Light the candle
Light the candle
“¿No
tiene ninguna molestia?”
El médico que estaba de guardia preguntó con
un tono ligero. Parecía una pregunta formulada sabiendo de antemano que la
respuesta sería afirmativa.
“Sí. Últimamente ni siquiera me despierto por
la madrugada.”
“Su estado ha mejorado mucho. Pero……”
El
médico, que revisaba el historial, dejó la frase en el aire por un momento.
“Como apenas hay movimientos fetales,
decidiremos el alta tras observarlo unos días más. Por supuesto, las pruebas no
mostraron problemas y cada feto tiene su propio ritmo, pero dado que ingresó
por riesgo de parto prematuro, es mejor ser precavidos.”
Tras dar las explicaciones amablemente y
recalcar varias veces que pulsara el botón de enfermería si se sentía mal, el
médico salió de la habitación.
Asher, que había estado tenso, finalmente pudo
respirar tranquilo cuando se fueron. Le preocupaba la falta de movimientos,
pero era un alivio saber que no había anomalías. A diferencia de las ruidosas
náuseas matutinas del principio, Ratoncito resultó ser un bebé muy tranquilo.
Incluso después de aquel primer movimiento en el estacionamiento del río Han,
no solía moverse mucho.
Desde que lo hospitalizaron, los pocos
movimientos que sentía disminuyeron, pero viendo que todo estaba bien, Asher
supuso que simplemente tenía una personalidad silenciosa. Como Seo Jin-hyuk. Se
levantó con pesadez, arrastrando el soporte del suero, y entró al cuarto de
baño.
Aquella habitación VIP se parecía más a la de
un hotel que a la de un hospital; tenía sala de estar independiente y
televisores tanto en la estancia como frente a la cama. Al mirarse en el espejo
del lavabo, era evidente que su rostro estaba más demacrado que antes.
Tras lavarse la cara a duras penas con su
brazo torpe, regresó a la cama y vio que había llegado un mensaje al teléfono.
Era de Seo Jin-hee. Pedía disculpas por su grosería en los grandes almacenes y
preguntaba si podía venir de visita. Parecía que se había enterado tarde de su
ingreso.
Dudó un momento con los dedos sobre la
pantalla antes de responder que no estaba molesto y que no hacía falta que
viniera. Jin-hee no tenía por qué disculparse más, pero eso no significaba que
él tuviera ganas de verla. Antes de apagar la pantalla, sus ojos se fijaron en
la fecha.
Hacía ya una semana que Seo Jin-hyuk no venía.
El hombre que solía visitarlo cada día después del trabajo ahora solo llamaba
por teléfono. Sus llamadas empezaban preguntando cómo estaba y terminaban con
una disculpa diciendo que estaba demasiado ocupado para ir. Ambos sabían que lo
de estar "ocupado" era mentira, pero nadie lo mencionó.p
Asher pensó que era mejor así. Le resultaba
incómodo enfrentarse a él en ese momento. Lo ocurrido en su último encuentro le
daba vueltas en la cabeza. Ahora que lo pensaba, no entendía por qué había
reaccionado de forma tan exagerada. Realmente fue por algo sin importancia.
Ya sabía perfectamente que él no confiaba en
él; el rastro de esa desconfianza estaba incluso en el contrato prematrimonial.
La situación no había cambiado. Lo único que cambió fue saber que la razón por
la que no podía confiar en él era su pasado.
Todo lo demás seguía igual. O tal vez, incluso
mejor. El hombre que antes quería darle dinero para divorciarse en cuanto se
supiera de quién era el bebé, ahora decía que no le importaba su mentira y
quería criar a Ratoncito como suyo.
Si Asher dejara de insistir en que el bebé era
de Kang Woo-seok, tal como Jin-hyuk intentó convencerlo la última vez, podrían
seguir con su vida matrimonial como si nada hubiera pasado. Probablemente,
Jin-hyuk se alegraría al ver que el bebé era suyo una vez que naciera.
Era extraño. Sabía que debería estar
agradecido en lugar de enfadado, pero por alguna razón le resultaba
insoportable. Las palabras “te amo” que tanto había anhelado, en lugar de darle
alegría, sentía que lo asfixiaban.
A estas alturas, no quería negar que él lo
amaba. Hace tiempo que intuía que lo consideraba alguien especial. De lo
contrario, no habría pasado noches enteras cuidando de un huérfano
desagradecido que podría estar esperando el hijo de otro.
Cuando ingresó por primera vez, él casi no
durmió. Incluso si Asher despertaba al alba tras haber conciliado el sueño,
Jin-hyuk siempre estaba despierto. No habría sido fácil hacerlo solo por simple
compasión. Teniendo en cuenta la entrega de Jin-hyuk hacia él, decir que no era
especial sería un engaño.
Pero entonces, ¿hasta cuándo tendría que vivir
siendo ‘ese tipo de chico’?
Los malentendidos se podían resolver. Podría
hacerse una prueba de ADN tras el nacimiento o rogarle a Kang Woo-seok que
confesara la verdad. Pero si él no le creía por ser ‘ese tipo de chico’, no
había nada que Asher pudiera hacer.
Probablemente, si ocurriera algo similar en el
futuro, Seo Jin-hyuk lo perdonaría fácilmente. Era una persona generosa con él,
precisamente porque sus palabras no tenían ningún valor de credibilidad para
él. Podía soportar que el dueño del lugar donde trabajaba lo despreciara por no
haber terminado la secundaria, que la gente lo subestimara por ser huérfano, la
frialdad de los padres de Jin-hyuk o el desdén de la amiga de Jin-hee. Esas
cosas no significaban nada para él.
Sin embargo, no podía soportar una vida en la
que siempre tuviera que estarle agradecido y él siempre tuviera que perdonarlo.
Porque, tal como él mismo había dicho, Seo Jin-hyuk era su esposo……
Toc, toc.
Se sentía agobiado de estar solo en la cama y,
nada más salir a la estancia, escuchó que llamaban a la puerta. Si fuera una
enfermera, habría entrado inmediatamente después de llamar, así que debía de
ser una visita. Se preguntó si sería Seo Jin-hee, pero ella no era del tipo que
venía sin permiso tras ser rechazada.
“¿Quién es?”
Antes de terminar la frase, la persona que
merodeaba frente a la puerta la abrió y asomó la cabeza sin miramientos. Un
rostro familiar entró con paso firme en la habitación.
“¿Has estado bien?”
“Esta habitación es mejor que el sitio donde
vivíamos. ¿De cuántas pulgadas es esta tele?”
Moon Seung-won, que dejó una caja de bebidas
sobre la mesa, se asombró. Asher, ante la inesperada visita, lo siguió
arrastrando el soporte del suero con cara de estupefacción.
“¿Cómo has llegado hasta aquí?”
“¿Cómo va a ser? Pues porque me avisaron,
claro.”
Ante la pregunta rutinaria por la sorpresa,
Seung-won respondió con brusquedad, como si fuera obvio. No mencionó al sujeto,
pero Asher podía adivinar quién era. No iba a ser la monja, con la que no
hablaba desde la boda, quien le informara de su ingreso.
“¿Por qué no avisas si estás hospitalizado?”
Seung-won, sentado de golpe en el sofá, empezó
a regañarlo.
“No me duele tanto.”
Aunque hubo un momento en que casi se desmayó
del dolor, ahora no le dolía, así que no era mentira. Estar enfermo no era algo
de lo que presumir, y la idea misma de llamar a alguien cuando estaba mal le
resultaba tan ajena que ni se le ocurrió avisar.
“Si te ingresan, ¿no es que es algo serio?”
Seung-won preguntó de nuevo con escepticismo.
Al igual que Asher, él no conocía a nadie que hubiera estado hospitalizado, así
que pensaba que cualquier ingreso significaba una enfermedad grave.
“Ya estoy bien. Me darán el alta pronto.”
Aunque habían dicho de observar un poco más,
resumió la situación para no preocuparlo. Seung-won asintió rápidamente al no
saber mucho de estas cosas.
“Bueno, entonces menos mal.”
Luego recuperó su expresión de desinterés. Era
la primera vez que lo veía desde la boda, pero se sentía tan familiar como si
lo hubiera visto ayer. Su voz algo tosca y su actitud despreocupada... Cuando
vivían juntos, apenas se hablaban por el cansancio del trabajo, pero verlo le
dio mucha alegría; después de todo eran amigos. Asher se sentó en el sofá de
enfrente con una sonrisa.
“¿Dónde vives últimamente? ¿Sigues en casa de
tu amigo?”
Como le resultó difícil encontrar un estudio
rápido por la zona, Seung-won le había dicho que se quedaría un tiempo con un
conocido. En su momento Asher le dijo que no hacía falta que le devolviera la
fianza, pero él se enfadó preguntándole si lo tomaba por un mendigo.
“No es eso, encontré un sitio nuevo. No te
preocupes.”
“¿Pareja?”
“Bueno…… ¿algo así?”
Dejó la frase en el aire con ambigüedad. Por
su cara, parecía que realmente tenía pareja. Nunca lo había visto salir en
serio con nadie, así que verlo avergonzado le resultó curioso. Moon Seung-won,
incómodo, cambió de tema.
“¿Cuál es el apodo del bebé?”
Asher se quedó helado un momento ante la
pregunta rutinaria. Puede que los médicos o las enfermeras no se inmutaran con
el nombre de ‘Ratoncito’ por el dinero de Jin-hyuk, pero Seung-won era
distinto. Intentó decirlo con la mayor naturalidad posible:
“Ratoncito.”
“¿Ratoncito?”
Seung-won, perplejo, volvió a preguntar
enseguida.p
“¿Y el tal Director Ejecutivo aceptó ese
nombre?”
A eso pudo responder con total seguridad.
“Sí.”
Incluso, al verlo dudar, él mismo lo escribió
en la ficha. Ante su respuesta, Seung-won puso cara de asco, sin saber qué más
decir.
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“Bueno. La verdad es que cuando llegaste a
Seúl por primera vez, parecías un ratón de campo.”
“¡Donde yo vivía no era el campo!”
Asher replicó enseguida, molesto por el
comentario, pero él soltó un bufido de desdén.
“¿Quién no lo sabe? Me refiero a tu aspecto.
Llegaste al refugio todo sucio, como si te hubieran echado de algún lado.”
“Fue porque no encontraba habitación.”
Se había mudado a la capital sin saber nada de
nada. Los chicos como él, recién salidos del orfanato, eran presa fácil para
los estafadores. Las monjas no podían ayudarlo mucho porque vivían recluidas y
sabían tan poco del mundo como él.
Intentó buscar habitación con cuidado para
evitar a los estafadores, y tras dar muchas vueltas, terminó en el refugio para
jóvenes. Como apenas se había lavado la cara en días por el caos, supuso que a
ojos de Seung-won parecía un ratón de campo.
Ciertamente, Seo Jin-hyuk había acertado al
llamar a Moon Seung-won. Por primera vez en mucho tiempo, Asher pudo charlar
sin pensar en nada. Lo felicitó por aprobar el examen y se rieron criticando a
los clientes pesados del taller.
“Parece que te va bien, después de todo.”
“¿A mí?”
“Sí. No creo que te hayas casado con el
Director por amor. Si tú estabas saliendo con aquel universitario...”
Seung-won, sacando a relucir su pasado como si
nada, abrió la caja de bebidas, sacó una y se la tendió.
“¿Quieres?”
“No, gracias.”
“Bueno.”
No insistió. Bebió la mitad de su jugo de
naranja de un trago y frunció el ceño.
“Ese hombre me llamó de repente para decirle
que estabas ingresado. Dijo que ha estado contigo todo el tiempo, pero que
últimamente está ocupado y no podrá venir en unos días, así que me pidió que
viniera yo. Recibí el aviso hace unos días, pero no tuve tiempo hasta hoy.”
Aunque lo sospechaba, escucharlo directamente
de boca de Seung-won le revolvió los sentimientos.
“Lo sé. Está ocupado con el trabajo.”
“Pensaba que estarías aburrido, pero veo que
hasta tienes una consola ahí.”
Seung-won señaló la consola que estaba junto a
la televisión. Era la que Jin-hyuk había traído junto con el libro de
matemáticas. Al ver que no podía impedirle estudiar, debió pensar que traer la
consola distraería su atención. Asher la había olvidado por completo hasta ese
momento.
Recordó a Seo Jin-hyuk, jugueteando con la
consola a su lado durante la madrugada. Tal como él mismo decía, era realmente
malo jugando, a pesar de lo mucho que se esforzaba.
“Fue un regalo de cumpleaños.”
Dijo Asher, y no pudo evitar sonreír sin darse
cuenta.
Moon Seung-won se marchó casi a la hora de la
cena. Tras apagar varias veces su teléfono, que vibraba con insistencia, se
levantó diciendo que no aguantaba más las llamadas de su conviviente y que
debía irse.
Aunque su rostro estaba lleno de fastidio,
Asher sabía bien que, dada la personalidad de Seung-won, si realmente le
molestara, ni siquiera le respondería. Incluso Seung-won, que solía tener encuentros
ligeros, ahora tenía a alguien esperándolo en casa.
Asher abrió la nevera para guardar las bebidas
que había recibido como regalo. Mientras colocaba las botellas de jugo de
naranja una a una, sus ojos se posaron en la granada que estaba allí desde hacía
una semana.
Jin-hyuk se había disculpado por no poder
pelársela, pero Asher ya sabía cómo hacerlo. Había visto muchas veces cómo
Jin-hyuk, con sus grandes manos, hacía cortes en la fruta y la abría para
extraer solo los granos.
Originalmente, a Asher no le gustaba mucho la
granada. Aunque decían que se podían comer las semillas, le desagradaba la
sensación de masticar la semilla, que era relativamente grande comparada con la
pulpa. Sin embargo, nunca lo demostró porque Jin-hyuk la había comprado especialmente
para él cuando no podía comer nada por las náuseas.
Aun así, disfrutaba el tiempo que pasaba
esperando a que el hombre desgranara la fruta. Al principio, era evidente que
Jin-hyuk no estaba acostumbrado a hacerlo. Seguramente habría sido mejor que lo
hiciera Asher, que estaba familiarizado con las tareas de la cocina.
Aquel hombre, que probablemente nunca había
hecho algo así en su vida, no se preocupaba por ensuciarse las manos y elegía
solo los granos perfectos para ponerlos en el plato. Entonces, Asher se sentaba
a su lado y, con pereza, picoteaba solo los granos que Jin-hyuk le preparaba.
Así fue como terminó gustándole de verdad la granada.
Asher sacó la granada de la nevera y, con un
cuchillo y una bandeja, se dirigió a la sala. Pensaba comérsela ahora que la
había encontrado, como si fuera una tarea pendiente.
Ciertamente, pelarla solo basándose en lo que
había visto hacer a Jin-hyuk resultó difícil. No era solo por la vía del suero
en su muñeca. El desastre comenzó desde el momento en que, sin pensar, cortó la
granada por la mitad con el cuchillo.
El arrepentimiento de no haber hecho solo los
cortes superficiales para abrirla llegó cuando vio la bandeja hecha un
desastre. Aun así, extraer los granos se le daba mejor que a Jin-hyuk. Excepto
por algunos granos que se aplastaron por no medir bien la fuerza, pareció comer
casi todos intactos. Tras terminar con media granada, sus manos estaban
completamente teñidas del jugo rojo.
Podría simplemente haber ido al lavabo a
lavarse las manos.
Sin embargo, la otra mitad de la granada,
parecida a un corazón destrozado, permanecía sola en la bandeja. Asher se quedó
mirando sus manos un momento y luego se levantó.
Así, justo antes de la hora de la cena, salió
al sendero de paseo frente al hospital. Al ser un hospital grande, los
alrededores estaban bien acondicionados para caminar.
Los árboles de verano estaban llenos de
vitalidad y frescura. Al ser el comienzo del verano, el sol aún no se ponía.
Pensando en el invierno, donde oscurecía temprano, caminó lentamente por el
sendero del hospital. Hacía tiempo que no pensaba en salir debido al dolor, así
que se alegró de haberlo hecho ahora.
Caminó sin rumbo fijo hasta que se sentó en un
banco adecuado para observar el sol flotando entre el bosque de edificios. Sabía
que la hora de la cena ya había pasado, pero no tenía ganas de entrar. Cerró
los ojos y se apoyó en el banco para sentir el aire exterior. Una brisa fresca
le acarició las mejillas desde la sombra.
¿Cuánto tiempo pasó? Tras un lapso no muy
largo, alguien se acercó y se detuvo frente a él. El hombre, que guardó
silencio por un momento, habló:
“Me dijeron que habías desaparecido de la
habitación.”
Fue una frase soltada como una excusa.
Asher abrió los ojos y miró lentamente al
hombre. Parecía haberlo buscado con prisa, pues su cabello siempre bien peinado
estaba desordenado. Por sus mejillas ligeramente sonrojadas, se podía adivinar
su desconcierto.
A pesar de su apariencia algo descuidada,
seguía teniendo un rostro apuesto. Solo había pasado una semana separados, pero
sentía como si no lo hubiera visto en mucho tiempo.
“Me sentía un poco agobiado.”
Asher, que esperaba que Jin-hyuk lo buscara,
respondió con calma. Para decir que había "desaparecido", había
pasado muy poco tiempo.
Asher lo sabía. Sabía que durante la última
semana, Jin-hyuk había venido todos los días hasta la puerta de la habitación
para llamarlo por teléfono.
El hombre se había vuelto precavido en todo
después de que Asher casi se desmayara. El riesgo de parto prematuro había
disminuido, pero no había desaparecido por completo, y el médico insistía
constantemente en que debía mantener un reposo absoluto.
Por eso, el hombre pareció juzgar que su
visita podría ser un riesgo para la salud de Asher. Aunque consultaba el estado
de salud con el médico cada vez, nunca entraba en la habitación. Era una
historia que Asher no habría conocido si no fuera por una enfermera que, sin
saber de sus esfuerzos, le mencionó la devoción de Jin-hyuk, quien lo visitaba
a diario desde su ingreso.
“¿Por qué no respondiste a la llamada?”
“No la escuché porque estaba paseando.”
Asher dijo una mentira evidente, sabiendo que
tenía el teléfono en silencio y boca abajo sobre el banco. La mirada de
Jin-hyuk se posó en el teléfono, pero no le reprochó la mentira. En su lugar,
lo reprendió suavemente.
“Debes comer.”
En lugar de dar una respuesta adecuada, Asher
dijo otra cosa:
“Hoy comí granada.”
“……”
“Era difícil de pelar. Así que dejé la mitad.”
Los ojos de Jin-hyuk se agrandaron ligeramente
por la sorpresa y luego sonrió levemente.
“La granada suele ser así.”
Asher, sentado, extendió la mano hacia el
hombre que seguía de pie frente a él sin atreverse a sentarse a su lado.
“Por favor, láveme el cabello.”
Pedirle que le lavara el cabello no fue algo
totalmente fuera de lugar. Debido a la vía del suero en su brazo, ducharse no
resultaba muy cómodo ni refrescante.
Desde que el servicial Jin-hyuk había
desaparecido, Asher se había convertido rápidamente en un ‘ratón de campo’. En
realidad, esto no era culpa de Jin-hyuk, sino más bien de Asher por rechazar al
cuidador que él se ofrecía a enviarle.
Jin-hyuk entró con paso firme al baño, se
subió un poco las mangas y abrió la ducha. Se veía cómo el agua salpicaba y
empapaba el bajo de sus pantalones, pero no parecía importarle.
Tras comprobar con cuidado la temperatura del
agua y hacer algunos ajustes, le hizo una seña.
“Cierra los ojos.”
Al sujetarse del asa e inclinar la cabeza, el
agua tibia tocó su cabello.
“¿Está bien la temperatura?”
“Sí.”
Pronto, unos dedos largos comenzaron a
masajear suavemente entre su cabello. El tacto delicado frotaba cada rincón del
cuero cabelludo con una intensidad agradable.
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Mientras le lavaba el cabello, ninguno de los
dos dijo nada. Sin embargo, el ambiente era más cómodo que cuando soltaban
tantas palabras. Quizás lo que se necesita entre las personas no son demasiadas
palabras, sino un silencio adecuado.
Incluso después de terminar de lavarle el
cabello, él seguía siendo meticuloso. Solo después de secar no solo el cuero
cabelludo sino hasta las puntas del cabello con el secador, Asher pudo
liberarse de las manos del hombre.
Al mirarse en el espejo, notó que su cabello
había crecido bastante. El hombre tocó el cabello que caía sobre su nuca y
murmuró:
“Ya es hora de cortarse el cabello.”
“Supongo que es por estar tanto tiempo
hospitalizado. Creo que podré salir un momento.”
“Hablaré con recepción. Si dan permiso, iremos
mañana.”
“¿Ya terminó con todo lo que lo mantenía
ocupado?”
Tras dudar un momento, el hombre lo miró a los
ojos y respondió en voz baja:
“Ha terminado.”
Parecía haber ordenado todos sus pensamientos
durante la última semana. Con un rostro más decidido que antes, el hombre
apartó con naturalidad un mechón de cabello que caía.
¿A qué conclusión habría llegado?
Una semana puede ser poco tiempo, pero también
puede ser mucho. Es suficiente para decidir divorciarse de un omega que
requiere mucha atención. O tal vez llegó a otra conclusión.
Al menos, lo que era seguro era que irían
juntos a la peluquería cuando saliera el sol mañana.
Sin saber qué pensaba de su mirada fija, el
hombre le acarició suavemente el hombro y señaló el sofá.
“Siéntate.”
Lo hizo sentar en el sofá y llamó a alguien
por teléfono. No hizo falta preguntar el motivo de la llamada, pues pronto se
aclaró. Poco después, su secretario trajo un paquete de comida.
Como no estuvo en la habitación a la hora de
la cena, la bandeja que debía haber comido ya había sido retirada por el
personal hacía tiempo. Afortunadamente, no tenía restricciones especiales con
la comida, así que no había problema en comer algo de fuera.
“No puedo garantizar el sabor.”
Con expresión apenada, el hombre sacó la
comida. No era de los restaurantes a los que solía ir Jin-hyuk, sino un set de
una franquicia de comida rápida. Parecía que no tuvo muchas opciones al pedir
la comida con tanta prisa.
Jin-hyuk dijo que no podía asegurar el sabor,
pero Asher ya conocía bien ese gusto. Era una comida que había probado varias
veces antes de vivir con Jin-hyuk. Incluso recordaba que en aquel entonces le
resultaba cara, por lo que no podía comerla a menudo y terminaba recurriendo a
marcas más baratas.
Parece que no solo trajo la comida; mientras
Asher sacaba los alimentos, él salió tras cambiarse la ropa mojada. El hombre,
que se había quitado el traje, vestía una camiseta ligera y pantalones de
algodón.
“¿Por qué no estás comiendo?”
Tan pronto como vio a Asher sentado quieto con
la comida desplegada, Jin-hyuk se acercó rápidamente.
“Estaba esperando a que usted viniera para
comer.”
“Ya estoy aquí, así que come rápido.”
Asher, que por costumbre esperaba a Jin-hyuk,
solo entonces tomó los palillos. Así comenzó la cena tardía.
No había tenido apetito durante todo el
ingreso, pero hoy, por alguna razón, la comida entraba bien. Aunque era arroz
algo frío y un tteokgalbi (galleta de carne) con mucha salsa azucarada, no
estaba mal. La granada que había comido antes de salir a pasear parecía haberse
digerido por completo, tal vez por el esfuerzo de pelarla.
Después de comer, Jin-hyuk, como si fuera lo
más natural, trajo la mitad de la granada que sobraba de la nevera. No preguntó
si quería comerla. Era parte de su rutina que él pelara la fruta y Asher fuera
comiéndola grano a grano.
Bajo el sol del comienzo del verano que se
ponía tras la ventana, el hombre desgranaba la fruta. Al abrir la granada con
fuerza y golpear suavemente la cáscara, los granos caían uno a uno.
Cada vez que movía sus dedos grandes pero
delicados, una montaña de granos de granada se acumulaba frente a Asher.
Ciertamente tenía más habilidad que Asher, pero eso no evitaba que sus manos
también se ensuciaran. Hay cosas que son inevitables.
Un grano de granada que se metió en la boca
estalló de repente. El sabor dulce y ácido inundó su boca. La luz del sol,
parecida a la granada roja, atravesó la ventana y manchó el rostro del hombre.
“Todavía no se pone el sol. Y eso que ya
cenamos.”
Ante las palabras que rompieron el silencio,
Jin-hyuk, que casi terminaba de desgranar, levantó la cabeza.
“Es porque ya es verano. Hoy también hizo
calor durante el día. Aunque la humedad aún es baja, por lo que la sensación
térmica no fue tan alta.”
El hombre dejó la cáscara, tomó una toallita
húmeda y se limpió las manos lentamente.
“Asher, no te quedes fuera mucho tiempo a
partir de ahora. Es difícil si te da un golpe de calor.”
“Sí.”
“Si quieres salir, aunque no sea conmigo,
asegúrate de avisar en recepción. No salgas sin decir nada como hoy. No lo digo
por regañarte, sino porque me preocupo.”
“Lo haré.”
Tras el breve diálogo, el silencio volvió.
Asher no podía continuar la conversación fácilmente y solo movía los labios.
Como había llamado a Jin-hyuk por impulso, las
palabras que quería decir no estaban organizadas en su cabeza. Todas las
palabras, sílabas y sonidos estaban separados y enredados confusamente.
Mientras tanto, el cielo del atardecer se
teñía gradualmente de azul y luego de negro.
“No era mi intención ser terco.”
Sintiéndose perseguido por sus numerosos
pensamientos, soltó una primera frase. Ante las palabras lanzadas sin un
predicado adecuado, el rostro de Jin-hyuk mostró primero desconcierto.
Asher continuó hablando con torpeza, como si
estuviera emitiendo sonidos por primera vez al nacer.
“Siempre pensé que usted era demasiado para
mí. En realidad es así, ¿no? Como sabe, yo soy... bueno, ese tipo de chico.”
Asher sonrió con timidez, sintiéndose un poco
cohibido. No hacía falta que explicara con detalle a qué se refería con ser
"ese tipo de chico"; ambos conocían perfectamente lo que se omitía en
esa frase.
“Por eso pensé que realmente debía hacerlo
bien. Aprobé el examen de equivalencia, quería ir a la universidad e incluso
irme a estudiar al extranjero si era posible. Tener un trabajo decente. Y
aunque no lograra eso, me prometí que al menos sería obediente para no causarle
problemas a usted, señor Director.”
Hizo una pausa antes de continuar. En su boca
aún persistía el sabor de la granada que acababa de comer, como un rastro de
neblina.
“Pero resultó que soy peor de lo que aparento
por fuera……”
Asher no pudo mirar a Jin-hyuk a los ojos y se
limitó a juguetear con sus propios dedos.
“Siento mucho que, aunque pueda ir a la
universidad, no puedo cambiar el hecho de que robé en el pasado.”
Nadie sabía mejor que él que su pasado era
algo vergonzoso. Por eso, para deshacerse de ese pasado, dejó los estudios y se
mudó a Seúl, esforzándose por convertirse en una persona decente. Aunque
trabajó como mesero en un bar, podía jurar que nunca hizo nada de lo que
debiera avergonzarse ante los demás.
En medio de todo eso, ver su realidad expuesta
en el lugar menos esperado fue algo difícil de describir solo con la palabra
"doloroso". Especialmente cuando amaba a la persona que lo
consideraba ‘ese tipo de chico’.
Y justo cuando el hecho de que aquel hombre no
confiara en él se volvía insoportable, Asher notaba todo el esfuerzo que
Jin-hyuk dedicaba a cuidarlo.
No se trataba de cosas materiales. Era el
hecho de comer pan seco junto a él cuando tenía náuseas; explicarle problemas
de matemáticas sencillos sin mostrar una pizca de fastidio; leerle libros antes
de dormir; quedarse despierto toda la madrugada con un videojuego en el que era
terriblemente malo; pasar cada día por el hospital aunque no pudiera entrar y
ensuciarse las manos pelando granadas para él.
Saber que Jin-hyuk no tenía ninguna obligación
de hacer todo eso por él, lo hacía regresar inevitablemente al arrepentimiento
por su pasado. Se sentía culpable por el hecho de que, por mucho que se
esforzara, jamás podría ser alguien a la altura de Seo Jin-hyuk.
Pensaba que todo se habría solucionado si él
fuera una persona un poco mejor. Si hubiera sido un poco menos malo, o si
hubiera escuchado a la monja o a su profesor.
A veces, al despertar de madrugada, esos
pensamientos no abandonaban su cabeza y pasaba la noche en vela. Se odiaba a sí
mismo porque, en lugar de reclamar por qué no le creían, solo podía decir que
era cierto que había mentido.
Sabía tan bien cómo lo veía el resto del mundo
que no le quedaba espacio para guardar rencor contra el hombre. Ni siquiera
podía decirle que lo había hecho por amor.
“Todavía no lo sé con certeza. Puede que ahora
lo deje pasar, pero yo seguiré siendo un desastre y llegará un momento en que
las cosas no estén bien, y odio eso. Ya cometí un gran error, pero no quiero
que me vea como un chico aún peor.”
Incluso si decía que Ratoncito era hijo de
Jin-hyuk, él no le creía. Decir que era de Kang Woo-seok fue una terquedad,
pero decir que no sabía de quién era, le gustaba aún menos.
Asher dejó de defenderse. Aquellas eran las
únicas palabras honestas que podía decir en lugar de una discusión agotadora.
Sus estigmas no eran del tipo que se borraban con cloro; en su vida matrimonial
con aquel hombre, él siempre tendría el papel del niño que debe ser regañado.
“Pero tampoco quiero que usted se quede a mi
lado solo por mi terquedad.”
Porque su pasado no era una razón para que
Jin-hyuk se sintiera atado.
Jin-hyuk no tenía por qué ser castigado por
los estigmas de Asher. Si Jin-hyuk había cometido un error, fue solo haberlo
encontrado entre tantos omegas y haberlo amado.
“Si usted todavía desea no divorciarse……”
Las palabras siguientes no salían. En
realidad, todavía no sabía qué quería hacer. Existían simultáneamente el deseo
de cerrar la boca y terminar con el conflicto, y el impulso de pedirle que
olvidara lo que acababa de decir.
No quería alejar a Jin-hyuk con frialdad, pero
tampoco tenía confianza para estar con él. Con esto, todo su valor se había
agotado. Incapaz de mirar la expresión de Jin-hyuk, se quedó observando los granos
de granada acumulados sobre la mesa.
“Asher……”
La voz ronca del hombre, que había permanecido
en silencio largo tiempo, fluyó como si estuviera a punto de quebrarse.
“Siempre me perdonas con demasiada facilidad.”
Al levantar la vista, Asher se encontró con
los ojos de Jin-hyuk, quien lo miraba fijamente. Por instinto, su voz se volvió
minúscula.
“Ya se lo dije antes…… Nunca pensé que usted
estuviera haciendo algo malo conmigo.”
“Es cierto.”
“……”
“Seguías diciendo que no me odiabas.”
La actitud de Jin-hyuk era mucho más calmada
que antes. La apariencia apresurada de querer convencerlo y retenerlo a toda
costa había desaparecido, recuperando la serenidad.
“Después de que nos separamos así la última
vez, pasé la semana pasada reflexionando sobre lo que dijiste.”
Jin-hyuk se apoyó ligeramente en el respaldo
del sofá y continuó hablando despacio.
“Sobre que Ratoncito no es mi hijo.”
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Salió a la luz el tema que Asher tanto quería
evitar. Con un tono directo, Jin-hyuk desmanteló fácilmente el esfuerzo de
Asher por hablar con rodeos y evasivas.
“Simplemente pensé que estabas enojado
conmigo. Como asegurar que Kang Woo-seok es el padre biológico no tiene sentido
lógico, supuse que estabas tan furioso que hacías esa afirmación absurda porque
querías separarte de mí. Así que yo, queriendo retenerte, me obsesioné con cómo
calmar tu enojo. Estaba desesperado, a mi manera.”
Jin-hyuk hizo una pausa y miró un momento a
través de la ventana, donde ya había oscurecido.
“Pero de pronto, tuve un pensamiento.”
Su mirada se movió lentamente hasta posarse en
Asher.
“Que tú ni una sola vez me dijiste que no
sabías quién era el padre biológico. Que desde que me buscaste hasta ese día,
siempre me contaste la misma historia.”
“……”
“Como yo dije que no era mi hijo, a ti solo te
quedaba Kang Woo-seok.”
Asher miraba al hombre, olvidando incluso
respirar. Bajo esa mirada que lo escudriñaba como un océano profundo, le era
imposible mover un solo músculo.
“Yo creo que la gente no es buena. Que cada
uno es fiel a su propio interés y que no les importa el dolor ajeno. Que todo
se basa en el beneficio personal: si alguien es débil lo desprecian, y si
alguien es amable es para engañar; que no existe la amabilidad sin motivo. Al
menos, así era el mundo que yo conocía hasta ahora. Pero ahora lo sé. La razón
por la que creía eso era porque yo mismo soy de esa clase de personas……”
El hombre dejó la frase en el aire con una
sonrisa amarga. Al inclinar un poco la cabeza, se formó una sombra bajo el
hueso de su ceja.
“Me reuní con Kang Woo-seok.”
Con un rostro solemne y melancólico, como
quien realiza una confesión, el hombre habló.
“Tenías razón, Asher.”
Incluso siendo Seo Jin-hyuk, no pudo ocultar
el temblor en su voz al final de la frase.
“Tú nunca robaste nada en Nantes.”
El hombre tomó la mano de Asher, que estaba
rígida. Su gran mano lo sujetó con firmeza.
“Tampoco te acostaste con Kang Woo-seok.”
Sus largos dedos se entrelazaron entre los de
Asher.
“Y no me buscaste para utilizarme.”
En la profundidad de su mirada cercana y
húmeda, se podía leer el arrepentimiento y la tristeza.
“Así que el padre biológico de Ratoncito soy
yo.”
Jin-hyuk sonrió.
“Y yo me di cuenta de esto demasiado tarde.”
“Ah……”
Asher no pudo responder adecuadamente y bajó
la cabeza.
“Yo…… yo……”
Tenía tantas cosas que quería decir cuando
llegara este momento, pero ninguna salía bien.
Como un anhelo de mucho tiempo, se había
preparado para cuando el hombre descubriera la verdad. Pensaba decirle con
entereza a un Jin-hyuk arrepentido que no pasaba nada, que lo entendía y que él
mismo habría reaccionado igual.
Pero en la realidad, solo podía mover sus
labios congelados repitiendo las mismas palabras como un loro. Le era imposible
mantener la calma. Jadeaba, esforzándose por escupir alguna palabra.
“Yo……”
“……”
“No…… no sabía qué hacer……”
Fue lo único que logró decir. Miró a Jin-hyuk
forzando una sonrisa. Exprimió su voz al máximo intentando fingir que estaba
bien.
“No fue para u-utilizar al Señor Director que
yo lo bu-busqué……”
Sus dientes castañeaban como si sufriera un
frío extremo. Por mucho que se esforzara, era incapaz de articular una frase
completa. Solo salían sonidos débiles, como si lo estuvieran asfixiando.
“Lo sé.”
“Yo-yo……”
“Sé que no eres esa clase de persona, Asher.
Lo supe mientras pasaba tiempo contigo, sabía que no podías ser así, pero……”
El rostro del hombre se contrajo como si no
pudiera soportarlo.
“Así que, no llores.”
¿Acaso estaba llorando?
Asher miró a Jin-hyuk con la mirada perdida.
La mano grande del hombre se acercó lentamente y limpió sus mejillas y el
contorno de sus ojos. La mano del hombre estaba empapada.
No es que Asher nunca hubiera llorado. Según
la monja, lloraba a menudo cuando era muy pequeño. Decía que era imposible no
recordarlo, porque un niño que llegó en Navidad no paraba de llorar.
Sin embargo, como suele ocurrir con los niños
de los orfanatos, desde que aprendió que nada se solucionaba aunque llorara
hasta ponerse rojo, dejó de rezar antes de las comidas, dejó de hacer
berrinches y dejó de llorar.
Al principio se esforzaba por no llorar, pero
con el tiempo, las lágrimas dejaron de salir aunque quisiera. A menos que fuera
un fenómeno fisiológico, incluso ante sucesos tristes o películas melancólicas,
sus ojos apenas se enrojecían un momento y ya está. No le resultaba incómodo.
De hecho, hubo veces en que era mejor no llorar. Para un niño que no tenía nada
como él, llorar significaba ser débil y estar listo para ser explotado por los
demás.
Un amigo con el que solía juntarse le decía en
broma que, aunque se hiciera actor, no podría hacer escenas de llanto.
Era una época en la que pensaba que había
olvidado cómo llorar porque el recuerdo de haberlo hecho era muy lejano.
“De-de verdad no era una me-mentira.”
Pero desde el momento en que escuchó que no
llorara, algo surgió con fuerza desde su pecho. Como si esas palabras fueran
una orden para romper a llorar, las lágrimas brotaron de forma incontrolable.
“No sabía có-cómo pro-probarlo……”
Su cuerpo temblaba violentamente. Su visión se
volvió borrosa por las lágrimas y no podía ver nada. Jin-hyuk lo abrazó y le
acarició la parte posterior de la cabeza, pero Asher no podía detenerse.
“Lo sé. Es verdad, lo sé.”
Un suspiro profundo rozó el oído de Asher.
Ante el tacto de la mano que le daba palmaditas en la espalda, el joven rompió
a llorar con más fuerza, de forma desastrosa. El pecho de Seo Jin-hyuk, donde
se apoyaba, se fue tiñendo de oscuro por las lágrimas.
“Por favor, no llores por mi culpa.”
La mano que acariciaba la parte posterior de
su cabeza rozó su mejilla mojada. La respiración del hombre cerca de su oído
era agitada.
“Alguien que no puede confiar en nadie sin
pruebas, que es tan cobarde como para delegar una elección en un niño, y que ni
siquiera tiene la confianza para amar con orgullo……”
Jin-hyuk abrazó a Asher y besó la coronilla de
su cabeza. El aroma húmedo a lilas blancas emanaba tenuemente. El pecho del
hombre subía y bajaba con fuerza, como si él también estuviera conteniendo el
llanto.
“Eres demasiado valioso para llorar por un
tipo así.”
Él secaba las lágrimas que fluían sin cesar.
El hombre que lo abrazaba con fuerza para consolarlo se separó un poco. Al
cruzar su mirada con la de Asher, Jin-hyuk tomó su mano lentamente y la puso
sobre su propio pecho. Pum. Pum. Su corazón latía de forma irregular.
“¿No está claro cuál de los dos está más
averiado?”
El hombre, con los ojos enrojecidos, esbozó
una tenue sonrisa. Era la misma sonrisa que tuvo aquel día cuando se
encontraron por casualidad en Nantes.
Había cosas que, después de todo, no
cambiaban.
Asher intentó sonreír siguiendo su gesto, pero
su rostro se contrajo y apoyó la frente en la ropa mojada del otro. Jadeaba
intentando contener el llanto, pero una vez que estalló, las lágrimas se
filtraban como el agua de lluvia a través de un techo roto.
A pesar de que Asher no podía dejar de llorar
fácilmente, el hombre esperó con paciencia. Lo sentó sobre sus muslos,
manteniéndolo abrazado en silencio, y cada vez que el joven volvía a sollozar,
Jin-hyuk le acariciaba la espalda y la nuca repitiendo una y otra vez que lo
sentía. Pasó mucho tiempo hasta que las lágrimas cesaron.
“No creo que todo sea culpa suya, señor
Director.”
Asher quiso levantar la cabeza para decírselo
mirándolo a la cara, pero no tenía fuerzas, así que lo susurró mientras seguía
abrazado. Su voz estaba quebrada de tanto llorar.
“Yo tampoco me habría creído. Porque Woo-seok
hyung lo dijo así.”
“…….”
“Pero al saber que usted ya sabía todo sobre
mí…… me dio mucha vergüenza estar frente a usted. Yo también quería hacerlo
bien, pero por mucho que me esfuerce, lo que pasó antes no lo pu-puedo
cambiar.”
Asher quería expresarse correctamente, pero no
paraba de divagar. En el momento en que iba a abrir la boca de nuevo para
intentar ordenar sus frases errantes, las grandes manos del hombre sujetaron
sus hombros.
“Mírame.”
Jin-hyuk lo enderezó mientras Asher se
desmoronaba y lo obligó a cruzar su mirada con la suya. El joven lo miró desde
abajo, con recelo, como alguien asustado.
“No quiero arreglarte, Asher.”
El hombre sonrió levemente. Se vio cómo la
comisura de sus labios sufrió un pequeño espasmo momentáneo.
“Aunque no pude elegir la mejor opción cuando
me buscaste el invierno pasado.”
Los dedos de Jin-hyuk se entrelazaron con los
de Asher.
“Ahora sé qué es lo que debo hacer.”
El hombre retiró lentamente el anillo del dedo
anular izquierdo de Asher. El joven no pudo ni pensar en resistirse y se quedó
mirando fijamente cómo se llevaba la joya.
Era un anillo que no se había quitado ni una
sola vez desde que Jin-hyuk le pidió que lo llevara puesto. Su dedo vacío ya se
sentía extraño. Por instinto, Asher miró a Jin-hyuk; él observaba su mano
derecha que apretaba el anillo y luego lo miró a los ojos.
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“Creo que sería bueno que nos tomáramos un
tiempo.”
“Eso significa……”
¿Acaso quería que se separaran? Asher había
sido el primero en pedir el divorcio, pero ahora que el momento parecía llegar,
tuvo miedo. Ya había llorado de forma suficientemente patética.
Aunque intentó no mostrar su temor, el
perspicaz Jin-hyuk envolvió la parte posterior de su cabeza con una mano y lo
atrajo suavemente hacia él.
“No es eso, Asher. No tengas miedo.”
Sus frentes se tocaron mientras mantenían la
mirada. Jin-hyuk miró hacia abajo, donde sus narices se rozaban, y levantó su
mano izquierda.
“¿Ves esto?”
En la mano de Jin-hyuk aún permanecía su
propio anillo. En lugar de responder con la voz, Asher asentí rápidamente con
la cabeza.
“No estoy diciendo que nos separemos ahora o
que dejemos de vernos. ¿Entiendes?”
Asher asintió de nuevo. Sus ojos volvieron a
llenarse de lágrimas.
“Cuando me buscaste, tú no tuviste tiempo para
pensar.”
La voz del hombre era suave, como queriendo
consolarlo, pero decidida.
“Eras joven, estabas en una situación urgente
y no sabías qué hacer. Tanto como para dejarte utilizar por mí.”
“…….”
“Ahora podrías tomar una decisión ignorando
tus verdaderos sentimientos por dejarte llevar por la emoción, porque me tienes
lástima o por el miedo repentino a separarnos, pero más tarde terminarías
arrepintiéndote de una elección apresurada tomada hoy. Por eso, ten calma y
piensa despacio. No porque estés casado conmigo o porque esté Ratoncito, sino
cuando tengas el tiempo suficiente para estar seguro de que realmente puedes
perdonarme; entonces no será tarde para decidir de nuevo.”
Jin-hyuk miró a Asher, llevó su mano izquierda
vacía a sus labios y la besó.
“Porque siempre seré tu alfa.”
Un calor cálido permaneció donde el anillo
había desaparecido. Asher, jadeando solo, abrió la boca.
“¿Y si tardo mucho?”
“…….”
“Podría tardar muchísimo tiempo.”
“Bueno.”
Jin-hyuk respondió con naturalidad, como si no
fuera importante.
“Entonces que así sea. No lo pienses
demasiado. No tienes por qué sentirte culpable. Yo haré lo que me plazca y tú
haz lo que te plazca a ti. Ya te has esforzado demasiado hasta ahora. Deja que
las cosas fluyan. Está bien que haya al menos una cosa así en la vida, ¿no?”
Ante el semblante aún serio del joven,
Jin-hyuk continuó en tono juguetón:
“No te preocupes por el plazo. Soy un alfa
casado, y tú sabes muy bien qué tipo de cosas me disgustan.”
Las lágrimas brotaron de nuevo. Jin-hyuk,
visiblemente desconcertado, se quitó la prenda superior que estaba hecha un
desastre por el llanto y usó una parte limpia para secar el rostro de Asher.
“¿Por qué lloras otra vez? No lo dije para
hacerte llorar……”
Sin importarle estar con el torso descubierto,
se esforzó por consolarlo a toda costa. A Asher le pareció tonto verlo apurado
secándolo con su propia ropa teniendo pañuelos al lado. Sin saber que eso lo
hacía sentir aún más conmovido.
“Si hice algo mal, dímelo.”
Como si fuera a romperse si lo apretaba,
Jin-hyuk mantuvo a Asher en su regazo con cuidado mientras secaba las lágrimas
que fluían sin cesar.
“¿Eh? No llores solamente.”
Las lágrimas mojaban con calor su nuca y su
pecho, y el hombre que no podía llorar suplicaba con fragilidad:
“Cuando lloras, siento como si se me rompiera
el corazón……”
A pesar de sus súplicas, Asher lloró durante
mucho tiempo y Jin-hyuk lo sostuvo y lo acunó exactamente durante el mismo
tiempo.
El hombre lo acostó en la cama cuando el joven
ya casi no podía respirar por el agotamiento, le apartó el cabello húmedo por
el sudor que se pegaba a su frente y le limpió la cara con una toalla mojada.
Asher debió de estar hecho un desastre por haber llorado sin pudor, pero no
hubo rastro de eso en la mirada del hombre.
La toalla tibia tocó sus ojos, que ardían de
tanto llorar. Sentía como si hubiera exprimido toda la humedad de su cuerpo. El
hombre dejó la toalla sobre sus ojos doloridos un momento y se alejó. Al
quitarse la toalla y levantarse a duras penas, Asher vio que Jin-hyuk traía un
vaso de agua.
“Bebe agua y quédate acostado.”
Al principio Asher solo pensaba humedecer sus
labios, pero vacié el vaso de un trago. Estaba tan exhausto que ni siquiera
sabía que tenía sed. Tras beber el agua y acostarse de nuevo, Jin-hyuk se quedó
al lado de la cama.
El hombre, que había usado su camiseta para
secar las lágrimas, seguía con el torso descubierto. Con una mano sujetaba la
de Asher y con la otra le daba palmaditas intermitentes en el dorso de la mano,
como para tranquilizarlo.
“Probablemente no habrá nada por lo que tengas
que preocuparte, Asher.”
Ante sus palabras que rompieron el silencio,
el joven giró la vista para mirarlo.
“…… ¿Qué es lo que me preocupa?”
“Cosas como cortar el contacto de forma
unilateral y sin responsabilidad.”
Jin-hyuk pareció interpretar que el llanto
inconsolable era por el miedo a no verlo durante un tiempo. O tal vez era
porque aún tenía presente el hecho de haberlo echado de casa fríamente tras
aquel celo que fue como un accidente de tráfico, diciéndole que no volvieran a
vernos.
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“Vamos a volver a la relación de tutor y
pupilo de antes de casarnos. Seguiré viniendo a la habitación hasta que nazca
Ratoncito y, aunque no quieras verme, habrá momentos en los que tendrás que ver
mi cara. Después de que nazca el bebé, habrá algunas cosas en las que tendré
que ayudar, pero solo eso. Porque ese es mi papel.”
En el rostro del hombre, que explicaba esto
con un tono ligero como si no fuera gran cosa, cruzó por un instante una
expresión sombría.
“Además de eso, si me necesitas……”
Jin-hyuk redujo sus encuentros a una cuestión
de necesidad. El aire de soledad que se percibió por un momento desapareció
como si hubiera sido una ilusión.
“Entiendo.”
“Bien.”
Habiendo dicho todo lo que quería, el hombre
sonrió y tomó su teléfono.
“¿Se va?”
Él se detuvo un momento con el teléfono
encendido.
“Quédese a dormir. Ni siquiera tiene ropa.”
Jin-hyuk, que lo miraba fijamente, dejó el
teléfono con docilidad.
“Eso haré.”
Parecía que efectivamente tenía intención de
volver a casa. Seguramente iba a llamar a su secretario para que le trajera
ropa, ya que no tenía su prenda superior.
Jin-hyuk se preparó para dormir con
familiaridad. Asher se acostó de lado y observó lo que hacía.
Hacía mucho tiempo que no se quedaba a dormir.
Cuando recién lo hospitalizaron, Jin-hyuk pasaba la noche entera a su lado. Era
una habitación amplia con una cama para el acompañante. La razón por la que
poco después empezó a volver a casa al caer la noche debió ser porque sintió
que el joven estaba incómodo con su presencia.
Desde aquel día, se había formado un abismo
irreversible entre ellos. La razón por la que Asher no pudo decirle que no a la
propuesta de tomarse un tiempo era, probablemente, la misma por la que aún no
había podido confesarle que lo hizo porque lo amaba.
Mientras Asher fue a cepillarse los dientes,
Seo Jin-hyuk se encargó de ordenar la estancia. Al regresar a la cama, Asher
escuchó el sonido del agua; el hombre se estaba aseando. No pasó mucho tiempo
antes de que saliera del baño. A diferencia de otras veces, cuando solía
insistirle a Asher en que se secara bien el cabello, esta vez era evidente que
las puntas del propio Jin-hyuk seguían húmedas.
Antes de apagar la luz, él se detuvo frente al
interruptor para despedirse.
“Que descanses.”
“Buenas noches.”
Con un clic, la habitación quedó a
oscuras. Entre las sombras, Asher pudo distinguir la silueta del hombre
acomodándose en la cama del acompañante.
Era una noche tan silenciosa que le hacía
sentir vergüenza por haber llorado con tanto escándalo. Incluso las cigarras callaban,
y solo se oía el canto lejano y tenue de un zorzal extraviado tras la ventana.
Era un sonido que Asher escuchaba a menudo cuando vivía en el orfanato cerca de
la montaña.
“Señor Director.”
“Dime, Asher.”
La voz tranquila respondió en medio de la oscuridad.
Con los ojos ya acostumbrados a la penumbra, Asher miró hacia donde estaba
Jin-hyuk.
“Mañana iremos juntos a la peluquería,
¿verdad?”
“Por supuesto.”
“¿Debería cortármelo corto?”
“Como tú prefieras.”
Jin-hyuk respondió brevemente, pero tras dudar
un instante, añadió:
“Cualquier estilo te quedará bien.”
“Entonces……”
Asher miró fijamente hacia la cama del
acompañante. Sus ojos, ya totalmente adaptados a la falta de luz, encontraron
la figura del hombre con facilidad.
“¿Quiere dormir aquí a mi lado?”
“…….”
“Es que…… lo necesito.”
El hombre, que antes respondía con presteza,
guardó silencio. Asher no lo presionó ni retiró la propuesta; se quedó tumbado
tranquilamente, pues no le importaba si no recibía respuesta.
De pronto, desde la cama donde no se oía ni un
suspiro, fluyó una voz baja.
“Está bien.”
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El hombre se levantó lentamente y se acostó
con cuidado al lado de Asher.
La estrecha cama del hospital se sintió llena
en cuanto él se acomodó. Asher apoyó la cabeza en el pecho de Jin-hyuk y cerró
los ojos en silencio. El cuerpo del hombre, que tuvo un leve temblor de
rigidez, dejó escapar un corto suspiro. Su corazón latía de forma irregular.
Seo Jin-hyuk también tenía miedo. Por muy
experto que fuera en ocultar sus expresiones y controlar sus feromonas, no
podía esconder el sonido de su corazón. Él debía de presentir que, tal vez,
esta sería la última vez que podrían dormir juntos de esta manera.
Aquella noche, Asher y Jin-hyuk durmieron
entrelazados como cachorros recién nacidos, como si no pudieran separarse
jamás. Él se quedó profundamente dormido mientras le servía de almohada a
Asher, quien se acurrucó de lado pegado a su torso desnudo.
Fue la última noche.
A diferencia de la firme promesa hecha antes
de dormir, el plan de ir juntos a la peluquería estuvo a punto de no cumplirse.
No fue porque Jin-hyuk hubiera cambiado de opinión, sino porque el médico, al
ver los ojos extremadamente hinchados de Asher durante la ronda matutina,
intentó prohibir la entrada de Jin-hyuk a la habitación.
Fue la primera vez que Asher vio al médico de
cabecera —que siempre les sonreía con amabilidad— ponerse serio de aquella
manera. Solo después de que el médico llamara a Asher aparte para hablar y de
que este le asegurara repetidamente que no había llorado por culpa de Jin-hyuk,
el doctor retiró la prohibición. Aun así, no pudieron evitar su mirada de
sospecha hasta que se marcharon.
Tras el pequeño incidente, se dirigieron tal
como prometieron a una peluquería cercana. Como durante su vida matrimonial
siempre habían ido al salón al que Jin-hyuk asistía, estar en un lugar
diferente le dio a Asher una sensación extraña.
Parecía ser un local popular en el barrio,
pues había bastante gente. Tras una corta espera, un peluquero de rostro alegre
los guio a sus asientos.
“Es su primera vez aquí, ¿verdad? Tiene el
cabello muy largo.”
“Sí. Estuve hospitalizado y se me pasó el
tiempo de cortármelo.”
“Debió estar muy enfermo.”
El peluquero hablaba con familiaridad,
acostumbrado a tratar con clientes, mientras recortaba el cabello con destreza.
Sin embargo, para no incomodarlo, no preguntó detalles sobre el ingreso y
cambió de tema rápidamente.
Jin-hyuk se quedó de pie cerca, observando
cómo le cortaban el cabello a Asher. El peluquero, mientras recortaba el
flequillo, miraba con curiosidad al hombre que sobresalía una cabeza por encima
de los demás.
“¿Qué relación tienen?”
Parecía tener curiosidad por ver a dos
personas que no se parecían en nada y que no parecían tener un vínculo obvio,
viniendo juntas. Para ser hermanos, la diferencia de edad era notable a simple
vista.
Asher dudó un momento y miró a Jin-hyuk a
través del espejo. El hombre, que estaba de brazos cruzados, explicó brevemente
en su lugar:
“Soy su tutor.”
“Ah, ya veo.”
El peluquero pasó rápidamente a otro tema.
Asher tampoco se molestó en corregir sus palabras.
En lugar de rapárselo del todo, se lo cortó de
forma moderada. Al salir del local, Asher le pidió volver juntos la próxima vez,
y el hombre aceptó.
Aunque habían decidido tomarse un tiempo, tal
como él había dicho, superficialmente no parecía haber cambiado mucho. Jin-hyuk
seguía visitando la habitación con frecuencia; a veces traía comida de
restaurantes externos para que Asher no tuviera que comer la del hospital, y
realizaban paseos cortos juntos con el permiso del médico.
Sin embargo, el tiempo que Jin-hyuk pasaba en
la habitación fue disminuyendo gradualmente, y una persona contratada para
ayudar a Asher comenzó a visitarlo una hora cada día. Asher tampoco volvió a
insistir tercamente en estar solo diciendo que un cuidador le incomodaba.
El hombre cumplió fielmente su papel de tutor
con un rostro imperturbable. Solo quedaba en su dedo anular izquierdo la marca
de que era un alfa casado.
Y entonces, sin llegar a completar los meses
de gestación, nació Ratoncito. Era un niño alfa.
Como ya habían pasado por un riesgo de parto
prematuro, esta vez no pudieron retrasarlo más. Ratoncito, que fue sacado
mediante cirugía antes de cumplir los siete meses, entró de inmediato en la
incubadora. Como la operación fue un día de semana por la tarde, Jin-hyuk llegó
tarde desde la oficina. Según el cuidador, él no se había apartado del lado de
Asher desde entonces.
Quizás por eso, lo primero que vio Asher al
abrir los ojos fue el rostro de Jin-hyuk. Asher, que aún estaba bajo los
efectos de la anestesia, le hizo la pregunta que más le inquietaba en cuanto lo
vio:
“¿Vio a Ratoncito?”
“Sí. Vengo de verlo.”
“¿A quién se parece?”
El hombre pareció recordar al bebé por un
momento y pronto esbozó una tenue sonrisa.
“Se parece mucho a ti, Asher.”
Al escuchar eso, Asher sintió que su corazón
latía más rápido. ¿Parecerse a él? Había pensado en que tendría una familia,
pero escuchar que se le parecía le provocó una mezcla de excitación y temor.
“¿Cuándo dicen que puedo verlo?”
“Iremos a verlo en cuanto se te pase la
anestesia y puedas levantarte.”
En cuanto escuchó eso, Asher sintió un deseo
ardiente por ver al bebé. Mucho más intenso que cuando Ratoncito estaba en su
vientre. Por eso, a pesar del terrible dolor abdominal, insistió en cuanto pudo
moverse un poco para dirigirse a la sala de incubadoras.
Asher llegó finalmente a la sala, sin saber si
caminaba apoyado en Jin-hyuk o si este lo llevaba casi en vilo. Al ver a
Ratoncito por primera vez, su primera impresión fue:
‘Mentiroso.’
Sin darse cuenta, Asher miró de reojo a
Jin-hyuk, que observaba al bebé junto a él. El hombre no le quitaba la vista de
encima, absorto.
Ratoncito, que ni siquiera podía abrir los
ojos, era pequeño y estaba muy rojo, luciendo realmente como un ratón recién
nacido. Un ratón pequeño, arrugado, feo y desnudo. Aquel ser vivo lleno de
tubos y electrodos parecía que iba a emitir chillidos en lugar de balbuceos.
Por más que lo mirara, le parecía incluso más
feo que las crías de ratón que veía en el parque cuando era niño. Recordando lo
que Jin-hyuk había dicho, intentó buscar con ahínco algún rasgo suyo en el
bebé, pero era realmente difícil encontrar algún rastro propio en ese rostro.
Más bien, se parecía a Seo Jin-hyuk.
Aunque no fuera muy observador, Asher sabía
distinguir entre lo que era parecido y lo que era diferente. Aunque al
principio no le gustaba el bebé, lo había llevado meses en su vientre, pero no
podía encontrar parecido ni siquiera en la forma de las orejas.
No es que hubiera dejado de querer a
Ratoncito, pero no pudo evitar sentir una punzada de decepción al no cumplirse
sus expectativas. Inevitablemente, su frustración se dirigió hacia Jin-hyuk.
Quería reclamarle por qué había dicho
semejante mentira, pero en ese instante, el hombre se volvió hacia él con una
sonrisa radiante.
“Realmente se parece mucho a ti, ¿verdad,
Asher?”
“…….”
“Es muy lindo.”
Asher se limitó a asentir en silencio. Ya no
era necesario discutir a quién se parecía el bebé. Jin-hyuk simplemente no
podía apartar la mirada de la incubadora, como si se hubiera enamorado.
Siguiendo el gesto del hombre, Asher observó
al bebé con calma. Al seguir mirándolo, pensó que, aunque fuera feo, tenía su
encanto. Aunque Ratoncito no se le pareciera en nada ahora, llegaría el día en
que, al crecer, se parecería a él. Aunque fuera en el cabello, que ahora ni se
veía.
“¿Estará bien de verdad?”
Asher susurró mientras observaba al bebé.
Ratoncito, que apenas superaba el kilogramo de peso, dependía de una máquina
para respirar.
Aunque le habían dicho que estaba sano para
haber nacido antes de tiempo, ver cómo su pequeño pecho subía y bajaba a través
de los tubos le generaba dudas. No le importaba si era feo, lo único que quería
era que estuviera sano.
“Por supuesto.”
Jin-hyuk, que lo sostenía, respondió con total
firmeza.
“No tienes por qué preocuparte, Asher.”
En ese momento, el hombre le pareció más
confiable que nunca.
Durante su estancia en el hospital, Asher
aprovechaba cada hora de visita para ir a ver a Ratoncito. El bebé crecía a
pasos agigantados. Aquel pequeño ser que al principio parecía esconder una cola
de ratón en algún sitio, empezaba a tomar forma humana. Su piel, antes rojiza,
se volvía blanca, y su rostro arrugado y feo comenzaba a ganar armonía.
Tal como Asher predijo, Ratoncito se parecía
terriblemente a Seo Jin-hyuk. Su deseo de que al menos el cabello se pareciera
al suyo no fue más que una vana esperanza. Incluso tenía ese párpado doble
interno que solo aparecía en el ojo derecho, exactamente igual al del hombre.
Era evidente que, cuando perdiera la hinchazón
y empezara a gatear, ese rasgo se haría notar. Si el niño se perdiera,
seguramente lo llevarían antes ante el lejano Seo Jin-hyuk que ante el propio
Asher.
Aunque buscando detalle a detalle debía de
haber algún rincón parecido a él, por ahora era imposible distinguirlo. Asher
se sorprendió a sí mismo fulminando al bebé con la mirada más de una vez, antes
de recordarse que con que estuviera sano era suficiente.
No era el único que pensaba así.
“Se parece demasiado a Seo Jin-hyuk.”
Lee Jae-seok frunció el ceño mientras observaba
con atención la foto en el teléfono.
“Es un poco ingrato de su parte.”
Asher soltó una risita involuntaria. ‘Ingrato’
era un comentario fresco. Pensándolo bien, lo que sentía hacia Ratoncito era
quizás más cercano a la ‘ingratitud’ que al resentimiento.
Fue Lee Jae-seok quien lo contactó primero. El
hombre, que supuestamente había vuelto a Estados Unidos, le envió un mensaje
pidiendo verse, sin que Asher supiera cuándo había regresado a Corea.
[Seo Jin-hyuk me dijo que no te contactara,
pero eso lo dijo él, no yo.]
Era muy propio de Lee Jae-seok. Probablemente
por eso Asher aceptó verlo.
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Parecía que Jin-hyuk y Jae-seok no habían
hablado mucho últimamente, ya que este último ni siquiera sabía que Asher estaba
hospitalizado. Aunque le faltaba tacto, no carecía de sentido común, así que
acordaron la visita para cuando Asher se sintiera cómodo.
“Cuánto tiempo.”
“¿Cuándo regresó?”
“¿Hace tres días? Tenía cosas que hacer en
Corea.”
Jae-seok saludó con naturalidad, pero más que
cínico, se veía cansado. Aunque vestía de forma impecable, su aura era
notablemente más calmada y sombría que antes. Siendo él el arquetipo de joven
rico, jovial y sin preocupaciones, esto resultaba extraño.
Tras hablar un poco sobre sus vidas, la
conversación derivó hacia Ratoncito y su nacimiento prematuro. No había razón
para no mostrarle el bebé a un invitado en el hospital. Además, Asher tenía
curiosidad por saber si solo él veía al niño como un clon de Jin-hyuk.
Jae-seok siguió mirando la foto fascinado y,
al notar que su comentario anterior pudo sonar raro, añadió:
“A mí de pequeño me apodaban ‘Ingrato’. Hice
sufrir muchísimo a mi madre con las náuseas, pero no saqué nada de ella, era
igualito a mi padre. Odiaba que me dijeran eso, pero viéndolo a él, lo entiendo
perfectamente. De todos modos, al pasar la pubertad empecé a parecerme a mi
madre, así que a él le pasará lo mismo.”
Parecía un intento de consuelo. Incluso para
Jae-seok era difícil encontrar rasgos de Asher en el bebé.
Le resultaba irónico recordar cómo hace meses
se hablaba de pruebas de paternidad. Ahora, nadie se atrevería a cuestionarlo.
Asher sintió un sabor amargo en la boca.
Cuando terminó de ver las fotos, Jae-seok le
devolvió el teléfono. Asher lo guardó en su bolsillo y preguntó lo que le
intrigaba desde hacía rato.
“¿Entonces, por qué quería verme? No creo que
haya venido para confirmar quién es el padre.”
No lo dijo en tono agresivo, sino con
curiosidad genuina. Asher pensó que Jae-seok le habría perdido el aprecio.
Independientemente de la verdad, desde el punto de vista de Jae-seok, Choi
Asher había sido más "ingrato" que este bebé feo.
Por eso, pensó que no volverían a verse aunque
Jin-hyuk no lo hubiera prohibido. Esperaba que Jae-seok, por su personalidad,
simplemente eligiera no volver a verlo en lugar de guardarle rencor.
“Bueno, pues...”
Jae-seok levantó las manos hasta la altura de
los hombros en señal de rendición y luego las bajó.
“He venido a disculparme, obviamente.”
“…… ¿Por qué cosa?”
La reacción de Asher fue lenta debido a la
sorpresa. Jae-seok se rascó la frente con timidez.
“Pensándolo bien en Estados Unidos, me metí
donde no me llamaban. Tú debías de tener tus razones para casarte con Seo
Jin-hyuk, y él sabe cuidar de sus asuntos, así que sentí que solo estorbé. Es
algo demasiado... privado para que un tercero se entrometa.”
Parecía arrepentido de haberse involucrado
tanto, algo impropio de él. Su rostro reflejaba la convicción de que, sin
importar la verdad, Asher y Jin-hyuk terminarían estando bien.
Asher, que solo recordaba aquel tenso
encuentro en el restaurante chino, se sintió desconcertado por el cambio de
actitud, pero entonces recordó que esa no había sido la última vez. Hubo un
momento en que se cruzaron en la oficina de Jin-hyuk, donde Jae-seok cuestionó
con insistencia a su amigo por haber elegido el peor camino teniendo otras
opciones. Jae-seok fue el primero en notar que algo andaba mal en esa relación.
Pero para Asher y Jin-hyuk, todo había llegado demasiado tarde.
“Ahora que he visto la cara del niño, mi
disculpa pierde un poco de peso, pero ten en cuenta que te contacté antes de
saber que había nacido.”
“¿Y qué habría hecho si yo le decía que no
quería verlo?”
“Pues nada.”
Jae-seok se encogió de hombros.
“No puedo obligarte si no quieres. Tampoco
tienes por qué aceptar mi disculpa.”
Estando con Lee Jae-seok, los problemas más
complejos parecían simplificarse. Eran palabras sencillas, pero hicieron que
Asher se sintiera mucho más aliviado.
“Yo también lo siento.”
“…….”
“Al involucrarme con Woo-seok hyung, lo puse
en una situación difícil. Y a pesar de que no le di explicaciones, le dije que
no era asunto suyo.”
“Bueno, eso es vida privada. Yo fui quien
debió disculparse.”
Jae-seok respondió con ligereza. Asher hizo un
pequeño gesto para que no lo interrumpiera y continuó.
“Llego muy tarde con esto, pero... no me
acosté con Woo-seok hyung.”
La expresión risueña de Jae-seok se congeló
sutilmente.
“En aquel entonces, no quería discutir dando
ese tipo de detalles. Yo también soy humano.”
Tras decir esto, el hombre abrió la boca, pero
solo soltó un suspiro antes de cerrarla.
“Ya veo…….”
“…….”
“Entiendo que fuera así. Lo siento.”
Aunque Asher lo resumió como que simplemente
no quería hablar, Jae-seok pareció comprender todo el trasfondo y asintió.
En aquel tiempo, Asher estaba demasiado
desgastado. Tenía orgullo, pero su alma estaba tan hecha jirones que no tenía
fuerzas para defenderlo. Por eso eligió el silencio. Fue una elección estúpida,
pero hay momentos en los que no queda otra opción. Como el pobre que no quiere
mendigar. Si las cosas con Jin-hyuk no se hubieran aclarado, probablemente
nunca habría tenido el valor de decirle la verdad a Jae-seok.
Tras la disculpa, Jae-seok guardó silencio un
buen rato, apoyado en el sofá y mirando por la ventana, hasta que volvió a
hablar.
“No sé si esto te gustará, pero por si te
sirve de desahogo, te diré que me han dejado.”
Y soltó una sonrisa. A pesar de lo que decía,
su rostro parecía el de un niño travieso.
“¿Por qué me iba a desahogar que lo dejaran?”
Asher no era del tipo que se alegraba de las
desgracias ajenas, especialmente si no había mala voluntad. Aunque Jae-seok
hubiera sido desconsiderado, su intención de cuidarlo siempre fue sincera. No
tenía motivos para guardarle rencor. Que fuera difícil ser amigos era muy
distinto a que le cayera mal.
Jae-seok hizo un gesto para que escuchara y
empezó a relatar.
“Ya teníamos conflictos. Yo trabajo en Estados
Unidos y mi pareja tiene su carrera en Corea, así que si no nos casábamos, era
una relación difícil de mantener.”
Se apoyó cómodamente en el sofá con las manos
entrelazadas sobre el abdomen.
“Cuando dije que me volvía a EE. UU., el
ambiente ya era de ruptura. Ninguno quería una relación a larga distancia. Pero
por más que lo pensaba, no quería dejarla. Ya sabes que yo no soy de los que
tienen relaciones estables, pero esta era la primera vez que quería algo serio,
por cursi que suene.”
Jae-seok desvió la mirada con una timidez
impropia de él.
Asher conocía bien el estilo de Jae-seok con
las mujeres: ir a clubes o fiestas, emborracharse y pasar la noche. Eso era
todo. A veces, era el propio Asher quien limpiaba la papelera con los
preservativos usados cuando Jae-seok traía a alguien a casa. Por eso, verlo
serio con una novia le resultó asombroso en su momento.
“Y también era la primera vez que me importaba
perder a alguien. Así que me decidí y le pedí matrimonio, pero su reacción fue
fría. Pensándolo bien, ella no quería dejar su carrera, lo cual es lógico. Si
alguien tenía que dejarlo todo para seguir al otro, las probabilidades
apuntaban a ella antes que a mí.”
Jae-seok era un fotógrafo de éxito en Estados
Unidos. Por mucho que su novia ganara, era una empleada corporativa, no había
comparación. Además, él era un hombre con un talento que no necesitaba el
respaldo de su familia millonaria.
“Lo medité mucho. Al fin y al cabo, tengo
dinero. No es que tuviera una pasión desbordante por mi trabajo; lo hacía por
no estar en casa. Concluí que, si me casaba, no necesitaba trabajar en EE. UU.
Así que le dije que me mudaría definitivamente a Corea, y fue entonces cuando
ella, con cara de verdadera pena, me lo dijo.”
Pronunció cada palabra con lentitud y
precisión, como si las masticara antes de escupirlas.
“Que no tenía ninguna intención de casarse
conmigo.”
“…….”
“Dijo que ya no tenía edad para casarse con un
fuckboy. Que hace diez años quizás, pero ahora no.”
Jae-seok sonreía, pero su rostro parecía el de
alguien que se está asfixiando.
“Ella sabía que yo salía de fiesta y tenía
rollos de una noche, así que pensé que no le importaba, pero no era así. No
tenía intención de tener algo serio, pero empezó a quererme más de lo esperado
y, como yo me iba en unos meses, decidió disfrutarlo hasta la ruptura. Le
supliqué, le dije que ya había dejado esa vida, pero no hubo manera. Me dijo
que nunca había visto a un hombre rehabilitarse de esa forma, incluido su
propio padre. No supe qué responder. Y pensándolo bien, yo tampoco conozco a
nadie así.”
Jae-seok soltó una carcajada golpeándose la
frente.
“No había forma de demostrar que yo no era ese
tipo de persona. Porque... así es como viví.”
La risa fue desapareciendo gradualmente de su
rostro.
“Ese hombre es incapaz de darle a esa mujer el
hogar estable que ella desea……”
Murmurando en voz baja, Lee Jae-seok soltó
unas risas amargas antes de borrar su expresión y mirar fijamente a Asher.
“Es una historia muy divertida, ¿verdad?”
Sin embargo, el rostro de Jae-seok no
reflejaba diversión alguna. En sus facciones se leía una burla cínica, aunque
no estaba claro si se reía de sí mismo o del mundo.
“Fue tan patético que ni siquiera se lo conté
a Seo Jin-hyuk. Pero al oír que tú no te acostaste con Woo-seok, sentí que
debía contártelo. Tú sí puedes burlarte si quieres.”
Jae-seok levantó su vaso de agua con desdén,
como si tuviera la garganta seca.
“Si le hubieras dicho a Jin-hyuk que no te
habías acostado con Woo-seok en aquel entonces, tal como pensabas, él jamás te
habría creído. Definitivamente, las personas tienen que pasar por lo mismo para
entenderlo.”
Bebió el agua de un trago, como si fuera
licor. Al terminar, se apoyó en el sofá con un cansancio repentino y cerró los
ojos lentamente antes de volver a abrirlos.
Asher comprendió por qué le contaba esto. Jae-seok
tampoco podía desprenderse de la etiqueta de su pasado. Decir que uno se ha
rehabilitado no es suficiente; quedaba por delante una vida de pruebas
constantes. El hombre que siempre parecía rebosar confianza, en ese instante,
se veía profundamente solo.
“¿Por eso regresó a Corea?”
“Sí. Ella dice que se va a casar con alguien
que conoció en una cita a ciegas.”
Respondió Jae-seok con los ojos cerrados,
cubriéndose el rostro con la mano.
“Regresé a Estados Unidos fingiendo ser un
tipo cool tras ser rechazado, pero hay cosas que simplemente no puedo
evitar……”
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Esbozó una sonrisa forzada cargada de
amargura. Intentó recuperar su habitual gesto de pícaro, pero al no lograrlo,
contrajo el rostro y bajó la cabeza.
“Hyung……”
Ante el llamado, Jae-seok giró la vista hacia
Asher.
“Es mejor que no use colores tan llamativos
como ese rosa pálido frente a su novia; parece un donjuán. Use camisas blancas
impecables y elija otros colores que transmitan seriedad.”
En lugar de consolarlo, Asher le dio el
consejo que siempre había querido decirle. La camisa rosa le sentaba bien, pero
lo que Jae-seok necesitaba ahora no era lucir a la moda. Asher no sabía cuánto
ayudaría aquel comentario, pero al menos era mejor que nada.
Como sospechaba, Asher no podía alegrarse por
la desgracia ajena. No es que Jae-seok le cayera mal; aunque sus situaciones no
eran idénticas, no estaba en su naturaleza burlarse de alguien que pasaba por
algo similar. Al fin y al cabo, Asher era quien mejor sabía cuánto había
cambiado Lee Jae-seok.
Jae-seok lo miró estupefacto antes de estallar
en una carcajada.
“Hahaha.”
Se sujetó al sofá riendo durante un buen rato
y se limpió las lágrimas que le brotaron por la risa. Su rostro parecía mucho
más aliviado.
“Gracias. Creo que de toda la gente que
conozco, tú eres la persona más buena. Ahora entiendo por qué le gustas a Seo
Jin-hyuk. Él también está bastante roto.”
Se dio unos golpecitos en la sien con el dedo.
“Los humanos siempre deseamos la parte que nos
falta.”
Tras consultar su reloj de pulsera, Jae-seok
se puso de pie.
“Debo irme ya. Te he quitado demasiado tiempo.
Descansa tú también.”
“Váyase con cuidado.”
“Cuídate.”
Jae-seok estaba por cruzar la puerta cuando se
detuvo a mitad de camino y se giró bruscamente.
“Por cierto, no he oído el nombre del bebé.
¿Cómo se llama?”
Asher irguió el pecho y respondió con orgullo,
como si hubiera estado esperando la pregunta.
“Choi Lee-seo. Se lo puse yo.”
Lee-seo. Asher había pasado días buscando en
diccionarios de caracteres chinos para elegir ese nombre.
Usó los caracteres de ‘Alegría’ (Lee) y
‘Amanecer’ (Seo), significando ‘Amanecer Alegre’. Fue el momento en que
dieron fruto las horas observando a las monjas poner nombres en el orfanato de
Caritas. Aunque el apodo de gestación terminó siendo ‘Ratoncito’, sentía que
había cumplido su deber al darle un nombre adecuado. Era un nombre demasiado
elegante para lo feo que era el bebé. Aunque, a decir verdad, ya no podía
llamarlo feo.
Fue la última visita antes de recibir el alta.
Lee-seo, que dormía plácidamente, abrió los ojos de par en par y se quedó
mirando a Asher con fijeza. Aunque aún necesitaba asistencia respiratoria,
crecía día tras día. Era un milagro constante.
A pesar de haberlo criticado por ser pequeño y
feo como un ratón, su parecido con Seo Jin-hyuk empezaba a deslumbrar. Asher
pensaba que todos los recién nacidos eran feos y con ojos saltones como ranas,
pero resultó que los bebés hermosos lo eran desde el principio. Podía adivinar
fácilmente que Jin-hyuk, quien ahora tenía rasgos marcados de hombre adulto,
debió de ser un niño precioso.
“Hola, Lee-seo.”
En cuanto Jin-hyuk hizo un gesto con la mano,
el bebé reaccionó de inmediato. Lee-seo estiró los brazos hacia él y, tras
removerse un poco, volvió a cerrar los ojos, quizás por cansancio o por el
esfuerzo de mantenerlos abiertos. El hombre parecía inmensamente feliz solo con
eso.
No hubo escándalo porque Lee-seo llevara el
apellido Choi en lugar de Seo. Asher tampoco preguntó qué pasaría con el
contrato prenupcial; todo eso quedaba en manos de Jin-hyuk.
“Lee-seo se parece mucho a su padre.”
“Se parece a Asher.”
Ante el comentario amable de la enfermera,
Jin-hyuk respondió con naturalidad e indiferencia. La enfermera asintió en
silencio, interpretando sus palabras como el gesto de un esposo perdidamente
enamorado.
Sin embargo, Asher ya lo sabía. Tras la visita
de Lee Jae-seok, estaba seguro: Jin-hyuk tenía ojos y no podía ignorar que
Lee-seo era su viva imagen. Simplemente, él sentía que no tenía derecho a decir
que se le parecía.
Era igual a cuando Asher no pudo decir que
Jin-hyuk era el padre biológico. A veces, independientemente de la verdad, hay
palabras que no se deben pronunciar. Él era, verdaderamente, un hombre que
cumplía sus promesas.
La casa estaba igual que siempre al regresar.
No parecía haber cambiado nada. La alfombra del salón, los jarrones, los
adornos... incluso el libro que Asher había dejado boca abajo en el sofá seguía
en su sitio. Se sentía como si solo hubiera salido un momento el día anterior.
Jin-hyuk dejó las maletas del hospital en la
habitación y entró en el estudio con naturalidad. Mientras Asher desempacaba y
ordenaba sus cosas, su vista se posó en el tocador.
Pensó que nada había cambiado, pero se
equivocaba.
No quedaba ni rastro de la loción que usaba
Jin-hyuk. Al abrir el vestidor junto a la habitación principal, solo estaba su
ropa. Todos los rastros del hombre habían desaparecido, como si Asher hubiera
vivido allí solo desde el principio.
Asher se dirigió al estudio, un espacio en el
que siempre había evitado entrar incluso cuando el hombre no estaba. Al abrir
la puerta apresuradamente, vio que apenas quedaban objetos. Salvo unas pocas
pertenencias de uso diario del hombre, todo se había ido.
Apoyado en el marco de la puerta, Asher
observó a Jin-hyuk guardar lo que quedaba en una maleta. Al notar su presencia,
el hombre se incorporó.
“Deberías estar acostado en la habitación. Aún
debe de ser incómodo para ti.”
“Ya estoy bien para esto.”
“Entonces siéntate aquí.”
Jin-hyuk acercó una silla frente a Asher. El
joven no rechazó el gesto. Mientras lo observaba de espaldas, Asher se sintió
inquieto y rompió el silencio.
“¿Ya terminó de empacar?”
“Sí. Solo falta llevarme esto.”
Tras permanecer un momento de rodillas observando
algo, Jin-hyuk se acercó a él.
“Olvidé darte esto.”
Era la libreta de embarazo. A diferencia de
cuando se la entregó por primera vez, estaba gruesa debido a las fotos pegadas.
Asher no creyó que un hombre que escribía en ella puntualmente hubiera olvidado
entregarla. Ahora que lo pensaba, el verdadero mentiroso no era él, sino Seo
Jin-hyuk.
“Y esto también.”
Jin-hyuk le tendió un sobre de documentos.
Asher intuyó el contenido nada más verlo.
Abrió el sobre con lentitud y sacó los
papeles. Era la solicitud de divorcio de mutuo acuerdo, con todos los sellos de
Seo Jin-hyuk ya puestos.
“Puedes hacer lo que desees con esto, Asher.”
“…….”
“Yo volveré a mi casa de siempre. Está a solo
quince minutos en coche, así que vendré enseguida si me llamas.”
Jin-hyuk explicó todo con una sonrisa ligera,
como si se fuera de viaje corto, y salió del estudio cargando su maleta. Asher
lo siguió hasta la entrada y lo despidió solo después de verlo calzarse los
zapatos.
“Váyase con cuidado.”
Las palabras sonaban extrañas en lugar del
habitual ‘Que le vaya bien’. Jin-hyuk, que normalmente le habría dado un abrazo
ligero antes de salir, se quedó inmóvil frente a la puerta con su maleta.
Tras observar el rostro de Asher largamente,
como si quisiera grabarlo en su memoria, el hombre habló despacio.
“Está bien.”
“…….”
“Cuídate mucho.”
Él se dio la vuelta y la puerta se cerró.
Al girarse, la casa estaba sumida en el
silencio. No estaba Jin-hyuk, y Lee-seo aún no estaba allí. La casa vacía se
sentía como un enorme terreno baldío.
Sin embargo, que no hubiera nadie no cambiaba
nada. Asher era, por naturaleza, alguien que vagaba solo y sin familia. Tener a
Lee-seo ahora era lo inusual.
Regresó a la habitación y se dejó caer en la
cama. Atribuyó el vacío en su pecho al hecho de haber regresado a casa tras
mucho tiempo en el hospital. Cerró los ojos para meditar y, de repente, recordó
lo que tenía en la mano.
Lanzó el sobre de documentos a un lado de la
cama y abrió la libreta de embarazo. Lo primero que vio fue la foto de Lee-seo.
Había ecografías, fotos de cuando acababa de nacer y fotos de las visitas hasta
ayer mismo, pegadas en orden. Debajo, Jin-hyuk había registrado personalmente su
estado de salud.
Al volver a la primera página, vio un nombre
que antes no estaba escrito:
Choi Lee-seo.
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Asher acarició el nombre escrito con
bolígrafo, recorriendo los trazos con la punta de los dedos como si fuera
braille, hasta que, de repente, se incorporó de un salto. Se dirigió
directamente a la única habitación de la casa que siempre había estado vacía.
Era el lugar que habían designado para Ratoncito mucho antes de que naciera.
Abrió la puerta, que permanecía firmemente
cerrada, y encendió la luz. El cuarto, que antes estaba totalmente vacío, ahora
se encontraba repleto de artículos para bebé. En el centro de la habitación se
alzaba una cuna, y justo encima colgaba un móvil infantil.
Junto a una cómoda que no había visto antes,
un cochecito plegado descansaba ordenadamente. Además, había pilas de juguetes
y biberones que aún conservaban su envoltorio original. Dentro de los cajones,
la ropa de bebé estaba meticulosamente doblada y organizada.
Asher deambuló por la habitación durante largo
tiempo.
Por alguna razón, sentía que no podía
marcharse de allí.
