#101
Chrissy lo miró en silencio, aunque no hacía
falta usar palabras, su expresión bastaba para sustituir miles de ellas. Al ver
aquel rostro, Nathaniel sonrió torciendo una comisura de los labios.
“¿Tan aborrecible fue lo que dije?”.
Su tono era pausado, como de costumbre, pero
de alguna manera sonaba divertido. Chrissy, sin molestarse en ocultar su
verdadera opinión, respondió con frialdad.
“Si supieras lo infame que es tu familia, no
me harías esa pregunta”.
Ante sus palabras, Nathaniel reaccionó con la indiferencia
de siempre.
“Suelo pensar que es el precio de la fama”.
Ha, Chrissy soltó un corto suspiro de
indignación. Estaba estupefacto, pero a la vez le surgía una duda. ¿Por qué un
hombre así lo había rescatado?
Debido al pánico y a que su conciencia no
estaba clara, sus recuerdos eran fragmentados, pero sabía con certeza que
Nathaniel Miller lo había salvado. Y también sabía que, tal como el hombre
había presumido, manejaba el bastón de forma impresionante.
Al final, ¿no pude hacer nada?
Se sintió patético. ¿Qué habría sido de él si
Nathaniel Miller no hubiera ido a rescatarlo? Haber recibido ayuda del hombre
que tanto decía detestar lo hacía sentir miserable, hundiendo su ánimo aún más.
Mientras removía la sopa sin fuerzas con la cuchara y soltaba un bajo suspiro,
Nathaniel habló.
“¿Por qué no comes? ¿No hay nada que te
guste?”.
Ante la repentina pregunta, levantó la cabeza
y se encontró con la mirada de Nathaniel. Comparado con él, que ya había
devorado dos filetes de carne y ahora tenía delante un plato de pollo con
abundante queso, Chrissy apenas había bebido un sorbo de agua. Nathaniel añadió
con indiferencia.
“Si no hay nada que quieras comer, dímelo.
Pediré que traigan otra cosa”.
“No...”.
¿Qué más podría traer después de haber servido
tanta comida? Tras recorrer con la mirada la mesa repleta de platos, Chrissy
finalmente habló.
“Está bien, simplemente no tengo ganas de
comer”.
“¿Por qué?”.
Preguntó Nathaniel antes de llevarse a la boca
un trozo grande de pollo.
Chrissy guardó silencio un momento,
sintiéndose agotado solo de verlo.
“Han pasado demasiadas cosas”.
Era la verdad. Había bajado pensando que debía
comer algo, pero frente a la comida, el apetito desapareció. Quizás era el
sentimiento de culpa por no haber podido hacer nada por sí mismo. Tras suspirar
de nuevo, Chrissy levantó la vista y sus ojos se cruzaron con los de Nathaniel.
Al darse cuenta de que este lo había estado observando todo el tiempo, frunció
el ceño y dijo con brusquedad.
“¿Qué? Si tienes algo que decir, dilo”.
Nathaniel no respondió de inmediato, se limitó
a observarlo fijamente antes de pronunciar lentamente.
“Estoy pensando si debería obligarte a comer
por la fuerza o simplemente dejarte en paz”.
Esa voz, calmada pero gélida, hizo que Chrissy
se sintiera extraño. Era una contradicción, las palabras parecían mostrar
consideración, pero el tono era totalmente opuesto.
Nathaniel seguía observándolo. ¿Seguía dudando
o esperaba que él eligiera? Tras un breve silencio, Chrissy tomó la cuchara y
probó la sopa. Solo después de que se terminó la sopa ya fría y comió la mitad
de un trozo de pan, Nathaniel volvió a tomar el cuchillo y el tenedor para
seguir cortando el pollo.
Por un tiempo, el único sonido en el comedor
fue el tintineo de los cubiertos. Esta vez, fue Chrissy quien rompió el
silencio.
“¿Qué es lo que quieres?”.
Nathaniel detuvo sus manos y lo miró. Un
silencio repentino se instaló entre ambos. Chrissy no apartó la vista y lo
confrontó directamente.
“Me salvaste. Dos veces. Incluso saliste
herido”.
Chrissy echó un vistazo a la mano vendada del
hombre antes de volver a sus ojos.
“Si hay algo que quieras, dilo. Te lo daré,
siempre que sea algo que yo pueda hacer”.
Al añadir esa última condición, Nathaniel dejó
los cubiertos lentamente y bajó las manos bajo la mesa.
“Algo que quiera...”.
Repitió, dejando la frase en el aire de forma
significativa mientras entrecerraba los ojos.
Al ver la peculiar sonrisa de Nathaniel,
Chrissy se preparó mentalmente.
Si me pide que se la chupe, puedo hacerlo. Si
quiere mi trasero... bueno, no me apetece, pero no tengo opción. Después de
todo, este hombre me ayudó...
Justo cuando sus pensamientos llegaban ahí,
Nathaniel habló. Solo habían pasado uno o dos segundos, pero a Chrissy se le
hicieron eternos.
“Quédate en mi casa”.
Finalmente Nathaniel habló, pero Chrissy se
quedó desconcertado.
¿Qué demonios acaba de decir?
Le tomó un momento procesar las palabras en su
cabeza. Aun así, incapaz de creerlo, Chrissy lo miró fijamente.
“¿Hablas en serio?”.
“Sí”.
La respuesta fluyó con facilidad. A pesar de
haberlo confirmado, a Chrissy le costaba aceptarlo.
“Pensé que... pedirías otra cosa...”.
Murmuró sin querer.
Nathaniel frunció el ceño como preguntando a
qué se refería. Chrissy, sin rodeos, fue directo al grano.
“Me refiero a lo que siempre has querido de
mí”.
Y añadió con sarcasmo.
“¿Es que ya no quieres mi cuerpo?”.
“Jajaja”.
De repente, Nathaniel soltó una carcajada.
Chrissy abrió los ojos de par en par, desconcertado. Pero Nathaniel, ignorando
su reacción y con restos de risa aún en el rostro, respondió.
“Claro que lo quiero. Muchísimo”.
Entonces, ¿por qué hace una petición tan
extraña? ¿Estará tramando algo más?
Chrissy se sintió inquieto por dentro, pero
como si Nathaniel pudiera leerle el pensamiento, continuó con voz fluida.
“Pero no te poseeré contra tu voluntad. No
tienes que preocuparte por eso”.
¿Puedo confiar en este hombre?
En un rincón del corazón de Chrissy, una
confianza infundada comenzó a asomarse. Aunque era solo una pequeña chispa, fue
suficiente para sacudir su desconfianza.
“Que me quede en tu casa...”.
Chrissy repitió la petición lentamente. Luego,
escrutándolo con ojos afilados, preguntó de nuevo.
“¿Es una orden?”.
Para un hombre como él, esa palabra era la que
mejor le encajaba, no parecía haber otro término más apropiado. Mientras lo
observaba con esa idea, Nathaniel habló.
“No. Es un favor”.
Ante la inesperada respuesta, Chrissy se
sintió aturdido, como si le hubieran dado un golpe en la cabeza.
¿Qué está diciendo este hombre? ¿Un favor?
¿Nathaniel Miller me pide un favor a mí?
La pequeña pizca de confianza que había
surgido se desvaneció de golpe como el polvo.
“... ¿Por qué?”.
Esta vez, dejó pasar un silencio antes de
preguntar. Chrissy frunció el ceño y lo miró con sospecha.
“¿Por qué me pides un ‘favor’ así?”.
Al enfatizar deliberadamente esa palabra,
Nathaniel lo miró con una leve sonrisa y respondió.
“No tengo el más mínimo interés en quedarme en
tu minúsculo estudio”.
“¿Qué?”.
Chrissy tardó un instante en captar el sentido
de sus palabras.
“¿Me estás diciendo... que me quede contigo?”.
“Sí”.
La respuesta fue inmediata. Nathaniel añadió
con naturalidad.
“Si no te gusta esta casa, podemos mudarnos a
otra. Pero en un lugar que yo decida”.
La razón era obvia, no quería estar en el ‘minúsculo
estudio de Chrissy’. Pero la razón que Chrissy quería saber era otra.
“¿Por qué?”.
Preguntó Chrissy sin bajar la guardia.
“¿Por qué tengo que estar contigo? ¿Ha pasado
algo malo?”.
Lo que había ocurrido antes de perder el
conocimiento revivió en su mente. Mientras sus ojos temblaban por la ansiedad
interna, Nathaniel sentenció.
“Si te quedas aquí, investigaré qué ha pasado
con ese detective que estás buscando”.
Ante esas palabras, Chrissy se quedó
completamente petrificado, incapaz incluso de preguntar nada más.
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