Baby Salt

 


Baby Salt

La casa donde vivirían dos adultos y un niño era una residencia de campo. Era un lugar que reflejaba plenamente el gusto de Gi-hyun por las casas con jardín, y no hubo un solo rincón, desde el inicio de la obra hasta el interiorismo y la finalización, que no contara con la intervención de Jo Yeon-oh.

Al ver a Jo Yeon-oh calculando meticulosamente cómo disponer unos azulejos de forma peculiar, Gi-hyun dijo como si no terminara de entenderlo:

“¿Por qué no compramos una ya construida? ¿Es necesario tanto esfuerzo? Ah, me dijeron que al comprar casas de campo hay que adquirir la casa y el terreno juntos. Si no, dicen que hay muchas probabilidades de que te estafen.”

¿Le estaba dando lecciones de conocimientos inmobiliarios básicos a un magnate? Desde que Gi-hyun dijo aquello, Jo Yeon-oh desistió de consultar con él los detalles de la construcción. Gi-hyun tenía una personalidad tan despreocupada y sencilla que intentar informarle paso a paso sobre qué se haría aquí o allá resultaba asfixiante desde la primera página. Jo Yeon-oh amaba profundamente a So Gi-hyun, pero el amor no siempre le otorgaba la paciencia necesaria para soportar esa tranquilidad carente de planes.

Afortunadamente, Gi-hyun no tenía mucho interés en la decoración y tampoco era de los que se oponían por sistema a las opiniones de Yeon-oh. Frases como “Seguro que lo hiciste bien” o “Tú sabes más de esto que yo” eran suficientes para que Jo Yeon-oh terminara yendo a trabajar todos los días a la constructora a la que habían encargado el proyecto.

La prima de Jo Yeon-oh, presidenta de Haeseong Construction, lamentaba profundamente ese hecho.

“Yeon-oh, deja de dar la tabarra. Esto es una constructora. ¡Si quieres una casa de campo de setecientos metros cuadrados, vete a un estudio de arquitectura!”

Ignorando las quejas de la presidenta, Jo Yeon-oh acudió directamente al equipo de construcción de complejos residenciales de Haeseong para encargar su casa. Aunque ellos parecieron desconcertados, no pudieron rechazar al director de la Galería Naban, quien estaba destinado a liderar Haeseong, el conglomerado coreano.

“¿Y aun así se lo encargaste a ellos? ¿Acaso los millonarios compran acciones de una papelera cuando quieren un diario personal? Como dice tu hermana, eso es una constructora. ¿No se supone que las casas se encargan a arquitectos?”

Gi-hyun se encogió de hombros comentando que era una exageración, pero en los oídos de Jo Yeon-oh no entró nada de la explicación técnica; solo se quedó grabada la palabra “hermana” mencionada de pasada.

“¿Desde cuándo tienes tanta confianza para llamarla hermana? ¿Acaso sales por ahí olvidando que tienes esposo y vas seduciendo a todo el mundo?”

“Ah, ya empezó con sus locuras de nuevo……”

Gi-hyun puso cara de hartazgo, pero Jo Yeon-oh no podía detenerse. Agarró de la muñeca a Gi-hyun, que bebía agua con rostro sereno, y lo arrastró hasta el sofá. Se sentía frustrado. Le dolía que Gi-hyun no comprendiera la profundidad de su sentimiento.

No es eso, Gi-hyun. Lo que acabo de decir no es porque sospeche de ti.

“De ahora en adelante, cuando salgas y vuelvas, quédate quieto en la entrada después de quitarte los zapatos. Voy a olerte el pene nada más llegar. En cuanto huela algo sospechoso, tienes prohibido salir. Ese pene que no puedes usar resultó ser demasiado atractivo. ¿Acaso lamentas no haberlo usado todo este tiempo, Gi-hyun?”

No es que tema que hagas algo extraño, es que me angustia cómo te miran los demás. Yo confío en ti. Sé que no eres alguien que miraría a otro lado dejándome a mí.

“Si te lo chupo y el sabor me parece extraño, tendremos una pelea matrimonial de inmediato. ¿Entendido?”

Por supuesto que confío en ti. ¿Cómo podrías hacer algo así? Los malos son los tipos que te ponen el ojo encima.

“¿Qué me miras así? No pongas esa cara tan linda. ¿Crees que voy a caer solo por eso?”

Aunque, por supuesto, de su boca brotaban palabras muy distintas a sus pensamientos.

So Gi-hyun, como si estuviera exhausto, miró un momento al techo y sacudió la cabeza. Sin responder, se dio la vuelta para sacar un pudin de la nevera y comérselo; ese gesto le pareció adorable a Yeon-oh. Parecía que a Gi-hyun le había bajado el azúcar tras escuchar tonterías innecesarias. Yeon-oh le tiró de la muñeca para que no le diera la espalda y hundió los dientes en su nuca. Mordisqueó con suavidad, como un niño jugando, para no lastimarlo, y Gi-hyun, como si se hubiera rendido, le acarició la cabeza murmurando: “Sí, sí……”.

NO HACER PDF

SIGUENOS AL INSTAGRA AOMINE5BL

Además, Gi-hyun le comentó que un niño tardaría más de cinco años en medir cien centímetros y que no veía sentido a construir una casa tan grande, pero Yeon-oh lo ignoró de inmediato.

“Cariño, limítate a darme ánimos. Antes de que intente buscar consuelo hundiendo la cara en tu pecho, ¿eh? Ya sabes que si me pongo de mal humor, el que se cansa eres tú.”

Al oír eso, el rostro de So Gi-hyun mostró una expresión de haber comprendido algo. A partir de ese momento, no añadió más comentarios. De vez en cuando, si Yeon-oh mencionaba los avances de la obra, él respondía con amabilidad. Parecía esforzarse al máximo por evitar que Jo Yeon-oh buscara aliviar su estrés lamiéndole los pezones.

Eran días en los que la adorable conducta de su cónyuge le arrancaba risitas. Así, pasando día tras día, la casa se terminó de construir y el niño creció sano en el vientre.

El problema era que Jo Yeon-oh se sentía inquieto por el abultado vientre de Gi-hyun.

“¿No habrá un Alien ahí dentro?”

“Trae acá esa boca malvada.”

Gi-hyun le pellizcó la mejilla al pasar. Dolía bastante. Parecía haber aplicado fuerza con el índice y el pulgar, pero Jo Yeon-oh estaba tan ocupado mirando con recelo el vientre de Gi-hyun que ni siquiera se quejó. Mientras el vientre se hinchaba, So Gi-hyun se volvía cada vez más demacrado. Estaba claro que el niño en su interior estaba absorbiendo todos los nutrientes.

Como Gi-hyun estaba agotado, era natural que no pudieran llevar una vida matrimonial normal. Por eso, últimamente se limitaban exclusivamente al sexo oral. Aunque el placer de Jo Yeon-oh residía más en dar que en recibir, Gi-hyun incluso prohibía eso diciendo que era molesto.

“Es que……. Lo dejas tan sensible de tanto chupar que parece que se va a pelar……. Me escuece.”

Con la nuca teñida de un rojo intenso, Gi-hyun se cubría el rostro; ver el anillo de boda en su dedo era suficiente para que Yeon-oh pudiera eyacular, así que no era un mal negocio para él.

Por supuesto, esos deseos eran solo una pequeña parte. Excitarse con So Gi-hyun era algo natural y soportable, pero lo que realmente no podía tolerar era el hecho de que Gi-hyun estuviera sufriendo por el embarazo.

El vientre de Gi-hyun, que no se había notado mucho hasta los ocho meses, se infló en el último mes como un globo a punto de estallar. Jo Yeon-oh miraba ese vientre con recelo y se quejaba a menudo, pues odiaba ver a So Gi-hyun sufriendo de dolores lumbares repentinos.

Según el médico, los embarazos de omegas masculinos solían ser así, pero para él, ese renacuajo no era más que un hijo desconsiderado. Llegaba a dudar si lo que estaba allí dentro realmente llevaba su semilla. Si hubiera heredado algo suyo, no podría ser tan indiferente ante el dolor que le causaba a So Gi-hyun.

Sin embargo, So Gi-hyun se mantenía firme.

“Todos nacen así. No exageres y dale amor. Es nuestro hijo.”

Esas palabras resonaron profundamente en él. Al pensarlo, si no fuera por el niño en su vientre, So Gi-hyun quizá nunca habría pensado en volver con Jo Yeon-oh. Sabía que Gi-hyun no había decidido vivir con él únicamente por el bebé, pero también era consciente de que el niño fue uno de los factores cruciales en su decisión.

Al ver a So Gi-hyun, a quien en el último mes le costaba tanto estar tumbado de lado como de espaldas, Yeon-oh sentía el corazón arder pensando: “¿Quién te crees que eres para hacer sufrir así a mi omega?”, pero al mismo tiempo no podía abandonar del todo la gratitud hacia el niño.

Aquello estaba abriendo un nuevo horizonte en el mundo de Jo Yeon-oh. Durante mucho tiempo, solo So Gi-hyun había sido capaz de darle matices a sus emociones, pero ahora ese ser que ni siquiera había nacido le obligaba a considerar todo tipo de pensamientos.

Por supuesto, antes de ver el sufrimiento de Gi-hyun en el último mes, el instinto paternal de Jo Yeon-oh también había ido floreciendo. Se preguntaba si Gi-hyun habría sufrido menos si su vientre se hubiera hinchado gradualmente como el de otros gestantes. Cada vez que veía a So Gi-hyun quejarse por las noches sin poder dormir, se sentía impotente; y cada vez que reafirmaba su silenciosa decisión quirúrgica de que no habría un segundo embarazo y que se ligaría los conductos en cuanto naciera el niño, no podía evitar sentir cierto resentimiento.

Sea como fuera, el tiempo pasó. El día de la cirugía de Gi-hyun se acercaba. La fecha prevista era la semana siguiente y ya tenía reservada la habitación en el Hospital Haeseong para el ingreso. Desde que recibió la fecha, Jo Yeon-oh, al volver del trabajo, se encargaba personalmente de preparar las maletas de Gi-hyun sin dejar que nadie más lo ayudara.

Ni siquiera respondía a las reprimendas de Gi-hyun sobre por qué exageraba tanto. Pensaba que no debía escuchar las palabras de alguien que, cuando viajaba, empezaba a hacer la maleta la noche anterior, apenas ocho horas antes de partir.

Por eso, hoy también pensaba volver a casa y revisar una vez más el equipaje. Creía haberlo preparado todo, pero según las empleadas de la galería que ya habían dado a luz, en el centro de postparto también se necesitaban muchas cosas. Quería asegurarse de que no faltara nada.

“¿Cariño?”

Sin embargo, al volver del trabajo, la casa estaba vacía. Jo Yeon-oh, extrañado por encontrar la casa a oscuras, sacó su teléfono cuando vio una nota sobre la mesa del pasillo que conectaba la entrada con la sala.

“Te lo escribo en papel porque si te envío un mensaje te pondrás histérico de nuevo. Se me rompió la fuente, así que voy a que me ingresen. Ven despacio.”

Lo que siguió fue, lógicamente, que se le revolvieran las entrañas. Jo Yeon-oh agarró las llaves del coche del armario de llaves y bajó corriendo al garaje.

¿Cómo es posible que no me dijera nada? En momentos como este, odiaba la excesiva tranquilidad de So Gi-hyun. ¿Ponerse histérico? ¡Van a meterte un bisturí en el cuerpo! ¿Acaso esperaba que me quedara a asar carne mientras tanto? Menudo tonto está hecho. Mientras saltaba al asiento del conductor, Jo Yeon-oh le dedicaba mentalmente una cantidad infinita de insultos a su cónyuge.

NO HACER PDF

SIGUENOS AL INSTAGRA AOMINE5BL

Le habían dicho que, puesto que serían tres al volver a casa tras el nacimiento, necesitaría una silla para bebés. Jo Yeon-oh compró un SUV por primera vez en su vida. Decidió que, cuanto más amplio fuera el asiento trasero, mejor sería para el niño. A diferencia de cuando conducía sedanes o descapotables, ahora tenía que vivir por otros. Pensar que así se formaba una familia le causaba una emoción nueva. Sin embargo, el primer viaje de aquel vehículo familiar al que apenas le habían quitado los plásticos comenzó con una carrera desesperada por la ciudad debido a una emergencia inesperada.

Yeon-oh no dejó de llamar durante todo el camino al hospital. Como era de esperar, So Gi-hyun no respondió. Jo Yeon-oh golpeó el volante con el puño y llamó al secretario Yu, ordenándole que averiguara si se estaba realizando una cesárea de urgencia en el departamento de obstetricia del Hospital Haeseong.

[Dicen que el señor So está en cirugía.]

Las palabras del jefe Yu poco después fueron la confirmación final. No entendía qué prisa tenía el niño para salir sin poder esperar siquiera a la fecha programada. Debido a la velocidad con la que conducía por la ansiedad, se oían fuertes bocinazos de los coches de alrededor. Jo Yeon-oh corrió ignorando las señales de límite de velocidad. El rencor hacia el niño se iba acumulando incluso antes de verlo.

Sin embargo, en el hospital al que llegó tras conducir como un forajido, al ver al niño por primera vez, experimentó el colapso de todo lo que había pensado hasta ese momento.

“El bebé es precioso.”

Dijo la enfermera sonriendo tras el cristal del nido. Jo Yeon-oh se quedó con la boca abierta, olvidando responder. El bebé, envuelto en su manta de recién nacido, mantenía los ojos cerrados.

Gi-hyun, que empezaba a despertar de la anestesia con el rostro pálido, le había dicho que fuera a ver al niño primero.

—¿A dónde pretendes que vaya dejándote aquí? Acaban de operarte. Primero ingresas sin decirme nada, tú de verdad……

—Por eso mismo te digo que vayas tú. Si uno de los dos no puede, el otro debe cuidar del bebé; eso es ser padres. Si no lo sabías, asimila bien el concepto y ve a verlo. Con una sonrisa, para causar buena impresión. ¿Entendido?

A pesar de que debía dolerle el vientre por la incisión, So Gi-hyun lo regañó. Eso también fue impactante. Ser regañado por So Gi-hyun. El So Gi-hyun que Jo Yeon-oh conocía era el tipo de persona que requería mucha atención en todo lo que no fuera su trabajo.

Tenía poco apetito, así que había que sentarse a su lado para que comiera; cuando hacía planes, siempre era descuidado y había que revisarlos dos o tres veces; no tenía talento para limpiar y mucho menos para ordenar. Por si fuera poco, era el tipo de persona que a veces tomaba el metro en dirección contraria y enviaba mensajes como: “Creo que voy a llegar tarde. Por cierto, no sé dónde estoy”. Jo Yeon-oh era quien había cuidado, vestido y alimentado a ese So Gi-hyun. Y ahora, ser regañado por él... fue una experiencia refrescante.

Por esa razón, se sentía aturdido mientras salía de la habitación hacia el nido. El secretario Yu, que había llegado en algún momento, le preguntó si él también podía ver al niño, pero Yeon-oh no pudo responder.

So Gi-hyun se había marchado solo en ambulancia tras rompérsele la fuente, dejándole una carta como un hombre de la antigua dinastía Joseon en lugar de llamarlo; Yeon-oh llegó al hospital con los nervios de punta y el bebé ya había nacido, y su cónyuge, que sufría por el fin de la anestesia, lo echó de la habitación para que fuera a ver al niño primero.

Sin recuperar del todo la lucidez, Jo Yeon-oh bajó al nido y, tras decir el nombre que So Gi-hyun había traído de una oficina de onomástica y el nombre del gestante, Gi-hyun, pudo tener su primer encuentro con el bebé.

Y resultó ser más de lo que esperaba…….

“¡Es el vivo retrato del señor So!”

Así era. El niño se parecía tanto a Gi-hyun que parecía que lo hubiera tenido él solo. Se notaba a pesar de que aún tenía el rostro arrugado por haber salido hace poco al mundo.

“Vaya, realmente se parecen. ¿No le parece, director?”

En ese instante, Jo Yeon-oh no pudo responder ni siquiera a las palabras del secretario Yu. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

Fue el primer momento en que Jo Yeon-oh amó a un ser humano que no fuera So Gi-hyun.