Zero Sugar: La Caída
Zero Sugar: La Caída
El
dinero que Asher había ahorrado hasta ahora era insignificante. No llevaba ni
un año trabajando como camarero, así que necesitaba aguantar en Nantes un poco
más. Pasó la noche en vela repasando sus finanzas: el dentista, el alquiler,
las facturas... Por mucho que intentara ahorrar, el dinero siempre encontraba
una forma de escaparse.
Cuando
era niño y vivía en el orfanato, imaginaba su vida de adulto. Su mayor deseo
era ganar dinero para comprar una casa propia y dejar atrás aquella habitación
que compartía con otros tres omegas masculinos. Pero la realidad fue
implacable. Debió haber escuchado a las monjas y terminar el instituto. A los
quince años, pensaba ingenuamente que los precios de las casas seguirían siendo
los mismos que veía en el cibercafé.
Se
despertó sintiéndose fatal. Pensó que después de vomitar todo lo que comió con
Jin-hyuk estaría bien, pero no fue así. Tenía una indigestión severa. Como Moon
Seung-won no estaba y el botiquín estaba vacío, tuvo que ir a la farmacia.
Otros pocos miles de wones perdidos. 'Ganar dinero es tan difícil, pero
gastarlo es tan fácil', pensó con amargura.
Mientras
buscaba otros empleos en internet, recordó la oferta de Jin-hyuk de ayudarle a
buscar otro trabajo. Sin embargo, todos los sueldos que veía eran el salario
mínimo. Ninguno se comparaba con lo que ganaba en Nantes, donde el sueldo era
alto precisamente para que los empleados mantuvieran la 'decencia' y no
mendigaran propinas a los VIPs.
Aunque
no se sentía bien, Asher fue a trabajar; no podía arriesgarse a que lo
despidieran. Su rutina era siempre la misma, y ya estaba acostumbrado a los
insultos o al acoso ocasional. Pensó que Jin-hyuk, con su disculpa y su
amabilidad, era el único 'extraño' en ese entorno.
Desde
aquel día, solo oyó hablar de Jin-hyuk una vez, cuando otro camarero presumió
de la generosa propina que el Director Seo le había dado. Asher se esforzó por
no cruzarse con él, y lo logró. Mientras tanto, los robos en el salón de las
'hostesses' continuaban.
Un
día, al cambiarse en el vestuario, notó algo extraño. Sus compañeros, con
quienes solía llevarse bien, lo trataban con una actitud sutilmente distante.
Gracias a sus años en el orfanato, Asher era experto en leer el ambiente; sabía
reconocer perfectamente cuando no era bienvenido.
"Hyung,
¿pasa algo hoy?",
Jaemin
dudó antes de responder.
"Bueno...
es por los objetos que desaparecieron."
"Ah,
eso."
Últimamente
se hablaba de instalar cámaras en el salón de las chicas, pero no se podía por
cuestiones de privacidad. Como solo las personas autorizadas —incluido Asher—
tenían acceso a esa zona, el culpable tenía que ser uno de ellos.
Aquel
día, al terminar el turno, el gerente lo llamó con semblante serio.
"Choi
Asher. Ven a mi oficina cuando termines."
Fue
un presentimiento instantáneo. A veces, los seres humanos comprenden la verdad
a partir de pistas minúsculas.
'Soy
yo. Piensan que soy el ladrón'.
Nadie
se lo había dicho, pero lo supo. La desgracia siempre llega así, llamando a la
puerta como un invitado inesperado. Sus manos temblaron al principio, pero
mientras terminaba de fregar y caminaba hacia la oficina, una calma gélida lo
invadió. No sintió ira, solo la sensación de que lo inevitable había llegado.
"¿Qué
sucede?".
"Siéntate."
Ordenó
el gerente.
"Sabes que han estado desapareciendo
cosas, ¿verdad?"
"Sí."
"¿Y
sabes que han aparecido unos pendientes en tu mochila?"
Asher
respondió instintivamente
"Yo
no los robé."
Era
la única defensa que tenía. El gerente suavizó un poco la voz.
"Te
he preguntado si lo sabías."
"No..."
¿Quién
los habría puesto allí? Asher cerró los ojos. En el vestuario, todos dejaban
sus mochilas de cualquier manera cuando tenían prisa. Cualquiera pudo haberlo
hecho.
"No
voy a denunciarte," dijo el gerente con firmeza, "pero tienes que
dejar el trabajo."
"No
tienen pruebas de que fui yo”.
"Asher."
"Sí."
"Me
han dicho que te estás viendo con el Director Seo."
Asher
levantó la cabeza de golpe. El gerente tenía el ceño fruncido.
"Eso
no es cierto."
"¿Quién
lo dice?"
"Uno
de los chicos te vio. En el Hotel Songhwa."
El
aire se volvió pesado.
"Yo...
no pasó nada."
Ambos
sabían que esas palabras no tenían valor legal. "Me gustaría
creerte," dijo el gerente con frialdad, "pero esto sucede justo
después de que el Director te designara a ti específicamente."
El
gerente no lo dijo explícitamente, pero Asher leyó todo el trasfondo: 'Eres un
omega, él es un alfa. Se vieron en un hotel y este es "ese tipo de
lugar"'.
"¿Quieres
recibir el resto del sueldo de este mes y marcharte, o prefieres que te echemos
a patadas?"
"..."
"¿Qué
decides?"
Las
explicaciones habían terminado. Si el asunto pudiera resolverse hablando, este
momento no habría llegado. Lo primero que Asher aprendió en el orfanato fue a
rendirse. Si uno pudiera tener todo lo que desea, él no habría crecido en un
hospicio.
"Me
iré."
Se
inclinó profundamente y se levantó. El gerente le dio un par de palmadas en el
hombro.
"Buen
trabajo este tiempo."
"Sí."
Al
salir de la oficina, Asher se sentía aturdido. Lo que acababa de pasar parecía
una pesadilla. Una de esas pesadillas que tienes cuando estás tan agotado que
sientes que algo te persigue constantemente.
Asher
miró fijamente la puerta cerrada de la oficina del gerente. Al sentir las
miradas furtivas de sus compañeros que terminaban su turno, se dirigió al
vestuario. Aunque no se había defendido, sería mentira decir que no se sentía
agraviado. El trabajo es algo extraño: quizás el gerente lo habría escuchado si
solo hubiera habido una acusación, pero pesaban sobre él dos cargos y era casi
imposible librarse de ambos.
En
el vestuario se encontró con Jaemin, quien se cambiaba de ropa y lo saludó con
un leve gesto de cabeza.
"Eh.
¿Ya te vas?"
"Me
han despedido."
"¿Qué?"
gritó
Jaemin, sobresaltado. Asher se acercó a él a grandes zancadas.
"Hyung."
"¿Es
verdad que te han echado?"
"¿Tú
también crees que robé los pendientes? ¿Y qué es ese rumor de que me veo con el
Director Seo? Tú ya lo sabías, ¿verdad?"
La
expresión de sorpresa de Jaemin se desvaneció y cerró la boca de inmediato. Él
también lo sabía todo: desde lo de los pendientes hasta los rumores sobre el
Director Ejecutivo.
Descubrir
que existían rumores sobre uno mismo a sus espaldas es una experiencia
aterradora. Asher sintió como si lo hubieran arrojado a un foso. No podía creer
que, mientras él saludaba, sonreía y charlaba con todos, ellos lo estuvieran
despedazando en secreto. Cerró los ojos con fuerza y golpeó su cabeza contra la
taquilla. El estruendo resonó en la sala. Solo entonces empezó a asimilar la
realidad de su despido.
Luchó
para no llorar. No había nadie allí para consolarlo; llorar solo lo haría
parecer patético y miserable. Miró a Jaemin, quien ponía una cara de
incomodidad que solo aumentó su sentimiento de traición.
"Yo
no creo que hayas sido tú".
"¿'No
crees'?".
"Bueno,
los pendientes... ¡uf! Sé que no juegas a la bolsa ni inviertes en fondos, que
solo ahorras, así que no tendrías por qué robar. Hablé con el gerente, pero
parece que no sirvió de nada."
La
culpa era evidente en el rostro de Jaemin, lo que impidió que Asher siguiera
reprochándole nada. Jaemin suspiró y, con cautela, mencionó a Seo Jin-hyuk.
"Lo
de que te veías con el Director... supongo que llamó la atención porque él
nunca se ve con nadie de aquí fuera del trabajo."
"No
me veo con él,".
"Yo
también dije que no sabía nada de eso,".
Al
oír eso, Asher perdió toda voluntad de discutir. Se sostuvo de la taquilla con
manos temblorosas, sintiendo una soledad repentina que no había experimentado
en mucho tiempo. Se sentía como una piedra arrancada del suelo.
"¿Quién
dijo que nos vio?"
"..."
"Hyung,
tú lo sabes, ¿verdad? ¿Por qué hizo eso? Incluso si fuera verdad que me veo con
él, todos aquí viven así. Nunca antes le habían llevado estos chismes directamente
al gerente."
Ante
el ruego de Asher, Jaemin vaciló antes de hablar.
"No
te han echado por el patrocinio. Dicen que si no te pillan, no te echan, pero
el gerente siempre se entera de todo. Todo el mundo sabe quién tiene un
patrocinador. El problema es que, de alguna manera, todos se enteraron de que
los pendientes aparecieron en tu mochila."
"..."
"El
gerente no puede encubrir eso. Yo te creo, pero no hay pruebas,
sinceramente."
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Asher
se quedó en silencio. Jaemin, intentando consolarlo a su manera, sugirió:
"¿Por
qué no hablas con el Director Seo? Quizás él pueda hacer algo."
"¡Que
no me veo con él!"
Asher
soltó una risa seca y absurda. Nadie lo creía. Pero lo entendía: si el hombre
lo había llamado en privado, para unos era romance y para otros, un patrocinio.
Era lógico que desconfiaran.
"¿Es
en serio? Entonces, ¿por qué se vieron?"
"Es...
complicado. No fue nada importante y no tengo contacto con él. Estoy jodido. No
tengo dinero extra porque todo lo metí en ahorros a plazo fijo..."
"¿Qué
vas a hacer ahora?"
"No
lo sé. Quizás vuelva a un restaurante familiar. El trabajo es duro, pero si
aguantas tres años, dicen que puedes llegar a ser encargado."
Asher
tomó un sorbo del soju de Jaemin, se despidió con una reverencia y abandonó
Nantes. Al menos, hablar con Jaemin al final lo hizo sentir un poco mejor. Le
envió un mensaje a Shin Jeong-sik diciendo 'Me han echado' y caminó pesadamente
hacia su casa.
'Si
alguna vez deja el trabajo por algún problema, llámeme. Responderé aunque sea
más adelante.'
Las
palabras del hombre acudieron a su mente, pero no tenía intención de llamarlo.
Su decisión fue firme desde que rompió la tarjeta. Sabía que si lo llamaba,
terminaría rogándole porque en el fondo deseaba pasar aunque fuera una noche
con él. Podría ser huérfano, pero aún conservaba su orgullo.
De
camino a casa, compró un brik de soju en un colmado y lo bebió mientras
caminaba por las calles desiertas del amanecer. Necesitaba el alcohol para poder
dormir.
Al
despertar, sintió náuseas, la consecuencia habitual de beber antes de dormir.
Se obligó a comer un ramen y empezó a buscar anuncios de empleo. Decidió que
era momento de dejar los trabajos nocturnos y buscar algo con futuro, quizás en
una fábrica.
Recordó
que de niño quería ser profesor. En el orfanato, las únicas profesiones que
conocía eran monja, cura o profesor. Como no tenía fe, la enseñanza era lo
único familiar. Además, un chico del orfanato se había convertido en maestro de
primaria y eso lo inspiró vagamente. Pero seguir el ritmo escolar fue
imposible; el ambiente del orfanato no era el adecuado para estudiar y él
siempre fue lento para aprender. Su recuerdo más claro de la escuela era un 30
en matemáticas escrito con lápiz rojo.
"¿No
has ido a trabajar?".
"Me
han echado."
"¿Por
qué?"
"Dicen
que soy un ladrón."
"¿Es
verdad?"
"Si
fuera verdad, me habría mudado. Dicen que lo que robé vale casi diez
millones."
Seung-won
soltó una carcajada ante su tono brusco. "Ya, como si tú tuvieras agallas
para eso."
Asher
observó a su amigo quitarse la ropa para ducharse y preguntó:
"¿Crees
que yo podría trabajar en el taller mecánico?"
"No
digas tonterías. Eres un negado para las máquinas."
Asher
tuvo que darle la razón. Arreglar coches requería vocación. Seung-won asomó la
cabeza desde el baño.
"¿Te
han pedido que devuelvas el dinero?"
"No."
"Entonces,
ya está."
Asher
volvió a mirar los anuncios de empleo. No había tiempo para lamentarse. Debía
olvidar lo ocurrido anoche y ganar dinero. Se fijó en un anuncio para trabajar
en banquetes de hotel. Era un trabajo agotador, pero pagaban mejor que en otros
sitios. Buscó en el zapatero y encontró unos zapatos negros cubiertos de polvo.
Tras comprobar que estaban bien, solicitó el empleo y se dirigió al hotel,
preparándose para el duro trabajo físico que le esperaba.
Al
llegar al lugar de encuentro, Asher vio a un empleado del hotel esperando a los
trabajadores temporales con una carpeta en la mano. El hombre, con el rostro
cansado, le hizo una seña al verlo.
"¿Vienes
por el trabajo extra, verdad?"
"Sí."
"¿Nombre?"
"Choi
Asher."
Al
escuchar el nombre, el empleado lo miró de reojo antes de volver a la carpeta.
"¿Has trabajado antes en salones de bodas?"
"Sí,
lo he hecho."
"Entonces
será fácil."
El
empleado asintió con desinterés y lo guio con un "Sígame".
Tras
ponerse el uniforme, Asher se dirigió a una sala donde ya esperaban otros
trabajadores para recibir la capacitación. Había gente que venía sola y otros
en grupos de amigos. Sabiendo que el día sería agotador, estiró el cuello y los
hombros para calentar. A su lado, una mujer que parecía haber venido sola lucía
una expresión de absoluto nerviosismo.p
Al
cruzar miradas, ella soltó unas feromonas amistosas. Era una omega. Asher, por
instinto, respondió con feromonas de la misma naturaleza. La mujer pareció
relajarse y se acercó a él con amabilidad, manteniendo una distancia prudente.
"¿Has
trabajado en bodas antes?"
"Sí,
aunque no en este hotel."
"¿Es
muy duro?"
Asher
dudó entre asustarla con la verdad o tranquilizarla, y optó por un punto medio.
"Es
algo cansado."
"Ay,
qué preocupación..."
Parecía
ser una persona sociable, pues no dejó de hablarle hasta que llegó el
instructor. Justo antes de empezar, se presentó.
"Ah,
me llamo Jung Hye-seon."
"Yo
soy Choi Asher."
Hye-seon
mostró curiosidad ante el nombre peculiar de Asher. "¿Tu familia es
cristiana?"
"No
exactamente. Me lo puso un pastor que conocía."
Ella
asintió con un "Ah, ya veo" sin preguntar más. Todo el mundo se
sorprendía con el nombre de Asher. Se lo había puesto el pastor Lee, un amigo
de la directora del orfanato. Aunque más tarde el pastor se arrepintió pensando
que un nombre tan distintivo podría ser una carga para un huérfano, Asher nunca
quiso cambiárselo. El significado le hacía sentir, al menos por un momento, que
era alguien bienvenido en este mundo.
Hye-seon
le contó que tenía su misma edad y que estudiaba Diseño; necesitaba dinero
urgente porque se había quedado sin ahorros. Asher le aseguró que estaba en la
misma situación. Gracias a su simpatía, se hicieron cercanos y Asher pudo darle
algunos consejos antes de empezar: que los platos pesaban más de lo que parecía
y que tuviera cuidado de no chocar con los invitados.
El
trabajo fue incluso más duro de lo que Asher recordaba. Mover mesas lo agotaba,
pero tener a Hye-seon cerca para intercambiar algunas palabras hacía que el
peso fuera más llevadero.
"Menos
mal que estoy contigo. Casi todo el mundo ha venido en grupo y me habría
sentido sola."
"Es
verdad. Esta vez ha venido mucha gente que se conoce entre sí."
Al
terminar el turno, Asher le dio un parche analgésico a Hye-seon, que se
masajeaba los pies doloridos por los zapatos de gala. Intercambiaron números y
se despidieron.
Hye-seon
volvió a aparecer el siguiente fin de semana. Gracias a su habilidad para
socializar con los empleados fijos, siempre tenía los mejores cotilleos.
"¿Hoy
se casa el segundo hijo de Hyunsung con la hija mayor de Pyojin?"
Hyunsung
era un conglomerado gigante. Asher comprendió que hoy no podía permitirme ni un
solo error. El hotel había contratado a más personal de lo habitual y todos
estaban en tensión.
Asher
recorrió el salón, pasando junto a arreglos florales que costaban más de diez
millones de wones —más que el depósito de su propia casa—, preguntándose qué se
sentiría al gastar tanto dinero en algo así. Cuando los invitados empezaron a
llegar, el novio los recibía con una sonrisa cortés. Era un beta, así que no se
percibían feromonas, pero su rostro no reflejaba la alegría desbordante de
alguien que se casa por amor. Asher desechó el pensamiento y se preparó para
servir.
Cuando
comenzó el banquete, los camareros empezaron a servir los aperitivos. Asher se
movía de mesa en mesa, hasta que llegó a la última. Allí, cruzó su mirada con
alguien que lo observaba con una mezcla de sorpresa y deleite.
Asher
casi deja caer el plato.
"¿Asher?"
Era
Seo Jin-hyuk. Lucía un traje de color gris carbón impecable, con un pasador de
corbata plateado que le daba un aire extremadamente pulcro. Su mirada
preguntaba qué hacía Asher allí. Asher no pudo responderle.
"¿Es
alguien que conoces?"
"Sí.
Es un chico que conozco."
'Un
chico que conozco'. La frase le erizó la piel a Asher. Jin-hyuk se inclinó
ligeramente hacia él.
"¿Trabaja
aquí?"
"Ah...
yo, tengo que trabajar..."
Jin-hyuk
tamborileó con sus largos dedos sobre el teléfono que estaba en la mesa.
"Sabe
mi número, ¿verdad?"
"Llámeme
cuando termine."
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Asher
se alejó a toda prisa, escuchando de fondo al amigo de Jin-hyuk preguntando
cómo se habían conocido. No supo qué respondió él. La ansiedad lo invadió;
sabía que su historial y aquel término de 'un chico que conozco' no encajaban
en absoluto.
Asher
tuvo que servir en esa mesa durante toda la boda. Sin embargo, tras ese
intercambio, Jin-hyuk no volvió a dirigirle la palabra ni a buscar su mirada.
De lejos, seguía pareciendo aburrido. En un momento dado, sus miradas volvieron
a cruzarse.
Jin-hyuk
le dedicó una pequeña sonrisa.
Asher
sintió como si su corazón estallara. Huyó del salón buscando aire.
Cuando
llegó el momento de servir el postre y los regalos, Asher ya había recuperado
la compostura. Dejé los chocolates y el sorbete de limón en la mesa de Jin-hyuk
con la cara profesional y gélida de un servidor.
Jin-hyuk
no lo sabía, pero Asher había borrado su número hacía tiempo. Había vaciado su
registro de llamadas y roto su tarjeta en mil pedazos. Sus feromonas ya no
vivían en su memoria; ahora, la espalda de Asher solo olía a parches
analgésicos.
'Qué
suerte he tenido', pensó Asher mientras limpiaba las mesas vacías. 'He podido
ver su rostro una última vez'. Estaba convencido de que no volverían a verse.
Al
terminar el turno, el cuerpo le dolía tanto que solo pensaba en dormir.
Hye-seon se quitó los zapatos con un gesto de arrepentimiento total.
"Creo
que solo trabajaré hasta hoy."
Hye-seon
parecía exhausta; se dejó caer en la silla y murmuró con la voz pesada.
"Te
has esforzado mucho."
"Sí...
ganar dinero es tan difícil. Lo hice porque necesitaba efectivo rápido, pero la
próxima vez buscaré algo más tranquilo, como en una cafetería."
Incluso
mientras hablaba, sus palabras sonaban pastosas. Estaba tan tensa y agotada que
apenas le quedaban fuerzas para articular.
"Ten
cuidado con el eccema si trabajas en eso."
"¿También
has trabajado en cafeterías?"
"Sí."
Al
ser un huérfano sin nadie que lo apoyara económicamente, Asher había pasado por
todo tipo de trabajos temporales. Mientras salía del hotel charlando con
Hye-seon sobre el tema, alguien lo llamó.
"¿Señor...
Choi Asher?"
La
voz sonaba insegura, como si no estuviera convencida de que ese fuera su
nombre. Al fin y al cabo, no era un nombre común en Corea. Asher ladeó la
cabeza ante el hombre, que era claramente un empleado del hotel.
"Sí.
¿Ocurre algo?"
"Me
han pedido que le entregue esto."
El
empleado le tendió una nota de papel. Al desdoblarla, Asher encontró una frase
escrita con letra rápida y decidida.
[Estaré
esperando en el salón del hotel.]
Los
trazos del bolígrafo eran firmes. No había firma, pero sabía perfectamente de
quién se trataba. Asher se quedó mirando el papel, aturdido.
¿Por
qué Seo Jin-hyuk insistía tanto en contactar con él? ¿Realmente significaba
tanto para él que fuera un omega masculino como su medio hermano? Era
incomprensible. Asher intentaba huir de cualquier diálogo con él, pero el
hombre lo atrapaba una y otra vez, obligándolo a salir a la superficie. Como si
sacara del agua a un pez dorado que boquea desesperado. Asher intentaba nadar
hacia lo profundo del estanque, pero el hombre lo rescataba con una red, casi
como un juego, sin importarle si el pez se asfixiaba o no en el proceso.
"¿Qué
haces? ¿No vienes?"
Hye-seon
lo llamó desde atrás. Asher, con la nota apretada en la mano, se giró hacia
ella.
"Tengo
que ver a alguien."
"¿Ah,
sí? Entonces me voy yendo. ¡Hablamos luego! ¡Comamos juntos la próxima
vez!"
Asher
respondió a su alegre despedida con una sonrisa forzada y apretó la nota con
fuerza. Esta vez no pudo arrugarla. Guardó el papel con cuidado en el bolsillo
y miró sus viejas zapatillas. Tras dudar un momento, sacó los zapatos rígidos
de la bolsa y se los volvió a poner.
Caminó
hacia el salón del hotel. Aunque era un lugar abierto para cualquiera que
pudiera pagar, se sentía intimidado. El interior estaba lleno de gente. Había
muchas personas vestidas de forma sencilla, pero aun así, Asher no lograba
sentirse cómodo. Sentía que en cualquier momento aparecería un empleado para
regañarlo y preguntarle qué hacía allí, a pesar de que, una vez terminado el
turno, él también era un cliente. Sin embargo, saberlo y actuar en consecuencia
eran cosas muy distintas. Quizás era porque nunca venía a estos lugares si no
era para trabajar.
Caminó
pegado a la pared, moviéndose con la discreción de un insecto que huye de la
luz, hasta que encontró el salón principal. Gente charlando frente a cafés y
postres, personas en traje leyendo periódicos en inglés mientras esperaban a
alguien, otros dando sorbos a su café helado mientras miraban el móvil...
Pasando
junto a ellos, finalmente llegó hasta el hombre.
Seo
Jin-hyuk estaba sentado junto a un gran ventanal, leyendo algo con abstracción
frente a un café expreso. El sol poniente proyectaba un resplandor anaranjado
sobre su rostro. Era difícil interrumpirlo mientras estaba concentrado. Asher
jugueteó con la nota en su bolsillo durante un buen rato, hasta que comprendió
que no debía hacerlo esperar más y se acercó.
Él
lo notó antes de que Asher pudiera decir nada. Al levantar la vista, su
expresión inexpresiva se suavizó. Cerró el libro que estaba leyendo y señaló el
asiento frente a él.
"Siéntese."
Asher
asintió sin decir palabra y se sentó, dejando la bolsa con las zapatillas junto
al sofá. Sus ojos se desviaron hacia el libro que el hombre acababa de cerrar.
Era
un poemario. Era la primera vez que veía a alguien comprar y leer poesía, así
que no pudo evitar mirarlo con fijeza.
"¿Conoce
al autor?"
Jin-hyuk
tocó la portada con el dedo, interpretando la mirada de Asher de otra forma.
"No.
Solo me parece curioso que lea poesía..."
Asher
se calló de inmediato, dándose cuenta de que sus palabras podían sonar
groseras.
"Todos
dicen lo mismo."
Jin-hyuk
dejó escapar una pequeña risa. Por suerte, no parecía ofendido. Asher apoyó las
manos sobre sus rodillas y esperó con cautela a que el hombre hablara.
Estaban
de nuevo en el punto de partida. Como aquella vez que se encontraron en el
reservado de Nantes con el Hennessy y la leche, él esperaba y Asher lo
observaba con nerviosismo. Y eso a pesar de que, tras ser despedido, ya no
existía una relación de cliente y empleado entre ellos.
"Puede
pedir algo de beber. ¿Le gusta el café?"
"Sí.
Bebo bien el café americano."
En
realidad no solía tomarlo, pero tampoco le disgustaba. Aunque respondió con
rapidez, la mirada de Jin-hyuk seguía fija en el menú. Finalmente, levantó la
vista para mirarlo a los ojos.
"¿Y
algo dulce?"
"Eh..."
Antes
de que pudiera responder, llegó el camarero y Jin-hyuk ordenó por su cuenta.
"Un
café americano y un pastel de chocolate con helado, por favor."
"Entendido.
¿El café americano lo desea caliente?"
Asher,
sintiendo la presión de ambas miradas sobre él, respondió rápido.
"Helado."
"Muy
bien. Un café americano helado y un pastel de chocolate fudge con una bola
extra de helado de vainilla, ¿correcto?"
"Sí."
Cuando
el camarero se retiró, Asher miró al hombre mientras entrelazaba sus manos. No
creía que Jin-hyuk fuera a comerse el pastel. ¿Era para él? A Asher no le
entusiasmaban los dulces. Aun así, no fue capaz de decirle que no era
necesario.
"Beba
algo primero y luego hablamos."
Jin-hyuk
frunció levemente el ceño.
"Se
ve agotado."
"Sí..."
Sería
mentira decir que no lo estaba, pero tampoco tenía el ánimo de comer pastel
cómodamente frente a él. Sin embargo, rechazarlo sin resultar descortés era
complicado. Un café americano de 20,000 wones no era nada para este hombre, así
que simplemente guardó silencio.
"Gracias."
"No
es nada."
Pronto
sirvieron el café y el pastel con helado. Había dos tenedores, pero como era de
esperar, Jin-hyuk no mostró interés. Empujó el plato hacia Asher, igual que
cuando le ofreció la leche en el pasado.
"Me
han dicho que el pastel de aquí es bueno."
Siguiendo
su sugerencia, Asher se llevó un trozo a la boca. Era extremadamente dulce,
tanto que sentía que se le iba a derretir la lengua. Agradeció haber pedido el
café y bebió un sorbo largo de inmediato. El hombre lo observaba en silencio
antes de soltar la pregunta.
"Me
han dicho que lo han despedido de Nantes."
Fue
un golpe directo cuando estaba desprevenido. Asher no pudo controlar su
expresión y, tras un momento de desconcierto, respondió con brusquedad.
"...
Sí. Pero..."
"..."
"Pero,
¿cómo sabe eso...?"
"Lo
llamé para que volviera a considerar mi propuesta, pero me dijeron que lo
habían echado. Al preguntar el motivo, me dijeron que yo era su
patrocinador."
Él
sonrió. Su rostro estaba calmado, pero se percibía un rastro de desagrado
subyacente. El aroma a madera de roble, que antes no se sentía, dejó una
punzada aguda en el ambiente. Asher se apresuró a dar una explicación.
"Es
que... un empleado nos vio juntos por casualidad. Yo dije que no era un patrocinio.
Y mi despido no fue solo por eso, sino porque me acusaron de robar
algo..."
El
hombre lo escuchó con atención y preguntó una sola cosa.
"¿Robó?"
"No."
No
podía decir que nunca lo hubiera hecho en toda su vida, pero al menos, en aquel
lugar, no.
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"Entiendo."
Como
si eso fuera suficiente, no indagó más y cambió de tema.
"Entonces,
¿por qué no me llamó?"
Asher
no pudo responder a eso y se limitó a sonreír con torpeza.
'¿Y
tú, habrías llamado en mi lugar?'
Era
ridículo. Una cosa era la atracción que sentía por él y otra muy distinta la
realidad. Por muy amable que fuera, no podía saber cuánto duraría esa
amabilidad. En aquella comida que consideró tan gentil, terminó con una
indigestión que le duró todo el día. No sabía cuánto duraría su capricho, y le
parecía cruel que se esperara que llamara confiando solo en la cortesía de un
encuentro. Si llamaba ingenuamente y recibía una burla como respuesta, su
orgullo quedaría destrozado por la vergüenza. El extraño era el hombre que,
tras verlo hoy en la boda, volvía a pedirle que lo llamara.p
"Entonces,
lo de aquí es solo un trabajo temporal, ¿verdad?"
"Sí.
Solo estoy trabajando por horas."
"Mi
oferta sigue en pie. No puedo prometerle que el salario sea mayor que el de
camarero, pero..."
"Ya..."
Ahora
no tenía excusas para rechazarlo, ni estaba en posición de hacerlo. Sin
embargo, había un detalle que el hombre ignoraba.
"Pero,
Director. Solo tengo el graduado escolar básico."
Ante
su confesión, el hombre guardó un silencio inesperado. En el plato, el helado
sobre el pastel de chocolate se derretía de forma caótica.
"Por
eso trabajaba de camarero. Si me pide que haga el examen de equivalencia del
instituto, puedo intentarlo, pero eso llevará tiempo..."
"Mmm."
Jin-hyuk
se llevó la mano a la frente. Parecía un dolor de cabeza para él. Claro,
cualquier trabajo que le ofreciera sería de oficina. Pero asignarle un puesto
administrativo a alguien que ni siquiera terminó el instituto era difícil,
incluso si se trataba de tareas sencillas. Tras reflexionar un momento, habló.
"¿Sabe
limpiar o cocinar?"
"¿Perdón?
Sí..."
"Hagamos
lo siguiente."
Él
tamborileó sobre la mesa.
"El
amigo que estaba sentado a mi lado hoy es fotógrafo; acaba de llegar a Corea y
busca personal que lo ayude con las tareas domésticas y recados. Piense en ello
como ser un asistente de hogar. Estará en Corea un año; ayúdelo durante ese
tiempo mientras estudia. Yo me encargaré de apoyar sus estudios. Al fin y al
cabo, debo hacerme responsable de mis palabras."
"¿Siente
lástima por mí?"
La
pregunta salió de la boca de Asher sin pensar. El hombre abrió mucho los ojos.
Como si intentara recoger el agua derramada, Asher empezó a tartamudear.
"No...
no, lo siento. Es que yo... entiendo, lo haré. Acepto el trabajo. Estoy en una
situación urgente, lo siento."
Ante
su tono casi suplicante, Jin-hyuk sonrió con amargura.
"No."
"..."
"No
puedo decir que no sea por eso. Pero no es el único motivo. Vamos,
levántese."
Al
mirar por la ventana, Asher notó que el sol se había puesto por completo y la
oscuridad lo envolvía todo. El hombre se levantó de su asiento y ladeó la
cabeza.
"Lo
llevaré a casa."
Seo
Jin-hyuk esperó un momento a que Asher se pusiera de pie y luego comenzó a
caminar con paso firme. Esta vez, su actitud no admitía un no por respuesta.
Asher lo siguió con la mirada fija en su espalda.
Era
lo esperado. Sabía que proyectaba lástima: un omega masculino poco común,
víctima de acoso sexual y finalmente despedido tras ser acusado injustamente de
ladrón. Aunque sus sospechas eran ciertas, no sentía alegría. Debería sentirse
aliviado y feliz al comprender la naturaleza de esa benevolencia sin motivo,
pero no era así.
Asher
caminó tras él hacia la entrada principal del hotel. El empleado tardó un poco
en traer el vehículo del servicio de aparcacoches. Esta vez, parecía que
Jin-hyuk no llevaba chófer. El coche era distinto al de la vez anterior; no era
probable que hubiera desechado el otro, así que debía de ser uno de sus
vehículos de uso personal.
Al
recibir las llaves, Jin-hyuk vio a Asher vacilar frente al coche y le abrió
personalmente la puerta del copiloto.
"Suba."
Asher
se encogió ligeramente ante tal cortesía y subió con cuidado al sedán. Para él,
que siempre había sido quien abría las puertas a tipos como este 'jefe', el
momento resultó sumamente vergonzoso.
El
interior del coche, impecablemente limpio, conservaba el aroma tenue de las
feromonas de Jin-hyuk. Aunque era alguien que solía mantener sus feromonas bajo
control, parecía inevitable que impregnaran su espacio privado. Tanto en los
asientos como en el cinturón de seguridad se percibía el rastro sutil del alfa.
Era una especie de marcado de territorio; una fragancia que incomodaba a
cualquiera que no fuera un omega o un alfa de su propio grupo. A pesar de su
pulcritud casi obsesiva, Jin-hyuk seguía siendo, después de todo, un alfa.
Cuando
el hombre se sentó al volante, Asher sintió su peso e importancia incluso desde
el asiento del acompañante. Al verlo acomodarse para abrocharse el cinturón,
Asher pensó que la distancia entre ambos era demasiado corta. Se quedó rígido
cuando Jin-hyuk puso la mano sobre la palanca de cambios. Si en el salón del
hotel una mesa pequeña los separaba, este espacio cerrado lo ponía mucho más
nervioso.
Tras
salir lentamente del hotel en silencio, Jin-hyuk preguntó.
"¿Dónde
quiere que lo deje?"
"Puede
dejarme cerca de Nantes."
Asher
no quería darle la dirección de su casa. Además, Nantes era un lugar que ambos
conocían bien. Tras meditarlo un instante, el hombre volvió a hablar.
"Iremos
a la estación más cercana."
Asher
recordó entonces que estaban envueltos en un malentendido por un extraño
escándalo. Al notar la incomodidad del hombre anteriormente, comprendió que su
sugerencia de ir a Nantes había sido poco reflexiva. Aceptó la propuesta de
inmediato.
"Gracias,
Director."
"No
es nada."
Con
eso terminó la charla. Asher se quedó mirando al frente, alternando la vista
entre la guantera y la ventana. Era un encuentro inesperado lleno de
conversaciones imprevistas.
Se
preguntó si al despertar esa mañana había deseado o pedido ver a Jin-hyuk, pero
la respuesta era no. Al contrario, se había esforzado por borrarlo de su mente
mientras lidiaba con el despido y la búsqueda de empleo, y su plan estaba
funcionando. Sin embargo, Jin-hyuk irrumpía groseramente en sus grietas bajo el
nombre de la compasión, hurgando con sus dedos para ensanchar de nuevo la
brecha.
Asher
se sentía molesto, como un niño que se niega a tomar su medicina. Todo lo que
Jin-hyuk le ofrecía era por su bien y debería aceptarlo con gratitud. Entre
tantos chicos desdichados, él había recibido el regalo de su lástima y lo
correcto sería tratarlo como a un salvador.
Al
quedar atrapados en el tráfico, el hombre al volante tamborileó los dedos sobre
el manubrio con aburrimiento. Mientras esperaban que el semáforo cambiara,
habló de repente.
"¿Mantiene
el mismo número?"
"¿Perdón?"
Asher
pidió una aclaración, pero pronto comprendió que se refería al contacto para el
empleo que le había prometido por caridad. Asintió.
"Sí,
es el mismo."
"Entiendo."
Jin-hyuk
volvió a concentrarse en la conducción como si nada hubiera pasado. A
diferencia de Asher, que había eliminado su contacto, parecía que él aún
conservaba el suyo. En realidad, decir que lo 'conservaba' era excesivo; lo
normal es que los contactos simplemente se hundan en el historial de mensajes
sin ser borrados. Borrar un número es, en sí mismo, una prueba de que se tiene
a la otra persona presente.
Al
llegar a la estación, había una gran multitud. Asher se desabrochó el cinturón
mientras lo miraba brevemente.
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"Me
bajo aquí. Gracias por traerme."
"Espere
un momento."
Jin-hyuk
lo detuvo antes de que abriera la puerta y sacó algo.
"Téngalo."
Era
el poemario. El libro que estaba leyendo en el salón del hotel.
"No...
yo no leo poesía."
La
confesión se le escapó sin querer. No era un secreto, ya le había dicho antes
que le resultaba curioso verlo leer. Recordaba que en la escuela solo fingía
leer los poemas de los libros de texto, y por eso sus notas eran un desastre.
Jin-hyuk, ignorando o quizás comprendiendo su reticencia, le tendió el libro
para tranquilizarlo.
"No
importa. No está mal tener uno. Yo puedo comprar otro."
Asher
tomó el libro como hechizado por su sonrisa.
"Está
bien... Me voy entonces."
Se
despidió con varias reverencias y cerró la puerta. El coche arrancó de
inmediato. Al quedarse solo en la zona concurrida, el dolor físico brotó de
golpe. Era la mialgia que el nerviosismo le había hecho olvidar. Intentó
masajearse la nuca, pero con el poemario en una mano y la bolsa en la otra, le
resultó imposible.
Observó
el libro bajo las luces de neón. El papel blanco se teñía de colores vibrantes.
A pesar de haber roto la tarjeta de aquel hombre, ahora tenía una nota escrita
por él y un libro de poemas. Se sintió castigado.
Se
preguntó qué clase de castigo recibiría si tiraba la nota y el libro esta vez.
Por miedo, no pudo deshacerse de ellos; los llevó a casa y los guardó con
cuidado entre sus pertenencias.
