#94



Tras el sonido de pasos pesados, la puerta principal se abrió. Se escuchó el ruido al cerrarse y, de inmediato, sobrevino el silencio. Nathaniel Miller permaneció inmóvil en su lugar por un momento. A través del gran ventanal frente a él, se filtraba una luz turbia; las luces de la ciudad que iluminaban la noche le resultaron extrañamente ajenas. Tras quedarse allí, sin moverse durante un rato, finalmente se dio la vuelta y empezó a caminar. Sus pasos hacia el segundo piso, apoyado en su bastón, eran los de siempre, pero por alguna razón, un tenue ceño fruncido marcaba su entrecejo.

Antes de abrir la habitación, levantó la mano para llamar, pero no lo hizo sino hasta después de unos segundos de vacío. Tras dos golpes secos, abrió la puerta y una escena familiar entró en su campo de visión. La habitación de invitados, que casi nunca se usaba, estaba, al igual que el resto de la casa, impecablemente limpia y ordenada, sin un solo grano de polvo. Lo único diferente era que alguien yacía en la cama que debería estar vacía.

Nathaniel se acercó lentamente y lo observó en silencio. El hombre, que yacía inmóvil con los ojos cerrados, movió levemente las cejas como si sintiera la mirada sobre él. Fue entonces cuando sus párpados se abrieron. El hombre abrió los ojos despacio y se quedó parpadeando, mirándolo sin moverse, como si intentara enfocar la vista o reconocer la realidad. Nathaniel fue el primero en hablar.

“Los niños están a salvo. Eso es lo que quieres saber, ¿no?”.

“¡…!”.

Al oír aquello, Chrissy abrió los ojos de par en par, sorprendido, e intentó incorporarse de golpe. Sin embargo, pronto volvió a desplomarse con un gemido, ante lo cual Nathaniel continuó hablando con voz seca.

“Cálmate. Es mejor que descanses por ahora”.

A pesar de sus palabras, los ojos de Chrissy, al levantar la cabeza, rebosaban hostilidad. Nathaniel murmuró con un tono de evidente desagrado.

“De nada. No hace falta que me des las gracias”.

Ante el sarcasmo implacable, Chrissy jadeó tratando de recuperar el aliento y soltó.

“¿Qué pasó con los niños? ¿Dónde están ahora?”.

Nathaniel observó las pupilas de Chrissy, teñidas de oscuridad, y movió los labios con lentitud.

“Bajo protección”.

Chrissy hizo una mueca de dolor ante la respuesta corta. Al ver que sus palabras no parecían convencerlo, Nathaniel añadió tras una breve risa.

“Se verificará la identidad de cada uno para devolverlos a sus padres. Llevará tiempo, pero no tienes de qué preocuparte”.

Chrissy no dijo nada, pero el ceño fruncido no desapareció. Ante esa mirada que parecía preguntar ‘¿cómo puedo creer en tu palabra?’, Nathaniel lanzó otra pregunta en lugar de dar una explicación larga.

“Me dijeron que tú ayudaste a escapar a los niños”.

“Así es”.

Respondió Chrissy con amargura.

“Aunque fracasé”.

Como si hubiera leído sus pensamientos internos, Nathaniel intervino justo a tiempo.

“Un tal Scott… ese niño fue quien hizo la denuncia”.

Ante la inesperada noticia, Chrissy se quedó visiblemente paralizado. Sus ojos, muy abiertos por la incredulidad, temblaron violentamente.

“¿Scott hizo la denuncia? Entonces, ¿logró escapar?”.

“…Algo así”.

Ante la respuesta dubitativa, Chrissy lo apremió con urgencia.

“¿Algo así? ¿A qué te refieres? Habla claro para que lo entienda”.

Nathaniel se pasó la mano por su cabello perfectamente peinado, como ordenando sus ideas, y habló.

“Dicen que la policía encontró a unos niños deambulando por la carretera. Parece que fue entonces cuando tomaron sus declaraciones”.

Chrissy parpadeó mirando el rostro de Nathaniel. No había rastro de mentira en su expresión.

¿Era verdad? ¿De verdad?

“Me dijeron que los habían atrapado a todos”.

Murmuró, todavía entre la duda y la fe.

“Parece que algunos lo lograron”.

Respondió Nathaniel.

¿Entonces Scott dio la información y los rescataron a todos? La razón por la que este hombre apareció allí, entonces…

“¿Cómo llegaste tú ahí? ¿Acaso… tú también planeabas participar en eso?”.

De repente, el aroma dulce se intensificó. Era la prueba de que Nathaniel estaba sumamente molesto. Sintiendo el aroma de las feromonas esparcirse a su alrededor, Chrissy esperó su respuesta. Pronto, Nathaniel negó con la cabeza soltando un suspiro de estupefacción.

“Me decepciona profundamente que me vea como un pervertido que se excita mirando niños, señor Fiscal”.

“Pero tú también eres miembro de ese club, ¿no es así?”.

Ante la pregunta provocadora, Nathaniel no respondió de inmediato. En su lugar, guardó silencio como si pensara en algo y murmuró en tono pausado.

“No necesitas saber tanto”.

“Ha”.

Esta vez fue Chrissy quien soltó un suspiro. Sin embargo, Nathaniel no parecía tener intención de hablar más del tema y cambió de conversación enseguida.

“Hablaremos del resto más tarde. Descansa, yo también debo irme a descansar”.

Se dio la vuelta como si quisiera ir a lavarse cuanto antes, cuando de pronto Chrissy preguntó.

“¿Qué pasó con tu coche?”.

Nathaniel se detuvo ante la pregunta imprevista y se volvió hacia él.

“¿Qué coche?”.

Su expresión era de genuino desconcierto. Chrissy abrió la boca con paciencia.

“El coche en el que me fui”.

Al principio, pareció no entender a qué se refería. Tras unos segundos de silencio, Nathaniel finalmente frunció el ceño y preguntó.

“¿Me robaste el coche?”.

Chrissy se quedó boquiabierto de pura incredulidad. El Lamborghini había desaparecido y él ni siquiera se había dado cuenta. Al verlo así, sumido en lo absurdo, Nathaniel continuó como si no le diera importancia.

“Dime dónde lo dejaste. Le diré a mi secretario que lo traiga. ¿Algo más que decir?”.

“Nada… ya no”.

Respondió Chrissy con voz desinflada.

“Descansa”.

Nathaniel se marchó dejando solo esas palabras. Chrissy, vencido por un repentino cansancio, se dejó caer en la cama. Tenía un mar de cosas en las que pensar, pero le dolía todo el cuerpo y estaba tan exhausto que no quería razonar.

Dormiré primero. Puedo pensar después de despertar. Solo un poco, solo un poquito…

Pronto su conciencia se hundió profundamente. Y más allá de la densa oscuridad, empezó a caer la lluvia gota a gota.

***

¡AAAAAAAAAH!

Un grito desgarrador rasgó el aire y se dispersó. Fue justo después de que un trueno ensordecedor, como una explosión, hiciera vibrar el ambiente. El sonido retumbó en toda la casa y llegó inevitablemente a los oídos de Nathaniel.

“¿Qué pasa?”.

Nathaniel cruzó el pasillo a toda prisa y abrió de golpe la puerta de la habitación de Chrissy, solo para llevarse otra sorpresa. La cama donde Chrissy estaba acostado estaba vacía. Las sábanas revueltas daban fe de que alguien había estado allí hasta hace un momento, pero él no aparecía. No entendía qué estaba pasando. ¿A dónde se había ido?

Entre las cortinas de lluvia, un relámpago iluminó el lugar con intensidad. Tras el fulgor que brilló entre las nubes negras, un estruendo volvió a resonar segundos después. Acto seguido, algo extraño llegó a los oídos de Nathaniel. Una respiración agitada, similar a un sollozo.

“… ¿Chrissy?”.

Murmuró sin darse cuenta mientras avanzaba. El sonido, débil y entrecortado, se hacía cada vez más cercano. Hic, hic, huu-hic, hic. ¿Eran llantos o jadeos de terror? Sin poder distinguirlo, Nathaniel finalmente lo encontró.

Sentado en el suelo al otro lado de la cama, encogido sobre sí mismo y temblando violentamente, estaba Chrissy Jin.

“Chrissy”.

Nathaniel parpadeó, desconcertado por primera vez ante aquella imagen increíble. No lograba comprender la situación. ¿Qué era esto?

“… ¿Qué sucede? ¿Por qué estás así?”.

Volvió a preguntar, pero no hubo respuesta. Chrissy, con el rostro pálido, temblaba incontrolablemente sentado en su lugar, incapaz de moverse. Finalmente, Nathaniel se acercó y extendió una mano hacia él.

“Chrissy, ¿qué estás haci…?”.

En ese preciso instante, un relámpago iluminó la estancia. Ante el trueno que le siguió, Chrissy empezó a gritar como si sufriera una convulsión.

“¡Me equivoqué, me equivoqué, padre! ¡Ya no más, detente! ¡Piedad, por favor, sálvame…!”.

Entre los gritos frenéticos, sollozaba y suplicaba desesperado.

“¡Detente! ¡No mates a mamá!... ¡Sálvame, por favor!”.

 

Tras el sonido de pasos pesados, la puerta principal se abrió. Se escuchó el ruido al cerrarse y, de inmediato, sobrevino el silencio. Nathaniel Miller permaneció inmóvil en su lugar por un momento. A través del gran ventanal frente a él, se filtraba una luz turbia; las luces de la ciudad que iluminaban la noche le resultaron extrañamente ajenas. Tras quedarse allí, sin moverse durante un rato, finalmente se dio la vuelta y empezó a caminar. Sus pasos hacia el segundo piso, apoyado en su bastón, eran los de siempre, pero por alguna razón, un tenue ceño fruncido marcaba su entrecejo.

Antes de abrir la habitación, levantó la mano para llamar, pero no lo hizo sino hasta después de unos segundos de vacío. Tras dos golpes secos, abrió la puerta y una escena familiar entró en su campo de visión. La habitación de invitados, que casi nunca se usaba, estaba, al igual que el resto de la casa, impecablemente limpia y ordenada, sin un solo grano de polvo. Lo único diferente era que alguien yacía en la cama que debería estar vacía.

Nathaniel se acercó lentamente y lo observó en silencio. El hombre, que yacía inmóvil con los ojos cerrados, movió levemente las cejas como si sintiera la mirada sobre él. Fue entonces cuando sus párpados se abrieron. El hombre abrió los ojos despacio y se quedó parpadeando, mirándolo sin moverse, como si intentara enfocar la vista o reconocer la realidad. Nathaniel fue el primero en hablar.

“Los niños están a salvo. Eso es lo que quieres saber, ¿no?”.

“¡…!”.

Al oír aquello, Chrissy abrió los ojos de par en par, sorprendido, e intentó incorporarse de golpe. Sin embargo, pronto volvió a desplomarse con un gemido, ante lo cual Nathaniel continuó hablando con voz seca.

“Cálmate. Es mejor que descanses por ahora”.

A pesar de sus palabras, los ojos de Chrissy, al levantar la cabeza, rebosaban hostilidad. Nathaniel murmuró con un tono de evidente desagrado.

“De nada. No hace falta que me des las gracias”.

Ante el sarcasmo implacable, Chrissy jadeó tratando de recuperar el aliento y soltó.

“¿Qué pasó con los niños? ¿Dónde están ahora?”.

Nathaniel observó las pupilas de Chrissy, teñidas de oscuridad, y movió los labios con lentitud.

“Bajo protección”.

Chrissy hizo una mueca de dolor ante la respuesta corta. Al ver que sus palabras no parecían convencerlo, Nathaniel añadió tras una breve risa.

“Se verificará la identidad de cada uno para devolverlos a sus padres. Llevará tiempo, pero no tienes de qué preocuparte”.

Chrissy no dijo nada, pero el ceño fruncido no desapareció. Ante esa mirada que parecía preguntar ‘¿cómo puedo creer en tu palabra?’, Nathaniel lanzó otra pregunta en lugar de dar una explicación larga.

“Me dijeron que tú ayudaste a escapar a los niños”.

“Así es”.

Respondió Chrissy con amargura.

“Aunque fracasé”.

Como si hubiera leído sus pensamientos internos, Nathaniel intervino justo a tiempo.

“Un tal Scott… ese niño fue quien hizo la denuncia”.

Ante la inesperada noticia, Chrissy se quedó visiblemente paralizado. Sus ojos, muy abiertos por la incredulidad, temblaron violentamente.

“¿Scott hizo la denuncia? Entonces, ¿logró escapar?”.

“…Algo así”.

Ante la respuesta dubitativa, Chrissy lo apremió con urgencia.

“¿Algo así? ¿A qué te refieres? Habla claro para que lo entienda”.

Nathaniel se pasó la mano por su cabello perfectamente peinado, como ordenando sus ideas, y habló.

“Dicen que la policía encontró a unos niños deambulando por la carretera. Parece que fue entonces cuando tomaron sus declaraciones”.

Chrissy parpadeó mirando el rostro de Nathaniel. No había rastro de mentira en su expresión.

¿Era verdad? ¿De verdad?

“Me dijeron que los habían atrapado a todos”.

Murmuró, todavía entre la duda y la fe.

“Parece que algunos lo lograron”.

Respondió Nathaniel.

¿Entonces Scott dio la información y los rescataron a todos? La razón por la que este hombre apareció allí, entonces…

“¿Cómo llegaste tú ahí? ¿Acaso… tú también planeabas participar en eso?”.

De repente, el aroma dulce se intensificó. Era la prueba de que Nathaniel estaba sumamente molesto. Sintiendo el aroma de las feromonas esparcirse a su alrededor, Chrissy esperó su respuesta. Pronto, Nathaniel negó con la cabeza soltando un suspiro de estupefacción.

“Me decepciona profundamente que me vea como un pervertido que se excita mirando niños, señor Fiscal”.

“Pero tú también eres miembro de ese club, ¿no es así?”.

Ante la pregunta provocadora, Nathaniel no respondió de inmediato. En su lugar, guardó silencio como si pensara en algo y murmuró en tono pausado.

“No necesitas saber tanto”.

“Ha”.

Esta vez fue Chrissy quien soltó un suspiro. Sin embargo, Nathaniel no parecía tener intención de hablar más del tema y cambió de conversación enseguida.

“Hablaremos del resto más tarde. Descansa, yo también debo irme a descansar”.

Se dio la vuelta como si quisiera ir a lavarse cuanto antes, cuando de pronto Chrissy preguntó.

“¿Qué pasó con tu coche?”.

Nathaniel se detuvo ante la pregunta imprevista y se volvió hacia él.

“¿Qué coche?”.

Su expresión era de genuino desconcierto. Chrissy abrió la boca con paciencia.

“El coche en el que me fui”.

Al principio, pareció no entender a qué se refería. Tras unos segundos de silencio, Nathaniel finalmente frunció el ceño y preguntó.

“¿Me robaste el coche?”.

Chrissy se quedó boquiabierto de pura incredulidad. El Lamborghini había desaparecido y él ni siquiera se había dado cuenta. Al verlo así, sumido en lo absurdo, Nathaniel continuó como si no le diera importancia.

“Dime dónde lo dejaste. Le diré a mi secretario que lo traiga. ¿Algo más que decir?”.

“Nada… ya no”.

Respondió Chrissy con voz desinflada.

“Descansa”.

Nathaniel se marchó dejando solo esas palabras. Chrissy, vencido por un repentino cansancio, se dejó caer en la cama. Tenía un mar de cosas en las que pensar, pero le dolía todo el cuerpo y estaba tan exhausto que no quería razonar.

Dormiré primero. Puedo pensar después de despertar. Solo un poco, solo un poquito…

Pronto su conciencia se hundió profundamente. Y más allá de la densa oscuridad, empezó a caer la lluvia gota a gota.

***

¡AAAAAAAAAH!

Un grito desgarrador rasgó el aire y se dispersó. Fue justo después de que un trueno ensordecedor, como una explosión, hiciera vibrar el ambiente. El sonido retumbó en toda la casa y llegó inevitablemente a los oídos de Nathaniel.

“¿Qué pasa?”.

Nathaniel cruzó el pasillo a toda prisa y abrió de golpe la puerta de la habitación de Chrissy, solo para llevarse otra sorpresa. La cama donde Chrissy estaba acostado estaba vacía. Las sábanas revueltas daban fe de que alguien había estado allí hasta hace un momento, pero él no aparecía. No entendía qué estaba pasando. ¿A dónde se había ido?

Entre las cortinas de lluvia, un relámpago iluminó el lugar con intensidad. Tras el fulgor que brilló entre las nubes negras, un estruendo volvió a resonar segundos después. Acto seguido, algo extraño llegó a los oídos de Nathaniel. Una respiración agitada, similar a un sollozo.

“… ¿Chrissy?”.

Murmuró sin darse cuenta mientras avanzaba. El sonido, débil y entrecortado, se hacía cada vez más cercano. Hic, hic, huu-hic, hic. ¿Eran llantos o jadeos de terror? Sin poder distinguirlo, Nathaniel finalmente lo encontró.

Sentado en el suelo al otro lado de la cama, encogido sobre sí mismo y temblando violentamente, estaba Chrissy Jin.

“Chrissy”.

Nathaniel parpadeó, desconcertado por primera vez ante aquella imagen increíble. No lograba comprender la situación. ¿Qué era esto?

“… ¿Qué sucede? ¿Por qué estás así?”.

Volvió a preguntar, pero no hubo respuesta. Chrissy, con el rostro pálido, temblaba incontrolablemente sentado en su lugar, incapaz de moverse. Finalmente, Nathaniel se acercó y extendió una mano hacia él.

“Chrissy, ¿qué estás haci…?”.

En ese preciso instante, un relámpago iluminó la estancia. Ante el trueno que le siguió, Chrissy empezó a gritar como si sufriera una convulsión.

“¡Me equivoqué, me equivoqué, padre! ¡Ya no más, detente! ¡Piedad, por favor, sálvame…!”.

Entre los gritos frenéticos, sollozaba y suplicaba desesperado.

“¡Detente! ¡No mates a mamá!... ¡Sálvame, por favor!”.