Quarter to five (Cuarto para las cinco)

 


Quarter to five (Cuarto para las cinco)

“¡Hyung! ¿Ya se va tan pronto?”

“Quédese a cenar con nosotros.”

Al terminar la clase, mientras Asher recogía sus libros para levantarse, algunos compañeros lo detuvieron. Seung-gyu y Su-yeon corrieron hacia él para hablarle, sosteniendo cada uno un vaso de café vacío.

“Es cierto. Solo se queda cuando hay clases especiales.”

Añadió Gyeong-jin, que estaba sentada frente a él, dándose la vuelta en su silla con un tono de queja juguetona. No era un reproche serio, sino más bien el pesar de quien disfrutaba de su compañía.

Asher había entrado en la academia de preparación para el examen de ingreso a la universidad el invierno pasado. No fue porque alguien lo presionara; para entonces, ya había decidido por su cuenta entrar en la universidad.

Había aprobado el examen de equivalencia de secundaria con una puntuación bastante alta y ya se estaba preparando para el examen de ingreso nacional, así que renunciar a los estudios en ese punto habría sido un despercio.

Si antes se había matado trabajando a tiempo parcial no era por falta de ambición, sino por la necesidad de conseguir un depósito para alquilar una habitación. Pero ahora tenía un hogar y no debía preocuparse por el sustento diario. No había razón para no ir a la universidad.

Seung-gyu, Su-yeon y Gyeong-jin eran chicos con los que se había hecho cercano en el grupo de estudio de los fines de semana. Todos acababan de graduarse del instituto y eran de la misma edad, pero nunca ignoraron a Asher por ser mayor; al contrario, se llevaban muy bien. Especialmente después de saber que él había abandonado el instituto en su día, empezaron a cuidarlo con más esmero.

“Me tengo que ir.”

Dijo Asher con una sonrisa tímida mientras se colgaba la mochila y se dirigía a la salida, evitando dar más explicaciones. A sus espaldas, escuchó un largo “¡Ehh!” de decepción, pero las voces pronto se perdieron entre la multitud de estudiantes que salía de las aulas.

Pasó de largo los ascensores atestados de gente y se dirigió a las escaleras de emergencia. Aunque también estaban llenas, al menos podía moverse. Mientras bajaba, escuchó a alguien que venía corriendo tras él llamándolo a gritos.

“¡Hyung!”

Al darse la vuelta, vio a Seung-gyu agitando un cuaderno. Asher le hizo un gesto indicándole el primer piso para que se vieran allí; era difícil salir de la corriente de gente en mitad de la escalera.

Esperó en una esquina del vestíbulo hasta que vio a Seung-gyu salir de las escaleras con la mochila mal puesta sobre un hombro, mirando a su alrededor.

“Park Seung-gyu.”

“Ah, hyung.”

Al llamarlo, el chico corrió hacia él con una sonrisa radiante y le tendió el cuaderno que llevaba.

“Tome esto. Tenía que llevárselo.”

Era el cuaderno de apuntes de la clase especial que Asher le había prestado. Se lo dio porque el joven tuvo que faltar un día por asuntos familiares. Para Asher no era problema estar unos días sin esos apuntes, ya que podía estudiar otras materias.

“Ah, es cierto. Gracias.”

“No tiene por qué darlas. Gracias a usted.”

Asher iba a tomar el cuaderno tras el agradecimiento protocolario, pero Seung-gyu lo escondió repentinamente tras su espalda.

“Pero, ¿de verdad no va a cenar con nosotros? Yo invito. Por haberme prestado los apuntes.”

Tenía una expresión llena de esperanza, como si creyera que su oferta haría que Asher aceptara de inmediato. El joven soltó una risita y le arrebató el cuaderno de las manos con ligereza. Sabía que el chico estaba bromeando y no pretendía retenerlo de verdad.

“No, está bien.”

Dijo Asher dándole una palmada en el hombro al ver su cara de decepción.

“Estudia mucho. Me voy yendo.”

Sus pasos eran ligeros al salir por la puerta principal. El viento gélido se había ido y las sombras de los árboles empezaban a acortarse. Debido al clima caprichoso, se veía a gente con ropa ligera mezclada con otros que aún llevaban abrigos.

A Asher le llamó la atención una familia que paseaba a un bebé en cochecito aprovechando que el día había entibiado. Pasó junto a las flores primaverales que habían brotado prematuramente a pesar del frío residual y se dirigió a la librería cercana.

Al abrir las puertas de la gran librería en el sótano del edificio, el aire fresco del aire acondicionado y una atmósfera de calma rozaron su piel. Pasó junto a las personas que leían de pie y fue directo a la sección de papelería. Le faltaban cuadernos de práctica y recambios de bolígrafo.

Después de comprar cosas que ni siquiera hacía cuando iba al colegio, se detuvo ante un empleado que ordenaba el inventario.

“¿Dónde están los libros para niños pequeños?”

“Si sigue todo recto por allá, encontrará desde libros para recién nacidos hasta para infantes.”

Siguió las amables indicaciones hasta llegar a un espacio lleno de libros ilustrados. Entró en el pasillo y examinó cada libro con cautela. Eran para leérselos a Lee-seo antes de dormir.

Obviamente, Lee-seo no podía entender los libros todavía. Aún no balbuceaba bien. Reaccionaba igual si lo llamaban Lee-seo, Ratoncito o "el feo"; es decir, no entendía nada.

Simplemente, pensando en qué cosas podía hacer cuando estaba con él, a Asher se le ocurrió leerle cuentos ilustrados. Tal como Seo Jin-hyuk solía hacer con él antes de dormir. Aunque el bebé no entendiera y fuera solo para su propia satisfacción, Asher estaba seguro de que no sería algo malo para el niño.

Fue un día gélido, haciendo honor al término "frío del Suneung". En las aulas, donde el aire era tan seco por la calefacción que la piel se agrietaba, los estudiantes exhalaban vaho sobre sus dedos mientras resolvían los exámenes con rostros tensos. Al terminar, algunos rompían a llorar, temiendo haber arruinado su oportunidad.

Asher recogió sus cosas lentamente entre el bullicio de los alumnos que charlaban con sus amigos. Por la ventana, veía a los chicos envueltos en bufandas correr hacia sus familiares, quienes esperaban ansiosos a la salida.

Él los observó en silencio un momento, se ajustó su propia bufanda y regresó a casa. Fue un día tranquilo. Al llegar, encontró un ramo de flores con una tarjeta.

[Has trabajado duro.]

No tenía remitente, pero Asher sabía perfectamente quién lo enviaba. Seguramente Jin-hyuk no omitió su nombre por ocultarse, sino por prudencia. Comparada con las llamadas que le hacía usando a Lee-seo como excusa, la tarjeta del examen final resultaba casi humilde.

Un esposo y un tutor no podían ser la misma cosa. Seo Jin-hyuk mantenía la distancia de forma implacable, como si intentara compensar sus errores del pasado.

Sin embargo, Asher sabía que, tanto ese día como hoy, bastaría con presionar un botón para que el hombre apareciera. Olvidaría cualquier formalidad y llamaría a la puerta de inmediato para estrecharlo entre sus brazos.

Tras juguetear con el teléfono un largo rato, Asher terminó por apagarlo y lo dejó sobre el escritorio.

 

En cuanto terminó el simulacro de examen, el aula, antes silenciosa, se llenó de ruido. Como en cualquier instituto, los días de simulacro —a excepción de las clases especiales voluntarias— eran días de salida temprana, y todos estaban emocionados. Aunque el proceso de admisión no había terminado, los chicos que pasaban junto a él ya planeaban ir al cibercafé.

Era su primer simulacro oficial, pero no le fue mal. La experiencia de haber ido al centro de exámenes el año anterior y los simulacros privados de la academia le habían servido de ayuda.

Seguramente sus notas habían subido. Aunque para otros no fuera suficiente, para él era un cambio alentador.

“Hyung, ¿cómo le fue?”

“¿Mejor que la última vez?”

Seung-gyu, que se había examinado cerca, se acercó con la mochila al hombro. Asher levantó la vista mientras organizaba sus hojas y revisaba las preguntas que no había podido resolver.

“¿Dónde están los demás?”

“Se fueron a la tienda de abajo en cuanto terminamos. Dijeron que tenían hambre.”

El chico sonrió ampliamente.

“Como salimos temprano, revisemos las respuestas juntos antes de cenar. Le ayudaré a organizar los errores.”

Seung-gyu estudiaba mejor que Asher. Sus metas universitarias eran distintas: mientras Asher buscaba alcanzar una nota mínima, Seung-gyu repetía el año para entrar en una universidad de élite. En materias como Lengua o Inglés, si la respuesta de Asher coincidía con la de él, podía darla por buena. Revisar los errores juntos sería de gran ayuda.

“Hoy quiero irme temprano. Descansa tú también, que por fin salimos pronto.”

Aunque tenía a la cuidadora, el padre era él. Asher quería pasar el resto del día jugando con Lee-seo y descansar del estudio. Tenía que leerle el libro de cuentos que compró.

“Vamos, hyung. Es mejor revisar los errores ahora que lo tiene fresco. Además, dijo que no vendrá a la clase especial del fin de semana.”

Seung-gyu le pasó un brazo por los hombros, insistiendo con tono mimoso.

“Si de verdad quiere descansar, ¿vemos una película? Dicen que la más popular ahora es……”

El chico empezó a buscar en su teléfono. Asher apartó suavemente el brazo de su cuello.

“Seung-gyu.”

Él sabía que Park Seung-gyu, un alfa, sentía cierta atracción hacia él. Pero solo era eso. Era un chico ocupado estudiando hasta las once de la noche, y era natural que sintiera cercanía y camaradería con los amigos con los que pasaba todo el día.

Lo que Seung-gyu sentía era más el afecto por un "hyung" cercano que un deseo real de tener una relación. Pero Asher conocía bien el punto donde esa línea podía volverse difusa, y sintió la necesidad de aclarar las cosas.

“Tengo que ir a casa a cuidar a mi hijo.”

Seung-gyu parpadeó confundido ante la palabra "hijo", que parecía fuera de contexto, pero pronto reaccionó con alegría, sacando sus propias conclusiones.

“¿Tiene un hermano pequeño? Debe llevarse muchos años con él.”

Para su edad, la suposición de Seung-gyu era lógica. No era común ver a alguien de poco más de veinte años con un hijo, incluso siendo un omega.

Normalmente, Asher habría dejado que el malentendido siguiera, pero hoy lo mencionó por otra razón, así que lo corrigió con firmeza.

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“No. Es mi hijo.”

El desconcierto se pintó en el rostro de Seung-gyu. Asher remató al ver que el chico perdía el hilo de sus pensamientos.

“Nació el año pasado. Por eso no puedo quedarme mucho tiempo, compréndelo.”

“Ah…… eh…… mmm……”

Seung-gyu balbuceó un momento, incapaz de articular palabra, hasta que finalmente habló tras una larga pausa.

“Oh…… entonces, por supuesto que debe irse temprano. Felicidades, aunque sea tarde, hyung.”

A medida que hablaba, su expresión se relajó y recuperó la sonrisa.

“Si nació el año pasado, aún es un bebé. Debe de ser muy lindo, ¿verdad?”

“Sí. Es muy lindo.”

Asher sonrió sin darse cuenta, a pesar de que sabía que era una pregunta de cortesía.

Atrás quedaba la idea de que se parecía a un ratón feo y desplumado; Lee-seo ahora era realmente adorable. Incluso cuando jugaba solo, si Asher se acercaba a mirarlo, el bebé parecía reconocerlo y parpadeaba con su único ojo de párpado doble mientras le dedicaba una sonrisa radiante. Era una criatura encantadora.

Y no era solo su percepción; incluso la cuidadora se había deshecho en halagos nada más verlo. Pensándolo bien, siendo un clon de Seo Jin-hyuk, habría sido un talento especial que fuera feo.

“¿No me lo enseña?”

El tema de conversación pasó a ser Lee-seo. Ya que le había dicho que tenía un hijo, no había razón para no mostrárselo. Asher sacó el teléfono y abrió la galería, provocando la admiración constante de Seung-gyu.

“¡Guau! Qué lindo es. Se llama Lee-seo, ¿verdad?”

“Sí. Choi Lee-seo.”

“Es el bebé más bonito que he visto.”

Seung-gyu observaba las fotos con atención, incluso ampliándolas, y tras comparar el rostro del bebé con el de Asher, señaló un rasgo.

“Creo que la nariz se parece a la suya, hyung.”

“¿La nariz?”

“Sí. La punta de la nariz es igual a la suya.”

Al fijarse bien tras el comentario de Seung-gyu, Asher pensó que quizás la punta de la nariz sí tenía un aire a la suya. Cuando Jin-hyuk decía que se le parecía, Asher no sentía nada porque no lo consideraba creíble, pero escucharlo de un tercero fue diferente.

Sintiéndose de buen humor, decidió que mañana invitaría él al café. Seung-gyu le devolvió el teléfono tras observar lo suficiente.

“¿Se iba temprano siempre por Lee-seo?”

“Sí. Aunque tenemos cuidadora, quiero estar con él.”

“Pero……”

Seung-gyu vaciló un momento, mirándolo con cautela antes de preguntar.

“¿Y su pareja qué hace? El Suneung es importante, así que……”

Era una pregunta personal típica de su edad. Asher se tensó un segundo, pero se esforzó por responder con naturalidad.

“Está muy ocupado últimamente. Es oficinista.”

“Ah, ya veo. Si está ocupado no hay de otra, el trabajo es lo primero.”

Seung-gyu aceptó la vaga explicación de inmediato.

“Algún día preséntemelo. Al fin y al cabo, es la persona con la que se casó.”

“Claro. Cuando haya tiempo.”

“Sí. Vamos juntos hasta el ascensor, yo subiré a la sala de estudio.”

Seung-gyu lo acompañó hasta el ascensor y luego subió por las escaleras de emergencia. Asher apretó el teléfono en su bolsillo antes de bajar.

 

“ugh……”

Al llegar la hora de dormir, Lee-seo empezó a quejarse. Durante el día se había mostrado alegre al ver a Asher regresar temprano, pero de pronto se puso inquieto y su expresión mostraba incomodidad.

No era el pañal y ya había comido. Por si acaso, Asher lo tocó y, al sentirlo caliente, trajo el termómetro.

37.8 grados.

Era solo una febrícula por ahora. Los niños pequeños solían tener picos de fiebre sin motivo aparente.

Le dio un antitérmico que tenía de reserva. Al acunarlo, el bebé se calmó un poco y dejó de llorar. Al dejarlo en la cuna, Lee-seo se chupó el dedo mientras miraba a Asher fijamente.

Asher se preguntó a quién habría salido tan tranquilo. Jin-hyuk tenía un carácter sensible, así que él no era, y Asher recordaba que le habían dicho que él tampoco fue tan calmado de pequeño.

Agitó un juguete y el bebé desvió la vista hacia él. Tras jugar un rato, le leyó un libro hasta que vio que Lee-seo parpadeaba con sueño y se revolvía; entonces se levantó en silencio. Dormía cada vez más horas, así que no despertaría en un buen rato.

Asher dejó a Lee-seo solo en su cuarto y fue al suyo a cerrar los ojos un momento. Tenía que descansar si quería levantarse de madrugada a comprobar cómo seguía.

Se quedó dormido en cuanto tocó la almohada y despertó por el sonido de la alarma. Con los ojos pesándosele por la falta de sueño, se obligó a levantarse y fue a la habitación de Lee-seo para ver si la fiebre había bajado.

Al entrar, vio al bebé durmiendo plácidamente. Lo observó un momento y luego usó el termómetro. Apretó los dientes al ver el resultado.

38.8 grados.

La fiebre no había bajado, sino que había subido. Al fijarse bien, se dio cuenta de que no estaba durmiendo, sino que estaba sin fuerzas. El bebé notó su presencia y abrió los ojos; no lloró, solo respiraba con dificultad.

Asher recuperó el aliento y miró el reloj: eran las dos y media de la madrugada. Se puso algo de ropa rápido y tomó a Lee-seo en brazos. El bebé, que estaba lánguido, empezó a llorar en cuanto lo cargó. Era su señal de dolor.

“Sí, Lee-seo. Papá lo siente mucho.”

Asher rodeó a Lee-seo con sus brazos para consolarlo y salió rápidamente por la puerta principal. Intentó pedir un taxi con el teléfono, pero entre la hora que era y la corta distancia hasta el hospital, ningún conductor aceptaba el servicio. El corazón empezó a latirle con una fuerza que amenazaba con asfixiarlo.

Dejó de lado las vacilaciones que lo habían frenado durante meses y marcó un número familiar. Fue sorprendentemente fácil.

Tras unos breves tonos, la llamada se conectó. Antes de que Seo Jin-hyuk pudiera siquiera saludar, Asher habló con urgencia.

“Director.”

―…… ¿Qué sucede?

Su voz sonaba ronca, como si acabara de despertar. Al otro lado de la línea se escuchó el clic de una lámpara de mesa encendiéndose.

Asher se esforzó por no dejar que su voz temblara.

“Lee-seo tiene la fiebre muy alta y no consigo un taxi.”

― ¿Dónde estás ahora?

El tono de Jin-hyuk se volvió instantáneamente claro y calmado, actuando como un bálsamo para los nervios de Asher. Era un contraste absoluto con el estado de pánico del joven.

“Frente a casa.”

― Voy para allá. Espera solo un momento.

Jin-hyuk llegó en un suspiro. En cuanto el coche familiar se detuvo frente al edificio, Asher saltó al interior sin esperar un segundo. El hombre, sentado al volante, vestía una camiseta de manga corta a pesar del frío viento nocturno; era evidente que se había puesto lo primero que encontró.

“Ponte el cinturón.”

Asher asintió y, en cuanto se abrochó el seguro, el coche arrancó. El vehículo devoró la carretera en dirección a la sala de urgencias más cercana.

Al llegar, Jin-hyuk tomó a Lee-seo de los brazos de Asher y entró a grandes zancadas en el hospital. Mientras él hacía el registro de entrada, Asher permanecía a su lado temblando, aferrado al borde de la camiseta del hombre. Tenía la mente en blanco, incapaz de procesar nada más.

“Me avisaron del caso. ¿Dónde está el niño?”

Un médico llegó pronto a la zona de espera. Lee-seo, que apenas había dejado de llorar, volvió a hacer un gesto de disgusto cuando la enfermera se acercó, pero Jin-hyuk reaccionó rápido, meciéndolo con suavidad.

“¿Eh? Sé bueno. No es una persona mala.”

Jin-hyuk hizo unos chasquidos suaves con la boca y el bebé, distraído por el sonido, dejó de gimotear para mirarlo. Aprovecharon ese instante para tomarle la temperatura y examinarlo. El hombre le ofreció un dedo para que lo apretara y Lee-seo, sintiéndose más seguro, empezó a seguir con la mirada los movimientos del médico.

“¿Desde cuándo tiene fiebre?”

“La notamos sobre las diez de la noche. Antes de eso estaba bien. Le di un antitérmico, pero al comprobarlo de madrugada, la fiebre había subido”, explicó Asher.

“Tiene la garganta un poco inflamada; parece una amigdalitis. Necesitamos pruebas para estar seguros, pero normalmente con el antitérmico basta, así que no se preocupen. Aunque sea viral, mejorará con antibióticos”, dijo el médico con una sonrisa tranquilizadora.

Aunque seguía siendo una enfermedad, Asher sintió un alivio inmenso al saber que no era algo grave. Tras unas pruebas adicionales, se confirmó el diagnóstico de amigdalitis aguda.

“Si la fiebre no baja a pesar del medicamento, límpienle el cuerpo con agua tibia”, añadió el doctor antes de darles el alta.

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Al salir del hospital, el aire gélido de la madrugada ayudó a Asher a recuperar la claridad mental. Al caminar hacia el coche, sintió algo extraño en los pies; al mirar hacia abajo, se dio cuenta de que llevaba zapatillas desparejadas. Era un desastre.

“Menos mal que solo es amigdalitis.”

Asher se frotó los ojos cansados y miró a Lee-seo. Después de haberlo tenido en vilo toda la noche, el bebé ahora jugaba tranquilamente con la solapa de la chaqueta de Jin-hyuk. Parecía que estar con el hombre le había devuelto el ánimo a pesar de la fiebre.

“He visto a muchos niños enfermarse en Caritas y sé que estas fiebres a veces tardan días en bajar, pero aun así me asusté mucho……”

Había presenciado casos similares docenas de veces, pero cuando se trataba de Lee-seo, la ansiedad lo consumía.

“Debería haber aprendido a conducir. Cuando vi que no venía ningún taxi, se me cayó el mundo encima. No sabía qué hacer.”

“Hiciste bien.”

“……”

“Incluso si supieras conducir, no deberías hacerlo en ese estado. Te lo habría prohibido aunque tuvieras licencia.”

“Ya veo.”

Tenía razón. En medio de un ataque de pánico, conducir habría sido añadir un riesgo innecesario. Contactar con Jin-hyuk fue la mejor decisión.

“Yo……”

“Abu.”

Justo cuando Jin-hyuk iba a decir algo mientras miraba a Asher, Lee-seo estiró una mano hacia el joven y balbuceó, como si se quejara de que hablaran solo entre ellos. Una leve sonrisa cruzó el rostro del hombre.

“Hace frío, subamos al coche primero.”

 

El trayecto de vuelta fue corto gracias a la ausencia de tráfico. Al llegar, Asher acostó a Lee-seo en su cuna y soltó un suspiro de agotamiento. Jin-hyuk, tras dar unas últimas palmaditas al bebé para calmarlo, cerró la puerta de la habitación.

Eran las cuatro y cuarenta y cinco de la mañana.

Todavía no amanecía. La luz del salón se sentía extraña a esa hora; probablemente era el único hogar encendido en todo el edificio. Asher se apoyó contra la pared y miró a Jin-hyuk. La luz lateral creaba sombras marcadas en su rostro cansado.

Sus ojos, ocultos bajo el arco de las cejas, parpadearon lentamente mientras mantenía la vista fija en Asher. Hacía más de un mes que no se veían cara a cara. De no ser por la emergencia, habrían pasado mucho más tiempo sin verse.

Permanecieron en silencio, como si hubiera mucho que decir pero las palabras no fluyeran. Sin embargo, ninguno se movía de su lugar. Fue Jin-hyuk quien rompió el hielo.

“Si me lo permites, yo me quedaré cuidando de Lee-seo.”

Su voz baja resonó en el pasillo silencioso.

“Tú tienes que ir a la academia mañana, Asher.”

No era una petición, sino una afirmación protectora.

“¿Y el trabajo?”

“Si eso te preocupa, simplemente pediré el día libre.”

“……”

“Ya lo he hecho antes.”

Para jugar videojuegos.

Asher notó que el hombre intentaba sonreír con picardía para aligerar el ambiente, pero al ver que el joven no reaccionaba, la sonrisa se desvaneció. Jin-hyuk suspiró y señaló el dormitorio con la barbilla.

“Si te duermes ahora, al menos podrás……”

“¿Por qué se fue aquel día sin avisar?”

La pregunta repentina de Asher lo dejó paralizado. Sin intención de suavizar el golpe, Asher lo miró fijamente esperando una respuesta. Jin-hyuk reflexionó unos instantes antes de responder con tono de disculpa.

“Tenía trabajo. Pedí tiempo para llevarlo a vacunar y no me sobraba ni un minuto.”

“A veces venía a la academia. A verme.”

La máscara de calma de Jin-hyuk se agrietó. No esperaba que Asher supiera eso.

En varias ocasiones, al salir de clase, Asher había notado un coche idéntico estacionado a cierta distancia. Se dio cuenta de que era él un día que tuvo que regresar a la academia porque olvidó un libro; el coche, que estaba allí segundos antes, había desaparecido de repente.

Desde entonces, cada vez que veía el vehículo, hacía la prueba de volver sobre sus pasos, confirmando que el coche se marchaba en cuanto él lo descubría.

“¿No es cierto que venía a verme frente a la academia?”

Era un hombre injusto y cobarde, que se marchaba antes de que Asher llegara a casa pero lo observaba a escondidas. Tras verse acorralado, Jin-hyuk finalmente asintió.

“Lo siento. Simplemente……”

“……”

“Te echaba de menos.”

La confesión fue directa, despojada de cualquier rastro de humor. Su mirada era intensa y honesta. Esta vez fue el turno de Asher de quedarse sin palabras. A pesar de haber sido el que preguntó, no pudo articular respuesta.

Con una sonrisa agridulce, Jin-hyuk guio suavemente a Asher hacia el dormitorio.

“Entra ya. Es tarde.”

Lo ayudó a recostarse y lo tapó con la manta hasta el pecho, dándole unas palmaditas suaves como si fuera el propio Lee-seo.

“Duerme bien.”

Cerró la puerta manteniendo la sonrisa hasta el último momento. La luz del pasillo desapareció gradualmente. Solo en la oscuridad, Asher intentó dormir, pero no dejaba de dar vueltas. El silencio de la casa era absoluto.

Se sentía como si hubiera hecho algo malo. Habría bastado con decir que él también lo echaba de menos. No quería castigar a Jin-hyuk, pero el resultado fue ese. Le resultaba extraño ser incapaz de responder a algo que era más sencillo que un problema de matemáticas.

Se levantó de la cama y salió de la habitación. No fue para decir lo que calló, se dijo a sí mismo. Solo quería ver cómo estaba Lee-seo, porque la fiebre aún no había bajado.

 

Asher pensó que, al estar Seo Jin-hyuk cuidando del niño, todo estaría bien, pero no era lo mismo que verlo con sus propios ojos. A diferencia de su etapa escolar, el joven no había faltado ni un solo día a la academia, así que pensó que por un día no pasaría nada. Probablemente.

Al salir al pasillo, Asher vio que la puerta de la habitación de Lee-seo estaba entreabierta y dejaba escapar un hilo de luz. Se detuvo un instante frente a la puerta del dormitorio y luego se acercó sin hacer ruido.

A través de la rendija, Asher vio a Seo Jin-hyuk inclinado, limpiando el cuerpo de Lee-seo con una toalla húmeda. El bebé, que ya había dormido todo lo necesario, parecía creer que aquello era un juego divertido y soltaba pequeñas carcajadas.

“¿Por qué tienes que estar tan malito?”

Murmuró el hombre con voz suave mientras le apartaba el pelo de la frente al pequeño.

“Ratoncito... no puedes preocupar así a papá.”

Asher se quedó allí, escuchando cómo Jin-hyuk arrullaba al niño sin ser capaz de interrumpirlos. Al final, regresó a su habitación sin haber hecho nada de lo que planeaba.

 

A pesar del esfuerzo constante de Seo Jin-hyuk durante toda la noche, la fiebre de Lee-seo no cedía. El médico ya había advertido que podría durar unos días incluso con medicación, pero ver que no bajaba ni un grado angustiaba a Asher. Quizás el niño estaba compensando ahora lo sano que se había mantenido mientras estuvo en la incubadora.

Aprovechando que Lee-seo dormía profundamente tras el ajetreo de la madrugada, Asher volvió a tomarle la temperatura. Seguía igual. Soltó un suspiro involuntario. Al salir de la habitación, le costaba alejarme de la puerta.

Sabía que la cuidadora estaba allí y que solo era amigdalitis, pero Asher no lograba estar tranquilo. Se preguntó si debería quedarse en casa. Si pedía los apuntes a alguien, no pasaría nada por faltar un día.

“¿Ha podido dormir algo?”

Asher se había pasado la noche dando vueltas en la cama, así que podía imaginar cómo estaba el hombre que había cuidado del niño sin descanso. Aunque su aspecto era impecable, Jin-hyuk no podía ocultar del todo el cansancio en su rostro.

“Cerré los ojos un momento.”

Dijo el hombre, pero su voz sonaba con esa lentitud típica de quien no ha dormido ni un segundo.

“Ha trabajado mucho. Gracias.”

“No es nada. Lee-seo es mi...”

Las palabras del hombre se cortaron de forma antinatural. Su expresión cambió a la de alguien que se ha despertado de golpe por un error. Parpadeó un par de veces lentamente y cambió de tema.

“Es hora de ir a la academia, ¿verdad?”

Asher no lo presionó para que terminara la frase. No hacía falta escucharlo para adivinar qué iba a decir. En su lugar, respondió con naturalidad.

“Sí. Es hora de desayunar e irme. Pero estaba pensando en faltar hoy. Sé que está bien, pero no me quedo tranquilo.”

Seo Jin-hyuk se pasó una mano por el pelo, vacilando. Parecía tener algo en la punta de la lengua que no se atrevía a soltar. Finalmente, como si hubiera tomado una decisión, habló.

“Ve a la academia. Yo me quedaré estos días para cuidar de Lee-seo.”

Era una petición tan sencilla que resultaba casi cómico que le hubiera costado tanto decirla.

“Sé que puede ser incómodo, pero...”

“Lo sé.”

Asher lo interrumpió poniendo una mano en su brazo para que no terminara la frase.

“Gracias. Iré tranquilo a la academia gracias a usted, Director.”

Cuando Asher le dedicó una sonrisa de agradecimiento sincero, el hombre le devolvió una pequeña sonrisa de alivio. Al fin y al cabo, no era la primera vez que Jin-hyuk cuidaba del niño.

Había sido así cuando Lee-seo salió de la incubadora, y más aún desde que Asher empezó las clases. Como regresaba pronto por las tardes, el joven solía elegir los fines de semana para ir a estudiar a la academia, y era Jin-hyuk quien cubría su ausencia.

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La única diferencia era que, desde que se marchó de casa, no habían vuelto a pasar noches enteras bajo el mismo techo. Solo por ese detalle, no tenía sentido que Asher se pusiera serio y lo echara cuando el hombre solo quería dedicar su tiempo a cuidar de su hijo.

Además, Lee-seo adoraba a Jin-hyuk, así que era la mejor opción. Si no lloraba con las vacunas mientras él lo sostenía, estaba todo dicho. Y, de todos modos, Jin-hyuk también era el padre de Lee-seo. Asher le dio vueltas en su cabeza a esas palabras que el hombre no se atrevió a pronunciar.

Poco después, mientras desayunaban, llegó la cuidadora. Se sorprendió un poco al ver a Jin-hyuk allí desde temprano, pero lo saludó con familiaridad. Parecía que se habían visto a menudo en ausencia de Asher.

La mujer no preguntó qué estaba pasando. Se limitó a escuchar el estado de Lee-seo y aceptó con naturalidad que Jin-hyuk se quedaría en casa unos días. Una vez más, Asher recordó que era una profesional con décadas de experiencia en familias poderosas.

Dejando a Jin-hyuk y a la cuidadora conversando, Asher fue al dormitorio a cambiarse. Cuando salió con la mochila, la cuidadora estaba en la cocina y Jin-hyuk lo esperaba en el salón.

“¿Ya te vas?”

“Sí. Si no, pillaré atasco.”

A esa hora, cruzar la ciudad era un suplicio. Por suerte, Asher ya no tenía que ir apretujado en el autobús; ahora iba en taxi.

Jin-hyuk lo siguió hasta la entrada mientras se preparaba. Soltó un bostezo discreto y, apoyado contra la pared, se despidió mientras el joven se ponía los zapatos.

“Que tengas un buen día.”

Fue una sensación extraña para Asher. Siempre era él quien despedía a los demás. De repente, se levantó con un poco de nerviosismo.

“Sí. Volveré pronto.”

Asher iba a abrir la puerta, pero se detuvo y se giró. Jin-hyuk seguía allí. Al ver al joven parado, el hombre puso cara de duda.

“¿Te olvidas algo?”

“Bueno...”

Asher sentía los labios secos. Eran palabras sencillas, pero le costaba sacarlas, así que tiró de la correa de su mochila sin necesidad.

“Si me echa de menos, puede venir a verme.”

Sin esperar respuesta, Asher se dio la vuelta y salió de casa casi huyendo.

 

Al salir del edificio de la academia tras las clases, Asher divisó el coche familiar estacionado en el arcén. Se acercó rápidamente y golpeó ligeramente la ventanilla. En cuanto escuchó el clic del cierre centralizado, abrió la puerta del copiloto.

“¿Has llegado?”

Seo Jin-hyuk lo recibió desde el asiento del conductor. Asher dejó su mochila en el asiento trasero por inercia y subió al coche.

“Sí. ¿Ha esperado mucho?”

“Llegué hace un rato.”

Jin-hyuk se dio unos golpecitos en el pecho. Asher se quedó mirándolo sin entender hasta que el hombre tiró un poco del cinturón de seguridad. Solo entonces el joven se dio cuenta de que, por estar pendiente de él, se había olvidado de abrochárselo. Una vez que lo hizo con torpeza, el coche arrancó con suavidad.

Era el quinto día consecutivo que el hombre, instalado temporalmente en la casa, venía a buscar a Asher a la salida de la academia. Solo habían pasado cinco días, pero el joven ya sentía esa rutina como algo familiar.

Por supuesto, no fue así de natural desde el primer día. El día que Jin-hyuk decidió quedarse para cuidar a Lee-seo, Asher recogió sus cosas más rápido que nunca al terminar las clases. Sabía que unos minutos no cambiaban nada, pero su corazón le pedía volver.

Caminaba mirando el móvil para pedir un taxi cuando escuchó un breve bocinazo. Al girarse, vio el coche de Jin-hyuk. No era el coche discreto que usaba para vigilarlo desde lejos, sino el que solía conducir habitualmente. Al acercarse y abrir la puerta, Asher le preguntó sin pensar:

“¿Cómo es que ha venido?”

En cuanto lo dijo, se sintió tonto. Era obvio que venía por él. Pero como el hombre se había pasado meses observándolo de lejos para luego irse solo, la sorpresa hizo que Asher reaccionara así. Antes de que pudiera corregirse, Jin-hyuk lo miró fijamente y dijo:

“Dijiste que podía venir si te echaba de menos.”

Aunque Asher sabía que no lo había dicho exactamente con esa intención, Jin-hyuk respondió sin pizca de vergüenza. Fue una actitud bastante descarada. Sin embargo, su respuesta fue tan efectiva que el joven se quedó sin palabras y tuvo que subir al coche con las orejas ardiendo.

Desde entonces, el hombre venía a buscarlo cada día. Y esa mañana, le había enviado un mensaje diciendo que Lee-seo ya estaba totalmente recuperado.

Hoy era el último día que Jin-hyuk pasaría en la casa. Y quizás, la última vez que vendría a buscarlo. Al darme cuenta, Asher sintió una punzada de arrepentimiento.

“¿Te apetece cenar fuera hoy?”

“¿Ahora?”

Ante la pregunta sorprendida de Asher, el hombre que sujetaba el volante respondió con un ligero “claro”.

Era una propuesta inesperada. Pensándolo bien, desde que Asher empezó la academia, nunca habían salido a comer juntos. El joven estaba demasiado ocupado estudiando y Jin-hyuk mantenía las distancias.

No vernos, contactar solo si era necesario, distanciarse poco a poco... Así parecía ser la relación hasta hace cinco días.

“Lee-seo ya está bien. Ya les he avisado a la cuidadora y a la empleada del hogar...”

Jin-hyuk detuvo el coche ante un semáforo en rojo y se giró para mirar a Asher profundamente.

“¿Qué te parece?”

El hombre esperó la respuesta con paciencia. Parecía una invitación casual, pero Asher notó que los dedos del Director tamborileaban suavemente sobre el volante mientras el silencio se alargaba.

Fue solo un instante, pero Asher se dio cuenta de que Seo Jin-hyuk estaba nervioso. Para el joven, él siempre había sido un hombre maduro y seguro de sí mismo. Verlo dar tantas explicaciones para invitarlo a cenar y mostrarse inquieto...

Bueno, para Asher era exactamente como si le estuviera pidiendo una cita.

Al fijarse bien, Asher notó que Jin-hyuk se había arreglado demasiado para alguien que solo estaba en casa cuidando al bebé. En comparación con el día anterior, la diferencia era evidente.

El hombre que estaba a su lado era, sin lugar a dudas, un alfa decidido a seducir a un omega.

En cuanto Asher se dio cuenta, la tensión se le contagió y sintió la boca seca. De repente, el espacio privado del coche se sintió extraño, cargado con el dulce y sutil rastro de las feromonas de Jin-hyuk. Era una sensación que no había experimentado ni siquiera cuando él le confesó su amor.

Intentando parecer indiferente, Asher preguntó por el destino.

“¿A dónde vamos?”

“Al lugar al que fuimos la otra vez.”

Era un nombre familiar. Un restaurante especializado en mariscos que solía ser uno de los favoritos de Asher.

Recordó que, en sus visitas anteriores, tenían que ser extremadamente cuidadosos con los platos crudos o cambiar el menú por completo debido a su estado. Hoy, por primera vez, no tendría que preocuparse por eso.

“Sé que te gustaba ese sitio. Te vendrá bien para cambiar de aires. Te has esforzado mucho cuidando a Lee-seo hasta que se recuperó.”

El hombre, a quien no le gustaban los mariscos, intentaba convencerlo con suavidad. Y eso que el que se había pasado las noches en vela cuidando al niño era él mismo. Mientras tanto, el coche avanzaba fielmente hacia la casa.

“Está bien. Vamos a comer antes de entrar.”

Asher no tenía motivos para negarse. Había estudiado con diligencia todos los días, así que descansar una tarde no le vendría mal. Ante su respuesta, Seo Jin-hyuk sonrió y cambió el rumbo.

 

El empleado que los recibió los guio hacia la mesa de siempre.

El asiento junto al ventanal, con vistas directas a las luces de la ciudad, era el más codiciado del restaurante. A través del cristal se veían los edificios y los coches que parecían escarabajos moviéndose por las avenidas. A medida que anocheciera, la vista sería aún más espectacular.

Una vez sentados, les entregaron una carta delgada con los precios de los menús y platos individuales, junto a un libro de vinos más grueso que un diccionario.

“¿Qué quieres hacer con el vino?”

“Ah, quiero beber.”

Asher respondió con entusiasmo. Ya que había decidido tomarse el día libre, una copa de vino le pareció una excelente idea. No es que supiera mucho de vinos, pero tampoco es que fuera un experto en soju o cerveza. Además, no era tan débil como para emborracharse con un par de copas maridadas con la cena.

Jin-hyuk cerró el libro de vinos y se dirigió al sumiller que esperaba el pedido.

“Para mí, algo sin alcohol.”

“¿Por qué? Beba conmigo.”

Asher se extrañó; por fin podía beber con él y, sin embargo, el hombre se abstenía.

“Tengo que conducir.”

Respondió Jin-hyuk con naturalidad.

“No quiero meter a nadie más en esto.”

Al principio, Asher no entendió a qué se refería, pero al procesar la frase, bebió agua de golpe para disimular su turbación. El mismo hombre al que le había costado tanto invitarlo a cenar, soltaba ahora con total facilidad que quería estar a solas con él.

El entrante, una ensalada de vieiras, llegó en el momento justo. Notando la incomodidad de Asher, Jin-hyuk cambió de tema con naturalidad.

“¿No es muy cansado ir a la academia?”

“Como lo veo como si fuera a trabajar, el trayecto no me importa. Estar sentado tanto tiempo es lo que cansa, pero mi trabajo anterior era peor. El turno de madrugada no es tan fácil como parece.”

Además, en aquel entonces Asher confiaba demasiado en su juventud y tenía hábitos terribles: comía mal, fumaba de vez en cuando y bebía con frecuencia. Estaba seguro de que si se hubiera quedado en el Nantes un poco más, su salud se habría resentido.

En aquel lugar, todo el mundo parecía tener un tornillo flojo. Aunque el local lo prohibía, era común ver patrocinios encubiertos, adicciones al juego o al alcohol, y gente con una necesidad patológica de gastar en coches o relojes que no podían permitirse.

Asher no lo pensó mucho en su momento por la urgencia del dinero, pero ahora comprendía que salir de allí fue lo correcto. Las veces que Jin-hyuk insistió en buscarle otro empleo cobraron un nuevo significado. Fuera cual fuera el sentimiento del hombre en aquel entonces, simplemente quería rescatarlo de allí.

“He hecho amigos nuevos. Aunque son menores que yo, me tratan muy bien.”

“Me alegro.”

Era una charla trivial, pero era algo que nunca antes habían compartido. Asher le contó lo nervioso que estuvo el primer día, sus notas en los últimos simulacros, e incluso anécdotas graciosas sobre pedidos mal servidos en los almuerzos con sus compañeros.

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Jin-hyuk, por su parte, le habló del deporte que había empezado. Había retomado la natación, algo que dejó de niño, e iba a nadar por las noches.

“Nadar solo en el carril me ayuda a calmarme. Es bueno para organizar los pensamientos.”

Mencionó que alquilaba la piscina entera para él solo con la misma naturalidad con la que alguien habla de ir al parque.

“Yo no sé nadar.”

“¿Nunca aprendiste?”

“No.”

Por eso Asher nunca iba a la playa. No tenía dinero para ir y, aunque alguien lo invitara, no quería ir a un sitio donde no podía defenderse en el agua. Ante este comentario casual, Jin-hyuk sentenció con firmeza:

“Es bueno saber nadar.”

La lista de tareas de Asher creció. Cuando terminaran los exámenes, no solo aprendería a conducir, sino también a nadar. Jin-hyuk, que solía ser flexible con todo lo que Asher quería, se transformaba en un tutor muy estricto para este tipo de cosas.

La comida seguía siendo deliciosa. Al ver cuánto disfrutaba de la ensalada de vieiras crudas y el steak tartare, Asher se dio cuenta de que le encantaba la comida cruda.p

Debía ser un suplicio para Jin-hyuk, que detestaba lo crudo, pero el hombre terminó su plato sin una sola queja. Exactamente como hizo Asher en el pasado con aquel pastel de chocolate empalagoso que él le compró.

En aquel entonces, Asher no pudo decirle que no le gustaba el dulce porque le conmovía ver la cara de ilusión de Jin-hyuk al verlo comer su postre favorito. A veces, uno hace cosas irracionales por los demás.

“Me gustaba mucho este lugar.”

Dijo Asher de repente, mirando las luces de los edificios ahora que la noche era cerrada. Solo quedaba el postre. El vino le había subido un poco a la cabeza.

“Nunca pensé en venir solo. Entre la academia y que las reservas se agotan con un mes de antelación...”

Antiguamente, Asher ni siquiera sabía que existían lugares así para gente como él. Siempre se vio como un empleado fiel, una rata de alcantarilla que permanecía en las sombras. Pero su situación había cambiado. Ya no se preocupaba por el alquiler, tenía ayuda en casa y se movía en taxi.

Sin embargo, en ausencia del hombre, había olvidado por completo cuánto le gustaba este sitio.

“Supongo que... este es el tipo de lugar al que me trae el Director.”

Asher soltó una risita, como si fuera un chiste, pero no pareció hacerle gracia a Jin-hyuk. El hombre lo miró fijamente y pronunció una sola palabra cargada de peso.

“Lo siento.”


Al salir del restaurante, empezaron a caer las primeras gotas de una lluvia primaveral que prometía arreciar hacia la medianoche. Debido al ligero mareo del vino, Asher bajó la ventanilla del coche para sentir el aire nocturno. Unas gotas le salpicaron la cara, pero Jin-hyuk no le pidió que cerrara.

Llegaron pronto a casa. Durante el trayecto en el ascensor, el silencio volvió a instalarse entre ellos, como si la fluida conversación de la cena nunca hubiera ocurrido.

Al entrar, la cuidadora los recibió con una sonrisa.

“¿Ya han vuelto? Lee-seo acaba de quedarse dormido.”

Como la cena se había alargado, ya era la hora de descanso del bebé. Asher miró la lluvia que golpeaba con fuerza el ventanal de la terraza.

“Está lloviendo mucho. Debería irse ya a casa, dicen que empeorará pronto.”

“Sí, gracias.”

Asher despidió a la cuidadora y se giró. Seo Jin-hyuk estaba de pie en medio del pasillo que daba al salón. Se miraron el uno al otro sin moverse, y la luz automática de la entrada se apagó tras unos segundos de inactividad.

En el silencio, solo se oía la lluvia contra el cristal. Asher sabía que debía decirle a él también que se marchara, pero las palabras se le quedaban trabadas. Fingió mirar a su alrededor como si fuera un extraño en su propia casa. Al final, fue él quien cedió.

“Director, usted también tendrá que recoger sus cosas y marcharse, ¿verdad? Gracias por estos días.”

Solo entonces, el hombre, que parecía una estatua, se movió.

“Ya recogí mis cosas y las saqué esta tarde.”

“...”

“Solo he subido porque quería acompañarte hasta la puerta.”

Jin-hyuk pasó junto a él hacia la salida y le dedicó una sonrisa tenue.

“No te acuestes muy tarde.”

Asher se quedó mirando cómo el hombre se ponía los zapatos. Cuando él se levantó para irse definitivamente, Asher salió descalzo hacia el recibidor y lo detuvo.

“Oiga.”

Lo agarró sin pensar, pero al tenerlo frente a frente, no supo qué decir. Alzó la vista hacia esos ojos oscuros como la noche.

“Eh... bueno... es que... quiero decir...”

Un gemido de dolor, cuyo significado ni él mismo comprendía, escapó de los labios de Asher. De repente, sintió unas ganas incontenibles de llorar; siempre le pasaba lo mismo cuando estaba frente a aquel hombre. Jadeando, dejó caer la cabeza como si se hubiera quedado sin fuerzas.

“No... no es nada.”

“...”

“Adiós.”

La mano que aferraba la ropa de Jin-hyuk resbaló sin energía. En ese instante, el hombre le sujetó la muñeca. La luz que inundaba el recibidor pareció volverse mareante.

La mano de Jin-hyuk subió por su brazo con una lentitud casi agónica, como si reptara. Asher se quedó inmóvil, mirando sus ojos como si estuviera bajo un hechizo. Cuando la palma de esa mano grande envolvió su mejilla, los labios del hombre, antes apretados, se movieron.

“Dime si no quieres.”

Jin-hyuk se inclinó lentamente y lo besó. Sus labios, cálidos y suaves, succionaron con delicadeza el labio inferior de Asher. El joven, aferrado a sus brazos, cerró los ojos y abrió la boca. Una lengua húmeda y caliente se abrió paso entre sus labios; al principio se rozaron con suavidad, para luego entrelazarse con una urgencia casi ruda.

Cuando la espalda de Asher comenzó a arquearse, Jin-hyuk lo sostuvo con firmeza. Sus narices chocaron mientras se besaban con desesperación. Era un beso hambriento, como si estuvieran sedientos y se colgaran de los labios del otro para saciarse. Solo después de un largo rato, los dos, que parecían haberse fundido en un solo cuerpo, lograron separarse.

“Decía que era mi tutor...”

Asher apoyó la frente en el pecho de Jin-hyuk un momento y luego lo miró, forzando una sonrisa. Aunque él había sido quien lo detuvo primero, no pudo evitar lanzarle ese reproche.

“He estado hecho un desastre desde la primera vez que te vi, Asher.”

Jin-hyuk tomó la mano de Asher y la apoyó sobre su propia mejilla. El calor intenso de su piel se transmitió a través de la palma. Su mirada, cargada de una humedad brillante, se clavó en él.

“Ya lo sabes.”

Asher miró fijamente los ojos del hombre. Él parpadeó despacio y frotó sus labios contra la palma del joven.

“No lo pienses demasiado.”

Besó cada uno de sus dedos con delicadeza.

“Ambos somos adultos...”

El hombre rozó las yemas de los dedos de Asher con sus labios y luego dejó que la mano del joven se deslizara por su mandíbula hasta su cuello.

“No hay ninguna razón para que no durmamos juntos.”

La piel suave y caliente quemaba la punta de los dedos de Asher. Sintió el pulso acelerado latiendo en la carótida. Su mano bajó hasta el pecho del hombre; el torso firme se inflaba y se hundía al ritmo de una respiración agitada.

“No te pido que me perdones ahora mismo.”

Jin-hyuk se inclinó hasta que sus narices se rozaron y le susurró al oído con voz melosa:

“Solo úsame.”

Sus dedos entrelazados guiaron al joven.

“Vamos a la cama.”

 

Cargando a Asher en brazos sin dejar de besarlo, el alfa entró a grandes zancadas en el dormitorio.

Asher rodeó su cuello con los brazos, lamiendo y succionando sus labios en un beso tras otro. Jin-hyuk, con los brazos rodeando su cintura, lo depositó lentamente sobre la cama. Debido a la falta de aire, Asher abrió la boca para jadear, y el hombre aprovechó para atrapar su lengua.

La succionó y la frotó como si fuera un animal hambriento hasta que se dio por satisfecho, para luego invadir de nuevo la cavidad bucal. Aquella masa de carne húmeda exploró cada rincón con familiaridad. En el momento en que Jin-hyuk acarició un punto sensible, las piernas de Asher perdieron toda fuerza. Lo único que pudo hacer fue hundirse en las sábanas y aferrarse a la chaqueta del hombre mientras recibía el beso.

El asedio terminó con un breve beso en la punta de su barbilla. Jin-hyuk, que estaba sobre él, se incorporó. Miró a Asher con una sonrisa radiante mientras se quitaba la chaqueta y comenzaba a desabrochar los botones de su camisa uno por uno.

Al mismo tiempo, una fragancia de feromonas intensamente dulce inundó el aire hasta marearlo.

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Aunque las feromonas sexuales de un omega no necesitan ser dulces para poner en celo a un alfa, el caso de los alfas es distinto. Un alfa debe usar todos los medios posibles para seducir a un omega. Es la misma lógica que el ciervo almizclero con su glándula o el pavo real con su cola colorida; a pesar del gasto innecesario de energía, los alfas han producido feromonas seductoras desde tiempos antiguos.

Y Seo Jin-hyuk no era la excepción. El aroma que Asher siempre asoció con madera de agar, tomillo y un toque de salitre se volvió sofocante. El alfa, que solía ocultar sus feromonas de forma tan perfecta que parecía un beta, se mostraba ahora en todo su esplendor, como una flor abriéndose.

A medida que los botones caían, la piel quedaba expuesta y el aroma se intensificaba. Siempre había sido un hombre hermoso. Asher lo observaba hechizado. Jin-hyuk se lamió el labio inferior, se quitó la camisa y la dejó sobre la mesilla. Bajo la luz brillante, aparecieron sus músculos bien definidos por el ejercicio.

Como si quisiera que Asher lo viera bien, se desabrochó el cinturón y bajó sus pantalones lentamente. Su pene estaba tan erecto que parecía a punto de romper la ropa interior.

La parte superior de Asher ya había sido despojada de su ropa durante los besos. Ahora, el joven yacía en la cama con el torso desnudo, mirando a Jin-hyuk.

Era la primera vez que tendrían sexo estando ambos cuerdos y sin un embarazo de por medio. Aquella vez durante el celo había sido demasiado ruda, y los encuentros durante el embarazo habían sido inevitablemente cuidadosos. Un escalofrío recorrió la espalda de Asher, haciéndolo temblar ligeramente. A pesar de conocer sus cuerpos a la perfección, se sentía como si fuera la noche de bodas.

El hombre movió la cadera lentamente, dejando caer su peso y frotando su pene erecto contra el muslo de Asher. El roce entre ambos cuerpos elevó la sensibilidad al máximo. Cada vez que el pene de Jin-hyuk presionaba el de Asher, una pequeña cantidad de líquido preseminal escapaba de la punta. El cuerpo del joven se calentó con la facilidad del hierro al fuego; sentía como si hubiera esperado este momento toda su vida.

Jin-hyuk se inclinó y hundió los labios en su cuello. El contacto de sus dientes mordisqueando suavemente la piel sensible era electrizante. Atrapó un pezón entre sus dedos y lo apretó con fuerza antes de soltarlo, mezclando un placer ardiente con un rastro de dolor punzante.

Tras acariciar con insistencia hasta casi dejar marcas, se detuvo al notar la incomodidad de Asher y comenzó un juego previo lento y obsesivo. Era una presión que Asher no había sentido antes. El hombre se frotaba contra él como una serpiente, presionando todo su cuerpo. Le succionó el lóbulo de la oreja, mordisqueó el cartílago y, finalmente, bajó el pantalón y la ropa interior de Asher al mismo tiempo. La prenda estaba empapada de fluidos.

Asher estaba completamente excitado. Con el rostro encendido y una expresión llena de expectativa, miró a Jin-hyuk. El hombre le devolvió la mirada mientras rodeaba con la mano su propio pene, que descansaba contra el abdomen de Asher. Cuando rozó con la yema de los dedos el glande, que estaba extremadamente sensible por la estimulación constante, la cintura de Asher tembló.

En otro tiempo, él habría intentado calmarlo diciendo que demasiada excitación no era buena. Pero esta vez, Jin-hyuk no dudó y clavó las uñas en la entrada.

“¡Ah!”

El cuerpo de Asher se arqueó como un pez fuera del agua. De su pene brotó una oleada de líquido transparente. Estuvo a punto de perder el control; aunque no era orina, era evidente que si llegaba al clímax ahora, el resto de la noche sería complicado.

Tras secarse las lágrimas que asomaban a sus ojos, vio a Jin-hyuk observando su propia mano mojada por el fluido de Asher. El hombre no evitó su mirada acusadora; al contrario, se llevó la mano a la boca deliberadamente.

“¡Director!”

Su voz desesperada no fue suficiente para detenerlo. Jin-hyuk succionó sus dedos mojados con tanta fuerza que sus mejillas se hundieron, como si estuviera realizando sexo oral. Aquella imagen de autocontrol que siempre proyectaba pareció una mentira mientras tragaba sus propios dedos para luego lamerlos con parsimonia. Asher se dio cuenta, demasiado tarde, de que había estado observando la escena totalmente hipnotizado.

Mientras estaba distraído, el hombre se posicionó entre sus piernas y le sujetó los muslos.

“Ábrete.”

Apoyó una pierna de Asher sobre su hombro y masajeó sus glúteos antes de separar la entrada. El aire fresco pareció golpear el orificio que antes estaba cerrado. Jin-hyuk observó la entrada y, al acariciarla con los dedos, esta comenzó a palpitar. Ante el estremecimiento del joven, un dedo entró con total facilidad.

“Estás completamente empapado.”

Un suspiro lleno de admiración cayó sobre el hombro desnudo de Asher. El alfa, con la mirada perdida por el deseo, lo contemplaba extasiado. No hacían falta palabras; el asombro y la devoción en los ojos del hombre eran suficientes.

“Ugh...”

El dedo en su interior exploraba las paredes. Cada vez que rozaba un punto concreto, un gemido escapaba de Asher. No era dolor; era el escalofrío de sentir cómo su propio fluido resbalaba por sus muslos. Jin-hyuk observó su piel erizada y hundió el dedo aún más profundo. Al retirarlo, el líquido lo siguió en un hilo viscoso.

Tras confirmar que estaba lo suficientemente preparado, Jin-hyuk se deshizo de su propia ropa interior. Él también estaba al límite; su pene, goteando, saltó libre. El grosor de su erección y el peso de su escroto chocaron contra el abdomen de Asher.

El hombre se inclinó para abrir el cajón de la mesilla. Estaba lleno de preservativos sobrantes que ambos habían usado en el pasado. Sin olvidar la lección aprendida, se limpió la mano con un pañuelo, abrió un envoltorio y colocó el condón con destreza. Justo antes de entrar, acarició la entrada una última vez.

El orificio, ahora suave y relajado, parecía ansioso por tragar cualquier cosa que se le ofreciera. Jin-hyuk entrecerró los ojos y, con su mano mojada, rodeó su pene para darle un último repaso. Aunque el tamaño podría intimidar a cualquiera, para Asher ya era algo conocido. El hombre lo sabía.

Sujetando su pene con una mano, Jin-hyuk lo apoyó contra el perineo y lo deslizó hacia arriba, recorriendo desde la entrada húmeda hasta los testículos en un solo movimiento.

“Voy a entrar.”

Asher notó una urgencia en él que no era habitual. El hombre frunció levemente el ceño mientras presionaba su pene contra la entrada.

El grueso pene de Jin-hyuk empujó hacia el interior como si el orificio lo succionara. Al sentir que Asher contraía los músculos de su entrada por puro instinto, el hombre soltó un gemido profundo.

“Mmm...”

Su pecho subió y bajó en una respiración pesada mientras intentaba contener la excitación. Jin-hyuk tenía las venas de las sienes marcadas, aunque parecía no darse cuenta. Se mordió ligeramente el labio inferior y, sin más dilación, hundió su pene por completo.

“¡Ahhh...!”

Asher vio destellos de luz frente a sus ojos. El movimiento de cadera de Jin-hyuk, que lo había penetrado hasta lo más profundo de un solo golpe, le arrancó un grito. Sus dedos de los pies se encogieron y el líquido preseminal escapó de su pene como si fuera orina; no era dolor, sino un placer aterrador que subía por su columna y hacía retumbar su cabeza.

Para calmarlo, Jin-hyuk besó sus rodillas y los muslos que aún colgaban de sus hombros mientras esperaba a que Asher se estabilizara. Cuando el joven recuperó un poco la consciencia, se dio cuenta de que el hombre todavía no se había movido más.

Jin-hyuk siempre era cuidadoso en el momento de la unión, pero no cedía. Sabía perfectamente que el grito de Asher no había sido de dolor. Comenzó a mover la cadera con lentitud mientras acariciaba suavemente sus pezones con la palma de la mano.

“Uuuh...”

Con cada embestida pausada, un quejido escapaba de los labios de Asher. El roce del glande contra las paredes internas parecía expandirlo todo antes de volver a hundirse lentamente. El fluido del joven comenzó a brotar, empapando la unión de sus cuerpos.

Jin-hyuk se pegó más a él, buscando una profundidad mayor.

“Ah, ahh, ugh...”

El peso del hombre lo cubría por completo, una presión casi sofocante pero necesaria. El abdomen firme de Jin-hyuk aplastaba el pene erecto de Asher, que goteaba líquido sobre su propio vientre. Con cada movimiento, el joven sentía la fricción por delante y por detrás simultáneamente. Al arquear la cintura por el exceso de estímulo, Jin-hyuk frunció el ceño, conteniendo el aliento.

“Ah...”

El hombre se detuvo un segundo, jadeando, como si estuviera al límite de su resistencia. Una gota de sudor resbaló desde su cuello hasta el hombro. Su aliento caliente quemaba la frente de Asher. Le frotó los labios en la sien y luego le mordisqueó la mejilla sin hacerle daño, antes de volver a arremeter con todo su cuerpo.

Hizo que Asher envolviera su cintura con las piernas, pegando sus pieles sudorosas sin dejar un solo hueco. El pene del joven se aplastaba contra el vientre de Jin-hyuk, rozando el vello púdbico. Esta vez, el hombre lo abrazó con fuerza para que no pudiera retorcerse.

Incluso sin entrar del todo, su tamaño era suficiente para recorrer cada rincón de las paredes internas. El sonido de los fluidos mezclados se volvió húmedo y ruidoso. Una vez que Asher se acostumbró al ritmo, su propia cadera empezó a balancearse por voluntad propia. Anhelaba una sensación más fuerte y se aferró a los brazos del alfa.

Notando el cambio, Jin-hyuk frotó la punta contra las paredes internas, se retiró hasta el borde y volvió a entrar de un solo impacto.

“¡Hiiiik!”

Asher, que se había acostumbrado al ritmo lento, clavó sus uñas en los brazos del hombre. Sus ojos se llenaron de lágrimas que rodaron por sus mejillas. Podía sentir claramente la base del pene y los testículos de Jin-hyuk chocando contra él.

Debido a la presión y a la intensidad de la penetración, el pene de Asher, que ya estaba al límite, acabó por expulsar su propia esencia. El semen blanco manchó el pecho de ambos. A pesar de las lágrimas de Asher, Jin-hyuk no se detuvo; al contrario, aceleró el ritmo. La entrada, ahora totalmente lubricada, recibía cada embestida sin resistencia, devorándolo.

“¡Ah, ugh, ah, ahh!”

La suavidad de antes desapareció, reemplazada por un movimiento violento que sacudía todo el cuerpo de Asher. Era como si lo estuvieran clavando contra la cama con un martillo. Su pene, que se había relajado tras eyacular, volvió a erguirse rápidamente bajo la fricción.

Asher gritó ante el placer extremo. La forma del pene de Jin-hyuk castigaba sus zonas más sensibles sin piedad. En el momento en que sus muslos empezaron a temblar y su interior se contrajo en un espasmo final, Jin-hyuk empujó hasta el fondo. Con el ceño fruncido y apretando los glúteos de Asher contra sí, el hombre eyaculó dentro del preservativo. Asher sintió los espasmos de los muslos de Jin-hyuk contra los suyos.

“Huuuu...”

“Ah...”

Ambos soltaron un largo suspiro al unísono. Asher sintió un ligero mareo por la intensidad del clímax. Al bajar la vista, vio su propio pene aún pegado al vientre del hombre, cubierto de fluidos; era la viva imagen de un acto recién terminado.

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Jin-hyuk tampoco parecía recuperarse del todo; abría y cerraba los ojos lentamente. Abrazó a Asher, uniendo sus frentes y frotando su mejilla contra la de él. Se giró de lado sin retirarse, manteniendo sus cuerpos unidos y la pierna de Asher sobre su cadera, con el pene aún dentro.

Le dio un beso corto en la coronilla. Sus labios se rozaban y se separaban mientras el pene de Jin-hyuk perdía dureza en su interior.

“Tengo sed.”

Fue un murmullo inconsciente de Asher. Al oírlo, Jin-hyuk finalmente se retiró con renuencia, se deshizo del preservativo usado y trajo un vaso de agua. Ayudó a Asher a incorporarse apoyándolo contra su pecho.

“Bebe esto.”

Asher bebió con avidez. Jin-hyuk dejó el vaso en la mesilla y volvió a la cama, atrayendo de nuevo al joven a sus brazos. El silencio de la habitación fue interrumpido por el sonido de la lluvia contra el cristal.

“Sigue lloviendo.”

“El pronóstico decía que llovería toda la noche.”

Jin-hyuk jugueteaba con los mechones de pelo sudorosos de Asher. Cuando sus miradas se cruzaron, él comenzó a besarle la frente y los párpados repetidamente.

“Mmm...”

Asher dejó escapar un gemido perezoso. Su pene, que nadie estaba tocando, volvió a endurecerse por sí solo. Al ser tan joven, no pudo evitar sentirse un poco avergonzado y murmuró una excusa.

“Es que... ha pasado mucho tiempo.”

Jin-hyuk, que tenía su rostro tan cerca que sus narices se tocaban, bajó la vista y sonrió de medio lado.

“Esa... es una buena respuesta.”

Sus dedos pasaron de los labios de Asher a su oreja.

“Significa que puedo satisfacerte todavía más.”

El pene de Jin-hyuk volvió a presionar, reclamando su espacio. Él solo había eyaculado una vez, así que era natural que aún tuviera energía. Se posicionó sobre Asher y le mordisqueó la oreja. El joven tembló ante el escalofrío y escuchó una risa baja y masculina muy cerca.

Con la mano, Jin-hyuk acarició el pezón erecto de Asher. Ante la punzada de placer, Asher frunció el ceño, pero el hombre bajó la cabeza para succionarlo con fuerza. Asher solo pudo aferrarse al cabello de Jin-hyuk mientras gemía.

Sin que se diera cuenta, el hombre ya se había puesto un nuevo preservativo. Al ver el brillo del látex, Asher sintió una nueva oleada de lubricación. Su interior, ya castigado y lubricado por el encuentro anterior, estaba más que listo para recibirlo de nuevo.

Jin-hyuk levantó los muslos de Asher, los enganchó a su cintura y penetró de nuevo con su pene.

“Ugh, ah...”

Asher sacó un poco la lengua mientras el pene entraba con facilidad. Recibió los besos de Jin-hyuk en las mejillas y luego extendió la mano hacia su nuca. El hombre dejó de besarlo un momento y le ofreció su cuello. Asher acarició desde su oreja hasta sus hombros musculosos. Jin-hyuk seguía allí, con él.

“Mmm... haah...”

El hombre cerró los ojos, disfrutando de las caricias de Asher, y soltó un suspiro de satisfacción. Cuando la mano del joven se detuvo, Jin-hyuk abrió los ojos con extrañeza, buscando su enfoque. Asher rodeó su cuello con los brazos, se incorporó un poco y lo besó.

Fue una noche de absoluto deleite.

 

El sonido de la alarma despertó a Asher. Aturdido por el ruido escandaloso, tanteó con la mano hasta que logró apagarla y hundió de nuevo la cabeza en la almohada. Los rayos de sol que entraban por la ventana le obligaron a abrir los ojos.

Reconoció su entorno y recordó la noche compartida. Se quedó mirando por la ventana. La lluvia había limpiado el polvo y el cielo estaba radiante. Intentó levantarse, pero sentía el cuerpo pesado y la mente en blanco. De pronto, notó algo diferente: el jarrón que solía estar vacío ahora tenía flores frescas: rosas y peonías.

Mientras contemplaba las flores con la cabeza aún en la almohada, la puerta se abrió.

“¿Ya te has despertado?”

Quien entró en la habitación con total naturalidad fue Seo Jin-hyuk. Vestía una camiseta blanca de manga corta y sostenía a Lee-seo con un brazo.

"Ah..."

De la garganta de Asher brotó una voz rasposa mientras su mente, aún nublada, empezaba a despejarse gradualmente. Los sucesos de la noche anterior comenzaron a emerger uno a uno como boyas en la superficie del agua. Le resultaba difícil comprender cómo había podido olvidarlos, especialmente cuando su cuerpo empezó a dolerle. Sentía los músculos entumecidos, como si hubiera realizado un ejercicio físico extenuante.

Sin necesidad de tocarse, sentía la zona inferior hinchada y con una ligera sensación de ardor. Por suerte, como Jin-hyuk había usado preservativos meticulosamente, no tenía que preocuparse por restos de semen incómodos. Además, el hombre se había encargado de limpiarlo con una toalla húmeda antes de dormir, evitándole la molestia de despertar pegajoso.

Lee-seo, que se chupaba un dedo en brazos de su padre, divisó a Asher y le dedicó una sonrisa radiante mientras se inclinaba hacia adelante extendiendo sus manitas. Jin-hyuk acomodó al bebé, que estuvo a punto de irse de bruces, y se justificó innecesariamente:

"Es que ya estaba despierto."

Hablaba como si sintiera que no debería estar sosteniéndolo. Lee-seo intentó alcanzar a Asher con todas sus fuerzas y, al ver que no lo lograba, soltó un pequeño quejido de frustración: 'Ing'. Pero desistió pronto. Enseguida se distrajo jugando con la tela de la camiseta de su padre. Aunque parecía encajado bajo un solo brazo, el pequeño se veía bastante cómodo.

En condiciones normales, Asher habría tomado al bebé en brazos, pero en ese momento su estado físico no se lo permitía.

"No es eso... es que tengo... sueño..."

Asher intentó incorporarse, pero el esfuerzo fracasó y terminó desplomándose de nuevo contra el cabezal de la cama. Le faltaban horas de sueño. La alarma había sonado a la hora de ir a la academia, muy temprano de madrugada, por lo que apenas había descansado. Jin-hyuk miró los esfuerzos de Asher y sonrió con un deje de culpa.

"Lo siento. No debí dejar que llegáramos a eso."

"No es culpa suya. Yo tampoco puse de mi parte."

Asher sabía que no podía culpar solo a Jin-hyuk. Aunque la idea de que tenía que madrugar cruzó su mente anoche, él mismo había buscado los labios del hombre con insistencia. Al fin y al cabo, Asher siempre había tenido un temperamento algo impulsivo y vulnerable al placer. Jin-hyuk también había estado muy excitado. Asher recordaba vagamente cómo, tras la cuarta eyaculación, se había quedado lánguido y con los ojos cerrados, limitándose a jadear. Había sido el sexo más exhaustivo que recordaba.

Al ver que Asher no lograba espabilar, Jin-hyuk mostró preocupación.

"Aun así, cometí un error. ¿Quieres quedarte a descansar hoy?"

"No. Haaah-ahm... Ya casi estoy despierto. No puedo faltar a la academia por algo así."

Tras un bostezo ruidoso y frotarse la cara con fuerza, Asher comenzó a sentirse un poco mejor. El dolor muscular y la falta de sueño eran cosas que solía experimentar a menudo en el pasado. A pesar de que su estado mejoraba, Jin-hyuk no ocultaba su inquietud.

"Me haré responsable. Te llevaré yo mismo a la academia."

"Se lo agradezco."

Asher lo miró apoyado en el cabezal, intentando recuperar la lucidez.

"Primero dejaré a Lee-seo acostado y vuelvo."

Jin-hyuk acarició la mejilla regordeta del bebé con un movimiento extremadamente cuidadoso. Lee-seo, que jugaba tranquilo, balbuceó algo al ser interrumpido.

"Auuu."

"Sí, sí. Perdón por molestarte."

Jin-hyuk se disculpó de inmediato con el bebé mientras mantenía una sonrisa de ternura. Ver a aquel hombre corpulento desviviéndose por una criatura más pequeña que su antebrazo era una imagen inusual. Parecía una cigarra aferrada a un árbol viejo.

"Pero, realmente..."

Asher comenzó a hablar y ambos, padre e hijo, lo miraron al mismo tiempo.

"Se parecen mucho. Usted y él."

Lo soltó sin pensar, todavía bajo los efectos del sueño. En cuanto terminó la frase, fue consciente de su significado, pero no sintió ganas de retractarse. Era una realidad evidente. Al oírlo, Jin-hyuk se quedó rígido como si le hubiera caído un rayo y miró a Asher con estupefacción. Justo cuando Asher temía haber dicho algo inconveniente, una sonrisa comenzó a dibujarse en el rostro del hombre.

"¿De verdad lo crees?"

 

Jin-hyuk cumplió su palabra de hacerse responsable. Tras acostar a Lee-seo, regresó por Asher y lo llevó al baño para ayudarlo a asearse. Asher no tenía energía para resistirse, así que dejó que el hombre se encargara de la ducha e incluso de cepillarle los dientes mientras él permanecía medio dormido. El agua logró despejarlo lo suficiente como para que pudiera vestirse por su cuenta.

Al salir, encontró a Jin-hyuk preparando el desayuno en la cocina. Asher se sentó a la mesa y se limitó a observarlo.

"¿No tiene que ir a trabajar, Director?"

"Debo ir. Te dejaré en la academia y luego iré a la oficina. Tengo trajes de repuesto allí, así que no te preocupes por mí."

Colocó el cuenco de arroz frente a Asher, instándolo a comer.

"¿Y estas flores? También había en la habitación."

Asher se percató de que en el jarrón vacío de la mesa también había flores frescas.

"¿No te gustan?"

"No es eso. Me preguntaba cuándo las compró..."

"Sentía que faltaba algo. Las compré ayer antes de ir a buscarte."

Asher recordó las marcas que el hombre había dejado en sus muslos y se concentró en la comida en silencio. Recordó que en el pasado siempre había flores en la casa de Jin-hyuk. Los jarrones de esta casa solo se quedaron vacíos después de que él se marchó. El hombre le explicó los nombres de las flores uno por uno.

"Son bonitas. Tráigalas de nuevo la próxima vez."

"Así lo haré."

Al ver su sonrisa, Asher se dio cuenta de que acababa de asegurar un próximo encuentro.

Tras saludar a la cuidadora, Asher salió con su mochila. Jin-hyuk tomó la mochila de sus manos con naturalidad.

"De todos modos vamos en coche."

"Dije que hoy me haría responsable."

Subieron al coche y se dirigieron a la academia. Al llegar, Jin-hyuk estacionó frente a la entrada.

"Que tengas un buen día."

"Usted también, Director."

Asher bajó del coche. Antes de entrar al edificio, miró hacia atrás; el coche seguía allí. Sabía que se quedaría estacionado un buen rato. De repente, Asher se dio cuenta de que ya no sentía ansiedad. No es que todo estuviera decidido, pero se sentía bien. Era una sensación distinta a la del pasado, cuando sentía que el agua oscura le llegaba hasta el cuello.

Comprendía que su desesperación de antes quizás no era solo amor puro. Pero ahora estaba bien. Ya no sentía miedo. Y eso no significaba que hubiera dejado de amar a Seo Jin-hyuk.

Mientras subía por las escaleras, Asher miró a través de una pequeña ventana hacia el sedán negro. El hombre seguía allí. Asher observó el coche un momento antes de entrar a su clase.

Desde aquel día, Asher y Seo Jin-hyuk se veían con frecuencia. A veces, él aparecía sin previo aviso para recogerlo, cenaban juntos, jugaba con Lee-seo y luego se marchaba por la noche.

Como Asher solía estudiar durante la semana, el tiempo que pasaban juntos era excesivamente corto, pero Jin-hyuk parecía satisfecho con eso. Cuando Asher salía de su habitación agotado de estudiar, solía encontrarlos en la sala, rodeados de juguetes.

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Quizás fuera por todo ese esfuerzo, pero Lee-seo, que ya adoraba a su padre, se había vuelto aún más apegado a él. El bebé, que apenas si lograba darse la vuelta hace poco, finalmente había empezado a gatear con el único propósito de alcanzar a Jin-hyuk.

Verlo avanzar con dificultad hacia él lo hacía parecer más un cachorrito que un ratoncito. Cuando Asher salía y ambos, padre e hijo, se giraban al unísono para mirarlo con rostros idénticos, una sensación extraña lo invadía.

"¿Por qué faltaste ayer al estudio autónomo?"

El domingo, después de la sesión de estudio matutina, el grupo fue a almorzar a una cadena de restaurantes occidentales. Era un lugar algo caro, pero el resto parecía tener dinero suficiente y solían frecuentarlo. En el pasado, Asher habría inventado cualquier excusa para comer un bento de tienda de conveniencia o un ramen instantáneo. Bueno, en primer lugar, ni siquiera habría podido asistir a una academia como esta.

Mientras pedían el menú y charlaban, Suyeon, que sorbía su bebida, le hizo la pregunta a Seung-gyu. Tenía curiosidad por saber por qué él, que era el más diligente, había faltado de repente.

"Ah, ¿ayer? Fui a una exposición. El Museo Nacional está haciendo una muestra de intercambio cultural por un aniversario diplomático."

Mencionó un país europeo que a Asher le resultó familiar. Kyung-jin, sentado al lado, preguntó con curiosidad:

"¿Con quién? ¿Tu novia?"

Seung-gyu miró de reojo a Asher, como midiendo su reacción, antes de responder:

"No. Con mi madre."

"Vaya, qué buen hijo."

Mientras Kyung-jin se maravillaba, Suyeon empezó a bromear:

"Deberías aprender de él. Tú siempre le pides a tu madre que te sirva la comida cuando solo tienes que sacarla de la nevera..."

"¡Oye! Ya basta."

El rostro de Kyung-jin se puso rojo como un carbón encendido. Suyeon y Kyung-jin eran amigos desde la infancia y conocían los secretos familiares de cada uno.

"Ya no hago eso."

"¿De qué hablas? ¿Acaso sabes hervir ramen?"

"¡Claro que sé! ¿Quién no sabe hacer eso?"

"¿Te refieres a esa sopa aguada que haces? Entonces yo soy chef de foie gras."

"¡Ah, de verdad! ¿Por qué me haces esto?"

Kyung-jin, frustrado, bebió su refresco con hielo de un trago. Para detener las burlas de Suyeon, Asher intervino:

"Trátalo con cuidado. Es un chico delicado que no sabe ni cocinar ramen a su edad..."

"¡Hyung! ¡Que sí sé!"

Suyeon y Seung-gyu estallaron en carcajadas. Al haber terminado la secundaria hace poco, se reían por cualquier cosa. Kyung-jin resopló un rato, pero como no tenía argumentos, volvió al tema anterior.

"¿Y qué tal la exposición?"

"Bueno, tenían cuadros del museo de allá, organizados por épocas como el Barroco. Normalmente en Corea solo traen réplicas, pero como es un intercambio, enviaron los originales. Había obras de autores famosos."

"¿Fue divertido?"

"Sinceramente, no mucho, pero fue una buena salida. Ya saben que no quería estudiar."

Ante la mención de no querer estudiar, todos rieron con complicidad. Eran demasiado jóvenes para pasar la vida hipotecados dentro de una academia. Asher rió con ellos, disfrutando del almuerzo.

Al volver a la academia para el estudio de la tarde, Asher abrió sus libros para repasar errores pasados, pero la exposición de la que habló Seung-gyu no salía de su cabeza.

'Una exposición.'

No le había dado importancia al principio, pero la idea persistía.

'Me pregunto si habrá algún cuadro de Van Gogh.'

Era casi el único pintor que conocía. No sabía si era por eso, o porque recordaba que Jin-hyuk le había dicho que debían ir a ver sus obras juntos.

Quizás solo era que tampoco quería estudiar. Como los demás, él no lo hacía por placer. Finalmente, al terminar la jornada, Asher detuvo a Seung-gyu frente a la academia.

"Seung-gyu."

"¿Sí?"

Justo cuando iba a preguntar, una multitud de estudiantes empezó a salir del edificio. Tuvieron que apartarse de la entrada para poder hablar.

"Tengo curiosidad por la exposición."

"Ah, claro."

"¿Qué pintores famosos había? ¿Había alguno de Van Gogh?"

"Eh... espere un segundo."

Seung-gyu buscó rápidamente en su teléfono y se lo mostró.

"Rembrandt, Renoir, Millet, Gauguin... ¿y un tal Jean-Baptiste Camille? También hay uno de Van Gogh. Pero como verá, es una obra muy poco conocida. Yo fui a verla y fue 'normal'. No había mucho de Van Gogh, pero sí piezas representativas de otros pintores."

En la pantalla del teléfono apareció una imagen de baja resolución. Apenas se podía reconocer el estilo característico de Van Gogh. Tal como había dicho Jin-hyuk antes, parecía que no prestaban las obras más famosas. O quizás esa era la única que tenían.

Parecía que para ver 'La noche estrellada' o cuadros de ese calibre, no quedaba más remedio que viajar al extranjero. El interés de Asher decayó un poco.

Justo antes de despedirse, Seung-gyu dudó y preguntó:

"¿Planea... ir con su esposo?"

"¿Yo?"

"Sí. Se ve a muchas parejas teniendo citas en esos lugares. Si decide ir, puedo darle algunos consejos para la visita."

Asher se puso nervioso ante la idea inesperada y tartamudeó:

"Ah, bueno... probablemente... sí..."

Su murmullo vago se transformó en una afirmación decidida.

"Eso planeo. ¿Podrías explicármelo?"

Originalmente solo quería preguntar por Van Gogh, pero al decirlo, tomó una decisión. No estaría mal descansar un día e ir con el hombre a la exposición. Aunque Jin-hyuk no pudiera alquilar la galería entera para ellos dos, él aceptaría encantado acompañarlo incluso si el lugar estuviera tan lleno que fuera difícil respirar.

Seung-gyu sonrió y le explicó el orden del recorrido, además de recomendarle restaurantes y cafeterías cercanas. Ambos se olvidaron de que debían volver a casa y, parados en la acera, empezaron a planear la cita.

"¿No sería mejor ir un día de semana? Fui el fin de semana y casi muero. Como son originales, hay muchísima gente."

"Gracias por el consejo. Pero si falto a la academia..."

"¿Acaso su esposo lo regañaría... digo, le molestaría?"

Seung-gyu ladeó la cabeza. Al ser tan joven, el concepto del 'esposo de su hyung' le resultaba extraño y parecía compararlo con la figura de un padre. Asher contuvo la risa y respondió:

"No, él no es así. Es solo que yo también siento que debo estudiar."

"Ah, entiendo. Si falta un día de semana, yo puedo prestarle mis apuntes, ya que usted me prestó los suyos antes."

"Gracias."

Mientras organizaba los enlaces que le envió Seung-gyu, Asher recordó que le había prometido presentarle a Jin-hyuk. En aquel momento fue solo una excusa para salir del paso, pero pensó que un saludo rápido no estaría mal. Podrían cenar juntos algún día que pasara a recogerlo.

"Entonces, hyung..."

"Espera un momento."

Asher levantó la vista del teléfono y miró hacia el final de la calle. Al principio no estuvo seguro, pero al fijarse bien, lo confirmó.

"¡Lo siento, tengo algo urgente! ¡Nos vemos!"

Sin esperar respuesta, echó a correr. Sostuvo su mochila y se abrió paso entre la gente. Al doblar la esquina, atrapó un brazo que reconoció de inmediato. El hombre, sujetado por Asher, mostró un rostro de absoluta sorpresa.

Asher jadeó, tratando de recuperar el aire antes de hablar:

"¿Por qué se iba así nada más?"

Le había parecido que sus miradas se cruzaron, pero al verlo darse la vuelta, pensó que se había equivocado. Sin embargo, con su estatura y complexión, no era difícil distinguirlo entre la multitud.

"Vino a verme, ¿verdad? ¿Por qué se marcha?"

Jin-hyuk, que se había quedado rígido por la sorpresa, respondió con suavidad como si nada hubiera pasado:

"Parecía que estabas con un amigo y no quería interrumpir."

Qué tontería. Si se iba a marchar por algo así, mejor que ni siquiera viniera a buscarlo. Estaba ocultando algo.

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Lo que Jin-hyuk pasaba por alto era que, así como él conocía bien a Asher, Asher también había aprendido a conocerlo a él. Podía notar sus mentiras con facilidad, y en cuanto se dio cuenta de que el hombre mentía, su humor empezó a torcerse.

"Entonces, ¿quiere ir a saludar ahora?"

"Si Asher lo desea."

Jin-hyuk hizo un gesto para que le entregara la mochila, como indicando que estaban listos para ir. Asher no supo por qué esa actitud le molestó tanto de repente.

"¿Y si yo no lo deseo?"

A partir de ese punto, Jin-hyuk pareció notar que la situación se volvía tensa. Como Asher no solía ponerse quisquilloso con sus palabras, si no se daba cuenta ahora, habría sido un problema.

"Dame la mochila. Pesa mucho."

"¿Qué es lo que iba a decirme?"

Sin entregarle la mochila y continuando con su interrogatorio, Asher lo miró con fijeza. Seo Jin-hyuk, intentando calmarlo, señaló una cafetería cercana.

"¿Quieres que entremos en algún lugar para hablar?"

"Dígalo aquí mismo."

Varias miradas empezaron a clavarse en ellos debido a aquella disputa en plena calle. Al final, fue Jin-hyuk quien cedió primero. Al ver que el joven no tenía intención de dar su brazo a torcer, abandonó su actitud evasiva y soltó un profundo suspiro.

"Está bien. Pero alejémonos un poco."

Él guio a Asher hacia un callejón entre los edificios. Un gato callejero que descansaba allí erizó el lomo al verlos y huyó hacia la oscuridad. A pesar de estar en un lugar apartado, a Jin-hyuk parecía costarle hablar. Se frotó la barbilla y el labio inferior con el pulgar, con rostro atribulado, antes de abrir la boca.

"Yo... no quiero causarte problemas, Asher."

"..."

"Por eso lo hice."

Fue una elección de palabras sutil. Mientras rumiaba lentamente lo que acababa de escuchar, Asher abrió la boca con sorpresa y miró al hombre.

"O sea, ¿que pensó que él era la persona con la que estoy saliendo?"

"..."

"¿Solo por vernos hablar en la calle?"

Era absurdo. Era una suposición excesiva para una simple charla. Asher se preguntó si él y Seung-gyu habían estado demasiado cerca, pero por más que lo pensara, no era para tanto. De pronto, un hecho que había enterrado en su memoria regresó y, por instinto, se llevó la mano a la frente.

"Ah, claro. Usted solía venir a verme a menudo antes. Debió vernos juntos muchas veces."

Antes de que Asher pusiera límites, Seung-gyu solía ser bastante pegajoso. Sabía que su trato era algo ambiguo para ser solo un 'hyung' cercano. Como suelen hacer los alfas interesados en un omega, Seung-gyu cruzaba sutilmente la línea con una amabilidad excesiva.

Asher supuso que, si Jin-hyuk vio eso, era natural que lo malinterpretara. Los alfas tenían una intuición excepcional para esos asuntos, casi una 'histeria'. Si Asher podía sentirlo, para Jin-hyuk era un problema evidente. Sin embargo, era un sentimiento unilateral que ya era historia pasada.

"Es verdad. Yo le gusto. ¿Es eso lo que quiere oír?"

Incluso cuando Asher admitió que le gustaba a Park Seung-gyu, el hombre permaneció calmado. Evidentemente, ya lo sabía. Jin-hyuk, como si entendiera la razón del enfado del joven, empezó a hablar con cuidado.

"No pienso que me estés engañando o mintiendo, Asher. Simplemente... quería esperar hasta que tú mismo me lo contaras."

Ante esas palabras tan serenas, Asher explotó de repente.

"¿Sin importar lo que diga?"

Agarró el brazo de Jin-hyuk, totalmente alterado y atacando agresivamente.

"¿Incluso si le dijera que estoy saliendo con él?"

Él siguió en silencio. Eso era un sí.

"¿Entonces no diría nada si me fuera a acostar con él ahora mismo?"

Eran palabras que horrorizarían a Seung-gyu, pero Asher estaba tan lleno de rabia que soltó lo primero que se le ocurrió. La mandíbula del hombre se tensó. Tras reprimir sus emociones, Jin-hyuk respondió poco después.

"Creo que no es un asunto en el que yo deba interferir."

Asher se quedó sin palabras. Sintió un nudo en la garganta y bajó la cabeza, esforzándose por tragarse las lágrimas. No lo estaba culpando ni interrogando, pero no sabía por qué se sentía tan triste. Tal vez era porque el hombre estaba aceptando su ira como si estuviera cumpliendo una condena. Fue el momento en que Asher comprendió con exactitud el significado de 'esperar' que él le había dicho en el hospital.

"De verdad..."

"Asher, cuidado."

Él intentó sostener al joven cuando tropecó, pero Asher rechazó su mano y se puso derecho. No lloró; no era de los que lloraban por todo. Levantó la cabeza, miró a Jin-hyuk directamente a los ojos y habló con claridad.

"Le estaba preguntando a él porque ayer fue a una exposición especial con su madre. Quería ir con usted. ¿Se siente mejor ahora?"

Una expresión de error cruzó el rostro del hombre. Tras resoplar con indignación, Asher le lanzó un último ataque antes de marcharse.

"Yo iré mañana, así que usted venga o no, haga lo que quiera."

 

Todo era un desastre. Eso pensaba Asher mientras apoyaba la cabeza en la ventanilla del taxi. Hacía un día espléndido, pero el camino a la exposición tras faltar a la academia no era tan agradable como imaginó.

En realidad, era difícil explicar por qué estaba tan enojado. Si era porque él pensó que Asher tenía una cita con otro, o porque dijo que podía acostarse con otro, o simplemente porque estaba aceptando su ira sin defenderse. Todo terminó desde que él se llevó su anillo y Asher no pudo pedirle que se lo devolviera. La solicitud de divorcio de mutuo acuerdo con su sello seguía guardada en el cajón del dormitorio.

Ahora que lo pensaba, era extraño. Asher dijo que lo entendía, pero ¿por qué no pudo pedirle el anillo? ¿Y por qué le decía que Lee-seo se parecía a él pero no lo llamaba 'papá'? Si fuera así, debería comunicarle su ruptura definitiva en lugar de besarlo en una noche de lluvia. Pero aún así, Asher no regresó a casa ni lo llamó. Simplemente se dirigió a la exposición.

En cuanto bajó del taxi, apagué el teléfono. La pantalla estaba vacía; Jin-hyuk no había enviado ni una sola excusa. Asher no le dijo ni el lugar ni la hora, solo que iría 'mañana'. Que él viniera o no era su responsabilidad.

Tras pasear por el jardín del museo, compró su entrada. Había bastante gente para ser una tarde de día de semana. Familias y parejas se reunían en grupos. También se veía a gente sola. Tomó un folleto, alquiló la audioguía y entró. Nada más entrar, sintió el olor a óleo. Escuchando la voz grabada de la guía, su mente caótica se fue calmando.

Siguió la ruta lentamente hasta que se detuvo frente al cuadro de Van Gogh. Era una obra que nunca había visto. Al activar la audioguía, una explicación pausada sobre la pintura empezó a sonar. Mientras la voz continuaba, alguien se acercó silenciosamente a su lado. No parecía haber venido a ver el arte; ni siquiera miraba el lienzo. Asher lo ignoró hasta que el audio terminó y se quitó los auriculares.

"Ha venido."

Fue un saludo corto. A pesar de haber sido ignorado un buen rato, el hombre no mostraba molestia. El silencio persistió hasta que Jin-hyuk habló primero.

"No pensé que estuvieras saliendo con ese alfa de inmediato."

Era la excusa por lo de ayer. Jin-hyuk empezó a hablar con pausas, hilando sus frases lentamente.

"Yo... no quería volver a cometer un error. Ya he cometido demasiados."

Esbozó una sonrisa forzada.

"Ya he intentado suficiente eso de suponer tus intenciones y sacar conclusiones por mi cuenta. Quería cumplir la única promesa que te hice: la de esperar."

Se detuvo un momento y acarició el anillo en su anular izquierdo.

"Lo que quiero decir es que no necesitas sentir compasión ni culpa por mí. Te lo dije. Lo hago porque yo quiero."

Asher pensó que era un alfa tonto. Al verlo sonreír, la rabia y la ansiedad acumuladas en su pecho empezaron a desaparecer. Tras sus palabras, en lugar de responder, Asher se quedó mirando el cuadro un largo rato; era un paisaje de un campo de trigo. Él seguía mirándolo a él en lugar de a la pintura.

Pasado un tiempo, Asher cerró y abrió los ojos lentamente.

"Fue mentira eso de que no lo odio, Director."

Ante la repentina confesión, Asher sintió cómo el cuerpo de Seo Jin-hyuk se ponía rígido, duro como una piedra.

"Siempre pensé que debía estarle agradecido, Director. Soy huérfano, solo terminé la secundaria, era un ladronzuelo y ni siquiera tenía un trabajo decente. Pero usted..."

Asher tomó aire profundamente antes de continuar.

"Usted es mi salvador."

"..."

"¿Cómo podría odiar a mi salvador?"

Odiar a Seo Jin-hyuk era una tarea difícil. Incluso si no fuera porque Asher lo amaba, había recibido demasiado de él. Era una relación que ya era desigual desde el principio; una donde Asher solo debía dar las gracias de forma unilateral.

"Por eso, me esforcé mucho en pensar que no lo odiaba. Me decía que esto era lo normal. Que si usted me malinterpretaba, era porque yo hacía cosas que daban pie a ello. Tal como todos los demás pensaban de mí..."

La persistente confesión continuó. Asher intentó sonreír, igual que el hombre lo había hecho antes, pero no pudo.

"Usted tiene razón. Yo... nunca lo he perdonado, Director. Incluso en el momento en que dije que lo entendía, no lo estaba perdonando a usted, sino que me estaba odiando a mí mismo. Lo odiaba tanto por haber confiado en usted que, aunque me pidiera perdón, no podía perdonarlo de ninguna manera. Así que preferí odiarme a mí mismo para solucionar el problema. Era lo más fácil y cómodo."

Asher siempre había pensado que era extraño. Decía haberlo perdonado con facilidad, pero las palabras 'está bien' nunca salían de su boca. Por mucho que su corazón se calmara y que el hombre lo hiciera sentir feliz y pleno, se negaba a decir esa frase hasta el final.

Pero ahora lo comprendía.

Simplemente no había podido perdonar a Seo Jin-hyuk. Se había pasado el tiempo buscando razones para no odiarlo.

Las razones para no odiarlo eran tantas como las razones para odiarse a sí mismo. No podía soportar que su salvador y la persona a la que amaba lo viera de esa forma, así que eligió odiarse a sí mismo. Tal como los demás, y como el propio Jin-hyuk, habían hecho con él.

Al hacerlo, perdió la oportunidad de perdonarlo.

Desde el día en que escuchó la conversación entre Seo Jin-hyuk y Lee Jae-seok, Asher no había podido salir de aquella oficina. Se había quedado atrapado bajo el escritorio, rumiando una y otra vez las palabras de Jin-hyuk, negándose a perdonarlo y eligiendo despreciarse a sí mismo.

Al terminar de hablar, Asher levantó la vista hacia Jin-hyuk. No lo había dicho para torturarlo, pero el hombre parecía estar sufriendo profundamente.

"Lo sabía."

Sin embargo, su voz al aceptar la realidad fue calmada, como si hubiera estado esperando este momento.

"Sabía que seguías odiándome. Sin importar qué decisión tomaras..."

Jin-hyuk dejó la frase en el aire, perdiendo la confianza. En su rostro, que intentaba aparentar normalidad, se proyectaba una sombra densa. Sus párpados temblaron brevemente mientras soltaba un suspiro entrecortado.

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El hombre estaba temblando ante la simple idea de una separación.

"Pero, hasta que eso pase, todavía tengo una oportunidad."

La mirada que le dirigió a Asher era desesperada. En ese instante, aquel hombre mucho más grande que él se sintió increíblemente frágil. Cuanto más se prolongaba el silencio de Asher, más agitada se volvía la respiración de Jin-hyuk. Su rostro parecía el de alguien que moriría aplastado si Asher se movía lo más mínimo.

"Sinceramente, aún no sé si lo he perdonado, Director. Todavía hay días en los que lo odio tanto que no quiero ni verlo."

A medida que Asher hablaba, la desesperación en el rostro de Jin-hyuk se intensificaba. Parecía un hombre resignado a su ejecución.

Asher recorrió con la mirada el rostro del hombre hasta detenerse en su mano izquierda. Él todavía llevaba el anillo. Seguía siendo un alfa casado que cumplía fielmente su palabra.

"Por eso, quiero perdonarlo."

Asher le dedicó una sonrisa radiante. Era una sonrisa que hace un momento no salía por más que lo intentara.

"Lo quiero. Lo quiero desde hace mucho más tiempo del que usted se imagina."

Jin-hyuk lo miró atónito. Asher se acercó a él y llevó la mano hacia su cuello. De allí extrajo el anillo que el hombre llevaba colgado como un collar. Era el suyo.

"No sé cuánto tiempo me tomará... pero si no le importa que sea mucho, por favor, deme la oportunidad de perdonarlo."

Seo Jin-hyuk lo miró durante un largo rato con los ojos enrojecidos. Su respiración era pesada. Llevó su mano lentamente hacia su nuca, desabrochó la cadena y sostuvo el anillo en su palma.

Asher le tendió su mano izquierda vacía. El hombre tomó el anillo con una precaución extrema. La mano que deslizaba el aro en el dedo anular de Asher temblaba visiblemente.

"Gracias", susurró Jin-hyuk con voz quebradiza.

En la mano izquierda de Asher, un anillo idéntico al de él comenzó a brillar.

"Me esforzaré. Haré que suceda, sin falta."

Asher lo abrazó y él respondió rodeándolo con todas sus fuerzas.

Todavía no sabía cuánto tiempo debía pasar para que el perdón fuera total. Sin embargo, aunque tomara más tiempo de lo esperado, estarían bien. Seo Jin-hyuk era un alfa leal que seguiría esperando por él. Incluso si fuera justo antes del amanecer, a las cuatro cuarenta y cinco de la mañana...

El corazón de sal de Asher, formado por las lágrimas que no pudo derramar, comenzó a derretirse con el calor corporal del hombre y empezó a latir de nuevo.

Era un día en el que se podía perdonar a cualquiera.