Capítulo 2. Tío y sobrino
Capítulo 2. Tío y
sobrino
“Hola, pequeñas.”
A la rutina diaria de Jeong-ha, ya bastante
establecida, se le había sumado una tarea más: regar las macetas nada más
despertar. Aunque la cantidad y la frecuencia de riego variaban según la
planta, en cuanto amanecía, lo primero que hacía era acercarse al ventanal para
comprobar su estado.
Parecía que las plantas agradecían su
dedicación, pues crecían sanas y sin contratiempos. Como era la primera vez que
cuidaba de un ser vivo vegetal, le aterraba la idea de marchitarlas, por lo que
verlas prosperar era un gran alivio.
“¿Eh?”
Mientras estaba de cuclillas frente a una
maceta, revisando con cuidado si había alguna parte dañada, divisó una hoja
verde y fresca que no estaba allí el día anterior. Era muy pequeña, pero sin
duda se trataba de un brote nuevo. El brote, de un color verde lima único,
asomaba con timidez pero con firmeza desde lo más profundo del tallo de una de
las hojas ya crecidas.
“Hala, qué bonito…”
Había leído que, si el estado nutricional era
bueno, era muy probable que salieran brotes nuevos, pero verlo con sus propios
ojos era increíble. Le resultaba adorable ver cómo esa cosita tan diminuta ya
se erguía con la fuerza de una planta adulta.
“¿Qué pasa?”
“¡Hiiik!”
Justo cuando iba a levantarse para ir a por el
móvil —porque no podía quedarse solo con ese momento histórico—, oyó una voz
justo detrás de su espalda. Jeong-ha sintió que las piernas le fallaban y
estuvo a punto de desplomarse en el suelo, pero se salvó por los pelos gracias
a un brazo que rodeó su cintura.
“¡Ah...!”
“¿Estás bien?”
“S-sí, estoy bien. Ah…”
Era evidente que, de no ser por él, habría
acabado encima de las macetas. Agitó los brazos en el aire y se agarró con
fuerza a lo primero que pilló; solo después se dio cuenta de que era la camisa
del hombre.
Su brazo firme rodeaba estrechamente la
cintura del joven. El rostro de Seung-won, más cerca que nunca, lo miraba desde
arriba. Parecía que él también se había asustado, pues tenía la expresión
rígida y tensa. Con la cercanía, las feromonas del alfa lo golpearon de golpe y
Jeong-ha volvió a sentir un ligero mareo.
“Gracias. Ya estoy bien.”
A pesar del gesto del chico para que lo
soltara, el hombre no se apartó del todo hasta que lo ayudó a ponerse de pie.
Incluso después, se quedó atento por si volvía a tambalearse, listo para sujetarlo
en cualquier momento.
“De verdad, ya estoy bien.”
El hombre seguía observando a su sobrino con
incredulidad. No parecía dispuesto a creer nada de lo que dijera el joven.
“¿Cómo aparece así de repente? ¿Por qué no
hace nada de ruido al caminar?”
Para disipar el ambiente incómodo, Jeong-ha
desvió el tema. Como era de esperar, el hombre soltó un bufido de incredulidad.
“Claro que hice ruido. Tú fuiste quien no me
oyó.”
Seung-won señaló el lugar donde había estado
sentado. En la mesa de comedor descansaba la taza que siempre usaba para el
café. Curiosamente, siempre estaba allí bebiendo café cuando Jeong-ha salía a
revisar las plantas.
Al escuchar la explicación de que incluso
había arrastrado las zapatillas a propósito mientras caminaba hacia allí, el
joven se sintió avergonzado. Seguramente estaba tan absorto mirando las hojas
que no había oído nada. Se quedó allí de pie, sin saber qué decir, hasta que el
hombre volvió a inclinarse hacia él.
“¿Qué estabas mirando para gritar así?”
“¡Ah!”
Solo entonces recordó que ya tenía a alguien
con quien compartir la maravilla del nuevo brote. Alguien que vivía en esta
casa, que era el dueño y que, técnicamente, poseía la propiedad de esas
plantas.
“Aquí. Mire esto. ¡Ha salido un brote!”
“¿Un brote?”
“Sí. Aquí, uno pequeñito. ¿A que es mono?”
Como parecía no verlo, Seung-won se acuclilló
directamente al lado de Jeong-ha, frunciendo mucho el ceño. Resultaba cómico
ver a un hombre tan alto que casi tocaba el techo con las manos encogido de
aquella manera para observar un simple brote.
“¿Te refieres a esto?”
“¡Sí!”
“Mmm.”
El hombre, con el entrecejo totalmente
arrugado, se quedó mirando fijamente la maceta durante un buen rato hasta que
finalmente localizó el objetivo y lo señaló con cuidado. El brote, que ya era
pequeño de por sí, se veía minúsculo al lado de la mano del alfa.
“¿Es bonito, verdad?”
“…….”
Jeong-ha le preguntó si no le parecía adorable
que esa cosita hubiera brotado, pero el hombre se limitó a observar la planta
en silencio, sin responder. Parecía no compartir en absoluto la emoción de su
sobrino. Seung-won se aclaró la garganta y se levantó como si ya hubiera
terminado con el asunto.
“Tío, usted no entiende la maravilla de la
vida.”
Ante aquel tono de reproche, el hombre
chasqueó la lengua con incredulidad. A veces ponía esa cara cuando su sobrino
se comportaba de forma un poco insolente; como si le resultara interesante que,
con esa cara tan suave, de vez en cuando se atreviera a desafiarlo.
“Se nota que eres el hijo de mi hermana.”
“¿Qué pasa con mi madre?”
“No sabes cómo me regañaba si no entendía las
cosas que a ella le gustaban.”
Lo dijo con un gesto de cansancio, como si
ella le hubiera dado muchas lecciones en el pasado. A Jeong-ha le hizo gracia y
soltó una carcajada, a lo que el hombre respondió frunciendo el ceño y negando
con la cabeza. Al parecer, su madre, que siempre había sido dulce y amable con
su hijo, con su hermano ejercía plenamente su papel de hermana mayor.
“Yo no le estoy regañando. ¿Cómo voy a regañar
yo a mi tío? Es solo que me da pena.”
Aunque sabía que era un argumento sin sentido,
soltó el disparate, pero el hombre solo arqueó una ceja. Tras observar el
rostro de su sobrino en silencio, Seung-won le acarició suavemente el cabello.
Era un mechón que se había quedado despeinado en una dirección extraña.
“Es que me acabo de levantar…”
Jeong-ha no se había lavado la cara y seguía
en pijama. Hoy era uno de cuadros normal y corriente, pero como ya lo había
visto varias veces en ropa de dormir, se sintió algo cohibido.
Entendía que era normal andar en pijama por
casa justo después de despertar, pero él nunca había visto a Seung-won en un
estado tan privado. Lo máximo que lo había visto era con ropa cómoda de casa,
como ahora. ¿Se cambiaría de ropa cada vez que salía a las zonas comunes a
propósito? ¿O acaso dormiría siempre así de impecable?
A diferencia de Jeong-ha, que ocupaba una
habitación de invitados, el espacio privado de Seung-won era mucho más amplio,
por lo que no sabía cómo pasaba el tiempo allí dentro.
“Puede que algún día entre a escondidas.”
“¿A dónde?”
“Entraré en su cuarto de madrugada mientras
duerme y le haré una foto. Y me burlaré de usted para siempre.”
Lo que el otro día solo fue un pensamiento,
hoy lo declaró abiertamente. ¿A qué hora se dormiría? Sobre las tres de la
mañana seguro que ya estaría frito. No tenía intención real de entrar, pero con
esto esperaba que él dejara de burlarse de su pijama. El hombre, tras escuchar
el plan detallado, sonrió de forma enigmática.
“Qué divertido. Inténtalo.”
Jeong-ha le devolvió la mirada con un mohín,
pero al ver su sonrisa triunfante, sintió que ya había perdido la batalla. En
estos casos, lo mejor era cambiar de tema rápidamente.
“¿Por qué está hoy en casa?”
“Es mi día libre.”
Aun siendo su día libre vestía de forma
pulcra. Sin duda era un rasgo de aquella casa. Jeong-ha no sabía si el lugar
carecía de calidez porque el dueño era así, o si el dueño se comportaba de
forma tan gélida porque la casa era impersonal, pero desde luego, la frase 'de
tal palo, tal astilla' cobraba sentido.
“¿A qué hora tienes clase hoy?”
“Pronto. Tengo que irme ya.”
“¿Y la comida? ¿No vas a comer?”
“Me da pereza, así que compraré algo en una
tienda de conveniencia. No me da tiempo a mucho más.”
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Seguro que había comida; había sopa que la
empleada dejó hecha y la nevera estaba llena de guarniciones. Pero nada más
levantarse, Jeong-ha no solía tener apetito. El hambre le venía después de
moverse un poco, así que solía saltarse el desayuno a menudo.
Seung-won solía preguntarle con frecuencia si
había comido. No sabía si era por cortesía o por un sentido de responsabilidad.
“¿Cenamos juntos hoy?”
Últimamente, la frecuencia con la que cenaban
juntos había aumentado. De vez en cuando, si él enviaba un mensaje primero,
solía ser para proponerle aquel plan. Como no tenía nada tras la universidad,
no le resultaba difícil adaptarse.
“Sí, me encantaría.”
Aprovechando la ocasión, Jeong-ha le comunicó
sus planes para el fin de semana.
“Mañana seguramente no estaré en casa. Quiero
ir a visitar a mi familia.”
Al mencionar su casa familiar, Seung-won puso
una expresión de sorpresa. Llevaba casi un mes viviendo allí y todavía no había
vuelto ni una vez. Teniendo en cuenta que no vivía lejos y que podía llegar en
un momento en transporte público, era cierto que no iba mucho por allí.
“¿A qué vas?”
“Hace calor. Voy a por ropa de verano.”
Aunque el aire acondicionado de las aulas
hacía que la manga larga fuera agradable, fuera se sudaba a chorros. No quería
resfriarse por cambiar a ropa fina demasiado pronto, pero ya estaba llegando al
límite.
“Tengo pensado quedarme a dormir allí y volver
el domingo.”
“Hum.”
Quería aprovechar la visita para hablar con su
padre sobre el alojamiento. Si iban a construir un edificio nuevo para su
cuarto de alquiler, tardaría bastante y no podía seguir abusando de la
hospitalidad de Seung-won. Pensó que lo mejor sería ver si podía entrar en la
residencia universitaria el próximo semestre.
“Así que, ¿podría regar a esta pequeña
mientras no estoy?”
Esa era la verdadera razón de compartir sus
planes. ¿Regar? Seguramente le había prometido que no le daría trabajo. Solo
por su expresión, Jeong-ha ya sabía lo que estaba pensando el hombre, así que
añadió una excusa apresuradamente.
“Estas dos están bien, pero esta necesita un
poquito de agua todos los días. Mañana se la daré yo, pero por favor,
encárguese usted el domingo. Con lo bien que ha crecido, me daría pena que se
muriera.”
“No sé yo……”
El hombre no empatizaba nada. A pesar de que
el joven puso cara de pena, él solo ladeó la cabeza ligeramente. ¡Y eso que él
fue quien las compró tan grandes!
“Solo tiene que darle un poquito. Hasta que la
tierra esté húmeda. No es difícil. Dele agua mientras se toma su café. Si no,
le llamaré pasado mañana por la mañana.”
Ante la amenaza de recibir una llamada a esas
horas, Seung-won dudó un momento y terminó asintiendo. Una sonrisa radiante
iluminó el rostro de Jeong-ha al conseguir lo que quería. Seung-won lo miró un
instante y cambió de tema.
“¿Qué quieres cenar?”
“Mmm, lo que usted quiera. ¡Ah! Tengo que
ducharme.”
El tiempo volaba. Seung-won miró su reloj de
pulsera y añadió con indiferencia:
“Tómate tu tiempo. Te llevaré yo.”
“¿En serio?”
“Sí.”
Jeong-ha se tomó un momento más para acariciar
las hojas de sus plantas. A estas horas ya debería estar en el metro, pero qué
lujo poder remolonear en casa. ¿Y si se acababa acostumbrando? Él no tenía
coche ni carné.
* * *
Tras prepararse, Jeong-ha bajó al garaje con
Seung-won. El interior del coche seguía impregnado de sus intensas feromonas.
No eran náuseas como en el metro, pero la concentración era notable. Suspiró
sin hacer ruido y abrió un poco la ventana. La próxima vez no olvidaría la
mascarilla.
“¿Hace mucho que tiene el carné?”
“Me lo saqué cuando estaba en Estados Unidos,
así que… hace más de diez años.”
“¿Ya conducía entonces?”
“Sí, era necesario. ¿Tú no tienes carné?”
“No, por diversas razones no me lo saqué.”
Aunque tuvo tiempo libre tras ser admitido,
Jeong-ha lo fue posponiendo con cualquier excusa.
“¿Es difícil conducir? Me da miedo si es
difícil.”
“No es para tanto. Se aprende rápido.”
Ante la pregunta de si conducir daba miedo,
las respuestas solían ser parecidas. Si no era tan difícil, ¿por qué había
accidentes? Le asustaba tanto tener un accidente como provocarlo. Solo de
pensarlo se le quitaban las ganas.
Aunque no sabía nada de coches, notaba que
Seung-won conducía muy bien; mantenía la calma incluso si alguien se le
cruzaba.
“Guau.”
Se quedó impresionado al ver que no se
enfadaba ni cuando tuvo que frenar de golpe por una moto. Cuando Jeong-ha
aplaudió, el hombre lo miró con desconcierto.
“¿Podría enseñarme a conducir algún día?”
“¿Quieres aprender conmigo?”
“Sí.”
“Conducir y enseñar son cosas muy distintas.”
“Pero ¿no es mejor que me regañe alguien
conocido que un extraño?”
“No sé yo……”
Seung-won volvió a negar con la cabeza.
Durante el trayecto, el joven no paró de charlar animadamente; recordaba haber
oído que era de buena educación entretener al conductor. El hombre no parecía
prestar mucha atención, pero de vez en cuando reaccionaba, y no olvidaba
estirar el brazo para protegerlo cuando frenaba bruscamente.
“¿Estás bien?”
“Sí, gracias.”
Seung-won chasqueó la lengua y miró con dureza
al coche de delante. Al ver cómo se tensaba su mandíbula por el enfado,
Jeong-ha sonrió con satisfacción.
“Gracias por traerme. Me bajo aquí.”
Pronto llegaron a la universidad. Tras
despedirse, Jeong-ha se disponía a entrar cuando Kyung-soo lo llamó. Era el
compañero alfa que le había recomendado las clases particulares.
“¡Jeong-ha! ¿Has venido en coche hoy? ¿De
quién es?”
“Sí, me ha traído mi tío.”
“¿Seguro que es tu tío?”
Al oír eso, los ojos de Kyung-soo se abrieron
todo lo que pudieron. Había una firme determinación por descubrir la verdad en
su mirada, pero Jeong-ha no se dio cuenta.
“Sí. Ah, oye, sobre el alumno… ¿sigue buscando
profesor?”
Decidió pedirle información. No tenía mucha
confianza porque nunca había enseñado, pero era mejor que no hacer nada.
“Ah, creo que sí. ¿Te interesa?”
“Bueno, ¿un poco?”
La cara de Kyung-soo se iluminó y empezó a
soltar información sin que nadie se la pidiera.
“Mañana voy a darle clase, se lo diré a su
madre. ¿Le paso tu número?”
“No todavía. Me lo estoy pensando.”
Jeong-ha temía entorpecer al alumno, pero
Kyung-soo lo cortó tajantemente. El compañero estaba animado por un motivo
diferente.
“¿Por qué no haces una clase de prueba? Sin
compromiso.”
“Ah, eso estaría bien.”
Era mejor que empezar de golpe. Ante su
reacción positiva, Kyung-soo lanzó otra propuesta.
“Entonces, saca un hueco algún día. Te contaré
cómo es mi alumno. Si vas preparado, a la madre le encantará.”
“bueno. Gracias.”
Kyung-soo decía tener buen ojo para la gente.
Decía que captaba la personalidad del alumno enseguida y que todos estaban
satisfechos.
“Por cierto, el tío que te ha traído hoy… ¿es
con quien vives?”
“¿Eh? Sí.”
Kyung-soo, que hasta ahora solo hablaba de las
clases, preguntó de repente por Seung-won. Jeong-ha le dijo que se adelantara
porque quería pasar por la tienda, pero él lo siguió.
“¿Qué edad tiene tu tío?”
“Tiene treinta y tantos.”
“Ah, ¿sí? ¿Y vives con su familia?”
“No, vive solo.”
“¿Ah, no está casado? ¿Y tiene pareja?”
“¿Y eso a qué viene?”
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Jeong-ha mostró por primera vez extrañeza.
¿Por qué tenía tanta curiosidad? Si fuera por interés romántico, Kyung-soo
también era un alfa.
“Sin más. Si uno vive solo, suele llevar a su
pareja a casa. Vivir con un sobrino debe de ser incómodo.”
Aquello fue como un jarro de agua fría. Nunca
se le había ocurrido pensar en eso. La casa de Seung-won estaba impregnada solo
de sus propias feromonas, pero él era un alfa que llamaba mucho la atención:
atractivo, con éxito y una actitud relajada.
Pensándolo bien, nunca había percibido
feromonas ajenas en él, pero eso no significaba nada.
“……¿Es verdad, no?”
“Ah, ¿parece que no son muy cercanos?”
“……Estamos empezando a serlo, un poco.”
Al menos ya se veían, cenaban y bromeaban.
Incluso le había regalado plantas. Kyung-soo seguía hablando, pero Jeong-ha se
había quedado decaído al darse cuenta de que no sabía nada de la vida privada
de Seung-won. ¿Por qué había asumido que no tenía a nadie?
Si Seung-won volvía tarde, podría ser por
estar con alguien. Si no podía llevar a su pareja a casa por culpa de su
sobrino, tendría que tener sus citas en otro lugar. Aquello lo hacía sentir
como un estorbo.
“Jeong-ha, ¿por qué estás tan distraído?”
“……¿Eh? ¿Qué me has dicho?”
“Que si tienes algún plato favorito para
cuando nos veamos antes de la clase de prueba.”
“No hace falta. Quedamos en una cafetería y ya
está.”
“Venga, ¿cómo vamos a hacer eso?”
A Jeong-ha no le gustaba mucho comer fuera con
gente y elegir el menú le daba pereza. Kyung-soo insistió en invitarlo.
“Como de todo. Menos cosas picantes.”
“¿Pasta o arroz?”
“Me gustan los dos.”
“¿Entonces pasta?”
“Mmm, la comida occidental no me apetece mucho.”
Mientras discutían, Jeong-ha pensó en la cena
con su tío. ¿A dónde lo llevaría hoy? Se preguntó qué estaría haciendo él en su
día libre. ¿Deporte? ¿Trabajo? Seung-won se levantaba temprano incluso los
fines de semana.
Se preguntó si a Seung-won le cansaba verlo
por casa. Sin embargo, el hecho de que cumpliera siempre su promesa de cenar
juntos sugería que su afecto por su sobrino era profundo. Aquel pensamiento lo
hizo sentir mejor. Hoy tendría muchas cosas que preguntarle durante la cena.
* * *
Durante la clase, una notificación iluminó la
pantalla de su teléfono. Al revisarla, vio que era un mensaje de su tío.
Tío
“¿Ya terminaste las clases?”
Tío
“Si aún no te has ido, ¿quieres venir a la
oficina?”
¿A la oficina? Escuchando la clase con un oído
y revisando el historial de mensajes con el otro, se enteró de que a su tío le
había surgido un imprevisto y había tenido que ir a trabajar. Como la empresa
estaba más cerca de la universidad, le sugería que cenaran por la zona antes de
volver a casa.
Jeong-ha sabía más o menos dónde trabajaba
Seung-won. Si el autobús pasaba a tiempo, era un trayecto de apenas treinta
minutos.
Le respondió que iría hacia allá en cuanto
tuviera un descanso y le pidió la dirección. Casi de inmediato, recibió un
mensaje con la ubicación y el nombre del edificio. Al leer los detalles, empezó
a sentir un ligero cosquilleo de hambre en el estómago.
“¿Qué vamos a comer?”
“Cómpreme algo rico.”
“Vayamos a uno de sus sitios habituales.”
Aunque no compartían muchas comidas, siempre
que lo hacían terminaban en lugares excelentes. Sin embargo, Jeong-ha sentía
curiosidad por saber qué solía comer Seung-won en su día a día.
Tío
“De acuerdo.”
Tras recibir esa respuesta escueta, Jeong-ha
se despidió prometiendo verlo más tarde y dejó el teléfono. En el momento
justo, el profesor, que se había ausentado un momento, regresó al aula.
Sintiendo una mirada fija, Jeong-ha giró la cabeza y se encontró con Kyung-soo,
quien dio un respingo al ser descubierto.
“¿Qué pasa?”
“Nada, es que tenía curiosidad por saber con
quién mensajeabas.”
“¿Yo? Con mi tío.”
“¿Tienes muchos tíos? Antes también te bajaste
del coche de un tío.”
“Es el mismo tío. ¿Por qué?”
Kyung-soo ladeó la cabeza de un lado a otro.
Miró a Jeong-ha con cara de sospecha y murmuró para sí mismo: “¿De verdad se
puede ser tan cercano a un tío?”.
“Te he dicho que nos estamos conociendo.”
“¿Y por eso sonríes tanto mientras escribes?”
“Sí.”
Kyung-soo seguía ladeando la cabeza, como si
no terminara de comprenderlo. Probablemente, él no tenía una relación tan
estrecha con sus propios tíos.
* * *
En cuanto terminó la clase, Jeong-ha se
dirigió directamente a la parada del autobús. Al ser la primera vez que iba,
buscó la ruta más corta y decidió que el autobús era lo mejor. A la hora de
salida del trabajo, el tráfico sería terrible de todas formas, así que la
elección no importaba demasiado. El metro era más rápido, pero recordaba haber
sentido que se asfixiaba en los vagones abarrotados y no quería repetir la
experiencia.
Tras bajar en la parada y cruzar un gran paso
de cebra, divisó el edificio que Seung-won le había indicado. Su tío le había
insistido en que lo llamara si no lo encontraba, pero no era un lugar
precisamente escondido. Al fin y al cabo, ¿cuántos coreanos no conocían
T-Securities?
Irónicamente, Jeong-ha no supo que su familia
materna era la dueña del Grupo Taesung hasta que llegó al instituto. Es decir,
después de que su madre falleciera. El modo en que se enteró fue absurdo:
escuchó a su madrastra hablando mal de su madre por teléfono, creyendo que no
había nadie en casa.
‘Dicen que la exmujer era la hija mayor de
Taesung, pero lo que dejó fue menos de lo que esperaba. Quién sabe... no es
algo que pueda preguntar abiertamente.’
Dudando si se trataba del mismo Taesung que
conocía, corrió a su habitación a investigar. La foto de un anciano que parecía
ser su abuelo materno encabezaba las noticias. El Grupo Taesung, y la filial
donde trabajaba Seung-won, eran instituciones de ese calibre.
El vestíbulo era inmenso, pero el espacio
permitido para los visitantes era limitado. A mitad del camino, unas barreras
similares a los torniquetes del metro controlaban el acceso. Los empleados
pasaban sus tarjetas para entrar al área privada.
“¿En qué puedo ayudarle?”
“Ah, esto...”
Un joven alfa, aparentemente de seguridad, se
le acercó. Jeong-ha dudó sobre qué decir.
“He quedado con mi tío, trabaja en esta
empresa.”
“Si no es empleado, no puede pasar al interior.”
El guardia señaló unos asientos distribuidos
por el vestíbulo y le indicó que esperara allí. Era lógico. Como había llegado
antes de la hora acordada, Jeong-ha se sentó en la silla más cercana.
“Ya llegué.”
“Estoy en el vestíbulo.”
El '1' junto a sus mensajes no desaparecía. Si
Seung-won había tenido que ir a la oficina de urgencia en su día libre, debía
de estar muy ocupado. ¿Qué asunto sería tan importante para interrumpir su
descanso? ¿O simplemente se le había olvidado algo crucial?
Mientras mataba el tiempo mirando
distraídamente sus pies, el teléfono vibró. ‘Tío’. En cuanto vio los dos
caracteres en pantalla, pulsó el botón de aceptar.
— ¿Dónde estás? Dijiste que habías llegado.
“En el primer piso.”
— ¿En el primer piso? ¿Por qué estás ahí?
La última frase pareció un murmullo para sí
mismo. El tono de incomprensión de Seung-won hizo que Jeong-ha también se
sintiera un poco absurdo.
“¿Cómo voy a entrar si no soy empleado?”
Seung-won pareció procesar la situación,
guardó silencio un segundo y luego dijo: “Espera ahí”, antes de colgar.
“¿Me habré equivocado de sitio?”
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¿Habría confundido el edificio? Imposible.
Podía confundir el edificio, pero no el nombre de la empresa. El vestíbulo
estaba tapizado con logotipos y videos promocionales de T-Securities.
Mientras esperaba con el móvil en la mano, el
ambiente se volvió agitado. Los guardias que merodeaban por los torniquetes
empezaron a moverse con presteza. Del área de ascensores salió un grupo de
personas.
“Ah.”
Entre los hombres de mediana edad vestidos de
traje, estaba su tío. Parecía que acababan de terminar una reunión. Seung-won
se despedía de sus colegas mientras caminaba hacia la salida. Justo cuando
Jeong-ha iba a saludarlo con entusiasmo, alguien se acercó al alfa.
Era una mujer omega, relativamente joven
comparada con el resto del grupo. Ella le dijo algo con una sonrisa y Seung-won
arqueó una ceja mientras reía. Debido a la distancia, Jeong-ha no podía oír la
conversación, pero se veían bastante cercanos.
La mujer se detuvo un momento y le arregló la
corbata a Seung-won. Al parecer, estaba un poco torcida. ¿Era necesario que
ella lo hiciera? Desde lejos parecía estar bien.
Tras ajustar la corbata una vez más, la mujer
desapareció en otra dirección. Seung-won miró a su alrededor y llamó a alguien.
Inmediatamente después, sus ojos se cruzaron con los de Jeong-ha. Aunque no lo
había mirado antes, Seung-won sabía exactamente dónde estaba su sobrino.
El hombre al que Seung-won había llamado
asintió repetidamente y se acercó a los guardias para decirles algo. Jeong-ha
no oyó el contenido, pero sintió que hablaban de él porque el guardia no dejaba
de mirarlo.
Mientras tanto, Seung-won caminó con paso
firme hacia Jeong-ha, que estaba fuera de los torniquetes.
“Llegaste temprano.”
El hombre vestía diferente a como lo había
visto por la mañana. Jeong-ha fijó su vista en la corbata de cuadros blancos,
negros y grises. A pesar de que la mujer la había retocado con tanto esmero,
seguía pareciendo ligeramente inclinada. “No hacía falta que la tocara”,
pensó.
Jeong-ha se quedó mirando la corbata con
resentimiento. Seung-won, al ver que su sobrino no respondía, ladeó la cabeza y
pasó una mano frente a sus ojos para llamar su atención.
“Te veo bien.”
“Como no respondías... Vámonos.”
“Me trata como a un niño”, se quejó Jeong-ha para sus adentros.
Seung-won sonrió y sugirió moverse; tenía el coche en el sótano. Para llegar al
ascensor debían cruzar los torniquetes y, gracias a su tío, esta vez Jeong-ha
pudo pasar.
“La próxima vez solo da tu nombre al entrar.
Ya se lo he dicho a mi secretario.”
Al parecer, el hombre que habló con seguridad
era su secretario. Jeong-ha se preguntó si volvería a aquel lugar. ¿Significaba
aquel “la próxima vez” que planeaba volver a quedar por allí? ¿O era
simplemente el procedimiento estándar para los visitantes?
Visitantes... Invitados... Un visitante que
vendría periódicamente...
“¿Quién era esa persona de hace un rato?”
¿Por qué se le venía a la mente la mujer omega
que le había arreglado la corbata?
“¿Quién? ¿Mi secretario?”
Seung-won no comprendió a quién se refería.
¿Tan acostumbrado estaba a ella que ni siquiera notaba su presencia?
Extrañamente, a Jeong-ha le empezaron a arder las orejas.
El coche salió del aparcamiento. El tráfico de
la hora punta era incomparable con el de la mañana. “Deberíamos haber ido
caminando”, murmuró Seung-won, recordando entonces que su sobrino seguía
callado.
“¿De quién hablas?”
“De la... de la persona que le arregló la
corbata antes.”
La voz de Jeong-ha era inusualmente calmada.
Tras un breve silencio, añadió en voz baja:
“No me parece bien actuar así delante de todo
el mundo.”
Sintió la mirada de Seung-won sobre su perfil
izquierdo.
“¿Actuar cómo?”
La pregunta de Seung-won sonó extrañamente
desafiante. Jeong-ha inspiró profundamente; las feromonas del alfa, ya
familiares pero aún inquietantes, llenaron sus pulmones.
“Eso de arreglarle la ropa en un lugar por
donde pasa mucha gente. Esas cosas...”
Iba a decir que deberían hacerse en privado,
pero se calló. La frase sonaba inapropiada.
“Simplemente podría haberle dicho que estaba
torcida para que usted lo hiciera.”
Sus respuestas sonaban bruscas. ¿Acaso no
sabía anudarse la corbata solo? ¿O alguien se la ponía cada mañana? A pesar de
su valentía al señalarlo, no se atrevía a mirar a Seung-won a la cara.
Pronto se arrepintió. Debería haber dicho
simplemente que tenía curiosidad por saber quién era porque parecían cercanos.
Sintió que su rostro se encendía, temiendo que su tío lo considerara un
insolente.
Durante el trayecto, Seung-won no dijo nada.
El silencio en el coche era asfixiante. ¿Debería pedir perdón? Que Seung-won no
soliera mostrar sus emociones no significaba que tolerara que su sobrino se le
subiera a las barbas. La falta de reacción del alfa aumentaba su ansiedad.
“Le dije que quería causarle una buena
impresión y cometo este error”, se reprendió Jeong-ha, jugueteando nervioso con sus dedos.
Finalmente, entraron en el aparcamiento
subterráneo de un edificio. Seung-won aparcó con destreza y apagó el motor.
Jeong-ha tenía las manos pálidas de tanto apretarlas.
“Jeong-ha.”
Era la primera vez que Seung-won pronunciaba
su nombre. Sus pestañas temblaron por la tensión.
“¿Qué es lo que te ha molestado tanto?”
“……No me ha molestado nada.”
Afortunadamente, pudo responder con voz firme.
“¿Ah, sí?”
“Sí.”
“Mmm.”
Seung-won emitió un sonido gutural. Jeong-ha
seguía mirando sus dedos entrelazados, pero por la sombra que se proyectaba
sobre él, supo que el hombre se había inclinado hacia su lado. ¿Qué expresión
tendría?
“¿Y la comida? ¿Ya no quieres cenar?”
Su tono era el de alguien que consuela a un
niño pequeño. A Jeong-ha no le gustó que lo trataran así, pero al mismo tiempo,
el hecho de que su tío se preocupara por su estado de ánimo en lugar de
regañarlo por su impertinencia hizo que su enfado se disipara.
“……Hoy almorcé mal y tengo hambre.”
No había tenido apetito por la mañana y apenas
tenía energía. Quizás su mal humor se debía al hambre. Era una explicación
razonable; se la daría cuando se sintiera mejor después de comer.
Seung-won soltó una pequeña risa. No parecía
enfadado. Jeong-ha sintió un cosquilleo en la coronilla; era como si su tío
estuviera jugueteando con su pelo.
“Hablemos mientras comemos.”
Ante esas palabras, Jeong-ha levantó la cabeza
por primera vez. ¿Le explicaría quién era esa mujer? ¿O solo quería posponer la
charla? Antes de poder preguntar, Seung-won ya había bajado del coche.
Subieron en un ascensor hasta una planta muy
alta. Al salir, vieron varias entradas de restaurantes. Seung-won lo guio hacia
un restaurante francés. En cuanto entraron, un gerente los saludó y los llevó a
un reservado. No hubo necesidad de mirar la carta; el servicio de agua y cubiertos
comenzó de inmediato.
“Por favor, traiga la comida sin prisa.”
“Entendido, señor.”
El reservado era grande, pensado para más
personas, pero estaban solos. Jeong-ha bebía agua a sorbos mientras observaba
de reojo cómo Seung-won se limpiaba las manos con una toallita húmeda.
“¿Tanto te picaba la curiosidad?”
La voz tranquila lo sobresaltó justo cuando
iba a tragar. Jeong-ha derramó un poco de agua y Seung-won, tras mirarlo
sorprendido, estalló en carcajadas.
“¿Le hace gracia?”
“Sí. Mucha.”
Seung-won se reía abiertamente. Jeong-ha,
molesto, empezó a limpiar el agua de su regazo con la servilleta. “¿Por
culpa de quién la habré derramado?”, pensó. Seung-won solía reírse cuando
Jeong-ha estaba en apuros. Tenía un lado un tanto malicioso.
Aunque intentó lanzarle una mirada feroz,
Seung-won seguía sonriendo. A diferencia de Jeong-ha, que se sentía decaído, su
tío parecía estar de excelente humor.
Pronto llegó el primer plato. El camarero
explicó los ingredientes y cómo degustarlo, pero Jeong-ha solo retuvo que
llevaba calabaza.
“……Gracias por la comida.”
A pesar de su brusquedad, debía ser educado
con quien pagaba. Pinchó con el tenedor unas frutas y frutos secos. Se preguntó
si Seung-won venía a sitios así todos los días. ¿Y con quién? ¿Con esa mujer?
“Es la pareja de mi hermana.”
……¿Eh?
Jeong-ha dejó de maltratar la comida y levantó
la vista. ¿Acaso le había leído el pensamiento? Seung-won comía con una postura
elegante y perfecta. Jeong-ha tardó un segundo en procesar la información. Si
era la pareja de su hermana...
“……¿La persona de antes?”
Seung-won asintió lentamente.
“La pareja de mi hermana pequeña es directiva
en mi empresa. De hecho, se conocieron porque ella vino a verme a la oficina y
se enamoraron. Somos familia política.”
“Ah…….”
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Eso explicaba la cercanía, la falta de pudor
ante las miradas ajenas y la indiferencia de los demás. De repente, Jeong-ha
sintió que un peso se levantaba de su pecho. El malestar que sentía desapareció
al instante.
“Podría habérmelo dicho antes. Yo... yo me
equivoqué.”
“¿En qué te equivocaste?” Los ojos de
Seung-won brillaron con malicia.
“Pensé que... que tal vez tenía un romance en
la oficina.”
“¿Yo?”
“Podría ser. Pasa tanto tiempo allí que pensé
que aprovecharía para otras cosas...”
El hombre volvió a reírse ante las deducciones
de su sobrino. No era una mala teoría: si entraba al amanecer y salía a
medianoche, lo lógico sería resolver su vida privada en ese horario.
Jeong-ha, aún con un gesto pensativo, frunció
el ceño. “La pareja de su hermana... la hermana de mi madre... mi tía”.
“……Tío, si es la pareja de su hermana, ¿no
vendría siendo algo así como mi tía política?”
“Exactamente.”
“Entonces, ¿por qué no me la presentó?”
Jeong-ha recordaba haber visto a su tía alguna
vez, pero apenas recordaba su rostro. Después de nueve años, incluso su tío le
resultaba extraño; no había forma de recordar a su tía. Ni siquiera sabía que
se había casado.
“Yo también quiero llevarme bien con mi
familia...”
Viviendo con Seung-won, Jeong-ha había
recuperado cierta confianza. Sentía que podía reconstruir los lazos con los
hermanos de su madre. Aunque Seung-won a veces era molesto, ese mismo
sentimiento era prueba de su cercanía.
“Mmm.” Sin embargo, la reacción de Seung-won
fue inesperada.
“¿Por qué pone esa cara?”
“Es que aún no le he dicho a mi hermana
pequeña que estás viviendo conmigo.”
“¿Todavía no?”
“El momento oportuno es importante en estas
cosas.”
Jeong-ha no entendía por qué el momento era
tan crucial, aunque suponía que era difícil explicar que de pronto vivía con un
sobrino con el que no había hablado en una década.
Al terminar el primer plato, el camarero —un
hombre que ocultaba su feromona de alfa con perfume— trajo el segundo curso.
Jeong-ha escuchaba las explicaciones mientras su mente seguía divagando. “Así
que esa mujer es la pareja de mi tía. Entonces... ¿Seung-won no sale con nadie?
Si me pide cenar en su día libre, será porque no tiene a nadie más con quien
quedar”.
“¿Podemos beber alcohol?”
En cuanto lo dijo, Jeong-ha se arrepintió.
Había sido un impulso. El alcohol era solo una excusa; quería preguntarle
muchas cosas y sabía que la gente suele sincerarse cuando bebe.
“¿Así que quieres beber?”
“Dijo que beberíamos en un sitio mejor la
próxima vez. Me acordé de repente.”
“¿Has bebido antes?”
“Un poco con mis compañeros, pero no me gustó
mucho. El soju no me sienta bien.”
“El señor Shin colecciona licores, ¿no? ¿Nunca
bebiste con él?”
Se refería a su padre. Era una forma fría de
llamarlo, pero Seung-won no tenía motivos para usar términos familiares con
alguien que se había desentendido de su sobrino tras volverse a casar.
“Mi padre siempre está ocupado. Pasa mucho
tiempo fuera por negocios.”
Jeong-ha rara vez pasaba tiempo a solas con su
padre. Siempre estaba en viajes de negocios o cenas de compromiso. En casa,
solía comer solo porque su madrastra y sus hermanos tenían sus propios
horarios.
“¿No quiere?”
Seung-won observó a su insistente sobrino y
llamó al camarero.
“¿Podría traernos el maridaje de vinos? Para
dos personas.”
“¿Y la conducción?”.
“Llamaré a un chófer. La carta aquí es buena,
no está de más probarla.”
Pronto llegó el primer vino: un blanco de
color amarillo pálido con aromas dulces y frescos. El camarero dio una
explicación técnica que Jeong-ha no alcanzó a comprender del todo.
“¿Solo hay que beberlo?”
Era su primera vez con el vino. Le daba miedo
cometer algún error de etiqueta. El hombre agarró la copa por el tallo y movió
la muñeca con suavidad, haciendo que el líquido girara.
“¿Por qué hace eso?”
Jeong-ha intentó imitarlo, pero sintió que el
vino se desbordaría y dejó la copa. Parecía fácil, pero no lo era.
“Es para que el aroma se intensifique.”
Seung-won le tendió su copa. Cuando Jeong-ha
se acercó a olerla, el tío le entregó su copa y tomó la del joven. Se las
intercambiaron.
“Guau.” El aroma en la copa de Seung-won era
mucho más complejo. “Huele a flores.”
Jeong-ha acercó la nariz a la copa como un
perrito curioso. Seung-won lo miró con ternura y lo instó a probarlo.
“No bebas mucho de golpe. Despacio, en varios
sorbos.”
Justo antes de beber, Jeong-ha recordó que no
habían brindado. Extendió la copa bruscamente.
“Brindemos, es la primera vez que bebemos
juntos.”
“¿Por qué brindamos?”
“Mmm... ¿Por los momentos felices entre tío y
sobrino?”
“Por eso.”
El hombre sonrió y chocó su copa con la de él.
El sonido fue cristalino. Jeong-ha saboreó el primer sorbo.
“¡Qué rico! El soju sabía a alcohol de quemar.”
“¿Has probado el alcohol de quemar?”
“Huele igual.”
Jeong-ha dio un par de sorbos más. El vino era
refrescante y dejaba un regusto dulce.
“Tienes madera de bebedor.”
“No es verdad. Es que este está bueno.”
Sin darse cuenta, la copa estaba vacía. Justo
a tiempo, el camarero trajo el siguiente plato y un vino tinto. Al contrario
que con el primero, a Seung-won pareció gustarle más este segundo. Él no era
muy fan de lo dulce.
Jeong-ha, observando cómo su tío disfrutaba
del vino, soltó la pregunta:
“Tío, ¿usted no sale con nadie?”
Sus ojos se encontraron.
“¿Por qué?”
“Curiosidad. ¿No puedo preguntar?”
“¿Y por qué tienes curiosidad? ¿Quieres
presentarme a alguien?”
“Ah... en mi entorno solo hay universitarios.
Son demasiado jóvenes.”
Seung-won era doce años mayor que él.
Presentarle a un compañero de clase sería casi una crueldad para sus amigos.
“Parece que siempre está trabajando, o
encerrado en su despacho. ¿De verdad no ve a nadie? ¿Mi abuelo no le dice que
se case?”
“Vaya... no esperaba que mi sobrino me dijera
lo que ni siquiera mi padre me dice.”
Seung-won bebió vino con una sonrisa leve.
Jeong-ha notó que sus propias mejillas estaban calientes.
“¿Por qué sonríes?”.
“¿Yo?”
“Estás sonriendo ahora mismo.”
Jeong-ha no se había dado cuenta. Sus labios
se habían curvado hacia arriba por voluntad propia.
“¿Cómo es su tipo ideal? ¿Cuándo fue su última
relación?”
“Mmm.”
El hombre tamborileó con los dedos sobre la
mesa, como si buscara una respuesta.
“Alguien con quien pueda conversar bien.”
“Eso es muy abstracto. Todo el mundo quiere
eso.”
“No suelo pensar en 'tipos ideales'. Nunca he
salido con alguien basándome en una lista. ¿Cuál es el tuyo?”
“Yo...”
Jeong-ha sintió que el alcohol empezaba a
nublarle la mente.
“A mí... me gustan las personas dulces.”
“¿Edad? ¿Mayores, de tu edad, menores?”
“Menores no. Parecen niños.”
Jeong-ha nunca había tenido una relación
seria. Había recibido confesiones, pero nunca sintió esa chispa. Quizás porque
era un año mayor que sus compañeros. No quería admitir su falta de experiencia
ante Seung-won; sentía que sería mostrar una debilidad.
Seung-won extendió su copa para brindar de
nuevo. Jeong-ha casi la deja caer, pero logró chocarla con cuidado. Solo
llevaba dos copas y ya se sentía ebrio. Al dejar la copa, un pensamiento más
profundo surgió en su mente.
“Me gusta la gente cuyos sentimientos no
cambian.”
Alguien que siempre me quiera. Alguien sólido
que me sostenga para que yo no me tambalee.
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Sabía lo difícil que era eso. De niño, vio
cómo su padre, que decía amar a su madre más que a nadie, ni siquiera lloró en
su funeral. Menos de un año después, ya se había casado de nuevo y tenía otro
hijo. Aprendió demasiado pronto que el corazón humano no es eterno. El afecto
de su padre hacia él se transformó en incomodidad cuando nació su hermano.
“Pero como esa gente no existe... por eso es
solo un 'ideal'.”
Jeong-ha empezó a cerrar los ojos. No
aguantaba nada el alcohol. A pesar de su esfuerzo por mantenerse despierto,
sentía la mirada intensa de su tío sobre él.
Esbozó una sonrisa tonta.
“Si algún día tiene pareja, ¿me la
presentará?”
“¿Quieres conocerla?”
“Claro. Soy su sobrino. Tengo derecho a saber
con quién sale mi tío.”
Al ver a su pareja, podría entender qué clase
de persona le gustaba. Seung-won escuchó en silencio la lógica borracha del
chico, que finalmente se quedó parpadeando con la mirada perdida.
“Tengo curiosidad”, murmuró el hombre para sí
mismo, “por ver cómo reaccionarías si la conocieras.”
* * *
El curso cambió de nuevo. La armonía entre la
pasta corta y las algas resultaba impresionante. Aunque se trataba de un
restaurante francés, el chef parecía ser alguien que disfrutaba reinterpretando
los platos con un toque coreano.
El flujo de la conversación se interrumpió y
el silencio regresó a la mesa. Aunque todavía quedaban dos copas en el
maridaje, Jeong-ha no insistió en seguir bebiendo. Se sentía mareado, pero
creía que era soportable. El hecho de que pensara que aún no estaba borracho
era la prueba más clara de que sí lo estaba, pero Seung-won decidió no sacarlo
de su error.
Tal vez fuera por el alcohol, o quizás porque
se sentía más cerca de su tío tras haber confesado cosas que sobrio no se
atrevería a decir, pero sentía el pecho cálido. El silencio, que antes le
habría resultado inquietante, ahora le parecía tranquilo. Sin embargo, todavía
tenía una duda pendiente.
“¿Cómo es mi tía?”
Tenía curiosidad por saber qué tipo de persona
era ella. En su memoria, su tía era más alta que su madre y llevaba el pelo
corto. Como su madre era la única omega de los tres hermanos, no era extraño
que fuera más baja que sus dos hermanos menores.
Al mencionar a su tía, la expresión de
Seung-won se volvió sutilmente compleja.
“No nos llevamos bien. Por eso no nos vemos
mucho.”
“¿Pero no era cercano a su pareja?”
“Ella no es mi hermana. Que no me lleve bien
con mi hermana no significa que no pueda encajar con su cónyuge.”
Seung-won mostró una mueca de desagrado al
recordar a su hermana menor. Frunció el ceño y negó con la cabeza, bebiendo de
su copa para intentar borrar aquel rostro de su mente. Jeong-ha se preguntó qué
clase de persona sería ella para provocar semejante reacción.
Mientras charlaban de diversas cosas, la cena
llegó a su fin. De las cuatro copas de vino que le correspondían, Jeong-ha solo
había terminado una y media. A pesar de que Seung-won le sugirió que al menos
probara las otras dos, el joven ni siquiera pudo acercar la nariz; sentía que
solo el olor lo terminaría de emborrachar.
“No sabía que cuatro copas fueran tanto……”
“Y yo no sabía que mi sobrino aguantara tan
poco el alcohol.”
Jeong-ha hizo un mohín y lo miró con
resentimiento ante aquel comentario burlón, pero Seung-won se limitó a reír con
ganas, sin inmutarse. ¿Era una buena persona o no? Había llegado a pensar que
era más amable de lo que parecía, pero ahora empezaba a dudarlo. Su cerebro,
sin frenos por culpa de la bebida, le lanzaba pensamientos aleatorios sin
cesar.
Sin embargo, Jeong-ha ya no tenía fuerzas ni
para expresar sus quejas. No le quedaba energía ni para mantener la espalda erguida;
solo quería irse a casa. Tras pagar, Seung-won pidió al personal que llamaran a
un chófer de reemplazo.
“Tengo sueño.”
Con la cena terminada, Jeong-ha murmuró
aquello mientras se desplomaba sobre la mesa ya despejada.
“¿Qué te ha parecido la comida?”
Oyó una voz dulce. A diferencia de Jeong-ha,
que apenas podía sostenerse, la voz de Seung-won era tan calmada y amable como
siempre. “Se ha portado de forma burlona toda la cena y ahora finge ser
amable. Qué personalidad tan extraña”, pensó el joven, pero de su boca
salió algo totalmente distinto:
“Ha sido genial. Estaba rico… y el vino
también.”
Aunque no supiera beber, reconocía que era un
buen licor. Pensó que, si siempre fuera así de rico, podría beberlo a menudo.
“Seguro que llega tarde a casa porque se queda
comiendo cosas tan ricas solo.”
Oyó una risa justo frente a él. Se dio cuenta
tarde de que había soltado lo que pensaba sin ningún filtro.
“Es verdad. No vendrá a sitios como este con
sus colegas de trabajo.”
“A veces sí. Técnicamente con clientes. Es
cómodo porque garantiza la privacidad, el ambiente es adecuado y está cerca.”
“Pero…… este no es ese tipo de ambiente.”
“¿Qué tipo de ambiente es, entonces?”
“Es un poco…… romántico.”
Nada más decirlo, frunció el ceño. El
restaurante era demasiado íntimo y romántico para una reunión de negocios;
parecía más apropiado para familias, amigos cercanos o amantes.
“¿Entonces es un buen ambiente para un tío y
su sobrino?”
“Mmm.”
Ante la pregunta directa de Seung-won, Jeong-ha
echó un vistazo a la sala. Las luces tenues, el papel tapiz de tonos apagados,
la obra abstracta de estilo Mondrian en la pared y la fragancia sutil del
difusor. En la mesa, un jarrón elegante con un par de flores. Para un tío y un
sobrino, era un poco……
“Es excelente.”
Seung-won soltó una carcajada ante su
respuesta. Movió la lengua contra el interior de su mejilla, marcando un bulto
en su mandíbula. En ese instante, Jeong-ha percibió sus feromonas con una
intensidad abrumadora. ¿Sería por la luz? Los ojos del hombre parecían
ligeramente humedecidos. Sus pupilas negras tenían hoy un matiz rojizo.
“Señor Director. El chófer ya ha llegado.”
“Gracias. ¿Nos vamos?”
El camarero entró para avisarles. Jeong-ha
siguió a Seung-won, mirando su nuca mientras caminaba. A diferencia de cuando
entraron, sentía las piernas flojas. El hombre se detuvo un momento y se giró.
“¿Qué pasa?”
“Voy a ayudarte.”
“¿No ve que camino perfectamente?”
A pesar de sus gestos de rechazo, Seung-won le
sujetó el brazo sin decir palabra. Tenía un agarre tan firme que Jeong-ha supo
que no podría soltarse. “Bueno, qué se le va a hacer”, pensó. No tenía
sentido rechazar la ayuda, así que dejó que su cuerpo se relajara y se apoyó
totalmente en él.
“Si el chófer conduce, ¿dónde se sienta usted,
tío?”
Los números del ascensor cambiaban rápidamente
mientras bajaban.
“¿Dónde crees que me sentaré?”
“No lo sé, yo no conduzco. ¿No puede sentarse
a mi lado? No quiero estar solo atrás.”
No sabía si Seung-won se sentaría en el
asiento del copiloto. Como era su primera vez en un coche con chófer de
reemplazo, no tenía ni idea del protocolo, pero le desagradaba la idea de
quedarse solo en el asiento trasero mirando las espaldas de los dos hombres
delante.
“Si me quedo solo atrás, me aburriré mucho.”
“Jeong-ha.”
“¿Sí?”
“¿Siempre te pones así cuando bebes?”
La pregunta de Seung-won era muy ambigua.
“Cuando bebes”, “siempre”, “así”. Todo sonaba extraño. Quizás fuera por la
embriaguez, pero Jeong-ha no pudo captar la intención de sus palabras. Sin
embargo, sentía que la premisa de la pregunta era errónea y debía aclararlo.
“No estoy borracho.”
Para él, estaba perfectamente. Sí, un poco
mareado, con las piernas algo flojas y con ganas de reírse por todo, pero eso
no significaba estar borracho.
“Cuando me emborracho…… la última vez vomité.”
Dudó un momento antes de mencionarlo porque no
era un recuerdo agradable, pero era una prueba necesaria para demostrar su
inocencia. El hombre puso una expresión peculiar al escucharlo. Parecía incluso
un poco molesto.
“Dijiste que podías beber sin problemas,
antes.”
“¿Yo? Ah.”
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¿Cuándo había dicho eso? Recordó que el primer
día que cenaron juntos, Seung-won intentó evitar que bebiera y él, por orgullo,
insistió en que aguantaba bien. Al parecer, su tío tenía una memoria excelente.
¿Cómo podía recordarlo cuando incluso el propio Jeong-ha lo había olvidado?
“Eso fue solo porque…… quería beber con
usted.”
“Ajá. Conmigo.”
“Sí.”
“Es un mal hábito, vas a tener problemas.”
“Yo no tengo malos hábitos.”
Ante su terca insistencia, Seung-won negó con
la cabeza, aunque no parecía enfadado. Pronto se reunieron con el chófer en el
aparcamiento. Tras entregarle las llaves, Seung-won le abrió la puerta trasera
a Jeong-ha.
“Sube.”
Jeong-ha lo miró fijamente. El hombre soltó
una pequeña risa nasal y señaló el interior del coche con la barbilla.
“Yo también voy a subir, así que entra tú
primero.”
Solo entonces se iluminó el rostro de Jeong-ha.
El hecho de que su humor cambiara tanto por una sola frase era la señal
definitiva de que estaba muy ebrio. A diferencia de su actitud rebelde de
antes, subió al coche obedientemente.
“Ufff.”
En cuanto entró, las feromonas lo envolvieron
como si lo estuvieran esperando. Jeong-ha se movió despacio hacia el interior,
disfrutando de la sensación. Se preguntó si el chófer estaría bien con un
ambiente tan cargado. Miró de reojo hacia adelante, pero el conductor parecía
imperturbable; por su falta de aroma, debía de ser un beta.
“Salimos ya.”
Una vez que Seung-won subió, el chófer
arrancó. El coche salió del aparcamiento y se incorporó a la carretera. El
tráfico era escaso ahora, muy distinto al atasco de hacía unas horas. Jeong-ha
miraba por la ventana con aburrimiento.
Pronto, su mirada se desvió hacia su tío.
Seung-won tenía los brazos cruzados y los ojos cerrados. ¿Se habría dormido?
Por el leve movimiento de sus dedos, parecía que solo estaba descansando.
Jeong-ha empezó a observar su rostro con detenimiento.
Era una noche oscura, apenas iluminada por las
farolas. Cada vez que pasaban bajo una, las sombras resaltaban las facciones
del hombre.
Su frente despejada, sus cejas pobladas y, al
tener los ojos cerrados, la profundidad de sus cuencas oculares se hacía más
evidente. Jeong-ha lamentó no poder ver su mirada; normalmente Seung-won tenía
doble párpado solo en un ojo. Sus labios cerrados eran carnosos y su mandíbula
estaba tan bien definida que parecía dibujada.
Jeong-ha lo observaba hechizado, sin miedo
alguno pese a estar escrutando el rostro de otra persona. No solía ver a
Seung-won tan desarmado, así que no quería perder la oportunidad.
De pronto, pensó que sus rostros no se
parecían en nada. Aunque fueran familia, le resultaba increíble que no
compartieran ningún rasgo.
Tal vez por el alcohol, sus acciones se
volvieron más audaces. El hombre, que descansaba con la cabeza ligeramente inclinada,
abrió los ojos lentamente al sentir unos dedos rozando los suyos. Sus ojos se
encontraron con los del culpable.
Jeong-ha deslizó su mano por el pequeño
espacio entre ambos y tomó la de su tío con una sonrisa. Con las mejillas
encendidas por el vino, su rostro sonriente parecía un algodón de azúcar.
El hombre lo miró en silencio y finalmente le
cedió su mano. Descruzó los brazos y se la entregó por completo; el joven la
envolvió con sus dos manos. Al ponerlas juntas, la diferencia de tamaño era
evidente. Aunque Jeong-ha tenía manos bonitas y dedos largos, al lado de las de
Seung-won parecían minúsculas.
“Este coche.”
Una voz suave y tímida rompió el silencio.
Seung-won acarició con su dedo corazón la palma de su sobrino, esperando que
continuara. Jeong-ha miraba sus manos; ya no sabía quién sostenía a quién.
“¿Qué pasa con el coche?” preguntó finalmente
Seung-won.
“……Las feromonas.”
Jeong-ha miró hacia el asiento delantero y se
acercó al oído de su tío para susurrar:
“Huelen demasiado fuerte.”
Se aseguró de añadirlo por si su tío no lo
entendía. El hombre parecía no captar cuál era el problema.
“Cada vez que subo al coche…… me pasa.”
“¿Qué te pasa?”
“Me pone muy nervioso……”
Jeong-ha no terminó la frase. No sabía cómo
explicarlo. Deseaba que su tío fuera un poco más perspicaz. Aunque fueran
parientes, estar en un lugar con una concentración tan alta de feromonas alfa
hacía que su cuerpo reaccionara de forma sensible.
Sintió un cosquilleo y, al mirar hacia abajo,
vio que los largos dedos de su tío se entrelazaban con los suyos, masajeando
suavemente su palma y el interior de su muñeca. Intentó mover la mano para
escapar de esa sensación extraña, pero el agarre se hizo más profundo, como si
fueran una sola pieza.
“Cuando voy en autobús o en metro y hay mucha gente,
me cuesta. Si las feromonas se mezclan, me dan náuseas y me agobio.”
“¿Ah, sí?”
“Sí. Usted no lo sabe porque no usa el
transporte público, ¿verdad?”
Lo dijo como si Seung-won no pudiera
entenderlo por viajar siempre en coche. En realidad, solo Jeong-ha era tan
sensible. Al haber nacido con una constitución más débil que la media,
cualquier pequeño estímulo le afectaba. Mucha gente se siente cansada por la
densidad de las feromonas, pero pocos sufren tanto por algo que emana de forma
natural.
“Pero es mejor que en el autobús”, añadió
Jeong-ha con dulzura, temiendo haberlo ofendido. Era la amabilidad propia de
quien aún no conoce las verdaderas intenciones de su tío. “Será porque somos
familia. Me gustan sus feromonas, tío.”
“¿Y cómo son mis feromonas?”
La mano que acariciaba su muñeca ahora lo
sujetaba con firmeza y tiraba de él. Jeong-ha se dejó llevar y se acercó más a
su tío hasta acortar la distancia.
“Mmm, no sé cómo explicarlo…… ¿tienen un toque
profundo?”
“¿Profundo?”
“Sí.”
Era una descripción muy abstracta. Mientras
Seung-won meditaba el significado, oyó al joven reír suavemente.
“Son como el mar de noche. Un mar muy, muy
profundo. Pero no hace tanto frío.”
Incluso con la explicación, no estaba claro.
Seung-won dejó que Jeong-ha se apoyara en él; el sonido de su risa junto a su
oído no le resultaba molesto. El joven soltó un suspiro y se dejó caer sobre el
hombro del alfa. Su peso era ligero.
“Quiero llegar a casa pronto.”
Llegar, ducharse y dormir. Mañana era sábado.
“¡Ah! Mañana tengo que ir a mi casa familiar.”
Al recordar sus planes para el fin de semana,
Jeong-ha abrió mucho los ojos y se incorporó de golpe. El chico, que siempre
elegía palabras bonitas, resultaba tierno incluso en su borrachera. Aunque
siguió soltando incoherencias, Seung-won le respondió a todo sin mostrar
cansancio.
“Me da cosquilleo.”
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Cada vez que Jeong-ha intentaba esconder las
manos por el cosquilleo, Seung-won volvía a atrapar su muñeca. Sus ojos,
entornados por el alcohol, se curvaban con gracia. En medio de aquel jugueteo,
llegaron al aparcamiento. El chófer se bajó tras estacionar perfectamente.
“Ah……”
Mientras esperaba a que el chófer saliera,
Jeong-ha se tambaleó hacia Seung-won. El hombre lo sujetó rodeando su cintura
con el brazo y el joven levantó la vista hacia él. Jeong-ha le dedicó una
sonrisa agradecida; por un instante, las pupilas de Seung-won se volvieron
completamente negras antes de recuperar su aspecto normal.
“Aquí tiene las llaves.”
“Buen trabajo.”
Seung-won pagó al chófer con una propina
generosa. El hombre se despidió con voz enérgica. Jeong-ha se encogió un poco por
el eco del grito en el aparcamiento, pero Seung-won no le prestó atención.
Caminaron hacia la entrada del edificio con el brazo del tío aún rodeando la
cintura del sobrino como apoyo.
“Uff, fff.”
Jeong-ha respiraba hondo, intentando que el
aire fresco le despejara, pero la embriaguez no remitía.
“De verdad, me da cosquilleo.”
Seung-won entrelazó sus dedos con los de
Jeong-ha. El contacto de aquella mano grande y firme sobre su piel hizo que el
joven intentara soltarse entre risas, pero el agarre no cedió.
Jeong-ha estaba totalmente relajado, pero la
mirada del hombre era firme. Observaba cómo su sobrino forcejeaba inútilmente
mientras se inclinaba hacia él. También percibía las feromonas que emanaban de
Jeong-ha. Como el joven había dicho que era sensible incluso a los aromas
naturales, sus propias feromonas, emitidas de forma inconsciente, eran muy
suaves.
“Tiene las manos tan grandes que no puedo
salir.”
Seung-won sonrió ante el murmullo resignado
del chico. Al tener los dedos tan entrelazados, cualquier movimiento solo
servía para profundizar la unión. Sus manos, que Jeong-ha nunca consideró
pequeñas, quedaban totalmente cubiertas por las de su tío.
“Jeong-ha.”
“¿Sí?”
“Shin Jeong-ha.”
“Sí……”
Respondía con docilidad cada vez que oía su
nombre. Con la razón evaporada por el alcohol, no notaba que el tono de voz de
su tío no era el habitual. Nada en la actitud de Seung-won era inocente, a
pesar de que guiaba a su sobrino con calma y dulzura.
No tenía prisa. Estaba en su refugio seguro y
su sobrino rebosaba confianza y afecto hacia él. En los pasos dóciles de
Jeong-ha no había ni rastro de sospecha sobre las verdaderas intenciones del
alfa.
“Ten cuidado, está oscuro.”
Le advirtió al entrar en casa, temiendo que
Jeong-ha tropezara. El joven se quitó los zapatos sin problemas, pero al entrar
en el pasillo se quedó desorientado, tocando la pared sin saber dónde estaba.
Fue Seung-won quien lo llevó a su habitación. “Ven
por aquí”. Jeong-ha lo siguió obedientemente hasta su cuarto. Entró con paso
ligero y vacilante.
“Ah, qué bien……”
En cuanto encendieron la luz, Jeong-ha se tiró
a la cama. Estaba agotado. Sin cambiarse de ropa, abrazó la almohada y frotó su
mejilla contra ella. Aquella habitación de invitados, que Seung-won había
ignorado durante tanto tiempo, se había convertido en un cálido hogar para su
sobrino.
Era la primera vez que Seung-won entraba allí
desde que puso los muebles. Casi no recordaba qué ropa de cama había comprado,
pero ahora todo tenía el sello de Jeong-ha: libros de texto sobre el
escritorio, una mochila en el suelo... detalles que le daban un toque humano al
cuarto.
Aun así, seguía siendo una habitación austera.
Jeong-ha no había acumulado muchas cosas. Seung-won se sentó en el borde de la
cama y observó a su sobrino, que respiraba de forma rítmica y pausada con los
ojos cerrados. El hombre estiró la mano y apartó suavemente unos mechones de
pelo de su frente; bajo la luz, el cabello claro del joven parecía brillar.
“Mmm.”
Al moverse, sus pestañas rozaron sus dedos.
Seung-won acarició su mandíbula en lugar de sus ojos para no despertarlo. Sus
dedos recorrieron el rostro del joven; sus mejillas estaban calientes por la
bebida. Al presionar suavemente con la palma, Jeong-ha puso una expresión de
incomodidad.
“Uuugh.”
Jeong-ha se dio la vuelta, molesto por la
caricia que interrumpía su sueño. El hombre sonrió con malicia mientras seguía
molestándolo. Al moverse, la camiseta del joven se subió un poco, dejando ver
su cintura. Era extremadamente delgada.
La mirada de Seung-won bajó hacia su columna
vertebral, resaltada bajo la piel. Era la misma cintura que había estado
rodeando con su brazo durante todo el camino. Si bajaba un poco más la cabeza,
podía ver su vientre plano que apenas se movía con sus respiraciones
superficiales.
Jeong-ha siempre vestía de forma sencilla:
sudaderas y vaqueros, o camisas finas con cárdigan. A diferencia de Seung-won,
que solo vestía colores neutros y oscuros, la ropa de Jeong-ha era de tonos
claros. Con su piel blanca y sus rasgos delicados, los colores oscuros no le
sentarían bien.
Aunque acababa de empezar la universidad,
Jeong-ha parecía mucho más joven. No era una cuestión de edad, sino de su papel
como sobrino. Si fuera un universitario cualquiera, Seung-won no le daría
importancia, pero la palabra “sobrino” hacía que todo se sintiera diferente.
Observó durante un largo rato la piel que
asomaba entre la ropa antes de volver a mirar su rostro. Jeong-ha seguía
durmiendo, ajeno a la mirada depredadora que lo recorría.
“Shin Jeong-ha.”
“Mmm……”
Movió los dedos al oír su nombre, pero nada
más. El hombre se incorporó un poco más sobre la cama, proyectando su sombra
sobre el chico. En la habitación iluminada, solo el cuerpo de Jeong-ha quedaba
en penumbra bajo él. Acarició sus cejas y sus párpados con suavidad. Sintió el
impulso de morder la punta de su nariz en lugar de tocarla.
La distancia se acortaba. Justo cuando su
aliento empezaba a rozar la piel de Seung-won, Jeong-ha abrió los ojos.
“…….”
El rostro de su tío estaba justo frente al
suyo. Era la primera vez que estaban tan cerca desde aquella noche en que
Seung-won llegó borracho al sofá. Normalmente, Jeong-ha se habría asustado,
pero el alcohol lo mantenía relajado. Simplemente movió sus pupilas para
examinar el rostro del hombre con detalle.
El aliento de Jeong-ha olía al dulzor del
vino. Seung-won tragó saliva, sintiendo un hambre repentina. Su nuez de Adán se
movió con brusquedad, delatando su impaciencia. Tras darle tiempo para
acostumbrarse, el hombre dejó de ocultar su deseo y acortó la distancia. Sus
labios rozaron su frente y luego su mejilla. En ese momento, el chico susurró
algo:
“……Usted también.”
Se oyó un tierno sonido cuando sus labios
rozaron la mejilla. El hombre esperó a que continuara, saboreando las feromonas
del joven.
“¿Usted también echa de menos a mi madre a
veces, tío?”
“……Ja.”
Seung-won abrió los ojos y se incorporó
lentamente. Jeong-ha, recostado en la cama, siguió con la mirada los
movimientos de su tío.
Seung-won le dio la espalda y chasqueó la
lengua. Soltó una risa amarga por lo absurdo de la situación. Su deseo se
desvaneció al instante. ¿Quién iba a imaginar que mencionaría a su madre en un
momento así?
No había suficiente vínculo entre ellos para
entender qué pasaba por la cabeza de ese sobrino con el que apenas empezaba a
convivir. Habría sido más fácil si Jeong-ha solo hubiera querido satisfacer un
deseo básico.
“Yo la echo mucho de menos.”
“…….”
“Mucho, mucho……”
Se oyó el roce de las sábanas a su espalda. El
rostro de Seung-won volvió a quedar vacío de expresión. Tras unos instantes de
silencio, recuperando su máscara de calma absoluta, se giró. Jeong-ha
necesitaba a un tío que consolara a un sobrino borracho que lloraba por su
madre muerta.
“…….”
Pero Jeong-ha ya se había quedado dormido.
Después de sumir al hombre en semejante dilema, dormía plácidamente como si no
hubiera pasado nada.
“Mierda……”
Susurró un insulto entre dientes mientras
abandonaba la habitación con el rostro endurecido, dejando a Jeong-ha sumido en
un sueño profundo antes de que pudiera siquiera cambiarse de ropa. En un
segundo, Seung-won se sintió miserable.
