2. Trampa

 


2. Trampa

 

El tiempo pasó más rápido de lo esperado.

Gracias al ímpetu imparable de Kang Sa-hyeok, todos los preparativos para la boda avanzaron sin contratiempos. Las personas cercanas a los hermanos bromeaban diciendo que parecía que Sa-hyeok estaba ansioso por comenzar su vida con la nueva novia lo antes posible.

Cada vez que alguien hacía ese comentario, Seon-ah se Imitaba a sonreír con timidez, pero Woo-jin, desde su perspectiva, no podía evitar sentir que había algo extraño en tanta prisa.

Incluso su amiga So-hyeon había hecho un comentario fuera de lugar:

‘Oye, tu hermana no estará… embarazada, ¿verdad?’.

Woo-jin había negado con la cabeza ante esas palabras subidas de tono, pero él mismo encontraba la situación un poco rara. Aunque estuvieran en el apogeo de su amor, no podía entender por qué alguien con una agenda tan apretada como Sa-hyeok aceleraba todo de esa manera.

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“Woo-jin, ¿puedes venir a probar esto?”.

La voz de Seon-ah lo sacó de sus pensamientos. Al girar la cabeza, vio a su hermana ocupada en la cocina, rodeada de ingredientes. Se acercó a ella.

Ese día, antes de mudarse a la casa de Sa-hyeok, Seon-ah quiso preparar una última comida casera en la casa llena de recuerdos con Woo-jin. Era el día en que Sa-hyeok vendría.

Woo-jin tomó la cuchara que le ofrecía y probó la sopa de algas.

“¿Qué tal? ¿Está bien?”.

“Sí, está rica”.

“¿No está muy sosa?”.

“No, está perfecta. Pero… ¿por qué sopa de algas de repente?”.

Entre tantos platos posibles, le parecía extraño que hubiera elegido ese, especialmente para recibir a un invitado. Seon-ah soltó un “Ah” y sonrió.

“A Sa-hyeok le encanta la sopa de algas. Tiene un paladar exigente y rara vez termina lo que come, pero siempre se termina esta sopa”.

“¿En serio?”.

“Sí. Intenté seguir tu receta, pero no sé si quedó parecida. Tal vez debí dejar que tú la prepararas”.

Woo-jin parpadeó, entendiendo por fin por qué Seon-ah había estado preguntando tanto por la receta días atrás. Desde pequeño, cada año preparaba esa sopa para el cumpleaños de Seon-ah, y aunque no llevaba nada especial, siempre quedaba sorprendentemente deliciosa. Era prácticamente el único plato que sabía cocinar, y ni siquiera era una receta propiamente dicha.

A pesar de la aprobación de Woo-jin, Seon-ah seguía mirando la sopa con preocupación.

“Te digo que está rica”.

Woo-jin le dio una palmadita en el hombro para tranquilizarla.

“Más bien, ¿no deberías apurarte? ¿No dijo que llegaría a las siete?”.

Al mirar el reloj en la pared, Seon-ah se sobresaltó al ver la hora.

6:25 p.m.

“¡No sé qué hacer, Woo-jin! Ayúdame a poner la mesa, rápido”.

Woo-jin suspiró, viendo a su hermana entrar en pánico, aunque se movió con agilidad para ayudarla.

El timbre sonó exactamente a las siete. Sa-hyeok, con su habitual precisión impecable, llegó puntual, ni un minuto antes ni después. Esa exactitud hizo que Woo-jin sintiera una opresión en el pecho.

“¡Bienvenido, Sa-hyeok!”.

Seon-ah lo recibió con una gran sonrisa, pero el rostro del hombre no mostró ningún cambio. Como siempre, su expresión era fría, casi indiferente, y solo inclinó ligeramente la cabeza.

Un momento después, su mirada se deslizó hacia Woo-jin, que estaba a un lado. Sus cejas perfectamente delineadas se movieron apenas, algo que no pasó desapercibido para Woo-jin.

Con un leve retraso, Woo-jin inclinó la cabeza en un saludo.

“…Hola”.

Ante el saludo incómodo, los ojos fríos de Sa-hyeok se entrecerraron ligeramente, y por primera vez, habló.

“Sí”.

“…”.

Incluso tras esa breve respuesta, su mirada permaneció fija en el rostro de Woo-jin por un rato. Cuando el silencio incómodo se volvió insoportable, Sa-hyeok apartó la mirada y giró ligeramente.

Su asistente, que lo seguía, le entregó un gran ramo de flores, que Sa-hyeok pasó a Seon-ah. Los ojos de ella se abrieron de par en par al recibir el ostentoso ramo, claramente costoso.

“Sa-hyeok, no tenías que traer nada”.

Aunque lo dijo por cortesía, la felicidad en su rostro era evidente mientras olía el aroma de las flores. Al verla tan contenta, una leve sonrisa apareció en los labios de Woo-jin. Ver a su hermana, siempre fuerte ante él, tan feliz por un simple ramo, le hizo sentir una punzada en el corazón al darse cuenta de que también era una mujer común.

De repente, sintió una mirada fija y giró la cabeza hacia ella. Al hacerlo, se quedó paralizado.

“…”.

“…”.

¿Desde cuándo lo estaba mirando así?

Esa mirada intensa, como si estuviera examinando cada rincón de su rostro, hizo que Woo-jin apartara la vista instintivamente. No era la primera vez. Desde que conoció a Sa-hyeok, había momentos en los que sus miradas se cruzaban con frecuencia, como ahora.

No sabía si era un mal hábito o un gesto inconsciente, pero cada vez que ocurría, Woo-jin se sentía invadido por una mezcla de incomodidad y desagrado.

…No, no puede ser.

Se repetía a sí mismo, intentando convencerse de que sus pensamientos eran solo temores infundados.

Para escapar de esa mirada persistente, Woo-jin decidió actuar primero.

“Hermana, dile que pase…”.

“Oh, qué despistada estoy. Sa-hyeok, pasa, por favor”.

Recuperándose de su felicidad, Seon-ah lo invitó a entrar, y Sa-hyeok finalmente dio un paso dentro de la casa. La mirada intensa había desaparecido por completo.

Con su gran estatura, la presencia de Sa-hyeok hacía que el ya pequeño salón pareciera aún más estrecho, quizás por el techo bajo.

“Siéntate aquí, ¿tienes hambre?”.

“Estoy bien, suelo cenar más tarde”.

Mientras se dirigían a la mesa, Sa-hyeok echó un vistazo a la comida abundantemente dispuesta.

“¿Todo esto lo preparaste sola?”.

Aunque no lo mostró abiertamente, sus cejas se alzaron ligeramente, indicando sorpresa. Miró la mesa repleta de platos antes de volver a mirar a Seon-ah.

“No, sola no. Woo-jin me ayudó”.

“¿De verdad?”.

Ante las palabras de Seon-ah, Sa-hyeok volvió a mirar a Woo-jin con una expresión extraña.

“Solo… ayudé un poco. Mi hermana lo hizo casi todo”.

Incapaz de sostener su mirada, Woo-jin respondió mirando a Seon-ah, quien sonrió con cierta timidez.

A invitación de Seon-ah, los tres se sentaron juntos.

“Preparé todo esto, pero no sé si será de tu agrado”.

“No soy quisquilloso. Además, si ustedes dos se esforzaron tanto, tengo que comerlo con gusto”.

El comentario específico sobre ‘ustedes dos’ hizo que Woo-jin, sin darse cuenta, empezara a rascarse una cutícula bajo la mesa.

“Espera un momento, voy a calentar la sopa”.

Aunque los demás platos estaban listos para la hora de llegada de Sa-hyeok, la sopa se había enfriado un poco. Mientras Seon-ah se levantaba para calentarla, Woo-jin se puso de pie rápidamente.

“Hermana, yo la traigo…”.

“No, está bien. Quédate y habla con Sa-hyeok”.

Haciendo un gesto para que se sentara, Seon-ah se dio la vuelta. Woo-jin, que había quedado en una postura incómoda, volvió a sentarse lentamente.

¿De qué iba a hablar con alguien cuya sola presencia le ponía los nervios de punta? Mordió sus labios en la incomodidad del momento.

“Labios”.

La voz grave de Sa-hyeok hizo que sus hombros se estremecieran. Sorprendido por la palabra repentina, Woo-jin lo miró.

La mirada fría del hombre se posó brevemente en sus labios, y luego señaló con dos golpecitos su propia boca.

“No los maltrates”.

“…”.

Su tono, como si estuviera regañando a un niño con malos hábitos, dejó a Woo-jin sin palabras, mirándolo atónito. Una leve sonrisa curvó los labios de Sa-hyeok.

“Si estás en tu último año, ¿ya estás buscando empleo?”.

El cambio abrupto de tema hizo que Woo-jin abriera los ojos y parpadeara.

“Creo que mencionaste que querías ser florista. ¿Estás buscando trabajo o planeas abrir tu propia tienda?”.

Al escuchar su voz baja, Woo-jin respondió con un leve retraso.

“Sí… estoy pensando en buscar empleo”.

“¿Dónde?”.

“Quiero enviar mi currículum como florista para bodas en hoteles, pero… aún no estoy seguro”.

“¿No estás seguro? ¿Por qué?”.

Pensando que era una pregunta casual, Woo-jin se sorprendió por la insistencia.

“Dicen que los hoteles importantes prefieren a quienes han estudiado en el extranjero, así que…”.

Aunque no era su culpa, Woo-jin sintió vergüenza y dejó la frase incompleta.

Sa-hyeok, tras escuchar su respuesta tímida, pareció reflexionar antes de hablar de repente.

“Entonces, ¿por qué no abres tu propia tienda? Trabajar para un hotel famoso no deja de ser un empleo con salario bajo y mucho esfuerzo”.

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“…”.

Las palabras dichas con indiferencia dejaron a Woo-jin sin respuesta. Aunque, como decía Sa-hyeok, podría alquilar un pequeño local, eso requería un capital inicial que no tenía. Había visto a varios compañeros que, al no poder competir con los graduados en el extranjero, abrieron sus propias tiendas solo para fracasar en uno o dos años.

Sa-hyeok debía saber de las dificultades económicas de los hermanos, así que su comentario despreocupado sonó algo molesto.

“No tengo los medios para eso ahora. Primero quiero trabajar, ahorrar y luego pensarlo…”.

“Si el problema es el dinero, yo lo pondré”.

Las palabras de Sa-hyeok, cortando su respuesta vacilante, hicieron que Woo-jin parpadeara rápidamente.

“¿Qué?”.

“Si quieres abrir una tienda pero el dinero te frena, yo puedo cubrirlo”.

“¿Por qué haría eso… el señor Kang?”.

Fue una reacción instintiva, sin filtro alguno. Las palabras salieron solas.

¿Por qué querría financiar una tienda para él? No lo entendía.

Sa-hyeok, riendo ligeramente como si la pregunta fuera extraña, respondió.

“Porque soy tu protector”.

“…”.

Sus cejas se fruncieron ante esas palabras dichas sin vacilación. Sabía que Sa-hyeok no lo decía en un sentido literal; probablemente se refería a que, al casarse con su hermana, asumiría un rol protector.

Aun así, algo en esas palabras lo incomodaba. Pero no podía expresar su malestar en ese momento. Era una cena que Seon-ah había preparado especialmente para Sa-hyeok antes de la boda, y no quería crear un ambiente incómodo por su culpa.

Con calma, Woo-jin respondió.

“Gracias por la consideración, pero prefiero encargarme yo mismo”.

Aunque había elegido sus palabras con cuidado, parecía que la respuesta no le había gustado a Sa-hyeok. Sus cejas perfectamente alineadas se movieron de manera notoria.

“¿De qué están hablando tan serios?”.

Justo en ese momento, Seon-ah se acercó a la mesa con una bandeja que llevaba un tazón humeante. Colocó el tazón frente a Sa-hyeok primero y miró alternativamente a los dos con curiosidad.

“Estábamos hablando de que, si tiene intenciones de abrir una tienda propia después de graduarse, podría ayudarlo,” dijo Sa-hyeok con tono despreocupado.

La sonrisa en el rostro de Seon-ah se congeló por un instante. Miró rápidamente a Woo-jin, que estaba sentado con una expresión incómoda al otro lado de la mesa, antes de girar lentamente hacia Sa-hyeok.

“Sa-hyeok… agradezco tu intención, pero no es necesario que hagas tanto”.

El rostro de Seon-ah reflejaba las mismas palabras que Woo-jin había dicho antes, mientras lo miraba con cautela. Sa-hyeok simplemente la observó en silencio.

“Por supuesto… estoy muy agradecida de que te preocupes incluso por Woo-jin, pero me sentiría demasiado culpable contigo…”.

Hablaba con cuidado, como si temiera ofenderlo. La boda ya generaba suficientes rumores entre la gente. Aunque no sabía por qué un hombre como Sa-hyeok había elegido a alguien como ella, sin nada especial que ofrecer, Seon-ah siempre había sentido una inseguridad profunda que la hacía incapaz de actuar con total naturalidad.

Por eso quería esforzarse al máximo en esa relación, para no darle a Sa-hyeok ni el más mínimo motivo para arrepentirse de su decisión.

“No hay por qué sentirse así”.

Sin embargo, un chasquido bajo de su lengua interrumpió el momento, y un silencio pesado cayó sobre la mesa.

Sa-hyeok levantó la mano lentamente y se presionó el entrecejo con irritación.

“¿Acaso mis palabras de que nunca he considerado esta boda sin incluirlos a ambos sonaron vacías?”.

“…”.

Aunque la pregunta fue formulada con cortesía, era imposible no percibir el trasfondo de molestia. Seon-ah, visiblemente incómoda, cerró la boca como si se hubiera quedado sin palabras.

Sentado al otro lado, Woo-jin apretó los puños sobre sus rodillas, sintiendo que el ambiente se había tensado por su culpa. No sabía cómo manejar la situación.

El silencio opresivo, donde apenas se escuchaba la respiración, se prolongó hasta que Sa-hyeok lo rompió nuevamente.

“Como siempre digo, no hay que complicar las cosas”.

Sus ojos afilados se cerraron lentamente y volvieron a abrirse, posándose directamente en Woo-jin.

En ese instante, su mirada se clavó en el rostro pequeño y pálido de Woo-jin, que lo observaba desconcertado.

“A partir de ahora, tanto Seon-ah como tú, Woo-jin…”.

Su voz grave y profunda resonó en los oídos de Woo-jin, haciendo que su mirada, que temblaba inquieta, chocara con la intensidad cruda de la de Sa-hyeok. Sus ojos se estrecharon como los de una serpiente.

“…serán míos, las personas de Kang Sa-hyeok”.

Al ver cómo los labios de Sa-hyeok se curvaban suavemente, Woo-jin tragó saliva sin darse cuenta. Por alguna razón, en ese momento se sintió como una rana atrapada en las fauces de una serpiente.

***

Era un día como cualquier otro, regresando a casa después de clases.

“¿…Eh?”.

Al ver una figura alta y robusta en la penumbra frente a la entrada, Woo-jin dejó escapar un leve sonido de sorpresa. Aunque la presencia imponente podría haberlo hecho retroceder, dio un paso adelante al reconocer de quién se trataba.

Extrañado de verlo solo, sin nadie acompañándolo, Woo-jin miró a su alrededor mientras se acercaba. Finalmente, la figura pareció notar su presencia y giró hacia él.

“¿Qué haces aquí?”.

Woo-jin miró hacia el segundo piso, donde las luces estaban apagadas, y luego alternó su mirada con el rostro de Sa-hyeok. Pensó que tal vez venía a ver a su hermana, pero algo en la forma en que lo esperaba frente a la casa le parecía extraño.

Como si hubiera estado esperándolo a él.

Tras un momento, Sa-hyeok habló.

“Tengo algo que decirte”.

“¿Algo… a mí?”.

Woo-jin parpadeó, sorprendido, y repitió la pregunta.

“Sí”.

“…”.

Sin saber qué responder, Woo-jin apretó los labios. El reloj marcaba las ocho, no era muy tarde, pero tampoco era el mejor momento para invitar a alguien a entrar.

Estar a solas en un espacio reducido con un alfa dominante como Sa-hyeok, especialmente cuando Seon-ah había mencionado que estaría fuera por una despedida, le hacía sentir una opresión en el pecho.

Aunque había oído que Sa-hyeok tomaba supresores regularmente para evitar inducir un celo forzado en omegas, y él mismo tomaba sus propios supresores hormonales, con su período de celo aún lejos, seguía sintiendo una inexplicable inquietud.

Como si percibiera su reticencia, Sa-hyeok continuó.

“Será rápido. Es sobre Seon-ah, tu hermana”.

A diez días de la boda, ¿qué tendría que hablar con él, sobre su hermana? Woo-jin dudó un momento antes de asentir lentamente.

“…Pasa”.

Aunque la idea de estar a solas con un alfa en un espacio cerrado le ponía los nervios de punta, no podía rechazar a alguien que había venido con un propósito.

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Como si hubiera anticipado su permiso, Sa-hyeok inclinó ligeramente la cabeza y entró.

“¿Quieres algo de beber?”.

Al entrar en la casa fría, Woo-jin encendió la calefacción y se acercó a Sa-hyeok, preguntando con torpeza.

Sa-hyeok miró brevemente el interior antes de posar sus ojos en él.

“Sí, un vaso de agua”.

“Bien, espera un momento”.

Señalando una pequeña mesa en el modesto salón sin sofá, Woo-jin se dirigió rápidamente a la cocina. Mientras sacaba una botella de agua del refrigerador y la vertía en un vaso, su mente estaba llena de pensamientos confusos. Sin embargo, por más que lo intentaba, no podía descifrar qué quería Sa-hyeok.

Con el vaso en la mano, regresó al salón. Al ver a Sa-hyeok sentado con la espalda recta frente a la mesa, tragó saliva por la tensión.

Con cuidado, colocó el vaso frente a él.

“Lo tomaré con gusto”.

La voz baja de Sa-hyeok resonó claramente en el pequeño salón. Woo-jin se sentó lentamente frente a él.

“¿Qué querías decir?”.

Incapaz de soportar el silencio opresivo, Woo-jin habló apenas Sa-hyeok dejó el vaso en la mesa.

Aunque su intención era romper el hielo, Sa-hyeok lo miró con calma, como si no le diera importancia.

“¿Siempre han vivido aquí?”.

“¿Eh?”.

La pregunta inesperada dejó a Woo-jin atónito. Era absurdo que le preguntara algo que seguramente ya sabía por Seon-ah.

Tras una breve pausa, Woo-jin negó con la cabeza.

“No, hasta hace poco vivíamos en un ático en la parte alta. Nos mudamos aquí no hace mucho”.

“¿Siempre solo con tu hermana?”.

“Sí”.

“Entonces, mucha gente debe saber que esta es la casa de una mujer joven y un ‘omega joven’”.

“Bueno… supongo que sí…”.

Aunque respondía con cuidado, Woo-jin no podía evitar sentirse incómodo. Que Sa-hyeok lo llamara ‘omega joven’ le molestaba profundamente.

No entendía por qué un hombre que decía venir a hablar de su hermana hacía esas preguntas.

“Es sorprendente que no hayan tenido problemas hasta ahora”.

“…”.

El comentario cortante de Sa-hyeok, acompañado de un chasquido de lengua, hizo que Woo-jin lo mirara con cautela. ¿Acaso los años que los hermanos habían pasado dependiendo solo el uno del otro le parecían tan precarios?

Sin embargo, la expresión de Sa-hyeok era extraña. No era solo desaprobación; parecía… ¿enojado?

“¿No hubo problemas mientras crecías? Algo que, por ejemplo, no le contaste a tu hermana…”.

La pregunta, con un tono frío, hizo que las cejas de Woo-jin se fruncieran. Era demasiado directa, casi cruda, como si insinuara si alguna vez había sufrido algún tipo de abuso.

Era natural que Woo-jin se sintiera ofendido. Apretando los puños sobre sus rodillas, respondió con calma, aunque sus labios temblaban ligeramente.

“No entiendo por qué preguntas eso…”.

¿Estaba investigando el pasado de Seon-ah? ¿O en realidad quería saber sobre él, pero lo disfrazaba como preocupación por su hermana? Los pensamientos se arremolinaban en su cabeza.

La molestia en su voz era evidente, a pesar de su intención de mantener la calma por el bien de Seon-ah. Sa-hyeok no podía no notarlo.

Observando los labios temblorosos de Woo-jin, una leve risa escapó de los labios de Sa-hyeok.

“No te lo tomes a mal. Solo quería saber si había algo que debiera conocer de antemano”.

“…”.

“Por cierto, ¿no dijiste hace poco que querías mudarte?”.

Las pupilas de Woo-jin temblaron ante el cambio de tema.

Detectando ese movimiento, Sa-hyeok continuó.

“Tu hermana me dijo que quieres vivir solo”.

“…”.

“Estaba preocupada, preguntándose si era por su boda”.

“Ya le dije a hermana… no es por eso”.

“¿Entonces, de verdad quieres vivir solo?”.

Había un dejo de irritación en la voz inquisitiva de Sa-hyeok. Aunque no había razón para ello, Woo-jin no podía evitar sentirlo.

Tras bajar las cejas, respondió lentamente.

“Es algo que he pensado desde hace tiempo. Hasta ahora, no lo hice porque me preocupaba dejar a mi hermana sola…”.

“Pero ahora que estoy yo, te sientes libre para irte y vivir a tu manera, ¿es eso?”.

“…”.

No era exactamente lo que sentía, pero era la explicación más lógica. Así que, tras dudar, Woo-jin asintió en silencio.

Entonces, Sa-hyeok dijo algo increíble.

“En ese caso, tendremos que cancelar la boda”.

Woo-jin, aunque lo había escuchado claramente, se quedó atónito, incapaz de procesar lo que acababa de oír.

“¿Qué… cancelar la boda?”.

Repitió las palabras en un murmullo, con los ojos abiertos de par en par, preguntándose si estaba soñando despierto.

“¿Qué quiere decir con… cancelar la boda con mi hermana?”.

Tartamudeando, Woo-jin lo miró fijamente. Sa-hyeok asintió con calma.

“Sí”.

“¿Por qué?”.

Sin pensarlo, Woo-jin exigió una explicación.

“Creo que ya lo he dicho varias veces”.

“…”.

“Cuando decidí casarme, tú también estabas incluido en el plan”.

Las cejas de Woo-jin se fruncieron al instante.

“No… no entiendo de qué está hablando…”.

“Desde el principio, mi plan de casarme con tu hermana incluía que tú, Im Woo-jin, vinieras con ella. ¿Así se entiende mejor?”.

“¿Yo?”.

“Sí”.

“¿Por qué soy importante en el matrimonio de usted con mi hermana?”.

Ya no le importaba ser cauteloso por ser el prometido de su hermana. Exasperado, Woo-jin lo cuestionó con el rostro enrojecido.

Justo cuando pensó que los ojos de Sa-hyeok se curvaban ligeramente, estos brillaron con una intensidad afilada.

“Si te digo la razón ahora…”.

Su voz, cargada de peligro, se detuvo por un momento antes de continuar con un tono retorcido.

“¿Podrías manejarlo?”.

“…”.

Ante la amenaza apenas velada, el rostro pálido de Woo-jin se puso aún más blanco. Los ojos fríos de Sa-hyeok se curvaron claramente esta vez.

Tras un momento, se levantó lentamente. Ajustando el cuello de su chaqueta, miró a Woo-jin, que observaba la mesa con una expresión confundida.

Poco después, una advertencia salió de sus labios.

“Así que nada de andar diciendo que vas a vivir solo. Quédate tranquilo y ven a mi casa como debe ser”.

Los hombros de Woo-jin temblaron ligeramente en el silencio absoluto. La mirada intensa de Sa-hyeok se apartó finalmente, y él se dirigió hacia la puerta.

Antes de cerrar, dejó caer unas últimas palabras cargadas de peso.

“Como el buen hermano menor de Im Seon-ah, como siempre”.

***

“Hermana, despierta y bebe esto”.

Woo-jin, con un vaso de agua con miel en la mano, sacudió el hombro de Seon-ah, que seguía enterrada bajo las sábanas.

Solo entonces, el cuerpo inerte comenzó a moverse lentamente.

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“¿Por qué? Estoy muerta…”.

Seon-ah, con el rostro arrugado y los ojos apenas abiertos, hizo que Woo-jin negara con la cabeza, exasperado.

“¿Quién te manda beber tanto si no lo aguantas?”.

“¿Y qué iba a hacer? Todos me ofrecían tragos para celebrar, ¿cómo iba a rechazarlos? ¡Eso sería inhumano!”.

“Eres un desastre. Al menos podrías haber bebido con moderación. Mira cómo estás”.

“Basta de regañarme y pásame eso”.

Cansada de las reprimendas, Seon-ah se incorporó con esfuerzo, extendiendo una mano temblorosa. Suspirando, Woo-jin le acercó el vaso.

Tras beber el agua con miel a sorbos, Seon-ah le devolvió el vaso vacío.

“Aunque me regañes, eres el mejor hermano”.

“Levántate ya, ¿no dijiste que hoy también tienes un día ocupado?”.

Al ver su sonrisa torpe, Woo-jin no pudo evitar sonreír también.

“Ah, cierto. Hoy tengo una despedida con las señoras del vecindario… Ugh, quisiera saltármelo”.

“No digas tonterías. Más te vale beber con moderación hoy, a menos que quieras llegar al altar con la cara hinchada”.

“¡Oye, qué cosas dices!”.

Seon-ah refunfuñó, pero Woo-jin, riendo una vez más, se levantó. Justo cuando giraba con el vaso vacío, ella lo llamó.

O, más bien, los pasos de Woo-jin se detuvieron por completo.

“Por cierto, Woo-jin, ¿decidiste posponer lo de mudarte, verdad?”.

“¿Qué?”.

Su expresión se torció extrañamente, como si hubiera escuchado algo imposible. Seon-ah ladeó la cabeza, confundida.

“Ayer, durante la cena, Sa-hyeok me llamó”.

“…”.

“Me dijo que me divirtiera, pero que no bebiera demasiado. Y mencionó que había pasado por la casa para verte”.

El momento en que Seon-ah reveló que Sa-hyeok había estado allí, los ojos de Woo-jin temblaron intensamente, como si lo hubieran descubierto en algo que no debía. Su mirada inquieta no se calmaba.

Sin notar nada, Seon-ah lo miró fijamente. Tras unos segundos que parecieron minutos, Woo-jin, esforzándose por parecer calmado, abrió la boca con dificultad.

“¿Y… qué dijo?”.

“Bueno, parece que le preocupaba que estuviera tan inquieta por separarme de ti. Dijo que fue a convencerte”.

“¿Y luego?”.

“Me dijo que yo estaba muy preocupada, así que sugirió que viviéramos juntos por ahora y que pensaras en mudarte más adelante. ¿No es así?”.

“…”.

Al escuchar la historia cuidadosamente maquillada a través de su hermana, Woo-jin estuvo a punto de soltar una risa amarga.

Ese día, las palabras incomprensibles de Sa-hyeok lo habían dejado pensando todo el día, con la cabeza a punto de estallar. Temeroso de que sus peores sospechas fueran ciertas, no se atrevió a confrontarlo más.

Desde el primer encuentro, había sentido algo extraño en él, esa mirada persistente que lo seguía. Quería creer que no era nada, que solo eran imaginaciones suyas, producto de una mente inquieta.

Se lo repitió decenas de veces, ignorándolo a propósito, porque de lo contrario, la ansiedad y el ahogo eran insoportables.

Pero la noche anterior, Sa-hyeok lo había amenazado claramente, usando el matrimonio con su hermana como pretexto. Si Woo-jin no se mudaba con ellos, la boda podría cancelarse en cualquier momento. Era una amenaza incomprensible.

Por más que intentara interpretarlo de la mejor manera, no llegaba a ninguna otra conclusión. Por eso, aunque se sentía asfixiado, no podía hablar de esto con nadie, mucho menos con Seon-ah, que estaba inmersa en la felicidad previa a su boda.

“¿Woo-jin?”.

La voz de Seon-ah lo sacó de sus pensamientos. Temeroso de que su expresión lo delatara, bajó la mirada y habló.

“No, es como dijiste. Por ahora… hasta que te adaptes a la casa. Solo hasta entonces viviré con ustedes, y luego lo reconsideraré”.

Para no parecer extraño, mantuvo una leve sonrisa mientras hablaba. La alegría en el rostro de Seon-ah era innegable.

“¡Cuando te lo dije yo, no me hiciste caso! Bueno, nada de cambiar de opinión ahora, ¿entendido?”.

“Sí…”.

Aunque Seon-ah fingía regañarlo, su entusiasmo era evidente. Verla tan feliz hizo que el corazón de Woo-jin se sintiera aún más pesado.

“No es nada, Im Woo-jin”, se dijo a sí mismo, apretando los puños y mordiendo los labios.

Tal vez solo es… admiración por una familia ideal o algo así.

Quizás Sa-hyeok solo era alguien con una forma de expresarse demasiado autoritaria. Repitió en su mente la conclusión a la que había llegado tras miles de pensamientos la noche anterior.

Pero la opresión, como una piedra en el pecho, no se disipaba fácilmente.

***

Los días restantes pasaron volando. Afortunadamente, nada de lo que temía ocurrió, y llegó el día de la boda.

“Wow, tu hermana está tan guapa que, exagerando un poco, podría pasar por alguien de veintitantos. Ahora entiendo por qué a veces te piden identificación. Es cosa de familia,” susurró Kim So-hyeon al oído de Woo-jin, quien estaba rígido por los nervios.

Woo-jin miró lentamente a Seon-ah, radiante en su vestido blanco, la novia más feliz del mundo. Aunque había aceptado la idea de su matrimonio, verla así le hizo sentir realmente que su hermana ahora sería la esposa de alguien más.

Ella, que tanto se había esforzado por él, finalmente había encontrado a alguien en quien apoyarse. Aunque eso lo tranquilizaba, una inexplicable sensación de pérdida le punzaba el corazón.

¿Quién podría entender esos sentimientos contradictorios?

Con una leve sonrisa, Woo-jin miró a Seon-ah bajo las luces brillantes.

“Hermana, tienes que ser feliz,” murmuró para sí, mordiendo el interior de sus labios para contener las lágrimas.

Aun así, para reprimir sus emociones, bajó la cabeza, respirando profundamente varias veces para no mostrar sus lágrimas y evitar que Seon-ah se preocupara.

Pero en ese momento…

“Oye, te están llamando, Woo-jin”.

La voz de So-hyeon y un codazo lo hicieron levantar la cabeza de golpe. Las fotos con los amigos habían terminado, y solo los novios permanecían en el altar.

Woo-jin parpadeó, confundido, ante las miradas de ambos.

“Joven, ¿podría ponerse entre el novio y la novia?”.

Al escuchar al fotógrafo, Woo-jin caminó lentamente hacia ellos. Con una expresión aturdida, se acercó mientras Seon-ah le hacía señas con una gran sonrisa.

“Ven aquí, Woo-jin”.

“Hermana… ¿qué es esto?”.

“Quise pedir una foto de nosotros tres juntos”.

Atónito por sus palabras, Woo-jin miró a Sa-hyeok con confusión. En una boda ya de por sí comentada, había intentado pasar desapercibido todo el día. Que lo llamaran a tomarse una foto frente a todos los invitados era inesperado.

Aunque podía entenderlo de su hermana, que a veces era algo impulsiva, esperaba que Sa-hyeok estuviera molesto. Sin embargo, contra todo pronóstico, su expresión era serena, incluso parecía… ¿satisfecho?

“Ponte aquí”.

Sa-hyeok dio un paso a un lado, indicándole con un gesto. Tras dudar brevemente, Woo-jin se colocó entre ellos.

“Bien, novios, acérquense al joven en el centro”.

Cuando Woo-jin tomó su lugar, ambos se acercaron siguiendo las instrucciones del fotógrafo. Incómodo, Woo-jin desviaba la mirada hasta que, de repente, contuvo el aliento.

“¡Joven, sonría! Parece más nervioso que la novia”.

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El fotógrafo, con un tono exageradamente alegre, intentó relajar el ambiente, y risas se esparcieron entre los presentes.

“Sí, Woo-jin, relájate”.

Seon-ah, a su lado, lo animó, pero su rostro seguía tenso. La mano grande de Sa-hyeok, que rodeaba con fuerza su cintura, había puesto todos sus nervios en alerta.

Aunque estaba oculta por el vestido de Seon-ah, no se atrevía a mirar, temeroso. Desde el momento en que sintió el suave toque de la mano de Sa-hyeok, no pudo respirar con normalidad.

Incapaz de mover un dedo, una voz baja y tranquila resonó en su oído.

“Vamos, sonríe”.

“…”.

“Es una boda única, no puedes estar tan tenso”.

“…”.

Sus palabras hicieron temblar los labios de Woo-jin. ¿Una boda única? ¿De quién estaba hablando?

Miles de pensamientos giraban en su mente, pero decidió esforzarse por levantar las comisuras de sus labios. Solo quería que la foto terminara para escapar de ese momento.

“¡Perfecto! Mantengan esa pose. ¡Vamos a tomar la foto!”.

Con el grito del fotógrafo, los flashes destellaron sin parar, cegándolo. Tras varias tomas, la sesión terminó.

Cuando la atención de los presentes se disipó, la mano en su cintura se retiró rápidamente. Con las piernas temblorosas, Woo-jin bajó del altar apresuradamente. Seon-ah le dijo algo sobre verlo después, pero no recordaba cómo respondió ni con qué expresión.

Solo quería alejarse de Sa-hyeok lo antes posible.

La atención volvió a los novios, y nadie notó a Woo-jin. Sin embargo, un comentario de So-hyeon hizo que su corazón se hundiera.

“Si alguien lo viera de lejos, pensaría que hay un novio y dos novias”.

Aunque sabía que era una broma típica de su amiga, esta vez no pudo reír. Su rostro palideció, congelado.

Vestido con un traje blanco que parecía de novio, temía que en la foto realmente pareciera así.

No podía ni respirar con libertad.

***

“Quiero casarme”.

Recostada sobre la mesa llena de latas de cerveza, So-hyeon habló mientras Woo-jin se secaba el cabello con una toalla.

“¿Casarte? ¿De dónde salió eso?”.

“Con lo difícil que es encontrar trabajo, pienso que sería mejor casarme y ya”.

Woo-jin, secándose el cabello, suspiró ante su comentario.

“¿No decías que harías lo que quisieras y te casarías con Joo-hyuk después de los treinta? ¿Ya cambiaste de idea?”.

“No es exactamente eso. Pero hoy, al ver a tu hermana, confirmé que una mujer debe encontrar un buen hombre”.

Por su lengua enredada, parecía que ya había bebido varias latas. Ella, que solía criticar a las mujeres que buscan depender de un hombre, ahora decía lo opuesto.

“El señor Kang es muy atractivo. Tiene un carisma que sale de sus ojos. Nunca entendí eso de que un hombre es ‘sexy’, pero hoy lo capté”.

“…”.

El nombre de Sa-hyeok hizo que Woo-jin detuviera sus manos.

“Dime otra vez, ¿cómo se conocieron?”.

So-hyeon, enderezándose, preguntó con ojos brillantes.

“Dijo que la vio en la tienda donde trabajaba, durante una inspección, y sintió algo por ella. No sé mucho más”.

“¿Quién? ¿Tu hermana?”.

“No, el señor Kang”.

“¿Qué? ¿No fue tu hermana, sino que él se enamoró primero?”.

Todos reaccionaban igual al escuchar la historia. Un exitoso CEO, atractivo y con el carisma de un alfa dominante, junto a una beta común como su hermana, hacía que la sorpresa fuera lógica.

“Lo siento, no quiero menospreciar a tu hermana, pero me sorprendió. Seguro tiene un encanto irresistible”.

Sonriendo torpemente, So-hyeon se disculpó, y Woo-jin dejó escapar una leve sonrisa.

“No pasa nada. Todos reaccionan igual, ya no me molesta”.

“¡Claro! En esta era de ‘el fuerte se come al débil’, conquistar a un hombre así es algo para celebrar”.

Dando palmadas en sus rodillas, So-hyeon bromeó, y Woo-jin suspiró.

“¿Y si aprovechas y te vas a estudiar al extranjero sin preocupaciones?”.

“¿Estudiar al extranjero?”.

“Siempre quisiste ir a Inglaterra”.

“Oh…”.

Sorprendido por el comentario repentino, Woo-jin asintió lentamente.

“Eso fue hace años. Ya lo dejé atrás”.

En su primer año, cuando una compañera de tercer año se fue a estudiar a una prestigiosa universidad en Inglaterra, todos en su grupo habían estado emocionados.

Quizás porque era joven e inmaduro, a pesar de ser un sueño inalcanzable para sus circunstancias, aún recordaba haber dicho que quería ir a Inglaterra alguna vez.

“¿Por qué no? Ahora que tienes un cuñado rico, ¿qué te preocupa?”.

“No vuelvas a hacer ese tipo de bromas. ¿Cuñado rico? Es solo el esposo de mi hermana, no tengo ninguna intención de aprovecharme de él”.

“Vale, solo era una forma de hablar, no hace falta que te pongas tan serio…”.

So-hyeon, algo avergonzada, se rascó la mejilla ante la reacción cortante de Woo-jin, quien normalmente dejaba pasar sus comentarios con una sonrisa.

“¿Acaso… no te cae bien el señor Kang?”.

La pregunta, hecha con cautela, hizo que Woo-jin se detuviera por un momento.

Interpretando su silencio, los ojos de So-hyeon se abrieron de par en par.

“A mí me pareció una buena persona… Dijo que no era seguro que te quedaras solo aquí y te pidió que te mudaras primero a la casa de recién casados. Parece que se preocupa por ti”.

Ante la mirada escrutadora de So-hyeon, Woo-jin, a regañadientes, abrió la boca.

“No es eso… No hay ninguna razón para que no me caiga bien. Solo no quiero ser una carga para mi hermana”.

“Vamos, entre familia no hay esas cosas. Entiendo cómo te sientes, pero piensa en tu hermana. Es normal que le preocupes, eres su único hermano. Y, naturalmente, eso hace que el señor Kang también se preocupe por ti. No seas tan rígido, eso te hace parecer frío”.

Tras el largo sermón de So-hyeon, Woo-jin asintió, diciendo que lo entendía. Mitad porque comprendía sus palabras, mitad porque no quería seguir con esa conversación.

Una vez terminada la boda, los novios partieron directamente al aeropuerto, no sin antes insistir en que Woo-jin se mudara primero a su nueva casa.

Woo-jin, que había planeado quedarse en el apartamento vacío hasta que ellos regresaran, se sorprendió cuando Sa-hyeok le pidió con firmeza que se instalara antes en la casa de recién casados. Aunque intentó protestar, diciendo que no podía mudarse solo a su hogar, Sa-hyeok fue tajante: no era seguro que se quedara solo.

Si no hubiera sido por la intervención de So-hyeon, ofreciéndose a quedarse con él en el apartamento hasta que los novios volvieran, la situación habría sido incómoda. Solo entonces Sa-hyeok dejó de insistir.

Todos los presentes debieron quedar conmovidos por la atención que Sa-hyeok mostraba hacia el hermano de la novia. Incluso su tío, que siempre lo miraba con desdén, alabó efusivamente el carácter de Sa-hyeok.

Sin embargo, Woo-jin no podía deshacerse de una sensación inquietante.

¿Mudarse solo a la casa de recién casados de su hermana y ese hombre? La sola idea le ponía los nervios de punta.

Afortunadamente, la intervención de So-hyeon resolvió el problema, pero la mirada desaprobadora de Sa-hyeok mientras subían al coche aún estaba fresca en su mente.

‘Si pasa algo, no importa si es de día o de noche, llámame’.

Ante esas últimas palabras, Woo-jin asintió rápidamente, temiendo que alguien lo oyera. Se sentía como un paciente atrapado por una paranoia, con los nervios a flor de piel por cosas que ni siquiera habían sucedido y que no tenían fundamento.

Algunos días, su cabeza dolía tanto que deseaba confrontar a Sa-hyeok directamente:

¿Acaso aceleró esta boda por algún motivo oculto?

¿O tiene alguna clase de interés extraño en mí?

Pero esas palabras nunca podrían salir de su boca, ni debían hacerlo. ¿Tendría que seguir interpretando cada acción de Sa-hyeok de la mejor manera posible, siempre alerta? ¿Podría vivir con ellos en la misma casa sin que ocurriera nada?

Las preguntas sin fin le apretaban la cabeza con dolor.

***

“¡Deberías haber visto eso, Woo-jin, te habría encantado!”.

Al regresar de su luna de miel, Seon-ah abrazó a Woo-jin con entusiasmo y comenzó a contar con detalle todas las experiencias de su viaje.

Sonriendo ante su emoción infantil, Woo-jin dijo.

“¿Tan bueno fue?”.

“¡Claro! Quise tanto llevarte con nosotros. Hasta le dije a Sa-hyeok, y él bromeó diciendo: ‘Tal vez deberíamos haberlo hecho’. Dijo que la próxima vez haremos un viaje los tres juntos”.

“No hace falta. Mientras ustedes estén felices, eso es suficiente”.

“Vamos, no digas eso. ¿Ya tienes todo listo?”.

Debido a los pendientes acumulados por el viaje, Sa-hyeok había ido directo del aeropuerto a la oficina. Seon-ah, en lugar de ir a la casa de recién casados, había pasado por el apartamento para recoger a Woo-jin.

Aunque él insistió en que podía ir solo, la terquedad de Seon-ah lo hizo ceder una vez más.

“Sí, todo listo. De todas formas, ya saqué todas mis cosas, no había mucho que preparar”.

“Cierto, con la mudanza antes de la boda. Bueno, ¿nos vamos?”.

Woo-jin se levantó, pero antes de salir, miró lentamente el salón vacío y cada rincón de la casa.

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“Hermana, esta casa está llena de recuerdos… Ahora que nos vamos, se siente extraño”.

Seon-ah también observó el interior con nostalgia.

“Sí… Aunque era un ático pequeño, el día que llegamos aquí juntos fue muy feliz. Cuando ahorramos lo suficiente para mudarnos a este lugar con dos habitaciones, también lo fue. Y cuando entraste a la universidad, saltábamos de alegría…”.

No todos los recuerdos eran felices. Hubo momentos agotadores en los que quisieron rendirse. Pero ahora, todo eso se había convertido en recuerdos valiosos, grabados en sus corazones como fotos descoloridas.

“Al dejar este lugar… ¿podremos ser más felices?”.

Acariciando la cabeza de Woo-jin, Seon-ah respondió con voz cálida.

“Claro, nos vamos para serlo. Tenemos que estarlo”.

“¿Estás feliz ahora, hermana?”.

Seon-ah tomó su rostro con ambas manos.

“Siempre he sido feliz por tener un hermano tan bueno, pero ahora… no podría estarlo más”.

Sonriendo radiantemente, Woo-jin le devolvió la sonrisa.

“Entonces está bien. Si tú estás feliz, eso es suficiente”.

No sabía qué les depararía el futuro. La vida era una serie de pruebas, y ellos simplemente la vivían. Aunque no entendía del todo su ansiedad, Woo-jin estaba convencido de que, si su hermana estaba feliz, eso era suficiente.

El sedán negro enviado por Sa-hyeok los llevó a una mansión que parecía sacada de una serie de televisión. Woo-jin, boquiabierto, no podía cerrar la boca ante la imponente construcción de tres pisos.

Aunque ya la había visto en fotos, la escala y el lujo en persona lo abrumaban. Le hizo darse cuenta de nuevo de lo extraordinario que era Sa-hyeok, un hombre con el que nunca pensó que tendría relación alguna.

Todo parecía un sueño irreal.

“Señora, pasen. El personal que se encargará de la casa los espera”.

“Sí, jefa Hwang”.

La mujer en el asiento delantero, Hwang, una de las secretarias de Sa-hyeok, parecía de unos treinta y tantos años. Sería la encargada de asistir a Seon-ah y Woo-jin, pero su aura fría, similar a la de Sa-hyeok, le resultaba intimidante.

La situación en sí era incómoda. Para alguien como Woo-jin, acostumbrado a una vida sencilla, tanto lujo le parecía una ropa que no le quedaba bien. Seon-ah parecía igual de fuera de lugar, con sus movimientos torpes.

“¿Señora? …”.

La palabra le dio escalofríos.

Sin notar su incomodidad, la jefa Hwang los guió cortésmente al interior. Con un suspiro, Woo-jin observó la mansión con determinación y siguió a Seon-ah hacia el interior.

“Uf…”.

Exhausto, Woo-jin se dejó caer sobre el colchón de su nueva habitación. Tras ser presentados al personal de la casa, la jefa Hwang los guio por cada rincón de la mansión, un recorrido que tomó bastante tiempo. Solo cuando ambos estaban visiblemente agotados, les permitió descansar.

Seon-ah fue al dormitorio principal en el primer piso, mientras que Woo-jin se dirigió a su habitación en el segundo. La opulencia del cuarto, digno de una revista, le resultaba extraña. Aunque era solo el primer día, se preguntaba si podría adaptarse a un lugar que sentía tan ajeno.

Lo único reconfortante era que su habitación estaba en el segundo piso, lejos del dormitorio principal. No quería repetir la experiencia de escuchar algo incómodo, como en el pasado.

Hwang mencionó que Sa-hyeok llegaría alrededor de las nueve de la noche. Como era pasado el mediodía, tenía unas horas para descansar.

Se tumbó en la cama blanca y cerró los ojos. Exhaustos por la tensión, se sumió rápidamente en el sueño.

***

A veces, incluso en un sueño profundo, uno puede sentir una presencia extraña, como si algo lo estuviera oprimiendo.

Woo-jin, frunciendo el ceño inconscientemente, sintió algo rozar su frente. Al darse cuenta de que era real, abrió los ojos de golpe.

Y se encontró con la mirada fría de Sa-hyeok.

Con un jadeo, Woo-jin se incorporó y retrocedió rápidamente. Miró al hombre, luego la habitación, y finalmente volvió a él.

“¿Qué… haces aquí?”.

Con un tono cortante y alerta, Woo-jin lo cuestionó. Sa-hyeok, imperturbable, parpadeó lentamente.

“Vine a despertarte, pero estabas dormido”.

“Entonces… ¿por qué no me despertó?”.

El calor de la vergüenza le subió al rostro. Quizás había reaccionado con demasiada sensibilidad ante alguien que solo vino a despertarlo.

Pero entonces, sus pensamientos tomaron otro rumbo. Aunque ahora eran familia, ¿era normal entrar sin más en la habitación de alguien que está durmiendo? ¿Y subirse a la cama para observarlo?

Además, considerando que él era un omega y Sa-hyeok un alfa, no era algo que pudiera ignorarse.

Sin ocultar su desconcierto, Sa-hyeok continuó.

“Al principio, sí quería despertarte”.

“…”.

“Pero estabas tan profundamente dormido que me dio pena”.

“…”.

La naturalidad y desvergüenza con la que hablaba desconcertaron a Woo-jin. Sin hermanos varones, no sabía si esa cercanía era común. ¿Estaba siendo demasiado paranoico, cuando Sa-hyeok no había hecho nada malo?

En ese breve instante, esos pensamientos cruzaron su mente y se desvanecieron como humo.

No podía definir la situación, pero una cosa era clara: entrar sigilosamente en la habitación de alguien dormido y observarlo no era normal, especialmente en una relación entre un alfa y un omega.

Decidió hablar.

“La próxima vez… sería mejor que enviara a alguien”.

Quería decirle que no entrara sin permiso, pero optó por ser indirecto, confiando en que Sa-hyeok entendería.

Y parecía que lo había hecho. Una sonrisa sarcástica apareció en sus labios.

“¿Por qué? Esta es mi casa”.

La seguridad en sus palabras hizo que las cejas de Woo-jin se fruncieran.

“Aunque sea su casa, esta es… mi habitación”.

Tras tomar aire, continuó.

“Y normalmente… no se entra en la habitación de alguien que está durmiendo para observarlo, mucho menos subiéndose a su cama…”.

Solo describía la situación, pero el rumbo de la conversación lo hizo titubear.

“Im Woo-jin”.

Su nombre en la voz de Sa-hyeok detuvo su mirada errante, como si estuviera hechizado.

Sa-hyeok se acercó lentamente, reduciendo la distancia en un instante. Woo-jin contuvo el aliento ante su cercanía.

Los ojos de Sa-hyeok se estrecharon al mirarlo.

Su mano acarició lentamente el cabello largo de Woo-jin, como si se moviera bajo el agua.

“Como tú mismo dijiste, esta es mi casa, sin duda”.

Inclinándose, Sa-hyeok acercó el cabello de Woo-jin a su nariz, inhalando su fresco aroma. Luego, lo miró a los ojos.

En ese momento, una alarma sonó en su cabeza, pero Woo-jin no podía moverse, atrapado como un animal en una trampa.

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Satisfecho con su reacción, Sa-hyeok habló con una sonrisa torcida.

“Y tú, Im Woo-jin, ahora también eres mío”.

“…”.

“¿Qué no podría hacer?”.

“…”.

Sus palabras peligrosas hicieron temblar las pupilas de Woo-jin.