Capítulo 13. El Sabor Prohibido

 


Capítulo 13. El Sabor Prohibido

"¿Estudiante Shin Jeong-ha?”

Ese día había sido afortunado en muchos sentidos. Al intentar pedir un taxi por la aplicación, tuvo la suerte de encontrar uno justo enfrente, y el vehículo llegó a la universidad con fluidez, sin detenerse ante un solo semáforo en rojo.

"Hoy tengo buena suerte.”

Incluso el conductor se rió con ganas, comentando que era la primera vez que veía el tráfico tan despejado a esa hora. Y no solo eso: la nota de su último examen parcial había sido excelente, y en el almuerzo, el menú de la cafetería incluía su plato favorito después de mucho tiempo.

A Seung-won no le gustaba que Jeong-ha resolviera sus comidas siempre en el campus, pero Jeong-ha no veía razón para irse lejos solo por un plato de comida. Ese día tenía clases hasta la tarde, pero terminaron antes de lo previsto, permitiéndole regresar pronto a casa.

Sí. Hasta ese momento, todo iba bien. Pensaba que el día era tan perfecto que se prometió presumirle cada detalle a Seung-won al llegar. Sabía que Seung-won solo empatizaría con la nota del examen o la falta de tráfico, pero Jeong-ha estaba tan satisfecho que necesitaba contárselo a alguien.

Hasta que se encontró con aquel hombre frente a la universidad.

Era alguien a quien nunca había visto. ¿Lo enviaría su padre? Tenía entendido que el asunto de las deudas del presidente Shin ya se había zanjado; Seung-won había reducido la escala de la deuda a cambio de que no volvieran a molestar a Jeong-ha. Aunque aún quedaba capital por pagar, Seung-won planeaba usar esa deuda como "rehén" para mantener vigilado al presidente Shin.

¿Quién era entonces? Era un hombre de mediana edad con una apariencia impecable. Su cabello teñido de negro azabache y su espalda recta eran impresionantes, aunque las arrugas alrededor de sus ojos sugerían que era mayor de lo que aparentaba.

‘No sigas a desconocidos porque sí.’

Recordó las palabras de Seung-won. Se había quejado de que lo tratara como a un niño, pero ¿acaso Seung-won había previsto una situación así? Al ver que Jeong-ha se quedaba ahí parado parpadeando sin responder, el hombre mostró una sonrisa bondadosa. Era un extraño, sí, pero no parecía una mala persona.

"Tal vez pueda responder aunque no lo siga", pensó Jeong-ha. En ese instante de duda, el hombre habló con naturalidad.

"El Presidente desea verlo.”

"¿El Presidente?”

"Sí.”

Sorprendentemente, en cuanto escuchó la palabra "Presidente", supo de inmediato a quién se refería. El Presidente Tae. El padre biológico de Seung-won, el padre de su madre y, por ende, el abuelo materno de Jeong-ha. Entonces, aquel sedán negro reluciente y la actitud formal del hombre cobraron sentido.

El hombre abrió la puerta trasera con naturalidad para escoltarlo. Jeong-ha aún no había decidido nada. Seung-won le había dicho que no siguiera a extraños. Por deseo de Seung-won, Jeong-ha solo escuchaba su voz y solo lo miraba a él. Gracias a eso, el siempre inestable y excesivamente sensible Jeong-ha había recuperado la paz.

"Mmm…”

"El Presidente desea conocer a su primer nieto.”

Al ver su vacilación, el hombre añadió aquello en voz baja. Parecía saber por qué dudaba. ¿Acaso sabía también de su relación con Seung-won? Por un momento, la mirada de Jeong-ha se volvió cautelosa, pero ahora lo importante era decidir si subía al coche.

Sentía que las miradas sobre él aumentaban; frente a la universidad siempre hay mucha gente. Pero más allá de la presión social, Jeong-ha sentía curiosidad por su abuelo.

Según Seung-won, su abuelo era un hombre implacable. Su madre se había casado solo para escapar de él, lo que lo hacía sonar como alguien terrible y posesivo. Pero, al mismo tiempo, era su abuelo. ¿Podría evitarlo para siempre? Tal como se encontró con su tía, si continuaba su relación con Seung-won, encontrarse con el patriarca era inevitable.

"¿Tardaremos mucho?”

"No sabría decirle. Pero podrá volver a casa antes de medianoche. Ah, me refiero al hotel.”

"Así que sabe que estoy en el hotel". Pensó que era mejor ir él a ver al abuelo que permitir que el abuelo fuera al hotel donde vivía con Seung-won. Al subir, el hombre cerró la puerta tras él.

De repente, recordó a su tía. Seguramente ella les había contado al abuelo sobre él y su tío. Seung-won se había burlado de él por creer las amenazas de su tía, pero una cosa era cierta: ella había revelado la relación. Si no, su abuelo, que no lo había buscado en más de veinte años, no habría enviado a nadie.

¿Estaría bien? Se sentía como una res llevada al matadero. Tragó saliva con dificultad mientras jugueteaba con sus dedos, rogando internamente poder regresar sano y salvo.

* * *

Cuando Jeong-ha tuvo miedo de que el abuelo lastimara a Seung-won, este le dijo que los chaebols no eran seres con un poder absoluto e ilimitado. Que, aunque tenían más dinero que el resto, no eran tan crueles como para matar a un hijo sin remordimientos.

La explicación de Seung-won sonaba convincente. A diferencia de Jeong-ha, que miraba precios y calidad, Seung-won compraba lo que veía y gastaba en cosas que Jeong-ha consideraba un desperdicio, pero aun así confiaba en su palabra.

Sin embargo, parecía que Seung-won se equivocaba en algo: los chaebols no tenían simplemente "más dinero", tenían "muchísimo más".

"…”

"Puede entrar por aquí.”

Siguiendo al hombre de mediana edad, Jeong-ha no podía dejar de observar el paisaje. ¿Sería este el paisaje que veía un rey en su palacio? El paisajismo profesional era digno de admiración, buscando la perfección estética de cada estación mediante la poda y el replantado constante.

Tras cruzar el inmenso jardín, apareció una elegante casa tradicional coreana (hanok). ¿No era esto un palacio de verdad? No esperaba encontrar tal escenario tras los muros.

"¿No vamos a entrar en la casa principal?”

"El Presidente se encuentra ahora en el anexo.”

Le explicaron que ese espacio había sido para los hijos, pero tras su partida, se remodeló como biblioteca personal. Al enterarse de que había varias casas dentro de la propiedad, Jeong-ha se sintió intimidado.

La casa de Seung-won ya le parecía excesivamente lujosa. El espacio que Seung-won disfrutaba solo era más grande que la casa donde vivía la familia de cinco de Jeong-ha. A veces, Seung-won se quejaba de su casa, y Jeong-ha pensaba que era falta de madurez por no haber conocido la escasez, pero al ver la casa familiar, empezó a entender un poco la actitud de su tío.

Caminando por el sendero de piedra con cierto aturdimiento, llegó a un pequeño hanok. Era un espacio acogedor que contrastaba con la grandiosidad del jardín y la casa principal.

El guía abrió la puerta. A diferencia del exterior tradicional, el interior era bastante moderno. Las vigas gruesas y las puertas de diseño que recordaban al papel hanji mantenían la identidad de la casa. Un aroma familiar impregnaba suavemente todo el lugar.

"Presidente. Ha llegado.”

El hombre anunció su llegada frente a un espacio abierto. Jeong-ha observaba los marcos de madera de las puertas; parecía que el espacio se dividía a partir de esos umbrales. Pensó que una biblioteca sería una habitación cerrada como la de Seung-won, pero todo ese espacio abierto funcionaba como tal.

"Puede pasar.”

Sin haber escuchado respuesta desde el interior, el hombre le indicó el camino. Significaba que debía entrar solo. Jeong-ha lo miró con temor. Había llegado hasta allí, pero no se sentía capaz de enfrentar a su abuelo a solas. Quería que el hombre lo acompañara, aunque fuera un momento, pero este solo le devolvió una sonrisa firme y amable. Era una carga que debía afrontar él solo.

"Gracias.”

Tras una leve inclinación, Jeong-ha entró. Más que una biblioteca, parecía una gran galería con antigüedades y bonsáis. Los libros parecían parte de la decoración.

Tras unos pasos, llegó a una zona llena de estanterías que recordaba a una biblioteca real. El aroma que percibió al entrar se hizo más fuerte.

"… Ah.”

Jeong-ha se detuvo con un pequeño suspiro. Sentado tras un escritorio de madera noble, había alguien. No fue difícil reconocerlo.

"¿Se verá Seung-won así cuando envejezca?". El Presidente no mostraba la debilidad o apatía típica de los ancianos. Su cuello grueso, su espalda recta y sus hombros anchos le daban un aire imponente. Solo el cabello canoso y las gafas sobre el puente de su nariz revelaban el paso de los años.

Estaba leyendo algo en una tablet de última generación, el mismo modelo que Seung-won acababa de comprarle a Jeong-ha. Sosteniéndola con firmeza en una mano, parecía haber aceptado los cambios tecnológicos del mundo sin dificultad.

"…”

Jeong-ha estaba frente al Presidente Tae, su abuelo. Contuvo el aliento ante la presión que emanaba el hombre, tragando saliva antes de reaccionar. "Así que este hombre tan aterrador es mi abuelo".

Jeong-ha se quedó allí parado mucho tiempo. Su abuelo no le dirigía la mirada, y él no sabía qué hacer. El Presidente Tae seguía revisando la tablet como si Jeong-ha fuera invisible. Se sentía como si lo estuvieran castigando.

Finalmente, el Presidente Tae habló.

"Cuando uno se encuentra con un mayor, debe saludar. ¿Qué clase de educación familiar te dio mi hija?”

"… Hola. Lo siento.”

No sabía si le estaba permitido saludar, pero no esperaba que eso derivara en una crítica a su educación. Sintió calor en sus orejas, como si hubiera deshonrado a su madre. El Presidente Tae, sin cambiar el ángulo de su cabeza, levantó la mirada para observar a su primer nieto.

Era un hombre de facciones duras y mirada penetrante. Sus ojos de tigre recorrieron su rostro y cuerpo, y Jeong-ha se quedó paralizado, incapaz de apartar la vista o bajar la cabeza.

"Acércate más.”

La voz de su abuelo tenía autoridad. Jeong-ha, que había estado inmóvil, empezó a moverse como bajo un hechizo. Cuanto más se acercaba, más crecía su ansiedad. Sentía que caminaba directo hacia las fauces de un depredador.

Se detuvo frente al escritorio. El Presidente Tae dejó la tablet y miró fijamente el rostro del único hijo de su hija mayor.

Era una mirada que parecía atravesar el alma. Pero extrañamente, con el paso de los segundos, Jeong-ha sintió que esa mirada se llenaba de remordimiento. El abuelo frunció el ceño y chasqueó la lengua ligeramente.

"Hueles a un aroma conocido.”

Jeong-ha bajó la cabeza por primera vez. Solo había un olor que su cuerpo podía tener y que el Presidente Tae reconocería: las feromonas de Seung-won. La noche anterior habían compartido momentos dulces y apasionados.

Recordó estar sentado sobre los muslos de Seung-won, moviéndose mientras jugaban; recordó a Seung-won abriendo sus piernas para observar su intimidad durante largo rato. Recordó cómo Seung-won hundía sus labios en su perineo, cómo bajaba por sus piernas para morder sus tobillos y lamer cada uno de sus dedos. Aunque Jeong-ha se quejaba diciendo que era "sucio", le encantaba esa expresión honesta de afecto y no paraba de reír.

Sus momentos a solas eran así de honestos, íntimos y lujuriosos. Si no se llamaran "tío" y "sobrino", parecerían cualquier pareja joven apasionada.

Jeong-ha jugueteó con sus dedos nervioso. Sentía vergüenza y humillación. No era como cuando su tía los descubrió. El reproche del abuelo, que conocía toda la historia, era mucho más estático y silencioso. Habría preferido que le gritara con furia. Recordó las palabras de su tía sobre cómo el abuelo podría matar silenciosamente al hijo que manchara su reputación. El temperamento de su abuelo parecía ser el origen de esa frialdad.

Una tos seca del Presidente Tae rompió el silencio gélido.

"No hagas cosas de las que te arrepientas después. Si ya has empezado, es mejor terminarlo pronto.”

¿Podía considerarse eso un consejo? El Presidente ni siquiera mencionó de qué hablaba, pero ambos lo sabían perfectamente.

"Todo el mundo pasa por etapas así. Hablan de destino, del amor del siglo… Es todo inútil. Con el tiempo, te sentirás avergonzado.”

Jeong-ha miraba el rostro de su abuelo casi sin respirar. Una fina capa de lágrimas brilló en sus ojos antes de deslizarse silenciosamente por sus mejillas.

NO HACER PDF

SÍGUENOS AL INSTAGRAM AOMINE5BL

El Presidente Tae miró la escena con desagrado, chasqueó la lengua y se quitó las gafas. Se masajeó los ojos, cansado de la pantalla, y dio el golpe final.

"Si tu madre lo supiera, ¿qué diría?”

Ante esa frase final que apelaba a la culpa, el nieto no dijo nada. No podía, ¿verdad? ¿Cómo reaccionaría ella al saber que su hermano y su hijo tienen una relación carnal? La respuesta era obvia.

Sin embargo, tras un largo silencio, la respuesta del nieto fue inesperada.

"¿También le hizo eso a mi madre?”

En ese instante, el Presidente Tae miró a su nieto a los ojos por primera vez. Las cejas del patriarca se contrajeron ante la respuesta rebelde.

El nieto, de naturaleza omega, no parecía haber heredado los genes de gran envergadura de su abuelo. Era pequeño y delgado. Quizás por haber estado enfermo de niño, se veía frágil. Y ese nieto miraba ahora a su abuelo con ojos llenos de resentimiento.

"¿También… interfirió en cada detalle de la vida de mi madre?”

Pedirle que rompiera con Seung-won era, en realidad, algo distinto a la relación con su hija. ¿Qué padre permitiría que su hijo y su nieto estuvieran juntos? Incluso si no fueran parientes, cualquier persona trataría de evitarlo. El hecho de que el Presidente Tae llamara al nieto con el que no había tenido contacto en veinte años se debía a que esto desafiaba las leyes de la naturaleza.

Pero ahora, el Presidente Tae guardaba silencio porque la persona mencionada era su propia hija mayor. El hombre que había usado a su hija para tocar la fibra sensible de su nieto se quedó mudo por la misma razón.

"No espero nada del abuelo.”

La voz de Jeong-ha era profunda. Aunque estaba al borde del llanto, quería transmitir su opinión claramente a este abuelo que acababa de conocer. Aguantó el nudo en la garganta y pronunció cada palabra con calma y determinación.

"Así ha sido siempre y así será en el futuro. No necesito herencias ni nada parecido. Pregúntele a mi tío; yo no gasto mucho dinero.”

De hecho, el papel de Jeong-ha solía ser escandalizarse por el gasto excesivo de Seung-won. A veces Seung-won le regañaba al revés, preguntándole por qué no gastaba dinero cuando a su edad lo normal era tener algún problema por gastos superfluos.

"¿Sabe una cosa? Nací a los siete meses, mucho antes de lo normal. Dicen que era muy pequeñito. Por eso, en las fotos de mi primer cumpleaños, los objetos para el ritual de elegir el futuro (doljabi) eran muy largos y grandes. Querían que, eligiera lo que eligiera, fuera algo que le diera una larga vida.”

Su madre siempre le decía que estaba agradecida porque él estuviera vivo. Que con que creciera sano era suficiente. Cuando Jeong-ha corría por todos lados tras salir del hospital, ella se preocupaba de que le pasara algo, pero al mismo tiempo sonreía inmensamente feliz.

"Yo siempre… he vivido pensando que quizás no haya un ‘después’.”

Tras recibir el alta definitiva, celebraron una fiesta, pero tras la muerte de su madre, el estrés le causó problemas y tuvo que dejar la universidad un año para tratarse.

Entonces lo supo: quizás nunca se curaría del todo. Desde entonces no había recaído, pero su cuerpo era débil ante el más mínimo estímulo. Vivía esforzándose por ser como los demás, pero siempre con cuidado de no morir antes de tiempo.

Por eso, quizás su apego y afecto por la vida eran más fuertes. Quería vivir mejor, quería no arrepentirse. ¿Sería por querer vivir bien con este cuerpo? Había demasiadas cosas difíciles: la salud, la vida, la familia… ni siquiera su propio corazón salía como él quería.

"Yo… tengo miedo de arrepentirme si rompo con mi tío por razones ajenas a nosotros.”

Seung-won había declarado abiertamente que intervendría en la vida de Jeong-ha. Que no terminaría, que no pensaba renunciar a este sentimiento. Aun así, Jeong-ha, que solía tener fantasías desde niño, a veces imaginaba la ruptura.

Sabía que no pasaría, pero imaginaba cómo sería dejar la relación. Le dolía tanto que no lo hacía a menudo; solo pensar en estar solo sin Seung-won le hacía llorar hasta que le ardían los ojos. Pero sentía que necesitaba practicar para ser más fuerte.

Sus fantasías seguían: él teniendo un accidente, o Seung-won muriendo primero. Parecían tonterías extremas, pero en el mundo nunca se sabe.

Sus imaginaciones no siempre eran tristes. A veces sonreía pensando en Seung-won de anciano, o se jactaba con una confianza infundada de que, al ser más joven, viviría más que él.

De todas las posibilidades, la más insoportable era terminar la relación por culpa de otros y no por voluntad propia. Como ahora, o como cuando vino su tía. Tras pasar por aquel bache, Jeong-ha lo decidió: no permitiría que eso sucediera.

"No nos soltaremos nunca, pero si tenemos que terminar… lo decidiremos nosotros".

Claro que era solo una suposición. El peor de los escenarios que probablemente no ocurriría en la realidad.

"No tengo mucho tiempo.”

Para Jeong-ha, que no conocía el mañana, el presente era lo más valioso. Nadie conoce el futuro, pero él lo sentía con más intensidad.

"No me voy a arrepentir. Tampoco me voy a avergonzar. No sé qué pensaría mi madre, pero… tal como ella quería, estoy bien.”

Feliz, sano, riendo cada día, siempre junto a la persona que me quiere.

El abuelo guardó silencio largo rato tras escuchar la larga historia del chico. Jeong-ha se secó las lágrimas que empapaban sus mejillas. No se había dado cuenta de cuánto había llorado mientras hablaba atropelladamente.

"Con tu madre fui más cruel.”

Jeong-ha se tensó ante ese inicio frío y amargo. Sin embargo, la expresión del Presidente Tae era muy distinta a lo esperado. Aquel hombre que nunca se había arrodillado ante el paso del tiempo, que guardaba su vasta experiencia en sus arrugas, mostraba ahora un rostro vulnerable.

"Tu madre no pudo elegir ni un vestido. Ni siquiera los zapatos que quería ponerse.”

Era un afecto equivocado. Pero entonces no lo sabía. Tras la muerte de su esposa, su corazón perdido no encontró un nuevo rumbo y buscó un reemplazo. No comprendió que ese egoísmo terminó separándolo de su hija más querida hasta que la perdió a ella también, tras haber perdido a su pareja.

Sabía perfectamente que su hija casada no vivía bien. Lo supo desde que trajo a aquel tipo mediocre diciendo que se casaría. Los chaebols no tendrían un poder absoluto, pero tenían capacidad de sobra para investigar a alguien. Si finalmente aceptó el matrimonio que tanto prohibió, fue por el grito desgarrador de su hija suplicándole que la dejara ir.

Lo único que pudo hacer fue apoyarla con una empresa decente para que no tuviera penurias económicas. Después, no volvieron a verse; solo recibía noticias ocasionales a través de terceros.

Le dijeron que había tenido un hijo, pero que había nacido débil y estaba enfermo. Se sintió indignado por la terquedad de su hija, que no pedía ayuda. Pensó que algún día ella cedería y volvería. Pasó el tiempo esperando, hasta que de pronto recibió la noticia del fallecimiento.

Un accidente.

El hombre no fue al funeral. Su hija había elegido romper vínculos y casarse sin amor con tal de escapar de él. Dudó si tenía derecho a llorar su muerte. Su segunda esposa, que se llevaba bien con su hija a pesar de no compartir sangre, le dijo que estaría bien ir, pero el Presidente Tae no pudo perdonarse. Sentía que incluso aquel accidente repentino era culpa suya.

"Siempre quise darle lo mejor a mi hija.”

Lo que el Presidente Tae consideraba "lo mejor". No importaba si era lo que ella quería. Tenía una inmensa riqueza y poder, y la confianza de poder dar siempre lo máximo. En lugar del hombre que no podía seguir hablando, su nieto susurró suavemente:

"Yo también tengo algo que quiero tener.”

El hombre sonrió en silencio. Siempre pensó que él tenía la respuesta correcta, aunque su hija no buscara una "respuesta".

"Acércate un poco más. Déjame verte bien la cara.”

Aunque ya estaba cerca, su abuelo le pidió que se aproximara más. Era la primera vez que se veían cara a cara.

Jeong-ha ajustó su posición y se inclinó hacia adelante. El Presidente Tae se incorporó en su silla para examinar de cerca el rostro de su nieto.

Lo miraba como si fuera un tesoro valioso y precioso, recorriendo cada rasgo antes de extender una mano con cuidado para acariciarle la mejilla.

"Te pareces.”

De pronto, Jeong-ha recordó que su madre se parecía a la primera esposa del abuelo. ¿A quién se refería el abuelo? ¿A su madre o a aquella pareja? En cualquier caso, el Presidente Tae sentía una nostalgia que había olvidado al mirar a Jeong-ha.

El anciano que al principio parecía un gigante ya no daba miedo. El hombre que acariciaba su rostro con delicadeza era simplemente su abuelo.

"¿Vendrás de vez en cuando a hacerme compañía? Quiero saber cómo has estado.”

"… Lo pensaré.”

Ante la respuesta algo esquiva y coqueta, el Presidente Tae soltó una carcajada llena de alegría. No importaba lo que dijera el niño, resultaba adorable; el afecto era, en verdad, algo poderoso.

De repente, se escuchó ruido afuera. La atención del Presidente, que disfrutaba del tiempo con su nieto, se dirigió a la entrada. Jeong-ha también ladeó la cabeza intrigado.

"Por favor, espere un momento. Saldrán enseguida…”

"Solo voy a entrar un momento.”

"¡Joven Amo!”

Jeong-ha abrió mucho los ojos al oír "Joven Amo". ¿Quién en esta casa podría ser llamado así? Además, la voz que se escuchaba era extremadamente familiar. Los pasos eran apresurados. Sintió una ligera vibración y entonces apareció el "Joven Amo".

"¡Ah!”

En cuanto vio a Seung-won entrar bruscamente en la biblioteca, Jeong-ha gritó de alegría. Pero parecía ser el único alegre; la expresión de Seung-won era sombría. Al ver a Jeong-ha entregando su rostro a las caricias del Presidente Tae, el rostro ya tenso de Seung-won se volvió amenazador.

"Ven aquí.”

"¡Ah…!”

Seung-won arrebató a su sobrino de las manos de su padre en un instante. Jeong-ha miró a ambos alternativamente, desconcertado. El Presidente Tae también se quedó helado en la misma posición en la que estaba acariciando la mejilla de su nieto, incrédulo ante la situación. Sin importarle nada, Seung-won empezó a revisar a Jeong-ha frenéticamente.

"¿Qué le pasa?”

"¿Estás bien? ¿Has llorado?”

Al notar los ojos inyectados en sangre y confirmar que los párpados estaban rojos, la expresión de Seung-won se volvió feroz. De inmediato, empezó a emanar de él una feromona imponente y agresiva. Al mismo tiempo, envolvió a Jeong-ha con una feromona protectora para que no sufriera el impacto, pero era la primera vez que mostraba una hostilidad tan intensa.

"Vaya, vaya.”

"¿Qué está haciendo? Si tiene algo que decir, debería haberme llamado a mí.”

El Presidente Tae chasqueó la lengua ante su hijo, que gruñía ferozmente.

"Si te hubiera llamado a ti, no habríamos podido hablar. ¿Qué clase de comportamiento es este nada más llegar? Qué falta de modales.”

El abuelo tierno de hace un momento había desaparecido. Enfrentando a su hijo tras mucho tiempo, el Presidente endureció su gesto y presionó silenciosamente con su propia presencia contra la feromona que su hijo liberaba sin miedo.

Cualquier otra persona estaría temblando de terror ante tal presión, pero el Presidente Tae parecía relativamente tranquilo. Quizás porque sus feromonas eran similares y se veía menos afectado. Aun así, para un hombre de su edad, recibir el impacto directo de la feromona de un alfa joven y vigoroso no era bueno ni física ni mentalmente.

"Ugh…”

El duelo de titanes entre padre e hijo se detuvo por un leve quejido.

A pesar de estar envuelto en la capa protectora de Seung-won, el hecho de tener a dos alfas liberando feromonas agresivas afectaba inevitablemente al débil cuerpo de Jeong-ha. Al notar que el chico palidecía y perdía el equilibrio, ambos retiraron sus feromonas de inmediato.

"¿Estás bien?”

"Sí, estoy bien.”

Aunque decía que estaba bien con la boca, se aferró al cuerpo de Seung-won. Este lo miró con ojos llenos de lástima. Estaban demasiado pegados para estar frente a un tercero, pero a ninguno de los dos parecía importarle. Solo el Presidente Tae, que los observaba, mostraba una expresión de desagrado.

"Loco.”

Ante el insulto susurrado, Seung-won miró ferozmente a su padre. Sospechaba que las noticias sobre ellos habrían llegado a oídos del Presidente, pero llamar a Jeong-ha fue inesperado. Pensó que lo llamaría a él para regañarlo, no al nieto al que había ignorado toda la vida.

Su hermana mayor, Hyeon-ju, lo había contado todo exagerando la gravedad de la situación. Aunque no era un problema menor, a Seung-won no le importaba mucho. Pensaba aguantar cualquier reacción de su padre, ya que era algo por lo que debían pasar tarde o temprano. Pero al enterarse de que habían tocado a Jeong-ha y no a él, perdió los estribos y acudió de inmediato dejando todo de lado.

"Secretario Lee. Lleve a Jeong-ha afuera.”

NO HACER PDF

SÍGUENOS AL INSTAGRAM AOMINE5BL

Tras mirar a su hijo un momento, el Presidente llamó a alguien por teléfono y reapareció el hombre de mediana edad de antes. El hombre llamado Secretario Lee se inclinó levemente ante Seung-won, pidiendo disculpas mientras este lo miraba con odio.

Si tenían que llegar a una conclusión, mejor que fuera a solas. Seung-won soltó a Jeong-ha a regañadientes, y el chico, tras ponerse firme, le dio un abrazo rápido.

"No se peleen.”

"No te preocupes.”

Jeong-ha lo decía en serio, pero parecía que Seung-won lo interpretó como "peléate con cuidado". Jeong-ha miró a su tío con preocupación antes de seguir al Secretario Lee hacia el exterior.

* * *

En la biblioteca solo quedaron los dos alfas.

Dos alfas. Padre e hijo. El jefe de un conglomerado y el ejecutivo de una subsidiaria. Había muchas palabras para definir su relación, pero en ese momento, las más precisas eran probablemente "abuelo" y "canalla".

"He oído que planea terminar el proceso de sucesión para antes del próximo año; parece que la senilidad le está afectando.”

El proceso de sucesión no era simplemente transferir una empresa y ya. ¿Cuántas compañías llevaban el nombre de Taeseong? Bajo el mando del Presidente Tae, participaciones en matrices y filiales se entrelazaban como una tela de araña, por lo que él debía trabajar meticulosamente en esas conexiones.

A esto se sumaba la clasificación precisa de los bienes que se heredarían tras su muerte. El número de expertos involucrados en este proceso equivalía al tamaño de una empresa mediana. Por muy frío y desapegado que el Presidente Tae fuera con sus hijos, eso no significaba que estuviera dispuesto a repartir su fortuna entre extraños.

"Aún me falta mucho para la senilidad. Y la muerte está todavía más lejos.”

A pesar de la mención a la demencia, el Presidente Tae se veía muy vigoroso, incluso a ojos de su hijo Seung-won. Eso era lo más aterrador. Que un anciano de más de setenta años mantuviera esa mirada tan llena de vida.

"Tan cobarde y astuto como siempre.”

Ante el lenguaje desinhibido de su hijo, la expresión del Presidente Tae se tensó por un instante. Bajo ningún concepto eran palabras que un hijo debiera dirigir a un padre. Pero ¿cómo no llamarlo astuto? El hecho de que su hermana hubiera visitado a Jeong-ha por sorpresa, buscando el momento en que estaba solo, era un rasgo claramente heredado de su padre. Atacar la debilidad era el método más seguro y retorcido.

"Diga lo que diga, no pienso dejarlo. No soltaré a Jeong-ha. Ya se lo dije a él: no importa lo que pase, no tengo intención de renunciar. No puedo vivir sin ese chico.”

Ante las palabras de su hijo, el Presidente Tae apretó los labios y tensó la mandíbula. La expresión de su hijo era mucho más directa y ruda. Si no hubiera conocido a su nieto poco antes, podría haber pensado que se trataba de una relación unilateral. Sin embargo, su nieto también había elegido a su hijo a pesar de todo.

"... Ya lo he oído.”

La reacción del Presidente fue más calmada de lo esperado. ¿De qué habrían hablado con Jeong-ha mientras él no estaba? El Presidente Tae no dijo nada más, simplemente clavó su mirada melancólica en un punto del escritorio.

"Dijo que no quería arrepentirse por culpa de los demás.”

No mencionó el sujeto ni explicó las circunstancias con detalle, pero eso fue suficiente. Seung-won pudo imaginar la conversación. No sabía cómo su pequeña y adorable pareja había logrado ablandar al patriarca, pero era evidente que este no había podido lanzarle sus rayos y centellas.

Una sombra se proyectó en el rostro del anciano, quien no pudo dar una orden tajante al nieto que veía después de veinte años. Aunque no hubiera dicho nada ante las súplicas llorosas de su nieto, eso no significaba que recibiera con los brazos abiertos el tabú que cometían su hijo y su nieto. Ver a su nieto aparecer impregnado de las feromonas de su hijo, y a su hijo correr frenético para protegerlo mostrando los colmillos, no podía ser algo fácil de procesar.

"¿Qué es lo que teme?”

Se escuchó la voz del hijo que había elegido el camino de la impiedad filial.

"Si me preocuparan esas cosas, ni siquiera habría empezado.”

Eran palabras que no ofrecían consuelo alguno. A pesar de tratarse del hijo de su hermana —aunque fueran de distinta madre, se habían llevado bien—, no mostraba ni un ápice de arrepentimiento por desearlo. Al contrario, se mostraba orgulloso.

"Puede que el chico no lo entienda, pero tú no deberías hacerle esto a tu hermana.”

"En absoluto. Solo puedo estar agradecido.”

Haber dado a luz a un hijo tan lindo y adorable; si ella estuviera delante, Seung-won estaría dispuesto a hacerle una reverencia de agradecimiento. Ante tal declaración de cinismo, el rostro del Presidente Tae se desfiguró. El agua ya se había derramado. Había pasado demasiado tiempo como para detener a esos dos.

Incluso antes de que su segunda hija viniera a delatarlos, él ya sabía que Seung-won se había hecho cargo del hijo de su difunta hermana mayor. En aquel entonces, el Presidente Tae no se preocupó. Sabía que su primer yerno se había vuelto a casar y que Jeong-ha no encontraría su lugar en esa nueva familia, así que pensó que era lo mejor. Incluso llegó a creer que, tarde o temprano, eso serviría de puente para recuperar el vínculo con su nieto.

Sin embargo, la relación tomó un rumbo inesperado y llegó a un punto de no retorno. Como máxima autoridad de la familia y superior de ambos, intentó usar su autoridad para separarlos, pero resultó imposible.

"Vivirás el resto de tu vida bajo el peso de las malas lenguas.”

"Igual que el padre que vive marcado por el rumor de haber matado a su propia hija.”

Ante el sarcasmo de su hijo, la expresión del Presidente Tae se ensombreció un momento para luego dar paso a una sonrisa amarga. No había secretos en este mundo, y menos para alguien tan expuesto a los medios como él. La noticia del accidente de su hija, que fue una herida imborrable para él, regresó en forma de estigma infame con el rumor de que él mismo lo había provocado. Vivía aceptando eso como el castigo por la vida que había llevado.

"No se preocupe.”

Podía soportarlo, y lo haría. No tenían tiempo para preocuparse por las miradas ajenas o los chismes; apenas tenían tiempo para amarse.

"Tu hermana me pidió que te detuviera.”

Entre un padre y un hijo que se sentían incómodos el uno con el otro, no solía haber mucha conversación. Cuando el Presidente soltó aquello tras un largo silencio, una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de Seung-won.

"No sé de qué me habla.”

"¿Sabes que esos dos están viviendo separados?”

"Ah, ¿de verdad?”

Hyeon-ju, la segunda hija, había comenzado recientemente a vivir separada de su cónyuge. Exactamente, su esposo se había marchado de casa al descubrir que el modelo de la marca más importante de la empresa de Hyeon-ju era un actor con el que ella había tenido un romance apasionado en secreto.

Hyeon-ju se defendió diciendo que ella no eligió al modelo, sino que lo hicieron los encargados basándose en la imagen de la marca, pero era innegable que había puesto a su antiguo amante como imagen publicitaria durante su matrimonio. A partir de ahí, su esposa sacó a relucir su pasado amoroso y, al no encontrar forma de reconciliarse, terminaron separándose.

"¿De verdad no lo sabes?”

"¿Cómo iba a saberlo yo?”

El Presidente Tae chasqueó la lengua mirando a su hijo menor, que respondía con fingida inocencia. No habría nadie con el valor suficiente para filtrar tal información de la esposa de Hyeon-ju, a menos que fuera él. La acción que la segunda hija —que tanto quería a su hermana mayor— tomó contra su sobrino, se le había devuelto multiplicada.

Y no solo eso. Al parecer, habían surgido problemas en la gestión de una fábrica en Gyeongbuk y ella estaba ocupada preparando las alegaciones. En el peor de los casos, la empresa podría enfrentarse a una suspensión de actividades por toda una temporada, lo que había activado todas las alarmas.

Conociendo la frialdad de su hijo para ejecutar venganzas sin mancharse las manos, llamar al nieto —relativamente más vulnerable— para convencerlo fue una elección lógica para el Presidente. Aunque, al final, fue él quien acabó convencido.

"Quédate a cenar.”

"No quiero.”

"Tsk.”

Ante el rechazo tajante, el Presidente Tae chasqueó la lengua disgustado. No tenía especial interés en su hijo frío y distante; no tenían una relación lo suficientemente cercana como para compartir una comida armoniosa. El interés del Presidente estaba centrado exclusivamente en su nieto.

El nieto al que no había visto en veinte años. Había muchas historias que quería escuchar de Jeong-ha y muchas cosas que quería darle.

"No impidas que Jeong-ha venga.”

Ante la petición de su padre, una sonrisa sincera iluminó el rostro de Seung-won. No era un hombre tan cruel como para impedir algo así.

Los pasos de Seung-won al salir de la biblioteca del Presidente Tae parecían más ligeros que nunca. Se despidió de su padre casi por compromiso, pero ambos sabían que no eran de los que se apegaban a las formalidades. En cualquier caso, el encuentro de hoy sería inolvidable para Seung-won: había sido la primera conversación con su padre que no terminaba en gritos e insultos.

Hacía mucho tiempo que no visitaba la casa familiar. Hyeon-ju solía pasarse de vez en cuando, pero Seung-won no había vuelto ni una vez. Incluso las reuniones familiares solían ser en hoteles, donde él aparecía solo por un momento.

Probablemente vendría a menudo a partir de ahora. No porque él quisiera, sino por Jeong-ha.

* * *

Había un hombre que no echaba nada de menos en el mundo. Dicen que en la vida hay más cosas que no salen como uno quiere que las que sí, pero para él no hubo dificultades especiales. Debido a que era idéntico a su padre, chocaban constantemente, pero el problema se solucionaba fácilmente ignorándose y viviendo como extraños, dejando que su vida siguiera un camino de éxito asegurado.

Ante ese hombre, apareció algo que no salía según sus planes. El chico que se presentó como el hijo de su difunta hermana le pareció el ser más frágil y vulnerable que había conocido. Claramente estaba en la palma de su mano, pero era tan valiente que no podía bajar la guardia ni un segundo.

Todo empezó con curiosidad. Interés por el hijo de su hermana, curiosidad por su sobrino. No tardó mucho en darse cuenta de que bajo ese interés latía otro anhelo. Su resolución de ocultar lo que sentía se desmoronó irremediablemente ante el chico que mostraba sus sentimientos sin reservas. Así, el hombre decidió abrazar aquel pequeño cuerpo y no soltarlo jamás.

Alguien señalaría su relación diciendo que cometían un pecado. Alguien se horrorizaría preguntando cómo podía mirar a su sobrino con esos ojos. Pero si este sentimiento no era amor, ¿qué era entonces? El amor que el hombre eligió era tan pesado que no le permitía oír ni ver nada más.

Cruzó el anexo y llegó a la casa principal, pero no vio a Jeong-ha por ninguna parte. ¿Habría entrado? La madre de Seung-won solía estar a esa hora en las oficinas de la fundación de la que era presidenta.

‘¿De verdad tienes que hacer esto?’

Fue lo primero que le dijo la mujer por teléfono al enterarse de la noticia. Pero eso fue todo.

Al no ser una relación madre-hijo especialmente afectuosa, y al no tener ella un apego o una obsesión profunda por el hijo que dio a luz, su madre colgó tras decirle que tuviera cuidado. Sabía que, aunque dijera algo, su hijo no la escucharía. Lo de "tener cuidado" se refería a controlar su entorno para que no surgieran rumores.

Justo cuando iba a llamar a Jeong-ha al no verlo por ninguna parte, escuchó una conversación. Seung-won guardó el móvil y caminó hacia donde venía el sonido. A medida que se acercaba, las voces se oían más claras. Sin darse cuenta, Seung-won estaba caminando por el jardín.

Este jardín era el espacio que el Presidente Tae cuidaba con más esmero. ¿No decían que era el lugar favorito de su primera esposa? La relación de su propia madre con el Presidente —un matrimonio de conveniencia— era algo que Seung-won aceptaba como normal, pero el amor del Presidente por una pareja que murió hace casi cuarenta años y a la que aún no podía olvidar resultaba a veces sorprendente.

"¿Cómo se cuidan estas plantas? Yo también quiero que las mías crezcan así de hermosas.”

"Será difícil criarlas dentro de casa. Yo también le pregunto al jardinero de vez en cuando y dice que requieren mucho trabajo.”

"¿Ah, de verdad?”

Jeong-ha estaba agachado junto al secretario del Presidente Tae, parloteando animadamente. Aunque había declarado que no tendría más plantas, su interés seguía intacto. Al oír que necesitaba manos expertas, acarició las hojas con un gesto de decepción.

Al ver aquella nuca redonda, una sonrisa apareció en el rostro del hombre. Jeong-ha escuchaba atentamente la explicación del secretario, asintiendo sin parar.

Seung-won acortó la distancia con su sobrino, silenciando sus pasos. No quería asustarlo, y como parecía muy concentrado, no quería romper el ambiente.

Pensaba quedarse detrás escuchando hasta que el Secretario Lee terminara su explicación, pero Jeong-ha, que escuchaba abrazándose las rodillas, de repente movió los hombros y se dio la vuelta. A diferencia de Seung-won, que se detuvo bruscamente al ser descubierto, el rostro de Jeong-ha se iluminó de alegría.

"¡Ha salido muy pronto!”

"Claro. ¿Cómo lo has sabido?”

"¿Cómo no voy a saberlo?”

Seung-won pensó que había ocultado su presencia al máximo, pero Jeong-ha se rió entre dientes preguntándole cómo no iba a darse cuenta.

Cuando Seung-won abrió los brazos hacia el chico que se acercaba, Jeong-ha lo rodeó con los suyos y lo abrazó con fuerza.

"Estaba pensando si tendría que ir a separarlos por si se peleaban.”

"¿Yo con mi padre? ¿Por qué íbamos a pelearnos?”

Ante su descaro, Jeong-ha le lanzó una mirada de reproche antes de volver a sonreír. Era una mentira evidente, pero el hecho de que Seung-won estuviera allí era prueba de que la charla había ido bien.

"¿Y cómo pensabas separarnos?”

NO HACER PDF

SÍGUENOS AL INSTAGRAM AOMINE5BL

"Tengo mis métodos. Estas cosas no se solucionan peleando. ¿No conoce la ‘política del sol’?”

Le pareció adorable ver al chico explicándole sus "conocimientos" sobre cómo apaciguar y convencer a alguien para ganarse su corazón.

"¿Y por qué conmigo siempre estás enfadado?”

"Con el tío sí puedo estarlo.”

Jeong-ha se rió travieso, respondiendo con total confianza. Ver que aquello no le molestaba sino que le parecía encantador era señal de que su "enfermedad" de amor era grave.

"Vámonos a casa.”

"¿Ya?”

Al tirar de su mano, Jeong-ha no pudo ocultar su decepción. Al parecer, el jardín le había encantado.

"Puedes venir a visitar siempre que te aburras.”

Ante su vacilación para responder, se oyó la voz del Presidente Tae. Había salido del anexo y, desde la distancia, intentaba consolar a Jeong-ha. Al oír a su abuelo, Jeong-ha respondió con entusiasmo.

"¡Vendré a visitarlo la próxima vez!”

A diferencia de Jeong-ha, que se despedía prometiendo volver pronto, Seung-won saludó al Presidente solo con la mirada. A pesar de la ligera curva de sus labios, los ojos del Presidente Tae no sonreían. La distancia entre padre e hijo era perfecta así, sin presiones.

El Presidente Tae era, en realidad, el único vínculo de sangre que ambos compartían. Lo único que él podía hacer era ignorar la relación.

Si no podía bendecirlos, al menos no los maldeciría. Eso era lo máximo que el anciano podía ofrecer.

* * *

Las escrituras de una religión dicen que este mundo y todos los seres vivos fueron creados por la punta de los dedos de un dios. Un primer hombre, creado con esmero por la divinidad, y la primera mujer de la humanidad, formada a partir de la costilla de aquel hombre. Dios amó y protegió a las dos criaturas más perfectas de su creación, pero les impuso un solo mandamiento, una regla que jamás debían romper:

No comer el fruto del árbol que estaba en medio del jardín.

A excepción de eso, no tenían ninguna restricción. Durante mucho tiempo, ambos disfrutaron de una felicidad plena en el mundo creado por Dios. Un edén perfecto moldeado por manos divinas donde seguramente compartieron un amor absoluto.

El primer ser creado por Dios y el ser creado específicamente para ese primer hombre. En efecto, no eran más que dos personas nacidas la una para la otra.

¿Cuánto tiempo duraría esa paz? Vivieron bajo el amparo de Dios durante mucho tiempo, pero en cualquier lugar siempre aparece un estorbo. Un día, una serpiente se presentó en el jardín y comenzó a susurrarle a la mujer que comiera el fruto. La mujer cedió a la tentación, cayendo en el engaño y rompiendo la regla. Tras probar el fruto que su Creador le había prohibido tocar, lo siguiente que hizo fue ofrecérselo al hombre.

El hombre, incapaz de ignorar los susurros de la mujer, acabó saboreando el fruto. Al descubrir que ambos habían roto el tabú, la ira de Dios cayó sobre ellos, dando origen al pecado original de la humanidad.

Esta es la historia de los primeros humanos que narran ciertas escrituras.

* * *

Seung-won solía pensar a menudo en este relato. Específicamente, en aquella mujer que, tras probar el fruto prohibido, se lo ofreció también al hombre. ¿Cuán dulce y delicioso debió ser para que decidiera compartirlo con el ser que más amaba?

¿Podría decirse que el acto de invitar al tabú no fue amor? Dios se enfureció con los dos por desobedecer la única prohibición, pero nadie podría afirmar que el gesto de la mujer al ofrecerle el fruto al hombre no fue un acto de amor.

Aquello también era amor. Solo que era un tabú. Pero el hecho de haber roto una prohibición no podía borrar el sentimiento.

Era dulce, dulce y nuevamente dulce. Aquello sabía mejor que cualquier otra cosa que hubiera experimentado en su vida. Nadie sería tan tonto como para dejar escapar lo mejor que ha llegado a sus manos. Aunque el mundo lo tachara de acto impuro, lo señalara como un tabú y lo condenara, para Seung-won no era así.

Incluso si al final de este amor aguardaba el pecado original, no pensaba soltarlo. Detenerse ahora no limpiaría ni borraría ese pecado. Siendo así, Seung-won pensaba sentirlo, disfrutarlo y amarlo aún más.

Al igual que la primera mujer, que por amor entregó el fruto aun sabiendo que estaba prohibido, él amaría con todas sus fuerzas a Jeong-ha, quien había mordido el fruto que él mismo le ofreció. Esa era la decisión del hombre que eligió el camino del pecado.

* * *

"¿De qué habló con el abuelo?”

"¿De qué crees que hablamos?”

"Mmm.”

Seung-won puso el coche en marcha mientras le abrochaba el cinturón de seguridad a Jeong-ha con naturalidad. Parecía que el chico seguía teniendo mucha curiosidad por la conversación entre los dos. Seung-won comenzó a sonreír al observar a Jeong-ha parpadear repetidamente, imaginando el diálogo entre su tío y su abuelo. Se veía adorable con sus largas pestañas aleteando mientras se sumía en sus pensamientos.

"Pensé que saldría de allí muy enfadado, pero no ha sido así….”

"¿Pensaste que saldría enfadado?”

"Es que al principio me dio mucho miedo. Estaba liberando sus feromonas de forma muy agresiva.”

Jeong-ha, que casi pierde el conocimiento por no poder soportar la presión, describió la situación anterior con una expresión solemne. Sí, al principio fue así. Seung-won había corrido hacia allí pensando que su padre podría haberle dicho palabras crueles y despiadadas a un nieto al que nunca había visto.

"Pero parece que ni el tío ni el abuelo están tan enfadados ahora….”

Un beso repentino cortó en seco su voz parlanchina. Lo que parecía un roce ligero se convirtió en un beso profundo; sus labios buscaron distintos ángulos, saboreándose con lentitud y devoción.

El chico, que parpadeaba con los ojos muy abiertos sin entender qué pasaba, terminó por cerrarlos poco después. El dulce sabor del tabú. Un sabor del que jamás podría escapar ni al que podría renunciar emanaba del joven. Al separarse, quedaba un rastro de nostalgia que hacía que el beso pareciera no querer terminar nunca.

A diferencia del chico, que estaba sujeto por el firme cinturón de seguridad, el hombre se desabrochó el suyo para abrazar aquel pequeño cuerpo como si quisiera fundirse con él, cubriendo su rostro con incesantes besos.

"Ah, basta. Que estamos en la casa del abuelo.”

Jeong-ha se rió suavemente mientras intentaba apartarlo. Seung-won cedió, pero mantuvo sus frentes unidas mientras le daba un último beso ligero.

"Lo que le dije a mi padre fue….”

Su voz sonó más grave de lo habitual. El hombre pareció dudar por un instante. Jeong-ha, escuchando el relato con la frente pegada a la suya, rodeó al hombre con sus brazos con fuerza.

"Yo también. Yo también siento lo mismo.”

La voz del chico, repitiendo las mismas palabras, rebosaba felicidad. "Yo también. Yo también".

"Dígalo una vez más, por favor.”

El chico, que rió de alegría durante un buen rato, empezó a suplicar. Seung-won no solo podía decírselo una vez, sino todas las que hiciera falta.

"Que yo a ti….”

Que te amo demasiado. Que siento que moriría si no te tengo.

El rostro del chico al escuchar la confesión del hombre brillaba con una luz radiante. Al ver ese rostro, al contemplar esa expresión de pura alegría, le resultaba imposible contener las palabras de amor.

Cuán dulce es el tabú.

Qué dulzura tan inmensa aguarda cuando se cruza la línea prohibida.

El sabor supremo.

Este era, sin duda, el sabor más exquisito que Seung-won probaría jamás.

Era el afecto más intenso, la obsesión más profunda y la plegaria más ferviente que experimentaría en toda su vida.

No importaba lo que aguardara al final del tabú. Para aquellos que se habían entregado al amor, el tiempo nunca sería suficiente para saciarse el uno del otro.

<Fin de la historia principal de 'Un pecado tan adorable'>