#95

 


En un instante, Nathaniel vaciló y frunció el ceño.

¿De qué está hablando, demonios?

Mientras intentaba comprender, Chrissy se cubrió la cabeza con ambas manos, se encogió y comenzó a gritar frenéticamente. Parecía haber perdido la razón por completo. Nathaniel se sintió confundido ante la imagen de Chrissy gritando y temblando como si sufriera una convulsión, pero pensó que lo primero era calmarlo.

“Chrissy, está bien. Ya está bien, así que...”.

¿De qué?

De pronto, sintió una extraña sensación de disonancia.

¿A qué le tiene miedo Chrissy ahora? ¿Será una confusión de sus recuerdos? Quizás cree que todavía es un espectáculo en aquel lugar asqueroso...

No.

Inmediatamente negó el pensamiento anterior. Chrissy no estaba allí en ese momento. Estaba en otro espacio, en un tiempo completamente distinto. Cuando era mucho más joven.

“Chrissy”.

Nathaniel volvió a pronunciar su nombre intentando tranquilizarlo. Ya conocía su infancia a través de los documentos. Sin embargo, podía haber una diferencia abismal entre el informe de apenas un par de líneas y los recuerdos de Chrissy, quien vivió aquello en carne propia. No, no había nada escrito sobre el trauma que Chrissy debió sufrir en aquel momento.

“Chrissy, cálmate ahora y.…”.

Cuando estiró la mano de nuevo para sujetarlo por los hombros, un rayo escalofriante seguido de un trueno espantoso resonó en el lugar. Chrissy, gritando, se incorporó de golpe e intentó huir hacia alguna parte.

“¡Chrissy!”.

Nathaniel lo sujetó de inmediato por el brazo. No sabía a dónde planeaba ir, pero si lo dejaba, seguramente ocurriría un accidente grave. Era imposible que Chrissy pudiera vencer la fuerza de Nathaniel. En cuanto lo encerró entre sus brazos, Chrissy se resistió violentamente con todo su cuerpo.

“¡Suéltame! ¡Suéltame, dije! ¡Suéltame, hijo de perra!”.

“Ugh”.

Chrissy, que forcejeaba lanzando insultos, mordió el brazo de Nathaniel. Este frunció el ceño y apretó los dientes, pero no lo soltó.

“No quiero, suéltame... mamá, mamá...”.

Finalmente, Chrissy empezó a sollozar.

“Mamá...”.

Su resistencia feroz disminuyó gradualmente y pronto quedó dormido en los brazos de Nathaniel, tras haber perdido el conocimiento.

***

En una pequeña casa en un suburbio tranquilo, crecía un árbol de lima. Nunca daba frutos decentes, pero era el refugio perfecto para que Chrissy se columpiara o subiera a observar los nidos de pájaros. Su madre solía sentarse en la sala a tejer o hacer las tareas del hogar, regalándole una sonrisa de vez en cuando a Chrissy, quien corría tras las ardillas o trepaba al árbol afuera. Su padre volvía a casa por el trabajo una vez a la semana o cada diez días. En esos días, su madre se despertaba emocionada, terminaba la limpieza temprano y horneaba el pastel de nuez favorito de su padre. Cuando el aroma del pastel llenaba toda la casa, ella se maquillaba con esmero y se ponía su vestido más bonito.

Su padre era un Alfa. Como supo más tarde, sus visitas solían coincidir con el ciclo de celo de su madre. Quizás por eso, los días que venía el padre, el aroma de las feromonas de su madre era más intenso de lo habitual, como si quisiera anunciar su felicidad a todo el mundo. Chrissy también se sentía feliz al oler esa fragancia y se quedaba pegado a la ventana de la sala esperando a su padre todo el día.

‘Chrissy, Iliana’.

Su padre, que aparecía con el atardecer, siempre traía los brazos llenos de regalos. Uno para su madre y uno para Chrissy. Chrissy solía recibir cajas grandes, mientras que las de su madre siempre eran pequeñas. Curiosamente, ella nunca le mostraba sus regalos. Una vez, cuando Chrissy preguntó con curiosidad qué había dentro, su madre se sonrojó y su padre respondió con una sonrisa cómplice.

‘Es un juguete para adultos’.

En aquel entonces, Chrissy era un niño y lo aceptó sin más. Cuando descubrió cuán aborrecibles eran esos ‘juguetes secretos’, fue después de que él mismo se viera obligado a usarlos.

Sea como fuera, parecían una familia bastante unida y agradable. Su madre amaba terriblemente a su padre, quería a Chrissy más que a su propia vida y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para proteger ese hogar feliz.

No debió haberlo hecho.

Chrissy lo recordaba vagamente.

No valía tanto la pena, mamá.

¿Qué habría pasado si su madre lo hubiera amado solo un poco menos? Tal vez habría sospechado de él. Se habría preguntado por qué solo la buscaba durante su celo. Si tan solo se hubiera sentido herida una vez por esos regalos de alcoba.

No, su madre no tenía la culpa. Ella solo lo amó fervientemente. Probablemente fue porque ella era una Omega y él un Alfa. Sus feromonas debieron paralizar su razón, impidiéndole juzgar con frialdad. Por lo tanto, la culpa era de su padre. Si los Alfas tuvieran un poco más de responsabilidad, si actuaran con la razón y no con el instinto, nada de esto habría pasado.

Si hubiera sido así, yo no habría nacido y todos habrían sido felices.

***

“Fui a la boda de los Myers la semana pasada”.

Como de costumbre, para el padre que regresaba tras varias semanas, la madre puso ante él el plato con el filete más grande. Tras servir a cada uno y sentarse, continuó hablando con naturalidad.

“La novia era preciosa. Es florista y dicen que ella misma hizo todas las decoraciones y el ramo. Tenía tanto talento que todos estaban admirados. Dijo que daría clases y todas se volvieron locas por inscribirse. Estaba pensando en tomar una, ¿qué te parece?”.

Ante la pregunta indirecta, el padre cortó la carne con indiferencia, se la llevó a la boca y respondió.

“Haz lo que quieras. ¿Esto es todo para la cena?”.

Al ver que en la mesa solo había ensalada de papa, pan y filete, la madre forzó una sonrisa.

“También hice pastel de nuez. Lo dejé en el horno para que no se enfríe, cómelo después de la cena”.

Él no dijo nada y siguió comiendo el filete. En realidad, hacía tiempo que la mesa se había vuelto precaria. Cuando solo estaban la madre y Chrissy, la mayoría de las veces comían un estofado aguado con algo de carne o simplemente pan mojado en sopa. Por eso Chrissy esperaba con ansias los días que venía su padre; no solo porque la mesa se volvía abundante, sino porque recibían dinero para gastos y él podía comprar las cosas que necesitaba o los juguetes que quería.

Desde cierto punto, los días que el padre venía a casa disminuyeron. Los días en que ella debía soportar el celo tomando medicamentos también aumentaron. Chrissy supo solo después del incidente que la razón era que su madre le había mencionado el matrimonio a su padre.

***

‘Maldita perra, ¿crees que te dejaré arruinar mi vida?’.

“¡Hah...!”.

Chrissy abrió los ojos con una respiración agitada. Aunque recuperó la conciencia, necesitó tiempo para asimilar la realidad.

Hah, hah.

Entre respiraciones jadeantes, divisó vagamente un techo borroso. Tras parpadear para enfocar la vista, se dio cuenta de que no estaba en el lugar donde perdió el conocimiento.

... ¿Qué es esto?

Desconcertado, giró la cabeza y vio que una de sus muñecas estaba atada al poste de la cama. Una corbata de seda suave colgaba dócilmente como si se preocupara por su muñeca, pero al verla, Chrissy se sintió mal de inmediato.

En ese momento se escuchó el sonido de la puerta y el culpable de aquel acto apareció. Nathaniel, quien entró por la puerta conectada a una pared, se detuvo por un instante al cruzar miradas con Chrissy, quien se incorporaba torpemente sobre la cama. Al ver su expresión, frunciendo el ceño como si evaluara su estado, Chrissy espetó con rabia.

“¿Es tu fetiche atar a la gente a la menor oportunidad?”.

Lo atacó con dureza, pero sorprendentemente Nathaniel no mostró ninguna reacción particular. No se burló de él como de costumbre, ni torció la boca con incredulidad. Solo lo observó en silencio y luego hizo algo totalmente inesperado.

“...Ya volviste en ti”.

Chrissy se quedó momentáneamente desconcertado al ver a Nathaniel murmurar para sí mismo y pasarse la mano por el cabello con un suspiro. No fue solo eso. Nathaniel se acercó y, dócilmente, desató la corbata que envolvía la muñeca de Chrissy. De pronto, Chrissy notó que el rostro de Nathaniel se veía inusualmente cansado.

... ¿Qué demonios pasa?