2. El Reencuentro

 


2. El Reencuentro

Una oficina espaciosa donde el sol brillaba intensamente a través de los amplios ventanales. Do I-hyeon estaba sentado con la espalda recta frente a un escritorio impecablemente ordenado, presionando las teclas de forma mecánica.

“¿Dices que hizo horas extras hasta las diez anoche? Ni que fuera el líder de equipo Do...”

Taca, taca. El sonido seco y constante del teclado se veía interrumpido por voces que susurraban a su alrededor.

Do I-hyeon, líder del Equipo de Contabilidad 2 en Taewon Mul san.

Dentro de la empresa, Do I-hyeon era una celebridad en varios sentidos. Al cumplir rigurosamente con cada hora extra asignada por semana, su nombre se había convertido en sinónimo de adicto al trabajo. Debido a su nulo interés por cualquier cosa que no fuera laboral, circulaban rumores absurdos sobre si era una inteligencia artificial o un heredero ocultando su identidad.

“ Cometí un error justo antes de la hora de salida. Aun así, el líder Do me ayudó mucho.”

Uno de los miembros del equipo miró hacia atrás, observando a Do I-hyeon con una sonrisa apenada. Los demás también lo miraron de reojo. Entre la gente que charlaba animadamente, Do I-hyeon, con los labios firmemente cerrados y la mirada fija en el monitor, era una presencia extraña.

A pesar de su actitud carente de sociabilidad, las miradas de los empleados desprendían buena voluntad.

“¿No creen que el ambiente del líder Do está muy tenso últimamente?”

“Es verdad. Da un poco de miedo hablarle.”

Aunque algunos se quejaban, no era por incomodidad, sino por una profunda lástima. Entre ellos, incluso había quienes albergaban sentimientos que iban más allá del compañerismo.

Do I-hyeon ni siquiera les dedicó una mirada, a pesar de que hablaban de él justo enfrente. De todos modos, aunque viera sus rostros, no sabría quién es quién.

Do I-hyeon padecía prosopagnosia. No era un nivel grave y, con esfuerzo, podía distinguir a las personas si dedicaba el tiempo suficiente. El problema era que no tenía el más mínimo interés en los demás. Al no sentir la necesidad de diferenciar a la gente, no tenía motivos para esforzarse.

Prácticamente, se podía decir que no era que no pudiera recordar los rostros, sino que elegía no hacerlo.

‘No puedo concentrarme.’

Chasqueó la lengua ligeramente y presionó su boca del estómago con la palma de la mano. No se sentía nada bien. Sus cejas bien perfiladas estaban un poco más fruncidas de lo habitual. Era un cambio mínimo, pero para alguien que siempre mantenía una expresión gélida en la oficina, era una transformación notable.

Tragó un suspiro y, por hábito, acarició suavemente su abdomen bajo. Hacía apenas dos semanas que se había enterado de su embarazo, y ese se había convertido en su nuevo tic.

‘……¿Hay un bebé aquí dentro?’

Su vientre, lejos de estar abultado, seguía firme y duro. Si no hubiera escuchado los latidos del corazón del feto hacía tres días, tal vez todavía no lo asimilaría. Un latido mucho más rápido y dinámico que el de un adulto. Ante ese ritmo lleno de vitalidad, Do I-hyeon se vio envuelto en una sensación indescriptible.

Como si su cuerpo supiera que sus sentimientos habían cambiado, las náuseas comenzaron después de ese día. Sentía una pesadez constante, como si hubiera comido demasiados alimentos grasosos. Eran los mareos matutinos de los que tanto había oído hablar.

‘Tengo que alimentarme bien.’

Llevaba varios días sin poder comer hasta saciarse. Desde ayer, el simple olor de la comida, sin importar el tipo, le provocaba arcadas. Esa mañana apenas pudo forzarse a comer medio sándwich, y en el almuerzo, tuvo que tragar arroz mezclado con agua a la fuerza.

Lo que realmente deseaba era beber un café americano bien cargado con mucho hielo. Además, a pesar de haber dormido todo el fin de semana, el letargo lo invadía constantemente. Era algo extraño para alguien que solía estar impecable incluso tras pasar dos noches en vela.

A veces sentía punzadas en la parte baja del abdomen. Era una sensación sutil, diferente al dolor muscular después de hacer ejercicio. El médico le dijo que no era nada grave, pero aun así se sentía inquieto.

Su única amiga que sabía que era omega, además de su madre, solía decir que él era el colmo de la insensibilidad. Tal como ella decía, Do I-hyeon nunca había sabido lo que era ser sensible hasta ahora.

‘Fui demasiado ingenuo con respecto al embarazo.’

Se frotó los ojos cansados con la punta de los dedos. Era de conocimiento común que un omega embarazado necesitaba las feromonas de un alfa. Si había falta de estas, el cuerpo del omega sufría una gran carga. Para un omega incompleto como él, esto podría afectar incluso al feto.

Su plan original era tener un hijo solo cuando estuviera perfectamente preparado después de retirarse. Como el accidente cambió sus planes, sabía que el proceso no sería fácil, pero era más caótico de lo esperado.

De momento, pensaba no contarle a nadie sobre el embarazo hasta entrar en la etapa de estabilidad. Especialmente no quería preocupar a su madre, que se había vuelto a casar recientemente.

“Haha, qué guapo.”

De repente, una voz vaga y risueña cruzó su mente. Desde que supo del embarazo, fragmentos de aquel día volvían a él. En esa visión borrosa, el hombre, con una sonrisa dulce, no paraba de elogiarlo. Quienquiera que fuera, debía de estar muy ciego, o era un mentiroso profesional.

Incluso su madre, que adoraba a su único hijo, dejó de decirle que era ‘guapo’ cuando él entró en la secundaria. Do I-hyeon sabía que no tenía ni un solo rasgo propio de un omega tradicional. Por eso, no tenía intención de buscar al hombre de aquella noche.

Si ya era desconcertante que un omega apareciera diciendo que tiene un hijo, ¿qué pasaría si ese omega fuera tan grande como un alfa y además antipático? Nadie se alegraría. Además, ni siquiera sabía si el hombre era alfa o beta. Si era beta, no podría obtener feromonas y solo traería complicaciones.

‘Deja de pensar en cosas innecesarias.’

Apartó sus pensamientos y volvió a mirar el monitor lleno de números.

“Líder Do.”

Una voz familiar lo llamó de cerca. Al levantar la cabeza, vio a un empleado sonriendo tras el escritorio. Bajó la vista, pero como el hombre guardaba su identificación en el bolsillo de la camisa, no pudo saber su nombre. Do I-hyeon lo miró fijamente con el rostro gélido.

“Ha. Líder, ¿otra vez no reconoce mi cara? ¿Incluso después de trabajar juntos durante un año?”

El empleado sacudió la cabeza y sacó la identificación que había ocultado a propósito. En el Equipo 2, todos llevaban la identificación al cuello. Era menos ofensivo que Do I-hyeon leyera el nombre rápidamente a que se quedara mirándoles la cara sin reconocerlos.

“Señor Kim Yu-min.”

“¿Cuándo podrá decir mi nombre sin mirar esto?”

Kim Yu-min puso una expresión de decepción fingida. A diferencia de otros que ya se habían rendido, él insistía en que Do I-hyeon lo recordara.

“¿Qué es lo que quiere?”

Do I-hyeon tamborileó sobre la mesa, cortando la charla trivial. No era falta de memoria, sino de interés, pero no tenía por qué explicárselo a Kim Yu-min.

“El director ejecutivo Seo lo busca.”

“……¿El director Seo?”

Do I-hyeon preguntó con un segundo de retraso, sorprendido por el recado inesperado.

“¡Vaya! ¿Ya regresó el director?”

NO HACER PDF

SIGUENOS AL INSTAGRAM AOMINE5BL

A diferencia del desinterés de Do I-hyeon, los otros empleados reaccionaron con fuerza ante la mención de ‘Seo’.

“Dicen que acaba de volver hoy.”

“¿No estuvo fuera casi un mes? Fue un viaje de negocios a Alemania, ¿verdad?”

“Escuché que también pasó por Francia y Estados Unidos.”

Los chismes no se detuvieron mientras Do I-hyeon recogía sus cosas. Ante su mirada gélida, los empleados escondieron sus identificaciones pero continuaron susurrando.

“¿No creen que es más guapo que cualquier modelo? El director debería protagonizar los anuncios de la nueva marca...”

“Es verdad. Es un desperdicio que no lo haga.”

Omegas y betas por igual se sonrojaban al hablar de Seo Jeong-won. El director ejecutivo de Taewon Mul san era, en pocas palabras, el ídolo de la empresa. Atractivo, eficiente y nieto menor del presidente. Jeong-won era el estándar de un alfa, e incluso tenía buena reputación por saludar siempre con una sonrisa.

Se decía que su sonrisa era tan hermosa que una vez que la veías, jamás la olvidabas. Sin embargo, Do I-hyeon lo había cruzado varias veces y no recordaba su rostro. Solo tenía la vaga impresión de que algo ‘brillaba’.

“Pero, ¿por qué el director buscaría al líder Do?”

“Quién sabe. No creo que el líder haya cometido un error.”

Do I-hyeon salió de la oficina ignorando las preguntas de su equipo.

‘Qué sueño.’

Sentía como si la gravedad se hubiera duplicado. Se debía a las horas extras de la noche anterior. Había intentado reducirlas desde que supo del embarazo, pero tenía demasiados proyectos pendientes.

Se sentía mal físicamente y no podía concentrarse en el trabajo. Estaba de mal humor por la interrupción. Tras mirar el botón del ascensor, decidió girar y abrir la puerta de la escalera de emergencia. El médico se habría horrorizado si lo viera.

Do I-hyeon subió las escaleras en silencio, pero con cuidado.

“Fuu.”

Al llegar al piso del director ejecutivo, soltó un breve suspiro. Normalmente ni siquiera se habría alterado su respiración, pero ahora le resultaba un poco pesado.

“Lo está esperando dentro.”

Una secretaria con el cabello recogido en una coleta baja lo guio. Do I-hyeon le hizo una leve inclinación y se paró frente a la puerta de madera oscura. Arregló su ropa por hábito y llamó a la puerta con cortesía.

“Soy Do I-hyeon, del Equipo de Contabilidad 2.”

“Adelante.”

Una voz suave y melódica respondió desde el otro lado. Do I-hyeon abrió la pesada puerta manteniendo la mirada baja. Pensándolo bien, era la primera vez que entraba en la oficina del director ejecutivo.

Como correspondía a la filial de uno de los conglomerados más importantes de Corea, la oficina de Seo Jeong-won era tan amplia que no se podía abarcar de un solo vistazo. Incluso para alguien como Do I-hyeon, que no sabía nada de decoración, los muebles de lujo estaban dispuestos de forma impecable, y en las paredes colgaban varias pinturas cuyo significado era incapaz de descifrar. Si hubiera una cama en un rincón, el espacio sería tan sofisticado que pasaría por una suite de un hotel de cinco estrellas.

Do I-hyeon recorrió el lugar con desinterés antes de localizar finalmente a Seo Jeong-won.

Jeong-won estaba de pie frente a un enorme ventanal que cubría toda una pared. La cálida luz de la tarde se fragmentaba de forma brillante al rozar el elegante puente de su nariz. Do I-hyeon parpadeó con lentitud debido al resplandor.

Tal vez fuera por los chismes que acababa de escuchar de su equipo, pero de repente se fijó en la forma de los ojos de Jeong-won, que tenían un doble párpado muy bien definido. Do I-hyeon examinó sus rasgos con detenimiento, como si estuviera frente a alguien a quien veía por primera vez.

Así como Do I-hyeon siempre mantenía una expresión gélida, Seo Jeong-won solía llevar siempre una leve sonrisa. Sin embargo, en el rostro del hombre que ahora lo miraba de frente, no había rastro de alegría.

Sin su sonrisa, Jeong-won proyectaba una impresión tan afilada que resultaba difícil acercarse a él; probablemente se debía a la forma puntiaguda del rabillo de sus ojos. A diferencia de la opinión pública, que decía que parecería amable incluso si se enfadara, emanaba una atmósfera extrañamente autoritaria.

Sus labios, cerrados en una línea recta y de buena forma, eran rosados como un melocotón maduro, y su cabello ondulado de color castaño grisáceo claro, que cubría ligeramente su frente, estaba un poco desordenado.

La mirada de Do I-hyeon, que deambulaba sin rumbo entre sus facciones llamativas, descendió un poco más. Jeong-won vestía un suéter azul cielo y unos pantalones de vestir beige. Era una vestimenta cómoda, pero su percha era tan buena que daba la ilusión de estar muy bien arreglado.

“Haha.”

Jeong-won, que había estado observando a Do I-hyeon en silencio, soltó de repente una risa baja. Luego, de manera deliberada, curvó las comisuras de sus labios y entornó los ojos en forma de media luna. Al aparecer esa sonrisa fluida, la sensación de opresión que emanaba de él desapareció al instante, revelando su habitual aire relajado y lánguido.

‘Así era como se veía.’

Incluso ante una sonrisa que dejaría a cualquier otro embobado, Do I-hyeon simplemente parpadeó un par de veces con indiferencia. Cada vez que recobraba la visión, la figura de Jeong-won comenzaba a desdibujarse. Pronto, ante los ojos de Do I-hyeon, Jeong-won no era más que una masa brillante y borrosa. Para él, esta era la imagen más familiar.

“I-Hyeon, venga más cerca.”

Jeong-won lo llamó con una familiaridad inédita mientras agitaba la mano.

‘¿I-Hyeon?’

Do I-hyeon frunció levemente el ceño mientras se acercaba cumplidamente hacia él. Hasta ahora, Jeong-won siempre lo había llamado ‘Líder Do’. No tenían, ni de lejos, una relación que justificara el uso afectuoso de su nombre.

“Ha pasado tiempo.”

Sin embargo, al detenerse a unos tres o cuatro pasos, Do I-hyeon simplemente lo saludó con sobriedad en lugar de cuestionar el trato.

“Sí, ¿cómo ha estado, I-Hyeon?”

Jeong-won inclinó la cabeza hacia un lado y le preguntó por su bienestar con una voz tan dulce que hacía que le picaran los oídos. Por muy famoso que fuera por ser amable con todos, era una actitud demasiado cercana para mostrarla ante un subordinado con el que apenas tenía trato.

“¿A qué se debe el llamado?”

Do I-hyeon preguntó directamente. Tenía el mal presentimiento de que, si se quedaba mucho tiempo en esa oficina, acabaría envuelto en algo molesto.

Jeong-won estiró sus largas piernas y, de un paso, se plantó justo frente a las narices de Do I-hyeon. Inclinó el cuello para nivelar su mirada con la de él y sonrió aún más. Era una sonrisa decidida a cautivar a cualquiera.

“Es que quería verlo.”

Entonces, soltó una tontería sin sentido. Y lo hizo con total frescura.

Los miembros del Equipo de Contabilidad 2 solían decir en broma que su deseo era ver la sonrisa de Jeong-won de cerca. Si estuvieran aquí, se habrían sonrojado y retrocedido tímidamente. Quizás ni siquiera habrían podido sostenerle la mirada.

Pero Do I-hyeon permaneció erguido con una expresión de total desinterés.

“¿Qué acaba de decir?”

Preguntó Do I-hyeon con un tono educado pero gélido.

“Dije que quería verlo. ¿Usted no quería verme a mí?”

Cualquier otro se habría sentido avergonzado ante la fría reacción de Do I-hyeon, pero Jeong-won, por el contrario, susurró con un tono aún más dulce y afectuoso. Ni siquiera con un amante se portaría alguien con tanta dedicación.

“…….”

Do I-hyeon no respondió y frunció el entrecejo mínimamente.

‘¿Se habrá golpeado la cabeza durante el viaje de negocios?’

De lo contrario, no tenía sentido llamar a alguien tan ocupado para decir tonterías. Y menos a un subordinado famoso por ser antipático y con el que apenas tenía puntos de contacto laboral.

Ante la mirada gélida de Do I-hyeon, Jeong-won volvió a entornar los ojos descaradamente. Sus pestañas eran tan largas que Do I-hyeon sintió que casi podía oír el aleteo cada vez que parpadeaba.

“Umm.”

Al ver que Do I-hyeon lo miraba fijamente, Jeong-won ladeó la cabeza y enderezó el torso que había mantenido inclinado. Do I-hyeon, que seguía sus ojos, tuvo que echar la cabeza hacia atrás.

‘Es alto.’

Debido a que sus compañeros no dejaban de hablar de Jeong-won, Do I-hyeon conocía sus datos personales sin querer. Jeong-won decía medir 1.88 m, pero a ojos de Do I-hyeon, parecía medir al menos 1.90 m.

‘¿1.92? ¿1.93?’

Do I-hyeon descubrió un nuevo dato sobre él sin desearlo. Por supuesto, lo olvidaría en cuanto saliera de la oficina. Lo examinó de arriba abajo discretamente. Como había practicado judo durante mucho tiempo antes de manifestarse como omega, a veces sentía una ligera curiosidad al encontrarse con personas de gran físico.

NO HACER PDF

SIGUENOS AL INSTAGRAM AOMINE5BL

Jeong-won parecía haber hecho deporte de joven, pues tenía una complexión excelente incluso para ser un alfa. Sus hombros anchos y su pecho firme eran impresionantes, y su cintura, comparativamente estrecha, le daba un aire ágil. El hecho de que nadie lo tomara a la ligera, a pesar de que siempre estaba sonriendo, se debía en parte a la presencia autoritaria que emanaba de su físico superior.

‘No será fácil de derribar.’

Evaluó Do I-hyeon mentalmente mientras chasqueaba la lengua sin emitir sonido. Jeong-won tenía piernas largas pero un buen equilibrio general, por lo que no parecería perder su centro de gravedad fácilmente.

“Si me ha llamado para bromear, me retiro.”

“¿Bromear?”

Do I-hyeon se dio la vuelta para salir sin vacilar, pero Jeong-won le bloqueó el paso. Debido a la cercanía, un aroma fragante rozó la punta de su nariz. Era un olor limpio que recordaba a flores en pleno apogeo, hierba verde y rocío transparente.

‘¿Será perfume?’

Era una fragancia llamativa pero fresca; le quedaba bien y a la vez no. Sintió que lo había olido en alguna parte, pero a pesar del vívido dejà vu, Do I-hyeon perdió el interés rápidamente.

“Fuu.”

Do I-hyeon soltó un suspiro de irritación sin darse cuenta. Su paciencia estaba llegando al límite. Dejando de lado que sus nervios estaban a flor de piel por el embarazo, el fin de año se acercaba y su agenda estaba apretada. Que un director ejecutivo, en lugar de ayudar, se dedicara a estorbar...

‘Definitivamente los rumores no son de fiar.’

Se decía que Seo Jeong-won era impecable en su trabajo, pero claramente debía de ser una exageración.

“Usted y yo no tenemos una relación como para quedarnos charlando, ¿no cree?”

Do I-hyeon marcó el límite con un tono cortante. Era una actitud que podía considerarse grosera, pero no le importó. Por muy director y miembro de la familia propietaria que fuera, no podía tolerar un comportamiento tan fuera de lugar.

“……¿Entonces qué tipo de relación tenemos?”

“¿Qué más va a ser aparte de jefe y subordinado?”

Do I-hyeon respondió con otra pregunta, pues la respuesta era obvia.

“¿Qué?”

Ante la respuesta tan lógica y mundana de Do I-hyeon, la brillante sonrisa de Jeong-won sufrió una pequeña grieta. Reaccionó como si hubiera sido traicionado por alguien en quien confiaba plenamente. En cambio, la expresión de Do I-hyeon era más fría que nunca.

“Le he dicho que no somos nada.”

Do I-hyeon respondió directamente, aunque sabía que Jeong-won no había preguntado porque no hubiera oído. Quizás había alguna razón por la que Jeong-won se comportaba de forma tan extraña, pero no tenía curiosidad. Solo quería alejarse de este jefe molesto y volver a su oficina.

Jeong-won lo miró fijamente a la cara, como si intentara descifrar sus intenciones.

“¡Haha, ha, hahahaha!”

Entonces, como si nunca hubiera puesto una expresión herida, estalló en carcajadas. El sonido de su risa clara golpeó los oídos de Do I-hyeon.

“Vaya, I-Hyeon. Ahora mismo a mí... Haha, es la primera vez que recibo un trato así. De verdad.”

Jeong-won siguió riendo, incluso inclinando el torso.

“Pero, ¿qué puedo hacer? Me ha entrado la terquedad.”

Cuando Jeong-won volvió a levantar la cabeza, una sonrisa torcida colgaba de sus labios antes perfectos.

‘……¿Habré cometido algún error sin reconocerlo?’

Do I-hyeon se hizo la pregunta tardíamente. Pero Jeong-won acababa de regresar de un viaje de un mes. Do I-hyeon ni siquiera recordaba a quién se había cruzado en el pasillo esta mañana, así que era imposible que recordara algo de hace un mes.

“Si no tiene nada más que decir, me retiro.”

Do I-hyeon hizo una leve inclinación. No quería perder más tiempo. Afortunadamente, esta vez Jeong-won no le bloqueó el camino.

“…….”

Jeong-won se quedó mirando fijamente la espalda de Do I-hyeon mientras este se alejaba a pasos largos y sin dudar. Incluso mucho después de que la puerta se hubiera cerrado con firmeza.

* * *

Toc, toc.

Al día siguiente, mientras Do I-hyeon miraba fijamente la pantalla cuadrada como de costumbre, alguien golpeó ligeramente su escritorio. Aunque una sombra oscura se proyectó sobre la mesa, Do I-hyeon no le dedicó ni una mirada y continuó con su trabajo en silencio.

Toc, toc.

El sonido de los nudillos se repitió. Los miembros del Equipo de Contabilidad 2 siempre lo llamaban por su nombre cuando necesitaban algo, pues sabían bien que, una vez que Do I-hyeon se concentraba, era inútil intentar llamar su atención con simples gestos.

‘Es molesto.’

Era un ruido que normalmente no habría escuchado, pero debido a que su capacidad de concentración estaba peligrosamente baja, el sonido le crispó los nervios. Do I-hyeon frunció ligeramente el entrecejo, pero no reaccionó.

Entonces, el desconocido rodeó el escritorio, se acercó a su lado y se inclinó, rozando su hombro con el de Do I-hyeon. El contacto no deseado hizo que los músculos de su rostro se contrajeran por instinto. Do I-hyeon apretó los dientes para controlar su expresión y giró la cabeza lentamente.

El rostro del hombre estaba mucho más cerca de lo que esperaba.

“Vamos a almorzar.”

El hombre, con una sonrisa reluciente, le habló con suavidad.

‘No es del equipo.’

Do I-hyeon llegó rápidamente a esa conclusión. Los miembros de su equipo no solían hablarle a menos que fuera por algo estrictamente laboral, con excepción de tipos raros como Kim Yu-min. E incluso ese Kim Yu-min jamás se atrevería a invitarlo a almorzar.

Era natural. Por mucho que intentaran acercarse, Do I-hyeon siempre los miraba como si fueran extraños. Al no poder superar esa barrera de frialdad, incluso la persona más sociable terminaba sintiéndose herida.

‘¿Quién es?’

Do I-hyeon bajó la mirada con absoluta calma. El hombre vestía un suéter de un rosa vibrante, pero no llevaba su identificación al cuello. Ahora, cualquier rastro para identificarlo había desaparecido por completo.

Do I-hyeon lo miró con indiferencia. A pesar de su mirada cínica, el otro no se acobardó y mantuvo una sonrisa fresca. El silencio se instaló entre los dos, prolongándose indefinidamente mientras ninguno de los dos abría la boca.

‘¿Qué pretende?’

Justo cuando empezaba a hartarse de aquel estúpido enfrentamiento sin sentido, el hombre habló.

“I-Hyeon.”

El desconocido curvó sus labios con afecto y lo llamó con una familiaridad sorprendente. En la empresa, no había nadie que lo llamara ‘I-Hyeon’. Al menos hasta ayer.

“Umm.”

Al reconocer de inmediato la identidad del hombre por ese apelativo inusual, Do I-hyeon dejó escapar un sonido bajo desde su garganta.

“¿Qué se le ofrece, director ejecutivo?”

Solo entonces Do I-hyeon apartó las manos del teclado. Resultaba conveniente identificarlo así, pero no le hacía ninguna gracia reconocer a alguien por un detalle tan trivial. Ante sus palabras, la sonrisa de Seo Jeong-won se volvió aún más profunda.

“¿No me oyó? Almorcemos juntos.”

A pesar de que ayer Do I-hyeon había dejado claro que no eran nada, Seo Jeong-won actuaba con total naturalidad, como si fueran amigos cercanos. Parecía que un director ejecutivo no tenía nada mejor que hacer.

“¿Por qué tendría que almorzar con usted?”

Do I-hyeon rechazó la propuesta tajantemente, sin dejar el más mínimo margen de duda. Además, debido a las náuseas, no estaba en condiciones de comer nada. Desde la mañana no había probado bocado, solo agua. Pensaba salir a comprar una ensalada sencilla más tarde, cuando su estómago se calmara un poco.

“Porque yo quiero comer con usted. Vamos.”

A pesar del rechazo cortante, Jeong-won insistió con tenacidad.

“Lo lamento. Estoy ocupado, así que no puedo.”

Do I-hyeon lo ignoró y volvió a su trabajo. No era precisamente una mentira. Si quería reducir las horas extras, no podía permitirse perder el tiempo durante la jornada laboral.

“¿Tanto trabajo tiene que ni siquiera puede almorzar? Qué extraño. No creo que nuestra empresa explote así a sus empleados. ¿Acaso recibió alguna orden de trabajo injusta?”

Jeong-won ladeó la cabeza y dio golpecitos en su barbilla con el dedo índice. En Taewon Mul san, todos sabían que Do I-hyeon era un adicto al trabajo; Jeong-won preguntaba sabiendo perfectamente la respuesta.

‘La orden injusta la está dando usted ahora mismo.’

Sin embargo, por muy Do I-hyeon que fuera, no podía ponerse a discutir de forma insolente con un superior.

“Fuu.”

Soltó un suspiro de fastidio y miró alrededor de la oficina. Ya habían pasado diez minutos desde que empezó la hora del almuerzo, por lo que el lugar estaba desierto.

Era una suerte que sus compañeros no estuvieran. Ayer, después de que regresara de la oficina del director, lo habían acribillado a preguntas. Aunque se rindieron pronto al no obtener respuesta, ver esta escena los habría tenido chismeando durante al menos un mes.

“¿Debo investigar por mi cuenta o prefiere levantarse ahora?”

NO HACER PDF

SIGUENOS AL INSTAGRAM AOMINE5BL

Jeong-won, apoyado de lado en el escritorio de Do I-hyeon, susurró con tono sugerente. Do I-hyeon arqueó una ceja. Jeong-won tenía una forma muy peculiar de amenazar.

Viendo su actitud, era evidente que lo seguiría insistiendo aunque lo ignorara. A regañadientes, Do I-hyeon se levantó de su asiento.

“Vamos.”

Jeong-won sonrió alegremente y, con descaro, le tendió la mano. Do I-hyeon miró con desdén la mano que flotaba en el aire. Jeong-won movió sus dedos largos y rectos, instándolo a que la tomara.

“Almorzaré por mi cuenta.”

Do I-hyeon dejó a Jeong-won plantado y salió de la oficina sin más. De cualquier forma, si cumplía con almorzar, Jeong-won no tendría motivos para seguir molestando.

“Hahahaha.”

Una risa baja resonó a sus espaldas. Afortunadamente, Jeong-won no lo siguió.

A pesar del comportamiento errático de su superior, Do I-hyeon no mostró ninguna emoción. Había visto a demasiada gente extraña a lo largo de su vida como para que esto le pareciera algo especial. No sabía qué mosca le había picado a Jeong-won para actuar así, pero estaba seguro de que, si lo ignoraba unos días más, perdería el interés y se daría por vencido. Tal como habían hecho todos los demás hasta ahora.

* * *

Sin embargo, al contrario de lo que Do I-hyeon esperaba, Seo Jeong-won resultó ser bastante persistente. Ya habían pasado casi diez días y seguía apareciendo puntualmente en su oficina cada hora del almuerzo.

Si se tratara de un acoso agresivo, no dudaría en denunciarlo por hostigamiento laboral, fuera nieto o nieta del presidente; pero el problema era que Jeong-won simplemente le ofrecía comer con una sonrisa lánguida y, en cuanto Do I-hyeon lo rechazaba, se retiraba educadamente. El verdadero inconveniente era que volvía al día siguiente.

Jeong-won siempre aparecía unos diez minutos después de que empezara el almuerzo. Gracias a eso, los primeros dos días pasaron desapercibidos, pero al tercer día, un empleado de otro departamento que pasaba por allí los vio a solas en la oficina.

Jeong-won susurrando suavemente con la cabeza inclinada y Do I-hyeon soltando un suspiro con el rostro sombrío.

Aquella escena tan inusual se tergiversó rápidamente en un rumor: “El director Seo está regañando al líder Do I-hyeon en secreto”.

En cuanto los miembros del Equipo de Contabilidad 2 escucharon el rumor, corrieron en grupo hacia Do I-hyeon. Él esperaba que le preguntaran con entusiasmo detalles sobre Jeong-won, pero para su sorpresa, sus subordinados estaban preocupados por él. Pensaban que, dado que era imposible que él cometiera un error laboral, debía de tratarse de algún problema personal.

Los miembros del equipo iniciaron un debate apasionado rodeando al imperturbable Do I-hyeon. El resultado fue una mayoría de votos a favor de la teoría de que “el director le puso la cruz porque se cruzaron en el pasillo y Do I-hyeon no lo saludó”. Uno de los empleados incluso refunfuñó diciendo que, a pesar de su apariencia, Jeong-won debía de ser un rencoroso de mente estrecha.

‘¿De verdad me tendrá en la mira por algo que hice mal?’

Do I-hyeon se masajeó la nuca con desidia. No le importaba si a Jeong-won le caía bien o mal, siempre y cuando no interfiriera con su trabajo.

Tras echar un vistazo rápido a la hora, recogió su bolso. Eran las ocho de la noche. Aunque ya había pasado su hora de salida, era más temprano de lo habitual para él. Mientras esperaba el ascensor, frunció el ceño al ver los números descender uno a uno.

Con cada día que pasaba, Do I-hyeon se volvía más sensible a las feromonas de los demás. El problema era que seguía sintiendo un rechazo visceral hacia ellas, sin importar si venían de un alfa o de un omega. Quizás como una extensión de sus náuseas, en los casos más graves incluso le daban arcadas.

El interior de un ascensor estrecho era un lugar desagradable, lleno de restos pegajosos de feromonas ajenas. Su instinto le pedía usar las escaleras, pero el médico le había insistido tanto en no hacer esfuerzos físicos que se sentía entre la espada y la pared.

Psst, psst.

Do I-hyeon roció un eliminador de feromonas sin aroma sobre su cuerpo. Era otro hábito que había desarrollado desde el embarazo. No servía de mucho aplicárselo a sí mismo, pero no tenía otra opción; rociar desodorante sobre las feromonas de otra persona se interpretaba como un insulto directo: “Tu olor es tan asqueroso que no lo soporto”.

Guardó el spray en el fondo de su bolso. No tenía intención de ocultar que era un omega, pero tampoco sentía la necesidad de pregonarlo.

Ding.

Las puertas del ascensor se abrieron con un sonido claro. Do I-hyeon tomó una bocanada de aire profunda. Sintió la tensión del chaleco y la chaqueta de su traje perfectamente ajustado. Pensaba contener la respiración hasta llegar a la planta baja.

“¿Se va a casa ahora, I-Hyeon? Qué coincidencia.”

Sin embargo, dentro había un invitado no deseado.

Seo Jeong-won ladeó la cabeza y le dedicó una sonrisa con los ojos entornados. Su cabello, naturalmente desordenado, caía con suavidad sobre su frente despejada.

Do I-hyeon frunció el ceño involuntariamente. Era el segundo encuentro del día después del almuerzo.

“Suba rápido.”

Jeong-won se tomó la molestia de mantener pulsado el botón de apertura mientras esperaba a Do I-hyeon.