Drown
Drown
Los
dedos de Jin-hyuk, que rozaron su mejilla fría con extrema lentitud,
deambularon por la línea de su mandíbula. Asher, olvidándose incluso de
respirar, contempló los ojos del hombre como si estuviera hechizado. Era una
mirada de una franqueza casi grosera. Aquellos ojos negros se movieron
despacio, bajando desde los suyos hasta recorrer su rostro.
“Y
no te enfermes tampoco.”
De
los ojos a la nariz, de las mejillas a los labios. Cada lugar donde se posaba
esa mirada se sentía como si fuera marcado con hierro ardiente. Los largos
dedos de Jin-hyuk se adentraron lentamente en su nuca. Al notar que su cabello
estaba empapado, el hombre vaciló un instante y retiró la mano.
“Tienes
el pelo totalmente mojado. Es tarde, pero toma una ducha antes de dormir.”
El
calor que había inundado su nuca desapareció en un parpadeo. Inconscientemente,
Asher se aferró a la tela de la ropa de Jin-hyuk.
“Yo…”
La
mente de Asher se quedó en blanco bajo la mirada del Alfa, que esperaba a que
terminara la frase. No sabía por qué lo había detenido, si ni siquiera podía
reunir el valor para pedirle que se quedara con él. Aunque estaban a las
puertas del matrimonio, Asher sabía que estaban muy lejos de ser lo que se dice
una pareja de esposos.
Justo
cuando estaba a punto de morir de vergüenza por su vacilación, miró el rostro
de Jin-hyuk, que lo observaba en silencio, y abrió la boca sin pensarlo.
“¿Quiere
que... le cure la herida?”
Mientras
se aseaba en el baño de su habitación, Asher sintió una punzada de
arrepentimiento, afilada como un caramelo de limón roto, mezclada con una pizca
de alegría. Se recriminaba por haber dicho algo innecesario y, a la vez, sentía
una tenue felicidad porque él había aceptado.
No
sabía cómo es que se había fijado en la herida de su frente. Quizás, como siempre
lo observaba a escondidas —como una rata de alcantarilla—, era algo que ya
tenía grabado en un rincón de su mente. Tras soltar aquellas palabras, esperó
tenso su respuesta, rogando que no lo rechazara con frialdad.
Ya
era pasada la medianoche y Jin-hyuk debía de estar agotado tras haber cuidado
de él mientras vomitaba. Además, desinfectar su frente era tarea de un médico.
A medida que Asher enumeraba las razones por las que el Alfa debería
rechazarlo, su propia propuesta empezó a parecerle una fantasía absurda. Ya
podía imaginar la escena en la que el hombre declinaba amablemente y lo enviaba
a su habitación.
Eso
fue hasta que escuchó la respuesta de Jin-hyuk.
‘Está
bien.’
Tras
un silencio tan largo como el tiempo que Asher pasó aferrado a él, el hombre
aceptó.
‘Dúchate
primero. Si estás muy cansado, puedes irte a dormir después.’
Con
un toque afectuoso, Jin-hyuk lo empujó suavemente hacia su cuarto.
‘Ve.’
Asher
abrió la ducha recordando la sensación de aquellos dedos en su nuca. El agua
caliente cayó sobre su cabeza sin que tuviera que preocuparse por el gasto en
calefacción. Las burbujas de jabón eran succionadas por el desagüe siguiendo el
curso del agua. Mientras recibía el impacto del agua como si estuviera bajo la
lluvia, se rozó los labios de repente.
Había
pensado que iba a besarlo.
No
sabía por qué había tenido esa ilusión. Tal vez esperaba demasiado de la magia
del Año Nuevo, o quizás su malestar físico había nublado su juicio. No había ni
rastro de feromonas sexuales. Si Jin-hyuk fuera un Beta, Asher habría tenido un
hilo de esperanza para colgarse de su cuello y frotar sus labios contra los
suyos, pero Jin-hyuk era un Alfa. Ante sus feromonas extremadamente
controladas, se sentía perdido.
Incapaz
de descifrar las emociones del hombre, Asher sentía que se había lanzado a un
océano inmenso. El sentimiento de desolación lo empapó de pies a cabeza. Cerró
la ducha y salió del cubículo. El problema era que Jin-hyuk nunca mostraba
fastidio, a pesar de que Asher solo le causaba molestias. Por eso, sus expectativas
no dejaban de crecer.
Aunque
deseaba que Jin-hyuk lo odiara solo un poco, que lo viera como un estorbo para
no ilusionarse, no dejaba de molestarlo. ¿A dónde había ido su promesa de vivir
como un muerto viviente sin causarle problemas cuando llegó a esa casa?
Al
recordar lo ocurrido hace un momento, sus feromonas empezaron a fluir sin
control. Se aferró al lavabo y respiró hondo, intentando organizar sus
emociones. No podía ir a la habitación de Jin-hyuk en ese estado; le daban
náuseas de solo pensar en presentarse goteando feromonas sin control.
Se
secó el pelo por encima y se puso el pijama. Había perdido demasiado tiempo
duchándose y calmando sus feromonas. Ya era casi la una de la madrugada. A esa
hora lo normal era estar durmiendo; era posible que Jin-hyuk se hubiera cansado
de esperar. Sus manos se movieron con urgencia al vestirse.
A
pesar de la prisa con la que salió, se detuvo en seco frente a la puerta del
Alfa. Recordó la vez que había recogido gachas hirviendo con las manos desnudas
en ese mismo lugar. Recordaba perfectamente lo que ocurrió después. El corazón
se le oprimió. No se atrevería a llamar y solo manoseaba el pomo de la puerta.
Tenía la fuerte sensación de que la habitación de Jin-hyuk era un espacio
prohibido para él.
‘¿Debería
volver?’
Podría
poner la excusa de que se quedó dormido después de secarse el pelo cuando lo
viera por la mañana. Justo cuando estaba a punto de dar media vuelta por puro
miedo... la puerta se abrió.
“¿Qué
haces ahí fuera?”
Jin-hyuk,
recién duchado y en pijama, estaba frente a él. Llevaba un pijama azul marino y
sostenía una taza en la mano. Parecía que iba a beber agua.
“Acabo
de llegar.”
Asher
no mencionó que estaba a punto de huir.
“Entra.”
El
hombre se hizo a un lado y abrió la puerta de par en par. La habitación estaba
iluminada por una luz ambiental tenue. Al ver el botiquín sobre la mesa, Asher
comprendió que Jin-hyuk planeaba curarse e irse a dormir enseguida. Era lo
lógico dada la hora.
Mientras
Jin-hyuk iba a por agua, Asher se sentó en una silla, rígido. Aunque ya había
pasado una noche allí, todo le resultaba ajeno: la mesa de centro, la lámpara
junto a la cama, los libros apilados, el móvil boca abajo, la alfombra bajo sus
pies, el aroma a champú que salía del baño entreabierto, las sábanas con la
marca de donde él se había sentado, y el cielo oscuro tras el ventanal...
Ya
se había olvidado de su impulsiva oferta de curarle la herida. Estaba tan
cohibido que parecía que Jin-hyuk lo había traído allí a la fuerza. Las
feromonas de Alfa que flotaban en el aire, lejos de ser familiares, estimulaban
una sensación de incomodidad. Lo que sentía —ese pulso acelerado y esa tensión
que le cortaba la respiración— era demasiado doloroso para llamarlo amor y
demasiado excitante para llamarlo miedo.
Mientras
Asher recorría la habitación con la mirada, como un turista en una ciudad
extraña, Jin-hyuk regresó. Traía dos tazas en las manos.
“Bebe
esto.”
Dejó
una taza frente a Asher.
“Es
leche con miel, pruébala. Tienes el estómago vacío y deberías tomar algo antes
de dormir.”
“Ah…”
El
hombre que en Nantes le había ofrecido leche en lugar de alcohol no había
cambiado. Parecía preocupado porque Asher lo había vomitado todo, incluso la
cena. Ciertamente, el joven se sentía vacío por dentro, aunque el cansancio y
los nervios no le habían dejado notar el hambre. Al rodear la taza con sus
manos, sintió el calor reconfortante de la leche.
“Si
no puedes, no te obligues.”
Interpretando
la vacilación de Asher como rechazo, el hombre hizo amago de llevarse la taza,
pero Asher se apresuró a beber.
“Gracias.
Me la tomaré.”
Era
una leche dulce y tibia, perfectamente calentada. No olía a nada desagradable.
La miel no se había disuelto del todo y algunos grumos le resultaron demasiado
dulces, pero eso no importaba. Mientras bebía, notó la mirada de Jin-hyuk y lo
miró con curiosidad. El hombre señaló su propio cabello.
“No
te has secado bien el pelo.”
“Ah.
Sí... lo intenté, pero al final...”
Asher
soltó una risita tonta, avergonzado. Había salido con tanta prisa que algunas
partes seguían húmedas. El hombre se levantó y trajo un secador.
“Te
vas a resfriar, así que primero sécate el pelo.”
“Yo...
yo lo haré.”
Asher
intentó apartarse cuando vio que él pretendía hacerlo, pero Jin-hyuk lo sujetó
con facilidad.
“Si
lo haces tú, lo harás a medias.”
Hablaba
como si Asher fuera un niño de seis años. Había venido a curarle la herida y
terminaba siendo una molestia de nuevo. El aire caliente del secador acarició
su nuca. Los dedos del hombre se hundieron suavemente entre sus mechones.
Asher
sentía tantas náuseas por la emoción que creía que iba a vomitar de nuevo.
Apretó los puños, luchando por no inmutarse. En cuanto sintió que su pelo
estaba seco, se alejó rápidamente de su toque. Esta vez, el hombre no lo
retuvo.
“Ya
está. Ahora desinféctese usted y duerma, Director.”
Asher
agachó la cabeza y sacó con urgencia el antiséptico y las gasas del botiquín.
Sentía que si se quedaba un segundo más así, terminaría colgándose del cuello
de Jin-hyuk de verdad.
El
hombre, tras guardar el secador, se sentó frente a él y se quitó el parche de
color carne de la frente. Los puntos de sutura aún eran visibles. Era una
herida pequeña, pero si no se cuidaba, podría dejar una cicatriz en su frente
perfecta.
“¿Se
ha estado curando solo todo este tiempo?”
“No
me gusta depender de manos ajenas.”
A
pesar de sus palabras indiferentes, ahora estaba confiando su curación a Asher.
En lugar de preguntarle por qué con él era distinto, el joven empapó un algodón
con el líquido. El olor penetrante del antiséptico inundó sus fosas nasales.
Tras comprobar que el algodón no goteaba, Jin-hyuk se apartó el cabello que
cubría ligeramente su frente.
Él
cerró los ojos lentamente y los volvió a abrir, observando a Asher con una
mirada lánguida. Debido a su párpado caído en un solo ojo, su expresión siempre
conservaba un matiz de arrogancia o desdén. A Asher le ardía la garganta;
sintió deseos de beberse de un trago el resto de la leche que había dejado a
medias.
Para
no delatar sus intenciones, desvió la vista hacia la herida. Parecía casi
curada; no supuraba. Solo los puntos, entrelazados como raíces de árboles sobre
su frente tersa, daban fe de lo ocurrido.
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“No
quedará cicatriz, ¿verdad?”
“Si
recibo el tratamiento adecuado, no.”
Era
la primera vez que Asher lo miraba desde arriba. Estaba acostumbrado a alzar la
vista hacia hombres más altos, o a verlo sentado a su lado o frente a él.
Asher
acercó el algodón húmedo a la herida que Jin-hyuk exponía sin defensa alguna.
En cuanto lo tocó, el Alfa frunció el ceño.
“¿Le
duele?”
Asustado,
Asher retiró el algodón de golpe.
“No
es eso. Es que está un poco frío.”
Parecía
que Asher no servía para la medicina; reaccionaba con exceso de sensibilidad
ante algo que era simplemente frío, a pesar de que la herida estaba casi
cerrada y lista para que le quitaran los puntos.
“¿Cuándo
se los quitan?”
Frotó
lentamente la herida con el algodón. Jin-hyuk tamborileó suavemente sobre su
muslo con los dedos. Pareció reflexionar, bajando la mirada un instante antes
de fijarla directamente en Asher.
“Probablemente...
en tres días.”
Parecía
haber tardado un poco en recordar su agenda.
“Me
alegra que esté casi curado.”
La
desinfección terminó pronto. Asher concluyó limpiando con una gasa el exceso de
líquido que se había escurrido por la frente debido a su falta de pericia.
Por
suerte, pudo quedarse en su habitación más tiempo del necesario. Dejó el
algodón usado sobre la mesa, sacó un parche y lo colocó con cuidado sobre la
herida, esforzándose por que quedara derecho.
“Ya
está.”
El
lugar quedó hecho un desastre: algodones empapados, pinzas manchadas de
antiséptico marrón y gasas arrugadas. Era casi vergonzoso. Jin-hyuk se tocó la
frente donde estaba el parche.
“Avíseme
cuando le quiten los puntos.”
Asher
quiso decir que quería acompañarlo al hospital, pero se tragó las palabras. Al
fin y al cabo, era un hombre adulto y él no podría hacer nada allí.
Empezó
a recoger los utensilios de medicina uno a uno. Sin embargo, Jin-hyuk lo detuvo
tirando suavemente de su mano.
A
causa del movimiento, a Asher se le escaparon las pinzas, que cayeron con un
pequeño tintineo metálico, pero al hombre no pareció importarle. Sin apartar la
vista de sus ojos, el Alfa depositó un beso fugaz en sus dedos.
Asher
se quedó petrificado, con la boca entreabierta, mirando al hombre. Jin-hyuk,
como si hubiera previsto su reacción, habló con calma:
“Yo
me encargaré del resto, así que ve a dormir.”
Como
hechizado por sus palabras, Asher se levantó y regresó a su habitación.
Pasada
la una de la madrugada, su cuarto estaba sumido en la oscuridad y su mente se sentía
nublada, como si estuviera ebrio. Para asegurarse de que lo ocurrido no era un
sueño, tuvo que quedarse apoyado contra la puerta durante un largo rato,
sujetando la mano que los labios del hombre habían tocado.
Y
al día siguiente de Año Nuevo, apareció en el salón una mesa lo suficientemente
grande como para estudiar. Estaba ubicada en el lugar donde mejor daba el sol.
El
escritorio instalado en el salón parecía una mancha en una casa perfectamente
decorada. Resultaba tan fuera de lugar como si alguien hubiera volcado un tarro
de agua mientras pintaba una acuarela.
Se
notaba el esfuerzo por encontrar un escritorio que combinara con la decoración
del salón, pero tanto la mesa como la silla encajaban más en un estudio que
allí. Al ver el escritorio de estudio situado de forma incongruente junto a la
mesa de té, Asher sintió una punzada en el pecho.
Su
comentario sobre que prefería estudiar en el salón había tenido esa
consecuencia. Solo era una mentira para poder recibir a Jin-hyuk cuando
llegara.
“Parece
que el Director ha preparado esto para que use el salón”, dijo la empleada
doméstica mientras pelaba dos naranjas y las dejaba sobre el escritorio nuevo,
como si fuera lo más natural del mundo que Jin-hyuk arruinara la estética de su
casa por Asher.
“Eso
parece.”
Como
negarlo resultaba absurdo, Asher se limitó a asentar.
“He
oído que hoy saldrán. ¿Cenarán fuera?”
Asher
pensó que la salida se había cancelado al no haber noticias, pero parecía que
el plan de ir a ver coches seguía en pie. Recordó lo que había desayunado antes
de responder.
“No
estoy seguro.”
Hacía
apenas dos días que había devorado un caldo de algas para luego vomitar todo el
hotteok. Dependiendo de su estado, podía comer carne de ternera o ser
incapaz de tolerar siquiera una manzana ácida.
“Entonces
dejaré comida preparada, solo tendrá que calentarla.”
“Está
bien.”
La
empleada, que observaba la escena con una sonrisa satisfecha, pareció recordar
algo de repente.
“¡Qué
cabeza la mía! Los dejo para que pueda estudiar.”
Se
marchó del salón con una sonrisa, como si estuviera viendo a una pareja de
recién casados bien avenida. A pesar de saber que dormían en habitaciones
separadas, parecía asumir que tenían sus razones.
Al
quedarse solo, Asher acarició la superficie de madera del escritorio. Escuchaba
el ajetreo de la empleada en la cocina. Al reclinarse en la silla, esta se
deslizó un poco hasta detenerse frente al ventanal.
En
el cristal, limpio como un espejo, se reflejaba su rostro. Asher frotó con el
pulgar el dedo donde habían rozado los labios de Jin-hyuk.
A
pesar de haber pasado la noche en vela pensando en cómo darle la cara al día
siguiente, Jin-hyuk lo había tratado como si nada hubiera pasado. Sí, lo que
hizo en su dedo fue demasiado breve para llamarlo beso. Solo el aliento cálido
del hombre rozando su piel le aseguraba que no había sido una alucinación.
¿Habría
sido otro error? Como la vez que se acostaron. Era muy tarde, ambos eran
adultos y, fuera cual fuera la verdad, él era el prometido que llevaba a su
hijo; quizás solo fue un impulso momentáneo.
Incluso
si fuera simple deseo sexual, le bastaría.
Quería
ilusionarse. Tenía tantas ganas de hacerlo que sentía que iba a morir. Incluso
las acciones sin importancia de Jin-hyuk tenían el poder de asfixiarlo o darle
aire.
Incapaz
de probar bocado de las naranjas, Asher se mordisqueó los labios antes de tomar
el teléfono y llamar al Alfa. No tardó mucho en obtener respuesta.
—
¿Ya llegó?
Jin-hyuk
preguntó directamente en lugar de saludar, como si supiera perfectamente por
qué llamaba. Asher desvió la mirada más allá del cristal. El jardín que
Jin-hyuk decía que valía la pena ver estaba lleno de árboles desnudos. Los
brotes y las flores no saldrían hasta marzo. Probablemente, para entonces, ya
se habrían mudado a otro lugar.
Asher
se humedeció los labios antes de hablar.
“Sí.
El escritorio ya está aquí. Pero…”
—
¿No te gusta?
“No
es que no me guste.”
Al
contrario, le gustaba demasiado. El pensamiento de que él estaba sacrificando
algo por su culpa era suficiente para alimentar esperanzas infundadas.
“Es
que está ahí en medio del salón. Podría haber estudiado en la mesa que ya
había. Solo salgo de mi habitación de vez en cuando.”
Se
explicó atropelladamente para que él no lo malinterpretara.
—
La silla que había antes es incómoda. No es para estudiar, te acabaría
doliendo el cuello o la espalda.
Su
voz sonaba como si las preocupaciones de Asher no fueran importantes.
—
No le des vueltas.
“Pero
si vienen visitas…”
—
Asher.
La
voz firme cortó sus pensamientos ante su persistente vacilación.
—
Eso no importa. Las personas que vienen a esta casa se pueden contar con los
dedos de una mano y casi nunca vienen. Ya lo sabes.
Asher
sabía que solo venían Jae-seok o su familia, y que rara vez lo hacían. En
realidad, lo que importaba era la voluntad de Jin-hyuk.
—
Yo también leo en el salón de vez en cuando.
“Sí,
es verdad.”
Asher
asintió rápidamente, como si necesitara confirmar que aquello no era
exclusivamente por él.
—
Así podremos estudiar juntos.
Jin-hyuk
era un hombre ocupado, así que difícilmente pasarían mucho tiempo codo con
codo. Sin embargo, Asher sabía que cumpliría su palabra al menos una vez.
—
Por cierto…
El
hombre, que lo había convencido con ligereza, alargó el final de la frase.
—
¿No tienes nada más que decirme aparte de que está "bien"?
“¡Ah!”
Asher
soltó un pequeño grito al darse cuenta y escuchó la risa de Jin-hyuk al otro
lado de la línea. El sonido hizo que su rostro se encendiera. Con retraso, dijo
las palabras que debía:
“Muchas
gracias.”
—
…
“Me
gusta mucho, de verdad. La altura del escritorio y la silla son muy cómodas...
y se ve muy bien el jardín.”
—
Te agradecería que me lo dijeras también cuando nos veamos en persona.
“Sí,
sí. Por supuesto.”
Con
el rostro ardiendo, Asher se acarició las mejillas repetidamente. Menos mal que
Jin-hyuk no estaba allí para verlo.
—
Iremos a ver los coches en un rato, así que descansa y ve eligiendo cuál
quieres.
Tras
colgar, Asher observó el jardín con más detalle. A diferencia de antes, algo
captó su atención. Había sido un error pensar que todo estaba inerte y desnudo.
En una rama de roble, había un muérdago. Tenía hojas verdes.
Aunque
él le dijo que eligiera un coche mientras descansaba, para Asher era una tarea
titánica. No era un coche de juguete. Incluso el más barato costaba más que la
fianza de su antigua habitación de alquiler.
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Si
al menos supiera de coches, habría sido más fácil; podría haber fingido
desinterés y pedirle uno que le gustara. Pero como no tenía ni idea, incluso
saber qué modelo era bueno resultó ser un obstáculo, por lo que pasó el tiempo
buscando en internet "coches para principiantes".
Finalmente,
su dilema terminó cuando recordó una marca que había oído mencionar mientras
trabajaba en Nantes. Era un sedán nacional de gama bastante alta. Se esforzó
por encontrar algo que no pareciera excesivamente barato a ojos de Jin-hyuk,
pero que tampoco fuera escandalosamente caro. Aunque, por supuesto, cualquier
coche era algo que él jamás habría podido permitirse en circunstancias
normales.
Probablemente,
durante un tiempo, el vehículo solo ocuparía un espacio en el garaje más como
un coche de Jin-hyuk que como suyo. Al menos, hasta que sacara la licencia,
podría rogarle que lo llevara en su propio coche.
Cuando
terminó de prepararse y bajó al garaje, localizó enseguida el coche con el
motor encendido. Se acercó casi corriendo por la emoción.
“¿Ya
está aquí?”
“No
corras.”
Cuando
Asher abrió rápidamente la puerta del copiloto, él lo detuvo con severidad.
“Ah,
sí.”
Respondió
tenso, pero el Alfa añadió con voz más suave:
“El
suelo está resbaladizo. No quiero que te caigas por correr.”
Era
invierno y el suelo estaba algo helado, lo que parecía preocuparle. Aunque
Asher sabía que el garaje de una villa de lujo estaba bien mantenido y no era
para tanto, no le llevó la contraria. Simplemente prometió con docilidad:
“No
lo haré.”
Jin-hyuk
sonrió ante su respuesta. El hombre que lo había mantenido dando vueltas en la
cama toda la noche parecía hoy completamente inocente. Aun así, Asher no tenía
el valor para preguntarle qué significaba el beso en el dedo de la noche
anterior. Simplemente fingiría, al igual que él, que nada había sucedido.
“Ya
le han quitado los puntos.”
Algo
había cambiado: en lugar de la venda, Jin-hyuk llevaba unas tiras de Steri-Strip
en la frente. Estaban medio ocultas por su cabello y, al ser del mismo tono que
su piel, Asher tardó un poco en darse cuenta.
“Ah.”
El
hombre se tocó cerca de la cinta de la herida.
“La
cita en el hospital era hoy.”
“Incluso
usted se equivoca a veces, Director.”
Asher
pensaba que faltaban dos días, pero parece que le habían quitado los puntos antes
de lo previsto. Seguramente era su secretario quien gestionaba su agenda, por
lo que era difícil que él recordara cada detalle.
“Eso
parece”, respondió Jin-hyuk con una sonrisa leve. “Por cierto, ¿qué te parece
el escritorio ahora que lo has probado?”
“Lo
verá cuando subamos, pero vengo de estudiar allí mismo. Es fantástico.”
Asher
había pasado el tiempo eligiendo el coche y estudiando hasta que la empleada le
avisó de la hora. Había salido con tanta prisa que su escritorio debía de estar
hecho un caos, como si fuera el cuarto de un estudiante preparándose para unas
oposiciones importantes.
“Me
alegra oírlo.”
“Gracias
de verdad.”
Tal
como prometió por teléfono, Asher no dejó de darle las gracias. Lo hizo tantas
veces que Jin-hyuk, con las mejillas ligeramente sonrosadas, le pidió que
parara.
“No
es necesario llegar a tanto.”
Con
un gesto de cierta timidez, el hombre le acarició el cabello. Ante ese toque
fugaz, Asher cerró la boca de golpe, como si alguien hubiera apagado su
interruptor.
Cuando
el coche se incorporó a la carretera principal, Jin-hyuk preguntó como si lo
acabara de recordar:
“¿Tienes
náuseas?”
“Hoy
estoy bien. Creo que lo del otro día fue por comer demasiado.”
“Si
sientes cualquier molestia, dímelo de inmediato.”
El
lugar al que se dirigieron le resultó extrañamente familiar. No parecía un
concesionario de coches. Era un edificio en el que ya habían estado juntos.
Aunque pensó que pasarían de largo, el destino era claramente ese.
Asher
miró a Jin-hyuk, desconcertado, y este le devolvió una sonrisa ambigua.
“Te
compraré el coche, pero primero pasemos por el hospital.”
No
era muy distinto a cuando engañan a un niño diciendo que van a por helado para
terminar en el dentista. Asher se sentía absurdo: lo habían traído al hospital
con la excusa de comprar un coche. No sabía ni por dónde empezar a protestar.
No necesitaba el coche, y tampoco necesitaba excusas para ir al médico.
“Tus
náuseas son muy fuertes, pensé que sería mejor que te revisaran”, añadió él,
casi como una disculpa.
Mientras
Asher pasaba la noche pensando en el beso en el dedo, Jin-hyuk había estado
planeando cómo convencerlo para traerlo aquí.
“Además,
dijiste que tenías que volver para un control regular.”
“Es
cierto”, asintió Asher lentamente. No se lo había dicho a Jin-hyuk, pero la
última vez que salió de esa consulta, no tenía certezas. No había decidido qué
hacer con el ‘problema’ que crecía en su vientre. Si Jin-hyuk le hubiera dado
la espalda, solo habría tenido una opción.
Pero
allí estaba de nuevo, no como un chico asustado con un embarazo accidental y un
tutor indiferente, sino como parte de una pareja comprometida. El entusiasmo
que sentía por pasar tiempo con él se desvaneció un poco, sustituido por el
miedo a lo que el doctor pensaría de este cambio de roles. Aun así, sabía que
esta vez sería menos humillante.
“Director
Seo, nos volvemos a ver.”
El
médico, como de costumbre, se esforzó más en saludar a Jin-hyuk que a su propio
paciente. Parecía genuinamente sorprendido de verlos de nuevo.
“Hola.
Cuento con usted hoy también.”
“Por
supuesto. ¿Asher?”
“Hola.”
Asher
se quejó internamente pensando que lo trataban como a un niño, pero quizás no
se equivocaba. Estaba tan tenso como frente a un dentista. Realmente necesitaba
que lo sobornaran con coches o comida para estar allí.
El
médico le indicó amablemente que se sentara. Esta vez, la posición de Jin-hyuk
había cambiado. En lugar de sentarse a una distancia prudencial como un
espectador, se sentó justo al lado de la silla de examen. El médico los observó
con curiosidad. Aunque Jin-hyuk se presentaba como su tutor, Asher era un
adulto; resultaba extraño que lo acompañara de forma tan cercana si no eran
parientes.
“Nos
vamos a casar pronto.”
Jin-hyuk
reveló su relación con una facilidad pasmosa. Ante esa declaración, el médico
cambió su semblante a uno de felicitación inmediata, como si siempre hubiera
sabido que eran prometidos. Era un profesional; no iba a cuestionar los
detalles privados de un cliente VIP.
“Felicidades
por su matrimonio, Director.”
“Gracias”,
respondió Jin-hyuk con una sonrisa de manual.
“Supongo
que la boda será pronto.”
“Ese
es el plan.”
Asher
escuchaba los planes de boda como si hablaran de otra persona. No sabía nada de
esas fechas.
“Bien,
¿empezamos con el examen?”
A
diferencia de la última vez, donde solo confirmaron la existencia del bebé,
ahora realizaron varias pruebas, incluyendo análisis de sangre. El médico llamó
a Jin-hyuk a la sala de ecografías. Asher estaba rígido en la camilla cuando
una mano grande tomó la suya.
“¿Qué
debemos hacer?”, preguntó Jin-hyuk mientras escuchaba las explicaciones del
doctor sin soltar a Asher.
En
la nueva ecografía, lo que antes parecía un insecto ahora se asemejaba más a
una pequeña criatura. Había progresado. Asher pensó que ese ‘estorbo’ realmente
estaba creciendo. Le resultaba asombroso, pero también aterrador y algo
repelente. No obstante, guardó sus pensamientos para sí mismo.
A
diferencia de Asher, que miraba la pantalla de reojo como si viera una película
de terror, Jin-hyuk observaba cada detalle con atención. Parecía un prometido
de verdad.
“¿Le
gustaría escuchar el latido del corazón? El padre también debería comprobarlo.”
El
médico no mencionó la vez anterior en que Asher se negó a escucharlo;
simplemente invitó a Jin-hyuk a hacerlo.
“De
acuerdo.”
Él
aceptó sin dudar. Mientras Jin-hyuk escuchaba el latido, Asher clavó la vista
en la pared. No sabía qué estaría pensando el hombre. Quizás se sentía incómodo
escuchando el corazón de alguien que ni siquiera estaba seguro de que fuera
suyo. Mientras tanto, Asher no tuvo más remedio que apretar la mano de Jin-hyuk
con fuerza; era su único punto de apoyo.
Al
salir de la sala de ecografías, Asher estaba exhausto. Solo había estado
tumbado, pero sentía que se le habían agotado las energías. Cuando flaqueó un
poco, Jin-hyuk lo sostuvo. Asher intentó soltarse por reflejo, pero el brazo
del hombre lo sujetó con firmeza y suavidad.
Solo
se soltó al entrar de nuevo en el despacho, sintiendo la mirada del médico. No
es que fuera a desmayarse, solo estaba cansado. El doctor puso la ecografía en
la pantalla.
“Los
resultados de los análisis estarán para la próxima visita. Tendremos que hacer
más pruebas entonces, así que es vital que vengan.”
“Entendido.”
Jin-hyuk
agendó la próxima cita. Aunque el médico miraba a Asher, la mayoría de las
preguntas iban dirigidas al Alfa. Asher abrió y cerró la mano, aún sintiendo el
calor de cuando Jin-hyuk lo sostuvo.
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“Como
ya saben, el embarazo en Omegas masculinos es difícil. Han tenido mucha
suerte.”
¿Suerte?
Asher pensó en la ironía de esa palabra. Si fueran una pareja enamorada que
buscara un hijo, estarían saltando de alegría por haber superado un diagnóstico
de infertilidad. Pero ellos no eran eso. Habían desafiado las probabilidades en
una sola noche. Era un problema para ambos.
Ninguno
de los dos reaccionó con felicidad. Asher intentaba no mostrar su ansiedad y
Jin-hyuk escuchaba con su habitual rostro inexpresivo. El médico continuó con
las advertencias:
“El
bebé crece bien, pero el riesgo de aborto espontáneo existe. La placenta en los
Omegas masculinos suele ser inestable, por lo que los abortos naturales son más
frecuentes que en otros géneros. Deben tener mucho cuidado.”
El
rostro de Jin-hyuk se volvió serio de repente. Asher ya conocía esto; se lo
habían repetido hasta el cansancio desde que presentó sus características de
Omega en el orfanato. Algunos decían que, al ser huérfanos y pobres, era una
bendición no poder formar una familia fácilmente.
“¿Influyen
las náuseas en esto?”
Jin-hyuk
se acarició la barbilla, frunciendo el ceño. Algo no le gustaba, aunque aún no
parecía fastidiado. El médico le preguntó si había algún síntoma preocupante, y
Jin-hyuk respondió por Asher:
“Sus
náuseas son severas. Apenas puede comer. Me preocupa que pierda peso y eso
afecte al bebé.”
“¿Cuántos
kilos ha perdido?”
Jin-hyuk
se cruzó de brazos. “Creo que unos tres kilos. ¿Es correcto?”
“Ah,
sí.”
Era
la cifra exacta. Asher no sabía cómo lo había descubierto.
“Mmm...”
El médico señaló la ecografía. “Por ahora el bebé está bien. Ha crecido según
las semanas previstas, mide unos dos centímetros y el corazón late con
normalidad. Si están muy preocupados, puedo recomendarles suplementos
nutricionales.”
Por
primera vez, el hombre mostró una expresión de desconcierto frente al doctor.
“No...
no me refería al bebé...”
“Aha...”
El
médico soltó una exclamación de sorpresa y a Asher se le encendió la cara.
Jin-hyuk solía referirse a él como ‘el niño’ o ‘el bebé’ de forma inconsciente,
pero para un extraño, eso podía sonar muy confuso, especialmente siendo Asher
un hombre adulto y su prometido.
“Hablando
en términos generales, si usted no puede comer, su salud se resentirá, por
supuesto.”
Asher
se sentía como un extraño en su propia conversación.
“¿Qué
piensa usted?” le preguntó el médico de repente.
“¿Eh?”
“Dice
que pierde peso por las náuseas.”
“Es...
es difícil”,
balbuceó Asher.
“A
veces puedo comer bien, pero de repente me pongo mal y lo devuelvo todo.”
El
médico suspiró, pensativo, tras escuchar sus palabras.
“Mmm...
las náuseas son algo que, en realidad, no tienen una solución mágica. Solo
puedo decirle una cosa: aunque no tenga ganas, debe esforzarse por comer. Por
el bebé, sí, pero sobre todo por usted mismo, Asher. Y en cuanto al Director,
asegúrese de que su prometido no sufra estrés. No digo que lo deje postrado en
una cama, sino que mantenga una vida cotidiana normal sin añadirle presiones
externas. Ah, y realicen muchos intercambios de feromonas.”
“¿Es
estrictamente necesario?”
Jin-hyuk
preguntó de vuelta ante la mención del intercambio de feromonas.
Su
tono era tranquilo, pero para Asher fue imposible ignorar la incomodidad que se
escondía detrás. Jin-hyuk era un hombre que se esforzaba meticulosamente por no
dejar escapar ni una pizca de sus feromonas frente a él, casi como si tuviera
una obsesión por la limpieza emocional. Salvo en momentos en que Asher estaba
demasiado alterado y él las usaba para calmarlo, sentir sus feromonas era algo
prácticamente inalcanzable.
Asher
encogió el cuello como una tortuga, deseando poder desaparecer, aunque fuera un
poco, del campo de visión de Jin-hyuk.
El
médico, ajeno a esa dinámica, respondió con naturalidad:
“Es
mejor que no hacerlo, ¿no cree? No hace falta que sea algo forzado; simplemente
duerman juntos y hagan vida normal. Se lo digo porque usted, Director, suele
ser muy reservado con sus feromonas. El Alfa también necesita relajarse;
entiendo que el embarazo lo ponga a uno sensible, pero si el Alfa no se relaja,
el Omega sentirá más estrés.”
De
pronto, el médico miró a ambos y preguntó:
“Ah,
por cierto, ¿viven juntos, verdad?”
“...Sí.”
Jin-hyuk
respondió tras una breve pausa. Al ser un hombre responsable, cumpliría con el
consejo del médico a pesar de su incomodidad y dedicaría tiempo al intercambio
de feromonas. Después de todo, incluso había llegado a marcarlo cuando fue
necesario.
“Bien,
perfecto.”
El
médico seleccionó unos medicamentos en su ordenador.
“Existe
la posibilidad de que esto no funcione del todo, pero es mejor que nada.
Pruébelos y, si no mejora, buscaremos otra opción.”
“Entendido.”
La
consulta finalmente terminó. Asher se levantó y recogió su chaqueta. Cuando el
médico se disponía a despedirlos, pareció recordar algo importante.
“Ah,
y dentro de unas dos semanas, es recomendable que mantengan relaciones
sexuales. Algunos lo evitan por el embarazo, pero es la forma más segura de
garantizar que el 'Rut' no se presente de forma agresiva.”
Asher
miró instintivamente a Jin-hyuk. Pudo ver cómo se tensaba el músculo de su
mandíbula. Sin embargo, el hombre mantuvo la compostura y sonrió levemente.
“Gracias.”
“De
nada. Los espero en la próxima revisión. Hasta pronto, Asher.”
Las
palabras del médico dejaron el ambiente entre ellos gélido. El intercambio de
feromonas era algo que ya hacían de vez en cuando, así que era tolerable, pero
el sexo era otra historia. Jin-hyuk prefería tratar el hecho de que se habían
acostado como algo que nunca sucedió, como si el bebé hubiera caído del cielo
por arte de magia.
El
corazón de Asher latía con fuerza. No sabía cómo reaccionaría el Alfa. Aunque
casarse implicaba compartir la cama, hablar de "dos semanas" lo
sentía demasiado cerca. No es que el médico hubiera dicho que debían hacerlo ya
mismo, pero la cifra concreta fue un impacto tremendo.
Incluso
después de salir del hospital, Jin-hyuk no dijo nada. Asher estaba en ascuas;
en su relación, él no tenía poder de decisión, solo podía esperar a que el
hombre dictara sentencia.
“No
tienes que preocuparte.”
El
hombre, que había guardado silencio hasta recoger los medicamentos, habló en
cuanto subieron al coche.
“¿Eh?”
Jin-hyuk
se humedeció los labios con la lengua, como si tuviera la boca seca.
“Como
aquella vez...”
Se
escuchó un leve suspiro entrecortado.
“Me
refiero a que no volverá a ocurrir algo como lo del 'Rut'.”
Parecía
haber estado rumiando las palabras del médico todo el tiempo. Su rostro estaba
rígido, cargado de una tensión evidente. Asher no sabía si se refería a que no
sería violento como aquella noche o a que, simplemente, no pensaba acostarse
con él, pero la duda se despejó pronto.
“Normalmente
suelo pasar mis periodos de 'Rut' solo.”
“...”
“Esa
era mi intención la última vez también.”
Él
sonrió, recuperando esa expresión de hombre inofensivo.
“Así
que no hay de qué preocuparse.”
Jin-hyuk
intentaba consolarlo, pero Asher sentía que quien necesitaba consuelo era el
propio Alfa. Decir que no había de qué preocuparse mientras ponía una cara de
querer salir corriendo de allí era contradictorio. Los periodos de celo de los
Alfas suelen ocurrir una vez al año; al próximo le faltaban unos diez meses.
Básicamente,
le estaba diciendo a su futuro esposo que planeaba aguantar el celo a solas y
que no tenía intención de acostarse con él durante casi un año. Podría ser una
decisión circunstancial, pero declararlo de antemano era distinto. Aunque él
dijera que solía pasarlo solo, a Asher le costaba entenderlo.
¿Se
daría cuenta Jin-hyuk de cómo sonaban esas palabras para él?
Asher
intentó sacudirse los malos presagios. No quería ser pesimista; aún no había
hecho nada para ganarse la confianza total del Alfa y sabía de sobra que
Jin-hyuk lo veía como a un niño, no como a una pareja romántica.
Aunque
fuera un matrimonio basado en la responsabilidad y en los traumas del hombre,
Asher quería creer que existía un poco de afecto entre ellos. Al fin y al cabo,
lo que él hacía por Asher no podía nacer solo de la lástima. Recordó el breve
beso en su dedo. Con eso, por ahora, era suficiente. No quería causarle más
problemas.
“Sí,
entiendo.”
Asher
manoseó su libreta, donde estaba guardada la nueva ecografía. La enfermera le
había dicho que serviría para anotar el peso y el ritmo cardíaco en cada
visita. El espacio para el nombre del bebé seguía vacío.
“Como
todo ha sido tan repentino...”
Asher
dejó la frase en el aire, observando a Jin-hyuk. Pensó que había dado la
respuesta que el Alfa quería oír, pero la expresión del hombre no terminó de
relajarse. Sus dedos tamborileaban con cierta ansiedad sobre el volante.
“Cierto.”
Aunque
intentó disimularlo, Asher detectó una ligera irritación en esa única palabra.
Parecía que incluso Jin-hyuk no entendía por qué sus nervios estaban tan a flor
de piel. Pensando que quizás le molestaba tener que intercambiar feromonas,
Asher añadió rápidamente:
“No
hace falta que hagamos lo del intercambio de feromonas si no quiere. No es
obligatorio y ya tengo las pastillas para las náuseas.”
Después
de todo, el médico solo dijo que podría ayudar, no que fuera una cura
definitiva. Si fuera tan fácil, casi ningún Omega tendría náuseas, ya que bastaría
con contratar a un Alfa para intercambiar feromonas periódicamente. Jin-hyuk lo
haría si se lo pidiera, pero eso no cambiaba el hecho de que no le entusiasmaba
la idea. Asher no quería ser una molestia, como un mosquito pesado; quería que
Jin-hyuk lo quisiera.
El
hombre le dirigió una mirada ambigua, como si intentara descifrar si hablaba en
serio. Tras observarlo un momento, dijo algo inesperado:
“Sería
mejor que lo reconsideraras. Dices que estás mejor, pero sigues sin poder
comer. Tú mismo se lo dijiste al doctor.”
“Bueno,
sí, pero...”
Asher
balbuceó, sorprendido. Esperaba que Jin-hyuk aceptara su negativa con alivio,
pero estaba haciendo todo lo contrario.
“Si
le resulta molesto, puedo pedírselo a otra persona...”
“¿A
quién?”
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Una
voz gélida se clavó en sus oídos. Una oleada de desagrado reprimido estalló y
lo golpeó. Asher se quedó petrificado ante la agresividad de la pregunta. La
temperatura en el coche pareció bajar bajo cero en un instante.
Jin-hyuk
se mordió el labio con fuerza, dándose cuenta de su reacción exagerada.
“Lo
siento. No pretendía enfadarme contigo, Asher.”
“No...
no pasa nada.”
Las
manos del Alfa apretaban el volante con tal fuerza que sus nudillos estaban
blancos. Las venas azules resaltaban en su piel pálida.
“Sé
que no lo hizo a propósito.”
Jin-hyuk
podía ser cínico, pero no violento. Asher confiaba en que, incluso si fuera un
hombre rudo, no le haría daño. Excepto por aquella noche... Intentó borrar de
su mente el recuerdo de las manos que lo inmovilizaban. Pero aquello fue un
error, Jin-hyuk no estaba en sus cabales. Y él ya había prometido que no
volvería a pasar.
A
pesar de sus palabras, Jin-hyuk siguió disculpándose y observando su reacción.
Al ver que solo había sido un susto momentáneo, suspiró y habló con lentitud:
“Supongo
que me preocupé de que pudieras encontrarte con alguien extraño.”
Parecía
que Jin-hyuk le había puesto la etiqueta de "persona extraña" a Kang
Woo-seok. Para él, Woo-seok debía de ser un Alfa irresponsable al que no le
importaba si el Omega con el que pasó un celo estaba embarazado o no.
Asher
intentó no sonrojarse de vergüenza. Le daba pena Woo-seok por la imagen que le
había dado, y le daba pena de sí mismo por parecer un niño inmaduro que se
acostaba con "ese tipo de Alfas". Para alguien tan mayor como
Jin-hyuk, aquello debía de ser patético. Si siempre actuaba como su tutor, era
lógico que saltara así al mencionar a otro Alfa.
“¿Conoces
a algún Alfa de confianza?” preguntó él, con un tono mucho más cauteloso,
temiendo sonar inquisitivo.
“No,
no es eso. Pensaba que podría contratar a alguno de los chicos que conocí
trabajando, como un empleo a tiempo parcial.”
La
mayoría eran unos gamberros y no mantenía el contacto, pero había un par con la
cabeza lo suficientemente amueblada. Podría buscar en sus contactos o pedirle a
Moon Seung-won que buscara a alguien. Seung-won no le recomendaría a un idiota
que propusiera tríos para algo así.
Había
sugerido eso para buscar un punto medio, pero solo pareció darle más
preocupaciones a Jin-hyuk.
“No
hace falta que llames a nadie más. Yo lo haré.”
“Pero si usted no quiere hacerlo...”, pensó Asher, tragándose las palabras como si
fueran un chicle pegajoso.
Interpretando
su expresión sombría a su manera, Jin-hyuk intentó calmarlo, actuando como si
la incomodidad frente al médico nunca hubiera existido. Ahora parecía que el
que ponía pegas al intercambio de feromonas era Asher.
“Aguanta
aunque te resulte incómodo. Ahora estás bien, pero si sigues perdiendo peso
será difícil de soportar. Tenemos que intentar todo lo que podamos. Y
además...”
Hizo
una pausa antes de continuar.
“Sería
extraño que, estando comprometidos, dejaras esa tarea en manos de otro Alfa.”
Asher
se dio cuenta de que no había pensado en cómo se vería aquello desde fuera.
“No
me resulta incómodo. Me gusta que sea usted quien lo haga.”
Recalcó
que no buscaba a otro Alfa por incomodidad con él. En realidad, para Asher,
pasar tiempo con Jin-hyuk era un regalo; el que salía perdiendo siempre era el
Alfa.
“Entonces
está decidido.”
El
hombre zanjó el asunto y cambió de tema.
“¿Decidiste
qué coche quieres?”
“Sí,
elegí uno antes.”
Cuando
le dijo el modelo, Jin-hyuk comentó que no estaba mal para un principiante,
basándose puramente en sus estándares.
“Has
elegido bien. Vamos, entonces.”
Su
voz volvió a ser suave. Ya estaban aparcados en el concesionario. Asher bajó
del coche tras él. Al cerrar la puerta y levantar la vista, el Alfa, que ya
estaba al otro lado, lo miró fijamente a los ojos.
“Y
borra los números de esa gente extraña de tu agenda.”
Asher
no supo ni cómo compró el coche. Jin-hyuk decidió los extras y el diseño
interior mientras él se limitaba a asentir. Cuando se quiso dar cuenta, el pago
ya estaba hecho. El vendedor le devolvió la tarjeta a Jin-hyuk y este la guardó
en su cartera.
“El
coche llegará en dos semanas. ¿Te parece bien?”
“Sí,
no tengo prisa. De todas formas, aún no tengo el carné.”
Asher
tomó aire y soltó lo que tenía preparado:
“Muchas
gracias por el coche. Practicaré mucho para conducir bien.”
Asher
se sentía tan abrumado por todo lo que recibía que incluso le resultaba
vergonzoso seguir expresando su gratitud. Primero el escritorio de hoy y ahora
el coche. Aunque era consciente de que Jin-hyuk lo había presionado para
aceptarlo, sabía perfectamente que nadie, por muy rico que fuera, regalaba
cosas así a la ligera. Mucho menos a una pareja de matrimonio forzado que no le
resultaba agradable. Lo único que podía ofrecerle era su agradecimiento, así
que debía esforzarse al menos en eso.
Ante
su promesa de gratitud, casi como si fuera un juramento, el hombre dejó escapar
una risa leve.
“Está
bien. Entonces, más adelante, tendrá que llevarme a dar un paseo.”
“Sí,
por supuesto.”
Al
ver a Jin-hyuk sonreír, Asher soltó un suspiro contenido y sintió un alivio en
el pecho. Al menos no parecía estar de mal humor.
Aunque
fingía que no, Asher seguía dándole vueltas a lo ocurrido en el hospital. Desde
la expresión de Jin-hyuk al escuchar el latido del corazón del feto hasta su
declaración de que no pensaba tener relaciones sexuales por un tiempo después
de la boda. Como no podía leer su mente, no sabía qué pensaba exactamente, pero
Asher intuía que nada de eso eran señales positivas.
Estar
pendiente de cada cambio de humor de Jin-hyuk hacía que le doliera el corazón.
Por la tarde, la idea de salir con él lo emocionaba tanto que sentía náuseas,
pero ahora se sentía como si caminara sobre un lago congelado con zapatillas de
lona de verano. Dar un paso era difícil; resbalar era demasiado fácil.
Quería
acercarse a él de forma natural, pero no era sencillo. Al ser un matrimonio
obligado por el embarazo, quería causarle la mejor impresión posible, pero
siempre que estaba frente a él, terminaba hecho un desastre. Asher pensó que,
tras haber pasado por tantos trabajos temporales adaptándose al humor de los
demás, sería un experto, pero no entendía por qué se ponía tan torpe.
Pensándolo
bien, creía haber entrado en pánico desde el momento en que Jin-hyuk escuchó el
latido del bebé. Si el Alfa mostraba interés, temía que le resultara una carga;
si no lo mostraba, sentía resentimiento. Llegó a pensar que habría sido mejor
no verse hasta que el niño naciera y pudiera hacerse la prueba de paternidad.
El
amor no tenía un sabor dulce y denso como un postre azucarado; sabía a caramelo
ácido, de esos que te hacen fruncir el ceño por lo agrio y lo salado.
“Vamos
a comer algo. ¿Has comido algo hoy?”.
“Más
o menos.”
“¿Qué
has comido?”
Jin-hyuk
tomó la mano de Asher y la metió dentro del bolsillo de su abrigo. El joven
abrió mucho los ojos y lo miró hacia arriba, a lo que el Alfa respondió
arqueando una ceja como preguntando qué pasaba.
Su
calor corporal presionó los dedos de Asher, que estaban congelados por el frío.
Desde que quedó embarazado, su circulación no iba bien y sus extremidades se
enfriaban con facilidad. Seguramente el Alfa notó que sus manos estaban heladas
y que no paraba de frotarlas, por eso tiró de él.
Ante
su movimiento fluido, Asher encogió el cuello por instinto, como una mimosa.
Hace dos días, con el malestar estomacal, no le importaba si le masajeaba las
manos, pero ahora su pecho vibraba como el marco de una ventana sacudido por el
viento. Seguramente lo hacía por lástima, al ser un hombre compasivo, pero
Asher no podía evitar darle un significado a cada gesto.
“En
el desayuno comí arroz con agua, y en el almuerzo un sándwich de huevo y una
naranja.”
Recitó
su menú del día como si estuviera bajo interrogatorio mientras el hombre le
masajeaba la mano. Al menos hoy había comido bastante bien. Normalmente, aunque
tenía hambre, la comida no le pasaba y eso le generaba mucho estrés.
El
no tener antojos específicos lo agotaba mentalmente. A pesar de que sabía
cocinar, nunca había sido exigente con los sabores y solía comer solo para
llenar el estómago, así que esta nueva sensibilidad le resultaba extraña.
Estaba tan harto de las horas de comer que incluso deseaba poder ayunar.
Siempre fue alguien de carácter tranquilo, pero viéndolo bien, sus cambios de
humor se habían vuelto extremos. Todo era por no poder alimentarse
correctamente.
“Mmm.”
Él
tamborileó con la punta de sus dedos contra la palma de Asher. Era un hábito
que tenía cuando reflexionaba. Por desgracia, esta vez lo que sostenía era la
mano del joven.
“He
reservado en un restaurante, ¿quieres ir?”
“Puedo
ir, pero...”
No
sabía si podría comer. Viendo lo que almorzó, parecía que estaría bien.
Jin-hyuk le había preguntado qué comió solo para calcular si Asher podría cenar
fuera.
“¿Y
si no puedo comer nada al llegar?”
“Pues
volvemos a casa.”
Él
ofreció la solución con una sencillez que hizo que las preocupaciones de Asher
parecieran banales.
“No
te agobies. Si te sientes mal, no tienes por qué quedarte allí sentado aguantando.
No he reservado para presionarte a comer. Solo quiero que salgamos a cenar
después de tanto tiempo para que cambies de aire.”
Pensándolo
bien, la última vez que salieron a comer fue hacia el otoño del año pasado.
Después del cumpleaños de Jin-hyuk apenas se vieron, y tras buscarlo para
decirle que estaba embarazado, Asher se la pasó encerrado en casa sufriendo por
las náuseas.
Como
él decía, no debía pensar que era una obligación comer; solo iría a ver qué
tal. Si por suerte se le abría el apetito, sería una victoria.
“¿Cuánto
se tarda en llegar al restaurante?”
“Está
cerca. A unas dos manzanas.”
“¿Podemos
ir caminando? Para hacer algo de ejercicio.”
Hacía
frío, pero Asher deseaba caminar a su lado. Al ser una distancia corta, supuso
que aceptaría. Tras dudar un instante, el hombre asintió lentamente.
“Está
bien.”
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Jin-hyuk
sacó las llaves del coche de su bolsillo.
“Pero
traeré calentadores de manos.”
Qué
pena. Fue lo primero que pensó Asher cuando el hombre soltó su mano. Sabía que
un calentador en el bolsillo calentaba más que su mano, pero aun así, prefería
caminar de su mano que simplemente estar cerca de él. El deseo es imparable.
Al
volver del coche, Jin-hyuk le pegó cuidadosamente los parches térmicos por
dentro de la ropa. Metió uno de los dos calentadores restantes en el bolsillo
de Asher, se quedó con el otro y le tendió la mano. Asher lo miró embobado y,
cuando intentó devolverle el calentador que acababa de darle, el Alfa soltó una
carcajada.
“Eso
no. La mano.”
Agitó
su mano suavemente, como si llamara a un cachorro.
“Vamos.”
Asher
se apresuró a sujetar su mano. Su agarre firme los guio hasta el bolsillo del
abrigo. El calor del parche térmico allí dentro era intenso. Al salir, el aire
gélido golpeó su rostro y Asher usó la mano que tenía libre para ajustarse la
bufanda.
Solo
esperaba que no se notara lo mucho que le gustaba estar así.
“¿Qué
tal está?”.
“No
siento nada raro, está delicioso.”
El
hecho de que Asher ya se lo hubiera terminado significaba que todo iba bien,
pero Jin-hyuk no dejó de observar su reacción hasta el final. Solo cuando el
joven hizo el gesto de rebañar el plato, el hombre alzó los palillos con
satisfacción.
“Me
acordé de lo bien que comiste el caldo de almejas. Pensé que aquí preparaban el
marisco de forma muy limpia, me alegra haber acertado.”
Parecía
que lo había avisado de antemano, porque a diferencia de lo que comía Jin-hyuk,
las vieiras de Asher estaban completamente cocinadas. Al ser marisco, temía que
el olor a pescado lo revolviera, pero no fue así en absoluto. Parece que a
Asher realmente le gustaba el marisco.
“Es
verdad. Creo que me encanta el marisco.”
Apenas
terminó la frase, sintió un hambre repentina. Saboreando cada bocado, devoró el
fletán y el jurel que servían a continuación.
El
plato principal fue distinto. En lugar de ternera o cordero, le trajeron
cangrejo de río al vapor con camarones y abulón, acompañado de arroz en hoja de
loto. Cuando terminó de limpiar el plato, Asher recordó que a Jin-hyuk no le
gustaba el marisco. Qué egoísta fue, solo se acordó de los demás cuando tuvo la
barriga llena.
Lo
miró preocupado, pero él estaba terminando su plato con discreción. No sabía
qué pensaría el Alfa de su mirada, pero le dijo sonriendo:
“Volvamos
otro día. Si quieres venir solo a almorzar, dímelo y avisaré para que solo
tengas que llamar y venir.”
“Sí,
gracias.”
Asher
bajó la cabeza y jugueteó con el plato vacío para ocultar sus mejillas rojas.
Definitivamente, Jin-hyuk era el malo aquí. ¿Quién trata tan bien a alguien que
no le gusta, solo por lástima? Tan breve como era la felicidad, la melancolía
era larga y espesa como una sombra.
Jin-hyuk
le preguntó si quería pedir más cangrejo, pero Asher estaba satisfecho y lo
rechazó.
“Como
ya sabrás, Asher, ahora debemos empezar con los preparativos de la boda.”
Habló
cuando estaban terminando la cena. Era de esperar, pero aun así a Asher se le
secó la boca.
“Ya
me he puesto en contacto con una organizadora de bodas y he seleccionado
algunos salones para que los veas luego. También el abogado está trabajando en
el contrato prenupcial.”
“Entendido.”
Mientras
Asher estudiaba en casa, Jin-hyuk había avanzado mucho. De todos modos, Asher
no habría servido de mucha ayuda en esos trámites. No tenía padres que le
explicaran el proceso, ni conocía a nadie cercano que hubiera tenido una boda
formal.
En
momentos así es cuando las palabras de Jin-hyuk sobre que era "demasiado
joven" le dolían de verdad. No era alguien en quien el hombre pudiera
apoyarse, sino más bien un niño al que tenía que cuidar. Por eso, al menos
quería hacer bien lo que se le encargara y escuchó la explicación con atención.
Al terminar, el hombre hizo una pausa. Asher supo exactamente qué estaba
dudando decir.
“Y...
creo que pronto deberías conocer a mis padres.”
Asher
logró mantener la calma. Ya lo había ensayado en su cabeza. Respiró hondo e
intentó calmar su corazón.
“¿Cuándo?”
“Tengo
planeado que vayamos a verlos el próximo viernes.”
“Está
bien. Lo recordaré.” Asher tenía miedo, pero no podía evitarlo. “¿Debería
preparar algún regalo?”
“No
te preocupes por eso. Yo me encargaré.” aseguró el hombre. “El tema del
matrimonio ya está hablado, solo vamos para que nos vean la cara. Además, no
estás en condiciones de quedarte allí a cenar.”
Jin-hyuk
lo tranquilizó diciendo que su casa no era un lugar donde uno fuera a morir.
Aun así, pensar en el ambiente gélido que le esperaba hacía que Asher se
sintiera mal.
Bzzz bzzz. El teléfono de Jin-hyuk vibró de nuevo. Era una llamada que no
había dejado de sonar durante toda la noche.
A
pesar de que Jin-hyuk había cortado la comunicación sin siquiera mirar la
pantalla para priorizar su conversación conmigo, el teléfono volvió a sonar de
inmediato. Tras colgar una vez más con indiferencia, Jin-hyuk vio llegar un
mensaje; su expresión cambió al instante y se puso de pie.
“Sigue
comiendo. Volveré enseguida.”
“Vaya
tranquilo.”
Asher
observó fijamente su espalda mientras se alejaba iniciando una llamada y fingió
beber el té que le habían servido. Al quedarse solo, sintió la necesidad de
aparentar que estaba ocupado. Habría sido mejor fingir que comía, pero como ya
había terminado todo, no quedaba nada en los platos. El camarero, tras esperar
un momento a que Jin-hyuk se alejara, se acercó al ver que la espera se
prolongaba.
“¿Desea
que sirva el postre cuando regrese su acompañante?”
“No.
Dijo que volvería pronto, así que puede retirar esto y servirlo ahora.”
El
camarero retiró los platos y trajo un helado de cidra. Aunque Jin-hyuk le había
dicho que empezara sin él, Asher se limitó a remover el helado con desgana. No
tenía apetito, seguramente por haber comido demasiado hace un momento. Se
entretuvo revolviendo el postre y revisando el teléfono sin rumbo hasta que el
Alfa regresó.p
Jin-hyuk
llegó justo cuando Asher terminaba de leer las noticias de portada en un portal
de internet. El hombre se acercó con paso rápido y puso cara de arrepentimiento
al ver el helado derretido.
“Siento
la tardanza. Ha surgido algo urgente y debo irme ahora mismo. El helado…”
“Yo
también terminé.”
Asher
recogió su abrigo apresuradamente y se levantó. Si era algo que lo obligaba a
interrumpir una cena, debía de ser una emergencia. Quizás por la culpa, o por
las prisas, Jin-hyuk incluso le ayudó a ponerse el abrigo.
“Puedo
irme en taxi.”
Si
era tan urgente, lo mejor era que él fuera directo a la empresa. Sin embargo,
Jin-hyuk consultó su reloj mientras caminaba.
“Tengo
tiempo para dejarte en casa.”
Tal
como dijo, llegaron rápido. Aunque tuvieron que caminar hasta donde estaba el
coche, el restaurante no estaba lejos de la vivienda.
“Lo
siento.”
El
hombre, que lo acompañó hasta el ascensor, se disculpó de nuevo. Asher no
entendía por qué lo hacía, siendo natural que se marchara si estaba ocupado.
“No
es nada. No tiene por qué disculparse.”
Asher
se sentía cohibido ante tanta insistencia por algo trivial. Al fin y al cabo,
ya habían terminado el plato principal. E incluso si hubieran tenido que irse a
mitad de la comida, siempre podrían volver otro día, tal como él le había
prometido.
Jin-hyuk
no se marchó de inmediato tras la despedida, sino que se quedó observándolo en
silencio. Asher, por instinto, se frotó la mejilla donde sentía su mirada.
“¿Quiere
decirme algo?”
“Entra
primero. Me iré cuando te vea entrar.”
“Ah,
sí.”
Ante
sus palabras, Asher obedeció como un perro dócil y pulsó el botón del ascensor.
Jin-hyuk permaneció a su lado hasta que llegó la cabina.
“Entonces,
me voy.”
Asher
se despidió de nuevo mientras pulsaba el botón del piso. De pronto, le asaltó
la idea de que parecían una pareja de amantes que no lograba decir adiós por la
pena de separarse. Pero era una tontería; volverían a verse en casa pronto, no
sentían esa clase de nostalgia y, sobre todo, no eran amantes.
Asher
soltó una pequeña risa ante sus propios pensamientos fantasiosos. Al levantar
la cabeza con una sonrisa, vio a través de las puertas del ascensor que se
cerraban cómo Jin-hyuk le decía adiós con la mano.
Sorprendido
por el gesto inesperado, Asher se quedó con los ojos muy abiertos. Lo último
que recordó antes de que las puertas se cerraran por completo fue que Jin-hyuk
soltó una carcajada al ver su expresión de asombro.
Se
arrepintió de no haberle devuelto el saludo, pero el ascensor ya estaba
subiendo.
A
diferencia del semisótano donde solía vivir, la calidez de la casa de Jin-hyuk
todavía le resultaba extraña cada vez que entraba. En invierno, lo normal era
llevar abrigo dentro de casa, pero aquí tenía que quitárselo nada más cruzar el
umbral.
El
interior estaba exactamente igual a como lo había dejado, salvo por las zonas
que la empleada ya había limpiado. En el escritorio del salón aún quedaban los
rastros del desorden que dejó al salir apresuradamente tras la llamada de
Jin-hyuk.
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Recogió
sus libros de ejercicios y bolígrafos, y se retiró a su habitación. Tras
ducharse y secarse el pelo por completo, se preparó una taza de té de maíz
caliente. Al mirar el reloj, vio que aún era temprano. Por haber estado fuera
todo el día, pensó que serían las once de la noche, pero no era así.
La
gran casa, donde se encontraba solo, estaba en absoluto silencio. Al ser una
zona residencial de lujo, no se oían los gritos de borrachos ni el ruido de los
coches que solía escuchar en el semisótano.
Se
sentó a la mesa y organizó lo que trajo del hospital. Se tomó una pastilla para
las náuseas con el té y guardó el resto. Tras colocar los folletos en la
estantería, tomó la ecografía que estaba en la libreta; el corazón le dio un
vuelco. Por miedo a que sus ojos "se encontraran" con los del feto,
le dio la vuelta rápidamente y la guardó en un cajón. Aunque ya la había mirado
antes, el hecho de saber que había crecido un poco lo hacía sentir tímido.
Si
le daba miedo mirar la ecografía, no sabía cómo iba a ponerle un nombre
temporal. Para él, el bebé era simplemente "esto"; algo que había
aparecido de la nada y crecía por su cuenta. Ni siquiera había tenido un perro
al que ponerle nombre, y ahora debía nombrar a una persona. Era una misión
demasiado pesada.
Jin-hyuk...
El
nombre del hombre cruzó su mente, pero Asher lo descartó. Por ahora, prefería
mantener las cosas como estaban. No quería exigir nada que pudiera acortar o
alargar la distancia entre ellos. Habían llegado a comer juntos, salir y
despedirse con risas. Pensó que nunca volvería a ocurrir algo así, por lo que
no quería estropear su relación actual.
Recordó
cuando era niño y corría intentando atrapar mariposas con una red. En el
orfanato, tras conseguir una de las pocas redes disponibles, corría por el
parque bajo el ruido de las cigarras. Lo hacía porque las mariposas brillaban
bajo el sol. Pero cuando finalmente atrapaba una tras mucho esfuerzo, las alas
de la mariposa terminaban destrozadas por la red. Eran demasiado frágiles para
estar en sus manos. Su relación con Jin-hyuk era igual: cuanto más se
esforzaba, más se rompía.
Recordando
que la enfermera le dijo que podía decidir el nombre con calma, sacó sus
libros. Sería mejor estudiar lo que no pudo terminar hoy. En realidad, estudiar
en el salón no era muy eficiente; la empleada se movía de un lado a otro
trabajando y, aunque intentaba no hacer ruido al verlo estudiar, el espacio
abierto dificultaba su concentración. Al conocerla un poco, el simple hecho de
sentir su presencia lo distraía.
A
pesar de saber que no rendiría, Asher se había quedado en el salón desde el
mediodía por culpa del escritorio nuevo. Había estado merodeando mientras los
operarios lo instalaban y luego se quedó allí todo el día, moviendo el
bolígrafo sin productividad y comiendo naranjas solo por estrenarlo.
Debido
a eso, casi no había estudiado nada hoy. Siendo un estudiante tardío sin
hábitos de estudio, al menos debía ser constante. Pero no era fácil; estaba
cansado por la salida y, desde el embarazo, tenía sueño a todas horas. Quería
tomar café, pero le habían dicho que no podía. El embarazo no le traía nada
bueno; todo eran incomodidades.
Se
frotó los ojos intentando leer unas páginas más. Resolvía un problema y
bostezaba, resolvía otro y cabeceaba. Estaba a punto de rendirse e irse a la
cama cuando escuchó un sonido.
Toc, toc.
Al
principio pensó que era el viento golpeando la ventana. En su estado de
somnolencia, pensó vagamente que "debería haber ahorrado más para mudarse
a un piso alto en lugar de un semisótano".
Toc, toc.
Ante
el segundo sonido, Asher se encogió con irritación. El viento soplaba fuerte
hoy. ¿Pero por qué hacía tanto calor? Como si la calefacción estuviera al
máximo.
El
sueño desapareció en un instante. Esta no era su habitación alquilada en el
semisótano. Se había quedado dormido sobre los libros de estudio. Si alguien
llamaba a la puerta, solo podía ser una persona.
Se
levantó apresuradamente para abrir.
“¡Ah!”
Al
moverse bruscamente nada más despertar, se golpeó la rodilla con la mesa. Soltó
un quejido y se le saltaron las lágrimas. Desde el otro lado de la puerta, una
voz preocupada reaccionó al grito.
“¿Asher?”
“Ah...
sí... un momento...”
Se
masajeó la rodilla mientras se quejaba. El dolor punzante no era normal. Se
había golpeado la rodilla, pero veía estrellas.
“Voy
a entrar.”
Al
oír su voz moribunda, Jin-hyuk no pudo esperar más y abrió la puerta. Asher
seguía encogido sujetándose la rodilla. El impacto había sido tremendo.
Sin
tiempo para preguntarle a Jin-hyuk si acababa de llegar, Asher se subió la
pernera del pantalón y vio que ya tenía un moretón oscuro. La mancha roja y
azul se tornaba negra en tiempo real. No había duda: el golpe había sido muy
fuerte.
“¿Te
has golpeado con el escritorio?” preguntó el Alfa con voz consternada.
“Sí.
Ha sido un error.”
Asher
sentía que siempre se volvía torpe frente a este hombre. Siempre terminaba
metiendo la pata y diciendo que había sido un error. Aunque el dolor agudo
empezaba a remitir, la zona seguía punzando. La mano de Jin-hyuk sobrevoló el
moretón sin llegar a tocarlo.
“Parece
peor de lo que es, ya no me duele tanto.”
Intentó
hacerse el fuerte, pero en cuanto los dedos de Jin-hyuk rozaron la rodilla
hinchada, Asher soltó un jadeo.
“¡Hgh!”
El
hombre suspiró profundamente y se levantó.
“Quédate
sentado un momento.”
Salió
de la habitación y regresó enseguida con el botiquín de emergencia. Sacó una
pomada para los moretones. Asher tenía sus propias medicinas, pero solo eran
analgésicos y tiritas, así que observó con curiosidad todo lo que el Alfa
sacaba del botiquín. Había de todo.
“No
tienes que salir con tanta prisa cuando te llame.”
Jin-hyuk
se arrodilló sobre una pierna y le aplicó la pomada con cuidado. Asher sintió
un escalofrío ante el tacto de la crema fría y pegajosa. Era la situación
opuesta a cuando él desinfectó la frente de Jin-hyuk.
“Lo
siento.”
“No
te lo digo para que te disculpes.”
El
hombre frunció levemente sus ojos almendrados mientras le sujetaba el tobillo
para revisar el estado de la rodilla.
“Simplemente
avísame de que vas a salir, termina lo que estés haciendo y sal despacio. Soy
yo quien tiene algo que decirte, y no me voy a ir a ninguna parte.”
Tras
confirmar que Asher estaba bien, la mano del hombre acarició suavemente su
pantorrilla antes de retirarse.
“¿Entendido?”
“Sí...”
Asher
sentía tanto cosquilleo donde él lo había tocado que tenía ganas de rascarse
con fuerza. No sabía si quería rascarse la pierna o el pecho.
“He
llamado porque vi la luz encendida, pero parece que te he despertado.”
“No.
Solo me he quedado traspuesto un momento. ¿Quería decirme algo?”
Ahora
estaba más despierto; el golpe en la rodilla había surtido efecto. Jin-hyuk,
que lo miraba desde abajo, llevaba la misma ropa que cuando salieron, lo que
indicaba que acababa de llegar. Asher parpadeó lentamente, esperando a que el
Alfa expusiera el motivo de su visita.
“Dijimos
que teníamos que hacer el intercambio de feromonas.”
Asher
se quedó sin palabras ante lo inesperado.
“Esta
tarde, lo dijo el médico.”
Él
pronunció cada palabra con lentitud, como si temiera que Asher lo hubiera
olvidado. Pero no hacía falta que se lo recordara; Asher recordaba esas cosas
mucho mejor que él. Siempre era Asher quien dependía de su relación.
“No,
si lo recuerdo... Pero, más que eso, ¿no va a irse a dormir?”
Jin-hyuk
respondió con naturalidad:
“Es
culpa mía por llegar tarde, así que no hay remedio.”
Se
levantó, tomó una de las sillas de la habitación con una sola mano y la colocó
junto a la cama. Luego, encendió la lámpara de noche.
“Con
una hora será suficiente... Sé que será incómodo para ti, Asher, pero aguanta
un poco.”
“¿Perdón?”
Sin
entender a qué se refería, Asher lo miró confundido. El hombre señaló la cama
con la mano.
“Me
quedaré hasta que te vea dormir.”
Entendido.
He ajustado el formato para que los párrafos y los diálogos estén claramente
separados, manteniendo la narración en tercera persona y respetando el uso de
las comillas.
Parecía
que su intención era quedarse a su lado vigilándolo mientras dormía.
Aunque
el médico había sugerido que vivieran y durmiéramos juntos para que las
feromonas fluyeran de forma natural, la realidad era que, aunque compartían la
casa, sus radios de vida apenas se cruzaban; por eso él tenía que dedicar este
tiempo específico.
“No
pasa nada, así que puede dormir sin preocuparse por mí.”
Insistió
Jin-hyuk ante su vacilación. Asher, tras dudarlo, se sentó en el borde de la
cama.
En
cuanto el hombre apagó la luz, la habitación quedó sumida en la penumbra,
iluminada únicamente por el suave resplandor de la lámpara de noche. Como Asher
no hacía ademán de acostarse, él tampoco se sentó en la silla; se quedó de pie,
erguido, con la mano apoyada en el respaldo.
“¿No
tiene sueño porque durmió antes? ¿Quiere que le caliente un poco de leche?”
“No
es eso...”
Al
abrir la boca, Asher vio cómo Jin-hyuk se desabrochaba con parsimonia los
botones de la camisa que le oprimían el cuello. El Alfa lo miró con curiosidad.
“Simplemente...
duerma aquí al lado. La cama es grande. Además, no me muevo nada al dormir.”
La
cama era excesivamente amplia; había espacio de sobra para dos personas sin
necesidad de rozarse. Literalmente, Asher no tenía malos hábitos al dormir, así
que estaba seguro de que no molestaría a Jin-hyuk. La mano que desabrochaba la
camisa se detuvo un instante antes de retomar su ritmo.
“...
No es necesario.”
Su
voz, al rechazarlo con un compás de retraso, sonó algo ronca. Debido a la luz
tenue, su rostro estaba lleno de sombras y no se podía ver su expresión con
claridad.
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“Suelo
acostarme tarde de todos modos.”
Asher
lo había imaginado desde que vio la silla apartada a cierta distancia de la
cama, pero no pudo evitar sentirse herido por su firme rechazo. ‘Si ya hemos
decidido casarnos’, pensó. Se sentía indignado.
Se
habría resignado si tan solo le hubiera rozado la punta de los dedos. Pero por
la tarde caminaron tomados de la mano y hace un momento le aplicó pomada en la
rodilla; ¿y ahora resultaba que no podía ni acostarse en el mismo lado de la
cama? Solo se lo había sugerido porque le parecía incómodo que se quedara
sentado en una silla durante una hora en la oscuridad.
Sin
embargo, Asher no tenía el valor para discutir con él. Con la nariz
escociéndole por las ganas de llorar, se giró bruscamente, se tumbó y se tapó
hasta arriba con el edredón.
“Haga
lo que quiera.”
Hasta
el edredón tenía que ser malditamente mullido. Cerró los ojos con fuerza. Ya no
le importaba si se quedaba dormido incómodamente en la silla; solo quería
dormirse rápido para dejar de pensar en él.
Desde
donde estaba Jin-hyuk no llegó ninguna respuesta durante un rato. Luego, tras
un leve suspiro, se apagó la lámpara de noche. Incluso ese rastro de luz
desapareció.
Escuchó
el sonido de él sentándose en la silla y luego todo quedó en silencio. No se
oía ni el más mínimo roce de ropa. Tras esforzarme mucho por dormir, finalmente
Asher abrió los ojos.
Frente
a él solo estaba el edredón. Se sentía agobiado, así que bajó la manta hasta el
cuello; entre las sombras, alcanzó a ver la cómoda. Por haber dormido en la
tarde, el sueño no venía.
Y
luego estaban sus feromonas. No eran intensas, pero estaban ahí, marcando su
presencia. Sus sentidos se desviaban constantemente hacia donde estaba él, a
sus espaldas.
Era
el mismo aroma que sintió cuando hundió la nariz en su tarjeta de visita la
primera vez que cenaron: dulce como un ‘cobbler’ de melocotón, pero con un
final gélido.
Asher
no es médico, así que no sabe cómo este intercambio de feromonas ayuda a la
estabilidad emocional. Pero lo que era evidente era que le hacía feliz
compartir el mismo espacio con Jin-hyuk.
Al
igual que cuando le tomaba de la mano, su corazón vibraba ahora, aunque fuera
un prometido distante. Intentó odiarlo un poco, pero cuanto más lo pensaba, más
recordaba sus gestos amables: desde la leche en Nantes hasta las flores frente
al museo.
Antes
de darme la vuelta, no dejaba de pensar en las últimas palabras que le dijo.
¿Habrá sonado demasiado brusco? Me arrepentía un poco pensando que, al tirar de
la manta con irritación, él podría creer que era un maleducado. Fue solo un
momento de resentimiento, tan pequeño como la lágrima de una hormiga.
“¿No
puedes dormir?”
De
repente, su voz grave rompió la calma del ambiente.
“Parece
que no dejas de dar vueltas.”
Asher
se asustó tanto como si alguien hubiera lanzado una piedra a un estanque
tranquilo. No pensó que lo estuviera observando.
“Parece
que, como dormí por la tarde, no tengo sueño.”
Confesó
Asher. No hacía falta decirle que no podía dormir por estar pensando en él.
“Los
niños deberían dormir temprano.”
‘No
soy un niño’. Ya había crecido todo lo que tenía que crecer y, aunque supiera
menos que él, entendía lo básico de la vida. En lugar de responder, Asher optó
por apretar los labios. Sabía que si hablaba, le saldría una voz quejumbrosa.
Fingiendo
que buscaba una posición cómoda, Asher se puso de lado hacia él. Aprovechando
la oscuridad, entrecerró los ojos y pudo ver su silueta borrosa: estaba con los
brazos cruzados, recostado contra la silla. Parecía un busto de los que había
en la clase de arte.
“¿Está
dormido?”
Susurró
Asher.
“¿No
logras dormir?”
El
hombre descruzó los brazos y se inclinó hacia él.
“¿Es
por mi culpa?”
Encendió
la lámpara de noche y su rostro quedó al descubierto. Por un momento, la luz
deslumbró a Asher. Sus ojos, moviéndose con lentitud, se posaron en él. Eran
tan negros que incluso emitían un destello azulado bajo la luz. El momento de
enamorarse siempre es repentino.
“No
es por eso. Es solo que hoy no tengo sueño. Siento haberlo despertado si estaba
durmiendo.”
“No
estaba durmiendo, estaba pensando en algunas cosas. En esto y aquello.”
Se
frotó la frente con un gesto algo lánguido.
“Si
no puedes dormir, ¿quieres que nos hagamos una pregunta cada uno?”
Inclinando
la cabeza y apoyando la barbilla en su mano, el hombre hizo una propuesta
inesperada.
“Hemos
decidido casarnos, pero Asher, tú y yo no nos conocemos muy bien. Una pregunta
por cada pregunta. ¿Qué te parece? No me enfadaré, preguntes lo que preguntes.”
Sonrió
de forma traviesa.
“Incluso
si me preguntas si soy de la mafia, como aquella vez.”
Asher
se puso rojo de vergüenza.
“Pregunte
usted primero, Director.”
Él
preguntó como si estuviera esperando el momento:
“Cuando
apruebes el examen de graduación, ¿qué es lo que quieres hacer?”
Fue
una pregunta totalmente distinta a lo que esperaba. Y difícil. Asher habló con
torpeza:
“La
verdad, si me pide que sea claro... no lo sé muy bien. Como todo el mundo va a
la universidad, pienso que yo también debería ir... pero para eso hay que
estudiar mucho tiempo.”
“¿Es
que no quieres estudiar, o es que te da apuro estar solo estudiando?”
Jin-hyuk
dio justo en el clavo. Asher le devolvió la pregunta:
“¿Usted
cree que sería bueno que yo fuera a la universidad?”
“Solo
yo puedo preguntar ahora.”
Cortó
él por lo sano.
“Es
un intercambio uno a uno.”
Al
final, Asher se rindió:
“Lo
que es seguro es que quiero aprobar el examen de graduación. Lo de la
universidad me lo estoy pensando, pero me inclino más por ir.”
“Entonces
decidámoslo con calma. Yo creo que, además de estudiar, necesitas relacionarte
con gente de tu edad.”
Al
escucharlo, Asher recordó a Kang Woo-seok.
“Originalmente,
mi intención era apoyarte hasta que terminaras la universidad. No te preocupes
por el dinero. Pase lo que pase.”
Parecía
que ya había terminado con sus dudas, pues pasó el turno.
“Esto
no contará como pregunta, así que ahora puedes preguntar lo que quieras.”
De
pronto, Asher recordó algo que le picaba la curiosidad desde la tarde:
“¿Por
qué siempre pasa sus periodos de ‘Rut’ solo?”
Nada
más terminar de hablar, se oyó un jadeo de sorpresa.
“Mmm.”
Jin-hyuk,
que se había quedado mirándolo atónito con los labios entreabiertos, puso una
expresión de mareo. Parecía dolerle la cabeza, pues frunció el entrecejo y se
acarició la barbilla.
“No
esperaba que preguntaras algo así.”
“Si
le resulta incómodo, no tiene por qué responder.”
Asher
retrocedió ante la reacción más intensa de lo previsto. Incluso con la tenue
luz de la lámpara, se notaba que el hombre estaba desconcertado.
“Puedo
responderte, pero...”
El
hombre, con voz algo reacia, soltó una risa forzada.
“¿De
verdad tienes curiosidad por eso?”
“Sí...”
Jin-hyuk
pareció hundirse en sus pensamientos mientras tamborileaba con los dedos sobre
su rodilla. Tras dudar repetidamente, abrió la boca con lentitud.
“Para
ir directo al grano... no me gusta perder el control hasta ese punto. No me
agrada la excitación desmedida.”
Jin-hyuk
se cubrió media boca con la mano con la que antes se apoyaba la barbilla. Era
una postura claramente defensiva. A pesar de ser un hombre educado que solía
mirar a los ojos, ahora desviaba la mirada.
“Supongo
que el celo será igual, pero otros dicen que durante el 'Rut' sienten euforia y
una especie de aturdimiento, como si hubieran tomado un medicamento fuerte para
el resfriado. Sin embargo, yo suelo mantener la conciencia demasiado lúcida.
Por eso, pasar el 'Rut' con otra persona me resultaba desagradable; cuando
crecí, dejé de hacerlo. Normalmente, los Alfas se casan antes de llegar a ese
punto, pero como ya sabes, yo no tenía intención de hacerlo.”
Ciertamente,
Jin-hyuk se casaba tarde para ser un Alfa dominante. Mientras que para los
Betas los treinta y pocos son la edad ideal, los Alfas tienden a casarse a
finales de los veinte.
“De
todos modos, no me resulta grato hablar de mi pasado con mi prometido. ¿Lo
dejamos aquí?”
En
el rostro del hombre, tras terminar su breve explicación, se reflejaba un
cansancio imposible de ocultar.
“Lo
siento.”
‘Vaya
excusa’, pensó Asher. Era un prometido que ni siquiera podía acostarse al lado
de su pareja en la cama. Siendo un hombre capaz de inventar decenas de razones
para todo, Asher no tenía oportunidad de ganarle.
Por
otro lado, Asher estaba confundido. Por la forma en que Jin-hyuk se resistía a
hablar, pensó que habría ocurrido algo grave, pero al escucharlo, no parecía
para tanto. No entendía por qué ponía esa cara de agotamiento.
¿Sería
por haber mencionado sus relaciones pasadas? Jin-hyuk era atractivo, tenía un
aroma embriagador y mucho dinero. No hacía falta que Lee Jae-seok se lo contara
para suponer que había tenido amantes. Especialmente perteneciendo a una
especie que tiene periodos de celo.
“No
es algo por lo que debas disculparte. Solo que...”
Él
extendió la mano hacia la mesita de noche.
“Siento
como si estuvieras algo resentido...”
La
luz se apagó al instante. En la oscuridad, Asher pudo ver vagamente la silueta
del hombre levantándose.
“Duerme
ya. Es muy tarde.”
Una
mano grande acarició ligeramente su cabeza antes de que el hombre abandonara la
habitación. Asher se quedó tumbado en la misma posición, tocándose el lugar
donde los dedos de Jin-hyuk lo habían rozado. Contrario a lo que el hombre le
pidió, no parecía que fuera a conciliar el sueño pronto.
“¿Estás
bien?”
Asher
estuvo a punto de asentir por costumbre, pero como ya había mostrado lo tenso
que estaba, decidió ser sincero.
“Estoy
un poco nervioso.”
O
quizás era mentira. Decir ‘un poco’ se quedaba corto. Sentía la garganta
completamente seca.
La
antigua casona, situada en el barrio de Seongbuk-dong, cerca de Seongnagwon y
rodeada de embajadas, era impresionante con sus altos muros y sus densos pinos.
A diferencia de la moderna villa de lujo de Jin-hyuk, esta era la típica
residencia de una familia adinerada tradicional.
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En
el coche se sentía tranquilo, pero al ver la mansión de cerca, la situación
cambió. En cuanto escuchó la voz calmada de la empleada a través del interfono,
tuvo que esforzarse por calmar su corazón, que latía con fuerza.
“Si
tienes demasiado miedo, podemos dar la vuelta.”
Jin-hyuk
apretó la mano que sostenía. Había sido Asher quien le pidió que se la diera.
Sentía náuseas, como si hubiera tomado demasiado café para trasnochar, y no
podía caminar solo.
“Digamos
que te sientes mal y vengamos otro día.”
“Pero
la empleada acaba de abrir la puerta para que estacione...”
Ante
ese comentario, Jin-hyuk simplemente se encogió de hombros. Era un hombre más
caprichoso de lo que parecía. O tal vez era una broma para que se relajara.
Como Asher no lograba calmar su ansiedad ni siquiera frente a la entrada,
Jin-hyuk liberó un poco de sus feromonas.
Desde
aquella noche en que él fue a su habitación para el intercambio, Jin-hyuk
pasaba al menos una hora diaria con él sin falta. No es que Jin-hyuk se
sintiera cómodo liberando sus feromonas, pero su extrema diligencia se
manifestaba incluso en esto. Aunque seguía pareciéndole molesto, no se
levantaba de su asiento hasta cumplir el tiempo que él mismo había estipulado.
Afortunadamente,
el tratamiento parecía surtir efecto. Las náuseas matutinas de Asher habían
mejorado considerablemente. Ya no se limitaba a calmar el hambre, sino que
podía realizar una comida decente. Aunque el olor a carne de vaca o cerdo
todavía le daba ganas de vomitar, podía comer pollo sin problemas. Era un gran
avance.
Jin-hyuk,
que ya solía acompañarlo en las comidas cuando tenía tiempo, se volvió más
activo al ver los resultados. Una vez cumplida la hora, el tiempo que pasaba
liberando feromonas sin retirarlas bruscamente se fue alargando.
Incluso
el hombre, que al principio se centraba rígidamente en controlar sus feromonas,
parecía haberse acostumbrado tras una semana. Antes las retiraba en cuanto veía
a Asher para evitar cualquier contacto, pero ahora las dejaba fluir con
naturalidad, sin parecer consciente de ello.
Como
si fuera un Alfa normal.
‘Alfa
normal’. No había palabras más contradictorias para describir a Jin-hyuk.
“Entremos
rápido.”
Asher
decidió que lo mejor era terminar con esto pronto. Dar la vuelta no tenía
sentido y, de todos modos, eran personas a las que debía conocer. Vacilar solo
alargaría su ansiedad.
“Pasen,
por favor. La señora y el señor los estaban esperando.”
Al
abrir la puerta principal, la empleada los recibió con una mirada amable hacia
Jin-hyuk. Asher asintió con torpeza y se quitó los zapatos. Aunque creía estar
preparado, parece que desde fuera no se veía así. Cuando Asher intentó entrar
precipitadamente, Jin-hyuk lo detuvo un momento.
“Toma
esto.”
Se
inclinó y colocó unas zapatillas de interior frente a sus pies.
“El
suelo está frío.”
Dentro
de la casa no solo no hacía frío, sino que casi hacía calor. Decir que el suelo
estaba frío no tenía sentido. Asher metió los pies en las zapatillas y movió
los dedos con incomodidad. Como no tenía la costumbre de usarlas, Jin-hyuk ya
le había llamado la atención varias veces en casa.
De
repente, al levantar la vista hacia el pasillo que llevaba al salón, sus ojos
se encontraron con los de una mujer mayor. No hacía falta que nadie la
presentara. Sus mejillas hundidas y su mirada afilada, que dejaban entrever un
carácter difícil, eran idénticas a las de Jin-hyuk. Con un rostro inexpresivo,
como si nunca se hubiera esforzado por sonreír a nadie, los observaba.
Es
decir, estaba viendo cómo Jin-hyuk se ocupaba de ponerle las zapatillas a
Asher.
“Hola,
soy Choi Asher.”
Se
inclinó apresuradamente para saludar. Esperaba una respuesta cordial, pero no
hubo ninguna. Sintió que empezaba a sudar frío y, sin darse cuenta, miró a
Jin-hyuk pidiendo ayuda. Toda la experiencia que Asher tenía tratando con
clientes no le servía de nada en esta situación.
Jin-hyuk,
no se sabe cómo interpretó su mirada, pero puso una mano en su cintura. Era un
contacto excesivamente cercano que hizo que Asher se tensara por completo.
“Ya
estoy aquí, madre.”
A
diferencia de Asher, que estaba paralizado, él saludó con naturalidad mientras
agitaba la bolsa que traía en la mano.
“Pasé
por la tienda a recoger el bolso que tenías reservado.”
La
madre de Jin-hyuk, que permanecía de pie con rostro gélido, soltó un gran
suspiro ante el gesto de su hijo. Luego, mirando a Asher, hizo un gesto con una
sonrisa forzada.
“Entrad.
Los estábamos esperando.”
Parecía
que no era mentira que los esperaban, pues en el sofá del salón, el padre de
Jin-hyuk leía un periódico en inglés. Al contrario de la imagen intimidante que
Asher había imaginado, su padre parecía bastante afable. Tenía un aire
autoritario, pero con sus gafas de montura plateada y su cabello canoso
perfectamente cortado, se parecía más a un profesor que a un ejecutivo de
finanzas.
Sin
embargo, era evidente de dónde venían la nariz y la mandíbula de Jin-hyuk. A
pesar de las gafas, sus rasgos marcados eliminaban cualquier impresión de
erudito tranquilo. Asher recordó la información que le había dado Jin-hyuk.
Su
madre era una chelista retirada y su padre, un abogado que se casó con la hija
única del abuelo de Jin-hyuk tras ganarse su favor. Los rumores de Nantes eran
ciertos a medias. Su padre se había retirado de los negocios, pero no por
vejez, sino porque Jin-hyuk había tomado el mando. Jin-hyuk poseía más acciones
que su padre, por lo que la empresa prácticamente saltó de abuelo a nieto.
Pero
había una condición: Jin-hyuk debía ‘casarse o cumplir treinta y cinco años’.
Hasta entonces, las acciones estaban en un fideicomiso representado por su
padre, quien seguía siendo la autoridad máxima. Como la familia de Jin-hyuk no
solía aparecer en la prensa, los rumores abundaban, y Jin-hyuk no sentía la
necesidad de desmentirlos.
Cuando
Asher le preguntó con cuidado si el abuelo había permitido las infidelidades
del padre, Jin-hyuk se burló.
‘Mi
abuelo es de la vieja escuela. Yo mismo tengo tíos y tías que no figuran en el
registro familiar.’
En
el rostro de Jin-hyuk apareció una expresión de hartazgo. Dijo que su abuelo ya
conocía la afición de su padre por los Omegas. La diferencia era que el abuelo
los trataba como familia aunque no estuvieran registrados, mientras que el
padre, al ser un yerno adoptado, no podía meter a sus hijos ilegítimos en casa.
Jin-hyuk supuso que su padre ignoraba a esos hijos por miedo a su abuelo y a su
madre, lo que los condenó a una vida de carencias.
Debido
a los constantes problemas con Omegas, sus padres ahora eran esposos solo de
nombre, y su madre incluso tenía su propio amante. Era necesario para pasar sus
periodos de celo.
‘No
quería dar detalles sobre mi familia, pero al final lo he hecho.’
El
tono final de Jin-hyuk fue sereno al revelar sus trapos sucios. Se veía tan
solo que Asher quiso abrazarlo y consolarlo, aunque no se atrevió. De repente,
comprendió por qué Jin-hyuk era tan amigo de Lee Jae-seok. Jae-seok, que creció
en una familia sin escándalos y con un hermano diez años menor, era el polo
opuesto de Jin-hyuk.
Asher
miró de reojo a Jin-hyuk, sentado a su lado. El ambiente no parecía tan
explosivo como para que padre e hijo se hubieran peleado hasta herirse. Aunque
Jin-hyuk dijo que ya se había encargado de todo lo referente a la boda, Asher
esperaba comentarios incómodos, pero su padre simplemente dobló el periódico y
aceptó el saludo formal sin más.
No
era una bienvenida calurosa, pero tampoco era la frialdad que temía. Sus
feromonas tampoco emitían señales hostiles. No era el peor escenario posible.
Era una oportunidad para Asher. Intentó mostrarse amable y servicial ante los
padres de Jin-hyuk. Se sentó derecho con las manos sobre las rodillas,
esforzándose por responder con rapidez y docilidad.
Su
padre lo observó con mirada analítica y, de repente, le preguntó su edad.
“¿Qué
edad dices que tienes?”
“¿Eh?
Veintiuno... no, este año cumplo veintidós.”
Como
el año acababa de empezar, hubo un pequeño retraso al calcular su edad real.
Una mueca de burla apareció en el rostro del padre, pero no iba dirigida a
Asher.
“La
sangre no engaña.”
Jin-hyuk
no reaccionó ni respondió a ese comentario. En medio de esa atmósfera que se
volvió tensa en un instante, la empleada entró con una bandeja de té y dulces.
“Como
dije, solo tomaremos un té y nos iremos. No puede comer mucho debido a las
náuseas”, advirtió Jin-hyuk mientras colocaba la taza frente a Asher.
Asher
se sintió inquieto al oír que se irían tan pronto. El padre de Jin-hyuk pareció
dar por terminada su curiosidad y no volvió a hablar. En su lugar, la madre
tomó el control de la conversación.
“No
los hemos llamado para oponernos a la boda. Dicen que ya está embarazada, así que
no hay nada que yo pueda hacer. No estoy tan loca como para darle dinero a un
chico de veintidós años para que aborte y armar un escándalo.”
A
pesar de su tono de desaprobación, el solo hecho de escuchar aquellas palabras
hizo que los latidos de su corazón, que antes martilleaban con fuerza,
comenzaran a calmarse. Asher sintió que podría desplomarse ante el alivio de la
tensión, pero se obligó a mantener la espalda erguida.
Recordó
sus días atendiendo a clientes VIP y esbozó una sonrisa educada. Quería dejar
una buena impresión hasta el final. La madre de Jin-hyuk, tras una breve pausa,
soltó el tema principal.
“Así
que, después de que nazca el bebé, prepárate para ir a la universidad en
Estados Unidos. Esa es mi condición.”
Su
tono fue tajante, dejando claro que no habría negociación posible.
“Madre.”
“Director
Seo. ¿Ni siquiera puedo decir esto?”
Jin-hyuk
intervino en tono de protesta, como si aquello no hubiera sido consultado
previamente, pero su madre reaccionó con agudeza. Temiendo que estallara una
pelea, Asher se apresuró a detenerlo.
“No,
está bien. Estoy estudiando para el examen de graduación y ya estaba pensando
en ir a la universidad.”
“...”
“Si
me envían, iré.”
Al
fin y al cabo, la universidad era algo que ya estaba en sus planes. Pensándolo
de forma positiva, gracias a su matrimonio con Jin-hyuk, tendría la oportunidad
de estudiar en el extranjero, algo que otros no podrían costearse.
Lo
único que le pesaba era no saber cuánto vería a Jin-hyuk si se iba a Estados
Unidos. Quizás regresaría en vacaciones, pero era evidente que durante el
semestre no se verían en absoluto. No era una relación ordinaria en la que
pudiera llamarlo por videoconferencia durante horas.
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Si
fuera un matrimonio por amor, tal vez no importaría tanto, pero su unión no era
así. Estar separados al poco tiempo de casarse se sentía como una prueba
demasiado grande.
Por
el contrario, Jin-hyuk podría sentirse aliviado de no tenerlo cerca. O tal vez
le resultaría molesto tener que cuidar del niño solo durante el curso escolar.
Sin saber si Jin-hyuk comprendía sus sentimientos o si tenía otros planes, el
hombre ofreció una alternativa.
“También
podría ir a una aquí en Corea.”
“¿Y
eso sería una universidad de verdad? No debería ser algo que nos avergüence
ante los demás. ¿Acaso le estoy pidiendo que apruebe el examen de abogacía como
hizo Jimin?”
Nadie
tuvo que explicarle quién era Jimin; Asher recordaba perfectamente ese nombre.
Era la prometida de Jin-hyuk. Pensaba que era una simple estudiante, pero
resultó ser una alumna de derecho que ya había aprobado el examen estatal. Si
Jin-hyuk solo la mencionó como ‘estudiante’, probablemente fue porque no tenía
interés en ella y no recordaba los detalles de su vida.
“Digo
esto teniendo en cuenta que te resistías a casarte.”
Aquellas
palabras iban dirigidas a Jin-hyuk, dándole a entender que debía ceder. Asher,
consciente de que la condición de la madre era bastante generosa, asintió con
sumisión sin añadir nada más.
“Sí.
Entiendo.”
“Vaya.
Al menos con Asher se puede razonar.”
Su
madre chasqueó la lengua, con una expresión que indicaba que ya se había
rendido con la terquedad de Jin-hyuk.
Jin-hyuk
no parecía del todo satisfecho con que Asher aceptara tan dócilmente, pero
Asher sabía que no tenía otra opción; sería difícil encontrar una universidad
local que estuviera a la altura del estatus de una abogada en tan poco tiempo.
Realmente no tenía elección. Su padre, que había estado observando la
conversación en silencio, añadió algo más.
“Y
tú, debes saber que el apellido del niño será obligatoriamente Seo, ¿verdad?”
“Sí.
No tengo problema con eso. Como... como sabrán...”
Era
un asunto por el que Jin-hyuk ya le había pedido comprensión de antemano. Al
ser el padre un yerno adoptado, en ese hogar el apellido era algo innegociable.
Asher trató de responder con prontitud, pero antes de seguir, sintió la boca
seca y tragó saliva con dificultad. Aunque todos los presentes conocían la
realidad, le resultaba penoso pronunciarlo.
“Como
soy huérfano, mi apellido es inventado.”
No
era un apellido con linaje; simplemente era uno que las monjas les daban a los
huérfanos que llegaban sin nombre. No era algo que tuviera que proteger con
ahínco. Al mencionar su condición de huérfano, escuchó a alguien chasquear la
lengua. Su corazón dio un vuelco, pero fingió no oírlo.
El
resto de la charla fue sobre la boda. Tal como dijo Jin-hyuk, todos los
detalles parecían estar decididos. Aparte de la condición de estudiar en el
extranjero, no hubo más exigencias.
La
ceremonia sería pequeña, solo con familiares cercanos, y el resto quedaría a
elección de Asher tras consultarlo con Jin-hyuk. Más que una muestra de generosidad,
el tono indicaba que no querían involucrarse demasiado. El hecho de que fuera
pequeña también parecía deberse a que les daba cierta vergüenza mostrarlo a los
demás.
“Ya
llegué.”
En
ese momento, la puerta intermedia se abrió con estrépito y una mujer de cabello
largo entró al salón. A diferencia de los otros tres, que tenían rasgos
afilados, ella tenía un rostro más redondo y unos ojos grandes y amables que
daban una impresión de vitalidad y buen carácter. No hacía falta presentación:
era la única hermana menor de Jin-hyuk.
“Quería
llegar antes, pero había mucho tráfico. Siento el retraso.”
Tras
dedicar un breve gesto a su familia, su mirada se posó en Asher.
“Así
que esta persona es...”
Su
mirada, llena de curiosidad y cautela, lo recorrió de arriba abajo sin
disimulo.
“Hola.
Soy Choi Asher.”
Asher
se levantó a medias e hizo una reverencia, y la mujer, por inercia, hizo lo
mismo.
“Ah...
hola. Yo soy Seo Jin-hee. La hermana de Jin-hyuk.”
Cuando
Jin-hee sonrió, Asher pudo ver el rastro de Jin-hyuk en sus facciones. Al
principio pensó que no se parecían, pero al final, como hermanos que eran,
tenían puntos en común.
Con
la entrada de Jin-hee, la atmósfera del salón se refrescó notablemente. Dejaron
de hablar de la boda para centrarse en las novedades de la vida de ella. Asher
no entendía nada de lo que hablaban, pero agradeció su aparición por haberlo
liberado del ambiente asfixiante.
“Asher.”
Aprovechando
que Jin-hee hablaba con su madre, Jin-hyuk lo llamó en voz baja y le dio unas
palmaditas en la rodilla.
“Bebe
algo de té, tienes la garganta seca.”
Solo
entonces Asher sintió una intensa sed. Al recordar, se dio cuenta de que
llevaba un rato tragando saliva por la sequedad. Había estado tan tenso que ni
siquiera notó la sed. Al beber el té, que aún conservaba algo de calor, sintió
que su cuerpo entumecido se relajaba.
Aunque
le había dicho que bebiera, el propio Jin-hyuk apenas había probado su taza de
café americano. Parecía que les habían servido las bebidas según sus gustos
habituales en casa. Al notar que Asher miraba su taza, Jin-hyuk tocó el borde
del cristal con el dedo.
“¿Quieres
café?”
“¿Puedo?”
Al
responder, se notó demasiado su entusiasmo. Hacía tiempo que no tomaba café
porque le habían dicho que no era bueno por el embarazo. No es que fuera un
gran bebedor de café, pero al estar prohibido por causas externas, a veces lo
extrañaba, especialmente cuando tenía sueño.
“He
investigado y dicen que está bien si es poco.”
Él
le acercó la taza. Asher sonrió ante el permiso de Jin-hyuk y dio un sorbo. El
sabor amargo le resultó delicioso aquel día. Mientras vaciaba la taza como si
fuera suya, su mirada se cruzó con la de Jin-hee. Ella sonreía, pero su
expresión era como si estuviera viendo algo bizarro.
Asher
se sobresaltó y dejó la taza. ¿Habría parecido maleducado por beber de la taza
de otro? Aquellos que sabían que venía de un orfanato a veces despreciaban sus
acciones injustamente, alegando falta de educación familiar. Aunque era cierto
que en su momento fue rebelde y descuidó los estudios, nunca soportaba que
insultaran a las monjas con ese argumento.
Jin-hyuk
le había dado permiso, pero quizás el problema fue que se adueñó de la taza.
Para evitar que los padres de Jin-hyuk se llevaran una impresión negativa,
devolvió la taza a su sitio y se levantó como si nada.
“Iré
al baño un momento.”
Antes
de dejarlo ir, Jin-hyuk lo detuvo con un gesto.
“Ya
nos han visto a los dos. Cuando vuelvas, nos iremos a casa.”
Asher
no entendía por qué Jin-hyuk le había susurrado lo del café pero decía esto
último en voz alta para que todos lo oyeran. No tuvo valor para mirar a los
demás; soltó una risita nerviosa y salió apresuradamente.
La
casa era tan grande y su estructura tan distinta a una vivienda normal que le
costó encontrar el baño. No se atrevía a registrar la casa ajena, así que
deambuló por el pasillo hasta que una empleada lo guio.
Al
entrar y cerrar la puerta, sintió un mareo repentino. Parecía que beber café
estando tan tenso le había sentado mal. Últimamente no controlaba bien sus
apetitos; le habían dicho que eran síntomas del embarazo, pero resultaba muy
incómodo. Aun así, lejos de las miradas de los demás, sus nervios se calmaron.
Mientras
descansaba con los ojos cerrados apoyado en la puerta, sintió un líquido
fluyendo de su nariz. Pensó que sería un resfriado, pero al limpiarse con el
dorso de la mano, vio sangre. Rápidamente tomó papel para limpiarse. Sus manos
quedaron manchadas, pero por suerte su ropa estaba limpia.
Parecía
que la sequedad ambiental le había provocado una pequeña hemorragia nasal. Como
le ocurría a veces cuando estaba cansado, supo cómo manejarlo. Se sentó en el
inodoro presionando su nariz con papel hasta que paró. La sangre no tardó en
detenerse.
Tras
tirar el papel y tirar de la cadena, salió del baño y se encontró con alguien
inesperado frente a la puerta. Era Jin-hee. Pensando que ella quería entrar,
Asher se hizo a un lado, pero ella le lanzó una pregunta directa.
“No
me parezco a mi hermano, ¿verdad?”
Asher
parpadeó sorprendido y Jin-hee soltó una risa juguetona.
“Mi
hermano es muy guapo, pero yo soy normal. Por eso me dicen mucho que no
parecemos hermanos.”
“No
es eso...”
“...”
“Se
parecen cuando sonríen.”
Al
oír aquello, la sonrisa de Jin-hee se desvaneció lentamente.
“Es
la primera vez que me dicen algo así.”
Jin-hee
no parecía tener intención de usar el baño. Dada la distancia con el salón, era
imposible que los demás las oyeran. Probablemente había salido con el único fin
de hablar con él.
“¿Cuántos
años dijiste que tenías?”
A
diferencia de su titubeo anterior, esta vez Asher respondió con seguridad.
“Veintidós.”
“¿Sabes
cuántos tengo yo?”
“¿Veinte...?”
Asher dudó ante su rostro juvenil. “¿Siete?”
“Tengo
treinta, Asher. Te llevo ocho años.”
Su
expresión era de profunda lástima.
“¿De
verdad quieres casarte?”
¿Qué
significaba aquello? Por instinto, Asher retrocedió un poco, poniéndose en
guardia. No sabía si Jin-hee preguntaba porque no aprobaba el matrimonio o si
tenía otra intención. Sus feromonas de Omega estaban estables y, aunque no era
exactamente amable, tampoco mostraba hostilidad, lo que lo confundía más.
“No
entiendo qué quiere decir.”
“Es
literal.”
Asher
intentó hacerse el desentendido, pero parecía que no lo dejaría ir hasta
obtener una respuesta. Se mordió el labio y finalmente habló.
“Sé
que no les agrado.”
Respiró
hondo.
“Ser
huérfano es un problema, y además solo tengo el graduado escolar. Entiendo que
a su familia no le guste. La herida en la frente del Director también fue por
mi culpa. Pero he estado preparándome para el examen de graduación...”
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“¿Mi
hermano te dijo que fue por tu culpa?”
Jin-hee
lo interrumpió sin rodeos mientras Asher intentaba dar la respuesta que ella
esperaba. Al ver que él no respondía de inmediato, ella se tocó su propia
frente y repitió la pregunta.
“Lo
de la frente.”
“No...
dijo claramente que no fue por mi culpa, pero...”
Asher
balbuceó ante el interrogatorio repentino. ¿Acaso recordaba mal? Por más que
repasaba la conversación, no podía interpretarla de otro modo. Aunque él dijo
que no fue por su culpa, dadas las circunstancias, la única razón para que su
padre lo tratara así era su matrimonio con Asher.
Al
ver su actitud, Jin-hee pareció adivinar lo ocurrido y puso una expresión
divertida.
“¿O
sea que se fue por las ramas?”
Parecía
que se mordía los labios para no reír.
“¿Entonces
fingió ser digno de lástima?”
Era
la primera vez que alguien describía la reacción de Jin-hyuk como ‘fingir ser
digno de lástima’. Ni siquiera Lee Jae-seok se había expresado así sobre él.
Probablemente era una descripción que solo Jin-hee podía permitirse por ser su
hermana.
“No
sé si fue un papel para dar lástima. Simplemente yo lo interpreté así por las
circunstancias.”
Le
resultaba difícil confiar de buenas a primeras en las palabras de Jin-hee, a
quien acababa de conocer. Además, no veía qué ganaría Jin-hyuk con ‘dar
lástima’. Si alguien actúa de cierta forma, debe haber una intención detrás,
¿no?
Al
notar que Asher no se convencía fácilmente, Jin-hee dio un paso atrás.p
“Puede
que tengas razón y no fuera un papel, ¿sabes? Yo no estuve presente en esa
charla. Pero como me parece que te sientes culpable por ello, solo quiero aclararte
el malentendido.”
Asher
dudaba si debía escuchar la versión de un tercero sobre lo ocurrido aquel día,
pero no pudo rechazar la oferta. No tenía excusa para preguntarle a él
directamente, ni tampoco el valor. Si no lo escuchaba ahora, probablemente no
lo sabría nunca.
“Es
cierto que mi hermano tuvo una pelea monumental con mi padre por el tema de la
boda. Al fin y al cabo, ese compromiso fue algo que mi abuelo organizó antes de
morir y era una oferta con condiciones muy buenas para nuestra familia. Por
mucho que hayamos lavado nuestra imagen, es cierto que venimos de una familia
de matones que se dedicaba al préstamo de dinero desde la época del bisabuelo.”
Asher
dudó sin saber qué decir, y Jin-hee levantó una ceja.
“¿No
lo sabías?”
“Lo
sabía.”
Respondió
rápido, pero la duda persistía. Jin-hyuk le había dicho que su abuelo trabajó
con ese tipo de gente, no que fuera un mafioso. Las versiones empezaban
a contradecirse ligeramente. Al ser algo de hacía meses, sus recuerdos eran
borrosos y la confusión aumentaba.
Antes
de que pudiera ordenar sus pensamientos, Jin-hee continuó como si eso fuera
suficiente.
“Ellos
también buscaban asegurar una fuente de financiación, así que tenían sus
motivos. Pero mi hermano es, en este ámbito...”
Jin-hee
se tomó un momento para elegir sus palabras.
“Raramente
impecable.”
Aunque
lo expresó con un eufemismo, Asher entendió perfectamente a qué se refería.
Incluso él, cuando no conocía bien a Jin-hyuk, no pudo negar las bromas sobre
que el hombre tendría algún ‘patrocinio’ oculto. Así era la vida de los Alfas
adinerados.
Hasta
Moon Seung-won se había horrorizado solo de verlo con Jin-hyuk. Incluso si no
tenían ‘prohombres’, los Alfas ricos solían gastar dinero saliendo con
celebridades o modelos y luego, cuando se aburrían, las desechaban como
pañuelos de papel.
Entre
esa gente, Jin-hyuk debía parecer alguien intachable. Según sus allegados,
debido a su ‘carácter perfeccionista y pulcro’, su vida privada carecía de
escándalos. Para los estándares de los Betas, que ven a los Alfas y Omegas como
personas de vida disipada, su historial era inusual.
“Incluso
en un matrimonio concertado, los padres quieren casar a sus hijos con alguien
decente si es posible. Por eso, mientras intentaban seguir adelante sin
importar la opinión de mi hermano, que él dijera de repente que cancelaba el
compromiso por un embarazo prematuro puso la casa patas arriba. Siento
decírtelo así, Asher, pero tus antecedentes también fueron un problema. Mi
madre se puso furiosa, y mi padre, que venera las palabras de mi abuelo, ni se
diga. Es cierto que mi padre gritó y se puso como loco, pero la frente de mi
hermano no se rompió por eso. Mi padre nunca le ha pegado. Al ser un yerno
adoptado, ni siquiera tiene autoridad para levantarle la mano...”
La
evaluación de Jin-hee sobre su propio padre era mordaz. En el salón parecían
tener una relación normal de padre e hija, pero parecía que ella solo guardaba
las formas para no crear conflictos.
“El
problema fue que mi hermano echó más leña al fuego diciéndole que, al menos, él
era mejor que un padre que no para de engendrar hijos ilegítimos. Si tan solo
no lo hubiera dicho delante de mi madre... mi padre también tiene su orgullo,
después de todo.”
A
Asher se le abrieron los ojos de par en par. No imaginaba que Jin-hyuk le
hubiera dicho algo así a su padre a la cara. Sabía que era cínico, pero siempre
lo consideró alguien educado y dulce; jamás pensó que se burlaría de su familia
de esa forma.
Jin-hee,
viendo que Asher estaba demasiado atónito para responder, sonrió como si ya lo
esperara.
“Al
final, el que se rompiera la frente facilitó que el tema de tu boda se
resolviera... pero no creo que mi hermano calculara eso al enfrentarse a mi
padre. Simplemente es su forma de ser. En fin, ¿ves como no fue culpa tuya?”
“Yo...”
Asher
no encontraba las palabras. Tras varios intentos, logró articular algo.
“Creo
que me precipité al juzgar. El Director me dijo que no fue mi culpa, pero por
las circunstancias me costaba creerlo.”
No
tenía nada que comentar sobre el comportamiento de Jin-hyuk. Lo que le dijo a
su padre era verdad, pero no era algo digno de ser defendido. Sin embargo,
saber que no se lastimó por su culpa le dio un alivio inmenso. Se liberó de la
culpa que lo asfixiaba cada vez que veía la cicatriz en su frente.
“¿Entonces
crees que no fingió ser digno de lástima?”
“No.
Más que evitar el tema a propósito, creo que simplemente le resultaba difícil
de contar. A mí también me pasaría. Es un tema sensible y personal.”
Era
comprensible que no quisiera contar que le dijo eso a su padre. Además, él
solía ser reservado con sus asuntos familiares. El hecho de que se los hubiera
contado a Asher era algo excepcional debido a la boda.
“Puede
ser.”
Jin-hee
aceptó su argumento sin rebatirlo.
“Pero,
por experiencia, la gente se vuelve un poco cobarde al envejecer.”
A
Asher le costaba asociar el adjetivo ‘cobarde’ con Jin-hyuk, pero asintió como
si entendiera. Ella no esperaba una respuesta profunda y se limitó a soltar una
breve risa.
“¿Sabes
cómo eran las personas con las que salía mi hermano antes?”
Las
conversaciones de Jin-hee seguían siendo impredecibles.
“No.
No se lo he preguntado.”
Asher
no tenía tanta curiosidad por el pasado de Jin-hyuk y, viendo cómo reaccionó
con el tema del ‘Rut’, dudaba que se lo contara. Él era bastante conservador.
“Mi
hermano salía con gente que encajaba con su estatus. Al menos eran de clase
media, todas mujeres y la mayoría de su edad. Con un nivel de estudios
similar.”
Asher
escuchaba sin saber a dónde quería llegar. ¿Estaba diciendo que él no estaba a
la altura? En Corea ya no existían las castas, pero en la práctica, él y
Jin-hyuk estaban en polos opuestos. Por eso se esforzaba tanto en estudiar para
el examen y pensaba en ir a Estados Unidos.
A
pesar de que Jin-hee hacía gestos amigables con sus feromonas, Asher no bajaba
la guardia. No parecía que quisiera despreciarlo, pero era difícil adivinar su
intención. A veces, estas personas le hacían daño sin querer, como Lee
Jae-seok.
“Sinceramente,
no esperaba que mi hermano terminara casándose con alguien como tú. ¿Cómo
decirlo? Eres del tipo de persona con la que él ‘nunca se metería’... Ni
siquiera creí que hubiera metido la pata. Pensé que había contratado a alguien
adecuado para el papel.”
No
dijo que fuera alguien con quien no saldría, sino con quien ‘no se metería’.
Era una frase muy ambigua. Jin-hee no pareció querer dar más explicaciones. En
su lugar, sonrió con malicia, como un gato viendo un ratón de juguete. Asher
tembló levemente.
“Viendo
cómo se comporta hoy, hasta parece que te dejó embarazado a propósito para
retenerte.”
“¡No
es eso!”
Asher
soltó un grito agudo, sorprendido hasta el alma.
“De
verdad, de verdad que no fue intencionado... El Director tampoco quería que
pasara eso.”
“¿Quién
ha dicho lo contrario?”
Su
actitud de ‘yo no he sido’ hizo que Asher se sintiera aún más perdido. Jin-hee,
al no conocer los detalles exactos, podía especular, pero la realidad era la
opuesta. Casi preferiría que Jin-hyuk fuera ese tipo de persona; moralidad
aparte, sería más fácil para él ahora. Le aterraba que Jin-hyuk escuchara esto.
“De
verdad que no.”
“Ya,
solo era una broma.”
Asher
estaba ansioso ante la respuesta superficial de ella, pero a Jin-hee no parecía
importarle su opinión.
“En
fin, quería darte las gracias por hacerme ver a mi hermano haciendo el
ridículo. Si me tuviera la mitad de esa atención a mí, me caería mejor.”
El
hecho de que ella dijera que él lo cuidaba de forma exagerada hizo que Asher no
supiera dónde meterse. Por otro lado, ¿hacer el ridículo? Repasando lo ocurrido
en el salón, no creía que Jin-hyuk hubiera hecho nada fuera de lugar. No creía
que se refiriera a su frente, pues ya había dicho que eso era parte de su
carácter. La duda se resolvió pronto.
“Durante
toda la conversación, no te quitó el ojo de encima. Hasta compartieron la taza.
¿Suelen hacerlo?”
Resulta
que Jin-hee no lo miraba fijamente en el salón por su falta de modales. ¿Le
resultaba extraño que Jin-hyuk le diera de su propio café? Al encontrar el origen
del malentendido, el miedo se disipó y fue reemplazado por una calma gélida.
Parece
que es cierto que el ser humano no distingue bien entre el miedo y la emoción.
Al desaparecer el velo del temor, surgió una expectativa tan cruda que le dio
vergüenza. Aunque murió pronto, como un brote alcanzado por la escarcha. A
pesar de negarlo, en el fondo deseaba que Jin-hee confirmara que Jin-hyuk lo
quería.
“He
tenido náuseas muy fuertes y no podía comer nada. Por eso él se asegura de que
esté bien alimentado.”
Jin-hee
no lo sabía, pero Asher lo había pasado muy mal. Desde que empezaron las
náuseas, su energía cayó en picado. Incluso acababa de limpiarse una hemorragia
nasal, de esas que solo le daban cuando trabajaba demasiado. Las náuseas eran
tan severas que Jin-hyuk lo había visto vomitar y casi desmayarse a su lado,
así que era normal que se preocupara.
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Porque
Jin-hyuk aún sentía culpa por la muerte de su medio hermano, a quien odiaba
pero que murió porque él no le prestó atención. Él mismo le confesó a Asher que
al verlo recordaba a su hermano. Y Asher estaba usando ese hecho.
Pero
no podía defender la inocencia de Jin-hyuk. Sería ridículo intentar demostrarle
a Jin-hee que Jin-hyuk no lo cuidaba por amor. Nadie le juraría al hermano de
su futuro esposo que su matrimonio no es por amor justo antes de la boda.
Incluso con su nivel de estudios, Asher sabía eso.
Se
había salido del instituto, pero no era tonto. Jin-hee decía que su hermano era
cobarde, pero quizás el cobarde era él mismo.
“El
Director es una buena persona.”
Asher
terminó con una frase genérica ante la sugerencia de que Jin-hyuk lo quería
mucho. Después de todo, era verdad. Jin-hyuk era un buen hombre. Dolorosamente
bueno.
Al
dedicarle una sonrisa, Jin-hee puso una expresión extraña.
“Es
cierto que mi hermano no es mala persona...”
Parecía
que quería decir algo más, pero no encontraba las palabras adecuadas. Aunque
fuera de forma ambigua, Jin-hee tenía que admitir que él no era malo. Por fuera
podía ser dura con él, pero no pretendía difamarlo como ser humano.
“Lo
de preguntarte si querías casarte era por tu edad. Al verte en persona,
sinceramente, quería disuadirte. Sabía que eras joven, pero antes de saber tu
edad pensaba que tenías apenas veinte años. Aunque tengas veintidós, no cambia
mucho.”
Su
tono se suavizó. Parecía preocupada por la reacción defensiva inicial de Asher.
Entendía su preocupación; aunque fueran personas con casta, casarse a los
veinte en Corea era muy inusual. Además, por la charla, sospechaba que Jin-hee
temía que Jin-hyuk lo estuviera engañando para casarse.
“Dejé
los estudios, pero tengo mucha experiencia en la vida social. El Director no es
la primera persona con la que salgo.”
Lo
dijo porque sentía que Jin-hee lo veía demasiado ingenuo, pero no pareció ser
una respuesta útil. Al contrario, la preocupación de ella pareció aumentar.
Asher, ansioso, empezó a hablar antes de decidir qué decir exactamente.
“Una
vez escuché de otra persona que el Director tiene un lado obsesivo. Que de
pequeño se ponía muy enfermo si no conseguía lo que quería.”
Al
principio habló sin orden, pero sus ideas se aclararon mientras hablaba.
“Pero
yo creo que simplemente es alguien sensible. Si es algo que quiere pero sabe
que no debe hacer, se aguanta hasta que enferma. Lo de enfadarse con su padre
es porque detesta ese tipo de cosas. Y aunque fuera cierto que oculta su
carácter, no sería por engañarme, sino porque quiere tratarme bien.”
“...”
“No
lo digo por defenderlo sin más, es lo que siempre he pensado.”
Nada
más decirlo, se arrepintió. Sintió que le había abierto su corazón a una
desconocida sin necesidad. Actuó por impulso porque no quería que hablaran mal
de Jin-hyuk. Sus mejillas se encendieron.
Cuando
terminó, Jin-hee soltó una risita ligera.
“Parece
que de verdad te gusta mucho mi hermano.”
La
boca de Asher, que antes hablaba con tanta seguridad, se cerró de golpe. Ante
aquel comentario trivial de Jin-hee, sintió como si le hubieran golpeado la
cabeza con un martillo.
A
medida que el silencio se prolongaba y el ambiente se volvía cada vez más
extraño, Asher se esforzó desesperadamente por articular palabra.
‘Lo
quiero. Muchísimo.’
‘De
verdad lo quiero con todo mi ser.’
Pero
ninguna de esas frases logró salir de su garganta. Había sido capaz de mentir
sin parpadear diciendo que jamás había robado nada, ¿por qué estas palabras tan
sinceras le resultaban tan difíciles? Incluso si ella no era la destinataria,
era una confesión que no se atrevería a hacer ni ante él. Sentía que, si las
pronunciaba, acabaría llorando allí mismo de forma desconsolada.
No
parecía timidez; su incapacidad para responder parecía más bien asfixia. Al
notar su extrañeza, la sonrisa de Jin-hee comenzó a desvanecerse y su rostro se
tensó. Fue entonces cuando una voz interrumpió el momento.
“¿Qué
hacen ustedes dos aquí?”
Jin-hyuk
estaba de pie al final del pasillo. No se sabía cuánto tiempo llevaba
observándolos. Mientras caminaba hacia ellos, el corazón de Asher empezó a
latir con fuerza.
¿Habría
escuchado la conversación con Jin-hee?
Un
escalofrío le recorrió la espalda. Menos mal que no había respondido a su
pregunta. Si lo hubiera hecho y él le pidiera explicaciones, esta vez no
tendría forma de justificarlo; ya tenía el antecedente de haber intentado
besarlo.
“¿Cuándo
ha llegado?”
“Recién.”
Asher
preguntó fingiendo calma mientras examinaba su rostro. Parecía el de siempre,
como si no hubiera oído nada. Si era así, su aparición fue providencial para
cortar aquella charla incómoda con Jin-hee.
“Tardabas
tanto que he salido a buscarte.”
En
su otro brazo llevaba el abrigo de invierno de Asher. Al parecer, ya se iban.
Considerando el tiempo que esperó a que se detuviera la hemorragia nasal, era
cierto que llevaba mucho tiempo sin dar noticias desde que dijo que iba al
baño.
“El
brazo.”
Jin-hyuk
levantó el abrigo. En el momento en que Asher iba a meter el brazo por
costumbre, recordó lo que Jin-hee le había dicho. Se sintió cohibido ante su
mirada y vaciló un instante, lo que hizo que él sacudiera ligeramente la prenda
con extrañeza.
“Póntelo.
Tenemos que irnos.”
Asher
se sentía avergonzado. Aun sabiendo que no era cierto, se avergonzaba de sí
mismo por volver a buscarle significado a sus gestos tras las palabras de
Jin-hee. Se puso el abrigo rápido, esforzándose por no mirar hacia donde estaba
ella. No quería saber qué expresión tenía. Solo quería irme a casa, tal como él
decía.
“Asher.”
Mientras
le arreglaba la solapa del abrigo, Jin-hyuk lo llamó con voz seria. Su mano
rozó el cuello del joven, hurgando con naturalidad en una zona sensible.
Frunció el ceño mientras examinaba su cuello con atención.
“¿Qué
es esto?”
“¿El
qué?”
Asher
pensó que le habría salido algo en el cuello y lo tocó con la yema de los
dedos, pero no sintió nada.
“Sangre.”
“Ah.”
No
era el cuello, sino la ropa. Pensó que no se había manchado, pero parece que el
problema fue haberme limpiado descuidadamente pensando que era mucosidad. De
repente, sintió la boca seca por otro motivo.
“Me
ha sangrado un poco la nariz antes.”
“¿Antes?
¿En el baño?”
Jin-hyuk
acunó las mejillas de Asher con sus manos para examinar su palidez. Su
preocupación por algo como una hemorragia nasal le pareció excesiva, así que
Asher lo apartó muy suavemente para no incomodarlo.
“Sí.
A veces me pasa en invierno. No es nada.”
“¿Le
ha sangrado la nariz?”
Jin-hee
también se acercó a mirar, sorprendida por la noticia.
“Parece
que está cansado.”
“Vámonos
a casa a descansar pronto.”
“Gracias
por la preocupación.”
Asher
le dedicó una pequeña sonrisa a Jin-hee mientras se terminaba de arreglar.
Antes de que Jin-hyuk pudiera hacerlo por él, Asher anudó su bufanda con sus
propias manos.
“Adiós,
hermano. Y controla un poco tu ‘marcado’, que ya no son unos niños.”
Era
un reproche dirigido a Jin-hyuk, pero instintivamente Asher se encogió como si
le estuvieran regañando a él. Sin duda se debía al intercambio de feromonas de
ayer. Le hacía sentir incómodo que él fuera malinterpretado por su culpa,
cuando ni siquiera era algo que él hubiera deseado hacer.
En
el momento en que sus manos se ralentizaron al hacer el nudo, escuchó la
respuesta de Jin-hyuk con voz indiferente sobre su cabeza.
“Yo
me encargo.”
Dicho
esto, lo atrajo con firmeza hacia su costado. Al poner su mano sobre el hombro
de Asher, el joven quedó medio abrazado a él sin quererlo.
“Vámonos.
Nos hemos quedado más tiempo del previsto.”
“¿No
deberíamos despedirnos de sus padres?”
Solo
después de cruzar la entrada principal Asher se dio cuenta de que no se habían
despedido formalmente. Jin-hyuk salió con tanta naturalidad que lo olvidó por
un momento. Cuando intentó darse la vuelta, él lo detuvo.
“Está
bien. No es gente a la que vayas a ver a menudo, así que no te preocupes por
eso.”
Hablaba
como si fueran extraños y no su familia. Pero, irónicamente, precisamente
porque Asher no era de la familia, no podía evitar preocuparse. No era como
Jin-hyuk, que podía actuar sin miramientos por ser hijo de la casa.
Normalmente
Asher no era de los que se preocupaban por la opinión ajena. Tenía tantos
defectos por los que la gente podría criticarlo que, si se hubiera enfadado o
amargado por cada uno de ellos, habría muerto de estrés hace mucho. Solía
ignorar casi todos los rumores, a menos que fueran calumnias graves.
Pero
con los padres de Jin-hyuk era distinto. Aunque no fuera a verlos a menudo, le
dolía que la familia de Jin-hyuk pensara que él era un maleducado por su
origen.
“Ya
les dije que nos íbamos antes de salir a buscar la ropa. No te preocupes.”
Él
le dio unas palmaditas en el brazo. Era un contacto ligero, ni siquiera piel
con piel, pero Asher no supo por qué le resultó tan reconfortante.
“Hoy
te has portado muy bien.”
“Sí...”
No
le salió la típica frase hecha de que no había sido para tanto. Fingir que no
notaba la hostilidad y sonreír le había agotado físicamente.
Asher
apoyó ligeramente la frente en el brazo del hombre. Nada más hacerlo, pensó que
estaba siendo demasiado mimado, pero Jin-hyuk le acarició la nuca con suavidad
para que pudiera apoyarse más. Al final, fue el joven quien se apartó pronto
por miedo a no poder contenerse. Sentía que, si se quedaba más tiempo así,
acabaría haciendo el ridículo.
“¿Jin-hee
no te ha dicho nada malo, verdad?”
“No.
Solo nos saludamos y charlamos un poco.”
“¿Sobre
qué?”
“Bueno...
sobre el matrimonio y esas cosas...”
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Al
hablar de forma vaga, la mirada de Jin-hyuk se volvió afilada. Para evitar que
tuviera un malentendido con su hermana, Asher cortó por lo sano y fue al grano.
“Se
estaba preocupando por mí.”
“Me
alegra oír eso. Si te dice algo innecesario, házmelo saber.”
Aunque
no le dio detalles, él no insistió. Parece que solo quería confirmar si Jin-hee
lo había llamado aparte para regañarlo como sus padres. Incluso sin haber oído
la charla, él debió notar que la conversación final no terminó en el mejor de
los términos.
“Por
cierto, ¿de verdad tienes esa constitución de que te sangre la nariz a menudo?”
“Sí.
En invierno, por la sequedad... solo me pasa cuando estoy cansado, pero siempre
ha sido así.”
“¿No
te duele nada más?”
Jin-hyuk
volvió a preguntar para asegurarse.
“Tienes
que decírmelo con claridad. Si es una enfermedad grave y no se trata a tiempo,
no habrá solución.”
“No
es nada de eso.”
Al
mirarlo a los ojos y negarlo con firmeza, él asintió levemente, más aliviado.
Caminaron juntos por el sendero de piedra del jardín para volver a casa.
Mientras
estaban dentro, parecía que había caído un poco de aguanieve; la fina capa de
nieve en el jardín crujía bajo sus pasos antes de desaparecer. El jardín, con
los pinos cubiertos por una pizca de nieve blanca, era tan hermoso que Asher se
habría quedado absorto mirándolo si no fuera la casa de sus suegros.
Al
caminar tan pegados, el dorso de la mano de Jin-hyuk rozó la del joven. La
vacilación de Asher fue breve. Como Jin-hyuk acababa de aceptar sus mimos, se
sintió valiente. Deslizó su mano hasta sujetar la suya, que asomaba por fuera
de su abrigo.
Sintió
cómo la mano del hombre se tensaba al instante. Justo cuando su osadía empezaba
a desvanecerse frente a su mirada, la mano rígida de Jin-hyuk se movió
lentamente para entrelazar sus dedos con los de Asher.
El
hombre, con sus dedos firmemente entrelazados, siguió caminando. Asher caminó a
pasos rápidos, pegado a él como los pingüinos que pasan el invierno juntos.
Incluso en el frío, su cuerpo emanaba calor, y solo tomar su mano le hacía
sentir relajado.
De
repente, Asher recordó el día que fueron por primera vez al museo. Aquella vez
en la que no podía acortar la distancia y solo esperaba a que él se acercara.
En aquel entonces, incluso el roce de sus manos parecía algo prohibido. Pensó
que esa distancia sería eterna.
Asher
no sabía si era tan especial para Jin-hyuk como decía Jin-hee. Hubo un tiempo
en que él también tuvo esa ilusión, pero tras ser rechazado cruelmente, no
podía evitar ser precavido.
Sin
embargo, lo que era seguro era que ahora podía tomar su mano cuando quisiera.
Jin-hyuk ya no mantenía las distancias como si Asher fuera un germen peligroso.
Sea
como sea, a partir de hoy se había convertido oficialmente en su prometido y
futuro esposo, reconocido incluso por su familia. Nadie sabía cuánto había
anhelado esa medalla. Ni siquiera el Alfa que caminaba a su lado.
Al
volver a casa, Asher cenó tarde y se desplomó en la cama. El cansancio lo
invadía, pero debido al café que tomó por la tarde, sus ojos estaban abiertos
de par en par.
Como
habían estado juntos todo el día, no parecía que fueran a hacer el intercambio
de feromonas por separado. Últimamente, Jin-hyuk lo llamaba al salón después de
cenar para pasar tiempo juntos.
Ayer
lo ayudó a resolver problemas de matemáticas, y anteayer sacaron el equipo de
cine en casa para ver una película juntos. Dijo que era una película que le
gustaba cuando iba al instituto; era un romance pausado en blanco y negro.
Asher, que al principio estaba emocionado por ver una película con él, terminó
quedándose dormido.
Él,
en lugar de reprocharle por haberse quedado frito en el sofá, prometió que
irían al cine cuando se estrenara una de superhéroes.
Tumbado
en la cama, rumiando los momentos que pasaron juntos, Asher se incorporó de
golpe y tomó el móvil que se estaba cargando. Tras varios tonos, Moon Seung-won
contestó.
—
¿Diga?
Junto
a la voz de Seung-won, se oía un alboroto de gente hablando. Risas de hombres y
mujeres se mezclaban. Parecía que todos estaban bastante borrachos.
“Hola.
¿Estás ocupado?”
—
No, no es eso...
Aunque
Seung-won habló, el final de su frase quedó sepultado por el ruido.
“¿Qué
dices?”
—
No...
Seguía
diciendo algo, pero lo único que Asher entendía era la palabra ‘no’. Ante su
incapacidad para entenderlo tras varios intentos, Seung-won gritó furioso a los
que lo rodeaban:
—
¡Malditos locos, callense un poco!
Parece
que no tuvo mucho efecto, pues se oyeron abucheos. Seung-won soltó un par de
palabrotas y le dijo por el auricular: “Espera un momento.”
El
ruido cesó, señal de que había salido fuera. Seung-won sorbió por la nariz.
—
Habla rápido, que hace frío.
“Hyung.”
—
¿Por qué me llamas ‘hyung’ de repente? ¿Quieres pedirme algo? No tengo dinero.
Al
escuchar su voz hosca, tan familiar, a Asher se le escapó una risita.
“No
es eso.”
—
¿Entonces para qué llamas?
Al
intentar decir a qué venía la llamada, a Asher se le secó la boca.
“Cuando
te enteraste de que estaba embarazado.”
—
Sí.
“En
realidad pensaste que no podría casarme, ¿verdad?”
—
Bueno...
“Me
refiero a con ninguno de los dos.”
Parecía
dudar entre mencionar a Kang Woo-seok o al ‘Director’, así que Asher habló con
claridad. Seung-won respondió como si fuera obvio.
—Sí.
Pensé que, como trabajar justo después de abortar sería agotador, lo mejor era
que aceptaras el dinero. Necesitabas descansar, ¿no? Uno de ellos era apenas
uno o dos años mayor que tú, no estaba en edad de casarse, y el otro... bueno,
normalmente ese tipo de gente no se casa con chicos como nosotros.
A
pesar de su tono indiferente, Asher, que había vivido con Moon Seung-won
durante más de un año, notó que algo en su actitud resultaba extraño.
“¿Estás
hablando de tu propia experiencia, hyung?”
Al
otro lado de la línea solo hubo silencio. Tras una larga pausa, Moon Seung-won
carraspeó.
—Dame
un momento para fumar.
Por
su forma de mascullar, parecía que ya tenía el cigarrillo en la boca. No es que
necesitara el permiso de Asher; se escuchó el clic del encendedor.
Mientras
Seung-won fumaba, Asher permaneció tumbado en la cama mirando el techo.
—En
mi caso, como no dije nada, me costó bastante dinero. Por eso terminé en el
centro de acogida y luego pegado a ti como un parásito.
“...”
—Es
que eras el que más cara de tonto tenías.
Seung-won
lo soltó con ligereza, esforzándose por sonar bromista.
—Pero
creo que, aunque lo hubiera dicho, el resultado habría sido el mismo.
Asher
no lo sabía. Siempre le había parecido que, para lo trabajador que era,
Seung-won no tenía mucho dinero ahorrado. Recordando aquellos tiempos,
Seung-won solo mencionaba que había ido de casa en casa tras marcharse de la
suya, pero nunca entró en detalles, a pesar de que Asher conocía perfectamente
lo inútiles que eran sus padres.
“Creo
que eres alguien increíble, hyung.”
—¿De
qué hablas de repente?
Su
voz sonó desconcertada, pero Asher continuó con firmeza.
“Lo
pensé desde la primera vez que te vi. Eres diferente a los otros chicos que
viven sin pensar en nada. Incluso trabajas en el taller mecánico. Dijiste que
yo era el que más cara de tonto tenía, pero... para mí, tú eras la persona más
confiable.”
—...
Haz lo que quieras.
Seung-won
respondió con brusquedad. Asher podía imaginarlo perfectamente, sin saber qué
hacer ante la vergüenza de recibir un cumplido.
“¿Vendrás
a la boda?”
—Lo
pensaré.
“Solo
te tengo a ti como amigo.”
—Este
maldito... ahora que ha terminado de decir lo que quería, me tutea.
Ante
el insulto de Seung-won, Asher soltó una risita tonta.
“Nos
vemos luego.”
—Oye...
Seung-won
vaciló un instante antes de hablar con voz insegura.
—Si
no quieres casarte, simplemente ven aquí. No tienes por qué hacerlo.
En
lugar de responder a eso, Asher dijo otra cosa.
“Hace
frío, entra ya.”
—Cuelgo.
La
llamada se cortó con frialdad. Ya no se escuchaba la voz de Seung-won al otro
lado.
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Tanto
Seo Jin-hee como Moon Seung-won decían lo mismo: que aún podía dar marcha
atrás. Asher se encogió de lado, rodeándose a sí mismo con los brazos. Un frío
similar al de sumergirse en el mar de invierno lo invadió. Pensando que el
agotamiento le estaba provocando escalofríos, se cubrió con la manta.
Había
razones de sobra para no seguir adelante con este matrimonio. Eran tantas que
no alcanzarían las dos manos para contarlas. Incluso él mismo dudaba tanto que
por eso había terminado llamando a Moon Seung-won. A pesar de haber conocido a
los padres de Seo Jin-hyuk, todavía podía retroceder. Podía vivir como si nunca
lo hubiera conocido. Probablemente, eso sería lo mejor para Jin-hyuk también.
Pero.
Pero
es que habían prometido ir al cine pasado mañana...
Asher
cerró los ojos con fuerza. La conclusión era clara.
Incluso
si era un dolor agonizante, como si el agua llenara sus pulmones mientras
luchaba por respirar, estaba dispuesto.
Quería
ahogarse.
