
"Sí".
Con esa sola palabra, Do-geon pareció
encontrar la paz y lo abrazó con más fuerza todavía. Seung-hyung se quedó
mirando el techo familiar de su apartamento, sintiendo cómo su corazón seguía
golpeando con un ritmo escandaloso. Era una sensación extraña.
