Tizne
Tizne
Seo Yi-dam cerró la ventana con las manos
temblorosas. Su cuerpo, que no sabía desde cuándo vibraba, dejó escapar un
suspiro entrecortado. Se frotó las palmas de las manos, empapadas de sudor,
contra los muslos para secarlas.
Forzó a su mente a calmarse y volvió a
observar los alrededores.
Alrededor no había nadie. Ni siquiera un gato
callejero a la vista.
Los latidos de su corazón retumbaban en sus
oídos. Por un momento, sintió que la vista se le nublaba.
Seo Yi-dam cerró los ojos e inhaló
profundamente. El alivio de que la oportunidad hubiera llegado y el miedo a que
esto fuera otra trampa forcejeaban en su pecho.
Finalmente, abrió los ojos con lentitud. Con
una expresión mucho más serena, puso la mano en la manija de la puerta. Al
tirar con fuerza, se oyó un clic y la puerta se abrió. Una ráfaga de
aire frío entró por la apertura.
Sacó un pie fuera de la puerta abierta.
Mientras terminaba de salir del coche, no se escuchó ni un solo ruido de su
parte. Su cuerpo, aún incapaz de sacudirse la tensión, permanecía encogido.
“…….”
Incluso después de bajar del coche, no pasó
nada. Nadie lo llamó por su nombre, ni apareció aquel hombre con ojos
centelleantes. En este instante, Seo Yi-dam estaba completamente solo.
Al cerrar la puerta del coche que había
permanecido abierta, el silencio se arrastró sobre su piel. El sonido de su
propia saliva al tragar sonó inusualmente fuerte. Un sudor frío recorrió su
espalda.
Finalmente había llegado el momento. Al
comprender que este era el instante que tanto había anhelado, Seo Yi-dam echó a
correr. Se dirigió hacia el camino familiar, ocultándose en la oscuridad. Los
faros del coche abandonado iluminaban la dirección por la que él había
desaparecido.
El sonido de sus jadeos resonaba en el
calleón. Seo Yi-dam rebuscó en su memoria para localizar el edificio donde
había quedado de encontrarse con la persona de la llamada.
Las farolas intermitentes eran la única fuente
de luz. Se apoyó en esa tenue claridad, tanteando el camino. Cuando llegaba a
tramos donde las luces estaban rotas, avanzaba tocando las paredes con las
manos.
¿Cuánto tiempo corrió y vagó? Finalmente,
divisó la silueta del edificio conocido. Las cuerdas de tender en la azotea y
las prendas colgadas ondeaban con el viento.
Seo Yi-dam aminoró el paso y bajó la cabeza.
Bajo una farola frente al edificio, alguien con un casco puesto esperaba
apoyado en una motocicleta. Al sentir su presencia, la figura del casco levantó
la vista.
“…….”
“…….”
Solo el silencio flotaba entre ambos. El del
casco lo observó fijamente, guardó su teléfono en el bolsillo y se enderezó.
Una voz surgió desde el interior del casco.
“¿Por qué tardaste tanto?”
Era la misma voz de la llamada. Seo Yi-dam se
sintió aliviado al confirmar que estaba en el lugar correcto, pero no bajó la
guardia. Miraba hacia atrás constantemente, presa de la ansiedad, mientras
saludaba a duras penas.
“Lo sien-to……. ¿Es-peró, mucho?”
Le faltaba el aliento y las palabras salían
entrecortadas. El del casco chasqueó la lengua y negó con la cabeza.
Abrió el compartimento del asiento de la moto
y sacó otro casco. Se lo lanzó a Seo Yi-dam, quien lo atrapó contra su pecho.
Al ver que el joven se quedaba parado mirándolo con sorpresa, el desconocido
cerró el asiento con un golpe seco.
“¿Qué te quedas mirando?”
Quizás por haber corrido en su estado físico
debilitado, su mente no funcionaba con claridad. Mientras sostenía el casco
aturdido, el hombre ya montado en la moto lo apremió.
“No creo que tengas tiempo para perderlo así.”
Esas palabras lo hicieron reaccionar.
Seo Yi-dam se puso el casco a toda prisa y se
acercó a la moto. Al sentarse torpemente en el asiento trasero, el desconocido
tomó sus manos y las obligó a rodear su propia cintura.
“Agárrate fuerte.”
Antes de recibir respuesta, la motocicleta
salió disparada del callejón. Se dirigió en dirección opuesta a por donde Seo
Yi-dam había llegado. El viento lo golpeó con violencia.
De repente, Seo Yi-dam sintió el impulso de
mirar atrás. Dudó si girar la cabeza mientras apretaba la cintura del
desconocido.
¿Cómo reaccionaría Do Jae-hyeok al saber que
escapó? Quizás ya se había dado cuenta de su ausencia.
Si era así, ¿qué haría a partir de ahora?
Finalmente, Seo Yi-dam no miró atrás. Sintió
que, si lo hacía y veía al hombre allí, sus brazos perderían toda la fuerza.
Apretó el agarre de sus manos entrelazadas y cerró los ojos con fuerza.
La motocicleta corría sin descanso por la
carretera. Ignoraba incluso los semáforos, provocando que otros conductores
tocaran la bocina y lanzaran insultos.
Era la primera vez en su vida que subía a una
moto y la velocidad le resultaba aterradora. Sentía que en cualquier momento
saldría volando. No le importaría morir así, pero todavía no podía
permitírselo.
¿Cuánto tiempo pasó? La velocidad de la moto
disminuyó gradualmente. El mundo estaba sumido en la oscuridad, sin rastro de
la luna; la única luz provenía del faro delantero del vehículo.
“Mierda, me duele la espalda.”
La moto se detuvo y el conductor, tras bajar
primero y soltar un insulto entre dientes, se quitó el casco de un tirón. Se
sacudió el cabello sudado con la mano y se giró bruscamente hacia Seo Yi-dam.
“…… ¿Eh?”
Al ver el rostro oculto tras el casco, Seo
Yi-dam soltó un pequeño grito ahogado.
El rostro que apareció no era el de Gong
Pil-woo. Sin embargo, el parecido era asombroso. Si Gong Pil-woo tenía
facciones marcadas y densas, el hombre frente a él tenía rasgos más finos y
colores más claros. Eran tan parecidos que era fácil confundirlos a simple
vista.
“Por tu reacción, parece que no te explicaron
nada.”
El hombre murmuró para sí mismo mientras le
quitaba el casco a Seo Yi-dam. Luego lo tomó de la mano para ayudarlo a bajar
de la moto.
Incluso mientras el desconocido guardaba los
cascos y las llaves, Seo Yi-dam no podía apartar la vista de su rostro. El
hombre, tras guardarse las llaves, señaló con la barbilla hacia un lugar.
“Hablemos mientras subimos.”
Seo Yi-dam miró entonces a su alrededor.
Estaban en la entrada de un sendero que se internaba en un monte bajo. En medio
de la noche cerrada, el monte parecía más oscuro que cualquier otro lugar.
Sin darle tiempo a preguntar nada, el hombre
comenzó a subir el monte. Seo Yi-dam lo siguió apresuradamente. Tras dudar un
momento, sujetó suavemente el borde de la ropa del hombre. Al sentir el tirón,
este se giró.
“Es que…… no veo muy bien el camino.”
Seo Yi-dam añadió la excusa rápidamente. Por
suerte, el hombre no apartó su mano. Encendió la linterna de su móvil y siguió
avanzando.
El monte estaba tan oscuro que no se veía ni a
un paso de distancia. El hombre parecía conocer el camino a la perfección,
moviéndose con soltura entre la espesura de los árboles. Seo Yi-dam caminaba
con cuidado, dependiendo totalmente de la luz del móvil y de la presencia del
hombre.
Consciente de Seo Yi-dam, el hombre caminaba
muy despacio. Aunque de vez en cuando miraba de reojo hacia atrás, nunca se
detenía. De pronto, su voz llegó desde el frente.
“¿Cuánto tiempo?”
“¿Qué?”
“¿Cuánto tiempo estuviste en Sitri?”
Seo Yi-dam intentó recuperar el aliento
mientras hacía memoria. Conoció al hombre el invierno pasado, y el año había
avanzado hasta la primavera. Ya casi se cumplía medio año desde su encuentro.
“Creo que poco menos de seis meses.”
“Aguantaste más de lo que pensaba.”
“¿Ah, sí?”
“Ese imbécil de Gong Pil-woo es el raro. ¿Cómo
alguien puede trabajar en un lugar así durante años?”
Ese tipo es un duro. El hombre murmuró
insultando a Gong Pil-woo. Incluso esa forma de hablar se parecía mucho a la de
él. Seo Yi-dam escuchaba las quejas en silencio.
El camino por el monte, iluminado solo por el
teléfono, se volvía cada vez más tétrico. Cada vez que soplaba el viento, las
hojas de los árboles susurraban de forma inquietante.
Yi-dam pensó de repente si algún borracho estaría
escondido entre los árboles observándolos. El hombre volvió a hablar.
“Yo también trabajé allí. ¿Unos tres meses?”
“Ah……”
“Normalmente tienes que cumplir todo el
contrato para salir, pero en mi caso, supongo que fui especial porque me
dejaron irme de inmediato. Aunque no me pagaron nada.”
“¿Un caso especial?”
“Yo era un aromatizado.”
Seo Yi-dam guardó silencio, sorprendido por la
confesión repentina. El hombre continuó sin mirar atrás.
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“Me topé con un pervertido de mierda y casi me
muero. Había oído lo de ser un trapo, pero ese fue el primero que me usó hasta
dejarme literalmente hecho un la mierda. Volví a nacer.”
“…….”
“Por lo que oí, ese tipo es de los peores
clientes, pero como conoce al director, lo dejan estar.”
“…….”
“En fin, salí de ahí y ahora vivo así, como
ves.”
“…… ¿Y cómo es vivir así?”
Ante la pregunta en voz baja, los pasos que no
se habían detenido se pararon en seco. Seo Yi-dam, que lo seguía agarrado a su
ropa, chocó su nariz contra la espalda del hombre. Este se giró lentamente.q
La luz de la linterna apuntando a su cara era
demasiado cegadora. Seo Yi-dam frunció el ceño y se cubrió los ojos con la
mano. La voz del hombre surgió de la oscuridad.
“Sacando de ahí a tipos como tú.”
“…….”
“No es que quiera hacerlo por gusto. Gong
Pil-woo me lo pidió.”
“…… ¿Él se lo pidió?”
“Sí.”
“¿Por qué……?”
En medio de la oscuridad, ambos se miraron con
la pequeña luz entre ellos. Al callarse la boca que no había dejado de hablar,
un silencio aterrador los rodeó. La mano que había soltado la ropa del hombre
se humedeció de sudor.
“Dice que no quiere ver a otros terminar como
yo.”
Tras un breve silencio, el hombre habló. La
razón fue inesperada. Seo Yi-dam se quedó sin palabras. El hombre prosiguió:
“Él cree que el hecho de que yo terminara así
es culpa suya. A su manera, está intentando expiar sus pecados.”
“…….”
“Es como intentar arreglar el establo después
de perder a la vaca. No es que eso vaya a borrar lo que ya pasó.”
Soltó una risa seca y autocrítica.
El aire alrededor se volvió pesado. La
oscuridad y el aire denso oprimieron el cuerpo de Seo Yi-dam.
La conversación terminó ahí. El hombre volvió
a girarse para avanzar y Seo Yi-dam lo siguió, sujetando de nuevo el borde de
su ropa.
El camino se volvió cada vez más difícil,
hasta dejar de ser un sendero. Todo parecía idéntico en cualquier dirección,
pero el hombre avanzaba sin dudar.
A Seo Yi-dam le faltaba el aire como si
hubiera estado corriendo sin parar. Estuvo a punto de caerse varias veces, pero
en cada ocasión, el hombre lo sostenía rápidamente para ayudarlo a
incorporarse.
“¿Estás bien?”
“Hha…… sí, es-toy, bien……”
“Pues no lo parece.”
Se oyó un chasquido de lengua en la oscuridad.
Seo Yi-dam se limpió el sudor con el dorso de la mano y siguió adelante sin
quejarse ni una sola vez.
¿Cuánto tiempo estuvieron subiendo el monte?
Sintió que la pendiente, antes empinada, se suavizaba. Aunque todo seguía
oscuro, intuyó que el destino no estaba lejos.
Finalmente, salieron del bosque. Ante ellos
había una pequeña ermita budista. También estaba oscuro allí, pero había
suficiente luz para distinguir los objetos.
“Abuela.”
El hombre dejó a Seo Yi-dam recuperando el
aliento y se acercó a la ermita con pasos largos. Se sintió una presencia tras
la puerta de papel y esta se abrió de golpe.
“¡Vaya! ¿Ha venido mi niño?”
Al abrirse la puerta, apareció una monja de
edad avanzada. Ella sonrió ampliamente y abrazó con fuerza al hombre que estaba
ante la puerta. Sus manos, llenas de arrugas, le dieron palmaditas en la
espalda.
“¿Te he despertado?”
“No es eso. Me iba a acostar justo ahora.
Pero, ¿has subido de nuevo de madrugada? La abuela ya te ha dicho varias veces
que es peligroso andar por el monte cuando está oscuro.”
“Ah, es que surgió un imprevisto.”
“¿Un imprevisto?”
Cuando el hombre miró hacia atrás, la mirada
de la monja lo siguió de forma natural. Seo Yi-dam, que aún no terminaba de
recuperar el aliento, se sintió desconcertado por las miradas centradas en él,
pero pronto se inclinó para saludar.
“Hola.”
La monja, que había abierto mucho los ojos por
la sorpresa, recuperó pronto su expresión habitual y sonrió con un rostro
bondadoso. Asintiendo con la cabeza, recibió a Seo Yi-dam con calidez.
“Bienvenido. Debes haber pasado muchas
dificultades para llegar hasta aquí.”
Tras salir al exterior, la monja guio a ambos
a la habitación contigua. El espacio tras la puerta con papel de arroz era tan
estrecho que apenas cabían dos personas acostadas.
La monja les proporcionó ropa para cambiarse y
ropa de cama, diciéndoles que descansaran primero. Mientras tanto, el hombre,
que había calentado agua, hizo que Seo Yi-dam entrara al baño. Aun así, era un
espacio precario que apenas contaba con un grifo y un barreño grande.
La ermita tenía un entorno más hostil que la
casa detrás de la puerta azul. Al no haber agua caliente, tenían que hervirla
en un caldero sobre el hogar, y al no haber electricidad, dependían de las
velas.
Al salir tras lavar su cuerpo cubierto de
sudor y polvo, lo invadió una sensación de cansancio extremo. Cuando regresó a
la habitación sacudiendo su cabello mojado, el hombre estaba allí, apoyado
contra la pared mirando su teléfono.
“¿Tienes hambre?”
“No.”
El hombre asintió como si ya lo esperara y
dejó el teléfono a un lado. Levantándose de su sitio, extendió ambos brazos
hacia el techo para desperezarse.
“Le dije a la abuela que no preparara comida.
Pensé que sería mejor comer después de dormir.”
Seo Yi-dam asintió en silencio. No creía que
fuera a tener ganas de comer incluso después de dormir, pero respondió por
compromiso.
Primero, quería dormir. El día de hoy había
sido demasiado largo. Se encontró con Do Jae-hyeok, compartieron sus cuerpos,
comieron y escapó de él. Se encontró con Gong Yeon-woo, subió a la motocicleta,
corrió durante mucho tiempo y escaló el monte. Así llegó hasta este momento.
De verdad escapé. Solo ahora Seo Yi-dam
empezaba a asimilar el hecho de que había huido.
“Mi papel termina aquí.”
Mientras Seo Yi-dam estaba absorto en sus
pensamientos mirando fijamente la llama oscilante de la vela, el hombre le
habló.
Su mirada subió lentamente hasta el hombre que
seguía de pie en el mismo sitio. La luz rojiza de la vela iluminaba su rostro.
Al igual que su voz agotada, su cara estaba llena de fatiga. Con un suspiro, el
hombre preguntó.
“Entonces, ¿cuál es el plan para el futuro?”
“Ah……”
“No tienes ninguno.”
Seo Yi-dam bajó la mirada en silencio.
No era posible que tuviera un plan. Desde el
momento en que se dio cuenta de que podía escapar del hombre, el objetivo de
Seo Yi-dam había sido solo uno.
Llegar al lugar que tanto anhelaba. Para
llegar allí, no hacía falta ningún plan.
Como Seo Yi-dam no decía nada, el hombre
asintió levemente como si ya lo supiera. El suspiro que soltó fue especialmente
profundo.
“Quédate aquí por el momento. Ya viste al
subir, ¿verdad? El camino es difícil. Probablemente el director tampoco pueda
llegar hasta aquí. No habrá nadie que lo sepa.”
¿Sería verdad? No le inspiraba mucha
confianza. Sentía que no había lugar en este mundo al que él no pudiera ir.
Incluso si se trataba de una ermita sin nombre situada en medio de este monte.
De repente, sintió curiosidad por saber qué
estaría haciendo Do Jae-hyeok en este momento.
Debió enterarse de su desaparición hace
tiempo. No podía ni imaginar qué cara tendría Do Jae-hyeok ni cómo se sentiría.
Aunque no sabía nada más, estaba seguro de que
él saldría a buscarlo. Habían unido sus cuerpos incontables veces, pero aún
cargaba con una deuda enorme bajo su nombre. Al haber escapado ignorando eso,
no había razón para que él no lo atrapara.
“Si necesitas algo, dímelo.”
“…….”
“Y si te vas, al menos avisa antes. Si te vas
de forma maleducada dejando solo una nota, entonces iré yo a atraparte.”
Las palabras del hombre no le entraban bien en
el oído. La cabeza de Seo Yi-dam estaba completamente llena de Do Jae-hyeok.
Exactamente, estaba recordando la imagen de Do
Jae-hyeok cortando la respiración de una persona en algún almacén. Un hombre desconocido
que moría sin poder cerrar los ojos y Do Jae-hyeok, quien le quitaba la vida
sin pestañear.
Logró escapar de él. Ya está. Había cumplido
con su deber. Al darse cuenta de que ahora solo le quedaba morir, el alivio lo
invadió.
“Gracias.”
Ante el repentino agradecimiento, el hombre
levantó una ceja con extrañeza. Seo Yi-dam continuó hablando mientras lo miraba
fijamente.
“Y lo siento.”
“…….”
“Seguro que pagaré esta deuda.”
El hombre miró fijamente a Seo Yi-dam. Seo
Yi-dam no evitó su mirada y la sostuvo.
Tanto a Gong Pil-woo como al que estaba frente
a él, Seo Yi-dam les estaba sinceramente agradecido. Si no fuera por ellos, no
habría podido ni intentarlo. Gracias a ellos, surgió la oportunidad.
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“Gracias, de verdad.”
El hombre, que guardó silencio durante un
rato, estalló de repente en una carcajada. Soltando un bufido de risa, murmuró:
“Eres tan raro como escuché”, y luego se acuclilló frente a Seo Yi-dam.
“Soy Yeon-woo. Gong Yeon-woo.”
“…….”
“Parece que no nos hemos presentado. Sé tu
nombre. Seo Yi-dam. ¿Verdad?”
“Ah, sí.”
Seo Yi-dam tomó la mano que Gong Yeon-woo le
tendió como si estuviera hechizado. Gong Yeon-woo sacudió la mano que sostenía
de arriba abajo y sonrió con frescura.
“Llevémonos bien de ahora en adelante.”
“…….”
“Felicidades por el inicio de tu segunda
vida.”
No pudo responder a esas palabras.
Después de que Gong Yeon-woo saliera de la
habitación para lavarse, Seo Yi-dam, que se quedó solo, bajó la mirada hacia la
mano con la que había estrechado la de Yeon-woo.
Sentía como si hubiera cometido un gran
pecado. Las palabras de Gong Yeon-woo de llevarse bien le oprimían
dolorosamente el pecho.
He venido aquí para morir. No pudo soltar esas
palabras por la boca.
Su pensamiento de querer morir no había
cambiado. Precisamente por ese objetivo se había arriesgado a seguir a Gong
Yeon-woo. Cosas como una segunda vida no tenían nada que ver con Seo Yi-dam.
Si llegaran a saber este hecho, ¿qué pensarían
ellos dos? ¿Se arrepentirían de haberle tendido la mano?
Seo Yi-dam recogió sus piernas en silencio y
enterró el rostro en sus rodillas. Cerró los ojos con fuerza y encogió todo su
cuerpo.
Tengo frío. A pesar de estar en una habitación
caldeada, Seo Yi-dam sentía escalofríos. Se le puso la piel de gallina y sentía
tanto frío como si un bloque de hielo se hubiera instalado en su interior.
El sonido de los golpes al bloque de madera
que se oía a lo lejos se fue desvaneciendo gradualmente.
* * *
Sentía que le faltaba el aire de una manera
extraña. Era como si una serpiente gigante le rodeara el cuerpo y lo apretara
con fuerza.
Intentó forcejear para liberarse de esa
sensación de asfixia, pero hiciera lo que hiciera, la atadura que inmovilizaba
su cuerpo no cedía. Al contrario, la fuerza que lo oprimía se volvía cada vez
más potente.
Después de gemir de esfuerzo durante un buen
rato, Seo Yi-dam sintió de repente algo inusual. Estaba seguro de haber
forcejeado, pero su cuerpo no se movía ni un milímetro. No podía mover ni un
solo dedo.
Tardíamente, el paisaje circundante empezó a
entrar en su campo de visión. La vela, que en algún momento se había apagado;
la colchoneta extendida en medio de la habitación; hasta el techo lleno de
manchas desconocidas.
Algo estaba mal. A pesar de estar tan oscuro,
los objetos a su alrededor se veían con total claridad. No era posible, pensaba
justo en ese momento.
“Kic.”
Una risa familiar y espeluznante voló hasta
sus oídos. Seo Yi-dam reconoció de inmediato la identidad de esa voz.
Lo único que podía mover eran los ojos. Giró
las pupilas lentamente hacia el lugar de donde provenía el sonido.
Junto a la puerta de papel, una sombra negra
permanecía inmóvil. Era justo como esperaba.
“Kic, kic.”
Se oyó la risa una vez más. Al confirmar la
identidad de la sombra, Seo Yi-dam soltó un suspiro. Parecía que el borracho
finalmente lo había seguido hasta aquí.
No había rastro de miedo en el rostro de
Yi-dam. Solo pensaba en poner fuerza en las yemas de sus dedos para despertar
de esa parálisis del sueño como fuera. El espíritu del borracho ya no podía
asustarlo más.
Ni vivo ni muerto, el borracho no sabía hacer
nada. Solo decía que lo mataría, pero nunca pudo cumplir su palabra.
“Estúpido.”
El borracho, junto con su risa desagradable,
empezó a menospreciar cínicamente a Seo Yi-dam.
“Eres estúpido. Tan estúpido que me dan ganas
de vomitar.”
“…….”
“¿Crees que voy a dejar que las cosas salgan
como tú deseas?”
“…….”
“Eso no pasará.”
“No pasará. De ninguna manera. Claro. Por
supuesto que no pasará.”
Los murmullos le perforaban los oídos
dolorosamente. Era una voz que no quería escuchar. Seo Yi-dam sintió el deseo
de taparse los oídos, pero seguía sin poder mover el cuerpo.
En un instante, la sombra negra ya estaba a su
lado. Los ojos rojos que lo miraban desde cerca descendieron lentamente.
La parte donde debería estar la cabeza se
inclinó. El borracho ladeó el cuello y pegó la nariz al cuerpo de Seo Yi-dam,
olfateando.
“Es una semilla.”
“…….”
“Huelo a semilla.”
Una mano larga y espantosa, como la rama de un
árbol, cubrió el vientre de Seo Yi-dam. Un escalofrío recorrió su piel al
instante. Un miedo repentino surgió en su interior.q
La urgencia por despertar se impuso. Seo
Yi-dam apretó los dientes con fuerza y puso energía en sus dedos.
Su vientre era presionado. La fuerza que
oprimía su abdomen era inmensa. El terror de que esa mano entrara en su vientre
y arrancara despiadadamente lo que había dentro se extendió por todo su cuerpo.
“¡Aaah!”
Un grito desgarrador escapó de Seo Yi-dam mientras
se incorporaba de golpe. Con un estruendo, el dueño del grito cayó rodando al
suelo.
Al girar la cabeza rápidamente, se encontró
con el rostro sorprendido de Gong Yeon-woo. Seo Yi-dam lo miró mientras
respiraba agitadamente.
“Ah, mierda. Qué susto……”
Gong Yeon-woo exhaló un largo suspiro mientras
se llevaba la mano al pecho.
“¿Qué clase de sueño estabas teniendo?”
Seo Yi-dam, que aún no terminaba de despertar
del sueño, miraba a su alrededor repetidamente.
La habitación, iluminada por el sol, estaba brillante
y la sombra no se veía por ninguna parte. Las pupilas de quien jadeaba estaban
muy dilatadas. Al verlo así, Gong Yeon-woo se incorporó rápido y lo sujetó del
brazo.
“Oye, ¿estás bien?”
Una mano fría tocó su frente. “No tienes
fiebre”, murmuró Yeon-woo para sí mismo, mientras observaba fijamente a Seo
Yi-dam con el rostro lleno de preocupación.
A pesar de haberse lavado bien antes de
dormir, el cuerpo de Seo Yi-dam estaba empapado en sudor frío. Ante ese aspecto
deplorable, Gong Yeon-woo no podía relajar el ceño fruncido.
“Oye, ¿cuántos hay aquí?”
Gong Yeon-woo levantó tres dedos y preguntó.
Con voz debilitada, Seo Yi-dam respondió: “Tres……”. Solo entonces Yeon-woo
soltó un gran suspiro de alivio.
“Primero tendrás que lavarte. Mira cuánto
sudor.”
“…….”
“Iré a calentar agua, así que reacciona.”
Seo Yi-dam se quedó absorto incluso después de
que Gong Yeon-woo saliera de la habitación. Sin darse cuenta, levantó la mano y
se frotó el vientre.
Seguro dijo semilla. La voz espeluznante del
borracho rondaba sus oídos. Por alguna razón, se sentía funesto.
¿Qué clase de sueño habría sido ese? Su ritmo
cardíaco no disminuía. Sus jadeos tampoco.
No podía ser eso, ¿verdad? Su mirada inquieta
se dirigió hacia su vientre plano oculto bajo la ropa de monje. Sus labios
apretados temblaron levemente.
“¿Ha despertado?”
Fue justo cuando Seo Yi-dam abría la puerta de
papel para salir. Una voz baja preguntó por su bienestar. Su rostro cansado se
giró hacia donde provenía el sonido.
Al cruzar miradas, la monja puso cara de
sorpresa. Pronto, sus ojos se entornaron con tristeza y se acercó con una
pequeña sonrisa.
“¿Acaso fue incómodo el lugar para dormir?”
“Ah, no. Solo que tuve un sueño.”
La monja asintió como si lo comprendiera todo.
Cubrió el cuerpo de Seo Yi-dam con la manta que llevaba en el brazo y la ajustó
bien para que no entrara el viento.
“La mañana en el monte es bastante fría.”
“Ah……”
Seo Yi-dam se dio cuenta entonces de que
estaba temblando. La monja, con rostro bondadoso, acarició suavemente el brazo
de Yi-dam.
“Debes lavarte y desayunar.”
“……Lo siento.”
Junto con la disculpa, una lágrima cayó de los
ojos de Seo Yi-dam. La monja lo miró en silencio.
Ni siquiera él mismo sabía por qué se
disculpaba. Simplemente, todo lo hacía sentir culpable. Estar en este lugar,
estar vivo, respirar; todo le resultaba tan abrumador que incluso le costaba
mantener la cabeza en alto.
Mientras Seo Yi-dam derramaba lágrimas en
silencio, la monja se limitó a observarlo. Luego, extendió las manos con
cuidado y abrazó suavemente ese cuerpo tan debilitado.
Sus manos llenas de arrugas daban palmaditas
al cuerpo que se había tensado por la sorpresa. La monja acariciaba su pequeña
espalda mientras lo sostenía.
“Está bien, pequeño.”
“…….”
“Aquí nadie podrá hacerte daño.”
Sus pestañas mojadas temblaron. Seo Yi-dam se
mordió los labios rápidamente para ahogar el sonido. El temblor se hacía cada
vez más grande.
La monja siguió acariciando su espalda para
calmarlo. Su pecho, que no se había tranquilizado hasta entonces, fue cediendo
poco a poco siguiendo ese ritmo.
“Está bien. Todo está bien.”
“ugh…”
“No pasará nada. Te lo aseguro.”
Seo Yi-dam derramó lágrimas sin cesar mientras
era abrazado por ese cuerpo mucho más pequeño que el suyo. No lloraba porque
ese consuelo lo hiciera sentir agradecido.
La culpa oprimía pesadamente todo su cuerpo.
Se sentía tan horrible por ser alguien oscuro, y le dolía tanto haber manchado
a estas buenas personas con su oscuridad, que lloraba de pura pena.
“Lo siento……”
La monja abrazó durante mucho tiempo a Seo
Yi-dam, quien murmuraba disculpas repetidamente. Le hizo una señal a Gong
Yeon-woo, que volvía de calentar el agua, para que guardara silencio y continuó
acariciando la espalda del joven.
Después de que pasara la tormenta de lágrimas,
los tres se sentaron alrededor de una pequeña mesa para comer. La comida,
compuesta solo por hierbas del monte, era sencilla.
Todo sabía bien. Sin embargo, como solía comer
muy poco y se había vuelto un hábito comer y devolver la comida, apenas podía
tragar.
“Parece que no es de tu agrado.”
“No, no es eso……”
Gong Yeon-woo, que comía a su lado, intervino.
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“Tengo un poco de sopa de arroz tostado
preparada, ¿quieres que te traiga?”
“¿Eh? Ah, no. Está bi—”
“Sí, tienes que comer algo. No está bien
ayunar si no te sientes bien. Solo comiendo bien te recuperarás pronto.”
“Iré a buscarlo.”
A pesar de la insistencia de Seo Yi-dam por
rechazarlo, Gong Yeon-woo se levantó de inmediato y fue a la cocina. Seo
Yi-dam, incapaz de ignorar tal atención, terminó el plato con esfuerzo.
Por suerte, hoy no sintió náuseas después de
comer. Le preocupaba que su cuerpo rechazara lo que le habían dado con tanto
esmero, pero fue un alivio.
Tras terminar la comida, Gong Yeon-woo se
quitó la ropa de monje y se puso ropa nueva. Dijo que tenía cosas que hacer y
debía bajar.
Seo Yi-dam, que estaba sentado en el pequeño
porche frente a la puerta de papel, levantó la cabeza al sentir que Gong
Yeon-woo salía. Yeon-woo lo miró de reojo, se sentó a su lado y sacó los
zapatos que tenía escondidos bajo el porche.
“Vendré la próxima semana, ¿necesitas algo?”
“Nada.”
“¿Cómo que nada? ¿No vas a cambiarte los
calzoncillos?”
Gong Yeon-woo se rio mientras desataba los
cordones de sus zapatos. Metió los pies en los zapatos aflojados y volvió a
apretar los cordones para ajustarlos.
“Ya está. Qué se puede esperar de ti. Compraré
algo por mi cuenta.”
“De verdad estoy bien……”
“Pórtate bien con la abuela. Vendré a
revisarlo.”
Tras sonreír de forma juguetona, Gong Yeon-woo
terminó de atar el otro zapato y se levantó. Seo Yi-dam lo siguió con la mirada
mientras se dirigía a la cocina.
Hubo una breve conversación adentro y ambos
salieron de nuevo. Cuando Gong Yeon-woo dijo algo, la monja miró a Seo Yi-dam.
Ella lo observó por un momento y luego asintió.
“Está bien, entiendo.”
Eso fue lo único que Seo Yi-dam alcanzó a
comprender.
Gong Yeon-woo se despidió diciendo que se
verían la próxima semana y desapareció en el monte. La monja permaneció de pie
un rato mirando hacia donde él se había ido, y luego se dio la vuelta para
acercarse a Seo Yi-dam.
“Pequeño, ¿no te gustaría ir al monte
conmigo?”
Ante la repentina propuesta, Seo Yi-dam
entrecerró un poco los ojos.
“¿Al monte?”
“Ahora mismo están brotando las hierbas de
primavera. Además, hay un lugar que quiero mostrarte.”
En realidad, no había mucho que pensar. Ya que
había decidido quedarse aquí por un tiempo, quería pagar su deuda haciendo
algún tipo de trabajo.
Cuando Seo Yi-dam asintió aceptando, la monja
se alegró mucho y le dijo que se pusiera algo de abrigo antes de salir. La
razón era que el monte aún estaba frío.
Seo Yi-dam, cargando una cesta con dos
pequeñas azadas, siguió a la monja que encabezaba la marcha. Iban en dirección
opuesta a la que había tomado Gong Yeon-woo.
A diferencia de la monja que subía con paso
firme, Seo Yi-dam la seguía a duras penas, jadeando con fuerza. Ella se detenía
repetidamente para permitir que él descansara.
“¿Es difícil? Solo falta un poco más. Ya casi
llegamos.”
Seo Yi-dam asintió mientras miraba hacia
arriba. En algún momento, la cesta ya había pasado a manos de la monja.
Incluso cuando subía las numerosas escaleras
del barrio pobre no le faltaba tanto el aire. Quizás su cuerpo se había
debilitado realmente, pues le costaba tanto subir el monte que sentía el sabor
de la sangre en la garganta.
“¿Seguimos?”
“Sí.”
Ambos retomaron la subida. A pesar de que
dijeron que hacía frío, el sudor caía como lluvia. Sin embargo, más que
agotado, se sentía renovado.
¿Cuánto tiempo caminaron? La cuesta
interminable empezó a volverse plana. Al pasar el último árbol, un paisaje los
recibió.
Seo Yi-dam, jadeando con fuerza, contempló el
campo que se extendía ante sus ojos como si estuviera hechizado. A pesar de
estar en la cima del monte, el terreno era plano y la hierba brotaba aquí y
allá.
Más allá del campo estaba el cielo, y bajo él,
el mar. Se oía débilmente el sonido de las olas rompiendo.
“Yeon-woo me pidió que te trajera aquí sin
falta.”
La monja, que miraba hacia el mismo lugar,
habló en voz baja. Seo Yi-dam giró la cabeza lentamente hacia ella.
“Me insistió tanto diciendo que seguro te
gustaría y que debía traerte.”
“…….”
“Yeon-woo también venía mucho aquí cuando lo
pasaba mal.”
Por un instante, una expresión amarga cruzó el
rostro de la monja. Sus ojos, que recordaban el pasado, se nublaron un momento
antes de recuperar su brillo habitual.
“No sé qué te habrá pasado, Dam, pero mientras
estés aquí, me gustaría que te sintieras como en casa y descansaras tranquilo.
Yo te ayudaré a que así sea.”
“…….”
“Descansa sin preocupaciones y, cuando veas
claro el camino que quieres seguir, no será tarde para moverte. No tienes que
esforzarte por avanzar a la fuerza.”
La monja miró a Seo Yi-dam con una sonrisa
radiante. Él, que aún no se reponía de la impresión del paisaje, solo pudo
sostenerle la mirada en silencio.
El camino ya estaba decidido. Desde antes de
conocer a Do Jae-hyeok, el camino que debía seguir siempre había apuntado en
una sola dirección.
Tras conocer a Do Jae-hyeok el camino se
desvió, y Seo Yi-dam quería aprovechar esta oportunidad para corregirlo. Tenía
que marcharse. Usando cualquier método. Él era una persona que no debía vivir.
Su corazón acelerado fue recuperando su ritmo
poco a poco. Su respiración también se calmó, volviendo a la normalidad.
La monja se alejó de Seo Yi-dam para observar
los alrededores. Pronto, como si hubiera encontrado algo, dejó la cesta en el
suelo y tomó la azada en su mano.
Seo Yi-dam la observó por un momento, pero en
lugar de acercarse a ayudarla, volvió a mirar al frente. Movió sus piernas
lentamente y dio un paso. Al final del amplio campo había un precipicio.
Al pararse en el borde, el inmenso mar se
extendía bajo sus pies. El mar visto desde esa altura vertiginosa era tan azul
como oscuro. Tenía un color distinto al del mar negro que había visto alguna
vez.
“…….”
Al volver a ver el mar, que pensaba que solo
quedaría en su memoria con un color oscuro y turbio, sintió un extraño vuelco
en el estómago. Seo Yi-dam apretó las manos con fuerza y se mordió los labios
rápidamente.
“Es la primera vez que vengo a este mar. Es
muy grande.”
“Porque es el mar.”
En este preciso instante, ¿por qué le venía a
la mente Do Jae-hyeok?
Seo Yi-dam permaneció inmóvil, reafirmando de
nuevo sus pensamientos y su corazón.
Realmente debía terminar con esta vida ahora.
Debía ponerle fin sin guardar ningún tipo de apego. ¿Acaso no había huido de Do
Jae-hyeok para eso?
Sin embargo, irónicamente, incluso en este
momento no podía deshacerse del apego. Sabía que todo terminaría si saltaba
desde este lugar ahora mismo, pero no podía dar ese paso hacia adelante con
facilidad.
“…….”
¿No podría quedarse así solo un poco, solo un
poco más? Quizás, aunque fuera por el bien de quienes le habían tendido la mano
de buena gana, estaría bien mantener esta vida durante unos pocos días.
A pesar de haber huido, el apego volvía a
asomar la cabeza irremediablemente. La imagen de aquel hombre abrazándolo con
fuerza y hundiendo la nariz en su nuca para respirar acudía a su mente una y
otra vez. Sentía como si su fragancia característica flotara en la punta de su
nariz.
“Pequeño, si ya has terminado de mirar, ven
aquí.”
La voz de la monja se oyó desde una distancia
considerable. Seo Yi-dam, que había estado mirando al frente sin moverse
durante un rato, se giró bruscamente. La monja, al cruzar miradas, le hizo
señas con la mano para que fuera con ella. Los párpados de Seo Yi-dam, que la
observaba, temblaron levemente. Puso fuerza en sus dos puños cerrados.
* * *
La vida en el monte era muy diferente a la de
la ciudad.
Por la mañana, subía al monte con la monja
para recolectar hierbas silvestres y, por la tarde, recorría la ermita
encargándose de los quehaceres domésticos. Cuando el sol se ponía, permanecía
al lado de la monja mientras ella realizaba sus oraciones. La monja consideraba
a Seo Yi-dam un joven bastante admirable.q
Toc, toc. El sonido del bloque de madera al
ser golpeado era solemne. Seo Yi-dam, arrodillado sobre un viejo cojín,
observaba en silencio la estatua de Buda, que era varias veces más grande que
él.
“…….”
Cerró los ojos lentamente y juntó las palmas
de sus manos. Escuchando de fondo la voz de la monja que murmuraba sus rezos,
intentó rezar por primera vez en su vida.
Deme valor. Para que pueda terminar con mi
vida por mi propia mano.
Aquel que no creía en Dios realizaba oraciones
sin faltar un solo día. Eran rezos del todo profanos, pero cada noche oraba con
fervor una y otra vez.
Esa era la única forma que Seo Yi-dam conocía
para expiar sus culpas.
Tras terminar las oraciones, ambos compartían
una cena sencilla. Fue justo cuando Seo Yi-dam, tras terminar de lavar los
platos, se sacudía el agua de las manos.
“Por cierto, Dam, ¿sigues teniendo pesadillas
estos días?”
Por un instante, Seo Yi-dam se quedó
petrificado. Sin embargo, pronto fingió naturalidad con una pequeña sonrisa y
negó con la cabeza.
“No. Estoy bien.”
“¿Ah, sí? Es que me parece que tienes peor
semblante que el día que llegaste……”
Los ojos de la monja rebosaban preocupación.
En algún momento, ella había empezado a tratar a Seo Yi-dam como a su propio
nieto.
Su rostro, que ya estaba pálido al llegar al
monte, perdía con cada día que pasaba el poco color que le quedaba. Su cuerpo,
de por sí débil, se tambaleaba cada vez que intentaba levantarse tras estar
sentado, y por las mañanas le costaba horrores despertar.
La monja era precisamente quien observaba todo
esto a su lado. Aunque intentara no preocuparse, el verlo así constantemente le
encogía el corazón.
“Debe de ser por la falta de costumbre. Es la
primera vez que vivo en el monte.”
Sin embargo, Seo Yi-dam no dio muestras de su
malestar. Ya sentía que era una carga suficiente como para añadirle más
preocupaciones innecesarias. Haber recibido su ayuda era ya más de lo que
merecía.
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Seo Yi-dam ocultó sus verdaderos sentimientos
tras una sonrisa. Decidió guardar para sí mismo el hecho de que cada noche
sufría de pesadillas y parálisis del sueño, y que el dolor abdominal y de
cabeza lo visitaban alternadamente.
La monja, con las cejas caídas en un gesto de
tristeza, asintió levemente y envolvió la mano de Seo Yi-dam con las suyas. El
calor de sus manos derritió la frialdad de las suyas, congeladas por el agua
fría.
“Aun así, si sientes alguna molestia o te
duele algo, debes decírmelo de inmediato. ¿Entendido?”
“Sí.”
Seo Yi-dam sonrió suavemente. No dejó
traslucir ni rastro de dolor.
Incluso en este preciso momento, sentía un
dolor de cabeza punzante. Los síntomas, que habían comenzado el día siguiente
de su huida de Do Jae-hyeok, empeoraban con el paso del tiempo.
Mientras Seo Yi-dam ocultaba el sufrimiento
tras su sonrisa, la noche caía sobre la ermita irremediablemente. Cuando el
crepúsculo empezó a descender furtivamente, Seo Yi-dam tomó las cerillas y
recorrió afanado cada rincón de la ermita encendiendo las velas.
Tras concluir todas sus tareas, Seo Yi-dam se
retiró silenciosamente a la habitación pequeña. Extendió la colchoneta como de
costumbre y dejó caer su cuerpo agotado sobre ella. Su expresión se desmoronó
al instante.
“ah……”
Al llegar la noche, los síntomas se volvían
más severos. Durante el día eran soportables, pero de noche, el dolor que
parecía desgarrar su cuerpo por completo le hacía perder la conciencia.
Seo Yi-dam tenía que tragarse a duras penas
aquel dolor de origen desconocido. Por temor a que algún sonido se filtrara por
las rendijas de la puerta de papel, se metía la vieja manta en la boca y
apretaba los dientes con fuerza para ahogar el sufrimiento.
Cuando finalmente se quedaba dormido tras
agonizar de esa manera, cayendo como si se hubiera desmayado, inevitablemente
soñaba.
El borracho aparecía cada noche en sus sueños.
La sombra negra corría por toda la habitación y, en un momento dado, se subía
al vientre de Seo Yi-dam para saltar y bailar alegremente sobre él.
Seo Yi-dam cerraba los ojos con fuerza al
sentir al borracho brincando sobre su abdomen. Las lágrimas acumuladas se
derramaban, empapando una vez más la funda de la almohada.
Ojalá amanezca pronto. Que la oscuridad se
vaya y la luz se derrame.
Aquella oración, sumamente humilde, rodaba por
la pequeña habitación. La oscuridad, que aún no había sido expulsada, devoró
los fragmentos del rezo. La noche se hacía más profunda.
* * *
El contacto de las manos que acariciaban su
cuerpo era suave. Seo Yi-dam, que despertó ligeramente, sintió que ya no le
dolían ni el vientre ni la cabeza, y abrió los ojos lentamente.
Claramente había abierto los ojos, pero no
veía nada. Por más que giró la cabeza de un lado a otro o cerró y abrió los
ojos con fuerza, todo seguía igual. El pánico lo invadió de repente.
Intentó incorporar su cuerpo, pero fue en
vano. Tampoco podía mover las manos a su antojo. Sus manos, atrapadas por algo,
estaban presionadas sobre su cabeza como si estuvieran encadenadas.
“¿Despertaste?”
Una voz familiar cayó sobre él. Su respiración
se detuvo de golpe. Un aliento tembloroso escapó de entre sus labios.
“Ya te lo dije, ¿por qué hiciste algo que no
está a tu nivel? ¿Eh?”
“Ah, ugh…….”
“¿Acaso las palabras del tipo que te folla te
sonaron a mierda?”
Boom, el interior de su vientre fue triturado. La sensación de su
cuerpo siendo sacudido y su parte inferior siendo atravesada era excesivamente
vívida.
Algo cubría sus ojos. Al serle bloqueada la visión,
el pánico empezó a desbordarlo. Unas manos calientes acariciaron suavemente su
cuerpo, que comenzaba a temblar violentamente.
“No, no…… ugh, no. Veo…….”
Cuando Seo Yi-dam tartamudeó, el hombre soltó
una risa leve. Sintió el tacto de unos dedos acariciando la zona de sus ojos a
través de la fina tela.
“Algo que no sirve para nada, ¿debería
simplemente arrancártelo?”
Ante
las palabras del hombre, la tela que cubría sus ojos comenzó a empaparse. Unas
manos aparentemente afectuosas acariciaron sobre la tela mojada.
“¿Eh? Dam. ¿Qué piensas?”
“ugh, uuu, ugh…….”
“Tengo que dejarte lisiado de alguna parte
para que no hagas estupideces. ¿No es así?”
El tacto en su cuerpo, la voz e incluso la
fragancia que rozaba la punta de su nariz; todos los sentidos eran vívidos. Era
como si fuera la realidad.
Claramente había escapado. Había llegado a la
ermita donde estaba la abuela de Gong Yeon-woo tras viajar en su motocicleta.
Habían dicho que nadie podía subir a ese monte. Que nadie conocía esa ermita.
“No respondes, otra vez.”
“Ugh, ugh…….”
“Dam.”
La voz que susurró en su oído era gélida. Las
lágrimas que brotaron a raudales corrieron bajo la tela que cubría sus ojos.
¿Acaso todo había sido un sueño desde el
principio?
Sí, pensándolo bien, todo había sido
extrañamente perfecto. Había tenido demasiada buena suerte. Como si un dios lo
estuviera ayudando, como si le estuvieran abriendo el camino para que huyera
pronto, todo se había conectado con facilidad.
Cierto, en realidad todo era un sueño. Todos
esos momentos habían sido un sueño, y estaba claro que ahora regresaba a la
realidad tras despertar. Este lodazal era la verdadera realidad.
“Creo que te lo dije claramente. Que no tengo
intención de dejarte ir.”
“Hghuu……”
“Te dije que vaciaras la cabeza, pero ¿cómo
puedes olvidar incluso eso? ¿Eh?”
El hombre que acarició su mejilla depositó un
beso sobre ella. Bajo la venda, sus dos ojos se cerraron lentamente.
Tal vez se estaba volviendo loco. Al ver que
tenía un sueño tan absurdo como ese.
En medio del pánico, Seo Yi-dam sufrió al
darse cuenta de su propia ignorancia. Prefería que le doliera la cabeza o el
vientre. Era mejor eso que la pérdida que sentía al comprender que lo que tenía
en la mano no eran trozos de vidrio, sino arena.
Una lengua gruesa se introdujo entre sus
labios calientes por el llanto. A Do Jae-hyeok no le importó si Seo Yi-dam
lloraba o no, y lo besó.
Aquel beso, como si quisiera devorar al
oponente, seguía siendo el mismo. Aunque no podía ver, Seo Yi-dam lo sabía. Él
no había cambiado. Todo seguía igual.
“Ugh, up……”
Se asfixiaba. Se sentía como si fuera
arrastrado por una ola gigante y consumido por el mar profundo. Era un mar en
el que nunca había entrado, pero si quedara atrapado en él, seguramente se sentiría
así. Una sensación de aturdimiento y desolación.
La fuerza abandonó lentamente su cuerpo, que
antes forcejeaba desesperadamente. Impotente, Seo Yi-dam relajó sus manos.
Incluso los pocos granos de arena que apenas sostenía escaparon de su puño.
Ahora todo había terminado. Nada cambiaría por
más que luchara. No importaba cuánto se esforzara por pensar, estaba en la
palma de la mano de este hombre.
Ya no quería hacer nada. Estaba demasiado
agotado y cansado. También le dolía demasiado. Quería dejarlo todo.
Mientras permanecía con las extremidades
laxas, Seo Yi-dam percibió de pronto que el tacto que acariciaba su cuerpo
había desaparecido. Al abrir los ojos que tenía cerrados, esta vez pudo ver.
“…….”
El lugar donde abrió los ojos era la pequeña
habitación de la ermita. Do Jae-hyeok, quien hasta hace un momento susurraba en
su oído, no estaba por ninguna parte.
Sus ojos desconcertados temblaron de un lado a
otro. Seo Yi-dam se incorporó de golpe y revisó cada parte de su cuerpo.
La ropa que se había puesto antes de acostarse
en la colchoneta era la misma. Estaba un poco arrugada, pero no había rastros
de que alguien la hubiera tocado.
“¿Qué, qué es……?”
Su voz estaba llena de confusión. No podía
distinguir dónde terminaba el sueño y empezaba la realidad. De repente, su
estómago se revolvió.
Fue cuando agachó el torso bruscamente
tapándose la boca. La puerta de papel se abrió de par en par de repente. Al
girar la cabeza, cruzó su mirada con quien estaba fuera de la puerta.
— Maldito bastardo.
En medio de la oscuridad absoluta, una sombra
aún más negra permanecía de pie con sus ojos rojos brillando intensamente. La
sombra se acercó en un instante y apretó con fuerza el cuello de Seo Yi-dam.
“Ah, Ugh…….”
Su cuerpo, empujado por una fuerza inmensa,
golpeó violentamente contra la pared. Se asfixió por el impacto del golpe en su
espalda.
La sombra levantó a Seo Yi-dam en el aire. Sus
dos pies quedaron suspendidos y su respiración se bloqueó por completo. La
sangre se agolpó en su rostro pálido.
Sus manos temblorosas sujetaron con dificultad
la mano similar a una rama que apretaba su cuello. Intentó apartar la sombra
como fuera, pero no fue suficiente.
Su visión comenzó a nublarse gradualmente.
Incluso en esa vista borrosa, solo el color de los ojos rojos era nítido.
— ¡Te mataré! ¡A ti y a eso también! ¡Los
mataré a todos!
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Lágrimas brotaron de sus ojos inyectados en
sangre. Sus labios se movieron como si quisiera decir algo. Sin embargo, no
salió ningún sonido.
“¡Cough……!”
Una mano afilada como una espina atravesó la
piel de su vientre y revolvió su interior. Su mente se enfrió ante un dolor que
nunca antes había experimentado.
La sensación de sus entrañas siendo arrancadas
era tan terrible que no podía expresarse con palabras. Seo Yi-dam, sujetando
débilmente la muñeca de la sombra, intentó mantener su consciencia nublada.
— ¿Dónde está? Dónde. En dónde está. Dónde es.
Dónde está.
El borracho murmuraba para sí mismo sin
descanso mientras hurgaba a su antojo dentro del vientre de Seo Yi-dam. Algo
que brotó de golpe fluyó entre sus labios. Un olor metálico a sangre llenó su
boca.
Ante la falta de aire y el dolor de su cuerpo
siendo desgarrado por completo, su consciencia se fue nublando gradualmente.
Sus párpados comenzaron a cerrarse lentamente. Una lágrima cayó.
— ¡¿Dónde lo escondiste?!
El borracho acercó su rostro y estalló en ira.
Seo Yi-dam abrió a la fuerza sus ojos, que estaban a punto de cerrarse, y lo
enfrentó. Sangre fluía a chorros de los ojos rojos del espectro.
Una leve sonrisa apareció en sus labios
manchados de sangre.
Está bien. Vamos juntos.
Parece que ni tú ni yo podremos cerrar los
ojos en paz en este mundo. Si de todos modos nos vamos a ir, vayamos juntos.
Seo Yi-dam cerró los ojos lentamente. Sus
manos y pies que flotaban en el aire cayeron flácidos. Se sintió cómodo al
relajar el cuerpo.
Vámonos ya. Dejemos todo y vámonos. Los gritos del borracho se volvieron cada vez
más distantes. Su mente se apagó como si se cortara la luz.
“¡Oye!”
En ese momento, alguien gritó con fuerza en su
oído. Sus ojos cerrados se abrieron de golpe y el aire entró con violencia en sus
pulmones contraídos.
Debido al aire que entró de repente, estalló
en una tos violenta. Seo Yi-dam se encogió y tosió como si fuera a vomitar
sangre. Su garganta le dolía como si se fuera a desgarrar.
“Cough…….”
Tras toser un buen rato tapándose la boca,
escupió lo que subía de su interior. Sus palmas estaban húmedas.
“Oye, oye, tú……”
Sus ojos cansados observaron fijamente sus
manos mojadas. Sus manos empapadas de un líquido rojo no parecían reales. Seo
Yi-dam levantó la cabeza lentamente y dirigió su mirada hacia donde se sentía
una presencia.
Vio a Gong Yeon-woo, con los ojos muy
abiertos, parado en el sitio completamente paralizado. Las pupilas de Yeon-woo
estaban dilatadas.
“Ah……”
En un instante sintió vértigo y todo dio
vueltas. Seo Yi-dam se llevó la mano empapada en sangre a la cabeza. Un pitido
agudo le perforó los oídos.
“Agh…….”
¿Acaso esto también era un sueño? ¿Haber visto
al borracho hace un momento también fue un sueño?
No, ¿es esto el sueño? ¿Qué es la realidad?
Su cuerpo, que sostenía su cabeza, se tambaleó
de un lado a otro. Ante ese estado en el que parecía que se desplomaría en
cualquier momento, Gong Yeon-woo reaccionó rápidamente y se lanzó hacia Seo
Yi-dam.
“¡Oye, Seo Yi-dam!”
En cuanto sujetó sus hombros debilitados,
aquel que tosía sangre cerró los ojos como si hubiera estado esperando ese
momento. Gong Yeon-woo sostuvo rápidamente el cuerpo que caía y lo abrazó.q
“Qué, qué, esto, qué es……”
Cuando su cabeza sin fuerzas cayó de lado, la
sangre que se había acumulado en su boca cayó sobre la colchoneta. La pequeña
habitación quedó impregnada por el olor metálico de la sangre.
* * *
Seo Yi-dam, que se había desplomado tras toser
sangre, no lograba recuperar el conocimiento con facilidad.
Era como si estuviera atrapado en medio de
llamas ardientes. A eso se le sumaban el dolor de cabeza y el dolor de vientre,
haciendo que fuera imposible de soportar con lucidez.
Gong Yeon-woo y la monja permanecieron a su
lado. Se quedaban allí por temor a que algo saliera mal, ya que, incluso cuando
dormía como si estuviera muerto, su cuerpo temblaba con convulsiones o vomitaba
jugos gástricos amarillentos sin previo aviso.
“Pequeño, bebamos al menos un poco de agua.
¿Sí?”
Sintió que alguien incorporaba su torso inerte
y un poco de agua tibia fluyó entre sus labios. Apenas pudo tragar ni la mitad
del agua que con tanto esmero le daban.
Seo Yi-dam sentía gratitud y, a la vez,
resentimiento hacia aquellos que le limpiaban la boca mojada y volvían a darle
de beber, repitiendo el proceso una y otra vez. Tuvo el mal pensamiento de que,
si no fuera por ellos, habría podido terminar con su vida de forma natural.
Sin embargo, los dos no permitieron que eso
sucediera. Cada vez que intentaba darle la espalda a la vida, lo arrastraban en
dirección opuesta para devolverlo a su sitio.
“Me da tanta pena, ¿qué vamos a hacer?……”
La voz estaba cargada de afecto. El tacto de
las manos que le quitaban el sudor frío con una toalla húmeda era dulce.
Lágrimas incontenibles empaparon la funda de la almohada.
Así, repitió varias veces el ciclo de
recuperar la conciencia para luego volver a caer en un sueño profundo. Quizás
gracias a los cuidados devotos de ambos, la fiebre comenzó a bajar poco a poco.
Las convulsiones intermitentes disminuyeron notablemente y ya no volvió a
vomitar jugos gástricos.
Abrió los ojos en la madrugada, cuando el alba
teñía el cielo de azul. Seo Yi-dam cerró y abrió los ojos lentamente varias
veces, como si intentara limpiar su visión borrosa.
“Uuuum……”
De repente, sintió una presencia. Seo Yi-dam
giró la cabeza despacio para mirar a su lado. En el momento en que descubrió al
dueño de esa presencia, sus pupilas color café se hundieron pesadamente.
A su lado, Gong Yeon-woo dormía encogido.
Verlo dormir en el suelo desnudo, sin siquiera haber extendido una colchoneta,
resultaba desolador.
— Él cree que el hecho de que yo terminara así
es culpa suya. Es su forma de redimirse, a su manera.
La pregunta de “¿por qué llega a tanto?” le
llegó hasta la punta de la lengua. No la soltó porque, aunque lo entendía, al
mismo tiempo no terminaba de comprenderlo.
Probablemente fuera por la culpa. Hubo un
tiempo en que el propio Seo Yi-dam también vivió atormentado por ese
sentimiento. Por eso, podía entender ese corazón, aunque fuera de manera vaga.
Alguna vez había escuchado unas palabras
similares. Que para qué vivía de forma tan desesperada. Que quién se lo iba a
reconocer. Eran palabras de un hombre con el que solía fumar cuando trabajaba
en la construcción.
¿Qué le había respondido entonces? A pesar de
que no había pasado tanto tiempo, el recuerdo era borroso, como si fuera algo
de un pasado remoto. Creía haberlo dejado pasar con una sonrisa y un simple “ya
ve usted”.
Seo Yi-dam observó a Gong Yeon-woo durante un
largo rato antes de incorporar su cuerpo lentamente. En un instante, todo le
dio vueltas y un pitido agudo le perforó los oídos. Tras cerrar los ojos con
fuerza y esperar un momento, su estado mejoró pronto.
Sus manos se movieron con cautela para cubrir
con la manta el cuerpo del hombre dormido. Gong Yeon-woo pareció removerse un
instante, pero pronto cayó en un sueño profundo con una respiración acompasada.
Seo Yi-dam lo contempló por un momento.
De pronto, sintió que les había hecho algo muy
cruel a estas personas. Al pensar que se había cegado por su codicia inmediata
y no había considerado los sentimientos de ellos, sintió un sabor amargo en la
boca.
“…….”
Sus ojos, que miraban al hombre dormido,
estaban cargados de pesadez. La mirada de Seo Yi-dam, atrapada por la culpa,
fue cayendo gradualmente hacia el suelo. Aunque no estaban cruzando miradas, de
alguna manera se sentía pecador al ver su rostro.
“Lo siento.”
Su voz, totalmente apagada, sonaba fatal. Seo
Yi-dam apretó la manta con ambas manos mientras miraba hacia la puerta de
papel. El mundo azul se iba transformando gradualmente en blanco.
Pronto llegaría ‘ese día’. Cuando ese día
llegara, todo el dolor terminaría, y entonces ya no habría más molestias que
causar, ni esa sensación de pecado que le oprimía el pecho.
Seo Yi-dam presionó con fuerza su pecho
dolorido al recordar el plazo que él mismo se había fijado. La culpa, una vez
nacida, no desaparecía fácilmente. No se sentía bien.
* * *
Seo Yi-dam se despertaba cada día de madrugada
y seguía a la monja a todas partes.
Barría el patio de la ermita y ayudaba a la
monja a preparar la comida. Al terminar, se encargaba de lavar los platos por
iniciativa propia y, tras sacudirse las manos mojadas, recorría cada rincón del
lugar para quitar el polvo o poner orden en los espacios descuidados.
“Pequeño, te he dicho que descanses.”
“Estoy descansando.”
“Qué vas a estar descansando. Si no te has
sentado ni una sola vez.”
Aunque se podría haber tachado de una fiebre
pasajera, el hecho de que hubiera llegado a toser sangre impedía considerar su
enfermedad como algo ligero. La monja le sugirió ir a un hospital, pero Seo
Yi-dam negó con la cabeza en silencio. Era un esfuerzo inútil.
“Para mí, esto es descansar.”
Cuando Seo Yi-dam respondió con una suave
sonrisa, la monja suspiró y sonrió a la vez, como quien se rinde ante alguien
imposible de convencer.
“Sería tan bueno que reposaras profundamente
en la habitación caliente.”
“Me gusta más estar con usted, monja.”
“Qué cosas dices.”
Solo entonces una sonrisa cálida se dibujó en
el rostro de la mujer. Ella se despojó de la bufanda que llevaba puesta y se la
rodeó a Seo Yi-dam.
La bufanda gris, que le cubría hasta justo
debajo de la nariz, olía a incienso de carbón. Era un aroma que le recordaba a
alguien. El rostro de Seo Yi-dam se tensó de forma extraña.
“No quiero que vuelvas a enfermar.”
“…….”
“No hay nada más triste que estar enfermo
cuando uno está solo.”
Con un gesto tierno, la monja envolvió
suavemente la mejilla de Seo Yi-dam. El calor de su cuerpo derritió la piel
congelada por el aire frío. Un costado de su pecho punzó de dolor.
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Para no dejarse hundir de nuevo en sus
pensamientos, Seo Yi-dam movió su cuerpo con más ahínco a propósito. Organizó
el almacén, barrió de nuevo lo que ya estaba barrido y entró en cada habitación
para fregar el suelo de rodillas con un paño húmedo.
Incluso después de todo eso, aún le sobraba
tiempo. Sentado en el porche, con la mirada perdida, observó el pabellón
principal donde la monja había entrado. No se oía ningún sonido desde el
interior.
Seo Yi-dam lo pensó un momento, se puso los
zapatos y bajó al patio. Caminando con sigilo para no hacer ruido, se dirigió
hacia el monte que se extendía tras la ermita.
Quería ir una vez más a la cima de esa montaña
donde había estado hace poco. Había entrado al monte para recoger hierbas o
leña, pero nunca había vuelto hasta el punto más alto. Aquella vez con la monja
había sido la primera y la última.
— No subas solo. El monte es mucho más
peligroso de lo que parece.
La monja no permitía que Seo Yi-dam subiera
solo. Pero tampoco podía entrar ahora al pabellón y pedirle que lo acompañara
porque quería ir. Así que Seo Yi-dam decidió ir solo al monte a escondidas de
ella.
Como acababa de pasar el mediodía, el mundo
aún estaba radiante. Seo Yi-dam vigiló un momento la dirección del pabellón y
echó a andar hacia el monte. Miró hacia atrás varias veces, pero la puerta del
pabellón no se abrió.
Subió la montaña tratando de recordar el
camino. Sin embargo, por más que intentara seguir sus recuerdos, un monte
salvaje seguía siendo un monte salvaje. Al no haber senderos bien marcados,
cualquier lugar parecía igual al anterior.
Tras caminar un buen rato confiando en sus
vagos recuerdos, escuchó el sonido del agua, un suaaaa. Seo Yi-dam
avanzó con paso firme, seguro de sí mismo.
“Ha, ha……”
Finalmente, en el momento en que salió de
entre los árboles, el paisaje familiar se desplegó ante sus ojos. El amplio
campo y, en su extremo, el mar y el cielo. El paisaje despejado pareció liberar
su pecho oprimido.
Seo Yi-dam se detuvo un momento en el lugar
para recuperar el aliento. Observó fijamente la vista que llenaba su campo de
visión mientras calmaba los latidos de su corazón.
A diferencia de cuando subía la montaña, sus
pasos al cruzar el campo eran lentos. Seo Yi-dam avanzó paso a paso. El campo
que llenaba su vista fue desapareciendo gradualmente.
“…….”
Sus pasos se detuvieron en seco al llegar al
borde del precipicio. Seo Yi-dam contempló el paisaje bajo sus pies como si
estuviera hechizado.
Claramente era el mismo mar, pero hoy el color
era distinto. No era un azul profundo, sino un gris igual al que vio aquel día
con Do Jae-hyeok.
¿Sería una ilusión que hoy, precisamente,
pensara tanto en Do Jae-hyeok?
El mar ceniciento, la bufanda que olía a
madera turbia y...
— Parece que te gustan los lugares altos.
Incluso la voz que acudía a su mente en este
instante.
“Ah……”
Soltó un largo suspiro. Seo Yi-dam observaba
el lejano horizonte mientras en su mente evocaba al hombre.
¿Quién pondría fin a esta vida?
¿Sería aquel hombre, o sería él mismo?
Seo Yi-dam permaneció allí quieto durante
mucho tiempo, pensando en aquel día que ya no estaba lejos. Se preguntó qué
estaría haciendo Do Jae-hyeok en este preciso momento.
* * *
Desde aquel día, Seo Yi-dam subió al monte en
varias ocasiones evitando la mirada de la monja. El tiempo que ella pasaba
orando en el pabellón era, para él, el tiempo de escalar.
Aunque era un camino de montaña sin senderos
definidos, de tanto subirlo a diario ya se había vuelto tan familiar que podría
haber ido con los ojos cerrados. El aire aún le faltaba al llegar arriba, pero
ya no sentía que fuera un esfuerzo agotador.
Hoy también regresaba de su habitual caminata
por el monte. En el momento en que pisó terreno llano, se detuvo al ver una silueta.
La monja, que observaba el cielo en silencio, giró lentamente la cabeza.
“Ah……”
Sintió que el corazón se le caía a los pies.
Fue al recordar la advertencia de la monja de no ir solo al monte.
“Pequeño.”
“Ah, esto…… lo, lo siento.”
Su mirada, que vagaba por el aire, cayó hacia
el suelo. Seo Yi-dam tartamudeó y, sin darse cuenta, retrocedió un paso.
Los ojos de la monja que lo observaban
rebosaban afecto. Con una sonrisa amarga, ella se giró y se acercó a él.
Sus manos arrugadas envolvieron con cuidado
las mejillas de quien solo miraba la punta de sus propios pies. Sus ojos,
abiertos de par en par por la sorpresa, se dirigieron a quien sostenía su
rostro.
“¿No te has hecho daño en ningún sitio? ¿No te
has caído?”
“¿Perdón……?”
“Tendré que decirle a Yeon-woo que te compre
algo de ropa. Cogerás un resfriado si andas así.”
El tacto que acariciaba sus mejillas resecas
era sumamente cuidadoso. Seo Yi-dam, sorprendido por la situación inesperada,
se quedó sin palabras por un momento.
Como había hecho algo que le prohibieron, dio
por hecho que lo regañarían, pero la monja, al contrario, estaba preocupada.
Esa situación, que nunca había experimentado en su vida, lo dejó desconcertado.
“Debe haber mucha niebla por la madrugada y el
camino estará muy resbaladizo.”
“…….”
“La próxima vez, avísame antes de irte.
¿Entendido? Me tenías preocupada.”
Alguien a quien conocía hace menos de quince
días se preocupaba por él de una forma que ni sus propios padres habían hecho
jamás. Se sentía extraño.
“Entremos rápido. Tus manos están frías.”
Aquella mano pequeña y anciana envolvió
suavemente la suya, que ya no era más que piel y huesos. Hasta que entraron en
la ermita, Seo Yi-dam siguió sin poder articular palabra.
En cuanto entraron en la habitación, la monja
lo sentó en el lugar más cálido del suelo radiante y lo cubrió con una vieja
manta.
Recibir todas esas atenciones en silencio le
hacía sentir punzadas en todo el cuerpo. Era un trato demasiado inmerecido para
él.
Seo Yi-dam observó fijamente la taza que la
monja le había puesto en las manos. El té ondulante se parecía a su propio
interior revuelto.
“Descansa profundamente. Puedes dormir si
quieres.”
“¡Ah, esto……!”
En el momento en que la monja, tras prepararle
el sitio, se disponía a salir de la habitación, Seo Yi-dam la sujetó sin darse
cuenta. Acto seguido, añadió rápidamente:
“……Lo siento.”
Ante la repentina disculpa, los ojos de la
monja se agrandaron. Se sentó a su lado con premura.q
“Pequeño, ¿de qué hablas? ¿Por qué te
disculpas si no has hecho nada malo?”
“Me dijo que no fuera solo……”
“Eso fue porque me preocupaba que pudieras
perderte.”
“…….”
“Pero has vuelto sano y salvo. Con eso basta.
No es culpa tuya, en absoluto.”
En los ojos de la monja se mezclaban la
preocupación, la lástima y el cariño. Al verla, los párpados de Seo Yi-dam
temblaron levemente.
Su vida había sido una costumbre de recibir
insultos y persecución si no hacía lo que se le ordenaba. No, su vida era
recibir insultos incluso cuando hacía lo que le pedían.
“Vaya, pequeño.”
Sin que se diera cuenta, las lágrimas que se
habían acumulado cayeron. La monja, que lo miraba con ojos apenados, le secó
las lágrimas rápidamente.
“Hgh, ugh……”
Finalmente, su rostro se desfiguró por el
llanto. Las lágrimas que brotaron a raudales empaparon las manos de la monja.
Ella, con rostro sorprendido, abrazó de
inmediato a Seo Yi-dam. Le dio palmaditas en su espalda delgada y le acarició
el cabello mientras le susurraba una y otra vez que todo estaba bien.
“Tu interior debe de estar muy herido.”
“ugh…”
“Sí, sí, llora todo lo que quieras hasta que
te desahogues.”
Cuanto más lo consolaba la monja, más fuerte
se volvía su llanto. Seo Yi-dam no lloraba por autocompasión.
Se sentía demasiado culpable. Se sentía
horrible por utilizar la amabilidad que estas buenas personas le brindaban.
Odiaba su propio egoísmo y, al mismo tiempo, odiaba al mundo que lo obligaba a
ser así.
La vida era una sucesión de arrepentimientos.
No debió haber tomado la mano de Gong Pil-woo, no debió haber disfrutado del
calor de Do Jae-hyeok, no debió haber firmado aquel contrato absurdo, y debió
haber buscado la forma de poner un cuchillo en la mano de Do Jae-hyeok para que
lo apuñalara.
No, simplemente no debió haber nacido desde el
principio. Como dijeron esos sujetos que fueron sus padres, él era un ser que
no debió existir. Un ser nacido entre la maldad y la maldad no podía ser bueno.
“Lo, lo siento……. Lo siento……”
Se odiaba a sí mismo por solo poder decir que
lo sentía, odiaba esta realidad y odiaba al mundo. Le dolía este momento en el
que llegaba a comprender sentimientos que no habría sentido si no hubiera
nacido.
La oscuridad llenó su interior podrido. Era un
pecado.
* * *
Las mejillas de quien recorría afanado cada
rincón de la ermita estaban encendidas.
Hoy también, sin falta, Seo Yi-dam se había
levantado en la madrugada, antes de que saliera el sol. Gateando por el porche
y el suelo de las habitaciones que ya había barrido y fregado varias veces,
quitaba el polvo y eliminaba cualquier mancha. La monja, que acababa de salir
de su cuarto, lo miró y sonrió levemente.
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“Pequeño.”
Seo Yi-dam, que sostenía un trapo viejo,
levantó la cabeza con viveza. La vestimenta de la mujer era distinta a la
habitual. Él dejó de limpiar y se acercó para preguntar:
“¿Va a alguna parte?”
“Sí, voy a bajar un momento de la montaña.”
“¿Al pie... del monte?”
Aunque el tiempo que habían pasado juntos era
corto, la monja nunca había abandonado la ermita durante su estancia. La duda
asomó a los ojos de Yi-dam ante la inesperada respuesta.
“Voy a ver a Yeon-woo. Ya debería haber venido
hace tiempo y, como no ha dado señales de vida, estoy preocupada.”
Ahora que lo pensaba, hacía bastante que no
veía a Gong Yeon-woo. Había oído que solía venir a la ermita una vez cada tres
días, o al menos una vez por semana, pero sentía que había pasado mucho más
tiempo que eso.
“Aprovechando que bajo, haré algunos recados.
¿Podrás quedarte solo? Si me doy prisa, creo que estaré de vuelta esta noche,
pero si me retraso, podría ser hasta mañana al mediodía.”
La monja observó el semblante de Seo Yi-dam
mientras hablaba. Al no recibir respuesta, añadió:
“O si prefieres, ¿quieres venir conmigo?”
Ante la cuidadosa propuesta de la monja, Seo
Yi-dam pareció sumirse en sus pensamientos por un momento. Finalmente, sus
labios, que habían permanecido sellados, se abrieron.
“Monja.”
“¿Dime?”
“¿Sabe cuántos días hace que llegué aquí?”
Ante la repentina pregunta, la monja ladeó la
cabeza. Tras rebuscar en su memoria, respondió en voz baja:
“Creo que... unos quince días.”
“¿Quince... días?”
“Llegaste el día 4 y hoy es 18, así que son
exactamente quince días.”
Al escuchar la respuesta, los ojos de Yi-dam
se hundieron con pesadez.
Ya habían pasado quince días. El tiempo había
volado. No, más que volar, se había escurrido como el agua. Y durante todo ese
tiempo, jamás había sentido ninguna señal extraña.
Finalmente, me ha abandonado. En el momento en que comprendió la realidad,
el sentimiento que lo invadió no fue alivio ni desolación, sino un vacío
extraño. Sentía el pecho hueco, como si le hubieran perforado un gran agujero
en el corazón.
Durante esos quince días, Do Jae-hyeok no lo
había encontrado. No, sería más exacto decir que no lo había buscado. Para él,
Yi-dam no era ni siquiera un ser digno de ser capturado para cortarle la
respiración.
Una señal se erigió entre los dos caminos
posibles. Seo Yi-dam, habiendo comprendido por fin el sendero que debía tomar,
esbozó una pequeña sonrisa.
“No se preocupe por mí y vaya con cuidado.”
“¿De verdad estarás bien?”
“Por supuesto. ……Cuídese mucho.”
Su voz tembló imperceptiblemente. La monja,
sin notarlo, lo observó un instante y asintió en silencio.
Ataviada con su gorro de lana gris y su
bufanda, la monja comenzó el descenso, y Seo Yi-dam la despidió hasta que dejó
de verla. Solo cuando ella, tras mirar atrás varias veces, desapareció de su
vista, Yi-dam se dio la vuelta.
— Cuando el camino que debes seguir aparezca
en tu mente, no será tarde para moverte.
Tal como había dicho la monja, el camino había
aparecido, así que era hora de actuar. Seo Yi-dam entró en el espacio que le
había servido de refugio y comenzó a ordenar el lugar.
No tenía equipaje, pues había llegado solo con
lo puesto. Se quitó el hábito de monje y se puso su ropa original, que había
lavado con esmero.
Dejó el hábito y la manta limpios y colgados
en el tendedero, y quemó la ropa interior que Gong Yeon-woo le había comprado.
Quería borrar cualquier rastro de su estancia allí.
Seo Yi-dam se sentó en el porche frente a la
habitación vacía y observó distraídamente la manta y el hábito de los que
goteaba agua.
Ya no quedaba ninguna huella de que hubiera
estado allí. De algún modo, se sentía un poco vacío. Se preguntó si había
vivido hasta ahora solo para esto. Aunque siempre había tenido una existencia
sin presencia, era la primera vez que lo experimentaba de forma tan tangible.
La ermita, sin nadie más, estaba en absoluto
silencio. Preguntándose si la soledad se sentía así, Seo Yi-dam observó cómo el
cielo se oscurecía mientras ordenaba sus pensamientos.
Solo al final de su vida sentía la soledad. Se
preguntó si sería la respuesta de Dios a sus oraciones irrespetuosas. Una risa
amarga escapó de sus labios.
Ya no le quedaban apegos a esta vida. Estaba
satisfecho con haber conocido a buenas personas y haber vivido, aunque fuera
brevemente, días que no merecía. Irme pronto será lo mejor para ellos también.
Seo Yi-dam se levantó justo antes de que se
pusiera el sol. Entró en la habitación para organizar por última vez el espacio
y se dirigió al pabellón principal.
“Gracias a su consideración, me he alojado
bien.”
Su última oración no fue profana como las
anteriores. Seo Yi-dam realizó dos grandes reverencias y, al final, se inclinó
profundamente y permaneció así durante mucho tiempo.
Por favor, cuide de estas buenas personas. Si
hay algún pecado, es mío, así que por favor, que a ellos solo les pasen cosas
buenas y alegres. Su rostro al rezar
estaba más sereno que nunca.
La ermita, sumida en la oscuridad, era
invisible. Seo Yi-dam tomó una de las linternas que la monja usaba cada
madrugada y salió silenciosamente del lugar.
“…….”
La luz emitida por la linterna iluminó el
monte. El camino estaba más oscuro que nunca, pero al pensar que esta era la
última vez, no sintió miedo.
Seo Yi-dam avanzó lentamente, adentrándose en
la penumbra. La densa oscuridad lo devoró en un instante. Un viento gélido
sopló.
El rostro de quien subía la montaña estaba más
tranquilo que nunca. Habiéndose lanzado por voluntad propia a la oscuridad que
tanto temía, Yi-dam caminó y caminó con determinación.
Aunque la luz apenas iluminaba sus pies, no se
perdió gracias a que había subido y bajado el monte en numerosas ocasiones.
El monte nocturno estaba lleno de sonidos. El
lamento de los árboles sacudidos por el viento, el llanto de animales
desconocidos, el grito de las hojas secas y las piedras bajo sus pies.
Entre todos ellos, Yi-dam prestaba atención al
sonido más tenue: el lejano rumor de las olas. A medida que ascendía, ese
sonido se volvía más nítido.
Tras caminar un largo rato, finalmente llegó a
su destino, con la respiración entrecortada escapando de sus labios.
El lugar, al que siempre había ido de día, se
sentía completamente distinto de noche. La luna en el cielo nocturno parecía
excesivamente cerca y el sonido de las olas se oía con más fuerza.
“Ah……”
Seo Yi-dam recuperó el aliento y cruzó
lentamente el campo sumido en la oscuridad. Cuanto más se acercaba al
precipicio, más se le oprimía el pecho.
Suaaaa. El refrescante sonido de las olas crecía, y sintió una
sensación de liberación, como si su interior obstruido se despejara.
Finalmente, la punta de sus pies tocó el borde del abismo.
Sus ojos, que miraban el mar, estaban
resignados. No contenían ninguna emoción. Solo el mar los llenaba.
Seo Yi-dam se sentó dejando los pies colgando
en el vacío y miró al cielo. Parecía que iba a llover; las nubes cubrían la
luna por completo.
Una noche en la que ni siquiera la luna salía
a despedirlo era solitaria, pero no triste. De todos modos, pronto dejaría de sentir
esos pensamientos y emociones, así que no había razón para la tristeza.
El sonido de las olas y los ruidos del bosque
se mezclaban en un tono que le resultaba melancólico. Pronto dejaría de
escucharlos también. Seo Yi-dam cerró los ojos lentamente y ordenó su mente y
su corazón.
Por fin veía el final. Como no había expiado
sus pecados, seguramente no tendría paz ni después de la muerte. Pese a ello,
Yi-dam seguía deseando morir.
Aun así, se sentía un poco feliz de no haber
vivido toda su vida en la desdicha. Durante los quince días en la ermita,
aunque sufrió mucho físicamente, también pudo conservar muchos buenos
recuerdos.
Era la primera vez que recibía la preocupación
sincera de alguien, y el tiempo que pasó sin tener que ganar dinero o estar
pendiente del humor de los demás fue único en esos quince días.q
Si le preguntaran si fue feliz, la respuesta
sería que no. Seo Yi-dam nunca había sentido ni comprendido la palabra
“felicidad” en toda su vida. Su existencia consistía simplemente en vivir por
no poder morir.
No era feliz, pero tampoco le resultaba difícil.
Aunque no podía dormir bien por las pesadillas constantes, no era un tormento
insoportable. Lo más doloroso era el hecho de que, al final de esas pesadillas
atroces, la realidad siempre lo estaba esperando.
NO
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Probablemente nunca podría ser feliz. El final
de sus pensamientos fue la vacuidad.
“…….”
Bajo la mano de Seo Yi-dam, la luz de la
linterna se apagaba y encendía repetidamente. Esa pequeña luz no era suficiente
para iluminar ni el mundo ni su corazón. Esa era la realidad.
Seo Yi-dam no tenía confianza en sí mismo para
soportar esta oscuridad por mucho tiempo solo porque hubiera aparecido una
pequeña luz. Si no hubiera sido el camino para terminar con todo, jamás habría
subido al monte en mitad de la noche.
Era el valor que solo se tiene ante el final.
El hecho de poder lanzarse a la oscuridad apoyado en una pequeña luz era
gracias a la certeza de que no tendría que volver a temer a la tiniebla nunca
más.
Debía detenerse ya. Tenía que arrojar los
apegos inútiles y seguir adelante. Tal como dijo la monja, habiendo conocido el
camino, lo correcto era dar el paso.
La deuda física con Do Jae-hyeok y la deuda
emocional con quienes le habían tendido la mano. Todas las deudas que no pudo
pagar se convirtieron en pecado y pesaron sobre sus hombros delgados.
Seo Yi-dam inhaló profundamente, como si fuera
su último aliento. El aroma amargo de la madera, el olor salado del mar y el
frescor de la hierba se mezclaron para llenar sus pulmones.
Sus párpados se elevaron lentamente. Al abrir
los ojos, enfrentó directamente el mar y el cielo nocturno que seguían allí.
Entonces, se levantó despacio.
En el rostro de quien estaba de pie al borde
del abismo no había rastro de miedo. Yi-dam no miró hacia abajo, sino hacia el
frente. Observó aquel punto incierto entre el mar y el cielo y volvió a
contener el aliento.
Fue en ese instante cuando se detuvo.
“Si tanto te gustaba el mar, debiste decírmelo
de verdad.”
Junto con esa voz grave y familiar, un brazo
como una serpiente gigante rodeó su cuerpo. El movimiento de dar el paso al
frente se detuvo en seco.
Sintió que el aire se le escapaba de los
pulmones. La fragancia que rozó su nariz era excesivamente conocida. El aroma
fresco y gélido que cubría todo su cuerpo cada vez que estaba en sus brazos
fluía justo desde atrás.
Seo Yi-dam no pudo responder ni mirar atrás.
Simplemente se quedó petrificado, respirando con dificultad. Una mano grande
acarició suavemente su vientre delgado.
“Has adelgazado mucho.”
“…….”
“¿Acaso has estado viviendo sin comer ni un
poco de gachas?”
Una risa burlona cayó sobre su nuca. Sintió un
escalofrío en todo el cuerpo y comenzó a temblar violentamente.
Tanto la voz como el aroma eran claramente
suyos. El aliento en su nuca y el tacto que recorría su cuerpo eran, sin duda
alguna, los de Do Jae-hyeok.
Seo Yi-dam apretó los puños con tanta fuerza
que sus manos se volvieron blancas mientras temblaba. Apretó los dientes con
fuerza, reprimiendo el deseo de girarse de inmediato.
Do Jae-hyeok finalmente lo había encontrado.
Había llegado hasta esa ermita escondida en lo profundo de una montaña que
nadie conocía, siguiéndolo hasta el final sin importarle la aspereza del
terreno.
Era una sensación espantosa. ¿Acaso la
desesperación y la alegría podían coexistir en un mismo lugar? En este momento,
Yi-dam sentía desesperación por el hecho de que lo hubiera encontrado, y al
mismo tiempo, se alegraba. Una vez más, ese maldito apego era el problema.
Debiste terminarlo. Debiste haberlo acabado
rápido. No debiste ser codicioso. Después de todo lo que pasaste, debiste haber
reaccionado.
Los autorreproches continuaron sin fin. Lo que
brotaba descontroladamente terminó por escapar y mojar sus ojos y mejillas. Lo
que pendía peligrosamente de su barbilla acabó por caer.
“¿Te has divertido jugando?”
“…….”
“Si ya terminaste de jugar, ahora tienes que
volver a casa.”
Sus ojos, desfigurados por el dolor, se
cerraron con fuerza. Seo Yi-dam lloró sin poder emitir sonido. Una mano grande
aferró con fuerza la parte inferior de su rostro mientras las lágrimas caían.
Sintió que su mandíbula se haría añicos por la presión.
Intentó sujetar su muñeca como si se aferrara
a algo, pero Do Jae-hyeok, por el contrario, apretó con más fuerza a propósito.
La voz que susurró a su lado era sombría.
“Te lo he estado diciendo desde hace tiempo.
Que no tengo ninguna intención de dejarte ir.”
“Ugh, ugh……”
“El que tiene que soltar no soy yo, sino tú,
Dam.”
¿Habría sido diferente si se hubiera lanzado
un poco más rápido?
Si hubiera saltado sin siquiera tomarse un
segundo para respirar hondo.
No, si tan solo se hubiera movido un poco más
rápido desde el principio.
¿Habría podido evitar esta sensación tan
terrible si así fuera?
Do Jae-hyeok abrazó firmemente al ahora dócil
Seo Yi-dam y quitó con los dientes la tapa de la jeringa que el secretario Kang
le había entregado. La aguja afilada se clavó en su nuca blanquecina.
En cuanto el fármaco desconocido se introdujo
en su cuerpo, sintió náuseas y vértigo. Un brazo sólido sostuvo con fuerza su
cuerpo, que perdía el equilibrio y estaba a punto de colapsar.
“Será mejor que duermas un poco por ahora.”
“…….”
“Porque a partir de ahora van a pasar muchas
cosas divertidas.”
La jeringa vacía rodó por el suelo. El efecto
de la droga se extendió rápidamente, desmoronando su cuerpo y su mente. El
mundo se retorció en todas direcciones.
“¿Estás ansioso?”
“…….”
“Puedes estarlo. He preparado muchas cosas.”
NO
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La voz se fue alejando gradualmente. El sonido
de las olas rompiendo, el ruido de las ramas secas al viento y el canto de los
insectos; todo se volvió distante.
Sus párpados se volvieron pesados rápidamente.
El fármaco desconocido devoró su consciencia y lo arrastró hacia un abismo
lejano. Lágrimas que cayeron de golpe mojaron sus mejillas.
Nos vemos luego, Dam.
Tras esa voz terriblemente dulce, perdió el
conocimiento. La fuerza abandonó sus manos, que antes estaban apretadas hasta
volverse blancas. Todo se volvió oscuro.
