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La mansión, situada en las afueras solitarias
y poco transitadas, estaba tan silenciosa que transmitía una atmósfera lúgubre,
como si en cualquier momento fuera a aparecer un fantasma. Chrissy, que había
conducido el coche robado a Nathaniel hasta allí, miró el edificio con una
sensación nada agradable. Era exactamente la misma mansión donde Anthony había
muerto.
Tras el incidente, parecía que nadie la había
visitado, se había convertido en una casa abandonada. Las cintas policiales que
indicaban que allí se había cometido un crimen estaban arrancadas y rotas,
apenas quedaban restos. Chrissy respiró hondo una vez y entró en la mansión.
Con un chirrido escalofriante, la puerta se
abrió y de inmediato se sintió el olor húmedo del polvo. Al avanzar lentamente,
sus pasos resonaron de forma inquietante en el silencio absoluto del interior.
Chrissy, con el plano del edificio que había estudiado previamente dibujado en
su mente, siguió caminando. Por toda la casa había una gruesa capa de polvo,
pero las manchas grandes y pequeñas que aún quedaban aquí y allá permitían
imaginar perfectamente la locura de aquella noche.
Mientras cruzaba el salón donde se había
celebrado la fiesta y subía las escaleras, Chrissy reconstruía mentalmente lo
que había ocurrido aquel día. Siguiendo la fría descripción de los documentos,
continuó avanzando. Pasó por el salón donde todos, drogados y borrachos, se
habían mezclado en un caos total, hasta llegar a la habitación donde tuvo lugar
el suceso.
Al principio el ambiente era bueno. Anthony y
Jonathan habían planeado pasar tiempo juntos, pero surgió algún tipo de problema.
Se produjo una discusión, Anthony intentó detener a Jonathan, pero este,
drogado y fuera de sí, y después ocurrió la tragedia. Hasta ahora Chrissy se
había centrado en la tragedia en sí, pero ahora…
¿Cuál fue el motivo de la pelea?
Nadie había hablado de ello ni mostrado
interés. Chrissy tampoco, pero su enfoque era distinto. Aquel incidente no
estaba relacionado con celos amorosos. Era…
♬♬♪♩♩♩♪♪……
De repente sonó música. Chrissy, sobresaltado,
se detuvo en seco, pero enseguida recobró la compostura y sacó el móvil del
bolsillo. Era un teléfono nuevo, comprado hacía apenas unas horas. ¿Cómo
demonios alguien tenía su número? Tras fulminar la pantalla con la mirada un
instante, pulsó a regañadientes el botón de contestar.
—Chrissy Jin.
Al escuchar la voz del otro lado, confirmó su
desagradable presentimiento y soltó un breve suspiro.
“Debes tener mucho tiempo libre, para estar
acosando a un fiscal de pacotilla”.
Cuando Chrissy habló con sarcasmo,
inmediatamente le llegó la voz cortante de Nathaniel.
—No digas tonterías. ¿Dónde estás ahora?
Al oír por primera vez aquel tono áspero,
Chrissy se quedó momentáneamente paralizado y apartó el teléfono de la oreja.
Miró la pantalla un segundo, frunció el ceño y volvió a acercarlo.
—Vuelve ahora mismo. Esto no es algo que un
fiscal de bajo rango como tú pueda resolver.
Había muchas formas de rebatir aquello, pero
Chrissy eligió solo una.
“¿Crees que tienes derecho a decirme eso después
de haber callado todo este tiempo sabiéndolo perfectamente?”.
—Chrissy Jin, te lo advierto, deja de
entrometerte.
Nathaniel acabó apretando los dientes.
—No es algo que tú puedas hacer. Entiendo que
quieras actuar movido por tu sentido de la justicia, pero ahora no es el
momento. Haz las cosas teniendo en cuenta la situación.
Sonaba nervioso. Parecía genuinamente deseoso
de que Chrissy se detuviera, y cuanto más insistía, más convencido estaba
Chrissy de que esta vez estaba realmente cerca de la verdad.
“Gracias por preocuparte, pero no quiero
escuchar los consejos de quien me dio de comer comida para perros”.
Ante la cínica respuesta de Chrissy,
sorprendentemente se hizo el silencio durante varios segundos. Nathaniel soltó
un breve suspiro y continuó.
—Chrissy, escúchame. Estoy intentando
ayudarte.
“¿No me digas que vas a confesar que hiciste
aquella locura para protegerme?”.
Chrissy no cedía ni un ápice. Al final,
Nathaniel dio un paso atrás.
—Está bien, admito que me excedí. Ahora basta
y regresa, o te arrepentirás.
“Gracias por el consejo. Adiós”.
—Chrissy Jin, si no vienes ahora mismo…
Nathaniel intentó decir algo más, pero Chrissy
colgó sin más. Para no perder tiempo innecesario, apagó el teléfono por
completo y continuó explorando la mansión. El equipo de búsqueda ya se había
llevado todas las posibles pruebas, así que solo podía deducir la situación a
partir de los rastros que quedaban en la casa.
Revisó desde la planta baja hasta la cuarta,
pero no encontró nada especial. Ni puertas secretas. Tras terminar de
inspeccionar la última habitación, Chrissy se quedó allí de pie, acariciándose
la barbilla con expresión seria.
Qué extraño.
Lo sospechoso no era el interior de la casa.
Era la estructura. ¿Por qué construir una casa de cuatro plantas? La mansión no
era especialmente grande. ¿Por qué no haberla ampliado horizontalmente
aprovechando el terreno en lugar de apilar pisos? Para una casa de siete
habitaciones, dos plantas habrían sido más que suficientes. Tres ya serían
excesivas, pero ¿cuatro?
Bajó de nuevo a la planta baja y se detuvo en
el centro del vestíbulo mirando hacia arriba. Las escaleras a ambos lados se
dividían en cada planta y subían hasta la cuarta de forma escalonada.
Permaneció allí un rato, observando lentamente desde la primera hasta la cuarta
planta, y de pronto algo captó su atención.
“…Ah”.
Sin querer, se le escapó una exclamación de
sorpresa. Sus ojos, que habían estado fijos en el extremo de la escalera de la
izquierda que subía al segundo piso, se desplazaron al extremo de la derecha.
Luego a ambas escaleras del tercer piso y, finalmente, al cuarto.
En cada una colgaba un gran cuadro. Algunos
mostraban animales, otros con personas y otros con paisajes, todos diferentes,
pero había un único punto en común.
La luna.
Por muchas veces que mirara, era lo mismo. En
todos los cuadros aparecía la luna. De luna nueva a luna menguante, de formas
irregulares, pero sin duda eran lunas.
(N/T: Luna menguante: es la fase lunar en la
que la porción visible de la superficie iluminada de la Luna disminuye
progresivamente después de la luna llena, hasta llegar a la luna nueva.)
Entonces, tal vez la forma de la luna también
escondiera un secreto.
Había cinco cuadros con luna en total. El piso
en que estaban colgados, si eran de la derecha o de la izquierda, el tamaño
diferente de cada luna… todo debía tener su razón. Como prueba, en el cuarto
piso solo había un cuadro en una de las paredes. Chrissy subió corriendo las
escaleras y se detuvo delante del cuadro. Si descubría un secreto, los demás se
revelarían solos.
Había un total de cinco cuadros con lunas.
Algún tipo de cinco letras o un orden concreto...
Al examinar el cuadro de cerca y luego
retroceder varios pasos para verlo en conjunto, no encontró nada especial
aparte de la luna. Si no era el cuadro, quizá estuviera en otro sitio…
Siguiendo la lección anterior, amplió el campo
visual y miró alrededor del marco. No se equivocaba. En las esquinas del marco
había números romanos grabados.
Si ordenaba las fases de la luna según los
números del marco…
Un código postal.
En cuanto visualizó mentalmente la zona que
indicaban los números, se le escapó una risa incrédula. La fiesta a la que
había sido invitado el fiscal general. Era el código postal de la zona donde
estaba aquella villa.
***
¿No estaré imaginando demasiado?
Chrissy pisó el acelerador con nerviosismo. El
caro deportivo rugía mientras devoraba la carretera, pero a él le parecía ir
demasiado lento. Aquella fiesta no había mostrado nada sospechoso. No sabía si
se había vuelto a celebrar otra. Pero Nathaniel había estado allí. El abogado
de Jonathan. Y las conversaciones que se cruzaron: inversiones, pérdidas,
perspectivas… En aquel momento no le interesaban y las dejó pasar, pero aunque
hubieran dicho cualquier cosa, no habría sido sospechoso. Si entre ellos
compartían secretos aún más ocultos…
Chrissy estaba seguro de que, al ser su
primera vez, no había podido acceder a esa zona. Considerando quiénes estaban
reunidos allí, que Nathaniel Miller fuera miembro era lo más natural del mundo.
Y aun así, Chrissy seguía sintiendo una extraña incomodidad. Él había dicho que
no sabía nada de ‘los Hijos de la Luna’. Aquello también tenía que ser mentira.
Nathaniel Miller mentía con total naturalidad.
Si lo que había descubierto el detective
Simons tenía relación con ellos…
Era perfectamente posible que recibiera
advertencias. Lo que le inquietaba era que la advertencia viniera precisamente
de Nathaniel Miller. ¿Por qué? ¿Qué pretendía?
Desde luego, no era por preocuparse por él.
‘Fiscal…’
De pronto, su voz grave llamándolo resonó en
sus oídos. Sorprendido, Chrissy levantó el pie del acelerador de golpe. Sacudió
la cabeza rápidamente para recuperar la calma. No era momento para pensamientos
inútiles. Tenía que llegar cuanto antes.
Con el corazón dividido entre desear que el
detective Simons estuviera allí y esperar haberse equivocado, aceleró aún más
mientras corría hacia el lugar.
