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Seung-hyung intentó sonar racional, pero una pesadez se instaló en su pecho. Aquella inquietud lo hizo dar vueltas en la cama durante mucho tiempo hasta que, finalmente, el sueño lo venció. No supo cuánto tiempo pasó, pero una sensación extraña lo obligó a despertar; cuando intentó girar la cintura, se sintió inmovilizado y aplastado. Al abrir los ojos, se estremeció al ver una silueta oscura bañada por la luz de la luna que se filtraba por la ventana.

"¿Na... Nam Do-geon?".

La manta que lo cubría antes de dormir estaba tirada en el suelo y su parte inferior estaba completamente expuesta. Seung-hyung se quedó helado al ver a Nam Do-geon posicionado entre sus piernas abiertas, inclinado sobre él. Fue tan repentino que pensó que era un sueño, pero el calor de ese aliento contra su entrepierna y la fuerza con la que el otro sujetaba sus piernas eran demasiado reales.

"¿Qué estás haciendo?".

Aunque ya eran una pareja que compartía la piel a menudo, se sintió mortificado al verlo aparecer así, desnudándolo sin previo aviso y hundiendo el rostro en su sexo. Además, ver que no se movía, sino que simplemente pegaba la cara a su cuerpo inhalando su aroma con una respiración salvaje, le resultó aterrador. Se había duchado, sí, pero aquello era excesivo.

"Nam Do-geon".

"... Quema".

"¿Eh?".

"Mi cuerpo quema, me duele el pene. Haa, rápido... quiero meterlo ya. Quiero correrme".

"¿Qué?".

Su respiración se volvió más errática y, en medio de su excitación, Do-geon se incorporó de golpe, se acercó y le bajó el pantalón y la ropa interior a Seung-hyung. De inmediato, sujetó su propio pene grueso que saltó hacia afuera y lo empujó contra la entrepierna del otro. En su estado de shock, Seung-hyung sintió el glande húmedo y ardiente rozar su entrada, que estaba completamente seca. Le asustó lo viscoso de la sensación y, aún más, esa carne que palpitaba de calor.

"Es... espera, ¡ugh! ¡Ah!".

Desde el principio, esa carne excesivamente excitada intentó abrirse paso en un agujero que no estaba preparado. Seung-hyung sentó un dolor inmenso, como si fuera a desgarrarlo por completo, junto a una presión interna insoportable. Al sentir que si seguía así vería sangre, forcejeó para incorporar el torso, pero Do-geon soltó un gruñido gutural.

"Nam Do-geon".

Un sonido áspero salió de la garganta del suin y, en la oscuridad, sus ojos brillaron con la ferocidad de una bestia. No se detuvo ahí: dos orejas brotaron sobre su cabeza, sus gruñidos se hicieron más fuertes y, de repente, las manos que sujetaban las piernas de Seung-hyung cambiaron, revelando la forma de un leopardo de las nieves. Seung-hyung se quedó paralizado ante la imagen de la fiera enfurecida mostrando sus colmillos. Aun así, el pene rojizo de Do-geon seguía completamente erecto y palpitante.

No esperaba ver la transformación animal completa de Nam Do-geon en ese lugar, por lo que el impacto fue enorme. Por un instante, el deseo de huir invadió a Seung-hyung al sentir que no podría manejarlo, pero no parecía haber posibilidad de escapar de una bestia que ya lo tenía marcado como su presa. Traguó saliva y observó a Do-geon, quien presionaba su bajo vientre con sus gruesas patas delanteras, moviéndose como si suplicara por algo mientras gruñía.

Solo había una razón para esto: el celo había llegado de verdad. Seung-hyung sabía que vendría pronto, pero no esperaba que fuera tan repentino. Sin embargo, no podía quedarse pasmado; si perdía el control, no sabía qué pasaría. El Nam Do-geon transformado podría arremeter contra él en cualquier momento para intentar penetrarlo.

"Nam Do-geon, Do-geon-ah".

Al recuperar la compostura y llamarlo por su nombre, el suin dejó de presionar el vientre de Seung-hyung como si reaccionara. El hecho de que sus oídos estuvieran abiertos significaba que, al menos, le quedaba un rastro de razón. Con un poco de esperanza, Seung-hyung incorporó el torso con extrema cautela.

De inmediato, Do-geon volvió a gruñir y puso una pata sobre el muslo de Seung-hyung, ejerciendo presión. Sus garras afiladas se clavaron ligeramente en la piel. No parecía tener intención de atacarlo de verdad; las puntas de sus garras solo pinchaban la piel sin ir más allá. Mirando a Do-geon, quien transmitía una sensación escalofriante como si fuera una advertencia, Seung-hyung habló:

"Si quieres correrte, te ayudaré. Pero con ese aspecto, yo tampoco puedo hacer nada. Así que vuelve a ser humano. Entonces te haré sentir cómodo".

Habló con calma y suavidad, paso a paso, para que pudiera entenderlo. Ante sus palabras, Do-geon se relamió, soltó un pequeño sonido animal y pronto recuperó su forma humana.

"Haa, me duele la cabeza. Me duele todo el cuerpo, no hay un lugar que no me duela".

Dijo Do-geon frunciendo el ceño. Al verlo jadear como si le costara mantener la consciencia y quejarse de esa manera, Seung-hyung se movió para que el suin pudiera tumbarse cómodamente. Por suerte, Do-geon no rechazó su toque y se dejó caer. De inmediato, Seung-hyung se colocó entre sus piernas, sujetó el pene empapado en líquido preseminal y empezó a masturbarlo.

Vio cómo el abdomen de Do-geon se tensaba, marcando claramente sus músculos. Al mismo tiempo, el líquido preseminal brotaba sin parar. Le resultaba increíble que pudiera mantener la cordura en ese estado. Quizás era por lo que pasó el día anterior, o tal vez el sedante que tomó antes de dormir lo estaba ayudando a resistir.

"Haa, hyung. Hyung".

"Córrete... si quieres correrte, hazlo".

Seung-hyung aumentó el ritmo y la fuerza con la que agitaba el grueso pene. Sin embargo, esa carne roja y llena de venas no daba señales de eyacular. Do-geon, sintiéndose frustrado y dolorido, jadeó con más fuerza y, de repente, extendió la mano para tirar de él. Agarró a Seung-hyung con tanta fuerza que este sintió que podría romperle los huesos del brazo. Seung-hyung contuvo un gemido ante su fuerza bruta mientras era arrastrado hacia arriba, terminando sobre el abdomen del suin.

"¡Nam Do-geon, es... espera!".

Do-geon agarró las caderas de Seung-hyung con ambas manos sin miramientos y lo arrastró sobre su pene, intentando clavarlo en su entrada. Al gritar asustado por sus movimientos, el suin apretó sus caderas con fuerza, causándole dolor.

"¡Ah! ¡Agh! ¡Aaah! No es que no quiera, haa, es que si lo metes así, voy a... voy a sangrar. A ti tampoco te gustaría que oliera a sangre, ¿verdad?".

Ante esas palabras, Do-geon se detuvo. Al mirarlo desde arriba, Seung-hyung vio que su rostro estaba empapado en sudor frío. Le dio lástima verlo sufrir tanto.

"Do-geon-ah, confía en mí y quédate tumbado un momento".

"Haa, ¿a... a dónde vas?".

"Solo voy a por el lubricante. Te dejaré meterlo en cuanto relaje mi entrada, así que aguanta un poco".

"Ha, ugh, joder. Argh".

Do-geon soltó un pequeño sollozo de dolor y lo soltó. Al verlo así, Seung-hyung se apresuró a bajar de la cama para buscar el lubricante. Ante sus ojos, se echó una buena cantidad en la mano y empezó a prepararse él mismo. Era la primera vez que lo hacía y se sentía increíblemente avergonzado, pero al ver a Do-geon jadear y gemir sin descanso, la urgencia le hizo olvidar la vergüenza. Si tardaba más, podría ser un desastre. Probablemente le pasaría algo terrible a él antes que al suin.

Con ese pensamiento, los nervios le hicieron sudar frío. Aunque le dolía la entrada por intentar dilatarla con dos dedos de forma tan apresurada, no hizo ni un solo gesto de dolor y siguió moviéndolos. A medida que la respiración de Do-geon se volvía más salvaje, el sonido viscoso en el interior de Seung-hyung también se aceleraba.

"Haa, hyung".

Al ver que Do-geon no aguantaba más, retorcía la cintura e intentaba incorporarse, Seung-hyung metió el tercer dedo. Mientras profundizaba para relajar la entrada lo máximo posible, Do-geon finalmente se levantó, lo agarró y lo lanzó sobre la cama para luego sujetar sus piernas y arrastrarlo hacia él. Lo manejó con demasiada facilidad a pesar de sus esfuerzos por resistir debido al susto; finalmente, alineó su glande con la entrada de Seung-hyung y empujó con fuerza hacia adentro.

"¡ugh! ¡Agh! ¡Aaaah!".

Aunque Seung-hyung sabía que debía relajarme, la situación le hizo imposible soltar la tensión. Por eso, un dolor agudo golpeó su parte inferior. Sintió una presión abrumadora, como si lo estuvieran pisoteando, ante la invasión de esa carne dura que entraba sin permiso, dejándolo sin aliento.

"Haghk... ah, Nam Do-geon, ugh, uugh, duele. Duele. Ah...".

En el momento en que intentó soltar el aire y relajarme, el suin lo notó con agudeza y empujó su pene más adentro; Seung-hyung sintió que iba a perder el conocimiento. Pensó que sería mejor desmayarse para no sentir nada. De puro sufrimiento, las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. Al cerrar los ojos con fuerza y sollozar involuntariamente, Do-geon, que estaba empujando su cintura dentro de él, se detuvo un instante.

"Haa, haa".

"ugh... uugh".

Ya sentía la mitad del pene palpitando dentro de él. La sensación de esa carne gruesa y dura estirando su interior era extraña. Parecía que tuviera vida propia, como si tuviera un corazón latiendo; no dejaba de dar sacudidas. No sabía por qué, pero entre el aliento ardiente del otro sobre él y su pene quemando su interior, era obvio que Do-geon estaba excitado al máximo.

Seung-hyung, al ver a Nam Do-geon detenerse por un momento mientras jadeaba con dificultad, presintió que el suin estaba intentando contenerse por él. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y trató de recuperar el aliento. Abrió las piernas, esforzándose por relajar la tensión de su cuerpo, y rodeó los hombros de Do-geon con ambas manos. A través de la camiseta del otro, podía sentir un calor abrasador, como si el suin tuviera una fiebre altísima.

"Ha... quiero correrte", murmuró Do-geon.

En ese instante, su cola brotó de repente. El largo apéndice comenzó a golpear la cama con fuerza, como si manifestara su temperamento salvaje. Seung-hyung entrelazó sus brazos alrededor del cuello de Do-geon y le dio permiso.

"Puedes moverte. Ha... creo que estaré bien ahora".

Tan pronto como terminó de hablar, Do-geon retiró la cintura solo para volver a embestir con una fuerza arrolladora. Su grueso pene comenzó a entrar y salir rítmicamente, estirando la entrada de Seung-hyung al máximo. El cuerpo del humano se sacudía de arriba abajo ante cada estocada, obligándolo a aferrarse con más fuerza al suin.

"¡Haa, ha, ugh, ugh!".

Los movimientos desesperados no daban tregua. A medida que la entrada se relajaba más y más, las embestidas de Do-geon se volvían más brutales, hasta que finalmente la carne penetró hasta la raíz. Do-geon soltaba jadeos salvajes mientras empujaba la cintura una y otra vez, hundiendo su pene profundamente en el interior de Seung-hyung.

No solo estaba aplastando su punto sensible, sino que la estimulación constante y deliberada en esa zona empezó a generar una intensa excitación en Seung-hyung. El placer fue suficiente para despertar en él el deseo de seguirle el ritmo a la inmensa lujuria de Do-geon, aceptando cada embestida frenética.

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"¡Ha, ah, aah, ugh!".

Sin embargo, el hecho de que él también estuviera excitado no significaba que el encuentro fuera fácil. Ante la persistencia y la agresividad de aquellas estocadas, Seung-hyung sintió que llegaría al orgasmo muy pronto. Si Do-geon ya era alguien que no sabía cuándo detenerse en condiciones normales, no había forma de saber cuánto duraría ahora que el celo lo dominaba. Seung-hyung sentía que estaba a punto de eyacular, pero ver que Do-geon seguía jadeando por el dolor de no poder hacerlo, a pesar de su esfuerzo, lo ponía ansioso.

"¡Haa, ah, ugh!".

De repente, Do-geon, que venía embistiendo con furia, se impulsó hacia arriba y clavó su pene con una profundidad inaudita. Seung-hyung, que había estado relajando los músculos para no salir herido, sintió que aquella estocada repentina lo atravesaba por completo. La sensación fue tan abrumadora que se quedó sin aliento por un instante.

"Ha, aaah, haaa".

Al ser consciente de que el pene estaba más adentro que nunca, Seung-hyung contrajo los músculos internos inconscientemente. A Do-geon pareció volverlo loco aquel apretón, pues soltó un gemido entrecortado. Se incorporó, levantó las piernas de Seung-hyung para arquear su cuerpo y comenzó a ensañarse exclusivamente con ese punto profundo.

"¡Ugh, haaah, ah, ah!".

Cada estocada, que no retrocedía ni un milímetro antes de volver a clavarse como un punzón, hacía que el vientre de Seung-hyung ardiera. Junto a una presión inmensa, la estimulación en su punto crítico fue tan extrema que sus piernas temblaban violentamente cada vez que Do-geon lo golpeaba con fuerza. Incapaz de soportar la descarga eléctrica que recorría su columna vertebral, Seung-hyung soltó un gemido agudo.

Do-geon lo miraba desde arriba mientras ponía toda su fuerza en los músculos de sus glúteos para penetrarlo. La visión de Seung-hyung se nubló y su cabeza comenzó a dar vueltas por culpa de aquel hombre que usaba su propio cuerpo como un garrote, aplastando sus paredes internas y perforando lo más profundo de su ser.

"¡ugh! ¡Ah, aah!".

Su interior ardía sin descanso. Sin lugar donde huir y ante un estímulo tan implacable que no podía contener, Seung-hyung solo podía sollozar hasta que, tras un sonido húmedo de succión al salir, la carne volvió a entrar con un golpe seco que lo hizo estremecerse. Sin poder evitarlo, el semen brotó de él.

"¡Haa, aaah, haah, ugh, uuugh!".

Al ver a Seung-hyung eyacular, Do-geon pareció excitarse aún más; tiró del cuerpo del otro hacia sí para pegarlo a su pene y comenzó a embestir con una furia renovada. El sonido de la entrada totalmente relajada chocando contra el pene enfurecido resonaba con fuerza en la habitación. Seung-hyung volvió a eyacular ante la fuerza de aquellas estocadas que hacían temblar incluso la carne de sus glúteos.

* * *

Tal como Seung-hyung temía, el sexo se volvió un ciclo interminable. Pasó de recibir a Do-geon en cuatro patas, con las nalgas elevadas, a ser aplastado contra el colchón bajo su peso; luego, terminó montado sobre él, con sus caderas apresadas por las manos del suin mientras el acto continuaba sin descanso. Cuando el agotamiento lo dejaba incapaz de moverse, Do-geon lo recostaba de lado para abrir sus piernas y seguir embistiendo, o se pegaba a su espalda para penetrarlo por detrás, envolviéndolo en un abrazo asfixiante.

Cada postura, cada movimiento, lo empujaba inevitablemente al clímax. Seung-hyung resistió hasta que las primeras luces azuladas del amanecer se filtraron en la habitación, momento en el que su cuerpo finalmente se rindió y se desmayó. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que un gruñido profundo cerca de su oído lo hiciera despertar sobresaltado.

"Jo... joven amo".

Seung-hyung se encontró desnudo, tumbado boca abajo sobre el cuerpo de Nam Do-geon. La pesadez que sentía en su interior no dejaba lugar a dudas: el pene de Do-geon seguía enterrado profundamente en él. Había estado durmiendo con la mejilla apoyada en el pecho del suin, bajo las mantas, pero ahora Do-geon lo rodeaba con ambos brazos, gruñendo de forma amenazante.

Sus ojos, sus orejas y sus colmillos estaban en plena transformación animal. Seung-hyung, asustado por esa reacción tan instintiva, siguió la mirada del suin. Allí estaba Yoon Shin-woo. El asistente se había quedado paralizado junto a un carrito de servicio, sin atreverse a dar un paso más ante la mirada hostil de Do-geon.

Normalmente, Shin-woo traería solo el té, pero el hecho de que trajera tantas cosas indicaba que sabía que el celo real de Do-geon había comenzado formalmente. Do-geon mostraba los dientes y lo abrazaba con una posesividad feroz, como si temiera que Shin-woo fuera a arrebatárselo.

"Solo dejaré esto aquí. El joven amo debe comer algo, después de todo", intentó razonar Shin-woo, pero Do-geon solo respondió con un gruñido más fuerte. Sus pupilas estaban dilatadas al máximo, como si hubiera olvidado quién era el hombre frente a él; todos sus sentidos estaban enfocados en la protección y el territorio.

Al ver que la situación no mejoraba, Seung-hyung extendió una mano y acarició la mejilla de Do-geon con la punta de los dedos.

"Nam Do-geon, está bien. Tranquilo".

Tratando de que su voz sonara suave a pesar del cansancio, Seung-hyung notó cómo la mirada fiera del suin se relajaba un poco. Aun así, Do-geon seguía soltando gruñidos intermitentes, sonidos graves y vibrantes que ningún humano podría emitir.

"Se... Seung-hyung, ¿se encuentra bien? ¿No salió herido anoche?".

Shin-woo aprovechó que Do-geon estaba distraído con Seung-hyung para empujar el carrito un poco más adentro. Estaba claro que entrar de verdad en la habitación era un suicidio.

"Haa... sí, creo que estoy bien".

Sus extremidades se movían y no parecía haber sangre, así que tenía que estar bien. Aunque el dolor sordo y la sensación del pene de Do-geon estimulando sus paredes internas le aseguraban que la fatiga y la debilidad lo acompañarían por mucho tiempo.

"Me quedaré vigilando la puerta hasta que termine el celo. Si pasa algo, por favor, llámeme".

"Haa... está bien".

Seung-hyung sintió lástima por Shin-woo; no esperaba que llegara a ese extremo, pero le sirvió de consuelo. Le aterraba la idea de estar completamente solo con Do-geon en ese estado, así que saber que alguien estaba cerca le dio algo de paz.

"He traído sedantes también. Por favor, asegúrese de que el joven amo se los tome".

"Sí".

Shin-woo lanzó una última mirada antes de cerrar la puerta rápidamente en cuanto Do-geon volvió a fijarse en él. El carrito quedó allí, solo, en medio de la habitación.

"Ja... Nam Do-geon, ¿has dormido algo?".

Los gruñidos cesaron en cuanto Shin-woo se fue, pero Do-geon se limitó a mirarlo en silencio, como si hubiera olvidado cómo hablar. Esa reacción era extraña y aterradora. Seung-hyung se quedó inmóvil sosteniéndole la mirada hasta que sintió cómo las manos que rodeaban su cintura bajaban para sujetar sus caderas.

Antes de que pudiera procesar qué planeaba hacer, Do-geon empezó a mover sus caderas hacia adelante y hacia atrás. El pene en su interior comenzó a friccionar contra sus paredes internas, calentando su carne de nuevo. El agarre del suin se volvió tan fuerte que Seung-hyung temió que le fracturara los huesos de la pelvis.

"Haa... muévete".

"¡Ugh! Haah... e-está bien".

La voz de Do-geon sonó salvaje y áspera. Seung-hyung, notando que el celo lo había vuelto irritable y agresivo, se incorporó para sentarse sobre él. No podía hacer mucho estando boca abajo, así que apartó las mantas y empezó a mover su cintura. Do-geon soltó un jadeo corto mientras bajaba la mirada hacia su unión.

A medida que Seung-hyung se movía, el sonido viscoso de los fluidos empezó a resonar. Se sintió escalofriado al notar la cantidad de líquido que había en su interior; no era solo un poco, parecía que le hubieran vertido un frasco entero de lubricante, aunque sabía que gran parte era el rastro de las múltiples eyaculaciones del suin.

"Haa... ha... Nam Do-geon. ¿No... no tienes hambre?".

Seung-hyung intentó ganar algo de tiempo para descansar mientras el acto continuaba. Sin embargo, Do-geon ni siquiera reaccionó a sus palabras; mantenía la vista fija en sus genitales. Lo que quería era demasiado evidente.

"Muévete de arriba abajo".

Ante la orden, Seung-hyung dejó de balancearse y se apoyó en sus rodillas para elevarse. Sintió un alivio momentáneo al sacar casi por completo el pene que lo tenía tan dolorido, e intentó quedarse así un segundo para respirar.

"¿Qué estás haciendo?".

"¿Eh? Ah... e-espera, ¡ugh!".

Do-geon no pudo soportar ni un segundo de espera. Agarró las caderas de Seung-hyung y lo obligó a dejarse caer con fuerza. Al recibir de golpe el pene hasta lo más profundo de su vientre, Seung-hyung se tensó ante la presión y el estímulo directo en su punto crítico. Podía sentir cada centímetro de esa carne gruesa palpitando dentro de él. Su interior, sensibilizado tras toda la noche de sexo, ardió de inmediato. Antes de que pudiera procesar el placer, Do-geon se incorporó, lo envolvió en un abrazo y empezó a sacudir su cintura con frenesí.

"¡Haghk! ¡Ah, aaah!".

Atrapado en sus brazos y arrastrado por sus movimientos, Seung-hyung soltó un gemido tras otro. Do-geon hundió el rostro en su cuello mientras soltaba gemidos profundos, para luego volver a recostarlo en la cama y embestir con una violencia renovada. El cuerpo del suin estaba rígido de tensión, y cada estocada penetraba como un ariete, raspando y estimulando cada rincón de sus paredes internas.

"¡Haah... ugh!".

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Aplastado por Do-geon y golpeado rítmicamente por su pene, Seung-hyung terminó eyaculando de nuevo. Ni siquiera se había dado cuenta de cuándo había vuelto a excitarse, pero alcanzó el clímax mientras Do-geon seguía ocupado perforándolo. No parecía buscar su propia eyaculación, sino simplemente usarlo de forma casi violenta. El agarre en sus piernas era tan fuerte que sentía que se las rompería.

"¡Haah-ugh!".

Finalmente, tras unas cuantas embestidas más cargadas de fuerza, Do-geon eyaculó dentro de él.

"Haa, haa".

Do-geon bajó la mirada de nuevo. No podía ver nada con el pene totalmente insertado, pero parecía querer confirmar algo, pues seguía palpitando y eyaculando sin apartar la vista de allí.

Seung-hyung se sintió completamente agotado. No había comido nada desde la tarde anterior y el esfuerzo físico lo estaba dejando sin fuerzas. Sin embargo, Do-geon no parecía cansado; sacó su pene, le dio la vuelta a Seung-hyung y se encimó sobre él de nuevo.

Su objetivo era su nuca. Do-geon hundió el rostro allí, olfateando antes de clavar los dientes y morder con fuerza. Seung-hyung tensó los hombros. Sintió un escalofrío cuando los colmillos afilados se hundieron profundamente en su piel. Ya tenía heridas allí, así que el dolor era inevitable. Por experiencia, sabía que si intentaba apartarse, el suin mordería con más fuerza hasta desgarrar la carne, así que se limitó a estremecerse y dejar que marcara su nuca. Tras morder y lamer la zona repetidamente, Do-geon volvió a alinear su pene con la entrada de Seung-hyung y empujó hacia adentro.

"¡Hagh!".

Al sentir la carne dura dilatando de nuevo su entrada dolorida, Seung-hyung tembló. Do-geon respondió mordiéndole la nuca una vez más, como una advertencia para que no se moviera. Luego, con un gruñido gutural, empezó a moverse lentamente dentro de él.

¿Seguirán intactos mi entrada y mi nuca cuando termine el celo de Nam Do-geon?

Seung-hyung tuvo ese pensamiento fugaz, pero pronto se resignó de forma cínica: mientras saliera vivo y con sus extremidades completas, sería suficiente. Aceptó las estocadas rítmicas y viscosas del suin.

Pareció pasar mucho tiempo. Como Seung-hyung no intentaba apartarlo y aceptaba cada vez que Do-geon tiraba de sus piernas, de su cintura o frotaba su pene erecto contra todo su cuerpo, el suin continuó con el acto sin descanso, emitiendo gruñidos de satisfacción constantes.

Haber eyaculado tantas veces seguidas parecía haberle devuelto un rastro de conciencia. Nam Do-geon retiró su pene del interior de Seung-hyung y se alejó de la cama. Al poco tiempo, se escuchó un chirrido metálico que hizo que Seung-hyung girara la cabeza hacia la fuente del sonido. Do-geon, todavía completamente desnudo, estaba empujando hacia el centro de la habitación el carrito que Yoon Shin-woo había dejado ante la puerta.

Seung-hyung lo observó con la mirada perdida hasta que el suin llegó al borde de la cama, se acercó a él y lo ayudó a incorporarse. Seung-hyung se dejó llevar, sintiendo cómo sus fuerzas habían sido drenadas por completo, y se apoyó pesadamente contra el cuerpo de Do-geon. El suin lo sentó frente al carrito y se acomodó justo detrás de él, envolviéndolo. A pesar de que ambos estaban cubiertos de sudor y fluidos, Do-geon no parecía tener intención de lavarse aún; quería usar el carrito como mesa para comer.

Aunque Seung-hyung no tenía mucho apetito, sabía que si no comía ahora, no sabría cuándo tendría otra oportunidad. Se quedó allí, apoyado contra el pecho firme de Do-geon, observando la bandeja. Shin-woo había traído bulgogi, kimchi, rollitos de huevo y sopa de pasta de soja (doenjang-jjigae). Como había pasado bastante tiempo, todo estaba ya frío.

Do-geon tomó una cuchara, recogió una buena porción de carne y se la acercó a la boca a Seung-hyung. Ante la insistencia del suin, Seung-hyung abrió la boca y aceptó el bocado. La carne estaba algo seca por el frío, pero el sabor seguía siendo bueno. Mientras masticaba, sintió la mirada fija de Do-geon sobre él.

Sintiéndose intrigado por ese silencio sepulcral, Seung-hyung levantó la vista y sus ojos se encontraron. Todavía no lograba acostumbrarse a esas pupilas animales; la intensidad de esa mirada depredadora le provocaba escalofríos.

"Tú también come".

Seung-hyung habló intentando fingir normalidad, pero Do-geon simplemente cargó otra cucharada de carne y volvió a acercársela a los labios. Seung-hyung lo miró de reojo y comió de nuevo. A medida que masticaba, sintió que su apetito despertaba gradualmente.

Comer solo carne es un poco aburrido.

Con el deseo de tener una comida más equilibrada, Seung-hyung tomó los palillos mientras vigilaba la expresión de Do-geon. Al ver que el suin solo lo observaba en silencio, tomó un trozo de kimchi y lo comió. Luego, sujetó un trozo de carne y se lo ofreció a los labios de Do-geon. El suin ni siquiera miró la comida; su atención estaba totalmente centrada en el rostro de Seung-hyung.

"Comamos juntos. Después de comer, hay que ducharse. Podemos tener sexo en cualquier momento, ¿sabes?".

Ante sus palabras, Do-geon finalmente abrió la boca. Aunque parecía algo reacio y no apartaba la vista de Seung-hyung, aceptó la carne que este le introdujo. Solo entonces empezó a masticar.

La comida continuó de una forma extrañamente pacífica y natural. Por supuesto, el hecho de estar ambos desnudos, pegados el uno al otro y sucios de fluidos resultaba sumamente incómodo, pero Seung-hyung sabía que no podía actuar con total libertad sin saber cómo reaccionaría el instinto de Do-geon. Se esforzaba al máximo por no perturbar su temperamento sensible.

"Toma, bebe la medicina".

Tras terminar de comer, Seung-hyung sirvió agua en un vaso y le tendió las pastillas. Do-geon frunció el ceño de inmediato.

"No quiero".

Había comido todo lo que le dieron, ¿por qué se negaba ahora a la medicina?

"Es lo que tomaste ayer".

"Siento que mi cuerpo se calienta más cuando tomo eso".

"Eso... ¿eso es posible?".

Seung-hyung dudó. Do-geon las había tomado sin problemas hasta ahora, no tenía sentido que de repente causaran efectos secundarios. Sin embargo, al ver la mirada persistente del suin, se preguntó si el aumento de calor no sería simplemente por el celo y no por el fármaco.

"¿Qué sentiste exactamente? Tienes que decírmelo si es extraño, porque te seguirán dando esto".

"Mi cuerpo arde, pero no puedo concentrarme del todo en esa sensación. Es como si mi mente y mi cuerpo fueran por caminos distintos".

Mente y cuerpo separados. Seung-hyung recordó la noche anterior. Do-geon parecía haber perdido la razón, pero por momentos recuperaba el aliento e intentaba contenerse. Parecía sufrir mucho durante esos breves instantes de lucidez forzada. Quizás el sedante le permitía mantener algo de juicio, impidiendo que liberara sus instintos por completo, y por eso el calor no disminuía.

"Entonces, toma esto por ahora y, si te sientes raro otra vez, dejaremos de usarlo. Se lo diré a Shin-woo".

Tal vez el sedante evitaba que se perdiera del todo, pero eso también estancaba su necesidad de desahogo. Ante la sugerencia de Seung-hyung, Do-geon dudó, pero terminó abriendo la boca para que él mismo le pusiera la medicina. Normalmente, el suin la habría tomado por su cuenta, pero ahora parecía disfrutar de ese trato dependiente. Seung-hyung no sabía si era un gesto de afecto o simplemente instinto, pero era evidente.

"¿Quieres agua?".

Seung-hyung decidió que lo mejor para pasar el celo en paz era mimar un poco al suin. Do-geon asintió. Le resultaba fascinante y a la vez aterrador ver cómo, a pesar de su naturaleza salvaje, se volvía tan dócil bajo su cuidado. Seung-hyung le entregó el vaso y él bebió obedientemente.

"Ya terminamos de comer, ¿nos duchamos?".

"Sí".

Seung-hyung quería aprovechar ese respiro antes de que el ciclo de sexo comenzara otra vez. No se habían lavado desde el día anterior y ya era mediodía. Tomó la mano de Do-geon y lo guio hacia el baño. El suin lo siguió sin rechistar, manteniendo esa mirada fija y obsesiva sobre él.

"¿Quieres bañarte solo?".

"Bañémonos juntos".

"Está bien".

Como el suin fue tajante, Seung-hyung no insistió. Entraron al baño y, como Do-geon solía usarlo a veces, allí estaba su cepillo de dientes. Seung-hyung preparó ambos cepillos con pasta y le entregó el suyo. Do-geon lo aceptó lentamente, pero no dejaba de mirarlo. Seung-hyung comenzó a cepillarse frente a él y, solo entonces, el suin lo imitó. Era como si Do-geon estuviera programado para seguir cada uno de sus movimientos.

Se enjuagaron en silencio. Seung-hyung se preguntaba cómo pasarían el resto del tiempo una vez que salieran de la ducha, pero sus pensamientos se interrumpieron cuando Do-geon se pegó a su espalda. Seung-hyung se estremeció al sentir la carne dura presionando contra sus nalgas.

Apenas acababa de cerrar el grifo del lavabo y el suin ya intentaba penetrarlo.

"Na... Nam Do-geon, dijimos que nos ducharíamos".

"Se puso duro, me duele. Es por la medicina... arde otra vez".

Do-geon intentó empujar su pene contra la entrada de Seung-hyung, pero al no haber lubricación, no entró con suavidad. Frustrado, tomó la mano de Seung-hyung y lo obligó a rodear su pene erecto, que palpitaba con fuerza. Si no resolvía esto pronto, la fiera de anoche regresaría.

Entre la respiración agitada de Do-geon y el líquido preseminal que ya empezaba a fluir, Seung-hyung suspiró. Ambos estaban pegajosos y sucios; quería lavarse antes de seguir, pero parecía que el baño se convertiría en el escenario de otro encuentro agotador.

"Está bien, pero primero mojémonos con agua".

"¿Por qué? Inclínate, quiero meterlo ya".

Do-geon movió su cintura contra la mano de Seung-hyung, que aún sostenía su pene, como si se masturbara con su toque. Seung-hyung sintió que el rostro le ardía ante la naturalidad de ese gesto. La honestidad brutal de los deseos de un suin en celo era algo que él, estando cuerdo, encontraba abrumador. Sin embargo, al sentir que era el único que podía gestionar esa carga, comenzó a masturbarlo con movimientos ascendentes y descendentes. Do-geon soltó un gruñido y lo atrajo más hacia sí.

"Hagámoslo después de lavarnos. Has estado teniendo sexo desde ayer sin parar".

Habló con dulzura mientras seguía estimulándolo. Do-geon no respondió, solo soltó jadeos cortos, pero tampoco se opuso. Seung-hyung aprovechó esa sumisión momentánea para empujarlo lentamente hacia la zona de la ducha. Logró que ambos entraran bajo el agua.

Con la idea de lavarse rápido antes de que la excitación de Do-geon fuera incontrolable, abrió el grifo y dejó que el agua los empapara. Con una mano seguía masturbándolo rítmicamente, mientras con la otra recorría el pecho, la cintura y la espalda del suin para mojarlo bien. Do-geon cerró los ojos y empezó a emitir un ronroneo profundo, un gyareureung de satisfacción. Sus orejas redondeadas se agitaron sobre su cabeza y su larga cola golpeaba rítmicamente las paredes de cristal de la ducha.

"Se siente bien lavarse así, ¿verdad?".

"Sí".

Esa respuesta corta y dócil le pareció casi tierna a Seung-hyung. El contraste entre ese cuerpo enorme y letal que se volvía manso bajo sus manos y la monstruosa erección que sostenía era desconcertante, pero hacía que Do-geon se viera extrañamente adorable.

Seung-hyung aprovechó el momento, aplicó jabón líquido en sus manos y empezó a frotar el cuerpo del suin, usando la espuma para seguir masturbándolo. Incluso rodeó sus testículos con la mano libre, dándoles un suave masaje. Do-geon balanceaba la cintura siguiendo el ritmo de sus manos, entregado al placer.

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A pesar de haber eyaculado tantas veces, ver cómo Do-geon disfrutaba de su toque hizo que Seung-hyung también empezara a sentir calor. El deseo parecía ser contagioso; el simple hecho de tocar esa carne gruesa y caliente a través de la espuma se convirtió en un estímulo para él. Podía sentir toda la superficie del pene palpitando contra su palma. Continuó así un buen rato, intensificando la presión sobre el glande con el pulgar.

"Haa... haa...".

Al ver que la respiración de Nam Do-geon se volvía cada vez más errática, Seung-hyung agitó su mano con tal fuerza que le dolió el brazo, hasta que finalmente el semen brotó. Se quedó impresionado al ver que, a pesar de haber eyaculado tanto desde el día anterior, todavía salía una cantidad considerable. Mientras tanto, Do-geon jadeaba profundamente, balanceando la cintura sin cesar. Para que pudiera sentir el clímax hasta el final, Seung-hyung rodeó el pene con firmeza, permitiendo que el suin embistiera contra el hueco de sus dedos.

"Haa... tú también estás excitado, hyung".

"¿Eh? Yo... yo no necesito... ¡ah!".

En medio de todo, Do-geon notó la erección de Seung-hyung y, de repente, lo sujetó. Seung-hyung se quedó rígido cuando sintió la mano del suin apretándolo con fuerza y moviéndose de arriba abajo. Aunque el té había mejorado su resistencia, el cuerpo humano tenía un límite claro frente a un suin en celo.

Había intentado contenerse, pero ante esa estimulación implacable, se desmoronó sin remedio. Apenas había tenido fuerzas para masturbar a Do-geon, pero para el suin, estimularlo a él parecía la tarea más fácil del mundo. Debido a su fuerza y al tamaño de su mano, que envolvía por completo su pene, el tacto resultaba un tanto rudo.

"Ha... a-ah, duele".

Sentía placer, pero el dolor era lo suficientemente notable como para no dejarlo disfrutar del todo. Al escuchar su queja, Do-geon lo cargó de inmediato, pegando el cuerpo de Seung-hyung contra su propio pene. Sorprendido, Seung-hyung rodeó el cuello de Do-geon con sus brazos mientras el suin empezaba a mover sus glúteos de arriba abajo.

"¡ugh! ¡Ah, aaah!".

Suspendido en el aire, siendo movido a voluntad de Do-geon como si no pesara nada, Seung-hyung tembló ante aquel nuevo estímulo. En un instante, el pene de Do-geon —que ya estaba erecto de nuevo— y el suyo propio se frotaron de frente. A pesar de la fricción tosca, la espuma del jabón hacía que el roce fuera fluido, elevando la temperatura de ambos. Al ser una zona tan sensible, los gemidos no tardaron en escapar de sus labios.

"Ah... haaa, uugh".

"Haa, haa. Hyung".

Mientras Seung-hyung perdía la noción de todo por el movimiento, Do-geon lo llamó. Con la mente nublada, giró la cabeza para encontrar su mirada. El suin lo observó, encendido por el calor, y tras girarse para acorralarlo contra la pared de la ducha, lo besó con ferocidad.

Seung-hyung también estaba excitado y sentía su boca arder. Al entrelazar sus lenguas, se dio cuenta de que el calor interno de Do-geon era mucho más intenso. Su propia lengua le parecía tibia en comparación, y esa diferencia de temperatura se convirtió en un estímulo más.

Al principio, la lengua que lo recibió era la de un humano, pero a medida que el beso se profundizaba, el excitado Do-geon terminó usando su lengua animal para explorar su boca. Esa textura, mucho más estimulante que la humana, recorrió sus mejillas internas y su lengua con minuciosidad. Era larga y hábil, enredándose con la suya y encendiendo su deseo. Al mismo tiempo, el roce de los glandes entre sus cuerpos lo llevó rápidamente al límite.

"Mmph... ha-mmn".

El placer era tan nítido que los gemidos brotaban por sí solos. Finalmente, ante el movimiento cada vez más rápido de la cintura de Do-geon, Seung-hyung eyaculó. Después de haber sido "exprimido" varias veces durante la noche, la cantidad no fue mucha, pero la sensación del orgasmo fue tan potente que su respiración y sus quejidos vibraron con intensidad. Do-geon lo abrazó con fuerza mientras seguía devorando su boca.

 

Finalmente, lograron salir de la ducha tras una sesión agotadora. Seung-hyung intentó vestirse —porque, por muy en celo que estuvieran, no podía andar desnudo—, pero Do-geon se pegó a su espalda dificultándole cada movimiento. El suin no dejaba de mordisquearle los hombros y la nuca.

Solía hacerlo cada vez que Seung-hyung intentaba alejarse. Se sentía como una advertencia espeluznante: "no te muevas". Se sentía frustrado; no intentaba huir, solo quería ponerse algo de ropa, pero parecía que ni eso le estaba permitido. Agotado, pero aliviado de que al menos el suin estuviera algo dócil, Seung-hyung se giró para mirarlo.

"Tenemos que vestirnos".

"No quiero. Es incómodo".

"Aunque seas mitad bestia, también eres mitad humano".

"¿Qué tiene que ver eso con la ropa?".

"Los seres civilizados usan ropa".

"Es mi casa. Que esté desnudo o no, ¿qué tiene que ver con ser civilizado?".

Incluso si era su casa, había muchos otros suins trabajando en la mansión. ¿De verdad pensaba andar así? Aunque el acceso a esta habitación estuviera restringido, quedarse desnudo hasta que terminara el celo era demasiado. Seung-hyung nunca había estado así ni cuando vivía solo; para él, más que libertad, era una humillación.

"Entonces, al menos ponte una bata".

"¿Por qué insistes tanto? No quiero. Es una molestia si me dan ganas de clavártela de nuevo...".

"No te pido que te pongas ropa interior, solo cúbrete con algo", dijo Seung-hyung con firmeza ante el tono quejumbroso del otro.

La expresión de Do-geon se endureció. Seung-hyung se tensó al notar el evidente desagrado en su rostro, como si sus palabras lo hubieran molestado. Normalmente, Do-geon no le prestaba atención a ese tono, pero ahora era distinto. Comprendió que, en este periodo, no podía tratarlo como siempre.

"¿Mmm? Hazme caso".

Do-geon seguía mirándolo con frialdad. Aunque no decía nada, el ambiente se volvió gélido y Seung-hyung tragó saliva, nervioso. Para romper el hielo, rodeó el cuello de Do-geon con sus brazos. Solo entonces, la mirada fija del suin se desvió hacia los brazos que lo rodeaban.

"¿Sí?".

Se pegó más a él, forzando una dulzura persuasiva. Como Do-geon no reaccionaba, Seung-hyung se decidió a besarle el pecho. El suin soltó un suspiro pesado.

"Me la pondré si me dejas metértela".

"¿O-otra vez?".

"Sí".

Había intentado ser amable para que lo escuchara, pero el tiro le salió por la culata. Seung-hyung quería evitar más penetración por el momento, pero al sentir que el pene de Do-geon ya estaba erecto y rozándole el abdomen, solo pudo soltar una risa forzada.

"¿No puede ser con la mano?".

"Ya usamos las manos hace un momento".

"O si no... ¡ah!".

Seung-hyung intentó buscar otra alternativa, pero la paciencia de Do-geon se había agotado. Sin decir palabra, lo cargó en vilo y caminó con zancadas largas hacia la cama. En cuestión de segundos, lo dejó caer sobre el colchón, agarró el lubricante que rodaba por una esquina y, sin preámbulos, vertió una cantidad generosa sobre su entrepierna.

¡Si acabamos de ducharnos!

El lubricante frío resbaló por su piel hasta mojar su entrada. Antes de que pudiera prepararse mentalmente para la "guerra" que se avecinaba, Do-geon empezó a dilatarlo con los dedos. Debido a los encuentros anteriores, la entrada cedió con facilidad a sus dedos impacientes. Seung-hyung contuvo los gemidos mientras aceptaba la fricción interna, y pronto los dedos pasaron de uno a tres. Una vez que Do-geon confirmó que estaba listo, insertó su pene con naturalidad.

"¡ugh! ¡Ah, aaah!".

"Haa...".

Do-geon cerró los ojos soltando un suspiro profundo. Por mucho que la entrada estuviera dilatada, el pene de Do-geon era excesivamente grande, y nunca era fácil aceptarlo como si fuera un dedo. Seung-hyung necesitó un momento para adaptarse, jadeando mientras abrazaba al suin. Cuando rodeó la cintura de Do-geon con sus piernas, este se detuvo.

"Ha... ¿qué pasa?".

"¿Cómo que qué pasa? ¡Ugh! ¿Es que no sabes lo grande que la tienes?".

"Te he preparado bien".

"Por mucho que me prepares, un dedo no es lo mismo que tu grosor".

Do-geon frunció el ceño.

"Haa... ten un poco de consideración por mi pobre entrada, ¿quieres?".

Seung-hyung se dio cuenta de que Do-geon se había vuelto extremadamente irritable ante cualquier mínima queja. Al pedírselo con suavidad, el suin finalmente relajó el gesto y esperó un poco. Sin embargo, como si le faltara algo, hundió el rostro en el cuello de Seung-hyung para olerlo.

Al verlo buscar su aroma con tanta insistencia desde ayer, Seung-hyung pensó que debía de ser puro instinto y lo abrazó con fuerza. Al sentirse acogido, Do-geon soltó un ronroneo (gyareureung). Aquella mezcla entre un deseo carnal aterrador y esos gestos de vulnerabilidad conmovía a Seung-hyung. Era como estar frente a algo... adorable, a su manera.

"Ah... aah...".

Pero la intención pura de Seung-hyung fue interpretada de otra forma por Do-geon, quien no pudo aguantar más y empezó a embestir. Su pene buscó directamente su punto sensible, abriéndose paso de forma implacable y encendiendo un calor pecaminoso en lo más profundo de su ser.

"Haa, ha... ¡ugh! Haaaa...".

Seung-hyung pasó de estar bajo el cuerpo de Nam Do-geon a ponerse a gatas, y luego a sentarse sobre él, moviendo la cintura mientras eyaculaba una y otra vez. Con la energía drenada, se desplomó sobre el pecho del suin, quien lo tomó en brazos para recostarlo en la cama, abrirle las piernas y volver a embestir. Esa carne gruesa entraba y salía frenéticamente de su entrada, que ya estaba suave y empapada en una mezcla de lubricante y semen.

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A estas alturas, el acto se sentía menos como sexo y más como un ejercicio extenuante; una especie de cardio erótico y agotador. Aunque Seung-hyung intentaba no sentir, no podía evitar que su cuerpo temblara y su entrada se contrajera cada vez que el pene de Do-geon aplastaba su punto sensible y raspaba las paredes internas al salir.

Do-geon parecía disfrutar de esas reacciones, moviéndose con una parsimonia cruel hasta que se adaptaba al estímulo y volvía a la carga con salvajismo. Si Seung-hyung intentaba apartarlo o detenerlo, el suin reaccionaba clavando los dientes en su hombro o nuca, por lo que Seung-hyung ni siquiera se atrevía a intentar cerrar las piernas.

"¡Ha, ah! ¡Agh!".

"Haa... ha...".

Su cuerpo se sacudía violentamente ante la velocidad de las estocadas. Su piel, cubierta de sudor y fluidos, se sentía tan húmeda como las sábanas. La cama era un desastre absoluto tras haber sido el escenario de su encierro desde la noche anterior. Seung-hyung deseaba que alguien limpiara, pero sabía que Do-geon no permitiría que nadie entrara. Además, caminar por los pasillos llenos de suins con el aroma del sexo impregnado en él para ir a la habitación de Do-geon tampoco era una opción.

Mientras se debatía en sus pensamientos, Do-geon, que mantenía sus piernas abiertas de par en par bajo su peso, finalmente eyaculó dentro de él. Lo hizo con una insistencia obsesiva, empujando su cintura y tensando su abdomen mientras descargaba su simiente. Seung-hyung lo abrazó con fuerza, aceptando la invasión. Pensó que, si fuera mujer, ya habría quedado embarazado varias veces con semejante cantidad de semen. Era una idea extraña, pero inevitable ante la forma en que el suin llenaba su vientre.

"Haa, haa...".

De pronto, Seung-hyung dio un respingo al sentir algo envolviendo su tobillo. Al mirar, vio que la larga cola de Do-geon se había enredado en su pantorrilla derecha. Sentir el pelaje real de un animal contra su piel le produjo una sensación indescriptible.

Toc, toc.

Mientras aún procesaba el contacto de la cola y las palpitaciones del pene de Do-geon dentro de él, alguien llamó a la puerta. Seung-hyung intentó recuperar el aliento y respondió:

"Sí".

"He traído la cena".

Era la voz de Yoon Shin-woo. Como era de esperar, ante la posibilidad de que alguien entrara, Do-geon abrazó a Seung-hyung con posesividad y soltó un gruñido amenazante.

"Ugh... Nam Do-geon".

"No entres", ordenó Do-geon mostrando los colmillos.

Seung-hyung sabía que necesitaban comer, pero también que era urgente cambiar las sábanas. No sabía cuánto duraría el celo, pero tras solo un día, la higiene de la cama ya era deplorable.

"Haa... Do-geon-ah. Nam Do-geon. Vamos... vamos a ducharnos".

Seung-hyung tomó las mejillas del suin y lo obligó a mirarlo, tratando de apartar su atención de la puerta donde seguía gruñendo.

"¿Mmm? No le hagas caso a eso. Entremos al baño y sigamos allí".

Hizo un esfuerzo por atraer su mirada. Como el suin no se movía, Seung-hyung lo atrajo hacia sí y lo besó. Solo entonces, esa mirada afilada se centró en él. Mientras devoraba los labios de Do-geon, Seung-hyung empezó a contraer y relajar su entrada lentamente, balanceando la cintura. La cola que envolvía su pierna vibró y el pelaje se erizó como pelusa de diente de león, rozando su piel. Al notar que Do-geon reaccionaba positivamente, Seung-hyung continuó moviéndose hasta que el suin soltó un suspiro y lo cargó.

"Haa, ha... ¡Ugh! Shin-woo, puede entrar", gritó Seung-hyung con voz forzada en cuanto sus labios se separaron de los de Do-geon.

El suin se detuvo en seco. Su expresión era letal; odiaba la idea de que alguien más estuviera en su espacio privado.

"¿No vas a dejar que me traigan comida? Si solo tenemos sexo sin comer, me voy a enfermar".

"...".

"¿Mmm? Solo entrará un momento mientras nosotros estamos en el baño".

Tras convencerlo con tono dulce, Do-geon reanudó la marcha sin decir palabra. Seung-hyung, que seguía con el pene del otro en su interior mientras era transportado, vio a Shin-woo asomar la cabeza con cautela y le dijo:

"Shi... Shin-woo. Por favor, arregle la cama y traiga una bata para Nam Do-geon".

"¿Perdone? Ah, ¡sí, enseguida!".

Tras lograr pedir ayuda, Seung-hyung fue arrastrado al baño, donde tuvo que poner todo su empeño más en el sexo que en la ducha. Tenía que ganar tiempo para que Do-geon no saliera antes de que Shin-woo terminara y lo atacara, así que usó todo su cuerpo para mantener la atención del suin sobre él.

"¡Haa, ah, haa-ugh!".

Apoyado en el lavabo, siendo penetrado desde atrás, Seung-hyung incluso provocaba al suin cuando este se tomaba un respiro, moviendo su propia entrada para incitarlo. Como resultado, las estocadas se volvieron brutales. El calor interno era insoportable ante esa carne que entraba y salía como si quisiera atravesar su vientre.

Sus piernas temblaban tanto que perdió el equilibrio. A Do-geon no le gustó que no pudiera mantenerse en pie, así que lo sujetó por la cintura y lo levantó en vilo. A pesar de que Seung-hyung no era pequeño, el suin demostró una fuerza sobrehumana al mantenerlo en el aire, ajustando sus nalgas a la altura perfecta para seguir embistiendo sin pausa.

"¡ugh! ¡Ah, ah! ¡Agh, ha-ugh!".

Inseguro al tener los pies colgando, Seung-hyung se aferró con fuerza a ambos lados del lavabo. Al levantar la cabeza, vio su reflejo y el de Do-geon en el enorme espejo. El suin lo miraba fijamente a través del cristal; tenía el rostro enrojecido y el ceño fruncido por el placer.

Al darse cuenta de que Do-geon lo observaba mientras lo poseía, Seung-hyung se sintió avergonzado. Pensaba que después de tantas veces ya no le quedaría pudor, pero ver la escena fue un impacto.

"Haa, ugh, ¡ah!".

Do-geon, consciente de que Seung-hyung lo miraba, intensificó las estocadas. Sus manos apretaban con fuerza sus caderas, fijándolo en su lugar mientras lo observaba sin pestañear. Seung-hyung bajó la cabeza, abrumado, pero el pene salió casi por completo solo para volver a entrar con una profundidad devastadora.

"¡ugh!".

"Ha... levanta la cabeza".

"Aah, no quiero. Haa... no... no me mires así".

"¿Cómo te estoy mirando?".

"¡ugh! Ah, aaah. Ugh... como si... como si quisieras devorarme... haa".

Antes de que pudiera terminar, Do-geon empujó sus caderas hacia adelante, retiró el pene y volvió a arremeter tirando de él con fuerza. La carne se hundió tanto que Seung-hyung jadeó ante la presión extrema. Do-geon recuperó el aliento mientras mantenía sus caderas pegadas y empezaba a moverse de arriba abajo con suavidad.

El roce de sus nalgas contra el vello púbico y la pelvis de Do-geon era demasiado nítido. Al sentir que no había ni un milímetro de separación entre ellos, Seung-hyung se volvió más consciente de la longitud que llenaba su interior, lo que le hizo apretar la entrada involuntariamente.

"Haa... ugh, ah".

"Ha... tienes razón".

"ugh... ¿qué?".

"Hyung... te miro con ganas de devorarte. Es verdad", dijo Do-geon con una sonrisa ladeada antes de retirar su pene con rapidez.

Seung-hyung vibró ante el roce de la carne saliendo de su interior sensibilizado.

"Ha... haa, ah... e-espera, ¡ugh!".

Sabía que después de sacarla, volvería a entrar. Seung-hyung suplicó por un respiro, pero Do-geon ignoró sus palabras y volvió a penetrarlo. El sonido de sus cuerpos chocando rítmicamente (pak-pak) resonaba en todo el baño. Seung-hyung agitaba las piernas en el aire, aferrado al lavabo, mientras su cintura empezaba a reaccionar por sí sola ante la velocidad creciente del suin.

Sintió que estaba a punto de llegar a otro clímax. Después de haber eyaculado tantas veces, la sensación final siempre le dejaba una mezcla de embriaguez y una profunda humillación, por lo que intentó resistirse.

Sin embargo, cuanto más intentaba "escapar", más fuerte arremetía Do-geon. Seung-hyung comprendió, demasiado tarde, que su resistencia solo servía para excitar más al depredador. No tuvo escapatoria. Atrapado por esa técnica experta y ruda, Seung-hyung aguantó hasta que no pudo más y, ante las estocadas finales que raspaban su fondo, terminó expulsando un chorro de orina mezclada con placer.

"¡ugh! ¡Ah, aaah!".

Al ver que Seung-hyung soltaba un grito agudo mientras su cuerpo liberaba aquel chorro de placer, Nam Do-geon arremetió con más fuerza. El sonido viscoso del sexo y el golpeteo de carne contra carne resonaban por todo el baño. Do-geon lo presionó hasta que la tensión de los músculos internos cedió por completo; solo entonces, cuando Seung-hyung quedó lánguido por la falta de fuerzas, el suin hundió su pene profundamente y eyaculó.

"Hrk... ha, haa...".

Seung-hyung, con los brazos apoyados en el lavabo, sintió cómo su cuerpo se sacudía débilmente ante los últimos espasmos de Do-geon. Era imposible prolongar aquel momento por más tiempo.

"¡Haa-ugh! Aah...".

Incluso mientras eyaculaba, Do-geon continuó estimulando sus paredes internas con insistencia. El placer resultante fue tan gélido y punzante que Seung-hyung soltó un último gemido. El suin abrazó su cuerpo tembloroso mientras emitía un ronroneo profundo, un gyareureung que vibraba en el aire. Al mirarse en el espejo, Seung-hyung vio que Do-geon tenía los ojos entornados, disfrutando plenamente de él. Compartir el clímax con el suin le dejó una calidez residual en el vientre, una sensación mucho más intensa y distinta al sexo que solían tener a diario.

Solo después de aquel arrebato pudieron ducharse, aunque no fue una limpieza tranquila. A Do-geon le había gustado tanto que lo masturbara con la espuma que volvió a poner su pene en las manos de Seung-hyung sin el menor pudor. Seung-hyung sintió que sus huesos se deshacían; la frecuencia de los encuentros y la incertidumbre de cuánto duraría el celo lo hacían sentir abrumado.

"Haa... rápido. Rápido".

"Ugh... está bien".

Ya fuera con sus manos o con su entrada, le tocaba resistir. Intentó tomarse un breve respiro porque le costaba manejar ese pene tan grande, pero ante el apremio excitado de Do-geon, volvió a mover la mano rítmicamente. El sonido de los golpes (tak-tak-tak) era inusualmente fuerte debido al tamaño. Seung-hyung, con la mirada perdida y el corazón pesado, hizo todo lo posible para que el suin llegara al final.

Finalmente, una vez que Do-geon sació su sed hasta dejar a Seung-hyung sin pizca de energía, permitió que terminaran de lavarse y salieran del baño. A diferencia de Seung-hyung, a quien le temblaban las piernas al caminar, Do-geon rebosaba vigor y lo llevó en brazos hacia la habitación.

Sin embargo, el suin se detuvo en seco antes de llegar a la cama. Seung-hyung, que se aferraba a su cuello, siguió su mirada con curiosidad. La cama tenía sábanas, mantas y almohadas nuevas; todo impecable. Al lado, reposaba un carrito de servicio recién traído. No parecía haber ningún problema, pero la reacción de Do-geon era extraña.

"Nam Do-geon, ¿qué pasa?".

"Tu olor se ha debilitado".

"¿Mi olor?".

Seung-hyung reflexionó sobre esas palabras mientras seguía en sus brazos. Recordó que, la última vez que tuvo aquel derrame involuntario en el suelo, Do-geon había dicho que le gustaba que su olor fuera intenso. Al cambiar las sábanas, Yoon Shin-woo también se había llevado el rastro de sus fluidos corporales, y eso parecía molestar al suin.

Temiendo que Do-geon prohibiera cambiar las sábanas en el futuro, Seung-hyung lo atrajo por la nuca. El suin pareció resistirse un segundo, pero terminó cediendo y agachó la cabeza. De inmediato, hundió el rostro en el cuello de Seung-hyung para olfatear su piel.

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"Si quieres oler mi aroma, todavía está aquí".

"Eso es diferente al deseo de llenar mi territorio con el olor de mi hembra".

Do-geon hablaba con una frialdad que contrastaba con la forma en que restregaba su rostro en su cuello. Seung-hyung tragó saliva ante la contundencia de sus palabras. Entendía lo que quería decir, pero no estaba dispuesto a renunciar a la higiene; no podía dormir ni comer sobre sábanas empapadas de sudor, semen y lubricante.

"Puede que sea molesto, pero podemos volver a llenarlas pronto".

"Si siempre intentas evitarlo...".

"¡Eso no es cierto! ¿Acaso te he rechazado alguna vez cuando querías hacerlo?".

Seung-hyung protestó en voz alta para ocultar su nerviosismo. Do-geon no respondió; simplemente caminó hacia la cama tras apartar el carrito con un movimiento seco y sentó a Seung-hyung sobre su regazo. Parecía que, tras el sexo, su necesidad de contacto físico era constante.

A Seung-hyung le resultaba sumamente incómodo comer sentado sobre las piernas de otro hombre a su edad, pero decidió no irritar más a Do-geon, quien ya estaba descontento por las sábanas nuevas. Entonces, vio dos batas de baño perfectamente dobladas a un lado de la cama.

"Nam Do-geon, ¿no podrías ponerte la bata al menos mientras comemos?".

"¿Por qué tengo que vestirme?".

La pregunta sonó agresiva y el corazón de Seung-hyung dio un vuelco. Por un instante pensó en rendirse, pero temía pasar días enteros desnudo, así que buscó una excusa convincente.

"Después de ducharnos o al despertar, la temperatura baja y hace frío. ¿Qué harás si me resfrío?".

Do-geon guardó silencio. Luego, sin mediar palabra, alargó el brazo para tomar la bata pequeña y colocarla sobre los hombros de Seung-hyung. Seung-hyung casi suelta una carcajada; incluso con los nervios a flor de piel por el celo, la caballerosidad del suin seguía intacta.

"Póntela tú también. No está bien que seas el único que está desnudo".

Do-geon obedeció sin rechistar. Finalmente, ambos cubiertos con las batas, comenzaron a comer. Esta vez la comida estaba caliente. Seung-hyung devoró los alimentos con el ansia de quien ha realizado un trabajo físico agotador, mientras que Do-geon parecía no tener apetito. Al notar su desinterés, Seung-hyung empezó a darle en la boca sus trozos de carne favoritos, y el suin los aceptó dócilmente.

"¿Por qué te portas como un niño y solo comes si yo te doy?".

"Simplemente... no tengo ganas de comer, pero como tú me lo das, lo acepto", respondió Do-geon tras masticar un poco.

"Entonces tendré que seguir dándote de comer", murmuró Seung-hyung, entre broma y veras. Como Do-geon no se quejó, Seung-hyung continuó alimentándolo mientras él mismo comía.

Tras la comida y el té que Shin-woo había preparado, dejaron el carrito fuera y pasaron el tiempo juntos. Do-geon no lo dejó tranquilo ni un segundo: lo atraía hacia sí, lo abrazaba, metía las manos bajo su bata para recorrer su piel y terminaba masajeando su pene o estimulando su entrada.

Lo besaba, lo succionaba y lo lamió todo el tiempo. Seung-hyung se sentía como un caramelo gigante en manos del suin; no podía evitar estar permanentemente excitado. Era una cuestión biológica: ante el contacto constante de una lengua y unos labios tan calientes, era imposible permanecer indiferente.

"Ha... siéntate rápido. Mete el pene ya".

En la penumbra de la habitación, Do-geon jadeaba con urgencia. Su voz, cargada de deseo, era un acicate para Seung-hyung. El suin lo miraba desde abajo con una intensidad depredadora mientras Seung-hyung se mantenía de rodillas sobre su erección.

Do-geon sujetó su cintura con ambas manos antes de bajar hacia sus glúteos para apretarlos con fuerza. Cuando rozó el glande contra su entrada, Seung-hyung sintió vívidamente la fricción contra el rastro de fluidos anterior. Con el corazón acelerado, Seung-hyung llevó su mano hacia atrás para guiar el pene hacia su interior y bajó la cadera lentamente.

"¡Haa, ugh! Ha".

Do-geon no pudo esperar. Empujó su cintura hacia arriba antes de que Seung-hyung pudiera completar el movimiento, haciendo que su cuerpo se sacudiera. Sin importar el ritmo que él hubiera planeado, la carne dura ya estaba llenando su interior de nuevo. La sensación de plenitud le cortó la respiración.

Jadeando, Seung-hyung empezó a moverse siguiendo el vaivén de las manos de Do-geon en su cintura. Al principio, montar al suin de esa forma le resultaba extraño y demasiado intenso, pero después de tantas repeticiones, empezaba a acostumbrarse. Durante este celo, se esforzó especialmente al ver cuánto deseaba Do-geon que él tomara la iniciativa.

"Ha... ah, quédate quieto".

Seung-hyung se detuvo ante la orden. Estaba sentado profundamente sobre Do-geon mientras este manipulaba sus caderas. Entonces, el suin tiró de su torso para que se inclinara hacia adelante y empezó a embestir con fuerza desde abajo.

Aunque el rango de movimiento era corto al estar sentado, el impacto contra sus paredes internas era increíblemente efectivo. El pene frotaba constantemente su punto sensible, enviando descargas eléctricas por toda su columna vertebral.

"¡Ha-ugh! Ah, aaah. ¡ugh!".

"Haa, haa...".

Cada vez que Do-geon golpeaba con fuerza hacia arriba, el cuerpo de Seung-hyung se estremecía hasta las corvas. Ante un estímulo tan implacable, no pudo evitar soltar gemidos lúbricos mientras su entrada se contraía con fuerza, lo que a su vez aceleró la respiración del suin.

Sentado sobre la pelvis de Nam Do-geon, quien se movía con tal fuerza que la cama parecía a punto de romperse, Seung-hyung se entregaba al placer. Su mente estaba nublada tras horas de caricias y sexo ininterrumpido, atrapado por la mirada intensa que el suin le lanzaba desde abajo.

De pronto, Do-geon giró la cabeza. Seung-hyung, aunque aturdido, siguió su dirección hacia la puerta. El carrito que antes estaba allí había desaparecido sin que él lo notara; Yoon Shin-woo debía de habérselo llevado en silencio mientras ellos estaban enfrascados en lo suyo. Sin embargo, no parecía que el movimiento acabara de ocurrir, por lo que le extrañó que Do-geon estuviera tan concentrado en ese punto.

"Haa... ¿Nam Do-geon?".

El suin incluso dejó de embestir para centrar toda su atención en la entrada. Ante el llamado, Do-geon pareció recobrar el sentido; lo miró y, de repente, lo rodeó por la cintura para girarlo y dejarlo debajo de su cuerpo. Comenzó a clavarle el pene con fuerza, pero sus ojos volvieron a desviarse hacia la puerta. No se escuchaba nada y la puerta permanecía cerrada a cal y canto, así que ese interés resultaba inquietante.

Seung-hyung estiró las manos, tomó las mejillas de Do-geon y lo obligó a mirarlo a los ojos.

"¿Por qué no dejas de mirar la puerta?".

"Hyung".

"¿Mmm?".

"Creo que el hermano Woo-geon está ahí".

"¿Tu hermano?".

"Huelo su aroma".

Era un olor que Seung-hyung era incapaz de percibir. Solo un suin podía tener ese nivel de agudeza, por lo que Seung-hyung también miró hacia la entrada. No sabía la hora exacta, pero el sol se había puesto hacía mucho. A juzgar por el silencio absoluto tras la puerta, la noche debía de ser cerrada. ¿Qué motivo tendría Nam Woo-geon para acercarse a la habitación de su hermano en pleno celo? No es como si él, siendo mayor que Do-geon, no supiera lo que pasaba allí dentro.

Seung-hyung sabía que Woo-geon lo vigilaba y lo consideraba un humano de malas intenciones. ¿Habría venido a comprobar si realmente estaba cuidando de su hermano durante el celo?

"¿Por qué... vendría tu hermano?".

"No lo sé. ... Se ha ido".

Do-geon habló en voz baja tras observar la puerta un momento más.

"¿Cómo sabes que se ha ido?".

"Su olor se está debilitando".

"¿Habrá venido porque estaba preocupado por ti?".

"Dejar el olor de otro macho en mi territorio no es algo que se haga por preocupación".

La mirada de Do-geon, que normalmente solía ser dócil ante Nam Woo-geon, se volvió afilada. El efecto del celo era realmente poderoso. Aunque ambos hermanos parecían tener un vínculo especial, la expresión de frialdad en el rostro de Do-geon era aterradora. Seung-hyung sabía que a Woo-geon no le agradaba su presencia, y que apareciera justo cuando Do-geon estaba tan sensible no era una buena señal para nadie.

"Ya se fue, ¿no? Pues ya está".

Seung-hyung intentó recuperar la atención de Do-geon rodeándole el cuello con los brazos. El suin desvió la vista hacia él y volvió a moverse. Como si quisiera concentrar todos sus sentidos en Seung-hyung, hundió el rostro en su cuello, inhalando profundamente mientras aceleraba las estocadas. La penetración profunda y ruda hizo que el bajo vientre de Seung-hyung vibrara de placer. Mientras sentía cómo Do-geon descargaba su ferocidad sobre él, Seung-hyung mantuvo la mirada fija en la puerta por un instante más.

* * *

Seung-hyung se despertó de repente y se llevó un susto al abrir los ojos. A su lado, acostado de frente, Nam Do-geon lo observaba fijamente. Con sus ojos de leopardo de las nieves, el joven parecía estar sumamente concentrado en escudriñar su rostro.

Aunque ya no era una mirada desconocida para él, a Seung-hyung le resultó vergonzoso saber que alguien lo había estado observando en su estado más vulnerable mientras dormía. ¿Habré babeado? ¿Habré roncado o dicho algo raro entre sueños? Esos pensamientos cruzaron su mente a toda velocidad, haciéndolo encogerse por una timidez que no había sentido antes.

"¿Ah... no estabas durmiendo?".

"Dormí".

"¿Desde cuándo me estás mirando?".

Seung-hyung sabía que si evitaba el contacto por vergüenza, lo más probable era que Do-geon terminara moliéndolo a mordiscos como protesta, así que decidió enfrentarlo. Pensó que una conversación trivial sería menos incómoda.

"No lo sé. Simplemente abrí los ojos, te vi y me quedé mirándote".

"¿No te aburriste?".

"Para nada".

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Ciertamente, su expresión no era la de alguien aburrido. Seung-hyung se había quedado dormido por el agotamiento de haber tenido sexo durante toda la madrugada, perdiendo por completo la noción del tiempo. Al levantar un poco la cabeza para mirar por la ventana, notó que el sol brillaba con fuerza; debía de ser pasado el mediodía.

"¿Y Shin-woo?".

"¿Por qué buscas a ese hyung?".

Do-geon frunció el ceño y preguntó con un tono cortante. Seung-hyung se extrañó por su repentino desagrado.

"Porque Shin-woo trae la comida".

"¿Qué? ¿Te acabas de despertar y ya estás buscando comida?".

"Puede que tú seas un suin con energía de sobra aunque solo tengas sexo sin comer, pero yo no lo soy".

Do-geon volvió a fruncir el ceño, pero pronto relajó la expresión y se levantó de la cama. Seung-hyung se preguntó a dónde iría estando completamente desnudo, pero el joven simplemente se dirigió hacia la puerta. Allí se encontraba un carrito de servicio que alguien había dejado en algún momento.

"Come".

Dijo Do-geon mientras empujaba el carrito hasta la cama. Ver la desnudez de Do-geon con tanta libertad le resultó vergonzoso a Seung-hyung. A pesar de que compartían sus cuerpos con la misma naturalidad con la que respiraban, ver al otro caminando así le parecía demasiado explícito.

"Te dije que te pusieras la bata".

Seung-hyung se incorporó y se sentó en la cama mientras hablaba, temiendo que, si lo dejaba, Do-geon pasaría todo el tiempo desnudo por inercia. Sin embargo, el joven lo ignoró y se sentó al borde del colchón. Sin más remedio, Seung-hyung buscó a su alrededor, encontró una bata de baño tirada en un rincón y se acercó a él.

"Qué molestia".

"Póntela aunque sea una molestia".

"¿Por qué?".

"Solo puedes quitártela cuando tengamos sexo. Es vergonzoso verte así".

"¿Vergonzoso? ¿Entre nosotros, que tenemos sexo cada vez que cruzamos miradas?".

Do-geon soltó una pequeña risa burlona.

"Eso es una cosa y esto es otra".

Seung-hyung no quiso entrar en detalles para justificar sus sentimientos, así que respondió vagamente y se sentó a su lado. De repente, Do-geon tiró de él sin previo aviso. Seung-hyung fue arrastrado por su fuerza y terminó sentado entre las piernas abiertas del joven.

"¿Q-qué pasa?".

"¿Quieres que yo use la bata mientras tú comes desnudo?".

Do-geon se echó la bata sobre los hombros descuidadamente y luego cubrió también el cuerpo de Seung-hyung. Aunque no estaba tapado del todo, Seung-hyung sintió el calor envolviendo su piel desnuda. Era una posición bastante embarazosa para comer. Sobre todo, sentía de forma demasiado obvia la dureza contra sus glúteos, lo que lo ponía nervioso. Pero a Do-geon no parecía importarle; colocó los cubiertos frente a él mientras pegaba su pecho contra la espalda de Seung-hyung.

"¿No te cansas de tener sexo todo el tiempo, aunque estés en celo?".

"¿Cómo podría cansarme el sexo? ¿A ti te cansa, hyung?".

"N-no es eso, pero...".

Al escuchar la pregunta de vuelta, Seung-hyung se dio cuenta de que había hecho una pregunta extraña. Más que cansancio, era agotamiento físico. Por supuesto, aunque estuviera exhausto, cuando Do-geon lo penetraba con fuerza, él terminaba alcanzando el clímax entre jadeos. Tenían tanto sexo que ya no podía contar cuántas veces llegaba al orgasmo en un solo día.

"Come rápido".

Mientras Seung-hyung dudaba, Do-geon tomó una cuchara y se la puso en la mano. Al verla de tan cerca, la mano grande del joven contrastaba claramente con la suya. Cada vez que tenían sexo o lo miraba, esa diferencia le generaba una sensación nueva. Era como observar a alguien que poseía algo que a él le faltaba.

Inmerso en esos pensamientos, Seung-hyung se llevó una cucharada de arroz a la boca y se le cayó un grano.

"Qué descuidado".

Do-geon, que lo vio, apoyó la barbilla en su hombro, recogió el grano de arroz que había caído en el muslo de Seung-hyung y lo dejó a un lado en el carrito. Aunque no era un gran comentario, el hecho de que lo llamara descuidado hizo que Seung-hyung se sintiera como un niño pequeño ante sus ojos, lo cual fue algo incómodo.

"Se me cayó por error".

Respondió con una excusa barata y se concentró en la comida, mientras Do-geon lo seguía.

Toc, toc.

Mientras comían en silencio, alguien llamó a la puerta. Do-geon fue el primero en reaccionar. Dejó la cuchara y preguntó con una voz fría y llena de insatisfacción por la interrupción:

"¿Quién es?".

"Soy yo".

Yoon Shin-woo se identificó, aunque no se atrevió a abrir la puerta. Al oírlo, Do-geon soltó un suspiro pesado. Parecía que, aunque recuperaba la cordura gradualmente y podía mantener conversaciones normales, todavía no le gustaba que otros entraran en su territorio. Seung-hyung pensó que Shin-woo debía de tener una razón para llamar con tanta cautela, así que preguntó primero:

"Shin-woo, ¿qué pasa?".

"¿Por si acaso el joven amo tomó su medicina?".

"¿Medicina?".

Parecía referirse a los medicamentos que siempre enviaban junto con la comida para que los tomara después. Seung-hyung buscó por el carrito, pero no vio nada. Empujó el carrito un poco hacia adelante y miró por todas partes, pero no había rastro de pastillas.

"Creo que no nos dieron la medicina esta vez".

"¿Ah, de verdad? Qué raro. Estoy seguro de que preparé la medicina primero antes de subir la comida".

"¿Ocurre algo?".

"No, es que vi en el basurero de la cocina que el paquete de medicina que el joven amo toma siempre estaba tirado, todavía cerrado".

"¿Entonces alguien tiró la medicina?".

Seung-hyung preguntó asombrado. Shin-woo respondió con un tono inseguro:

"Tal vez se me cayó sin darme cuenta mientras movía la comida y alguien pensó que era basura y la tiró. Preguntaba por si acaso, pero si no la tienen, se la traeré ahora mismo".

"No creo que necesite tomarla".

Do-geon intervino inmediatamente después de las palabras de Shin-woo.

"¿Seguro que está bien?".

Preguntó Seung-hyung por si las dudas. Aunque Do-geon estaba más calmado que el primer día, no sabía qué podría pasar si no tomaba el medicamento. Ante su duda, Do-geon simplemente se encogió de hombros. ¿Acaso él tampoco lo sabía?

"Bueno, el médico dijo que debía tomarla sin falta. Dijo que habría mucha diferencia entre tomarla y no tomarla".

Dijo Shin-woo ante la indecisión de ambos. Seung-hyung pensó que, si lo decía de esa manera, era obvio que debía tomarla.

"Do-geon, creo que deberías tomarla".

"Puedo aguantar sin ella".

"Hagamos caso al médico".

"¿No confías en mí?".

Do-geon preguntó frunciendo el ceño abiertamente. Si se ponía a pensar, no era muy confiable en ese estado, pero sabía que si le decía la verdad, se negaría con más terquedad.

"Confío en ti, pero es por si acaso. No es como si no pudieras tener sexo por tomarla, si ya haces de todo de todas formas".

Seung-hyung se había esforzado mucho durante todo el tiempo que pasaron juntos para que Do-geon no se negara a tomar la medicina. Cada vez que el pene del suin se erguía, él se esmeraba para que pudiera eyacular a gusto, y ese esfuerzo pareció dar frutos, ya que Do-geon no pudo refutarle nada. Al menos, era una bestia con un mínimo de conciencia. Seung-hyung, apoyado en el pecho de Do-geon, giró levemente la cabeza para encontrar su mirada.

"Tomemos la medicina".

La expresión de Do-geon se endureció.

"Es trampa que me digas eso mirándome de esa forma".

"¿Con qué clase de ojos te miro?".

"…… Con unos ojos hermosos".

El joven murmuró aquello en voz baja, con un tono algo brusco mientras evitaba su mirada. Ojos hermosos. Era una expresión tan empalagosa que Seung-hyung nunca la había escuchado de su boca. Aunque él mismo había preguntado, no esperaba recibir una respuesta así, por lo que se quedó desconcertado.

Do-geon, quizás sintiéndose incómodo ante el silencio que siguió a su respuesta, se levantó de la cama. Miró la bata que llevaba sobre sus hombros, observó a Seung-hyung que seguía desnudo y regresó a su lado. Se quitó su propia bata, cubrió los hombros de Seung-hyung con ella, la ajustó con firmeza en el pecho y se dirigió hacia la puerta.

¿A qué venía ese cambio repentino?

Al notar la sutil transformación en la actitud de Do-geon, Seung-hyung sintió que el calor subía a su rostro. Aunque el joven siempre lo cuidaba de alguna manera, era la primera vez que mostraba un tacto tan delicado y palabras tan dulces. Parecía que, de un modo extraño, se había vuelto más sensible y consciente de su presencia.

"Dámela".

Finalmente, Do-geon abrió la puerta y recibió la medicina directamente de manos de Yoon Shin-woo. Aunque su rostro aún reflejaba insatisfacción, regresó a su sitio, terminó su comida en silencio y se tomó el medicamento.

 

Después de comer y descansar un poco, y tras haberse aseado, Do-geon volvió a pegarse a él. No es que hubiera dejado de hacerlo en algún momento. Emitiendo aquel ronroneo característico, empezó a mordisquearle la nuca mientras frotaba su glande contra la entrada, como si estuviera listo para penetrarlo de nuevo en ese mismo instante.

A pesar de que ya habían tenido sexo durante la ducha, el deseo de Do-geon no amainaba. Mientras tanto, Shin-woo se había llevado el carrito y había cambiado las sábanas; Seung-hyung esperaba poder descansar en la frescura de la cama limpia, pero sus planes se vieron truncados.

"Haa... ¿otra vez?".

"Ha, ¿por qué? ¿No quieres?".

"Ugh, no es eso... pero me gustaría descansar un poco".

Murmuró con timidez, sin atreverse a rechazarlo del todo. Ante sus palabras, el joven, que lo mordisqueaba suavemente, se detuvo. Temiendo haberlo ofendido, Seung-hyung giró la cabeza para mirarlo; Do-geon tenía un gesto algo huraño, pero no parecía realmente enfadado.

"¿Estás resentido?".

"Un macho adulto no se resiente por algo así".

Parece que sí lo está, o al menos se siente decepcionado, pensó Seung-hyung.

Le dio risa ver cómo Do-geon intentaba ocultar sus sentimientos para parecer un macho adulto y digno. Ante su risa, Do-geon frunció el ceño, y fue entonces cuando su expresión se volvió más natural a los ojos de Seung-hyung.

"¿De qué te ríes?".

"Nada, es que eres tierno".

"¿Tierno? A mi nivel, deberías decir que soy genial".

"Jajaja, está bien. Eres genial".

"No siento sinceridad en tus palabras".

"Es sincero. Eres genial y también tierno".

"¿Genial y tierno?".

Do-geon repitió la pregunta, visiblemente sorprendido por recibir un cumplido tan directo. Era la primera vez que Seung-hyung tenía una relación tan cercana con alguien, por lo que expresar sus sentimientos solía resultarle incómodo. Aun cuando pensaba algo, no solía decirlo en voz alta, pero en ese momento las palabras salieron sin esfuerzo.

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En ese instante, la incomodidad desapareció. Para ser honestos, después de tener sexo a diario, sus corazones parecían haberse vuelto tan cercanos como sus cuerpos. Además, al ver que Do-geon se expresaba primero, Seung-hyung sentía el deseo de corresponderle. Tal vez era porque se trataba de él.

"¿Qué pasa? ¿No me crees?".

"No, pero... lo de ser tierno y genial no encaja mucho".

"Puede ser, pero en ti ambas descripciones quedan bien. Lo que haces es tierno y tu cara es atractiva. En ese sentido, para mí, eres un macho adulto muy encantador".

La comisura de los labios de Do-geon tembló ligeramente. Era evidente que le gustaba. Sus ojos se llenaron de vitalidad mientras lo miraba, revelando sus verdaderos pensamientos. Seung-hyung se sintió bien al ver que unas simples palabras podían hacerlo tan feliz.

"A partir de ahora, seré siempre un macho adulto encantador para ti, hyung".

"¿A partir de ahora?".

"Sí".

Al ver su expresión llena de energía, Seung-hyung se quedó sin palabras. ¿A cuánto tiempo se refería Do-geon con ese "a partir de ahora"? Una vez que el contrato terminara, él dejaría la mansión y regresaría a su vida normal. Seguir viéndose después de eso no era una opción viable. Al fin y a la postre, la unión entre un humano y un suin no traería nada bueno para ninguno de los dos. Y, primordialmente, él no tenía intención de entablar una relación con un suin.

"¿Por qué pones esa cara?".

La vida de un suin debía ser un secreto para la sociedad humana; Seung-hyung pensó que sería problemático considerar un futuro con alguien así. Mientras dudaba sobre qué decir debido a su propia falta de certeza, Do-geon preguntó con extrañeza:

"¿Te gusto?".

Seung-hyung recordó de pronto lo que Yoon Shin-woo le había dicho y decidió preguntar. Do-geon lo miró fijamente y respondió como si fuera lo más obvio del mundo:

"Sí".

Esa respuesta tan natural hizo que sus palabras se sintieran aún más sinceras. Parecía un sentimiento puro, sin ninguna intención de ocultar lo que dictaba su corazón.

"¿No es solo porque soy tu pareja durante el celo?".

"¿Si fuera por eso, no podría ganarme tu corazón?".

"No es eso, pero... como estás en celo, podrías confundir el deseo sexual con amor, por eso pregunto".

"¿Acaso el amor es algo tan complejo? Me gustas ahora mismo y siento que no puedo estar sin ti; ese sentimiento no puede ser mentira".

"Por eso digo, ¿no será ese estado algo provocado por el celo?".

"Te digo que no importa. Siento que, de ahora en adelante, si no puedo oler tu aroma, estaré tan ansioso que no podré ni dormir. Es como si mi sentido del olfato se hubiera quedado marcado por ti, así que no puede ser mentira".

Al ver que Do-geon se volvía más firme en sus sentimientos a medida que hablaba, Seung-hyung se quedó sin argumentos. Mientras sostenían la mirada en silencio, el joven frunció el ceño, se levantó, lo sujetó para darle la vuelta y lo recostó bajo su cuerpo. Sin detenerse ahí, abrió las piernas de Seung-hyung y empujó su pene hacia adentro.

"¡Ah...! ¡Ah-ugh! Tú... ¡ugh! ¡Ah...! ¡S-sin avisar...!".

"Haa... eres mío, hyung. Admítelo tú también".

Do-geon empezó a embestir salvajemente, como si estuviera haciendo un berrinche. Parecía quedar algo de semen de la vez anterior, ya que se sentía una fricción viscosa en cada entrada y salida. Eso ayudaba a que no doliera tanto, pero no eliminaba la presión de aquel pene tan grueso.

Jadeando ante el grosor que dilataba su entrada, Seung-hyung abrió más las piernas y Do-geon devoró sus labios. Introdujo su lengua y la movió con avidez mientras seguía penetrándolo para amoldar el orificio a su gusto, con una naturalidad pasmosa.

"Hmp... mgh... mmm".

Do-geon lograba que Seung-hyung entrara en ambiente rápidamente, incluso cuando este no tenía ganas inicialmente. Como conocía sus puntos más sensibles y los estimulaba con insistencia, era imposible no sentir nada. A medida que su interior era atravesado, el deseo sexual calentaba sus partes bajas de forma repentina, haciéndolo sacudir las caderas y soltar gemidos lúbricos.

Cuando se dejaba llevar de esa manera, llegaba un punto en el que el deseo de eyacular lo invadía, y con el cuerpo empapado de sudor, terminaba aferrándose al cuerpo cálido y firme del joven. Así habían sido sus días últimamente. Como si fuera lo correcto, lo natural. Sin necesidad de reprimir instintos, el placer continuo se había convertido en el motor que le permitía manejar el celo de Do-geon.

"¡Haa... ah... ugh... ah!".

En cuanto Do-geon separó sus labios tras un beso profundo y persistente, Seung-hyung soltó un suspiro entrecortado. Sin embargo, le resultaba difícil recuperar el aliento debido a las estocadas rítmicas y potentes que lo presionaban contra el colchón.

"Haa... ¡ugh! ¡Ha-ugh!".

Nam Do-geon bajó la mirada hacia Seung-hyung, quien soltaba gemidos con el ceño fruncido, y tras mover las caderas un par de veces, hundió repentinamente su pene con profundidad. Debido a que acababan de salir de la ducha después de una sesión intensa, sus músculos internos estaban relajados, permitiendo que la gruesa carne se abriera paso por completo ante el empuje. Seung-hyung sintió cómo su vientre se llenaba al máximo y su cintura se sacudió en un espasmo involuntario.

"Hrk, ha-eu...".

Do-geon detuvo su movimiento y bajó la cabeza para morder y succionar el labio inferior de Seung-hyung. Parecía que solo tras haber penetrado a su antojo estaba dispuesto a darle un respiro. Seung-hyung abrió los ojos al sentirlo quieto; Do-geon lo observaba mientras succionaba su labio con la avidez de quien busca el pecho materno.

"Ugh, tú de verdad...".

Ante el murmullo, las orejas de Do-geon se agitaron con un flic-flac juguetón antes de separar sus labios. Al mismo tiempo, su larga cola se enroscó con fuerza alrededor de la pantorrilla y el tobillo de Seung-hyung, quien mantenía las piernas abiertas. El contacto del pelaje espeso y la presión firme de la cola sobre su piel era innegable.

"¿Qué tengo que hacer para que te quedes conmigo?".

"Haa, ¿qué?".

"Te pregunto qué debo hacer para que sigas siendo mi hembra de ahora en adelante".

La pregunta, tan directa y repentina, lo dejó sin palabras. Estaba siendo aplastado por el peso del suin, quien además le hablaba con el pene aún clavado en su interior. Al tenerlo así, totalmente inmovilizado, Seung-hyung sintió que debía responder de inmediato.

No se había parado a pensar en un futuro, y rechazarlo de frente en una situación así resultaba complicado. Decirle que no de forma tajante podría crear un ambiente insoportable durante el tiempo que restaba de celo; por otro lado, prometerle que se quedaría solo para evitar el conflicto sería una mentira que acabaría hiriendo a Do-geon más adelante.

"¿Y bien?".

"¡Ugh, ah!".

Mientras intentaba formular una respuesta, Do-geon empujó su cintura hacia arriba sin previo aviso. Seung-hyung, aunque ya se había acostumbrado a su tamaño, no esperaba esa embestida repentina. Al haber bajado la guardia, el impacto profundo lo hizo encogerse, y Do-geon aprovechó para hundir el rostro en su cuello y mover las caderas mientras insistía.

"Haa, rápido. Dímelo".

"¡Ha-ugh! Ah, e-eso... ugh, haa... Yo... yo no puedo estar a tu lado para siempre".

Ante la respuesta final de Seung-hyung, el movimiento de Do-geon se detuvo. Al levantar la cabeza, sus ojos reflejaban una profunda confusión. A pesar de ser una negativa clara, parecía que el suin no terminaba de comprender el significado tras esas palabras. Seung-hyung sintió una punzada de culpa en el pecho; hablar con más frialdad solo serviría para lastimarlo.

"Es decir, no es que... no es que no quiera estar contigo... Como te dije antes, tengo un hermano menor. Está enfermo en el hospital y tengo que ir a cuidarlo a menudo. Y si despierta, soy su única familia y su tutor, así que debo estar a su lado".

"¿Y?".

"Si voy a ver a mi hermano, puede que no tenga tiempo para verte a ti. En mi situación actual, ¿cómo podría prometerte un futuro?".

Do-geon guardó silencio, observándolo como si estuviera reflexionando. Seung-hyung tragó saliva y mantuvo la mirada, conteniendo el aliento.

"Entonces yo cuidaré de tu hermano contigo".

"¿Qué?".

Era una conclusión que no se esperaba. Había imaginado que Do-geon haría un berrinche infantil o simplemente ignoraría sus circunstancias.

"¿Eso tampoco se puede? No es obligatorio que solo tú cuides de él".

Ahn Seung-yu siempre había sido su única responsabilidad. Sin otra opción, al no tener a nadie más en el mundo y ser él todo lo que su hermano tenía, Seung-hyung había cargado con ese peso con un sentido del deber inquebrantable. En ese proceso, se había sentido resentido, exhausto y aterrorizado, cayendo en innumerables momentos de frustración y desesperación profunda.

La soledad que sintió entonces continuaba hasta el presente, aunque ya se había entumecido lo suficiente como para aceptarla como algo propio. Quizás por eso, las palabras de Do-geon le resultaron tan novedosas. Sonaban como un ofrecimiento genuino de apoyo. Aunque el suin no comprendiera toda la carga que implicaba, para Seung-hyung fueron palabras profundamente significativas.

"No es tan simple".

Hubo momentos en los que Seung-hyung había llorado de pura impotencia al ver a Seung-yu solo en el hospital. Al responderle a Do-geon, esos recuerdos afloraron, provocándole una sensación extraña en el pecho.

"Lo es. Yo te ayudaré a cuidarlo. Eres mi hembra, así que tu hermano es también un hermano precioso para mí".

"Ha... ¿tienes idea de lo que esas palabras significan para mí?".

Al ver al joven hablar con tanta naturalidad sobre algo tan profundo, una sonrisa amarga apareció en sus labios. No esperaba que Do-geon lo comprendiera realmente, pero sintió que su corazón se humedecía de emoción. La verdad era que, tras la muerte de sus padres, había anhelado desesperadamente el calor y la ayuda de alguien.

Esa era la razón por la que él, alguien que nunca quiso vender su cuerpo, estaba allí ahora. Aunque la supervivencia de su hermano dependía de ello y no tenía otra salida, el hecho de haberse esforzado tanto era el reflejo de su desesperación por salvar a Seung-yu y de la cruda realidad de no tener a nadie a quien pedir auxilio.

"Lo sé".

"¿En qué sentido lo dices?".

"Familia".

Ante esa palabra pronunciada en voz baja por Do-geon, Seung-hyung contuvo el aliento involuntariamente. Miró al suin con los ojos muy abiertos, asombrado por aquella respuesta inesperada.

"Yo soy tu macho, tú eres mi hembra, y tu hermano es mi hermano también... Todos somos la misma familia".

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Su corazón empezó a latir con tal fuerza que parecía que acababa de escuchar la declaración más apasionada del mundo. El contacto de sus pechos permitía que Do-geon sintiera ese pulso frenético, que además aumentaba la temperatura de sus cuerpos. Do-geon, notando su agitación, bajó la mirada hacia su pecho y luego volvió a buscar sus ojos.

"¿Familia?... ¿Crees que es tan fácil convertirse en familia solo con palabras?".

Seung-hyung, abrumado por su propia emoción, desvió la mirada y le reprochó con un tono un tanto brusco para ocultar su vergüenza.

"¿Crees que estoy bromeando? Hablo en serio. Yo también sé lo importante que es la familia".

Las palabras de Do-geon lo dejaron con la mente en blanco. Mientras Seung-hyung balbuceaba sin saber qué decir, el joven lo abrazó con fuerza. Dejó caer todo su peso sobre él y reanudó el movimiento de sus caderas. Con el corazón latiendo desbocado y la embestida continua de Do-geon, su cuerpo ardió aún más. Sus paredes internas se volvieron extremadamente sensibles, intensificando la sensación de placer.

"Haa, ugh, ah... Na-Nam Do-geon".

"Cuando termine el celo, vayamos juntos".

"Ha... ¿a dónde?".

"A ver a tu hermano".

Seung-hyung había pensado que Do-geon solo lo decía para ganarse su afecto, pero verlo tan decidido y proactivo lo dejó aturdido.

"¿Mmm?".

"Ugh... ¿crees que tu padre lo permitirá?".

"Si yo digo que voy, ¿cómo me lo impediría? Haa... Además, mi padre no me prohíbe nada a menos que ponga en peligro a nuestra especie".

Seung-hyung se preguntó si aquello era algo bueno. Por un lado, le apetecía usar a Do-geon como excusa para ver a Seung-yu, pero le preocupaba estar dándole falsas esperanzas al joven. Sin embargo, no pudo seguir reflexionando por mucho tiempo.

"¡Ah, ugh, ha! Nam Do-geon, ugh...".

"Responde rápido".

Do-geon mordisqueó su lóbulo mientras penetraba profundamente, exigiendo una respuesta. Sobresaltado, Seung-hyung se estremeció y, mareado por el vaivén constante de sus cuerpos, se aferró con fuerza a los hombros del suin. Ante la insistencia implacable, terminó cediendo.

"ugh, ah... está bien".

"Haa, sí. Me gusta".

Do-geon soltó una pequeña risa y un ronroneo al unísono. Estaba tan complacido que dejó que toda su excitación fluyera a través de su cuerpo. Aunque para Seung-hyung era agotador recibir un estímulo tan feroz, atrapado en esa mezcla de emociones, no le resultó tan doloroso. Simplemente abrazó con fuerza a Do-geon mientras saboreaba mentalmente esa palabra que pensó que nunca volvería a escuchar: "familia".