Bittersweet
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Los
preparativos para la boda avanzaban sin contratiempos. A diferencia de lo que
Jin-hyuk le había advertido al principio, como si quisiera asustarlo diciendo
que habría mucho por hacer, Asher casi no tenía responsabilidades.
A
ojos de cualquiera, el único que estaba realmente ocupado con los preparativos
era Jin-hyuk. Lo único que Asher hacía respecto a la boda era acompañarlo,
escuchar vagamente lo que él y la organizadora discutían y, finalmente, elegir
la opción que más le gustaba de entre unas pocas alternativas ya seleccionadas.
No
es que no intentaran incluirlo. La organizadora de bodas, que los había
recibido con entusiasmo, le hizo un par de preguntas a Asher y rápidamente
captó la situación.
“¿Prefiere
que yo me encargue de esta parte?”
Asher
se iluminó de inmediato ante la sugerencia.
“¿Se
puede?”
“Sí.
Seleccionaré algunas opciones, se las mostraré y luego pediré la confirmación
del otro novio.”
Quizás
el problema era que Asher no había crecido en un entorno que fomentara su
sentido estético. Tenía confianza transportando mesas o vajilla en un salón de
eventos, pero de ahí a diseñar una boda... Lo único que se le venía a la mente
era que las flores costaban diez millones de wones. Se sentía como uno de esos
adultos materialistas de ‘El Principito’ que leía de pequeño.
A
diferencia de él, Jin-hyuk examinaba cada detalle con meticulosidad: desde el
salón, el florista y el menú de la cena, hasta el pastelero, la lista de
regalos de agradecimiento y la sastrería donde harían los trajes. Había una
montaña de cosas por decidir. Asher pensó que, al ser una ceremonia pequeña, no
habría mucho que elegir, pero estaba equivocado.
Sin
embargo, hubo algo en lo que su opinión prevaleció por completo: la casa.
Jin-hyuk hablaba en serio cuando dijo que se mudarían tras la boda, pues en
cuanto terminó la reunión con los padres, comenzó a buscar un nuevo hogar.
Con
la boda, a Asher le costaba elegir porque nunca se había imaginado casándose,
pero con la casa era distinto. Siempre había fantaseado con el lugar donde
viviría. Todo el mundo tiene un ideal de hogar. Como la casa actual de Jin-hyuk
era demasiado grande para dos personas según sus estándares, sus ojos se
desviaban hacia opciones más pequeñas.
Jin-hyuk,
como si hubiera leído sus pensamientos, se le adelantó.
‘No
te preocupes por el tamaño. Es la casa donde tú vas a vivir, así que debe
gustarte a ti.’
Por
eso, hoy estaban de camino tras ver algunas propiedades. Jin-hyuk ya había
investigado los gustos de Asher y traía una lista de candidatos. Según él, su
secretario se había encargado del trabajo sucio.
De
entre las opciones, Asher no podía dejar de mirar la casa más pequeña. Aunque
decir ‘pequeña’ era un decir, ya que tenía cuatro habitaciones; era simplemente
una villa de lujo comparada con la mansión actual. Aun así, era un lugar que él
jamás podría permitirse con su trabajo.
Mientras
Jin-hyuk le explicaba que el complejo contaba con diversas instalaciones
comunitarias, lo que realmente cautivó a Asher fue el paisaje. Para alguien que
recientemente había desarrollado el pasatiempo de pasear y observar el exterior
desde la ventana, aquella era la casa perfecta.
“¿A
usted qué le pareció, Director?”
Como
Jin-hyuk compraría la casa pero también viviría en ella, su opinión era
importante. Él respondió con tono ligero.
“Parece
estar bien. Excluimos todas las que tenían algún problema, así que no habrá
inconveniente en vivir aquí.”
Más
que ligero, sonó casi despreocupado. Justo cuando Asher empezaba a sentirse un
poco decepcionado, Jin-hyuk soltó algo inesperado.
“Elige
con cuidado, porque la pondré a tu nombre.”
“¿De
verdad puedo?”
Asher
levantó la cabeza sorprendido para mirarlo. El pequeño resentimiento de hace un
momento desapareció, siendo reemplazado por una alegría que le puso la piel de
gallina.
No
le importaba que lo llamaran materialista. Tener una casa propia había sido el
sueño de su vida. Tras vivir en el orfanato sin habitación propia, se mudó a
Seúl a un semisótano alquilado que se llenaba de moho a la mínima y donde las
tuberías reventaban en invierno.
Había
estado planeando mudarse con Seung-won por miedo a enfermar por el moho, y
aunque acabó viviendo en casa de Jin-hyuk, no podía negar que, técnicamente,
estaba allí de prestado. Pero ahora... tendría su propia casa. Era emocionante.
“Parece
que te gusta mucho.”
Él
le pellizcó la mejilla suavemente. No dolió nada.
“Y
pensar que antes rechazabas todo lo que te ofrecía. Debería haberte dado esto
antes, ¿verdad?”
“No
es que no me alegrara por las otras cosas...”
Asher
sintió un escalofrío al pensar que se le notaba demasiado la codicia. Se dio
cuenta tarde de que la casa era el regalo más caro que Jin-hyuk le había dado
jamás.
“No
te lo digo para avergonzarte, es que me gusta verte así.”
Jin-hyuk
sonreía. No era esa sonrisa educada de siempre, sino una que delataba que
realmente estaba de buen humor.
“¿Quieres
quedarte también con la casa donde vivimos ahora?”
“¡¿No?!”
Asher
casi soltó un grito en medio de la calle. Algunos transeúntes que pasaban por
el tranquilo complejo residencial se quedaron mirándolo. No sabía si Jin-hyuk
bromeaba o hablaba en serio, porque seguía sonriendo.
“Con
una me basta. Además, yo no necesito una casa tan grande...”
“Lo
sé. Una vez dijiste que te bastaría con un estudio.”
Asher
parpadeó lentamente.
“Lo...
recuerda.”
No
esperaba que Jin-hyuk recordara un deseo tan trivial. Fue algo que mencionó
cuando le explicó por qué seguía trabajando como camarero. Asher incluso había
olvidado que se lo había dicho hasta que él sacó el tema.
“Tú
mismo lo dijiste. Que sería bueno tener una casa propia.”
El
hombre, con aire despreocupado, se apartó el flequillo que le caía sobre la
cara por el viento. Al cruzar sus miradas, le dedicó una sonrisa. Esta vez, el
corazón de Asher dolió de una forma distinta.
“Y
no te preocupes por mí. No es que solo tenga la casa donde vivimos ahora.”
“¿Dónde
más tiene?”
“Creo
que tengo una en Hannam-dong, otra en Seongbuk-dong, una en Brooklyn, otra en
Londres y una en París. También un par de villas de vacaciones. Y...”
“...”
“También
soy el dueño del piso de arriba y del de al lado de donde vivimos.”
Al
decirlo, puso una cara de cierta timidez.
“Es
que no me gusta mucho el ruido.”
Aquello
fue un shock. Asher había vivido allí todo este tiempo sin darse cuenta. Pensó
que el aislamiento acústico era excelente, pero jamás imaginó que era porque no
vivía nadie. Ahora entendía por qué nunca se cruzaba con vecinos.
Jin-hyuk,
al ver la expresión atónita del joven, añadió apresuradamente:
“No
me refiero a que tú hagas ruido, Asher.”
“No,
no es eso...”
Iba
a decir ‘es que parece usted muy rico’, pero lo cierto es que ya sabía que lo
era. Simplemente parecía que, al no gustarle mucho tratar con gente, se había
acostumbrado a hacer las tareas domésticas él mismo.
Al
verlo meter los platos en el lavavajillas, tirar la basura orgánica cuando no
venía la empleada o pasar la aspiradora los fines de semana, Asher a veces
olvidaba quién era él en realidad.
También
había trabajado en casa de Lee Jae-seok, que era igual de rico, pero como era
una vivienda temporal, no era tan espaciosa. No solía estar mucho en casa, así
que no necesitaba tanto espacio.
Tal
vez ser rico no consistía en que otros hicieran todo por ti y en usar solo
cosas caras, sino en tener la libertad de vivir exactamente de la forma que
quisieras.
“No
tenía ni idea.”
“Yo
también suelo olvidarlo.”
‘No
es para tanto’, añadió Jin-hyuk, pero en lugar de consolar a Asher, le produjo
una sensación de extrañeza.
“De
todos modos, no vivo en la casa actual porque me guste especialmente. Quería un
lugar donde pudiera dejar vacíos los pisos de al lado y de arriba. El agente
inmobiliario encontró el sitio adecuado.”
Él
acarició suavemente el dorso de la mano de Asher con el pulgar.
Incluso
su tono parecía casi mimoso. Ante esa actitud de estar pendiente de sus reacciones,
el pequeño resentimiento que Asher sintió antes —al pensar que a Jin-hyuk no le
importaba la casa donde vivirían juntos— se esfumó por completo.
Pensándolo
bien, era lógico que Jin-hyuk no estuviera obsesionado con la casa, a
diferencia de él. Al fin y al cabo, Jin-hyuk ya tenía varias y podía tener
todas las que quisiera.
“Se
ha hecho tarde. ¿Tienes hambre?”
Jin-hyuk
consultó su reloj de pulsera. Asher miró su móvil: ya eran las seis. Hacía
apenas dos horas que habían compartido cinco pastelitos de pescado en un puesto
callejero, pero ya empezaba a sentir hambre.
Aparte
de las náuseas, cuando se le antojaba algo, Asher comía como un poseso. Era
mejor que no poder comer nada, pero a veces le daba vergüenza parecer tan
glotón.
“¿Qué
quieres comer? Me han dicho que en casa han preparado sopa de pulpo.”
Normalmente,
Asher habría aceptado encantado, pero hoy no le apetecía eso. Tenía antojo de
algo que no comía hacía tiempo. Sin embargo, al ver la cara de Jin-hyuk, no se
atrevía a decirlo.
“Dime.”
“No...”
Jin-hyuk
ladeó la cabeza, instándolo a hablar. No parecía que fuera a rendirse hasta
escucharlo.
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“Es
que... me apetece una hamburguesa...”
Tras
dudar un momento, cerró los ojos y lo soltó. Para ser exactos, se le antojaba
la marca más barata de comida rápida coreana. Antes la comía por su precio,
aunque no le gustara mucho, pero por alguna razón ahora la deseaba con locura.
“Si
usted no quiere, puede comer otra cosa. Yo puedo comerla mañana a solas.”
“¿Por
qué?”
Él
puso cara de no entender hacia dónde iba la conversación.
“¿Acaso
usted come ese tipo de cosas?”
Ante
la pregunta cautelosa, Jin-hyuk se cubrió la boca lentamente con una mano.
Empezó a parpadear con frecuencia.
“No
sé cómo me ves exactamente, pero...”
Intentó
disimularlo, pero su voz ya temblaba. Al darse cuenta de la situación, a Asher
se le encendió la cara.
“Está
bien, lo entiendo. Acompáñeme.”
Asher
intentó arreglarlo tomando la mano de Jin-hyuk con urgencia, pero fue inútil;
él no pudo contenerse más y estalló en carcajadas.
“De
pequeño también iba con mis amigos a comer tteokbokki en los puestos
callejeros. Y también iba a los cibercafés.”
Cuanto
más hablaba, más vergüenza sentía Asher por haber tenido prejuicios.
“Incluso
en Estados Unidos, cuando no tenía tiempo, comía hamburguesas o sándwiches de
pollo muchas veces.”
“Deje
de reírse.”
Ante
su evidente diversión, Asher le espetó con brusquedad, pero enseguida se calló
al sentirse expuesto. Jin-hyuk, conteniendo la risa como pudo, lo apremió:
“Vamos.
¿Cuál prefieres?”
“¿Tan
poca humanidad proyecto?”
Jin-hyuk
seguía burlándose de él mientras lo ayudaba a sentarse en una mesa de plástico
corriente. Parecía que le había hecho mucha gracia que Asher pensara que él era
alguien que no comería hamburguesas. En el coche había intentado contenerse,
pero al entrar en el local volvió a la carga.
“Antes
me preguntaste si era un mafioso.”
Incluso
sacó a relucir temas antiguos. Asher quiso responder mencionando a Jin-hee y
diciendo que ella le había dicho que sí lo eran, pero se contuvo. Al fin y al
cabo, Jin-hyuk no era un mafioso, así que era comprensible que quisiera
desvincularse de eso.
Y
si hubiera admitido que lo eran, Asher se habría asustado de verdad. Si se lo
preguntó en su día, no fue porque lo creyera ciegamente, sino porque necesitaba
que él se lo negara.
“Director.
Tengo hambre.”
Lo
soltó para cambiar de tema, y el efecto fue sorprendente. Él dejó de burlarse y
se levantó para comprar los menús.
“¿Cuál
quieres?”
“El
menú de hamburguesa bulgogi.”
Hoy
extrañaba especialmente ese sabor a salsa barata. Al decirlo, Asher se relamió
sin darse cuenta.
“Quédate
aquí sentado.”
Él
sacó la cartera y se dirigió al mostrador. El local estaba bastante lleno, ya
que era la hora de la cena.
Aquel
hombre destacaba de forma natural entre la multitud. Incluso podía ver cómo la
gente a su alrededor lo miraba de reojo. Últimamente, para fingir ser parte de
una pareja de recién casados feliz, Jin-hyuk había empezado a liberar
gradualmente feromonas dulces, como otros Alfas, lo que lo hacía lucir aún más
atractivo.
Antes,
Asher lamentaba que él no liberara sus feromonas, pero ahora que lo hacía,
pensaba que era mejor como antes. Al fin y al cabo, al vivir con él, Asher
podía sentir el rastro de su aroma y, en la práctica, lo tenía todo para él
solo.
‘Qué
pensamiento tan infantil.’
“¿De
qué te ríes tanto?”
Jin-hyuk
regresó y se sentó, trayendo consigo el recibo y el número de turno. Asher se
fijó en cómo levantaba la silla ligeramente con una mano para sacarla sin hacer
ruido; era un gesto impresionante.
“De
nada... ¿Qué ha pedido?”
“He
pedido lo mismo que tú.”
En
el recibo que le mostró, figuraban impresos dos menús de hamburguesa bulgogi.
Al verlo, Asher lo confirmó: definitivamente, a él no le gustaban las
hamburguesas.
Había
varias cosas que uno aprendía al observar a Jin-hyuk por mucho tiempo. Una era
que sabía hacer las tareas del hogar, y otra era que tenía gustos muy claros
con la comida.
Lee
Jae-seok decía que no había muchas cosas que a Jin-hyuk le gustaran, pero según
Asher, él tenía muy claro lo que amaba y lo que odiaba. Simplemente era del
tipo que se vuelve exigente con lo que le gusta, pero que actúa con total
indiferencia cuando come algo que no le agrada.
Había
pedido lo mismo que Asher solo porque nada del menú le atraía especialmente. La
hamburguesa bulgogi de esta marca se comía precisamente por su sabor barato;
Jin-hyuk jamás podría disfrutar de algo así.
“No
le gustan las hamburguesas, ¿verdad?”
El
hombre, que comparaba el número de turno en la pantalla con su recibo, tardó un
momento en reaccionar.
“¿Por
qué piensas eso?”
“Sé
que no suele poner pegas a la comida, pero que algo no te disguste no es lo
mismo que encontrarlo delicioso.”
Él
miró a Asher fijamente y terminó asintiendo con sinceridad.
“Si
me preguntas si es mi comida favorita, es cierto que no lo es.”
Jin-hyuk
se recostó cómodamente en la silla y comenzó a explicar.
“Pero
eso no significa que la odie. Si fuera así, nunca habría cenado hamburguesas.
Nadie dice que su comida favorita es la de una cadena de comida rápida; yo
estoy en ese punto. No he comido una desde el instituto, así que pensé que ya
tocaba.”
Mentiroso.
Mentía sin parpadear. Lo hacía de forma tan natural que, si Asher no conociera
sus hábitos alimenticios, le habría creído por completo.
De
repente, Jin-hyuk se inclinó hacia él y le susurró como si le confiara un secreto:
“Pero
lo que de verdad no puedo comer son los bagels. El olor de la harina me da
dolor de cabeza.”
Eso
sí era verdad. Aquel hombre, que rara vez mostraba desagrado, le estaba
confesando algo que realmente detestaba. Probablemente ni siquiera Jae-seok lo
sabía, porque de ser así, se lo habría mencionado antes.
Asher
se sintió tontamente eufórico por haber descubierto algo que a él no le
gustaba. Entonces, el hombre, con una mirada que se entrecerró casi
imperceptiblemente, le dio un suave toque en la punta de los dedos.
“Aun
así, si Asher me insiste para que coma uno con él... me lo pensaría.”
Justo
en ese momento sonó el timbre de aviso y Jin-hyuk se levantó a recoger la
comida.
Asher
sintió que la garganta le ardía. Era solo una broma ligera, pero se sentía tan
agitado como si se hubiera desatado un incendio forestal en su interior.
Parecía un adolescente que ni siquiera había llegado a tomarse de la mano con
alguien.
Para
cuando el hombre regresó con las bandejas, Asher estaba tan distraído que bebió
coca-cola a grandes tragos sin siquiera darle las gracias. Jin-hyuk no le
reprochó su falta de modales y colocó la hamburguesa y las patatas frente a él.
“¿Tenías
mucha sed?”
“Parece
que sí.”
Solo
cuando el vaso estuvo medio vacío, Asher sintió que la sed se calmaba.
Jin-hyuk, con naturalidad, intercambió su vaso lleno por el vacío de Asher.
Mientras
bebía del vaso de plástico donde ya solo quedaba hielo y poca bebida, Asher se
cruzó con su mirada. Él arqueó las cejas como preguntando qué pasaba, pero
Asher solo negó con la cabeza.
‘Lo
odio.’ Debería haberle comprado otra coca-cola. Era mucho más fácil que
comprarle una casa.
¿Por
qué le dolían más sus gestos amables y naturales que cuando se portaba mal con
él? Quizás se debía al anillo que ambos llevaban en el anular izquierdo.
‘No
pienses más.’
Asher
tomó la hamburguesa caliente. Ahora tenía hambre de verdad. Le quitó el envoltorio
y le dio un mordisco. El sabor artificial de la salsa de soja mezclado con la
mayonesa, la lechuga y la carne le abrieron el apetito. Estaba deliciosa,
quizás por el tiempo que hacía que no la probaba o por el hambre que tenía.
“Dame.”
Cuando
Asher iba a dar otro bocado, Jin-hyuk hizo un gesto con la mano. Asher levantó
un poco la hamburguesa y él volvió a mover la mano para que se la pasara.
Como
era evidente que no quería robársela, Asher se la entregó. Jin-hyuk volvió a
doblar el papel para envolverla con firmeza. Era cierto que la lechuga y la
salsa se estaban desparramando.
“Gracias.”
Jin-hyuk
también empezó a comer su hamburguesa. Se la terminó sin hacer ni una sola
mueca; es más, parecía que incluso la disfrutaba.
Asher
se preguntó si odiaría más el marisco o las hamburguesas, pero como él no
mostraba nada para ninguna de las dos cosas, no lo sabría a menos que
preguntara. A diferencia de Asher, que volvía a mancharse las manos a pesar del
nuevo envoltorio, él comía con una limpieza impecable. Daban ganas de aprender
de él.
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Sentarse
frente a él con una mesa de plástico de por medio le daba a Asher una sensación
extraña. Si antes le hubieran preguntado si podría ir a un sitio de comida
rápida con Jin-hyuk, habría dicho que no. Por eso, este momento le parecía
increíble.
Mientras
charlaban y bromeaban sobre tonterías, el móvil de Jin-hyuk vibró. Él se limpió
las manos con una servilleta y sacó el teléfono. Al ver la pantalla, su
expresión se volvió serena, como si despertara de un sueño.
“¿Pasa
algo?”
“Parece
que la redacción del contrato ha terminado.”
Como
Asher no entendía a qué se refería, fue más explícito.
“El
contrato prenupcial.”
“Ah.”
Asher
se preguntaba cuándo llegaría el momento de firmar, y parecía que ya estaba
todo listo.
“Mañana
tendrás que venir a la oficina para firmarlo.”
“Está
bien, iré.”
Tras
recibir el mensaje, Jin-hyuk se quedó pensativo y habló menos. Asher supuso que
tenía cosas en qué pensar respecto al contrato, aunque era solo una conjetura.
Aun así, el hombre seguía respondiendo a cada una de sus pequeñas ocurrencias.
Para
no molestarlo más, Asher recordó algo sobre los invitados y decidió hablar una
última vez.
“Director.
¿Puedo invitar a un amigo a la boda? Solo a un amigo cercano.”
Al
decirlo, se sintió como cuando le pedía permiso a la monja para llevar a un
amigo al orfanato. Él debió sentir algo parecido, porque asintió con una mezcla
de sorpresa y diversión.
“Por
supuesto. Es tu boda, Asher.”
Al
ver que Asher se había terminado sus patatas, le deslizó sus propias patatas
fritas, que casi no había tocado. Asher, sin ningún rastro de vergüenza porque
aún no estaba lleno, empezó a comerlas.
“¿A
quién quieres invitar?”
“Como
ya sabe... al hyung con el que vivía antes.”
“Ah,
ese hyung.”
Jin-hyuk
pareció recordarlo.
“Si
quieres invitar a alguien más, dímelo con tiempo para reservar sitio. Yo
también he decidido invitar a un amigo, además de a la familia.”
Era
obvio quién era ese amigo: Lee Jae-seok.
“¿Y
qué hay de las monjas que te criaron?”
“Las
monjas...”
No
había contactado con ellas desde que salió del orfanato. En parte por lo
ocupado que estaba tratando de sobrevivir, pero también porque, al huir de su
grupo de conocidos, decidió no saber nada de aquel mundo. Además, como no se
había convertido en un adulto con una profesión estable como profesor, no
sentía que tuviera nada de qué presumir.
Si
las llamaba, seguro que se alegrarían, pero le pesaba la conciencia llamar de
repente para decir que se casaba después de no haber dado señales de vida en
años. Especialmente después de haber sido el chico que las hacía visitar la
comisaría o el despacho del director.
Y
además, si algo salía mal y Jin-hyuk llegaba a conocer su pasado...
En
aquel entonces, lo máximo que hacía era cometer pequeños hurtos y, según su
terapeuta, eran cleptomanías causadas por el choque emocional que ya habían
desaparecido. Aun así, no podía evitar preocuparse. Ya tenía suficientes
defectos como cónyuge.
“Intentaré
hablar con ellas.”
Visto
así, Asher entendía mejor la decisión de hacer una boda pequeña. Pensando en lo
vacía que estaría su zona de invitados, para él era un alivio que no fuera un
evento grande.
“Estarás
muy ocupado con los preparativos, ¿qué quieres hacer con el examen de
graduación? ¿Prefieres posponerlo?”
“No.
Puedo presentarme al de abril.”
Asher
habló con total confianza. No sabía si sacaría la nota máxima, pero estaba
seguro de aprobar.
“Entonces
pospondremos la luna de miel para después del examen.”
“Sí.”
Asher
respondió con naturalidad, pero por dentro se sobresaltó. ‘La luna de miel’. Se
había olvidado por completo de que la gente se iba de viaje después de casarse.
Pensó
en retractarse y posponer el examen, pero prefería quitárselo de encima cuanto
antes. No es que no fueran a ir, solo lo retrasarían un poco. Posponer el
examen tres meses más era peor; había mucho que memorizar y temía perder la
concentración si pasaba más tiempo. Además, tal como estaban las cosas, la luna
de miel no sería muy diferente a un viaje entre amigos. No había por qué darle
tanta importancia.
“Iremos
a Nueva York después del examen.”
El
hombre, notando la decepción de Asher, lo consoló con voz suave.
“Te
lo prometí. Te enseñaré ‘La noche estrellada’.”
“¿De
verdad?”
‘Lo
recordaba.’
Asher
abrió la boca involuntariamente. Cuando escuchó la promesa por primera vez,
pensó que nunca se cumpliría. Podía entender que lo llevara al museo para
presentarle a su madre, pero Estados Unidos era otra cosa; eran más de diez
horas de vuelo. Pensó que eran solo palabras bonitas y lo había olvidado.
No
era que le hiciera ilusión ver el cuadro; seguía sin tener interés por la
pintura. Lo que le hacía feliz era que Jin-hyuk recordara una promesa casual y
tuviera la intención de cumplirla.
Al
ver a Asher tan feliz como un niño, una expresión compleja cruzó los ojos de
Jin-hyuk. Fue una mirada cargada de amargura o quizás de culpa que desapareció
en cuanto parpadeó lentamente.
“Iremos.”
“...”
“Pase
lo que pase.”
Ante
esa afirmación que sonaba a juramento, Asher sonrió ampliamente.
“Sí.
Aprobaré el examen sin falta.”
—¿Recuerdas
que hoy tienes que venir a la empresa?
Una
voz suave fluyó a través del altavoz. Asher, que estaba tumbado perezosamente,
se sentó de inmediato en la cama para seguir hablando.
“Sí.
Voy a comer y a prepararme.”
—¿Quieres
que envíe a alguien a buscarte?
Asher
pensó que llamaba para confirmar la cita, pero el propósito era otro. Parecía
preocupado de que fuera solo a la empresa.
Él
preguntaba muy en serio, pero a Asher le pareció absurdo. No era un niño de
seis años. Incluso los niños de ahora saben ir en autobús solos. Se preguntaba
qué imagen tenía Jin-hyuk de él. ¿Acaso parecía un tonto incapaz de usar el
transporte público?
Él,
ajeno a sus pensamientos, seguía sonando arrepentido.
—Si
hubiera tenido tiempo, habría ido yo mismo.
“No
hace falta. Cogeré un taxi. Ya fui solo una vez, ¿recuerda?”
Un
breve silencio se instaló entre ambos. Asher se dio cuenta tarde de que la
última vez que fue solo a su oficina fue para contarle que estaba embarazado.
Jin-hyuk
debió pensar lo mismo, pues tardó en encontrar las palabras antes de cerrar la
llamada con fluidez.
—Nos
vemos luego entonces. Llámame antes de llegar y enviaré a mi secretario abajo.
“Sí,
así lo haré.”
Asher
sintió un sabor amargo en la boca. Parecía que el matrimonio solucionaba los
problemas, pero ambos sabían que no era así. Simplemente lo habían enterrado.
La
cita era a las cuatro, pero como Asher se sentía agobiado, salió de casa antes
para caminar un poco. Pensaba caminar por la carretera cerca de casa y luego
llamar a un taxi. Para que Jin-hyuk no lo regañara, se puso un abrigo grueso y
se envolvió bien el cuello con una bufanda.
Por
muy abrigado que fuera, el viento de febrero era afilado como un cuchillo.
Quiso caminar más, pero el viento arreciaba y tuvo que rendirse y pedir el
taxi. Como era de esperar, llegó a la empresa unos treinta minutos antes de lo
acordado.
Pensó
que tendría que esperar en el vestíbulo, pero en cuanto entró en el edificio,
alguien salió a recibirlo.
“Hola,
encantado de conocerlo. Soy Choi Sang-jin, el secretario ejecutivo del Director
Seo. Puede llamarme Jefe Choi. He venido a recogerlo.”
“Hola.”
Era
un hombre Beta de mediana edad al que no conocía. Era la primera vez que lo
veía, pero su nombre le resultaba familiar.
El
Jefe Choi lo guio con una actitud extremadamente respetuosa. Asher pudo sentir
cómo la gente a su alrededor, que antes no le prestaba atención, ahora los
miraba con curiosidad debido a la actitud del secretario.
“Felicidades
por su boda.”
“Ah,
sí... gracias.”
En
cuanto entró en el ascensor, ante las efusivas felicitaciones, Asher no pudo
evitar inclinar la cintura con torpeza. Le resultaba abrumador que un adulto,
que parecía haber vivido el doble que él, le hiciera una reverencia, por mínima
que fuera. Como alguien profundamente imbuido en la etiqueta coreana, aquello
casi le provocaba una reacción alérgica de incomodidad.
A
diferencia de Asher, que no sabía cómo reaccionar, el Jefe Choi dirigió la
conversación con maestría.
“¿Ha
sido difícil el trayecto hasta aquí? Hacía mucho frío fuera.”
“He
venido en taxi, así que todo bien.”
Mientras
hablaban, Asher olvidó por un momento que él era el secretario de Jin-hyuk y le
respondió con la diligencia de quien habla con un profesor de escuela. Los
hombres de esa edad que solía tratar eran, o bien profesores, o bien dueños de
locales donde trabajaba a tiempo parcial. Al no haber casi excepciones, era
inevitable que su percepción se fijara en la figura de un "maestro"
en lugar de la posición ambigua de "secretario del futuro esposo".
Al
salir del ascensor, los secretarios que custodiaban la oficina levantaron la
vista para recibirlos. Entre ellos estaba la persona que lo había guiado en su
visita anterior. Asher pensó que entrarían directamente al despacho, pero el
Jefe Choi se detuvo un momento para presentarlo.
“Es
el prometido del Director.”
Aunque
parecieron ligeramente sorprendidos, todos compusieron el gesto rápidamente y
lo felicitaron con sonrisas profesionales. Eran verdaderos oficinistas.
“Felicidades
por su boda.”
“Gracias.”
Asher
respondió vagamente y entró lo más rápido posible al despacho de Jin-hyuk.
Supuso que el Jefe Choi lo había presentado porque tendrían que verse a menudo,
pero sentía como si lo hubieran empujado a una tarima para dar un discurso sin
previo aviso. Le daba vértigo que personas mayores que él lo miraran esperando
que dijera algo.
¿Se
sentiría cómodo con estas cosas con el paso del tiempo? Aún no lo sabía.
“Vendrá
pronto, así que solo tiene que esperar un poco.”
El
Jefe Choi lo acomodó en el sofá y, con una sonrisa amable, le trajo unos
aperitivos, té rooibos y media taza de café americano caliente.
“Me
han dicho que le gusta el café, ¿verdad?”
Asher
lo aceptó con alegría. No sabía si era por el cambio en sus gustos, pero
últimamente beber café era uno de los grandes placeres de su vida. Los
aperitivos también parecían elegidos siguiendo sus preferencias personales,
como si alguien hubiera dado instrucciones previas.
Tras
atender todas sus necesidades, el Jefe Choi, en lugar de marcharse, dijo algo
inesperado.
“Me
gustaría disculparme por la falta de respeto de la otra vez.”
Asher
no supo reaccionar de inmediato. Era la primera vez que lo veía en persona, así
que no entendía por qué le pedía perdón.
“¿Por
qué cosa?”
Al
preguntarle, ya que no recordaba nada, él explicó con calma:
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“Hubo
un tiempo en el que no pudo contactar con el Director, ¿verdad?”
Al
oír eso, Asher comprendió. El secretario que gestionaba el teléfono de trabajo
de Jin-hyuk era el hombre que tenía delante. La sensación de déjà vu que
sintió al oír su nombre también cobró sentido: era la persona que le enviaba el
sueldo cuando trabajaba como empleado doméstico para Lee Jae-seok.
Sin
duda, era quien mejor conocía la naturaleza de su relación con Jin-hyuk. Ajeno
al hecho de que Asher se había quedado helado, él continuó con su disculpa.
“Fue
un incidente causado porque malinterpreté las instrucciones del Director.
Quería disculparme antes, pero no tuve la oportunidad.”
El
Jefe Choi inclinó la cabeza formalmente ante alguien que tenía la mitad de su
edad.
“Creí
erróneamente que habían terminado del todo.”
“No...
no, no se preocupe. Está bien.”
Más
que perdonarlo, Asher solo quería que levantara la cabeza. Odiaba que alguien
mayor se inclinara ante él; era algo que disparaba su sentimiento de culpa.
“No
lo hizo a propósito.”
“Desde
luego que no”, afirmó el Jefe Choi con urgencia.
Pensándolo
bien, no era culpa del secretario. Había sido Jin-hyuk quien dio la orden de no
pasar sus llamadas. Por las palabras del Jefe Choi, Asher dedujo que lo habían
tratado de la misma forma que a sus parejas anteriores.
“No
estoy enfadado, está bien. De verdad.”
“Gracias.”
Él sonrió, pareciendo mucho más aliviado.
Una
vez que la situación se calmó, Asher observó al Jefe Choi con detenimiento. Era
un hombre que aparentaba casi cincuenta años, con un tono muy formal y
profesional. Su forma de hablar no se parecía en nada a la de Jin-hyuk.
‘¿Será
realmente la persona con la que me mensajeaba?’
Cuando
supo que le habían dado el número de trabajo, llegó a pensar que quien respondía
era el secretario, pero al ver al hombre en persona, la disonancia era enorme.
Parece que Jin-hyuk lo había tratado bien últimamente; a diferencia de su falta
de confianza pasada, ahora sentía la fuerte intuición de que quien le escribía
siempre fue Jin-hyuk.
Antes
de que él llegara, Asher decidió preguntar directamente.
“¿Alguna
vez llegó a escribirse mensajes de texto conmigo?”
El
Jefe Choi puso cara de desconcierto y respondió con cautela:
“No.
El Director siempre se encargaba de los mensajes personalmente. Debido a que le
dio el número equivocado, estuvo llevando el teléfono de trabajo encima durante
un tiempo. Probablemente perdió el momento oportuno para corregir el número.”
Él
esbozó una sonrisa sutil.
“Al
fin y al cabo, no dejaría en mis manos la conversación con su pareja.”
El
Jefe Choi, convencido de que lo de Asher y Jin-hyuk era un noviazgo real,
parecía no querer arruinar la boda de su jefe. Maquilló la realidad con astucia
para que el hecho de haberle dado un número de trabajo sonara como algo
romántico. Asher casi se lo cree de no haber sido por ese detalle de que
"le dio el número equivocado".
El
secretario no lo sabía, pero Jin-hyuk ya le había confesado a Asher que no
podía darle su contacto privado así como así a un desconocido. Darle el número
de trabajo no fue un error.
Aquel
secretario era un hombre astuto. Seguramente no tenía malas intenciones, pero
había una distancia considerable entre lo que él pensaba y lo que realmente
había sucedido. En cualquier caso, Asher sacó algo en claro: Jin-hyuk no dejó
que nadie más hablara por él. Al menos, todas aquellas conversaciones fueron
reales.
Además,
el hecho de que llevara el teléfono de trabajo siempre encima...
Jin-hyuk
era alguien que odiaba las molestias. Aunque no lo demostara abiertamente, se
notaba que se estresaba mucho al lidiar con la gente. La razón por la que
separaba sus teléfonos era precisamente para evitar llamadas molestas. No era
de extrañar, considerando que incluso compraba los pisos vecinos para no tener
ruidos.
Entonces,
¿acaso Asher valía la pena como para soportar esa molestia?
Podría
haber otras razones para que llevara el teléfono encima. Al igual que con el
número privado, quizás el Jefe Choi solo estaba atando cabos a su manera.
Intentó no pensar más en ello, pero era difícil.
Se
preguntó si Jin-hyuk alguna vez había esperado sus mensajes con ansia, tal como
él lo hacía. Si se había desvelado pensando si llegaría un mensaje al día
siguiente. Si había mirado el teléfono con urgencia durante el trabajo por
miedo a haber perdido una notificación.
Tenía
unas ganas inmensas de preguntarle al Jefe Choi si realmente parecían una
pareja de enamorados. Si pensaba que eran novios porque realmente lo parecían,
o solo porque se iban a casar. Si su relación parecía tan común y poco especial
como la que tuvo con sus anteriores parejas.
En
realidad, Jin-hyuk ya había respondido a todo eso. Fue constante en su actitud
en su cumpleaños, cuando supo del embarazo y cuando vio la ecografía en el
hospital. Sin embargo, aquello no parecía ser suficiente y solo servía para
remover esperanzas inútiles. Sus sentimientos heridos aún no habían cicatrizado
y seguían doliendo.
No
sabía si él lo estaba confundiendo, o si era Asher quien quería confundirse.
Jin-hyuk
entró en la oficina poco después. Como Asher había llegado solo media hora
antes, entre la charla con el Jefe Choi y los aperitivos, la hora de la cita
llegó enseguida. El hombre, que entró acompañado de alguien que parecía ser un
abogado, se acercó a él a grandes pasos.
“¿Has
esperado mucho?”
“No,
hace poco que he llegado.”
Cuando
Asher se levantó, él le hizo un gesto para que se sentara. Jin-hyuk puso una
mano ligera sobre el hombro de Asher y saludó al secretario.
“Buen
trabajo, Jefe Choi.”
“No
es nada. Los dejo para que hablen.”
El
Jefe Choi hizo una reverencia y salió. En el despacho solo quedaron el abogado,
Asher y Jin-hyuk. El abogado, que estaba esperando su oportunidad, le entregó
una tarjeta a Asher.
“Soy
Shin Seo-young, la abogada consultora.”
Era
una mujer de mediana edad con un rostro que denotaba veteranía. Jin-hyuk se
quedó de pie al lado de Asher, con la mano apoyada en el respaldo del sofá,
mientras ella se presentaba. Cuando terminó, Asher tiró suavemente de la manga
de Jin-hyuk en broma.
“¿Tendrá
que seguir trabajando después de esto?”
“No.
Nos iremos juntos a casa.”
Su
rostro, que estaba algo tenso, se relajó. Sin embargo, seguía sin sentarse.
“Escucha
lo que tiene que decir.”
Jin-hyuk
le dio unas palmaditas en el hombro y se alejó hacia la ventana, lejos del
sofá. Fue un gesto para indicar que no intervendría en la conversación entre
Asher y la abogada. Aun así, no salió de la habitación. Miró un momento por la
ventana y se quedó apoyado allí, observándolos como si los estuviera
supervisando.
‘Podría
sentarse a mi lado.’
Aunque
él ya hubiera revisado el contrato, ¿por qué quedarse tan lejos? Era una
actitud muy distinta a la sobreprotección que mostró al medía cuando quería
enviarle un coche.
Con
el permiso implícito de Jin-hyuk, la abogada sacó los documentos de su maletín.
El contrato prenupcial era mucho más grueso de lo que Asher esperaba. Era
demasiado contenido para leerlo de una sentada.
Asher
había buscado información en internet sobre estos contratos. La gente decía que
en familias como la de Jin-hyuk era lo habitual. Casi siempre se trataba de la
división de bienes. A Asher eso no le afectaba, pues él no tenía nada que darle
a Jin-hyuk.
Ante
las decenas de páginas, Asher vaciló, por lo que la abogada fue pasando las
hojas y explicándole los puntos clave.
“A
diferencia del Director Seo, se ha estipulado que, en caso de que el divorcio
sea por culpa de Asher, no tendrá que pagar ninguna indemnización. En cuanto a
la división de bienes, será proporcional al tiempo de matrimonio, pero
básicamente podrá quedarse con todas las propiedades que estén a su nombre, y
la diferencia con una división por mutuo acuerdo es...”
Según
la abogada, la mayoría de las cláusulas sobre bienes eran favorables para él.
Quizás para romper el hielo, bromeó diciendo que, incluso si se divorciara
ahora mismo, se llevaría más dinero que si le tocara la lotería. Por lo que
Asher escuchaba, todo eran cosas que Jin-hyuk le entregaba a él, y nada que él
le entregara a Jin-hyuk.
Luego
pasaron a temas como la patria potestad, la custodia y el derecho de visita.
Asher asintió cuando dijeron que la patria potestad sería de Jin-hyuk. Él mismo
pensaba que, si las cosas no funcionaban, el niño estaría mejor criado por
Jin-hyuk. A cambio, Asher quedaba exento de pagar pensión alimenticia y se le
garantizaban cuatro visitas al mes si así lo deseaba, lo cual no estaba mal.
“...Y
en caso de que la causa que originó este matrimonio desaparezca, los
procedimientos de divorcio y división de bienes se regirán por las cláusulas de
'cónyuge culpable' en lugar de las de mutuo acuerdo. Como puede ver, no
significa que usted se convierta en el culpable, sino que se hace por las
diferencias en la división de bienes.”
En
las hojas que la abogada pasaba, Asher pudo ver la firma y el sello de Jin-hyuk
ya estampados.
‘Seo
Jin-hyuk.’
Su
nombre escrito con trazos rápidos y la marca del sello aparecían y desaparecían
con el vaivén del papel.
“¿Ha
comprendido todo correctamente?”, preguntó la abogada tras terminar la larga
explicación, que parecía más bien el contrato de un producto financiero.
“Sí.
¿Tengo que firmar aquí?”
Asher
tomó el bolígrafo y señaló el lugar de la firma. Fue entonces cuando Jin-hyuk,
que había estado observando la escena apoyado en la ventana, habló.
“Asher.”
“¿Sí?”
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Se
giró ante el repentino llamado. Él no dijo lo que quería de inmediato, sino que
guardó silencio un momento. Al final, el hombre, cuyos ojos no sonreían, curvó
ligeramente las comisuras de los labios.
“Deberías
leer el contrato tú solo también.”
“Ah,
sí.”
Ante
las palabras de Jin-hyuk, Asher comenzó a pasar las páginas del contrato con
nerviosismo. La abogada ya se lo había explicado, así que no entendía muy bien
qué era lo que debía mirar él solo. Aun así, hizo lo que se le pidió y, tras
fingir que leía un poco, volvió a tomar el bolígrafo.
El
hombre, que seguía apoyado en el marco de la ventana tamborileando los dedos,
se levantó de repente como si no pudiera aguantar más.
“Dejémoslo
por hoy.”
Jin-hyuk
se acercó a grandes pasos, le quitó el bolígrafo y lo dejó lejos de su alcance.
“Abogada
Shin, lo siento, pero será mejor programar otra cita. Creo que lo más adecuado
es contratar un abogado independiente para mi prometido.”
“Entiendo,
Director. Avíseme cuando lo hayan revisado. Dejaré el contrato aquí.”
A
pesar de la abrupta interrupción, la abogada respondió con calma. Jin-hyuk
inclinó levemente la cabeza mientras ella recogía sus documentos.
“Gracias.”
En
cuanto la abogada salió de la habitación, Asher se quedó sin nada que hacer en
un instante. Estaba un poco aturdido. La boda era pronto; si no lo hacían hoy,
no sabía cuándo habría tiempo. Sin el bolígrafo, se limitó a juguetear con las
hojas del contrato y le preguntó a Jin-hyuk:
“¿No
es mejor terminar con esto rápido?”
“¿Alguna
vez has firmado un contrato antes?”
Jin-hyuk
no respondió a su pregunta; en su lugar, le lanzó otra.
“He
firmado contratos de trabajo.”
“¿Y
no los leíste en ese momento?”
“No,
sí que los leí.”
Aunque,
bueno, los contratos de trabajos a tiempo parcial suelen ser todos iguales.
Ante su respuesta, él parpadeó rápidamente, como si estuviera agotado, y
finalmente forzó una sonrisa.
“Es
mejor firmar los contratos con calma.”
“¿Por
qué?”
“Hazme
caso.”
Jin-hyuk
lo cortó con firmeza. Su actitud dejaba claro que no aceptaría réplicas.
“Esta
vez ha sido un error mío. Volveremos a revisarlo cuando tengas a tu propio
abogado.”
“¿De
verdad necesito otro abogado?”
“Por
supuesto.”
Asher
tironeó de la mano del hombre, que parecía no tener intención de sentarse, y
él, entendiendo el gesto, lo sujetó con fuerza. Solo después de que el joven le
pidió que se sentara en lugar de quedarse ahí de pie cansando las piernas,
Jin-hyuk se sentó por primera vez desde que entraron al despacho.
Daba
la impresión de que Jin-hyuk ni siquiera se había dado cuenta de que seguía de
pie. Era extraño. Hoy parecía estar inusualmente inquieto.
“Cuando
redactes un contrato, nunca lo dejes solo en manos del abogado de la otra
parte; debes contratar a uno propio para que lo examine.”
Le
hablaba como si fuera un profesor amable dándole una lección. Asher seguía un
poco confundido.
“Sí,
eso lo entiendo.”
Incluso
sin que él se lo dijera, Asher sabía que si uno tiene medios, lo lógico es
llamar a un abogado para un contrato. Pero no se refería a eso.
“No
es eso... entiendo que se haga así para otras cosas, pero ¿también para firmar
esto? Usted ya lo ha revisado. Podríamos firmar ahora mismo, pero siento que
solo estamos perdiendo el tiempo.”
Al
notar la frustración del joven por la falta de sintonía en la charla, Jin-hyuk
lo llamó con una voz que le puso los pelos de punta.
“Asher.”
Era
un tono que nunca le había oído. Por instinto, el cuerpo de Asher se tensó. Al
ver su cara de susto, el hombre se dio cuenta de que había sonado demasiado
frío e intentó suavizar el ambiente acariciando suavemente el dorso de su mano.
“Haz
lo que te digo. No hagas excepciones.”
“Está
bien.”
Asher
intentó asentir con entereza, pero le costó ocultar su decepción. Él sabía muy
bien cuánto se esfuerzan los jefes de empleos temporales por no pagar a sus
empleados. Había gente buena, pero muchos otros estaban ansiosos por estafar a
los más jóvenes a la mínima oportunidad. Sin ir más lejos, Seung-won tuvo que
intervenir una vez para que le pagaran un sueldo.
“Pero
si yo solo estaba haciendo lo que usted me pidió...”
Por
más que lo pensara, Asher se sentía injustamente tratado. Intentó no mostrar su
resentimiento, pero esta vez fue imposible. Solo intentaba firmar porque él se
lo había dicho, y terminó regañado.
Y
no es que fuera a firmar sin pensar. Primero, la abogada le había explicado que
las cláusulas de división de bienes eran muy favorables para él, y no había
nada que limitara sus acciones. Incluso lo del viaje de estudios, que era una
condición del matrimonio, ni siquiera figuraba en el papel. Lo único que podría
haberle preocupado era el tema de la patria potestad, pero ya lo había
aceptado. Además, por muy desfavorable que fuera el contrato, Asher no tenía
nada que Jin-hyuk pudiera quitarle. Sabía de sobra que, si él quisiera ser
cruel, ni siquiera habrían llegado a esta mesa de negociación.
Asher
tenía fe en que Jin-hyuk se apiadaría de él.
“Lo
siento.”
La
mano que acariciaba la suya se detuvo. Al levantar la vista, el rostro de
Jin-hyuk parecía el de alguien que se hubiera mordido la lengua por error.
“No
quería enfadarme contigo. Es decir, yo...”
El
hombre, sin saber qué hacer, rozó la mejilla de Asher. Fue un contacto
brevísimo. No se sabe si realmente pretendía acariciarlo, porque en cuanto sus
yemas tocaron la piel, cambió de dirección, le apretó el hombro un momento y se
alejó.
“Es
que estoy preocupado.”
Asher
no entendía qué era lo que le preocupaba. ¿Que firmara el contrato que él mismo
había redactado? ¿O que confiara tanto en él? Cualquiera de las dos opciones
era difícil de asimilar. No sabía qué era exactamente lo que inquietaba a
Jin-hyuk, pero seguía pareciendo impaciente y ansioso. Pensándolo bien, había
estado extraño desde ayer, cuando mencionó en la hamburguesería que el contrato
estaba listo.
Lo
miró con curiosidad, pero él no parecía dispuesto a resolver sus dudas. En
cambio, pareció sumirse en sus pensamientos y, tras un esfuerzo, comenzó a
hablar como si estuviera en un confesionario.
“El
contrato prenupcial...”
Jin-hyuk
se frotó el arco de la ceja. Su incomodidad era evidente.
“Es
obligatorio firmarlo. Si no lo hacemos, los asuntos de patrimonio se vuelven
demasiado complejos y no hay otra opción. No quiero tener una disputa legal
desagradable contigo. Mis padres también firmaron uno.”
Parecía
que se lo decía a sí mismo más que a Asher, como si quisiera convencerse.
Jin-hyuk lo miró a los ojos.
“Cualquiera
que se casara conmigo, no solo tú, tendría que haberlo firmado.”
Sonaba
casi a una disculpa. Asher siempre había pensado que no le hacía mucha gracia
obligarlo a firmar aquel documento.
“Lo
sé. Sé que no es porque sea yo.”
“Menos
mal.”
Él
miró a Asher y sonrió un poco, pareciendo más aliviado.
“Me
alegra oír eso.”
En
un abrir y cerrar de ojos, Jin-hyuk recuperó su calma habitual. Aquella faceta
de hombre que no sabía qué actitud tomar desapareció como si un
limpiaparabrisas la hubiera borrado.
“No
me preparé bien y hoy te he hecho pasar un mal rato.”
“No
se preocupe. No es como si lo hubiera hecho a propósito.”
A
Asher no le gustaba mucho que Jin-hyuk le pidiera perdón como si hubiera
cometido un gran error. Venir aquí no era un esfuerzo sobrehumano; al fin y al
cabo, solo vino a sostener un bolígrafo y no pudo hacerlo. Si acaso, su único
error fue hablarle mal, y ya se había disculpado por ello. Además, el motivo
era que se preocupaba por él.
“Firma
el contrato después de que contratemos a tu abogado. Aún tenemos tiempo.”
Así
pues, con el abogado que contrataron, Asher revisó el contrato a solas en un
lugar donde Jin-hyuk no estaba presente. Como era de esperar, el abogado leyó
el documento y dijo que no había nada que necesitara ser modificado.
Mencionó
que el único punto conflictivo podría ser la patria potestad, pero que, dada la
jurisprudencia, el entorno que Jin-hyuk podía ofrecer al niño era tan superior
que lo más probable era que la custodia recayera en él de todos modos. Supuso
que el hecho de reconocer de antemano el derecho de visita era una forma de
evitar procesos judiciales innecesarios.
“Normalmente,
en este tipo de familias, si hay un divorcio, suelen revocar el derecho de
visita”, dijo el abogado rascándose la sien con el bolígrafo.
“Privar
del derecho de visita a un cónyuge que no ha cometido maltrato es injusto, pero
es un caso común. Generalmente, estas personas, si se divorcian cuando los
niños son pequeños, suelen volver a casarse pronto. Por eso, impiden que vean
al otro progenitor para que los niños se encariñen más con el nuevo cónyuge. A
cambio, suelen dar una indemnización muy alta.”
Asher
se limitó a parpadear ante las palabras del abogado. ‘Volver a casarse’.
Jin-hyuk odiaba la idea del matrimonio, pero quizás, una vez casado, hacerlo
por segunda vez sería más fácil. Especialmente si había un hijo de por medio.
El
abogado debió pensar que no lo entendía e intentó explicárselo de nuevo, pero
Asher negó con la cabeza.
“No,
lo entiendo.”
“Y,
curiosamente, la parte de la división de bienes es bastante generosa... En
casos recientes de gente común que se divorcia tras casarse con miembros de
familias poderosas, incluso después de diez años de matrimonio y con patrimios
de cientos de miles de millones, la cifra apenas llega a los cinco mil millones
de wones, excluyendo la indemnización. Pero en este contrato, si se divorciara
el mismo día de registrar el matrimonio, ya empezaría recibiendo mil millones
de wones en efectivo, además de las propiedades muebles e inmuebles a su
nombre.”
La
conclusión del abogado fue esta:
“Aunque
haré una recomendación respecto a la patria potestad, creo que no estaría mal
aceptarlo tal cual.”
Al
salir de la consulta, Asher pensó que daba igual si firmaba aquel día o si lo
hacía ahora después de escuchar la explicación del abogado. Al final, tal como
predijo, solo fue un trámite que lo hizo dar dos viajes. Lo único que consiguió
fue imaginarse el hipotético nuevo matrimonio de Jin-hyuk.
Sin
embargo, la reacción de Jin-hyuk fue inesperada. Se tomó muy en serio las
recomendaciones del abogado de Asher, aunque esas cláusulas no sirvieran de
mucho en un juicio. Su propio abogado parecía más desconcertado que Asher
cuando Jin-hyuk aceptó las sugerencias. Finalmente, dos días después, Asher
firmó el nuevo contrato frente a ambos abogados.
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“Asher.
Ya hemos llegado.”
Asher
se sobresaltó al oír la voz de Jin-hyuk y miró a su alrededor confundido. Al
girarse, vi al hombre con cara de disculpa por haberme despertado.
“He
esperado un poco, pero ya es la hora.”
Asher
se había quedado profundamente dormido de camino a probarse el traje terminado.
Venía directo de una sesión de estética que Jin-hyuk le había reservado, y el
sueño lo venció por completo. Ya de por sí dormía más últimamente, pero un
masaje con una temperatura agradable era su perdición. Lo subieron al coche en
ese estado de relajación absoluta y lo llevaron a la sastrería, así que ni
siquiera sintió el frío viento del invierno.
“¿He
dormido mucho?”
Asher
se limpió la comisura de los labios a toda prisa. Por suerte, parecía que no
había babeado. Al verlo tan apurado recién despierto, Jin-hyuk respondió con
una sonrisa:
“¿Solo
un poco?”
Asher
miró la hora y faltaba un minuto para la cita. Realmente lo había dejado dormir
hasta el último segundo. Seguramente lo hizo por su bien, pero a Asher le dio
un escalofrío. Estaba demasiado acostumbrado a jefes que le gritaban si llegaba
un minuto tarde.
“Subamos
rápido.”
“Podemos
ir despacio.”
A
diferencia de las prisas del joven, Jin-hyuk apagó el motor con parsimonia.
Normalmente era un hombre que encajaba mejor con la palabra ‘estricto’ que con
‘relajado’, así que era evidente que lo hacía a propósito para que Asher se
calmara. Sus movimientos al apagar el motor y quitarse el cinturón fueron tan
pausados que la hora de la cita pasó en un suspiro.
Afortunadamente,
su táctica funcionó. Una vez que la hora ya había pasado, la obsesión por la
puntualidad que nublaba la mente de Asher se disipó. Cinco o diez minutos
entraban dentro del margen de cortesía, y aunque Jin-hyuk llegara tarde, nadie
se atrevería a reprochárselo.
“Bienvenidos.”
El
sastre ya los estaba esperando en la puerta de la tienda. Tal como dijo
Jin-hyuk, no puso mala cara porque su cliente importante llegara diez minutos
tarde. Al contrario, parecía encantado de verlos.
“Si
confirmamos las medidas hoy por última vez, el traje estará listo antes de la
ceremonia.”
El
sastre los guio con total confianza hacia donde estaba el maniquí con el traje
tras la segunda prueba de costura.
Esta
no era la primera vez que se probaba el traje de gala. Durante la primera
prueba, los horarios de Asher y Jin-hyuk no coincidieron, por lo que tuvieron
que ir por separado. En circunstancias normales, Asher, que no solía tener
compromisos, habría ajustado su agenda unilateralmente, pero la situación había
cambiado: había retomado sus tutorías.
Al
igual que la boda, que ya se vislumbraba en el horizonte, el examen de
acreditación de bachillerato estaba a la vuelta de la esquina. Como habían
acordado previamente que se presentaría a la convocatoria de abril, un tutor
comenzó a frecuentar la casa de Jin-hyuk de inmediato.
Cuando
Asher se enteró de que los horarios de la primera prueba no encajaban y sugirió
cambiar la hora de sus clases, Jin-hyuk lo detuvo y comenzó a sermonearlo como
si fuera su propio padre. Su argumento era que, al acercarse el examen, un
estudiante debía respetar su horario y concentrarse en el estudio.
Aunque
más tarde añadió que no era obligatorio aprobar, esa aclaración sonó a excusa
poco convincente tras el largo sermón. Para Asher, estaba claro que la persona
que más ansiaba su aprobado no era él mismo ni su tutor, sino Jin-hyuk.
Si
tal insistencia se debiera a que su rendimiento fuera un desastre, Asher lo
entendería, pero no era el caso. Había estudiado tanto por su cuenta que el
tutor le aseguró que el aprobado ya estaba garantizado y que ahora el objetivo
era obtener la puntuación más alta posible. Aunque no sacara una nota perfecta
en todo, lo importante era que ya superaba con creces el mínimo necesario.
Jin-hyuk
no podía ignorar este hecho, aunque Asher no se lo dijera directamente, pero
aun así parecía consumido por la preocupación. Probablemente, todo empezó
cuando Asher le consultó unos problemas de matemáticas. Al principio eran dudas
reales, pero como le gustaba ver cómo Jin-hyuk los resolvía con trazos fluidos
y se los explicaba con amabilidad, le preguntó varias veces más, lo que hizo
que el hombre se tomara el asunto con una seriedad excesiva. Arrepentirse tarde
ya no servía de nada.
“¿Este
es el mío?”
A
diferencia de la primera prueba, donde las costuras eran demasiado evidentes,
en esta segunda ocasión la prenda ya empezaba a parecer un traje de verdad.
“Sí.
Primero comprobaremos el del Director.”
El
sastre guio a Jin-hyuk primero. Asher se sentó en el sofá y bebió un té
caliente mientras esperaba a que el hombre saliera del probador. Era la primera
vez que lo veía con el traje de novio. Los trajes de boda para hombres suelen
ser conjuntos formales que no varían tanto como los vestidos de novia, y
Jin-hyuk solía vestir de etiqueta a menudo. Quizás por eso, el sastre le
recomendó un esmoquin con fajín.
Jin-hyuk
no tardó mucho en salir. Apareció sin la chaqueta puesta, llevándola colgada
del brazo, y nada más salir se pasó la mano por el pelo con gesto de
insatisfacción. Al mirarse en el gran espejo de cuerpo entero desde la
distancia, chasqueó la lengua.
“Sigo
pareciendo un poco 'macarra'.”
Era
un traje clásico, así que no tenía elementos que justificaran ese calificativo,
pero Asher entendió a qué se refería. Ciertamente, desprendía un aire de
vividor que se dedica a flirtear en fiestas, más que de un novio convencional.
Era una sensación fresca, ya que solía ser difícil percibir ese aire en él por
muy informal que vistiera. Parecía el polo opuesto del fiestero de Lee
Jae-seok, pero viéndolo así, Asher comprendió por qué eran amigos.
Aun
así, no es que le quedara mal. Cuando Jin-hyuk se puso la chaqueta, empezó a
parecerse más a un traje de gala. Recordando lo que se habló en la primera
prueba, Jin-hyuk mencionó el chaleco.
“El
chaleco está preparado, pero...” El sastre dejó de hablar con Jin-hyuk y se
dirigió a Asher. “¿Qué opina usted?”
“¿Yo?”
Como
Jin-hyuk acababa de demostrar que no estaba convencido, Asher no pudo evitar
dudar. Ante su vacilación, Jin-hyuk se giró hacia él.
“¿Te
gusta así?”
El
hombre tiró ligeramente de la pajarita que rodeaba su cuello. Ese gesto
despreocupado acentuaba precisamente ese aire "macarra" que tanto le
disgustaba, pero Asher decidió no señalarlo. Tras meditarlo un momento,
sucumbió a su propio deseo.
“Le
queda extremadamente bien.”
“Está
bien, entonces.”
A
pesar de su evidente descontento inicial, aceptó con rapidez. El sastre,
notando que el humor de Jin-hyuk se había suavizado, se acercó de inmediato
para comprobar las medidas. Como su peso no había variado, terminaron en un
instante.
“Si
no siente ninguna molestia, seguiremos adelante así.”
“Hágale
así. No se preocupe por el coste del chaleco, se pagará según lo acordado.”
“Sí,
muchas gracias.”
Cuando
Jin-hyuk terminó, llegó el turno de Asher. A diferencia del otro, el suyo era
un traje de gala convencional con chaleco y corbata. Al verse en el espejo del
probador, Asher sintió lo mismo que al ver a Jin-hyuk: el traje por sí solo no
le hacía sentir que realmente se fuera a casar. La tela era de alta calidad y
el diseño impecable, pero no pudo evitar recordar vagamente sus días trabajando
como camarero en hoteles.
Aun
así, ahora sentía que al menos ya no parecía un empleado, sino un invitado de
honor. Tras ajustar los últimos detalles, salió del probador. Jin-hyuk, que ya
se había cambiado, lo esperaba sentado en el sofá.
Mientras
Asher lucía su americana, el sastre le colocó una muestra de 'boutonnière' que
tenía en la tienda. Con esa pequeña flor en la solapa, finalmente empezó a
parecer el atuendo de un novio.
“¿Qué
tal?”, preguntó Asher levantando los brazos hacia Jin-hyuk.
La
mirada del hombre recorrió lentamente a Asher de la cabeza a los pies. Era una
inspección minuciosa, casi un juicio visual. Tras observarlo detenidamente
durante un buen rato, el alfa solo pronunció una frase con parsimonia:
“No
está mal.”
Luego
tomó su taza y bebió un sorbo. Eso fue todo.
Asher
no esperaba una exclamación de asombro, pero la reacción le resultó un poco
decepcionante. Supuso que, a diferencia de él, que siempre se quedaba
maravillado con cualquier cosa que Jin-hyuk se pusiera, la situación para el
hombre era distinta. Se sintió un poco cohibido y trató de disimular la
situación sonriendo al sastre.
El
sastre, ya fuera para animarlo o por el orgullo que sentía por su creación, no
dejó de elogiar lo bien que le quedaba. Sin embargo, al no venir de Jin-hyuk,
aquellas palabras carecían de significado para él. Asher se sintió un poco
desanimado, pero se esforzó por no demostrarlo.
“¿Habrá
perdido más peso?”
Mientras
Asher se quitaba el chaleco para que le midieran la cintura, el hombre que
estaba en el sofá apareció de repente a su lado. Al mirar al espejo, vio a
Jin-hyuk observando atentamente su talle.
“Parece
que sobra un poco de tela aquí.”
“No
he perdido peso.”
Últimamente
comía bien, así que no había razón para adelgazar. Sin embargo, era cierto que
la cintura le quedaba holgada. El sastre respondió amablemente a la duda de
Jin-hyuk:
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“Para
el día de la boda su vientre habrá crecido un poco, así que he dejado margen
suficiente. Estrecharlo es fácil, pero ensancharlo es complicado.”
Ante
las palabras del sastre, tanto la mirada de Asher como la de Jin-hyuk se
dirigieron al vientre del joven. Todavía estaba tan plano que nadie diría que
estaba embarazado. Asher se preguntó si realmente había un bebé allí dentro.
Miró fijamente su vientre liso, pero el pequeño ratoncito que llevaba dentro no
le respondió; era una criatura que solo se manifestaba a través de las náuseas
matutinas.
Asher
desvió la vista de su abdomen e intentó no cruzar su mirada con la de Jin-hyuk.
No sabía por qué sentía ganas de esconderse ante la mención de que su barriga
crecería. Se produjo un silencio extraño, pero el sastre, ocupado comprobando
las medidas, no pareció notarlo.
Jin-hyuk
fue el único que respondió, algo tarde:
“Entiendo.
Volveremos a medir la cintura más adelante.”
“Sí.”
Atrapado
por una ansiedad extraña tras mencionarse el embarazo, Asher rezó para que la
medición terminara pronto. Jin-hyuk seguía allí, observándolo con los brazos
cruzados. Cuando él lo observó a él, la medición pareció durar un parpadeo,
pero ahora sentía que el tiempo se dilataba insoportablemente.
Cuando
llegó el momento de probarse la chaqueta, Asher se abrochó todos los botones a
toda prisa para ocultar su vientre de la mirada de Jin-hyuk. Lo hizo con tanta
torpeza que el sastre tuvo que decirle que no había prisa y que se lo tomara
con calma. Asher sintió cómo sus mejillas ardían.
“Ya
hemos terminado. Muchas gracias por su paciencia.”
Solo
cuando regresó al probador, casi huyendo, pudo liberarse de esa sensación de
acoso. No entendía por qué actuaba así cuando Jin-hyuk ya lo sabía todo.
Incluso ayer habían ido juntos al hospital para unas pruebas necesarias, pero
aun así, se sentía incómodo.
Tras
calmar ese miedo de origen desconocido, salió y vio a Jin-hyuk conversando con
el sastre.
“Me
gustaría encargar unos trajes más para mi prometido. Usaremos la medida de
cintura actual, así que veré algunas telas cuando tenga un momento.”
“Por
supuesto. Avíseme cuando le venga bien.”
“Mi
secretario se pondrá en contacto con usted.”
Hablaban
con total normalidad, ajenos al temor de Asher. El sastre acercó un catálogo de
telas que estaba sobre la mesa, invitándolo a echar un vistazo. Parecía que el
interés de Jin-hyuk por su vientre solo se debía a una cuestión de sastrería.
Asher no sabía qué le pasaba; no terminaba de asimilar que realmente se casaría
con él.
Cuando
Asher se acercó con el traje que se había quitado, el hombre levantó la vista.
“¿Ya
estás listo?”
“Ah,
deme el traje por aquí.”
El
sastre tomó la prenda con cuidado. Jin-hyuk dio unos golpecitos suaves en el
asiento a su lado. Una vez sentado, y tras comprobar que el sastre se había
alejado, Asher dijo en voz baja:
“No
necesito tantos trajes.”
Ya
tenía varios en casa que él le había comprado. Aunque eran de confección, eran
de marcas de lujo y muy cómodos. Ni siquiera se los había puesto todavía, así
que comprar más le parecía un desperdicio.
“Esos
son de confección. Un 'bespoke' será mucho más cómodo.” Jin-hyuk continuó
hojeando el catálogo. “Además, la ropa de este sitio 'no está mal'.”
Al
escuchar de nuevo ese “no está mal”, Asher comprendió por fin que aquello era
un cumplido. Como un cordero dócil, aceptó seguir sus indicaciones.
[Veámonos
antes de la boda]
[Ambos
tenemos cosas que decir.]
Al
salir de la sastrería de camino a casa, Asher abrió su teléfono y vio el
mensaje. Al ver al remitente, se quedó petrificado como la mujer de Lot
convertida en estatua de sal.
Era
Lee Jae-seok.
No
entendía por qué el hombre que lo había humillado llamándolo “sirviente” quería
verlo ahora. Y mucho menos qué era eso de que "ambos" tenían algo que
decir. No tenía ni idea de qué podía quedar pendiente aparte de una disculpa.
Su
buen humor se evaporó instantáneamente. Jin-hyuk, notando su reacción,
preguntó:
“¿Pasa
algo?”
Por
suerte, él estaba al volante y no podía ver la pantalla. Asher guardó el
teléfono en el bolsillo y mintió fingiendo normalidad.
“No,
es solo un mensaje de un amigo.”
“Ah.”
Jin-hyuk
no insistió, demostrando un respeto por la privacidad —o quizás una
indiferencia natural— que en otro momento le habría dolido a Asher, pero que
hoy agradeció profundamente. En cuanto llegaron a casa, Asher corrió a su
habitación y, olvidando incluso quitarse el abrigo, se apoyó contra la puerta y
sacó el teléfono.
[¿Cuándo?]
Mientras
esperaba la respuesta, el sudor empezó a perlar su espalda bajo el grueso
abrigo. La contestación no tardó en llegar.
[Cuando
a ti te venga bien]
[Entonces,
veámonos en tres días, a la hora del almuerzo]
[De
acuerdo. Ven al salón del Hotel Y a las 12:00. Yo invito.]
Al
leer el último mensaje, Asher soltó el aire que contenía. Pensó que no sería
nada grave. Si hubiera pasado algo serio entre Jin-hyuk y Jae-seok, ya habría
salido a la luz antes de avanzar con la boda. Como Jin-hyuk no había mostrado
ninguna señal extraña, lo más probable es que todo hubiera transcurrido con
calma.
Además,
Asher también quería cerrar su relación con Jae-seok de forma definitiva. Tenía
que recibir esa disculpa a medias de manera formal; era mejor verse antes de la
boda que arrastrar esa tensión.
Esa
noche, tras cenar con Jin-hyuk y terminar su rutina habitual, Asher se acostó,
pero el sueño no acudía. No era por el café de la tarde, pero se sentía
inusualmente despejado. Quizás era por el contacto de Jae-seok, o simplemente
por los nervios de la boda. Se dio la vuelta en la cama y observó la
habitación. La cama le pareció demasiado grande.
Asher
siempre había deseado tener una habitación propia, tras pasar toda su infancia
en el orfanato durmiendo amontonado con otros niños. Sin embargo, no entendía
por qué ahora el espacio le resultaba tan inmenso. ¿Acaso aún no se
acostumbraba a dormir solo? Era extraño, porque cuando vivía con Moon Seung-won
nunca se había sentido así.
Sentía
un vacío en el estómago. Tras dar varias vueltas en la cama, llegó a una
conclusión: tenía hambre.
Recordó
el ramen instantáneo que había comprado hacía tiempo y se levantó. Se puso
incluso las pantuflas que normalmente no usaba y salió de la habitación con
paso lento. No era de los que caminaban haciendo ruido, pero en el silencio de
la noche cualquier sonido retumba. Caminó con cautela, arrastrando las mullidas
pantuflas para no despertar a Jin-hyuk.
Encendió
la luz de la cocina con familiaridad y abrió la alacena. Quedaban dos vasos de
ramen. Como había hecho toda su vida, puso una olla al fuego, abrió el paquete
y vertió el sobre de sopa de antemano. Mientras se quedaba absorto mirando cómo
el agua empezaba a hervir, cayó en la cuenta de que en casa de Jin-hyuk había
un purificador de agua que servía agua caliente directamente. Qué tonto.
Parecía
que a las personas les resulta difícil ocultar los hábitos de toda una vida. En
cuanto bajaba la guardia, los rastros de su pasado salían a la luz.
Aunque
ya sabía lo del purificador, no iba a tirar el agua que ya estaba hirviendo.
Vertió con cuidado el agua en el vaso y lo dejó sobre la isla de la cocina. El
vapor que emanaba del ramen traía un aroma apetitoso.
El
sonido del burbujeo dentro del vaso fue disminuyendo a medida que la
temperatura bajaba. Asher se apoyó en la mesa de mármol, observando la tabla de
información nutricional impresa en el lateral del envase, y terminó dejando
caer la frente sobre la superficie. El frescor característico de la piedra se
filtró a través de su piel.
La
casa estaba tan callada que se sentía desolada. Era demasiado grande. Seguramente,
una vez que pasara la boda y se mudaran a una casa más pequeña, y con la
llegada de la primavera, el problema se resolvería solo. Probablemente. Aunque
no podía asegurarlo.p
Si
no, siempre quedaría el consuelo de comer ramen. Sabía que los fideos ya debían
estar en su punto, pero se permitió un momento más de pereza antes de
incorporarse lentamente.
Entonces
vio que un par de ojos lo observaban.
“Ah…”
En
lugar de articular palabra, soltó un quejido torpe.
No
sabía cuánto tiempo llevaba allí, pero Jin-hyuk estaba apoyado contra la pared
de la entrada de la cocina, mirándolo. A pesar del desconcierto de Asher, el
hombre solo hizo un gesto con la mirada sin decir nada. Tras titubear un buen
rato, Asher finalmente logró hablar.
“Lo
siento. Tenía hambre y iba a comer un poco de ramen.”
Aunque
lo habían pillado comiendo a deshoras, no sentía el mismo miedo que al
principio, cuando ni siquiera se atrevía a salir de la habitación por temor a
cruzarse con él. Soltó una risita nerviosa y el hombre lo imitó con una sonrisa
ligera.
“¿Por
qué estás ahí solo?”
“…”
“Deberías
haberme despertado.”
Asher
sintió un cosquilleo en el pecho. Era una respuesta demasiado cercana, casi
íntima. Aun así, su valor no era suficiente como para llamar a su puerta pasada
la medianoche.
“Lo
haré la próxima vez.”
Mentir
le resultaba demasiado natural. No era por Jin-hyuk; desde pequeño, hacer
travesuras había sido algo sencillo.
“Váyase
a dormir, debe tener sueño. Yo comeré esto y me iré a la cama.”
El
hombre, ignorando sus palabras, se sentó frente a él con una sonrisa juguetona.
“Si
estás solo, te aburres.”
Su
rostro aún conservaba rastros de sueño, confirmando que se acababa de levantar.
Jin-hyuk apoyó la barbilla en la mano y se quedó observando fijamente cómo
Asher comía. Como si ver a alguien comer a estas horas fuera un gran
espectáculo. Aun así, Asher no sintió deseos de pedirle que se fuera.
Intentando
evitar el contacto visual, Asher abrió la tapa del ramen con torpeza. Debido al
tiempo que había pasado apoyado en la mesa, los fideos se habían pasado un
poco. Estaba tan distraído que ni siquiera sentía el sabor de lo que se metía
en la boca. Tras unos bocados, se dio cuenta de que era el único que estaba
comiendo y levantó la cabeza.
“¿Quiere
un poco?”
“No,
está bien. No tengo intención de quitarte tu comida.”
Él
hizo un gesto con la barbilla para que continuara. Tras lanzarle un par de
miradas furtivas, Asher siguió comiendo. A medida que el caldo caliente bajaba,
el vacío de su estómago desaparecía y el calor recorría su cuerpo.
Definitivamente, lo que tenía era hambre.
“¿Por
qué no me dijiste que te dolían las piernas?”
“¿Las
piernas?”
“El
médico me lo mencionó ayer.”
Había
dicho "ayer", pero como ya era medianoche, técnicamente fue antes de
ayer. Seguramente el doctor le pasó la información a Jin-hyuk cuando estuvieron
separados durante las pruebas en el hospital. Ante la mención del embarazo,
Asher sintió ganas de huir. Por desgracia, aún quedaba bastante ramen.
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Respondió
con la mayor naturalidad posible:
“El
médico dijo que no era nada grave. Que es algo normal.”
“¿Pero
por qué no me lo dices a mí?”
“…”
“Parece
que tampoco tenías intención de decirme que te sangró la nariz en la casa
principal.”
Asher
cerró la boca como una ostra. Por su expresión, Jin-hyuk parecía decidido a no
soltar el tema, como un perro que muerde y no suelta hasta obtener una
respuesta.
Había
demasiadas razones. Para empezar, Asher no estaba acostumbrado a depender de
nadie. Especialmente cuando estaba enfermo. Si algo le dolía, simplemente iba
al médico o se tomaba una medicina por su cuenta. Si se quejaba, las monjas le
habrían prestado más atención, pero no quería ser una carga para personas que
ya estaban demasiado ocupadas.
Con
Jin-hyuk pasaba lo mismo. No le nacía ir a quejarse de sus dolores a un hombre
que ya debía tener suficiente dolor de cabeza con la boda. Jin-hyuk ya le
prestaba suficiente atención.
Y
para ser más exactos, hablar de los dolores de piernas o de la nariz implicaba
inevitablemente hablar del bebé que llevaba dentro, y eso no le resultaba
agradable. Justo como en este momento. No es que el hombre odiara al bebé;
Asher solo lo había visto odiar intensamente a una persona: a su propio padre.
Simplemente,
no tenía interés. Dado que el propio Asher a veces olvidaba que estaba
embarazado porque no terminaba de asimilarlo, no le parecía algo sorprendente
ni motivo de resentimiento. Jin-hyuk no lo trataba mal, y Asher no sabía cómo
pedirle que se interesara por el tema, así que simplemente no decía nada. No
quería ser una molestia.
Sin
embargo, no podía decirle todo eso.
“No
volverá a pasar. Por favor, perdone esta vez.”
Intentó
salir del paso con una sonrisa, pero Jin-hyuk no parecía dispuesto a ceder.
“Termina
de comer primero y luego hablamos.”
Su
voz era suave pero firme. De nada sirvió que Asher protestara diciendo que no
le dolía tanto y que el médico había dicho que era normal. Él solo le ordenó
que comiera antes de que los fideos se hincharan más.
Había
cometido un error. Debería haber pensado en otra excusa. El rastro de sueño
había desaparecido por completo del rostro de Jin-hyuk. Asher terminó el ramen
restante casi como si fuera un castigo. No era mucha cantidad, pero le costó
horrores tragarla.
“Asher.”
Al
ver que no podía más, él lo detuvo.
“No
comas a la fuerza si no puedes.”
Asher
se quedó bloqueado, sin saber qué hacer, hasta que el hombre le quitó los
palillos de las manos.
“Entonces,
dejaré de comer.”
Solo
entonces sus labios, que parecían sellados con pegamento, se despegaron. Como
siempre, Asher era quien causaba el lío y Jin-hyuk quien se encargaba de
recoger los pedazos. Él tiró los restos, puso los palillos en el lavavajillas y
Asher se quedó allí, junto a la isla, observando cada uno de sus movimientos
sin poder escapar.
Cuando
el hombre terminó de lavarse las manos y secárselas con una toalla tras tirar
el envase, Asher lo intuyó: había llegado la hora del interrogatorio.
Pero
lo primero que dijo el hombre al darse la vuelta fue:
“¿Te
gustan los videojuegos?”
“¿No
tiene que ir a la empresa mañana?”
Asher
le preguntó con preocupación a Jin-hyuk, que examinaba con atención el manual
de una consola. Cuando el hombre le preguntó si le gustaban los videojuegos y
Asher respondió que nunca había usado una consola, él le pidió que esperara y
se fue a su habitación.
Regresó
con dos cajas grandes envueltas en papel de regalo. Encendió todas las luces de
la sala y comenzó a rasgar el envoltorio de algo que nunca había sido tocado. Y
todo esto pasada la una de la madrugada.
“Puedo
tomarme el día libre”, respondió él con desdén, como si no fuera importante.
Quizás estaba demasiado concentrado en el manual. En cualquier caso, estaba
claro que no pasaba nada si no iba a trabajar. Asher no sabía si eso era
normal, aunque fuera su propia empresa.
Se
sentó a su lado observando cómo instalaba la consola y le trajo un agua con gas
de la nevera. Él se la bebió de un trago hasta la mitad; se notaba que tenía
sed.
“¿Pero
no debería dormir?”
Asher
pensó que una persona embarazada debería dormir temprano, pero si empezaban a
jugar ahora, no sabía si se acostarían a las dos o a las tres. Por supuesto, él
podía aguantar despierto toda la noche. Antes no podía hacerlo porque tenía que
trabajar, pero antes de dejar el instituto, era normal andar por las calles con
sus amigos hasta la madrugada.
“No
tienes sueño.”
El
hombre, que comprobaba si la interfaz del juego aparecía correctamente en la
gran pantalla de televisión, se burló ligeramente de sus palabras. Su tono
indicaba que no dijera cosas que no sentía.
“No
es bueno acostarse justo después de comer. Y como te dije antes, esto no es un
internado.”
El
hombre le tendió un mando de plástico.
“Yo
no soy el celador. Si te aburres, elige un juego. No los elegí yo, así que no
sé qué hay.”
Desde
que vio las cajas de la consola, Asher estaba secretamente emocionado. Intentó
disimularlo, pero veía su propio rostro entusiasmado reflejado en el ventanal
de la sala. Le pareció hipócrita haber preguntado si no debían dormir con esa
cara.
El
mando en sus manos era más pequeño de lo que esperaba. En su escuela, muy pocos
tenían consolas. Su generación estaba más acostumbrada a los juegos de
ordenador, y era casi impensable que unos padres gastaran cientos de miles de
wones en un aparato para que su hijo jugara. Por eso, quienes las tenían eran
objeto de envidia.
Si
Jin-hyuk pretendía distraerlo, el efecto fue inmediato. Los problemas del
embarazo y demás habían desaparecido de su mente. Mientras él terminaba la
instalación, Asher abrió la caja de los juegos. Estaba llena de títulos
famosos. Parecía que los habían comprado todos de golpe según su popularidad,
sin un género definido. Tras revisarlos uno a uno, eligió un juego cooperativo
de disparos y plataformas.
“¿Qué
le parece este?”
“Ah,
ese. Es antiguo.” Él puso una expresión algo reacia al ver el título.
“Dicen
que es divertido.”
“¿No
lo has jugado nunca?”
“Jugué
un poco de pequeño.”
Por
su tono, Asher pensó que no lo conocía, pero resultó que sí. Jin-hyuk probó el
mando primero para refrescar la memoria y luego le explicó los botones uno a
uno. Antes de empezar, el hombre se confesó seriamente:
“No
se me dan bien los videojuegos.”
La
luz estridente de la pantalla parpadeaba sobre el rostro solemne del hombre,
que sostenía el mando vestido con su pijama.
“De
pequeño no jugaba a consolas. O mejor dicho, tenía una, pero era tan malo que
no me divertía y lo dejé. Prepárate.”
“Es
mi primera vez. Como usted ya ha jugado, ¿no lo hará mejor que yo?”
“Ya
lo verás.”
En
cuanto empezaron, Jin-hyuk demostró que no mentía. Su habilidad para los juegos
era atroz. Más que "mala", la palabra que mejor la describía era
"pesadilla".
Simplemente
moría una y otra vez cada vez que intentaba avanzar. El personaje del juego
saltaba y moría, caía en agujeros y moría, era alcanzado por ataques enemigos y
moría; empezó a morir por las razones más disparatadas. Lo más gracioso era
que, aunque las habilidades de Jin-hyuk mejoraban poco a poco, como al
principio era tan malo, seguía muriendo sin parar a pesar del progreso.
Gracias
a eso, tardaron una eternidad en superar la primera etapa y pasar a la segunda,
pero en lugar de irritarse, Asher sentía que se iba a morir de la risa. En ese
momento, pasadas las tres de la madrugada, ver a Seo Jin-hyuk en pijama azul
marino, arrodillado y esforzándose al máximo, era algo ante lo que nadie podría
contener la carcajada.
Finalmente,
cuando Jin-hyuk perdió su última vida justo antes de llegar al jefe, Asher se
desplomó riendo y su propio personaje acabó envuelto en una explosión, muriendo
con él.
“¿Te
divierte?”
Él
dejó el mando con expresión agotada y bebió un poco del agua con gas que tenía
al lado. El agua, que antes estaba helada, se había entibiado hacía rato
mientras jugaban.
“Es
que es demasiado gracioso.”
Asher
no sabía que podía ser tan malo. Para él, Seo Jin-hyuk siempre parecía
perfecto, así que tenía la imagen de que sería bueno en todo.
“Ya
te dije que no se me daba bien”, refunfuñó el hombre, pero terminó soltando una
risita entre dientes, con la cabeza ligeramente gacha. Su cabello, que le
cubría la frente, oscilaba al ritmo de su risa.
Asher,
que seguía sonriendo, se tumbó cuan largo era. Por mucho que pudiera aguantar
despierto, jugar hasta pasadas las tres de la mañana era agotador. Sin embargo,
no tenía ganas de volver a su habitación.
El
suelo estaba cubierto por una alfombra mullida, así que no sentía ninguna
molestia al estar acostado. En la pantalla, los dos personajes aparecían
muertos mientras un mensaje ruidoso preguntaba si querían reintentarlo, y fuera
de la ventana todo seguía sumido en la oscuridad. Jin-hyuk, sentado con las
rodillas flexionadas, lo observaba.
“Me
alegra que te haya gustado.”
Tocó
con el dedo el mando que estaba en el suelo. Se escuchó el sonido de la uña
chocando contra el plástico.
“Esto...
es tuyo, Asher.”
Fue
una revelación inesperada. Asher había supuesto, con su escasa imaginación, que
Jin-hyuk simplemente había abierto algún regalo que alguien le habría dado y
que tenía guardado por ahí.
Él
habló con cierta vacilación.
“Originalmente
era un regalo de la Navidad pasada. Había ocurrido aquel incidente desagradable
y habíamos acordado no volver a contactarnos, pero... era Navidad.”
Aquella
frase dejaba entrever el dilema que Jin-hyuk había enfrentado en aquel
entonces. Asher apretó con fuerza el mando que tenía en la mano.
'Era
un regalo de Navidad'. Y además, uno que pensaba darle el año pasado. Cuando
Asher se hundía en la desesperación pensando que el hombre lo había olvidado
tras abandonarlo, Jin-hyuk en realidad había comprado este regalo.
Asher
no estaba seguro de si Jin-hyuk le habría entregado esta consola si él no lo
hubiera contactado de nuevo. El regalo podría haber permanecido en su
habitación o haber terminado en la basura. Pero de algo sí estaba seguro: el
tiempo que pasaron juntos no había carecido de significado para Jin-hyuk.
Jin-hyuk
esbozó una sonrisa.
“Aunque
sea tarde, acéptalo.”
En
lugar de añadir palabras innecesarias, Asher se incorporó y le dedicó una
sonrisa radiante.
“Gracias.
Siempre quise tener una desde pequeño.”
Su
felicidad no era fingida, era real. Aunque le dijo que la quería desde niño, la
verdad era que la consola era un objeto prescindible; incluso había olvidado
que alguna vez deseó una hasta que Jin-hyuk la sacó.
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Esto
era la prueba de que Jin-hyuk había pensado en él y lo había extrañado. Era la
confirmación de que su relación no se basaba puramente en la lástima o la
caridad. Habiendo pasado tantas Navidades en el orfanato anexo al convento, si
él, siendo no creyente, tuviera un día que celebrar realmente como Navidad,
sería hoy.
Al
ver su reacción, la rigidez del cuerpo de Jin-hyuk se relajó, como si se
sintiera aliviado.
“Pensaba
dártelo después de que terminaras el examen, ya que de todos modos llegaba
tarde, pero luego caí en la cuenta de que ahora podrías comprártelo tú mismo si
quisieras. Me pareció ridículo presumir con algo así.”
“Aunque
pudiera comprármelo yo, prefiero el que me ha dado usted, Director.”
Asher
respondió con premura, temiendo que Jin-hyuk no volviera a darle regalos, pero
se dio cuenta de que la frase había sonado un poco extraña.
“No
es que solo quiera recibir cosas, claro...”
Al
verlo tan apurado, el hombre sonrió con ternura.
“Lo
sé.”
“...Eso.”
Asher
esperaba que su rostro no estuviera demasiado rojo. Si hubiera bebido, podría
haber usado la excusa de la embriaguez, pero ahora no podía tomar alcohol.
Agradeció la pequeña distancia que los separaba en ese momento. Se abrazó las
rodillas para ocultar sus mejillas encendidas, y Jin-hyuk, pensando que tenía
frío, tomó una manta gruesa que estaba en el sofá y lo envolvió con ella.
“Como
falta poco para el examen, jugaremos a la consola estableciendo un horario
cuando termines.”
Ese
tono protector era tan similar al de una monja o un padre que Asher no tardó en
poner cara de pocos amigos.
“Puedo
controlarme yo solo”, replicó mientras jugueteaba con el mando, pero al darse
cuenta de que parecía un niño ansioso por jugar, lo soltó discretamente. “De
verdad.”
Nada
salía bien. Cuanto más intentaba arreglarlo, más extraño se volvía, así que
cerró la boca. Quería dejar de comportarse como un niño mimado, pero no sabía
cómo cambiar. Él no era así antes, pero como Jin-hyuk lo trataba como a un
niño, acababa actuando como tal. Al final, también era culpa del otro.
“No
soy una persona especialmente delicada. Nunca me han dicho nada parecido”, dijo
Jin-hyuk mientras se apoyaba en el sofá y atraía a Asher hacia él. “Me
esfuerzo, pero puede que no siempre sea de tu agrado. Aun así...”
Hizo
que Asher apoyara la cabeza sobre su regazo.
“Es
verdad que me preocupo si estás mal.”
Al
verse recostado por la fuerza sobre esos muslos firmes, el cuerpo de Asher se
tensó por completo. Podía sentir el calor y el pulso de Jin-hyuk en su cabeza,
cuello y hombros. Le costaba incluso moverse. Él le masajeó el hombro como para
que se relajara.
“No
lo hago para interrogarte ni para regañarte, sino porque me preocupo. Tú
también te preocuparías si yo estuviera enfermo, ¿verdad?”
“...Sí.”
La
respuesta tardó un poco en llegar, ya que Asher sabía bien a qué resultados
había llevado esa tendencia suya a preocuparse por los demás.
“¿Me
lo dirás la próxima vez?”
“Lo
haré.”
No
sabía si fue intencionado, pero el hecho de haber sacado el regalo de Navidad
antes había sido muy efectivo. Asher sucumbió sin remedio a la astucia de
Jin-hyuk y le dio la respuesta que quería. 'Qué cobarde, qué injusto',
murmuraba para sus adentros, pero al final no tenía más remedio que confiar en
él.
Porque
Asher siempre había querido confiar en Seo Jin-hyuk. Aunque cada noche se
prometía no hacerse ilusiones, al despertar y ver su rostro, olvidaba la
promesa como si la hubieran borrado con una goma. Esa era la razón por la que
terminaba herido, aunque Jin-hyuk no hiciera nada malo.
“También
deberíamos elegir un nombre provisional para el bebé.”
Ante
ese comentario repentino, Asher perdió la confianza con la que venía
respondiendo. No sabía de dónde había sacado esa idea. Jin-hyuk entrelazó sus
dedos con los del joven, como si temiera que fuera a levantarse y huir. Era,
sin duda, un hombre astuto.
“¿Has
pensado en alguno?”
“Mmm...”
Asher
hizo rodar sus ojos y vio que en la pantalla del televisor todavía aparecía el
mensaje de 'GAME OVER'.
“Solo...”
Jin-hyuk
esperó pacientemente a que terminara la frase.
“Que
parece una 'ratita'...”
“¿Una
ratita?”
Tras
confesarlo con timidez, Asher se sintió inquieto. Sentía que debía fingir que
el bebé le gustaba más, pero le parecía que había fracasado. No es que le
desagradara el bebé que llevaba dentro, pero era difícil encariñarse de golpe
con algo con lo que ni siquiera había hablado y que ni siquiera parecía humano
todavía. Se sentía miserable, como si fuera insuficiente en todo y se
comportara como un niño.
“No
es que quiera que ese sea su nombre, es que simplemente se ve así”, intentó
arreglarlo Asher. “Cuando vivía en el orfanato había muchas ratas cerca, y se
parece a las crías que veía entonces.”
Recordó
haber visto crías de rata sin pelo moviéndose en la arena del parque. Aquella
piel rosácea no le resultaba asquerosa, sino extremadamente frágil. No sabía si
la madre las había abandonado, pero se habían convertido en el juguete de los
niños del barrio y rodaban de un lado a otro sin poder emitir ni un chirrido.
Le
dio pena, se las quitó a los niños y las dejó entre la maleza. Sabía que
morirían de todos modos, pero le pareció mejor que morir siendo tratadas como
juguetes. Se parecía mucho a aquellas ratitas; si le quitabas la cola, era
igual a lo que aparecía en la ecografía.
Al
decirlo, sintió que su excusa había fallado. Sabía lo mucho que la gente suele
despreciar a las ratas. Justo antes de desanimarse, Jin-hyuk habló:
“Entonces,
¿lo llamamos 'Ratita'?”
Jin-hyuk
no le reprochó su comentario absurdo.
“Si
alguien pregunta, diremos que es porque este es el año de la rata.”
Daba
la casualidad de que este año lo era. Pensándolo bien, Asher no odiaba tanto a
las ratas. La gente que conocía intentaba matarlas por asco, pero él, cuando
cruzaba la mirada con esos ojos brillantes como piedras de go, terminaba
dejando libre a alguna, aun sabiendo que no debía hacerlo.
“No
digo que tengamos que decidirlo ahora mismo.”
Jin-hyuk
suavizó el ambiente diciendo que era medio en broma al notar la seriedad de
Asher. Pero Asher se lo tomó muy en serio.
“¿A
usted le gustan las ratas, Director?”
“A
mí...” meditó él un momento. “Si te soy sincero, nunca me han gustado, pero...”
La
mirada de Jin-hyuk se clavó en su vientre. Esta vez, a diferencia de lo
ocurrido durante el día, Asher no se encogió ni intentó cubrirse.
“Creo
que esta vez podría ser linda.”
Finalmente,
él dedicó una tenue sonrisa al vientre de Asher.
“Es
la sensación que tengo.”
Era
una visión embriagadora. Incluso mirándolo desde abajo, su rostro siempre era
perfecto. Asher apretó con fuerza la mano de Jin-hyuk que estaba entrelazada
con la suya. Ahora era su turno de confesarse.
“La
verdad es que no se lo dije porque se acabaría enterando igual, pero...”
intentó sonar jovial para que no se notara el temblor de su voz. “Navidad es mi
cumpleaños. Debí nacer antes, pero me abandonaron entonces. Lo que me ha dado
es el mejor regalo de mi vida. Lo recordaré siempre.”
Jin-hyuk
usó la mano que tenía libre para apartarle el cabello de la frente.
“Entiendo.”
“...”
“Creo
que yo tampoco podré olvidarlo.”
Al
cruzarse sus miradas, Asher sintió que estaban demasiado cerca. La proximidad
de las manos unidas era casi dolorosa. Parecía un beso fallido. Jin-hyuk
inclinó la cabeza lentamente. Asher no podía ni parpadear.
Inclinó
la cabeza hasta que sus narices casi se rozaron y, justo antes de que sus
alientos se mezclaran, sus frentes chocaron ligeramente y luego se separaron.
Aunque ya no había contacto, Asher sentía la frente como si hubiera sido
marcada por un hierro incandescente.
Jin-hyuk
levantó la cabeza por completo y cerró los ojos lentamente antes de abrirlos de
nuevo.
“Es
muy tarde. Es hora de dormir.”
Su
voz ronca anunció el final del día. No soltó la mano de Asher.
“Entra
tú primero.”
Jin-hyuk
ayudó a incorporarse a Asher, que seguía recostado en sus muslos. Asher notó
que la mandíbula del hombre estaba tensa. Sus feromonas, que antes fluían
suavemente, se cortaron de golpe como si hubieran cerrado un grifo. Estaba casi
irritable. Sin embargo, Asher no se sintió herido por ese comportamiento.
“Me
iré cuando me suelte.”
Jin-hyuk
todavía sujetaba su mano con fuerza. Una expresión de desconcierto cruzó
fugazmente el rostro del hombre, como si no se hubiera dado cuenta. En cuanto
soltó su mano, Asher no le pidió explicaciones y entró dócilmente en su
habitación, tal como él quería.
En
cuanto cerró la puerta, sintió que el corazón le latía con una rapidez que
llegaba a dolerle. El sonido de su propio jadeo cardíaco retumbaba en sus
oídos, resultando casi escandaloso.
Se
quedó paralizado, apoyado contra la madera en la oscuridad de la habitación sin
encender la luz, hasta que finalmente se desplomó en el suelo. Asher, que tenía
mucho menos autocontrol que Jin-hyuk, empezó a liberar feromonas sexuales en
cuanto entró.
Lo
único cierto era que, hasta hacía un momento, había estado recostado sobre los
muslos de Jin-hyuk. Y la ropa de dormir que ambos llevaban era, haciendo honor
a su nombre, extremadamente fina.
Un
escalofrío le recorrió la espalda. Estaba claro que él estaba sobrio, no había
bebido nada. Eso significaba que, a menos que fuera una alucinación, el miembro
del hombre se había erectado. Por mucho que Jin-hyuk intentara contener sus
feromonas, no podía borrar la sensación física que Asher había percibido
directamente sobre su piel.
Sentado
allí mismo, apoyado en la puerta, aguzó el oído hacia el exterior. Tras un
breve silencio, se escuchó un ligero movimiento. No sabía si Jin-hyuk se estaba
levantando finalmente para irse a su cuarto. Solo después de sentir que ya no
había nadie en la sala, Asher gateó torpemente hasta lograr subir a la cama.
Se
cubrió con la manta y se bajó el pantalón del pijama. Él también estaba
excitado desde hacía rato. Su cuerpo reaccionó de inmediato.
Seguramente
se debía a que no se había masturbado en mucho tiempo. Lo mismo podía pasarle a
Jin-hyuk; después de todo, parecía que no había pasado un periodo de celo con
nadie en bastante tiempo. Quizás aquella erección fue solo una respuesta
fisiológica simple al tener a alguien recostado sobre sus muslos.
Asher
recordó la primera y única noche que pasó con él. Era un recuerdo que siempre
intentaba aplastar, como quien pisa un bicho, cada vez que le venía a la mente.
Pero esta vez, los desplegó todos como si estuviera en una exposición,
repasándolos uno a uno.
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Desde
sus manos grandes, largas y suaves, hasta la lengua que lamía sus labios; desde
su miembro levemente inclinado hacia la izquierda, hasta esos ojos que lo
deseaban con fervor…
Sintió
la boca completamente seca.
Se
preguntó si Jin-hyuk, al igual que él, estaría masturbándose en ese momento
pensando en Asher. El pensamiento fue tan intenso que encogió los dedos de los
pies.
Su
mano terminó manchada de semen blanquecino tras el espasmo final. Se dio cuenta
de lo absorto que había estado al notar que su espalda estaba ligeramente
empapada en sudor. Fue una madrugada en la que supo que no lograría conciliar
el sueño pronto.
Tal
como había previsto, no se durmió hasta pasada una hora. A pesar de haberse
duchado tras sudar, el sueño se le resistía. El intento de Jin-hyuk de mandarlo
a la cama temprano había resultado inútil.
Finalmente
se despertó cerca del mediodía. Dejando atrás el cansancio que aún lo abrumaba,
logró abrir los ojos y vio un rayo de sol filtrándose entre las pesadas
cortinas de invierno. Su mente estaba embotada y le tomó tiempo reaccionar. El
reloj marcaba las once y cuarenta; era una hora de despertar que le recordaba a
sus tiempos trabajando en Nantes.
Se
aseó sin prisas y salió de la habitación. En la sala aún quedaban los rastros
del día anterior: la consola y los mandos ordenados en un rincón, la botella de
agua con gas y el papel de regalo dentro de la caja vacía. Todo confirmaba que
lo sucedido de madrugada no había sido un sueño.
Desde
la cocina llegaba el olor a aceite. Valía la pena haber trasnochado si el
premio era aquel hambre voraz que sentía de repente.
Jin-hyuk
debía de estar en la cocina. El salón, que no estaba impecable pero sí
medianamente recogido, era la prueba. Normalmente, el ama de llaves se habría
encargado de la basura, pero conociendo a Jin-hyuk, que no solía llamar a nadie
en sus días libres, seguramente le había dado el día libre también a ella.
Tras
dudar un momento en un rincón de la sala, se dirigió a la cocina. Como
esperaba, Jin-hyuk estaba preparando un desayuno tardío. Se escuchaba el
chisporroteo del bacon y los huevos. Era increíble lo familiar que le resultaba
ya aquella escena; antes no habría podido ni imaginarlo.
Al
entrar Asher, el hombre pareció notar su presencia y se dio la vuelta.
“¿Ya
te has despertado?”
“Sí.
Hace un momento.”
Ambos
eran expertos en fingir que no había pasado nada. Jin-hyuk debía saber que
Asher se había dado cuenta de su erección. Aquello no era como el beso fugaz en
su dedo de la otra vez; esto no podía calificarse de error.
Asher
no sabía por qué Jin-hyuk lo había mandado a su habitación anoche. Teniendo en
cuenta lo mucho que evitaban compartir cama, no era algo inusual. Sin embargo,
al repasar las acciones de Jin-hyuk, un pensamiento nuevo se instaló en su
mente: el hombre siempre lo estaba alejando y anhelando al mismo tiempo.
“¿Cuándo
se ha levantado usted, Director?”
“Yo
también hace un momento.”
Él
pasó el bacon ya cocinado a un plato. Mentía con total naturalidad, pues era
evidente que llevaba levantado al menos media hora.
Siempre
que llegaba la hora de comer, la tarea de Asher se limitaba a poner los
cubiertos. Parecía que Jin-hyuk hubiera olvidado que Asher también sabía
cocinar. Tras merodear un poco a su lado buscando algo que hacer, se limitó a
colocar la vajilla de nuevo.
Se
sentó apoyando la barbilla en la mesa mientras observaba la espalda del hombre,
hasta que recordó el salón desordenado.
“Entonces,
iré a recoger la sala.”
“Déjala,
yo me encargaré luego.”
En
ese momento, Jin-hyuk cortó un sándwich por la mitad y lo puso frente a él.
También le sirvió leche. Aunque no creía que el hombre pensara que iba a crecer
más por beberla, Jin-hyuk se había empeñado en darle leche desde su primer
encuentro. Como no le desagradaba, Asher no se quejaba.
Se
trataba de un sándwich BLT. La verdad es que no le gustaba mucho el tomate,
pero se lo comió sin protestar. Jin-hyuk comía marisco, que detestaba, solo por
Asher, así que quejarse por un poco de tomate le habría remordido la
conciencia.
“Llevaré
la consola a tu habitación. Es tuya.”
“Gracias.
La usaré bien.”
Al
comerlo, el tomate no le pareció tan mal. Olvidando su queja interna inicial,
terminó su mitad del sándwich rápidamente.
“Dijiste
que la barriga empezará a notarse pronto, ¿verdad?”
Era
la primera vez que en la mesa surgía un tema relacionado con el embarazo que no
fuera sobre las náuseas. La mirada de Jin-hyuk se dirigió a su vientre. Asher
se sintió cohibido y fingió estar muy concentrado en el sándwich.
“Sí,
pero el médico dijo que, al ser hombre, no se me notará tanto.”
Murmuró
de tal forma que no se sabía si estaba comiendo o hablando. Jin-hyuk le rellenó
el vaso de leche.
“¿De
verdad quieres llamarlo 'Ratita'?”
“No,
no es eso, pero…”
Pero
no se le ocurría nada más. Asher dejó el sándwich en el plato.
“¿Y
usted?”
“No
lo sé.” Una expresión de apuro cruzó el rostro de Jin-hyuk. “Lo he pensado,
pero no soy muy creativo. Solo le puse nombre a un perro cuando era pequeño.”
Asher
pensaba en ratas y Jin-hyuk en perros; ambos eran igual de torpes.
“Era
un Golden Retriever y se llamaba 'No-eul' (Ocaso). Porque era de color
amarillento.”
Aunque
la razón era graciosa, ciertamente sonaba mejor que "Ratita".
“Pero
'No-eul' es más bonito que 'Ratita'.”
“Bueno,
ambos empiezan por 'N' en coreano (Ratita es 'Saeng-jwi', pero Asher lo asocia
a su origen)”.
Aunque
parecía una broma fuera de lugar, él se veía muy serio. Terminaron de desayunar
y, mientras comía la granada que Jin-hyuk le pelaba, Asher siguió dándole
vueltas al asunto, pero no lograron decidir nada. Solo confirmaron que ninguno
de los dos tenía talento para la creatividad.
Asher
se había obsesionado con la rata y Jin-hyuk no sabía qué criterio usar. Por
supuesto, Asher tampoco pensaba llamarlo así de verdad; su única excusa era que
el nombre surgió a las tres de la mañana por el cansancio.
Tras
pensarlo todo el día, sacó la ecografía que tenía guardada en un rincón. No la
había vuelto a mirar desde que se la dieron en el hospital. Seguía resultándole
extraña. Aquello que empezó pareciendo un insecto, luego una ratita, ahora
empezaba a tener forma humana. Crecía tan rápido que le daba miedo, pero al
menos ya no sentía que no podía ni mirarla.
Aunque
otros pudieran pensar que era una molestia, era 'su' ratita… Y quizás Jin-hyuk
también acabaría pensando que era linda. Intentó recordar la mirada de él al
ver la ecografía o si le había molestado escuchar los latidos. En aquel
momento, Asher estaba tan aterrorizado que ni siquiera pudo mirar bien a Jin-hyuk.
Se dio cuenta de que su reacción negativa había sido, en gran parte, producto
de su propia imaginación.
Aunque
se prometió no llamarlo así para siempre, al no tener otro nombre, terminó
refiriéndose al bebé internamente como "Ratita". Parecía mejor que
llamarlo "eso" o "la criatura".
“Hoy
almorzaré fuera.”
Antes
de prepararse para salir, Asher avisó al ama de llaves. Ella pareció
sorprendida, ya que no era común que él saliera para comer fuera.
“¿Volverá
para la cena?”
“Sí,
solo salgo para el almuerzo.”
“Que
tenga una buena comida, entonces.”
La
mujer se limitó a revisar con cuidado que estuviera bien abrigado antes de
salir, sin preguntar con quién se vería ni a qué salía. Si lo hubiera hecho,
Asher habría dicho que iba a ver a un amigo, pero prefería que no preguntara
porque en realidad iba a encontrarse con Lee Jae-seok.
El
encuentro seguía sin ser plato de buen gusto, pero ya no sentía la ansiedad
extrema de cuando recibió el primer mensaje. El punto de inflexión fue aquella
madrugada con la consola. Tras saber que el hombre no tenía intención de
abandonarlo por completo, sintió la vaga esperanza de que el futuro “no estaría
mal”.
Probablemente.
Inconscientemente,
recordó lo ocurrido esa mañana. Debido al trasnocho con los videojuegos, su
ritmo de vida se había desajustado y aún le costaba levantarse temprano.
Normalmente se habría esforzado por desayunar con Jin-hyuk, pero para cuando
lograba despegar los párpados, ya era la hora de salida del hombre.
Se
levantó arrastrando los pies como una mula vieja y salió de la habitación.
Incluso con los ojos nublados por el sueño, vio que Jin-hyuk estaba saliendo de
su cuarto, ya listo para ir a trabajar.
‘Parecías
cansado, por eso no te desperté.’
Él
sonrió al verlo tan soñoliento.
‘¿Tienes
hambre?’
Jin-hyuk
parecía dispuesto a quitarse la bufanda y entrar en la cocina en ese mismo
instante. Asher, nervioso, hizo un gesto de negación con las manos.
‘No,
no… está bien. Puedo prepararme algo yo mismo.’
‘Tengo
tiempo. Me iré después de verte comer.’
Aun
así, él insistió en que, ya que se había despertado, quería asegurarse de que
comiera algo. Asher sintió que sus mejillas ardían; lo trataba demasiado como a
un niño. Desde que creció, siempre había ayudado a las monjas a preparar la
comida. Aunque empezaba a acostumbrarse a que Jin-hyuk lo cuidara, la sensación
seguía siendo nueva y extraña. Le gustaba y le disgustaba a la vez.p
‘Voy
a dormir un poco más.’
Ante
eso, él finalmente cedió. Asher había intentado fingir que se levantaba
temprano para luego volver a dormir a escondidas, pero el plan había fallado.
Siguió
a Jin-hyuk hasta la entrada. Como no paraba de bostezar, el hombre le dijo al
abrir la puerta:
‘Entra,
que hace frío.’
‘Solo
quiero despedirlo.’
Sabiendo
que no le ganaría la discusión, él se puso los zapatos mientras Asher esperaba
de pie. Antes, cuando se despertaba y se movía un poco, el sueño se le pasaba
rápido, pero últimamente no era así. Seguramente era por el embarazo. Sin poder
evitarlo, se apoyó contra la pared y empezó a dar cabezadas. De pronto, vio que
el hombre se incorporaba y lo saludó por instinto.
‘Que
le vaya bien.’
Soltó
las palabras en un murmullo, más para sí mismo que para él, y volvió a
dormitar. Tenía los ojos abiertos pero la mirada perdida; fue un milagro que
notara que Jin-hyuk ya se había levantado. A pesar del saludo, él se quedó allí
parado, inmóvil en la entrada. Asher, demasiado somnoliento para notar su
presencia, siguió luchando contra el sueño pensando que el hombre simplemente
estaría haciendo sus cosas.
Justo
cuando estaba a punto de sucumbir al sueño y su cabeza se inclinaba por el
cansancio, sentía unas manos sosteniendo sus mejillas. Un calor breve y suave
se presionó contra su frente.
‘Ya
me voy. Quédate bien con Ratita.’
Antes
de que pudiera procesar que aquello había sido un beso, el hombre ya había
salido de casa.
Su
había pasado hoy mismo.
Mi
plan de volver a dormir después de despedir a Jin-hyuk se desmoronó por
completo. Todavía se sentía en un estado nebuloso. No sabía si era por la falta
de sueño o por el beso de Jin-hyuk. Se sentía patético por alegrarse por un
simple beso en la frente, de esos que se le dan a los niños, pero no podía
evitarlo.
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Gracias
a eso, o quizás por otra razón, pudo salir de casa con bastante serenidad.
Sentía que, dijera lo que dijera Lee Jae-seok hoy, no le importaría.
Simplemente tenía esa sensación.
Tomó
un taxi hacia el restaurante del hotel que Jae-seok había mencionado. Había
elegido un restaurante chino. Menos mal que sus náuseas habían mejorado
últimamente; de lo contrario, habría tenido que dar media vuelta en la entrada
debido al penetrante olor a aceite característico de esa cocina.
Le
dió el nombre de Lee Jae-seok al empleado y lo guiaron hasta el reservado. Al
abrir la puerta, vió a Jae-seok sentado; seguía teniendo esa misma cara de
fresco. Se echó una mirada fugaz y volvió a concentrarse en el menú.
“¿Viniste?”
Lo
dijo con tal desgana que parecía que saludaba a un amigo al que acababa de ver
ayer. Se sentó frente a él y lo saludó con la misma falta de entusiasmo.
“Hola.”
“Te
ves bien.”
Era
una frase que solía usarse como un: “Vaya, parece que te va de maravilla,
¿eh?”, pero viniendo de él, no sentía la necesidad de tomármelo como un
sarcasmo. Su tono era plano, lo que significaba que realmente pensaba que tenía
buen semblante. Además, el que se había equivocado era él, no yo. Él solo
recordaba haber sido atacado unilateralmente en los grandes almacenes.
“Es
que el Director me cuida muy bien.”
“Él
no es del tipo que descuida a los suyos.”
Jae-seok
asintió con naturalidad. La poca tensión que le quedaba se disipó por completo.
Le sirvió un poco de té caliente con la intención de simplemente cumplir con la
comida e irse. Jae-seok, que seguía ojeando el menú, levantó la cabeza como si
acabara de recordar algo.
“¿Te
parece bien la comida china? Es que tenía antojo.”
“Sí.
No hay problema.”
No
entendía por qué le preguntaba si le parecía bien la comida china una vez que
ya estában allí. No sabía si decir que esto era muy propio de él. Acostumbrado
a estar con Jin-hyuk, que se adaptaba a él en todo, el comportamiento de
Jae-seok le resultó maleducado.
Era
una sensación extraña. Antes pensaba que era caprichoso, pero nunca se le
ocurrió que fuera grosero. Al contrario, le había llevado la impresión de que
era alguien generoso porque no se metía en su vida privada ni buscaba fallos
innecesarios. Qué raro; ¿cuándo empezó la gente a respetar tanto mi opinión?
Jae-seok
pidió la comida por su cuenta tras preguntarle apenas si prefería fideos con
salsa de soja o sopa picante. De todos modos, él iba a pagar y él no tenía
grandes fobias alimentarias, así que no puso objeciones.
“¿Pero
para qué me ha llamado?”
“¿Y
si comemos y luego hablamos? El pollo frito con salsa de soja y la sopa de
arroz con marisco son muy buenos aquí. También pedí panceta estofada.”
Ante
su pregunta apresurada, respondió con cara de pocos amigos, dejando claro que
no soltaría prenda hasta empezar a comer. De todos modos, supuso que si
empezában a hablar se le quitaría el apetito.
“¿Ya
hiciste el examen de bachillerato?”
“Sigo
estudiando. Me presento en abril, pero creo que voy a aprobar.”
“Qué
bien. Ya se veía que estudiabas mucho.”
Mientras
servían la comida, Jae-seok y él mantuvieron una charla trivial y vacía. La
situación era tan pacífica que sentía el impulso de simplemente comer e irse.
Por naturaleza, no se le da bien pelear con los demás. Moon Seung-won solía
burlarse de eso llamándolo “espíritu de esclavo”, pero no era algo que pudiera
cambiar su personalidad.
Aunque
Jae-seok había pedido los platos a su antojo, tal como aseguró, era un sitio
excepcionalmente bueno. Su única referencia de comida china eran los locales
del barrio, así que no podía comparar con exactitud, pero se notaba que el
sabor correspondía al precio que figuraba en el menú.
Cuando
sentía que su estómago estaba razonablemente lleno de comida grasienta, abrió
la boca con más calma que antes.
“Jae-seok
hyung. La razón por la que he venido es porque quería saber por qué me
despreció de esa manera.”
Soltó
las palabras que había estado ordenando en su cabeza durante la comida.
Jae-seok se enderezó y se limpió las comisuras de los labios lentamente con la
servilleta.
“Yo
solo hacía mi trabajo. No creo que mereciera escuchar esas cosas de su parte.
Sinceramente, me cuesta entender cómo podemos estar conversando aquí con tanta
naturalidad.”
“Ah,
ya veo. Solo pensé en mi posición.”
Antes
de entrar en materia, Jae-seok bebió un poco de té para aclararse la garganta.
“Si
hablas de lo de los grandes almacenes, lo siento. Es verdad que lo dije a
propósito para pincharte a ti y a Jin-hyuk. Fue un error mío no poder
controlarme en un momento de rabia. Sé que soy un maleducado, pero también sé
que eso no justifica hablarle así a alguien.”
“¿A
qué se refiere?”
En
aquel momento, lo único que recordaba haber hecho era cederle el lugar para que
hablaran después de que él le pidiera que lo apartara. Repasó sus recuerdos
intentando ver si él le había faltado al respeto en algo, pero no encontraba
nada.
La
duda no duró mucho.
“Woo-seok...
es el nieto de mi mentor.”
Al
oír eso, sentía que la sangre se le congelaba.
“¿Por
qué crees que Jin-hyuk te metió a trabajar conmigo incluso pagándome? Sí, en
los almacenes te llamé sirviente delante de él. ¿Pero en otros sitios? ¿No te
acuerdas de que decía que eras mi asistente personal? Jin-hyuk te presentó ante
mi madre como alguien que trabajaba para mí. Incluso ante su propia familia,
¿como qué crees que te presentó? Yo soy tu aval, tu referencia. Fabricamos un currículum
decente como asistente de un fotógrafo famoso.”
Jae-seok
se frotó la cara con cansancio.
“Con
Woo-seok no fue diferente. A él le gustaste, así que yo le di alas diciendo que
eras un chico trabajador y bueno. Realmente pensaba que eras un buen partido,
por eso me sentí bien presentándote formalmente al nieto de mi maestro. Pero
cuando pensaba que estaban saliendo bien, Woo-seok desaparece de repente
alegando 'asuntos personales' y, de la nada, resulta que Jin-hyuk se queda con
su número de teléfono...”
Jae-seok
dejó la frase en el aire y suspiró.
“Pero
pensándolo bien, creo que el problema fue cómo manejó las cosas Jin-hyuk. Tú no
fuiste quien pidió que te presentaran a Woo-seok. Siento haberme desquitado
contigo.”
A
pesar de haber conseguido por fin la disculpa de Jae-seok, empecé a sentirme
tan mal que tenía ganas de vomitar.
Alguna
vez había pensado que en casa de Jin-hyuk no le habían puesto tantas trabas
como esperaba. Creía simplemente que, como ya estaba embarazado y Jin-hyuk se
había herido la frente hasta tener que operarse, lo aceptaban como un
matrimonio por compensación. Incluso su actitud de que no importaba que
"Kang Woo-seok" solo tuviera la educación secundaria.
Jae-seok
le exculpaba, pero tanto si él me había empujado como si no, él podría haber
dicho que no. No debí haber venido. Habría sido más fácil odiar a Jae-seok de
forma ingenua.
“Lo
que me pregunto es esto.”
Jae-seok,
que removía los restos de la sopa de arroz en su plato, preguntó con una cara
libre de malicia:
“¿Por
qué, de entre los dos, llamaste a Seo Jin-hyuk?”
Le
miró con una expresión de total incomprensión.
“Fui
yo quien te dio las vacaciones por el celo. No me vas a decir que fue Jin-hyuk
quien te llevó en ese momento.”
Lo
había olvidado por completo. Cuando se encontró con Jae-seok en los almacenes,
lo peor que pensó fue que él creería que le estaba siendo infiel a Woo-seok;
había borrado de su mente que él fue quien le dio permiso para ausentarse por
el celo. Incluso recordó que puso la excusa de una gripe fuerte para justificar
los días extra que no pudo ir.
En
el momento en que supo que estaba embarazado, era natural que Jae-seok atara
cabos.
Sentía
que la silla quemaba. Su cuerpo se tensó por el horror. Quería morirse por
haber sido tan estúpido. Esto era un castigo por intentar usar a Kang Woo-seok.
La culpa le oprimía el pecho.
“Es
hijo del Director. Por eso lo llamé.”
Las
palabras que logró exprimir no fueron una excusa, sino apenas eso. Jae-seok
soltó un suspiro. Debía de estar pensando que él era patético y sospechoso.
Podía entenderlo perfectamente; Jin-hyuk también pensó lo mismo al principio.
“Solo
te diré esto, viéndolo desde fuera... creo que sería mejor que cancelaras la
boda.”
Finalmente,
las palabras que esperaba salieron de su boca. Pero lo que siguió no fue un
reproche hacia él.
“Uno
no apuesta su vida a algo incierto. Yo, en tu lugar, no me casaría.”
Desde
la perspectiva de Jae-seok, que seguía considerando a Kang Woo-seok como el
posible padre biológico, sus palabras tenían sentido. Pero estaba equivocado.
Este bebé era, sin ninguna duda, de Jin-hyuk. No era algo por lo que tuviera
que ser interrogado por otros. El sentirme culpable con Jae-seok por lo de Kang
Woo-seok era un asunto aparte.
Miró
a Jae-seok directamente y dijo:
“Nunca
he mentido. Ni a usted ni al Director. Y esto es algo que ya he hablado con él;
no creo que sea asunto suyo.”
La
expresión de Jae-seok se endureció. No le importaba si le creía o no. Al fin y
al cabo, con quien se iba a casar era con Jin-hyuk. Solo necesitaba que
Jin-hyuk confiara en él. Puede que al principio no lo hiciera, pero ahora era
diferente. Aunque no fuera una confianza total, podía creer en él al menos un
poco. Al menos tanto como le había extrañado.
“Seo
Jin-hyuk...”
Jae-seok
empezó a hablar y luego guardó un largo silencio. De repente, cambió de actitud
y empezó a hablar mal de él.
“Hay
algo en lo que te equivocas. Él es un hombre de negocios. Se dedica a vender
deudas vencidas a matones.”
Era
la primera vez que lo oía, pero no le sorprendió. Ante un Jae-seok que
intentaba convencerle por todos los medios, solo pudo decir una cosa. Respondió
con los puños apretados bajo la mesa:
“...No
me importa.”
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“Ya
veremos”, murmuró él con cinismo mientras se levantaba.
Recogió
su abrigo y el recibo, y se despidió.
“Felicidades
por la boda. Nos vemos en la ceremonia.”
