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So Gi-hyun era un hombre que no solía tener sueños.

-¿Te molestan los sueños? Entonces solo piensa que no los tendrás. ¿Quieres que practicemos juntos desde hoy con mamá?-

Los sueños de su infancia solían atormentarlo incluso al amanecer. Dicen que los niños en etapa de crecimiento sueñan con caer desde lugares altos, pero los sueños del pequeño Gi-hyun eran más bien pesadillas.

-Gi-hyun se hace una promesa a sí mismo. Promete no soñar.-

Su madre le hablaba con naturalidad al niño que sufría de pesadillas nocturnas. Ella sabía cómo simplificar los problemas y hacer que su peso pareciera más insignificante que el polvo. Bajo su mirada, incluso los asuntos graves se transformaban en algo trivial.

Gi-hyun siempre se preguntó cómo era capaz de lograr aquello. Pero lo más increíble era que, desde que ella lo dijo, la frecuencia de sus sueños disminuyó. Como si la promesa realmente funcionara.

Por eso, Gi-hyun sintió que incluso un sueño como este era algo que no experimentaba en mucho tiempo.

En su sueño, un sol abrasador caía sobre su cabeza. ‘Joven amo, por favor, entre a la casa para hablar’, decía la empleada de la casa de Jo Yeon-oh, pero al no recibir respuesta de Yeon-oh, se marchó inquieta.

Gi-hyun, sintiéndose mal por ignorar las palabras de un adulto, miró hacia ella, pero los ojos de Yeon-oh, de pigmentación clara, no dejaban de observarlo. Debido a eso, Gi-hyun no tuvo más remedio que devolverle la mirada en medio del jardín, a pesar de que el sudor le corría por la piel.

-¿Acaso eso, joder, tiene sentido?-

Yeon-oh soltaba insultos demasiado crudos para un niño. Nunca antes sus maldiciones se habían dirigido a So Gi-hyun, pero hoy parecía ser la excepción. Aquello fue un shock. No esperaba que él mostrara tal hostilidad, porque So Gi-hyun siempre había sido alguien dentro del círculo de Jo Yeon-oh.

Era algo decidido desde su nacimiento. Al nacer, Gi-hyun heredó el orgullo de su padre y la delicada apariencia de su madre, junto con el privilegio natural de estar en el bando de su amigo de la infancia. Pero hoy, ese círculo lo estaba expulsando.

Aun así, no pudo protestar. El rostro de Yeon-oh se veía demasiado serio, incluso para sus ojos infantiles. Yeon-oh, más bajo que Gi-hyun y con la apariencia de un delicado muñeco francés de piel blanca, mantenía una expresión gélida. Normalmente, su aspecto adorable y frágil hacía que Gi-hyun quisiera cuidarlo como a un hermano menor, pero ahora era distinto. Paralizado por la furia, Yeon-oh mostraba una cara que Gi-hyun nunca había visto.

Sin embargo, Gi-hyun no podía evitar preocuparse por Yeon-oh. Aunque era la primera vez que le lanzaba insultos, eso no quitaba que fuera su amigo.

-¿Te... te duele algo...?-

Gi-hyun solo podía preocuparse por él. Su rostro, blanco como la harina, había perdido todo rastro de color y parecía que iba a desmayarse en cualquier momento.

-¿De qué hablas, joder?-

Su respiración se había vuelto errática. Parecía que le faltaba el aire y Gi-hyun intentó acercarse, pero antes de que pudiera extender la mano, Jo Yeon-oh retrocedió bruscamente. Gi-hyun encogió la mano en el aire, aturdido por haber escuchado un segundo insulto.

Quería excusarse, pues creía entender vagamente por qué Yeon-oh estaba enfadado. Durante los últimos días, no se le había permitido ver a Yeon-oh; era la primera vez que se encontraban tras el funeral de su madre.

En el funeral, Jo Yeon-oh, quien abrazaba a un Gi-hyun que parecía a punto de desmayarse del llanto, no lloró, pero sus ojos estaban inyectados en sangre. Su mirada reflejaba el resentimiento de no encontrar palabras para consolar a su amigo, solo pudiendo estrecharlo entre sus brazos.

Era la primera vez desde entonces. Hasta que terminaron los ritos funerarios y su padre preparó la mudanza, Gi-hyun no pudo visitar a Jo Yeon-oh, con quien se había criado como un hermano. Probablemente habría sido lo mismo si Yeon-oh hubiera pedido ver a Gi-hyun.

Por eso, cuando Gi-hyun tocó tímidamente el timbre de la puerta principal y esperó, Yeon-oh salió corriendo con un rostro que mezclaba la sorpresa y una alegría incontenible. Debido a eso, Gi-hyun no esperaba una reacción como esta.

-Mi padre dijo... que ya no podré venir a verte... que viniera a despedirme...-

Los niños estaban parados bajo el sol ardiente. Gi-hyun tuvo que explicar la situación en un rincón del jardín, sin siquiera poder refugiarse bajo la sombra del tejado de la casa de Yeon-oh. Pero Yeon-oh actuaba como si no pudiera comprender sus palabras.

-¿Entonces qué diablos significa eso?-

Debido a la intensidad de su mirada, Gi-hyun no pudo decir las palabras que había preparado: ‘Hablemos por teléfono a menudo. Mi padre dijo que me compraría un celular. Dijo que podría mandarte hasta diez mensajes al día. Ahorraré dinero y vendré a verte en vacaciones’. Fue el momento en que todas las excusas preparadas se volvieron inútiles.

-¿Y tú dijiste que sí a eso?-

-¿Eh...?-

-Te he preguntado si respondiste que sí a esa estupidez.-

Gi-hyun asintió levemente. Pero supo de inmediato que su respuesta era errónea, pues Yeon-oh le dio la espalda y regresó al interior de la casa. Gi-hyun lo llamó sorprendido.

-¡Jo Yeon-oh!-

-No vuelvas a hablarme en tu vida.-

¡Bang! La puerta principal se cerró. Gi-hyun se quedó allí parado hasta que se puso el sol, pero la puerta nunca volvió a abrirse.

“¡Ah...!”

Gi-hyun abrió los ojos sintiendo que una sensación de ardor recorría su cuerpo. En cuanto reconoció que estaba en la realidad, el sueño se evaporó rápidamente. Dentro de él, las sensaciones y el sol abrasador habían sido nítidos, pero se desvanecieron demasiado pronto.

“¡Ah...!”

Su cuerpo se sentía cada vez más extraño. De alguna parte provenía un aroma a ron mezclado con vainilla. Al percibir ese dulzor envuelto en un rastro de alcohol picante, se dio cuenta de que su temperatura corporal se había disparado.

“¿Qué es esto...?”

Los cambios físicos ocurrían segundo a segundo. Estaba tan desconcertado que ni siquiera lograba procesar dónde se encontraba. Solo sentía que algo le pasaba a su cuerpo y que no tenía control sobre ello. Tuvo el presentimiento de que debía hacer algo: llamar al vestíbulo por un antipirético o contactar al Secretario Yu para ir a urgencias.

“Ugh...”

Logró bajar de la cama, pero sus piernas no lo sostuvieron y sus corvas cedieron. Sus músculos perdieron fuerza y Gi-hyun se tambaleó, casi derribando la lámpara de la consola. Era la primera vez que le ocurría algo así, por lo que se quedó sentado en el suelo parpadeando con incredulidad. Entonces, con un sobresalto, se levantó del suelo.

“¿Qué es esto...?”

Algo había mojado su ropa interior y sus pantalones de algodón, dejando una mancha circular en el lugar donde acababa de estar sentado. Al tocarlo, notó que era viscoso y transparente. De allí emanaba ese aroma a vainilla y ron.

“¡Ah...!”

Pero no era eso. Algo se deslizaba entre sus nalgas. Asustado, Gi-hyun gateó para alejarse de su propio rastro. Se quedó con el torso inclinado, sintiendo la textura de la alfombra contra su mejilla. En ese momento, tras el pitido electrónico, alguien abrió la puerta de la habitación de golpe. Solo podía ser una persona.

“Jo, Jo Yeon-oh... ¿eres tú?”

Llamó a Yeon-oh con voz temblorosa. Sin embargo, la persona que entró no dijo nada. Se quedó allí, de pie, observándolo fijamente. Debido a las sombras, no podía ver su rostro, pero era evidente que su mirada estaba clavada en él.

Había una distancia considerable entre la puerta y la cama, pero Gi-hyun contuvo el aliento ante una presión que parecía aplastarlo. Era una sensación nueva. No se parecía a ningún otro sentido: era un aroma que se sentía en la piel. Un olor que se asemeja a una presión física. Parecía estar bajo las ramas de un árbol de flores exóticas, siendo aplastado por miles de ellas. Jadeando, Gi-hyun levantó la cabeza.

“Jo Yeon-oh...”

“...”

Allí estaba el Jo Yeon-oh de So Gi-hyun. Pero la sensación que recibía de él era totalmente desconocida. No era el amigo de la infancia, ni el amante; era algo completamente ajeno.

“¡Ugh...!”

Sintió una náusea. Al mismo tiempo, sus piernas temblaron. No era cansancio por el surf. Era una pesadez y un picor. Gi-hyun deseó sumergirse en agua helada. El límite entre la razón y el instinto se volvía borroso. De su cuerpo emanaba un aroma a sirope de vainilla y ron que volvía denso el aire.

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Pero el aroma de Jo Yeon-oh era igual de intenso. Sus feromonas olían a flores exóticas en plena floración. Esa era la intimidación que Yeon-oh le brindaba por primera vez como Alfa. El calor hervía desde su interior y su instinto le gritaba que huyera de sí mismo.

Al levantarse apoyándose en la cama, el líquido volvió a deslizarse entre sus piernas. Sintió la humedad viscosa. Tenía que salir de allí antes de que Jo Yeon-oh lo descubriera.

Se levantó tambaleándose e intentó pasar de largo hacia la puerta.

“Yo, hoy no me siento bien... tengo un resfriado... dormiré solo...”

Intentó pasar junto a él sin terminar la frase, pero Jo Yeon-oh le atrapó la muñeca.

“Suéltame.”

“...”

Yeon-oh no respondió. Gi-hyun notó que la situación de su amigo tampoco era normal. Lo miró con extrañeza.

“Tú...”

Y entonces tragó las palabras que no se atrevieron a salir.

La camisa tipo polo que vestía Jo Yeon-oh estaba completamente desalineada, con la parte delantera abierta. Algunos botones colgaban, casi arrancados. Sus pectorales, gruesos y tensos, subían y bajaban de manera evidente con cada respiración. En su grueso cuello, las venas sobresalían, palpitando con fuerza.

So Gi-hyun sintió como si estuviera frente a una criatura salvaje a una distancia peligrosamente corta. Percibió esa misma sensación en los músculos maseteros que resaltaban debido a su mandíbula firmemente apretada. Sobre ese rostro que solía verse elegante a pesar de su gran constitución, ahora se revelaba una naturaleza salvaje imposible de ocultar. Gi-hyun se dio cuenta, casi sin querer, de que lo que impregnaba aquellas facciones refinadas era pura lujuria.

Era la primera vez que recibía una impresión así de Jo Yeon-oh. Gi-hyun, inconscientemente, incluso contuvo el aliento. Fue una resistencia mínima para intentar evitar que ese aroma se instalara en lo profundo de sus pulmones, pero no duró mucho; el interior de la muñeca por donde Yeon-oh lo sujetaba empezó a picarle intensamente.

“Te... te he dicho que me sueltes.”

Intentó zafarse con un movimiento espasmódico, pero fue inútil. Cuando jugaban a las pulseadas o a las luchas de muslos, él solía ganar al menos una de cada tres veces, pero el Jo Yeon-oh de ahora ni siquiera se inmutó mientras lo mantenía apresado.

Una señal de advertencia volvió a encenderse en la cabeza de So Gi-hyun. Ni siquiera sabía hacia qué iba dirigida esta vez. Solo sentía que, si seguían así, algo iría mal.q

Al principio, su único pensamiento era que Yeon-oh no debía descubrir su estado. No quería que se diera cuenta de que su parte trasera estaba empapada y de que algo viscoso se deslizaba entre sus piernas, a pesar de que él mismo no sabía qué era aquello.

...Si él se enteraba, a mí... Justo cuando Gi-hyun pensaba que solo debía abandonar la habitación, una sensación de peligro de un tipo distinto lo invadió. Sentía que no debía permanecer allí ni un segundo más. El olor a flores desconocidas se volvió tan denso que sus fosas nasales se contrajeron y empezaron a dolerle.

Gi-hyun no se dio cuenta de que sus pupilas se dilataban sin control. Jo Yeon-oh seguía en silencio, y Gi-hyun sentía que sería capaz de hacer cualquier cosa con tal de escapar de aquel lugar en ese preciso instante. Sin embargo, su amante y viejo amigo, que lo conocía demasiado bien...

“So Gi-hyun.”

“…….”

Con solo pronunciar su nombre una vez, Yeon-oh compró toda la resistencia de Gi-hyun a un precio irrisorio. Habiendo entregado incluso su capacidad de rechazo, Gi-hyun lamentó lo barato que había vendido su voluntad, pero no tuvo más remedio que dejarse arrastrar.

Curiosamente, su destino no fue la cama.

“¿Qué estás...?”

Gi-hyun volvió a preguntar, extrañado, mientras Jo Yeon-oh lo llevaba repentinamente frente a una consola que parecía un tocador en un rincón de la habitación. Yeon-oh colocó a Gi-hyun entre él y el mueble, sujetándolo por la cintura. Al empujar la consola, el gran espejo colgado en la pared vibró con un estruendo.

“¿Qué haces……. ¡Oye……!”

No pudo evitar gritar por la sorpresa, ya que Jo Yeon-oh había metido la mano bruscamente dentro de sus pantalones.

Para Gi-hyun, era la primera vez que la mano de otra persona invadía ese lugar. En su infancia, sus romances habían sido meros juegos, y al crecer, no había mirado a nadie que no fuera Jo Yeon-oh. Al sentir ese roce en su zona más íntima, olvidó por completo el estado en el que se encontraba su cuerpo hasta hacía un momento.

La mano que había entrado se abrió paso directamente entre las nalgas mojadas de Gi-hyun. Él no pudo más que inhalar aire con desesperación. Le resultaba difícil comprender qué le estaba ocurriendo.

Se escuchó un sonido húmedo, como si un líquido viscoso acumulado en la estrecha hendidura se deslizara hacia abajo. Lo más aterrador fue que ese sonido prominía de su propio cuerpo. Gi-hyun, incapaz de creerlo, cerró los ojos mientras sus párpados temblaban violentamente. Las yemas de sus dedos, apoyadas en la consola, se tiñeron de blanco por la presión.

“Sal de ahí ahora mismo, hijo de perra—.”

“…….”

Pero el otro seguía sin decir una palabra. Aunque Gi-hyun intentó retorcerse, Yeon-oh solo apretó con más fuerza sus caderas. Algo pesado, como un garrote, rozó la parte superior de sus glúteos. Gi-hyun, sin saber qué era aquello, terminó restregando su trasero contra ese lugar. Jo Yeon-oh chasqueó la lengua. Luego, con los ojos entrecerrados, habló:

“Tú no eres So Gi-hyun, ¿verdad?”

“……¿Qué?”

Ante tal absurdo, los movimientos de Gi-hyun se detuvieron en seco. La mano de Yeon-oh salió de sus pantalones con un sonido húmedo. Al estar empapada, el líquido se pegó al borde de la camiseta de Gi-hyun, creando una sensación pegajosa contra su cintura.

Gi-hyun se giró, incapaz de creer lo que veía incluso a través del espejo. Jo Yeon-oh lo miraba fijamente mientras pasaba la lengua entre sus dedos índice y corazón, lamiendo la sustancia que los humedecía.

“¡Qué, qué estás haciendo, loco—!”

El insulto salió disparado. Gi-hyun resistió con más violencia. Jo Yeon-oh, tras lamer esa esencia desconocida como si no fuera nada, le dio un azote en la nalga con su mano húmeda y luego comenzó a masajearla con parsimonia.

La nuca de Gi-hyun se encendió en rojo. ¿Humillación? ¿Podía llamarse a esto humillación? Sentía como si se le quemara la nuca y el pecho le saltara de rabia, pero no le salían las palabras. Era una emoción que So Gi-hyun, habiendo vivido toda su vida como un hombre beta, experimentaba por primera vez.

Jo Yeon-oh presionó entonces la espalda de Gi-hyun, como si quisiera asegurarse de que no pudiera volver a levantarse. La mejilla de Gi-hyun quedó pegada a la consola. Ante el contacto frío en su piel, parpadeó repetidamente.

“A mi Gi-hyun no le salen estas cosas.”

“…….”

“Pero si tú ni siquiera eres So Gi-hyun.”

De repente, sus pantalones bajaron. La banda de los bóxers que vestía Gi-hyun quedó atrapada a mitad de sus muslos, apretándole las piernas. Algo seguía fluyendo continuamente por la cara interna de sus muslos. Gi-hyun no podía hacer nada más que parpadear una y otra vez.

Jo Yeon-oh soltó una risita y acarició con el pulgar la zona del sacro de Gi-hyun.

“Incluso tener hoyuelos aquí te hace parecerte a mi Gi-hyun.”

“…….”

“Tú también hueles bien.”

A Gi-hyun le entró una risa irónica por lo absurdo de la situación. Quizás por ese sonido de aire escapando, la mano que había estado masajeando sus nalgas sin piedad se extendió hacia adelante y le sujetó la mandíbula con fuerza. De esa mano, empapada en algo que había salido de él, emanaba un intenso aroma a vainilla y ron.

Jo Yeon-oh murmuró al ver aquel rostro desesperado:

“¿Qué pasa? ¿Tú tampoco sonríes mucho?”

“…….”

“Al menos tú deberías sonreír. Vamos a hacer algo bueno ahora.”

No quería preguntar qué era ese “algo”. Gi-hyun conocía la palabra ‘desolación’, pero era la primera vez que sentía cómo ese término se grababa tan profundamente en su pecho.

La mano de Jo Yeon-oh rozó la hendidura. La yema de su pulgar presionó ese lugar del que no quería ni hablar. Yeon-oh sonrió. Gi-hyun se quedó mirando esa sonrisa, aturdido, olvidando incluso la situación.

Tú solías sonreír mucho. Incluso al mirarme... Yeon-oh. Desde hace algún tiempo, a mí me cuesta sonreír. Seguramente yo soy el que más ha ganado en esta relación. Tal vez por remordimiento, no me sale la risa.

Los pensamientos pasaron fugazmente. Gi-hyun cerró los ojos ante el vértigo. Su muñeca fue arrastrada. Lo siguiente sería sobre la cama. Gi-hyun lo comprendió incluso sin tener experiencia previa.

Jo Yeon-oh, ignorando por completo la situación de Gi-hyun, clavó su mirada en algún punto vacío de la esquina de la cama y volvió a abrir los labios.

“…… Como sea.”

“¡Ugh…!”

“Ya que estoy en este sueño, debo disfrutarlo. Además, eres lindo.”

Era la primera vez que escuchaba algo así. Todas las personas con las que Jo Yeon-oh había salido eran mujeres Omega. Gi-hyun sabía perfectamente cuánta diferencia había entre la apariencia de ellas y la suya. ¿Lindo? Los ojos de Gi-hyun se agrandaron ante la sorpresa de escuchar tales palabras de boca de Yeon-oh.

Sin embargo, Jo Yeon-oh no estaba mirando a So Gi-hyun. Con un rostro tan árido que no había palabras para describirlo, masajeaba el pene de Gi-hyun de manera casi obligatoria. Mientras tanto, mantenía una mirada sumida en el tedio, dirigida a algún lugar indeterminado.

Gi-hyun tuvo la vaga sensación de que aquello que Yeon-oh observaba no estaba allí. Al menos, lo que Jo Yeon-oh deseaba no parecía estar sobre esa cama. La persona con la que Jo Yeon-oh estaba intimando en ese momento no era So Gi-hyun. Al darse cuenta de eso, sintió que se asfixiaba. ¿Por qué solo yo? ¿Por qué siempre soy yo? Pero esas preguntas no pudieron salir.

Sus pezones, completamente erectos y con un hormigueo incesante; su perineo, tenso como si estuviera inflamado; su pene, que le picaba tanto que preferiría agarrarlo y rascarlo él mismo; y ese lugar en su interior que se contraía. Estaba demasiado ocupado jadeando, sin poder adaptarse a su cuerpo transformado.

Jo Yeon-oh, quien siempre que So Gi-hyun sufría se encargaba de que el dolor fuera lo suficientemente tolerable como para no morir, parecía tener la misma intención hoy. Soltando el pene de Gi-hyun, Yeon-oh se puso de rodillas sobre la cama. Luego, mirando fijamente a Gi-hyun, que jadeaba bajo sus piernas, habló:

“No preparemos la parte de atrás. De todos modos es un —, así que quiero que te lo tragues todo.”

Gi-hyun no alcanzó a oír bien de qué se trataba. Un sonido mucho más fuerte carcomió sus nervios. Click, sssip—. El sonido de la cremallera bajando estalló sobre la cama como un trueno. Para sacar su pene, que estaba acomodado hacia el muslo dentro de los pantalones, Jo Yeon-oh se despojó de los pantalones y la ropa interior de un solo movimiento.

Inconscientemente, Gi-hyun recordó aquella vez que un Jo Yeon-oh ebrio estaba de pie frente a la tabla de planchar vistiendo solo sus bóxers ajustados. En aquel entonces, aunque no estaba erecto, su pene sobresalía por el borde de la pierna del bóxer. Recordaba vívidamente cómo había contenido el aliento al ver aquel glande oscuro que, sin estar endurecido, ya era tan grueso como una nuez.

Incluso ahora, olvidando su propia situación, Gi-hyun no pudo evitar observar cómo Jo Yeon-oh se quitaba los pantalones. Aquel pene que antes apenas asomaba por la banda elástica del bóxer, hoy bajaba mucho más, mostrándose más firme, grueso e incomparable a lo visto anteriormente.

“¡Ah—!”

Gi-hyun no pudo contener el gemido que escapó de sus labios. Para ser exactos, no pudo contener el impulso de querer lamerlo. Nada de eso encajaba con el rostro de belleza refinada y facciones delicadas de Jo Yeon-oh. Y aun así, sintió deseos de hundir la nariz entre el vello púbico, en ese glande poderosamente hinchado, en el tronco grueso donde resaltaban las venas y en la línea media del escroto tensado por la excitación, para inhalar profundamente. Todo esto sin saber que es allí donde el aroma de un Alfa dominante se percibe con mayor intensidad.

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Un impulso como un rayo lo recorrió de arriba abajo. Se mordió los labios para contener las ganas de suplicar que lo dejara succionarlo. Debido a su falta de experiencia, Gi-hyun no podía soportar lo extraño del deseo que estaba experimentando. Era una lujuria que contrastaba con su habitual naturaleza racional. El hecho de que no pudiera resistir las ganas de lamer el pene de Jo Yeon-oh lo hacía sentir incluso desolado. Finalmente, cuando soltó sus labios mordidos y enrojecidos, ocurrió algo increíble.

“Ah……”

“…….”

Ambos hombres miraron al mismo tiempo la entrepierna de Gi-hyun. Él, dándose cuenta rápidamente de lo que le había sucedido, no pudo más que observar su propio pene con ojos llenos de desesperación.

Ploc, ploc—.

El semen saltó. Incluso hasta el pecho de So Gi-hyun. Sintió como si el cansancio posterior a la eyaculación lo engullera por completo. Jo Yeon-oh soltó una risa blanca.

“Gi-hyun.”

“…… Cállate.”

Gi-hyun levantó ambas manos para cubrirse el rostro con las palmas. No podía soportar la autocrítica. Deseó desaparecer de este mundo. Jo Yeon-oh soltó una risita mientras miraba a Gi-hyun, cuyo rostro, orejas y nuca estaban más que rojos, con manchas extendiéndose hasta las clavículas. Gi-hyun habló con una voz baja, a modo de advertencia:

“…… Por favor, cállate, Jo Yeon-oh.”

Pero él no le hizo caso. Incluso extendió la mano para sujetar el pene de Gi-hyun, que aún estaba eyaculando, mientras dejaba escapar una risa.

Las siguientes palabras hicieron que Gi-hyun quisiera morir en el acto.

“Tú……. ¿Te has corrido solo de mirar mi pene?”

Él se rió. Jaja, el sonido de su risa era tan claro que resultaba aún más irritante. Gi-hyun, olvidando que era su tobillo lastimado, levantó la pierna intentando clavarle la espinilla en la nuca. Con un exabrupto de sorpresa, Jo Yeon-oh atrapó el tobillo de Gi-hyun en el aire.

“Tienes que moverte con cuidado. Esto está hecho un desastre aquí abajo, tú.”

…… ¿Y por quién crees que es? No tenía intención de culparlo, pero era cierto que la rabia le hervía por dentro debido a ese tipo que sostenía su tobillo mientras mostraba una sonrisa a la que no podía acostumbrarse.

Lo que más le irritaba era que, cada vez que él le abría una pierna de esa manera, se escuchaba un sonido húmedo en su entrepierna empapada. Era absurdo que ese sonido proviniera de su propio cuerpo, pero lo más increíble era que, desde hacía un rato, no podía oponer una resistencia real a nada de lo que Jo Yeon-oh hiciera.

“Suéltame……”

Salió una voz extremadamente áspera. Parecía que Gi-hyun era el único que no podía soportar todo lo que estaba ocurriendo sobre esa cama. Gi-hyun pensó que el Jo Yeon-oh de ahora no estaba en sus cabales.

Porque, de lo contrario, no podría actuar de esta manera con él. Para empezar, no sabía que la relación entre ambos pudiera llegar a tales extremos.

Debido a eso, Gi-hyun terminó dándose cuenta de algo: en la balanza entre los dos, él era el único que no podía alcanzar al otro. Esa balanza inclinada hizo que Gi-hyun se echara a reír.

“¿De qué te ríes?”

Jo Yeon-oh estaba observando esa risa. Incluso preguntó por qué se reía. Gi-hyun, incapaz de contenerse, le devolvió la pregunta:

“¿Por qué me lo preguntas? Que me ría o no, ¿qué más te da? ¿Por qué te importa?”

Las últimas palabras tuvo que escupirlas con el rostro crispado, como alguien que hubiera tragado algo amargo. Porque incluso el momento de preguntar aquello era doloroso. A medida que su cuerpo se calentaba, su mente se enfriaba. Sentía que su garganta le dolía como si se la estuvieran raspando al hablar, pues solo estaba diciendo cosas que no quería decir.

Jo Yeon-oh emitió un sonido con la garganta, como si estuviera meditando la pregunta de Gi-hyun.

“Mmm……”

Y entonces, sonrió ampliamente. La línea de sus labios formando un arco era tan hermosa que Gi-hyun deseó morir.

“Es porque tú no me sonríes. Por más que haga el imbécil, ni una sola vez me devuelves la sonrisa.”

“…….”

“Has cambiado, So Gi-hyun.”

Como era un tono de queja similar al de un amante en plena crisis de desinterés, el pecho de Gi-hyun dolió. Jo Yeon-oh habló con una voz baja y profunda, como si estuviera realmente dolido.

“¿Tienes idea de cuánto me esfuerzo por ti? Me haces tener que decir estas cosas, qué vergüenza.”

“…….”

Él dejó escapar un suspiro profundo. Gi-hyun miró a Yeon-oh fijamente.

Lo que decía Jo Yeon-oh era cierto. Su queja era válida. Porque él realmente se había esforzado por Gi-hyun. Al igual que Gi-hyun, quien intentaba no hacer pública su relación sabiendo que salir con un Beta sería una debilidad política para su amante, Jo Yeon-oh también se había esforzado en muchos aspectos para no ser una carga el uno para el otro.

Gi-hyun sabía bien que el hecho de que Yeon-oh se pusiera en contra de sus primos —quienes lo despreciaban—, o que obedeciera las órdenes de su abuelo bajando cada fin de semana desde Seúl hasta Namhae cargando cajas de manzanas llenas de billetes de cincuenta mil wones y cajas de tónico, solo para terminar cavando hoyos en la tierra con palos de golf que costaban una fortuna, era todo por él.

Jo Yeon-oh apreciaba a So Gi-hyun. Lo amaba. Él siempre ponía todo su empeño en minimizar las incomodidades de Gi-hyun. Gi-hyun conocía ese lado de Jo Yeon-oh demasiado bien. Después de siete años, era imposible no verlo.

Durante los últimos años, Gi-hyun había vivido hundido en este afecto que se parecía al amor. Siendo solo un pez de colores que solo podía mover las branquias bajo el agua. Creyendo que una gelatina blanda era agua solo porque estaba húmeda, pataleaba con todas sus fuerzas hasta que, falto de oxígeno, terminaba boqueando desesperado.

Un pez de colores en gelatina, una orquídea echando raíces en tierra de poliestireno, So Gi-hyun, el antiguo amante de Jo Yeon-oh. Eran todos términos para cosas que aparentaban estar en su lugar sin estarlo realmente. So Gi-hyun estaba olvidando cómo respirar al lado de Jo Yeon-oh. Incluso recibiendo su afecto.

Por eso, el reproche de Jo Yeon-oh era acertado. El amor de So Gi-hyun había cambiado. Era claramente distinto al del principio.

Al comienzo, fue el impulso de querer estar al lado de aquel chico. Durante su adolescencia, entre un So Gi-hyun que a veces se sentía solo y un Jo Yeon-oh que siempre estaba a la defensiva, ambos parecieron creer que el otro era lo único que les quedaba, como dos animales jóvenes heridos que se lamen mutuamente para consolarse.

La tragedia la inició So Gi-hyun primero. Empezó a amar a un Jo Yeon-oh que no tenía intenciones de hacer lo mismo. Jo Yeon-oh pareció considerar aquello como una traición. Parecía pensar que la persona que había echado agua sobre el perfecto castillo de arena que ambos habían construido era Gi-hyun.

Sin embargo, al principio, Gi-hyun también había iniciado este amor con el deseo de cuidar a Jo Yeon-oh. El querer no dejarlo solo, el anhelo de convertirse en algo en lo que él pudiera apoyarse, fue lo que terminó evolucionando en este sentimiento.

Por lo tanto, en sus comienzos, no existía este olor a moho. En aquel entonces, So Gi-hyun sonreía mucho y consideraba natural estar al lado de Jo Yeon-oh. Pero todo el mundo crece. Al So Gi-hyun que envejeció no le quedaba nada. Se dio cuenta de que estaba abrazando un amor vacío, como el de una marioneta.

Gi-hyun dejó de sonreír gradualmente. Se volvió un poco más infeliz. Al final, vivía acompañado de la melancolía. La única razón por la que no lo demostraba era simple: no podía llorar frente a él solo porque ya no le sonreía. Ese era el amor de So Gi-hyun, y sabía de sobra que Jo Yeon-oh también lo apreciaba a su manera.

Ese conocimiento era lo que desesperaba a So Gi-hyun.

“Sonríe. Me estoy esforzando a mi manera. ¿No soy lindo?”

“…… Eres lindo.”

La voz de Gi-hyun estaba ronca. Incluso dejó escapar una leve sonrisa. Puesto que el otro parecía creer que esto era un sueño, él también decidió actuar como si lo fuera hasta que llegara el momento de despertar.

¿De qué otra forma podría considerar este estado extraño, donde su cuerpo ardía y sus deseos hervían, si no fuera un sueño? La mirada de Gi-hyun se desdibujó por un momento. Jo Yeon-oh seguía el rastro de esa expresión en silencio.

“…… Qué raro es esto.”

Jo Yeon-oh extendió la mano, rozó el rabillo del ojo de Gi-hyun y soltó una risita. Incluso llegó a abrazar a Gi-hyun con fuerza, dejando escapar un quejido.

“Hueles bien, So Gi-hyun……”

Gi-hyun palmeó suavemente la espalda de Jo Yeon-oh, quien murmuraba con el rostro hundido en su nuca. No sabía cómo se había llegado a esto, pero si Jo Yeon-oh pensaba que era un sueño, él debía seguirle el juego.q

La relación de ambos era un castillo construido sobre la arena gracias al esfuerzo de cada uno. Para evitar que uno de ellos, por error, vertiera agua sobre ese castillo de arena.

“Gi-hyun.”

“…… Dime.”

Todos debían esforzarse. So Gi-hyun comprendía profundamente a Jo Yeon-oh. Al mismo tiempo, comenzaba a distanciarse poco a poco.

Y entonces, el sexo se volvió un poco más suave. Como si fuera realmente un contacto físico entre amantes. A Gi-hyun le pareció gracioso. Y si le parecía gracioso, simplemente se reía. Cada vez que soltaba una pequeña risa que sonaba como un suspiro, Jo Yeon-oh lo miraba fijamente, tomaba su muñeca y besaba la palma de su mano.

Los labios blandos del otro rozando su palma le daban escalofríos. Gi-hyun extendió el otro brazo y acarició la mejilla de Jo Yeon-oh. Él apoyó la cabeza en su mano, como una enorme bestia que busca mimos. Gi-hyun lo miró fijamente y habló.

“Esto es un sueño, Jo Yeon-oh.”

“Lo sé. Viéndote sonreír, estoy seguro de que lo es.”

Tanto yo, que solo sonrío en tus sueños, como tú, que crees que solo podría sonreír en sueños... ambos estamos un poco torcidos, ¿por qué seguimos abrazados a algo como esto llamándolo amor y afecto? Parecíamos personas que no se dan cuenta de que el moho se les está contagiando al cuerpo por abrazar algo podrido.

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Si se abriera la tapa, quizás lo que So Gi-hyun atesoraba y lo que Jo Yeon-oh apreciaba estarían podridos al mismo tiempo. No, uno de los dos, el mío, seguramente lo estaría. Gi-hyun estaba convencido. Al mismo tiempo, estaba seguro de que Jo Yeon-oh pensaría que esto era un sueño. No se confundiría ni siquiera después de despertar.

Siendo así, no había razón para negarlo. No había motivo para odiarlo o rechazarlo. So Gi-hyun había vivido ignorando su deseo desesperado de alcanzar a Jo Yeon-oh. Si yo no tengo motivos para rechazar esto y tú no tienes la razón suficiente para detenerte, este sexo se convierte en algo de lo que ninguno de los dos tendrá que hacerse responsable.

“Oye.”

Gi-hyun tiró de la cintura de Jo Yeon-oh. La parte inferior de Yeon-oh, arrastrada por la fuerza, entró en contacto con la entrepierna empapada de Gi-hyun. En ese lugar viscoso, sintió cómo sus penes chocaban y rebotaban entre sí. Jo Yeon-oh fruncía el ceño, como si no supiera si esa sensación le gustaba o le disgustaba.

Gi-hyun extendió la mano y frotó suavemente esa zona con el pulgar mientras decía:

“¿Por qué lo haces así sin más? Es mi primera vez, así que prepárame bien antes de hacerlo. No pienses en dejar de lado el esmero solo porque sea un sueño.”

“Sí, maestro.”

Jo Yeon-oh respondió pasando la lengua por su labio inferior. El lunar de belleza en el puente de su nariz se veía bien cada vez que se distorsionaba con su sonrisa traviesa. Gi-hyun, soltando un suspiro, preguntó lo que le intrigaba desde hacía un rato.

“¿Cómo es que te dieron ganas de hacerlo conmigo? Aunque sea un sueño.”

Jo Yeon-oh detestaba las relaciones con Betas. Aun así, inició su noviazgo con So Gi-hyun sin poder rechazar por completo sus sentimientos. Por lo tanto, era natural que no existiera contacto físico de índole sexual entre ellos.

Entonces, ¿por qué Jo Yeon-oh tenía este tipo de sueños? Ante la pregunta llena de duda, Yeon-oh sonrió, bajó la cabeza y lamió la nuca de Gi-hyun antes de responder.

“Gi-hyun.”

“…….”

“¿Es importante mi respuesta?”

La mano de Jo Yeon-oh apretó el pene de Gi-hyun. Él frunció el ceño. Podía ser porque sentía que su entrepierna ardía, o porque su pecho le punzaba. Su rostro se crispó debido a esa sensación de origen incierto.

Él volvió a hablar en un susurro con voz profunda.

“De todos modos es un sueño, ¿para qué quieres saber?”

“…….”

Gi-hyun soltó una risita. Respondió mientras presionaba el trasero del otro para intensificar el contacto entre sus entrepiernas.

“Jo Yeon-oh.”

“Dime.”

“Parece que no tienes intención de responderme aunque esto no fuera un sueño.”

Ante eso, él se rió. Dolía el corazón porque parecía ser la respuesta correcta. El beso no comenzó. En su lugar, algo más se profundizó. Gi-hyun cerró los ojos. Esta habitación, esta noche...

Todo era confusión.

Así, la superficie de piel en contacto volvió a expandirse. Gi-hyun retorció la cintura.

“¿Por qué pellizcas ahí? Ah……”

Cuando preguntó frunciendo el ceño por el extraño hecho de que le manipulara los pezones, Jo Yeon-oh lamió alrededor de la areola con una sonrisa. Sus ojos, ligeramente entornados mientras lo miraba hacia arriba, tenían esa expresión que ponía cuando quería algo y se portaba de forma cariñosa. A Gi-hyun le resultaba un poco extraño ver a Jo Yeon-oh con esa expresión mientras le succionaba el pecho. Pensó que sería raro si el contacto físico con un Beta como él se profundizaba y Yeon-oh terminaba teniendo náuseas como de costumbre, pero en su lugar mostraba un rostro afable.

“¿Por qué? ¿Es extraño? ¿No lo hago aquí?”

Como si se hubiera dado cuenta de que Gi-hyun estaba pensando en otra cosa, le mordió ligeramente el pezón entre los incisivos y preguntó. Gi-hyun respondió reprimiendo los gemidos que escapaban.

“…… Haz lo que quieras.”

Los sentidos se agudizaban, la razón se desmoronaba y So Gi-hyun seguía amando a Jo Yeon-oh. No sabía qué demonios le estaba pasando a su cuerpo, pero si Yeon-oh consideraba esto un sueño, Gi-hyun estaba dispuesto a seguirle la corriente. Por eso, lo dejaba hacer lo que quisiera, ya fuera lamerle el pecho o frotar su pene. Era un sentimiento cercano a la rendición, pidiendo solo que lo devolviera intacto cuando terminara.

Sin embargo, la actitud mental era una cosa y la excitación producida por las sensaciones reales era otra muy distinta. So Gi-hyun no se daba cuenta de que las feromonas de Alfa presentes en la saliva de Jo Yeon-oh hacían que sus pezones se pusieran aún más erectos. Gi-hyun no comprendía nada de lo que le estaba ocurriendo a su cuerpo en ese momento.

Jo Yeon-oh quería besar o morder y succionar cualquier parte de So Gi-hyun, por lo que la piel de Gi-hyun tenía muchas marcas rojizas. Gi-hyun retorció el cuerpo.

“Me da cosquillas, espera un momento, quítate.”

“Te rascaré. ¿Dónde? ¿Aquí?”

Sujetando las muñecas de Gi-hyun contra la cama, Jo Yeon-oh comenzó a rascar suavemente con sus incisivos las zonas donde Gi-hyun sentía picor. Como las feromonas de Alfas y Omegas se secretan más en las mucosas, rascar con los dientes manchados de saliva no aliviaba el picor, sino que aumentaba la excitación. So Gi-hyun, ignorando esto, frunció el ceño pidiendo que le dejara rascarse él mismo, pero Yeon-oh no le hizo caso.

“Suéltame. Ah, ahí es……. Espera, ¡hht!……”

“Ja, maldita sea, siempre usas loción para bebés en lugar de la que te compré. Ese aroma me vuelve loco. Te dije que no la usaras porque me hace sentir que me excito con un crío, pero no me haces caso.”

“Ah, ahí no toques……. Hht, no, de verdad, espera un segundo……”

Sobre la cama no quedaba nadie con juicio. Los dos hombres solo decían lo que querían decir. Estaban tan excitados que no procesaban las palabras del otro.

Sus entrepiernas estaban pegajosas. Entre sus piernas, completamente empapadas por un líquido transparente y resbaladizo, un pene grueso y mezclado con fluido vaginal se frotaba por todas partes. Gi-hyun fruncía el ceño cada vez que el de Yeon-oh rozaba su bajo vientre.

“¿Tú... por qué estás tan mojado...?”

“Eres tú el que está mojado, no yo.”

Jo Yeon-oh respondió como si fuera absurdo y volvió a succionar el pezón de Gi-hyun. Cuando presionó con su lengua áspera el pezón que estaba rígido y luego lo soltó, Gi-hyun dejó escapar un gemido que no sabía que podía emitir, y sus ojos se agrandaron por la sorpresa.

“¡Ugh!”

Como si no le importara lo que sorprendiera a So Gi-hyun, Jo Yeon-oh succionó el pezón con la mucosa interna de sus labios y luego hurgó con la punta de la lengua en el orificio por donde se secreta la leche, retirando finalmente los labios con un sonido húmedo.

“Ah…”

“Maldita sea, de verdad, no dejas de chorrear sin que hayamos hecho nada todavía……”

Jo Yeon-oh levantó la cintura. Con un sonido de succión, la parte inferior de Jo Yeon-oh, que estaba entre las piernas de Gi-hyun, se elevó, y un hilo plateado que conectaba ambas entrepiernas se estiró antes de caer sobre el muslo, provocando una sensación de frío.

Jo Yeon-oh observó fijamente la escena, soltó una risita y habló con un tono que parecía una reprimenda fingida.

“Ah, Gi-hyun, aguanta un poco, ¿sí? Está todo empapado aquí abajo. ¿Por qué te pones así?”

Su gran palma frotó el perineo de Gi-hyun de manera grosera. Era la primera vez que alguien tocaba ese lugar, por lo que Gi-hyun tensó los músculos internos de sus muslos sin darse cuenta. Entonces, Jo Yeon-oh, sujetando su propio pene con la mano llena del fluido de Gi-hyun, bajó la mirada y comenzó a masturbarse mientras observaba los pezones frente a él o el pene de Gi-hyun, que estaba erecto y pegado hasta su ombligo.

“Maldita sea, ¿qué vamos a hacer con esto tan grande si no tiene dónde usarse? ¿Es un desperdicio, Gi-hyun-ah?”

El tipo, que tensaba las venas de su cuello grueso mientras se masturbaba un par de veces, soltó lo suyo, extendió la mano hacia el glande de Gi-hyun y lo frotó con el pulgar.

Gi-hyun intentó cerrar las piernas por instinto, pero recibió un azote en la cara interna del muslo con la palma de la mano mientras le decían que se quedara quieto. Gi-hyun frunció el ceño al oír el sonido del fluido salpicando.

“Ah, ahh—. No me toques, ¡ugh, mmm—!”

Esta vez, las feromonas contenidas en el fluido preseminal de Jo Yeon-oh se contagiaron al pene de Gi-hyun. Era un acto equivalente a aplicar afrodisíacos en un pene con sensibilidad extrema, pero nadie era consciente de ello. Jo Yeon-oh pensaba que la sensación era tan vívida porque era un sueño, y Gi-hyun, al ser su primera experiencia, creía erróneamente que el sexo era siempre así de intenso.

“El glande es bonito, el grosor es adecuado y el color……. ¿Cómo llamaban a esto? ¿Color albaricoque?”

“¡Loco, suéltame y habla, ah—! ¡ugh, no, ah—!”

Los ojos de Jo Yeon-oh estaban perdidos. Se concentró únicamente en sacudir el pene que sujetaba con aire ausente. A diferencia del de Jo Yeon-oh, el de Gi-hyun era liso y no tenía venas resaltadas en el tronco.

Quizás por no haber sido usado, tenía un color claro que realmente se asemejaba al albaricoque. Cubierto de fluido y preseminal, parecía una fruta bañada en almíbar.

Observando el glande liso y grueso, Jo Yeon-oh pareció considerar la idea de lamerlo. So Gi-hyun, como si leyera su pensamiento, le propinó varios golpes en el pecho con el pie.

“Ya basta, loco. Se te ha ido la cabeza.”

Ante esas palabras, Jo Yeon-oh se rio y sujetó los tobillos de Gi-hyun para rodear con ellos su propia cintura; luego se dejó caer para solapar su cuerpo con el del otro. Al estar empapados de fluido, el roce de sus entrepiernas deslizándose una contra otra provocaba una sensación de hormigueo.

“Cariño, ¿cómo podría estar cuerdo viendo algo así? Tú no tienes idea de cómo te ves.”

Escuchar eso lo hizo sentir un poco cohibido. A lo largo de su vida, había escuchado más veces que era guapo que lo contrario. No era un hombre de belleza deslumbrante como Jo Yeon-oh, pero había recibido muchas confesiones de personas a las que les gustaban los rostros pulcros.

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Sin embargo, como esta era su primera experiencia de índole sexual, le preocupaba si su rostro estaba vergonzosamente rojo o si sus ojos se veían tontos y desenfocados. Era la primera vez de Gi-hyun y, aunque a estas alturas no tenía el deseo de impresionar a Jo Yeon-oh, tampoco quería verse mal.

Además, era cierto que sentía ganas de quejarse pensando: “Pero si hace un momento dijiste que era lindo”. Al ser la primera vez que escuchaba algo así de Yeon-oh, parece que esas palabras se le habían quedado grabadas extrañamente en el corazón. Temiendo que se le escapara algún comentario patético, Gi-hyun preguntó con voz ronca:

“…… ¿Por qué? ¿Me veo extraño?”

“¿De qué hablas? Eres malditamente guapo.”

Jo Yeon-oh soltó una carcajada y bajó la cabeza para dejar besos por todo el rostro de Gi-hyun. Ya había recibido besos de esta intensidad antes, pero el contacto con la piel firme y a la vez suave de Yeon-oh, el peso de su cuerpo que sentía por primera vez en la vida, el roce de los penes entre sus piernas y la sensación de sus extremidades entrelazadas hacían que Gi-hyun se sintiera más pleno.

Aun sabiendo que todo esto eran sentimientos falsos e ilusorios, Gi-hyun no tuvo más remedio que abrazar la cintura de Jo Yeon-oh mientras este lo cubría con una lluvia de besos.

“…… ¿Qué sigue ahora? ¿Solo tengo que quedarme así? ¿A ti te gusta esto?”

“Siento que el pene me va a explotar, ¿de qué hablas? Siempre te las arreglas para provocarme de esa manera. Tu encanto es, joder.”

No alcanzó a oír lo último. Jo Yeon-oh se incorporó y hundió el rostro directamente entre la entrepierna de Gi-hyun.

“—¡Oye!”

No pudo evitar gritar por la incredulidad. Sus muslos temblaban violentamente, como si estuvieran a punto de perder la sensibilidad. Gi-hyun abrió mucho los ojos. Extendió las manos para sujetar la nuca de Jo Yeon-oh, pero antes de que pudiera tirar de su cabello para apartarlo de entre sus piernas, la lúbrica lengua del otro se movió primero. La apoyó justo donde termina la corona del glande y comienza el tronco, y lamió de un tirón todo el glande hasta llegar al meato urinario.

“——!”

Ni siquiera pudo gritar. Gi-hyun temblaba sin parar. Esta vez, la saliva impregnada de feromonas de Alfa hizo que el pene de Gi-hyun sintiera un cosquilleo insoportable. Los dedos de sus pies se encogieron por instinto. Sus intentos de sujetar su cabello para levantarlo fallaron una y otra vez, terminando únicamente en presionar la nuca de Yeon-oh con fuerza.

La lengua pasó rozando el meato urinario como si quisiera sellarlo. Envolvió el glande con la parte rugosa de la lengua, lo hizo deslizar y luego succionó el pene entero dentro de su boca.

“¡Ahhh—! ¡Hic—!”

Gi-hyun ni siquiera era consciente de los gemidos que emitía. Sentía como si estrellas estallaran ante sus ojos. Ahora, incluso sus músculos abdominales inferiores temblaban sin control. Con un sonido de succión húmeda, Jo Yeon-oh comenzó a mover la cabeza de arriba abajo.

El roce del tronco y el glande contra la mucosa de los labios de Yeon-oh le brindaba a Gi-hyun una sensación violenta. Sentía como si Jo Yeon-oh no estuviera lamiendo solo su pene, sino todo su cuerpo.

Una lengua gigante hecha de puro placer lo envolvía como si fuera a devorarlo, para luego lamerlo y soltarlo. Aunque Gi-hyun tenía los ojos abiertos, no podía ver nada. Inconscientemente apretó los muslos, a lo que Jo Yeon-oh emitió un sonido gutural, un “Uuuhm”, y sujetó sus rodillas para abrirlas a la fuerza. Sus manos estaban manchadas de algo que no se sabía si era saliva o fluido, dejando la huella de sus palmas en líquido transparente sobre las rodillas de Gi-hyun.

“Basta, no... creo que no podré aguantar, mmm, ahh... hic, esto es... extraño.”

Gi-hyun, con lágrimas acumulándose en el rabillo del ojo, intentó incorporar el torso mientras temblaba, pero Jo Yeon-oh, que había tenido el rostro enterrado en su entrepierna, pareció adivinarlo y extendió una mano para presionar firmemente su pecho.

Gi-hyun, que poseía unos músculos abdominales fuertes por no haber descuidado nunca el ejercicio, cayó hacia atrás con ese solo gesto. Después de eso, no tuvo más remedio que restregar la nuca contra la cama mientras se lamentaba.

“¡Ahhh—, ugh, ah…! ¡Ugh, mmm, mmm—!”

Sonidos de succión y lametones llenaban el espacio entre las piernas de Gi-hyun mientras Yeon-oh succionaba algo grueso y lamía el fluido y la saliva que se filtraban. Sintiendo que su perineo se hinchaba y se ponía tenso por sí solo, Gi-hyun empezó a arañar la cama con los talones.

Fue entonces cuando, con un sonido húmedo, Jo Yeon-oh finalmente levantó la cabeza de la entrepierna de Gi-hyun. Innumerables luces parpadeaban ante sus ojos, apareciendo y desapareciendo tan rápido que Gi-hyun tuvo que parpadear repetidamente.

“Ah, ugh……”

“…… Vale la pena. Ver a So Gi-hyun así de ido.”

Limpiándose la comisura de los labios manchada con el dorso de la mano, Jo Yeon-oh sonrió ampliamente. Gi-hyun mantenía los ojos fuertemente cerrados para no mostrar que sus pupilas se habían ido hacia atrás. Al ver que sus rodillas habían caído hacia un lado sin fuerza, Jo Yeon-oh murmuró algo ininteligible.

“Es la primera vez que le chupo el pene a un hombre, pero el sabor es bastante bueno. Creo que podría volver a hacerlo la próxima vez.”

Aquellas palabras fueron inesperadas. ¿No sentía él una aversión hacia los hombres, y más aún hacia los Betas? Pero antes de que tuviera tiempo para reflexionar, el otro volvió a abrirle las rodillas. Luego, lo sujetó por la pelvis y lo arrastró sobre sus propios muslos. Gi-hyun, con el trasero ahora apoyado sobre los muslos de Jo Yeon-oh, intentaba despejar su mente sacudiendo la cabeza cuando sintió algo romo y pesado golpeando contra su pierna.

Entonces, el otro sonrió y dijo:

“Ah, me pediste que te preparara porque era tu primera vez, ¿verdad?”

“…….”

“Pero yo también soy nuevo con los Betas. Hagámoslo así por ahora, Gi-hyun-ah. Siento que el pene me va a explotar.”

Tras decir eso, algo empezó a abrirse paso en su interior. Incapaz de creerlo, Gi-hyun miró hacia su entrepierna.

“Ugh, ugh—.”

“Ah, joder, de verdad, ahh—.”

Antes que el orificio de entrada, lo primero que dolió fue la pelvis. Gi-hyun, emitiendo quejidos por la dificultad para respirar, apenas pudo hablar.

“No, eso... no cabe... ¡No va a entrar—!”

“Solo un poco más, vamos, trágalo, ¿sí?”

Jo Yeon-oh lo engatusaba con dulzura, pero en realidad no le hacía caso. Al final, Gi-hyun tuvo que soportarlo con la mandíbula tan apretada que los músculos maseteros se marcaron.

Aquello que había irrumpido donde no debía entrar se movía con fuerza en su interior, como si tuviera pulso propio. A Gi-hyun le pareció que aún faltaba más de la mitad por entrar, pero la presión era tan abrumadora que le resultaba agónica.q

Jo Yeon-oh parecía estar sufriendo igual, pues echó la cabeza hacia atrás mientras respiraba con dificultad. Las venas de su cuello resaltaban como enredaderas. Tenía la cara roja hasta el cuello, como si estuviera conteniendo algo con gran esfuerzo.

Él sujetó la pelvis de Gi-hyun como si fuera a romperla y lo arrastró hacia sí. Directamente sobre su pene.

“……?!”

Gi-hyun miró hacia abajo incrédulo. El impacto en su interior fue doloroso. Aunque dolía muchísimo, el meato de su pene erecto se abrió débilmente y escupió un chorro de fluido preseminal. Todo su cuerpo empezó a temblar violentamente. Mucho más que cuando le habían succionado el pene.

Jo Yeon-oh sacó la lengua y se lamió el labio inferior. Exhaló un suspiro profundo y se encontró con los ojos de Gi-hyun, que ya estaban bañados en lágrimas. Sonrió con una expresión con la que se mira el error de un niño pequeño: con ternura y lástima.

“Gi-hyun, ¿te duele?”

“Ah, ah—.”

Estaba a punto de decir que sí, que le dolía. Que parara. Que la presión ahí abajo era insoportable. Se sentía tan mal como cuando se le rompió el tobillo hace unos años. Incluso extendió la mano hacia abajo para intentar empujar el bajo vientre del otro. Pero Yeon-oh le sujetó la muñeca y besó la punta de sus dedos.

“Haa……. Aunque duela, aguanta. Me siento jodidamente bien, ¿sí?”

Ante esas palabras, Gi-hyun relajó el cuerpo inconscientemente. Pensó: “Si dice que se siente bien, ¿qué puedo hacer?”. El depredador, al notar la rendición de Gi-hyun, empujó la cintura con fuerza. Se escuchó un sonido húmedo. Era el sonido del fluido acumulado en la entrada saliendo disparado para dejar espacio a lo grueso que entraba sin dejar huecos.

“¡Ugh—!”

Su cabeza cayó hacia atrás por instinto. Su mandíbula temblaba. A pesar de que la unión estaba dolorosamente estirada por algo tan grueso abriéndose paso en un espacio tan estrecho, Gi-hyun podía sentir cómo su propio interior succionaba el pene de Yeon-oh, como si quisiera devorar aún más.

Sentía un cosquilleo tan profundo que lo volvía loco. Gi-hyun jadeaba y sacudía la cabeza hacia los lados. Su nuca chocaba contra la cama y se levantaba una y otra vez. Era porque, incapaz de creer lo que sucedía entre sus piernas, intentaba levantar la cabeza para mirar hacia abajo.

Jo Yeon-oh, dándose cuenta de esto, soltó una risita, le sujetó la nuca y lo levantó solo hasta que su espalda se despegó de la cama, para luego seguir embistiendo.

“¿Por qué? ¿Qué tienes... curiosidad por ver? …… ¿Mmm? ¿Ya puedes verlo bien?”

“¡Ah, ugh—! Ah-ut……. No, ugh—!”

“Gi-hyun, So Gi-hyun……”

Aunque pronunció su nombre, Gi-hyun no tenía margen para responder. Jo Yeon-oh tampoco parecía esperar una respuesta. Simplemente seguía embistiendo como una bestia mientras mordía el lóbulo de la oreja de Gi-hyun y jadeaba.

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Sentía como si el glande, vuelto romo y grueso, estuviera excavando sus paredes internas. La corona del glande estaba tan protuberante que raspaba constantemente las estructuras internas. Cuanto más rascaba las protuberancias de sus paredes, más sensibles y firmes se volvían. De no ser así, no sería posible que cada vez que el glande de Jo Yeon-oh rozaba su interior, sintiera un hormigueo abrasador en el meato urinario y ganas de eyacular.

“¡Espera……! De verdad, solo un momento, mmm, hic……. Ah, ugh……”

“No quiero, no quiero parar, ……. Tu interior se siente demasiado bien. Gi-hyun. Ah……. So Gi-hyun……”

Jo Yeon-oh se aferró a él como un niño mimado, abrazándolo con fuerza mientras embestía solo con la parte inferior de su cuerpo. Las piernas de Gi-hyun, que permanecían abiertas, flaquearon.

Gi-hyun experimentaba diversas sensaciones, pero lo más difícil de soportar no era el pene excavando su interior, sino el contacto de la piel de Jo Yeon-oh contra sus muslos.

Es decir, Gi-hyun estaba en una posición que, habiendo nacido como hombre Beta, jamás había considerado. Nunca había tenido relaciones con nadie, pero incluso al imaginar el sexo con Jo Yeon-oh, no había visualizado una postura así.

El contacto de otra persona entre sus piernas totalmente abiertas le provocaba una sensación extraña. Contra su carne tierna, que nunca antes había estado expuesta, chocaban el vello púbico de Jo Yeon-oh, su pene, su escroto, su bajo vientre firme y sus muslos duros como rocas. Tuvo que apretar los labios para que no se le escapara un lamento.

Sin embargo, ese pensamiento duró poco, pues Jo Yeon-oh atrapó el pene de Gi-hyun, que rebotaba al ritmo de las embestidas. Sobresaltado por el contacto en una zona tan sensible y erecta, Gi-hyun extendió la mano, pero sus fuerzas flaquearon y sus dedos solo pudieron rozar el dorso de la mano de Yeon-oh antes de resbalar. El rastro de sus dedos quedó marcado en rojo sobre la piel de Yeon-oh. Gi-hyun cerró los ojos con fuerza.

“Mmm, ugh…ugh …”

“Joder, estoy viendo las estrellas.”

Yeon-oh, que seguía embistiendo, incorporó el torso y parpadeó. Sacudió la cabeza con brusquedad, como alguien que intenta escapar de una sensación demasiado intensa. El gesto de lamerse el labio inferior fue provocador. Al verlo desde abajo, con las venas de su cuello grueso resaltadas como enredaderas, Gi-hyun se sintió extraño.

En ese momento, el interior de Gi-hyun se estrechó aún más. Su interior, que succionaba el pene como si quisiera tragarlo, volvió a escupir fluido desde la unión. Eso hacía que la zona entre sus nalgas chapoteara. Probablemente, al estar sus paredes internas bloqueadas por el pene y sin espacio, su interior dejaba fluir el fluido acumulado para intentar abrirse camino.

“…… Casi parece que quieres cortarme el pene con el culo.”

Jo Yeon-oh emitió un quejido, frunció el ceño y volvió a mover la cintura lentamente. Gi-hyun, que pensaba que sufría porque el otro se movía rápido, tomó aire con un jadeo y se quedó temblando sin poder hacer nada.

Al moverse despacio, la sensación del tronco ligeramente curvado y la corona gruesa del glande rozando las protuberancias internas se volvió vívida; esa sensación de estar atrapado y no poder moverse cada vez que entraba y salía, debido a que el centro era más grueso que los extremos, se hizo nítida.

Gi-hyun extendió los brazos y se sujetó a los bíceps de Yeon-oh. Incluso llegó a arañarlos con las uñas.

“Haz... algo, por favor, ugh……”

Solo quería suplicar que hiciera algo, lo que fuera. Con un gemido, Jo Yeon-oh eyaculó en su interior. Gi-hyun abrió mucho los ojos por la sorpresa, a lo que el otro, con las orejas ligeramente enrojecidas, dijo a modo de excusa:

“…… No me he corrido. Es solo que hay mucha cantidad y por eso lo parece……”

Habló como si estuviera avergonzado y retiró la cintura para sacar el pene. Mientras lo que estaba dentro salía con un sonido húmedo, sus paredes internas, aún hinchadas, sentían un hormigueo insoportable.

Con los dedos de los pies encogidos y jadeando de dolor, Jo Yeon-oh frotó la zona entre las nalgas de Gi-hyun y le mostró su mano cubierta de fluido.

“Mira. No es semen. Es eso, ¿cómo lo llaman? Líquido preseminal.”

“…… Loco, ¿cómo va a ser eso líquido preseminal? ¡Ah……! ¡ah…!”

Gi-hyun frunció el ceño, indignado por la afirmación de Jo Yeon-oh de que aquello era fluido preseminal, cuando de pronto su interior comenzó a contraerse por sí solo y una sensación de hormigueo extremo empezó a fluir sin detenerse.

Sin darse cuenta, Gi-hyun incorporó el torso y gateó hacia la cabecera de la cama como si intentara escapar.

“¿Qué pasa?”

“¡Ah, mmm……! Hic……. Ah……”

No podía responder. El picor ahí abajo lo estaba volviendo loco. Su pene estaba tan hinchado hasta la punta del glande que cada vez que rozaba las sábanas, sentía una oleada de ganas de eyacular. Justo cuando intentaba huir a alguna parte arañando la cama con las piernas...

“¡¿Ahhh?!”

Fue arrastrado de vuelta por el tobillo. Alguien presionó ambos muslos de Gi-hyun para mantener sus piernas abiertas y, mientras le metía algo grueso en el orificio, él solo pudo temblar impotente.

Gi-hyun soltaba ruidos ahogados, incapaz de exhalar. Jo Yeon-oh bajó la cabeza y le mordió la nuca.

De repente, recordó el instinto de los Alfas de querer marcar a los Omegas. Recordó que, durante el coito, un Alfa excitado clava sus dientes en la nuca del Omega para dejar una marca.

No sabía por qué recordaba eso ahora. No era un contenido apropiado para recordar justo en el momento en que el clímax lo estaba atormentando. Lo que había entrado en su interior seguía excavando sus paredes como si las estuviera quemando.

Jo Yeon-oh introdujo el pene hasta la raíz, hasta que su vello púbico chocó con la entrepierna de Gi-hyun, y empezó a mover la cintura en círculos. Lo que estaba dentro giraba triturando las paredes internas.

El pene de Gi-hyun rebotó. Podía sentir incluso cómo su meato urinario se abría. Finalmente, Gi-hyun terminó eyaculando.

Fue junto con un apagón mental. Antes de perder la conciencia, Gi-hyun se hizo una promesa: Jo Yeon-oh nunca debía enterarse de lo ocurrido hoy.

Si él se enteraba, no podría seguir viviendo. Y no solo eso; ahora se daba cuenta de que había sido un estúpido al pensar que simplemente podían amarse y vivir con normalidad como cualquier otra pareja. No solo se trataba del rechazo interno de Jo Yeon-oh hacia las relaciones con Betas, sino que todo lo que rodeaba a Jo Yeon-oh estaba en contra de Gi-hyun.

Era mejor cuando mantenían esa relación de amantes que era solo una apariencia. Tuvo el presentimiento de que lo de hoy no podía llegar a oídos del abuelo de Jo Yeon-oh.

So Gi-hyun recordó la pecera que había dejado en casa. Pensaba que era una criatura marina que vivía en el océano salado, pero parece que solo era un pez de colores en una pecera de un palmo.

Gi-hyun decidió regresar a esa pecera fingiendo que no sabía nada. Pensó que solo necesitaba que alguien lo ayudara.