25. Boda

 


25. Boda

Era un espacio decorado con una elegancia exquisita y detalles minuciosos. Bajo una lámpara de araña que destellaba con opulencia, Seo Jeong-won permanecía de pie, impecable, vestido con un traje de gala blanco ajustado a la perfección a su figura.

Aunque se le notaba un poco demacrado por el esfuerzo de cuidar al bebé día y noche, lejos de verse deslucido, Jeong-won emanaba un aire aún más puro y elegante. Como polillas que se lanzan sin miedo a una llama ardiente, una multitud de personas se arremolinaba a su alrededor.

“Felicidades por su boda, Director Ejecutivo Seo”.

Al escuchar aquel tratamiento familiar, Do I-hyeon, que estaba ajustando su atuendo, giró la cabeza instintivamente. Parecían empleados de la empresa, pero le resultaba imposible identificar quién era quién. Sin embargo, ellos parecían conocerlo, pues lo miraban de reojo con curiosidad.

Do I-hyeon, vestido con un traje de gala negro —similar al de Jeong-won pero con un corte distinto—, asintió levemente con la cabeza. Los miembros de su propio equipo ya habían pasado por la sala de espera del novio hacía rato, así que no le importaba demasiado no reconocer a los presentes.

“Gracias por venir”.

Jeong-won, como si no conociera el cansancio, mantenía el contacto visual con cada invitado mientras sonreía radiante. Do I-hyeon, por su parte, frunció el ceño con desaprobación.

No era novedad que Jeong-won sonriera con facilidad ante los demás. Sin embargo, hoy desprendía una atmósfera completamente diferente a su habitual actitud serena. Parecía estar "en las nubes", como si le faltara un tornillo. No sabía si era que no podía controlar su expresión o si simplemente no quería hacerlo. Do I-hyeon ladeó la cabeza, observándolo con sospecha.

“Se le ve... realmente feliz”.

“Jajaja. Es la primera vez que vemos al Director Seo así”.

Los empleados intercambiaban miradas de desconcierto ante la sonrisa inédita de Jeong-won. Algunos volvían la vista hacia Do I-hyeon, quien mantenía una expresión indiferente.

‘¿Será que al Director Seo le gusta más él?’

‘¿Es verdad eso de que el Director Seo se le colgó al Jefe de Equipo Do, que tenía el hijo de otro, para poder estar con él?’

Do I-hyeon podía leer sus pensamientos con total claridad. Pero ni él ni Jeong-won tenían intención de dar explicaciones; no sentían la más mínima necesidad de hacerlo.

“Vaya tela”.

Ju Na-hye, sentada junto a Do I-hyeon, observó la situación y chasqueó la lengua de forma inaudible. Dejó el café helado que estaba sorbiendo con fuerza sobre la mesa y le dio la espalda a la multitud.

“Con todo el dinero que tienen, ¿por qué usan una sola sala de espera? ¿Por qué tienes que aguantar tú este espectáculo?”

Na-hye se quejó con el rostro lleno de insatisfacción. Sabía de sobra que a Do I-hyeon no le importaban los rumores, pero aun así, la situación le desagradaba profundamente.

“……”.

Como no esperaba una respuesta, Do I-hyeon fingió no escucharla y terminó de ajustarse la corbata. Si le dijera que decidieron compartir la habitación porque no querían estar separados ni un segundo, Na-hye seguramente pondría cara de asco y empezaría a insultarlos.

Do I-hyeon recorrió con la mirada la figura espigada de Jeong-won. Aunque lo estuviera viendo, sentía que quería verlo más. Jeong-won parecía sentir lo mismo, pues cada vez que Do I-hyeon lo miraba, sus ojos se encontraban. Una vez más, Jeong-won giró levemente la cabeza hacia él y le guiñó un ojo.

“Jeong-won. Un momento”.

En medio de la charla trivial de los empleados, la madre de Jeong-won entró con cautela. Estaba tan bien arreglada que alguien podría creer que era su hermana mayor.

“Ah, madre”.

Jeong-won recompuso su expresión al instante, se disculpó con los demás y se acercó rápidamente a la puerta.

“He intentado calmarla, pero no deja de quejarse. Creo que es porque ha estado mucho tiempo separada de ustedes”.

La madre de Jeong-won se inclinó para mostrar al bebé que traía consigo. La niña aún conservaba ese aspecto tierno de recién nacida. Aunque apenas podía sostener la cabeza y mucho menos sentarse sola, al ser un día especial, la habían vestido incluso con una faldita adorable. Con sus mejillas regordetas y rasgos ya definidos, atraía la atención de cualquiera. Do I-hyeon iba a acercarse a verla, pero se detuvo. Sintió que si la cargaba ahora, no sería capaz de soltarla.

“¿Ha sido eso, nuestra Dodam?”

Susurró Jeong-won con cariño, agachándose para ponerse a la altura de la niña. Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro al ver que la pequeña lo había estado buscando.

‘Parecía estar en sus cabales, pero realmente está fuera de sí’.

Do I-hyeon reprimió una risita. Aunque Jeong-won solía llamar a la niña por su nombre oficial, cuando acababa de despertar o estaba demasiado atareado, siempre volvía a usar su nombre provisional.

“Au, uu, uu”.

Como si estuviera feliz de ver a Jeong-won después de casi una hora, la niña empezó a balbucear sin descanso. Tenía los ojos ligeramente hinchados y enrojecidos, señal de que había estado llorando un poco. Do I-hyeon apretó los puños.

“Consuegra, tome un poco de agua”.

Na-hye, que hasta hacía un momento trataba a Do I-hyeon con total confianza, cambió de actitud al llegar el bebé y le entregó agua a la madre de Jeong-won con una sonrisa radiante. Do I-hyeon no dijo nada, pero la miró con frialdad para que dejara de hacer tonterías.

“Vaya……”.

“Ah……”.

Los empleados soltaron suspiros cargados de diversos significados al ver a la niña. Incluso alguien que no los conociera notaría de inmediato que era hija de Jeong-won y Do I-hyeon; el parecido era tan evidente que bastaba para acallar cualquier duda o rumor que estuviera floreciendo.

“Cielos. Hay un ángel aquí”.

“Es verdad. ¿No tiene apenas unos meses? ¿Cómo puede un bebé ser tan bonito ya?”

“Es guapa y parece apuesta al mismo tiempo……”

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Pronto, la gente rodeó a la niña desde una distancia prudencial para llenarla de elogios. Aunque Do I-hyeon ya había escuchado cumplidos sobre su hija hasta el cansancio, se sentía bastante bien cada vez que los oía.

“Apostaría todos los cupones de cafetería que he reunido a que, en menos de una semana, por toda tu empresa correrá el rumor de que salían en secreto, rompieron, te enteraste tarde del embarazo y, aunque dijiste que la criarías solo, tu marido te suplicó hasta el final para volver”.

Na-hye torció el gesto con sarcasmo y tomó otra bebida. Do I-hyeon cerró los labios con fuerza. Era absurdo, pero era una suposición bastante verosímil.

Un par de personas volvieron a mirar a Do I-hyeon. En sus miradas cautelosas había algo de compasión. Parecía que el rumor que Jeong-won había difundido a través de Kim Yu-min —sobre el grave rechazo a las feromonas que Do I-hyeon sufrió durante el embarazo— había surtido efecto. Debido a que su carga de trabajo fue considerable incluso después de quedar encinta y a que llegó a desmayarse y ser llevado al hospital, la opinión pública en la empresa sobre Do I-hyeon se había suavizado bastante. En realidad, aunque siempre se le consideró alguien peculiar, nunca tuvo mala reputación; la mayoría simplemente necesitaba un cotilleo jugoso.

“Sí, mamá está aquí”.

Jeong-won cargó a la niña en vilo a pesar de las advertencias de su madre sobre no estropear el traje. La forma en que sostenía el pequeño cuerpo con seguridad delataba que no era la primera vez que lo hacía.

“¡A, u!”

La pequeña movió su boquita y agarró con valentía las solapas de Jeong-won. Aunque el cuello impecable se arrugó, a él no le importó y sonrió con dulzura. No hacía falta decir cuánto adoraba a su hija.

“¿Ha dicho ‘mamá’?”

Los que observaban la escena con ternura abrieron los ojos de par en par al escuchar el término inusual que salió de la boca de Jeong-won. Solo entonces se fijaron en el color del traje que vestía; parece que la belleza excepcional de Jeong-won los había deslumbrado tanto que no habían notado nada más.

Aunque no era una regla estricta, todavía existía la tendencia de que el alfa vistiera de negro y el omega de blanco. La razón del cambio era simple: a Do I-hyeon le sentaba mejor el negro y a Jeong-won el blanco.q

“Jajaja”.

Jeong-won se limitó a reír ante las miradas llenas de interrogantes. Justo cuando parecía que los rumores se calmaban, parecía que iba a surgir uno nuevo.

“Entonces……”

Un hombre que los miraba alternativamente recorrió a Jeong-won de arriba abajo con una mirada extraña. Un alfa hermoso y un omega guapo. Era evidente que aquel hombre había malinterpretado la situación por completo. Un brillo desagradable apareció en sus ojos.

Do I-hyeon dio un paso largo y firme, interponiéndose directamente frente a Seo Jeong-won. Con la cabeza erguida y una frialdad cortante, bajó la mirada hacia aquel hombre.

Sintiendo una presión abrumadora, el sujeto encogió los hombros por instinto y retrocedió un paso.

“Es la hora”.

Sentenció Do I-hyeon con una voz grave y pausada. Fue, en la práctica, una orden de expulsión.

“¡Ay, es cierto!”

“Nosotros nos adelantamos. ¡Nos vemos luego!”

Como realmente faltaba muy poco para que comenzara la ceremonia, nadie se sintió ofendido. El grupo de personas salió en tropel y, aprovechando la confusión, el hombre que lo había mirado con malicia se marchó con la cabeza gacha.

A Do I-hyeon le molestó profundamente que alguien tan insignificante se atreviera siquiera a pensar en menospreciar a Seo Jeong-won. Jeong-won era suyo, sin importar lo que otros dijeran.

Jeong-won, por su parte, no parecía estar molesto en absoluto; simplemente parpadeaba con sus largas pestañas mientras acariciaba la espalda de Do I-hyeon con suavidad.

“Yo también debería irme”.

La madre de Jeong-won miraba a Do I-hyeon con ojos brillantes. Desde que lo vio por primera vez esa mañana vestido de gala, no había dejado de lanzarle cumplidos, diciendo lo "lindo" y "hermoso" que estaba. Do I-hyeon se había quedado sin palabras; le preocupaba que, al llevar el cabello peinado hacia atrás de forma tan pulcra, su imagen resultara demasiado agresiva.

La madre de Jeong-won contuvo el aliento, con los hombros estremecidos. Parecía estar aguantándose las ganas de seguir elogiándolo solo porque Jeong-won le había mentido diciendo que Do I-hyeon se avergonzaba si lo halagaban demasiado en público.

Por otro lado, la hermana y el hermano de Jeong-won suspiraban, repitiendo que Do I-hyeon era "demasiado bueno para su hermano". Aun así, le pedían entre quejas bromistas que hablara bien de ellos con su abuela. Aunque todo era en tono de broma, sus últimas palabras —“Por favor, cuida bien de nuestro torpe hermano menor”— sonaron bastante sinceras.

“Faltan cinco minutos. Prepárense para entrar”.

Informó un empleado del salón tras llamar a la puerta.

‘Finalmente’.

Do I-hyeon respiró hondo. Jeong-won, a su lado, lo imitó con solemnidad. La mirada de Do I-hyeon se posó en el cuello del traje de Jeong-won. Iba a intentar alisar la marca que había dejado la bebé al agarrarlo, pero se detuvo.

Por alguna razón, no quiso borrar el rastro de su hija en él. Al ser un traje blanco, no se notaba demasiado, así que decidió dejar ese pequeño desorden tal como estaba. Jeong-won tampoco parecía tener intención de arreglarlo.

“¿Vamos?”

Jeong-won extendió la mano con cortesía, con el otro brazo tras la espalda, como el protagonista de una antigua película romántica. Do I-hyeon apretó los labios y puso su mano sobre la palma de Jeong-won.

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Ambos siguieron al empleado con las manos firmemente entrelazadas. Las puertas del salón, que antes estaban abiertas, ahora permanecían cerradas. Se detuvieron frente a ellas a esperar el momento.

“I-hyeon, estoy muy nervioso”.

Jeong-won sonrió con los ojos, aunque su expresión no denotaba nerviosismo en absoluto. Parecía simplemente ilusionado. Do I-hyeon, cuyos sentidos estaban a flor de piel por culpa de sus propios latidos acelerados, sintió un poco de envidia ante la calma de Jeong-won.

Sin dudarlo, Do I-hyeon se puso de puntillas y robó un beso fugaz de los labios de Jeong-won, que hoy estaban especialmente sonrosados. Los empleados que ayudaban con la entrada sonrieron y desviaron la mirada con discreción.

“Una vez más”.

Suplicó Jeong-won inclinando la cabeza con aire melancólico. El hecho de que bajara hasta las cejas lo hacía parecer bastante descarado. Do I-hyeon le dio tres besos más, sin hacer ruido. Sabía que, de todos modos, Jeong-won nunca se conformaría con uno solo.

“Ajajaja”.

Jeong-won soltó una risa cristalina. Do I-hyeon observó fijamente su rostro radiante y acercó sus labios al oído de su pareja. Jeong-won se inclinó de forma natural para escucharlo.

“Vamos a casarnos, yeobo”.

Susurró Do I-hyeon. Aquel apelativo, que usaba por primera vez en su vida, le resultó sumamente vergonzoso.

“…… ¿Qué has dicho?”

Jeong-won parpadeó con sus grandes ojos, totalmente aturdido; no se lo esperaba para nada. Do I-hyeon apretó su mano con fuerza. Le pareció tierno ver a Jeong-won tan desconcertado.

“Dilo... dilo otra vez, por favor”.

Jeong-won se pegó al hombro de Do I-hyeon, suplicando con voz ansiosa.

“La puerta se abrirá pronto”.

Sin embargo, Do I-hyeon señaló la puerta con la barbilla, actuando como si nada hubiera pasado.

“¡Falta un minuto!”

Se escuchó un grito emocionado desde atrás, justo cuando Do I-hyeon terminaba de hablar.

“Ahora sí que estoy nervioso de verdad, ¿qué hago? Siento que el corazón me va a estallar”.

Jeong-won hizo un puchero fingido y soltó un largo suspiro.

“Yo me haré responsable”.

“No, I-hyeon, jagi, yeobo……”

Como Do I-hyeon le respondía con total indiferencia, Jeong-won no sabía qué hacer consigo mismo, inquieto.

“Novio, por favor, cálmese”.

El empleado, desconcertado, agitó las manos detrás de él, pero fue en vano.

En ese momento, las puertas se abrieron al ritmo de una melodía suave. El aroma fresco de las flores naturales que decoraban el salón inundó el aire. Aunque entraron al unísono, Jeong-won seguía mirando únicamente a Do I-hyeon con las mejillas encendidas. Era obvio que, si lo dejaba así, se pasaría toda la boda taladrándolo con la mirada.q

“Te lo diré todas las veces que quieras cuando esto termine, así que mira al frente”.

Finalmente, Do I-hyeon cedió y movió los labios para susurrarle.

“Es una promesa”.

“Sí”.

Solo después de obtener la confirmación de Do I-hyeon por segunda vez, Jeong-won giró la cabeza hacia el frente. Una leve sonrisa apareció también en el rostro de Do I-hyeon.

“¡Au!”

De repente, el balbuceo de un bebé resonó en algún lugar. A pesar de no ser un sonido fuerte, se escuchó con total nitidez. Do I-hyeon giró la cabeza por instinto. Aunque la luz era brillante y no podía ver bien los asientos de los invitados, pudo sentir claramente que su hija estaba allí.

“¿Tú también la has oído, I-hyeon?”

Jeong-won se giró hacia él con una sonrisa radiante. Do I-hyeon asintió levemente. Pétalos delicados caían sobre el camino recto que tenían ante sí.

Con cada paso que daba, Do I-hyeon sentía que el pecho se le ensanchaba de emoción. Tenía el estómago revuelto, como si estuviera mareado, y sentía que flotaba sobre nubes de algodón.

A estas alturas, Do I-hyeon ya sabía muy bien que esa sensación tan extraña era lo que llamaban felicidad. Al regular su respiración agitada, empezó a sentirse mucho más cómodo. Aun así, persistía ese temblor inquietante pero emocionante.

Quizás porque era una situación difícil en la que mantener la compostura, la presencia de Jeong-won a su lado se sentía más sólida que nunca. Do I-hyeon enderezó la espalda y miró hacia el frente luminoso. De repente, sintió el deseo de transmitirle a Jeong-won este sentimiento desbordante.

“Gracias por convertirte en mi familia”.

Dijo Do I-hyeon con toda su sinceridad. No sabía si Jeong-won lo entendería del todo, pero era el mejor y mayor agradecimiento que podía expresar.

“Gracias a ti por convertirte en la razón por la que viviré el resto de mi vida”.

Jeong-won respondió con un motivo igual de grandioso, como si no quisiera quedarse atrás.

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‘Ser la razón de vivir de Seo Jeong-won...’. Do I-hyeon lo miró fijamente sin darse cuenta. Solo ahora creía comprender por qué Jeong-won se había desesperado tanto por un simple apelativo cariñoso antes de entrar.

“Hay que mirar al frente, I-hyeon”.

Jeong-won curvó las comisuras de sus labios con picardía. Do I-hyeon obligó a su cuello a girar hacia adelante. Al mismo tiempo, sin que ninguno de los dos tuviera que indicarlo, apretaron con fuerza sus manos entrelazadas. Al igual que sus dedos fuertemente unidos, podía estar seguro de que su vínculo con Jeong-won era inquebrantable. Se sentía plenamente satisfecho.

“Vivamos felices para siempre, nosotros”.

Susurró Jeong-won con ternura cuando llegaron al final del camino. Una cálida sonrisa iluminó el rostro de Do I-hyeon mientras inclinaba levemente la cabeza.

FIN DE <ACCIDENTAL BABY>