4. La cuna del cachorro
4. La cuna del cachorro
‘Será
muy diferente de un parto normal. Por lo general, no se deben estimular las
glándulas mamarias durante el embarazo, pero en su caso, señor Lee Jae-ha,
deberá recibir masajes frecuentes para que la congestión después del parto sea
menos dolorosa.’
...
¿Congestión de qué? En aquel entonces, Jae-ha no podía creer lo que oía. Y
ahora, seguía igual.
“¡Ah,
ugh...! Ahí no, demasiado... así no... Mmm...”
Se
escuchaban sonidos húmedos y constantes de succión. Era el ruido que hacían los
labios de Jang Tae-geon pegados al pecho de Jae-ha. Sentía un cosquilleo en los
pezones envueltos por esa mucosa blanda. La desvergonzada "esposa" de
Lee Jae-ha soltaba tonterías con total naturalidad mientras succionaba su
pecho.
“Dijeron
que te diera masajes frecuentes. ¿Crees que hago esto por mi propio placer?”
Sin
embargo, por mucho que lo negara, el único que parecía estarse divirtiendo era
Tae-geon. Últimamente, a Jae-ha le escocían tanto los pezones que ni siquiera
podía usar camisa. Al tener un cuerpo de Alfa, aunque produjera leche materna,
no sería en cantidad suficiente para alimentar a un bebé; aun así, si no se la
extraía, le dolería por la congestión. Por eso, Tae-geon se pegaba a su pecho a
la menor oportunidad con total descaro.
“Ya...
detente.”
Jae-ha
no tuvo más remedio que empujar la frente de Tae-geon con la palma de la mano.
Quizás porque ya sabía que lo apartaría, Tae-geon apretó el pezón entre sus
dientes incisivos antes de soltarlo, dejándolo estirado, dolorido y con un
picor persistente.
“Ah,
mmm...”
Temblando
levemente, Jae-ha se bajó el pijama rápido antes de que Tae-geon volviera a la
carga. Debido a que el efecto de la medicación se detuvo antes de que se
convirtiera completamente en Omega, Jae-ha estaba en un estado ambiguo: poseía
órganos y feromonas de Omega, pero no terminaba de serlo.
‘El
hecho de haber sido un Alfa dominante actúa como contrapeso y está reprimiendo
las feromonas de Omega. Sin embargo, al quedar embarazado, sus glándulas
verterán feromonas hasta el límite por el bien del feto, por lo que existe la
posibilidad de que después vuelva a manifestarse completamente como Alfa. Ya le
expliqué esto la vez anterior. Irónicamente, lo más importante en este proceso
son las feromonas del Alfa vinculado. Como el parto está cerca, es mejor tener cuidado
con las relaciones sexuales, pero debe recibir "baños de feromonas"
con frecuencia.’
Esa
sola frase marcó el inicio del calvario para la pareja. Desde que el vientre de
Jae-ha estaba plano, Jang Tae-geon lo abrazaba constantemente para inundarlo
con sus feromonas. No podían hacer mucho más. Comparada con la de un Omega
normal, su matriz era sumamente frágil, por lo que les prohibieron las
relaciones sexuales durante el embarazo de forma mucho más estricta que a otras
parejas.
Incluso
después de entrar en la etapa de estabilidad, les dijeron que tuvieran el
máximo cuidado, por lo que tenían que poner un "tope" al pene de
Tae-geon para que no se insertara hasta el fondo. Aunque para Jae-ha era
suficiente debido al tamaño intimidante de Tae-geon, el problema era este
último. Sin embargo, cada vez que Jae-ha le preguntaba si estaba bien, Tae-geon
reaccionaba igual:
‘No
me importa si entra todo o solo la punta; lo que me gusta es estar dentro de
ti. Cómo se siente esa humedad apretándome... con solo meter el glande ya
siento cómo me succionas...’
Jae-ha
no recordaba el resto porque había borrado activamente ese recuerdo de su
mente. En fin, el calvario de ambos no parecía tener fin. Al llegar al final
del embarazo, a diferencia de otros padres, el vientre de Jae-ha —que apenas se
notaba si no se miraba de cerca— solo servía como un obstáculo a la hora del
sexo.
El
misionero, el estilo perrito, el vaquero... incluso la postura de la tijera
resultaba dolorosa. Al final, Tae-geon solía terminar con la boca o, como
animales que se lamen entre sí, Jae-ha lamía el pene de Tae-geon y Tae-geon el
de Jae-ha, pero incluso eso se detuvo cuando a Jae-ha empezó a resultarle
incómodo recostarse de lado.
Y
ahora, encima, debían hacer baños de feromonas constantes. Jae-ha, dejando de
lado su propio deseo, sentía lástima por Tae-geon y deseaba que el bebé naciera
pronto. Aunque ese no era el único motivo.
“Ya
llegué.”
Nada
más entrar, Tae-geon se lavó las manos, besó los labios de Jae-ha y le acarició
el vientre. A excepción de antes de darse cuenta del embarazo, Jae-ha no había
tenido náuseas matutinas graves. En su lugar, perdió totalmente el apetito y le
costaba ingerir cualquier cosa; fue entonces cuando Tae-geon empezó a perder
peso a su lado.
Todo
porque Jae-ha no probaba bocado excepto el jangjorim (carne de res en
conserva) que preparaba la señora Jung Mi-hee. Dicen que su madre también solo
comió el jangjorim de la señora Jung cuando estaba embarazada de él;
parecía que Jae-ha había heredado ese rasgo materno.
Aunque
Jae-ha decía que no le importaba comer solo eso y que Tae-geon debería salir a
tener una comida equilibrada, él se mantenía firme y comía con Jae-ha. Excepto
los días de viaje de negocios, incluso cuando trabajaba, volvía a casa a la
hora del almuerzo para comer junto a Jae-ha, quien estaba de baja por
maternidad. Y eso que el único plato en la mesa era ese, porque cualquier otro
aroma le provocaba náuseas a Jae-ha.
Lo
gracioso era que Jang Tae-geon, a pesar de comer bien incluso con un solo
plato, seguía perdiendo peso. Sin entender la razón, Jae-ha arrastró al hombre
—que se quejaba de por qué ir al médico por algo así— a ver a su doctor de
cabecera. Este les explicó que, simplemente, Tae-geon estaba sufriendo las
náuseas y síntomas del embarazo por simpatía. A pesar de comer y estar bien,
perdía peso junto con Jae-ha. Era inaudito.
Afortunadamente,
el periodo de náuseas pasó y Jae-ha pudo volver a comer más variedad. A pesar
de ser un bebé tan quisquilloso, ambos contaban los días para el parto. Por
supuesto, otros también esperaban el nacimiento. Especialmente Lee Jae-ho, el
tío del bebé, parecía estar muy emocionado.
“Dijeron
que es niña, ¿verdad? Me pregunto si será Alfa u Omega... ¿Cómo voy a dejar que
se case?”
Ignorando
la mirada de su hermano mayor que parecía decir ‘¿y a ti qué te importa eso?’,
Lee Jae-ho sacó un sobre de papel tradicional dorado diciendo que había
consultado las fechas propicias según la adivinación.
“Dicen
que si nace por cesárea en esta fecha, será Presidenta.”
“No
va a ser funcionaria pública.”
Tae-geon
rompió el sobre de inmediato. Jae-ho pareció herido, pero Jae-ha suspiró y
trató de calmarlo.
“Está
sensible por la cirugía, así que tú también quédate tranquilo.”
“¡Ah!
¡¿Por qué me pegas?!”
Bueno,
lo de calmarlo es un decir, ya que le dio un coscorrón. Lee Jae-ho, que ni
siquiera pensaba en rebelarse contra su hermano mayor a pesar de ser golpeado
por un "embarazado", no se rindió y sacó el siguiente regalo.
“Esto
es para ti, hermano.”
“¿Qué
es esto?”
Le
entregó otro sobre. Al abrirlo, vio un vale que decía: "Cupón de entrega
de Silla del Amor (Love Chair)". En el cupón estaba impreso un
mueble de forma extraña que no se sabía si era una cama o una silla, y su
aspecto era tan sospecho como su nombre. Lee Jae-ho dijo riendo entre dientes:
“Dicen
que en esto incluso las embarazadas están cómodas.”
Jae-ha
frunció el ceño hacia Jae-ho con una expresión de ‘vaya tonterías haces’, pero
Jae-ho se rió y le arrebató el cupón.
“Aunque
a ti no te guste, seguro que al yerno Jang le encantará.”
“¿Cómo
que "yerno Jang"? Es tu cuñado, Lee Jae-ho.”
Jae-ha
había sacudido la cabeza ante su inmaduro hermano pequeño. Realmente lo había
hecho. Pero...
“...
¿Por qué está eso en nuestra casa?”
“Regalo
de mi cuñado. Lo trajo el cachorro de Jeong-gil... no, lo trajo Jeong-gil.”
Jang
Tae-geon respondió con indiferencia mientras aplastaba una botella de agua
vacía. Jae-ha no sabía si contener los insultos al final era parte de la
educación prenatal de Tae-geon, pero le resultaba gracioso que últimamente su
forma de hablar fuera más suave.
Aunque
estaba de baja, Jae-ha no podía desentenderse del todo del trabajo, así que a
veces iba a la oficina o recibía informes; ese día se extrañó al ver que
Tae-geon ya estaba en casa tras volver de Inhyeon. No era normal que estuviera
allí a esa hora. Ante la pregunta de Jae-ha de por qué tan temprano, Tae-geon
respondió con desdén:
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‘¿Me
estás controlando? ¿Crees que te estoy siendo infiel? Qué forma tan aburrida de
controlarme. ¿No deberías bajarme los calzoncillos y lavarme? ¿No tienes
curiosidad por saber si tengo otro sabor?’
Jae-ha
sacudió la cabeza, entró al baño con cara de cansancio y salió tras ducharse.
Fue entonces, después de cenar y lavarse los dientes, cuando al entrar al
dormitorio descubrió la silla. Un sofá con forma de ola, sin reposabrazos,
plantado en un rincón de su habitación.
Jang
Tae-geon, que entró detrás de él quitándose la camiseta, dijo:
“Cariño,
no ignoremos la buena intención de mi cuñado. Quién sabe cuánto tiempo le habrá
tomado elegirla.”
Jae-ha
soltó una ricita incrédula. No es que estuviera aceptando, pero Jang Tae-geon
se le pegó fingiendo sentirse agraviado, como si Jae-ha lo estuviera
seduciendo.
“Siempre
sonríes así. Mi pene se muere de dolor.”
“¿Quieres
que no me ría?”
“¿Por
qué no? Mejor mátame de una vez por falta de uso.”
Gracias
a las respuestas indiferentes de Tae-geon, las risas no cesaban. Al mirar
atrás, se daba cuenta de que Tae-geon era prácticamente el único que lo hacía
reír. Tae-geon besó esa sonrisa clara y empezó a desvestirlo. Solo de la
cintura para abajo. Luego, de repente, entró al vestidor conectado al
dormitorio y sacó la sudadera de Jae-ha.
Jae-ha,
que se había quedado allí parado a medias, desnudo de cintura para abajo y sin
entender nada, ladeó la cabeza. Se preguntó por qué había traído eso. Tae-geon
se la puso. Por un lado pensó que ya habían pasado por una situación similar, y
por otro se preguntó si no iban a probar la silla del amor; ¿por qué lo vestía
ahora?
Tae-geon
llevó a Jae-ha, que ya vestía la sudadera, hacia la silla y le hizo apoyar el
torso en la parte superior más redondeada. Parecía un bulto incómodo, pero al
apoyar los brazos y recostarse, Jae-ha vio que esa parte tenía una concavidad
perfecta para él.
“...
Esta postura es extraña...”
“Sí,
yo también te amo.”
La
voz de Tae-geon llegó a su entrepierna antes que a sus oídos, provocando que
Jae-ha quisiera preguntarle a quién le estaba declarando su amor. Cuando Jae-ha
se sobresaltó, Tae-geon sacó la lengua y lamió largamente ese espacio mientras
reía.
“Dijiste
que usabas esto cuando ibas a la universidad, ¿verdad?”
“Es-espera,
no lamas ahí. No me gusta, ah... ugh...”
“Eras
increíble en la universidad. Cada vez que te veía, me masturbaba hasta que se
me pelaba el pene, e incluso soñaba contigo. Soñaba que te quedabas allí
parado, sin hacer nada, y yo me volvía loco masturbándome frente a ti.”
Jae-ha
no sabía si taparse los oídos o apartar la cintura; la lengua de Tae-geon
empezó a atormentarlo por todas partes. Sin embargo, le dio lástima escuchar
que en sus sueños él no hacía nada. Al compartir su vínculo, había vislumbrado
que el pasado de Tae-geon era sumamente solitario. Ojalá el Jae-ha de sus
sueños lo hubiera abrazado mientras él sufría. Pero con su personalidad seria y
siendo antes de que se conocieran, estaba seguro de que se limitaba a estar
allí de pie, inmóvil.
Pero,
aparte de la láima, la sensibilidad de su parte trasera llevó a Jae-ha al
límite. Sintió cómo algo brotaba de golpe. Como no podía ni patalear, se mordió
los labios con fuerza.
A
Tae-geon le encantaba este momento: ver cómo el cuerpo de Lee Jae-ha
reaccionaba ante él. Desde que quedó embarazado, su aroma a jazmín se había
vuelto más intenso; con solo hundir la nariz en su entrepierna y respirar, su
pene se hinchaba hasta doler. A pesar de eso, no podía poseerlo y tenía que
limitarse a los baños de feromonas, lo cual había sido un tormento durante un
tiempo.
Cuando
Jae-ha se dormía, Tae-geon solía retirar el brazo que le servía de almohada, ir
al baño y masturbar su pene endurecido. Como le dijeron que era mejor
impregnarlo con la mayor cantidad de feromonas posible, a veces frotaba su pene
contra la parte trasera de Jae-ha, o hacía que Jae-ha se lo succionara, o se lo
metía en la axila y eyaculaba para luego extender el semen sobre sus pezones. Aunque
se sentía bien, siempre quedaba una parte de su deseo sin resolver, como una
fina membrana que no terminaba de romperse.
Tae-geon
succionó con fuerza la entrada mientras introducía su dedo medio junto con la
lengua, como si quisiera beberse el lubricante que salía, y luego se levantó
para alinear su glande hinchado con el orificio de Jae-ha. Jae-ha, sorprendido
por el contacto, abrió mucho los ojos y giró la cabeza.
“...
¿Vas a entrar?”
“Sí.
Solo un poco, de verdad siento que me voy a volver loco.”
Sentía
incluso mareos. Esa sudadera que Lee Jae-ha usaba en sus días de estudiante en
el extranjero era el contraste perfecto con el inicio de la melancólica
juventud de Jang Tae-geon, cuando no podía seguirlo hasta Estados Unidos. En
aquel entonces, Jang Tae-geon extrañaba profundamente a Lee Jae-ha y luego
llegaba a odiarlo a muerte. Dicen que solo los miserables odian a quienes no
pueden tener; al día siguiente el odio se calmaba y solo quedaba la nostalgia,
pero en fin.
Por
mucho que ladrara, antes no era más que alguien al final de la cola para poder
lamerle siquiera el empeine. Y ahora, la parte trasera de ese Lee Jae-ha tan
noble se había convertido en el nido del pene de Jang Tae-geon. Eso le
provocaba una satisfacción retorcida. Aunque Jang Tae-geon no era el tipo de
hombre con la mentalidad tan estrecha como para excitarse solo con eso,
inevitablemente llegaban momentos en los que no podía evitarlo.
Especialmente...
“Ugh,
ah, mierda...”
“¡Ah,
ahhh...!”
Especialmente
cuando Jae-ha, con el pene de Tae-geon dentro, encogía los dedos de los pies y
soltaba esos quejidos agónicos.
“...
¿Te gusta, eh?”
“ugh,
por dentro... ah, ahhh... pica, ¡ah...!”
Hoy
también tendría que retirarse tras unas pocas embestidas, pero al ver que
Jae-ha no parecía incómodo, Tae-geon no dejó de besarlo a través de la
sudadera, de acariciarle el cabello y de besarle el lóbulo de la oreja. El
interior que apretaba su pene estaba tan suave y húmedo que sentía que su
cerebro se derretía. Sentía lástima por Jae-ha, quien pronto tendría que pasar
por el quirófano. Eyacular sin condón dentro del Lee Jae-ha al que él mismo
había dejado embarazado era una sensación increíble, pero esto no era algo que
quisiera repetir dos veces.
“Cariño,
ah... ugh...”
“Ah,
ugh, ugh... ¡Ah—!”
“Tengamos...
solo uno... y criémoslo bien... ¿Bueno?”
Jae-ha
no respondió. Parecía fuera de sí, ocupado intentando asimilar el pene en su
interior. Tae-geon lo besó varias veces sobre la sudadera. No podía entender
qué buena acción habría hecho en su vida pasada para que Lee Jae-ha, a quien se
limitó a observar toda su vida, le abriera su interior, le entregara su cuerpo
y finalmente fuera a darle un hijo. En esta vida, no recordaba haber sido
precisamente una buena persona.
Quería
seguir, pero se detuvo para no cansar a Jae-ha. Aunque fue después de haber movido
la cintura un par de veces, incapaz de resistir la increíble sensación de sus
muslos duros pegados a esas nalgas blandas; como vio que Jae-ha también parecía
disfrutar de las contracciones internas, pensó que no pasaría nada. Frente a
Lee Jae-ha, Tae-geon se sentía como un adolescente con eyaculación precoz y
tardía a la vez; contener las ganas de correrse nada más entrar era su pan de
cada día. Eso significaba que tanto la eyaculación como la erección posterior
eran fáciles. Al relajar el esfínter de la uretra para soltar todo lo que había
estado conteniendo en su interior, sintió cómo el líquido espeso fluía hacia el
fondo. La cantidad era considerable, lo que sería bueno para estabilizar las
feromonas.
El
momento de la eyaculación fue tan placentero que hundió el rostro en la nuca de
Jae-ha, jadeando. Al palpar por delante, notó que el pene de Jae-ha también
había eyaculado. Al masajearle el glande con el pulgar, las contracciones
traseras hicieron que Tae-geon expulsara hasta la última gota de semen que
quedaba en su uretra. Sintió un escalofrío en la columna y tuvo que sacudir la
cabeza.
Al
retirar la cintura, su pene —ya perdiendo parte de la erección— salió con un
sonido húmedo. Tae-geon hizo un esfuerzo por ignorar el deseo de volver a
entrar una vez más, levantó a Jae-ha y le quitó la sudadera. Inmediatamente lo
tomó en brazos. Normalmente Jae-ha patalearía diciendo que podía caminar solo,
pero se quedó dócilmente en sus brazos, lo cual le pareció adorable. Ambos
estaban empapados de sudor, y el contacto de sus pieles desnudas y resbaladizas
era muy agradable. Lo bañaría, lo acostaría y para el desayuno le daría lo que
él quisiera.
Ni
en sus sueños más profundos imaginó que el hecho de que Lee Jae-ha formara
parte natural de su vida le daría tanta plenitud. Cada vez que pensaba ‘¿esto
es el matrimonio?’, se preguntaba cómo vivía la gente sin casarse. ¿Acaso todo
el país estaba lleno de eunucos? Menos mal que se saltaron el noviazgo y fueron
directos al matrimonio; si hubieran tenido un cortejo tradicional, habría
tenido problemas serios por el dolor de sus erecciones constantes cada vez que
se vieran. Como se excitaba con solo tomarle la mano, en la oficina solía
caminar de forma extraña cada vez que salía del despacho del Director.
En
el caso contrario, Lee Jae-ha parecía estar perfectamente bien en la oficina
del Presidente, pero dicen que el que más ama siempre sale perdiendo, ¿no? No
sabía si tener erecciones constantes contaba como "perder", pero en
fin, creía que ese dicho no iba desencaminado. El Lee Jae-ha de la imaginación
de Jang Tae-geon era adorable y dulce. Cuando era inalcanzable, llegó a pensar
que si podía tenerlo una sola vez, ya no pediría nada más. Qué pensamiento tan
estúpido. Conocer cada rincón del cuerpo de Lee Jae-ha y poder tenerlo solo una
vez sería como una sentencia de muerte por inanición.
Además,
la imaginación no tenía poder real. El Lee Jae-ha de sus sueños, que sonreía
con dulzura, no era capaz de hacerlo sentir tan desbordado como el real. La
vida lo abrumaba. Parecía que Jae-ha todavía no se daba cuenta de que Tae-geon
vivía con el miedo constante de perderlo. Deseando que nunca se diera cuenta,
Tae-geon besó la frente de Jae-ha. Al ver que Jae-ha, en sus brazos, levantaba
la cabeza para pegar sus labios a su barbilla como queriendo corresponderle,
sintió que se moría de amor. Pero Jang Tae-geon ya era padre. No podía morir
así de fácil.
Cuando
se enteró por primera vez del embarazo, no podía creérselo, así que sentó a
Myeong-sun y al cachorro de Jeong-gil y les mostró la ecografía varias veces.
Aunque fue el propio Tae-geon quien llevó a un Jae-ha que no sospechaba nada al
hospital, cada vez que se daba la vuelta sentía que todo era un sueño. Al
mostrarles la foto, ambos se maravillaban cada vez.
‘Jefe,
el bebé ya se ve guapo.’
En
aquel entonces, Jae-ha apenas estaba de tres semanas y el feto en la ecografía
no era más que un punto, pero aun así soltaban esos comentarios con total
seriedad. Myeong-sun, que solía ignorar a Jeong-gil cada vez que decía
tonterías, también asentía mientras miraba fijamente la foto a su lado. Jang
Tae-geon no les dio la razón explícitamente, pero no creía que Mo Jeong-gil
estuviera equivocado.
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Incluso
un perro callejero había conseguido una familia. Todo era gracias a lo
maravilloso que era Lee Jae-ha. Él le había permitido vivir como una persona.
“Tendré
que pagarte este favor con mi cuerpo.”
“...
No puedo más.”
Tae-geon
besó la mejilla de Jae-ha, quien respondió murmurando con cara de agotamiento.
Lee Jae-ha era el hogar de Jang Tae-geon.
* * *
El
bebé nació en marzo. Fue justo después del equinoccio de primavera. Al fijar la
fecha de la cirugía, resultó ser la misma que Lee Jae-ho había obtenido tras
consultar la adivinación, por lo que el tío parecía más emocionado que nadie.
Era
una niña Alfa. Aunque aún no se había manifestado oficialmente, confirmaron que
su naturaleza era Alfa. Escucharon vagamente que presentaba signos de ser una
Alfa dominante y que debían realizarle nuevas pruebas cuando cumpliera los 36
meses, pero la pareja, que acababa de presenciar el nacimiento de su hija,
lucía una expresión de aturdimiento poco común en ellos.
Todavía
no le habían puesto nombre. Tae-geon decía que estaba investigando todos los
centros de onomástica del país; al parecer, la señora de Yangpyeong le había
dicho que el nombre de un niño es como la ropa que vestirá durante toda su
vida. Jae-ha no intentó detenerlo. Comprendía perfectamente ese sentimiento de
querer darle solo lo mejor a una niña que aún ni siquiera tenía nombre.
Jae-ha
guardaba como un secreto personal el hecho de que las manos de Tae-geon
temblaron ligeramente la primera vez que sostuvo a la bebé en brazos. Tenía la
intención de contarle a su hija, cuando fuera mayor y tuviera curiosidad por su
padre, que exactamente así fue como se sintieron cuando ella nació.
Antes
incluso del nacimiento, Tae-geon había comprado una cuna que tenía talladas
figuras de pequeños cachorros. Jae-ha comenzó a disfrutar, como el mejor
momento del día, el instante en que acostaba a la niña dormida en la cuna y
acariciaba suavemente esas tallas antes de salir de la habitación.
Al
cruzar la puerta, Tae-geon, que lo esperaba afuera, lo rodeó de repente por la
cintura.
“Nuestra
hija es muy considerada con sus padres.”
“¿La
niña que ni siquiera tiene nombre todavía?”
Ante
su pregunta confusa, Tae-geon soltó una risita y besó la mejilla de Jae-ha.
“Parece
que ya quiere un hermanito; una vez que se duerme, no tiene intención de
despertarse.”
Jae-ha
no sabía por qué decía eso, sabiendo perfectamente que la bebé despertaría en
tres horas llorando desconsoladamente por leche materna. Sin embargo, terminó
riendo junto a él. Tae-geon lo miró a los ojos y susurró:
“Qué
lástima. Nuestra buena hija se quedará esperando el día en que tenga un
hermano, sin saber que me ligué los conductos para poder correrme dentro de ti
todo lo que quiera.”
...
Jae-ha pensó que ese no era lugar para decir tales cosas frente al dormitorio
de la niña, así que tomó a Tae-geon por la muñeca y tiró de él. El imponente
Alfa se dejó llevar por su pareja sin oponer la más mínima resistencia.
Poco
después, la puerta del dormitorio principal se abrió.
Y
se cerró tras ellos.
Era
el final de un día perfecto.
<FIN>
