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Durante el periodo de celo, la comunicación con Nam Do-geon se volvió imposible. El suin no dejaba de abrazar a Seung-hyung, negándose a soltarlo ni un segundo; incluso rechazaba las medicinas que Yoon Shin-woo intentaba entregarle, concentrado únicamente en poseer al humano. Aterrorizado por la forma en que Do-geon se aseguraba de que su miembro permaneciera atrapado en su interior, Seung-hyung intentó pedir ayuda, pero desistió al ver cómo el joven se transformaba en un leopardo de las nieves y sacaba las garras en cuanto Shin-woo cruzaba el umbral.

Para evitar que Yoon Shin-woo resultara herido por intentar salvarlo, Seung-hyung resistió a cuerpo gentil hasta que el celo terminó. El calvario duró exactamente dos días y algunas horas. Dentro de lo que cabe, fue una suerte; aunque Seung-hyung habría preferido que nada de eso ocurriera, se consoló pensando que al menos no había sufrido daños irreversibles.

Tras ducharse y aplicarse el ungüento por todo el cuerpo, Seung-hyung descansaba en la cama cuando la puerta se abrió. En esa casa, solo los hermanos Nam entraban sin llamar. Sobresaltado, levantó la vista y vio a Nam Do-geon. Verlo completamente vestido después de tanto tiempo le resultó extrañamente ajeno.

“Habrá una cena familiar esta noche, ¿de verdad no vas a venir?”

Do-geon soltó la pregunta sin preámbulos. Aunque hablaba de una cena, era evidente que se trataba de una celebración por haber superado su celo. Incluso si todo hubiera sido normal, para Seung-hyung habría sido una situación incómoda. Él no era más que un compañero de celo contratado; no tenía lugar en una reunión tan íntima. Por eso, a pesar de que Shin-woo le sugirió que su presencia alegraría a Do-geon, él se negó. El suin parecía haber venido a interrogarlo tras enterarse de su negativa.

“No es lugar para mí”.

“Si no vas tú, ¿quién va a ir? Es gracias a ti que todo salió bien”.

Seung-hyung solo quería dormir. Durante los últimos días, no había podido pegar ojo atendiendo a un Do-geon extremadamente sensible. Haber sido mordido, aplastado y obligado a tener sexo sin tregua había sido una tortura. Además, el suin ni siquiera le había permitido comer adecuadamente, dejándolo sin fuerzas.

“Entiendo cómo te sientes... pero necesito descansar”.

Nam Do-geon, que lo había atormentado sin descanso, se había sumido en un sueño profundo al terminar su celo para recuperar energías. Al despertar, había saciado su hambre, atendido a sus padres y ahora regresaba a la habitación de Seung-hyung. En cambio, el humano apenas lograba recuperarse. La debilidad física y el impacto psicológico le impedían sentirse en paz incluso estando solo.

“¿Por qué? ¿Te duele algo?”

Do-geon lo miraba con extrañeza, como si no recordara sus actos durante el celo. Sus ojos eran humanos, pero Seung-hyung no podía evitar ver en ellos la mirada animal que tanto lo había asustado. Cuando Seung-hyung evitó el contacto visual, el suin se acercó. El mayor apretó la manta con fuerza y habló:

“No me duele nada. Así que vete, por favor. Quiero descansar”.

“Hyung”.

“El celo ya terminó. Ya... ya no me necesitas”.

Intentó sonar sereno, pero su cuerpo se tensó y su voz tembló al ver que Do-geon no se detenía.

“¡N-no te acerques!”

Ante el grito, Do-geon se detuvo en seco. Su rostro se endureció visiblemente mientras observaba a Seung-hyung, quien mantenía la mirada baja. Finalmente, sin decir una palabra, el suin se dio la vuelta y se marchó.

Solo cuando se quedó solo, Seung-hyung se permitió soltar un suspiro de alivio, aunque la inquietud permanecía. Se cubrió la cara con las manos, sintiendo aún el entumecimiento en su cuerpo. Sin fuerzas para pensar, se tapó hasta la cabeza y cerró los ojos, deseando que el sueño lo rescatara.

 

En medio de su descanso, Seung-hyung sintió que alguien acariciaba su cabello. Se estremeció, pero no abrió los ojos por miedo a espantar el sueño. Notó cómo alguien reacomodaba la manta sobre sus hombros con suavidad. Entre la vigilia y el sueño, frunció el ceño sin saber si aquello era real.

Más tarde, el tintineo de unos cubiertos lo despertó. Yoon Shin-woo estaba allí, dejando una bandeja sobre la mesa.

“¿Se ha despertado?”

“¿Qué hora es?” preguntó Seung-hyung frotándose los ojos, desorientado.

“Son las diez de la mañana”.

Había dormido más de doce horas. El cansancio acumulado lo había mantenido en un estado similar a la muerte. Al ver la bandeja, Seung-hyung preguntó si era el desayuno.

“No, esto parece que lo trajo el joven amo Do-geon ayer. Como le dije que usted no había cenado, él mismo preparó algo y lo subió. Iba a llevármelo porque parece que no lo tocó”.

“Ah, no es que no quisiera comerlo a propósito...”.

“No se preocupe, es normal que estuviera agotado”.

Shin-woo sonrió y tomó el plato, que contenía diversas porciones de comida y fruta cortada con cuidado. Al ver la comida seca y fría, Seung-hyung sintió una punzada de culpa. Comprendió que la caricia y el gesto de la manta también debieron ser obra de Do-geon.

“¿Qué está haciendo... Nam Do-geon?”

“Está en el jardín trasero”, respondió Shin-woo con una sonrisa forzada. “Lleva allí desde la madrugada. No ha querido desayunar”.

“¿Desde la madrugada? ¿Ha estado fuera todo este tiempo?”

“El jardín trasero es su refugio. Hay unas rocas grandes donde le gusta estar en su forma animal. Es como su santuario”.

Un santuario que parecía más bien un escondite. Seung-hyung recordó la espalda de Do-geon al salir de la habitación y bajó la mirada.

“Ha sido muy duro pasar el celo con él, ¿verdad?”, preguntó Shin-woo de repente.

“No puedo decir que no lo haya sido”, admitió Seung-hyung en voz baja.

Yoon Shin-woo era la única persona en esa mansión capaz de comprender a Seung-hyung. Siendo alguien que se preocupaba profundamente por Nam Do-geon pero que también velaba por el bienestar del humano, Seung-hyung se sintió con la libertad de responder a sus preguntas con total honestidad.

En realidad, dado que casi todos en la casa eran suins, lo lógico era que solo les importara que el celo de Do-geon hubiera terminado sin incidentes. Seung-hyung, al fin y al cabo, no era más que un invitado temporal. Intentó asimilar su dolor en soledad, pero los recuerdos del miedo y el agotamiento físico se negaban a desaparecer. Le resultaba vergonzoso admitir cuán herido se sentía emocionalmente, así que fue breve en sus palabras.

"El joven amo Do-geon parece sentirse muy culpable también".

"¿Ah, sí?"

"Sí. Ayer me pidió varias veces que comprobara si usted estaba bien. Parecía genuinamente preocupado, aunque daba la impresión de que no se sentía capaz de venir a verlo en persona...".

Shin-woo dejó la frase en el aire, sugiriendo que intuía que algo se había roto entre ellos. No se atrevió a preguntar directamente, pero su curiosidad era evidente.

"La verdad es que sé que no es culpa suya, pero ahora mismo me resulta difícil estar con él como si nada hubiera pasado", confesó Seung-hyung, incapaz de guardárselo más.

Yoon Shin-woo mostró una expresión de desconcierto. Mientras Seung-hyung vacilaba, tratando de encontrar las palabras adecuadas para describir esa ansiedad que no lo abandonaba, Shin-woo preguntó:

"¿Es porque el joven amo fue demasiado brusco con usted?"

"No es solo eso...".

"Si es por eso, debe saber que no era su verdadera intención. Sus sentimientos reales son los de alguien que se preocupa por usted".

Shin-woo parecía creer que Seung-hyung estaba malinterpretando los sentimientos de Do-geon y se apresuró a defenderlo. El mayor lo sabía; sabía que el comportamiento que lo había aterrorizado era producto del celo. Sin embargo, su razón y sus emociones iban por caminos separados. No podía enfrentarse a Do-geon sin que le brotara el sudor frío, sin que el corazón se le acelerara al recordar aquellos momentos. Incluso si fingiera estar bien, Do-geon notaría el cambio, y eso también podría herir al suin.

"Lo sé, Shin-woo".

"¿Lo sabe y aun así se siente así? Al joven amo le gusta mucho usted. Ayer, mientras todos celebraban en un ambiente alegre, él era el único que estaba decaído".

Shin-woo habló con un tono de ligera frustración, convencido de que Seung-hyung ignoraba por completo la sinceridad del joven amo.

"Solo necesito un poco de tiempo. No es que no conozca sus sentimientos ni que quiera herirlo a propósito".

"No fue culpa del joven amo Do-geon. Fue... fue culpa mía".

"¿Culpa suya? ¿A qué se refiere?"

Shin-woo parpadeó con ansiedad, sus ojos reflejando una profunda perturbación. Dudó antes de hablar, pero ante la mirada fija de Seung-hyung, finalmente se decidió.

"Me pareció extraño que el joven amo se volviera tan sensible de repente, como si la medicina no hubiera hecho efecto. Pensé en ello y recordé que el último día que le llevé la medicina, vi al joven amo Nam Woo-geon tocando el sobre".

"¿El sobre de la medicina de Do-geon?"

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"Sí. Siempre preparo las pastillas antes que la comida para que no se me olvide. Me alejé un momento y, al volver, el joven amo Woo-geon estaba allí con el sobre en la mano. En cuanto me vio, lo dejó en su sitio y se fue".

Seung-hyung se quedó pensativo. Recordó que aquel día el sobre estaba rasgado. No le había dado importancia porque las pastillas blancas y redondas le habían parecido las habituales.

"Entonces, ¿está diciendo que Nam Woo-geon cambió las pastillas? ¿Y se culpa por no haberlo comprobado hasta el final?"

"Sí", respondió Shin-woo con la mirada baja, como un criminal confesando su pecado.

"Pero no hay pruebas de que fuera por eso".

"Si consideramos que los sedantes no funcionaron en absoluto, es la única explicación lógica. No hay pruebas, pero mi sospecha es firme... Aun así, no pude decírselo al joven amo Do-geon por falta de evidencias. Además, él no parece recordar con detalle esos días en los que estuvo tan fuera de control".

Conque era eso. Seung-hyung siempre había pensado que era extraño que un sobre cerrado se hubiera roto y que las pastillas se hubieran caído. Aunque no quería acusar a nadie sin pruebas, las acciones sospechosas de Nam Woo-geon hacían que todo encajara. Le indignaba la astucia de aquel hombre, pero no había forma de deshacer lo ocurrido.

Al darse cuenta de cuánto odiaba Nam Woo-geon a los humanos, Seung-hyung sintió una punzada de alarma; si se enfrentaba a él de forma imprudente, podría acabar realmente mal. Quizás Woo-geon había planeado aquello para arruinar su relación con Do-geon o para causarle daño físico, sin importarle que también pudiera herir los sentimientos de su propio hermano. La sangre le hirvió de indignación.

"Así que, si quiere culpar a alguien, cúlpenme a mí. El joven amo Do-geon nunca tuvo esa intención".

Shin-woo parecía a punto de llorar mientras hablaba, notando cómo Seung-hyung apretaba los dientes al pensar en Woo-geon.

"Usted no lo hizo a sabiendas, así que no se culpe tanto".

"No puedo evitar sentirme mal. Pienso que si hubiera sido más cuidadoso, nada de esto habría pasado. Me duele por el joven amo y por usted".

Al ver la profunda culpa de Shin-woo, Seung-hyung se sintió aún más molesto por el hecho de que Nam Woo-geon se hubiera salido con la suya. Habían sido víctimas de un plan unilateral. Puesto que no podía devolverle el golpe de la misma forma, pensó que la mejor venganza sería, precisamente, llevarse bien con Do-geon, solo para fastidiar a Woo-geon.

"Solo necesito un poco de tiempo para aclarar mi mente".

Ayer estaba demasiado agotado para ver a Do-geon, pero tras dormir profundamente, se sentía algo más estable. Aunque sabía que la ansiedad podría volver al verlo en persona, ya no lo veía todo de forma tan negativa.

"¿De verdad es solo cuestión de tiempo?"

"Sí".

Shin-woo no parecía del todo convencido, pero Seung-hyung evitó su mirada suplicante para no tener que dar más explicaciones.

"Ah, es cierto. ¿Le preparo la cena? Ayer no comió nada".

"Sí, por favor".

"Está bien, espere un poco. Le traeré té también y le aplicaré el ungüento".

Shin-woo salió apresuradamente de la habitación.

 

Seung-hyung cenó solo. Aunque Shin-woo había intentado que Do-geon lo acompañara, el suin no apareció. No sabía si no quería o si no podía venir; probablemente ambas. Cuanto más lo pensaba, más le pesaba la situación, pero no se sentía capaz de dar el primer paso.

Después de cenar, tomar el té, ducharse y ponerse la medicina, Seung-hyung se sumió de nuevo en sus pensamientos. Volvió a quedarse dormido y, al despertar, el sol ya se estaba poniendo. El ambiente era pacífico, pero su mente seguía inquieta, haciéndolo dar vueltas en la cama.

"Haa...".

Suspiró profundamente mientras miraba el techo. Sabía la respuesta: el tiempo por sí solo no resolvería nada. Además, los recuerdos de sus conversaciones con Do-geon volvían a su mente para atormentarlo. "Si al menos recordaras lo que me hiciste, podría quejarme y decirte cuánto miedo pasé", pensó con amargura.

Toc, toc.

Llamaron a la puerta. Al dar permiso para entrar, apareció Yoon Shin-woo.

"Es hora de cenar".

"Sí... Por cierto, ¿dónde está Nam Do-geon?"

"Sigue en el jardín. Parece que no tiene apetito".

El rostro de Shin-woo reflejaba una gran preocupación, aunque intentó disimularla con una sonrisa forzada al notar la mirada de Seung-hyung.

"Coma usted, al menos. Si el joven amo tiene hambre, ya lo dirá".

A Yoon Shin-woo parecía preocuparle más el hecho de que Nam Do-geon se negara a comer y permaneciera en el jardín por culpa de Seung-hyung que el simple hecho de que se saltara una comida. Seung-hyung, que ya se sentía inquieto por lo mismo, no pudo ocultar su malestar en el rostro.

¿Y si se enfermaba por aquello? Aunque Do-geon era joven y fuerte, y saltarse unas pocas comidas no lo mataría, Seung-hyung no podía evitar sentirse angustiado por el hecho de que alguien estuviera ayunando. Aquel chico que siempre decía que no se sentía satisfecho si no había carne en la mesa, ahora se negaba a probar bocado. Si Seung-hyung lo sabía, Shin-woo debía de estar mucho más al tanto.

"Nam Do-geon, ¿ya había hecho algo así antes?"

Ante su pregunta, Yoon Shin-woo, que estaba a punto de salir de la habitación, se detuvo y se giró. Su rostro, habitualmente adornado con una sonrisa suave, se tensó ligeramente.

"Hace mucho tiempo. Solía hacerlo de vez en cuando cuando los adultos lo regañaban severamente, y después de que un amigo humano falleciera, estuvo así durante un tiempo. Probablemente se quede así por unos días".

"¿Unos días? ¿Quiere decir que va a seguir sin comer?"

"El joven amo Do-geon es muy testarudo. Aguantará hasta que su salud se resienta... Alguien tendría que ir a consolarlo, y normalmente el joven amo Woo-geon era quien se encargaba de eso".

"¿Ah, sí? ¿Y qué está haciendo Nam Woo-geon ahora?"

Seung-hyung preguntó recordando lo inusualmente apegado que Nam Woo-geon solía ser con su hermano. Shin-woo vaciló un momento, pareciendo incómodo.

"¿Esta vez no va a consolarlo?"

"No es eso... El joven amo Woo-geon fue a verlo hace un rato, pero el joven amo Do-geon no quiso escucharlo".

Las palabras de Shin-woo sonaban como si diera a entender que, si no era Seung-hyung, nadie más podría sacar a Do-geon del jardín. Y quizás no era solo una impresión; después de todo, Seung-hyung era la causa directa del malestar del suin. De cualquier modo, significaba que Do-geon no saldría de allí hasta caer enfermo.

"Pero esto... ¿es una protesta? ¿O es que necesita tiempo para aclarar sus sentimientos?"

Seung-hyung preguntó mientras debatía internamente si debía ir o no.

"Simplemente quiere estar solo. El joven amo Do-geon, a pesar de su apariencia, tiene un corazón muy frágil".

Esa mención al corazón frágil hizo que Seung-hyung se sintiera como si realmente le hubiera causado una herida profunda. Y probablemente así era. El muchacho, que no recordaba lo que había hecho, debió de pensar que seguían manteniendo su relación cercana, y verse rechazado de repente debió de ser un golpe duro para él.

"El joven amo Do-geon piensa mucho en usted, Seung-hyung".

Mientras Seung-hyung reflexionaba, Shin-woo volvió a hablar. Sus miradas se cruzaron. De pronto, como si recordara algo importante, Shin-woo añadió algo más.

"Cuando el joven amo terminó su celo y bajó a comer, le pidió permiso al jefe para salir con usted".

"¿Salir?"

"Sí. Dijo que quería acompañarlo al hospital para que pudiera ver a su hermano menor".

"Ah...".

Seung-hyung recordó tardíamente que Do-geon le había prometido llevarlo a ver a su hermano. No entendía por qué había mencionado el tema de la salida tan pronto, pero parecía que, incluso en medio de todo, el suin quería cumplir su palabra.

"El jefe también dio su permiso".

"¿Dijo que podíamos ir?"

Seung-hyung se sorprendió; no esperaba que Do-geon llegara a obtener el permiso de su padre de forma tan directa.

"Sí. Como el joven amo mostró una determinación tan clara, el jefe accedió".

Parecía que lo había logrado con facilidad, probablemente gracias a la insistencia de Do-geon. Si Seung-hyung lo hubiera pedido solo, jamás se lo habrían permitido. De cualquier modo, significaba que, si acompañaba a Do-geon, podría ver a Ahn Seung-yu de inmediato. La sola idea hizo que su corazón se ensanchara. Una brisa de esperanza pareció recorrer su alma, que hasta entonces se sentía vacía y desolada.

Aunque acababa de pasar por el celo de Do-geon, eso no formaba parte del trato original, por lo que no estaba en posición de decir que quería volver a casa. Sin embargo, saber que podía ver a Seung-yu, aunque fuera por un momento, le dio fuerzas renovadas.

"Usted dijo que necesitaba más tiempo, pero creo que sería mejor para ambos si se reconciliaran pronto... Eso es lo que pienso yo".

Shin-woo hablaba con cautela, observando cada reacción de Seung-hyung. Su intención era clara: Do-geon se había esforzado por él, así que Seung-hyung también debería poner de su parte. Era un razonamiento que, efectivamente, movía la voluntad del humano.

Le preocupaba que Do-geon estuviera pasando hambre por su culpa, y saber que recuperar su relación significaba ver a Ahn Seung-yu era un incentivo demasiado poderoso. Era matar dos pájaros de un tiro; no podía haber una motivación más clara.

"Está bien, iré a verlo".

A pesar de la inquietud, decidió enfrentar la situación y se levantó de la cama.

"¿De verdad va a ir?"

"Sí".

"¿Quiere que lo acompañe?"

La expresión y la voz de Shin-woo se iluminaron al instante. Era evidente que había estado esperando ansiosamente que Seung-hyung dijera esas palabras.

"Sí, lléveme hasta allí".

En cuanto respondió, Shin-woo abrió la puerta de par en par. Seung-hyung lo siguió, atraído por la mirada esperanzada del empleado. Salieron de la mansión y se dirigieron al jardín bajo el resplandor del atardecer. Las luces del jardín ya estaban encendidas. Mientras que el jardín delantero estaba lleno de flores, este lugar estaba dominado por el verde intenso de la hierba y los árboles.

Siguiendo a Shin-woo, pronto divisaron una estructura de rocas apiladas a gran altura. Eran varias piedras enormes colocadas una sobre otra, formando una especie de montículo que Seung-hyung tenía que mirar hacia arriba para ver por completo. Shin-woo señaló la cima.

"Está ahí arriba. Estará en algún hueco entre las rocas".

"¿En un hueco?"

"Le gustan ese tipo de lugares".

Siguiendo las indicaciones de Shin-woo, Seung-hyung se acercó al montículo de rocas, rodeado por la luz tenue de las lámparas.

"Nam Do-geon".

Lo llamó en voz baja y esperó. No hubo respuesta ni el más mínimo ruido, así que aclaró la voz y llamó con más firmeza.

"Nam Do-geon, ¿estás ahí?"

Apenas pasaron unos segundos antes de que se oyera un pequeño cruje en la parte superior. Al sentir que el suin reaccionaba a su voz, se acercó más a las rocas. Al fijarse bien, vio que las piedras formaban una especie de escalera irregular por la que se podía trepar.

En lugar de esperar, decidió que era mejor enfrentarlo directamente, así que comenzó a subir apoyándose en las salientes. Por suerte, no era tan empinado; gateando y sujetándose con las manos, llegó pronto a la cima. Allí, oculto desde abajo, vio dos rocas enormes que dejaban un espacio del tamaño del cuerpo de Do-geon entre ellas.

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Echado en ese hueco, en su forma de leopardo de las nieves, el suin lo miraba con los ojos redondos por la sorpresa. En su estado animal, su expresión de asombro lo hacía parecer extrañamente torpe. Era algo tierno, pero estar frente a él de nuevo hizo que Seung-hyung se encogiera instintivamente.

No quería tenerle miedo, pero la tensión brotaba de él como si estuviera grabada en sus instintos. Do-geon, pareciendo notar su incomodidad, soltó un pequeño sonido desde la garganta y retrocedió un poco. Sus grandes ojos, fijos en Seung-hyung mientras mantenía la cabeza cerca de sus enormes patas delanteras, parecían cargados de tristeza. Al encontrarse con esa mirada, Seung-hyung perdió un poco de su rigidez.

"¿Vas a quedarte aquí todo el tiempo?"

Do-geon se limitó a observarlo. Solo emitía un sonido casi imperceptible, pero no daba ninguna señal que Seung-hyung pudiera interpretar claramente. Solo movía sus orejas redondeadas, atento a sus reacciones, mientras mantenía una postura baja con la cabeza apoyada en sus patas.

"¿No tienes hambre? Vamos a comer juntos".

El corazón de Seung-hyung latía con fuerza y empezó a sudar frío. No era solo nerviosismo; era una auténtica presión psicológica. Aun así, no retrocedió. Puesto que ambos se limitaban a resistir en sus posiciones, parecía que no había mucho más que hacer.

Pensó que consolarlo con palabras sería imposible, así que cambió de estrategia. Tragando saliva, estiró con cuidado la punta de los dedos hacia una de las patas delanteras del suin. Al notar el movimiento, los ojos de Do-geon se clavaron en su mano. Sin atreverse a tocarle la cara, Seung-hyung acarició el pelaje suave y espeso de su pata.

"Estás aquí porque te rechacé, ¿verdad?"

Do-geon, con sus grandes pupilas dilatadas, observaba fijamente la mano que acariciaba tímidamente su pata y luego subió la vista hacia el rostro de Seung-hyung. Su mirada, aunque límpida, resultaba un tanto intimidante.

De pronto, Seung-hyung se dio cuenta de que, a pesar de haber tenido tanto sexo con Nam Do-geon hasta el hartazgo, todavía no sabía mucho sobre él. ¿Sería porque, aunque mezclaban sus cuerpos, sus corazones no lograban conectar? ¿O quizás era por esa brecha insalvable que aún sentía hacia los suins? Parecían razones distintas, pero en el fondo, tal vez eran la misma.

Tal vez, tal como Nam Woo-geon deseaba, Seung-hyung finalmente había comprendido lo diferente que era él, un humano, de un suin como Do-geon. Aunque pensó que podrían encajar a pesar de no ser iguales, comprobó que no era una tarea sencilla.

Sin embargo, tras asimilar las palabras de Woo-geon, algo se volvió cristalino en su mente. Si aceptaba, entendía y abrazaba esa diferencia, ¿no podría acercarse a Do-geon más que nunca? Aquello era, sin duda, lo opuesto a lo que Nam Woo-geon quería; después de todo, él buscaba que el miedo lo alejara definitivamente de su hermano.

“No era mi intención herirte”.

Al soltar lo que guardaba, Do-geon emitió un pequeño "krung". Sonó casi como una respuesta. Seung-hyung no pudo evitar una sonrisa al ver esos ojos que, a pesar de pertenecer a un leopardo imponente, lo hacían parecer un cachorro de gato gigante. Al observarlo así, la tensión comenzó a disiparse. El hecho de que no mostrara ni un ápice de agresividad ayudaba mucho.

“Me dio miedo que me mordieras tan fuerte, que lameras mis heridas y me aplastaras con tanta brusquedad. En ese momento, como estabas tan sensible, pensé que podrías atacarme de verdad si perdías la razón. Supongo que, tras pasar dos días así, empecé a sentirte como alguien peligroso”.

Mientras le explicaba sus sentimientos paso a paso, Do-geon soltaba de vez en cuando sonidos profundos, "krung, krung", desde su garganta. Por el movimiento de sus orejas, parecía estar escuchando con suma atención.

“No es que me hayas dejado de gustar. Es solo que necesitaba tiempo para que esa sensación de miedo se desvaneciera”.

Do-geon se mantuvo inmóvil ante sus palabras, pero luego, lentamente, lamió la mano de Seung-hyung, que aún sostenía su pata. La lengua del animal, caliente y áspera, recorrió su piel; por un segundo, el recuerdo del celo lo hizo estremecerse. Sintió el impulso de retirar la mano, pero al ver que el suin se apartaba tras un solo gesto, se obligó a resistir.

“Pero creo que esconderme no es la solución. ……Volvamos. Si estamos juntos, me terminaré acostumbrando”.

Do-geon lo miró sin moverse un milímetro. Seung-hyung sostuvo su mirada y, levantando la mano que antes acariciaba la pata, esta vez le acarició la cabeza. El suin aceptó el gesto cerrando los ojos y agachando ligeramente la cabeza, buscándole el contacto.

“Krung, krung”.

Ese ronroneo suave parecía una señal de placer, así que Seung-hyung continuó acariciándolo de lado a lado. Al ser un ejemplar adulto, su cabeza era lo suficientemente grande y firme como para que resultara satisfactorio masajearla con fuerza. El pelaje era espeso pero suave, y mientras Seung-hyung se deleitaba con la textura, Do-geon soltó un "kyarung" y avanzó hacia él.

“¡Ah, o-oh!”.

Seung-hyung, que estaba sentado a medias en el borde de una roca, se sobresaltó al ver que el animal se le echaba encima e intentó retroceder, perdiendo el equilibrio. Pensó que caería al vacío, pero una mano firme lo sujetó del brazo y tiró de él. Al abrir los ojos tras el susto, se encontró con el rostro atractivo de Do-geon a pocos centímetros. El joven se había transformado en humano para evitar que cayera. Al verlo allí, completamente desnudo y sin una pizca de vergüenza, Seung-hyung soltó un suspiro.

“¿Con qué seguridad dices que vas a estar conmigo si te asustas así?”.

Do-geon le reclamó con un tono apagado pero claramente insatisfecho. Sin embargo, la mano que sujetaba su brazo apretaba con una fuerza que delataba su ansiedad. Aunque el agarre dolía un poco, Seung-hyung no intentó zafarse.

“Por eso dije que me acostumbraría estando a tu lado. No que ya lo estuviera”.

“Olvídalo, vuelve adentro”.

“No puedo estar tranquilo pensando que estás aquí solo, sin comer nada en todo el día”.

“No me quedé aquí para que te sintieras mal. Es solo que aquí me siento cómodo”.

“¿Por qué? ¿Vas a vivir como un leopardo de ahora en adelante?”.

La expresión de Do-geon se ensombreció. Parecía decaído. Seung-hyung se preguntó cómo era posible que terminara sintiendo lástima por él, cuando él mismo era quien había sufrido. Tal vez Do-geon se sentía herido por haber lastimado a la persona que quería sin ser plenamente consciente de ello.

“Me hiciste daño. ¿Sabes que tengo marcas en la nuca?”.

Ante sus palabras, Do-geon se estremeció. Levantó la vista y lo miró a los ojos.

“Lo siento”.

“No lo dije para que te disculparas”.

“Y yo lo digo porque de verdad lo siento”.

Esa réplica le recordó a una conversación anterior y le arrancó una carcajada espontánea. Do-geon se quedó mirándolo mientras reía, observando cada gesto y cada destello en sus ojos con una intensidad absoluta. Aunque decía querer estar solo, era evidente que se habría sentido muy dolido si Seung-hyung no hubiera ido a buscarlo.

“Está bien. Si de verdad lo sientes, ven conmigo a cenar y luego ponme la medicina. Tú fuiste quien me hizo las heridas, pero es Shin-woo quien me las cura... mientras tú te escondes aquí”.

“...¿Cómo voy a ir, después de haberte lastimado?”.

“Por eso mismo, hazte responsable. He venido yo mismo porque estoy bien, ¿vas a dejar que me vaya solo?”.

Do-geon vaciló, pero no apartó la mirada ni un segundo. Se sentía como si lo estuviera encadenando con la vista. Tras tragar saliva, el suin tiró suavemente de él hacia su pecho. Seung-hyung se dejó llevar sin resistencia y terminó envuelto en sus brazos.

“Siento haberte hecho daño”, murmuró Do-geon mientras lo estrechaba contra él.

“Si lo sientes, sígueme”.

“Sí”.

Seung-hyung rodeó la cintura del joven con sus brazos y este respondió con una afirmación corta. De repente, sintió algo suave rozándole el brazo: la cola de Do-geon se había enredado en su muñeca. Seung-hyung levantó la cabeza desde su pecho y vio que al joven le habían brotado las orejas sobre la cabeza.

“Vamos”.

“Sí”.

Seung-hyung sonrió involuntariamente. El chico se veía más dócil que nunca. Al verlo así, el malestar que Seung-hyung sentía, como si tuviera espinas clavadas en el corazón, se disipó. Había pasado el día inquieto, incapaz de descansar de verdad, y ahora pensaba que debió haber ido a buscarlo mucho antes.

“Espera un momento. ……Shin-woo, por favor, traiga una bata para Nam Do-geon”.

“¡Sí!”.

Irse estaba bien, pero ver al chico sin un hilo de ropa encima era un tanto embarazoso. Yoon Shin-woo, que esperaba abajo, respondió con energía y desapareció al instante. Mientras escuchaba sus pasos alejarse, Seung-hyung giró la cabeza y volvió a encontrarse con los ojos de Do-geon.

El suin lo observaba fijamente. En cuanto cruzaron miradas, sus ojos se volvieron aún más intensos, como si hubiera estado esperando ese momento. No hacía falta que hablara; su deseo era evidente y casi tangible. Lo miraba como si quisiera absorberlo, con una intensidad que recordaba peligrosamente a la de su celo.

“¿Por qué me miras así?”.

Se sentía un poco tenso. Aunque el celo había terminado, no terminaba de relajarse del todo.

“No pensé que vendrías a buscarme”.

“Shin-woo estaba muy preocupado por ti. Yo también”.

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Do-geon parecía conmovido, lo cual hizo que Seung-hyung se sintiera algo apenado. Después de todo, solo había reunido el valor para ir tras la insistencia de Shin-woo y tras descubrir el engaño de Woo-geon. Ver a Do-geon esperándolo con tanta devoción le hizo sentir culpable.

“¿Acaso has venido solo porque Shin-woo te ha insistido hasta el cansancio?”.

Era cierto que la posibilidad de ver a Ahn Seung-yu le había dado el empujón final, pero la verdadera razón fue saber que Nam Woo-geon había manipulado la situación. No quería ser un peón en sus planes ni permitir que los sentimientos de Do-geon se vieran afectados por la malicia de su hermano.

“No es eso”.

No importaba cuál motivo pesara más, pero Seung-hyung no quería que Do-geon se sintiera decepcionado pensando que Shin-woo tenía más influencia sobre él que sus propios sentimientos. Sin embargo, el suin no parecía muy convencido.

“Me parece que es por él. Haa... Shin-woo siempre se preocupa por mí, igual que cuando era niño. Debe de seguir viéndome como a un crío”.

Do-geon frunció el ceño. Quizás le hería el orgullo que lo trataran como a un niño, aunque Seung-hyung pensaba que sus acciones recientes daban motivos de sobra para preocuparse. Prefirió guardarse ese pensamiento para no arruinar el momento.

“Si no quieres que te vea así, deja de comportarte como tal”.

“Bueno, este siempre ha sido mi espacio. De pequeño venía aquí a jugar, a dormir y a descansar”.

“¿Era tu escondite?”.

“¿Escondite? Sí, supongo que algo así”.

Do-geon asintió tras reflexionar un momento. Seung-hyung observó el paisaje austero de rocas y luego miró hacia el cielo, que se oscurecía tras el ocaso.

“Las vistas nocturnas deben de ser buenas aquí”.

Haber estado prácticamente encerrado en la mansión y, después, confinado en su habitación desde que comenzó el celo de Nam Do-geon, hizo que Seung-hyung disfrutara enormemente del cambio de aires al mirar el cielo abierto. Do-geon lo observó mientras él contemplaba las nubes y, de repente, se acostó llevándoselo consigo. En un instante, lo posicionó sobre su pecho y se transformó en leopardo de las nieves. Seung-hyung se quedó rígido al verse recostado sobre ese pelaje blanco, denso y mullido.

El espacio entre las dos grandes rocas era perfecto para el tamaño de Do-geon. El suin, acomodado como si hubiera medido el lugar con una regla, movió sus orejas hacia Seung-hyung. Parecía indicarle que se relajara y mirara el cielo desde allí. El humano cedió, soltando la tensión de su cuerpo, y se apoyó contra el animal. El cuerpo de Do-geon subía y bajaba rítmicamente con cada respiración. De pronto, un ronroneo profundo vibró desde su garganta, provocando que Seung-hyung soltara una risita; era el sonido que Do-geon hacía solo cuando estaba realmente feliz.

Seung-hyung tomó las gruesas patas delanteras del leopardo y empezó a jugar con ellas. Do-geon respondía sacando y metiendo las garras rítmicamente. Con cada movimiento, las afiladas puntas asomaban un poco. Se sentía como estar abrazado a un gato gigante que hacía "amasado" en el aire. Al verlo como un felino enorme, Seung-hyung sintió una cercanía reconfortante.

Las patas eran tan grandes que las almohadillas, o "gelatinitas", también tenían un tamaño considerable. Eran suaves y blandas al tacto. Seung-hyung, deleitado por la sensación, sostuvo una pata con ambas manos y presionó la almohadilla central con sus pulgares. Do-geon ronroneó con más fuerza y, por un instante, sus garras se deslizaron hacia fuera por completo.

"Tus garras son realmente afiladas".

Comentó Seung-hyung con admiración, notando que un solo rasguño podría causar una herida grave. Ante el comentario, Do-geon las ocultó de inmediato.

"¡Haa, aquí traigo la ropa!".

La voz de Yoon Shin-woo llegó desde abajo.

"Shin-woo ya está aquí".

En cuanto Seung-hyung habló mirándolo, el suin recuperó su forma humana. De repente, Seung-hyung se encontró tumbado sobre un cuerpo desnudo; la suavidad del pelaje fue reemplazada por la firmeza de los músculos y el calor de la piel.

"Vamos".

"Sí".

Do-geon respondió mientras lo abrazaba y se incorporaba. En el proceso, Seung-hyung se estremeció al notar que el miembro del joven estaba ligeramente erecto.

"No voy a pedirte que lo hagamos".

"¿Yo... yo he dicho algo?".

Seung-hyung replicó a la defensiva, sintiéndose descubierto en su nerviosismo. En lugar de responder, Do-geon se acercó y le dio un beso corto en la mejilla antes de apartarse. Seung-hyung se quedó perplejo por el inesperado gesto.

"¿Qué ha sido eso?".

"Nada, es solo una forma de decirte que no te preocupes, que ya no voy a volver a hacerte daño".

Do-geon habló con su tono brusco habitual, pero Seung-hyung no pudo evitar sonreír. Notaba el esfuerzo del chico por no ponerlo nervioso.

"Vayámonos ya".

Seung-hyung tomó la iniciativa y bajó de las rocas con cuidado, seguido de cerca por Do-geon. Yoon Shin-woo los esperaba abajo y se acercó rápidamente al verlos descender. Do-geon se movía con una agilidad asombrosa, casi con demasiada naturalidad para estar desnudo, pero Shin-woo se encargó de cubrirlo con la bata al instante.

"¿Dónde prefieren que sirva la cena?".

"Comeremos en el comedor. ……¿Te parece bien?".

Seung-hyung respondió a la emocionada pregunta de Shin-woo y luego miró a Do-geon.

"Donde sea".

"Entendido, lo prepararé todo allí ahora mismo".

Shin-woo se alejó con pasos ligeros, como si le hubiera pasado algo maravilloso. Sin embargo, se detuvo de golpe al cruzarse con Nam Woo-geon, que venía en dirección contraria. Shin-woo se giró a mirarlos con sorpresa y, tras dudar un momento, hizo una reverencia apresurada ante el hermano mayor y desapareció.

Nam Woo-geon, por su parte, ni siquiera miró al empleado; sus ojos estaban fijos en ellos. Era la primera vez que lo veían desde su incursión en la habitación de Seung-hyung. Se acercó despacio, observando a su hermano menor. El rostro de Do-geon se volvió de piedra. Aunque mantenía una expresión neutra, estaba visiblemente tenso y no había ni rastro del afecto que solía mostrar hacia su hermano. Seung-hyung había pensado en reclamarle algo, pero el ambiente no parecía el adecuado.

"¿Ya bajan?".

Preguntó Woo-geon con una sonrisa serena.

"Hyung".

Do-geon lo llamó sin responder a la pregunta. Woo-geon mantuvo el contacto visual como respuesta. Un silencio pesado cayó sobre ellos. La mirada de Do-geon hacia su hermano estaba cargada de una hostilidad tan afilada que resultaba casi desafiante. La provocación en sus ojos era tan cruda que Seung-hyung, a su lado, también se puso tenso.

"De ahora en adelante, si vuelves a ponerle tu olor encima a Seung-hyung hyung, no me quedaré de brazos cruzados".

Era una advertencia clara. Seung-hyung no esperaba que Do-geon fuera tan tajante con su hermano, dada la cercanía que solían tener. Nam Woo-geon pareció comprender de inmediato el significado de sus palabras y dejó escapar un pequeño suspiro. Soltó un "Hm" pensativo, frunció levemente el entrecejo y, de pronto, soltó una carcajada.

"Era solo una broma, ¿por qué te pones tan serio?".

"Sé que tú no haces ese tipo de bromas. Sea por la razón que sea, este es mi asunto, así que no te metas".

Do-geon sentenció con firmeza, tomó la mano de Seung-hyung y lo arrastró consigo. El humano tuvo que apresurar el paso para seguir el fuerte tirón. Incómodo por irse así, Seung-hyung giró la cabeza y sus ojos se cruzaron con los de Nam Woo-geon, quien todavía los observaba. La mirada del mayor era gélida y penetrante; le dio tal sensación de amenaza que Seung-hyung sintió que se le congelaba la sangre y volvió la vista al frente de inmediato.

Entraron en la mansión y se dirigieron directamente al comedor. El lugar era amplio y agradable, como siempre. Se sentaron uno frente al otro a esperar a Shin-woo, pero el silencio resultaba incómodo. Seung-hyung jugaba con sus propios dedos, cabizbajo, hasta que se atrevió a mirar a Do-geon. Sus ojos se encontraron.

"¿No has sido... demasiado duro con él?".

Había planeado tantear el humor de Do-geon con cuidado, pero terminó preguntando directamente al cruzar miradas. Bajo la luz brillante, notó que el rostro del joven se veía demacrado, como el de alguien que ha pasado por mucho. Supuso que era lógico tras dormir a la intemperie y sin comer.

"Ha hecho algo lo suficientemente malo como para merecerlo".

Do-geon respondió con firmeza. Seung-hyung estaba de acuerdo, pero... el hecho de que Nam Woo-geon hubiera recibido una advertencia tan directa de su propio hermano por su culpa lo inquietaba. No creía que un hombre así se quedara de brazos cruzados. La mirada de Woo-geon seguía grabada en su mente.

"¿Y si tu hermano se enfada y me hace algo?".

"¿Qué va a hacer? Si lo intenta, no se lo permitiré".

Los ojos de Do-geon cambiaron al instante, mostrando los colmillos metafóricamente ante la idea de que alguien, incluso su hermano, tocara a Seung-hyung. A pesar de su ansiedad, Seung-hyung se sintió reconfortado por esa protección. No esperaba que el chico se pusiera de su lado de forma tan abierta.

"¿Por qué te ríes?".

Do-geon notó que la comisura de sus labios se elevaba y preguntó, como si le molestara que Seung-hyung se tomara a risa un asunto tan serio.

"Es que me siento seguro contigo".

"¿Seguro? Fui un idiota y me quedé profundamente dormido aquella vez, no pude protegerte".

Seung-hyung pensó que Do-geon no le daba importancia al incidente por no haber dicho nada hasta ahora, pero estaba equivocado. El tono del suin estaba cargado de autorreproche. Al ver que se culpaba a sí mismo sin necesidad de que nadie se lo echara en cara, Seung-hyung sintió que su única tarea ahora era consolarlo. Comparado con el chico egoísta que conoció al principio, ahora le parecía casi un ángel.

"No fue culpa tuya".

"No me di cuenta de que alguien había entrado en mi territorio, así que sí es mi culpa. Es mi deber como macho proteger a mi hembra".

"Eso es cuando eres un animal, pero yo soy un humano. Y además, un hombre...".

A Seung-hyung le resultaba difícil lidiar con la fijación de Do-geon en sus instintos biológicos. Y más allá de géneros, lo importante era cómo se habían desencadenado los hechos.

"Eso es porque...".

Se detuvo antes de seguir. No quería empeorar la relación entre los hermanos si no estaba seguro de todo, a pesar de lo que Shin-woo sospechaba sobre la medicina. Sin embargo, recordando la mirada de Woo-geon, forzó una sonrisa hacia el joven que lo observaba con atención.

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"Fue algo que no se pudo evitar. Para mí es suficiente con que te hayas puesto de mi lado y te hayas disculpado sinceramente".

"No es cuestión de ponerse del lado de nadie, es lo lógico. Si no fuera mi hermano, esto podría haber terminado en un baño de sangre. Entrar en el territorio de un macho en celo y hacerle eso a su pareja es como tener deseos de morir".

Nam Do-geon lo dijo con total seriedad, como si necesitara grabar ese concepto en la mente de Seung-hyung. Al verlo actuar de esa forma, reafirmando su posición como un macho confiable que aún lo llamaba su hembra, el humano simplemente asintió.

“¿Entiendes lo grave que es esto?”

Preguntó Do-geon una vez más, enfatizando sus palabras.

“Sí, ya entendí. Viendo tu reacción, me queda claro”.

“Así que, si algo así vuelve a pasar, dímelo de inmediato”.

“¿Y si te lo digo? ¿Vas a ir a golpearlo por mí?”.

“Sí”.

“¿De verdad lo golpearías?”.

A Seung-hyung le sorprendió tanto que el suin estuviera dispuesto a pelear con su propio hermano mayor, a quien tanto quería, que tuvo que preguntárselo para estar seguro.

“Se lo dije seriamente como macho y no escuchó, así que no queda más opción que pelear”.

¿De verdad estaba dispuesto a llegar a las manos con Nam Woo-geon por él? Si el hermano mayor no volvía a molestarlo, no tendría por qué haber derramamiento de sangre entre ellos, y Seung-hyung sinceramente esperaba que así fuera. Ver a esos dos le hacía pensar en Ahn Seung-yu; verlos como hermanos, más allá de que fueran suins, hacía que sus sentimientos se proyectaran en ellos.

“Ya está bien, seguro que no volverá a pasar”.

Al decir esto, tratando de aliviar la tensión por la posibilidad de una pelea, Do-geon frunció el ceño. Seung-hyung estaba por preguntarle qué le molestaba tanto cuando escuchó un tintineo. Era Yoon Shin-woo, que llegaba empujando un carrito con la comida.

“Comamos”.

Seung-hyung recibió a Shin-woo, agradeciendo el oportuno cambio de ambiente.

 

Después de cenar, regresaron a la habitación. Nam Do-geon lo siguió como si fuera lo más natural del mundo. Al notar su presencia y darme la vuelta, el suin se detuvo en seco.

“¿Quieres que me vaya?”.

Preguntó Do-geon señalando la puerta con el pulgar, con los otros dedos cerrados. Parecía indicar su propia habitación al final del pasillo.

“Si quieres irte, vete; si quieres quedarte, quédate”.

Seung-hyung sintió un poco de lástima al verlo tan pendiente de su reacción. Se dirigió hacia la cama, pero antes de poder sentarse, sintió una mano en su nuca y se giró sobresaltado. Do-geon también se sorprendió por la reacción del humano.

“Me asustaste... me agarraste el cuello de repente”.

“Lo siento. Es que vi las marcas en tu cuello...”.

“¿Quieres tocarlas?”.

“Quiero comprobar cómo están”.

Parecía que le preocupaba mucho haber dejado heridas allí donde lo había mordido repetidamente. Su tono, inusualmente cauteloso, delataba cuánto le importaba. Aunque el corazón de Seung-hyung sabía que el chico no era una amenaza, no podía evitar la tensión instintiva que recorría su cuerpo. Por mucho que intentara ocultarlo, era difícil disimular su rigidez.

“Mira, entonces”.

Seung-hyung le dio la espalda. Do-geon no se acercó de inmediato; se tomó su tiempo y se aproximó lentamente. Tocó las heridas una a una, recorriéndolas con la yema de sus dedos. Gracias a que Shin-woo le había dado medicina constantemente, la piel parecía estar sanando rápido. Aunque todavía tenía algunos moretones dolorosos por la fuerza de las mordidas, ya no sentía el escozor de las heridas abiertas.

Do-geon continuó delineando las marcas en silencio antes de rodear la cintura de Seung-hyung con sus brazos y atraerlo hacia él. El humano se dejó abrazar, encogiéndose un poco. El suin apoyó sus labios en su nuca y le dio varios besos suaves sobre las cicatrices. Eran besos cargados de arrepentimiento que presionaban ligeramente su piel. Cada vez que lo hacía, Seung-hyung se estremecía ante el calor de su aliento y la tibieza que dejaban los labios.

“¿Todavía me tienes miedo?”.

“No es miedo, pero sí me pongo tenso”.

“¿Cuándo estarás bien?”.

“No tardará mucho, viendo lo mucho que lo sientes”.

Aunque él era el herido, Seung-hyung sintió deseos de consolar a Do-geon. El chico le estaba mostrando su sinceridad de una manera que le llegaba al alma. Sintiéndome reconfortado por su disculpa genuina, sujetó los brazos que lo rodeaban. Sintió cómo, esta vez, era el cuerpo de Do-geon el que se tensaba.

“Ya no vas a volver a hacerme daño. No pensemos más en lo que pasó”.

“No volveré a hacerte daño”.

Prometió Do-geon mientras lo estrechaba con fuerza. Luego, lo giró para que se miraran a los ojos. Con una mirada cargada de sentimientos serios, sonrió levemente y preguntó:

“Le dije a mi padre que saldría contigo. ¿Quieres ir al hospital mañana?”.

“Claro, vayamos juntos”.

“Sí”.

A la respuesta entusiasta de Seung-hyung, el suin contestó con la misma ligereza y calidez.

* * *

Al día siguiente, Nam Do-geon y Seung-hyung salieron de la mansión por primera vez juntos. Aunque Seung-hyung vestía su ropa de siempre, se sentía tan animado que se arregló el atuendo varias veces. En su afán por ver a Ahn Seung-yu, no se había detenido a pensar en cómo llegarían, pero al salir, se quedó paralizado al ver un sedán de lujo esperando justo enfrente. Un hombre que aguardaba junto al vehículo les abrió la puerta trasera. Do-geon, notando la rigidez de Seung-hyung, lo guio suavemente hacia el coche y se sentaron uno al lado del otro.

"¿Estás nervioso?"

Preguntó Do-geon al notar que Seung-hyung no podía quedarse quieto. En el coche iban cuatro personas: el chófer, un hombre en el asiento del copiloto que parecía un escolta y ellos dos. El aire cargado de silencio resultaba incómodo, pero Seung-hyung se limitó a encogerse de hombros.

"Para nada".

"No te pongas tenso".

Do-geon tomó su mano con firmeza. Seung-hyung bajó la mirada hacia ese contacto.

Se preguntó si sería por haber pasado el celo juntos. Desde que aparecieron los primeros síntomas, Do-geon había cambiado mucho, pero ahora parecía una persona distinta. Realmente lo trataba como a su "hembra" o, mejor dicho, como a su pareja. Aunque Seung-hyung no sabía cómo llamaban los suins a sus compañeros, sentía que Do-geon lo había marcado definitivamente como su compañero de vida.

Incluso la noche anterior, tras aplicarle la medicina en las heridas, lo había abrazado para dormir. Se pegó a su espalda, olfateando su aroma y emitiendo un suave ronroneo que cesó en cuanto Seung-hyung se giró. Do-geon estaba pendiente de él, lo observaba y buscaba estar cerca en todo momento. Era evidente su deseo de mostrarse como ese "macho confiable" que tanto mencionaba.

"¿Estará pensando seriamente en nuestra relación?".

Ver cómo el suin se había deprimido hasta dejar de comer solo porque él lo rechazó, hacía que Seung-hyung se preocupara más por él. Ser humano y estar con un suin no era sencillo, pero su deseo de no herirlo era mayor, especialmente ahora que Do-geon se esforzaba tanto por ser amable.

Seung-hyung apretó la mano que lo sostenía y miró por la ventana. Todo le resultaba extraño; la primera vez que llegó a la mansión estaba fuera de sí, así que ver el camino de salida era una experiencia nueva. Aunque seguían en Seúl, el paisaje de aquel barrio le resultaba totalmente ajeno.

Tras lo que pareció una hora de trayecto, empezaron a aparecer calles familiares. Seung-hyung sintió una emoción similar a la de volver a casa tras un largo tiempo. El coche se detuvo frente al hospital. El hombre del asiento delantero bajó rápidamente para abrirle la puerta. Seung-hyung le dio las gracias con una pequeña reverencia y salió. El sol brillaba con fuerza, dándole una sensación de libertad renovada.

"Vamos".

Do-geon bajó tras él y Seung-hyung espabiló para comenzar a caminar.

"Es en el sexto piso. Habitación 603".

Indicó el hombre que los seguía. Seung-hyung se sintió aturdido; antes estaban en el tercer piso, así que realmente lo habían trasladado a una habitación individual. Caminó hacia el ascensor y, al pulsar el botón, las puertas se abrieron casi de inmediato.

"¡Oh, esperen un momento!".

Una voz familiar llegó desde atrás. Una enfermera a la que Seung-hyung veía con frecuencia subió apresuradamente. Ella sonreía mientras se disponía a marcar el piso, pero se detuvo en seco al reconocerlo.

"¡Ah, es el tutor de Ahn Seung-yu!".

"Ah, sí. Hola".

"¡Vaya! No lo habíamos visto en un tiempo y nos preguntábamos por qué no venía. De repente trasladaron al paciente de habitación... Pero, ¿se encuentra bien? Parece que ha perdido mucho peso desde la última vez".

Era una enfermera del tercer piso que siempre cuidaba bien de Seung-yu y solía dedicarle palabras amables a Seung-hyung. Él, agradecido pero algo tímido, se acarició la mejilla con torpeza. A pesar de estar comiendo y durmiendo mejor que cuando trabajaba sin descanso, ella decía que se veía más delgado.

"¿Tanto se nota?".

"Sí, aunque no tiene mala cara... No estará enfermo, ¿verdad?".

"Jaja, no, estoy sano. Gracias por preocuparse".

"¡No es nada! Me alegra mucho verlo. A veces paso a visitar a Seung-yu".

"¿De verdad?".

"Sí, es el paciente más joven de los que llevan tiempo ingresados, así que todos los enfermeros le tenemos un cariño especial. Yo también paso a verlo de vez en cuando".

Seung-hyung sabía que muchos se habían percatado de su difícil situación económica y se esforzaban por ayudarlos en lo que podían.

"¿A qué piso va?".

Justo cuando Seung-hyung iba a agradecerle de nuevo que cuidara de su hermano incluso en su ausencia, el hombre que los acompañaba preguntó con tono brusco.

"Ah, lo siento".

La enfermera, dándose cuenta, pulsó el botón del tercer piso. Cuando el ascensor se puso en marcha, volvió a mirar a Seung-hyung.

"Cuídese mucho, ¿de acuerdo?".

Dijo ella cerrando el puño en un gesto de ánimo.

"Sí, gracias. Y gracias de nuevo por cuidar de mi Seung-yu".

"Es un placer".

Ella le devolvió la reverencia y, cuando las puertas se abrieron en el tercer piso, se despidió prometiendo volver a verlo.

"¿Qué tipo de relación tienes con esa mujer?"

Preguntó Do-geon en voz baja en cuanto se cerraron las puertas. Seung-hyung notó el descontento en su voz y, al mirarlo, vio su rostro endurecido.

"¿Qué relación? Pues de tutor y enfermera, nada más".

"¿Y por qué parecían tan cercanos?"

Do-geon lo interrogó fijamente. De repente, dos orejas redondas brotaron sobre su cabeza.

"¡Uaj! ¡Oye! ¿Qué... qué haces?".

Asustado, Seung-hyung estiró las manos para cubrir las orejas de Do-geon. Tuvo que ponerse de puntillas y apoyarse en el cuerpo firme del suin para alcanzar. Bajo sus palmas, sintió cómo las orejas se movían con inquietud, como si protestaran. Sudó frío pensando en la suerte de que solo estuvieran ellos y el guardaespaldas.

"¿Quieres esconderlas de una vez?".

"¿Ahora te preocupan las orejas?"

"¡Estamos fuera, claro que me preocupan! ¿Qué más podría importarme?".

"Mi hembra me deja de lado para sonreírle a otro humano, ¿crees que me va a importar otra cosa?".

"¡Ja! No... ¿es que ahora ni siquiera puedo hablar con la gente?".

"No, no puedes".

Do-geon sentenció con firmeza, rodeó la cintura de Seung-hyung con ambas manos y lo atrajo hacia sí con fuerza. Pegado a ese cuerpo sólido, Seung-hyung soltó un suspiro de incredulidad al ver que el suin acercaba su rostro como si fuera a besarlo allí mismo.

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"Bueno, está bien. Pero guarda las orejas".

"Hmp".

Do-geon resopló, pero obedeció. Seung-hyung suspiró con frustración ante lo descuidado que era el chico con su identidad secreta. Cuando lo fulminó con la mirada, Do-geon frunció el ceño.

"A esa mujer le sonreías, ¿y a mí me miras así?".

"¡Porque eres un imprudente! Decías que querías ser un macho confiable, ¿pero qué es esto? ¿Qué clase de macho deja que todo el mundo vea sus orejas?".

"¿Qué tienen que ver mis orejas con ser un macho?".

"Un macho confiable debe mantener la calma en todo momento. Te han salido porque te has dejado llevar por las emociones, ¿verdad?".

Do-geon apretó los labios sin decir nada, con la mirada cargada de resentimiento. El hecho de que no lo negara confirmó las sospechas de Seung-hyung. A pesar de su terquedad, Do-geon era muy transparente; sus sentimientos siempre estaban a la vista. Aunque Seung-hyung intentaba enfadarse en serio, no podía evitar que aquel chico que expresaba su descontento de forma tan directa le resultara, en el fondo, difícil de odiar.

Seung-hyung se sorprendió, pero al ver al chico incapaz de contener sus celos hasta el punto de dejar salir sus orejas, no pudo evitar una sonrisa. Nam Do-geon era, en el fondo, bastante tierno; aunque Seung-hyung dudaba que los demás lo vieran de la misma forma.

En ese momento, las puertas del ascensor se abrieron.

"Pueden bajar ahora".

Ante las palabras del hombre, Do-geon soltó a Seung-hyung. Tras ver al escolta sujetando el botón para que pasaran, Seung-hyung salió rápidamente. "603, 603", repetía mentalmente el número que le habían dado mientras buscaba la habitación. Pronto la divisó y apresuró el paso.

Al abrir la puerta, un hombre de unos cuarenta años, vestido con ropa deportiva, levantó la vista mientras manipulaba un humidificador sobre la mesa de noche. Era de piel morena y hombros anchos, con el aspecto de alguien que había hecho mucho ejercicio en su juventud.

"¿Quiénes son?".

"Ah, soy el tutor del paciente Ahn Seung-yu... ¿Y usted quién es?".

Seung-hyung, paralizado por la sorpresa, reaccionó para devolverle la pregunta.

"Ah, soy el cuidador".

Una habitación individual y un cuidador privado. Aunque había firmado el contrato, Seung-hyung no había podido comprobarlo hasta ahora y mantenía sus dudas, pero realmente habían cumplido su palabra. Solo entonces soltó un suspiro de alivio y le devolvió el saludo con una inclinación de cabeza. El hombre hizo lo mismo.

"¿Cómo está mi Seung-yu?".

"Bien, no ha habido incidentes especiales. El médico hace sus rondas dos veces al día, mañana y noche, y lo revisa meticulosamente".

El hombre explicó todo con fluidez. En un lado, las cremas, pañales y toallitas estaban perfectamente ordenados. Tras comprobar que el humidificador mantenía el aire fresco y agradable, Seung-hyung se acercó a la cama.

Ahn Seung-yu seguía igual que antes de que él se fuera. Aquello le causó una mezcla de tristeza y alivio. Por un lado, deseaba que hubiera ocurrido un milagro en su ausencia, pero por otro, le tranquilizaba saber que había pasado este tiempo en paz y sin crisis.

"Seung-yu, el hermano mayor está aquí".

Seung-hyung permaneció de pie un largo rato hablándole a su hermano, que mantenía los ojos cerrados como si durmiera profundamente. Sabía que no obtendría respuesta, pero mientras lo observaba, sintió que Do-geon se acercaba por detrás sin hacer ruido. El suin también miró fijamente el rostro de Seung-yu.

"¿Son gemelos? Se parecen muchísimo".

"No somos gemelos. Este año cumple veintiuno, así que tiene tu misma edad".

"¿Mi misma edad? ……Entonces es mi amigo".

"Sí".

La palabra "amigo" caló hondo en Seung-hyung, provocándole un nudo en la garganta. Durante los primeros meses tras el accidente, algunos amigos de Seung-yu solían venir, pero a medida que la estancia en el hospital se alargaba, las visitas cesaron por completo.

Al igual que él, Seung-yu se había quedado completamente solo. Sin padres, sin amigos, sin nadie. Por eso, que Do-geon lo llamara "amigo" le resultó extraño y conmovedor. De pronto, su hermano, que ni siquiera podía abrir los ojos, había ganado un amigo.

"Qué bien que tengamos la misma edad. Cuando despierte, será genial para que salgamos a divertirnos los tres".

"¿De verdad serías su amigo?".

"No es algo difícil. Es el hermano de hyung y tiene mi edad, nos llevaremos bien".

Do-geon habló con una sonrisa. Seung-hyung no pudo responder porque la emoción le cerró la garganta. Durante el tiempo que pasó asfixiado por las deudas, la esperanza era un lujo que no se permitía. Pero al ver a Do-geon hablar con tanta naturalidad de un futuro cercano, sintió que realmente podría suceder. No parecía un sueño lejano, y eso le oprimió el pecho de felicidad.

"¿Por qué lloras?".

"No es nada".

Intentó contenerse, pero al recordar todo lo pasado, las lágrimas brotaron sin control. Avergonzado por dejarse llevar tanto por sus emociones, giró la cabeza para limpiarse, pero Do-geon lo sujetó para obligarlo a mirarlo. El suin era tan fuerte que Seung-hyung no tuvo más remedio que enfrentarlo. Al ver sus ojos empañados, Do-geon lo abrazó con fuerza.

"Do... Nam Do-geon".

"No llores a escondidas. Te dije que yo sería tu macho confiable".

"¡Oye! Hay gente aquí, no hables de machos".

Enterrar la cara en el pecho de alguien para llorar y ser consolado no era algo a lo que Seung-hyung estuviera acostumbrado, por lo que se puso rígido. Sin embargo, lo que más lo avergonzó fue que Do-geon se llamara a sí mismo "macho" tan abiertamente. Susurró su protesta al nivel más bajo posible, lo que provocó una risita del suin.

"No pasa nada, ese hombre también es un suin como nosotros".

"¿Qué? ¿En serio?".

Sorprendido, Seung-hyung giró la cabeza para mirar al cuidador. El hombre, que se había mantenido discretamente en segundo plano, habló en cuanto cruzaron miradas.

"Es cierto. Soy un suin de perro".

"Ah, ya veo".

Como humano, Seung-hyung no podía identificar la naturaleza de otros a través del olfato, y dado que su apariencia era totalmente humana, era imposible saberlo. Respondió con voz tenue, aún aturdido.

"Si quieres llorar más, hazlo".

"No, ya estoy bien".

Aunque todavía sentía la emoción a flor de piel, el momento se había roto y ahora le resultaba más vergonzoso seguir llorando. Do-geon lo miró desde arriba y, de repente, lamió el borde de sus ojos. Seung-hyung se sobresaltó ante el gesto inesperado. Cerró los ojos con fuerza y se estremeció, y al abrirlos de nuevo, se encontró con la mirada de Do-geon, quien esta vez lo besó en los labios. Consciente de que los otros dos hombres los observaban, Seung-hyung intentó apartarse, pero Do-geon lo sujetó de la mandíbula para mantenerlo en su lugar y volvió a besarlo.

"Mmm... Do-geon".

"¿Por qué me evitas?".

"Ha-hay gente delante. Contén este tipo de contacto físico".

Aunque fueran suins, la vergüenza era la misma. Le resultaba abrumador que fuera tan evidente que estaban juntos, pero Do-geon, como si quisiera que todos lo vieran, lo besó varias veces más. Al principio Seung-hyung intentó empujarlo, pero al notar que el chico se ponía más persistente por haber sido rechazado, se rindió y dejó que lo besara. Tras un par de besos más, Do-geon mordió suavemente el labio inferior de Seung-hyung, succionó con fuerza y finalmente se retiró.

"¿Eres un niño?".

Seung-hyung le reclamó por lo que consideraba una actitud infantil, pero Do-geon simplemente resopló para que lo oyera. A Seung-hyung se le escapó una risa incrédula.

"¿Has visto alguna vez a un niño tan grande?".

"No, la verdad es que no".

Respondió Seung-hyung en voz baja ante la réplica del suin. De repente, recordó algo y apartó la manta de Seung-yu. Antaño, por muy ocupado que estuviera con el trabajo, siempre se aseguraba de cortarle las uñas a su hermano. Quiso ver si era necesario hacerlo ahora, pero descubrió que ya estaban perfectamente cortadas. Al revisar sus pies, comprobó que las uñas de los pies también estaban impecables.

"Está muy bien cuidado".

Aquello terminó de darle la paz que necesitaba. Saber que la enfermera pasaba a verlo y que el cuidador estaba tan pendiente de los detalles era más de lo que podía haber pedido. Hacía cuánto que no miraba a Seung-yu sin la sombra de las facturas del hospital oscureciéndolo todo. Los días de desesperación, trabajando de sol a sol y sintiendo una culpa y un cansancio insoportables cada vez que visitaba el hospital, parecían ahora parte de un pasado muy lejano.

Seung-hyung, abrumado por esta tranquilidad desconocida, acarició los pies de su hermano. Parecía que les habían puesto crema, pues la piel se sentía hidratada y suave. Se quedó un largo rato acariciándolos, disfrutando del calor de Seung-yu bajo sus palmas.

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Sintió que todo el sufrimiento pasado con Nam Do-geon estaba recibiendo una recompensa inmensa. Sí, él había vivido con todas sus fuerzas solo para proteger este calor. Al reafirmar ese pensamiento, una sonrisa se dibujó en su rostro.

 

Tras pasar todo el tiempo posible con Seung-yu, salieron del hospital. A Seung-hyung le costaba marcharse y se quedó mirando el edificio desde la calle.

"¿Te da pena irte?".

"No, es solo que... ……Vamos".

Aunque sentía nostalgia, no había otra opción, así que habló como si no le importara. Do-geon lo observó pensativo y preguntó:

"¿Quieres ir al cine?".

"¿Al cine?".

"Sí, ya que hemos salido".

"¿Podemos hacer eso?".

Preguntó Seung-hyung echando un vistazo al escolta que los seguía.

"Si vamos juntos, no hay problema".

"¿Por qué nos sigue ese hombre a todas partes?".

"Es para vigilarme. A veces me transformo en animal de repente, incluso cuando hay humanos cerca".

Seung-hyung recordó de nuevo el problema que casi había olvidado por estar encerrado en la mansión.

"¿Y quieres ir al cine? Habrá mucha gente allí".

"Es la primera vez que salimos en mucho tiempo, es una pena volver tan pronto. Vamos".

Entendía que Nam Do-geon lo decía por su bien, pero Seung-hyung no podía evitar preocuparse ante la posibilidad de que el chico se transformara en pleno cine y se armara un escándalo. Sin embargo, Do-geon actuaba como si no fuera para tanto y lo guio con decisión hacia el coche que acababa de llegar.

Ir al cine resultó ser sorprendentemente sencillo. El escolta parecía haber decidido limitarse estrictamente a observar sin intervenir; en cuanto subieron al coche y Do-geon pidió que los llevaran al cine, el hombre dio la orden sin cuestionar nada. Seung-hyung, todavía aturdido, contempló el paisaje por la ventana hasta que llegaron a su destino. Una vez allí, el chófer se quedó en el vehículo y el escolta bajó con ellos.

"Do-geon, sé que has venido hasta aquí por mí, pero de verdad tienes que tener mucho cuidado. ¿Entiendes?".

Al bajar en el estacionamiento, Seung-hyung sujetó el brazo de Do-geon mientras caminaban, insistiendo con voz seria.

"Que sí, ya te escuché".

"Si sacas las orejas aunque sea una sola vez, nos volvemos a casa de inmediato".

"Ja, ¿me estás amenazando?".

"Aunque te parezca cobarde, no tengo otra opción. Has salido por mi culpa; si revelas tu identidad entre los humanos, ¿con qué cara voy a mirar a tu padre?".

"Entonces sería culpa mía, no tuya".

"Ah, como sea. Si estoy contigo, yo también tengo parte de la responsabilidad".

Do-geon soltó una risa incrédula ante la insistencia de Seung-hyung, quien no dejaba de angustiarse.

"Está bien, lo entiendo. Vamos rápido".

Aunque su respuesta no lo dejó del todo tranquilo, Seung-hyung se dejó arrastrar por la fuerza con la que el suin lo sujetaba del brazo.

Al ser temprano por la tarde en un día de semana, el cine estaba casi vacío. Mientras subían por las escaleras mecánicas, Seung-hyung miró a su alrededor con curiosidad. Hacía tanto tiempo que no iba al cine que todo le resultaba extraño. Jamás habría imaginado que estaría allí, disfrutando de una tarde libre. Todo lo ocurrido —conocer a un suin como Do-geon, firmar un contrato con su padre y pasar el celo con él— era impensable, pero esto lo superaba. Sentía que su vida real estaba cambiando por completo.

A pesar de su temor inicial a que Do-geon se transformara, Seung-hyung no podía negar que se sentía entusiasmado.

Mientras subían y observaba a la gente que caminaba por los distintos niveles, Seung-hyung se percató del hombre que los seguía en silencio y le preguntó a Do-geon en voz baja:

"¿Ese señor va a ir con nosotros a todas partes?".

"Sí, no le hagas caso. Es su trabajo, sabrá qué hacer".

"¿Siempre has salido así, con gente que tu padre te asigna?".

"Sí".

La respuesta despreocupada de Do-geon le generó dudas a Seung-hyung. ¿No era agobiante estar bajo vigilancia constante? ¿Y qué pasaba con su privacidad? Aunque a Do-geon no parecía molestarle demasiado, a Seung-hyung le resultaba evidente que aquello no era una vida normal. Al final, la razón de todo esto era que Do-geon aún no se había adaptado por completo a su forma humana.

"¿Elegimos la película y compramos palomitas?".

Seung-hyung, que estaba absorto pensando en el último desafío que le quedaba —la adaptación humana de Do-geon—, reaccionó de inmediato.

"¿Eh? Ah, sí".

En cuanto llegaron a la planta principal, el aroma a palomitas que impregnaba todo el lugar le abrió el apetito. Hacía tanto que no iba al cine que las palomitas le parecían un lujo. Como siempre había vivido perseguido por las deudas, las actividades culturales o los caprichos de comida eran gastos que no se podía permitir.

"Ah, es cierto".

Murmuró Seung-hyung al recordar algo importante debido a sus pensamientos sobre el dinero. Se dio cuenta de que había seguido a Do-geon sin un solo centavo encima. Desde que fue "secuestrado" por el suin, había estado prácticamente desnudo y no había vuelto a ver ni su billetera ni su teléfono.

"Pero no tengo dinero".

"Yo pago".

"……Está bien".

Aunque se sentía en deuda por todo lo que estaba ocurriendo, Seung-hyung no era de los que disfrutaban viviendo a expensas de los demás. Por muy rico que fuera Do-geon, no le gustaba la idea de quedarse de brazos cruzados y simplemente dejarse invitar, pero en ese momento no tenía otra alternativa.

"¿Quién tiene mi billetera?".

Le preguntó a Do-geon, que caminaba unos pasos por delante.

"¿Tu billetera? Eso… creo que Shin-woo hyung lo sabe".

"¿Ah, sí? Tendré que preguntarle".

"¿Para qué?".

Seung-hyung solo lo había dicho para sí mismo, pero Do-geon se detuvo en seco y se giró para interrogarlo. Su entrecejo fruncido delataba que no le hacía ninguna gracia la pregunta.

"¿Cómo que para qué? Es mi billetera, es normal que quiera saber dónde está. Tengo mi dinero, mis tarjetas y mi identificación allí".

"¿Solo por eso?".

"Sí, ¿por qué más sería?".

Seung-hyung lo miró confundido, sin entender el motivo de su descontento.

"Pensé que querías la billetera para otra cosa".

"Si tengo mi billetera, obviamente es para usar mi dinero".

"¿Dinero? ¿En qué piensas gastarlo?".

"Bueno, es que…".

Seung-hyung quería recuperar su billetera para poder invitar a Do-geon si surgía la ocasión, en lugar de ser siempre el invitado. Pero al pensarlo mejor, la idea de crear esas "ocasiones" con frecuencia no le pareció nada mal. De hecho, al ver a Do-geon manteniendo su forma humana de manera tan estable, se le ocurrió una idea excelente.

"Do-geon".

"¿Qué?".

"¿Qué te parece si salimos así más a menudo?".

"¿Salir a menudo? ……¿Por qué? ¿Por tu hermano?".

"Más que por eso, sería como una especie de práctica. Ya estábamos practicando en la mansión para que mantuvieras esta forma por las mañanas, ¿no? Pues ahora lo haríamos aquí fuera".

"O sea, lo que hyung sugiere es que salgamos con frecuencia para que yo me acostumbre a la sociedad".

"Exacto".

Escucharlo de labios de Do-geon hizo que la idea sonara aún mejor.

"Está bien, entonces. Se lo diré a mi padre".

Do-geon aceptó de buen grado, ya que la propuesta no le desagradaba. Para Seung-hyung era genial no estar encerrado en la mansión, y para Do-geon era una oportunidad real de practicar. Era perfecto para ambos.

"¿Crees que tu padre nos dará permiso?".

Preguntó Seung-hyung acercándose a él. El suin ajustó su paso al de Seung-hyung mientras respondía:

"Seguro que sí. Mi padre me concede todo lo que pido".

Seung-hyung solo había visto al padre de Do-geon aquel primer día, pero la impresión que le dejó fue tan fuerte que seguía grabada en su memoria. Quizás porque él era humano, aquel hombre le pareció alguien gélido, pero supuso que con su propio hijo sería más afectuoso.

"Parece que tu padre te quiere mucho".

"Es más bien gracias a mi madre. Mi padre no confía mucho en mí, pero mi madre quiere que viva en libertad. Por eso él no me detendrá, aunque seguramente me pondrá muchos más escoltas".

Parecía que, gracias a su madre, Do-geon disfrutaba de cierta libertad, aunque no fuera absoluta. Seung-hyung ya se sentía algo cohibido por el escolta que los seguía silenciosamente intentando pasar desapercibido, así que la idea de tener a varios hombres así a su alrededor le resultaba un poco abrumadora.

"¿Entonces, si pasa algo, todos intervendrían para detenerte como aquella primera vez que nos conocimos?".

Preguntó Seung-hyung, recordando de pronto el día en que se conocieron.

"Así es. Probablemente le informen a mi padre de cada detalle de lo que hago contigo".

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"Hm, debe de ser incómodo. Pero si logras adaptarte bien, ¿no crees que tu padre confiará en ti y te dejará vivir con total libertad?".

Do-geon caminó mirando hacia la nada, con la vista perdida en el vacío. Pareció reflexionar por un momento y luego preguntó en voz baja:

"¿Crees que podré hacerlo? Vivir como un humano cualquiera".

"Como un humano cualquiera". Seung-hyung asintió al ver que Do-geon, incluso en ese momento, intentaba imaginar una vida integrada con el resto de la sociedad.

"Si tienes la voluntad, puedes lograr lo que sea. Y yo te ayudaré".

Nam Do-geon se quedó mirando a Seung-hyung mientras este le sonreía para animarlo. Seung-hyung no terminaba de descifrar el significado de esa mirada fija; no sabía si el suin quería algo específico o si simplemente lo observaba por puro placer, pero mientras sostenían el contacto visual, Do-geon habló:

“Ser el pilar confiable es mi tarea”.

“¿Tu tarea o la mía? ¿Qué importa eso? Es mejor que ambos nos apoyemos mutuamente en lugar de que solo uno cargue con todo”.

“Pero yo quiero ser el único en quien confíes”.

Do-geon respondió con un tono brusco, como si estuviera reprimiendo un descontento, y tomó la mano de Seung-hyung. Lo arrastró hacia el quiosco para comprar las entradas. Justo cuando llegaron, la persona que estaba delante se retiró, permitiéndoles elegir la película de inmediato.

“¿Cuál quieres ver?”, preguntó Do-geon.

Seung-hyung observó los diversos pósteres, indeciso.

“¿A ti qué género te gusta?”.

Hacía tanto tiempo que Seung-hyung no iba al cine por culpa del trabajo que no se sentía capaz de elegir solo. Pensó que sería mejor reflejar los gustos de Do-geon, y para su sorpresa, el suin señaló una película: una animación sobre las aventuras de un cachorro de león. Entre pósteres llenos de actores famosos y efectos visuales impactantes, la cara sonriente y radiante del pequeño león destacaba por su ternura.

“¿Esta?”.

“Sí”.

Do-geon lo miró de reojo ante su tono dubitativo.

“¿No te gusta?”.

“No, no, veamos esa”.

A Seung-hyung le pareció una elección inesperada, pero al mismo tiempo sintió que Do-geon era tan adorable como el cachorro del póster. Tenía la apariencia de un hombre frío y apuesto, pero sus acciones eran sorprendentemente tiernas. Esa brecha entre su imagen y su personalidad le resultaba una ironía encantadora. Quién diría que era el mismo salvaje que conoció el primer día.

“¿De qué te ríes?”.

“¿Eh? ¿Yo?”.

Parecía que Seung-hyung se había reído sin darse cuenta mientras elegían la película. Para cuando notó que las comisuras de sus labios estaban elevadas, ya era tarde. Una vez que fue consciente de su risa, no pudo detenerla.

“¿Por qué te ríes, digo?”.

Do-geon preguntó con un tono de agravio, como si no entendiera el chiste.

“No, es solo que... me pareces tierno”.

“¿Yo?”.

“Sí, eres tan tierno como este de aquí”.

Seung-hyung señaló con el dedo la cara del cachorro de león en el póster, lo que provocó que Do-geon soltara una risa incrédula.

“Mi reputación de macho está por los suelos”.

Incluso ese murmullo de insatisfacción le hizo gracia a Seung-hyung. Parecía que a Do-geon, que tanto se esforzaba por ser un “macho confiable”, le molestaba profundamente ser visto como alguien tierno.

“¿Acaso un macho tiene que ser siempre imponente y serio?”.

“¿Si no, qué?”.

“Bueno, ser tierno, amable y encantador también es un gran atractivo”.

“Eso no encaja con mi imagen”.

“Puede que no pegue con tu cara de modelo, pero se siente como un encanto inesperado, un contraste”.

“¿A tus ojos soy guapo?”.

Los ojos de Do-geon brillaron con intensidad. Parecía que prefería mil veces que le dijeran "guapo" antes que "atractivo". Con ese rostro, Seung-hyung supuso que debía estar harto de escuchar cumplidos, pero al parecer no era así.

“Obviamente. ¿No te lo dicen siempre?”.

“Mucho”.

“¿Entonces por qué te pones tan feliz?”.

“Porque me lo dice mi hembra. Claro que me gusta”.

Seung-hyung se sobresaltó por el uso descarado de la palabra “hembra” y miró rápidamente a su alrededor. Por suerte, detrás de ellos solo estaba el escolta que los vigilaba.

“Me alegra que te guste, pero no digas eso en público. Si alguien te oye, pensará que somos raros”.

Aunque antes Do-geon se había llamado a sí mismo “macho”, lo había hecho casi para sí mismo, pero llamar a Seung-hyung “hembra” en voz alta era demasiado explícito.

“¿Qué tiene de malo?”.

“Hay que tener cuidado. Si llamamos la atención por algo extraño, será un problema”.

“Vaya, hombre...”.

Do-geon no parecía muy de acuerdo, pero no insistió.

“Bueno, elijo esta entonces”.

Seung-hyung seleccionó la función más próxima de la película animada. Al no ser hora de salida de oficinas ni de escuelas, el cine estaba bastante vacío. Eligió los asientos con mejor visibilidad en el centro de la sala y Do-geon sacó su tarjeta para pagar sin dudarlo.

Tras comprar palomitas y bebidas, esperaron un poco y entraron a la sala. El escolta se las ingenió para conseguir un asiento justo detrás de ellos. A Seung-hyung le inquietaba su presencia, pero Do-geon parecía no darle importancia; en cuanto se sentó, empezó a comer palomitas mientras miraba los anuncios en la pantalla. Como la sala estaba despejada, la gente se distribuía con mucha distancia entre sí. Seung-hyung observó a Do-geon, que no apartaba la vista de la pantalla, y le preguntó:

“¿No te pone nervioso que haya gente?”.

“Mientras no me empujen en una multitud, estoy bien”, respondió Do-geon con tranquilidad.

A diferencia de cuando estaban en la mansión, estar en un lugar distinto con más personas permitía que surgieran nuevas curiosidades y conversaciones diferentes. Era refrescante, casi como un verdadero cambio de aires. Seung-hyung se acomodó en su asiento mientras las luces brillantes de los anuncios se atenuaban y la pantalla se oscurecía.

La película, apta para todos los públicos, narraba el crecimiento de un joven león de forma sencilla y con toques de humor. Seung-hyung se vio inmerso en la historia, sintiendo la tensión en los momentos de peligro y la calidez en las escenas emotivas. Especialmente cuando los conflictos se resolvían y llegaban los momentos felices, sentía que se contagiaba de esa alegría.

Mientras estaba concentrado en la trama, sintió una mirada y giró la cabeza. Do-geon lo estaba observando. El suin también había estado atento a la película hasta hacía un momento, pero en algún punto su concentración se desvió hacia Seung-hyung. Mientras compartían un breve silencio visual, Do-geon estiró repentinamente el brazo, sujetó a Seung-hyung por la nuca y lo atrajo hacia sí con fuerza. Sus labios se unieron en un beso breve y sonoro antes de separarse.

Seung-hyung se quedó rígido, con los ojos como platos por la sorpresa. Al ver su reacción, Do-geon se acercó de nuevo, le dio otro beso rápido y lo soltó. Seung-hyung recuperó el sentido y miró a su alrededor frenéticamente. Aparte de la luz que emanaba de la pantalla, la sala estaba a oscuras y los demás espectadores estaban a varios asientos de distancia. Por suerte, nadie parecía haberlo notado.

“¡Me has asustado!”.

Le recriminó en un susurro muy bajo, a lo que Do-geon simplemente encogió las cejas como si no viera el problema y siguió comiendo palomitas ruidosamente. Seung-hyung lo fulminó con la mirada mientras se frotaba con el dorso de la mano las mejillas, que sentía arder. Había sido un beso ligero, pero el lugar y la situación hicieron que su corazón latiera con fuerza y su temperatura subiera.

“No hagas eso en lugares públicos”.

Ante el temor de que lo repitiera cuando se encendieran las luces, Seung-hyung no dejó pasar el comentario. Do-geon soltó un “Hmp” de suficiencia. Definitivamente, nunca escuchaba a la primera; esa parecía ser su marca registrada. Seung-hyung le lanzó una última mirada de reojo y volvió a centrarse en la pantalla.

Sin embargo, esta vez el chico tomó su mano. Seung-hyung bajó la vista hacia el agarre. Do-geon apretó con más fuerza, como reafirmando su posesión. De repente, un ronroneo vibró en el aire, asustando a Seung-hyung. En el momento en que sus ojos se cruzaron, dos orejas brotaron sobre la cabeza de Do-geon.

“¡Oye, Nam Do-geon!”.

Seung-hyung lo llamó alarmado. Do-geon, siguiendo la mirada de Seung-hyung hacia arriba, se tocó la cabeza, soltó un pequeño lamento y las hizo desaparecer de inmediato. Fue solo un segundo, pero Seung-hyung miró en todas direcciones muerto de miedo por si alguien lo había visto.

“Está oscuro, nadie ha visto nada”.

Do-geon habló tratando de calmar a un Seung-hyung totalmente tenso. El corazón de este, que ya latía rápido por el beso, ahora galopaba por el susto de ser descubiertos.

No sabía si se sentía así porque estaban tomados de la mano como una pareja o porque Do-geon casi revela su identidad en público. Si el suin quería crear ambiente, debería haber elegido una sola cosa.

“De verdad, ten más cuidado. Si vuelves a hacer algo así, me levanto y me voy ahora mismo”.

“Está bien, está bien”.

Respondió Do-geon apretando aún más su mano, como pidiéndole que se relajara. Pero Seung-hyung, desconfiando de esa respuesta tan casual, no pudo volver a concentrarse en la película y se quedó vigilándolo de cerca.

La aventura del pequeño león resultó ser sorprendentemente conmovedora. Al llegar al clímax de la película, Nam Do-geon estaba tan absorto que no podía apartar sus ojos afilados de la pantalla ni por un segundo. Su rostro parecía el de alguien que presencia un desastre cinematográfico de proporciones épicas, cuando en realidad solo se trataba de las peripecias de un cachorro animado. Seung-hyung no podía evitar observar el perfil de Do-geon, quien todavía sujetaba su mano con firmeza. Era una imagen bastante tierna, y Seung-hyung pensó que empezaba a ser un problema lo mucho que le gustaba ver ese lado del suin.

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Tras la función, regresaron a la mansión sin contratiempos. Aunque habían salido temprano, ya estaba anocheciendo cuando cruzaron el umbral.

“¿Te gustan las animaciones?”.

Preguntó Seung-hyung al ver que Do-geon lo seguía hasta su habitación, como de costumbre.

“Más que la animación en sí, me gusta ver animales. Es divertido y me hace sentir tranquilo”.

“Ah, ¿entonces también te gustan los documentales de naturaleza?”.

“Normalmente sí. Son reales. Yo soy un suin, pero ellos son animales de verdad. A veces envidio esa libertad”.

Recordando que Do-geon había pasado su infancia como un leopardo de las nieves, Seung-hyung comprendió que, aunque fuera mitad humano, en su interior anhelaba la libertad absoluta del reino animal. Sin embargo, al querer vivir entre humanos y relacionarse con ellos, esa libertad total era algo que no podía permitirse. Lo ideal sería encontrar un equilibrio.

“Creo que si logras controlar bien tu humanización, podrás hacer lo que quieras cuando quieras. Existe la libertad de los humanos y la de los animales; ser un suin te da la oportunidad de disfrutar de ambas, y eso es algo bueno”.

Sus palabras eran una mezcla de consuelo y aliento. A pesar de los pequeños sustos en el cine, habían regresado sanos y salvos, por lo que Seung-hyung consideraba que este primer intento de integración había sido un éxito.

“Sí, ahora que lo dices, tienes razón”.

Respondió Do-geon en voz baja. De repente, dio un paso al frente y lo rodeó con sus brazos. Seung-hyung se estremeció ante el contacto inesperado; aunque creía estar más relajado, su cuerpo reaccionó con rigidez ante la proximidad física. Do-geon, notando la tensión, aflojó el agarre como si fuera a soltarlo, pero terminó rodeando sus hombros con extrema delicadeza.

“¿Todavía tienes miedo?”.

“No es miedo, exactamente...”.

Era un temor instintivo difícil de explicar. Mientras Seung-hyung dudaba sobre cómo ponerlo en palabras, Do-geon lo miró a los ojos y preguntó:

“¿Puedo besarte?”.

“S-sí, hazlo”.

Seung-hyung respondió atropelladamente, desconcertado por esa petición de permiso tan inusual en él. Do-geon se acercó muy despacio, observando la rigidez del humano. Seung-hyung, sintiéndose avergonzado por la intensidad de la mirada, cerró los ojos y pronto sintió el contacto de los labios ajenos.

Fue un beso suave y cuidadoso, como si Do-geon estuviera sellando algo valioso. Se separó un instante y volvió a presionar sus labios con una ternura que resultaba casi embarazosa. No había una intención sexual evidente detrás del gesto, y esa diferencia respecto a lo habitual hizo que Seung-hyung se tensara de una forma distinta.

Cuando Do-geon se separó, Seung-hyung abrió los ojos solo para encontrarse con la mirada del suin, que se acercó de nuevo para succionar suavemente su labio inferior. El beso pasó de ser algo inocente a algo mucho más profundo y denso. Seung-hyung volvió a cerrar los ojos y abrió la boca, permitiendo que sus lenguas se entrelazaran con naturalidad.

Do-geon lo abrazó con más fuerza mientras su respiración se volvía pesada. De pronto, levantó a Seung-hyung en vilo y caminó hacia la cama. A pesar de que no era precisamente ligero, Do-geon lo cargó con una facilidad asombrosa. Los brazos del suin se sentían cómodos y seguros; aunque el cuerpo de Seung-hyung seguía algo tenso, su mente estaba en paz.

Llegaron a la cama sin interrumpir el beso. Do-geon lo recostó y comenzó a despojarlo de sus pantalones mientras su lengua seguía explorando cada rincón de la boca de Seung-hyung. La sensación de ser invadido de esa forma despertó un calor punzante y una excitación creciente en el humano.

Lo que había empezado como un beso casto subió de temperatura rápidamente, estimulando sus sentidos hasta que el deseo sexual se desbordó. Seung-hyung aún no estaba seguro de si su cuerpo podría aguantar otra sesión intensa como las del celo, pero sus instintos parecían haber presionado un interruptor, entregándose irremediablemente al placer.

“Ah... ah, mmm”.

Do-geon, tras quitarle la ropa interior, bajó por su cuello hasta llegar a su entrepierna. Separó las piernas de Seung-hyung y tomó su miembro con la boca. La sensación de la lengua lamiendo y succionando dentro de esa cavidad caliente fue tan intensa que Seung-hyung arqueó la espalda con un estremecimiento. Intentó cerrar las piernas por instinto, pero Do-geon sujetó sus muslos con firmeza, manteniéndolos abiertos.

“Ah... sí, ah...”.

El calor se concentró en su vientre bajo y la erección no tardó en ser plena. Do-geon succionó con más fuerza, arrancándole gemidos que ya no podía contener. El suin, disfrutando de la excitación del humano, movía la cabeza rítmicamente mientras alternaba las succiones con masturbaciones manuales rápidas.

“¡Ah, mmm, sí!”.

El sonido rítmico de los movimientos de Do-geon llenaba la habitación. Al ver que Seung-hyung ya no podía aguantar más, el suin volvió a atrapar el glande con sus labios. La combinación de la presión de la mano y la succión bucal fue un estímulo abrumador. Con la mente nublada por el calor, Seung-hyung sacudió las caderas, sintiendo que el clímax era inminente.

“¡Ah, ah!”.

Intentó contenerse porque Do-geon aún tenía su miembro en la boca, pero la succión persistente fue demasiado y terminó por liberar su simiente. Incluso durante la eyaculación, Do-geon no se apartó. No era la primera vez que el suin se tragaba su fluido, pero Seung-hyung seguía sin acostumbrarse a ello. Mientras intentaba recuperar el aliento, Do-geon volvió a succionar con fuerza.

“¡Aah…!”.

Un gemido involuntario escapó de sus labios ante el exceso de sensibilidad. Intentó cerrar las piernas de nuevo, pero Do-geon mantuvo el agarre firme en sus muslos, lamiendo y limpiando el miembro con insistencia. Seung-hyung sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. Le resultaba asombroso cómo, sin haber tenido intención inicial de hacer nada sexual, su cuerpo parecía estar tan condicionado a los deseos del suin.

Mientras recuperaba el aliento, Do-geon emitió un ronroneo profundo y se dejó caer sobre él. Seung-hyung pensó que ahora vendría la penetración, pero el chico simplemente dejó caer su peso sobre él y lo abrazó, sin mostrar intención de usar su propia erección. Se hundió en el cuello de Seung-hyung, olfateándolo mientras ronroneaba, y de repente, sus orejas brotaron sobre su cabeza. Su larga y espesa cola también apareció, moviéndose con un leve temblor.

“Uf... ¿no vamos a... tener sexo?”.

Preguntó Seung-hyung, extrañado al ver que Do-geon ni siquiera lo intentaba.

“No quiero hacerlo por un tiempo”.

Seung-hyung pensó que había oído mal.

“¿Que no quieres? ¿Por qué?”.

“Porque te dejé el cuerpo lleno de heridas”.

“Eso... ¿todavía te preocupa eso?”.

Seung-hyung no esperaba que Do-geon siguiera dándole vueltas al asunto.

“Claro que sí. Te pones rígido en cuanto te toco”.

“Pero eso no es porque me duela”.

“He herido tu cuerpo, y quizás también tu corazón. No quiero volver a hacer algo así”.

Lo dijo con una determinación absoluta. No era un rechazo superficial, sino una sinceridad profunda que Seung-hyung pudo sentir. Se preguntó si el chico había madurado o si simplemente el salvajismo del primer encuentro había sido culpa exclusiva del celo.

Ver a este Nam Do-geon tan diferente al principio le resultó fascinante y, en cierto modo, enternecedor. Le conmovió que aquel chico que antes no escuchaba razones ahora intentara respetarlo y cuidarlo por iniciativa propia.

Seung-hyung sonrió levemente y acarició la nuca de Do-geon. El suin levantó la cabeza para mirarlo; al ver esos ojos animales, Seung-hyung sintió una punzada de tensión instintiva. Al parecer, las secuelas de lo vivido aún no se habían borrado del todo; aquella mirada depredadora del pasado seguía grabada en su memoria.

Aun así, Seung-hyung no detuvo su mano y pasó de la nuca a acariciar las orejas redondas. Estas reaccionaron a su tacto moviéndose de forma graciosa. El pelaje era espeso y suave, y acariciarlo le resultaba muy agradable.

“¿Por qué las tocas así?”.

“No sé, son tiernas”.

“¿Mis orejas?”.

“Sí”.

Do-geon puso los ojos en blanco intentando mirarse sus propias orejas y luego volvió a esconder el rostro en el cuello de Seung-hyung. Mientras el humano seguía acariciándolo, el suin emitió un ronroneo mucho más profundo y vibrante que el de un gato, quedándose así, abrazado a él, durante un largo tiempo.

<Continúa en el volumen 3>