Capitulo 1-5
Capítulo 1
Sung-woon se despertó
en la cama, frunciendo el ceño. Sentía que la vejiga le iba a explotar, quizás
por el whisky que había bebido apresuradamente antes de acostarse.
Aunque solía dormir profundamente después de beber, esa noche había estado
inquieto. Al volver del baño conectado a su habitación, el sueño se le había
esfumado por completo. Sin más remedio, se dirigió a la nevera y la abrió.
Había pensado beber una lata de cerveza y volver a dormirse, pero solo salió un
chorro de aire frío.
'Ah, qué fastidio´.
El ceño se le frunció
aún más al pensar en bajar al primer piso a por cerveza. La señora que solía
rellenar la nevera para que nunca faltara alcohol, conociendo sus gustos, había
sido despedida hacía una semana. Si hubiera sido por su culpa, no le importaría,
pero fue por culpa del mocoso que acababa de mudarse a la casa. Un chico
de piel pálida, cuerpo flacucho, y al menos una cabeza más bajo que él. Lo más
llamativo era su cabello negro azabache, como el de un paleto que jamás se
había teñido.
'A partir de hoy, es
tu hermano. Vivirá en esta casa, así que acostúmbrate.'
Fue, literalmente, una
notificación unilateral. Por más que su relación de padre e hijo fuera tan
perra que ni siquiera se dirigían la palabra en una semana, si iba a adoptar a
alguien, y encima a un adulto, ¿no debería haberle avisado antes? Por un instante,
quiso soltar un puñetazo en la cara, sin importarle que fuera su padre. Pero
sabía que ese hombre no dudaría ni un segundo en quitarle todo lo que poseía,
así que solo pudo apretar los puños temblorosos.
El recuerdo de aquel
día hizo que su ya pésimo humor tocara fondo. Decidió que bebería whisky
en lugar de cerveza. Sung-woon exhaló un suspiro áspero y bajó las escaleras
hasta el primer piso. La casa era tan grande que tardó un buen rato en llegar
desde su habitación hasta el mueble donde se exhibía el whisky.
'ungh...'
Justo cuando iba a
girar a la derecha al pie de la escalera, un tenue gemido detuvo sus airados
pasos. Sus pobladas cejas se torcieron y, al mismo tiempo, su cabeza giró
bruscamente hacia un lado. Una luz débil se filtraba desde el otro extremo del
pasillo oscuro. Era donde estaba el dormitorio de su padre. Prácticamente, el
segundo piso era el dominio de Sung-woon, mientras que el primero era el radio
de acción de su padre. Sung-woon solía vivir en el segundo piso, a menos que
bajara para comer o beber.
¿Acaso su padre había
traído a un compañero de juegos para tener sexo en la habitación? Sabía
que tenía un gusto peculiar, pero nunca antes había llevado un juguete a
casa. De repente, la curiosidad se encendió. Sung-woon apretó el móvil que
tenía en la mano. La comisura de sus labios se crispó ante la idea de poner a
su padre en un aprieto. Caminó hacia la dirección de la luz, procurando no
hacer ruido. A medida que la luz en el pasillo se acercaba a la punta de sus
pies, el sonido se hizo más fuerte.
Entonces, Sung-woon se
dio cuenta de que la voz que gemía le resultaba familiar.
"Ah,
'ajusshi'..."
"Shhh.
¿'Ajusshi'? Te dije que usaras el término apropiado."
"...Papá."
"Bien. Así debes
llamarme."
Los talones de
Sung-woon se despegaron del suelo y se quedó inmóvil. Sus ojos temblaron por un
instante. Ante el contenido inquietante de la conversación, contuvo la
respiración y aguzó el oído. Antes de que pudiera comprender lo que estaba
sucediendo, el murmullo se convirtió en gemidos.
La puerta del
dormitorio de su padre estaba inusualmente entreabierta, dejando un hueco de
unos dos dedos. Como si estuviera poseído por algo, Sung-woon espió por la
rendija. Al instante, sus ojos captaron la imagen de dos personas enredadas
como un solo cuerpo. El dormitorio estaba más iluminado de lo que esperaba. La
luz anaranjada, casi blanca, que emanaba de las lámparas de pie colocadas en
las esquinas de la cama, iluminaba la escena.
Se oyó un sonido de
succión. Aunque su aversión al sexo le había impedido meter su pene en el
agujero de alguien, sabía lo que significaba ese sonido. Al entrecerrar los
ojos, vio un brazo musculoso moverse rápidamente. El físico de su padre era
ligeramente más grande que el suyo, a pesar de que él hacía ejercicio varias
horas al día. Visto de espaldas, su cuerpo era tan firme que parecía el de un
veinteañero. Cada vez que los músculos de sus brazos se contraían
amenazadoramente, un gemido de dolor escapaba de la persona debajo.
"Ugh, Papá... ¡Es
demasiado rápido!"
"Tengo que
prepararte bien. Nuestro Ji-ho, ¿quieres que se te desgarre el agujero?"
"A-no..."
Ji-ho. La sospecha se
convirtió en certeza. El chico que gemía debajo de su padre era el mismo que se
había convertido en su hermano de la noche a la mañana. Tenían la misma edad,
veinte años, pero Ji-ho era su 'hyung' solo porque su cumpleaños era un poco
antes. La voz de su padre, recordándole ese hecho con una expresión
imperturbable, resonó en sus oídos y apretó la mandíbula hasta que los músculos
de su mentón se tensaron.
"Ugh, esto es
raro..."
Su padre, no contento
con meter los dedos en el agujero sucio, ahora había hundido el rostro
en la parte inferior del cuerpo de Ji-ho. Durante un buen rato, se escucharon
ruidos codiciosos de mordiscos, succiones y lametones. Aunque Ji-ho suplicó que
se sentía raro, que iba a correrse, su padre no se detuvo. Las pálidas
piernas de Ji-ho, colgando sobre la espalda de su padre, se movían
espasmódicamente. Molesto por el movimiento, su padre levantó la cabeza. El
sonido de la piel separándose resonó crudamente en el dormitorio.
"No es raro.
¿Acaso le he hecho algo malo alguna vez a nuestro Ji-ho?"
"No..."
Era una voz
horriblemente dulce. Un tono que Sung-woon jamás había escuchado en toda su
vida. Le dieron ganas de vomitar. Sabía que su padre no estaba en sus cabales,
pero nunca imaginó que llegaría al punto de adoptar a alguien para jugar a ser padre
e hijo. ¿Habrían funcionado las palabras de consuelo? La actitud de Ji-ho
se volvió completamente sumisa a partir de entonces. En lugar de resistirse,
solo dejó escapar gemidos seductores.
El sonido de la carne
húmeda frotándose se hizo más fuerte con el paso del tiempo. Tal vez la luz le
molestaba, pues su padre ajustó el brillo de la iluminación. La habitación se
oscureció de repente. Ahora, la única luz que salía del interior era la de la
iluminación indirecta instalada bajo la cama.
Los ojos de Sung-woon
se estrecharon. Era claramente una escena repugnante. Una escena obscena de su
padre acostándose con un muchacho tan joven. Aun así, no podía dar la
vuelta y marcharse. Su mirada se sintió atraída por los pies que colgaban sobre
la ancha espalda de su padre. En el espacio donde la luz casi había
desaparecido, los pies blancos parecían emitir un brillo propio. Eran tan
pálidos, como los pies de un joven inexperto, que le llamaron la atención.
"ugh,
ugh..."
Se imaginó vagamente
el rostro del chico, casi invisible a causa de la figura de su padre.
Seguramente su rostro, que era solo pálido, estaría ahora sonrojado, respirando
con dificultad. Sus ojos, inusualmente grandes, probablemente estarían
temblando, a punto de derramar lágrimas al menor indicio de humedad. En el
momento en que se dibujó esos ojos húmedos en su mente, la parte inferior de su
abdomen se puso rígida. La necesidad de orinar que le había despertado se había
transformado en deseo sexual en un instante.
Sung-woon se abandonó
a sus instintos. Le parecía ridículo excitarse con una escena tan sucia,
pero su urgencia era mayor que nunca. Las yemas de sus dedos temblaban
levemente. Se bajó la cintura del pantalón, y la masa que había estado
erecta desde antes surcó el aire pesadamente. Sin apartar la mirada de
la escena que se balanceaba como un espejismo, movió la mano. Su pene, con las
venas marcadas de forma amenazante, fue atrapado y sacudido por su gran puño.
A medida que su placer
aumentaba, los sonidos que salían de la habitación también se dirigían al
clímax.
"¡ah, Papá...!
¡Ugh, ugh!"
"No contengas tus
gemidos, suéltalos más."
"Ugh...!"
A medida que los pies
blancos se movían más rápido, el movimiento de Sung-woon también se
intensificó. Heok, Ugh, una sensación de flotación diferente a cuando se
masturbaba solo lo envolvió por completo. Sung-woon cerró los ojos suavemente.
En el momento en que se imaginó el rostro jadeante de Ji-ho, tendido bajo su
padre, el semen blanco salió disparado con un 'pak-'.
"..."
Su mirada baja captó
el fluido corporal que le había empapado la mano. Sus ojos, al ver su pene
intentando volver a levantarse en lugar de flaquear tras eyacular, brillaron
como los de una bestia que acecha a su presa.
* * *
"Ah, hola."
"..."
Ji-ho jugueteaba con
sus manos entrelazadas y miraba a Sung-woon con cautela. Sentía la hostilidad
en la mirada que parecía querer atravesarlo. Antes de mudarse a esa casa, Ji-ho
lo había visto varias veces a lo lejos. Desde la primera vez, reconoció inmediatamente
que era el hijo de Tae-jin. Tanto Tae-jin como Sung-woon eran hermosos, con
facciones bien definidas, como si hubieran sido esculpidos con esmero por un
maestro. Sin embargo, mientras Tae-jin emanaba un aura fría y contenida,
Sung-woon desprendía una atmósfera cruda, sin refinar.
A Ji-ho le dolía el
cuello por tener que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo. Se sintió
intimidado por la mirada fría, a pesar de que se había atrevido a saludarlo.
Desvió disimuladamente la mirada y giró el cuerpo que estaba bloqueando el paso
de Sung-woon hacia la pared. Ocultó las yemas de sus dedos temblorosos
apretándolos en un puño. Se sentía avergonzado de haber desarrollado una
'cercanía interna' con Sung-woon por su cuenta.
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Ya había pasado una
semana desde que llegó a la mansión. Tae-jin no le había dicho explícitamente a
Ji-ho que se llevara bien con Sung-woon. Sin embargo, Ji-ho no podía olvidar la
mirada de Sung-woon al enterarse de que se habían convertido en hermanos por
papeleo. En ese momento, se dio cuenta vagamente de que Tae-jin había hecho
todo sin decirle una palabra a su hijo. Pensó que, si él hubiera estado en el
lugar de Sung-woon, también se habría sentido muy desconcertado. A Ji-ho le
dolía el corazón al pensar que, aunque él estaba feliz de haber encontrado la
familia que siempre había soñado, para Sung-woon había sido una calamidad. Ya
había intentado hablarle varias veces para, al menos, saludarlo. Pero parecía
que Sung-woon lo ignoraría también ese día. Su mirada cabizbaja deambulaba por
sus dedos de los pies, que se movían dentro de las zapatillas de casa.
"Oye."
Un grave y suave
susurro rasgó su tímpano. Ji-ho levantó la vista hacia Sung-woon con los ojos
muy abiertos. Era la primera vez que Sung-woon reaccionaba. Su corazón tembló
ante la mirada que chocó con él a una distancia inesperadamente cercana.
¿Cuándo se había acercado tanto? Estaban tan cerca que las puntas de sus dedos
casi se rozaban.
Ji-ho tragó saliva. La
mirada áspera lo había atrapado y no podía moverse. Una presión similar a la
que sentía cuando Tae-jin lo miraba fijamente oprimía todo su cuerpo. Justo
cuando el temblor de sus dedos comenzaba a extenderse a sus hombros, Sung-woon
alzó la comisura de sus labios y sonrió con desdén. Aunque se parecía a una
burla, Ji-ho se sintió tan conmovido de que Sung-woon reaccionara que sus
mejillas se encendieron.
"Tú y yo vamos a
jugar un partido de baloncesto."
"¿Baloncesto...?"
"Sí."
Ji-ho no tenía
confianza en los deportes. Sin embargo, le preocupaba que si perdía esta
oportunidad, Sung-woon lo trataría como un ser invisible, como antes. Su
pequeña cabeza se sacudió vigorosamente de arriba abajo, como si temiera que se
le cayera del cuello.
"¡B-bien!"
Antes de que Ji-ho
terminara de contestar, Sung-woon se dio la vuelta. Como si supiera que Ji-ho
no se negaría. Temiendo perderlo, Ji-ho se apresuró a seguir a Sung-woon. El
sonido de las zapatillas de casa, que le quedaban muy grandes, arrastrándose
ruidosamente por el pasillo, resonó con inquietud.
La canasta de
baloncesto, que todavía parecía oler a pintura fresca, estaba instalada en el
jardín trasero. Ji-ho apretó las manos al ver a Sung-woon driblar con una
técnica digna de un atleta profesional. La canasta, tan alta que tenía que
echar la cabeza hacia atrás para mirarla, era de una calidad diferente a las de
las escuelas secundarias. La nieve blanca, que no se había derretido, se
acumulaba en varios lugares del césped que en verano habría sido de un color
verde vivo. El aire circundante se rompía en blanco con cada respiración.
Había seguido a
Sung-woon sin pensar en nada más tras su propuesta. Como solo llevaba una
camiseta fina y pantalones cortos, temblaba de frío. Sin embargo, Sung-woon
estaba aún peor. Llevaba una camiseta de manga corta y pantalones cortos. A
diferencia de Ji-ho, que estaba congelado por el frío, Sung-woon corría por la
zona de la canasta. Llevaba un rato explicándole las reglas del juego a Ji-ho,
que no sabía nada de baloncesto.
"Oye, ¿ya lo has
entendido todo?"
"Es que..."
La verdad es que no lo
entendía muy bien, incluso después de escucharlo. Aunque Sung-woon le estaba
dando una demostración, Ji-ho podía imaginarse perfectamente lo que pasaría si
intentaba imitar lo que Sung-woon hacía como si nada.
"Si no lo
entiendes, apréndelo a base de chocarte. El que pierda, cumple un deseo del
ganador."
Sung-woon, que había
impuesto una apuesta a su antojo, lanzó el balón de baloncesto hacia Ji-ho sin
previo aviso.
"¡Oof!"
Ji-ho consiguió
atrapar el balón por poco. Su pecho, golpeado por la pelota, le dolía.
"Empieza a
driblar. Lo que te he estado mostrando."
Sung-woon señaló el
balón con el mentón y se cruzó de brazos como si fuera un entrenador. Ji-ho,
con el rostro lleno de tensión, tomó un pequeño respiro y comenzó a botar el
balón contra el suelo. Tuung, tung, el balón rebotaba en el suelo y se
agarraba a su palma. Le resultaba extraño el tacto del balón de baloncesto, que
volvía a su mano incluso al ser empujado. Un leve rubor se formó en sus
mejillas, que estaban pálidas por el frío. La boca de Ji-ho dibujó una pequeña
sonrisa mientras botaba el balón con entusiasmo.
"Ahora mete el
balón en esa canasta."
Cuando la respiración
de Ji-ho se hizo más áspera, Sung-woon descruzó los brazos y señaló la canasta
con la punta del dedo. Ji-ho recordó el movimiento que Sung-woon había hecho y
tragó saliva. Sung-woon extendía el brazo largo y doblaba la muñeca ligeramente,
y el balón entraba en la canasta como por arte de magia. Ji-ho lanzó el balón
hacia la canasta con un movimiento torpe. Contrariamente a lo que esperaba, el
balón cayó al suelo sin siquiera acercarse a la canasta. La nieve acumulada en
el césped cayó estrepitosamente. Un largo suspiro escapó de él, decepcionado.
"Voy a corregirte
la postura. Vuelve a intentarlo."
Sung-woon se acercó a
grandes zancadas y se detuvo justo detrás de Ji-ho. Prácticamente lo abrazó por
detrás y superpuso sus manos sobre las de Ji-ho. La coronilla de Ji-ho rozaba
peligrosamente la barbilla de Sung-woon. Ji-ho se quedó inmóvil, conteniendo la
respiración, ante una fragancia diferente a la de Tae-jin. Un fresco aroma a
loción para después de afeitar, que combinaba bien con el viento invernal, pasó
por su nariz.
Sung-woon, mirando
fijamente a Ji-ho, que no mostraba intención de moverse, le corrigió él mismo
la postura incómoda en la que solo sostenía el balón con los dedos pegados.
"Tienes que
separar los dedos así de par en par."
Los dedos de
Sung-woon, de nudillos gruesos, se metieron entre los de Ji-ho. Ante la
sensación de cosquilleo, Ji-ho se echó hacia atrás por reflejo. Pero como
Sung-woon estaba detrás, firme como un guardián, lo que hizo fue restregar su
cuerpo contra el de él. Su pálida nuca se puso roja como si estuviera ardiendo.
Los ojos de Sung-woon se volvieron densos como el amanecer ante el cambio, como
si una gota de pintura roja hubiera caído sobre un lienzo blanco y mojado.
Sung-woon, que se
había quedado quieto, sujetando firmemente la mano de Ji-ho, solo abrió los
labios después de que el viento frío pasara varias veces por su flequillo. Su
voz estaba áspera al final, como la de alguien que acaba de levantarse de la
cama.
"Fíjate en la
canasta. Voy a contar hasta tres. Justo a las tres, extiende el brazo y dobla
la muñeca ligeramente. Entonces, lanza."
Tan pronto como
Sung-woon terminó de hablar, Ji-ho asintió vigorosamente. Quería hacer lo que
le ordenaban y alejarse de Sung-woon lo antes posible. Desde el momento en que
un olor corporal diferente al de Tae-jin estimuló su olfato, sintió un
hormigueo en el vientre. ¿Sería un efecto secundario de haber sido chupado
por Tae-jin hacía solo unas horas? Ji-ho se mordió el interior del labio con
fuerza, temiendo que pudiera llegar a tener una erección.
"Concéntrate."
La voz grave le
despertó el espíritu. Sus ojos redondos miraron fijamente a la canasta. Un
aliento caliente le cosquilleaba la coronilla. Un temblor extraño lo golpeó en
el pecho.
"Uno, dos,
tres."
Por un instante,
sintió que el tiempo se había detenido. Una vibración resonó a través de los
cuerpos que se tocaban con cada palabra que decía Sung-woon. Cuando terminó la
última sílaba, las manos superpuestas crearon un movimiento perfecto. A
diferencia de antes, el balón naranja voló alto, reflejando el sol invernal, y
desapareció dentro de la canasta. Ji-ho miró aturdido cómo el balón, tras pasar
por la canasta, caía al suelo y rebotaba solo.
Fue una experiencia
increíble. Nunca había tenido éxito ni siquiera en los exámenes de práctica de
educación física. Una extraña euforia se extendió desde las puntas de sus dedos
por todo su cuerpo.
"Eres mejor de lo
que pensaba."
El golpe en el hombro
hizo que su cuerpo se tambaleara hacia adelante. Aunque había tenido éxito con
la ayuda de Sung-woon, el eco del balón al pasar por la canasta permanecía en
la punta de sus dedos. Ji-ho apretó los puños y no podía apartar la mirada del
balón que rodaba por el suelo.
"Fin del
entrenamiento. Que empiece el juego."
Sung-woon, agachándose
para recoger el balón, sonrió ampliamente a Ji-ho. Mientras Ji-ho se perdía en
la mirada de sus ojos, que se cerraban con una expresión refrescante, Sung-woon
dribló el balón y saltó alto. El balón, escapando de su gran mano, hizo vibrar
la canasta. Tan pronto como la red se agitó, Sung-woon atrapó el balón y lo
botó ligeramente contra el suelo. Luego, sin previo aviso, se lo lanzó a Ji-ho.
Ji-ho, que por un golpe de suerte logró atrapar el balón justo antes de que le
golpeara el pecho, se limitó a parpadear.
Capítulo 2
"Yo ya metí un
gol. Si te quedas tan distraído, el juego terminará pronto. ¿Te dije antes, no?
El primero que meta cinco goles gana."
Solo con intentar
meter un gol sin la ayuda de Sung-woon, la boca de Ji-ho se secó por el
nerviosismo. Sin embargo, no quería perder el juego sin haber podido hacer
nada. De todos modos, no esperaba ganar. Solo quería meter un solo gol por su
cuenta.
Toc. Rodando.
"Jadeo,
jadeo..."
Ya había perdido la
cuenta de cuántas veces había fallado. Había dejado de contar después de la
décima vez. Ji-ho se apoyó las manos en las rodillas, respirando con
dificultad. A pesar de haber estado temblando de frío, las gotas de sudor
empaparon su cabello y cayeron al suelo como lluvia. Hacía tanto calor que
podía entender por qué Sung-woon había salido vestido como si fuera pleno
verano.
"4 a 0."
El juego debería haber
terminado hace tiempo, pero Sung-woon estaba controlando el ritmo, como si le
estuviera dando ventaja a Ji-ho, o quizás, burlándose de él. A diferencia de
Ji-ho, cuyo rostro estaba ardiendo, Sung-woon estaba impecable, salvo por unas
pocas gotas de sudor en la frente.
Ji-ho apretó los
dientes y forzó sus piernas temblorosas. Su cuerpo, que llevaba mucho tiempo
sin hacer ejercicio intenso, gritaba por un descanso, pero él no quería
rendirse. Se prometió a sí mismo que lograría un gol antes de que Sung-woon
metiera el último. Recogió el balón que había rodado hasta sus pies. Recordó lo
que Sung-woon le había enseñado, dobló un poco las rodillas, se impulsó con el
cuerpo y estiró los brazos.
No podía apartar la
mirada del balón que surcaba el aire. Por favor, por favor. ¿Cuántas
veces repitió ese ruego en su mente?
"¿Lo viste? ¡La
pelota entró!"
Cuando el balón, que
había dado una vuelta completa al aro, se deslizó por la red, Ji-ho se agarró
al brazo de Sung-woon, que estaba a su lado, y saltó sin parar. Su rostro,
enrojecido, mostraba una gran sonrisa. Los ojos de Sung-woon cambiaron ante la
expresión de Ji-ho, totalmente desprovista de cautela.
Dejando a Ji-ho, que
no sabía qué hacer de la alegría, Sung-woon metió el último gol.
"5 a 1. Gané
yo."
Era un resultado
predecible y una jugada deshonesta. Sung-woon había pensado en pedir su deseo
más tarde, pero cambió de opinión. Su mirada densa recorrió a Ji-ho, que estaba
empapado en sudor, de la cabeza a los pies.
"Ya sé qué deseo
quiero pedir. ¿Me lo concederás, por supuesto?"
"¡Sí!"
Ante la respuesta que
salió sin la menor duda, Sung-woon dibujó una sonrisa torcida.
'Qué valiente. ¿Qué te
hace pensar que no pediré nada extraño?'.
Debía ser por su
personalidad que había caído en manos de Tae-jin y estaba participando en ese
ridículo juego de 'padre e hijo'. Sung-woon comprendió por qué Tae-jin había
elegido a Ji-ho como su nuevo juguete. Esos ojos negros, brillantes como si no
conocieran la malicia humana, eran tan atractivos que daban ganas de
destrozarlos.
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* * *
"¿Por qué? ¿No
puedes concederlo?"
"..."
Hasta que sudó a
mares, se sintió bien. Aunque había perdido el juego, había logrado meter un
gol él solo, tal como lo había deseado, por lo que no tenía remordimientos. Sin
embargo, el deseo que Sung-woon había pedido era un poco extraño y le costaba
concederlo.
"Qué decepción.
Si no querías concederlo, ¿por qué no dijiste desde el principio que no querías
jugar? Solo me hiciste perder el tiempo."
Mientras dudaba en
responder, Ji-ho, al ver a Sung-woon mostrar claramente su decepción, se obligó
a abrir los labios.
"No es eso. Vamos
a bañarnos juntos..."
Pensándolo bien, no
era gran cosa. Ambos eran hombres, y ahora que eran hermanos, podían bañarse
juntos para fortalecer su amistad. El problema era que Ji-ho tenía un trauma
con bañarse con alguien, debido a varias malas experiencias que había tenido.
Incluso al ver cómo
sus mejillas, que antes brillaban con buen color, se ponían pálidas
gradualmente, Sung-woon sonrió y le indicó a Ji-ho con el mentón.
"Sígueme. Lo
haremos en mi habitación."
A medida que el sudor
se enfriaba, Ji-ho sintió escalofríos y sus hombros temblaron ligeramente. El
viento soplaba más fuerte que antes, y hacía tanto frío como si la temperatura
hubiera bajado varios grados. Sentía una necesidad urgente de calentar su cuerpo
en agua caliente. Como ya había aceptado, temía la reacción de Sung-woon si
daba la vuelta y se iba a su habitación. No quería volver a alejar la distancia
que apenas habían logrado acortar.
Ji-ho no tuvo más
remedio que encoger su cuerpo tembloroso y seguir a Sung-woon.
La amplia mansión
estaba en silencio. Tae-jin se había ido a la oficina antes de que Ji-ho se
levantara. Los sirvientes que se veían de vez en cuando también habían
desaparecido. Las únicas personas en la mansión eran Ji-ho y Sung-woon. Los
pasos de los dos subieron del primer piso al segundo. Después de recorrer el
largo pasillo, Sung-woon se detuvo frente a la puerta cerrada de su habitación.
Antes de girar el
pomo, se volvió hacia Ji-ho. Su expresión, sombría como la de un buey
arrastrado al matadero, era digna de ver.
Sung-woon abrió la
puerta y entró, se quitó la camiseta sin dudar, revelando su torso brillante de
sudor. Su físico, tan amenazador como el de Tae-jin, formaba un triángulo
invertido perfecto. Ji-ho se palpó el brazo. A diferencia de Sung-woon, con sus
músculos bien desarrollados, solo sentía una textura suave.
Disfrutando de la
mirada de Ji-ho en su cuerpo, Sung-woon se quitó la camiseta y luego el
pantalón deportivo.
¡Glup!
Ji-ho tragó saliva al
ver la protuberancia que sobresalía por encima de los trunks negros.
Gotas de sudor que rodaban por sus abdominales se filtraban en su ropa interior
siguiendo el hueso pélvico. No estaba erecto, pero su tamaño era considerable.
El más grande que había visto en su vida era el de Tae-jin. Sin embargo, tenía
el presentimiento de que el de Sung-woon sería comparable al de Tae-jin.
De repente, la imagen
de Tae-jin masturbándose mientras lo miraba en la madrugada cruzó por su mente.
El pilar de carne, de color rojo oscuro, parecía aumentar de tamaño cuanto más
lo miraba. Ji-ho giró bruscamente la cabeza para ocultar su rostro sonrojado.
No debía dejar que Sung-woon se enterara de lo que había pasado con Tae-jin. Su
corazón latía rápidamente, como el de un niño atrapado haciendo travesuras por
el maestro.
"¿Y tú, 'hyung',
no te desvistes? No vas a lavarte con ropa puesta, ¿verdad?"
'¿Hyung'...?
Ji-ho se quedó atónito
ante el apodo que nunca esperó escuchar de Sung-woon y se volvió para mirarlo.
Al ver la alegría que comenzaba a asomar en sus ojos redondos, Sung-woon solo
curvó las comisuras de sus labios. Pensó que era un talento que lo que pensaba
se reflejara tan claramente en su rostro. La primera vez que Tae-jin le dijo
que llamara 'hyung' a Ji-ho, le había dado náuseas, pero ahora que lo había
dicho, se sentía sorprendentemente bien. Él también estaba listo para unirse al
juego de Tae-jin.
"Date prisa y
entra, 'hyung'. Yo voy a meterme primero."
Una vez más, para
asegurarse, se dirigió al baño. Detrás de él, escuchó un crujido de ropa. Los
ojos de Sung-woon, al escuchar ese sonido, brillaron con una luz peligrosa,
como la de un niño arrancando las alas de una libélula.
* * *
"...Ya
entré."
Se quedó inmóvil por
un largo rato con la palabra 'hyung' en la cabeza, y solo reaccionó cuando
escuchó el tenue sonido del agua. Al igual que Sung-woon, Ji-ho también se
desvistió. No solo recogió su propia ropa, sino que también recogió la ropa de
Sung-woon que estaba tirada en el suelo como una piel desprendida y la dobló
prolijamente a un lado.
Al entrar en el baño
solo con sus calzoncillos, no solo su rostro, sino también su pecho, se
ruborizaron intensamente. El baño estaba lleno de vapor espeso. Al ver la
silueta parada detrás del vapor, Ji-ho sintió un impulso de darse la vuelta y
huir.
Sung-woon se estaba
peinando el cabello mojado mientras lo miraba fijamente. La última prenda que
le quedaba había desaparecido, dejándolo completamente desnudo. Ji-ho se
esforzó por evitar que su mirada se dirigiera hacia abajo, a su cintura. Pero
solo con un vistazo fugaz, sus hombros se encogieron.
Sería una herencia de
padre a hijo. Lo había esperado, pero Sung-woon, demostrando ser el hijo de
Tae-jin, superaba con creces el promedio en altura, físico y también en el
tamaño de su miembro.
Tae-jin también
sorprendía con su torso firme cuando se desvestía. El cuerpo que parecía
esbelto con traje, al desaparecer la ropa que lo cubría, revelaba músculos
tensos. Con Sung-woon era lo mismo. Su cuerpo, cubierto de gotas de agua,
parecía el de un atleta profesional. Mientras Ji-ho se sentía avergonzado por
su cuerpo sin un solo músculo y dudaba, Sung-woon se acercó a él, haciendo
ruido con el agua.
Sintiendo un miedo
extraño, Ji-ho retrocedió. Antes de que su espalda tocara la puerta, una mano
húmeda lo sujetó del brazo seco.
"¿Es la primera
vez que te bañas? ¿Por qué estás tan aturdido? Te tomará medio día lavarte el
cuerpo."
Ji-ho se mordió el
labio interior al ver el ceño profundamente fruncido de Sung-woon, como si le
molestara su indecisión. La razón era la sensación de opresión que sentía por
parte de Sung-woon, a pesar de que ambos tenían la misma edad y él había nacido
antes.
"Ven aquí. Vamos
a ducharnos y a relajarnos un poco en la bañera. Ya puse el agua."
Dentro del baño, había
una bañera lo suficientemente grande para dos hombres adultos. Ya se veía que
el agua estaba medio llena. El baño adjunto a la habitación de Tae-jin tenía
exactamente el mismo diseño de bañera. Aunque se había bañado con Tae-jin varias
veces, en realidad eso era más una continuación de lo que hacían en la cama que
un simple baño.
Sung-woon solo le
había propuesto bañarse juntos para acercarse, pero la mente de Ji-ho se llenó
completamente de imágenes de piel.
Mientras dudaba, fue
arrastrado al interior de la cabina de ducha. La cabina era pequeña en
comparación con el amplio baño. Inevitablemente, sus cuerpos se rozaban.
Sung-woon vertió champú y lo puso en la coronilla de Ji-ho, que estaba de
espaldas a la pared.
"Supongo que no
quieres que te lave el cabello, ¿verdad?"
Ji-ho asintió y movió
las manos con diligencia. Mientras se formaba espuma, un aroma refrescante y
fresco se extendió por la cabina. La espuma se hizo abundante después de unos
pocos frotes. La espuma que se escurría por su cuello se deslizó por su pecho y
espalda.
Sung-woon, que había
estado observando cómo se lavaba el cabello, agarró los hombros de Ji-ho y lo
giró. Los ojos de Ji-ho se abrieron de par en par al verse de espaldas a
Sung-woon. Cuando giró la cabeza con perplejidad, Sung-woon solo le indicó con
el mentón que continuara con lo que estaba haciendo, sin decir nada.
Creyendo que ya había
suficiente espuma, Ji-ho miró a Sung-woon y abrió la ducha. Agua tibia caía
desde arriba.
"Agh. Me
duele."
Antes de que pudiera
detenerlo, la espuma le entró en los ojos y sintió un dolor punzante. Cuando
levantó la mano para frotarse, una fuerza pesada presionó su frente. Inclinando
la cabeza hacia atrás y entrecerrando los ojos con dificultad, pudo ver el rostro
de Sung-woon que lo miraba.
"Quédate
quieto."
Sung-woon detuvo el
movimiento de Ji-ho con voz firme y limpió el contorno de sus ojos empapados de
espuma con una mano mojada. Los ojos de Ji-ho temblaron ante el contacto
brusco.
"Ahora, abre los
ojos."
Al obedecer, la
sensación de cuerpo extraño desapareció. Sin embargo, la piel raspada por la
palma de la mano le dolía un poco.
"Están
rojos."
La mirada que se posó
en su rostro lo avergonzó. Ji-ho tosió levemente y enderezó la cabeza que tenía
inclinada hacia atrás. Al tocar su cabello, notó que la espuma casi había
desaparecido. Sus ojos redondos buscaron el gel de baño, y extendió el brazo para
poner una pequeña cantidad de líquido en su mano.
Luego, buscó la
esponja de baño, pero un brazo salió detrás de él. Ji-ho tomó la esponja
redonda que Sung-woon le ofreció e hizo espuma.
Al frotar su cuerpo
con la esponja, la cabina de ducha se sintió aún más pequeña. Incluso pegándose
a la pared tanto como pudo, su codo rozaba inevitablemente los abdominales de
Sung-woon o su hombro tocaba su pecho firme. El cuerpo de Ji-ho vibraba con una
sensación eléctrica incluso con el contacto ligero. Sintiendo que el calor se
acumulaba en su parte inferior, Ji-ho mordió su labio inferior y se apresuró a
terminar de ducharse.
El sudor frío le
corrió por la espalda debido a que todos sus sentidos estaban a flor de piel.
Sentía como si la espuma lo estuviera acariciando. El recuerdo del tacto de
Tae-jin, que tocaba sus partes sensibles sin reparos, hacía que sus dedos de
los pies se tensaran constantemente. Temiendo que Sung-woon se diera cuenta de
su cambio, toda su atención se centró en su espalda. Fue entonces cuando sintió
algo que pinchaba su trasero y la parte baja de su espalda.
Sintió como si un
garrote ardiente estuviera golpeando su cuerpo, e inconscientemente giró la
cabeza. En ese momento, los ojos de Ji-ho se abrieron tanto como fue posible.
¿En qué momento se había excitado tanto? El miembro, mojado por el agua,
mostraba claramente las venas azules que sobresalían en la superficie.
El color era
completamente diferente al de Tae-jin. La masa de carne, recta y sin curvas,
tenía un color similar al de su piel, y solo la punta era de un rosa pálido, lo
que le parecía bonito, pero su tamaño era tan abrumador que le cortaba la
respiración. Se inclinaba hacia el aire, pero de vez en cuando, por el peso, se
inclinaba hacia abajo. En ese momento, tocaba el cuerpo de Ji-ho. Un líquido
resbaladizo, con una viscosidad diferente a la del agua, le hacía cosquillas en
la piel.
Ji-ho giró la cabeza
rápidamente hacia adelante. Había visto algo que no debía ver. Presintiendo que
algo embarazoso sucedería, fingió desesperadamente no haberse dado cuenta.
"Yo, yo voy a
entrar primero en la bañera."
Rápidamente se quitó
el resto de la espuma y abrió la puerta de cristal transparente. Cuando la
puerta estaba medio abierta, una mano grande cubrió la suya.
"Salgamos
juntos."
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¿Acaso a Sung-woon no
le importaba? A pesar de estar tan excitado que tenía líquido preseminal en la
punta, su rostro estaba tranquilo. Su expresión y su parte inferior no
coincidían.
Empujado por la fuerza
que lo empujaba por la espalda, Ji-ho puso los pies en la bañera. El agua, de
un tono azul claro por las sales de baño, se agitó y envolvió sus piernas. Era
un color tan hermoso que le hizo exhalar una exclamación de admiración, pero
por el nerviosismo, se sentó pegado a una de las paredes de la bañera. Abrazó
sus rodillas y solo miró fijamente la superficie del agua, donde burbujeaba la
espuma.
El agua que le llegaba
al pecho subió repentinamente hasta el cuello. Con Sung-woon también dentro, la
bañera, que parecía espaciosa, se sintió estrecha. Sung-woon se sentó
tranquilamente en la bañera, frente a Ji-ho. A diferencia de Ji-ho, que estaba
encogido, él dejó un brazo colgando sobre el borde de la bañera y el otro
doblado, apoyando la barbilla, mientras miraba fijamente a Ji-ho con una mirada
ardiente.
Debido a sus piernas
extendidas, uno de sus pies tocó el costado del muslo de Ji-ho. Ji-ho se
sobresaltó y se movió hacia un lado. Al sentir que su piel se quemaba, se
mordió el labio por la vergüenza. Debería levantarse y salir del baño ahora
mismo, pero le resultaba difícil moverse.
En cuanto apretó sus
muslos para oprimir la picazón entre sus piernas, una sensación punzante
recorrió su columna vertebral.
¡Dios mío! Su mirada
temblorosa se dirigió hacia la superficie del agua. Lo que temía estaba
sucediendo. Su miembro estaba empezando a reaccionar. El calor que se había
estado acumulando en su cuerpo desde que vio el cuerpo desnudo de Sung-woon,
que le recordaba a Tae-jin, se desató con tal fuerza que ya no podía
contenerlo.
Su rostro enrojecido
se puso pálido en un instante. Ante el repentino cambio en su cuerpo, todos sus
pensamientos se detuvieron. Sabía, sin levantar la cabeza, que la mirada
ardiente estaba recorriendo su cuello y su pecho. Fue entonces cuando Ji-ho se
dio cuenta de que su cuerpo estaba lleno de hematomas rojos. Desde el
principio, no era un cuerpo que pudiera ser visto por alguien.
'¿Por qué no me di
cuenta cuando me quité la ropa?' Se sintió patético. Mientras se duchaba, toda
su atención estaba puesta en Sung-woon, por lo que había pasado por alto su
propia condición. Debería haber huido, incluso si temía las consecuencias,
cuando Sung-woon le propuso bañarse juntos. Por difícil que fuera rechazar su
propuesta, seguro que era mucho mejor que mostrar un cuerpo lleno de marcas
lascivas y una erección a Sung-woon, que se había convertido en su familia.
El hecho de que
Sung-woon se hubiera excitado primero no era importante para Ji-ho en ese
momento. Toda la culpa recaía sobre sí mismo. Pensó que tal vez Sung-woon se
había excitado por las marcas que quedaban en su cuerpo. Mirando hacia atrás,
los labios de Tae-jin habían tocado su trasero, el interior de sus muslos, e
incluso sus partes íntimas indescriptibles. Esas áreas seguramente tendrían
marcas más oscuras, ya que Tae-jin las había besado más que su cuello y pecho.
El hecho de haberse
lavado de espaldas había servido, irónicamente, para mostrar a Sung-woon las
marcas de Tae-jin con mayor claridad. Por supuesto, Sung-woon no se imaginaría
que había hecho algo así con Tae-jin.
Había llamado 'Papá'
al hombre que había seguido y llamado 'ajusshi' durante mucho tiempo. Lo había
hecho mientras gemía, tendido bajo él. Se sentía asustado, extraño y mal, pero
las lágrimas brotaban más por el placer que por el miedo. No sabía cuántas veces
se había corrido. Su cuerpo, inusualmente sensible, era rápidamente doblegado
por el placer, hasta el punto de que pensó que podría excitarse solo con
escuchar la voz de Tae-jin.
'Cariño, ¿te gusta que
te toque aquí dentro?'
La voz de Tae-jin
resonó en sus oídos. El agujero, por donde habían entrado y salido sus dedos
gruesos varias veces, se contrajo. Definitivamente, al principio, se sentía una
molestia punzante incluso con un solo dedo, pero una vez que Tae-jin le chupó el
miembro e introdujo los dedos, el agujero se relajó tanto que podía albergar
hasta tres dedos. Cada vez que el dedo largo y grueso presionaba algún punto
dentro del agujero, Ji-ho veía destellos. Era una sensación que nunca había
experimentado en su vida, y hacía que todos sus pensamientos se desvanecieran.
Capítulo 3
Ji-ho no había estado
en su sano juicio últimamente, al punto de eyacular inmediatamente con solo
escuchar la risa suave de Tae-jin.
Cuando estaba con
Tae-jin, si se excitaba, recibía elogios. Incluso le decían que su cuerpo era
sensible y bonito. En toda su vida, Tae-jin era la única persona que lo había
elogiado sin que Ji-ho tuviera que esforzarse por algo. También era el único
que lo miraba con afecto sin condiciones. Si hubiera estado con Tae-jin,
probablemente también habría recibido elogios en ese momento. Pero Ji-ho no
estaba con Tae-jin, sino con Sung-woon.
Afortunadamente, el
color del agua no era transparente. Ji-ho apretó fuertemente sus muslos para
ocultar su miembro erecto. Una extraña tensión flotaba en el baño.
Mientras Ji-ho solo
tragaba saliva, Sung-woon cubrió la comisura torcida de su boca con la palma de
la mano y contempló el cuerpo completamente sonrojado.
'Es un auténtico
pervertido nato.'
No sabía en qué estaba
pensando Ji-ho, pero se había excitado. Viendo el cuerpo que mostraba
claramente las marcas de haber sido besado y mordido, él también era un
pervertido, pero Ji-ho no se quedaba atrás.
Parecía que aún no
habían llegado al sexo con penetración. Pero después de correrse una vez
escuchando los sonidos que salían de la habitación y regresar al segundo piso,
existía la posibilidad de que lo hubieran hecho después.
Objetivamente, Ji-ho
no era tan pequeño como una mujer. Era excesivamente delgado, pero sus hombros
eran anchos y su estructura ósea era gruesa para ser considerado una mujer. Sin
embargo, en comparación con gente como él o Tae-jin, su complexión natural era
diferente. Recordó la suave textura de su cabello, que le hacía cosquillas en
la barbilla mientras jugaban baloncesto. La diferencia de altura era perfecta
para abrazarlo.
El agujero entre sus
nalgas, la única parte de su cuerpo delgado con algo de carne, se veía de por
sí difícil de acomodar el miembro tosco de Tae-jin.
Por sus movimientos,
parecía que no estaba desgarrado. Aunque no parecía que Tae-jin hubiera llegado
hasta el final con él, Sung-woon se sintió desconcertado al ver a Ji-ho
excitarse solo por un ambiente un poco lascivo.
Sung-woon movió
sutilmente su pie. Al deslizar la punta de su pie por la piel suave que se
sentía incluso bajo el agua, los grandes ojos de Ji-ho se agitaron de pánico.
"¡Ugh...!"
Un gemido débil se
dispersó sobre la bañera. Era solo un sonido de una sílaba, pero su
sensibilidad se disparó al punto de sentir un cosquilleo en la nuca. Sung-woon
sujetó su miembro, que se agitaba bajo el agua, con una mano.
Sacó la lengua y se
lamió el labio inferior. Con Ji-ho desnudo frente a él, la sensación que había
experimentado el día anterior recorrió rápidamente todo su cuerpo. Untó el
líquido resbaladizo, diferente al agua, en su miembro y movió su pie hacia un
lugar más íntimo.
"S-Sung-woon..."
Cuando presionó
suavemente la masa de carne dura, Ji-ho se estremeció y dio un respingo. El
agua que llenaba la bañera se desbordó al suelo. Le divirtió la mirada de
incredulidad en sus ojos dilatados. A pesar de haber estado besando y lamiendo
con Tae-jin toda la noche, aunque fueran padre e hijo solo por formalidad, ¿no
era ridícula esa cara de asombro? Después de todo, él era solo otro hombre sin
lazos de sangre con él, al igual que Tae-jin.
Al principio,
Sung-woon pensó que Tae-jin había seducido a un chico inocente y lo había
traído a casa. Pero al ver a Ji-ho temblar por el placer con un contacto tan
leve, cambió de opinión.
Quizás Ji-ho fue quien
sedujo a Tae-jin. Aunque fingiera ser inocente y no saber nada, ¿quién sabía si
ya había seducido y se había acostado con varias personas de esta manera? Él
mismo, que nunca se había excitado con un hombre, estaba tentado.
Saboreó sus labios,
lamiendo con la mirada los pezones de Ji-ho, que apenas se veían bajo el agua.
Luego separó su dedo gordo y el índice para colocar el miembro de Ji-ho en
medio.
Aunque el miembro
erecto de Ji-ho no era lo suficientemente pequeño como para caber completamente
entre sus dedos, era adecuado para ser sostenido y acariciado de arriba abajo.
Nunca imaginó que se excitaría acariciando el miembro de otro hombre con el pie.
Era un pervertido de alto nivel. Una sed, como si quisiera tragar algo, le
oprimía la garganta.
"'Hyung', ¿por
qué la tienes erecta?"
Preguntó como si
estuviera genuinamente curioso. Ji-ho se mordió el labio y evitó su mirada. Él
también estaba erecto, pero a Ji-ho parecía darle vergüenza su propia erección.
¿Era inocente o
estúpido? ¿O era realmente un manipulador experto?
Al principio, pensó
que era fácil de descifrar, pero ahora no estaba seguro. En realidad, no
importaba qué clase de persona fuera en ese momento.
Cuanto más movía
Sung-woon el brazo, más se agitaba la superficie del agua, como si estuviera
golpeando las olas. La cabeza de Ji-ho se echó hacia atrás y sus labios se
entreabrieron.
Las pestañas mojadas
estaban tan negras como el grafito. Cada vez que Ji-ho parpadeaba, una sombra
ligera se proyectaba bajo sus ojos. Quería lamerlo. Creía que tanto el contorno
de sus ojos, que se teñía de rojo, como sus pezones de color claro sabrían dulces
si los lamía. Ji-ho ni siquiera tenía vello púbico. Su miembro era casi tan
blanco como su piel, y solo la punta tenía un tono rosado.
'¿Se habrá oscurecido
un poco ahora que está erecto?' Sung-woon sonrió maliciosamente y apretó su
pie. Ver cómo la masa de carne bajo su pie intentaba esquivarlo le dio un
impulso de ser aún más travieso.
"¿Eh? Tienes que
responder. Te estoy esperando."
"Ugh,
p-para..."
Ji-ho levantó ambas
manos para cubrir su miembro. Le picaba la nariz. Mientras intentaba aclarar su
visión borrosa, se retorció.
Para ser una broma,
esto se estaba excediendo. Sentía que la mirada de Sung-woon lo estaba
devorando.
"Yo también la
tengo erecta. ¿Quieres ver? Ah, ya la estabas mirando hace un rato, ¿verdad,
'hyung'?"
Sung-woon dejó de
jugar con el pie y se levantó. Luego se sentó en el borde de la bañera, con las
piernas abiertas de par en par. Su miembro, con el que había estado jugando,
estaba ahora completamente erecto, hinchado hasta el punto de resbalar de su agarre.
"Haa,
'hyung'..."
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Ji-ho se quedó
hipnotizado y miró a Sung-woon al escuchar su voz. El miembro de Sung-woon, que
se agitaba tan cerca, era tan grande que le recordó al de Tae-jin. Sin embargo,
a diferencia del de Tae-jin, que estaba ligeramente curvado hacia arriba, el de
Sung-woon era recto, como su personalidad agresiva.
Su color también era
mucho más claro que el de Tae-jin. Cada vez que el miembro, que se había vuelto
más violáceo que antes, se agitaba, las venas azules se marcaban en el
antebrazo y el dorso de la mano de Sung-woon.
Ji-ho se mordió el
labio. Sentía frío y calor a la vez. Sus mejillas ardían bajo la mirada fija de
Sung-woon. Apretó la mano que cubría su miembro. Aunque era un acto claramente
anormal, Sung-woon se masturbaba mirándolo sin inmutarse, y Ji-ho fue arrastrado
por completo.
"Uf."
La sensación que se
elevaba desde abajo le erizó la piel. El sonido de un quejido continuaba. Era
la primera vez que se tocaba a sí mismo.
Incluso en la edad en
que todos los demás se masturbaban, cuando Ji-ho sentía calor en el cuerpo,
cerraba los ojos y respiraba profundamente para calmar la excitación. Y cuando
estaba con Tae-jin, no tenía tiempo de tocarse a sí mismo. A Tae-jin no le gustaba
que Ji-ho se tocara sin su permiso, y solo quería que sintiera placer a través
de su contacto.
Su visión se nubló,
esta vez por una razón diferente. Cuanto más se calentaba su cuerpo, más se
abrían sus labios y más salía su respiración entrecortada.
De repente, Ji-ho
estaba moviendo su miembro al ritmo en que Sung-woon movía el suyo. El hecho de
que Sung-woon se hubiera convertido en su hermanastro, y que apenas habían
hablado ese día, ya no importaba. Lo único que llenaba la mente de Ji-ho era el
miembro rojizo que se agitaba frente a él y el placer desesperante que estaba a
punto de desbordarse.
"Frótate aquí
así."
Sung-woon se lamió el
labio inferior con la lengua y susurró. Había abierto el tapón de la bañera tan
pronto como Ji-ho comenzó a tocarse. Al desaparecer el agua, el cuerpo de Ji-ho
se hizo más evidente. Le mostró a Ji-ho, que solo movía su miembro de arriba
abajo sin técnica, cómo hacerlo. Sung-woon frotó la uretra, de donde salía
líquido preseminal, con su pulgar, haciendo círculos.
Una sensación
agradable se extendió, haciendo que sus pantorrillas se tensaran al instante.
Bajo sus testículos redondos, se podía ver el agujero apenas oculto. Sería
menos desesperante si pudiera verlo con claridad. El miembro que palpitaba en
su agarre se retorcía con más fuerza, como si supiera dónde debía penetrar.
"Haa, ugh,
¡Ugh...!"
Los gemidos de Ji-ho
eran agradables de escuchar. Era un hombre excepcional. Se excitaba incluso con
un cuerpo que tenía lo mismo que él. El sexo era sucio y la sola idea le hacía
fruncir el ceño. ¿Cómo había llegado a esto?
¿Era porque quería
molestar a Tae-jin? ¿O quizás se había encariñado con este ridículo juego de
familia?
Mientras sentía
curiosidad, Sung-woon aceleró aún más sus movimientos. Observó a Ji-ho, que se
acercaba al clímax con los ojos ligeramente entrecerrados, sin siquiera
parpadear. Solo el deseo de eyacular invadió su mente. Todo lo demás parecía
trivial; solo el momento del clímax era importante.
"Ugh...!"
"¡Ugh!"
Ji-ho y Sung-woon
eyacularon casi al mismo tiempo. Ji-ho miró su mano manchada con el líquido
turbio y parpadeó aturdido.
Lo había hecho. Lo
había hecho.
Se había sentado
frente a Sung-woon, que ahora era su hermanastro, y había movido sus manos y
caderas como una bestia en celo. Su primera masturbación se sintió como si
cientos de insectos le recorrieran la piel. El calor se apoderó de todo su
cuerpo. Sus labios temblaban ante la idea de haber hecho algo prohibido.
¿Qué pasaría si
Tae-jin se enteraba de esto? ¿Qué pasaría si descubría que había hecho algo
inapropiado con su hijo? El sueño de una familia que apenas había logrado
podría hacerse pedazos.
Ji-ho se apresuró a
limpiar el semen de sus manos en su vientre y muslos, y se levantó. Las gotas
de semen de Sung-woon salpicaron hasta sus pies, haciendo que sus dedos se
encogieran. Dio un paso atrás con expresión aturdida y salió de la bañera. Su
cuerpo se tambaleó peligrosamente sobre el suelo resbaladizo.
Justo cuando estaba a
punto de perder el equilibrio, una fuerza poderosa agarró su brazo. Una
sensación resbaladiza y caliente estimuló su piel.
"¿Por qué tanta
prisa? Estás sucio, tienes que volver a lavarte."
A diferencia de Ji-ho,
que estaba avergonzado, Sung-woon parecía impasible. ¿Sería esto también
genético? Tae-jin rara vez perdía la compostura. La única vez que su rostro
mostraba expresión era cuando estaban haciendo algo íntimo. En esos momentos,
Tae-jin perdía un poco su compostura, como si la vitalidad lo hubiera invadido.
A Ji-ho le gustaba esa imagen, y las noches que antes le daban miedo, con el
tiempo, se volvieron esperadas. Le gustaba sentir que era alguien que podía
desequilibrar a Tae-jin, tan preciado para él.
Esa era la razón por
la que Ji-ho había aceptado fácilmente las acciones de Tae-jin, aun sabiendo
que esas cosas no sucedían en una relación normal de padre e hijo.
"No... yo voy a
lavarme en mi habitación."
Sin embargo, no podía
tener esa misma relación con Sung-woon. ¿Una relación inapropiada no solo con
su padre, sino también con su hermanastro? Sería condenado por el mundo entero
si se supiera.
Ji-ho, confundido,
apartó la mano de Sung-woon. Sung-woon lo soltó sin resistencia. El semen que
quedaba en la mano de Sung-woon dejó una marca íntima en el delgado brazo de
Ji-ho. Al ver el fluido corporal sobre la piel enrojecida, Sung-woon se rascó
el interior de la mejilla con la lengua. Acababa de eyacular, pero el calor se
estaba acumulando de nuevo en su parte inferior.
Mientras el cuerpo
cavernoso se endurecía rápidamente, Ji-ho le dio la espalda y salió del baño.
Sus nalgas, que se agitaban levemente con cada paso, eran tentadoras. Sung-woon
fantaseó con eyacular semen blanco sobre ellas la próxima vez.
Tan pronto como la
puerta se cerró, Sung-woon se sujetó el miembro e inclinó la cabeza hacia
atrás. Cerró los ojos e inhaló; el olor salobre escondido entre la fragancia de
las sales de baño llegó a su nariz. En el momento en que recordó el rostro de
Ji-ho mirándolo con los ojos bañados en calor, tensó la mano por reflejo.
"Haa..."
Cuando terminó otra
eyaculación, Sung-woon se pasó la mano resbaladiza por el cabello y dejó
escapar una risa hueca.
'¿No somos todos
anormales, él, Tae-jin y yo?' Tuvo el presentimiento de que esta vida familiar,
que era ridícula, se volvería más divertida de lo que esperaba. La risa
continuó por un largo rato.
* * *
"¿Cómo te fue el
día de hoy?"
Cayó la tarde y
Tae-jin regresó del trabajo. Los sirvientes pasaron brevemente por la mansión
antes de que Tae-jin llegara, limpiaron y prepararon la cena, y luego se
fueron.
Ji-ho y Sung-woon
también se sentaron a la mesa. Tae-jin se sentó en la cabecera y los dos se
sentaron uno frente al otro a su lado.
Ante la pregunta de
Tae-jin, la mano de Ji-ho que sostenía los palillos se estremeció. Los eventos
del día vinieron a su mente. Al principio, estaba contento de que Sung-woon,
que antes lo trataba como un ser invisible, le hubiera saludado y jugado baloncesto
con él. El problema vino después. En el momento en que las escenas de piel se
apoderaron de su mente, el color desapareció del rostro de Ji-ho.
Ante la reacción
sospechosa, los ojos de Tae-jin se estrecharon. A diferencia de Ji-ho, que
estaba nervioso, Sung-woon tomó tranquilamente una cucharada de sopa.
"Hoy la sopa está
excepcionalmente refrescante. ¿No le parece, Padre?"
La sopa, que contenía
bacalao fresco, tenía un sabor picante y refrescante gracias al chile en polvo
y al pimiento verde picante.
"Últimamente, ni
siquiera querías cenar conmigo. ¿Qué te ha picado?"
La mirada de Tae-jin,
que había estado fija en Ji-ho desde que comenzó la comida, se dirigió a
Sung-woon. El hijo, que antes pedía que le llevaran la cena a su habitación en
el segundo piso, estaba cenando con él. Era algo digno de bienvenida, pero
Tae-jin notó la extraña atmósfera que flotaba entre Sung-woon y Ji-ho.
Hasta el día anterior,
Ji-ho echaba vistazos a Sung-woon, mostrando que quería desesperadamente
acercarse a él. En cambio, Sung-woon se comportaba como si Ji-ho fuera
invisible. Pero ahora, la situación se había invertido. Ji-ho estaba evitando
la mirada de Sung-woon, y Sung-woon estaba observando cada reacción de Ji-ho
con curiosidad.
A pesar de la mirada
penetrante de Tae-jin, Sung-woon no se inmutó, le sostuvo la mirada y sonrió.
"Ahora yo también
intento abrir mi corazón como miembro de la familia. Tengo un nuevo familiar, y
ya soy adulto, así que debo madurar, ¿no le parece?"
Si solo se escucharan
sus palabras, no había nada que criticar. Si hubiera sido otra persona, Tae-jin
le habría creído. Pero conocía bien la naturaleza de su hijo.
El concepto de familia
no tenía ningún valor para él. Sabía bien que para Sung-woon, él no era más que
una fuente de dinero. Tae-jin también se preocupaba por Sung-woon a su manera,
pero no sentía la necesidad de cuidarlo. Creía que había cumplido con su deber
al hacer que los sirvientes se encargaran de él.
El dedo índice de
Tae-jin golpeó la mesa a un ritmo constante. Era un hábito que tenía cuando
estaba absorto en sus pensamientos.
A Ji-ho lo sobresaltó
el sonido trivial. Parecía un niño que había cometido un gran error y solo
esperaba el castigo de sus padres.
"Bien. Me alegra
que hayas madurado."
Tae-jin dejó de
prestar atención a Sung-woon. Sabía que era un chico muy caprichoso. No sería
extraño si actuara así durante unos días, sabiendo que su humor cambiaba varias
veces al día. Probablemente, mañana no se asomaría por la cena.
En cambio, estaba
preocupado por Ji-ho, que apenas comía. Su tazón de arroz casi no había
cambiado, y la sopa tampoco. Solo picoteaba los acompañamientos que estaban
justo frente a él con sus palillos.
"¿No te gusta el
sabor? Tendré que cambiar a la persona que cocina a partir de mañana."
La voz de Tae-jin era
tranquila, a pesar de que estaba hablando de despedir a alguien que había
trabajado allí por más de diez años. Sung-woon solo chasqueó la lengua,
murmurando que Ji-ho era demasiado.
Ji-ho se sobresaltó y
negó con la cabeza. Realmente no quería que nadie sufriera por su culpa. Ya se
sentía incómodo porque la señora que casi derrama té caliente en su muslo el
primer día que llegó a la mansión no se había vuelto a ver.
"S-sabe
bien."
Ji-ho se apresuró a
responder a Tae-jin y tomó una cucharada de sopa para llevársela a la boca.
"Tos,
tos..."
El chile en polvo se
le había atragantado al tragar rápidamente. La sopa estaba más picante de lo
que esperaba. ¿Sería porque nunca había probado mucha comida diferente cuando
era pequeño? Ji-ho era particularmente sensible a la comida picante. Ni siquiera
comía la parte de las hojas de kimchi que tenían mucho chile en polvo.
Ji-ho, con el rostro
enrojecido, levantó el vaso de agua. La tos continuó incluso mientras bebía
agua con la cabeza girada. Como resultado, el agua restante goteó por su
barbilla. La camiseta blanca de algodón que llevaba se mojó de inmediato. Peor
aún, unas gotas salpicaron hasta su pecho.
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Capítulo 4
La tela mojada se pegó
a su piel y sus pezones, levemente hinchados, se abultaron a través de la tela.
Las miradas de padre e hijo se clavaron simultáneamente en el pecho de Ji-ho.
Ji-ho se limpió los
labios mojados con el dorso de la mano. Entonces sintió una mirada que lo
traspasaba. Tae-jin y Sung-woon lo miraban fijamente, con el rostro sin
expresión, como calcomanías, fijos en su pecho.
Bajó la mirada y vio
lo mismo que ellos. La zona que había estado expuesta a la vista de los dos
hombres.
Avergonzado, Ji-ho
pellizcó la tela con el pulgar y el índice, y la separó de su cuerpo.
Normalmente, esa zona no se notaba tanto, pero después de que Tae-jin la
chupara y lamiera hasta que se hinchó, los pezones estaban tan levantados que
se irritaban con el roce de la tela y eran muy visibles.
Mientras Ji-ho no
sabía qué hacer, Tae-jin se levantó. Lo agarró de la muñeca y tiró de él.
"Ji-ho, hablemos
un poco con papá."
"Ah..."
Con una fuerza
considerable, su cuerpo fue arrastrado. Ji-ho miró de reojo a Sung-woon
mientras caminaba con Tae-jin. Temía que a Sung-woon le pareciera extraño que
solo él y Tae-jin se fueran de la mesa.
Sung-woon los miró a
él y a Tae-jin con un rostro inexpresivo, y de repente sonrió. Al agitar
ligeramente la mano derecha, incluso se podía percibir un aire de tranquilidad.
"Cariño."
Una voz fría cayó
sobre su cabeza. Levantó la vista y vio el rostro gélido de Tae-jin. La mirada
imponente le cortó la respiración.
Se sintió como si
hubiera cometido una gran falta. Aunque Tae-jin no podía saberlo, el secreto
que había creado con Sung-woon ese día lo hizo palpitar con el temor de ser
expuesto.
"Papá..."
Ji-ho se armó de valor
y se aferró a la manga de Tae-jin. Ante su voz suave, la mirada tensa de
Tae-jin se suavizó considerablemente.
"Cuando estés con
papá, no mires a otros lugares."
"Sí."
Tae-jin acarició
brevemente la coronilla de Ji-ho, que asintió dócilmente, y lo condujo al
dormitorio, sujetando su mano, mucho más pequeña que la suya.
Tan pronto como la
puerta se cerró, Tae-jin agarró a Ji-ho por los hombros y lo empujó hacia la
cama. Ji-ho, que estaba dando pasos hacia atrás, perdió el equilibrio en cuanto
algo tocó su corva.
Sintió una suave
textura detrás de su cabeza y espalda, y una sombra cayó sobre su rostro.
Tae-jin lo estaba mirando, con el rostro enmarcado por sus brazos,
inmovilizándolo.
"Parece que no
tienes apetito, probemos con otra cosa."
Tae-jin le dio un
ligero golpe en los labios con la punta de su dedo, y la boca pequeña de Ji-ho
se abrió sin resistencia. Un dedo grueso penetró inmediatamente en su boca.
La punta del dedo, que
le hacía cosquillas en el paladar irregular, pronto acarició sus colmillos
afilados. La saliva se acumuló en su boca y Ji-ho, con los labios
entreabiertos, hizo un ruido con la garganta. La lengua caliente de Ji-ho lamió
una vez el dedo de Tae-jin.
Los ojos de Tae-jin se
volvieron profundos como un pozo. Lentamente, retiró el dedo de la boca de
Ji-ho, se inclinó y se acercó.
Justo en el momento en
que sus pestañas temblorosas se bajaron, Tae-jin robó un beso de sus labios
carnosos.
"Ugh..."
Un tacto más blando de
lo que había imaginado tocó sus labios. Ji-ho levantó las manos y se aferró a
los hombros de Tae-jin. Desde que llegó a la mansión, se habían besado
ligeramente, pero era la primera vez que se besaban tan profundamente.
El calor que entraba
era abrumador. El trozo de carne, mucho más grueso que el de Ji-ho, exploró su
boca suave con avidez.
En un instante, su
boca se llenó de calor húmedo. Le costaba respirar y, aunque intentó girar un
poco la cabeza, Tae-jin se mantuvo pegado a él, sin darle respiro.
Tae-jin guio las manos
de Ji-ho, que estaban pálidas por apretar sus hombros, para que rodearan su
cuello. Giró la cabeza, encontró el pequeño trozo de carne que se había
encogido por el miedo, y frotó suavemente la punta de su lengua contra ella.
La saliva acumulada en
su boca era dulce. Después de frotarla suavemente varias veces, la pequeña
lengua se curvó y lo siguió.
"Haa..."
Los labios se
separaron solo después de que las lágrimas brotaron de los ojos de Ji-ho.
Tae-jin separó la cabeza y limpió las esquinas de sus ojos enrojecidos con el
pulgar. Sus ojos, borrosos por el calor, solo reflejaban a Tae-jin.
En ese momento, la
incomodidad que había sentido antes desapareció por completo. Cuando introdujo
su dedo en la boca de Ji-ho, el calor, ahora más intenso que antes, envolvió su
dedo.
Presionó la lengua con
el índice y el medio. Al deslizarse hacia adentro, Ji-ho frunció el ceño y
derramó lágrimas.
Era tan hermoso que su
bajo abdomen se sentía rígido. Retiró el dedo empapado de saliva. En su lugar,
bajó sus labios y jugueteó desordenadamente con sus dientes alineados y su
lengua retorciéndose.
El dedo humedecido se
dirigió hacia su pecho. Frotó la saliva de su mano sobre el pezón que se había
revelado por las gotas de agua.
La tela que se estaba
secando se mojó de nuevo, y Ji-ho arqueó la espalda. En el momento en que su
bulto hinchado rozó entre las piernas de Tae-jin, este frunció el ceño.
Tae-jin chupó
alternativamente el labio superior e inferior de Ji-ho con avidez, antes de
bajar. Pegó los labios a su mentón suave y succionó la piel.
"Papá..."
Ji-ho susurró con voz
agitada, sin saber la excitación que esa palabra le provocaba a Tae-jin. El
contacto caliente pasó por su barbilla y le hizo cosquillas en el cuello.
Ji-ho frotó su cabeza
contra la sábana sin saber qué hacer. Su pecho y su parte baja le picaban. Un
deseo insatisfecho circulaba por su cuerpo.
Intentó tocar su pene
como antes, pero se detuvo. Todavía le daba vergüenza tocarse a sí mismo.
Además, estaba con Tae-jin. Estaba seguro de que él resolvería la agonía que
estaba sintiendo.
Ji-ho metió las manos
en el pelo de Tae-jin, como si lo estuviera apurando. El cabello,
cuidadosamente peinado con cera, se despeinó, pero ninguno de los dos le dio
importancia.
"¡Ugh...!"
El contacto deseado
llegó a su pecho. Tae-jin succionó el pecho de Ji-ho a través de la tela.
Sintió un cosquilleo en todo el cuerpo, como si su carne estuviera siendo
succionada.
Estaba tan sin aliento
que sentía que su cabeza palpitaba. Tae-jin sacó su lengua, presionó la carne
que se elevaba como si fuera a atravesar la tela, y la frotó de arriba abajo.
Con cada movimiento, Ji-ho doblaba y estiraba los dedos de las manos y los pies,
y temblaba.
Aunque el dormitorio
estaba cálido, Ji-ho sentía frío. No, ¿tal vez calor? Sentía que todas las
sensaciones de su cuerpo se estaban volviendo extrañas.
"La parte de
abajo... me pica mucho..."
La ropa lo asfixiaba.
Su ropa interior, que se acababa de poner, estaba húmeda.
Cada vez que se
retorcía, la tela se pegaba a su pene erecto, lo cual era incómodo. Ji-ho bajó
la mano que estaba en la cabeza de Tae-jin. Iba a quitársela él mismo, ya que
Tae-jin no lo hacía.
"Han Ji-ho."
Justo antes de que su
mano tocara la cintura de su pantalón, una voz gélida llenó sus tímpanos. Ante
el tono ominoso, Ji-ho detuvo todo movimiento. Sus ojos, bañados en lágrimas,
temblaron con inquietud.
Él, que se llamaba Kim
Ji-ho, se había convertido en Han Ji-ho hacía poco. Compartía el mismo apellido
que Tae-jin y Sung-woon. Tae-jin lo había llamado solo por su nombre hasta
entonces.
Debería estar feliz,
ya que era la prueba de que ahora era Han Ji-ho, pero sentía miedo. Incluso a
través de su visión empañada por las lágrimas, podía sentir que el rostro de
Tae-jin estaba helado.
"¿Qué te dijo
papá que haría si te movías sin permiso en la cama?"
"M-me
castigaría..."
Tae-jin era bastante
cariñoso en otros momentos, pero en la cama, de vez en cuando, revelaba un lado
amenazante.
"Lo recuerdas
bien. Hoy, mi Ji-ho tiene mucho que aprender de papá."
Tae-jin se desabrochó
el cinturón. El ruido metálico hizo que sus hombros secos se sobresaltaran.
Tae-jin, cuyos ojos registraron la imagen del niño asustado, sujetó su delgada
muñeca con una mano y la levantó. Luego, usó el cinturón de cuero para atar sus
muñecas cuidadosamente, y recorrió el cuerpo de Ji-ho con la mirada. Con los
brazos levantados, su camiseta se había enrollado hasta el ombligo.
Tae-jin pasó su dedo
índice por su ombligo recto, y Ji-ho jadeó. El contorno de sus costillas era
claramente visible.
"Quédate quieto
hasta que te diga que puedes moverte."
"...Sí."
Ji-ho respondió con un
susurro mientras Tae-jin le daba una orden, besando su piel debajo del pecho.
Sus ojos ansiosos
miraron hacia abajo, pero solo vio la coronilla de Tae-jin. Siguiendo la
dirección de su movimiento, el aliento húmedo le hacía cosquillas en la piel.
El miedo y la
anticipación coexistían. El comportamiento coercitivo de Tae-jin era tan
aterrador que le hacía llorar, pero sabía la sensación que le provocaba su
contacto, y su interior se agitaba.
La mano grande de
Tae-jin agarró el interior del muslo de Ji-ho y lo separó abruptamente. Tae-jin
bajó la cabeza sin dudar sobre su bulto hinchado. Al chupar su pene a través de
la tela, como había hecho con su pecho, Ji-ho dejó escapar un gemido.
"Papá..."
"Shhh.
Silencio."
Ignorando la voz que
no sabía si era de súplica o de excitación, Tae-jin levantó sus dos largas
piernas. Al quitarle los pantalones cortos, apareció su ropa interior, de un
color diferente solo en el centro.
Presionó la parte
posterior de sus muslos. Ji-ho levantó el trasero, doblando todos los dedos de
sus pies.
La lengua de Tae-jin
tocó su parte sensible. A pesar de estar separada por una tela, sintió el calor
de su lengua completamente.
Los sonidos obscenos
de chupar y lamer resonaron en sus oídos. La tela, que solo estaba mojada por
el líquido preseminal, absorbió la saliva de Tae-jin y reveló sin reparos el
contorno de su pene erecto.
"Parece que tu
cuerpo está aún más sensible que ayer."
Ante esas palabras,
Ji-ho no pudo evitar apretar los puños. Después de todo, debido a lo de
Sung-woon, Ji-ho había eyaculado dos veces mientras Tae-jin estaba fuera. Una
vez en la bañera de Sung-woon, y otra en la cabina de ducha de su propia
habitación. Aunque no había forma de que se notara, la tensión se disparó
cuando la mirada penetrante de Tae-jin se posó en su entrepierna.
Tae-jin mordió la tela
de sus calzoncillos y la bajó de golpe. Su pene, hinchado, salió disparado de
la tela. El color era hermoso, como siempre. Ante el tono de un melocotón bien
maduro, Tae-jin abrió la boca.
"¡Aahh...!"
Un grito agudo resonó
en el dormitorio. Ji-ho, sorprendido, intentó taparse la boca con la mano, pero
al recordar la orden de quedarse quieto, solo mordió su labio inferior con los
dientes superiores.
Tae-jin se tragó sin
reparos su pequeño pene y emitió un fuerte sonido a propósito, como si
estuviera chupando un caramelo sabroso.
Ji-ho entrecerró los
ojos y miró el rostro de Tae-jin, concentrado en chuparle el pene. Apretó
fuertemente su trasero. Sentía como si todo su cuerpo estuviera siendo
succionado por él, aunque solo estaba chupando su pene.
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Sintió ardor en los
ojos. Las lágrimas rodaron por sus sienes debido al placer que lo avergonzaba y
al que no lograba acostumbrarse.
Tae-jin escupió el
pene y sacó la lengua, lamiendo el pilar de carne, cuyo color se había
enrojecido, desde la base hasta la punta. Sus ojos estaban fijos en Ji-ho en
todo momento.
El pene hinchado
brillaba por la saliva de Tae-jin. Ji-ho parpadeó con sus ojos húmedos ante la
escena obscena, difícil de ver en su sano juicio.
Quería llamar a
Tae-jin, pero el que había dado una orden le impedía decir cualquier cosa que
no fueran gemidos.
No quería ser odiado
por Tae-jin. Quería que siguiera cuidándolo. Por eso quería vivir para siempre
con su familia en esa gran mansión.
Su pene fue succionado
de nuevo por la boca de Tae-jin. Ante la presión en la punta que le hundía las
mejillas, la cadera de Ji-ho se levantó y saltó en el aire.
"Ugh..."
Estaba a punto de
eyacular. Al borde del clímax, Ji-ho negó con la cabeza y miró a Tae-jin con
desesperación. Como no podía hablar, le envió señales con todo su cuerpo.
Los dedos de sus pies
se curvaron hacia adentro, y sus manos arañaron la sábana. La mano grande de
Tae-jin agarró su escroto y la base de su pene a la vez. En el momento en que
la presión adecuada estimuló su parte baja, Ji-ho experimentó un destello blanco
en su visión.
"Ah..."
Un gemido débil flotó
en el aire. Sin tiempo para disfrutar de la languidez posterior al clímax,
Ji-ho agitó la parte superior de su cuerpo.
Sudó frío al darse
cuenta de que había eyaculado en la boca de Tae-jin. Hasta entonces, Tae-jin se
había apartado a propósito antes de que se corriera, por lo que no había
pensado en moverse rápidamente.
Tae-jin retiró
lentamente la cabeza. El semen lechoso y alargado de la punta de su pene
flácido se estiró como un hilo antes de romperse.
Su nuez, marcadamente
visible, se movió de arriba abajo. Su mirada estaba completamente absorta en la
escena obscena.
Perdió el sentido de
la realidad. Su mente estaba aturdida, como si estuviera vagando en un sueño.
Las lágrimas brotaron al ver a Tae-jin sacar la lengua y lamer meticulosamente
los restos en sus labios y alrededor de su boca.
"Ugh..."
Tae-jin se rió
disimuladamente al ver el rostro distorsionado de Ji-ho. Le parecía adorable el
hijo que lloraba por algo tan simple. Él también pronto tendría que hacer lo
mismo por Ji-ho.
Claro, nunca le había
practicado sexo oral a nadie antes. Siempre había sido el receptor, y la idea
de arrodillarse entre las piernas de alguien para servirlos nunca le había
parecido apropiada para su carácter.
Pero era muy extraño.
El pene de Ji-ho, a pesar de haberlo chupado varias veces en los últimos días,
no le resultaba desagradable. De hecho, cuanto más lo probaba, más le picaba la
curiosidad.
¿Sería porque le
resultaba divertido ver el rostro de Ji-ho enrojecerse cada vez que le
practicaba sexo oral?
Aunque el sabor
salobre característico del semen permanecía en su boca, se sentía bastante
bien.
"¿Por qué lloras,
hijo."
Tae-jin fingió una voz
tierna. El llanto se hizo más fuerte que antes. Puso sus labios en la mejilla
de Ji-ho, que ahora lloraba con hipos.
Sus labios temblorosos
le llamaron la atención. Mantenía bien la postura que le había ordenado, con
los brazos extendidos hacia arriba, y tampoco hablaba. Su mal humor desapareció
como la nieve.
"Ahora puedes
hablar."
"Papá..."
"Sí. Papá."
Tan pronto como
Tae-jin dio permiso, Ji-ho abrió la boca. Ante su voz llena de dolor, la mirada
de Tae-jin se suavizó considerablemente.
Se pasó la mano por el
cabello húmedo de sudor en la frente. La línea de su frente redonda era bonita.
Comparado con las personas con las que había tenido sexo antes, la apariencia
de Ji-ho no era particularmente llamativa. De hecho, su presencia era bastante
tenue. Sin embargo, sus ojos suaves y brillantes y su piel blanca como la
nieve, donde se veían apenas las venas, eran indiscutiblemente abrumadores.
También le gustaba el
cuerpo que reaccionaba con cada toque. Su personalidad inocente, como si no
hubiera sido manchado por el mundo, también le gustaba.
Sí. Ji-ho era como un
lienzo en blanco. El proceso de pintarlo con sus propios colores le
proporcionaba una satisfacción inmensa, más que en cualquier otra ocasión. Si
Ji-ho no hubiera sido su hijo, seguramente se habría obsesionado con él.
Probablemente Ji-ho se
habría abierto a él incluso si hubiera sido un vagabundo. Habría entregado su
cuerpo y su corazón sin reservas, creyendo que la poca bondad que le había
ofrecido era todo su mundo.
Ese era el mayor
encanto de Ji-ho. No solo era obediente, sino que su cuerpo era tan sensible
que hacía que cada día valiera la pena esperar. La larga espera por tener al
niño a su lado había valido la pena.
Sabía que el niño era
de buen corazón debido a su naturaleza dócil, por lo que había cosas que le
preocupaban. Le preocupaba si el niño se adaptaría a la relación de llamarlo
'papá', pero eso también se resolvió fácilmente. Apenas había pasado una semana.
Sin embargo, el niño usaba el apodo 'papá' sin dificultad, y aunque se
sonrojaba, abría fácilmente las piernas.
"Me lo tragué...
no debe saber bien..."
Una sonrisa le brotó
ante sus palabras sin adornos. Sus ojos llorosos se abrieron de par en par. Su
propio rostro reflejado en ellos le resultaba desconocido.
Desde pequeño, la vida
de Tae-jin había estado llena de personas hipócritas. Incluso los
"juguetes" que llevaba a la cama, aunque al principio estaban
asustados, poco a poco ponían sus ojos en lo que podían obtener de él más que
en su persona.
Era la primera vez que
encontraba a alguien tan centrado en él y no en su estatus, lo cual era
fascinante. Probablemente, Ji-ho le habría abierto su corazón incluso si él
hubiera sido pobre. Habría entregado su cuerpo y alma sin dudarlo, creyendo que
un poco de bondad que le ofrecía era el mundo entero.
Ese era el mayor
encanto de Ji-ho. No solo era obediente, sino que su cuerpo era tan sensible
que hacía que cada día valiera la pena esperar.
Sabía que el niño era
de buen corazón debido a su naturaleza dócil, por lo que había cosas que le
preocupaban. Le preocupaba si el niño se adaptaría a la relación de llamarlo
'papá', pero eso también se resolvió fácilmente. Apenas había pasado una semana.
Sin embargo, el niño usaba el apodo 'papá' sin dificultad, y aunque se
sonrojaba, abría fácilmente las piernas.
"Estaba
delicioso. Más de lo que pensaba."
Tae-jin besó su
entrecejo fruncido con incredulidad y movió la mano rápidamente. Estaba
satisfecho con el cuerpo completamente desnudo.
"Ugh..."
Al agarrar y acariciar
la carne suave que había quedado lisa después de lamer limpiamente el semen,
sus ojos negros se distorsionaron de inmediato por el placer. Bajó la cabeza y
besó sus labios suaves. La carne suave se entrelazó, haciendo un sonido húmedo.
Apenas le dio su lengua, Ji-ho, jadeando, se apresuró a chuparla. El niño que
aprendía tan rápido era adorable y encantador.
El semen que quedaba
en su boca se mezcló con la saliva y pasó a Ji-ho. Incluso al notar su
entrecejo ligeramente fruncido, Tae-jin continuó invadiendo su boca con
persistencia hasta que el sabor salobre desapareció.
La mano que sostenía
su pene pasó naturalmente por el perineo y tocó el agujero palpitante. Gracias
a que se había tomado un tiempo para relajarlo el día anterior, un dedo penetró
sin mucha resistencia.
Capítulo 5
"Ugh..."
Ji-ho dejó escapar un
sonido nasal. Intentó torcer el hombro, incómodo por tener la mano levantada,
pero la sensación que se transmitía desde abajo se hacía más fuerte con el paso
del tiempo.
"Tienes que
relajarte un poco. Así vas a cortarle el dedo a papá."
Aunque estaba mejor
que el día anterior, el orificio del niño seguía siendo pequeño. Tae-jin
revolvió su dedo, insertado hasta el nudillo, dentro del agujero. La membrana
mucosa tibia se pegó a su dedo.
Ji-ho escuchó a
Tae-jin y trató de relajar su cuerpo, pero no tuvo mucho efecto. A pesar de que
su cuerpo se estaba adaptando a la extraña sensación, en el momento en que
Tae-jin tocaba otra zona, Ji-ho se tensaba y apretaba abajo.
"Ji-ho."
Tae-jin pronunció el
nombre de Ji-ho y se mordió el pezón. Al hacer rodar la carne hinchada y fácil
de succionar dentro de su boca, Ji-ho se retorció en sus brazos.
Aprovechando la
oportunidad, Tae-jin insertó tres dedos a la vez. Ante la sensación de un
cuerpo extraño, diferente a uno solo, Ji-ho frunció el ceño.
"Papá...
duele..."
La voz de Ji-ho estaba
llena de humedad. Tae-jin chasqueó la lengua suavemente. Había estado
ablandándolo pacientemente, tanto el día anterior como hoy, pero parecía que
esto no iba a terminar.
Quizás sería mejor
abrir el camino insertando su pene de una vez. La paciencia que le quedaba, ya
escasa, se desvaneció rápidamente con el proceso repetitivo.
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Las personas con las
que había estado antes se preparaban solas. Incluso si no estaban completamente
listos, él podía hacer lo que quisiera. No era asunto de Tae-jin preocuparse
por el daño que el otro pudiera sufrir.
Sin embargo, no quería
hacer eso con el niño. Ji-ho era fundamentalmente diferente de las personas con
las que había jugado, y, sobre todo, no quería ver al niño genuinamente herido.
Pero ahora había
llegado a su límite. Sacó su pene erecto de sus pantalones, que se sentía
apretado desde hacía un tiempo. Ante el peso que se posó en la parte interna de
su muslo, Ji-ho abrió mucho los ojos.
No era la primera vez
que lo veía, pero el miedo se apoderó de él al presentir lo que Tae-jin iba a
hacer. Sentía un dolor punzante solo con los dedos. Si insertaba algo así, el
agujero se desgarraría.
"Papá..."
Una voz suplicante
salió por sí sola. Hasta ahora, había creído que Tae-jin no lo lastimaría, pero
en ese momento no estaba seguro.
Tuvo el impulso de
huir. Pero le faltaba valor para actuar. Si lo hacía, y Tae-jin lo echaba,
volvería a estar solo.
Si nunca lo hubiera
probado, podría ser diferente. Al llamar a Tae-jin "papá", Ji-ho
sintió el afecto paternal por primera vez en su vida. Una vez experimentado, no
podría volver a sus días de soledad. Cuando Ji-ho tomó una decisión, Tae-jin también
lo miró a los ojos para calmar su miedo.
"No tengas miedo,
solo dolerá un poco al principio. ¿Verdad que te sentiste bien cuando papá te
frotó aquí con el dedo, Ji-ho?"
"...Sí."
Aunque la sensación
extraña le daba miedo, era un hecho innegable. Si no se hubiera sentido bien,
no habría eyaculado varias veces.
"Solo confía en
papá. Papá nunca te lastima, ¿verdad? Lo sabes bien, ¿cierto?"
"Sí."
Su voz sonaba más
clara que antes. Mientras escuchaba la voz suave y persuasiva, se preparó
mentalmente.
Si es algo que tiene
que pasar, tal vez sea mejor terminarlo rápido. Ji-ho mordió su labio inferior
y respiró hondo. Su pecho, sin nada de carne, se agitó al ritmo de su
respiración entrecortada.
Tae-jin sacó
lubricante de la mesita de noche. Llenó su palma con el líquido transparente y
frotó su pene que estaba rígidamente erecto.
El pene de color rojo
oscuro se veía aún más feroz. Ji-ho tragó saliva, preparándose para el dolor
inminente. Un peso pesado tocó la entrada.
"Ah..."
Sus labios se abrieron
solos. Sabía que el grosor era diferente al de un dedo, pero el dolor era más
intenso de lo que esperaba. Se sintió como si no fuera carne, sino un palo
caliente lo que lo estaba penetrando.
En el momento en que
el glande se abrió paso con dificultad, Ji-ho tembló y negó con la cabeza.
"Ugh, duele
mucho, mucho... creo que no va a entrar..."
No quería decepcionar
a Tae-jin, pero era imposible desde el principio. Ese agujero ni siquiera
estaba destinado para la cópula. Sabía que los hombres lo hacían por detrás,
pero al experimentarlo, le parecía irreal. Especialmente con alguien que tenía
un pene tan grande como Tae-jin.
"Shhh... Buen
chico, mi hijo."
La palabra
"hijo" era como magia para Ji-ho. Sus ojos asustados se volvieron
soñolientos, como si fuera un hechizo. Mientras Ji-ho estaba hipnotizado por la
voz dulce, Tae-jin insertó más de la mitad del tronco, seguido del glande.
"¡ugh...!"
Al sentir que todos
sus órganos internos eran aplastados, Ji-ho cerró los ojos con fuerza, y las
lágrimas que se habían acumulado mojaron sus sienes, donde se marcaban las
venas.
"Ji-ho, abre los
ojos."
Ante la voz grave,
Ji-ho apenas logró abrir los párpados. Su visión, que se había aclarado por un
momento, se nublaba una y otra vez por las lágrimas que caían.
Tae-jin acarició
suavemente el área roja debajo de sus ojos con el pulgar. Bajó sus labios y le
dio un beso suave en la frente, perlada de sudor frío.
"Solo duele al
principio. Te acostumbrarás pronto."
Su cuerpo era débil
ante el placer. Al principio le daban miedo los dedos, pero luego no movía la
cadera por sí solo como si le gustara, ¿o no?
Originalmente, había
planeado avanzar hasta el final después de que se acostumbrara un poco más al
placer, pero la extraña atmósfera entre Ji-ho y Sung-woon actuó como un
detonante.
Tae-jin abrazó con
fuerza a Ji-ho, que temblaba sin poder hablar, e introdujo su pene como una
serpiente hasta el fondo.
"Haa... Ji-ho, tu
interior se siente tan bien."
A pesar de llorar
amargamente, Ji-ho giró la cabeza y frotó su mejilla contra la de Tae-jin. Con
las palabras de elogio, el dolor disminuyó considerablemente.
Le dolía y tenía
miedo, pero si Tae-jin estaba contento, estaba bien. Después de todo, su vida
se la debía a la gracia de Tae-jin. Si Tae-jin no lo hubiera rescatado cuando
era joven, habría muerto hace mucho.
Siempre había querido
pagarle su gratitud a Tae-jin. Estaba deseando poder recompensarlo, aunque
fuera desde lejos, y ahora se había convertido en su hijo y estaba haciendo
algo que lo hacía feliz.
Su corazón latía y, al
mismo tiempo, sentía un dolor sordo debajo de su esternón. No podía ver lo que
pasaba abajo porque Tae-jin estaba encima de él, pero podía sentir el hecho de
que había entrado completamente.
El vello púbico áspero
rozaba y estimulaba el área alrededor de su orificio. Cada vez que respiraba,
la parte inferior de sus costillas le dolía.
A medida que el dolor
sordo y palpitante continuaba, una sensación de cosquilleo venía con él. Ji-ho
apartó ligeramente la cabeza, miró a Tae-jin y sonrió con los ojos
entrecerrados.
"Si a papá le
gusta, a mí también..."
Era sincero. Todavía
no entendía por qué debían hacer esto un padre y un hijo, pero si a Tae-jin le
gustaba, a él también.
Los ojos de Tae-jin se
hundieron profundamente. El rostro del niño que le sonreía dócilmente,
mirándolo con ojos llenos de lágrimas, dejó una imagen que nunca desaparecería
de su corazón.
"Hijo."
El espacio vacío en su
corazón se llenó por un momento.
Recordó el instante en
que vio al niño por primera vez. El niño, tirado en el suelo, sangrando por la
cabeza con su cuerpo delgado, frunció el ceño como si la luz lo deslumbrara,
pero lo miró fijamente, anhelando afecto.
Había pensado que la
compasión era una palabra que solo se usaba en los diccionarios. Pero en ese
momento, se sintió instintivamente atraído por Ji-ho.
La espera hasta que se
hiciera adulto había valido la pena. Había cultivado una paciencia inusual en
su vida al tener que esperar para "devorarlo" en lugar de llevárselo
antes.
Tae-jin le cubrió la
mejilla pálida con la mano, y Ji-ho frotó su mejilla contra la palma con una
sonrisa de satisfacción. La sensación suave le estimuló la piel.
Le acarició la mejilla
con el dorso de la mano, luego abrió bien la mano, le sujetó la nuca para
inmovilizarlo y bajó la cabeza. Besó sus labios, que se abrían sin rechazo,
saboreándolos de arriba abajo a su gusto.
Cuando el olor fresco
que indicaba que aún no había madurado por completo rozó su nariz, el pene que
llenaba su interior caliente latió una vez.
El sudor corría por su
espalda. Se dio cuenta de nuevo de lo mucho que se preocupaba por Ji-ho. No era
fácil reprimir el deseo de moverse con avidez para no lastimar al niño.
Había estado con
innumerables personas, pero el sexo que lo satisfacía tanto física como
mentalmente era una sensación nueva.
La plenitud lo llenó
de pies a cabeza. Tae-jin besó suavemente los labios de Ji-ho y entrelazó sus
manos.
Luego, con las manos
entrelazadas como si fueran una sola, presionó las manos al lado del rostro de
Ji-ho y comenzó a mover sus caderas lentamente.
"Umm..."
El gemido que se
escapaba de los labios rojos de Ji-ho fue devorado por Tae-jin antes de que
pudiera salir. Nació el deseo de tragarlo todo del niño.
El sudor se acumuló en
sus sienes debido a lo apretado que estaba el interior. La temperatura corporal
del niño, que se sentía ligeramente fría, se elevó gradualmente por la
influencia del suyo.
A diferencia del
exterior, el interior estaba tan caliente que parecía derretir su pene. Gemidos
ahogados se escapaban de sus labios unidos. Al igual que él, el niño se esforzó
por tragarse los gemidos.
La sensación de abrir
un lugar donde nadie había entrado con su pene era indescriptiblemente
fascinante.
Además, la sangre de
Ji-ho era especial. Reprimiendo el impulso de moverse rápidamente, buscó el
punto donde el niño pudiera sentir placer.
"¡Ah...!"
El gemido del niño
cambió. Al presionar y frotar contra el punto hinchado, el cuerpo en sus brazos
tembló.
Lamió las lágrimas
acumuladas en el rabillo de sus ojos. Estaba dulce. Tae-jin lamió y lamió el
área alrededor de sus ojos con voracidad, como si estuviera bebiendo el agua de
la vida que prolongaba su existencia, hasta que las lágrimas del niño se secaron.
"Papá, es raro,
es raro..."
El niño apretó sus
manos entrelazadas, sin saber qué hacer. Tae-jin frotó sus labios en su mejilla
acalorada y susurró en voz baja.
"No es nada raro.
Es algo bueno. Es la sensación que papá te regalará todas las noches,
Ji-ho."
"Ugh..."
El pene del niño se
puso completamente erecto sin que lo tocara. Tae-jin también se excitó al ver
el pene que goteaba líquido. Era un cuerpo natural. Era una suerte haberlo
puesto en sus brazos antes de que otro lo probara.
Cualquiera que
conociera este lado del niño se habría enamorado de él como lo hizo Tae-jin.
Tan pronto como se dio
cuenta de que el cuerpo aún inmaduro estaba listo para aceptarlo, la velocidad
se aceleró. Cada vez que su pene penetraba su interior, el niño dejaba escapar
gemidos desgarradores.
Soltó las manos
entrelazadas y lo abrazó con fuerza. Al abrazar su parte superior del cuerpo
con ambos brazos, sintió el rápido latido de su corazón. En esa posición, solo
movió sus caderas, golpeando con fuerza. Al empujar con tal ímpetu que parecía
querer meter incluso sus testículos, el niño se aferró a él, llorando.
Los resortes de la
cama, que era de la más alta calidad, crujieron. Sabía que debía ser más suave
por ser la primera vez, pero la razón ya había desaparecido.
Finalmente, cuando
eyaculó el líquido caliente en su interior, el niño no pudo resistir más y
cerró los ojos. Tae-jin abrazó el cuerpo flácido y disfrutó del post-coito.
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Movió su pene en el
interior que se había vuelto pegajoso por el semen, asegurándose de que se
filtrara lo más posible.
Ah, de repente sintió
lástima.
¿Qué tan bueno sería
si el niño pudiera quedar embarazado? Entonces le daría y le daría su semen
hasta que su vientre se hinchara todos los días.
Nunca pensó que
tendría el deseo de dejar embarazada a alguien en su vida. Los niños que había
tenido hasta ahora habían sido sin su consentimiento. Incluso cuando se
divertía con sus parejas, usaba condones o eyaculaba fuera.
"Mi bebé."
Tae-jin abrazó el
hombro de Ji-ho y frotó sus labios en su mejilla, donde las lágrimas se habían
secado. El afecto paternal y la ternura, que apenas había sentido por
Sung-woon, brotaban con fuerza.
Queriendo dejar una
marca de que Ji-ho era completamente suyo, grabó moretones apretados en el
cuerpo dormido del niño. Cuando el semen se escapaba del orificio, lo limpiaba
con el dedo y lo volvía a insertar.
"Creo que tendré
que regalarle un tapón."
Debido a la falta de
entrenamiento, el niño seguía derramando semen mientras dormía. No podía
despertar y regañar al niño desmayado, así que no tenía más remedio que
preparar una herramienta.
"Mi hermoso
bebé."
Tae-jin levantó el
cuerpo flácido y comenzó a caminar. La cama estaba hecha un desastre con
fluidos corporales. Pensó que sería mejor dormir en la habitación del niño en
lugar de en la suya esa noche.
Fue cuando se acercaba
a la puerta. Descubrió que la puerta, que debería haber estado firmemente
cerrada, estaba ligeramente abierta.
La comisura de la boca
de Tae-jin se torció. Una oscuridad más profunda que la sombra acechaba en sus
ojos mientras miraba el pasillo silencioso.
* * *
"Umm..."
Ji-ho gimió y
despertó. Claramente había abierto los ojos, pero su visión era extrañamente
estrecha. Levantó la mano y se frotó los ojos, sintiendo que sus párpados
estaban hinchados y suaves como tteok.
Recordó lo que había
pasado antes de desmayarse. Instintivamente, apretó su parte baja. Le dolía un
poco el abdomen, extrañamente. Sintió una sensación pegajosa y bajó la mano.
Sus ojos temblaron
violentamente al ver sus dedos brillantes. Ji-ho enterró su rostro acalorado en
la almohada, escondiéndose. Sus pies, que sobresalían de la manta, se movían.
Lo hizo hasta el
final. Con el hombre que había sido su ajussi y ahora era su padre.
Cuando era joven,
había imaginado vagamente su primera vez. Los chicos de su edad siempre estaban
muy interesados en el sexo. Ji-ho no era de esos, pero a menudo tenía que
fingir que escuchaba para encajar con sus compañeros.
Cuando sus amigos le
preguntaron con qué tipo de persona quería tener sexo, Ji-ho pensó un momento y
respondió: "Con alguien que sea amable y me quiera."
Aunque era un poco
extraño que su primera vez fuera con su padre, Tae-jin era definitivamente
amable y lo quería más que nadie. En ese sentido, era como si su deseo
murmurado se hubiera hecho realidad. Ji-ho bajó las manos que estaban agarrando
la manta y buscó entre sus nalgas.
El lugar, empapado en
líquido resbaladizo, estaba un poco hinchado. No se había desgarrado a pesar de
que algo mucho más grueso que su muñeca había estado entrando y saliendo sin
parar, lo que lo hacía sentir asombro por el misterio del cuerpo humano.
Ji-ho giró la cabeza y
miró el panorama de la habitación. Era la primera vez que se despertaba en esa
habitación desde que llegó a la mansión. Siempre se despertaba en la habitación
de Tae-jin, no en la suya.
Por eso se sentía
desconocido, a pesar de ser su habitación. Se volteó y se sentó, cubriendo su
cuerpo desnudo con marcas rojas con la manta y mirando a su alrededor.
"...Es muy
grande."
Aunque no era tan
grande como la habitación de Tae-jin, su tamaño era lo suficientemente grande
como para jugar con una pelota, y sus ojos negros brillaban como la superficie
de un lago bañado por el sol.
Aunque la había visto
cuando llegó, era la primera vez que la observaba con tanto detalle, por lo que
se sintió como si fuera el primer día que entraba a la mansión.
La habitación estaba
armoniosamente decorada con blanco y madera. La habitación de Tae-jin era toda
negra, y la de Sung-woon tenía toques azules por todas partes, por lo que esta
tenía una atmósfera completamente diferente a las otras dos.
Al inhalar, una
fragancia sutil flotó en su nariz. Un aroma relajante, como si hubiera entrado
en un bosque, calmó su mente y cuerpo.
La fuente del aroma
era un difusor con hojas verdes. Se levantó y se acercó a la mesa donde estaba
colocado el difusor. La manta blanca se arrastró detrás de él como una sombra.
Había oído que Tae-jin
había decorado esta habitación personalmente. Había puesto atención a cada
mueble y objeto, esperando el día en que pudiera traer a Ji-ho aquí.
La punta de su dedo
que tocaba las hojas estaba roja. Ji-ho mordió su labio, tratando de contener
una risa que quería estallar.
Entonces, un dolor
punzante le hizo perder fuerza al instante. Se tocó los labios, que estaban
hinchados como su orificio, y se sintió suave al presionarlos. Buscando un
espejo, Ji-ho sintió curiosidad por el estado de su cuerpo. Al apartar la manta
e inclinarse, su cuerpo con moretones se reveló a la luz del sol que entraba
por la ventana.
Su mirada curiosa
exploró su cuerpo. Había moretones por todas partes, desde sus brazos hasta su
pecho, abdomen y muslos. A primera vista, parecía alguien que había sido
atacado por un enjambre de mosquitos. Aunque no podía ver su cuello, estaba
seguro de que estaba en el mismo estado.
Cada moretón era una
manifestación de la pasión de Tae-jin por él. Mientras acariciaba la zona del
pecho, de color especialmente oscuro, Ji-ho apretó sus nalgas por una sensación
extraña.
Al bajar la mirada,
vio el espacio entre sus muslos empapado en semen diluido. Su rostro,
sorprendido, se sonrojó. Se sintió avergonzado, como si hubiera cometido un
acto obsceno frente a otros, a pesar de que no había nadie mirando.
En ese instante, la
fuerza de sus brazos que sostenían la manta se desvaneció. La manta blanca se
deslizó por su cuerpo y cayó a sus pies.
Ji-ho se inclinó para
recoger la manta, pero dejó escapar un gemido y se dejó caer al suelo. Un dolor
sordo y palpitante golpeó todo su cuerpo.
"¿Qué estás
haciendo?"
Fue entonces cuando se
escuchó una voz inesperada. Ji-ho levantó la cabeza asustado. Sung-woon, que se
había acercado sin hacer ruido, lo miraba fijamente con los brazos cruzados.
La vergüenza hizo que
no solo su rostro, sino también su cuello y pecho se enrojecieran. Se apresuró
a jalar la manta para cubrir su cuerpo, pero ya era tarde.
Sung-woon extendió el
brazo y apartó la manta con impaciencia. Ji-ho, que se encontró desnudo frente
a Sung-woon, entró en pánico. Intentó encoger su cuerpo para ocultar las marcas
en su piel, pero fue inútil.
