05
So Gi-hyun era un
hombre que no solía tener sueños.
-¿Te molestan los
sueños? Entonces solo piensa que no los tendrás. ¿Quieres que practicemos
juntos desde hoy con mamá?-
Los sueños de su
infancia solían atormentarlo incluso al amanecer. Dicen que los niños en etapa
de crecimiento sueñan con caer desde lugares altos, pero los sueños del pequeño
Gi-hyun eran más bien pesadillas.
-Gi-hyun se hace una
promesa a sí mismo. Promete no soñar.-
Su madre le hablaba
con naturalidad al niño que sufría de pesadillas nocturnas. Ella sabía cómo
simplificar los problemas y hacer que su peso pareciera más insignificante que
el polvo. Bajo su mirada, incluso los asuntos graves se transformaban en algo
trivial.
Gi-hyun siempre se
preguntó cómo era capaz de lograr aquello. Pero lo más increíble era que, desde
que ella lo dijo, la frecuencia de sus sueños disminuyó. Como si la promesa
realmente funcionara.
Por eso, Gi-hyun
sintió que incluso un sueño como este era algo que no experimentaba en mucho
tiempo.
En su sueño, un sol
abrasador caía sobre su cabeza. ‘Joven amo, por favor, entre a la casa para
hablar’, decía la empleada de la casa de Jo Yeon-oh, pero al no recibir
respuesta de Yeon-oh, se marchó inquieta.
Gi-hyun, sintiéndose
mal por ignorar las palabras de un adulto, miró hacia ella, pero los ojos de
Yeon-oh, de pigmentación clara, no dejaban de observarlo. Debido a eso, Gi-hyun
no tuvo más remedio que devolverle la mirada en medio del jardín, a pesar de
que el sudor le corría por la piel.
-¿Acaso eso, joder,
tiene sentido?-
Yeon-oh soltaba
insultos demasiado crudos para un niño. Nunca antes sus maldiciones se habían
dirigido a So Gi-hyun, pero hoy parecía ser la excepción. Aquello fue un shock.
No esperaba que él mostrara tal hostilidad, porque So Gi-hyun siempre había
sido alguien dentro del círculo de Jo Yeon-oh.
Era algo decidido
desde su nacimiento. Al nacer, Gi-hyun heredó el orgullo de su padre y la
delicada apariencia de su madre, junto con el privilegio natural de estar en el
bando de su amigo de la infancia. Pero hoy, ese círculo lo estaba expulsando.
Aun así, no pudo
protestar. El rostro de Yeon-oh se veía demasiado serio, incluso para sus ojos
infantiles. Yeon-oh, más bajo que Gi-hyun y con la apariencia de un delicado
muñeco francés de piel blanca, mantenía una expresión gélida. Normalmente, su
aspecto adorable y frágil hacía que Gi-hyun quisiera cuidarlo como a un hermano
menor, pero ahora era distinto. Paralizado por la furia, Yeon-oh mostraba una
cara que Gi-hyun nunca había visto.
Sin embargo, Gi-hyun
no podía evitar preocuparse por Yeon-oh. Aunque era la primera vez que le
lanzaba insultos, eso no quitaba que fuera su amigo.
-¿Te... te duele
algo...?-
Gi-hyun solo podía
preocuparse por él. Su rostro, blanco como la harina, había perdido todo rastro
de color y parecía que iba a desmayarse en cualquier momento.
-¿De qué hablas,
joder?-
Su respiración se
había vuelto errática. Parecía que le faltaba el aire y Gi-hyun intentó acercarse,
pero antes de que pudiera extender la mano, Jo Yeon-oh retrocedió bruscamente.
Gi-hyun encogió la mano en el aire, aturdido por haber escuchado un segundo
insulto.
Quería excusarse, pues
creía entender vagamente por qué Yeon-oh estaba enfadado. Durante los últimos
días, no se le había permitido ver a Yeon-oh; era la primera vez que se
encontraban tras el funeral de su madre.
En el funeral, Jo
Yeon-oh, quien abrazaba a un Gi-hyun que parecía a punto de desmayarse del
llanto, no lloró, pero sus ojos estaban inyectados en sangre. Su mirada
reflejaba el resentimiento de no encontrar palabras para consolar a su amigo,
solo pudiendo estrecharlo entre sus brazos.
Era la primera vez
desde entonces. Hasta que terminaron los ritos funerarios y su padre preparó la
mudanza, Gi-hyun no pudo visitar a Jo Yeon-oh, con quien se había criado como
un hermano. Probablemente habría sido lo mismo si Yeon-oh hubiera pedido ver a
Gi-hyun.
Por eso, cuando
Gi-hyun tocó tímidamente el timbre de la puerta principal y esperó, Yeon-oh
salió corriendo con un rostro que mezclaba la sorpresa y una alegría
incontenible. Debido a eso, Gi-hyun no esperaba una reacción como esta.
-Mi padre dijo... que
ya no podré venir a verte... que viniera a despedirme...-
Los niños estaban
parados bajo el sol ardiente. Gi-hyun tuvo que explicar la situación en un
rincón del jardín, sin siquiera poder refugiarse bajo la sombra del tejado de
la casa de Yeon-oh. Pero Yeon-oh actuaba como si no pudiera comprender sus
palabras.
-¿Entonces qué diablos
significa eso?-
Debido a la intensidad
de su mirada, Gi-hyun no pudo decir las palabras que había preparado: ‘Hablemos
por teléfono a menudo. Mi padre dijo que me compraría un celular. Dijo que
podría mandarte hasta diez mensajes al día. Ahorraré dinero y vendré a verte en
vacaciones’. Fue el momento en que todas las excusas preparadas se volvieron
inútiles.
-¿Y tú dijiste que sí
a eso?-
-¿Eh...?-
-Te he preguntado si
respondiste que sí a esa estupidez.-
Gi-hyun asintió
levemente. Pero supo de inmediato que su respuesta era errónea, pues Yeon-oh le
dio la espalda y regresó al interior de la casa. Gi-hyun lo llamó sorprendido.
-¡Jo Yeon-oh!-
-No vuelvas a hablarme
en tu vida.-
¡Bang! La puerta
principal se cerró. Gi-hyun se quedó allí parado hasta que se puso el sol, pero
la puerta nunca volvió a abrirse.
“¡Ah...!”
Gi-hyun abrió los ojos
sintiendo que una sensación de ardor recorría su cuerpo. En cuanto reconoció
que estaba en la realidad, el sueño se evaporó rápidamente. Dentro de él, las
sensaciones y el sol abrasador habían sido nítidos, pero se desvanecieron demasiado
pronto.
“¡Ah...!”
Su cuerpo se sentía
cada vez más extraño. De alguna parte provenía un aroma a ron mezclado con
vainilla. Al percibir ese dulzor envuelto en un rastro de alcohol picante, se
dio cuenta de que su temperatura corporal se había disparado.
“¿Qué es esto...?”
Los cambios físicos
ocurrían segundo a segundo. Estaba tan desconcertado que ni siquiera lograba
procesar dónde se encontraba. Solo sentía que algo le pasaba a su cuerpo y que
no tenía control sobre ello. Tuvo el presentimiento de que debía hacer algo:
llamar al vestíbulo por un antipirético o contactar al Secretario Yu para ir a
urgencias.
“Ugh...”
Logró bajar de la
cama, pero sus piernas no lo sostuvieron y sus corvas cedieron. Sus músculos
perdieron fuerza y Gi-hyun se tambaleó, casi derribando la lámpara de la
consola. Era la primera vez que le ocurría algo así, por lo que se quedó
sentado en el suelo parpadeando con incredulidad. Entonces, con un sobresalto,
se levantó del suelo.
“¿Qué es esto...?”
Algo había mojado su
ropa interior y sus pantalones de algodón, dejando una mancha circular en el
lugar donde acababa de estar sentado. Al tocarlo, notó que era viscoso y
transparente. De allí emanaba ese aroma a vainilla y ron.
“¡Ah...!”
Pero no era eso. Algo
se deslizaba entre sus nalgas. Asustado, Gi-hyun gateó para alejarse de su
propio rastro. Se quedó con el torso inclinado, sintiendo la textura de la
alfombra contra su mejilla. En ese momento, tras el pitido electrónico, alguien
abrió la puerta de la habitación de golpe. Solo podía ser una persona.
“Jo, Jo Yeon-oh...
¿eres tú?”
Llamó a Yeon-oh con
voz temblorosa. Sin embargo, la persona que entró no dijo nada. Se quedó allí,
de pie, observándolo fijamente. Debido a las sombras, no podía ver su rostro,
pero era evidente que su mirada estaba clavada en él.
Había una distancia
considerable entre la puerta y la cama, pero Gi-hyun contuvo el aliento ante
una presión que parecía aplastarlo. Era una sensación nueva. No se parecía a
ningún otro sentido: era un aroma que se sentía en la piel. Un olor que se
asemeja a una presión física. Parecía estar bajo las ramas de un árbol de
flores exóticas, siendo aplastado por miles de ellas. Jadeando, Gi-hyun levantó
la cabeza.
“Jo Yeon-oh...”
“...”
Allí estaba el Jo
Yeon-oh de So Gi-hyun. Pero la sensación que recibía de él era totalmente
desconocida. No era el amigo de la infancia, ni el amante; era algo
completamente ajeno.
“¡Ugh...!”
Sintió una náusea. Al
mismo tiempo, sus piernas temblaron. No era cansancio por el surf. Era una
pesadez y un picor. Gi-hyun deseó sumergirse en agua helada. El límite entre la
razón y el instinto se volvía borroso. De su cuerpo emanaba un aroma a sirope
de vainilla y ron que volvía denso el aire.
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Pero el aroma de Jo
Yeon-oh era igual de intenso. Sus feromonas olían a flores exóticas en plena
floración. Esa era la intimidación que Yeon-oh le brindaba por primera vez como
Alfa. El calor hervía desde su interior y su instinto le gritaba que huyera de sí
mismo.
Al levantarse
apoyándose en la cama, el líquido volvió a deslizarse entre sus piernas. Sintió
la humedad viscosa. Tenía que salir de allí antes de que Jo Yeon-oh lo
descubriera.
Se levantó
tambaleándose e intentó pasar de largo hacia la puerta.
“Yo, hoy no me siento
bien... tengo un resfriado... dormiré solo...”
Intentó pasar junto a
él sin terminar la frase, pero Jo Yeon-oh le atrapó la muñeca.
“Suéltame.”
“...”
Yeon-oh no respondió.
Gi-hyun notó que la situación de su amigo tampoco era normal. Lo miró con
extrañeza.
“Tú...”
Y entonces tragó las
palabras que no se atrevieron a salir.
La camisa tipo polo
que vestía Jo Yeon-oh estaba completamente desalineada, con la parte delantera
abierta. Algunos botones colgaban, casi arrancados. Sus pectorales, gruesos y
tensos, subían y bajaban de manera evidente con cada respiración. En su grueso
cuello, las venas sobresalían, palpitando con fuerza.
So Gi-hyun sintió como
si estuviera frente a una criatura salvaje a una distancia peligrosamente
corta. Percibió esa misma sensación en los músculos maseteros que resaltaban
debido a su mandíbula firmemente apretada. Sobre ese rostro que solía verse
elegante a pesar de su gran constitución, ahora se revelaba una naturaleza
salvaje imposible de ocultar. Gi-hyun se dio cuenta, casi sin querer, de que lo
que impregnaba aquellas facciones refinadas era pura lujuria.
Era la primera vez que
recibía una impresión así de Jo Yeon-oh. Gi-hyun, inconscientemente, incluso
contuvo el aliento. Fue una resistencia mínima para intentar evitar que ese
aroma se instalara en lo profundo de sus pulmones, pero no duró mucho; el
interior de la muñeca por donde Yeon-oh lo sujetaba empezó a picarle
intensamente.
“Te... te he dicho que
me sueltes.”
Intentó zafarse con un
movimiento espasmódico, pero fue inútil. Cuando jugaban a las pulseadas o a las
luchas de muslos, él solía ganar al menos una de cada tres veces, pero el Jo
Yeon-oh de ahora ni siquiera se inmutó mientras lo mantenía apresado.
Una señal de
advertencia volvió a encenderse en la cabeza de So Gi-hyun. Ni siquiera sabía
hacia qué iba dirigida esta vez. Solo sentía que, si seguían así, algo iría
mal.q
Al principio, su único
pensamiento era que Yeon-oh no debía descubrir su estado. No quería que se
diera cuenta de que su parte trasera estaba empapada y de que algo viscoso se
deslizaba entre sus piernas, a pesar de que él mismo no sabía qué era aquello.
...Si él se enteraba, a
mí... Justo cuando Gi-hyun pensaba que solo debía abandonar la habitación, una
sensación de peligro de un tipo distinto lo invadió. Sentía que no debía
permanecer allí ni un segundo más. El olor a flores desconocidas se volvió tan
denso que sus fosas nasales se contrajeron y empezaron a dolerle.
Gi-hyun no se dio
cuenta de que sus pupilas se dilataban sin control. Jo Yeon-oh seguía en
silencio, y Gi-hyun sentía que sería capaz de hacer cualquier cosa con tal de
escapar de aquel lugar en ese preciso instante. Sin embargo, su amante y viejo
amigo, que lo conocía demasiado bien...
“So Gi-hyun.”
“…….”
Con solo pronunciar su
nombre una vez, Yeon-oh compró toda la resistencia de Gi-hyun a un precio
irrisorio. Habiendo entregado incluso su capacidad de rechazo, Gi-hyun lamentó
lo barato que había vendido su voluntad, pero no tuvo más remedio que dejarse
arrastrar.
Curiosamente, su
destino no fue la cama.
“¿Qué estás...?”
Gi-hyun volvió a
preguntar, extrañado, mientras Jo Yeon-oh lo llevaba repentinamente frente a una
consola que parecía un tocador en un rincón de la habitación. Yeon-oh colocó a
Gi-hyun entre él y el mueble, sujetándolo por la cintura. Al empujar la
consola, el gran espejo colgado en la pared vibró con un estruendo.
“¿Qué haces…….
¡Oye……!”
No pudo evitar gritar
por la sorpresa, ya que Jo Yeon-oh había metido la mano bruscamente dentro de
sus pantalones.
Para Gi-hyun, era la
primera vez que la mano de otra persona invadía ese lugar. En su infancia, sus
romances habían sido meros juegos, y al crecer, no había mirado a nadie que no
fuera Jo Yeon-oh. Al sentir ese roce en su zona más íntima, olvidó por completo
el estado en el que se encontraba su cuerpo hasta hacía un momento.
La mano que había
entrado se abrió paso directamente entre las nalgas mojadas de Gi-hyun. Él no
pudo más que inhalar aire con desesperación. Le resultaba difícil comprender
qué le estaba ocurriendo.
Se escuchó un sonido
húmedo, como si un líquido viscoso acumulado en la estrecha hendidura se
deslizara hacia abajo. Lo más aterrador fue que ese sonido prominía de su
propio cuerpo. Gi-hyun, incapaz de creerlo, cerró los ojos mientras sus
párpados temblaban violentamente. Las yemas de sus dedos, apoyadas en la
consola, se tiñeron de blanco por la presión.
“Sal de ahí ahora
mismo, hijo de perra—.”
“…….”
Pero el otro seguía
sin decir una palabra. Aunque Gi-hyun intentó retorcerse, Yeon-oh solo apretó
con más fuerza sus caderas. Algo pesado, como un garrote, rozó la parte
superior de sus glúteos. Gi-hyun, sin saber qué era aquello, terminó
restregando su trasero contra ese lugar. Jo Yeon-oh chasqueó la lengua. Luego,
con los ojos entrecerrados, habló:
“Tú no eres So
Gi-hyun, ¿verdad?”
“……¿Qué?”
Ante tal absurdo, los
movimientos de Gi-hyun se detuvieron en seco. La mano de Yeon-oh salió de sus
pantalones con un sonido húmedo. Al estar empapada, el líquido se pegó al borde
de la camiseta de Gi-hyun, creando una sensación pegajosa contra su cintura.
Gi-hyun se giró,
incapaz de creer lo que veía incluso a través del espejo. Jo Yeon-oh lo miraba
fijamente mientras pasaba la lengua entre sus dedos índice y corazón, lamiendo
la sustancia que los humedecía.
“¡Qué, qué estás
haciendo, loco—!”
El insulto salió
disparado. Gi-hyun resistió con más violencia. Jo Yeon-oh, tras lamer esa
esencia desconocida como si no fuera nada, le dio un azote en la nalga con su
mano húmeda y luego comenzó a masajearla con parsimonia.
La nuca de Gi-hyun se
encendió en rojo. ¿Humillación? ¿Podía llamarse a esto humillación? Sentía como
si se le quemara la nuca y el pecho le saltara de rabia, pero no le salían las
palabras. Era una emoción que So Gi-hyun, habiendo vivido toda su vida como un
hombre beta, experimentaba por primera vez.
Jo Yeon-oh presionó
entonces la espalda de Gi-hyun, como si quisiera asegurarse de que no pudiera
volver a levantarse. La mejilla de Gi-hyun quedó pegada a la consola. Ante el
contacto frío en su piel, parpadeó repetidamente.
“A mi Gi-hyun no le
salen estas cosas.”
“…….”
“Pero si tú ni
siquiera eres So Gi-hyun.”
De repente, sus
pantalones bajaron. La banda de los bóxers que vestía Gi-hyun quedó atrapada a
mitad de sus muslos, apretándole las piernas. Algo seguía fluyendo
continuamente por la cara interna de sus muslos. Gi-hyun no podía hacer nada
más que parpadear una y otra vez.
Jo Yeon-oh soltó una
risita y acarició con el pulgar la zona del sacro de Gi-hyun.
“Incluso tener
hoyuelos aquí te hace parecerte a mi Gi-hyun.”
“…….”
“Tú también hueles
bien.”
A Gi-hyun le entró una
risa irónica por lo absurdo de la situación. Quizás por ese sonido de aire
escapando, la mano que había estado masajeando sus nalgas sin piedad se
extendió hacia adelante y le sujetó la mandíbula con fuerza. De esa mano,
empapada en algo que había salido de él, emanaba un intenso aroma a vainilla y
ron.
Jo Yeon-oh murmuró al
ver aquel rostro desesperado:
“¿Qué pasa? ¿Tú
tampoco sonríes mucho?”
“…….”
“Al menos tú deberías
sonreír. Vamos a hacer algo bueno ahora.”
No quería preguntar
qué era ese “algo”. Gi-hyun conocía la palabra ‘desolación’, pero era la
primera vez que sentía cómo ese término se grababa tan profundamente en su
pecho.
La mano de Jo Yeon-oh
rozó la hendidura. La yema de su pulgar presionó ese lugar del que no quería ni
hablar. Yeon-oh sonrió. Gi-hyun se quedó mirando esa sonrisa, aturdido,
olvidando incluso la situación.
Tú solías sonreír
mucho. Incluso al mirarme... Yeon-oh. Desde hace algún tiempo, a mí me cuesta
sonreír. Seguramente yo soy el que más ha ganado en esta relación. Tal vez por
remordimiento, no me sale la risa.
Los pensamientos
pasaron fugazmente. Gi-hyun cerró los ojos ante el vértigo. Su muñeca fue
arrastrada. Lo siguiente sería sobre la cama. Gi-hyun lo comprendió incluso sin
tener experiencia previa.
Jo Yeon-oh, ignorando
por completo la situación de Gi-hyun, clavó su mirada en algún punto vacío de
la esquina de la cama y volvió a abrir los labios.
“…… Como sea.”
“¡Ugh…!”
“Ya que estoy en este
sueño, debo disfrutarlo. Además, eres lindo.”
Era la primera vez que
escuchaba algo así. Todas las personas con las que Jo Yeon-oh había salido eran
mujeres Omega. Gi-hyun sabía perfectamente cuánta diferencia había entre la
apariencia de ellas y la suya. ¿Lindo? Los ojos de Gi-hyun se agrandaron ante
la sorpresa de escuchar tales palabras de boca de Yeon-oh.
Sin embargo, Jo
Yeon-oh no estaba mirando a So Gi-hyun. Con un rostro tan árido que no había
palabras para describirlo, masajeaba el pene de Gi-hyun de manera casi
obligatoria. Mientras tanto, mantenía una mirada sumida en el tedio, dirigida a
algún lugar indeterminado.
Gi-hyun tuvo la vaga
sensación de que aquello que Yeon-oh observaba no estaba allí. Al menos, lo que
Jo Yeon-oh deseaba no parecía estar sobre esa cama. La persona con la que Jo
Yeon-oh estaba intimando en ese momento no era So Gi-hyun. Al darse cuenta de
eso, sintió que se asfixiaba. ¿Por qué solo yo? ¿Por qué siempre soy yo? Pero
esas preguntas no pudieron salir.
Sus pezones,
completamente erectos y con un hormigueo incesante; su perineo, tenso como si
estuviera inflamado; su pene, que le picaba tanto que preferiría agarrarlo y
rascarlo él mismo; y ese lugar en su interior que se contraía. Estaba demasiado
ocupado jadeando, sin poder adaptarse a su cuerpo transformado.
Jo Yeon-oh, quien
siempre que So Gi-hyun sufría se encargaba de que el dolor fuera lo
suficientemente tolerable como para no morir, parecía tener la misma intención
hoy. Soltando el pene de Gi-hyun, Yeon-oh se puso de rodillas sobre la cama.
Luego, mirando fijamente a Gi-hyun, que jadeaba bajo sus piernas, habló:
“No preparemos la
parte de atrás. De todos modos es un —, así que quiero que te lo tragues todo.”
Gi-hyun no alcanzó a
oír bien de qué se trataba. Un sonido mucho más fuerte carcomió sus nervios. Click,
sssip—. El sonido de la cremallera bajando estalló sobre la cama como un
trueno. Para sacar su pene, que estaba acomodado hacia el muslo dentro de los
pantalones, Jo Yeon-oh se despojó de los pantalones y la ropa interior de un
solo movimiento.
Inconscientemente,
Gi-hyun recordó aquella vez que un Jo Yeon-oh ebrio estaba de pie frente a la
tabla de planchar vistiendo solo sus bóxers ajustados. En aquel entonces,
aunque no estaba erecto, su pene sobresalía por el borde de la pierna del
bóxer. Recordaba vívidamente cómo había contenido el aliento al ver aquel
glande oscuro que, sin estar endurecido, ya era tan grueso como una nuez.
Incluso ahora,
olvidando su propia situación, Gi-hyun no pudo evitar observar cómo Jo Yeon-oh
se quitaba los pantalones. Aquel pene que antes apenas asomaba por la banda
elástica del bóxer, hoy bajaba mucho más, mostrándose más firme, grueso e
incomparable a lo visto anteriormente.
“¡Ah—!”
Gi-hyun no pudo
contener el gemido que escapó de sus labios. Para ser exactos, no pudo contener
el impulso de querer lamerlo. Nada de eso encajaba con el rostro de belleza
refinada y facciones delicadas de Jo Yeon-oh. Y aun así, sintió deseos de
hundir la nariz entre el vello púbico, en ese glande poderosamente hinchado, en
el tronco grueso donde resaltaban las venas y en la línea media del escroto
tensado por la excitación, para inhalar profundamente. Todo esto sin saber que
es allí donde el aroma de un Alfa dominante se percibe con mayor intensidad.
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Un impulso como un
rayo lo recorrió de arriba abajo. Se mordió los labios para contener las ganas
de suplicar que lo dejara succionarlo. Debido a su falta de experiencia,
Gi-hyun no podía soportar lo extraño del deseo que estaba experimentando. Era
una lujuria que contrastaba con su habitual naturaleza racional. El hecho de
que no pudiera resistir las ganas de lamer el pene de Jo Yeon-oh lo hacía
sentir incluso desolado. Finalmente, cuando soltó sus labios mordidos y
enrojecidos, ocurrió algo increíble.
“Ah……”
“…….”
Ambos hombres miraron
al mismo tiempo la entrepierna de Gi-hyun. Él, dándose cuenta rápidamente de lo
que le había sucedido, no pudo más que observar su propio pene con ojos llenos
de desesperación.
Ploc, ploc—.
El semen saltó.
Incluso hasta el pecho de So Gi-hyun. Sintió como si el cansancio posterior a
la eyaculación lo engullera por completo. Jo Yeon-oh soltó una risa blanca.
“Gi-hyun.”
“…… Cállate.”
Gi-hyun levantó ambas
manos para cubrirse el rostro con las palmas. No podía soportar la autocrítica.
Deseó desaparecer de este mundo. Jo Yeon-oh soltó una risita mientras miraba a
Gi-hyun, cuyo rostro, orejas y nuca estaban más que rojos, con manchas
extendiéndose hasta las clavículas. Gi-hyun habló con una voz baja, a modo de
advertencia:
“…… Por favor,
cállate, Jo Yeon-oh.”
Pero él no le hizo
caso. Incluso extendió la mano para sujetar el pene de Gi-hyun, que aún estaba
eyaculando, mientras dejaba escapar una risa.
Las siguientes
palabras hicieron que Gi-hyun quisiera morir en el acto.
“Tú……. ¿Te has corrido
solo de mirar mi pene?”
Él se rió. Jaja,
el sonido de su risa era tan claro que resultaba aún más irritante. Gi-hyun,
olvidando que era su tobillo lastimado, levantó la pierna intentando clavarle
la espinilla en la nuca. Con un exabrupto de sorpresa, Jo Yeon-oh atrapó el
tobillo de Gi-hyun en el aire.
“Tienes que moverte
con cuidado. Esto está hecho un desastre aquí abajo, tú.”
…… ¿Y por quién crees
que es? No tenía intención de culparlo, pero era cierto que la rabia le hervía
por dentro debido a ese tipo que sostenía su tobillo mientras mostraba una
sonrisa a la que no podía acostumbrarse.
Lo que más le irritaba
era que, cada vez que él le abría una pierna de esa manera, se escuchaba un
sonido húmedo en su entrepierna empapada. Era absurdo que ese sonido proviniera
de su propio cuerpo, pero lo más increíble era que, desde hacía un rato, no
podía oponer una resistencia real a nada de lo que Jo Yeon-oh hiciera.
“Suéltame……”
Salió una voz
extremadamente áspera. Parecía que Gi-hyun era el único que no podía soportar
todo lo que estaba ocurriendo sobre esa cama. Gi-hyun pensó que el Jo Yeon-oh
de ahora no estaba en sus cabales.
Porque, de lo
contrario, no podría actuar de esta manera con él. Para empezar, no sabía que la
relación entre ambos pudiera llegar a tales extremos.
Debido a eso, Gi-hyun
terminó dándose cuenta de algo: en la balanza entre los dos, él era el único
que no podía alcanzar al otro. Esa balanza inclinada hizo que Gi-hyun se echara
a reír.
“¿De qué te ríes?”
Jo Yeon-oh estaba
observando esa risa. Incluso preguntó por qué se reía. Gi-hyun, incapaz de
contenerse, le devolvió la pregunta:
“¿Por qué me lo
preguntas? Que me ría o no, ¿qué más te da? ¿Por qué te importa?”
Las últimas palabras
tuvo que escupirlas con el rostro crispado, como alguien que hubiera tragado
algo amargo. Porque incluso el momento de preguntar aquello era doloroso. A
medida que su cuerpo se calentaba, su mente se enfriaba. Sentía que su garganta
le dolía como si se la estuvieran raspando al hablar, pues solo estaba diciendo
cosas que no quería decir.
Jo Yeon-oh emitió un
sonido con la garganta, como si estuviera meditando la pregunta de Gi-hyun.
“Mmm……”
Y entonces, sonrió
ampliamente. La línea de sus labios formando un arco era tan hermosa que
Gi-hyun deseó morir.
“Es porque tú no me
sonríes. Por más que haga el imbécil, ni una sola vez me devuelves la sonrisa.”
“…….”
“Has cambiado, So
Gi-hyun.”
Como era un tono de
queja similar al de un amante en plena crisis de desinterés, el pecho de
Gi-hyun dolió. Jo Yeon-oh habló con una voz baja y profunda, como si estuviera
realmente dolido.
“¿Tienes idea de
cuánto me esfuerzo por ti? Me haces tener que decir estas cosas, qué
vergüenza.”
“…….”
Él dejó escapar un
suspiro profundo. Gi-hyun miró a Yeon-oh fijamente.
Lo que decía Jo
Yeon-oh era cierto. Su queja era válida. Porque él realmente se había esforzado
por Gi-hyun. Al igual que Gi-hyun, quien intentaba no hacer pública su relación
sabiendo que salir con un Beta sería una debilidad política para su amante, Jo
Yeon-oh también se había esforzado en muchos aspectos para no ser una carga el
uno para el otro.
Gi-hyun sabía bien que
el hecho de que Yeon-oh se pusiera en contra de sus primos —quienes lo
despreciaban—, o que obedeciera las órdenes de su abuelo bajando cada fin de
semana desde Seúl hasta Namhae cargando cajas de manzanas llenas de billetes de
cincuenta mil wones y cajas de tónico, solo para terminar cavando hoyos en la
tierra con palos de golf que costaban una fortuna, era todo por él.
Jo Yeon-oh apreciaba a
So Gi-hyun. Lo amaba. Él siempre ponía todo su empeño en minimizar las
incomodidades de Gi-hyun. Gi-hyun conocía ese lado de Jo Yeon-oh demasiado
bien. Después de siete años, era imposible no verlo.
Durante los últimos
años, Gi-hyun había vivido hundido en este afecto que se parecía al amor.
Siendo solo un pez de colores que solo podía mover las branquias bajo el agua.
Creyendo que una gelatina blanda era agua solo porque estaba húmeda, pataleaba
con todas sus fuerzas hasta que, falto de oxígeno, terminaba boqueando
desesperado.
Un pez de colores en
gelatina, una orquídea echando raíces en tierra de poliestireno, So Gi-hyun, el
antiguo amante de Jo Yeon-oh. Eran todos términos para cosas que aparentaban
estar en su lugar sin estarlo realmente. So Gi-hyun estaba olvidando cómo respirar
al lado de Jo Yeon-oh. Incluso recibiendo su afecto.
Por eso, el reproche
de Jo Yeon-oh era acertado. El amor de So Gi-hyun había cambiado. Era
claramente distinto al del principio.
Al comienzo, fue el
impulso de querer estar al lado de aquel chico. Durante su adolescencia, entre
un So Gi-hyun que a veces se sentía solo y un Jo Yeon-oh que siempre estaba a
la defensiva, ambos parecieron creer que el otro era lo único que les quedaba,
como dos animales jóvenes heridos que se lamen mutuamente para consolarse.
La tragedia la inició
So Gi-hyun primero. Empezó a amar a un Jo Yeon-oh que no tenía intenciones de
hacer lo mismo. Jo Yeon-oh pareció considerar aquello como una traición.
Parecía pensar que la persona que había echado agua sobre el perfecto castillo
de arena que ambos habían construido era Gi-hyun.
Sin embargo, al
principio, Gi-hyun también había iniciado este amor con el deseo de cuidar a Jo
Yeon-oh. El querer no dejarlo solo, el anhelo de convertirse en algo en lo que
él pudiera apoyarse, fue lo que terminó evolucionando en este sentimiento.
Por lo tanto, en sus
comienzos, no existía este olor a moho. En aquel entonces, So Gi-hyun sonreía
mucho y consideraba natural estar al lado de Jo Yeon-oh. Pero todo el mundo
crece. Al So Gi-hyun que envejeció no le quedaba nada. Se dio cuenta de que
estaba abrazando un amor vacío, como el de una marioneta.
Gi-hyun dejó de
sonreír gradualmente. Se volvió un poco más infeliz. Al final, vivía acompañado
de la melancolía. La única razón por la que no lo demostraba era simple: no
podía llorar frente a él solo porque ya no le sonreía. Ese era el amor de So
Gi-hyun, y sabía de sobra que Jo Yeon-oh también lo apreciaba a su manera.
Ese conocimiento era
lo que desesperaba a So Gi-hyun.
“Sonríe. Me estoy
esforzando a mi manera. ¿No soy lindo?”
“…… Eres lindo.”
La voz de Gi-hyun
estaba ronca. Incluso dejó escapar una leve sonrisa. Puesto que el otro parecía
creer que esto era un sueño, él también decidió actuar como si lo fuera hasta
que llegara el momento de despertar.
¿De qué otra forma
podría considerar este estado extraño, donde su cuerpo ardía y sus deseos
hervían, si no fuera un sueño? La mirada de Gi-hyun se desdibujó por un
momento. Jo Yeon-oh seguía el rastro de esa expresión en silencio.
“…… Qué raro es esto.”
Jo Yeon-oh extendió la
mano, rozó el rabillo del ojo de Gi-hyun y soltó una risita. Incluso llegó a
abrazar a Gi-hyun con fuerza, dejando escapar un quejido.
“Hueles bien, So
Gi-hyun……”
Gi-hyun palmeó
suavemente la espalda de Jo Yeon-oh, quien murmuraba con el rostro hundido en
su nuca. No sabía cómo se había llegado a esto, pero si Jo Yeon-oh pensaba que
era un sueño, él debía seguirle el juego.q
La relación de ambos
era un castillo construido sobre la arena gracias al esfuerzo de cada uno. Para
evitar que uno de ellos, por error, vertiera agua sobre ese castillo de arena.
“Gi-hyun.”
“…… Dime.”
Todos debían
esforzarse. So Gi-hyun comprendía profundamente a Jo Yeon-oh. Al mismo tiempo,
comenzaba a distanciarse poco a poco.
Y entonces, el sexo se
volvió un poco más suave. Como si fuera realmente un contacto físico entre
amantes. A Gi-hyun le pareció gracioso. Y si le parecía gracioso, simplemente
se reía. Cada vez que soltaba una pequeña risa que sonaba como un suspiro, Jo
Yeon-oh lo miraba fijamente, tomaba su muñeca y besaba la palma de su mano.
Los labios blandos del
otro rozando su palma le daban escalofríos. Gi-hyun extendió el otro brazo y
acarició la mejilla de Jo Yeon-oh. Él apoyó la cabeza en su mano, como una
enorme bestia que busca mimos. Gi-hyun lo miró fijamente y habló.
“Esto es un sueño, Jo
Yeon-oh.”
“Lo sé. Viéndote
sonreír, estoy seguro de que lo es.”
Tanto yo, que solo
sonrío en tus sueños, como tú, que crees que solo podría sonreír en sueños...
ambos estamos un poco torcidos, ¿por qué seguimos abrazados a algo como esto
llamándolo amor y afecto? Parecíamos personas que no se dan cuenta de que el
moho se les está contagiando al cuerpo por abrazar algo podrido.
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Si se abriera la tapa,
quizás lo que So Gi-hyun atesoraba y lo que Jo Yeon-oh apreciaba estarían
podridos al mismo tiempo. No, uno de los dos, el mío, seguramente lo estaría.
Gi-hyun estaba convencido. Al mismo tiempo, estaba seguro de que Jo Yeon-oh
pensaría que esto era un sueño. No se confundiría ni siquiera después de
despertar.
Siendo así, no había
razón para negarlo. No había motivo para odiarlo o rechazarlo. So Gi-hyun había
vivido ignorando su deseo desesperado de alcanzar a Jo Yeon-oh. Si yo no tengo
motivos para rechazar esto y tú no tienes la razón suficiente para detenerte,
este sexo se convierte en algo de lo que ninguno de los dos tendrá que hacerse
responsable.
“Oye.”
Gi-hyun tiró de la
cintura de Jo Yeon-oh. La parte inferior de Yeon-oh, arrastrada por la fuerza,
entró en contacto con la entrepierna empapada de Gi-hyun. En ese lugar viscoso,
sintió cómo sus penes chocaban y rebotaban entre sí. Jo Yeon-oh fruncía el
ceño, como si no supiera si esa sensación le gustaba o le disgustaba.
Gi-hyun extendió la
mano y frotó suavemente esa zona con el pulgar mientras decía:
“¿Por qué lo haces así
sin más? Es mi primera vez, así que prepárame bien antes de hacerlo. No pienses
en dejar de lado el esmero solo porque sea un sueño.”
“Sí, maestro.”
Jo Yeon-oh respondió
pasando la lengua por su labio inferior. El lunar de belleza en el puente de su
nariz se veía bien cada vez que se distorsionaba con su sonrisa traviesa.
Gi-hyun, soltando un suspiro, preguntó lo que le intrigaba desde hacía un rato.
“¿Cómo es que te
dieron ganas de hacerlo conmigo? Aunque sea un sueño.”
Jo Yeon-oh detestaba
las relaciones con Betas. Aun así, inició su noviazgo con So Gi-hyun sin poder
rechazar por completo sus sentimientos. Por lo tanto, era natural que no
existiera contacto físico de índole sexual entre ellos.
Entonces, ¿por qué Jo
Yeon-oh tenía este tipo de sueños? Ante la pregunta llena de duda, Yeon-oh
sonrió, bajó la cabeza y lamió la nuca de Gi-hyun antes de responder.
“Gi-hyun.”
“…….”
“¿Es importante mi
respuesta?”
La mano de Jo Yeon-oh
apretó el pene de Gi-hyun. Él frunció el ceño. Podía ser porque sentía que su
entrepierna ardía, o porque su pecho le punzaba. Su rostro se crispó debido a
esa sensación de origen incierto.
Él volvió a hablar en
un susurro con voz profunda.
“De todos modos es un
sueño, ¿para qué quieres saber?”
“…….”
Gi-hyun soltó una
risita. Respondió mientras presionaba el trasero del otro para intensificar el
contacto entre sus entrepiernas.
“Jo Yeon-oh.”
“Dime.”
“Parece que no tienes
intención de responderme aunque esto no fuera un sueño.”
Ante eso, él se rió.
Dolía el corazón porque parecía ser la respuesta correcta. El beso no comenzó.
En su lugar, algo más se profundizó. Gi-hyun cerró los ojos. Esta habitación,
esta noche...
Todo era confusión.
Así, la superficie de
piel en contacto volvió a expandirse. Gi-hyun retorció la cintura.
“¿Por qué pellizcas
ahí? Ah……”
Cuando preguntó
frunciendo el ceño por el extraño hecho de que le manipulara los pezones, Jo
Yeon-oh lamió alrededor de la areola con una sonrisa. Sus ojos, ligeramente
entornados mientras lo miraba hacia arriba, tenían esa expresión que ponía
cuando quería algo y se portaba de forma cariñosa. A Gi-hyun le resultaba un
poco extraño ver a Jo Yeon-oh con esa expresión mientras le succionaba el
pecho. Pensó que sería raro si el contacto físico con un Beta como él se
profundizaba y Yeon-oh terminaba teniendo náuseas como de costumbre, pero en su
lugar mostraba un rostro afable.
“¿Por qué? ¿Es
extraño? ¿No lo hago aquí?”
Como si se hubiera
dado cuenta de que Gi-hyun estaba pensando en otra cosa, le mordió ligeramente
el pezón entre los incisivos y preguntó. Gi-hyun respondió reprimiendo los
gemidos que escapaban.
“…… Haz lo que
quieras.”
Los sentidos se
agudizaban, la razón se desmoronaba y So Gi-hyun seguía amando a Jo Yeon-oh. No
sabía qué demonios le estaba pasando a su cuerpo, pero si Yeon-oh consideraba
esto un sueño, Gi-hyun estaba dispuesto a seguirle la corriente. Por eso, lo
dejaba hacer lo que quisiera, ya fuera lamerle el pecho o frotar su pene. Era
un sentimiento cercano a la rendición, pidiendo solo que lo devolviera intacto
cuando terminara.
Sin embargo, la
actitud mental era una cosa y la excitación producida por las sensaciones
reales era otra muy distinta. So Gi-hyun no se daba cuenta de que las feromonas
de Alfa presentes en la saliva de Jo Yeon-oh hacían que sus pezones se pusieran
aún más erectos. Gi-hyun no comprendía nada de lo que le estaba ocurriendo a su
cuerpo en ese momento.
Jo Yeon-oh quería
besar o morder y succionar cualquier parte de So Gi-hyun, por lo que la piel de
Gi-hyun tenía muchas marcas rojizas. Gi-hyun retorció el cuerpo.
“Me da cosquillas,
espera un momento, quítate.”
“Te rascaré. ¿Dónde?
¿Aquí?”
Sujetando las muñecas
de Gi-hyun contra la cama, Jo Yeon-oh comenzó a rascar suavemente con sus
incisivos las zonas donde Gi-hyun sentía picor. Como las feromonas de Alfas y
Omegas se secretan más en las mucosas, rascar con los dientes manchados de
saliva no aliviaba el picor, sino que aumentaba la excitación. So Gi-hyun,
ignorando esto, frunció el ceño pidiendo que le dejara rascarse él mismo, pero
Yeon-oh no le hizo caso.
“Suéltame. Ah, ahí
es……. Espera, ¡hht!……”
“Ja, maldita sea,
siempre usas loción para bebés en lugar de la que te compré. Ese aroma me
vuelve loco. Te dije que no la usaras porque me hace sentir que me excito con
un crío, pero no me haces caso.”
“Ah, ahí no toques…….
Hht, no, de verdad, espera un segundo……”
Sobre la cama no
quedaba nadie con juicio. Los dos hombres solo decían lo que querían decir.
Estaban tan excitados que no procesaban las palabras del otro.
Sus entrepiernas
estaban pegajosas. Entre sus piernas, completamente empapadas por un líquido
transparente y resbaladizo, un pene grueso y mezclado con fluido vaginal se
frotaba por todas partes. Gi-hyun fruncía el ceño cada vez que el de Yeon-oh
rozaba su bajo vientre.
“¿Tú... por qué estás
tan mojado...?”
“Eres tú el que está
mojado, no yo.”
Jo Yeon-oh respondió
como si fuera absurdo y volvió a succionar el pezón de Gi-hyun. Cuando presionó
con su lengua áspera el pezón que estaba rígido y luego lo soltó, Gi-hyun dejó
escapar un gemido que no sabía que podía emitir, y sus ojos se agrandaron por
la sorpresa.
“¡Ugh!”
Como si no le
importara lo que sorprendiera a So Gi-hyun, Jo Yeon-oh succionó el pezón con la
mucosa interna de sus labios y luego hurgó con la punta de la lengua en el
orificio por donde se secreta la leche, retirando finalmente los labios con un
sonido húmedo.
“Ah…”
“Maldita sea, de
verdad, no dejas de chorrear sin que hayamos hecho nada todavía……”
Jo Yeon-oh levantó la
cintura. Con un sonido de succión, la parte inferior de Jo Yeon-oh, que estaba
entre las piernas de Gi-hyun, se elevó, y un hilo plateado que conectaba ambas
entrepiernas se estiró antes de caer sobre el muslo, provocando una sensación
de frío.
Jo Yeon-oh observó
fijamente la escena, soltó una risita y habló con un tono que parecía una
reprimenda fingida.
“Ah, Gi-hyun, aguanta
un poco, ¿sí? Está todo empapado aquí abajo. ¿Por qué te pones así?”
Su gran palma frotó el
perineo de Gi-hyun de manera grosera. Era la primera vez que alguien tocaba ese
lugar, por lo que Gi-hyun tensó los músculos internos de sus muslos sin darse
cuenta. Entonces, Jo Yeon-oh, sujetando su propio pene con la mano llena del
fluido de Gi-hyun, bajó la mirada y comenzó a masturbarse mientras observaba
los pezones frente a él o el pene de Gi-hyun, que estaba erecto y pegado hasta
su ombligo.
“Maldita sea, ¿qué
vamos a hacer con esto tan grande si no tiene dónde usarse? ¿Es un desperdicio,
Gi-hyun-ah?”
El tipo, que tensaba
las venas de su cuello grueso mientras se masturbaba un par de veces, soltó lo
suyo, extendió la mano hacia el glande de Gi-hyun y lo frotó con el pulgar.
Gi-hyun intentó cerrar
las piernas por instinto, pero recibió un azote en la cara interna del muslo
con la palma de la mano mientras le decían que se quedara quieto. Gi-hyun
frunció el ceño al oír el sonido del fluido salpicando.
“Ah, ahh—. No me
toques, ¡ugh, mmm—!”
Esta vez, las
feromonas contenidas en el fluido preseminal de Jo Yeon-oh se contagiaron al
pene de Gi-hyun. Era un acto equivalente a aplicar afrodisíacos en un pene con
sensibilidad extrema, pero nadie era consciente de ello. Jo Yeon-oh pensaba que
la sensación era tan vívida porque era un sueño, y Gi-hyun, al ser su primera
experiencia, creía erróneamente que el sexo era siempre así de intenso.
“El glande es bonito,
el grosor es adecuado y el color……. ¿Cómo llamaban a esto? ¿Color albaricoque?”
“¡Loco, suéltame y
habla, ah—! ¡ugh, no, ah—!”
Los ojos de Jo Yeon-oh
estaban perdidos. Se concentró únicamente en sacudir el pene que sujetaba con
aire ausente. A diferencia del de Jo Yeon-oh, el de Gi-hyun era liso y no tenía
venas resaltadas en el tronco.
Quizás por no haber
sido usado, tenía un color claro que realmente se asemejaba al albaricoque.
Cubierto de fluido y preseminal, parecía una fruta bañada en almíbar.
Observando el glande
liso y grueso, Jo Yeon-oh pareció considerar la idea de lamerlo. So Gi-hyun,
como si leyera su pensamiento, le propinó varios golpes en el pecho con el pie.
“Ya basta, loco. Se te
ha ido la cabeza.”
Ante esas palabras, Jo
Yeon-oh se rio y sujetó los tobillos de Gi-hyun para rodear con ellos su propia
cintura; luego se dejó caer para solapar su cuerpo con el del otro. Al estar
empapados de fluido, el roce de sus entrepiernas deslizándose una contra otra
provocaba una sensación de hormigueo.
“Cariño, ¿cómo podría
estar cuerdo viendo algo así? Tú no tienes idea de cómo te ves.”
Escuchar eso lo hizo
sentir un poco cohibido. A lo largo de su vida, había escuchado más veces que
era guapo que lo contrario. No era un hombre de belleza deslumbrante como Jo
Yeon-oh, pero había recibido muchas confesiones de personas a las que les
gustaban los rostros pulcros.
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Sin embargo, como esta
era su primera experiencia de índole sexual, le preocupaba si su rostro estaba
vergonzosamente rojo o si sus ojos se veían tontos y desenfocados. Era la
primera vez de Gi-hyun y, aunque a estas alturas no tenía el deseo de
impresionar a Jo Yeon-oh, tampoco quería verse mal.
Además, era cierto que
sentía ganas de quejarse pensando: “Pero si hace un momento dijiste que era
lindo”. Al ser la primera vez que escuchaba algo así de Yeon-oh, parece que
esas palabras se le habían quedado grabadas extrañamente en el corazón.
Temiendo que se le escapara algún comentario patético, Gi-hyun preguntó con voz
ronca:
“…… ¿Por qué? ¿Me veo
extraño?”
“¿De qué hablas? Eres
malditamente guapo.”
Jo Yeon-oh soltó una
carcajada y bajó la cabeza para dejar besos por todo el rostro de Gi-hyun. Ya
había recibido besos de esta intensidad antes, pero el contacto con la piel
firme y a la vez suave de Yeon-oh, el peso de su cuerpo que sentía por primera
vez en la vida, el roce de los penes entre sus piernas y la sensación de sus
extremidades entrelazadas hacían que Gi-hyun se sintiera más pleno.
Aun sabiendo que todo
esto eran sentimientos falsos e ilusorios, Gi-hyun no tuvo más remedio que
abrazar la cintura de Jo Yeon-oh mientras este lo cubría con una lluvia de
besos.
“…… ¿Qué sigue ahora?
¿Solo tengo que quedarme así? ¿A ti te gusta esto?”
“Siento que el pene me
va a explotar, ¿de qué hablas? Siempre te las arreglas para provocarme de esa
manera. Tu encanto es, joder.”
No alcanzó a oír lo
último. Jo Yeon-oh se incorporó y hundió el rostro directamente entre la
entrepierna de Gi-hyun.
“—¡Oye!”
No pudo evitar gritar
por la incredulidad. Sus muslos temblaban violentamente, como si estuvieran a
punto de perder la sensibilidad. Gi-hyun abrió mucho los ojos. Extendió las
manos para sujetar la nuca de Jo Yeon-oh, pero antes de que pudiera tirar de su
cabello para apartarlo de entre sus piernas, la lúbrica lengua del otro se
movió primero. La apoyó justo donde termina la corona del glande y comienza el
tronco, y lamió de un tirón todo el glande hasta llegar al meato urinario.
“——!”
Ni siquiera pudo gritar.
Gi-hyun temblaba sin parar. Esta vez, la saliva impregnada de feromonas de Alfa
hizo que el pene de Gi-hyun sintiera un cosquilleo insoportable. Los dedos de
sus pies se encogieron por instinto. Sus intentos de sujetar su cabello para
levantarlo fallaron una y otra vez, terminando únicamente en presionar la nuca
de Yeon-oh con fuerza.
La lengua pasó rozando
el meato urinario como si quisiera sellarlo. Envolvió el glande con la parte
rugosa de la lengua, lo hizo deslizar y luego succionó el pene entero dentro de
su boca.
“¡Ahhh—! ¡Hic—!”
Gi-hyun ni siquiera
era consciente de los gemidos que emitía. Sentía como si estrellas estallaran
ante sus ojos. Ahora, incluso sus músculos abdominales inferiores temblaban sin
control. Con un sonido de succión húmeda, Jo Yeon-oh comenzó a mover la cabeza
de arriba abajo.
El roce del tronco y
el glande contra la mucosa de los labios de Yeon-oh le brindaba a Gi-hyun una
sensación violenta. Sentía como si Jo Yeon-oh no estuviera lamiendo solo su
pene, sino todo su cuerpo.
Una lengua gigante
hecha de puro placer lo envolvía como si fuera a devorarlo, para luego lamerlo
y soltarlo. Aunque Gi-hyun tenía los ojos abiertos, no podía ver nada.
Inconscientemente apretó los muslos, a lo que Jo Yeon-oh emitió un sonido
gutural, un “Uuuhm”, y sujetó sus rodillas para abrirlas a la fuerza. Sus manos
estaban manchadas de algo que no se sabía si era saliva o fluido, dejando la
huella de sus palmas en líquido transparente sobre las rodillas de Gi-hyun.
“Basta, no... creo que
no podré aguantar, mmm, ahh... hic, esto es... extraño.”
Gi-hyun, con lágrimas
acumulándose en el rabillo del ojo, intentó incorporar el torso mientras
temblaba, pero Jo Yeon-oh, que había tenido el rostro enterrado en su
entrepierna, pareció adivinarlo y extendió una mano para presionar firmemente
su pecho.
Gi-hyun, que poseía
unos músculos abdominales fuertes por no haber descuidado nunca el ejercicio,
cayó hacia atrás con ese solo gesto. Después de eso, no tuvo más remedio que
restregar la nuca contra la cama mientras se lamentaba.
“¡Ahhh—, ugh, ah…! ¡Ugh,
mmm, mmm—!”
Sonidos de succión y
lametones llenaban el espacio entre las piernas de Gi-hyun mientras Yeon-oh
succionaba algo grueso y lamía el fluido y la saliva que se filtraban.
Sintiendo que su perineo se hinchaba y se ponía tenso por sí solo, Gi-hyun
empezó a arañar la cama con los talones.
Fue entonces cuando,
con un sonido húmedo, Jo Yeon-oh finalmente levantó la cabeza de la entrepierna
de Gi-hyun. Innumerables luces parpadeaban ante sus ojos, apareciendo y
desapareciendo tan rápido que Gi-hyun tuvo que parpadear repetidamente.
“Ah, ugh……”
“…… Vale la pena. Ver
a So Gi-hyun así de ido.”
Limpiándose la
comisura de los labios manchada con el dorso de la mano, Jo Yeon-oh sonrió
ampliamente. Gi-hyun mantenía los ojos fuertemente cerrados para no mostrar que
sus pupilas se habían ido hacia atrás. Al ver que sus rodillas habían caído
hacia un lado sin fuerza, Jo Yeon-oh murmuró algo ininteligible.
“Es la primera vez que
le chupo el pene a un hombre, pero el sabor es bastante bueno. Creo que podría
volver a hacerlo la próxima vez.”
Aquellas palabras
fueron inesperadas. ¿No sentía él una aversión hacia los hombres, y más aún
hacia los Betas? Pero antes de que tuviera tiempo para reflexionar, el otro
volvió a abrirle las rodillas. Luego, lo sujetó por la pelvis y lo arrastró
sobre sus propios muslos. Gi-hyun, con el trasero ahora apoyado sobre los
muslos de Jo Yeon-oh, intentaba despejar su mente sacudiendo la cabeza cuando
sintió algo romo y pesado golpeando contra su pierna.
Entonces, el otro
sonrió y dijo:
“Ah, me pediste que te
preparara porque era tu primera vez, ¿verdad?”
“…….”
“Pero yo también soy
nuevo con los Betas. Hagámoslo así por ahora, Gi-hyun-ah. Siento que el pene me
va a explotar.”
Tras decir eso, algo
empezó a abrirse paso en su interior. Incapaz de creerlo, Gi-hyun miró hacia su
entrepierna.
“Ugh, ugh—.”
“Ah, joder, de verdad,
ahh—.”
Antes que el orificio
de entrada, lo primero que dolió fue la pelvis. Gi-hyun, emitiendo quejidos por
la dificultad para respirar, apenas pudo hablar.
“No, eso... no cabe...
¡No va a entrar—!”
“Solo un poco más,
vamos, trágalo, ¿sí?”
Jo Yeon-oh lo
engatusaba con dulzura, pero en realidad no le hacía caso. Al final, Gi-hyun
tuvo que soportarlo con la mandíbula tan apretada que los músculos maseteros se
marcaron.
Aquello que había
irrumpido donde no debía entrar se movía con fuerza en su interior, como si
tuviera pulso propio. A Gi-hyun le pareció que aún faltaba más de la mitad por
entrar, pero la presión era tan abrumadora que le resultaba agónica.q
Jo Yeon-oh parecía
estar sufriendo igual, pues echó la cabeza hacia atrás mientras respiraba con
dificultad. Las venas de su cuello resaltaban como enredaderas. Tenía la cara
roja hasta el cuello, como si estuviera conteniendo algo con gran esfuerzo.
Él sujetó la pelvis de
Gi-hyun como si fuera a romperla y lo arrastró hacia sí. Directamente sobre su
pene.
“……?!”
Gi-hyun miró hacia
abajo incrédulo. El impacto en su interior fue doloroso. Aunque dolía
muchísimo, el meato de su pene erecto se abrió débilmente y escupió un chorro
de fluido preseminal. Todo su cuerpo empezó a temblar violentamente. Mucho más
que cuando le habían succionado el pene.
Jo Yeon-oh sacó la
lengua y se lamió el labio inferior. Exhaló un suspiro profundo y se encontró
con los ojos de Gi-hyun, que ya estaban bañados en lágrimas. Sonrió con una
expresión con la que se mira el error de un niño pequeño: con ternura y
lástima.
“Gi-hyun, ¿te duele?”
“Ah, ah—.”
Estaba a punto de
decir que sí, que le dolía. Que parara. Que la presión ahí abajo era insoportable.
Se sentía tan mal como cuando se le rompió el tobillo hace unos años. Incluso
extendió la mano hacia abajo para intentar empujar el bajo vientre del otro.
Pero Yeon-oh le sujetó la muñeca y besó la punta de sus dedos.
“Haa……. Aunque duela,
aguanta. Me siento jodidamente bien, ¿sí?”
Ante esas palabras,
Gi-hyun relajó el cuerpo inconscientemente. Pensó: “Si dice que se siente bien,
¿qué puedo hacer?”. El depredador, al notar la rendición de Gi-hyun, empujó la
cintura con fuerza. Se escuchó un sonido húmedo. Era el sonido del fluido
acumulado en la entrada saliendo disparado para dejar espacio a lo grueso que
entraba sin dejar huecos.
“¡Ugh—!”
Su cabeza cayó hacia
atrás por instinto. Su mandíbula temblaba. A pesar de que la unión estaba
dolorosamente estirada por algo tan grueso abriéndose paso en un espacio tan
estrecho, Gi-hyun podía sentir cómo su propio interior succionaba el pene de
Yeon-oh, como si quisiera devorar aún más.
Sentía un cosquilleo
tan profundo que lo volvía loco. Gi-hyun jadeaba y sacudía la cabeza hacia los
lados. Su nuca chocaba contra la cama y se levantaba una y otra vez. Era
porque, incapaz de creer lo que sucedía entre sus piernas, intentaba levantar
la cabeza para mirar hacia abajo.
Jo Yeon-oh, dándose
cuenta de esto, soltó una risita, le sujetó la nuca y lo levantó solo hasta que
su espalda se despegó de la cama, para luego seguir embistiendo.
“¿Por qué? ¿Qué
tienes... curiosidad por ver? …… ¿Mmm? ¿Ya puedes verlo bien?”
“¡Ah, ugh—! Ah-ut…….
No, ugh—!”
“Gi-hyun, So
Gi-hyun……”
Aunque pronunció su
nombre, Gi-hyun no tenía margen para responder. Jo Yeon-oh tampoco parecía
esperar una respuesta. Simplemente seguía embistiendo como una bestia mientras
mordía el lóbulo de la oreja de Gi-hyun y jadeaba.
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Sentía como si el
glande, vuelto romo y grueso, estuviera excavando sus paredes internas. La
corona del glande estaba tan protuberante que raspaba constantemente las
estructuras internas. Cuanto más rascaba las protuberancias de sus paredes, más
sensibles y firmes se volvían. De no ser así, no sería posible que cada vez que
el glande de Jo Yeon-oh rozaba su interior, sintiera un hormigueo abrasador en
el meato urinario y ganas de eyacular.
“¡Espera……! De verdad,
solo un momento, mmm, hic……. Ah, ugh……”
“No quiero, no quiero
parar, ……. Tu interior se siente demasiado bien. Gi-hyun. Ah……. So Gi-hyun……”
Jo Yeon-oh se aferró a
él como un niño mimado, abrazándolo con fuerza mientras embestía solo con la
parte inferior de su cuerpo. Las piernas de Gi-hyun, que permanecían abiertas,
flaquearon.
Gi-hyun experimentaba
diversas sensaciones, pero lo más difícil de soportar no era el pene excavando
su interior, sino el contacto de la piel de Jo Yeon-oh contra sus muslos.
Es decir, Gi-hyun
estaba en una posición que, habiendo nacido como hombre Beta, jamás había
considerado. Nunca había tenido relaciones con nadie, pero incluso al imaginar
el sexo con Jo Yeon-oh, no había visualizado una postura así.
El contacto de otra
persona entre sus piernas totalmente abiertas le provocaba una sensación
extraña. Contra su carne tierna, que nunca antes había estado expuesta, chocaban
el vello púbico de Jo Yeon-oh, su pene, su escroto, su bajo vientre firme y sus
muslos duros como rocas. Tuvo que apretar los labios para que no se le escapara
un lamento.
Sin embargo, ese
pensamiento duró poco, pues Jo Yeon-oh atrapó el pene de Gi-hyun, que rebotaba
al ritmo de las embestidas. Sobresaltado por el contacto en una zona tan
sensible y erecta, Gi-hyun extendió la mano, pero sus fuerzas flaquearon y sus
dedos solo pudieron rozar el dorso de la mano de Yeon-oh antes de resbalar. El
rastro de sus dedos quedó marcado en rojo sobre la piel de Yeon-oh. Gi-hyun
cerró los ojos con fuerza.
“Mmm, ugh…ugh …”
“Joder, estoy viendo
las estrellas.”
Yeon-oh, que seguía
embistiendo, incorporó el torso y parpadeó. Sacudió la cabeza con brusquedad,
como alguien que intenta escapar de una sensación demasiado intensa. El gesto
de lamerse el labio inferior fue provocador. Al verlo desde abajo, con las
venas de su cuello grueso resaltadas como enredaderas, Gi-hyun se sintió
extraño.
En ese momento, el
interior de Gi-hyun se estrechó aún más. Su interior, que succionaba el pene
como si quisiera tragarlo, volvió a escupir fluido desde la unión. Eso hacía
que la zona entre sus nalgas chapoteara. Probablemente, al estar sus paredes
internas bloqueadas por el pene y sin espacio, su interior dejaba fluir el
fluido acumulado para intentar abrirse camino.
“…… Casi parece que
quieres cortarme el pene con el culo.”
Jo Yeon-oh emitió un
quejido, frunció el ceño y volvió a mover la cintura lentamente. Gi-hyun, que
pensaba que sufría porque el otro se movía rápido, tomó aire con un jadeo y se
quedó temblando sin poder hacer nada.
Al moverse despacio,
la sensación del tronco ligeramente curvado y la corona gruesa del glande
rozando las protuberancias internas se volvió vívida; esa sensación de estar
atrapado y no poder moverse cada vez que entraba y salía, debido a que el
centro era más grueso que los extremos, se hizo nítida.
Gi-hyun extendió los
brazos y se sujetó a los bíceps de Yeon-oh. Incluso llegó a arañarlos con las
uñas.
“Haz... algo, por
favor, ugh……”
Solo quería suplicar
que hiciera algo, lo que fuera. Con un gemido, Jo Yeon-oh eyaculó en su
interior. Gi-hyun abrió mucho los ojos por la sorpresa, a lo que el otro, con
las orejas ligeramente enrojecidas, dijo a modo de excusa:
“…… No me he corrido.
Es solo que hay mucha cantidad y por eso lo parece……”
Habló como si
estuviera avergonzado y retiró la cintura para sacar el pene. Mientras lo que
estaba dentro salía con un sonido húmedo, sus paredes internas, aún hinchadas,
sentían un hormigueo insoportable.
Con los dedos de los
pies encogidos y jadeando de dolor, Jo Yeon-oh frotó la zona entre las nalgas
de Gi-hyun y le mostró su mano cubierta de fluido.
“Mira. No es semen. Es
eso, ¿cómo lo llaman? Líquido preseminal.”
“…… Loco, ¿cómo va a
ser eso líquido preseminal? ¡Ah……! ¡ah…!”
Gi-hyun frunció el
ceño, indignado por la afirmación de Jo Yeon-oh de que aquello era fluido
preseminal, cuando de pronto su interior comenzó a contraerse por sí solo y una
sensación de hormigueo extremo empezó a fluir sin detenerse.
Sin darse cuenta,
Gi-hyun incorporó el torso y gateó hacia la cabecera de la cama como si
intentara escapar.
“¿Qué pasa?”
“¡Ah, mmm……! Hic…….
Ah……”
No podía responder. El
picor ahí abajo lo estaba volviendo loco. Su pene estaba tan hinchado hasta la
punta del glande que cada vez que rozaba las sábanas, sentía una oleada de
ganas de eyacular. Justo cuando intentaba huir a alguna parte arañando la cama
con las piernas...
“¡¿Ahhh?!”
Fue arrastrado de
vuelta por el tobillo. Alguien presionó ambos muslos de Gi-hyun para mantener
sus piernas abiertas y, mientras le metía algo grueso en el orificio, él solo
pudo temblar impotente.
Gi-hyun soltaba ruidos
ahogados, incapaz de exhalar. Jo Yeon-oh bajó la cabeza y le mordió la nuca.
De repente, recordó el
instinto de los Alfas de querer marcar a los Omegas. Recordó que, durante el
coito, un Alfa excitado clava sus dientes en la nuca del Omega para dejar una
marca.
No sabía por qué
recordaba eso ahora. No era un contenido apropiado para recordar justo en el
momento en que el clímax lo estaba atormentando. Lo que había entrado en su
interior seguía excavando sus paredes como si las estuviera quemando.
Jo Yeon-oh introdujo
el pene hasta la raíz, hasta que su vello púbico chocó con la entrepierna de
Gi-hyun, y empezó a mover la cintura en círculos. Lo que estaba dentro giraba
triturando las paredes internas.
El pene de Gi-hyun
rebotó. Podía sentir incluso cómo su meato urinario se abría. Finalmente,
Gi-hyun terminó eyaculando.
Fue junto con un
apagón mental. Antes de perder la conciencia, Gi-hyun se hizo una promesa: Jo
Yeon-oh nunca debía enterarse de lo ocurrido hoy.
Si él se enteraba, no
podría seguir viviendo. Y no solo eso; ahora se daba cuenta de que había sido
un estúpido al pensar que simplemente podían amarse y vivir con normalidad como
cualquier otra pareja. No solo se trataba del rechazo interno de Jo Yeon-oh
hacia las relaciones con Betas, sino que todo lo que rodeaba a Jo Yeon-oh
estaba en contra de Gi-hyun.
Era mejor cuando
mantenían esa relación de amantes que era solo una apariencia. Tuvo el
presentimiento de que lo de hoy no podía llegar a oídos del abuelo de Jo
Yeon-oh.
So Gi-hyun recordó la
pecera que había dejado en casa. Pensaba que era una criatura marina que vivía
en el océano salado, pero parece que solo era un pez de colores en una pecera
de un palmo.
Gi-hyun decidió
regresar a esa pecera fingiendo que no sabía nada. Pensó que solo necesitaba
que alguien lo ayudara.
