Capítulo 8
Capítulo 8
Hace tres años.
Frente a la entrada principal del campus,
Jin-woo, con una expresión de fastidio, masculló una maldición por lo bajo.
Maldita sea... ¿Hasta cuándo tendría que seguir con esta mierda? Reprimiendo el
impulso de encender un cigarrillo desde el principio, entró al campus fingiendo
ser un estudiante universitario cualquiera.
El primer día de clases, una mezcla de nervios
y emoción extraña. Todos, vestidos con esmero, paseaban sus mochilas con aire
despreocupado mientras entraban al campus. “¡Senpai, quién es ese!” se oían los
saludos efusivos y risas alegres por doquier. En medio de todo eso, solo
Jin-woo deambulaba por el campus con una actitud apática, sin entusiasmo
alguno.
Todo este lío empezó por su tía, Gyo-ryim.
Cuando Jin-woo se convirtió en un estudiante de último año de preparatoria sin
rumbo claro, ella de repente le exigió que fuera a la universidad.
“Hoy en día, hasta los pandilleros construyen
un currículum. ¿Entiendes lo que digo? No basta solo con los puños. Tienes que
saber usar la cabeza para amasar dinero”.
Era una idea absurda. ¿No se suponía que los
pandilleros solo debían saber pelear? Aunque dejó claro su desagrado, no pudo
doblegar la terquedad de Gyo-ryim.
Jin-woo, bendecido con cualidades superiores, siempre
lograba todo con facilidad. Su mente y su cuerpo funcionaban a la perfección,
ser un alfa dominante tenía sus ventajas. Así fue como terminó en la
universidad, aunque, como era de esperarse, le pareció un lugar jodidamente
aburrido. Gyo-ryim lo amenazó con que, de una forma u otra, debía conseguir el
maldito diploma, así que Jin-woo se enfocó únicamente en eso: obtener el
título.
“Toma, Pil-seok”.
“¿Qué es esto…?”.
“¿No lo ves? Termínalo para mañana”.
Dejó todas las tareas a los que parecían saber
usar la cabeza y se dedicó solo a lo que le interesaba. Cuando terminaban las
clases, corría directo a la ‘compañía’. El estrés de hacer cosas que no iban
con él lo abrumaba, pero el trabajo le resultaba divertido. A diferencia de los
otros universitarios que pasaban el tiempo en cafés tecleando en sus laptops,
él encontraba más satisfacción en golpear a la gente. Era algo que se le daba
mucho mejor.
Siendo un joven desenfrenado, Gyo-ryim siempre
estaba con dolor de cabeza por su culpa. Siempre decía que no sabía si estaba
criando a un humano o a una bestia. En cierto modo, la universidad era un
dispositivo para mantener a raya al indomable Choi Jin-woo, al menos por un
tiempo. Gyo-ryim creía que su decisión había sido la correcta: al menos, el
pandillero educado que era Jin-woo no se descontrolaba con civiles.
Jin-woo también lo veía así. Estaba decidido a
que, una vez que terminara con esta maldita universidad aburrida, se
desquitaría con creces. Mientras estuviera en el campus, se mantendría
tranquilo, como muerto.
Pero el cambio llegó de repente.
Ese día fue extraño. Jin-woo, que nunca había
pisado el comedor estudiantil desde que ingresó, se encontró merodeando por
ahí. Todo porque el estúpido de Pil-seok olvidó hacer una reserva, así que no
tuvo más remedio que ir al comedor.
El comedor estaba lleno a la hora del
almuerzo, ruidoso y caótico. Comer comida mediocre en un ambiente tan patético
lo ponía de mal humor. Mientras esperaba un plato con mucha cantidad, vio a un
tipo flacucho, como una rata, esquivando a los estudiantes con la mirada fija
en el suelo, sosteniendo un plato con comida a medio terminar. El chico, sin
darse cuenta, chocó contra Jin-woo, que estaba parado como un muro.
“Maldita sea…”.
“¡Lo siento, lo siento mucho! No vi por dónde
iba, perdón, de verdad…”.
La sopa y los acompañamientos del plato se
derramaron, ensuciando la ropa de Jin-woo de manera desagradable. El chico,
inclinándose repetidamente, se disculpó y sacó un pañuelo húmedo de su mochila
para limpiar con cuidado la ropa manchada. Sus movimientos eran torpes y
apresurados.
“Lo siento mucho, tu ropa… déjame limpiarla”.
A pesar de su apariencia desaliñada, tenía
dedos largos y rectos, sorprendentemente bonitos. La piel de su mano era tan
pálida que parecía transparente, y la palma rosada se movía con entusiasmo
sobre la ropa. Sacó otra toallita y se agachó para limpiar el muslo de Jin-woo,
tan concentrado en la mancha que no parecía darse cuenta de lo que hacía.
Vaya, este tipo es divertido, pensó Jin-woo,
mirando hacia abajo con una mirada feroz. Agarró con fuerza el cabello negro y
suave del chico, ignorando el gemido que escapó de su boca, y lo obligó a
levantar la cabeza para observarlo de cerca.
¿Un omega dominante? Su piel clara, ojos
redondos, nariz pequeña y labios delicados eran bastante atractivos. No era la
belleza típica de un omega, sino que tenía un encanto sencillo, como un
cachorro redondito.
Parpadeando rápidamente, el chico mostró una
expresión de incomodidad. “Eh…” Jin-woo soltó su cabello de golpe y dio un paso
atrás. No importaba lo bonito que fuera, no tenía interés en un tipo tan
patético.
“Todavía no he terminado de limpiar…”.
“Ya está, quítate”.
“Sí, lo siento…”.
A pesar del tono despectivo, el chico solo
bajó la cabeza con una mirada inocente y recogió los restos de comida del suelo
antes de desaparecer como un fantasma.
En este mundo también vive basura como esa,
pensó Jin-woo, observando la miserable figura del chico mientras se alejaba.
Desde ese día en el comedor, aquel ‘basura’
empezó a aparecer con una frecuencia extraña. Resultó que era un estudiante de
su misma carrera, un año mayor. Su nombre era Yeon Soo-hwa, y su especialidad
era moverse como un fantasma, evitando siempre las miradas de los demás.
Sin embargo, Soo-hwa siempre terminaba
captando la atención de Jin-woo. Lo veía en un banco leyendo un libro con
sangre goteando de su nariz, o escondido en un rincón intentando hablar con un
gato. De alguna manera, siempre encontraba formas de destacar.
Incluso fuera del campus, se lo encontraba a
menudo. Aparecía en el restaurante que Jin-woo visitaba con Gyo-ryim, o incluso
en una gasolinera, como ahora. Era un tipo de lo más peculiar.
“Buenos días, señor. ¿Cuánto quiere que le
llene?”.
Lo más gracioso era que este idiota parecía
haber olvidado por completo que Jin-woo lo había ignorado en el comedor.
Soo-hwa no recordaba su cara. No tenía ni astucia ni perspicacia.
Bajando la ventana por completo, Jin-woo lanzó
la tarjeta que sostenía entre los dedos. Soo-hwa no logró atraparla, y la
tarjeta cayó al suelo. Jin-woo lo observó con atención, esperando su reacción.
Tras dudar un momento, Soo-hwa se inclinó sin
orgullo alguno y recogió la tarjeta. “¡Le llenaré el tanque…!” dijo con una
cara imperturbable, sin una sola arruga de molestia.
Después de llenar el tanque, Soo-hwa le
devolvió la tarjeta junto con el recibo, haciendo una reverencia de noventa
grados con una torpe sonrisa de cortesía. “Vuelva pronto, por favor”.
Era un completo idiota.
Pero, con el tiempo, una extraña curiosidad
comenzó a surgir. Jin-woo quería ver esa cara pálida enrojecida, llorando a
mares. Había visto a muchos omegas dominantes llorando, pero imaginar a Soo-hwa
en ese estado era frustrante porque no podía visualizarlo con claridad.
Desde que Soo-hwa apareció, la aburrida vida
universitaria de Jin-woo empezó a tener algo de interés. Ver las payasadas de
Soo-hwa, que siempre aparecía en su campo de visión, se convirtió en un
entretenimiento. Comía un ramen pequeño o un kimbap triangular, a veces ni eso.
Seguía estudiando hasta sangrar por la nariz y manejaba un horario de trabajos
agotador.
Un día, mientras Soo-hwa caminaba sin fuerzas,
de repente corrió hacia el baño, dejando un rastro de feromonas de un omega en
celo. Su ciclo de calor había comenzado en pleno campus. Por suerte, no había
alfas cerca; de lo contrario, todos habrían corrido al baño atraídos por el
aroma provocador.
Jin-woo esperó apoyado en la puerta del baño,
saboreando la espera. Las feromonas de Soo-hwa eran suaves y dulces, como su
piel pálida, y sintió el impulso de morder esa carne blanca. Cuando Soo-hwa
salió tambaleándose del último cubículo, con las mejillas rojas y los ojos
húmedos, estaba mucho más atractivo de lo que Jin-woo había imaginado. Sin
dudarlo, lo agarró del brazo y lo arrastró.
Así comenzó la extraña relación con Yeon
Soo-hwa. Despojado de su apariencia desaliñada, Soo-hwa parecía un joven
refinado, aunque las palabras que salían de su boca eran patéticamente
vulgares.
“No, por favor, no lo hagas, lo siento, no lo
hagas…”.
A pesar de sus súplicas, en medio de su ciclo
de calor, abría las piernas, lo que era contradictorio pero estimulante.
Soo-hwa era estúpido, incapaz de ser cruel. Cuando se le ponía algo en la boca,
en lugar de morder, se preocupaba por no lastimar al otro.
Si le decían que abriera las piernas, lo hacía
obedientemente aunque negara con la cabeza. Si le pedían que se pusiera a
cuatro patas, temblaba pero ajustaba su postura.
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Ese día, Jin-woo perdió la razón como un
animal enloquecido. Pensaba que solo sería algo de una vez, pero Soo-hwa
resultó ser extrañamente adictivo. De todos los omegas con los que había
estado, este era el mejor. No, era más que eso: encajaban perfectamente.
Soo-hwa también parecía saberlo
instintivamente. Aunque mostraba confusión, al final apretaba más, como
rindiéndose al placer. Desde entonces, cada vez que podían, tenían sexo.
Siempre era Jin-woo quien tomaba la iniciativa, a menudo por la fuerza. Al
principio, Soo-hwa lloraba desconsoladamente cada vez que era arrastrado, pero
con el tiempo dejó de mostrar lágrimas.
“¿Puedo terminar de estudiar para el examen
primero…?”.
“¿Y si digo que no?”.
“Jin-woo, ¿tú no tienes tareas?”.
“¿Quieres hacerlas por mí?”.
“No…”.
Aun así, deberías hacerlas… Pensaba que era
tímido, pero a veces decía lo que pensaba sin rodeos. Era un tipo divertido.
Apoyando la barbilla en la mesa, Jin-woo lo
miró con ojos inexpresivos y le hizo una seña. “Hazlo”.
“¿Eh?”.
“Termina rápido lo que tengas que hacer”.
Al recibir el permiso, la cara triste de
Soo-hwa se iluminó con una sonrisa. “¡Sí, Jin-woo! Gracias”.
Su respuesta fue tan sumisa como siempre. A
Jin-woo no le importaba lo que Soo-hwa hiciera, siempre que estuviera
disponible para él. Aunque su cara y su cuerpo eran atractivos, no quería tener
a alguien tan patético a su lado. Tener a alguien tan miserable cerca solo
bajaría su estatus.
Aun así, no lo trataba con demasiada crueldad.
Como le molestaba verlo quejarse, poco a poco fue reemplazando sus cosas
viejas. Cuando estaba de buen humor, lo llevaba al centro comercial y lo vestía
como si fuera una muñeca. Para Jin-woo, Soo-hwa no era más que un pasatiempo
pasajero.
Un día, después de que uno de los miembros de
la organización causara un problema y Gyo-ryim lo reprendiera duramente,
Jin-woo llamó a Soo-hwa de inmediato. Eran las dos de la madrugada, cuando
todos dormían. Sin embargo, Soo-hwa salió corriendo como un perro feliz de ver
a su amo. Su expresión tímida y alegre se transformó en desesperación en menos
de una hora. Jin-woo lo atacó con ferocidad, como si quisiera desquitarse, y
Soo-hwa, tocándose el cuerpo dolorido, emitía sonidos entrecortados, como si se
ahogara.
Incapaz de soportar más, Soo-hwa retrocedió
llorando, con el pecho agitado. “Jin-woo, ¿no puedes… solo abrazarme?”.
Fue la primera vez que Soo-hwa cruzó la línea.
Extendió los brazos con una mirada patética, dejando que las lágrimas corrieran
por sus ojos enrojecidos. Jin-woo, apartándose el cabello sudoroso, frunció el
ceño.
“Estás cruzando la línea, maldita sea”.
Con solo esas palabras, Soo-hwa contuvo el
aliento y mordió su labio, como si intentara reprimir su tristeza. El ambiente
ardiente se enfrió de golpe. Mierda, hoy no va a funcionar, pensó Jin-woo,
esperando que Soo-hwa se vistiera y saliera corriendo. Pero no fue así.
Sacudiendo la cabeza con cuidado, Soo-hwa
tragó sus sollozos y se acostó obedientemente en la cama. “Solo… lo dije por
decir. No cruzo ninguna línea…”.
Con esa voz temblorosa, Jin-woo sintió como si
alguien le hubiera golpeado la cabeza. Una risa vacía escapó de su boca. ¿Por
qué el cuerpo tembloroso de Soo-hwa, con la cara enterrada en la cama, le
parecía tan adorablemente escalofriante? Esa actitud sumisa ya no le parecía
estúpida. Jin-woo volvió a morder su piel blanca, marcándola de rojo. Esa noche,
no pudo ver la expresión de Soo-hwa.
Después de eso, Soo-hwa se volvió más
reservado, pero seguía siendo igual de ingenuo. Algo había cambiado, pero no
del todo. Jin-woo también estaba diferente. Aunque seguía arrastrando a Soo-hwa
para acostarse con él, ahora sentía curiosidad por otras cosas.
“Come algo decente, hombre”.
“Ya comí, Jin-woo”.
“¿Qué comiste? ¿Ese maldito ramen?”.
“… Comeré mejor”.
Aunque en el hotel lo trataba con rudeza, a
veces lo sacaba a comer fuera. No sabía por qué. Solo sentía una incomodidad
insoportable al ver a Soo-hwa actuar de forma tan patética, y terminaba
cuidándolo sin querer.
Al principio, Soo-hwa se sentía incómodo, pero
después de un par de veces, aceptaba lo que Jin-woo le ofrecía con gusto.
“¿Está bueno?”.
“Sí, está riquísimo. Gracias…”.
Cuando expresaba gratitud, las comisuras de
sus labios se curvaban adorablemente. Aunque parecía patético cuando se
quejaba, esa sonrisa lo hacía ver tan bonito que Jin-woo se quedaba sin
palabras. En esos momentos, el verdadero idiota no era Soo-hwa, sino él.
“Toma”.
“No necesitas darme estas cosas, de verdad,
estoy bien”.
“¿Eso es ropa? Parece un trapo. ¿Tú solo vives
en verano, Soo-hwa?”.
Con el clima cada vez más frío, le regaló ropa
y reemplazó sus zapatos gastados. Soo-hwa, sorprendido por los regalos, dejó de
usar sus viejas camisetas de manga corta y empezó a vestirse con ropa más
abrigada.
Un día, como siempre, Jin-woo le envió un
mensaje.
<Oye>
A pesar de que su mensaje fue tan seco que
rozaba la grosería, Soo-hwa respondió diligentemente. Debajo de su escueto
globo de texto, apareció uno más abultado.
<Lo siento, Jin-woo. Hoy tuve que cambiar
turno con otro compañero del trabajo, así que creo que no podré salir. De
verdad, lo siento>.
Ese maldito trabajo. Yeon Soo-hwa, con ese
cuerpo frágil y débil, vivía su vida con una diligencia admirable. Ese día,
Jin-woo se sentía inquieto y giró el volante hacia una calle poco familiar.
Aparcó cerca de un restaurante de carnes lleno de gente y se quedó mirando
fijamente a través de los cristales transparentes.
“¿Tan ocupado estás?”.
Se puso un cigarrillo en la boca y, por
costumbre, mordió suavemente el filtro. Después de encenderlo, aspiró el humo
lentamente y lo exhaló, mientras observaba a Soo-hwa.
Yeon Soo-hwa, cargando ocupadamente brasas
calientes y bandejas, se secó el sudor de la frente. Tras limpiarse
apresuradamente, volvió a moverse para atender los pedidos de los clientes.
En eso, tomó una botella de cerveza y se
dirigió a una mesa, pero pisó un cable fijado al suelo y cayó al suelo con un
fuerte golpe.
Tsk. Jin-woo chasqueó la lengua frunciendo el
ceño y, apoyando el brazo en la ventana del coche, sacudió la ceniza del
cigarro.
Soo-hwa, apresurado, limpió el suelo y
enseguida fue llamado por un hombre que parecía ser el dueño del local.
Aunque era un callejón trasero invisible para
los clientes dentro del restaurante, Jin-woo, que había dejado el coche
estacionado a lo lejos, pudo presenciar toda la escena.
“¡Maldito hijo de puta!”.
El jefe golpeó sin piedad la cabeza de Soo-hwa
con el trapo que tenía en la mano. Siendo un hombre corpulento, el impacto fue
tan fuerte que Soo-hwa, incapaz de soportar la violencia, bajó la cabeza y se
tambaleó.
Ya de por sí, Soo-hwa vivía lleno de moretones
por las amenazas periódicas de los prestamistas. Por eso, cada vez que salía
del hotel, le tiraba un ungüento o una tirita, pero había una razón por la que,
aunque se aplicara la medicina, las heridas no sanaban.
La vida miserable siempre cae en picada sin
fin. Soo-hwa era exactamente así. Todos lo miraban como alguien fácil de
aprovechar, y un golpe aquí o allá no era gran cosa para ellos. Él también era
uno de ellos.
Pero entonces, ¿por qué me sentía tan mierda?
Jin-woo, que arrojó al suelo el cigarrillo a medio fumar, abrió la puerta y salió.
Pensó que tal vez, si le daba una paliza a ese jefe hijo de puta, se sentiría
un poco mejor.
Sin embargo, ya era demasiado tarde. El jefe
había entrado a la tienda, y Soo-hwa, secándose las lágrimas, lo siguió.
El pecho se le oprimió como si algo lo bloqueara.
“Jodidamente mierda”.
Escupiendo al suelo, Jin-woo dio media vuelta,
sintiéndose asqueado.
Y así pasó el tiempo. Últimamente, el
comportamiento de Soo-hwa empezó a volverse extraño. Llevaba el ungüento que le
daba como si fuera un tesoro, pero de repente comenzó a mentir diciendo que lo
había perdido, y dejaba sin tratar las heridas de los golpes, como si lo
hiciese a propósito.
Era como si estuviera poniéndome a
prueba.
Y, de alguna manera, eso le parecía un poco
adorable, así que le siguio el juego a su manera. Pero un día, Soo-hwa apareció
de nuevo con el cuerpo hecho un desastre. La violencia esta vez había sido más
intensa que antes. Estaba cubierto de hematomas, y hasta en su hermoso rostro
había costras.
“Joder… ni siquiera es un trapo”.
Mientras Jin-woo lo observaba con una mirada
fulminante, notó una marca roja en su cuello. Sin duda, era una marca de beso.
Al verla, su estado de ánimo se hundió en la mierda.
Que su cuerpo estuviera destrozado era una
cosa, pero que anduviera luciendo como una verdadera basura era algo que no
podía tolerar. Jin-woo no recordaba haberse sentido tan furioso últimamente.
Solo por ver esa marca, sintió el impulso de encontrar al hijo de puta que la
dejó y retorcerle el cuello.
“¡Ugh, no, no lo hagas…!”.
No había perdido la razón de esta manera desde
la primera vez que tuvieron sexo, pero esta vez la furia lo consumió. Sentía
que solo podría calmarse si cubría esa maldita marca con la suya propia.
Ignorando los forcejeos de Soo-hwa, que le suplicaba que parara, Jin-woo apretó
su cuello y succionó con fuerza la piel enrojecida.
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Solo cuando cubrió todo el cuerpo de Soo-hwa
con sus propias marcas, su rabia comenzó a disiparse. Soo-hwa, con lágrimas y
mocos corriendo por su rostro, se desmayaba y volvía en sí una y otra vez. Su
voz, que suplicaba que parara, pronto se convirtió en silencio.
Pasó un día tormentoso, y la actitud de
Soo-hwa cambió como si alguien hubiera volteado una carta.
En el campus, al cruzarse con él, huía como si
hubiera visto un fantasma. En el hotel, al que lo arrastraba a veces, lloraba y
se retorcía como la primera vez que se encontraron. Incluso llegó a devolverle
todas las cosas que le había dado.
“Esto… te lo devuelvo. Ya no lo necesito”.
“Soo-hwa”.
“Por favor… ¿no podrías dejar de prestarme
atención?”.
Con ojos a punto de romper en llanto, se dio
la vuelta y se alejó de él.
“Soo-hwa”.
“…”.
“¡Oye!”.
Con un tono que sonaba como una orden, Soo-hwa
se quedó helado por un momento antes de echar a correr y desaparecer. Ese
comportamiento hizo que su estado de ánimo se hundiera aún más en la mierda.
Durante días, estuvo con los nervios a flor de
piel, irritándose por cualquier cosa. Siempre que pensaba en Soo-hwa, se sentía
así. No entendía por qué lo encendía tanto, y esa frustración lo volvía loco.
Podría haberlo ignorado y seguir tratándolo como siempre, a su manera, pero
cuando veía su rostro lleno de lágrimas, no podía ni siquiera soltar una
maldición.
Fue entonces cuando comenczo a darse cuenta de
sus sentimientos.
Mientras quemaba una a una las cosas que
Soo-hwa le devolvió, encontro una tablet. Era la que le había comprado porque
le dio pena verlo hacer sus tareas de manera tan patética.
Soo-hwa, de forma estúpida, atesoraba las
cosas que le daba. Trataba el cárdigan que le regalo con más cuidado que él
mismo, y ni siquiera llevaba la tablet a todas partes. ¿La habrá usado
siquiera? Sin pensar, desbloqueo la tablet y reviso la pantalla limpia.
En el fondo de pantalla, perfectamente
organizado, solo había una aplicación de notas y una de documentos. En los
documentos había un par de archivos de tareas que había abierto, y en las
notas, había un solo diario. Escrito el día que le dio la tablet.
Frunciendo el ceño y suspirando, Jin-woo, sin
darse cuenta, leyó el diario que Soo-hwa había dejado.
<La tablet que me dio Jin-woo. Es tan
valiosa que no me atrevo a usarla… pero es genial. Me gusta el corazón de
Jin-woo al regalarme algo así. Jaja>.
Una nota insignificante hizo que su corazón se
agitara como si una ola lo hubiera golpeado.
Choi Jin-woo lo reconoció. Quería hacer a
Soo-hwa suyo.
El ‘arrepentimiento’ no es una palabra que
exista por nada. Solo después de que pasa el tiempo te das cuenta de que tus
acciones fueron una mierda, y cuando intentas arreglarlo, ya es demasiado tarde
y te pones ansioso.
Arrepentimiento. Aunque no le pegaba, Choi
Jin-woo estaba, a su manera, arrepintiéndose.
Por otro lado, Soo-hwa, herido hasta el fondo,
había cerrado por completo la puerta de su corazón. Se sobresaltaba y huía al
ver siquiera un mechón de su cabello, y si iba a buscarlo, evitaba el encuentro
a propósito. Jin-woo lo perseguía como loco.
“Soo-hwa”.
“No, no tengo nada que hablar contigo”.
Hoy no fue diferente. Mientras se dirigía a la
biblioteca, dio media vuelta de repente. Revisando la hora en su teléfono,
Soo-hwa decidió que debía ir a su trabajo de medio tiempo y salió por la puerta
principal. Ignoró los pasos que se acercaban rápidamente desde atrás, cerró los
ojos con fuerza y siguió caminando.
Jin-woo no se rindió y lo siguió. Si iba a su
trabajo, planeaba esperar hasta que terminara. Si iba a la biblioteca, se
sentaría frente a ella pacientemente. Estaba desesperado porque Soo-hwa ni
siquiera le daba la oportunidad de hablar.
Caminando rápido a propósito, Soo-hwa vio un
semáforo parpadeante y comenzó a correr. Si llegaba al centro del cruce, el
semáforo cambiaría a rojo, pero si cruzaba rápido, no habría problema. Justo
cuando dio el primer paso, ocurrió.
¡BEEEEEP!
El sonido ensordecedor de una bocina resonó en
la calle. Jin-woo, que había seguido a Soo-hwa al cruce, no prestó atención a
si el semáforo estaba en rojo o en verde. Solo estaba obsesionado con
atraparlo.
Un camión enorme se acercaba a toda velocidad,
tocando la bocina sin parar. ¡BEEEEEP, BEEEEEP! Estaba a punto de ocurrir un
accidente, pero Jin-woo no detuvo sus pasos. Entonces…
“¡Choi Jin-woo!”.
Soo-hwa, girándose de repente, agarró el brazo
de Jin-woo y lo jaló con fuerza, rodando su cuerpo. Jin-woo, empujado hacia
atrás, no dudó en poner a Soo-hwa detrás de él.
“¡Hijos de puta, presten atención, maldita
sea!”.
El camión, que evitó el accidente por un pelo,
pasó zumbando. Jin-woo, que casi muere atropellado, ni siquiera parpadeó. Quien
estaba en shock era Soo-hwa.
“¡Tú, tú podrías haber muerto, es peligroso!”.
“…”.
“Jin-woo, por favor, no hagas esto. ¿Por qué
eres así? Te odio, te odio…”.
Con lágrimas colgando de las comisuras de sus
ojos, Soo-hwa murmuraba que lo odiaba, pero sus ojos llenos de afecto no podían
ocultarlo.
¿Qué demonios lo hacía actuar así? Jin-woo no
lo entendía. Solo sabía que Soo-hwa, mostrando un afecto ciego a pesar de su
voluntad, le parecía adorable.
Su garganta reseca ardía aún más.
Aunque Soo-hwa lo empujaba diciendo que lo
odiaba, no podía rechazarlo con frialdad cuando se acercaba.
Un día, terminaron subiendo juntos a un
autobús. Jin-woo, que rara vez usaba el transporte público, metió un billete de
10,000 wones en la máquina, y la cara de Soo-hwa se llenó de asombro.
“¡Ay, no, 10,000 wones! No tenemos cambio para
eso…”.
“No lo necesito”.
¿Quién demonios paga un autobús, y encima un
autobús local, con 10,000 wones? Pero Jin-woo no le dio importancia y se sentó.
Justo detrás de Soo-hwa, en el lugar donde podía ver perfectamente su nuca
redonda, tan apetitosa que daban ganas de morderla.
Así, durante una hora y media, el autobús
corrió sin parar. Antes de la última parada, tuvieron que cambiar a otro
autobús. El largo trayecto podría haber sido aburrido, pero Soo-hwa, como
cualquier estudiante, no se puso auriculares y se limitó a mirar por la ventana
en silencio.
Al llegar, estaban en un barrio marginal.
Jin-woo, que ni siquiera sabía que existían lugares así, frunció el ceño de
inmediato. Los edificios etiquetados como apartamentos’ eran más destartalados
que una villa, y al subir las escaleras, no era difícil ver chozas
improvisadas.
Soo-hwa caminaba con decisión entre ellas,
respirando con dificultad pero sin detenerse, como si no fuera la primera vez
que subía esas escaleras. Tal vez sabía que lo estaba siguiendo, porque
caminaba más rápido de lo normal.
Jin-woo no lo acorraló. Estaba demasiado
ocupado observando cómo era ese maldito lugar. Mientras tanto, Soo-hwa subió
dos escalones a la vez y llegó a su casa.
Aunque estaba lejos, la casa no tenía ni
paredes ni nada que ofreciera privacidad, así que se podía ver claramente lo
que pasaba dentro. Jin-woo subió las escaleras lentamente, observando con
detalle lo que ocurría en esa casa en lo alto.
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¡CRASH! Un ruido estruendoso resonó, y una
mujer salió como un espectro, abriendo la puerta de golpe. Detrás de ella, unos
tipos de tamaño mediocre imitaban a matones mientras caminaban con aire
arrogante.
“¡Soo-hwa! ¡¿Por qué llegas hasta ahora?!”.
“M-mamá, espera, esto…”.
“¡Ya está aquí, mi hijo está aquí! ¡Por favor,
déjenme en paz!”.
La mujer, al ver a Soo-hwa, corrió hacia él
con ojos brillantes. Empujó a Soo-hwa, que estaba parado como un saco de boxeo,
hacia esos matones y retrocedió sigilosamente.
“Este imbécil, ¿por qué llega tan tarde? ¿No
ves lo que le pasa a tu madre por tu culpa?”.
Era una situación exasperante. Desde lejos,
Jin-woo soltó una risa sarcástica. Que la mujer que ofrecía a Soo-hwa a esos
matones como si fuera un sacrificio fuera su madre era simplemente absurdo.
Mientras Soo-hwa era amenazado, la mujer,
descalza, escapó de la casa a hurtadillas, temiendo que la atraparan. Miraba
hacia atrás, aliviada, mientras veía a su hijo siendo golpeado, un espectáculo
repugnante.
No había una sola persona decente alrededor de
Soo-hwa. Por supuesto, Jin-woo también estaba incluido en esa lista.
Sin pensarlo dos veces, Jin-woo entró en esa
casa miserable y, con fastidio, se deshizo de los prestamistas uno por uno. Le
parecía una pérdida de tiempo usar su fuerza con esos insectos, así que los
despachó sin esfuerzo y se llevó a Soo-hwa.
Mientras tanto, Soo-hwa, que había recibido
algunos golpes, estaba tirado en el suelo, mirándolo con ojos lastimosos. Ese
rostro, tan dolorosamente bello, hizo que Jin-woo, sin darse cuenta, lo
contemplara antes de notar el labio roto y fruncir el ceño con fuerza.
“¿Eres idiota? Tu madre te vendió y salió
corriendo, ¿y tú te quedas ahí recibiendo golpes?”.
“…Es mi mamá. Es mi familia, a la que amo, así
que puedo protegerla. Si los dos salimos heridos, es una pérdida mayor. Es
mejor que solo uno sufra”.
Para Jin-woo, esas palabras eran
incomprensibles. Ni el padre que dejó deudas ni la madre que sacrificaba a su
hijo por su propia piel podían ser considerados ‘familia’ en sus ojos. Si fuera
por él, habría atrapado al padre fugitivo y lo habría vendido a los
prestamistas, y habría cortado lazos con la madre hace mucho. No, en su
familia, ambos habrían terminado con dinero en la boca y muertos.
Pero Soo-hwa quería desesperadamente a esa
sucia sangre que llamaba familia. Lloraba de tristeza, pero aun así protegía a
su madre hasta el final. Esa actitud estúpida e idiota hizo que Jin-woo
recordara de repente a su propio padre.
Un padre que, confiado en su apariencia
bonita, vivió de manera desenfrenada hasta morir de forma tan patética como su
tío. Nunca valoró a la familia. Fingía preocuparse por sus tías y su madre,
pero en el fondo solo quería su dinero, el maldito basura.
Jin-woo no sabía qué era el amor familiar.
Solo tenía una lealtad sobresaliente hacia su clan.
Sí, así había sido… Pero al ver a Soo-hwa proteger a su madre
solo por compartir la misma sangre, su corazón latía de manera extraña. Era tan
diferente a su estúpido padre, esa ternura genuina que amaba a su familia era
tan ajena que lo conmovía.
Con Soo-hwa, estaba bien ser sincero. La idea
de que incluso una relación tan jodidamente complicada como la familia podía
ser algo bueno si era con Soo-hwa lo golpeó como un torbellino.
“Por favor, vete, Jin-woo. Me siento tan
miserable…”.
“…”.
Con puños débiles, Soo-hwa golpeaba las
piernas de Jin-woo, con gruesas lágrimas colgando de sus ojos. Parecía
avergonzado de mostrar su lado más feo. Jin-woo, imperturbable ante los
empujones, miró sus ojos enrojecidos y frunció el ceño.
“No quiero ser más tu juguete, no lo haré, ya
no quiero…”.
Mientras Soo-hwa negaba con la cabeza, Jin-woo
sintió de repente como si su pecho se hundiera. Cada vez que las largas
pestañas de Soo-hwa se mojaban con lágrimas, un dolor punzante lo atravesaba.
Soltó un suspiro, como si no pudiera creerlo.
Darse cuenta de que estaba enamorado fue algo instantáneo.
“¿Quién dijo que eres un juguete? No es así,
así que deja de alejarme y quédate a mi lado, Soo-hwa”.
“…”.
Mientras limpiaba sus lágrimas con el pulgar,
Jin-woo sonrió torcidamente al ver los ojos incrédulos que lo miraban.
“¿Por qué, por qué…?”.
“¿Por qué, que?”.
“…”.
“Porque te amo”.
El amor que reconoció y confesó fue negado en
un instante.
En el momento en que Choi Jin-woo descubrió el
amor, Soo-hwa cayó al abismo.
“Este tipo realmente está jugando conmigo…”.
Sus sentimientos se enredaron como hilos
imposibles de desenredar.
Su relación fue empeorando hasta el punto más
bajo. Jin-woo, que solo entendió sus verdaderos sentimientos después de
herirlo, se esforzó incansablemente por recuperar el corazón de Soo-hwa. Le
compraba cosas que necesitaba, le ofrecía los postres que le gustaban, incluso
intentó darle dinero para pagar sus deudas, pero solo compraba más rechazo.
En un momento, sintiendo lástima por Soo-hwa,
que seguía siendo golpeado por los prestamistas, intentó solucionar sus deudas
en secreto. Como no aceptaba el dinero, no le quedó más remedio que actuar
directamente.
Era algo simple: tirar dinero a esos matones y
listo. Pero, maldita sea, la situación no ayudó. Hasta que terminara la
universidad, estaba bajo la vigilancia de su tía, así que debía ser cauteloso.
Además, tras investigar, descubrió que los prestamistas a los que Soo-hwa debía
dinero estaban bajo una organización, y tocarlos podía escalar el problema y
dañar la empresa.
Todo se complicaba jodidamente, y nada salía
bien.
En medio de días llenos de estrés, Soo-hwa
comenzó a sonreír de nuevo. Se le veía haciendo trabajos en grupo con un alfa
entusiasta, y poco a poco empezó a mostrar una leve sonrisa. Eso lo sacaba de
quicio. No podía soportar ver esa sonrisa pura dirigida a alguien más que no
fuera él.
Entonces, Soo-hwa lo contactó primero. Dijo
que tenía algo importante que hablar y que se encontraran. Con solo esas
palabras, Jin-woo salió corriendo como un maldito perro. La dinámica de su
relación se había invertido por completo: Soo-hwa era el que mandaba, y él, el
subordinado.
En una noche sin luna, Soo-hwa estaba parado
frente al hotel de siempre, nervioso, abrazando una gran bolsa y respirando con
dificultad, como si algo lo incomodara.
“Jin-woo, esto… no necesito estas cosas”.
“…”.
Lo que traía con esfuerzo no era otra cosa que
las cosas que Jin-woo le había regalado. Ya había pasado por esto antes, pero
esta vez se sentía mucho peor. La otra vez, él mismo había quemado las cosas
que Soo-hwa le devolvió.
Pero ahora, la situación y los sentimientos
eran diferentes. Con las venas marcadas en la frente, Jin-woo apretó los
dientes, conteniendo la rabia que subía. Sí, si Soo-hwa se sentía incómodo,
¿qué podía hacer? Quemarlas de nuevo, supongo. Pero ahora, en lugar de cosas,
él mismo se encargaría de ayudar con las dificultades de Soo-hwa.
“Mírame”.
“No, no quiero”.
“Estás todo débil y enfermo, y aun así
llegaste hasta aquí”.
Quitándole la bolsa de las manos, Jin-woo
levantó la barbilla de Soo-hwa. Todo su cuerpo ardía de fiebre, y sus ojos,
medio nublados, mostraban que no estaba en sus cabales. No era momento para
enojarse por algo tan insignificante.
“Ven conmigo”.
“Te dije que no quiero”.
Joder. Reprimió a duras penas la maldición que casi
se le escapa. Agarrando con fuerza la muñeca de Soo-hwa, entró al hotel sin
pensarlo. Como siempre, tomó la llave de la misma habitación y subió al
ascensor.
Soo-hwa se retorcía, intentando liberar su
mano, suplicando entre lágrimas que lo soltara, hasta que, al abrirse el
ascensor, dejó escapar un gemido y se desplomó.
Ciclo de celo. Era el segundo ciclo de celo
que Soo-hwa enfrentaba frente a Jin-woo.
Y ahí empezó el problema. Mientras Jin-woo lo
levantaba con familiaridad, soltó una maldición.
“Soo-hwa, tú, maldito…”.
El dulce aroma que solía emanar de Soo-hwa
estaba contaminado por un hedor vulgar: la feromona de un alfa dominante y
sucio. Al reconocer ese olor, Jin-woo perdió la razón.
Sus feromonas estallaron con furia, llenando
el espacio con una presión abrumadora. Sin decir palabra, abrió la puerta del
hotel y arrojó a Soo-hwa dentro. Su respiración, cada vez más agitada, se
mezclaba en el caos.
Sus ojos, turbios como los de una bestia, se
oscurecieron. A medida que liberaba una cantidad abrumadora de feromonas,
Soo-hwa, incapaz de mantener la consciencia, temblaba con las piernas flojas.
“Ji-Jin-woo,
Jin-woo…”.
El ciclo de celo de Soo-hwa, las marcas de un
alfa dominante en su cuerpo delicado. Ese pequeño estímulo desencadenó un celo
impulsivo en Jin-woo.
El primero en perder la razón fue Jin-woo.
Acostó a Soo-hwa en el suelo, no en la cama, y abrió sus piernas de par en par.
No se detuvo ahí: marcó su cuerpo blanco con sus feromonas, mordiendo su piel
suave con rudeza.
Soo-hwa lloraba sin parar. Sus ojos y mejillas
estaban rojos de tanto sollozar, atrapado entre la razón y el instinto,
sufriendo sin fin.
“¡Para, no finjas que me tratas bien! Te odio,
no quiero hacer esto contigo, no quiero…”.
Al gritar todo lo que había reprimido,
Jin-woo, rechinando los dientes, le tapó la boca con fuerza. Su mano, como una
tapa de olla, sofocó los sollozos, dejando escapar solo sonidos ahogados. El
sonido viscoso de la fricción, las feromonas mezcladas en el aire, los sollozos
de dolor. Todo era lo peor.
“Para de decir que me odias, joder. ¿Qué
demonios quieres que haga? Dímelo, Soo-hwa..
“¡Mmph, mmph…!”.
“Soo-hwa”.
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Era la primera vez que Jin-woo usaba un tono
tan suave. Retiró con cuidado la mano que cubría su boca, pero Soo-hwa no
respondió.
Por un instante, pareció que los ojos de
Soo-hwa se abrieron con sorpresa, pero esa pequeña chispa de esperanza se apagó
en menos de un segundo.
Fue doloroso.
Después de eso, no pudo volver a tocar ni
retener a Soo-hwa. Le aterraba ver el desprecio en sus ojos apagados.
Ridículamente.
Mientras esperaba una oportunidad, el invierno
llegó con las vacaciones. Y entonces, Soo-hwa desapareció.
Al principio, no lo creía. Pensó que tal vez
estaba trabajando en algún lugar, escondiéndose para evitarlo. Pasó días
atrapado en pensamientos inútiles, hasta que finalmente enfrentó la realidad.
Soo-hwa había huido. No estaba en su casa, ni
en el campus vacío, ni en las tiendas donde trabajaba. Por más que buscó, no
encontró ni un solo cabello suyo.
“¿Qué, ese omega se escapó o qué?”.
“No saques el tema, joder. No hagas
comentarios estúpidos”.
“Tch…”.
Kim Hyuk-jae, chasqueando la lengua, tiró el
cigarrillo por la ventana. Era un miembro importante de la organización de
Gyo-ryim, y últimamente trabajaba a menudo con Jin-woo. Aunque tenía una edad
similar a la de Gyo-ryim, su cuerpo seguía en plena forma.
Hyuk-jae, un alfa dominante, era hábil en las
relaciones. Sorprendentemente, a su edad, cambiaba de omegas como si nada.
Últimamente, su interés estaba en el torpe amor de Jin-woo.
“¿Por qué no buscas dónde se metió ese
Soo-hwa?”.
“¿No entiendes? ¿Crees que tiene sentido
buscarlo en esta situación?”.
Hyuk-jae, tomando el volante de nuevo, negó
con la cabeza, molesto. Cuando Jin-woo lo fulminó con la mirada, finalmente
explicó:
“Lo que digo es que encontrarlo no tiene
sentido. Supongamos que lo encuentras. Con todo lo que le hiciste, ¿crees que
te va a recibir con los brazos abiertos? Objetivamente, Jin-woo, para él no
eres más que basura”.
“Joder, entonces, ¿qué hago?”.
Todo lo que decía era cierto. Aunque no sabía
exactamente por qué Soo-hwa huyó, podía imaginarlo. Probablemente no quería volver a verme. Mordiendo las palabras,
Jin-woo sacó un cigarrillo por costumbre.
¿Alguna vez había estado tan angustiado en su
vida? Probablemente no. Siempre había hecho lo que quería sin que nadie se
quejara, pero ahora, al intentar moverse cuidando los sentimientos de Soo-hwa,
la frustración le hacía temblar las manos.
“No lo busques y no remuevas las heridas de
ese chico. Quédate quieto hasta que las cosas mejoren. Eso será lo mejor para
ti y para ese omega”.
“Qué mierda, ¿quién dice que lo voy a herir?”.
Aunque explotó de rabia ante esas palabras que
sonaban como una sentencia de muerte, Jin-woo suspiró profundamente y dejó de
hablar. Aunque se quejaba, entendía lo que Hyuk-jae decía. Si seguía
persiguiendo a Soo-hwa ahora, podría no volver a verlo nunca.
Sí, había que darle espacio. Decidió darle un
tiempo a Soo-hwa. Enfrentar sus emociones después de calmarse no sería mala
idea. Soo-hwa también querría eso.
Ese día comenzó una espera dolorosa y
agotadora. Evitó buscar noticias de Soo-hwa a propósito. Sabía que, si veía
aunque fuera una foto suya, su determinación se rompería, así que apretó los
dientes y resistió.
Por suerte, un traidor dentro de la empresa
fue descubierto, y estalló una pelea interna en la organización. Esto lo
mantuvo ocupado sin descanso, y Jin-woo se lanzó a trabajar como loco,
ampliando su influencia.
Gyo-ryim reconoció que Jin-woo tenía talento
para esto y dejó de vigilarlo. Con la edad adecuada y una oportunidad para
destacar, le dio libertad para actuar, ofreciéndole incentivos en lugar de
castigos.
Jin-woo abandonó la universidad en el momento
en que Soo-hwa desapareció. No le importaban los títulos ni nada por el estilo.
Sin Soo-hwa, no quería poner un pie en el campus.
Así pasaron tres años, casi sin darse cuenta.
Por supuesto, hubo momentos difíciles.
En los días en que la furia lo consumía, no
volvía a casa directamente. Conducía sin rumbo, visitando las tiendas donde
Soo-hwa trabajaba, revisando callejones como un loco.
Cuando recuperaba la cordura, un sentimiento
indescriptible, como una mierda, lo envolvía. En esos momentos, su mente se
llenaba de recuerdos del pasado.
Soo-hwa llorando y suplicando que parara,
intentando ocultar su dolor mientras reprimía las lágrimas. Solo recuerdos
dolorosos. Cuando el arrepentimiento lo golpeaba con fuerza, no bebía, solo se
maldecía a sí mismo. ¿Por qué hice esa mierda? Se torturaba con reproches.
Pero pensar en Soo-hwa, riendo lejos de él, lo
calmaba. Aunque sonara contradictorio, quería que Soo-hwa estuviera feliz. Si
se fue sin mirar atrás, esperaba que estuviera viviendo bien.
Sin embargo, cuando volvió a encontrar a
Soo-hwa, su apariencia era miserable.
Había huido a un orfanato destartalado, donde
el director lo acosaba sexualmente sin parar. Además, había dado a luz a un
hijo, al que criaba en secreto allí.
Entonces entendió por qué Soo-hwa huyó. Estaba
embarazado. Y no de cualquiera, sino de su hijo, el de Choi Jin-woo.
“Qué idiota fui por soportarlo. Joder”.
La rabia lo consumió. ¿Cómo soportó tres años?
Creyó que Soo-hwa estaría un poco más feliz, pero estaba atrapado en un
orfanato de mierda en un pueblo, viviendo como basura otra vez.
Con el corazón enredado y los ojos encendidos,
su paciencia, mantenida con tanto esfuerzo, se rompió en un instante.
Quería atar a Soo-hwa a su lado, sin importar
si lo asfixiaba o no.
Soo-hwa, al volver a verlo, no había cambiado
nada. Seguía siendo hermoso, sencillo, y seguía poniéndose en situaciones
idiotas.
Quería tratarlo bien esta vez, de verdad, pero
ver a Soo-hwa atrapado por esa madre despreciable, incapaz de reaccionar, lo
frustraba. Y no era solo eso. Aunque intentaba sacarlo de ese orfanato de
mierda y darle un buen lugar para vivir, Soo-hwa se resistía con todo su
cuerpo, haciendo que le doliera la cabeza.
No sabía cómo tratar a Soo-hwa. Era demasiado
complicado para él.
En medio de su confusión, recibió la noticia
de que Soo-hwa había intentado escapar de nuevo y lo habían atrapado. Esa
maldita manía de huir. Joder. Ya estaba harto. Con el corazón apesadumbrado, se
paró frente a la puerta, y el rostro de Soo-hwa, que salió corriendo, lo
recibió.
Su estado de ánimo se desplomó. Se sintió
incluso peor que el director inhumano del orfanato o la loca que creía que su
hijo estaba poseído por un demonio y montó un ritual.
Solo quería que Soo-hwa estuviera tranquilo en
casa con su hijo, ¿era tan difícil? Al enfrentar los ojos de Soo-hwa, llenos de
miedo y desprecio, su razón se desvaneció silenciosamente.
Bueno, si ya me marcaste como un hijo de puta,
supongo que seré un hijo de puta hasta el final.
Si Soo-hwa-hwa pudiera estar a salvo a
mi lado, no había nada que no hiciera ahora.
Incluso si le clavara un cuchillo en el muslo,
¿quizá ya no escaparía? No podía tolerar más que se fuera de su lado, no solo,
sino con el niño en brazos. Si pudiera vivir bien solo, bueno, carajo. Pensar
en él actuando como un perdedor por todos lados le hacía hervir la sangre.
Con ese pensamiento, levanto el cuchillo.
Medio enloquecido, agarro su muslo con rudeza. Para Jin-woo, rasgar la carne
con la punta era pan comido. Pero, extrañamente.
Un leve temblor le recorrió la mano. Su cuerpo
flaco y demacrado temblaba como si estuviera en convulsiones. De repente,
recuerdos de hace tres años emergieron como niebla, y su cordura regresó
gradualmente.
Bajo su cabeza gacha, su nuca pálida y blanca
estaba expuesta. Sus sollozos parecían más fuertes que antes. Su muslo, que
Jin-woo sujetaba, se convulsionaba visiblemente.
La hoja afilada del cuchillo perforó solo el
dorso de la mano de Jin-woo. La sangre brotó, y un grito de terror escapó.
Es extraño. Aunque la piel se rompió, no
sintio ningún dolor agudo. Su mirada estaba fija en el muslo de Soo-hwa-hwa.
Aunque su sangre lo manchó, no dejó una herida profunda. Qué alivio.
¿Cómo podría dejar una gran marca en este
cuerpo? Perforar solo su dorso de la mano era suficiente. Si con solo eso
pudiera tener a Soo-hwa-hwa, se apuñalaría cuantas veces fuera necesario.
¿Podría este amor retorcido enderezarse? No
estaba seguro. En cambio, tenía un objetivo firme.
Soo-hwa-hwa, Yeon
Dahong y Choi Jin-woo. Aunque
el inicio fue completamente anormal, ahora queria que sean una familia
legalmente con los nombres uno al lado del otro.
Incluso si escapa, o si alguien nos
separa, quiero que seamos una familia atada tan fuertemente que siempre
volvamos el uno al otro.
❖ ❖ ❖
"La trasladaron al nuevo centro".
El hombre terminó su breve informe y
desapareció por la puerta principal. Ting, clack. Jin-woo, que había estado
abriendo y cerrando la tapa del encendedor con el pulgar, finalmente agarró su
chaqueta y entró al dormitorio principal.
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"¿Ya terminaste?".
"Sí, ya podemos irnos".
Soo-hwa esbozó una leve sonrisa mientras
guardaba la carta doblada en su bolso. Antes de salir del dormitorio, se miró
en el espejo y se arregló el cabello prolijamente. Aunque el final anterior fue
malo, hoy se despediría de su madre con una sonrisa.
Después de escribir la carta con cuidado, se
sintió mucho más tranquilo. Soo-hwa no sabía cómo estaba su madre. Solo había
visto fotos que Jin-woo le dio. Aunque todavía parecía mal, quizá estaba un
poco mejor que antes. Estaba lleno de preocupación y una pequeña esperanza.
Incluso si no estaba bien, quería terminar la
despedida final de manera adecuada. Su madre a menudo estaba confundida
mentalmente, pero hoy se prometió a sí mismo que no se ablandaría, no importa
cuán amable pareciera.
"¿Papá, dónde?".
"Papá saldrá un momento. Dahong, quédate
jugando en casa..
"¡Uuung! ¡No! ¡Papá, Papá!".
"Hoy no".
"¡Uuung. ¡Sííí! ¡De!".
Al salir al pasillo, vio al niño corriendo con
los brazos extendidos. Estaba tambaleándose como si fuera a caer, así que lo
agarró rápidamente. El niño se aferró a su ropa y no lo soltó. Como el tiempo
que pasaba juntos había disminuido, el niño estaba actuando de manera inusual,
aferrándose y haciendo berrinche.
Pero no podía llevar al niño donde estaba su
madre. Soo-hwa lo palmeaba en la espalda con una expresión incómoda, y Jin-woo,
detrás, chasqueó la lengua como diciendo 'eres blando'.
El niño, que se había pegado como chicle,
pronto fue levantado por Jin-woo como una muñeca. Sorprendido, el niño pataleó,
pero al reconocer a su papá, repitió lo que había hecho con Soo-hwa. Agarró la
ropa e hinchó las mejillas como un pez globo.
"Hijo, ¿quieres ir juntos?".
"¡Uuung. Dahong ir. Papá ir".
"Oh, ¿quieres ir? Bueno, pero no puedes.
Quédate quieto en casa y te compro algo rico".
"¿Comida, qué? ¿Perro?".
"Sí, carne de res. ¿Todavía no la has
probado?".
La última vez lo tentó con un juguete, y ahora
con carne. Aunque Dahong no era del tipo que caía en eso, Soo-hwa, que había
estado mirando, intentó tomar al niño de nuevo para calmarlo.
"Carne de res......".
"¿Te dan ganas de comer?".
"¡Uuung!. Carne, res......".
El niño, babeando, se metió la mano en la boca
y comenzó a chuparla. Dijo 'carne, carne' y asintió obedientemente. Jin-woo,
que había tentado al niño con solo carne de res, se rio y prometió comprársela
a la vuelta.
El niño se separó mansamente y se fue con la
niñera, agitando las manos como una hoja de hierba y diciendo 'Papá, bye bye'.
Soo-hwa sonrió ampliamente y agitó la mano de vuelta. 'Voy y vuelvo', dijo al
salir, y oyó una risita de Jin-woo.
Jin-woo cerró la puerta riendo para sí mismo y
luego rápidamente bajó las escaleras.
Soo-hwa lo siguió apresuradamente y se subió
al auto. Hoy, en lugar del hombre desconocido, Jin-woo estaba al volante.
Click, tan pronto como Soo-hwa se abrochó el cinturón, el auto salió
rápidamente del estacionamiento. El hombre que solía manejar era más suave,
pero Jin-woo conducía de manera brusca, como su temperamento.
El destino era un hospital de cuidados en el centro
de Seúl. Por la ubicación, parecía un lugar de buena calidad. Debe costar
mucho, pero el hecho de que su madre recibiera tratamiento allí hizo que
Soo-hwa sintiera gratitud hacia Jin-woo.
"¿Por qué?".
Después de unos 20 minutos, Jin-woo frenó en
una luz y contestó una llamada. Cuando Soo-hwa lo miró, bajó el volumen al
mínimo y solo escuchó.
—Desde que la trasladaron, ha tenido ataques
constantes. ¿Dónde están ahora...?
"Cálmala".
—Sí, llamaré a una enfermera para que le dé un
sedante.
La llamada terminó en menos de un minuto.
Jin-woo metió el teléfono en su bolsillo y pisó el acelerador, mirando de reojo
a Soo-hwa.
"¿Qué miras con curiosidad?".
“...... ¿Es sobre mi mamá?".
Era una pregunta confiada. Por el tono y la
insinuación, Soo-hwa lo había intuido. Jin-woo cambió de carril en el espejo
lateral con familiaridad y mintió con indiferencia.
"No".
"......".
"¿Por qué, no me crees?".
Incluso lo probó. Soo-hwa lo miró fríamente y
luego sacudió la cabeza.
"Te creo".
Dijo brevemente y miró por la ventana. Observó
a la gente pasar y los edificios grandes cuando la luz se ponía roja. No le
importaba con quién hablaba Jin-woo ni qué decían.
"Si el estado de Kim Hejeong es malo, sal
de inmediato, así que estate preparado".
"Sí".
Respondió obedientemente. La comisura de los
labios de Jin-woo se curvó en una sonrisa. Tarareó una tonada mientras
aceleraba, como si estuviera de buen humor. La melodía inexacta era
extrañamente divertida, así que Soo-hwa se rio en secreto.
Sin ton... Con esa cara, sin ton, mordió el interior
de su mejilla para no reír.
Después de otros 10 minutos, el auto se detuvo
suavemente. Soo-hwa salió del asiento del pasajero y no pudo evitar abrir la
boca. Todo ese gran edificio era el hospital de cuidados. Y las paredes
brillaban, limpias como nuevas.
Siguió a Jin-woo adentro y miró a su alrededor
mientras completaban los procedimientos. En el primer piso, estaba bullicioso
con gente en consulta, pero al subir, el pasillo estaba tan silencioso como una
tumba, lo que le dio escalofríos.
La enfermera los guió con una actitud
profesional hasta donde estaba Hejeong. Pasaron habitaciones comunes y llegaron
a una serie de habitaciones individuales, que eran como celda con puertas
opacas.
Soo-hwa, que había estado de buen humor hasta
entonces, se puso melancólico de repente. Aunque era un hospital de cuidados de
buena calidad, ver las habitaciones individuales le dio un sentimiento
siniestro, y sus pies se detuvieron.
"Entra. Si pasa algo, sal de
inmediato".
"......Sí".
Habitación 1109, Kim Hejeong. La enfermera
abrió la puerta con un suspiro suave y se alejó. Parecía que solo una persona
podía visitar. Soo-hwa tragó saliva y entró con la carta en mano.
Mientras la puerta se cerraba lentamente,
ocultando a Jin-woo, se preguntó si estaría bien. Una ansiedad indefinida lo
invadió, pero Soo-hwa forzó una sonrisa y se dio la vuelta.
Hejeong yacía inmóvil en la cama como muerta.
En su delgado brazo había una gruesa aguja IV. Siguiendo el tubo, vio una bolsa
con líquido transparente. Hejeong parecía completamente una paciente.
Soo-hwa la miró por un rato y colocó la carta
suavemente junto a su cabeza. No quería despertar a su madre profundamente
dormida, así que planeaba dejar un saludo solo. Aunque era una pena no mirarla
a los ojos, no había otra opción.
"Nuestro final fue tan malo que vine de
nuevo".
Su voz baja llenó la habitación. Hejeong solo
respiraba pesadamente, sin reacción. Soo-hwa se sintió aliviado y dijo lo que
había preparado con calma.
"Gracias por todo. Debió ser difícil
mantenernos con lo que tenías, pero me criaste bien, gracias de verdad.
Recupérate y vive bien".
Hejeong, demacrada con las mejillas hundidas,
se veía patética hoy. Soo-hwa suspiró, sintiéndose triste, y la miró fijamente.
Aunque su madre solo había causado dolor, debía haber tenido sus propias
luchas.
Ahora quería que su madre estuviera en paz.
Con las deudas pagadas, los prestamistas no vendrían más. Solo deseaba que
viviera una vida saludable con lo que ganara.
"¡Hah!".
De repente, Hejeong abrió los ojos de golpe.
Soo-hwa, sorprendido, se tapó la boca y retrocedió. Hejeong se incorporó y miró
a su alrededor con ojos nublados y sin foco: su mano con la aguja IV, la
habitación, y finalmente a Soo-hwa, que estaba de pie atónito.
"¿Mamá...?".
Soo-hwa, debatiendo si llamar a una enfermera,
habló con cuidado. Al oír 'mamá', Hejeong tembló. Sus ojos, antes borrosos, se
llenaron de hostilidad.
Todo sucedió en un instante.
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"¡Esta perra! ¡Todo esto es por tu culpa,
lo sabes? ¿Con qué cara vienes aquí? ¡Sácame de aquí ahora! ¡Sácame!".
Hejeong, recuperando la cordura, le tomo el
cabello salvajemente y gritó. Cada vez que sus ojos enrojecidos se veían, la
nuca de Soo-hwa se ponía rígida. Retrocedió unos pasos, incapaz de procesar la
situación, solo moviendo los ojos.
Hejeong gritaba con una voz ronca y fea.
Finalmente, se bajó de la cama y arrancó la aguja IV de su mano.
"¡Si no me sacas, mataré a todos,
empezando por ti! ¡Abre la puerta! ¡Ábrela!".
"Ah, ah...".
La aguja afilada se balanceó peligrosamente
cerca. Soo-hwa retrocedió rápidamente, tropezó con una silla y cayó de culo con
un ruido sordo.
"¡Ingrato que abandonas a tus padres!
¡Deberías morir! ¡No viviré sola así!".
Soo-hwa bloqueó su cuerpo atacando con los
brazos y apretó los dientes. Quería que el final fuera bueno, pero fue egoísmo.
El estado de su madre no solo no había mejorado, sino que empeoró. No estaba en
condiciones de tener una conversación normal.
Sabía que estaba actuando así por su mente
enferma, pero aún así le dolía. Le daba lástima, pero también resentimiento.
Al girar la cabeza casualmente, vio la carta
que había escrito con cuidado tirada en el suelo como basura.
......Es lo peor.
"¡No lo hagas, por favor!".
"¡Suéltame, no sueltas? ¿Cómo te atreves
a agarrarme?".
El brazo que sujetaba se sacudía como un
cadáver. Soo-hwa no podía mirar directamente el rostro de su madre. Cada vez
que veía su apariencia grotesca, sentía repulsión. No pudo mantener el agarre y
su cuerpo se retorció mientras gritaba.
Como el alboroto en la habitación era muy
fuerte, Jin-woo irrumpió con enfermeras. Hejeong, que solo miraba con los ojos,
vio a Jin-woo como una pared y enterró la cabeza.
Bum, bum, bum. Comenzó a golpear su cabeza
contra el suelo, y las enfermeras corrieron a detenerla. Soo-hwa temblaba y
solo miraba a Jin-woo.
"Sal, Soo-hwa-hwa".
Algo cálido envolvió sus hombros. Aahh! A
pesar del grito que rompía los oídos, Soo-hwa no miró atrás. Solo se concentró
en caminar apoyado en el hombro de Jin-woo.
Eso no es mi mamá. No es la mamá que conozco.
Esa persona ya no es mi mamá. Repitió para sí mismo mientras aceleraba el paso.
Quería escapar de este horrible lugar lo antes posible.
Fin. El vínculo con Kim Hejeong terminó
completamente aquí.
No sabía cómo salieron del hospital. Su visión
giraba, y sus manos temblaban incontrolablemente. No oía las voces de la gente
ni los ruidos exteriores. Era como si estuviera bajo el agua, con los oídos
tapados.
Con el rostro pálido y sudando frío, Soo-hwa
tomó una respiración profunda. ¿Por qué estoy así? Quería recuperar la cordura,
pero el calor delante de sus ojos y su jadeo eran todo.
De repente, tuvo miedo. ¿Y si yo también me
vuelvo loco como mi mamá? Sabía que era un pensamiento inútil, pero no podía
sacarlo de su mente. De todos modos, su estado mental tampoco era normal. Una
persona común solo se asustaría y lo superaría, pero él...
Tal vez debería haber ido a la cita de
psiquiatría que Jin-woo arregló la última vez. Todo tipo de pensamientos
carcomían su mente ya agitada.
"Olvida lo que pasó. Es mejor borrar ese
recuerdo de mierda de tu cerebro".
"......".
La voz familiar llegó a sus oídos, y
gradualmente regreso en si. Su cuerpo se calentó; Jin-woo le había puesto su
chaqueta en los hombros. En el estacionamiento, primero lo ayudó a subir al
asiento del pasajero y le abrochó el cinturón.
Apoyado en el asiento, sintiendo el aire
cálido, su ansiedad se disipó poco a poco. Soo-hwa siguió el consejo de Jin-woo
y trató de vaciar su mente. Recuerdo de
mierda. Aunque la expresión era cruda, no era incorrecta. Los recuerdos
inútiles merecían ser borrados.
El edificio del hospital de cuidados a la
vista ya no se sentía bienvenido. No importaba cuán bueno fuera, Soo-hwa ahora
sentía ira solo de verlo. Mientras tomaba una respiración profunda, Jin-woo se
subió al asiento del conductor e encendió el auto.
"¿Te lastimaste en algún lado?".
"No".
"Esa perra loca, debería enloquecer de
manera bonita, no agitando una aguja IV".
"......".
Mientras giraba el volante, Jin-woo murmuró en
voz baja. Soo-hwa eligió el silencio y respondió internamente. Sí, lo sé.
Normalmente la defendería como su mamá, pero hoy no tenía ni un poco de eso.
El auto pasó por el camino usual y entró en
una nueva ruta. Ya fuera o no, Soo-hwa miró en silencio por la ventana. Estaba
bien ir a casa o no; necesitaba tiempo para consolar su corazón podrido.
Pensándolo, así era. Soo-hwa no sabía cómo
liberar su descontento o el estrés acumulado. Simplemente lo aceptaba cuando
alguien lo expresaba y lo tragaba solo. Desde que nació el niño, se consolaba
con ese pequeño ser.
Pero eso también era temporal. Cuando llegaba
la noche, sentía como si alguien cortara su pecho con un cuchillo. En el
orfanato, no podía llorar por miedo a que se oyera, así que se tapaba la boca y
tragaba las lágrimas.
Ahora también estaba tragando las lágrimas
inadvertidamente. Aunque actuaba como si no pasara nada, sentía como si su
interior se raspara con una lija. Aun así, era mejor que en el orfanato.
Mirando el paisaje pasar, no se sentía tan oprimido.
"Soo-hwa-hwa".
"Sí".
"¿No tienes hambre?".
La pregunta repentina lo dejó aturdido.
¿Hambre? Toco su estómago hundido y sacudío la cabeza. Había pasado mucho
tiempo desde la última comida, pero extrañamente no tenía hambre.
Mirando el cielo, ya estaba oscuro. El
atardecer había pasado, y todo el cielo estaba teñido de púrpura. Como era
principios de invierno, el sol se ponía rápido.
Jin-woo condujo hacia algún lugar y se detuvo
frente a un parque con un lago. ¿Por qué venimos aquí a esta hora? Mirando el
parque vacío con curiosidad, su boca se abrió. Las luces parpadeaban por todas
partes, era muy hermoso.
Jin-woo salió y caminó rápidamente hacia el
auto estacionado adelante. Mientras lo veía, preguntándose qué hacía.
"¡Papá!".
Un hombre salió del auto opuesto, abrió la
puerta trasera y sacó al niño. El niño, con un abrigo grueso y una bufanda, vio
a Jin-woo y gritó de alegría, abrazándolo. Sorprendido, Soo-hwa salió
rápidamente.
"¡Dahong!".
"¡Papá, Papá, mira, bonito!".
"¿Cómo viniste aquí? ¿Querías ver a
papá?".
"¡Uuung, sí, ver a Papá!".
Jin-woo, con el niño en brazos, sonrió al ver
a Soo-hwa correr y se rio. El niño pasó naturalmente a los brazos de Soo-hwa. A
pesar del frío, exhalando vaho, decía 'Papá, bonito', y era adorable.
Soo-hwa abrazó al niño con fuerza, presionó su
frente contra la de él, se rio suavemente y frotó narices, y finalmente besó
sus mejillas y labios. No podía creer que Dahong apareciera en ese momento. Lo
que pasó en el hospital se olvidó en un instante.
"Jin-woo, ¿nuestro Dahong
cuándo...".
"Vamos a tomar un poco de aire en
familia".
"¡Uuung, bueno! Dahong, ¿quieres caminar?
¿Quieres intentarlo?".
¿Cuánto tiempo había pasado desde que salimos
así? Soo-hwa bajó al niño y tomó su mano regordeta, inclinándose. Jin-woo
despidió a sus subordinados y siguió detrás lentamente.
"Uno, dos, uno, dos. Bien, camina
bien".
"Uno, dos, uno, dos......".
"Sí, así, camina despacio. Dahong se cae
si corre".
"Dahong se cae".
Debido a los pasos cortos del niño, el paseo
fue muy lento, pero ni Soo-hwa ni Jin-woo se quejaron. En cambio, caminaron a
su ritmo y admiraron el cielo púrpura volviéndose negro.
Pronto, la melancolía se fue, y solo quedó una
risa ligera. Al ver la expresión iluminada de Soo-hwa, Jin-woo se sintió
aliviado y se peinó el cabello. Estaba agradecido de que los malos recuerdos se
cubrieran así.
Después de caminar y correr por un rato, el
niño se cansó y encontró un banco. Soo-hwa masajeó sus piernitas cortas y
regordetas. '¿Nuestro Dahong está cansado?' actuó como una madre cariñosa.
"Hijo, como has esperado bien, ¿vamos a
comer carne de res?".
"¡Carne de res, carne!".
"Sí, carne de res. Eres tan capaz, como
tu papá".
Jin-woo se rio juguetón y levantó al niño,
mirando a Soo-hwa. Sus ojos decían que el niño era capaz como Soo-hwa. Soo-hwa
se levantó y se frotó el estómago que gruñía. Antes no tenía hambre, pero ahora
se sentía vacío y quería comer.
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"Debe ser la hora".
"Sí, supongo".
"Vamos, a comer".
Jin-woo señaló con la cabeza hacia el auto. El
niño, emocionado por la comida, pateaba y cantaba. La canción no tenía tono ni
letra exacta. Soo-hwa se acercó sigilosamente a Jin-woo y caminó a su lado.
De vuelta en el auto, abrieron la puerta
trasera, y había un asiento para bebés instalado. Probablemente uno de los
hombres de Jin-woo lo había puesto. Jin-woo sentó al niño y abrochó el cinturón
cuidadosamente.
"¡Uuung. Papá, Papá......".
"Yeon Dahong, no obedeces. Vamos a comer
carne de res, ¿eh? Hijo".
El niño se retorció, molesto por el asiento,
pero al oír las palabras de Jin-woo, dejó de quejarse. De nuevo, cayó por la
carne de res.
Hubo un sonido de beso, smack. Jin-woo besó la
mejilla del niño y cerró la puerta con un thud.
Soo-hwa encontró a Jin-woo intrigante. Con su
temperamento, no parecía que le gustaran los niños, pero extrañamente, quería
mucho a Dahong y usaba 'nuestro hijo' con facilidad. Después de mirarlo por un
rato con sorpresa, Jin-woo lo atrajo por la nuca hacia él.
"¿Estás celoso del niño?".
"¡N-no es eso!".
No lo es. Realmente no son celos. Intentó
excusarse, pero sus labios fueron silenciados. Jin-woo lo besó profundamente,
entrelazando sus lenguas, sin importar que el niño estuviera atrás, y luego se
separó con una expresión satisfecha. Como siempre, la vergüenza fue para
Soo-hwa.
Soo-hwa miró al niño en el espejo retrovisor y
rápidamente se secó los labios brillantes. Jin-woo, encendiendo el auto,
chasqueó los labios como si lamentara. Viéndolo, la vergüenza se duplicó, y
Soo-hwa, actuando como si nada, le habló al niño.
"Dahong es afortunado. Va a comer carne
de res".
"¡Carne, Dahong carne!".
Por alguna razón, su voz temblaba como la de
una cabra nerviosa. Oyendo la risa de Jin-woo, su rostro se calentó.
Después de conducir unos 30 minutos, llegaron
a un restaurante de carne en estilo de casa con techo de tejas. El interior era
espacioso y cómodo.
El empleado trajo una silla para niños y tomó
el pedido de Jin-woo antes de irse. Soo-hwa admiró el interior tradicional y
tomó una toalla húmeda de la mesa.
"Vamos a limpiar las manos de
Dahong".
"¡Manooo!".
"Sí, manos".
Con una toalla húmeda, Soo-hwa limpio las
manos del niño y luego limpio las suyas perfectamente. Mientras tanto, el
empleado apareció arrastrando la bandeja con los banchan y la carne fresca de
colores vibrantes, colocándolos en la mesa. Las verduras estaban frescas y
crujientes, y los banchan estaban tan limpios que se le hizo agua la boca.
Soo-hwa estaba a punto de tomar las pinzas
naturalmente, cuando Jin-woo se adelantó y comenzó a asar la carne. Con
movimientos toscos, tomó un pedazo de carne y lo tiró en la parrilla, luego
tomó otro y lo movió. Soo-hwa, mirando ansiosamente, frunció el ceño de manera
inusual y extendió la mano.
“Déjame a mí, Jin-woo. Deja la carne...".
“Quédate quieto”.
Originalmente, el sistema era que el empleado
asara la carne, pero Jin-woo insistió en despedir al empleado y encargarse él
mismo. Soo-hwa miraba inquieto la carne en la parrilla, sin saber qué hacer.
Era carne de buena calidad y cara, y estaba preocupado de que se quemara toda.
“No, suelta las pinzas... Vas a arruinar la
carne cara. Déjame a mí”.
“Vaya, no puedo creerlo. Mierda”.
Soo-hwa no confiaba en Jin-woo. Más
precisamente, no confiaba en sus habilidades para asar carne. En casa, siempre
era la tía la que cocinaba, y Jin-woo comía afuera todo el tiempo. En los
asaderos, probablemente sus subordinados grandes se encargaban de asar.
¿Podría Jin-woo asar la carne correctamente?
Soo-hwa estaba realmente preocupado. Era la primera vez que le daba esta buena
carne de res al niño, y quería asarla bien para dejar un buen primer recuerdo.
A pesar de las súplicas de Soo-hwa, Jin-woo no
soltó las pinzas hasta el final. Esperando que la carne se quemara
completamente negra, Soo-hwa estaba sorprendido por el resultado inesperado.
“¡Carne!”.
“Primero para papá”.
“¡Papá, papá!”.
Un pedazo de carne perfectamente asada fue
colocado primero en el plato de Soo-hwa. Mirándolo con ojos perplejos, Jin-woo
hizo una broma tonta.
“Puedes comer sin miedo. ¿Acaso crees que le
puse veneno a tu comida?”.
“No es eso...".
Intentando contradecirlo, Soo-hwa se detuvo y
comenzó a comer en silencio. La carne de res se derretía en la boca tan pronto
como la probaba. Soo-hwa estaba probando una carne de tan buena calidad por
primera vez en su vida. Ahora entendía por qué la gente pagaba tanto por esto.
Naturalmente, Jin-woo se encargó de la comida
del niño. Tomó el huevo revuelto que venía con los banchan, lo sirvió en el
plato y lo aplastó en pedazos suaves para que el niño pudiera comerlo
fácilmente, e incluso lo enfrió. Cortó la carne de res bien cocida en pedazos
pequeños y sopló para enfriarla; su apariencia era extrañamente discordante.
Afuera, maldecía y trataba a los demás como si
fueran menos que perros, pero con su hijo, era extremadamente atento. Soo-hwa
observaba en silencio esta relación padre-hijo, que le parecía incómoda solo
para él. Cuanto más lo veía, más cálido se sentía su corazón.
“¿Ya puedes darle carne al niño?”.
“Si la cortas muy pequeña, está bien. Como
come pollo bien”.
El niño, mirando fijamente su plato, tomó un
pedazo de carne de res con la mano y se lo metió en la boca. Después de
masticar unas cuantas veces, parecía que le gustaba, porque extendió la mano
para más. Cuando Soo-hwa intentó servirle arroz, Jin-woo se le adelantó de
nuevo.
“Tú come sin preocuparte por el niño”.
“Pero tú también tienes que comer”.
“Vaya, ahora te preocupas por mí. Has
mejorado, Yeon Soo-hwa. Estoy tan conmovido que casi lloro”.
“... Dahong, dile a papá que te dé más
comida”.
Aunque no estaba realmente preocupado, Jin-woo
siempre lo presionaba así. Soo-hwa decidió ser un poco travieso y le dijo a
Dahong que siguiera molestando a Jin-woo.
Aun así, Soo-hwa comió cómodamente. Cuando
comía con el niño, estaba ocupado, pero solo preocupándose por su propia
comida, era muy relajado.
El niño, que había comido la mitad del huevo
revuelto y el arroz con la mano, ahora comía lechuga. Estaba agradecido de que
no fuera quisquilloso y comiera verduras. Soo-hwa miró al niño con orgullo. Por
otro lado, Jin-woo parecía molesto. Frunció una ceja y le quitó la lechuga de
la mano al niño.
“Eso no se come, hijo. Come algo rico”.
“¡Lechuga!”.
“Oye, carne. Come esto, esto”.
Tiró la lechuga a un lado y puso un pedazo de
carne bien cocida en el plato. Aunque el niño estaba comiendo verduras, Jin-woo
lo regañó como si no debiera. En la boca abierta como un pollito, entraron
carne y huevo revuelto en lugar de lechuga.
Soo-hwa frunció el ceño abiertamente y tomó
otra lechuga. Aunque la carne era buena, si el niño crecía siendo quisquilloso,
sería un problema.
“Dahong no debe ser quisquilloso más adelante.
Vamos, come esto también”.
“¿Lechuga?”.
“Sí, lechuga. Esto es hoja de sésamo”.
“¡Hoja de sésamo!”.
“Hoja de sésamo. ¿Huele bien?”.
“¡Hoja de sésamo, huele bien!”.
Afortunadamente, las verduras verdes parecían
gustarle al niño. Dejó la carne en su mano y agitó la hoja de lechuga antes de
morderla. Soo-hwa sonrió sutilmente y miró de reojo a Jin-woo. Era una sonrisa
de victoria, como diciendo ‘nuestro Dahong escucha más a mí que a ti’.
Ante la mirada infantil de Soo-hwa, Jin-woo no
pudo evitar reírse. Aunque estaba perplejo, encontró a Soo-hwa lindo por
alegrarse por algo tan trivial, así que se quedó callado para dejarlo disfrutar
su victoria.
“Papá, arroz. Comida”.
Aprovechando el descuido, el niño tomó la
carne que había estado manipulando con la mano y la puso en el arroz de
Jin-woo. Estaba imitando a Soo-hwa cuando servía banchan. Era algo que el niño
hacía a menudo durante las comidas.
Era familiar para Soo-hwa, pero no para
Jin-woo. Aunque antes había aceptado una manzana del niño, probablemente no
comería carne que había sido manipulada con la mano. Soo-hwa observaba
cuidadosamente, a punto de decir algo, cuando...
“Eso lo como yo...".
“Está rica”.
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Jin-woo tomó la carne y el arroz con la
cuchara y se lo metió en la boca sin cambiar de expresión, e incluso dijo que
estaba rica después de tragarlo. Gracias a eso, el niño continuó comiendo con
una sonrisa de satisfacción.
“¿Cómo logras usar tanto las manos? ¿No está
caliente?”.
“Frío”.
“¿Cuándo vas a usar palillos, Yeon Dahong?”.
“¡Palillos!”.
Jin-woo limpió las manos del niño con una
toalla húmeda y luego le dio de comer arroz con la cuchara. Era un acto de
amabilidad extrema.
Soo-hwa dejó los palillos y bebió agua fría a
grandes tragos. Desde que entró al asadero, sentía un picor en el pecho. Era
como si quisiera rascar un lugar que picaba, pero no podía identificar de dónde
venía este sentimiento.
¿Acaso esto también es un dolor que siento
porque mi mente no está bien?
Pensamientos sombríos le trajeron recuerdos
del hospital de convalecencia. Su madre actuando como poseída...
Afortunadamente, no había llevado al niño.
Soo-hwa apartó a la fuerza esos recuerdos
turbios. Como Jin-woo dijo, era mejor borrar completamente lo que pasó en el
hospital de convalecencia.
“Comes bien, Yeon Soo-hwa. Dijiste que no
tenías hambre”.
Así que metió la comida en la boca a
propósito. Comió toda la carne de res que Jin-woo le sirvió y bebió el caldo de
algas de manera refrescante.
Mientras Soo-hwa comía desesperadamente,
Jin-woo se apoyó en la barbilla y admiraba su rostro. Parecía satisfecho solo
con ver a Yeon Soo-hwa y Yeon Dahong comiendo bien.
Cada vez que sentía esa mirada persistente,
Soo-hwa seguía masticando y tragando. Si no lo hacía, no podría manejar el
picor en su interior, así que comía desesperadamente.
Era una cena incómoda, misteriosa y cálida.
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