#97
***
“Wow, es increíble”.
Tal como prometió, cuando él regresó a casa
tres semanas después, el padre exclamó con admiración y soltó una serie de
elogios. No era para menos, pues la madre se había movido con premura
preparando la comida desde hacía dos días para recibirlo. Gracias a ello, la
mesa estaba repleta de platillos tan espléndidos como nunca antes se habían
visto. Junto a una generosa porción de filete, sirvió patatas con Bacon y crema
agria, pollo, patatas fritas, ensalada de verduras, e incluso horneó pan y
preparó los nachos favoritos del padre.
Cuando ella le sirvió un vino costoso, el
padre, de buen humor, reía a carcajadas y tomaba la mano de la madre
repetidamente. Tras vaciar con facilidad la mesa que antes estaba llena, él
rechazó el pastel que la madre trajo de postre agitando la mano.
“No puedo comer más. Siento que el estómago me
va a explotar”.
Ante eso, la madre sonrió y le acarició el
hombro.
“¿No puede ejercitarse luego? Verá que hará la
digestión pronto y volverá a tener hambre”.
El padre pareció dudar por un momento ante
esas palabras, pero finalmente comenzó a meterse en la boca el trozo de pastel
que la madre le había cortado.
“Sabía que lo haría”.
Dijo ella con suavidad.
Tras cortar una porción para Chrissy, la madre
se sentó. A pesar de que apenas había probado bocado, solo dio sorbos a una
taza de café solo, sin siquiera tocar el pastel.
Debido a que había comido mucho más de lo
habitual y había estado corriendo por la casa emocionado desde temprano por la
llegada de su padre, Chrissy empezó a quedarse dormido al caer la tarde. Al ver
a su hijo cabecear poco después de terminar la cena, la madre dijo sonriendo.
“¿Por qué no vas a dormir ya, Chrissy?”.
Él quiso negarse, pero las palabras no salían.
Ante la imagen de su hijo balbuceando y apenas moviendo los labios, la madre
soltó una pequeña risa.
“Tendré que llevar a Chrissy a su habitación”.
“Yo lo haré. Tú ve yendo al dormitorio”.
Dijo el padre, cargando sin dudar al niño que
tenía la cabeza hundida en el sofá.
“Comí demasiado hoy, así que tendré que hacer
mucho ejercicio. Prepárate para no dormir”.
Tras soltar un sonido amenazante, como un
gruñido, él se dio la vuelta y subió al segundo piso. La madre observó en
silencio la espalda del hombre y luego subió lentamente las escaleras.
Y al día siguiente, ella murió. Con la cabeza
destrozada por el disparo del hombre al que había amado hasta la muerte.
***
Quizás por haberse dormido temprano la noche
anterior, Chrissy se despertó más temprano de lo habitual. Se frotó los ojos,
fue al baño y, al bajar las escaleras, percibió el fragante aroma del café.
“Mamá”.
Al oír su voz, la madre, que estaba sentada a
la mesa bebiendo café, giró la cabeza y le dedicó una sonrisa radiante.
“Chrissy, ¿has dormido bien?”.
La madre, tan cariñosa como siempre, abrazó a
su hijo y le dio un beso en la mejilla. Chrissy le devolvió el beso y preguntó.
“¿Papá todavía duerme?”.
“Sí, todavía”.
Ella asintió y sonrió, pero su rostro se veía
algo diferente a lo habitual.
“Mamá, pareces muy feliz”.
“¿Eso crees?”.
Las comisuras de los labios de la madre
estaban elevadas al máximo mientras decía eso. Al ver su expresión de
felicidad, algo que no había visto en mucho tiempo, Chrissy se sintió bien
también y la abrazó con fuerza. En ese momento...
¡AAAAAAAHHHH!
Ante aquel grito espantoso, Chrissy se quedó
petrificado por el susto. Levantó la vista con los ojos muy abiertos y la madre
también alzó la cabeza. El sonido provenía del dormitorio de la madre. Chrissy
la miró aterrado, pero ella le dio palmaditas en la espalda diciendo que todo
estaba bien.
Sin embargo, Chrissy no podía tranquilizarse
en absoluto; sentía aún más pavor. Los gritos de agonía del padre continuaban.
“Está bien”.
Repitió la madre, soltando a Chrissy y
hablando con dulzura.
“Pero debo ir a ver a tu padre. Tú espera aquí”.
Chrissy se quedó allí parado, observando cómo
la madre subía las escaleras. Por alguna razón, ella sonreía con una expresión
tan alegre que parecía que iba a empezar a tararear en cualquier momento. El
rostro sonriente de la madre, en contraste con los gritos de horror del padre,
le provocó a Chrissy un miedo desconocido. Aunque quería seguirla, su cuerpo
estaba paralizado. Entre la advertencia de su madre y el terror que lo
atenazaba, no podía moverse, cuando de repente...
“¡Hija de puta!”.
El padre soltó un insulto violento. Cuando esa
voz ruda dirigida a la madre resonó en la casa con la misma fuerza que su grito
anterior, Chrissy se asustó y, sin darse cuenta, subió corriendo las escaleras.
***
Cuando el hombre abrió los ojos por la mañana,
sintió que algo extraño sucedía. ‘¿Qué es esto?’, se preguntó.
Se levantó de la cama lentamente,
desconcertado. No era una sensación desagradable. Al contrario, sentía la mente
más clara y calmada que de costumbre.
"¿Será porque anoche liberé muchas
feromonas?".
Sin embargo, pasar la noche embriagado por las
feromonas de una Omega y liberar feromonas de Alfa era algo que hacía cada vez
que venía a este lugar. Esa era precisamente la razón por la que tenía a esa
mujer Omega como amante.
"¿Qué demonios es esto?".
Frunció el ceño y se dirigió al baño. Al
lavarse y mirar el espejo sobre el lavabo sin pensar en nada en particular, el
hombre sintió de repente una extraña disonancia en el rostro que lo miraba. No
era por la barba que había crecido durante la noche. Su mirada, que antes
recorría su barbilla áspera, se fijó en un solo punto. Tras parpadear varias
veces como si no pudiera creerlo, la boca del hombre comenzó a abrirse
lentamente.
“Ah... aah...”.
Un gemido lleno de horror escapó de sus
labios. El sonido, que apenas se conectaba de forma intermitente como si se le
cortara la respiración, no tardó mucho en convertirse en un grito.
***
La mujer subió las escaleras lentamente. Los
gritos del hombre cesaban intermitentemente. Como si intentara recuperar la
razón para volver a horrorizarse de nuevo, el sonido se cortaba y se reanudaba
una y otra vez.
Finalmente, al llegar al dormitorio, no se
detuvo allí y se dirigió al baño conectado. Cuando vio al hombre jadeando con
el rostro pálido mientras miraba el espejo, la mujer se detuvo y se apoyó en el
marco de la puerta.
“Ha.…”.
Cuando la mujer entró en su campo de visión,
el hombre no pudo reaccionar de inmediato. Solo la miraba mientras jadeaba.
Frente al hombre que la observaba como si no pudiera creer lo que veía, la
mujer esbozó una sonrisa lenta.
“¿Qué te parece, querido? La marca quedó muy
bonita, ¿verdad?”.
Ante sus palabras, el hombre dejó de respirar
por completo. El cuerpo del hombre, que permanecía inmóvil como si el mundo se
hubiera detenido, comenzó a temblar ligeramente tras unos segundos de silencio.
“Tú...”.
Un gemido trémulo escapó de entre sus dientes
apretados. Sus puños, cerrados con tanta fuerza que los nudillos estaban
blancos, temblaban violentamente. Y finalmente, como si hubiera aceptado la
realidad, el hombre soltó un alarido violento desde lo más profundo de su
garganta.
“¡Hija de puta!”.
***
Chrissy se quedó paralizado ante aquel insulto
tan grosero que escuchaba por primera vez. No podía creer que su padre le
dijera algo así a su madre. Pero, como para confirmarlo, la voz del padre
continuó.
“¿Qué clase de locura es esta? ¡Maldita sea,
¿te has vuelto loca?! ¿Cómo te atreves a marcarme? ¿Cómo te atreves a hacer
esto por tu cuenta? ¡Puta loca de mierda!”.
El padre seguía lanzando insultos increíbles a
la madre. A través de la puerta del dormitorio, donde se escondía para espiar,
Chrissy vio a su padre agarrando y sacudiendo violentamente los brazos de su
madre.
“¿Qué tiene de malo? Usted es mi esposo y yo
soy su esposa”.
Dijo la madre con calma. Su voz tranquila
continuaba como si hubiera previsto esta situación.
“No podemos posponerlo más. Casémonos. Ahora,
como una pareja formal...”.
“¿Esta perra se ha vuelto loca?”.
El hombre miró a la mujer con estupefacción.
¿Le había nublado el juicio con feromonas para marcarlo mientras dormía y ahora
soltaba semejante estupidez? Estaba loca, sin duda. De lo contrario, ¿cómo se
atrevería a hacer algo así?
Sin embargo, ante la furia del hombre, el
rostro de la mujer permanecía en paz. Como si con eso fuera suficiente, como si
estuviera sinceramente satisfecha. Al ver ese rostro, él fue poseído por una
rabia incontrolable.
“¡Maldita perra...!”.
Junto con el insulto, él le cruzó la cara de
un fuerte bofetón. Con un grito, ella cayó al suelo. Aun así, el hombre no
parecía satisfecho y comenzó a darle patadas mientras gritaba frenéticamente.
“¡Puta asquerosa, ¿te burlas de mí?! ¿Cómo te
atreves? ¡Eres solo una ramera que debería conformarse con abrir las piernas y
ser follada! ¡¿Cómo te atreves?!”.
Chrissy, escondido tras la puerta, observaba
cómo su padre golpeaba brutalmente a su madre. Sabía que debía detenerlo, que
debía protegerla, pero tenía tanto miedo que no podía dar un paso al frente.
Mientras temblaba incontrolablemente, el rostro de su madre, cubierto de
sangre, entró en su campo de visión.
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