Drown

 


Drown

Los dedos de Jin-hyuk, que rozaron su mejilla fría con extrema lentitud, deambularon por la línea de su mandíbula. Asher, olvidándose incluso de respirar, contempló los ojos del hombre como si estuviera hechizado. Era una mirada de una franqueza casi grosera. Aquellos ojos negros se movieron despacio, bajando desde los suyos hasta recorrer su rostro.

“Y no te enfermes tampoco.”

De los ojos a la nariz, de las mejillas a los labios. Cada lugar donde se posaba esa mirada se sentía como si fuera marcado con hierro ardiente. Los largos dedos de Jin-hyuk se adentraron lentamente en su nuca. Al notar que su cabello estaba empapado, el hombre vaciló un instante y retiró la mano.

“Tienes el pelo totalmente mojado. Es tarde, pero toma una ducha antes de dormir.”

El calor que había inundado su nuca desapareció en un parpadeo. Inconscientemente, Asher se aferró a la tela de la ropa de Jin-hyuk.

“Yo…”

La mente de Asher se quedó en blanco bajo la mirada del Alfa, que esperaba a que terminara la frase. No sabía por qué lo había detenido, si ni siquiera podía reunir el valor para pedirle que se quedara con él. Aunque estaban a las puertas del matrimonio, Asher sabía que estaban muy lejos de ser lo que se dice una pareja de esposos.

Justo cuando estaba a punto de morir de vergüenza por su vacilación, miró el rostro de Jin-hyuk, que lo observaba en silencio, y abrió la boca sin pensarlo.

“¿Quiere que... le cure la herida?”

 

Mientras se aseaba en el baño de su habitación, Asher sintió una punzada de arrepentimiento, afilada como un caramelo de limón roto, mezclada con una pizca de alegría. Se recriminaba por haber dicho algo innecesario y, a la vez, sentía una tenue felicidad porque él había aceptado.

No sabía cómo es que se había fijado en la herida de su frente. Quizás, como siempre lo observaba a escondidas —como una rata de alcantarilla—, era algo que ya tenía grabado en un rincón de su mente. Tras soltar aquellas palabras, esperó tenso su respuesta, rogando que no lo rechazara con frialdad.

Ya era pasada la medianoche y Jin-hyuk debía de estar agotado tras haber cuidado de él mientras vomitaba. Además, desinfectar su frente era tarea de un médico. A medida que Asher enumeraba las razones por las que el Alfa debería rechazarlo, su propia propuesta empezó a parecerle una fantasía absurda. Ya podía imaginar la escena en la que el hombre declinaba amablemente y lo enviaba a su habitación.

Eso fue hasta que escuchó la respuesta de Jin-hyuk.

‘Está bien.’

Tras un silencio tan largo como el tiempo que Asher pasó aferrado a él, el hombre aceptó.

‘Dúchate primero. Si estás muy cansado, puedes irte a dormir después.’

Con un toque afectuoso, Jin-hyuk lo empujó suavemente hacia su cuarto.

‘Ve.’

Asher abrió la ducha recordando la sensación de aquellos dedos en su nuca. El agua caliente cayó sobre su cabeza sin que tuviera que preocuparse por el gasto en calefacción. Las burbujas de jabón eran succionadas por el desagüe siguiendo el curso del agua. Mientras recibía el impacto del agua como si estuviera bajo la lluvia, se rozó los labios de repente.

Había pensado que iba a besarlo.

No sabía por qué había tenido esa ilusión. Tal vez esperaba demasiado de la magia del Año Nuevo, o quizás su malestar físico había nublado su juicio. No había ni rastro de feromonas sexuales. Si Jin-hyuk fuera un Beta, Asher habría tenido un hilo de esperanza para colgarse de su cuello y frotar sus labios contra los suyos, pero Jin-hyuk era un Alfa. Ante sus feromonas extremadamente controladas, se sentía perdido.

Incapaz de descifrar las emociones del hombre, Asher sentía que se había lanzado a un océano inmenso. El sentimiento de desolación lo empapó de pies a cabeza. Cerró la ducha y salió del cubículo. El problema era que Jin-hyuk nunca mostraba fastidio, a pesar de que Asher solo le causaba molestias. Por eso, sus expectativas no dejaban de crecer.

Aunque deseaba que Jin-hyuk lo odiara solo un poco, que lo viera como un estorbo para no ilusionarse, no dejaba de molestarlo. ¿A dónde había ido su promesa de vivir como un muerto viviente sin causarle problemas cuando llegó a esa casa?

Al recordar lo ocurrido hace un momento, sus feromonas empezaron a fluir sin control. Se aferró al lavabo y respiró hondo, intentando organizar sus emociones. No podía ir a la habitación de Jin-hyuk en ese estado; le daban náuseas de solo pensar en presentarse goteando feromonas sin control.

Se secó el pelo por encima y se puso el pijama. Había perdido demasiado tiempo duchándose y calmando sus feromonas. Ya era casi la una de la madrugada. A esa hora lo normal era estar durmiendo; era posible que Jin-hyuk se hubiera cansado de esperar. Sus manos se movieron con urgencia al vestirse.

A pesar de la prisa con la que salió, se detuvo en seco frente a la puerta del Alfa. Recordó la vez que había recogido gachas hirviendo con las manos desnudas en ese mismo lugar. Recordaba perfectamente lo que ocurrió después. El corazón se le oprimió. No se atrevería a llamar y solo manoseaba el pomo de la puerta. Tenía la fuerte sensación de que la habitación de Jin-hyuk era un espacio prohibido para él.

‘¿Debería volver?’

Podría poner la excusa de que se quedó dormido después de secarse el pelo cuando lo viera por la mañana. Justo cuando estaba a punto de dar media vuelta por puro miedo... la puerta se abrió.

“¿Qué haces ahí fuera?”

Jin-hyuk, recién duchado y en pijama, estaba frente a él. Llevaba un pijama azul marino y sostenía una taza en la mano. Parecía que iba a beber agua.

“Acabo de llegar.”

Asher no mencionó que estaba a punto de huir.

“Entra.”

El hombre se hizo a un lado y abrió la puerta de par en par. La habitación estaba iluminada por una luz ambiental tenue. Al ver el botiquín sobre la mesa, Asher comprendió que Jin-hyuk planeaba curarse e irse a dormir enseguida. Era lo lógico dada la hora.

Mientras Jin-hyuk iba a por agua, Asher se sentó en una silla, rígido. Aunque ya había pasado una noche allí, todo le resultaba ajeno: la mesa de centro, la lámpara junto a la cama, los libros apilados, el móvil boca abajo, la alfombra bajo sus pies, el aroma a champú que salía del baño entreabierto, las sábanas con la marca de donde él se había sentado, y el cielo oscuro tras el ventanal...

Ya se había olvidado de su impulsiva oferta de curarle la herida. Estaba tan cohibido que parecía que Jin-hyuk lo había traído allí a la fuerza. Las feromonas de Alfa que flotaban en el aire, lejos de ser familiares, estimulaban una sensación de incomodidad. Lo que sentía —ese pulso acelerado y esa tensión que le cortaba la respiración— era demasiado doloroso para llamarlo amor y demasiado excitante para llamarlo miedo.

Mientras Asher recorría la habitación con la mirada, como un turista en una ciudad extraña, Jin-hyuk regresó. Traía dos tazas en las manos.

“Bebe esto.”

Dejó una taza frente a Asher.

“Es leche con miel, pruébala. Tienes el estómago vacío y deberías tomar algo antes de dormir.”

“Ah…”

El hombre que en Nantes le había ofrecido leche en lugar de alcohol no había cambiado. Parecía preocupado porque Asher lo había vomitado todo, incluso la cena. Ciertamente, el joven se sentía vacío por dentro, aunque el cansancio y los nervios no le habían dejado notar el hambre. Al rodear la taza con sus manos, sintió el calor reconfortante de la leche.

“Si no puedes, no te obligues.”

Interpretando la vacilación de Asher como rechazo, el hombre hizo amago de llevarse la taza, pero Asher se apresuró a beber.

“Gracias. Me la tomaré.”

Era una leche dulce y tibia, perfectamente calentada. No olía a nada desagradable. La miel no se había disuelto del todo y algunos grumos le resultaron demasiado dulces, pero eso no importaba. Mientras bebía, notó la mirada de Jin-hyuk y lo miró con curiosidad. El hombre señaló su propio cabello.

“No te has secado bien el pelo.”

“Ah. Sí... lo intenté, pero al final...”

Asher soltó una risita tonta, avergonzado. Había salido con tanta prisa que algunas partes seguían húmedas. El hombre se levantó y trajo un secador.

“Te vas a resfriar, así que primero sécate el pelo.”

“Yo... yo lo haré.”

Asher intentó apartarse cuando vio que él pretendía hacerlo, pero Jin-hyuk lo sujetó con facilidad.

“Si lo haces tú, lo harás a medias.”

Hablaba como si Asher fuera un niño de seis años. Había venido a curarle la herida y terminaba siendo una molestia de nuevo. El aire caliente del secador acarició su nuca. Los dedos del hombre se hundieron suavemente entre sus mechones.

Asher sentía tantas náuseas por la emoción que creía que iba a vomitar de nuevo. Apretó los puños, luchando por no inmutarse. En cuanto sintió que su pelo estaba seco, se alejó rápidamente de su toque. Esta vez, el hombre no lo retuvo.

“Ya está. Ahora desinféctese usted y duerma, Director.”

Asher agachó la cabeza y sacó con urgencia el antiséptico y las gasas del botiquín. Sentía que si se quedaba un segundo más así, terminaría colgándose del cuello de Jin-hyuk de verdad.

El hombre, tras guardar el secador, se sentó frente a él y se quitó el parche de color carne de la frente. Los puntos de sutura aún eran visibles. Era una herida pequeña, pero si no se cuidaba, podría dejar una cicatriz en su frente perfecta.

“¿Se ha estado curando solo todo este tiempo?”

“No me gusta depender de manos ajenas.”

A pesar de sus palabras indiferentes, ahora estaba confiando su curación a Asher. En lugar de preguntarle por qué con él era distinto, el joven empapó un algodón con el líquido. El olor penetrante del antiséptico inundó sus fosas nasales. Tras comprobar que el algodón no goteaba, Jin-hyuk se apartó el cabello que cubría ligeramente su frente.

Él cerró los ojos lentamente y los volvió a abrir, observando a Asher con una mirada lánguida. Debido a su párpado caído en un solo ojo, su expresión siempre conservaba un matiz de arrogancia o desdén. A Asher le ardía la garganta; sintió deseos de beberse de un trago el resto de la leche que había dejado a medias.

Para no delatar sus intenciones, desvió la vista hacia la herida. Parecía casi curada; no supuraba. Solo los puntos, entrelazados como raíces de árboles sobre su frente tersa, daban fe de lo ocurrido.

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“No quedará cicatriz, ¿verdad?”

“Si recibo el tratamiento adecuado, no.”

Era la primera vez que Asher lo miraba desde arriba. Estaba acostumbrado a alzar la vista hacia hombres más altos, o a verlo sentado a su lado o frente a él.

Asher acercó el algodón húmedo a la herida que Jin-hyuk exponía sin defensa alguna. En cuanto lo tocó, el Alfa frunció el ceño.

“¿Le duele?”

Asustado, Asher retiró el algodón de golpe.

“No es eso. Es que está un poco frío.”

Parecía que Asher no servía para la medicina; reaccionaba con exceso de sensibilidad ante algo que era simplemente frío, a pesar de que la herida estaba casi cerrada y lista para que le quitaran los puntos.

“¿Cuándo se los quitan?”

Frotó lentamente la herida con el algodón. Jin-hyuk tamborileó suavemente sobre su muslo con los dedos. Pareció reflexionar, bajando la mirada un instante antes de fijarla directamente en Asher.

“Probablemente... en tres días.”

Parecía haber tardado un poco en recordar su agenda.

“Me alegra que esté casi curado.”

La desinfección terminó pronto. Asher concluyó limpiando con una gasa el exceso de líquido que se había escurrido por la frente debido a su falta de pericia.

Por suerte, pudo quedarse en su habitación más tiempo del necesario. Dejó el algodón usado sobre la mesa, sacó un parche y lo colocó con cuidado sobre la herida, esforzándose por que quedara derecho.

“Ya está.”

El lugar quedó hecho un desastre: algodones empapados, pinzas manchadas de antiséptico marrón y gasas arrugadas. Era casi vergonzoso. Jin-hyuk se tocó la frente donde estaba el parche.

“Avíseme cuando le quiten los puntos.”

Asher quiso decir que quería acompañarlo al hospital, pero se tragó las palabras. Al fin y al cabo, era un hombre adulto y él no podría hacer nada allí.

Empezó a recoger los utensilios de medicina uno a uno. Sin embargo, Jin-hyuk lo detuvo tirando suavemente de su mano.

A causa del movimiento, a Asher se le escaparon las pinzas, que cayeron con un pequeño tintineo metálico, pero al hombre no pareció importarle. Sin apartar la vista de sus ojos, el Alfa depositó un beso fugaz en sus dedos.

Asher se quedó petrificado, con la boca entreabierta, mirando al hombre. Jin-hyuk, como si hubiera previsto su reacción, habló con calma:

“Yo me encargaré del resto, así que ve a dormir.”

Como hechizado por sus palabras, Asher se levantó y regresó a su habitación.

Pasada la una de la madrugada, su cuarto estaba sumido en la oscuridad y su mente se sentía nublada, como si estuviera ebrio. Para asegurarse de que lo ocurrido no era un sueño, tuvo que quedarse apoyado contra la puerta durante un largo rato, sujetando la mano que los labios del hombre habían tocado.

Y al día siguiente de Año Nuevo, apareció en el salón una mesa lo suficientemente grande como para estudiar. Estaba ubicada en el lugar donde mejor daba el sol.

 

El escritorio instalado en el salón parecía una mancha en una casa perfectamente decorada. Resultaba tan fuera de lugar como si alguien hubiera volcado un tarro de agua mientras pintaba una acuarela.

Se notaba el esfuerzo por encontrar un escritorio que combinara con la decoración del salón, pero tanto la mesa como la silla encajaban más en un estudio que allí. Al ver el escritorio de estudio situado de forma incongruente junto a la mesa de té, Asher sintió una punzada en el pecho.

Su comentario sobre que prefería estudiar en el salón había tenido esa consecuencia. Solo era una mentira para poder recibir a Jin-hyuk cuando llegara.

“Parece que el Director ha preparado esto para que use el salón”, dijo la empleada doméstica mientras pelaba dos naranjas y las dejaba sobre el escritorio nuevo, como si fuera lo más natural del mundo que Jin-hyuk arruinara la estética de su casa por Asher.

“Eso parece.”

Como negarlo resultaba absurdo, Asher se limitó a asentar.

“He oído que hoy saldrán. ¿Cenarán fuera?”

Asher pensó que la salida se había cancelado al no haber noticias, pero parecía que el plan de ir a ver coches seguía en pie. Recordó lo que había desayunado antes de responder.

“No estoy seguro.”

Hacía apenas dos días que había devorado un caldo de algas para luego vomitar todo el hotteok. Dependiendo de su estado, podía comer carne de ternera o ser incapaz de tolerar siquiera una manzana ácida.

“Entonces dejaré comida preparada, solo tendrá que calentarla.”

“Está bien.”

La empleada, que observaba la escena con una sonrisa satisfecha, pareció recordar algo de repente.

“¡Qué cabeza la mía! Los dejo para que pueda estudiar.”

Se marchó del salón con una sonrisa, como si estuviera viendo a una pareja de recién casados bien avenida. A pesar de saber que dormían en habitaciones separadas, parecía asumir que tenían sus razones.

Al quedarse solo, Asher acarició la superficie de madera del escritorio. Escuchaba el ajetreo de la empleada en la cocina. Al reclinarse en la silla, esta se deslizó un poco hasta detenerse frente al ventanal.

En el cristal, limpio como un espejo, se reflejaba su rostro. Asher frotó con el pulgar el dedo donde habían rozado los labios de Jin-hyuk.

A pesar de haber pasado la noche en vela pensando en cómo darle la cara al día siguiente, Jin-hyuk lo había tratado como si nada hubiera pasado. Sí, lo que hizo en su dedo fue demasiado breve para llamarlo beso. Solo el aliento cálido del hombre rozando su piel le aseguraba que no había sido una alucinación.

¿Habría sido otro error? Como la vez que se acostaron. Era muy tarde, ambos eran adultos y, fuera cual fuera la verdad, él era el prometido que llevaba a su hijo; quizás solo fue un impulso momentáneo.

Incluso si fuera simple deseo sexual, le bastaría.

Quería ilusionarse. Tenía tantas ganas de hacerlo que sentía que iba a morir. Incluso las acciones sin importancia de Jin-hyuk tenían el poder de asfixiarlo o darle aire.

Incapaz de probar bocado de las naranjas, Asher se mordisqueó los labios antes de tomar el teléfono y llamar al Alfa. No tardó mucho en obtener respuesta.

¿Ya llegó?

Jin-hyuk preguntó directamente en lugar de saludar, como si supiera perfectamente por qué llamaba. Asher desvió la mirada más allá del cristal. El jardín que Jin-hyuk decía que valía la pena ver estaba lleno de árboles desnudos. Los brotes y las flores no saldrían hasta marzo. Probablemente, para entonces, ya se habrían mudado a otro lugar.

Asher se humedeció los labios antes de hablar.

“Sí. El escritorio ya está aquí. Pero…”

¿No te gusta?

“No es que no me guste.”

Al contrario, le gustaba demasiado. El pensamiento de que él estaba sacrificando algo por su culpa era suficiente para alimentar esperanzas infundadas.

“Es que está ahí en medio del salón. Podría haber estudiado en la mesa que ya había. Solo salgo de mi habitación de vez en cuando.”

Se explicó atropelladamente para que él no lo malinterpretara.

La silla que había antes es incómoda. No es para estudiar, te acabaría doliendo el cuello o la espalda.

Su voz sonaba como si las preocupaciones de Asher no fueran importantes.

No le des vueltas.

“Pero si vienen visitas…”

Asher.

La voz firme cortó sus pensamientos ante su persistente vacilación.

Eso no importa. Las personas que vienen a esta casa se pueden contar con los dedos de una mano y casi nunca vienen. Ya lo sabes.

Asher sabía que solo venían Jae-seok o su familia, y que rara vez lo hacían. En realidad, lo que importaba era la voluntad de Jin-hyuk.

Yo también leo en el salón de vez en cuando.

“Sí, es verdad.”

Asher asintió rápidamente, como si necesitara confirmar que aquello no era exclusivamente por él.

Así podremos estudiar juntos.

Jin-hyuk era un hombre ocupado, así que difícilmente pasarían mucho tiempo codo con codo. Sin embargo, Asher sabía que cumpliría su palabra al menos una vez.

Por cierto…

El hombre, que lo había convencido con ligereza, alargó el final de la frase.

¿No tienes nada más que decirme aparte de que está "bien"?

“¡Ah!”

Asher soltó un pequeño grito al darse cuenta y escuchó la risa de Jin-hyuk al otro lado de la línea. El sonido hizo que su rostro se encendiera. Con retraso, dijo las palabras que debía:

“Muchas gracias.”

“Me gusta mucho, de verdad. La altura del escritorio y la silla son muy cómodas... y se ve muy bien el jardín.”

Te agradecería que me lo dijeras también cuando nos veamos en persona.

“Sí, sí. Por supuesto.”

Con el rostro ardiendo, Asher se acarició las mejillas repetidamente. Menos mal que Jin-hyuk no estaba allí para verlo.

Iremos a ver los coches en un rato, así que descansa y ve eligiendo cuál quieres.

Tras colgar, Asher observó el jardín con más detalle. A diferencia de antes, algo captó su atención. Había sido un error pensar que todo estaba inerte y desnudo. En una rama de roble, había un muérdago. Tenía hojas verdes.

 

Aunque él le dijo que eligiera un coche mientras descansaba, para Asher era una tarea titánica. No era un coche de juguete. Incluso el más barato costaba más que la fianza de su antigua habitación de alquiler.

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Si al menos supiera de coches, habría sido más fácil; podría haber fingido desinterés y pedirle uno que le gustara. Pero como no tenía ni idea, incluso saber qué modelo era bueno resultó ser un obstáculo, por lo que pasó el tiempo buscando en internet "coches para principiantes".

Finalmente, su dilema terminó cuando recordó una marca que había oído mencionar mientras trabajaba en Nantes. Era un sedán nacional de gama bastante alta. Se esforzó por encontrar algo que no pareciera excesivamente barato a ojos de Jin-hyuk, pero que tampoco fuera escandalosamente caro. Aunque, por supuesto, cualquier coche era algo que él jamás habría podido permitirse en circunstancias normales.

Probablemente, durante un tiempo, el vehículo solo ocuparía un espacio en el garaje más como un coche de Jin-hyuk que como suyo. Al menos, hasta que sacara la licencia, podría rogarle que lo llevara en su propio coche.

Cuando terminó de prepararse y bajó al garaje, localizó enseguida el coche con el motor encendido. Se acercó casi corriendo por la emoción.

“¿Ya está aquí?”

“No corras.”

Cuando Asher abrió rápidamente la puerta del copiloto, él lo detuvo con severidad.

“Ah, sí.”

Respondió tenso, pero el Alfa añadió con voz más suave:

“El suelo está resbaladizo. No quiero que te caigas por correr.”

Era invierno y el suelo estaba algo helado, lo que parecía preocuparle. Aunque Asher sabía que el garaje de una villa de lujo estaba bien mantenido y no era para tanto, no le llevó la contraria. Simplemente prometió con docilidad:

“No lo haré.”

Jin-hyuk sonrió ante su respuesta. El hombre que lo había mantenido dando vueltas en la cama toda la noche parecía hoy completamente inocente. Aun así, Asher no tenía el valor para preguntarle qué significaba el beso en el dedo de la noche anterior. Simplemente fingiría, al igual que él, que nada había sucedido.

“Ya le han quitado los puntos.”

Algo había cambiado: en lugar de la venda, Jin-hyuk llevaba unas tiras de Steri-Strip en la frente. Estaban medio ocultas por su cabello y, al ser del mismo tono que su piel, Asher tardó un poco en darse cuenta.

“Ah.”

El hombre se tocó cerca de la cinta de la herida.

“La cita en el hospital era hoy.”

“Incluso usted se equivoca a veces, Director.”

Asher pensaba que faltaban dos días, pero parece que le habían quitado los puntos antes de lo previsto. Seguramente era su secretario quien gestionaba su agenda, por lo que era difícil que él recordara cada detalle.

“Eso parece”, respondió Jin-hyuk con una sonrisa leve. “Por cierto, ¿qué te parece el escritorio ahora que lo has probado?”

“Lo verá cuando subamos, pero vengo de estudiar allí mismo. Es fantástico.”

Asher había pasado el tiempo eligiendo el coche y estudiando hasta que la empleada le avisó de la hora. Había salido con tanta prisa que su escritorio debía de estar hecho un caos, como si fuera el cuarto de un estudiante preparándose para unas oposiciones importantes.

“Me alegra oírlo.”

“Gracias de verdad.”

Tal como prometió por teléfono, Asher no dejó de darle las gracias. Lo hizo tantas veces que Jin-hyuk, con las mejillas ligeramente sonrosadas, le pidió que parara.

“No es necesario llegar a tanto.”

Con un gesto de cierta timidez, el hombre le acarició el cabello. Ante ese toque fugaz, Asher cerró la boca de golpe, como si alguien hubiera apagado su interruptor.

Cuando el coche se incorporó a la carretera principal, Jin-hyuk preguntó como si lo acabara de recordar:

“¿Tienes náuseas?”

“Hoy estoy bien. Creo que lo del otro día fue por comer demasiado.”

“Si sientes cualquier molestia, dímelo de inmediato.”

El lugar al que se dirigieron le resultó extrañamente familiar. No parecía un concesionario de coches. Era un edificio en el que ya habían estado juntos. Aunque pensó que pasarían de largo, el destino era claramente ese.

Asher miró a Jin-hyuk, desconcertado, y este le devolvió una sonrisa ambigua.

“Te compraré el coche, pero primero pasemos por el hospital.”

No era muy distinto a cuando engañan a un niño diciendo que van a por helado para terminar en el dentista. Asher se sentía absurdo: lo habían traído al hospital con la excusa de comprar un coche. No sabía ni por dónde empezar a protestar. No necesitaba el coche, y tampoco necesitaba excusas para ir al médico.

“Tus náuseas son muy fuertes, pensé que sería mejor que te revisaran”, añadió él, casi como una disculpa.

Mientras Asher pasaba la noche pensando en el beso en el dedo, Jin-hyuk había estado planeando cómo convencerlo para traerlo aquí.

“Además, dijiste que tenías que volver para un control regular.”

“Es cierto”, asintió Asher lentamente. No se lo había dicho a Jin-hyuk, pero la última vez que salió de esa consulta, no tenía certezas. No había decidido qué hacer con el ‘problema’ que crecía en su vientre. Si Jin-hyuk le hubiera dado la espalda, solo habría tenido una opción.

Pero allí estaba de nuevo, no como un chico asustado con un embarazo accidental y un tutor indiferente, sino como parte de una pareja comprometida. El entusiasmo que sentía por pasar tiempo con él se desvaneció un poco, sustituido por el miedo a lo que el doctor pensaría de este cambio de roles. Aun así, sabía que esta vez sería menos humillante.

“Director Seo, nos volvemos a ver.”

El médico, como de costumbre, se esforzó más en saludar a Jin-hyuk que a su propio paciente. Parecía genuinamente sorprendido de verlos de nuevo.

“Hola. Cuento con usted hoy también.”

“Por supuesto. ¿Asher?”

“Hola.”

Asher se quejó internamente pensando que lo trataban como a un niño, pero quizás no se equivocaba. Estaba tan tenso como frente a un dentista. Realmente necesitaba que lo sobornaran con coches o comida para estar allí.

El médico le indicó amablemente que se sentara. Esta vez, la posición de Jin-hyuk había cambiado. En lugar de sentarse a una distancia prudencial como un espectador, se sentó justo al lado de la silla de examen. El médico los observó con curiosidad. Aunque Jin-hyuk se presentaba como su tutor, Asher era un adulto; resultaba extraño que lo acompañara de forma tan cercana si no eran parientes.

“Nos vamos a casar pronto.”

Jin-hyuk reveló su relación con una facilidad pasmosa. Ante esa declaración, el médico cambió su semblante a uno de felicitación inmediata, como si siempre hubiera sabido que eran prometidos. Era un profesional; no iba a cuestionar los detalles privados de un cliente VIP.

“Felicidades por su matrimonio, Director.”

“Gracias”, respondió Jin-hyuk con una sonrisa de manual.

“Supongo que la boda será pronto.”

“Ese es el plan.”

Asher escuchaba los planes de boda como si hablaran de otra persona. No sabía nada de esas fechas.

“Bien, ¿empezamos con el examen?”

 

A diferencia de la última vez, donde solo confirmaron la existencia del bebé, ahora realizaron varias pruebas, incluyendo análisis de sangre. El médico llamó a Jin-hyuk a la sala de ecografías. Asher estaba rígido en la camilla cuando una mano grande tomó la suya.

“¿Qué debemos hacer?”, preguntó Jin-hyuk mientras escuchaba las explicaciones del doctor sin soltar a Asher.

En la nueva ecografía, lo que antes parecía un insecto ahora se asemejaba más a una pequeña criatura. Había progresado. Asher pensó que ese ‘estorbo’ realmente estaba creciendo. Le resultaba asombroso, pero también aterrador y algo repelente. No obstante, guardó sus pensamientos para sí mismo.

A diferencia de Asher, que miraba la pantalla de reojo como si viera una película de terror, Jin-hyuk observaba cada detalle con atención. Parecía un prometido de verdad.

“¿Le gustaría escuchar el latido del corazón? El padre también debería comprobarlo.”

El médico no mencionó la vez anterior en que Asher se negó a escucharlo; simplemente invitó a Jin-hyuk a hacerlo.

“De acuerdo.”

Él aceptó sin dudar. Mientras Jin-hyuk escuchaba el latido, Asher clavó la vista en la pared. No sabía qué estaría pensando el hombre. Quizás se sentía incómodo escuchando el corazón de alguien que ni siquiera estaba seguro de que fuera suyo. Mientras tanto, Asher no tuvo más remedio que apretar la mano de Jin-hyuk con fuerza; era su único punto de apoyo.

Al salir de la sala de ecografías, Asher estaba exhausto. Solo había estado tumbado, pero sentía que se le habían agotado las energías. Cuando flaqueó un poco, Jin-hyuk lo sostuvo. Asher intentó soltarse por reflejo, pero el brazo del hombre lo sujetó con firmeza y suavidad.

Solo se soltó al entrar de nuevo en el despacho, sintiendo la mirada del médico. No es que fuera a desmayarse, solo estaba cansado. El doctor puso la ecografía en la pantalla.

“Los resultados de los análisis estarán para la próxima visita. Tendremos que hacer más pruebas entonces, así que es vital que vengan.”

“Entendido.”

Jin-hyuk agendó la próxima cita. Aunque el médico miraba a Asher, la mayoría de las preguntas iban dirigidas al Alfa. Asher abrió y cerró la mano, aún sintiendo el calor de cuando Jin-hyuk lo sostuvo.

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“Como ya saben, el embarazo en Omegas masculinos es difícil. Han tenido mucha suerte.”

¿Suerte? Asher pensó en la ironía de esa palabra. Si fueran una pareja enamorada que buscara un hijo, estarían saltando de alegría por haber superado un diagnóstico de infertilidad. Pero ellos no eran eso. Habían desafiado las probabilidades en una sola noche. Era un problema para ambos.

Ninguno de los dos reaccionó con felicidad. Asher intentaba no mostrar su ansiedad y Jin-hyuk escuchaba con su habitual rostro inexpresivo. El médico continuó con las advertencias:

“El bebé crece bien, pero el riesgo de aborto espontáneo existe. La placenta en los Omegas masculinos suele ser inestable, por lo que los abortos naturales son más frecuentes que en otros géneros. Deben tener mucho cuidado.”

El rostro de Jin-hyuk se volvió serio de repente. Asher ya conocía esto; se lo habían repetido hasta el cansancio desde que presentó sus características de Omega en el orfanato. Algunos decían que, al ser huérfanos y pobres, era una bendición no poder formar una familia fácilmente.

“¿Influyen las náuseas en esto?”

Jin-hyuk se acarició la barbilla, frunciendo el ceño. Algo no le gustaba, aunque aún no parecía fastidiado. El médico le preguntó si había algún síntoma preocupante, y Jin-hyuk respondió por Asher:

“Sus náuseas son severas. Apenas puede comer. Me preocupa que pierda peso y eso afecte al bebé.”

“¿Cuántos kilos ha perdido?”

Jin-hyuk se cruzó de brazos. “Creo que unos tres kilos. ¿Es correcto?”

“Ah, sí.”

Era la cifra exacta. Asher no sabía cómo lo había descubierto.

“Mmm...” El médico señaló la ecografía. “Por ahora el bebé está bien. Ha crecido según las semanas previstas, mide unos dos centímetros y el corazón late con normalidad. Si están muy preocupados, puedo recomendarles suplementos nutricionales.”

Por primera vez, el hombre mostró una expresión de desconcierto frente al doctor.

“No... no me refería al bebé...”

“Aha...”

El médico soltó una exclamación de sorpresa y a Asher se le encendió la cara. Jin-hyuk solía referirse a él como ‘el niño’ o ‘el bebé’ de forma inconsciente, pero para un extraño, eso podía sonar muy confuso, especialmente siendo Asher un hombre adulto y su prometido.

“Hablando en términos generales, si usted no puede comer, su salud se resentirá, por supuesto.”

Asher se sentía como un extraño en su propia conversación.

“¿Qué piensa usted?” le preguntó el médico de repente.

“¿Eh?”

“Dice que pierde peso por las náuseas.”

“Es... es difícil”,

 balbuceó Asher.

“A veces puedo comer bien, pero de repente me pongo mal y lo devuelvo todo.”

El médico suspiró, pensativo, tras escuchar sus palabras.

“Mmm... las náuseas son algo que, en realidad, no tienen una solución mágica. Solo puedo decirle una cosa: aunque no tenga ganas, debe esforzarse por comer. Por el bebé, sí, pero sobre todo por usted mismo, Asher. Y en cuanto al Director, asegúrese de que su prometido no sufra estrés. No digo que lo deje postrado en una cama, sino que mantenga una vida cotidiana normal sin añadirle presiones externas. Ah, y realicen muchos intercambios de feromonas.”

“¿Es estrictamente necesario?”

Jin-hyuk preguntó de vuelta ante la mención del intercambio de feromonas.

Su tono era tranquilo, pero para Asher fue imposible ignorar la incomodidad que se escondía detrás. Jin-hyuk era un hombre que se esforzaba meticulosamente por no dejar escapar ni una pizca de sus feromonas frente a él, casi como si tuviera una obsesión por la limpieza emocional. Salvo en momentos en que Asher estaba demasiado alterado y él las usaba para calmarlo, sentir sus feromonas era algo prácticamente inalcanzable.

Asher encogió el cuello como una tortuga, deseando poder desaparecer, aunque fuera un poco, del campo de visión de Jin-hyuk.

El médico, ajeno a esa dinámica, respondió con naturalidad:

“Es mejor que no hacerlo, ¿no cree? No hace falta que sea algo forzado; simplemente duerman juntos y hagan vida normal. Se lo digo porque usted, Director, suele ser muy reservado con sus feromonas. El Alfa también necesita relajarse; entiendo que el embarazo lo ponga a uno sensible, pero si el Alfa no se relaja, el Omega sentirá más estrés.”

De pronto, el médico miró a ambos y preguntó:

“Ah, por cierto, ¿viven juntos, verdad?”

“...Sí.”

Jin-hyuk respondió tras una breve pausa. Al ser un hombre responsable, cumpliría con el consejo del médico a pesar de su incomodidad y dedicaría tiempo al intercambio de feromonas. Después de todo, incluso había llegado a marcarlo cuando fue necesario.

“Bien, perfecto.”

El médico seleccionó unos medicamentos en su ordenador.

“Existe la posibilidad de que esto no funcione del todo, pero es mejor que nada. Pruébelos y, si no mejora, buscaremos otra opción.”

“Entendido.”

La consulta finalmente terminó. Asher se levantó y recogió su chaqueta. Cuando el médico se disponía a despedirlos, pareció recordar algo importante.

“Ah, y dentro de unas dos semanas, es recomendable que mantengan relaciones sexuales. Algunos lo evitan por el embarazo, pero es la forma más segura de garantizar que el 'Rut' no se presente de forma agresiva.”

Asher miró instintivamente a Jin-hyuk. Pudo ver cómo se tensaba el músculo de su mandíbula. Sin embargo, el hombre mantuvo la compostura y sonrió levemente.

“Gracias.”

“De nada. Los espero en la próxima revisión. Hasta pronto, Asher.”

Las palabras del médico dejaron el ambiente entre ellos gélido. El intercambio de feromonas era algo que ya hacían de vez en cuando, así que era tolerable, pero el sexo era otra historia. Jin-hyuk prefería tratar el hecho de que se habían acostado como algo que nunca sucedió, como si el bebé hubiera caído del cielo por arte de magia.

El corazón de Asher latía con fuerza. No sabía cómo reaccionaría el Alfa. Aunque casarse implicaba compartir la cama, hablar de "dos semanas" lo sentía demasiado cerca. No es que el médico hubiera dicho que debían hacerlo ya mismo, pero la cifra concreta fue un impacto tremendo.

Incluso después de salir del hospital, Jin-hyuk no dijo nada. Asher estaba en ascuas; en su relación, él no tenía poder de decisión, solo podía esperar a que el hombre dictara sentencia.

“No tienes que preocuparte.”

El hombre, que había guardado silencio hasta recoger los medicamentos, habló en cuanto subieron al coche.

“¿Eh?”

Jin-hyuk se humedeció los labios con la lengua, como si tuviera la boca seca.

“Como aquella vez...”

Se escuchó un leve suspiro entrecortado.

“Me refiero a que no volverá a ocurrir algo como lo del 'Rut'.”

Parecía haber estado rumiando las palabras del médico todo el tiempo. Su rostro estaba rígido, cargado de una tensión evidente. Asher no sabía si se refería a que no sería violento como aquella noche o a que, simplemente, no pensaba acostarse con él, pero la duda se despejó pronto.

“Normalmente suelo pasar mis periodos de 'Rut' solo.”

“...”

“Esa era mi intención la última vez también.”

Él sonrió, recuperando esa expresión de hombre inofensivo.

“Así que no hay de qué preocuparse.”

Jin-hyuk intentaba consolarlo, pero Asher sentía que quien necesitaba consuelo era el propio Alfa. Decir que no había de qué preocuparse mientras ponía una cara de querer salir corriendo de allí era contradictorio. Los periodos de celo de los Alfas suelen ocurrir una vez al año; al próximo le faltaban unos diez meses.

Básicamente, le estaba diciendo a su futuro esposo que planeaba aguantar el celo a solas y que no tenía intención de acostarse con él durante casi un año. Podría ser una decisión circunstancial, pero declararlo de antemano era distinto. Aunque él dijera que solía pasarlo solo, a Asher le costaba entenderlo.

¿Se daría cuenta Jin-hyuk de cómo sonaban esas palabras para él?

Asher intentó sacudirse los malos presagios. No quería ser pesimista; aún no había hecho nada para ganarse la confianza total del Alfa y sabía de sobra que Jin-hyuk lo veía como a un niño, no como a una pareja romántica.

Aunque fuera un matrimonio basado en la responsabilidad y en los traumas del hombre, Asher quería creer que existía un poco de afecto entre ellos. Al fin y al cabo, lo que él hacía por Asher no podía nacer solo de la lástima. Recordó el breve beso en su dedo. Con eso, por ahora, era suficiente. No quería causarle más problemas.

“Sí, entiendo.”

Asher manoseó su libreta, donde estaba guardada la nueva ecografía. La enfermera le había dicho que serviría para anotar el peso y el ritmo cardíaco en cada visita. El espacio para el nombre del bebé seguía vacío.

“Como todo ha sido tan repentino...”

Asher dejó la frase en el aire, observando a Jin-hyuk. Pensó que había dado la respuesta que el Alfa quería oír, pero la expresión del hombre no terminó de relajarse. Sus dedos tamborileaban con cierta ansiedad sobre el volante.

“Cierto.”

Aunque intentó disimularlo, Asher detectó una ligera irritación en esa única palabra. Parecía que incluso Jin-hyuk no entendía por qué sus nervios estaban tan a flor de piel. Pensando que quizás le molestaba tener que intercambiar feromonas, Asher añadió rápidamente:

“No hace falta que hagamos lo del intercambio de feromonas si no quiere. No es obligatorio y ya tengo las pastillas para las náuseas.”

Después de todo, el médico solo dijo que podría ayudar, no que fuera una cura definitiva. Si fuera tan fácil, casi ningún Omega tendría náuseas, ya que bastaría con contratar a un Alfa para intercambiar feromonas periódicamente. Jin-hyuk lo haría si se lo pidiera, pero eso no cambiaba el hecho de que no le entusiasmaba la idea. Asher no quería ser una molestia, como un mosquito pesado; quería que Jin-hyuk lo quisiera.

El hombre le dirigió una mirada ambigua, como si intentara descifrar si hablaba en serio. Tras observarlo un momento, dijo algo inesperado:

“Sería mejor que lo reconsideraras. Dices que estás mejor, pero sigues sin poder comer. Tú mismo se lo dijiste al doctor.”

“Bueno, sí, pero...”

Asher balbuceó, sorprendido. Esperaba que Jin-hyuk aceptara su negativa con alivio, pero estaba haciendo todo lo contrario.

“Si le resulta molesto, puedo pedírselo a otra persona...”

“¿A quién?”

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Una voz gélida se clavó en sus oídos. Una oleada de desagrado reprimido estalló y lo golpeó. Asher se quedó petrificado ante la agresividad de la pregunta. La temperatura en el coche pareció bajar bajo cero en un instante.

Jin-hyuk se mordió el labio con fuerza, dándose cuenta de su reacción exagerada.

“Lo siento. No pretendía enfadarme contigo, Asher.”

“No... no pasa nada.”

Las manos del Alfa apretaban el volante con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos. Las venas azules resaltaban en su piel pálida.

“Sé que no lo hizo a propósito.”

Jin-hyuk podía ser cínico, pero no violento. Asher confiaba en que, incluso si fuera un hombre rudo, no le haría daño. Excepto por aquella noche... Intentó borrar de su mente el recuerdo de las manos que lo inmovilizaban. Pero aquello fue un error, Jin-hyuk no estaba en sus cabales. Y él ya había prometido que no volvería a pasar.

A pesar de sus palabras, Jin-hyuk siguió disculpándose y observando su reacción. Al ver que solo había sido un susto momentáneo, suspiró y habló con lentitud:

“Supongo que me preocupé de que pudieras encontrarte con alguien extraño.”

Parecía que Jin-hyuk le había puesto la etiqueta de "persona extraña" a Kang Woo-seok. Para él, Woo-seok debía de ser un Alfa irresponsable al que no le importaba si el Omega con el que pasó un celo estaba embarazado o no.

Asher intentó no sonrojarse de vergüenza. Le daba pena Woo-seok por la imagen que le había dado, y le daba pena de sí mismo por parecer un niño inmaduro que se acostaba con "ese tipo de Alfas". Para alguien tan mayor como Jin-hyuk, aquello debía de ser patético. Si siempre actuaba como su tutor, era lógico que saltara así al mencionar a otro Alfa.

“¿Conoces a algún Alfa de confianza?” preguntó él, con un tono mucho más cauteloso, temiendo sonar inquisitivo.

“No, no es eso. Pensaba que podría contratar a alguno de los chicos que conocí trabajando, como un empleo a tiempo parcial.”

La mayoría eran unos gamberros y no mantenía el contacto, pero había un par con la cabeza lo suficientemente amueblada. Podría buscar en sus contactos o pedirle a Moon Seung-won que buscara a alguien. Seung-won no le recomendaría a un idiota que propusiera tríos para algo así.

Había sugerido eso para buscar un punto medio, pero solo pareció darle más preocupaciones a Jin-hyuk.

“No hace falta que llames a nadie más. Yo lo haré.”

“Pero si usted no quiere hacerlo...”, pensó Asher, tragándose las palabras como si fueran un chicle pegajoso.

Interpretando su expresión sombría a su manera, Jin-hyuk intentó calmarlo, actuando como si la incomodidad frente al médico nunca hubiera existido. Ahora parecía que el que ponía pegas al intercambio de feromonas era Asher.

“Aguanta aunque te resulte incómodo. Ahora estás bien, pero si sigues perdiendo peso será difícil de soportar. Tenemos que intentar todo lo que podamos. Y además...”

Hizo una pausa antes de continuar.

“Sería extraño que, estando comprometidos, dejaras esa tarea en manos de otro Alfa.”

Asher se dio cuenta de que no había pensado en cómo se vería aquello desde fuera.

“No me resulta incómodo. Me gusta que sea usted quien lo haga.”

Recalcó que no buscaba a otro Alfa por incomodidad con él. En realidad, para Asher, pasar tiempo con Jin-hyuk era un regalo; el que salía perdiendo siempre era el Alfa.

“Entonces está decidido.”

El hombre zanjó el asunto y cambió de tema.

“¿Decidiste qué coche quieres?”

“Sí, elegí uno antes.”

Cuando le dijo el modelo, Jin-hyuk comentó que no estaba mal para un principiante, basándose puramente en sus estándares.

“Has elegido bien. Vamos, entonces.”

Su voz volvió a ser suave. Ya estaban aparcados en el concesionario. Asher bajó del coche tras él. Al cerrar la puerta y levantar la vista, el Alfa, que ya estaba al otro lado, lo miró fijamente a los ojos.

“Y borra los números de esa gente extraña de tu agenda.”

 

Asher no supo ni cómo compró el coche. Jin-hyuk decidió los extras y el diseño interior mientras él se limitaba a asentir. Cuando se quiso dar cuenta, el pago ya estaba hecho. El vendedor le devolvió la tarjeta a Jin-hyuk y este la guardó en su cartera.

“El coche llegará en dos semanas. ¿Te parece bien?”

“Sí, no tengo prisa. De todas formas, aún no tengo el carné.”

Asher tomó aire y soltó lo que tenía preparado:

“Muchas gracias por el coche. Practicaré mucho para conducir bien.”

Asher se sentía tan abrumado por todo lo que recibía que incluso le resultaba vergonzoso seguir expresando su gratitud. Primero el escritorio de hoy y ahora el coche. Aunque era consciente de que Jin-hyuk lo había presionado para aceptarlo, sabía perfectamente que nadie, por muy rico que fuera, regalaba cosas así a la ligera. Mucho menos a una pareja de matrimonio forzado que no le resultaba agradable. Lo único que podía ofrecerle era su agradecimiento, así que debía esforzarse al menos en eso.

Ante su promesa de gratitud, casi como si fuera un juramento, el hombre dejó escapar una risa leve.

“Está bien. Entonces, más adelante, tendrá que llevarme a dar un paseo.”

“Sí, por supuesto.”

Al ver a Jin-hyuk sonreír, Asher soltó un suspiro contenido y sintió un alivio en el pecho. Al menos no parecía estar de mal humor.

Aunque fingía que no, Asher seguía dándole vueltas a lo ocurrido en el hospital. Desde la expresión de Jin-hyuk al escuchar el latido del corazón del feto hasta su declaración de que no pensaba tener relaciones sexuales por un tiempo después de la boda. Como no podía leer su mente, no sabía qué pensaba exactamente, pero Asher intuía que nada de eso eran señales positivas.

Estar pendiente de cada cambio de humor de Jin-hyuk hacía que le doliera el corazón. Por la tarde, la idea de salir con él lo emocionaba tanto que sentía náuseas, pero ahora se sentía como si caminara sobre un lago congelado con zapatillas de lona de verano. Dar un paso era difícil; resbalar era demasiado fácil.

Quería acercarse a él de forma natural, pero no era sencillo. Al ser un matrimonio obligado por el embarazo, quería causarle la mejor impresión posible, pero siempre que estaba frente a él, terminaba hecho un desastre. Asher pensó que, tras haber pasado por tantos trabajos temporales adaptándose al humor de los demás, sería un experto, pero no entendía por qué se ponía tan torpe.

Pensándolo bien, creía haber entrado en pánico desde el momento en que Jin-hyuk escuchó el latido del bebé. Si el Alfa mostraba interés, temía que le resultara una carga; si no lo mostraba, sentía resentimiento. Llegó a pensar que habría sido mejor no verse hasta que el niño naciera y pudiera hacerse la prueba de paternidad.

El amor no tenía un sabor dulce y denso como un postre azucarado; sabía a caramelo ácido, de esos que te hacen fruncir el ceño por lo agrio y lo salado.

“Vamos a comer algo. ¿Has comido algo hoy?”.

“Más o menos.”

“¿Qué has comido?”

Jin-hyuk tomó la mano de Asher y la metió dentro del bolsillo de su abrigo. El joven abrió mucho los ojos y lo miró hacia arriba, a lo que el Alfa respondió arqueando una ceja como preguntando qué pasaba.

Su calor corporal presionó los dedos de Asher, que estaban congelados por el frío. Desde que quedó embarazado, su circulación no iba bien y sus extremidades se enfriaban con facilidad. Seguramente el Alfa notó que sus manos estaban heladas y que no paraba de frotarlas, por eso tiró de él.

Ante su movimiento fluido, Asher encogió el cuello por instinto, como una mimosa. Hace dos días, con el malestar estomacal, no le importaba si le masajeaba las manos, pero ahora su pecho vibraba como el marco de una ventana sacudido por el viento. Seguramente lo hacía por lástima, al ser un hombre compasivo, pero Asher no podía evitar darle un significado a cada gesto.

“En el desayuno comí arroz con agua, y en el almuerzo un sándwich de huevo y una naranja.”

Recitó su menú del día como si estuviera bajo interrogatorio mientras el hombre le masajeaba la mano. Al menos hoy había comido bastante bien. Normalmente, aunque tenía hambre, la comida no le pasaba y eso le generaba mucho estrés.

El no tener antojos específicos lo agotaba mentalmente. A pesar de que sabía cocinar, nunca había sido exigente con los sabores y solía comer solo para llenar el estómago, así que esta nueva sensibilidad le resultaba extraña. Estaba tan harto de las horas de comer que incluso deseaba poder ayunar. Siempre fue alguien de carácter tranquilo, pero viéndolo bien, sus cambios de humor se habían vuelto extremos. Todo era por no poder alimentarse correctamente.

“Mmm.”

Él tamborileó con la punta de sus dedos contra la palma de Asher. Era un hábito que tenía cuando reflexionaba. Por desgracia, esta vez lo que sostenía era la mano del joven.

“He reservado en un restaurante, ¿quieres ir?”

“Puedo ir, pero...”

No sabía si podría comer. Viendo lo que almorzó, parecía que estaría bien. Jin-hyuk le había preguntado qué comió solo para calcular si Asher podría cenar fuera.

“¿Y si no puedo comer nada al llegar?”

“Pues volvemos a casa.”

Él ofreció la solución con una sencillez que hizo que las preocupaciones de Asher parecieran banales.

“No te agobies. Si te sientes mal, no tienes por qué quedarte allí sentado aguantando. No he reservado para presionarte a comer. Solo quiero que salgamos a cenar después de tanto tiempo para que cambies de aire.”

Pensándolo bien, la última vez que salieron a comer fue hacia el otoño del año pasado. Después del cumpleaños de Jin-hyuk apenas se vieron, y tras buscarlo para decirle que estaba embarazado, Asher se la pasó encerrado en casa sufriendo por las náuseas.

Como él decía, no debía pensar que era una obligación comer; solo iría a ver qué tal. Si por suerte se le abría el apetito, sería una victoria.

“¿Cuánto se tarda en llegar al restaurante?”

“Está cerca. A unas dos manzanas.”

“¿Podemos ir caminando? Para hacer algo de ejercicio.”

Hacía frío, pero Asher deseaba caminar a su lado. Al ser una distancia corta, supuso que aceptaría. Tras dudar un instante, el hombre asintió lentamente.

“Está bien.”

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Jin-hyuk sacó las llaves del coche de su bolsillo.

“Pero traeré calentadores de manos.”

Qué pena. Fue lo primero que pensó Asher cuando el hombre soltó su mano. Sabía que un calentador en el bolsillo calentaba más que su mano, pero aun así, prefería caminar de su mano que simplemente estar cerca de él. El deseo es imparable.

Al volver del coche, Jin-hyuk le pegó cuidadosamente los parches térmicos por dentro de la ropa. Metió uno de los dos calentadores restantes en el bolsillo de Asher, se quedó con el otro y le tendió la mano. Asher lo miró embobado y, cuando intentó devolverle el calentador que acababa de darle, el Alfa soltó una carcajada.

“Eso no. La mano.”

Agitó su mano suavemente, como si llamara a un cachorro.

“Vamos.”

Asher se apresuró a sujetar su mano. Su agarre firme los guio hasta el bolsillo del abrigo. El calor del parche térmico allí dentro era intenso. Al salir, el aire gélido golpeó su rostro y Asher usó la mano que tenía libre para ajustarse la bufanda.

Solo esperaba que no se notara lo mucho que le gustaba estar así.

 

“¿Qué tal está?”.

“No siento nada raro, está delicioso.”

El hecho de que Asher ya se lo hubiera terminado significaba que todo iba bien, pero Jin-hyuk no dejó de observar su reacción hasta el final. Solo cuando el joven hizo el gesto de rebañar el plato, el hombre alzó los palillos con satisfacción.

“Me acordé de lo bien que comiste el caldo de almejas. Pensé que aquí preparaban el marisco de forma muy limpia, me alegra haber acertado.”

Parecía que lo había avisado de antemano, porque a diferencia de lo que comía Jin-hyuk, las vieiras de Asher estaban completamente cocinadas. Al ser marisco, temía que el olor a pescado lo revolviera, pero no fue así en absoluto. Parece que a Asher realmente le gustaba el marisco.

“Es verdad. Creo que me encanta el marisco.”

Apenas terminó la frase, sintió un hambre repentina. Saboreando cada bocado, devoró el fletán y el jurel que servían a continuación.

El plato principal fue distinto. En lugar de ternera o cordero, le trajeron cangrejo de río al vapor con camarones y abulón, acompañado de arroz en hoja de loto. Cuando terminó de limpiar el plato, Asher recordó que a Jin-hyuk no le gustaba el marisco. Qué egoísta fue, solo se acordó de los demás cuando tuvo la barriga llena.

Lo miró preocupado, pero él estaba terminando su plato con discreción. No sabía qué pensaría el Alfa de su mirada, pero le dijo sonriendo:

“Volvamos otro día. Si quieres venir solo a almorzar, dímelo y avisaré para que solo tengas que llamar y venir.”

“Sí, gracias.”

Asher bajó la cabeza y jugueteó con el plato vacío para ocultar sus mejillas rojas. Definitivamente, Jin-hyuk era el malo aquí. ¿Quién trata tan bien a alguien que no le gusta, solo por lástima? Tan breve como era la felicidad, la melancolía era larga y espesa como una sombra.

Jin-hyuk le preguntó si quería pedir más cangrejo, pero Asher estaba satisfecho y lo rechazó.

“Como ya sabrás, Asher, ahora debemos empezar con los preparativos de la boda.”

Habló cuando estaban terminando la cena. Era de esperar, pero aun así a Asher se le secó la boca.

“Ya me he puesto en contacto con una organizadora de bodas y he seleccionado algunos salones para que los veas luego. También el abogado está trabajando en el contrato prenupcial.”

“Entendido.”

Mientras Asher estudiaba en casa, Jin-hyuk había avanzado mucho. De todos modos, Asher no habría servido de mucha ayuda en esos trámites. No tenía padres que le explicaran el proceso, ni conocía a nadie cercano que hubiera tenido una boda formal.

En momentos así es cuando las palabras de Jin-hyuk sobre que era "demasiado joven" le dolían de verdad. No era alguien en quien el hombre pudiera apoyarse, sino más bien un niño al que tenía que cuidar. Por eso, al menos quería hacer bien lo que se le encargara y escuchó la explicación con atención. Al terminar, el hombre hizo una pausa. Asher supo exactamente qué estaba dudando decir.

“Y... creo que pronto deberías conocer a mis padres.”

Asher logró mantener la calma. Ya lo había ensayado en su cabeza. Respiró hondo e intentó calmar su corazón.

“¿Cuándo?”

“Tengo planeado que vayamos a verlos el próximo viernes.”

“Está bien. Lo recordaré.” Asher tenía miedo, pero no podía evitarlo. “¿Debería preparar algún regalo?”

“No te preocupes por eso. Yo me encargaré.” aseguró el hombre. “El tema del matrimonio ya está hablado, solo vamos para que nos vean la cara. Además, no estás en condiciones de quedarte allí a cenar.”

Jin-hyuk lo tranquilizó diciendo que su casa no era un lugar donde uno fuera a morir. Aun así, pensar en el ambiente gélido que le esperaba hacía que Asher se sintiera mal.

Bzzz bzzz. El teléfono de Jin-hyuk vibró de nuevo. Era una llamada que no había dejado de sonar durante toda la noche.

A pesar de que Jin-hyuk había cortado la comunicación sin siquiera mirar la pantalla para priorizar su conversación conmigo, el teléfono volvió a sonar de inmediato. Tras colgar una vez más con indiferencia, Jin-hyuk vio llegar un mensaje; su expresión cambió al instante y se puso de pie.

“Sigue comiendo. Volveré enseguida.”

“Vaya tranquilo.”

Asher observó fijamente su espalda mientras se alejaba iniciando una llamada y fingió beber el té que le habían servido. Al quedarse solo, sintió la necesidad de aparentar que estaba ocupado. Habría sido mejor fingir que comía, pero como ya había terminado todo, no quedaba nada en los platos. El camarero, tras esperar un momento a que Jin-hyuk se alejara, se acercó al ver que la espera se prolongaba.

“¿Desea que sirva el postre cuando regrese su acompañante?”

“No. Dijo que volvería pronto, así que puede retirar esto y servirlo ahora.”

El camarero retiró los platos y trajo un helado de cidra. Aunque Jin-hyuk le había dicho que empezara sin él, Asher se limitó a remover el helado con desgana. No tenía apetito, seguramente por haber comido demasiado hace un momento. Se entretuvo revolviendo el postre y revisando el teléfono sin rumbo hasta que el Alfa regresó.p

Jin-hyuk llegó justo cuando Asher terminaba de leer las noticias de portada en un portal de internet. El hombre se acercó con paso rápido y puso cara de arrepentimiento al ver el helado derretido.

“Siento la tardanza. Ha surgido algo urgente y debo irme ahora mismo. El helado…”

“Yo también terminé.”

Asher recogió su abrigo apresuradamente y se levantó. Si era algo que lo obligaba a interrumpir una cena, debía de ser una emergencia. Quizás por la culpa, o por las prisas, Jin-hyuk incluso le ayudó a ponerse el abrigo.

“Puedo irme en taxi.”

Si era tan urgente, lo mejor era que él fuera directo a la empresa. Sin embargo, Jin-hyuk consultó su reloj mientras caminaba.

“Tengo tiempo para dejarte en casa.”

Tal como dijo, llegaron rápido. Aunque tuvieron que caminar hasta donde estaba el coche, el restaurante no estaba lejos de la vivienda.

“Lo siento.”

El hombre, que lo acompañó hasta el ascensor, se disculpó de nuevo. Asher no entendía por qué lo hacía, siendo natural que se marchara si estaba ocupado.

“No es nada. No tiene por qué disculparse.”

Asher se sentía cohibido ante tanta insistencia por algo trivial. Al fin y al cabo, ya habían terminado el plato principal. E incluso si hubieran tenido que irse a mitad de la comida, siempre podrían volver otro día, tal como él le había prometido.

Jin-hyuk no se marchó de inmediato tras la despedida, sino que se quedó observándolo en silencio. Asher, por instinto, se frotó la mejilla donde sentía su mirada.

“¿Quiere decirme algo?”

“Entra primero. Me iré cuando te vea entrar.”

“Ah, sí.”

Ante sus palabras, Asher obedeció como un perro dócil y pulsó el botón del ascensor. Jin-hyuk permaneció a su lado hasta que llegó la cabina.

“Entonces, me voy.”

Asher se despidió de nuevo mientras pulsaba el botón del piso. De pronto, le asaltó la idea de que parecían una pareja de amantes que no lograba decir adiós por la pena de separarse. Pero era una tontería; volverían a verse en casa pronto, no sentían esa clase de nostalgia y, sobre todo, no eran amantes.

Asher soltó una pequeña risa ante sus propios pensamientos fantasiosos. Al levantar la cabeza con una sonrisa, vio a través de las puertas del ascensor que se cerraban cómo Jin-hyuk le decía adiós con la mano.

Sorprendido por el gesto inesperado, Asher se quedó con los ojos muy abiertos. Lo último que recordó antes de que las puertas se cerraran por completo fue que Jin-hyuk soltó una carcajada al ver su expresión de asombro.

Se arrepintió de no haberle devuelto el saludo, pero el ascensor ya estaba subiendo.

 

A diferencia del semisótano donde solía vivir, la calidez de la casa de Jin-hyuk todavía le resultaba extraña cada vez que entraba. En invierno, lo normal era llevar abrigo dentro de casa, pero aquí tenía que quitárselo nada más cruzar el umbral.

El interior estaba exactamente igual a como lo había dejado, salvo por las zonas que la empleada ya había limpiado. En el escritorio del salón aún quedaban los rastros del desorden que dejó al salir apresuradamente tras la llamada de Jin-hyuk.

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Recogió sus libros de ejercicios y bolígrafos, y se retiró a su habitación. Tras ducharse y secarse el pelo por completo, se preparó una taza de té de maíz caliente. Al mirar el reloj, vio que aún era temprano. Por haber estado fuera todo el día, pensó que serían las once de la noche, pero no era así.

La gran casa, donde se encontraba solo, estaba en absoluto silencio. Al ser una zona residencial de lujo, no se oían los gritos de borrachos ni el ruido de los coches que solía escuchar en el semisótano.

Se sentó a la mesa y organizó lo que trajo del hospital. Se tomó una pastilla para las náuseas con el té y guardó el resto. Tras colocar los folletos en la estantería, tomó la ecografía que estaba en la libreta; el corazón le dio un vuelco. Por miedo a que sus ojos "se encontraran" con los del feto, le dio la vuelta rápidamente y la guardó en un cajón. Aunque ya la había mirado antes, el hecho de saber que había crecido un poco lo hacía sentir tímido.

Si le daba miedo mirar la ecografía, no sabía cómo iba a ponerle un nombre temporal. Para él, el bebé era simplemente "esto"; algo que había aparecido de la nada y crecía por su cuenta. Ni siquiera había tenido un perro al que ponerle nombre, y ahora debía nombrar a una persona. Era una misión demasiado pesada.

Jin-hyuk...

El nombre del hombre cruzó su mente, pero Asher lo descartó. Por ahora, prefería mantener las cosas como estaban. No quería exigir nada que pudiera acortar o alargar la distancia entre ellos. Habían llegado a comer juntos, salir y despedirse con risas. Pensó que nunca volvería a ocurrir algo así, por lo que no quería estropear su relación actual.

Recordó cuando era niño y corría intentando atrapar mariposas con una red. En el orfanato, tras conseguir una de las pocas redes disponibles, corría por el parque bajo el ruido de las cigarras. Lo hacía porque las mariposas brillaban bajo el sol. Pero cuando finalmente atrapaba una tras mucho esfuerzo, las alas de la mariposa terminaban destrozadas por la red. Eran demasiado frágiles para estar en sus manos. Su relación con Jin-hyuk era igual: cuanto más se esforzaba, más se rompía.

Recordando que la enfermera le dijo que podía decidir el nombre con calma, sacó sus libros. Sería mejor estudiar lo que no pudo terminar hoy. En realidad, estudiar en el salón no era muy eficiente; la empleada se movía de un lado a otro trabajando y, aunque intentaba no hacer ruido al verlo estudiar, el espacio abierto dificultaba su concentración. Al conocerla un poco, el simple hecho de sentir su presencia lo distraía.

A pesar de saber que no rendiría, Asher se había quedado en el salón desde el mediodía por culpa del escritorio nuevo. Había estado merodeando mientras los operarios lo instalaban y luego se quedó allí todo el día, moviendo el bolígrafo sin productividad y comiendo naranjas solo por estrenarlo.

Debido a eso, casi no había estudiado nada hoy. Siendo un estudiante tardío sin hábitos de estudio, al menos debía ser constante. Pero no era fácil; estaba cansado por la salida y, desde el embarazo, tenía sueño a todas horas. Quería tomar café, pero le habían dicho que no podía. El embarazo no le traía nada bueno; todo eran incomodidades.

Se frotó los ojos intentando leer unas páginas más. Resolvía un problema y bostezaba, resolvía otro y cabeceaba. Estaba a punto de rendirse e irse a la cama cuando escuchó un sonido.

Toc, toc.

Al principio pensó que era el viento golpeando la ventana. En su estado de somnolencia, pensó vagamente que "debería haber ahorrado más para mudarse a un piso alto en lugar de un semisótano".

Toc, toc.

Ante el segundo sonido, Asher se encogió con irritación. El viento soplaba fuerte hoy. ¿Pero por qué hacía tanto calor? Como si la calefacción estuviera al máximo.

El sueño desapareció en un instante. Esta no era su habitación alquilada en el semisótano. Se había quedado dormido sobre los libros de estudio. Si alguien llamaba a la puerta, solo podía ser una persona.

Se levantó apresuradamente para abrir.

“¡Ah!”

Al moverse bruscamente nada más despertar, se golpeó la rodilla con la mesa. Soltó un quejido y se le saltaron las lágrimas. Desde el otro lado de la puerta, una voz preocupada reaccionó al grito.

“¿Asher?”

“Ah... sí... un momento...”

Se masajeó la rodilla mientras se quejaba. El dolor punzante no era normal. Se había golpeado la rodilla, pero veía estrellas.

“Voy a entrar.”

Al oír su voz moribunda, Jin-hyuk no pudo esperar más y abrió la puerta. Asher seguía encogido sujetándose la rodilla. El impacto había sido tremendo.

Sin tiempo para preguntarle a Jin-hyuk si acababa de llegar, Asher se subió la pernera del pantalón y vio que ya tenía un moretón oscuro. La mancha roja y azul se tornaba negra en tiempo real. No había duda: el golpe había sido muy fuerte.

“¿Te has golpeado con el escritorio?” preguntó el Alfa con voz consternada.

“Sí. Ha sido un error.”

Asher sentía que siempre se volvía torpe frente a este hombre. Siempre terminaba metiendo la pata y diciendo que había sido un error. Aunque el dolor agudo empezaba a remitir, la zona seguía punzando. La mano de Jin-hyuk sobrevoló el moretón sin llegar a tocarlo.

“Parece peor de lo que es, ya no me duele tanto.”

Intentó hacerse el fuerte, pero en cuanto los dedos de Jin-hyuk rozaron la rodilla hinchada, Asher soltó un jadeo.

“¡Hgh!”

El hombre suspiró profundamente y se levantó.

“Quédate sentado un momento.”

Salió de la habitación y regresó enseguida con el botiquín de emergencia. Sacó una pomada para los moretones. Asher tenía sus propias medicinas, pero solo eran analgésicos y tiritas, así que observó con curiosidad todo lo que el Alfa sacaba del botiquín. Había de todo.

“No tienes que salir con tanta prisa cuando te llame.”

Jin-hyuk se arrodilló sobre una pierna y le aplicó la pomada con cuidado. Asher sintió un escalofrío ante el tacto de la crema fría y pegajosa. Era la situación opuesta a cuando él desinfectó la frente de Jin-hyuk.

“Lo siento.”

“No te lo digo para que te disculpes.”

El hombre frunció levemente sus ojos almendrados mientras le sujetaba el tobillo para revisar el estado de la rodilla.

“Simplemente avísame de que vas a salir, termina lo que estés haciendo y sal despacio. Soy yo quien tiene algo que decirte, y no me voy a ir a ninguna parte.”

Tras confirmar que Asher estaba bien, la mano del hombre acarició suavemente su pantorrilla antes de retirarse.

“¿Entendido?”

“Sí...”

Asher sentía tanto cosquilleo donde él lo había tocado que tenía ganas de rascarse con fuerza. No sabía si quería rascarse la pierna o el pecho.

“He llamado porque vi la luz encendida, pero parece que te he despertado.”

“No. Solo me he quedado traspuesto un momento. ¿Quería decirme algo?”

Ahora estaba más despierto; el golpe en la rodilla había surtido efecto. Jin-hyuk, que lo miraba desde abajo, llevaba la misma ropa que cuando salieron, lo que indicaba que acababa de llegar. Asher parpadeó lentamente, esperando a que el Alfa expusiera el motivo de su visita.

“Dijimos que teníamos que hacer el intercambio de feromonas.”

Asher se quedó sin palabras ante lo inesperado.

“Esta tarde, lo dijo el médico.”

Él pronunció cada palabra con lentitud, como si temiera que Asher lo hubiera olvidado. Pero no hacía falta que se lo recordara; Asher recordaba esas cosas mucho mejor que él. Siempre era Asher quien dependía de su relación.

“No, si lo recuerdo... Pero, más que eso, ¿no va a irse a dormir?”

Jin-hyuk respondió con naturalidad:

“Es culpa mía por llegar tarde, así que no hay remedio.”

Se levantó, tomó una de las sillas de la habitación con una sola mano y la colocó junto a la cama. Luego, encendió la lámpara de noche.

“Con una hora será suficiente... Sé que será incómodo para ti, Asher, pero aguanta un poco.”

“¿Perdón?”

Sin entender a qué se refería, Asher lo miró confundido. El hombre señaló la cama con la mano.

“Me quedaré hasta que te vea dormir.”

Entendido. He ajustado el formato para que los párrafos y los diálogos estén claramente separados, manteniendo la narración en tercera persona y respetando el uso de las comillas.

 

Parecía que su intención era quedarse a su lado vigilándolo mientras dormía.

Aunque el médico había sugerido que vivieran y durmiéramos juntos para que las feromonas fluyeran de forma natural, la realidad era que, aunque compartían la casa, sus radios de vida apenas se cruzaban; por eso él tenía que dedicar este tiempo específico.

“No pasa nada, así que puede dormir sin preocuparse por mí.”

Insistió Jin-hyuk ante su vacilación. Asher, tras dudarlo, se sentó en el borde de la cama.

En cuanto el hombre apagó la luz, la habitación quedó sumida en la penumbra, iluminada únicamente por el suave resplandor de la lámpara de noche. Como Asher no hacía ademán de acostarse, él tampoco se sentó en la silla; se quedó de pie, erguido, con la mano apoyada en el respaldo.

“¿No tiene sueño porque durmió antes? ¿Quiere que le caliente un poco de leche?”

“No es eso...”

Al abrir la boca, Asher vio cómo Jin-hyuk se desabrochaba con parsimonia los botones de la camisa que le oprimían el cuello. El Alfa lo miró con curiosidad.

“Simplemente... duerma aquí al lado. La cama es grande. Además, no me muevo nada al dormir.”

La cama era excesivamente amplia; había espacio de sobra para dos personas sin necesidad de rozarse. Literalmente, Asher no tenía malos hábitos al dormir, así que estaba seguro de que no molestaría a Jin-hyuk. La mano que desabrochaba la camisa se detuvo un instante antes de retomar su ritmo.

“... No es necesario.”

Su voz, al rechazarlo con un compás de retraso, sonó algo ronca. Debido a la luz tenue, su rostro estaba lleno de sombras y no se podía ver su expresión con claridad.

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“Suelo acostarme tarde de todos modos.”

Asher lo había imaginado desde que vio la silla apartada a cierta distancia de la cama, pero no pudo evitar sentirse herido por su firme rechazo. ‘Si ya hemos decidido casarnos’, pensó. Se sentía indignado.

Se habría resignado si tan solo le hubiera rozado la punta de los dedos. Pero por la tarde caminaron tomados de la mano y hace un momento le aplicó pomada en la rodilla; ¿y ahora resultaba que no podía ni acostarse en el mismo lado de la cama? Solo se lo había sugerido porque le parecía incómodo que se quedara sentado en una silla durante una hora en la oscuridad.

Sin embargo, Asher no tenía el valor para discutir con él. Con la nariz escociéndole por las ganas de llorar, se giró bruscamente, se tumbó y se tapó hasta arriba con el edredón.

“Haga lo que quiera.”

Hasta el edredón tenía que ser malditamente mullido. Cerró los ojos con fuerza. Ya no le importaba si se quedaba dormido incómodamente en la silla; solo quería dormirse rápido para dejar de pensar en él.

Desde donde estaba Jin-hyuk no llegó ninguna respuesta durante un rato. Luego, tras un leve suspiro, se apagó la lámpara de noche. Incluso ese rastro de luz desapareció.

Escuchó el sonido de él sentándose en la silla y luego todo quedó en silencio. No se oía ni el más mínimo roce de ropa. Tras esforzarme mucho por dormir, finalmente Asher abrió los ojos.

Frente a él solo estaba el edredón. Se sentía agobiado, así que bajó la manta hasta el cuello; entre las sombras, alcanzó a ver la cómoda. Por haber dormido en la tarde, el sueño no venía.

Y luego estaban sus feromonas. No eran intensas, pero estaban ahí, marcando su presencia. Sus sentidos se desviaban constantemente hacia donde estaba él, a sus espaldas.

Era el mismo aroma que sintió cuando hundió la nariz en su tarjeta de visita la primera vez que cenaron: dulce como un ‘cobbler’ de melocotón, pero con un final gélido.

Asher no es médico, así que no sabe cómo este intercambio de feromonas ayuda a la estabilidad emocional. Pero lo que era evidente era que le hacía feliz compartir el mismo espacio con Jin-hyuk.

Al igual que cuando le tomaba de la mano, su corazón vibraba ahora, aunque fuera un prometido distante. Intentó odiarlo un poco, pero cuanto más lo pensaba, más recordaba sus gestos amables: desde la leche en Nantes hasta las flores frente al museo.

Antes de darme la vuelta, no dejaba de pensar en las últimas palabras que le dijo. ¿Habrá sonado demasiado brusco? Me arrepentía un poco pensando que, al tirar de la manta con irritación, él podría creer que era un maleducado. Fue solo un momento de resentimiento, tan pequeño como la lágrima de una hormiga.

“¿No puedes dormir?”

De repente, su voz grave rompió la calma del ambiente.

“Parece que no dejas de dar vueltas.”

Asher se asustó tanto como si alguien hubiera lanzado una piedra a un estanque tranquilo. No pensó que lo estuviera observando.

“Parece que, como dormí por la tarde, no tengo sueño.”

Confesó Asher. No hacía falta decirle que no podía dormir por estar pensando en él.

“Los niños deberían dormir temprano.”

‘No soy un niño’. Ya había crecido todo lo que tenía que crecer y, aunque supiera menos que él, entendía lo básico de la vida. En lugar de responder, Asher optó por apretar los labios. Sabía que si hablaba, le saldría una voz quejumbrosa.

Fingiendo que buscaba una posición cómoda, Asher se puso de lado hacia él. Aprovechando la oscuridad, entrecerró los ojos y pudo ver su silueta borrosa: estaba con los brazos cruzados, recostado contra la silla. Parecía un busto de los que había en la clase de arte.

“¿Está dormido?”

Susurró Asher.

“¿No logras dormir?”

El hombre descruzó los brazos y se inclinó hacia él.

“¿Es por mi culpa?”

Encendió la lámpara de noche y su rostro quedó al descubierto. Por un momento, la luz deslumbró a Asher. Sus ojos, moviéndose con lentitud, se posaron en él. Eran tan negros que incluso emitían un destello azulado bajo la luz. El momento de enamorarse siempre es repentino.

“No es por eso. Es solo que hoy no tengo sueño. Siento haberlo despertado si estaba durmiendo.”

“No estaba durmiendo, estaba pensando en algunas cosas. En esto y aquello.”

Se frotó la frente con un gesto algo lánguido.

“Si no puedes dormir, ¿quieres que nos hagamos una pregunta cada uno?”

Inclinando la cabeza y apoyando la barbilla en su mano, el hombre hizo una propuesta inesperada.

“Hemos decidido casarnos, pero Asher, tú y yo no nos conocemos muy bien. Una pregunta por cada pregunta. ¿Qué te parece? No me enfadaré, preguntes lo que preguntes.”

Sonrió de forma traviesa.

“Incluso si me preguntas si soy de la mafia, como aquella vez.”

Asher se puso rojo de vergüenza.

“Pregunte usted primero, Director.”

Él preguntó como si estuviera esperando el momento:

“Cuando apruebes el examen de graduación, ¿qué es lo que quieres hacer?”

Fue una pregunta totalmente distinta a lo que esperaba. Y difícil. Asher habló con torpeza:

“La verdad, si me pide que sea claro... no lo sé muy bien. Como todo el mundo va a la universidad, pienso que yo también debería ir... pero para eso hay que estudiar mucho tiempo.”

“¿Es que no quieres estudiar, o es que te da apuro estar solo estudiando?”

Jin-hyuk dio justo en el clavo. Asher le devolvió la pregunta:

“¿Usted cree que sería bueno que yo fuera a la universidad?”

“Solo yo puedo preguntar ahora.”

Cortó él por lo sano.

“Es un intercambio uno a uno.”

Al final, Asher se rindió:

“Lo que es seguro es que quiero aprobar el examen de graduación. Lo de la universidad me lo estoy pensando, pero me inclino más por ir.”

“Entonces decidámoslo con calma. Yo creo que, además de estudiar, necesitas relacionarte con gente de tu edad.”

Al escucharlo, Asher recordó a Kang Woo-seok.

“Originalmente, mi intención era apoyarte hasta que terminaras la universidad. No te preocupes por el dinero. Pase lo que pase.”

Parecía que ya había terminado con sus dudas, pues pasó el turno.

“Esto no contará como pregunta, así que ahora puedes preguntar lo que quieras.”

De pronto, Asher recordó algo que le picaba la curiosidad desde la tarde:

“¿Por qué siempre pasa sus periodos de ‘Rut’ solo?”

Nada más terminar de hablar, se oyó un jadeo de sorpresa.

“Mmm.”

Jin-hyuk, que se había quedado mirándolo atónito con los labios entreabiertos, puso una expresión de mareo. Parecía dolerle la cabeza, pues frunció el entrecejo y se acarició la barbilla.

“No esperaba que preguntaras algo así.”

“Si le resulta incómodo, no tiene por qué responder.”

Asher retrocedió ante la reacción más intensa de lo previsto. Incluso con la tenue luz de la lámpara, se notaba que el hombre estaba desconcertado.

“Puedo responderte, pero...”

El hombre, con voz algo reacia, soltó una risa forzada.

“¿De verdad tienes curiosidad por eso?”

“Sí...”

Jin-hyuk pareció hundirse en sus pensamientos mientras tamborileaba con los dedos sobre su rodilla. Tras dudar repetidamente, abrió la boca con lentitud.

“Para ir directo al grano... no me gusta perder el control hasta ese punto. No me agrada la excitación desmedida.”

Jin-hyuk se cubrió media boca con la mano con la que antes se apoyaba la barbilla. Era una postura claramente defensiva. A pesar de ser un hombre educado que solía mirar a los ojos, ahora desviaba la mirada.

“Supongo que el celo será igual, pero otros dicen que durante el 'Rut' sienten euforia y una especie de aturdimiento, como si hubieran tomado un medicamento fuerte para el resfriado. Sin embargo, yo suelo mantener la conciencia demasiado lúcida. Por eso, pasar el 'Rut' con otra persona me resultaba desagradable; cuando crecí, dejé de hacerlo. Normalmente, los Alfas se casan antes de llegar a ese punto, pero como ya sabes, yo no tenía intención de hacerlo.”

Ciertamente, Jin-hyuk se casaba tarde para ser un Alfa dominante. Mientras que para los Betas los treinta y pocos son la edad ideal, los Alfas tienden a casarse a finales de los veinte.

“De todos modos, no me resulta grato hablar de mi pasado con mi prometido. ¿Lo dejamos aquí?”

En el rostro del hombre, tras terminar su breve explicación, se reflejaba un cansancio imposible de ocultar.

“Lo siento.”

‘Vaya excusa’, pensó Asher. Era un prometido que ni siquiera podía acostarse al lado de su pareja en la cama. Siendo un hombre capaz de inventar decenas de razones para todo, Asher no tenía oportunidad de ganarle.

Por otro lado, Asher estaba confundido. Por la forma en que Jin-hyuk se resistía a hablar, pensó que habría ocurrido algo grave, pero al escucharlo, no parecía para tanto. No entendía por qué ponía esa cara de agotamiento.

¿Sería por haber mencionado sus relaciones pasadas? Jin-hyuk era atractivo, tenía un aroma embriagador y mucho dinero. No hacía falta que Lee Jae-seok se lo contara para suponer que había tenido amantes. Especialmente perteneciendo a una especie que tiene periodos de celo.

“No es algo por lo que debas disculparte. Solo que...”

Él extendió la mano hacia la mesita de noche.

“Siento como si estuvieras algo resentido...”

La luz se apagó al instante. En la oscuridad, Asher pudo ver vagamente la silueta del hombre levantándose.

“Duerme ya. Es muy tarde.”

Una mano grande acarició ligeramente su cabeza antes de que el hombre abandonara la habitación. Asher se quedó tumbado en la misma posición, tocándose el lugar donde los dedos de Jin-hyuk lo habían rozado. Contrario a lo que el hombre le pidió, no parecía que fuera a conciliar el sueño pronto.

 

“¿Estás bien?”

Asher estuvo a punto de asentir por costumbre, pero como ya había mostrado lo tenso que estaba, decidió ser sincero.

“Estoy un poco nervioso.”

O quizás era mentira. Decir ‘un poco’ se quedaba corto. Sentía la garganta completamente seca.

La antigua casona, situada en el barrio de Seongbuk-dong, cerca de Seongnagwon y rodeada de embajadas, era impresionante con sus altos muros y sus densos pinos. A diferencia de la moderna villa de lujo de Jin-hyuk, esta era la típica residencia de una familia adinerada tradicional.

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En el coche se sentía tranquilo, pero al ver la mansión de cerca, la situación cambió. En cuanto escuchó la voz calmada de la empleada a través del interfono, tuvo que esforzarse por calmar su corazón, que latía con fuerza.

“Si tienes demasiado miedo, podemos dar la vuelta.”

Jin-hyuk apretó la mano que sostenía. Había sido Asher quien le pidió que se la diera. Sentía náuseas, como si hubiera tomado demasiado café para trasnochar, y no podía caminar solo.

“Digamos que te sientes mal y vengamos otro día.”

“Pero la empleada acaba de abrir la puerta para que estacione...”

Ante ese comentario, Jin-hyuk simplemente se encogió de hombros. Era un hombre más caprichoso de lo que parecía. O tal vez era una broma para que se relajara. Como Asher no lograba calmar su ansiedad ni siquiera frente a la entrada, Jin-hyuk liberó un poco de sus feromonas.

Desde aquella noche en que él fue a su habitación para el intercambio, Jin-hyuk pasaba al menos una hora diaria con él sin falta. No es que Jin-hyuk se sintiera cómodo liberando sus feromonas, pero su extrema diligencia se manifestaba incluso en esto. Aunque seguía pareciéndole molesto, no se levantaba de su asiento hasta cumplir el tiempo que él mismo había estipulado.

Afortunadamente, el tratamiento parecía surtir efecto. Las náuseas matutinas de Asher habían mejorado considerablemente. Ya no se limitaba a calmar el hambre, sino que podía realizar una comida decente. Aunque el olor a carne de vaca o cerdo todavía le daba ganas de vomitar, podía comer pollo sin problemas. Era un gran avance.

Jin-hyuk, que ya solía acompañarlo en las comidas cuando tenía tiempo, se volvió más activo al ver los resultados. Una vez cumplida la hora, el tiempo que pasaba liberando feromonas sin retirarlas bruscamente se fue alargando.

Incluso el hombre, que al principio se centraba rígidamente en controlar sus feromonas, parecía haberse acostumbrado tras una semana. Antes las retiraba en cuanto veía a Asher para evitar cualquier contacto, pero ahora las dejaba fluir con naturalidad, sin parecer consciente de ello.

Como si fuera un Alfa normal.

‘Alfa normal’. No había palabras más contradictorias para describir a Jin-hyuk.

“Entremos rápido.”

Asher decidió que lo mejor era terminar con esto pronto. Dar la vuelta no tenía sentido y, de todos modos, eran personas a las que debía conocer. Vacilar solo alargaría su ansiedad.

“Pasen, por favor. La señora y el señor los estaban esperando.”

Al abrir la puerta principal, la empleada los recibió con una mirada amable hacia Jin-hyuk. Asher asintió con torpeza y se quitó los zapatos. Aunque creía estar preparado, parece que desde fuera no se veía así. Cuando Asher intentó entrar precipitadamente, Jin-hyuk lo detuvo un momento.

“Toma esto.”

Se inclinó y colocó unas zapatillas de interior frente a sus pies.

“El suelo está frío.”

Dentro de la casa no solo no hacía frío, sino que casi hacía calor. Decir que el suelo estaba frío no tenía sentido. Asher metió los pies en las zapatillas y movió los dedos con incomodidad. Como no tenía la costumbre de usarlas, Jin-hyuk ya le había llamado la atención varias veces en casa.

De repente, al levantar la vista hacia el pasillo que llevaba al salón, sus ojos se encontraron con los de una mujer mayor. No hacía falta que nadie la presentara. Sus mejillas hundidas y su mirada afilada, que dejaban entrever un carácter difícil, eran idénticas a las de Jin-hyuk. Con un rostro inexpresivo, como si nunca se hubiera esforzado por sonreír a nadie, los observaba.

Es decir, estaba viendo cómo Jin-hyuk se ocupaba de ponerle las zapatillas a Asher.

“Hola, soy Choi Asher.”

Se inclinó apresuradamente para saludar. Esperaba una respuesta cordial, pero no hubo ninguna. Sintió que empezaba a sudar frío y, sin darse cuenta, miró a Jin-hyuk pidiendo ayuda. Toda la experiencia que Asher tenía tratando con clientes no le servía de nada en esta situación.

Jin-hyuk, no se sabe cómo interpretó su mirada, pero puso una mano en su cintura. Era un contacto excesivamente cercano que hizo que Asher se tensara por completo.

“Ya estoy aquí, madre.”

A diferencia de Asher, que estaba paralizado, él saludó con naturalidad mientras agitaba la bolsa que traía en la mano.

“Pasé por la tienda a recoger el bolso que tenías reservado.”

La madre de Jin-hyuk, que permanecía de pie con rostro gélido, soltó un gran suspiro ante el gesto de su hijo. Luego, mirando a Asher, hizo un gesto con una sonrisa forzada.

“Entrad. Los estábamos esperando.”

 

Parecía que no era mentira que los esperaban, pues en el sofá del salón, el padre de Jin-hyuk leía un periódico en inglés. Al contrario de la imagen intimidante que Asher había imaginado, su padre parecía bastante afable. Tenía un aire autoritario, pero con sus gafas de montura plateada y su cabello canoso perfectamente cortado, se parecía más a un profesor que a un ejecutivo de finanzas.

Sin embargo, era evidente de dónde venían la nariz y la mandíbula de Jin-hyuk. A pesar de las gafas, sus rasgos marcados eliminaban cualquier impresión de erudito tranquilo. Asher recordó la información que le había dado Jin-hyuk.

Su madre era una chelista retirada y su padre, un abogado que se casó con la hija única del abuelo de Jin-hyuk tras ganarse su favor. Los rumores de Nantes eran ciertos a medias. Su padre se había retirado de los negocios, pero no por vejez, sino porque Jin-hyuk había tomado el mando. Jin-hyuk poseía más acciones que su padre, por lo que la empresa prácticamente saltó de abuelo a nieto.

Pero había una condición: Jin-hyuk debía ‘casarse o cumplir treinta y cinco años’. Hasta entonces, las acciones estaban en un fideicomiso representado por su padre, quien seguía siendo la autoridad máxima. Como la familia de Jin-hyuk no solía aparecer en la prensa, los rumores abundaban, y Jin-hyuk no sentía la necesidad de desmentirlos.

Cuando Asher le preguntó con cuidado si el abuelo había permitido las infidelidades del padre, Jin-hyuk se burló.

‘Mi abuelo es de la vieja escuela. Yo mismo tengo tíos y tías que no figuran en el registro familiar.’

En el rostro de Jin-hyuk apareció una expresión de hartazgo. Dijo que su abuelo ya conocía la afición de su padre por los Omegas. La diferencia era que el abuelo los trataba como familia aunque no estuvieran registrados, mientras que el padre, al ser un yerno adoptado, no podía meter a sus hijos ilegítimos en casa. Jin-hyuk supuso que su padre ignoraba a esos hijos por miedo a su abuelo y a su madre, lo que los condenó a una vida de carencias.

Debido a los constantes problemas con Omegas, sus padres ahora eran esposos solo de nombre, y su madre incluso tenía su propio amante. Era necesario para pasar sus periodos de celo.

‘No quería dar detalles sobre mi familia, pero al final lo he hecho.’

El tono final de Jin-hyuk fue sereno al revelar sus trapos sucios. Se veía tan solo que Asher quiso abrazarlo y consolarlo, aunque no se atrevió. De repente, comprendió por qué Jin-hyuk era tan amigo de Lee Jae-seok. Jae-seok, que creció en una familia sin escándalos y con un hermano diez años menor, era el polo opuesto de Jin-hyuk.

Asher miró de reojo a Jin-hyuk, sentado a su lado. El ambiente no parecía tan explosivo como para que padre e hijo se hubieran peleado hasta herirse. Aunque Jin-hyuk dijo que ya se había encargado de todo lo referente a la boda, Asher esperaba comentarios incómodos, pero su padre simplemente dobló el periódico y aceptó el saludo formal sin más.

No era una bienvenida calurosa, pero tampoco era la frialdad que temía. Sus feromonas tampoco emitían señales hostiles. No era el peor escenario posible. Era una oportunidad para Asher. Intentó mostrarse amable y servicial ante los padres de Jin-hyuk. Se sentó derecho con las manos sobre las rodillas, esforzándose por responder con rapidez y docilidad.

Su padre lo observó con mirada analítica y, de repente, le preguntó su edad.

“¿Qué edad dices que tienes?”

“¿Eh? Veintiuno... no, este año cumplo veintidós.”

Como el año acababa de empezar, hubo un pequeño retraso al calcular su edad real. Una mueca de burla apareció en el rostro del padre, pero no iba dirigida a Asher.

“La sangre no engaña.”

Jin-hyuk no reaccionó ni respondió a ese comentario. En medio de esa atmósfera que se volvió tensa en un instante, la empleada entró con una bandeja de té y dulces.

“Como dije, solo tomaremos un té y nos iremos. No puede comer mucho debido a las náuseas”, advirtió Jin-hyuk mientras colocaba la taza frente a Asher.

Asher se sintió inquieto al oír que se irían tan pronto. El padre de Jin-hyuk pareció dar por terminada su curiosidad y no volvió a hablar. En su lugar, la madre tomó el control de la conversación.

“No los hemos llamado para oponernos a la boda. Dicen que ya está embarazada, así que no hay nada que yo pueda hacer. No estoy tan loca como para darle dinero a un chico de veintidós años para que aborte y armar un escándalo.”

A pesar de su tono de desaprobación, el solo hecho de escuchar aquellas palabras hizo que los latidos de su corazón, que antes martilleaban con fuerza, comenzaran a calmarse. Asher sintió que podría desplomarse ante el alivio de la tensión, pero se obligó a mantener la espalda erguida.

Recordó sus días atendiendo a clientes VIP y esbozó una sonrisa educada. Quería dejar una buena impresión hasta el final. La madre de Jin-hyuk, tras una breve pausa, soltó el tema principal.

“Así que, después de que nazca el bebé, prepárate para ir a la universidad en Estados Unidos. Esa es mi condición.”

Su tono fue tajante, dejando claro que no habría negociación posible.

“Madre.”

“Director Seo. ¿Ni siquiera puedo decir esto?”

Jin-hyuk intervino en tono de protesta, como si aquello no hubiera sido consultado previamente, pero su madre reaccionó con agudeza. Temiendo que estallara una pelea, Asher se apresuró a detenerlo.

“No, está bien. Estoy estudiando para el examen de graduación y ya estaba pensando en ir a la universidad.”

“...”

“Si me envían, iré.”

Al fin y al cabo, la universidad era algo que ya estaba en sus planes. Pensándolo de forma positiva, gracias a su matrimonio con Jin-hyuk, tendría la oportunidad de estudiar en el extranjero, algo que otros no podrían costearse.

Lo único que le pesaba era no saber cuánto vería a Jin-hyuk si se iba a Estados Unidos. Quizás regresaría en vacaciones, pero era evidente que durante el semestre no se verían en absoluto. No era una relación ordinaria en la que pudiera llamarlo por videoconferencia durante horas.

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Si fuera un matrimonio por amor, tal vez no importaría tanto, pero su unión no era así. Estar separados al poco tiempo de casarse se sentía como una prueba demasiado grande.

Por el contrario, Jin-hyuk podría sentirse aliviado de no tenerlo cerca. O tal vez le resultaría molesto tener que cuidar del niño solo durante el curso escolar. Sin saber si Jin-hyuk comprendía sus sentimientos o si tenía otros planes, el hombre ofreció una alternativa.

“También podría ir a una aquí en Corea.”

“¿Y eso sería una universidad de verdad? No debería ser algo que nos avergüence ante los demás. ¿Acaso le estoy pidiendo que apruebe el examen de abogacía como hizo Jimin?”

Nadie tuvo que explicarle quién era Jimin; Asher recordaba perfectamente ese nombre. Era la prometida de Jin-hyuk. Pensaba que era una simple estudiante, pero resultó ser una alumna de derecho que ya había aprobado el examen estatal. Si Jin-hyuk solo la mencionó como ‘estudiante’, probablemente fue porque no tenía interés en ella y no recordaba los detalles de su vida.

“Digo esto teniendo en cuenta que te resistías a casarte.”

Aquellas palabras iban dirigidas a Jin-hyuk, dándole a entender que debía ceder. Asher, consciente de que la condición de la madre era bastante generosa, asintió con sumisión sin añadir nada más.

“Sí. Entiendo.”

“Vaya. Al menos con Asher se puede razonar.”

Su madre chasqueó la lengua, con una expresión que indicaba que ya se había rendido con la terquedad de Jin-hyuk.

Jin-hyuk no parecía del todo satisfecho con que Asher aceptara tan dócilmente, pero Asher sabía que no tenía otra opción; sería difícil encontrar una universidad local que estuviera a la altura del estatus de una abogada en tan poco tiempo. Realmente no tenía elección. Su padre, que había estado observando la conversación en silencio, añadió algo más.

“Y tú, debes saber que el apellido del niño será obligatoriamente Seo, ¿verdad?”

“Sí. No tengo problema con eso. Como... como sabrán...”

Era un asunto por el que Jin-hyuk ya le había pedido comprensión de antemano. Al ser el padre un yerno adoptado, en ese hogar el apellido era algo innegociable. Asher trató de responder con prontitud, pero antes de seguir, sintió la boca seca y tragó saliva con dificultad. Aunque todos los presentes conocían la realidad, le resultaba penoso pronunciarlo.

“Como soy huérfano, mi apellido es inventado.”

No era un apellido con linaje; simplemente era uno que las monjas les daban a los huérfanos que llegaban sin nombre. No era algo que tuviera que proteger con ahínco. Al mencionar su condición de huérfano, escuchó a alguien chasquear la lengua. Su corazón dio un vuelco, pero fingió no oírlo.

El resto de la charla fue sobre la boda. Tal como dijo Jin-hyuk, todos los detalles parecían estar decididos. Aparte de la condición de estudiar en el extranjero, no hubo más exigencias.

La ceremonia sería pequeña, solo con familiares cercanos, y el resto quedaría a elección de Asher tras consultarlo con Jin-hyuk. Más que una muestra de generosidad, el tono indicaba que no querían involucrarse demasiado. El hecho de que fuera pequeña también parecía deberse a que les daba cierta vergüenza mostrarlo a los demás.

“Ya llegué.”

En ese momento, la puerta intermedia se abrió con estrépito y una mujer de cabello largo entró al salón. A diferencia de los otros tres, que tenían rasgos afilados, ella tenía un rostro más redondo y unos ojos grandes y amables que daban una impresión de vitalidad y buen carácter. No hacía falta presentación: era la única hermana menor de Jin-hyuk.

“Quería llegar antes, pero había mucho tráfico. Siento el retraso.”

Tras dedicar un breve gesto a su familia, su mirada se posó en Asher.

“Así que esta persona es...”

Su mirada, llena de curiosidad y cautela, lo recorrió de arriba abajo sin disimulo.

“Hola. Soy Choi Asher.”

Asher se levantó a medias e hizo una reverencia, y la mujer, por inercia, hizo lo mismo.

“Ah... hola. Yo soy Seo Jin-hee. La hermana de Jin-hyuk.”

Cuando Jin-hee sonrió, Asher pudo ver el rastro de Jin-hyuk en sus facciones. Al principio pensó que no se parecían, pero al final, como hermanos que eran, tenían puntos en común.

Con la entrada de Jin-hee, la atmósfera del salón se refrescó notablemente. Dejaron de hablar de la boda para centrarse en las novedades de la vida de ella. Asher no entendía nada de lo que hablaban, pero agradeció su aparición por haberlo liberado del ambiente asfixiante.

“Asher.”

Aprovechando que Jin-hee hablaba con su madre, Jin-hyuk lo llamó en voz baja y le dio unas palmaditas en la rodilla.

“Bebe algo de té, tienes la garganta seca.”

Solo entonces Asher sintió una intensa sed. Al recordar, se dio cuenta de que llevaba un rato tragando saliva por la sequedad. Había estado tan tenso que ni siquiera notó la sed. Al beber el té, que aún conservaba algo de calor, sintió que su cuerpo entumecido se relajaba.

Aunque le había dicho que bebiera, el propio Jin-hyuk apenas había probado su taza de café americano. Parecía que les habían servido las bebidas según sus gustos habituales en casa. Al notar que Asher miraba su taza, Jin-hyuk tocó el borde del cristal con el dedo.

“¿Quieres café?”

“¿Puedo?”

Al responder, se notó demasiado su entusiasmo. Hacía tiempo que no tomaba café porque le habían dicho que no era bueno por el embarazo. No es que fuera un gran bebedor de café, pero al estar prohibido por causas externas, a veces lo extrañaba, especialmente cuando tenía sueño.

“He investigado y dicen que está bien si es poco.”

Él le acercó la taza. Asher sonrió ante el permiso de Jin-hyuk y dio un sorbo. El sabor amargo le resultó delicioso aquel día. Mientras vaciaba la taza como si fuera suya, su mirada se cruzó con la de Jin-hee. Ella sonreía, pero su expresión era como si estuviera viendo algo bizarro.

Asher se sobresaltó y dejó la taza. ¿Habría parecido maleducado por beber de la taza de otro? Aquellos que sabían que venía de un orfanato a veces despreciaban sus acciones injustamente, alegando falta de educación familiar. Aunque era cierto que en su momento fue rebelde y descuidó los estudios, nunca soportaba que insultaran a las monjas con ese argumento.

Jin-hyuk le había dado permiso, pero quizás el problema fue que se adueñó de la taza. Para evitar que los padres de Jin-hyuk se llevaran una impresión negativa, devolvió la taza a su sitio y se levantó como si nada.

“Iré al baño un momento.”

Antes de dejarlo ir, Jin-hyuk lo detuvo con un gesto.

“Ya nos han visto a los dos. Cuando vuelvas, nos iremos a casa.”

Asher no entendía por qué Jin-hyuk le había susurrado lo del café pero decía esto último en voz alta para que todos lo oyeran. No tuvo valor para mirar a los demás; soltó una risita nerviosa y salió apresuradamente.

La casa era tan grande y su estructura tan distinta a una vivienda normal que le costó encontrar el baño. No se atrevía a registrar la casa ajena, así que deambuló por el pasillo hasta que una empleada lo guio.

Al entrar y cerrar la puerta, sintió un mareo repentino. Parecía que beber café estando tan tenso le había sentado mal. Últimamente no controlaba bien sus apetitos; le habían dicho que eran síntomas del embarazo, pero resultaba muy incómodo. Aun así, lejos de las miradas de los demás, sus nervios se calmaron.

Mientras descansaba con los ojos cerrados apoyado en la puerta, sintió un líquido fluyendo de su nariz. Pensó que sería un resfriado, pero al limpiarse con el dorso de la mano, vio sangre. Rápidamente tomó papel para limpiarse. Sus manos quedaron manchadas, pero por suerte su ropa estaba limpia.

Parecía que la sequedad ambiental le había provocado una pequeña hemorragia nasal. Como le ocurría a veces cuando estaba cansado, supo cómo manejarlo. Se sentó en el inodoro presionando su nariz con papel hasta que paró. La sangre no tardó en detenerse.

Tras tirar el papel y tirar de la cadena, salió del baño y se encontró con alguien inesperado frente a la puerta. Era Jin-hee. Pensando que ella quería entrar, Asher se hizo a un lado, pero ella le lanzó una pregunta directa.

“No me parezco a mi hermano, ¿verdad?”

Asher parpadeó sorprendido y Jin-hee soltó una risa juguetona.

“Mi hermano es muy guapo, pero yo soy normal. Por eso me dicen mucho que no parecemos hermanos.”

“No es eso...”

“...”

“Se parecen cuando sonríen.”

Al oír aquello, la sonrisa de Jin-hee se desvaneció lentamente.

“Es la primera vez que me dicen algo así.”

Jin-hee no parecía tener intención de usar el baño. Dada la distancia con el salón, era imposible que los demás las oyeran. Probablemente había salido con el único fin de hablar con él.

“¿Cuántos años dijiste que tenías?”

A diferencia de su titubeo anterior, esta vez Asher respondió con seguridad.

“Veintidós.”

“¿Sabes cuántos tengo yo?”

“¿Veinte...?” Asher dudó ante su rostro juvenil. “¿Siete?”

“Tengo treinta, Asher. Te llevo ocho años.”

Su expresión era de profunda lástima.

“¿De verdad quieres casarte?”

¿Qué significaba aquello? Por instinto, Asher retrocedió un poco, poniéndose en guardia. No sabía si Jin-hee preguntaba porque no aprobaba el matrimonio o si tenía otra intención. Sus feromonas de Omega estaban estables y, aunque no era exactamente amable, tampoco mostraba hostilidad, lo que lo confundía más.

“No entiendo qué quiere decir.”

“Es literal.”

Asher intentó hacerse el desentendido, pero parecía que no lo dejaría ir hasta obtener una respuesta. Se mordió el labio y finalmente habló.

“Sé que no les agrado.”

Respiró hondo.

“Ser huérfano es un problema, y además solo tengo el graduado escolar. Entiendo que a su familia no le guste. La herida en la frente del Director también fue por mi culpa. Pero he estado preparándome para el examen de graduación...”

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“¿Mi hermano te dijo que fue por tu culpa?”

Jin-hee lo interrumpió sin rodeos mientras Asher intentaba dar la respuesta que ella esperaba. Al ver que él no respondía de inmediato, ella se tocó su propia frente y repitió la pregunta.

“Lo de la frente.”

“No... dijo claramente que no fue por mi culpa, pero...”

Asher balbuceó ante el interrogatorio repentino. ¿Acaso recordaba mal? Por más que repasaba la conversación, no podía interpretarla de otro modo. Aunque él dijo que no fue por su culpa, dadas las circunstancias, la única razón para que su padre lo tratara así era su matrimonio con Asher.

Al ver su actitud, Jin-hee pareció adivinar lo ocurrido y puso una expresión divertida.

“¿O sea que se fue por las ramas?”

Parecía que se mordía los labios para no reír.

“¿Entonces fingió ser digno de lástima?”

Era la primera vez que alguien describía la reacción de Jin-hyuk como ‘fingir ser digno de lástima’. Ni siquiera Lee Jae-seok se había expresado así sobre él. Probablemente era una descripción que solo Jin-hee podía permitirse por ser su hermana.

“No sé si fue un papel para dar lástima. Simplemente yo lo interpreté así por las circunstancias.”

Le resultaba difícil confiar de buenas a primeras en las palabras de Jin-hee, a quien acababa de conocer. Además, no veía qué ganaría Jin-hyuk con ‘dar lástima’. Si alguien actúa de cierta forma, debe haber una intención detrás, ¿no?

Al notar que Asher no se convencía fácilmente, Jin-hee dio un paso atrás.p

“Puede que tengas razón y no fuera un papel, ¿sabes? Yo no estuve presente en esa charla. Pero como me parece que te sientes culpable por ello, solo quiero aclararte el malentendido.”

Asher dudaba si debía escuchar la versión de un tercero sobre lo ocurrido aquel día, pero no pudo rechazar la oferta. No tenía excusa para preguntarle a él directamente, ni tampoco el valor. Si no lo escuchaba ahora, probablemente no lo sabría nunca.

“Es cierto que mi hermano tuvo una pelea monumental con mi padre por el tema de la boda. Al fin y al cabo, ese compromiso fue algo que mi abuelo organizó antes de morir y era una oferta con condiciones muy buenas para nuestra familia. Por mucho que hayamos lavado nuestra imagen, es cierto que venimos de una familia de matones que se dedicaba al préstamo de dinero desde la época del bisabuelo.”

Asher dudó sin saber qué decir, y Jin-hee levantó una ceja.

“¿No lo sabías?”

“Lo sabía.”

Respondió rápido, pero la duda persistía. Jin-hyuk le había dicho que su abuelo trabajó con ese tipo de gente, no que fuera un mafioso. Las versiones empezaban a contradecirse ligeramente. Al ser algo de hacía meses, sus recuerdos eran borrosos y la confusión aumentaba.

Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, Jin-hee continuó como si eso fuera suficiente.

“Ellos también buscaban asegurar una fuente de financiación, así que tenían sus motivos. Pero mi hermano es, en este ámbito...”

Jin-hee se tomó un momento para elegir sus palabras.

“Raramente impecable.”

Aunque lo expresó con un eufemismo, Asher entendió perfectamente a qué se refería. Incluso él, cuando no conocía bien a Jin-hyuk, no pudo negar las bromas sobre que el hombre tendría algún ‘patrocinio’ oculto. Así era la vida de los Alfas adinerados.

Hasta Moon Seung-won se había horrorizado solo de verlo con Jin-hyuk. Incluso si no tenían ‘prohombres’, los Alfas ricos solían gastar dinero saliendo con celebridades o modelos y luego, cuando se aburrían, las desechaban como pañuelos de papel.

Entre esa gente, Jin-hyuk debía parecer alguien intachable. Según sus allegados, debido a su ‘carácter perfeccionista y pulcro’, su vida privada carecía de escándalos. Para los estándares de los Betas, que ven a los Alfas y Omegas como personas de vida disipada, su historial era inusual.

“Incluso en un matrimonio concertado, los padres quieren casar a sus hijos con alguien decente si es posible. Por eso, mientras intentaban seguir adelante sin importar la opinión de mi hermano, que él dijera de repente que cancelaba el compromiso por un embarazo prematuro puso la casa patas arriba. Siento decírtelo así, Asher, pero tus antecedentes también fueron un problema. Mi madre se puso furiosa, y mi padre, que venera las palabras de mi abuelo, ni se diga. Es cierto que mi padre gritó y se puso como loco, pero la frente de mi hermano no se rompió por eso. Mi padre nunca le ha pegado. Al ser un yerno adoptado, ni siquiera tiene autoridad para levantarle la mano...”

La evaluación de Jin-hee sobre su propio padre era mordaz. En el salón parecían tener una relación normal de padre e hija, pero parecía que ella solo guardaba las formas para no crear conflictos.

“El problema fue que mi hermano echó más leña al fuego diciéndole que, al menos, él era mejor que un padre que no para de engendrar hijos ilegítimos. Si tan solo no lo hubiera dicho delante de mi madre... mi padre también tiene su orgullo, después de todo.”

A Asher se le abrieron los ojos de par en par. No imaginaba que Jin-hyuk le hubiera dicho algo así a su padre a la cara. Sabía que era cínico, pero siempre lo consideró alguien educado y dulce; jamás pensó que se burlaría de su familia de esa forma.

Jin-hee, viendo que Asher estaba demasiado atónito para responder, sonrió como si ya lo esperara.

“Al final, el que se rompiera la frente facilitó que el tema de tu boda se resolviera... pero no creo que mi hermano calculara eso al enfrentarse a mi padre. Simplemente es su forma de ser. En fin, ¿ves como no fue culpa tuya?”

“Yo...”

Asher no encontraba las palabras. Tras varios intentos, logró articular algo.

“Creo que me precipité al juzgar. El Director me dijo que no fue mi culpa, pero por las circunstancias me costaba creerlo.”

No tenía nada que comentar sobre el comportamiento de Jin-hyuk. Lo que le dijo a su padre era verdad, pero no era algo digno de ser defendido. Sin embargo, saber que no se lastimó por su culpa le dio un alivio inmenso. Se liberó de la culpa que lo asfixiaba cada vez que veía la cicatriz en su frente.

“¿Entonces crees que no fingió ser digno de lástima?”

“No. Más que evitar el tema a propósito, creo que simplemente le resultaba difícil de contar. A mí también me pasaría. Es un tema sensible y personal.”

Era comprensible que no quisiera contar que le dijo eso a su padre. Además, él solía ser reservado con sus asuntos familiares. El hecho de que se los hubiera contado a Asher era algo excepcional debido a la boda.

“Puede ser.”

Jin-hee aceptó su argumento sin rebatirlo.

“Pero, por experiencia, la gente se vuelve un poco cobarde al envejecer.”

A Asher le costaba asociar el adjetivo ‘cobarde’ con Jin-hyuk, pero asintió como si entendiera. Ella no esperaba una respuesta profunda y se limitó a soltar una breve risa.

“¿Sabes cómo eran las personas con las que salía mi hermano antes?”

Las conversaciones de Jin-hee seguían siendo impredecibles.

“No. No se lo he preguntado.”

Asher no tenía tanta curiosidad por el pasado de Jin-hyuk y, viendo cómo reaccionó con el tema del ‘Rut’, dudaba que se lo contara. Él era bastante conservador.

“Mi hermano salía con gente que encajaba con su estatus. Al menos eran de clase media, todas mujeres y la mayoría de su edad. Con un nivel de estudios similar.”

Asher escuchaba sin saber a dónde quería llegar. ¿Estaba diciendo que él no estaba a la altura? En Corea ya no existían las castas, pero en la práctica, él y Jin-hyuk estaban en polos opuestos. Por eso se esforzaba tanto en estudiar para el examen y pensaba en ir a Estados Unidos.

A pesar de que Jin-hee hacía gestos amigables con sus feromonas, Asher no bajaba la guardia. No parecía que quisiera despreciarlo, pero era difícil adivinar su intención. A veces, estas personas le hacían daño sin querer, como Lee Jae-seok.

“Sinceramente, no esperaba que mi hermano terminara casándose con alguien como tú. ¿Cómo decirlo? Eres del tipo de persona con la que él ‘nunca se metería’... Ni siquiera creí que hubiera metido la pata. Pensé que había contratado a alguien adecuado para el papel.”

No dijo que fuera alguien con quien no saldría, sino con quien ‘no se metería’. Era una frase muy ambigua. Jin-hee no pareció querer dar más explicaciones. En su lugar, sonrió con malicia, como un gato viendo un ratón de juguete. Asher tembló levemente.

“Viendo cómo se comporta hoy, hasta parece que te dejó embarazado a propósito para retenerte.”

“¡No es eso!”

Asher soltó un grito agudo, sorprendido hasta el alma.

“De verdad, de verdad que no fue intencionado... El Director tampoco quería que pasara eso.”

“¿Quién ha dicho lo contrario?”

Su actitud de ‘yo no he sido’ hizo que Asher se sintiera aún más perdido. Jin-hee, al no conocer los detalles exactos, podía especular, pero la realidad era la opuesta. Casi preferiría que Jin-hyuk fuera ese tipo de persona; moralidad aparte, sería más fácil para él ahora. Le aterraba que Jin-hyuk escuchara esto.

“De verdad que no.”

“Ya, solo era una broma.”

Asher estaba ansioso ante la respuesta superficial de ella, pero a Jin-hee no parecía importarle su opinión.

“En fin, quería darte las gracias por hacerme ver a mi hermano haciendo el ridículo. Si me tuviera la mitad de esa atención a mí, me caería mejor.”

El hecho de que ella dijera que él lo cuidaba de forma exagerada hizo que Asher no supiera dónde meterse. Por otro lado, ¿hacer el ridículo? Repasando lo ocurrido en el salón, no creía que Jin-hyuk hubiera hecho nada fuera de lugar. No creía que se refiriera a su frente, pues ya había dicho que eso era parte de su carácter. La duda se resolvió pronto.

“Durante toda la conversación, no te quitó el ojo de encima. Hasta compartieron la taza. ¿Suelen hacerlo?”

Resulta que Jin-hee no lo miraba fijamente en el salón por su falta de modales. ¿Le resultaba extraño que Jin-hyuk le diera de su propio café? Al encontrar el origen del malentendido, el miedo se disipó y fue reemplazado por una calma gélida.

Parece que es cierto que el ser humano no distingue bien entre el miedo y la emoción. Al desaparecer el velo del temor, surgió una expectativa tan cruda que le dio vergüenza. Aunque murió pronto, como un brote alcanzado por la escarcha. A pesar de negarlo, en el fondo deseaba que Jin-hee confirmara que Jin-hyuk lo quería.

“He tenido náuseas muy fuertes y no podía comer nada. Por eso él se asegura de que esté bien alimentado.”

Jin-hee no lo sabía, pero Asher lo había pasado muy mal. Desde que empezaron las náuseas, su energía cayó en picado. Incluso acababa de limpiarse una hemorragia nasal, de esas que solo le daban cuando trabajaba demasiado. Las náuseas eran tan severas que Jin-hyuk lo había visto vomitar y casi desmayarse a su lado, así que era normal que se preocupara.

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Porque Jin-hyuk aún sentía culpa por la muerte de su medio hermano, a quien odiaba pero que murió porque él no le prestó atención. Él mismo le confesó a Asher que al verlo recordaba a su hermano. Y Asher estaba usando ese hecho.

Pero no podía defender la inocencia de Jin-hyuk. Sería ridículo intentar demostrarle a Jin-hee que Jin-hyuk no lo cuidaba por amor. Nadie le juraría al hermano de su futuro esposo que su matrimonio no es por amor justo antes de la boda. Incluso con su nivel de estudios, Asher sabía eso.

Se había salido del instituto, pero no era tonto. Jin-hee decía que su hermano era cobarde, pero quizás el cobarde era él mismo.

“El Director es una buena persona.”

Asher terminó con una frase genérica ante la sugerencia de que Jin-hyuk lo quería mucho. Después de todo, era verdad. Jin-hyuk era un buen hombre. Dolorosamente bueno.

Al dedicarle una sonrisa, Jin-hee puso una expresión extraña.

“Es cierto que mi hermano no es mala persona...”

Parecía que quería decir algo más, pero no encontraba las palabras adecuadas. Aunque fuera de forma ambigua, Jin-hee tenía que admitir que él no era malo. Por fuera podía ser dura con él, pero no pretendía difamarlo como ser humano.

“Lo de preguntarte si querías casarte era por tu edad. Al verte en persona, sinceramente, quería disuadirte. Sabía que eras joven, pero antes de saber tu edad pensaba que tenías apenas veinte años. Aunque tengas veintidós, no cambia mucho.”

Su tono se suavizó. Parecía preocupada por la reacción defensiva inicial de Asher. Entendía su preocupación; aunque fueran personas con casta, casarse a los veinte en Corea era muy inusual. Además, por la charla, sospechaba que Jin-hee temía que Jin-hyuk lo estuviera engañando para casarse.

“Dejé los estudios, pero tengo mucha experiencia en la vida social. El Director no es la primera persona con la que salgo.”

Lo dijo porque sentía que Jin-hee lo veía demasiado ingenuo, pero no pareció ser una respuesta útil. Al contrario, la preocupación de ella pareció aumentar. Asher, ansioso, empezó a hablar antes de decidir qué decir exactamente.

“Una vez escuché de otra persona que el Director tiene un lado obsesivo. Que de pequeño se ponía muy enfermo si no conseguía lo que quería.”

Al principio habló sin orden, pero sus ideas se aclararon mientras hablaba.

“Pero yo creo que simplemente es alguien sensible. Si es algo que quiere pero sabe que no debe hacer, se aguanta hasta que enferma. Lo de enfadarse con su padre es porque detesta ese tipo de cosas. Y aunque fuera cierto que oculta su carácter, no sería por engañarme, sino porque quiere tratarme bien.”

“...”

“No lo digo por defenderlo sin más, es lo que siempre he pensado.”

Nada más decirlo, se arrepintió. Sintió que le había abierto su corazón a una desconocida sin necesidad. Actuó por impulso porque no quería que hablaran mal de Jin-hyuk. Sus mejillas se encendieron.

Cuando terminó, Jin-hee soltó una risita ligera.

“Parece que de verdad te gusta mucho mi hermano.”

La boca de Asher, que antes hablaba con tanta seguridad, se cerró de golpe. Ante aquel comentario trivial de Jin-hee, sintió como si le hubieran golpeado la cabeza con un martillo.

A medida que el silencio se prolongaba y el ambiente se volvía cada vez más extraño, Asher se esforzó desesperadamente por articular palabra.

‘Lo quiero. Muchísimo.’

‘De verdad lo quiero con todo mi ser.’

Pero ninguna de esas frases logró salir de su garganta. Había sido capaz de mentir sin parpadear diciendo que jamás había robado nada, ¿por qué estas palabras tan sinceras le resultaban tan difíciles? Incluso si ella no era la destinataria, era una confesión que no se atrevería a hacer ni ante él. Sentía que, si las pronunciaba, acabaría llorando allí mismo de forma desconsolada.

No parecía timidez; su incapacidad para responder parecía más bien asfixia. Al notar su extrañeza, la sonrisa de Jin-hee comenzó a desvanecerse y su rostro se tensó. Fue entonces cuando una voz interrumpió el momento.

“¿Qué hacen ustedes dos aquí?”

Jin-hyuk estaba de pie al final del pasillo. No se sabía cuánto tiempo llevaba observándolos. Mientras caminaba hacia ellos, el corazón de Asher empezó a latir con fuerza.

¿Habría escuchado la conversación con Jin-hee?

Un escalofrío le recorrió la espalda. Menos mal que no había respondido a su pregunta. Si lo hubiera hecho y él le pidiera explicaciones, esta vez no tendría forma de justificarlo; ya tenía el antecedente de haber intentado besarlo.

“¿Cuándo ha llegado?”

“Recién.”

Asher preguntó fingiendo calma mientras examinaba su rostro. Parecía el de siempre, como si no hubiera oído nada. Si era así, su aparición fue providencial para cortar aquella charla incómoda con Jin-hee.

“Tardabas tanto que he salido a buscarte.”

En su otro brazo llevaba el abrigo de invierno de Asher. Al parecer, ya se iban. Considerando el tiempo que esperó a que se detuviera la hemorragia nasal, era cierto que llevaba mucho tiempo sin dar noticias desde que dijo que iba al baño.

“El brazo.”

Jin-hyuk levantó el abrigo. En el momento en que Asher iba a meter el brazo por costumbre, recordó lo que Jin-hee le había dicho. Se sintió cohibido ante su mirada y vaciló un instante, lo que hizo que él sacudiera ligeramente la prenda con extrañeza.

“Póntelo. Tenemos que irnos.”

Asher se sentía avergonzado. Aun sabiendo que no era cierto, se avergonzaba de sí mismo por volver a buscarle significado a sus gestos tras las palabras de Jin-hee. Se puso el abrigo rápido, esforzándose por no mirar hacia donde estaba ella. No quería saber qué expresión tenía. Solo quería irme a casa, tal como él decía.

“Asher.”

Mientras le arreglaba la solapa del abrigo, Jin-hyuk lo llamó con voz seria. Su mano rozó el cuello del joven, hurgando con naturalidad en una zona sensible. Frunció el ceño mientras examinaba su cuello con atención.

“¿Qué es esto?”

“¿El qué?”

Asher pensó que le habría salido algo en el cuello y lo tocó con la yema de los dedos, pero no sintió nada.

“Sangre.”

“Ah.”

No era el cuello, sino la ropa. Pensó que no se había manchado, pero parece que el problema fue haberme limpiado descuidadamente pensando que era mucosidad. De repente, sintió la boca seca por otro motivo.

“Me ha sangrado un poco la nariz antes.”

“¿Antes? ¿En el baño?”

Jin-hyuk acunó las mejillas de Asher con sus manos para examinar su palidez. Su preocupación por algo como una hemorragia nasal le pareció excesiva, así que Asher lo apartó muy suavemente para no incomodarlo.

“Sí. A veces me pasa en invierno. No es nada.”

“¿Le ha sangrado la nariz?”

Jin-hee también se acercó a mirar, sorprendida por la noticia.

“Parece que está cansado.”

“Vámonos a casa a descansar pronto.”

“Gracias por la preocupación.”

Asher le dedicó una pequeña sonrisa a Jin-hee mientras se terminaba de arreglar. Antes de que Jin-hyuk pudiera hacerlo por él, Asher anudó su bufanda con sus propias manos.

“Adiós, hermano. Y controla un poco tu ‘marcado’, que ya no son unos niños.”

Era un reproche dirigido a Jin-hyuk, pero instintivamente Asher se encogió como si le estuvieran regañando a él. Sin duda se debía al intercambio de feromonas de ayer. Le hacía sentir incómodo que él fuera malinterpretado por su culpa, cuando ni siquiera era algo que él hubiera deseado hacer.

En el momento en que sus manos se ralentizaron al hacer el nudo, escuchó la respuesta de Jin-hyuk con voz indiferente sobre su cabeza.

“Yo me encargo.”

Dicho esto, lo atrajo con firmeza hacia su costado. Al poner su mano sobre el hombro de Asher, el joven quedó medio abrazado a él sin quererlo.

“Vámonos. Nos hemos quedado más tiempo del previsto.”

 

“¿No deberíamos despedirnos de sus padres?”

Solo después de cruzar la entrada principal Asher se dio cuenta de que no se habían despedido formalmente. Jin-hyuk salió con tanta naturalidad que lo olvidó por un momento. Cuando intentó darse la vuelta, él lo detuvo.

“Está bien. No es gente a la que vayas a ver a menudo, así que no te preocupes por eso.”

Hablaba como si fueran extraños y no su familia. Pero, irónicamente, precisamente porque Asher no era de la familia, no podía evitar preocuparse. No era como Jin-hyuk, que podía actuar sin miramientos por ser hijo de la casa.

Normalmente Asher no era de los que se preocupaban por la opinión ajena. Tenía tantos defectos por los que la gente podría criticarlo que, si se hubiera enfadado o amargado por cada uno de ellos, habría muerto de estrés hace mucho. Solía ignorar casi todos los rumores, a menos que fueran calumnias graves.

Pero con los padres de Jin-hyuk era distinto. Aunque no fuera a verlos a menudo, le dolía que la familia de Jin-hyuk pensara que él era un maleducado por su origen.

“Ya les dije que nos íbamos antes de salir a buscar la ropa. No te preocupes.”

Él le dio unas palmaditas en el brazo. Era un contacto ligero, ni siquiera piel con piel, pero Asher no supo por qué le resultó tan reconfortante.

“Hoy te has portado muy bien.”

“Sí...”

No le salió la típica frase hecha de que no había sido para tanto. Fingir que no notaba la hostilidad y sonreír le había agotado físicamente.

Asher apoyó ligeramente la frente en el brazo del hombre. Nada más hacerlo, pensó que estaba siendo demasiado mimado, pero Jin-hyuk le acarició la nuca con suavidad para que pudiera apoyarse más. Al final, fue el joven quien se apartó pronto por miedo a no poder contenerse. Sentía que, si se quedaba más tiempo así, acabaría haciendo el ridículo.

“¿Jin-hee no te ha dicho nada malo, verdad?”

“No. Solo nos saludamos y charlamos un poco.”

“¿Sobre qué?”

“Bueno... sobre el matrimonio y esas cosas...”

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Al hablar de forma vaga, la mirada de Jin-hyuk se volvió afilada. Para evitar que tuviera un malentendido con su hermana, Asher cortó por lo sano y fue al grano.

“Se estaba preocupando por mí.”

“Me alegra oír eso. Si te dice algo innecesario, házmelo saber.”

Aunque no le dio detalles, él no insistió. Parece que solo quería confirmar si Jin-hee lo había llamado aparte para regañarlo como sus padres. Incluso sin haber oído la charla, él debió notar que la conversación final no terminó en el mejor de los términos.

“Por cierto, ¿de verdad tienes esa constitución de que te sangre la nariz a menudo?”

“Sí. En invierno, por la sequedad... solo me pasa cuando estoy cansado, pero siempre ha sido así.”

“¿No te duele nada más?”

Jin-hyuk volvió a preguntar para asegurarse.

“Tienes que decírmelo con claridad. Si es una enfermedad grave y no se trata a tiempo, no habrá solución.”

“No es nada de eso.”

Al mirarlo a los ojos y negarlo con firmeza, él asintió levemente, más aliviado. Caminaron juntos por el sendero de piedra del jardín para volver a casa.

Mientras estaban dentro, parecía que había caído un poco de aguanieve; la fina capa de nieve en el jardín crujía bajo sus pasos antes de desaparecer. El jardín, con los pinos cubiertos por una pizca de nieve blanca, era tan hermoso que Asher se habría quedado absorto mirándolo si no fuera la casa de sus suegros.

Al caminar tan pegados, el dorso de la mano de Jin-hyuk rozó la del joven. La vacilación de Asher fue breve. Como Jin-hyuk acababa de aceptar sus mimos, se sintió valiente. Deslizó su mano hasta sujetar la suya, que asomaba por fuera de su abrigo.

Sintió cómo la mano del hombre se tensaba al instante. Justo cuando su osadía empezaba a desvanecerse frente a su mirada, la mano rígida de Jin-hyuk se movió lentamente para entrelazar sus dedos con los de Asher.

El hombre, con sus dedos firmemente entrelazados, siguió caminando. Asher caminó a pasos rápidos, pegado a él como los pingüinos que pasan el invierno juntos. Incluso en el frío, su cuerpo emanaba calor, y solo tomar su mano le hacía sentir relajado.

De repente, Asher recordó el día que fueron por primera vez al museo. Aquella vez en la que no podía acortar la distancia y solo esperaba a que él se acercara. En aquel entonces, incluso el roce de sus manos parecía algo prohibido. Pensó que esa distancia sería eterna.

Asher no sabía si era tan especial para Jin-hyuk como decía Jin-hee. Hubo un tiempo en que él también tuvo esa ilusión, pero tras ser rechazado cruelmente, no podía evitar ser precavido.

Sin embargo, lo que era seguro era que ahora podía tomar su mano cuando quisiera. Jin-hyuk ya no mantenía las distancias como si Asher fuera un germen peligroso.

Sea como sea, a partir de hoy se había convertido oficialmente en su prometido y futuro esposo, reconocido incluso por su familia. Nadie sabía cuánto había anhelado esa medalla. Ni siquiera el Alfa que caminaba a su lado.

 

Al volver a casa, Asher cenó tarde y se desplomó en la cama. El cansancio lo invadía, pero debido al café que tomó por la tarde, sus ojos estaban abiertos de par en par.

Como habían estado juntos todo el día, no parecía que fueran a hacer el intercambio de feromonas por separado. Últimamente, Jin-hyuk lo llamaba al salón después de cenar para pasar tiempo juntos.

Ayer lo ayudó a resolver problemas de matemáticas, y anteayer sacaron el equipo de cine en casa para ver una película juntos. Dijo que era una película que le gustaba cuando iba al instituto; era un romance pausado en blanco y negro. Asher, que al principio estaba emocionado por ver una película con él, terminó quedándose dormido.

Él, en lugar de reprocharle por haberse quedado frito en el sofá, prometió que irían al cine cuando se estrenara una de superhéroes.

Tumbado en la cama, rumiando los momentos que pasaron juntos, Asher se incorporó de golpe y tomó el móvil que se estaba cargando. Tras varios tonos, Moon Seung-won contestó.

— ¿Diga?

Junto a la voz de Seung-won, se oía un alboroto de gente hablando. Risas de hombres y mujeres se mezclaban. Parecía que todos estaban bastante borrachos.

“Hola. ¿Estás ocupado?”

— No, no es eso...

Aunque Seung-won habló, el final de su frase quedó sepultado por el ruido.

“¿Qué dices?”

— No...

Seguía diciendo algo, pero lo único que Asher entendía era la palabra ‘no’. Ante su incapacidad para entenderlo tras varios intentos, Seung-won gritó furioso a los que lo rodeaban:

— ¡Malditos locos, callense un poco!

Parece que no tuvo mucho efecto, pues se oyeron abucheos. Seung-won soltó un par de palabrotas y le dijo por el auricular: “Espera un momento.”

El ruido cesó, señal de que había salido fuera. Seung-won sorbió por la nariz.

— Habla rápido, que hace frío.

“Hyung.”

— ¿Por qué me llamas ‘hyung’ de repente? ¿Quieres pedirme algo? No tengo dinero.

Al escuchar su voz hosca, tan familiar, a Asher se le escapó una risita.

“No es eso.”

— ¿Entonces para qué llamas?

Al intentar decir a qué venía la llamada, a Asher se le secó la boca.

“Cuando te enteraste de que estaba embarazado.”

— Sí.

“En realidad pensaste que no podría casarme, ¿verdad?”

— Bueno...

“Me refiero a con ninguno de los dos.”

Parecía dudar entre mencionar a Kang Woo-seok o al ‘Director’, así que Asher habló con claridad. Seung-won respondió como si fuera obvio.

—Sí. Pensé que, como trabajar justo después de abortar sería agotador, lo mejor era que aceptaras el dinero. Necesitabas descansar, ¿no? Uno de ellos era apenas uno o dos años mayor que tú, no estaba en edad de casarse, y el otro... bueno, normalmente ese tipo de gente no se casa con chicos como nosotros.

A pesar de su tono indiferente, Asher, que había vivido con Moon Seung-won durante más de un año, notó que algo en su actitud resultaba extraño.

“¿Estás hablando de tu propia experiencia, hyung?”

Al otro lado de la línea solo hubo silencio. Tras una larga pausa, Moon Seung-won carraspeó.

—Dame un momento para fumar.

Por su forma de mascullar, parecía que ya tenía el cigarrillo en la boca. No es que necesitara el permiso de Asher; se escuchó el clic del encendedor.

Mientras Seung-won fumaba, Asher permaneció tumbado en la cama mirando el techo.

—En mi caso, como no dije nada, me costó bastante dinero. Por eso terminé en el centro de acogida y luego pegado a ti como un parásito.

“...”

—Es que eras el que más cara de tonto tenías.

Seung-won lo soltó con ligereza, esforzándose por sonar bromista.

—Pero creo que, aunque lo hubiera dicho, el resultado habría sido el mismo.

Asher no lo sabía. Siempre le había parecido que, para lo trabajador que era, Seung-won no tenía mucho dinero ahorrado. Recordando aquellos tiempos, Seung-won solo mencionaba que había ido de casa en casa tras marcharse de la suya, pero nunca entró en detalles, a pesar de que Asher conocía perfectamente lo inútiles que eran sus padres.

“Creo que eres alguien increíble, hyung.”

—¿De qué hablas de repente?

Su voz sonó desconcertada, pero Asher continuó con firmeza.

“Lo pensé desde la primera vez que te vi. Eres diferente a los otros chicos que viven sin pensar en nada. Incluso trabajas en el taller mecánico. Dijiste que yo era el que más cara de tonto tenía, pero... para mí, tú eras la persona más confiable.”

—... Haz lo que quieras.

Seung-won respondió con brusquedad. Asher podía imaginarlo perfectamente, sin saber qué hacer ante la vergüenza de recibir un cumplido.

“¿Vendrás a la boda?”

—Lo pensaré.

“Solo te tengo a ti como amigo.”

—Este maldito... ahora que ha terminado de decir lo que quería, me tutea.

Ante el insulto de Seung-won, Asher soltó una risita tonta.

“Nos vemos luego.”

—Oye...

Seung-won vaciló un instante antes de hablar con voz insegura.

—Si no quieres casarte, simplemente ven aquí. No tienes por qué hacerlo.

En lugar de responder a eso, Asher dijo otra cosa.

“Hace frío, entra ya.”

—Cuelgo.

La llamada se cortó con frialdad. Ya no se escuchaba la voz de Seung-won al otro lado.

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Tanto Seo Jin-hee como Moon Seung-won decían lo mismo: que aún podía dar marcha atrás. Asher se encogió de lado, rodeándose a sí mismo con los brazos. Un frío similar al de sumergirse en el mar de invierno lo invadió. Pensando que el agotamiento le estaba provocando escalofríos, se cubrió con la manta.

Había razones de sobra para no seguir adelante con este matrimonio. Eran tantas que no alcanzarían las dos manos para contarlas. Incluso él mismo dudaba tanto que por eso había terminado llamando a Moon Seung-won. A pesar de haber conocido a los padres de Seo Jin-hyuk, todavía podía retroceder. Podía vivir como si nunca lo hubiera conocido. Probablemente, eso sería lo mejor para Jin-hyuk también.

Pero.

Pero es que habían prometido ir al cine pasado mañana...

Asher cerró los ojos con fuerza. La conclusión era clara.

Incluso si era un dolor agonizante, como si el agua llenara sus pulmones mientras luchaba por respirar, estaba dispuesto.

Quería ahogarse.