Omega Masculino
Omega Masculino
Desde
el instante en que nació, él había sido un estorbo para alguien. Sus padres, de
quienes no conocía ni el nombre ni el rostro, lo abandonaron. Aunque no sabía
quiénes eran, estaba claro que para ellos era una molestia; después de todo,
dejaron a un recién nacido sin siquiera un nombre en el 'baby box' de una
catedral. Había oído que algunos dejaban al menos una nota con un nombre, pero
en su caso, no hubo nada.
Envuelto
en una pequeña manta, fue trasladado al orfanato dirigido por la iglesia y,
desde entonces, vagó por varios lugares. Todo se debía a que era un omega
masculino.
Normalmente,
el segundo género ,Alfa u Omega, solía coincidir con el sexo biológico; es
decir, la gran mayoría de los Alfas eran hombres y la mayoría de los Omegas
eran mujeres. Debido a que los casos como el suyo eran extremadamente raros,
pasó por varios sitios hasta que, finalmente, lo enviaron a un orfanato que
solo acogía a chicos omegas. Allí pudo ver a muchos otros en su misma
situación. Desde que salió de aquel lugar, solo había visto a uno más en toda
su vida, por lo que estaba seguro de haber agotado allí su cupo de omegas
masculinos para siempre.
Posteriormente,
fue adoptado dos veces y devuelto otras dos. En ambas ocasiones, se trataba de
parejas infértiles que, milagrosamente, lograban concebir un hijo biológico
apenas un año después de acogerlo. Era una coincidencia asombrosa. Sus padres
adoptivos no lo odiaban, pero se sentían incómodos con él. Era natural; no era
su hijo de sangre.
La
primera vez fue una devolución formal. La segunda, él mismo salió de casa por
su propio pie y regresó al orfanato. Aun así, lo consideraba una devolución
porque ellos nunca fueron a buscarlo. Al verlo regresar, las monjas,
desconcertadas, llamaron por teléfono, pero sus segundos padres adoptivos jamás
aparecieron. Simplemente enviaron sus pertenencias al orfanato. Todavía
recordaba la mirada de las monjas: una expresión de lástima profunda, como si
vieran a una criatura miserable.
Habiendo
sido rechazado dos veces, las probabilidades de ser adoptado de nuevo eran
nulas. Se le había arrebatado, de forma definitiva, cualquier oportunidad de
tener una familia. Así fue como volvió a convertirse en el huérfano del
orfanato Caritas.
Había
vivido toda su vida sin ser bienvenido por nadie, y esta vez no sería la
excepción.
"Señor
Choi Asher."
"Sí."
Respondió
y apretó los labios con fuerza. Podía sentir que la mirada dirigida hacia él no
era precisamente afectuosa. El hombre frente a él soltó un suspiro profundo y
se presionó el entrecejo. Parecía tener un gran dolor de cabeza.
"¿Y
los anticonceptivos?"
Ante
el reproche de por qué no se había tomado la medicación, Asher respondió con
brusquedad.
"Soy
un omega masculino, nunca antes me había quedado embarazado. El médico dijo que
las probabilidades eran bajas."
"¿Y
resulta que te quedas embarazado justo ahora?"
Asher
volvió a guardar silencio. No tenía palabras. Él mismo no entendía por qué, de
entre todos los hombres, tenía que haber concebido un hijo de 'este' sujeto.
El
hombre, con gesto frustrado, sacó un cigarrillo de su bolsillo, pero al
recordar que tenía a un 'embarazado' delante, volvió a guardarlo bruscamente.
"¿De
verdad es mi hijo?"
Era
una pregunta esperada. Él mismo, si un omega apareciera de la nada diciendo que
está encinta, habría preguntado lo mismo.
"No
me he acostado con nadie más que usted en el periodo estimado de la
concepción."
No
era algo agradable de decir a plena luz del día, pero Asher respondió con
determinación, apretando los dientes. Al oír la palabra 'sexo', el hombre tamborileó
ligeramente los dedos sobre la mesa.
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AOMINE5BL
"¿Y
está seguro de los resultados del test?"
"Sí."
"Se
lo preguntaré por última vez. ¿De verdad es mío?"
"Sí.
Lo es."
Asher
levantó la barbilla y cortó sus dudas con firmeza. Tras un largo silencio, el
hombre habló con un rostro que reflejaba una total falta de entusiasmo.
"Mire...
Asher."
"..."
"Yo
me hice la vasectomía."
Aquello
fue algo que no había previsto. Entre las miles de simulaciones mentales que
Asher había ensayado antes de venir, esa frase no existía. Ante lo inesperado,
sus manos empezaron a temblar violentamente. Se apresuró a esconderlas bajo la
mesa y clavó la mirada en él. El hombre no estaba enfadado; simplemente lo
miraba con ojos llenos de una extraña compasión.p
"Hágase
las pruebas de nuevo."
"Asher."
"De
verdad, no estoy mintiendo."
Aunque
lo decía con seguridad, el miedo lo invadió de repente. ¿Y si se había
equivocado? Quería salir corriendo a una farmacia en ese mismo instante para
comprar otro test. Haberse hecho solo dos pruebas lo hacía sentir ahora
demasiado inseguro. 'Debí haberme hecho una más'.
Con
los labios resecos, Asher insistió hasta el final. El hombre se frotó la
barbilla con el pulgar, visiblemente incómodo.
"Digo
que se haga las pruebas otra vez. No será tarde para hablar después de
eso."
"Asher."
Una
voz aguda y desesperada escapó de su boca.
"¡Lo
juro ante Dios!"
"Está
bien."
En
su desesperación, incluso invocó a un Dios en el que ni siquiera creía. Su
nombre no era fruto de la devoción, sino del abandono en un orfanato católico.
Aun así, parece que su nombre de matiz religioso surtió efecto.
El
hombre lo miró fijamente, tomó su mano —que estaba escondida bajo la mesa— y la
sostuvo. Asher intentó retirarla con brusquedad, pero fue inútil; no tenía
fuerzas. El hombre sujetó su mano, dándole suaves golpecitos en el dorso antes
de acariciarla. Solo entonces Asher se dio cuenta de que no solo sus manos,
sino todo su cuerpo, temblaba como una hoja.
Entonces,
escuchó aquella voz profunda.
"Haremos
las pruebas de nuevo, y después de eso, hablaremos."
