#92

 

***

¡Ese hijo de puta!

Su visión era borrosa. Parpadeó varias veces, pero seguía sin poder enfocar. Ben gateó por el suelo, obligando a su conciencia que amenazaba con hundirse una y otra vez. Fingir que estaba inconsciente había sido una buena elección. Chrissy se había tragado el engaño y se había marchado de allí cargando con esos bultos inútiles. Le habían quitado la radio, pero no importaba.

Jadeando, extendió la mano hacia una de las paredes. Allí se encontraba un timbre de emergencia instalado para casos imprevistos.

Hope, te has convertido en un adulto astuto.

Temblando violentamente, estiró una mano con todas sus fuerzas y palpó la pared. Sintió bajo la punta de sus dedos el pequeño relieve del botón. Una sonrisa amarga se dibujó en la comisura de los labios de Ben.

A los niños malos hay que castigarlos.

Tras presionar el timbre con el último aliento que le quedaba, se desplomó de inmediato por el agotamiento. Y, mientras escuchaba la estrepitosa alarma resonando por todo el edificio, perdió el conocimiento. Aún con aquella tenue sonrisa grabada en el rostro.

7

“… …… ….”.

Un sonido lejano llegó a sus oídos. No podía distinguir si eran risas, voces o música. Tal vez fuera una mezcla de todo. A medida que recobraba el sentido, Chrissy se dio cuenta de que su última suposición era la correcta. Y, junto con eso, comprendió que había sido arrojado de vuelta a una pesadilla.

Clanc. Al mover el cuerpo, escuchó un sonido molesto. Lo siguiente que vio fue la pesada cadena de hierro que rodeaba su tobillo. Tendido en el suelo, Chrissy miró hacia abajo y luego giró la cabeza lentamente.

En su mente, los recuerdos pasados se desplegaron como un panorama veloz para luego dispersarse. El estruendoso sonido de la alarma que estalló antes de que pudieran salir del pasillo y los hombres que surgieron de todas partes.

Sus últimos recuerdos eran los niños huyendo de ellos y él intentando detenerlos de alguna forma antes de ser golpeado en la cabeza y perder el sentido.

¿Qué habrá pasado con los niños?

En medio de la ansiedad y el nerviosismo, intentó analizar la situación. Chrissy estaba tumbado en un rincón de un salón enorme. Tenía una cadena en el tobillo, quizás para evitar que volviera a escapar, o tal vez para recordarle que allí su existencia no era más que la de un animal. Antes de preocuparse por a dónde conducía la cadena, lo más importante era quién o qué había a su alrededor.

El salón estaba a oscuras. El aire estaba cargado de un denso humo de cigarrillo que le revolvía el estómago. Había bastantes personas sentadas en los sofás distribuidos por el lugar; todos ellos reían y charlaban mientras observaban una imagen proyectada en una de las paredes. Parecía la escena de un salón social, pero algo en ella resultaba lúgubre. No era por la oscuridad. El problema era el video que se proyectaba ante ellos. La cámara recorría obsesivamente el cuerpo desnudo de un niño. Cuando la cámara, moviéndose lentamente, hizo un primer plano de una parte del cuerpo, de repente se escuchó una voz sobre su cabeza.

“Vaya, despertaste”.

Ante aquella voz, Chrissy se sobresaltó y levantó la vista. Un hombre corpulento lo miraba con una sonrisa. Antes de que Chrissy pudiera reaccionar, el hombre continuó.

“No sabía que habías planeado un evento como este. ¿Acaso te preocupaba que estuviéramos aburridos? Gracias, gracias a ti nos hemos divertido bastante”.

El corazón de Chrissy se hundió ante la reacción del hombre.

¿Fracasé? ¿Ni uno solo logró escapar? Si por casualidad los niños salieron heridos…

Mientras su mente se agitaba con la angustia, el hombre prosiguió.

“Parece que sabías que hoy era ‘ese’ día. Por eso preparamos este lugar para corresponderte”.

Su voz sonaba extrañamente emocionada. Al sentir un mal presentimiento, Chrissy escuchó de repente un corto silbido cerca de su oído. En el instante en que su cuerpo se tensó, se dio cuenta de lo silencioso que estaba el entorno.

Lentamente, Chrissy giró la cabeza. El silbido volvió a sonar. Él sabía lo que significaba ese silbido. Y cuando se escuchó por tercera vez, Chrissy identificó quién era el protagonista del video. Al ver de frente el rostro en la pantalla, su cuerpo entero se quedó petrificado. Mientras Chrissy palidecía como si toda la sangre hubiera abandonado su cuerpo, el hombre gritó con voz excitada.

“¡Bien, Hope! Esta función es para ti”.

‘Papi...’.

El niño del video susurró mientras abría la boca por completo. Era Chrissy Jin, cuando apenas tenía siete años.

8

“Señor Miller, bienvenido”.

El dueño de la mansión bajó del auto y saludó con evidente nerviosismo al hombre de cabello rubio platino.

“¿Cómo es que... a qué se debe su visita? Me sorprendió mucho recibir su aviso repentino. Me habían dicho que no asistiría a la reunión de hoy...”.

En realidad, hasta que lo vio con sus propios ojos, el dueño tenía sus dudas. Nathaniel Miller rara vez asistía a las reuniones, por lo que esto era extremadamente inusual. Además, era la primera vez que lo veía emanar feromonas con tanta intensidad. Era normal que los Alfas de élite liberaran feromonas constantemente, pero era raro verlas ‘desbordarse’ de esta manera. El dueño, acostumbrado a verlas dispersarse sutilmente como un perfume, no pudo evitar desconcertarse. Podía apostar toda su fortuna a que esta situación se debía a que el hombre estaba o extremadamente excitado o extremadamente furioso, y estaba claro que no era lo primero.

“Esto... ¿ha sucedido algo que no sea de su agrado?”.

Preguntó el dueño, siguiendo apresuradamente a Nathaniel, quien pasó de largo y entró en la mansión.

A pesar de que Nathaniel caminaba apoyándose en un bastón, sus zancadas eran tan largas y rápidas que el dueño se vio obligado a trotar para alcanzarlo. Sin prestarle atención al hombre, Nathaniel mantuvo la vista al frente y habló.

“¿Está él aquí?”.

“¿A quién se refiere?”.

Afortunadamente, su voz sonaba tan calmada y fría como de costumbre. El dueño seguía inquieto, pero forzó una sonrisa mientras preguntaba, tratando de pensar frenéticamente a quién podría estar buscando aquel hombre en su casa.

“...El fiscal”.

Tras una breve pausa, Nathaniel dirigió por primera vez su mirada al dueño. Al ver cómo el hombre se estremecía del susto, Nathaniel hablo con una voz baja y amenazante.

“¿Dónde está Chrissy Jin?”.

***

Chrissy seguía sentado, completamente fuera de sí. Ni siquiera parpadeaba. En una de las paredes, su propia imagen se agitaba en gran tamaño. Un niño que, lleno de miedo, sonreía a la fuerza y se agachaba y abría las piernas tal como se le ordenaba, llenaba sus ojos muy abiertos.

‘Papi, te amo’.

‘Papi, quiero un caramelo. Me gusta mucho el caramelo grande de papi’.

‘Papi, azótame el culo. Así, así’.

‘Sí, me gusta. Me gusta mucho. A Hope le encanta que lo toquen aquí...’.

“Ahh. ¿No es realmente erótico?”.

El hombre sobre él murmuró con un suspiro. Se escuchaban sonidos metálicos de hebillas abriéndose por todas partes. El hombre también comenzó a manosear la parte delantera de su pantalón mientras continuaba.

“Fuiste la mejor superestrella. Te digo que todavía no hay ningún niño tan sexy y precoz como tú. Si hubieras seguido así, todos te habríamos adorado”.

Su cabeza empezó a dar vueltas. Chrissy sentía ganas de vomitar, pero lo único que salía eran jugos gástricos amargos. Mientras su cuerpo se sacudía y escupía saliva al suelo, el hombre seguía parloteando sin importarle su estado.

“Tenías un talento increíble. No habrá otro niño que lama caramelos con tanto gusto como tú”.

“...Cállate”.

Chrissy apenas logró emitir sonido, pero el hombre no dejó de hablar.

“Ah, me pregunto qué tan rico habrías lamido mi caramelo también. Es espléndido, un niño con un don natural como tú nunca debería haber crecido. Mira, esa boquita llena de la crema que te sirvió tu padre...”.

“¡Cállate, cállate, cállate!”.

Finalmente, Chrissy gritó e intentó abalanzarse sobre él. Sin embargo, la cadena de su tobillo lo detuvo de inmediato y cayó torpemente al suelo. Al ver su aspecto, los hombres estallaron en carcajadas. Entre las risas, se escuchaban gemidos excitados. Era el sonido de hombres masturbándose mientras veían el video. Al límite, Chrissy soltó un alarido.

“¡No! ¡Yo no quería eso! ¡Solo tenía miedo, nunca lo hice porque quisiera!”.

“No, tú querías”.

El hombre negó sus palabras sin dudarlo.

“Por eso te ves tan provocativo. Si no lo hubieras seducido, ¿cómo podría tu padre haberte hecho algo así? ¿No es verdad?”.

“No, yo no hice nada...”.

“Oh, claro que lo hiciste. Todos nosotros somos testigos”.

El hombre miró a su alrededor riendo. Varios hombres soltaron carcajadas de acuerdo. Uno de ellos se levantó, se acercó a Chrissy y dijo.

“Tú movías ese trasero provocativo frente a tu padre usando pantalones cortos”.

“En ese entonces tenía cinco años. Solo le mostraba los bailes y canciones que aprendía en la escuela”.

Porque quería ser amado.

Chrissy sintió de repente como si algo enorme se le hubiera quedado atascado en la garganta.

Sí, porque quería ser amado. Por mis padres adoptivos, por ese maldito pervertido. Solo fue por eso.

“No fue mi voluntad...”.

“Vaya”.

Ante esa voz apenas audible, otro hombre lo miró con fingida lástima.

“Has envejecido demasiado. Qué lástima”.

Parecía pensar eso sinceramente.

“Por eso tienes celos de tu yo del pasado”.

Se inclinó y susurró sobre la cabeza de Chrissy:

“Pobrecito, ahora que has crecido tanto, ya nadie te encuentra adorable”.

En el video, el niño pequeño gritaba. Los hombres gemían y eyaculaban como si aquellos gritos fueran gemidos de placer. Pero Chrissy lo sabía. Sabía que aquello no era un gemido, sino un grito de auxilio.

Siempre rezaba. Para que esa puerta se abriera y alguien viniera a salvarme.

Mirando con ojos vacíos la puerta del salón firmemente cerrada, recordó.

Rezaba cada noche. Para que ese hombre no viniera a mi habitación.

Cada vez que me bañaba con ese hombre, suplicaba que bajara un ángel y me sacara de aquí.

Cuántas veces rogué para que esa cámara se rompiera y esta situación terminara.

Aunque sabía perfectamente que algo así jamás sucedería.

Por favor, por favor.

Que alguien me saque de este infierno...

Justo en ese momento, con un sonido violento, la puerta se abrió de par en par y la luz entró.