01. Después de aquello

 


Historia paralela

 

01. Después de aquello

“No hay nada de qué preocuparse, todo está bien”.

Con una amable sonrisa del médico, el niño extendió ambas piernas con entusiasmo, como si quisiera demostrar que estaba perfectamente. Caminó torpemente y luego hizo una pequeña reverencia.

“¡Adióóós…!”.

“Sí, pequeño, vete con cuidado”.

Al salir de la consulta, Soo-hwa se quedó parado, parpadeando con expresión atónito. Había pasado por tantas cosas en un solo día que sentía que su alma estaba a punto de abandonarlo. En aquel edificio destartalado, casi pierde a su hijo por culpa de una chamana y una mujer desquiciada; Jin-woo irrumpió y dejó el lugar patas arriba, y justo cuando recuperaron la calma, fueron arrastrados al hospital.

Por suerte, la pierna del niño estaba bien. Soo-hwa tampoco tenía heridas graves. Solo después de escuchar esas palabras del médico, Jin-woo relajó la profunda arruga de su ceño.

De vuelta en el auto, el cansancio comenzó a apoderarse de Soo-hwa. No era para menos, después de todo lo que había vivido en un solo día. Jin-woo, que se había encargado de abrocharle el cinturón de seguridad y ahora sostenía el volante, lo miró de reojo y habló.

“Duerme un poco. Te despertaré cuando lleguemos a casa”.

“¿Cómo voy a dormir si estás conduciendo a mi lado…?”.

“¿Qué tiene que ver que yo conduzca con que estés agotado? Cuídate primero”.

La forma tosca pero preocupada en que Jin-woo hablaba hizo que las comisuras de los labios de Soo-hwa se curvaran ligeramente. ¿Desde cuándo Jin-woo decía cosas así? Intentó pensar en ello, pero sus ojos comenzaron a cerrarse.

No supo cuánto tiempo durmió. Sumido en una somnolencia tranquila, respirando suavemente, de pronto se encontró frente a la casa.

Soo-hwa se frotó los ojos apresuradamente y desabrochó el cinturón. ¿Cuándo habían llegado? Jin-woo, que debería estar en el asiento del conductor, estaba apoyado contra el auto, hablando por teléfono con alguien. Sus cejas fruncidas reflejaban su mal humor.

¿Habría pasado algo más? Preocupado, Soo-hwa abrió rápidamente la puerta del copiloto y salió. Al verlo, Jin-woo colgó el teléfono con prisas.

“¿Por qué no estás dentro de la casa?”.

“Estabas durmiendo tan bien que no quise despertarte. Ya llevé al niño adentro, así que ve a descansar”.

“¿Y tú, a dónde vas?”.

Como Jin-woo hablaba como si fuera a irse, Soo-hwa lo sujetó. “Eh”, fue la simple respuesta. Una respuesta típica de él. Soo-hwa miró el cielo, que empezaba a oscurecerse, y luego volvió a clavar sus ojos en Jin-woo.

“Ya está anocheciendo…”.

“Puede que llegue un poco tarde”.

“¿No vas a comer algo antes de irte?”.

“¿Comer? Si sé que tú me estás esperando en casa, tengo que terminar rápido el trabajo. ¿De dónde saco tiempo para comer?”.

Que alguien que había pasado por tanto ese día se saltara la comida no le sentaba bien a Soo-hwa. A diferencia de su preocupación, Jin-woo parecía lleno de energía, casi con los ojos encendidos, mientras se dirigía al auto. Por la forma en que murmuraba maldiciones al subir, parecía que algo lo tenía molesto.

Bajó la ventanilla del copiloto hasta el final, se asomó y agitó la mano hacia Soo-hwa.

“Entra ya, hace frío”.

“Jin-woo, al menos come algo, por favor”.

“Yeon Soo-hwa, tú eres el que más me preocupa. Mira lo flaco que estás después de un solo día, maldita sea. Come dos platos, ¿entendido?”.

“Sí…”.

Al responder obedientemente, Jin-woo soltó una risita y comenzó a pisar el acelerador lentamente. Soo-hwa se quedó allí, observando cómo el auto de Jin-woo desaparecía al doblar la esquina.

Ha… El aliento blanco escapó entre sus labios entreabiertos. Sí, hacía frío. Soo-hwa se ajustó el abrigo y entró en la casa.

El calor acogedor y el aroma familiar lo envolvieron. ¡Cómo había extrañado esa casa! Soo-hwa se quedó en la entrada, olfateando el aire. Tal vez era por el difusor colocado en la entrada, pero un delicado aroma a almizcle blanco flotaba en el ambiente. Sin embargo, lo que más le gustaba a Soo-hwa era el leve rastro de las feromonas de Jin-woo que se mezclaba con él.

“Señora…”.

Por costumbre, Soo-hwa casi llama a la señora, pero cerró la boca de inmediato. Esa mujer, en quien confiaba más que en nadie, lo había traicionado ese día, revelando su ubicación a unos desconocidos. No había forma de que Jin-woo la hubiera dejado en paz después de eso.

Qué amargo. Había pensado que tenían una relación cercana, pero al final se alejaron así. No sentía deseos de intentar recuperarla, ni siquiera por los viejos tiempos.

“¡Paaapá!”.

“Sí, Dahong. Vamos a lavarnos con agua calentita y a comer algo”.

“¡Uuu!”.

Soo-hwa tomó al niño en brazos y se dirigió al baño. Llenó la bañera con agua tibia, se bañó con el pequeño y, tras cambiarse a ropa limpia, fueron juntos a la cocina a preparar la cena.

Nunca lo había notado antes, pero esa rutina tan simple era realmente valiosa. Comer juntos riendo, charlar sobre cosas triviales, estar en el calor del hogar…

“¿Paaapá?”.

“Sí, ¿dónde estará papá? ¿Por qué no viene?”.

La noche llegó, y el cielo se oscureció mientras la luna emitía un brillo pálido. Jin-woo aún no regresaba. El niño, preocupado por su papá, no dejaba de buscarlo.

Soo-hwa también sentía curiosidad por lo que estaba haciendo Jin-woo. ¿Qué lo tenía tan ocupado como para no volver todavía, después de haber regresado de Japón tan apresuradamente y haber pasado por tanto desde la mañana?

En sus ojos, que habían encontrado algo de calma, brillaba una chispa de curiosidad.

“Malnacidos sin moral, ¿cómo pueden tratar a mi familia como perros si supuestamente comemos del mismo plato? No quiero compartir ni un maldito grano con basura como ustedes, ¿qué hago?”.

En una oficina convertida en un caos, Jin-woo, sosteniendo un cenicero en una mano, miraba fríamente al hombre que yacía a sus pies.

Llevaba horas causando estragos, pero no había nadie capaz de detenerlo. Los subordinados de Gyo-ryim estaban hechos un desastre, y los que aún estaban en pie bloqueaban la entrada de la oficina.

Tras regresar a la empresa después de mucho tiempo, Jin-woo identificó rápidamente a los hombres que habían irrumpido en su casa para llevarse a Soo-hwa y al niño. Todos trabajaban para Gyo-ryim, pero a él no le importó y comenzó a desatar su violencia.

“Si sigue así, va a tener problemas con la jefa, ¿qué va a hacer?”.

“Shh, que no te oigan. Si no quieres que te den una paliza, cierra la boca. Lleva tres horas descontrolado, y todavía no se calma. Se le han ido los ojos”.

Los hombres que custodiaban la entrada negaban con la cabeza, agotados. ¿Quedaría algo intacto en esa oficina? Solo esperaban que Gyo-ryim no apareciera por allí.

Choi Jin-woo podía ser impulsivo, pero respetaba la jerarquía. Siempre había sido leal a su tía, pero esta era la primera vez que actuaba como si declarara la guerra. Al final, los subordinados eran los que pagaban las consecuencias.

“¡Aaaah! ¿Por qué haces esto?”.

“Llévate esto y enciérralo en ese edificio”.

“¡No, no hice nada!”.

“Eso mismo dijo mi esposo. No hizo nada, pero lo metieron en ese maldito lugar y lo hicieron sufrir como perro”.

No contento con destrozar la oficina y dejarla cubierta de sangre, Jin-woo ordenó que los omegas favoritos de Gyo-ryim fueran encerrados en aquel edificio. Los omegas, atrapados por sorpresa, no pudieron resistirse y fueron arrastrados por los hombres.

Los llantos de los omegas se mezclaban con los gemidos de dolor de los hombres golpeados. Era un verdadero caos.

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En medio de su furia, Jin-woo se calmó al sentir la vibración de su teléfono en el bolsillo. Dejó caer el cenicero al suelo y, al ver el nombre en la pantalla, esbozó una sonrisa.

“¿Qué hice para que me arrastren así, ugh?”.

“Cállate. Pequeño, ¿qué haces? Llévatelo rápido, maldita sea. Me están llamando”.

Con un tono irritado, el subordinado más joven salió corriendo y arrastró al omega que estaba tirado en el suelo. Temía que, si la llamada se cortaba, su vida también acabaría, así que lo sacó con brusquedad.

Cuando la puerta de la oficina se cerró, Jin-woo contestó el teléfono rápidamente. A pesar de su urgencia, su actitud era sorprendentemente relajada. Apartó los escombros del sofá con el pie y se recostó cómodamente.

“¿Por qué no estás durmiendo?”.

—Es tarde y no has vuelto. Dahong está preguntando cuándo vendrá papá…

“No, el niño ya debería estar durmiendo. ¿No será que tú me extrañas?”.

— ¿Vas a tardar mucho?

“¿Por qué cambias de tema?”.

Aunque momentos antes parecía una bestia desatada, Jin-woo ahora hablaba con un tono juguetón, completamente inmerso en la conversación. Cuando un hombre a sus pies emitió un gemido extraño, lo pisó sin piedad en la nuca con la suela de su zapato.

— ¿Qué estás haciendo?

“Comiendo algo y fumando un cigarrillo. El trabajo está complicado”.

—Escuché un ruido extraño…

“Estoy cerca de un bar, debe ser algún borracho vomitando por ahí. No le hagas caso a esos ruidos y concéntrate en mi voz”.

Mintió sin siquiera parpadear. ¿Comer algo? Estaba hambriento después de desatar el caos desde que llegó a la oficina, pero su voz sonaba como si acabara de terminar una comida.

La voz tensa de Soo-hwa finalmente se suavizó.

—Pensé que algo malo estaba pasando…

Jin-woo ignoró los murmullos al otro lado de la línea y cambió de tema.

“¿Qué, quieres que vaya ahora?”.

—Si estás ocupado, no hay nada que hacer, pero es tarde, así que, si puedes, ven pronto. Eh, Jin-woo, Dahong se despertó. Voy a colgar.

Qué malo era mintiendo. Jin-woo miró el teléfono con la llamada terminada, sacó un pañuelo del bolsillo y, con una expresión inusualmente suave, se limpió las manos y luego los zapatos, que estaban hechos un desastre.

La ruidosa oficina finalmente quedó en silencio. Cuando Jin-woo abrió la puerta, los hombres que esperaban afuera comenzaron a limpiar el desastre, mirándolo de reojo. Uno de ellos, que lo observaba, no pudo evitar quedarse boquiabierto.

El mismo Choi Jin-woo, que momentos antes golpeaba a todos como loco, ahora miraba su teléfono con una sonrisa boba. El hombre, como hipnotizado, desvió la mirada solo después de cruzarse con la fría mirada de Jin-woo.

—Primer piso, las puertas se cierran.

El ascensor llegó con una suave voz de anuncio. Jin-woo, tarareando una melodía desafinada, tecleó en su teléfono.

Presionó el botón de enviar, y un pequeño globo de texto apareció en la pantalla. Menos de un minuto después, la notificación desapareció, y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.

[Tu esposo esta yendo a casa.]

La respuesta fue tan sencilla como el mensaje.

[Sí, ven con cuidado.]

Aunque el texto sonaba seco, para Jin-woo era la respuesta más dulce del mundo.

Una mañana soleada iluminaba la sala. Soo-hwa, sentado en el sofá, miraba el televisor con expresión ausente. El niño, sentado en su regazo, también observaba la pantalla con atención, como si estuviera hipnotizado.

“Parece que ahora hay muchos tipos de tteokbokki, Dahong”.

“¿Tteokbokki?”.

“Sí, tteokbokki. Pronto cumplirás tres años, así que podrás comerlo, ¿verdad?”.

“¡Umm, tteokbokki, sí!”.

Lo que Soo-hwa veía con tanto interés era un programa de cocina. Pensó que se trataba de un simple tteokbokki, pero el caldo no era rojo, sino negro. ¿Qué era eso? Al escuchar la explicación, resultó ser un tteokbokki con salsa de frijol negro, apto para niños.

El niño, que acababa de desayunar, señalaba el tteokbokki con entusiasmo, como si no estuviera lleno, con la saliva goteando. Soo-hwa, divertido por su reacción, soltó una pequeña risa.

“¿Quieres comer eso, pequeño?”.

“¡Paaapá, umm, tteokbokki! Dahong quiere comer”.

“Acabas de comer y ya quieres tteokbokki, pequeño glotón”.

Jin-woo, recién salido de la ducha, levantó al niño en brazos y bromeó con él. Sin embargo, no olvidó echar un vistazo a la pantalla del televisor. El niño, riendo a carcajadas, pronto olvidó el tteokbokki y comenzó a patalear de emoción.

“Yeon Soo-hwa, ¿tú también quieres comerlo?”.

“Eso es para niños…”.

“Entonces seguro que quieres”.

Tras tratar a Soo-hwa como niño, Jin-woo se dirigió rápidamente al vestidor. Aunque era su día libre, no perdía el tiempo y se movía con diligencia.

Vestido con ropa casual, se puso el abrigo sin dudar y tomó su billetera. Normalmente, habría enviado a uno de sus subordinados a hacer el recado, pero, al ser un día libre, parecía haberles dado descanso también a ellos.

“¿Qué es eso?”.

“Tteokbokki con salsa de frijol negro. No tienes que comprarlo si no quieres…”.

“Y entonces, ¿por qué me preparas los zapatos?”.

“Es solo un hábito”.

Soo-hwa, que lo siguió hasta la entrada, sacó los zapatos de Jin-woo de forma natural. Riéndose, Jin-woo se los puso, acarició la cabeza de Soo-hwa y la del niño, y prometió volver pronto.

Ver a Jin-woo salir de casa solo para comprar tteokbokki hizo que Soo-hwa soltara una risa incrédula. Se sentía como un pajarito esperando comida en el nido.

“¡Paaapá, tteokbokki, papá!”.

“Parece que Dahong quería mucho tteokbokki. Qué adorable”.

Soo-hwa, sosteniendo al niño, besó con un sonoro chup su mejilla suave. Dahong era realmente como un pequeño pajarito. Cada día que pasaba, lo encontraba más adorable.

¡Bam! Cuando la puerta de entrada se cerró, el niño apuró a Soo-hwa para ir a la sala. Quería ver a su papá salir por la ventana.

“Papá, ¡paaaapá!”.

“¿Tanto quieres a tu papá, Dahong?”.

“¡Umm, lo quiero! Quiero a papá”.

Pegado a la ventana, el niño solo desvió su atención cuando Jin-woo cruzó la puerta principal. Soo-hwa puso un programa de dibujos animados para niños y comenzó a moverse.

Desde que despidieron a la señora, Jin-woo no permitió que nadie más entrara en la casa. Las tareas domésticas las resolvía ocasionalmente uno de sus subordinados, pero a Soo-hwa le resultaba incómodo. Más aún en un día libre como este, delegar las tareas del hogar a alguien más le parecía aún más inconveniente.

Soo-hwa comenzó con la colada, paso a paso. Puso la lavadora y, con la aspiradora en mano, recorrió la sala y todas las habitaciones, eliminando el polvo. La casa era tan grande que limpiar tomaba mucho más tiempo que cuando vivía con su madre, pero la satisfacción también era mayor, así que no le importaba.

“¡Iiiing, wiiiing!”.

“¿Estás imitando la aspiradora?”.

“¡Umm, wiiiing, iiiing!”.

Jugó con el niño, que salió corriendo al escuchar la aspiradora, y terminó de limpiar minuciosamente con el trapeador.

Sin darse cuenta, pasó una hora. Jin-woo, que había ido a comprar tteokbokki, aún no regresaba. Claro, encontrar un lugar que vendiera tteokbokki con salsa de frijol negro no debía ser fácil. Además, Jin-woo no era de comer ese tipo de comida…

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Justo cuando empezaba a sentirse culpable, sonó el timbre.

Ding-dong. ¿Estaría Jin-woo bromeando para que lo recibieran? Soo-hwa, riendo, tomó al niño y se apresuró hacia la entrada.

“Podrías simplemente entrar con la clave. ¿Verdad, Dahong?”.

“¡Umm, sí!”.

Con la adorable respuesta del niño, abrió la puerta, pero se encontró con un rostro desconocido y, al mismo tiempo, vagamente familiar.

Al reconocer quién estaba frente a él, Soo-hwa retrocedió instintivamente.

“¿Por qué, por qué está aquí…?”.

Estaba tan sorprendido que tartamudeó. No era todo: sus ojos, abiertos de par en par, se llenaron de miedo, y las manos que sostenían al niño temblaban.

“Siento mucho haber venido tan de repente. Parece que te asusté otra vez”.

La persona en la puerta no era otra que la tía de Jin-woo, Gyo-ryim. Vestida de forma más pulcra que antes, habló con un tono suavizado y se disculpó primero.

¿Por qué había venido? Soo-hwa entró en un estado de alerta.

Gyo-ryim siempre lo había mirado con desprecio y había intentado separarlo de Jin-woo para siempre. Después de lo que pasó, era natural que se pusiera a la defensiva.

“¡Hiii…!”.

“Tranquilo, tranquilo, Dahong, no pasa nada”.

El niño, recordando lo sucedido aquel día, escondió el rostro en el pecho de Soo-hwa y comenzó a lloriquear. Soo-hwa, intentando calmarlo, observaba a Gyo-ryim con cautela.

“¿Podemos hablar un momento? Tengo algo importante que decirte”.

“Eh, está bien, pase, por favor”.

No sabía de qué se trataba, pero no podía dejar a una persona mayor esperando en la puerta. Soo-hwa la invitó a entrar.

Gyo-ryim se quitó los zapatos con cuidado y cruzó el pasillo hasta sentarse en el sofá de la sala. Mientras caminaba, miraba la casa con curiosidad, como si fuera algo fascinante.

Soo-hwa fue a la cocina y trajo una taza de té caliente. Al entregársela con manos temblorosas, la expresión de Gyo-ryim se torció ligeramente. Soltó un suspiro bajo, pero pronto esbozó una sonrisa amable.

“Lo tomaré con gusto, gracias. Si fuera yo, te habría echado a patadas, pero tú me dejas entrar y hasta me sirves té”.

“No, no es nada”.

Tras tomar un sorbo, Gyo-ryim dejó la taza con un clic y miró fijamente a Soo-hwa y al niño. Sus ojos, antes afilados, ya no tenían ninguna malicia.

Tras un breve silencio, fue directa al grano, sin rodeos.

“Te juzgué mal Soo-hwa. Te malinterpreté y les hice algo terrible a ti y al niño. Lo siento de verdad”.

“¿Qué?”.

Esperando quién sabe qué palabras, Soo-hwa se quedó atónito ante la disculpa inesperada. Con los ojos abiertos de par en par, solo pudo quedarse con la boca abierta, incapaz de responder.

Gyo-ryim, recordando sus acciones pasadas, se mordió el labio con fuerza. Al enfrentar los ojos inocentes de Soo-hwa, su rostro se ensombreció, como si fuera una gran pecadora.

“El día que te llamé por primera vez, malinterpreté tu falta de respuesta. Pensé que eras como mi exesposo”.

“Ah, sí…”.

Se refería al tío de Jin-woo, supuso Soo-hwa. Comprendiendo vagamente la situación, se acomodó en su asiento y escuchó con atención.

“Mi sobrino, Jin-woo, sé que puede parecer un salvaje a veces, pero lo crié como si fuera mi propio hijo. No quería que sufriera las heridas que yo sufrí. Mi exesposo fingía amarme mientras me robaba todo el dinero”.

Una persona que ha sido profundamente herida tiende a protegerse alzando barreras. Soo-hwa, que también había pasado por algo similar, entendía por qué Gyo-ryim había actuado con tanta crueldad.

Además, la sangre es más espesa que el agua. Aunque era su tía, Gyo-ryim había criado a Jin-woo como si fuera su hijo. ¿Cuánto debía querer a ese sobrino por el que daría todo?

“Lo que pasó fue un gran error de mi parte. Al preocuparme por mi sobrino, no consideré tu posición en absoluto, y terminé causando un daño irreparable a todos. Quería disculparme sinceramente”.

Por supuesto, sus circunstancias personales no justificaban lo que hizo, pero Soo-hwa decidió perdonarla de inmediato.

En este mundo, la gente no suele disculparse con los débiles. Aunque sea claramente su culpa, siempre culpan a los demás, diciendo que es por no tener dinero o por no saber vivir. Soo-hwa había vivido una vida dura aceptando eso.

Pero Gyo-ryim reconoció su error y se disculpó primero. Eso era razón suficiente para perdonarla.

Y había algo más, quería que Dahong tuviera una ‘abuela’ a quien pudiera llamar.

“Me sorprendí un poco, pero entiendo lo que dice. Como padre que cría a Dahong, comprendo cómo se siente por Jin-woo. Gracias por disculparse”.

Ante su voz amable y suave, los ojos de Gyo-ryim se abrieron de par en par. Esperaba que la insultaran por disculparse tan tarde, pero en cambio recibió palabras cálidas que la sorprendieron.

Soo-hwa, que ya la había perdonado, estaba pensando en otra cosa.

“Eh, esto… no quiero que lo malinterprete, pero de verdad amo a Jin-woo. Es en serio…”.

No podía imaginar cuánto le había dolido que negaran sus sentimientos todo este tiempo. Mirando fijamente a Gyo-ryim, Soo-hwa expresó su corazón con claridad.

Aunque tartamudeó un poco, sintió alivio al transmitir finalmente su sinceridad. Gyo-ryim, sonriendo levemente, estaba a punto de responder cuando…

¡BAM! La puerta de entrada se abrió con un estruendo, como si fuera a romperse. Jin-woo entró con pasos pesados, frunciendo el ceño, y comenzó a arrastrar a Gyo-ryim hacia afuera.

“¿Qué hace aquí, tía? Le advertí claramente”.

“Vine a hablar, y ya me iba. Sé que estás sensible, pero ten algo de modales conmigo. Estoy haciendo la vista gorda con lo que hiciste en mi oficina”.

¿Que destrozó su oficina? ¿De qué estaba hablando? Soo-hwa, desconcertado, observó el enfrentamiento entre ambos con los ojos muy abiertos.

Al final, fue Gyo-ryim quien cedió. Se levantó del sofá, dijo que se iba y se dirigió a la entrada. Jin-woo solo la siguió con una mirada gélida.

“¡Tía!”.

Soo-hwa, que había estado inquieto dando pequeños pasos, extendió rápidamente la mano y sujetó el brazo de Gyo-ryim. Ese gesto sorprendió tanto a Jin-woo como a Gyo-ryim.

“Quiero… quiero ser familia con Jin-woo”.

Las palabras inesperadas dejaron a ambos con la boca abierta, atónitos. Soo-hwa, reprimiendo la emoción que le hacía temblar el corazón, apretó los puños con fuerza. Al mirar de reojo a Jin-woo, vio que tenía una expresión completamente desconcertada.

“Por favor, dénos su bendición”.

La voz que temblaba como la de una cabra al enfrentarse a Gyo-ryim por primera vez ahora sonaba firme. Gyo-ryim, que había estado inmóvil, dejó escapar una leve sonrisa y respondió.

“¿Quién soy yo para darte mi bendición? No tengo derecho. Solo vive como quieras, Soo-hwa, y sé feliz”.

Con esas últimas palabras, cerró la puerta de entrada suavemente y se fue. Un cálido silencio llenó el ambiente.

Soo-hwa, mirando la puerta cerrada, recibió a Jin-woo como si nada hubiera pasado.

“El tteokbokki debe estar delicioso. Gracias por el esfuerzo, Jin-woo”.

“¡Paaapá!”.

“Dahong, la próxima vez dile a la abuela que coma con nosotros, ¿sí?”.

“¡Umm, abuela!”.

El niño, quitándole la bolsa a Jin-woo, caminó con esfuerzo. Soo-hwa, sonriendo, estaba a punto de seguirlo cuando…

“¿Jin-woo…?”.

Jin-woo, que se había quedado parado como si estuviera roto, atrajo a Soo-hwa por la cintura y lo abrazó con fuerza. Enterró el rostro en su nuca y, como era su costumbre, no olvidó besar suavemente la piel sensible.

Normalmente, Soo-hwa sentía que estaba envuelto en el amplio abrazo de Jin-woo, pero esta vez era diferente. Parecía que era Jin-woo quien se aferraba a él.

“Yeon Soo-hwa”.

“Sí”.

“Lo siento”.

“¿Por qué…?”.

“Por todo”.

Por haberte atormentado cuando éramos universitarios, por hacerte pasar solo por el embarazo, por encontrarte de nuevo y hacerte sufrir otra vez.

Aunque no lo dijo en voz alta, Soo-hwa lo entendió perfectamente. Bajó la mirada y acarició con cuidado la nuca de Jin-woo, como si estuviera tocando a una bestia grande y dócil.

Mientras acariciaba su cabello negro, una sonrisa se dibujó en su rostro sin que pudiera evitarlo.

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Hace unos años, jamás habría imaginado que Jin-woo se acurrucaría en sus brazos con tanta ternura. No, nunca pensó que formaría una familia normal y feliz, mucho menos con Choi Jin-woo…

“En lugar de eso, ¿no podrías decirme algo más…?”.

“Te amo”.

El primer amor, que parecía no tener esperanza, finalmente se hizo realidad. Soo-hwa ya no podía pedir nada más.