Sugar on me
Los momentos de aquel
amor unilateral que creía haber olvidado regresaban a veces a la mente de
Gi-hyun de forma inesperada.
“Cariño, átame las
cuerdas del delantal, por favor.”
Al volver de un ligero
paseo, Jo Yeon-oh estaba de pie frente al fregadero con las cintas del delantal
colgando. Parecía que se le dificultaba atarlas porque tenía puestos unos
guantes de polietileno manchados de condimento que no podía quitarse fácilmente.
Gi-hyun no rechazó la
petición; se acercó y, en silencio, le anudó las cintas. Fue entonces cuando la
vio: la banda elástica negra para el cabello envuelta en la muñeca de Jo
Yeon-oh.
Ante ese pequeño
detalle, un recuerdo afloró de golpe y Gi-hyun reprimió un suspiro bajo.
“¿Hasta dónde fuiste
hoy? Te dije que me esperaras a que saliera del trabajo para ir juntos.”
Él hablaba con
dulzura, ajeno a los pensamientos de Gi-hyun. Estaba concentrado mezclando el
aderezo para el caracol de mar que habían elegido para la cena, pero su tono
revelaba cuánta curiosidad sentía por saber qué había hecho Gi-hyun o a dónde
había ido, lo que le provocó a este una pequeña risa.
“¿De qué te ríes?”
Como si quisiera
conocer hasta el más mínimo detalle de sus risas sin importancia, Yeon-oh
preguntó de inmediato. Gi-hyun apoyó la frente contra la espalda de él. El
aroma corporal del otro lo envolvió como una marea. Aprovechando el contacto
para buscar algo de tranquilidad, frotó la punta de su nariz contra la camiseta
de Yeon-oh.
“……Me da cosquillas,
profesor.”
Jo Yeon-oh se quejó
con voz baja, pero no parecía disgustado. Si realmente le hubiera molestado lo
habría apartado, pero en cambio, sus movimientos se volvieron más cuidadosos,
como si temiera incomodar a Gi-hyun, que seguía apoyado en él.
Últimamente, este tipo
de pequeños contactos físicos habían aumentado. Se debía puramente a que
Gi-hyun se había vuelto más mimoso; él mismo sentía que ahora trataba a Jo
Yeon-oh con menos cautela que antes.
A pesar de ello, el
hecho de que una simple banda elástica en una muñeca lo hiciera reflexionar
sobre sus recuerdos de amor no correspondido era como un hábito vinculado a los
sentimientos que lo habían encadenado media vida.
Sin embargo, cada vez
que eso sucedía, Gi-hyun recordaba la promesa que se había hecho de no volver a
hacerlo. Se esforfaba por evocar aquel momento en que empezó a correr de nuevo,
dejando atrás todos los recuerdos previos que hundían sus tobillos como un
lastre. Se repetía a sí mismo que no debía olvidarlo, pues eran las promesas
que hizo cuando decidió aceptar a Jo Yeon-oh.
“Ah, ¿quieres algo más
que la cena? ¿Lo hacemos en la mesa después de mucho tiempo?”
Lo gracioso era la
actitud de Jo Yeon-oh ante el contacto físico mínimo. No entendía por qué,
después de soltar semejante desfachatez con una sonrisa pícara, sus orejas
estaban tan rojas. Gi-hyun soltó una risita y le tiró del lóbulo de la oreja.
“Pedazo de
pervertido.”
“¿Cómo vas a decirle
'pedazo de' a la futura madre de tu hijo?”
¿Entonces lo de
pervertido está bien? Gi-hyun pensó aquello, pero no lo dijo en voz alta. Sabía
que si añadía una sola palabra, su interlocutor le devolvería cien.
Además, eso de madre
del niño. Si nos poníamos estrictos, el que iba a dar a luz era él, así que ¿no
le correspondía a él ese título? Pero tampoco discutió eso. Si no quería
terminar agotado antes de la cena, lo mejor era cerrar la boca en ese punto.
Gi-hyun salió de la
cocina sin decir nada y entró al baño. Salió tras lavarse las manos con la
intención de ayudar a poner la mesa, pero ya había bastantes cosas servidas.
Sintiéndose un paso por detrás, se quitó la chaqueta y la colgó en la silla de
la mesa mientras preguntaba:
“¿No hay nada en lo
que pueda ayudar?”
“Ya está todo, solo
pon los cubiertos.”
Él respondió con naturalidad
mientras colocaba el cuenco con la comida en el centro de la mesa. La destreza
con la que rescató un fideo del colador tras enfriarlo con agua y se lo comió
mientras enrollaba el resto parecía la de una tabernera experta. Ver a un tipo
del tamaño de un refrigerador parado en la cocina preparando platos tan
delicados era algo a lo que, por más que lo viera, le costaba acostumbrarse.
Le hizo gracia y soltó
una risa silenciosa mientras colocaba los cubiertos tal como Jo Yeon-oh le
pidió. Debido al calor de la cocina, Yeon-oh se había remangado un brazo de su
camiseta, dejando ver su piel. Gi-hyun notó que los músculos de su antebrazo
estaban más marcados, señal de que había estado entrenando duro últimamente.
Para no dejar que su mirada se perdiera allí, Gi-hyun volvió a enderezar el
juego de cubiertos que ya estaba bien colocado.
“¿Estás triste porque
no puedes beber cerveza?”
Yeon-oh, sin imaginar
en qué estaba pensando Gi-hyun, soltó una risita burlona y se sentó en la
silla. Gi-hyun, sentado frente a él, soltó un suspiro. Justo estaba pensando en
lo mucho que la echaba de menos y lo habían pillado.
“……¿Qué puedo hacer?
Beberé en cuanto termine la lactancia.”
Al recordar el sabor
punzante del gas, Gi-hyun se lamió los labios. El tipo, que estaba mezclando
los fideos con el aderezo, detuvo los palillos y lo miró de reojo. Al cruzar
sus miradas, él desvió la vista rápidamente. Por el movimiento de sus labios al
susurrar, pareció pronunciar la palabra ‘lactancia’. Gi-hyun esperó a ver si
tenía algo más que decir sobre el tema, pero finalmente él no dijo nada.
Era la primera vez que
reaccionaba así, y aunque Gi-hyun lo miraba fijamente preguntándose por qué, él
no le devolvería la mirada y movía las manos lentamente de nuevo. Gi-hyun pensó
que era una reacción sosa y, aunque él no pudiera beber, se levantó para
traerle una cerveza a Jo Yeon-oh. Fue entonces cuando vio claramente que la
nuca y el lóbulo de la oreja de él estaban teñidos de rojo.
“……Tú, ¿por qué tienes
la cara tan roja?”
Podía haberse
acalorado al hervir los fideos, pero no era pleno verano como para que el calor
le durara tanto. Cuando se lo preguntó, él se mostró irritado.
“¿Qué? Solo siéntate y
come rápido. ¿Por qué qué, qué?”
“¿Eres un niño de
primaria? ¿Por qué te pones así de repente?”
Sin llegar a gritar,
Gi-hyun soltó una risita ante lo extraño que resultaba que él se pusiera a la
defensiva como si le reclamara algo que no le gustaba, y sacó la cerveza de la
nevera. Mientras tanto, el tipo se frotaba con la mano la nuca, que no terminaba
de enfriarse.
Gi-hyun le puso la
lata de cerveza delante y, cuando iba a darse la vuelta para traerle un vaso,
él lo sujetó de la muñeca con una fuerza tibia y dijo:
“Si tú no bebes, ¿cómo
voy a beber yo solo?”
“Está bien. Solo bebe.
No es para tanto.”
Gi-hyun soltó
suavemente la mano de Yeon-oh y, extendiendo el brazo, le despeinó el cabello.
El pelo que siempre llevaba hacia arriba caía sobre su frente algo húmedo, ya
que se había bañado justo al volver del trabajo. Gi-hyun disfrutó de la
sensación suave entre sus dedos y lo acarició un par de veces más antes de
retirar la mano. Él, con la cabeza gacha, refunfuñó:
“……Haciéndole esto a
su hermano mayor.”
El contenido de sus
palabras era el mismo de siempre, pero el tono se había suavizado tanto que no
parecía molesto en absoluto. Gi-hyun pensó en acariciarlo un poco más. Cada vez
que Jo Yeon-oh parecía disfrutar del contacto físico de esta manera, Gi-hyun
volvía a ser consciente de que su relación era ahora radicalmente distinta a la
de antes. Ya nadie los vería simplemente como amigos si caminaran juntos por la
calle.
De hecho, ya era
ambiguo usar la palabra amigos para definir el vínculo entre ellos. Hacía poco
que habían registrado su matrimonio. Ante la negativa de Gi-hyun de celebrar
una boda, Jo Yeon-oh pareció decepcionado, pero se conformó con ponerle el
anillo de matrimonio y quiso sustituir la luna de miel con un viaje a su villa
privada. Para Gi-hyun, que prefería estar a solas con él en un lugar cercano
antes que irse lejos, fue una propuesta bienvenida.
En realidad, para
Gi-hyun también hacía mucho tiempo que no viajaba con Jo Yeon-oh. Era casi la
primera vez desde que empezaron a salir tras su confesión en la ceremonia de
graduación. En aquel entonces, no se atrevía a decir ni una palabra sobre ir de
viaje o tener una cita. Estaba tan ocupado sintiéndose agradecido y culpable de
que Jo Yeon-oh aceptara salir con él que se limitaba a callar. Una vez que ese
sentimiento de gratitud se desvaneció, sus expectativas sobre la relación
disminuyeron y ni siquiera pensó en viajes.
Por eso, su invitación
a viajar le resultó extraña y le trajo nuevos sentimientos. Porque podía sentir
claramente que ahora ambos tenían una relación verdaderamente profunda.
Así, en aquel viaje a
Gangwon-do, no tuvieron tiempo de disfrutar del paisaje de Taebaek porque no
pudieron salir de la cama en todo el tiempo.
-Todavía no puedo
creer, ah, mierda……. que estés así conmigo, mgh, todavía no me lo creo…….
Eso fue lo que dijo él
mientras se posicionaba entre las piernas de Gi-hyun y empujaba su cintura.
Gi-hyun no pudo evitar estar de acuerdo. Como si los tiempos en que pensó que
nunca podría alcanzarlo y se dio por vencido fueran cosa del pasado, la piel de
Jo Yeon-oh era cálida y dulce.
El acto de unir sus
cuerpos no por el celo de alguno de ellos, sino simplemente porque se amaban,
resultaba asombroso cada vez que lo hacían. Aunque él se lanzaba con tal ímpetu
que parecía que no podía esperar para devorarlo, a Gi-hyun también le gustaba
el acto.
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Afuera, el mar de
árboles creado por el bosque de Taebaek producía un sonido sibilante mientras
las ramas se frotaban entre sí. El dormitorio oscuro, iluminado solo por una
luz cálida, tenía una pared entera de cristal, por lo que aquel mar de bosques
se veía perfectamente. También se reflejaban en el cristal sus cuerpos desnudos
bajo la luz.
Gi-hyun no sabía si le
agradaba o si quería escapar de la restricción de Jo Yeon-oh cuando este lo
atraía para sentarlo sobre su cuerpo cada vez que intentaba apartarse. Él, que
no podía ocultar su hábito de mover las caderas incluso después de sentar a
Gi-hyun en su regazo prometiendo que no lo molestaría mucho por su estado de
embarazo, hundió la cara en la nuca de Gi-hyun, inhaló su aroma y susurró:
-Yo, todo esto…….
Pensé que nunca podría hacerte algo así a ti……. Ah, mgh…….
Las palabras de
Yeon-oh salían entrecortadas y a veces no se oían bien, ahogadas por los
gemidos que escapaban primero, pero Gi-hyun entendía perfectamente lo que
quería decir.
-Entonces, ¿tú desde
cuándo, ugh…. desde cuándo te gusto, eh?
La pregunta de Gi-hyun
tampoco fue muy normal. Su pene estaba estimulando el interior que estaba muy
hinchado, y el de Jo Yeon-oh estaba incluso más grande que en el momento de la
inserción. La parte donde el glande se expande como un cuello estaba tan
endurecida que presionaba cualquier lugar, y Gi-hyun, sin saber si lo que
quería aliviar era el deseo de eyacular o la necesidad de orinar, frunció el
ceño involuntariamente.
Como ya le asomaba un
poco la panza, era difícil ignorar el peso del niño. Estaba sentado con las
rodillas al lado de los muslos de Yeon-oh, haciendo fuerza para limitar la
inserción, pero Yeon-oh, que se movía como si hubiera perdido la razón
empujando de abajo hacia arriba, pareció volver en sí; abrazó a Gi-hyun y gimió
hundiendo el rostro en su pecho.
-No lo sé…….
Probablemente, yo a ti…….
Y las palabras que
salieron de su boca hicieron que Gi-hyun eyaculara sin necesidad de ningún
estímulo. Los dos rodaron sobre las mantas hechas de placer y satisfacción. Las
palabras pronunciadas por la lengua áspera que lamía su pecho eran
extremadamente dulces. Gi-hyun escuchó todo: desde cuándo empezaron los
sentimientos de Jo Yeon-oh y cuán grande había sido el desencuentro desde el
principio.
Fue una noche en la
que algo dentro de su pecho se desbordó junto con la excitación. Por eso,
incluso después de mudarse a Ilsan, Gi-hyun a menudo extraña ese lugar. La
villa de Taebaek, tan hermosa como si solo ellos dos estuvieran atrapados en el
mundo.
Lo gracioso es después
de volver. Aunque ahora conocen los sentimientos del otro y mantienen una
conversación constante que antes no existía, sentía como si hubiera una fina
película entre los dos. Incluso ahora, frente a la mesa, solo hay dos adultos
corpulentos discutiendo por tonterías como: “¿Por qué tienes la cara roja?”,
“La tuya está más roja”, igual que chicos que atraviesan un primer amor
inmaduro.
“Come algo de verdura,
anda.”
“¿Cómo quieres que
coma cebolla cruda?”
“No es cebolla cruda;
te dije que la dejé en vinagre y azúcar para que la comieras. Está agridulce y
se puede comer. Por favor, cómela.”
Al principio del
embarazo comía incluso verduras que nunca había probado, pero parecía que su
apetito original había vuelto. Jo Yeon-oh parecía no estar conforme con eso. El
tipo que hace un momento tenía la nuca roja había desaparecido para dejar paso
a un regañón que le acercaba a Gi-hyun un plato lleno de pepino, cebolla y
cebollino. Gi-hyun las apartó discretamente y comió con conciencia.
La lata de cerveza que
le puso a Yeon-oh no tenía señales de haber sido abierta, solo gotas de agua en
la superficie. No le preguntó por qué no bebía. Le parecía tierno que se
aguantara por él, y también sentía que si él bebía, a Gi-hyun le darían ganas
de hacerlo también.
“Mañana llegaré
tarde.”
“Ah, sí.”
Gi-hyun, sumido en
esos pensamientos, tardó en responder. Luego, recordó naturalmente el motivo
por el cual Yeon-oh regresaría tarde mañana.
Jo Yeon-oh, que
todavía se encargaba de la galería, se había enfadado mucho cuando Cho Gyu-deok
dijo que solo iniciaría los trámites de sucesión después de que se registrara
el matrimonio con Gi-hyun.
-Le dije que no
pusiera condiciones. ¿Por qué el viejo es tan codicioso? Si el presidente habla
así, parece que me estoy casando con él ahora a la fuerza solo para heredar.
Gi-hyun no pudo
intervenir mientras Yeon-oh le decía eso a la cara a Cho Gyu-deok como si
masticara las palabras, pensando: ‘Yo no pensaba eso…….’; así que simplemente
guardó silencio. En su lugar, contuvo a Yeon-oh para que el anciano no se
sintiera humillado.
Yeon-oh, tras lanzarle
una mirada a Gi-hyun, murmuró una pequeña maldición. No es que suavizara el
ceño irritado, pero cerró la boca frente a Cho Gyu-deok.
Cho Gyu-deok, que ya
estaba inmunizado tras haber lidiado tanto con la naturaleza insolente de su
nieto, ni siquiera miró a Jo Yeon-oh y se dirigió directamente a Gi-hyun:
-Pequeño, no es eso.
No es así.
En su tono, al
repetirlo dos veces, se sentía incluso desesperación, por lo que Gi-hyun
asintió con expresión confundida y respondió que entendía.
En la expresión del
anciano se vislumbraba el sentimiento de un mercader que, tras haber vendido
con mucho esfuerzo un producto defectuoso, calma rápidamente al comprador por
miedo a que cambie de opinión; aquello resultaba cómico y penoso a la vez. Al
parecer, incluso para el abuelo, su nieto no estaba muy bien de la cabeza.
Sea como fuera, por
esa razón tan trivial Jo Yeon-oh seguía ocupando el cargo de director de la
galería, y se dice que había planeado con mucho esmero una exposición para
mañana.
Al parecer, hay un
pintor cuyos cuadros valen lo que él pida, y la galería había realizado
gestiones intensas prometiéndole una exposición individual si venía a Corea. El
pintor, hijo de una familia acomodada y famoso sin necesidad de venir, decidió
viajar a Corea al recordar el vínculo que tuvo con Jo Yeon-oh en una asociación
infantil.
“¿Qué dijiste que eran
entre ustedes?”
Gi-hyun, que pensaba
en eso, preguntó con tono casual. Los fideos estaban bastante firmes y ricos.
Ante la pregunta de Gi-hyun, Jo Yeon-oh solo dijo cosas como: “¿Están buenos
los fideos?, están hechos de arroz”, pero finalmente abrió la boca para responder.
“¿Qué vínculo ni qué
nada? Ya lo sabes. El club Anghwa.”
“Ah, claro…….”
Gi-hyun asintió de
inmediato. El nombre Club Anghwa se debía a que las reuniones sociales se
celebraban cuando florecían los cerezos. Es un club al que se unen figuras del
mundo político y financiero, y como tiene una sección juvenil, los niños
también podían asistir.
La madre de Gi-hyun
también pertenecía a ese club. Gi-hyun asintió lentamente al recordar el nombre
que había oído hace mucho tiempo. Al conocerse desde pequeños, el artista
habría aceptado la petición de hacer una exposición individual en Seúl, y no en
Nueva York.
Tras la exposición, la
Galería Naban compraría primero los cuadros para usarlos en sus relaciones
públicas. Gi-hyun creía recordar haber oído del secretario Yu que la galería
estaba desesperada por traer a artistas de renombre para exposiciones
individuales, ya que el valor de los cuadros sube cuanto más éxito tiene la
muestra.
Incluso si era una
conexión a través de amistades de la infancia, Gi-hyun asintió sabiendo que Jo
Yeon-oh, quien siempre resuelve los asuntos con energía, no habría dejado de
esforzarse. Y antes de que el otro empezara a regañar, Gi-hyun habló primero:
“Comeré bien, así que
no te preocupes y vuelve cuando termines todo el trabajo.”
“Sí, esposo mío.”
Al verlo responder
suavemente mientras parpadeaba con picardía, Gi-hyun soltó una risita pensando
que estaba bromeando otra vez. Entonces Jo Yeon-oh se quedó verificando hasta
dónde subía la comisura de los labios de Gi-hyun; su boca se abrió ligeramente
como la de alguien que ve por primera vez a un bebé dar sus primeros pasos,
pero enseguida la cerró con fuerza como si quisiera ocultar su alegría.
Al pensar en cómo él
se esforzaba por ver una simple sonrisa suya, Gi-hyun soltó una risita y le dio
un pequeño toque con el pie en la espinilla.
“No me pegues. Es una
zona erógena.”
Y lo que soltó fue
semejante tontería. Gi-hyun volvió a reír pensando cuándo dejaría de decir esas
cosas. Jo Yeon-oh, que observaba fijamente el rostro de un Gi-hyun que reía con
facilidad, no pudo aguantar más y abrió la lata de cerveza. Con el sonido del
clic y el siseo, inclinó la lata y bebió a grandes tragos. Gi-hyun se quedó
mirando cómo se movía su nuez de Adán al echar la cabeza hacia atrás y se frotó
la nuca. Pensó que era gracioso sentir calor a pesar de que el verano ya se
había ido.
Después de eso, ambos
terminaron de comer en silencio. El ambiente que flotaba sobre la mesa era
peculiar, pero mientras Jo Yeon-oh no mostrara nada evidente, Gi-hyun tampoco
quería señalarlo. A veces, el tipo que lo miraba con ojos brillantes y luego
desviaba la cara, terminaba pegando sus labios a los suyos con una urgencia
como si fuera a perseguirlo hasta el fin del mundo; fuera de eso, se limitaba a
darle toques y actuaba como alguien que no sabe qué hacer.
A Gi-hyun le pasaba lo
mismo. Aunque el contacto físico había aumentado, era más una expresión de
afecto que algo sexual, por lo que el ritmo de ambos estaba un poco
desajustado. De hecho, cuando recién descubrieron sus sentimientos y se
encendieron, parecían más amantes que ahora.
Sin embargo, esta
incomodidad actual tenía su razón de ser. Como el sistema de feromonas de
Gi-hyun se había estabilizado, el médico diagnosticó que era mejor reducir la
frecuencia de las relaciones.
-Yo estoy bien con…….
hacerlo como si fuera la primera vez.
Eso fue lo que dijo Jo
Yeon-oh al salir del hospital. Gi-hyun frunció el ceño al no entender esas
palabras. Yeon-oh, que lo miraba fijamente como si leyera sus pensamientos,
soltó una risita y se mordió el labio.
Él tomó aire como
alguien que finalmente suelta palabras que no salían y dijo sin mirar a
Gi-hyun:
-Podemos aprovechar
esta oportunidad para salir juntos.
Gi-hyun debería haber
dicho que qué clase de noviazgo iban a tener ellos, que si sumaban todo el
tiempo que habían estado juntos saldría una vida entera, pero al ver las orejas
rojas del otro, Gi-hyun también se quedó sin palabras.
Se preguntó si,
después de haber hecho de todo, podían volver a ser una pareja de novatos que
ni siquiera han tenido su primera cita. Pero esa era precisamente la situación
de So Gi-hyun. Porque desde entonces, Jo Yeon-oh se había vuelto tan cuidadoso
que parecía que Gi-hyun se rompería con solo tocarlo. Era ridículo que actuara
como si hubiera olvidado cómo antes intentaba devorarlo, pero Gi-hyun no podía
señalarlo.
Para So Gi-hyun, Jo
Yeon-oh era su primer hombre y su primer amor, pero Jo Yeon-oh no carecía de
experiencia, por lo que resultaba gracioso ver cómo su comportamiento era
extrañamente torpe. Lo que Gi-hyun no podía entender era que incluso la
frecuencia de los besos había disminuido. Cada vez que el ambiente se prestaba
un poco, Jo Yeon-oh se levantaba discretamente para ir al baño o se dirigía a
la sala de ejercicios; era absurdo.
-¿Un beso al menos……
no está bien?
Gi-hyun, incapaz de
aguantar más, sacó el tema primero. Fue porque, mientras estaban acostados en
la misma cama, abrazados por la cintura y besándose, Gi-hyun intentó deslizar
su lengua entre los labios de Yeon-oh y este se levantó de un salto
sorprendido.
-No es eso…….
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Jo Yeon-oh parecía
querer decir algo, pero fue incapaz de continuar, con la nuca y las orejas
teñidas de un rojo intenso. Gi-hyun estuvo a punto de sentirse herido en su
orgullo por los constantes rechazos, pero al pensar que el otro se estaba
conteniendo por su cuerpo y por el bebé, decidió no provocarlo más. Lo gracioso
era que, al vivir así, el ambiente entre los dos había regresado a como era
antes de conocer la sensación que provocaba la piel del otro.
Al prolongarse ese
tiempo, ahora incluso actuaban con cierta timidez el uno con el otro. Gi-hyun
pensó que, después de todo, así debía ser un noviazgo, y desde entonces dejó de
estimular más a Jo Yeon-oh. Disfrutar de ese sentimiento tampoco estaba mal.
Cuando conversaban,
parecían amigos o familia, pero si sus miradas se cruzaban o sus pieles se
rozaban, empezaban a temblar como personas que acababan de confirmar sus
sentimientos; aquello le resultaba cómico y divertido. Pensar que hasta hace
nada se comportaban como si no pudieran vivir sin estar pegados el uno al otro.
¿Sería esto el
noviazgo que tanto había deseado hasta ahora? Le resultaba asombroso que tanto
él como el otro pudieran sentir tan claramente que eran conscientes de la
presencia del otro.
Aun así, por las
noches siempre dormían en la misma cama. El sistema de feromonas de Gi-hyun,
que estaba esperando un hijo, disfrutaba recibir las feromonas de Yeon-oh
incluso mientras dormía; y como Jo Yeon-oh originalmente no podía conciliar un
sueño profundo sin So Gi-hyun, era natural que terminaran durmiendo juntos.
“¿Te secaste el pelo?”
“Sí.”
Gi-hyun respondió a la
pregunta de Yeon-oh mientras se revolvía el cabello, que aún conservaba algo de
humedad, y apoyó las rodillas sobre la cama.
Hoy también, al subir
ambos a la cama, sus aromas corporales se mezclaron. El olor de la loción de So
Gi-hyun que Jo Yeon-oh le había comprado era de la misma línea que el aftershave
de Yeon-oh. De los dos hombres, que compartían la misma línea de una marca de
perfumes de nicho, emanaba una fragancia similar pero sutilmente distinta. Eso,
al unirse a sus feromonas naturales, se convertía en un aroma corporal
contrastado.
Jo Yeon-oh miró de
reojo a Gi-hyun, lo atrajo por la cintura rodeándolo con un brazo y bajó la
cabeza. Sus labios estaban fríos. Gi-hyun frunció levemente el ceño ante la
sensación de que se le hacía agua la boca en cuanto esos labios húmedos lo
tocaron, y abrió la boca para recibir la gruesa lengua de Jo Yeon-oh. Parecía
que Yeon-oh finalmente se había adaptado a los besos donde se mezclaban las
lenguas. Gi-hyun pensó que era gracioso, ya que creía que él era quien debía
adaptarse a esas cosas.
“Mmm…….”
Sin embargo, a Gi-hyun
también se le escapó un gemido reprimido entre los labios unidos. No entendía
por qué, después de haber hecho de todo y con un hijo de por medio, su cuerpo
temblaba por un simple beso.
Gi-hyun, sin bloquear
su respiración entrecortada, giró un poco la cabeza para ayudar a que la raíz
de la lengua de Yeon-oh entrara bien en su boca. El sonido del roce de las
sábanas se escuchaba inusualmente fuerte.
En ese momento,
Yeon-oh se sobresaltó y se apartó bruscamente. Para Gi-hyun, que apenas
comenzaba el preludio del beso y sentía su zona íntima pesada por la creciente
excitación, aquello fue desconcertante.
“Oye, tú……”
“¿Qué, qué?”
Gi-hyun solo pudo
responder con un murmullo aturdido. El llamado repentino fue extraño, pero más
lo fue ver el rostro de Jo Yeon-oh, rojo como si fuera a explotar. Quería
preguntar qué pasaba, pero estaba tan distraído viendo esa cara que le resultó
difícil formular la pregunta.
“Tú, maldición, ¿dónde
aprendiste eso de……?”
Tras decir eso, volvió
a cerrar la boca. ……Parece que esto tampoco se puede……. Gi-hyun se lamió los
labios y saboreó la decepción. Era divertido ir ajustando hasta dónde podían
llegar, pero hoy se sentía especialmente ansioso. La mirada de Jo Yeon-oh
recorrió los labios de Gi-hyun, empapados de saliva o de quién sabe qué, y
luego se desvió de golpe.
“……A dormir.”
La voz de Jo Yeon-oh
estaba completamente ronca. Ese sonido, que parecía raspar su garganta, se
sintió como si rascaran una cerilla contra la columna de Gi-hyun. En un
instante, sintió la sangre agolparse en sus pezones y una erección incipiente,
pero Gi-hyun no lo demostró. Se rascó un poco el lóbulo de la oreja y asintió.
Al meterse bajo las
mantas, Jo Yeon-oh pareció pensar que al menos abrazarse para dormir estaba
bien, y atrajo a Gi-hyun por la cintura. En cuanto quedó envuelto en sus
brazos, sintió la presión de sus erecciones tocándose contra sus muslos.
Gi-hyun soltó un suspiro bajo. De pronto, esta situación le pareció de lo más
absurda.
“Con lo sucio que
hablas, que te pongas así por un simple beso……”
“Sí, me duele un poco.
Me ha pinchado usted muy bien, ¿sabe?”
Gi-hyun soltó una
carcajada ante la respuesta de él. Jo Yeon-oh, a quien quizás le dieron
cosquillas las risas de Gi-hyun contra su pecho —ya que este dormía usando su
brazo como almohada—, se frotó el pecho un par de veces con la mano en la que
aún llevaba su alianza y susurró contra la nuca de Gi-hyun:
“……¿Qué tiene de raro
querer empezar por el noviazgo?”
Eso no importaba, pero
¿no era extraño que alguien que siempre hacía bromas crudas sobre
masturbaciones o felaciones ahora actuara como una persona recatada? Sin
embargo, para ser honestos, Gi-hyun también tartamudeaba a veces frente a Jo
Yeon-oh.
Como se sentía
identificado, no respondió y puso la palma de su mano sobre los ojos de él para
obligarlo a cerrarlos.
“Duérmete ya, anda.”
“La próxima vez
durmamos sin camiseta. Para que nuestras pieles se toquen.”
Gi-hyun le pellizcó la
mejilla ante aquel comentario que revelaba sus intenciones pícaras. Mira que
hablar así, cuando es de los que desvía la mirada en cuanto sus ojos se cruzan,
como un estudiante de secundaria con su primera novia. Gi-hyun ignoró sus
pequeñas quejas de dolor y cerró los ojos primero.
Parecía que la noche
se hacía, un poco más profunda.
* * *
Cuando despertó al día
siguiente, Jo Yeon-oh ya se había ido a trabajar. En la mesa estaba servido un
desayuno sencillo para que Gi-hyun pudiera comer algo.
<Secuaz>
No había más
explicaciones, solo esas palabras. Al ver la hora del mensaje, pareció que se
había levantado de madrugada para preparar la comida antes de salir. Gi-hyun
chasqueó la lengua pensando que, en lugar de eso, debería haber dormido un poco
más.
Sin embargo, no podía
ignorar la cortesía de quien lo había preparado, así que se sentó a la mesa
para terminar su comida. Sus gustos habituales, más inclinados hacia la carne
que hacia la verdura, habían regresado casi por completo; pero como le había
dicho que las judías verdes todavía le resultaban ricas, Yeon-oh aprovechó y
últimamente la frecuencia con la que aparecían en la mesa había aumentado.
Había judías verdes y
tomates cherry salteados con aceite de oliva y sal, huevos revueltos, cuatro
tiras de bacon y tostadas francesas. Pensó en echarles sirope, pero le dio
pereza estirar el brazo, así que lo dejó pasar, terminó de comer y lavó los
platos.
La cocina estaba
impecable, como si hubiera limpiado y ordenado los utensilios de cocina justo después
de usarlos. Gi-hyun soltó un ligero suspiro.
“Siento que le estoy
dejando demasiada carga……”
Pensó que, por mucho
que fuera una época en la que debía tener cuidado, le estaba confiando
demasiado las tareas del hogar a Jo Yeon-oh. Como a Yeon-oh no le gustaba tener
gente extraña en casa, habían contratado a una empleada, pero solo venía una
vez a la semana para hacer una limpieza general. Por supuesto, ese nivel de
limpieza no era suficiente para un fanático del orden como él, así que en
cuanto llegaba del trabajo, se ponía a pasar la aspiradora.
A Gi-hyun le daba
lástima verlo así nada más llegar, por lo que intentaba limpiar él mismo; pero
entonces Yeon-oh, con una sonrisa y sin decir palabra, volvía a sacar la mopa
de vapor y empezaba de nuevo. Por más que Gi-hyun le preguntara en qué se había
equivocado o qué podía mejorar para que lo dejara a él, el otro simplemente
decía que se sentía más tranquilo haciéndolo él mismo. ¿Cómo podía detener a
alguien así?
Incluso había mañanas
en las que, al despertar, encontraba a Yeon-oh con una taza de café siguiendo a
la aspiradora robot mientras la elogiaba diciendo que lo hacía muy bien. Era
casi humillante ver que confiaba menos en Gi-hyun que en un simple robot.
Como él también se
encargaba de preparar las comidas, Gi-hyun se sintió culpable y decidió que hoy
iría personalmente a buscar a Yeon-oh. En lugar de adularlo para que lo cuidara
bien, quería demostrarlo con acciones como un hombre, pero como no le dejaba ni
tocar las tareas domésticas, al menos tendría que hacer de chofer.
Para no cruzarse en el
camino, decidió que avisaría discretamente al secretario Yu. Tras trazar el
plan, ordenó un poco la casa. Sabía que Jo Yeon-oh volvería a ordenarlo todo,
pero le pesaba en la conciencia quedarse sin hacer nada. Incluso cuando vivía
solo, el hecho de que Yeon-oh limpiara a diario hizo que el orden se volviera
un hábito, y tras casarse, le prestaba aún más atención.
Después de limpiar con
bastante esmero, se aseó, salió a dar un breve paseo y se recostó un momento en
el sofá; cuando despertó, eran las cuatro. En el teléfono aparecía una llamada
perdida de Jo Yeon-oh, así que le devolvió la llamada, pero no contestó.
Pensando que estaría
ocupado, contactó al secretario Yu para avisarle que iría de visita por la tarde.
El secretario Yu, encantado ante la idea de poder pasarle la tarea de llevar a
Yeon-oh a casa y así retirarse temprano, aceptó con alegría y le indicó a qué
hora debía presentarse en la galería. Tras pensarlo un momento, Gi-hyun le
pidió que mantuviera el asunto en secreto para Yeon-oh.
Él también quería
actuar como un esposo digno para Jo Yeon-oh. Como en su relación siempre era
Yeon-oh quien preparaba los eventos, grandes o pequeños, Gi-hyun decidió
empezar por cosas sencillas. Si no podía ayudar con las tareas del hogar, al
menos debía ser un esposo que supiera ser cariñoso, ¿no?
Tras terminar la
conversación con el secretario Yu, almorzó algo ligero que sirvió también de
cena. Sabía que si Jo Yeon-oh se enteraba de que se había saltado una comida se
pasaría el rato regañándolo, pero no pudo evitarlo por haber dormido una siesta
tan larga.
Ordenó lo que había
comido y se dio una ducha completa. Como le habían dicho que después de la
exposición individual habría una fiesta en el salón de la Galería Naban, pensó
que sería mejor ir bien arreglado, así que incluso se afeitó el vello facial
que apenas se notaba tras el embarazo.
Iba a ponerse solo un
abrigo fino, pero ya que iba, decidió que era mejor ir elegante por fuera y se
puso algunas de las prendas que Jo Yeon-oh le había comprado. Como solía vestir
siempre ropa de marcas deportivas, se sentía algo extraño al usar telas tan
suaves.
Se puso un jersey de
cuello alto de cachemira negra muy fino, unos pantalones de vestir del mismo
color y un abrigo de trinchera informal que dejó desabrochado. Al verse en el
espejo, se veía pulcro pero le daba algo de vergüenza, así que decidió no
peinarse el flequillo hacia arriba y lo dejó caer de forma natural. Pensó que
quizá se veía demasiado joven, pero al mirar el reloj vio que era hora de irse,
así que sin perder tiempo se calzó las zapatillas pisando el talón.
El camino hacia la
Galería Naban estaba bastante despejado. Como no puso el navegador, iba
consultando el reloj de la consola central para calcular cuánto faltaba.
Parecía que llegaría más rápido de lo previsto. El teléfono, que había dejado
en el portavasos, iluminaba la pantalla constantemente. Parecía que le llegaban
mensajes. Gi-hyun soltó una risita, pues sabía de quién se trataba sin
necesidad de mirar.
Tras ignorarlo unas
cuantas veces más, finalmente entró una llamada. Deslizó la pantalla y rechazó la
llamada de inmediato. Era un evento secreto y, si hablaba con él, existía el
riesgo de que se diera cuenta de que estaba conduciendo; le preguntaría dónde
estaba y no sabría qué responder.
Por suerte, el coche
de Gi-hyun ya subía suavemente por la entrada de la Galería Naban. Miró cómo se
levantaba la barrera del aparcamiento y, en lugar de entrar al garaje
subterráneo, estacionó fuera y caminó lentamente hacia el edificio de la
galería.
El día ya estaba
fresco. Gi-hyun se ajustó el abrigo mientras caminaba sin detenerse. El
edificio de la galería estaba totalmente iluminado. Aunque hacía fresco, al ser
una noche de otoño con buen ambiente, parecía que estaban celebrando el evento
al aire libre. La gente se reunía en el jardín de la galería riendo.
Después de llevar
tanto tiempo vistiendo solo ropa deportiva, se sentía incómodo e intimidado por
ir tan arreglado, pero al ver a los que paseaban por el jardín, su ropa le
pareció incluso sencilla. Por la timidez, Gi-hyun se rascó la mejilla y siguió
caminando.
Supuso que Jo Yeon-oh
estaría donde hubiera más gente, así que caminó tranquilamente. Sin embargo,
para su sorpresa, él no era fácil de encontrar y el secretario Yu tampoco
aparecía, por lo que empezó a sentirse un poco apurado sobre cómo hallarlo.
Mientras caminaba, llegó al final de la pared exterior del edificio y, al
intentar doblar la esquina, se detuvo en seco al oír una voz familiar.
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“Oye, ¿te apartas de
una vez?”
Era la de Jo Yeon-oh.
En su tono de advertencia bajo no se percibía ni una pizca de emoción. Gi-hyun
se acercó con curiosidad por saber con quién estaba hablando.
“¡Oye―! ¡¿De verdad
vas a comportarte así después de tanto tiempo sin vernos?!”
Alguien gritaba
mientras se lanzaba hacia Yeon-oh. Era alguien que, a simple vista, se notaba
que era un omega. De baja estatura y, a pesar de ser un hombre, de complexión
muy delgada.
“¡Oye! ¡Jo Yeon-oh!”
El otro, aparentemente
enfadado, tenía el rostro rojo y resoplaba. Jo Yeon-oh, todavía sin responder y
con un cigarrillo en los labios, mantenía un brazo estirado empujando
firmemente la frente de la persona que se le abalanzaba mientras miraba su
teléfono.
Jo Yeon-oh, que ni
siquiera tocaba el cigarrillo mientras daba caladas tan fuertes que se le
hundían las mejillas, se veía de mal humor a simple vista. Pero Gi-hyun se fijó
en algo inesperado: en que la persona a la que estaba bloqueando con la mano
era un omega.
……En momentos así es
cuando se hace real que Jo Yeon-oh es un alfa. Aunque últimamente era habitual
sentir sus feromonas por todo el cuerpo sin poder resistirse a ellas, al verlo
al lado de un omega le pareció diferente y sintió algo extraño. Como la
diferencia de altura con Gi-hyun no era tan extrema, solo pensaba que era
alguien de complexión más grande, pero al estar junto a un omega de huesos
finos, daba la impresión de ser un alfa para cualquiera que lo viera.
“¿Por qué sigue sin
contestar el teléfono?”
Murmuraba mientras
parecía presionar el botón de llamada repetidamente. Gi-hyun lo observaba
preguntándose qué pasaba, cuando sintió una vibración en su bolsillo y se dio
cuenta de que Yeon-oh lo estaba llamando a él.
Fue justo cuando
agachó la cabeza para sacar el teléfono. Quizás sintieron su presencia, pues
tanto Jo Yeon-oh como el omega que estaba a su lado giraron la cabeza hacia
Gi-hyun. Él estaba empezando a sentir la vergüenza de haber sido descubierto
espiando. Jo Yeon-oh preguntó de inmediato:
“¿Tú qué haces aquí?”
Yeon-oh dijo eso
mientras su rostro era incapaz de ocultar una sonrisa, como una flor que brota
de repente, y Gi-hyun lo miró sin decir nada. Esperaba que se alegrara, pero
parecía más feliz de lo que imaginaba, lo cual le dio satisfacción. El problema
era que sus pies no se movían a pesar de que el otro ya lo había descubierto.
“……¿Qué? ¿Es alguien
que conoces?”
Murmuró el omega
mientras sujetaba ligeramente el codo de Yeon-oh. Gi-hyun tomó aire
inconscientemente e iba a mover los labios para decir algo, cuando Yeon-oh, que
iba a acercarse a Gi-hyun, se dio cuenta de que le sujetaban el codo y se soltó
de un tirón.
“Oye, ¿tú no te ibas?”
Su tono era tan
irritado que incluso Gi-hyun se quedó sorprendido. El omega se quedó
petrificado, como si hubiera recibido un golpe, y enseguida miró a Yeon-oh con
cara de querer llorar.
“Nos vemos después de
mucho tiempo, ¿tienes que hablarme así? Todavía no me he adaptado al cambio
horario y quería comer barbacoa coreana contigo, así que todavía no he comido
na……”
“Deja de decir
tonterías y di simplemente que quieres comer costillas de ternera. No me vengas
con eso de la barbacoa coreana.”
Jo Yeon-oh soltó un
bufido de irritación y se sacudió el brazo una vez más antes de darse la vuelta
bruscamente; lanzó el cigarrillo que tenía en la boca al cenicero exterior y
agitó las manos para dispersar el humo. Acto seguido, se dirigió directamente hacia
Gi-hyun.
“Cariño, ¿cómo es que
has venido hasta aquí? ¿Por eso no respondías al teléfono, para venir a darme
una sorpresa?”
La sonrisa con la que
dijo aquello era preciosa. Lo rodeó por la cintura de forma natural para
atraerlo hacia su pecho; Gi-hyun pudo sentir cómo las feromonas de Yeon-oh, que
antes estaban rígidas, se relajaban suavemente para envolverlo. Gi-hyun se
mordió el labio y sonría despacio.
“Sí. Quería darte una
sorpresa.”
A pesar de que soltó
las palabras con fingida brusquedad, no pudo evitar que se le enrojecieran las
orejas. Le resultaba placentero ver cómo los ojos de él brillaban bajo la luz
anaranjada del exterior mientras lo miraba. Aunque sentía que el omega que se
había quedado atrás los observaba fijamente a ambos, por alguna razón no quería
apartarse.
Gi-hyun, pensando que
él no podía comportarse de forma tan infantil, apoyó las manos en el pecho de
Yeon-oh para intentar apartarlo. Yeon-oh cubrió con su propia mano el dorso de
la mano de Gi-hyun, que descansaba sobre su pectoral, y le guiñó un ojo.
“Ah, te dije que ahí
tengo una zona erógena.”
Maldito loco, si hace
un momento dijiste que eran las pantorrillas. Gi-hyun lo miró con cara de estar
un poco harto, pero el autor de la frase mantenía una expresión descarada. Al
no recibir respuesta, Gi-hyun le empujó la barbilla con la palma de la mano,
pero Yeon-oh pegó los labios a su palma y empezó a soltar risitas mientras le
daba besitos sonoros. Gi-hyun, reprimiendo la risa que amenazaba con escaparse,
saludó a la persona que estaba detrás.
“Hola, soy So
Gi-hyun.”
“Ah…….”
El omega, que no
esperaba que Gi-hyun le dirigiera la palabra, puso cara de sorpresa e hizo un
gesto con los labios para decir algo, pero Jo Yeon-oh se interpuso entre los
dos bloqueando la visión de Gi-hyun.
“¿Por qué tienes que
saludarlo precisamente a él?”
Apoyó su frente contra
la de Gi-hyun y bajó la cabeza, creando una sombra sobre sus ojos que dejó su
visión a oscuras.
“Apártate. Lo he
saludado porque tú no me lo presentabas.”
Gi-hyun volvió a
extender la palma de la mano para apartar la cara de Yeon-oh, pero esta vez
este le sujetó la muñeca. Entonces, manteniendo las frentes unidas, Yeon-oh
giró ligeramente la cabeza y le soltó al hombre con tono despreocupado:
“Él, el artista del
mes de la Galería Naban. Él es mi marido. ¿Contento? Oye, yo me voy, así que tú
no te muevas hasta que acabe el evento. Ni se te ocurra escaparte.”
Dicho esto, tiró de la
muñeca de Gi-hyun para llevárselo. Gi-hyun le preguntó a dónde iban, pero él no
respondió y se puso a llamar a alguien.
“secretario Yu, ¿dónde
están las llaves de mi coche?”
Se preguntaba a quién
llamaría sin responder a sus preguntas, y resultó ser el secretario Yu. Gi-hyun
tiró suavemente de su brazo. Como si hubiera detectado ese movimiento de
rebelión para escaparse de su mano, Yeon-oh frunció el ceño y por fin se volvió
hacia Gi-hyun. Este le negó con la cabeza y dijo:
“Vámonos en mi coche.
He traído el mío.”
Ante las palabras de
Gi-hyun, Yeon-oh se detuvo y le dijo al auricular, “¿Ha oído?”. Gi-hyun pensó
que era imposible que lo hubiera oído, pero él colgó sin dar más explicaciones.
Qué carácter tiene……. Gi-hyun soltó una risita. Yeon-oh, que observaba
fijamente ese rostro sonriente, atrajo a Gi-hyun por la cintura hacia su pecho
y habló:
“Sonríe así a menudo.
Te ves bien.”
No era un comentario
con carga sexual ni una de sus bromas habituales, pero por alguna razón esas
palabras le produjeron un escalofrío por todo el cuerpo. Probablemente era
porque las palabras de Yeon-oh estaban llenas de sinceridad. Gi-hyun liberó el
brazo que tenía atrapado y lo rodeó alrededor de la espalda de Yeon-oh. Sintió
que él se estremecía, pero no le dio importancia y le dio unas palmaditas en la
espalda.
“Yo también.”
“…….”
“Me gusta verte
sonreír.”
Era verdad. No es que
Yeon-oh fuera alguien que nunca sonriera, pero como últimamente se le veía más
relajado que nunca, para Gi-hyun cada día era una novedad. Pensaba que así era
tener una relación con él.
Aquel hombre con
cuerpo de gigante, que se había quedado rígido como un niño que espera un
regaño, se relajó de golpe y se acurrucó contra Gi-hyun como si quisiera ser
abrazado. Debido a la diferencia de altura y envergadura, no podía quedar
totalmente envuelto por Gi-hyun, así que en su lugar parecía que él mismo se
apretaba contra él sin dejar un solo hueco.
Tras darle un par de
palmaditas más en la espalda, él volvió a tirar de Gi-hyun en silencio.
“¿Dónde dejaste el
coche?”
Debía responder que lo
había dejado en el aparcamiento exterior, pero la voz de Jo Yeon-oh sonaba tan
rasposa y el ambiente se había vuelto tan extraño que le costó responder. Al
ver que Gi-hyun dudaba, él le instó a responder.
“Dímelo rápido para
que podamos ir a chuparnos los labios.”
Hechizado por esas
palabras, señaló el coche. Él arrastró a Gi-hyun con la intención de sentarlo
en el asiento del copiloto, pero Gi-hyun giró suavemente la muñeca y entrelazó
sus manos. Yeon-oh lo miró de nuevo con esos ojos brillantes.
“He venido a buscarte,
así que yo conduciré por ti.”
Al oír eso, él se
detuvo, miró fijamente a Gi-hyun y luego se giró completamente hacia él con una
sonrisa. Parecía que tenía el ceño ligeramente fruncido, pero su boca estaba
abierta en una sonrisa de oreja a oreja, lo que hizo que a Gi-hyun también se
le subieran las comisuras de los labios.
“Tú de verdad, ¿eh?”
“¿De verdad qué?”
Sin terminar la frase,
“Tú de verdad, ¿eh? ¿De dónde ha salido algo así?…….” y acabó rodeando la
cintura de Gi-hyun para abrazarlo. Al final, no habían avanzado ni cien metros
y ya estaban abrazándose de nuevo.
“Ah, So Gi-hyun…….”
Esta vez también
hundió la cara en la nuca de Gi-hyun y soltó un quejido. La mano que rodeaba su
cintura bajó ligeramente y empezó a masajearle el trasero con un toque cargado
de deseo. Gi-hyun sintió cómo el pene de él estaba notablemente hinchado dentro
del pantalón contra su propia parte inferior. A él le pasaba lo mismo.
Sintió una sensación
extraña, medio erecto y con un cosquilleo que casi escocía, así que él también
tragó un gemido mientras abrazaba la cintura de Yeon-oh.
“……Vámonos a casa
rápido.”
Cuando Gi-hyun susurró
aquello con una voz que no solo era baja sino también ronca, la espalda de
Yeon-oh tembló. A pesar de haber dicho eso, a Gi-hyun también le daba pena
separarse y le acarició la espalda con la palma de la mano, lo que hizo que Jo
Yeon-oh chasqueara la lengua.
“Oye, me voy a correr.
Deja de tocarme.”
No sabía a qué se
refería con eso de correrse, pero presintió que si preguntaba recibiría una
respuesta abrumadora, así que no insistió. Él llevó a Gi-hyun hacia el lado del
conductor, pero como no se habían solatado del abrazo, caminaban de forma torpe
y tambaleante. Ver a dos hombres adultos moviéndose así le hizo gracia y empezó
a reírse entre dientes, pero tuvo que recibir un beso en cada una de sus
comisuras elevadas por la risa.
Cuando Gi-hyun abrió
la puerta del coche y se subió al asiento del conductor, Jo Yeon-oh bloqueó la
puerta para que no se cerrara y agachó su enorme cuerpo. Metió la cabeza en el
habitáculo y besó los labios de Gi-hyun una vez más. Gi-hyun cerró los ojos por
instinto y, al abrirlos con el sonido de un beso sonoro, soltó una carcajada
repentina. Le parecía graciosa la situación en la que estaban metidos él y Jo
Yeon-oh.
“Se nos va a hacer de
día así.”
“…….”
La temperatura fresca
de la noche otoñal le enfriaba las mejillas, y sentir ese frescor cada vez que
sus narices y mejillas se rozaban cuando él lo besaba también le hacía sonreír.
Yeon-oh no respondió a lo que dijo tras reír un rato y se limitó a mirar a
Gi-hyun desde arriba. Mientras lo observaba en silencio, Yeon-oh se apoyó con
una mano en el techo del coche y volvió a inclinar la cintura.
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Esta vez fue un beso
mucho más profundo. Los labios que se acercaron en silencio ya habían retenido
el frío ambiental. Gi-hyun sintió un cosquilleo en el pecho, por lo que tuvo
que frotarse el esternón con la palma de la mano sin darse cuenta. Las lenguas se
mezclaron profundamente produciendo un sonido húmedo. Gi-hyun frunció el ceño
inconscientemente cuando la punta de la lengua de Yeon-oh rozó su paladar y
echó la cabeza un poco más hacia atrás.
“Ah…….”
“…….”
Fue entonces cuando
los labios, que no se separaban a pesar de estar pegados mientras se
deslizaban, se apartaron. Gi-hyun no pudo ver qué expresión tenían sus ojos.
Como se incorporó de inmediato, el rostro de él quedó oculto por el techo del
coche, y solo era visible su mandíbula con el músculo masetero marcado por la
tensión. Su nuez de Adán, gruesa como una nuez, se movía lentamente, mientras
sus labios rosados brillaban empapados de saliva.
“Tú…….”
“Voy a cerrar la
puerta. Cuidado con las manos.”
Antes de que Gi-hyun
pudiera decir nada, Jo Yeon-oh se le adelantó. Su voz seguía siendo baja, pero
se escuchaba con total nitidez, así que Gi-hyun se quedó sentado dócilmente por
reflejo mientras él cerraba la puerta del conductor con un golpe seco, rodeaba
el capó y se subía al asiento del copiloto.
Gi-hyun, al ver que la
expresión de él estaba terriblemente tensa, sintió un subidón de deseo sexual.
Sintió el bajo vientre pesado y la tela del pantalón apreándole un muslo. En el
momento en que lo que estaba a medio erguir se hinchó por completo y la tela
del pantalón se tensó de forma incómoda, movió la pelvis sin darse cuenta.
“Si vas a mover el
trasero, hazlo sobre mi cara―.”
“……¿Qué?”
Incapaz de creer lo
que acababa de oír, Gi-hyun miró a Yeon-oh aturdido y le pidió que repitiera.
Como si se hubiera dado cuenta de lo que había dicho sin querer, el rostro de
Jo Yeon-oh se puso rojo al instante. Él murmuró una maldición y acto seguido
agarró a Gi-hyun por la nuca para atraerlo hacia sí. Sus frentes chocaron con
un golpe seco, pero Gi-hyun no sintió dolor, sino que seguía aturdido.
“Ah, de verdad…….”
Jo Yeon-oh murmuró
como si le doliera algo y mantuvo los ojos cerrados. La luz del interior del
coche, que aún no se había apagado, proyectaba sombras alargadas con sus
pestañas. Gi-hyun iba a decirle algo, pero cerró la boca.
“Yo…….”
“…….”
Jo Yeon-oh también
parecía querer decir algo; movió los labios repetidamente y finalmente soltó un
suspiro:
“Yo, ya no puedo
aguantar más. No puedo limitarme solo a salir contigo, Gi-hyun.”
Ante esas palabras,
Gi-hyun parpadeó un par de veces y, en cuanto comprendió el significado, agarró
a él por la nuca con la mano. Acto seguido, unió sus labios a los de él. El
beso acababa de empezar, pero se le hizo agua la boca como si tuviera hambre.
La lujuria, que había estado encendida todo el tiempo como algo viscoso que ha
prendido fuego, ardió de golpe con furia.
Gi-hyun introdujo su
lengua entre los labios de él. Jo Yeon-oh empezó a succionar lo que había
entrado en su boca. La presión y la sensación de cosquilleo en la lengua eran
intensas.
“Ah, ah…….”
Los gemidos de Yeon-oh
se escapaban entre sus labios húmedos. El pantalón de Gi-hyun empezó a
humedecerse. Pudo sentir cómo algo se filtraba por la punta de su pene. La
sensación de humedad al pegarse la ropa interior avivó aún más su deseo.
Gi-hyun apoyó la mano
en el pecho de Jo Yeon-oh y empezó a masajearlo sin darse cuenta. La sensación
elástica y mullida del músculo pectoral le produjo un escalofrío en la nuca. En
el momento en que intentó presionar el pezón con el pulgar, él le sujeta la
muñeca.
“Vaya manos tienes.
¿Ya no puedes aguantar, Gi-hyun?”
Él separó sus labios
húmedos y esta vez pegó los suyos directamente al lóbulo de la oreja de
Gi-hyun; el sonido de su voz murmurante le produjo un escalofrío por todo el
cuerpo. Gi-hyun asintió involuntariamente.
“Céntrate, cariño.
Dijiste que ibas a conducir.”
Jo Yeon-oh susurró con
voz risueña. Ante ese tono tan sugerente, a Gi-hyun se le escapó un quejido.
Yeon-oh le levantó la barbilla para que no bajara la cabeza y, mientras besaba
repetidamente sus labios, mejillas, párpados y el hueso de la ceja, pulsó el
botón de encendido del coche.
“Vámonos rápido.
Siento que me va a estallar el pene.”
Esas palabras fueron,
finalmente, las que prendieron la mecha.
* * *
Se escuchó un sonido
húmedo y pegajoso.
“Ah, cariño…….”
Ante aquel gemido
mezclado con la respiración, las venas del dorso de la mano de Gi-hyun, que
sujetaba el volante, se hincharon. ……Sintió que le resultaría imposible llegar
hasta casa en ese estado. Tras calcular mentalmente dónde estaba el hotel más
cercano, cambió de carril y giró a la izquierda de inmediato.
Como si se hubiera
dado cuenta de que se habían desviado del camino a casa, las caricias de aquel
cachorro de zorro sentado a su lado se volvieron aún más viscosas.
“Siento que me voy a
correr solo con olerte, esposo.”
Jadeando con fuerza y
con la cabeza gacha, Jo Yeon-oh golpeó ligeramente el antebrazo derecho de
Gi-hyun con la frente. Aunque llevaba el abrigo puesto y no debería sentir el
contacto directo, Gi-hyun percibió un calor abrasador. Él no respondió y se
limitó a echar un vistazo al espejo retrovisor. Era de noche y los cristales
estaban bastante tintados, pero aun así temía que alguien pudiera ver a Jo
Yeon-oh desde fuera.
En cuanto se había
subido al coche y se había abrochado el cinturón, Yeon-oh se había desabrochado
la hebilla para sacarse el pene; desde entonces, se estaba masturbando mientras
inhalaba el aroma de las feromonas de Gi-hyun que llenaba el habitáculo.
Aquella vara gruesa que asomaba de su pantalón ya goteaba un líquido transparente
por la punta. El pene, de un color púrpura bien maduro, parecía sacudirse con
mal genio cada vez que la mano de Yeon-oh se movía de arriba abajo.
Gi-hyun miró embobado
el glande enrojecido y la corona hinchada, hasta que el claxon de un coche detrás
de él lo devolvió a la realidad y arrancó de nuevo.
Al ver cómo el líquido
preseminal caía sobre el pantalón beige oscuro de Yeon-oh, manchándolo punto
por punto, Gi-hyun tuvo que concentrar todas sus fuerzas en no pisar el
acelerador con demasiada intensidad debido a la excitación. En medio de todo,
Jo Yeon-oh levantó la mano con la que se tocaba y acarició la nuca de Gi-hyun,
rozando la arteria carótida que latía con fuerza. En cuanto las feromonas
acumuladas en el líquido preseminal tocaron su nuca, Gi-hyun sintió un calor y
un cosquilleo insoportables en esa zona.
“……Oye, quédate quieto
de una vez.”
Finalmente, incapaz de
aguantar más, Gi-hyun soltó una advertencia, pero Yeon-oh fingió no oírlo y
solo aumentó la amplitud de sus movimientos al apretar su grueso pene. Aquel
comportamiento de Jo Yeon-oh continuó hasta que llegaron al hotel.
Gi-hyun, que pensaba
entrar por el acceso para coches del hotel, decidió que no era buena idea y se
dirigió directamente al aparcamiento subterráneo. El coche estaba saturado con
el dulce aroma de las feromonas de Jo Yeon-oh y las suyas propias, que vibraban
por no poder calmar la excitación; si un botones llegaba a abrir la puerta,
temía que se desatara un desastre.
No quería incomodar a
nadie más con la presencia de un alfa y un omega incapaces de controlar sus
feromonas. Sin embargo, Jo Yeon-oh, como si ignorara los esfuerzos de Gi-hyun,
seguía acariciando el muslo que pisaba el acelerador.
“Tú de verdad……”
“Se te ha marcado una
vena aquí, cariño.”
En su lugar, se limitó
a dar golpecitos con el índice en la vena que había aparecido en la frente de
Gi-hyun. No entendía por qué estaba siendo tan seductor. Al final, Gi-hyun
soltó una carcajada. Le resultaba gracioso que el pene erecto tensara tanto el
pantalón, y también le dio risa ver cómo, nada más entrar en el hotel, Yeon-oh
sacaba una toallita húmeda de la guantera para limpiarse la mano y guardaba con
dificultad lo que aún no se había calmado dentro del pantalón. Jo Yeon-oh miró
a Gi-hyun con cara de no entender la risa, pero pronto él también empezó a
sacudir los hombros mientras se reía. Tras un rato riéndose con las caras
sonrojadas por lo ridículo de la situación, y en cuanto la risa amainó, él le
preguntó a Gi-hyun:
“Pero qué pícaro eres,
cariño. ¿No habías dicho que me llevarías a casa? ¿Vas a hacer que me quede a pasar
la noche fuera?”
Gi-hyun no respondió;
se bajó, rodeó el capó y abrió la puerta del copiloto. Como si no se esperara
ese gesto, Yeon-oh lo miró con los ojos muy abiertos desde el asiento. Gi-hyun
disfrutó de esa expresión y habló con cortesía:
“Bájese, esposo.”
“……Vaya, So Gi-hyun.
¿Así que con esas estamos?”
Gi-hyun disfrutó
viendo cómo él intentaba no reírse, pero terminaba por desmoronarse y soltaba
una carcajada admitiendo su derrota. Ver a Jo Yeon-oh encogido, usando su
abrigo para tapar su erección, y ver cómo seguían bromeando el uno con el otro
a pesar de sus rostros ligeramente encendidos, eran detalles que hacían que su
sonrisa fuera más profunda.
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Ambos subieron
directamente al vestíbulo y siguieron bromeando mientras hacían el registro.
Yeon-oh rechazó al mayordomo que se ofreció a acompañarlos a la habitación y,
en cuanto subieron al ascensor directo a la suite y las puertas se cerraron,
empezó a besar a Gi-hyun. Esta vez, Gi-hyun no se negó.
Subieron a la
habitación y se ducharon juntos en el baño, desde donde se veía todo el centro
de Seúl. Gi-hyun perdió la cuenta de cuántas veces tuvo que calmar a aquel
hombre que se quejaba diciendo que no había tiempo para lavarse. Cuando Yeon-oh
intentó ponerse bajo el chorro de agua para enjabonar el cuerpo de Gi-hyun él
mismo, Gi-hyun lo rechazó repetidamente, lo que provocó que Yeon-oh se pusiera
de mal humor.
Durante toda la ducha,
Gi-hyun se mantuvo alerta porque Jo Yeon-oh se arrodillaba entre sus piernas
intentando alcanzar su pene constantemente, pero al final se dio cuenta de que
solo eran bromas y soltó una carcajada.
“¿Te crees que quiero
chuparte el pene porque me guste? Solo es grande y no sirve para nada, me duele
la mandíbula de lo que ocupa.”
Al final, terminó
incluso quejándose. Gi-hyun, que apenas había logrado terminar de ducharse
mientras apartaba al persistente Yeon-oh, se secaba el pelo con una toalla
cuando puso cara de incredulidad.
“Entonces, ¿por qué te
empeñas en hacer algo tan difícil?”
“Porque sale un olor
muy sexy de aquí y quiero lamerlo.”
……Si hubiera sabido
que respondería eso, no habría preguntado. Mientras Gi-hyun se quedaba sin
palabras, sin saber qué responder, una mano se coló de repente entre sus
muslos.
“¡Ah, oye……!”
“¿Cómo que ‘oye’? A tu
marido se le dice de otra forma.”
Jo Yeon-oh jadeó con
fuerza mientras hurgaba entre las piernas de Gi-hyun. Este perdió el equilibrio
y no tuvo más remedio que sujetarse al lavabo de mármol. Debido a que lo había
estado tocando durante toda la ducha, su pene, que ya estaba medio erecto, fue
atrapado por esa mano grande y se sacudió.
“¡Es-pera―!”
Yeon-oh ignoró el
grito de Gi-hyun y continuó frotando el pene. Las sienes de Jo Yeon-oh, que
mantenía la mirada fija en la entrepierna, estaban rojas. Parecía alguien
absorto en algo, mirando fijamente el pene de Gi-hyun, su bajo vientre y su
rostro.
A pesar de que llevaba
tiempo embarazado, al ser un omega hombre, el vientre de Gi-hyun no sobresalía
tanto, solo estaba ligeramente hinchado. El simple hecho de recordar que lo que
había allí dentro era su hijo hacía que el pene de Yeon-oh se hinchara con más
grosor. Yeon-oh, con el deseo sexual subiéndole por momentos, se lamió el labio
inferior mientras seguía estimulando el pene de Gi-hyun.
Aquello, hinchado y de
color albaricoque, abría y cerraba el orificio de la uretra dentro del puño de
Yeon-oh. Cada vez que vislumbraba la carne interna, Yeon-oh fruncía el ceño y
lo miraba fijamente. Como si reaccionara a su mirada, el orificio goteaba líquido
preseminal sin parar.
“……Sale un olor
jodidamente dulce de aquí.”
Con esas palabras,
Yeon-oh no pudo aguantar más y se arrodilló ante la entrepierna de Gi-hyun.
“¡Jo Yeon-oh!
¡Levántate ahora mismo!”
“No quiero, déjame
chuparte el pene.”
Hundió la cara en su
entrepierna sin miramientos. El pene de Gi-hyun, que rebotaba contra su
mejilla, se sentía suave al tacto. Yeon-oh no dudó y empezó por lamer el
glande, donde ya brotaba el líquido preseminal. Aunque sabía que Gi-hyun
prefería que lamiera el tronco suavemente al principio debido a su personalidad
reservada y solo pasara la lengua por la corona cuando la excitación fuera
mayor, Yeon-oh sentía que se le hacía la boca agua por el líquido preseminal
acumulado en la punta.
El deseo sexual se
propagó como el hambre. El líquido preseminal, mezclado con las feromonas de su
amado omega, tenía el sabor favorito de Jo Yeon-oh. Él sacó la lengua y
envolvió por completo el grueso glande.
“Ah, ah……. Hm, espera
un poco……”
Gi-hyun echó la cabeza
hacia atrás y se cubrió el rostro con una mano. Yeon-oh agarró las nalgas de
Gi-hyun y las atrajo hacia sí. El pene entró aún más profundamente en su boca.
Pudo sentir cómo los abdominales de Gi-hyun se contraían. En el dedo anular de
la mano que se aferraba al mármol del lavabo como a un clavo ardiendo, brillaba
la alianza de boda que Jo Yeon-oh le había regalado.
Él quería que la
llevara puesta en el dedo a donde quiera que fuera, y So Gi-hyun, como si
supiera exactamente lo que Jo Yeon-oh sentía en su interior, nunca se la había
quitado del anular desde que se casaron. Por eso, sintiéndose agradecido,
Yeon-oh se propuso esforzarse al máximo en aquel servicio oral.
“Ah, mm……. Mmm……”
“Ha……. Chup……”
Gi-hyun sufría por la
considerable presión en su boca mientras intentaba tragar la saliva acumulada.
Parecía estar conteniendo la eyaculación a duras penas. Las venas se marcaron
en los músculos de la parte interna de sus firmes muslos. Cuando Yeon-oh empezó
a masajearle suavemente el escroto mientras movía la cabeza, los gemidos de
Gi-hyun llovieron sobre él.
Jo Yeon-oh no podía
creerlo. El hecho de que todo esto fuera suyo. El hecho de que el lugar desde
donde podía desear y poseer a So Gi-hyun, donde podía comerlo y beberlo sin la
más mínima vacilación, le perteneciera; incluso el hecho de que, aunque
extendiera la mano, Gi-hyun no lo rechazaría.
“Qué guapo.”
“No hables... no
hables con eso en la boca……”
Debido a que tenía
algo grueso dentro, la palabra "guapo" no salió con nitidez. Gi-hyun
se quejó en voz baja mientras soltaba un gruñido para evitar empujar su cintura
contra la boca de él. A Yeon-oh le pareció tan tierno que le dio una fuerte
succión al glande, haciendo que el cuerpo de Gi-hyun temblara violentamente. Su
parte inferior se sacudió con pesadez. Debido a la sangre acumulada por la
erección completa, el grueso pene estaba tan rígido que se elevaba hasta
golpear suavemente su propio bajo vientre.
Sintiendo que no sería
bueno para él seguir aguantando, Yeon-oh apartó los labios de aquello que había
empapado con saliva y se incorporó. Manteniéndose muy cerca, agarró las nalgas
de Gi-hyun para unir sus partes inferiores y movió la cintura en círculos. El
pene de Gi-hyun, completamente empapado, y el suyo propio chocaron y rebotaron,
intensificando el placer.
“Ah, mmm……”
“……Qué bien se siente.
¿A que sí?”
Gi-hyun no respondió a
su búsqueda de complicidad. Sin embargo, a Yeon-oh no le importó. Consideró que
el brillo que vio al espiar sus sienes enrojecidas era respuesta suficiente.
Sin insistir más en
una respuesta, rodeó los huecos de las rodillas de Gi-hyun con sus antebrazos y
lo alzó en vilo.
“¡Ah, oye―!”
Gi-hyun gritó de
inmediato. Yeon-oh soltó una risita.
“¿Cómo que ‘oye’ a tu
marido desde hace un rato?”
“No digas tonterías. ¿Me
vas a bajar?”
“Lleguemos al menos
hasta la cama. Ay, deja de tirarme del pelo.”
Para cuando finalmente
dejó a Gi-hyun en el sitio, el pelo de un lado de la cabeza de Yeon-oh parecía
un nido de pájaros. Gi-hyun se rió entre dientes al ver ese aspecto. A Yeon-oh
le gustaba tanto verlo reír que, sin darse cuenta, las comisuras de sus labios
también se elevaron.
……Le parecía increíble
haber desperdiciado varios días con la excusa de "atesorarlo" cuando
tenía a alguien tan hermoso a su lado. Se decía que en el contacto físico no
hay marcha atrás, solo avance, y esas palabras eran totalmente ciertas. Incluso
sintió el arrepentimiento de haber contenido sus ganas innecesariamente.
Yeon-oh se acostó al
lado de Gi-hyun y lo atrajo por la cintura. Enlazó sus muslos entre las piernas
de él y comenzó a acariciarlo suavemente, frotando sus penes de forma lenta y
constante.
Era un gesto que
recordaba a un juego de niños, pero era más que suficiente para excitar a
ambos. No sabía que tener los cuerpos unidos se sentiría tan bien. No pudo
evitar arrepentirse de no haberlo sabido antes…….
“Deberíamos habernos
acostado hace mucho tiempo. Es una pérdida de tiempo, ¿verdad?”
A pesar de que seguía
preguntando para buscar su acuerdo, Gi-hyun no respondió. En su lugar, rodeó la
cintura de Yeon-oh con sus brazos y le dio unas palmaditas en la espalda. Era
un gesto bastante sobrio, considerando que abajo sus penes frotaban el uno
contra el otro goteando un líquido preseminal transparente.
“A mí me gusta ahora
también. Estar así acostados juntos, vivir contigo……”
“……Mmm.”
Solo era una simple
declaración de sentimientos, pero la mirada de Jo Yeon-oh vaciló y, acto
seguido, su pene se sacudió abajo y golpeó repetidamente el bajo vientre de
Gi-hyun.
“Ah, joder……. Casi me
corro.”
A Gi-hyun le pareció
extraño que quisiera eyacular en cualquier momento y sintió curiosidad por la
razón.
“……¿Por qué sentiste
que te ibas a correr?”
“Porque sí. Ya te dije
que me pasa incluso solo con verte sonreír.”
La respuesta de Jo
Yeon-oh fue simple. La luz indirecta sobre la cama se reflejaba en sus pupilas.
Gi-hyun suspiró bajo y sonrió.
“Siento que podría
quedarme dormido así ahora mismo.”
Se sentía bien. Estaba
excitado, pero el calor de sus pieles unidas mientras se abrazaban le hacía
sentir que el sueño llegaría pronto.
“No digas tonterías.
Si me estalla el pene, el que pierde eres tú.”
“Oye, qué cosas
dices……”
“No sé. Todo es culpa
tuya. Que diga estas guarradas, que esté tan loco por tu agujero que me den
igual las citas y todo lo demás porque solo tengo ojos para el sexo.”
A pesar de soltar
palabras tan crudas, Gi-hyun encontró ridículo cómo se acurrucaba en su pecho
como si estuviera siendo mimoso. Ante aquel comportamiento de una bestia enorme
que ignoraba su propio tamaño para intentar encajarse en sus brazos, Gi-hyun,
aunque no quería, tuvo que abrir los brazos y abrazar a Jo Yeon-oh.
Poco después, él se
incorporó a medias sobre el pecho de Gi-hyun y comenzó a acariciarle suavemente
el pectoral con la palma de la mano. Su voz aún sonaba como si estuviera
quejándose.
“Aunque no quieras
hacerlo, no dejes que se note.”
“Está bien. Actuaré
como si me encantara tanto que me fuera a morir.”
“No me mientas, So
Gi-hyun. Tú no sabes actuar. Si te pones a gritar de verdad, ¿qué dices?”
“¿Ves? Parece que
tengo talento para la actuación, después de todo.”
Ante esas palabras, Jo
Yeon-oh volvió a hundir la cara en el pecho de Gi-hyun mientras lo abrazaba con
fuerza y murmuraba: “Ah, te odio tanto, So Gi-hyun……”. Gi-hyun soltó una
carcajada abierta. Como si ni siquiera él pudiera pedirle que dejara de reírse,
Yeon-oh lo miró fijamente y luego apretó y retorció el pezón con el índice y el
pulgar.
“Ah……”
“¿Solo te duele?”
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Preguntó él con
intención. Gi-hyun lo miró en silencio y luego negó con la cabeza. A pesar de
que pensó estúpidamente que podrían dormir cómodamente abrazados, el deseo
sexual volvió a encenderse en un instante. Jo Yeon-oh, sin apartar la mirada
del rostro de Gi-hyun, bajó la cabeza y pegó los labios sobre el pezón. Gi-hyun
frunció el ceño involuntariamente ante la sensación de la lengua áspera rozando
su pezón hinchado.
“Ah, me da
cosquilleo.”
Intentó apartarle la
frente suavemente, pero los labios pegados al pezón no se soltaron. Como lo
tenía sujeto ligeramente entre sus dientes frontales, el pezón se estiraba cada
vez más conforme él intentaba apartarlo. Eso resultó ser un estímulo mayor y
Gi-hyun empezó a retorcer la cintura.
Finalmente, cuando
Gi-hyun soltó la frente que sujetaba al no poder aguantar el cosquilleo,
Yeon-oh soltó el pezón que había estado succionando como si mamara y comenzó a
lamer la línea del pecho, bajando más y más. Gi-hyun se mordió el labio ante la
sensación de la punta de la lengua afilada enganchándose un momento en el
ombligo antes de deslizarse. Como si no quisiera que hiciera eso, el brazo de él
subió y rozó los labios de Gi-hyun. Sus labios, que estaban apretados hacia
dentro, se abrieron y fueron presionados por el dedo de él, que olía a su
fragancia característica.
“¡Ah, espera……!”
No pudo evitar soltar
un grito. La punta de la lengua de Yeon-oh lamió hacia arriba, hurgando entre
sus piernas, y se detuvo en el perineo para succionar la carne hinchada.
“No hagas eso, tú.”
“No quiero.”
Tras responder con
brevedad, él apoyó las manos detrás de los huecos de las rodillas de Gi-hyun y
pareció empujar hacia abajo. Con el trasero levantado en el aire, Gi-hyun quedó
en una posición vergonzosa. Intentó forcejear tarde, pero no pudo deshacerse de
las manos que lo mantenían fijo presionando desde arriba.
“¡¿Qué... qué estás
haciendo―?!”
Fue entonces cuando estalló
un grito agudo. Gi-hyun, sobresaltado, levantó la cabeza sin darse cuenta para
mirar hacia abajo. Y se dio cuenta de que Jo Yeon-oh, que mantenía la lengua
presionada firmemente contra su perineo mientras subía la mirada para encontrar
sus ojos, deslizó la lengua directamente. El órgano que se encontraba debajo
del perineo era obvio. Gi-hyun se estremeció de horror.
“¡Te he dicho que no
lo hagas!”
“No quie-o.”
Con el sexo de Gi-hyun
en su boca, él lo miraba con los ojos muy abiertos. Esa pronunciación
distorsionada probablemente significaba "No quiero". Al sentir el
contacto de los labios contra su orificio trasero, quedó claro. Intentó moverse
para escapar, pero esa acción solo provocó que agitara el trasero y frotara sus
zonas húmedas contra los labios y la lengua de Jo Yeon-oh.
Él, como si conociera
perfectamente la situación de Gi-hyun, soltó una breve carcajada y luego pasó
la lengua, extendida y plana, por el lugar que estaba contraído. Gi-hyun
sacudió la cabeza por reflejo. Podía sentir a través de la lengua pegada de él
cómo la fuerza se concentraba en su parte inferior, como si el flujo fuera a
desbordarse de repente.
“Ah, mmm, no, no…….
Hmm……”
Cuanto más forcejeaba,
más parecía estar haciéndole un favor a Jo Yeon-oh. Hubo un movimiento inquietante:
él parecía tener la intención de hurgar hacia el interior, lamiendo los
alrededores con la punta de la lengua muy tensa.
Cada vez que el sonido
de la succión, de esos besos húmedos y pegajosos, llegaba desde el espacio
entre sus piernas, sentía que un escalofrío abrasador le recorría la columna
vertebral. Podía ver cómo los dedos de sus pies se encogían por instinto, pero
no había nada más que pudiera hacer.
“Basta, ugh, ah,
mmm……”
“Ha……”
Finalmente, solo
después de que el líquido preseminal goteara desde la punta de su pene, Jo
Yeon-oh levantó por fin la cabeza de entre las piernas de Gi-hyun. Al ver que
los labios de él estaban rojos e hinchados por haber estado succionando su
parte trasera, Gi-hyun sintió un subidón de calor instantáneo.
“……¿Tú, estás loco?”
“Sí, ¿se nota mucho? Y
eso que me he contenido porque ahora voy a ser padre.”
Jo Yeon-oh soltó una
sonrisa cínica, sujetó su propio pene para sacudirlo un par de veces y alineó
la punta exactamente con el orificio trasero de Gi-hyun.
“Ah, joder……”
Yeon-oh dejó escapar
un gemido sin darse cuenta. En el momento del contacto, sentir la succión y
cómo la lengua de Gi-hyun parecía lamer el orificio de su uretra fue una
sensación tan excitante que los músculos de sus nalgas se tensaron por sí
solos. Sabía que al final no podría contenerse y terminaría haciendo esto. Era
imposible que un tipo que se moría por enterrar todo su cuerpo dentro de él
pudiera conformarse con un romance dulce y sin lubricación.
Lo que Jo Yeon-oh
quería de So Gi-hyun era devorarlo hasta la última uña sin dejar rastro, así
que se había equivocado de dirección desde el principio.
“Es-pera, un momento,
hace demasiado tiempo que no lo hacemos……. Ah, no va a... entrar……”
“……Ha, si lo meto,
entrará todo. No te preocupes. Tu hyung se encargará de alimentarte bien.”
Qué hyung ni qué ocho
cuartos, loco de mierda. Gi-hyun quiso decir eso, pero los sonidos que salían
de su boca no tenían sentido. En cuanto el pene de Jo Yeon-oh empujó hacia
arriba, los gemidos se desbordaron cada vez que abría la boca.
“Ah, ah……. Hmm, ¡ah―!”
“Joder, de verdad……”
Las venas sobresalían
en la frente de Jo Yeon-oh mientras sacaba la lengua para lamer su labio
inferior. Gi-hyun desgarró las sábanas. Lo que había entrado en su interior era
tan grande que le hacía sentir una pesadez profunda. Con la sensación de que se
quedaba sin aire, Gi-hyun jadeaba mientras Yeon-oh lo miraba desde arriba y
volvía a mover la cintura lentamente.
“Déjame conocer al
bebé.”
“……¿Qué?”
Ante las palabras de
Yeon-oh, Gi-hyun inhaló aire con un respingo. Estaba tan confundido que no
sabía si había oído bien. Jo Yeon-oh, aun sabiendo la desconcertación de
Gi-hyun, continuó hablando fingiendo ignorancia. Solo entonces Gi-hyun pudo ver
que los ojos de Yeon-oh estaban un poco fuera de sí.
“Ha, me encanta……. Voy
a entrar más profundo, deja que conozca al bebé, ¿sí?”
“¡Qué, no, oye―!”
Fue antes de que
pudiera replicar. Con la pelvis sujeta, fue atravesado por completo. Con las
piernas flotando en el aire, no tuvo más remedio que soltar un lamento. Podía
sentir cómo su interior se contraía sin cesar, así que no podía ni imaginar lo
vívido que debía ser para Jo Yeon-oh, quien lo penetraba directamente; la idea
le resultaba vergonzosa.
Gi-hyun intentó
forcejear, pero era difícil escapar estando ensartado por esa vara gruesa. Por
mucho que suplicara que lo soltara, viendo el estado de los ojos de Jo Yeon-oh,
parecía que ni siquiera lo escuchaba. Al final, tuvo que soportar cómo el
glande que había entrado hurgaba en sus paredes internas de un lado a otro.
Todo esto mientras el flujo lubricante saltaba desde la unión, salpicando el
bajo vientre de él o cayendo sobre su vello púbico.
“Hmm, oye, si es tan
profundo……. Ah, no, espera……”
“Hah, mmm……. ¿Al bebé
también le gusta? ¿Eh?”
Quería espetarle que
cómo iba a ser eso posible, pero solo le salían gemidos. Ya era bastante
vergonzoso cómo su parte inferior se contraía y apretaba, y como no podía
permitirse soltar sonidos tan bochornosos, se tapó la boca con el dorso de la
mano tras soltar las sábanas. Él frunció el ceño.
“Muéstrame tu cara.”
“Ah, mmm……. ¡Ah! No,
ah……”
Parecía que ni
siquiera quería oír un "no", porque coincidiendo con su negativa,
hundió su pene con tal profundidad que el perineo de Gi-hyun se abultó por sí
solo. Cada vez que él empujaba con fuerza, el sonido de su perineo empapado
chocando contra el bajo vientre firme y los muslos de Jo Yeon-oh era
escandaloso.
No se limitaba a
embestir; incluso, con el pene enterrado hasta el fondo, sacudía la cintura
como si estuviera orinando. Gi-hyun quería apartarlo, pero no tenía fuerzas.
Sus piernas, que él mismo había rodeado a la cintura de Yeon-oh, se habían
resbalado y sus pantorrillas apenas colgaban de las nalgas firmes de él.
“¡Ah, mmm……! ¡Ah,
espera, yo……! Me voy a... ¡ah! ¡Ah!”
De repente, sintió
unas ganas urgentes de orinar. Desde que se quedó embarazado, esa sensación y
las visitas al baño se habían vuelto frecuentes, pero no esperaba que sucediera
así de repente. Al forcejear presa del pánico, Jo Yeon-oh frunció el ceño como
si no entendiera qué pasaba.
“Orina, puedes
hacerlo, ¿por qué te resistes? ¿Quieres que te toque?”
Y antes de que Gi-hyun
pudiera responder, agarró su pene y empezó a ordeñarlo de arriba abajo como si
fuera una vaca. La sensación del glande endurecido siendo agitado por la palma
de Yeon-oh solo sirvió para estimular a un Gi-hyun que ya apenas podía
contenerse.
“¡Basta―! ¡Basta, ah,
te he dicho que pare tras……! Ah, ugh, ah……”
“Está bien. Haz pis,
pis.”
No sabía si lo decía
sabiendo lo que pasaba o si solo estaba bromeando, pero Jo Yeon-oh seguía
recorriendo el pene de Gi-hyun mientras pegaba los labios a su oreja y hacía
los sonidos que se usan con los niños pequeños para que orinen.
Era un hábito de la
infancia, así que en condiciones normales no habría relajado el esfínter
uretral por un simple sonido, pero el problema era que el sistema de control
voluntario de Gi-hyun estaba ligeramente alterado. Aunque había leído en libros
que el embarazo era así, aquel sonido de "pis" susurrado al oído
junto con el aliento de él fue suficiente para estimular algo en Gi-hyun.
“Ah, ah……. No……”
Finalmente, junto con
un gemido impotente, algo se derramó un poco. Gracias a que hizo fuerza a mitad
de camino, logró detenerse tras un pequeño flujo, pero a partir de ahí,
contenerse fue un martirio. Cuanta más fuerza hacía en el perineo para aguantar
las ganas de orinar, más se hinchaba su interior, hasta el punto de que la
presión se sentía en el pene de Yeon-oh, que resistía dentro como si toda la
cavidad le perteneciera.
“Hmm……. Espera, ¿por
qué haces tanta fuerza?……. Si quieres hacer pis tienes que relajarte, Gi-hyun,
¿sí?”
Parecía que aquel
estímulo también fue duro para él, porque inhaló aire con fuerza y luego empezó
a acariciar suavemente el tronco del pene de Gi-hyun, intentando inducir la
micción de nuevo. Gi-hyun no tenía fuerzas ni para gritar que no era eso, así
que empujó la mandíbula de Jo Yeon-oh con la palma de la mano, pero él seguía
mirándolo con esos ojos fuera de sí mientras jadeaba.
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“Hah, joder, de
verdad……. Siento que me voy a morir de placer……. Todo esto aquí dentro está
derretido y blando, ah……. Gi-hyun, ¿por dónde quieres que te hurgue? ¿Por aquí?
¿Tanto te gusta comerte mi pene? Estás chorreando hasta saliva.”
Volvió a soltar palabras
atroces y empezó a acariciar suavemente la unión con el pulgar. Mientras tanto,
no dejó de mover la cintura. Se movía lentamente, como si estuviera cortando
madera con una sierra, torturándolo como si supiera perfectamente por lo que
estaba pasando Gi-hyun.
“Suéltame, suéltame de
una vez……. Ah, no, no……. Siento que me voy a correr de ver- ¡ah!”
Su cuerpo temblaba
violentamente. Bajó la mano con la que empujaba la mandíbula de él para tapar
la punta de su propio pene. Lo que seguía golpeando su interior lleno de ganas
de orinar era, sin duda, el pene de él. Usando el glande hinchado como arma,
como un mazo golpeando un mortero, hurgaba precisamente donde Gi-hyun más
sentía; era una actitud odiosa y despiadada.
“No, por favor…….
¿Sí?”
Al final, Gi-hyun no
tuvo más remedio que suplicar. A pesar de que habló como si estuviera rogando,
con el rostro desfigurado y a punto de llorar, él solo sonreía tontamente y no
detenía el movimiento.
“Loco de... mierda…….
Ah, mmm……. ¡Ah―! ¡Ah, ah!”
Al final, olvidando
que había un bebé en su vientre y que incluso había firmado el registro de
matrimonio con él, no pudo evitar soltar insultos. El orificio de la uretra se
abrió de golpe y terminó derramando un chorro de agua caliente.
“Hmm, no, te dije que
no lo hicieras……. Yo claramente……. Ah, ah……”
“¿Eh? ¿Qué has dicho?
No te he oído por el ruido que hacías al mearte, Gi-hyun.”
Jo Yeon-oh sonrió de
oreja a oreja mientras sacudía el pene empapado en aquel líquido incoloro e
inodoro. No puede ser orina, no será orina……. Mientras Gi-hyun murmuraba eso,
él bajó el torso mientras seguía hurgando suavemente en su interior y le
susurró al lóbulo de la oreja, mordiéndolo con los dientes frontales:
“¿Ah, sí? Pues si
quiero saber si esto es pis o no, solo tengo que chuparle el pene a mi esposo.
¿Quieres que te la chupe ahora?”
“Loco, eres un loco de
mierda……”
Asustado por la
posibilidad de que realmente lo hiciera, Gi-hyun rodeó la cintura de él con las
piernas para que no pudiera sacar su pene y presionó con los talones las nalgas
que estaban pegadas a él. Aun sabiendo que eso hundiría el pene más profundamente
en su interior, no tuvo otra opción.
Si dejaba que se
retirara ahora, él se lanzaría de inmediato entre sus piernas para lamer aquel
líquido, fuera lo que fuese, restregando su cara con la excusa de probarlo. No
podía permitir que eso sucediera.
“Ah, jaja, la cara de
mi cariño es tan linda.”
Jo Yeon-oh, que leyó
los pensamientos de Gi-hyun al instante, soltó una gran carcajada que hizo que
hasta sus hombros se sacudieran. Cada vez que lo hacía, su pene golpeaba
incesantemente la zona hinchada de su interior, pero Gi-hyun no podía decirle
que dejara de reírse y se apartara.
Aunque, por supuesto,
también era porque le gustaba escuchar el sonido de su risa rompiéndose contra
su oído.
Al final, Gi-hyun pasó
toda esa noche atrapado, siendo succionado, hurgado y penetrado por Jo Yeon-oh.
Aunque intentó apartarlo, incluso las palmas de sus manos con las que lo
empujaba terminaban siendo besadas y mordidas, así que, al final, terminó
esperando que él eyaculara mientras soltaba lamentos entrecortados.
A pesar de que jadeaba
y esparcía sus propios gemidos, soltando sonidos de “uggh” como si él tampoco
pudiera aguantar más, Jo Yeon-oh no eyaculaba fácilmente. Cuando el placer
llegaba a su punto máximo, sacaba su pene por completo y tomaba aire; Gi-hyun
lo miraba con resentimiento por ser tan odioso hasta que, sin darse cuenta,
perdió el conocimiento.
Cuando despertó
después de haber dormido un buen rato, ya era media tarde. Mientras parpadeaba
con el pelo hecho un desastre, Jo Yeon-oh, que solo llevaba puestos los pantalones,
entró en el dormitorio de la suite empujando un carrito de servicio mientras
mordía un trozo de manzana.
“……¿Es el servicio de
habitaciones?”
“Sí. Tienes la
garganta destrozada.”
Yeon-oh soltó una
risita, dejó el carrito junto a la cama y acercó una silla para sentarse frente
a él. Mientras Gi-hyun, que solía dormir mucho por las mañanas, parpadeaba con
ojos ausentes y la mente aún nublada, Yeon-oh retiró la campana de plata que
cubría el plato.
La comida consistía en
un menú ligero para no forzar el estómago. Entre las mitades de un cruasán, la
manzana, el queso brie y la mermelada de manzana desprendían un aroma muy
agradable. También había una tortilla, bacon y salchichas asadas al fuego.
Trajeron una ensalada César aparte, y cuando Gi-hyun murmuró un “hierba……”,
recibió un regaño de Jo Yeon-oh diciéndole que no fuera melindroso y se lo
comiera todo.
Después de eso,
siguieron comiendo en silencio. Gi-hyun tenía muchísima hambre porque se había
pasado toda la noche colgado de él, dejando marcas de uñas en la espalda de
Yeon-oh hasta dejarla hecha jirones. Jo Yeon-oh parecía estar en las mismas.
Excepto cuando se servía de vez en cuando un poco de té de manzanilla caliente
en una taza de porcelana para cuidar a Gi-hyun, movía la mandíbula con diligencia
masticando la comida.
“¿Quieres comer y
dormir un poco más?”
“Tal vez.”
Ya se había pasado la
hora del check-out, pero Gi-hyun pensó que, siendo su cónyuge un magnate, el
cargo adicional del hotel no sería gran cosa. Desde que decidió estar con Jo
Yeon-oh, Gi-hyun no mostraba un orgullo innecesario en lo que respectaba al
dinero. Aunque él también tenía lo suficiente, comparado con Yeon-oh era como
echar una taza de agua al mar; además, mientras el niño en su vientre fuera el
hijo biológico de Yeon-oh, era una herencia que le pertenecería al pequeño, así
que no había necesidad de andar separando cuentas.
Aun así, Gi-hyun
quería trabajar. Tenía pensado contratar a una niñera en cuanto diera a luz y
volver al trabajo de inmediato. Pensaba que, ya fuera criado por manos ajenas o
por las suyas propias, lo importante era que el niño creciera bien. Dado que
tanto Jo Yeon-oh como él habían crecido con conceptos de familia algo torcidos,
sus valores en ese aspecto coincidían.
La rutina después del
parto no parecía que fuera a ser muy diferente. Gi-hyun no estaba muy
preocupado; desde que supo que tendría al niño, tuvo confianza en que lo
criaría bien.
El problema era Jo
Yeon-oh. Que él insistiera constantemente en pedir la baja por paternidad era
un poco doloroso de cabeza, pero no era solo por eso. Gi-hyun observó a Jo
Yeon-oh, quien sostenía un trozo de tortilla con el tenedor para dárselo, y
carraspeó.
“……Te pregunto esto
por si acaso……. ¿Aún te sientes inseguro?”
“¿Qué?”
Él frunció el ceño,
como si no lo hubiera entendido a la primera. No es que no comprendiera las
palabras de Gi-hyun, sino que parecía estar poniendo todo su empeño en meterle
la tortilla en la boca y no tenía espacio para reflexionar sobre el
significado. Gi-hyun aceptó la comida dócilmente, pensando que Yeon-oh solo
respondería después de que él masticara y tragara. La tortilla, llena de aroma
a mantequilla y leche, se deshacía suavemente en su boca.
A pesar de haber
llevado el tenedor justo hasta el interior de sus labios, algo pareció
mancharse en la comisura, por lo que Jo Yeon-oh extendió la mano para limpiarla
y luego se lamió el dedo.
“Claro que estoy
inseguro.”
Lo dijo con total
naturalidad. Yeon-oh parecía haber sido feliz todo ese tiempo y se veía
estable, a diferencia de aquella vez que sufrió hiperventilación por el impacto
de lo que oyó en la clínica ginecológica; por eso, sus palabras resultaron
impactantes para Gi-hyun.
“¿Eh? ¿Por qué?…….
¿Por qué cosa?”
Gi-hyun quería
preguntar exactamente qué era lo que le hacía sentir así, pero con las prisas
del corazón no era fácil. Se sintió culpable pensando si él había sido el único
feliz hasta ese momento.
Debería haber pensado
al menos una vez en la razón por la que Yeon-oh quería volver a un noviazgo
inocente después de haberlo hecho todo e incluso haber concebido un hijo, pero
en aquel entonces simplemente lo atribuyó al embarazo.
En realidad, así era.
La razón por la que So Gi-hyun pudo aguantar años al lado de Jo Yeon-oh con el
cuello asfixiado por un amor no correspondido era porque era una persona con
poca imaginación y que no se hundía en preocupaciones profundas. En cambio, Jo
Yeon-oh siempre pensaba un paso más allá y recordaba cosas que Gi-hyun no podía
alcanzar a ver.
Incluso cuando eran
niños. El pequeño Jo Yeon-oh, que declaró el fin de su amistad solo por una
frase que decía que ya no podría ir a verlo, tenía una visión mucho más amplia
que la de Gi-hyun. Ante una misma manzana, Gi-hyun solo pensaba “¿será de
temporada?”, mientras que Jo Yeon-oh era capaz de pensar hasta en Isaac Newton.
“¿Por qué no me lo
dijiste? Qué era lo que te hacía sentir así.”
Gi-hyun, inquieto,
escrutó a Yeon-oh. Levantó un poco el trasero de la cama donde estaba apoyado y
se volvió a sentar, pero no pudo aguantar mucho y se levantó para acercarse a
él. Entonces, acarició la mejilla de Yeon-oh sin un motivo concreto. Su gesto
errante era torpe.
Yeon-oh levantó la
mirada hacia el rostro afectuoso de Gi-hyun. Él parecía realmente
desconcertado. Tenía la cara de un recién casado que, sumergido en el dulce
sueño de la luna de miel, descubre que su pareja no se siente igual. Parecía un
universitario novato que quiere ser cariñoso con su pareja de hace poco, pero
no sabe concretamente cómo hacerlo. A Jo Yeon-oh le encantaba que Gi-hyun lo
observara de esa manera.
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Queriendo disfrutar un
poco más de la situación, se dejó hacer, y cuando la mano de Gi-hyun tocó su
mejilla, inclinó un poco la cabeza.
“No es por ti.”
Era la verdad. No era
un problema de So Gi-hyun. Esa inseguridad era el karma que Jo Yeon-oh debía
cargar por no haber reconocido a Gi-hyun a su lado y haberle hecho sufrir durante
años.
Algún día, Gi-hyun
podría despertarse y pensar de repente: “¿Qué estoy haciendo aquí? Al lado de
un tipo que me convirtió en carbón negro, impidiendo que mi llama se apagara
pero también evitando que ardiera por completo”.
Entonces, Gi-hyun se
marcharía sin decir nada, como siempre, sin sentir la necesidad de darle
ninguna explicación a Jo Yeon-oh. Esta vez, de forma tan perfecta que Jo
Yeon-oh no pudiera encontrarlo jamás. Porque el gran fuerte de Gi-hyun era que,
aunque podía cometer un error, nunca lo repetía dos veces.
……Esa era la
inseguridad que Yeon-oh sentía al no saber qué hacer si realmente llegaba ese
día.
Lo gracioso era que
esa tediosa inseguridad no tenía un culpable. No era algo que Gi-hyun hubiera
sembrado a propósito; al contrario, él se mostraba satisfecho al lado de Jo
Yeon-oh como si hubiera olvidado todo lo que pasó entre ellos.
Yeon-oh todavía no
podía borrar de su mente aquel rostro seco y sin expresión de aquel entonces,
pero Gi-hyun, que se recuperaba rápido, ya lo había olvidado y masticaba con
cara dócil la tortilla que él le daba.
No es que eso le
disgustara a Yeon-oh, pero era doloroso. Sentía que debía suplicarle algo más a
Gi-hyun, que debía pedirle perdón y buscar su indulgencia, pero So Gi-hyun ya
había perdonado todo lo referente a Jo Yeon-oh. Y le aterraba que ese Gi-hyun,
que ya no tenía apegos pasados, pudiera dejarlo una vez más.
“Oye, mírame.”
Mientras Yeon-oh
estaba sumido en esos pensamientos amargos, alguien le sujetó la barbilla con
fuerza para obligarlo a girar la cara. Él intentó ponerse a la defensiva por
instinto, pero al recordar que esa mano era de Gi-hyun, relajó su cuerpo
conscientemente.
Al mirarlo con ojos
dóciles, Gi-hyun, que lo observaba fijamente, habló:
“Yo no habría hecho
algo así si no fuera por ti.”
“……Lo sé.”
Él lo sabía. Porque el
hecho de que So Gi-hyun cometiera la locura de escapar por una tubería estando
embarazado fue todo por culpa de Jo Yeon-oh. Si no fuera por una situación así,
Gi-hyun era un hombre sumamente sensato. Yeon-oh no podía negar que fue él
quien lo volvió así.
Por eso, él no pudo
evitar aceptar las palabras repentinas de Gi-hyun. Ante su silenciosa
afirmación, Gi-hyun, que seguía mirándolo, volvió a hablar:
“¿Quieres que te lo
diga de otra forma? Lo que quiero decir es que, si no fuera por ti, no podría
ser así de feliz.”
“Hah……”, Yeon-oh
inhaló aire. No esperaba que dijera algo así.
“Bueno, es verdad que
sufrí por tu culpa pero……. Si no estuvieras tú, mi vida sería demasiado
aburrida.”
“……¿Me usas
simplemente como entretenimiento?”
Parecía que su voz
ronca no saldría bien, pero Yeon-oh logró articular las palabras. Estaba tan
agradecido por lo que Gi-hyun decía que quiso cambiar el ambiente. Como si
conociera sus sentimientos, Gi-hyun lo miró fijamente y luego asintió con una
sonrisa.
“Sí. Me río gracias a
ti. No por otros, sino por ti.”
“…….”
Esas palabras
resonaron con fuerza en Jo Yeon-oh. Podía sentir que sus ojos se enrojecían y
que sus dedos temblaban de forma patética, pero no podía evitar verificar si lo
que acababa de oír era real o falso.
Gi-hyun esperó a que
Yeon-oh se humedeciera los labios secos con la lengua una y otra vez antes de
poder hablar. Le dio pena saber que, mientras él pensaba que todo iba
perfectamente, Yeon-oh estaba sufriendo a solas.
Gi-hyun estaba
dispuesto a decirle que sí a cualquier cosa que preguntara. ¿Eres mi todo? Sí.
¿Te poseo por completo? Así es. Basándose en la personalidad de Jo Yeon-oh, las
preguntas que vendrían eran predecibles. Querría confirmación mostrando su
deseo de posesión obsesivo. A Gi-hyun ya no le disgustaban esas cosas. Al
contrario, sentía que incluso le gustaban.
Sin embargo, lo que Jo
Yeon-oh soltó fue algo completamente diferente a lo que Gi-hyun esperaba.
“……¿Yo, puedo hacerte
reír?”
“Entonces, ¿gracias a
quién me río? Eres tú quien me hace reír la mayor parte del tiempo. Eres un
auténtico cabeza hueca.”
So Gi-hyun respondió
con calma, rodeó la cabeza de Jo Yeon-oh con sus brazos y depositó un corto
beso sobre su cabello.
Con una expresión de
no poder aguantar más, Yeon-oh se incorporó del todo y agarró a Gi-hyun por la
cintura.
“Ah, ¿qué haces?”
“Cosas de cabeza
hueca.”
Debido al impulso
repentino, el cuerpo de Gi-hyun cayó ligeramente sobre la cama. Yeon-oh sostuvo
su nuca para que el impacto no fuera brusco, pero Gi-hyun estaba bastante
sorprendido. Entre los labios que abrió para protestar, entró la gruesa lengua
de él.
“¡Oye, mmm―!”
El grito de Gi-hyun
quedó enterrado entre las sábanas. La habitación se quedó en silencio por un
momento, hasta que el pie de alguien golpeó accidentalmente el carrito de
servicio, haciendo que los cubiertos que estaban encima cayeran al suelo con un
estruendo metálico.
Gi-hyun forcejeó un
momento, pero pronto se detuvo y aceptó a Jo Yeon-oh. Los besos de él aún
tenían un matiz de desesperación. Pero Gi-hyun sentía que eso podría ir
llenándolo mientras vivieran juntos.
Por el contrario,
Gi-hyun también tenía partes que aún no se habían llenado. Algún día en que fue
rechazado, o incluso aquel día en que pensó que preferiría ser rechazado. Pero
a Gi-hyun ya no le cansaban esos recuerdos. Jo Yeon-oh lo cambiaría todo. Tal
como So Gi-hyun planeaba llenar a Jo Yeon-oh.
“Te amo, tonto.”
“…….”
Los ojos de él, llenos
de emoción, brillaban por la humedad. Gi-hyun no se burló de él preguntándole
si lloraba. Porque esas lágrimas también le resultaban gratas a él.
Era una tarde
sumamente pacífica en la que el viento que soplaba fuera de la ventana no podía
causar ningún daño.
