Capítulo 3. Un secreto que no quiero revelar
Capítulo 3. Un secreto que no quiero revelar
El cuerpo, que había permanecido inmóvil
durante horas, empezó a agitarse poco a poco. Aunque la luz del sol no entraba
directamente por la ventana, la claridad del día permitía adivinar que la
mañana ya estaba avanzada.
“Ah, uuuuhm. …¿Qué hora es?”
No había nada más valioso que un día en el que
se pudiera dormir sin alarmas. Jeong-ha se desperezó con gusto, pero el sentido
de la realidad lo golpeó de golpe y se incorporó a toda prisa. Solo entonces se
dio cuenta de que se había quedado dormido con la misma ropa que llevaba la
noche anterior.
“Debo de estar loco.”
Dormirse sin lavarse, ni siquiera cambiarse de
ropa. Y lo peor, frente a Seung-won.
“Agh, mi cabeza……”
Como si la resaca lo estuviera esperando, un
dolor punzante le recorrió la frente en cuanto se levantó, obligándolo a
desplomarse de nuevo sobre la cama. Intentó reconstruir la noche anterior paso
a paso, pero sus recuerdos después de la cena eran inexistentes. La cena estaba
clara hasta que empezó a beber; después de eso, solo quedaban fragmentos borrosos.
Ah, hablaron de su tía. Creía recordar que
dijo que quería llevarse bien con ella. ¿Y qué más? La memoria bailaba entre lo
real y lo soñado.
“……¿Tipo ideal?”
Esa palabra apareció sin contexto en su mente.
¿De verdad habría dicho algo así? ¿Le habría preguntado a su tío por su tipo
ideal? Por mucho que forzó la memoria, no obtuvo nada más.
“Seguro que no fue nada importante. Si hubiera
pasado algo grave, lo recordaría.”
Con esa lógica, Jeong-ha intentó racionalizar
su laguna mental. Su teléfono, sin batería, estaba a punto de apagarse. Lo
conectó al cargador y salió de la habitación de inmediato.
“Uuugh.”
Aunque se sentía sucio y quería ducharse, el
mareo era tan fuerte que temía desmayarse bajo el agua. Se quedó de pie en el
pasillo, mirando fijamente la pared hasta que logró reaccionar.
“Me duele la cabeza.”
Murmuró mientras se dejaba caer en el sofá del
salón. El sol que entraba por la ventana calentaba su cuerpo, dándole una
sensación agradable. Solo unos pasos habían bastado para que el mundo le diera
vueltas. Ignoró su cabello revuelto; en ese momento, su supervivencia era más
importante que su apariencia.
“Te has levantado temprano.”
La voz del hombre lo obligó a abrir los ojos.
Estaba cerca, muy cerca. Seung-won estaba de pie frente a él, bloqueando la luz
del sol y proyectando una sombra sobre el sofá. Jeong-ha, con los ojos nublados
por el cansancio, sonrió débilmente.
“Me duele tanto la cabeza que no puedo ni
sentarme.”
“Parece que de verdad no aguantas nada el
alcohol.”
Dijo Seung-won mientras le tendía una taza
humeante.
“¿Qué es esto?”
“Agua con miel.”
Jeong-ha se incorporó lentamente ante la
amabilidad de su tío. El movimiento le provocó otra punzada de migraña, pero
sostener la taza caliente entre sus manos le dio una paz inesperada.
“Ah, qué bien.”
Rozó el borde con los labios para comprobar la
temperatura y dio un sorbo. No sabía si era un efecto real o psicológico, pero
las náuseas remitieron un poco. Al levantar la vista, se encontró con la mirada
fija de Seung-won.
“……Ah. Es que aún no he podido lavarme. Por el
dolor de cabeza.”
“Será mejor que no vuelvas a beber. Si dos
copas de vino te ponen en este estado……”
Jeong-ha intentó aplastar su cabello rebelde,
recordando cómo Seung-won solía burlarse de su aspecto, pero el comentario del
hombre lo dejó inquieto. ¿Por qué le recomendaba no beber con esa actitud tan
seria?
“¿Hice algo extraño ayer por el alcohol?”
El pánico lo invadió al pensar que podría
haber causado una escena. Si Seung-won, que solía ser paciente con sus
parloteos, decía eso, debía de haber sido algo épico. ¿Acaso vomitó? No, su
ropa estaba intacta y su estómago no ardía de esa manera.
El hombre observó a su sobrino, que esperaba
la respuesta con cara de angustia, y torció el gesto en una pequeña sonrisa.
Sus ojos sin doble párpado se veían inusualmente afilados.
“Confesaste que eras débil con la bebida.”
“¿Ah?”
“Dijiste que no sabías beber. Lo mencionaste
casi al principio, ¿no te acuerdas?”
Jeong-ha buscó en su memoria y, tras unos
segundos, dio una palmada.
“¡Ah!”
Lo recordaba. Recordaba haberle confesado que
era flojo para el alcohol cuando Seung-won lo llamó bebedor.
“Pero era la primera vez que tomaba vino,
pensé que sería diferente. El tipo de alcohol influye, ¿no? ¿Y qué más? ¿No
pasó nada más?”
Jeong-ha sacudió el hombro del hombre,
instándolo a que le contara lo que faltaba. Seung-won sonrió de forma
enigmática.
“Eso fue todo. Dijiste que no podías más y yo
me terminé el resto.”
“……¿Solo eso?”
“Sí.”
La noche había sido mucho más larga de lo que
Seung-won admitía, pero decidió simplificarla. No tenía sentido explicarle a
alguien que no recordaba nada cómo lo había hecho tambalear con su inocencia.
“¿No hablamos de mi tía? Me parece que sí.”
“Hablamos de mi hermana menor. Me preguntaste
si éramos cercanos y te dije que no.”
Respondió sin dudar. Habían hablado de muchas
cosas, pero él mantenía las respuestas en la superficie. Jeong-ha pareció
satisfecho y no preguntó más. Entonces, Seung-won sacó el tema principal.
“Come algo.”
“¿Comida?”
No tenía apetito. Solía saltarse comidas por
cualquier motivo, y hoy el malestar se lo ponía fácil.
“Yo, más tarde……”
“Tienes que pasar la resaca.”
La mención de la comida para la resaca captó
su atención. Aunque el agua con miel había ayudado, la idea de algo caliente
para asentar el estómago le resultaba tentadora.
“Si no tienes hambre, no comas arroz. Al menos
toma un poco de caldo.”
“¿Hay sopa?”
“Sopa de algas (Miyeok-guk).”
Al oír aquello, Jeong-ha se levantó. Desde
pequeño, debido a sus malas digestiones, tenía la costumbre de comer arroz
caldoso, y siempre prefería los platos con sopa en la comida coreana.
La mesa estaba puesta con pulcritud. Jeong-ha
solía comer lo que la asistenta dejaba preparado cuando estaba solo. Se
preguntó si ella habría cocinado la sopa ayer, pero no lo recordaba. Daba
igual.
“Comeré solo un poco.”
“Come tranquilo.”
Pensaba que no le entraría nada, pero al ver
la comida sintió un hueco en el estómago. En cuanto probó la sopa con un poco
de arroz, se sintió mucho mejor. Seung-won empezó a comer un momento después,
con una calma tal que nadie diría que había pasado por una tormenta emocional
la noche anterior.
* * *
Contrario a su promesa de comer poco, Jeong-ha
terminó con el estómago lleno. Comprendió por qué siempre le insistían en
desayunar, aunque sabía que el lunes volvería a sus viejas costumbres de
saltarse la primera comida del día.
Con el dolor de cabeza ya disipado, se fijó en
su maceta.
“Hola.”
Solo se acordaba de la planta cuando él ya
estaba lleno; un afecto un tanto superficial. Sonrió con timidez ante el
vegetal. Como iba a salir, tenía que regarla. Había encargado a Seung-won que
regara otra de las plantas al día siguiente, confiando en que el hombre, aunque
frío, siempre cumplía con lo que se le pedía.
Tras su “charla” con la planta, se preparó
para ir a su casa familiar. No fue mucho: una maleta para traer ropa de verano,
algo de ropa interior y un pijama. Aun así, parecía muy ajetreado.
NO
HACER PDF
SÍGUENOS
AL INSTAGRAM AOMINE5BL
Seung-won lo observaba desde el sofá. Le
entretenía ver los pequeños cambios en Jeong-ha cada vez que salía de la
habitación: primero con el pelo mojado, luego seco y esponjoso, y finalmente
impecable.
“¿Qué pasa?” preguntó Jeong-ha al notar la
mirada.
Seung-won se levantó.
“¿Te vas ya?”
“Sí. Pasaré la noche allí y volveré mañana.
Seguramente por la tarde, pero le avisaré si cambio de planes.”
Seung-won asintió con indiferencia. No parecía
importarle mucho la hora de regreso.
“Vamos. Te llevo.”
“¿Hasta mi casa?”
“Sí.”
Jeong-ha se sorprendió. Sabía que su tío podía
ser amable, pero esto superaba sus expectativas. Vio que Seung-won ya tenía las
llaves y el móvil en la mano; no era un impulso, ya lo tenía planeado.
Lo siguió como un perrito. Dudó un momento
sobre si estaba abusando de su confianza, pero decidió aceptar el favor de su
tío, que parecía no tener nada mejor que hacer el fin de semana.
“Gracias.”
Jeong-ha subió la maleta al maletero y se
sentó en el asiento del copiloto. La imagen era similar a la de la noche
anterior, pero con un matiz distinto al estar él sobrio. Seung-won arrancó
mientras el joven tarareaba, feliz por no tener que pelearse con el transporte
público.
Nada más salir del aparcamiento, el hombre
bajó las ventanillas. Jeong-ha lo agradeció en silencio; siempre le molestaban
las feromonas acumuladas en el coche, pero a veces le daba vergüenza pedir que
abrieran. Pensó que tal vez Seung-won tenía calor por el buen tiempo.
Ni por asomo imaginó que el cambio de actitud
de su tío se debía a lo ocurrido la noche anterior.
Seung-won introdujo la dirección en el
navegador con naturalidad. Jeong-ha se sorprendió al ver lo preciso que era con
los datos.
“¿Ha estado en mi casa antes, tío? He vivido
allí desde pequeño.”
“Una vez, hace mucho.”
Cuando su hermana mayor se casó, él era joven
y no había mucha relación. Volvió una vez durante unas vacaciones
universitarias. Seung-won frunció el ceño al calcular; habían pasado unos 13
años.
“Antes había un pequeño jardín. Como yo no
podía salir mucho, mi madre plantó muchas flores para que yo las viera. También
tenía un huerto.”
“¿Ya no está?”
“Por mis hermanos pequeños. Mi madrastra puso
juguetes grandes que no cabían dentro, incluso hizo una especie de pista de
raíles. Fue una pena, pero bueno, qué se le va a hacer.”
Su voz sonaba alegre a pesar de la melancolía
del tema. Como muchos niños criados en entornos familiares complejos, sabía qué
temas tocar y cuáles no. Había aprendido a ocultar las grietas de su vida.
A pesar de su afecto por Seung-won, había
cosas que Jeong-ha prefería callar. No quería que él supiera que su vida tras
la muerte de su madre no había sido fácil; prefería proyectar la imagen de una
existencia sin fisuras.
Una leve sonrisa apareció en su rostro al
recordar el jardín. Su madrastra no lo quitó de inmediato; el jardín de su
madre era tan hermoso que todas las visitas lo elogiaban. Los empleados
intentaron mantenerlo tras la muerte de su madre, pero cuando la madrastra
quedó embarazada y nacieron sus hermanos, lo nivelaron todo.
Recordaba perfectamente el día que vio a los
hombres cavando la tierra sin cuidado. El jardín era el último rastro de su
madre en la casa. Él, desde su habitación al final del segundo piso, solía
mirar por la ventana hacia allí varias veces al día.
“Yo también tendré un jardín algún día.”
Murmuró para sí mismo. Aunque era su hogar
familiar, la casa pertenecía a su padre, y entendía que él hubiera eliminado
los rastros de su anterior esposa por respeto a la actual, aunque le doliera.
El coche entró en el callejón familiar.
Jeong-ha empezó a parlotear emocionado: su escuela primaria, la secundaria, la
parada donde tomaba el autobús para ir al hospital... Tenía historias para cada
esquina del barrio donde vivió veinte años.
“¿Ibas solo al hospital?”
“No siempre. Solo cuando mi padre estaba muy
ocupado y necesitaba al chófer. Cuando crecí un poco, pedí ir solo.”
Seung-won escuchaba sin aburrirse las
historias de Jeong-ha, que parecía haber acumulado recuerdos incluso de sus
largas estancias en el hospital. El coche se detuvo frente a una casa de muros
altos.
“Gracias por traerme. Mmm, dicen que no se
debe dejar ir a un invitado así como así, pero……”
Jeong-ha se sentía incómodo invitando a
Seung-won a pasar. Su padre no estaría, pero era muy probable que su madrastra
y sus hermanos sí. Seung-won tampoco esperaba una invitación.
“No te preocupes. Entra.”
“Sí. Mañana volveré por mi cuenta. No se
olvide de mi planta.”
Ante la insistencia, Seung-won asintió. No
arrancó el coche de inmediato; esperó a ver cómo su sobrino entraba en la casa.
Jeong-ha sacó su maleta y caminó rápido hacia la puerta.
Se sentía feliz de estar de vuelta. Dejó la
maleta a un lado y pulsó el código de ocho dígitos que conocía de memoria.
Bip.
“¿Eh?”
La puerta no se abrió. Un pitido corto le
indicó que el código era incorrecto. ¿Se había equivocado? Pulsó de nuevo,
concentrándose en cada número. Bip.
“……¿Qué?”
Esta vez estaba seguro de no haber fallado.
Una sensación desagradable le recorrió el cuerpo. ¿Habrían cambiado el código?
Era posible, aunque no solían hacerlo. Se sintió herido, pero intentó restarle
importancia.
“¿Pasa algo?”
La voz de Seung-won a sus espaldas lo hizo
sobresaltarse. El hombre había bajado del coche al notar que Jeong-ha no podía
entrar. El joven sintió un nudo en el estómago y un escalofrío. Se giró con una
sonrisa forzada.
“Ah, es que hace tanto que no vengo que he
olvidado el código. Entraré tocando el timbre.”
Pulsó el timbre mientras miraba a Seung-won,
intentando parecer tranquilo. Una voz desconocida respondió por el
intercomunicador:
— ¿Quién es?
Jeong-ha se acercó a la cámara del CCTV con
impaciencia.
“Soy yo, Jeong-ha. He venido de visita.”
— ……¿Quién dice que es?
“Soy yo. Jeong-ha. ……El hijo mayor del
presidente Seo Taek-jung.”
¿Sería alguien nuevo? Eso explicaría por qué
no lo reconocían. La mujer al otro lado guardó silencio y cortó la
comunicación. Jeong-ha suspiró aliviado, pensando que iban a abrirle, aunque
sentía el peso de la mirada de su tío en su espalda. Solo esperaba que
Seung-won no hiciera preguntas mañana.
“¡Ah……!”
“¿Quién dice que es usted?”
La puerta se abrió, pero en lugar de dejarlo
pasar, una mujer joven apareció con aire irritado. Era la misma que había
hablado por el intercomunicador. Jeong-ha nunca había visto a una empleada tan
joven allí.
“Eeee… ¿No es esta la casa del presidente Seo
Taek-jung?”
“No.”
La respuesta fue tajante. El corazón de
Jeong-ha se congeló. No podía ser. La mujer lo miró confundida y preguntó:
“¿Busca a los que vivían aquí antes?”
“Eh, mmm.”
Jeong-ha no pudo responder. La confirmación le
dolió como un golpe físico.
“¿Se han mudado ustedes aquí?”
La pregunta vino de Seung-won, que se había
acercado sin que Jeong-ha se diera cuenta. La mujer asintió.
“Sí. Hace un par de meses. Llegamos a
principios de marzo.”
“¿Sabe a dónde se mudaron los anteriores
dueños?”.
“No tengo ni idea.”
La mujer cerró la puerta. A través de los
muros, Jeong-ha pudo oír cómo ella comentaba el incidente dentro de la casa.
“…….”
Su mente estaba en blanco. Había hablado con
su padre y con su secretario, el señor Kim, pero nadie mencionó una mudanza.
Recordó la insistencia del secretario para que no volviera a casa.
“Es muy cansado hacer transbordos por la
mañana”, le había dicho. Jeong-ha
pensó que era una excusa tonta, pero aceptó quedarse con Seung-won para no
discutir. Ahora entendía por qué.
“Esto es el colmo.”
La voz baja y ruda de Seung-won hizo que
Jeong-ha bajara la cabeza. Era la primera vez que lo oía maldecir. Sintió que las
orejas le ardían de vergüenza. No quería que su tío viera esto. No quería que
supiera lo patética que era su situación familiar. Todo su esfuerzo por ocultar
la realidad se había desmoronado en un segundo.
NO
HACER PDF
SÍGUENOS
AL INSTAGRAM AOMINE5BL
Una gota cayó sobre su mano, que aún sujetaba
el asa de la maleta. No era lluvia. Jeong-ha estaba llorando. No por su
situación, sino porque Seung-won lo estaba presenciando. Eso era lo que más le
dolía.
* * *
El coche que transportaba a los dos salió del callejón.
Un claxon sonó justo detrás, indicando que no podían perder más tiempo; aquel
paso estrecho apenas permitía que dos vehículos se cruzaran. Jeong-ha, que se
había resistido obstinadamente a subir, solo lo hizo después de que Seung-won
le arrebatara la maleta y la metiera él mismo en el maletero.
El silencio que se instaló en el habitáculo
era gélido. El hombre, con el rostro endurecido, conducía sin un destino fijo,
simplemente dando vueltas por la carretera. Jeong-ha, pálido y sin rastro de
color en la cara, no dejaba de juguetear con su teléfono. ¿Debería llamar a su
padre? ¿O quizás al secretario Kim? Sabía que tenía que contactar con alguien
para entender la situación, pero no reunía el valor suficiente para enfrentarse
a la verdad.
Seung-won no había dicho nada desde hacía
rato. Jeong-ha sabía que no era un hombre de muchas palabras, pero ahora ese
silencio lo estaba consumiendo. Seguramente Seung-won se había dado cuenta de
inmediato: él no encajaba con su familia.
“Es porque están ocupados. Mi padre siempre ha
sido un hombre muy ocupado. El secretario también tiene como prioridad apoyarlo
a él, así que es normal que se le olvidara avisarme……”
“Ja.”
Aquella excusa resultaba patética. Quizás
Jeong-ha, que había vivido toda su vida en esa casa, no lo supiera, pero una
mudanza no era algo que ocurriera de la noche a la mañana. Poner la casa en
venta, buscar una nueva, empacar, organizar... A menos que fuera una decisión
de extrema urgencia, requería meses de atención constante.
No era que Jeong-ha ignorara cuánto se tardaba
en mudar una casa; simplemente odiaba que su precaria situación quedara
expuesta. Si el hombre no se hubiera empeñado en acompañarlo, nada de esto
habría pasado.
Jeong-ha pensaba exactamente lo mismo.
“Le dije que podía venir solo, ¿por qué
insistió en traerme?”
La desolación perdida, que no podía proyectar
hacia su familia, se transformó en resentimiento hacia la persona equivocada.
Para Seung-won, que había dedicado su mañana de sábado a llevar a su sobrino,
aquello resultaba indignante.
Sin embargo, Jeong-ha no hablaba por hablar.
Si hubiera venido solo, no habría pasado por esta vergüenza. Incluso si se
hubiera enterado tarde de la mudanza, habría bastado con irse rápido. Si no
hubiera podido contactar con nadie, habría vagado por las calles con su maleta
vacía y luego habría regresado por la tarde con cualquier excusa.
“¿Por qué? ¿Acaso pensabas dormir en la
calle?”
Las palabras de Seung-won, que hasta entonces
había escuchado en silencio, hicieron que el rostro de Jeong-ha se encendiera
de golpe. Era la primera vez que el hombre reaccionaba con tanta frialdad. El
joven no estaba acostumbrado al sarcasmo.
“……Podría haber fingido que no se dio cuenta.”
Todo el mundo tiene algo que quiere ocultar.
Para Jeong-ha, ese algo era su familia. Que hubiera luchado contra una
enfermedad en su infancia no era algo que ocultara activamente, pero que no
encajara en su propio núcleo familiar era algo que no quería mostrar bajo
ningún concepto.
Y que fuera precisamente ante Seung-won lo
hacía peor. Él era el hermano de su madre. Por eso, quería mostrarle solo su
mejor faceta: que, aunque su madre ya no estuviera, él estaba bien y seguía
teniendo una buena familia. Ese era el deseo de aceptación de Jeong-ha.
“Es algo que puede pasar. ……¿Acaso usted lo
hace todo perfecto, tío? Puede que sí, pero en el mundo hay más gente que no es
así.”
Su voz, forzada, cobró algo más de fuerza. Sus
manos, que apretaban su regazo hasta que sus nudillos se volvieron blancos,
temblaban. Pronto, se escuchó un sollozo proveniente del asiento del copiloto.
No podía soportar su propia situación.
Él era un niño para quien la frase “crece
sano” no era un formalismo, sino el deseo ferviente y desesperado de sus
padres. Un niño para quien era normal tener agujas clavadas en sus muñecas
delgadas y quejarse con su madre; un niño para quien nada era un problema
mientras no fuera la muerte. Ese era Jeong-ha.
A diferencia de su apariencia, su terquedad
venía de ese entorno. Al haber crecido con protectores que consentían cada uno
de sus caprichos, de pequeño era mimado y sumamente dependiente. Si su madre no
hubiera fallecido repentinamente en aquel accidente, seguiría siendo así.
Con el tiempo, aceptando a la fuerza que el
mundo no era fácil, muchas cosas cambiaron, pero aún quedaban rastros de aquel
niño. El hombre, que recibía el enfado injustificado, soltó un suspiro.
Jeong-ha, sobresaltado, lo miró de reojo.
Solo entonces recordó que el hombre a su lado
era mayor, era el hermano de su madre y, además, ni siquiera eran tan cercanos.
Como esperaba, la expresión de Seung-won no era buena; se le marcaba la tensión
en la mandíbula.
Sin embargo, para alivio de Jeong-ha, el enfado
de Seung-won no iba dirigido a él. Decir que debería haber fingido no darse
cuenta era un absurdo. Una vez vista la realidad y comprendido el trasfondo,
¿cuánta gente sería capaz de ignorarlo? Al menos, él no podía.
Sentía un nudo en el estómago. Si la persona a
su lado no fuera su sobrino, habría estallado ante aquel comentario
contradictorio. Pero al ver ese rostro que no sabía cómo procesar la realidad,
se dio cuenta de que su ira no era contra el chico.
“Déjeme después de este semáforo, por favor.”
Jeong-ha, habiendo calmado sus emociones,
pidió que lo bajaran. Era un cruce de ocho carriles. Una manzana más allá había
una estación de metro. Sus intenciones eran evidentes.
“Puedo llamar al secretario Kim. Puedo ir
directamente desde allí, así que déjeme bajar.”
“Entonces, llámalo ahora.”
“¿Perdón?”
“Hazlo aquí. Pon el manos libres.”
Llegados a este punto, Seung-won no podía
acceder a su petición. Esto no era como pedirle que regara las plantas;
Jeong-ha estaba siendo irracional. Ni siquiera sabía a dónde se había mudado su
familia, pero su orgullo herido lo empujaba a actuar así.
“¿Y qué vas a hacer si se han ido al
extranjero? ¿También los vas a seguir? ¿O si se han ido a la isla de Jeju, vas
a tomar un avión? ¿Crees que es un problema tan sencillo?”
Jeong-ha se quedó sin palabras. No se atrevió
a decir que eso era imposible. Tras lo ocurrido, la última pizca de fe que le
quedaba se había quebrado: la fe en que era el hijo de su padre, la fe en que
estaba incluido en la nueva familia que su padre había formado.
El coche avanzó por la carretera sin reducir
la velocidad. Jeong-ha buscó en sus contactos y encontró a su padre. La última
llamada había sido el día antes de mudarse a casa de Seung-won; su padre le
había dicho que le había buscado un lugar donde quedarse. Con duda, pulsó el
botón de llamada.
— En este momento no podemos atender su
llamada. Por favor, inténtelo más tarde.
El sonido de la voz grabada congeló sus dedos.
“Debe de estar en una reunión”, racionalizó, pero su corazón latía con
fuerza.
“……Espere. Llamaré al secretario Kim.”
Adoptó una actitud defensiva por miedo a lo
que el hombre pudiera decir. Afortunadamente, al llamar al secretario Kim, se
escuchó el tono de llamada.
— Joven maestro, ¿a qué se debe su llamada?
“¡Secretario Kim!”
En cuanto contestó, el secretario lo reconoció
con voz alegre. Al oírlo, Jeong-ha sintió que podía respirar de nuevo. Con voz
más animada, miró de reojo a su tío. La expresión del hombre al volante era
ilegible.
“He ido a casa un momento y ha salido alguien
que no conocía. Dicen que se han mudado……”
— ¿Perdón? ¿Ha ido a la casa?
“Sí, es que como ha empezado a hacer calor,
quería recoger algo de ropa de verano……”
Sin embargo, la voz de Jeong-ha se fue
apagando ante la reacción del secretario. Se notaba, incluso a través del
teléfono, que el señor Kim estaba nervioso y desconcertado. Era la reacción de
alguien que sabía la verdad. Alguien que sabía que Jeong-ha no estaba al tanto
de la mudanza y que, aun sabiéndolo, no había tenido intención de decírselo.
“……¿Cuándo se mudaron?”
— No, joven maestro. Es que……
Ante la pregunta sobre la fecha, el secretario
empezó a divagar. “No es que lo hiciera a propósito. Como sabe, hemos estado
muy ocupados”. Las palabras de alguien que se había visto con él
recientemente y no había dicho ni una palabra no tenían ninguna credibilidad.
Tras seguir con excusas incoherentes, el señor
Kim se dio cuenta de que su silencio no estaba funcionando.
— Es que el segundo joven maestro ha entrado
en una escuela internacional. Empezará en septiembre, pero decidieron mudarse
cerca para que se adapte y haga amigos antes.
Escuela internacional. Jeong-ha sabía que,
mientras él estudiaba para el examen de ingreso el año pasado, su madrastra se
ausentaba a menudo con su hermano. Sabía que se preocupaba mucho por su
educación, pero no sabía que estaban preparando su ingreso en una escuela
internacional. Pero había algo más importante que eso.
“……¿Y dónde está eso?”
— Bueno, en Jeju hay muchas escuelas
internacionales……
“Ja.”
En cuanto oyó “Jeju”, escuchó a su tío
chasquear la lengua. La mano que sostenía el móvil temblaba. El secretario
añadió que el presidente vivía en un estudio cuando estaba en la ciudad, pero
eso no sirvió de consuelo.
NO
HACER PDF
SÍGUENOS
AL INSTAGRAM AOMINE5BL
“……Deme la dirección. Tengo que ir a casa en
vacaciones.”
— Por supuesto. Se la enviaré por mensaje
ahora mismo. Lo siento, no es que quisiera ocultárselo……
Jeong-ha colgó en cuanto el secretario empezó
a excusarse de nuevo. Sabía que el hombre solo seguía las órdenes de su padre,
pero eso no significaba que tuviera que entenderlo. El que estaba en una
situación humillante era él.
Aunque no había puesto el manos libres, estaba
seguro de que Seung-won lo había oído todo. Por eso se había reído cuando
mencionaron Jeju. Jeong-ha quería bajar del coche en ese mismo instante. Odiaba
más haber mostrado esa faceta a un tercero que el hecho de que su familia se
hubiera mudado a Jeju sin él. El silencio se volvió insoportable.
“……¿A dónde vamos?”
Tras estar sumido en sus pensamientos, se dio
cuenta de que el coche no iba hacia la casa de Seung-won. El hombre parecía
conocer el camino, pues ni siquiera había puesto el GPS. Seung-won ignoró la
pregunta. Jeong-ha decidió no insistir y optó por el silencio.
Por primera vez, Jeong-ha sintió una distancia
real con Seung-won. Hasta entonces, confiaba en que su tío era favorable a él
pese a los nueve años de ausencia, pero ahora no estaba seguro. Se sentía como
un niño que, sin haber hecho nada malo, temía ser regañado por su madre por
culpa de un gran error.
Tras intentar defenderse con falacias y ser
golpeado por la realidad, su orgullo estaba por los suelos. Sabía que cualquier
cosa que dijera sonaría ridícula, así que decidió cerrar la boca.
* * *
Solo cuando vio a lo lejos el edificio de unos
grandes almacenes comprendió las intenciones del hombre. Sin embargo, no sabía
cómo interpretarlas. ¿Era lástima o consideración?
Seung-won era un hombre al que no le faltaba
el dinero. No era extraño que alguien que aceptaba su riqueza con naturalidad
abriera la billetera para su sobrino. Sin embargo, la tendencia de Jeong-ha a
interpretar las cosas de forma negativa nublaba su juicio.
“Baja.”
Seung-won dejó el coche en el servicio de
aparcacoches y llevó a Jeong-ha al interior. Como no podía ponerse terco frente
a los empleados, lo siguió dócilmente.
Al entrar, la luz brillante y el aroma
artificial característico le golpearon el olfato. El hombre pasó de largo por
las tiendas y entró directamente en la sala de personal shoppers. En
cuanto lo vio, la empleada se acercó con una sonrisa radiante.
“Bienvenido, señor Director. ¿Qué desea
tomar?”
“Un café para mí. ¿Y tú?”
“Yo…… solo agua, por favor.”
Jeong-ha respondió tartamudeando. Ya había
estado en esos grandes almacenes antes; era la sede principal y su madrastra
solía comprar allí por las marcas de lujo. Pero nunca había comprado con un
asesor personal. Se sintió abrumado por la naturalidad con la que el hombre
llegaba a un sitio así sin cita previa.
Pronto les sirvieron unos aperitivos y té.
“Me han dicho que su acompañante necesita ropa
de verano.”
“Ah…… sí.”
La mujer se dirigió a Jeong-ha con voz suave.
“¿Podría esperar un momento sentado? Prepararé
todo y le avisaré enseguida.”
“Sí.”
Tratar con clientes VVIP requería sumo
cuidado. Tras pedir disculpas por haber llegado antes de lo previsto, la
asesora se retiró un momento. A diferencia de Jeong-ha, que estaba sentado con
compostura, el hombre se veía algo despreocupado.
“No es necesario que compre ropa……”
“Shin Jeong-ha.”
El hombre lo interrumpió. Sabía lo que iba a
decir: “No tiene que comprármela”, “Puedo comprarla yo mismo”. Al oír su
nombre completo, Jeong-ha olvidó lo que iba a decir.
“No te compro esto por lo que ha pasado hoy.
Un tío no necesita una razón para comprarle ropa a su sobrino.”
Jeong-ha no sabía que, cuando él mencionó que
iría a su casa a por ropa, Seung-won ya había contactado con su asesora. Al
principio iba a pedir que se la enviaran a casa dándole sus medidas
aproximadas, pero al cambiar los planes, decidió ir en persona.
Jeong-ha no respondió. Las palabras de
Seung-won eran tan lógicas y fuera de sus expectativas que no supo qué decir.
Su mente seguía en caos. ¿Era normal que un tío le comprara ropa a un sobrino?
No lo sabía, pues no había tenido contacto con su familia extendida desde que
creció.
Como estaba cabizbajo mirando sus pies, no se
dio cuenta de que el hombre lo observaba. Seung-won también tenía la cabeza
ocupada. No podía evitar mirar al chico que siempre sonreía y que ahora estaba
tan decaído.
“Señor, ¿podría acompañarme?”
La asesora llamó a Jeong-ha. Sobresaltado, el
joven se acercó a ella. La mujer había preparado conjuntos de verano,
camisetas, camisas y pantalones cortos de todo tipo. No olvidó incluir gorras,
bolsos, sandalias y zapatillas.
Le mostró cada prenda con una breve
explicación: la marca, la inspiración del diseño, que era el producto más
popular y que solo quedaba esa unidad... A Jeong-ha todo le sonaba a chino y
solo veía oscuridad.
“¿Quiere probárselo? He traído tallas
aproximadas, pero es mejor que vea cómo le queda.”
“Ah, sí.”
Jeong-ha se sentía como una vaca llevada al
matadero. Entró en el probador con paso lánguido.
La asesora intercambió una mirada con su
cliente de siempre. Aunque era la primera vez que Seung-won, que nunca compraba
con familia, traía a alguien, ella no preguntó nada. Su formación le impedía
incomodar a un VIP.
Tras un rato de ruidos de ropa, la puerta del
probador se abrió. La asesora se acercó rápidamente.
“¿Le queda bien la talla?”
“Sí, está bien.”
Dijo que estaba bien, pero le quedaba algo
grande. Las mangas le llegaban al codo y eran muy anchas, y el pantalón parecía
sobrarle en la cintura. Salvo por la talla, el diseño le sentaba de maravilla.
La asesora pidió permiso y comprobó
rápidamente el ancho de los hombros y la cintura. Los tobillos expuestos bajo
el pantalón atrajeron la mirada del hombre.
Jeong-ha estaba absorto mirándose en el
espejo. Al oír las explicaciones de las marcas, imaginó que sería caro, pero al
ver la etiqueta casi se desmaya. Comprobó el resto de las prendas y la
situación era la misma: costaban dos o tres veces más de lo que él había
imaginado.
“¿Le gusta? La talla parece un poco grande,
prepararé una más pequeña.”
“Mmm, sí. Sería mejor.”
“¿Le gustaría probarse esta camiseta ahora?”
“Oh, creo que con esto ya es suficiente.”
Jeong-ha puso cara de compromiso cuando la
asesora señaló otra prenda. Sabiendo el precio, no se atrevía a decir que sí.
Aunque fuera el hombre quien pagaba y estuviera acostumbrado a ese trato,
Jeong-ha no sabía hasta dónde podía aceptar la generosidad de su tío. Ese
conjunto ya le parecía demasiado.
“Con esto me basta. No necesito más ropa.”
Dijo con firmeza, incomodando a la asesora. A
ella no le importaba vender solo un conjunto, pero trabajaba para Seung-won. Si
el hombre pedía una selección y el chico la rechazaba, ella quedaba en una
posición difícil.
“Envíe el resto a casa.”
Seung-won resolvió el dilema con la autoridad
que da el dinero. Sacó a la asesora del apuro de un plumazo.
“Creo que ya tiene las medidas, ¿verdad?”
“Sí, señor Director. Le enviaré todo en la
talla perfecta para el joven. ¿A su domicilio?”
“Sí.”
La mujer le explicó a Seung-won que podían
cambiar cualquier prenda si no les gustaba. El que iba a llevar la ropa
observaba la conversación con incredulidad. Miró con enfado al hombre que
decidía por él y sus miradas se cruzaron.
“¿Te vas a llevar eso puesto?”
Ante la pregunta tan natural, Jeong-ha cerró
la puerta del probador sin responder.
“¿Es siempre así?”, se preguntó mientras se cambiaba. Pensaba
que era amable y considerado, pero quizás solo era alguien que imponía su
voluntad.
Recordó cuando le regaló la maceta. Entonces
pensó que era un detalle, pero ahora se daba cuenta de que los favores no
deseados podían ser molestos. Aunque en su momento se alegró mucho, ahora su
interpretación estaba cambiando.
Al salir y entregar la ropa a la asesora, esta
le informó de que le enviarían su talla correcta. El hombre seguía sentado,
mirando el móvil con total tranquilidad.
“Que tengan un buen día.”
“Vendré en otra ocasión.”
Seung-won salió de la sala con un comentario
breve para la asesora, que se despedía efusivamente.
“¿Necesitas algo más?”
“……No.”
Respondió cortante, mirándolo con
resentimiento. El hombre no pareció afectado por su mirada cargada de
hostilidad. Jeong-ha no podía entender cómo alguien podía ser así.
De nuevo el silencio. Seung-won conducía y
Jeong-ha miraba al frente con el ceño fruncido.
“Gracias.”
NO
HACER PDF
SÍGUENOS
AL INSTAGRAM AOMINE5BL
Susurró Jeong-ha cuando cruzaban el puente.
Concluyó que, a pesar de todo, debía agradecer a su tío que le hubiera comprado
ropa.
“Pero es demasiado. No hacía falta que
comprara tanto.”
Tenía que decirlo. Le molestaba que el hombre
hubiera ignorado su negativa. La intención del que regala es importante, pero
también la voluntad del que recibe.
El hombre, tras escuchar la impertinencia de
su sobrino, habló lentamente.
“Te he dicho que es un regalo de un tío a su
sobrino. No es demasiado. No he tenido que vaciar mi cuenta para comprarlo.”
Eso era cierto. Para Jeong-ha era una fortuna,
pero para él no. Se preguntó cómo de rica era la familia de su madre. ¿Por qué
alguien así se casaría con su padre? Sabía que el dinero y el amor no siempre
van de la mano, pero su padre siempre decía que se había hecho a sí mismo...
¿Cómo se habrían conocido?
Por otro lado, las palabras de Seung-won lo
irritaban. “Un favor a un sobrino”. ¿Acaso gastaba así el dinero con
otros sobrinos? ¿Incluso obligándolos a aceptar ropa que no querían? Su voz
volvió a subir de tono.
“Aun así, no decida por su cuenta. Yo mismo
podría haberme comprado la ropa……”
“Shin Jeong-ha.”
El hombre volvió a interrumpirlo. Era la
segunda vez hoy.
“Para ya. Así estás más mono.”
El coche avanzaba por la carretera y ya
entraban en el barrio de Seung-won.
“Normalmente lo aceptas todo sin rechistar. Si
has decidido aceptar mi ayuda, acéptala y ya está. No te toca a ti elegir qué
recibes y qué no.”
Era verdad que había recibido mucho de él:
vivía en su casa, comía la comida que sus empleados preparaban. Ya era mucho.
Pero darse cuenta de su propia situación lo hacía sentir incómodo.
La mirada de Jeong-ha se volvió afilada. Sus
ojos redondos y suaves se llenaron de rebeldía. Si Seung-won no estuviera
conduciendo y hubiera visto su cara, se habría sorprendido de que pudiera poner
esa expresión.
“……Creo que a veces dice las cosas con mucha
mala idea.”
No pudo callárselo; Seung-won estaba siendo
odioso. ¿Cómo podía decir las cosas de forma que sentaran tan mal? Odiaba que
lo tratara como a un niño ignorante y que fingiera ser el adulto maduro.
Era mayor que él, sí, pero apenas pasaba de
los treinta. Era más joven que su tutor de bachillerato. La diferencia de edad
entre él y Seung-won era menor que la que había entre su madre y su tío. Quizás
por eso, a veces, sus palabras le sentaban especialmente mal.
“¿Yo?”
“Sí.”
Retiró lo de que se parecía a su madre.
Decidió que no sabía juzgar a la gente. Su madre era siempre dulce y amable;
nunca hablaría con esa prepotencia.
“No lo creo. Nunca me han dicho nada
parecido.”
Sorprendentemente, el hombre reaccionó a su
queja. Parecía genuinamente extrañado, lo que hizo que Jeong-ha negara con la
cabeza.
“Seguro que toda la gente que rodea al tío es
igual de desagradable. O quizás solo tiene a gente que le debe algo. No tiene
amigos, ¿verdad? Por eso siempre está en casa y nunca sale por ahí.”
“Vaya, vaya.”
Una vez que empezó, las palabras salieron en
tropel. El hombre, que esperaba verlo decaído, se quedó atónito ante el
contraataque y chasqueó la lengua. Una mezcla de emociones cruzó su mirada.
¿Realmente no lo sabía? Se preguntó cómo era
posible que el chico no entendiera por qué le dedicaba su tiempo, a pesar de lo
ocurrido la noche anterior.
El semáforo se puso en rojo y el coche se
detuvo. El hombre se giró para decirle algo a su sobrino, que no ocultaba su
enfado, pero se quedó callado al verlo.
Salvo por el ceño fruncido, no daba ningún
miedo. Si se pudiera matar con la mirada, Seung-won habría muerto el primero,
pero por desgracia Jeong-ha no tenía superpoderes.
Al ver su rostro, el enfado de Seung-won se
desvaneció y volvió a guardar silencio. Sin embargo, recordó lo que el chico
acababa de decir y soltó una risita.
“¿Dices que estoy siempre en casa porque no
tengo amigos?”
“¿Acaso no es obvio?”
Jeong-ha habló con seguridad. Parecía creer
que le había dado donde más le dolía, y su actitud triunfante era casi
ridícula. El semáforo cambió a verde y el hombre aceleró, con un tono de voz
más suave que antes.
“Podría ser que me quedo en casa para jugar
con mi sobrino.”
“Yo sé jugar solo perfectamente.”
“¿Y tú? ¿Tienes amigos?”
Su voz era suave, pero el contenido no lo era.
Jeong-ha se quedó callado ante el contraataque inesperado. Lo cierto era que no
tenía muchos amigos. Tenía algunos compañeros de instituto, pero algunos
estaban repitiendo curso y otros se habían dispersado por distintas
universidades; no era fácil verse.
“Tengo amigos. Pero…… viven lejos.”
“Ya veo. Yo también tengo mis razones.”
El hombre le devolvió su propia excusa. El
rostro de Jeong-ha se puso rojo al instante. “De verdad que es odioso
hablando”, pensó.
Al principio pensó que era alguien difícil,
luego que era alguien dulce y amable, pero ahora lo veía como alguien
caprichoso y algo retorcido.
“Pobre de mi madre”. “¿Cómo aguantaría a un hermano así?
Seguro que también se rebelaba contra ella”. Al ver que no cedía ni un
ápice ante su sobrino, podía imaginar lo impertinente que habría sido con su
hermana mayor. Cuanto más lo pensaba, más le hervía la sangre.
Mientras miraba por la ventana intentando
calmar su enfado, oyó la voz del hombre a su lado.
“Me gusta verte enfadado.”
“……¿Perdón?”
“Es mejor que te enfades a que llores.”
Justo cuando iba a protestar, Jeong-ha recordó
por qué habían empezado a discutir. Todo empezó con la visita a su casa, y
Seung-won solo lo había llevado. El hecho de terminar comprando ropa que no
quería y el desgaste emocional eran problemas suyos. Mientras discutía con él,
se había olvidado por un momento de su tristeza y su soledad.
“No te lo guardes, simplemente enfádate.”
“……Es usted un insoportable.”
Seung-won se limitó a reír ante los insultos
de su sobrino. Jeong-ha concluyó que el hombre tenía una personalidad extraña.
No solo era odioso hablando, sino que debía de estar un poco mal de la cabeza.
¿Cómo podía llamar a eso un consuelo?
Le resultaba absurdo haberse olvidado de su situación
por culpa de las impertinencias del hombre.
Pero así era. De verdad se sentía un poco
mejor.
Jeong-ha lo miró de reojo. Sintió una punzada
en el pecho y una mezcla de sentimientos extraños. Sus labios se movieron, pero
no logró articular palabra.
